Lecturas veraniegas: cuatro propuestas para adolescentes que aún no han encontrado su libro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Amo Sánchez-Fortún, Catedrático de Universidad en el área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Almería

Kochneva Tetyana/Shutterstock

No a todo el mundo le gusta leer. O, al menos, no cualquier libro, en cualquier momento o de cualquier manera. Cuando un adolescente dice que leer le aburre o que no le gusta, lo más probable es que sea porque no ha encontrado el libro ideal. A menudo, si las experiencias de lectura previas no respondían a sus gustos o procedían, sobre todo, de las lecturas escolares obligatorias, no es fácil identificar la lectura con una actividad placentera.

Las vacaciones pueden ser un buen momento para probar otra vez. Hay menos presión y más libertad para elegir un libro, dejarlo si no convence o empezar otro porque alguien lo ha sugerido. También permiten leer sin objetivo ni presión: no hay que preparar después un resumen o demostrar que se ha entendido correctamente.




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Para ese grupo de chicos y chicas que no forman parte del 76,9 % que leen por ocio, y cuyos gustos no coinciden con lo que se recomienda a través de vídeos breves, BookTok o comunidades de fanfiction, hemos preparado una lista alternativa de libros infalibles.

1. Para quienes quieren instalarse en otro mundo: Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas

Cubiera de Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas.
Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas.
Crossbooks / Editorial Planeta

Una novela de más de cuatrocientas páginas puede parecer una elección arriesgada para alguien que no suele leer. Sin embargo, en esta saga la extensión forma parte de su atractivo: ofrece tiempo para adentrarse en un universo, conocer a sus personajes y prolongar una experiencia que no se agota en unas pocas horas.

Sarah J. Maas facilita la entrada mediante una historia con ecos de La Bella y la Bestia. El lector reconoce algunos elementos del cuento, pero pronto descubre un territorio más complejo, poblado por criaturas mágicas, amenazas, alianzas cambiantes y personajes cuyas intenciones nunca están del todo claras. Esa combinación entre lo familiar y lo imprevisible permite orientarse sin perder la curiosidad.

A medida que avanza la lectura, importa no solo lo que pueda ocurrir, sino también volver a determinados lugares, reencontrarse con los personajes y comprobar cómo cambian sus relaciones. La incertidumbre sentimental, las traiciones y los conflictos morales favorecen que el lector tome partido y se implique emocionalmente en la historia. Así, la dificultad inicial de aprender nombres, espacios y reglas puede convertirse en una recompensa: comprender ese mundo produce la satisfacción de sentirse dentro de él, y las numerosas páginas dejan de intimidar porque permiten permanecer más tiempo junto a personajes que ya importan.

La lectura se prolonga, además, fuera de la novela. La saga ha generado comunidades de seguidores que comparten teorías, ilustraciones y opiniones. Para muchos adolescentes, leer significa también participar en esas conversaciones y sentirse parte de un grupo unido por una historia común.

2. Para quienes quieren descubrir la verdad: Asesinato para principiantes, de Holly Jackson

Cubierta del libro Asesinato para principantes.
Asesinato para principiantes, de Holly Jackson.
Crossbooks / Editorial Planeta

Algunos lectores necesitan algo más que seguir una historia: quieren intervenir en ella. Asesinato para principiantes les permite hacerlo. La novela combina narración, entrevistas, mensajes y notas de investigación que entregan al lector una parte de las pruebas y lo invitan a comparar testimonios, detectar contradicciones y formular hipótesis junto a Pip. Una frase que parecía insignificante puede adquirir otro sentido varias páginas después.

Esa estructura convierte una posible resistencia –la dificultad para mantener la atención– en una ventaja. Concentrarse tiene un propósito: cualquier detalle puede acercarnos a la solución. El placer no está solo en descubrir al culpable, sino también en participar en la construcción de la verdad, equivocarse y revisar aquello que se daba por seguro.

El comienzo se toma cierto tiempo para presentar el caso y sus numerosos implicados, pero esa aparente lentitud permite conocer la versión que todos han aceptado antes de empezar a desmontarla. Pip no investiga únicamente un asesinato: cuestiona la facilidad con la que una comunidad construye reputaciones y decide quién merece confianza. El lector debe valorar los indicios, desconfiar de las explicaciones cómodas y aceptar que incluso la protagonista puede equivocarse.

2. Para quienes quieren vivir la historia desde dentro: Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys

Cubierta del libro Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys.
Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys.
Maeva Ediciones.

La historia puede parecer lejana cuando llega convertida en fechas, cifras y nombres. Lágrimas en el mar recupera el hundimiento del crucero alemán Wilhelm Gustloff, una tragedia poco conocida de la Segunda Guerra Mundial, y lo acerca a través de cuatro voces jóvenes.

Sus protagonistas no saben cómo terminará el conflicto ni qué lugar ocuparán después en los libros de historia. Solo saben que deben huir, proteger un secreto, decidir en quién confiar o ayudar a alguien cuando ellos mismos están en peligro. El frío, el miedo, una herida o una maleta permiten comprender la dimensión humana del pasado sin convertir la novela en una lección.

Los capítulos breves y la alternancia de voces dan agilidad al relato. Al principio hay que recordar quién habla y qué sabemos de cada personaje; pronto esa pequeña exigencia se transforma en uno de los placeres de la lectura: relacionar las piezas y descubrir cómo se cruzan sus vidas. Los protagonistas tienen miedos, afectos y contradicciones reconocibles, aunque se enfrenten a circunstancias extremas.

Su mayor logro llega quizá después de la última página, cuando nace el deseo de averiguar qué ocurrió realmente. La ficción no sustituye al conocimiento histórico: hace que queramos buscarlo porque las personas que vivieron aquel episodio ya nos importan. El pasado deja entonces de ser algo que debe memorizarse y se convierte en una historia que no queremos olvidar.

4. Para quienes disfrutan preguntándose ‘¿Y si…?’: El efecto Frankenstein, de Elia Barceló

Cubierta de El efecto Frankenstein, de Elia Barceló.
El efecto Frankenstein, de Elia Barceló.
Edebé.

La ciencia suele presentarse mediante respuestas. Esta novela entra en ella a través de preguntas: ¿todo lo que podemos crear debería existir? ¿Qué responsabilidad tiene quien pone algo nuevo en el mundo? ¿Quién podía estudiar, investigar o decidir hace doscientos años?

Elia Barceló retoma las grandes cuestiones de Frankenstein, de Mary Shelley, y las convierte en una aventura juvenil con viajes en el tiempo, intriga y atmósfera gótica. No hace falta conocer el clásico para disfrutarla. Al contrario, la novela puede despertar el deseo de leerlo después.

La obra permite contemplar el siglo XVIII desde la mirada de una estudiante de Medicina del presente. El viaje temporal hace visibles diferencias que una explicación histórica podría dejar en abstracto: Nora debe modificar su ropa, su forma de hablar e incluso la identidad que muestra para desenvolverse en una sociedad que no concede a las mujeres las mismas posibilidades.

La ambientación histórica y el diálogo con un clásico se convierten así en una fortaleza. El lector entra por la aventura y acaba pensando en los límites de la ciencia, la desigualdad y las consecuencias de nuestras decisiones. La documentación histórica, la evolución de los personajes y la fluidez de la trama fueron algunos de los aspectos destacados por el jurado que le concedió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2020.

Frente a otras novelas que utilizan la ciencia como un decorado espectacular, esta recuerda que crear algo implica también responsabilizarse de ello. Su singularidad está en tratar al lector como alguien capaz de disfrutar y pensar al mismo tiempo.

Encontrar una razón para continuar

Estos cuatro títulos no forman una lista de obras que todos los adolescentes deban leer. Son puertas de entrada a deseos distintos: escapar, descubrir, comprender y hacerse preguntas. Familias, docentes y bibliotecas pueden acompañar esa búsqueda prestando atención a lo que cada joven ya disfruta y ampliando las opciones, no imponiendo un único camino.




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También conviene permitir el abandono. Dejar un libro que no atrae no significa rechazar la lectura; a veces forma parte del aprendizaje de elegir. El gusto por leer no suele nacer de terminar cualquier obra, sino de encontrar una historia que dé una razón para pasar a la página siguiente.

The Conversation

José Manuel de Amo Sánchez-Fortún recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación porque es investigador principal (IP) de un proyecto I+D+I obtenido en concurrencia competitiva y financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España.

Kevin Baldrich no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Lecturas veraniegas: cuatro propuestas para adolescentes que aún no han encontrado su libro – https://theconversation.com/lecturas-veraniegas-cuatro-propuestas-para-adolescentes-que-aun-no-han-encontrado-su-libro-286766

Si incendiar un monte puede costar hasta 20 años de cárcel, ¿por qué apenas hay condenas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Abadías Selma, Coordinador del Máster en Derecho penal económico UNIR. Profesor de Derecho penal y Criminología, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

arafatmyt/Shutterstock

Provocar un incendio que ponga en peligro la vida de alguien puede castigarse en España con hasta veinte años de prisión, la misma pena que un homicidio. Sin embargo, entre 2021 y 2025 los tribunales españoles dictaron solo 478 sentencias condenatorias por incendios forestales. Menos de cien al año, en un país donde arden cada verano decenas de miles de hectáreas. Solo hay que ver los violentos incendios que han tenido lugar en los últimos días en todo el territorio español.

Esa desproporción entre la dureza de la ley y su escaso uso real resume el problema. El derecho penal español castiga los incendios con enorme severidad sobre el papel, pero casi nunca llega a aplicarse. Y mientras tanto, el cambio climático está convirtiendo el fuego en un fenómeno que nuestras leyes, escritas en 1995, no previeron.

Un Código Penal pensado para otro fuego

Cuando el legislador diseñó los delitos de incendio, tenía en mente una imagen concreta: alguien prende un fuego en un sitio determinado, el fuego se extiende hasta cierto punto y los bomberos lo apagan. Un suceso a escala humana con un culpable identificable.

Ese modelo se ha quedado antiguo. El verano de 2025 lo demostró. En España ardieron en 2025 unas 350 000 hectáreas según el Ministerio para la Transición Ecológica y cerca de 400 000 según los satélites del sistema europeo EFFIS.
Fue, además, la peor campaña jamás documentada en la Unión Europea, con más de un millón de hectáreas quemadas. Y la extinción dejó de ser cosa solo de los bomberos: la Unidad Militar de Emergencias intervino de forma casi sistemática. En verano de 2026, los incendios se han multiplicado por seis entrando varias regiones en emergencia nacional.

El problema no son las penas, es la prueba

Aquí está la clave que suele perderse en el debate público. Después de cada gran incendio se pide endurecer las penas. Pero las penas ya son durísimas y apenas se aplican.

¿Por qué? La Fiscalía lo explica sin rodeos: la dificultad de la prueba. Investigar un incendio en el monte es enormemente complicado. El propio fuego destruye los rastros, la lluvia y el viento degradan lo que queda, y no suele haber testigos ni cámaras. Se puede sospechar de alguien; otra cosa es demostrar ante un juez que fue esa persona quien encendió la cerilla.

El resultado es un sistema que amenaza mucho y condena poco. Los penalistas llamamos a esto derecho penal simbólico: normas que tranquilizan a la opinión pública pero no cambian nada sobre el terreno. Subir de veinte a veinticinco años una pena que casi nunca se impone no reduce ni una hectárea quemada.

Una laguna difícil de justificar

Desde 2010, en España las empresas pueden ser penalmente responsables de determinados delitos: no solo el empleado que comete el hecho, también la sociedad, si es que el delito se produjo por una mala organización interna. Es lo que han impulsado los programas de compliance.

Pues bien, los delitos de incendio no están en esa lista, no se contemplan dentro de esos casos. Una empresa no puede ser condenada penalmente por un incendio forestal, por mucho que el fuego se haya originado por su negligencia organizativa.

Cuesta explicar el contraste. Si una compañía contamina gravemente un río, responde penalmente. Si esa misma compañía provoca un incendio que arrasa un espacio protegido –por ejemplo, por no desbrozar la vegetación bajo sus líneas eléctricas–, queda fuera del Código Penal. El daño ambiental es equiparable; la respuesta jurídica, no.

Corregirlo sería sencillo: bastaría con ampliar una remisión que ya existe en el artículo 358 bis, que establece que las penas y medidas especiales previstas para los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente también se aplican a los delitos de incendio. Y tendría un efecto práctico inmediato, porque obligaría a las empresas del sector eléctrico, forestal y agrícola a organizarse para prevenir incendios, igual que hoy se organizan para prevenir la corrupción o el blanqueo.

Cuatro medidas importantes

La gravedad de los incendios justifica la necesidad de aplicar el derecho penal. Pero debe ser el último recurso, no el primero ni el único. Y para que sirva de algo, harían falta cuatro medidas concretas:

  1. Una ley más precisa. El Código Penal agrava el castigo cuando el incendio afecta a una “superficie de considerable importancia” o causa “graves efectos erosivos”. Nadie sabe exactamente qué significa eso. Cada tribunal lo interpreta a su manera, y de ello depende que la pena sea de uno a cinco años o de tres a seis.

  2. Jueces y fiscales especializados. Estos casos exigen entender informes periciales sobre comportamiento del fuego, erosión de suelos y daño ecológico. No es materia improvisable.

  3. Medios de investigación. Es el punto decisivo. Sin unidades policiales especializadas, con formación y equipos para trabajar sobre un terreno calcinado, seguiremos teniendo leyes severas y sentencias escasas. Investigar bien es lo que convierte una norma en una condena.

  4. Prevención. La mayoría de los grandes incendios no se explican solo por quien los inicia, sino por la enorme cantidad de combustible vegetal acumulado tras décadas de abandono rural. Un monte gestionado, arde; un monte abandonado, explota.

Hay una idea que resume todo esto: los incendios se apagan en invierno. Es decir, en los meses fríos, con desbroces, gestión forestal y planificación. El verano solo enseña lo que no se hizo antes.

El Código Penal tendrá que adaptarse a una realidad que no existía cuando se escribió. Pero conviene no engañarse: ningún artículo apagará un incendio de sexta generación. Eso solo lo consigue un territorio cuidado y unos medios suficientes para vigilarlo, investigarlo y defenderlo.

The Conversation

Alfredo Abadías Selma no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Si incendiar un monte puede costar hasta 20 años de cárcel, ¿por qué apenas hay condenas? – https://theconversation.com/si-incendiar-un-monte-puede-costar-hasta-20-anos-de-carcel-por-que-apenas-hay-condenas-288161

‘Yo veo el murmullo’: crónica del curso de verano ‘La aventura de divulgar’ ciencia en español’ 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By The Conversation España, Editor, The Conversation

“Yo veo el murmullo. Noto que hay mucha gente. Se pone delante de mis ojos algo, como una barrera de calor, una energía…”.

Rubén El Albino y el experto en genética del CSIC Lluis Montoliu durante su intervención.
The Conversation, CC BY

Quien habla es Rubén Romero García, divulgador conocido en redes como @rubenelalbino, con una alta discapacidad visual. Había subido al escenario del salón de baile del Palacio de La Magdalena junto al genetista del CSIC Lluís Montoliu, para conversar sobre albinismo y enfermedades raras.

El rumor que Rubén puede “ver” es el que producen setenta alumnos sentados frente a él en el curso La aventura de divulgar ciencia en español con éxito, organizado un año más por The Conversation en la sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). El curso, que ha celebrado su quinta edición, ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Ramón Areces, la Fundación Lilly y la Universidad de Navarra.

Sentado junto a Rubén, de manera pausaba, Montoliu explica que las personas con albinismo tienen frecuentemente una importante discapacidad visual: “ven el mundo como cualquiera de nosotros lo hace con el rabillo del ojo, sin fóvea, sin ese punto diminuto de la retina donde se concentra el mayor número de foto receptores”. La falta de visión les da otros “superpoderes”, entre ellos ver esos murmullos o saber en qué paredes de una habitación hay ventanas solo por el “sonido que devuelven”. No ven mal: ven como ven.

Mesa inaugural. De izda a decha: Elena Sanz, codirectora del curso; Cristina Rico, gerente de la Fundación Lilly; Ana de la Puebla, secretaria general de la UIMP; Rafael Sarralde, Director Gral de The Conversation; Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología y Dir. Museo de Ciencias universidad de Navarra y Lorena Sánchez, codirectora del curso.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

¿Cómo nos vamos a gobernar en un mundo con máquinas?

Bajo el título Lo humano, primero, el encuentro convocó a investigadores, divulgadores, periodistas, filósofos, matemáticos, músicos, cocineros y estudiantes de disciplinas muy distintas con un objetivo: encontrar cómo ponemos en valor lo humano a la divulgación de la ciencia en la era de la IA.

El encargado de inaugurar el curso fue el físico José Ignacio Latorre, director del Centre for Quantum Technologies de Singapur. Arrancó con esta propuesta: “Hagamos un pacto con las máquinas, no nos queda otra”.

Resumen gráfico de la exposición de José Ignacio Latorre, realizada por @pelopanton, ilustrador y alumno del curso.
@pelopanto, CC BY

Hoy, dijo, “lo que más se pregunta a la IA, en el mundo, es sobre salud y amor, no precisamente cuestiones prácticas”. Y los jóvenes de entre 17 y 21 quieren tener una amiga artificial, advirtió.

Él mismo se definió como “un científico aumentado” a quien la IA le ahorró seis meses de trabajo al demostrar que su línea de investigación para mejorar el algoritmo de Shor no era válida. Comparte que la IA ya revisa todos los artículos científicos que salen de su centro, donde ha detectado centenares de errores en papers que ya habían sido publicados.

“Si hacemos máquinas, nos debilitamos”, advertía Latorre, convencido de que llegará un momento en que las inteligencias artificiales hablen entre ellas en un lenguaje que los humanos ya no podremos comprender.

Aun así, el experto terminó reivindicando aquello que ninguna máquina parece capaz de sustituir: “Me gusta el teatro, que salga a escena un actor y me arranque el alma, sin fuegos artificiales”.

La conversación dio entonces un interesante giro. Era el momento de abordar una cualidad que compartimos con la IA: ¿Mentimos más (o menos) que ChatGpT?

La mentira como cualidad humana

Candela Antón durante su intervención, con el muñeco de su hija.
The Conversation, CC BY

La antropóloga Candela Antón, conductora del podcast “Desenterrando el pasado”, salió a escena con un muñeco de peluche, el favorito de su hija. Había prometido que se lo llevaría al curso y más de una vez estuvo a punto de esconderlo para evitar el engorro de viajar con un juguete. Pero decidió no mentirle… esta vez. Candela habló de las (muchas) veces en que mentimos a los nuestros para no hacerles daño. Desde la antropología, destacó Candela, la mentira es “un preciosísimo ejemplo de tecnología social: puede servir para hacer daño, y también para protegernos”.

Candela abordaba este asunto en una conversación con Juan Luis Manfredi, experto en diplomacia, y Ramón Salaverría, peso pesado en los laberintos del periodismo.

Sobre la mentira como rasgo humano. Intervenieron de izda a decha Juan Luis Manfredi, catedrático de relaciones internacionales en la UCL, la antropóloga Candela Antón y Ramón Salaverría, catedrático de periodismo en la Universidad de Navara.
The Conversation, CC BY

Juan Luis Manfredi arrancó diciendo que en diplomacia nadie habla de mentira. “Lo llamamos estrategia: mentimos para encubrir errores”, explicaba. Y el periodista Ramón Salaverría recordó que “hoy sustituimos el valor del argumento por el valor de la emoción”. Y nos regaló una de las frases más sonadas del día: “Convence más una lágrima que una prueba”.

En busca de lo que nos hace humanos, la respuesta podía encontrarse en el hilo de una cometa.

Una cometa volando en el bosque

El investigador del CSIC y referente en cambio climático, Fernando Valladares, sacó a los alumnos del aula y los llevó al bosque. Allí les enseñó a hacer mudos de alondra antes de levantar el vuelo de un puñado de cometas por encima de los pinos. Habló de cambio climático. Habló del juego como actividad libre de gases efecto invernadero. Habló de las emociones. “La divulgación no tiene que rehuir lo recreativo”, defendía. Y tampoco hay obligación de esconder las emociones.

Fernando Valladares en una esplanada en el bosque que rodea el Palacio de la Magdalena.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

Fernando Valladares lanzó una pregunta al alumnado: ¿sabéis por qué una cometa puede volar?. Lo más directo es pensar que se lo debemos al viento. Pero no: si vuelan es porque están sujetas por un hilo. “Es una buena metáfora para salir del colapso caótico al que nos está llevando el cambio climático, y caminar hacia un decrecimiento planificado”, concluía.

“Necesitamos salir más, vernos más, jugar más”, decía una alumna mientras las cometas se elevaban en el cielo.

La jornada de los invisibles

Clara Grima es profesora en la Universidad de Sevilla, y habló de su especialidad, las matemáticas, que ayudan a explicar cómo entendemos el mundo. “La falta de conocimiento matemático es peligrosa”, subrayaba la reconocida divulgadora.

Habló de los peligros del anumerismo. De quienes confunden un billón europeo con uno estadounidense. De Google. De algoritmos invisibles que sostienen la vida cotidiana. “No son los chinos: son las matemáticas”, bromeaba.

Clara también habló de empatía y del “espejismo de la mayoría”, que explica por qué dos personas pueden contemplar realidades completamente distintas sin que ninguna se considere irracional.

La matemática Clara Grima durante su exposición.
The Conversation, CC BY

Ponerse en el lugar del otro, ya sea alguien con una enfermedad rara como Rubén, ya sea alguien con una realidad sesgada que, con la información de la que dispone interpreta incorrectamente la realidad, nos ayuda a construir un mundo más humano.

Talleres prácticos

El curso regresaba una y otra vez a la misma pregunta. ¿Qué nos hace humanos? ¿Acaso la creatividad, acaso el pensamiento científico? O quizás es el trabajo en equipo, que también tuvo cabida en el curso.

Los talleres prácticos de la V edición del curso La aventura de divulgar ciencia comenzaron poniendo sobre la mesa herramientas innovadoras para la divulgación, propuestas por la periodista Pilar Perla, coordinadora del suplemento de ciencia Tercer Milenio de Heraldo de Aragón. Y aprendimos a hacer vídeos con IA de la mano de Bienvenido León, catedrático de Periodismo en la Universidad de Navarra, realizador, productor y guionista de reportajes y documentales.

Trabajo en equipo: La periodista Pirla Perla propuso un taller en busca de propuestas de divulgador innovadoras.
The Conversation, CC BY

Hubo lugar para prácticas dedicadas a diseñar proyectos de comunicación científica integrando activamente a colectivos históricamente “invisibles”, con especial foco en personas con discapacidad. El taller lo impartió parte del equipo del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra: Marta Revuelta, coordinadora de su programación, y Marie Anne Reynell, directora de desarrollo.

Si hubiera que elegir: ¿arte o ciencia?

El filósofo Ricardo Piñero.
The Conversation, CC BY

El planteamiento del debate que abría la última jornada del encuentro era éste: imaginen un escenario apocalíptico el que tenemos que renunciar o bien a la ciencia, o bien al arte. ¿Qué elegimos si no hay otra opción que quedarse con una única alternativa?

Ricardo Piñero, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra, invitó a imaginar un mundo sin arte y cuestionó si ese escenario sería posible, dado que “el arte es la primera forma humana de estar en el mundo”.

“Pero el arte es elitista, solo está en manos de unos pocos”, defendía el microbiólogo Ignacio López Goñi, que aupaba la ciencia como la gran obra colectiva de la humanidad. “Sin ciencia no habría vacunas, solo un pequeño porcentaje de los que estamos hoy aquí estaríamos vivos”. Un argumento que remataba con otro: “Sin ciencia hay más dolor”.

Ambos, Piñeiro y Lóepz Goñi, coincidieron en que arte y ciencia están profundamente relacionados. Como ejemplos de esa conexión citaron el mapa del genoma humano y un cuadro de Piet Mondrian.

Pero fue una frase de Piñero la que resonó como victoria en la sala y levantó vítores: “Sin ciencia viviríamos poco, pero podríamos ser felices”.

Cápsula sonora musical

Había llegado el momento de que sonara la música.

Mario Muñoz, conductor del pódcast Correspondencias de RNE y crítico musical, pidió apagar las luces de la sala y cerrar las cortinas. Construyó un relato a partir de la música que viaja en el Disco de Oro de las sondas Voyager, esa cápsula sonora concebida por el divulgador entre divulgadores Carl Sagan, para presentarnos ante una posible inteligencia extraterrestre.

Lo primero que escucharían los extraños sería Dark Was the Night, Cold Was the Ground, una legendaria canción de gospel-blues de 1927, interpretada por Blind Willie Johnson, que fue seleccionada para formar parte del Disco de Oro de la Voyager en 1977.

Mario nos regaló la play list con las canciones de su charla.

El crítico musical Mario Muñoz con la antropóloga Candela Antón.
The Conversation, CC BY

El aperitivo efímero del eclipse

No hubo una conclusión oficial para el debate ni para el curso. Hubo una tapa.

Yasser Ríos, profesor del Basque Culinary Center y experto en tecnología de alimentos, concibió el aperitivo del eclipse como un bocado tan efímero como el fenómeno astronómico al que rendía homenaje.

Yasser Ríos con la tapa terminada.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

La base era un pan transparente. Sobre él, un tartar cuyo ingrediente principal era la sandía (redonda, como la Luna), aderezada con una salsa elaborada con insectos nocturnos: grillos. Con aquella pequeña creación entre las manos, que todos degustamos con curiosidad, prolongamos unos minutos más una conversación que nadie parecía dispuesto a terminar. Había llegado el fin de curso.

Cristina López Ubierna, alumna, compartió su resumen de lo vivido: “Podría citar a cada uno de los ponentes. Todos estuvieron brillantes. Pero, curiosamente, lo que permanece no son los solos, sino la obra completa. Porque el verdadero acierto fue la partitura. The Conversation dirigió una orquesta en la que cada intervención encontraba sentido en la siguiente, donde las ideas se respondían entre sí aunque cambiaran de escenario, de disciplina o de lenguaje. Una sinfonía que sonó natural, coherente y sorprendente. Y cuando termina un concierto así, uno no sale tarareando una melodía, sale con ganas de interpretarla”.

Durante tres días todos intentaron responder qué nos hace humanos. Rubén, quizá, había dado en el clavo. Antes de empezar a hablar de genética, de inteligencia artificial, de matemáticas o de música, había explicado cómo veía a quienes tenía delante. No veía caras. Veía movimiento. Veía calor. Veía una energía que ocupaba la sala. Veía el murmullo de lo que somos.

The Conversation

– ref. ‘Yo veo el murmullo’: crónica del curso de verano ‘La aventura de divulgar’ ciencia en español’ 2026 – https://theconversation.com/yo-veo-el-murmullo-cronica-del-curso-de-verano-la-aventura-de-divulgar-ciencia-en-espanol-2026-288135

La selección: 90 aniversario de la guerra civil española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

Soldado con ametralladora durante la guerra civil española. Everett Collection/Shutterstock

“Paz, piedad y perdón”. Hay quienes conocen este como “el discurso de las tres pes”. Fue el último de Manuel Azaña, pronunciado en el Ayuntamiento de Barcelona en el segundo aniversario del golpe de Estado que sufrió la II República española, allá por el 18 de julio de 1938. Resulta curioso, pero su llamamiento de aquel día ha sobrevivido al paso del tiempo.

Noventa años después del golpe de Estado que desencadenó el conflicto, aquellas tres palabras siguen resonando como el mejor antídoto frente al odio que devastó España. Azaña las pronunció desde el corazón, el mismo que le impulsó a escribir su carta de renuncia a la presidencia que dirigió al entonces presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, el 27 de febrero de 1939 en Collonges-sous Salève, en la frontera francesa con Suiza. Merece la pena detenerse unos minutos en este artículo para conocer la historia que hay detrás de su hallazgo y conservación.

La guerra dejó cientos de miles de muertos, millones de vidas marcadas para siempre y un legado de dolor cuyas consecuencias, en muchos casos, aún perduran.

Pero, nueve décadas después, aquella contienda sigue planteando preguntas que van mucho más allá de la historia militar o de los grandes acontecimientos políticos. La investigación actual dirige cada vez más la mirada hacia las personas: cómo vivieron aquel conflicto, qué consecuencias dejó en quienes lo sufrieron y de qué manera sus efectos continúan proyectándose sobre las generaciones posteriores.

Una de las líneas de trabajo que más interés ha despertado en los últimos años es el estudio del trauma psicológico. Durante décadas, las secuelas emocionales de la guerra apenas ocuparon espacio en el debate público. Sin embargo, distintos equipos de investigación tratan ahora de comprender cómo el miedo, la violencia, la represión o el exilio pudieron condicionar la salud mental de quienes los padecieron e incluso influir en sus descendientes. En este artículo se habla de un proyecto que pretende sacar a la luz las secuelas que todavía perviven en familiares de segunda a cuarta generación de víctimas del franquismo.

El silencio impuesto durante años, unido a la dificultad para elaborar el duelo, hace pensar que muchas de esas heridas permanecieron ocultas durante décadas.

Frente a la imagen de verdugos movidos únicamente por el fanatismo, algunos estudios como el que nos detalla Francisco Jorge Leira Castiñeira, de la Universidad Carlos III, analizan cómo miles de hombres sin experiencia militar fueron incorporados por la fuerza a los ejércitos y terminaron participando en episodios de enorme brutalidad. Comprender los mecanismos psicológicos, sociales y políticos que transforman a ciudadanos corrientes en perpetradores resulta esencial no solo para interpretar el pasado, sino también para prevenir que procesos similares vuelvan a repetirse.

Otra historia que nos sigue sobrecogiendo en este 90 aniversario es la de los llamados “niños de la guerra”. Miles de menores fueron evacuados al extranjero para escapar de los bombardeos y muchos nunca regresaron a España, como los 456 hijos de republicanos denominados “niños de Morelia” (México). O los casi 3 000 menores españoles trasladados a la Unión Soviética entre 1937 y 1938.

La experiencia de los niños de la guerra marcó profundamente sus vidas y también la literatura que muchos escribieron años después, tal y como escribe la investigadora Maravillas Moreno Amor, de la Universidad de Murcia. Sus recuerdos constituyen hoy un valioso testimonio sobre el desarraigo, la pérdida de la infancia y la construcción de una identidad entre dos países.

“España que perdimos, no nos pierdas”, dice uno de los versos más memorables del poema Entre España y México (1939), escrito por el poeta alcarreño Pedro Garfias durante el exilio republicano. Esa frase se repitió durante años por todos aquellos que tuvieron que dejar su tierra huyendo de la represión franquista.

Los historiadores siguen ampliando las fronteras del conocimiento sobre la Guerra Civil. El acceso a nuevos archivos, la digitalización masiva de documentos, las técnicas de análisis de grandes bases de datos o la incorporación de nuevas disciplinas están permitiendo formular preguntas diferentes a las de hace solo unas décadas. La investigación ya no se limita a reconstruir qué ocurrió, sino que intenta comprender cómo afectó a la vida cotidiana, a las emociones y a la memoria colectiva.

Todo ello sin olvidar que la violencia no terminó con el final de la guerra. La dictadura franquista desarrolló un amplio sistema represivo –como nos cuenta el investigador Cristian Sánchez Benítez, de la Universidad de Jaén– que combinó ejecuciones, encarcelamientos, trabajos forzados, depuraciones profesionales, exilio y control social.

Aquella represión buscaba castigar a los vencidos, pero también moldear el comportamiento de toda la sociedad mediante el miedo.

Noventa años después, la historia sigue recordándonos que ninguna investigación sobre la Guerra Civil encontrará una conclusión más necesaria que aquellas tres palabras de Manuel Azaña: paz, piedad y perdón.

The Conversation

– ref. La selección: 90 aniversario de la guerra civil española – https://theconversation.com/la-seleccion-90-aniversario-de-la-guerra-civil-espanola-288173

El fósil ‘perdido’ de una nueva especie de reptil revela pistas sobre los antepasados de los dinosaurios y los cocodrilos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mauricio Garcia, Doutorando no Programa de Pós-Graduação em Biodiversidade Animal , Universidade Federal de Santa Maria (UFSM)

Mucho antes de que los dinosaurios dominaran los continentes y de que aparecieran los cocodrilos modernos, sus antepasados ya atravesaban una etapa decisiva en su trayectoria evolutiva. Fue en ese mundo antiguo, poco después de la mayor extinción masiva de la historia de la Tierra, donde vivió una nueva especie de reptil fósil descubierta en el estado brasileño de Río Grande del Sur.

Bautizada como Silescelida acristata, la especie vivió hace unos 240 millones de años, durante el período Triásico Medio. El fósil fue hallado en Dona Francisca, en la región central de Río Grande del Sur, en rocas que forman parte del Geoparque Quarta Colônia de la UNESCO.

El hallazgo ayuda a llenar una importante laguna sobre la evolución de los arcosauriformes, un grupo de reptiles del que surgieron los arcosaurios. Los arcosaurios son el linaje que abarca dos de los grupos más conocidos de vertebrados terrestres: los cocodrilos y los dinosaurios, incluidas las aves.

El estudio fue llevado a cabo por investigadores del Centro de Apoyo a la Investigación Paleontológica de la Cuarta Colonia de la Universidad Federal de Santa María en colaboración con investigadores de la Universidad Federal de Río Grande del Sur y de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, y se ha publicado en la revista científica Scientific Reports.

Un animal pequeño en un mundo en reconstrucción

En la época en que Silescelida acristata vivió, los ecosistemas terrestres aún se estaban recuperando de la extinción del Pérmico-Triásico, ocurrida hace unos 252 millones de años. Este suceso acabó con gran parte de la vida del planeta y dio paso a la diversificación de nuevos grupos de animales.

Fue en este contexto de recuperación ecológica cuando diferentes linajes de reptiles comenzaron a desempeñar nuevos papeles en los entornos terrestres. Entre ellos se encontraban los arcosauriformes, que experimentaron una gran diversificación durante el Triásico. Silescelida acristata era un animal relativamente pequeño, de cuerpo esbelto y locomoción cuadrúpeda. Su tamaño puede compararse al de un caimán pequeño.

Aunque no era ni un dinosaurio ni un cocodrilo, pertenecía a un linaje cercano a las formas que precedieron al origen de estos grupos. Su dieta probablemente incluía animales más pequeños, lo que sugiere que desempeñaba el papel de pequeño depredador en los ecosistemas del Triásico del sur de Brasil.

¿Por qué es importante este fósil?

El fósil conserva principalmente partes de las extremidades. A primera vista, este tipo de material puede parecer limitado, pero contiene información importante sobre la locomoción y el parentesco evolutivo del animal.

Una de las características más relevantes de Silescelida acristata se encuentra en su fémur, el hueso del muslo. Al igual que algunos de sus parientes cercanos, tenía las patas en una posición semierguida, situadas más por debajo del cuerpo que hacia los lados.

Este cambio permitía una locomoción más eficiente, reduciendo el arrastre del cuerpo contra el suelo. En términos evolutivos, este tipo de transformación está relacionada con el conjunto de cambios anatómicos que, más tarde, resultarían fundamentales para el éxito de los arcosaurios.

En otras palabras, el nuevo fósil ayuda a comprender una fase anterior al auge de los dinosaurios y los cocodrilos, cuando sus parientes cercanos aún estaban experimentando con diferentes formas corporales, posturas y modos de locomoción.

Parentesco poco común

Los análisis filogenéticos indican que Silescelida acristata podría estar emparentado con los Euparkeriidae, un grupo poco común de arcosauriformes que la ciencia aún no conoce bien.

Hasta ahora, los fósiles asociados a este grupo se conocían principalmente en África, Asia y Europa. La presencia de una forma emparentada con los Euparkeriidae en Sudamérica amplía significativamente la distribución geográfica conocida de estos animales.

Esto sugiere que estos reptiles estaban más extendidos por el mundo durante el Triásico de lo que indicaba el registro fósil. Además, refuerza la importancia de Sudamérica para el estudio del origen y la diversificación de los grandes grupos de vertebrados terrestres.

El “redescubrimiento” de un fósil olvidado

El descubrimiento de Silescelida acristata también tiene una historia poco común. Parte del fósil, precisamente la porción que conservaba información esencial sobre su procedencia, se perdió accidentalmente durante más de dos décadas.

No fue hasta 2022, durante una visita técnica a la colección científica de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, cuando los investigadores localizaron el fragmento desaparecido. Este redescubrimiento permitió confirmar el origen del espécimen y llevar a cabo su descripción formal como una nueva especie.

El propio nombre del animal hace referencia a esta historia. Silescelida combina palabras asociadas al “silencio” y a la “pierna”. El “silencio” alude al largo período durante el cual parte del fósil permaneció olvidado, mientras que “pierna” se refiere al tipo de material conservado, compuesto principalmente por huesos de las extremidades.

Por su parte, el nombre acristata significa “sin cresta”. Se eligió porque el fémur de este animal carece de una cresta o protuberancia ósea elevada, conocida como trocánter, donde se uniría parte de la musculatura de la cola. Esta ausencia diferencia a Silescelida acristata de casi todos sus parientes cercanos.

¿Qué cambia este hallazgo?

La presencia de Silescelida acristata en el Triásico Medio de Brasil demuestra que la historia evolutiva de los arcosauriformes fue más amplia y compleja de lo que se imaginaba. El fósil indica que también existían en Sudamérica linajes cercanos a los Euparkeriidae, lo que amplía el papel del continente en la diversificación inicial de los parientes de los dinosaurios y los cocodrilos.

Además, el hallazgo consolida a Río Grande del Sur como una de las regiones más importantes del mundo para el estudio de la fauna del Triásico. Las rocas de la región conservan fósiles de diferentes etapas de la evolución de los vertebrados terrestres, incluidos algunos de los dinosaurios más antiguos que se conocen y grandes depredadores que vivieron antes de la Era de los Dinosaurios.

Cada nuevo fósil hallado en este contexto ayuda a reconstruir cómo se reorganizaron los ecosistemas terrestres tras la extinción del Pérmico-Triásico y cómo surgieron los grupos que más tarde dominarían los continentes.

Pequeños huesos, grandes historias

Los fósiles incompletos suelen considerarse menos informativos que los esqueletos casi completos. Sin embargo, es importante recordar que la gran mayoría de los fósiles hallados durante las excavaciones son fragmentarios. Descubrimientos como el de Silescelida acristata demuestran que incluso partes aisladas del esqueleto pueden revelar información fundamental sobre la evolución.

En este caso, los huesos de las extremidades permitieron identificar una nueva especie, deducir aspectos de su locomoción, investigar sus relaciones filogenéticas y ampliar la distribución conocida de un grupo poco común de reptiles del Triásico.

Más allá de describir un nuevo animal, el estudio muestra cómo la paleontología brasileña sigue contribuyendo a comprender capítulos fundamentales de la historia de la vida en la Tierra. En las rocas de Río Grande del Sur, los fósiles de hace 240 millones de años aún guardan pistas sobre el origen de los grupos de animales que transformarían los ecosistemas terrestres para siempre.

The Conversation

Mauricio Garcia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El fósil ‘perdido’ de una nueva especie de reptil revela pistas sobre los antepasados de los dinosaurios y los cocodrilos – https://theconversation.com/el-fosil-perdido-de-una-nueva-especie-de-reptil-revela-pistas-sobre-los-antepasados-de-los-dinosaurios-y-los-cocodrilos-288245

Mercados de predicción, ¿juegos de azar o inteligencia colectiva?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco J. Jariego, Independent Researcher. Professor of Innovation & Futures Studies, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Publicidad de la plataforma Kalshi promocionando su servicio de apuestas sobre las elecciones a la alcaldía de Nueva York en 2025.
Rblfmr/Shutterstock

Un mercado de predicción es un mecanismo en el que los participantes negocian contratos cuyo valor depende del resultado de “un evento futuro, incierto, pero definido con precisión”.

Aunque el acontecimiento y su impacto no se puedan predecir con absoluta certeza, la clave está en describir con precisión el contrato (qué debe pasar para que se cumpla o no). Así, el precio en cada momento es la mejor estimación del colectivo sobre la probabilidad de que ese evento ocurra: los mercados revelan y agregan información privada dispersa entre numerosos agentes.

El pasado 26 de mayo de 2026, el Ministerio de Consumo de España ordenó el bloqueo cautelar de las plataformas Kalshi y Polymarket y les abrió un expediente sancionador por operar sin licencia de juego. Para el Gobierno español, los mercados de predicción son, a efectos legales, juegos de azar.

El punto de inflexión

Hace cinco años, los mercados de predicción todavía eran, sobre todo, un experimento académico. En 2024, el ciclo electoral estadounidense los hizo despegar. Kalshi, fundado en 2018, obtuvo el reconocimiento de la CFTC para operar como mercado regulado en los 50 estados y se integró con plataformas de finanzas (fintech) como Robinhood y Coinbase. Polymarket, creado en 2020 sobre blockchain, creció rápidamente en volumen de transacciones y fue citado como referencia informativa por medios internacionales de primer nivel. Los mercados de predicción llegaban así al público generalista.

El debate ha sido intenso: desde análisis en los grandes medios y artículos de opinión, hasta artículos académicos que los describen como una amenaza para la salud pública, la heterogeneidad de las fuentes e intensidad de la discusión son indicadores precisos del interés que genera el sector.

Ejemplos de mercados de predicción, presentes y pasados
Ejemplos de mercados de predicción.
Francisco J. Jariego con información de Wikipedia, CC BY-SA

¿Por qué son tan controvertidos?

La evidencia sobre su capacidad predictiva es sólida: en múltiples situaciones, los mercados de predicción superan a las encuestas y a los paneles de expertos. Su mecanismo de agregación de información dispersa amplía el espectro de opinión disponible y, por tanto, de inteligencia colectiva.

Las objeciones más enconadas son tres:

  • Su equiparación con los juegos de azar.

  • La manipulación por participantes que dispongan de información privilegiada.

  • Las reservas éticas sobre la monetización de eventos negativos.

Las tres han sido ampliamente estudiadas y debatidas.

Si nos atenemos a la definición del BOE de los juegos de azar vemos que todos esos elementos concurren con facilidad en los mercados de predicción:

“Toda actividad en la que se arriesgan cantidades de dinero u objetos económicamente evaluables sobre resultados futuros e inciertos, dependientes en alguna medida del azar, y que permiten su transferencia entre los participantes, con independencia de que predomine la destreza de los jugadores o el azar”.

Aunque el operador de teleprompter de la Casa Blanca acaba de ser acusado de utilizar información privilegiada sobre los contenidos de los discursos del presidente estadounidense, la posible manipulación de los mercados de predicción es difícilmente sostenible en el tiempo: cualquier intento de distorsionar el precio crea oportunidades de arbitraje que los participantes con información real aprovechan.

La presencia de especuladores, paradójicamente, incrementa la liquidez. No es una propiedad exclusiva de estos mercados: ocurre en cualquier otro, desde la renta variable hasta los mercados de opciones y futuros. Los manipuladores atraen a participantes informados dispuestos a explotar las ineficiencias que crean, mejorando en ocasiones la precisión del mercado.

Y respecto a la ética de las apuestas sobre eventos negativos, esta cuestión tiene una respuesta que seguramente no agrade a muchos: la información sobre eventos negativos es valiosa para quienes deben prevenirlos, pero suprimirla no elimina el riesgo, solo la capacidad de estimarlo.

Miedo al futuro

Los medios de comunicación pueden verse especialmente afectados por la agilidad e inmediatez de los mercados de predicción: Polymarket y Kalshi ofrecen información en tiempo real en redes sociales, y plataformas como Substack permiten integrar predicciones directamente en sus artículos.

Estas plataformas operan en un espacio regulatorio ambiguo que ninguna jurisdicción ha resuelto satisfactoriamente. En Estados Unidos, por ejemplo, más de la mitad de los estados restringen las apuestas sobre resultados electorales. El problema no es la regulación, sino el marco conceptual: equiparar un mercado de agregación de información con una máquina tragaperras es un error de categoría. En lugar de bloquear el acceso a los mercados de predicción, vale más establecer las condiciones para que operen legalmente. La función de la regulación debe ser habilitar y encauzar nuevas posibilidades, no limitarlas.

La verdadera razón del rechazo subyace en dos capas más profundas:

  • La estratégica. Como formuló Maquiavelo en El príncipe, nada es más difícil que introducir un nuevo orden de cosas: el innovador tiene en contra a todos los que se benefician del antiguo orden.

  • La sociológica. El estadounidense Robert K. Merton describió cómo anticiparse a los hechos puede influir en el comportamiento de los involucrados y provocar que lo que se predice finalmente ocurra. Si un mercado asigna alta probabilidad a un evento, ¿acelera su llegada? Aunque el argumento es real, opera en ambas direcciones: la misma dinámica que puede precipitar un resultado negativo puede también movilizar la respuesta que lo evita, o decantar uno deseable. Que el conocimiento anticipado del futuro tenga consecuencias no es un defecto del mecanismo, es precisamente su valor.

La batalla no ha hecho más que comenzar

La valoración de Kalshi supera los 40 000 millones de dólares y la de Polymarket está en torno a los 15 000 millones de dólares respectivamente. Y Mark Zuckerberg acaba de anunciar que Meta pone la mirada en los mercados de predicción.

No es la primera vez que experimenta con ellos: ya lo hizo con Forecast, en 2020, durante los primeros días de la pandemia. La nueva apuesta es una aplicación llamada internamente Arena. Zuckerberg no quiere perderse esta nueva oportunidad de negocio que abren Kalshi y Polymarket.

The Conversation

Francisco J. Jariego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Mercados de predicción, ¿juegos de azar o inteligencia colectiva? – https://theconversation.com/mercados-de-prediccion-juegos-de-azar-o-inteligencia-colectiva-286031

¿Se puede enseñar a oscuras? Una propuesta sorprendente para mejorar la concentración infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma Bravo-Fuentes, Profesora ayudante doctora del área de Didáctica de la Expresión Musical, Universidad de Málaga

Un grupo de escolares trabajan en un mural con pintura fluorescente y luz negra. Paloma Bravo Fuentes.

En muchas aulas con niños de 3, 4 o 5 años pedir silencio no basta. A esa edad, la atención todavía depende mucho del cuerpo, de la emoción y del entorno. Un espacio saturado de estímulos, con conversaciones cruzadas, objetos que compiten por la mirada y una tarea poco significativa, puede empujar al grupo hacia la dispersión. Por eso la propuesta educativa que explicamos a continuación no empieza con una orden, sino con una transformación del ambiente.

La luz negra es un tipo de iluminación, como una bombilla, un foco o una tira LED, que emite luz ultravioleta. Combinada con materiales fluorescentes y música de fondo, logra crear una interrupción positiva de la rutina. El aula deja de ser el escenario habitual y se convierte en un espacio novedoso. La mirada se dirige hacia lo que brilla, el fondo se oscurece y la actividad artística se vuelve el centro de la experiencia.

No se trata de hacer magia, sino de reorganizar el ambiente sensorial: menos ruido visual, más contraste y música bien elegida. Esa combinación puede favorecer la calma, la atención y la cooperación en los más pequeños.

Cuando apagamos la luz, encendemos la atención

La luz negra cambia de forma muy clara la manera en que los niños perciben el aula. Al apagar la iluminación habitual, muchos estímulos visuales cotidianos (carteles, mochilas, juguetes, muebles o movimientos alrededor) pierden protagonismo. En cambio, los colores fluorescentes destacan con intensidad sobre el fondo oscuro. El resultado es un entorno más simple y focalizado: la mirada se dirige de manera natural hacia aquello que brilla.

Y es que la luz que entra por los ojos no solo sirve para “ver”. La retina también envía información a zonas del cerebro relacionadas con el estado de alerta, los ritmos biológicos y la regulación del nivel de activación.




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Esto ocurre porque la retina no solo capta imágenes: también cuenta con unas células especiales que detectan cuánta luz hay en el ambiente. Esa información viaja hasta distintas zonas del cerebro y contribuye a regular nuestro nivel de alerta, el sueño y otros ritmos del organismo.

No es que la radiación ultravioleta estimule directamente el cerebro infantil, sino que la combinación de penumbra, contraste y fluorescencia reorganiza la atención. Reduce el ruido visual, concentra la mirada y convierte la actividad artística en el foco principal de la experiencia.

Menos estímulos compitiendo por la mirada

Algunas investigaciones sobre la capacidad de atención en el aula han mostrado que los elementos visuales del espacio pueden atraer la mirada y competir con la actividad de aprendizaje. No significa que la clase deba estar vacía, sino que el exceso de información puede dificultar el foco, especialmente en edades tempranas o en alumnado con necesidades de apoyo.

La luz negra modifica esa condición visual. Al apagar la iluminación general, lo fluorescente se vuelve el centro de la experiencia. Desde el punto de vista pedagógico, esto ayuda a convertir una tarea abierta en una tarea más delimitada: cada estudiante no tiene que elegir entre muchos estímulos, sino entrar en una escena visual clara.

Los dibujos cobran vida bajo la luz negra, despertando la sorpresa y la ilusión de los niños y niñas.
Paloma Sánchez Bravo.

La música que organiza el ambiente

La luz negra transforma lo que se ve en el aula, pero la música ayuda a transformar cómo se habita ese espacio. No actúa como un simple acompañamiento, sino como parte del ambiente sensorial que sostiene la experiencia. Una música suave, estable y bien elegida (pues un volumen alto puede aumentar la excitación en lugar de regularla y algunas letras distraer o condicionar demasiado la actividad) puede marcar un ritmo común, reducir la sensación de ruido, acompañar el movimiento y favorecer que niñas y niños entren poco a poco en una disposición más calmada y atenta.




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En educación infantil, la música tiene un valor especial porque conecta cuerpo, emoción y acción. El alumnado no solo escucha: se mueve, pinta, espera, imita, recuerda y comparte dentro de una misma atmósfera. Junto con la penumbra, el contraste visual y los materiales fluorescentes, la música potencia la sensación de inmersión y convierte la actividad artística en una experiencia más envolvente.

Diversos estudios sobre desarrollo emocional en la etapa preescolar subrayan su papel para acompañar la expresión emocional, la autorregulación y la participación infantil.

Un ejemplo de aula: de la disrupción al mural compartido

Recientemente pusimos en marcha esta alternativa pedagógica en un aula con niños y niñas de 5 años. El grupo acumulaba interrupciones, comportamientos disruptivos y dificultades para respetar turnos o mantener tareas cooperativas. La propuesta fue sencilla: apagar la luz, encender lámparas de luz negra, colocar papel continuo negro en el suelo, ofrecer pinturas fluorescentes y escuchar una selección musical de canciones elegidas por el propio alumnado.

La consigna también fue simple: pintar lo que la música les hiciera sentir o recordar. Durante la sesión se observó una bajada del ruido de fondo, una mayor atención sostenida, préstamo espontáneo de materiales y comentarios positivos entre iguales. En el cierre, cada estudiante mostró su parte del mural y explicó qué había sentido o recordado. Según la docente, en los días posteriores hubo menos conflictos y una mejor disposición al trabajo cooperativo.

Lo que nos enseña esta experiencia

La luz negra y la música no sustituyen a una buena gestión de aula ni resuelven por sí solas los problemas de convivencia. Tampoco convierten automáticamente una actividad en una experiencia educativa significativa. Su efecto depende de cómo se diseñe la propuesta, de la intención docente y de la manera en que se acompañe al grupo.

Lo que sí nos recuerdan es que la concentración infantil no depende únicamente de la voluntad del estudiante. Depende también de cómo organizamos el espacio, la luz, el sonido, la tarea y la relación con los demás.

Apagar la luz para encender colores fluorescentes puede parecer un gesto pequeño. Sin embargo, usado con criterio, permite algo muy valioso en educación: detener la inercia del conflicto y abrir una escena nueva en la que mirar, escuchar, crear y cooperar resulte un poco más fácil.

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Paloma Bravo-Fuentes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Se puede enseñar a oscuras? Una propuesta sorprendente para mejorar la concentración infantil – https://theconversation.com/se-puede-ensenar-a-oscuras-una-propuesta-sorprendente-para-mejorar-la-concentracion-infantil-285113

¿Por qué cuando estamos junto al mar nos apetece comer cosas saladas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

Davizro Photography/Shutterstock

Hay escenas que parecen formar parte de una memoria compartida: una mesa frente al mar y una bebida fría acompañada de aceitunas, patatas, frutos secos, sardinas, tortilla o una ración de calamares. A veces ni siquiera tenemos mucha hambre, pero el ambiente parece empujarnos hacia lo salado. ¿Es solo costumbre? ¿Responde a una necesidad del organismo? ¿O el mar despierta de algún modo el apetito por la sal?

El cuerpo también habla: sudor, sodio y sed

El primer sospechoso es el sudor. En la playa caminamos, nadamos, jugamos, tomamos el sol y, aunque la brisa lo disimule, perdemos agua y electrolitos. Entre ellos se encuentra el sodio, esencial para mantener el equilibrio de líquidos, transmitir impulsos nerviosos y permitir el funcionamiento muscular.

Cuando el organismo detecta una pérdida importante de ese nutriente, puede activar mecanismos que favorecen la búsqueda de sal. Esto no significa que cada antojo de patatas fritas sea una señal urgente del cuerpo. La mayoría de las personas no llega a la playa con una deficiencia real de sodio y, de hecho, en las sociedades occidentales solemos consumir más sal de la recomendada. Sin embargo, el calor, el ejercicio, la sudoración abundante, la exposición prolongada al sol o el consumo de alcohol pueden aumentar la sensación de que algo salado “entra mejor”.

El cuerpo no responde a la sal únicamente como nutriente, sino también como una experiencia sensorial cuyo atractivo cambia según el estado fisiológico. La apetencia surge así de la interacción entre necesidad, aprendizaje, placer y ambiente.

También interviene la sed. Los alimentos salados estimulan el deseo de beber, y junto al mar solemos tener bebidas frías a mano. La combinación entre sal, frescor y calor ambiental resulta atractiva: aceitunas y cerveza, patatas y refresco, frutos secos y agua con gas, pescado frito y limón… El placer reside en la secuencia completa: calor, sal, bebida fría, descanso y conversación.

El mar como escenario del apetito

La fisiología, sin embargo, no lo explica todo. Si fuera solo una cuestión de sudor, al salir de una sauna nos apetecerían los mismos alimentos que en un chiringuito, y no siempre ocurre. Comemos con el cuerpo, pero también con la memoria. El cerebro aprende asociaciones: el cine está vinculado a las palomitas; un cumpleaños, a la tarta; la Navidad, a los dulces; y la playa, al aperitivo. Las señales ambientales pueden influir en qué comemos y en qué cantidad, incluso antes de que aparezca el hambre fisiológica.

El mar concentra muchas de esas señales. Huele a sal, algas, protector solar, pescado, humo de cocina y verano. Suena a olas, conversaciones y vajilla de terraza. Todo el conjunto funciona como un “menú invisible” que el cerebro reconoce sin necesidad de leerlo.




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Además, muchos alimentos costeros son salados por razones históricas. Durante siglos, la sal fue esencial para conservar pescados antes de la refrigeración. De ahí nacieron preparaciones como las anchoas, la mojama, el bacalao, las huevas o numerosos pescados curados. En las regiones marítimas, la sal no representa solo un sabor: forma parte de la conservación, el comercio, la gastronomía y el paisaje.

Por eso, el deseo de comer algo salado junto al mar también puede entenderse como una respuesta aprendida. No buscamos sal únicamente porque el cuerpo pueda necesitarla, sino porque hemos aprendido que forma parte del ritual de estar en la costa.

Una experiencia multisensorial

Además, el sabor no nace solo en la lengua. También intervienen el olfato, la vista, el sonido, la textura, la temperatura, el entorno y las expectativas . La investigación sobre gastrofísica muestra que el ambiente puede modificar la experiencia de comer. Un alimento puede parecernos más fresco, intenso o agradable según las señales que lo acompañan.

Comer junto al mar no es igual que degustar el mismo plato en una habitación cerrada. Las olas, la brisa, el olor salino y la temperatura cambian la escena. Quizá no aumenten literalmente la cantidad de sal, pero pueden hacer que el cerebro interprete como más apropiados o placenteros los sabores marinos.

Una anchoa, una ostra o un pescado frito parecen encajar con el paisaje. Cuando un alimento resulta coherente con el contexto, suele disfrutarse más. El cerebro no evalúa el sabor de forma aislada, sino dentro de una escena completa. Por eso un aperitivo sencillo puede parecer extraordinario frente al mar y menos memorable en casa.

Disfrutar sin abusar

Conviene, no obstante, no romantizar la sal. Que el cuerpo pueda desear alimentos que la contengan durante un día caluroso no significa que necesitemos consumirlos sin límite. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos tomen menos de cinco gramos de sal al día. Aperitivos, conservas, snacks, salazones y frituras pueden aportar cantidades elevadas en poco volumen.

Entender el antojo no equivale a justificar una barra libre. Podemos disfrutar del sabor intenso sin depender solo de productos ultraprocesados. Algunas alternativas son pescados y mariscos frescos, aceitunas en cantidades moderadas, frutos secos con poca sal, gazpacho, ensaladas, encurtidos –controlando la cantidad– y preparaciones con limón, vinagre, hierbas o especias.

Cuando estamos en la playa y nos apetece algo salado, probablemente no existe una sola causa. Habla el sudor, el sodio y la sed, pero también el olor del mar, la memoria de otros veranos y una cultura gastronómica construida durante siglos alrededor de la sal. Ese deseo no es únicamente biología ni costumbre: es una conversación entre el cuerpo, el paisaje, los sentidos y la memoria.

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José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El Mundial también se juega en los algoritmos: la batalla digital por la imagen de Argentina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nahuel Ivan Faedo, Assistant Professor, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Hinchas argentinos siguen el partido de su selección contra la de Egipto el pasado 7 de julio en una pantalla gigante en Buenos Aires. Carolina Jaramillo/Shutterstock

¿Puede un mundial cambiar la reputación internacional de un país? En diciembre de 2022, gran parte del mundo celebró que la selección argentina levantara la Copa del Mundo. Durante y después del Mundial de fútbol masculino de 2026, las redes sociales registraron una intensa circulación de vídeos y publicaciones que presentaban a la selección como un equipo favorecido por la FIFA, beneficiado por los árbitros e incluso como el símbolo de un país supuestamente racista. Las teorías conspiranoicas no han parado.

La controversia trascendió el ámbito deportivo y llegó incluso a celebridades internacionales. El actor Samuel L. Jackson compartió en Instagram una publicación en la que calificaba a Argentina como “el país más racista del mundo”. El cantante Niall Horan fue criticado tras interactuar con un contenido que ironizaba sobre la actuación de la selección argentina y el conflicto por la soberanía de las Islas Malvinas. La discusión también llegó al ámbito político. La congresista estadounidense Jasmine Crockett vinculó el rechazo internacional hacia Argentina durante el Mundial con una supuesta historia racista del país.

Entre decisiones arbitrales, polémicas deportivas, contenidos manipulados e imágenes generadas con inteligencia artificial, el debate trascendió rápidamente el terreno de juego. El cuestionamiento de fondo consiste en cómo se construyen, amplifican y transforman las narrativas internacionales sobre un país en la era de TikTok, X, Instagram y la inteligencia artificial. Un mundial ya no solo se disputa en el campo de juego; también se libra en los algoritmos que determinan qué historias se vuelven virales y cuáles terminan moldeando la reputación global de una nación.

Deporte y reputación nacional

Más allá de la competición, los megaeventos deportivos funcionan como herramientas de reputación nacional ante una audiencia global. Durante un mundial, cientos de millones de personas siguen los mismos partidos, comentan las mismas jugadas y participan en las mismas polémicas.

El teórico Simon Anholt popularizó el concepto de nation branding (imagen de marca nacional), comprendido como el proceso mediante el cual los países construyen y gestionan su imagen y reputación internacional. El geopolitólogo estadounidense Joseph Nye desarrolló la idea de soft power (poder blando), entendida como la capacidad de un país para influir a través de la cultura, el deporte o el prestigio simbólico. Estos conceptos ayudan a explicar cómo el éxito deportivo puede reforzar, o destruir, el prestigio internacional de un país.

Un Mundial de fútbol es, en este sentido, un escaparate global. Un país gana o pierde partidos, pero al mismo tiempo, proyecta imágenes, valores, estereotipos y emociones, es decir, proyecta reputación. Esta proyección ya no depende únicamente de los medios tradicionales.

Hoy la disputa se juega en plataformas gobernadas por algoritmos. Estos no crean estas narrativas, pero sí condicionan cuáles alcanzan mayor visibilidad. Al priorizar contenidos que generan interacción pueden amplificar tanto informaciones rigurosas como interpretaciones simplificadas o falsas.

¿Por qué las falsedades viajan más rápido?

Cuando el objetivo es generar interacción, hemos de cuestionar qué mensajes atraen nuestra atención. Un estudio publicado en la revista Science analizó 126 000 historias compartidas por tres millones de usuarios de X durante 11 años. Como conclusión, las informaciones falsas se difundían más lejos, más rápido y con mayor audiencia que las verdaderas.

La explicación es más psicológica que tecnológica. El contenido que genera sorpresa, indignación o conflicto capta mejor la atención humana que la información matizada. Por ejemplo, un vídeo titulado “La FIFA le regaló el Mundial a Messi” tiene más probabilidades de obtener clics y comentarios que un análisis detallado de una decisión arbitral.

Las narrativas digitales se construyen, por tanto, combinando y difundiendo repetidamente datos reales, interpretaciones, exageraciones y desinformación, una mezcla que contribuye a dotarlas de apariencia de verdad y las hace más difíciles de cuestionar.

El problema se agrava cuando el algoritmo sustituye al contexto. Incluso un megaevento tan documentado como un mundial puede ser reinterpretado a partir de vídeos descontextualizados que se difunden masivamente en cuestión de segundos. Si esto ocurre en un acontecimiento seguido por millones de personas, resulta aún más fácil en ámbitos donde la mayoría no puede verificar la información por sí misma, como la política internacional, las guerras o la economía.

El sociólogo Manuel Castells sostiene que en la sociedad red el poder depende en buena medida de la capacidad de construir significados compartidos. En ese contexto, las plataformas digitales además de distribuir información, contribuyen a determinar qué interpretaciones alcanzan mayor difusión.

Argentina como laboratorio digital

El caso argentino ilustra cómo se construyen narrativas de odio en redes sociales. La imagen se difunde mediante la participación de influencers o celebridades, pero también a través de miles de usuarios que reproducen y reinterpretan esos contenidos.

Esta dinámica se produce, además, en un contexto marcado por ciertos discursos agresivos y, en ocasiones, racistas o machistas. Estos discursos están presentes en buena parte del periodismo deportivo y el entorno futbolístico, y cuando se viralizan pueden contribuir a construir una imagen negativa del país. Se genera así una sensación de consenso alrededor de ideas simplificadas, tergiversadas o, directamente, falsas.

Algunas críticas a la selección argentina se han argumentado en hechos reales, como los cánticos ofensivos dirigidos a jugadores franceses durante la celebración de 2022 o la reacción violenta de algunos jugadores argentinos contra jugadores de la selección española tras la final del Mundial masculino de fútbol de 2026.

Otras fueron interpretaciones discutibles o simplistas. Por ejemplo, utilizar la composición étnica de la selección para argumentar que la sociedad argentina es racista. Y otras fueron directamente falsas y refieren declaraciones inventadas, titulares inexistentes o vídeos manipulados con inteligencia artificial. No importa la veracidad de los hechos. El objetivo es articular un relato verosímil y ofrecer explicaciones simples sobre fenómenos complejos.

Por lo tanto, el debate sobre el racismo en Argentina no puede reducirse a un equipo de fútbol. Se trata de un fenómeno histórico y estructural que no puede explicarse únicamente a partir de insultos o episodios aislados. Esto permite evitar dos simplificaciones opuestas: negar la existencia del racismo en Argentina o concluir, a partir de unos pocos episodios virales, que el país es excepcionalmente racista.

Más allá de la bandera

La tentación frente a una campaña viral es responder con nacionalismo automático: “nos atacan porque ganamos”. La opuesta es aceptar sin matices cualquier narrativa internacional porque se volvió tendencia. Ninguna de las dos ayuda a comprender el fenómeno.

Argentina, como cualquier país, debe ser criticada cuando corresponde y sus problemas sociales deben analizarse con rigor. Pero también debemos entender cómo una mezcla de hechos reales, exageraciones, prejuicios y falsedades puede terminar construyendo la imagen de un país entero. Las realidades complejas no pueden reducirse a relatos simples amplificados por la velocidad de las redes.

Un partido de fútbol dura noventa minutos. Las narrativas digitales pueden durar años o ser eternas. Hoy, la reputación internacional de un país ya no depende únicamente de lo que ocurre en el terreno de juego, sino también de las historias que los algoritmos deciden amplificar.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. El Mundial también se juega en los algoritmos: la batalla digital por la imagen de Argentina – https://theconversation.com/el-mundial-tambien-se-juega-en-los-algoritmos-la-batalla-digital-por-la-imagen-de-argentina-288160

El eclipse solar que se encontró con Jaume I, el rey conquistador

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Galadí Enríquez, Profesor del Departamento de Física, Universidad de Córdoba

Jaume I en las _Cantigas de Santa María_ de Alfonso X de Castilla. Biblioteca Real del Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Jaume I el Conquistador había llegado el 2 de junio de 1239 a la ciudad de Montpellier, ahora francesa pero, por entonces, bajo el dominio de la Corona de Aragón.

Al día siguiente lo sorprendió un fenómeno inesperado, tan chocante que el propio rey consideró que valía la pena mencionarlo en las memorias que dictó muchos años después, su famoso Llibre dels fets (“Libro de los hechos”). Entre las varias versiones del texto que se conservan, el manuscrito C incluye este pasaje –en catalán antiguo– dentro del breve capítulo 305:

“E entram en Muntpesler en dijous, e el divendres, entre’l migjorn e hora nona, fo eclipsis major que anch hom veés, de memòria de aquells qui ara són, car tot lo sol cobrí la luna e podia hom veer bé set esteles en lo cel”.

Es decir:

“Y entramos en Montpellier en jueves, y el viernes, entre el mediodía y las tres de la tarde, sucedió un eclipse mayor que el que nadie hubiera visto, según el recuerdo de los que ahora están, porque todo el sol cubrió la luna y se podían ver bien siete estrellas en el cielo”.

Un suceso inesperado

Hay muchos motivos para asegurar que Jaume I y su corte no esperaban el fenómeno, que los sorprendió por completo. El impacto tuvo que ser tan fuerte como para que el rey lo considerara digno de mencionar treinta y cinco años después, cuando dictó sus memorias (dado que él no sabía escribir).

Circulan muchos relatos míticos y exagerados sobre la supuesta capacidad de las culturas antiguas para predecir eclipses de Sol. Por ejemplo, suele decirse que Tales de Mileto pronosticó el eclipse total del año 585 a. e. c.

Algunas regularidades como el ciclo de saros, un período de aproximadamente 18 años, 11 días y 8 horas tras el cual la Tierra, la Luna y el Sol recuperan la misma alineación geométrica, permiten emitir alertas en torno a fechas en las que podría suceder un eclipse, y pueden ser bastante efectivas en el caso de los eclipses de Luna. Pero conocer de antemano cuándo y, sobre todo, dónde ocurrirá un eclipse total de Sol quedaba fuera del alcance de todas las culturas anteriores a la revolución científica.

Sí es cierto que muchas civilizaciones conocían el mecanismo que subyace a los eclipses: el juego de interposiciones y sombras entre la Tierra, la Luna y el Sol. Y, de hecho, el propio relato del rey Jaume I es un ejemplo. A pesar de la ambigüedad gramatical sobre cuál es el objeto y cuál el sujeto de la expresión “tot lo sol cobrí la luna”, en su época se sabía lo suficiente como para que la única interpretación posible coincida con la explicación que daríamos hoy: el disco lunar pasó por delante del Sol.

La conclusión es que Jaume I y su corte tuvieron mucha fortuna, una suerte loca. Cada eclipse total de Sol se llega a ver desde un área muy pequeña del planeta, y la probabilidad de que uno de estos fenómenos pase por la puerta de nuestra casa resulta bajísima. Los cálculos están hechos: si queremos sentarnos en el patio de casa hasta que pase por allí un eclipse total de Sol, entonces tendremos que armarnos de paciencia, porque en promedio nos tocará esperar unos 380 años.

Predicción de eclipses hoy

Desde el arranque de la física de Newton, gracias a las mejoras en técnicas de observación (telescopios) y los avances enormes en matemáticas, la nueva ciencia de la mecánica celeste mejoró la precisión en la predicción de eclipses de una manera prodigiosa. En la actualidad sabemos dónde y cuándo se produjeron y producirán todos los eclipses solares y lunares con exactitud de unos cuantos metros y fracciones de segundo. Las mayores incertidumbres no se deben a nuestras capacidades de cálculo, sino al carácter irregular de la rotación del planeta Tierra.

Mapa del eclipse del 3 de junio de 1239. La banda de totalidad pasa por la península Ibérica, sur de Francia, norte de Italia.
Cálculos modernos demuestran que el Llibre dels fets describe un episodio real. El eclipse pasó por Montpellier el viernes 3 de junio de 1239 pasado el mediodía. Se muestran en rosa los límites norte y sur de la banda de totalidad. El punto negro marca el lugar donde el eclipse se observó en condiciones mejores, entre Valladolid y Madrid, con seis minutos de duración de la fase total.
Xavier Jubier Eclipse Page

Así se ha podido calcular no solo la frecuencia de eclipses solares totales a la que hacíamos referencia antes, sino otra multitud de detalles sobre estos fenómenos. Por ejemplo, la fase total de un eclipse de este tipo puede durar desde menos de un segundo hasta, como máximo, siete minutos. Un eclipse solar de tres minutos ya empieza a considerarse largo.

Pues bien, Jaume I no solo tuvo la suerte de que le cayera un eclipse sin haberlo buscado, sino que le tocó uno de los largos: sabemos que la totalidad de aquel fenómeno, en Montpellier, ascendió a cinco minutos. El eclipse sucedió además en condiciones de observación muy buenas, con el Sol a más de sesenta grados de altura sobre el horizonte, aunque fueron aún mejores (con casi seis minutos de duración) en el centro de la península ibérica.

En tiempos de Jaume I, el Sol y la Luna regalaban el espectáculo mágico de los eclipses solares totales tan solo a las personas con más suerte. En la actualidad lo sabemos todo sobre estos fenómenos, lo que los pone al alcance de cualquiera que disponga del tiempo y el dinero necesarios para viajar.

En 2026 y 2027 dos eclipses solares totales pasarán por España… ¿se los va a perder?


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The Conversation

David Galadí Enríquez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El eclipse solar que se encontró con Jaume I, el rey conquistador – https://theconversation.com/el-eclipse-solar-que-se-encontro-con-jaume-i-el-rey-conquistador-272652