El lado oscuro de los videojuegos: cómo los ‘chats’ ponen en riesgo a los más pequeños

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Verónica Jimeno Jiménez, Profesora Titular Victimología, área Psicología Social, Universidad de Castilla-La Mancha

DENIS NOVIKOV/ ISTOCK ], CC BY

¿En qué nos fijamos al seleccionar un videojuego para nuestros hijos, sobrinos o nietos? Probablemente, en que no sea violento, que esté adaptado a su edad y que fomente la creatividad. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en una cuestión clave: ¿con quién pueden interactuar los más pequeños mientras juegan? Muchos videojuegos permiten la comunicación directa con otros jugadores, y esa conexión puede incluir tanto a menores como a adultos desconocidos.

Videojuegos como Roblox, Minecraft, Fortnite, Among Us o Call of Duty se han convertido en referentes del ocio digital entre niños y adolescentes. Más allá de su atractivo visual o de sus dinámicas de juego, todos ellos comparten una característica que suele pasar desapercibida para muchas familias: permiten la comunicación directa entre jugadores, a través de chats de texto o voz.

Esta funcionalidad, diseñada para fomentar la interacción y el trabajo en equipo, también abre la puerta a que menores se relacionen con personas desconocidas, sin filtros ni supervisión. Lo que comienza como una partida aparentemente inofensiva puede derivar en situaciones de riesgo, especialmente cuando los adultos responsables no conocen el alcance de estas herramientas de comunicación.

Accesibles por defecto

En los chats de los videojuegos cualquier usuario puede enviar mensajes o iniciar conversaciones privadas, ya que muchos juegos permiten la comunicación libre por defecto. Este acceso sin filtros facilita que adultos desconocidos puedan contactar con menores.

Este tipo de contacto puede dar lugar a lo que se conoce como grooming, un delito que consiste en que una persona adulta contacte con un menor por medios electrónicos “con el fin de hacerle participar en cualquier actividad sexual”. Los chats de videojuegos se han convertido en una vía particularmente sensible para este fenómeno, porque los menores suelen bajar la guardia pensando que “solo están jugando” y no imaginan que podrían estar en contacto con alguien con intenciones peligrosas.

A diferencia de otros abusos sexuales en línea, que pueden ocurrir de forma más directa –como el envío de pornografía infantil, sextorsión o contactos sexuales explícitos inmediatos–, el grooming es un proceso gradual de manipulación. En España, Save the Children realizó en 2023 un análisis sobre grooming en línea dentro del informe titulado Por una justicia a la altura de la infancia, en el que se revisaron cerca de 400 sentencias judiciales, de las cuales 33 correspondían específicamente a casos de grooming o abuso sexual a través de internet.

Dicho informe reveló que las víctimas habían sido mayoritariamente niñas (57,4 %), con una edad media de 13 años, mientras que los agresores eran en su mayoría varones jóvenes sin antecedentes penales. El modus operandi incluye engaño, coacción y corrupción, y en el 90 % de los casos se propone un encuentro físico.




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En Europa, el European Online Grooming Project identificó patrones similares en Bélgica, Italia, Noruega y Reino Unido. Además, se observó que entre el 19 % y el 23 % de adolescentes habían recibido solicitudes sexuales de adultos por internet, con mayor prevalencia en Reino Unido y países nórdicos, seguidos por España e Italia.

Factores de riesgo comunes incluyen el uso intensivo de redes sociales y videojuegos, perfiles con connotaciones sexuales y baja percepción del riesgo en varones.

La tendencia es creciente y los expertos insisten en la importancia de la prevención y la educación digital para las familias. De hecho, el Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría ha emitido una alerta específica sobre los riesgos asociados a los chats en la plataforma Roblox. Los pediatras advierten que, en algunos casos, esta exposición ha estado vinculada a fenómenos de autolesión, acceso a material sexual explícito, ansiedad, alteraciones del estado de ánimo y cambios significativos en la conducta de los menores.

¿Qué podemos hacer las familias?

La prevención comienza por la información. Es fundamental que los padres y adultos responsables conozcan las funciones de los juegos que utilizan los menores. Antes de dar acceso a videojuegos online es fundamental que nos informemos sobre los videojuegos que más les interesan, especialmente si incluyen chats y cómo se gestionan.

Debemos configurar adecuadamente los controles parentales. Supervisar tanto el tiempo de juego como las partidas ayuda a detectar posibles riesgos y a compartir la experiencia. Fomentar la comunicación y la confianza en casa es clave para que niños y niñas se sientan cómodos contando cualquier situación incómoda o sospechosa. Finalmente, debemos educarles en el uso responsable de internet, recordándoles la importancia de no compartir información personal ni aceptar invitaciones de desconocidos, refuerza su seguridad y autonomía en el entorno digital.




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Los videojuegos pueden ser una fuente de diversión, aprendizaje y socialización, pero también esconden riesgos que no debemos subestimar. Los chats integrados, presentes en la mayoría de los juegos online, son un canal de comunicación directo y sin filtros entre la habitación de nuestros hijos y cualquier persona en el mundo. Como adultos, nuestra responsabilidad es informarnos, supervisar y educar para que el juego siga siendo seguro. Evitemos que este canal de comunicación se convierta en un canal de victimización.


La versión original de este artículo se ha publicado en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.

The Conversation

María Verónica Jimeno Jiménez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El lado oscuro de los videojuegos: cómo los ‘chats’ ponen en riesgo a los más pequeños – https://theconversation.com/el-lado-oscuro-de-los-videojuegos-como-los-chats-ponen-en-riesgo-a-los-mas-pequenos-265231

Barcelona, una ciudad íntimamente ligada al mar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xavier Baró Queralt, Profesor Adjunto. Doctor en Historia, Universitat Internacional de Catalunya

Panorámica de Barcelona del siglo XIX dibujada por Adolphe Rouargue y Émile Rouargue. Grabado de Eduard Willmann. Deutschland und die Welt/Wikimedia Commons

¿Qué fue primero, Barcelona o el Mediterráneo? La relación de la ciudad catalana con el mar es tan antigua como el remoto descubrimiento de la navegación. Es muy probable que cuando varios cientos de laietanos (pueblo íbero) se asentaron en la ladera de la montaña de Montjuïc en el siglo VI a. e. c., no se plantearan que el poblado generaría, al cabo del tiempo, la ciudad actual.

En cualquier caso, si por algo es conocida Barcelona es por su origen romano. La Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino se supone que se fundó entre el 15 y el 10 a. e. c. Los romanos se centraron en su alto nivel estratégico, porque su situación en la costa del Mediterráneo occidental les era de gran utilidad. Ellos fueron quienes crearon un puerto que servía de punto de conexión con el resto de los enclaves mediterráneos, ya que el Mare Nostrum era uno de los ejes vertebradores del Imperio.

Por supuesto, durante este tiempo a Barcino llegaron aceite, vino y cereales, pero también personas con su propio credo religioso. De hecho, fue una de las primeras ciudades de la Hispania Citerior en recibir el cristianismo.

Un mármol romano con texto en latín ('COL IVL AVG FAV PAT BARCIN', abreviatura de 'Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino') que describe Barcino.
Un mármol romano con texto en latín (‘COL IVL AVG FAV PAT BARCIN’, abreviatura de ‘Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino’) que describe Barcino.
jaycross/Flickr, CC BY

En el siglo II contaba con unos 3 500 habitantes, que tenían que protegerse de las invasiones germánicas. La ruralización generó una nueva ciudad, más pequeña y frágil, y tras la ocupación musulmana en 718, estuvo durante ocho décadas bajo tutela islámica. Pero el apoyo de los francos de Carlomagno ayudó a conquistarla de nuevo. Nacía la Marca Hispánica.

Barcelona se abre al Mediterráneo: la Baja Edad Media

Bajo el reinado de Jaime I de Aragón, la Corona de Aragón impulsó con decisión la política marítima y apostó por llevar a cabo la conquista de las Baleares en 1229. En ello pesó mucho la motivación religiosa, ya que el monarca se sentía llamado a expandir la fe católica. En ese momento, Barcelona ya tenía unos 45 000 habitantes.

Debemos imaginar entonces un barrio marítimo con una actividad desbordante y, sobre todo, con una nueva clase social: mercaderes y comerciantes que organizaron gremios que velaban por sus intereses. La creación en 1262 del Consulado de Mar (Consolat de Mar) –institución jurídica imprescindible para regular el comercio marítimo de la Corona de Aragón– ejemplifica a la perfección este crecimiento. El periodo también generó una nueva arquitectura y en el siglo XIV se creó la Llotja de Mar para facilitar las operaciones comerciales.

Vista de las fachadas principal y lateral del edificio de la Llotja. Gente paseando por el Passeig d'Isabel II. A la izquierda, los porches de Xifré.
La Lonja de Barcelona (Llotja del Mar) en el siglo XIX, por Antoni Roca Sallent.
Arxiu Históric de la Ciutat de Barcelona/Wikimedia Commons

Sin embargo, si el mar había traído prosperidad, así mismo trajo desolación, crisis y muerte: la peste negra de 1348. Superada la epidemia, el desarrollo económico y comercial se trasladó a Valencia, que vivió su momento de mayor prosperidad en el siglo XV.

La Edad Moderna: ¿decadente?

Tres acontecimientos marcaron ese siglo XV, y sus consecuencias se dejaron sentir durante varios siglos. En primer lugar, la unión dinástica entre Fernando de Aragón e Isabel la Católica implicó un traslado de poder a Castilla: había nacido la Monarquía Hispánica. El establecimiento de la capitalidad en Madrid hizo que Barcelona se viera más alejada de la corte de los Habsburgo.

Sin embargo, por la ciudad pasaron personajes célebres como san Ignacio de Loyola o Miguel de Cervantes, quien elogió a la Ciudad Condal definiéndola en el Quijote como “archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única”.

En segundo lugar, la conquista de Constantinopla por parte de los turcos en 1453 provocó que el Mediterráneo dejase de ser un espacio seguro para la navegación. La noticia causó, además, un gran impacto en la cristiandad.

Y el tercer cambio que se produjo fue el descubrimiento de América en 1492. A partir de ese momento, el comercio internacional se desplazó al Atlántico.

Este panorama nos puede hacer pensar en un declive general de la ciudad. Pero si bien es cierto e indiscutible en líneas generales, los negocios marítimos no desaparecieron totalmente.

Dibujo de Barcelona realizado en 1563 por el artista flamenco Antony van den Wyngaerde.
Dibujo de Barcelona realizado en 1563 por el artista flamenco Antony van den Wyngaerde.
Wikimedia Commons

Los siglos XVII y XVIII tampoco fueron boyantes para Barcelona. La Guerra de los Segadores (1640-1652) y la Guerra de Sucesión (1701-1715) la debilitaron, mientras que el establecimiento de la dinastía de los Borbones implicó un proceso de centralización del reino, aunque la ciudad se mantuvo como núcleo comercial marítimo. La Real Junta Particular de Comercio de Barcelona (1758), bajo el reinado de Fernando VI, contribuyó a dinamizar el comercio interior y exterior, a lo que se unió la decisión posterior de Carlos III de reactivar, una vez más, la actividad marítima y decretar el libre comercio.

En esta Barcelona ilustrada sobresalió la figura del historiador Antoni de Capmany, quien escribió la primera crónica marítima de la ciudad. Es la época en la que se consolidaron las llamadas fábricas de indianas, que tanto progreso y riqueza generarían en Barcelona. El puerto se convirtió entonces en un elemento clave para impulsar la industrialización del país.

Una ciudad que se reinventa

Tras el freno a la actividad local que supuso la Guerra de Independencia (1808-1814), a partir de 1850 la aparición del ferrocarril, la industria y el proteccionismo inauguraron un periodo de brutales desigualdades entre las clases sociales. El mismo Friedrich Engels afirmó que Barcelona era “el centro fabril más importante de España, que tiene en su haber histórico más combates de barricadas que ninguna otra ciudad del mundo”.

Foto de la fàbrica 'Juan Batlló' en Barcelona en 1890.
Foto de la fábrica ‘Juan Batlló’ en Barcelona en 1890.
Wikimedia Commons

La ciudad creció a un ritmo vertiginoso y los barceloneses demandaron el derribo de las murallas, un proceso que se inició en 1854. Posteriormente comenzó a prepararse la Exposición Universal de 1888. Barcelona se presentaba ante el mundo como una capital moderna, abierta al Mediterráneo y al resto de Europa; la Ciudad Condal se había convertido en una urbe seductora que lideraba la actividad económica y mercantil en España. Esto comportó la llegada masiva de población del sur del país, configurando una urbe heterogénea y diversa.

Por otra parte, muchos ciudadanos emigraron a Cuba para desarrollar allí sus actividades económicas. No podemos ningunear en este punto el peso del comercio de esclavos, en el que participaron (y con el que se enriquecieron) algunos barceloneses. Es, también, el momento del Modernismo, que tanta impronta ha dejado en la arquitectura de la ciudad.

Un siglo XX complejo y esperanzador

A principios del siglo XX, barrios como la Barceloneta reflejaron la dimensión marítima de la ciudad. Apareció el interés por el baño y en 1912 se inauguraron los baños de la Mar Bella, activos hasta la década de 1940.

Por un lado, la zona marítima reflejaba un modo de vida marinero y obrero que a menudo estaba marcado por la pobreza y la escasez de sus trabajadores. Y a la vez, Barcelona seguía siendo una ciudad de contrastes y las clases más adineradas centraban su interés en el deporte del remo.

Bañistas jugando entre las olas a principios del siglo 19.
Bañistas jugando entre las olas en los baños de San Sebastián (1914), fotografía tomada por Carles Fargas i Bonell en la playa de la Barceloneta.
Fons Carles Fargas i Bonell/Memòria Digital de Catalunya

La ciudad volvió a cobrar importancia con la Exposición Internacional de 1929, cuando superó el millón de habitantes. Este desarrollo se vio truncado súbitamente con el estallido de la Guerra Civil. Barcelona vivió con dramatismo los bombardeos, la falta de abastecimiento y los caminos del exilio (que se llevó a cabo también por mar). Igualmente, la posguerra fue funesta para un lugar que había apoyado a la República y se identificaba por su catalanidad. Es la Barcelona sórdida narrada por Carmen Laforet en Nada.

Con los años del desarrollismo franquista (a partir de 1959), la urbe se abrió al turismo y a una nueva globalización. Esto generó, por fin, un desarrollo económico sostenido en el tiempo. Una nueva oleada migratoria procedente de las zonas más deprimidas de España hizo crecer la ciudad y su área metropolitana. Pero las aberraciones urbanísticas, sobre todo en la periferia, reflejaron las incoherencias de un régimen inmóvil en lo político pero liberal en términos económicos. Tras la muerte de Franco en 1975 Barcelona abrazó con ilusión el inicio de las reformas democráticas.

Su última gran transformación (decididamente marítima) tuvo lugar a raíz de los Juegos Olímpicos de 1992. Se impulsó la apertura hacia el mar, modificando profundamente el litoral y dignificando un espacio marítimo prácticamente olvidado. Desde entonces, el puerto se ha consolidado como hub logístico y de cruceros.

Esto también ha abierto el necesario debate sobre el control del turismo masivo, que puede generar, entre otras cosas, procesos de gentrificación en los barrios de la ciudad. Y todo eso sin olvidar la masiva llegada de migrantes de los cinco continentes.

Actualmente, Barcelona se muestra como una capital mediterránea de primer orden, una ciudad con una historia larga y dilatada y con una relación perenne con el mar.

The Conversation

Xavier Baró Queralt no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Barcelona, una ciudad íntimamente ligada al mar – https://theconversation.com/barcelona-una-ciudad-intimamente-ligada-al-mar-265632

‘Marketing’ digital: cuanto más tiempo pasemos en las redes, más posibilidades de que las marcas nos enganchen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nélida Dávila Espuela, Profesora Departamento de Marketing, Universidad Complutense de Madrid

Rawpixel.com/Shutterstock

Cada día dedicamos una parte importante de nuestro tiempo a las redes sociales. Deslizamos el dedo, vemos fotos y vídeos, seguimos historias y comentamos publicaciones. Y, entre toda esa actividad, aparecen contenidos de marcas. En 2025, los usuarios pasan de media 2,5 horas al día en esas plataformas, lo que explica por qué los contenidos de marca forman parte de nuestra rutina digital.

Si algunas marcas pasan desapercibidas, otras despiertan sensaciones de confianza, cercanía o familiaridad. A veces, incluso, nos llevan a repetir compra o a recomendarlas casi sin darnos cuenta. ¿Por qué ocurre eso?, ¿qué tienen esas marcas que otras no transmiten?

En una investigación reciente abordamos esta cuestión desde una perspectiva poco explorada: no solo analizamos lo que publican las marcas, sino también cómo vivimos las redes sociales. Revisamos más de dos décadas de investigaciones sobre redes y lealtad, y estudiamos la rutina digital de 455 usuarios pertenecientes a la generación X y a los millenials: su tiempo diario de uso, los contenidos que consumían y su relación con las marcas.

Esta combinación permitió construir un modelo que integra tiempo de uso, diferencias generacionales y características del contenido para explicar cómo se forma la fidelidad en entornos digitales. El hallazgo fue claro: existe un factor decisivo en la lealtad hacia las marcas que casi siempre se había ignorado. Ese factor es el tiempo diario que pasamos conectados.

El tiempo en redes: un predictor silencioso

En marketing digital suele asumirse que el contenido determina la reacción del usuario: un vídeo llamativo, una imagen cuidada o un mensaje emocional deberían generar respuestas positivas. Sin embargo, nuestros datos muestran que, antes de analizar qué se publica, debemos entender en qué contexto se recibe. Y ese contexto empieza con una pregunta clave: ¿cuánto tiempo pasamos cada día en las redes sociales?

Quienes pasan más tiempo conectados muestran niveles más altos de lealtad hacia las marcas que siguen: confían más en ellas, las recomiendan más y tienen mayor intención de repetir compra. No porque las marcas sean mejores, sino porque están más presentes en su vida digital. Se integran en momentos cotidianos y esa familiaridad silenciosa crea cercanía y fortalece el vínculo.

Dos generaciones, dos formas de vivir las redes

Esto nos llevó a preguntarnos quiénes son los usuarios que más tiempo dedican a las redes. Los millenials, que han crecido junto a estas plataformas, siguen siendo quienes los que se llevan la palma. Las redes son para ellos un espacio de relación, inspiración y socialización cotidiana. La generación X también las usa, pero de forma más instrumental. Dedica menos tiempo y las emplea, sobre todo, para informarse o mantenerse en contacto.

En promedio, los millenials pasan tres horas al día en redes sociales frente a la hora y media de la generación X, lo que puede explicar las diferencias en exposición y compromiso (engagement) con las marcas.

Estas diferencias importan porque condicionan la posibilidad de que una marca construya una relación duradera. Como en las relaciones personales, la frecuencia de contacto es determinante.

No todo lo que se publica genera lealtad

Pasar más tiempo en redes no basta para generar fidelidad. Lo que convierte esa exposición en una relación sólida es el tipo de contenido que el usuario encuentra. Identificamos tres categorías con impacto claro en la lealtad:

  1. El contenido relevante: información útil, ideas inspiradoras o mensajes significativos. Cuando una marca aporta valor, genera más confianza.

  2. Las promociones y ventajas reales. Descuentos, sorteos o concursos crean reciprocidad y fortalecen la relación, sobre todo entre usuarios activos.

  3. El contenido que llega a través del entorno social. Las recomendaciones de amigos o contactos influyen más que los mensajes corporativos, y quienes pasan más tiempo en redes están más expuestos a esta circulación.

Sin embargo, uno de los resultados más llamativos es que, cuando se analiza junto al tiempo de uso, la calidad estética del contenido no predice la lealtad del usuario. Un vídeo impecable o una fotografía muy cuidada pueden captar su atención, pero no generan necesariamente un vínculo sostenido. La fidelidad se construye a partir de la utilidad, la cercanía y la conexión social.

La lealtad se construye con tiempo

Más que centrándose únicamente en qué publicar, las marcas conseguirán el compromiso si son capaces de entender cómo viven los usuarios las redes y cuánto tiempo pasan en ellas. Conocer su rutina digital les permitirá adaptar sus contenidos de manera más eficaz. No es tan necesario alcanzar la perfección estética como aportarles valor y formar parte de sus conversaciones digitales.

En un entorno digital cada vez más saturado, las marcas que consiguen fidelizar son aquellas que entienden cómo viven los usuarios las redes y qué esperan de ellas. Cuanto mayor es nuestra presencia en estas plataformas, mayor es la probabilidad de que ciertas marcas se integren en nuestra rutina y generen un vínculo basado en la familiaridad y la confianza.

Ahora bien, el tiempo por sí solo no garantiza esa relación. Se trata de estar presentes y aportando contenido que realmente encaje con la experiencia digital del usuario.

El tiempo que pasamos conectados, a veces casi sin darnos cuenta, moldea más de lo que imaginamos nuestras decisiones, nuestras preferencias y las marcas que dejamos entrar en nuestro día a día.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Marketing’ digital: cuanto más tiempo pasemos en las redes, más posibilidades de que las marcas nos enganchen – https://theconversation.com/marketing-digital-cuanto-mas-tiempo-pasemos-en-las-redes-mas-posibilidades-de-que-las-marcas-nos-enganchen-270483

Más paridad, menos colaboración: la paradoja de la igualdad en la investigación científica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iñaki Úcar, Profesor Asistente de Estadística, Universidad Carlos III

Los científicos varones tienden a formar equipos con investigadores de su mismo género. This is Engineering / Unsplash., CC BY

La presencia de mujeres en la investigación ha crecido de forma constante en todas las disciplinas. Este avance numérico convive, sin embargo, con un fenómeno menos visible que ayuda a explicar por qué la desigualdad sigue presente en el mundo académico: la homofilia de género, es decir, la tendencia a colaborar con personas del mismo sexo. Lejos de desaparecer, esta dinámica ha ganado fuerza con el tiempo, y lo hace de manera desigual para hombres y mujeres.

En un estudio reciente, analizamos más de 28 millones de artículos publicados entre 1980 y 2019 en todas las áreas del conocimiento, para entender cómo la presencia de mujeres y hombres transforma las redes de colaboración científica.

Colaboración entre géneros, patrón asimétrico

En 1980, la investigación estaba fuertemente marcada por la brecha de género. En áreas como Mecánica o Electroquímica las mujeres apenas firmaban un 8 % de los artículos publicados. Resulta aún más llamativo que, incluso en áreas que hoy solemos considerar “tradicionalmente femeninas” –como estudios de familia–, ellas apenas alcanzaban el 25 % de las autorías.

Al igual que sucede en el mercado laboral, la presencia de mujeres en la ciencia ha crecido de forma sostenida durante las últimas cuatro décadas. Con la incorporación progresiva de mujeres a campos tradicionalmente masculinizados, cabría esperar que aumentaran las publicaciones firmadas por equipos mixtos.

Pero los datos muestran algo muy distinto: la colaboración entre mujeres y hombres toca valores mínimos cuando ellas alcanzan entre un 35 % y un 40 % de representación en un área, es decir, en el punto en que el campo deja de estar claramente dominado por hombres.

¿Por qué justo ahí? Una explicación posible es el desequilibrio histórico de poder en la academia: los hombres han ocupado durante décadas la mayoría de las posiciones de influencia y pueden percibir que una presencia femenina creciente amenaza ese privilegio. Como reacción, tienden a reforzar el statu quo, colaborando preferentemente entre ellos y dejando fuera a las mujeres.

Las mujeres, más proclives a alianzas mixtas

Podríamos pensar que las mujeres reaccionan igual, pero los datos muestran lo contrario. En las áreas donde ellas son mayoría –por encima del 55 %–, la homofilia de género cae a mínimos. Una posible explicación es que los hombres siguen ocupando, incluso en esos campos, la mayoría de los puestos de mayor poder, prestigio y acceso a recursos. Colaborar con ellos puede abrir puertas a más visibilidad, financiación y oportunidades.

En otras palabras, mientras los hombres tienden a reforzar alianzas para mantener su posición, las mujeres suelen mostrarse más abiertas a las colaboraciones mixtas, porque estas les permiten avanzar en un sistema donde el prestigio académico continúa inclinado a favor de los hombres.

Por qué importa con quién se publica

En la academia, publicar es sinónimo de progresar laboralmente. Las colaboraciones abren la puerta a nuevos proyectos, financiación y oportunidades de promoción. Cuando esas redes se concentran en grupos mayoritariamente masculinos, son los varones quienes mantienen un acceso preferente a los recursos que impulsan una carrera científica.

Este desequilibrio tiene efectos duraderos. Aunque aumente la participación de mujeres en un campo, las dinámicas de colaboración no siempre cambian al mismo ritmo. Ellas siguen encontrando más obstáculos para firmar como primeras autoras, reciben menos citas y tienen más difícil acceder a los círculos de influencia que marcan el paso dentro de la academia.

Además, numerosos estudios muestran que la colaboración entre géneros es beneficiosa para todos. Los entornos diversos reducen el estrés, distribuyen mejor la carga de trabajo y mejoran el rendimiento.

Sobre todo, los equipos mixtos producen resultados más innovadores e influyentes que los formados por personas muy similares. En consecuencia, reducir la homofilia es clave para mejorar tanto la eficiencia de las organizaciones como la experiencia profesional de cada persona.

Paridad numérica no significa integración

Que la homofilia aumente justo cuando un campo avanza hacia la paridad plantea una paradoja: lograr equilibrio numérico no es suficiente para garantizar la igualdad. En las últimas décadas se han desplegado numerosas iniciativas –como, por ejemplo, programas para atraer a más mujeres a las carreras STEM, medidas de conciliación o sistemas de cuotas– que han conseguido el objetivo más tangible: hoy hay más mujeres investigando en todos los campos.

Pero tener más mujeres no implica necesariamente más colaboración entre géneros. La distribución desigual de recursos, la existencia de redes ya consolidadas y los incentivos ligados a posiciones históricamente dominantes hacen que las formas de trabajar sigan favoreciendo a quienes han ocupado el poder durante décadas. Por ello, el avance hacia una ciencia más equitativa no se mide solo en porcentajes: también requiere actuar sobre las formas de relación y colaboración.

La igualdad no termina en la puerta del laboratorio, se construye dentro de él: en qué correos se envían para proponer coautorías, a quién se invita a un proyecto y quién aparece en la firma final.

Por el momento, la homofilia funciona como un mecanismo silencioso que mantiene desigualdades incluso cuando las cifras parecen equilibradas. Reconocerlo es un paso imprescindible para que la ciencia sea no solo diversa, sino realmente inclusiva.

The Conversation

Iñaki Úcar ha recibido financiación del Gobierno de Madrid (Comunidad de Madrid) a través del Acuerdo Plurianual con la UC3M en la iniciativa Fostering Young Doctors Research (CONCIERGE-CM-UC3M), en el marco del V PRICIT. Asimismo, ha recibido fondos para el APC de la Universidad Carlos III de Madrid (Acuerdo CRUE-Madroño 2025).

Margarita Torre ha recibido financiación del Gobierno de Madrid (Comunidad de Madrid) a través del Acuerdo Plurianual con la UC3M en la iniciativa Fostering Young Doctors Research (CONCIERGE-CM-UC3M), en el marco del V PRICIT. Asimismo, ha recibido fondos para el APC de la Universidad Carlos III de Madrid (Acuerdo CRUE-Madroño 2025). Además, cuenta con financiación de la Fundación Española para la Ciencia, MCIN/AEI /10.13039/501100011033, mediante el proyecto PID2022-142457OB-I00.

ref. Más paridad, menos colaboración: la paradoja de la igualdad en la investigación científica – https://theconversation.com/mas-paridad-menos-colaboracion-la-paradoja-de-la-igualdad-en-la-investigacion-cientifica-269024

IA sostenible, ¿una utopía?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cefe López Fernández, Profesor de Investigación (materiales fotónicos), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

A pesar de su huella, la IA es también una herramienta crucial para la sostenibilidad. mim.girl/Shutterstock

Mientras le pedimos a la inteligencia artificial (IA) que nos eche una mano para resolver el cambio climático, su propia huella de carbono se está disparando. Y es que, aunque nos ayuda a diseñar fármacos, optimizar las redes eléctricas y predecir desastres naturales, esta tecnología tiene un coste oculto y desmesurado.

El problema es su apetito. El entrenamiento de un modelo como GPT-3, hoy ya superado, requirió unos 1300 MWh, la energía equivalente al consumo de más de 120 hogares en un año. Y eso es solo el entrenamiento: su uso diario es aún más demandante. Se estima que las consultas a ChatGPT pueden requerir diez veces más energía que una simple búsqueda en Google y ascienden a 1 000 MWh cada día en el mundo.

Este consumo es tan colosal que los gigantes tecnológicos están tomando medidas drásticas. Microsoft, Alphabet (Google) y Amazon han firmado acuerdos para comprar energía de plantas nucleares, asegurando el flujo de vatios para sus centros de datos. La IA está sedienta de energía, y esto es solo el principio.

Atasco en la computación moderna

¿Por qué la IA consume tanto? La respuesta está en la arquitectura de nuestros ordenadores, diseñada hace décadas. El problema se conoce como el cuello de botella de von Neumann: el incesante tráfico de datos entre la memoria (donde esperan los datos) y el procesador (donde son procesados). Es como si un cocinero solo pudiera agarrar un ingrediente de la nevera cada vez: pasaría más tiempo yendo y viniendo que cocinando. Este “atasco” genera latencia y, sobre todo, un calor inmenso por la disipación de energía.

Durante décadas, la Ley de Moore nos salvó: la tecnología pudo duplicar el número de transistores en un chip cada dos años y, con ello, acercar los componentes –los ingredientes de esa cocina–. Pero estamos llegando al límite físico. Apilar más y más componentes en un chip 3D reduce la superficie disponible para refrigerarlo.

La computación electrónica se está “cociendo” en su propio éxito. La diferencia con el cerebro humano es abrumadora: con el consumo de energía equivalente a lo que gasta una bombilla pequeña puede superar a computadoras poderosas que derrochan ingentes cantidades de potencia.

Más agua y más residuos

Y no es solo energía. La refrigeración de estos centros de datos devora millones de litros de agua. Un centro de datos promedio puede usar 9 litros de agua limpia por cada kW h de energía.

A esto se suma el ciclo de vida del hardware: la rápida obsolescencia de los chips y servidores genera una montaña creciente de residuos electrónicos. Por si fuera poco, su fabricación depende de la extracción de minerales escasos, a menudo, en condiciones de dudoso respeto a los derechos humanos.

Entre el fin y los medios

Entonces, la IA ¿es el problema o solución? Aquí reside la gran paradoja. A pesar de su huella, la IA es también una herramienta crucial para la sostenibilidad.

La misma tecnología que consume energía de forma voraz es la que usamos para optimizar las redes eléctricas, gestionando la intermitencia de las renovables, y para crear una “agricultura de precisión” que reduce drásticamente el uso de agua y fertilizantes. Además, nos permite predecir desastres naturales con mayor antelación y diseñar medicinas o nuevos materiales sostenibles, al tiempo que optimiza las rutas de transporte para reducir emisiones.

La IA puede facilitar 134 de las 169 metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, si bien puede inhibir 59. La pregunta no es si usarla o no, sino cómo podemos hacerla sostenible.

El futuro “verde”: fotones y nanotecnología

Aunque ya se avanza en modelos más “ligeros” (mediante técnicas como la “poda” o el “destilado”) la solución no vendrá solo de optimizar el software. La verdadera revolución debe ocurrir en el hardware.

Aquí es donde entran en juego la nanotecnología y nuevos paradigmas de computación, como la computación en memoria, que busca vencer el cuello de botella de von Neumann diseñando chips que unen procesamiento y memoria en el mismo dispositivo; los “memristores” son un ejemplo de esta tecnología.

Otra idea aún más radical es la revolución fotónica, que propone dejar de usar electrones y empezar a usar fotones (partículas de luz). Al no tener masa ni generar calor por fricción, un procesador fotónico podría ser miles de veces más eficiente.

Finalmente, se explora la computación analógica: a diferencia de los chips digitales (que operan con 0 y 1), estos sistemas se inspiran en la física de los sistemas naturales para procesar información de forma más fluida, similar a nuestro cerebro.

Retos por recorrer

El camino hacia una IA sostenible no es solo un desafío técnico: es una cuestión de gobernanza. Iniciativas como el Programa Nacional de Algoritmos Verdes en España son un primer paso. Necesitamos una visión holística que combine innovación tecnológica, regulación proactiva y una profunda conciencia social y política.

Hablamos de una tecnología que tiene el potencial de transformar nuestro mundo, pero solo si lo hace sin consumir el planeta en el proceso.

The Conversation

Cefe López Fernández recibe fondos de AEI.

ref. IA sostenible, ¿una utopía? – https://theconversation.com/ia-sostenible-una-utopia-269023

Cómo la autorregulación emocional ayuda a afrontar y reducir el acoso escolar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rocio González Suárez, Doctora en Psicología Educativa, Universidade da Coruña

Anton Vierietin/Shutterstock

Ridiculización, humillación, aislamiento, intimidación, insultos, burlas, acoso en redes, chantaje, amenazas, empujones, golpes, silencios deliberados, miradas cómplices, desprecio…

En España, el 6,5 % del alumnado sufre acoso con frecuencia y el 15,8 % lo padece varias veces al mes, un porcentaje que escala al 21 % si hablamos de estudiantes de origen migrante. Cuando el problema se cuenta en cifras, solemos percibirlo como una estadística más. Pero todo cambia si hablamos de las historias de Sandra Peña, Dani Quintana, Kira López, Lucía, Jesús Alejandro, Daniela… Entonces dejan de ser números y se convierten en una herida colectiva, en el reflejo de un fallo, en una decepción como sociedad.

Cada uno de estos nombres representa, desgraciadamente, el desenlace catastrófico de una experiencia de sufrimiento emocional ligada al acoso escolar. Aunque no todas terminan en tragedia, todas dejan una huella profunda. En cada caso aparecen las tres figuras clásicas del acoso –víctima, agresor y observador–, diferentes en su papel, pero unidas por una misma necesidad: aprender a regular lo que sienten.

La capacidad que marca la diferencia

La autorregulación emocional es una capacidad a menudo invisible que puede marcar la diferencia entre el daño y la resiliencia en la víctima, entre la impulsividad y la empatía en el agresor, y entre la pasividad y la implicación en el observador.

Entender las emociones que subyacen a ciertos comportamientos –como la ira, la inseguridad, el miedo o la culpa– no implica justificarlos. Sin embargo, identificarlas nos permite comprender que todos, sin excepción, necesitamos aprender a regular lo que sentimos. Solo desde esa conciencia es posible intervenir de manera preventiva y con un enfoque centrado en el cuidado.

¿Qué es la autorregulación emocional?

La autorregulación emocional es la capacidad de una persona para gestionar, modificar y controlar sus propias emociones con el fin de adaptarse a las demandas del entorno y alcanzar el bienestar personal. Implica identificar, vigilar y modificar el tipo, la intensidad, la duración y la expresión de dichas emociones. Esta habilidad constituye un pilar fundamental para el desarrollo personal, la salud mental y la convivencia social.

Una gestión emocional adecuada se asocia con un mayor bienestar, mejor rendimiento y relaciones más saludables; por el contrario, una deficiente
está vinculada con estrés, ansiedad y problemas de salud mental.




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Diversos estudios indican que los estudiantes que mejor gestionan sus emociones son menos propensos a tener conductas de acoso o a convertirse en víctimas recurrentes. Sin embargo, aquellos que presentan una baja autorregulación emocional tienen mayor riesgo de ser tanto víctimas como agresores.

Los compañeros que presencian una situación de acoso y presentan una buena autorregulación emocional –es decir, que emplean estrategias adaptativas para manejar sus propias emociones– tienden a intervenir de forma prosocial y a reducir la incidencia del acoso.

¿Cómo podemos fortalecer y desarrollarla?

La autorregulación emocional es una habilidad transversal que puede y debe ser entrenada y desarrollada a lo largo de la vida. Su fortalecimiento no depende únicamente del esfuerzo individual, sino del compromiso conjunto de la escuela, la familia y la sociedad.

La escuela debe convertirse en un espacio donde los estudiantes aprendan a reconocer, comprender y gestionar sus emociones en un entorno de apoyo y confianza. Para lograrlo, la evidencia sugiere fomentar la educación emocional explícita desde edades tempranas, integrando estrategias de regulación en las rutinas escolares y promoviendo espacios de práctica segura, con diarios emocionales o tutorías socioemocionales. Estos procesos se deben acompañar con apoyo social y relaciones de confianza.

En relación con las estrategias de gestión emocional adaptativas, estas se deben centrar en la identificación de las emociones propias y ajenas, su modificación (ajustar su intensidad o duración) y su expresión adecuada en contextos sociales.

¿Cómo se logra este ajuste? Entre las estrategias más efectivas destacan el despliegue atencional (distraerse o concentrarse deliberadamente), la reestructuración cognitiva (reinterpretar una situación buscando significados más constructivos) y la aceptación emocional.




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También resultan muy útiles prácticas como la respiración consciente, el escaneo corporal —una técnica de atención plena que invita al alumnado a recorrer mentalmente las sensaciones físicas para detectar tensiones o señales internas— y la autoobservación sin juicio —una forma de monitorización emocional que enseña a reconocer pensamientos y estados internos sin valorarlos como “buenos” o “malos”—. Estas estrategias ayudan a los estudiantes a identificar y regular sus estados internos, especialmente cuando se combinan con un entrenamiento temprano en afrontamiento positivo.

Apoyo familiar y autonomía

La familia y la sociedad también desempeñan un papel clave en el desarrollo emocional. La calidez parental, el apoyo afectivo y las relaciones de confianza ofrecen un marco donde niños y adolescentes aprenden a manejar lo que sienten. Los hogares que validan las emociones y modelan el autocontrol fomentan un mayor equilibrio y reducen la probabilidad de conductas agresivas o de victimización.

A su vez, la sociedad influye a través de sus mensajes culturales, el clima social y las redes de apoyo, que pueden actuar como factores protectores o de riesgo. Los entornos que promueven la empatía y la cooperación fortalecen la resiliencia y la capacidad de regular emociones.

Cambiar la manera de afrontar el acoso

Si bien regular las emociones no evita las situaciones de acoso, sí puede cambiar la forma en que los jóvenes las experimentan y afrontan, así como su capacidad para prevenirlas o resolverlas. Es necesario apelar a la corresponsabilidad de la escuela, la familia, la comunidad y demás estructuras políticas y sociales para la prevención, contención, control y resolución de estos casos.

Enseñar a regular las emociones no es un lujo pedagógico, es una forma de cuidado de los jóvenes. Cuando niños y niñas aprenden a reconocer su miedo o su tristeza, saben gestionarla, buscan ayuda y la reciben, dejan de estar solos frente a ese dolor. Y esa diferencia puede salvar más de una vida.

The Conversation

La Dra. Rocío González Suárez cuenta con financiación para su formación posdoctoral a través del Sistema Universitario Gallego, mediante una beca concedida por el Departamento de Economía, Industria e Innovación de la Xunta de Galicia (España), así como del programa posdoctoral Fulbright (Ref.: ED481B-2023-134).

ref. Cómo la autorregulación emocional ayuda a afrontar y reducir el acoso escolar – https://theconversation.com/como-la-autorregulacion-emocional-ayuda-a-afrontar-y-reducir-el-acoso-escolar-268112

Coexistencia con grandes carnívoros en Europa: cuando el sensacionalismo eclipsa la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Martín Boer-Cueva, Ecologist and Environmental Consultant, Universidad Autónoma de Madrid

Dos ejemplares de lobo ibérico. LFRabanedo/Shutterstock

Los grandes carnívoros siempre han tenido un fuerte valor simbólico en las sociedades humanas. Desde los lobos, retratados como astutos o malvados en cuentos como Caperucita Roja, hasta los osos, que adornan los escudos de ciudades como Berlín, Berna o Madrid, estos animales han formado parte de nuestra cultura durante siglos. Hoy, en Europa, se han convertido además en piezas del tablero político, utilizadas como armas simbólicas y como chivos expiatorios en un contexto cada vez más polarizado.

Durante muchos siglos, los grandes carnívoros europeos estuvieron en declive debido a la persecución y destrucción de sus hábitats, sobreviviendo solo en refugios remotos. En las últimas décadas, especies como el lobo, el oso pardo y los linces –ibérico y euroasiático– están regresando gracias a la protección legal y el abandono rural, que favorece la recuperación de hábitats y de presas naturales.

Este resurgimiento ha despertado entusiasmo, pero también críticas, sobre todo relacionadas con la seguridad de las personas y las pérdidas económicas causadas por sus ataques en comunidades rurales.

Un debate que ignora las evidencias científicas

El debate público, sin embargo, cada vez más sensacionalista y más dominado por el miedo, se está radicalizando y dejando de lado la evidencia científica.

Algunos partidos y grupos de presión han utilizado la conservación de estas especies para impulsar agendas contrarias a las políticas ambientales, presentando el conflicto como un enfrentamiento entre “élites urbanas” y comunidades rurales. Una narrativa simplista que poco ayuda a encontrar soluciones reales.

La percepción de que los lobos se han multiplicado hasta convertirse en una plaga es otra idea errónea. Aunque sus poblaciones han aumentado en algunas regiones, la recuperación ha sido gradual y desigual. Por ejemplo, el censo español 2021–2024 identificó 333 manadas, solo 36 más que en 2014, lejos de las 500 necesarias para garantizar su viabilidad genética. Pese a esta evidencia, el Congreso español ha permitido nuevamente la caza de lobos al norte del río Duero.




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Los osos pardos también generan controversia. Un ejemplo emblemático es el de los Alpes italianos, donde los crecientes conflictos con los humanos amenazan la conservación a largo plazo de la población local de osos, aún pequeña y genéticamente aislada. En 2023, un ataque mortal en Italia protagonizado por una osa con crías volvió a encender el debate sobre la gestión y la coexistencia con los osos y, más en general, sobre los compromisos que conlleva la reintroducción de grandes carnívoros en zonas altamente frecuentadas por el ser humano.

Un tractor con una pancarta que dice en alemán 'el lobo está subvencionado, el granjero está arrunidao' es seguido por otros tractores por una carretera
Pancarta que dice ‘el lobo está subvencionado, el granjero está arruinado’ en una protesta de agricultores en Alemania.
Conceptphoto.info/Flickr, CC BY

Medidas no letales para evitar daños

No obstante, la ciencia es clara: la coexistencia entre humanos y grandes carnívoros es posible y necesaria. Así como las comunidades rurales tienen derecho a mantener su medio de vida, todos tenemos la responsabilidad de conservar los ecosistemas que nos sostienen. Ecosistemas que también dependen de los grandes carnívoros para mantenerse sanos y resilientes.




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Las estrategias no letales para controlar las posibles acciones negativas de estas especies son eficaces y, en muchos casos, más efectivas que las letales. Estudios sobre lobos muestran que las eliminaciones generalizadas o aleatorias, cuando no se dirigen a individuos conflictivos, no reducen la depredación y, a veces, incluso la aumentan.

Medidas como cercados eléctricos, presencia humana en los pastos, perros guardianes y resguardo nocturno del ganado han demostrado reducir los ataques y favorecer la convivencia. Su implementación puede ser costosa o poco conocida, por lo que los gobiernos deberían promoverla mediante ayudas económicas, apoyo técnico y participación comunitaria.

En casos específicos, la eliminación selectiva de individuos conflictivos puede ser necesaria y compatible con la conservación a largo plazo, restaurando la confianza de las comunidades locales.

Un oso observa sobre unas rocas
Oso pardo.
Vincenzo Penteriani, CC BY-SA

Los ataques son raros, pero hay que proteger a las personas

Otro mito común es que los grandes carnívoros representan una amenaza grave para los humanos. Los ataques son muy raros en Europa y suelen derivarse de conductas humanas de alto riesgo. Campañas de información dirigidas a turistas y a quienes viven en zonas con grandes carnívoros pueden enseñar conductas más seguras y ayudar a prevenir accidentes.

No obstante, en los casos de individuos que repetidamente generan conflictos que pueden poner en riesgo vidas humanas, las decisiones sobre gestión no pueden basarse prioritariamente en buscar compromisos con las opiniones de grupos o activistas que, sin conocimientos técnicos, tienden a priorizar al animal de manera estricta. Proteger a un oso que ha causado un ataque mortal sin considerar la seguridad de las personas puede generar rechazo en las comunidades locales y, a la larga, poner en riesgo a más osos si las autoridades no actúan de manera adecuada.

De cara al futuro, la conversación sobre grandes carnívoros debe guiarse por la ciencia y la empatía. La gestión basada en evidencia solo funciona si reconoce a quienes se ven más afectados. Construir confianza requiere políticas transparentes, compensaciones adecuadas y herramientas no letales accesibles.

También es necesario cambiar la narrativa mediática, que a menudo presentan la información sobre los grandes carnívoros de manera exagerada o sesgada, dificultando la convivencia.

Los grandes carnívoros no deberían ser tratados como marionetas políticas entre lo urbano y lo rural o entre la Europa de izquierdas y la de derechas. La verdadera amenaza al medio de vida rural suele encontrarse en la marginación económica y la presión de la agricultura industrial. Sin embargo, los grandes carnívoros se convierten en chivos expiatorios. Si basamos nuestras decisiones en ciencia, equidad y empatía, es posible imaginar una Europa donde humanos y grandes carnívoros coexistan de manera sostenible.

The Conversation

Vincenzo Penteriani es miembro de IBA (International Association for the Bear Conservation and Management, EEUU).

Giulia Bombieri, Marco Salvatori y Martín Boer-Cueva no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Coexistencia con grandes carnívoros en Europa: cuando el sensacionalismo eclipsa la ciencia – https://theconversation.com/coexistencia-con-grandes-carnivoros-en-europa-cuando-el-sensacionalismo-eclipsa-la-ciencia-268417

¿Tiene fundamentos científicos la resignificación del Valle de los Caídos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Palacios González, Personal Docente e Investigador, Historia del Arte, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Imagen del Valle de Cuelgamuros, antes conocido como el Valle de los Caídos. Ana Martinez de Mingo/Shutterstock

El 11 de noviembre se hizo público el resultado del concurso de proyectos convocado por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana español el pasado mes de abril para la “resignificación” del Valle de los Caídos, antiguo mausoleo de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, que también acoge los cuerpos de otras 33 000 personas llevadas durante la dictadura y la Transición, hasta 1983.

Resultó ganadora la propuesta “La base y la cruz”, de los estudios Pereda Pérez Arquitectos y Lignum S. L., que recibirán 4 millones de euros como honorarios para realizar una intervención que costará otros 26 millones de euros.

Detalle del proyecto ‘La base y la cruz’ para el Valle de los Caídos.

Se propone así una “gran grieta” que, según el secretario general de Agenda Urbana, Iñaqui Carnicero, transformará el Valle y se enfrentará “a la monumentalidad del conjunto existente”. Se eliminará la escalinata vertical que da acceso a la basílica y en su lugar se construirá un nuevo soportal a los pies del templo. Se argumenta desde el Gobierno que dará “más protagonismo a la naturaleza”, así como que “invita al diálogo y a una visión más plural, más democrática, donde se incluyan muchas perspectivas”.

Normalmente las políticas públicas están respaldadas por evidencias científicas, ya sea para la planificación de un nuevo viaducto o la próxima campaña de vacunación antigripal. No obstante, esta decisión parece estar basada más en creencias que en datos empíricos.

Políticas públicas y convicciones

La socióloga Sarah Gensburger y la politóloga Sandrine Lefranc, ambas investigadoras del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), han señalado en su trabajo que las políticas de memoria siguen siendo políticas.

Lo que entendemos como políticas de memoria han tendido a ser estrategias que pretenden debilitar la legitimidad de regímenes anteriores y buscan disuadir a quienes apoyan sus ideas. Se sustentan sobre la convicción de que conocer las violencias y tragedias del pasado permitirá construir en el presente sociedades pacíficas y tolerantes, evitando así que conflictos similares vuelvan a producirse.

Sin embargo, esas evocaciones de carácter pedagógico y reconciliador, basadas en la hipótesis de que “el que olvida, repite”, utilizan un argumento político que no es una evidencia psicológica. Los estudios de las últimas décadas han demostrado, de hecho, lo contrario.

Gensburger y Lefranc han trabajado sobre el caso francés y han resuelto que la multiplicación de políticas de memoria discurrió en paralelo al aumento de los votantes de extrema derecha. Ponen ejemplos anteriores que han determinado que las actividades pedagógicas en lugares como Auschwitz-Birkenau en lugar de favorecer el diálogo han dado pie a ideas chovinistas y de aislamiento, especialmente en el caso de jóvenes israelíes. O en Bélgica, donde algunos programas didácticos sobre la Primera Guerra Mundial generaron deseos de venganza y no de pacifismo.

El discurso autorizado del patrimonio

Al mismo tiempo que las decisiones sobre la resignificación del Valle se basan en creencias en lugar de hechos científicos, también se ven mediadas por lo que puede denominarse la ideología del patrimonio.

La historiadora francesa Françoise Choay, especialista en urbanismo y arquitectura, señalaba que la invención del monumento histórico está basada en la oportuna confusión que genera que tanto construcciones conmemorativas como restos antiguos se etiqueten como monumentos, aunque sean figuras opuestas.




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Esto tiene que ver con el hecho de que el origen de los monumentos modernos está en la Italia del siglo XV. En aquel momento se vio en los símbolos de la Roma imperial un medio para legitimar la dominación económica y política por parte de las élites económicas, militares y religiosas.

Estas ideas se extendieron durante la construcción de los estados-nación con lo que el historiador Eric Hobsbawm llamó “tradiciones inventadas”. Así se denominan los artefactos y prácticas que se presentan o perciben como históricos pero que son recientes y están conscientemente “disfrazados” de antiguos para parecer legítimos (como es el mismo Valle de los Caídos con su arquitectura historicista de los años 50).

Además, se adoptaron en marcos legales y protocolos internacionales como la Carta de Atenas (1931), la Carta de Venecia (1964), los convenios de La Haya (1954) y las cartas de ICOMOS y la UNESCO.

Todas iban a la zaga de Alois Riegl, historiador del arte al servicio del Imperio Austrohúngaro. Riegl teorizó los “hechos” y “valores objetivos” por los cuales se determina un monumento como “documento original” a conservar. Al definirlo como “antiguo”, “conmemorativo” o “histórico”, se ocultaba la agenda política detrás de la decisión de conservarlo.

La investigadora australiana Laurajane Smith advierte sin embargo de que la forma dominante y legitimada de pensar, escribir y hablar sobre las prácticas de gestión del patrimonio es solo una: el llamado “discurso autorizado”. Esto imposibilita un debate real que conduzca a cambios en las prácticas de gestión y planificación: puede discutirse la resignificación del monumento pero no el derecho mismo a la existencia.




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En este sentido vemos que la existencia del Valle de los Caídos no ha sido discutida. Al contrario, se le han añadido más capas de valor. Alfredo González-Ruibal, arqueólogo español, afirma que la decisión incluso trata con más “tacto” al monumento que a otro patrimonio de mayor valor. A él no le “apetece dialogar en el Valle de los Caídos”, porque “el Valle es la dictadura. No hay ambigüedad ni matiz. Es un monólogo en el que no cabe diálogo alguno”. En este sentido, lo que la resignificación demuestra es la continuidad en el culto al monumento pero con una nueva capa de aparente “dialogismo”.

La trampa de la resignificación

Monumentos como el dedicado a los “judíos asesinados de Europa” en Berlín, el Museo Sitio de la Memoria ESMA en Buenos Aires o el contra-monumentoFragmentos” en el Museo Nacional de Colombia comparten esa apuesta por hacer de memorias negativas espacios de diálogo y confrontación con el pasado. Al hacerlo asumen que estos monumentos tienen la cualidad dialógica per se, una creencia atribuida a artefactos que acumulan una larga historia cultural.

Monumento por la Memoria de los Judíos Asesinados en Europa en Berlín.
Monumento por la Memoria de los Judíos Asesinados en Europa en Berlín.
Marek Mróz/Wikimedia Commons, CC BY

Esa idea no solo reproduce una relación imaginaria con aquello que etiquetamos como “monumento”, sino que además, como demuestran mis trabajos junto a José María Durán Medraño, ignora que no todas las personas tienen el mismo derecho al espacio público ni lo ocupan de la misma manera. El espacio viene con unas condiciones materiales previas.

Las del Valle de los Caídos, por ejemplo, son las de una dictadura que impuso la desposesión y explotación de millones de personas. Estas personas no van a dialogar con una estructura de estas características porque su memoria –generalmente oral y precaria– no tiene unas dimensiones materiales equiparables a las del Valle para disputar el relato. Por tanto, pensar que un monumento construido por el franquismo puede tener un uso “dialógico” es una ilusión que va más allá de toda fundamentación empírica.

Solo hay que observar el agravio comparativo que surge al ver cómo la memoria de las mujeres que sobrevivieron a la represión estuvo basada en la precariedad. Durante décadas debieron esquivar a los agentes del Estado para poder dejar ofrendas florales clandestinas sobre las fosas comunes donde se habían abandonado los cadáveres de sus compañeros, hijos, maridos, padres. Solo la financiación fruto de la autoorganización familiar, vecinal, militante o la suscripción popular permitió que esos lugares contasen con humildes jardines, placas y monolitos que cambiaran su significado.

De hecho, esta precariedad continúa. Así lo demuestran experiencias como la vivida en Valencia, donde el memorial demandado por la Plataforma de Asociaciones de Familiares de Víctimas del Franquismo de las Fosas Comunes de Paterna para alojar los restos exhumados en uno de los conjuntos de fosas más grandes del estado sigue sin completarse por falta de financiación.

The Conversation

Daniel Palacios González es investigador en la Universidad Nacional de Educación a Distancia como parte del contrato JDC2023-052126-I, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades / Agencia Estatal de Investigación y por el Fondo Social Europeo Plus.

ref. ¿Tiene fundamentos científicos la resignificación del Valle de los Caídos? – https://theconversation.com/tiene-fundamentos-cientificos-la-resignificacion-del-valle-de-los-caidos-269866

Cuando la resistencia antimicrobiana está en el aire que respiramos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Giulia Gionchetta, Postdoc Junior Leader Fellow La Caixa, Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA – CSIC)

La contaminación puede acelerar a evolución de bacterias resistentes a los antibióticos. Denis Kashentsov / Unsplash., CC BY

Cada respiración es una mezcla compleja de vida y química. En cada metro cúbico de aire, especialmente en las ciudades, flotan millones de partículas diminutas conocidas como material particulado (PM, por sus siglas en inglés).

El tamaño de estas partículas es esencial, ya que no todas afectan por igual a la salud humana. Aquellas que miden 2,5 μm (PM₂.₅) –es decir, 0,0025 mm– y las que miden 10 μm (PM₁₀) son las que más se han asociado con enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón o asma. Pero una nueva línea de investigación sugiere un riesgo adicional y silencioso: su papel como vehículo de la resistencia antimicrobiana.

La resistencia a los antibióticos, una amenaza global reconocida por la OMS, causo más de 1,2 millones de muertes en 2019. Las proyecciones sugieren que podría convertirse en la primera causa de mortalidad a nivel global para 2050. Tradicionalmente, se ha estudiado en hospitales, aguas residuales o alimentos, pero la atmósfera empieza a considerarse como un “nuevo” escenario donde los microorganismos pueden intercambiar genes de resistencia y sobrevivir más tiempo gracias a las partículas que los transportan.

Filtrador de bioaerosol SASS3100 (Research International) utilizado para capturar la componente microbiologica presente en el aire durante el proyecto ARISE.

“Autobús” de resistencia genética

Estudios recientes demuestran que las partículas finas de PM₂.₅ pueden transportar bacterias vivas, fragmentos de ADN y genes de resistencia a través del aire urbano. Una investigación global publicada en The Lancet Planetary Health mostró una correlación directa entre los niveles de contaminación por PM₂.₅ y la prevalencia de infecciones resistentes en más de 100 países.

Pero la historia no acaba ahí. Investigadores del Tianjin Institute of Environmental and Operational Medicine demostraron en el laboratorio que el material particulado no solo transporta bacterias: también favorece la transferencia horizontal de genes, es decir, el intercambio de ADN resistente entre microorganismos.

Esto ocurre porque las partículas ricas en carbono orgánico, metales pesados y contaminantes generan estrés oxidativo, una condición que estimula los mecanismos bacterianos de defensa y mutación. En otras palabras, la contaminación del aire podría estar acelerando la evolución microbiana.

Hospitales, escuelas y residencias, más vulnerables

El hallazgo es particularmente preocupante en entornos cerrados donde la ventilación es limitada, como hospitales, escuelas o residencias. En estos espacios, las partículas finas pueden acumular microorganismos resistentes procedentes de pacientes, polvo, productos de limpieza o tráfico exterior.

Un estudio publicado en Microbiome analizó el aire de un hospital de Guangzhou (China) y detectó genes de resistencia de origen clínico flotando en el PM₂.₅, algunos asociados con infecciones graves.

Los autores advirtieron que el “resistoma aéreo” –genes de resistencia a los antibióticos que viajan por el aire, principalmente a través de aerosoles y partículas en la atmósfera– hospitalario podría representar un riesgo ocupacional para el personal sanitario y un vector subestimado para la comunidad.

En paralelo, una revisión reciente afirma que tanto el PM₂.₅ como el PM₁₀ actúan como reservorios de bacterias resistentes en entornos urbanos e industriales. Por ello, subraya la necesidad de incluir la calidad del aire en las estrategias de control de resistencia.

El tráfico y los compuestos orgánicos volátiles

Dentro de ese mismo aire contaminado, también encontramos los compuestos orgánicos volátiles (VOC, por sus siglas en inglés), emitidos por el tráfico, productos de limpieza o plásticos. Estos compuestos, además de irritar las vías respiratorias, pueden interactuar con los microorganismos del aire y alterar su comportamiento.

Investigaciones recientes sugieren que los VOC también afectan a la estructura de comunidades microbianas en aerosoles. Aunque todavía se estudia su papel exacto, parece claro que la combinación de partículas, química orgánica y microbiota aérea genera un escenario propicio para la persistencia y transmisión de genes resistentes a antibióticos.

La calidad del aire, protagonista

Reconocer el papel del aire supone un cambio de paradigma. Si los genes de resistencia a antibióticos pueden viajar con el polvo, combatir este problema ya no es solo cuestión restringida a los hospitales o la administración de antibióticos.

Es necesario revisar y actualizar las políticas de calidad del aire interior, urbanismo y energía. Asimismo, reducir la contaminación no solo salvaría vidas por enfermedades respiratorias: también podría frenar la expansión global de las bacterias resistentes.

The Conversation

Giulia Gionchetta recibe fondos de La Caixa Foundation (Postdoc la Caixa Junior Leader Fellow)

ref. Cuando la resistencia antimicrobiana está en el aire que respiramos – https://theconversation.com/cuando-la-resistencia-antimicrobiana-esta-en-el-aire-que-respiramos-269834

Si la inteligencia artificial está sedienta de energía, ¿las nucleares ya no se apagan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carme Frau, Profesora Ayudante Doctora (UIB, Facultad de Economía y Empresa, Área de Finanzas), Universitat de les Illes Balears

Vista de la central de Cofrentes (Valencia). Oksana Klymenko_But/Shutterstock

Hace apenas una década, el futuro de la energía nuclear parecía escrito. Países como Alemania, Bélgica o España habían anunciado planes de cierre gradual de sus centrales. El argumento era claro: riesgo elevado, residuos complejos y un horizonte dominado por las energías renovables, que ya en 2024 representaban el 29,7 % de la producción eléctrica mundial.

Sin embargo, el guion ha cambiado. Hoy, varios gobiernos reconsideran esos cierres, y empresas tecnológicas observan con interés una fuente de energía que muchos daban por amortizada. ¿Qué ha pasado? La respuesta puede resumirse en dos letras: IA.




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Una nueva demanda eléctrica

El auge de la inteligencia artificial generativa ha multiplicado las necesidades de cómputo de los grandes centros de datos. Entrenar modelos de lenguaje o sistemas de visión artificial requiere cantidades ingentes de electricidad.

Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el consumo eléctrico global de los centros de datos podría más que duplicarse hacia 2030, alcanzando unos 945 teravatios-hora (TWh) anuales cuando en 2024 la demanda fue de 415 TWh. Este aumento estaría justo por debajo del 3 % del consumo mundial de electricidad.

En Europa, la Comisión Europea (EC) estima que los centros de datos representarán el 3,2 % de la demanda eléctrica total en 2030, frente al 2,7 % actual.

Una explosión de consumo eléctrico

Esta explosión de consumo llega en un momento en que la disponibilidad continua y estable de electricidad es más crucial que nunca. Las renovables (solar y eólica, principalmente) son esenciales, pero su producción intermitente requiere sistemas de respaldo. Este hecho quedó en evidencia durante el gran apagón del 28 de abril de 2025 en la península ibérica, cuando una caída súbita del sistema eléctrico dejó sin suministro a millones de personas.




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Por ello, la energía nuclear ha encontrado una inesperada segunda oportunidad: ofrece estabilidad, cero emisiones directas y capacidad de operación continua. Pero recordemos también que no es una fuente renovable ni libre de impacto ambiental a largo plazo.

¿El retorno de la nuclear?

Francia y Reino Unido han anunciado programas de extensión de vida útil para sus reactores, y Estados Unidos ha aprobado ayudas para mantener en funcionamiento centrales que estaban al borde del cierre. Incluso países como Japón, donde el accidente de Fukushima marcó profundamente la opinión pública, reactivan sus reactores paralizados.

En España, el Congreso de los Diputados aprobó el 12 de febrero de 2025 una moción impulsada por el PP (con el apoyo de Vox y otros partidos) exigiendo al Gobierno prolongar la operación de las centrales nucleares y facilitar su sostenibilidad económica, censurando el cierre escalonado de centrales previsto entre 2027 y 2035.

El argumento central es el mismo: sin energía firme y baja en carbono la transición energética se tambalea. La energía nuclear, vista hasta ahora como parte del pasado, se presenta como un puente hacia un futuro descarbonizado, especialmente ante el aumento de demanda impulsado por la economía digital y la IA.




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Intereses en juego

Este cambio de rumbo no es solo técnico, sino también económico y político. La industria nuclear (con grandes empresas en Francia, Estados Unidos y Corea del Sur) ve una oportunidad para resurgir con nuevas tecnologías, como los reactores modulares pequeños (SMR), más flexibles y con menores costes iniciales. Por otro lado, las grandes tecnológicas (Microsoft, Google, Amazon) buscan asegurar su propio suministro eléctrico mediante acuerdos directos con operadores nucleares o incluso inversiones en proyectos de nueva generación. La fiabilidad energética se ha convertido en una ventaja competitiva clave en la carrera por la IA.

No faltan, sin embargo, sectores críticos. Organizaciones ecologistas alertan de que prolongar la vida de las centrales nucleares desvía recursos que podrían destinarse a priorizar las renovables y acelerar el almacenamiento energético o la eficiencia, manteniendo abierto un debate sobre los riesgos reales y la percepción pública. Además, continúan sin resolverse del todo los dos grandes desafíos de la energía nuclear:

  • La seguridad en su operación ante el riesgo de fallos humanos, ciberataques o el envejecimiento de los reactores, como ya evidenciaron las catástrofes de Chernóbil y Fukushima.

  • El tratamiento de residuos, que exigen repositorios geológicos seguros por milenios, con elevados costes y riesgos de filtración.




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¿Una vuelta al pasado o solo un ajuste pragmático?

Desde la economía de la energía, la respuesta puede ser intermedia. La IA no ha resucitado la energía nuclear, pero sí ha acelerado el reconocimiento de una realidad: la descarbonización total exige una combinación diversa de fuentes, donde la estabilidad del suministro importa tanto como la limpieza.

El reto, una vez más, no es tecnológico, sino político y social: cómo equilibrar los riesgos y los beneficios de una energía que nunca se fue del todo, pero que ahora regresa con nuevo impulso. La IA promete transformar la economía. Lo que pocos previeron es que, en el proceso, también podría transformar el mapa energético mundial.

The Conversation

Carme Frau no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Si la inteligencia artificial está sedienta de energía, ¿las nucleares ya no se apagan? – https://theconversation.com/si-la-inteligencia-artificial-esta-sedienta-de-energia-las-nucleares-ya-no-se-apagan-268832