La ‘Odisea’, ese gran libro de aventuras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia Rodríguez-García, Profesora de Literatura Antigua y Medieval. Área de Humanidades. Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Internacional de La Rioja, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Ulises/Odiseo contra Polifemo, por Arnold Böcklin. Museum of Fine Arts Boston

Quienes hemos visto Harry Potter o El Señor de los Anillos y nos emocionamos con los animales fantásticos, los seres mitológicos y las luchas entre el bien y el mal, no lo sabemos pero estamos a punto de caer en las redes de Homero.

Si además nos gusta el cine y seguimos los últimos estrenos, tal vez hayamos escuchado que Christopher Nolan tiene en el horno una nueva película, The Odyssey, basada en La Odisea, una de las más grandes epopeyas clásicas de la antigüedad.

La historia que nos cuenta el periplo homérico está escrita en el siglo VIII a. e. c. Sin embargo, es más actual que nunca. Seguro que en algún momento hemos dicho o escuchado decir “el talón de Aquiles”, “¡qué odisea!”, “la esperanza es lo último que se pierde”. Pues bien, estas expresiones se originaron hace 3 000 años.

Cíclopes, hechizos y sirenas

Imaginemos a un héroe intentando volver a su casa, Ítaca, después de la guerra de Troya –la del famoso caballo– y enfrentándose a un largo viaje de… digamos diez años, para ser fieles al poema. Este héroe es Ulises (Odiseo), el mismo al que han hecho alusión autores contemporáneos –como el poeta griego Konstantínos Kavafis y el escritor irlandés James Joyce– y en el que bien podríamos encontrar similitudes con el mismísimo Frodo, de El Señor de los Anillos.

Ulises parte a la guerra de Troya dejando a su esposa, Penélope, y su hogar al cuidado de su joven hijo Telémaco. En su (largo) camino de vuelta, comenzará un desfile de criaturas fantásticas y mitológicas que nos acompañará durante toda la obra.

Fotografías de tres personajes de la adaptación de la Odisea.
En la nueva película de Christopher Nolan, Tom Holland, Anne Hathaway y Matt Damon interpretan, respectivamente, a Telémaco, Penélope y Ulises.
Instagram/The Odyssey

Empieza enfrentándose al cíclope Polifemo, monstruo de un solo ojo que devora sin pensarlo a quien se ponga en su camino y al que consigue engañar gracias a su astucia. Después vence al insinuante pero peligroso canto de las sirenas atándose al mástil de su embarcación para no sucumbir. Y desafía a las terribles Escila y Caribdis, monstruos marinos que se asientan a uno y otro lado del estrecho por el que tiene que pasar su nave. Además, también tenemos hechiceras como Circe quien, mediante una poción mágica, convierte a Ulises y a sus hombres en cerdos.

Por si fuera poco, todavía hay más tropiezos en el viaje de nuestro héroe. En esta ocasión, de la mano de la bella ninfa Calipso, que lo retiene durante siete años en la isla de Ogigia. Todo esto sin olvidar la ira de los dioses, con Poseidón, dios del mar, al frente. Este se encarga de hacerle el camino de vuelta a Ítaca más difícil todavía a fuerza de oleajes, naufragios y tifones –por cierto, Tifón también es un ser mitológico–.

Posiblemente a estas alturas ya tenemos claro de dónde viene la expresión “vaya odisea”.

El telar de Penélope

Y mientras Ulises lucha por volver a casa, ¿qué está ocurriendo en Ítaca?

Pues que, cuando ya parecía evidente que Odiseo no iba a volver y aprovechando que Telémaco había salido a buscar noticias de su padre, un puñado de pretendientes con intención de ocupar el palacio en su ausencia y aprovecharse de la vulnerabilidad de Penélope ha ocupado la escena. Ni más ni menos que 12 señores –de los 108 interesados inicialmente– se instalan en los aposentos del edificio, comiendo y bebiendo sin descanso esperando a tomar la mano de la mujer. Ella había dicho que elegiría una nueva pareja entre los interesados cuando acabara de tejer un sudario para su supuesto difunto marido.

Pintura de Penélope en su telar con una sirvienta recogiendo manzanas.
Penélope en su telar con una sirvienta recogiendo manzanas, en una pintura de John Roddam Spencer Stanhope.
Sotheby’s/Wikimedia Commons

Lo que no podían intuir ellos era que Penélope tejía de día, pero deshacía el tejido de noche, confiando en que Ulises regresaría vivo.

Tres años estuvo Penélope tejiendo y destejiendo, hasta que una de las sirvientas descubrió el engaño. El enfado de los pretendientes fue mayúsculo. Le permitieron terminar de hilar el sudario, pero vigilándola día y noche para que no hiciera más trampas. Una vez terminado tendría que elegir nuevo esposo sin dilación.

El amigo más fiel

En este punto de la obra, Ulises llega a Ítaca. Pero no como rey sino convertido en un mendigo por obra de la diosa Atenea, a la que el héroe había implorado ayuda para recuperar su casa. Es tal la transformación que ni Eumeo, su propio porquerizo, le reconoce.

Pero sí hay alguien que, simplemente viéndole los pies, sabe que ese mendigo es su amo. Y ese es Argos, su perro. Compañero fiel que esperó veinte años (los diez de la guerra de Troya más la década de regreso) a que su dueño regresara antes de morir. Argos le saluda agitando la cola, aunque Ulises sabe que no debe responder al saludo para no desvelar su identidad.

El héroe es consciente de que no puede presentarse vestido de rey, porque entonces los pretendientes le matarían. Así que decide mantener su apariencia de mendigo e infiltrarse en el palacio para llevar a cabo un ataque sorpresa. Tan solo su hijo, Telémaco, sabe de sus intenciones.

Dibujo de un hombre a punto de disparar un arco.
Ilustración de François-Louis Schmied para La Odisea en la que Ulises, disfrazado de mendigo, se dispone a superar la prueba del arco.
Gallica (biblioteca digital de la Biblioteca Nacional de Francia).

Mientras tanto, Penélope, acosada por los hombres, decide ponerles a examen, exigiéndoles que superen una prueba consistente en tensar el arco de Odiseo y atravesar doce hachas alineadas con una única flecha; el que consiga pasarla será su nuevo esposo. Ninguno de los doce lo logra, pues el arma está forjada únicamente para las manos de su dueño y requiere, además de fuerza bruta, una técnica particular.

Así pues, en un giro de los acontecimientos, quien sí lo consigue es el mendigo del que llevan un tiempo burlándose, el hombre que en ese momento desvela su verdadera identidad como Ulises, rey de Ítaca. Acaba uno a uno con todos ellos y recupera así su patria, su hogar y su familia después de veinte años de penurias y calamidades.

Para profundizar en la historia que acaba de leer, puede esperar al estreno de la película el verano de 2026. O, mejor aún, puede coger la obra de Homero y descubrir una auténtica novela de aventuras y el origen de muchos de los actuales seres mitológicos que conocemos. Una vez hecho, se preguntará por qué no la ha leído antes.

The Conversation

Silvia Rodríguez-García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La ‘Odisea’, ese gran libro de aventuras – https://theconversation.com/la-odisea-ese-gran-libro-de-aventuras-266428

Salud mental en Gaza: cómo sobrevivir emocionalmente a la barbarie

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Guarch-Rubio, Doctora en Psicología, Universidad San Jorge

Un padre y su hijo regresan a su hogar en Gaza tras el alto el fuego decretado el pasado 10 de octubre. Anas-Mohammed/Shutterstock

Hoy, la vida en Gaza es una cuestión de fe. La inseguridad acerca de la propia supervivencia o de la de los seres queridos es el pan de cada día. Literalmente, hay más incertidumbre que alimento.

En una guerra no solo se sufren los bombardeos con pérdidas humanas y materiales. Se padecen los desplazamientos forzados, las hambrunas y, en Gaza también, la escasez de agua y el bloqueo de la ayuda internacional por la acción de Israel.

Psicológicamente, en esta ofensiva contra la población palestina hay un fuerte componente de deshumanización, algo tan sencillo como no atribuir la categoría de persona a un ser humano. Son procesos característicos en el estudio de los genocidios a lo largo del tiempo y en la práctica de tortura.

Más vulnerables a los enfermedades mentales

Como consecuencia, ser superviviente conlleva una ruptura en ciertos valores morales. Por ejemplo, ante la creencia en la humanidad o ante el hecho de que todas las vidas tienen un mismo valor. La salud mental y el bienestar están conectados con la percepción de justicia social y de derechos humanos. Además, a todo esto se añade que antes del 7 de octubre de 2023, Gaza ya acusaba un contexto de años de inestabilidad sociopolítica, de ciclos de violencia, de privaciones económicas y de dificultades en el acceso a recursos, como los sanitarios. Estos factores han debilitado la salud mental de la población gazatí durante décadas y los palestinos han llegado exhaustos psicológicamente a su asedio actual.

Se ha demostrado que la exposición a conflictos armados tiene un importante impacto en la salud mental de la población civil. En concreto, desde 1948 el impacto del trauma intergeneracional en los palestinos ha aumentado su vulnerabilidad para el desarrollo de dolencias psíquicas.

En 2024, y a consecuencia del actual genocidio, se encontró ansiedad severa (65 %), depresión (72.7%) y probable trastorno de estrés postraumático (72.3 %) en la población palestina evaluada.

Un estudio reciente muestra que la probabilidad de padecer estrés en Gaza es doce veces superior a la probabilidad que se presentaba en 2020 y la prevalencia de angustia psicológica es tres veces mayor, aumentando del 19,5 % en 2020 al 67,2 % en 2025.

¿En qué apoyarse cuando todo se derrumba?

Sumud es un término árabe que alude a la capacidad psicológica de resistencia a la ocupación, definida como el corazón resiliente para muchos palestinos. El apoyo en la comunidad es esencial cuando todo falla, con una relevancia mayor cuando las vivencias son compartidas y unos necesitan de otros para sobrevivir. Recientemente se ha visto que en la población joven palestina el apoyo social es un elemento de protección que mitiga los síntomas del trastorno de estrés postraumático (reviviscencias, evitación, cognición y emoción negativas e hiperactivación).

Igualmente, las prácticas religiosas y espirituales, el apoyo entre iguales y la solidaridad comunitaria potencian el bienestar en los climas de adversidad, como en las guerras o en las crisis humanitarias.

De la misma forma que existe una transmisión generacional del trauma, existe una transmisión generacional de la resiliencia. En Palestina, la intencionalidad de mantener la cultura y la identidad dibujan tanto procesos como resultados resilientes y de crecimiento postraumático.

Manifestaciones que mejoraron la salud

En Gaza, algunas acciones políticas de resistencia como las movilizaciones por la “Gran Marcha del retorno” de 2018 tuvieron efectos positivos en la salud mental de los gazatíes. Fueron manifestaciones pacíficas convocadas a través de redes sociales, donde participaron jóvenes y familias en un ambiente lúdico y festivo. Las protestas incluían cánticos, actuaciones de clowns y acróbatas e incluso celebraciones de bodas, y se concentraban entre la Franja de Gaza e Israel.

Inicialmente, se reportaron mejoras en la salud mental de los participantes, en el sentido de un aumento de la esperanza y una capacidad de participación en movilizaciones sin precedentes. Se observaron mejoras en los estados de ánimo y en las respuestas al trauma, ya que el factor político es un elemento resiliente y protege frente a la violencia política.

Sin embargo, en marzo de 2019, los manifestantes y sus familiares sufrieron violencia en respuesta a su involucración en la marcha y se alcanzaron las tasas más altas de palestinos heridos desde las hostilidades de 2014.

En definitiva, trauma y resiliencia son conceptos que definen desde hace décadas la identidad palestina en Gaza, y cada vez con mayor frecuencia, la definen también en Cisjordania.

Hoy en día, resulta complicado abordar el estado de salud mental de una comunidad como la gazatí. Día a día la asfixia psicológica y de necesidades básicas y sociales es mayor. Por eso, estamos lejos de predecir el impacto psicosocial y clínico que acusará a largo plazo la población de Gaza.

The Conversation

Marta Guarch-Rubio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Salud mental en Gaza: cómo sobrevivir emocionalmente a la barbarie – https://theconversation.com/salud-mental-en-gaza-como-sobrevivir-emocionalmente-a-la-barbarie-270849

Ellas también tejen la ‘Odisea’: las voces femeninas que sostienen el viaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joana Rodríguez Pérez, Contratada predoctoral en el departamento de Historia del Arte y Filosofía, Universidad de La Laguna

Pintura de Charles Gleyre en la que se muestra el encuentro entre Ulises y Nausicaa. Wikimedia Commons

En los últimos años el cine ha vuelto a recurrir a la segunda épica homérica para adaptar las historias del héroe griego. En 2025 se estrenó la película El regreso de Ulises del director italiano Uberto Pasolini, protagonizada por Ralph Fiennes y Juliette Binoche, y se espera con ansias la producción dirigida por Cristopher Nolan para julio del 2026.

Esta recurrencia no debe sorprender: ya desde el periodo mudo los cineastas se inspiraron en los textos clásicos para realizar sus producciones atraídos por el tono aventurero que les proporcionaba. No obstante, ¿es la Odisea únicamente el relato de las hazañas de un héroe?

Según una encuesta realizada en 2018 por la BBC, la Odisea es la obra más influyente de la historia. En sus 24 cantos, esta epopeya narra los diez años del regreso de Ulises/Odiseo a su hogar, Ítaca, después de la guerra de Troya. El énfasis se pone en su lucha contra obstáculos naturales, divinos y humanos para volver a casa con su mujer Penélope y su hijo Telémaco.

Pero… imaginemos ahora que abrimos la Odisea con unas nuevas lentes. Más allá del héroe luchando contra monstruos o sorteando tempestades, encontramos una estructura femenina que sostiene la trama. Este enfoque exige reordenar nuestra expectativa: ya no asimilamos la historia de un solo hombre sino que en sus páginas hallamos un amplio universo femenino. Estas mujeres no se limitan a las funciones tradicionales, sino que se convierten en estrategas, mediadoras y guías fundamentales para el desarrollo del viaje.

Mujer (Penelope) tejiendo en un telar
Juliette Binoche como Penélope en un fotograma de El regreso de Ulises.
Filmaffinity

‘Invisibles’ pero imprescindibles

Desde el comienzo de la epopeya, la presencia femenina es central. La narración se inaugura invocando a la Musa, quien no solo inspira al poeta sino que establece un patrón estructural: la mujer como mediadora entre el conocimiento y la acción, la palabra y el destino.

Este tipo de figuras se configuran como “mujeres guía” y actúan con precisión estratégica, ya que su palabra es motor directo de la acción. Son ellas quienes diseñan rutas, negocian, intervienen en la voluntad divina, eligen los momentos oportunos de ocultamiento o revelación y, en definitiva, desbloquean conflictos y abren sendas.

No obstante, su papel va mucho más allá de asistir al héroe en momentos de dificultad. En la Odisea, las mujeres no solo guían: también piensan, deciden y actúan con una inteligencia tan afinada como la del propio protagonista.

Esa capacidad, conocida en la tradición griega como mêtis –inteligencia práctica, astucia estratégica–, es el rasgo que define a Odiseo. Sin embargo, en el poema no es un atributo exclusivo del héroe. Como señalan autoras como Grace LaFrentz, Odiseo aprende de las mujeres con las que se cruza una forma de mêtis más paciente y calculada, asociada al tejido: urdir planes, tramar soluciones, hilar el tiempo con prudencia…

La metáfora no es casual. La famosa estratagema de Penélope –tejer de día y destejer de noche para ganar tiempo frente a los pretendientes que quieren casarse con ella ante la ausencia de Ulises– es el ejemplo perfecto de esa inteligencia que combina ingenio, autocontrol y estrategia.

Las voces que configuran el viaje

De entre los múltiples personajes femeninos presentes en la epopeya, podemos encontrar modelos paradigmáticos que explican lo que defendíamos anteriormente.

Relieve de Atenea pensativa.
Relieve de Atenea pensativa.
Museo de la Acrópolis, Atenas.

Atenea podría considerarse el mejor ejemplo de la “mujer-guía”. No solo protege al héroe en el Olimpo, sino que diseña sus estrategias, le sugiere disfraces y le da los tiempos justos para actuar. Además, propicia el encuentro con otras mujeres que le ayudarán en momentos cruciales. Su intervención es constante y decisiva.

Helena de Troya aparece en la Odisea ejerciendo un papel de anfitriona y mediadora. En la gran sala de su palacio, junto a su marido y otros hombres, recibe y es la primera en reconocer e interpelar a Telémaco y darle noticias sobre su padre. Nausícaa, por su parte, cumple con una función orientadora muy concreta: al encontrar al náufrago, le indica cómo dirigirse ante su madre, la reina Arete –y no ante su padre, el rey Alcínoo– para ser recibido favorablemente en palacio. Esa mediación no es menor, pues abre la puerta política para que Odiseo tenga el apoyo de la corte feacia para volver a casa.

Calipso, Circe e incluso Ino aportan ayuda desde registros distintos. Lo hacen siendo hospitalarias –como Calipso–, consejeras –como Circe (quien le indica como sortear a las sirenas)– o con su sobrenatural auxilio salvador, como Ino, quien rescata al héroe tras un naufragio dándole un velo mágico que le permite mantenerse a flote y sobrevivir en aguas embravecidas.

Y por supuesto entre todas ellas destaca Penélope. Desde Ítaca, resiste con inteligencia: administra el reino, teje y desteje el sudario de Ulises para dilatar la espera de los pretendientes, decide ponerles a prueba para demostrar quién es digno de casarse con ella –sabiendo que ninguno superará el reto que les marca– y se mantiene firme en su posición todo el tiempo. Su agudeza es incluso reconocida por el héroe al compararla con un venerable rey.

De esta manera, la Odisea deja de ser la historia de un hombre que vuelve para mostrar el tejido de voces femeninas que no son extras sino nodos estratégicos del relato. Asumir esto no resta ni mucho menos valor a la peripecia central. Únicamente reconoce y resalta la importancia de los personajes femeninos que durante tanto tiempo han permanecido ensombrecidos.

The Conversation

Joana Rodríguez Pérez recibe fondos de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información de la Consejería de Economía, Conocimiento y Empleo y por el Fondo Social Europeo (FSE) Programa Operativo Integrado de Canarias 2014-2020, Eje 3 Tema Prioritario 74 (85%)

Enrique Ramírez Guedes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ellas también tejen la ‘Odisea’: las voces femeninas que sostienen el viaje – https://theconversation.com/ellas-tambien-tejen-la-odisea-las-voces-femeninas-que-sostienen-el-viaje-267250

Ganar el gordo de Navidad es como encontrar un grano concreto de arroz en treinta platos de paella

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Pedroche Sánchez, Profesor Titular de Matemática Aplicada (Álgebra, Cálculo, Estadística, Ciencia de Datos). Institut de Matemàtica Multidisciplinària, Universitat Politècnica de València

Cola para adquirir lotería de Navidad en el local de Doña Manolita, en Madrid. Barcex /Wikimedia Commons., CC BY

¿Cuál es la probabilidad de ganar algo (incluido el reintegro) al jugar un décimo de la lotería de Navidad? Se suele decir que esta probabilidad es de un 15 %: los chatbots de consulta explican que esta cifra viene de hacer la división entre el número de premios, 15 304, y los cien mil números posibles (del 00000 al 99999).

Lo primero que me viene a la mente en estas ocasiones son películas del viejo oeste donde aparecen escenas de vaqueros, nativos americanos y caballos. A veces, hay caballos sin jinete y, a veces, hay caballos con dos jinetes. Pues con los números de la lotería pasa lo mismo: si asumimos que los caballos son los números y que los premios son los jinetes, visualizaremos que un mismo número puede acarrear más de un premio.

Por ejemplo, en el Sorteo Extraordinario de Navidad de 2024, el número 71340 fue premiado con la pedrea (salió en uno de los alambres de la tabla 8) y también fue premiado por coincidir con los dos números de la terminación del tercer premio –el 11840–. Además, se llevó el reintegro por coincidir con la terminación del gordo –el 72480–. Si estuviéramos hablando del número 72 440, también habría ganado el premio por coincidir con las centenas del gordo (números del 72 400 al 72 499, excluyendo el primer premio).

Cuchara sopera conteniendo 100 granos de arroz.
Paco Pedroche.

Caballos y jinetes

Como hay números con más de un premio, la cantidad de números susceptibles de ser agraciados con premio (o sea caballos que llevarán jinetes) es menor que el número de premios (número de jinetes). Por tanto, para calcular la probabilidad de que nos toque algo en el sorteo de Navidad no podemos simplemente dividir el número de premios entre los 100 000 números.

Un cálculo más aproximado a la probabilidad de ganar algo al jugar un décimo consiste en eliminar de los posibles premios aquellos números que seguro que obtienen, al menos, dos premios. Es decir, hay caballos con dos jinetes que son fácilmente identificables incluso antes de comenzar el sorteo. Estos números son los que aparecen en el programa de premios bajo el epígrafe: “999 premios de 1 000 euros cada uno para los billetes cuyas dos últimas cifras sean iguales y estén igualmente dispuestas que las del que obtenga el premio primero”.

La probabilidad es menor del 15%

En el sorteo de Navidad del año 2024, los 999 números agraciados con este premio fueron los números del tipo XXX80: el 00080, el 00180, hasta el 99 980. De este conjunto se excluye el propio gordo, el 72 480. Estos 999 números ganaron, además, el reintegro por coincidir con la última cifra (el 0, en este ejemplo). Todos esos caballos (números) llevan al menos dos jinetes (premios).

Por tanto, podemos afirmar que los números premiados con alguna cosa (incluyendo el reintegro) serán como mucho 15 304 menos 999, es decir 14 305. De esta manera, una medida más aproximada de la probabilidad de ganar algo en el sorteo del gordo es, como mucho, un 14,3 % (como ya afirmaba el catedrático José Manuel López, redondeando al 14 %).

Un grano de arroz en treinta platos de paella

Las IA de consulta aciertan al predecir la probabilidad de ganar el gordo, pues es un único número entre 100 000 posibles, con lo cual la probabilidad es de 0,00001 o, dado en porcentaje, de un 0,001 %. Además, una IA puede proporcionar una buena analogía para visualizar este número. Entre las que se suelen utilizar en la literatura, tengo preferencia por la propuesta hace años por el matemático y divulgador José Luis Muñoz, quien usaba granos de arroz. Claro, como valenciano que soy, voy a convertir esa analogía en platos de paella.

Para hacerse una idea de lo pequeños que son los granos de arroz típicos para hacer paella, cuente 100 granos y colóquelos en una cuchara sopera. Verá que queda mucho espacio disponible. Hagamos una estimación de lo que pesan cien mil granos de arroz. En los artículos científicos sobre la agronomía del arroz, se suele usar como medida de peso una unidad llamada PMG (peso de mil granos ).

Para nuestro propósito, vamos a considerar un tipo de arroz ligero con un PMG de 25 g, es decir mil granos de arroz pesan 25 gramos. Por tanto, cien mil granos pesan 2,5 kg. Según fuentes próximas (mi pareja), la ración típica de una paella valenciana es de unos 80 g por persona. Es decir, con 100 000 granos de arroz (2,5 kg) tenemos para unas 31,25 raciones de paella, que podemos aproximar como 30 a efectos de tener un número redondo. Así, podemos decir que ganar el gordo de Navidad es como adivinar dónde se encuentra un grano particular de arroz escondido entre 30 platos de paella.

The Conversation

Francisco Pedroche Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ganar el gordo de Navidad es como encontrar un grano concreto de arroz en treinta platos de paella – https://theconversation.com/ganar-el-gordo-de-navidad-es-como-encontrar-un-grano-concreto-de-arroz-en-treinta-platos-de-paella-270895

Por qué los actuales bosques españoles son en realidad jardines

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Casado-Neira, Titular de universidad de sociología, Universidade de Vigo

Bosque de pinos en la Sierra Guadarrama (Madrid, España). Quintanilla/Shutterstock

Ante la amenaza del cambio climático, el bosque es un medio para amortiguar sus efectos. Por ejemplo, absorben dióxido de carbono de la atmósfera y participan en el ciclo del agua que asegura las precipitaciones. Pero en situaciones de altas temperaturas y sequía, como las provocadas por el calentamiento global, es más fácil que los bosques ardan.

Los incendios forestales tienen un gran impacto a tres niveles. Por un lado, en los propios ecosistemas. Por otro, en la población que vive en las zonas devastadas. Y, por último, suponen costes económicos en términos de prevención, control del incendio y regeneración posterior, así como los debidos a su impacto en la salud y el clima.

La concepción alemana del bosque

El bosque encarna, más que otro paisaje, el ideal de la naturaleza. Una idea que le debemos al Romanticismo alemán y a la formación de los primeros ingenieros forestales españoles en este país en el siglo XIX, quienes sentaron las bases de la primera Escuela de Montes en 1848. Se importó de esta forma un modelo de formación, y también una manera de entender la naturaleza en la que la masa arbolada ocupa un lugar central como fuente de vida, riqueza y valor cultural. Allí se habla de Wirtschaftswald o Nutzwald (bosque en producción o bosque útil).

Los bosques comenzaron a verse como un recurso industrial y de intervención en el territorio; como fuente, por ejemplo, de madera para la construcción, de combustible y de lucha contra la erosión y desertificación. Con el tiempo, el bosque se ha ido convirtiendo en un referente positivo, y hoy en día es difícil considerarlo en los términos negativos que pudo tener como lugar sombrío en el que acechaba el peligro (lobos, asaltantes o accidentes). Los incendios, los monocultivos, la deforestación y el estrés climático son sus enemigos actuales.

Hoy el bosque nos preocupa, pero no estuvo siempre ahí y no de la misma manera. Las masas arboladas, tal y como las conocemos, nacen de prácticas económicas que generan nuevos ecosistemas y paisajes. Es un producto histórico que, sin embargo, se sigue relacionando con la idea de una naturaleza primigenia a la que hay que volver, que hay que rescatar.

El bosque como fuente de madera

Hay un mito sobre el bosque en Hispania. Una historia recurrente nos cuenta que una ardilla podía cruzar la península de rama en rama, dicen que las crónicas de Estrabón del siglo I a.C. dan fe de ello. Pero sobre Iberia escribió que en una gran parte se compone de montañas, bosques y llanuras de suelo pobre con desigual reparto de agua. Y no hay atisbo de ninguna ardilla.




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En España, a partir del siglo XIX se inicia un proceso de transformación incesante del territorio que, tras diferentes iniciativas políticas, se acelerará a partir de 1957. El bosque se convierte en una razón de Estado para garantizar el autoabastecimiento de madera. En ese momento, se consolida un modelo forestal orientado a la producción industrial de madera. Desde los inicios de la ingeniería forestal, el bosque es sometido a un proceso de extensión. Como consecuencia, gran parte de los bosques actuales son en realidad cultivos destinados a ese fin.

Muchos ingenieros se dedicaron a diseñar parques forestales en los que se exponía una amplia variedad de árboles que podrían llegar a integrarse en el bosque ibérico: robles americanos, secuoyas, tulíperos, tsugas y ginkgos. Un monte antes despoblado se convertía en un pequeño “Disneyland” de idealización paisajística y en un área forestal de referencia. Eran enclaves en áreas dominadas por las plantaciones de pinos.

Tierra de pinos

La península ibérica pasó a ser una tierra de pinos. Las condiciones climáticas y del suelo le son favorables. El pino es, además, un árbol que se caracteriza por su rápido crecimiento, resistencia, valor económico y capacidad de generar nuevos espacios de vida, nuevos ecosistemas.

Hoy, la masa forestal adquiere una extensión y avance sin precedentes. Entre 1940 y 1987, el 77 % de los árboles plantados a través de las políticas forestales corresponden a variedades de pinos. Pero no solo los pinares, también hayedos, bosques de ribera, eucaliptales, tejedas y bosques de laurisilva son productos de nuestra capacidad de plantar y cuidar.

Un bosque de hayas con las hojas amarillas en la ribera de un río
Hayedo de Montejo, en Montejo de la Sierra (Madrid, España).
Jarmad78/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Un producto de nuestra historia

El proceso de urbanización, el abandono rural y la irrupción de la agricultura industrial a partir del siglo pasado modifican el territorio. Y el bosque transforma el paisaje, cambia usos de la tierra y costumbres de sus habitantes.




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Basta con recurrir al archivo de fotografías antiguas o de los primeros pintores paisajistas para darnos cuenta de que adquiere un valor estético y social muy recientemente. Los bosques son hoy producto de nuestra historia. Antes, el territorio estaba definido más por cultivos agrícolas que por grandes masas forestales.

Desde el nacimiento de la ingeniería forestal se ha llevado a cabo una misión de forestación, población y generación, y no de reforestación, repoblación y regeneración. Bosques que se han ido creando desde cero.

Así, los bosques actuales son frágiles ecosistemas creados o intervenidos por el ser humano, y no formas originarias de naturaleza. Ahora la pregunta es si queremos cuidarlos como parques y jardines, o como meras plantaciones.

The Conversation

David Casado-Neira no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué los actuales bosques españoles son en realidad jardines – https://theconversation.com/por-que-los-actuales-bosques-espanoles-son-en-realidad-jardines-263141

Lola Flores, pionera del ‘crowdfunding’: qué hay detrás del éxito de este modelo de financiación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pau Sendra Pons, Profesor de Contabilidad, Universitat de València

Lola Flores, durante una actuación en Televisión Española. RTVE

En 1987, Lola Flores, La Faraona, se aventuró a dirigirse al pueblo español con una frase que se haría célebre: “Si una peseta diera cada español, no a mí, a donde tienen que darla, quizás saldría de la deuda”. La cantante de Ay pena, penita, pena y La Zarzamora tenía por entonces una enorme deuda con Hacienda por no haber presentado la declaración de la renta entre 1982 y 1985. Así se convirtió en precursora del micromecenazgo (crowdfunding) en España.

Emulando los numerosos proyectos financiados a lo largo de los siglos mediante aportaciones ciudadanas, Lola Flores hizo lo propio con su espontánea petición: pedir una peseta a un gran número de potenciales financiadores, apelando a la conexión profunda, casi íntima, entre la artista y sus seguidores.

Lola Flores en 1987, pidiendo la colaboración de los españoles ante sus problemas con Hacienda. Fuente: YouTube.

La cantante resumió en una sola frase los grandes principios que confluyen en la financiación alternativa a través del micromecenazgo:

  1. La solicitud de pequeñas cantidades a un número amplio de personas. Esto permite reducir el riesgo individual que cada una de ellas asume.

  2. La construcción de un relato atractivo, que apela a la emotividad y a la creencia de que una persona o un equipo merece nuestro apoyo, incentiva las contribuciones.

¿Qué es el ‘crowdfunding’?

El crowdfunding consiste en que una persona o colectivo que desea llevar a cabo un proyecto de voluntariado, emprendimiento o innovación solicita pequeñas sumas de dinero a la sociedad mediante campañas difundidas generalmente a través de la web. A cambio, puede ofrecer distintos tipos de recompensa:

  • Una recompensa moral, basada en el simple estímulo positivo de apoyar una causa justa.

  • Una recompensa tangible, en forma de unidades de producto o regalos corporativos.

  • Una participación en la empresa resultante del proyecto (en el caso del crowdfunding de capital) o un interés financiero (crowdfunding de préstamo).

Todo esto contribuye a generar una comunidad sin fronteras, formada por personas que colaboran activamente en la definición y el éxito del proyecto empresarial o de la causa filantrópica.

¿Qué hay detrás del éxito del ‘crowdfunding’?

La respuesta no es una receta única. Se deben analizar diversos factores (entre otros, la relevancia del diseño visual y narrativo de las campañas). No obstante, hay un aspecto que ha ganado protagonismo: el inversor ancla. Si un inversor respalda un proyecto con una cantidad significativa de dinero y anima a otros a hacer lo mismo –con un mensaje convincente y apoyado en su bagaje profesional–, muchas personas tenderán a seguir su recomendación.

Dos razones explican fácilmente este comportamiento: si el inversor ancla aporta su dinero para respaldar un proyecto, su compromiso financiero funciona como una señal de que anticipa su éxito. Algo similar ocurre cuando invierte su reputación profesional en favor del proyecto.




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Emotividad, un factor clave

A pesar de que existen diversos tipos de crowdfunding según la recompensa que reciben los contribuyentes, la emotividad y la conexión con el promotor de la iniciativa han demostrado ser clave para el éxito del proyecto.

Ese fue el recurso central que empleó Lola Flores en su llamamiento. La cantante continuaba su mítico discurso con estas palabras: “Y después yo, no sé, me iría al estadio con todos los que han dado esa peseta, o esas cien pesetas, para tomarme una copa con ellos y llorar de alegría”, ofreciendo así un beneficio tangible (la copa), pero, más importante aún, la recompensa intangible de llorar de alegría junto a la mismísima Faraona.

Una de las claves para el éxito de las campañas de crowdfunding es aplicar la dosis justa de emotividad en el discurso para apelar a los sentimientos de quienes financian el proyecto y luego recompensar su esfuerzo.




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Una herramienta accesible

El crowdfunding está al alcance de todos. Solo se necesita tener conexión a internet, un proyecto empresarial o social atractivo, un discurso persuasivo y, de ser posible, un inversor ancla. Este último facilitará que el público general, a menudo con poca información relevante para formarse una opinión sobre la viabilidad del proyecto, se decida a invertir en el proyecto.

Según datos de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA), el crowdfunding es una alternativa más que útil para el talento emprendedor y asociativo que, con suerte y mejor resultado que La Faraona, puede ver en esta modalidad de financiación una opción menos costosa y arriesgada que las alternativas tradicionales.

The Conversation

Pau Sendra Pons no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Lola Flores, pionera del ‘crowdfunding’: qué hay detrás del éxito de este modelo de financiación – https://theconversation.com/lola-flores-pionera-del-crowdfunding-que-hay-detras-del-exito-de-este-modelo-de-financiacion-271434

¿Cuánto peso puede aguantar una hiedra?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos M Vicient Sánchez, Investigador del CSIC, Centro de Investigación en Agrigenómica (CRAG, CSIC-IRTA-UAB-UB) en el grupo de investigación “Estructura y evolución de los genomas de las plantas”., Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Existen distintas variedad de hiedra que trepan por muros y pueden vivir hasta 500 años. Freepik., CC BY

Imagine a un ser vivo que puede vivir 500 años, alcanzar 30 metros de altura (un edificio de 10 plantas) y pesar varias toneladas. Así es la hiedra, una planta originaria de Europa, el norte de África y Asia occidental que puede crecer tapizando el suelo o trepando a árboles, paredes o cercas.

La presencia de hiedras cubriendo paredes de edificios antiguos no es inusual. Algunos ejemplos son los muros del Castillo de Windsor (400 años), la Universidad de Princeton (160 años) o el edificio New Court en Cambridge (180 años). Esta última tiene 10 metros de alto y 60 metros de ancho y, considerando que el peso de la hiedra madura es de unos 20 kg por m², se puede calcular que pesa unas 12 toneladas, sin contar las raíces.

Cuestión de peso

Este peso tiene implicaciones en la capacidad de aguante del soporte, especialmente si se trata de verjas o cercos, pero también plantea preguntas respecto a cómo una planta de hiedra puede mantener su propio peso agarrándose a una pared o a un árbol.

No se han hecho demasiados ensayos sobre la resistencia de los tallos de hiedra, que dependerá de su edad y diámetro. Según mi propia experiencia, un tallo maduro de no más de 2 cm de diámetro puede llegar a soportar 100 kg.

La clave está en las raíces adventicias que sujetan la planta a la pared o al árbol y pueden soportar una fuerza de unos 1 200 kilos por centímetro cuadrado. ¿Cómo hacen estas raíces adventicias para sujetarse?

Mecanismos de sujección

Darwin con siete años, en 1816.
Ellen Sarples / Wikimedia Commons., CC BY

Como describió Charles Darwin en un artículo publicado en 1865 en el Boletín de la Sociedad Linneana de Londres y, posteriormente, en 1875, en un libro titulado Los movimientos y hábitos de las plantas trepadoras, existen básicamente dos tipos de mecanismos por los que las plantas se enganchan a sus soportes: mecánicos y químicos.

El principal proceso mecánico se basa en el uso de zarcillos, que son tallos u hojas modificadas que crecen enrollándose en el soporte, como ocurre en las habas o los guisantes.

Zarcillo de una viña.
John Sullivan / Wikimedia Commons., CC BY

Un segundo proceso mecánico utiliza una especie de zarcillos, pero mucho más cortos, en forma de gancho. Estos ganchos se introducen en las grietas y, luego, se ensanchan, quedando fijos. Es el mecanismo que usan las raíces de la hiedra para anclarse inicialmente al soporte. Pero la historia no acaba aquí.

Pegamento más potente que el del mejillón

Darwin observó como las radículas jóvenes –la primera parte de una planta que emerge de la semilla en el proceso de germinación– emiten un líquido transparente cuando son presionadas contra un vidrio. Este líquido ligeramente viscoso no se evapora y es capaz de unirse a granos de arena.

Además, cuando las radículas se dejan en contacto con algo sólido entre diez y quince días acaban emitiendo un líquido mucho más viscoso y adherente. Es decir, que las puntas de las raíces adventicias de la hiedra emiten un pegamento que las une al sustrato.

Posteriormente, ya en el siglo XXI, se determinó que este pegamento está formado por una mezcla de glicoproteínas. Se emite en forma de nanopartículas mil veces más pequeñas que un grano de arena (entre 50 y 80 nanómetros), lo que le permite interactuar de manera muy íntima con las superficies a las que se acaba adhiriendo y lo convierte en uno de los pegamentos naturales más poderosos que existen. Por ejemplo, es 100 veces más potente que el adhesivo secretado por los mejillones.

Cada una de las radículas no tiene más de un milímetro de diámetro, pero como existen decenas de ellas por centímetro de tallo, al final la capacidad de adhesión es muy alta, suficiente para soportar el gran peso de la planta.

Posibles aplicaciones prácticas

Curiosamente, estas nanopartículas absorben los rayos ultravioleta (UV). Los protectores solares comerciales ya contienen nanopartículas que bloquean los rayos UV y protegen contra las quemaduras. El problema es que son metálicas, como el dióxido de titanio y el óxido de zinc.

Según estudios recientes, las nanopartículas de hiedra podrían revelarse como una alternativa: han demostrado ser resistentes al agua, bloquean la radiación UV cuatro veces más que las metálicas y se descomponen naturalmente por las enzimas de la piel.

Quizás, dentro de un tiempo, aparezcan protectores solares obtenidos de la hiedra. Falta ver si no son tóxicas para las células vivas, que siempre es la parte más complicada del proceso de comercialización. También se está explorando su posible aplicación como superpegamento quirúrgico para sellar heridas.

Citando un fragmento de El origen de las especies, de Darwin, “en el futuro, veo más campos abiertos para otras investigaciones interesantes”. Aunque también sería aplicable una frase atribuída a Darwin por el zoólogo Edwin Ray Lankester: “Me encantan los experimentos tontos. Siempre los estoy haciendo”.

The Conversation

Carlos M Vicient Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuánto peso puede aguantar una hiedra? – https://theconversation.com/cuanto-peso-puede-aguantar-una-hiedra-270197

Por qué la obesidad es, ante todo, una enfermedad del cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosalia Rodriguez Rodriguez, Catedrática. Departamento de Ciencias Biomédicas, Universitat Internacional de Catalunya

La obesidad empieza en el cerebro y hoy sabemos que su desarrollo –y su tratamiento– no es igual en hombres y mujeres. Esta pandemia silenciosa, que avanza junto con la diabetes tipo 2 como una de sus complicaciones principales, afecta ya a más de mil millones de personas.

Mientras nuestro entorno se vuelve cada vez más obesogénico, el cerebro sigue funcionando con reglas ancestrales que dificultan mantener la pérdida de peso, incluso con fármacos tan revolucionarios como la semaglutida (Ozempic). Este cambio de mirada está transformando los tratamientos actuales y abriendo la puerta a nuevas terapias dirigidas directamente al cerebro.

Un cerebro ancestral en un entorno moderno

La obesidad y el sobrepeso suelen describirse como un exceso de grasa o un problema metabólico, pero su origen profundo reside en el sistema nervioso central, especialmente en el hipotálamo, la región que actúa como un “termostato energético”. Durante el 95 % de nuestra historia evolutiva hemos vivido en escasez: caminar, cazar y recolectar era imprescindible, y el cerebro desarrolló mecanismos muy eficaces para defender la masa grasa, porque perderla podía significar no sobrevivir.

Ese “cerebro ancestral” opera hoy en un entorno absolutamente opuesto: alimentos hipercalóricos disponibles 24 horas, sedentarismo, estrés crónico, alteraciones del sueño y dietas ultraprocesadas. El resultado es un desajuste entre nuestra biología y nuestro estilo de vida, amplificado en personas con predisposición genética. A ello se suma algo que la investigación empieza a explorar con claridad: el sistema que regula el peso no funciona igual en hombres y en mujeres.

Hipotálamo: donde empieza la obesidad

El hipotálamo integra señales hormonales (como leptina o insulina), metabólicas y sensoriales para equilibrar la energía ingerida y la gastada. Cuando perdemos peso, el cerebro interpreta la situación como una amenaza y activa potentes mecanismos de defensa: aumenta el apetito, reduce el gasto energético y refuerza una “memoria metabólica u obesogénica” que empuja a recuperar el peso previo.

Por eso, aunque la dieta y el ejercicio son esenciales para la salud y deben ser siempre la primera intervención, en muchas personas no bastan para revertir la obesidad cuando los circuitos cerebrales ya están alterados. Este punto no invalida el beneficio del estilo de vida: simplemente reconoce que, en ciertos casos, el cerebro necesita apoyo farmacológico para salir del bucle obesogénico.

Cuando el hipotálamo se inflama –por estrés, dietas hipercalóricas, falta de sueño, alteraciones hormonales o susceptibilidad genética– se altera la actividad de las neuronas que regulan el hambre y la saciedad. Algunas personas logran volver espontáneamente al peso inicial tras una sobrealimentación; otras, en cambio, muestran un “freno hipotalámico” menos eficaz y acumulan peso con más facilidad. La diferencia está en el cerebro.

Perspectiva de género: dos cerebros, dos respuestas

Las neuronas hipotalámicas AgRP (que estimulan el hambre) y POMC (que promueven la saciedad) regulan de forma precisa el comportamiento alimentario. Sin embargo, el hipotálamo no es solo un conjunto de neuronas: también incluye microglía, las células inmunitarias del cerebro, cuyo papel se ha revelado determinante.
En nuestro grupo hemos descrito tres fases de activación microglial en las primeras etapas de la sobrealimentación:

  1. Una activación temprana, rápida y reversible.

  2. Una fase inflamatoria sostenida, que altera los circuitos de saciedad.

  3. Una fase de desregulación final, en la que fallan los mecanismos que deberían limitar la ganancia de peso.

Estas fases no se comportan igual en hombres y mujeres. En modelos de roedores, las hembras muestran una respuesta neuroinmune más estable y protectora, lo que podría explicar por qué desarrollan obesidad más tarde. Este patrón recuerda a lo que se observa en mujeres premenopáusicas. Antes de la menopausia, las mujeres tienen menor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares que los hombres, gracias al efecto protector de los estrógenos. Pero la protección disminuye en la perimenopausia y la menopausia, un periodo todavía muy poco estudiado y crítico para el riesgo cardiometabólico.

Además, en modelos animales y cultivos celulares hemos detectado alteraciones muy tempranas –en microglía, en señales lipídicas como los endocannabinoides y en la sensibilidad neuronal a la insulina– incluso antes de que aparezcan cambios visibles en tejidos periféricos. Esto sugiere que el detonante inicial de la obesidad es cerebral. Integrar esta perspectiva de género resulta esencial para avanzar hacia tratamientos más precisos y efectivos.

Nuevas terapias contra la obesidad: incretinas y nanomedicina dirigida al cerebro

El tratamiento de la obesidad ha cambiado de manera drástica desde 2021 con los agonistas del receptor GLP-1. La semaglutida y otros fármacos de la familia de las incretinas, desarrollados inicialmente para la diabetes tipo 2, demostraron una notable capacidad de reducir peso mediante acciones tanto periféricas como centrales. Sin embargo, presentan limitaciones conocidas: efectos gastrointestinales, pérdida de masa magra, recuperación del peso tras suspenderlos o respuestas variables según el perfil biológico del paciente.

Estudios recientes muestran, además, diferencias por sexo: las mujeres premenopáusicas tienden a responder mejor a estos tratamientos que los hombres.

Esto plantea un desafío: necesitamos terapias que actúen directamente sobre el cerebro, con mayor precisión y menos efectos sistémicos. Aquí es donde la nanomedicina dirigida al cerebro abre un nuevo horizonte. En nuestro grupo desarrollamos nanoplataformas (micelas poliméricas, nanopartículas proteicas o formulaciones intranasales) capaces de transportar fármacos de forma selectiva al cerebro. Estas tecnologías permiten encapsular moléculas que, administradas sin protección, serían ineficaces o tóxicas, y dirigirlas a las células que controlan el apetito y la homeostasis energética.

Estas aproximaciones podrían complementar o potenciar las incretinas, reducir efectos secundarios, mejorar la adherencia y ampliar el número de pacientes que responden. Representan una vía para tratar la obesidad desde su origen cerebral, con intervenciones más personalizadas y sostenibles.

Una nueva mirada para un viejo problema

La obesidad no es un fallo de voluntad, como está estigmatizado a nivel social, ni un problema individual. Es una enfermedad compleja con raíces profundas en un cerebro adaptado para sobrevivir en la escasez. Abordarla requiere un doble enfoque: promover estilos de vida saludables y, cuando es necesario, utilizar terapias que actúen sobre los circuitos cerebrales que regulan el peso.

Comprender cómo funciona –y cómo falla– el hipotálamo será clave para frenar la pandemia silenciosa del siglo XXI. Y es ahí, en el cerebro, donde se está librando la batalla científica más prometedora.

The Conversation

Rosalia Rodriguez Rodriguez recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, de AGAUR-Generalitat de Catalunya (PRODUCTE, INNOVADORS), y del Centro de Investigación Biomédica en Red-Obesidad (CIBER-Obn)

ref. Por qué la obesidad es, ante todo, una enfermedad del cerebro – https://theconversation.com/por-que-la-obesidad-es-ante-todo-una-enfermedad-del-cerebro-270380

Lo que los dientes nos enseñan sobre la evolución de la vida acuática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

A lo largo de su vida, un tiburón puede producir más de 30 000 dientes. Marcelo Cidrack / Unsplash., CC BY

Si hay un rasgo que refleja con claridad la enorme creatividad de la evolución en el mar, es la boca.

En los océanos y aguas dulces del planeta, los dientes han adoptado las formas más insospechadas: algunos animales carecen por completo de ellos, mientras que otros producen decenas de miles a lo largo de su vida. En el medio acuático, donde la comida puede escapar, flotar o resistirse, la boca se convierte en un laboratorio evolutivo: los dientes son herramientas, armas y, en muchos casos, auténticas piezas de ingeniería biológica.

Útiles “raspadores”

Lampetra fluviatilis o lamprea, un pez ‘sin mandíbulas’.
Wikimedia Commons., CC BY

La historia comienza con los vertebrados más primitivos, los agnatos, un grupo sin mandíbulas que incluye a las lampreas. Estos animales, que recuerdan a una mezcla de anguila y vampiro, no poseen dientes verdaderos, sino un disco oral cubierto de estructuras córneas en forma de pequeños ganchos o raspas. Con ellos, se adhieren a otros peces y se alimentan de su sangre o de los fluidos de sus tejidos.

Aunque su aspecto es inquietante, sus “dientes” no son dientes en sentido estricto. Están formados por queratina, como nuestras uñas o el pelo, y no por esmalte. Son un invento distinto de la naturaleza para resolver el mismo problema: cómo agarrar y desgarrar.

Durante siglos, los zoólogos intentaron clasificar las especies de lamprea por la forma y número de estos “raspadores”. Sin embargo, estudios genéticos recientes han demostrado que esa clasificación era engañosa: especies que parecían diferentes resultaron ser genéticamente iguales, y viceversa.

Tiburones: fábricas dentales

Si las lampreas representan el origen más humilde de la dentición, los tiburones encarnan el extremo opuesto. En ellos, la naturaleza se desató. Estos peces cartilaginosos, que llevan dominando los mares desde antes de los dinosaurios, han convertido su dentadura en una fábrica perpetua de dientes.

Un gran tiburón blanco puede tener entre 120 y 130 dientes funcionales, organizados en varias hileras. Cada vez que uno se cae, algo que puede ocurrir al atrapar presas, otro ya está listo para reemplazarlo. A lo largo de su vida, un tiburón puede producir más de 30 000 dientes. Algunos incluso almacenan varios miles a la vez en una especie de cinta transportadora viva que garantiza que nunca les falte filo.

Tiburón tigre fotografiado en Las Bahamas.
Wikimedia Commons., CC BY

El tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) lleva la variación a otro nivel. A medida que crece, cambia el diseño de sus dientes: los jóvenes tienen piezas estrechas, perfectas para atrapar peces, mientras que los adultos desarrollan cuchillas afiladas, capaces de desgarrar tortugas o mamíferos marinos. Este fenómeno, conocido como cambio ontogenético, muestra cómo la dentición refleja las necesidades del animal en cada etapa de su vida.

Detrás de esta maquinaria de recambio hay un secreto celular: en la lámina dental del tiburón existen poblaciones de células madre que regeneran continuamente los dientes.

Curiosamente, las mismas bases moleculares que controlan este proceso se parecen a las que intervienen en el desarrollo dental humano. Estudiar a los tiburones, por tanto, no solo nos dice cómo cazan, sino también cómo podrían, algún día, regenerarse los dientes en medicina humana.

Peces óseos: los más curiosos

En los peces óseos o teleósteos la diversidad es aún mayor. Este grupo, que incluye desde caballitos de mar hasta meros y salmones, ha experimentado con todas las posibles soluciones dentales.

Dibujos de teleósteos realizados por Francis de Laporte de Castelnau en su expedición desde Rio de Janeiro a Lima, 1856.
Francis de Laporte de Castelnau.

Algunos, como el tambor de agua dulce (Aplodinotus grunniens), poseen más de mil diminutos dientes faríngeos situados en el fondo de la garganta, donde trituran moluscos y crustáceos. Otros, como el sargo (Archosargus probatocephalus), sorprenden por su dentición casi “humana”: incisivos al frente, molares detrás y una disposición perfectamente adaptada para romper conchas o triturar algas.

Pero no todos poseen dientes. Muchas especies carecen de ellos y se alimentan por succión, como los caballitos de mar, o mediante estructuras de filtrado situadas en las branquias.

Y, en el extremo de la rareza, algunos teleósteos los desarrollan fuera de la boca: en la piel, en las aletas o incluso en los opérculos. Estos “dientes externos”, llamados odontoides, se sitúan en la frontera entre escamas y los dientes y nos dan pistas sobre cómo los primeros vertebrados transformaron escudos dérmicos en auténticos trituradores hace cientos de millones de años.

Un ejemplo de pez con dientes externos es el pez rata manchado Hydrolagus colliei, que posee un apéndice en la frente cubierto de dientes que utiliza para la reproducción.
Wikimedia Commons., CC BY

Ballenas, cuestión de barbas

Los mamíferos marinos siguieron un camino evolutivo completamente diferente. Aunque la forma de su cuerpo sea similar, todos sabemos que las ballenas y los delfines son mamíferos que descienden de antepasados terrestres.

Entre ellos, encontramos dos estrategias opuestas. Los odontocetos, el grupo de los delfines, cachalotes y marsopas, conservan los dientes, aunque con una sorprendente variedad de formas.

El narval solo tiene una función, que se alarga y retuerce hasta formar su famoso colmillo, mientras que algunos delfines pueden superar los 160 dientes. El cachalote, en cambio, los concentra todos en la mandíbula inferior: de 36 a 50 piezas cónicas que encajan en los huecos del maxilar superior.

Ballena jorobada, en el santuario marino Stellwagen Bank, océano Atlántico.
Wikimedia Commons., CC BY

En el otro extremo, están los misticetos o ballenas barbadas. Durante su desarrollo embrionario, forman dientes que nunca llegan a salir. En su lugar, la naturaleza inventó una solución nueva: las barbas, unas láminas de queratina dispuestas como un peine que les permiten filtrar toneladas de krill y plancton. Este cambio –de morder a filtrar– es uno de los saltos evolutivos más radicales del reino animal.

Una ventana a la evolución

Más allá de la mera curiosidad, estudiar la diversidad dental nos revela cómo la evolución resuelve un mismo problema de distintas maneras. Los dientes son una huella de la dieta, del comportamiento y del entorno de cada especie.

Diente rostral de un pez sierra extinto, Onchorpristis numidus, con 80 millones de años de antigüedad.
Wikimedia Commons., CC BY

En los tiburones, la sustitución continua refleja un equilibrio entre fuerza y fragilidad: las presas resbalan, los dientes se rompen, pero siempre hay repuestos. En las ballenas barbadas, la pérdida total de dientes simboliza la transición a una nueva forma de alimentarse. Y en los peces óseos, la variedad extrema muestra cómo una mandíbula puede convertirse en un laboratorio evolutivo de adaptaciones infinitas.

Incluso la forma microscópica del esmalte o la disposición de los dientes en el cráneo puede revelar estrategias ecológicas: peces con dientes puntiagudos suelen ser cazadores de presas móviles, mientras que los de dientes planos y fuertes son trituradores de conchas o raspadores de algas.

En cada diente, se esconde una historia de millones de años. Desde la lamprea que se aferra como un vampiro en la oscuridad de un río, hasta el delfín que atrapa peces con precisión milimétrica o la ballena que filtra océanos enteros, todas ellas muestran que la evolución, cuando se trata de bocas, nunca deja de sonreír.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Lo que los dientes nos enseñan sobre la evolución de la vida acuática – https://theconversation.com/lo-que-los-dientes-nos-ensenan-sobre-la-evolucion-de-la-vida-acuatica-271217

El eco de ‘La voz de Hind’: cuando el relato resuena más que los hechos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isadora García Avis, Profesora de Narrativa Audiovisual, Universitat Internacional de Catalunya

Fotograma de _La voz de Hind_ con los trabajadores de la Media Luna Roja hablando por teléfono con Hind. La Zona

Una ovación en pie que se prolongó durante 23 minutos. Esa fue la acogida que tuvo la película La voz de Hind (Kaouther Ben Hania, 2025) en la última edición de la Bienal de Venecia, festival donde también recibió el Gran Premio del Jurado. Después llegaron el Premio del Público en el Zinemaldia de San Sebastián (con una puntuación histórica de 9.52) y el Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Chicago. El último hito logrado por este filme ha sido una nominación a los Globos de Oro, en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa.

Un grupo de personas serias delante de un photocall.
El equipo de La voz de Hind presentó la película en el Festival Internacional de Cine de Venecia 2025.
La Zona

La voz de Hind cuenta la historia real de Hind Rajab Hamada, una niña palestina de 5 años que fue asesinada por el ejército israelí en Gaza. El 29 de enero de 2024, el coche en el que Hind viajaba con su tío, su tía y cuatro primos recibió 335 impactos de bala. Escondida entre los escombros del vehículo, y rodeada por los cadáveres de sus familiares, Hind pasó las últimas horas de su vida hablando por teléfono con voluntarios de la Media Luna Roja (Omar, Rana, Nisreen, Mahdi), que hicieron todo lo posible por intentar rescatarla.

A principios de 2024, este suceso fue cubierto por numerosos medios internacionales y tuvo un impacto notable en la opinión pública. Sin embargo, a medida que pasaron las semanas y los meses, quedó diluido entre las nuevas noticias que se publicaban diariamente sobre el genocidio en Gaza.

Ahora, en forma de película, avalada por su trayectoria en festivales y por el aclamo de la crítica, la historia de Hind está logrando conectar con espectadores de todo el mundo. ¿Por qué los relatos audiovisuales que dramatizan hechos reales pueden, en ocasiones, interpelar al público más que los datos y las estadísticas?

La era de la sobreinformación

Nunca antes los seres humanos habíamos podido acceder a tanta cantidad de información, y de manera tan inmediata, como ahora. Estamos rodeados de noticias, 24 horas al día, 7 días a la semana. En nuestros bolsos y bolsillos llevamos un aparato móvil que nos permite acceder instantáneamente a todo lo que está ocurriendo en cualquier lugar del mundo. En tan sólo unos segundos, y con un único clic, podemos encontrar infinidad de datos sobre cualquier tema.

Sin embargo, esto también tiene consecuencias negativas: además de la rápida propagación de bulos y desinformaciones, tal sobrecarga puede generar hastío e incluso desensibilización en los ciudadanos.

A esto se le añade que la propia naturaleza de los ciclos informativos, tan acelerados y saturados de contenido, facilita que las noticias tengan una vida muy corta. Un suceso trágico nos puede conmocionar en un momento determinado, para caer en el olvido pocos días después. Eso ocurrió, por ejemplo, con la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio que falleció intentando cruzar el mar Egeo para llegar a Grecia. Su imagen dio la vuelta al mundo y se convirtió en el símbolo de una crisis migratoria que, desde entonces, se ha agravado aún más.

Ahora bien, cuando convertimos un hecho real en un relato audiovisual, dramatizando lo ocurrido con herramientas propias de la ficción, el impacto emocional de esas historias llega a los espectadores de una manera diferente.

El poder de las historias (y de sus personajes)

Los relatos audiovisuales (sean de ficción o estén basados en hechos reales) son recreaciones de la realidad humana. Como tales, pueden ayudarnos a comprender cuestiones profundas sobre nuestra naturaleza, a viajar a otras realidades y conocer otras culturas, a entendernos a nosotros mismos y a entender mejor a otros.

Esta es una de las razones por las que, para el escritor Paul Auster, los seres humanos necesitamos las historias “casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten, en la página impresa o en la pantalla de televisión, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas”.

Generalmente, las obras que más recordamos son aquellas que nos han hecho sentir emociones de manera más intensa. Y esa conexión emocional que establecemos con las historias proviene, en gran medida, de la empatía que nos generan sus personajes. El guionista y analista Karl Iglesias afirma que, al escribir el guion de una película, es imprescindible emplear técnicas narrativas que potencien ese impacto emocional.

En una escena de La voz de Hind, Nisreen le explica a Omar que, tras perder a alguien en una llamada de emergencia, es bueno pedir una foto de esa persona. Es decir, ponerle una cara. Lo mismo ocurre con los relatos: cuando contamos una historia con nombre y apellidos, situamos el foco en un personaje concreto. En el caso de las películas basadas en hechos reales, ponerle cara a una persona puede lograr que deje de ser un mero número en una estadística. Así, su historia será más difícil de olvidar.

Una fotografía de una niña enfocada delante del rostro desenfocado de un hombre.
Durante la noche en la que intentan activar el protocolo de ayuda, Omar cuelga imágenes de Hind en la oficina para que no se les olvide a quién están intentando salvar.
La Zona

Técnicas narrativas para recrear hechos reales

La voz de Hind es un claro ejemplo de cómo la forma en la que se cuenta una historia puede reforzar el mensaje que se quiere transmitir. El suceso narrado se prolongó durante varias horas, pero la película lo condensa en 89 minutos.

No sólo se han seleccionado los momentos clave de lo ocurrido; también se les ha dotado de una estructura de relato cinematográfico, con su conflicto ascendente, su midpoint, sus puntos de giro y un clímax final desolador: cuando la ambulancia que por fin ha sido autorizada para rescatar a Hind está a tan sólo unos metros de la niña, se escucha el impacto de un proyectil. La comunicación con los rescatistas, Yusuf Zeino y Ahmed al-Madhoun, se corta inmediatamente. En ese preciso instante, la desesperanza que invade las oficinas de la Media Luna Roja atraviesa también a los espectadores.

Más allá de las técnicas tradicionales de guion, el equipo creativo de esta película tomó una decisión radical: mezclar el relato ficcionado con la voz real de Hind. Desde el primer momento la audiencia sabe que, aunque está viendo a actores interpretar a los voluntarios de la Media Luna Roja, las grabaciones con la voz de Hind son auténticas.

Un fotograma de la película en el que se reproducen los audios de Hind indica que las voces en el teléfono son reales.
Un fotograma de la película en el que se reproducen los audios de Hind indica que las voces en el teléfono son reales.
La Zona

Fragmentos de esas grabaciones fueron compartidos por la organización en redes sociales en 2024, con el objetivo de concienciar sobre lo que estaba ocurriendo en Gaza. Sin embargo, un reel es breve y se pierde rápido en las profundidades de internet. Cuando las grabaciones se integran en un relato audiovisual como La voz de Hind, se puede generar un impacto emocional de manera más certera.

La dramatización se entrelaza con lo real

Saber que estamos escuchando a la verdadera Hind pedir ayuda, en los últimos momentos de su vida, lo cambia todo. Esta decisión creativa hace que el espectador establezca un vínculo inmediato con la niña y con su historia. Se trata de la clave narrativa del relato y, para la directora de la película, la tunecina Kaouther Ben Hania, contarlo de otra manera no habría tenido sentido.

Así lo explica la propia cineasta: “Cuando escuché la grabación, lo primero que hice fue llamar a su madre. Estaba de luto, y lo primero que me dijo fue: ‘Quiero que se escuche la voz de mi hija’. Así que, para mí, era una obligación moral honrar su voz”.

La hibridación entre realidad y ficción se expande en algunos puntos concretos de la película, cuando también se escuchan las voces de los voluntarios reales, entrelazadas con las voces de los actores que les dan vida. En una de las últimas escenas, además, vemos sus rostros. Omar y Nisreen están siendo grabados con un teléfono móvil mientras hablan con Hind. En un momento dado, la lente de la cámara desenfoca a los actores, y en la pantalla del móvil aparecen los rostros de los verdaderos voluntarios. Esta decisión formal, en un momento de máxima tensión dramática, nos vuelve a recordar que esto es una historia real, incrementando aún más el impacto emocional de lo narrado.

Dos voluntarios hablan con una niña por unos cascos y un micro.
Omar y Rana hablando con la niña por teléfono.
La Zona

El eco de la voz de Hind

Hind Rajab Hamada era una niña de 5 años. En la escuela estaba en la clase de las mariposas. Le daba miedo la oscuridad y le encantaba ir a la playa de Gaza. De hecho, quería que pararan las bombas y los disparos para poder volver a jugar en la arena con su familia. Tanto al inicio como al final de la película podemos escuchar el sonido de esas olas del mar que tanto añoraba.

Cuando nos cuentan esta historia en forma de relato cinematográfico, con técnicas de narrativa audiovisual y utilizando la voz de la propia Hind, los espectadores podemos establecer una conexión emocional mucho más profunda con ella. Así, Hind deja de ser una mera cifra en las estadísticas, una niña más entre las decenas de miles de personas asesinadas en Gaza. Y, gracias al alcance que está teniendo la película, el eco de su voz continúa resonando por todo el mundo.

The Conversation

Isadora García Avis no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El eco de ‘La voz de Hind’: cuando el relato resuena más que los hechos – https://theconversation.com/el-eco-de-la-voz-de-hind-cuando-el-relato-resuena-mas-que-los-hechos-271151