El café de especialidad es, como bien dice su nombre, un café “especial”, singular. Pero ¿por qué? ¿Qué lo hace diferente al resto?
Pues el secreto está en su procesamiento. En el fruto del café existen varias capas que se deben tener en cuenta para poder comprender los pretratamientos a los que se ve sometido. La capa más externa es la cáscara, seguida de una capa de pectina, también llamada pulpa y, finalmente, en el centro, se encuentra la semilla (el café verde), que se conoce como almendra.
Los cafés de especialidad, tras ser recolectados, sufren tres tipos de pretratamientos que modifican el sabor y aroma del café final: lavado, honey y natural.
Para obtener el café lavado, se separa la cáscara de la almendra con su cubierta de pectina. Posteriormente se lava con agua para eliminar la pulpa y se lleva a cabo un proceso de fermentación.
En el café honey solo se realiza el proceso de descascarillado para eliminar la cáscara, llevándose a cabo posteriormente la fermentación y el secado de la almendra recubierta de la capa de pectina.
Por último, en el café natural todo el fruto (con todas sus capas) se ve expuesto al proceso fermentativo y de secado.
Cada uno de estos pretratamientos otorga al café de especialidad características de sabor y aroma diferentes antes de su tostado.
El proceso de tostado
El grano de café verde, aunque se haya sometido a los pretratamientos comentados anteriormente, carece de los matices del tostado. Es en este proceso, al aplicar temperaturas den 170 °C y 220 °C , cuando se permite llegar al grano al punto de ruptura para conseguir unas propiedades organolépticas óptimas.
En el caso de que el tostado sea demasiado ligero, tendremos notas más similares al café verde, con mayor acidez y menor amargor; sin embargo, cuando el tostado es más intenso, el café adquiere un perfil mucho más amargo y menos ácido.
Un ejemplo de café muy tostado es el café torrefacto, que se consume bastante en España (aunque está prohibido en varios países de la Unión Europea). Se tuesta junto con azúcar a altas temperaturas, dando como resultado un café con notas a quemado, caramelo, tierra y carbón.
Café de especialidad vs comercial
El café de especialidad se diferencia del comercial en dos aspectos fundamentales.
En segundo lugar, el café de especialidad es avalado por la Speciality Coffee Association (SCA) mediante la realización de una cata, donde se valora el café con un número comprendido entre el 0 y el 100. Así, el café solo será considerado de especialidad si este valor se encuentra por encima de 80.
Esto implica que la etiqueta “de especialidad” otorga importancia a la calidad, trazabilidad y sostenibilidad de toda la cadena productiva y de distribución, mientras que el café comercial busca un precio más bajo en detrimento de la calidad.
Beneficios nutricionales
El café de especialidad presenta grandes beneficios nutricionales frente al café comercial estándar. Se debe a que su riguroso proceso de fabricación garantiza la presencia de compuestos bioactivos.
Cambios en la expresión de los genes: ciertos estudios demuestran que el café, gracias a sus compuestos bioactivos, puede modificar la activación de genes en patologías como el cáncer de colon, la leucemia y el cáncer de mama, entre otros.
Cambios en la microbiota intestinal: su consumo puede favorecer una microbiota intestinal más diversa, con una mayor capacidad antiinflamatoria.
En conclusión, el café de especialidad no solo es una bebida con unas características sensoriales superiores a la del café comercial, sino que también posee unos beneficios nutricionales que hacen de este alimento un potenciador de la salud humana.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Professor de Direito Internacional, Relações Internacionais e Geopolítica/Geoeconomia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja
La diplomacia clásica encontró en los salones recién pintados de las cancillerías y en las mesas de negociación su espacio natural. Hoy esa escena se ha trasladado al ciberespacio, un ámbito en el que la soberanía de los Estados se mide por su capacidad para gestionar, proteger y compartir datos.
Bajo el paraguas de la diplomacia cibernética –o diplomacia de datos– los gobiernos y las instituciones internacionales debaten la regulación de flujos de información, la defensa frente a ciberataques y el establecimiento de protocolos comunes para el cifrado y la certificación de identidades. El impulso por colocar la información en el centro de la acción exterior revela un cambio profundo: los datos se han convertido en un recurso estratégico equivalente al petróleo o al acero.
Oportunidades y obstáculos para liderar el sector
En este contexto, España cuenta con ventajas singulares. Su red de centros de datos se alinea con cables submarinos que la vinculan directamente con América Latina, que le otorga una posición geoestratégica única. La implementación temprana del Reglamento General de Protección de Datos y el prestigio de la Agencia Española de Protección de Datos consolidan una reputación de rigor que resulta atractiva para socios europeos y latinoamericanos.
No obstante, la fragmentación competencial entre el Estado y las comunidades autónomas dificulta la convergencia en una sola voz. El artículo 149.1.29 de la Constitución reserva al Estado la competencia exclusiva en materia de seguridad pública –que abarca la ciberseguridad–, mientras que las comunidades autónomas gestionan de forma independiente sus propios sistemas de respuesta, el SOC de la Comunidad de Madrid o el CERT de la Generalitat de Cataluña), lo que obliga a sincronizar procedimientos entre múltiples instituciones antes de hablar con la UE.
Para minimizar este problema, movimientos como el Foro Nacional de Ciberseguridad –impulsado en julio de 2020 por el Centro Criptológico Nacional y el Departamento de Seguridad Nacional y que integra a ministerios, INCIBE, CCN-CERT, universidades y empresas– están comenzando a sentar las bases de una estrategia nacional coordinada.
Retraso en cumplir la normativa
Estas nuevas dinámicas buscan consolidar una coordinación indispensable. La Directiva (UE) 2022/2555, conocida como NIS 2, obliga a las entidades de 18 sectores críticos a implantar un sólido sistema de gestión de riesgos, notificar incidentes en un plazo de 24–72 horas, reforzar la cooperación transfronteriza y exigir la rendición de cuentas de sus máximos responsables. Esta norma ha intensificado la presión de Bruselas sobre España, que aún no ha completado su transposición y se expone a posibles sanciones por parte de la Comisión Europea.
La mayoría de los Estados miembros de la UE ya han incorporado la Directiva NIS2 a su ordenamiento, pero España sigue pendiente de culminar el proceso legal y no notificó a la Comisión Europea la aprobación definitiva de su Ley de Coordinación y Gobernanza de la Ciberseguridad dentro del plazo previsto (principios de julio de 2025). Como resultado, sigue abierto el procedimiento de infracción y el país podría ser condenado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, lo que supondría sanciones y, sobre todo, comprometería la eficiencia del escudo cibernético europeo, dificultando la plena integración de España en el sistema europeo de respuesta y alerta mientras empresas y administraciones continúan sujetas a las normativas previas de ciberseguridad, en un momento crítico de creciente sofisticación de los ciberataques.
El talento investigador español contribuye en el fortalecimiento de esta iniciativa. Equipos de la Universidad Politécnica de Madrid, de la UPV/EHU y de la Universidad de Málaga lideran proyectos en ciberseguridad y análisis masivo de datos. Sus publicaciones y colaboraciones con organismos internacionales demuestran que España participa activamente en el Internet Governance Forum de la ONU, en comités de la OCDE y en grupos de trabajo de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Cada una de estas plataformas sirve como escenario para exponer propuestas, intercambiar mejores prácticas y forjar alianzas que trascienden fronteras.
Alianzas necesarias para lograr un objetivo
La diplomacia de datos demanda vínculos con el sector privado y con la sociedad civil. Google, Microsoft, Amazon, Meta y Apple actúan como interlocutores influyentes, capaces de impulsar inversiones en infraestructuras estratégicas y de negociar criterios de cumplimiento normativo. En España, las conversaciones con proveedores de hardware, con empresas de servicios en la nube y con operadores de telecomunicaciones han permitido diseñar una hoja de ruta que no sacrifica la protección de datos personales a cambio de potenciar la innovación. Resulta necesario afianzar esas relaciones, fomentando alianzas público-privadas que permitan convertir las políticas de datos abiertos en un motor de desarrollo económico responsable.
La propuesta de conectar Europa con América Latina y el Caribe mediante un corredor digital seguro capitaliza el valor geográfico y cultural de España. Madrid, Lisboa y Santos (Brasil) podrían constituir nodos fundamentales de intercambio de información respetando normativas homogéneas. Un proyecto de este tipo serviría para impulsar la investigación, facilitar la movilidad académica y fortalecer la cooperación en áreas como la salud pública, el cambio climático y la seguridad alimentaria. La diplomacia académica tendría un papel decisivo en este planteamiento, convocando foros internacionales en Barcelona y Madrid que reúnan a diplomáticos, técnicos y representantes del sector tecnológico.
El ámbito de la ciberseguridad cooperativa exige también una respuesta coordinada. Prevenir ataques a infraestructuras críticas, como redes eléctricas o sistemas hospitalarios, requiere mecanismos de alerta temprana y canales confidenciales de intercambio de información. España dispone de propuestas de colaboración con países vecinos para la creación de un centro europeo de excelencia en ciberinteligencia que agrupe a Portugal, Italia y Grecia en un esfuerzo conjunto. Esa iniciativa reflejaría una visión compartida y reforzaría la capacidad de respuesta frente a amenazas que traspasan cualquier frontera.
Grandes retos para España
La formación de profesionales en diplomacia digital constituye otro pilar esencial. Instituir cátedras especializadas en universidades nacionales y desarrollar programas de posgrado orientados a la gestión de datos en el ámbito internacional incrementaría la masa crítica de expertos. Eventos organizados en sedes universitarias y centros de congresos permitirían articular un diálogo permanente entre la academia, la Administración y la industria. Esta diplomacia académica alimentaría la práctica diplomática con análisis rigurosos y casos de estudio aplicables en cada negociación.
España ha avanzado en la regulación de la localización de datos y en la adopción de estándares internacionales de cifrado, pero mantiene dependencia de proveedores extraeuropeos de hardware. Cubrir esa debilidad exige impulsar la industria nacional de servidores y componentes de red, fomentando un ecosistema de startups capaz de competir con polos tecnológicos de Berlín, Londres o Estocolmo. El respaldo institucional a través de ayudas a la innovación y a fondos de capital riesgo especializados en ciberseguridad resultaría determinante para consolidar un tejido emprendedor robusto.
Horizontes de la diplomacia de datos española
La diplomacia de los datos no puede entenderse sin una participación activa de la ciudadanía. Generar conciencia sobre la importancia de la protección de datos, la soberanía digital y la ética en el uso de la información es condición previa para que los acuerdos internacionales cuenten con un respaldo social sólido. Iniciativas de formación en centros educativos y campañas de divulgación contribuirían a cerrar brechas de conocimiento y consolidar un entorno en el que las estrategias de ciberdiplomacia cuenten con legitimidad democrática.
Su construcción con sello español requiere combinar la fortaleza en protección de datos, la infraestructura de conectividad y el talento académico con una estrategia coordinada entre administraciones y con la sociedad civil. Transformar a España en referente de esta nueva frontera de la influencia global depende de alcanzar un equilibrio entre la innovación tecnológica y la protección de derechos, consolidar corredores digitales con América Latina y articular un ecosistema público-privado vibrante. De prosperar este planteamiento, España hablará con autoridad en el idioma universal de los datos.
Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ramon Aguado, Doctor en Física Teórica que trabaja en materiales cuánticos en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM) como Investigador Científico, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
El premio Nobel de Física 2025 ha recaído en John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis. Niklas Elmehed / Nobel Prize Outreach.
Huevos y péndulos cuánticos en un chip
Para entender la magnitud de su logro, es útil recurrir a una analogía “casera”. Imaginemos un cartón de huevos con un huevo en uno de los huecos. Si inclinamos ligeramente el cartón, con mucho cuidado, el huevo sigue en su hueco, en una posición bien definida. Algo similar ocurre si empujamos ligeramente un péndulo: oscilará levemente alrededor de su posición estable antes de que la gravedad le haga regresar a su punto de equilibrio. En ambos ejemplos, el huevo y el péndulo están en su estado de mínima energía, estable y predecible, como dicta la física clásica.
Ahora, imaginemos lo imposible: que el huevo, al inclinar levemente el cartón, apareciese mágicamente en el hueco contiguo, como si hubiera atravesado la pequeña protuberancia de dicho cartón, la “barrera de potencial”, que los separa. Este fenómeno, impensable en nuestra experiencia cotidiana, es el efecto túnel en física cuántica.
El efecto túnel gobierna algunos de los procesos fundamentales del universo. Es el responsable de la desintegración radiactiva de núcleos atómicos pesados y hace posible la fusión nuclear que alimenta a las estrellas.
Pero su influencia va mucho más allá: el efecto túnel y la superconductividad, el fenómeno que permite a los materiales conducir electricidad sin resistencia, han estado extraordinariamente presentes en la historia de los Premios Nobel.
Esta teoría explica que la clave para entender la superconductividad es la formación de pares de Cooper, parejas de electrones que, a temperaturas extremadamente bajas, se acoplan en vez de repelerse.
Estos pares se comportan como una sola entidad cuántica, con una función de onda macroscópica con una fase coherente bien definida. Y dan lugar a un maravilloso ejemplo de fenómeno emergente en física de la materia condensada: de la interacción de billones de electrones surge un estado colectivo con propiedades que no existen a nivel individual.
Inspirándose en estas ideas rompedoras de la teoría BCS y en los experimentos de Ivar Giaever sobre el efecto túnel, el físico Brian Josephson realizó una predicción audaz en 1962. Postuló que una corriente eléctrica, compuesta por estos pares de Cooper, podría atravesar por efecto túnel una barrera aislante que separase dos superconductores (una configuración hoy en día conocida como “unión Josephson”). Esta “supercorriente” podría fluir eternamente, sin resistencia y sin necesidad de aplicar un voltaje, desafiando la comprensión clásica de la electricidad. Ambos compartirían el premio Nobel de Física en 1973.
Por último, Anthony Leggett (Nobel en 2003) desarrolló las bases teóricas para entender la coherencia cuántica a escala macroscópica.
Los primeros pasos de un Nobel
Alrededor de 1985, John Clarke, profesor en la Universidad de California en Berkeley, propuso a Michel Devoret (investigador postdoctoral) y a John Martinis (investigador predoctoral) un experimento crucial que fusionaba conceptos fundamentales de superconductividad y mecánica cuántica. El objetivo era demostrar experimentalmente que la fase cuántica colectiva de los pares de Cooper en una unión Josephson –una variable electromagnética macroscópica– exhibía efectos cuánticos observables.
Su configuración experimental permitió detectar el efecto túnel macroscópico de la fase superconductora entre dos estados de energía potencial, equivalente al salto cuántico de un sistema colectivo formado por millones de pares de Cooper.
Volviendo a nuestra analogía del huevo: el estado de supercorriente sin voltaje es como el huevo en reposo en su hueco. Pero, cuánticamente, existe una probabilidad de que el huevo “cambie” de hueco. Esta imagen es físicamente muy poderosa porque el potencial energético que describe el efecto Josephson puede visualizarse precisamente como el cartón de huevos, donde la fase cuántica del estado superconductor representa la posición efectiva en ese cartón.
Igual que nuestro huevo cuántico puede cambiar de hueco mediante efecto túnel, la fase del estado superconductor puede realizar saltos cuánticos entre diferentes estados. Este fenómeno, traducido al circuito eléctrico, se manifiesta como un voltaje medible donde antes el voltaje era nulo.
En busca del “átomo artificial”
Esta medición directa del efecto túnel coherente de una variable macroscópica representó un avance fundamental, pues demostraba de manera incontrovertible que las leyes cuánticas gobiernan no solo a las partículas subatómicas, sino también estados colectivos en sistemas superconductores macroscópicos.
Pero Clarke, Devoret y Martinis fueron más allá. Así como los átomos absorben y emiten luz de colores (frecuencias) muy específicas, lo que revela sus niveles de energía cuantizados, sus experimentos demostraron que su circuito superconductor solo respondía a frecuencias de microondas muy concretas, con transiciones precisas, cuya vida media dependía del nivel energético.
Esto probó de manera espectacular que el chip no solo presentaba efecto túnel, sino que se comportaba como un “átomo artificial”. De nuevo, podemos usar nuestra imagen del cartón de huevos, esta vez como un conjunto de pozos de potencial: un sistema cuántico diseñado a medida con estados energéticos discretos y cuantizados.
Del laboratorio a la revolución cuántica
El legado de este experimento, sin embargo, resultó ser mucho más trascendental. Aquel “átomo artificial” creado en Berkeley se convirtió en el primer ladrillo para demostrar un cúbit –unidad básica de información en la computación cuántica– superconductor. La conexión no es meramente conceptual: el dispositivo superconductor phase qubit, uno de los primeros diseños, utilizaba precisamente el efecto túnel macroscópico para leer el estado cuántico, del mismo modo que lo hicieron los galardonados en 1985.
La carrera práctica comenzó en 1999, cuando Y. Nakamura, Yu. A. Pashkin y J. S. Tsai observaron por primera vez en la compañía NEC en Japón oscilaciones cuánticas coherentes en una pequeña isla superconductora, un electrodo microscópico donde los pares de Cooper quedan confinados. Aunque estas primeras oscilaciones solo duraban 3 nanosegundos, este frágil primer paso inspiró diseños más robustos. Poco después, a principios de la década de 2000, se demostraron oscilaciones coherentes en phase qubits.
Computación con cúbits, una realidad
Desde aquellas primeras demostraciones hasta los cúbits modernos, la tecnología de circuitos superconductores –que es la base de los procesadores cuánticos con cientos de cúbits que desarrollan compañías como Google e IBM– ha tenido unos avances espectaculares en apenas 25 años. En la actualidad se han observado cúbits que mantienen su coherencia cuántica hasta varios milisegundos, ¡un millón de veces más que aquellos primeros 3 nanosegundos!
Los mismos fenómenos que han merecido el premio Nobel de este año ahora se replican y controlan a escala para ejecutar algoritmos que prometen revolucionar la criptografía, el descubrimiento de fármacos y la ciencia de materiales.
Sin embargo, para alcanzar estas promesas, aún debemos resolver un desafío tecnológico de enormes proporciones: escalar masivamente el número de cúbits –de cientos a millones– y combatir la decoherencia –proceso cuántico en el que un sistema pierde sus características cuánticas (como la superposición o el entrelazamiento) al interactuar con su entorno–.
Precisamente, esta búsqueda colectiva de soluciones subraya el valor de la investigación fundamental: el trabajo de Clarke, Devoret y Martinis muestra que la ciencia guiada por la curiosidad es, con frecuencia, la que acaba marcando la dirección de las futuras revoluciones tecnológicas.
Ramon Aguado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
En tiempos de notificaciones constantes, mensajes que reclaman una respuesta inmediata y un flujo incesante de información, la atención se ha convertido en un recurso escaso. No solo es difícil concentrarse, también lo es sostener la concentración el tiempo suficiente para profundizar en una idea, un problema o un texto.
La filósofa francesa Simone Weil (1909-1943) propuso hace casi un siglo una concepción de la atención que, lejos de quedar obsoleta, sigue hoy más vigente que nunca. En 1942 escribió el ensayo Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares como medio de cultivar el amor a Dios. Lo dirigió al dominico Joseph-Marie Perrin, como guía para acompañar a jóvenes cristianos. Aunque el texto tiene un trasfondo religioso, sus ideas pueden leerse en clave universal.
‘Aquel que pasa sus años de estudio sin desarrollar la atención pierde un gran tesoro’
En la vida académica y profesional solemos asociar prestar atención con hacer un esfuerzo sostenido. Weil rompe con esta visión. Para ella, atender no consiste en contraer la mente como un músculo, sino en abrirla. Es un acto de receptividad, no de tensión.
“La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío y penetrable al objeto”, escribe. No se trata de forzar la solución, sino más bien de crear el espacio interior donde pueda aparecer lo que buscamos. Atender es, en gran medida, una manera de esperar.
Esta forma de entender la atención tiene implicaciones profundas en la educación. Para Weil aprender no es solo una cuestión de memoria, técnica o voluntad. Así, cuestiona la idea de que trabajar mucho deba equivaler a fatigarse. Propone, en cambio, un ritmo natural, como la respiración: se inspira y se espira. En sus palabras: “Veinte minutos de atención intensa y sin fatiga valen infinitamente más que tres horas de esa dedicación de cejas fruncidas”.
Aprender como fin en sí mismo, no como medio
La pensadora llega a afirmar que “la facultad de atención es el objetivo verdadero y casi el único interés de los estudios –escolares–”; lo que significa que, aunque olvidemos fechas, datos o fórmulas, el hábito de prestar atención permanece. Por eso considera que todas las materias, incluso las que parecen alejadas de nuestras afinidades, son valiosas como campo de práctica.
Imaginemos que un estudiante de letras se enfrenta a un problema de geometría que no logra resolver. Según la lógica habitual, ese tiempo podría considerarse “perdido” porque no ha encontrado la solución. Para la filósofa, en cambio, el esfuerzo atento servirá después para leer un poema, escuchar a un amigo o tomar una decisión importante. También Leonardo Da Vinci recomendaba a sus discípulos que contemplaran una pared blanca durante horas hasta hallar inspiración. Lo esencial no es el contenido puntual, sino la disposición interior que florece en la atención sostenida.
Portada del libro en francés de Simone Weil en el que habla de la atención, Attente de Dieu. Wikimedia Commons
Además, la inteligencia se mueve únicamente por el deseo, y ese deseo necesita de la alegría para mantenerse vivo. “La alegría de aprender –escribe– es tan indispensable para el estudio como la respiración para el atleta”. Sin placer, el esfuerzo se convierte en una tensión dolorosa.
¿Prestar atención nos hace mejores?
Weil insiste en que la atención verdadera exige humildad. Reconocer que no sabemos, que quizás nos hemos equivocado, que necesitamos volver atrás y mirar de otro modo. Este reconocimiento no es una derrota, es parte del proceso. Al vaciar la mente de certezas apresuradas, la dejamos libre para percibir conexiones y matices que antes no veíamos.
La leyenda del Grial sirve como ejemplo. En Perceval o el cuento del Grial (siglo XII), Chrétien de Troyes narra la historia del joven caballero Perceval y su llegada al castillo del Rey Pescador, guardián del Grial. El monarca sufre una herida misteriosa que vuelve estériles sus tierras.
Una de las pruebas del relato nos muestra que la consecución del propósito no depende de la fuerza. Perceval presencia una procesión en la que aparece el Grial, una copa sagrada y legendaria. Sin embargo, no pregunta: “¿Qué es el Grial? ¿A quién sirve?”. Versiones posteriores relacionarán ese silencio con el incumplimiento de su destino caballeresco: el héroe que podía restaurar la fertilidad del reino no logra cumplir su misión por falta de atención y compasión.
Weil retoma este gesto sencillo para señalar la repercusión de la atención fecunda en nuestra relación con el mundo, con nuestro presente, y con los otros. La humildad también está en mirar al otro y reconocerlo como único e irrepetible.
Contra la dispersión contemporánea
Aunque el ensayo de Reflexionestiene un trasfondo espiritual explícito –ella concibe la atención como la forma más pura de oración–, su propuesta puede entenderse fuera de un marco religioso. En el contexto contemporáneo, se acerca a lo que llamamos atención plena. Pero Weil no escribe sobre una estrategia para mejorar el rendimiento o la productividad, sino como un camino para dejar de imponer al mundo nuestros prejuicios y ampliar así nuestra capacidad de encuentro con lo real.
En el fondo, lo que está en juego es nuestra presencia. Cultivar la atención es aprender a mirar y a escuchar de tal modo que dejemos un espacio para que la verdad pueda aparecer, en cualquier ámbito de la vida. Si estamos atentos, estamos presentes.
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Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aritz Obregón Fernández, Investigador y profesor de Derecho internacional, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
Israel y Hamás han anunciado que han alcanzado un alto al fuego, que constituiría una primera fase de un acuerdo mayor inspirado en el plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Por el momento, no se ha publicado ningún texto del acuerdo, por lo que todas las informaciones se basan en declaraciones de las partes, en algunos puntos contradictorias.
A grandes rasgos, en esta primera fase de duración indeterminada, se daría un cese a las hostilidades, se permitiría la entrada de ayuda humanitaria, se realizaría un intercambio de personas retenidas y se produciría una retirada parcial de Israel a la zona de amortiguación dentro de la Franja de Gaza.
Hamás liberaría a las 20 personas que llevan en su poder desde el 7 de octubre de 2023, entregando de forma gradual los cuerpos de los fallecidos. Israel, por su parte, liberaría a 2 000 detenidos, 250 de ellos condenados a cadena perpetua, excluyendo a los implicados en el ataque del 7 de octubre.
Asimismo, hay informaciones que apuntan a que la retirada del ejército israelí solo se produciría después de la liberación de todos los rehenes retenidos y estaría condicionada al desarme de Hamás.
Primera fase de un plan en el aire
Lo cierto es que el alto al fuego anunciado no es el acuerdo de “paz fuerte, duradera y eterna” que buscaba el presidente estadounidense. En este sentido, es similar a la primera fase del acuerdo alcanzado en enero de 2025 que, sin lugar a dudas, supuso un respiro momentáneo para la población gazatí.
A partir de aquí, queda pendiente negociar el resto de los aspectos fundamentales: retirada de la Franja de Gaza, desarme y futuro papel de Hamás, creación y despliegue de la fuerza internacional y forma de gobierno de la Franja. El propio marco de acuerdo establecido por la propuesta de Trump y la experiencia reciente no invitan al optimismo.
Aunque los 20 puntos del plan de Trump tienen aspectos indudablemente positivos, como la liberación de personas retenidas ilegalmente, el restablecimiento de la ayuda humanitaria bajo la supervisión de Naciones Unidas, la renuncia al desplazamiento forzado y el fin de las hostilidades, adolece de unos elementos que en su origen socavan una resolución definitiva.
Por ejemplo, prevé la anexión ilegal de un “perímetro de seguridad” en Gaza, la creación de una fuerza internacional que podría constituir una nueva fuerza de ocupación o el establecimiento de un gobierno que excluye a la Autoridad Nacional Palestina, que quedaría supeditada a un organismo de naturaleza colonial.
La coacción estadounidense resumible en “genocidio u ocupación” no es ninguna solución, si bien es comprensible que para las víctimas este plan sea preferible a la continuación del genocidio.
El comportamiento de Israel durante el acuerdo de enero es otro aspecto que desalienta la posibilidad de que se alcance una paz definitiva. El ejecutivo israelí cumplió únicamente con la primera fase para tratar de recuperar al mayor número posible de rehenes, mientras saboteaba cualquier posibilidad de acuerdo y preparaba la Operación Poder y Espada.
En la medida en la que la correlación de fuerzas en el interior de Israel no cambie y, sobre todo, no renuncie a sus aspiraciones coloniales, la continuidad de estas negociaciones se fía a la voluntad de Trump.
Trump: un hombre en busca del Nobel de la Paz y del negocio
Es de dominio público que el presidente estadounidense ansía el premio Nobel de la Paz, galardón que está previsto que se anuncia este 10 de octubre. No en vano, en su peculiar campaña como candidato, durante su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, afirmó que había puesto fin a siete guerras. Un somero repaso evidencia que no estuvo implicado en la resolución de estos conflictos o, en su caso, se trató de acuerdos de marketing sin relevancia práctica.
Junto con esta aspiración personalísima se encuentra la necesaria reconstrucción de la Franja de Gaza, percibida como una oportunidad de negocio. Jared Kushner, el yerno de Trump y miembro de la delegación negociadora, animó a Israel a expulsar a la población local gazatí señalando que las propiedades costeras de la Franja podrían ser muy valiosas. Podríamos encontrarnos ante una explotación ilegal de los recursos palestinos sin su consentimiento, una práctica que violaría la soberanía permanente del pueblo palestino a sus recursos.
El resto de actores
La mayor parte de Estados, con los matices que se quieran hacer, han respaldado el plan de Trump. Destacan los países de la zona, que han presionado a Hamás para que acepte los términos del acuerdo. Su voluntad por recomponer cierto equilibrio en la región, que desde 2023 se ha ido inclinando en favor de Israel, y garantizar que los palestinos de Gaza no son expulsados a sus países, son garantía de que continuarán presionando a Hamás.
Quien destaca, por su inacción, es la Unión Europea y sus Estados miembros. Tradicionalmente implicados en los intentos de procesos de paz de Oriente Próximo, en esta ocasión no han jugado ningún papel. En este sentido, es remarcable la pasividad de la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, quien se ha limitado a aplaudir con seguidismo la labor estadounidense calificando el acuerdo de un “gran logro diplomático”.
Por el bien de la población gazatí, esperemos que se negocie una segunda fase, si es posible, en línea con la Declaración de Nueva York de septiembre, más acorde con el derecho internacional vigente.
Aritz Obregón Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
La Academia Sueca acaba de otorgarle al escritor húngaro László Krasznahorkai el Premio Nobel de Literatura, destacando su “obra visionaria y sin concesiones que explora las ruinas espirituales de la modernidad”. Aunque muchas de sus obras se han traducido al español, ¿qué se puede decir de él a quien todavía no haya leído nada de su literatura?
László Krasznahorkai nació el 5 de enero de 1954 en Gyula, una pequeña ciudad del sureste de Hungría, cerca de la frontera con Rumanía. Este entorno periférico, marcado por la historia y el aislamiento, influyó profundamente en su sensibilidad literaria.
Cursó la escuela primaria y secundaria en su ciudad natal, en el Instituto Erkel Ferenc, donde estudió en la sección de latín entre 1968 y 1972. Más tarde, estudió Derecho en la Universidad de Szeged y en la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) de Budapest, pero pronto abandonó los estudios jurídicos para dedicarse a la literatura y la filología húngara. Durante sus años universitarios comenzó a publicar sus primeros textos, entre ellos Tebenned hittem (“Creí en ti”, 1977), que llamó la atención por su estilo oscuro y filosófico.
Trayectoria literaria y estilo
Krasznahorkai es uno de los escritores húngaros más singulares y complejos de su generación. Su obra se caracteriza por una prosa densa, hipnótica y desafiante, con frases extremadamente largas y una estructura narrativa ininterrumpida. Su estilo combina la melancolía centroeuropea con una visión apocalíptica del mundo moderno, y en ocasiones incorpora influencias filosóficas orientales derivadas de sus viajes a China y Japón.
Sus textos abordan con frecuencia la desesperanza, la decadencia social, el colapso moral y la búsqueda de sentido en un universo desintegrado. El tono sombrío de su narrativa no excluye una profunda espiritualidad ni una sutil ironía.
Sátántangó (Tango satánico, 1985): su primera gran novela, ambientada en un pueblo abandonado tras la caída del comunismo. Es una alegoría sobre la corrupción, la fe y la manipulación colectiva. La versión cinematográfica de Béla Tarr (de más de siete horas de duración) consolidó la fama internacional de ambos artistas.
Az ellenállás melankóliája (Melancolía de la resistencia, 1989): explora la irrupción del caos en una comunidad provincial y el enfrentamiento entre el orden y el colapso moral.
Herscht 07769 (2021): esta narración está compuesta por una sola frase de cientos de páginas, ejemplo extremo de su dominio formal y su experimentación lingüística.
Además, ha publicado colecciones de relatos y ensayos que profundizan en los mismos temas: la soledad, la violencia y la imposibilidad de redención. Sus textos se han traducido a numerosos idiomas, y varios de ellos han sido adaptados al cine por directores como el ya citado Béla Tarr y György Fehér.
El Premio Nobel de Literatura 2025
A la hora de otorgarle el Nobel de Literatura, la Academia Sueca se ha basado en varios aspectos esenciales:
Una visión apocalíptica profundamente humana: Krasznahorkai describe un mundo en descomposición –social, moral y espiritual–, pero su escritura conserva una fe radical en el poder del arte. La Academia subrayó que su literatura “busca redención en medio del derrumbe”, un gesto que conecta con la tradición de autores como Franz Kafka o Samuel Beckett.
La herencia centroeuropea y la innovación formal: aunque se inscribe en la tradición centroeuropea, Krasznahorkai no la repite: la transforma. Su prosa recuerda la intensidad de Thomas Bernhard o la lucidez de Kafka, pero su tono es propio, casi musical. En sus frases interminables se refleja la obsesión por el tiempo, la percepción y el pensamiento continuo.
El riesgo estilístico y la experimentación: su uso del lenguaje es radical. Al rechazar la estructura tradicional de la novela, propone un flujo narrativo sin pausas que desafía al lector. Obras como Herscht 07769 son prueba de su voluntad de llevar la literatura al límite, donde la forma se convierte en una experiencia existencial.
Reconocimiento internacional: antes del Nobel, Krasznahorkai ya había recibido el Man Booker International Prize en 2015 por el conjunto de su obra. Críticos y escritores de todo el mundo lo han considerado una de las voces más originales de la literatura contemporánea.
El arte como resistencia: su literatura no ofrece consuelo, sino conciencia. En un tiempo marcado por la saturación de información y la pérdida de sentido, Krasznahorkai propone un acto de resistencia: la lentitud, la atención al lenguaje, la exploración interior. Esa ética de la escritura –exigente, profunda, sin adornos– es precisamente lo que la Academia quiso reconocer.
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Conciencia de nuestro tiempo
László Krasznahorkai es hoy una figura central de la literatura universal. Desde su infancia en Gyula hasta su consagración con el Premio Nobel, su trayectoria representa la fidelidad absoluta a una visión artística propia. En un mundo que busca la inmediatez, él reivindica la complejidad; frente a la superficialidad, ofrece profundidad; ante el caos, una forma literaria que lo contiene y lo trasciende.
Sus novelas, difíciles pero luminosas, recuerdan que el lenguaje puede ser un espejo de la desesperación y, al mismo tiempo, un instrumento de redención. Por ello, Krasznahorkai no solo es un escritor húngaro galardonado: es una de las conciencias más agudas de nuestro tiempo.
Dra. Emőke Jámbor no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Tras dos años de violencia y la muerte de 68 000 palestinos y más de 1 200 israelíes, la mayoría de ellos civiles, se ha informado de que Hamás y el Gobierno de Netanyahu firmarán un acuerdo de alto el fuego de fase 1. Esta es la primera parte de un plan de 20 puntos promovido por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y respaldado por los principales líderes árabes de la región.
Lo que sabemos hasta ahora es que Israel cesará su ofensiva militar en Gaza. Hamás, por su parte, ha acordado liberar a los 20 rehenes israelíes que aún siguen con vida en Gaza.
El editor de asuntos internacionales de The Conversation, Jonathan Este, ha hablado con Scott Lucas, experto en Oriente Medio de la University College Dublin, para analizar el pacto y su contexto.
¿En qué se diferencia este acuerdo de los anteriores?
Hasta que no tengamos más detalles, este acuerdo es similar a la fase 1 del alto el fuego de 60 días de principios de 2025. Hay una pausa en los asesinatos, especialmente por parte de Israel, pero aún quedan por confirmar las condiciones definitivas.
La diferencia clave es que Hamás solo liberó a algunos rehenes y entregó algunos cadáveres en el alto el fuego anterior. Esta vez están liberando a todos los rehenes y entregando todos los cuerpos que pueden recuperarse, a cambio de un número aún por anunciar de detenidos palestinos liberados de las prisiones israelíes.
Esto supone renunciar a la principal baza de Hamás no solo contra los ataques israelíes, sino también contra la ocupación del Gobierno de Netanyahu y su veto a la ayuda a Gaza.
Así pues, los elementos clave de un acuerdo duradero –el alcance de la retirada del ejército israelí, el restablecimiento de la ayuda, el establecimiento de la gobernanza y la seguridad en la Franja– dependerán de las garantías y de quién las proporcione.
¿Cuáles son los posibles puntos conflictivos?
Los “puntos conflictivos” inmediatos son si se acordarán las condiciones principales en futuras discusiones.
Los israelíes exigirán el desarme completo de Hamás y, posiblemente, la expulsión de algunos de sus funcionarios. Es probable que Hamás responda con el rechazo de cualquier expulsión forzosa y la retención de armas “defensivas”.
La composición de la “junta” internacional que supervisará la Franja es vaga, más allá de que Donald Trump se haya autoproclamado presidente y de que no se haya previsto ninguna representación palestina. Es probable que Hamás intente conseguir alguna representación palestina.
En este momento, la Fuerza Internacional de Estabilización para la Franja es más un deseo que un plan. El acuerdo de Israel para que una fuerza sustituya a su ejército en Gaza está lejos de estar asegurado, sobre todo porque no está claro quién aportará personal. El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, se ha ofrecido a enviar tropas para contribuir a la fuerza.
El plan para un gobierno provisional que administre la Franja es igualmente impreciso. Aunque en el “plan” de Trump se menciona la presencia de tecnócratas palestinos, no sabemos quiénes serán. Sabemos que Hamás está excluido. Es probable que Israel también vete a la Autoridad Palestina a corto plazo. Y la liberación de posibles líderes palestinos encarcelados, como Marwan Barghouti, que lleva más de 20 años detenido por Israel, no está confirmada.
Y antes de considerar todo esto, está la cuestión de la extrema derecha en el gabinete de Netanyahu. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, aún no han comentado las últimas noticias, pero anteriormente se han opuesto a cualquier acuerdo que no suponga la derrota “total” de Hamás y una ocupación israelí a largo plazo. Ninguno de los dos ha amenazado con bloquear el acuerdo, al menos hasta ahora, pero han expresado su oposición.
¿En qué medida ha influido la presión de los Estados árabes?
Aunque es probable que muchos titulares den el mérito a Trump y a sus enviados, su yerno Jared Kushner y el promotor inmobiliario Steve Witkoff, el papel de los Estados árabes ha sido fundamental.
Un mes después de que Israel violara la soberanía de Catar con el ataque aéreo para intentar asesinar a los negociadores de Hamás, el Estado del Golfo y Egipto fueron los mediadores de este acuerdo de la fase 1. Entre bastidores, otros Estados árabes y Turquía instaban a Hamás a aceptar el “plan” de Trump en principio y a llegar a un acuerdo para liberar a los rehenes.
Esos países serán necesarios para la siguiente fase, especialmente si Trump amenaza con volver a su postura anterior de dar carta blanca a las operaciones militares israelíes y cortar la ayuda.
Espero que sí. La cuestión inmediata es la supervivencia. Los ataques israelíes se han detenido. La cuestión urgente es hacer llegar la ayuda esencial a la Franja. Después, se trata de poder volver a lo que queda de los hogares. La Administración Trump ha abandonado su discurso sobre el desplazamiento, frenando la demanda de los ministros de extrema derecha de Netanyahu de expulsar a muchos habitantes de Gaza.
Sin embargo, tras dos años de tácticas de tierra quemada por parte de Israel, poco queda de muchos de esos hogares. La mayor parte del sector sanitario ha sido destruido, al igual que muchas escuelas y otros edificios públicos. Rafah ha sido arrasada y los rascacielos de la ciudad de Gaza han sido volados por los aires.
La recuperación no puede centrarse únicamente en los beneficios que se obtendrán –incluidos los de Trump, Kushner y los intereses comerciales de los Estados del Golfo– del “desarrollo” de la “Riviera de Oriente Medio” de Trump. Debe comenzar por la subsistencia diaria de los civiles que han pagado el precio más alto en esta matanza masiva.
¿Recibirá Trump ahora el Premio Nobel de la Paz?
No me importa. A veces, las cosas buenas surgen de la convergencia de motivos cínicos y egoístas. Trump está desesperado por conseguir el Premio Nobel de la Paz porque Barack Obama lo recibió en 2009. Kushner, cuyo fondo de inversión está financiado por Arabia Saudí y Catar, y los empresarios de los Estados del Golfo ven la posibilidad de obtener grandes beneficios. Las relaciones entre Estados Unidos y el Golfo deben repararse tras la conmoción causada por el ataque aéreo de Israel en Catar.
Si eso significa salvar vidas, bien. Pero esas vidas deben salvarse no solo hoy o mañana. Deben respetarse y apoyarse con un acuerdo duradero para la seguridad y el bienestar.
Y eso significaría una solución de dos Estados tanto para los palestinos como para los israelíes, algo que el Gobierno de Netanyahu y la Administración Trump no tolerarán. Netanyahu y sus ministros están dedicados a expandir los asentamientos ilegales de Israel, con la consiguiente amenaza de violencia, en Cisjordania.
Celebremos la fase 1 en nombre de los rehenes israelíes, sus familias y los civiles de Gaza. Y seamos claros sobre lo que se necesita para la fase 2, la fase 3 y las siguientes.
Scott Lucas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes López Pérez, Jefa de Sección de Divulgación Científica. Área de especialización: educación y comunicación social de la ciencia, Parque de las Ciencias
La emergencia de la inteligencia artificial generativa y su capacidad para replicar algunas de las funciones cognitivas superiores exclusivas del ser humano nos hace olvidar que es una tecnología construida socialmente y que, lejos de ser objetiva o neutral, refleja los sesgos y prejuicios de sus creadores. Así, perpetúa e, incluso, amplía desigualdades en grupos históricamente discriminados.
En una sociedad caracterizada por la polarización, que parece sustentarse en certezas incuestionables, ¿es la juventud consciente de esas desviaciones? En un estudio reciente realizado por el Parque de las Ciencias de Andalucía y la Universidad de Granada, hemos analizado la influencia del género, la edad y el nivel educativo en la percepción del alumnado de educación secundaria sobre las posibles desigualdades generadas por la IA.
Las chicas perciben menos sesgos
De modo general, la investigación concluye que los estudiantes tienen una percepción media-alta de los sesgos implícitos en la inteligencia artificial. Sin embargo, esta percepción es menor en las chicas que en los chicos cuando nos centramos en prejuicios de género y etnia.
El nivel educativo es otro factor relevante: el alumnado de bachillerato tiene menor conciencia de los sesgos de género, de procedencia, generacionales, económicos y por diversidad funcional que sus compañeros de educación secundaria y formación profesional.
Es necesaria mayor concienciación
Estos resultados, obtenidos a través de cuestionarios a 440 estudiantes de educación secundaria, bachillerato y formación profesional, evidencian la importancia de abordar la evaluación crítica y ética de la IA como una de las principales competencias de la alfabetización en esta tecnología emergente.
El impacto transformador de esta tecnología en la sociedad y en la propia educación suscita un replanteamiento de los métodos de enseñanza y aprendizaje actuales, ya que la formación en inteligencia artificial no es actualmente una materia obligatoria en el sistema educativo formal.
Otros estudios demuestran que la concienciación social y ética de los jóvenes sobre la aplicación de la inteligencia artificial es limitada. La pérdida de empleo es el aspecto que más les preocupa, mucho más que los posibles sesgos discriminatorios y de control que podría conllevar la tecnología.
Asimismo, personas expertas en investigación educativa inciden en el desinterés del alumnado preuniversitario sobre las consideraciones éticas de la IA y muestran, a través de estudios empíricos, la percepción positiva de la juventud sobre la inteligencia artificial, un desarrollo tecnológico al que definen como imparcial y justo.
Formación temprana, la mejor medicina
Frente a estas actitudes, existe una corriente académica amplia focalizada en la implementación eficaz, ética y segura de la IA en la educación. Entre los retos de futuro identificados por la investigación educativa, están la falta de comprensión y conciencia del alumnado sobre las cuestiones éticas asociadas a la IA y el desconocimiento del profesorado sobre los sesgos y el funcionamiento de los algoritmos.
A esto se suma que los docentes, aunque están preocupados por el impacto pernicioso de la IA en la juventud, carecen de formación para educar sobre sus aspectos éticos.
El potencial de la IA para mejorar la educación
La IA se utiliza ampliamente en diferentes ámbitos sociales. La educación no es una excepción. Un informe realizado por la UNESCO aporta pruebas sobre su potencial para mejorar la educación mediante la automatización de tareas como la evaluación, la personalización del aprendizaje o la aplicación de la realidad aumentada, la realidad virtual, los chatbots o la gamificación.
Los futuros distópicos y las visiones pesimistas se disuelven con un presente protagonizado por la formación en la dimensión técnica, humana y ética de la inteligencia artificial desde la infancia.
Todo tiene una sombra de vaguedad y error, como aseguraba Bertrand Russell, y la IA no va a estar exenta de ello. La clave está en seguir investigando sobre sus potencialidades y limitaciones y, sobre todo, en educar de forma inclusiva y equitativa a la juventud para que afronte con espíritu crítico los desafíos que nos depara el futuro.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València
Pero antes de este golpe de fama inesperada, la chistorra ya era uno de los embutidos más emblemáticos del norte de España, especialmente de Navarra y del País Vasco. Reconocida por su sabor intenso, su color rojizo y su textura jugosa, pasó de ser un producto doméstico rural a convertirse en un símbolo gastronómico nacional con reconocimiento europeo.
Un embutido con solera
En sus orígenes y en el contexto de las economías rurales del norte español, la conservación de la carne de cerdo ha sido un factor esencial. Tras la tradicional matanza, las familias elaboraban distintos embutidos destinados a su consumo durante el invierno. Entre ellos surgió la chistorra: un alimento curado de forma breve, condimentado con ajo, pimentón y sal, y embutido en tripas naturales.
Durante el siglo XX, la chistorra se consolidó como un producto de consumo habitual. Aunque su elaboración artesanal sigue siendo una práctica muy valorada, la industrialización permitió que se expandiera comercialmente. En la actualidad, la Txistorra de Navarra cuenta con Indicación Geográfica Protegida (IGP), que garantiza la autenticidad de su origen y su elaboración conforme a métodos tradicionales.
A qué llamamos chistorra
Desde el punto de vista técnico, la chistorra se encuadra dentro de los derivados cárnicos curado-madurados o semicurados. Su clasificación se aborda según tres criterios:
Composición. Elaborada principalmente con carne y grasa de cerdo –en ocasiones con una pequeña fracción de vacuno–, el contenido graso de la chistorra debe suponer entre el 25 % y el 35 % sobre peso total. No obstante, estudios de composición expresada en materia seca, como el del grupo de María José Beriain, catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad Pública de Navarra, indican valores próximos al 67 % en las muestras mejor valoradas sensorialmente. En lo que se refiere al adobo, este contiene pimentón dulce o picante, ajo y sal, junto con otras especias opcionales.
Proceso tecnológico. Como hemos apuntado, se trata de un embutido de curación corta, con un secado de entre 24 y 72 horas, lo que le confiere una textura tierna y un sabor fresco y especiado. Puede consumirse frita o asada, y algunas versiones se comercializan frescas, sin secado previo.
Presentación. Se caracteriza por su forma alargada y delgada, con un diámetro de 22–25 mm, embutida en tripas naturales de cerdo o cordero.
Según este Real Decreto, la chistorra se define como:
“Una mezcla de carnes picadas o troceadas de cerdo o de cerdo y vacuno y tocino o grasa de cerdo, adicionada de sal pimentón, amasada y embutida en tripas naturales o envolturas artificiales que han sufrido un corto proceso de maduración-desecación con o sin ahumado, de calibre máximo de 25 mm en producto acabado, que se caracteriza por su coloración roja y por su olor y sabor característicos”.
Por su parte, la IGP Chistorra de Navarra especifica que es un derivado cárnico elaborado con carne y grasa de cerdo, finamente picadas y adobadas con sal, pimentón y ajo. Tras el amasado, se embute en tripa natural y se somete a una breve maduración o desecación. El producto final presenta un calibre de 17 a 25 mm, color rojizo uniforme debido al pimentón y una textura firme, con diferenciación visible entre carne magra y grasa.
En cuanto a sus parámetros físico-químicos, debe cumplir un pH superior a 5,0; actividad de agua (aw) igual o inferior a 0,94; un contenido en grasa igual o inferior a 80 %; proteína igual o superior al 14 %; hidroxiprolina (un aminoácido) igual o inferior al 0,7 %, y un porcentaje de hidratos de carbono igual o inferior al 9 % sobre extracto seco.
Su producción se limita a la Comunidad Foral de Navarra, donde se elabora sin aditivos y con tripa natural de cordero o cerdo, garantizando autenticidad y origen geográfico.
Propiedades nutricionales y sensoriales
Desde el punto de vista nutricional, la chistorra es un alimento de alto valor energético y fuente destacada de proteínas y grasas. Según la Fundación Española de la Nutrición, cada 100 gramos de producto comestible aporta 514 kilocalorías, 17,4 gramos de proteínas y 49 g de grasa total (20 g correspondientes a grasas saturadas) y alrededor de 900 mg de sodio, lo que equivale a unos 2,3 g de sal.
Adicionalmente, contiene pequeñas cantidades de hidratos de carbono (1 g) y es fuente de vitaminas del grupo B (tiamina, riboflavina, niacina, B6 y B12), esenciales para el metabolismo energético y la función neuromuscular. Entre los minerales destacan el hierro, zinc, fósforo y magnesio.
Debido a su alto contenido en grasas y sodio, se recomienda un consumo moderado dentro de una dieta equilibrada.
Por otro lado, la chistorra presenta un perfil sensorial muy característico. De color naranja-rojizo intenso por efecto del pimentón, tiene una alta fuerza de corte que otorga resistencia inicial al mordisco, si bien ofrece una jugosidad y ternura equilibradas, con un aroma y sabor cárnico especiado. Además, presenta una grasa bien integrada, lo que aporta una sensación untuosa sin dominar el conjunto.
Estos atributos, combinados con su fuerte presencia cultural, como es el caso de su asociación a tapas, parrilladas y festividades populares, convierten a este embutido en un producto con alto valor gastronómico y emocional.
Sin embargo, el giro semántico que le ha conferido la actualidad la convierte en metáfora de lo oculto: lo que antaño se compartía en celebraciones colectivas reaparece como símbolo de poder y transacción clandestina.
La chistorra representa la calidez de la mesa popular, pero también nos recuerda cómo los lenguajes culinarios pueden transformarse en códigos de sigilo. En ambos casos, sigue siendo un signo inequívoco del carácter español: intenso, sabroso y lleno de significado.
José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
El cambio climático no es una amenaza abstracta del futuro; es un problema presente, y su magnitud crecerá exponencialmente si no actuamos poniendo en marcha planes de adaptación y mitigación. Nos enfrentamos como humanidad a graves retos climáticos, pero algunas zonas son intrínsecamente más vulnerables que otras. Esta vulnerabilidad no solo depende de factores geográficos y ecológicos, sino también de la capacidad de adaptación de sus habitantes.
Así, las comunidades locales emergen como un pilar fundamental para la creación de planes de mitigación que sean no solo efectivos, sino también socialmente justos y culturalmente sostenibles. Su inclusión no es una opción, sino una necesidad imperiosa para lograr una transición ecológica exitosa.
La región mediterránea
En Europa, la región mediterránea es una de las que corren mayor riesgo frente a los efectos del calentamiento global. Con una combinación de ecosistemas frágiles, costas densamente pobladas y economías dependientes del turismo y la agricultura, la zona enfrenta un alto riesgo de vulnerabilidad climática.
En un estudio reciente, centrado en esta área, hemos analizando cómo las políticas de transición energética pueden preservar y mejorar la salud y el bienestar de la sociedad. Los resultados para países como España, Grecia y Montenegro revelaron que estos territorios han desarrollado diversas formas y mecanismos para alcanzar sus objetivos climáticos a múltiples niveles: desde políticas nacionales hasta planes y acciones locales.
Sin embargo, el mismo análisis subraya una realidad crucial: los objetivos medioambientales deben ajustarse a las necesidades de desarrollo local. De lo contrario, se corre el riesgo de que las políticas, diseñadas a gran escala, ignoren las particularidades que hacen a cada comunidad única.
Deficiencias de la planificación a gran escala
Existen deficiencias notables en la aplicación de las políticas climáticas debido, en gran medida, a la falta de atención a las características locales. Este descuido no solo compromete la eficacia de las medidas de mitigación, sino que también amenaza la identidad cultural y pone en peligro los recursos naturales de estas zonas.
Un ejemplo claro se encuentra en las prácticas agrícolas tradicionales. Una política que promueva la agricultura intensiva y tecnificada podría contribuir a garantizar la seguridad alimentaria de los territorios y la autosuficiencia. Sin embargo, los métodos de cultivo milenarios, aunque menos productivos en el corto plazo, son más sostenibles, utilizan el agua de manera más eficiente y conservan la biodiversidad local. Al no considerar este conocimiento ancestral, se pierde una valiosa oportunidad para integrar saberes locales en las soluciones climáticas.
De la misma manera, las intervenciones urbanas que no involucran a los residentes pueden generar resistencia y fracasar. La instalación de sistemas de transporte público o la promoción de energías renovables solo tendrán éxito si se alinean con los patrones de vida y las necesidades cotidianas de los ciudadanos. Cuando se impone una política sin el respaldo y la comprensión de la comunidad, esta se convierte en una imposición externa que puede ser rechazada o ignorada.
Estrategias para involucrar a las comunidades locales
Los planes regionales y locales requieren mucho más que la participación del gobierno. Los ciudadanos también deben participar activamente en el proceso, pasando de ser meros receptores de políticas a agentes de cambio. Las diferentes regiones que hemos analizado en nuestro estudio aplican diversas estrategias para incluir a la población y abordar el cambio climático.
En la actualidad, los mecanismos más exitosos se centran en la creación conjunta de soluciones. Esto implica ir más allá de las consultas públicas superficiales y establecer mecanismos de participación genuinos, como talleres colaborativos, presupuestos participativos y la formación de consejos ciudadanos para el clima. En estos foros, los habitantes pueden aportar su conocimiento empírico sobre el territorio, sus recursos y sus vulnerabilidades, permitiendo que las políticas se adapten de forma inteligente y flexible.
La educación ambiental a nivel local es también una herramienta poderosa para empoderar a las comunidades, dándoles la información necesaria para tomar decisiones informadas sobre su consumo energético, la gestión de sus residuos y la promoción de la movilidad sostenible.
En la escala municipal, los nuevos planes climáticos hacen hincapié en las intervenciones urbanas. Promueven medidas de ahorro energético en edificios, la reducción del uso de combustibles fósiles y el fomento de energías renovables como la solar fotovoltaica. Asimismo, impulsan el transporte eficiente a través de la expansión de carriles bici y la mejora de los servicios de transporte público. Además, invierten en sistemas de datos inteligentes para optimizar el uso de los recursos.
Todas estas acciones, aunque a pequeña escala, tienen un impacto acumulativo masivo cuando se coordinan de manera efectiva.
La lucha contra el cambio climático es un desafío global, pero sus soluciones más efectivas y sostenibles son inherentemente locales. Las comunidades, con su conocimiento profundo de su entorno y su cultura, representan un recurso único que debe ser activamente integrado en los planes de mitigación. La transición ecológica no puede ser un proceso puramente tecnológico, científico, político o económico; es también un proceso social y cultural.
Ignorar las particularidades locales y la participación ciudadana no solo limita la eficacia de las políticas, sino que además crea una brecha entre los gobiernos y la sociedad. Un enfoque que respeta la identidad cultural y empodera a las comunidades a través de la creación conjunta de soluciones es el único camino viable hacia un futuro resiliente y sostenible.
Solo cuando las personas sienten que son parte de la solución, y no solo del problema, puede lograrse la acción colectiva necesaria para enfrentar los desafíos climáticos que tenemos por delante. El éxito global dependerá de nuestra capacidad para actuar de manera inteligente y empática a nivel local.
Alexandra Delgado Jiménez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.