Bioética del espacio: claves para reflexionar sobre la vida y lo ultraterrestre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ayoze González Padilla, Investigador predoctoral en Filosofía y Bioética, Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS – CSIC)

Imagen de una galaxia en espiral. Triff/Shutterstock

El 1 de abril, la misión Artemis II volverá a adentrarse en el llamado espacio exterior, tras más de cinco décadas de ausencia humana en él. Artemis II busca iniciar una nueva era de exploraciones y descubrimientos.

Por ello, mientras la tecnología avanza y posibilita que nuestra especie visite la cara oscura de la Luna, no está de más reflexionar sobre qué significa dar ese salto y qué debemos tener en cuenta desde la Tierra.

La bioética del espacio es una filosofía de la vida, del espacio y, por consecuencia, del tiempo. Son estas tres dimensiones de la realidad las que, siendo independientes, al mismo tiempo convergen en una misma cosa: el cosmos. Así lo analizo en un libro de próxima publicación.

Fotografía tomada desde Estación Espacial Internacional mientras sobrevolaba el océano Pacífico, al noreste de Papúa Nueva Guinea.
Fotografía tomada desde Estación Espacial Internacional mientras sobrevolaba el océano Pacífico, al noreste de Papúa Nueva Guinea.
NASA, CC BY

Pensar más allá

La vida tal y como la conocemos ocupa un espacio. Y este espacio no solo permite la extensión del movimiento sino que constituye el ser. Es decir, el individuo se relaciona a través de su contexto, desde su cultura, su sociedad y, además, su medio ambiente natural.

Sin embargo, concebir el cosmos es acercarnos a una noción del espacio inaprensible. Tenemos intuición de los espacios cercanos, terrestres, pero cuando se extienden más allá de nuestra capacidad de visión nos encontramos ante un abismo.

La bioética del espacio observa el mundo –del presente y del futuro– desde una dimensión ética. Se rige por cuatro fundamentos mínimos: el valor vida, la relación entre la tierra y el espacio, la posición biocéntrica y la regulación ético-jurídica.

Solo porque existimos

No hay reflexión filosófica sin una mínima consideración de lo que es la vida, una vida que no solo necesita ser vivida, sino que debe desarrollarse bajo unos mínimos de dignidad y autonomía. Cuando hablamos del valor vida nos referimos a una concepción que da sentido a las relaciones entre humanos y otras especies, en un ecosistema global en donde el individuo es un sujeto que necesita ser tomado en consideración más allá de su utilidad comunitaria, sin jerarquías imperantes.

La fotografía original de la famosa imagen ‘Blue Marble’, que muestra la Tierra tomada desde una distancia aproximada de 29 400 km, el 7 de diciembre de 1972, desde el Apolo 17.
NASA/Wikimedia Commons

El valor vida general considera a todo individuo como valioso por el mero hecho de existir. Su valor radica en sí mismo, en primer lugar, y luego en su posición en favor de la salud del medio ambiente. Precisamente, la variedad en las expresiones de la vida –que existan bacterias y también secuoyas, leones y hormigas, seres humanos y tardígrados– rinde fuerza a este valor. El valor vida específico, es decir, operativo, nos ayuda a convivir de tal forma que podamos seguir las lógicas de la naturaleza sin abusos ni soberanías.

Comprendiendo el valor general podemos articular el valor operativo siendo responsables y sostenibles. De este modo, nuestra relación con, por ejemplo, un jaguar podrá ser cautelosa si hay amenaza de un enfrentamiento entre ambos, pero no concebirá al animal como un objeto fetiche al que podemos enjaular y despellejar. Será, en resumen, un individuo al que tenemos que respetar, igual que lo hacemos con los miembros de nuestra propia especie.

Así, imaginar qué hay fuera de nuestro huevo cósmico implica repensar nuestra relación con lo ultraterrestre. La existencia de vida inteligente más allá de los confines de nuestra posibilidad es un síntoma de su valor inherente y su fuerza intrínseca. La viabilidad de vida simple es una esperanza que nos ayuda a comprender qué somos en realidad.

El espacio es constante

La relación respecto a los espacios implica entender que tanto lo que está dentro de nuestro planeta Tierra como lo que está fuera son realidades de una misma cosa, parte de lo que somos. De este modo, tanto el terrestre como el exterior son espacios continuos: la evolución cultural de la Tierra influye en la evolución cultural del cosmos.

El Tratado de 1967, instrumento jurídico clave en la regulación del espacio ultraterrestre, contiene en su artículo II el principio de no apropiación nacional por reivindicación de soberanía. Esto busca asegurar que no se continúen las lógicas expansionistas y extractivistas propias de nuestro planeta más allá de él.

Por ello, la relación entre Tierra y espacio no debe de ser de posesión ni solo de uso, sino de valor, responsabilidad y copertenencia.

Posición biocéntrica

La bioética del espacio se fundamenta en la teoría pero puede ir más allá e intervenir en la conducta. Colocar la vida en el centro nos permite tomar partido en una visión del mundo en donde somos parte y todo con la misma fuerza e importancia.

Ocupar este lugar implica abrazar una posición fuerte, equilibrada y garantista que no pretende ser juez y parte, solo parte. El juez de la vida es inconcebible, porque no existe valorador en un mundo que entiende la vida como un valor inherente.

El borde de una región cercana y joven de formación estelar, NGC 3324, situada en la Nebulosa Carina.
El borde de una región cercana y joven de formación estelar, NGC 3324, situada en la Nebulosa Carina. Captada en luz infrarroja por la cámara de infrarrojo cercano (NIRCam) del Telescopio Espacial James Webb de la NASA, esta imagen revela zonas de nacimiento estelar que antes estaban ocultas.
NASA, CC BY

Regular los derechos naturales

La referencia a la regulación ético-jurídica busca comprender el derecho sin someterse a las lógicas antropocéntricas. De este modo, con independencia de la especie, podemos llevar a cabo una ordenación justa, responsable, armoniosa y, sobre todo, centrada en la vida.

Esto ayuda a estar en el mundo de una manera ordenada y protegida, con garantías. Así, solo queda ir más allá del pacto social hacia un pacto ecológico, donde se tengan en cuenta la función y utilidad de la naturaleza pero también –y sobre todo– su valor.

La bioética del espacio ayuda a pensar en un futuro alejado del antropocentrismo, el colonialismo y las dualidades. Y así, proporciona una idea de mundo que no solo necesita ser imaginado sino también habitado. De esta manera, podemos adentrarnos nuevamente en lo ultraterrestre desde la comprensión de que vida y ética son una misma cosa.

Esta nueva etapa de la exploración espacial debe servir no solo para preguntarnos hacia dónde queremos ir, sino también quiénes somos y desde que posición deseamos partir.


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The Conversation

Ayoze González Padilla recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España.

ref. Bioética del espacio: claves para reflexionar sobre la vida y lo ultraterrestre – https://theconversation.com/bioetica-del-espacio-claves-para-reflexionar-sobre-la-vida-y-lo-ultraterrestre-269540

¿Por qué escribimos como escribimos? Ortografía, normas y controversias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Victoriano Gaviño Rodríguez, Catedrático de universidad. Lengua española, Universidad de Cádiz

JUAN ANTONIO ORIHUELA/Shutterstock

La mayoría de la gente aprende a escribir sin hacerse demasiadas preguntas. Nos dicen que huevo lleva hache, que perro lleva dos erres y que baca y vaca no son lo mismo. Lo aceptamos, lo memorizamos y seguimos adelante con el aprendizaje.

Pero si uno se detiene un momento, surge la duda: ¿quién decidió todo eso? ¿Por qué escribimos así y no de otra forma? Y, sobre todo, ¿por qué parece tan difícil cambiarlo?

Algo más que una serie de reglas

Básicamente, porque la ortografía no es un simple conjunto de reglas para no cometer faltas. Es algo más profundo: un código compartido que permite que millones de personas escriban y se entiendan.

Gracias a ese código, un texto escrito en Cádiz puede ser leído en Buenos Aires o en Medellín sin grandes problemas. Pero hay algo más: la ortografía también es memoria histórica. Así, por ejemplo, nuestra hache muda está ahí, en ocasiones, porque hace siglos sí sonaba.

Es como una cicatriz lingüística: ya no cumple función práctica, pero nos recuerda de dónde venimos. Al mismo tiempo, atesora una escritura de tantos años que ya forma parte de nuestra propia identidad.

Dos formas de fijar una ortografía

A lo largo de la historia, las lenguas han seguido dos caminos principales para establecer su ortografía:

  1. La vía institucional (la de “esto se escribe así y punto”). Viene determinada por alguien que fija las reglas y decide qué es correcto y qué no y, de manera subsidiaria, quién escribe bien y quién no. Aquí entran las academias, los gobiernos o, como en el caso del español, una institución como la Real Academia Española (RAE).

    Fundada en 1713, tardó muy pocos años en publicar su “Discurso proemial de la orthographia de la Lengua Castellana” aparecido en el Diccionario de Autoridades (1726), que sirvió de base para la elaboración de su primer tratado ortográfico en 1741, así como del resto de textos que la convirtieron pronto en el principal órgano regulador de la escritura de nuestra lengua.

  2. La vía del uso (la de “se escribe así porque todo el mundo lo hace así”). Se produce cuando las normas no las impone nadie desde arriba. Surgen poco a poco, por costumbre. El inglés es el mejor ejemplo: nadie decidió oficialmente cómo se escribe.

    Por eso, algunas de sus palabras tienen una ortografía un tanto creativa, con grafías similares a las que les corresponden muy diferentes pronunciaciones (como sucede, por ejemplo, en through, though y tough). En este modelo, la norma nace del uso. Primero escribe la gente. Luego, si acaso, alguien lo regula.

El caso español: institucional, pero con debate

En el español triunfó claramente la vía institucional. La ortografía académica se consolidó poco a poco en el siglo XIX, tanto en España como en Hispanoamérica. A partir de 1844, su enseñanza en la escuela pública fue impuesta por el estado español y adoptada de manera general en la administración y la imprenta.

En un determinado momento, escribir bien (según las normas académicas) dejó de ser solo una cuestión lingüística para convertirse en algo más serio: requisito laboral, símbolo de educación y prestigio social y, finalmente, marca de identidad cultural. No escribir correctamente podía hacerte parecer ignorante.




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Aunque con tímidos intentos anteriores, fue a lo largo del siglo XIX cuando se intensificaron las propuestas de reforma de la ortografía del español. Algunos querían simplificarla, escribir como se habla, eliminar letras inútiles, hacer el sistema más lógico. Los argumentos eran bastante sensatos: ¿para qué sirve la hache si no suena? ¿Por qué conservar be y uve si suenan igual? ¿Por qué ge y jota se usan a veces para el mismo sonido y otras no?

Preguntas e intentos razonables, pero en la práctica enarbolados por personas sin poder y sin un modelo consensuado de reforma. Simples maestros que buscaban facilitar su enseñanza en la escuela y disminuir así los altos índices de analfabetismo. Perseguidos por el gobierno, sus intentos se apagan pronto y se disuelven en el silencio del olvido.

En el caso concreto de alguna república hispanoamericana, como Chile, se llegó a impulsar desde las instituciones educativas una reforma que aspiraba a reconciliar la escritura con la voz. Sin embargo, como otras tentativas, también aquella acabó cediendo ante el peso de la norma y terminó perdiéndose en la fuerza obstinada de la costumbre.

La prensa, ring de boxeo lingüístico

En siglos anteriores, los debates sobre la ortografía no solo se daban en tratados lingüísticos. Se discutían en la prensa, que funcionaba como una especie de red social de la época, pero con más tinta y menos memes. En este espacio de debate público, se enfrentaban reformistas y conservadores en auténticas batallas y ciclos polémicos en los que unos querían simplificar la ortografía y hacerla más lógica. Otros defendían las costumbres y el poder institucionalizador de la RAE en esta tarea.

No eran discusiones menores: en ellas se dirimía quién tenía autoridad sobre la lengua y qué modelo debía enseñarse a generaciones enteras. Cada artículo, cada réplica, no solo defendía una forma de escribir, sino también una forma de entender la lengua y su transmisión. Lo mismo ocurre en nuestros tiempos, porque los cambios en la escritura, a diferencia de lo que sucede en otras disciplinas lingüísticas, importa mucho a la gente.

¿Por qué es tan difícil cambiar la ortografía?

La ortografía no es solo lógica, es costumbre, y cambiarla implica reeducar a millones de personas, modificar libros, sistemas educativos… Y, lo más difícil, convencer a la gente de que deje de hacer lo que lleva haciendo toda la vida. Por eso, la propia Academia viene repitiendo desde hace siglos que lo mejor es que el cambio sea introducido poco a poco por el uso. Y luego, ya veremos.

La ortografía siempre ha sido y es un tema de interés colectivo, capaz de generar opiniones y controversias. Pero hoy la pregunta ya no se formula con la urgencia de otros tiempos, aunque tampoco ha desaparecido del todo. En una época atravesada por la inmediatez digital y la escritura veloz, se debate entre su función normativa y su valor simbólico. Reformarla y hacerla más sencilla podría aliviar ciertas dificultades, pero también implicaría desprenderse de capas de historia, de matices etimológicos y de una tradición compartida.




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Más que una reforma radical, hoy se impone una negociación silenciosa entre el uso y la norma, entre lo que cambia y lo que permanece. Porque la lengua, como todo organismo vivo, ya se transforma por sí sola, sin decretos ni rupturas bruscas. No se impone desde arriba, sino que va cediendo al pulso de quienes la hablan y la escriben cada día.

Tal vez en esa transformación lenta resida su verdadera capacidad de adaptación. Porque la ortografía con que escribimos es irregular, tiene incoherencias y conserva restos del pasado que no siempre tienen sentido hoy. Pero funciona. Y eso suele pesar más que la perfección.

En el fondo, hay que recordar que estamos ante una cuestión de identidad, de historia y de sentimiento comunitario: la ortografía no es solo un sistema de letras. Es también una forma de decir “así escribimos y somos nosotros”. Por eso, cuando alguien propone reformarla, no solo altera una práctica. Toca algo más profundo: la relación de una sociedad con su propia esencia. Y en ese punto las ideologías echan raíces.

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Victoriano Gaviño Rodríguez ha sido investigador principal de los proyectos de investigación “Ideas lingüísticas y pedagógicas en la prensa española del siglo XIX. LinPePrensa” (ref. PGC2018-098509-B-I00) y “La lengua y su enseñanza en la prensa española: de la ley Moyano al fin de la II República (1857-1939). LinPePrensa II” (ref.: PID2021-126116NB-I00), del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Proyectos de I+D de Generación del Conocimiento).

ref. ¿Por qué escribimos como escribimos? Ortografía, normas y controversias – https://theconversation.com/por-que-escribimos-como-escribimos-ortografia-normas-y-controversias-279062

Toneladas de frutas y verduras pudriéndose en el campo, otro síntoma de un modelo agrario insostenible

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Jaime Martínez Valderrama, CC BY-SA

España es un país eminentemente árido, es decir, tiene condiciones climáticas caracterizadas por una importante escasez de humedad. Para ser más concretos, el 67 % del territorio tiene un índice de aridez –la relación entre la precipitación y la evapotranspiración de las plantas– inferior a 0,65, lo que se cataloga como tierras secas o zonas áridas. En este contexto, la demanda de recursos hídricos, lejos de ceñirse a su disponibilidad, no ha parado de crecer en los últimos cincuenta años.

Esa es la principal razón de la escasez de agua y la base de numerosos conflictos hídricos, y sitúa a España como unos de los países con mayor estrés hídrico (el 29 de 164). Esta escasez ya no es de índole natural, y se define como la brecha entre la oferta disponible y la demanda expresada de agua dulce en un ámbito determinado, bajo los marcos institucionales vigentes (incluidos tanto los mecanismos de fijación de precios del recurso como las tarifas de suministro), así como las condiciones de infraestructura, implicando siempre una dimensión humana en la reducción de la disponibilidad natural de agua.

Las numerosas infraestructuras para captar, acumular y distribuir agua, y la modernización de los sistemas de regadío, responden al mantra de que en España no se malgasta ni una sola gota de agua. Todos los caudales que van a parar al mar se perciben a veces como un desperdicio y cada vez que llueve a mares se lamenta no tener más embalses que acumulen toda esa agua.

Mapa donde se muestra con colores el estrés hídrico en las comunidades autónomas españolas
Estrés hídrico en España.
World Resources Institute, Aqueduct (2024), CC BY-SA

Miles de toneladas de fruta y hortalizas sin salida comercial

El supuesto fervor por acaparar cada gota de agua y transformarla en riqueza choca con la delirante imagen de campos cubiertos de frutas y hortalizas que se pudren al sol. Los bajos precios en origen existentes en determinados momentos del año hacen que a los agricultores no les merezca la pena invertir más recursos en recolectar la cosecha. Así, cada año, tras los enormes esfuerzos que supone regar, fertilizar y cuidar miles de hectáreas de cultivo, el producto final ni siquiera entra en los circuitos comerciales.

A partir de los datos que quincenalmente recopila el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) y los coeficientes de uso de agua y de emisión de CO₂, por tipo de cultivo y por comunidad autónoma, hemos estimado este desperdicio para el período 2018-2024.

A lo largo de este periodo se descartaron 483 624 toneladas de producto excedente, lo que equivale a una huella hídrica de casi 36 hm³ anuales y a una huella de carbono de 36.694 toneladas de CO₂ equivalente (t CO₂-eq) al año. Estos descartes no se destinan directamente a residuos. Una parte de los alimentos descartados (32,9 %) se utiliza para alimentación animal, otra se dona a bancos de alimentos (55,4 %) y, finalmente, el 11,7 % se destruye.

El tomate es el cultivo con mayor volumen de descartes, seguido por la naranja y el caqui. En términos de huella hídrica, el cultivo con mayor impacto es la ciruela, con 3 759 miles de m³ año⁻¹. Le siguen los caquis y las naranjas. En cuanto a la huella de carbono anual, el tomate vuelve a destacar claramente, alcanzando 3 100 t CO₂-eq año⁻¹. A continuación, se sitúa el melón (2 356 t CO₂-eq año⁻¹) y la nectarina (2 209 t CO₂-eq año⁻¹).

A escala regional, el mayor volumen de descartes se registra en la Región de Murcia, con 20,2 kt toneladas al año, y un total de 141,4 kt en el periodo 2018–2024. Le siguen Andalucía (17,9 kt año⁻¹ y 125,9 kt acumuladas) y la Comunidad Valenciana (16,7 kt año⁻¹ y 119,6 kt).

En términos de huella hídrica, el mayor desperdicio corresponde a la Comunidad Valenciana, con 8,78 hm³ año⁻¹ y una huella hídrica total de 61,5 hm³ durante el periodo de estudio.

Tomates descartados en un contenedor grande en el campo
El tomate es el cultivo más descartado.
Jaime Martínez Valderrama, CC BY-SA

Producir a gran escala para bajar costes

Los bajos precios explican el abandono de cosechas en perfecto estado para el consumo. Pero ¿qué origina esos precios reducidos? En gran medida, la lógica de la eficiencia económica. Para ser competitivos, los productores buscan reducir sus costes de producción, lo que les lleva a adoptar modelos de producción a gran escala, no exentos de importantes implicaciones sociales y ambientales.




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El objetivo es generar grandes volúmenes de producción para minimizar el precio por unidad. Para ello, se recortan costes allí donde es posible –especialmente costes laborales u obviando las obligaciones con el medioambiente– con el fin de compensar las inversiones necesarias en tecnología, infraestructuras e insumos agrarios, que permiten incrementar los rendimientos por explotación.

Esta dinámica genera una espiral de inversión, endeudamiento, sobreproducción y caída de precios que termina atrapando al agricultor en un sistema perverso, en el que solo aquellos con mayor capacidad financiera logran sostenerse.

El descarte de cosechas en perfecto estado no es más que un síntoma de este modelo agrario que favorece la concentración de la producción en un número cada vez menor de agentes y genera numerosas externalidades negativas. Estas acaban siendo asumidas por la sociedad en su conjunto –y no por quienes se benefician de la producción a gran escala–, como ocurre, por ejemplo, con la necesidad de construir desaladoras tras la sobreexplotación de las aguas subterráneas.

Estas cifras son solo la punta del iceberg

El recuento del FEGA responde a la subvención (hasta el 5 % de la cosecha) que reciben los agricultores para paliar esos bajos precios. Por encima de ese porcentaje no hay cobertura, aunque los descartes de cosechas pueden seguir produciéndose.

Una simple comprobación revela la verdadera magnitud del desperdicio. En marzo de 2024 apareció en la prensa la noticia del abandono de 300 000 toneladas de limones, el 30 % de la cosecha, en Alicante. Las cifras del FEGA muestran que, para todo el año 2024, en toda la Comunidad Valenciana, se habían descartado 132 toneladas.

Sandías tiradas en un campo con rocas
Sandías abandonadas en el Campo de Níjar, Almería. El acuífero sobre el que crecen ha sido sobreexplotado y la intrusión marina lo ha arruinado. Para seguir regando se ha construido una enorme desaladora en Carboneras.
Jaime Martínez Valderrama, CC BY-SA

Atendiendo a esta comparación, a la nutrida partida de noticias que reseñan estos descartes y a las imágenes de campos donde la fruta se pudre, parece evidente que este tipo de desperdicio no es algo puntual ni anecdótico, sino que supone un despilfarro inaceptable en un contexto de creciente escasez hídrica. Por aquellas fechas del desperdicio limonero, se planteaba llevar agua en barco a Barcelona debido a la pertinaz sequía. Está en juego nuestra seguridad hídrica mientras las reglas del mercado y la eficiencia a la que no se deja de aludir siguen desperdiciando agua.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Emilio Guirado ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Fernando Tomás Maestre Gil recibe fondos de la King Abdullah University of Science and Technology.

Javier Martí Talavera ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Jorge Olcina Cantos ha recibido fondos para la elaboración del proyecto Atlas d3 la Desertificacion en España de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Transicion Ecológica y del Reto Demográfico, con financ8acion del programa europeo para la Recuperacion y Resiliencia.

Juanma Cintas recibe fondos del “Plan Complementario de I + D + i en el área de Biodiversidad (PCBIO)” financiado por la Unión Europea en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (NextGenerationEU) y del gobierno de Andalucía.

ref. Toneladas de frutas y verduras pudriéndose en el campo, otro síntoma de un modelo agrario insostenible – https://theconversation.com/toneladas-de-frutas-y-verduras-pudriendose-en-el-campo-otro-sintoma-de-un-modelo-agrario-insostenible-276237

Dolor lumbar y pélvico en el embarazo: qué tratamiento funciona mejor según la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Biviá Roig, Bióloga y Fisioterapeuta. Profesora e investigadora, Universidad CEU Cardenal Herrera

Martin Novak7Shutterstock

Durante décadas, se ha aceptado que el dolor de espalda y de pelvis es un “peaje” inevitable de la gestación. Las cifras parecen respaldar esa creencia: más de la mitad de las mujeres embarazadas lo experimentan. Aunque para algunas es una molestia leve, en otros casos supone una limitación real que afecta al sueño, al trabajo y, en definitiva, a la calidad de vida.

La evidencia más reciente no solo muestra que puede tratarse, sino también que el éxito del abordaje depende de un factor que a menudo pasamos por alto: además de mover el cuerpo, es fundamental comprender cómo funciona el dolor.

Ejercicio: necesario, pero no siempre suficiente

El ejercicio terapéutico es una de las intervenciones más recomendadas para el dolor lumbar, tanto en mujeres embarazadas como en el resto de la población. Mejora la fuerza, el control motor y la capacidad funcional y activa mecanismos biológicos con efecto analgésico. Pero en la práctica clínica vemos con frecuencia que la actividad física por sí sola no siempre resuelve el problema.

Un metaanálisis publicado en 2023 analizó 13 ensayos clínicos en mujeres embarazadas con dolor lumbar y/o pélvico. Los resultados mostraron que la combinación de ejercicio y educación en salud redujo tanto el dolor como la discapacidad de forma significativamente mayor que la educación sola. En otras palabras, la combinación de ambas estrategias obtiene mejores resultados que por separado.

Comprender el dolor para moverse sin miedo

¿Y qué tipo de educación marca la diferencia? No se trata únicamente de dar consejos posturales básicos o recomendar evitar ciertas actividades: en los últimos años ha cobrado protagonismo la educación en neurociencia del dolor.

Este enfoque explica cómo funciona el sistema nervioso y por qué el dolor no siempre equivale a un daño estructural grave. Es una señal de alarma que puede volverse más sensible cuando intervienen factores como el estrés, el miedo o determinadas creencias.

En un estudio reciente llevado a cabo por nuestro grupo de investigación y publicado en Pain Medicine, analizamos el efecto de añadir educación en neurociencia del dolor a la educación prenatal estándar en mujeres con dolor lumbopélvico asociado al embarazo. Observamos que las gestantes que recibieron esta información adicional experimentaron una reducción significativa de sus molestias y, especialmente, del miedo al movimiento en comparación con quienes solo recibieron la educación prenatal.

Este punto es crucial. Si una mujer interpreta su dolor como señal de “inestabilidad peligrosa”, es más probable que evite moverse, actitud que puede contribuir a perpetuar el problema. Cuando comprende que su cuerpo es resistente y que moverse de forma progresiva y segura es beneficioso, aumenta su confianza y su participación activa en el tratamiento.

Entender el dolor no lo hace menos real, pero sí lo hace menos amenazante.

El mensaje para el sistema nervioso

El beneficio de combinar instrucción y ejercicio no es exclusivo del embarazo. En un artículo publicado en Frontiers in Neuroscience analizamos múltiples revisiones sistemáticas sobre educación en neurociencia enfocada al dolor musculoesquelético crónico. La conclusión principal fue que dicha educación aplicada de forma aislada muestra efectos limitados en dolor y discapacidad. Sin embargo, cuando se combina con ejercicio u otras intervenciones activas, los resultados mejoran, especialmente en variables como la “catastrofización” y el miedo al movimiento.

En conjunto, la dirección de la evidencia es consistente: los enfoques que integran intervenciones activas y educativas obtienen mejores resultados que las estrategias aisladas.

¿Por qué es especialmente importante durante la gestación?

El embarazo tiene características propias que hacen que esta perspectiva mixta sea especialmente relevante.

El ejercicio proporciona una experiencia física de seguridad: movimiento progresivo, adaptado y tolerable; mientras que la educación aporta seguridad cognitiva: entender qué ocurre y por qué moverse es seguro. Juntos, envían un mensaje coherente al sistema nervioso: el cuerpo es capaz y el movimiento no es una amenaza.

Un cambio de paradigma

En conclusión, las investigaciones actuales invitan a desterrar algunos mitos. La evidencia no respalda el reposo prolongado ni los tratamientos donde la mujer adopta un papel poco activo en su recuperación. Tampoco sostiene que la sobrecarga mecánica sea la única explicación del dolor.

Para las mujeres embarazadas, el mensaje es esperanzador: el dolor es frecuente, pero no tiene por qué ser inevitable ni permanente. Combinar ejercicio adaptado con una comprensión adecuada del dolor es una de las estrategias con mayor respaldo científico disponible para recuperar el bienestar.

The Conversation

Gemma Biviá recibió financiación de la Generalitat Valenciana para el desarrollo del proyecto “Eficacia de una intervención online basada en educación en neurociencia del dolor sobre mujeres embarazadas con dolor lumbopélvico asociado al embarazo y la experiencia de dolor durante el parto” (CIGE/178).

Celia García Lucas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dolor lumbar y pélvico en el embarazo: qué tratamiento funciona mejor según la ciencia – https://theconversation.com/dolor-lumbar-y-pelvico-en-el-embarazo-que-tratamiento-funciona-mejor-segun-la-ciencia-277018

Petróleo y química: por qué no todos los combustibles suben igual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ander Portillo Bazaco, Doctor en Ingeniería Química en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

En las últimas semanas, el estrecho de Ormuz se ha convertido en protagonista informativo por circunstancias fatales, como ya ocurrió antes con la ciudad de Alepo (Siria) o la región del Donbás (Ucrania). Este accidente geográfico es la única puerta de acceso marítimo al Golfo Pérsico, donde se encuentran algunos de los países productores de gas y petróleo más relevantes del mundo: Irán, Irak, Catar, Emiratos Árabes Unidos, por mencionar algunos. De ahí que el precio del crudo se haya visto fuertemente alterado por la guerra contra Irán iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de este año.

Un aumento de los precios del crudo impacta casi inmediatamente en la economía global, pues es la base para generar energía y para el transporte.

En cuanto a la energía, el daño puede mitigarse, en mayor o menor medida, en función del peso de la energía fósil en el mix energético de cada país.

Respecto al transporte, el precio de los combustibles ha aumentado en todos los casos, pero no de la misma manera. Por ejemplo, en España, considerando los precios promedio, el gas licuado de petróleo (GLP), utilizado en muchos hogares y vehículos, aumentó hasta un 9,8 % las tres primeras semanas de marzo, mientras que el diésel A lo hizo un 29 % en ese mismo periodo.

La petroquímica es clave para entender los diferentes combustibles

El porqué de esta diferencia, más allá de las oscilaciones del mercado, tiene una base técnica: el tipo de crudo y la petroquímica. Una vez obtenido y pretratado, el crudo o petróleo es una mezcla de muchos compuestos, la mayoría de ellos hidrocarburos (formados por hidrógeno y carbono). El resto, principalmente azufre y nitrógeno, se consideran impurezas. De esta manera, la calidad del petróleo suele determinarse en función de qué tipos de hidrocarburo y de cuántos compuestos indeseados tiene.

Para entender la relación entre ambas ideas es necesario profundizar en la diferencia que hay en la naturaleza química de los diferentes combustibles fósiles. Los combustibles se clasifican, principalmente, en función del número de carbonos que tienen los elementos que la componen. Hay que tener en cuenta que a mayor número de carbonos, más pesado (denso) será el compuesto. El GLP, por ejemplo, está compuesto por hidrocarburos muy ligeros, propano y butano (con 3 y 4 carbonos, respectivamente). Por ello, en la industria refinera se les conoce como corte C₃-C₄. En el caso de la gasolina, suelen ser hidrocarburos entre 5 y 11 carbonos, es decir, C₅-C₁₁.

En orden del número de carbonos, los grupos principales obtenidos del petróleo son: gas natural o metano (mayormente C₁-C₂ ), GLP (C₃-C₄), gasolina (C₅-C₁₁), queroseno (C₈-C₁₆), diésel ligero (A y B, químicamente idénticos, C₁₂-C₁₈), diésel C (gasóleo de calefacción, C₁₄ -C₃₀) y fuelóleos (>C₂₀).

Fracciones principales de petróleo por número de carbonos.

Para obtener cualquiera de estas fracciones, las refinerías emplean dos tipos principales de procesos: conversión de hidrocarburos y procesos de separación. Dentro de los procesos de conversión, las moléculas cortas pueden unirse para formar una más larga (reacciones de polimerización) o una molécula larga puede romperse para obtener varias más cortas (reacciones de craqueo).

Independientemente de las reacciones necesarias para tratar el crudo, la composición inicial de la mezcla determinará en gran medida el resultado final. Será mucho más rentable simplemente extraer un tipo de moléculas que tener que sintetizarlas para separarlas después.

A rasgos generales, un crudo ligero y con pocas impurezas será mucho más fácil y económico de tratar y dará lugar a una mayor fracción de compuestos ligeros (GLP o gasolina por ejemplo). Por el contrario, un crudo pesado y con impurezas será mucho más complejo de procesar y derivará en compuestos más pesados (diésel o fuelóleos, entre otros).

En Oriente Medio, solo el 23,4 % del crudo es considerado ligero, mientras que el 75,6 % del crudo estadounidense lo es. Por tanto, del crudo de Oriente Medio se obtienen en mayor medida productos pesados mientras que los ligeros se obtienen más sencillamente con el crudo estadounidense.

Con Ormuz cerrado, ¿cómo obtener crudo pesado?

El crudo pesado por excelencia es el venezolano. Denso, viscoso y rico en azufre, su extracción, transporte y refinación es difícil y se necesitan procesos complejos para convertirse en combustible.

Pese a ello, el bloqueo del estrecho de Ormuz hace especialmente valiosos los yacimientos venezolanos, que pueden ser una fuente alternativa de crudos pesados para las refinerías estadounidenses que antes usaban crudo procedente del Golfo Pérsico para la producción de materiales pesados como asfalto y lubricantes.




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No toda la petroquímica son combustibles, los plásticos sufren

El crudo es la materia prima de otros compuestos, más allá de los combustibles. Los plásticos son un ejemplo de ello y aquí las fábricas asiáticas son las que más sufren por el bloqueo de Ormuz, pues su materia prima proviene principalmente de los países del golfo.

La urea es otro producto petroquímico fundamental al ser la base de la mayoría de los fertilizantes y, por tanto, esencial para la agricultura. Actualmente se produce mayormente con gas natural, por lo que su precio también se ve alterado por el conflicto en el Golfo Pérsico. Desde el inicio de la guerra, el precio de la urea ha aumentado un 39 %.

Mientras que India y Filipinas han tomado medidas extraordinarias para mitigar el daño de esta guerra a su economía, China cuenta con la mayor reserva de barriles del mundo, que puede liberar para mantener su consumo habitual mientras negocia alternativas.

En estos momentos, la mejor opción para la mayoría de los países asiáticos es negociar con Rusia para proveerse de crudo. Tras años con fuertes sanciones internacionales, ahora se espera que sus ingresos procedentes del petróleo y el gas crezcan un 70 %.

Este escenario energético, con Ormuz cerrado y los precios del crudo subiendo, no implica solo que ahora salga más caro llenar el depósito del coche o que los precios de los vuelos se hayan disparado. Todos los productos derivados de la industria petroquímica (combustibles, fertilizantes o energía, entre otros) sufrirán las consecuencias. Habrá que ver el alcance de cada una de ellas.

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Ander Portillo Bazaco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Petróleo y química: por qué no todos los combustibles suben igual – https://theconversation.com/petroleo-y-quimica-por-que-no-todos-los-combustibles-suben-igual-279125

Acreditación Magnet: una estrategia para mejorar los cuidados hospitalarios y retener talento enfermero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Oroviogoicoechea Ortega, Directora Área Desarrollo de la Práctica e Innovación en Enfermería. Clínica Universidad de Navarra, Universidad de Navarra

Drazen Zigic/Shutterstock

Europa vive una escasez histórica de personal de Enfermería. España, en particular, se sitúa entre los países con peor ratio de profesionales por habitante según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con 6,3 enfermeras por cada 1 000 habitantes, frente la media europea de 9,2.

Esto tiene efectos claros: dificultades para cubrir vacantes, mayor rotación y entornos laborales cada vez más exigentes. Ante este escenario, muchos hospitales buscan cómo atraer y retener talento de forma sostenible.

Una de las respuestas más sólidas –y respaldada por evidencia internacional– es la Acreditación Magnet. Este marco reconoce a los hospitales capaces de crear entornos de práctica atractivos, seguros y sostenibles, donde las enfermeras pueden desarrollarse, innovar y liderar.

Actualmente, 657 hospitales en el mundo cuentan con esta acreditación, 633 en Estados Unidos (un 10,4 % del total) y 24 en otros países. De estos, 3 corresponden a Europa: el HUS Comprehensive Cancer Center, el el HUS Heart and Lung Center, ambos en Finlandia y, desde 2025, la sede de Pamplona de la Clínica Universidad de Navarra.

Un modelo nacido para atraer y retener talento

El modelo Magnet surgió en Estados Unidos en los años ochenta, en un momento de déficit de enfermeras similar al actual. La American Nurses Association estudió qué tenían en común los hospitales capaces de atraer y retener a sus profesionales incluso en épocas de escasez.

El hallazgo fue claro: el éxito no dependía de incentivos económicos, sino de culturas de trabajo que ofrecían autonomía profesional, desarrollo, liderazgo clínico y participación real en decisiones asistenciales.

Este modelo se apoya en cinco pilares:

  1. Liderazgo transformacional. Se basa en líderes que marcan un rumbo claro, generan confianza y convierten los problemas cotidianos en oportunidades de mejora.

  2. Empoderamiento estructural. Consiste en facilitar el crecimiento profesional, la participación y la capacidad de influencia. Incluye formación continuada, presencia en comités y reconocimiento del trabajo.

  3. Práctica profesional ejemplar. Busca transformar el conocimiento en cuidados seguros y humanos. Combina experiencia clínica, trabajo en equipo y atención centrada en la persona.

  4. Innovación y la generación de conocimiento. Promueve la mejora continua basada en la evidencia. Deja atrás el “siempre se ha hecho así” y convierte las ideas en cambios reales.

  5. Resultados medibles. Permiten demostrar, con datos, que la calidad mejora y que la experiencia del paciente es mejor.

Cambiar la cultura, no solo los procesos

Implantar Magnet implica una transformación profunda de la organización. Supone años de trabajo: rediseñar estructuras, recopilar evidencias y revisar prácticas.

Nuestro propio recorrido comenzó en 2008. En ese momento visitamos hospitales norteamericanos donde la enfermería tenía una presencia clara y estaba completamente integrada en la estrategia del centro. Ese aprendizaje nos llevó a definir un modelo profesional de práctica, que se convirtió en la base de la creación de varias estructuras clave: la enfermera de práctica avanzada, oportunidades formales de desarrollo, espacios de participación y un liderazgo clínico vinculado directamente a la asistencia.

Qué cambia realmente en el día a día: de la intuición a los datos

Uno de los rasgos más valiosos del modelo Magnet es su insistencia en la medición continua. Esta cultura de medir ha generado mejoras visibles tanto en los resultados clínicos como en el entorno laboral, como hemos tenido oportunidad de registrar.

Resultados en pacientes

En nuestro hospital se han observado mejoras claras en indicadores clave de calidad, como disminución de úlceras por presión y las infecciones asociadas a dispositivos. También han mejorado los resultados de seguridad.

Muchas de estas mejoras proceden de proyectos liderados por enfermeras que detectan un problema, revisan la evidencia y diseñan una intervención. Después miden su impacto.

Un ejemplo es el trabajo del grupo de enfermeras de úlceras por presión, cuyo objetivo es prevenir estas lesiones en las unidades de hospitalización. Gracias a este trabajo, la prevalencia descendió de 6,10 en 2021 a 2,23 en 2025.

Resultados en profesionales

El proceso también ha tenido un efecto positivo en quienes cuidan. Las encuestas más recientes muestran una evolución clara y sostenida. La percepción del entorno de la práctica ha mejorado de 2,77 en 2022 a 2,90 en 2025, en una escala de 1 a 4.

También se observa un mayor compromiso con el cuidado directo. El porcentaje de enfermeras que desean continuar atendiendo a pacientes en su misma unidad ha aumentado del 82,7 % en 2022 al 94,3 % en 2025. De forma coherente con estos resultados, el índice de rotación de enfermeras en el hospital se mantiene por debajo del 3 %.

La evidencia internacional coincide con nuestra experiencia. Los hospitales Magnet muestran menor mortalidad, mejores indicadores de seguridad y mayor satisfacción de pacientes y profesionales. También presentan menor rotación enfermera y mayor retención, con impacto positivo en la estabilidad y la sostenibilidad económica.

Un cambio que transforma a toda la organización

Aunque es nuestra primera acreditación Magnet, el proceso ya está generando un cambio muy positivo en la enfermería y en todo el hospital:

  • Hemos fortalecido una práctica más rigurosa, basada en la evidencia y los resultados.

  • Hemos avanzado hacia una atención más integrada, más interdisciplinar y con mejor coordinación entre unidades.

  • Hemos desarrollado una mayor conciencia del impacto de nuestra contribución: medir, revisar y documentar prácticas ha hecho más visible el papel de la enfermería en la calidad global del hospital.

  • Este proceso también ha ampliado la participación en la toma de decisiones. Cada vez más enfermeras forman parte de comités, grupos de mejora y espacios estratégicos. Su voz tiene más presencia e influencia en las decisiones clave de la organización.

En definitiva, el modelo Magnet demuestra que fortalecer la profesión enfermera va más allá de algo simbólico. Es una estrategia basada en evidencia para mejorar la atención y hacer que los hospitales sean lugares más atractivos para trabajar.

En un momento de escasez, apostar por autonomía, desarrollo y participación es imprescindible para garantizar la seguridad del paciente y la sostenibilidad del sistema.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Acreditación Magnet: una estrategia para mejorar los cuidados hospitalarios y retener talento enfermero – https://theconversation.com/acreditacion-magnet-una-estrategia-para-mejorar-los-cuidados-hospitalarios-y-retener-talento-enfermero-274641

Los bosques naturales de Suecia almacenan un 83 % más carbono que los bosques gestionados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anders Ahlström, Associate Professor, Department of Physical Geography and Ecosystem Science, Lund University

Bosque primigenio en Suecia. Ulrika Ervander, CC BY-NC-ND

La mayor parte de los bosques naturales originales de Europa se han transformado para la agricultura y se han convertido en bosques gestionados que producen energía, papel y madera. Los pocos bosques primarios que quedan son vestigios del pasado que ilustran cómo habrían sido de no haber existido la gestión humana y cómo esta los ha alterado.

La mayoría de los bosques suecos son los denominados bosques boreales. Este tipo de ecosistema forestal de coníferas abarca la mayor parte de las regiones septentrionales del planeta. Estas áreas relativamente frías han tenido históricamente una escasa población. Allí, el uso a gran escala de los bosques comenzó relativamente tarde.

En Suecia, la gestión forestal moderna surgió en el siglo XX. Consiste en talar la mayoría de los árboles de una zona –tala rasa– y, a continuación, plantar y sembrar nuevos árboles, y limpiar y clarear hasta que los árboles se vuelvan a talar hasta 120 años después. El suelo también se ve alterado. Es muy común arar y excavar zanjas y acequias para eliminar el agua.

Tras cartografiar y monitorizar los bosques primarios más naturales de Suecia, detectamos que difieren mucho más de los bosques gestionados de lo que se pensaba, aunque algunos de esos bosques gestionados parecieran antiguos.

Descubrimos que los bosques primarios almacenan entre un 78 % y un 89 % más de carbono que los bosques gestionados, una diferencia mayor que las emisiones acumuladas de Suecia procedentes de la quema de combustibles fósiles desde 1834. Nuestro nuevo estudio subraya que los beneficios del almacenamiento de carbono derivados de la protección de los bosques son mucho mayores que los que se obtienen al utilizarlos para producir bioenergía y productos de madera.




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luz que se filtra a través de los troncos de un bosque antiguo, musgo en el suelo
Los bosques primarios almacenan mucho más carbono que los bosques gestionados.
makalex69/Shutterstock

Hace ocho años comenzamos a cartografiar los bosques antiguos de baja altitud más naturales de todo el país. Excluimos los restos de bosques primarios situados en las zonas menos atractivas para la agricultura y la gestión forestal, porque estos suelen ser bosques montañosos de crecimiento lento y almacenan menos carbono que en los paisajes más amplios utilizados para la producción de madera.

A continuación, dedicamos tres años a recoger muestras y medir el contenido de carbono de los bosques antiguos y de sus suelos, y lo comparamos con el de los bosques gestionados. Utilizamos el extenso Inventario Forestal Nacional de Suecia para estimar el almacenamiento de carbono en los bosques gestionados y así poder compararlos con los naturales.

Los bosques gestionados están perdiendo carbono

Encontramos una enorme diferencia. Los bosques primarios boreales de Suecia almacenan un 87 % más de carbono en los árboles, un 334 % más en la madera muerta y un 68 % más en los suelos que los bosques gestionados. En total, esto supone un 83 % más de carbono que los gestionados.

La mayor parte de ese carbono se almacena en los suelos. Los bosques primarios almacenan en sus suelos tanto carbono como los bosques gestionados en árboles, madera muerta y suelos juntos.

Nuestros métodos de comparación entre bosques primarios y gestionados muestran la suma del carbono total acumulado en los bosques a lo largo del tiempo. Esto significa que las diferencias pueden deberse a la pérdida de carbono en los bosques gestionados o a una mayor absorción de carbono en los bosques primarios.

También tuvimos en cuenta cómo se utilizaba la madera extraída de los bosques gestionados en forma de productos de madera (por ejemplo, para construir una casa), lo que podría impedir que llegara a la atmósfera y contribuyera al cambio climático durante las próximas décadas.

En Suecia, alrededor de la mitad de la madera talada (o biomasa) se quema para calefacción y producción de electricidad, alrededor del 25 % se utiliza para papel y solo alrededor del 25 % acaba en productos con una vida útil relativamente larga, como las casas, donde pueden constituir un almacenamiento considerable con el paso del tiempo.

Si se incluye el carbono de todos estos productos, los bosques primarios seguían almacenando aproximadamente un 70 % más de carbono que los bosques gestionados. De hecho, hay más carbono en la madera muerta de los bosques primarios que en estos productos de madera y en la madera muerta de los bosques gestionados juntos.

Pérdida de bosques primarios

Las pérdidas de carbono derivadas de la gestión forestal en Suecia son mucho mayores de lo que se había estimado anteriormente. La diferencia en el almacenamiento de carbono entre los bosques primarios y los gestionados (incluidos los productos de madera talada) equivale a 1,5 veces todas las emisiones de combustibles fósiles de Suecia desde 1834, o a 220 años de emisiones a los niveles actuales.

Por supuesto, si no se hubieran utilizado productos de madera, se habrían empleado otros materiales en su lugar, algunos de los cuales podrían tener una alta intensidad de carbono (como el acero). Esto dificulta estimar el efecto global sobre los gases de efecto invernadero. Sin embargo, hoy en día existen numerosas alternativas no madereras para la calefacción y la electricidad (bombas de calor, energía solar y eólica, por ejemplo).

También hay vastas áreas de bosques naturales donde los árboles más grandes fueron talados hace muchas décadas o incluso un siglo, y es probable que se encuentren en un estado mucho más cercano al de un bosque antiguo intacto que el de un bosque gestionado medio. Proteger estos bosques permitirá, por lo tanto, recuperar un sumidero de carbono a medida que los árboles grandes vuelvan a crecer, y evitará las pérdidas de carbono del suelo derivadas de la gestión.

La pérdida continua de estos bosques primarios en Suecia es entre cinco y siete veces más rápida que la de la selva amazónica brasileña.

La normativa de la UE protege actualmente todos los bosques primitivos que quedan en Europa, pero su definición se deja en manos de los países miembros. En Suecia, la definición propuesta se basa únicamente en la edad de los árboles. Esta consideración no tiene una base científica sólida y establece un umbral muy alto: 180 años en el norte del país y 160 años en el sur.

Estas definiciones propuestas por Suecia han sido muy criticadas por parte de organizaciones conservacionistas por socavar la ambición del Reglamento de la UE sobre restauración de la naturaleza de proteger todos los bosques primarios restantes. Si se mantiene la definición propuesta, apenas se protegerá nada de los bosques primarios que quedan sin protección y es probable que continúe su tala.

Proteger y restaurar los bosques primarios para el almacenamiento de carbono y los beneficios de la biodiversidad puede contribuir significativamente a limitar el cambio climático en países como Suecia y a nivel global.

The Conversation

Anders Ahlström recibe fondos de la Fundación Crafoord (20200755 y 20241108), el Consejo Sueco de Investigación (2021-05344, 2024-01983), BECC, la Fundación Carl-Trygger, la Fundación Extensus, la Fundación Längmanska Kulturfonden, la Real Sociedad Fisiográfica de Lund, la Fundación P.O. Lundell, la Fundación Jan Hain para la Investigación Científica y Técnica en Medio Ambiente y Clima, el programa H2020 Climb-Forest de la UE (101059888), la cátedra visitante Blaustein en la Universidad de Stanford y el Acelerador de Sostenibilidad de la Universidad de Stanford.

Pep Canadell recibe fondos del National Environmental Science Program-Climate Systems Hub de Australia

Didac Pascual no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los bosques naturales de Suecia almacenan un 83 % más carbono que los bosques gestionados – https://theconversation.com/los-bosques-naturales-de-suecia-almacenan-un-83-mas-carbono-que-los-bosques-gestionados-279055

Más allá del ‘Spain is Different’: lo que el relato turístico no cuenta sobre España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Villaverde, Historien, CRIMIC/Sorbonne Université, Institut catholique de Lille (ICL); European University Institute

Playae Palmanova (Mallorca), 1960. Antonio Verdugo/Legs Luis Fernández Fuster, Universidad de Zaragoza, CC BY

En un reciente episodio de Karambolage, un breve programa de la cadena cultural francoalemana Arte, se repasaba la evolución de la imagen de España en el extranjero. Según el relato, el país, hoy asociado al sol y al flamenco, tuvo durante mucho tiempo una reputación negativa, que nacía en el colonialismo de América y llegaba al franquismo. Todo pareció cambiar en los años sesenta, cuando el régimen abrió España al turismo. El máximo exponente fue el eslogan “Spain is Different”.

Pero el proceso fue mucho más complejo. El paso de la Leyenda negra a la reapropiación irónica de un eslogan franquista puede parecer coherente. Sin embargo, al enlazar estos elementos en una misma continuidad interpretativa, se reactivan clichés históricos que la investigación reciente ha matizado de forma considerable.

La ‘diferencia’ española: entre fascinación y marginalidad

Aunque el vídeo menciona la frustración de algunos españoles ante las imágenes distorsionadas de su país, también reproduce la idea de una España definida por la mirada exterior. Los procesos de erotización y exotización desarrollados en el siglo XIX por las potencias hegemónicas francesa y británica hacia su antigua rival forman parte de esta construcción.

Cartel de una exposición en el que se ve a una mujer vestida de flamenca y a otra leyéndole la mano.
Exposición L’Andalousie au temps des maures, París 1900. Alexandre Lunois.
Biblioteca Nacional de Francia, CC BY-ND

Estas representaciones relegaban el antiguo imperio a la diferencia, a los márgenes de una modernidad definida por sus sucesores. Descrita como periférica, la península aparecía al mismo tiempo como un espacio romántico y una fuente de inspiración política y artística. Aunque el número de visitantes seguía siendo muy inferior al de países como Francia, Suiza o Italia, ocupaba un lugar central en el imaginario europeo.




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Pero es necesario evitar reducir el país a objeto de una construcción simbólica externa. España fue también un espacio de debates internos y de intercambios intelectuales que superaban sus fronteras.

Desde la época moderna, los pensadores españoles cuestionaron la legitimidad de la conquista y participaron plenamente en la vida intelectual europea. En el siglo XIX, exiliados y viajeros conocieron la industrialización de los países más ricos y la proyección internacional de las grandes exposiciones universales. Estas experiencias alimentaron debates fundamentales sobre el lugar de España en la modernidad, como el regeneracionismo y el propio concepto de Leyenda negra.

Un eslogan con una larga historia

El principal punto ciego del relato aparece al examinar la historia del propio eslogan. Es cierto que una memoria ampliamente compartida atribuye “Spain is Different” al ministro Manuel Fraga Iribarne. Sin embargo, la campaña impulsada por Fraga constituyó más bien su remate que su invención.

Fotografía de una mujer en un cartel que indica que Spain is different.
Spain is Different. Fotografía Francisco Andrada, 1932-1933.
Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona AHCB4-205/C05, CC BY

“Spain is Different” aparecía ya en 1932-1933 en una serie de carteles fotográficos editados bajo la dirección de Rafael Calleja, alto funcionario conservador que permaneció en su puesto desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la República. El eslogan acompañaba la fotografía de una alcaldesa de Zamarramala, figura femenina investida simbólicamente de autoridad durante la fiesta local.

La elección distó mucho de ser anecdótica. Se produjo en un momento en que la República había ampliado la participación cívica de las mujeres y transformado profundamente el marco político y social, provocando una fuerte reacción entre los conservadores.

Durante la Guerra Civil (1936-1939), la fórmula fue rápidamente reapropiada. En la contraportada de la revista L’Esquella de la Torratxa, una familia de turistas ingleses contemplaba una versión muy particular del cartel. La “alcaldesa” había sido sustituida por un Franco cuya pose podía parecer afeminada, una forma de desacreditarlo en un contexto histórico misógino y de socavar la imagen de virilidad regeneradora que el bando sublevado pretendía encarnar.

Cartel en el que se ridiculiza a Franco frente a una familia de turistas.
Visiteu L’Espanya! David Santsalvador en L’Esquella de la torratxa el 13 de noviembre de 1936.
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, CC BY-NC-ND

Rodeado de un obispo, un soldado colonial y oficiales nazis y fascistas, el motivo de la “diferencia” se convertía en una sátira política. La imagen cuestionaba así la pretensión de los “nacionales” de representar la verdadera España, al mostrarlos como la expresión local de una coalición internacional reaccionaria.

En la prensa anglófona, el eslogan también sirvió como marco interpretativo del conflicto. Aparecía con frecuencia en relatos marcados por una condescendencia imperial que presentaban a una España “diferente” como una anomalía inestable dentro de la Europa civilizada. Este viejo tópico contribuía a naturalizar la violencia, al mostrarla como una consecuencia casi esperable de esa supuesta disparidad y no como una ruptura del orden europeo que afectaba al conjunto del continente.

Ni la fórmula ni su principal promotor desaparecieron tras la guerra. El eslogan fue reactivado en las décadas de 1940 y 1950, especialmente en los volúmenes Apologías Turísticas de España dirigidos por Calleja, así como en varias campañas de carteles fotográficos en las que aparecen lemas como “Spain is Beautiful and Different” y “Spain is Beautiful and Different: Visit Sunny Spain”.

El ‘boom’ turístico

En la posguerra, la singularidad acompañó el esfuerzo del régimen por romper su aislamiento internacional e integrarse en el orden occidental dominado por Estados Unidos. La promoción turística se dirigió prioritariamente al público norteamericano, mientras esa singularidad se transformaba en un recurso diplomático para presentar el país como un socio aceptable del bloque occidental.

Cuando Manuel Fraga lanzó una gran campaña bajo el eslogan “Spain is Different”, este ya no era un país aislado. Los acuerdos firmados con la Santa Sede y Estados Unidos en 1953, el ingreso en la ONU en 1955 y el Plan de Estabilización de 1959 habían iniciado su integración en el orden occidental y abierto una fase de rápido crecimiento.

Dos hombres, un militar y uno de traje, esperan de pie rodeados de más hombres.
Encuentro de Franco y Eisenhower en Madrid, el 22 de diciembre de 1959.
US National Archives, CC BY

En el contexto del boom, el turismo se convirtió en uno de los motores de la transformación económica y social. A comienzos de la década recibía ya cerca de siete millones de visitantes anuales y se integraba en un mercado internacional del ocio junto a países como Italia o Grecia.

El régimen trató sin duda de atraer divisas y mejorar su imagen pero las administraciones, los empresarios, los artistas y los municipios también participaron en su construcción. En un mercado turístico cada vez más competitivo, esa “singularidad” se convirtió en un recurso de diferenciación. El auge del turismo se explica mejor dentro de las dinámicas estructurales propias de la Europa de posguerra.

Cuando la propaganda cobra vida propia

Como vemos, desde sus primeras apariciones se utilizó el eslogan “Spain is Different” para disputar la definición de nación que intentaba promover. Sucedió en la reacción conservadora a las reformas republicanas, en la sátira antifascista durante la Guerra Civil, en relatos anglosajones marcados por condescendencia imperial y, más tarde, en un franquismo primero en busca de protección estadounidense y posteriormente preocupado por la obtención de divisas y reconocimiento europeo.

El caso español muestra que la reapropiación irónica puede constituir una forma de distanciamiento crítico: un mensaje producido por el poder es retomado y vuelto contra él.

No fue la última vez. En 2012, el gobierno del Partido Popular creó la “Marca España” siguiendo la lógica neoliberal del nation branding. Al hacerlo, se pretendía reposicionar y mejorar la imagen del país en el exterior y entre los propios españoles. Muy pronto, el nombre se convirtió en objeto de sarcasmo. Ante un retraso ferroviario, una derrota deportiva o un escándalo de corrupción, alguien murmuraría: “Marca España”.

La singularidad española nunca ha constituido una esencia estable. Ha sido un campo de disputa, un espacio de proyección y de conflicto. Presentarla como un hilo continuo que une estereotipos antiguos y marketing franquista borra lo esencial: la “diferencia” española siempre ha sido un terreno de controversia.


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Jorge Villaverde no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá del ‘Spain is Different’: lo que el relato turístico no cuenta sobre España – https://theconversation.com/mas-alla-del-spain-is-different-lo-que-el-relato-turistico-no-cuenta-sobre-espana-278163

Sobre el gen SRY y el sexo masculino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Representación 3D de los cromosomas X e Y, que normalmente definen al sexo masculino en mamíferos. 3dmotus/Shutterstock

Reducir la ausencia de masculinidad a que alguien de negativo en un test PCR del gen SRY, como ha propuesto recientemente el Comité Olímpico Internacional (COI), es simplificar demasiado.

Para entenderlo bastan unas nociones de genética. Los mamíferos tenemos un par de cromosomas sexuales que son distintos en individuos del sexo femenino (generalmente XX) e individuos del sexo masculino (generalmente XY). Desde hace muchos años se sabía que la presencia del cromosoma Y determinaba la aparición de características sexuales masculinas, mientras que su ausencia se correspondía con la aparición de características sexuales femeninas. Pero no fue hasta 1990 cuando se descubrió que un gen dentro del cromosoma Y era suficiente y necesario para activar el programa de desarrollo sexual masculino.

Este gen recibió el nombre de SRY (del ingles sex-determination region Y). El descubrimiento fue producto de la colaboración entre los laboratorios de Peter Goodfellow y Robert Lovell-Badge, ambos ubicados en Londres. Poco después se comprobó, en ratones, que el gen Sry solamente se expresaba durante el desarrollo de los testículos, confirmando su papel en el establecimiento del sexo masculino.

El gen Sry –en minúsculas por ser de ratón– codifica una proteína del mismo nombre que promueve la expresión de otros genes, como por ejemplo el gen Sox9. La prueba definitiva de esto se obtuvo en 1991 con un experimento histórico con ratones transgénicos. Al añadir el gen Sry a embriones hembra –con cromosomas XX– se desarrollaron como machos, con caracteres sexuales típicos del sexo masculino, a pesar de tener dos cromosomas X. ¿Por qué? Solo por la adición del gen Sry.

Por si fuera poco, se comprobó que los ratones macho XY con el gen Sry mutado se desarrollan sexualmente como hembras, dado que les falta precisamente la función del gen Sry, a pesar de tener el resto del cromosoma Y. Por lo tanto, el gen Sry es determinante para que se desarrollen los caracteres sexuales masculinos.

En origen, todos somos embriones indiferenciados

Lo que ocurre en el desarrollo de los embriones de mamíferos es lo siguiente. Inicialmente todos comparten un programa indiferenciado que produce un esbozo de gónada. Si está presente el gen SRY, entonces se activa la diferenciación de esa gónada hacia testículos y aparecen los caracteres sexuales masculinos. En ausencia del gen SRY, la gónada continua su diferenciación hacia ovarios, y aparecen los caracteres sexuales femeninos. Dicho de otro modo, el programa embrionario de desarrollo por defecto “produce” ovarios, hembras; y solamente la presencia de una copia funcional del gen SRY (habitualmente ubicado en el cromosoma Y) permite activar la diferenciación hacia individuos masculinos, machos en animales.

La cosa se complica si tenemos en cuenta que puede haber individuos con cromosomas XY (cromosómicamente de sexo masculino) que carezcan o tengan alterado el gen SRY, por que está delecionado o mutado. En ese caso, se desarrollarán como individuos de sexo femenino siendo positivos al gen SRY (detectable por PCR). ¿Por qué? Porque el gen aunque está presente no es funcional.

Por otro lado, y aunque el gen SRY es el gran maestro que dispara una cascada de acontecimientos durante el desarrollo embrionario que conducen a que esa gónada inicial no diferenciada se convierta en un testículo, después de él actúan muchos otros genes. Esos genes necesitan activarse secuencialmente para que el desarrollo de los testículos y las características sexuales masculinas se complete con normalidad, como por ejemplo: SOX9, FGF9, TCF21, NTF3, CBLN4 y ER71. Si alguno de estos genes está mutado o alterado y no puede realizar su función con normalidad, de nada servirá tener un gen SRY funcional. El programa de desarrollo embrionario masculino no se podrá completar con normalidad y el individuo desarrollará características sexuales femeninas. Será positivo al gen SRY, tendrá la configuración cromosómica XY, pero carecerá de características sexuales masculinas y se comportará como un individuo de sexo femenino.

¿Masculino o femenino? No basta con detectar el gen SRY para saberlo

De todo lo anterior se deduce que un simple test de PCR que detecte la presencia del gen SRY no siempre garantizará que estemos ante una persona con caracteres sexuales masculinos. Puede dar positivo al test PCR al detectar la presencia del gen SRY, pero puede estar este mutado. O estar intacto y tener algún gen posterior alterado. En estos casos, la presencia del gen SRY no se asociaría a masculinidad.

Existen personas XY, de sexo cromosómico masculino, pero de características sexuales femeninas por tener mutado o alterado el gen SRY. Es lo que se denomina síndrome de Swyer.

También hay quienes teniendo el gen SRY intacto, sufren alteraciones en alguno de los genes posteriores. Por ejemplo, en el sindrome de insensibilidad a los andrógenos.

Estas personas XY pero de sexo femenino aparecen en la población con una frecuencia de aproximadamente 6.4 por cada 100 000 (una de cada 15 000) nacimientos de individuos de sexo femenino. Son disfunciones de bajísima prevalencia, condiciones genéticas raras, que encajan dentro de la definición de enfermedad rara –toda aquella enfermedad que afecte a menos de 1 de cada 2 000 personas nacidas-.

Otro gen maestro: WT1-KTS

En biología las cosas siempre son un poco más complicadas de lo que parece a simple vista. Y en las características sexuales hay una vuelta de tuerca más: un gen maestro para la producción de ovarios.

En una revisión del laboratorio de Marie-Christine Chaboissier, de la Université Côte d’Azur en Francia, concluyeron que el gen Wt1-KTS (que también existe en humanos) empuja a una gónada indeterminada a producir ovarios. Y que esta trayectoria también cuenta con numerosos genes adicionales que contribuyen a completar correctamente el desarrollo de los ovarios. Por lo tanto, también podrían existir individuos XX (es decir, cromosómicamente femeninos) que tengan alguno de los genes directores hacia ovarios mutados o alterados y permitan la activación del programa de desarrollo masculino, incluso en ausencia del gen Sry, dado que las dos vías se repelen e inactivan mutuamente.

Es más, estímulos externos como la mayor o menor proporción de hierro pueden influir en si un embrión de mamífero con el gen SRY se desarrolla como macho o como hembra.

Definitivamente, necesitamos mucho más que detectar un único gen para identificar el sexo, masculino o femenino, de un individuo.


Una versión inicial de este artículo fue publicada originalmente en el blog GenÉtica.


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Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Sobre el gen SRY y el sexo masculino – https://theconversation.com/sobre-el-gen-sry-y-el-sexo-masculino-279538

¿Es su bebé demasiado dependiente de las pantallas? Señales de alerta antes de los seis años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Lidia Platas Ferreiro, profesora ayudante doctora departamento de Pedagogía y Didáctica, Universidade de Santiago de Compostela

Ivan Marc/Shutterstock

No es raro ver a un bebé o un niño pequeño en el metro o en el autobús observando atentamente una pantalla de un móvil o una tableta: los vídeos infantiles, con sus colores brillantes, sus canciones pegadizas y sus patrones repetitivos son una frecuente fuente de distracción. Ante esta realidad, surge una pregunta que preocupa a familias, docentes y profesionales de la salud: ¿el uso de pantallas en la primera infancia puede generar una dependencia o incluso adicción?

Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil atraviesa una etapa de extraordinaria plasticidad: se forman millones de conexiones neuronales (sinapsis) a partir de cada experiencia, lo que nos lleva a una primera idea clave: el cerebro del bebé está constantemente absorbiendo información del entorno, organizando patrones y construyendo las bases del desarrollo emocional, cognitivo y social. Toda experiencia es, en ese sentido, una experiencia “de aprendizaje”.




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Los contenidos audiovisuales, incluso aquellos específicamente diseñados para bebés o niños pequeños, no proporcionan estímulos neutros o casuales, sino experiencias rápidas, intensas y altamente gratificantes, con colores brillantes, sonidos llamativos, cambios constantes y recompensas inmediatas, diseñadas intencionalmente para captar y mantener la atención el mayor tiempo posible.

Estos estímulos activan los circuitos cerebrales relacionados con el placer y la gratificación rápida, reforzando la búsqueda de ese tipo de experiencias, también en los más pequeños.

Adicción no, dependencia sí

¿Podemos hablar entonces de “adicción” en niños de 0 a 3, o de 3 a 6 años? Desde un punto de vista clínico, el término debe utilizarse con cautela. La adicción implica pérdida de control, prioridad absoluta de la conducta sobre otras actividades y persistencia pese a consecuencias negativas.

En bebés y niños pequeños, la autorregulación depende prácticamente por completo de los adultos. No son los menores quienes deciden cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, por tanto, no es adecuado hablar de adicción en sentido estricto.

Lo que sí pueden observarse son patrones de uso problemático o dependencia conductual: irritabilidad intensa cuando se retira el dispositivo móvil, demanda constante de la pantalla, dificultad para entretenerse sin ella o pérdida de interés por otras actividades.




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Estas señales no indican un trastorno, pero sí invitan a revisar los hábitos familiares: las recomendaciones pediátricas coinciden en evitar el uso de pantallas antes de los dos años y, a partir de esa edad, limitarlo a periodos muy breves y siempre supervisados. No se trata solo de cuánto tiempo, sino de cómo y para qué se utilizan.

Consecuencias del mal uso

Cuando nos excedemos, o cuando recurrimos demasiado rápidamente a este recurso de “distracción”, podemos estar limitando el desarrollo de la atención sostenida, además de alterar patrones de sueño (especialmente cuando hay exposición antes de dormir), reduciendo la tolerancia a la frustración.

Por si esto fuera poco, todo el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla es tiempo que no está dedicando al juego activo y social. El contacto humano directo es primordial en edades tempranas, ya que el lenguaje, la empatía y la regulación emocional se construyen principalmente a través de la interacción con adultos significativos.




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Límites y acompañamiento

Más que una prohibición absoluta, debemos “mediar” como adultos responsables establecer límites claros y acompañar activamente la experiencia.

Si el menor utiliza un dispositivo, lo ideal es que el adulto esté presente, comente lo que aparece en la pantalla y conecte el contenido con la vida real. De este modo, la pantalla se convierte en una actividad compartida y no en una experiencia aislada.

Todo esto debe estar siempre combinado con alternativas atractivas: juego libre, lectura de cuentos, música, movimiento y exploración del entorno. Además, los adultos deben dar ejemplo, porque los niños aprenden observando. Revisar nuestros propios hábitos de uso del móvil, especialmente delante de los más pequeños, es una de las formas más eficaces de prevención.

Evitar la dependencia temprana

Aunque los niños de 0 a 6 años no pueden sufrir “adicción” a las pantallas en términos clínicos, sí es posible que se desarrollen dinámicas de dependencia cuando la pantalla ocupa un lugar central en su vida.

La buena noticia es que, con información, coherencia y acompañamiento, la tecnología puede ocupar un lugar equilibrado, sin sustituir aquello que ningún dispositivo puede ofrecer: vínculo, juego y presencia adulta.

The Conversation

María Lidia Platas Ferreiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es su bebé demasiado dependiente de las pantallas? Señales de alerta antes de los seis años – https://theconversation.com/es-su-bebe-demasiado-dependiente-de-las-pantallas-senales-de-alerta-antes-de-los-seis-anos-276449