¿Estamos perdiendo el color?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Povo Grande de Castilla, Director del Grado en Publicidad y Creación de Marca, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

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Es un tema recurrente en estudios más o menos sesudos, e incluso en reels de redes sociales: el color está desapareciendo de nuestras vidas. Desde los coches a las casas, pasando por la moda y las marcas.

Del análisis realizado por el Science Museum Group con más de 7 000 objetos cotidianos de sus colecciones desde 1800 se desprende que los colores grises y desaturados se han hecho más habituales a medida que avanzaba el siglo XX.

Esta afirmación coincide con la percepción de muchos observadores anónimos que aseguran que cada día hay menos cosas de colores en sus vidas, que los coches son tristes, que la gente viste masivamente de negro y que el interiorismo está dominado por las paletas más desaturadas de la historia.

Colores y sentimientos

Los expertos en psicología del color atribuyen a los colores diferentes efectos: levantar el ánimo, excitar, relajar… Dice Eva Heller en su obra Psicología del color, una verdadera biblia para diseñadores, que “los colores y los sentimientos no se combinan de manera accidental; sus asociaciones no son meras cuestiones de gusto, sino experiencias universales profundamente enraizadas en nuestro lenguaje y nuestro pensamiento”.

Con esto en mente, es lógico que los diseñadores de espacios u objetos que tienen que funcionar para todos y hacerlo en cualquier momento intenten minimizar el impacto de utilizar colores no neutros. Tener un coche naranja significa ir siempre en una cápsula optimista y enérgica, algo habitual en los años 70, por ejemplo.

Ya explicaba la experta en color Leatrice Eisman que la paleta de tonos de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial buscaba el “optimismo terapéutico. Tras años de uniformes caqui y vehículos grises, en los 50 los colores saturados significaron progreso y modernidad, nuevos tiempos, adiós al sufrimiento”.

También Jean-Philippe Lencos, investigador del “geocromatismo”, documentó cómo las paletas de color resurgieron tras la guerra para devolver la identidad perdida con los bombardeos.

Esto tuvo su evolución y los años 80 redescubrieron, de algún modo, el color cemento, el blanco y negro y lo neutro, combinado con tonos saturados, dentro del movimiento pendular habitual en las tendencias.

Ya lo adelantaban en el 78 el libro High-tech: The industrial style and source book for the home, con una visión del color como funcional o señalético sobre el gris tecnológico o brutalista.

Librería de colores y formas variadas.
Separador de ambientes Carlton de Ettore Sottsass para Memphis, 1981, en el Milwaukee Art Museum.
Saliko/Wikimedia Commons, CC BY

En plenos 80, tendríamos que hablar del estilo Memphis, colorista donde los haya, y con saturaciones nunca vistas en moda, mobiliario e interiorismo. Para algunos expertos, el estilo Memphis de Ettore Sottsass era un gran grito de color antes de la monocromía de hoy, una reacción al racionalismo gris que empezaba a imponerse en arquitectura e interiorismo de alto standing.

¿No es posible que esta cromofobia de la que creemos ser víctimas en el primer cuarto del siglo XXI sea un simple espejismo? Pensemos que el color dominó durante unas décadas muy concretas el panorama de la moda, la automoción y la decoración. Una isla de color en medio de un mar de grises.

Siempre ha habido colores en arquitectura, moda y mobiliario. Incluso hoy. Del mismo modo, siempre ha habido tonos neutros, grises, blancos y negros.

Del Ford T a los supermercados

Pensemos en los siglos anteriores, en los edificios de piedra y mármol del siglo XIX (no en sus policromados ancestros grecorromanos), en las ropas decimonónicas. El negro fue el único color en los Ford T: “Cualquier cliente puede pintar su coche del color que desee, siempre y cuando sea negro”, decía Henry Ford, fundador de Ford Motor Company. Aquí mandaba la velocidad de secado de la pintura, esencial para el fordismo. Las razones técnicas y económicas son parecidas a las que se utilizan hoy para el resurgimiento de una paleta tan neutra y limitada.

¿Y los juguetes de los niños? ¿Han sucumbido a la dictadura monocromática? Hemos visto algunas habitaciones infantiles llenas de osos de trapo tristes y grises, pero que haya padres “desalmados” no quiere decir que sea la norma.

¿Y los productos de venta en supermercado? ¿No son una explosión de color, incluso por encima de los de los años dorados de la saturación? El psicólogo ambiental Paco Underhill explica que el ojo humano escanea colores en movimiento, identificando en los lineales la falta de color como “producto genérico o de bajo costo”.

Cuando hablamos de vender galletas, nos olvidamos de los tonos neutros. Para algunos autores el color comunica el sabor, la frescura y la categoría del producto. Aquí las tendencias tienen poco o nada que decir: manda la biología, no la moda o el gusto del diseñador.

Si hablamos de moda, hablamos de péndulo una vez más. Cada año van y vienen tendencias, y es falso que vivamos en una constante de grises y arenas. Siempre hay colores vivos, pastel, neón o matizados que van y vienen.

Existe una tendencia entre los creativos más jóvenes de empezar a detestar el minimalismo cromático (y de diseño en general) de sus padres y mentores y apuestan por un maximalismo cromático. El maximalismo es una forma de autorregulación emocional. En un mundo incierto, rodearse de colores produce una sensación de seguridad que el gris no ofrece.

El rojo sobre fondo gris

No quiero dejar de citar al maestro Jean Baudrillard, que escribió sobre la “semiología de los objetos” y cómo en esta época los objetos dejan de ser útiles para ser signos. El rojo en un entorno gris no es un color, es un signo de estatus y diseño. El color no es todo practicidad y tendencia.

¿Y si el espejismo se produce sencillamente cuando, arrastrados por nuestro sesgo cognitivo, comparamos hitos estéticos aislados? No estamos ante una muerte del color, sino ante su especialización funcional.

Hemos delegado el croma al estímulo inmediato del consumo (el supermercado) y a la rebeldía identitaria de los más jóvenes, mientras protegemos nuestros espacios de inversión con la neutralidad.

El color no ha desaparecido; ha dejado de ser un ornamento para convertirse en un recurso estratégico que dosificamos según el mercado o nuestra propia salud mental.

Quizás, al final, el gris no es tristeza, sino el silencio visual que necesitamos para procesar un mundo saturado. El color no ha muerto, solo se está tomando un respiro para ayudarnos con nuestra vida.

The Conversation

Rafael Povo Grande de Castilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Estamos perdiendo el color? – https://theconversation.com/estamos-perdiendo-el-color-273727

Cómo aprovechar el poder antioxidante de nuestros músculos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcos Martín Rincón, Profesor Contratado Doctor en Departamento de Educación Física e Instituto de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias (iUIBS), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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Uno de los principales enemigos de nuestra salud y nuestra lozanía es el estrés oxidativo, causado por unas moléculas muy inestables llamadas especies reactivas del oxígeno y nitrógeno (RONS). Aunque surgen de forma natural en nuestras células durante los procesos de obtención de energía, situaciones como la inflamación, la radiación solar, la exposición a contaminantes o el ejercicio físico extenuante hacen que se incremente su producción.

Cuando su generación supera la “capacidad antioxidante” de la célula, nos enfrentamos al temido daño oxidativo (o estrés oxidativo), que produce alteraciones en lípidos, proteínas o el ADN. Si la situación se mantiene en el tiempo aumentan las probabilidades de que suframos enfermedades cardiovasculares, cáncer, envejecimiento, obesidad o sarcopenia.

Un escuadrón de defensa química

En cantidades controladas, las RONS son valiosas aliadas: [cumplen funciones esenciales] en la señalización celular, el metabolismo energético, la función inmune o la vasodilatación link text. El equilibrio redox (balance entre la producción y la neutralización de las RONS) se mantiene gracias a un sistema integrado por enzimas y otras moléculas que actúan como un “escuadrón de defensa química” para neutralizar compuestos oxidantes antes de que dañen las células. El control de este sistema antioxidante recae en la proteína Nrf2.

En condiciones de reposo, Keap1 (otra proteína) se une a Nrf2 y conecta a esta con una maquinaria que la degrada con rapidez y mantiene bajos sus niveles. Pero cuando aumenta la producción de RONS, Keap1 deja de ejercer transitoriamente ese papel y, además, puede reducirse su disponibilidad. Entonces, Nrf2 se sigue sintetizando, se acumula y pasa al núcleo celular, donde activa los genes que codifican enzimas antioxidantes y proteínas de desintoxicación.

Aunque este mecanismo se ha estudiado en el hígado o el cerebro, el papel del músculo esquelético ha recibido menos atención.

En condiciones basales, la proteína Nrf2 permanece unida a Keap1, que la dirige hacia su degradación y mantiene inactivo el programa antioxidante. Cuando aumentan las RONS, este ‘freno’ se libera, Nrf2 se acumula y activa en el núcleo los genes responsables de la defensa antioxidante.

El ejercicio “desoxida”

En modelos animales, el ejercicio regular reduce el estrés oxidativo y aumenta la actividad de enzimas antioxidantes en el cerebro, el hígado, el corazón y el músculo. Además, estudios en humanos muestran que, desde la niñez hasta edades avanzadas, las personas más activas presentan menor daño oxidativo y mayor capacidad antioxidante que las sedentarias incluso en edades avanzadas. Este efecto se explica por el fenómeno de “hormesis”: pequeñas cantidades repetidas de una sustancia potencialmente dañina (RONS, en este caso) promueven adaptaciones que permiten resistir dosis más altas sin que se produzcan efectos nocivos.

Las actividades de resistencia y de fuerza, los esfuerzos muy intensos y breves (lo que en entrenamiento se conoce como “esprints”) o el ejercicio que produce dolor muscular tardío (“agujetas”) se asocian a una mayor producción de RONS, que actúan como señales para activar las defensas y la reparación celular.

En un estudio reciente de nuestro grupo de investigación, revelamos que el ejercicio intenso activa en cuestión de segundos una potente respuesta antioxidante a través de la dupla Nrf2/Keap1, en un mecanismo regulado por la disponibilidad de oxígeno. De forma igualmente rápida, esa respuesta se atenúa una vez cesa el ejercicio.

Estos hallazgos muestran por primera vez en seres humanos la rápida dinámica de “encendido y apagado” de la respuesta antioxidante del músculo esquelético. Además, durante la contracción muscular también se liberan proteínas mensajeras (mioquinas) y señales químicas que contribuyen a la mejora de la capacidad antioxidante en otros órganos y tejidos. Tales procesos consolidan al músculo como un órgano clave en la defensa antioxidante del organismo.

Sesiones antioxidantes

Entonces, ¿podemos mejorar la capacidad antioxidante mediante el entrenamiento? ¿Y cómo funcionan los diferentes tipos de ejercicio en este empeño? Veamos qué dicen las evidencias.

  • Resistencia. El entrenamiento de resistencia, habitualmente en bicicleta a intensidad moderada (2–3 sesiones por semana), ha sido el más estudiado. En personas con insuficiencia cardiaca, diabetes mellitus tipo 2 u obesidad, programas de entre 8 y 24 semanas incrementan la cantidad de enzimas antioxidantes –como la superóxido dismutasa (SOD), la catalasa (CAT) o la glutatión peroxidasa (GPx)– y reducen la presencia de marcadores de oxidación. En jóvenes sanos, las mejoras son menores, lo que sugiere que el nivel inicial de forma física condiciona la adaptación.

    En el único estudio que evaluó el entrenamiento con pequeños picos de esfuerzo a máxima intensidad (esprints),la actividad muscular de GPx aumentó un 37 % y la de glutatión reductasa (GR) un 56 %, mientras que la SOD no mostró cambios. En modelos animales, según intensidad y duración, el entrenamiento de esprint puede elevar GPx o glutatión reductasa (GR).

  • Fuerza. En adultos mayores([https://doi.org/10.3390/antiox10030350]) y en hombres con diabetes mellitus tipo 2, programas de 6-13 semanas (2-3 días por semana, con cargas progresivas) aumentan los niveles de SOD, CAT, GPx o GR y reducen el daño oxidativo en músculo, aunque no todas esas enzimas antioxidantes responden igual.

  • Entrenamiento concurrente (combinación de resistencia y fuerza). Ninguna investigación ha evalúado adaptaciones antioxidantes en el músculo. En sangre, un único estudio observó que entrenar resistencia, fuerza y ambas de manera conjunto aumentan SOD y reducen MDA (un marcador de estrés oxidativo), con mejoras adicionales en la capacidad antioxidante total del plasma (TAC) y GPx.

Por qué importa la defensa antioxidante muscular

Los estudios con animales, que aportan información útil para orientar la investigación en humanos, han demostrado que aumentar enzimas antioxidantes musculares protege frente al estrés oxidativo generado por la actividad de los músculos, el humo de tabaco, la ventilación mecánica o fármacos prooxidantes como la doxorrubicina, previniendo la atrofia, la disfunción y la fatiga de los músculos.

En humanos, aunque hay menos datos, varios ensayos muestran que programas que elevan la capacidad antioxidante muscular reducen el estrés oxidativo agudo tras el ejercicio y mejoran la tolerancia al esfuerzo en adultos mayores y personas con obesidad. Estas mejoras podrían estar relacionadas con los efectos beneficiosos que produce el acondicionamiento físico antes de procesos quirúrgicos.

Recientemente, hemos demostrado en jóvenes sanos que un perfil antioxidante muscular más favorable está estrechamente ligado a la resistencia física: la capacidad de seguir rindiendo incluso en condiciones de fatiga extrema se asocia con más Nrf2 activado y menos Keap1. Así, esta capacidad no solo protege frente al estrés oxidativo, sino que también favorece la tolerancia a esfuerzos de alta intensidad.

El ejercicio físico regular incrementa transitoriamente las RONS en el músculo, lo que activa la vía Nrf2/Keap1 y estimula la producción de enzimas antioxidantes. Con el entrenamiento, esta adaptación mejora la capacidad antioxidante muscular, reduce el estrés oxidativo y se asocia con mayor tolerancia al esfuerzo y mejor capacidad cardiorrespiratoria (VO₂max).

La capacidad cardiorrespiratoria, evaluada como VO₂max, es un indicador clave de rendimiento y capacidad funcional, además de un fuerte predictor de la mortalidad por cualquier causa. Por tanto, no debe sorprender que el VO₂max se relacione también con la capacidad antioxidante muscular medida en una muestra amplia de personas.

En suma, una buena forma aeróbica y las adaptaciones inducidas por el entrenamiento se asocian con una mayor capacidad antioxidante del músculo. Esto puede ayudar a reducir el estrés oxidativo en situaciones patológicas o de alta demanda física, contribuyendo a proteger la función muscular y mantener el rendimiento.

Los estudios futuros deberán integrar información molecular, funcional y clínica para confirmar estos efectos y profundizar en mecanismos aún poco explorados, así como en las dosis y modalidades de ejercicio que optimizan los beneficios.


Víctor Galván Álvarez, profesor del Departamento de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Fernando Pessoa Canarias, es el autor principal de este artículo.


The Conversation

Marcos Martín Rincón recibe financiación para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación y organismos públicos de investigación, incluyendo los proyectos PID2021-125354OB-C21, PID2024-156206OA-I00 y PDC2025-165723-I00. Declara no tener vínculos económicos ni conflictos de interés relacionados con el contenido de este artículo más allá de su actividad académica.

Ángel Gallego Sellés es beneficiario de la ayuda postdoctoral Catalina Ruiz (APCR2023010007), financiada por el Gobierno de Canarias y el Fondo Social Europeo, y recibe financiación pública para investigación de organismos nacionales y autonómicos. Declara no tener conflictos de interés relacionados con el contenido de este artículo.

Elisabetta de Nigris recibe financiación pública para investigación de organismos nacionales y autonómicos. Declara no tener conflictos de interés relacionados con el contenido de este artículo.

ref. Cómo aprovechar el poder antioxidante de nuestros músculos – https://theconversation.com/como-aprovechar-el-poder-antioxidante-de-nuestros-musculos-239785

El silencio de la UNESCO ante la destrucción del patrimonio en Gaza sienta un peligroso precedente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Benjamin Isakhan, Professor of International Politics, Deakin University

La Gran Mezquita Omari en la ciudad de Gaza tras sufrir daños por un ataque israelí. Ali Jadallah/Anadolu/Getty Images

Desde octubre de 2023, la guerra de Israel en Gaza ha causado un sufrimiento humano masivo. Pero también ha devastado el patrimonio cultural del pueblo palestino.

En nuestro reciente artículo publicado en la revista International Journal of Heritage Studies, documentamos el alcance de la destrucción del patrimonio en Gaza y analizamos la respuesta sorprendentemente limitada de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Sostenemos que los fallos de la UNESCO tienen consecuencias más allá de Gaza, ya que debilitan la disuasión de los ataques contra los sitios patrimoniales a nivel mundial y corren el riesgo de normalizar la impunidad de este tipo de delitos en los conflictos.

Destrucción del patrimonio en Gaza

Gaza cuenta con un patrimonio rico y variado, con vestigios arqueológicos que se remontan al menos al año 1300 a. e. c. Durante mucho tiempo ha sido un cruce de culturas y ha estado bajo el control de los antiguos egipcios, griegos y romanos.

Gaza también alberga lugares históricos importantes para las tres religiones principales de la región: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Gran parte de este patrimonio cultural yace ahora en ruinas. La lista de evaluación de daños de la UNESCO en Gaza incluye 150 sitios que han sido dañados o destruidos desde que comenzó la guerra.

Algunos de ellos son lugares de importancia mundial. Dos figuran en la llamada Lista Indicativa, que incluye aquellos bienes susceptibles de ser declarados Patrimonio Mundial en un futuro:

Otros lugares dañados o destruidos incluyen:

  • La iglesia ortodoxa griega de San Porfirio, que data del año 425 y a veces se conoce como la tercera iglesia más antigua del mundo.

  • La Gran Mezquita Omari, del siglo VII, considerada la primera mezquita de Gaza, junto con su biblioteca del siglo XIII, que contiene manuscritos islámicos poco comunes.

  • El Qasr al-Basha, una fortaleza también conocida como Palacio Pasha, que fue construida a mediados del siglo XIII por el sultanato mameluco y se había convertido en un museo arqueológico.

  • Un cementerio romano (Ard-al-Moharbeen), que se cree que cuenta con al menos 134 tumbas que datan del año 200 a. e. c.

Los fracasos de la UNESCO

Aparte de crear esta lista, la UNESCO ha sido relativamente discreta en su respuesta, en comparación con el papel que ha desempeñado en otros conflictos.

Esto no significa que haya guardado silencio por completo. Ha emitido varias declaraciones condenando la destrucción en Gaza y pidiendo a “todas las partes implicadas que respeten estrictamente el derecho internacional”.

También ha elevado un sitio patrimonial a su Lista del Patrimonio Mundial en Peligro: el monasterio de San Hilarión. Esta medida refuerza la protección del sitio, con posibles sanciones por daños intencionados.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, nos preguntamos si la UNESCO realmente ha estado a la altura de las circunstancias. Nuestro análisis identifica un patrón de omisión y subestimación que es difícil de conciliar con el propio mandato de la UNESCO y la arquitectura jurídica que existe para proteger los bienes culturales en los conflictos armados.

Por ejemplo, la UNESCO no ha invocado públicamente la Convención de La Haya de 1954 en relación con Gaza, cuyo objetivo es proteger los sitios culturales durante los conflictos. La agencia la ha citado en prácticamente todos los conflictos importantes desde su ratificación.

Tampoco solicitó medidas urgentes al Consejo de Seguridad de la ONU ni a la Asamblea General de la ONU para proteger los sitios culturales. La agencia lo hizo en respuesta a los actos del Estado Islámico en Siria e Irak (incluida la profanación del sitio del Patrimonio Mundial de Palmira). En 2017, por ejemplo, el Consejo de Seguridad aprobó una resolución respaldada por la UNESCO que establecía una serie de medidas para ayudar a proteger el patrimonio cultural en situaciones de conflicto.

Del mismo modo, la UNESCO no ha colaborado con la Corte Penal Internacional ni con la Corte Internacional de Justicia para iniciar procedimientos contra Israel o funcionarios israelíes por la destrucción del patrimonio en Gaza. La agencia sí lo hizo tras los conflictos en los Balcanes y Malí. Estos juicios establecieron que la destrucción intencionada de bienes culturales durante un conflicto constituye un crimen de guerra.

Por último, la UNESCO no ha adoptado su enfoque habitual de nombrar explícitamente a Israel como responsable de la destrucción cultural en Gaza, paso que sí ha dado en muchos conflictos recientes. Esto incluye Ucrania, donde con frecuencia ha nombrado y condenado a Rusia como responsable.

¿Por qué la UNESCO ha sido tan cautelosa?

Una explicación ofrecida por los críticos es la restricción geopolítica. La UNESCO ha sido cada vez más criticada por su excesiva dependencia de las contribuciones voluntarias de los Estados. Esto puede hacer que la agencia se muestre reacia a enfrentarse a países poderosos por temor a alienar a sus partidarios.

Esta dinámica es evidente en la larga y tensa relación de la UNESCO con Israel y Estados Unidos. Ambos países se retiraron formalmente de la UNESCO en 2019 porque la agencia había descrito a Israel como una potencia ocupante en Gaza y Cisjordania, y había condenado su destrucción del patrimonio palestino.

Pero nosotros sostenemos que está ocurriendo algo más preocupante: la erosión de la voluntad y la capacidad de la UNESCO para activar las herramientas legales y normativas que ayudó a crear.

La UNESCO, que en su día fue una poderosa defensora de la protección de la cultura en todo el mundo, se ha ido convirtiendo poco a poco en una agencia tecnocrática y en gran medida ineficaz, que elude las cuestiones complejas y se ve paralizada por las divisiones internas.

Respuesta de la UNESCO

En respuesta a los argumentos aquí expuestos, la UNESCO envió un correo electrónico detallado en el que explicaba sus medidas para la protección del patrimonio en Gaza. Estos son algunos de los puntos planteados por un portavoz de la organización:

Sobre la cita de la Convención de La Haya de 1954:

En diferentes conflictos, la UNESCO a veces cita explícitamente la Convención de La Haya de 1954 […] y en otros casos utiliza la formulación más amplia “derecho internacional”.

La UNESCO también se comunica bilateralmente con los Estados Miembros interesados […] Esto se ha hecho en varias ocasiones mediante correspondencia dirigida a las autoridades de Israel, por ejemplo, para recordar a Israel sus obligaciones en virtud de la Convención de La Haya de 1954.

Sobre nombrar explícitamente a Israel como responsable:

La UNESCO no es un órgano judicial, por lo que su función no es asignar responsabilidades. En el caso concreto de Ucrania, hay varias decisiones del Consejo de Seguridad y/o de los órganos rectores de la UNESCO que pueden explicar determinadas declaraciones.

Sobre la falta de voluntad para utilizar sus herramientas y recursos en Gaza:

La UNESCO activa sus herramientas jurídicas, normativas y programáticas dentro de los límites de su mandato y de los fondos disponibles. Las necesidades son enormes, y aprovechamos esta oportunidad para renovar el llamamiento de la UNESCO en apoyo del pueblo de Gaza.


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Por qué Gaza es importante

La respuesta limitada de la UNESCO a la destrucción en Gaza es importante. La protección del patrimonio no consiste solo en salvar los sitios dañados e intentar reconstruirlos: también es fundamental para definir las conductas inaceptables y disuadir de futuras violaciones.

Cuando el organismo más importante del mundo en materia de protección del patrimonio cultural se limita a cautelosas generalidades, fomenta un entorno permisivo. Permite que esta destrucción se trate como un daño colateral lamentable de la guerra, en lugar de como un delito punible. Esto socava la credibilidad de la UNESCO.

También puede sentar un peligroso precedente. Si la destrucción a gran escala del patrimonio se produce a la vista de todo el mundo, sin repercusiones, los futuros beligerantes pueden creer que los costes de los delitos contra el patrimonio serán tolerados.

The Conversation

Benjamin Isakhan ha recibido financiación del Consejo Australiano de Investigación, el Fondo de Investigación e Innovación del Reino Unido y el Departamento de Defensa de Australia.

Eleanor Childs no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El silencio de la UNESCO ante la destrucción del patrimonio en Gaza sienta un peligroso precedente – https://theconversation.com/el-silencio-de-la-unesco-ante-la-destruccion-del-patrimonio-en-gaza-sienta-un-peligroso-precedente-276791

Suplemento cultural: el cine español de 2025

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Bruno Núñez y Sergi López en una fotografía promocional de _Sirât_. BTeam Producciones

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


La del título es una expresión manida, lo sé, pero también cierta. Y probablemente este año más que ninguno. Aunque, como todas las quinielas pronosticaban, hubo dos películas que coparon muchos de los Premios Goya que se entregaron el sábado (con Los domingos llevándose el de Mejor Película), el 2025 ha sido un año excelente para la, y perdonen otra vez el cliché, cosecha.

Déjenme resumirles los hitos de este año: se consiguió el premio Panorama del público en el Festival de Cine de Berlín con una ópera prima; se enviaron dos películas a la sección oficial del Festival de Cannes –una de las cuales salió premiada y ahora tiene dos nominaciones a los Óscar–; un equipo de sonido compuesto por mujeres conquistó una de esas nominaciones, la primera hecha íntegramente a mujeres; una película española consiguió la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián; el público acudió en masa a las salas a ver películas no precisamente “fáciles” pero que han atraído audiencias y presentado debates y, entre otras cosas, se habló (con éxito) de historias de seres humanos que no siempre salen en la gran pantalla.

En el 40 aniversario de los Goya celebremos que en los últimos meses hayamos podido ver filmes como Sorda, Sirāt, Romería, Los domingos, Ciudad sin sueño, La cena, Maspalomas, Tardes de soledad, La furia, Muy lejos, Una quinta portuguesa, Un fantasma en la batalla o La buena letra, entre otros muchos.

Y para brindar por ello tenemos dos artículos nuevos (además de otros que se han ido publicando a lo largo del año) que explican, por un lado, la espiritualidad en Sirāt, la película de Oliver Laxe, y, por otro, el diseño sonoro de este filme y de Sorda, de Eva Libertad. Son dos análisis estupendos que ayudan a entender las profundidades de sus historias y también el hecho de que, en el cine, la técnica siempre funciona cuando está al servicio de aquello que se quiere contar al espectador.

Por cierto, aprovecho este hueco para mirar al pasado. El Goya de Honor recayó en el cineasta, escritor, artista y hombre que lo hace todo Gonzalo Suárez. Hace un tiempo publicamos un artículo que repasaba su carrera y que, sobre todo, destacaba su tremenda libertad a la hora de abordarla. Su discurso de la gala es, como todo lo de Suárez, imprescindible: “El cine es el último reducto en el que podemos soñar despiertos”.

También me gustaría recuperar un tema atemporal que lanzamos en 2024 por estas mismas fechas y que utilizaba siete títulos españoles para explicar en qué consiste eso que muchas veces llamamos “lenguaje cinematográfico”. Porque no hay nada como los ejemplos con obras maestras para hacernos entender algunos conceptos.

La otra cara de Estados Unidos

Las recientes protestas contra la detención de migrantes en Minneapolis y la despiadada reacción del gobierno estadounidense provocaron que muchos de los que seguíamos el desarrollo de la acción desde la distancia buscásemos refugio en la cultura.

Por un lado, se multiplicaron las referencias a la película Civil War, dirigida por Alex Garland y estrenada hace casi dos años, en la que un Estados Unidos distópico vive un conflicto civil bajo el mandato de un presidente autoritario que ostenta un (ilegal) tercer mandato.

Por otro, el sector musical, que se ha mostrado más combativo que Hollywood, dio la cara una vez más. Si la semana pasada los irlandeses U2 lanzaban por sorpresa un EP que analizaba los diferentes conflictos mundiales, incluidos los asesinatos de dos norteamericanos en las calles de esa ciudad, hace casi un mes era el jefe de todo esto, el mismo Springsteen, quien ponía música a la ira que le consumía.

Un crimen limpio

Recuerdo la época en leí las novelas de Henning Mankell como una de las más disfrutonas y, a la vez, sórdidas de mi vida lectora. Mankell desarrollaba asesinatos y truculencias mientras desnudaba la sociedad sueca y yo vivía enganchada a los casos del inspector Wallander. Al final tuve que desintoxicarme porque el mundo que él presentaba parecía tan real como cruel.

Como no todo van a ser tragedias, aprovechamos dos aniversarios (el centenario de la publicación de la novela El asesinato de Roger Ackroyd y los cincuenta años del fallecimiento de su autora, Agatha Christie) para rebuscar en lo que ahora se llama el cozy crime, que no es otra cosa que la investigación de crímenes en un entorno protegido.

En una época en la que el true crime parece ocuparlo todo, los seguidores (entre los que me incluyo) de series como Solo asesinatos en el edificio estamos de enhorabuena.

Todas esas palabras que soltamos

¿Alguna vez se ha apuntado a un gimnasio que le ofrecía un functional traininig? Está de enhorabuena. Está de enhorabuena. En The Conversation no podemos decirle cómo mejorar la técnica de las dominadas o conseguir meter más burpees en un minuto, pero podemos ayudarle a desmenuzar, lingüísticamente, aquello por lo que ha pagado una suscripción.

Nuestros expertos tan pronto analizan el “functional” como el “training”. Y para todo tienen reflexiones y respuestas.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: el cine español de 2025 – https://theconversation.com/suplemento-cultural-el-cine-espanol-de-2025-277029

La selección: guardar lluvia para cuando falte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Caballero, Coordinadora internacional / Editora de Medio Ambiente y Energía, The Conversation

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El pasado mes de enero y parte de febrero han sido especialmente grises en España. Durante semanas, se sucedieron días nublados y abundantes lluvias en un país donde, en general, aunque depende de la región y la época del año, no es habitual que el sol se ausente durante demasiado tiempo.

Y con tanto chaparrón llegaron también sus consecuencias: crecidas de ríos, inundaciones, daños en edificios e infraestructuras y en el campo… Un panorama que contrasta con el que suele predominar en los meses más secos, cuando el problema es el contrario: la escasez de agua.

Lo más lógico parece, entonces, aprovechar y guardar un poco de este preciado recurso para cuando nos falte. Y podemos hacerlo mediante soluciones que van más allá de los embalses, como nos explicó Javier Lillo Ramos, de la Universidad Rey Juan Carlos. Por ejemplo, en zonas urbanas, funcionan bien los humedales artificiales y los tanques de tormenta. En el campo, la restauración de cuencas y la renaturalización de riberas reduce la escorrentía y aumenta la recarga de los acuíferos.

Lluvias más intensas debido al cambio climático

Desde principios de año, se han sucedido más de una decena de borrascas. Una de las causas de que los episodios de lluvias sean cada vez más frecuentes e intensos podría ser el cambio climático y la expansión hacia el sur del vórtice polar, fuertes vientos que transportan aire frío en capas altas de la atmósfera.

Una región especialmente afectada por cambios en los regímenes de lluvias es el litoral mediterráneo, que ya sufrió el golpe de una fuerte dana en 2024. Las precipitaciones intensas a final de verano y principios del otoño son habituales en esta zona, pero se están haciendo más acusadas. Una forma de evitar daños importantes es rediseñar el territorio, ya que la construcción en zonas inundables o la modificación de los cauces de los ríos empeoran las consecuencias de estos fenómenos.

Por su parte, los embalses son esenciales para almacenar el agua, pero también causan impactos sociales y ambientales. Convierten los ríos en ecosistemas artificiales con escaso valor de conservación, atractivos para especies exóticas invasoras. Además, algunas presas han superado su vida útil o están colmatadas por los sedimentos, y parte del líquido que acumulan se pierde por evaporación.

Almacenes de agua subterráneos

La realidad es que son los acuíferos, y no las presas, los que almacenan la mayor parte del agua dulce del planeta. A pesar de ello, no los cuidamos: en épocas de sequía extraemos más de lo que se recarga naturalmente, los contaminamos y no los consideramos en la planificación hidrológica, como advertían Sergio Martos-Rosillo (IGME CSIC), Helena Gómez y Margarita García Vila (IAS – CSIC). Prueba de ello es el Parque Nacional de Doñana, en Andalucía, cuyo humedal se encuentra en grave peligro debido a la sobreexplotación de su acuífero causada, principalmente, por el turismo y la agricultura de regadío.

Qué duda cabe que necesitamos producir alimentos, pero de manera sostenible. Los propios agricultores pueden, de hecho, contribuir a llenar los acuíferos inundando de manera controlada campos en barbecho o ciertos cultivos tolerantes en épocas húmedas, permitiendo que se infiltre el agua, una técnica que ya usaban nuestros antepasados en zonas como Sierra Nevada.

Todo parece indicar que en el futuro tendremos que vivir con menos agua: la región mediterránea sufrirá intensas sequías debido al cambio climático, pero seguirá lloviendo. Solo queda reducir su uso y apostar por nuevas fuentes, como la desalinización, pero también valorar y cuidar las aguas subterráneas para que podamos recurrir a ellas cuando nos falten recursos.

The Conversation

ref. La selección: guardar lluvia para cuando falte – https://theconversation.com/la-seleccion-guardar-lluvia-para-cuando-falte-276450

La conversación docente: ¿aprender solos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

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¿Cuánto recuerda de lo que aprendió en el colegio? ¿Y en el instituto o la universidad? ¿Un 20 %, un 15 %? ¿Qué sentido tenía entonces todos esos años de apuntes, libros, estudio, exámenes, notas…? ¿Hace falta aprenderse tantas cosas para luego olvidarlas? ¿Es el mero ejercicio de aprenderlas algo positivo para nuestro desarrollo? ¿Sería yo la misma persona si nunca hubiera memorizado la tabla periódica, por ejemplo?

Obviamente, lo que aprendemos en la escuela es mucho más que lo que memorizamos para los exámenes. Y aunque hay quienes a los 70 años todavía pueden nombrar a los reyes godos, o recitar un poema de Espronceda, los sistemas educativos modernos intentan equilibrar contenido y competencias (es decir, más que “saberse” algo concreto, desarrollar las herramientas cognitivas para quererlo saber, para entender cómo se puede aprender, y para recibir la información de manera crítica). Evitar que la memorización sea, además de medio, fin.

Una de las maneras en que se trata de lograr este equilibrio es a través de metodologías activas, que buscan alternar la memorización mecánica y la escucha pasiva de la clase magistral. Y así, desde hace unos años los estudiantes se han encontrado con que sus profesores les exigen cada vez más que sean “autónomos”: que se lean determinadas lecciones en casa para discutirlas en clase o que se preparen un tema para explicárselo a sus compañeros, por ejemplo.

Esta autonomía, sin embargo, no surge espontáneamente porque el profesor o la profesora la exijan. Debe ser el objetivo final de un proceso que necesita unos pasos, unas pautas y cierta personalización. No todos los escolares están preparados ni tienen el mismo nivel de madurez.

En su artículo Estudiantes ‘autónomos’: una meta que ha de construirse por etapas y con acompañamiento
, Fernando Díez Ruiz, Luis Alarcón Massó y Pedro César Martínez Morán explican: “En muchos centros educativos, docentes de secundaria expresan una sensación recurrente: el alumnado “no se organiza”, “no planifica”, “no es responsable”. Al mismo tiempo, desde etapas anteriores se ha asumido que fomentar la autonomía significa, en gran medida, “dejar hacer”. El resultado es un desfase entre lo que esperamos del alumnado y las herramientas reales que le hemos proporcionado para llegar hasta ahí.“

Este desfase es una de las razones por las que, cuando se ponen en marcha las metodologías activas, a menudo, son los propios estudiantes los que se resisten. Sea por años de costumbre, por necesidad de rutinas, o por esa falta de preparación, muchos escolares, y especialmente alumnos de secundaria y universidad, mantienen una actitud pasiva hacia el aprendizaje y el acto de acudir a clase. Prefieren clases “cómodas”, en las que escuchar, apuntar y tener una idea clara de lo que deben memorizar para un examen. El día que el profesor o la profesora propone algo distinto, se percibe en el aula un cambio de energía, cierta resistencia, un “qué pereza” soterrado.

Y sin embargo, es justamente en ese momento de incomodidad, en ese momento de pensar, de hacer, de proponer, en lugar de recibir, en el que a menudo se produce el aprendizaje más significativo, más profundo. El que nos permite incorporar lo aprendido a lo que ya sabemos, utilizarlo, transformarlo.

Así nos lo ha explicado esta semana Juan Antonio Moreno Murcia,de la Universidad Miguel Hernández, en su artículo En defensa de las clases incómodas. Como él, muchos expertos en neuroeducación defienden que para aprender hay que pasar de la pasividad a la acción: comparar, relacionar, incorporar.

El esfuerzo ya no es “hincar los codos”, sino sacudirse la pereza y tener iniciativa. Y en este proceso, el papel del docente es si cabe más importante.

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ref. La conversación docente: ¿aprender solos? – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-aprender-solos-277257

Cómo logran los carteles reclutar, fidelizar y atraer a la violencia a decenas de miles de jóvenes mexicanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Con el supuesto fallecimiento del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se ha desatado una ola de inestabilidad y violencia. Pese a ello, los operativos militares y los actos de “retribución” de los seguidores del capo están poniendo al desnudo el éxito del “poder blando” (soft power) del crimen organizado.

Lo que nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿por qué un joven decide tomar un rifle y quemar un vehículo en una vía pública? La respuesta no es solo económica; es profundamente psicosocial.

La fidelidad como producto de consumo

La narcocultura ha diseminado un imaginario donde la adhesión al cartel se presenta como un rito de paso hacia la vida adulta y la relevancia. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), se estima que entre 30 000 y 45 000 menores de edad han sido reclutados por grupos delictivos. Esto obedece a una estrategia corporativa bien diseñada para atraer y captar, que en el último lustro se ha incrementado, según palabras del colectivo de madres buscadoras (grupo informal voluntario organizado para buscar a familiares desaparecidos) en México.

Esta fidelidad no nace del vacío, sino de una estética de la lealtad que los corridos y las redes sociales glorifican.

El cartel se vende como una estructura de cuidado que el Estado no provee. Para el joven que incendia una calle, ese acto de terrorismo es, en su psique distorsionada, una prueba de valor y pertenencia a una familia. Una tribu que sí lo ve, aunque sea para usarlo como carne de cañón.

Hay una fractura en el tejido social, que tiene que ver con el papel de la familia, relacionada, en el pasado inmediato, con una formación rígida y poco afectiva. Y, en la actualidad, con una sobreprotección, pero a la vez, ajena e invisible hacia sus “crías”.

Narcocultura, violencia y el mito del sicario

La relación entre narcocultura y sicariado es una simbiosis de deshumanización. La cultura del narco ha logrado “estetizar” la violencia. El sicario no se ve a sí mismo como un asesino, sino como un “guerrero” o como actor necesario en un “operativo”.

Esta semántica es peligrosa porque dota de un propósito heroico a actos atroces. La violencia se convierte en su lenguaje. En la narcocultura, el ejercicio de la fuerza es el único mecanismo de ascenso social rápido. Se proyecta que el sicariado es una etapa transitoria hacia el lujo, ocultando la realidad estadística.

La vida media de un joven en estas estructuras rara vez supera los tres años tras su ingreso activo, pesar de contar con un “plan de vida” que los proyecta al ascenso de manera vertiginosa, a través de resultados concretos.

En 2023, un estudio publicado en la revista Science, establecía que los grupos criminales en México sumaban entre 160 000 y 185 000 integrantes, convirtiéndolos en uno de los principales empleadores del país. Según sus modelos matemáticos, los carteles reclutan unas 350 personas por semana. De continuar esta tendencia, se podrían alcanzar los 200 000 miembros en 2027.

El relato ante el descabezamiento

“El rey ha muerto, viva el rey” ¿Qué sucede cuando un cartel como el CJNG enfrenta el vacío de su líder? La narcocultura ya tiene preparado el relato: la mitificación del caudillo. Ante la posible muerte de El Mencho, el relato criminal no reconoce la derrota, sino que invoca la figura del “mártir” o del “invicto”.

Este relato sirve para dos cosas:

  1. Mantener la cohesión: evitar deserciones mediante la mística del líder caído.

  2. Legitimar la sucesión: preparar el terreno para que nuevos liderazgos, a menudo más violentos y jóvenes, ocupen el vacío. Para la narcocultura, el líder es un símbolo. Si el hombre muere, el símbolo debe ser defendido con más sangre.

Es sabido que, cuando no se desarticula desde el origen y sólo se presume la cabeza, emergen el resto de las cabezas de la hidra, de forma violenta y
descontrolada.

Una propuesta desde la educación

Nuestra respuesta no puede ser el silencio. Debemos proponer una contraestética. Si el narco ofrece una “identidad de muerte”, la educación debe ofrecer una “identidad de propósito”. Necesitamos gestionar espacios donde la rebeldía juvenil se canalice hacia la transformación social y no hacia la autodestrucción armada.

El reto es arrebatarles el relato. El joven con el arma en ristre es, en última instancia, una víctima de un sistema cultural que le hizo creer que su única forma de ser alguien era destruyendo a los demás.

El secuestro de lo cotidiano

La narrativa oficial habla de “daños colaterales” o “quema de vehículos” y dicen que lo peor ya pasó. Mientras, la ciudadanía observa que la estrategia de contención es negativa, pues en los lugares con presencia del cartel, donde actúan confrontados y aliados, permanece la intranquilidad y el caos.

Esa versión se ve rebasada por el ciudadano que tiene que correr a resguardarse en el baño de la autopista o mantenerse cautivo al interior de su auto varado por horas, ante la angustia, zozobra y caos a su alrededor. O por la madre que no puede recoger a su hijo porque el transporte público se detiene. La palabra no es operativo: es terror.

La ciudadanía se atrinchera no por falta de valor, sino por un pragmatismo doloroso: sabe que, en el intercambio de fuego entre el Estado y el cartel, el civil es invisible.

Cuando el hogar se convierte en búnker, el Estado ha fallado en su promesa básica de seguridad.

La trampa del poder blando en el caos

El grupo criminal aprovecha este vacío de autoridad para lanzar su propio relato: “Nosotros estamos aquí porque el gobierno los tiene abandonados”. Es una mentira perversa. No se puede proteger a un pueblo al que se le usa como escudo humano o al que se le incendia su patrimonio para presionar a la autoridad.

El mayor acto de resistencia ciudadana es no normalizar el encierro.

  • Frente al Gobierno: exigir que la transparencia no sea un ejercicio de relaciones públicas, sino una rendición de cuentas sobre por qué la prevención falló.

  • Frente al crimen: Negarse a replicar su propaganda. Cada video de un bloqueo compartido por curiosidad es un punto de rating para el terror.

El miedo es una herramienta de gestión para el narco y un costo político para el Gobierno.

Conclusión: arrebatarle el futuro al algoritmo

La narcocultura no es un accidente estético. Es el resultado de un vacío de Estado y una derrota de la imaginación colectiva. Nuestra angustia no nace de una postura moralista o conservadora, sino del dolor de ver cómo el talento de una generación es devorado por una maquinaria que los consume como mercancía desechable.

El poder blando del crimen organizado es sumamente eficaz porque sabe leer la soledad y la falta de pertenencia de los jóvenes, ofrece un “nosotros” –aunque sea uno violento–, en un mundo que los individualiza y los descarta.

Sin embargo, hay una grieta en su armadura: el hartazgo. Existe una juventud vibrante que está cansada de que su identidad sea un campo de batalla y su futuro una moneda al aire. Ellos no quieren ser los protagonistas de la próxima narcoserie; quieren ser los dueños de su propia historia, lejos del estigma y la sangre.

Resulta necesario deconstruir la gramática del poder criminal para demostrar que la opulencia del “capo” no es éxito, sino una jaula de oro con fecha de caducidad.

Revertir la narcocultura implica proponer un proyecto de vida que sea más seductor que la muerte. Es un pacto entre la sociedad que guía y el joven que sueña, basado en la convicción de que la legalidad debe ser, ante todo, una ruta hacia la dignidad y la paz. Si se recupera la capacidad de asombro y de movilidad real, le habremos ganado la partida al algoritmo del terror.

Es hora de que la juventud deje de ser el guión de una tragedia ajena para convertirse en la autora de su propio renacimiento.

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Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo logran los carteles reclutar, fidelizar y atraer a la violencia a decenas de miles de jóvenes mexicanos – https://theconversation.com/como-logran-los-carteles-reclutar-fidelizar-y-atraer-a-la-violencia-a-decenas-de-miles-de-jovenes-mexicanos-276886

Estudiantes ‘autónomos’: una meta que ha de construirse por etapas y con acompañamiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

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La autonomía del alumnado se ha convertido en una de las grandes promesas del sistema educativo contemporáneo. Metodologías activas, aprendizaje basado en proyectos, evaluación formativa o trabajo cooperativo comparten un mismo trasfondo: formar estudiantes capaces de gestionar su propio aprendizaje.

Sin embargo, en las aulas aparece con frecuencia una paradoja incómoda. Pedimos autonomía a estudiantes que, en realidad, aún no han tenido la oportunidad de aprender a ser autónomos. Y esa contradicción tiene consecuencias educativas, emocionales y organizativas.

¿Qué es la autonomía?

La autonomía es la capacidad del alumnado para actuar de manera autodeterminada: fijarse metas, tomar decisiones sobre las tareas, supervisar y evaluar su aprendizaje. En primaria y secundaria, esto abarca desde trabajar de forma independiente en tareas establecidas por el profesorado hasta participar activamente en la definición de objetivos, contenidos o ritmos.

En muchos centros educativos, docentes de secundaria expresan una sensación recurrente: el alumnado “no se organiza”, “no planifica”, “no es responsable”. Al mismo tiempo, desde etapas anteriores se ha asumido que fomentar la autonomía significa, en gran medida, “dejar hacer”. El resultado es un desfase entre lo que esperamos del alumnado y las herramientas reales que le hemos proporcionado para llegar hasta ahí.




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Autonomía no es dejar solo

Conviene aclararlo desde el principio: autonomía no equivale a ausencia de acompañamiento. Ser autónomo no es aprender en solitario, sino desarrollar progresivamente la capacidad de tomar decisiones ajustadas sobre el propio aprendizaje: qué hacer, cómo hacerlo, cuándo pedir ayuda y cómo evaluar el propio progreso.

Desde la psicología educativa, la autonomía del alumnado se ha conceptualizado clásicamente como aprendizaje autorregulado. En el enfoque sociocognitivo del experto estadounidense Barry J. Zimmerman, la autorregulación no es una competencia innata que el alumnado posea o no: se aprende mediante instrucción, práctica guiada y retroalimentación progresiva.

Evitar la retirada prematura de la ayuda

Esta confusión entre autonomía y trabajo independiente conduce a una exigencia prematura que penaliza especialmente a quienes no han aprendido aún a planificar, supervisar y evaluar su propio aprendizaje.

Estos alumnos encuentran dificultades con las metodologías activas no porque no quieran aprender, sino por una retirada prematura del apoyo adulto. Cuando el andamiaje desaparece antes de tiempo, la autonomía no emerge; lo que aparece es desorientación.

Construir la autonomía por etapas

En la educación primaria, la autonomía es necesariamente guiada. El alumnado aprende a través de rutinas estables, modelos claros y decisiones pequeñas pero significativas: elegir el orden de una tarea, responsabilizarse de un material o revisar el propio trabajo con ayuda del docente.

El primer ciclo de educación secundaria es, probablemente, el tramo más delicado. Aquí se espera un salto cualitativo en la capacidad de autorregulación, pero no siempre se acompaña del apoyo necesario. Se amplían las tareas, se diversifican los profesores y se incrementa la exigencia, mientras que el acompañamiento se reduce de forma brusca. En muchos casos, el mensaje implícito es claro: “ya deberías saber hacerlo”. No todos pueden.




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Modular el apoyo

¿Qué hacer entonces con los que no pueden? La respuesta no pasa por reducir la exigencia, sino por modular el apoyo. Algunos estudiantes necesitan que se haga explícito lo que otros han aprendido de manera implícita: cómo planificar una tarea larga, cómo dividir un proyecto en pasos manejables, cómo anticipar dificultades o cómo revisar el propio trabajo antes de entregarlo. La autonomía no se impone: se entrena. Y ese entrenamiento requiere instrucciones claras desde el principio, práctica acompañada después y retirada progresiva del apoyo cuando las estrategias ya están consolidadas.

En los últimos cursos de secundaria, la autonomía debería consolidarse en forma de responsabilidad: planificación del tiempo, gestión emocional ante la evaluación, toma de decisiones académicas. Pero esta fase solo funciona cuando las anteriores han sido cuidadosamente construidas. Sin cimientos, la autonomía se convierte en una expectativa irreal.

Cuánta autonomía y para quién

Uno de los mayores retos para el profesorado es determinar cuánta autonomía dar y a quién. No todo el alumnado necesita el mismo nivel de apoyo, ni al mismo tiempo. Tratar la autonomía como un requisito uniforme puede generar desigualdades silenciosas.

Un mismo proyecto puede requerir distintos grados de estructura: más pautas para unos estudiantes, más libertad para otros. La autonomía eficaz es diferenciada, no homogénea. Ajustarla exige observación, criterio pedagógico y, sobre todo, tiempo para conocer al alumnado.

Cuando este ajuste no se produce, las consecuencias son claras: ansiedad, bloqueo, sensación de incompetencia e incluso abandono. La autonomía mal calibrada no empodera; desgasta.

Lo que necesitan los docentes

Paradójicamente, gran parte del debate sobre autonomía se ha centrado en el alumnado, cuando quizá deberíamos mirar antes al profesorado. Construir autonomía no es intuitivo: requiere formación específica, espacios de coordinación y una cultura compartida en los centros.

Un estudio realizado en Países Bajos mostró que incluso entre el profesorado no existe una definición compartida de lo que significa fomentar la autonomía del alumnado. Los varían desde instrucciones muy estructuradas hasta proyectos diseñados por los propios estudiantes.

Los docentes necesitan criterios claros sobre qué significa ser autónomo en cada etapa, cómo acompañar sin sobreproteger y cómo retirar la ayuda sin abandonar. Especialmente importante es la coordinación entre primaria y secundaria, para evitar rupturas bruscas que penalizan al alumnado.

Autonomía como resultado, no como punto de partida

Fomentar la autonomía del alumnado sigue siendo un objetivo irrenunciable. Pero conviene recordar algo esencial: la autonomía no es el punto de partida del aprendizaje, sino uno de sus mejores resultados.

Pedir autonomía sin haberla enseñado no es exigir más; es exigir antes de tiempo. Si queremos estudiantes capaces de aprender por sí mismos, primero debemos acompañarlos en el proceso de llegar a serlo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Estudiantes ‘autónomos’: una meta que ha de construirse por etapas y con acompañamiento – https://theconversation.com/estudiantes-autonomos-una-meta-que-ha-de-construirse-por-etapas-y-con-acompanamiento-274770

¿Por qué Punch nos rompe el corazón?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos José Monroy Barrero, Sociólogo, Mg Estudios Sociales, Doctorando en Estudios Sociales, Universidad de La Sabana

El mono Punch abraza a su orangután de peluche. Sana Muhy Ud Din/Shutterstock

El macaco Punch, un bebé primate en un centro de rescate en Japón, se ha convertido en un fenómeno global tras quedar huérfano y buscar consuelo aferrándose permanentemente a un oso de peluche. Su historia no solo inunda las redes sociales, sino que activa en nosotros una respuesta emocional inmediata que parece trascender fronteras y especies.

Sin embargo, este interés masivo requiere entender que en Punch convergen desde nuestros instintos biológicos más honestos hasta las mecánicas más complejas de consumo digital en la era moderna.

Podemos entonces analizarlo a partir diversas perspectivas complementarias: desde la psicología social, la sociología, la filosofía política y la ciencia cognitiva.

La paradoja de Punch: empatía dentro de la “cámara de eco”

Punch se presenta como el vehículo ideal para lo que la ciencia denomina contagio moral. Su situación de orfandad y cautiverio apela a un sentido universal de justicia. Sin embargo, el entorno digital transforma esta tragedia en un producto de consumo estético seguro.

La presencia de palabras morales y emocionales en los mensajes incrementa su difusión en un 20 % por cada término adicional que promueva emotividad. Desde esta perspectiva, el lenguaje moral-emocional aumenta la propagación de un mensaje de manera significativamente más fuerte dentro de grupos que ya comparten una misma visión del mundo. En cambio, su impacto disminuye drásticamente al intentar cruzar hacia grupos con valores distintos, por ejemplo, animalistas o de tráfico de animales.

En lugar de unirnos en una causa global por el cuidado de la biodiversidad, a menudo consumimos historias como las de Punch para reafirmar la propia identidad ante nuestros iguales. En este contexto, la empatía deja de ser un puente hacia el “otro” y se convierte en una moneda de cambio dentro de nuestras “cámaras de eco” digitales. Compartir el vídeo no busca necesariamente modificar la realidad del cautiverio de animales, sino demostrar a nuestro círculo cercano que somos personas sensibles, empáticas y morales.

La era del vacío y el narcisismo de la empatía

Desde la sociología de Gilles Lipovetsky, este fenómeno es un síntoma de “la era del vacío”. En la hipermodernidad, el individuo ya no se moviliza por grandes deberes sociales, sino por la búsqueda de afectos que no le comprometan a nada. El narcisismo es la otra cara de la moneda de desinterés social, donde el sujeto busca un “reciclaje del yo” a través de la comunicación y el afecto.

Nuestra insistente atención en torno al relato de Punch es, en última instancia, una manifestación de consumo afectivo propia de la hipermodernidad. Siguiendo a Lipovetsky, este fenómeno ejemplifica un proceso social que tiende a sustituir la coacción por el placer y el mando por la incitación: ya no nos movemos por rígidos deberes éticos o mandatos sociales que exigen sacrificio, sino por estímulos seductores que nos invitan a sentir. En este escenario, el interés por el macaco no nace de un despertar político contra el tráfico de especies, sino de una “seducción continua” que nos ofrece una gratificación emocional inmediata y sin riesgos.

Nos encontramos ante un narcisismo que se conmueve principalmente con aquello que refuerza su propia imagen. La historia “se resuelve sola” cuando el animal es acogido por otro primate o con un cambio de peluche, liberándonos de cualquier compromiso real a largo plazo. Al compartir la pena por Punch, no estamos actuando sobre la realidad del cautiverio, sino consumiendo una imagen de nosotros mismos que nos devuelve el reflejo de una identidad sensible y moral en un mundo indiferente.

La ‘emocracia’ en el régimen de la ‘infocracia’

Otra perspectiva es la que plantea el filósofo Byung-Chul Han cuando advierte de que este interés masivo es una pieza clave de la “infocracia”. En el régimen digital, la información ya no busca la verdad, sino la eficacia emocional. La información es un fenómeno del presente que carece de interioridad y se agota en el momento de su difusión.

Punch es el objeto informativo ideal porque no invita a la reflexión lenta que requiere la política real. Vivimos en una “emocracia”, donde las emociones son más rápidas que los argumentos y la comunicación digital es una comunicación afectiva.

El vídeo de Punch despoja al animal de su profundidad para convertirlo en una mercancía visual. La transparencia digital nos obliga a exponerlo todo, pero esa visibilidad total termina cegándonos: estamos tan ocupados consumiendo la estética de lo tierno que perdemos de vista causas estructurales como la pérdida de hábitat, el comercio de mascotas exóticas que pusieron al macaco y su especie en esa situación, e incluso que su sobreexposición podría aumentar la problemática.

El antropomorfismo como mecanismo automático

Pero ¿por qué nos interesa más el relato de Punch que el de otros animales?

La clave reside en cómo nos relacionamos con el mundo. Las imágenes del vídeo hacen que desarrollemos afecto automático ante su situación. No vemos a un primate silvestre en una situación de estrés biológico; vemos a un niño que busca refugio. Esta simulación mental nos permite “sentir” su soledad de manera directa. El peluche funciona como un puente simbólico que humaniza al animal, eliminando la distancia necesaria para cuestionar su realidad, reemplazándola por una proyección efímera de sentimientos puramente humanos.

Por lo anterior, no podemos solo reducir este fenómeno a un simple ejercicio de vanidad digital, dado que sería ignorar resortes biológicos y narrativos profundamente honestos. El antropomorfismo es un “mecanismo de interacción básico” y automático que aparece de forma temprana en nuestra especie. Al ver a Punch, no estamos simplemente cometiendo un error de juicio, sino activando una “atribución automática de estados mentales y afectivos” ante la vulnerabilidad.

Esta capacidad de imaginar la mente del otro animal o humano responde a una necesidad genuina de vinculación y consuelo. En un mundo hiperconectado, la potencia narrativa del macaco que busca refugio apela a un arquetipo universal de fragilidad. No solo vemos a un animal en Japón, sino que proyectamos en él de forma inconsciente nuestra propia necesidad de cuidado, convirtiendo la historia de Punch en un espejo de valores que expresan una humanidad compartida.

Hacia una empatía responsable

El relato de Punch nos interesa porque es cómodo. Nos permite ser “morales” sin ser políticos, y ser “sensibles” sin ser responsables. Pero para aportar soluciones reales, debemos transformar esta emoción en acción ciudadana consciente.

El primer paso es romper el sesgo de la transparencia: reconocer que detrás de una imagen viral hay un abuso hacia la naturaleza que un peluche y likes no pueden curar por sí solo. Cuando pasemos del consumo emocional a la exigencia de políticas públicas de conservación habremos dejado de tratar a los animales como espejos de nuestro propio vacío para verlos, finalmente, como seres con derecho a una vida en libertad, lejos de las cámaras y los peluches.

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Carlos José Monroy Barrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué Punch nos rompe el corazón? – https://theconversation.com/por-que-punch-nos-rompe-el-corazon-277124

Diabetes y gasto sanitario: prevenir es más barato que tratar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Andrade-Gómez, Profesora del Grado en Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de La Rioja, Universidad de La Rioja

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La diabetes, una de las enfermedades crónicas más prevalentes a nivel mundial, es también una de las más costosas. Y no hablamos solo de salud: hablamos de economía, productividad y sostenibilidad de los sistemas sanitarios.

Un estudio macroeconómico publicado recientemente estima que, entre 2020 y 2050, la diabetes generará costes acumulados de 10,2 billones de dólares (8,6 billones de euros) a nivel mundial. En términos anuales, esto equivale aproximadamente al 0,22 % del PIB mundial. Si se incorporan los costes del cuidado informal –familiares que reducen su jornada laboral o abandonan el empleo para atender a un ser querido–, la cifra alcanza los 78 billones de dólares (65,7 billones de euros).

Son cifras difíciles de imaginar, pero detrás de ellas hay una realidad concreta: consultas médicas recurrentes, hospitalizaciones, tratamientos farmacológicos o complicaciones que requieren atención especializada.

Cuando la enfermedad avanza, el coste se multiplica

Si el diagnóstico se retrasa o el control metabólico no es adecuado, el riesgo de padecer complicaciones graves aumenta. Y cuando estas se presentan, el impacto sanitario y económico se dispara.

Problemas como los trastornos cardiovasculares, la insuficiencia renal, la neuropatía, la retinopatía o las amputaciones deterioran gravemente la calidad de vida e implican ingresos hospitalarios, intervenciones complejas, tratamientos crónicos y seguimiento multidisciplinar, lo que se traduce en un incremento significativo del consumo de recursos sanitarios.

Pero el impacto no termina aquí.

El coste invisible: productividad y cuidado informal

La diabetes también tiene un coste menos visible, pero igual de relevante: el económico indirecto, es decir, el que la enfermedad ocasiona en el ámbito laboral.

El absentismo, el presentismo (acudir al trabajo sin estar en buenas condiciones), la incapacidad temporal o la jubilación anticipada afectan a la productividad. A ello se suma el cuidado informal o no remunerado, que a menudo recae en familiares. Cuando un familiar reduce su jornada o abandona su empleo para cuidar a un ser querido, también disminuye la productividad, lo que incrementa la carga económica de la enfermedad.

A diferencia de estudios previos, el estudio macroeconómico considera también la pérdida de productividad y el efecto sobre el crecimiento económico. La diabetes, en este sentido, no es solo una cuestión clínica: plantea un desafío estructural.

La paradoja: una enfermedad en gran parte prevenible

Lo más llamativo es que buena parte de esta carga podría evitarse.

Se estima que hasta el 90 % de los casos de diabetes tipo 2 podrían evitarse mediante la adopción de hábitos de vida saludables, como aumentar la actividad física regular, reducir el sedentarismo, seguir una alimentación equilibrada y evitar el tabaquismo. Es decir, no hablamos de una condición inevitable, sino de una enfermedad fuertemente influida por el estilo de vida y el entorno.




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Además, la detección precoz y el control adecuado en personas ya diagnosticadas permiten intervenir antes de que aparezcan complicaciones irreversibles. Prevenir no significa únicamente evitar nuevos casos: también implica frenar la progresión de la enfermedad, retrasar complicaciones y mejorar la calidad de vida de quienes ya conviven con diabetes.

Invertir antes o pagar después

Desde una perspectiva estrictamente económica, la pregunta es sencilla: ¿es más eficiente invertir en prevención o asumir el coste creciente de las complicaciones?

La prevención requiere recursos: programas de promoción de actividad física, acceso a alimentación saludable, educación sanitaria, cribado poblacional y seguimiento clínico temprano. Dado que las complicaciones avanzadas concentran una parte sustancial del gasto sanitario, intervenir de forma temprana se perfila como una estrategia potencialmente más eficiente.

Además, la innovación farmacológica está aportando herramientas prometedoras. Nuevos tratamientos, como los agonistas del receptor GLP-1, no solo han demostrado mejorar el control glucémico, sino también reducir eventos cardiovasculares. Utilizados de forma adecuada, con supervisión médica y garantizando un acceso equitativo, podrían ayudar a disminuir complicaciones futuras y, con ello, parte del gasto.

No obstante, ningún medicamento puede sustituir a la prevención estructural. Sin entornos que faciliten elecciones saludables –ciudades caminables, acceso a alimentos frescos, políticas que reduzcan el sedentarismo…–, la tendencia difícilmente cambiará.

Más allá de los números

Las cifras macroeconómicas impresionan, pero no deben eclipsar lo esencial: detrás de cada dato hay personas que viven con una enfermedad crónica que condiciona su día a día.

El impacto no es solo sanitario ni laboral, también es social. Franz Martín Bermudo, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad Pablo de Olavide y vicepresidente segundo de la Sociedad Española de Diabetes, explica que el coste social de esta enfermedad –entendido como el efecto en la esfera emocional, personal y familiar, incluyendo posibles estigmas o situaciones de discriminación– es 2,2 veces mayor que el de una persona que no padece la enfermedad, y hasta 5 veces mayor cuando aparecen complicaciones.

Invertir en prevención no es solo una estrategia para equilibrar presupuestos sanitarios, sino también una inversión en calidad de vida, en años de vida saludable y en sostenibilidad social.

La lección resulta clara: evitar complicaciones supone menos sufrimiento y menos gasto, el diagnóstico precoz ofrece oportunidades de intervención y las políticas públicas orientadas a la prevención generan un retorno tangible.

Quizá la pregunta más relevante no sea cuánto cuesta la diabetes, sino cuánto estamos dispuestos a invertir hoy para que no cueste aún más mañana. El reloj corre: ¿actuaremos a tiempo?

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Diabetes y gasto sanitario: prevenir es más barato que tratar – https://theconversation.com/diabetes-y-gasto-sanitario-prevenir-es-mas-barato-que-tratar-275342