La sequía se gesta en los años lluviosos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rodríguez-Chueca, Profesor Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Iglesia sumergida del embalse de Mediano, Huesca, en abril de 2026. RudiErnst/Shutterstock

¿Qué ocurriría si no volviese a llover en España en todo este año? Puede parecer una pregunta exagerada en un momento en el que los embalses están llenos. Sin embargo, es precisamente en estos momentos cuando conviene pensar en la sequía.

Actualmente, en España hay almacenada 46 821 hm³ de agua para consumo humano, agrícola e industrial, lo que representa el 83,5 % de la capacidad. Es el nivel más alto registrado en un mes de marzo en toda la serie histórica.

El agua almacenada equivale a unos 31 000 estadios Santiago Bernabéu. Este dato se explica por un invierno excepcionalmente lluvioso que ha superado ampliamente los valores medios recientes. En algunas regiones, se han batido récords históricos.

Esta situación ha permitido dejar atrás, al menos de forma temporal, el estado de sequía que se arrastraba desde 2021. Lo que ha llevado a eliminar las restricciones de uso de agua. Sin embargo, es precisamente ahora, cuando los embalses están llenos, cuando debe abordarse la sequía desde la planificación y la concienciación.

Mapa de España con el porcentaje de agua embalsada en las diferentes comunidades españolas
Reserva hídrica en abril de 2026 en las diferentes comunidades españolas.
MITECO

Los embalses llenos no garantizan la seguridad hídrica

La aparente abundancia puede generar una falsa sensación de seguridad. La cantidad de agua embalsada es solo una imagen puntual, no una garantía de futuro. El consumo anual de agua en España se sitúa en torno a los 32 000 hm³, una cifra cercana al volumen actualmente almacenado.

La sequía no aparece de repente, es un proceso acumulativo. Si el consumo sigue siendo alto, el sistema puede parecer seguro. Pero si además llueve menos, puede volverse vulnerable rápidamente. Como en la economía personal, si los gastos superan los ingresos, los ahorros se agotan.




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La sequía no empieza cuando falta agua, sino mucho antes

Tendemos a asociar la sequía con embalses vacíos. Pero empieza mucho antes. Ocurre cuando llueve menos de lo normal durante un periodo prolongado.

Para entender una sequía no basta con tener en cuenta la lluvia. Conviene también observar el estado de ríos, embalses y el consumo. Es fundamental diferenciar entre sequía meteorológica, asociada a la falta de precipitaciones, y sequía hidrológica, que afecta a los recursos almacenados.

La sequía hidrológica puede tardar meses o años en manifestarse si hay reservas elevadas y buena gestión del agua. Aunque no se puede evitar la sequía meteorológica, sí se pueden retrasar sus efectos más graves. Esto es posible con una gestión adecuada.




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El verdadero riesgo es cuánto consumimos

Dado que no podemos controlar la lluvia, el foco debe ponerse en el consumo. Este se reparte entre la agricultura, la industria y los hogares.

La agricultura es, con diferencia, el principal consumidor. Aunque hay avances en eficiencia, especialmente con riego localizado, aún existe margen de mejora.

En la industria, el consumo ha bajado en los últimos años. Aun así, surgen nuevas incertidumbres, como el crecimiento de los centros de datos.

En el ámbito doméstico, la responsabilidad es individual y colectiva. Como ciudadanos, cada uno debemos hacer un uso sensato del agua y a nivel de sociedad, se deben crear hábitos y conciencia de gestión sostenible.

En todos los casos, no se trata solo de reducir el consumo en escasez, también es necesario hacerlo cuando el agua parece abundante.

Cuando hay agua, nos relajamos

La relajación en periodos de abundancia es una reacción habitual. No se trata solo de un comportamiento individual, sino de un patrón general.

La disponibilidad de agua en años favorables suele ir acompañada de un aumento de la demanda, que después resulta difícil de reducir. Del mismo modo, las medidas de ahorro suelen intensificarse cuando el problema ya es evidente. Pero rara vez se mantienen en el tiempo. Cuando la percepción de riesgo disminuye, también lo hace el esfuerzo por contener el consumo.

Gestión del agua anticipada, no de emergencia

Sin embargo, la gestión del agua no comienza cuando llega la sequía, sino mucho antes. Es lo que se conoce como planificación hidrológica.

Esta planificación permite anticipar la demanda y la disponibilidad de agua. Se trabaja con distintos escenarios, desde periodos húmedos hasta situaciones de sequía extrema. A partir de ello, se establecen reglas de operación para los embalses.

Pero no solo se gestiona la oferta, también se actúa sobre la demanda. De este modo se establecen prioridades en función de la disponibilidad presente y futura.

Más variabilidad, más necesidad de prevención

El cambio climático introduce un nuevo elemento de incertidumbre. En la última década se observa mayor alternancia de eventos extremos. Por ejemplo, hay sequías más intensas. Pero también precipitaciones extremas, concentradas en el tiempo y el espacio, con aprovechamiento limitado.

Esto reduce la fiabilidad de los datos históricos como referencia para la planificación. Por ello, es necesario trabajar con un mayor número de escenarios y adaptarse a una mayor variabilidad.




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Actualmente, España no sufre sequía hidrológica. Sin embargo, podría estar entrando en un nuevo ciclo de sequía meteorológica en cualquier momento.

La relajación cuando los embalses están llenos puede aumentar el riesgo futuro. La estabilidad de las reservas de agua depende del equilibrio entre entradas y consumo y la previsión de ahorrar recursos para los imprevistos del futuro.

The Conversation

Jorge Rodríguez-Chueca recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación a través de la Agencia Estatal de Investigación.

ref. La sequía se gesta en los años lluviosos – https://theconversation.com/la-sequia-se-gesta-en-los-anos-lluviosos-279984

La algarroba: una sorpresa nutricional con profundas raíces mediterráneas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jara Pérez Jiménez, Doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Científico Titular en el ICTAN-CSIC. Centro de Investigación Biomédica en Red en Diabetes y Enfermedades Metabólicas, Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN – CSIC)

Puede que, paseando por alguna ciudad española, haya visto en el suelo unas vainas marrones. Igual las ha identificado como vainas de algarroba. Pero ¿sabía que se trata del fruto de un cultivo muy mediterráneo, el algarrobo, con una composición nutricional muy interesante? Vayamos por partes…

Lo que la arqueobotánica nos ha enseñado sobre el algarrobo

El algarrobo (Ceratonia siliqua) es un árbol perenne y longevo, capaz de soportar temperaturas cercanas a 40 °C y periodos de sequía. Esto explica su presencia frecuente en suelos pobres y zonas marginales, allí donde otros cultivos no sobreviven.

Durante mucho tiempo se creyó que había sido introducido en el Mediterráneo occidental desde Oriente Próximo por fenicios, griegos o romanos. Sin embargo, los avances en genética vegetal y paleoecología han modificado esta visión. La evidencia muestra hoy que el algarrobo silvestre es autóctono del sur de la península ibérica y del noroeste de África. Su domesticación implicó selecciones locales e hibridaciones entre poblaciones silvestres y cultivadas en diferentes regiones mediterráneas.

La arqueobotánica ha contribuido a reforzar esta nueva perspectiva. Los análisis de carbones documentan la presencia de Ceratonia siliqua en yacimientos ya desde la Edad del Bronce en el área valenciana, el sureste peninsular y zonas de Extremadura. En cuanto a semillas, hasta ahora solo se ha identificado un conjunto procedente del yacimiento medieval de Mojácar la Vieja (Almería).

Respecto a las fuentes escritas, autores romanos ya mencionan su cultivo. Pero fue durante la etapa andalusí cuando el algarrobo alcanzó una mayor expansión y atención en los tratados agronómicos.

Los agrónomos de Al-Ándalus describieron distintas variedades y detallaron prácticas de cultivo, mostrando su importancia en los sistemas agrícolas medievales. Las vainas fueron utilizadas tradicionalmente como forraje, mientras que las semillas, algo dulces, se consumieron confitadas, mezcladas con zumo de uva como edulcorante o empleadas con fines medicinales; en épocas de escasez podían molerse y mezclarse con harina para elaborar panes de subsistencia.

Entre sus derivados figura también la llamada “miel de algarrobo”, una melaza obtenida mediante la cocción y reducción de las vainas. Se empleaba como edulcorante alternativo y se valoraba por sus propiedades astringentes y su utilidad en el tratamiento de trastornos digestivos.

Estas evidencias muestran que la historia del algarrobo es más antigua, compleja y mediterránea de lo que se creía. Además, su potencial vuelve a ser relevante en el contexto actual de creciente aridez.

La harina de algarroba: un ingrediente desconocido y sostenible

Pero ¿es posible consumir hoy harina de algarroba? Sí, podemos encontrarla como tal o como ingrediente en distintos alimentos, muchas veces reemplazando al cacao por sus propiedades singulares. No obstante, sigue siendo una gran desconocida, a pesar de sus dos grandes virtudes: su valor nutricional y su carácter sostenible.

La harina de algarroba, obtenida de la vaina, es uno de los alimentos con mayor contenido en fibra (hasta el 40 %). Por otro lado, sus azúcares tienen dos características muy relevantes. La primera es que su asociación con la fibra hace que sean absorbidos más lentamente, generando una baja carga glicémica. Y la segunda es que incluyen D-pinitol, un azúcar característico de la algarroba y que se asocia con alguna de las propiedades que mencionaremos después.

Finalmente, esta harina tiene un alto contenido en polifenoles, compuestos antioxidantes y antiinflamatorios.

Además, el uso de harina de algarroba permite aprovechar la vaina, un subproducto de la industria alimentaria. Y es que el algarrobo suele cultivarse por sus semillas (contenidas en dicha vaina) para la obtención de goma garrofín, un aditivo alimentario (E-410) empleado como espesante en yogures o mermeladas. De ahí que tradicionalmente se hayan generado toneladas de vainas, descartadas a pesar de su interesante composición nutricional.

Por tanto, el consumo de harina de algarroba contribuye también a una economía circular.

Beneficios del consumo de harina de algarroba

Para poder tener certeza acerca de los efectos en salud de un alimento es necesario demostrarlos en estudios científicos y no solo deducir sus beneficios a partir de su composición. La harina de algarroba ha mostrado en investigaciones con animales resultados muy prometedores en relación con el metabolismo de la glucosa o de la microbiota intestinal. Esto último se ha visto al usarla añadida a una carne o en combinación con cacao. Algún estudio en humanos ha obtenido resultados en la misma línea, aunque son todavía muy escasos.

Todo ello anima a continuar las investigaciones para fomentar el cultivo del algarrobo y el uso de la harina de algarroba como ingrediente. Eso sí, sin pretender convertirla en un “superalimento”, término sin validez científica.

Mientras seguimos avanzando en este conocimiento, tal vez pueda empezar a incorporar esta harina en algunas recetas… y a ver con otros ojos esas vainas tiradas en la calle.

The Conversation

Jara Pérez Jiménez recibe para su invesrtigación sobre la harina de algarroba fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (proyecto PID2024-155959OB-I00, financiado por MCIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE) y ha coordinado Contratos de Apoyo Tecnológico con empresas que elaboran extractos de harina de algarroba.

María Ángeles Martín Arribas para su investigación sobre la harina de algarroba recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (proyecto PID2024-155959OB-I00, financiado por MCIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE).

Sonia Ramos recibe para su investigación sobre la harina de algarroba fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (proyecto PID2024-155959OB-I00, financiado por MCIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE)

Antonio Peralta-Gómez y Leonor Peña-Chocarro no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. La algarroba: una sorpresa nutricional con profundas raíces mediterráneas – https://theconversation.com/la-algarroba-una-sorpresa-nutricional-con-profundas-raices-mediterraneas-276685

Ella no siempre temblaba: los otros síntomas del ‘párkinson invisible’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José A. Morales García, Investigador Científico en enfermedades neurodegenerativas y Profesor Titular de la Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid

Dragana Gordic/Shutterstock

A principio de los años 80, el horticultor holandés J. W. S. Van der Wereld, enfermo de párkinson, creó una nueva variedad de tulipán: rojo y con rayas blancas. Lo bautizó como “Tulipán Dr. James Parkinson” en honor al médico inglés que identificó y describió la enfermedad en 1817.

El tulipán simboliza la diversidad y la fortaleza que caracteriza a las personas que la sufren. El color rojo es un reflejo de la pasión y la lucha por la enfermedad, mientras que las rayas blancas representan los temblores, un síntoma característico.

El arquetipo del hombre tembloroso

Cada 11 de abril, los tulipanes rojos de trazos blancos invaden calles y pantallas para dar visibilidad al párkinson. Al verlos, casi por instinto, nuestra mente dibuja un retrato automático: el de un hombre de edad avanzada, tembloroso y dificultad para caminar. Es el arquetipo más extendido de la enfermedad, pero también el más incompleto. Aunque durante décadas se ha definido por sus síntomas motores, la evidencia científica muestra que esta imagen de la dolencia es solo la punta de un iceberg mucho más profundo y complejo.

En el párkinson también existen síntomas no motores que, con frecuencia, aparecen mucho antes de que se diagnostique la enfermedad, deteriorando silenciosamente la calidad de vida del paciente. El párkinson huele (pérdida de olfato), se sueña (trastornos de la fase REM) y se siente en el cuerpo (estreñimiento) y en la mente (depresión, ansiedad).

Es el párkinson que no se ve, que no tiembla y cuyos síntomas se camuflan bajo el peso del estrés o de la edad. Una realidad doblemente invisible para las mujeres, ya que las deja en una sombra aún más profunda al ignorar las diferencias biológicas entre sexos, dificultando su diagnóstico y tratamiento. Hablamos, en definitiva, del “párkinson invisible”.

Antes de seguir, debo aclarar que no es una denominación médica ni un diagnóstico reconocido, sino un término utilizado en este artículo para describir aquellos aspectos de la enfermedad que no se asocian, tradicionalmente, a ella.

Señales de aviso en olfato, intestino y sueño

El cerebro no se despierta un día con párkinson. La neurociencia moderna ha descrito una fase prodrómica, un periodo de hasta 20 años en el cual la enfermedad ya está en marcha sin que el paciente lo sospeche. Durante ese tiempo, una proteína clave, la alfa-sinucleína, comienza a plegarse de forma anómala y a acumularse en el tejido nervioso. En las etapas iniciales, este proceso parece originarse en regiones como el bulbo olfatorio y el sistema nervioso entérico (el intestino). Así se entiende que muchos pacientes experimenten, mucho antes del diagnóstico, pérdida de olfato o estreñimiento crónico.

Otro de los predictores es el trastorno de conducta del sueño REM. Soñar que abrimos la ventana y comenzamos a volar, suspendidos sobre el paisaje, puede resultar fascinante. Sin embargo, si durante el sueño abrimos de verdad la ventana y nos lanzamos a volar, las consecuencias serían muy graves. Por eso, en condiciones normales, nuestro cuerpo se paraliza durante los sueños para no “actuarlos”.

En el párkinson invisible, este mecanismo falla, y los pacientes gritan, dan puñetazos o patadas mientras duermen. Las investigaciones indican que una amplia mayoría de quienes padecen trastornos de conducta del sueño REM acabará desarrollando una enfermedad neurodegenerativa.

A medida que la afección progresa, los síntomas no motores no solo persisten, sino que se multiplican: dolor, ansiedad, depresión, fatiga, alteraciones cognitivas, disfunción autonómica o problemas sexuales. Paradójicamente, son estas manifestaciones “invisibles” las que con más frecuencia deterioran el bienestar diario de los pacientes y sus familias.

La brecha de género: el factor protector de estrógeno

La prevalencia del párkinson se sitúa, aproximadamente, en 1,5 hombres por cada mujer. Esto no significa que afecte menos a las mujeres. Significa, en muchos casos, que las entendemos peor. Pero esta diferencia numérica no es casual, tiene una base fisiológica.

La evidencia científica sugiere que los estrógenos ejercen un papel neuroprotector sobre las neuronas dopaminérgicas, reduce la inflamación cerebral y ayuda a mantener estables los niveles de dopamina. Esto explica por qué las mujeres reciben el diagnóstico más tarde que los hombres y presentan, inicialmente, síntomas motores menos evidentes.

Sin embargo, esa coraza es un arma de doble filo. El problema es que la protección no es constante, puesto que las mujeres se enfrentan a fluctuaciones hormonales (menstruación, embarazo, menopausia). Incluso al recibir tratamiento, esos cambios pueden producir que la medicación pierda eficacia de forma súbita, exacerbando los síntomas.

Debido a un menor peso corporal, las mujeres presentan concentraciones plasmáticas del fármaco más elevadas y variables a lo largo del día, aumentando su riesgo de sufrir movimientos involuntarios (disquinesias). Esta fluctuación las hace más sensibles a pequeños cambios de dosis, lo que complica el ajuste terapéutico y multiplica los periodos OFF (cuando la medicación deja de hacer efecto).

Además, al no encajar siempre en el estereotipo masculino del temblor, muchas pacientes pasan años de peregrinaje médico antes de obtener un diagnóstico correcto. En última instancia, esta brecha evidencia que los tratamientos actuales todavía no están optimizados para el perfil biológico femenino.

Cambiar la mirada para actuar antes

Es necesario cambiar el paradigma. Hablar de párkinson invisible es cambiar el foco de atención.

Implica entender que no es sólo un trastorno motor, sino una enfermedad compleja, sistémica, que afecta al sueño, al estado de ánimo, al sistema digestivo, al sistema cardiovascular y a la vida íntima de quienes la padecen.

Implica escuchar más y mejor. Preguntar por aquello que no se ve y dar espacio a síntomas que no encajan en la imagen clásica de la enfermedad.

Implica desterrar el mito de que el párkinson es un territorio exclusivamente masculino y aceptar que, mientras sigamos buscando el mismo síntoma en todos los pacientes, seguiremos dejando a las mujeres en la penumbra.

En definitiva, comprender la fase invisible y las diferencias de sexo es vital. No solo por el avance de la medicina de precisión, sino por todas aquellas personas que, como mi madre, vivieron años de desconcierto. Ella no siempre temblaba, pero habitaba ese mundo invisible de noches inquietas y días de una fatiga que las palabras no alcanzan a describir.

Escribo esto por ella y por todas las mujeres que, en silencio, lidian con una enfermedad que la sociedad aún no ha aprendido a mirar de frente. Reconocer el párkinson invisible es el primer paso para que nadie más tenga que caminarlo a oscuras. Porque lo que no se nombra, no se diagnostica. Y lo que no se diagnostica, no se trata.


Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


The Conversation

José A. Morales García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ella no siempre temblaba: los otros síntomas del ‘párkinson invisible’ – https://theconversation.com/ella-no-siempre-temblaba-los-otros-sintomas-del-parkinson-invisible-280221

Cromatografía, un detective imprescindible en el laboratorio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Culleré Varea, Profesora titular de la Facultad de Ciencias de la Salud., Universidad San Jorge

shutterstock New Africa/Shutterstock

¿Alguna vez se han preguntado cómo los investigadores revelan la presencia de una toxina en un determinado alimento, cómo la policía resuelve un crimen a partir de una muestra de sangre, o cómo se determina si los niveles de esteroides encontrados en un deportista superan los límites permitidos? La respuesta, en la mayoría de los casos, reside en un conjunto de técnicas que se engloban bajo el paraguas de la cromatografía. Es un método que está muy presente en los laboratorios, para garantizar la seguridad alimentaria, asegurar la calidad del agua y aire y la pureza de medicamentos, entre otros muchos fines.

Poder de separación

Dentro de la cromatografía, nos podemos encontrar desde estrategias muy sencillas que se pueden practicar en experimentos domésticos con niños, hasta técnicas que precisan instrumentos muy sofisticados y cientos de miles de euros, que solo pueden estar en laboratorios especializados y necesitan personal técnico de alta cualificación para su manejo.

Todas tienen en común que son capaces de “separar e identificar” los muchísimos compuestos químicos (cientos o, incluso, miles) que presenta cualquier tipo de muestra. Si contamos con equipos de los “sofisticados”, estos nos permiten también saber cuál es la concentración en la que están presentes cada uno de estos compuestos.

Cómo funciona para separar compuestos

Vamos a hacer un símil con una carrera de obstáculos. Cada atleta lleva su propia velocidad y le costará más o menos tiempo superar cada obstáculo. En cromatografía, cada uno de los “atletas” se corresponde con las “moléculas o compuestos químicos” de una mezcla y el “circuito”, con la “fase estacionaria”. Los atletas son empujados por el circuito por un “fluido”, que es lo que equivale a la “fase móvil”.

La clave es que cada una de las moléculas interactúa de forma diferente con la fase estacionaria. Unas se quedan más retenidas y otras menos, viajando a velocidades muy diferentes, lo que se traduce en una separación según dichas velocidades. En la carrera, el atleta que llega primero a la meta es el que se ha visto menos paralizado por los obstáculos, mientras que el último se ha “retenido” más en el camino.

Azafrán, perfumes y obras de arte

La gran versatilidad de esta técnica hace que sea protagonista en análisis de control de calidad, que se llevan a cabo día a día en diferentes áreas, como medioambiente, alimentación, medicina, farmacia,… Sin embargo, son mucho más llamativos los fraudes que se destapan gracias a ella.

Por ejemplo, se pueden descubrir fraudes alimentarios, relacionados con productos muy valiosos, como puede ser la trufa negra (Tuber melanosporum). En el mercado, existen gran variedad de productos –como muchos aceites trufados– que aseguran contener este tipo de trufa, muy valorada a nivel gastronómico por su potente y peculiar aroma, sin embargo solo contienen un compuesto químico cuyo olor es muy parecido.

Asimismo, se puede demostrar si el azafrán, otro producto de gran valor culinario, es auténtico o ha sido adulterado, o si una leche ha sido “rellenada” con proteínas vegetales o melamina, que pretende simular más proteína. También sirve para detectar si un café es 100 % arábica o no, demostrar la variedad de uva de un determinado vino o su procedencia, o el origen de miel, aceites… De igual forma, se puede conocer el origen de un determinado pez (salvaje o de piscifactoría).

En el campo de los perfumes, permite detectar falsificaciones, analizando el perfil químico de muestras sospechosas y por comparación con las reales.

En arte, puede desvelar falsificaciones, determinando si los materiales usados coinciden con la época supuesta en la que se pintó la obra, así como autentificar papiros, pergaminos y manuscritos.

En todos estos casos, la cromatografía permite analizar “huellas químicas” que contienen una información muy valiosa y delatan cualquier intento de timo.

En la escena del crimen

También son muy llamativas sus aplicaciones forenses. Además, la cromatografía permite detectar drogas en fluidos corporales como orina, sangre o muestras capilares. Así, se emplea para determinar la causa de una muerte por ingesta de alcohol, envenenamiento o drogas.

Por otro lado, se usa para identificar drogas de diseño o determinar la pureza de sustancias ilegales incautadas por las autoridades.

En la misma línea, es muy útil en investigaciones de incendios provocados, pues en la mayoría de estos casos se inician con aceleradores como la gasolina o el keroseno.

Una herramienta útil en todos los campos

Si intentáramos abordar todas las posibles aplicaciones de la cromatografía, no acabaríamos nunca, ya que son muchísimas, y cada cual más interesante. Pero hay otra más que nos llama poderosamente la atención y merece la pena subrayar: en un estudio publicado este año aborda cómo la técnica ha servido para detectar el cortisol en muestras de cabello en estudiantes, usándolo como biomarcador de estrés crónico. Muestra de que la cromatografía podría una herramienta de gran valor, incluso, en el ámbito de la psicología y la salud mental.

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Laura Culleré Varea no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cromatografía, un detective imprescindible en el laboratorio – https://theconversation.com/cromatografia-un-detective-imprescindible-en-el-laboratorio-270315

La amenaza que representan el extractivismo y las mascotas para la Amazonía y la salud global

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor M. Lizana Martín, Profesor Adjunto, Facultad de Veterinaria, Universidad CEU Cardenal Herrera, Universidad CEU Cardenal Herrera

Escena callejera en Santa Rosas, localidad peruana a orillas del Amazonas. Nowaczyk/Shutterstock

Se llaman servicios ecosistémicos los beneficios que las personas obtenemos de la naturaleza. Algunos son muy fáciles de entender, como las materias primas o la energía, pero otros resultan menos evidentes, como el ciclo del agua, la descomposición de residuos, la polinización o la protección frente a infecciones.

Alrededor del 60 % de las enfermedades que afectan a las personas son zoonosis, es decir, se transmiten entre animales y humanos. Además, el 75 % de las dolencias nuevas o emergentes también entran en esta categoría.

Los ecosistemas bien conservados actúan como una barrera natural frente a estas patologías. Por un lado, mantienen separadas a las personas de la fauna silvestre, y por otro, favorecen procesos que reducen la propagación de patógenos. Un ejemplo de esto es cuando los depredadores eliminan a los animales enfermos, que suelen ser más débiles. Además, si hay gran variedad de especies en un ecosistema, los patógenos se diluyen entre distintos tipos de animales y es menos probable que lleguen a los humanos.

¿Qué ocurre cuando se rompe el equilibrio?

Los bosques tropicales húmedos, como los de la Amazonía, África ecuatorial o el sudeste asiático, son puntos calientes de biodiversidad, regiones que albergan una concentración excepcional de especies endémicas y únicas, pero que están gravemente amenazadas por la actividad humana. Al mismo tiempo, albergan muchos microorganismos capaces de provocar enfermedades.

Y estos ecosistemas están siendo alterados por el extractivismo. Tras el descubrimiento de un recurso, una de las primeras alteraciones suele ser la construcción de carreteras. Éstas permiten extraer materias primas y derivan en la llegada de personas, animales domésticos y nuevas actividades económicas a zonas que antes estaban aisladas, favoreciendo la circulación de enfermedades.




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Aunque los recursos naturales se agoten, las personas suelen quedarse y, con el tiempo, se establecen más comunidades. Para cultivar la tierra, se talan o queman árboles, creando un patrón de deforestación “en forma de espina de pescado”, con la carretera original como eje principal. Esto aumenta la presión sobre el entorno: se caza más, crece la población y aparecen nuevos asentamientos.

Además, en muchas de estas zonas se acompaña de otros problemas como pobreza, falta de infraestructuras o poca presencia gubernamental.

Consecuencias ecológicas y sanitarias

Otra de las consecuencias de este fenómeno es que el contacto entre personas, animales domésticos y fauna silvestre se vuelve más estrecho. Como resultado, se pierden los beneficios de un ecosistema sano. Las dinámicas naturales cambian: disminuyen los grandes depredadores, que eliminaban a los animales enfermos.

Al mismo tiempo, prosperan especies más generalistas, organismos capaces de prosperar en una amplia variedad de condiciones ambientales y utilizar diversos recursos alimenticios. También aumentan los vectores artrópodos, transmisores de enfermedades como mosquitos, garrapatas o chinches que son atraídos por los nuevos asentamientos humanos. El cóctel perfecto para que aumente el riesgo de transmisión de enfermedades.




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Mascotas como puentes epidemiológicos en la Amazonía

En la Amazonía, las mascotas, especialmente los perros, están protagonizando un papel clave en este proceso. Los canes suelen acompañar en la caza, se mueven libremente y su alimentación depende en parte de lo que encuentran por sí mismos. Esto hace que entren en contacto directo con fauna silvestre, tanto en forma de depredadores como de presas. A pesar de ello, siguen formando parte del entorno doméstico y mantienen un contacto estrecho con las personas.

Por estas razones, las mascotas pueden actuar como un puente entre las enfermedades de la fauna silvestre y los humanos. Al alimentarse de animales salvajes o entrar en contacto con sus restos, orina o heces, pueden infectarse con distintos patógenos, como la rabia, la toxoplasmosis, la leptospirosis o parásitos intestinales, entre otros. Pero la transmisión también funciona en sentido contrario. Las mascotas pueden contagiar enfermedades a la fauna silvestre, como moquillo canino, parvovirus, leucemia e inmunodeficiencia felina o sarna.

Además, muchos invertebrados transmisores, como pulgas, garrapatas y mosquitos, pican tanto a animales como a personas. Si estos insectos se infectan, pueden contagiar la leishmaniosis, la dirofilariosis o la babesiosis, entre otras enfermedades graves. En muchos casos, las mascotas actúan como amplificadores del patógeno, facilitando su dispersión.

La Amazonía es inmensa y todavía poco explorada en muchas áreas. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones se han realizado en zonas periféricas.

Esto se debe a que son más accesibles, aunque también a que están más degradadas y estresadas. Precisamente por ello, son áreas especialmente importantes epidemiológicamente. Pero aún sabemos poco sobre lo que ocurre en el interior mejor conservado. ¿Qué podría estar pasando en comunidades remotas o aisladas?

Conservación, salud e impacto planetario

Cuando se protege el territorio, por ejemplo mediante parques nacionales o cediendo la gestión a comunidades indígenas, disminuyen las actividades extractivistas. Como resultado, también se reduce el riesgo de transmisión de enfermedades. Por eso, es importante aplicar el enfoque de “Una Sola Salud” (One Health), que tiene en cuenta la relación entre la salud de las personas, los animales y el medio ambiente.

También es necesario mejorar la vigilancia de enfermedades y estudiar más las zonas menos conocidas. Y para ello la colaboración entre científicos, veterinarios, autoridades sanitarias y organizaciones ambientales es fundamental.

Puede parecer que lo que ocurre en la Amazonía está muy lejos de nuestra realidad diaria. Sin embargo, en el mundo actual, los problemas locales pueden tener consecuencias globales. Las pandemias recientes han demostrado que la destrucción de la naturaleza puede facilitar la aparición y expansión de enfermedades. Por eso, proteger los ecosistemas no solo es importante para conservar la biodiversidad, sino también para proteger la salud global.

The Conversation

Víctor M. Lizana Martín es miembro de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM)

ref. La amenaza que representan el extractivismo y las mascotas para la Amazonía y la salud global – https://theconversation.com/la-amenaza-que-representan-el-extractivismo-y-las-mascotas-para-la-amazonia-y-la-salud-global-278608

Centros de deportación de la UE: ¿qué son y cómo afectarán a los derechos de los migrantes y los solicitantes de asilo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Gil Bazo, Profesora Titular de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales y Cátedra Jean Monnet en Estudios Europeos, Universidad de Navarra

Fotosr52/Shutterstock

La UE está creando un nuevo sistema que facilitará la repatriación de los migrantes en situación irregular a sus países de origen. La legislación, conocida como el reglamento de retornos, incluye medidas que permiten detener a más personas –incluidos niños y familias– durante períodos de tiempo más prolongados.

Esto supone un cambio importante en la política migratoria europea, ya que hasta ahora los Estados miembros de la UE solo podían detener a migrantes en situación irregular como último recurso y en circunstancias específicas. Ni siquiera todos los Estados contaban con políticas de detención y, cuando las tenían, los centros de detención se encontraban casi siempre dentro de la UE. Esto permitía supervisar de cerca las garantías jurídicas.

Sin embargo, una votación reciente ha allanado el camino para que el nuevo reglamento cree “centros de retorno” en terceros países fuera de la UE. La Comisión Europea presenta estos centros de detención extraterritoriales como una “solución innovadora” para la gestión de la migración, con garantías de que velarán por los “derechos fundamentales”.

En la práctica, será muy difícil supervisar posibles violaciones de los derechos humanos y hacer cumplir las normas europeas en los centros de retorno fuera de Europa. El Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty, ha advertido de que podrían correr el riesgo de crear “agujeros negros de derechos humanos”.

El reglamento de retornos fue propuesto por la Comisión Europea en marzo de 2025. Su enfoque general fue acordado por el Consejo de Ministros en diciembre de 2025, y fue respaldado por el Parlamento Europeo el 26 de marzo.

El proceso legislativo se encuentra ahora en las últimas fases de negociación. Se espera que el reglamento de retornos, incluidas las disposiciones legales relativas a los centros de retorno, se adopte antes del verano para sustituir a la directiva de retornos de 2008.

¿Qué incluye la propuesta?

Los intentos de establecer centros de deportación se remontan a la década de 1980, aunque ninguno tuvo éxito. Uno de los más destacados fue la propuesta de 2003 del Reino Unido al Consejo Europeo para establecer centros regionales para la gestión de la migración irregular. Fue muy criticada y no obtuvo el apoyo de los otros 13 Estados miembros de la UE en aquel momento.

Más recientemente, en 2024, Italia estableció centros de detención de migrantes en Albania. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha citado estos centros como modelo para la gestión de la migración a escala de la UE.

El proyecto de reglamento de retornos, recientemente aprobado, permite establecer centros de retorno en terceros países con los que la UE haya celebrado un acuerdo.

Dichos acuerdos solo pueden establecerse con un “tercer país” designado en el que se respeten las leyes internacionales de los derechos humanos. Esto incluye el principio de no devolución, que impide que se envíe a personas a territorios donde su vida o su integridad física corran peligro.

Sin embargo, mis investigaciones sostienen que, para que un acuerdo con un tercer país cumpla plenamente con las obligaciones de los Estados en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, debe garantizar siempre la totalidad de los derechos de los refugiados. Entre ellos se incluyen el derecho de asilo, así como los derechos socioeconómicos garantizados por la Convención sobre los Refugiados. Esto también implica proporcionar acceso a la educación pública, el empleo, la vivienda, la seguridad social y los tribunales.

Ninguno de estos derechos está garantizado explícitamente en el proyecto de reglamento de retornos. El envío de refugiados a países fuera de la UE conlleva el riesgo de que nunca se les conceda la totalidad de los derechos que les corresponden en virtud de la Convención sobre los Refugiados.




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Cómo la ley hace posibles los centros de retorno

Los centros de deportación son posibles gracias al efecto combinado del nuevo reglamento de retornos y otros instrumentos del Pacto sobre Migración y Asilo de 2024.

En particular, el concepto de “tercer país seguro” del Reglamento de Procedimientos de Asilo de 2024 se ha ampliado mediante un nuevo reglamento adoptado en febrero de 2026.

Este concepto permite a los Estados miembros rechazar de plano las solicitudes de asilo, sin examinar el fondo de la solicitud, basándose en que el solicitante estaría a salvo de peligro o persecución en un “tercer país seguro” fuera de la UE. Se trata de países que tienen un acuerdo con la UE (o con sus Estados miembros), en el que se comprometen a examinar las solicitudes de asilo presentadas por personas rechazadas por la UE.

Sin embargo, incluso cuando un solicitante no cumple los criterios para ser considerado refugiado o persona que, por otros motivos, necesita protección internacional, las leyes internacionales de los derechos humanos pueden seguir imponiendo obligaciones de no devolución a los Estados miembros de la UE.

Si bien las personas tienen derecho a recurrir la decisión de que un país es “seguro” para ellas, el nuevo reglamento implica que podrían no tener derecho a permanecer en el territorio del Estado miembro en cuestión mientras el tribunal examina dicho recurso.

Al enviar a los solicitantes al extranjero, a países no pertenecientes a la UE, las nuevas normas podrían hacer prácticamente imposible el ejercicio de los derechos garantizados por la UE. Esto incluye el derecho de asilo y el derecho a un recurso efectivo, que abarca expresamente la posibilidad de recibir asesoramiento, defensa y representación ante los tribunales.




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¿Qué supondrá la nueva ley para los migrantes?

El sistema diseñado por la UE dará lugar a que tanto personas individuales como familias con niños sean deportadas a países con los que no tienen vínculos. Serán objeto de detención fuera de la UE, en condiciones que serán difíciles de supervisar.

Los niños son motivo de especial preocupación. Los propios datos de la UE muestran que miles de menores, incluidos los que viajan con sus familias, desaparecen tras llegar a Europa. Se teme que muchos sean explotados y sufran abusos con fines sexuales o laborales.




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Si estos problemas surgen dentro de las fronteras de Europa –donde la detención de inmigrantes se rige por las normas del Estado de derecho desarrolladas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal de Justicia de la UE–, sin duda serán mucho más difíciles de controlar fuera de la UE.

Con este nuevo sistema, Europa se aleja de su papel histórico como defensora y artífice del régimen internacional de protección de los derechos humanos a principios del siglo XX. En un momento en que el mundo registra más víctimas de conflictos, violaciones de los derechos humanos y persecuciones que nunca, dicho régimen es ahora especialmente necesario.

The Conversation

María Teresa Gil Bazo ha recibido financiación para investigación y consultoría de la UE y de la ONU. En 2024, la Comisión Europea le concedió la Cátedra Jean Monnet sobre Asilo y Migración en la UE, y en 2015 fue nombrada experta externa de la Agencia de Asilo de la UE (antes EASO), con un mandato de cinco años.

ref. Centros de deportación de la UE: ¿qué son y cómo afectarán a los derechos de los migrantes y los solicitantes de asilo? – https://theconversation.com/centros-de-deportacion-de-la-ue-que-son-y-como-afectaran-a-los-derechos-de-los-migrantes-y-los-solicitantes-de-asilo-279809

La historia de Juan o cómo aprende y evoluciona una persona con esquizofrenia a lo largo de su vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Ortiz-Gil, Lecturer, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

PeopleImages.com – Yuri A/Shutterstock

Imaginemos que Juan, una persona ficticia, tiene esquizofrenia y manifiesta las características más frecuentes de este trastorno. De inmediato podemos pensar que en algunos momentos oye voces que le animan a hacerse daño y que le menosprecian.

Tampoco nos extrañará que pueda considerar, sin motivo, que la gente está en su contra o que sus vecinos se han conjurado para espiarlo.

Sin embargo, probablemente no tendremos en cuenta que, como persona adulta y con poco más de 20 años, sus capacidades de razonamiento, para recuperar recuerdos y para controlar sus reacciones, así como la velocidad a la que funciona su mente están afectadas de forma importante.

Asimismo, Juan puede tener dificultades en la gestión emocional y en las relaciones sociales, como por ejemplo en la interpretación de las emociones que muestran otras personas. Todo esto condicionará cómo gestiona su hogar o quizá le generen muchas dificultades para mantener un empleo estable.

Los antecedentes

En la familia de Juan ya hay antecedentes de personas con problemas importantes de salud mental.

El tío de su padre era el “loco del pueblo” cuando su familia vivía en un pueblecito de comarca valenciana de La Costera. Asimismo, ingresaron al hermano de su padre en el antiguo manicomio de Bètera durante un episodio en el que experimentó una alegría desmesurada e hizo una gran fiesta con sus amistades, durante la que gastó los pocos ahorros que tenía.

El parto de Juan, en febrero de 1970, fue difícil. La infancia y adolescencia de Juan también lo fueron. Su familia migró del pequeño pueblo de La Costera a la localidad de Mislata, porque el trabajo en el campo no daba suficiente dinero a su padre y a su madre para criar a Julia, la hermana mayor de Juan, y al propio Juan. La situación económica en Mislata no mejoró demasiado y el padre pasaba el poco tiempo libre que tenía en el bar, jugando al dominó y bebiendo cerveza.

El Juan niño y adolescente

Juan fue un niño solitario y con dificultades escolares, cada vez más importantes conforme avanzaban los cursos. Asimismo, tenía ideas y conductas extrañas, como hablar con las piedras hasta los 12 años porque tenían “alma”. En todo esto se parecía a su hermana Julia.

Pero a Juan, sobre todo, le costaba memorizar los contenidos académicos. A duras penas, consiguió sacarse el título de técnico de Farmacia y el carné de conducir.

El joven Juan

Con 19 años, prácticamente había perdido el contacto con los amigos del instituto y no tenía nuevos. Pasaba una parte importante de su tiempo libre en su habitación, fumando tabaco y cannabis.

Cada vez estaba más ansioso y no tuvo una inserción laboral exitosa. Comenzó a trabajar en diferentes tiendas y farmacias. Fue despedido de varias de ellas, lo que le causó mucha frustración.

Primer episodio psicótico

A los 21 años, un día comenzó a oír voces que le insultaban y le animaban a hacerse daño porque era “lo que se merecía”. No salió de la habitación hasta que, dos días después, su padre, muy preocupado por lo que había vivido con su tío y su hermano, contactó con el médico de familia.

Fue ingresado de manera involuntaria en la unidad de agudos de psiquiatría del Hospital de la Fe (València), de donde salió con una disminución significativa de las voces y del malestar asociado.

La familia también lo encontró, a raíz de este episodio, más despistado y más torpe mentalmente, así como más lento, problemas que ha mantenido el resto de su vida con épocas mejores y peores.

Juan durante la etapa adulta

No volvió a trabajar ni a conducir. Y dos años después del primer ingreso decidió dejar la medicación, porque el psiquiatra no le hacía caso y porque no tenía ningún motivo para medicarse.

Esto llevó a otro ingreso involuntario, del que volvió a casa más estabilizado y con la indicación a la familia de que debían encargarse de que Juan tomara la medicación cada día. Con la toma regular de los fármacos, los nuevos episodios psicóticos se han ido espaciando y las voces cada vez aparecen menos.

Sigue teniendo una leve desconfianza y la lentitud va en aumento, aunque en general sus habilidades mentales se mantienen estables. Sin embargo, cada vez le cuesta más ponerse a hacer actividades cotidianas, como mantener su habitación ordenada y participar en las tareas domésticas.

Asimismo, tiene tendencia al sedentarismo, continúa fumando y su dieta no es la ideal.

Por otra parte, acude con regularidad al servicio donde realiza la rehabilitación de las funciones cognitivas y de las tareas del día a día, así como actividades de socialización, yoga y otras.

Desde los 45 años, Juan vive en un piso tutelado coordinado por una asociación de atención a personas con trastornos mentales. Este cambio de residencia se produce a raíz de que su padre sufriera un ictus con importantes repercusiones motoras y cognitivas.

El posible Juan anciano

Los monitores del piso detectan que a los 65 años Juan está cada vez más despistado y presenta más olvidos.

Los especialistas de neurología y neuropsicología descartan que padezca alguna demencia primaria asociada, como la enfermedad de Alzheimer. De hecho, la posterior mejoría en la memoria muestra que este descenso sería parte del curso fluctuante en las capacidades mentales que suele darse en la esquizofrenia.

Y una mañana de 2040, encuentran a Juan muerto en su cama, con 70 años. La autopsia certifica la causa: un ataque al corazón. De hecho, las personas con esquizofrenia tienen una esperanza de vida de 10 o más años más corta que la población general, sobre todo por los factores de riesgo cardiovascular.

La vida ficticia de Juan nos muestra que los problemas cognitivos (memoria, velocidad mental, capacidad de autocontrol, organización…), emocionales y relacionales están presentes durante toda la vida de todas o casi todas las personas con esquizofrenia.

Por eso, estos problemas deberían ser objetivos fundamentales del tratamiento dentro de un abordaje integral con enfoque biopsicosocial, con el fin de que la persona tenga una vida lo más autónoma posible y con la mayor calidad.

The Conversation

Esta es una adaptación de la ponencia realizada en el XVII Congreso Nacional de Neuropsicología/I Congreso internacional de Neuropsicología, que organizó la Federación de Asociaciones Españolas en València del 5 al 7 de marzo de 2026.

ref. La historia de Juan o cómo aprende y evoluciona una persona con esquizofrenia a lo largo de su vida – https://theconversation.com/la-historia-de-juan-o-como-aprende-y-evoluciona-una-persona-con-esquizofrenia-a-lo-largo-de-su-vida-278114

Adolescencia, paciencia y rendimiento académico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Brañas-Garza, Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico, Universidad Loyola Andalucía

AlexandrMusuc/Shutterstock

La capacidad de posponer la gratificación, lo que comúnmente llamamos paciencia, está presente desde la infancia y mejora con la edad, aunque experimenta cambios relevantes durante la adolescencia. Gracias a la maduración y sofisticación de los mecanismos de toma de decisiones y planificación, los adolescentes comienzan a ser capaces de soportar esperas más largas, es decir, posponer la gratificación inmediata a cambio de un beneficio mayor en el futuro.

Tener más o menos paciencia en la adolescencia tiene su importancia: tanto los resultados escolares como los hábitos más saludables –menor consumo de alcohol y tabaco, menor IMC y mejor comportamiento en el colegio– están relacionados con la orientación al futuro. Es decir, con la capacidad de realizar acciones cuyos beneficios no son inmediatos.

Así como las personas pacientes esperan a que la fruta esté madura –frente a quienes la recogen antes de tiempo–, los estudiantes más pacientes tienden a obtener mejores resultados, hacen más deporte o ahorran (y sacrifican consumo presente) para tener resultados que llegarán más tarde.

La paciencia es un rasgo de la personalidad que puede evaluarse científicamente. La evidencia nos dice que hay personas con una paciencia innata, o que al menos traen parte de esta característica “de serie”; pero también que evoluciona con la edad y que puede modificarse mediante intervenciones en etapas tempranas.

A través del consorcio de investigación TeensLab hemos recabado datos de más de 5 000 adolescentes en 25 centros escolares españoles.
Hemos analizado si la paciencia cambia a lo largo de la adolescencia y cómo influye en los resultados académicos.




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¿De qué depende la paciencia?

¿Qué explica entonces que algunos adolescentes sean más pacientes que otros? Nuestros resultados apuntan claramente en dos direcciones.

La primera tiene que ver con el control cognitivo –que no es lo mismo que el razonamiento abstracto o la inteligencia fluida– y que nos muestra cómo la gente se enfrenta a problemas de decisión. Los estudiantes con mayor capacidad de reflexión y razonamiento tienden a ser más pacientes. Esto sugiere que la paciencia no es únicamente una cuestión de carácter, sino que está estrechamente vinculada a cómo procesamos la información y tomamos decisiones.

La segunda tiene que ver con el entorno social. Observamos que los estudiantes pacientes tienden a rodearse de otros estudiantes también pacientes. Es decir, la paciencia “se agrupa” en redes de amistad. Aunque no podemos determinar si los adolescentes se influyen entre sí o, simplemente, si eligen amigos similares, lo que es evidente es que el entorno cercano importa mucho.

Curiosamente, nuestros datos dicen que los estudiantes más pacientes están en las clases más grandes y no en las más pequeñas.

¿Hay diferencias entre chicos y chicas?

No hemos encontrado diferencias relevantes en los niveles de paciencia entre ambos grupos, especialmente en las primeras etapas de la adolescencia.

A medida que los estudiantes crecen, sí aparecen algunos matices: las chicas tienden a tomar decisiones algo más “sofisticadas”, combinando opciones presentes y futuras en lugar de elegir siempre lo inmediato o siempre lo futuro. Pero esto no implica que sean más pacientes que los chicos, sino que su forma de decidir se vuelve más compleja.

¿La paciencia influye en las notas?

La respuesta es sí, aunque con matices. Encontramos que los estudiantes más pacientes tienden a obtener mejores resultados académicos. La relación no es enorme, pero sí consistente: aquellos que valoran más el futuro frente al presente (son más pacientes) parecen estar más dispuestos a invertir esfuerzo ahora para obtener a los resultados a medio plazo.

Esto encaja bien con la intuición: estudiar es, en gran medida, una inversión. Requiere esfuerzo hoy para obtener beneficios mañana. Los estudiantes más pacientes están mejor preparados para hacer ese tipo de sacrificios.

Ahora bien, nuestros resultados también sugieren que esta relación está en parte mediada por el control cognitivo. Es decir, la misma capacidad que facilita una mejor toma de decisiones –una mejor planificación temporal del esfuerzo debida a una menor impaciencia– también puede estar detrás de un mejor rendimiento académico, es decir, mejor asimilación de conceptos debida a mayor reflexión.

Implicaciones para la educación

¿Qué podemos aprender de todo esto? La primera lección es que la paciencia no es un rasgo fijo e inmutable: está relacionada con habilidades cognitivas que pueden desarrollarse y con entornos sociales que pueden moldearse.

Esto abre la puerta a pensar que la educación puede servir no sólo como una forma de transmitir conocimientos, sino también como una herramienta para formar preferencias. Educar a los estudiantes para posponer gratificaciones, para controlar la necesidad de resultados inmediatos, puede generarles mejores resultados a lo largo de la vida; por ejemplo, menor consumo de tabaco, alcohol y otras drogas. Hay evidencia de que intervenciones sobre atención, la autorregulación y la capacidad de reflexión mejoran la paciencia a edades muy tempranas.




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La segunda lección es que los compañeros importan. Las redes de amistad dentro del aula están asociadas a patrones similares de comportamiento, lo que abre la puerta a que ciertas intervenciones educativas puedan generar efectos indirectos, aunque identificar estos mecanismos de forma causal sigue siendo un reto. Por ejemplo, programas de autocontrol y cambios en la composición de los grupos o actuaciones sobre alumnos influyentes.

Mediciones con impacto académico

Por último, nuestros resultados indican que medir la paciencia de los estudiantes podría aportar información valiosa. Dado que existen herramientas sencillas para hacerlo, incorporar este tipo de mediciones podría ayudar a entender mejor las diferencias en el rendimiento académico y a diseñar políticas educativas más eficaces.

En definitiva, si queremos mejorar los resultados educativos, quizá deberíamos ir más allá de los conocimientos y enseñar también a tomar decisiones. Educar la toma de decisiones, especialmente cómo equilibrar beneficios presentes y futuros, no sólo influye en el rendimiento académico, sino que es una herramienta esencial para toda la vida.

The Conversation

Pablo Brañas-Garza recibe fondos de Ministerio de Economía y Competitividad (PID2021-126892NB-100), Excelencia-Junta (PY-18-FR-0007), Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID-0I008/2020) and the European Union’s Horizon Europe Research and Innovation Programme under Grant Agreement number 101095175 (SUSTAINWELL project).

ref. Adolescencia, paciencia y rendimiento académico – https://theconversation.com/adolescencia-paciencia-y-rendimiento-academico-279027

Dormir vigilados: cuando la tecnología que mide el sueño acaba empeorándolo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

Antonov Maxim/Shutterstock

Durante siglos, dormir fue un acto privado y bastaba con despertar descansado. Hoy, en cambio, la noche se ha llenado de sensores. Pulseras, anillos y relojes inteligentes registran nuestros movimientos, nuestro pulso y hasta nuestra respiración. El sueño ha pasado de ser una experiencia a convertirse en un dato: lo convertimos en gráficas, lo comparamos y lo evaluamos. Y, cuanto más lo medimos, más parece escaparse.

La popularización de dispositivos como Fitbit, Apple Watch y Oura ha llevado esta transformación a la vida cotidiana. Cada mañana millones de personas consultan una aplicación que les asigna una puntuación. Así, en teoría, pueden saber cuántas horas han dormido, cuánto tiempo han pasado en sueño profundo o en fase REM y cuántas veces se han despertado.

El mensaje implícito es claro: si medimos el sueño podremos optimizarlo.

Esa aparente precisión es, en gran medida, una ilusión. Estos dispositivos no leen el cerebro: infieren el sueño a partir de señales indirectas como el movimiento o el pulso. En noches tranquilas pueden estimar razonablemente cuánto hemos dormido, pero su precisión cae cuando intentan identificar las fases del sueño. En especial les cuesta distinguir entre estados como el sueño profundo y el REM, que solo pueden medirse mediante pruebas que registran directamente la actividad cerebral, como la polisomnografía.

Además, los márgenes de error no son menores. Estudios científicos muestran desviaciones que pueden superar la hora en la estimación del tiempo total de sueño. Al analizar las distintas fases las variaciones son aún mayores.

Dormir no es un examen

Sin embargo, cada vez más personas toman decisiones basándose en estos datos. Ajustan horarios, modifican rutinas y se preocupan por indicadores cuya fiabilidad es limitada. El problema no es solo técnico, sino también psicológico. Cuando el dispositivo se convierte en referencia, la experiencia subjetiva pierde peso.

Aquí entra en juego un fenómeno cada vez más frecuente: la “ortosomnia”, el insomnio nacido del intento obsesivo de dormir bien. Se trata de personas que se acuestan intentando hacerlo bien y que, al despertar, revisan compulsivamente las métricas en busca de confirmación. La ironía es evidente: el sueño no se lleva bien con el control. Dormir con un dispositivo que evalúa tu noche es, en cierto modo, como hacerlo con un supervisor en la mesilla.

Los datos pueden convertirse en una profecía autocumplida. Creer que hemos dormido bien puede mejorar nuestra percepción de energía. Creer que pasamos una mala noche puede hacernos sentir peor, incluso cuando el descanso ha sido suficiente. Es el efecto placebo y su reverso, el nocebo. La expectativa acaba moldeando la experiencia.

El auge de esta tecnología refleja una tendencia más amplia: la cuantificación de la vida cotidiana. En un mundo obsesionado con el rendimiento, el descanso ha pasado de ser una necesidad biológica a convertirse en una variable que optimizar. Pero el sueño no funciona como un indicador de productividad y no mejora cuanto más lo vigilamos.

Dormir exige condiciones relativamente simples como regularidad, tiempo suficiente y un entorno adecuado, pero también algo menos tangible. Nos referimos a la capacidad de soltar el control. Es precisamente eso lo que la monitorización constante dificulta. Convertir el descanso en un objeto de evaluación introduce atención, expectativa y juicio en un proceso que, por definición, requiere lo contrario.

Sobran pantallas y falta confianza

Por todo esto, el problema no es solo que los dispositivos se equivoquen (que lo hacen, incluso los más sofisticados), sino que transforman la relación que mantenemos con nuestro propio descanso. Antes uno se despertaba y sabía cómo estaba. Hoy cada vez más personas miran primero la pantalla y, a partir de ahí, deciden cómo se sienten.

Cuando el dato contradice al cuerpo casi siempre gana el dato. Utilizada con criterio, la tecnología puede ser útil para identificar patrones o mejorar hábitos generales. Pero sus datos no deben interpretarse como medidas precisas ni sustituir la percepción subjetiva o la evaluación clínica. Ante todo, conviene evitar una dependencia excesiva de estas métricas.

En ese sentido, quizá la recomendación más sensata en la era de los dispositivos no sea medir más el sueño, sino recuperar algo que hemos ido perdiendo. Es decir, la confianza en nuestra propia capacidad de dormir.

Porque el mayor riesgo no es dormir mal una noche, sino empezar a dudar de que sabemos hacerlo. Como resultado, podríamos acabar durmiendo para un dispositivo en lugar de para nosotros mismos.

(Una versión de este artículo fue publicada originalmente en la revista Telos de Fundación Telefónica).

The Conversation

Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dormir vigilados: cuando la tecnología que mide el sueño acaba empeorándolo – https://theconversation.com/dormir-vigilados-cuando-la-tecnologia-que-mide-el-sueno-acaba-empeorandolo-278637

50 años después, ¿qué queda del espíritu de ‘Todos los hombres del presidente’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Castrillo Maortua, Profesor del Departamento de Cultura y Comunicación Audiovisual, Universidad de Navarra

Desde la izquierda, Dustin Hoffman, Robert Redford, Jason Robards, Jack Warden y Martin Balsahm en un fotograma de _Todos los hombres del presidente_. Warner Bros.

A mediados de los setenta, el cine de Hollywood había adquirido tintes nuevos. En su paleta habían hecho acto de aparición el cinismo, la ambigüedad y la autocrítica. La fe en el poder del individuo para cambiar el mundo, que había sido uno de sus pilares narrativos –por no decir míticos– se resquebrajaba en relatos trágicos y dramas existencialistas. También en géneros novedosos como el thriller político, que despuntaba gracias a películas desafiantes como La Conversación de Francis Ford Coppola (1974), El último testigo de Alan J. Pakula (1974), Los tres días del cóndor de Sidney Pollack (1975) y otras que la historia no ha recordado con tanto aprecio pero que abanderaron cambios profundos en el cine estadounidense.

Además de grandes cineastas y estrellas emblemáticas, estas películas tenían en común la impugnación de un sistema político que operaba en contra del individuo y la verdad. El contexto ciertamente lo propiciaba: eran los años de escalada bélica en Vietnam y el escándalo de los Papeles del Pentágono. Eran tiempos de conflicto social en torno a los derechos civiles; del movimiento estudiantil y la contracultura; de los asesinatos de Martin Luther King Jr. y Bobby Kennedy. También de los disturbios en las calles de Chicago al grito de “The world is watching!”.

Y eran los años de la Administración Nixon, que protagonizó el escándalo político por excelencia: el caso Watergate.

Portada de Todos los hombres del presidente, el libro, en inglés.
Portada de la primera edición del libro de Bernstein y Woodward de 1974.
Wikimedia Commons

Aquella trama de juego sucio electoral y su posterior encubrimiento se convirtió en el arquetipo de la corrupción política en el imaginario popular. Pero su investigación y revelación también demostraron el servicio insustituible que un periodismo riguroso y libre podía prestar a la sociedad. Ese ejemplar trabajo de reporterismo fue recogido por sus autores Bob Woodward y Carl Bernstein en el libro Todos los hombres del presidente, cuya adaptación cinematográfica cumple ahora 50 años.

Menos oscuridad y más heroicidad

Robert Redford, ya establecido en su estrellato, compró los derechos del libro por casi medio millón de dólares antes de su publicación. El director elegido para rodarla fue Alan J. Pakula, quien había demostrado un estilo paranoide y psicológicamente retorcido en el neo-noir Klute (1971) y en la citada El último testigo. En esta, Warren Beatty interpretaba a un periodista obsesionado con la investigación de un magnicidio en el que reverberaba el asesinato de JFK. Pakula completaba así lo que después se llamó “la trilogía de la paranoia”.

Aparte de su perenne actualidad, lo que hace a Todos los hombres del presidente tan especial es que, sin dejar de abrazar el tono oscuro y estilo desafiante de los thrillers políticos de su tiempo, se desvía de ellos de un modo inesperado al afirmar la validez y la eficacia de la acción heroica.

Como en tantas otras obras del género, la película enfrenta al individuo –en este caso, dos periodistas jóvenes y no exentos de defectos personales– con un poder político fuera de control y decidido a sofocar la verdad. Y como en tantas películas de detectives, estos héroes ordinarios emprenden una búsqueda de información: sus únicas armas frente al poder son el conocimiento y la evidencia.

Así, una vez detectada la noticia, Woodward y Bernstein se afanan por encontrar rastros y pistas a pesar del silencio de testigos atemorizados, del escepticismo de algunos de sus editores, y de una sensación tenue pero persistente de que sus vidas corren peligro.

Y es que en Todos los hombres del presidente los antagonistas son prácticamente invisibles: el punto de vista narrativo de la película se mantiene invariablemente centrado en los reporteros, sin concesiones a la omnisciencia, transmitiendo al espectador la desorientación que ellos mismos padecen.

Pero esto también hace que gran parte del suspense de la película esté empíricamente injustificado. El fuera de campo, los planos subjetivos sin sujeto, las composiciones desequilibradas y los juegos entre música y silencio sugieren la proximidad de un peligro no inverosímil pero sí nebuloso. O sea, propio de la paranoia.

Aun así, los reporteros del Washington Post logran algo que sus colegas del género rara vez disfrutan: un efecto en el mundo, un cambio real. Aquí la historia viene en auxilio del relato: los reportajes de Woodward y Bernstein suscitaron una serie de investigaciones que abocaron al presidente Nixon a la dimisión (la única renuncia presidencial hasta la fecha en los EE. UU.) en 1974, dos años después de la publicación de las primeras informaciones.

Periodistas por encima de la noticia

Este desenlace, inusual final feliz para un thriller político minuciosamente realista, tuvo además el efecto secundario de elevar al reportero al Olimpo de los héroes. Cabe imaginar que esto se debió, en buena medida, al carisma actoral de Redford y su coprotagonista (y contrapunto), Dustin Hoffman. Es significativo que aquí pareció nacer un pequeño pero fértil subgénero de thrillers periodísticos: El síndrome de China (1979), Bajo el fuego (1983), Salvador (1986), El informe pelícano (1993), del propio Pakula; El dilema (1999), La sombra del poder (2009), Spotlight (2015) y Los archivos del Pentágono (2017), película que abandona su trama justo donde comienza la de Todos los hombres del presidente.

Un columnista del momento escribió que “por primera vez, los periodistas se están haciendo más famosos que la gente sobre la que escriben”. En el caso Watergate, ese reconocimiento al reportero-estrella fue con toda seguridad merecido (siempre y cuando no se olvide al editor Ben Bradlee, memorablemente interpretado en la película por Jason Robards).

Una televisión muestra a Richard Nixon en medio de una redacción periodística mientras dos hombres trabajan al fondo.
Captura de la última escena en Todos los hombres del presidente.
Warner Bros.

Pero tal vez, para algunos de aquellos jóvenes que empezaron a soñar con convertirse en periodistas alentados por los héroes de la pantalla, esa aspiración pudo ser la semilla de una cierta desnaturalización profesional. Puede que parte de la desconfianza actual hacia el periodismo, que se ha ido asentando por muchas razones en estos cincuenta años, también tenga algo que ver con la subordinación del deber de informar a la necesidad de relevancia pública del periodista.

Por eso el plano final de Todos los hombres del presidente es tan significativo: mientras la redacción del Washington Post se arremolina excitada en torno a los televisores que emiten la segunda inauguración presidencial de Nixon, los esforzados Woodward y Bernstein permanecen sentados ante sus máquinas de escribir, tecleando con una concentración espartana. Pakula elige esa última imagen para sus protagonistas como si quisiera insinuar que, lejos de ceder a la tentación de interponerse entre la verdad y el público a quien es debida, estos héroes urbanos vuelven al trabajo. Porque cuando se trata de decir la verdad sobre las mentiras del poder, lo que hay en juego es demasiado importante.


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The Conversation

Pablo Castrillo Maortua no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. 50 años después, ¿qué queda del espíritu de ‘Todos los hombres del presidente’? – https://theconversation.com/50-anos-despues-que-queda-del-espiritu-de-todos-los-hombres-del-presidente-279817