Necesitamos comunidades compasivas que ayuden a lograr una muerte tranquila

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rogelio Altisent Trota, Presidente del Consejo Científico de la Fundación Dignia. Cátedra Dignia Ecosistema Paliativo, Universidad de Zaragoza

En Alicia en el país de las maravillas, la protagonista le pregunta al Gato de Cheshire qué camino debe seguir para salir de donde se encuentra. Este le responde que todo depende de adónde quiera llegar. Alicia le contesta: “La verdad, no me importa mucho el lugar”, a lo que su interlocutor zanja: “Entonces, tampoco importa mucho el camino que tomes”. De la misma forma, cuando nos planteamos llevar al hospital a los enfermos avanzados y a los ancianos deberíamos preguntarnos qué esperamos y cuál es el objetivo del traslado.

Conviene refrescar que la meta debe ser prestar la mejor atención posible a cada persona. Es un imperativo moral analizar si ese cuidado se puede proporcionar en el hogar, que en ocasiones es una residencia, donde el paciente está rodeado de sus seres queridos. Esta cuestión interpela a nuestra sociedad y a nuestro sistema sanitario: ¿dónde debemos cuidar en el tramo final de la vida? ¿Estamos preparados para ello?

Hace 30 años, Daniel Callahan lideró un informe del prestigioso Hastings Center de Nueva York donde se planteaba una actualización de los fines de la medicina. Más allá de la curación y la prevención, defendía, era necesario incorporar el objetivo de lograr una muerte tranquila y en paz, todo ello con el mismo rango científico. Aquella propuesta fue muy celebrada y está cada vez más valorada ante el progresivo aumento de la esperanza de vida y el lógico incremento de las enfermedades crónicas avanzadas.

Esta perspectiva se está incorporando a los programas docentes de las profesiones sanitarias, aunque con mucha lentitud. Sería un contrasentido dedicar los grandes avances de las ciencias biomédicas a prolongar la vida a toda costa. Hay que adecuar las posibilidades diagnósticas y terapéuticas a una interpretación prudencial del momento biológico de cada paciente. Pensemos en la falta de lógica que tiene ante un paciente que está en una fase terminal de su enfermedad el uso del desfibrilador en una parada cardiaca o el ingreso en la unidad de cuidados intensivos.

Ante la pregunta sobre dónde cuidar al paciente incurable, la respuesta nos llevará a buscar la máxima calidad de vida y a respetar la voluntad de los pacientes.

Los cuidados paliativos, una medicina de rango científico

Desde hace unas décadas asistimos a la entrada en escena de la moderna atención paliativa ENLACE. Es una rama que se diferencia en sus objetivos de la clásica medicina curativa, donde la prioridad es la supervivencia.

Cuando estamos ante una enfermedad avanzada y sin curación, en la que incluimos la ancianidad, la medicina paliativa siempre debe respetar la vida, pero con la prioridad focalizada en el confort de las personas.

Se trata de prestar unos cuidados impregnados de humanidad sin renunciar al rigor científico. Es el momento de concentrar los esfuerzos en ensanchar la existencia, sin claudicar ante la tentación de la agresividad tecnológica sin sentido, que se ha dado en llamar obstinación o encarnizamiento, que la deontología médica ha censurado con rotundidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido los cuidados paliativos como “un enfoque que mejora la calidad de vida de los pacientes (adultos y niños) y de sus familias que afrontan problemas asociados a enfermedades potencialmente mortales. Previenen y alivian el sufrimiento mediante la identificación temprana, la evaluación adecuada y el tratamiento del dolor y otros problemas, ya sean físicos, psicosociales o espirituales”.

La aparición de las comunidades compasivas y su impacto

La mayoría de las personas con enfermedades avanzadas pasan el 5 % de su tiempo con los servicios sanitarios y el 95 % inmersos en su entorno social: familia, vecinos, cuidadores, acompañantes voluntarios, farmacias, comercios de proximidad, servicios sociales, escuelas, parroquia, etc. Es fácil razonar que si prescindimos de la comunidad será muy difícil prestar cuidados de calidad.

Esta visión impulsó a Allan Kellehear, hace ya dos décadas, a definir y promover las “comunidades compasivas” como una oportunidad para lograr la excelencia de la atención paliativa. En España, Silvia Librada lidera su estudio desde hace 10 años en el seno de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos.

Se trata de construir una cultura paliativa, fortaleciendo el tejido social con la implicación de personas e instituciones. Esto supone sensibilizar, formar –aclarando dudas– y capacitar. Estas experiencias de apoyo comunitario se están multiplicando con una amplia variedad de formas organizativas en barrios urbanos y pueblos, impulsadas por entidades sin ánimo de lucro que recaban el apoyo de asociaciones y municipios.

Algunas comunidades compasivas están incluyendo un modelo de evaluación del impacto generado tras la implantación de un ecosistema paliativo de estas características. El objetivo es generar evidencia científica de su utilidad y facilitar que sea replicable.

Un ejemplo lo encontramos en una residencia de mayores de la ciudad de Fraga (Huesca). Tras incorporarse al modelo ECOPAL se ha invertido el porcentaje de fallecimientos de sus residentes en el hospital, que ha pasado del 70 % al 30 %.

Un estudio publicado por comunidades compasivas australianas mostró una reducción significativa de ingresos hospitalarios, días de estancia hospitalaria y visitas al servicio de urgencias. Sus autores estimaron un ahorro económico de 500 000 dólares australianos (unos 300 000 euros) en la atención de 100 pacientes durante 6 meses.

Las comunidades compasivas ofrecen un horizonte esperanzador para mejorar el cuidado de los pacientes paliativos y sus familias. Pero, además, aunque no sea este su objetivo primario, pueden ser una fórmula revolucionaria para ayudar a un sistema sanitario sumido en la crisis.

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Rogelio Altisent Trota no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Necesitamos comunidades compasivas que ayuden a lograr una muerte tranquila – https://theconversation.com/necesitamos-comunidades-compasivas-que-ayuden-a-lograr-una-muerte-tranquila-285765

El implante cerebral chino, NEO, marca un cambio de era en la medicina y la sociedad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kemel A. Ghotme, MD. PhD, Neurocirujano pediatra, profesor en neurociencia traslacional, Universidad de La Sabana

peterschreiber.media/Shutterstock

Hace apenas unos meses, Dong Hui volvió a escribir su nombre. Puede parecer un acto cotidiano. Para él significó recuperar una parte de su vida.

Seis años antes, este hombre de 39 años había sufrido un accidente que lo dejó completamente paralizado desde el cuello hacia abajo. La comunicación entre su cerebro y el resto de su cuerpo había quedado interrumpida. Perdió la capacidad de caminar, mover los dedos, sostener un bolígrafo o abotonarse una camisa.

Tras una cirugía para implantar un novedoso dispositivo cerebral y once meses de rehabilitación, volvió a tomar un bolígrafo. Escribió su nombre y luego añadió una palabra: “Gracias”. La historia fue relatada por la revista MIT Technology Review. Lo extraordinario no fue únicamente que volviera a escribir, sino la forma en que lo consiguió.

Un pequeño implante llamado NEO, desarrollado por la empresa china de tecnología médica Neuracle Technology en colaboración con investigadores de la Universidad de Tsinghua, en Pekín, registraba la actividad de su corteza motora mientras algoritmos de inteligencia artificial aprendían a interpretar esas señales cada vez que intentaba mover la mano.

Cuando el cerebro encuentra una nueva vía

Una lesión medular no impide que el cerebro produzca la orden de mover una mano.
El problema es que esa orden nunca llega a su destino. Es como si una persona enviara cartas todos los días, pero el puente que conecta con el otro lado hubiera colapsado. Los mensajes existen pero no pueden cruzar.

Las interfaces cerebro-computadora, o BCI por sus siglas en inglés (Brain-Computer Interface), intentan recuperar esa comunicación. En lugar de esperar a que la señal viaje por la médula lesionada, registran directamente la actividad eléctrica de la corteza cerebral, la traducen mediante algoritmos y la convierten en instrucciones para un computador o un dispositivo robótico.

En el caso de Dong Hui, esas instrucciones controlaban un guante robótico que le permitió volver a entrenar movimientos de la mano. Pero el objetivo no era únicamente mover un dispositivo externo. Los investigadores plantearon una hipótesis mucho más ambiciosa: sincronizar las señales descendentes del cerebro con las señales sensoriales que aún llegan desde la mano para estimular la capacidad natural del sistema nervioso de reorganizarse. Este mecanismo podría potenciar la rehabilitación, incluso sin recurrir a la estimulación eléctrica. El concepto, conocido como bridging neural repair, representa una de las aportaciones más novedosas del sistema.

El momento en que la innovación se convierte en medicina

En los últimos años, empresas como Neuralink han llevado las interfaces cerebro-computadora a los titulares. Por eso muchos interpretaron la aprobación de NEO como una carrera tecnológica entre China y Estados Unidos. Sin embargo, esa no es la noticia más importante.

Lo verdaderamente novedoso es que por primera vez una interfaz cerebro-computadora invasiva ha dejado de ser únicamente un experimento para convertirse en un dispositivo médico comercial.

Reuters informó que la autorización del organismo regulador chino permite su uso en personas con tetraplejia secundaria a lesión medular cervical que cumplen criterios clínicos específicos.

Puede parecer un detalle regulatorio, pero representa un cambio histórico. Una tecnología desarrollada durante décadas en laboratorios comienza a recorrer el mismo camino que siguieron los marcapasos, los implantes cocleares o los estimuladores cerebrales profundos: pasar de la investigación a la práctica clínica.

¿Por qué NEO llegó primero?

A diferencia de otros dispositivos, como Neuralink, cuyos microelectrodos penetran directamente el tejido cerebral, NEO registra la actividad cortical desde la superficie de la duramadre, la membrana que protege el cerebro. Aunque de todos modos requiere una operación (que dura alrededor de una hora y media), esta nueva estrategia es menos invasiva y reduce algunos riesgos quirúrgicos, como la hemorragia o la cicatrización del tejido cerebral, y puede facilitar el proceso regulatorio.

También influyó otro factor. China lleva varios años considerando las interfaces cerebro-computadora como una tecnología estratégica. NEO es fruto de esa política: una colaboración entre una empresa emergente y uno de los centros de investigación más prestigiosos del país, respaldada por inversión pública y un entorno regulatorio que ha acelerado su llegada a la atención de pacientes en escenarios reales.

El verdadero debate apenas ha comenzado

Cada avance tecnológico abre nuevas posibilidades, pero también nuevas responsabilidades y riesgos. Cuando un dispositivo empieza a registrar la actividad cerebral de una persona aparecen preguntas que hasta hace poco pertenecían a la ciencia ficción.

¿Quién será el propietario de esos datos? ¿Cómo deberán protegerse frente a ciberataques? ¿Quién responderá si un algoritmo interpreta incorrectamente una intención motora? Y quizá la pregunta más importante desde la salud pública: ¿quién podrá acceder a esta tecnología?

La innovación suele llegar primero a quienes enfrentan menos barreras para acceder a ella. Sin políticas que promuevan un acceso equitativo, las interfaces cerebro-computadora podrían ampliar las inequidades globales en salud en lugar de reducirlas.

Dong Hui recuperó una forma de actuar sobre el mundo. Su historia nos recuerda que detrás de cada avance tecnológico hay un paciente que intenta recuperar funciones tan sencillas como escribir, comer o abrazar a su familia. Ese sigue siendo el propósito fundamental de las interfaces cerebro-computadora.

Ahora que estas tecnologías empiezan a salir del laboratorio para entrar en los hospitales, el desafío es demostrar que funcionan, pero también garantizar que sean seguras, equitativas y respetuosas de los derechos de quienes confiarán en ellas.

Durante décadas la neurocirugía buscó reparar las lesiones del sistema nervioso; hoy empieza a establecer un diálogo directo con el cerebro.

Estamos ante uno de los giros conceptuales más profundos de la medicina contemporánea. El desafío ya no consiste únicamente en desarrollar esta tecnología, sino en asegurar que su enorme potencial se traduzca en una medicina más humana, sin comprometer aquello que precisamente busca proteger: nuestra autonomía, nuestra privacidad y nuestra dignidad.

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Kemel A. Ghotme, MD. PhD no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El implante cerebral chino, NEO, marca un cambio de era en la medicina y la sociedad – https://theconversation.com/el-implante-cerebral-chino-neo-marca-un-cambio-de-era-en-la-medicina-y-la-sociedad-285551

Los riesgos de mantener una relación romántica con la IA: la privacidad, en juego

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rongjun Ma, Postdoctoral Researcher in Responsible AI, Usable Security, and Privacy, Universitat Politècnica de València

showcake/Shutterstock

Las relaciones románticas con la inteligencia artificial ya no son solo un escenario de ciencia ficción. A medida que los servicios basados en modelos de lenguaje (LLM) se vuelven más personalizables, más gente utiliza la IA no solo para la productividad o el entretenimiento, sino también para buscar compañía, intimidad emocional e incluso romance.

Esto plantea una cuestión difícil: ¿cómo deberíamos entender la privacidad en relaciones que se perciben como profundamente íntimas?

El romance evoluciona y no siempre es intencionado

En nuestra investigación, basada en entrevistas con 17 personas de distintas partes del mundo y en el análisis de las plataformas de IA que utilizaban, descubrimos que las relaciones románticas entre humanos e inteligencia artificial se parecen a las relaciones entre personas en cómo se desarrollan la confianza, la intimidad y la revelación de información.

Las personas no siempre empiezan buscando una relación romántica. Algunas comienzan utilizando la IA para trabajar, entretenerse o conversar, pero la interacción puede adquirir un significado emocional y evolucionar hacia un vínculo íntimo. Al principio, los usuarios suelen ser prudentes con lo que comparten. A medida que su relación con la IA se vuelve más familiar y significativa, se muestran más abiertos. Compartir información personal puede formar parte de la construcción de la intimidad, y es entonces cuando los límites de la privacidad empiezan a cambiar.

La privacidad no se negocia

La privacidad en las relaciones íntimas rara vez se reduce a un simple cálculo de riesgos. Lo que se sopesa no es solo la comodidad frente al riesgo, sino la privacidad frente a una relación que se percibe como significativa.

Como en las relaciones humanas, la intimidad implica abrirse, mostrarse vulnerable y confiar a otra persona aspectos sensibles de uno mismo. En las relaciones románticas entre humanos e IA, los usuarios pueden reconocer los riesgos para su privacidad y, aun así, considerar que el valor emocional de la relación hace que compartir información merezca la pena.

Esto diferencia el romance con la IA de otros usos de la tecnología, en los que la privacidad suele entenderse en un marco de usuario-herramienta. Cuando la IA se experimenta como pareja romántica, ese marco resulta insuficiente.

Cuando pensamos que la IA tiene capacidad de decisión

Otra complicación es que los usuarios pueden percibir que la IA tiene capacidad de decisión, y sus respuestas pueden influir en lo que las personas deciden compartir.
Algunos participantes dudaron antes de revelar algo personal, como una fotografía, pero se sintieron tranquilos cuando la IA respondió transmitiendo cuidado o protección. En otros casos, la inteligencia artificial desalentó la revelación de información; por ejemplo, convenciendo al usuario de que no enviara un selfie.

Esto significa que la IA no es un sistema pasivo. Sus respuestas pueden influir en los límites de privacidad de los usuarios.

Los riesgos no desaparecen tras una ruptura

Algunos participantes perdieron el acceso a sus parejas de IA debido a actualizaciones de las plataformas, la eliminación de personajes o decisiones personales de poner fin a la relación.

A diferencia de las rupturas humanas, estas personas no solían temer que una expareja de IA utilizara su información con intenciones perjudiciales, y mostraban el deseo de poder conservar el historial de conversaciones como recuerdo.

Sin embargo, el riesgo no desaparece, sino que se desplaza. La preocupación durante la ruptura tiene menos que ver con una posible venganza de la expareja, pero más con las plataformas, las empresas y otros actores con acceso a los datos de la relación.

Quiénes están detrás de la relación?

Aunque la relación parezca ocurrir entre una persona y un personaje de IA, detrás existe un sistema más amplio de plataformas, proveedores de modelos, creadores, moderadores y otros actores.

Sus intereses influyen en lo que la IA puede decir o recordar, en cómo se fomenta la intimidad, se establecen los límites y se recopilan y gestionan los datos.

Esto importa porque estas relaciones pueden implicar información extremadamente íntima. Sin embargo, muchas plataformas no explican claramente cómo gestionan dicha información ni en qué se diferencia la divulgación romántica o emocional de los datos habituales de una aplicación.

Romances con IA: el papel de la legislación

Algunas leyes ya regulan estas interacciones, como la SB 243 de California y las normas chinas sobre IA antropomórfica, que introducen medidas de transparencia, seguridad y protección de menores, además de buscar reducir riesgos como la dependencia excesiva y la adicción. Sin embargo, estos enfoques pueden dejar de lado las razones por las que las personas buscan estas relaciones y su significado emocional.

Al mismo tiempo, considerar un romance con la IA como algo inofensivo supondría ignorar riesgos reales relacionados con la recopilación de datos, el control de las plataformas y la vulnerabilidad emocional.

Puede que no exista una respuesta sencilla. Pero, a medida que más personas desarrollan vínculos emocionales con la inteligencia artificial, una pregunta se vuelve fundamental: ¿cómo podemos proteger su privacidad y seguridad sin dejar de tomar en serio esas experiencias emocionales?

The Conversation

Rongjun Ma recibe fondos de INCIBE’s strategic SPRINT (Seguridad y Privacidad en Sistemas con Inteligencia Artificial) C063/23 project with funds from the EU-NextGenerationEU through the Spanish government’s Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, by the Generalitat Valenciana under grant CIPROM/2023/23, and by the Spanish Government under grant PID2023-151536OB-I00.

– ref. Los riesgos de mantener una relación romántica con la IA: la privacidad, en juego – https://theconversation.com/los-riesgos-de-mantener-una-relacion-romantica-con-la-ia-la-privacidad-en-juego-287420

Cómo lograr unas vacaciones verdaderamente reparadoras para nuestro cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Teea Gligan Gligan, Estudiante de Doctorado. Área de Psicología y Actividad Física, Universidad de Castilla-La Mancha

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Verano significa vacaciones y desconexión para muchos trabajadores: apagamos el ordenador, olvidamos el correo electrónico, desaparecen las reuniones, el jefe y, con un poco de suerte, hasta la voz que nos dice: “Deberías estar produciendo”. Ponemos el cuerpo en modo pausa y salimos a la caza de relax y diversión en dosis generosas.

El ritmo laboral, su coqueteo constante con el estrés y el riesgo de sobrecarga mental nos empujan a soñar con un verano sin pensar. Incluso a dejar el cerebro en modo “encefalograma plano”, porque nos parece que eso es descansar. Pero es un error.

Como nos demuestra la neurociencia, el cerebro no se “apaga” en estado de reposo. No hacer nada no implica no pensar en nada. Más bien al contrario: nuestro cerebro divaga, algo que no es precisamente relajante. Y así, nos podemos encontrar con que cuanto más queremos olvidarnos del trabajo o del estrés, tumbados bajo la sombrilla y con el relajante sonido del mar de fondo, más volvemos sobre determinadas ideas nada tranquilizadoras.




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Las funciones ejecutivas en vacaciones

Una manera de evitarlo y de lograr que nuestro cerebro verdaderamente descanse y recargue su energía es mantener bien encendidas las funciones ejecutivas. Son las que nos permiten controlar nuestro pensamiento y conducta, sin abandonarnos a la vida en piloto automático o al impulso inmediato y dependen sobre todo de la corteza prefrontal, esa área encargada de mantener activos nuestros objetivos, las reglas necesarias para alcanzarlos y focalizar el resto de nuestra actividad cognitiva en perseguirlos.

Las funciones ejecutivas se dividen en frías y calientes. Las primeras son esos procesos cognitivos que ponemos en marcha al razonar, planificar o cambiar de estrategia en situaciones abstractas y poco cargadas de emotividad. Las calientes, en cambio, entran en juego cuando hay emoción de por medio: una tentación, un riesgo, una victoria, una derrota. En este segundo caso, dependen de una red neuronal algo distinta, con más peso de zonas cerebrales conectadas a circuitos de emoción y motivación.

Y así, si a lo largo del curso la memoria de trabajo nos ayuda a sacar mejores notas o lograr mejores objetivos laborales; la flexibilidad cognitiva –que nos permite cambiar de una tarea a otra sin bloquearnos– predice cuánto riesgo asumimos en decisiones financieras; y la inhibición de la conducta –o el don de mordernos la lengua antes de meter la pata– nos permite tomar mejores decisiones y liderar bajo presión, durante el verano todas ellas necesitan ejercitarse de otras maneras para que la desconexión resulte verdaderamente reparadora.

Juegos de mesa y deportes

Un buen juego de mesa permite poner a punto las funciones ejecutivas: leer el reglamento ya reta a la memoria de trabajo. Las primeras partidas exigen flexibilidad e inhibición (funciones ejecutivas frías). Pero es la competición, querer ganar, ver cómo perdemos nuestra ficha estrella, gestionar el pique con nuestro cuñado, lo que enciende las funciones ejecutivas calientes. Tratar de controlar la frustración, tolerar la incertidumbre y decidir con la adrenalina disparada. Por eso, si sentimos que nos “pica” la competitividad en el Trivial, podemos estar tranquilos: son nuestras funciones ejecutivas dándolo todo, no un ataque de mal perder.

Con el deporte pasa algo parecido. No es lo mismo correr en solitario (funciones ejecutivas frías) que estrenarnos en un deporte con oponente, incertidumbre y adrenalina. Pádel, escalada, tenis de mesa, deportes de “habilidad abierta” son actividades en las hay que reaccionar en tiempo real a lo que hace el otro, y por lo tanto, entrenan más las funciones ejecutivas calientes que los deportes predecibles y en solitario.

Y de paso, aprender un deporte nuevo genera cambios estructurales en regiones cerebrales vinculadas a la función ejecutiva: es decir, se crean conexiones neuronales nuevas. Así que el golpe inicial con la raqueta en la cara se traduce, con suerte, en convertirnos en una persona más competente después de las vacaciones.

La fórmula ideal en verano

El verano regala una oportunidad relajada para hacer esta puesta a punto. Las actividades recreativas al aire libre, poco estresantes, son especialmente buenas para la atención, la inhibición de la conducta y la flexibilidad cognitiva. Romper con el sedentarismo también moviliza los circuitos prefrontales y su eficiencia neuronal.

Entonces, ¿a qué dedico el tiempo libre? La fórmula ideal es: con bajo estrés, el cuerpo en movimiento y afrontando un reto cognitivo con algo de picante emocional, una partida que queremos ganar o un deporte que aún no dominamos. Entrenamiento cerebral perfecto, funciones ejecutivas frías y calientes a la vez.

Incluso antes de irnos de vacaciones, podemos poner en marcha descansos activos (actividad física ligera entre horas de trabajo o estudio), añadiéndoles un pequeño reto cognitivo (sentadillas contando de tres en tres hacia atrás desde 50). La propia tarea de elegir el juego de mesa al que vamos a retar a alguien este verano también implica planificación y toma de decisiones.




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Un tiempo reparador

¿De qué sirve todo esto cuando nos toque volver al trabajo? Pues tiene un efecto importante. Las evidencias científicas más recientes apuntan a que, para recargar pilas (lo que en la investigación se llama “recuperación laboral”) necesitamos lograr cuatro cosas: desconectar psicológicamente, relajarnos, tener autonomía y capacidad de decisión sobre qué hacemos con nuestro tiempo libre y aprender algo nuevo o superar un reto, algo que disminuye la sensación de agotamiento y nos ayuda a sentirnos competentes.

Los beneficios de las vacaciones no son eternos y ya en las primeras semanas de vuelta a la rutina podemos dejar de sentir sus efectos. Por eso, el reto cognitivo con pinceladas emocionales marca la diferencia: no solo prolonga el efecto “buenas vacaciones”, sino que deja las funciones ejecutivas más entrenadas para encajar mejor ese primer lunes de vuelta.

The Conversation

Patricia Teea Gligan Gligan cuenta con el apoyo de un contrato de investigación predoctoral cofinanciado por el Fondo Social Europeo Plus (FSE+) en el marco del Plan de Investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), convocatoria PREDOCTORALES 2024.

Sixto González-Víllora recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Marta Torrijos-Muelas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo lograr unas vacaciones verdaderamente reparadoras para nuestro cerebro – https://theconversation.com/como-lograr-unas-vacaciones-verdaderamente-reparadoras-para-nuestro-cerebro-285627

La desregulación ambiental supone un peligroso retroceso en los compromisos climáticos y de biodiversidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Javier Durá Alemañ, Investigador Ramón y Cajal. Derecho de la Biodiversidad., Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA – CSIC)

KhunkornStudio/Shutterstock

La política ambiental se ha convertido en un campo de batalla ideológico. Bajo el lema de la “simplificación administrativa” y la lucha contra el “fanatismo climático”, las opciones de ultraderecha tanto en España como en otros países europeos y en Estados Unidos proponen una desregulación significativa de la normativa ambiental vigente, orientada a favorecer sectores como el agrícola intensivo, la caza, la tauromaquia y la energía.

Sin embargo, estas propuestas de desregulación no se producen en un vacío jurídico. El derecho ambiental moderno está blindado por el principio de no regresión. Este principio fundamental establece que, una vez alcanzado un nivel de protección ambiental, no se puede retroceder, eliminando o debilitando las normas existentes, salvo justificaciones excepcionales y científicamente demostradas.

El principio de no regresión: un blindaje necesario

A nivel internacional y europeo, aunque no siempre está recogido en un solo tratado global, el principio de no regresión se fundamenta en resoluciones y directrices como la Declaración de Estocolmo (1972) y la Declaración de Río +20 (2012).

En el ámbito de la Unión Europea, su cumplimiento se deriva de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE y del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que exigen un alto nivel de protección medioambiental. Funciona como un mandato limitante para evitar que los poderes públicos reduzcan los estándares de protección ya alcanzados.

En España, este principio se deriva del artículo 45 de la Constitución, que obliga a los poderes públicos a velar por la utilización racional de los recursos naturales y la protección del medio ambiente. Se incluye de forma explícita en la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética, que lo establece como uno de los principios rectores de las políticas públicas.

En la vía jurisprudencial, ha sido desarrollado y consolidado como un límite para el legislador y los planes urbanísticos por órganos como el Tribunal Supremo. Destacan sentencias clave como la sentencia de 22 de marzo de 2023, que fija la doctrina sobre la no regresión en la planificación territorial (abarcando el ámbito ambiental).

Los ejes de la desregulación

La propuesta de estos grupos políticos en materia ambiental se centra en eliminar lo que denominan “burocracia verde”. Esto se traduce en medidas concretas que implican una desprotección directa:

1. Flexibilización en la gestión del agua y regadíos

Proponen una gestión del agua basada en la disponibilidad inmediata para el sector agroindustrial, lo que a menudo implica la relajación de controles sobre pozos ilegales o la reducción de caudales ecológicos, el flujo mínimo de agua que debe circular por un río para mantener su biodiversidad. Esto vulnera directamente la Directiva Marco del Agua de la UE, que obliga a mantener el buen estado ecológico de las masas de agua. Reducir la protección de acuíferos ya regulados o suavizar los planes de cuenca es una regresión directa en la calidad y cantidad de agua protegida.




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2. Desprotección de espacios naturales y red natura 2000

Estas formaciones han abogado por la reducción de las protecciones en algunas áreas protegidas, incluyendo la Red Natura 2000, argumentando que impiden el desarrollo económico local. La Directiva Hábitats prohíbe la pérdida de protección de un espacio natural protegido a menos que la ciencia demuestre que los valores que motivaron su protección han desaparecido de forma natural. El objetivo de estas formaciones de descatalogar áreas para permitir usos industriales o agrícolas contraviene el núcleo de la no regresión, al debilitar la conservación del patrimonio natural.

3. Relajación de evaluaciones de impacto ambiental

Se propone eliminar o “simplificar” los procesos de evaluación de impacto ambiental para proyectos de infraestructura, energía o agricultura intensiva. Las evaluaciones de impacto son herramientas preventivas. Su eliminación o debilitamiento impediría la evaluación de riesgos, permitiendo proyectos que degraden el medio ambiente.

4. Ataque a las políticas de cambio climático

Estas fuerzas políticas rechazan la Agenda 2030, promoviendo la anulación de leyes de transición energética.

El principio de no regresión también se aplica a los objetivos de reducción de emisiones. Revocar normativas autonómicas o nacionales de cambio climático, una vez asumidos los compromisos internacionales (Acuerdo de París), constituye un retroceso en el nivel de protección de la atmósfera y la salud pública.




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3. Consecuencias jurídicas y ambientales

En el caso de España, la aplicación de este esquema supone riesgos jurídicos y ambientales severos:

  • Incompatibilidad con el Derecho de la Unión Europea: las reformas impulsadas por estos partidos pueden vulnerar directivas europeas como las expuestas anteriormente. Esto conlleva el riesgo de sanciones económicas millonarias por parte de la Comisión Europea.

  • Daños irreversibles: el principio de no regresión busca evitar daños que no puedan ser reparados. La desecación de humedales, la contaminación de acuíferos o la pérdida de biodiversidad en áreas protegidas son, a menudo, irreversibles.

  • Conflictos de competencias y prejudiciales: Las medidas de desregulación autonómica pueden acabar siendo paralizadas por el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional o mediante cuestiones prejudiciales ante el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE).

El “sentido común” contra el derecho ambiental

La narrativa de estos discursos contrapone la protección ambiental con el desarrollo rural y el bienestar económico, etiquetando las normas ambientales como “terrorismo climático”. Sin embargo, la ciencia y la jurisprudencia demuestran que la degradación ambiental (incendios, sequías, pérdida de suelo) afecta directamente a la productividad agraria a largo plazo.

El enfoque de desregulación no es una “simplificación”, sino una desprotección. Al intentar eliminar normas de protección de suelos, aire, agua y biodiversidad, se ignora que la normativa ambiental no es un “lujo”, sino una necesidad para la habitabilidad del territorio. El principio de no regresión está ahí para garantizar que el interés económico a corto plazo no destruya los recursos naturales que sostienen la vida y la economía a largo plazo.

La protección del medio ambiente es un derecho

En el caso específico de la UE, la falta de cumplimiento de la normativa medioambiental descrita resulta difícil de conciliar con la Estrategia Europea de Conservación de la Biodiversidad 2030 y el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, cuyo objetivo es reforzar el marco jurídico de la UE para la recuperación de la naturaleza y aumentar el cumplimiento de la legislación medioambiental europea. Lo mismo sucede con el Tratado de la Unión Europea relativo al compromiso de proteger y mejorar el medio ambiente.

Al pretender reducir los estándares de protección del agua, la biodiversidad y el clima, las políticas de desregulación constituyen una regresión estructural del derecho ambiental. En España, la protección del medio ambiente es un mandato constitucional y un derecho de los ciudadanos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. La desregulación ambiental supone un peligroso retroceso en los compromisos climáticos y de biodiversidad – https://theconversation.com/la-desregulacion-ambiental-supone-un-peligroso-retroceso-en-los-compromisos-climaticos-y-de-biodiversidad-288130

¿Cuál era el significado de los eclipses en la antigua Roma?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Andreu Pintado, Catedrático de Historia Antigua y Director del Diploma en Arqueología, Universidad de Navarra

Dos filósofos observando un eclipse, en un grabado de Pierre Brébiette. Metropolitan Museum of Art

El próximo mes de agosto en España miraremos al cielo para contemplar un histórico eclipse de Sol. Sabemos cuándo comenzará, cuánto durará y qué parte del disco solar quedará oculto por la Luna. Aplicaciones móviles permiten calcular el instante exacto del máximo oscurecimiento y recomiendan lugares concretos desde los que poder contemplarlo.

Sin embargo, durante buena parte de la historia de la humanidad, gracias a la fascinación que, como astro rey, generaba el Sol, estos fenómenos fueron mucho más que una curiosidad astronómica: eran acontecimientos capaces de alterar el orden del mundo.

Medallón escultórico situado en el Arco de Constantino en Roma que representa al dios romano Sol ascendiendo a los cielos en su cuadriga.
Medallón escultórico situado en el Arco de Constantino en Roma que representa al dios romano Sol ascendiendo a los cielos en su cuadriga.
bradhostetler/Wikimedia Commons, CC BY

La antigua Roma no fue una excepción. Con un notable protagonismo del Sol en su primitiva religiosidad, aunque las élites conocían las explicaciones científicas heredadas de la astronomía griega, los eclipses –etimológicamente, en griego, “desaparición del sol”– siguieron interpretándose como señales de los dioses a las que convenía estar atento dado el carácter religioso de la cultura romana.

Ambas formas de entender el fenómeno –la científica y empírica y la prodigiosa y supersticiosa– convivieron durante siglos y nos permiten comprender cómo concebían los romanos la relación entre naturaleza, religión y poder. Esta relación estaba sintetizada en la voz latina omen, presagio que acompañaba a un personaje o a un acontecimiento, definiéndolo.

Tenebrae facta sunt: mucho más que una sombra sobre el Sol

Ya los astrónomos babilonios habían descubierto que los eclipses eran cíclicos y podían ser previstos con métodos que posteriormente heredaron los griegos y, a través de ellos, también Roma. Sobre ellos teorizaron, en la Historia Natural y en Tiestes, los escritores e intelectuales Plinio el Viejo y Séneca. El conocimiento astronómico romano, por tanto, estaba lejos de ser rudimentario y bebía de una tradición que, para el mundo clásico, arranca en la literatura homérica.

Un ejemplo significativo lo ofrece el emperador Claudio. El historiador romano Dion Casio cuenta que, antes de un eclipse ocurrido el 1 de agosto del año 45, el cuarto emperador de la dinastía Julio-Claudia hizo anunciar públicamente el fenómeno para evitar que la población cayera presa del pánico. El poder imperial era, pues, consciente tanto de la posibilidad de predecir el eclipse como del temor que, por su carácter tenebroso, este provocaba en la población.

Prodigia et metum: ciencia y religión no eran incompatibles

Pero conocer la explicación astronómica no significaba renunciar a una interpretación religiosa. Para un romano, el universo estaba gobernado por los dioses y un fenómeno natural podía tener una causa física y, a la vez, transmitir un mensaje divino.

El historiador Plutarco, en la Vida de Rómulo, cuenta como en junio del 708 a. C., la muerte del primer rey de Roma fue acompañada de la conversión del día en noche. Acaso por eso, los eclipses pertenecían con frecuencia al ámbito de los prodigia, anuncios de la ruptura del equilibrio entre dioses y hombres que requerían una respuesta de la religión estatal. Las obras del también historiador Tito Livio están repletas de ejemplos. En el año 340 a. C., un eclipse coincidió con una lluvia de piedras y el Senado decretó rituales para restaurar la paz con los dioses. Otro eclipse, el 17 de julio de 188 a. C., oscureció Roma durante cerca de dos horas. Livio cuenta que el fenómeno provocó tal inquietud que se decretaron tres días de purificación en el sagrado monte Aventino.

Pintura en la que un hombre señala al cielo, donde la Luna está cubriendo el Sol.
Dionisio el Areopagita convierte a los filósofos paganos, de Antoine Caron (siglo XVI).
Getty Museum

La coincidencia entre eclipses y momentos de crisis política reforzó su carácter ominoso. En los años de la expansión romana en Macedonia un eclipse se interpretó como antecedente de la derrota de los griegos en la batalla de Pidna del año 168 a. C. En el 49 a. C., Dion Casio menciona un eclipse total de Sol entre una serie de prodigios que anunciaban desgracias para Roma. El impacto fue tal que algunos magistrados llegaron a retrasar la toma de posesión de sus cargos por considerar desfavorable el momento. El político y filósofo Cicerón interpretó como mal augurio para su consulado del 63 a. C. el eclipse parcial de Sol vivido el 18 de mayo de ese año. Y la tradición evangélica alude al eclipse posterior a la muerte de Jesús en época tiberiana como expresión máxima de los prodigia que siguieron a la crucifixión.

En Roma el interés por los eclipses no residía únicamente en que oscurecieran el cielo durante unos minutos sino en el significado que se atribuía a aquella oscuridad. El cosmos y la historia formaban parte de un mismo orden, y cualquier alteración en el firmamento debía ser adecuadamente interpretada. De hacerlo mejor o peor dependían, en buena medida –o esa era la creencia–, el futuro y la salus del pueblo y, sobre todo, del estado.

Mentes hominum: lo que sabía el pueblo

La inmensa mayoría de la población romana nunca había leído a Aristóteles o a Posidonio, ni tenía acceso a los textos de Séneca o Plinio. Su experiencia del eclipse era muy distinta. Garante de la luz, el calendario y el orden cotidiano, el Sol desaparecía inesperadamente en pleno día y era lógico interpretar aquella oscuridad como una temible alteración cósmica.

Constan supersticiosas reacciones populares que Roma heredó de otros pueblos, que también las emplearon: hacer ruido golpeando calderos para ayudar al Sol a recuperar su luz o ahuyentar las fuerzas que parecían amenazarlo haciéndolo desaparecer del cielo. De ese modo, la población creía contribuir a espantar un fenómeno que alteraba el orden cotidiano y que, por tanto, como todo lo desconocido, generaba incertidumbre.

Ante el eclipse de agosto nuestra reacción no será de temor o de desazón. Sin embargo, como acontecimiento histórico que sin duda viviremos, cuando el próximo día 12 el eclipse nos lleve de nuevo a mirar al cielo podremos pensar que también miraron a él los romanos. Y que, al hacerlo, se preguntaban algo a lo que la astronomía no podía responder: ¿qué querían decir los dioses con aquella repentina desaparición del Sol?


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Javier Andreu Pintado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cuál era el significado de los eclipses en la antigua Roma? – https://theconversation.com/cual-era-el-significado-de-los-eclipses-en-la-antigua-roma-287638

¿Por qué nos mareamos en los barcos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Koldo Lopez Guridi, Médico. Programas de Cribado de Osakidetza. Profesor de la EHU en la Escuela Naútica., Osakidetza – Servicio Vasco de Salud

Nicoleta Ionescu/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


Es verano, estás de vacaciones en Mallorca y, además, es tu cumpleaños. Para celebrarlo, tu padre ha tenido una idea que parece de anuncio: alquilar un barco y salir a navegar para descubrir esas calas de agua turquesa a las que solo se llega desde el mar. Planazo, ¿no? Sol, mar, fotos espectaculares y cero deberes. ¿Qué podría salir mal?

Al principio todo va de maravilla. El sol brilla, el motor hace “brrrr” suavemente y la costa se va quedando atrás. Pero, al cabo de un rato, empiezas a notar algo extraño. Te sudan las manos, te pones pálido, el estómago se te revuelve y solo piensas en una cosa: que el barco se detenga cuanto antes. Te has mareado. Y lo peor es que todavía no habéis llegado ni a la primera cala.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que un plan tan bonito acabe con ganas de bajarte del barco y besar el suelo? La respuesta está dentro de tu cabeza, en un lugar diminuto pero importantísimo: el oído interno.

Un GPS escondido en tus oídos

Dentro de cada oído, mucho más adentro de lo que llega un bastoncillo, tienes un órgano increíble llamado sistema vestibular. Está formado por unos conductos minúsculos llenos de líquido y cubiertos por miles de pelitos microscópicos. Cuando mueves la cabeza, el líquido se desplaza, los pelitos lo detectan y mandan un mensaje al cerebro: “nos movemos hacia delante”, “estamos girando”, “vamos hacia arriba”.

Es como un GPS o un nivel de burbuja escondido en tu cabeza. Gracias a él sabes en todo momento si estás de pie, tumbado o dando una voltereta, aunque tengas los ojos cerrados. Es el sistema que evita que vayas por la vida cayéndote como un personaje de videojuego sin control.

Cuando los sentidos discuten

El problema es que en el barco tu cuerpo recibe información contradictoria. Por un lado, el oído interno nota perfectamente el balanceo: arriba, abajo, a un lado, al otro… Por otro lado, tus ojos, si están mirando el suelo de la cubierta, el móvil o el interior del barco, ven cosas que parecen quietas respecto a ti.

Entonces ocurre algo curioso: los oídos le gritan al cerebro “¡nos movemos un montón!”, mientras los ojos le dicen, tan tranquilos, “aquí no se mueve nada”. El cerebro recibe dos mensajes que se contradicen y no sabe a quién creer. Los científicos llaman a esto conflicto sensorial, y es la causa principal del mareo, que en lenguaje técnico se llama cinetosis.

¿Y por qué entran ganas de vomitar?

Aquí viene la parte más sorprendente: ¿qué tiene que ver una discusión entre los ojos y los oídos con las ganas de vomitar?

Hay una explicación que convence a muchos científicos. Durante miles de años de evolución, casi la única situación en la que el cerebro recibía señales tan confusas era cuando el cuerpo había comido algo en mal estado o venenoso que afectaba al sistema nervioso. Por eso, ante esa confusión, el cerebro toma una decisión de emergencia: “puede que nos hayamos intoxicado, mejor vaciamos el estómago por si acaso”. Y provoca náuseas y vómitos.

En realidad, en el barco no hay ningún veneno: es una falsa alarma. Pero tu cerebro reacciona como si fuera de verdad, y por eso te sientes fatal.

Trucos para engañar al cerebro

La buena noticia es que, una vez entiendes qué está pasando, puedes ayudar a tu cuerpo a calmarse. El mejor truco es mirar al horizonte: esa línea lejana donde el mar se junta con el cielo. Al hacerlo, tus ojos también perciben el movimiento y dejan de contradecir a tus oídos. De pronto, todos los sentidos se ponen de acuerdo y el cerebro se relaja.

Otros consejos que funcionan: salir a la cubierta para tomar aire fresco, no leer ni mirar la pantalla del móvil, sentarte mirando hacia delante y no llenarte demasiado el estómago antes de salir. Incluso existen unas pulseras especiales que aprietan suavemente un punto de la muñeca y que a algunas personas les ayudan a sentirse mejor, además de medicamentos que el médico o el farmacéutico pueden recomendar.

Final feliz: tierra firme, por favor

Así que tranquilo: marearse en barco no significa que el mar no sea para ti. Le pasa a muchísima gente, incluso a marineros con años de experiencia, y casi siempre se puede prevenir.

Eso sí, después de la aventura de hoy, seguro que mañana lo tienes clarísimo: nada de barcos. La única pulsera que pensáis usar es la del todo incluido, esa que te pone en la muñeca al llegar al hotel y que da derecho a tumbona, piscina y buffet sin moverte de tierra firme. Y, oye, también es una forma estupenda de celebrar un cumpleaños. Menos épica marinera, sí, pero mucho menos vómito también. Y eso también cuenta.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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– ref. ¿Por qué nos mareamos en los barcos? – https://theconversation.com/por-que-nos-mareamos-en-los-barcos-286310

¿Heredamos los traumas de nuestros padres? No exactamente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

OlhaTsiplyar/Shutterstock

La idea de que los traumas “pasan” de padres a hijos resulta muy atractiva. Sin embargo, a día de hoy la neurociencia no ha demostrado que heredemos el recuerdo de una guerra, de una agresión o de una pérdida sufrida por nuestros antepasados, aunque existen estudios que indican que la biología y el entorno sí que pueden influir.

Dicho de un modo muy general, lo que se transmite entre generaciones no es el trauma en sí, sino una mayor sensibilidad (o una adaptación) de los sistemas que regulan el miedo y el estrés, transmisión que puede producirse a través de la convivencia familiar, del ambiente prenatal y, quizá, de ciertos mecanismos epigenéticos cuya importancia en humanos todavía son motivo de debate.

Además, cuando una experiencia origina un trastorno de estrés postraumático, no queda grabada en una única, digamos, “zona del miedo”.

El trauma deja huella en el cerebro

Hay estudios de neuroimagen que describen alteraciones en regiones tales como la amígdala y la corteza prefrontal. La primera está implicada en detectar amenazas y la segunda en regular las emociones y cancelar las respuestas de miedo que ya no son útiles. También participa el hipocampo, una estructura del cerebro muy importante para situar los recuerdos en su contexto.

Todas estas zonas forman parte de redes cerebrales que se activan para detectar qué estímulos son relevantes y para regular nuestra respuesta en relación con la experiencia (las llamadas redes de saliencia, de control ejecutivo y de procesamiento autorreferencial). Sin embargo, los resultados varían entre personas y estudios: no existe una firma cerebral única del trauma.

Puesto que las redes antes mencionadas están en el cerebro de la persona que vivió el acontecimiento, no en sus óvulos o espermatozoides, y dado que los recuerdos se sostienen mediante cambios de plasticidad en circuitos y en conjuntos de neuronas (engramas), es difícil imaginar —y de hecho aún no lo conocemos— un mecanismo biológico capaz de copiar una escena, una emoción concreta o un recuerdo autobiográfico desde el cerebro de un progenitor hasta el de su descendiente.

Se aprende del peligro

El cerebro infantil se construye en la interacción con otras personas. Las niñas y los niños aprenden por imitación y experiencia qué situaciones deben considerar seguras o peligrosas. Observan la expresión de la cara, las posturas, los silencios y qué nos da miedo, qué rechazamos o evitamos.

En este sentido, un metaanálisis mostró que los bebés, cuando ven a sus progenitores reaccionar con miedo ante algo nuevo, también pueden sentir más temor y evitar ese estímulo. Los efectos observados fueron pequeños o moderados, pero ayudan a entender cómo alguien que ha sufrido un trauma puede transmitir a sus hijos una mayor sensación de peligro o más dificultades para manejar las emociones.

Pero esto no significa que los hijos inevitablemente desarrollen un trastorno. Para que ocurra es necesario que participen otros factores como el temperamento, la influencia de los cuidadores, el apoyo social, las experiencias posteriores o la capacidad del sistema nervioso para seguir cambiando.

¿Y el embarazo?

El estrés intenso durante la gestación puede modificar los niveles de hormonas, producir inflamación y alterar el metabolismo y el funcionamiento de la placenta. Esas señales forman parte del ambiente en el que madura el cerebro fetal, por lo que pueden asociarse con diferencias posteriores en la conectividad cerebral, la regulación emocional y, una vez más, la respuesta al estrés.

Sin embargo, la ciencia indica que los efectos observados en humanos pueden variar y que resulta difícil separar el estrés de otros factores como la salud de la madre, la pobreza, la nutrición o el ambiente después del nacimiento.

En todo caso, sería más preciso hablar de programación prenatal que de herencia entre generaciones. Durante el embarazo, el feto está directamente expuesto a los cambios hormonales, metabólicos e inmunitarios que se producen en el organismo materno. Por eso, si más adelante se observa alguna diferencia en el hijo, no puede afirmarse que una señal biológica se haya transmitido de una generación a otra sin exposición directa.

La epigenética

La epigenética estudia los mecanismos que regulan la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN como, por ejemplo, la metilación. Existen pruebas en animales que indican que algunas señales ambientales pueden afectar a los descendientes a través los gametos.

Sin embargo, es mucho más difícil demostrarlo en humanos, pues la genética, el embarazo, la crianza, la cultura y las condiciones sociales se transmiten al mismo tiempo, mientras que gran parte de las marcas epigenéticas se reorganizan durante la formación de los gametos y el desarrollo embrionario.

Un estudio publicado el pasado año encontró, en 131 miembros de tres generaciones de familias sirias, patrones de metilación asociados con la exposición a la violencia. Aunque es un resultado cuanto menos llamativo, este trabajo no prueba irrefutablemente que se herede un trauma mental. Entre otras cosas porque se analizaron células bucales, porque el número de sujetos de estudio fue reducido y porque los propios autores indicaron que sería necesario realizar una validación. Una marca epigenética puede ser causa, consecuencia o, simplemente, un indicador de una exposición.

Heredamos posibilidades

Con todo, la conclusión más prudente es que no heredamos los recuerdos traumáticos de nuestros antepasados. Sí que podemos recibir genes que influyen en nuestra sensibilidad al estrés, sobre todo si nuestra madre vivió un embarazo complicado o, desafortunada e injustamente, crecimos en una familia que vivía bajo peligro.

Toda esa transmisión es real, pero también lo es nuestra capacidad de adaptación, tener relaciones seguras, disfrutar de mejores condiciones de vida y poder acceder a terapias eficaces que modifiquen los circuitos del miedo.

La biología transmite posibilidades, no condenas. O, tal y como aparece en un titular de otro artículo en The Conversation, los genes no son el destino.

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Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

– ref. ¿Heredamos los traumas de nuestros padres? No exactamente – https://theconversation.com/heredamos-los-traumas-de-nuestros-padres-no-exactamente-286448

De India para el mundo: cinco escritoras contemporáneas que muestran los desafíos del mundo ‘glocal’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Diego Sánchez, Profesor Titular de Estudios Postcoloniales en el Dpto. de Filología Inglesa, Facultad de Filología, Universidad de Salamanca

Cuatro mujeres caminan por el templo de Veerabhadra (Andhra Pradesh, India). Alexandre Nomad/Shutterstock

India siempre remite a contradicciones, estereotipos e imágenes que se superponen de generación en generación. Contiene muchas Indias y las representaciones culturales sobre y desde las muchas realidades que coexisten en el país muestran alternativas que quedan escondidas en dicotomías como progreso/pobreza o tradiciones/globalización.

Escritores como Rabindranath Tagore, Abdulrazak Gurnah o Asha Miró han mostrado que India es más que un espacio geopolítico o un constructo cultural. Ellos han descrito una realidad compleja que dice mucho de las dinámicas históricas, transnacionales y contemporáneas.

Las últimas obras de Arundhati Roy, Mi refugio y mi tormenta, y de Anuradha Roy, Llamada por las montañas, ocupan los ránquines de obras más importantes a nivel internacional en este último año. Ambas reflejan una corriente contemporánea de escritoras indias que escriben en inglés y son traducidas a multitud de lenguas. Sus historias muestran el día a día en India y también las dinámicas, incógnitas y desigualdades del mundo global actual.

Cinco puntos de vista

Ya antes de estos libros, otras escritoras traducidas al castellano demostraron lo mucho que tenían que contarle las mujeres de India al resto del mundo. Estas autoras nos permiten entender dinámicas de glocalidad. Glocalidad es un neologismo que ilustra las tensiones entre lo “global” y lo “local” para estudiar fenómenos internacionales actuales (comercio, internet, geopolítica, literatura, cine) y sus interacciones con las construcciones locales de saberes, lugares y culturas.

Sus narrativas construyen un mapa cultural y cognitivo que evalúa cómo nacen, conviven y qué problemas desarrollan estas relaciones glocales.

Arundhati Roy

Portada de Mi refugio y mi tormenta, de Arundhati Roy

Penguin Books

Contar historias en primera persona añade y evalúa los efectos y matices de compartir las propias narrativas. En Mi refugio y mi tormenta, Arundhati Roy desvela, a través de la relación con su madre, cambios históricos en India, las diferencias que existen entre el estado de Kerala y la megalópolis de Nueva Delhi, o las dificultades legales con las que se encuentran las mujeres para acceder a la propiedad privada y para desarrollar su propia carrera profesional.

La obra utiliza, a través de las diferencias generacionales que también se veían en su obra más famosa, El dios de las pequeñas cosas, la rabia como cartografía afectiva. Roy invita a que todos, individualmente, reaccionemos para combatir de forma colectiva la brecha de género global, no solo india.

Anuradha Roy

Portada de Llamada por las montañas, de Anurhada Roy

Fiordo Editorial

Esta pulsión de afecto y compromiso está también presente en Llamada por las montañas, en la que Anuradha Roy cuenta su vida en un pueblo remoto del estado de Uttarakhand. La escritora relata un cambio de paradigma en el que no escribe sobre las montañas, su fauna o el bosque, sino que plantea qué y cómo se ha permitido contar (o no) el bosque, la montaña, las flores o los leopardos.

El libro es testimonio de la convivencia entre especies compañeras y los dilemas que el capitalismo y la geopolítica internacional hacen llegar a la ciudad de Ranikhet, al norte del país. Se cuenta, por ejemplo, cómo la irrupción de la covid-19 en un lugar tan alejado reflejó las dinámicas de subsistencia rural y los retos globales que presenta esto y que, en materia de sanidad, renta mínima y alimentación, aún no tienen respuesta.

Anita Nair

Además de ser colaboradora de alto perfil para la Agencia de la ONU para los Refugiados, Anita Nair es una de las escritoras indias más vendidas del mundo. En novelas como El vagón de las mujeres o Las nueve caras del corazón describe estados del sur de India, como Karnakata, y señala el control ejercido por el sistema de castas, la dificultad en el acceso a la educación o la discriminación por clase social. Las descripciones de sus novelas siempre incluyen viajes y contactos entre distintas mujeres que reflejan las prioridades y desigualdades locales y globales.

Tishani Doshi

Bailarina además de escritora, Tishani Doshi vive en un pueblo pesquero del estado de Tamil Nadu. En Los buscadores de placer cuenta los efectos de las dinámicas globales en el cambio climático. Destaca en ella las influencias de lugares y generaciones distintas para establecer un escenario común de emergencia ante catástrofes naturales.

Meena Kandasamy

La necesidad de cambios legales y políticos son descritos en Cuando te golpeo, la autoficción que Meena Kandasamy escribe sobre la violencia de género e institucional que padeció. Recoge en ella las brutalidades sistémicas que sufren las mujeres y, ante un problema global, añade parámetros locales indios que influyen en él, como el sistema de castas y la censura mediática. Estas situaciones también han sido denunciadas por escritoras en la diáspora como Jhumpa Lahiri, Bharati Mukherjee o Kiran Desai.

Lo local y lo global

Nos enfrentamos a desafíos contemporáneos cuyas ramificaciones son tanto globales como locales. Hablamos de la desigualdad de género, cambio climático, radicalización política y racismo de clase y casta. Las escritoras indias mencionadas comparten metáforas y vivencias locales que ayudan a calibrar la magnitud transnacional que exige confrontar estos problemas de manera global y local, aprendiendo de la interconexión de cada lugar y su tiempo.

El faldón publicitario de Mi refugio y mi tormenta la describe como “un acontecimiento mundial”. Su autora, Arundhati Roy, ya ha avisado de que India funciona como un laboratorio de dinámicas de control para el mundo. Las lecturas mencionadas nos advierten desde India para el mundo. Tejen una agenda que enlaza lo global con lo local y alarman sobre las emergencias a las que se enfrenta un planeta en el que deben convivir especies y generaciones compañeras.


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Jorge Diego Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De India para el mundo: cinco escritoras contemporáneas que muestran los desafíos del mundo ‘glocal’ – https://theconversation.com/de-india-para-el-mundo-cinco-escritoras-contemporaneas-que-muestran-los-desafios-del-mundo-glocal-284042

El país de los 30 minutos: España aprueba una estrategia para vivir en un pueblo con todos los derechos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén López Tárraga, Investigadora en el Grupo de investigación Territorio, Innovación y Desarrollo (TEIDE), Universidad Complutense de Madrid

Calles de Santa Cruz de los Cuérragos (Zamora), localidad que quedó despoblada a finales de los años 90 y que con el inicio del siglo XXI comenzó a recuperar población. Ana Belén López Tárraga

Durante años, hablar de los pueblos vacíos en España producía pena o resignación. Parecía que la marcha de la gente a las ciudades era un destino inevitable. Para intentar frenarlo, los gobiernos solían aplicar ayudas económicas puntuales como medidas de emergencia.

Sin embargo, el pasado 14 de julio el Gobierno aprobó la II Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico.

Este plan propone una idea muy distinta: ya no se trata de “salvar” pueblos por nostalgia ni de buscar habitantes a la fuerza. Su objetivo principal es garantizar que cualquier persona tenga el derecho a decidir libremente dónde quiere vivir. Se busca asegurar las mismas oportunidades tanto en la gran ciudad como en el municipio más pequeño.

La despoblación es una cuestión de derechos

La pérdida de habitantes en el medio rural no es un problema aislado, sino la consecuencia de no tener garantizados ciertos derechos básicos. Este diagnóstico no surge por intuición, sino mediante datos socioeconómicos y demográficos precisos.

Trabajos como el Informe Noroeste muestran cómo el envejecimiento de la población y la dispersión geográfica aumentan la brecha con las ciudades.

Si vivir en un pueblo supone renunciar a un buen transporte, a un médico cerca o a una conexión a internet de alta velocidad, no hay una libertad real. Vivir en un sitio u otro acaba marcando la diferencia entre tener derechos o no tenerlos.

Estación ferroviaria de Lubián (Zamora), sin servicio de viajeros desde 2013.
Ana Belén López Tárraga

Para solucionar esto, la estrategia crea el Mecanismo Rural de Garantía. Esta medida obliga a evaluar cualquier futura norma antes de aprobarla para comprobar que no perjudique al entorno rural.

También se impulsa el plan “País de los 30 Minutos”. Su diseño incluye la elaboración de un estudio de zonificación y delimitación de áreas que analiza cómo se mueve la población y dónde faltan servicios esenciales. Su meta es reorganizar la sanidad, la educación y los servicios sociales para que todo el mundo tenga acceso a ellos a media hora de su casa.

Además, un observatorio técnico estudiará el mapa nacional mediante el Sistema Integrado de Datos Municipales. Esta plataforma recopila miles de datos sobre empleo, servicios y población.

Gracias a esta información pública, la estrategia orientará el dinero público según evidencias científicas y necesidades reales, no por intereses políticos.

¿Quién se encarga de cada cosa?

Llevar a cabo estas medidas es una tarea compleja en España. La responsabilidad se reparte entre tres niveles de gobierno que deben coordinarse muy bien.

El Gobierno central se encarga de los grandes marcos normativos, las telecomunicaciones, la energía y los transportes principales, mientras que las comunidades autónomas gestionan el día a día de la educación, los centros de salud y las carreteras regionales.

Contador de días sin médico durante 2022 en el consultorio médico de Monumento (Zamora).
Ana Belén López Tárraga

Por su parte, los ayuntamientos y las diputaciones son la primera línea de atención a la ciudadanía. Para compensar su falta de medios técnicos y económicos, las diputaciones desempeñarán un papel clave consistente en agrupar servicios y ayudar a los municipios pequeños a gestionar proyectos y fondos.

Tecnología, energías renovables y empleo local

En el año 2007 ya se intentó implantar un plan similar, pero la crisis económica frenó sus avances. Afortunadamente, la situación actual es muy distinta y ofrece mejores oportunidades.

España ha avanzado mucho en tecnología digital en los últimos años. Hoy la fibra óptica y la red 5G llegan a más zonas rurales que en la mayoría de países europeos.




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A esto se suma el crecimiento del teletrabajo y el impulso de las energías renovables. El gran reto ahora es evitar que las zonas rurales se usen solo para instalar molinos o placas solares sin dejar beneficios.

Huerto solar instalado entre las localidades rurales de Trabanca y Cabeza de Framontanos (Salamanca).
Ana Belén López Tárraga

Para lograr entornos habitables y comunidades resistentes, las inversiones estratégicas deben crear empleo sostenible. Un ejemplo claro es la gestión preventiva de incendios forestales: cuidar los montes todo el año genera puestos de trabajo locales, limpia el entorno y protege a los pueblos frente al cambio climático.




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¿Se puede frenar la despoblación con una estrategia?

Ningún plan público puede obligar a las personas a quedarse a vivir en un lugar concreto. Ni tampoco puede frenar por completo el crecimiento de las grandes ciudades.

Sin embargo, una estrategia bien diseñada sí puede eliminar las desventajas injustas de vivir fuera de las metrópolis. No se debe penalizar a quien elige quedarse en su municipio.

Diseñar medidas contra la despoblación no consiste en decidir cuántos habitantes debe tener cada pueblo. Consiste en garantizar con firmeza que el lugar donde decidas vivir jamás limite tus derechos, tus oportunidades ni tu calidad de vida.

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Ana Belén López Tárraga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El país de los 30 minutos: España aprueba una estrategia para vivir en un pueblo con todos los derechos – https://theconversation.com/el-pais-de-los-30-minutos-espana-aprueba-una-estrategia-para-vivir-en-un-pueblo-con-todos-los-derechos-288057