Por qué es tan importante proteger las ‘bibliotecas de Alejandría’ de los microorganismos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Seoane Parra, Profesor Pleno de Ecología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Cepas de la Colección Vasca de Cultivos de Microalgas (BMCC). Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea

La biblioteca de Alejandría fue un gran centro del saber de la Antigüedad que llegó a albergar, según los expertos, hasta 700 000 ejemplares. Una serie de acontecimientos a lo largo de los siglos acabaron con esa joya del conocimiento y se perdieron para siempre documentos con miles de años de historia que contenían información irreemplazable para la cultura humana.

Representación artística del siglo XIX de la biblioteca, basada parcialmente en la evidencia arqueológica disponible en la época.
O. Von Corve, CC BY

Hoy, en nuestras universidades y centros de investigación, nos encontramos con pequeñas “Alejandrías” en forma de colecciones de cultivos de microorganismos. En ellas, se alberga información única sobre procesos, formas de vida y compuestos, resultado de millones de años de evolución.

La misión de estas colecciones es preservar y conocer la diversidad genética de los grupos taxonómicos en nuestro planeta y ponerla a disposición de múltiples fines. Son la materia prima de innumerables procesos biotecnológicos en campos tan diversos como la medicina, la alimentación, los biomateriales o las energías limpias, y forman parte de desafíos globales como la falta de antibióticos o la crisis alimentaria.

Cuidado de la cepas

El día a día de una colección de cultivos consiste en preservar los organismos, identificarlos y suministrar las cepas a instituciones científicas o al sector empresarial. Cada vez con mayor frecuencia, también se incluyen tareas de caracterización de compuestos o procesos que pueden tener interés industrial.

Todo ello requiere de personal cualificado, encargado de la identificación taxonómica y de la caracterización de compuestos de interés y de personal técnico para las labores de mantenimiento y conservación de las cepas. Además, hacen falta unas infraestructuras físicas e informáticas que aseguren que todas estas tareas se llevan a cabo con seguridad, calidad y con una gestión eficaz de los registros.

Sin estas condiciones, resulta difícil asegurar un mantenimiento adecuado de las cepas que permitan la reproducibilidad –reproducir los mismos experimentos con los mismos organismos en distintos laboratorios– de las investigaciones.

El mantenimiento entraña una gran dificultad, inherente al tamaño de los organismos a preservar. Esto no solo complica su identificación, sino también su conservación, por la facilidad de contaminación que presentan los cultivos.

Microalgas, una jugosa promesa

En la actualidad, se encuentran registradas en la Federación Mundial de Colecciones de Cultivos de Microorganismos (WFCC-MIRCEN WDCM) 884 colecciones con más de 4 millones de cepas. Entre ellos, están las microalgas, como las que alberga la Colección Vasca de Cultivos de Microalgas (BMCC).

Su relevancia ha crecido notablemente gracias al desarrollo biotecnológico de los últimos años. Están presentes en nuestra vida cotidiana: en la alimentación humana y animal, en la cosmética, en nuevos materiales biodegradables y aplicaciones biomédicas.

Por su interés económico y ecológico, estos organismos se han integrado en las políticas a través de documentos como el Pacto Verde Europeo o la Estrategia de la Granja a la Mesa. La UE las considera parte de la solución a las crisis medioambiental, energética y alimentaria del planeta.

Pilares de la ciencia aplicada

No obstante, todo el futuro prometedor que presentan las microalgas y otros microorganismos solo podrá existir si las colecciones de cultivos pueden cumplir sus funciones y, hoy en día, esto no es una tarea fácil.

En ocasiones, estas colecciones dependen de pequeños grupos de investigación que carecen de financiación estable para las exigentes tareas de aislamiento y mantenimiento de los organismos, y la falta de compromiso institucional pone en riesgo su continuidad.

Su mantenimiento es considerado, muchas veces, como ciencia básica, y los recursos que se le dedican suelen ser muy inferiores a los que recibe la ciencia aplicada. Sin embargo, es fácil intuir que la ciencia aplicada con estos microorganismos no tiene ningún recorrido sin la labor de las colecciones.

Hoy contamos con un patrimonio de valor incalculable en dichas colecciones, y en ellas podría encontrarse la clave para afrontar muchos de los desafíos actuales y futuros.

Con el fin de protegerlo, es indispensable un compromiso institucional firme que asegure no solo su conservación, sino también su desarrollo, sin depender de financiación ocasional o inestable. De lo contrario, quienes hoy toman decisiones podrían convertirse en los responsables de la “quema” de estas imprescindibles bibliotecas de Alejandría en pleno siglo XXI.

The Conversation

Sergio Seoane Parra recibe fondos del Gobierno Vasco

ref. Por qué es tan importante proteger las ‘bibliotecas de Alejandría’ de los microorganismos – https://theconversation.com/por-que-es-tan-importante-proteger-las-bibliotecas-de-alejandria-de-los-microorganismos-270188

‘Ciudad sin sueño’ en la Cañada Real: el cine como acto de reivindicación política

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Brey, Profesora en sociología y opinión pública, experta en migraciones y vida urbana, Universidad Complutense de Madrid

Bilal y Toni en _Ciudad sin sueño_, de Guillermo Galoe. BTEAM Pictures

Nominada a cinco Premios Goya de la Academia de Cine española, la película Ciudad sin sueño, dirigida por Guillermo Galoe, tiene la Cañada Real Galiana como principal escenario.

La Cañada Real es un gran asentamiento informal y lineal situado en un tramo de una antigua vía pecuaria a su paso por la Comunidad de Madrid, con unos 15 kilómetros de longitud. Nació como ocupación progresiva de terrenos públicos destinados originalmente al paso de ganado trashumante, donde familias de bajos recursos fueron (auto)construyendo sus propias viviendas.

El argumento central de Ciudad sin sueño gira en torno a la amistad de dos chicos adolescentes, uno de etnia gitana y el otro marroquí. Sus vidas están a punto de separarse, porque ambos van a abandonar el lugar donde crecieron y con el que están familiarizados. Mientras que el primero, Toni, se irá con sus padres y sus hermanos a un piso de realojo en Madrid, Bilal se marchará con su familia a vivir a Francia.

Si bien se trata de una ficción, la película proyecta un tono de documental y cuenta con actores naturales cuyas relaciones son anteriores a la película. La obra se rodó a lo largo de seis años de inmersión comunitaria, durante los cuales se llevaron a cabo talleres con vecinos y vecinas. Fruto de este trabajo nació Ciudad sin sueño, que expande el universo del corto rodado en 2023 Aunque es de noche. Este último había recibido el Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción, entre otros reconocimientos.

Además de poder considerarse un proyecto social, la película se puede leer en clave política.

El retrato de los barrios vulnerables

Ciudad sin sueño es un ejemplo más de una larga trayectoria de filmes localizados en zonas urbanas desfavorecidas. En España, encontramos un caso reciente en El 47, multipremiado en los Goya de 2025. Narra la historia real de un conductor de autobuses que, en 1978, secuestró su propio vehículo de la línea 47 para demostrar que este podía subir a Torre Baró, un barrio humilde de Barcelona. Su objetivo era mejorar la conexión de este con el centro de la ciudad.

Otro ejemplo es el documental Palmeras en positivo, de 2025, que relata un proceso de participación ciudadana en el barrio cordobés de Palmeras. Fue realizado para el proyecto europeo IN-HABIT, cuyo objetivo es promover la salud y el bienestar en ciudades pequeñas y medianas.

El punto común con Ciudad sin sueño es que todas ellas le dan la voz a vecinos y vecinas de los barrios, por muy vulnerables que sean sus condiciones de vida, y estos se convierten en los protagonistas. Observamos esta misma tendencia en las películas de Ken Loach o de los hermanos Dardenne, centrados en los grupos sociales más excluidos del Reino Unido o de Bélgica, respectivamente.

El acto de darles voz y protagonismo

En Ciudad sin sueño se retratan los sectores 5 y 6 de la Cañada Real Galiana, afectados por cortes de luz desde el 2 octubre de 2020. La decisión fue entonces ejecutada por la empresa Naturgy. Poco después, el Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid archivó la denuncia contra la decisión de la empresa.

Por contra, el Defensor del Pueblo ha criticado repetidamente los cortes de luz. El Gobierno de España, a través del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, cuenta con un grupo interministerial desde 2021 para coordinar soluciones y, tras la recriminación del Consejo de Europa en 2025, el ministro Pablo Bustinduy ha impulsado acciones conjuntas con el Defensor del Pueblo para restablecer la electricidad y avanzar en realojos.

Desde hace más de cinco años –que incluyen seis inviernos–, 4 500 adultos y niños se ven afectados por esta carencia, como denuncia la Plataforma Cívica Luz Ya para Cañada Real.

Pero la batalla venía de antes. En 2008, el documental La ciudad invisible. Voces de la Cañada Real, dirigido por Lucía Mbomío, ya denunciaba la vulnerabilidad en la que se encontraban la Cañada Real y sus habitantes, en los límites de la ciudad de Madrid.

Guillermo Galoe dirige una escena de _Ciudad sin sueño_ en la Cañada Real.
Guillermo Galoe dirige una escena de Ciudad sin sueño en la Cañada Real.
BTEAM Pictures

Escoger este escenario como localización de una película es, en sí, una decisión de carácter político. Da visibilidad a un lugar y un sector de la población que hacen frente a una larga batalla y que sufren el estigma de ver el barrio asociado a la droga en el imaginario urbano colectivo.

Frente a ello, Galoe propone una mirada honesta: no niega la existencia del tráfico de droga, pero sí vemos cómo los personajes envueltos en ello sufren sus consecuencias. Habla de la señora anclada a su casa por asegurar un servicio continuo de venta, o de los niños y niñas que conviven con drogadictos. Aunque los cortes de luz no sean la temática principal, la película muestra cómo dificultan la vida cotidiana de todos, sea cual sea la actividad a la que se dedican vecinos y vecinas.

Comunidad e infancia

A pesar de la vulnerabilidad, los cortes de luz o la expulsión de la población, Ciudad sin sueño transmite dignidad y esperanza.

La película pone el foco en relaciones de convivencia –intercultural e intergeneracional–, redes de apoyo y arraigos territoriales. Esto se retrata tanto en la relación de Toni con Bilal como en la de Toni con su abuelo.

Fotografía de un adolescente de perfil y otro de frente.
Imagen de Ciudad sin sueño.
BTEAM Pictures

La historia de amistad entre los adolescentes va más allá del tiempo que pasan juntos en pantalla, ya que ellos mismos participan en la creación de contenidos, como se ve en las imágenes que graban con sus móviles, cambiando los filtros de color. Al volverse multitonal, el ambiente adquiere un carácter mágico y bello.

Esta visión es diametralmente opuesta a la imagen construida socialmente de la Cañada Real como espacio excluido. Además, la película le da el protagonismo a la adolescencia y la infancia, cuestionando el punto de vista adultocéntrico que domina la realidad social.

El cine como herramienta de reivindicación política

Así, estos tres elementos hacen que Ciudad sin sueño pueda considerarse una herramienta de reivindicación política: la atención a las redes locales y los arraigos; la mirada de los protagonistas y el retrato de la convivencia intercultural entre dos chicos, gitano y marroquí, que pertenecen a dos grupos sociales especialmente discriminados en España, en un contexto actual marcado por el auge de discursos antimigratorios.

La apuesta de Guillermo Galoe ofrece luz, visibilidad, dignidad y esperanza a un espacio muy vulnerable como es la Cañada Real Galiana y, especialmente, a los vecinos y vecinas de sus sectores 5 y 6.


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The Conversation

Elisa Brey no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Ciudad sin sueño’ en la Cañada Real: el cine como acto de reivindicación política – https://theconversation.com/ciudad-sin-sueno-en-la-canada-real-el-cine-como-acto-de-reivindicacion-politica-273983

La actual división del acuífero de Doñana está desfasada y agrava los problemas de gestión del agua

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Olías, Catedrático de Hidrología Superficial e Hidrogeología, Universidad de Huelva

Colonia agrícola Monte Algaida, en el entorno de Doñana, en Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz, España Joserpizarro/Shutterstock

Hasta la década de los 60 del siglo pasado, antes de que existiera el Parque Nacional de Doñana, no se sabía que en esta zona existía una gran acuífero. Fue entonces cuando la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), junto con el Gobierno español, impulsaron estudios hidrogeológicos que permitieron comprobar la existencia de este importante acuífero, denominado Almonte-Marismas.

A raíz de aquel descubrimiento, se desarrolló un proyecto público de transformación agraria, gracias al cual se perforaron cientos de sondeos profundos en zonas muy próximas al Parque Nacional de Doñana (creado en 1969). También se inició simultáneamente la perforación desordenada de sondeos por la iniciativa privada para el riego de fresas, muchos de ellos ilegalmente.

¿A dónde va el agua del acuífero?

El acuífero Almonte-Marismas se extiende desde las provincias de Sevilla y Cádiz, al este, hasta el estuario del río Tinto, junto a Huelva, al oeste. Es mucho más extenso que los ecosistemas de Doñana, que incluyen el parque nacional y el parque natural (este último creado en 1989).

Los materiales que forman el acuífero son en su mayor parte arenas y gravas permeables, que en la zona de marismas están cubiertos por materiales arcillosos impermeables.

El agua del acuífero proviene de la infiltración de parte del agua de la lluvia caída en la zona. Tras circular lentamente a través de los materiales permeables, las salidas del acuífero se producen por:

  • Aportes de aguas subterráneas hacia los principales arroyos de la zona, especialmente al arroyo de La Rocina, sustentando un frondoso bosque en galería y zonas encharcadas permanentemente, incluso durante el verano.

  • Surgencias de agua en el contacto entre las arcillas de la marisma y los materiales arenosos del entorno. Esta zona constituye un ecotono, es decir, un ecosistema de transición entre la marisma y las arenas, que mantiene una humedad permanente, muy importante para la fauna, gracias a los aportes de agua subterránea.

Una zona con gran vegetación junto a un área de dunas de arena clara
Las surgencias de agua subterránea en el ecotono mantienen una humedad y abundante vegetación permanente durante el verano. En la imagen se muestra el contacto de arenas de dunas con las arcillas de marismas.
Manuel Olías, CC BY-SA
  • El acuífero también alimenta multitud de lagunas con una gran variedad de condiciones y biodiversidad. Se estima que sólo en el parque nacional existen más de 3 000 en años húmedos.

  • Donde el agua subterránea se encuentra a menos de 1 m de profundidad, las plantas producen su evapotranspiración, es decir, su paso a la atmósfera. En estas zonas se desarrolla una vegetación muy densa constituida por plantas higrófitas, muy sensibles a cambios del nivel freático –nivel que alcanza el agua en el subsuelo–.

  • Por último, también se producen salidas hacia el mar en la zona costera.

Una laguna de agua en un paisaje con plantas secas y árboles
La laguna del Charco del Toro, situada a menos de 1 kilómetro de Matalascañas, está profundamente afectada por las extracciones de aguas subterráneas.
Pepe Prenda, CC BY-SA

La división del acuífero

A efectos de gestión, el acuífero Almonte-Marismas está dividido en seis masas de aguas subterráneas: cinco (La Rocina, Almonte, Marismas, Marisma de Doñana y Manto Eólico Litoral de Doñana) pertenecen a la Demarcación Hidrográfica del Guadalquivir, que depende del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, y una (Condado) a la Demarcación del Tinto, Odiel y Piedras, gestionada por la Junta de Andalucía.

Mapa donde aparecen delimitados el acuífero Almonte-Marismas, las zonas protegidas de Doñana y la división del acuífero
El acuífero Almonte-Marismas, con las zonas protegidas de Doñana y las masas de agua subterránea en las que está dividido.
Manuel Olías, CC BY-SA

Algunos de los límites entre estas masas de aguas subterráneas tienen un criterio hidrogeológico. Por ejemplo, la masa Marismas de Doñana corresponde a la zona de marismas del parque nacional donde afloran arcillas impermeables.

Sin embargo, otros límites se deben a criterios administrativos. Así, el contacto entre las masas Manto Eólico Litoral y La Rocina corresponde al antiguo límite del Parque Natural de Doñana. Sin embargo, el parque natural se amplió hacia el norte en el año 2015, por lo que este límite ya no tiene ningún sentido.

Tres de estas masas se consideran actualmente en mal estado cuantitativo por los importantes descensos causados por los bombeos, y otras dos están en mal estado químico por la contaminación del agua causada por los nitratos y pesticidas utilizadas en la agricultura.




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Tabla con el estado de las seis masas de agua en las que se divide el acuífero Almonte-Marismas. Cuatro están en mal estado
Estado de las masas de agua subterránea en las que se divide el acuífero Almonte-Marismas según el actual plan hidrológico.
Manuel Olías, CC BY-SA

Impactos de las extracciones de agua

Los bombeos de aguas subterráneas en la zona de Doñana se destinan principalmente al riego de cultivos, aunque también existen extracciones menores, pero significativas, para el abastecimiento de agua potable a Matalascañas.

Los descensos más importantes de los niveles freáticos se han producido en torno a las localidades de El Rocío y Villamanrique de la Condesa, donde se ha formado dos grandes conos de bombeo con descensos de hasta 20 m; en las cercanías de Matalascañas; y en la zona próxima a Mazagón.

Gráfico que muestra un descenso del nivel de las aguas subterráneas
Evolución de la profundidad del agua subterránea en un sondeo situado al sur de Villamanrique de la Condesa (Sevilla); en los años 70 el agua estaba a 5-6 m de profundidad y en la actualidad se encuentra a más de 25 m.
Manuel Olías, CC BY-SA

Las consecuencias ecológicas más graves de los descensos de las aguas subterráneas son los siguientes:

  • La disminución de los aportes hacia los arroyos de la zona, que transportan menos agua hacia la marisma y se secan cada vez más frecuentemente. Esto provoca la desaparición de zonas encharcadas muy importantes para las aves acuáticas durante el verano.

  • La disminución de salidas de agua subterránea a los ecotonos, que afecta especialmente al ecotono norte, entre Villamanrique y El Rocío.

  • La afección a lagunas. Algunas de las más próximas a Matalascañas y los puntos de bombeo se han secado permanentemente mientras que otras cada vez tienen menos agua, afectando a su flora y fauna.

  • La disminución de la vegetación higrófita en extensas zonas del parque.

Además, se han producido importantes cambios en los flujos de aguas subterráneas. En un estudio publicado el pasado año, detectamos que parte de la zona de la cabecera de La Rocina donde el agua
fluía naturalmente hacia el este, es decir, hacia el parque nacional, actualmente se dirige hacia el oeste debido a las extracciones en la masa de agua subterránea Condado. Es decir, los bombeos en la zona gestionada por la Junta de Andalucía están afectando a los recursos hídricos y ecosistemas de las masas de aguas gestionadas por la Confederación del Guadalquivir. Esto pone de manifiesto que las aguas subterráneas no “saben” de límites y es necesario mejorar la coordinación entre las instituciones implicadas para realizar una gestión global del conjunto del acuífero.

Esquema simplificado del cambio de la divisoria de aguas subterráneas debido a los bombeos en la masa de agua subterránea Condado
Esquema simplificado del cambio de la divisoria de aguas subterráneas debido a los bombeos en la masa de agua subterránea Condado.
Manuel Olías, CC BY-SA

Cambio climático y desafíos futuros

El cambio climático está produciendo que cada vez llueva menos y de una forma más torrencial, junto con un aumento progresivo de la temperatura. Como consecuencia, todo apunta a que se producirá una importante disminución de la recarga al acuífero y descensos adicionales de los niveles de aguas subterráneas. Ello está agravando la situación de los ecosistemas de Doñana que dependen del agua.

Ante esta complicada situación, a finales de 2023 la Junta de Andalucía y el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (del que depende la Confederación del Guadalquivir) firmaron un pacto de inversión conjunta de 1 400 millones que busca conciliar la protección ambiental con el progreso socioeconómico, y en el que se incluyen diferentes medidas para reducir las extracciones de aguas subterráneas en el entorno de Doñana. Es necesario implementar rápidamente esas medidas para mejorar la salud de los ecosistemas de Doñana.

The Conversation

Manuel Olías recibe fondos de proyectos y contratos de investigación europeos, nacionales y regionales.

ref. La actual división del acuífero de Doñana está desfasada y agrava los problemas de gestión del agua – https://theconversation.com/la-actual-division-del-acuifero-de-donana-esta-desfasada-y-agrava-los-problemas-de-gestion-del-agua-272962

¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Polo Martín, Profesora Ayudante Doctora en Geografía, Universidad Autónoma de Madrid

Petrolero de la compañía estadounidense Chevron cerca de la Refinería Bajo Grande, en el lago Maracaibo, Venezuela. Jose Bula Urrutia/Shutterstock

Venezuela posee alrededor del 17–19 % de las reservas probadas de petróleo del planeta, más que otros países geoestratégicos como Arabia Saudí o Irán. Sin embargo, hoy en día produce cerca de un millón de barriles diarios, una cifra bastante marginal a escala global.

Este contraste explica por qué la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela y el anuncio de un control “indefinido” sobre sus ventas de petróleo ha despertado inquietud climática, especialmente porque coincide con la salida de EE. UU. de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

La pregunta clave es sencilla, pero incómoda: ¿qué implica para el clima que el mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero pase a controlar las mayores reservas de petróleo del mundo mientras se desentiende de la gobernanza climática internacional?

Un petróleo especialmente intensivo en emisiones

No todo el petróleo es igual desde el punto de vista climático. Gran parte del crudo venezolano, concentrado en la faja petrolífera del Orinoco –una extensa zona ubicada al norte del río Orinoco y su desembocadura– es pesado y extrapesado. Esto significa que su extracción y refinado requieren más energía que los crudos ligeros y generan mayores emisiones por barril. Además, este se procesaría en refinerías especializadas del Golfo de México, diseñadas para este tipo de petróleo.

Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo)
Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo), una importante cuenca sedimentaria que contiene abundantes reservas de petróleo.
Servicio Geológico de Estados Unidos

La ciencia explica por qué todo esto es preocupante desde el punto de vista climático. Diversos estudios muestran que las emisiones asociadas a la extracción de petróleo aumentan a medida que los yacimientos envejecen, puesto que se necesitan técnicas cada vez más intensivas en energía para mantener la producción.

Relanzar masivamente la producción venezolana, por tanto, no solo incrementaría el consumo de combustibles fósiles, sino que lo haría a través de uno de los tipos de crudo más contaminantes.




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Un giro político que choca con la ciencia climática

El contexto internacional amplifica estas implicaciones. En enero de 2026, la Administración estadounidense formalizó su retirada de la CMNUCC y del IPCC, rompiendo con el principal marco de coordinación científica y política frente al calentamiento global.

Esta decisión contrasta abiertamente con el consenso científico. Según el último Informe de Síntesis del IPCC, parte del Sexto Informe de Evaluación (AR6) publicado en marzo de 2023, limitar el calentamiento global a una subida de 1,5 °C exige una reducción rápida y sostenida del uso de combustibles fósiles.

En la misma línea, un estudio publicado recientemente en Nature Communications concluye que, en escenarios compatibles con ese objetivo, la producción mundial de petróleo debería reducirse entre un 62 % y un 70 % antes de 2050.

Apostar por reconstruir y expandir la industria petrolera venezolana va, por tanto, en dirección opuesta a lo que recomienda la evidencia científica.




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Geopolítica versus acción climática

Desde un punto de vista geopolítico, el control del petróleo venezolano refuerza la influencia de EE. UU. en América Latina y limita el margen de actuación de China y Rusia, aliados históricos de Caracas.

A corto plazo, el impacto sobre el mercado petrolero mundial es limitado, ya que reactivar la producción requerirá años de inversión y estabilidad política.

Sin embargo, a medio y largo plazo, el mensaje es claro: se refuerza un modelo energético fósil en un momento crítico. Los indicadores más recientes muestran que el calentamiento causado por el ser humano ya alcanza aproximadamente 1,22 °C y que el presupuesto de carbono –la cantidad de carbono que aún podemos quemar– compatible con mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C se agota rápidamente.

Implicaciones para la lucha contra el cambio climático

La combinación de ambos factores –control de grandes reservas de crudo pesado y retirada del multilateralismo climático– plantea tres riesgos principales:

  • Aumento potencial de emisiones, tanto directas como indirectas, si se impulsa la producción a gran escala.

  • Debilitamiento de la cooperación internacional en la lucha contra el calentamiento global, al quedar EE. UU. fuera de los principales foros climáticos.

  • Lanzamiento de señales contradictorias al resto del mundo, que pueden frenar la ambición climática de otros países.

El control estadounidense del petróleo venezolano es mucho más que un movimiento geopolítico. Representa un choque frontal entre la política energética fósil y la hoja de ruta que marca la ciencia climática. Cuando los informes científicos insisten en dejar gran parte de las reservas conocidas bajo tierra, poner en valor uno de los mayores yacimientos de crudo pesado del mundo supone un serio retroceso para los esfuerzos globales de mitigación.

La gran incógnita no es solo cuánto petróleo podrá extraerse en Venezuela, sino qué capacidad tendrá la comunidad internacional para mantener el rumbo climático en un escenario cada vez más fragmentado.

The Conversation

Bárbara Polo Martín recibe fondos de Ramón Areces. Proyecto CIHP25S21774 Modelando la geohistoria para predecir el futuro de la resiliencia urbana: una propuesta metodológica para abordar los cambios temporales.

Es voluntaria en la Oficina Nacional de Asesoramiento Científico y en Think Tank AlterContacts

Carlos Sánchez-García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático? – https://theconversation.com/que-significa-que-ee-uu-controle-el-petroleo-de-venezuela-para-la-lucha-contra-el-cambio-climatico-274224

Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hilmar Petur Sigurdsson, Postdoctoral research associate in neuroimaging and neurodegeneration, Universidad Miguel Hernández

La respiración profunda podría ser una manera indirecta de estimular el reino vago. DexonDee/Shutterstock

¿Alguna vez se ha rascado el interior de la oreja y de repente ha sentido la necesidad de toser? Eso es que le ha dado a su nervio vago, el más largo de los nervios craneales, un pequeño empujón involuntario. En los últimos tiempos, los investigadores han estado explorando formas de estimularlo para influir en el sistema nervioso central. No es un interés infundado, ya que interviene en una amplia gama de funciones cerebrales y corporales.

Al mismo tiempo, se ha convertido en una estrella de las redes sociales, donde abundan los consejos para mejorar su función mediante métodos como el yoga, la atención plena o mindfulness, la exposición al agua fría y la técnica del humming (emitir una especie de zumbido al exhalar el aire), que supuestamente alivian el estrés y la ansiedad.

Pero para comprender lo que la estimulación del nervio vago puede y no puede hacer, primero debemos entender de qué estamos hablando.

Un maravilloso vagabundo

El nervio vago recorre ambos lados del cuerpo desde el tronco cerebral hasta el tórax y el abdomen, donde se ramifica como un viejo roble hacia las vías respiratorias (de ahí la posible necesidad de toser cuando es estimulado), el corazón, los pulmones y el estómago. Su nombre proviene del latín vagus, que significa “errante”, porque, de forma literal, vaga por el cuerpo.

Representación anatómica del nervio vago
Representación del nervio vago, que parte del cerebro y se ramifica por distintos órganos del cuerpo.
Axel_Kock/Shutterstock

Como parte importante del sistema nervioso parasimpático, ayuda a calmar el cuerpo después de una situación de estrés: cuando se activa, ralentiza el ritmo cardíaco, reduce la presión arterial y señala que es seguro dejar de pisar el acelerador (respuesta de “lucha o huida”) y pasar a una velocidad de crucero más tranquila (descanso y digestión).

Aunque parte de la información circula a través del nervio vago desde el cerebro al cuerpo, la mayoría del tráfico se dirige hacia arriba, transmitiendo al cerebro datos sobre la inflamación, la digestión y el estrés persistente. Esta comunicación bidireccional es importante y sirve principalmente para mantener la homeostasis, el proceso de autorregulación que mantiene la estabilidad en el interior de nuestro organismo.

Pero si el nervio vago es en su mayor parte automático y trabaja intensamente entre bastidores, ¿por qué necesitaríamos “estimularlo” para corregir el estrés u otras dolencias psicológicas?

¿Cómo se puede estimular el nervio vago?

Mucho antes de que el nervio vago se convirtiera en objeto candente de estudio y suscitara debates online, los investigadores ya estaban explorando formas de estimularlo.

Uno de los primeros intentos documentados se remonta a la década de 1880. En aquella época, se creía que la epilepsia se debía a un flujo sanguíneo excesivo al cerebro. Guiado por esta creencia, el neurólogo estadounidense Leornard J. Corning intentó reducir la actividad convulsiva mediante la estimulación eléctrica del nervio vago. Corning pretendía ralentizar el corazón y limitar el flujo sanguíneo cerebral aplicando breves pulsos en el cuello del paciente con una horquilla en forma de Y.

Hoy en día, el nervio vago se puede estimular de dos maneras. La más directa es usar un dispositivo implantado, similar a un marcapasos, que se coloca bajo la piel con pequeños cables envueltos alrededor del nervio. Dado que requiere cirugía, suele reservarse para casos de epilepsia grave o depresión clínica que no han respondido a los tratamientos convencionales.

La mayoría de las investigaciones en curso se centran, en cambio, en técnicas no invasivas mediante dispositivos externos. Indoloras y fáciles de usar, estas herramientas han despertado un gran interés en el ámbito de la salud mental y otros trastornos neurológicos. Incluso se ha aprobado en Europa un tratamiento basado en ellas para tratar la cefalea en racimos y la migraña.

Los resultados iniciales son prometedores, pero dispares: algunos metaanálisis informan de beneficios, como la reducción de la intensidad de la migraña, mientras que otros encuentran efectos más limitados o inconsistentes.

Es importante destacar que, aunque se sigue trabajando para comprender quiénes pueden beneficiarse de dicha estimulación, las investigaciones han demostrado que los dispositivos externos tienen un alto perfil de seguridad, una de las razones por las que se han convertido en un área de investigación tan activa.

En busca del equilibrio

Además de sus aplicaciones consolidadas en epilepsia y depresión resistente, la estimulación del nervio vago se está investigando como una herramienta complementaria para tratar síntomas relacionados con el estrés y la regulación del sistema nervioso autónomo.

El estrés es una parte inevitable de la vida cotidiana, pero cuando se vuelve crónico acarrea costes fisiológicos. Su activación prolongada puede contribuir a una amplia gama de problemas de salud mental y física, como la ansiedad, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, el debilitamiento del sistema inmunitario y un deterioro general del bienestar mental.

Esta es una de las razones por las que el nervio vago ha atraído tanta atención tanto en la medicina como en la cultura del bienestar: desempeña un papel fundamental en el restablecimiento del equilibrio autonómo. Al ralentizar el corazón y atenuar la respuesta de lucha o huida, ayuda a que el cuerpo vuelva a un estado más tranquilo y regulado.

El interés está doblemente justificado. En primer lugar, la estimulación de nuestro protagonista afecta a la actividad de las regiones del cerebro fundamentales para la regulación emocional, como la corteza prefrontal y las estructuras límbicas. En segundo lugar, puede influir en la liberación de sustancias químicas como la noradrenalina, la serotonina y la acetilcolina, esenciales para el estado de ánimo, la atención, la estabilidad emocional y el control muscular.

Aunque las pruebas de la reducción directa del estrés parecen positivas, hay que tener en cuenta que el estrés en sí mismo es difícil de cuantificar de forma fiable.

Estimulación del nervio vago y función cardiovascular

Otro aspecto a tener en cuenta es que el nervio vago actúa como el freno principal del corazón, contrarrestando la excitación simpática después del estrés.

Los investigadores suelen utilizar la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) –la fluctuación natural en el tiempo entre los latidos del corazón– para indexar esta capacidad reguladora. Una VFC más alta suele reflejar un sistema autónomo más resistente y adaptable. Dado que el nervio vago contribuye a esta variación, la VFC se toma a veces como un indicador del “tono vagal”.

Sin embargo, este parámetro está determinado por muchos factores, como el patrón respiratorio, la edad, la forma física y el estado emocional, por lo que su interpretación requiere precaución. Aun así, algunos hallazgos son prometedores. Un estudio reciente informó de que la estimulación del nervio vago mejoraba la regulación cardiovascular en personas con trastorno de estrés postraumático, aunque muchos otros ensayos solo muestran efectos modestos o incluso nulos.

Estimulación en casa, ¿funciona?

En cuanto a las prácticas citadas al principio del artículo, muchas no estimulan directa ni específicamente el nervio vago, pero sí activan de forma más general el sistema nervioso parasimpático. Por ello suelen describirse como formas de “reiniciar” el nervio vago y promover estados de calma.

Este creciente interés público ha sido destacado en artículos recientes que explican cómo esos comportamientos pueden influir indirectamente en la actividad vagal, sin constituir una estimulación dirigida del nervio. Sin embargo, aún se desconoce si los efectos son equivalentes a los de la estimulación clínica del nervio vago.

Dicho esto, prácticas cotidianas como la respiración lenta y profunda, el yoga y las técnicas de relajación son indudablemente eficaces para ayudar al cuerpo a desconectar, promover estados de calma y ofrecer un respiro frente a las exigencias constantes de la vida diaria.

Un director de orquesta

En definitiva, el nervio vago desempeña un papel central en el mantenimiento del equilibrio del cuerpo, vinculando el bienestar físico y emocional. Al igual que un director que guía una orquesta, ayuda a que los diferentes sistemas trabajen juntos en un ritmo compartido.

La estimulación del nervio vago puede ser beneficiosa en determinados contextos clínicos. Al mismo tiempo, actividades cotidianas como la respiración controlada, la atención plena, el yoga y el sueño constante suelen tener una gran influencia en la regulación del estrés, ya que favorecen estas mismas vías de relajación.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona? – https://theconversation.com/estimulacion-del-nervio-vago-para-reducir-el-estres-de-verdad-funciona-270587

El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

Los embutidos son uno de los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. 8th.creator/Shutterstock

Las calorías, el azúcar añadido, la grasa saturada o los edulcorantes son componentes de los alimentos estrechamente relacionados con nuestra salud. Sin embargo, el que más vidas se lleva por delante es el sodio: varios millones en todo el mundo cada año. A pesar de su impacto, sigue siendo un gran desconocido más allá del salero. ¿Por qué ocurre esto?

El reto de la OMS

Es cierto que el sodio es un mineral que necesitamos para funciones vitales como el impulso nervioso o el latido del corazón. Sin embargo, adaptando el refranero, podríamos decir que “lo poco gusta y lo mucho… mata”. Tomado en exceso, es el nutriente que peor nos sienta, principalmente porque consumimos el doble de lo recomendado, poniendo en jaque nuestro corazón y nuestros vasos sanguíneos.

Habitualmente hablamos de sal (cloruro de sodio) porque es el componente con el que estamos más familiarizados y el que figura en el etiquetado de los alimentos procesados. Aunque hoy existe un gran movimiento social por la alimentación saludable, la sal sigue siendo la gran ignorada. Recibe poca atención y somos poco conscientes de su presencia, lo que tiene serias implicaciones para la salud.

Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó en 2013 un reto ambicioso: reducir el consumo de sal en un 30 % para el año 2025. Los 194 estados miembros se comprometieron a ello con un objetivo claro: evitar millones de muertes prematuras y de casos nuevos de enfermedades cardiovasculares. A día de hoy, las noticias no son buenas: ningún país ha cumplido el objetivo.

Alimentos muy salados

Debemos tener en cuenta que, aunque la sal más conocida es la que añadimos al cocinar, la mayoría de la que ingerimos (alrededor del 75 %) proviene de los alimentos procesados. Por esta razón, la medida más eficaz para reducir su consumo es disminuir el contenido de sal en este tipo de alimentos.

El pan, la carne procesada (charcutería, embutidos) y el queso son los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. También son una fuente importante de sal los aperitivos o snacks, las salsas y las conservas. Incluso productos dulces como galletas, bollería o barritas la contienen en cantidades significativas.

No ha habido reducción en España

A pesar de los compromisos internacionales, en España no existe una normativa amplia que limite la sal en los alimentos. La única regulación nacional, de 2019, afecta en exclusiva al “pan común” (el que se consume en 24 horas), dejando fuera al industrial. Solo un real decreto reciente restringe la sal en alimentos que se ofertan en máquinas expendedoras y cafeterías de centros escolares, pero no hay más legislación al respecto.

En 2017, el Gobierno puso en marcha un programa para disminuir la cantidad de sal, azúcar y grasa en alimentos procesados. El acuerdo era voluntario y a él se adhirieron 20 asociaciones sectoriales que representaban a casi 400 empresas.

Respecto a la sal, el objetivo era muy poco ambicioso (reducciones de apenas el 5-16 % en productos muy concretos) y dejaba fuera alimentos tan consumidos como el pan, el jamón o el queso. Además, al no utilizarse métodos estadísticos validados para su evaluación, no podemos saber con certeza si se cumplió.




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Para arrojar luz sobre esta evolución, desde el equipo BADALI de la Universidad Miguel Hernández hemos estudiado el contenido de sal en los alimentos procesados en España desde 2017 hasta la actualidad. Utilizando métodos estadísticos validados, nuestras conclusiones son claras: no ha habido una reducción global en el contenido de sal.

Los datos revelan contrastes llamativos: mientras que las galletas han bajado un 14 % su sal y los aperitivos un 10 %, la carne procesada tiene ahora hasta un 33 % más que hace unos años. Además, las conservas de verduras o legumbres, el queso, el pan blando industrial, los cereales de desayuno, las salsas, las tortitas, las tostadas y el pan tostado no han disminuido su contenido.

¿Qué podemos hacer cuando la voluntad escasea?

La experiencia nos dice que los acuerdos voluntarios no son efectivos. El ejemplo lo tenemos en el Reino Unido: a principios de los años 2000, un programa obligatorio logró reducir un 19 % la ingesta de sal, logrando un descenso real en la presión arterial y la mortalidad cardiovascular. Sin embargo, cuando el programa pasó a ser voluntario, el consumo volvió a subir.

Como consumidores, tenemos mucho que decir. Es posible acostumbrar el paladar a menos sal en apenas unas semanas. La mejor opción siempre es centrar nuestra alimentación en alimentos naturales preparados en casa y añadir poca o ninguna cantidad de ese ingrediente en el cocinado.

Si optamos por procesados, la clave estriba en revisar la etiqueta y elegir los que tengan menos sal. Como referencia, es recomendable buscar productos que no superen los 0,5 g de sal por cada 100 g o 100 ml. Y si no es posible, intentar que al menos no supere 1 g.

En definitiva, el camino hacia una dieta con menos sal es un reto compartido que nace en nuestra mesa y se completa en el supermercado. Si bien reeducar nuestro paladar es un paso esencial, resulta fundamental un compromiso sólido de las instituciones y la industria para alcanzar las metas de salud. El fin último es sencillo pero vital: cuidar nuestro corazón.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS – https://theconversation.com/el-exceso-de-sal-sigue-llenando-nuestras-mesas-los-alimentos-procesados-suspenden-ante-la-oms-272472

Drones acuáticos para cuidar los ríos de Sevilla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Samuel Yanes Luis, Doctor y profesor de Electrónica, Universidad de Sevilla

Vehículos autónomos de superficie en el lago del Alamillo (Sevilla). ACE-TI. Universidad de Sevilla.

Los ríos son las arterias de nuestras ciudades. En Sevilla, el río Guadalquivir, sus embalses y afluentes, no solo dibujan el paisaje de Andalucía, sino que sostienen un complejo y riquísimo ecosistema. Además, son la fuente del recurso más fundamental en una tierra de perenne sequía: el agua.

En un contexto de crisis climática y desatención de los recursos hidrológicos, surge el concepto de Blue Cities: urbes que integran sus recursos hídricos no solo como elementos paisajísticos.

La clave está en considerar el agua una infraestructura crítica que debe ser monitorizada, protegida y gestionada con inteligencia. Para lograr esta simbiosis entre urbanismo y naturaleza, la ciencia está recurriendo a aliados inusuales: robots autónomos para velar por un ecosistema saludable.

Vehículos autónomos de superficie en el río Guadaira (Sevilla).
ACE-TI. Universidad de Sevilla.

Vigilantes autónomos

Tradicionalmente, la robótica se asocia a entornos industriales controlados, lejos del barro de un río. Sin embargo, su verdadera utilidad social emerge cuando se pone al servicio de la sostenibilidad.

Investigadores del grupo ACE-TI de la Universidad de Sevilla han desarrollado un sistema que permite trasladar la precisión de un laboratorio al corazón del cauce fluvial mediante Vehículos Autónomos de Superficie (ASV, por sus siglas en inglés). Nuestros “drones acuáticos” son unas plataformas ligeras y silenciosas que no alteran el entorno que estudian, ni requieren la compleja logística de las embarcaciones motorizadas.

Se despliegan en menos de 10 minutos y operan de forma autónoma durante jornadas de hasta 8 horas. Gracias a su conectividad, no solo siguen una ruta, sino que calculan modelos de contaminación continuamente mientras navegan.

Esta capacidad de procesamiento permite a los drones decidir de forma inteligente sus propios puntos de monitorización: si el sistema detecta una anomalía en tiempo real, el robot prioriza esa zona para realizar un análisis más exhaustivo.

Así, pasamos de una vigilancia reactiva a una proactiva y podemos construir un escudo tecnológico que protege nuestra biodiversidad basándose en evidencias científicas inmediatas.

Demostración de las capacidades de monitorización de los dos vehículos probados en el Río Guadaira (Sevilla).

Cómo enseñar a navegar a un robot

Para que un ASV sea realmente autónomo, no basta con darle un mapa y unos sensores. También debe aprender a “moverse” por el río para poder usarlos.

Aquí es donde entra en juego una de las ramas más fascinantes de la inteligencia artificial (IA): el aprendizaje por refuerzo. El concepto fue popularizado por Google Deep Mind en su famosa victoria contra el maestro de Go Lee Seedol, en 2016. Explicado de forma sencilla, es un proceso muy similar a cómo entrenamos a una mascota o cómo un niño aprende a caminar, mediante el ensayo y el error.

En lugar de programar al robot con miles de reglas rígidas –como “acércate siempre a valores de máxima turbidez del agua”–, se le da un objetivo y un sistema de “recompensas”. Cuando el dron toma una decisión que lo acerca a una zona de interés hidrológico, el sistema recibe una puntuación positiva. Si choca o se desvía, recibe una negativa.

Tras miles de simulaciones, el dron “entiende” por sí mismo cuál es la mejor manera de tomar muestras. No sigue órdenes ciegas. De esta manera, desarrolla la capacidad de adaptarse a las condiciones cambiantes de un río.

Se pueden optimizar, así, las rutas para ahorrar energía, capturar mejor la contaminación o asegurarse de que se han repasado bien las zonas importantes.

Este proceso de aprendizaje basado en IA supone un avance en sistemas que son capaces de aprender del entorno. Cuando el entorno cambia (por ejemplo, porque ha llovido o porque sus aguas se han enturbiado), estos drones cambian su comportamiento en consecuencia.

La clave del éxito está, como siempre en la IA, en los datos. Cuantas más experiencias reales tienen, mejor “patrullan” los vehículos. El tiempo los hará más eficientes en su tarea.

Hacia el diagnóstico personalizado

Para lograr el diagnóstico de un río, cada dron opera como un laboratorio móvil equipado con dos herramientas: sensores de calidad del agua y una cámara de visión 3D.

La sonda analiza las propiedades invisibles del agua –como la conductividad (que revela posibles vertidos), la turbidez, el pH y la temperatura–. Esta sonda puede cambiarse por cualquier otro instrumento que mida otros parámetros relevantes. Por ejemplo, en un entorno marino, podría sustituirse por un sensor de hidrocarburos disueltos.

La cámara de visión 3D, por su parte, escanea la superficie y es capaz de mapear el río. Su uso en la monitorización ambiental es fundamental para la detección de otro monstruo de la contaminación acuática: los residuos plásticos superficiales. Gracias a un algoritmo basado en redes neuronales, los vehículos “ven” la basura en 3D y son capaces de geolocalizarla con gran precisión.

Proceso de identificación de basura plástica superficial en el lago del Alamillo (Sevilla) mediante algoritmos de inteligencia artificial.
ACE-TI. Universidad de Sevilla.

El verdadero hito científico ocurre al integrar ambas fuentes mediante modelos de procesamiento de datos. Estas mediciones puntuales se transforman en un mapa de alta definición que permite visualizar la salud del cauce con precisión centimétrica.

Mapas de conductividad del agua resultado de una campaña de patrullaje con dos drones acuáticos en el lago del Alamillo y el río Guadaíra.
ACE-TI. Universidad de Sevilla.

Retos para el futuro

A pesar de los avances, el camino hacia una integración total de estas tecnologías no está exento de desafíos. El reto no es solo perfeccionar los algoritmos, sino lograr que esta tecnología se convierta en una infraestructura cotidiana y accesible.

Para que Sevilla sea una verdadera Blue City, debemos escalar estos proyectos piloto a sistemas permanentes de vigilancia que colaboren estrechamente con las instituciones públicas.

Al final, el propósito de una robótica más humana no es desplazar nuestra relación con el entorno, sino amplificar nuestra capacidad de protegerlo. El uso de la inteligencia artificial para la sostenibilidad nos demuestra que la técnica, cuando tiene un propósito ético y ambiental, es la mejor herramienta para garantizar que nuestros ríos sigan siendo el corazón vivo y saludable de la tierra.

The Conversation

Samuel Yanes Luis recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para el proyecto “Predicción y Planificación de Flotas Heterogéneas de Vehículos Autónomos para la Detección, Seguimiento y Contención de Contaminantes en Recursos Hídricos (PID2024-158365OB-C21)”.

ref. Drones acuáticos para cuidar los ríos de Sevilla – https://theconversation.com/drones-acuaticos-para-cuidar-los-rios-de-sevilla-273249

¿Los humanos somos la única especie en que las hembras se acicalan en el cortejo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gloria Fernández Lázaro, Profesor e investigador en Comportamiento animal y Psicología comparada, Universidad Autónoma de Madrid

Macho de lagarto “Spider-man” (_Agama mwanzae_). Lourdes Castro / Unsplash., CC BY

Si consideramos la palabra “arreglarse” como “acicalarse” o “engalanarse”, es decir, adornar o complementar la propia apariencia para mejorarla de cara al cortejo, ni la melena del león, ni los colores de los machos de muchas aves, reptiles o anfibios son atributos que añadan ellos mismos, simplemente nacen con ellos y reciben el nombre de ornamentos.

Macho de ciervo rojo.
Bill Ebbesen / Wikimedia Commons., CC BY

Es verdad que esta apariencia ha sido moldeada por la evolución a través de lo que Darwin definió como la teoría de la selección sexual en 1871. Tanto la alimentación como el estado físico del individuo juegan un papel muy importante en el desarrollo y mantenimiento de estos atributos. Por ejemplo, en las astas de los ciervos, una buena dieta es crucial para que crezcan grandes y sanas y puedan competir por el acceso a las hembras. Sin embargo, ¿podríamos concluir que por tanto se “arreglan” más que las hembras? Yo diría que no.

Diferencias entre sexos

Este dimorfismo sexual (diferencias físicas notables entre los sexos de una especie) responde generalmente a una competición durante el cortejo para ganar el acceso a la reproducción. Dicha competición no siempre implica un rasgo físico (ornamento o armamento) sino que también puede responder a una habilidad cognitiva (mental y comportamental).

Esto queda patente, por ejemplo en determinadas aves y la complejidad de los nidos o bailes que realizan para el cortejo. Otro ejemplo llamativo es del pez globo japonés, cuyos machos crean una estructura bajo el agua para que las hembras dejen sus huevos bajo su cuidado.

El pez globo japonés crea una estructura bajo el agua para que la hembra deje sus huevos bajo su cuidado.

Sin embargo, parece que es más común que los machos compitan durante el cortejo, ¿por qué? La razón está en la asimetría fundamental del sexo: los gametos femeninos (óvulos) son mucho más grandes, caros de producir y menos numerosos que los masculinos (espermatozoides).

Esto lleva a lo que de forma general se denominó el principio de Bateman (1948), según el cual las hembras suelen elegir mucho con quien aparearse y los machos compiten por el acceso a las hembras siendo más promiscuos. ¿Esto siempre es así? No.

Los machos compiten y las hembras eligen… no siempre

Hoy en día, sabemos que hay bastantes excepciones a este principio. Por ejemplo, se creyó durante bastante tiempo que muchas aves eran monógamas. Sin embargo hoy sabemos que, aunque alrededor del 80 % de las aves se consideran monógamas sociales –es decir, forman una pareja con un vínculo de larga duración para el cuidado de la puesta–, en un 75 % de las especies, las hembras participan de cópulas externas.

Asimismo, hay casos en que son las hembras las que tienen que competir por el macho. Por ejemplo, en una especie de pez pipa (Syngnathus scovelli), las hembras presentan unas rayas plateadas a lo largo del abdomen y, en función de su número y longitud, son seleccionadas por los machos, quienes incubarán y cuidarán a las crías.

Por poner un último ejemplo más cercano a nosotros, se ha visto en primates no humanos que las hembras de monos capuchinos son las que tienen que llamar la atención del macho dominante para que se aparee con ellas.

Como explicaba el primatólogo Frans de Waal en su libro Diferentes. Lo que los primates nos enseñan sobre el género, la idea general del apareamiento como liderado por machos (competición, jerarquía, dominancia, mayor impulso sexual) y hembras –incluidas las mujeres– con un papel más pasivo (selectivas, menos impulso sexual, más monógamas) encajaba demasiado bien en los prejuicios culturales que los humanos llevamos siglos albergando.

Mujeres y hombres no somos tan diferentes

Así que, volviendo a nuestra especie, podemos preguntarnos si somos las hembras las que se arreglan más que los machos. Pues yo diría que tampoco.

Estudios recientes demuestran que o bien no hay diferencias entre hombres y mujeres o la diferencia en el tiempo empleado en estos comportamientos –maquillarse o usar otros cosméticos, arreglarse el cabello, vestirse con estilo, cuidar la higiene corporal y hacer ejercicio o seguir una dieta específica con el propósito específico de mejorar el atractivo físico– es solo ligeramente superior de media en las mujeres (4 horas al día frente a 3,6 horas al día de los hombres).

Un dato curioso de este último estudio realizado con 93 158 participantes humanos en 93 países, fue que uno de los indicadores más fiables de los comportamientos que aumentan el atractivo fue el uso de las redes sociales, dejando claro el alto impacto que el medio social y cultural tiene en nuestro comportamiento, por encima de otros como el género.

Y es que los humanos compartimos muchas más cosas con el resto de los animales de las que pensamos, y ni ellos están tan alejados, ni nosotros somos tan únicos. Ojalá que todo esto nos sirva para tener un comportamiento más empático y respetuoso no solo entre nosotros mismos, sino con el planeta y el resto de los seres que habitan con nosotros.

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Gloria Fernández Lázaro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Los humanos somos la única especie en que las hembras se acicalan en el cortejo? – https://theconversation.com/los-humanos-somos-la-unica-especie-en-que-las-hembras-se-acicalan-en-el-cortejo-272281

La mente en modo ‘bajo consumo’: ¿para qué pensar si la IA ya lo hace?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anita Feridouni Solimani, Profesora y apoyo a la coordinación en el Departamento de Tecnologías de la Información y Comunicación Aplicadas a la Educación de la UNIR. Docente en Tecnologías Educativas y Competencias Digitales., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Imagen de la primera termporada de _Pluribus_, de Vince Gilligan. Apple TV

Imaginemos que un día dejásemos de pensar. No porque alguien nos lo prohibiese ni porque fuésemos incapaces, sino porque ya no hiciese falta, porque existiese algo que decidiese por nosotros de forma más rápida, amable y peligrosamente convincente. Elegir se volvería innecesario; dudar, una pérdida de tiempo.

Esta idea aparece en una serie popular reciente, Pluribus, creada por Vince Gilligan, que plantea un mundo en el que las decisiones individuales se diluyen en una especie de mente colectiva. No como una amenaza violenta, sino como una solución cómoda y funcional.

Algo muy parecido empieza a suceder con nuestra forma de pensar. La incorporación de la inteligencia artificial (IA) a la vida cotidiana no es solo un avance tecnológico que optimiza tareas. Es también una transformación profunda de los procesos mediante los cuales decidimos, razonamos y creamos. Así, la IA generativa comienza a ocupar un lugar ambiguo: es a la vez una herramienta poderosa y una muleta tentadora.

Delegar en ella puede llevarnos antes a la meta, pero abre una pregunta más inquietante: ¿qué ocurre con nuestras capacidades cognitivas cuando dejamos de recorrer el camino?

El riesgo de pensar en modo de bajo esfuerzo

La ficción de Gilligan no presenta esta disolución como una elección consciente, sino como una irrupción súbita: una inteligencia ajena que se propaga y uniformiza el pensamiento. A partir de ese hecho, la duda deja de actuar como motor del pensar y el conflicto interior se apaga. La subjetividad no se anula por imposición, sino por sustitución.

Un hombre y una mujer hablan bajo un paraguas un día soleado.
Pocos seres humanos en Pluribus se consiguen ‘salvar’ de la mente conjunta.
Apple TV

En el plano de lo real, la neurociencia comienza a identificar un fenómeno inquietantemente similar bajo el concepto de sedentarismo cognitivo. La delegación sistemática de tareas cognitivas no solo amenaza nuestra autonomía y pensamiento crítico, sino que permite a la IA operar como una infraestructura que accede al inconsciente para condicionar el comportamiento. Resulta entonces imperativo proteger los derechos del yo inconsciente, una advertencia que resuena en numerosos estudios y críticas de la literatura actual. Esta preocupación no es solo teórica: la evidencia científica reciente aporta datos que la respaldan.

Un estudio del MIT Media Lab ofrece una pista empírica sobre lo que ocurre cuando el pensamiento se delega por completo. Los participantes que confiaron íntegramente en herramientas de IA generativa para escribir mostraron una menor activación de las áreas cerebrales implicadas en la memoria y el razonamiento. El efecto más revelador fue conductual: la mayoría no logró recordar ni explicar el contenido que acababa de producir. Sin esfuerzo cognitivo, la información no se integra; simplemente pasa.

El propio estudio pone estos resultados en perspectiva al compararlos con investigaciones previas sobre el uso de buscadores. Buscar información obliga a leer, evaluar, descartar y tomar decisiones, un proceso que mantiene activa la mente y refuerza la sensación de autoría. Cuando ese recorrido desaparece y el resultado llega ya cerrado, no solo cambia lo que sabemos sino cómo aprendemos a pensar.

La trampa de la pereza metacognitiva

El problema, por tanto, no es solo el olvido de datos, sino una transformación más profunda en la forma de procesar la información. La literatura científica describe este fenómeno como pereza metacognitiva: la tendencia a delegar no solo la ejecución, sino también la planificación y el control del propio pensamiento.

Un estudio experimental, publicado en el British Journal of Educational Technology, muestra con claridad esta paradoja. Los estudiantes que utilizaron ChatGPT obtuvieron mejores calificaciones en sus trabajos, pero no aprendieron más que quienes no lo usaron. El producto final mejora, pero la formación no progresa. La explicación apunta a una alteración del aprendizaje autorregulado (SRL): al recibir respuestas ya estructuradas, los sujetos reducen el esfuerzo de planificación y elaboración cognitiva, limitándose a una edición superficial.

Desde una perspectiva sociológica, esta dinámica se refuerza con lo que Michael Gerlich denomina “descarga cognitiva” (cognitive offloading). A partir del análisis de 666 participantes, su estudio muestra una correlación clara: cuanto mayor es la delegación de tareas mentales en la IA, menor es el uso del pensamiento crítico. El riesgo, concluye Gerlich, no es que la tecnología piense por nosotros, sino que nos acostumbre a evitar el esfuerzo analítico necesario para evaluar la información de forma independiente.


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No todo está perdido: diseñar fricciones deseables

La solución no es el rechazo, sino introducir intencionalmente fricciones deseables: utilizar la IA para generar retos y contraejemplos que nos obliguen a cuestionar la información y a resistir la aceptación automática de los patrones que los algoritmos refuerzan. Estos patrones tienden a crear cámaras de eco y a homogeneizar opiniones, no porque la IA piense por sí misma, sino porque somos nosotros quienes la usamos de forma cómoda y confirmatoria.

Para superar este riesgo, algunos estudios sobre epistemologías alternativas proponen estrategias para diversificar y confrontar la producción de conocimiento frente a la tendencia de los algoritmos a homogeneizar el pensamiento.

Desde esta perspectiva, resulta especialmente relevante la propuesta de Lara y Deckers sobre la “mejora socrática”. Su objetivo no es atribuir agencia moral a la tecnología, sino reintroducir la responsabilidad humana en la interacción. El riesgo no es que la máquina decida por nosotros, sino que dejemos de decidir al aceptar respuestas alineadas con la media o con aquello que confirma nuestra posición.

La resistencia no consiste en oponerse a la tecnología, sino en cambiar nuestra forma de usarla. En lugar de pedirle a la IA una confirmación cómoda –como “explícame por qué esta medida política es positiva”–, que suele generar respuestas previsibles, resulta más útil interactuar de forma crítica. Por ejemplo, pedirle que analice supuestos implícitos, identifique contradicciones entre efectos sociales y valores defendidos, y formule objeciones o preguntas que nos hagan reconsiderar nuestra postura. Así, la IA no sustituye el juicio humano, sino que lo activa.

La soberanía de la individualidad

La estandarización algorítmica tiende a crear una uniformidad digital que deja de lado lo auténtico en favor de lo predecible.

Si no reclamamos nuestra autonomía mental, corremos el riesgo de convertirnos en la versión simplificada de usuarios que la tecnología espera que seamos. El desafío no es competir con la capacidad de cálculo de la máquina, sino utilizarla de un modo que libere nuestra reflexión crítica, permitiendo que la eficiencia tecnológica enriquezca la experiencia humana sin reemplazar el pensamiento propio.

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Anita Feridouni Solimani no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La mente en modo ‘bajo consumo’: ¿para qué pensar si la IA ya lo hace? – https://theconversation.com/la-mente-en-modo-bajo-consumo-para-que-pensar-si-la-ia-ya-lo-hace-273316

El gráfico que muestra la relación entre migración y economía en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mar Rubio Varas, Catedrática de Historia e Instituciones Económicas, (UPNA). Investigadora del Institute for Advanced Research in Business and Economics (INARBE), Universidad Pública de Navarra

Sach336699/Shutterstock

Con el anuncio del Gobierno español de la regularización de inmigrantes llegados al país antes del 31 de diciembre de 2025, vuelve una pregunta que parece sencilla pero que esconde una trampa lógica: ¿la gente emigra a España porque crece su economía, o crece la economía española por la llegada de inmigrantes?

Para conseguir una respuesta, los datos históricos desde 1960 hasta 2025 ofrecen claves explicativas importantes. Cuando se cruzan los saldos migratorios netos (la diferencia entre el número de personas que entran y el número de personas que salen) con el crecimiento del PIB en seis décadas, vemos que la inmigración ha sido una consecuencia del ciclo económico, no su causa. Pero eso no significa que este fenómeno vaya a ser irrelevante para el futuro de la economía española.

Cuando eran los españoles los que se iban

Durante los años sesenta se vivió el milagro económico español. En un despegue económico espectacular, el PIB creció a tasas superiores al 7 % anual. Sin embargo, al observar los números migratorios de entonces, vemos que España no atraía inmigrantes. Al contrario, eran los españoles quienes se iban. Cientos de miles de españoles emigraban a Alemania, Suiza, Francia y Bélgica buscando mejores salarios y oportunidades.

¿Por qué? Porque aunque la economía crecía, el crecimiento no se traducía en salarios competitivos a nivel europeo ni en suficientes empleos de calidad. Mientras la economía expandía el PIB, la población activa se contraía. Este patrón es la evidencia más clara de que la migración es una consecuencia de la situación relativa del país y de los ciclos económicos, no su motor. La gente no responde al PIB nacional promedio sino que responde a sus oportunidades personales.

Crecimiento económico y migración en España 1960-2025.
1960-2022: Datos históricos basados en el Instituto Nacional de Estadística (INE). 2023 (Final): Datos finales publicados por el INE. 2024-2025 (Estimados): Proyecciones del INE para el Saldo Migratorio y previsiones de consenso (ej. Banco de España, FMI), CC BY-NC

El gran giro: de emigrantes a inmigrantes

El cambio de dirección llegó a finales de los noventa. Entre 1998 y 2007, España experimentó lo que podríamos llamar el gran boom económico. El crecimiento fue robusto y prolongado. Fue entonces cuando los flujos migratorios se invirtieron de forma espectacular.
El saldo migratorio neto (diferencia entre quien llega y quien se va) se disparó. A principios de los 2000, España registraba inmigrantes netos de entre 300 000 y 600 000 personas anuales. ¿La razón? La economía crecía, había demanda de trabajo en sectores como la construcción, la hostelería, los servicios. Los inmigrantes llegaban no porque alguien los trajera, sino porque sus redes informales –amigos, familiares– les comunicaban que en España había trabajo.

Aquí es importante mencionar que en esos años hubo también cambios legislativos importantes. Entre 1991 y 2000, España realizó regularizaciones extraordinarias de trabajadores extranjeros que ya estaban en el país de forma irregular. Los procesos de regularización de principios de siglo, asociados a la Ley de Extranjería promulgada en el año 2000, permitió legalizar a centenares de miles de personas que ya vivían en España. Esto explica algunos de los picos tan pronunciados en las estadísticas oficiales de inmigración. Pero esos números reflejan, principalmente, la conversión de irregularidad a regularidad de una población que ya estaba aquí.

La crisis: cuando se invirtió el flujo

Luego llegó 2008 y la Gran Recesión. El PIB se desplomó con caídas de dos dígitos. El desempleo se multiplicó. Y los flujos migratorios se invirtieron de nuevo.
Entre 2012 y 2014, el saldo migratorio se volvió negativo. Salía más gente de España que la que entraba. Decenas de miles de inmigrantes que habían llegado en los años de bonanza se iban, principalmente a sus países de origen o a otros países europeos. Al mismo tiempo, españoles jóvenes emigraban en busca de oportunidades que la crisis les había arrebatado.

Este patrón no es anecdótico. Es la confirmación de que la inmigración responde a ciclos económicos reales. Cuando hay trabajo, llega gente. Cuando no lo hay, se va.

La recuperación y el dilema presente

A partir de 2015, la economía española se recuperó. Y con ella volvió la inmigración neta positiva. Desde entonces, el saldo migratorio ha registrado cifras cada vez más altas. En 2022-2023, España registró inmigrantes netos de entre 500 000 y 600 000 personas anuales.

La pregunta política que esto ha generado es la que se plantea en redes: “¿Crece la economía porque vienen inmigrantes o vienen inmigrantes porque crece la economía?” Hay un germen de verdad en ambas proposiciones, pero la pregunta está mal formulada.

Históricamente, la inmigración ha sido una consecuencia de oportunidades económicas, no su causa directa. Pero en el contexto demográfico actual de España –uno de los índices de natalidad más bajos de Europa, una población envejecida, una pirámide de edad invertida– la llegada de inmigrantes se ha vuelto estructuralmente necesaria.

Expliquemos porqué.

Cuando la inmigración se vuelve necesaria

España tiene un grave problema demográfico. La tasa de natalidad es de las más bajas de la OCDE. Cada mujer española tiene, en promedio, 1,1 hijos. Para mantener una población estable se necesitan 2,1. Sin inmigración, la población activa de España –aquella que genera riqueza, paga impuestos y sostiene la Seguridad Social– comenzaría a contraerse en términos absolutos.

Las consecuencias son claras. Menos población activa significa menos trabajadores cotizando a la Seguridad Social para sostener el sistema de pensiones de una población cada vez más envejecida. Significa menos demanda interna, menos consumo, menos actividad económica. El crecimiento económico de los países está directamente ligado a disponer de población en edad de trabajar. Y en España, sin inmigración neta positiva, esa población simplemente no existirá.

Así pues, mientras que históricamente la inmigración fue una consecuencia de la prosperidad, hoy es una condición para mantenerla. La economía sigue atrayendo inmigrantes porque tiene oportunidades que ofrecer. Pero esos inmigrantes son ahora estructuralmente necesarios para que esas oportunidades sigan existiendo.

El verdadero indicador: cuándo preocuparse

Así que volvamos a la pregunta inicial, reformulada: ¿Es la inmigración un motor o un barómetro de la economía?

La respuesta es que es ambas cosas. Es un barómetro, porque responde sensiblemente a ciclos económicos. Eso queda demostrado en seis décadas de datos: cuando la economía funciona, llega gente; cuando se detiene, se van.

Pero es también un motor porque, en el contexto actual, la población inmigrante es lo que permite que el crecimiento económico español sea sostenible a largo plazo. Sin esa reposición de la población activa, la espiral demográfica española sería inexorablemente peor.

El verdadero indicador de alarma no es que lleguen muchos inmigrantes a España: es que dejen de llegar. Sí sería preocupante que el saldo migratorio neto se detuviera o cayera significativamente. No porque la inmigración sea “el problema” para España, sino porque sería la evidencia de que España ha dejado de ser atractiva para los trabajadores, nacionales o internacionales. Y eso sería un síntoma de una economía en deterioro terminal.

Conclusión: el debate necesario

España necesita un debate sobre inmigración que descanse en datos, no en creencias y estereotipos. Los números muestran que la inmigración es una consecuencia natural de ciclos económicos, ningún misterio. Pero también muestran que, en la España actual, esa inmigración es una necesidad demográfica y económica.

Así que la pregunta correcta no debería ser si la inmigración causa o es causada por el crecimiento. La pregunta debería ser: ¿cómo gestionamos e integramos la inmigración de forma que sea beneficiosa para todos? Y antes que eso, ¿cómo mejoramos la cohesión social y la igualdad de oportunidades en un país que necesita a los inmigrantes, pero donde también viven millones de personas que sienten que se han quedado atrás?

Esas son las preguntas que los números sugieren que la sociedad española se debería estar haciendo.

The Conversation

Mar Rubio Varas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El gráfico que muestra la relación entre migración y economía en España – https://theconversation.com/el-grafico-que-muestra-la-relacion-entre-migracion-y-economia-en-espana-271278