No todas las dietas basadas en plantas son saludables para el cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bruno Bizzozero Peroni, Investigador postdoctoral, Universidad de Castilla-La Mancha; Universidad de la República Uruguay

Jacek Chabraszewski/Shutterstock

En los últimos años, las dietas basadas en plantas han ganado popularidad por sus beneficios para la salud y el medioambiente. Cada vez más personas reducen el consumo de alimentos de origen animal convencidas de que comer más vegetales es sinónimo de comer mejor. Sin embargo, cuando hablamos de salud mental, la realidad es más compleja, y no todas las dietas basadas en plantas son igual de saludables para nuestro bienestar psicológico.

Uno de los errores más comunes que cometemos es asumir que eliminar o reducir los alimentos de origen animal garantiza una alimentación equilibrada. Sin embargo, una dieta puede estar técnicamente basada en plantas y, al mismo tiempo, estar dominada por productos ultraprocesados como bollería, refrescos, snacks salados, cereales refinados y sustitutos vegetales altamente procesados.

Las dietas vegetales saludables están caracterizadas por un alto consumo en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, cereales integrales y té, entre otros alimentos de origen vegetal mínimamente procesados. Al mismo tiempo, presentan un bajo consumo de productos de origen animal –como grasas animales, lácteos, carnes rojas y procesadas, aves u otros derivados– y de alimentos vegetales poco saludables o ultraprocesados.

Las dietas vegetales no saludables también limitan la ingesta de productos de origen animal. Pero, a diferencia de las anteriores, se asocian con un mayor consumo de bebidas azucaradas, dulces, harinas refinadas, patatas fritas y otros ultraprocesados de origen vegetal. También con un menor consumo de alimentos vegetales saludables.

Esta diferenciación resulta crucial, dado que la calidad de los alimentos importa tanto o más que el hecho de que sean de origen vegetal.

Qué dice la evidencia científica más reciente

Para analizar cómo distintos tipos de dietas basadas en plantas se asocian con la salud mental y neurocognitiva, realizamos una revisión sistemática y un metaanálisis que incluyó datos de más de 700 000 adultos procedentes de distintos países.

Los resultados fueron claros: las dietas basadas en plantas saludables se asocian con una menor probabilidad de ansiedad, depresión y malestar (distrés) psicológico en estudios transversales. También con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia en estudios de seguimiento a largo plazo.

Por el contrario, las dietas vegetales poco saludables podrían resultar perjudiciales para la salud mental y neurocognitiva.

Es importante subrayar que no se analizaron dietas vegetales estrictas (como las vegetarianas o veganas), sino patrones dietéticos basados en plantas. Es decir, se consideraron dietas vegetales saludables aquellas que implicaban un mayor consumo de alimentos vegetales de alta calidad nutricional y una menor ingesta tanto de alimentos vegetales no saludables como de productos de origen animal.

¿Por qué la calidad de la dieta afecta a la salud mental?

Existen varias explicaciones biológicas plausibles. Las dietas vegetales saludables aportan fibra, antioxidantes, polifenoles y grasas insaturadas. Se trata de nutrientes con efectos antiinflamatorios y antioxidantes que favorecen la salud cerebral.

Además, estos componentes podrían influir positivamente en otros mecanismos como la microbiota intestinal, un actor clave en el eje intestino-cerebro y en la regulación del estado de ánimo.

En cambio, las dietas ricas en azúcares añadidos y productos ultraprocesados pueden provocar picos de glucosa, inflamación de bajo grado y alteraciones metabólicas. Todo ello se han relacionado con síntomas depresivos y deterioro cognitivo. Aunque sean de origen vegetal, este tipo de alimentos no dejan de ser opciones poco favorables para la salud mental.

Qué implicaciones tiene todo esto para la vida diaria

Nuestros resultados no cuestionan los beneficios de reducir el consumo de alimentos de origen animal, pero sí invitan a ir un paso más allá. No se trata solo de comer menos carne o más vegetales, sino de elegir bien qué alimentos vegetales ponemos en el plato.

Priorizar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, a la vez que limitamos los ultraprocesados –aunque lleven etiquetas verdes o veganas–, puede ser una estrategia acertada. No solo para la salud física, sino también para prevenir problemas de salud mental y deterioro cognitivo a largo plazo.

Un mensaje clave en un momento crucial

En un contexto de creciente interés por el vegetarianismo, el veganismo y la sostenibilidad, este mensaje resulta especialmente pertinente. La transición hacia dietas más basadas en plantas es una oportunidad para mejorar la salud poblacional y ambiental, pero solo si se acompaña de criterios de calidad nutricional.

Nuestro estudio sugiere que una dieta basada en plantas, saludable y no restrictiva podría desempeñar un papel en la reducción del riesgo de síntomas asociados a trastornos mentales y neurocognitivos. Sin embargo, es importante interpretar estos resultados con prudencia. Aunque los hallazgos son prometedores, la evidencia disponible todavía presenta limitaciones y es necesario contar con más estudios longitudinales que confirmen estas asociaciones.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. No todas las dietas basadas en plantas son saludables para el cerebro – https://theconversation.com/no-todas-las-dietas-basadas-en-plantas-son-saludables-para-el-cerebro-275040

Kast devuelve a Chile a la derecha y arranca su mandato con muros fronterizos y medidas contra la inmigración

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Cvitanic, Docente de Relaciones Internacionales, Universidad de La Sabana

mbzfotos/Shutterstock

La reciente victoria de José Antonio Kast y su llegada a la presidencia de Chile no han supuesto ninguna sorpresa. Se divisaba tras el escrutinio en primera vuelta. La candidata Jeannette Jara había obtenido el 26.8 % de los votos y Kast el 23.9 %. Había ocho candidatos más en la contienda, pero las cartas estaban echadas. Mientras la centro izquierda de Gabriel Boric entró a apoyar a Jara, los otros dos candidatos de la derecha tradicional, Evelyn Matthei y Johannes Kaiser, se encargaron de juntar fuerzas por el candidato ultraconservador, que logró salir triunfador con un 58 % de los votos.

Lo anterior marca una derrota tajante de la izquierda en el país austral que, con un pasado anti-Pinochet, acaba de elegir un presidente que se ha declarado admirador de la dictadura (1973-1990) y que además es hijo de un padre que algunas fuentes señalan como un partidario del movimiento nazi.

En ese orden de ideas, surge un cambio drástico de la política en Chile. Este nace en respuesta a los vacíos del gobierno de Gabriel Boric y los desafíos en cuanto a seguridad y migración. Dos de las mayores preocupaciones de la sociedad chilena, que se convirtieron en ejes de la campaña de Kast.

Un escudo fronterizo con ecos de Trump

La llegada al poder de Kast el pasado 11 de marzo marca su inicio con la puesta en marcha del Plan Escudo Fronterizo, que inundará de muros, alambres de púas y zanjas la zona norte del país.

Siguiendo con el estilo de Donald Trump, el presidente electo pondrá en marcha su política antiinmigración y ha anunciado que se reunirá en los próximos días con los ministros de seguridad, defensa, interior y justicia para comenzar a hacer realidad sus promesas de campaña.

Esta nueva agenda diluye la memoria sobre los tiempos de Pinochet, y la izquierda de Boric se convierte en la gran perdedora. El gobierno de éste se inició en 2021, cuando contaba solo con 35 años. Emergía su liderazgo con una fuerza contundente, avalada por un estallido social sin precedentes, que se posesionó de la narrativa del cambio de la constitución. Más de cuatro años después, el presidente Boric sale de la Casa de la Moneda con un legado que al interior es fútil, pero que en el extranjero se ve con otros ojos.

Las razones internas y externas

Al interior del país, la imagen de Boric no es percibida del mismo modo que la proyectada en el plano internacional. Dentro de Chile, el incremento de los delitos y la inseguridad ofrecieron una imagen negativa lo suficientemente poderosa para que los ciudadanos, una vez más, decidieran saltar de la izquierda a la derecha, como ha ocurrido en los últimos años en otros países de la región.

Las cifras del Indicador Nacional de Crimen Organizado (2022-2024), un informe de la Universidad de San Sebastián, lo refieren. “En 2024 se ingresaron al Ministerio Público 86.323 hechos delictivos relacionados con crimen organizado, un 21,6 % más que en 2023. Al comparar con 2022, el incremento asciende a 31,8 %, lo que equivale a 20.825 más en solo dos años”.

Pero esta respuesta va acompañada también de los pocos resultados del gobierno. El plebiscito constitucional de diciembre de 2023 recibió una negativa contundente en las urnas. La iniciativa, que buscaba reemplazar la constitución, obtuvo casi un millón y medio de votos menos que el “no”, lo que dejo al Gobierno sin base para sacar a flote el plan propuesto en campaña.

En el ámbito internacional, la imagen de Boric es más favorable. Representa a la izquierda latinoamericana y es moderado. En su momento fue crítico con las elecciones atípicas de Venezuela, en las cuales nunca se presentaron las actas de votación. Tampoco dejó a un lado la oportunidad de reprobar el rol de Nayinb Bukele, presidente de El Salvador.

Actualmente, Boric tiene 40 años y, aunque es producto de una coyuntura, con seguridad seguirá en la carrera política. La izquierda que representa cede terreno a Jose Antonio Kast, un dirigente de trayectoria amplia, tres veces candidato, que detenta un 57 % de popularidad. Su éxito se suma a la tendencia regional de hacer un viraje a la derecha, constatado en países como Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay.

Pero ese péndulo, que se ha hecho una constante en Chile desde que Michelle Bachelet recibió el poder de Ricardo Lagos, no solo es un reflejo de un país con una dicotomía entre la derecha y la izquierda, sino de una región que se vuelca para encontrar cambios. Algo que es producto de un ejercicio democrático, en el que la gente vota con el corazón en la primera vuelta y con la razón en la segunda.

The Conversation

Fernando Cvitanic no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Kast devuelve a Chile a la derecha y arranca su mandato con muros fronterizos y medidas contra la inmigración – https://theconversation.com/kast-devuelve-a-chile-a-la-derecha-y-arranca-su-mandato-con-muros-fronterizos-y-medidas-contra-la-inmigracion-272207

Universitarios con misión: bien común, innovación social y lucha contra la soledad en zonas rurales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Matellanes Lazo, PhD. Full Professor at the University in Communication and Advertising. Department of Social Sciences, Universidad Europea Miguel de Cervantes

JP WALLET/Shutterstock

Algo está cambiando en la universidad española. Más allá de las aulas y los laboratorios, surgen proyectos diversos. Contra la soledad en municipios rurales, iniciativas de envejecimiento activo, programas de innovación para mejorar la calidad de vida y nuevas narrativas sobre el bien común. No se trata de declaraciones de intenciones. Son experiencias ya en marcha, que muestran cómo la educación superior está ampliando su papel en la sociedad.

En este sentido, la universidad se posiciona como un agente de valor social, capaz de generar impacto real en su entorno y contribuir activamente al bien común.

¿Está la universidad ocupando el lugar que durante siglos desempeñaron las instituciones religiosas en la formación moral de las nuevas generaciones? En un artículo publicado en The New Yorker, Jay Caspian Kang plantea que, al menos en determinados contextos occidentales, el campus se ha convertido en el nuevo espacio de socialización ética para muchos jóvenes.

La reflexión apunta a un fenómeno significativo: la universidad no solo transmite conocimiento, sino que también moldea valores, discursos públicos y formas de entender el bien común.

La universidad como ecosistema

Organismos internacionales como la UNESCO han subrayado que la educación superior debe desempeñar un papel clave en la promoción de la justicia social, la sostenibilidad y la cohesión comunitaria.

Esta visión implica entender la universidad no solo como un espacio de aprendizaje académico, sino como un ecosistema. En él se cultivan valores éticos, pensamiento crítico y compromiso cívico. La pregunta ya no es si la universidad debe implicarse en los problemas sociales, sino cómo hacerlo de manera estructural y coherente.

En España, numerosas universidades han comenzado a materializar este enfoque a través de programas de implicación con la sociedad, voluntariado universitario e innovación social. Estas iniciativas permiten que el conocimiento teórico adquirido en las aulas se transforme en acción. Así, los estudiantes se conectan con realidades sociales concretas, lo que fomenta una experiencia educativa más significativa.

Motores del cambio social

Un ejemplo destacado lleva el sello de la Universidad de Barcelona (UB), pionera en la implantación de proyectos sociales integrados en los planes de estudio. Desde la Cátedra de Aprendizaje Servicio, los estudiantes aplican sus conocimientos en colaboración con entidades sociales. El trabajo se desarrolla en ámbitos como la inclusión social, la educación comunitaria o la atención a colectivos vulnerables.

El proyecto community, que promueve encuentros sociodeportivos, reúne a la UB junto a organizaciones como Cruz Roja o CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). Esta apuesta por la inclusión social de refugiados a través de actividades físicas muestra cómo la docencia universitaria puede vincularse directamente con necesidades sociales reales. Esta conexión genera un aprendizaje más profundo y mayor conciencia del impacto social de la futura profesión.

También la Universidad de Deusto ha consolidado un modelo educativo centrado en la formación integral de la persona. El compromiso social forma parte del proyecto institucional. A través del programa Deusto Campus Solidaridad, la universidad promueve el voluntariado, la cooperación al desarrollo y la participación en causas sociales, tanto en el ámbito local como internacional.

Las iniciativas no se limitan a la acción directa, sino que incorporan espacios de reflexión crítica y formación ética. Esto permite desarrollar competencias como la empatía, la responsabilidad social y la conciencia ciudadana.

Tecnología para el bien común

Por su parte, la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) ofrece un ejemplo significativo de innovación tecnológica orientada al bien común. Desde su área de UPV Innovación y los programas de “aprendizaje servicio”, la universidad impulsa proyectos de emprendimiento e innovación social. Estos abordan retos como la accesibilidad, la sostenibilidad urbana o la mejora de la calidad de vida de colectivos vulnerables.

La tecnología deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta al servicio de la sociedad. Un enfoque que integra formación técnica y compromiso social.

Otro caso relevante es el de la Universidad de Salamanca. A través de su Servicio de Asuntos Sociales y sus programas de voluntariado universitario, ha impulsado iniciativas vinculadas al envejecimiento activo, la participación comunitaria y la cooperación social.

Lucha contra la soledad en zonas rurales

Algunos de estos proyectos, como el Campus Rural de la Universidad de Alcalá (UAH), tienen un impacto directo en entornos no urbanos. Su contribución se orienta a combatir la soledad no deseada y favorecer relaciones intergeneracionales. Estas experiencias no solo benefician a la comunidad, sino que sensibilizan a los estudiantes sobre uno de los grandes desafíos sociales contemporáneos.

La Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid (UEMC) también trabaja sobre zonas rurales e impulsa acciones de concienciación e intervención sobre soledad no deseada. El abordaje implica a la propia comunidad universitaria desde su entorno más cercano.

El proyecto reúne a estudiantes los grados de Periodismo, Publicidad y Relaciones Públicas. La metodología aplicada se basa en el aprendizaje activo, la interdisciplinariedad y la participación del alumnado en contextos reales. A través de asignaturas como periodismo radiofónico o crítica y análisis de campañas, los alumnos diseñaron entrevistas, reportajes y campañas de sensibilización.

La UEMC consigue así desarrollar eventos de impacto académico y social desde sus espacios universitarios, involucrando a profesores, alumnos y asociaciones sin ánimo de lucro.

Desde hace varios años esta misma universidad cuenta con una unidad llamada Laboratorio Social. En ella se trabajan temáticas y proyectos de índole social que implica a profesorado y alumnado de la comunidad universitaria UEMC.

Estos ejemplos evidencian una tendencia creciente: la universidad como espacio de innovación social y laboratorio de ciudadanía responsable.

Una narrativa del bien común

Desde el ámbito de la comunicación y la publicidad, este enfoque resulta especialmente relevante porque la universidad tiene la capacidad de generar nuevos relatos sociales, alejados del individualismo y orientados al bien común. Formar en una comunicación ética y socialmente responsable implica dotar a los estudiantes de herramientas para influir positivamente en la opinión pública y contribuir a una sociedad más justa y cohesionada.

Este papel activo requiere una apuesta institucional clara y sostenida, en la que se den a conocer y alienten colaboraciones conjuntas entre universidades y agentes institucionales.

Integrar el compromiso social en los planes de estudio, reconocer académicamente estas experiencias y fomentar la colaboración con el tejido social son pasos fundamentales para consolidar este modelo educativo y evitar que estas iniciativas se conviertan en acciones puntuales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Universitarios con misión: bien común, innovación social y lucha contra la soledad en zonas rurales – https://theconversation.com/universitarios-con-mision-bien-comun-innovacion-social-y-lucha-contra-la-soledad-en-zonas-rurales-273714

Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elene Igoa Iraola, Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Deusto

VectorMine/Shutterstock

Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos tomamos miles de decisiones, en muchas ocasiones de manera inconsciente. Algunas son del día a día y no tienen mayores consecuencias (por ejemplo, qué ropa ponernos o qué camino elegir para ir al trabajo), pero hay otras que impactan directamente en nuestra vida profesional.

Muchas de estas decisiones no pasan por un análisis personal consciente, simplemente suceden. Y, sin embargo, tienen implicaciones mucho más relevantes de lo que solemos imaginar. En ellas influyen nuestros hábitos, nuestras creencias, el contexto en el que nos movemos e incluso el estado emocional del momento.

¿Cuántas de las decisiones que tomamos cada día son realmente conscientes?
¿Hasta que punto nuestras elecciones profesionales responden a un análisis racional o, simplemente, a intuiciones que apenas percibimos?

Dos maneras de pensar y decidir

Nuestra mente opera a través de dos sistemas de toma de decisiones. El primero, el tipo 1, es automático, rápido e intuitivo. Funciona casi sin esfuerzo consciente y nos permite reaccionar con agilidad ante estímulos cotidianos. El segundo, o tipo 2, es más reflexivo, analítico y deliberado; requiere mayor atención y energía cognitiva.

Este modelo fue popularizado por Daniel Kahneman, quien mostró que ambos sistemas no son opuestos, sino complementarios:

  • El pensamiento Tipo 1 es extraordinariamente eficiente. Gracias a él podemos reconocer patrones, interpretar emociones y tomar decisiones rápidas cuando el tiempo lo premia. Sin embargo, precisamente por su rapidez, también es más vulnerable a los atajos mentales. Cuando estos atajos generan errores de manera sistemática y predecible, hablamos de sesgos cognitivos.

  • El pensamiento Tipo 2, más lento y exigente, permite contrastar información, cuestionar supuestos y evaluar alternativas. Pero no puede estar activado permanentemente porque consume muchos recursos cognitivos y energía. Por eso, en entornos de presión, incertidumbre o sobrecarga informativa –es decir, en la mayoría de las organizaciones actuales– tendemos a apoyarnos más de lo que creemos en el sistema automático.

Cómo influyen los sesgos en la empresa

Los sesgos cognitivos no son rarezas psicológicas ni errores de personas poco competentes. Son patrones universales de toma de decisiones y afectan a directivos, mandos intermedios y profesionales técnicos por igual.

En la selección de personal, por ejemplo, puede aparecer el sesgo de afinidad: tendemos a valorar mejor a quienes se parecen a nosotros en trayectoria, estilo o forma de comunicarse.

En la evaluación del desempeño, el efecto halo puede llevarnos a extrapolar una cualidad positiva concreta a la valoración global del profesional.

En la gestión del cambio, el sesgo de statu quo nos inclina a preferir mantener lo conocido antes que asumir la incertidumbre de lo nuevo.

Cuando estos mecanismos se repiten, generan decisiones que parecen razonables en el momento, pero que pueden afectar a la diversidad, la innovación o la competitividad a medio plazo.

En la actualidad se pueden identificar más de 200 sesgos cognitivos que influyen en nuestra manera de interpretar y tomar decisiones.

El mito de la objetividad organizacional

Muchas organizaciones invierten grandes cantidades de recursos en datos, indicadores y herramientas tecnológicas. Sin embargo, con frecuencia se descuida un elemento esencial: el proceso psicológico mediante el cual interpretamos esa información.

Cuando interpretamos datos o la conducta de un compañero, la información pasa inevitablemente por nuestras expectativas previas, experiencias acumuladas y marcos mentales. Dos directivos pueden analizar el mismo informe y llegar a conclusiones distintas no por falta de rigor, sino porque sus sistemas de pensamiento activan distintos supuestos.

Creer que la incorporación de más datos elimina los sesgos es, en gran medida, una ilusión. Sin conciencia psicológica, incluso el análisis más sofisticado puede estar guiado por intuiciones no examinadas.

En este punto resulta pertinente recordar la reflexión del filósofo y científico Michael Polanyi, quien afirmó: “We know more than we can tell” (“Sabemos más de lo que podemos expresar”). Una parte importante de nuestro conocimiento es tácito, implícito y difícil de formalizar. Precisamente por ello, muchas decisiones se apoyan en intuiciones que no siempre somos capaces de explicar, pero que influyen de forma decisiva en nuestras elecciones.

Los campos de actuación de los sesgos

Se pueden distinguir tres niveles de actuación de los sesgos:

  1. Individual (personal). Tiene que ver con cómo cada persona percibe e interpreta la realidad. Nuestras experiencias previas, emociones o creencias influyen en qué información atendemos y cómo la interpretamos.

  2. Instrumental. Los sesgos también pueden introducirse a través de las herramientas que utilizamos para analizar la información: indicadores, métricas o sistemas de evaluación que orientan nuestra atención hacia determinados resultados y no hacia otros.

  3. Organizacional (de contexto). Factores como la cultura de las organizaciones, las normas informales, las jerarquías o las presiones del contexto pueden reforzar ciertas interpretaciones y decisiones, consolidando determinados sesgos colectivos.

Los sesgos cognitivos no son simples fallos individuales, sino mecanismos profundamente arraigados en la manera en que pensamos y decidimos. Comprender la interacción entre intuición y análisis permite mejorar la calidad de las decisiones y reducir errores.

Las organizaciones que comprendan estos procesos estarán mejor preparadas para diseñar entornos que favorezcan decisiones más conscientes, equilibradas y estratégicas. Porque en última instancia, la calidad de una organización depende también de la calidad de las decisiones que toman quienes la dirigen.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan – https://theconversation.com/por-que-incluso-con-buenos-datos-a-veces-las-organizaciones-se-equivocan-276349

La buena investigación no depende del número de publicaciones. ¿Por qué la medimos así?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

fizkes/Shutterstock

¿Cómo se mide la calidad de un investigador? Imaginemos la siguiente situación: dos investigadores presentan su candidatura a una promoción universitaria. El primero ha publicado doce artículos en tres años. La mayoría aparece en revistas indexadas en bases de datos internacionales que seleccionan publicaciones según criterios de calidad editorial. El segundo ha dedicado cinco años a un proyecto complejo y ha obtenido una estancia de investigación. Ha producido menos artículos, pero ha generado datos reutilizados por otros grupos y ha formado a varios doctorandos. Parte de su trabajo ha tenido una influencia directa en políticas públicas.

Cuando una comisión debe decidir quién tiene mejor trayectoria científica, ¿qué pesa más? En muchos sistemas universitarios la respuesta depende del número de publicaciones, el factor de impacto (índice que calcula cuántas veces se citan, de media, los artículos de una revista durante un periodo concreto), la posición de la firma del autor (en el orden de firmas de un artículo científico) o las citas acumuladas (el número de veces que se citan sus artículos).




Leer más:
¿Cuánto cuesta formar a un investigador en España? Demasiado como para perderlo


Estas métricas permiten ordenar candidatos con rapidez. Sin embargo, fueron concebidas para describir patrones agregados de producción científica, es decir, tendencias generales sobre cómo, cuánto y dónde publica la comunidad científica en su conjunto: volumen de artículos, ritmos de crecimiento, colaboración entre países o campos y circulación de citas.

No se diseñaron para sustituir el juicio cualitativo sobre trayectorias individuales, que exige valorar la originalidad, la solidez metodológica, la capacidad de liderazgo y la contribución real al avance del conocimiento.

Evaluar no es contar

Durante las últimas décadas, en la universidad se ha consolidado un principio: la calidad científica de un investigador depende del número de publicaciones en revistas consideradas de alto impacto y en el volumen de citas recibidas. Resumido en un principio que ha marcado generaciones de investigadores, “publicar o perecer”, este enfoque cuantitativo suponía que a mayor número de artículos o papers en poco tiempo, mayor posibilidad de conseguir reconocimiento académico en la universidad.

Al no ser tan fácilmente cuantificables, la trayectoria profesional a largo plazo, el impacto social del conocimiento y la integridad científica quedaban relegados, mientras que se fomentaron dinámicas encaminadas a maximizar la presencia “cuantificable” en revistas académicas, como la fragmentación de una misma investigación en varios artículos (salami slicing), la duplicación de contenidos o la traducción de un mismo trabajo con el objetivo de aumentar el número de publicaciones.




Leer más:
La trampa financiera de la ciencia en abierto


Desde la propia comunidad científica surgieron, desde comienzos de la década de 2010, críticas a este modelo de evaluación. En 2012 se publicó la San Francisco Declaration on Research Assessment (DORA), que cuestionó el uso del factor de impacto como criterio para evaluar investigadores. En 2015 se difundió el Leiden Manifesto, con diez principios para un uso responsable de los indicadores. Más tarde, en 2022, se creó la Coalition for Advancing Research Assessment, que promueve reformas estructurales en los sistemas de evaluación.

A estas iniciativas se suman los Hong Kong Principles y la Singapore Statement on Research Integrity. Todas han señalado las limitaciones de este sistema y la necesidad de prestar mayor atención al contenido, la integridad y la aportación cualitativa de la investigación.

La burocratización de la promoción universitaria

En España se ha avanzado por parte de los organismos oficiales de acreditación y evaluación, alineados con la normativa europea de reforma de la investigación. Sin embargo, a nivel interno, en muchas universidades a la hora de aspirar a una promoción, gana quien más puntos acumula, y los méritos se fragmentan en apartados independientes que no permiten evaluar una trayectoria de manera cualitativa. La calidad de la investigación tiende a identificarse con aquello que resulta más sencillo de contabilizar, y la evaluación se vuelve un proceso burocrático en el que, por ejemplo, el uso de plantillas fijas impide reconocer méritos relevantes porque no encajan en una casilla concreta.

Esto tiene un efecto en cómo los propios investigadores definen sus prioridades, condicionando los ritmos de trabajo y generando una presión estructural. También aumenta el riesgo de incurrir en malas prácticas. Algunos investigadores recurren a revistas depredadoras que prometen publicaciones rápidas a cambio de elevadas tarifas (APC), sin procesos reales de revisión externa.

Falta de transparencia

La falta de transparencia agrava este escenario. Los criterios no siempre se conocen con antelación ni se explicitan con claridad. La comunidad universitaria apenas participa en su definición o revisión. En términos de gobernanza interna no existen garantías suficientes frente a conflictos de interés, dinámicas endogámicas o evaluaciones difíciles de verificar.

Cuando se presentan reclamaciones,
es frecuente que aparezca el silencio administrativo con carácter negativo. También en casos de impugnaciones tras una resolución definitiva.
Esta situación genera indefensión jurídica y debilita la confianza en el sistema de evaluación.

Currículum narrativo y evaluación responsable

Una alternativa a este sistema cuantitativo es el currículum narrativo, una herramienta de evaluación más contextualizada.
Su finalidad es permitir una lectura cualitativa de la trayectoria investigadora y situar los méritos en su contexto real.

El currículum narrativo se articula a partir de perfiles académicos definidos y de un número limitado de aportaciones relevantes. Este formato permite valorar dimensiones que rara vez encajan en plantillas rígidas: liderazgo científico, formación de equipos, ciencia abierta, colaboración interdisciplinar, impacto social, responsabilidad en la gestión de datos o promoción de buenas prácticas.

La experiencia de los Países Bajos muestra que este enfoque puede aplicarse con coherencia cuando se definen los perfiles académicos, se limita el número de aportaciones evaluables y se invierte en la formación de las comisiones. Esta práctica, integrada de manera efectiva, previene los conflictos de interés y se refuerza con mecanismos de auditoría externa.

Cómo la evaluación define el modelo universitario

El sistema de evaluación influye en qué temas reciben atención, qué proyectos se consideran viables y qué riesgos intelectuales se asumen. Si se premia la productividad inmediata, se favorecen resultados rápidos y fragmentados. Si se reconoce la coherencia a largo plazo y la integridad científica, se incentivan investigaciones más sólidas y socialmente relevantes.

Muchas universidades europeas han asumido compromisos formales con la Comisión Europea a través del sello Human Resources Strategy for Researchers, que exige el cumplimiento de los principios del European Charter for Researchers: evaluación transparente, criterios claros, ausencia de conflictos de interés y procedimientos verificables. Además, requiere auditorías, planes de acción y seguimiento periódico.

Impacto en la calidad del conocimiento

La forma de evaluar a los investigadores no es un detalle administrativo. Cada criterio de evaluación envía un mensaje claro por parte de la institución: esto es lo que valoramos, esto es lo que cuenta.

En ese gesto se define qué tipo de universidad se quiere construir y qué modelo de ciencia se considera valioso. Y de esa elección depende, además de la credibilidad de una institución, la calidad del conocimiento que se transmite a la sociedad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La buena investigación no depende del número de publicaciones. ¿Por qué la medimos así? – https://theconversation.com/la-buena-investigacion-no-depende-del-numero-de-publicaciones-por-que-la-medimos-asi-275028

Pluma de calamar y cáscara de cangrejo para mejorar la salud femenina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Bengoechea Ruiz, Catedrático de Universidad del área de Ingeniería Química (Químico), Universidad de Sevilla

El cangrejo rojo americano, empleado por los investigadores en su estudio, tiene en su cáscara quitina. De ella se obtiene quitosano, un compuesto con propiedades muy interesantes para la conservación de sustancias que palían los síntomas de la menopausia o síntomas indeseables de la menstruación. Wikimedia Commons., CC BY

Durante mucho tiempo, no se ha prestado la suficiente atención a etapas esenciales en la vida de las mujeres que afectan de manera diversa a su salud. Los efectos de la menstruación o la menopausia han sido, en muchas ocasiones, acallados por motivos culturales o sociales, aun cuando afectan a la mitad de la población mundial. Por suerte, existe un interés creciente en paliar esta carencia y en apostar por recursos que faciliten el bienestar de la población femenina.

Las mujeres suelen experimentar la menstruación durante aproximadamente cuarenta años de su vida, observándose diversos efectos englobados en lo que se conoce como síndrome premenstrual. Además de cambios de humor y alteraciones emocionales, se presentan una serie de síntomas físicos, como hinchazón abdominal, aumento de peso transitorio, sensibilidad en los senos (mastalgia), cefaleas, dolor articular o muscular y acné, que podrían paliarse en cierta medida si se tratan de manera adecuada.

Asimismo, la perimenopausia (transición natural hacia la menopausia) y la menopausia provocan sofocos, sudores nocturnos, irregularidades menstruales, insomnio, sequedad vaginal, cambios de humor y/o disminución de la libido. Si nos centramos en los efectos sobre la piel, la drástica caída de estrógenos y colágeno asociada a la menopausia provoca un aumento de la sequedad, flacidez, la aparición de arrugas y una epidermis más fina.

Bioactivos para la salud de la mujer

En la naturaleza, existen sustancias bioactivas que han demostrado su eficacia en la formulación de productos destinados a combatir algunos de estos efectos.

Así, el ácido g-linolénico, un ácido omega-6 presente principalmente en aceites de semillas concentrados, como la borraja, posee propiedades antiinflamatorias y estrogénicas, con lo que contribuye al alivio de los sofocos, las alteraciones del sueño, la irritabilidad y la sequedad vaginal.

Por su parte, el bakuchiol es un compuesto extraído principalmente de las semillas y hojas de la planta asiática Psoralea corylifolia. Se conoce como la “alternativa vegana” al retinol, y presenta efectos similares a los estrógenos, además de propiedades antifúngicas, antibacterianas, antioxidantes, antiinflamatorias, antienvejecimiento, despigmentantes y anticancerígenas.

Otro candidato es la clorofilina, un derivado de la clorofila de las plantas con actividad antioxidante, antiinflamatoria, desodorante, aceleradora de la cicatrización de heridas, antimutagénica y anticancerígena.

Asimismo, hongos como el reishi (Ganoderma Lucidum) ayudan al organismo a gestionar el estrés físico, mental y emocional. Además, mejora los síntomas asociados a la fibromialgia, como la depresión y el dolor.

El problema de los bioactivos

Muchas de estas sustancias bioactivas tienen una estabilidad limitada, es decir, pierden propiedades a causa de su mala conservación. Por ello, el desarrollo de productos que permitan su encapsulación y protección resulta esencial para garantizar su aprovechamiento, tanto en cosméticos como en complementos alimentarios.

En la Universidad de Sevilla y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) estamos trabajando precisamente en esto. Planteamos el uso de subproductos de la industria alimentaria para extraer polímeros que sirvan de vehículo para esos compuestos bioactivos y que ayuden a su conservación.

Cáscaras de cangrejo y plumas de calamar

En concreto, proponemos aprovechar las cáscaras de cangrejo procedentes de las marismas del Guadalquivir (Sevilla) y la pluma del calamar (País Vasco). Actualmente, el cangrejo rojo americano es la base de una industria relevante en Isla Mayor (Sevilla), con una facturación que ha llegado a los 20 millones de euros anuales. Solo una pequeña parte del cangrejo es comestible (entre el 10 y el 30 %); el resto se emplea actualmente como pienso animal debido a su valor nutritivo. Sin embargo, su elevado contenido en quitina abre la puerta a su uso en productos de mayor valor añadido.

Algo similar ocurre con los calamares, una de las especies comerciales más importantes de cefalópodos, con un alto valor de mercado. Las llamadas plumas de calamar (estructura de soporte, con forma de pluma, ubicada internamente en la línea media dorsal de los calamares), un subproducto de la industria de procesado de este cefalópodo, están compuestas principalmente por proteínas y quitina.

El empleo de esta quitina para promover el curado de heridas crónicas ha sido previamente analizado por investigadores e investigadoras de la EHU. Además, la transformación de la quitina en quitosano mediante modificación química controlada permite potenciar propiedades como su actividad antimicrobiana, biocompatibilidad y biodegradabilidad. Esto lo convierte en un candidato muy interesante para encapsular y proteger las sustancias bioactivas antes descritas.

Podemos emplear el quitosano en la formulación de emulsiones, tanto alimentarias como cosméticas, diseñadas para conservar el bioactivo de interés. En este sentido, hemos demostrado que el control del proceso de conversión de quitina a quitosano permite modular su papel en la estabilización.

Estos avances constituyen un primer paso no solo para el desarrollo de emulsiones, sino también para productos destinados a promover la salud femenina –como parches transdérmicos o snacks saludables– que empleen el quitosano en la encapsulación de bioactivos como el g-linolénico, el bakuchiol, la clorofilina o el hongo adaptógeno reishi.

The Conversation

Carlos Bengoechea Ruiz recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2024-155507OB-C21).

Koro de la Caba Ciriza recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Nuria Calero Romero recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

ref. Pluma de calamar y cáscara de cangrejo para mejorar la salud femenina – https://theconversation.com/pluma-de-calamar-y-cascara-de-cangrejo-para-mejorar-la-salud-femenina-273829

Los ataques contra hospitales están aumentando en las zonas de guerra: ¿los protege lo suficiente la ley?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Shannon Bosch, Associate Professor (Law), Edith Cowan University

Afganistán afirma que al menos 400 personas han muerto en un ataque aéreo pakistaní contra un hospital de rehabilitación de drogadictos en Kabul el lunes por la noche, con posiblemente cientos más de heridos.

Pakistán ha negado haber atacado deliberadamente el centro sanitario. En un comunicado en la red social X, el Ministerio de Información y Radiodifusión de Pakistán afirmó que los ataques “se dirigieron específicamente contra instalaciones militares e infraestructuras de apoyo a los terroristas, incluidos los almacenes de equipo técnico y municiones de los talibanes afganos”.

Sea como fuere, los ataques contra centros sanitarios están aumentando en todo el mundo.

El 14 de marzo, un ataque aéreo israelí alcanzó un centro sanitario en el Líbano, matando a 12 médicos, enfermeros y paramédicos. El ataque elevó a 31 el número de trabajadores sanitarios muertos en el Líbano en los últimos días.

Veintisiete ataques contra centros sanitarios en menos de tres semanas

Desde principios de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha verificado 27 ataques contra centros sanitarios solo en el Líbano, a medida que los ataques israelíes en el Líbano y las operaciones conjuntas de EE. UU. e Israel en Irán se han intensificado.

La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH) y la OMS condenaron estos ataques como violaciones del derecho internacional.

Exactamente, ¿qué leyes protegen a las instalaciones médicas, al personal y a los pacientes durante los conflictos? ¿Y pierden esta protección si las instalaciones se utilizan para dar refugio a combatientes?

Lo que dicen las “leyes de la guerra” sobre la protección de los hospitales

El derecho internacional humanitario contiene normas detalladas para proteger al personal médico, las instalaciones sanitarias y a los enfermos y heridos durante los conflictos armados.

Según estas “leyes de la guerra”:

  • El personal médico, incluidos médicos, enfermeros y paramédicos, debe ser respetado y protegido mientras desempeña sus funciones

  • Existen protecciones especiales para las ambulancias y los medios de transporte utilizados exclusivamente con fines médicos

  • Estas protecciones se extienden a los heridos y enfermos a su cargo. Esto incluye a los combatientes enemigos que requieran tratamiento y ya no participen en las hostilidades

  • Se debe permitir a las organizaciones humanitarias imparciales prestar asistencia médica. No se puede denegar arbitrariamente el consentimiento para su labor

  • Las instalaciones médicas deben exhibir los emblemas distintivos de protección de la Cruz Roja, la Media Luna Roja o el Cristal Rojo. El personal médico debe llevar identificaciones y brazaletes que muestren estos emblemas

  • El uso indebido de estos símbolos para proteger operaciones militares está prohibido. Hacerlo puede constituir “perfidia”, un tipo de engaño deliberado que constituye un crimen de guerra según el derecho internacional

  • Atacar deliberadamente al personal médico o a las instalaciones que exhiban estos emblemas también puede constituir un crimen de guerra.

Vidrios rotos rodean una sala de hospital dañada.
Daños causados por los ataques estadounidenses e israelíes al Hospital Shahid Motahhari de Teherán.
Anadolu/Getty

¿De dónde provienen estas normas?

Las leyes que protegen los servicios médicos en la guerra surgieron como respuesta al enorme sufrimiento presenciado en los conflictos de los siglos XIX y XX. El primer tratado que protegía a los soldados heridos y al personal médico se remonta a 1864, cuando los Estados adoptaron el Convenio de Ginebra original.

Hoy en día, los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adicionales, junto con un conjunto de normas de derecho internacional consuetudinario, conforman un marco jurídico casi universal que vincula a todas las partes en conflicto. Esto incluye a los grupos armados no estatales.

Estas normas exigen a las partes beligerantes que respeten y protejan al personal médico, las instalaciones sanitarias y los heridos y enfermos en todas las circunstancias.

¿Por qué están aumentando los ataques contra la asistencia sanitaria?

En enero, Médicos Sin Fronteras (MSF) informó de que los ataques contra instalaciones y personal médico habían alcanzado niveles sin precedentes en todo el mundo. Solo en 2025 se produjeron 1348 ataques contra instalaciones sanitarias, el doble de los registrados en 2024.

La ley en sí no ha cambiado, pero la guerra sí. Los recientes conflictos en Sudán del Sur, Ucrania, Gaza, Irán y el Líbano se están produciendo en entornos urbanos densamente poblados. Los grupos armados operan en entornos civiles complejos, a menudo cerca de hospitales y clínicas.

Esto ha cambiado el discurso utilizado por algunas de las partes beligerantes. Lo que antes se describía como “ataques erróneos” ahora se justifica con frecuencia por motivos de necesidad militar. Los Estados suelen alegar que los insurgentes están utilizando hospitales o ambulancias para obtener ventaja militar.

Israel, por ejemplo, ha acusado a Hezbolá y Hamás de utilizar la infraestructura médica con fines militares.

¿Pueden los hospitales perder su protección si hay combatientes escondidos en su interior?

En efecto, los hospitales pueden perder su protección especial si se utilizan, al margen de su función humanitaria, para causar daño al enemigo. Sin embargo, la ley establece un umbral muy alto para ello.

El personal médico puede llevar armas ligeras para su defensa propia. También puede haber guardias armados presentes para proteger las instalaciones. Y la presencia de combatientes heridos que reciben tratamiento no cambia esto: las protecciones siguen siendo aplicables.

La protección solo puede perderse si los hospitales se utilizan para actividades tales como:

  • Lanzar ataques.

  • Servir como puesto de observación.

  • Almacenar armas.

  • Actuar como centro de mando o de enlace.

  • Dar refugio a combatientes sanos.

Incluso en esas situaciones, en caso de duda, se debe presumir que los hospitales están protegidos.

Es importante destacar que el hecho de verificar que un hospital está siendo utilizado indebidamente no da carta blanca a las partes para atacar. Antes de lanzar un ataque contra un centro médico comprometido, el derecho internacional humanitario exige que se emita una advertencia y que se conceda un tiempo razonable para que cese el uso indebido.

Si se ignora la advertencia, la parte atacante debe seguir cumpliendo los principios fundamentales del derecho internacional humanitario:

  1. Proporcionalidad: La ventaja militar esperada debe sopesarse frente a las consecuencias humanitarias del ataque. Esto incluye los impactos a largo plazo en los servicios de atención sanitaria. Si el daño civil esperado fuera excesivo, el ataque debe cancelarse.

  2. Precaución: Deben tomarse todas las precauciones posibles para minimizar el daño a los pacientes y al personal médico. Esto puede incluir facilitar las evacuaciones, planificar ante la interrupción de los servicios médicos y ayudar a restablecer la capacidad sanitaria tras el ataque.

Incluso cuando un centro pierda su protección, los heridos y los enfermos deben seguir siendo respetados y protegidos.

¿Se están normalizando los ataques contra la asistencia sanitaria?

El Consejo de Seguridad de la ONU, la OMS, MSF y el ACNUDH han expresado su preocupación por el hecho de que los ataques contra el personal y las instalaciones médicas —y la falta de rendición de cuentas por ellos— se están normalizando de forma peligrosa.

El marco jurídico que protege a los hospitales y al personal sanitario ya existe. Los Estados y los grupos armados deben difundir la ley y formar a sus fuerzas militares.

Se espera que los sistemas jurídicos nacionales investiguen y enjuicien a quienes cometan crímenes de guerra contra heridos y enfermos, personal médico y sus instalaciones, o hagan un uso indebido de los emblemas de protección para obtener ventaja militar.

En la práctica, sin embargo, investigar los ataques durante un conflicto activo es extremadamente difícil. Los Estados territoriales a menudo no están dispuestos o no pueden llevar a cabo los enjuiciamientos.

¿Podemos revertir esta tendencia?

Grupos de investigación de código abierto como Forensic Architecture, Bellingcat, Mnemonics y Airwars desempeñan ahora un papel cada vez más importante en la conservación de imágenes satelitales, datos de geolocalización y vídeos subidos a las redes sociales. Esto permite que las misiones independientes de verificación de hechos lleven a cabo investigaciones fiables. Pueden exigir responsabilidades incluso cuando los Estados territoriales no están dispuestos a hacerlo o no pueden hacerlo.

Sin esa rendición de cuentas, los lugares destinados a salvar vidas durante los conflictos pueden convertirse en objetivos cada vez más.

The Conversation

Shannon Bosch no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los ataques contra hospitales están aumentando en las zonas de guerra: ¿los protege lo suficiente la ley? – https://theconversation.com/los-ataques-contra-hospitales-estan-aumentando-en-las-zonas-de-guerra-los-protege-lo-suficiente-la-ley-278714

Bryce Echenique: un limeño entre París, Madrid y Perugia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Márquez Montes, Profesora Titular de Literatura española, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Conferencia del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique (a la izquierda), en 2007. Universidad Internacional de Andalucía, CC BY-NC

La muerte de Alfredo Bryce Echenique hace unos días ha devuelto a muchos lectores a una evidencia que nunca desapareció del todo: su literatura hizo de la memoria una forma de inteligencia sentimental. El autor fue uno de los narradores hispanoamericanos más reconocibles de su tiempo, no solo por su humor y su melancolía, sino por su capacidad para convertir la experiencia vivida en materia literaria. Su fallecimiento ha sido señalado como la pérdida de una de las grandes voces de la narrativa peruana e hispana contemporánea.

Leer a Bryce Echenique únicamente desde sus títulos más célebres sería insuficiente. Conviene atender también a las ciudades que modelaron su sensibilidad y que terminaron incorporándose a su obra no como decorados, sino como formas de vida recordada. Entre ellas destacan tres ciudades europeas a las que volvió una y otra vez, en su trayectoria y en su escritura: París, Madrid y Perugia. Son tres ciudades que ayudan a entender no solo dónde vivió sino cómo llegó a ser.

París o aprender a mirar desde lejos

París ocupa un lugar central en su geografía sentimental. Allí completó su formación universitaria y vivió una experiencia decisiva de distancia con respecto a Lima. La capital francesa no fue para él una simple escala académica ni un escenario prestigioso al que acogerse, sino un espacio de transformación vital.

Portada de Guía triste de París.

Agencia literaria Carmen Balcells

Ese matiz es importante. El París de Bryce no coincide con la imagen monumental que tantas veces ha circulado en la tradición literaria hispanoamericana. Es, más bien, una ciudad de aprendizaje duro, de lecturas, sí, pero también de amores contrariados, de fragilidad, de precariedad y de observación de uno mismo lejos del mundo de origen. Por eso reaparece con tanta densidad en títulos como Guía triste de París (1999), donde la propia formulación del título deshace cualquier tentación de mirada grandilocuente.

París fue, además, la ciudad de su amistad con Julio Ramón Ribeyro, un lugar de conversación entre escritores peruanos que compartían exilio, observación irónica del mundo y una relación compleja con el reconocimiento.

La distancia nunca implica ruptura total con Lima. París le permite mirar el origen desde fuera, entenderlo mejor y convertirlo en literatura. De ahí que su novela Un mundo para Julius (1970), aunque profundamente limeña en su materia, no pueda desligarse del todo de esa experiencia europea que enseñó al autor a recordar con mayor lucidez.

Madrid: la conversación como patria

Madrid parece haber representado para Bryce otra forma de arraigo: la de la amistad y la interlocución. En sus declaraciones públicas más tardías insistió en la importancia que la ciudad tuvo para él como espacio de convivencia, trato y continuidad afectiva. No se trata de una observación menor. Toda la obra de Bryce está atravesada por una fe muy particular en la conversación.

Madrid era un lugar especialmente propicio para esa sociabilidad. No solo por la lengua común, sino por la textura misma de su vida literaria y urbana. Frente a la extranjería más marcada de París, Madrid ofrecía un espacio de pertenencia menos desgarrado, más inmediato, donde el escritor podía sostener amistades, circular por el campo cultural y seguir alimentando esa oralidad tan característica de su estilo. La relevancia madrileña no fue únicamente privada, porque la ciudad fue también un lugar de consagración en el espacio cultural en español.

Ese Madrid dialoga muy bien con novelas como La vida exagerada de Martín Romaña (1981) y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985), donde la experiencia europea aparece atravesada por la errancia, el humor, la afectividad y una continua necesidad de interlocutores. Las ciudades no se definen solo por lo que se ve de ellas, sino por las voces que contienen. Madrid pertenece, en ese sentido, a la gran tradición de sus lugares conversados, ciudades donde el yo no se afirma aislándose, sino hablando con los otros.

Perugia: el retiro donde nace una voz

Perugia suele quedar en un segundo plano cuando se resume la biografía de Bryce Echenique, pero su importancia es muy considerable. No se trata de una gran capital cultural ni de un enclave habitual en los relatos sobre la literatura hispanoamericana del siglo XX. En Perugia escribió, con apenas veintinueve años, los cuentos de Huerto cerrado (1968), el libro con el que inició su carrera y que obtuvo una mención en el Premio Casa de las Américas.

Portada del libro Huerto cerrado de Bryce Echenique.

Agencia literaria de Carmen Balcells

Ese dato cambia por completo la posición de la ciudad italiana en su itinerario. Perugia no es una simple ciudad evocada al pasar, sino el lugar donde empieza a consolidarse una voz narrativa propia. Si París había sido el aprendizaje de la distancia y Madrid llegaría a ser la ciudad de la amistad sostenida, Perugia aparece como el espacio de concentración, de comienzo y de decantación. Allí se perfila el primer Bryce Echenique, todavía no el novelista de consagración internacional, pero sí el narrador que descubre que puede transformar materiales dispersos de la vida en una prosa con cadencia propia.

Perugia permite, además, corregir una imagen demasiado lineal del escritor hispanoamericano en Europa. No se formó solo en grandes metrópolis ni en los espacios visibles del prestigio; necesitó también ciudades menos estridentes, lugares de retirada donde la experiencia pudiera asentarse y adquirir forma. Esa necesidad armoniza con algo muy profundo de su obra: la tensión constante entre el flujo oral de la memoria y el trabajo silencioso que lo convierte en literatura.

Tres ciudades para una autobiografía sentimental

París, Madrid y Perugia forman así una secuencia muy reveladora. Cada ciudad aporta una experiencia específica y todas juntas componen una auténtica autobiografía sentimental.

El centro, en último término, siguió siendo Lima. Las ciudades europeas no borraron su condición de escritor limeño y peruano. Más bien la hicieron más compleja y consciente. Tantas veces Pedro (1977), No me esperen en abril (1995) o sus antimemorias muestran hasta qué punto su mundo narrativo se construye en esa oscilación entre la cercanía del origen y la lejanía que permite releerlo.
Quizá por eso resulte adecuado pensarlo no como un escritor que acumuló ciudades en su currículo, sino que convirtió ciertos lugares en formas de conciencia.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Carmen Márquez Montes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Bryce Echenique: un limeño entre París, Madrid y Perugia – https://theconversation.com/bryce-echenique-un-limeno-entre-paris-madrid-y-perugia-278451

¿Podrá Europa llegar a frenar la desinformación? Estos son sus 5 retos más urgentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Susana Sanz Caballero, Catedrática de Derecho Internacional Público y Cátedra Jean Monnet de la UE, Universidad CEU Cardenal Herrera

Alexander56891/Shutterstock

El fenómeno de las fake news en la era digital no es nuevo. La desinformación ha existido siempre, desde el Imperio romano y en etapas posteriores como forma de condicionar e influir en conflictos sociales, rivalidades políticas y tensiones por el poder. Sin embargo, desde la irrupción de internet y, más recientemente, de los sistemas de inteligencia artificial (IA), ha crecido exponencialmente.

El contexto geoestratégico actual constituye un caldo de cultivo perfecto para que la desinformación en el entorno digital se reproduzca con mayor facilidad e impacto, convirtiéndola en un arma de doble filo.

La libertad de expresión es un derecho fundamental en democracia, pero su uso indebido puede convertirse en una herramienta para desestabilizar sistemas políticos y sociedades democráticas, dificultando la existencia de un ecosistema informativo veraz y fiable.

La respuesta legislativa de la Unión Europea

La desinformación se ha convertido en uno de los principales problemas regulatorios para la Unión Europea en su labor de protección de las garantías democráticas. Hoy, la desinformación se considera un tipo de “amenaza híbrida”, un concepto de difícil definición que remite a la idea de un uso combinado de instrumentos de naturaleza diversa (políticos, económicos, informáticos, etc.) con el objetivo de desestabilizar un Estado empleando métodos que a menudo pasan desapercibidos.

Frente a este problema, la búsqueda del equilibrio entre libertad de expresión y lucha contra la desinformación es una necesidad cada vez más acuciante. La Unión ha desplegado su maquinaria legislativa para desarrollar un marco normativo amplio que permite abordar este escenario con estas tres leyes principales:

  • Ley de Servicios Digitales (DSA): establece criterios de selección de contenidos y obligaciones de transparencia para las plataformas digitales.

  • Ley de Mercados Digitales (DMA): busca garantizar un sector digital competitivo y justo, así como la seguridad de los usuarios en línea.

  • Ley de Medios (EMFA): establece el marco común comunitario para proteger la libertad, el pluralismo y la independencia editorial de los medios.

Contenidos manipulados o dependencia tecnológica

Aunque el esfuerzo de la Unión por regular esta cuestión es muy bien recibido, su aplicación práctica no está exenta de desafíos como estos cinco:

  1. Crecimiento masivo de contenidos manipulados: la facilidad para crear y difundir información ha degradado la integridad del ecosistema informativo, destacando el auge de deepfakes e información en zonas grises que requieren de la asistencia de verificadores para comprobar su veracidad.

  2. Falta de neutralidad y captura informativa: los algoritmos no son neutrales, priorizan el sensacionalismo para maximizar beneficios, generando una “captura informativa” donde las plataformas deciden qué contenidos llegan a los usuarios (la “prohibición en la sombra” o shadowbanning).

  3. Privatización de moderación de contenidos: actualmente, el 99 % de las decisiones de eliminación de contenidos las toman empresas privadas bajo sus propios términos, mientras que la intervención judicial es mínima (0,001 %).

  4. Desinformación como guerra híbrida: actores extranjeros utilizan la manipulación informativa como herramienta de desestabilización geopolítica y polarización social.

  5. Vulnerabilidad ciudadana y dependencia tecnológica: la exposición repetida a narrativas falsas aumenta la probabilidad de creer en ellas, especialmente ante la falta de infraestructuras digitales propias de la UE.

Una buena noticia: hay luz al final del túnel

Pero no todo son malas noticias. Aunque este fenómeno se ha instaurado con fuerza, existen vías de solución que invitan a cierto optimismo:

  • Trazabilidad de contenidos generados por IA. De conformidad con análisis especializados sobre ecosistema mediático híbrido, es vital fomentar contenidos basados en evidencias y mejorar técnicamente el etiquetado de contenidos generados por IA para proteger el discurso cívico.

  • Imposición de obligaciones estrictas de transparencia que exijan a las empresas explicar cómo funcionan sus sistemas de recomendaciones (feeds) y el diseño transparente de estructuras digitales.

  • Reforzar el derecho del usuario a la información sobre los motivos de restricciones de contenido y asegurar la independencia de los reguladores nacionales para evitar el riesgo de autocensura (chilling effect).

  • Aplicar sanciones contra entidades responsables, suspender licencias de medios de propaganda estatal, fortalecer la cooperación estratégica entre instituciones, actores privados y la ciudadanía. Las plataformas digitales, especialmente durante periodos electorales, deberían indicar expresamente si el contenido ha sido patrocinado por Estados terceros.

  • Implementar planes de alfabetización mediática en la formación reglada, siguiendo modelos de éxito (Finlandia, Estonia) e invertir en soberanía tecnológica europea con la creación de centros de datos a escala europea.

Combatir la desinformación no depende solo de contar con un marco normativo estable. Reforzar la transparencia, limitar las injerencias políticas y combatir la manipulación informativa requiere voluntad política y una estrecha coordinación entre actores estatales y no estatales: operadores económicos, plataformas digitales, medios de comunicación, organismos reguladores, la comunidad académica y la sociedad civil.

Restaurar la confianza e integridad de los sistemas de información es esencial para frenar la desinformación en Europa.

The Conversation

El equipo de investigación Rule of Law Crisis in the EU de la UCHCEU recibe financiación del Proyecto I+D+i Nacional del MICINN: PID2021-126765NB-I00 y el proyecto GVA: CIAICO/2024/191

Almudena Del Castillo Santamaría recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través de la convocatoria FPU del año 2023 para la realización de su tesis doctoral que se inscribe en el proyecto I+D+i nacional del MICINN: PID2021-126765NB-I00 y el proyecto financiado por la GVA: CIAICO/2024/191

Enrique Roger Belloch y Zitan Peng Hao no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Podrá Europa llegar a frenar la desinformación? Estos son sus 5 retos más urgentes – https://theconversation.com/podra-europa-llegar-a-frenar-la-desinformacion-estos-son-sus-5-retos-mas-urgentes-277433

Crear empresas desde la universidad, la mejor manera de fomentar el emprendimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

Xavier Lorenzo/Shutterstock

Cada semestre recibo decenas de estudiantes en mi facultad con ideas que podrían transformarse en empresas reales. Cuatro años después, la mayoría gradúa con un título y esas mismas ideas archivadas en carpetas que nadie volverá a abrir.

Como profesor en la Universidad de Guadalajara, he visto esta paradoja repetirse durante años. No es falta de talento. Es que seguimos enseñando emprendimiento como si fuera historia medieval: datos para memorizar, teorías para el examen, cero aplicación real.

Mientras debatimos en academias si actualizar el temario, algunas instituciones llevan décadas logrando que sus estudiantes combinen la teoría y la práctica, creando empresas al tiempo que estudian cómo funcionan: los estadounidenses MIT (Massachussets Institute of Technology), cuyo ecosistema de emprendimiento académico se articula desde el Martin Trust Center for MIT Entrepreneurship; Babson College, líder global en educación emprendedora con su enfoque de Entrepreneurial Thought & Action; UC Berkeley, a través de Berkeley SkyDeck, donde los proyectos académicos se convierten en startups; y Harvard, mediante el Harvard Innovation Labs, que integra cursos, mentorías y creación de empresas. En Finlandia, la Aalto University es reconocida por su modelo universidad–startup y el ecosistema Aalto Ventures Program.

La diferencia no es, o no únicamente, presupuesto ni ubicación. Es arquitectura.

Cuando la teoría se encuentra con la realidad

El Centro Universitario de los Altos (CUAltos) de la Universidad de Guadalajara implementó desde 2021 algo que debería ser obvio pero resulta revolucionario: convertir cada asignatura en una herramienta para construir proyectos reales.

En lugar de estudiar contabilidad con ejercicios inventados, los estudiantes registran transacciones de sus propios emprendimientos. En vez de memorizar las 4 P del marketing (producto, precio, punto de venta y promoción), diseñan estrategias para adquirir sus primeros cien clientes reales. Cuando estudian derecho empresarial, redactan los contratos que necesitarán para constituir legalmente sus empresas.

El CUAltos creó un repositorio de difusión del emprendimiento que documenta estos proyectos. No son simulaciones académicas. Son empresas operando en mercados reales, con clientes pagando y estudiantes aprendiendo más en un semestre que en cuatro años de clases tradicionales.




Leer más:
¿Estamos enseñando suficiente emprendimiento digital?


Tres ingredientes que cambian todo

Después de observar casos exitosos en México, España y otros países, identifiqué tres elementos que separan el teatro académico de la transformación real:

  1. La integración curricular total. Cuando Juan de Antonio fundó Cabify mientras estudiaba un MBA en Stanford, cada asignatura contribuía directamente a su proyecto. Hoy Cabify opera en más de noventa ciudades y factura 800 millones de euros. No esperó a graduarse. Construyó desde el primer día.

    El Tecnológico de Monterrey lleva esto al extremo con su modelo Tec21, donde todo el programa se estructura alrededor de retos empresariales reales. Los estudiantes no estudian disciplinas aisladas, resuelven problemas complejos que exigen conocimiento de finanzas, marketing, operaciones y tecnología simultáneamente.

  2. Mentoría con cicatrices. Las mejores universidades no contratan solo profesores con doctorados. Buscan emprendedores que fracasaron y reconstruyeron. Alguien que perdió una empresa te enseña más en una conversación que diez papers académicos.

    Por ejemplo, Alicia Asín y David Gascón fundaron Libelium con apenas 3 000 euros nada más licenciarse en la Universidad de Zaragoza. Fracasaron repetidamente. Pivotaron tres veces. Casi se quedan sin dinero dos veces. Hoy lideran mercados globales del Internet de las Cosas en 120 países. David fue reconocido como Innovador del Año por la revista MIT Technology Review en 2012, y la Real Academia de Ingeniería lo distinguió como investigador destacado en 2018. Alicia fue la primera mujer en recibir el premio Joven Emprendedor Nacional de CEAJE en 2014. Su conocimiento sobre qué hacer cuando todo falla no viene de libros. Viene de sobrevivir.

  3. Consecuencias reales. El Tecnológico de Monterrey conecta estudiantes con capital genuino desde primer semestre mediante colaboraciones con fondos como FEMSA Ventures. Cuando uno presenta ante inversores que controlan dinero real, la investigación de mercado no puede ser superficial.

    ESADE estructura competiciones con financiamiento real que los equipos pueden usar inmediatamente. Esta inyección de consecuencias transforma comportamientos. Los estudiantes dejan de optimizar para aprobar exámenes y empiezan a optimizar para resultados reales.




Leer más:
La importancia del emprendimiento en las universidades de América Latina


Lo que realmente están aprendiendo

Incluso cuando los proyectos fracasan comercialmente, estos estudiantes desarrollan competencias que graduados tradicionales tardan años en adquirir.

Por ejemplo, Juan Urdiales y Felipe Navío fundaron Jobandtalen mientras estudiaban en la Universidad Politécnica de Madrid. La empresa creció hasta convertirse en líder de empleo temporal en Europa y Latinoamérica, recaudó más de 500 millones de dólares y alcanzó una valoración superior a 2 000 millones. Opera en más de diez países.

No tenían experiencia corporativa previa, tenían algo mejor: capacidad de tomar decisiones bajo incertidumbre, construir equipos funcionales, gestionar conflictos cuando los intereses no están alineados y pivotar rápidamente cuando los datos contradicen sus hipótesis.

El mercado laboral refleja esto. Las empresas tecnológicas priorizan candidatos con proyectos demostrables sobre aquellos con credenciales impecables pero sin experiencia ejecutiva real.

La oportunidad que estamos perdiendo

Cada año, miles de estudiantes talentosos entran a nuestras facultades en México. La mayoría los procesamos mediante el mismo sistema que lleva décadas produciendo resultados mediocres: clases magistrales, exámenes memorísticos, proyectos simulados.

Cuatro años después salen con títulos, deudas y sus ideas archivadas. Buscarán empleos en empresas creadas por gente que nunca perdió tiempo en aulas desconectadas de la realidad.

En el CUAltos estamos intentando cambiar esto. Los catorce programas académicos, que se imparten llevan contenidos de emprendimiento, de manera que cualquier médico, dentista o abogado que egresa sabe cómo comenzar un negocio, cuánto cobrar, cómo vender y cómo posicionarse en el mercado. No con más teoría sino con más práctica. No con simulaciones sino con consecuencias reales. No preparando empleados sino formando creadores.

Esta transformación no requiere presupuestos millonarios. Requiere valentía para demoler lo que “siempre hemos hecho así” y reconstruir desde cimientos completamente nuevos.

The Conversation

Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Crear empresas desde la universidad, la mejor manera de fomentar el emprendimiento – https://theconversation.com/crear-empresas-desde-la-universidad-la-mejor-manera-de-fomentar-el-emprendimiento-235024