Tres cosas que ‘Más que rivales’ muestra sobre la masculinidad en el deporte profesional

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antoni Aguiló Bonet, Investigador postdoctoral en filosofía contemporánea, Universitat de les Illes Balears

Un fotograma de _Más que rivales_. Warner Bros. Discovery

En una serie sobre hockey de élite se espera velocidad, golpes y épica de vestuario. Más que rivales tiene todo eso. Pero la escena que mejor explica por qué importa no ocurre durante un partido, sino en la intimidad: preguntas sencillas –“¿qué quieres hacer?”, “¿así está bien?”, “¿tienes miedo?”– dichas con naturalidad durante un encuentro sexual.

Este detalle abre un interrogante: ¿qué modelos de masculinidad produce el deporte profesional, también en la intimidad entre hombres? ¿Y qué cambia cuando el consentimiento deja de ser un supuesto y se convierte en conversación? Más allá de la trama, la serie permite observar tres cuestiones relevantes sobre consentimiento, masculinidad y cultura deportiva.

1. El consentimiento verbal cuestiona ciertas masculinidades

El deporte profesional sigue siendo, en muchos contextos, un espacio donde la masculinidad se organiza en torno a tres imperativos: resistir, rendir y no mostrar fisuras. Desde hace décadas, la sociología del deporte describe este entorno como un laboratorio de dureza, disciplina y control emocional. Los trabajos de Michael Messner muestran cómo estos espacios premian el dominio y la fortaleza, mientras que la vulnerabilidad a menudo se percibe como un riesgo para el prestigio.

En este marco cultural, preguntar o confirmar no es solo una práctica interpersonal de cuidado. También es un gesto que altera la lógica habitual de la masculinidad dominante. La pregunta “¿te va bien?” desplaza el centro de gravedad de la escena: el deseo ya no aparece como una conquista individual, sino como una coordinación entre dos personas.

Dos hombres se miran en una ducha.
Connor Storrie y Hudson Williams en una escena de Más que rivales.
Warner Bros. Discovery

No es lo mismo entender el consentimiento como un momento puntual –un sí inicial– que concebirlo como un proceso que puede matizarse o interrumpirse. Esta segunda opción exige habilidades que muchas formas de socialización masculina han entrenado poco: nombrar lo que ocurre, escuchar o ajustarse al otro sin interpretarlo como un fracaso.

La serie sugiere así una idea a menudo ignorada: la masculinidad también se aprende en la intimidad. En contextos donde “no desentonar” sigue siendo una norma viril, formular una pregunta puede resultar culturalmente más disruptivo de lo que parece.

2. El armario no es solo privado

Una de las aportaciones clásicas de la teoría queer fue mostrar que el “armario” no es solo una experiencia psicológica individual. También es una estructura social que regula quién puede ser visible, cuándo y a qué precio. Esta idea quedó formulada en Epistemology of the Closet, de Eve Kosofsky Sedgwick.

En el deporte profesional, esta regulación tiene consecuencias concretas: puede afectar a la reputación, los patrocinios, la relación con el vestuario, el trato mediático o incluso la continuidad de una carrera deportiva.

Más que rivales sugiere que la aceptación simbólica no elimina necesariamente estos costes. La visibilidad sigue distribuida de manera desigual: hay trayectorias que pueden sostenerla con mayor facilidad que otras, y contextos en los que hablar todavía implica riesgos.

Esta estructura también influye en la cultura del consentimiento. No porque el armario lo sustituya, sino porque condiciona los marcos comunicativos en los que se produce. Si hablar abiertamente en la vida pública tiene costes, parte de esa economía del silencio puede trasladarse a la intimidad: evitar preguntas para no complicar la situación o recurrir a ambigüedades.

La serie muestra que incluso bajo esta presión se puede construir una intimidad que no dependa ni del control ni del silencio.

3. Entre hombres tampoco hay un único guión sexual

En el debate público, el consentimiento se presenta a menudo como una fórmula universal aplicable a cualquier encuentro sexual. Sin embargo, la investigación sobre relaciones entre hombres gais, bisexuales y queer muestra una realidad más compleja: existen códigos sexuales situados que varían según los espacios y las formas de socialización sexual.

Dos hombres jóvenes en una rueda de prensa.
Los dos protagonistas de Más que rivales.
Warner Bros. Discovery

Una revisión reciente de varios investigadores señala que entrar en determinados ambientes sin conocer estos códigos puede aumentar la vulnerabilidad y que normas asociadas a la masculinidad hegemónica –como el control o la evitación emocional– siguen operando en el sexo entre hombres.

Esto no implica que la comunicación no verbal sea problemática en sí misma. En muchos encuentros funciona perfectamente. El problema aparece cuando se da por supuesta en contextos marcados por el alcohol, la presión social, la desigualdad de poder o el miedo a perder estatus.

Por ello, algunos estudios han señalado que parte de las políticas de “consentimiento afirmativo” se diseñaron pensando sobre todo en un guion heterosexual predominante. Ya en un trabajo pionero, Melanie Beres mostraba que la comunicación del consentimiento en relaciones del mismo sexo puede adoptar formas diversas y contextuales.

Más allá de la pantalla

La serie sugiere también un límite importante. La impugnación de la masculinidad tradicional aparece mediada por el prestigio: cuerpos entrenados, fama y capital simbólico, que facilitan la aceptación social, pero también restringen qué vidas pueden ser visibles.

Si en un vestuario de élite una pregunta tan simple como “¿estás bien?” puede resultar extraña, el problema no es la pregunta, sino la cultura patriarcal que aún organiza qué se puede decir, sentir y ser.

Porque, al fin y al cabo, lo que está en juego no es solo quién puede aparecer representado en la pantalla, sino qué tipo de masculinidad seguimos considerando normal dentro –y fuera– del deporte profesional.

The Conversation

Antoni Aguiló Bonet es miembro de Homes Transitant, asociación sin ánimo de lucro dedicada a la reflexión sobre masculinidades.

– ref. Tres cosas que ‘Más que rivales’ muestra sobre la masculinidad en el deporte profesional – https://theconversation.com/tres-cosas-que-mas-que-rivales-muestra-sobre-la-masculinidad-en-el-deporte-profesional-279139

Por qué cuando usamos otro idioma los hablantes nativos nos parecen bordes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Irini Mavrou, Associate professor, Universidad Nebrija; UCL

La grosería, ya sea real o percibida, puede afectar profundamente a la cooperación, la confianza y la cultura en el lugar de trabajo. Sin embargo, los juicios sobre lo que consideramos borde no se limitan a palabras o frases concretas que denotan falta de respeto, sino que están determinados por el procesamiento emocional del oyente, su atención a las señales no verbales y su postura moral subyacente.

En entornos multilingües, esta complejidad se agrava, ya que los malentendidos no surgen únicamente de las lagunas de vocabulario o los errores gramaticales. De hecho, a menudo tienen más que ver con nosotros mismos –nuestros propios juicios emocionales y morales sobre lo que otros dicen y hacen– que con las palabras que se pronuncian.

Si se comunica con frecuencia en su segunda lengua, se habrá encontrado con esto a menudo. Es posible que alguien le hable con calma, claridad y sin ningún atisbo de mala voluntad, pero aun así le deje con una sensación incómoda: “No ha dicho nada malo… pero me ha parecido borde”.

Nuestra investigación arroja luz sobre este fenómeno al analizar la intersección entre la pragmática (cómo se utiliza el lenguaje en contexto), la investigación sobre las emociones, el bilingüismo y la psicología moral.

En un estudio reciente, publicado en Lingua, examinamos cómo las personas que utilizan su primera y segunda lengua valoran la falta de educación en las interacciones laborales. Nuestros hallazgos revelan que los juicios sobre la grosería no son puramente lingüísticos, ni siquiera exclusivamente culturales; están profundamente ligados a las emociones y a las intuiciones morales.

Valoración de la descortesía en el lugar de trabajo

Reclutamos a 55 hablantes nativos (L1) de inglés y a 45 hablantes de español cuya segunda lengua (L2) era el inglés. Los participantes vieron una serie de vídeos que mostraban interacciones en el lugar de trabajo con peticiones, interrupciones, desacuerdos y órdenes. Tras ver cada clip, se les pidió que:

  • Valoraran lo descortés que les parecía la interacción.

  • Describieran las emociones que experimentaron.

  • Completaran un cuestionario para medir sus valores morales.

El uso de vídeos en lugar de diálogos escritos permitió a los participantes responder al tono de voz, la expresión facial y los gestos; es decir, las mismas señales en las que nos basamos en los lugares de trabajo reales. Esto es crucial, ya que investigaciones anteriores muestran que los usuarios de una L2 tienden a basarse en mayor medida en la información visual, como el lenguaje corporal, al procesar interacciones en una lengua extranjera.




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Percepciones de falta de educación

Nuestro estudio reveló dos patrones principales.

En primer lugar, los hablantes de una segunda lengua son más sensibles a la falta de educación. Los hispanohablantes que utilizaban el inglés como segunda lengua tendían a calificar las mismas interacciones como más descorteses que los hablantes nativos de inglés. Es importante destacar que esto no significa que malinterpretaran el lenguaje.

Una explicación es que los hablantes de un segundo idioma pueden sobreestimar lo ofensivo, un patrón observado anteriormente con lenguaje tabú o cargado de emotividad en contextos de L2. Algunos fragmentos también incluían palabrotas o intercambios tensos, lo que suponía una posible “señal de alarma” para los receptores de la L2 en situaciones que los hablantes nativos eran capaces de interpretar con más matices.

Otra explicación radica en la atención: dado que procesar el habla en una L2 implica un mayor esfuerzo cognitivo, es posible que los participantes se basaran más en las expresiones faciales y los gestos. Interpretar estas señales como indicios de tensión o conflicto pudo haber dado lugar a valoraciones más altas de descortesía.

También es posible que los hablantes de una segunda lengua sean más sensibles a las señales que interpretan como descorteses y estén más atentos a posibles faltas de respeto, tal vez debido a una incertidumbre subyacente sobre las normas culturales o pragmáticas.

El segundo hallazgo fue que las reacciones emocionales son sorprendentemente similares entre los grupos. A pesar de las diferencias en la percepción de la descortesía, ambos grupos informaron de respuestas emocionales similares ante comportamientos que consideraban maleducados.

Esto es importante porque cuestiona la idea de que las personas sienten menos emociones cuando utilizan una segunda lengua. De hecho, las emociones fueron tan intensas en la L2 como en la L1. Muchas de estas emociones reflejaban la moralidad e incluían la empatía, la ira ante comportamientos dañinos y preocupaciones sobre la justicia y el respeto.

Las acciones que violaban los fundamentos morales del daño y el cuidado (por ejemplo, situaciones en las que se trataba a alguien de forma irrespetuosa o se ignoraba el bienestar de alguien) desencadenaban reacciones emocionales especialmente intensas. La ira se reveló como una de las emociones dominantes, especialmente en los vídeos en los que los participantes percibían acoso, sexismo u opresión.




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Gestión de entornos de trabajo multilingües

Nuestros hallazgos tienen una serie de implicaciones tanto científicas como prácticas.

En primer lugar, revelaron un marco moral compartido entre diferentes culturas. Las reacciones emocionales ante la falta de educación parecen tener su origen en valores morales similares en todos los grupos lingüísticos. Esto proporciona una base común sobre la que los empleadores y los formadores interculturales pueden trabajar para fomentar una mejor comunicación.

Nuestro estudio también hace hincapié en la necesidad de ir más allá de la competencia lingüística a la hora de aprender y enseñar. Comprender la grosería no consiste solo en conocer el vocabulario, sino también en interpretar las señales sociales y emocionales en su contexto.

Por lo tanto, los educadores deben formar a las personas para la comunicación real. Los estudiantes de una segunda lengua pueden beneficiarse de un debate explícito sobre cómo los gestos, el lenguaje tabú y el tono emocional pueden malinterpretarse cuando la atención se centra solo en una parte de la interacción.

Este tipo de formación también debe adaptarse a los diferentes contextos. Las culturas orientales, por ejemplo, tienden a ser de “alto contexto”, lo que significa que los hablantes pueden preferir un lenguaje indirecto y cauto, o lo que los lingüistas llaman “atenuación”. Sin embargo, las personas de culturas de “bajo contexto”, como Rusia, pueden considerar que el lenguaje explícito y directo es más honesto y, por lo tanto, más educado.

Tener una mayor conciencia de las reglas lingüísticas culturales y personales que siguen nuestros colegas nos permite evitar ofender sin querer. Sería imposible aprender las normas lingüísticas de todas y cada una de las sociedades, pero podemos derribar barreras siendo más conscientes de estas diferencias, tanto al hablar como al ser interpelados en un segundo idioma.

La moral importa

Es tentador pensar que los juicios sobre la educación son puramente culturales o lingüísticos. Pero nuestro estudio muestra que las emociones morales –los sentimientos instintivos que nos dicen que algo está bien o mal– son fundamentales en la percepción del comportamiento grosero, incluso cuando hablan en una segunda lengua.

Cabe destacar que los participantes en nuestro estudio hicieron comentarios morales frecuentes y espontáneos sobre lo que veían, describiendo comportamientos como misóginos, de acoso o injustos. Esto demuestra que nuestras evaluaciones de la falta de cortesía suelen girar en torno a cuestiones más profundas de orden moral, incluso cuando solo somos observadores de una interacción.

A medida que los lugares de trabajo se globalizan cada vez más, será vital comprender no solo el lenguaje, sino también las perspectivas emocionales y morales que las personas aportan a la comunicación. Los malentendidos no son solo errores de pronunciación: pueden derivarse de cómo interpretamos los gestos, procesamos las emociones y aplicamos nuestro juicio moral a lo que vemos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Por qué cuando usamos otro idioma los hablantes nativos nos parecen bordes – https://theconversation.com/por-que-cuando-usamos-otro-idioma-los-hablantes-nativos-nos-parecen-bordes-279150

Así libran EE. UU., Israel e Irán la batalla por ofrecer el relato más impactante

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa Marcela Ramos Hidalgo, Vicedecana de Relaciones Internacionales y Profesora de Relaciones Internacionales, Universidad de Murcia

Las narrativas estratégicas son procesos comunicativos que se emplean para persuadir a la opinión pública y que permiten moldear y gestionar las percepciones de la ciudadanía. En los conflictos contemporáneos, estas narrativas no solo explican las decisiones políticas, sino que también buscan legitimar la acción militar. Cada actor implicado construye su propio relato para justificar sus objetivos.

La guerra en Irán no es una excepción: Estados Unidos, Israel, Irán y sus respectivos líderes políticos compiten por imponer interpretaciones que presenten sus decisiones como necesarias, legítimas o inevitables.

Si bien el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado continuamente señales confusas sobre el fin o la duración de la intervención en Irán –la operación Furia Épica–, también ha presentado la contienda como un imperativo de la seguridad global y de la restauración de un orden regional estable.

Trump decidió atacar a Irán y lo anunció desde su red social Truth. Días más tarde, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, lo confirmó. Declaró que la guerra tiene como objetivo defender al pueblo estadounidense eliminando amenazas inminentes del régimen iraní, así como derrocar a los ayatolás. Todo ello sin la búsqueda de consenso previo ante la opinión pública y sin el permiso del Congreso estadounidense.

A su vez, Israel sostiene que estas operaciones, realizadas de manera conjunta y planificada con EE. UU., son consideradas preventivas y representan un acto de defensa proactiva contra el terrorismo de Estado. El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu, anunció en televisión la operación bautizada como León Rugiente, haciendo alusión a un imaginario histórico y épico de guerra.

Trump informa a través de su red social

Bajo esta visión, ambos gobiernos coinciden en que el uso de la fuerza es necesario para garantizar las rutas comerciales y atacar a un actor que consideran irracional y desestabilizador. Cuesta entender que Donald Trump considere a Irán ahora un actor peligroso cuando él mismo reconoció en su red social –Truth Social– en junio de 2025 el éxito de las operaciones que Estados Unidos llevó a cabo sobre el país y que tuvieron como resultado la aniquilación total de las instalaciones nucleares iraníes.

Analizando las palabras usadas por los gobiernos de ambos países en entrevistas, comunicados y redes sociales a favor de la maquinaria de esta confrontación se observa el despliegue de una gestión comunicativa que usa a las grandes tecnológicas –en su mayoría de capital estadounidense– y que logra que sus mensajes tengan repercusión en agencias de noticias y medios internacionales.

Sin embargo, el Gobierno iraní no cuenta con la misma tecnología, pero parece compensarlo con tener mayor control sobre los medios informativos nacionales. Se trata de un régimen que no permite libertad de prensa y las agencias de noticias están totalmente alineadas al mensaje del gobierno.

Mensajes al mundo en farsi, iglés, árabe y español

A su vez, recurre al uso de canales occidentales populares (X, Facebook, YouTube o TikTok) para enviar mensajes claros no solo a sus ciudadanos en farsi, sino también al resto del mundo usando los los idiomas más hablados: inglés, árabe y español.

Las declaraciones de las autoridades emplean una narrativa cuidadosa y coherente de resistencia existencial que apela a aspectos morales. Ponen énfasis en que los ataques recibidos, calificados reiteradamente como ilegales y contrarios al derecho internacional, van dirigidos al “pueblo iraní”, lo que diluye la idea de que van en contra del régimen.

Irán reafirma el derecho del control de su territorio y usa canales como Facebook a través de los cuales el ministro de Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, responsabiliza –en inglés– a Estados Unidos de las consecuencias de la guerra y reclama su derecho a la defensa conforme a los principios de la carta de las Naciones Unidas.

Irán justifica constantemente sus agresiones a terceros países como herramientas legítimas de disuasión ante su soberanía fuertemente agredida, a décadas de sanciones económicas y sabotajes externos por parte del imperialismo estadounidense y al expansionismo sionista.

Así, los tres países llevan una gestión estratégica desde el ámbito comunicativo muy centrada en redes sociales y medios digitales, compartiendo datos de inteligencia e imágenes del daño causado al enemigo como prueba de éxitos obtenidos que refuerzan la moral de sus propias tropas.

De igual modo, minimizan la destrucción de instalaciones propias y los daños colaterales para que parezcan acciones quirúrgicas y bien planificadas en contra de objetivos justificados.

Neutralizar el relato del enemigo

Al observar los mensajes y sus contextos se puede percibir que hay una clara intención de instrumentalizar lo que se ve en los medios como sinónimo de victoria. Los tres países buscan influir en la percepción de la opinión pública mundial, así como generar mayor confianza en las propias fuerzas militares. Esto, a su vez, permite desanimar al adversario ante lo inevitable de su derrota. Autoridades de Washington, Teherán y Tel Aviv presentan narrativas que buscan neutralizar el relato del enemigo calificándolo de propaganda o desinformación.

En definitiva, en paralelo a los ataques militares en Oriente Medio se lleva a cabo una guerra de información y propaganda que genera una lucha por el relato sobre lo que sucede casi tan importante como los hechos mismos.

Esta narrativa se disemina a través de vídeos, declaraciones y redes sociales en un ecosistema donde también conviven las opiniones y vídeos no oficiales subidos a las redes por parte de la población que padece estas agresiones en los demás países del golfo Pérsico.

Son acciones de censura y propaganda en una era donde hay un exceso de fuentes informativas y múltiples canales para informarse e interpretar lo que está sucediendo en esa zona con costes o ventajas políticas para los involucrados.

The Conversation

Rosa Marcela Ramos Hidalgo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Así libran EE. UU., Israel e Irán la batalla por ofrecer el relato más impactante – https://theconversation.com/asi-libran-ee-uu-israel-e-iran-la-batalla-por-ofrecer-el-relato-mas-impactante-278283

¿Por qué a los jóvenes les cuesta ahorrar? Una explicación desde el tiempo y la cultura económica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Ruiz Reina, Profesor de Economía Aplicada, Universidad de Málaga

Krakenimages.com/Shutterstock

Hablar de ahorro entre los jóvenes profesionales suele conducir a un diagnóstico inmediato: salarios bajos, precariedad laboral y vivienda inaccesible. Estos factores son relevantes, pero no suficientes. La investigación económica muestra que el ahorro no depende solo de los ingresos sino también de cómo una sociedad organiza su relación con el tiempo. En otras palabras, ahorrar es una decisión que conecta el presente con el futuro.




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El ahorro y el tiempo: corto, medio y largo plazo

Desde la teoría económica, ahorrar significa renunciar a consumo presente para obtener bienestar futuro. Es una decisión intertemporal. La economía del comportamiento ha demostrado que las personas tienden a dar más peso al corto plazo que al largo, incluso cuando esto perjudica su bienestar futuro.

Este sesgo se intensifica en entornos dominados por la inmediatez. El consumo constante de información, entretenimiento y recompensas rápidas dificulta pensar en horizontes largos. Cuando el corto plazo domina, el ahorro pierde atractivo y la inversión se percibe como algo lejano o inaccesible.

La ruptura del marco tradicional de ahorro

En muchos países, esta dificultad se ha visto reforzada por un cambio estructural. Durante décadas, el ahorro estuvo ligado casi exclusivamente a la vivienda en propiedad. Comprar una casa era una forma de planificar el futuro y de transmitir estabilidad entre generaciones.

Cuando esta vía dejó de ser accesible para muchos jóvenes, no fue sustituida por una cultura alternativa de ahorro financiero. A ello se suma la escasa presencia de educación financiera en el sistema educativo y una entrada tardía y precaria en el mercado laboral. En este contexto, planificar a medio y largo plazo resulta complicado.




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No se trata de una falta de esfuerzo individual, sino de la ausencia de instituciones y aprendizajes sociales que faciliten decisiones financieras sostenidas en el tiempo.

Ahorro e inversión: una relación macroeconómica clave

Desde el punto de vista macroeconómico, el ahorro y la inversión están estrechamente relacionados. Cuando se observa una economía en su conjunto, a posteriori, el ahorro agregado y la inversión agregada terminan siendo iguales. Esta identidad contable no implica que todos los individuos ahorren o inviertan igual, pero sí subraya una idea central: no puede haber inversión sostenida sin una base previa de ahorro.

Cuando el ahorro interno es débil, la inversión depende del endeudamiento externo o de mecanismos financieros que aumentan la vulnerabilidad económica. Por eso, la dificultad para ahorrar no es solo un problema individual, sino también un reto estructural para el crecimiento y la estabilidad.

Cultura y transmisión intergeneracional del largo plazo

Las diferencias en ahorro entre países y grupos sociales no dependen solo del nivel de renta, sino también de normas culturales transmitidas entre generaciones.

La cultura china ha sido analizada como un ejemplo de sociedad con fuerte énfasis en el ahorro y la planificación intergeneracional, lo que se refleja en tasas de ahorro elevadas, incluso en periodos de rápido crecimiento. El elemento común es considerar el futuro como parte del presente.




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Estrategia, incertidumbre y decisiones económicas

Pensar en horizontes largos no significa renunciar al presente. Significa reducir la vulnerabilidad frente a la incertidumbre. Esta idea aparece también en textos clásicos como El arte de la guerra, de Sun Tzu (s. V a.e.c.), donde la anticipación y la preparación se presentan como claves del éxito frente a la improvisación.

En economía cotidiana comprender conceptos como el interés compuesto es fundamental. Este mecanismo favorece el ahorro cuando se aplica al capital acumulado, pero actúa en sentido contrario cuando se trata de deuda. El desconocimiento de este efecto contribuye a decisiones financieras perjudiciales, especialmente entre los jóvenes.

Instituciones, educación e inteligencia artificial

La reconstrucción de una cultura del ahorro no puede recaer únicamente en decisiones individuales. Requiere la implicación de instituciones públicas y privadas que generen entornos favorables a la planificación financiera.

La educación financiera temprana, el diseño de incentivos adecuados y el uso responsable de nuevas tecnologías pueden desempeñar un papel clave. Ya se utilizan herramientas basadas en IA para ayudar a planificar el ahorro, reducir errores conductuales y personalizar decisiones financieras. Su impacto dependerá de cómo se integren en marcos educativos y regulatorios sólidos.

Ahorrar como aprendizaje social

El problema del ahorro entre los jóvenes no se resolverá solo con mejores salarios o productos financieros más sofisticados. La evidencia sugiere que el ahorro es un comportamiento aprendido, reforzado por la familia, la educación y las instituciones. En una sociedad dominada por el corto plazo, recuperar el valor del tiempo es una condición necesaria para mejorar el bienestar económico futuro.

The Conversation

Miguel Ángel Ruiz Reina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué a los jóvenes les cuesta ahorrar? Una explicación desde el tiempo y la cultura económica – https://theconversation.com/por-que-a-los-jovenes-les-cuesta-ahorrar-una-explicacion-desde-el-tiempo-y-la-cultura-economica-273847

La lección de las pymes manufactureras chilenas: se puede ser sostenible con pocos recursos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Paredes Carrasco, Investigador – área de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad Pablo de Olavide, Universidad Pablo de Olavide

Tienda de ropa en Chile. BearFotos/Shutterstock

Las pymes conforman la mayoría del sector productivo en América Latina. Sin embargo, enfrentan barreras importantes: les cuesta acceder a tecnología, financiar mejoras y adaptarse a los cambios del mercado.

Estas barreras son claras en el sector manufacturero. Muchas empresas trabajan con altos costos de energía, mientras que otras tienen equipos pequeños y poco apoyo técnico. Aun así, buscan mejorar su desempeño y cumplir nuevas exigencias.

Normativa chilena sobre sostenibilidad

En los últimos años, Chile ha aumentado su regulación en materia de sostenibilidad. Se pide más claridad sobre el origen de los materiales y el impacto ambiental de los productos. Esto obliga a las empresas a ordenar su información y revisar sus procesos. Para muchas, este cambio es difícil, pero también una oportunidad para crear sistemas más claros y seguros.

Para entender cómo, pese a contar con pocos recursos, hacen frente a estas demandas, hemos analizado quince casos de pymes chilenas. Las empresas analizadas mostraron que se puede avanzar mediante apoyo externo, redes de trabajo y cambios graduales en sus operaciones.

Qué analizamos

En nuestra investigación, realizamos entrevistas y visitas a las pymes. Conversamos con gerentes, jefes de área y trabajadores; preguntamos qué cambios habían hecho y qué resultados habían visto; y revisamos estudios sobre redes de apoyo y cooperación entre empresas. Esta mirada nos permitió entender mejor sus avances.

Ilustración con cinco columnas que representan etapas de comprensión sobre las pymes: conocimiento limitado, entrevistas con gerentes y trabajadores, visitas para observar operaciones, revisión de estudios y conocimiento profundo.
Entender a las pymes requiere ir más allá de una mirada superficial: combinar entrevistas, observación directa y revisión de estudios permite construir una visión más completa de sus avances.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

Externalización para mejorar la estabilidad

Muchas empresas decidieron contratar servicios externos en áreas como tecnología, logística, limpieza o mantenimiento. Un gerente explicó: “Contratamos tecnología afuera porque ellos lo hacen mejor y más rápido”. Este tipo de apoyo no solo permite mantener la operación estable, sino que también reduce riesgos cuando la empresa no puede contratar más personal.

Innovación gracias a los proveedores

Los proveedores cumplen un rol clave: aportan nuevas ideas, equipos y herramientas actualizadas. En un caso del sector óptico, una empresa chilena creó un pigmento junto a un proveedor extranjero. Hoy ese producto se exporta a Alemania. Este ejemplo muestra que la innovación puede surgir de relaciones simples, basadas en confianza y comunicación.

Diagrama circular que muestra cuatro factores interconectados que impulsan la innovación en la relación con proveedores: comunicación, ideas nuevas, confianza y equipos actualizados. Cada factor aparece representado con un icono y conectado.
Las relaciones con proveedores pueden convertirse en una fuente clave de innovación cuando se basan en comunicación abierta, confianza, intercambio de ideas y actualización tecnológica.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

La Organización Internacional del Trabajo destaca la importancia de estas prácticas.

Prácticas circulares y uso de energía limpia

Muchas empresas están tomando medidas para reducir residuos y aprovechar mejor sus materiales. Algunas comenzaron a reciclar, y otras ajustaron sus líneas de producción para evitar desperdicios. Una compañía informó que su planta de envases funciona solo con energía de fuentes renovables, lo cual demuestra que los cambios no requieren grandes inversiones. Requieren voluntad y pasos graduales.

Diagrama secuencial compuesto por cinco etapas conectadas por flechas: residuos e ineficiencia en el uso de materiales, reciclaje, ajuste de líneas de producción, energía renovable y uso eficiente de materiales y energía.
La transición hacia prácticas circulares y energía limpia implica pasar de la generación excesiva de residuos a un uso más eficiente de materiales y recursos energéticos.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

El Informe Energético Nacional describe estos avances en Chile.

Más orden interno y trazabilidad

Las empresas muestran mejoras importantes en sus sistemas internos. Usan órdenes de compra claras, guardan certificados de materiales y realizan auditorías dentro de la empresa, prácticas que permiten rastrear cada parte del proceso. También ayudan a detectar fallas antes de que se conviertan en problemas. La trazabilidad se vuelve una herramienta clave para crear confianza.

Un modelo que funciona como un sistema

El estudio mostró que estas prácticas no operan por separado sino que forman un sistema: la externalización mejora la estabilidad, el apoyo de proveedores impulsa la innovación, las prácticas circulares reducen costos y el orden interno asegura calidad y confianza. Cuando estas piezas trabajan juntas, la empresa avanza de manera constante. Esto coincide con estudios recientes sobre pequeñas empresas.

Diagrama circular con cuatro etapas conectadas por flechas: orden interno, externalización, apoyo de proveedores y prácticas circulares. El esquema muestra un ciclo continuo de mejora empresarial.
La mejora empresarial no es un proceso lineal, sino un ciclo continuo que integra orden interno, colaboración con proveedores y prácticas circulares para fortalecer la eficiencia y la innovación.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

Por qué importa

En muchos países latinoamericanos, las pymes no tienen acceso a programas de apoyo o innovación. Aun así, nuestro estudio muestra que estas empresas pueden avanzar mediante acciones simples:

  • Buscar apoyo técnico.

  • Ordenar su información.

  • Trabajar con proveedores de forma cercana.

  • Compartir el aprendizajes con otras empresas.

Estas prácticas mejoran la eficiencia de las empresas y les permiten enfrentar las crisis con más y mejor preparación.

Beneficios más allá de las pymes

La externalización estratégica y la colaboración en las pymes manufactureras chilenas producen resultados sociales tangibles. Al contratar a proveedores locales, las empresas estimulan el empleo regional y promueven prácticas laborales inclusivas. La optimización circular y la adopción de energías renovables reducen los efectos negativos sobre el medio ambiente, mejorando la salud y el bienestar de la comunidad.

La transferencia de conocimientos fomenta el aprendizaje colectivo, apoyando la innovación social y fortaleciendo los sistemas de producción locales. En conjunto, estas prácticas promueven una conducta empresarial responsable, lo que mejora la confianza de la sociedad en las pymes y refuerza la cohesión social.

El estudio muestra que la colaboración orientada a la sostenibilidad puede generar un valor compartido que va más allá de las empresas, contribuyendo al desarrollo a largo plazo de las economías emergentes.

Reflexión final

La experiencia de estas empresas muestra que es posible avanzar con pocos recursos, ya que lo importante es contar con redes activas, procesos simples y decisiones claras. La mejora surge de muchas acciones pequeñas que se sostienen en el tiempo.

Estas experiencias demuestran que un enfoque gradual puede generar cambios reales: mientras que las alianzas permiten aprender, los controles internos ordenan la operación y el uso cuidadoso de los recursos mejora el rendimiento. En un contexto con mayores exigencias ambientales, estas empresas ofrecen ejemplos concretos y replicables.

Las pequeñas empresas no solo pueden adaptarse. También pueden liderar cambios importantes en sus sectores. Con pasos simples pero constantes, contribuyen a una manufactura más responsable y más preparada para el futuro.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. La lección de las pymes manufactureras chilenas: se puede ser sostenible con pocos recursos – https://theconversation.com/la-leccion-de-las-pymes-manufactureras-chilenas-se-puede-ser-sostenible-con-pocos-recursos-271431

‘Slopaganda’: cuando el contenido basura anula nuestra capacidad crítica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Abellán Hernández, Profesora de Comunicación, Universidad de Murcia

Imagen hecha con IA de Donald Trump colgada en la cuenta de X.com de la Casa Blanca en 2025. Wikimedia Commons.

Por si no teníamos suficiente con los deepfakes y el shitposting –contenido absurdo o incoherente–, ahora llega el slop content, es decir, contenido basura generado con inteligencia artificial. Con la irrupción de la IA como motor creativo y productivo, se ha pasado de un modelo de desinformación artesanal a una producción masiva. Esto asfixia los canales y reduce la respuesta cognitiva de las audiencias.

El contenido slop es creado rápidamente con inteligencia artificial. Tiene poco valor estético y, a veces, poco valor ético. Si lo unimos al término “propaganda”, tenemos la slopaganda, que no intenta convencer con hechos reales sino saturar los medios de contenido. Esta estrategia limita la respuesta crítica de los consumidores de contenido, es decir, de los usuarios de internet y las redes sociales.

Al mismo tiempo, la sobrecarga visual y textual, aunque sea incoherente y extraña, activa más a la audiencia que los hechos contrastados.

Historia de la zombificación de internet

La economía del slop se sustenta en una monetización pasiva dentro de la economía de la atención. Los creadores de contenido, utilizando herramientas de inteligencia artificial generativa, producen flujos interminables de basura visual. Con el objetivo de capturar clics y generar ingresos publicitarios, se llega a una zombificación de internet.

En este entorno, una parte sustancial de la actividad en línea es realizada por máquinas interactuando con contenido generado por otras máquinas. Al final, el ecosistema digital se corrompe y erosiona la conexión social en favor de un simulacro de interacción empobrecida.

Esta zombificación se sustenta sobre un suelo fértil: la pasividad cognitiva con la que los internautas interactúan con el espacio digital. En 2024, un estudio de Nature señalaba que el 75 % de las personas que consumen información online no verifica las noticias. La mayoría las comparte sin tan siquiera haber abierto los enlaces.

En este contexto, el proceso de “slopificación” ha permeado la arena política: los ciudadanos son alimentados con una dieta informativa de poco valor nutricional.

Trump y el triunfo de la memética política

El impacto del contenido slop en la democracia es directo y corrosivo. Expuestas a narrativas incoherentes, pero emocionalmente cargadas, las audiencias se vuelven más extremistas. Además, este tipo de mensajes o posts genera unos niveles mayores de interacción que el contenido de calidad.

Buen ejemplo de ello es cómo la segunda administración de Donald Trump utiliza la IA: su gabinete de comunicación ha sido el primero en adoptar la inteligencia artificial como generadora de contenido oficial. Así, el perfil de la Casa Blanca en X se llena de imágenes meméticas, que muchas veces se suman a tendencias aparentemente inocuas –como las imágenes de “estilo Ghibli” donde se presenta una deportación–, pero cuyo tono es abiertamente beligerante contra sus detractores.

No es solo el contenido, es la forma

El diseño de las redes sociales influye en el mensaje. Las plataformas de contenido hacen que la información tenga menos matices y profundidad. Los mensajes son cortos y directos: son simples en contenido y forma.

Esta simplicidad hace que la información pierda valor ético y humano. No es raro ver vídeos con efectos visuales de baja calidad que se usan para mensajes oficiales.

Ante este panorama, la deshumanización del contenido revela una falta de interés global que debe examinarse. La indiferencia con la que cada vez se consumen más contenidos generados por IA, fuera del entretenimiento, debilita la base democrática de la información. Así, la slopaganda no es solo un error técnico o una moda pasajera: se trata de un cambio en cómo se ejerce el poder y se crea la realidad en el siglo XXI.

Por ejemplo, es común ver intentos de controlar la narrativa sobre la intervención en Irán por parte de Estados Unidos e Israel, usando memes que muestran ataques y bombardeos, junto con videojuegos y escenas de películas, como si fuera una broma o algo sin importancia.

Al final, el resultado es que se frivolizan los eventos políticos y se deshumanizan los conflictos armados. Mientras que las personas en redes sociales y plataformas digitales comparten, comentan e interactúan, ejércitos de bots impulsan los mensajes para llegar a más gente.

El papel de la educación

Para contrarrestar estos fenómenos es clave trabajar desde la educación. Un aumento en inversión en formación y salud digital en las escuelas, así como en estrategias y campañas públicas de concienciación, pueden frenar la propagación de estos contenidos.

La buena gobernanza en comunicación institucional pasa po
r impulsar la conciencia de un humanismo digital y por establecer normativas que regulen el tipo de comunicación oficial que se establece en los nuevos canales de información.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ‘Slopaganda’: cuando el contenido basura anula nuestra capacidad crítica – https://theconversation.com/slopaganda-cuando-el-contenido-basura-anula-nuestra-capacidad-critica-278508

El cine de barrio: cuando una comunidad soñaba unida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emeterio Diez Puertas, Profesor Doctor, Universidad Camilo José Cela

Entrada al antiguo Cine Colón antiguo de El Entrego (Asturias, España). Memoria digital de Asturias, CC BY-NC

Hubo un tiempo en que el domingo cabía entero en una sala oscura de cine. Por
unas pesetas, uno podía ver dos películas, comerse el bocadillo y salir casi de
noche con la sensación de haber viajado muy lejos sin salir del barrio.

Diferentes fotografías del público de un cine de barrio.
Imágenes de un reportaje sobre los cines de barrio de la revista Cinegramas en 1936.
Cinegramas/BNE, CC BY

Y es que el cine, desde su nacimiento, ha sido una tecnología de lo visible, pero el “cine de barrio” funcionó, sobre todo, como una tecnología de lo convivencial. La experiencia cinematográfica no terminaba en el haz de luz que golpeaba la
pantalla. Mientras alguien abría un cucurucho de pipas o le daba un mordisco a un
bocadillo, la pantalla ofrecía algo más que una película: ofrecía la experiencia
compartida de estar juntos. El espectáculo se construía en la fricción entre los
espectadores. El cine de barrio nos enseñaba que el valor de una película no
residía solo en su calidad artística, sino en el lugar que ocupaba en la vida de la
gente.

De hecho, el debate sobre ese lugar generó visiones muy distintas de lo que era el
cine de barrio. Según quién estuviese en la sala (un padre de familia de misa
semanal, un cineclubista, un vecino con su merienda o un niño), la experiencia
podía ser radicalmente distinta, creando realidades casi paralelas, miradas
sociales que explican la compleja identidad del cine de barrio y que podemos
resumir en cuatro imaginarios: el moralista, el esteticista, el populista y el
nostálgico.

El imaginario moralista: un foco de degradación

La primera gran imagen construida sobre el cine de barrio fue la de un espacio de
peligro y sospecha.

Desde los inicios del cine, sectores conservadores y burgueses acusaron a estas salas de ser “lóbregos túneles” inseguros, sucios y muy peligrosos. Las películas de nitrato ardían con facilidad y los incendios eran frecuentes. A ello se sumaban escaleras estrechas, salidas insuficientes y falsas alarmas que provocaban avalanchas.

Tampoco ayudaba el ambiente. Mientras se veía la película se comían cacahuetes,
pipas, castañas, bocadillos… y no siempre había ventilación. Un articulista
protestaba en 1934
porque había salas que, para combatir el frío, optaban por no ventilar entre sesiones, logrando que no hubiese “el menor átomo de oxígeno”.

Incluso se asociaba la sala de barrio con la criminalidad. Se decía que era un
refugio de maleantes donde, según las crónicas de la época, se cometían desde
pequeños hurtos de abrigos hasta detenciones en plena sesión de atracadores
que se escondían de la policía.

Pero, sobre todo, se acusaba al cine de barrio de ser la mancebía de las parejas, escondidas en la oscuridad de la última fila, y un aula de la mala educación para una infancia abandonada a la sesión continua. El cine de barrio corrompía la mente de los jóvenes y funcionaba casi como un “asilo” donde padres descuidados abandonaban a sus hijos.

El imaginario esteticista: la condena del mal gusto

Desde una postura intelectual, surgió una segunda visión negativa del cine de
barrio. Si el moralista señalaba el peligro físico y psíquico, el esteticista subrayaba el mal gusto.

Para los defensores del cine como “séptimo arte”, la sala de barrio era el último escalafón de la cultura, un lugar donde se proyectaban las “películas de segunda categoría”, “lo peor de la temporada” o un cine “viejo”. Todo ello en unas condiciones técnicas deplorables: copias gastadas, proyecciones desenfocadas o rollos cambiados de orden.

El director José Luis Sáenz de Heredia confesó que un día fue a ver una de sus películas a un cine de barrio y estaba tan estropeada la copia que, cuando el público esperaba con ansiedad ver el momento más emocionante, entonces, tris-tras, la cinta se rompió y la sesión se interrumpió.

Un joven proyecta una película en un cine.
Proyectando cine en la Sociedad de Pedro Vega, Avenida Las Américas en el Tablero de Maspalomas en 1969.
Colección Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana

Para los cinéfilos, el cine de barrio era un negocio de alienación que “olía a colonia de burdel y a chocolatinas”, inundaba el local de publicidad y proyectaba cine de explotación. Despreciaban el comportamiento de un público que pateaba y
gritaba, y que era incapaz de apreciar la profundidad de campo de un plano o el
subtexto de un diálogo.

El imaginario populista: el público en estado puro

El cine de barrio era barato. En ciertos momentos, una entrada costaba lo mismo
que un periódico. Permitía a trabajadores y familias acceder a historias de
aventuras, amores imposibles y mundos lujosos que contrastaban con la rutina
diaria. Era, en palabras de la época, un tiempo de “tinieblas encantadoras” dentro del descanso semanal.

Allí triunfaban Charlot, Maciste, los seriales de persecuciones y, más tarde, los westerns, el terror o el cine de romanos; géneros intensos, directos, físicos, películas que arrancaban un “¡ay!” colectivo. Se iba a ver cine, sí, pero también a estar con otros, a reír en grupo, a comentar en voz alta, a repetir la sesión si hacía falta.

Fotografía en blanco y negro de la fachada de un cine.
Imagen del Cine Delicias en el barrio de Gracia en Barcelona en los años 30.
Arte y cinematografía/BNE, CC BY

Frente a las críticas elitistas de los cinéfilos, sobre esta realidad se erigió el mito populista de que estos espectadores eran el “público en estado puro”. El imaginario populista sostenía que el espectador de barrio, despojado de la pedantería de los críticos, era el único juez sincero y verdadero del valor de una película. En este imaginario, la sala se convertía en una “democracia del barrio” donde el pueblo llano, con su instinto, decidía qué películas merecían pasar a la historia. Se celebraba la sinfonía de gritos, risas y aplausos como la prueba máxima de que allí, y solo allí, el cine cumplía su verdadera función social de conectar con el alma popular.

Cuando un famoso actor, que solía hacer de villano, fue a una sala de barrio y escuchó los insultos que los espectadores le dirigían a su personaje, se lo tomó
como el elogio más sincero que podía recibir por su interpretación.

El imaginario nostálgico: el paraíso perdido

Con la crisis de las salas en los años setenta y ochenta, y la transformación
urbana, el cine de barrio empezó a desaparecer. Entonces nació con fuerza el cuarto imaginario: el nostálgico. Ya no se iba al cine de barrio, pero se le recordaba.

Este imaginario es un retrato embellecido y buenista. La memoria selecciona: borra el olor a cerrado y conserva el brillo del proyector; olvida el humo del tabaco, el ruido de las pipas y las copias rayadas para recordar el programa doble. Joan Manuel Serrat lo resume así en la letra de una de sus canciones:

“Echaban NO-DO y dos películas de esas

que tú detestas y me chiflan a mí”.

El cine de barrio se convierte, finalmente, en sinónimo de magia, cercanía e infancia.

Programa de mano de una película policiaca de 1940, _Ciudad de conquista_.
Programa de mano de una película policiaca de 1940, Ciudad de conquista.
Biblioteca Nacional de España, CC BY

La televisión recogió este legado en un programa titulado, precisamente, Cine de
barrio
, que el año pasado cumplió 30 años en antena. En él, el término ya no designa un local, sino un repertorio emocional ligado al cine popular español.

Una sala, cuatro miradas

En definitiva, el cine de barrio fue una paradoja viva: peligroso y acogedor; modesto en su arquitectura, pero inmenso en su huella emocional; periférico en el mapa urbano y, sin embargo, central en la biografía sentimental de millones de personas. Los imaginarios que lo rodean nos hablan hoy tanto de la sala (sus luces mortecinas, su olor a ambientador, sus butacas maltrechas) como de quienes la habitaban con sus risas, sus lágrimas y sus rutinas compartidas.

Más que un simple local de proyección, el cine de barrio fue un territorio simbólico donde la sociedad ensayó sus jerarquías, sus deseos y sus maneras de convivir. En la penumbra de aquella pantalla no solo se contaban historias: se aprendía a mirar, a estar juntos y a reconocerse o discutirse como comunidad.


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The Conversation

Emeterio Diez Puertas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El cine de barrio: cuando una comunidad soñaba unida – https://theconversation.com/el-cine-de-barrio-cuando-una-comunidad-sonaba-unida-275981

La actitud desafiante de Pedro Sánchez hacia Trump viene dictada por la política interna, pero también supone una prueba de fuego para Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Waya Quiviger, Professor of Practice of Gobal Governance and Development, IE University

Cartel durante una manifestación celebrada en Logroño el 12 de marzo de 2026. Www.mariomartija.es/Shutterstock

La guerra en Irán ha puesto de manifiesto una vez más las tensiones entre el presidente español, Pedro Sánchez, y Donald Trump. Ambos líderes se han enfrentado en repetidas ocasiones a lo largo del último año, entre otras cosas por la continua oposición de España a la actuación de Israel en Gaza, su negativa a aumentar el gasto en la OTAN por encima del 2 % del PIB, y ahora su negativa a apoyar la guerra de EE. UU. en Irán.

A finales de febrero, España prohibió a EE. UU. utilizar sus bases militares conjuntas en Rota y Morón para operaciones relacionadas con la guerra de Irán. Como resultado, un furioso Trump declaró: “Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España”.




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Desde entonces, Sánchez ha redoblado su oposición en un discurso televisado a nivel nacional, en el que expuso con rotundidad la postura del Gobierno español: “No a la guerra”. En las redes sociales también afirmó: “NO a las violaciones del derecho internacional” y “NO a la ilusión de que podemos resolver los problemas del mundo con bombas”.

Este desafío tan directo a la Administración Trump podría acarrear riesgos políticos. De hecho, las reacciones a la guerra por parte de otros Estados europeos han sido mucho más moderadas. ¿Por qué, entonces, ha adoptado Sánchez una postura tan inusualmente confrontativa?

El enfrentamiento se presenta como una cuestión de geopolítica o de derecho internacional, pero se entiende mejor como política interna que da forma a la política exterior. La cultura política antibélica histórica de España, la dinámica de la actual coalición de gobierno de izquierdas y los incentivos electorales internos ayudan a explicar la firme posición de Madrid.

La sombra de Irak

En su reciente discurso, Sánchez hizo una referencia específica a la guerra de Irak de 2003: “Hace veintitrés años, otra Administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio”, afirmó. “Una guerra que, en teoría, se dijo en aquel momento que se libraba para eliminar las armas de destrucción masiva de Sadam Husein, para llevar la democracia y para garantizar la seguridad mundial, pero desató la mayor ola de inseguridad que nuestro continente había sufrido desde la caída del Muro de Berlín”.

En 2003, el presidente del Gobierno, José María Aznar, se unió a la coalición liderada por Estados Unidos para derrocar a Sadam Husein. La decisión desencadenó protestas masivas en todo el país y contribuyó en parte a la derrota de Aznar en las elecciones de 2004. Su oponente, José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista (PSOE), hizo campaña con la promesa de retirar las tropas de Irak, promesa que cumplió inmediatamente después de asumir el cargo.

La guerra de Irak marcó profundamente la actitud de la opinión pública española hacia la intervención militar en Oriente Medio, y su legado explica el instinto de Sánchez de distanciar a España de la guerra de Irán. Su postura no es solo ideológica: refleja el recuerdo de lo políticamente perjudicial que puede resultar para un Gobierno español alinearse con las intervenciones estadounidenses.

Política de coalición y primeras señales electorales

La postura del presidente sobre la guerra en Irán también puede analizarse a la luz de la actual coyuntura política interna. Sánchez gobierna con el apoyo de partidos de izquierda que se oponen firmemente a la intervención militar estadounidense. Respaldar a Washington, o incluso facilitar la guerra a través de las bases estadounidenses, podría poner en riesgo la estabilidad de esa coalición. Pero el cálculo político puede ir aún más allá.

Sánchez se ha ganado la reputación de sobrevivir repetidamente a crisis políticas. A pesar del descenso en las encuestas y de los continuos escándalos dentro de su partido y su círculo más cercano, parece apostar por que la profunda impopularidad de Trump en España acabará jugando a su favor, especialmente entre su base de votantes de izquierdas.

Los recientes resultados electorales sugieren que la estrategia podría estar calando entre los votantes. En las muy esperadas elecciones autonómicas de Castilla y León celebradas el domingo pasado, el PSOE aumentó su representación, ganando dos escaños adicionales a pesar de que las encuestas sugerían que el partido podría perder terreno de forma significativa.

Aunque unas elecciones no pueden determinar las tendencias nacionales, el resultado ofrece un primer indicio de que una postura firmemente antibélica podría no acarrear los costes políticos internos que predijeron los críticos. En todo caso, puede haber reforzado el atractivo de Sánchez más allá de las líneas partidistas entre los votantes escépticos ante la escalada militar, críticos con Donald Trump y partidarios de una política exterior europea más independiente.

Si se demuestra que el líder del PSOE tiene razón, también se reivindicaría la postura del Gobierno español respecto a la OTAN. En junio de 2025, España se negó a aumentar el gasto en defensa hasta el objetivo del 5 % de la OTAN propuesto por Trump, lo que provocó duras críticas por parte del presidente estadounidense. La disputa refleja una realidad política más amplia: el aumento del gasto en defensa es impopular entre el electorado español.

Visto en este contexto, el enfrentamiento por la guerra de Irán forma parte de una tendencia más prolongada en la que las consideraciones políticas internas determinan la posición de España dentro de la alianza transatlántica.




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Presiones internas en toda Europa

La postura de España puede parecer inusualmente beligerante, pero la respuesta de Europa a la guerra de Irán ha estado lejos de ser unánime. Gran parte de esta variación refleja las diferentes presiones políticas internas a las que se enfrentan los líderes europeos.

En Alemania, el canciller Friedrich Merz evitó inicialmente criticar directamente los ataques estadounidenses y, en general, ha hecho hincapié en la unidad transatlántica. No obstante, ha advertido contra un conflicto prolongado y ha subrayado que Alemania “no es parte en esta guerra” y no quiere convertirse en ella, destacando las preocupaciones sobre la perturbación económica y la inestabilidad regional.

El Reino Unido ha adoptado una postura igualmente cautelosa. El primer ministro Keir Starmer insistió en que se aclararan los objetivos de EE. UU. y la justificación legal antes de comprometerse a prestar apoyo militar, haciendo hincapié en la diplomacia y la seguridad marítima en lugar de la participación directa en el conflicto.

La italiana Giorgia Meloni ha planteado sus preocupaciones sobre la legalidad de la guerra, pero ha evitado condenar abiertamente a Washington. Su Gobierno ha hecho énfasis en el respeto de los acuerdos vigentes que regulan las bases militares estadounidenses en lugar de bloquear su uso de forma tajante, lo que refleja tanto los fuertes lazos de seguridad de Italia con Estados Unidos como la propia alineación política de Meloni con los conservadores transatlánticos.

El panorama general es el de una respuesta europea fragmentada. En todo el continente, los Gobiernos están sopesando sus propias limitaciones políticas internas frente a cálculos estratégicos internacionales más amplios.

Una prueba de fuego para Europa

La respuesta de España a la guerra de Irán puede ofrecer el ejemplo más claro hasta la fecha de cómo la política interna está configurando la reacción de Europa ante el conflicto. El tiempo dirá si la postura de Sánchez resulta políticamente sostenible en el ámbito nacional y si convierte a España en la abanderada de un enfoque europeo más firme hacia Washington o simplemente en un caso aislado.

Si la estrategia tiene éxito, podría animar a otros líderes europeos a plantar cara a Washington. Sin embargo, si sale mal, es probable que la respuesta cautelosa de Europa se afiance aún más.

En cualquier caso, el episodio ilustra una realidad más amplia de las relaciones internacionales. Las decisiones de política exterior pueden presentarse como cuestiones de derecho internacional o de principios, pero en los sistemas democráticos suelen estar determinadas, ante todo, por las presiones de la política interna.

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Waya Quiviger no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La actitud desafiante de Pedro Sánchez hacia Trump viene dictada por la política interna, pero también supone una prueba de fuego para Europa – https://theconversation.com/la-actitud-desafiante-de-pedro-sanchez-hacia-trump-viene-dictada-por-la-politica-interna-pero-tambien-supone-una-prueba-de-fuego-para-europa-278820

¿Deberíamos educar ciudadanos más empáticos con las desigualdades sociales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sheila López Prados, PDI didáctica y orientación académica, Universidad de Alcalá

RossHelen/Shutterstock

En algunos discursos mediáticos y políticos, la pobreza se presenta como resultado de una supuesta “falta de esfuerzo individual” o de decisiones personales irresponsables. Estos mensajes sitúan la causa del empobrecimiento en la ausencia de voluntad para trabajar o progresar, o en una dependencia voluntaria de las ayudas sociales.

Así, no se tienen en cuenta circunstancias tan fuera del propio control como la precariedad laboral, la desigualdad de oportunidades o las barreras sociales. En cambio, se apela a la responsabilidad individual, aludiendo a una moralidad o carácter débiles en las personas empobrecidas.

Por ejemplo, al criticar determinadas decisiones económicas como gastos supuestamentes “innecesarios” (ropa de marca, dispositivos electrónicos o pequeños lujos) se da a entender que si las personas pobres simplemente priorizaran mejor sus gastos, podrían “salir adelante”, un tipo de creencia que se denomina “cultura de la pobreza”. Junto con estereotipos como el del “pobre no merecedor”, contribuyen a deslegitimar las demandas sociales de redistribución y justicia.

Prejuicios hacia los desfavorecidos

En los últimos años, diferentes estudios y observaciones muestran un aumento de la aporofobia, entendida como el rechazo o prejuicio hacia las personas con escasos recursos económicos.

La aporofobia es resultado de un ecosistema en el que la dignidad humana se mide con frecuencia por el nivel de consumo. Como advierte la filósofa española Adela Cortina, esta fobia no se basa en el origen étnico o la religión, sino en la pobreza misma. Y su crecimiento está estrechamente ligado a mensajes mediáticos que refuerzan estereotipos y a políticas que perpetúan la desigualdad estructural.

Frente a ello, la escuela emerge como un espacio esencial para formar ciudadanos críticos, empáticos y solidarios capaces de contrarrestar el miedo y el desprecio hacia la pobreza.

Aporofobia y sensibilidad intercultural

Recientemente he investigado la relación entre aporofobia y sensibilidad intercultural a partir de una muestra representativa de 1 031 participantes.

La sensibilidad o competencia intercultural se entiende como la capacidad para reconocer, comprender y gestionar de forma respetuosa las diferencias culturales en la interacción social, integrando dimensiones cognitivas, afectivas y conductuales, y se evaluó a través de una escala centrada en la empatía, la apertura y la comodidad ante la diversidad cultural.

Así, se pudieron identificar cuatro perfiles sociales que combinan distintos niveles de prejuicio económico y competencia intercultural: el perfil mayoritario corresponde a personas con alta sensibilidad intercultural y baja aporofobia (en torno a un tercio de la muestra), caracterizado por actitudes más inclusivas hacia la diversidad y la pobreza.




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Le sigue un grupo con baja sensibilidad intercultural y alta aporofobia (aproximadamente una cuarta parte), que concentra las actitudes más excluyentes.

Junto a ellos aparecen dos perfiles intermedios: uno con alta sensibilidad intercultural y también altos niveles de aporofobia, que representa alrededor de una quinta parte de los participantes, y otro con baja sensibilidad intercultural y baja aporofobia. Ambos tienen un peso similar, lo que muestra que la apertura cultural no siempre se traduce automáticamente en menor rechazo hacia la pobreza y que la aporofobia responde a dinámicas sociales más complejas.

Pese a estos dos últimos grupos, los resultados muestran que, en general, cuanto mayor es la sensibilidad intercultural, menor es el rechazo hacia las personas en situación de pobreza.

Las mujeres, las personas con experiencia internacional previa y quienes participaban en voluntariado mostraron actitudes más inclusivas y empáticas. En cambio, los grupos con menor exposición a la diversidad presentaron mayores niveles de prejuicio económico.

Estos hallazgos confirman que la competencia intercultural actúa como un factor protector frente a los estereotipos y el miedo hacia la pobreza. A nivel educativo, los datos sugieren que promover esa sensibilidad intercultural en el alumnado puede reducir significativamente las actitudes aporofóbicas, reforzando la cohesión social y la empatía colectiva.

La escuela como espacio de transformación social

A partir de los resultados de la investigación, se proponen cuatro estrategias educativas con evidencia empírica para aplicar en escuelas, institutos y universidades (trabajándolas de manera trasversal):

  1. Proyectos de aprendizaje-servicio: combinar contenidos curriculares con acciones solidarias en la comunidad (por ejemplo, campañas de apoyo a familias vulnerables o colaboraciones con oenegés). Esta metodología potencia la empatía y reduce el prejuicio al permitir contacto directo con realidades diversas.

  2. Juegos de rol y simulaciones: representar situaciones de desigualdad o exclusión económica favorece la reflexión emocional y cognitiva del alumnado sobre los efectos del rechazo y la injusticia.

  3. Debates éticos y estudios de caso: analizar noticias o productos mediáticos que presenten estereotipos de pobreza, fomentando el pensamiento crítico y la alfabetización mediática.

  4. Proyectos interculturales y cooperativos: promover el trabajo conjunto entre estudiantes de distintos orígenes socioeconómicos y culturales, desarrollando la empatía y la valoración positiva de la diferencia.




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Sensibilidad y desarrollo sostenible como antídotos

Combatir la aporofobia no es solo un objetivo educativo, sino un compromiso con la dignidad humana, la justicia social y la erradicación de la pobreza, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el fin de la pobreza, la educación de calidad y la reducción de las desigualdades.

En un contexto donde la desigualdad se normaliza, la escuela tiene el potencial de rehumanizar la mirada colectiva, promover la empatía y enseñar a reconocer la vulnerabilidad como parte de nuestra condición común. Así, la formación de ciudadanos sensibles, críticos y solidarios no solo fortalece la cohesión social, sino que contribuye a una sociedad más justa, inclusiva, comprometida con el desarrollo sostenible y libre de pobreza.

The Conversation

Sheila López Prados no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Deberíamos educar ciudadanos más empáticos con las desigualdades sociales? – https://theconversation.com/deberiamos-educar-ciudadanos-mas-empaticos-con-las-desigualdades-sociales-269301

El 80% de la población vive en zonas áridas: cuatro mensajes clave sobre el alcance de la desertificación en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Cultivo de mangos en regadío en una zona árida (Almería). Jaime Martínez Valderrama, CC BY

Recientemente, hemos publicado el Atlas de la desertificación de España, con el objetivo de dar a conocer el alcance y la complejidad de este problema, los factores que influyen en él (agua, suelo, agricultura, clima…) y sus matices.

El proyecto nos ha permitido analizar diversas situaciones y casos particulares y conocer a fondo un fenómeno que otros mapas anteriores no lograban reflejar con suficiente precisión. Estas son algunas de nuestras principales conclusiones.

El 42,4 % del territorio está degradado

Hay dos antecedentes al mapa de desertificación presentado en el atlas. El primero, denominado mapa de riesgo de desertificación, se basaba en cuatro magnitudes cuya elección no estaba basada en datos estadísticos. El segundo es un mapa de condición de la tierra, y muestra la productividad del suelo de acuerdo a la lluvia. Sin ser un mapa específico de desertificación (evalúa el suelo y no se ciñe a las zonas áridas) ha sido el referente para cuantificar la desertificación en España, arrojando una cifra del 20 % del territorio desertificado.

Según nuestro mapa, elaborado con un algoritmo entrenado con evidencias de degradación y que considera el impacto en otros recursos además del suelo, el 42,4 % del territorio está degradado. Prácticamente toda esta degradación (94,3 %) se concentra en zonas áridas. Siendo rigurosos, y si solo considerásemos como objeto de nuestro estudio las zonas áridas (el 67 % del país), diremos que el 60,9 % de ellas están desertificadas. Pero si nos queremos quedar solo con uno, diremos que el 41 % de España está desertificado en mayor o menor grado.

Almendros en una pendiente con suelo desprovisto de vegetación
Almendros en terrenos con fuerte pendiente y suelo desnudo. Falta que llueva con cierta intensidad para que el suelo sea arrastrado.
Artemi Cerdà, CC BY-SA

Estos números suponen duplicar la cifra que anteriormente manejábamos. La diferencia se debe a la consideración de algo más que el suelo en la estimación de la desertificación.

Por otra parte, es notoria la diferencia según se considere un mapa de aridez u otro. Como hemos visto, la desertificación resulta al acotar el mapa de degradación a las zonas áridas. Si en lugar del mapa de aridez del investigador Santiago Beguería y colegas (con el que sale casi un 61 %), usamos el que presenta el último Atlas Mundial de la Desertificación (AMD), el porcentaje sería del 57 %. Como vemos, no hay un valor definitivo, y por eso es necesario dejar constancia de las hipótesis y cálculos seguidos.

Mapa que muestra la aridez en las diferentes regiones de España por colores, de verde a rojo (mayor aridez).
Índice de aridez medio para el periodo 1991-2020.
Beguería et al. (2025)/Atlas de la Desertificación de España, CC BY-SA

La degradación de los recursos hídricos es desertificación

El hecho de que se haya duplicado la desertificación respecto al valor anteriormente aceptado se debe a incluir, explícitamente, el deterioro de los recursos hídricos. En efecto, uno de los principales mensajes de este atlas es que la degradación de este recurso tan fundamental es desertificación.

Llama la atención que cuando se habla de desertificación el foco se ponga, casi en exclusiva, en el suelo. Desde luego este es el otro ingrediente fundamental para la vida, pero es la disponibilidad de agua de los ecosistemas lo que precisamente determina la aridez, allí donde puede ocurrir la desertificación.

Estas simplificaciones se originan de la traducción del término anglosajón land, que no se traduce como tierra, sino como territorio. De hecho, la propia Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) establece en sus definiciones que land se refiere a “un sistema bioproductivo terrestre, que incluye el suelo, el agua, la vegetación, otra biomasa, así como los procesos ecológicos e hidrológicos que tienen lugar dentro del sistema”.




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Qué es y qué no es desertificación


El 80 % de la población vive en zonas áridas

Aunque la mayor parte de los mapas presentados ya existían y nuestra tarea ha sido engarzarlos mediante un hilo argumental que los relaciona con la desertificación, hay algunos mapas originales. Uno de ellos es la población que vive en zonas áridas. Curiosamente, cuando se presenta este problema a nivel mundial se dan cifras de la superficie de zonas áridas y de la población que allí vive. Sin embargo, no es un dato habitual a escala de país o región.

Nuestro análisis revela que cuatro de cada cinco personas en España vive en zonas áridas. Llama la atención la enorme y creciente concentración de la población en el arco mediterráneo y que ya haya 100 000 habitantes en zonas hiperáridas –la categoría más extrema de aridez– que han aparecido por primera vez en España en un mapa de aridez. Se trata, concretamente, del municipio de Arrecife, en Lanzarote (Canarias), frente a las costas del Sahara.

Un ciudad costera con edificios blancos y rodeada de terreno yermo vista desde el cielo
Municipio de Arrecife, en Lanzarote.
Ramon Espiña Fernandez/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Las zonas áridas se perciben como lugares remotos, sin apenas recursos. Sin embargo, son lugares que conocemos todos: Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, etc. Nos gustan los inviernos suaves, el sol y la luz. Esos son los elementos que caracterizan a las zonas áridas, aunque también lo son las sequías y la escasez hídrica, fruto de un uso del agua por encima de su disponibilidad.

Mapa que muestra la población que habita en las regiones áridas y húmedas en España
Población en zonas áridas (2020).
Atlas de la Desertificación de España, CC BY-SA

Atajar la desertificación es sinónimo de seguridad alimentaria

El carácter permanente de la desertificación pone en jaque cuestiones estratégicas de un país, como es la producción de alimentos y el suministro de agua. En efecto, los ecosistemas áridos funcionan más lentamente que otros, debido a que la escasez de agua ralentiza, o detiene por completo, los diversos procesos que llevan a cabo los seres vivos. Los acuíferos se recargan más despacio, el suelo tarda más años en formarse y la acumulación de carbono requiere periodos más largos. De ahí la importancia de atajar los procesos de desertificación antes de que se consoliden.




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Cómo almacenar agua para cuando falte con la ayuda de los agricultores


La prevención es la estrategia prioritaria en este contexto. Por ello, cartografiar el problema cobra especial relevancia, pues permite detectar los territorios más comprometidos. Como hemos podido ver en el atlas, la agricultura es el principal motor de degradación. Y se debe, entre otras razones, a los sistemas de producción intensivos, fomentados por las estrategias cortoplacistas y la estrechez de márgenes económicos en las que operan los agricultores.

Esclarecer los mecanismos que operan tras la desertificación es el siguiente paso en la implantación de la estrategia preventiva. Para ello estamos actualizando los “paisajes de desertificación de España”, que reúnen una serie de casos concretos, la mayoría relacionados con la agricultura. Esta herramienta permite identificar procesos, impulsores y actores involucrados en este complejo problema. Tras ello podrán diseñarse soluciones que, idealmente, ayuden a promover un uso del territorio rentable y duradero.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Emilio Guirado ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).

Javier Martí Talavera ha recibido fondos de Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, para la elaboración del proyecto Atlas de la Desertificación en España.

Jorge Olcina Cantos ha recibido fondos de Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, para la elaboración del proyecto Atlas de la Desertificación en España.

Juanma Cintas recibe fondos del “Plan Complementario de I + D + i en el área de Biodiversidad (PCBIO)” financiado por la Unión Europea en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (NextGenerationEU) y del gobierno de Andalucía.

Elsa Varela y Manuel Esteban Lucas-Borja no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. El 80% de la población vive en zonas áridas: cuatro mensajes clave sobre el alcance de la desertificación en España – https://theconversation.com/el-80-de-la-poblacion-vive-en-zonas-aridas-cuatro-mensajes-clave-sobre-el-alcance-de-la-desertificacion-en-espana-276238