Muere Miguel Uribe Turbay y la democracia colombiana pierde una voz para la disensión y el debate

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Andrés Morales-Barreto, Coordinador académico y profesor del Departamento de Teoría Jurídica y de la Constitución de la Facultad de Estudios jurídicos, políticos e internacionales, Universidad de La Sabana

Miguel Uribe Turbay, rodeado de seguidores durante una marcha pacífica de protesta en Bogotá contra el gobierno de Gustavo Petro el 27 de septiembre de 2022. Anamaria Mejia/Shutterstock

La muerte de Miguel Uribe Turbay, ocurrida el 11 de agosto de 2025, se suma a la lista de episodios que han marcado la historia política colombiana con la tragedia de un líder silenciado antes de tiempo. Apenas dos meses antes, el 7 de junio, el senador y precandidato presidencial había sobrevivido a un atentado en Bogotá. Este suceso evocó, inevitablemente, el asesinato de su madre, la periodista Diana Turbay, en 1991, durante un fallido operativo de rescate tras su secuestro, ordenado por el narcotraficante Pablo Escobar.

En diversas entrevistas, Uribe relató que perdonar a los responsables de la muerte de su madre fue su manera de romper el ciclo de venganza que tanto daño ha causado al país. Al igual que otros líderes de su generación que, desde orillas ideológicas distintas, enfrentaron tragedias familiares similares, Uribe optó por participar en la vida pública colombiana. Para ellos, la política no fue un vehículo de revancha, sino una apuesta por preservar el debate y la pluralidad que sostienen al Estado.

La continuidad de una historia inconclusa

La política colombiana ha visto cómo líderes que hacían vislumbrar un cambio fueron abatidos en momentos decisivos. Jorge Eliécer Gaitán en 1948; Luis Carlos Galán en 1989; Carlos Pizarro en 1990; y los dirigentes del partido Unión Patriótica, víctimas de un exterminio político que la Corte Interamericana calificó como sistemático.

Uribe Turbay es un símbolo que trasciende su trayectoria individual; hoy nos recuerda que ni en Colombia ni en ningún otro Estado puede utilizarse la eliminación del adversario como método político. Su vida reflejó la idea de que la oposición implica disentir, debatir y confrontar con argumentos. En ese sentido, su presencia –y ahora su ausencia– interpelan a un país que solo puede sostener su democracia si el disenso se preserva como derecho y no se convierte en una sentencia de silencio.

Estado, soberanía y democracia bajo presión

La desaparición de un líder plantea algunas preguntas: ¿puede el Estado cumplir su deber de garantizar la vida y la participación política sin temor? El Estado, definido por su territorio, población y poder soberano, pierde legitimidad cuando uno de esos pilares –la seguridad– se quiebra.

El politólogo italiano Giovanni Sartori advertía que la democracia no se sostiene solo en elecciones periódicas, sino en un ecosistema de libertades y garantías que permiten que la oposición exista sin amenazas. Por su parte, el estadounidense Robert Dahl hablaba del “gobierno de muchos” y subrayó que el pluralismo político es un requisito para cualquier poliarquía funcional.

La muerte de Uribe Turbay no es únicamente una tragedia personal o partidista; es un golpe a estos ideales.

Este asesinato pone en cuestión la soberanía colombiana. Esto es, la autoridad suprema del Estado sobre su territorio y su población. Cuando actores armados, redes criminales o ideologías intolerantes logran restringir la acción política, la soberanía se convierte en un concepto incompleto. Y aquí emerge el riesgo de los nacionalismos exacerbados y la tentación de cohesionar al pueblo excluyendo a quienes piensan distinto, debilitando así el concepto de nación como comunidad plural.

Nacionalismo y el riesgo del enemigo interno

La historia latinoamericana ofrece lecciones claras. El nacionalismo ha sido fuerza liberadora en procesos de independencia, pero también una herramienta para justificar persecuciones políticas. La literatura regional lo ha mostrado con precisión. Mario Vargas Llosa –escritor, ensayista, político– ya advirtió contra los proyectos que, en nombre de la nación, sofocan la diversidad.

En Colombia, la desaparición de un opositor abre un vacío que, si no se maneja con compromiso democrático, puede llenarse con discursos que buscan unidad a través del miedo. Ese es el punto en el que la nación corre el riesgo de convertirse en un relato excluyente, donde la discrepancia se interpreta como traición.

Memoria y advertencia

La vida y la muerte de Miguel Uribe Turbay dialogan con la advertencia final de Cien años de soledad: Macondo no se desvaneció por falta de historia, sino por exceso de olvido. Gabriel García Márquez, que narró en Noticia de un secuestro el drama de la familia Turbay, entendía que la memoria no es solo recordar hechos, sino también impedir que se repitan.

En la política colombiana, olvidar un asesinato político es permitir que la historia vuelva a escribirse con las mismas armas. Uribe hizo de su trayectoria una apuesta por la vía institucional, incluso después de que la violencia tocase de lleno a su familia. La nación no debería dejar que se pierda esa parte de su legado.

Un compromiso que trasciende ideologías

Más allá de sus posturas políticas –algunas controvertidas para sus críticos, emblemáticas para sus partidarios–, Uribe representaba una pieza del pluralismo que la Constitución de Colombia de 1991 buscó garantizar. Sin voces divergentes, la democracia se empobrece y la ciudadanía pierde su derecho a un debate amplio y real.

Su ausencia es, por tanto, una pérdida para el conjunto de la nación, no solo para un sector político. Como señalaba el politólogo y filósofo Isaiah Berlin, la libertad requiere no solo de leyes e instituciones: también necesita un espíritu público que la defienda incluso frente a sus excesos. La tarea de preservar ese espíritu no corresponde únicamente al Estado, sino también a la sociedad civil, que debe rechazar cualquier intento de normalizar lo inaceptable.

Colombia, que ha sobrevivido a guerras, magnicidios y pactos incumplidos, enfrenta una vez más el reto de decidir si su historia será repetición o transformación. En pocas semanas será clave que todos los actores democráticos estén a la altura.

Las elecciones al Congreso serán el 8 de marzo de 2026, mientras que las presidenciales tendrán lugar el 31 de mayo siguiente. Este período que comienza ahora necesita de actores conscientes de su responsabilidad. Defender la democracia no es esperar resultados, sino comprometerse con cada voto, debate y participación ciudadana consciente.

The Conversation

Sergio Andrés Morales-Barreto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Muere Miguel Uribe Turbay y la democracia colombiana pierde una voz para la disensión y el debate – https://theconversation.com/muere-miguel-uribe-turbay-y-la-democracia-colombiana-pierde-una-voz-para-la-disension-y-el-debate-262980

El genocidio olvidado de Namibia: cómo los alemanes cazaron y asesinaron a los bosquimanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Robert J. Gordon, Emeritus Professor, University of Vermont and Research Associate, University of the Free State

El genocidio de los pueblos ovaherero y nama de Namibia a manos de las fuerzas coloniales alemanas (1904-1907) está ampliamente documentado. Pero se habla mucho menos de lo que vino después: el genocidio de los bosquimanos del país, también conocidos como los san.

En 1992, el antropólogo Robert J. Gordon publicó un libro hablando del mito de los bosquimanos y la creación de una clase marginada en Namibia, recientemente reeditado.


La cuenca del Kalahari, en el sur de África, es una de las zonas etnográficas (áreas con culturas distintas) más ricas del mundo. La región alberga algunas de las lenguas más antiguas que aún existen y la diversidad genética que se encuentra en la zona indica que es el hogar de una de las poblaciones ancestrales originales del mundo.

La palabra “bosquimano” se utiliza como término genérico que engloba a más de 200 grupos étnicos. No existe un bosquimano típico, sino que constituyen una miscelánea de grupos fluidos. Muchas comunidades locales prefieren el término bosquimano en lugar de la categorización oficial de “san” y “marginales”. De hecho, el término “san”, proveniente de la lengua khoekhoegowab, significa lo mismo que bosquimano.

En general, se trata de personas sociables con una fuerte tendencia a compartir. Antes de la colonización, los bosquimanos vivían como cazadores-recolectores, vagando por el paisaje. Tenían un concepto diferente de la propiedad, no deseaban ni dinero ni ganado; eran incontrolables y, por ello, se les trataba como animales y se les sometía a la aniquilación.

Pánico a la ‘plaga de bosquimanos’

La actual Namibia fue una colonia alemana desde 1884 llamada África del Sudoeste alemana. Como resultado de la genocida guerra herero-nama de 1904-1907, Alemania consiguió fomentar la colonización.

El arco noreste del territorio, que se extiende desde Otavi hasta Gobabis, con Grootfontein como epicentro, sirvió de imán para los colonos: con una línea ferroviaria recién terminada, minas, un vasto potencial agrícola y tierras accesibles. Solo en Grootfontein, el número de granjas de colonos aumentó de 15 en 1903 a 175 en 1913. Casi todas estas ganaderías se encontraban en tierras ocupadas por los bosquimanos.

Los colonos pronto se vieron en apuros. En 1911, los titulares de la prensa namibia hablaban de una “plaga de los bosquimanos”. Dos elementos alimentaron el pánico. En primer lugar, el asesinato de un policía y varios granjeros blancos. En segundo lugar, se suponía que las actividades de los bosquimanos estaban obstaculizando el flujo de trabajadores migrantes contratados, muy necesarios, procedentes de las regiones de Owambo y Kavango para trabajar en los yacimientos de diamantes recién descubiertos de Luderitzbucht. La Cámara de Minas quería “sanear” la zona.

En consecuencia, el gobernador alemán ordenó que se disparara a los bosquimanos [si se creía que intentaban resistirse al arresto por parte de funcionarios o colonos]. Entre 1911 y 1913 se desplegaron más de 400 patrullas antibosquimanas que cubrían unos 60 000 km².

Pero los colonos y las autoridades consideraron que estas medidas eran insuficientes y continuaron aterrorizando a los bosquimanos sin recibir ni una simple reprimenda. Las “cacerías de bosquimanos” continuaron hasta la toma del territorio por Sudáfrica en 1915, cuando el país pasó a llamarse África del Sudoeste.

No sabemos cuántos bosquimanos murieron, pero, como explico en mi libro, las estimaciones oficiales sitúan el número de bosquimanos en 1913 entre 8 000 y 12 000. En 1923 eran 3 600. Esto da una idea de la magnitud de las matanzas.

Lo que alimentó el genocidio fue el espíritu colonizador. El ethos dominante era el de un asedio, de sentirse amenazados por fuerzas externas impredecibles. Los granjeros, atraídos por las generosas ayudas y subvenciones del Gobierno, eran en su mayoría soldados licenciados, mal entrenados en la agricultura, carentes de conocimientos locales esenciales y educados en la arrogancia racista. La situación generó inseguridad, miedo e hipermasculinidad.

Los bosquimanos, con su reputada habilidad para camuflarse y rastrear y cazar con flechas envenenadas para las que no se conocía antídoto, personificaban su peor pesadilla mientras intentaban establecer su dominio en sus granjas aisladas. Considerados una especie de presas depredadoras, los bosquimanos debían ser exterminados como grupo: es decir, un genocidio.

Lo que sucedió después del genocidio

La represión continuó bajo el régimen sudafricano desde 1915 hasta la independencia en 1990, aunque de forma menos extrema. Se ilegalizó la posesión de arcos y flechas bosquimanos. Los bosquimanos fueron despojados progresivamente de su territorio para dar paso a reservas de caza y granjas de colonos.

Aún en la década de 1970 la administración seguía pensando en reubicar a 30 000 bosquimanos en la denominada Bushmanland, creada artificialmente, que constituía el 2 % del territorio que habían ocupado anteriormente.

La gran mayoría permaneció en sus zonas tradicionales, ahora bajo el dominio de los granjeros colonos, donde se hundieron en una situación de servidumbre. Con la independencia de Namibia, la situación empeoró. Las nuevas leyes laborales establecieron un salario mínimo, lo que hizo que no fuera rentable mantener a los trabajadores bosquimanos. Muchos granjeros se dedicaron a la caza mayor o vendieron sus tierras a granjeros negros que preferían contratar a sus parientes.

El resultado fue que los bosquimanos se vieron obligados a trasladarse a zonas comunales o a asentamientos informales en los alrededores de las ciudades, donde malviven en condiciones precarias.

¿Dónde se encuentra esta población hoy en día?

Actualmente, los bosquimanos se encuentran en diferentes situaciones de servidumbre, realizando en su mayoría trabajos de baja cualificación en las regiones del norte y el noreste, donde antaño eran los habitantes ancestrales. El Gobierno está tratando de ayudarlos, principalmente con subsidios sociales y unas pocas granjas de reasentamiento superpobladas.

Si buscamos “bosquimanos namibios” en internet, aparecen innumerables imágenes idealizadas de bosquimanos con trajes tradicionales cazando y rastreando. Estas narrativas, en gran parte fruto de la promoción turística, refuerzan el mito de los bosquimanos “puros”. La historia del genocidio y la servidumbre queda totalmente borrada.

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Robert J. Gordon no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El genocidio olvidado de Namibia: cómo los alemanes cazaron y asesinaron a los bosquimanos – https://theconversation.com/el-genocidio-olvidado-de-namibia-como-los-alemanes-cazaron-y-asesinaron-a-los-bosquimanos-262898

Cuidado con la fatiga del escándalo: si la corrupción le abruma, busque ‘periodismo de precisión’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Sánchez de la Nieta Hernández, Profesor contratado doctor en el Grado en Periodismo, Universidad Villanueva

Collagery/Shutterstock

En el ensayo El fracaso de la república de Weimar, el periodista e historiador Volker Ullrich plantea una pregunta inquietante cuando se contempla desde hoy: ¿cómo pudo desmoronarse con tanta facilidad la democracia alemana en los años 30?

Su respuesta no apunta a un destino trágico, sino a una serie de decisiones evitables. “Nada estaba escrito”, insiste. Si algunos jueces y políticos –yo añadiría periodistas– hubieran actuado con mayor claridad, Adolf Hitler podría haber sido solo uno más entre muchos agitadores radicales que han existido.

Esa observación encierra una advertencia útil para nuestro época: la democracia puede fallar por exceso de confianza. Cuando confundimos solidez institucional con estabilidad automática, basta un soplo –una crisis, una renuncia colectiva a vigilar– para que el edificio se venga abajo como un castillo de naipes.

La vigencia del cuarto poder

Ahora bien, no pretenden estas líneas alimentar el pesimismo. Si algo ha mejorado desde los días de Weimar es la capacidad que hoy tienen las democracias para fiscalizar el poder. En particular, el periodismo, como elemento de contrapoder, cuenta con más recursos y eficacia que nunca en defensa del Estado de derecho.

El llamado cuarto poder opera hoy en un ecosistema completamente distinto. Las leyes de transparencia, los portales de datos abiertos, las redes internacionales de colaboración entre periodistas, ONG y fiscalías, así como las herramientas de análisis de datos y el uso de inteligencia artificial han transformado profundamente la forma en que se investiga y se informa.

Estamos —aunque no siempre lo percibamos— en una especie de edad de oro de la trazabilidad informativa.
Un político que oculte patrimonio, manipule licitaciones o canalice donaciones irregulares a través de fundaciones pantalla se arriesga a ser descubierto no ya en años, sino en cuestión de horas. No por azar, sino porque hay periodistas formados para cruzar registros, rastrear operaciones, automatizar búsquedas y detectar patrones que antes permanecían ocultos.

Herederos del periodismo de precisión

Este cambio metodológico no es reciente. En los años 70, el periodista estadounidense Philip Meyer anticipó la evolución del oficio al proponer lo que llamó periodismo de precisión. Apostaba por incorporar los métodos de las ciencias sociales al trabajo periodístico: estadísticas, encuestas, bases de datos.

Hoy esa visión es ya una realidad. Tanto desde los grandes medios tradicionales como desde proyectos independientes, se asiste a un resurgir de la verificación, la contrastación y el periodismo colaborativo como ejes del control al poder.

A esto se suma otro fenómeno: las sociedades hiperconectadas no solo amplifican el discurso populista; también permiten una fiscalización ciudadana y mediática casi inmediata.

Cualquier decisión polémica, cualquier documento filtrado o declaración engañosa puede circular y ser analizada en tiempo real por expertos, medios y usuarios con acceso a herramientas de análisis y fuentes abiertas.

Fatiga del escándalo

Pero no todo son buenas noticias. Porque la eficacia de estos mecanismos depende también del estado de la ciudadanía. Y aquí aparece un riesgo sutil, pero creciente: la saturación de escándalos.

Si todo es escándalo, nada lo es. Cuando la corrupción se presenta como ubicua, cuando los titulares sobre irregularidades se suceden sin pausa en no pocos países, puede llegar a producirse un efecto paradójico: lejos de provocar una ciudadanía más exigente, se genera indiferencia, cinismo, desmovilización. Es lo que algunos estudios llaman fatiga del escándalo.

La repetición, la aceleración informativa, la ausencia de contexto y la pérdida de jerarquía noticiosa terminan vaciando de sentido el papel del periodismo como generador de inteligencia pública.

Hoy, el problema ya no es solo que el poder mienta, sino que la ciudadanía se resigne a que así sea. La abundancia de información, por sí sola, no garantiza una comprensión más clara de la realidad. Al contrario: sin mediación profesional, sin criterios editoriales sólidos, sin una narrativa que ordene y jerarquice, la información se transforma en ruido. Y el ruido es terreno fértil para la apatía democrática.

Por eso, aunque celebremos los avances en transparencia y periodismo de datos, debemos estar atentos a otro tipo de erosión: la que proviene no del secretismo, sino de la sobreexposición. Una que convierte la denuncia en espectáculo, y el escándalo en rutina.

El periodismo debe seguir desvelando tramas, sí. Pero también tiene la responsabilidad de cuidar su forma y su fondo. Aportar contexto. Explicar qué está en juego. Distinguir lo anecdótico de lo esencial. Resistirse al titular fácil. Porque, como advertía Ullrich, todo puede cambiar a peor en muy poco tiempo. Y si la sociedad se anestesia ante la mentira, el siguiente “demagogo carismático” podría encontrar la puerta abierta.

La respuesta desde el periodismo público

Existe un enfoque del periodismo muy adecuado para hacer frente a esta deriva de la sociedad. Nacido desde las intuiciones de Jay Rosen y Davis Merrit en los años 90, el Public Journalism no se conforma con levantar alfombras; quiere que el ciudadano mire debajo de ellas y decida barrer.

Frente a la fatiga del escándalo –ese hartazgo que anestesia– propone relatos que no solo denuncien, sino que convoquen. Sustituye el grito repetido por el diálogo fértil. Da voz a la comunidad y convierte el dato en carne: lo baja a tierra, lo humaniza. Así, donde hay riesgo de apatía, cultiva responsabilidad compartida.

En tiempos de sobreinformación y ruido, este periodismo sereno rescata lo esencial: el sentido. No reduce la verdad al clic ni la urgencia al escándalo. Apuesta por el contexto, la conversación y el compromiso. No quiere espectadores irritados, sino vecinos implicados. Porque sin ciudadanos despiertos, ni la mejor exclusiva cambia nada. Y sin alma, ni la verdad más verificada conmueve.

The Conversation

Miguel Ángel Sánchez de la Nieta Hernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Neutro es siempre sinónimo de equilibrio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Culleré Varea, Profesora titular de la Facultad de Ciencias de la Salud., Universidad San Jorge

Lothar Drechsel/Shutterstock

Al escuchar la palabra ácido todos pensamos en alimentos como los cítricos o el vinagre (ácido acético) que generan en nuestro paladar sensación de acidez. Sin embargo, el concepto contrario, denominado basicidad o alcalinidad, no se asocia de forma tan directa ni fácil con una sensación en el paladar. Y, por lo tanto, resulta algo más desconocido.

Solo aquellos que están familiarizados con el mundo de la química relacionan este concepto con productos como la lejía (perclorato sódico) o el amoniaco. Sin olvidarnos del bicarbonato, que muchos utilizan para combatir el exceso de acidez tras una mala digestión.

Para comprender en qué consisten las sustancias ácidas y las básicas resulta imprescindible introducir el concepto de pH. Se trata de un índice o coeficiente que nos permite cuantificar cómo de ácida es una sustancia, sin ambigüedades del tipo “mucho”, “poco”, “bastante” o “apenas”. La escala numérica de pH va desde 0 hasta 14, de tal manera que valores inferiores a 7 son indicativos de acidez (y cuanto más bajos, mayor es la acidez), mientas que valores superiores a 7 están relacionados con la basicidad o alcalinidad (y de nuevo, cuanto mayor es el valor, mayor es la basicidad). El punto intermedio, 7, es considerado pH neutro.

En otros ámbitos de la vida más humanísticos, una situación neutral implica que existe un equilibrio. Pero ¿ocurre lo mismo con el pH? Lo cierto es que no. Un pH neutro no es necesariamente “ideal” en todas las circunstancias. Especialmente cuando nos referimos a nuestro organismo.

Un mosaico de pHs en nuestro cuerpo

El pH tiene mucha importancia en el ámbito de la salud. Nuestro cuerpo no tiene un único pH que represente a todos nuestros órganos, sino que cada uno de ellos tiene su pH óptimo, que no siempre es el neutro. Y no alterarlo ayuda a evitar patologías o anomalías.

Por ejemplo, el estómago tiene pH ácido debido a su alto nivel de ácido clorhídrico (HCl), imprescindible para poder digerir de forma adecuada los alimentos. Cuando este nivel se altera y muta a un pH alcalino, pueden crecer microorganismos causantes de infecciones bacterianas.

La saliva suele tener un pH alrededor de 6,5 a 7. Valores inferiores pueden ser indicativo de malas digestiones. Además, pHs alterados en la saliva pueden predisponer a padecer problemas bucales como gingivitis o caries. De ahí que las pastas dentífricas deban presentar un pH ligeramente ácido para inhibir el crecimiento de las bacterias responsables de placas y caries. Sin embargo, si el pH es excesivamente ácido, puede ocasionar daños en el esmalte.

El pH de la piel no es realmente neutro

En una persona sana, el pH de la orina puede oscilar entre 4,5 y 8. Valores más básicos podrían ser indicativo de una infección urinaria, y valores más ácidos pueden ser una consecuencia de padecer gota.

El pH de la piel ronda el 5,5, y por esta razón los productos de higiene suelen tener este pH. En las etiquetas de los geles es habitual encontrar el indicador pH neutro, pero hacen referencia al pH propio de la piel y no a pH 7. En cuanto a los champús, tienen un pH comprendido entre 4,5 y 6. De no ser así, podrían causar irritación o resecar el cuero cabelludo.

En cuanto a la sangre, mantiene el pH dentro de un intervalo muy estrecho (7,35 – 7,45). Por encima o debajo de estos valores se pueden dar situaciones incompatibles con la vida.

Definitivamente, hablando de pH y salud, el término neutro deja de ser sinónimo de equilibrio.

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Laura Culleré Varea no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Escuchar música o tenerla de fondo? La educación musical en tiempos de ‘streaming’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma Bravo-Fuentes, Profesora sustituta interina del área de Didáctica de la Expresión Musical, Universidad de Jaén

Yullia Lypai / Shutterstock

Vivimos rodeados de música. Nos acompaña en el supermercado, en el coche, mientras estudiamos, trabajamos o incluso, descansamos. Gracias a plataformas de escucha en streaming y redes sociales, nunca antes había sido tan fácil tener acceso a cualquier canción en cualquier momento. Sin embargo, ¿estamos realmente escuchando? ¿O simplemente dejamos que la música suene como un fondo más en nuestra vida saturada de estímulos?

Algunas investigaciones apuntan a que plataformas como Spotify fomentan una forma de escucha predominantemente pasiva. En lugar de elegir qué oír, muchos usuarios se limitan a escuchar listas de reproducción generadas algorítmicamente o diseñadas para ambientes específicos (como “música para estudiar”), lo que convierte a la música en un mero fondo sonoro. Esta práctica despoja a la música de su papel como objeto de atención, relegándola a un acompañamiento funcional que apenas requiere implicación emocional o cognitiva por parte del oyente.




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Muchos estudios han analizado cómo la era del streaming ha transformado nuestra relación con la música, instaurando un modelo de consumo fragmentado y efímero. La accesibilidad inmediata a millones de canciones no se ha traducido en una mayor profundidad de escucha, sino en una sobrecarga de disponibilidad que banaliza la experiencia auditiva. La música está más presente que nunca en nuestras vidas, pero es posible que la estemos escuchando menos atenta o reflexivamente.

Fragmentos virales en Tiktok

Este fenómeno se acentúa en redes sociales como TikTok, donde la música se convierte en un recurso visual y emocional al servicio de contenidos breves, pensados para captar la atención en apenas unos segundos. Los fragmentos musicales más virales suelen ser de apenas 15 o 30 segundos, y su función no es tanto ser escuchados como generar impacto inmediato, facilitar un reto viral o acompañar una coreografía, independientemente del contenido de las letras de las canciones que incluye.

Así, la música deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un medio para otros fines, lo que contribuye aún más a su descontextualización y a la pérdida de profundidad en la experiencia estética.




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La escucha activa y la atención

En este contexto de abundancia musical y dependencia del algoritmo, la educación musical puede y debe ayudarnos a reaprender a escuchar de manera crítica y consciente. Escuchar críticamente no significa convertirnos en expertos, sino prestar atención activa a lo que oímos, reflexionar sobre las letras y entender el contexto cultural de cada canción.

Hoy más que nunca, es necesario cultivar esa escucha atenta. Las plataformas priorizan algoritmos que nos proponen canciones similares a lo que ya escuchamos, creando burbujas musicales que limitan nuestra exposición a la diversidad musical.

La importancia de la letra

Muchas canciones que triunfan en listas de éxitos incluyen letras que reproducen estereotipos de género, mensajes de violencia o modelos de relaciones tóxicas y que, sin embargo, consiguen viralizarse en las redes.




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La escucha crítica permite darse cuenta de estos contenidos y decidir de manera consciente si la queremos consumir y compartir.

Actividades para fomentar la curiosidad musical

En las aulas, la educación musical ofrece un espacio privilegiado para entrenar esta escucha activa. A través de actividades sencillas se puede fomentar en niños y jóvenes la curiosidad, el pensamiento crítico y el gusto estético musical.

Por ejemplo: analizar las letras de canciones que escuchan los propios alumnos y alumnas a diario, proponiéndoles identificar qué emociones transmiten, qué valores promueven y si existen estereotipos o mensajes problemáticos.

Otra opción consiste en comparar dos canciones que aborden un mismo tema (como el amor, el éxito o el cuerpo), pero desde perspectivas opuestas. A partir de esta comparación, se puede reflexionar sobre el impacto que sus mensajes pueden tener en quienes las escuchan, además de comprender distintas formas de narrar una misma realidad.

Escucha activa en casa

Esta tarea no es exclusiva de la escuela: también en casa podemos hacer el ejercicio de detenernos a escuchar con atención, conversar sobre lo que transmite una canción, e incluso descubrir nuevos géneros musicales.

Por ello, es fundamental ir más allá de la teoría y proponer ejemplos concretos que ayuden a ejercitar esta escucha activa, especialmente en relación con las letras de las canciones que consumimos de forma automática.




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Escuchar juntos una canción que les guste, leer su letra en voz alta y preguntarse qué dice realmente la canción (y si estamos de acuerdo con lo que plantea) permite abrir un espacio de conversación y desarrollo de la conciencia crítica sobre lo que se consume a diario a nivel musical. Esta toma de conciencia no busca censurar sino empoderar al oyente para decidir qué música quiere incorporar en su día a día.

En definitiva, aprender a escuchar en este mundo saturado de música es una habilidad valiosa que permite disfrutar de lo que oímos y desarrollar un pensamiento crítico en un entorno donde muchas veces simplemente oímos pero no escuchamos.

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Paloma Bravo-Fuentes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Escuchar música o tenerla de fondo? La educación musical en tiempos de ‘streaming’ – https://theconversation.com/escuchar-musica-o-tenerla-de-fondo-la-educacion-musical-en-tiempos-de-streaming-262577

Esperando a las Perseidas: qué ver en el cielo de una noche de verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Lanchares Barrasa, Profesor de Matemática Aplicada, Universidad de La Rioja

Lluvia de meteoros Perseidas atraviesan un cielo en 2024. A la izquierda, el resplandor rosáceo de la aurora. La galaxia de Andrómeda aparece en la parte superior, justo a la izquierda del centro NASA/Preston Dyches, CC BY

A partir del 11 de agosto llegará el gran momento de Las Perseidas, el sueño popular de las estrellas fugaces. Nada mejor que una noche templada de verano, lejos de las luces de la ciudad, al amparo de la mayor oscuridad posible, para esperarlas. El paso de las horas, mientras llegan, hará que desfilen ante nosotros seres mitológicos en forma de constelaciones, que nuestros antepasados dibujaron entre las estrellas y les sirvieron como brújula, reloj y calendario.

Algunas apps ayudan a interpretar lo que vemos y nos permiten localizar objetos celestes desde el móvil de modo muy sencillo. Entre ellas Sky view para IOS/Android, Stellarium para IOS/Android (esta tiene una versión para ordenador y tablet completísima) y Google Sky Map para Android.

La espina dorsal del cielo

Con ayuda de una de estas aplicaciones o sin ella, destaca en estas noches estivales la espina dorsal del cielo, una banda de un resplandor suave, que se extiende desde el noreste hasta el sur-suroeste. Se trata de la Vía Láctea. Debe su nombre a un mito griego según el cual no es más que la leche derramada por la diosa Hera cuando apartó a Heracles mientras mamaba con fuerza de su pecho.

El nacimiento de la Vía Láctea del pintor Peter Paul Rubens (1636), que se encuentra en el Museo del Prado.
Wikimedia commons, CC BY

En realidad, la Vía Láctea es una agrupación de miles de millones de estrellas que conforman la galaxia en la que vivimos. Nosotros nos encontramos dentro del disco que contiene la mayoría de las estrellas y, cuando miramos en la dirección de este disco, lo vemos como una franja de brillo tenue generada por la combinación de la luz de innumerables estrellas, demasiado distantes como para ser detectadas individualmente a simple vista.

Esta banda es más brillante en el cielo de verano, cuando miramos hacia el centro de la galaxia, que se encuentra en la constelación de Sagitario, cerca del horizonte, en dirección sur-suroeste. Aquí arranca el segmento más brillante de la Vía Láctea, que se extiende hasta la constelación del Cisne, cerca del punto más alto del cielo.

La Vía Láctea desde un lugar sin contaminación lumínica.
Pexels, CC BY

Miles de soles, de Sagitario a Cisne

Sagitario y Cisne tienen estrellas brillantes y patrones estelares sorprendentes a simple vista, pero también albergan muchas maravillas adicionales.

No hay nada que nos pueda causar mayor satisfacción como observadores que recorrer lentamente el camino que va de Sagitario al Cisne con unos prismáticos. De hecho, ninguna constelación en ningún otro lugar del cielo puede igualar a estas dos en cuanto a cantidad de nebulosas y estrellas en el campo de visión de un pequeño instrumento óptico. Con su ayuda, descubriremos un asombroso panorama de miles de soles, adornado de nubes brillantes e increíbles enjambres y racimos de estrellas que seguro no nos dejarán indiferentes.

Localizada la constelación del Cisne, si pudiéramos ver con ojos de grandes telescopios, observaríamos este complejo nebuloso, NGC 6914, a unos 6.000 años luz de distancia, en las profundidades de la Vía Láctea.
Fundación Descubre , CAHA , OAUV , DSA , Vicent Peris ( OAUV ), Jack Harvey ( SSRO ), Juan Conejero ( PixInsight ), CC BY

El triángulo del verano: Lira, Águila y Deneb

El Triángulo del verano: Vega, Deneb y Altair se convierten en las superestrellas del hemisferio norte durante las noches de agosto.
IAC/Vicent Peris, CC BY

Entre Sagitario y el Cisne se sitúan las constelaciones de la Lira y el Águila, que reconoceremos gracias a sus estrellas principales, Vega y Altair.

Vega, en la Lira, es la quinta estrella más brillante del cielo. La encontraremos casi encima de nuestra cabeza en una orilla de la Vía Láctea. En la otra orilla, en el Águila, se encuentra Altair, la duodécima en cuanto a brillo de todas las estrellas y cuyo nombre asociamos a uno de los caballos de Ben Hur. Vega y Altair, junto a Deneb, la estrella principal del Cisne, forman lo que se denomina el triángulo de verano, un patrón de estrellas fácilmente reconocible que preside las noches estivales.

Casiopea, la esposa de un rey etíope

Casiopea y varios de sus objetos, imagen de la app Stellarium.
Stellarium, CC BY

Siguiendo la Vía Láctea hacia el horizonte noreste, a poca altura a primera hora de la noche pero elevándose a medida que pasan las horas, se encuentra la constelación de Casiopea. Recibe su nombre de la esposa bella y vanidosa del rey etíope Cefeo, que reina junto a ella muy cerca del polo celeste, donde se encuentra la estrella polar.

No es ésta una estrella muy brillante, y para localizarla se usa la constelación más emblemática del hemisferio norte, la Osa Mayor. Suele verse como un carro formado por siete estrellas brillantes que nunca se oculta bajo el horizonte. Prolongando unas cinco veces la distancia que une las dos estrellas más alejadas de la vara del carro, se llega a la estrella polar, dentro de la Osa Menor, que tiene una configuración similar a la Osa Mayor, pero con estrellas más débiles.

A partir de la Osa Mayor, y siempre mediante alineaciones de estrellas, es posible recorrer el resto del cielo de verano. Así, prolongando el arco que forma la vara del carro, llegamos a Arcturus, una estrella de color anaranjado, la cuarta más brillante de todas, y usada en la antigüedad para las labores agrícolas. En la obra “Los trabajos y los días” de Hesíodo podemos leer:

Cuando Orión y Sirio lleguen al centro del cielo, y Aurora de dedos rosados vea a Arturo, ¡oh Perses!, entonces corta todos los racimos y llévalos a casa.

El reino de Arcturus

El tamaño de Arcturus en comparación con el Sol. A esta escala la Tierra es invisible.
Wikimedia commons, CC BY

Arcturus está en la constelación del Boyero, que nos servirá de trampolín para ir a la Corona Boreal, Hércules y a la zodiacal Virgo, ya desapareciendo por el oeste.

Camino para encontrar a Arcturus en el cielo nocturno a partir de la Osa Mayor.
Wikimedia commons, CC BY

Desde aquí, siguiendo hacia el este por el horizonte, nos encontraremos con Libra, con sus dos estrellas principales con los sugerentes nombres Zubenelgenubi y Zubeneschamali, literalmente las pinzas del escorpión. Antiguamente, estas dos estrellas formaban parte de la vecina Escorpio, donde destaca el brillo anaranjado de Antares, una supergigante roja, con un tamaño tan grande que, puesta en lugar del Sol, su borde exterior se extendería más allá de la órbita de Marte.

Continuando hacia el este, regresaríamos a Sagitario, donde hemos comenzado nuestro recorrido. Por el camino hemos dejado algunas constelaciones como el Dragón, el Delfín, Ofiuco y otras más, que con el tiempo podremos aprender a identificar.

Recreación de la gigante roja Antares, en la constelación de Escorpio. La estrella agonizante que se está convirtiendo en supernova.
ESO, CC BY

Y, al fin, la llegada de Las Perseidas

Además de las constelaciones y las maravillas que se ocultan tras la Vía Láctea, las noches de agosto nos pueden brindar la oportunidad de ver una buena cantidad de estrellas fugaces, principalmente procedentes de la región entre Perseo y Casiopea. Son las Perseidas.

Aunque el máximo de actividad se alcanza entre el 12 y 13 de agosto, este año el brillo de la Luna nos impedirá disfrutar de su momento álgido. Sin embargo, las Perseidas seguirán activas hasta finales de agosto y, una vez la Luna mengüe lo suficiente, aún tendremos oportunidad de ver unas cuantas estrellas fugaces. Tantas más cuanto más alto se encuentre en el cielo Perseo, que alcanza su máxima altura alrededor de las 4 de la madrugada, no mucho antes de que comience el crepúsculo matutino en las latitudes medias del norte.

Y mientras observamos estas veloces estelas, podemos reflexionar sobre el hecho de que estos meteoros son restos del cometa Swift-Tutlle, probablemente el objeto más peligroso conocido por la humanidad.

Visto por última vez en su regreso de 1992, su trayectoria podría hacerlo chocar con la Tierra en el futuro. Los expertos aseguran que esto no sucederá en los próximos miles de años. Pero si su núcleo llegase a impactar, probablemente causaría una destrucción mayor que el cometa o asteroide que acabó con los dinosaurios y la mayoría de las especies, hace 65 millones de años.

Con la espera de las estrellas fugaces, la noche de observación se habrá alargado y el paso del tiempo hará que las constelaciones otoñales tomen protagonismo, entre ellas Andrómeda. Aquí se encuentra el objeto más distante visible a simple vista, la galaxia de Andrómeda, a más de dos millones de años luz de distancia. Su contemplación puede ser el mejor cierre para una noche de estrellas de verano.

The Conversation

Víctor Lanchares Barrasa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Esperando a las Perseidas: qué ver en el cielo de una noche de verano – https://theconversation.com/esperando-a-las-perseidas-que-ver-en-el-cielo-de-una-noche-de-verano-261395

No solo sufren las playas del Mediterráneo: estos son los impactos que amenazan los arenales de Galicia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Pita, Investigador en socioecología marina, Universidade da Coruña

Playa de Riazor (La Coruña), en la que ondea una bandera azul, un distintivo de calidad. Pablo Pita, CC BY-SA

Las playas son lugares hermosos que invitan al descanso y la diversión. En ellas se realizan todo tipo de actividades de ocio, que van desde relajarse tomando el sol hasta practicar deportes acuáticos como el esnórquel o el surf. Por ello, y a pesar del aumento de la oferta de actividades alternativas en España en los últimos años –como el turismo cultural y gastronómico, las rutas de senderismo o las visitas a entornos rurales–, las playas, junto con el buen clima, siguen siendo el principal atractivo turístico para los visitantes, tanto nacionales como extranjeros.

Además de ser espacios de recreo, las playas son ecosistemas costeros de gran valor ecológico que albergan una notable biodiversidad. Esta riqueza biológica se debe al elevado dinamismo de estas áreas, sometidas al constante impacto del oleaje, al desplazamiento de los sedimentos y a la alternancia entre la exposición al aire y al sol, y la inmersión en agua salada.

Por su condición de ecotonos, es decir, fronteras entre el mar y la tierra, las playas son el hogar de numerosas especies de animales y plantas altamente especializadas y resistentes, la mayor parte de las cuales no se encuentran en ningún otro lugar.

A ello se suma el hecho de que las playas y la naturaleza que albergan brindan diversas e importantes contribuciones a las personas, como la protección frente al oleaje y la erosión costera, así como la producción de alimentos.

Banderas azules, banderas negras

Muchos de los animales que habitan las playas, al pasar buena parte de su vida enterrados en la arena o tener hábitos nocturnos, suelen pasar desapercibidos para los visitantes. Por esta razón, la biodiversidad no suele ser uno de los valores que los bañistas tienen en cuenta al elegir qué playa visitar.

En cambio, lo habitual es que seleccionen el arenal en función de criterios de funcionalidad como la cercanía, la accesibilidad, los servicios disponibles o la seguridad, y no por motivos medioambientales, con la posible excepción de la calidad del agua de baño.

Por ello, las banderas azules, un galardón otorgado por un consorcio de entidades privadas previa solicitud de las Administraciones públicas locales, resultan convenientes para muchos, ya que se centran en la evaluación de los servicios básicos y de la calidad del agua de baño, especialmente en lo que respecta a la contaminación fecal.

Desgraciadamente, la contaminación por aguas fecales, ya sea a causa de vertidos procedentes de depuradoras deficientes o de vertidos incontrolados, es un problema habitual en muchas zonas costeras de España, incluida Galicia. Esta situación afecta incluso a playas que ondean banderas azules, tal y como expone la ONG ambientalista Ecologistas en Acción en su informe Banderas negras 2025.

Sobrepesca y contaminación industrial

A pesar de su impacto evidente sobre las personas y los ecosistemas, la contaminación fecal no es el problema más grave que afecta a las playas del norte de España. Los ecosistemas litorales sufren una amplia variedad de amenazas que, en conjunto, comprometen seriamente su viabilidad ecológica y socioeconómica.

Entre estas amenazas destacan la sobrepesca y el furtivismo (también de bañistas), la destrucción de hábitats y la alteración de las corrientes costeras provocada por infraestructuras como puertos, embalses y diques, así como por actividades de extracción de arenas y dragados. A ello se suma un turismo creciente que presiona tanto los ecosistemas como los servicios básicos y es fuente de conflictos en muchas áreas costeras.

Una mención especial merece la contaminación industrial, que con frecuencia alcanza el mar a través de los ríos, una situación especialmente preocupante en Galicia. Un caso emblemático es el de la papelera de la multinacional española ENCE, que ha ocupado durante décadas el dominio público marítimo-terrestre en la ría de Pontevedra, vertiendo residuos industriales y contribuyendo tanto a la degradación de los ecosistemas costeros como al deterioro de la calidad de vida en la zona.

Además, esta empresa ha favorecido la expansión del monocultivo de eucalipto, una especie que empobrece la biodiversidad y altera el equilibrio hidrológico.




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A esta situación se suma una nueva amenaza: la posible instalación de una nueva planta de celulosa de la multinacional portuguesa ALTRI, que ha recibido recientemente una declaración de impacto ambiental favorable por parte de la Xunta de Galicia para ubicarse a orillas del río Ulla.

Mariscadora recogiendo moluscos en la ría de Arousa
Mariscadora en la ría de Arousa, la más productiva de Galicia.
Pablo Pita, CC BY-SA

Este río desemboca en la ría de Arousa, la más productiva en términos de marisqueo. La planta vertería en ella millones de litros de aguas residuales al día, lo que podría agravar la crisis de productividad que el marisqueo en la ría ya viene sufriendo desde hace décadas como consecuencia de múltiples impactos humanos.

Esta crisis se ha visto intensificada por desembalses catastróficos de agua dulce y por los efectos del calentamiento del agua asociado al cambio climático.




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Los invisibles habitantes de las playas

Si bien una playa con bandera azul podría parecer una opción adecuada en entornos urbanos, esta distinción resulta claramente insuficiente para la inmensa mayoría de las playas. En realidad, normas como la ISO 14001 o el sistema europeo EMAS ofrecen estándares de calidad ambiental más completos y exigentes, y ya están siendo adoptados por algunas Administraciones locales comprometidas con la sostenibilidad.

Sin embargo, más allá de sellos y certificaciones, es fundamental reaprender a mirar las playas como lo que realmente son: lugares hermosos porque los compartimos con una multitud de seres vivos que, aunque a menudo pasen desapercibidos, están ahí, entregados a sus actividades cotidianas a nuestro alrededor.

Sepia bajo el agua sobre el fondo arena
Sepia común (Sepia officinalis) en el submareal arenoso de una playa.
Pablo Pita, CC BY-SA

Las pulgas de mar que se refugian bajo los arribazones de algas, los gusanos que dejan sus pequeños fideos de arena enroscada sobre la superficie, los diminutos gobios que nadan en la misma orilla, una sepia que adhiere sus huevos en las hojas de una hierba marina o el vuelo de una gaviota recortándose sobre el azul del cielo son solo algunas de esas pequeñas maravillas.

Pez con la boca roja y cuerpo de tonos violetas en el fondo sobre las rocas
Gobio de boca roja (Gobius cruentatus), frecuente a poca profundidad en las costas gallegas.
Pablo Pita, CC BY-SA

Tomar conciencia de la presencia de esa vida por momentos invisible es un primer paso esencial para transformar nuestra relación con las playas y contribuir a su protección como legado para las generaciones futuras. Al fin y al cabo, nuestros antepasados probablemente dieron sus primeros pasos vacilantes en una playa olvidada hace millones de años. Se lo debemos.

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Pablo Pita recibe fondos del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, convocatoria Ramón y Cajal 2022 (RYC2022-035937-I), y de los Proxectos de Excelencia. Año 2024, de la Xunta de Galicia (ED431F 2024/09).

ref. No solo sufren las playas del Mediterráneo: estos son los impactos que amenazan los arenales de Galicia – https://theconversation.com/no-solo-sufren-las-playas-del-mediterraneo-estos-son-los-impactos-que-amenazan-los-arenales-de-galicia-259071

En la antigua Roma ya existían bomberos y medidas de prevención de incendios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tewise Yurena Ortega González, Profesora Ayudante Doctor de Derecho Romano, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

_El incendio de Roma_, de Hubert Robert. MuMa Le Havre / Florian Kleinefenn

La expansión de los edificios en la antigua Roma hizo necesario gestionar eficazmente los riesgos derivados de fenómenos naturales y accidentes como terremotos, inundaciones e incendios. En respuesta, la administración romana demostró una organización propia de una estructura institucional avanzada y una adaptación coherente a los desafíos de una ciudad en constante crecimiento.

Cada uno de estos eventos catastróficos dio lugar a ambiciosas intervenciones de reconstrucción por la magnitud de los efectos, así como a la adopción de medidas legislativas y de gestión pública. En particular, en este artículo describiré aquellas aplicadas en el caso de los incendios.

Causas de incendios en la Antigua Roma

El fuego podía generarse por causas naturales, esto es, por fenómenos climáticos adversos como sequías o tormentas eléctricas, o por desastres naturales como terremotos.

Asimismo, los incendios podían originarse por causas accidentales, principalmente atribuibles a la negligencia humana, tanto en el ámbito doméstico –debido a descuidos durante actividades cotidianas como la preparación de alimentos o el uso de fuentes de iluminación– como en el entorno laboral, donde ciertos oficios requerían el uso directo del fuego, como la herrería, la alfarería o incluso la cremación de cadáveres y bienes.

Por otra parte, factores como el diseño urbano y arquitectónico, el uso de materiales inflamables en las construcciones, así como la comisión de actos delictivos, el vandalismo, las disputas personales y los conflictos políticos también contribuían significativamente a la proliferación de incendios en la ciudad.

Medidas preventivas

Al contrario de lo que ocurría con las inundaciones, donde la acción pública era más reactiva que preventiva, la gestión de incendios en Roma destacaba por la implementación de medidas preventivas.

Así, al margen de la creación del cuerpo de bomberos o vigiles, se adoptaron medidas que sirvieron para prevenir no sólo los sucesos sino también los efectos. Destacaba el empleo de materiales resistentes al fuego, el control de los depósitos de aguas destinadas a la extinción por parte del poder público, la recomendación a la ciudadanía de contar con depósitos en los hogares o el establecimiento de rondas de vigilancia nocturna para una actuación inminente en caso de incendios.

También se propuso la posibilidad de demoler los edificios con riesgo de derrumbe y la creación de cortafuegos para evitar la propagación empleando para ello a personal de origen militar como los ballistari.

Una de las medidas más relevantes fue la limitación de las alturas de los edificios y el establecimiento de distancias mínimas entre las edificaciones. La alta demanda habitacional de la época debido al crecimiento económico de la urbe favoreció la construcción de insulae o edificios con varias alturas hechos de forma precipitada empleando materiales de mala calidad, que permitían aglutinar a un mayor número de personas en pequeñas habitaciones o cenaculi.

A raíz del incendio acaecido en el año 64, el emperador Nerón adoptó medidas urbanísticas y de seguridad para garantizar la reconstrucción ordenada de la ciudad y prevenir eventos futuros. Estas fueron expuestas de forma detallada por el historiador Tácito.

Así ordenó una reconstrucción planificada con calles amplias, edificios de menor altura y espacios abiertos empleando materiales ignífugos. Prohibió muros compartidos y acciones que pudieran derivar el flujo del agua por parte de los particulares, mejoró el suministro de agua y estableció, entre otras, la necesidad de que cada edificio contara con su propio equipo de lucha contra incendios.

Pintura que muestra a un hombre con túnica y corona de flores y soldados y otras personas con túnicas rojas en primer plano y llamas al fondo
Nerón contempla el incendio de Roma, por Carl Theodor von Piloty (1826-1886).
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Bombas hidráulicas y cubos para apagar el fuego

Antes de la creación del cuerpo de bomberos, en la República se crearon los tresviri capitales, los cuales desarrollaron labores de orden público y de prevención y extinción de incendios utilizando para ello a esclavos y funcionarios entrenados.

Los vigiles comenzaron en Roma como un cuerpo de 600 esclavos estatales que Augusto estableció hacia el 22 a.e.c., siendo en el año 6 cuando adopta la denominación de militia vigilum y pasa a estar compuesta mayoritariamente por libertos. En ese momento, se organiza la urbe en siete cohortes que actúan en dos regiones cada una.

Como elemento imprescindible para mitigar y extinguir el fuego contaron en primer lugar con el agua y las infraestructuras hidráulicas existentes. Además, empleaban herramientas e instrumentos que son utilizados por los bomberos en la actualidad, como martillos, hachas, sierras, hamae o cubos hechos con cuerdas, las perticae o pértigas para sostener paredes en peligro de colapso o para derribar estructuras en llamas, las spongiae o esponjas que podrían servir para humedecer las superficies, las scalae o escaleras, así como bombas hidráulicas portátiles como los siphos.

Asimismo, para protegerse del fuego usaban los centones, o mantas hechas de retales de telas que bañaban previamente en vinagre o acetum. Estas sirvieron no sólo para favorecer la intervención en los lugares sin sufrir quemaduras, debido al efecto retardante, sino también para frenar la propagación de las llamas al colocar las mantas con vinagre en lugares específicos.

La extinción de incendios a partir del siglo V

Durante los siglos IV y V, el cuerpo de vigiles entró en un proceso de decadencia hasta su práctica desaparición. A pesar de los esfuerzos para darles continuidad, las limitaciones técnicas y logísticas hacían poco operativas sus intervenciones, siendo su mantenimiento relativamente costoso para las arcas públicas.

Tras su desaparición, las funciones de extinción de incendio fueron asumidas por encargo del poder público al colegium fabri, que aglutinaba a diversas categorías profesionales de la época. Estos, gracias a la experiencia técnica adquirida por el desarrollo de sus actividades profesionales, prestaban apoyo puntual y coordinado interviniendo en las tareas de extinción de incendios. Actuaban de manera similar a los actuales voluntarios de protección civil, que si bien intervienen y apoyan a las autoridades competentes en los casos de emergencia, no tienen atribuida institucionalmente dicha función.

En definitiva, la antigua Roma desarrolló una gestión integral del fuego priorizando el interés social, la sostenibilidad territorial y la corresponsabilidad ciudadana, aplicando medidas de prevención y extinción.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. En la antigua Roma ya existían bomberos y medidas de prevención de incendios – https://theconversation.com/en-la-antigua-roma-ya-existian-bomberos-y-medidas-de-prevencion-de-incendios-261194

Qué hacer cuando las avispas arruinan el momento de la comida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Seirian Sumner, Professor of Behavioural Ecology, UCL

Las avispas sienten un gran apetito por la mermelada una vez que las larvas de la colonia entran en la fase de pupa. victoras/Shutterstock

Es verano en el hemisferio norte y eso significa sol, mar… y avispas.

A muchos de nosotros nos han enseñado a temer a las avispas como insectos agresivos que solo existen para hacernos la vida imposible. Pero con la pérdida insostenible de la fauna silvestre en todo el planeta, debemos aprender a convivir con todos los organismos, incluso con las avispas. Son importantes polinizadores y depredadores de insectos. Un poco de conocimiento sobre su historia natural puede ayudarnos a comer con seguridad junto a ellas.

Las avispas que suelen visitar nuestros pícnics –y que parecen surgir de la nada– son normalmente la amarilla común (Vespula vulgaris) y la alemana (Vespula germanica). ¿Podemos hacer algo para quitárnoslas de encima?

1. Quédese quieto o pensará que es un depredador

Sus receptores olfativos (todas las obreras son hembras) la han guiado hasta su pícnic, pero ahora está utilizando puntos de referencia visuales (usted y su entorno) para orientarse hacia la comida que hay en su plato.

Mantenga la boca cerrada y evite respirar con fuerza para minimizar la liberación de dióxido de carbono, que las avispas utilizan como señal de que un depredador está atacando. Del mismo modo, si empieza a agitar los brazos y a gritar, se comporta como un depredador, lo que podría desencadenar su modo de ataque.

2. Observe lo que está comiendo

Quien le visita es una avispa obrera, que ha salido a buscar comida para alimentar a sus hermanos larvarios en el nido de su madre. ¿Está cortando un trozo de jamón, recogiendo una cucharada de mermelada o sorbiendo su bebida azucarada? Observe lo que come, ya que esto le dará una pista sobre lo que le puede ofrecer. Está tan concentrada en su tarea que no se dará cuenta de que la está observando.

3. Hágale una ofrenda para que no le moleste

Antes de que se dé cuenta, se habrá ido con la boca llena de mermelada o un trozo de jamón. Puede que se aleje en zigzag, lo que indica que está reorientándose para volver con seguridad. Una vez que haya localizado los puntos de referencia, volará recto y rápido. Si la sigue, le llevará a su nido. Pero es mejor que aproveche el tiempo para preparar su ofrenda, porque volverá pronto. La ofrenda debe ser una parte de lo que haya recogido de su plato. Puede alejarla un poco del resto de la comida. Si le deja su parte, usted también podrá comer en paz.

Esta es una técnica probada en todo el mundo, tanto si quiere localizar un nido de avispas para encontrar un sitio (alejado) donde comer como si se ha propuesto evitar que las avispas molesten a los clientes de un restaurante al aire libre.

Avispa sobre un pastel con glaseado y virutas de chocolate.
¿Se están lanzando las avispas sobre los alimentos dulces?
hecke61/Shutterstock

Afortunadamente, es poco probable que su compañera de pícnic traiga un enjambre de avispas a la mesa, ya que las avispas sociales son malas reclutadoras. Tiene sentido, ya que su alimento (insectos, carroña) suele ser un recurso disperso y de corta duración. Por ejemplo, una oruga muerta no significa necesariamente que haya un montón de ellas.

Esto contrasta con las abejas melíferas, que han sido objeto de una fuerte selección natural para desarrollar un sistema de comunicación (danza de las abejas) que les permite reclutar a muchas recolectoras en un campo de flores.

Sin embargo, no es del todo imposible que aparezcan algunas más, especialmente si el nido está cerca. Las avispas tienden a sentirse atraídas por un alimento cuando detectan la presencia de otras avispas. Si ven unas cuantas reunidas, investigarán. Pero si hay demasiadas, esto las disuadirá.

Los cambios en los hábitos alimenticios de las avispas

Quizás ya sepa que las avispas se vuelven locas por el azúcar al final del verano. Pero ¿por qué prefieren las proteínas al principio de la temporada? Depende de lo que ocurra dentro de la colonia.

Las larvas de las avispas son carnívoras. Las obreras se encargan de criar a miles de larvas. Si una avispa se acerca en busca de jamón (o cualquier otra fuente de proteínas), es señal de que su colonia está llena de larvas hambrientas. Podrá darse cuenta de ello a principios o mediados del verano, y a más tardar a mediados o finales de agosto.

Disfrute sabiendo que está ayudando a alimentar a ejércitos de pequeños controladores de plagas, que pronto se pondrán a trabajar regulando las poblaciones de moscas, orugas, pulgones y arañas.

Una característica definitoria de las avispas adultas es su diminuto pecíolo (cintura). Esta constricción entre el tórax y el abdomen evolucionó para que sus antepasados pudieran doblar el abdomen, como si estuviesen haciendo yoga, para parasitar o paralizar a sus presas.

Dos avispas cortando una loncha de jamón.
Estas avispas no serán las que se coman el jamón.
Franz H/Shutterstock

La cintura de avispa de una obrera adulta la limita a una dieta principalmente líquida. Es como una camarera que debe servir banquetes a los clientes sin probarlos. Las larvas le dan “propina” con una secreción líquida nutritiva, que ella complementa con néctar de las flores. Durante gran parte de la temporada, esto es suficiente.

Mezcla de ciencia y pícnic

Hacia el final del verano, la mayoría de las larvas de avispa se han pupado, y una larva pupada no necesita alimentarse. Por lo tanto, la demanda de proteínas disminuye, al igual que las secreciones dulces que han mantenido nutridas a las obreras.

Esto significa que las avispas obreras deben visitar las flores en busca de néctar, aunque un bollo de mermelada o una limonada dulce también pueden resultarles muy tentadores. Si su avispa se obsesiona con el azúcar de la mesa, eso quiere decir que su colonia probablemente se encuentra en la fase crepuscular de su vida.

Aunque la época del año es un buen indicador del equilibrio entre jamón y mermelada en las preferencias alimenticias de las avispas, el clima, la disponibilidad de presas, la competencia local y la tasa de crecimiento de la colonia también pueden influir. Y eso implica que el cambio de jamón a mermelada este año puede ser diferente al del año que viene.

The Conversation

Seirian Sumner recibe financiación del Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC) y del Consejo de Investigación en Biotecnología y Ciencias Biológicas (BBSRC) del Gobierno del Reino Unido. Es miembro del consejo de administración y miembro de la Real Sociedad Entomológica, y autora del libro ‘Endless Forms: Why We Should Love Wasps’ (Formas infinitas: por qué debemos amar a las avispas).

ref. Qué hacer cuando las avispas arruinan el momento de la comida – https://theconversation.com/que-hacer-cuando-las-avispas-arruinan-el-momento-de-la-comida-262892

Escribir a mano y hacer pausas ayuda a recordar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Valle Varo García, Research assistant professor, Universidad de Deusto

Farknot Architect/Shutterstock

Detengámonos un instante y observemos el suave fluir de estas palabras bajo nuestros ojos, ese vaivén silencioso y la voz que las lee en nuestra cabeza. ¿Cuántas de ellas permanecerán contigo dentro de cinco minutos? ¿Y cuántas se alojarán, sin esfuerzo, en nuestra memoria mañana? La pregunta no es trivial. Vivimos en una época en la que la velocidad domina nuestra forma de aprender y, paradójicamente, también de olvidar.

No todas las palabras se procesan al mismo ritmo. Quizá haya oído que una persona puede leer entre 200 y 300 palabras por minuto, escuchar unas 150 o leer al tacto en braille incluso menos. Pero esa velocidad no equivale a comprensión: de hecho, más allá de las 500 palabras por minuto, la asimilación se desploma de forma drástica. Y lo que se absorbe, ¿realmente se conserva? No necesariamente. Devorar palabras con avidez no es lo mismo que nutrirse de su esencia.

Distintas memorias en una

Para que las palabras cobren sentido y se transformen en ideas o conceptos duraderos, deben primero atravesar el espacio frágil y efímero de la memoria operativa –también llamada memoria a corto plazo–, encargada de mantener activa la información mientras el cerebro la procesa. Pero no basta.

Para que lo retenido se estabilice, la información necesita almacenarse en un tipo de memoria semántica, afectiva, espacial o temporal. Recordar unas vacaciones implica una memoria episódica, teñida de emoción y lugar; en cambio, saber que la capital de Italia es Roma remite a una memoria semántica, desprovista de contexto personal.

¿A mano o a golpe de tecla?

Cuesta encontrar, hoy por hoy, un espacio donde el teclado no haya desplazado a la tinta o al grafito casi por completo. Sin embargo, conviene recordar que la escritura a mano sigue siendo una herramienta poderosa para el desarrollo cognitivo: escribir manualmente activa una red más amplia de regiones cerebrales –motoras, sensoriales, afectivas y cognitivas– que la mecanografía. Esta última, más eficiente en velocidad, exige menos recursos neuronales y favorece una participación pasiva de la memoria operativa.

Frente a ello, el uso de la memoria operativa de forma activa (mediante herramientas analógicas) resulta más beneficioso tanto en el aula como en contextos clínicos relacionados con el deterioro cognitivo.

Las pausas son sagradas

El ritmo y la pausa son también determinantes en este tránsito de la memoria operativa a la memoria a largo plazo. Las pausas activas –momentos breves en los que interrumpimos el estudio para estirarnos, caminar o contemplar algo sin propósito inmediato– permiten al cerebro reorganizar lo aprendido y consolidarlo con mayor solidez.

Sin embargo, hoy, esas pausas suelen combinarse con actividades que implican el uso de pantallas: móviles, televisión, tabletas. Si pudiéramos hacer un símil con el ejercicio físico, podríamos imaginarnos en un gimnasio donde corremos a 12 km/h en las pausas entre series. Algo muy parecido ocurre cuando usamos los descansos para consumir vídeos rápidos, leer titulares o desplazarnos sin rumbo en redes sociales: la mente no descansa, no consolida, y la atención se fragmenta.

Trabajo durante el sueño

La neurociencia subraya también el papel crucial del sueño en la consolidación de la memoria. Durante el sueño de ondas lentas, el cerebro entra en un estado de sincronización neuronal caracterizado por la predominancia de ondas delta (0,5–4 Hz), las cuales favorecen la reactivación de trazas mnésicas –huellas que quedan en la mente después de una experiencia, y que sirven como base para la memoria y la posibilidad de recuerdo–.

Estas oscilaciones lentas crean un entorno de baja interferencia sensorial que facilita el diálogo entre el hipocampo y la neocorteza. En particular, se ha observado que las ondas theta (4–8 Hz), más frecuentes durante la fase REM (Rapid Eye Movement) y también presentes en fases NREM (Non-Rapid Eye Movement) ligeras, median esta transferencia. En concreto, permiten el paso de recuerdos desde su almacenamiento temporal en el hipocampo hacia regiones corticales de almacenamiento a largo plazo.

Sueño de ondas lentas en una electroencefalografía.
Wikimedia Commons., CC BY

Asimismo, los husos del sueño –breves patrones de actividad cerebral que ocurren durante el sueño ligero, generadas principalmente por el tálamo– se asocian con el refuerzo de conexiones neuronales relevantes.

Diversos estudios con polisomnografía y neuroimagen han mostrado correlaciones entre la densidad de estos husos y el rendimiento en tareas de memoria episódica. Se ha propuesto que estas oscilaciones actúan como una especie de «marcador de relevancia» que selecciona qué información merece ser consolidada.

Así, mientras dormimos, el cerebro ejecuta de manera automática un proceso de reorganización y refuerzo de la memoria. Prioriza lo significativo y depura lo irrelevante. No es casual que, al despertar, una melodía o una frase aparentemente trivial retornen a la conciencia sin esfuerzo: son el eco de ese meticuloso trabajo nocturno en el que se escribe la memoria.

Retomar buenas costumbres

Comprender cómo aprendemos nos revela también cómo deberíamos vivir. No se trata solo de reducir el uso de pantallas, sino de recuperar un ritmo más humano. Escribir a mano ayuda a activar las redes neuronales en profundidad; pensemos, por ejemplo, en los apuntes de una clase y en cómo, al releerlos, las ideas resurgen con más claridad.

Por otro lado, es recomendable retomar la costumbre de hacer pausas verdaderas, lejos de dispositivos: observar el vuelo de un pájaro, sentir la respiración, estirar el cuerpo.

También es útil reforzar lo aprendido mediante breves ejercicios de recuperación activa –por ejemplo, explicar en voz alta un fragmento leído hace una hora–.

Además, no debemos subestimar el papel del sueño profundo: es allí donde la memoria madura y fija lo aprendido. Solo cuando le concedemos el tiempo necesario para descansar y procesar, el conocimiento arraiga de verdad. Así, las palabras que lee hoy podrán convertirse en recuerdos vivos, capaces de acompañarlo más allá de los siguientes cinco minutos, quizás toda la vida.

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María del Valle Varo García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Escribir a mano y hacer pausas ayuda a recordar – https://theconversation.com/escribir-a-mano-y-hacer-pausas-ayuda-a-recordar-262076