6-7, parasocial y ‘rage bait’: 2025 en tres palabras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Calabaza de Halloween que hace referencia al meme de 6 7. Wikimedia Commons., CC BY

En 2024, “brainrot” (que podemos traducir al español como “podredumbre cerebral”) fue elegida como palabra del año por el Diccionario Oxford. El término pone en evidencia el deterioro mental causado por el consumo excesivo de contenido digital trivial y de baja calidad.

Este año 2025, tres instancias lingüísticas de prestigio, Dictionary.com, Diccionario Cambridge y Diccionario Oxford de inglés, sugieren el paso a una fase más activa y compleja. La “jerga” digital apunta a las tácticas de manipulación emocional (“rage bait”), las ilusiones de intimidad (“parasocial”) y los códigos absurdos de pertenencia (“6-7”) como la radiografía de la cultura actual.

6-7: el código del absurdo

Skrilla, el rapero autor de la canción Doot Doot (6 7).
Aux Cable Label / Wikimedia Commons., CC BY

Dictionary.com seleccionó “6-7” (o simplemente “67”) como su palabra del año. Este término sólo parece tener sentido para la generación alfa (nacidos entre 2010 y 2024). Su origen remite a la canción “Doot Doot (6 7)” del rapero Skrilla y se ha popularizado a través de memes virales en TikTok y YouTube, convirtiéndose en el ejemplo perfecto de la velocidad vertiginosa de la jerga o slang digital.

Lo que destaca de “6-7” no es su definición, sino la ausencia de ésta. A menudo acompañada de un gesto de manos, significa “más o menos”, “quizás esto o aquello”, aunque, a veces, no significa absolutamente nada.

No existe un acuerdo por parte de la generación alfa sobre su significado exacto. Es utilizada, incluso, como elemento de burla o incordio hacia los adultos o profesores.

Dictionary.com la describe como una muestra de “jerga brainrot”, es decir, términos intencionalmente absurdos y sin sentido diseñados para ser remezclados infinitamente, como ya ocurriera con los “Italian brainrots”.

Su uso es una señal de identidad tribal, un “shibboleth” –rasgo de una lengua que indique o ponga de manifiesto el origen social o regional de una persona– digital, generado por la comunidad de usuarios. Esto demuestra que la cultura online valora la conexión y la performance por encima del significado semántico tradicional.

Parasocial: la intimidad artificial

Mientras “6-7” habla de diferencias generacionales, la palabra del año que propone el Diccionario Cambridge, “parasocial”, señala una desesperada búsqueda de reconocimiento.

El término fue acuñado en 1956 para explicar la intimidad ficticia que las audiencias formaban con figuras mediáticas. En 2025, cobra una nueva dimensión al calor de las redes sociales y la inteligencia artificial.

El concepto define una relación unilateral entre una persona anónima y una celebridad o influencer que desconoce el afecto de la primera (fan). Este año, el término se expandió debido a fenómenos como la relación entre Taylor Swift y Travis Kelce, pero también por la cada vez mayor vinculación humana con la inteligencia artificial.

Taylor Swift es una de los famosos que han sido objeto de relaciones parasociales, en las que sus admiradores establecen una relación unilateral de afecto con los primeros.
Wikimedia Commons., CC BY

En el actual ecosistema digital, los usuarios están desarrollando relaciones emocionales con chatbots y compañeros virtuales. Las interacciones digitales con IA y algoritmos está reconfigurando la soledad humana. Es una forma de llenar el vacío social con simulacros que, aunque unilaterales, generan sentimientos genuinos de lealtad y afecto.

Rage bait: la monetización de la ira

Finalmente, el Diccionario Oxford se ha decantado por “rage bait” (en español, algo así como “cebo de ira”) como su palabra del año. Este concepto destaca un cambio fundamental en cómo se capta la atención en internet. Rage bait es la evolución del clickbait (“cebo de clics”) y se refiere a contenido diseñado deliberadamente para provocar indignación, ofensa o ira, con el único fin de aumentar la interacción.

El auge del término evidencia que los algoritmos de las redes y plataformas digitales han aprendido una lección peligrosa: la ira se propaga más rápido y genera más compromiso que la alegría o la neutralidad. Así, el rage bait convierte las emociones negativas en ingresos publicitarios para otros.

Oxford señala que el uso de este término se triplicó en el último año. Su impacto tiene que ver con cómo el algoritmo manipula a los usuarios haciendo que participen en debates polarizantes. Las consecuencias son dejar a la ciudadanía mentalmente exhausta y deteriorar las instituciones y el modelo democrático.

Adaptación a un entorno hostil

Al analizar “6-7”, “parasocial” y “rage bait” en conjunto, surge una fotografía de cómo la esfera digital influye en la sociedad. Estas palabras no son meras curiosidades lingüísticas, sino la prueba de una adaptación conductual a un entorno hostil determinado por la tecnología.

La falta de valores unida a un exceso de información y manipulación hacen que los usuarios más jóvenes respondan con el “6-7” casi de manera irracional. Esta suerte de mecanismo de defensa utiliza el absurdo y el sinsentido (características del brainrot) para crear comunidad sin necesidad de contenido sustancial. Es la respuesta lúdica al agotamiento informativo. Una forma de crear comunidad sin hacer problema de nada concreto.

Asimismo, la reaparición de “parasocial” demuestra que la hiperconexión digital no ha resuelto la soledad básica. Simplemente, la ha redirigido hacia entidades que corresponden los afectos de forma sucedánea. La tecnología permite simular compañía, alterando la capacidad para distinguir entre vínculos reales y transaccionales.

Por último, el dominio del rage bait confirma la vulnerabilidad social a algoritmos que explotan los instintos y conductas más básicas de defensa y agresión. Si el brainrot es el cansancio por el scroll pasivo, el rage bait es la fatiga por la manipulación activa de nuestras emociones.

Las palabras del año 2025 plantean que la cultura digital es un agente activo de la psicología social. Basculando entre el absurdo intraducible, la falsa intimidad y la ira manufacturada, el año 2025 grita que las emociones están siendo hackeadas, reprogramadas, empaquetadas y vendidas. ¿Está el lenguaje cambiando para poner palabras a esto nuevo que nos pasa?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. 6-7, parasocial y ‘rage bait’: 2025 en tres palabras – https://theconversation.com/6-7-parasocial-y-rage-bait-2025-en-tres-palabras-271228

Vuelven los griegos: la sisifemia explica la falta de sentido del esfuerzo laboral

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Hay días en los que trabajamos sin parar y, aún así, al final de la jornada tenemos la sensación de no haber avanzado. Correos respondidos, reuniones encadenadas, informes enviados, formularios cumplimentados. Mucho movimiento, poca transformación.

No es cansancio físico. Tampoco falta de compromiso. Es algo más difícil de nombrar: la percepción persistente de que el esfuerzo no conduce a ninguna parte.

A esa experiencia la podemos llamar sisifemia.

El mito que vuelve una y otra vez

Según la mitología griega, Sísifo, rey de Corinto, fue condenado a empujar eternamente una enorme piedra hacia arriba, sólo para verla caer justo antes de alcanzar la cima. El castigo no consistía únicamente en el esfuerzo físico, sino en la inutilidad repetida del esfuerzo. Nada se acumulaba, nada se consolidaba, nada cambiaba.

El Nobel francés Albert Camus interpretó el mito desde una clave existencial, proponiendo imaginar a un Sísifo feliz en su rebelión frente al absurdo. Sin embargo, la sisifemia contemporánea no tiene mucho de heroica. Es más silenciosa, más cotidiana y, precisamente por eso, más desgastante. No se vive como una rebelión, sino como una normalización del sinsentido.

¿Qué es la sisifemia?

La sisifemia puede describirse como un estado psicológico y organizacional caracterizado por la vivencia de esfuerzo constante sin progreso significativo ni sentido percibido. No se trata de no hacer nada, sino de hacer mucho sin que ese hacer se traduzca en aprendizaje, mejora o impacto real.

Algunos rasgos característicos son:

  • Alta actividad con baja percepción de utilidad.

  • Repetición de tareas que no generan cierre ni resultados visibles.

  • Cumplimiento formal acompañado de desgaste emocional.

  • Sensación de estar siempre “empezando de nuevo”.

Sisifemia, burnout y workaholic no son la misma cosa

La sisifemia aparece con frecuencia en personas responsables, vocacionales y comprometidas, precisamente porque siguen empujando la piedra, incluso cuando intuyen que volverá a caer. A veces, se puede confundir la sisifemia con otros términos que conviene diferenciar: el burnout y el workaholism.

La sisifemia no es burnout, aunque puede conducir a él. El burnout es un síndrome de desgaste psicológico provocado por sobrecarga emocional y laboral sostenida, que desemboca en agotamiento, cinismo y sensación de ineficacia. La sisifemia, en cambio, no surge necesariamente del exceso de trabajo sino de la percepción de inutilidad del esfuerzo, incluso cuando la carga de trabajo es razonable.




Leer más:
El creciente síndrome de estar quemado por el trabajo: ¿qué es y cómo combatirlo?


Por otro lado, la sisifemia se diferencia del workaholism en que el adicto al trabajo trabaja en exceso porque necesita hacerlo. Hay compulsión, dificultad para desconectar y, en muchos casos, una búsqueda constante de rendimiento y reconocimiento. La sisifemia, en cambio, no nace de la adicción al trabajo, sino de su vaciamiento de significado. La persona sisifémica no trabaja más porque quiere sino porque debe. No encuentra placer ni orgullo en lo que hace, pero continúa por responsabilidad, por lealtad o por inercia. No hay euforia productiva, sino resignación activa.

En definitiva:

  • La persona que sufre burnout está exhausta porque ha dado más de lo que podía durante demasiado tiempo.

  • El workaholic se sobreimplica porque el trabajo lo absorbe.

  • Quien sufre sisifemia se desgasta porque el trabajo no le devuelve sentido.

Un mal muy actual

La sisifemia se manifiesta con especial intensidad en contextos como:

Vivimos en una cultura que valora el estar ocupado más que el avanzar, el cumplir más que el comprender, el medir más que el transformar. La sisifemia es, en gran medida, el resultado de esa lógica.

Consecuencias psicológicas

Cuando el esfuerzo deja de tener sentido, las consecuencias no tardan en aparecer:

Cuando hay sisifemia no hay gritos ni quejas. Simplemente erosiona el ánimo de quien la sufre.

¿Qué hacer frente a la sisifemia?

No existen soluciones mágicas, pero sí algunas orientaciones claras:

  1. Ir más allá de los objetivos y volver a dar sentido al trabajo. Los objetivos se cumplen o no. El sentido se construye a través de la reflexión personal. Sin una narrativa que explique el “para qué”, cualquier tarea acaba volviéndose pesada.

  2. Cerrar ciclos. Ver resultados, aunque sean modestos, es fundamental. La sisifemia prospera en entornos donde todo queda abierto, provisional o pendiente de la siguiente evaluación.

  3. Reducir tareas simbólicamente inútiles. No todo lo que se hace aporta valor. Aprender a eliminar lo superfluo es una forma de cuidado organizacional y personal.

  4. Dar voz a la experiencia. La sisifemia disminuye cuando las personas pueden nombrar lo que viven y participar en la redefinicion de los procesos.

Un cierre necesario

No siempre podemos dejar de empujar la piedra. La vida, el trabajo y las organizaciones implican esfuerzo. Pero sí podemos, y debemos, preguntarnos por qué, para qué y hasta cuándo.

La sisifemia no es un fallo individual sino una señal que merece ser escuchada. Porque cuando el esfuerzo recupera el sentido, la piedra pesa menos. Y a veces, incluso deja de caer.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Vuelven los griegos: la sisifemia explica la falta de sentido del esfuerzo laboral – https://theconversation.com/vuelven-los-griegos-la-sisifemia-explica-la-falta-de-sentido-del-esfuerzo-laboral-272222

Los secretos del turrón y el mazapán que la impresión 3D está sacando a la luz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ekaitz Esteban Echeverria, Coordinador de Ciencia y Tecnología en Basque Culinary Center, especializado en análisis de datos, Mondragon Unibertsitatea

Figuritas de mazapán en forma de fruta. CMG_IG/Shuttesrtock

En muchas casas, el turrón y el mazapán aparecen cada año como si fueran siempre los mismos. Sin embargo, estos dulces tradicionales esconden mucho más de lo que parece. Y, curiosamente, una tecnología muy futurista está ayudando a entenderlos mejor: la impresión 3D de alimentos.

Cuando se habla de impresión 3D aplicada a la comida, solemos imaginar una máquina que “fabrica” platos con solo pulsar un botón. Pero los estudios más recientes muestran algo distinto. Su mayor valor no está en producir comida nueva, sino en ayudarnos a comprender mejor la que ya conocemos.

Al intentar imprimir chocolate, dulce de leche, queso untable o masas parecidas al turrón o al mazapán, surge una pregunta clave: ¿cómo se comporta un alimento cuando lo obligamos a fluir y a mantener una forma?

Alimentos que no son ni sólidos ni líquidos

El turrón y el mazapán no son materiales simples: no son sólidos rígidos, pero tampoco líquidos. Se sitúan en un punto intermedio.

Están formados por grasas, azúcares y pequeñas partículas sólidas, componentes que interactúan entre sí. Estudios recientes muestran que se comportan como materiales complejos cuando se someten a esfuerzos mecánicos. No pasa solo con el turrón o del mazapán. También ocurre con cremas, purés o masas dulces. A simple vista parecen estables, pero cambian por completo cuando se los aprieta, se los estira o se los empuja.

En la cocina tradicional, estos comportamientos se ajustan gracias a la experiencia de los reposteros. Se amasa, se compacta o se deja reposar. Estas técnicas funcionan porque no se exige demasiado a la masa.

Pero, al usar una impresora 3D, las cosas cambian y las propiedades internas del alimento se vuelven visibles. Esta tecnología las deja en evidencia al someter al producto a situaciones poco habituales en la cocina doméstica.

La reología estudia cómo fluyen y se deforman los alimentos cuando se les aplica una fuerza. Productos como el turrón o el mazapán cambian su comportamiento según cómo se los manipule.
Ekaitz Esteban.

Qué ocurre cuando intentamos “imprimir” un dulce tradicional

La impresión 3D de alimentos funciona empujando una pasta por una boquilla estrecha. El material se deposita capa a capa. Eso sí, para que el proceso funcione, el alimento debe cumplir dos condiciones: debe fluir para salir por la boquilla y ser estable para no deformarse después.

Investigaciones recientes muestran que este equilibrio depende del propio alimento y no solo de la máquina utilizada. Al imprimir productos ricos en azúcar y grasa, aparecen grandes diferencias.

Algunos fluyen bien, pero se deshacen. Otros mantienen la forma, pero apenas se mueven. Estos límites se describen en revisiones recientes sobre los retos técnicos de la impresión 3D de alimentos.

Una impresora 3D de alimentos deposita pastas como chocolate o dulce de leche capa a capa. El alimento debe fluir y mantener su forma al mismo tiempo.
Ekaitz Esteban.

En el proceso, la forma también importa. No es lo mismo imprimir una línea fina que una estructura alta o con huecos. Algunas mezclas aguantan unos segundos, pero fallan al acumular capas. Muchas se deforman con el tiempo.

Lo que esta tecnología nos está enseñando

Observar estos comportamientos aporta conocimiento valioso. Permite entender por qué una receta funciona y otra no. Por eso, la impresión 3D se está usando como una herramienta para analizar los alimentos desde el diseño y no solo desde la receta.

En productos tradicionales como el turrón o el mazapán, esto permite ajustar su estructura con más precisión, para mejorar texturas, reformular recetas o adaptar alimentos a personas con necesidades específicas.

Es, por otra parte, un puente que une ciencia y cocina. Muchos procesos que antes se basaban solo en la intuición ahora pueden observarse mejor. La creatividad no desaparece, pero se refuerza con conocimiento.

Además, este tipo de aproximación permite entender por qué no todos los alimentos responden igual a los mismos cambios. Dos recetas muy parecidas pueden comportarse de forma distinta si se modifica ligeramente su composición o su procesado.

Estudios recientes destacan que observar estos comportamientos bajo condiciones controladas ayuda a anticipar cómo un alimento cambiará durante su manipulación, su almacenamiento o su consumo. En este sentido, la impresión 3D actúa como una herramienta de aprendizaje que hace visibles decisiones que, en la cocina tradicional, suelen pasar desapercibidas.

Turrón de Alicante, en la Casa Mira.
Wikimedia Commons., CC BY

Tradición y tecnología no son opuestas

Existe la idea de que la impresión 3D amenaza la cocina tradicional. Sin embargo, los estudios más recientes muestran lo contrario. Su mayor potencial es complementar el conocimiento culinario existente

Entender cómo fluye la masa o cómo mantiene su forma no le quita valor cultural al turrón o al mazapán. Al contrario, ayuda a explicar por qué sus recetas han perdurado durante siglos.

Mirarlas desde la ciencia permite unir tradición e innovación: la cocina también es física y química, aunque no siempre lo notemos.

El futuro de la tecnología en gastronomía

No parece que vayamos a imprimir turrón en casa pronto. Pero sí es evidente que la impresión 3D está ayudando a comprender mejor los alimentos.

Ese conocimiento puede dar lugar a productos con texturas más agradables, o más adecuados para distintas personas y contextos.

El verdadero avance no está en la máquina. Está en lo que nos obliga a aprender. Al tratar los alimentos como materiales complejos, la impresión 3D está cambiando cómo pensamos la gastronomía. Y en ese proceso, el turrón y el mazapán vuelven a sorprendernos.

The Conversation

Ekaitz Esteban Echeverria no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los secretos del turrón y el mazapán que la impresión 3D está sacando a la luz – https://theconversation.com/los-secretos-del-turron-y-el-mazapan-que-la-impresion-3d-esta-sacando-a-la-luz-271860

Los jóvenes españoles cuestionan la meritocracia: “El ascensor social se ha roto”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mercedes Herrero de la Fuente, Profesora e investigadora en la Universidad Nebrija. Directora del programa de doctorado Innovación en Comunicación Digital y Medios. Investigadora principal Cátedra EGEDA-Platino EDUCA Cine, Mujer y Educación, Universidad Nebrija

Answer 7/Shutterstock

“Precariedad” e “incertidumbre”. Estos son los dos términos más usados cuando pedimos a distintos grupos de jóvenes definir en una palabra qué es ser joven hoy en España. Las opiniones proceden de 16 grupos focales, con un total de 75 integrantes de entre 18 y 29 años, estudiantes o antiguos alumnos de cinco universidades de la Comunidad de Madrid.

Nos acercamos a ellos después de explorar las bases de datos del Centro de Estudios Sociológicos (CIS), que desde 1968 hasta la actualidad recogen 58 estudios dedicados total o parcialmente a la situación de la juventud en España.

¿Qué asuntos afloran? ¿Cuáles son los principales problemas en la actualidad de los jóvenes españoles? ¿Cómo afrontan su futuro?

Según el último Barómetro del CIS, publicado en octubre pasado, la vivienda destaca como la principal preocupación para el 26,9 % de los consultados. Le siguen la situación política (6,2 %) y la crisis económica (5,6 %).

En el desarrollo de los grupos de foco, el precio del alquiler se manifiesta, igualmente, como el principal obstáculo para emanciparse. Los participantes abundan en comentarios como “el alquiler se come nuestra nómina” o “buscar piso es para echarse a llorar”. Inciden en cómo este problema se agrava en Madrid y apuntan, con humor: “Trae cuenta aquí echarse novio/a para poder compartir el alquiler”.

La opción de compra apenas es considerada, en un contexto donde predominan la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Incluso aquellos que han conseguido un puesto de trabajo acorde a sus intereses lamentan que “la vocación no paga el alquiler”, y los más jóvenes, que acaban de finalizar sus estudios de grado o máster (22-23), se quejan de su condición de “perfectos becarios”.

Si nos remitimos a un análisis de los datos del CIS, la vivienda ya figuraba en los últimos años entre las inquietudes de la juventud, pero muy por detrás de otras como el empleo, señalada por el 60,5 % en 2021.

La familia como “bien de lujo”

Cuando se les pregunta por el significado de la familia, los jóvenes destacan el gran apoyo recibido de sus padres, tanto en el plano afectivo como en el económico. Son mayoría los que siguen viviendo en el hogar familiar y afirman no encontrar sentido a gastar gran parte de sus ingresos en un piso compartido: “¿Voy a emplear mi sueldo en vivir en unas condiciones peores que en casa de mis padres?”

La perspectiva de formar su propia familia se contempla, pero sólo a largo plazo, y se encuentra fuertemente condicionada por la precariedad económica. Se referían a ello como “bien de lujo” y consideraban esencial a la hora de tener hijos “darles la vida que se merecen”.

Además de los motivos económicos, intervienen otros factores, como el hecho de que las relaciones no sean duraderas o la preocupación por conciliar el trabajo con la vida familiar, mencionado especialmente entre las mujeres. También se manifiesta abiertamente, en algunos casos, el deseo de no ser padres.

Estos datos cualitativos encajan con las cifras arrojadas por el último Barómetro del CIS: un 56 % de los jóvenes entre 18 y 29 años quieren tener hijos, frente a un 34 % que no lo desea. Además, un 7 % señala que ya está en el proceso de formar una familia, porcentaje que asciende al 15 % en el tramo de 27 a 29 años. No obstante, el hecho de que cerca de un tercio rechace esta idea apunta a un cambio en los valores y prioridades de las nuevas generaciones.

Giro a la extrema derecha

En cuanto a las preferencias políticas de la juventud española, los datos más recientes del CIS revelan en términos globales un cierto predominio de la izquierda, con una intención de voto al PSOE del 22,29 %. En segundo lugar, se sitúa VOX, con un 17,47 %, mientras que el grupo de indecisos (“no sabe/no contesta) representa un 15,46 %.

También se observa una inversión de esta tendencia en la franja más joven (18-21 años), donde la derecha (VOX y PP) gana protagonismo, alcanzando un 31,73 % de intención de voto, frente al 24,04 % del partido socialista. La indecisión vuelve a ocupar el tercer lugar (13,46 %).

En los grupos de foco se muestra gran desencanto frente a la política y se percibe el viraje ideológico hacia la extrema derecha. Los jóvenes critican que “ya no se hace política para la ciudadanía” y afirman: “La gente de derechas cada vez lleva a mayor gala ser de derechas y hasta son quizás más reivindicativos”. Algunas opiniones se refieren a que el concepto de rebeldía se ha transformado: “Antes era ser anarquista, ahora es ser un fascista otra vez”.

Hay dos motores para esta polarización. El primero es la frustración y el descontento; el segundo, la dinámica de las redes sociales. Los jóvenes se referían a ellas como foco de extremismo ideológico, porque priorizan lo provocador y agresivo:

“Se oye lo que más ruido hace, que son los furiosos, los más polarizados (…) y yo me pregunto, ¿dónde está la gente razonable, la gente llegando a lo hondo de los temas y a las cosas importantes?”

Futuro y brecha generacional

Al hablar sobre su futuro, siguen revelando cierta frustración, recogida en frases como: “Teníamos una creencia sobre lo que sería nuestra vida (…), que hoy día es totalmente errónea…”. A pesar de haber realizado un gran esfuerzo para formarse, la promesa de estabilidad laboral y económica no se ha cumplido.

La meritocracia es cuestionada a medida que avanza la edad, de forma que los que ya han adquirido cierta experiencia profesional sostienen que la universidad no garantiza un futuro mejor. Algunos expresan su desencanto con frases como: “el ascensor social se ha roto”.

Al compararse con la generación de sus padres, perciben que conseguirán una estabilidad económica y laboral mucho después que ellos. Esta opinión ya se detectó en anteriores estudios del CIS, como el de 2021, cuando esta tendencia se intensificó por la pandemia.

A pesar de estas valoraciones pesimistas, la juventud afronta su porvenir también con esperanza, especialmente en cuestiones relacionadas con el potencial de la tecnología o el ejercicio de sus libertades, dentro de una sociedad más diversa.

Apelan a su capacidad de adaptación y a los pequeños acontecimientos felices que, a pequeña escala, suceden cada día. Una joven que acaba de terminar su grado afirma:

“Yo creo en los pequeños actos, porque hay grandes dinámicas globales en las que no podemos influir, pero hay cuestiones a pequeña escala que podemos cambiar”.

The Conversation

Este estudio se ha llevado a cabo con una iniciativa del CIS destinada a la explotación de su Banco de Datos. Las investigadoras implicadas en este trabajo son: Carmen Llovet Rodríguez (IP del proyecto), Universidad Nebrija; Mercedes Herrero de la Fuente, Universidad Nebrija; Sandra Benítez Peña, Universidad Carlos III de Madrid; Cristina Gallego Gómez, Universidad Rey Juan Carlos; Gema López Sánchez, Universidad Europea de Madrid.

ref. Los jóvenes españoles cuestionan la meritocracia: “El ascensor social se ha roto” – https://theconversation.com/los-jovenes-espanoles-cuestionan-la-meritocracia-el-ascensor-social-se-ha-roto-268414

Más depredadores de lo esperado: la pirámide de la biodiversidad es más bien un cuadrado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Bastos Araújo, Research Professor in Biogeography and Global Change, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)

Una leona en Sudafrica: Kruger park Miguel Araujo, CC BY-SA

Durante décadas, la imagen que ha dominado los manuales de Ecología ha sido la de la pirámide de la biodiversidad: mucha biomasa vegetal en la base, menos herbívoros encima y todavía menos depredadores en la cúspide. Esa intuición es correcta para describir el flujo de energía, pero resulta engañosa si la convertimos en una regla sobre cómo se distribuye el número de especies.

“Trófica” es una palabra que viene del griego y quiere decir “alimentación”. El flujo de energía en la cadena es el movimiento desde los productores (plantas, algas), que capturan energía solar, hacia los consumidores (herbívoros, carnívoros) y descomponedores (buitres). A medida que se alimentan unos de otros se pierde energía en cada nivel en forma de calor, que, por lo tanto, disminuye según ascendemos en los niveles tróficos. La energía desciende, sí, pero no el número de especies, como hemos descubierto.

En nuestro artículo, publicado en Proceedings of the Royal Society B, liderado desde el Museo Nacional de
Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), analizamos la información dietética de más del 90 % de los animales terrestres descritos y mostramos que la diversidad de especies a lo largo de los niveles tróficos no se organiza como una pirámide. En promedio, se parece más a un “cuadrado”: proporciones similares de especies herbívoras y depredadoras, y una fracción menor de consumidores mixtos.

Energía piramidal, riqueza de especies no necesariamente piramidal

En cada transferencia trófica (cuando unos se comen a los otros) se pierde parte de la energía disponible, por lo que es lógico que los niveles superiores sostengan menos biomasa y menos individuos. Pero ese argumento físico no obliga a que también haya muchas menos especies en esos niveles.

Nuestro estudio confirma precisamente esa separación conceptual: la energía puede ser piramidal, mientras que la riqueza de especies puede obedecer a restricciones distintas, vinculadas a procesos ecológicos y evolutivos que operan durante tiempos largos.

Un patrón global sorprendentemente uniforme

Cuando estudiamos a los tetrápodos (mamíferos, aves, reptiles y anfibios) y artrópodos terrestres (hormigas, escarabajos, arañas, escorpiones, ciempiés y milpiés), el patrón global es casi “cuadrado”: aproximadamente el 45,8 % de las especies son consumidores primarios (herbívoros), el 42,6 % son consumidores de niveles tróficos superiores (depredadores y otros consumidores de animales) y el 11,6 % son consumidores mixtos (que usan recursos vegetales y animales de forma regular).

El resultado es aún más contraintuitivo si se observan solo los tetrápodos: en ese subconjunto aparece una “pirámide invertida” de diversidad, con cerca de 69,6 % de especies situadas en niveles tróficos superiores. Aquí están los leones, tigres, lobos, cocodrilos, serpientes grandes, etc.

Los artrópodos –por su enorme diversidad– son los que “aplanan” el patrón agregado y llevan el conjunto hacia el cuadrado global. En este grupo están invertebrados como arañas, escorpiones, mantis, escarabajos, chinches y ciertas avispas y moscas (dípteros), que cazan y consumen otros animales para subsistir.

Lo verdaderamente inesperado: el patrón se repite

Un resultado especialmente llamativo es que la proporción de organismos en cada nivel de la cadena alimentaria se mantiene casi igual entre distintos tipos de comunidades. Al comparar seis grandes estructuras tróficas (definidas por su forma de alimentarse), se observa que los tetrápodos presentan una distribución muy similar: en promedio 68,13 % de consumidores de niveles superiores, 21,42 % de consumidores primarios y 10,45 % de consumidores mixtos (con intervalos de confianza del 95 %).

De hecho, si se intenta diferenciar esas seis estructuras de comunidad usando solo el porcentaje de especies en cada nivel de la cadena alimentaria, el resultado es casi el mismo que elegir al azar: la clasificación apenas mejora un 6,6 %. Dicho de forma sencilla, el “reparto” de especies entre herbívoros, carnívoros y omnívoros es tan parecido en todos los casos que sirve muy poco para distinguir unos grandes tipos de comunidades de otros.

No se trata solo de cuántas especies hay en cada nivel de la cadena alimentaria: tampoco cambia mucho qué comen en conjunto. Para responder a una crítica habitual –que el número de especies pueda ser parecido, pero su función ecológica muy distinta–, el estudio añade un análisis más. Al examinar comunidades de aves y mamíferos, se observa que la proporción global de alimento de origen vegetal frente al de origen animal en la dieta total es prácticamente la misma en distintos tipos de comunidades. Es decir, no solo se repite el número de especies por nivel trófico, sino también el equilibrio de lo que comen.

El mensaje no es solo que “hay muchos depredadores en número de especies”, sino que el funcionamiento trófico no cambia drásticamente entre grandes contextos ecológicos, al menos en estos conjuntos.

Por qué hay tantas especies de depredadores y escasos individuos

Aquí conviene distinguir dos magnitudes que se confunden a menudo:

  • Abundancia: los depredadores suelen tener densidades menores y pueden ser más vulnerables a la extinción local.

  • Riqueza de especies: aun con baja abundancia, puede existir gran diversidad si la diferenciación ecológica y la diversificación compensan el riesgo de pérdida.

Una posibilidad consistente con los resultados es que los consumidores de niveles superiores se diversifiquen con relativa rapidez (por ejemplo, al especializarse en presas, hábitats, microclimas o estrategias de forrajeo), de modo que una mayor rotación (extinciones y reemplazos) no impida sostener alta riqueza a largo plazo. A esto se sumaría el hecho de que los consumidores mixtos sean relativamente pocos, lo que encaja con un proceso de diversificación que favorece posiciones tróficas más definidas dentro de la jerarquía.

Para conservación: no tratar a los depredadores como un extra minoritario

Si los depredadores representan una fracción tan grande y estable de la diversidad, entonces las políticas de conservación y gestión que, directa o indirectamente, erosionan su papel (persecución, simplificación del hábitat, colapso de presas, alteración de redes de interacción) no solo afectan a funciones ecológicas conocidas: también pueden suponer una reducción sustantiva de biodiversidad por simple contabilidad de especies.

El punto crítico es conceptual: no es prudente asumir que los niveles tróficos superiores son, por definición, una “capa fina” y prescindible. Si la estructura “cuadrada” es un resultado robusto de procesos eco-evolutivos y de restricciones de red, desmantelar un nivel trófico puede empujar a los ecosistemas hacia configuraciones menos estables o menos robustas, precisamente lo contrario de lo que se persigue en restauración y conservación.

The Conversation

Miguel Bastos Araújo y Luís Camacho, ambos co-autores de la publicación referida en este artículo, recibieron fondos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas para esta investigación.

ref. Más depredadores de lo esperado: la pirámide de la biodiversidad es más bien un cuadrado – https://theconversation.com/mas-depredadores-de-lo-esperado-la-piramide-de-la-biodiversidad-es-mas-bien-un-cuadrado-272299

La respuesta al dolor en la prehistoria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sonia Díaz Navarro, Postdoctoral research fellow, Universidad de Burgos

Ilustración de los cuidados en la Prehistoria, expuesta en el Museo de los Dólmenes de Antequera. Esperanza Martín.

Hoy asumimos con naturalidad hospitales, diagnósticos y fármacos, pero la preocupación por aliviar el dolor nos acompaña desde hace miles de años. El registro arqueológico documenta los estragos de la enfermedad en el ser humano desde el Paleolítico. Fracturas consolidadas, signos de artritis y patologías dentales muestran una larga convivencia con el sufrimiento y la limitación física en neandertales y Homo sapiens arcaicos.

Tratamientos neandertales

Chamaemelum nobile o camomila.
H. Zell / Wikimedia Commons., CC BY

Estos mismos registros también aportan las primeras evidencias de mitigación del dolor, como uso de plantas medicinales, manipulación dentaria o cuidados a individuos con discapacidad.

Una de las respuestas más antiguas frente al malestar fue el consumo de plantas y hierbas con propiedades curativas. Por ejemplo, sabemos que los neandertales que habitaban la cueva de El Sidrón (Asturias) tomaban analgésicos y antibióticos naturales como camomila (Chamaemelum nobile), ácido salicílico y Penicillium procedente de brotes de álamos y hongos.

Con el sedentarismo, más infecciones

Con la llegada del Neolítico, el panorama biosanitario cambió radicalmente. El sedentarismo, la convivencia estrecha con animales domésticos, las dietas cerealistas, la densificación demográfica y el surgimiento de nuevas actividades económicas crearon la tormenta perfecta para la proliferación de infecciones, trastornos metabólicos, patologías osteoarticulares, problemas dentales y parasitosis.

La salud se deterioró en muchos aspectos, pero también lo hicieron las respuestas: se multiplicaron las prácticas destinadas a prevenir, tratar y mitigar el sufrimiento.

Cráneo de mujer procedente del yacimiento de La Saga con trepanación por incisión en el parietal sin supervivencia.
Sonia Díaz.

Las pruebas de que hubo trepanaciones craneales cada vez más complejas, cuidados prolongados a personas dependientes, uso sistemático de plantas medicinales y sustancias psicoactivas, procedimientos quirúrgicos rudimentarios y tratamientos sobre infecciones, dolores crónicos o trastornos intestinales muestran un profundo conocimiento empírico del cuerpo humano y del entorno vegetal y animal.

Boticas sacadas de la naturaleza

La misma familiaridad con el poder terapéutico de la flora aparece en otros lugares del mundo. El análisis de heces fosilizadas de 8 000 años de antigüedad procedentes de la cueva brasileña de Boqueirão da Pedra Furada demuestra un gran conocimiento de los pobladores sobre plantas medicinales.

El estudio permite corroborar el uso de diferentes variedades de árboles y plantas para aliviar problemas intestinales y respiratorios, así como la utilización de otras como antiparasitarios, analgésicos o expectorantes.

El paciente “de hielo”

Reconstrucción plástica del cuerpo de Ötzi, tal como se conservó.
Wikimedia Commons., CC BY

El testimonio más completo de medicina prehistórica es el de Ötzi, el “hombre de hielo”, hallado en los Alpes y fechado en el IV milenio a. e. c. Su cuerpo revela una salud muy dañada: artritis en cadera y columna, lesiones vasculares tempranas, problemas pulmonares por inhalación de humo, caries y periodontitis, anemia leve, osteomalacia e infecciones intestinales causadas por Helicobacter pylori y el parásito Trichuris trichiura.

El hongo poliporo del abedul (Piptoporus betulinus) tiene propiedades contra parásitos intestinales humanos.
Wikimedia Commons., CC BY

Pero también portaba remedios. Entre su equipamiento, aparecieron el poliporo de abedul (Fomitopsis betulina), un hongo con propiedades antihelmínticas, y restos de un helecho medicinal, eficaces contra parásitos como los que padecía.

Además, sus más de sesenta tatuajes se concentran en zonas doloridas, lo que sugiere un uso terapéutico, con técnicas de presión, para aliviar molestias crónicas.

El caso de Ötzi muestra que, junto a una vida dura y enfermedades frecuentes, las comunidades prehistóricas desarrollaron conocimientos empíricos sobre plantas, hongos y cuidados corporales. Incluso hace más de 5 000 años, enfermar y tratarse ya formaba parte de la experiencia humana.

Tatuajes presentes en el cuerpo de la momia Ötzi.
Samadelli et al. _Journal of Cultural Heritage_. 2015

Drogas sagradas… y anestésicas

El consumo de sustancias psicoactivas capaces de alterar la percepción tampoco es una novedad reciente.

Plantas como la adormidera (Papaver somniferum), la efedra (Ephedra fragilis), el beleño (Hyoscyamus niger), la mandrágora (Mandragora officinarum) o el estramonio (Datura stramonium) están presentes en numerosos yacimientos arqueológicos prehistóricos europeos.

Papaver somniferum (variedad blanca) cerca de Madrid.
Wikimedia Commons., CC BY

Su hallazgo en sepulturas, depósitos rituales o espacios ceremoniales sugiere que se usaban para acompañar prácticas simbólicas, trances o experiencias vinculadas a la muerte y lo sagrado.

Sin embargo, su papel no siempre fue estrictamente espiritual: el cráneo masculino de Can Tintorer (Barcelona), sometido a dos trepanaciones, es el único individuo del yacimiento con evidencias de consumo de adormidera, lo que apunta a un posible uso calmante o analgésico para afrontar el dolor y la convalecencia.

Un legado que sigue vivo

Muchos de aquellos recursos vegetales continúan siendo hoy la base de medicamentos modernos. De las cortezas con salicilatos derivó el principio activo de la aspirina, de hongos como los del género Penicillium surgieron antibióticos y de plantas como la efedra o la adormidera proceden compuestos que siguen utilizándose en fármacos respiratorios, analgésicos u opiáceos.

Estos indicios nos recuerdan que la medicina en su forma más humana no empieza con la escritura ni con los tratados clásicos, sino con la necesidad de comprender el cuerpo y el sufrimiento. Allí donde existieron dolencias, surgió también la búsqueda de alivio.

The Conversation

Sonia Díaz Navarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La respuesta al dolor en la prehistoria – https://theconversation.com/la-respuesta-al-dolor-en-la-prehistoria-242242

Cada vez más solos en casa: el auge silencioso de los hogares unipersonales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Brey, Profesora en sociología y opinión pública, experta en migraciones y vida urbana, Universidad Complutense de Madrid

mariamontoyart/Shutterstock

En España hay cada vez más personas que viven solas en su casa, en hogares unipersonales. Estos pasaron de cinco millones en enero de 2021 a más de 5,5 millones en julio de 2025, según el Instituto Nacional de Estadística. Esto supone un aumento del 10,8 % entre ambas fechas. Mientras tanto, los hogares de dos personas crecían un 9 %, los de tres apenas crecían un 1,6 % y los de cuatro o más personas disminuían muy ligeramente (-0,3 %).

En julio de 2025, España contaba con 19,6 millones de hogares. De este total, un 29 % eran de dos personas; un 28 %, unipersonales; un 23 %, de cuatro y más personas, y un 20 %, de tres. A pesar de su claro aumento, en España los hogares unipersonales no son la forma más habitual de vivir, pero podría serlo en los próximos años: aunque en julio de 2025 era más habitual vivir en hogares de dos personas, solo había 130 520 más de este tipo en comparación con los unipersonales. Y esta diferencia se ha reducido respecto a enero de 2021.

Diferencias por comunidades

Estamos cada vez más solos en casa, pero existen diferencias marcadas entre comunidades autónomas. Los datos muestran dos tendencias. En todo el arco mediterráneo, las Islas Baleares y Madrid predominan los hogares de dos personas sobre los hogares unipersonales. Un 26,7 % de la población vive en hogares unipersonales en esa áera, una de cada cuatro personas.

Mientras, en las zonas más rurales del norte de España, las dos Castillas, Extremadura y Canarias prevalecen los hogares unipersonales sobre los hogares de dos personas. En este caso, un 31,2 % de las personas vive en los primeros (una de cada tres).

Hay varios motivos por los cuales vivimos cada vez más solos en casa. El primero tiene que ver con la estructura por edad y sexo de la población y la esperanza de vida. España es un país con un cierto grado de envejecimiento. Desde 2022, más del 20 % de la población tiene más de 65 años. Además, la esperanza de vida de las mujeres es mayor que la de los hombres: 86,3 años para ellas, frente a 81,1 años para ellos, en 2025.

Mujeres viudas y parejas separadas

Por ello, muchas personas que viven solas son mujeres, posiblemente viudas, que pasan a vivir en un hogar unipersonal después de perder a su pareja. Estos casos generan preocupación cuando derivan en soledad no deseada.

Existen otros motivos vinculados a la diversificación de las formas de convivencia. Aumentan tanto los divorcios y las separaciones como las parejas que viven juntas, pero separadas, es decir “cada cual en su casa”.

La formación de hogares unipersonales queda supeditada entonces a dos condiciones. El primer factor es que los hijos o las hijas de esta nueva o antigua pareja ya no vivan con sus padres. El segundo factor que condiciona la formación de ese tipo de hogares es la existencia de recursos suficientes para afrontar el coste de dos viviendas.

La edad, el género, el ciclo vital y el precio de la vivienda, además del cambio en las formas de convivencia condicionan de este modo la formación o no de hogares unipersonales. Estos factores explican las dos tendencias antes observadas.

Población envejecida y menor precio de la vivienda

Donde la forma más habitual de vida son los hogares unipersonales, la población está más envejecida y el precio de la vivienda es menor. Aunque habría que analizar los mismos fenómenos con microdatos, así lo observamos en las zonas del norte de España, las dos Castillas y Extremadura.

A nivel regional, la proporción de personas de 65 años y más es de las más altas del país. Oscila entre un 20,1 % en Castilla La Mancha y un 28,4 % en Asturias. También se confirma la relación entre una mayor proporción de hogares unipersonales y unos menores precios de la vivienda.

Según el Observatorio de Vivienda Asequible de la oenegé Provivienda, en todas las regiones del norte, las dos Castillas, Extremadura y Canarias, los precios del alquiler alcanzaban un máximo de 500 euros en 2022, siendo de los más bajos de España.

En cuanto a los precios de la compra de vivienda, en 2025, según el mismo observatorio, eran menores en las regiones antes señaladas, donde predominan los hogares unipersonales.

¿Y nuestros vecinos europeos?

Si bien es cierto que aumentan los hogares unipersonales en España, su proporción no alcanza la media europea. En 2024, en la Unión Europea un 35 % de los hogares estaban formados por una sola persona, frente a un 28 % en España. Desde 2015, en todos los países la tendencia de este tipo de hogares es al alza, aunque hay cuatro excepciones: Eslovaquia –donde la proporción de hogares unipersonales ha disminuido de forma marcada entre 2015 y 2024– Hungría, Irlanda y Polonia, en los que la disminución fue mínima, según Eurostat.

Es cierto que vivimos cada vez más solos en casa en España, si bien hay dos factores clave que ralentizan esta tendencia. La primera es el coste de la vivienda, que sube por encima de los ingresos desde hace varios años. La segunda es la existencia de un régimen de bienestar “familista”, en el cual la familia y, por extensión, las redes locales de apoyo aportan soluciones y recursos donde el Estado y el mercado no llegan.

Siempre y cuando contemos con esta red familiar y vecinal extensa de apoyo, vivir solos en casa no necesariamente será sinónimo de estar solos.

The Conversation

Elisa Brey no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cada vez más solos en casa: el auge silencioso de los hogares unipersonales – https://theconversation.com/cada-vez-mas-solos-en-casa-el-auge-silencioso-de-los-hogares-unipersonales-267937

Planck, Schrödinger y Heisenberg: arquitectos de la revolución cuántica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Daniel Sierra Murillo, Investigador, Divulgador y Profesor en Física., Universidad de La Rioja

A comienzos del siglo XX, la física atravesaba una profunda crisis conceptual. Los modelos clásicos, basados en las leyes de Newton y en el electromagnetismo de James Clerk Maxwell (1831-1879), parecían suficientes para explicar la mayoría de los fenómenos naturales. Sin embargo, ciertos problemas –como la radiación del cuerpo negro, el efecto fotoeléctrico o la estabilidad del átomo– desafiaban toda explicación coherente dentro de ese marco.

De esta crisis emergería la teoría cuántica, una de las revoluciones científicas más profundas de la historia, impulsada por figuras que, en muchos casos, no buscaron deliberadamente trastocar los cimientos del conocimiento, pero terminaron haciéndolo.

Una de esas figuras fue Max Karl Ernst Ludwig Planck (1858-1947), a quien el físico, filósofo e historiador de la ciencia Manjit Kumar se refirió como “revolucionario a su pesar” en una de sus obras, Quantum.

Planck no se consideraba a sí mismo un subversivo científico: era profundamente conservador en sus ideas y esperaba ajustar ligeramente la física clásica, no reemplazarla. Sin embargo, en 1900, mientras estudiaba el problema de la radiación del cuerpo negro (la manera en que un objeto ideal emite energía en función de su temperatura), se vio obligado a introducir una hipótesis radical: la energía no se intercambia de forma continua, como se creía hasta entonces, sino en pequeñas porciones discretas, a las que llamó cuantos de energía.

Planck propuso que la energía emitida o absorbida por un oscilador solo podía tomar valores múltiples de una cantidad mínima proporcional a la frecuencia de la radiación, expresada mediante la fórmula: E = h·f, donde E es la energía, f la frecuencia y h la famosa constante de Planck. Aunque Planck consideraba este paso como un recurso matemático, una “desesperada” solución al problema, su idea marcaría el nacimiento de la teoría cuántica. A partir de este punto, el mundo atómico-molecular dejaría de entenderse como un sistema continuo y predecible bajo las leyes clásicas.

La llegada de Schrödinger

Inspirado por esta nueva visión, Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger (1887–1961) desarrolló, en 1926, una de las formulaciones más influyentes de la teoría cuántica: la ecuación de Schrödinger. Este modelo es considerado estadístico, porque no describe con certeza el comportamiento exacto de las partículas subatómicas, sino que establece una función de onda que contiene toda la información posible sobre un sistema físico desde la perspectiva de la teoría cuántica. A partir de esa función, se pueden calcular probabilidades de encontrar a una partícula en una determinada posición o con un determinado momento lineal (masa por velocidad).

En otras palabras, mientras que en la física clásica se puede saber con exactitud dónde estará un objeto en el futuro si se conocen sus condiciones iniciales, en el modelo estadístico de Schrödinger esto resulta imposible.

El modelo del físico autriaco no dice: “la partícula está aquí”, sino más bien: “hay una cierta probabilidad de que la partícula se encuentre en esta región del espacio”. Introduce una visión del universo gobernado por la probabilidad, y rompe con el “determinismo” heredado de la física clásica de Newton y con el que estaba de acuerdo Albert Einstein (1879-1955), afirmando que Dios “no puede estar jugando a los dados”.

El gato más famoso de la cuántica

El carácter contraintuitivo del modelo estadístico de Schrödinger queda ilustrado habitualmente con el famoso experimento mental del gato de Schrödinger, donde un gato encerrado en una caja se encuentra en un estado paradójico de “vivo y muerto” al mismo tiempo hasta que alguien abre la caja y observa el resultado. Dicho experimento no fue propuesto para apoyar la teoría cuántica, sino para destacar lo extraño que resultaba trasladar las propuestas basadas en el modelo estadístico de Schrödinger al mundo macroscópico. Sin embargo, popularizó dilemas que algunas propuestas de dicho modelo traían consigo.

La incertidumbre de Heisenberg

De manera paralela, otro complemento fue formulado por Werner Karl Heisenberg (1901-1976).

En 1927, Heisenberg presentó su célebre principio de indeterminación (o de incertidumbre), que establece que existen pares de magnitudes físicas que no pueden conocerse simultáneamente con precisión absoluta. El ejemplo más conocido es el de la posición y el momento lineal (masa por velocidad) de una partícula: cuanto más exactamente conocemos una, mayor será la incertidumbre sobre la otra.

Se suele afirmar que este principio no es una limitación de nuestros instrumentos de medición, sino una propiedad fundamental de la naturaleza. Que en el acto de observar influye sobre lo observado. Para medir la posición de una partícula, por ejemplo, necesitamos interactuar con ella (a través de fotones, campos, etc.), y esa interacción altera su estado de movimiento. De este modo, la realidad subatómica dejaría de ser un escenario pasivo y pasaría a ser un sistema dinámico donde el observador formaría parte del fenómeno observado.

La propuesta de Max Planck transformó radicalmente nuestra comprensión del universo. Gracias a ella, se han desarrollado tecnologías tan importantes como los transistores, los láseres, la resonancia magnética, los chips de computadoras, los paneles solares, etc., etc., etc. Un gran legado.

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José Daniel Sierra Murillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Planck, Schrödinger y Heisenberg: arquitectos de la revolución cuántica – https://theconversation.com/planck-schrodinger-y-heisenberg-arquitectos-de-la-revolucion-cuantica-271958

Claves para gestionar la ansiedad y las frustraciones de la vida universitaria (y adulta)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Azahara Leonor Miranda Gálvez, Profesora Ayudante a Doctor, Universidad Loyola Andalucía

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¿Qué buscamos cuando decidimos matricularnos en un grado universitario? ¿Qué supone sacar un título “con éxito”? A menudo nos enfocamos excesivamente en la nota final de las asignaturas, pero el verdadero desafío de esta etapa es aprender a cuidar nuestra mente mientras desarrollamos nuestro talento y nuestra faceta profesional.

Estudiar en la universidad implica tomar decisiones importantes, adaptarse incluso a cambios de ciudad o de grupo de amigos, y enfrentarse a la independencia por primera vez. Según datos recientes, más del 40 % de los estudiantes universitarios en España tienen síntomas de ansiedad o depresión durante su etapa académica. La presión por las notas, la incertidumbre sobre el futuro laboral y el síndrome del impostor –esa sensación de no estar a la altura– afectan a miles de jóvenes cada curso.




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Aprender a manejar esas emociones y mantener la motivación puede marcar la diferencia entre “sobrevivir” y disfrutar realmente de la vida universitaria. Lo segundo solo es posible si aprendemos a controlar la ansiedad antes de un examen, a pedir apoyo cuando algo no sale como esperábamos o celebrar pequeños logros.

Este aprendizaje no solo nos ayudará a aprobar asignaturas: es la base para crecer como personas y como profesionales a lo largo de toda nuestra vida. Un estudio de próxima publicación que hemos realizado con universitarios españoles nos dejó un dato muy interesante: la inteligencia emocional influye muchísimo en cómo vivimos la ansiedad. No consiste únicamente en reconocer lo que sentimos; para que realmente nos ayude, necesitamos entender bien nuestras emociones y, sobre todo, saber gestionarlas.




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Prácticas diarias de inteligencia emocional

La inteligencia emocional se puede practicar todos los días. Por ejemplo:

  • Confiando en nosotros: cuando un estudiante se siente capaz de preparar un examen complicado sin depender de nadie más, está mostrando autoeficacia, que favorece mejores resultados académicos.

  • Manteniendo la motivación: encontrar actividades que nos apasionen, incluso en los momentos más difíciles del semestre, ayuda a no perder el ritmo.

  • Gestionando la ansiedad: técnicas simples, como hacer pequeñas pausas o organizar bien el tiempo de estudio, ayudan a rendir mejor y sentirnos menos estresados.

  • Practicando mindfulness o atención plena: podemos dedicar unos minutos a la meditación al despertar, dándonos un momento para notar nuestra respiración y sensaciones antes de empezar el día.

  • Creando un circulo de apoyo: compartir los problemas con alguien de confianza hace que los retos del día a día sean más asumibles.

  • Pensando en el futuro: marcarnos metas, como elegir prácticas o asignaturas que nos interesen.

  • Celebrando los logros: cuando terminamos un proyecto o recibimos un buen comentario, tomemos un momento para disfrutarlo.

La inteligencia emocional nos permite encontrar un equilibrio entre el rendimiento y el bienestar, sin sacrificar uno por el otro. Como dijo Aristóteles, “la excelencia no es un acto, sino un hábito”: la práctica diaria de estas rutinas puede mejorar nuestra capacidad de exigirnos cuando podamos y perdonarnos cuando no hayamos podido.

Inteligencia emocional en el campus

Aunque es mucho lo que podemos hacer por nosotros mismos, para que realmente alcance su mayor potencial toda la universidad tiene que estar involucrada en esta búsqueda del bienestar: debe haber profesores comprometidos, tutorías útiles y accesibles, y espacios de apoyo donde los universitarios puedan sentirse escuchado.

Aprender a manejar las emociones requiere práctica constante y en diferentes espacios. Por ejemplo, mientras estudiamos, podemos notar cuándo estamos estresados y usar estrategias simples, como organizar los tiempos, tomar pausas o respirar hondo. También es muy importante el espacio de las tutorías, ya que los comentarios de los profesores nos pueden ayudar a sentirnos capaces.




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Al salir al mundo laboral, estas habilidades serán igual de valiosas. Nos permitirán gestionar plazos, resolver imprevistos, adaptarnos a nuevos equipos y saber pedir ayuda cuando la necesitemos.

Autorregulación emocional y resiliencia

La autorregulación emocional y la resiliencia son elementos de la inteligencia emocional y resultan esenciales para sentirnos mejor en la universidad. La autorregulación es la capacidad de manejar nuestros pensamientos, emociones y acciones para alcanzar metas. Estar autorregulado no es solo manejar el tiempo: también implica saber cuándo parar, fijar metas alcanzables, revisar cómo vamos y cambiar de estrategia si algo no funciona. Priorizar, anticipar problemas y preparar un buen lugar para estudiar nos ayuda a aprender por nuestra cuenta. Quienes lo practican rinden mejor y se sienten más tranquilos, porque saben adaptarse y no frustrarse cuando algo no sale como esperaban.




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La resiliencia es nuestra capacidad de superar un mal momento y aprender de lo que pasó. No significa que nunca cometamos errores, sino que sabemos cómo superar un mal día o una mala nota, cuidarnos y seguir hábitos que nos ayuden a estar tranquilos y con energía. Por ejemplo, si sale mal un trabajo que hemos hecho en grupo, la autorregulación nos ayuda a no castigarnos ni sentirnos demasiado mal. La resiliencia, en cambio, nos anima a ver qué salió mal y a pensar un nuevo plan para mejorar.

Cuando unimos estas dos habilidades, nos enfrentamos a los retos de la universidad y de la vida con más confianza y calma.

Cuándo pedir ayuda profesional

Es importante reconocer cuándo el estrés o la ansiedad dejan de ser normales. Si llevamos semanas sin poder concentrarnos, puede ser un buen momento para pedir ayuda. Lo mismo si evitamos clases o exámenes, o si notamos cambios importantes en el sueño o el apetito.

La mayoría de las universidades cuentan con servicios de orientación psicológica gratuitos o gabinetes especializados. Pedir ayuda no es un fracaso, es una decisión inteligente. Porque cuidar nuestra mente no va a frenar nuestro talento: al contrario, es lo que nos permite desarrollarlo al máximo.

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Azahara Leonor Miranda Gálvez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Claves para gestionar la ansiedad y las frustraciones de la vida universitaria (y adulta) – https://theconversation.com/claves-para-gestionar-la-ansiedad-y-las-frustraciones-de-la-vida-universitaria-y-adulta-267655

Todos los beneficios ambientales de pasarnos a una dieta basada en plantas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Noelia María Rodríguez Martín, Postdoctoral fellow, Instituto de la Grasa (IG – CSIC)

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Nuestra dieta y cómo se producen los alimentos que incluye afecta a nuestra salud, pero también al medio ambiente. Aproximadamente un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por el ser humano están relacionadas con el cultivo, el procesamiento, el transporte, la distribución y la preparación de los alimentos.

Aunque no todos ellos tienen el mismo impacto en el planeta. En un nuevo estudio hemos comprobado que adoptar una dieta basada en plantas tiene efectos ambientales positivos, como la reducción de hasta un 46 % en nuestra huella de carbono, es decir, las emisiones de dióxido de carbono asociadas a nuestra actividad diaria.

En el trabajo, simulamos cuatro menús reales e isocalóricos (2 000 kcal/día) de una semana con cuatro patrones: mediterráneo (omnívoro), pescovegetariano, ovolactovegetariano y patrón 100 % vegetal (que en nutrición tratamos como dieta vegana, aunque este término conlleva otras implicaciones filosóficas).

Evaluamos dos ejes esenciales: la adecuación nutricional (es decir, que el menú cubra los nutrientes que necesitamos) y huella ambiental (los recursos que se consumen desde el campo al plato y los residuos diarios que se generan). Esta última incluye el equivalente de dióxido de carbono emitido (CO₂e), el uso de suelo, el consumo de agua y efectos sobre ecosistemas y los efectos en la salud humana (emisión de ozono y partículas, eutrofización, ecotoxicidad).

Nutrición: lo justo y necesario

Los cuatro patrones de dieta cumplen en cuanto a macronutrientes y proteína. En cierto modo, esto último es lo que más preocupa cuando se habla de dieta 100 % vegetal. Esto se debe a que las proteínas vegetales no tienen una composición de aminoácidos esenciales completa, pero la combinación típica de legumbres y cereales (lentejas con arroz), completa la composición de la proteína.

Respecto a otros nutrientes importantes, los datos confirman lo esperado. Las dietas vegetales aumentan la fibra y reducen el aporte en las grasas saturadas, lo que supone un perfil lipídico más saludable. No obstante, es necesario tener en consideración algunos nutrientes en el modelo 100 % de dieta vegetal, como el yodo y la vitamina D –aunque ambos realmente se cubren a través del consumo de sal yodada y la exposición solar– y la vitamina B12, que debe suplementarse.

En los omega-3, representados por los ácidos eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA), ningún modelo de dieta alcanzó los 250 mg/día establecidos en las recomendaciones. No obstante, existen formas para enriquecer el menú, como por ejemplo, añadiendo pescado azul, consumiendo aceites de pescado o de microalgas (para la opción 100 % vegetal) y




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El calcio que se aporta en las dietas sin lácteos puede equipararse al de una dieta con lácteos gracias al calcio contenido en las bebidas vegetales y tofu fortificados. En resumen, podemos decir que “más alimentos vegetales, sí, pero bien planificados”.

Impacto ambiental: la huella que no se ve

En cuanto a las emisiones, el impacto cae teóricamente a medida que el menú (la dieta) se hace más vegetal: hasta un 46 % menos de CO₂e en el patrón 100 % vegetal frente al omnívoro. Este descenso no solo implica una reducción del efecto en el calentamiento global, ya que una menor emisión de CO₂e suele también implicar menos precursores de ozono y menos partículas secundarias, y una mejora en la calidad del aire.

Además, el efecto alcanza a la tierra y la biodiversidad: los menús más vegetales reducen el uso de suelo entre un 20 % y un 33 %. Esto también es sumamente importante: liberar tierra alivia la presión sobre los hábitats y preserva servicios ecosistémicos clave, como la polinización y la regulación hídrica, un frente decisivo para frenar la pérdida de biodiversidad.

Otro indicador que evaluamos es el impacto del consumo de agua en una cuenca (AWARE). Este mide no solo los litros retirados (agua azul), sino también el impacto relativo de esa extracción según la escasez de la cuenca: cuánto reduce la disponibilidad para otras personas y para los ecosistemas. Aquí los cambios son moderados (baja un 5 % con la dieta 100 % vegetal) y dependen mucho del lugar y del método de cultivo. No todo el “agua” pesa igual: regar 100 litros en una zona seca supone un daño mayor que hacerlo en una cuenca húmeda. Por eso, elegir origen y prácticas agrícolas marca la diferencia.

Observamos también descensos en acidificación y eutrofización –liberación excesiva de nutrientes–, o lo que es lo mismo, menos presión sobre suelos y aguas, y también en ecotoxicidad. Esto implica menos contaminación difusa, menos estrés para ríos y mares y menor exposición humana a sustancias nocivas que viajan por la cadena alimentaria.

Ahora, un matiz con el pescado: los menús pescovegetarianos mejoran la mayoría de indicadores, pero pueden empeorar los relacionados con el ozono por la cadena de frío y los transportes largos. Aunque no todo el pescado tiene la misma huella; especie y origen, arte de pesca (mejor selectivas que de arrastre) y logística (proximidad, evitar transporte aéreo, cadenas cortas) marcan la diferencia en este contexto.




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Comparación de los efectos en el medio ambiente de las dietas pescetariana, ovolactovegetariana y 100% vegetal frente a una omnívora
Comparación de tres menús (pescetariano, ovolactovegetariano y 100% vegetal) frente a uno omnívoro, mostrando la reducción porcentual en once indicadores relacionados con la huella de carbono, efecto en el suelo y el agua y efecto en la salud humana y seres vivos. A mayor proporción de alimentos vegetales, mayores recortes en la huella.
Los autores, CC BY-SA

Cambios con efectos positivos reales

Lo que elegimos comer tres veces al día suma o resta frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Los menús más vegetales son una palanca inmediata y asequible tanto en casa como en comedores colectivos y compras públicas. Hablamos de impactos medibles: kilos de CO₂e evitados, metros cuadrados de suelo liberado y metros cúbicos de agua ahorrados.




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Además, esta transición permite avanzar hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU en la vida real: ODS 3 (salud), ODS 12 (consumo responsable) y ODS 13 (acción climática). Para acelerar el cambio hacen falta reglas claras y un mercado alineado: etiquetado de huella de carbono e información sobre nutrientes críticos, compra pública baja en carbono y apoyo a alimentos vegetales mínimamente procesados con fortificación inteligente.

Avanzar hacia las dietas pescetariana, ovolactovegetariana y vegana reduce la huella de forma acumulativa. Pero podemos empezar por un menú mediterráneo bien hecho con un alto consumo de vegetales.

Si empezamos de cero, nos vendrá bien el apoyo de un dietista-nutricionista con experiencia en alimentación basada en vegetales para evitar carencias. A partir de ahí, vayamos a lo práctico: menos carne (sobre todo de rumiantes) y más legumbres, cereales integrales, fruta, verdura y frutos secos; priorizando origen y temporada y eligiendo alimentos fortificados cuando aporten valor. Con pequeños cambios constantes y medibles, nuestro plato puede recortar emisiones, dar respiro a suelos y ríos y mejorar el aire sin renunciar a una dieta completa.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Todos los beneficios ambientales de pasarnos a una dieta basada en plantas – https://theconversation.com/todos-los-beneficios-ambientales-de-pasarnos-a-una-dieta-basada-en-plantas-271861