El cambio climático y la actividad humana están transformando las montañas en todo el mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Elustondo Valencia, Catedrático en Tecnologías del Medioambiente y director científico del Instituto de Biodiversidad y Medio Ambiente, Universidad de Navarra

Lago Enol, en Picos de Europa, en Asturias (España). Chris WM Willemsen/Shutterstock

Las montañas cubren cerca de una cuarta parte de la superficie terrestre. Además de su valor ecológico, sostienen directa o indirectamente a más de la mitad de la población mundial proporcionando servicios fundamentales: abastecen de agua dulce a grandes ciudades y regiones agrícolas, regulan el clima local y regional, almacenan carbono en bosques y turberas, conservan una biodiversidad única y ofrecen recursos esenciales para la cultura, el ocio y el bienestar.

Sin embargo, en las últimas décadas, estos ecosistemas se han convertido en uno de los escenarios donde el cambio climático se manifiesta con mayor intensidad y rapidez. Lejos de ser territorios remotos o inmutables, están experimentando una transformación profunda con consecuencias ecológicas, económicas y sociales de gran alcance.

Territorios vulnerables al cambio climático

Estos territorios son especialmente sensibles al calentamiento global, que en las zonas de montaña supera ampliamente la media global.

Este aumento de temperatura está provocando la pérdida acelerada de nieve y el retroceso de glaciares, con efectos directos sobre la regulación hidrológica.

Muchos de los ríos más importantes del mundo dependen del equilibrio nival y glaciar para mantener sus caudales. La reducción del manto de nieve y el deshielo prematuro están alterando los flujos estacionales de agua, generando una mayor circulación de agua en invierno y menor en verano, cuando aumenta la demanda agrícola y urbana. Por tanto, este desequilibrio no solo afecta a la biodiversidad, sino también al abastecimiento humano, la producción hidroeléctrica y la seguridad alimentaria.




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El calentamiento global ejerce además una fuerte presión sobre la biodiversidad de alta montaña, una de las más singulares y frágiles del planeta. Muchas especies se desplazan hacia cotas superiores en busca de temperaturas más frías, pero en los sistemas montañosos ese margen altitudinal es limitado.

En consecuencia, especies adaptadas a ambientes fríos, desde plantas alpinas hasta aves, insectos y anfibios, se encuentran cada vez más acorraladas y, en algunos casos, al borde de la extinción local.

A ello se suman desajustes en los ciclos fisiológicos –los ritmos de funciones biológicas– que generan una creciente asincronía entre especies que dependen unas de otras. Estos cambios repercuten en procesos ecológicos esenciales como la polinización, el control de plagas o el ciclado de nutrientes.

Rana de tonos marrones sobre una superficie rocosa húmeda y con musgo
La rana pineraica (Rana pyrenaica) es una especie endémica de algunas regiones montañosas españolas amenazada por el cambio climático y las actividades humanas, entre otros factores.
Benny Trapp/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Impacto de las actividades humanas

A estas presiones se suma una creciente influencia humana. El aumento del turismo, la urbanización de valles, la construcción de infraestructuras y la demanda creciente de agua y energía están transformando aceleradamente los ecosistemas de montaña. Este incremento de usos favorece el desplazamiento de especies nativas y altera el equilibrio ecológico, especialmente en zonas de alta sensibilidad ambiental.

Existe, además, un factor menos visible pero igualmente determinante: el depósito atmosférico de contaminantes, especialmente nitrógeno y fósforo. Aunque a menudo se perciben como espacios aislados, las montañas reciben cantidades crecientes de nutrientes procedentes de actividades humanas situadas a grandes distancias.

En muchos sistemas oligotróficos (es decir, adaptados a niveles muy bajos de nutrientes) como turberas, praderas alpinas, suelos de alta montaña y lagos glaciares, estos aportes superan la cantidad que pueden soportar, alterando la química del agua, favoreciendo proliferaciones algales y desplazando especies nativas adaptadas a ambientes pobres en nutrientes. Como consecuencia, disminuye la capacidad de estos ecosistemas para depurar agua, almacenar carbono o mantener su biodiversidad característica.




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Centinelas del cambio global

El impacto del cambio global en las zonas de montaña es, por tanto, claramente multifactorial. El efecto combinado del cambio climático, la disminución de la ganadería extensiva, la contaminación atmosférica y el aumento de la presión constructiva está incrementando la frecuencia e intensidad de eventos extremos e incendios forestales y transformando elementos icónicos del paisaje. Los glaciares desaparecen, las turberas se degradan, los bosques ascienden en altitud o cambian de composición y los lagos de alta cota experimentan alteraciones químicas y biológicas sin precedentes.

Este conjunto de cambios afecta de forma directa a actividades clave para las comunidades locales, como la ganadería extensiva, el turismo, la producción de alimentos y el abastecimiento de agua. La intensificación de la presión humana amplifica estos efectos y acelera la degradación de unos ecosistemas frágiles por naturaleza. De mantenerse esta tendencia, las regiones de montaña se enfrentarán a retos profundos para lograr mantener sus pilares económicos y el modo de vida de sus comunidades.

Por su sensibilidad y su papel estratégico en el funcionamiento del planeta, las montañas se han convertido en centinelas del cambio global. Lo que ocurre en ellas anticipa escenarios climáticos y ecológicos que afectarán a otras regiones en las próximas décadas.




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Proteger estos ecosistemas y reforzar su resiliencia es esencial para garantizar los servicios ecosistémicos que sostienen a millones de personas y para preservar un patrimonio natural de valor incalculable. En este contexto, en los próximos años será imprescindible consolidar y ampliar estrategias transfronterizas de mitigación y adaptación en regiones de montaña, siguiendo el ejemplo de iniciativas pioneras en Europa como la Estrategia Pirenaica del Cambio Climático (EPiCC) y el proyecto LIFE Pyrenees4Clima, que impulsa su implementación.

The Conversation

David Elustondo Valencia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El cambio climático y la actividad humana están transformando las montañas en todo el mundo – https://theconversation.com/el-cambio-climatico-y-la-actividad-humana-estan-transformando-las-montanas-en-todo-el-mundo-271773

La expansión de un depredador silencioso podría poner fin a los mejillones cantábricos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emma Shorter Rodríguez, Doctoranda en Biogeociencias, Universidad de Oviedo

Nada hay más apetitoso para un gusano plano de la especie _Postenterogonia orbicularis _, originaria de Oceanía, que un rico mejillón. Los percebes, sin embargo, no son plato de su gusto. Así lo ha evidenciado un estudio realizado por un equipo de la Universidad de Oviedo que desarrolló un estudio experimental para analizar qué prefiere y cuánto come esta nueva especie invasora.

Su aparición en las costas de Galicia, Asturias y País Vasco está generando cierta inquietud sobre cómo podía afectar a la biodiversidad de sus mares.
La presencia de esta especie de gusanos planos
en el mar Cantábrico se anunció por primera vez en la revista científica Regional Studies in Marine Science en 2022. Se trata de la primera detección de esta especie en Europa y fuera de su hábitat natural, es decir, Nueva Zelanda y Australia. La globalización y el transporte marítimo internacional favorecen la introducción de organismos exóticos en ecosistemas alejados de su hábitat natural. Aunque aún no se conoce con certeza cómo llegó hasta la costa norte de España, la prioridad actual se centra en determinar los posibles impactos ecológicos y económicos que esta invasión podría generar en el mar Cantábrico.




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Los mejillones, el menú favorito de los gusanos planos invasores

En su área de origen, la planaria está catalogada como una especie perjudicial para la acuicultura de moluscos, especialmente mejillones, ostras y almejas, dado que se alimenta de estos animales. Por ello, se podría considerar que su presencia en el norte de España podría tener consecuencias similares sobre las bateas locales, las plataforma de madera que se colocan en el mar para la cría o cultivo de mejillones y otros moluscos.

El cultivo de mejillón en el Mar Cantábrico, aunque no sea tan extenso como en otras zonas de España, sigue teniendo un peso notable tanto en la economía local como en la tradición gastronómica, lo cual inspira a cuidarlo.

Con el fin de evaluar esta hipótesis, nuestro equipo de investigación desarrolló un estudio experimental para analizar qué prefiere y cuánto come esta nueva especie invasora. Para ello, se recolectaron ejemplares de gusano plano en distintos tipos de hábitats: zonas intermareales naturales, áreas portuarias y también en bateas utilizadas para el cultivo de moluscos. Esta diversidad de lugares permitió obtener individuos expuestos a distintas condiciones ambientales.

Una vez reunidos, los gusanos fueron cuidadosamente trasladados al laboratorio. Allí, cada ejemplar se colocó en un tanque individual con agua de mar para asegurar su bienestar y evitar interacciones que pudieran alterar los resultados. En total se prepararon 60 tanques, organizados en grupos de diez para facilitar su control y mantenimiento durante todo el experimento.

El experimento consistió en ofrecer a los gusanos tres posibles presas: mejillón (Mytilus galloprovincialis), ostra (Magallana gigas) y percebe (Pollicipes pollicipes). Transcurridas 24 horas, los resultados mostraron que los gusanos planos rechazaron sistemáticamente los percebes, consumieron moderadamente las ostras y mostraron una marcada preferencia por los mejillones.




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Consecuencias para la biodiversidad y acuicultura del Cantábrico

Dado el comportamiento observado, se repitió el experimento utilizando exclusivamente mejillones. Los datos obtenidos revelaron que cada ejemplar de P. orbicularis consume en promedio 0,35 gramos de mejillón al día. Para dimensionar este valor, se puede tomar como referencia una de las bateas muestreadas, donde un solo cabo contenía aproximadamente 13 kilogramos de mejillones y albergaba 170 individuos de gusano plano. A este ritmo de consumo, dicha población sería capaz de consumir la totalidad de los mejillones del cabo en unos 131 días, es decir, en poco más de cuatro meses.

Mientras se analizaba el comportamiento depredador de esta especie de gusanos planos, también se llevó a cabo un estudio sobre su reproducción y su desarrollo larvario, ya que apenas existía información al respecto. Se observó que, además de su capacidad de regeneración, estos gusanos presentan un desarrollo larvario que se prolonga unos 13 días y culmina en una larva trocófora, un estadio que permanece flotando en la columna de agua y que puede sobrevivir de esta manera hasta tres meses.

Tras ese periodo, la larva experimenta una metamorfosis que da lugar al gusano plano adulto.) Además, el hallazgo de individuos de distintos tamaños y la presencia constante de ejemplares a lo largo del año sugieren que esta especie está bien establecida en la costa cantábrica.

Nuestra investigación muestra el potencial impacto que la expansión de P. orbicularis podría tener sobre la industria acuícola del mar Cantábrico, especialmente en el cultivo de mejillones. El estudio de especies exóticas e invasoras como esta no solo aporta información esencial sobre su biología y comportamiento, sino que resulta fundamental para diseñar estrategias de manejo y control que protejan un sector económico clave para el norte de España.

Una respuesta conjunta entre instituciones de investigación, organismos públicos y entidades privadas será clave para gestionar eficazmente la presencia de esta especie y prevenir consecuencias negativas sobre el medio marino y la acuicultura del Cantábrico.

The Conversation

José Manuel Rico Ordás recibe fondos de el programa Biodiversidad, denominado “Exploración, análisis y prospectiva de la biodiversidad: Posibles respuestas a la estrategia 2030 de desarrollo sostenible en un escenario de cambio global”, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y del Gobierno del Principado de Asturias

Emma Shorter Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La expansión de un depredador silencioso podría poner fin a los mejillones cantábricos – https://theconversation.com/la-expansion-de-un-depredador-silencioso-podria-poner-fin-a-los-mejillones-cantabricos-270409

Razones científicas para retrasar dos horas la entrada al instituto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Gabaldón Estevan, Profesor Titular de Universidad, Sociología, Universitat de València

PeopleImages.com/Shutterstock

El periodo vital en el que están los estudiantes de secundaria, entre los 12 y los 16 años (hasta los 18 si incluimos el Bachillerato) supone cambios biológicos de primer orden en su desarrollo. Algunos de ellos son muy evidentes, como el rápido crecimiento que se produce (los famosos “estirones”), y otros más sutiles, como el retraso de la fase de sueño. Sobre este último es sobre el que necesitamos reflexionar a la hora de definir la hora de arranque de la jornada escolar.

Cambios en la hora de irse a la cama

Desde el inicio de la pubertad (a finales de la primaria) hasta lo que se ha denominado el final de la adolescencia (19,5 años en mujeres y 21 en hombres) se produce un retraso paulatino en el horario natural en el que las personas estamos predeterminadas para iniciar el sueño .

Esto significa que de manera natural, conforme avanzamos hacia el final de la adolescencia, nuestro organismo está predeterminado para ir paulatinamente retrasando tanto el momento en el que conciliamos el sueño como la hora a la que nos despertaremos de manera natural.

Independientemente de que seamos por herencia genética más matutinos (alondras) o más vespertinos (búho), la etapa de la adolescencia será la más vespertina de nuestra vida, ya que a partir del final de este periodo hay un lento pero progresivo adelantamiento de nuestra fase de sueño, de manera que pasados los 40 años de edad prácticamente desaparece tal efecto de retraso.




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Cambios en la calidad del sueño

Por otro lado, en esta época de la vida se produce un incremento de las conexiones de la parte “afectiva o emocional” del cerebro, con un menor aumento de esas conexiones en la parte “ejecutiva” o de razonamiento del órgano, proceso que también contribuye a cambios fisiológicos en la calidad del sueño del adolescente.

Estos cambios relacionados con el retraso de la fase de sueño pueden provocar cefalea, somnolencia, fatiga, deterioro cognitivo y desregulaciones metabólicas e inmunológicas, así como predisposición a manifestar trastornos mentales como depresión, ansiedad y bipolaridad.

¿Qué pasa si el instituto empieza a las 8 de la mañana?

Cuando el horario de arranque de la jornada escolar se sitúa demasiado temprano con relación a la hora natural de despertarse del alumnado, se produce lo que se conoce como jetlag social”. Es un desfase entre la hora que marca el reloj interno del estudiante y lo que pauta el reloj social, con una diferencia de alrededor de dos horas del tiempo total de sueño entre días académicos y fines de semana, alterando el reloj biológico del estudiante.

El gráfico muestra cómo la desincronización se incrementa conforme el alumnado va avanzando en la adolescencia.
Distribución del jetlag social por edad del alumnado participante en el proyecto Kairós: la desincronización medida con el Munich Chronotype Questionnaire (https://doi.org/10.3389/fpubh.2024.1336028) se incrementa conforme el alumnado va avanzando en la adolescencia. Dos tendencias contrapuestas estarían detrás de este fenómeno: el retraso de la fase de sueño y el adelanto en la hora de entrada al instituto.
Gráfico sacado del Proyecto Kairós (PID2021-126846NA-I00/AEI/10.13039/501100011033 y CIACO/2023/120), coordinado por el autor., CC BY

Por eso, pedirle a un adolescente que se despierte a las 7 a. m. es como pedirles a sus padres que se despierten a las 4 o 5 a. m. Esto afecta mucho a la salud física y mental, sobre todo porque no se duermen suficientes horas, pero también por el desajuste en los horarios interno y externo.

Veámoslo:

  • Al no poder dormirnos antes de que llegue nuestra ventana de sueño (momento en el que podemos conciliar el sueño de manera natural) y al tener que levantarnos a una hora anterior a nuestro despertar natural, el organismo no puede descansar lo suficiente, generando una “reparación deficitaria”: durante el sueño el sistema glinfático impide la acumulación de toxinas en el sistema nervioso; si no descansamos lo suficiente, la limpieza no es completa.

  • Si no descansamos lo suficiente la noche de antes de clase, nuestro estado de alerta durante la vigilia se ve perjudicado, lo que afecta a nuestra capacidad de concentrarnos y de aprender (prestar atención y atender en clase, relacionar y asimilar conceptos) . Si dormimos solo 6 horas y perdemos el último 25 % del sueño, podríamos estar perdiendo entre el 60 y el 90 % de todo el sueño REM, el encargado de reforzar las conexiones neuronales.

  • Si no descansamos suficiente la noche tras un día de clase, la capacidad de nuestro cerebro para procesar la información adquirida y nuestra memoria se verán comprometidas. De hecho, estudios sobre el sueño y la memoria indican que quienes tienen la oportunidad de dormir en el intervalo de 8 horas entre el aprendizaje y el recuerdo mejoran entre un 20 y un 40 % su capacidad de retener lo aprendido.

  • Además, no dormir lo suficiente afecta a nuestro sistema inmune, haciéndonos más vulnerables a contraer enfermedades como depresión, ansiedad, diabetes, cáncer, ataque cardíaco y accidente cerebrovascular.

  • Nuestro estado de humor también se ve comprometido cuando no descansamos. De hecho, se ha observado que la amígdala, que es clave para desencadenar emociones fuertes como la ira o la rabia, sufre una amplificación de más del 60 % en la reactividad emocional en personas privadas de sueño. Toda una bomba de relojería para la convivencia en los centros escolares.




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Dos horas más tarde: múltiples beneficios

Diversos estudios han determinado que cuando se retrasa la hora de entrada al instituto se produce una ganancia neta de descanso: el alumnado sigue acostándose a la misma hora que lo hacía, pero se levanta más tarde, dedicando alrededor del 80 % del tiempo extra a dormir.

Dormir más reduce la somnolencia diurna, la depresión, el consumo de cafeína, los retrasos y la dificultad para mantenerse despierto, y mejora la calidad del sueño, la satisfacción vital y el malestar psicológico. Otros estudios sugirieren que cuanto mayor es el tiempo adicional de sueño, mejor es la calidad del mismo, el funcionamiento diurno y el bienestar subjetivo.

El retraso en la entrada al instituto reduciría además la desincronización del alumnado más vespertino, aliviando la brecha que se produce entre los estudiantes más matutinos y los más vespertinos.

Dejarles dormir lo que necesitan y cuando lo necesitan es, en definitiva, respetar su derecho a hacer las cosas cuando más les conviene para su salud, su desarrollo y su bienestar.

The Conversation

Daniel Gabaldón Estevan recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (PID2021-126846NA-I00/AEI/10.13039/501100011033) y de la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo de la Generalitat Valenciana (CIACO/2023/120) ambos por el proyecto Student chronotype (mis)match with school time organization: its effects on health, learning, time use and satisfaction (Kairos)

ref. Razones científicas para retrasar dos horas la entrada al instituto – https://theconversation.com/razones-cientificas-para-retrasar-dos-horas-la-entrada-al-instituto-269332

Durante el ‘procés’, las organizaciones empresariales catalanas optaron por una estrategia de comunicación despolarizadora

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Aracil, Profesora del Departamento de Economía e Investigadora del Instituto de Investigación Tecnológica (IIT), Universidad Pontificia Comillas

Manifestación independentista en Barcelona el 17 de octubre de 2017. caesarjulivs/Shutterstock

Durante la última década hemos visto cómo cada vez más empresas intervienen en debates sociales y políticos. Desde derechos civiles hasta guerras, pasando por conflictos territoriales, el activismo sociopolítico corporativo se ha convertido en una expectativa social. Pero ¿qué ocurre cuando se vive una escalada de tensión política tan profunda como la que se vivió en Cataluña entre 2014 y 2017, cuando cualquier posicionamiento podía aumentar el riesgo de ruptura institucional?

Hemos querido analizar cómo gestionaron su comunicación durante el procés tres grandes organizaciones empresariales catalanas: Foment del Treball, Pimec y Cecot. Y los resultados de nuestra investigación han sido reveladores: lejos de tomar partido o callar, estas organizaciones adoptaron una estrategia a la que hemos llamado mediación discursiva. Todas usaron su voz para reducir la polarización, no para reforzarla.

A partir del análisis de más de 18 000 documentos –tuits, comunicados, entrevistas y material contextual– identificamos un conjunto de prácticas discursivas orientadas a rebajar tensiones en un momento en que la sociedad catalana se dividía en términos de “ellos” y “nosotros”, y en un contexto incendiario.

En los años del procés se construyeron relatos crecientemente hostiles. Una parte del independentismo catalán presentaba al Estado como un actor esencialmente corrupto y opresor. Por otra parte, los sectores contrarios describían a los independentistas como radicales, fanáticos o incluso antidemocráticos. En este clima, las empresas se enfrentaban a un dilema: si hablaban podían irritar a parte de sus socios, clientes o empleados, pero si callaban, también.

Frente a esta trampa discursiva, las organizaciones empresariales catalanas decidieron hacer algo distinto: usar la comunicación para frenar la escalada.

Llamada al diálogo

La primera línea de actuación que destaca el estudio es la insistencia pública de las empresas analizadas en la necesidad de dialogar. Desde 2014, los comunicados de Foment del Treball, Pimec y Cecot llamaron a negociar, pactar y evitar decisiones unilaterales. No defendían un resultado concreto, sino un proceso: hablar, escuchar, sentarse a la mesa.

Estas intervenciones buscaban reabrir el espacio político que la polarización estaba cerrando. También transmitía la idea de que aún existían alternativas pactadas antes de llegar a escenarios de ruptura.

Discrepar pero no polarizar

Una segunda práctica consistió en deconstruir los relatos hostiles que alimentaban la polarización. Las organizaciones empresariales evitaron replicar el lenguaje agresivo de ambos bandos. Cuando criticaban decisiones del Gobierno central lo hacían sin culpar a “España” como un todo. Cuando hablaban del referéndum o la consulta, lo presentaban como un ejercicio democrático habitual, no como un acto de insurrección.

Este tipo de formulaciones reducía la carga emocional del conflicto. También enviaba un mensaje crucial: era posible discrepar sin convertir al otro en una amenaza existencial.

Proponer alternativas

El tercer eje de la mediación discursiva consistió en introducir alternativas políticas y económicas que no implicaran ni la inmovilidad absoluta ni la ruptura institucional. Mientras los independentistas defendían la secesión como única salida y los contrarios rechazaban cualquier cambio, las organizaciones empresariales proponían reformas intermedias como revisiones fiscales, inversiones en infraestructuras, reconocimiento de singularidades culturales.

De este modo, el conflicto dejaba de ser un dilema binario. Había más vías posibles que “separarse” o “quedarnos como estamos”.

¿Por qué las empresas asumieron este papel mediador?

El estudio identifica tres funciones que explican por qué esta forma de activismo corporativo puede ser atractiva para las organizaciones en contextos polarizados:

  1. Función instrumental. Esta estrategia les permitió influir en la agenda política sin alinearse con un actor concreto y defender los intereses de sus miembros sin quedar atrapadas en la lógica del enfrentamiento.

  2. Función defensiva. La polarización extrema aumenta el riesgo de fractura institucional y genera incertidumbre jurídica y económica. Reducir la tensión es también proteger el entorno de negocio en el que operan las empresas.

  3. Función de refuerzo de la identidad institucional. Las organizaciones empresariales negocian y median entre partes con intereses diversos. Presentarse como actores dialogantes es coherente con su rol social y les otorga legitimidad ante los distintos grupos de interés.

Un activismo empresarial despolarizador

El aporte central de nuestro estudio es conceptual: existe una forma de activismo sociopolítico corporativo que no alimenta la polarización, sino que la frena. El lenguaje empleado puede alimentar el conflicto o atenuarlo. En un mundo donde se exige a las empresas hablar cada vez más, y más rápido, esta investigación sugiere que pueden intervenir para ayudar a construir puentes y no a levantar muros.

La mediación discursiva podría ser especialmente útil en otros conflictos similares: desde tensiones territoriales hasta debates polarizados sobre inmigración o cambio climático. Su eficacia, sin embargo, tiene límites. El estudio recuerda que cuando una de las partes del conflicto tiene un poder muy superior para imponer su voluntad, la capacidad de las palabras para frenar la escalada se reduce considerablemente.

Con todo, la conclusión general es clara: las organizaciones no tienen por qué convertirse en agitadoras ni en actrices silenciosas. También pueden hablar para bajar el volumen. Y, en tiempos de polarización creciente, esa capacidad es más valiosa de lo que solemos admitir.

The Conversation

Elisa Aracil recibe fondos de Ministerio de Educación

Carlos Bellón Núñez-Mera recibe fondos de la Comunidad de Madrid.

Carmen Valor Martínez recibe fondos de la Comisión Europea (proyectos H2020).

Laura Fernández-Méndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Durante el ‘procés’, las organizaciones empresariales catalanas optaron por una estrategia de comunicación despolarizadora – https://theconversation.com/durante-el-proces-las-organizaciones-empresariales-catalanas-optaron-por-una-estrategia-de-comunicacion-despolarizadora-271193

¿Siente y padece la inteligencia artificial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joaquín Fernández Mateo, Profesor Contratado Doctor, Universidad Rey Juan Carlos

Ole.CNX/Shutterstock

El 29 de octubre de 2025, un equipo de la empresa Anthropic publicó un estudio sobre los procesos internos de los modelos de lenguaje. El trabajo se centraba en cómo estos sistemas parecen describir sus propios pasos de razonamiento. No trataba de defender que exista conciencia artificial, sino aclarar por qué estos modelos generan explicaciones sobre lo que “ocurre” dentro de ellos cuando producen una respuesta.

Los autores muestran que algunos modelos pueden revisar inferencias, detectar incoherencias y explicar sus pasos con cierta consistencia. Esta capacidad no implica experiencia subjetiva. Aun así, abre una pregunta inevitable: si un sistema basado en patrones estadísticos –como es la inteligencia artificial– puede evaluar su propio funcionamiento, ¿qué necesitaría para que apareciera algo parecido a una “vivencia interior”?

¿Por qué la IA no piensa como nosotros?

Los sistemas que usamos cada día aprenden patrones a partir de enormes cantidades de datos. Ajustan millones de parámetros para predecir una palabra, clasificar una imagen o escoger una acción probable. En eso son muy eficaces.

Pero predecir no equivale a experimentar. Y ajustar parámetros no da lugar a experiencias comparables a las de un organismo con historia, necesidades y un cuerpo vulnerable.

Los modelos de lenguaje actuales operan como máquinas de correlaciones. Pueden destacar en tareas concretas y fallar de forma extraña en otras. Lo decisivo es que no tienen un trasfondo vital significativo moralmente. Por eso conviene evitar expresiones como la IA “quiere” o la IA “entiende”, salvo como atajos comunicativos.

¿Es la mente un computador?

Aunque la IA sea noticia por avances recientes, su posibilidad se ha incubado durante siglos. Galileo separó “cualidades primarias”, medibles, de “cualidades secundarias”, por ejemplo, el color tal y como lo experimentamos. Esa visión reforzó la idea de un mundo gobernado por relaciones matemáticas.

Galileo Galilei, retratado en 1636.
Justus Sustermans.

Mientras, Gottfried Leibniz soñó con un lenguaje lógico universal y un “cálculo del razonamiento”: pensar sería, idealmente, computar.

Por su parte, Alan Turing formalizó en el siglo XX el concepto moderno de cómputo. Mostró que una máquina ideal podía simular cualquier procedimiento descrito con precisión. Desde entonces, muchos pensaron que la mente podría entenderse como un sistema de procesamiento de información.

Con esto nació una visión poderosa: si puede describirse de forma precisa, puede calcularse.

La teoría computacional de la mente

Esta perspectiva sostiene, de forma sintética, que pensar consiste en manipular representaciones siguiendo reglas. En ella, el cerebro actúa como un soporte físico que permite ese proceso.

La idea ha sido muy influyente en ciencias cognitivas y en el desarrollo de sistemas automáticos. Pero deja sin resolver una cuestión central: la experiencia subjetiva.

Tenemos una ciencia de los mecanismos de la conciencia. Lo que falta es entender por qué esos procesos generan una vivencia interior: esa sensación de que “hay alguien en casa”.

Un modo sencillo de verlo es la diferencia entre el tiempo medido de los relojes y el minuto vivido como experiencia subjetiva. Ambos son reales, pero no son iguales. Es la diferencia entre el mapa y el territorio.

¿Cómo inferimos otras mentes?

No tenemos un “termómetro de conciencia”. En humanos y animales, inferimos estados internos mediante señales externas: conducta, autoinformes, expresiones o reacciones corporales. No accedemos a su interior; comparamos hipótesis y adoptamos la que mejor explica lo observable.

Así, en este momento, las pruebas no permiten afirmar que los sistemas de IA actuales tengan experiencias. Para algunos, se trata de una conclusión provisional. Depende de cómo evolucionen las arquitecturas y las dinámicas funcionales. Los sistemas aún operan a partir de modelos de sí mismos superficiales, memoria a corto plazo e interacciones diseñadas.

Pero si diseñamos sistemas diferentes, con memoria autobiográfica funcional, persistencia de objetivos y sensibilidad al contexto social, esas “simulaciones” podrían transformarse en estados que “parezcan” internamente dirigidos.

Fenomenologías sintéticas

Algunos enfoques sostienen que estas capacidades podrían aumentar el “riesgo fenomenológico”, es decir, la posibilidad de que emerjan “ciertos estados internos”.

Llamamos fenomenologías sintéticas a posibles experiencias subjetivas en sistemas artificiales. No sabemos si aparecerán, pero tampoco podemos descartar que lo hagan.

El estudio de Anthropic es relevante por eso. Algunos modelos muestran indicios de autoevaluación bajo condiciones especiales. Los propios autores aclaran que esto no implica conciencia en modo alguno. Aun así, indica que han surgido formas básicas de monitorizar su propio funcionamiento.

En este contexto, la ética de la precaución es razonable: si existe un riesgo no despreciable de generar estados funcionales capaces de padecer experiencias, las decisiones de diseño de las compañías desarrolladoras no son moralmente neutras.

Un punto importante: equivocarnos por exceso de cautela es, en general, menos grave que equivocarnos por defecto. Tratar como posible “paciente moral” a algo que no tiene intereses expresa una actitud de diligencia y prudencia debida. En cambio, ignorar los intereses de un sistema que sí experimenta constituye un daño moral mucho más serio.

Por eso, cuando las consecuencias morales de un falso negativo son altas, la prudencia recomienda diseños responsables y compasivos.

La IA de hoy y la de mañana

La IA actual no es una mente no biológica: es un proceso de optimización estadística. Eso le da potencia en muchas tareas y ceguera en otras. También abre una posibilidad: lo mental podría no requerir la ruta evolutiva biológica. Tal vez ciertos perfiles funcionales, si llegan a existir, basten para que haya “alguien en casa”.

Si nunca surgen experiencias artificiales, contaremos con herramientas más seguras y fáciles de controlar. Si llegan a surgir, es mejor que nos encuentren preparados. Y eso exige ampliar guías éticas como los Principios de Asilomar, que aún no contemplan el bienestar de sistemas futuros.

The Conversation

Este texto ha sido posible gracias a las Jornadas “La IA y las fronteras de la consideración moral” organizadas por el proyecto de investigación “Environmental practice and wild animal ethics in the context of the climate crisis: a longtermist approach” (EALONG), ref. PID2022-142980NB-I00, financiado por la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del cual soy investigador.

ref. ¿Siente y padece la inteligencia artificial? – https://theconversation.com/siente-y-padece-la-inteligencia-artificial-270095

Zohran Mamdani: cómo su historia personal lo llevó a la alcaldía de Nueva York

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Caballé May, Profesor de creatividad, storytelling y comunicación política creativa, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Zohran Mamdani comparece ante los medios durante la campaña a la alcaldía de Nueva York. Ron Adar/Shutterstock

Zohran Mamdani, un completo desconocido 10 meses antes de las elecciones a la alcaldía de Nueva York, se convirtió en su ganador. Y lo hizo contra pronóstico, sin dinero y sin los poderes a favor.

Mucho se ha escrito sobre las claves de su éxito: un mensaje claro centrado en necesidades básicas –congelación de los alquileres, autobuses gratuitos, cuidado infantil universal…–, un ejército de 100 000 voluntarios coordinados para hacer llegar este mensaje, puerta a puerta, a tres millones de hogares, y una brillante estrategia de redes sociales.

Pero no fue solo gracias a esto. Detrás hubo una estrategia política que tomó como base la autenticidad del hoy alcalde para construir un determinado relato político.

Joven, inmigrante, musulmán y un socialista demócrata

La campaña de Mamdani se fundamentó en una apuesta clara por la autenticidad centrada en sus rasgos más íntimos y personales: es un joven inmigrante musulmán (nacido en Uganda) y se considera un socialista demócrata, un término tradicionalmente tabú en la escena política estadounidense.

En lugar de distanciarse de todas estas etiquetas, las abrazó para construir una personalidad auténtica y crear un relato creíble sin huir de lo que es, construyendo así confianza.

En política a menudo se habla de autenticidad como una característica personal: alguien es natural, espontáneo, genuino. Pero la autenticidad no es solo una actitud casual, sino una decisión estratégica que convierte una forma de ser en una arquitectura comunicativa que se trabaja, construye y cuida.

En su caso, la aprovechó para convertirse en una especie de creador de contenido de redes sociales que, en lugar de dar mensajes institucionales, usó el estilo que caracteriza a esas plataformas aplicado a su campaña.

Vídeos cortos, un lenguaje claro y directo (en diferentes idiomas), visitas a colmados, conversaciones con taxistas, entrevistas o colaboraciones con influencers… Usó la cotidianidad, las historias de la gente de la calle y los escenarios del día a día de muchas personas como escenario y recurso narrativo.

De esta forma, consiguió conectar emocionalmente con las diferentes comunidades de neoyorquinos, haciendo que muchos de ellos se vieran representados a sí mismos en la campaña y percibieran a Mamdani como “uno de los nuestros”.

O, como dijo Immanuel Kant, consiguiendo crear “el sentimiento universal de sentirse parte de algo”, de ser parte de algo.

Storytelling: la construcción de relato en política

Pero en política no hay nada casual. Y, aunque haya un punto de partida real (personalidad y autenticidad del candidato), hay otra parte de construcción narrativa.

La narración de historias es una herramienta que se ha utilizado en la publicidad para transmitir mensajes y valores, en la educación para enseñar a través de las moralejas y en política para generar imágenes que consolidan conceptos y provocan emociones.

Como bien apunta el profesor de comunicación política Toni Aira en su libro Mitólogos, la pasión de las historias permite generar una fuerte conexión con el público. De ahí que la imagen que proyectan los políticos esté cuidadosamente diseñada con intención de emocionar, evocar recuerdos, activar ideas profundas y generar adhesión.

Actualmente, en muchos casos, mirar ha sustituido a pensar, porque es más eficaz un símbolo fuerte que un argumento largo. De este modo, lo que cuenta ya no es lo que un político dice, sino la imagen que proyecta, su “mito personal” ante la masa.

El objetivo es que la ciudadanía conecte con el político de manera pasional, que este le explique algo que le interese, que le divierta, que le sorprenda, que le entienda, que le guste, pero sobre todo, que le implique personalmente. Y las historias son un vehículo perfecto para ello.

Christian Salmon, escritor y autor de libros sobre la materia como Storytelling: La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, afirma que esta técnica narrativa es un arma de distracción masiva, una manera de utilizar la narración para convencer y movilizar a la opinión.

Para Salmon, las campañas electorales son duelos de historias en las que intervienen 4 elementos, que podemos identificar claramente en la campaña de Mamdani:

Storyline (relato central): explicar una historia capaz de formar la identidad narrativa del candidato. En este caso, joven outsider con raíces comunitarias y compromiso con políticas de accesibilidad que representa el cambio y una alternativa al establishment.

Framing (marco discursivo): enmarcar el mensaje ideológico del candidato mediante un registro de lenguaje coherente y creando metáforas. El mensaje de Mamdani se enmarcó en las necesidades básicas de la gente (no se puede vivir en Nueva York), no en retórica económica abstracta, y usó metáforas como “poder popular” para dar un sentido simbólico a la participación colectiva.

Timing (temporización): inscribir la historia en el tiempo de la campaña, gestionando los ritmos y tensión narrativa a lo largo de la misma. Mamdani construyó impulso a medida que avanzaba la campaña, pasando de ser el “candidato outsider” a ser “el candidato que puede ganar”. Además, una vez ganó, activó su web de transición The Work Starts Now, para que la historia de campaña quedara conectada con la futura historia de gobierno (relato continuo).

Networking (creación de redes): crear una comunidad en internet y sobre el terreno. Propiciar un entorno contagioso capaz de captar la atención del público. Él lo hizo con un ejército de 100 000 voluntarios entusiastas encargados de generar energía y contagio para movilizar el voto y crear conversación.

La campaña funcionó, en palabras de la periodista política Makena Kelly, como una especie de “fandom político” –una comunidad de aficionados apasionados que comparten un interés profundo por un tema específico– donde Mamdani no solo era un candidato, sino un personaje con seguidores que creaban memes y contenido proactivo. Esto convirtió la campaña en un movimiento cultural participativo, no solo electoral.

Las narrativas no son ni buenas ni malas, pero existen

El uso del storytelling, la narración personal y comunitaria, la utilización de redes y la movilización cultural se aleja mucho del modelo tradicional de carteles, mítines y discursos formales y lleva las campañas políticas a un terreno en el que la imagen, la narrativa y la proximidad emocional cuentan igual (o más) que el discurso ideológico puro y duro.

Por otro lado, Christian Salmon apunta que vivimos un clima político y social donde las narrativas se convierten en herramientas poderosas para crear polarización y dividir a la sociedad en grupos enfrentados. Narrativas que refuerzan los conflictos en lugar de promover el diálogo, como las que representa el trumpismo.

Por lo tanto, es importante ser conscientes de que la seducción y la persuasión no son ni buenas ni malas por sí mismas; todo depende de cómo se usen. Pueden servir tanto para influir de manera positiva como para manipular.

Comprender cómo las narrativas influyen en nuestra visión del mundo es esencial para poder desenmascarar la manipulación y, al mismo tiempo, aprovechar esas mismas herramientas para comunicarnos de forma efectiva y persuasiva.

The Conversation

Jordi Caballé May no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Zohran Mamdani: cómo su historia personal lo llevó a la alcaldía de Nueva York – https://theconversation.com/zohran-mamdani-como-su-historia-personal-lo-llevo-a-la-alcaldia-de-nueva-york-271167

A conversar se aprende

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estrella Montolío Durán, Catedrática de Lengua Española. Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

Dime Berlin

Las redes sociales y los móviles se han revelado como un gran disruptor para las conversaciones cara a cara. Investigaciones recientes están demostrando de manera fehaciente que el uso irreflexivo (y casi adictivo) del móvil tiene un efecto directo en la calidad de las conversaciones que mantenemos.

La relación compulsiva con los dispositivos vampiriza la atención, base de la escucha y de la conversación significativa. Los estudios revelan que la simple presencia de un móvil, aunque esté en modo silencio, divide la atención de los participantes entre las personas reales presentes y la gente virtual. Ese móvil silencioso inhibe la posibilidad de iniciar y compartir conversaciones de interés, dado que los participantes sospechan de manera inconsciente que el dispositivo puede reclamar la atención de su propietario en cualquier momento desde un universo virtual paralelo, por lo que deciden “surfear” los temas de conversación en lugar de profundizar en ellos.

De hecho, los niños y jóvenes que han crecido en familias en las que las comidas familiares han estado colonizadas por pantallas (televisión, tablet y el omnipresente móvil) muestran un déficit manifiesto de habilidades comunicativas y conversacionales. No saben interpretar las señales no verbales de sus interlocutores (activan menos neuronas espejo, base de la empatía); y temen exponerse a la conversación real “no editada previamente”, es decir, realizada aquí y ahora. Claro está, saben “hablar”, pero no gestionan con solvencia el intercambio cooperativo que nos ha permitido a los humanos llegar hasta el siglo XXI: la conversación.

Aprender a conversar de manera competente

El lenguaje articulado, una capacidad intrínsecamente humana, es de naturaleza genética; esto es, cualquier ser humano, por remoto que sea el lugar en el que ha nacido, puede hablar. La dimensión más genuina del lenguaje como herramienta de comunicación es la conversación cotidiana. Y a conversar de manera solvente se aprende. Entre otras habilidades, se aprende cómo entrar de manera adecuada en las conversaciones, cómo mantenerlas en un tono cooperativo o cómo afrontar con empatía y asertividad los diálogos difíciles.

En otras palabras, el lenguaje es, por tanto, un don innato. La conversación, en cambio, es un aprendizaje cultural.

En este sentido, es necesario subrayar la importancia educativa de la familia en las capacidades conversacionales de sus retoños. Del mismo modo que nuestras familias nos dotan de un determinado capital económico –y, así, algunos tienen la fortuna de heredar un piso, mientras que otros tenemos que adquirirlo con nuestros propios medios–, las familias nos proporcionan también un determinado capital lingüístico. Por ejemplo, el acceso a un léxico amplio, preciso, cuidado, quizá incluso plurilingüe; o, con menor fortuna familiar, a un vocabulario simple y reducido. Lo mismo cabe decir sobre la sintaxis: algunos heredan el contacto desde la infancia con construcciones sintácticas complejas que permiten elaborar el pensamiento con mayor sofisticación, mientras que otros infantes reciben de su entorno verbal solo estructuras paratácticas sin apenas conexión entre ellas.

Pues bien, de la misma manera, nuestras familias nos confieren también un determinado capital conversacional. Todos hemos podido observar niños que pueden afrontar con tranquilidad conversaciones, por ejemplo, con adultos de mayor jerarquía que sus padres, mientras que otros se sienten confusos porque no saben cómo deben reaccionar. Hay niños que han aprendido a inhibir su habla mientras habla su interlocutor y a esperar su momento, frente a otros chiquillos (y multitud de adultos) que no han recibido nunca esa enseñanza.

En las sociedades desarrolladas, el ideal es que la escuela funcione como instrumento de igualación que permita que los niños que han crecido con una práctica lingüística y conversacional de menor calidad en sus familias puedan entrar en contacto con modelos lingüísticos más ricos y estimulantes, que les permitan reconocer y expresar mejor sus emociones, sentimientos y argumentaciones. Sin embargo, esa igualación no siempre funciona de manera óptima.

Nuestras conversaciones nos identifican

Educar(nos) en el lenguaje y la conversación es crucial por muchas razones, que se concretan en el hecho de que nuestra manera de conversar tiene un impacto decisivo en la construcción de nuestra imagen, de la percepción que los demás tienen de nosotros.

Nuestras conversaciones nos identifican, nos construyen como individuos y crean o destruyen nuestras relaciones sociales, tanto las personales como las profesionales. Sherry Turkle lo expresa así en su metaestudio sobre la conversación: “La calidad de nuestras conversaciones está directamente ligada a nuestra felicidad personal y a nuestro éxito social y profesional”.

Necesitamos urgentemente una alfabetización conversacional

Si lo pensamos, resulta llamativo el muy distinto grado de interés que reciben en el espacio público diferentes –por así decirlo– “automatismos humanos”. La respiración o la alimentación son un caso claro: la nutrición se ha convertido en un tema prioritario de salud pública. Por el contrario, conocemos muy poco la extraordinaria capacidad humana que es el lenguaje articulado. ¿Qué sabemos acerca de cómo afrontar una conversación que se anticipa incómoda? ¿Sobre cómo dialogar con personas diferentes a nosotros? ¿Sobre cómo –lección primera de empatía y cooperación– escuchar al otro cuando habla?

Necesitamos urgentemente una alfabetización conversacional en nuestros espacios públicos que nos permita tener mayor reflexividad y conocimiento sobre las extraordinarias potencialidades de la conversación cotidiana, así como identificar cuándo nos encontramos ante una conversación basura, que, como la comida basura, no alimenta, sino que, antes bien, intoxica.

Cuando mantenemos una conversación humana, aquí y ahora, en la que los cuerpos están presentes y la atención también, ocurren fenómenos fascinantes. Por un lado, se produce una sincronización corporal: los cuerpos de las personas que interactúan se adaptan el uno al otro, se imitan inconscientemente, coordinándose entre sí. Y no solo eso, sino que las tomografías muestran que los cerebros de quienes conversan se sincronizan igualmente y que la sincronización es tanto más intensa cuanto más profunda y significativa resulta la conversación para quienes hablan.

Una sugerencia: cenar en casa sin móviles ni dispositivos a la vista manteniendo una conversación genuina tiene un impacto en el éxito personal y profesional de los más jóvenes de la familia superior a pagarles un máster en una escuela de negocios.

The Conversation

Estrella Montolío Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. A conversar se aprende – https://theconversation.com/a-conversar-se-aprende-270502

La despedida de Robe Iniesta, un poeta que transformó la música española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Amorós Sánchez, Directora del Área de Música, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Extremoduro en su gira realizada en el año 2014. Ruben Ortega/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Si te vas… me quedo en esta calle sin salida”.

Ese verso, de una de las canciones míticas de Robe Iniesta, resuena hoy como un sentimiento compartido entre los miles de seguidores que despiden al artista tras conocerse la noticia de su adiós definitivo. La muerte inesperada de Robe Iniesta (1962–2025), ocurrida en la madrugada del 10 de diciembre a los 63 años, ha sacudido al país: las redes se han llenado de homenajes sinceros, a los que se han sumado artistas y figuras públicas de todos los ámbitos.

¿Quién fue Robe Iniesta?

Quienes lo hemos seguido durante décadas sabemos que no solo nos unió su música, sino la certeza de que sus versos arropaban y daban forma a emociones difíciles de nombrar. Robe no fue únicamente un referente de la música en español; fue, para muchos, quien reinventó la sensibilidad del rock nacional, marcó una forma de mirar a la vida y creó una obra capaz de atravesar generaciones enteras.

En los últimos y escasos conciertos del cantante se podía ver ese legado evidente: públicos de todas las edades compartiendo letras míticas; rockeros abriéndose a baladas; amantes del pop descubriendo la fuerza de sonoridades más crudas; padres que crecieron con Extremoduro acompañados por hijos que heredaron esa devoción; y jóvenes recién llegados que encontraban en su directo una calidad musical y una sensibilidad que parecía venir de otra época y, al mismo tiempo, adelantarse a todas.

‘Si te vas’, de Extremoduro.

El rock transgresivo

Roberto Iniesta Ojeda nació en Plasencia en mayo de 1962 y su interés por la música y la escritura le llevaron a formar con apenas 20 años Dosis Letal, el grupo precursor a su proyecto más conocido: Extremoduro. Esta nueva banda nació en 1987 como un proyecto local y autogestionado, que grabó su primer disco con una especie de crowfounding antes siquiera de que existiera este término. El resultado, Rock transgresivo (1989), dio nombre a un estilo propio que marcaría el resto de sus discos posteriores, 11 en total.

Extremoduro pasó del underground a la primera línea del rock español, especialmente tras Agila (1996), el álbum que introdujo arreglos más complejos –como en el tema “So Payaso”– y consolidó a Robe como un letrista único, capaz de unir metáfora, humor negro y una profundidad emocional rara en el género.

Durante su etapa de madurez, Robe desarrolló una poética más introspectiva y elaborada. Yo, minoría absoluta (2002) consolidó el prestigio de la banda con himnos como “La vereda de la puerta de atrás” o “Standby”, mientras que el conceptual La ley innata (2008) los catapultó a una consagración definitiva.

Este último álbum, considerado una de las propuestas más ambiciosas del rock español, quebró los esquemas de la industria con una estructura continua en seis movimientos, enmarcados por una introducción y una coda, como si de una sinfonía clásica se tratara. Sus canciones, que duplican o incluso triplican la duración de un tema convencional, incluyen auténticas joyas como “Dulce introducción al caos”, cuyos acordes iniciales son ya parte de la historia de la música en España.

En esos años, Extremoduro movilizó a auténticas multitudes. En 2008, reunió a más de 400 000 personas en 48 conciertos por toda España. El tour terminó con dos noches consecutivas en el entonces Palacio de los Deportes (hoy Movistar Arena) de Madrid, con 14 000 asistentes en cada fecha, en una época en la que esas cifras eran mucho menos comunes que hoy en día.

Su siguiente gira multitudinaria llegó en 2014, con un directo de más de tres horas y una calidad inmejorable. Yo, personalmente, nunca olvidaré aquel concierto de la Plaza de Toros de Las Ventas el 13 de septiembre. En aquellos espectáculos, el público se organizaba en zonas delimitadas para “marchosos” y “tranquis”, aunque Robe insistía siempre en que cada cual “se colocara” donde quisiera… en todos los sentidos.

Con el tiempo, la energía del directo fue apagándose, pero no sucedió lo mismo con su vínculo con el público ni con la vigencia de obra. Hoy, Extremoduro mantiene cerca de dos millones de oyentes mensuales en Spotify, pese a no haber publicado un álbum en más de doce años.

En definitiva, a lo largo de sus 105 canciones originales, la banda construyó himnos del rock español y un catálogo que desafió los estándares de la música. Su libertad creativa se convirtió en su sello inconfundible: extremo y duro. El nombre del grupo siempre ha llevado consigo esa doble lectura, cargada de intención, que los fans acogimos desde el principio.

Una leyenda sin límites, un legado infinito

A partir de 2015, Robe inició su carrera en solitario en una versión más depurada del creador, con un mayor componente literario y conceptual. Mayéutica, de nuevo con una estructura de sinfonía, es uno de los trabajos más brillantes del cantante en su última etapa. Un álbum con mucha música y sonidos nuevos que, a su vez, recordaban a los de siempre.

La historia de Robe Iniesta no es solo la de un músico, sino la de un creador que convirtió la marginalidad en poesía, la rebeldía en filosofía cotidiana y el rock español en un refugio emocional compartido. Muchas de sus frases han trascendido la música para acabar estampadas en libretas, camisetas, paredes, cuadernos de instituto y, sobre todo, en la piel de miles de personas. Algunas como “sueña que sueña con ella; si en el infierno le espera, quiero fundirme en tu fuego como si fuese de cera”, “Bebe rubia la cerveza pa’acordarse de su pelo” o “¿Dónde están los besos que te debo? En una cajita… que nunca llevo el corazón encima, por si me lo quitan” no se nos olvidan por mucho tiempo que pase.

Hoy nuestros corazones están encogidos, como en esa cajita de la que él hablaba en “A fuego”, sabiendo que no habrá nuevas canciones de Robe, pero agradecidos también por el legado infinito que nos deja y que, ahora más que nunca, seguirá sonando en nosotros.

The Conversation

Beatriz Amorós Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La despedida de Robe Iniesta, un poeta que transformó la música española – https://theconversation.com/la-despedida-de-robe-iniesta-un-poeta-que-transformo-la-musica-espanola-271788

Encuentran en el asteroide Bennu claves inesperadas del origen de la vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Martínez Sánchez, Biomedicine and Molecular Oncology Researcher, Universidad de Oviedo

Recreación de la sonda espacial OSIRIS-REx descendiendo hacia el asteroide Bennu para recolectar una muestra. NASA/Universidad de Arizona, CC BY

En 2023, una cápsula cayó suavemente en el desierto de Utah (Estados Unidos). Dentro viajaba algo más valioso que cualquier tesoro: polvo intacto de un asteroide llamado Bennu.

Tras meses de análisis, la comunidad científica ha confirmado un resultado sorprendente: en Bennu existen azúcares fundamentales como la ribosa y la glucosa. No son moléculas “dulces” sin más: la ribosa forma el esqueleto químico del ARN, una de las moléculas fundamentales para la vida, y la glucosa es una fuente universal de energía. Encontrarlas fuera de la Tierra es un descubrimiento sin precedentes.

Esto nos lleva a plantearnos que quizá la vida en la Tierra no empezó “desde cero”, sino con moléculas que ya existían antes, fabricadas en entornos extraterrestres como Bennu.

Un hallazgo distinto a todo lo anterior

Durante décadas se han identificado compuestos con relevancia biológica en meteoritos que han caído a la Tierra. Aminoácidos, bases nitrogenadas e incluso indicios de azúcares. Pero siempre existía una duda razonable: ¿estaban ahí desde el principio o aparecieron después? Un meteorito pasa por agua, aire, microbios e incluso por nuestras manos, procesos que pueden “contaminarlo”. Descifrar qué es terrestre y qué es extraterrestre es muy complicado.

Sin embargo, esta vez es diferente. El estudio publicado en la revista Nature Geoscience hace escasos días, demuestra que estos azúcares no vienen de la Tierra. Estaban en el asteroide mucho antes de que la cápsula tocara suelo. Las muestras fueron recogidas directamente en el espacio por la misión OSIRIS-REx, selladas al vacío, traídas a la Tierra y manipuladas en laboratorios que funcionan como quirófanos para material extraterrestre.

Un universo químicamente más fértil de lo que creíamos

Los azúcares de Bennu apuntan a una conclusión importante: la química necesaria para construir moléculas biológicas no es exclusiva de la Tierra. Puede surgir de forma natural en cuerpos pequeños, siempre que haya agua, minerales y algo de tiempo. Y Bennu tuvo todo eso.

El cuerpo original del que procede este asteroide albergó agua líquida en sus primeros millones de años. En ese entorno, moléculas simples pueden reorganizarse y transformarse en compuestos cada vez más complejos. No se necesita vida para producirlos: basta un entorno geológico activo.

Esto significa que mientras la Tierra era magma, ya existían en el sistema solar lugares donde se formaban moléculas que hoy asociamos a procesos biológicos. Moléculas que, millones de años después, podrían haber llegado a nuestro planeta en forma de meteoritos.

Ribosa sí, ADN no

Entre todos los azúcares detectados, la ribosa es la que más llama la atención. Es la base estructural del ARN, una molécula capaz de almacenar información o realizar algunas funciones similares a las de las proteínas. Antes de que existiera el ADN, el ARN pudo haber sostenido toda la química necesaria para los sistemas vivos más primitivos.

La ausencia de 2-desoxirribosa, el azúcar del ADN, es igual de interesante. Refuerza la idea de que el ADN no fue el protagonista en los primeros pasos de la vida, sino que apareció posteriormente.

Bennu aporta una pista inesperada: si la ribosa es relativamente estable y puede formarse en entornos extraterrestres, es razonable pensar que el ARN fue la primera molécula en sostener procesos propios de la vida en la Tierra primitiva. Lo que antes era solo una hipótesis teórica empieza ahora a apoyarse en observaciones directas.

¿Quiere decir esto que la vida se originó en el espacio?

No. Nadie ha encontrado vida en meteoritos ni en asteroides. Pero este descubrimiento sí fortalece una idea intermedia, más realista: la Tierra pudo recibir un aporte constante de moléculas complejas fabricadas en otros lugares.
Durante los primeros cientos de millones de años, nuestro planeta sufrió un intenso bombardeo de asteroides y cometas. Cada impacto podía liberar aminoácidos, bases nitrogenadas o azúcares formados en cuerpos como Bennu.

Estas moléculas no generan vida por sí mismas, pero hacen que el paso entre química simple y química compleja sea más sencillo. Reducen la distancia entre “casi vida” y “vida”.

No se trata de panspermia en su versión clásica –vida viajando de un planeta a otro–, sino de algo más modesto y más compatible con la evidencia: un impulso químico que aceleró los procesos que ya estaban ocurriendo en la Tierra.

Bennu como cápsula del tiempo

El momento de la aproximación de OSIRIS-REx al asteroide Bennu.
NASA, CC BY

La Tierra ha borrado casi todos los rastros de su infancia química: la tectónica, la erosión y la propia vida han reescrito continuamente su superficie. Pero Bennu, por el contrario, conserva materiales que no han cambiado desde los orígenes del sistema solar. Estudiarlo es lo más parecido que tenemos a viajar atrás en el tiempo y observar cómo era la química antes de que existieran océanos y continentes.

Por eso estas muestras son tan valiosas. Permiten comparar hipótesis, eliminar incertidumbres y entender mejor cuáles eran las condiciones reales en los primeros millones de años del sistema solar. No nos dan respuestas definitivas, pero sí un marco más claro desde el que pensar.

De regreso al cosmos

Más allá de los resultados científicos, hay algo profundamente humano en este descubrimiento. Nos invita a reconsiderar nuestro lugar en el universo. Nos recuerda que quizás no somos una excepción afortunada, sino parte de un proceso químico más amplio que lleva ocurriendo desde antes de la existencia del planeta que habitamos.

Cuando observamos las muestras de Bennu, no estamos mirando solo polvo antiguo. Estamos viendo un fragmento de una historia que la Tierra no pudo conservar. Y con él, la posibilidad de que el primer paso hacia la vida no ocurriera aquí, sino en algún pequeño cuerpo oscuro que viajó durante millones de años hasta caer en un lugar que, con el tiempo, se convertiría en nuestro hogar.

The Conversation

Claudia Martínez Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Encuentran en el asteroide Bennu claves inesperadas del origen de la vida – https://theconversation.com/encuentran-en-el-asteroide-bennu-claves-inesperadas-del-origen-de-la-vida-271691

El problema de la vivienda, la corrupción y la desigualdad social erosionan la calidad de vida de los españoles

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Raúl López Ruiz, Catedrático de Universidad en Economía Aplicada (Econometría), Universidad de Castilla-La Mancha

Podemos afirmar sin rodeos que el índice ponderado de felicidad social y calidad de vida de los españoles vuelve a retroceder en 2025. Este índice, elaborado por el Observatorio de Intangibles y Calidad de Vida (OICV), es de tipo subjetivo y mide las percepciones reales sobre el entorno residencial, familiar, laboral y económico.

El estudio anual recoge los factores sensibles al bienestar social, como la oferta de servicios públicos, integración social, política de vivienda, planificación urbana, gestión y gobernanza, unidos a cuestiones coyunturales como las crisis sanitarias o económicas.

El dato es claro: 7,17 sobre 10, dos décimas menos que en 2024 y medio punto por debajo del máximo alcanzado en 2020. Detrás del descenso aparece un triángulo muy reconocible: precio de la vivienda, corrupción e integración social. A estos tres pilares se suman dos fenómenos que erosionan estructuralmente nuestro bienestar: el edadismo digital, visible para tres de cada cuatro españoles en una población que envejece, y la soledad no deseada, que afecta al 40 % de los jóvenes adultos menores de treinta años.

El muro que crece cada año

España vive un momento crítico en el mercado inmobiliario. En Baleares, Madrid y Cataluña los precios han superado ya los de la burbuja de 2008. No se trata de un vaivén coyuntural, es un problema que atraviesa por dentro la vida de miles de familias.

¿Qué implica esto para la sociedad? El acceso a la vivienda se ha convertido en un desafío insalvable para jóvenes, parejas que quieren emanciparse y clases medias que ven cómo su alquiler sube año tras año, mientras una hipoteca se convierte en un sueño imposible. El resultado es conocido: más precariedad, expulsión de residentes hacia zonas periféricas y pérdida progresiva de estabilidad.

La falta de intervención pública, la caída en la oferta privada, la presión de la demanda, las tensiones inflacionistas en el mercado de alquiler y el auge de los alojamientos turísticos en grandes ciudades y áreas costeras componen un cóctel que genera desigualdad y vulnerabilidad.

En el estudio para 2025 los residentes valoran la relación entre precio, ubicación y calidad de la vivienda cerca del mínimo posible: apenas una puntación de 1 sobre 10 en las zonas más tensionadas. Solo aprueban Extremadura, La Rioja y algunas áreas de baja presión demográfica y turística en Castilla y León y Castilla-La Mancha. La España rural despoblada sigue sin consolidarse como alternativa residencial, más allá del refugio temporal que ofreció durante los meses más duros de la pandemia.

Turismo: ¿impulso económico o amenaza?

El turismo se ha convertido en el motor económico de muchas zonas costeras y de interior, transformando su paisaje urbano y social. Sin embargo, detrás de las cifras récord de visitantes y los titulares sobre crecimiento económico surge una pregunta clave: ¿cómo afecta realmente esta actividad a la calidad de vida de quienes habitan estos destinos?

Por un lado, el turismo trae consigo beneficios indiscutibles. Genera empleo, impulsa la inversión en infraestructuras y mejora servicios que también disfrutan los residentes. Además, la interacción con visitantes fomenta la apertura social y el intercambio cultural, enriqueciendo la identidad local.

No todo es positivo. De media, el 30 % de los residentes ponen un suspenso a su relación con el turismo, llegando al 50 % en regiones tensionadas como Baleares, Cataluña o Cantabria.

La llegada masiva de turistas en temporada alta tensiona los recursos básicos: hospitales saturados, transporte colapsado y servicios públicos al límite. A esto se suma el encarecimiento de la vivienda en propiedad y en alquiler, la pérdida de espacios comunitarios y el deterioro ambiental, que amenaza tanto la biodiversidad como la esencia cultural de las ciudades. El resultado puede ser una paradoja: mientras la economía florece, la vida cotidiana se complica.

La clave está en la planificación. Un turismo sostenible, que regule el uso del suelo, proteja el medio ambiente y escuche a la comunidad, puede equilibrar la balanza. Sin estas medidas, el riesgo es evidente, aquello que atrae a los turistas puede acabar expulsando a quienes habitan esos lugares por el bloqueo al acceso de vivienda y de servicios de transporte.

La exclusión tecnológica sigue siendo un problema

Vivimos en una sociedad sostenida relacionalmente por la infraestuctura digital. La tecnología conecta, pero abre nuevas brechas. A las desigualdades clásicas, como la salarial de género, se suman otras de naturaleza digital.

El edadismo digital reduce la calidad de vida de las personas mayores. La exclusión tecnológica no es un inconveniente menor, pues implica problemas para acceder a servicios, sentirse desorientados, perder autonomía y caer en situaciones de aislamiento social. El umbral crítico aparece en torno a los 75 años.

Y no están solos. La soledad no deseada alcanza niveles alarmantes entre los jóvenes menores de 30 años. De este modo España, en 2025, convive con dos polos de soledad que crecen a la vez.

A ello se suma un clima social complejo. La polarización política y la mala gestión pública generan incertidumbre y minan la confianza ciudadana. La falta de políticas de integración, la inmigración de baja cualificación y las grietas en el mercado laboral están creando nuevos guetos urbanos de pobreza y exclusión.

El IX informe Fundación FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España (informe Cáritas 2025) pone de manifiesto una situación de profunda fragmentación social y aumento de la exclusión, con 9,4 millones de personas en riesgo de pobreza.

La llamada clase media se ha reducido sustancialmente, ampliándose las brechas sociales. Aunque se ha incrementado el salario mínimo, se está produciendo un efecto nivelación a la baja del salario medio en los trabajos cualificados que empeora la capacidad adquisitiva.

Corrupción en la Comunitat Valenciana

Además, la corrupción provoca una separación entre clase política y sociedad, resultando en las peores valoraciones del estudio en 2025. La Comunitat Valenciana presenta hoy los valores más críticos, después de haber encabezado el ranking en 2024, ejercicio en el que el trabajo de campo se cerró justo antes de la dana.

La calidad de vida se resiente en zonas urbanas, turísticas y tecnológicamente exigentes. Más españoles viven en situación de vulnerabilidad y el bienestar retrocede. Cuando el deterioro es constante, hay que intervenir.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El problema de la vivienda, la corrupción y la desigualdad social erosionan la calidad de vida de los españoles – https://theconversation.com/el-problema-de-la-vivienda-la-corrupcion-y-la-desigualdad-social-erosionan-la-calidad-de-vida-de-los-espanoles-269528