Nuevo estudio: muchas mujeres podrían vivir con toxinas de hongos procedentes de alimentos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Lozano Relaño, Profesor Titular del Área de Nutrición y Bromatología, Universitat de València

Cultivo de hongos en un laboratorio. Pattar.w092/Shutterstock

¿Es posible seguir una dieta “saludable” y, aun así, estar expuestos a sustancias tóxicas sin saberlo? La respuesta, según nuestro último estudio, es afirmativa. Y no por aditivos artificiales ni de pesticidas, sino por compuestos naturales producidos por hongos: las llamadas micotoxinas.

En nuestro laboratorio de la Universitat de València y de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO) llevamos años investigando contaminantes invisibles en los alimentos.

No obstante, incluso nosotros nos sorprendimos con este hallazgo: el 81 % de las mujeres analizadas presentaba micotoxinas en su organismo.

¿Qué son las micotoxinas y dónde se encuentran?

Los hongos están presentes de forma natural en el ambiente. Cuando encuentran condiciones de temperatura y humedad adecuadas, especialmente durante la cosecha o el almacenamiento, producen micotoxinas.

Estas sustancias, que llevamos décadas ingiriendo en pequeñas cantidades sin darnos cuenta, no se eliminan completamente con el cocinado ni con los procesos industriales. Por eso pueden aparecer en productos cotidianos como cereales, pan, pasta, galletas, frutas, zumos, frutos secos, cerveza, vino y otras bebidas fermentadas e incluso en comida “saludable” como alimentos integrales o ecológicos.

Algunas micotoxinas están reguladas porque se sabe que pueden causar cáncer, como las aflatoxinas, capaces de contaminar alimentos como cereales, cacahuates, semillas y frutos secos. Pero existe otro grupo menos conocido: las micotoxinas emergentes. Y aquí empieza la preocupación.




Leer más:
¡Alerta, micotoxinas! Se acabó lo de quitar solo la parte con moho de los alimentos


¿Qué analizamos en nuestro estudio?

Nuestro equipo de investigación forma parte del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), una gran cohorte española que sigue a madres e hijos desde el embarazo para entender cómo el entorno influye en la salud infantil.

Lo que hicimos fue analizar 524 muestras de orina de mujeres de la Comunitat Valenciana cuando sus hijos tenían 4 años. Para ello, utilizamos una técnica altamente sensible (HPLC-Q-TOF-MS) capaz de detectar múltiples micotoxinas y sus metabolitos (sustancias generadas por el metabolismo). Nuestro objetivo era saber cuántas mujeres están expuestas a estos agentes y qué factores (dieta, entorno, nivel socioeconómico) influyen en esa exposición.

¿Y qué encontramos?

Lo primero que arrojó la investigación es que la exposición de estos tóxicos provenientes de la dieta es muy alta en las mujeres: hasta el 81 % de ellas presentaba al menos una micotoxina detectable y el 29 % niveles cuantificables. Muchas de ellas estaban expuestas a varias al mismo tiempo.

También descubrimos que las micotoxinas emergentes son las más frecuentes, y entre ellas destacaba la enniatina B, no regulada por la legislación europea. En estudios celulares y animales, se ha asociado con efectos neurotóxicos, genotóxicos (capaces de ocasionar daño en los genes) y alteraciones en las mitocondrias.

Estos agentes pueden además atravesar barreras biológicas, lo que significa que si una mujer embarazada está expuesta, el feto también podría estarlo, lo que debería preocuparnos. El cerebro en desarrollo es extremadamente sensible a sustancias tóxicas y algunas micotoxinas emergentes pueden alterar la comunicación neuronal, inducir inflamación, dañar el ADN e interferir en la producción de energía celular.

Todavía no tenemos pruebas concluyentes en humanos, pero la señal de alerta es evidente. Si se combinan con factores como dieta, contaminación o estrés, podrían contribuir al desarrollo de problemas del neurodesarrollo infantil, como dificultades cognitivas o de conducta. Por eso necesitamos investigar más, y rápido.




Leer más:
Los periodos críticos del cerebro y cómo favorecer un neurodesarrollo óptimo


¿Quién está más expuesto a estas toxinas?

Los [datos de nuestro estudio] revelaron tres patrones clave. Por un lado, vivir en zonas rurales implica una mayor exposición a micotoxinas emergentes. Y entre las posibles causas destaca el almacenamiento tradicional de alimentos, las condiciones agrícolas o el menor control industrial.

La investigación también concluyó que el nivel socioeconómico bajo es un factor determinante. De acuerdo con los resultados, las mujeres con menos recursos presentaban niveles más altos de estas sustancias. Lo que sugiere desigualdad ambiental y alimentaria, es decir, no todas las personas pueden acceder a alimentos igual de seguros.

Por otro lado, la dieta importa (y sorprende). Encontramos que alimentos como productos derivados de cereales y frutas y bebidas como cerveza, zumos y refrescos light aumentan la exposición a las toxinas emergentes. Y, que por el contrario, las carnes procesadas como salchichas o embutidos otros la disminuyen.

¿La razón? Estos productos se someten a secado, salado o tecnologías que reducen la humedad y frenan el crecimiento de hongos. No obstante, no se trata de recomendar comer más embutidos, sino de entender que la tecnología alimentaria influye en la seguridad.

¿Y qué hay de los alimentos “saludables”?

Frutas, verduras o productos integrales pueden contener trazas de micotoxinas, pero también antioxidantes y compuestos protectores. De hecho, algunos estudios sugieren que estos nutrientes podrían reducir el daño causado por micotoxinas.

Por tanto, la solución no es dejar de comer sano, sino mejorar los controles de calidad y diversificar la dieta para evitar exposiciones repetidas.




Leer más:
Más allá de los alarmismos: nuestra seguridad alimentaria nunca ha estado en mejores manos


Implicaciones para la salud pública

Nuestro estudio pone sobre la mesa varias cuestiones urgentes. La población general está expuesta a estos agentes tóxicos sin saberlo y las micotoxinas emergentes, no reguladas, son muy frecuentes. Lo más grave es que éstas podrían
afectar al neurodesarrollo infantil. Además, como evidencia nuestro trabajo, existen desigualdades sociales en la exposición a estos tóxicos y algunos alimentos concretos merecen vigilancia especial.

¿Y qué se puede hacer? Lo primero sería incluir las micotoxinas emergentes en la legislación alimentaria y mejorar el almacenamiento agrícola y la vigilancia. Se debe, además, estudiar la exposición combinada a varias micotoxinas e incorporar el embarazo y la infancia en la evaluación de riesgos. Por último, hay que reducir las desigualdades: entender que la seguridad alimentaria es igual a justicia social.

Los ciudadanos también podemos jugar un papel clave como consumidores. No se trata de alarmarse, sino de actuar con conciencia. ¿Cómo? Variando nuestra dieta, almacenando bien los alimentos, priorizando productos de origen fiable y exigiendo transparencia a la industria.

Un mensaje final

Cuando iniciamos este estudio esperábamos encontrar cierta exposición en nuestra muestra. Lo que no imaginábamos era descubrir que hasta 8 de cada 10 mujeres presentaban micotoxinas, que las no reguladas eran las más frecuentes y que las clases sociales más vulnerables están más expuestas.

Nuestro trabajo es solo el principio para acabar con un gran problema de salud pública. Para ello necesitamos más investigación, más regulación y más conciencia social. La seguridad alimentaria no solo consiste en asegurar que un alimento no nos haga daño hoy, sino en que no comprometa la salud de las próximas generaciones.

The Conversation

El proyecto INMA del que Manuel Lozano Relaño forma parte, recibe fondos de la Generalitat Valenciana, el Ministerio de Universidades, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER).

ref. Nuevo estudio: muchas mujeres podrían vivir con toxinas de hongos procedentes de alimentos – https://theconversation.com/nuevo-estudio-muchas-mujeres-podrian-vivir-con-toxinas-de-hongos-procedentes-de-alimentos-267806

Las motos son la columna vertebral de la economía urbana en América Latina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Herrera, Directora Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería, Universidad Católica Andrés Bello

Mototaxi en Cartagena, Colombia Anze Furlan/Shutterstock

En las ciudades latinoamericanas, las motocicletas se han convertido en protagonistas silenciosas de la vida urbana. Más que una solución de movilidad personal, hoy son un instrumento de desarrollo económico-laboral y una pieza primordial de la cadena de suministro.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (2022), su presencia se consolidó inicialmente como respuesta a la falta de transporte colectivo confiable. Desde Ciudad de México hasta Lima, de São Paulo a Caracas, las motos transportan personas, medicinas, alimentos y documentos, y cumplen un papel preponderante en la eficiencia de la economía urbana sin depender del transporte público.

Un fenómeno regional con impacto económico

América Latina registra un crecimiento notable del parque de motocicletas. En Colombia se duplicó en menos de una década. En Perú, las ventas crecieron más del 60 % tras la pandemia. Y en Venezuela, los registros oficiales señalan que, en 2025, hay más de un millón circulando por las calles de sus ciudades.

Este aumento no solo refleja un cambio en la movilidad personal, sino también la expansión de la economía digital y del delivery urbano, que conecta consumidores y negocios con una eficiencia inédita.

El auge del reparto urbano ha redefinido por completo el rol de las motos. En Brasil, iFood emplea a más de 200 000 repartidores. En Colombia, Rappi se ha consolidado como una de las principales plataformas de trabajo y de ingresos independientes, y en Venezuela, cadenas como Farmatodo desarrollan redes propias de entregas en moto.

En este contexto, la motocicleta se ha vuelto un instrumento de desarrollo económico y laboral que facilita el comercio y la distribución de bienes esenciales en entornos urbanos.

Empleo motorizado y formalización parcial

El impacto laboral del fenómeno es innegable. Hay estimaciones de que, en 2024, más de 200 000 motorizados se habrían incorporado al sector del delivery en Venezuela y serían ya más de 300 000 trabajando como repartidores.

Estas cifras reflejan la capacidad del comercio electrónico para generar empleos con ingresos que superan el salario mínimo, incluso en medio de la crisis económica.

Sin embargo, el crecimiento del empleo motorizado también pone en evidencia las tensiones entre formalidad e informalidad laboral en Venezuela. Los repartidores operan bajo contratos de prestación de servicios, sin derechos plenos, lo que crea una formalización híbrida: van uniformados, tienen seguros (parciales) y rutinas fijas, pero no estabilidad ni prestaciones completas.

Un fenómeno similar se observa en otros países de la región. En Perú, el Ministerio de Trabajo evalúa normativas para trabajadores digitales dependientes de plataformas de delivery; en Brasil, el debate sobre los motoboys de plataformas como iFood llegó al Congreso, y en Colombia, asociaciones de motorizados exigen su inclusión en la seguridad social.

En Venezuela, el fracasado intento de regular el sector ilustra la complejidad del tema y muestra la urgencia de que haya políticas coherentes que reconozcan el valor económico y social del trabajo motorizado.

Motos: la infraestructura invisible de las ciudades

Más allá del reparto, las motocicletas se han convertido en una infraestructura invisible que mantiene a las ciudades en movimiento. Conectan negocios y clientes, sostienen el comercio electrónico y facilitan la circulación de bienes primordiales en zonas congestionadas o con transporte público limitado.

Gracias a ellas, miles de familias logran ingresos y las urbes mantienen su ritmo económico diario. Este papel, a menudo ignorado por la planificación urbana, ha permitido la continuidad de servicios críticos en contextos de crisis o congestión.

Al mismo tiempo, las motos han permitido la inclusión de sectores tradicionalmente vulnerables en la economía, ofreciendo opciones de empleo flexible y adaptable. Sin embargo, este modelo plantea nuevos desafíos para la seguridad vial, la planificación urbana y la sostenibilidad ambiental.

Hacia una movilidad productiva y sostenible

El gran reto regional consiste en reconocer a los motorizados como una parte importante de la economía y la movilidad urbana. Integrarlos en las políticas de seguridad vial, transición energética y protección social es necesario para avanzar hacia un modelo de movilidad productiva y sostenible.

La Organización Internacional del Trabajo (2021) ha señalado que los países que han logrado regular con éxito este tipo de empleo no lo han hecho restringiendo las motos, sino garantizando que tengan condiciones seguras, eficientes y sostenibles.

La electrificación de flotas y la creación de infraestructuras seguras para las motocicletas podrían reducir los siniestros viales y las emisiones, consolidando un modelo más responsable de transporte urbano.

Medidas como incentivos a la electrificación, educación vial específica, seguros adecuados y la generación de datos abiertos sobre el empleo motorizado son pasos trascendentales para transformar la movilidad productiva en una movilidad digna.

Al cierre

En América Latina, las motocicletas han pasado de ser un recurso individual de movilidad a convertirse en un componente estructural de la economía urbana. Su combinación de eficiencia logística y flexibilidad laboral redefine la movilidad, el trabajo y la planificación de las ciudades.

Reconocerlas como parte de la infraestructura económica es fundamental para diseñar políticas de transporte, seguridad y sostenibilidad que respondan a las verdaderas dinámicas de la vida urbana contemporánea porque, al final, buena parte de la economía latinoamericana sigue moviéndose –literalmente– sobre dos ruedas.

The Conversation

Celia Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las motos son la columna vertebral de la economía urbana en América Latina – https://theconversation.com/las-motos-son-la-columna-vertebral-de-la-economia-urbana-en-america-latina-267941

¿Qué sabemos sobre el impacto de los programas bilingües?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Uxue Pérez Litago, Docente en el Grado en Logopedia, Universidad de Oviedo

Gorodenkoff/Shutterstock

En la actualidad, el 42,1 % del alumnado de educación primaria y el 31,4 % del de educación secundaria en España cursa programas en los que una parte de las asignaturas se imparten en inglés.

La puesta en marcha de estos programas (en el curso académico 2004-2005) se realizó sin que existieran estudios que analizaran las posibles implicaciones que dicha medida pudiera llegar tener para el estudiantado, lo que explica que aún hoy siga siendo motivo de debate. Ante la duda sobre si son beneficiosos o no, entender qué dice la investigación y ser conscientes de sus limitaciones puede ser clave para la toma de decisiones.

El debate entorno al AICLE

Lo que coloquialmente conocemos como “programas bilingües” en realidad se llaman programas de aprendizaje integrado de contenidos y lengua extranjera (AICLE o CLIL por sus siglas en inglés) y consisten en impartir en inglés entre un 30 y un 50 % de las asignaturas del currículum.

Quienes apoyan estas medidas argumentan que, hoy en día, saber inglés es una necesidad y que su uso como lengua vehicular no produce un detrimento de la lengua materna ni de los contenidos curriculares.

Quienes se oponen a esta metodología se preguntan a costa de qué debe priorizarse el aprendizaje del inglés y consideran que hacer entender conceptos complejos en una lengua extranjera resulta más difícil, lo que se traduce en una reducción y simplificación de las materias impartidas.

Este debate es tan antiguo como vigente dado que tanto su implantación como su desaceleración (desde 2023) se han llevado a cabo sin evidencias los que justifiquen.

¿Qué dice la ciencia?

Una de las grandes críticas al programa bilingüe es que, a pesar de ser un proyecto piloto prácticamente sin antedecentes y del profundo cambio que supondría para el sistema educativo, este se implementó sin contar con mecanismos de control que permitieran evaluar su desempeño.

Como consecuencia, ahora resulta difícil extraer conclusiones sobre los efectos que ha tenido a lo largo de estos años. Aunque sin duda se trata de un tema que requiere mucha más investigación, algunos estudios lo han analizado; sobre todo, en la Comunidad de Madrid, donde estos programas llevan más tiempo en funcionamiento.

Los resultados se igualan en secundaria

Diversas investigaciones concluyen de forma clara y sistemática que el alumnado de los programas bilingües obtiene mejores resultados en todas las competencias evaluadas (tanto en inglés como en el resto de las asignaturas). Pero ¡cuidado! Esto no necesariamente tiene que ver con el impacto del bilingüismo, porque los estudiantes que optan por estos programas suelen pertenecer a familias con mayor nivel económico y cultural, mientras que el alumnado con menor desempeño académico (por ejemplo, quienes presentan dificultades de aprendizaje) suelen evitarlos. Es decir, no estamos comparando alumnado con perfiles similares.

Por ello, los estudios que abordan este tema desde una perspectiva científica deben aplicar métodos estadísticos que garanticen que los grupos comparados sean equivalentes en todos los aspectos que podrían influir en los resultados. Cuando estos se controlan, observamos que, en educación primaria, los programas bilingües mejoran la competencia lingüística en inglés. Sin embargo, su impacto en la adquisición del resto de habilidades no está de todo claro.

Algunos estudios señalan que los programas bilingües reducen el nivel de conocimientos curriculares, mientras que otros afirman que no tienen ningún efecto, ni positivo ni negativo, sobre la adquisición de contenidos. De todas formas, llama la atención que todas estas diferencias entre los programas bilingües y “monolingües” podrían desaparecer al final de la ESO, dado que tanto el nivel de conocimientos como el dominio del inglés tiende a igualarse en esta etapa.

Ámame en lengua materna, ódiame en lengua extranjera

Limitarse a comparar los resultados lingüísticos y curriculares puede no ser suficiente para valorar el impacto de los programas bilingües. Por ejemplo, está ampliamente demostrado que pensar, leer o conversar en la lengua materna genera emociones más intensas que hacerlo en un idioma extranjero.

No obstante, resulta difícil que las investigaciones logren cuantificar cómo influye esto en el aula. Educar, especialmente a lo largo de la educación obligatoria, no consiste solo en transmitir contenidos, sino que también se espera fomentar la reflexión, despertar la curiosidad, generar conciencia crítica y hacer del aprendizaje un momento de disfrute.

Por ello, aunque consigamos transmitir una idea, ¿qué capacidad tiene el alumnado de transformarla, razonar, debatir o sorprenderse con ella en inglés? ¿Podemos los docentes ilusionar en esta legua?

Las evidencias tanto a favor como en contra de los programas bilingües son limitadas, y es posible que, al final de la ESO, dichas diferencias sean mínimas en cuanto al nivel de inglés y de contenidos aprendidos. Mientras tanto, convendría analizar si en estos programas se transmiten eficazmente otro tipo de saberes esenciales.

The Conversation

Uxue Pérez Litago no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué sabemos sobre el impacto de los programas bilingües? – https://theconversation.com/que-sabemos-sobre-el-impacto-de-los-programas-bilingues-267397

El ‘sueño chino’ de Xi Jinping: cómo Pekín aspira a disputar el liderazgo global a Estados Unidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluc Vidal, Profesor Titular, Director del Grado de Relaciones Internacionales de la UOC, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

El presidente chino, Xi Jinping, fotografiado el pasado 25 de abril. Photo Agency/Shutterstock

En las dos últimas décadas, el ascenso de China se ha convertido en uno de los fenómenos más determinantes de un nuevo sistema internacional en ciernes. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, el país ha pasado de ser la “fábrica del mundo” a una potencia tecnológica y diplomática que aspira a disputar la hegemonía global a Estados Unidos.

Las reformas económicas de los años ochenta permitieron a China experimentar un crecimiento sin parangón en la historia reciente. Sin embargo, el salto cualitativo ha llegado con el XIV Plan Quinquenal (2021–2025), que ha fijado como objetivo alcanzar la autosuficiencia tecnológica en sectores estratégicos como los semiconductores, la inteligencia artificial y la biotecnología.

Solo en 2024, el país concentró el 47 % de las solicitudes de patentes mundiales, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), y destinó en 2022 el 2,6 % del PIB a I+D, superando a la media de los países emergentes según los datos del National Bureau of Statistics of China.

Esta política combina una masiva inversión pública, alianzas internacionales de forma selectiva y una diplomacia tecnológica que vincula innovación y acción exterior. En otras palabras, China va a movilizar su capacidad tecnológica (5G, las energías renovables o la inteligencia artificial) como instrumento de poder e influencia internacional.

Prosperidad, cohesión y poder

El proyecto político de Xi Jinping, conocido como el “Sueño Chino” (中国梦, Zhongguo meng), busca restaurar el papel central del país en el mundo. Este sueño combina tres ejes: prosperidad económica, cohesión interna y “renacimiento nacional”. Ahora bien, ¿qué signfica este discurso? En la práctica, implica mantener un fuerte control interno y una expansión exterior controlada donde la diplomacia, la innovación tecnológica y la modernización militar se coordinan para consolidar la influencia global de China.

El gasto en defensa aumentó un 7,2 % en 2024, consolidando a China como la segunda fuerza armada mundial, con un 1.7 % sobre el PIB. Al mismo tiempo, el país está desarrollando capacidades en ciberdefensa, guerra electrónica y drones autónomos. Como sentenciaba Xi en 2017: “En circunstancias de una competencia militar global cada vez más intensa, solo los innovadores ganan”.

La política de la seda

El ascenso chino no puede entenderse sin su dimensión geográfica. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), lanzada en 2013, Pekín ha invertido más de un billón de dólares en infraestructuras que conectan Asia, África y Europa.

Esta red de corredores ferroviarios, puertos y parques industriales no solo busca facilitar el comercio, sino también reforzar la influencia de China. El control de recursos críticos, como el litio, el cobalto o las tierras raras, le otorga un poder geoeconómico considerable. China refina el 60 % del litio mundial y produce más del 70 % de las tierras raras, según la Agencia Internacional de la Energía.

Estos materiales son esenciales para la transición energética y la revolución digital, lo que sitúa a Pekín como socio indispensable. En un contexto de descarbonización acelerada, el control de los minerales críticos no solo condiciona la capacidad industrial de los Estados, sino que reconfigura las estructuras del poder económico y político mundial, un terreno en el que China parte con clara ventaja.

Europa entre la cooperación y la autonomía estratégica

Desde 2019, la UE define a China como socio, competidor y rival sistémico, una triple categoría que refleja una estudiada ambivalencia. Europa necesita a China para avanzar en su transición verde y tecnológica, pero teme depender excesivamente de ella en sectores estratégicos.

El concepto de “de-risking”, impulsado por la Comisión Europea, busca reducir dependencias sin romper los lazos comerciales. Alemania, por ejemplo, mantiene un comercio bilateral con China de más de 250 000 millones de euros anuales, pero restringe inversiones en sectores sensibles como telecomunicaciones o microchips.

Diplomacia tecnológica y narrativa global

¿Como consigue China lograr sus objetivos en materia de política tecnológica? La diplomacia china combina poder duro (hard power), económico y militar, con poder blando (soft power) basado en la proyección cultural, la cooperación educativa y la creación de instituciones internacionales propias, como el Instituto Confucio o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

Además, China promueve una narrativa alternativa al orden liberal occidental: un “mundo multipolar” donde los países del Sur Global tienen mayor voz. En 2024, China apoyó en la cumbre del BRICS la incorporación de Irán, Egipto, Etiopia y Emiratos Árabes Unidos, consolidando su papel como articulador de un bloque postoccidental.

Sin embargo, su estrategia exterior también conlleva ciertos riesgos. La creciente deuda de algunos países africanos y asiáticos con bancos chinos y las tensiones en torno a Taiwán o el mar de la China Meridional podrían derivar en crisis de legitimidad o en una respuesta coordinada de otras potencias.

La paradoja del ascenso chino

China aspira a liderar la cuarta revolución industrial y a consolidarse como potencia global sin provocar una ruptura abierta con el orden liberal creado en 1945. Su desafío es controlar sin asfixiar, expandirse sin generar alianzas de contención y mantener la innovación dentro de un sistema político centralizado.

De su capacidad para innovar sin desestabilizar dependerá si el siglo XXI será recordado como el momento en que China desafió el orden liberal… o lo reinventó a su medida.

The Conversation

Lluc Vidal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El ‘sueño chino’ de Xi Jinping: cómo Pekín aspira a disputar el liderazgo global a Estados Unidos – https://theconversation.com/el-sueno-chino-de-xi-jinping-como-pekin-aspira-a-disputar-el-liderazgo-global-a-estados-unidos-267774

Conectados para crecer: la profunda transformación digital de la adolescencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Osuna-Acedo, Profesora Catedrática de Universidad – Comunicación y Educación, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Ilustradora: Emma Gascó.

A lo largo de la historia de la humanidad, cada generación ha hecho uso de las tecnologías que la sociedad le ponía a su alcance, algo que ha beneficiado su desarrollo y crecimiento. En nuestra sociedad interconectada, las tecnologías digitales se integran de una forma natural en cualquier acción que realice la población adolescente. Los debates públicos, a menudo, enfatizan en los riesgos del mundo digital, pero la realidad es que tenemos muchas evidencias científicas que respaldan los múltiples beneficios para los adolescentes del uso responsable de internet y las redes sociales.

Los adolescentes de las generaciones previas dependían casi únicamente del sistema escolar formal para aprender. En la actualidad esto ha cambiado. En esta etapa caracterizada por la exploración identitaria, la búsqueda de autonomía y la construcción de relaciones sociales significativas, el ecosistema digital que ofrece nuevas oportunidades para la expresión personal, la conexión social y el aprendizaje.




Leer más:
¿Prohibimos las pantallas a nuestros hijos o les educamos en el buen uso de la tecnología?


Algunas redes sociales y aplicaciones virtuales, como YouTube o Duolingo, son ejemplos claros de espacios digitales que permiten el aprendizaje informal, donde los adolescentes adquieren los conocimientos necesarios según sus propios intereses.

Una investigación reciente concluía que los adolescentes prefieren obtener la información que necesitan a través de internet, ya que les resulta más accesible, rápida, privada y libre de juicios. A poco que reflexionemos sobre este sentimiento, podemos apreciar la fuerza que tiene el entorno digital para aprender en la adolescencia, sobre todo, en temas muy sensibles como la salud mental, la sexualidad, la privacidad, los problemas sociales, etc. En este mismo estudio, se menciona un argumento muy significativo de un adolescente de la muestra: “No tengo adicción a la tecnología, tengo adicción a mis amigos”.

Internet para comunicarse

Así pues, las nuevas generaciones pueden explorar desde el ciberespacio, de forma autónoma y a su ritmo, la información que necesitan en cada momento de su vida. Hay un consenso general acerca de que comunicarse es el principal uso que hacen los adolescentes de internet. Así lo afirma la autora Roxana Morduchowicz, que lleva décadas estudiando la influencia de internet en las nuevas generaciones. Las investigaciones de esta autora muestran que la realidad de la población adolescente se mueve entre dos esferas: la virtual, desde los enlaces en los que participan en el ciberespacio, y la real, en el mundo en sus relaciones cara cara. Los adolescentes entran y salen de ambos universos permanentemente, sin necesidad de distinguir sus fronteras de manera explícita. Morduchowicz también afirma que no es posible entender la adolescencia sin la importante presencia de los amigos, pero tampoco es posible comprender actualmente el concepto de amistad, sin tener en cuenta a las tecnologías digitales.

Internet ha conseguido nuevas formas de sociabilidad juvenil y nuevas formas de diálogo entre esta población, estableciéndose la interacción entre ellos de forma simultánea, en tiempo real y sin necesitar una presencia física. Obviamente, a esta situación ha contribuido el desarrollo de los teléfonos móviles y el uso que hace esta población de los mismos.

Un rol protagonista

Los adolescentes en los espacios digitales buscan nuevas oportunidades para hablar de sí mismos y compartir contenidos con sus audiencias. Es decir, pueden hablar de sus vidas, de lo que piensan y sienten sobre los temas que les preocupa, pueden mostrar lo que quieren que otros sepan de sí mismos o pueden evaluar los comentarios que reciben de otras personas. Los adolescentes tienen un rol protagonista en internet, donde se han convertido en productores de contenidos, algo que les posibilita participar en la cultura de su época de forma activa y que hasta ahora ninguna generación había conseguido. Y todo esto lo hacen mediados por las pantallas.




Leer más:
¿Pueden (o deben) las redes sociales ser herramientas pedagógicas?


Además, podemos afirmar que el uso que hacen los adolescentes de los espacios digitales les permite fomentar su creatividad. La red social TikTok o la aplicación de videojuegos Roblox son ejemplos de cocreación en línea que realizan las generaciones más jóvenes para desarrollar su creatividad, en lugar de conformarse con ser meros consumidores. Podríamos nombrar también la plataforma Scratch como ejemplo de espacio virtual de aprendizaje usado mucho en los centros educativos. Scratch que ayuda a incrementar el compromiso del estudiantado con su propio aprendizaje, mejorando el pensamiento computacional y reforzando la autoestima al permitirles enfrentarse con desafíos lógicos y creativos.

Construcción de la identidad

En general, todas las redes sociales que usan los adolescentes permiten la expresión de ideas, emociones y opiniones, utilizando lenguaje multimedia con textos, imágenes, vídeos y sonidos. Las comunicaciones creativas que realizan los adolescentes en los espacios virtuales en los que interactúan les ayudan a construir una identidad digital sólida que caracteriza a su generación. La producción creativa en línea constituye un poderoso medio de autoexpresión y autodescubrimiento.

Contrariamente a la idea de la juventud conectada a los espacios virtuales en solitario, lo que se produce realmente es una comunicación con los iguales y otras personas, cosa impensable en generaciones anteriores. El informe de la Organización Mundial de la Salud concluye que los adolescentes que hacen un uso frecuente, pero no problemático, de las redes sociales, reportan niveles más altos de apoyo emocional entre pares y menos sentimientos de soledad. Además, y contrariamente a los mensajes alarmistas que aparecen frecuentemente en los medios de comunicación, existen investigaciones que revelan que el apoyo social que reciben los adolescentes en las plataformas digitales protege contra la depresión.

Compromiso y conciencia social

Es un hecho que los adolescentes participan en movimiento sociales, en campañas solidarias y en proyectos colaborativos en línea, lo que refuerza su compromiso ético y conciencia social. El movimiento Friday For Future, impulsado por adolescentes en las redes sociales, llegó a movilizar millones de personas a nivel mundial, defendiendo acciones beneficiosas para la concienciación sobre el cambio climático. Ejemplos como este nos muestran una generación comprometida con lo que le rodea, que aprovecha las herramientas digitales a las que accede para expresarse y transformar el mundo.

En una entrevista en 2024, el experto Henry Jenkins defiende el rol de las tecnologías digitales a la hora de amplificar significativamente la presencia y participación de los adolescentes en las conversaciones públicas. A través de hashtags, campañas virales y comunidades en línea, los adolescentes visibilizan sus causas y movilizan apoyos para los temas que les conciernen directamente.

La mediación adulta

Como vemos por estos y otros estudios, el uso de la tecnología por parte de la población adolescente no es inherentemente bueno o malo. También tenemos evidencias sobre el beneficio de que estas acciones vayan acompañadas de la experiencia y mediación adulta. Por ello, es necesario que en la educación formal se fomente el diálogo abierto entre adultos y adolescentes sobre sus experiencias en línea. Esta “Alfabetización Mediática e Informacional” ya la promulga la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde la década de 1970, y cobra más actualidad en estos momentos en que la inteligencia artificial generativa está implantándose de forma tan disruptiva.

La “alfabetización mediática e informacional” es distinta y complementaria a la alfabetización digital. Con la primera, la UNESCO se refiere a la adquisición de competencias técnicas para usar las tecnologías digitales (competencias para el uso de dispositivos digitales y sus programas, para navegar por internet y para conseguir la seguridad digital imprescindible como el uso de contraseñas o antivirus). Con la segunda, la UNESCO se refiere a la promoción del pensamiento crítico de una ciudadanía digital activa y la libertad de expresión.

Los adultos necesitan esta alfabetización mediática para conocer y comprender los consumos culturales de la población adolescente e integrarlos en la enseñanza. Es decir, todo lo contrario a lo que la escuela hace habitualmente, que elabora sus estrategias didácticas sin analizar el punto de partida adolescente. La escuela debe entender que toda la información que llegue a los adolescentes forma parte de su saber, pero el saber de cada uno de estos menores no se limita exclusivamente a la información que reciben. El papel de la educación es convertir esa información que los bombardea en conocimiento y, a su vez, que este conocimiento integre su identidad cultural. No olvidemos que estamos ante la generación que más participa en la cultura de su tiempo.

Hay que enseñar a los más jóvenes a cuestionar, investigar y verificar la información que consumen y a promover el uso de las plataformas digitales con responsabilidad, respeto y seguridad. Una narrativa alarmista sobre la relación que tienen los adolescentes y las tecnologías digitales nos lleva a no ser proactivos en cuanto a la guía y mediación que estamos obligados a aportar. Nuestro reto no es restringir el acceso de los adolescentes a las tecnologías digitales, sino ofrecerles acompañamiento, educarles y fomentar una cultura digital positiva, que empodere a las nuevas generaciones de forma crítica.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.

The Conversation

Sara Osuna-Acedo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Conectados para crecer: la profunda transformación digital de la adolescencia – https://theconversation.com/conectados-para-crecer-la-profunda-transformacion-digital-de-la-adolescencia-269243

Así son las auroras rojas que han iluminado (y pueden volver a iluminar hoy) los cielos de España y toda Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, Instituto de Ciencias del Espacio (ICE – CSIC)

La pasada noche del 11 noviembre fue posible disfrutar desde toda Europa, Norteamérica y Centroamérica del espectáculo de las auroras. Desde España se han visto y fotografiado las llamadas auroras SAR (acrónimo de Arcos Rojos Estables o Stable Aurora Red arch), una especie de reflejo lejano de las que se dan a gran altura en latitudes boreales. Se aprecian como una luminosidad rojiza cercana al horizonte norte que se aprecia a simple vista, aunque las cámaras la captan maravillosamente dada su mayor sensibilidad.

Que veamos auroras SAR es normal, incluso que cambien de intensidad según el devenir de la actividad geomagnética. También se produjeron en mayo del año pasado, en un momento álgido (como ahora) de la actividad solar.

En estos momentos, el Sol se encuentra en una fase especialmente activa en la que sufre grandes erupciones, acompañadas de la emisión masiva de protones y partículas alfa (núcleos de helio) a grandes velocidades (algunas del orden de 1 800 km/s).

Muchos astrofotógrafos aprovechan estos días para tomar imágenes increíbles de la fotosfera solar que muestran la gran actividad del astro rey.

El origen de las auroras y sus preciosos colores

Tras la emisión de masa coronal del Sol, las partículas atómicas, en buena parte cargadas eléctricamente, pasan a formar parte del llamado viento solar y se difunden por el medio interplanetario. Esa gigantesca ola de átomos e iones tardará entre 1,5 y 4 días en llegar a la Tierra, en función de la velocidad de la ráfaga de masa coronal eyectada.

Los cinturones de Van Allen nos protegen de la radiación llegada del Sol.
Nasa Space Place

Las energéticas partículas quedan retenidas en el campo magnético de nuestro planeta. Posteriormente, viajan por las líneas de dicho campo hasta golpear la atmósfera superior de la Tierra, cerca de los polos Norte y Sur. Cuando estos átomos interactúan con los gases de nuestra atmósfera, producen las auroras boreales y australes, respectivamente.

Y, aunque en latitudes medias como las de España se suelan ver únicamente las auroras SAR rojas, desde latitudes más boreales o australes es posible contemplar hermosas cortinas de colores. El cromatismo de los hermosos arcos de la luz que se mueven por el cielo dependen de las moléculas ionizadas que emiten esa luz. Por ejemplo, el oxígeno emite luz verde y roja, mientras que el nitrógeno molecular brilla intensamente en colores azules y púrpuras.

El Sol dispara y los planetas reciben

Precisamente, el 11 de noviembre hubo una enorme emisión de masa coronal desde la región solar activa catalogada AR14274. Debido a la magnitud de esa erupción, esperamos que haya actividad geomagnética extraordinaria también en las próximas noches.

Precisamente las regiones más activas están asociadas a los grupos de manchas solares, a veces vinculados a brillantes segmentos llamados fáculas. Desde esas regiones suelen producirse las erupciones solares, desencadenadas por los cambios magnéticos que tienen lugar en la fotosfera solar.

El grupo activo 14274 fotografiado el 11 de noviembre desde el Observatori de Gualba, Barcelona, una hora después de la erupción que protagonizó y que ahora está produciendo auroras. Podemos apreciar una brillante fácula debajo de las manchas principales.
Albert Sànchez Caso/MPC442-Gualba Obs./AstroMontseny

Muy atentos a las próximas noches

Es una gran oportunidad para los astrofotógrafos, pero cualquiera que disponga de un teléfono móvil también puede capturar alguna imagen nocturna de pocos segundos si se apoya en algún objeto o tiene un buen pulso. Precisamente esta misma tarde, la del 12 de noviembre, ya desde el crepúsculo tendremos muchas posibilidades de volver a ver auroras SAR desde la península ibérica.

De hecho, podremos seguir en tiempo real la actividad geomagnética en esta página de la Universidad de Kioto (Japón). Webs muy útiles para comprobar el grado de actividad geomagnética son Heliomon, creada por Josep María Llenas, y la del director del Observatori Astronòmic i Meteorològic de Pujalt, en Barcelona.

En particular existe un índice representativo de las condiciones geomagnéticas globales, conocido como Kp. Estos valores indican la actividad geomagnética esperada para cualquier período de tres horas durante los próximos tres días, como refleja la gráfica que sigue a este párrafo.

El índice Kp da cuenta de la actividad geomagnética global en períodos de tres horas durante los próximos tres días. Las horas son en tiempo universal coordinado (súmese una hora para la hora local peninsular, CET).
NOAA/SWPC Boulder, Col, EUA

Un buen ejemplo de las sesiones fotográficas que espero incentivar fue la realizada anoche por el astrofotógrafo Joan Manuel Bullón desde el pico de la Travina, en el municipio valenciano de Aras de Alpuente. Imágenes como esta precisamente me han animado a escribir el presente artículo para enfatizar que la próxima noche podría también ser histórica, una gran oportunidad para los amantes del tiempo (espacial).

Aurora captada la pasada noche desde Aras de Alpuente, Valencia.
Joan Manuel Bullón i Lahuerta

The Conversation

Josep M. Trigo Rodríguez recibe fondos del proyecto del Plan Nacional de Astronomía y Astrofísica PID2021-128062NB-I00 financiado por el MICINN y la Agencia Estatal de Investigación.

ref. Así son las auroras rojas que han iluminado (y pueden volver a iluminar hoy) los cielos de España y toda Europa – https://theconversation.com/asi-son-las-auroras-rojas-que-han-iluminado-y-pueden-volver-a-iluminar-hoy-los-cielos-de-espana-y-toda-europa-269614

La selección: adolescencia de chicas, adolescencia de chicos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

Tanatat/Shutterstock

Está claro que no todos damos la misma importancia a nuestro aspecto físico, pero también que es un factor bastante clave de nuestro bienestar mental. Imaginemos lo fundamental que puede llegar a ser verse y sentirse bien para un adolescente, en esa etapa en la que la aceptación de los iguales es tan vital, cuando la opinión de nuestra abuela (que siempre nos encuentra los más guapos) deja de resultar tan convincente.

Y ahora situémonos en el mundo mental y el contexto real de una chica adolescente de hoy. A las inseguridades que conllevan los cambios físicos y emocionales de la pubertad se une un bombardeo mediático y publicitario mucho más agresivo, cuantitativa y cualitativamente, de lo que adultos de otras generaciones hemos experimentado.

No es la misma presión que la que reciben los chicos. Tampoco influye igual en la construcción de la sexualidad de unos y otros el consumo de pornografía en la adolescencia. Estos contenidos, a los que cada vez más se accede mucho antes de tener la capacidad de gestionarlos, enseñan a las jóvenes “que el reconocimiento social depende de su capacidad de exposición, generando una socialización basada en la autosexualización. La pornografía no solo moldea cómo los varones aprenden a desear, sino cómo las adolescentes aprenden a ser deseadas”. Así nos lo explica Mario Ramírez de la UNIR, después de revisar las últimas investigaciones.

Y todo esto tiene un efecto. Las chicas sufren más que los chicos a partir de la pubertad. Duermen peor. Experimentan más ansiedad y depresión, perciben menos control sobre sus cuerpos y sus sentimientos, se juzgan con más dureza y se gustan menos. Tras un estudio con más de 10 000 adolescentes españoles, los investigadores de la universidad de Zaragoza Alejandro Legaz Arrese y Carmen Mayolas-Pi, y Joaquin Reverter Masia, de la Universitat de Lleida, llegan a la siguiente conclusión: “La pubertad femenina llega antes y con cambios hormonales más intensos(…). Pero estos cambios son naturales y ocurren en ambos sexos; no son la causa ni la solución por sí solos. La diferencia está en cómo se viven y qué significan esos cambios en un entorno social lleno de expectativas sobre el cuerpo femenino”.

Hablan de un contexto marcado por presión estética, la exposición continua a redes sociales y las expectativas de “ser perfecta” en múltiples dimensiones. “La pubertad”, explican, “se convierte así en un cruce biológico y cultural particularmente exigente para ellas”. Y además, esta brecha en el bienestar mental no desaparece con los años: las mujeres adultas siguen presentando peores niveles de sueño, mayor ansiedad y depresión, y más insatisfacción corporal que los hombres.

La adolescencia parece el momento más oportuno para establecer las bases de una relación sana con la propia imagen, física y mental. ¿Podemos ayudar los adultos? Sí, si prestamos atención a los mensajes que chicos y chicas reciben, a los influencers que siguen, ofreciendo alternativas positivas, comentando con ellos los mensajes y las imágenes que ofrecen. El deporte es una manera excelente de mejorar el bienestar en la adolescencia, al igual que enseñar a resolver conflictos de manera constructiva e incluir la educación emocional en la escuela: tanto para chicos como para chicas. Hay mucho que se puede hacer desde diferentes ámbitos para que las chicas no estén condenadas a sufrir más simplemente por el hecho de serlo.

The Conversation

ref. La selección: adolescencia de chicas, adolescencia de chicos – https://theconversation.com/la-seleccion-adolescencia-de-chicas-adolescencia-de-chicos-269199

Por qué perdimos el hábito de dormir en dos turnos y cómo modificó nuestra percepción del tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Darren Rhodes, Lecturer in Cognitive Psychology and Environmental Temporal Cognition Lab Director, Keele University, Keele University

Albert Joseph Moore/Shutterstock

El sueño continuo es un hábito moderno, no un fruto natural de nuestra evolución. Y eso ayuda a explicar por qué muchos de nosotros seguimos despertándonos a las 3 de la madrugada y nos preguntamos si algo va mal. Puede ser útil saber que se trata de una experiencia profundamente humana.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, dormir ocho horas seguidas no era lo habitual. En cambio, la gente solía descansar en dos turnos cada noche, a menudo denominados “primer sueño” y “segundo sueño”. Cada uno de estos periodos duraba varias horas, separadas por un intervalo de vigilia de una hora o más en mitad de la noche. Los registros históricos de Europa, África, Asia y otros lugares describen cómo, al caer la noche, las familias se acostaban temprano y luego se despertaban alrededor de la medianoche durante un rato antes de volver a dormir hasta el amanecer.

Dividir la noche en dos partes probablemente cambió la percepción del tiempo. El intervalo de silencio daba a las noches un punto medio claro, lo que puede hacer que las largas tardes de invierno parezcan menos continuas y sean más fáciles de soportar.

El intervalo de medianoche no era tiempo muerto, sino tiempo consciente, que determinaba cómo se experimentan las largas noches. Algunas personas se levantaban para ocuparse de tareas como avivar el fuego o cuidar de los animales. Otras se quedaban en la cama para rezar o reflexionar sobre los sueños que acababan de tener. Las cartas y los diarios de la época preindustrial mencionan que la gente aprovechaba las horas de tranquilidad para leer, escribir o incluso socializar tranquilamente con la familia o los vecinos. Y muchas parejas aprovechaban este despertar de medianoche para tener relaciones íntimas.

La literatura de épocas tan lejanas como la de Homero y Virgilio contiene referencias a una “hora que pone fin al primer sueño”, lo cual indica lo habitual que era la noche de dos turnos.

Cómo perdimos el “segundo sueño”

La desaparición del segundo sueño se produjo a lo largo de los dos últimos siglos debido a profundos cambios sociales. La iluminación artificial es uno de ellos. En los siglos XVIII y XIX, las lámparas de aceite, la iluminación de gas y, finalmente, la luz eléctrica comenzaron a convertir la noche en un tiempo de vigilia más aprovechable. En lugar de acostarse poco después de la puesta del sol, la gente empezó a quedarse despierta hasta más tarde bajo la luz de las lámparas.

Desde el punto de vista biológico, la luz brillante por la noche también modificó nuestros relojes internos (nuestro ritmo circadiano) e hizo que nuestros cuerpos fueran menos propensos a despertarse después de unas pocas horas de sueño. El momento en que se expone a la luz es importante. La luz normal de una habitación antes de acostarse suprime y retrasa la melatonina, lo que a su vez retarda la llegada del sueño.

La Revolución Industrial transformó no solo la forma de trabajar de las personas, sino también la forma de dormir. Los horarios de las fábricas fomentaban un único bloque de descanso. A principios del siglo XX, la idea de ocho horas ininterrumpidas había sustituido al ritmo centenario de dos periodos de sueño.

En estudios del sueño de varias semanas de duración que simulan las largas noches de invierno en la oscuridad y prescinden de los relojes o la luz del atardecer, las personas que participan suelen acabar adoptando dos periodos de sueño con un intervalo de vigilia tranquilo. Un estudio de 2017 sobre una comunidad agrícola de Madagascar sin electricidad descubrió que la mayoría de las personas seguían durmiendo en dos segmentos, levantándose alrededor de la medianoche.

Mujer durmiendo en un sofá con un vestido de seda.
¿Soñando con un segundo sueño?
John Singer Sargent/Shutterstock

Inviernos largos y oscuros

La luz regula nuestro reloj interno e influye en la rapidez con la que percibimos el paso del tiempo. Cuando esas señales se desvanecen, como en invierno o bajo la luz artificial, nos desorientamos.

En invierno, la luz matutina más tardía y más débil dificulta la sincronización circadiana. Esa luz de la mañana es especialmente importante para regular los ritmos circadianos porque contiene una mayor cantidad de luz azul, que es la longitud de onda más eficaz para estimular la producción de cortisol por parte del cuerpo y suprimir la melatonina.

En laboratorios de aislamiento temporal e investigaciones en cuevas, las personas estudiadas han vivido durante semanas sin luz natural ni relojes, o incluso en oscuridad constante. Pues bien, muchos individuos contaron mal el paso de los días, lo que demuestra lo fácil que es perder la noción del tiempo sin señales luminosas.

Distorsiones similares se producen en el invierno polar, donde la ausencia de amaneceres y atardeceres puede hacer que el tiempo parezca suspendido. Las personas nativas de latitudes altas y los residentes de larga duración con rutinas estables suelen adaptarse mejor a los ciclos de luz polares que los visitantes de corta duración, pero esto varía según la población y el contexto. Los residentes se adaptan mejor cuando su comunidad comparte un horario diario regular, por ejemplo. Y un estudio de 1993 sobre la población islandesa y sus descendientes que emigraron a Canadá reveló que estas personas presentaban índices inusualmente bajos de trastorno afectivo estacional en invierno. El estudio sugirió que la genética podría ayudar a esta población a lidiar con el largo invierno ártico.

Las investigaciones del Laboratorio de Cognición Temporal Ambiental de la Universidad de Keele (Inglaterra), del que soy director, muestran lo fuerte que es este vínculo entre la luz, el estado de ánimo y la percepción del tiempo. En una realidad virtual de 360 grados, los participantes vieron seis clips con escenas del Reino Unido y Suecia de unos dos minutos de duración. Estos voluntarios consideraron que las grabaciones duraban más en las escenas nocturnas o con poca luz que en las escenas diurnas o con más luz. El efecto fue más pronunciado en los participantes que declararon tener un estado de ánimo bajo.

Una nueva perspectiva sobre el insomnio

Los médicos especialistas en sueño señalan que los despertares breves son normales y suelen producirse en las transiciones entre fases, incluida la fase cercana al sueño REM, que se asocia con sueños vívidos. Lo importante es cómo respondemos.

La percepción de la duración en el cerebro es elástica: la ansiedad, el aburrimiento o la escasez de luz tienden a alargar el tiempo, mientras que el compromiso y la calma pueden comprimirlo. Sin ese intermedio en el que antiguamente nos levantábamos y hacíamos algo o charlábamos con nuestra pareja, despertarse a las 3 de la madrugada a menudo hace que el tiempo discurra con lentitud. En este contexto, la atención se centra en el paso del tiempo y los minutos que pasan pueden parecer más largos.

La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) aconseja a las personas que se levanten de la cama después de unos 20 minutos tras despertarse, realicen una actividad tranquila con luz tenue, como leer, y luego vuelvan cuando tengan sueño.

Los expertos en sueño también sugieren tapar el reloj y dejar de medir el tiempo cuando se tiene dificultad para dormir. Aceptar con calma el estado de vigilia, junto con la comprensión de cómo nuestra mente percibe el tiempo, puede ser la forma más segura de volver a descansar.

The Conversation

Darren Rhodes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué perdimos el hábito de dormir en dos turnos y cómo modificó nuestra percepción del tiempo – https://theconversation.com/por-que-perdimos-el-habito-de-dormir-en-dos-turnos-y-como-modifico-nuestra-percepcion-del-tiempo-269513

Qué es y qué no es desertificación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

El regadío se identifica tanto como un problema de desertificación como una barrera contra el mismo. Esta doble concepción puede integrarse en uno de los clásicos síndromes de desertificación. Se trata de un caso de desarrollo socioeconómico que deriva en la sobreexplotación de los recursos hídricos. Julia Martínez, CC BY-SA

En 2027 se cumplirán cien años desde que se empleó por primera vez el término desertificación. Durante este siglo se han logrado diversos avances conceptuales y de concienciación sobre ese grave problema socioambiental, además de algunas propuestas solventes. Sin embargo, prevalecen diversas confusiones que impiden el desarrollo de soluciones verdaderamente efectivas. Una de ellas es la identificación de lo qué es desertificación, cuestión que ha obstaculizado, por ejemplo, la localización del problema.

El proyecto Atlas de la Desertificación de España, financiado por la Fundación Biodiversidad, aborda de lleno este reto, presentando mapas de desertificación y una batería de casos de estudio que ahondan en diversas situaciones, algunas habitualmente identificadas con este problema y otras muy alejadas de ella.

Paisaje agrícola de regadío
Regadío agroindustrial en Campo de Cartagena (Región de Murcia).
Jaime Martínez Valderrama, CC BY-SA

Ni la aridez, ni los desiertos, ni las calimas son desertificación

Como imagen de la desertificación se suelen presentar casos que nada tienen que ver con el problema. Así, es habitual mostrar las típicas formaciones acarcavadas bajo un titular que sugiere que el desierto avanza. Son varios los errores acumulados en estas noticias. Esas geoformas –como las que encontramos en las Bardenas Reales (Navarra y Aragón) o el Campo de Tabernas (Almería)– se denominan malpaís por el hecho de que su incómoda orografía ha imposibilitado históricamente su aprovechamiento, con lo que no han podido ser degradadas por la actividad humana (uno de los requisitos para que haya desertificación).

Además, la desertificación es un problema in situ, no una amenaza externa a modo de meteorito que arrasa un territorio. Del mismo modo, el polvo sahariano que nos visita en forma de calimas cada vez con más frecuencia se asocia con la desertificación, pero se trata de un problema de otra índole. Las sequías y las zonas áridas son otras de las erróneas equiparaciones a este complejo fenómeno socioambiental.

Paisaje con montículos característico de las Bardenas Reales
Situado entre Navarra y Aragón, las Bardenas Reales (418 km²) son el área más extensa con formaciones de tierras baldías en la península ibérica. La actividad erosiva está ligada a las fases de incisión cuaternarias de los ríos Aragón y Ebro.
Estela Nadal-Romero, CC BY-SA

Los sospechosos habituales

Una segunda familia de casos, habitualmente presentes en las listas de paisajes o síndromes de desertificación, tienen que ver con la agricultura. Se trata de cultivos que debido a su intensificación y malas prácticas desencadenan procesos de erosión, contaminación de suelos y aguas, o degradación de masas de agua, con las consecuentes repercusiones en la biodiversidad.

Ejemplos de ellos son diversos cultivos leñosos (olivar, almendro y vid) o las frutas y hortalizas (cultivos tropicales, invernaderos, cítricos, etc.). Estos “paisajes de la desertificación”, tal como se denominan en la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación (ENLD), representan al mismo tiempo soluciones económicas para muchas regiones, lo que dificulta enormemente su reconversión.

No resulta sencillo reconducir la agricultura intensiva en los alrededores del Parque Nacional de Doñana cuando constituye la principal vía de ingresos de muchas personas. Comprender en profundidad los mecanismos implicados –tanto socioeconómicos como biofísicos– es fundamental para que el desarrollo económico no sea efímero, sino verdaderamente sostenible.




Leer más:
Guerra del agua entre Doñana y las explotaciones agrícolas y turísticas


Donde reina la ambigüedad

En España, como en otros países de su entorno, se ha producido un éxodo rural que ha desencadenado unas dinámicas y apaciguado otras. Lo que vemos desde las ciudades es un paisaje más verde, consecuencia de que ya no utilizamos leña para calentarnos y cocinar, de que gran parte de la ganadería ha sido estabulada y muchos cultivos, abandonados.

Muchas zonas, previamente degradadas, tan solo son capaces de albergar matorrales; en otras se producen incendios debido a la acumulación de material inflamable. Por otra parte, pese al aumento de la superficie forestal, pocas masas boscosas se parecen a las originales. Hay especies invasoras y bosques que se secan.




Leer más:
Por qué la expansión de bosques y matorrales no es una buena noticia


El abandono del territorio es un paisaje de desertificación llamativo: contraviene la norma de que la degradación ocurre por sobreexplotación de los recursos, no por subexplotación.

Por otra parte, los incendios forman parte de la regeneración y evolución del paisaje natural, y apagarlos precipitadamente causa más daños que beneficios.

Los matorrales se siguen considerando como hábitats degradados, cuando en muchas zonas áridas son la única posibilidad real del territorio para albergar vegetación. Sus funciones ecológicas no son nada desdeñables.
Jaime Martínez Valderrama, CC BY-SA

Considerar que una densa masa de matorrales sea degradación no encaja con su papel protector frente a la erosión, su fijación de carbono o la facilitación de fases más avanzadas de ocupación.

Quizás no sea tan buena idea que el ganado desaparezca por completo. Si lo gestionamos adecuadamente y lo movemos puede ayudar a mejorar el entorno y crear fuentes de riqueza alternativas. En el fondo, puede ser una pieza más de la gestión forestal, que a su vez es un engranaje de la planificación territorial.

Todas estas afirmaciones son ciertas según el contexto, por lo que cuesta mucho decir si son o no desertificación. La cuestión es bastante más compleja, y depende de sus sinergias y condicionantes.

Jugando al despiste

Para complicar el panorama entran en juego otros dos casos que distorsionan nuestra percepción de la desertificación. En muchas ocasiones la degradación ocurrió hace demasiado tiempo como para considerar que un paisaje que observamos era otro mucho más brioso.

La tala de árboles y los posteriores episodios de erosión han convertido hermosas sierras cubiertas de bosques en estériles pendientes polvorientas. Los dispersos matorrales que las cubren pasan, a ojos de las generaciones que las conocen por primera vez, por áridas sierras que siempre fueron así.

Por último, tenemos el caso en el que el desplazamiento es espacial. El comercio global mueve mercancías de una punta del planeta a otra y, a rebufo, la degradación salta de un continente a otro. Así, la mencionada estabulación del ganado reduce la presión sobre el territorio, pero ha supuesto que se talen miles de hectáreas de bosques primarios para cultivar soja, la base de los piensos que alimentan a esa ganadería. Esa exportación de degradación elimina paisajes de desertificación en unos territorios, pero crea profundas heridas en otros.




Leer más:
El crecimiento demográfico de las regiones menos fértiles del planeta, motor de la desertificación


Paisajes de desertificación, una herramienta esencial

Las situaciones analizadas permiten actualizar los paisajes de desertificación identificados inicialmente en el proyecto SURMODES, posteriormente incorporados al Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación (PAND) y a la ENLD.

Los paisajes resultan especialmente útiles por su escala espacial, que coincide con la de los procesos de desertificación. Además, facilitan la comprensión del problema al sintetizar, de forma cualitativa, las interacciones entre los factores socioeconómicos y biofísicos. Esta descripción –y, sobre todo, la reflexión sobre las verdaderas causas de su desarrollo, los motores del fenómeno y sus efectos– puede contribuir a establecer las bases para diseñar soluciones eficaces y sostenibles.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama recibe fondos de Fundación Biodiversidad.

Javier Martí Talavera recibe fondos de Fundación Biodiversidad.

Jorge Olcina Cantos recibe fondos de Fundación Biodiversidad.

Juanma Cintas recibe fondos de CSIC.

ref. Qué es y qué no es desertificación – https://theconversation.com/que-es-y-que-no-es-desertificacion-261197

Detección de mentiras y neurotecnologías: ¿más cerca de la “verdad”?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miquel Julià-Pijoan, Profesor de Derecho Procesal, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Roman Samborskyi/Shutterstock

En los últimos años, han proliferado estudios empíricos basados en la medición de la actividad cerebral para leer la mente. A través de las neurotecnologías –sistemas de inteligencia artificial alimentados con datos cerebrales–, se anuncia la posibilidad de acceder a los pensamientos, las intenciones o, incluso, las memorias de las personas. Una promesa que, aunque todavía se mueve entre la ciencia y la ficción, plantea desafíos profundos para el ámbito jurídico.

Usando el polígrafo en un caso judicial de 1937.
Biblioteca Nacional de Francia.

Esta posibilidad no ha pasado desapercibida en el mundo del derecho. Desde hace siglos, la justicia ha buscado herramientas que permitan saber si alguien miente en un juicio. Las antiguas ordalías –prueba ritual medieval en que se invocaba el juicio de Dios–, el polígrafo o el análisis del lenguaje no verbal son solo algunos ejemplos de esa ambición persistente por descubrir la verdad a través de medios externos. Ninguna de estas técnicas, sin embargo, ha contado con un respaldo empírico sólido que garantice su validez o fiabilidad.

Una forma de leer la mente

Sin embargo, las técnicas neurocientíficas parecen abrir una vía prometedora, al estar en condiciones de superar los límites y falibilidades de otros sistemas que han ido apareciendo a lo largo de la historia. La clave radica en que la fuente de medición se sitúa lo más próxima posible a la información que se desea obtener. Dicho de otra forma: ya no se trata de medir si alguien suda, se sonroja o se muestra nervioso, sino de observar la actividad neuronal que podría reflejar lo que sabe o recuerda. Algo que, de confirmarse, sería extraordinario.

Con un método así, los declarantes en un proceso judicial no podrían ocultar, distorsionar o falsear lo que cuentan. La aplicación de esta tecnología permitiría reconstruir con más precisión los hechos y, así, conocer lo que realmente ocurrió. Este es uno de los principales objetivos del proceso judicial y, en particular, de la actividad probatoria.

El antecedente de la prueba P300

Aunque pueda parecer futurista, la aplicación de técnicas basadas en la actividad cerebral no es completamente nueva en el ámbito judicial español. Desde 2014, algunos jueces admitieron la práctica de la denominada prueba P300, que registra las señales eléctricas del cerebro mediante electroencefalografía. Se basa en el hecho de que el cerebro modifica dichas señales eléctricas cuando se enfrenta a un estímulo visual que le evoca un recuerdo.

El método consiste en mostrar a los investigados imágenes o palabras relacionadas con un hecho delictivo. Si el cerebro reacciona con una señal eléctrica concreta –la llamada “onda P300”–, se interpreta que el sujeto reconoce la información presentada.

En varios casos, esta técnica se empleó para intentar localizar los cuerpos de víctimas desaparecidas, como Marta del Castillo. Sin embargo, los resultados alcanzados en los procesos judiciales no fueron concluyentes. Al contrario, pesan sobre esa prueba muchas dudas sobre su validez y fiabilidad.

¿Se puede detectar la mentira desde la memoria?

Precisamente, para evitar que técnicas sin un respaldo empírico sólido influyan en decisiones judiciales –y puedan conducir a condenas erróneas–, resulta fundamental analizar con detenimiento qué pueden medir realmente estas tecnologías.

Una de las cuestiones relevantes, si se pretende utilizar este instrumento en los tribunales de justicia, es si puede conocerse la verdad de unos hechos mediante el análisis de las memorias de sus testigos. Actualmente, sabemos que la memoria humana no funciona como una cámara de vídeo, no es una copia fiel de la realidad. Y es que los recuerdos son maleables: pueden alterarse (contaminarse) con el paso del tiempo, por la influencia de los medios, por preguntas sugestivas o, simplemente, por volver a contar (o rememorar internamente) lo sucedido varias veces.

Esta permeabilidad característica de la memoria puede dar lugar a falsos recuerdos, que combinan experiencias auténticas con información adquirida después, que puede no corresponderse con la realidad.

Lo más preocupante es que los falsos recuerdos pueden ser indistinguibles de los verdaderos, tanto para quien los tiene como para quien los evalúa. Hasta ahora, la neurociencia no ha identificado un marcador cerebral capaz de diferenciarlos de manera concluyente.

Entonces ¿qué detectan estas pruebas?

Si no se puede distinguir entre recuerdos reales y falsos, ¿qué mide exactamente la neurotecnología?

Los experimentos se basan en una idea sencilla: mentir exige un mayor esfuerzo cognitivo que decir la verdad. Implica suprimir una respuesta espontánea, inventar otra en su lugar y controlar la reacción con el interlocutor a fin de que no se dé cuenta de la mentira (engaño motivado). En teoría, ese esfuerzo extra se refleja en el cerebro.

Así, las técnicas empleadas con tal propósito no se basan el análisis del contenido de la memoria, sino en los patrones cerebrales asociados al esfuerzo de mentir. El problema es que este modelo tiene limitaciones: por ejemplo, si una persona está muy acostumbrada a mentir, dicho esfuerzo se reduce y la técnica deja de ser fiable.

Más que leer la mente, estas herramientas trabajan con una representación muy limitada de lo que significa mentir –engañar–. Su interpretación, por tanto, requiere una gran prudencia. La aparente objetividad de los datos neurocientíficos puede inducir a una “ilusión de certeza” peligrosa en el contexto judicial, donde las consecuencias de un error pueden ser irreversibles.

Aunque los titulares sobre la posibilidad de “detectar mentiras en el cerebro” resulten cautivadores, la realidad científica es mucho más compleja. Los expertos coinciden en que aún estamos lejos de poder acceder a los pensamientos de una persona o determinar con precisión si dice la verdad o no.

Así que, por ahora, la justicia sigue sin disponer de un método fiable para leer la mente o para descubrir la falsedad en los tribunales. Después de todo, seguimos donde estábamos: frente a la eterna dificultad de conocer con certeza qué es verdad y qué no dentro de la mente humana.

The Conversation

Miquel Julià-Pijoan no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Detección de mentiras y neurotecnologías: ¿más cerca de la “verdad”? – https://theconversation.com/deteccion-de-mentiras-y-neurotecnologias-mas-cerca-de-la-verdad-265496