¿Qué nos cuenta la guerra entre EE. UU. y España por Cuba sobre el intervencionismo y la geopolítica actual?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco López-Muñoz, Catedrático de Farmacología y Vicerrector de Investigación y Ciencia, Universidad Camilo José Cela

Lienzo de la batalla naval de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898), obra de Ildefonso Sanz Doménech, que supuso una victoria decisiva de Estados Unidos. Benjamín Núñez González/Wikimedia Commons, CC BY

En un momento en el que la geopolítica internacional se ve de nuevo sometida a los vaivenes de una política intervencionista estadounidense y su corolario de conflictos bélicos, merece la pena recordar lo sucedido con España hace 128 años. Salvando algunas diferencias propias de contextos históricos diferentes, lo ocurrido presenta muchas similitudes con los procesos actuales.

El 25 de abril de 1898 se formalizó la declaración de guerra de Estados Unidos a España. Un acto que acabó con el prolongado proceso de crisis del sistema colonial español y dio inicio a un nuevo estatus geopolítico de alcance global.

El origen inmediato del conflicto hay que situarlo en la insurrección de 1895, que desencadenó la conocida como Guerra de la Independencia cubana. El levantamiento frente al dominio español evidenció la incapacidad de la metrópoli para sofocar la disidencia, al tiempo que se adoptaban medidas de una dureza extrema contra la población. Es el caso de la política de reconcentración del general Valeriano Weyler, precedente de los campos de concentración, que costó la vida a más de 100.000 cubanos debido al hambre y las enfermedades.

Prensa amarilla

Estas medidas generaron una creciente presión internacional, especialmente en EE.UU., donde intereses económicos y una opinión pública influida por la prensa sensacionalista o “amarilla” (yellow journalism) favorecieron la intervención bélica. El pretexto se basó en un deber humanitario y solidario con la sangre cubana derramada, “que ha herido el sentido moral del pueblo de los Estados Unidos y afrentado la civilización cristiana”. Y todo ello, olvidando la inestimable y esencial ayuda española, un siglo antes, en el proceso de independencia de las Trece Colonias del Reino Unido.

La explosión del acorazado USS Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898, no suficientemente esclarecida y considerada por algunos investigadores incluso como una operación de falsa bandera, supuso la justificación definitiva para la entrada estadounidense en guerra. Se trata, pues, de un proceso calculado de escalada de tensiones que combinó factores políticos, económicos y mediáticos en el contexto de un cambio de poder colonial en el área del Caribe y el Pacífico. Todo ello por mor de la Doctrina Monroe, con el claro objetivo final de anexionar o adquirir la isla.




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Posiblemente, si el gobierno español hubiera cumplido los compromisos contraídos al firmar la Paz de Zanjón (1878) y hubiera dotado a sus posesiones ultramarinas de una justa autonomía, como había comenzado a hacer el Reino Unido, se habría podido desactivar el movimiento emancipador y tal vez se hubiera evitado el choque armado con EE. UU.

La construcción premeditada de una declaración de guerra

Tras semanas de creciente tensión, el primer mandatario de EE. UU., William McKinley, remitió al Congreso, el 11 de abril de 1898, un mensaje solicitando autorización para intervenir en Cuba. Inicialmente evitó una declaración explícita de guerra, optando por enmarcar la acción en términos humanitarios y de protección de los intereses estadounidenses. Sin embargo, el Congreso, influido por la opinión pública y por actores políticos expansionistas, como el entonces subsecretario de Marina y futuro presidente, Theodore Roosevelt, dio un paso más allá. El 19 de abril se aprobó una resolución conjunta de las dos cámaras reconociendo la independencia de Cuba y exigiendo la retirada inmediata de las fuerzas españolas de la isla.

Este documento incluía la conocida Enmienda Teller, aprobada por el Senado el día anterior. Por medio de esta, EE. UU. se comprometía formalmente a no anexionarse Cuba tras el conflicto, en un intento de legitimar la intervención como una acción altruista y no imperialista. La presencia armada se justificaba con el fin de pacificar de la isla. El texto señalaba la “determinación de que, cuando se hayan alcanzado estos objetivos, dejará el gobierno de la Isla a su pueblo”. La resolución equivalía, en la práctica, a un ultimátum.

España, bajo la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, que encarnaba la continuidad institucional durante la minoría de edad de Alfonso XIII, respondió rompiendo relaciones diplomáticas el 21 de abril, lo que precipitó los acontecimientos.

Ese mismo día, la Armada estadounidense inició el bloqueo de Cuba. Un acto de guerra de facto que precedió a la declaración formal del 25 de abril. Jurídicamente, esta secuencia es relevante, pues el conflicto comenzó materialmente antes de ser reconocido oficialmente, lo que obligó al Congreso a introducir una cláusula retroactiva. La disposición establecía que el estado de guerra existía desde cinco días antes.

Esta retroactividad fue una decisión con implicaciones legales, que daba cobertura jurídica a las operaciones militares ya iniciadas, la captura de buques y la aplicación del derecho de guerra. Una medida que refleja la importancia de dotar de cobertura jurídica a acciones que, en la práctica, ya estaban en curso.

Los desastres de la guerra

Desde la perspectiva estratégica, la declaración formalizó una guerra breve, diplomáticamente calculada y cuidadosamente preparada. EE. UU. había acelerado su programa de modernización naval en las décadas anteriores, lo que le permitió entrar en conflicto con una clara superioridad material. Por el contrario, España, bajo el Gobierno presidido por Práxedes Mateo Sagasta, se vio empujada a un conflicto bélico para el que no estaba plenamente preparada. Culminaba de este modo un estado de guerra casi permanente durante todo el siglo XIX. España poseía unas capacidades militares especialmente obsoletas en el ámbito naval y vivía una gran presión fundamentada en el honor nacional, lo que explica la dificultad política de aceptar el ultimátum sin combatir.

Las derrotas de los almirantes Patricio Montojo y Pascual Cervera frente al comodoro George Dewey y al almirante William T. Sampson en las batallas de Cavite (1 de mayo de 1898) y de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898) sellaron el destino del conflicto en apenas ocho meses.

Ramón y Cajal, visionario

Algunos de los más agudos y acertados análisis sobre este conflicto bélico se los debemos al Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, quien estuvo destinado durante 14 meses en Cuba, entre 1874 y 1875, como capitán médico durante la primera guerra de independencia, conocida como la Guerra de los Diez Años.

El 26 de octubre de 1898 escribía en el diario madrileño El Liberal:

“Llegado el duro trance de la guerra, nuestros quijotes políticos parecen tomar como valor actual la energía bélica del pasado, sin considerar que el mundo ha cambiado en torno nuestro, que los débiles de ayer se han hecho todopoderosos… Hemos caído ante los Estados Unidos por ignorantes y por débiles. Éramos tan ignorantes, que hasta negábamos su ciencia y su fuerza”.

En su obra autobiográfica Recuerdos de mi vida (1901), Cajal reflexiona sobre los desaciertos de la política ultramarina:

“¡Tan peligroso y arduo resultaba patentizar a los ojos del pueblo… que una nación de 90 millones de habitantes, con riquezas inmensas, recursos industriales y aprestos bélicos inagotables, había de aplastar irremediablemente a un país pobrísimo, de 17 millones de almas, y anemiado, además, por cuatro asoladoras guerras civiles!”.

Y en su obra El mundo visto a los ochenta años, publicada en 1934, poco antes de su muerte, refiere como “en la guerra con los Estados Unidos no fracasó el soldado o el pueblo (que dio cuanto se le pidió), sino un gobierno imprevisor, desatento a los profundos e incoercibles anhelos de las colonias, e ignorante de las codicias solapadamente incubadas, como del incontrastable poderío militar de Yanquilandia”.

El nacimiento de una nueva potencia mundial

El 12 de agosto de 1898 el gobierno español firmó un armisticio con EE. UU., tras una breve guerra en la que apenas perdieron 300 hombres en combate frente a unos 1 000 españoles.

La firma del Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, formalizó el fin de las hostilidades y supuso la cesión de Cuba (bajo tutela), Puerto Rico, Filipinas y Guam (la mayor de las islas del archipiélago de las Marianas) a EE.UU. y el colapso definitivo del imperio español. Esto generó una absoluta crisis moral, política y social en la Península, popularmente conocida como el “Desastre del 98” y un proceso de reacción popular y político que fraguó en el movimiento regeneracionista liderado por Joaquín Costa.

Desde la perspectiva militar, la derrota puso de manifiesto la necesidad de modernización de las Fuerzas Armadas y de revisión de la doctrina estratégica española.

Sin embargo, para EE. UU. la guerra representó su consolidación como potencia emergente con proyección global, marcando el inicio de una política exterior más activa e intervencionista. Ocho años después, en 1906, cuando le otorgaron a Cajal el Premio Nobel de Medicina, le concedieron también el Premio Nobel de la Paz al entonces presidente Theodore Roosevelt.

Al tener noticia de este hecho, Cajal comentó:

“¿No es el colmo de la ironía y del buen humor convertir en campeón del pacifismo al temperamento más impetuosamente guerrero y más irreductiblemente imperialista que ha producido la raza yanqui?”.

En suma, la declaración de guerra del 25 de abril de 1898 constituye un caso paradigmático de notable interés desde la perspectiva jurídico-política y estratégica. Muestra cómo las democracias modernas formalizan el paso de la tensión a la guerra, integrando legitimidad interna, narrativa pública, cálculos diplomáticos y acción militar efectiva.

Su devenir y resolución dieron lugar a la reconfiguración del equilibrio de poder a finales del siglo XIX, que inauguró una nueva etapa en la historia militar y política internacional.

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Francisco López-Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué nos cuenta la guerra entre EE. UU. y España por Cuba sobre el intervencionismo y la geopolítica actual? – https://theconversation.com/que-nos-cuenta-la-guerra-entre-ee-uu-y-espana-por-cuba-sobre-el-intervencionismo-y-la-geopolitica-actual-282328

Ni pasar página ni romper: equilibrio en la pareja

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agata Kasprzak, Profesora de Psicología y terapeuta, Universidad Francisco de Vitoria

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Hay decisiones que no se toman en voz alta. Se toman en silencio, cuando uno repasa la discusión con su pareja una y otra vez y se pregunta si debería dejarlo pasar o marcar un antes y un después.

Tras una mentira, un comentario hiriente o una falta repetida de respeto, muchas personas se enfrentan a una disyuntiva: perdonar y seguir adelante o poner límites y arriesgar la relación de pareja.

Perdonar parece generoso. Poner límites, necesario. Pero ¿y si no fueran opciones opuestas? Quizá el verdadero problema no esté en la ofensa, sino en cómo entendemos el perdón.

Culturalmente hemos aprendido a asociar el perdón con la generosidad y los límites con la dureza. Perdonar se percibe como un gesto noble, incluso a veces hasta moralmente superior.

La culpa a la hora de poner límites

Poner límites, en cambio, suele interpretarse como frialdad, egoísmo o una amenaza para la continuidad de la relación. Muchas personas experimentan incluso culpa al hacerlo o empiezan a dudar de sí mismas: ¿estaré siendo demasiado exigente?, ¿no debería ser más comprensivo/a?, ¿significará poner límites amar con menos intensidad?

Esta manera de entenderlo alimenta una falsa dicotomía: o soy comprensivo y paso página o me protejo y arriesgo el vínculo.

Sin embargo, la investigación muestra que esta oposición es engañosa. El perdón en la pareja no consiste en “hacer como si nada” ni en tolerar cualquier conducta. Desde el punto de vista científico, implica un cambio motivacional profundo: disminuir el deseo de venganza y evitación y aumentar progresivamente la benevolencia hacia quien ha causado el daño.

Numerosos estudios indican que cuando el perdón genuino se asocia con mayor satisfacción relacional, la resolución de conflictos y la regulación emocional. Pero también señalan algo clave: el perdón que fortalece una relación no elimina los límites: se apoya en ellos.

No todo lo que llamamos “perdón” repara una relación. Desde una perspectiva psicológica, es posible distinguir entre un perdón genuino y lo que podríamos llamar pseudoperdón: cuando alguien dice haber perdonado, pero en realidad ha restado importancia a la herida o ha reprimido su propio dolor. Un perdón entendido así no sana el vínculo. Lo debilita. Lo deforma.

Cuando analizamos cómo funciona el perdón tras una ofensa concreta, una mentira, una traición o una falta repetida de consideración, entre otros muchos motivos, comprobamos que la gravedad percibida del daño influye directamente en el malestar posterior. Cuanto más grave se percibe la ofensa, mayor tienden a ser la rumiación, la evitación y el resentimiento.

Sin embargo, en una investigación reciente que hemos llevado a cabo con casi 600 personas en relaciones de pareja encontramos algo decisivo: la capacidad de mantener un equilibrio entre conexión emocional y autonomía, lo que en psicología llamamos diferenciación del self , modifica radicalmente este proceso. En personas con baja diferenciación, cuanto más grave era la ofensa, mayor era el malestar emocional y la tendencia a la evitación. En cambio, en quienes mostraban alta diferenciación, esa relación prácticamente desaparecía: podían reconocer el daño sin quedar atrapadas en él.

El perdón no es resignación

Perdonar no significa que todo siga igual. Significa que el daño no decide quién soy ni quién quiero ser. El perdón que repara no consiste en eliminar límites, sino en integrarlos. Implica reconocer la injusticia, expresar el impacto, pedir cambios si son necesarios y, desde ahí, decidir si se quiere perdonar. Sin límites claros, el perdón puede convertirse en resignación. Con límites saludables, puede convertirse en una oportunidad real de reparación.

El perdón no es una decisión impulsiva ni un acto de debilidad. Tampoco es un cheque en blanco. Para que realmente repare una relación de pareja necesita un reconocimiento claro del daño, la asunción de responsabilidad por parte de quien ha ofendido y cambios consistentes que devuelvan seguridad al vínculo.

Cuando estas condiciones no están presentes, perdonar puede convertirse en autoengaño o resignación. Pero cuando existen, el perdón deja de ser una amenaza para los límites y se transforma en un ejercicio de madurez emocional.

No se trata de elegir entre perdonar o poner límites. Se trata de comprender que el perdón genuino es, en sí mismo, una forma de límite: delimita lo que fue injusto, marca lo que no puede repetirse y abre la posibilidad de reconstruir sin borrar lo ocurrido.

Quizá el verdadero dilema no sea perdonar o poner límites, sino si estamos dispuestos a hacer ambas cosas al mismo tiempo.

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Agata Kasprzak no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Cuánto pesan las nubes? El gran problema energético de normalizar el uso de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

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Durante años hemos hablado de “la nube” como si los datos flotaran en un espacio limpio, abstracto y casi sin coste. La expansión de la inteligencia artificial ha empezado a romper esa ilusión. Porque lo digital no es inmaterial: detrás de cada consulta, cada archivo y cada automatización hay una infraestructura física que exige energía, refrigeración, materiales y territorio. Y, cuanto más ligera parece una tecnología en la pantalla, más fácil resulta olvidar el peso real que desplaza fuera de nuestra vista.

Ese es uno de los grandes malentendidos de la era digital. Hemos aprendido a asociar lo visible con lo material y lo invisible con lo limpio. Una fábrica, una carretera o una central eléctrica nos parecen inmediatamente “pesadas”. Un algoritmo, una plataforma o un asistente de inteligencia artificial, no. Pero esa diferencia es engañosa: la tecnología digital no ha dejado atrás la materia, sino que simplemente la ha redistribuido y la ha hecho menos perceptible.

La desaparición de la máquina es una ilusión

La promesa cultural de lo digital siempre ha sido la ligereza. Menos papel, menos objetos, menos desplazamientos, menos fricción. En parte, esa promesa tiene algo de verdad, ya que muchos procesos se han vuelto más rápidos y algunos recursos se usan de forma más eficiente. Pero eso no significa que la tecnología se haya desmaterializado.

En realidad, la máquina solo ha salido del campo visual del usuario. Cada correo almacenado, cada vídeo reproducido, cada foto “guardada en la nube”, cada documento resumido por una IA depende de una cadena física: centros de datos, servidores, equipos de red, sistemas de respaldo, refrigeración, cableado y dispositivos.

El soporte no ha desaparecido; se ha alejado. Y esa distancia importa, porque, cuando no vemos una infraestructura, tendemos a pensar menos en sus límites, en sus costes y en quién los asume.

La IA no crea el problema, pero lo amplifica

La inteligencia artificial no ha inventado la materialidad de lo digital, lo que ha hecho es intensificarla y volverla más difícil de ignorar. El debate se ha centrado en el entrenamiento de grandes modelos y en su elevado coste computacional. Sin embargo, el verdadero cambio no se juega únicamente ahí, sino en el momento en que la IA deja de ser excepcional y pasa a integrarse en el uso cotidiano.

Durante años, internet pudo seguir presentándose como una capa relativamente abstracta de servicios. La IA ha cambiado eso porque ha devuelto al centro la cuestión del cálculo. De repente, el debate público habla de chips, centros de datos, consumo energético y necesidades de refrigeración. De hecho, la escala ya es visible. Según la Comisión Europea, los centros de datos consumen en torno a 415 teravatios-hora (TWh) al año y podrían alcanzar 945 TWh en 2030. El Departamento de Energía de Estados Unidos, además, estima que su consumo pasó de 58 TWh en 2014 a 176 TWh en 2023. No porque esos elementos sean nuevos, sino porque el salto de escala empieza a hacerse visible.

Pero esa materialidad no solo se mide en energía: también se experimenta en el territorio. Hay un aspecto del que se habla poco: la proximidad. A diferencia de otras infraestructuras industriales, los centros de datos no se sitúan a decenas de kilómetros de donde vivimos. Necesitan estar cerca de los núcleos urbanos por razones de conectividad e infraestructura. Mientras que una mina o una central pueden estar lejos, el centro de datos que sostiene esa “nube” puede ubicarse, literalmente, al lado.

Esa cercanía tiene consecuencias. Implica sistemas de refrigeración que funcionan de forma continua, ruido persistente y una presencia física que transforma el entorno inmediato. Cada vez más, las comunidades cercanas perciben un cambio en su calidad de vida cuando uno de estos centros se instala en los alrededores.

Por ejemplo, en el condado de Fairfax (Virginia, Estados Unidos), la contestación vecinal llevó a reformar la normativa urbanística para responder a preocupaciones sobre ruido, diseño y proximidad a zonas residenciales. En el condado de Loudoun, otro gran enclave de centros de datos situado en Virginia, las propias autoridades locales reconocen que el ruido figura entre las principales quejas ciudadanas. Y en Le Bourget, en el entorno de París, la oposición a nuevos proyectos se ha articulado también en torno al ruido, el calor y la cercanía a áreas habitadas y escolares.

Consumo anual de electricidad de los centros de datos en equivalentes de consumo eléctrico doméstico y concentración espacial de las distintas instalaciones en relación con su proximidad a las zonas urbanas.
IEA, CC BY-SA

El problema, por tanto, no es solo el coste de entrenar un modelo, sino lo que ocurre cuando ese modelo se integra de forma transversal en buscadores, herramientas de productividad, atención al cliente o plataformas educativas. En ese momento, la IA deja de ser una novedad y pasa a normalizarse y convertirse en una capa estructural del sistema.

Lo pequeño, cuando se escala, no lo es tanto

Una sola consulta –un resumen, una traducción, una imagen, una corrección de estilo– parece irrelevante. Nada de eso, visto de forma aislada, parece especialmente grave. Pero la infraestructura digital no se diseña para responder una vez, sino para responder millones de veces, sin interrupción y con tiempos de respuesta competitivos.

Ahí cambia todo. Antes buscábamos información; ahora esperamos respuestas generadas. Antes redactábamos desde cero; ahora pedimos borradores. Antes editábamos una imagen; ahora la producimos desde una instrucción. Cada gesto parece pequeño. La suma no lo es.

En el libro El Principito, el problema del planeta no eran las grandes catástrofes repentinas, sino los baobabs. Sus semillas casi invisibles que parecían inofensivas al principio y que, si nadie las arrancaba a tiempo, acababan ocupándolo todo. La imagen sigue siendo útil. Muchas transformaciones tecnológicas no se vuelven problemáticas cuando irrumpen, sino cuando se vuelven costumbre. Cuando entran en la rutina sin que nadie se pregunte demasiado qué exigen del mundo para funcionar.

Pensar también calienta

Hay, además, un aspecto poco intuitivo que suele quedar fuera del debate público: además de consumir energía para procesar información, los sistemas digitales también necesitan recursos para disipar el calor que generan.

Extracción y consumo de agua en centros de datos en el Escenario Base, 2023 y 2030.
IEA, CC BY-SA

Esto se vuelve especialmente relevante con la inteligencia artificial. A medida que crece la intensidad de cálculo, aumenta la densidad de potencia y el problema térmico gana protagonismo. En los centros de datos, no basta con alimentar los equipos: hay que mantenerlos dentro de condiciones térmicas estables. Cuanto más cálculo, más exigencia de refrigeración. Un estudio publicado en Nature señala que las tecnologías de refrigeración convencionales pueden llegar a representar hasta el 40 % de la demanda energética total de un centro de datos.

Ese detalle obliga a mirar la tecnología de otra manera. Aparte de electricidad, la IA requiere una infraestructura térmica más intensa y, en algunos contextos, mayor presión sobre el agua o sobre sistemas de enfriamiento más complejos.

Dicho de otro modo: cuando pedimos más “inteligencia” a una máquina, también estamos pidiendo más capacidad para sostener físicamente esa inteligencia.

La verdadera alfabetización digital

El problema de fondo no es solo energético. Es cultural. Durante años, hemos entendido la alfabetización digital como la capacidad de usar herramientas: buscar, compartir, automatizar, aprovechar plataformas. Pero esa definición ya no basta. Hoy necesitamos otra forma de alfabetización, que nos enseñe a ver la infraestructura detrás de la interfaz.

No solo qué hace una tecnología, sino qué necesita para existir. No solo qué automatiza, sino qué recursos moviliza. No solo qué ahorra, sino qué desplaza.

Eso no implica demonizar la innovación ni defender una nostalgia analógica. La cuestión no es renunciar a la inteligencia artificial o a la digitalización; la cuestión es dejar de tratarlas como si fueran ligeras por naturaleza.

Quizá, el gran truco cultural de la era digital ha sido hacernos creer que, como no vemos el peso de la tecnología, ese peso ha desaparecido. Pero no ha desaparecido, solo se ha movido.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

Carolina González Cambero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuánto pesan las nubes? El gran problema energético de normalizar el uso de IA – https://theconversation.com/cuanto-pesan-las-nubes-el-gran-problema-energetico-de-normalizar-el-uso-de-ia-280835

¿Quién da información en las crisis sanitarias? El hantavirus reabre el debate sobre las fuentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariola Moreno, Investigadora en el ICS, Universidad de Navarra

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Estos últimos días, muchos hemos experimentado una inevitable vuelta al pasado, concretamente al 31 de enero de 2020, cuando se confirmó el primer caso de covid-19 en España en La Gomera.

Más de seis años después, Canarias ha vuelto a estar en el foco mediático, esta vez por los casos de hantavirus detectados en un crucero internacional cuyos pasajeros fueron evacuados en el puerto de Granadilla (Tenerife).

Sí, se trata de situaciones diferentes, pero tienen algo en común: la rapidez informativa. Ante una crisis sanitaria, la urgencia acaba marcando la forma de comunicar. Esta celeridad en momentos críticos hace que se tienda a explicar menos de lo que la ciudadanía necesita entender, que el foco se vaya por otros derroteros y la crisis sanitaria derive a una crisis política.

Ocurrió con el coronavirus y lo estamos viendo con el hantavirus. ¿Entonces, se están repitiendo las dinámicas informativas que vimos entonces?

El relato de los hechos sin fuentes gubernamentales

El caso saltó a la agenda pública tras detectarse un brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius, notificando casos de personas fallecidas e infectadas. Esta situación obligó a activar protocolos internacionales de control sanitario y que los organismos competentes hablasen de qué plan ejecutar para evacuar a los pasajeros.

Ante este contexto, los medios españoles inicialmente relataban hechos factuales sobre la situación en el barco sin usar la fuente gubernamental en la descripción de los hechos concernientes al virus y las implicaciones de este.

Pero el foco mediático cambió el 4 de mayo, cuando Cabo Verde y Marruecos no permitieron el atraque del crucero. Desde entonces, la crisis dejó de ser solo una cuestión sanitaria y paso a un primer plano en el debate político.
Las diferencias entre el Gobierno central y el Gobierno de Canarias, las negociaciones con la Organización Mundial de la Salud y las declaraciones institucionales comenzaron a ocupar gran parte de la cobertura mediática, algo similar a lo que ocurrió durante la pandemia.

Cuando una crisis avanza con rapidez, el debate político suele ganar espacio frente a las explicaciones científicas y los ciudadanos pueden encontrar dificultades para obtener información valiosa sobre cuestiones claves. De hecho, una investigación mostró que las fuentes más utilizadas por las agencias de prensa en España en la pandemia fueron líderes políticos nacionales y autonómicos, tanto de los gobiernos como de los partidos de la oposición, circunstancia que se está reproduciendo de igual manera en la crisis del hantavirus.

Las declaraciones institucionales, las diferencias entre administraciones y la gestión del crucero han tenido más protagonismo que las explicaciones sobre el propio virus, y eso tiene consecuencias. Cuando la información se centra sobre todo en el conflicto político, muchas personas pueden sentirse más confundidas o inseguras.

Las fuentes en las crisis sanitarias

La pandemia dejó una lección importante: en una crisis sanitaria, no todas las voces ayudan igual a la ciudadanía. Y también dejó como precedente una auténtica “infodemia”, es decir, una sobreabundancia de información que, lejos de aclarar, muchas veces generó más temor y confusión.

Los políticos son necesarios para informar sobre decisiones, medidas o protocolos. Pero quienes realmente pueden explicar una enfermedad son los médicos, científicos y expertos en salud pública. Ellos están capacitados para responder a las preguntas que más preocupan a la gente: cómo se transmite un virus, qué riesgos existen o qué medidas deben tomarse.

Por un lado, se trata de ofrecer información verificada para reducir la incertidumbre propia de las crisis; y, por otro, de contrarrestar la desinformación que tiende a aparecer en estos contextos excepcionales. Así se evita, a su vez, que la cobertura mediática se encuadre en los intereses políticos y electorales, cada vez más presentes en el contexto de campaña permanente.

Los líderes viven sometidos al escrutinio constante de una ciudadanía que demanda información, transparencia y rendición de cuentas. Sin embargo, cuando una crisis avanza muy rápido, las voces políticas suelen ocupar más espacio en los medios. Comparecen constantemente, generan titulares y marcan el ritmo de la actualidad, en ocasiones generando una sobreabundancia informativa que no ayuda a entender mejor el virus (solo entre el 12 de marzo y el 31 de mayo de 2020, el Gobierno de España llevó a cabo 166 comparecencias).

Y mientras tanto, las explicaciones científicas quedan muchas veces en segundo plano.

Idénticas dinámicas

Con el hantavirus ha vuelto a verse esa misma dinámica. Se ha hablado mucho del conflicto político alrededor del crucero, del choque de competencias y responsabilidades políticas, pero bastante menos sobre el propio virus y sus riesgos reales, cuya confusión se percibe en la opinión pública.

En el análisis de los teletipos de Europa Press de la primera semana de mayo vemos la conexión discursiva entre “Gobierno” y “Canarias” (siendo además las dos palabras más frecuentes en el total de datos recogidos), así como la recurrencia a fuentes institucionales para elaborar sus informaciones, mientras que científicos y expertos en la materia no aparecen entre los más recurrentes.

Por eso, una de las grandes lecciones pendientes sigue siendo dar mayor espacio mediático a las fuentes expertas y rigurosas. Porque, en una crisis sanitaria, la ciudadanía no solo necesita información rápida, necesita entender qué está ocurriendo y cómo proteger su salud. Y ahí los medios deben cumplir, una vez más, su función social.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Quién da información en las crisis sanitarias? El hantavirus reabre el debate sobre las fuentes – https://theconversation.com/quien-da-informacion-en-las-crisis-sanitarias-el-hantavirus-reabre-el-debate-sobre-las-fuentes-282435

El clima laboral, clave para evitar el ‘mobbing’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María Sacristán Rodríguez, Profesor del Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Europea Miguel de Cervantes

El clima laboral es determinante para la salud mental de los trabajadores. Vitaly Gariev / Unsplash., CC BY

Un problema de las organizaciones en la actualidad es que suelen estar encabezadas por personas que dirigen, ordenan, persuaden… pero no lideran. Así, en muchas de ellas, el problema no es la falta de talento, sino la incapacidad para retenerlo. Reclutar personal constantemente no siempre es señal de crecimiento sino, muchas veces, de déficits internos tales como liderazgo débil, falta de desarrollo o ambientes laborales poco saludables en los que puede aparecer un clima negativo, o incluso tóxico.

Invertir en las personas, escucharlas y crear condiciones donde quieran quedarse, no solo reduce costes: fortalece la cultura organizacional de la empresa, mejora sus resultados a largo plazo, fomenta un clima laboral positivo y, a su vez, evita posibles cuadros de estrés.

El clima laboral importa

Cada empresa tiene su propio clima laboral, que puede ser percibido como un entorno de confianza, crecimiento y progreso, o como un escenario de inseguridad, malestar o terror. Es importante señalar que no se puede hablar de un único “clima”, sino de la existencia de subclimas que coexisten simultáneamente. Así una unidad dentro de una misma organización puede tener un clima excelente, mientras que en otra unidad puede ser muy deficiente.

Este aspecto podría diferenciar las empresas de éxito de las que no lo son: mientras un clima agradable se orienta hacia los objetivos empresariales, su opuesto destruye el ambiente de trabajo, ocasionando situaciones de conflicto, bajo rendimiento, desgana, indiferencia o absentismo laboral, a la vez que hace crecer los niveles de estrés de los empleados.

El termómetro del estrés

Existen dos tipos de estrés en el ser humano: el eustrés y su antagonista, el distrés. El primero es la vivencia positiva del estrés: es aquel que mantiene activo el cerebro para realizar las actividades diarias a tiempo. Al contrario, el distrés hace referencia a su vivencia negativa, lo que todos vulgarmente mal llamamos estrés. Surge cuando la persona se enfrenta a cargas y situaciones que superan su capacidad de respuesta.

Cabe reseñar que el distrés es un mecanismo de defensa que posee nuestro organismo humano, una señal, una advertencia inequívoca ante una amenaza. Así un clima laboral positivo establece buenos canales comunicativos entre los superiores y los subordinados, un elevado grado de colaboración y cooperación entre sus miembros, un liderazgo sólido y eficaz. Promueve la carrera profesional de los empleados, les genera además un elevado grado de satisfacción y establece unas condiciones físicas saludables para el desempeño del trabajo.

Caldo de cultivo para el mobbing

Sin embargo, cuando el clima laboral es negativo, puede favorecer casos de acoso laboral o mobbing, definido como “hostigamiento al que, de forma sistemática, se ve sometida una persona en el ámbito laboral, y que suele provocarle serios trastornos psicológicos”. Según los últimos datos de la organización Internacional del Trabajo, el 22 % de la población padece esta forma de maltratato psicológico.

La violencia en el ámbito laboral preocupa cada vez más, ya que afecta a la calidad de vida de las personas, repercute sobre su dignidad y tiene consecuencias no solo a quien lo sufre, sino a todo su entorno personal y laboral.

Por todo ello, el trabajo organizado de forma eficiente, óptima, correcta y garantizando la satisfacción, la integridad y la dignidad de los empleados constituyen en sí mismo un medio para evaluar la salud del trabajador, entendida desde un punto de vista holístico.

En nuestra sociedad, el centro de trabajo constituye un lugar destacado e importante en nuestras vidas, debido a que en el pasamos unas ocho horas diarias o más. Por ello, todos debemos de cuidar el clima laboral en el que estamos inmersos. En especial, las personas al mando son responsables de marcar esas líneas maestras dentro de los planes estratégicos empresariales, en su cultura de misión, visión y valores. Estos deben estar presentes en cualquier organización que se precie como tal.

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José María Sacristán Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El clima laboral, clave para evitar el ‘mobbing’ – https://theconversation.com/el-clima-laboral-clave-para-evitar-el-mobbing-279472

¿Por qué nos hace gracia un rótulo? Pantomima Full y el arte del paratexto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Soto Zaragoza, Profesor de Literatura Española, Universidad de Almería

Captura del _sketch_ de Pantomima Full sobre los periodistas. Pantomima Full/YouTube

Subieron el primer vídeo a su canal de YouTube hace casi diez años y, desde entonces, el dúo Pantomima Full se ha granjeado un éxito más que considerable. Lo integran los cómicos Rober Bodegas y Alberto Casado, quienes, aunque recientemente han desarrollado espectáculos en directo o la serie Entrepreneurs (2025), se hicieron muy populares por sus sketches humorísticos.

Aseguran en su propia web que en esos breves vídeos retratan “perfiles, costumbres y modas de la sociedad actual y de la gente que habita las ciudades y te viene a dar la chapa con mierdas a las que se han enganchado”. Bodegas y Casado se autodefinen bien y con gracia, pero la realidad es más profunda.

Suelen construir personajes muy definidos por una combinación de vestuario, gestos, muletillas y forma de hablar, de modo que cada vídeo funciona casi como una miniatura social, lo que en literatura llamamos “cuadro de costumbres”. Y ellos lo hacen con un humor tan satírico como certero.

Reírse del vecino (y también de uno mismo)

Una de las razones del éxito de estos sketches está en las dianas a las que apuntan. En sus cuadros de costumbres introducen tipos urbanos reconocidos por todos: el opositor, el que juega al pádel, el crossfitero, el tiktoker, el ofendidito, el divorciado, etc. Y consiguen que nos riamos de ellos, aunque también nos identifiquemos dolorosamente con los personajes que representan.

Ese blanco al que apuntan es casi siempre un estereotipo; es decir, un personaje predecible, marcado por una serie de rasgos repetidos y conocidos. Como el opositor que vive encerrado, el aficionado al pádel que se hace el entendido o el divorciado que trata de vivir una nueva juventud.

Una vez elegido el estereotipo, los Pantomima exageran esos rasgos que lo identifican, por lo que a menudo queda al descubierto una actitud impostada, que es la que genera risa. Así, para retratar a un outsider medio bohemio y cultureta, le hacen decir que no tiene televisión ni redes sociales, que no sabe a qué se dedica Rosalía ni quién es Messi, o que prefiere ir a la filmoteca antes que ver las películas actuales.

Vídeo “Outsider”. YouTube (30/11/2018)

Sin embargo, su humor no debe solo verse y escucharse en estos personajes estereotipados; también debe leerse. La parte más original de su propuesta, y la otra razón de su éxito humorístico, son los comentarios que acompañan a las imágenes.

Un recurso paratextual

El teórico francés Gérard Genette planteó en Palimpsestos (1982) y Umbrales (1987) el concepto de la “paratextualidad”. Como parte de una teoría mayor sobre las relaciones entre los textos, Genette concibió el paratexto para designar todo aquello que forma parte de un texto y lo “rodea”, pero que no es el texto en sí. Es decir, elementos como el título de un libro, un prólogo, las notas al pie, las ilustraciones, la portada, etc.

Genette no contempló el uso del paratexto como un recurso humorístico. Y es muy probable que la mayoría de quienes ven los sketches de Pantomima Full no sepan que existe ni a qué se refiere. Pero es también indiscutible que el dúo cómico ha hecho de este recurso una firma, y que la gente se ríe con él.

En sus vídeos hay dos niveles textuales básicos: lo que los personajes dicen y lo que, de tanto en tanto, aparece escrito en un letrero de unas pocas palabras. Esos rótulos no siguen el discurso del personaje, sino que lo comentan. Y la información que añaden es siempre sarcástica.

Por ejemplo, cuando parodian al estereotipo del “hombre performativo”, el personaje dice en tono serio y reflexivo “me he dado cuenta de que solo había leído a hombres y estoy intentando cambiarlo”. Inmediatamente después se le puede ver leyendo a Gloria Fuertes, junto con un texto sobreimpresionado en la pantalla que da a entender que todo es una pose para ligar.

Fotograma del vídeo en el que un hombre lee un libro de Gloria Fuertes mientras sobre la imagen se dice 'se deconstruye si es lo que te pone'.
Fotograma del vídeo ‘Hombre performativo’ de Pantomima Full.
YouTube

Además, con frecuencia esos letreros hacen humor por duplicado. Primero, comentando con malicia la actitud del personaje. Y segundo, incorporando algún juego de palabras. Es más sencillo comprenderlos que explicarlos, y más teniendo en cuenta que diseccionar un chiste le hace a menudo perder la gracia.

Pero valga como rápido ejemplo el vídeo “Famoso con novela”. En él, un escritor sin aparente calidad literaria “da la turra” con la manida metáfora de que cada libro es una puerta que lleva a un sitio diferente. El rótulo posterior desacredita a este escritor, y no puede tener más mordiente: “artura pereza verte”, en clara reminiscencia sonora y escrita del nombre de Arturo Pérez-Reverte, conocido “aleccionador”.

Estos ejemplos y otros cientos que podrían haberse puesto revelan que, en efecto, los Pantomima Full hacen humor a través del paratexto de sus sketches. No se trata solo de lo que el personaje dice o hace, sino también de lo que aparece escrito y lo comenta desde fuera: un letrero breve que remata, corrige o desmiente la escena y obliga a leerla con otra capa de sentido.

En su _sketch_ sobre cocineros, el protagonista dice '¿Sabes cuál es el plato que más me emociona? Las lentejas de mi abuela'. Después sale el texto que añade 'PUES HAZLAS'.
En su sketch sobre cocineros, el protagonista dice ‘¿Sabes cuál es el plato que más me emociona? Las lentejas de mi abuela’.
Pantomima Full/YouTube

Ahí está la gracia: la imagen y el texto no coinciden del todo, y de esa disonancia nace buena parte del efecto cómico.

Una teoría literaria para todos

Analizar los usos humorísticos del paratexto en Pantomima Full no sirve solo para comprender mejor sus sketches; también permite una reflexión más general. Este caso ejemplifica muy bien cómo la Teoría de la Literatura no es una disciplina extraña encerrada en las universidades y destinada solo a sesudas y complicadas reflexiones literarias. Es también un instrumento útil para comprender los productos culturales con los que convivimos a diario.


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Javier Soto Zaragoza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué nos hace gracia un rótulo? Pantomima Full y el arte del paratexto – https://theconversation.com/por-que-nos-hace-gracia-un-rotulo-pantomima-full-y-el-arte-del-paratexto-282112

Ricardo Piñero, filósofo: “Somos yonquis de lo extraordinario”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

El filósofo Ricardo Piñero y el cráneo de René Descartes que se exhibe en el Museo del Hombre en París (Musée de l’Homme), Manuel Castell, CC BY

“A veces pongo en clase de Antropología, a los alumnos de ciencias, la fotografía del cráneo de Descartes”. Así comienza Ricardo Piñero (Pamplona, 1961) a pensar en voz alta sobre una pregunta que de antemano sabemos no va a tener respuesta: ¿qué es un ser humano?

Piñero es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra, y una rara avis en múltiples dimensiones; por ejemplo, es un filósofo optimista en tiempos apocalípticos. Parece pertenecer a una tradición intelectual en vías de extinción: la del humanista que cree que la belleza, la conversación y la duda pueden ordenar la experiencia humana sin cinismo. Caballero de inevitable pajarita de lazo y habitante de un pequeño pueblo de Navarra con 50 vecinos y un bosque, donde, dice, “he vuelto a recordar lo que es el ser humano, se me había olvidado”.

El filósofo participará el 17 de julio en el curso La aventura de divulgar ciencia en español, organizado por The Conversation en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), junto a la Universidad de Navarra y las fundaciones Lilly y Areces, bajo el lema Lo humano, primero. Pero antes de emprender viaje a la aventura, conviene saber de qué hablamos cuando hablamos de humanos.

¿Por qué enseña el cráneo de Descartes a sus alumnos?

Mi interés es mostrar a los de ciencias que ese cráneo no es especialmente extraordinario. Visto así, Descartes era un tío normal. A partir de ahí podemos estar de acuerdo en que el ser humano es algo más que su cerebro.

Un tío normal, Descartes. ¿Podría estar de acuerdo también en que lo normal es lo raro?

Esta frase es muy auténtica. A veces somos yonquis de lo extraordinario, pensando que lo atractivo son los rayos y las centellas. Pero si te das cuenta, cada día pasan cosas extremadamente relevantes y muy atractivas en lo cotidiano. La normalidad es realmente lo extraordinario, porque tiene una fecundidad cotidiana que te sobrepasa.

En estos días de tormentas, yo voy fotografiando charcos, me parece alucinante la diversidad biológica e iconográfica que tienen. Los charcos son una metáfora de mi vida, de la vida de las personas.

No sé si me gusta que elija un charco como metáfora de mi vida…

Lo elijo porque la vida, como un charco, es algo que tú no manejas, no es muy controlable. Además, son algo que despreciamos y, sin embargo, reflejan cosas chulísimas: los edificios, los árboles, las hojas… sin olvidar la abundante vida que se genera. Sobre nosotros mismos, tendemos a juzgarnos con mucha severidad por las cosas que no hemos logrado. Sin embargo, en perspectiva, tu vida es mucho más interesante que eso, mucho más fecunda.

Los biólogos han logrado consensuar (más o menos) una definición de lo que es vida. ¿Qué hay de los filósofos? ¿Tienen ustedes una definición sobre lo que es un ser humano?

Llevamos esta pregunta a rastras desde que se fundó la filosofía.

La primera preocupación no fue el ser humano, sino el mundo. Y esa primera filosofía era más abierta que la que luego se hizo. Pero inmediatamente después, a propósito del saber sobre el mundo, comenzó un saber sobre el ser humano. Entonces, las formulaciones empezaron a tener calado con Platón, que lo definía como “un alma caída en un cuerpo”. Luego, Aristóteles tira por tierra a su maestro, nos despoja del alma y dice: “El ser humano es un animal más”. Esto que dice Aristóteles nos sitúa muy bien en el hecho de reconocer nuestra animalidad.

Animales… pero racionales, ¿no?

Sí, pero no solo racionales, somos otras muchas cosas. Como prueba práctica, si examinamos lo que hemos hecho al cabo del día, el 90 % de las decisiones tomadas no son racionales, ni siquiera comportamientos mínimamente razonables.

¿Qué puede haber más que la razón para diferenciarnos de la IA?

Hay otras dimensiones humanas más constitutivas que la mera racionalidad. En primer lugar, me interesa mucho destacar que somos cuerpo, y conocer cómo funciona, pero también me interesa mucho que veamos en nosotros algo que no es bioquímica. Me interesa la capacidad simbólica y la libertad, dimensiones que son tremendamente constitutivas y que se nos escapan entre las manos cuando hablamos de mera racionalidad o mera biología. No es posible, por ejemplo, explicar la libertad desde el punto de vista biológico, ni siquiera desde el punto de vista racional, ni desde la filosofía. Somos mucho, muchísimo más que razón.

¿Qué significa exactamente ese “más”? ¿Es compatible con una visión materialista del ser humano? ¿Está defendiendo una noción espiritual? ¿Cómo dialoga eso con las neurociencias contemporáneas?

Cuando surgió la neuroestética, como posibilidad de ver en el cerebro qué es la belleza, parecía una panacea. Por fin íbamos a saber qué es lo bello. Pero precisamente nos ha enseñado que tú no controlas nada, sino que milisegundos antes de que tomes decisiones más o menos conscientes, en tu cuerpo y en tu alma ya están pasando cosas. Lo mismo ocurrió cuando desciframos el código genético humano. En los años 90 aparecía en los titulares de las revistas científicas con la promesa de haber desentrañado el código de la humanidad. Para mí, esa fotografía de nuestro ADN me parece un cuadro de Mondrian. Vemos el genoma perfectamente dibujado, con sus colorines, pero el ser humano no es solo eso, es mucho más. Con las herramientas que tenemos, cada vez más finas, vamos abriendo más puertas. Y a mí me parece una cosa muy interesante considerar que el ser humano es un ser abierto. Igual que me parece muy interesante que no cerremos los discursos bajo ninguna “línea roja”.

Lo sagrado. Usted señala que Cuadrado negro sobre fondo blanco, de Malévich, es lo mejor que ha hecho el ser humano. ¿Ve lo sagrado dentro de la abstracción en arte?

El Cuadrado negro es una pintura icónica del pintor ucraniano Kazimir Malévich. Hizo al menos cinco versiones. La que se cree última está en el Museo del Hermitage, en San Petersburgo. La de está imagen se encuentra en la Galería Tretiakov, en Moscú.
Wikimedia commons, CC BY

Sí, ese cuadro es para mí de lo mejor que ha hecho el ser humano. Hay un gran parecido de esta obra con uno de esos mapamundis del siglo XVI, en los que ponía: “A partir de este límite hay dragones” (hic sunt dracones). Este cuadro es la vida, la muerte, la luz, la oscuridad, pero también más cosas: es un icono, y un icono no es solo algo que te enseña algo sagrado, es en sí algo sagrado. Yo, que soy un señor medievalista dedicado a bestiarios del siglo XI, puedo decir que fui abducido por Cuadrado negro sobre fondo blanco en el Hermitage como si cayera en un agujero negro.

Malévich quiere recuperar en lo profano un escenario sagrado. Y a mí eso me parece impresionante porque lo hace de una manera simple. Hasta aquí lo profano y aquí lo sagrado.

Yo vivo en ese gozne, en esa intersección, entre lo sagrado y lo profano.

La IA no duda nunca

La incertidumbre es una gran amiga de la filosofía. Nos vacuna constantemente contra la soberbia intelectual. Cuando uno piensa en dudas a lo mejor llega a su cabeza Descartes, ya que hemos comenzado con su cráneo. Pero claro, Descartes duda para dejar de dudar; sin embargo, los escépticos dudan para seguir dudando.

Hay una cita muy filosófica, aunque poco académica, en la canción “El cromosoma” de Javier Krahe: “Es preferible vivir con una duda que con un mal axioma”.

Pero, ¿cuál es el propósito de la duda, para qué nos sirve?

La duda sirve para intentar arañar alguna evidencia. Y digo arañar, no ya siquiera acariciar, que sería fantástico.

A mí no me importa vivir patinando, por dos razones: una, porque de salida creo que efectivamente eso del conocimiento de la verdad es posible.

¿En serio? Tengo que pararle aquí: ¿esto no es nostalgia metafísica? ¿Es posible encontrar la verdad?

Sí, lo que no hay es prisa. No hay un plazo para establecer: “esto a lo que hemos llegado es la verdad”. Pero yo creo que los humanos sí tenemos capacidad para descubrir la verdad.

¿Necesitamos a otros para entender quiénes somos?

Ser corregidos por otros es una clave antropológica de primera necesidad. A veces uno piensa que lo primordial para el ser humano es la nutrición y la reproducción, pero ser corregido por otro está al mismo nivel de necesidad básica.

Yo hago una tríada muy sencilla: somos por otros, somos con otros y somos para otros. Aprendes a ser persona con otros. Y no terminas de ser quien eres si no eres para otros. En la soledad, no eres nadie.

¿Ahí entra la generosidad como un rasgo inequívoco de nuestra especie?

Claro. No vivimos en la cresta de una ola que nos lleva a la hecatombe, no, no. Tenemos una gran capacidad de disfrutar de aquello que conocemos, de aplicarlo, compartirlo, y eso es también desde el punto de vista antropológico, una suerte. Los humanos tenemos algo que, entre comillas, va contra nuestra propia seguridad, que es compartir, la generosidad, la magnanimidad. Y eso nos hace una especie muy valiosa y exitosa.

Es incorregiblemente optimista

Sí. Creo en la potencialidad del ser humano y eso me convierte un poco en optimista. Somos seres muy, muy jugosos.

¿Qué amenaza hoy esa idea magnánima de lo humano?

Una de las cosas que están destruyendo al ser humano es pensar que no tiene límite. Algo que nos perfila de verdad es la conciencia de que somos finitos, limitados, muy limitaditos. No sé si lo humano debe estar lo primero, como propone The Conversation en el curso de la UIMP, pero sí en el centro. A nadie le parece extraño hoy querer recuperar el valor de la naturaleza. Uno se plantea el valor de algo cuando nota riesgo de debilidades o de enfermedades o de carencias severas. Y efectivamente, yo creo que el ser humano tiene que estar en el centro porque, en el momento actual, determinadas cosas que son estructurales están siendo aniquiladas. Debemos recuperar de alguna manera el valor que tiene lo humano.

Hasta aquí, parecemos una especie adorable. Sin embargo: brutalidad, asesinato, conspiraciones, guerra, celos… La lista negra no tiene fin.

Cuando uno entiende antropológicamente la relevancia que tiene el ser humano, se da cuenta de que somos muchas cosas en uno. Incluso aquello que te hace ser peor, eres tú. Y casi todo depende de la medida. La racionalidad en su medida es algo excelentemente valioso; fuera de su medida puede ser patológico. Nuestra capacidad sensorial y nuestra capacidad de tener sentimientos han hecho de nosotros lo que somos. Sin embargo, si tú te pones en modo meramente emotivista, tu vida se convierte en un desastre. Es decir, todo aquello que nos constituye tiene una medida, y el problema es perderla.

¿Los humanos mentimos más que ChatGPT?

La mentira es un temazo, siempre lo fue. La mentira es algo que alguien sabe que es falso y lo quiere colar como verdadero. Es querer dar gato por liebre intencionalmente.

A día de hoy vivimos un mal que vio venir perfectamente Nietzsche, y es confundir los hechos con las interpretaciones. Los humanos no siempre somos buscadores de la verdad, ni vírgenes vestales ni ángeles alados. La desinformación es una herramienta que siempre se ha empleado desde el punto de vista social, político y económico, en la Edad Antigua, en la Edad Media, siempre.

Ahora hay una diferencia de grado. Cuando el sheriff de Nottingham ponía un bando en el bosque tildando a Robin Hood de malhechor, llegaba a muy poca gente; primero, porque muchos no sabían leer. A día de hoy tenemos la tecnología. Esto es lo que ha cambiado básicamente. No los problemas, sino la dimensión de los problemas. La diferencia entre un bando puesto por el sheriff de Nottingham en una plaza y un tuit es numéricamente grande, pero sustancialmente es muy poca.

¿El ser humano sigue siendo entonces una pregunta abierta?

Y me interesa muchísimo que sea así.

Permítame terminar con una pregunta un tanto privada: ¿por qué lleva pajarita?

Porque las corbatas me quedan larguísimas (ríe). Pero además me gustan las pajaritas de lazo por una razón muy sencilla: nunca salen igual y tienen un punto de imperfección, como el moño que lleva mi mujer, o la coleta que usted lleva puesta. Nunca son iguales. Un síntoma de la irrepetibilidad de la vida humana.

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ref. Ricardo Piñero, filósofo: “Somos yonquis de lo extraordinario” – https://theconversation.com/ricardo-pinero-filosofo-somos-yonquis-de-lo-extraordinario-282071

El petróleo por las nubes: ¿están los países mejor preparados para afrontar precios de tres dígitos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ulf Thoene, PhD, Profesor Asociado de Ética Empresarial y Organizacional, Negocios Internacionales y Geopolítica, Universidad de La Sabana

Pavel Mikheyev/Shutterstock

Por primera vez en más de una década, los mercados energéticos mundiales atraviesan un período sostenido de alza de los precios del petróleo, impulsado por el estallido de la guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán.

Tras el inicio de las hostilidades, a finales de febrero de 2026, el crudo de referencia internacional Brent subió drásticamente, superando brevemente el umbral de 120 dólares por barril, para entrar luego en un período de retrocesos y volatilidad.

Si bien durante la recuperación pospandémica de 2022 el mundo experimentó un breve repunte de los precios del petróleo, la crisis actual se hace eco de un momento más alejado en el tiempo, pero también marcado por problemas estructurales de suministro.

Revueltas en el mundo árabe

Entre 2011 y 2014, la Primavera Árabe desató disturbios civiles localizados e interrupciones en la producción en países como Libia y Siria, mientras que las sanciones internacionales limitaron la producción de Irán. Estas dinámicas mantuvieron los precios del petróleo por encima de los 100 dólares por barril durante períodos prolongados.

Las implicaciones macroeconómicas fueron severas: los elevados costes de los combustibles actuaron como un impuesto regresivo sobre el consumo que redujo significativamente los márgenes de beneficio de las empresas –particularmente en los sectores de transporte y manufactura– y, finalmente, desaceleraron el crecimiento económico global.

Sin embargo, estas similitudes superficiales en los precios ocultan profundas diferencias en la mecánica de la crisis de entonces y la de ahora. La distinción más crítica radica en el estado de la infraestructura global y el comercio marítimo. Durante el choque de 2011-2014, las rutas marítimas mundiales permanecieron completamente operativas. En cambio, en la crisis de 2026 el estrecho de Ormuz ha estado cerrado desde finales de febrero.

Ataque a las instalaciones petroleras

El uso de la fuerza militar ha provocado la destrucción física de instalaciones de petróleo y gas altamente complejas, incluidas refinerías de gas natural y plantas de producción de gas natural licuado (GNL). Esta destrucción altera profundamente el panorama de la oferta, transformando un riesgo geopolítico temporal en una escasez física real a largo plazo. Además, en esta nueva era de guerra con drones, controlar los mares y los puntos de estrangulamiento del comercio global se ha vuelto prácticamente imposible.

Otra característica definitoria del episodio actual es la desconexión sin precedentes entre el petróleo físico y la especulación financiera. El mercado global de futuros está cada vez más dominado por los barriles de papel, cuya oferta es perfectamente elástica y altamente sensible al sentimiento de los mercados.




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El precio del petróleo que muestran los mercados financieros no es el que pagan las refinerías


En la era moderna, las redes ejercen un impacto en la información y de ello no escapan los precios del petróleo y la volatilidad del mercado. Las publicaciones no verificadas y los rumores políticos que se propagan rápidamente amplifican las oscilaciones del mercado.

Así, los operadores de futuros pueden estar negociando con escaso conocimiento de los suministros físicos reales de hidrocarburos. Por ejemplo, una reciente y fuerte caída intradiaria en los precios de los futuros parecía completamente injustificada por los fundamentos físicos y, en cambio, se explicaba como pura manipulación del mercado, desencadenada por anuncios en redes sociales.

Crisis de suministros

Las implicaciones económicas secundarias de la crisis de 2026 son mucho más amplias que las de 15 años atrás. Hace más de una década, los elevados precios de la energía, básicamente, alimentaban la inflación general y provocaban un crecimiento más lento. Aunque los costes de los fertilizantes aumentaron (de forma gradual), la siembra de cultivos no enfrentó una amenaza estructural. Hoy, el bloqueo de Ormuz está paralizando a nivel mundial tanto las cadenas de suministro de hidrocarburos como las agrícolas y las tecnológicas.

Esta crisis está afectando a la producción de fertilizantes a base de nitrógeno justo cuando comienza la temporada de cultivos, y el aumento en los precios amenaza directamente al suministro mundial de alimentos. Simultáneamente, se ha visto restringido el abastecimiento mundial de helio, del cual la región del Golfo es un productor importante, un elemento crítico para enfriar los equipos utilizados en la industria global de semiconductores.

¿Preparados para la crisis?

En algunos aspectos, los países están ahora mejor preparados que 15 años atrás para afrontar precios energéticos de tres dígitos. La capacidad institucional de respuesta ha mejorado, las reservas estratégicas de petróleo son significativamente mayores y están mejor coordinadas que décadas atrás. De hecho, para inyectar liquidez al mercado petrolero, la Agencia Internacional de la Energía llevó a cabo recientemente la mayor liberación coordinada de emergencia en la historia. Es difícil imaginar que, pasada esta crisis, las naciones importadoras de petróleo no se vuelvan mucho más proactivas en la planificación y gestión de sus reservas estratégicas nacionales.

Sin embargo, persisten profundos límites a esta preparación. Las reservas estratégicas nacionales son finitas y las vulnerabilidades en las cadenas de suministro de alimentos y tecnología revelan brechas críticas en la preparación mundial para situaciones de crisis.

Un asunto de seguridad nacional

Este choque energético llega en un momento geopolítico decisivo. Estamos presenciando el desmantelamiento activo del comercio globalizado, y el mundo se está dando cuenta de que la seguridad energética es sinónimo de seguridad nacional.

La guerra en curso está siendo extremadamente costosa, tanto en términos monetarios como de reputación, y amenaza con alterar permanentemente el equilibrio de poder en Oriente Medio. Esta dinámica crea un piso estructural para la subida de los precios de los hidrocarburos.

La era de la energía barata y de fácil acceso probablemente esté llegando a su fin y tratar la seguridad energética como una prioridad estratégica permanente, en lugar de un problema cíclico, resultará esencial en los próximos meses y años.

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Ulf Thoene, PhD no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El petróleo por las nubes: ¿están los países mejor preparados para afrontar precios de tres dígitos? – https://theconversation.com/el-petroleo-por-las-nubes-estan-los-paises-mejor-preparados-para-afrontar-precios-de-tres-digitos-281080

Guía para elegir y consumir bebidas isotónicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Martínez Sanz, Profesor Titular. Dpto de Enfermería. Grupo de Investigación en Dietética Aplicada, Nutrición y Composición Corporal (DANuC)., Universidad de Alicante

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Haciendo ejercicio físico, es inevitable echarse a sudar. Se debe a que el 80 % de la energía producida para la contracción muscular se libera en forma de calor. Y claro, conviene eliminar ese calor a toda prisa antes de que provoque un aumento de la temperatura corporal que impida a nuestro organismo funcionar correctamente.

Sudar supone una pérdida de líquido interno que puede llegar a un ritmo de 3 litros/hora. Hablamos de un líquido que, lejos de ser agua pura, lleva diluidos electrolitos, esto es, minerales necesarios para nuestras funciones vitales. De ahí la importancia de reponerlos tanto durante como después de estar físicamente activos.

Una bebida deportiva está formulada, precisamente, para cubrir tres necesidades fundamentales: aportar hidratos de carbono que mantengan una concentración adecuada de glucosa en sangre y retrasen el vaciado de los depósitos de glucógeno; reponer electrolitos, principalmente sodio; y evitar la deshidratación, proporcionando agua.

Las bebidas deportivas disponibles en el mercado se presentan listas para consumir o en polvo, con una amplia gama de sabores que mejoran su palatabilidad. Generalmente, la concentración recomendable de hidratos de carbono es del 6-8 % (6-8 g por cada 100 ml) y la concentración de sodio debe estar dentro del rango 20-40 mmol/L (46-92 mg/100 ml).

¿Glucosa, fructosa o edulcorantes?

Las bebidas deportivas bajas en calorías o sin azúcar pueden ser útiles cuando se busca ingerir líquidos sin consumir carbohidratos. Concretamente, en protocolos de entrenamiento con baja disponibilidad de hidratos de carbono o train low, usando la terminología anglosajona.

En una actividad física más intensa, es preferible optar por las que contienen carbohidratos de transporte múltiple (por ejemplo, glucosa y fructosa), en lugar de las que solo incorporan glucosa. De este modo reducimos las molestias gastrointestinales a la vez que contribuimos a que los hidratos de carbono se oxiden.

Por otra parte, existen variedades que pueden contener hasta un 14 % de hidratos de carbono. Están diseñadas para suplir las elevadas necesidades energéticas durante el ejercicio de ultrarresistencia, es decir, el que dura más de 6 horas.

¿Cómo y cuándo consumir bebidas deportivas?

Las bebidas deportivas permiten cubrir las necesidades de energía, líquidos y electrolitos tanto antes como durante y después del ejercicio físico. Se recomienda recurrir a ellas en sesiones de más de 1 hora de duración, sin descartarlas en sesiones más breves pero intensas o con alta sudoración.

Si se consume inmediatamente antes de comenzar la práctica deportiva, puede mejorar el estado de hidratación previo. Además, pueden ayudar a cumplir con las recomendaciones generales de 500 ml de líquido en las 2 horas previas a la práctica físico-deportiva. Durante el ejercicio, promueve tanto la hidratación como el aporte energético, ayudando a prolongar el esfuerzo. Y si se consume después del ejercicio, es ideal para reponer líquidos y glucógeno.

La cantidad de bebida deportiva a ingerir depende de los objetivos y las necesidades individuales de cada deportista, la intensidad y duración del ejercicio, y las oportunidades para beber, que vienen determinadas por el tipo de práctica deportiva.

Malas para la salud dental

Las bebidas deportivas no son necesarias en todas las sesiones de entrenamiento, por lo que resulta fundamental ajustar su uso a situaciones en las que realmente puedan ser de utilidad.

Por otro lado, se ha demostrado que contribuyen a la erosión dental como consecuencia de su elevado contenido en azúcares. Para minimizar su impacto, conviene reducir el tiempo de contacto de la bebida con los dientes y evitar “enjuagarnos” la boca con ella.

Una botella exprimible resulta una buena opción, ya que dirige el líquido hacia la parte posterior de la boca. Otra opción es enjuagarse la boca con agua inmediatamente después de consumir la bebida deportiva.

Cuando las bebidas deportivas producen dolor de tripa

Algunos deportistas sufren molestias gastrointestinales al ingerir bebidas deportivas. Este malestar se puede prevenir con un “entrenamiento del intestino”, que consiste en consumir un volumen y una concentración progresivamente mayores durante los entrenamientos. De este modo, el intestino desarrolla una mayor capacidad para absorber hidratos de carbono sin molestias.

También suele funcionar optar por bebidas deportivas con mezclas de carbohidratos de transporte múltiple (glucosa, fructosa, maltodextrinas, entre otros), especialmente si se consumen hidratos de carbono a un ritmo elevado (más de 60 gramos por hora).

En cuanto al volumen de bebida a ingerir, depende de las necesidades individuales, la intensidad y duración del ejercicio, así como las oportunidades para pararse a beber durante la práctica deportiva. Si es posible espaciar la frecuencia de las tomas cada 15 a 20 minutos, se recomienda dar sorbos de 150-250 ml.

¿Y a qué temperatura? Lo ideal es que esté fresca, en un rango de entre 10 ºC y 20 ºC, que es óptimo para favorecer el vaciado gástrico.

Temperaturas muy frías podrían ralentizar la absorción, mientras que temperaturas por encima de 20 ºC no son apetecibles y podrían provocar un menor consumo. En ambientes muy calurosos, puede resultar interesante agregar cúbitos de hielo a la bebida, para mantenerla fresca y mejorar su palatabilidad.

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José Miguel Martínez Sanz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Guía para elegir y consumir bebidas isotónicas – https://theconversation.com/guia-para-elegir-y-consumir-bebidas-isotonicas-276004

Qué se sabe del hantavirus Andes en seis preguntas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alonso Sánchez-Migallón Naranjo, Responsable del Sistema de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles de la Región de Murcia (SIVIET-RM), Consejería de Salud de Murcia

Jack_the_sparow/Shutterstock

Un grupo de expertos en epidemiología y salud pública despejan las dudas sobre el patógeno que ha sembrado la inquietud en todo el mundo a la luz de las evidencias disponibles.

1. ¿En qué se diferencia de otros hantavirus?

Los hantavirus son virus conocidos que se transmiten desde animales a personas (zoonosis), alojados de forma natural y asintomática en roedores, insectívoros y murciélagos (reservorios).

En Europa y Asia pueden causar fiebre hemorrágica con afectación renal y tienen una letalidad moderada. En América, sin embargo, pueden afectar a los pulmones y el corazón: es lo que se conoce como síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), con una mortalidad que oscila entre el 35 y el 50 %, aunque las cifras dependen de los programas de vigilancia y acceso a atención médica temprana.

Entre los distintos hantavirus de América, la variedad Andes –endémica de la región patagónico-andina de Argentina y Chile– es un excepción: se trata del único para el que se ha demostrado la transmisión de persona a persona, aunque es poco frecuente. Su reservorio principal es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), un roedor que no existe fuera de Sudamérica.

2. ¿Cómo se transmite?

La forma más común de infección tiene lugar por inhalación de aerosoles procedentes de las heces, orina o saliva secas de roedores infectados. Esto sucede, normalmente, al limpiar espacios cerrados sin ventilar, realizar actividades agrícolas o forestales o acampar en zonas endémicas de la Patagonia. No se transmite por picaduras de insectos.

Como decíamos, el virus Andes puede contagiarse de persona a persona, y lo hace a través del contacto directo y prolongado con las secreciones de un individuo enfermo: saliva, líquido gingival o semen. El ARN viral se ha detectado en estas secreciones hasta meses después de la recuperación clínica.

Aunque no se propaga por el aire, como el sarampión o el SARS-CoV-2, se han descrito casos en los que la transmisión se produjo, probablemente, mediante inhalación de gotículas o aerosoles provenientes de personas enfermas. La transmisión nosocomial –entre personal sanitario y paciente– está documentada, lo que hace imprescindible el uso de equipos de protección individual (EPI) en el entorno clínico.

El brote de Epuyén (Patagonia argentina) de 2018 ilustra este riesgo con precisión: 34 casos confirmados, 11 fallecidos (mortalidad del 32 %) y un análisis genético que mostró una identidad viral del 99,9 % entre todos los afectados, lo que descartó múltiples exposiciones ambientales independientes y confirmó la transmisión interhumana en eventos sociales de alta densidad.

3. ¿Cuáles son los síntomas y qué tratamiento tiene?

Los síntomas suelen comenzar con fiebre, dolor muscular, escalofríos y dolores de cabeza, similares a los de un cuadro de gripe. Las personas infectadas también pueden sufrir náuseas, vómitos, dolor abdominal o diarrea. Esta fase, llamada prodrómica, se prolonga normalmente entre 3 y 6 días.

Posteriormente, los pacientes pueden presentar una dificultad respiratoria que es susceptible de empeorar, produciendo el SCPH.

A día de hoy no existe una terapia antiviral específica ni una vacuna autorizada. El abordaje clínico se basa fundamentalmente en el tratamiento de soporte (enfocado a aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida), clave para aumentar las posibilidades de supervivencia de los enfermos. Por otra parte, estos deben ser atendidos en hospitales especialmente preparados para atender patologías infecciosas de alto riesgo.

Finalmente, el periodo de incubación varía entre 4 días y 42 días, con una mediana de 18 días. Esto explica por qué los casos del MV Hondius emergieron de forma escalonada, lo que complicó la identificación inicial del brote.

4. ¿Qué riesgo real supone este brote para la población general?

Según el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), el riesgo para la ciudadanía española y europea es muy bajo por tres razones:

  1. Las medidas de contención ya están activas: aislamiento de casos, vigilancia de contactos y uso de EPI por el personal sanitario.

  2. La transmisión interhumana del virus Andes no es autosostenida fuera de núcleos de contacto muy estrecho: no se han observado brotes comunitarios amplios sin fuente ambiental persistente.

  3. El ratón colilargo, el reservorio natural del patógeno, no existe en Europa. Sin ese huésped, no puede establecerse ni volverse endémico en el continente.

5. ¿Qué medidas hay que tomar desde el punto de vista de salud pública?

La coordinación internacional es especialmente relevante cuando hay varios países implicados, como ocurre en este evento.

Si bien el aislamiento se debe reservar para las personas enfermas, en las primeras fases del brote resulta prudente recomendar cuarentena estricta a las personas que han sido contacto de un caso de hantavirus. Debe realizarse bajo un protocolo coordinado por la Organización Mundial de la Salud, dado que se trata de personas originarias de 23 países diferentes. El periodo de vigilancia de los contactos debería ser de 42 días desde su última exposición (máximo periodo de incubación descrito para esta enfermedad).

Por otra parte, y dado que los síntomas pueden evolucionar de forma rápida a una enfermedad grave, se recomienda una monitorización estrecha de la aparición de esas manifestaciones.

6. ¿Cómo se pueden evitar situaciones similares en el futuro?

Es importante mejorar la investigación y el conocimiento de los problemas de salud que afectan a regiones remotas. El virus Andes, que se conoce desde 1996, ocasiona infecciones y muertes en las regiones endémicas, y el aumento de casos ha sido vinculado al cambio climático. De hecho, antes del brote actual ya se habían diagnosticado casos importados en Europa.

El problema reside en que es un virus relativamente desconocido fuera de la región endémica y que la transmisión interhumana puede verse facilitada en circunstancias especiales, como la de un crucero, que potencian el contacto y retrasan el diagnóstico. El virus Andes merece atención científica y sanitaria sostenida, pero no pánico. Comprender exactamente qué lo hace singular –y qué no– es el primer paso para comunicarlo con responsabilidad.

Ante la aparición de síntomas compatibles (fiebre y/o dolor muscular) tras visitar una zona con riesgo de transmisión, es importante comunicar al personal sanitario que se ha viajado, para facilitar una detección y atención precoz de la enfermedad. Pero la respuesta no puede limitarse a las fronteras del país afectado: organismos como la OMS, el ECDC, el NICD y las autoridades sanitarias nacionales deben actuar de forma coordinada, siguiendo los acuerdos del Reglamento Sanitario Internacional. Esta coordinación es imprescindible tanto para conocer el alcance real de un brote como para evitar su propagación.

Además, la respuesta inmediata no es suficiente si no va acompañada de un fortalecimiento sostenido de los sistemas de salud a nivel global. La cooperación técnica y el apoyo a proyectos de desarrollo internacional son inversiones que refuerzan la capacidad de las comunidades más vulnerables para detectar y afrontar estos problemas antes de que escapen al control local.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


The Conversation

Alonso Sánchez-Migallón Naranjo es coordinador del GT de Vigilancia en Salud Pública de la SEE. Posee participaciones en fondos indexados (Americanos, Globales,…)

Ángela Domínguez García es investigadora del proyecto financiado PI24/00692 del Instituto de Salud Carlos III e investigadora col·laboradora de proyectos europeos: Grant Agreement 101233259-SHIELD y 101233394-HEP-HOP. Es miembro del Consell Assessor de Salut Pública de l’Agència de Salut Pública de Catalunya y miembro del Consell Assessor en Vacunacions de l’Agència de Salut Pública de Catalunya. Es Coordinadora del Grupo de Trabajo de Vacunas e Inmunización de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y miembro de la Comisión Asesora de Comunicación de la SEE.

Federico Eduardo Arribas Monzón es miembro de la Sociedad Española de Epidemiologia (SEE). Formo parte del Grupo de trabajo de formacion y empleabilidad de la SEE y miembro de la Comision asesora de comunicación de la SEE. Formo parte del grupo de investigación de Servicios Sanitarios (GRISSA) de Aragón.

Isabel Aguilar Palacio recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y del Gobierno de Aragón para proyectos de investigación y de la Comisión Europea y de la Innovative Health Initiative como experta. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

María Isabel Portillo es Investigadora Senior del Instituto de Investigación Sanitaria BioBilzkaia y Secretaria de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiologia

Maria João Forjaz recibe fondos de investigación del Instituto de Salud Carlos III, en el que es investigadora, através de convocatoria competitivas. Es presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología.

Pello Latasa es vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología.

Pere Godoy es investigador del CIBERESP y IRBLleida, actualmente IP de los Proyectos PI21/01883 y Project PI18/01751 del Instituto de Salud Carlos III. Es miembro del Consell Assessor en Vacunacions de l’Agència de Salut Pública de Catalunya. Es miembro del Grupo de Trabajo de Vigilancia de la Salud Pública y de Vacunaciones de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y miembro de la Comisión Asesora de Comunicación de la SEE.

ref. Qué se sabe del hantavirus Andes en seis preguntas – https://theconversation.com/que-se-sabe-del-hantavirus-andes-en-seis-preguntas-282613