‘Este año, gratis’: cuando César intentó resolver el problema de los alquileres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Rosillo López, Catedrática de Historia Antigua, Universidad Pablo de Olavide

Dibujo que imagina un día en el Foro Romano, lugar de debate de los ciudadanos en la Antigüedad. Internet Archive

Una gran mayoría de los habitantes de la antigua Roma, como los de cualquier gran ciudad, vivía de alquiler. Y, como sucede hoy en día, se pagaban alquileres muy elevados por vivir en un cuchitril. Además, los romanos de a pie tenían que lidiar con caseros (ligados a grandes tenedores de vivienda) que se negaban a mantener las casas en condiciones mínimamente habitables. Podemos ver cómo en su obra el poeta Marcial se quejaba de los problemas que tenía para pagar el alquiler o describía con crudeza el desahucio de una familia de inmigrantes.

¿Qué sucedió entonces cuando a este caldo de cultivo se le añadió una guerra civil que provocó un aumento de los intereses y los alquileres?

Pues que ocurrió lo impensable: se aprobaron leyes que hicieron que durante un año nadie pagase por vivir en un piso y se establecieron precios máximos para los alquileres.

Alojamientos gratis

A mediados del I a. e. c., la ciudad de Roma gobernaba prácticamente todo el Mediterráneo. Sin embargo, se enfrentaba a graves problemas internos: luchas políticas, escasez ocasional de grano y una gran desigualdad estructural.

Los problemas políticos culminaron en una guerra civil entre partidarios de César y partidarios de Pompeyo. El conflicto comenzó en enero del 49 a. e. c. y provocó una enorme crisis de deuda en Roma. En un contexto de incertidumbre política y escasez de moneda, aumentaron los intereses y los alquileres, lo que exigía un esfuerzo económico extra por parte de unas economías familiares ya casi exhaustas.

Marco Celio Rufo, pretor (es decir, un magistrado de alto rango) en el 48 a. e. c., quiso aliviar la situación (y marcar terreno frente a César, que continuaba la guerra fuera de Italia) proponiendo dos leyes que nos parecerían hoy en día revolucionarias: en primer lugar, que se suspendiera el pago de los alquileres durante un año; en segundo lugar, una propuesta que permitiera la renegociación de las deudas. El pueblo romano se puso de parte de Celio Rufo, pero el Senado no estaba dispuesto a permitir que ese tipo de medidas fueran votadas y lo expulsó de sus filas.

Sin embargo, sabemos que, por lo menos, en la ciudad de Ostia (a 25 kilómetros a Roma) se llegó a aplicar. La ciudad grababa los eventos más importantes en un muro en el centro de la ciudad (los Fasti Ostienses). En el 48 a. e. c., entre nombres de magistrados y eventos importantes, aparece la frase: “habitatio populo annua remissa”. Es decir, que durante un año los habitantes de la ciudad no tuvieron que pagar alquiler. Nada de nada. No es de extrañar que se decidiera incluir esta medida entre los grandes acontecimientos de los últimos siglos de esa ciudad.

Tope a los alquileres

Al año siguiente, César seguía ausente, fuera de Italia. Un tribuno de la plebe, Publio Cornelio Dolabela, aprovechó para proponer de nuevo medidas similares a las de Celio Rufo: cancelación de deudas y suspensión del pago de los alquileres.

Esta vez, el pueblo estaba decidido a conseguir que la ley se votara. Así que, como medida de presión, un buen número de ciudadanos acampó en el Foro de Roma. A falta de tiendas de campaña, llegaron a erigir una especie de torres de madera para evitar ser desalojados y conseguir así ocupar el espacio hasta que llegara el momento de la votación. Sin embargo, el Senado ordenó a Marco Antonio que los desalojara, y éste lideró una intervención militar contra sus propios conciudadanos que se saldó con la muerte de 800 personas.

Busto de un hombre anciano, enjuto, con toga.
Busto de César anciano.
Galería de los Uffizi/Franceso Bini, CC BY-SA

A pesar de los intentos de represión, el problema seguía ahí y cada vez era más acuciante, porque los alquileres y las deudas seguían aumentando. En el 46 a. e. c., tras derrotar a sus enemigos, César tuvo que claudicar frente a una situación que podía ser incontrolable. Y así aprobó una medida inaudita en toda la historia romana (e incluso del mundo antiguo): una ley que establecía un precio máximo para los alquileres. Durante un año, los caseros no pudieron cobrar más de 2 000 sestercios de alquiler en Roma ni más de 500 sestercios en las ciudades italianas.

El espejo romano

Hace 2 072 años, los ciudadanos romanos acamparon en el centro de su ciudad exigiendo una ley que resolviera un problema básico de cualquier sociedad: el derecho a poder habitar en un sitio digno a un precio asequible.

A pesar de la resistencia de las instituciones, se terminaron por aprobar leyes que aliviaran esa situación, al menos durante un año. Celio Rufo, Cornelio Dolabela y César supieron estar a la altura de un contexto de gran conflictividad. No volvemos a encontrar medidas similares en toda la historia romana posterior –por eso, los habitantes de Ostia lo grabaron en piedra, para recordarlo durante siglos–. Sin embargo, durante un breve momento histórico, la vivienda se convirtió en un bien de primera necesidad, como el grano. El Estado no se desmoronó y Roma continuó siendo el gran imperio del Mediterráneo.

En ocasiones, la importancia de la herencia romana es evocada (o incluso manipulada) como base de la cultura occidental. El control de los alquileres e incluso la suspensión del pago de estos son también parte de su legado y nos recuerdan que, a lo largo de la historia, existen alternativas y soluciones a problemas tan acuciantes como el coste de la vivienda, el aumento de los alquileres y la desigualdad creciente que estos fenómenos generan.


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Cristina Rosillo López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Este año, gratis’: cuando César intentó resolver el problema de los alquileres – https://theconversation.com/este-ano-gratis-cuando-cesar-intento-resolver-el-problema-de-los-alquileres-293157

¿Por qué todo ha cambiado con Maricarmen? La chispa que enciende la llama

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Igor Ahedo Gurrutxaga, Profesor de Ciencia Política – Investigador Principal de Parte Hartuz – Director del programa de doctorado Sociedad, Política y Cultura, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Manifestantes en Madrid protestando por el desahucio de Maricarmen el 26 de septiembre de 2026. OSCAR GONZALEZ FUENTES / Shutterstock.com

“La gota que colma el vaso”, “la chispa que prende la llama”, la “puntilla”… son expresiones cotidianas presentes en nuestras conversaciones a lo largo de estos días. Explican de forma gráfica por qué determinados acontecimientos precipitan ciclos de protesta como el que estamos viviendo.

Muchos de los fenómenos políticos más relevantes de las últimas décadas tienen nombres particulares. Rosa Parks fue la mujer afroamericana que, en diciembre de 1955, en Montgomery, Alabama, se negó a ceder su asiento del autobús a un blanco, como indicaba la ley segregacionista. Este simple acto se convirtió en uno de los iconos de la desobediencia ciudadana. La detención de Rosa precipitó un ciclo de movilización sin precedente y dio paso al movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos.

El 17 de diciembre de 2010 un joven vendedor ambulante, Mohamed Bouazizi, se prendió fuego en un municipio rural de Túnez. El motivo fue el acoso sufrido por varios policías que le confiscaron la fruta de su puesto. Herido de gravedad falleció semanas después. Su acto de desesperación generó unas tímidas protestas en su municipio. Sin embargo, estas pronto se convirtieron en una ola democratizadora que se extendió a la capital, para dar el salto a Egipto, Siria, Libia… Había nacido la Primavera Árabe.

La semana pasada vimos el cruel espectáculo del desalojo de una anciana de 87 años, Maricarmen. Tras vivir 70 años en un piso de alquiler, un fondo de inversión compró el edificio y le quintuplicó el alquiler, una cantidad que ella no podía asumir. Su desahucio ha precipitado un movimiento de protesta que se ha concretado en la okupación de la Plaza del Sol.

La presión de activistas y simpatizantes del Sindicato de Inquilinas ha interpelado a la clase política y se ha concretado en dos decretos (pendientes de su aprobación en el Congreso) que, entre otras cosas, proponen paralizar los desahucios.

El tránsito de lo privado a lo público

La ciencia política, y más concretamente la teoría de análisis de los movimientos sociales, aporta herramientas para comprender estos fenómenos. En primer lugar, estos nombres (Maricarmen, Rosa, Mohamed) son espejos que reflejan la dimensión pública de sufrimientos colectivos, vividos hasta ese momento de forma privada.

El racismo cotidiano que sufren los afroamericanos, la desesperación de la juventud árabe, la crueldad de los fondos buitres… estos dolores particulares se “encarnan” en alguien que podemos ser nosotros y nosotras. Permiten un proceso de politización que descarta soluciones particulares, causas privadas. Ponen el acento a una injusticia cuyo origen es público y permite enmarcar la solución en una respuesta pública.

Porque Maricarmen encarna la injusticia, pero también la enmarca. La política es un constante proceso de enmarcamiento, es decir, coloca un marco, delimita el espacio desde el que interpretar los fenómenos políticos.

Frases como “Yes We Can” o “Make America Great Again” son marcos discursivos que definen injusticias, realizan pronósticos y motivan. En el caso que nos ocupa, los ciclos de protesta suelen enmarcar en un rostro lo que socialmente es interpretado como una “imposición repentina de agravios”. Rosa Parks o Maricarmen definen, con la realidad a la que se enfrentan, un marco de injusticia. Pero también orientan la acción, en ambos casos apelando a la movilización.

Como sus trayectorias están unidas a movimientos sociales (en el caso de Maricarmen, al Sindicato de Inquilinas), el marco de injusticia que encarnan permite un salto discursivo en el que el movimiento define responsables, plantea propuestas y activa estrategias de motivación, una de las cuales es la movilización. Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué Maricarmen?

La ventana de oportunidad política: el momento adecuado

La ciencia política, además, nos explica por qué se precipitan estos ciclos de protesta. El concepto ventana de oportunidad política hace referencia al momento en el que las personas interpretan que su acción puede tener relevancia. No solo es una cuestión simbólica –hay muchas maricármenes– sino una opción estratégica masiva basada en el olfato de la posibilidad de cambio. Es el momento único en el que una parte de la sociedad observa que tiene el poder de cambiar algo, el momento en el que interpreta que de su pasividad o actividad depende que las cosas sigan como están.

Acampada en la Puerta del Sol de Madrid contra los desahucios y por el derecho a la vivienda.
Acampada en la Puerta del Sol de Madrid contra los desahucios y por el derecho a la vivienda.
Florenciac/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Desde la ciencia política no se puede predecir el futuro. Pero sí se puede comprender el pasado. Y el análisis de los ciclos de protesta indica que ese momento tiene unas características especiales.

Por un lado, debe haber una tensión que impulse a la acción. Cuando la sociedad ve una estructura de oportunidad demasiado abierta o demasiado cerrada, la movilización no cuaja. En el primer caso porque se da por hecho el éxito, de forma que no hay incentivos para la movilización; en el segundo, porque se da por imposible el cambio, lo que también reduce los incentivos.

Desde esta perspectiva, el momento actual es único porque estamos a las puertas de un ciclo electoral que puede provocar un cambio de gobierno. Para el activismo, la posibilidad de regulación de los desahucios es única. Puede ser ahora o nunca.

Pero además del detonante hay un incentivo claro: la posibilidad de lograr un decreto que ponga freno (por muy parcial y temporal que sea) a la parte más brutal del problema de la vivienda.

Esto lleva a los otros elementos que definen una estructura de oportunidad propicia. De una parte, una división en las elites, y de otra, la posibilidad de cambios de posición a corto y medio plazo. Ambos factores pueden ser leídos como oportunidad para actuar si, además, el movimiento social atesora alianzas plurales y tiene capacidad de acceso y maniobra.

Esta combinación convierte a los movimientos sociales en sujetos únicos para precipitar cambios políticos que la lógica parlamentaria ralentiza o descarta. La movilización, en definitiva, forma parte del juego de la democracia y, afortunadamente todavía, sirve para profundizarla y ampliarla.

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Igor Ahedo Gurrutxaga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué todo ha cambiado con Maricarmen? La chispa que enciende la llama – https://theconversation.com/por-que-todo-ha-cambiado-con-maricarmen-la-chispa-que-enciende-la-llama-293022

Silencio organizacional: que no haya quejas del jefe no siempre significa que sea un buen líder

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

voronaman/Shutterstock

Sobre el papel, una empresa puede estar preparada para actuar cuando algún jefe cruza determinadas líneas, como discriminación, acoso, sobrecarga o vaciamiento de funciones: un canal ético, recursos humanos, protocolos de denuncia y sistemas de cumplimiento normativo (compliance).

Pero a veces pasa que, cuando alguien presenta una denuncia, el jefe permanece mientras que quien habló termina trasladado, aislado o, peor aún, fuera de la organización. ¿Qué ocurre en esos casos?

El coste de quejarse de un mal líder

Las investigaciones sobre este tema llevan años demostrando que hablar puede tener un coste muy alto para los trabajadores. En un estudio sobre casos de fraude en grandes empresas estadounidenses, el 82 % de los empleados denunciantes analizados fueron despedidos, abandonaron su empleo por las presiones recibidas o vieron modificadas sus responsabilidades.

Estos datos obligan a mirar los canales de denuncia de otra manera. Su existencia es importante, pero no está claro que funcionen. Además, el problema no termina en quien denuncia: los demás también observan.

Un estudio con 829 trabajadores encontró que quienes conocían experiencias en las que un supervisor había reprimido la voz de otros empleados luego percibían a ese supervisor como menos receptivo. Otra investigación reciente muestra que presenciar supervisión abusiva sobre compañeros puede generar miedo y, a través de él, silencio defensivo.

La enseñanza informal es poderosa: si hablar no cambia nada, callar puede convertirse en una respuesta comprensible.

Cuando el silencio parece una buena noticia

Supongamos que tras una denuncia disminuyen las quejas. La dirección podría interpretarlo como una señal de que el problema ya está resuelto.

Pero hay otra posibilidad. Quizá quien denunció se marchó. Es probable que algunos compañeros decidieran no involucrarse. Y también puede ser que otros hayan aprendido que hablar tiene demasiado coste y poca eficacia.

Las investigaciones sobre el llamado “employee silence” lleva más de dos décadas advirtiendo que el silencio no siempre significa conformidad. Puede surgir, precisamente, cuando los empleados creen que expresar problemas es inútil o peligroso. Así, el silencio organizacional funciona como una barrera colectiva que impide que la información problemática llegue a quienes toman decisiones.

Por eso, una caída en el número de denuncias puede significar dos cosas totalmente distintas: que el problema ha desaparecido o que ha desaparecido la voluntad de denunciarlo. Confundir ambas situaciones puede resultar muy costoso.

Verificar el mal liderazgo

Las experiencias de mal liderazgo rara vez llegan a los departamentos de recursos humanos en forma de un único episodio espectacular o llamativo. Suelen acumularse: humillaciones, exclusiones, amenazas implícitas, asignaciones arbitrarias, pérdida de oportunidades.

Cuando entran en un procedimiento formal, deben convertirse en hechos verificables: ¿hay pruebas?, ¿hay testigos?, ¿cada episodio incumple por sí solo la norma?

Aunque necesario, ese análisis puede fragmentar tanto la experiencia que el patrón de conducta termine desapareciendo. Entonces aparece una contradicción: el procedimiento puede funcionar administrativamente y fracasar desde el punto de vista organizativo.

Procedimiento cerrado, problema no solucionado

Cuando un expediente se cierra, el resultado puede parecer tranquilizador: el procedimiento terminó y las quejas disminuyeron. Pero esas dos señales no prueban que el problema esté resuelto.

Los sistemas de cumplimiento normativo pueden generar una falsa sensación de control. Tener canales, abrir expedientes y seguir protocolos demuestra que existe un procedimiento, pero no necesariamente ese procedimiento tiene la capacidad de poner límites a una persona poderosa.

La diferencia es fundamental: no es lo mismo obtener un resultado administrativo que corregir un problema de liderazgo.

¿Cómo saber si el sistema funciona?

El silencio no es siempre una buena noticia: a veces significa que el problema ha desaparecido, pero otras, que ha desaparecido la voluntad de contarlo.

Para entender la situación no basta con contar denuncias o expedientes cerrados. Hay que observar qué ocurre después: quién permanece, quién se marcha, si aparecen represalias informales, si distintas quejas describen patrones semejantes y si los empleados siguen confiando en que hablar merece la pena.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Silencio organizacional: que no haya quejas del jefe no siempre significa que sea un buen líder – https://theconversation.com/silencio-organizacional-que-no-haya-quejas-del-jefe-no-siempre-significa-que-sea-un-buen-lider-291404

En defensa de las clases presenciales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Fernández Vicente, Profesor de Teoría de la Comunicación, Universidad de Castilla-La Mancha

Denboma / Istock, CC BY

Viene siendo habitual que las aulas universitarias estén medio vacías o medio llenas, según se mire. Sin embargo, estar en el aula es valioso por sí mismo, aunque la clase sea un auténtico tostonazo o no sea obligatoria para superar la asignatura. Como es obvio, hablo del absentismo que no se debe a causas justificadas, sean laborales o médicas. Simplemente, se prefiere estar en otra parte, no imaginemos dónde.

¿Qué es lo que se pierde al no estar en clase?

1. Memoria compartida

El aula es un lugar, en el sentido de Marc Augé: un espacio común donde se comparten experiencias que forjarán una memoria colectiva. Es una fábrica de recuerdos que vincula a quienes también hayan estado ahí. Por el mero hecho de estar juntos, se crean relaciones que van más allá del contenido de cada clase en particular.

Lo que importa no es sólo el conocimiento que se pueda transmitir, sino la relación que se construye por el mero hecho de compartir con frecuencia un lugar. El aula es una espacio de comunicación, que etimológicamente proviene del latín communis: comunidad. Es algo más que una arquitectura funcional: es el espacio que procura la creación de vínculos sociales y afectivos.

2. Espacio de diversidad

En una clase confluyen personas que no han elegido expresamente con quién o no estar, como puede suceder en las redes y en lo que se viene a llamar burbuja del filtro. Estar en clase permite el encuentro con otras personas que, a buen seguro, viven y piensan de manera diferente a nosotros.

El aula es una reunión que sienta las bases, en el cara a cara, para un diálogo, para que el tú y el yo traten de conocerse, como explicaba Martin Buber. Porque es preciso sentirse sin la mediación de las pantallas y no esconderse tras mensajes de texto. Es el diálogo socrático, la conversación para la que ha de preparar la universidad.

Una clase presencial es la antítesis de esa vida espectral de la que habla Éric Sadin. Dejamos que la espontaneidad del lenguaje no verbal hable por sí sola. Esto es incómodo y preferimos un entorno seguro y previsible, donde no se nos contradiga en nuestras creencias más arraigadas. Al ir a clase, aprendemos a manejarnos en la incertidumbre.

3. El silencio

En el aula, resulta un placer que haya quien guarde silencio. Es una señal de respeto, además del tesoro de los humildes. En esta época de egocentrismo, donde todo el mundo parece obligado a la sobreexposición de su yo y nadie escucha, no contribuir al ruido es una feliz excepción.

Mantener la atención en lo que diga otra persona es la antítesis de esta era de la distracción.
Las tan denostadas clases magistrales, así como las conferencias, cuando quien toma la palabra sabe de lo que habla y se expresa con cuidada retórica, exigen un silencio que ya parece haber sido desterrado. Alguien que escucha: “¡todos mis respetos!”, decía Antonio Machado por boca de su alterego Juan de Mairena.

¿Y si quien toma la palabra no domina la retórica o resulta no ser más que un ignorante ilustrado?, ¿y si el auditorio no siente la más mínima curiosidad? Véase el siguiente apartado…

4. Aburrirse

Seamos realistas: en clase hay miles de momentos de aburrimiento. No hay duda de que la monotonía forma parte de la universidad, pero también de la vida corriente. ¿Cuál es el problema? Aprender a aburrirse forma parte del proceso de maduración.

Transformar la clase en una atracción de feria no es desde luego una solución plausible. ¿Por qué tendrían que ser las clases una burda imitación de la moda más viral en la red del momento?

Y además, al aburrirnos en clase, nos vemos obligados a buscar por nosotros mismos vías de escape. A veces imaginamos mundos imposibles mientras se padece una clase tediosa, inventamos historias o hacemos memoria de la vida. Nos podemos entretener con el vuelo de una mosca, sentir curiosidad por cualquier mínimo detalle de lo que nos rodea mientras fingimos un gesto de interés para no despertar recelo. ¿No es esto un juego maravilloso?

Esto es del todo diferente a que los remedios al aburrimiento provengan de las pantallas del teléfono móvil. ¡Qué saturación! Y a que todo se encuentre aburrido porque las plataformas corporativas de la red y sus algoritmos nos han acostumbrado a una sorpresa infinita, como observa Jonathan Crary.

5. Un paréntesis a la vulgaridad

El aula debería ser un espacio apartado del parloteo incesante, de los discursos de odio y las polarizaciones banales. Es, o al menos debería ser un mundo aparte, y al cruzar ese umbral es de esperar que sea un lugar contrario a la barbarie y a la mediocridad.

El aula no es un lugar como otros: hay un dentro y un afuera, como lo hay cuando entramos a una sala de cine o al teatro. Quizás sea una idealización, pero me gusta pensar que en el aula desaparecen, como por arte de magia, las estupideces varias y las trivialidades soeces que tanto han degradado la conversación pública.

En clase hay que cuidar las formas, no sólo lo que se dice: elegir las mejores palabras y cómo se profieren. Es, o debería ser al menos, un lugar donde no entran las frivolidades y sandeces de lo que Vargas Llosa describió en Civilización del espectáculo.

6. Ser persona

Una universidad de clases casi vacías podrá expedir títulos e incluso transmitir conocimientos. Sin embargo, perderá una de sus funciones principales. La universidad no sólo forma profesionales, forma personas frente a la deshumanización y la despersonalización de nuestra época. Y sostenía María Zambrano que tenemos la obligación de convertirnos en personas si queremos vivir en una sociedad verdaderamente democrática: “Siendo la persona humana nuestra íntima, única verdad, podemos dejarla inerte, como yacente y dormida; se requiere la decisión de invocarla y una vez despierta, vivir desde ella”.

Encontrarse cara a cara en un lugar común despierta el reconocimiento de los demás y la reciprocidad, que son el embrión de la persona humana. ¿Es una pérdida de tiempo ir a clase?


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.


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Antonio Fernández Vicente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. En defensa de las clases presenciales – https://theconversation.com/en-defensa-de-las-clases-presenciales-290963

¿Qué ocurre cuando nuestra pareja está diseñada para complacernos? El auge de las relaciones con inteligencias artificiales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Vargas Guerrero, Director y Docente del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, Universidad Europea

Frame Stock Footage/Shutterstock

Imagine una pareja que siempre está disponible cuando necesita hablar. Recuerda lo que le contó hace semanas, se interesa por cómo se siente, responde con atención y rara vez parece cansarse de escucharle. No se enfada porque haya tardado demasiado en contestar, no tiene un mal día cuando usted necesita apoyo y puede adaptar progresivamente sus conversaciones a sus gustos, necesidades y preferencias. Algunas personas ya encuentran parte de todo esto en una inteligencia artificial.

La IA generativa ha hecho que los chatbots dejen de utilizarse únicamente para resolver dudas o realizar tareas. Algunas personas también recurren a ellos para buscar compañía, apoyo emocional e incluso establecer relaciones románticas o mantener interacciones de carácter sexual, como conversaciones eróticas, intercambio de fantasías o juegos de rol eróticos.

Como ejemplo de hasta donde pueden llegar esos vínculos afectivos, la artista española Alicia Framis celebró, en 2024, una ceremonia simbólica de matrimonio con Ailex, un holograma creado mediante inteligencia artificial.

Esto plantea una pregunta que trasciende la ciencia ficción: ¿puede una inteligencia artificial convertirse realmente en nuestra pareja?

Cuando una conversación empieza a parecer una relación

Las personas tenemos una extraordinaria capacidad para atribuir características humanas a entidades que no lo son, un fenómeno conocido como antropomorfización.

Las nuevas inteligencias artificiales añaden algo especialmente poderoso: conversan con nosotros, recuerdan información, emplean nuestro nombre y generan respuestas que podemos percibir como empáticas. Esto puede favorecer la llamada autorrevelación y hacer menos clara la frontera entre utilizar una herramienta y relacionarnos con ella.

Una IA no experimenta enamoramiento porque diga “te quiero”, ni preocupación porque pregunte cómo nos encontramos. Pero eso no convierte en ficticia la experiencia de quien interactúa con ella. La investigación comienza a documentar vínculos que sus usuarios y usuarias describen como emocionalmente significativos e incluso reacciones de tristeza, miedo o ira cuando el agente artificial cambia o desaparece.

El atractivo (y la paradoja) de una pareja diseñada para el ser humano

Compartir algo íntimo con otra persona de carne y hueso implica cierto riesgo: puede no comprendernos, responder de manera diferente a la esperada o no estar disponible cuando la necesitamos. Algunas personas valoran precisamente de los chatbots la ausencia de juicio, la posibilidad de expresarse sin sentir que cargan emocionalmente a otra persona y su disponibilidad.

Una pareja humana, en cambio, tiene necesidades propias: puede querer hablar cuando nosotros no, necesitar espacio cuando buscamos cercanía o establecer límites. Esa alteridad –la existencia de otra persona con deseos y necesidades independientes de los nuestros– forma parte inevitablemente de cualquier relación interpersonal. El desafío consiste en qué hacemos cuando aquello que necesita o desea la otra persona no coincide con lo que necesitamos o deseamos nosotros.

Los compañeros artificiales introducen una lógica diferente. No solo pueden aprender nuestras preferencias y ajustar sus respuestas, sino que algunos sistemas permiten que el usuario o la usuaria participe en la configuración de características del agente, como su apariencia, personalidad o el tipo de relación que se desea mantener con el modelo de IA. Detrás de esa interacción no existe otra persona con deseos, necesidades y límites propios cuyo bienestar tengamos que considerar del mismo modo.

Ahí aparece una paradoja importante: cuanto más capaz sea una IA de adaptarse a nuestras preferencias, más atractiva puede resultar como compañera y, al mismo tiempo, más diferente puede ser de una relación basada en la reciprocidad entre dos personas.

¿Puede existir intimidad sin reciprocidad?

La intimidad no consiste únicamente en sentirnos escuchados, comprendidos, aceptados o deseados. También implica comprender y responder a otra persona, reconociendo que sus sentimientos, decisiones y límites importan incluso cuando no coinciden con los nuestros.

Esta diferencia resulta especialmente visible en la sexualidad. En una pareja, el deseo no siempre aparece al mismo tiempo, con la misma intensidad ni se dirige hacia las mismas prácticas. Por eso, comunicar lo que deseamos, establecer límites y respetar el consentimiento forman parte de cualquier encuentro sexual compartido.

Una pareja artificial diseñada para adaptarse a nuestras preferencias introduce una lógica distinta: reduce la necesidad de negociar con un deseo independiente del nuestro. Compartir la sexualidad implica, en cambio, encontrarnos también con lo que la otra persona desea —o no desea—, no únicamente con lo que deseamos nosotros.

¿Compañía o sustitución?

Conversar con una IA o recibir apoyo puntual no implica necesariamente abandonar las relaciones humanas. La cuestión es qué ocurre cuando comienza a ocupar un espacio creciente en nuestra vida afectiva.

La relación entre aislamiento y compañía artificial parece compleja. Sentirse socialmente desconectado puede favorecer el uso posterior de esos sistemas, mientras que una utilización más intensa también se ha relacionado con mayor dependencia emocional, uso problemático o aislamiento. Sin embargo, estos resultados no permiten establecer relaciones causales claras y probablemente dependan del contexto y de cómo se utilicen.

Por eso resulta tan precipitado afirmar que las inteligencias artificiales destruirán nuestras relaciones como asumir que resolverán el problema de la soledad. Quizá lo relevante sea qué lugar terminan ocupando dentro de nuestra vida afectiva.

Cuando la intimidad también pertenece a una empresa

Existe otra diferencia menos evidente. Cuando contamos una fantasía, una inseguridad, un conflicto de pareja o una experiencia sexual a un chatbot, esa intimidad ocurre también dentro de una infraestructura tecnológica gestionada por una organización. Algunas personas pueden llegar a percibir al sistema como un confidente mientras revelan información especialmente sensible.

Además, aquello que el sistema recuerda sobre nosotros puede convertirse en parte de la historia compartida que sostiene la sensación de continuidad del vínculo. Nuestros recuerdos y conversaciones íntimas quedan así condicionados por servidores, actualizaciones, políticas empresariales o decisiones sobre el funcionamiento de un producto.

Entonces, ¿puede una IA sustituir a nuestra pareja?

La investigación sobre estas relaciones es todavía reciente y no permite responder con certeza a esa pregunta.

Una IA puede reproducir algunas de las experiencias que asociamos a la intimidad: escucharnos, recordar lo que contamos, mostrarse disponible, responder con aparente empatía o adaptarse a nuestras preferencias. Y las emociones que esas interacciones despiertan en una persona pueden ser auténticas.

Sin embargo, una relación humana contiene un elemento difícil de reproducir: la existencia de otro sujeto que no ha sido diseñado para nosotros. Alguien con deseos propios, límites, contradicciones y necesidades que pueden no coincidir con las nuestras. Alguien a quien no solo queremos que nos comprenda, sino a quien también debemos intentar comprender.

Esa diferencia nos obliga a negociar, cuidar, ceder en ocasiones y afrontar conflictos y frustraciones. No son necesariamente imperfecciones de una relación: forman parte de relacionarnos con alguien que existe independientemente de nuestros deseos.

Quizá el verdadero desafío de las parejas artificiales no sea averiguar si algún día conseguirán parecerse suficientemente a las personas, sino qué podría ocurrir si nos acostumbramos a relaciones cada vez mejor adaptadas a nuestras preferencias y luego tenemos que relacionarnos con personas que no lo están.

Antes deberíamos preguntarnos qué esperamos exactamente de una relación para que alguien diseñado para nosotros pueda parecernos una alternativa a alguien que no lo está.

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Alberto Vargas Guerrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué ocurre cuando nuestra pareja está diseñada para complacernos? El auge de las relaciones con inteligencias artificiales – https://theconversation.com/que-ocurre-cuando-nuestra-pareja-esta-disenada-para-complacernos-el-auge-de-las-relaciones-con-inteligencias-artificiales-291787

“Ni una Maricarmen más” o “Solo el pueblo salva al pueblo”: cuando la batalla política se libra en unas pocas palabras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M. Dolores Porto Requejo, Lingüista. Profesora Titular de Filología Inglesa, Universidad de Alcalá

Protesta contra el desahucio de Maricarmen el pasado 24 de septiembre. OSCAR GONZALEZ FUENTES/Shutterstock

Hay frases que parecen demasiado pequeñas para explicar un problema grande. Cinco palabras en una pancarta. Cuatro en una publicación de redes sociales. Un nombre propio convertido en consigna. Y, sin embargo, esas pocas palabras pueden hacer algo mucho más importante que describir una realidad: pueden decirnos cómo debemos mirarla.

En las recientes concentraciones y manifestaciones sobre el problema de la vivienda en España hemos oído frases como: “Los españoles primero”, “Primero los de casa”, “Ni una Maricarmen más” o
“Derecho a techo”

Los eslóganes son una herramienta comunicativa de enorme impacto y con un enorme poder de persuasión. Los vemos durante unos segundos en televisión. Aparecen en una fotografía en redes sociales. Se convierten en un titular. Alguien los transforma en un meme. Y así, una frase de pocas palabras empieza a circular.

Son fáciles de recordar, condensan mucha información en poco espacio y, sobre todo, van directos al corazón. Con muy pocas palabras, y ayudados, a menudo, por una rima fuerte y sonora (“Muchas razones para okupar mansiones”), una composición rítmica (“Pedro, rey, haz un decreto ley”), o juegos de palabras humorísticos (“El ático no hace al monje”), los mejores eslóganes tienen fuertes resonancias lingüísticas, además de emocionales y parecen grabarse en nuestra memoria para siempre, despertando tanto sentimientos positivos de solidaridad y resiliencia, como negativos de rabia o frustración ante las injusticias.

Historias condensadas

Los grandes discursos políticos pueden necesitar veinte minutos para explicar una idea y, sin embargo, los eslóganes en pocas palabras construyen verdaderas historias que nos cuentan quiénes somos, quiénes son los otros, cuál es el peligro y cuál es la solución, o qué merece nuestra atención.

Por ejemplo, “Primero los de casa” plantea una pregunta implícita: ¿quién debe tener prioridad en el acceso a la vivienda? “Ni una Maricarmen más” propone una pregunta completamente diferente: ¿qué tenemos que hacer para que nadie vuelva a encontrarse en una situación semejante?

No son solo eslóganes distintos. Son dos maneras diferentes de definir el problema y, por tanto, de orientar la conversación pública. En el primer caso, la cuestión se organiza alrededor de la pertenencia: nosotros y los otros. El acceso a determinados recursos se presenta como una cuestión de prioridad entre grupos: quién merece estar primero, quién debe ser atendido antes, quién pertenece al “nosotros” y quién queda fuera de él.

En el segundo, el foco cambia. La cuestión ya no es quién tiene más derecho a estar primero, sino qué condiciones sociales están haciendo posible que personas concretas no puedan acceder a una vivienda o corran el riesgo de perderla. El problema deja de construirse en términos de pertenencia y pasa a plantearse en términos de experiencia social, derechos y condiciones de vida.

Y este desplazamiento es importante porque la manera en que definimos un problema condiciona las soluciones que somos capaces de imaginar. Si el problema se formula como una competición entre grupos, las respuestas tenderán a plantearse en términos de exclusión y prioridad de “los nuestros” frente a “los otros”.

Si se formula como un problema de acceso a la vivienda, precariedad y vulnerabilidad, aparecen otras cuestiones: qué políticas de vivienda son necesarias, qué mecanismos de protección funcionan, qué responsabilidades corresponden a las administraciones, qué implicaciones morales conllevan los desahucios y cómo evitar que una persona termine perdiendo su hogar.

Eslóganes reciclables

Tendemos a pensar que cada protesta tiene su eslogan, pero los mejores son, en realidad, reciclables. Los significados de algunos de ellos pueden adaptarse a distintos contextos, reutilizarse en distintas protestas e incluso modificar su orientación ideológica dependiendo de quién se apropie de ellos y en qué entornos se difundan, todo ello sin perder ni un átomo de su fuerza movilizadora.

A veces sufren ligeras variaciones: “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” es un eco de “Lo público no se vende, lo público se defiende”, una consigna que reaparece en cada manifestación por la sanidad o la educación públicas.

“Ayuso culpable, gobierno responsable” tiene diversas variaciones, como “Rentistas culpables/Urbagestión culpable, gobierno responsable”. Y el citado “Ni una Maricarmen más”, el grito que más se está escuchando en las últimas reivindicaciones contra los desahucios, nos remite a “Ni una menos (Vivas nos queremos)” que clama contra la violencia de género.

Pero también es posible reutilizar un eslogan sin modificarlo, es decir, apropiarse de él y darle un significado radicalmente diferente, como es el caso de “Solo el pueblo salva al pueblo”, un ejemplo paradigmático y bien conocido de cambio ideológico en un eslogan.

Así, “el pueblo” lo constituían, durante la dana de Valencia, los vecinos o los voluntarios frente a las instituciones políticas que reaccionaron tarde; en los incendios del pasado verano, fueron los habitantes de los pueblos amenazados por el fuego, frente a la escasez de recursos en las administraciones públicas para apagarlos; en las protestas contra el genocidio en Gaza, son los ciudadanos que lo denuncian, frente a los gobiernos que callan; pero también, cuando se utiliza en contextos antiinmigración, “el pueblo” son los españoles que exigen una “prioridad nacional” frente a los inmigrantes.

¿De izquierdas o de derechas?

El desplazamiento ideológico que se puede observar en el uso de este eslogan, en particular, ha condicionado su uso en las últimas protestas contra el desahucio, con grupos que defienden su “recuperación” para los movimientos de izquierda y otros que rechazan su utilización por considerarlo “de extrema derecha” y prefieren volver al clásico “el pueblo unido jamás será vencido”.

Buena parte del poder de los eslóganes es hacer que algunas preguntas parezcan más importantes que otras. Porque, al final, la política no solo consiste en intentar convencernos de una respuesta sino, sobre todo, en conseguir que miremos la realidad desde un determinado lugar. Por eso, la batalla por los eslóganes es en realidad la lucha por definir el marco con el que interpretar los acontecimientos desde un determinado punto de vista.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. “Ni una Maricarmen más” o “Solo el pueblo salva al pueblo”: cuando la batalla política se libra en unas pocas palabras – https://theconversation.com/ni-una-maricarmen-mas-o-solo-el-pueblo-salva-al-pueblo-cuando-la-batalla-politica-se-libra-en-unas-pocas-palabras-292752

Morir de invisibilidad: por qué la indiferencia ajena destroza nuestra salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Juan Rivero Pérez, Profesor universitario: Intervención psicología de la salud, habilidades del terapeuta en psicología de la salud, experto en psicología positiva, Universidad Europea

Prostock-studio/Shutterstock

Podríamos pensar que lo contrario del amor es el odio, pero este es pasional y requiere que la otra persona nos importe lo suficiente como para despertar nuestra rabia. Desde el punto de vista psicológico existe algo mucho más dañino: la indiferencia. En ella no hay gritos ni insultos, al contrario, es el vacío absoluto. Es ese mensaje que se queda en visto para siempre o el silencio cortante de una pareja. La indiferencia le dice al cerebro algo mucho más cruel que un ataque directo: “Para mí, ni siquiera existes”.

En esta sociedad hiperconectada, pero profundamente desconectada del otro, la indiferencia se ha convertido en una epidemia silenciosa. Es un problema de salud mental de primer orden. No estamos hablando de que la persona tiene “una mala racha” o “un problema de comunicación”.

Lo que sucede al cerebro cuando nos ignoran

En una especie tan social como la nuestra, la expulsión del grupo podía significar la muerte. De ahí que nuestro cerebro evolucionara para interpretar la exclusión como una amenaza.

Por ejemplo, las resonancias magnéticas muestran que cuando recibimos indiferencia de alguien que nos importa se enciende la “corteza cingulada anterior” del cerebro. Es la misma región que se activa si recibimos un golpe en el pie, nos rompemos el brazo o sufrimos una quemadura. Para nuestro sistema nervioso, el dolor social y el dolor se manifiestan de la misma manera.

La diferencia es que un brazo roto tiene tratamiento, pero ¿qué podemos hacer ante el vacío de la indiferencia?

Las tres caras de la indiferencia moderna

Hoy en día la indiferencia ha encontrado nuevas formas de manifestarse. Se ha sofisticado a través de las pantallas y de dinámicas relacionales que hemos normalizado.

1. La indiferencia digital

El ghosting –desaparecer de la vida de alguien sin dar explicaciones– y el desprecio digital no son herramientas de gestión emocional. Son actos de cobardía afectiva que dejan a la víctima en un bucle obsesivo. Al no haber un cierre claro en la relacion, la mente se ve obligada a inventar los motivos por lo que sucede esto: “¿Habré dicho algo incorrecto? ¿Ya no le gusto? ¿Qué hay de malo en mí?”.

2. La indiferencia relacional

En muchas parejas y familias, el silencio se utiliza como un arma de control pasivoagresiva. Hay quienes, ante un conflicto, en lugar de hablar y expresar su malestar, deciden retirar el habla. Dejan de mirar, responden con monosílabos o actúan como si la otra persona fuera un mueble de la casa.

Esto no es poner límites, es manipulación. La ley del hielo destruye la seguridad del apego. Convierte nuestro hogar en un campo de minas psicológico donde la víctima aprende a caminar de puntillas, asustada, mendigando una mirada o una palabra que le confirme que vuelve a ser digna de existir para el otro.

3. La indiferencia social

Esta situación se suele dar mucho en los trabajos donde pasamos alrededor de ocho horas al día sin que nadie sea capaz de darnos las gracias, de validar y reforzar el esfuerzo o, al menos, de mirarnos a los ojos para saludar cada mañana.

Esta desconexión genera el fenómeno de desgaste profesional y una profunda crisis de identidad personal y profesional que afecta a nuestra autoestima. “Si lo que hago no importa, si yo no importo, ¿para qué estoy aquí?”

¿Cómo destroza la indiferencia nuestra salud mental?

Cuando la indiferencia se convierte en rutina sus efectos en nuestra psique son devastadores. No son heridas abiertas, sino un desgaste sordo que erosiona la estructura de la personalidad.

Por una parte nos encontramos con “la destrucción del autoconcepto”. Las personas construimos nuestra identidad, en gran parte, a través del espejo de los demás. Si ese espejo siempre devuelve el silencio o el vacío las consecuencia son destructivas: “Si nadie me mira, es porque no valgo la pena”.

Además, podríamos hablar de la “indefensión aprendida”. Cuando alguien nos discute existe la oportunidad de argumentar. En la indiferencia esta respuesta es inviable: el resultado es la nada. Esto lleva a un estado de parálisis psicológica donde la persona siente que ha perdido por completo el control sobre su vida y sus relaciones.

Por último nos encontramos con la “ansiedad crónica” y la consecuente rumiación, ya que esto genera incertidumbre y nuestra mente la odia. Ante el silencio del otro, el cerebro activa un sistema de alerta máxima. Se empiezan a repasar conversaciones de hace meses, a analizar comas en los mensajes y a buscar errores en nuestro comportamiento. Esa hipervigilancia agota el sistema nervioso y dispara los niveles de cortisol.

Salir del desierto emocional: cómo protegernos de la nada

El primer paso es entender que la indiferencia sistemática es una forma de maltrato psicológico. Entonces, ¿qué podemos hacer para protegernos?

1. Dejar de buscar agua en pozos secos

Uno de los errores más comunes es intentar esforzarse más para llamar la atención de quien nos ignora. Mandamos más mensajes, somos más amables, intentamos agradar. Esto es un error, ya que eso solo alimenta el sesgo de autorresponsabilidad. Si alguien ha decidido no mirarnos el problema no es de nuestra falta de brillo, sino de su ceguera o su incapacidad emocional.

2. Romper el bucle de convertirte en adivino

No hay que intentar descifrar qué hay detrás de esos silencios. Si preguntas qué pasa y la respuesta sigue siendo el vacío o el “no pasa nada”, acompañado de una actitud fría, debemos poner la responsabilidad donde toca. Es importante expresar lo que sentimos con claridad.

3. Elegir el conflicto saludable antes que la paz ficticia

Mucha gente calla para “no crear problemas”, soportando la indiferencia en silencio. Pero esa paz es ficticia y se paga con tu salud mental. Una discusión a tiempo, con respeto y enfoque en la solución, siempre será mil veces más saludable que un mes de silencios compartidos.

4. Retirar la energía de donde no hay respuesta

La atención y el tiempo son recursos valiosos. No debemos regalarlos alegremente a quien los trata como si no valieran nada. A veces, la mayor muestra de amor propio no es ganar una discusión, sino recoger la dignidad, dar media vuelta y marcharnos de donde te obligan a ser invisible.

El derecho a ser vistos

Vinimos a este mundo para ser vistos, escuchados y validados. La salud no solo se cuida comiendo bien, haciendo ejercicio o yendo a terapia. Se cuida, sobre todo, eligiendo bien los entornos humanos en los que echamos raíces.

No debemos conformarnos con migajas de atención. Tampoco justificar a quien nos congela con su silencio. La próxima vez que alguien aplique la indiferencia, recordemos que no hay que demostrar a nadie que existimos. Nuestra existencia ya es valiosa por sí misma, y merecemos estar en lugares donde nuestra presencia se celebre, no donde nuestra ausencia pase desapercibida.

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Jose Juan Rivero Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Morir de invisibilidad: por qué la indiferencia ajena destroza nuestra salud mental – https://theconversation.com/morir-de-invisibilidad-por-que-la-indiferencia-ajena-destroza-nuestra-salud-mental-289113

Para abordar las crisis y emergencias de hoy, necesitamos estar preparados para lo impensable

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marc Homedes, Jefe de prensa, Direcció General de Protecció Civil i TF 112 de Catalunya, Generalitat de Catalunya; UOC – Universitat Oberta de Catalunya; Universitat Pompeu Fabra

Consecuencias de la dana de 2024 en Alfafar, Valencia. Vicente Sargues/Shutterstock

En la sociedad del riesgo, ¿cómo podemos prepararnos mejor ante una emergencia? La respuesta pasa por aunar conocimiento científico, decisiones públicas fundamentadas y una comunicación clara y efectiva.

En la serie de artículos que comienza con este, especialistas de distintas disciplinas comparten su saber experto para ayudarnos a comprender los riesgos, fomentar una cultura de la prevención que contribuya a construir comunidades más seguras y resilientes, y gestionar las emergencias de manera eficaz.

Se trata de un proyecto de The Conversation, impulsado por la Cátedra UB-DIBA de Comunicación Clara aplicada a las Administraciones Públicas, que trabaja por una comunicación más clara, amable y útil entre las administraciones y la ciudadanía.


A diferencia de épocas pasadas, especialmente las posteriores a la II Guerra Mundial y hasta el inicio del siglo XXI, en que la política de bloques, primero, y los consensos multilaterales, después, generaron una aparente previsibilidad en el futuro, el momento actual se caracteriza por lo inesperado e impensado. Como explica de forma contundente el experto en prevención y gestión de crisis Patrick Lagadec, vivimos una época de “erosión de la resiliencia, de disolución de las seguridades y pérdida de confianza” que otorgan a las crisis “un potencial de destrucción global”.

Las palabras definen, moldean y crean realidades. Permacrisis, policrisis, crisis en cascada, crisis sistémicas, entornos VICA (por volátiles, inciertos, complejos y ambiguos) o la más reciente conceptualización de entornos BANI (se podría traducir por entornos frágiles, ansiosos, no lineales e incomprensibles) son conceptos que pretenden describir el entorno al que se enfrentan las sociedades modernas, sus organizaciones y ciudadanos.

La coyuntura geopolítica actual es bruscamente cambiante, como demuestran las manifestaciones crecientes de guerra híbrida por parte de Rusia, así como la puesta en duda de paradigmas que parecían sólidos, como la alianza entre Estados Unidos y la Unión Europea. Los mapas y la cartografía heredada de las décadas previas no sirven. Tampoco la planificación y gestión de crisis clásica responden correctamente a este nuevo mundo.

Inestabilidad permanente

Los costes de esta inestabilidad constante son importantes. Por ejemplo, en 2024, año de la dana de Valencia, los desastres naturales tuvieron un impacto estimado en España superior a los 11 000 millones de euros, según datos de la Asociación Clúster Catástrofes. Es obligatorio pues, reflexionar y actuar en consecuencia. Más, cuando el horizonte, con la inteligencia artificial (IA) y sus aplicaciones en todos los ámbitos avanzando a un ritmo frenético, invita a ser proactivos en la adaptación en todos los ámbitos de la sociedad. También, y sobre todo, en los de la comunicación.

En España especialmente, la emergencia climática y la dependencia tecnológica hacen necesario un replanteamiento de la aproximación comunicativa de las organizaciones, como han demostrado ejemplos recientes en la memoria como la mencionada dana de Valencia o el apagón del 28 de abril de 2025.

Y si alzamos la mirada alrededor, la invasión de Ucrania y la guerra en Irán, o al mirar por el retrovisor, la pandemia de covid-19 y la falta global de suministros que la siguió, confirman que la sensación de vértigo es global y real.

Por todo esto la comunicación de crisis ha dejado de ser la herramienta para que empresas y Administración enfrenten los hechos disruptivos potencialmente desastrosos, y ha pasado a ser un protocolo y una actitud necesaria para el día a día de la comunicación. Pero esta comunicación necesita, ahora más que nunca, ser repensada y puesta al día.




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Sin planes de comunicación de emergencias

Hasta ahora, ha sido común valorar la utilidad y necesidad de disponer de mecanismos de prevención y gestión comunicativa ante un incidente o emergencia, pero su desarrollo se ha pospuesto o descartado directamente. Incluso en Estados Unidos, donde nace la teorización y la aplicación de la comunicación de crisis, esta negligencia en la preparación ha sido común.

Un estudio de la compañía Capterra indica que más de la mitad de los negocios estadounidenses no disponía en 2023 de un plan de comunicación de crisis elaborado y a punto de ser utilizado. La parte positiva del mismo trabajo es que el 98 % de los directivos que han padecido una crisis y disponían de un plan de comunicación específico manifestaron que fue efectivo.

En España, informes como el del Observatorio de Riesgos para Empresas en España del Institut Cerdà demuestran que la necesidad de detectar los riesgos, la exposición a los mismos y la planificación de la gestión de incidentes incluyendo simulacros es considerada muy relevante por el sector empresarial.

Por ejemplo, miles de empresas aprendieron súbitamente lo necesaria que es la planificación con el apagón del 28 de abril de 2025. Ese día, las crisis dejaron de ser aquello que les pasa a los otros y obligó a plantearse la urgencia de disponer de mapas de riesgos, planes de comunicación de crisis completos y actualizados y personal técnico formado.




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Capacidad de reaccionar ante lo impensable

Pero la dependencia tecnológica y la emergencia climática han alterado los mapas de riesgos: los han ampliado y extremado. Más que nunca, el escenario actual obliga a actuar contraintuitivamente. Si tal como decíamos, la cartografía existente deja de ser útil, conviene desarrollar y trabajar la actitud más que la herramienta.

El plan de comunicación de crisis es útil y necesario. Sin embargo, ya no resulta suficiente. Es básico que los responsables de comunicación, individualmente y como equipo integrado en la organización, trabajen las habilidades que permiten reaccionar ante lo que ni tan sólo habíamos pensado sin caer en la parálisis.

Lagadec destaca que hace falta “liberarse de la tiranía de lo conocido y de lo convencional” y “adoptar la disposición mental necesaria para enfrentar lo sorpresivo y lo insólito”. Según el autor francés, se trata de situarse en un plano de invención creativa, de elasticidad mental que facilite aplicar lo planificado, pero, sobre todo, adaptarlo y modificarlo ante riesgos no previstos en todo o en parte.

Planificar sirve para ordenar mentalmente: ordenar los riesgos, graduarlos y establecer respuestas. No obstante, si los riesgos cambian, una planificación rígida es una cadena al pie. Tenemos respuestas para preguntas que no son las que nos están planteando. Por tanto, debemos cultivar la agilidad y la capacidad de desaprender, de desechar lo previsto y buscar creativamente alternativas en una improvisación reglada.

No se trata de rechazar la planificación, al contrario. Los planes de comunicación de riesgo son básicos, necesarios y útiles, pero deben adaptarse a esta realidad sorpresiva. Tomando los planes como la base de nuestra actuación, debemos entrenar nuestra capacidad de responder a lo que no hayamos previsto y planificado. La actitud debe centrarse en trabajar en ejercicios y simulacros sobre lo impensable.

Este ejercicio, y cuánto más grave y sorpresiva la crisis aún más, requiere extremar la coordinación en las organizaciones, especialmente en la comunicación interna. Un documento que, aun con años a las espaldas, enmarca perfectamente cómo debe enfrentarse una crisis, es el manual de recomendaciones diseñado para gestionar la comunicación institucional durante y después de un atentado terrorista del proyecto europeo SafeComms. Insiste en realizar la comunicación interna de la forma más simultánea posible a la externa, limitando al máximo las “asincronías que causan serios problemas”.

Volviendo a las capacidades que debe tener o cultivar un líder del Gobierno, la Administración o de cualquier empresa ante la incertidumbre omnipresente que fomenta la sensación de vulnerabilidad, es fundamental tener un plus además de las habilidades técnicas de un buen portavoz que aplica un buen manual de gestión. Para que en tiempos de crisis un relato sea efectivo debe partir de un liderazgo que encarne “los temores y esperanzas de la sociedad y ofrecer mensajes que alejen la incertidumbre”. Cuanto mayor es la incertidumbre, más empatía deben contener esos mensajes.

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Marc Homedes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Para abordar las crisis y emergencias de hoy, necesitamos estar preparados para lo impensable – https://theconversation.com/para-abordar-las-crisis-y-emergencias-de-hoy-necesitamos-estar-preparados-para-lo-impensable-292632

Las medidas de los ‘Decretos Maricarmen’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Urrestarazu Capellán, Profesor Asociado de Política Económica, Universidad de Málaga

Vista panorámica de la ciudad de Madrid en un día nublado desde una azotea Sonia Bonet / Shutterstock.com

La novela gráfica de Isaac Rosa y Cristina Bueno “Aquí vivió. Historia de un desahucio” (2016) cuenta los sentimientos de miedo, vergüenza e incertidumbre de una familia desahuciada por el impago de su hipoteca en los años de la Gran Recesión.

Hoy, la mayor parte de los desahucios se producen por impagos de las rentas de alquiler, pero los sentimientos que provocan en las personas son los mismos. El que sufrió Maricarmen Abascal hace pocos días en Madrid ha despertado una ola de indignación que va más allá de este caso particular.

Convalidación ‘exprés’

La dificultad de acceso a una vivienda digna y asequible, uno de los mayores problemas sociales en todo el mundo, produce exclusión social, desigualdad y pobreza. Ser propietario se está convirtiendo en un factor de diferenciación social: cada vez menos personas acumulan más propiedades, mientras otras no pueden acceder a una sola, digna y asequible.

El debate social generado por el desahucio de Maricarmen Abascal ha hecho que las dos fuerzas políticas del Gobierno (PSOE y Sumar), hayan aprobado hoy en Consejo de Ministros dos reales decretos con medidas para evitar nuevos casos de desahucios y contener la espiral de precios del alquiler. Esta misma semana, el viernes 2 de octubre, se llevarán estas normas a votación en el Congreso para intentar mantener su vigencia de estas normas.

¿Por qué mediante Real Decreto Ley?

Esta figura tiene una ventaja principal respecto a otros instrumentos legislativos: el Real Decreto Ley, aunque necesita convalidarse en el Congreso en los 30 días siguientes a su publicación en el BOE, entra en vigor al día siguiente de dicha publicación y sus medidas proporcionan cobertura legal inmediata a sus beneficiarios. En cambio, un Proyecto de Ley, por ejemplo, necesita de un largo procedimiento legislativo en las Cortes.

Además, en este momento, un Real Decreto Ley que regule los desahucios tiene más posibilidades de salir adelante por la presión social de la ciudadanía sobre los partidos políticos.

Las medidas contempladas en los reales decretos

Se aplica un tipo impositivo del 10 % al IVA de los pisos turísticos y el IVA superreducido del 4 % a la vivienda de promoción pública y a la vivienda protegida. También habrá bonificaciones fiscales tanto para los inquilinos como para aquellos propietarios que “se apeen del carro de la especulación”. Sin grandes detalles todavía, el Gobierno señala que se reordenará la fiscalidad de las sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria (socimi) para que orienten su inversión a la vivienda asequible y “no al uso de la inversión en el ámbito de la especulación”.

Se aprueba una financiación pública al 0 % de interés (plan Tu Casa) para hasta un 20 % del importe de la primera vivienda. El 80 % restante es lo que suelen financiar los bancos en forma de hipoteca.

Escudo social contra los desahucios

La protección ante los desahucios se refuerza hasta el 31 de diciembre de 2030, con garantías para las personas vulnerables sin alternativa habitacional. También se limitan las subidas de las rentas de alquiler, incluidas las contempladas en la renovación de contratos, y se aprueba una prórroga de dos años para los contratos en vigor que finalicen antes del 31 de diciembre de 2028.

Se van a regular también el alquiler de temporada y por habitaciones, conforme a los criterios establecidos para el alquiler residencial en la Ley del Derecho a la Vivienda de 2023.

¿Detendrá esto la subida de los precios de la vivienda?

La mayor parte de estas medidas van en la buena dirección. Por ejemplo, a través de aumentar los impuestos, se quita atractivo a la inversión en viviendas turísticas, que generan beneficios mayores y más rápidos a los inversores pero reducen el mercado de vivienda para las familias.

En cualquier caso, no hay soluciones mágicas. Las políticas públicas de vivienda más efectivas son las que combinan medidas a corto y medio plazo con otras de largo recorrido.

Se necesita un potente parque de viviendas asequibles, que pueden ser de propiedad pública, pública-privada o privada de lucro limitado. También hace falta la aplicación efectiva de medidas como: controlar los precios en las zonas tensionadas, limitar las licencias a las viviendas turísticas, o diseñar una política fiscal que recaude más en los agentes económicos que más beneficios y más riqueza en viviendas están acumulando para destinar esa recaudación a poner en el mercado más viviendas asequibles.

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Ricardo Urrestarazu Capellán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las medidas de los ‘Decretos Maricarmen’ – https://theconversation.com/las-medidas-de-los-decretos-maricarmen-293067

¿Podría ser una mujer la principal portadora del tesoro de El Carambolo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Gómez Peña, Profesor Titular de Prehistoria, Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Sevilla

Tesoro de El Carambolo. Museo Arqueológico de Sevilla. Autor de la fotografía: J. Morón

En 1958, la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla estaba inmersa en unas obras, a tres kilómetros de la ciudad, para ampliar sus instalaciones. El 30 de septiembre, en plenas excavaciones, un obrero descubrió por casualidad un brazalete de oro. No lo sabía, pero pertenecía a lo que después se definiría como el tesoro tartésico de El Carambolo (en Camas, Sevilla).

Al completo, el tesoro se compone de veintiún piezas de oro entre las que se encontraron un collar, dos brazaletes, dieciséis placas rectangulares y dos pectorales, y que pesaban en total casi tres kilogramos de oro, algo excepcional en hallazgos de este tipo. No sabemos por qué, pero el tesoro había sido ocultado alrededor de 2 500 años antes en el patio de un santuario, hacia el siglo VI a. e. c., y ahí llevaba desde entonces.

Por su importancia y singularidad, el anuncio tuvo una gran repercusión en la prensa internacional. Desde entonces, estas piezas constituyen uno de los conjuntos más importantes de la arqueología española. Pero, además de ser objetos, ¿cuál era su historia, su significado en la cultura tartésica?

Hasta ahora, las principales interpretaciones han sugerido que las joyas fueron llevadas por reyes y sacerdotes. Sin embargo, nuestra nueva investigación, publicada recientemente en la revista Archivo Español de Arqueología, propone que fue realmente una mujer quien vistió la mayor parte de estas alhajas de oro.

Propuesta de colocación de las joyas

La nueva interpretación se basa en varios paralelos arqueológicos del Mediterráneo y en el mito mesopotámico del “Descenso de Inanna/Ishtar al Inframundo”. Ambos nombres corresponden a la misma diosa, que recibe culto en la misma región geográfica. Inanna era el nombre que recibía por parte del pueblo sumerio durante el III milenio a. e. c., mientras que los acadios la denominaron Ishtar durante el II y I milenio a. e. c.

El mito cuenta que Ishtar viajó al infierno para asistir al funeral del Toro Celeste, marido de la diosa del inframundo, Ereshkigal. Para atravesar las siete puertas de esta región, el guardián allí presente le ordenó que dejara una joya en cada una de ellas. Por este motivo Ishtar fue quitándose su corona, sus collares, su pectoral y sus aros de oro. Estas mismas piezas decoran algunas imágenes en terracota tanto de Inanna como de Ishtar, depositadas como ofrendas en los templos de Próximo Oriente.

Colocación del collar junto a algunos paralelos procedentes de la isla de Chipre.
A. Escultura de piedra de una posible sacerdotisa localizada en Arsos (Chipre), ca. siglo VI a. e. c. (Karageorghis, 1977, lám. 36, a). B. Terracotas procedentes de Kouklia (Chipre), ca. siglos VIII-VII a. e. c. (The British Museum, n.º inv. 1899,1129).
Brazaletes de El Carambolo junto a imágenes de diosas mediterráneas y proximoorientales con piezas similares.
Brazaletes de El Carambolo junto a imágenes de diosas mediterráneas y proximoorientales con piezas similares: A. Escultura procedente de la necrópolis púnica de Puig des Molins (Ibiza, España), ca. siglos IV-II a. e. c. (Museo Arqueológico Nacional, n.º inv. 1923/60/513) B. Terracota con posible representación de la diosa Ishtar procedente de Susa (Irán), ca. siglos XV-XII a. e. c. (Musée du Louvre, n.º inv. SB 7778).

El uso de este relato en la nueva investigación está justificado porque ambas diosas son las antecesoras directas de la fenicia Astarté. Según nuestra propuesta, se establece un paralelismo entre las joyas de El Carambolo y aquellas con las que se adornó Ishtar antes de descender al inframundo.

En el caso del tesoro sevillano, las joyas fueron portadas por dos personajes. El primero sería una sacerdotisa que representaba a Astarté. El segundo, un monarca o un sacerdote. La sacerdotisa habría llevado las piezas decoradas con rosetas, un símbolo relacionado con la identificación de Astarté con Venus. Se trata de ocho placas dispuestas como una corona, un pectoral y los dos brazaletes. También habría estado adornada con el collar. El segundo personaje habría utilizado el resto de las piezas, las ocho placas restantes, formando otra corona y el segundo pectoral en el centro del pecho.

Pectorales sobre personajes masculinos y femeninos repartidos a lo largo del Mediterráneo y Próximo Oriente
Pectorales sobre personajes masculinos y femeninos repartidos a lo largo del Mediterráneo y Próximo Oriente: A. Estela de guerrero tartésica de Cortijo de la Reina II (Córdoba, España), ca. siglos IX-VI a. e. c. (Murillo Redondo et al., 2005, p. 26, fig. 4). B. Cardiophylax etrusco (Etruria Central, Italia), ca. siglo VIII a. e. c. (Musée du Louvre, n.º inv. MND 2299; Br 4403). C. Cardiophylax o amuleto grabado en una estela daunia (Museo Archeologico Nazionale di Manfredonia, n.º inv. Lillo 005). D. Terracota con posible representación de la diosa Ishtar procedente de Susa (Irán), ca. siglos XV-XII a. e. c. (Musée du Louvre, n.º inv. SB 7783). E. Lekythos en forma de Afrodita portando el kestos himas de bandas cruzadas en el pecho (Phanagoria, Grecia), ca. siglo IV a. e. c. (Museo Hermitage, n.º inv. Фа.1869-9). F. Imagen de la diosa Vanth representada en urna cineraria romana procedente de Chiusi (Italia), ca. siglo II a. e. c. (Worcester Art Museum, n.º inv. 1926.19).

Coronas de El Carambolo junto a sus paralelos más estrechos procedentes del Mediterráneo oriental
Coronas de El Carambolo junto a sus paralelos más estrechos procedentes del Mediterráneo oriental: A. Placa de corona o diadema articulada hallada en Amathus (Chipre), ca. siglos VIII-VII a. e. c. (The British Museum, n.º inv. 1891,0630.2). B. Bajorrelieve de la reina Kubaba divinizada (Carchemish, Turquía), ca. siglo VIII a. e. c. (Museo de las Civilizaciones de Anatolia). C-D. Posibles coronas descubiertas en Latakia (Siria), ca. siglos VIII-VII a. e. c. (The Walters Art Museum, n.º inv. 57.968 y 57.969).

El ritual

Las joyas de El Carambolo formaron parte del atuendo empleado por estos personajes durante la celebración del matrimonio sagrado. Este rito consistía en la unión simbólica de una diosa y un rey, y su objetivo era representar la renovación anual de la fertilidad de la naturaleza y del ciclo de los astros en el firmamento. También se buscaba con él asegurar la prosperidad y el orden del territorio gobernado, así como la continuidad de la estirpe real.

Este tipo de ritual está documentado en varios templos del Mediterráneo donde se rendía culto a Astarté, así como en santuarios de Próximo Oriente dedicados a Inanna e Ishtar. Según esta interpretación, Dumuzi/Tammuz, pareja de la diosa, descendía al inframundo en junio, durante el solsticio de verano. Allí permanecía hasta el solsticio de diciembre, momento en el que se celebraba su regreso. El matrimonio sagrado tenía así una finalidad política y religiosa, escenificándose mediante el intercambio de joyas y otros símbolos de poder.

El santuario de El Carambolo como escenario del mito

Esta nueva propuesta también encuentra estrechos paralelos en otros elementos sagrados que se han encontrado asociados al santuario. Es el caso de algunas ofrendas, sus altares y la decoración de algunos de sus suelos.

El primero de estos objetos es la pequeña escultura de bronce con la imagen de Astarté encontrada en el cerro de El Carambolo. Por la inscripción que presenta en su base se sabe que estuvo dedicada a un culto de carácter funerario.

Estatuilla de Astarté localizada en las cercanías del santuario tartésico de El Carambolo.
Museo Arqueológico de Sevilla, n.º inv. CE11136

El segundo es el altar con forma de piel de toro hallado en el interior de una de sus capillas, relacionado con la piel del Toro Celeste después de su sacrificio. Su muerte y el posterior banquete funerario explican en el mito mesopotámico el viaje de la diosa al inframundo.

El tercer elemento son los pavimentos de conchas encontrados en los espacios de acceso a varias estancias del templo. Estos suelos pueden relacionarse con las valvas mágicas que Ereshkigal ordenó colocar en el umbral del mundo de los muertos. Según el mito, estas conchas permitieron que su hermana Ishtar regresara libre de impurezas al mundo de los vivos.

En definitiva, esta interpretación muestra que en el santuario de El Carambolo se celebró periódicamente un matrimonio sagrado entre una sacerdotisa como manifestación de Astarté y un monarca. Durante esta festividad, ambos personajes lucieron las joyas que componen el tesoro. El hecho de que la mayor parte fueran destinadas a esta diosa fenicia hacen de ella la figura central en la ceremonia.

De este modo, casi 70 años después de que se calificaran a estas piezas como dignas del rey tartésico Argantonio, puede llegarse a la conclusión de que estamos ante un tesoro digno de Astarté.


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The Conversation

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– ref. ¿Podría ser una mujer la principal portadora del tesoro de El Carambolo? – https://theconversation.com/podria-ser-una-mujer-la-principal-portadora-del-tesoro-de-el-carambolo-291433