¿Con qué frecuencia debemos lavar las sábanas? Una microbióloga responde

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Primrose Freestone, Senior Lecturer in Clinical Microbiology, University of Leicester

Andrey_Popov/Shutterstock

La mayoría de nosotros pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida en la cama. Dormir no es solo un tiempo de descanso, es esencial para el funcionamiento normal del cerebro y la salud en general. Y aunque a menudo nos centramos en cuántas horas dormimos, la calidad del entorno en el que lo hacemos también es importante. Una cama limpia y acogedora, con sábanas limpias, fundas de almohada suaves y mantas frescas, no solo es agradable, sino que también favorece un mejor descanso.

Pero ¿con qué frecuencia debemos lavar la ropa de cama?

Según una encuesta de YouGov de 2022, solo el 28 % de los británicos lava las sábanas una vez a la semana. Un número sorprendente admitió que las dejaba mucho más tiempo, llegando algunos a esperar hasta ocho semanas o más entre lavados.

Analicemos lo que realmente ocurre en nuestra cama cada noche y por qué lavarla con regularidad es más que una simple cuestión de higiene.

Células muertas y sudor en las sábanas

Cada noche, mientras dormimos, desprendemos cientos de miles de células de la piel, excretamos aceites de nuestras glándulas sebáceas y sudamos hasta medio litro de líquido, incluso si nos hemos duchado justo antes de acostarnos. Nuestra piel alberga millones de bacterias y hongos, muchos de los cuales se transfieren a las sábanas, almohadas y edredones cuando nos movemos durante la noche.

Ese sudor fresco puede ser inodoro, pero las bacterias de nuestra piel, en particular los estafilococos, lo descomponen en subproductos malolientes. Esta es a menudo la razón por la que nos despertamos con olor corporal, incluso si nos hemos acostado limpios.




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Pero no se trata solo de microbios. Durante el día, nuestro cabello y nuestro cuerpo acumulan contaminantes, polvo, polen y alérgenos, que también pueden transferirse a la ropa de cama. Estos pueden desencadenar alergias, afectar a la respiración y contribuir a la mala calidad del aire en el dormitorio.

Ácaros del polvo, hongos y otros compañeros invisibles

Las escamas de piel que desprendemos cada noche se convierten en alimento para los ácaros del polvo, unos seres microscópicos que proliferan en la ropa de cama y los colchones cálidos y húmedos. Los ácaros en sí mismos no son peligrosos, pero sus excrementos son potentes alérgenos que pueden agravar el eccema, el asma y la rinitis alérgica.

Los hongos también encuentran su cama atractiva. Algunas especies, como el Aspergillus fumigatus, se han detectado en almohadas usadas y pueden causar infecciones pulmonares graves, especialmente en personas con el sistema inmunitario debilitado.




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Si duerme con mascotas, la fiesta microbiana se anima aún más. Los animales introducen pelo, caspa, suciedad y, a veces, restos fecales en las sábanas y mantas, lo que aumenta la frecuencia con la que debemos limpiarlas.

Entonces, ¿con qué frecuencia tenemos que lavar la ropa de cama?

Sábanas y fundas de almohada

  • Cuándo: semanalmente, o cada tres o cuatro días si hemos estado enfermos, hemos sudado mucho o compartimos la cama con mascotas.

  • Por qué: para eliminar el sudor, los aceites, los microbios, los alérgenos y las células muertas de la piel.

  • Cómo: lo ideal es lavarlas a 60 °C o más con detergente para eliminar las bacterias y los ácaros del polvo. Para una desinfección más profunda, debe secarlas en secadora o plancha. Para eliminar los ácaros del polvo del interior de las almohadas, puede congelarlas durante al menos 8 horas.

Colchones

  • Cuándo: aspire al menos una vez a la semana y airee el colchón cada pocos días.

  • Por qué: el sudor aumenta los niveles de humedad, creando un caldo de cultivo para los ácaros.

  • Consejos: utilice un protector de colchón de plástico o antialérgico y sustituya el colchón cada siete años para mantener la higiene y la firmeza.

Interior de las almohadas

Mantas y fundas nórdicas

  • Cuándo: cada dos semanas, o más a menudo si duermen mascotas sobre ellas.

  • Por qué: atrapan células de la piel, sudor y alérgenos.

  • Cómo: lávelos a 60 °C o a la temperatura máxima indicada en la etiqueta. Algunas recomendaciones aconsejan tratarlos como las toallas: los lavados regulares y a alta temperatura los mantienen higiénicos.

Edredones

  • Cuándo: cada tres o cuatro meses, dependiendo del uso y de si hay mascotas o niños que compartan la cama.

  • Por qué: incluso con una funda, los aceites corporales y los ácaros acaban penetrando en el relleno.

  • Cómo: compruebe la etiqueta: muchos edredones se pueden lavar a máquina, otros pueden requerir limpieza profesional.

Nuestras camas pueden parecer limpias, pero están llena de microbios, alérgenos, ácaros e irritantes que se acumulan rápidamente. Lavar la ropa de cama no es solo una cuestión de higiene, sino también de salud.




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El lavado regular elimina la mezcla biológica de sudor, piel, polvo y microorganismos, lo que ayuda a reducir las reacciones alérgicas, prevenir infecciones y mantener a raya los olores. Y, tal y como siguen demostrando las investigaciones, el sueño tiene un profundo efecto en todo, desde la salud del corazón hasta la claridad mental, por lo que un entorno higiénico para dormir es una pequeña pero poderosa inversión en su bienestar.

Así que adelante: deshaga la cama. Lave las sábanas. Congele las almohadas.

Dulces sueños y feliz lavado.

The Conversation

Primrose Freestone no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Con qué frecuencia debemos lavar las sábanas? Una microbióloga responde – https://theconversation.com/con-que-frecuencia-debemos-lavar-las-sabanas-una-microbiologa-responde-262561

Cómo la gripe y la covid-19 pueden despertar un cáncer dormido

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

Representación 3D de una célula tumoral 3dMediSphere

Muchas veces pensamos que superar un cáncer es el final de la historia. Sin embargo, en algunos casos, la enfermedad deja una sombra silenciosa: células tumorales que viajan a otros órganos y permanecen inactivas durante años o incluso décadas. Ahora, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Nature revela que infecciones respiratorias como la gripe o la covid-19 pueden “despertar” a esas células dormidas, favoreciendo su proliferación y aumentando el riesgo de recaída.

Más allá del titular que ya ha circulado en diferentes medios de comunicación, la investigación abre preguntas profundas para la oncología, la inmunología y la salud pública: ¿qué mecanismos biológicos están detrás? ¿Podemos prevenir este “despertar” sin comprometer la defensa contra infecciones? ¿Deberíamos repensar las estrategias de seguimiento y vacunación para personas con cánceres en remisión?

El interruptor biológico: de la inflamación a la metástasis

Durante una infección viral en las vías respiratorias, nuestro organismo responde liberando unas pequeñas proteínas llamadas citocinas que actúan como mensajeros que activan nuestras defensas. Entre ellas destaca la interleucina-6 (IL-6), clave para coordinar la defensa, pero que también tiene un lado oscuro: puede favorecer la proliferación de células cancerígenas. De hecho, IL-6 actúa como un “termómetro” de la inflamación en infecciones respiratorias como la covid-19, en las que niveles más elevados de esta molécula se asocian con una peor evolución y mayor gravedad de la enfermedad.

El estudio encontró que, en modelos animales con cáncer de mama que ha formado metástasis en los pulmones, la infección por virus de la gripe o la covid-19 aumentó rápidamente los niveles de IL-6, y con ello, el número de células tumorales activas.

Estas no solo “despertaron” de su estado latente, sino que continuaron dividiéndose durante meses. Lo más sorprendente es que, incluso cuando la IL-6 volvió a niveles normales, las células siguieron activas, lo que sugiere que hay otros factores que toman el relevo para mantener este estado proliferativo.

Mecanismo propuesto para la alianza entre virus respiratorios y células tumorales.
Autores

El papel inesperado de las células T

El trabajo identificó además otro actor clave: las células T CD4+, que normalmente ayudan a regular la respuesta inmunitaria. En este contexto, lejos de eliminar las células cancerígenas, parecen protegerlas de ser atacadas por las células T CD8+, las verdaderas “asesinas” del sistema inmune. Cuando los investigadores eliminaron las CD4+, los tumores proliferantes disminuyeron, indicando que estas células pueden mantener encendido el “interruptor” del cáncer tras la infección.

Este hallazgo plantea una paradoja inquietante: componentes esenciales de nuestra defensa frente a virus pueden, en ciertas circunstancias, favorecer la reactivación tumoral.

Aunque la mayor parte de los resultados descritos proviene de modelos animales, análisis de grandes bases de datos humanas (como UK Biobank) sugieren un patrón similar. En personas en remisión que se infectaron por SARS-CoV-2 (el virus de la covid-19), el riesgo de muerte por cáncer se duplicó en los meses posteriores a la infección.

¿Solo gripe y covid-19? Una puerta abierta a nuevas preguntas

Aunque el trabajo se centró en gripe y covid-19, es probable que otros virus respiratorios capaces de inducir inflamación intensa tengan efectos similares. Esto abre un campo de investigación sobre cómo patógenos comunes podrían influir en la progresión de enfermedades crónicas.

También queda por aclarar si este fenómeno ocurre en otros tipos de cáncer, en órganos distintos de los pulmones, o con infecciones no virales.

De la ciencia básica a la prevención clínica

El impacto de este hallazgo no es inmediato en términos de cambiar protocolos médicos, pero plantea varios escenarios posibles:

  • Uso de fármacos que bloquean la IL-6 durante infecciones graves en personas con alto riesgo oncológico. La buena noticia es que estos fármacos ya existen.

  • Recomendaciones más estrictas de vacunación contra gripe y covid-19 para supervivientes de cáncer.

  • Mantener un seguimiento oncológico regular, especialmente en los meses posteriores a una enfermedad respiratoria.

En resumen, este hallazgo conecta dos mundos que rara vez se cruzan en la mente del público: las infecciones virales y el cáncer metastásico. No significa que una gripe cause cáncer, sino que, en personas con células tumorales latentes, la inflamación generada por el virus puede ser el empujón que esas células necesitan para volver a crecer.

La ciencia apenas empieza a descifrar este proceso, pero entenderlo podría salvar vidas en un futuro no muy lejano.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Suplemento cultural: la lluvia de Jane Austen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Jane Bennet, en la adaptación cinematográfica de ‘Orgullo y prejuicio’, estornudando después de verse sorprendida por una tormenta. IMDB

Este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Soy asturiana. Lo digo para que se entienda que, viniendo de donde vengo, la lluvia me ha pillado en más de una ocasión sin paraguas y me ha calado hasta los huesos. Y aquí sigo.

Por eso, cuando comencé a leer las novelas de Jane Austen no entendía el jaleo que se montaba cada vez que una de las protagonistas se iba a pasear, se veía sorprendida por las nubes, y volvía a casa empapada flirteando con el riesgo de morir por un resfriado. Marianne Dashwood en Sentido y sensibilidad, una dramática adorable, es el mejor ejemplo de esto.

Con el tiempo aprendí que una mojadura en los años 90 o 2000 no era lo mismo que una a principios del siglo XIX. Así lo cuenta Ana Fernández Mosquera. También deja caer que, no obstante, aunque Austen estuviese interesada en temas sanitarios, era todavía más partidaria de utilizarlos como giros narrativos. Porque si Jane Bennet no se hubiese puesto malísima en casa de Charles Bingley (después de una tormenta), Elizabeth no hubiese tenido que acudir a socorrerla y, de paso, intimar con el desagradable pero tentador señor Darcy.

Si lee esto desde algún sitio tórrido, me pareció un bonito detalle empezar hablando de frío, agua y bajas temperaturas, aunque solo fuese para engañar a la mente.

Decidir qué es bello

Confesaré que la primera vez que Lara López Millán me expuso el tema de la belleza en las imágenes de las redes sociales, me pareció que era algo interesante, sí, pero que afectaba a un puñado de gente, tal vez numeroso pero no abrumador.

Sin embargo, estaba equivocada. Como ella bien explica, por un “sesgo de confirmación óptico”, en base a lo que hemos elegido en determinados momentos, un algoritmo selecciona las imágenes que vamos a recibir en redes, las que cree que nos van a gustar, determinando por nosotros qué vamos a considerar bello.

Y aunque parece que solo hablamos de fotografías de Pinterest, el subtexto es mucho más importante y existencial. Porque si alguien comienza a decidir por nosotros qué es bello y qué no, sin que nos demos cuenta, se abre la puerta a que el mundo se acabe volviendo un lugar más homogéneo y claustrofóbico.

Graciela Iturbide, mirar con dignidad

Este año Graciela Iturbide ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes, que recogerá en Oviedo en otoño.

Y coincidiendo con este reconocimiento, la Fundación Casa de México en España ha inaugurado una retrospectiva de la fotógrafa mexicana en Madrid que estará abierta hasta septiembre y que muestra algunas de sus imágenes más representativas.

A través de sus ojos, como nos cuenta Francisco Quirarte, Iturbide convence de que mirar “es un acto de amor y resistencia”.

Escuchar un slow with you tonight

Desde hace unos años se ha puesto de moda el movimiento slow food, como reacción a la comida rápida y, en general, a la aceleración del mundo en el que vivimos.

Nosotros, en el verano de 2024, nos dimos a la slow music, que no es música lenta para bailar agarrao’ (como diría Luis Eduardo Aute), sino una propuesta para seleccionar álbumes de música de diferentes géneros que merezca la pena escuchar sin hacer nada más: ni las tareas de casa, ni el trabajo, ni ejercicio ni nada.

La idea acabó con una serie ecléctica de discos para reproducir, sentarse (permitimos también pasear lentamente) y atender.

La ropa que nos define

Como ovetense que soy (para concretar todavía más la asturianía ya anunciada), me he pasado las últimas semanas viendo a gente pasear por la calle con diferentes camisetas del equipo de fútbol del Real Oviedo (para quien no sepa de qué hablo, hemos subido a Primera división después de 24 años).

Entre lo que hacían mis conciudadanos y el blokecore, la tendencia de vestir, por puro gusto estético, camisetas de fútbol, hay una finísima línea (¿ese señor que se hace una foto delante de la Torre Eiffel con vaqueros y camiseta del Liverpool es un red o sigue la moda?). Y esa línea, como explica Sandra Bravo, es tanto estética como cultural.

Hablando de ropa, las más afortunadas estarán leyendo esto no con camiseta y pantalones sino al lado del mar y protegidas bajo una sombrilla (el cuidado ante todo), vestidas con un bikini… “Bikini”, una interesante palabra compuesta por bi-, que significa dos, y -kini, que significa… nada.

Rosalía Cotelo García disecciona la etimología de la prenda veraniega por excelencia y la de toda una familia de palabras cuya raíz nos hemos inventado.

Y cerramos la sección de moda con un ramillete de prendas que ahora nos son desconocidas pero que eran habituales en los escenarios teatrales del Siglo de Oro.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: la lluvia de Jane Austen – https://theconversation.com/suplemento-cultural-la-lluvia-de-jane-austen-262534

Si no sentimos que pertenecemos a nuestro lugar de trabajo, rendimos menos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfonso Jesús Gil López, Profesor titular de Organización de Empresas, Universidad de La Rioja

Imagine a una persona que llega cada día a su trabajo sin motivación. Cumple con sus tareas, evita conflictos, no tiene quejas graves sobre su salario o sus condiciones laborales pero algo le falta. No siente que pertenece a su lugar de trabajo.

¿Qué es el sentido de pertenencia?

Desde la psicología organizacional, el sentido de pertenencia se vincula con factores como la identidad profesional, el reconocimiento, la seguridad psicológica y la cultura corporativa. Pero en términos simples, significa formar parte de algo, sentirse en casa incluso estando en el trabajo.

El sentido de pertenencia no se consigue con camisetas corporativas o dinámicas grupales esporádicas. Se logra cuando las personas se sienten valoradas, respetadas y alineadas con la cultura y propósito de la organización.

No basta con tener un contrato o cumplir objetivos: es clave percibir que se nos toma en cuenta y nuestro trabajo tiene un propósito claro.

¿Por qué es tan importante?

Los expertos señalan que los empleados que experimentan un fuerte sentido de pertenencia tienen un 56 % más de rendimiento, un 50 % menos de riesgo de rotación y un 75 % menos de días de ausencia. Además, hay estudios que muestran que las empresas con culturas inclusivas superan financieramente a sus competidores en un 35 %.

Invertir en pertenencia no solo es una decisión ética: también es estratégicamente rentable.

Claves para fomentar la pertenencia

Aunque no existe una fórmula única, hay prácticas que pueden adaptarse a todo tipo de organizaciones:

1. Escucha activa y participación real. Abrir canales donde las personas puedan expresar ideas o preocupaciones sin temor a represalias es esencial. Las encuestas internas, los buzones de sugerencias o las reuniones abiertas solo tienen valor si van acompañadas de acciones concretas. Escuchar sin actuar genera frustración.

2. Reconocimiento frecuente y significativo. Sentirse visto y valorado no depende solo del salario. Reconocer logros cotidianos, esfuerzos colaborativos o mejoras pequeñas refuerza el mensaje: “nos importa lo que hace”. No se trata solo de premios formales, sino de cultivar una cultura diaria de agradecimiento y reconocimiento genuino.

3. Cultura inclusiva. No se puede pertenecer a un entorno donde uno debe ocultarse. Fomentar la diversidad –de género, edad, origen, orientación o pensamiento– e integrarla de manera activa en la organización no solo es justo, sino inteligente. La inclusión auténtica es la base de una cultura de pertenencia.

4. Desarrollo profesional con propósito. Ofrecer oportunidades de crecimiento muestra que la empresa cree en su gente. Pero el desarrollo debe ser personalizado: no llenar formularios o cursos sino construir trayectorias profesionales que tengan sentido y conexión con los intereses de cada persona.

5. Crear rituales y símbolos compartidos. Los rituales, celebraciones o tradiciones refuerzan los lazos y la identidad colectiva. No se trata solo de organizar fiestas, sino de generar momentos significativos que refuercen los valores comunes. Los símbolos importan, aunque sean pequeños.

¿Qué papel tienen los líderes?

El liderazgo es decisivo. Los líderes no solo deben comunicar una visión clara, sino predicar con el ejemplo. La empatía, la accesibilidad, la transparencia y la humildad generan confianza. Y la confianza es el terreno donde florece la pertenencia.

Además, fomentar un liderazgo distribuido –dar autonomía a los equipos para tomar decisiones– refuerza el compromiso y la responsabilidad compartida.

El desafío del trabajo híbrido

Con el auge del teletrabajo, mantener la cohesión es un nuevo reto. A distancia, la pertenencia no puede darse por sentada. Por eso se vuelve esencial cuidar y mantener una comunicación constante, generar espacios informales online y adaptar dinámicas de equipo al entorno virtual.

La cercanía no depende solo de la presencia física.

La pertenencia como estrategia empresarial

Quienes se sienten parte de una empresa la cuidan, la representan y dan lo mejor de sí, incluso en tiempos difíciles. Fomentar el sentido de pertenencia requiere coherencia, continuidad y liderazgo auténtico. No es una moda ni una campaña interna: es una inversión a largo plazo que impacta directamente en el desempeño, el bienestar y la sostenibilidad de la cultura organizacional.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Si no sentimos que pertenecemos a nuestro lugar de trabajo, rendimos menos – https://theconversation.com/si-no-sentimos-que-pertenecemos-a-nuestro-lugar-de-trabajo-rendimos-menos-256302

¿Qué pasó con los supervivientes después de Hiroshima y Nagasaki?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agustín Rivera Hernández, Profesor de Periodismo, Universidad de Málaga

La Cúpula de Genbaku, la estructura del único edificio que permaneció en pie cerca del lugar donde explotó la primera bomba atómica el 6 de agosto de 1945, es hoy en día el Memorial de la Paz en Hiroshima. GC photographer/Shutterstock

La historia de la Segunda Guerra Mundial parece que acaba con el fin de los campos de concentración y la caída del régimen nazi. Que las bombas atómicas fueron el epílogo necesario (con o sin comillas) para la paz. Que Hiroshima y Nagasaki fueron arrasadas, hubo pérdidas humanas, pero no sufrieron. Esta es la imagen prefijada… que dista de la realidad.

En la primavera de 1995 estudiaba tercero de Periodismo en la Universidad de Málaga. Manu Leguineche, acaso el más brillante reportero internacional español del siglo XX junto a Manuel Chaves Nogales, dio una charla y yo me fui detrás de él para preguntarle cosas sobre Japón. Estaba leyendo aquellos días Los años de la infamia y me recomendó que fuera a Hiroshima; el 6 de agosto de hace ahora tres décadas se cumplía el 50 aniversario del lanzamiento de la bomba atómica.

Portada de _Hiroshima. Testimonios de los últimos supervivientes_.

Kailas Editorial

Aquella cobertura, que escribí para la sección internacional de Diario 16, cambió mi vida profesional. Me impactó la ausencia de rencor de los hibakusha, que etimológicamente significa “personas bombardeadas”. Escuché sus voces; esos testimonios que explicaban el momento de la explosión y lo que les afectó. Eran rostros tristes, pero no veía odio.

En 2023 publiqué Hiroshima: testimonios de los últimos supervivientes. Ahora, en 2025, en una nueva edición que lleva prólogo de Sergio del Molino (Premio Alfaguara 2024) y un epílogo con la cobertura en Oslo del Premio Nobel de la Paz para la organización japonesa Nihon Hidankyo, compuesta por hibakusha, reivindico el valor de los testigos, del factor humano, de conocer las vidas de las personas que sufrieron.

El estigma

¿Cuántos hibakusha siguen vivos? Por primera vez son menos de 100 000: 99 130 personas. Su edad media es de 86,13 años, según datos publicados el pasado mes de julio por el Ministerio de Bienestar japonés.

Aunque esta cifra parece abultada, no lo es tanto si se tienen en cuenta diversos factores. Por un lado, muchos tienen problemas mentales –demencia o alzhéimer– y no pueden contar su experiencia. Por otro, la gran mayoría no quiere hablar del momento de la explosión e incluso ni sus amigos más cercanos saben que son hibakusha. No lo dijeron porque hubiesen sufrido un estigma si reconocían que eran supervivientes. Además, comentarlo dificultaba conseguir un empleo y parejas e hijos por el miedo a que la descendencia naciera con algún tipo de secuelas físicas. Todavía no son muchos los que quieren relatar la experiencia.

Por eso es digno de mención el testimonio de gente como Takako Gokan. Cuarenta años después de la explosión atómica estaba con Sekiko, su hija, en un baño termal japonés cuando se dio cuenta de que la gente miraba sus quemaduras en brazos, vientre y piernas. Sekiko la tapó rápido con una toalla. Aunque ya estaba a salvo de las miradas y los comentarios, Takako decidió en ese momento que no iba a ocultar que era una superviviente. “Los niños pueden ser crueles”, me contó Takako, rememorando su infancia. “Algunos no entendían cómo podía estar bien si mis padres habían muerto. Ser huérfana estaba mal visto”.

Pasado y futuro de la bomba

El testimonio de los hibakusha resulta clave para conocer, 80 años después del bombardeo sobre la ciudad de Hiroshima, qué pasó aquel día de agosto a las 8:15 horas.

El avión Enola Gay lanzó Little Boy, la bomba que provocó la muerte inmediata de 70 000 personas, un número que ascendió a 140 000 a finales de ese año. Hasta aquel momento, Hiroshima tenía una población de 245 000 habitantes y su vida cotidiana era normal. Los efectos de la radiación, la llamada lluvia negra, se comenzaron a percibir desde esa misma tarde.

Una foto en blanco y negro de una ciudad arrasada.
Así quedó Hiroshima tras el lanzamiento de la bomba.
Everett Collection/Shutterstock

Nagasaki, la gran olvidada, fue la receptora de la segunda bomba atómica, pero no era la primera candidata tras Hiroshima; Kokura iba a ser el destino original. Fat Man, como se llamaba el explosivo atómico, cayó en paracaídas, como si lo hubieran disparado con una pistola con silenciador, sin prisa, desde el avión estadounidense llamado Bock’s Car hasta el objetivo. El viaje infernal duró 47 segundos. La bomba erró: explotó a quinientos metros de altura y tres kilómetros más tierra adentro de lo previsto, en parte debido al tiempo. En Hiroshima se había arrojado sin paracaídas.

Antes de todo esto, con una población diezmada y después de que Estados Unidos hubiera bombardeado Tokio, Japón estaba a punto de rendirse. Pero en ese momento, la nación americana y la Unión Soviética se encontraban inmersas en la siguiente pantalla. En realidad se estaban repartiendo el tablero geopolítico de la posguerra.

Las bombas atómicas no eran inevitables. Barton J. Bernstein, catedrático de Historia de la Universidad de Stanford, señala que, basándose en las memorias de posguerra del almirante William Leahy y del general Dwight D. Eisenhower, entre otros, comenzaron a surgir dudas acerca de su empleo en la guerra:

“Con el paso de los años, los estadounidenses se enteraron de que las bombas, de acuerdo con cálculos militares de alto nivel hechos en junio y julio de 1945, no habrían salvado probablemente medio millón de vidas en las invasiones, como Truman mantuvo a veces después de Nagasaki, sino menos de 50 000”.

Tampoco se calibró el impacto que iban a tener los artefactos en la vida de los habitantes de Hiroshima y Nagasaki. El término hibakusha tardó cinco o diez años en empezar a oírse. La prensa no publicaba mucha información sobre ellos, así que los ciudadanos no conocían demasiado lo que había ocurrido.

Hasta 1957 no hubo ningún tipo de apoyo para los supervivientes. Se siguieron las instrucciones que ordenaba Estados Unidos (que ocupó el país desde el final de la guerra hasta 1952) y el Gobierno japonés tampoco les prestó demasiada atención. Ahora tienen derecho a un chequeo médico dos veces al año. También han conseguido un apoyo económico, que depende del tipo de enfermedad, de entre 30 000 y 100 000 yenes.

En 1967, el psiquiatra estadounidense Robert Jau Lifton publicó Muerte en vida: sobrevivientes de Hiroshima, una obra clave que profundiza en el aspecto mental de quienes vivieron para contar la bomba, un asunto muy poco tratado hasta ese momento. Él fue quien acuñó el término que identificaba el “adormecimiento psíquico” que padecieron los hibakusha. Sostuvo que emplear bombas atómicas no era necesario:

“Japón estaba totalmente devastado. Habíamos bombardeado todas las ciudades importantes con armas convencionales. Y como saben, murieron más personas en los ataques a Tokio que en Hiroshima. En mi opinión, no era necesario usar armas nucleares para terminar la guerra”.

El escritor y Premio Nobel de Literatura japonés Kenzaburo Oé, en Cuadernos de Hiroshima, dice: “Vi cosas en Hiroshima que tenían mucha relación con la peor de las humillaciones, pero, por primera vez en mi vida, allí conocí a la gente más digna”.




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Actualmente, en la Tierra existen 4 000 cabezas nucleares listas para ser lanzadas. Esa es la gran amenaza que se cierne sobre la humanidad en estos momentos. Los hibakusha conocen mejor que nadie este peligro. Y les duele recordar. Las segundas y terceras generaciones de supervivientes, los hijos y los nietos de Hiroshima, están continuando el testigo de sus mayores y advirtiéndolo.

Por eso conviene recordar la cultura que conforma, de una manera clara, la identidad de las dos ciudades bombardeadas, convertidas ahora en emblemas del pacifismo internacional. Como dice el cenotafio del Parque de la Paz de Hiroshima: “No repetiremos el error”.

The Conversation

Agustín Rivera es autor de ‘Hiroshima: testimonio de los últimos supervivientes’, cuyo primer capítulo fue galardonado en 2024 con el III Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales. Con esta obra también fue Mención Especial del Jurado del Premio Rodolfo Walsh.

ref. ¿Qué pasó con los supervivientes después de Hiroshima y Nagasaki? – https://theconversation.com/que-paso-con-los-supervivientes-despues-de-hiroshima-y-nagasaki-262552

¿Por qué nos fascina tanto el crujido de los huesos? Ciencia (y mito) detrás de un sonido viral

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Sanjuán Sánchez, Fisioterapeuta y personal docente investigador en la Facultad de Ciencias de la Salud en Universidad San Jorge, profesor asociado en la Facultad de Enfermería y Fisioterapia en la Universitat de Lleida. Miembro del grupo de investigación iPhysio, Universidad San Jorge

Persona crujiéndose los nudillos de las manos. Oporty786/Shutterstock

Crujirse los dedos, notar un “crack” en la rodilla al agacharse o escuchar la espalda o cuello al estirarnos por las mañanas… Todos lo hemos vivido. No es un fenómeno nuevo: ya en el siglo XIX los médicos británicos observaban “ruidos espontáneos” en las articulaciones.

Desde el auge de la quiropraxia a finales de ese siglo, se asoció el sonido a una restauración del equilibrio corporal. Estos sonidos, asociados con alivio o incomodidad, se han vuelto protagonistas también en el entorno digital. Millones de personas consumen vídeos en redes sociales que muestran crujidos articulares en tiempo real, casi como si fueran efectos especiales del cuerpo humano.

Pero ¿qué es lo que suena realmente? ¿Es peligroso? ¿Por qué nos resulta tan fascinante?

Lo que suena no son los huesos

A pesar de la creencia popular, cuando crujimos los dedos o escuchamos el crack no son los huesos chocando entre sí. Ese sonido característico proviene, en la mayoría de los casos, de las articulaciones sinoviales, que están rodeadas por una cápsula que contiene líquido sinovial.

Al mover la articulación de forma rápida o forzada, se genera una disminución brusca de la presión dentro de la cápsula articular, provocando la formación súbita de burbujas de gas. A este fenómeno se le denomina cavitación articular. Investigaciones con resonancia magnética, demuestran que el sonido ocurre durante la formación de la burbuja y no durante su colapso, lo que desafiaría teorías previas.

Un crujido no son huesos que “vuelven a su lugar”

Cuando escuchamos un crujido en una articulación no se trata de un hueso que “vuelve a su lugar” ni de un desencaje. Lo que realmente oímos es el resultado de un proceso biomecánico llamado cavitación, común en personas sanas y, en general, es inofensivo.

Sin embargo, no todos los sonidos articulares son benignos. Si el crujido se acompaña de dolor, bloqueo, debilidad o inestabilidad, podría indicar una condición patológica como una condropatía, una lesión meniscal o hipermovilidad articular. Estas situaciones requieren evaluación por un profesional de la salud.

Crujirse los dedos no provoca artrosis

Durante décadas, se ha difundido la creencia de que el hábito de crujirse los dedos podría generar desgaste articular o incluso artrosis. Esta idea ha sido repetida innumerables veces en conversaciones familiares, en consultas médicas y hasta en la prensa.

Sin embargo, la evidencia científica no lo respalda. Es maś, un estudio publicado en The Journal of the American Board of Family Medicine (2011) analizó a más de 200 personas mayores y no encontró relación alguna entre crujirse los dedos y la presencia de artrosis en las manos.

Eso sí, a pesar de que crujirse los dedos no provoca daño estructural ni artrosis, hacerlo de forma compulsiva o agresiva podría irritar los tejidos blandos que rodean la articulación, como ligamentos o tendones.

Además, aunque el gesto parece inofensivo desde el punto de vista médico, no siempre resulta agradable para quienes lo escuchan, e incluso puede generar cierta incomodidad o convertirse en una fuente de conflictos.

El crujido no indica si es una técnica eficaz o no

En fisioterapia, osteopatía y quiropraxia, es común que algunas técnicas manuales provoquen un sonido articular o cavitación. Este sonido se suele interpretar como garantía de éxito terapéutico, tanto por los profesionales como por los pacientes. Sin embargo, la evidencia indica que el sonido por si solo no garantiza la eficacia de la técnica ni implica una corrección biomecánica real.

Además, se ha demostrado que la manipulación puede ser efectiva aunque no se produzca ningún sonido, y que un crack audible puede no estar relacionado con mejoras clínicas significativas. Por lo tanto, el sonido articular durante una manipulación, no debe considerarse un marcador fiable de eficacia.

Los beneficios terapéuticos de la manipulación articular parecen estar relacionados más bien con mecanismos neurofisiológicos como la relajación muscular refleja de la terapia manual y no tanto del crujido en sí.

El espectáculo de los crujidos

Es frecuente ver plataformas como TikTok, Youtube o Instagram saturadas de vídeos de ajustes articulares donde micrófonos estratégicamente colocados amplifican los crujidos, generando millones de visualizaciones. Estos contenidos fusionan estética clínica con entretenimiento, ofreciendo una sensación de “arreglo instantáneo” del cuerpo.

Sin embargo, el espectáculo lleva consigo riesgos importantes. Consumir contenido médico en redes sociales cuando no proviene de profesionales sanitarios, puede fomentar expectativas poco realistas sobre los tratamientos y promover enfoques simplificados o pasivos para problemas complejos del sistema musculoesquelético.

Es importante destacar que este tipo de contenido puede reforzar la dependencia a técnicas pasivas y minimizar el valor del movimiento activo, la educación y la autonomía terapéutica. La clave para una buena salud musculoesquelética no está en el sonido, sino en el movimiento. El tratamiento del dolor de espalda, cuello o articulaciones no debería basarse únicamente en técnicas pasivas (como manipulaciones o masajes), sino en estrategias activas que aceleren la recuperación y ayuden a manejar el dolor.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué nos fascina tanto el crujido de los huesos? Ciencia (y mito) detrás de un sonido viral – https://theconversation.com/por-que-nos-fascina-tanto-el-crujido-de-los-huesos-ciencia-y-mito-detras-de-un-sonido-viral-258948

Nunca más Nagasaki: el lanzamiento de la segunda bomba atómica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Natividad Carpintero Santamaria, Profesora Investigadora – Area Nuclear. Instituto de Fusión Nuclear "Guillermo Velarde" (IFN GV) – UPM, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Consecuencias del bombardeo atómico de la Segunda Guerra Mundial en un suburbio situado a cuatro millas del centro de Nagasaki, Japón. Everett Collection/Shutterstock

Los días 6 y 9 de agosto se conmemora el aniversario del bombardeo atómico sobre Japón que puso fin a la Segunda Guerra Mundial, el conflicto armado más trágico de la historia de la humanidad. Desde aquel momento las bombas nucleares han condicionado definitivamente las relaciones políticas internacionales.

En 1995 tuve la oportunidad de asistir al 50 aniversario de este evento en Hiroshima, invitada por la Conferencia Pugwash, cuyo director, el profesor Joseph Robtlat, recibió en nombre de Pugwash el Premio Nobel de la Paz ese mismo año.

En 2024 este mismo galardón fue entregado a Shigemitsu Tanaka, representante de Nihon Hidankyo (Confederación Japonesa de Organizaciones de Víctimas de las Bombas Atómicas y de Hidrógeno). Tanaka era una víctima superviviente –hibakusha– del bombardeo sobre Nagasaki.

Ahora se cumplen 80 años de este capítulo histórico que no podemos ni debemos olvidar.

La primera decisión

Mapa de las misiones de lanzamiento de las dos bombas atómicas.
Mapa de las misiones de lanzamiento de las dos bombas atómicas.
Skimel/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El 31 de mayo de 1945, y tras la rendición incondicional de Alemania, ocurrida el 8 de mayo, el presidente norteamericano Harry Truman tomó la decisión de lanzar sobre Japón, sin previo aviso, las dos bombas atómicas que habían sido desarrolladas en el Proyecto Manhattan: el Little Boy de uranio y el Fat Man de plutonio.

El Comité Especial de Objetivos reunido en Washington seleccionó las siguientes ciudades japonesas como blanco preferente: Hiroshima, Kokura, Niigata y Kioto, todas ellas de gran valor militar por sus fábricas de armamento y materiales estratégicos.

Con el bombardeo atómico se pretendía reducir el número de víctimas humanas, pues la destrucción de Tokio con bombas incendiarias, ocurrida el 10 de marzo de ese mismo año, había causado entre 80 000 y 100 000 fallecidos. Por otro lado, y aunque las cifras precisas son difíciles de establecer, la mayoría de las fuentes históricas coinciden en que en la sangría de las batallas de Okinawa e Iwo Jima murieron cerca de 110 000 soldados japoneses y en el ejército norteamericano se produjeron 72 000 bajas, de las cuales 12 500 fueron muertos o desaparecidos en combate.

Asimismo el gobierno norteamericano había calculado que si se continuaba con la guerra, los costes económicos que supondría bloquear a Japón por mar y los bombardeos masivos que tendrían que hacer, junto con una invasión por tierra al mismo tiempo, elevarían significativamente el gasto militar.

La segunda ciudad

Tras el bombardeo de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el Gobierno de los Estados Unidos lanzó la segunda bomba atómica. Una de las razones de este segundo ataque fue que no se había producido la rendición de Japón en los dos días siguientes. Otra, que ya lo tenían previsto.

El lanzamiento de la bomba de plutonio, que había sido probada previamente el 16 de julio de ese año en el desierto de Alamogordo en Nuevo México, se llevó a cabo entre serias complicaciones de planificación y previsiones atmosféricas.

La patrulla estaba formada por cinco B-29: el B-29 Bockscar cargado con el Fat Man, dos aviones para reconocimiento y otros dos para la comunicación de datos atmosféricos. Kokura sería el objetivo.

Un grupo de pilotos posa delante de un avión.
Tripulación de vuelo alistada del Bockscar.
ASAF/Wikimedia Commons

El 9 de agosto de 1945, al sobrevolar la ciudad la hallaron cubierta de niebla. Esto hizo que el B-29 se desviara hacia Nagasaki, ciudad que no estaba inicialmente considerada objetivo inicial preferente. La razón es confusa y en armonía con los contratiempos que se dieron desde el primer momento. ¿Problemas de transmisión de comunicaciones por radio ante una situación inesperada? ¿Problemas con el combustible del Bockscar? ¿Factor humano? No lo sabemos.

Nagasaki no tenía visibilidad total tampoco, pero sí podía verse entre nubes. La bomba Fat Man explosionó a las 11:02 horas a 500 metros sobre la zona norte de la ciudad, en Matsuyama-machi, y su potencia fue estimada en 18 kilotones.

La compleja topografía de la ciudad, situada en una región montañosa, confinó la fuerza de la explosión a un ámbito unidireccional que destruyó un 30 % de los edificios, con unas áreas más severamente dañadas que otras. Tres días antes, en Hiroshima, la bomba había explosionado de forma diferente, ya que al hallarse sobre una meseta la destrucción de la ciudad fue casi isótropica, es decir, igual en todas las direcciones, llevándose por delante más del 70 % de la ciudad.

Vista de la explosión sobre Nagasaki tomada por el B-29 de reconocimiento.
Vista de la explosión sobre Nagasaki tomada por el B-29 de reconocimiento.
U.S. Government/Wikimedia Commons

En Nagasaki la bomba consiguió en pocos minutos un resultado devastador. La onda térmica, la onda de choque y la radiación inicial hicieron que el establecimiento del número de víctimas fuera altamente dificultoso. En 1989 la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear hizo público un informe en el que hacía la siguiente valoración del bombardeo: 73 884 fallecidos, 74 909 heridos, 120 820 personas sin hogar, 18 409 casas dañadas, 11 574 casas totalmente quemadas, 1 326 casas totalmente destruidas y 5 509 casas parcialmente destruidas.

El daño que causaron las bombas atómicas no se cuantificó por el número de víctimas sino por el fenómeno destructivo de la radiación.

El 15 de agosto de 1945, el emperador Hiro Hito hizo oír su voz por radio, comunicando a su pueblo que Japón presentaba su rendición incondicional y aceptaba las condiciones de la Declaración de Postdam. El anuncio tuvo un gran impacto psicológico en la población, que por vez primera oía su voz, lo que le daba una dimensión humana a un emperador que perdía su ancestral divinidad.

Algunos miembros de las Fuerzas Armadas, aviadores, oficiales y jefes de la Marina Imperial reaccionaron a este anuncio con el suicidio. Entre ellos, el almirante Takijiro Onishi que con su propia espada se hizo el seppuku o harakiri –el suicidio ritual vinculado con la doctrina del Bushido–, siguiendo el código ético de los samuráis para morir con honor.

El 2 de septiembre de 1945, el ministro de Asuntos Exteriores japonés Mamoru Shigemitsu, actuando en nombre del emperador, del Gobierno Imperial y del Cuartel General Imperial, firmó los protocolos de la rendición en el acorazado norteamericano Missouri.

Vista actual de la ciudad de Nagasaki.
Vista actual de la ciudad de Nagasaki.
Tomio344456/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El bombardeo atómico sobre Japón inició un desarrollo masivo de armas nucleares. Sin embargo, no podemos ni debemos olvidar los nombres de Hiroshima y Nagasaki. Tenemos la obligación moral de recordar que fueron dos ataques catastróficos que bajo ninguna excusa pueden volver a repetirse.

De hacerlo, el impresionante avance científico y tecnológico de las actuales armas nucleares daría como resultado que no quedarían ni vencedores ni vencidos.

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María Natividad Carpintero Santamaria no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nunca más Nagasaki: el lanzamiento de la segunda bomba atómica – https://theconversation.com/nunca-mas-nagasaki-el-lanzamiento-de-la-segunda-bomba-atomica-262559

Islamofobia visual: el campo de batalla de la geopolítica también está en las pantallas de los videojuegos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Grupo de investigación Seguridad, Desarrollo y Comunicación en la Sociedad Internacional de la UCM (UCM-971010-GR96/20), Universidad Complutense de Madrid

Desde la irrupción de la tecnología digital, los videojuegos –al igual que tiempo atrás el cine, la televisión o la literatura– se han sumado como actores relevantes en el campo de la confrontación ideológica entre EE. UU. y el mundo islámico.

Cada cierto tiempo se publican noticias sobre determinados títulos que han sido censurados, o directamente prohibidos, porque en algunas de sus misiones, narrativas o aspectos gráficos se “vulneraban” elementos propios de su identidad política, religiosa o cultural.

Este formato interactivo constituye una nueva forma de “geopolítica visual”, pues no solo transmiten un mensaje a través de una narración o reproducen escenarios reales o ficticios mediante sus espectaculares gráficos, sino que crean un “espacio de simulación” de carácter emocional que anticipa o aproxima de manera directa todo aquello que nos llega a través de otros canales y fuentes de información. Esto permite, en muchas ocasiones, que el poder político se refleje en los juegos.

Estados Unidos e Irán se ven las caras en la ‘soft war’

Irán aparece como uno de los países más activos en dar réplica a los discursos y narrativas norteamericanas en el ámbito cultural. Esto ha llevado a prohibir afamadas creaciones como Battlefield 3, que ambientaba una de las misiones en la ocupación de Teherán por parte de los marines, ya la creación de múltiples videojuegos que rechazan la perspectiva occidental sobre la “Guerra contra el Terror”.

Este tipo de maniobras, que se extienden también contra Israel, se vinculan al concepto de soft war –“guerra blanda”–, eufemismo para referirse a la propagación de ideas, cultura e influencias extranjeras a través de las tecnologías de la información y la comunicación.

De esta manera, hace poco los medios persas anunciaban un nuevo videojuego que, con el nombre de True Promise, glorificaba los lanzamientos de misiles contra territorio israelí en abril y octubre de 2024.

Jugar como un soldado palestino

Bajo unas coordenadas similares se posiciona el videojuego propalestino Fursan al-Aqsa, que debido a sus contenidos ha recibido fuertes críticas y censura (la más reciente en Reino Unido, donde ha sido eliminado de la plataforma digital Steam) y ha sido calificado por europarlamentarios italianos como terrorista y antisemita. Como replicó su creador, Nidal Nijm, “es muy subjetivo llamar propaganda terrorista al hecho de jugar como un soldado palestino contra los soldados israelíes”.

Este género de producciones son la respuesta a gran número de videojuegos occidentales que, con una clara intención ideológica o escaso interés a los elementos culturales del mundo árabe e islámico, lo ha estereotipado como “enemigo”, “intolerante”, “violento” y “terrorista”, como indican algunos estudios sobre el tema.

Esta islamofobia videolúdica se plasma en varios ejemplos, algunos de ellos muy recientes. En noviembre de 2021, un jugador de Call of Duty: Vanguard denunciaba desde su cuenta de Twitter que en una escena aparecían tiradas en el suelo varias páginas del Corán. De inmediato, los responsables de este título emitieron una nota pública disculpándose: “Call of Duty está hecho para todos. La semana pasada se incluyó por error contenido insensible hacia la comunidad musulmana, que desde entonces ha sido eliminado del juego”.

Tiempo atrás, otro usuario alertó que en Call of Duty: Modern Warfare 2, en un mapa aparecían escrituras del Corán grabadas en el marco de una pintura situada en un baño, considerado un lugar totalmente inapropiado para este tipo de mensajes religiosos.

Junto al Corán, otro de los símbolos más sagrados del islam es la Kaaba (dentro de la Gran Mezquita de La Meca), considerada la “casa de Alá”, centro de peregrinación más importante para los musulmanes. En el videojuego de acción y aventura fantástico Devil May Cry 3, la Kaaba aparecía como la entrada a una fortaleza demoniaca, generando un gran malestar entre gran número de jugadores de este credo.

Protesta de la Universidad Al-Azhar de El Cairo

También ha suscitado polémica Fortnite, uno de los battle royale –género donde un gran número de jugadores compiten entre sí en un mapa que se reduce progresivamente, hasta que solo queda un jugador o equipo victorioso– más famosos a nivel mundial, con más de 350 millones de cuentas registradas en 2021. La Universidad Al-Azhar de El Cairo emitió una nota de protesta contra este título porque para poder avanzar a otro nivel y conseguir más premios había que destruir un edificio que simulaba la Kaaba: “Esto afecta a las creencias y al respeto propio de los jóvenes y subestima la importancia de sus santidades. Por ello, el centro reitera la prohibición de todos los juegos electrónicos que fomenten la violencia o contengan ideas falsas que distorsionen la fe o muestren desprecio por las creencias religiosas”.

Este rechazo se extendió a otros países como Indonesia, donde el Ministro de Turismo y Economía Creativa pidió la eliminación de Fortnite. La respuesta de Epic Games, responsable del mismo, fue que se trataba de la creación de un jugador particular y que “nuestro equipo respeta todas las religiones”.

Esta índole de controversias y simplificaciones en el mundo del videojuego, lejos de resolverse, van en aumento. Algunos informes de la Unión Europea advierten que muchas plataformas como Steam, Discord o Twitch contribuyen a la radicalización online, ya sea a favor de los grupos de extrema derecha (que hacen de la islamofobia uno de sus caballos de Troya) o como herramienta de gamificación terrorista (ISIS).

Frente a este tipo de prácticas, no resta más que alfabetización digital, respeto a la diversidad cultural y responsabilidad a los grandes estudios y compañías de videojuegos, desde Washington a Teherán.

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Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Islamofobia visual: el campo de batalla de la geopolítica también está en las pantallas de los videojuegos – https://theconversation.com/islamofobia-visual-el-campo-de-batalla-de-la-geopolitica-tambien-esta-en-las-pantallas-de-los-videojuegos-250541

Las vacaciones también enseñan: lo que los niños aprenden sin querer cuando no están en la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Tahull Fort, Profesor de sociología de la educación, Universitat de Lleida

shutterstock Tatevosian Yana/Shutterstock

Con la llegada de las vacaciones escolares, muchas familias y docentes se preguntan qué pasa con los aprendizajes cuando paran las clases. ¿Se pierde el tiempo? ¿Se estanca el desarrollo? ¿Conviene seguir con tareas o actividades académicas para “no perder el ritmo”?

Estas preguntas ignoran algo fundamental: el aprendizaje no se detiene cuando termina el año escolar. Simplemente, cambia.

Durante las vacaciones, lejos de las estructuras formales académicas, los niños y jóvenes siguen aprendiendo –y mucho–, aunque de manera más informal, espontánea y emocionalmente significativa. En lugar de contenidos curriculares, lo que se cultiva en estos períodos de “descanso” son competencias igual de esenciales para la vida: habilidades sociales, autonomía, creatividad, gestión emocional, resolución de conflictos, conciencia del tiempo, sentir el aburrimiento…

Tiempo desestructurado y desarrollo cerebral

En nuestra sociedad, marcada por una obsesión con la productividad y el rendimiento, tendemos a ver el tiempo libre como un “vacío” que hay que llenar. Sin embargo, la neurociencia y la psicología del desarrollo llevan años demostrando que el descanso, el juego libre y la socialización entre iguales son fundamentales para el desarrollo cognitivo, social y emocional en la infancia y la adolescencia.




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Las vacaciones permiten algo que difícilmente ocurre en la escuela: el tiempo desestructurado. Un espacio sin objetivos definidos, sin evaluación ni presión externa, donde los niños pueden explorar el mundo a su manera, seguir su curiosidad, aburrirse (el aburrimiento también enseña) y encontrar formas propias de resolver problemas cotidianos.

Lo que se aprende sin querer

A continuación, enumero algunas de las habilidades y aprendizajes que se desarrollan naturalmente durante las vacaciones y son esenciales para la vida:

  1. Negociar y convivir con los demás. Durante el año escolar, las interacciones suelen estar mediadas por normas y figuras adultas que regulan el comportamiento. En cambio, en vacaciones –especialmente cuando hay tiempo compartido con hermanos, primos, vecinos o amigos–, los niños descubren la necesidad de negociar, acordar reglas, ceder, resistir y colaborar. Aprenden a convivir entre iguales, a veces con conflictos, pero también con reconciliaciones.

  2. Organizar el tiempo. Sin horarios rígidos, muchos niños y jóvenes aprenden a administrar su propio tiempo: cuándo levantarse, cuánto dedicar al juego, al descanso, a ayudar en casa o simplemente a estar en su mundo. Esta flexibilidad es clave para desarrollar autonomía y planificación personal.

    También existe el riesgo de un uso excesivo de los dispositivos electrónicos, lo que puede provocar que los jóvenes pasen más tiempo del necesario frente a las pantallas, descuidando otras actividades importantes como el descanso, el ejercicio físico o la interacción social.

    Cuando el móvil se convierte en el centro de la vida cotidiana de un adolescente, es fundamental abrir espacios de diálogo y reflexión. Encontrar un equilibrio entre la autonomía y ciertos marcos de contención puede ayudar a desarrollar un uso más consciente y saludable de la tecnología.

  3. Explorar sus intereses. Las vacaciones son una oportunidad para que los niños se reconecten con lo que les gusta. Tal vez pasen la tarde dibujando sus personajes favoritos, haciendo legos, hojeando revistas o cómics, mirando hormigas en el patio, probando nuevos juegos con sus amigos o ayudando a preparar el desayuno con la abuela. Es un tiempo de exploración libre, sin exámenes ni presiones externas. Aprenden por curiosidad, por gusto, y porque cada día pueden descubrir algo nuevo a su manera y ritmo.

  4. Desarrollar la creatividad. El tiempo libre favorece la creación de mundos imaginarios, historias inventadas, juegos espontáneos o manualidades improvisadas. Quién no recuerda su infancia, mirando las formas de las nubes e imaginando personajes, animales fantásticos o escenas que solo nosotros podíamos ver. Es en esos momentos aparentemente simples –dibujando, construyendo una cabaña o explicando historias– aparece la creatividad.

  5. Manejar el aburrimiento. En un primer momento, cuando se terminan las actividades organizadas, aparece el clásico “me aburro”. Para los adultos puede sonar como una queja o una señal de que algo falta, pero en realidad el aburrimiento es un motor. Enseña a los niños a tolerar la ausencia de estímulos inmediatos, a quedarse un rato con ellos mismos y a activar sus propios recursos internos. Al principio puede haber incomodidad, pero pronto aparece la chispa: un juego inventado, una historia… Muchos descubrimientos valiosos, ideas creativas y momentos de juego auténtico aparecen después del aburrimiento. Dar espacio a la pausa es dejar que surja la imaginación.

  6. Conectar con su mundo emocional. Los niños tienen más tiempo para sentir, pensar y hablar sobre lo que les pasa. El descanso físico y mental abre un espacio para las emociones que estaban contenidas o silenciadas. A veces basta una tarde tranquila, una conversación sin prisa o simplemente estar presentes para que surjan preguntas, miedos, sueños o alegrías que durante el año quedaban en segundo plano. Y quienes convivimos con ellos lo sabemos: en vacaciones, los hijos crecen más y consolidan conocimientos. Consolidan habilidades y competencias que estaban, pero todavía no se manifestaban.

  7. Vincularse con otros adultos y referentes. No todo pasa por la escuela o los padres. En vacaciones, los niños se relacionan con tíos, abuelos, vecinos, monitores o adultos en otros roles. Estos vínculos también enseñan: modelan formas de hablar, de actuar, de resolver problemas, y ofrecen una diversidad de perspectivas. Estos vínculos amplían su red de afectos y les dan un sentido de pertenencia más allá del núcleo familiar.




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El valor del juego y la desestructura

El juego libre es una de las actividades más serias y formativas de la infancia y la juventud. No todo debe tener un propósito académico para ser valioso. Jugar es, en sí mismo, una forma profunda de aprendizaje. Es en el juego donde se experimentan roles, se ensayan normas, se gestiona la frustración y se valora la creatividad.

Además, el hecho de que muchas de estas experiencias ocurren fuera de estructuras rígidas no las hacen menos valiosas; al contrario, son complementarias. De hecho, la desestructuración del tiempo hace los aprendizajes más personalizados, más duraderos y conectados con la realidad emocional del niño.

¿Qué pueden hacer las familias?

No se trata de convertir las vacaciones en otra escuela paralela ni llenar la agenda con actividades formales. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre cierta estructura (rutinas básicas y límites claros) y cierta libertad.

Algunas ideas para acompañar son:

• Fomentar momentos de juego libre, incluso sin juguetes.

• Proponer tareas sencillas en casa que impliquen participación y responsabilidad.

• Conversar sobre lo que sienten, lo que les interesa, lo que sueñan.

• Dejar tiempo para el aburrimiento, sin llenarlo enseguida.




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Aprender fuera del aula

Las vacaciones no son una pausa en el aprendizaje: son un escenario distinto, con otras reglas, donde aparecen nuevas formas de conocimiento fundamentales para la vida. Reducirlas a un simple tiempo “improductivo” es no ver todo lo que está sucediendo en la mente y en el ámbito emocional de los niños y adolescentes.

Seguramente, la lección más importante sea que aprender no siempre requiere un aula en una escuela. A veces, basta con un grupo de amigos, un árbol para trepar, una conversación, una tarde sin nada que hacer… Porque, como decía el pedagogo Francesco Tonucci, “los niños no necesitan más deberes, necesitan más vacaciones, más tiempo libre, más juego y más calle”.

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Joan Tahull Fort no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La biología explica por qué nos hacemos mayores de repente a los 44 y a los 60 años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Bricolage/Shutterstock

Siempre hemos creído que el envejecimiento es un proceso lento y progresivo, casi como si los años nos fueran apagando poco a poco, de forma inexorable.

Así lo recogen manuales y revisiones médicas recientes, que siguen definiendo el envejecimiento biológico, en su modo más simple, como “alteraciones lentas y progresivas de la función física que empiezan en la madurez y concluyen con la muerte”.

Aunque esta imagen del tiempo –o la metáfora de un goteo constante de pérdidas– sigue dominando nuestra forma de entender la vejez, estudios recientes revelan que no envejecemos en línea recta, sino a saltos, con momentos precisos en los que, de pronto, todo cambia.

Esta hipótesis desafía décadas de modelos lineales y abre la puerta a una nueva manera de entender los cambios biológicos asociados al tiempo.

Lo que revela el laboratorio

La nueva visión del envejecimiento a saltos se apoya en un trabajo publicado en 2024 en la prestigiosa revista Nature Aging. Durante varios años, los investigadores siguieron de cerca la evolución molecular de más de un centenar de personas adultas, analizando hasta 135 000 moléculas distintas de cada voluntario. Se trata del mayor estudio longitudinal multiómico realizado hasta ahora sobre envejecimiento humano.

Lejos de encontrarse con un continuo suave de transformaciones, observaron un patrón interesante: casi todos los grandes cambios bioquímicos que acompañan al envejecimiento se concentran en dos momentos concretos de la vida adulta, aproximadamente a los 44 y a los 60 años.

En otras palabras, nuestras moléculas –y por tanto, nuestras células y órganos– parecen mantenerse estables hasta que, en condiciones normales, se producen transformaciones profundas y sincronizadas en muchos sistemas corporales.

Lo notable es que estos picos no se deben a un único tipo de molécula, sino que afectan a proteínas, metabolitos, lípidos, citoquinas, factores hormonales e incluso patrones epigenéticos, todos a la vez.

Esto da respaldo biológico a la sensación tan extendida de que, en ciertos momentos, uno “se hace mayor de repente” y nota un bajón físico o mental de golpe.

Hacerse mayor de repente

Esta idea no es completamente nueva. En 2019, ya se había publicado en Nature Medicine un extenso análisis de proteínas en sangre que señalaba tres grandes “picos” de envejecimiento fisiológico: a los 34, los 60 y los 78 años.

Sin embargo, el nuevo estudio realizado en 2024 es más completo al analizar otros tipos de moléculas, además de proteínas. Con ello se ha logrado precisar los dos saltos más intensos que ya se habían señalado anteriormente: uno en la mitad de la vida adulta, alrededor de los 44 años, y otro posterior, en torno a los 60.

Al analizar muchas más moléculas y tipos diferentes, este trabajo se centra en los dos saltos donde los cambios son más globales en el organismo, aunque no descarta que pueda haber otros más adelante.

¿Qué ocurre en estos saltos?

En el primer salto, que suele llegar antes de los cincuenta, se desencadena una cascada de cambios en el metabolismo de grasas, se alteran las vías de procesamiento del alcohol y la cafeína, y se modifican proteínas fundamentales para el corazón, los músculos y la piel.

Cuando llega el segundo, cerca de los 60 años, se acelera el deterioro de funciones inmunitarias y renales, se altera el metabolismo de la glucosa y aumentan los procesos celulares vinculados al envejecimiento y al riesgo de enfermedades crónicas.

Por eso, muchas personas notan que de pronto les cuesta más recuperarse tras un esfuerzo, o que aumentan las “pequeñas molestias” de un año para otro.

Estos saltos no distinguen entre hombres y mujeres, ni dependen del contexto reproductivo, como la menopausia. Aunque se observa cierta variabilidad entre individuos en el momento y la intensidad de los cambios, los patrones generales parecen responder a mecanismos comunes de la biología humana.

Las causas moleculares

Si bien aún no se conoce con exactitud el porqué de los saltos, sí se han detectado algunos de los mecanismos implicados. Una de las hipótesis más estudiadas propone que, al alcanzar cierto umbral de células envejecidas, podría desencadenarse una reacción en cadena que acelere el deterioro de los tejidos.

Además, la epigenética –las “marcas” que regulan a los genes– también sufre reconfiguraciones masivas en esos periodos, lo que provoca la activación o inactivación de cientos de genes de golpe.

Por último, en esos momentos críticos se detectan alteraciones coordinadas en moléculas clave del metabolismo energético, como NAD⁺, carnitinas y ácidos grasos. Estos cambios sugieren una posible disfunción mitocondrial, ya que las mitocondrias son los orgánulos encargados de producir la mayor parte de la energía celular y participan en múltiples procesos de envejecimiento.

Todo esto, que puede sonar abstracto o lejano, tiene implicaciones muy concretas en nuestra vida diaria.

Implicaciones prácticas

El impacto práctico es enorme. Por un lado, ofrece una explicación convincente a esa sensación que tantos expresamos que “de repente me siento mayor”.

Por otro, señala que esos momentos críticos pueden ser ventanas de oportunidad para intervenir y prevenir. Si sabemos que nuestros sistemas biológicos van a someterse pronto a un gran cambio, podríamos anticiparnos cuidando más la salud metabólica, cardiovascular o inmunitaria justo antes y durante esos periodos clave.

Mirando al futuro

Aunque aún quedan muchas cuestiones abiertas, como si será posible identificar las causas y mecanismos detallados del tercer salto alrededor de los 78 años que sugería el estudio de 2019, lo cierto es que el conocimiento de estos patrones nos permite mirar el envejecimiento con otros ojos.

A medida que se amplíen los estudios longitudinales y se integren más capas de análisis molecular, podríamos incluso anticipar con precisión cuándo está a punto de producirse un salto biológico individual.

Con todo, ya sabemos que nuestra vida no es solo una lenta cuesta abajo, sino una serie de etapas estables, interrumpidas por momentos de cambio profundo. Así, el secreto de envejecer mejor podría estar en prepararse para saltar cuando llegue el momento de hacerlo.

Y es que, como cantan Celtas Cortos, “a veces llega un momento en que te haces viejo de repente”.

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Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación de la Universidad de Jaén (PAIUJA-EI_CTS02_2023), de la Junta de Andalucía (BIO-302), y está parcialmente financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID2021-122991NB-C21.

ref. La biología explica por qué nos hacemos mayores de repente a los 44 y a los 60 años – https://theconversation.com/la-biologia-explica-por-que-nos-hacemos-mayores-de-repente-a-los-44-y-a-los-60-anos-262399