Nuevas series mexicanas rescatan a ‘Chabelo’ y al ‘Chavo’, pero sin el poder social de la televisión del siglo XX

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Roberto Gómez Bolaños en _El Chavo del 8_. Televisa

Durante décadas, la vida en México parecía detenerse cada domingo. Las familias buscaban sintonizar a Xavier López Rodríguez, “Chabelo” (el programa En familia con Chabelo permaneció 48 años en antena), o reír con las peripecias de El Chavo del 8, creación de Roberto Gómez Bolaños.

Ambos fueron más que un simple entretenimiento televisivo de fin de semana y funcionaron como una institución de educación informal para toda la población. Sus historias estandarizaron valores y comportamientos en millones de hogares ya que, bajo la risa mecánica, operaba un potente mecanismo de unión social.

Este fenómeno permitió que sociedades fragmentadas compartieran arquetipos comunes. Las personas aprendieron sobre la resiliencia ante la escasez económica y adoptaron un modelo tradicional en torno a la unidad familiar nuclear.

Sin embargo, el proceso también tuvo un rostro menos amable. El contenido cristalizó jerarquías sociales que aún persisten hoy y su huella quedó grabada profundamente en el ADN cultural de varias generaciones.

La tendencia actual de recuperar para la pantalla la vida de figuras referenciales de la cultura popular ha devuelto al primer plano a Gómez Bolaños, fallecido en 2014, gracias al biopic estrenado recientemente en la plataforma HBO Max. Y se anuncia ya la preparación de otra bioserie sobre la vida del creador de “Chabelo”, quien murió en 2023.

Tráiler oficial de la serie sobre Roberto Gómez Bolaños (‘Chespirito’ y ‘El chavo del 8’)

Ritual y repetición para construir comunidades imaginadas

El éxito de la televisión mexicana no fue solo comercial; también debemos analizarla como una estructura de socialización muy efectiva. Los medios cubrieron los espacios donde las instituciones del Estado no llegaban.

Durante años, estos programas construyeron un fuerte sentido de pertenencia regional a través del uso del ritual y la repetición constante. Estos son elementos clave en la formación de “comunidades imaginadas”, concepto desarrollado originalmente por el historiador Benedict Anderson. La pantalla chica unió a personas que nunca se conocerían físicamente. Sus métodos de enseñanza social fueron distintos, pero muy complementarios entre sí.

‘Chabelo’: el aprendizaje del consumo y el orden familiar

El programa dominical por excelencia, En familia con Chabelo, fue un manual de comportamiento social. La producción educaba a la infancia en roles económicos y familiares específicos. La interacción con los llamados “cuates” (colegas) establecía una estructura de autoridad clara.

Se emitió desde 1967 hasta 2016 entre las 7 y las 10 de la mañana de los domingos por el canal 2 (Canal de las Estrellas) de Televisa y durante décadas lideró las audiencias televisivas de México. Su contenido incluía números musicales, juegos concursos y la intervención de un invitado especial.

El respeto al patriarca era el eje central de cada emisión. Según las investigaciones, estos medios actuaron como un currículo formativo paralelo. Las niñas y niños aprendían reglas que la escuela no impartía.

La famosa “catafixia”, la sección del programa de Chabelo en la que se intercambiaban premios, constituía una lección sobre la toma de decisiones. El público aprendía a negociar bajo una lógica de riesgo y recompensa, donde se fomentaba una suerte de meritocracia a partir del juego y el azar.

Algunos estudios aportan una visión crítica necesaria. La televisión preparaba a la ciudadanía para ser un sector de consumo responsable. También formaba personas disciplinadas dentro del modelo de la familia tradicional.

Este entrenamiento no era opcional para quienes encendían el televisor. Los valores de la marca y el producto se mezclaban con el afecto familiar y el consumo se convirtió así en un ritual dominical sagrado.

‘El Chavo del 8’: resiliencia y gramática de la solidaridad

Por otro lado, la creación de Roberto Gómez Bolaños tuvo un enfoque distinto. Se trataba de una comedia situacional mexicana, que permaneció ocho años en antena (1973-1980), también a través del canal 2 de Televisa. Narraba las vivencias de un grupo de personas que habitan una vecindad mexicana. Su protagonista, el Chavo (el chiquillo), cometía travesuras junto con sus amigos. Estas ocasionaban malentendidos y discusiones entre los mismos vecinos, teñidas de sentido cómico y resueltas casi siempre de forma amable.

La popularidad de El chavo del 8 corrió como un reguero de pólvora por toda Latinoamérica y otras regiones, con picos de audiencia de 350 millones de espectadores. Se realizaron traducciones a 50 idiomas y en 2011 todavía podía verse en 20 países. En España, ha sido emitida en diversas épocas por La 2, Canal Sur y Popular TV.

La serie realizó una labor de formación política desde la escasez económica. Mientras uno educaba para comprar, el otro enseñaba a sobrevivir sin nada.

El espacio de la vecindad funcionó como una radiografía de la división de clases. Esta idea es respaldada por diversos análisis sociológicos. La audiencia aprendía a normalizar la falta de recursos mediante el humor.

La principal lección impartida en este espacio era la resiliencia constante. El programa permitió una mezcla cultural donde la gente validaba su propia realidad. La risa compartida actuaba como un bálsamo ante las dificultades cotidianas.

Se generó una gramática de la solidaridad. Los personajes practicaban el perdón después de cada conflicto o golpe. Esto enseñó mecanismos de supervivencia colectiva muy valiosos para la época.

El apoyo vecinal era la única red de seguridad real existente. Las personas aprendieron que la unión del grupo permitía superar el hambre. Este mensaje caló hondo en una región marcada por la desigualdad.

Toda este relato compartido acerca de lo social y lo popular conecta con el concepto de hibridación cultural, que acuñara el escritor y antropólogo argentino Néstor García Canclini a finales de los 80. La radio, el cine y la televisión permitieron, según este autor, traducir y reinterpretar la idea de nación desde el sentimiento y la cotidianidad.

Del espacio común al aislamiento digital

El panorama actual de las plataformas digitales muestra limitaciones muy serias. Estos servicios han fallado en generar un nivel similar de unión social y ya no existe un fuego de campamento que reúna a toda la nación.

El sistema contemporáneo opera bajo una lógica de segmentación extrema. Los algoritmos nos ofrecen solo aquello que ya nos gusta o conocemos, lo que nos encierra en burbujas que limitan nuestra visión del mundo exterior. La personalización, aunque ofrece una diversidad de contenidos sin precedentes, diluye la posibilidad de una alfabetización social colectiva.

En la era de Netflix o TikTok, ya no compartimos una “vecindad” con el otro; consumimos nichos que refuerzan nuestra individualidad pero debilitan el tejido de lo común. Los expertos advierten sobre los peligros de esta fragmentación.

Antes, el diálogo en la oficina o la escuela era universal. Todos hablaban del mismo concurso o del mismo chiste del día anterior. Hoy, cada persona habita un universo narrativo distinto y solitario.

El fin de la plaza pública

La televisión de antaño no fue un simple aparato electrónico en casa. Debemos reconocerla como un agente de formación humana muy potente porque su influencia moldeó la forma en que amamos y convivimos.

Esta educación masiva funcionó bajo una paradoja muy compleja: consolidó jerarquías injustas pero ofreció consuelo a los más desfavorecidos. Fue el único pegamento social capaz de unir a una región herida.

Al perder estos referentes, el riesgo de atomización social se vuelve muy alto. El consumo digital nos separa en grupos pequeños y cerrados de opinión.

El resultado es una sociedad con acceso infinito a la información, pero con una alarmante carencia de narrativas compartidas que nos permitan, como antaño, entendernos como un cuerpo social unificado ante las crisis.

The Conversation

Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nuevas series mexicanas rescatan a ‘Chabelo’ y al ‘Chavo’, pero sin el poder social de la televisión del siglo XX – https://theconversation.com/nuevas-series-mexicanas-rescatan-a-chabelo-y-al-chavo-pero-sin-el-poder-social-de-la-television-del-siglo-xx-279306

Pobreza y desigualdad en Guatemala: un problema de siglos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iker Saitua, Associate Professor, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Vendedoras de frutas y verduras en el mercado central de Ciudad de Guatemala. Giongi/Shutterstock

Aunque Guatemala cuenta con suelos fértiles, recursos mineros e hidroeléctricos, según datos del Banco Mundial es un país pobre: alrededor del 10 % de la población vive con menos de 3 dólares al día, y el 56 % de la población vive en hogares cuyos ingresos no alcanzan el umbral necesario para cubrir las necesidades básicas. Es uno de los porcentajes más altos de Centroamérica.

Guatemala no es pobre por mala suerte ni por falta de recursos, sino porque sus instituciones fueron diseñadas para extraer riqueza, no para crearla. Y ese diseño lleva funcionando desde la Conquista, como documentaron los economistas Daron Acemoglu y James Robinson en 2012 en su libro Por qué fracasan los países.

Tras la independencia, y reforzado por las reformas liberales de finales del siglo XIX –que promovieron la creación de latifundios cafetaleros y un sistema de trabajo forzado para la población indígena–, el poder político y económico quedó concentrado en una minoría. En 1944, la Revolución de Guatemala puso fin a décadas de gobiernos dictatoriales e intentó alterar ese equilibrio mediante reformas laborales y agrarias. Pero, aunque el sistema político se abrió, las élites lograron adaptarse y conservar una influencia decisiva sobre el Estado.

Instituciones que extraen

Acemoglu y Robinson distinguen entre dos tipos de instituciones (entendidas como las reglas del juego que rigen el funcionamiento de una economía): las inclusivas, que distribuyen oportunidades ampliamente y generan crecimiento, y las extractivas, organizadas para concentrar la riqueza en manos de una élite a costa del resto.

Guatemala es, para estos autores, un claro ejemplo de economía extractiva en el hemisferio occidental.

Los datos lo confirman. Desde 1980, Guatemala recauda impuestos equivalentes a poco más del 12 % de su PIB, una cifra que en cuatro décadas ha permanecido casi inamovible mientras Colombia ha pasado del 10 al 22 %, y Ghana ha cruzado y superado a Guatemala. La media latinoamericana actual sobrepasa el 21 %.

El índice de democracia igualitaria de V-Dem –que mide en qué medida el poder político está distribuido por igual entre grupos sociales– sitúa a Guatemala en 0,30 sobre 1 en 2024, frente a una media mundial de 0,37.




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La trampa del talento exportado

El dato más revelador sobre el fracaso institucional guatemalteco está en las remesas. En 2024, según los datos del Banco de Guatemala, los guatemaltecos emigrados enviaron a sus familias más de 25 000 millones de dólares, el 21,1 % del PIB nacional. Más que la inversión extranjera directa y que los ingresos por exportaciones.

Esto no habla de falta de capacidad, sino de una economía que no puede absorber productivamente a su propia población. Así, el talento no desaparece: se exporta.

Por qué las reformas no funcionan

Guatemala ha intentado reformarse repetidamente: en 1944 (cuando se abrió una etapa de profundas reformas sociales), en 1985 (la transición a la democracia tras décadas de gobiernos militares), en 1996 (los Acuerdos de Paz que pusieron fin al conflicto armado interno) y en 2015 (las movilizaciones anticorrupción que forzaron la renuncia del presidente Otto Pérez Molina). Estos episodios abrieron ventanas de reforma que no lograron alterar de forma duradera las estructuras de poder. Cada intento ha sido absorbido, revertido o capturado antes de producir un cambio duradero. ¿Por qué?

El politólogo Paul Pierson lo explica con el concepto de dependencia de trayectoria (path dependence): las instituciones generan ventajas que se refuerzan a sí mismas. Cuanto más tiempo lleva funcionando un sistema extractivo, más actores organizan sus intereses a su alrededor y más caro resulta cambiarlo. No porque el sistema sea bueno, sino porque se instaló primero.

En 2019, según la UNODC, el 25 % de los guatemaltecos que tuvieron contacto con un funcionario público afirmaron que se les pidió pagar, y en algunos casos pagaron, un soborno. En el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparency International, Guatemala obtiene 26 puntos sobre un máximo de 100 y ocupa el puesto 142 de 182, situándose en el tercio inferior del ranking mundial.

El FMI subrayó en 2024 la urgencia de que Guatemala avance en reformas estructurales, advirtiendo de que su implementación “no puede esperar”.

Salir del hoyo

Acemoglu y Robinson no son deterministas. Documentan casos en que la trampa se rompió: Corea del Sur, Botsuana, Estonia. En todos ellos hubo una coalición amplia con intereses genuinos en instituciones inclusivas y una coyuntura que alteró el equilibrio de poder de forma suficientemente profunda.

Una permanente situación de pobreza no tiene por qué ser el destino del país. Pero tampoco se sale del hoyo sin entender por qué se cayó en él.

The Conversation

Iker Saitua no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Pobreza y desigualdad en Guatemala: un problema de siglos – https://theconversation.com/pobreza-y-desigualdad-en-guatemala-un-problema-de-siglos-278624

¿Es compatible la crianza positiva con una mala comunicación en pareja?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Rubio Hernández, Profesor de métodos de investigación y diagnóstico en educación, Universidad Autónoma de Madrid

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Una noche cualquiera, una madre atiende con paciencia y cariño a su hija de 7 años a quien acompaña para irse a la cama contándole un cuento. Su padre le da las buenas noches tras charlar con ella brevemente sobre las anécdotas del día y planes para el fin de semana en familia. Pasados unos minutos, en la cocina, el tono entre los dos progenitores cambia radicalmente. Uno recrimina al otro alguna tarea no realizada y la respuesta es claramente defensiva y hostil. Para ellos es una interacción habitual cuando la niña no está presente, no se trata de una discusión por un motivo importante.

Esta forma de comunicación negativa es habitual en muchos hogares españoles, según hemos podido observar en nuestro estudio reciente entre 310 padres y madres de la región de Murcia. En una cultura como la española, que suele valorar el papel de la familia como un espacio de afecto y comprensión, la convivencia diaria, el estrés y la falta de tiempo parecen moldear patrones comunicativos muy distintos.

Y lo más interesante es que simultáneamente los progenitores sí despliegan altos niveles de cariño, apoyo y comunicación positiva hacia los hijos. Esta paradoja –mucho afecto hacia los hijos, poca calma entre los adultos– es una de las claves de la dinámica familiar actual.

Cuando discutir se convierte en hábito

En España, distintos estudios han evaluado la comunicación en la pareja midiendo niveles de respeto, calidad del diálogo o habilidades de gestión de conflictos. Algunos de sus resultados apuntaron cuestiones de interés tales como:

  • El estilo comunicativo negativo obtuvo las puntuaciones más altas entre los participantes.

  • Muchos progenitores reconocieron que gritan cuando discuten, insultan en momentos de tensión y muestran poca paciencia.

  • También se identificó la tendencia a comunicar antes lo negativo que lo positivo respecto a la pareja.

Estas respuestas no representan casos aislados: constituyen el patrón más frecuente. En las parejas con más de 40 años juntas, el estilo negativo es aún más prevalente.

Este tipo de comunicación refleja tensiones acumuladas, dificultades para gestionar el estrés cotidiano y patrones de interacción que, con el tiempo, se normalizan. Aunque no implica conflictos graves, sí sugiere que la convivencia se sostiene a menudo en dinámicas cargadas de reactividad emocional. Es decir, en respuestas a menudo agresivas, inmediatas y poco medidas.

Hacia los hijos mostramos lo mejor de nosotros

Paradójicamente, cuando se analizan las prácticas de parentalidad positiva, los resultados son mucho más favorables. Los progenitores obtienen las puntuaciones más altas en dos dimensiones: afecto y reconocimiento, donde destacan acciones como demostrar cariño, celebrar logros o reforzar la autoestima; y actividades compartidas, como pasar tiempo en familia, apoyar actividades extraescolares o compartir comidas.

En estas áreas, las familias muestran un desempeño notablemente alto. Esto sugiere que, aunque la comunicación entre adultos tenga tensiones, los hijos reciben una experiencia emocional cálida y cuidada.

Las puntuaciones más bajas, en cambio, se concentran en control del estrés y comunicación, especialmente mantener la calma en momentos de conflicto. También en implicación familiar organizada, como la resolución conjunta de problemas o la planificación familiar.

Aquí se refleja la dificultad de sostener la calma en el día a día. La crianza requiere una energía emocional que a menudo compite con las exigencias laborales, económicas y personales, lo cual se traduce en respuestas impulsivas o tensas, sobre todo entre los adultos.




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Relación entre comunicación conyugal y crianza

En el estudio se examinó también la relación entre los estilos comunicativos y los principios de parentalidad positiva. Aunque las correlaciones fueron débiles, se identificaron asociaciones consistentes. Un estilo comunicativo negativo se vincula con peores puntuaciones en implicación familiar, actividades compartidas y control del estrés; mientras que un estilo comunicativo positivo se asocia con mejores niveles de afecto, reconocimiento y regulación emocional.

Esto significa que, aunque los hijos reciban afecto, la relación entre adultos tiene repercusiones en la experiencia global de la crianza: la falta de coordinación, la frustración o la comunicación tensa dificultan establecer normas con calma o responder de forma coherente a los comportamientos de los menores.

Proteger el bienestar psicológico de los hijos

Las preguntas abiertas del estudio permitieron conocer las inquietudes principales de los progenitores respecto de sus hijos. Las más mencionadas fueron proteger o fortalecer su autoestima, respeto y confianza; educarlos en valores como responsabilidad, empatía o esfuerzo; ayudarlos a la gestión emocional, incluida la frustración y autocontrol; acompañarlos y tener buena comunicación con ellos y protegerlos de influencias negativas como amistades, pantallas o riesgos sociales.

Estas preocupaciones reflejan que las familias están muy orientadas a proteger el bienestar psicológico de sus hijos, incluso más que a cuestiones académicas o disciplinarias. El clima emocional se percibe como el eje central del desarrollo infantil.

Por ejemplo, ante conductas inadecuadas de los hijos, los progenitores mayoritariamente optan por hablar, explicar, razonar y buscar soluciones conjuntas. De forma menos frecuente, recurren a estrategias más verticales como gritar, castigar o reprender. La convivencia de ambos estilos muestra una transición: las familias intentan educar desde el diálogo, pero el estrés cotidiano a veces activa respuestas más reactivas.

Comunicarse mejor: bueno para todos

El estudio ofrece una conclusión clara: somos muy afectuosos con nuestros hijos, pero nos cuesta mucho comunicarnos con calma entre adultos.
La comunicación negativa no implica falta de amor, sino falta de herramientas para gestionar el estrés, el cansancio y la vida cotidiana. Fortalecer la comunicación en la pareja –con formación, conciencia emocional y espacios de diálogo– puede ser clave para mejorar el bienestar familiar en su conjunto.

Por otro lado, estudios recientes confirman que la exposición de los menores a formas hostiles de conflicto entre sus madres y padres afecta a cómo ellos a su vez reconocen y procesan las emociones. Los conflictos persistentes se asocian con actitudes más retadoras o agresivas por parte de los niños y adolescentes.

La violencia intrafamiliar también es un factor de riesgo de acoso escolar (tanto para agresores como para víctimas), y sentimientos de soledad y timidez en la adolescencia.

Cuidar el entorno familiar y manejarlo desde una comunicación asertiva, comprensiva y amable entre los progenitores es muy importante. Del mismo modo, aplicar esta forma de comunicación con los hijos e hijas también resulta fundamental, pues ambas prácticas contribuyen a un mejor desarrollo y a una mejor salud mental.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es compatible la crianza positiva con una mala comunicación en pareja? – https://theconversation.com/es-compatible-la-crianza-positiva-con-una-mala-comunicacion-en-pareja-277750

Arbitraje: ¿por qué las disputas multimillonarias entre Estados y empresas no llegan a los tribunales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucia Diaz-Cameselle, Legal Researcher in International Trade and Maritime Law, Universidade de Vigo

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El arbitraje internacional rara vez ocupa titulares, pero decide pleitos que pueden sacudir economías enteras. Es una forma de resolver conflictos basada en una idea simple: solo existe si las partes lo aceptan. En vez de ir a un juzgado, acuerdan que su disputa la decidan uno o varios árbitros, que actúan como tribunal privado y dictan una decisión final llamada laudo.

En 2024, las principales instituciones arbitrales tenían pendientes 386.000 millones de euros. Es decir, más de 30 veces los ingresos conjuntos de los 20 clubes de fútbol más grandes del mundo en la temporada 2024-2025.

Qué es el arbitraje y cómo funciona

El arbitraje puede llegar de dos maneras. La más común es por adelantado, con una cláusula arbitral dentro de un contrato (por ejemplo, en un acuerdo de energía, construcción o financiación). La otra es después, cuando el problema ya estalló y las partes firman un acuerdo específico para someter esa disputa a este mecanismo.

¿Por qué lo prefieren Estados y empresas? Por varias razones:

  • Neutralidad: en un pleito internacional nadie quiere jugar “en campo contrario”. Con el arbitraje, ambas partes eligen dónde y quién decide el caso. Esto es clave cuando una de las partes es un Estado o el conflicto gira en torno a decisiones públicas (energía, minería, grandes obras, etc).

  • Especialización: así se evita un juez “que ve de todo”. El arbitraje ofrece la posibilidad de elegir árbitros experimentados que entienden el sector y el tipo de contrato. Esto ahorra tiempo y reduce errores, especialmente en disputas que requieren alto grado de conocimientos técnicos.

  • Ejecutabilidad internacional: ganar no sirve de mucho si luego el cobro es difícil. La ventaja del arbitraje es que el laudo suele ser más fácil de reconocer y ejecutar en otros países que una sentencia extranjera, gracias a reglas internacionales, como la Convención de Nueva York, de 1958.

  • Mayor control por las partes: en el arbitraje, el proceso suele ser más flexible. Las partes y el tribunal ajustan calendarios, pruebas y audiencias del caso. Eso no siempre lo hace más “rápido”, pero sí resulta más previsible que los tribunales tradicionales, especialmente con el grado de saturación que sufren actualmente.

  • Confidencialidad: en general, el laudo no es público por defecto. El arbitraje ocurre fuera del foco público y la información solo se filtra si las partes lo acuerdan o en casos muy concretos (por ejemplo, en algunos casos en los que una de las partes es un Estado).

El mapa global: dónde y quién arbitra

Hablar de “las mayores instituciones” es delicado porque no todas publican cifras, ni las calculan igual. Por ejemplo, algunas cuentan solo lo que reclama quien presenta el caso y otras suman también lo que reclama la otra parte. Además, algunas gestionan, sobre todo, arbitrajes nacionales, que no son comparables con centros dedicados a disputas internacionales.

Aun así, con los datos públicos de 2024 sobre “importe en disputa” (o equivalente) se puede dibujar un mapa bastante claro.

Algunos casos relevantes

Uno de los casos relevantes es el de España ante el arbitraje internacional por la cuestión de las ayudas públicas a las renovables, que luego les fueron retiradas. Tras el recorte a las renovables de 2013, España acumula 51 reclamaciones por 10 635 millones de euros. Ya hay laudos que, en conjunto, ordenan pagos por alrededor de 1 514 millones. Ahora el problema ya no es solo el laudo, sino el pago: algunos inversores intentan cobrar en tribunales de fuera de la UE, pero la Comisión Europea sostiene que esto podría vulnerar la normativa europea.

También llamativo es el caso de Yukos vs. Rusia. El arbitrio condenó al Estado ruso a pagar más de 50.000 millones de dólares a los antiguos accionistas de la petrolera por expropiación ilegal. Este es el ejemplo perfecto de que el arbitraje tiene una segunda parte: cobrar. En octubre de 2025, el Tribunal Supremo de Países Bajos cerró la última vía de anulación del laudo. De esta forma, consolidó su validez y permitió la ejecución transnacional.

Llamativo resulta tambien el caso Nigeria vs. Process & Industrial Developments Limited (P&ID), relativo a un proyecto fallido de gas de 2010. El laudo acordó un pago cercano a los 11.000 millones de dólares a favor de Nigeria pero posteriormente fue anulado por fraude. Este caso ilustra la posible revisión del sistema cuando hay indicios de abuso. En 2023, el Tribunal Superior de Justicia británico dejó sin efecto este laudo al considerar que se obtuvo mediante fraude. Este caso es un recordatorio de que el arbitraje puede ser eficiente, pero no es infalible.

Finalmente, en 2019, un tribunal arbitral ordenó a Pakistán pagar más de cuatro mil millones de dólares a Tethyan Copper, una compañía minera chileno-canadiense, por vulneraciones vinculadas a un proyecto minero. El caso alimentó un debate clásico: ¿hasta dónde puede un Estado cambiar de idea sobre una mina (licencias, condiciones, cancelación del proyecto) sin tener que pagar una indemnización millonaria a la empresa inversora?

Qué está cambiando

El arbitraje está viviendo un momento de cambios: hay más dinero en juego, más casos se gestionan desde Asia y, sobre todo, está entrando en el foco público cuando se entra en la fase decisiva: pagar o cobrar un laudo.

  1. Mega reclamaciones por recursos naturales. A finales de 2025, Axis International llevó a Guinea a un arbitraje por 29 mil millones de dólares tras la retirada de una licencia minera. Lo destacable es la tendencia: cuando un país endurece las condiciones para explotar materias primas (por ejemplo, exigir más empleo local, más proveedores locales o más procesamiento en el país), aumentan los choques con los inversores y las reclamaciones se disparan.

  2. Energía, transición y fricción normativa en Europa. El caso de las fallidas ayudas españolas al desarrollo de las energías renovables (2004-2008) ilustra esta fricción. La Comisión Europea sostiene que pagar ciertos laudos dictados en disputas entre países de la UE puede chocar con las normas europeas. Mientras ese conflicto no se aclare, crece la incertidumbre y los inversores buscan jurisdicciones donde sea más fácil convertir un laudo en cobro real.

  3. La ONU intenta reformar el arbitraje inversor-Estado. La ONU ha iniciado un proceso para cambiar las reglas del arbitraje entre inversores y Estados con el objetivo de que sea más barato, más transparente y más difícil de manipular. En enero de 2026 avanzó en tres cuestiones: que se sepa quién financia el pleito, reglas más claras sobre quién paga los costes y fórmulas para juntar o coordinar casos parecidos para evitar decisiones distintas sobre temas similares.

El momento más delicado llega cuando toca cobrar

En suma, el arbitraje es la vía que muchas empresas y Estados eligen cuando un conflicto cruza fronteras y hay miles de millones en juego. El momento más delicado casi siempre llega después del laudo: cuando toca cobrar, sobre todo si quien debe pagar es un Estado.

Este mecanismo recibe cada vez más atención: las cuantías aumentan, crecen los roces con normativa pública y la ONU impulsa reformas para que el sistema sea más transparente, más eficiente y más imparcial.

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Lucia Diaz-Cameselle no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Arbitraje: ¿por qué las disputas multimillonarias entre Estados y empresas no llegan a los tribunales? – https://theconversation.com/arbitraje-por-que-las-disputas-multimillonarias-entre-estados-y-empresas-no-llegan-a-los-tribunales-274566

Lo que pararse a escuchar una canción puede hacer por una clase universitaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma Bravo-Fuentes, Profesora ayudante doctora del área de Didáctica de la Expresión Musical, Universidad de Málaga

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Hace unos años, probé un microrritual muy simple en mis clases de la universidad: empezar cada sesión con una breve escucha musical elegida por el propio alumnado y comentada en los cinco minutos posteriores. No es “música de fondo”, sino un momento intencional que ordena la atención, otorga voz a quien aprende y genera cohesión de grupo.

Con 255 estudiantes de primer curso de los grados en Educación Infantil y Primaria de la Universidad de Jaén pude observar mejoras en la motivación, la participación, el sentido de pertenencia al grupo y una percepción de menor estrés con un clima relajado en el aula. Los resultados de esta intervención muestran que favorece el ambiente y la concentración; además de no tener ningún coste económico, está al alcance de cualquier docente.

Una bienvenida ritualizada

Al inicio de cada clase, un estudiante distinto compartía una canción con la que se identifica por su estado de ánimo, recuerdos o identidad. Escuchábamos entre minuto y minuto y medio, y después quien la proponía explicaba por qué la había elegido.

Ese gesto, repetido semana a semana, se convirtió en nuestra “bienvenida ritualizada” que marcaba una transición clara entre asignaturas, bajaba el ruido inicial y alineaba a todo el grupo en una misma actividad breve, significativa y cercana a su contexto compartiendo entre iguales.

Impacto emocional y social

La música seleccionada por cada persona regula mejor el estado de ánimo que la impuesta por terceros; además, hay estudios relacionan la escucha musical con la reducción del estrés y la mejora del bienestar general.

En el plano social y cognitivo, compartir una canción propia humaniza, da voz y activa la atención sostenida para iniciar la clase. El resultado es un arranque de sesión más intencional y una clase que “empieza” de verdad para todo el grupo.




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Así, un acto tan breve y tan sencillo como escuchar juntos una canción mejoró la motivación, la participación, la atención durante la explicación y las actividades. Compartir una canción propia y escuchar la de otras personas también ayuda a sentirse reconocido y respetarse mutuo, especialmente útil en grupos de primero que empiezan a conocerse e interactuar.

El clima emocional de la clase mejoró sensiblemente. Estos hallazgos son coherentes con trabajos de la literatura científica que vinculan la música, las emociones y la disposición hacia el aprendizaje.

Salud mental universitaria

Los campus afrontan el doble reto de mejorar el rendimiento y cuidar el bienestar del alumnado. Intervenciones de coste cero y alta aceptabilidad como este ritual musical pueden ofrecer un punto de partida realista para docentes que buscan encender la motivación, reducir el estrés y acercarse a sus estudiantes desde el primer minuto de clase.

No es necesario que sea obligatorio (quien no quiera proponer puede abstenerse sin justificarlo), ni dedicar más de 30 segundos para explicar por qué esa canción. El tiempo de escucha ha de ser en “primer plano”, sin tareas simultáneas. Finalmente, el comentario o debate en grupo sobre qué siente el grupo con esa canción, si les gusta o no, no debe alargarse.




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Si aparecen letras controvertidas, es muy interesante tratarlas como oportunidad para el desarrollo del pensamiento crítico en el alumnado, tal como hacen estudios previos en la etapa de primaria.

En un contexto donde la presión académica y la desconexión emocional son frecuentes, dedicar tres minutos a escuchar y compartir se revela como una inversión poderosa en bienestar y motivación. No requiere recursos ni formación específica: solo la voluntad de escuchar –literal y simbólicamente– a quienes aprenden.

Entender cuándo y cuánto aplicarlos

Ahora bien, como cualquier práctica constante, su eficacia puede no ser indefinida. Es razonable pensar que estos microrrituales funcionan especialmente bien cuando son novedosos y cuando cumplen una función clara de acogida y cohesión; por ejemplo, durante las primeras semanas de clase o hasta que todo el grupo ha tenido ocasión de proponer su canción.

Más adelante, pueden perder parte de su impacto o transformarse en un hábito automático. En ese sentido, su valor no está tanto en mantenerse todo el semestre como en saber cuándo activarlos, pausarlos o variarlos según el momento del grupo.

Afinar la escucha

Esta lógica abre la puerta a otros microrrituales educativos de naturaleza similar: breves, intencionales, de bajo coste y centrados en dar voz al alumnado. Por ejemplo, comenzar la sesión con una imagen significativa comentada en un minuto, con una pregunta personal vinculada al contenido de la asignatura, con una frase elegida por el grupo o con un breve ejercicio de atención conjunta. No es necesario haberlos probado para intuir que participan de un mismo principio: marcar el inicio de la clase como un espacio distinto, cuidado y compartido.

Si la universidad aspira a formar personas y no solo profesionales, quizá el primer paso no sea añadir más contenidos, sino afinar la escucha. A veces, cambiar el clima de un aula no exige grandes reformas, sino pequeños gestos repetidos con sentido.

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Paloma Bravo-Fuentes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Dormir más el fin de semana: ¿pagamos así la deuda de sueño?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Ángeles Bonmatí Carrión, Profesora Ayudante Doctora en Departamento de Anatomía y Psicobiología Universidad de Murcia, Universidad de Murcia

Hombre dormido en el autobús. PeopleImages/Shutterstock

El despertador (reubicado, como tantos otros artilugios, en el teléfono móvil) suena implacable de lunes a viernes, generalmente antes de lo que nos gustaría. Y cada vez que claudicamos ante su llamada y nos levantamos, generalmente sin el suficiente descanso, evocamos una frase que nos alivia: “Ya dormiré el fin de semana”.

Dormir poco entre semana y darse un atracón el sábado y el domingo –o simplemente dormir lo que el ritmo entre semana no nos permite– es un hábito tan extendido que incluso tiene nombre en inglés: catch-up sleep. Algo así como ponerse al día o recuperar el sueño perdido. Más allá de constatar lo buenos que son los anglosajones poniendo nombre a ciertos hábitos, ¿refleja una realidad fisiológica? ¿Podemos recuperar el sueño durante el fin de semana?

Para responder a estas preguntas, primero debemos entender qué sucede mientras dormimos, y qué mecanismos regulan cuánto debemos dormir cada noche para que todo funcione correctamente.

Mientras dormimos: hormonas, conexiones neuronales y limpieza de residuos

Durante el sueño ocurren distintos procesos que lo convierten en algo fundamental para la vida. En primer lugar, mientras dormimos aumenta la síntesis de proteínas estructurales que reparan nuestros tejidos. Por otro lado, también se produce la secreción de hormonas y factores de crecimiento que van orientando estos procesos de reparación.

Además, al dormir nuestro sistema inmunitario se entrena. Las conexiones entre neuronas también se perfilan durante el sueño, destruyendo unas y afianzando otras, lo que da lugar a la consolidación de la memoria, borrando unos recuerdos y potenciando otros. Y también ocurre algo en el cerebro que es fundamental para la regulación del sueño: la reducción de metabolitos como la adenosina y la limpieza de residuos como la proteína beta amiloide.

Y es que uno de los procesos que regulan el sueño, el homeostático, consiste precisamente en detectar la cantidad de adenosina en el cerebro, una sustancia que se produce mientras estamos despiertos. A más adenosina, mayor propensión al sueño. Se puede decir que actúa como un reloj de arena, midiendo el número de horas que llevamos despiertos y, también, dictando cuántas debemos dormir. Y lo hace combinado con el proceso circadiano, que se centra en “programar” cuándo dormir.

Entonces, ¿cuánto debemos dormir?

Sin ser gallega (escribo desde el otro extremo de la península), en este caso me van a permitir que responda como si lo fuera: depende. Depende, por ejemplo, de la edad que tengamos. Nacemos con mucha necesidad por dormir y, al principio de la vida, lo hacemos casi todo el día, a ratitos. Conforme vamos creciendo, las necesidades disminuyen, hasta que llegamos a la edad adulta. En promedio (y recalco lo de “en promedio”), una persona adulta debería dormir entre 7 y 8 horas cada día (a ser posible durante la noche). Pero incluso en esta etapa, la respuesta a la pregunta inicial sigue siendo la misma: depende. Habrá quien necesite dormir más, y quien tenga suficiente con menos.

¿De qué va a depender? Probablemente, el origen de estas diferencias esté en la genética, que puede determinar lo que los anglosajones (recordemos que son muy buenos en esto de poner nombres) llaman short sleepers y long sleepers. Algo así como dormidores de corta y larga duración. Los primeros tendrían suficiente con alrededor de 6 horas de sueño, mientras que la fisiología de los segundos requeriría pasar más de 8 horas con Morfeo. Así, la genética puede determinar factores como la velocidad de limpieza de metabolitos como la adenosina. Si el sistema es rápido, probablemente nos demandará menos horas de sueño nocturno que si es un poco más lento.

Por lo tanto, no hay un número fijo y universal de horas que toda persona necesite dormir cada día, sino que “lo suficiente” dependerá de cada cual. Y la mejor forma de saber si estamos durmiendo lo que necesitamos es evaluando nuestro propio bienestar diario. Si tenemos un rendimiento físico y cognitivo adecuados, un buen estado de ánimo para afrontar los problemas del día a día y, en definitiva, no sentimos que, al despertar, el día ya nos viene grande, podemos tener cierta confianza en que estamos durmiendo lo suficiente.

¿Se recupera el sueño perdido?

El problema es que, a menudo, y por distintas causas, no damos a nuestra fisiología el tiempo necesario para completar el proceso de limpieza y reparación que se produce durante el sueño. Y nos levantamos sintiendo que el día, o los días que quedan de semana, son cimas que cada vez nos cuesta más alcanzar. Y entonces aparece el famoso pensamiento: “Ya dormiré en fin de semana”.

Luego, el fin de semana llega y, efectivamente, dormimos más, confiando en que así recuperaremos el sueño perdido, como si le debiéramos algo a nuestro cuerpo que estamos dispuestos a pagar el sábado y el domingo. ¿Pero conseguimos así saldar esa deuda?

Existen varias líneas de investigación sobre el catch-up sleep. Una de ellas trata de establecer sus posibles efectos sobre la salud mental. En este caso, un reciente estudio parece apuntar a cierta reducción de los síntomas diarios de depresión. Hay que tener en cuenta, no obstante, que la evidencia en este aspecto limita los posibles beneficios a un máximo de 2 horas de diferencia entre días de semana y fin de semana. Por otro lado, cabría preguntarse si no disminuirían estos síntomas en igual o mayor medida durmiendo lo suficiente cada día.

Sin embargo, el sueño insuficiente se ha relacionado con otros muchos problemas de salud: alteraciones metabólicas, cardiovasculares, cognitivas, envejecimiento prematuro, e incluso con algunos tipos de cáncer. ¿Con el sueño que pretendemos recuperar durante el fin de semana conseguimos compensar el perjuicio causado en el día a día?

Nuestra fisiología, regulada en gran medida por el sistema circadiano (controlado por un “reloj” que dura aproximadamente un día), entiende de periodos de 24 horas, del día a día con sus noches. Pero no distingue días laborables de días libres, ni identifica cuándo es fin de semana. Es decir: el metabolismo responde a patrones diarios, no a promedios semanales.

Además, alternar periodos de sueño insuficiente con intentos de “recuperación” periódicos puede provocar cronodisrupción, lo que se conoce como jet lag social. Así que, con lo que sabemos hasta ahora, podemos afirmar que no es posible compensar el daño acumulado en la salud metabólica durmiendo más el fin de semana: la falta de sueño diaria no se corrige con descansos ocasionales.

Mantener una rutina diaria que nos permita dormir lo suficiente es una necesidad fisiológica. Y debemos evitar caer en la tentación del “ya dormiré en fin de semana” o, en su versión más tétrica, el “ya dormiré cuando me muera”.

The Conversation

María Ángeles Bonmatí Carrión recibe fondos en la actualidad de Fundación Séneca, Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria y la Sociedad Española del Sueño. La publicación es parte de la actuación 22653/PI/24, financiada por FSRM/10.13039/100007801.

ref. Dormir más el fin de semana: ¿pagamos así la deuda de sueño? – https://theconversation.com/dormir-mas-el-fin-de-semana-pagamos-asi-la-deuda-de-sueno-273472

Descansar, disfrutar y compartir: tres reglas de oro para la salud neuronal y la prevención de enfermedades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rodrigo Ramos-Zúñiga, Neurocientífico, Universidad de Guadalajara

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“Grandes médicos son el sol, el aire, el silencio y el arte”.

Santiago Ramón y Cajal.

Es de noche en el bosque neuronal, la glándula pineal ha entendido muy bien el mensaje de la oscuridad que se ha captado por la ventana de la retina y ha enviado como emisario a la melatonina para que el sistema de encendido y apagado temporal del estado de consciencia y del ciclo circadiano del sueño se active.

En unos minutos más, el cerebro modificará su patrón electrofisiológico, dejando la actividad del estado despierto. Este se caracteriza por un patrón de ondas eléctricas Beta, que predominan en el lóbulo frontal. Dará paso entonces al sueño de ondas lentas, de predominio posterior. Por periodos específicos, se sorprenderá con los ensueños más sofisticados y propios de un best seller o de una película premiada por la academia. Una obra que puede tener entre sus principales protagonistas al propio portador de ese cerebro.

Este sueño paradójico, denominado así por tratarse de un sueño profundo con una importante actividad cerebral, alcanza sus etapas más profundas y sus periodos de mayor actividad neuronal durante la madrugada. En esas fases, el cerebro se resetea. Elige la información trascendente para conservarla en la memoria, y se deshace de la información irrelevante para enviarla al olvido, como si fuera una carpeta de spam.

“Mariposas del alma”

Por si fuera poco, en esta etapa, las “mariposas del alma” limpian sus alas. La metáfora es de Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel en 1906, quien describió a esas neuronas “aladas” como las células responsables de la identidad humana.

Las “mariposas del alma” necesitan recuperarse de su pulular por diferentes redes, circuitos y trayectos. Y es en esta etapa de descanso cuando diferentes mecanismos celulares y moleculares recogen la basura de los traspatios neuronales. Se evita así que las sustancias de desecho atrapen las conexiones, como si fuesen telarañas que habitan en ciertos rincones del cerebro.

También se consigue que no se depositen compuestos inflamatorios, tóxicos, o de proteínas deformes. Es el caso de la proteína tau o de la beta-amiloide, que aparecen cuando existe alzhéimer e interfieren, al acumularse, con la función cognitiva y emocional.

El sistema glinfático, recientemente descubierto, es en parte responsable de las tareas de lavado de las neuronas durante el periodo de sueño. Un sistema de “riego hidráulico”, que utiliza el mismo líquido del cerebro para mantenerlo funcional.

Así pues, descansar y dormir juegan un papel fundamental en el cerebro saludable. No solo porque permiten la recuperación de la sensibilidad y la reactividad de los sistemas neuronales, sino porque en este periodo fisiológico concurren una serie de eventos que resultan fundamentales para la salud mental y general de las personas.

Durante este espacio temporal, el cerebro recupera sus umbrales de funcionamiento óptimo. ¿Cómo lo consigue? Pues consolida la memoria, reorganiza la actividad eléctrica cerebral y permite que la fase de sueño paradójico, también conocida como de movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés), genere un descanso reparador, que resulta indispensable para el control emocional.

Mientras dormimos se afinan también los sistemas neurohormonales y se promueve la estabilidad del sistema inmune. También tienen lugar los procesos de saneamiento y limpieza de las proteínas anormales antes referidas.

El descanso y la vida

La vida cotidiana involucra múltiples funciones asociadas a nuestro reloj biológico. Por ello, el descanso se vincula con la salud mental de forma relevante.

Por ejemplo, uno de los síntomas más tempranos de depresión es el insomnio, a veces en forma de sueño fragmentado. Las alteraciones emocionales en el adulto mayor pueden ser la antesala de muchos procesos degenerativos que aparecerán con toda su expresión clínica en etapas posteriores.

El esparcimiento y el ocio saludable son fundamentales para el equilibrio emocional y para mantener la capacidad intelectual. Sus beneficios inciden también en aquellos procesos cognitivos que construyen la identidad de las personas: consciencia, orientación, memoria, lenguaje, capacidad de abstracción, capacidad analítica, capacidad de predicción y funciones ejecutivas, entre otras.

Adicionalmente, se puede asociar al disfrute y a la activación de las vías cerebrales del placer y la recompensa, lo que le agrega el componente lúdico a los periodos de descanso más allá de la salud mental y salud física. Es decir, descansar también resulta de interés por la posibilidad hedónica.

El verdadero valor del esparcimiento y de la pausa, en contraste con el ritmo acelerado de la vida actual y la presencia de inercias cotidianas estresantes, es que permite una recuperación funcional en el individuo, extensiva a su comunidad gracias a la socialización y a la empatía. Una cualidad que nos otorga estabilidad y mayor capacidad para resolver conflictos.

El descanso constituye una oportunidad para conectarse con modalidades sensoriales diversas. Estas contribuyen a mantener la paz y la tranquilidad sin sobresaltos. Nuevos olores, paisajes naturales, música, el sonido de las olas, el concierto de la naturaleza, el silencio y lecturas diferentes a nuestros hábitos de búsqueda ordinaria.

Solitud necesaria

También es necesario procurar los espacios introspectivos de solitud. Equivale a delimitar la conexión excesiva, la hiperconectividad y la invasión digital en nuestro entorno

Un enfoque que permite concentrarnos en lo más relevante de la comunicación interpersonal y acrecentar la capacidad de socializar con personas importantes de nuestra esfera afectiva. Atajamos así interferencias de otras redes, como internet o la Inteligencia Artificial.

Existen momentos en que también es necesario dejar fluir los pensamientos, y renunciar a categorizar todo el cúmulo de información que nos rodea. El reciclaje de la metacognición, entendida como la capacidad de pensar o discernir sobre nuestros propios pensamientos, puede derivar en un sobrepensar. Esto desemboca en un hiperpensamiento obsesivo, que obstaculiza el verdadero descanso.

La pausa representa, literalmente, una desconexión selectiva y a la vez una prescripción terapéutica. Al cambiar nuestros ritmos de habituación, podemos aprender a modificar nuestras inercias repetitivas y estresantes, que se identifican con entornos poco saludables.

Resiliencia neuronal y cómo conseguirla

El primer concepto de resiliencia fue postulado por la teoría evolucionista de Darwin. Según esta, la especie que sobrevive es la que tiene mayor capacidad de adaptarse.

Posteriormente, se identificó como una estrategia de recuperación del comportamiento tras situaciones o experiencias críticas. Actualmente se aplica también al escenario fisiológico, cuando las células del sistema nervioso pueden recuperarse después de haber sufrido una lesión. Recientes descubrimientos plantean la novedosa posibilidad de que los tratamientos para los trastornos de estrés humano puedan basarse en inducir mecanismos de resiliencia neuronal.

Desde una perspectiva integral, la resilencia significa un proceso de aprendizaje constante sustentado en experiencias previas y en la forma en que las abordamos. A través de ella diseñamos una ruta de hábitos creativos y proactivos vinculados con la recuperación funcional. Concurre tanto en los microespacios biológicos como en los teatros de la vida personal y social. Hoy por hoy, representa la habilidad adaptativa como estrategia para sobrevivir y también para convivir.

Equilibrio emocional y cognitivo

Gracias al proceso reparador del descanso, podemos aspirar a mantener una mente saludable. Si preservamos la capacidad de conectarlo con otras estrategias, como la dieta, el ejercicio, la convivencia, la socialización, la conversación y la introspección reflexiva, hallaremos la ruta idónea para que la emoción y la cognición sean propositivas. De este modo, constituirán un hábito sistemático y diseñaremos nuestra propia medicina preventiva personalizada.

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Rodrigo Ramos-Zúñiga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Descansar, disfrutar y compartir: tres reglas de oro para la salud neuronal y la prevención de enfermedades – https://theconversation.com/descansar-disfrutar-y-compartir-tres-reglas-de-oro-para-la-salud-neuronal-y-la-prevencion-de-enfermedades-279029

Ingeniería financiera en el barril de petróleo: la cadena de valor del mercado de hidrocarburos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad., Universidad de Alcalá

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Cada vez que repostamos gasolina o subimos a un avión, detrás del precio que pagamos hay algo más que oferta y demanda: una compleja ingeniería financiera diseñada para domesticar la volatilidad del petróleo.

A menudo, el debate público se centra en la geopolítica de la OPEP o en el precio del barril de Brent, pero detrás de esas cifras se esconde una gigantesca maquinaria de ingeniería de riesgos. Para que el combustible llegue al depósito de un camión o al ala de un avión, el producto ha pasado por una serie de manos que no solo han transformado la materia química, sino que han “troceado” y repartido el riesgo de precio mediante contratos de futuros, swaps y opciones.

Entender la economía del petróleo exige mirar más allá de la oferta y la demanda: requiere comprender cómo cada actor –productor, refinador y consumidor industrial– protege su margen de supervivencia en un entorno de volatilidad extrema.

El productor: asegurar la rentabilidad en un mundo incierto

En el proceso de exploración y producción (upstream), la economía se rige por la intensidad de capital. Desarrollar un campo petrolífero requiere inversiones de miles de millones de euros antes de ver el primer barril. Históricamente, un proyecto debía presentar una tasa interna de retorno o TIR (un indicador financiero de rentabilidad) robusta, generalmente superior al 15 % o 20 %, para compensar el riesgo geológico y la incertidumbre política.

Sin embargo, la transición energética ha cambiado las reglas del juego. Ante la presión de los criterios ESG y la posibilidad de un “pico de demanda” en la próxima década, los inversores exigen ahora una TIR de ciclo corto. Es decir, ya no basta con que un proyecto sea rentable en 20 años: debe recuperar la inversión en un horizonte mucho más breve.

Esto obliga a los productores a ser agresivos en sus ventas anticipadas. Mediante contratos a largo plazo, aseguran un precio mínimo (precio suelo) que garantiza el repago de la inversión inicial y se blindan contra la posibilidad de que futuras regulaciones de carbono hundan la demanda. Recordemos que una vez que empieza la producción de un campo petrolero, la mayor parte de la inversión ya está hecha y el petróleo fluirá, independientemente del precio del barril.

La refinería: proteger los márgenes

La refinería es el corazón industrial del sistema pero, financieramente, es un negocio de márgenes estrechos. Su rentabilidad no depende del precio absoluto del petróleo, sino del crack spread, es decir, del margen entre lo que cuesta el crudo y lo que se obtiene al vender gasolina, gasóleo o queroseno.

El gran riesgo es el desfase temporal. Hoy, una refinería compra pero tardará semanas en procesarlo y venderlo. Si en ese tiempo el precio de los productos finales cae, la refinería incurre en pérdidas masivas. Para anular o reducir ese riesgo, recurre a las coberturas (hedging) en el mercado de futuros: vende el producto final el mismo día que se fija el precio de compra de la materia prima.

La mecánica de la cobertura

Imaginemos una refinería que procesa gasóleo:

  • Día 1 (compra de materia prima): la refinería compra un cargamento de crudo a $80/barril. En ese momento, el gasóleo para entrega en un mes cotiza en el mercado de futuros a $100/barril.

  • Día 30 (venta física): el mercado ha caído. El precio Platts del gasóleo físico es ahora de solo $85/barril.

El margen operativo esperado el día 1 era de 20 dólares. Para proteger ese margen, la refinería vende en ese momento futuros de gasóleo a 100 dólares. El día 30, con el producto más barato de lo esperado, la refinería venderá su gasóleo a 85 en el mercado físico. Como el crudo le costó 80, su beneficio real es de solo 5 dólares por barril. Pero como en el mercado financiero tenía una venta de futuros a 100 dólares, y el precio ha bajado a 85, recompra esos contratos y gana 15 dólares por barril.

La refinería obtiene así exactamente el margen que planeó y permanece inmune a las oscilaciones del mercado internacional.

El precio del día: la importancia de Platts

Un concepto crítico es cómo se determina el valor del producto cada día. La mayoría de los contratos físicos se rigen por las cotizaciones de agencias como Platts. Estas agencias establecen el precio spot basándose en transacciones reales en ventanas de tiempo muy cortas.

Las refinerías sincronizan sus coberturas con estas ventanas. Venden sus cargamentos de gasóleo o queroseno en los días exactos en que los contratos físicos fijan precio (las fechas de fijación o pricing dates). No el día de entrega, sino el día en que se fija el precio (normalmente, en torno a los días en que los barcos se cargan con el producto). De este modo, eliminan cualquier exposición al azar: el mismo día que se determina cuánto cobrarán por su producto en el mundo real cierran su posición de cobertura en el mundo financiero.

El comercializador: el eslabón del traslado inmediato

Bajando por la cadena llegamos al comercializador (estaciones de servicio o distribuidores). Aquí la dinámica es mucho más inmediata. El comercializador compra el producto a la refinería basándose en el precio spot (el del día) o en una media mensual.

Debido a que sus márgenes son pequeños y su capacidad de cobertura financiera y de almacenamiento son mucho menores que los de la de una refinería, el comercializador traslada la cotización (el Platts) de forma inmediata al surtidor. Si el precio del gasóleo sube hoy en los mercados internacionales el coste de reposición del comercializador subirá mañana. De ahí que el precio final se ajuste inmediatamente para evitar la descapitalización de la empresa.

Las aerolíneas: el queroseno como variable estratégica

Otro caso destacado es el de las aerolíneas, que son los consumidores de queroseno de aviación (jet Fuel) y operan bajo una presión única: venden billetes hoy para vuelos que muchas veces tardarán meses en producirse. Para el sector aéreo, el combustible puede suponer hasta el 30 % de sus costes operativos.

Normalmente, para gestionar este riesgo las compañías se cubren con los precios futuros del queroseno. El proceso suele ser doble:

  1. Tenders: realizan licitaciones de largo plazo para acordar con un proveedor el suministro del combustible a un diferencial fijo sobre el precio spot asumiendo el riesgo de precio.

  2. Hedging: utilizan instrumentos financieros (swaps, collars) para fijar el coste del combustible en el momento en que lanzan sus campañas de precios de billetes. Al asegurar el coste del queroseno, transforman una variable volátil en un coste fijo, permitiendo que el negocio aéreo sea predecible a pesar de las turbulencias energéticas.

Derivados avanzados: swaps y collars

Para elevar su nivel de eficiencia, las empresas se valen de productos financieros que permiten una gestión del flujo de caja más limpia:

  • Commodity swaps: es un contrato donde, por ejemplo, una aerolínea y un banco intercambian un precio variable (el Platts diario del queroseno) por un precio fijo durante un periodo. Esto permite a la empresa saber con exactitud cuánto pagará por su combustible durante todo un año, independientemente de las crisis geopolíticas.

  • Collars: en esta operación se establece un rango de precios: por ejemplo, se asegura no pagar nunca más de 110 dólares por el queroseno, pero a cambio se acepta no pagar menos de 85, incluso si el mercado cae por debajo de esa cifra. Esto permite presupuestar con una certeza absoluta dentro de una banda de precios aceptable.

La paradoja de la transición energética

La transición hacia energías limpias introduce una nueva capa de complejidad. La reducción de la inversión en nuevas refinerías tradicionales puede generar periodos de escasez de capacidad, lo que dispara los márgenes de refino (crack spreads) de las plantas existentes.

Además, la aparición del combustible sostenible de aviación (SAF, sustainable aviation fuel) obliga a las aerolíneas a gestionar un nuevo tipo de riesgo: el diferencial de precio entre el queroseno fósil y el biocarburante.

El mercado de derivados para los SAF aún es inmaduro, lo que obligará a los departamentos financieros de las aerolíneas a realizar ingenierías mixtas para promediar sus costes de descarbonización sin perder competitividad.

La búsqueda de certidumbres

En conjunto, la economía del petróleo no es tanto un mercado donde se apuesta por el precio como un mecanismo diseñado para neutralizarlo. Cada actor busca eliminar la incertidumbre de su cuenta de resultados: el productor asegura su rentabilidad, la refinería protege su margen y las aerolíneas estabilizan sus costes. Los mercados financieros actúan como el sistema que permite redistribuir ese riesgo sin que la cadena se rompa.

Paradójicamente, lo que percibimos como volatilidad en el precio del combustible es, en realidad, el resultado de un sistema que trabaja constantemente para contenerla.

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Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ingeniería financiera en el barril de petróleo: la cadena de valor del mercado de hidrocarburos – https://theconversation.com/ingenieria-financiera-en-el-barril-de-petroleo-la-cadena-de-valor-del-mercado-de-hidrocarburos-279124

La trufa del desierto, un recurso gastronómico que revitaliza el suelo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Asunción Morte, Catedrática de Botánica, área de especialización en Micología-Micorrizas, Universidad de Murcia

_Terfezia claveryi_ o trufa del desierto. Antonio Rodríguez.

Reciben el nombre de “trufas del desierto” un grupo de hongos subterráneos comestibles que prosperan en zonas áridas y semiáridas de la región mediterránea, África del Norte y el Medio Oriente. Establecen simbiosis con las raíces de especies de cistáceas, principalmente del género Helianthemum, y están adaptados a suelos pobres en nutrientes y entornos con bajas, aunque necesarias, precipitaciones anuales (entre 200 y 350 mm).

Un “superalimento”

Hoy en día, la mayoría de las trufas del desierto comercializadas en el mundo son de origen silvestre, provenientes de países del norte de África. Muy valoradas en gastronomía, sus precios de mercado oscilan entre 20 y 60 euros por kilo, dependiendo de la oferta. Sin embargo, la mayoría de las zonas de producción están desapareciendo debido a un cambio en el uso del suelo y a un clima más cálido y seco inducido por el cambio climático.

Una de las trufas del desierto más consumida es Terfezia claveryi, conocida como “turma” en España, valorada por su riqueza en nutrientes, antioxidantes y compuestos potencialmente beneficiosos (antimicrobianos, hepatoprotectores, antiinflamatorios, inmunomoduladores y antitumorales).

Terfezia claveryi o turma con su compañera de simbiosis Helianthemum violaceum.
Asunción Morte.

Turmicultura murciana

El cultivo de la turma comenzó en 1999 de forma experimental en Murcia (España), donde es considerada un recurso natural. Luego fue extendiéndose poco a poco a otras regiones, aunque su superficie actual de cultivo no supera las 20 hectáreas.

El cultivo agroforestal encaminado a una producción rentable de este hongo, conocido como turmicultura, no es sencillo, ya que implica mantener en equilibrio a dos seres vivos muy distintos –una planta y un hongo– que dependen estrechamente el uno del otro. Ese equilibrio es delicado y está condicionado por numerosos factores ambientales y biológicos, muchos de ellos aún desconocidos y difíciles de controlar.

Este cultivo requiere un riego mínimo y, en las regiones semiáridas españolas, es beneficioso cuando se aplica en otoño y primavera y las precipitaciones anuales son inferiores a 300 mm. Además, no requiere fertilización química ni uso de pesticidas, aunque el control de las malas hierbas es crucial durante los primeros años y debe realizarse de forma mecánica.

T. claveryi da sus frutos en primavera, no antes de uno o tres años después de la plantación, dependiendo de las condiciones ambientales, el diseño y las prácticas de gestión de la plantación.

Cultivo desafiante

En nuestros estudios, hemos observado que, cuanto mayor es la densidad de plantas micorrizadas, mayor es la producción de trufas. Durante los ensayos experimentales, se estimó que, desde el octavo año, pueden alcanzarse hasta 300 kilogramos por hectárea (kg/ha) con una alta densidad (0,5 × 0,5 m) de planta. Sin embargo, al aumentar la distancia para escalar y facilitar el manejo del cultivo, la producción baja en torno a 120 kg/ha.

Además, estas cifras fluctúan notablemente según las lluvias y las temperaturas de invierno y primavera.

Recientemente, se han puesto en marcha intervenciones de gestión adicionales, como conservar las plántulas de Helianthemum que germinan de forma espontánea. Esto se ve respaldado por la existencia de una conexión entre las plantas adultas y las plántulas jóvenes, a través del hongo en sus raíces, lo que podría contribuir a mantener la sostenibilidad y productividad de estas plantaciones a largo plazo.

Descenso en la producción

En los últimos años, se ha observado un descenso acusado en la producción que coincide con un aumento de la temperatura media ambiental de hasta 3 °C, con inviernos y primaveras anormalmente cálidos.

Estas temperaturas elevadas, combinadas con la sequía normalmente asociada a ellas, provocan la reducción de fotosíntesis. Como consecuencia, la planta dispone de menos carbono para transferir al hongo –que depende exclusivamente de ella para obtenerlo–.

Conviene recordar que, aunque aproximadamente el 75 % del peso fresco de la turma es agua, cerca del 65 % de su peso seco está constituido por carbono. Por lo tanto, se presupone que los inviernos y primaveras anormalmente cálidos son un importante factor negativo para su producción.

Recolección en manos expertas

Por último, un aspecto a menudo poco valorado es saber localizar las turmas en el suelo. A diferencia de lo que ocurre con la trufa negra, no se emplean perros adiestrados para buscarlas: su presencia se delata por pequeñas grietas en la superficie, cuya identificación requiere experiencia y entrenamiento. De hecho, es posible que parte de la producción pase desapercibida, simplemente, porque no se detectan estas señales, lo que puede llevar a subestimar el rendimiento real.

El escaso rendimiento debido a todos estos factores provoca desánimo entre los nuevos turmicultores, que llegan a abandonar el cultivo tras 4-5 años con producciones poco satisfactorias.

Por otro lado, se ha estimado una tasa interna de rendimiento –porcentaje de rentabilidad que una inversión genera– superior a la de otros cultivos en terrenos marginales no aptos para la agricultura. Esta estimación no deja de ser una cuestión abierta, en continuo ajuste y modificación, en función de los datos de campo que se recopilan año tras año.

Asimismo, estudios recientes evidencian mejoras significativas en la conservación y funcionalidad de los terrenos dedicados a este cultivo y confirman su potencial como herramienta sostenible para la recuperación de suelos degradados en ambientes semiáridos.

En este contexto, profundizar en el conocimiento biológico y comportamiento agronómico de estos hongos resulta esencial para optimizar y hacer más predecible su cultivo. Así podemos contribuir tanto a su conservación como a la valorización sostenible de terrenos marginales donde las alternativas agrícolas son limitadas.

The Conversation

A. Morte recibe fondos de MCIN/AEI/10.13039/50110 0011033, proyectos PID2020-115210RB-I00 y PCI2025-163207, y del Programa Agroalnext de la Universidad de Murcia, proyecto TURMASOIL, financiado por MCIU con fondos NextGenerationEU (PRTR-C17.I1) y por la Fundación Séneca (CARM).

Francisco Arenas, José Eduardo Marqués Gálvez y Laura Andreu Ardil no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. La trufa del desierto, un recurso gastronómico que revitaliza el suelo – https://theconversation.com/la-trufa-del-desierto-un-recurso-gastronomico-que-revitaliza-el-suelo-276087

Universidades y empresas necesitan más coherencia interna para que el mercado laboral funcione

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Haro García, Profesor titular, Organización de Empresas (RR.HH. y Comportamiento Organizacional), Universidad Miguel Hernández

Matej Kastelic/Shutterstock

Imaginemos a Marta: su expediente, de notable alto, está lleno de “pensamiento crítico” e “innovación”. Tres meses después, sigue sin empleo cualificado. Le falta “algo”, pero nadie sabe decir qué. ¿Y si el problema no era de Marta, sino del sistema?

Según el Informe CYD 2024, España lidera la sobrecualificación en la UE: el 35,8 % de los graduados superiores trabaja en puestos de baja cualificación, frente al 21,9 % de media europea.

Por su parte, el informe Infoempleo-Adecco 2024 refleja un malestar laboral evidente: muchos buscan otro empleo porque las condiciones no son las deseadas. Esta paradoja tiene nombre: el “say-do gap”, la brecha entre lo que decimos valorar y lo que realmente medimos y premiamos.

La explicación habitual culpa a la desconexión entre universidad y empresa. Pero si la universidad no alinea lo que promete con lo que evalúa y la empresa no sintoniza lo que declara con lo que incentiva, dicha desconexión es solo el síntoma final.

La Fundación CYD advierte que, aunque el porcentaje de graduados es alto, la proporción de ocupaciones de alta cualificación es baja. Esto sugiere límites en la estructura productiva y un desajuste entre lo que certifica el sistema formativo y las evidencias que piden los empleadores.

Evaluación en competencias

Una forma de detectar este desfase interno es revisar las guías docentes universitarias. La investigación académica sobre competencias transversales en España revela que, aunque prácticamente todas las guías docentes declaran formar en pensamiento crítico, trabajo en equipo o comunicación, la evaluación de las mismas sigue siendo “un tema pendiente” en las universidades españolas. Esto a pesar de los compromisos del plan de Bolonia y a la implantación de un Espacio Europeo de Educación superior.

El mercado lo confirma. Según U-Ranking, la sobrecualificación persiste entre los jóvenes, aunque su porcentaje mejora un poco en relación con el indicador general. Los datos más recientes de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE muestran que el 22,4 % de las personas de entre 22 y 29 años con formación universitaria trabaja en empleos que no requieren su nivel de formación.

La falsa competencia del trabajo en equipo

El caso del “trabajo en equipo” es especialmente ilustrativo. Aparece como competencia transversal en numerosas titulaciones universitarias. La formación por competencias la ha reforzado en la educación superior. Pero la evidencia indica que, con frecuencia, el trabajo grupal no se diseña como colaboración estructurada.

Para que funcione, la literatura científica recomienda establecer roles, contratos de equipo, mecanismos de reflexión y evaluación entre iguales. Sin embargo, la propia investigación sobre coevaluación en educación superior recuerda que su adopción no está generalizada y que, en el contexto universitario español, hasta fechas recientes ni siquiera se disponía de instrumentos validados específicos para medirla con solidez.

El resultado es bastante predecible: muchos estudiantes terminan repartiendo tareas y reuniéndose al final para ensamblar el producto, más que aprendiendo a coordinarse como equipo. Ese patrón ha sido descrito por los expertos como una reducción de la interacción entre pares al mínimo necesario, y sigue apareciendo cuando no se diseñan apoyos explícitos para la colaboración, la responsabilidad individual y la gestión de conflictos.

Enseñar cuenta menos que investigar

En España, la evaluación de la carrera académica ha estado históricamente muy marcada por los incentivos de investigación, mientras que los de docencia han tenido menor capacidad discriminante. De hecho, un análisis reciente sobre el sistema español concluye que el sexenio de investigación ha sido el incentivo individual más relevante, mientras que el quinquenio docente apenas ha desempeñado un papel efectivo.

Es verdad que los criterios de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) han dado una visibilidad mayor a la calidad e innovación docente, pero ese reequilibrio es reciente.

Las empresas también hablan de una cosa y miden otra

El problema no es exclusivo del ámbito académico. El Informe Infoempleo-Adecco 2024 muestra que una parte significativa de las personas ocupadas declara estar satisfecha con su puesto y, aun así, busca otro empleo porque las condiciones no son las deseadas.

El caso de la innovación también conviene formularlo con precisión. Muchas organizaciones la declaran prioridad estratégica, pero la evidencia sobre innovación organizativa muestra que esta necesita cierto margen de holgura para experimentar y un clima de seguridad psicológica que permita hablar de errores, aprender de ellos y sostener la iniciativa. Cuando faltan esas condiciones, la innovación corre el riesgo de quedarse en discurso, no en práctica.

En cambio, si se dan estas condiciones, las decisiones sobre desarrollo, reconocimiento y promoción dejan de depender tanto de impresiones opacas y ganan legitimidad organizativa.

Frustración, productividad perdida y talento en modo ahorro

Cuando la universidad acredita competencias sin entrenarlas de forma consistente y las empresas proclaman criterios que luego no operan bien, aparecen señales ambiguas para graduados y empleadores.

Para los primeros, eso se traduce en frustración; para las organizaciones, en infrautilización del capital humano y en decisiones de evaluación menos fiables. Las investigaciones sobre retroalimentación y evaluación del desempeño sugieren precisamente que los sistemas percibidos como más justos son los que incorporan conversaciones de feedback, mecanismos de calibración y criterios procedimentales claros.

La solución no pasa por más comités universidad-empresa, sino por coherencia interna en cada sistema.

Buenas prácticas evaluadoras

En la universidad, el cambio más urgente es la evaluación. La Universitat Politècnica de València ha implantado un sistema en el que las competencias transversales se evalúan en las asignaturas como “satisfactorio” o “en proceso”, sin nota numérica, y esa evaluación debe quedar descrita en la guía docente. Es un ejemplo relevante de institucionalización explícita de las competencias más allá del simple enunciado retórico.

Para el trabajo en equipo, la clave está en diseñarlo como aprendizaje estructurado. En España ya existen desarrollos institucionales en esa dirección: la Universidad de Zaragoza ha elaborado una guía específica para estructurar la competencia por niveles, roles, normas y evaluación. La Universidad de Girona ha desarrollado guías y herramientas con autoevaluación, coevaluación y retroalimentación individual y grupal. Y la Universidad de Barcelona ha documentado experiencias en las que la coevaluación se integra formalmente en la evaluación del trabajo en equipo.

Marta encontró trabajo

La desconexión entre universidad y empresa seguirá reapareciendo mientras resulte más cómodo señalar el puente que revisar los cimientos. El “say-do gap” no nace de un déficit de comunicación: es un problema de diseño de incentivos y coherencia sistémica.

Finalmente, Marta encontró trabajo. Pero lo hizo aprendiendo por ensayo y error las señales reales del mercado, no gracias a lo que su título certificaba. Con más de una tercera parte de los graduados trabajando por debajo de su cualificación, el problema individual queda descartado. Estamos ante un problema de sistemas. Y los sistemas se pueden cambiar cuando hay voluntad institucional para hacerlo.

The Conversation

José Manuel de Haro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Universidades y empresas necesitan más coherencia interna para que el mercado laboral funcione – https://theconversation.com/universidades-y-empresas-necesitan-mas-coherencia-interna-para-que-el-mercado-laboral-funcione-274593