Luces y sombras de la vida digital: el impacto de la violencia ‘online’ en la infancia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Barroso Gonzalo, Investigadora de la Cátedra de los derechos del niño, Universidad Pontificia Comillas

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El entorno digital ya forma parte de nuestras vidas: de nuestras rutinas, de nuestros hábitos, de nuestra forma de relacionarnos… Y eso incluye a los niños, niñas y adolescentes. Pero aunque ofrece muchas oportunidades para el desarrollo de las personas menores de edad, no está exento de riesgos.

El informe sobre la cibercriminalidad en España, del Ministerio del Interior, arroja datos inquietantes. Las amenazas y coacciones son los delitos online que más afectaron en 2024 a las personas menores de edad (1 606 victimizaciones). Además, los datos de violencia sexual online también son elevados (1 078 victimizaciones). Solo durante ese año, el 84,2 % del total de los delitos de índole sexual online fueron cometidos contra niñas, niños y adolescentes. Esto convierte a la infancia y la adolescencia –sobre todo a las niñas– en el grupo más afectado por este tipo de delitos.

Sin embargo, estas cifras solo reflejan una parte del problema, ya que se estima que muchos de los casos no salen a la luz. Otros estudios han intentado estimar la prevalencia de las violencias online que sufre la infancia en España y las cifras son alarmantes.

En el reciente estudio sobre prevalencia del Ministerio de Juventud e Infancia, el 25 % de las personas encuestadas indicaron haber sufrido algún tipo de violencia online durante su infancia. Los principales responsables señalados fueron la pareja (27,9 %) y personas desconocidas, tanto adultas (26,3 %) como menores de edad (23,9 %).

La mayoría de casos no se denuncian

La mitad de las personas consultadas afirmó no haber hecho nada tras ser víctima de la violencia digital. Tan solo un 31,3 % se lo contó a alguien y un 9,7 % denunció la situación. En este sentido también hay diferencias según el sexo, ya que los hombres denunciaron en mayor medida que las mujeres.

En relación con la violencia sexual durante la adolescencia, un estudio publicado en 2024 por la Universidad de Barcelona identificó la victimización electrónica como la forma más frecuente. Afectaba al 12 % de la muestra, y de nuevo, incidía especialmente en las chicas. Este mismo equipo de investigación, en colaboración con la Fundación Save the Children, realizó un estudio posterior sobre victimización sexual online que incluía más formas de violencia. En él, el 98 % de las chicas y chicos encuestados indicó haber sufrido alguna durante la infancia o adolescencia.

Proteger sin expulsarles

En definitiva, los datos de los que disponemos dejan claro que el entorno digital constituye un nuevo espacio en el que se ejercen diferentes tipos de violencia contra la infancia. Sin embargo, la falta de consenso al definir lo que se considera violencia digital y las diferencias metodológicas entre estudios dificultan conocer la verdadera dimensión del problema.

En cualquier caso, reducir el debate a los riesgos sería un error. El ecosistema digital también favorece el derecho a la educación, a la identidad, a la cultura, al ocio, al juego, a mantener relaciones familiares, a la libertad de expresión, al acceso a la información, a ser escuchados y a la participación social y política, entre otras cuestiones. Todo ello es esencial para el bienestar y el desarrollo integral de la infancia.

El Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas abordó esta cuestión a través de la Observación General Nº 25 relativa a los derechos de los niños en relación con el entorno digital, documento de referencia para el desarrollo de políticas públicas en esta materia.

El desafío, por tanto, es encontrar el equilibrio entre proteger a la infancia frente a las violencias digitales sin vulnerar sus derechos. Porque expulsarles del mundo digital no es una solución proporcionada ni eficaz.

¿Qué hace la ley para protegerlos?

El ordenamiento jurídico español está intentando adaptarse a esta realidad cambiante para proteger a la infancia frente a la violencia digital. Sin embargo, la regulación está llegando tarde.

En 2021 se aprobó una Ley Orgánica de protección integral a la infancia frente a la violencia, con una potente finalidad preventiva, que especifica que el entorno digital debe ser seguro para la infancia. Pone el foco en sensibilizar y capacitar a la infancia, a las familias y a profesionales.

Además, se ha aprobado un Proyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales que podría constituir un paso importante para impulsar medidas efectivas que protejan los derechos de la infancia. Este texto refuerza la necesidad de formación, modifica algunos delitos del Código Penal y establece obligaciones para que las empresas tecnológicas diseñen sus productos de manera más segura.

Sin embargo, también propone aumentar de los 14 a los 16 años la edad para prestar consentimiento para el tratamiento de datos personales. Esto implicaría aumentar la edad de acceso a redes sociales. En este sentido, sabemos que, aunque actualmente la edad mínima de acceso sea de 14 años, muchos niños y niñas de menor edad están accediendo a contenidos y espacios online que no son adecuados porque no hay mecanismos de verificación de la edad eficaces. ¿Subir la edad de acceso a redes sociales terminará con el problema?

Cuándo acceder y cómo acompañar

Probablemente la cuestión no sea únicamente a qué edad pueden acceder los niños y las niñas a determinados espacios digitales, sino cómo son esos entornos a los que acceden y cómo acompañar ese acceso. Las oportunidades y los riesgos del ecosistema digital varían según la edad y el grado de madurez, por lo que la adquisición de competencias y autonomía debería producirse de forma gradual.

Desde una perspectiva de derechos de la infancia, las medidas que se establezcan deben ser eficaces, necesarias y proporcionadas. Las prohibiciones, por sí solas, no siempre garantizan una mayor seguridad y pueden limitar el ejercicio de derechos humanos.

Por ello, antes de imponer nuevas restricciones conviene evaluar el interés superior de los niños y niñas, así como el impacto y la eficacia real de las medidas que se ponen en marcha. El reto consiste en construir entornos digitales más seguros para la infancia en los que puedan aprender, participar y desarrollarse.

The Conversation

Laura Barroso Gonzalo trabaja en la Cátedra de los Derechos del Niño de la Universidad Pontificia Comillas y es miembro de la Asociación ATZ. Anteriormente, trabajó en Save the Children.

ref. Luces y sombras de la vida digital: el impacto de la violencia ‘online’ en la infancia – https://theconversation.com/luces-y-sombras-de-la-vida-digital-el-impacto-de-la-violencia-online-en-la-infancia-283842

‘Alexa, cuéntame un chiste’: ¿cómo afecta la interacción con la IA a los más pequeños?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clara Macarena Ponce Romero, Profesora del área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidade de Santiago de Compostela

Sharomka/Shutterstock

Los niños tienen una curiosidad innata y a lo largo del día les surgen multitud de dudas: ¿por qué los peces no tienen pelo? ¿Por qué si corto una flor se marchita a los pocos minutos? Su necesidad de entender el mundo y desarrollar el lenguaje y con él sus propias ideas les lleva a ser conversadores inagotables.

Lo habitual es que los principales destinatarios de este afán explicativo sean un padre, una madre o un docente. Sin embargo, en los hogares actuales, desde muy pequeños se pueden dirigir a una interfaz digital como Siri o Alexa. Para muchos niños y niñas, hablar con sistemas de inteligencia artificial empieza a formar parte de su vida cotidiana: piden canciones, hacen preguntas, buscan ayuda para los deberes o, simplemente, conversan.

Definitivamente, la escena ya no resulta extraña. Lo interesante es preguntarse qué ocurre cuando esas interacciones se vuelven habituales. ¿Influyen en la manera en que los niños aprenden a comunicarse? ¿Modifica su lenguaje? ¿Merma sus capacidades cognitivas?

El contexto en la adquisición del lenguaje

Hemos de recordar que aprender a hablar nunca ha consistido solo en aprender palabras. Los niños adquieren el lenguaje en el contexto de las relaciones humanas, construyendo lazos afectivos con el otro. Aprenden a esperar turnos, interpretar silencios, comprender situaciones o entender cuándo alguien está cansado, enfadado o distraído. También descubren que las conversaciones no tienen que ser “perfectas”, pues hay interrupciones, malentendidos y explicaciones improvisadas.

Al contrario que el ser humano, las máquinas funcionan de otra manera. Reflexionemos sobre nuestras interacciones en plataformas como ChatGPT o Gemini. ¿Alguna vez hemos perdido la paciencia interactuando con estos asistentes virtuales? En parte, esto se debe a la propia dinámica de estas interacciones, marcada por una lógica muy distinta a la conversación humana. Si algo caracteriza a estas herramientas es su rapidez al responder y su infinita paciencia para interactuar. Y esto cambia el tipo de experiencia comunicativa.

Cuando la casa también responde

En muchos hogares ya se observa un fenómeno curioso: algunos niños (y también adultos) adaptan su forma de hablar para que los asistentes virtuales los entiendan mejor. Simplifican frases y usan órdenes más directas: “pon dibujos”, “abre YouTube”, “cuéntame un chiste”. Se trata de un lenguaje más instrumental, orientado a obtener resultados inmediatos.

Esto no significa necesariamente que los niños se vuelvan menos educados o menos empáticos, pero sí puede influir en las expectativas que desarrollan sobre la conversación. Las interacciones humanas son más lentas y ambiguas, requieren paciencia, atención y negociación. En cambio, muchos sistemas conversacionales están diseñados para ofrecer respuestas rápidas y fluidas, o incluso para generar una especie de empatía virtual con el usuario.

La cortesía y la IA

En este punto, nos detenemos ante una cuestión aparentemente menor, pero muy reveladora: ¿deberíamos enseñar a los niños a decir “por favor” a Alexa? Más allá de la cortesía hacia una máquina, el debate tiene que ver con los hábitos comunicativos que interiorizan los menores cuando interactúan cada día con tecnologías que siempre obedecen. Ahí surge una pregunta de fondo que familias y educadores deberían plantearse: ¿qué idea de “conversar” están construyendo los niños en este contexto?

Junto a estas dudas, conviene no perder de vista las oportunidades que ofrecen estos sistemas. Muchos niños se sienten más libres para preguntar cuando no temen ser juzgados. Un asistente conversacional puede repetir una explicación tantas veces como sea necesario, ajustar el nivel de dificultad o servir de apoyo en el aprendizaje de idiomas o conceptos nuevos.




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Estas herramientas funcionan como un espacio seguro de ensayo y error sin la presión social que a veces acompaña a la interacción. Y no solo ocurre en la infancia. Todos hemos recurrido en algún momento a la inteligencia artificial para resolver preguntas cotidianas que quizá no habríamos formulado en voz alta: desde “Alexa, ¿cómo puedo recuperar mi contraseña?” hasta dudas más embarazosas que preferimos no comentar.

Responder no es comprender

Definitivamente, los sistemas actuales generan respuestas convincentes, pero no entienden el mundo como lo hace una persona. No tienen experiencias, emociones ni intención propia, aunque a veces lo parezca. Y los niños pequeños (al igual que los adultos) tienden a atribuir rasgos humanos a aquello que interactúa con ellos. Si algo conversa, es fácil asumir que también “entiende” o “sabe”.

Sin embargo, en una conversación humana hay mucha información “que no se dice”. Un adulto detecta cuándo un niño formula una pregunta por curiosidad, por miedo o simplemente porque necesita atención. Esta dimensión pragmática (gestos, tono, mirada, sentidos) es crucial para el desarrollo de los más pequeños, y es difícil de replicar en una máquina, que puede ofrecer una respuesta correcta sin captar nada de eso.




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Cambio del entorno comunicativo

Cuando niños y niñas crecen rodeados de un tipo de intercambio lingüístico particular, una conversación que responde rápido y que obedece a toda petición, la inteligencia artificial modela hábitos, expectativas y formas de interacción. Esto puede hacer que los niños y niñas esperen que las respuestas sean siempre rápidas, claras y sin dificultad, como si toda conversación tuviera que resolverse al momento.

El papel de las familias y los adultos que conviven con los más pequeños se vuelve crucial, porque son quienes median en el uso cotidiano de estas herramientas, tanto en el hogar como en la escuela, quienes interpretan sus límites y quienes ayudan a encajar estas nuevas formas de conversación dentro del aprendizaje general.

Entender qué nos diferencia de las máquinas

Que un niño pequeño hable con Alexa y le pida que responda preguntas o le cuente un chiste no tiene por qué ser perjudicial para su desarrollo del lenguaje. Pero sí conviene acompañar esos diálogos para que entienda que está ante una máquina que responde, no ante una persona.

Debemos enseñar a los niños y niñas qué nos diferencia de las máquinas, cómo debemos interactuar con ellas y con qué fines está bien usarlas, acompañando esas interacciones en el día a día, comentando lo que ocurre en ellas y ayudándoles a interpretar sus límites.

Porque pueden ser útiles como apoyo, pero en ningún caso deben sustituir el habla entre iguales, que sigue siendo el núcleo de nuestra forma de estar en el mundo.

The Conversation

Clara Macarena Ponce Romero forma parte del grupo Koiné de la Universidad de Santiago de Compostela. Actualmente, participa en el proyecto financiado por FEDER / Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades – Agencia Estatal de Investigación, Corpus y densidad de datos. Versión robusta del ‘corpus Koiné’ de habla infantil (PID2024-158897NB-100).

ref. ‘Alexa, cuéntame un chiste’: ¿cómo afecta la interacción con la IA a los más pequeños? – https://theconversation.com/alexa-cuentame-un-chiste-como-afecta-la-interaccion-con-la-ia-a-los-mas-pequenos-282827

El derecho a la salud existe, pero lo ejercemos poco

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen da Casa Pérez, Profesor doctor Permanente Laboral, Universidad Pontificia de Salamanca

HOBBIT13/Shutterstock

Solemos darnos cuenta de la importancia de la salud cuando nos falla. Lo mismo nos pasa con los derechos fundamentales: solo se echan de menos cuando no está garantizado su acceso, y el derecho a la salud es uno de ellos.

¿Qué pasaría si la ciudadanía fuera consciente de (y ejerciera) su derecho al bienestar físico, mental y social de las personas? Desde nuestro punto de vista reduciría, a largo plazo, los costes derivados de un uso inadecuado de la sanidad.

Derecho a participar en las decisiones que afectan a la propia vida

El derecho a la salud no se reduce a la atención médico-sanitaria. La Organización Mundial de la Salud plantea libertades relacionadas con la autodeterminación de las personas sobre su salud y su cuerpo, y dimensiones esenciales del derecho a la salud como el derecho a una alimentación adecuada o el derecho a participar en las decisiones que afectan a la propia vida.

Las desigualdades económicas, territoriales o administrativas que dificultan el acceso a una alimentación suficiente, segura, culturalmente adecuada y sostenible, generan brechas de salud evitables. Reconocerlo implica asumir que la salud no depende solo de decisiones individuales, sino de condiciones sociales que deben garantizarse colectivamente.

Para esto último, el derecho a la comunicación es fundamental. Al fin y al cabo, las condiciones que permiten comunicarse, comprender información y recibir apoyo son imprescindibles para ejercer la autonomía, entender los tratamientos y relacionarse con los sistemas sanitarios.

Lejos de ser añadidos o periféricos, estos derechos forman parte intrínseca del derecho a la salud porque condicionan, posibilitan y sostienen la vida en condiciones de dignidad.




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Alfabetización en salud

La alfabetización en salud nos permite comprender mejor qué sucede en nuestros cuerpos y saber plantear preguntas acerca de su funcionamiento, además de entender los tratamientos, tomar decisiones informadas o hacer un buen uso de los sistemas sanitarios. Por otro lado, la alfabetización ayuda a adquirir hábitos saludables a largo plazo, con repercusiones claras sobre el bienestar físico y mental de la población.

La prevención está también íntimamente ligada a la alfabetización y, en este sentido, las nuevas tecnologías pueden impulsar exponencialmente el fomento de la salud. Quien más quien menos ha buscado en internet información sobre los síntomas o el significado de términos y siglas que aparecen en nuestros informes médicos, antes incluso de preguntar a profesionales sanitarios, pese a saber que la respuesta puede ser cuestionable.




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Peregrinaje entre especialistas

Para contrarrestar esta tendencia vale la pena promover una adecuada comunicación transdisciplinar, que facilite el cuidado de las personas y la confianza de estas hacia los sistemas sanitarios. El trabajo en red de los profesionales sanitarios podría garantizar una atención integral y evitar el “peregrinaje” entre especialistas, que con frecuencia genera frustración y abandono en quienes necesitan atención.

También es necesario visibilizar las barreras estructurales que dificultan el acceso a servicios de salud especializados, como la logopedia, la fisioterapia o la nutrición clínica. Se ha demostrado que nuestro código postal determina el acceso a profesionales (esto suele tener que ver a su vez con las barreras económicas). Por otra parte, la burocracia y el capacitismo institucional dan lugar a una fragmentación que genera brechas persistentes entre los sistemas educativos, sanitarios y sociales.

Todos estos problemas se podrían solventar con iniciativas de movilización social que fomenten la salud comunitaria en los barrios. Existen multitud de ejemplos como el “Plan comunitario de salud de Teis”, “Salubrízate” en Galicia o la iniciativa “Garrido Cuida” en Salamanca.

Garantizar el derecho a la salud implica asumir que el bienestar de una comunidad no se construye solo desde los hospitales, sino desde la educación, la accesibilidad, la alimentación, la comunicación y el trabajo coordinado entre profesionales y ciudadanía. Avanzar hacia sistemas más justos exige reconocer esta complejidad y apostar por modelos que pongan a las personas en el centro. Solo así podremos fortalecer comunidades que se cuidan, se acompañan, conocen y defienden sus propios derechos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El derecho a la salud existe, pero lo ejercemos poco – https://theconversation.com/el-derecho-a-la-salud-existe-pero-lo-ejercemos-poco-274883

El BCE sube los tipos al 2,25 % para combatir la inflación sin estrangular el crecimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matilde Mas, Catedrática de Análisis Económico, Universitat de València

Andrzej Rostek/Shutterstock

La reciente decisión del Banco Central Europeo (BCE) de elevar los tipos de interés del 2 al 2,25 % ha reabierto un debate recurrente en política económica: hasta qué punto es eficaz la política monetaria cuando la inflación no surge de un exceso de demanda sino de un shock de oferta.

En este caso, el cierre del estrecho de Ormuz estranguló la oferta de petróleo y sus derivados, alterando sus precios y generando incertidumbre en los mercados globales. Y, aunque Estados Unidos e Irán acaban de alcanzar un acuerdo para firmar la paz que permite pensar en la regularización del paso por el Estrecho, pasará tiempo antes de que se regularice la extracción, producción y distribución de productos hidrocarburíferos provenientes de los países del golfo Pérsico.

Estamos ante un ‘shock’ de oferta

El BCE tiene un mandato claro de estabilidad de precios, y una inflación persistente por encima del objetivo del 2% puede poner en riesgo su credibilidad. Cuando el origen del problema está en el encarecimiento de la energía o de otras materias primas, la subida de tipos no corrige la causa, pero sí puede limitar su propagación al conjunto de la economía.

El riesgo es que una política monetaria demasiado restrictiva reduzca la inflación al coste de una desaceleración económica más intensa de lo necesario.




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La lógica de la medida es conocida: un aumento de los tipos encarece el crédito, reduce el consumo y la inversión, y, con ello, modera la demanda agregada. Menor demanda implica menor capacidad de las empresas para trasladar los aumentos de costes a los precios finales, lo que ayuda a contener la inflación.

Este instrumento se diseñó, principalmente, para combatir la inflación de
demanda. Cuando el detonante es un shock energético o una interrupción de
las cadenas de suministro, subir los tipos no elimina la causa del shock, pero sí
puede reducir la intensidad y duración de sus efectos sobre los precios

Los defensores de la subida de tipos argumentan que el BCE no puede permanecer pasivo ante un repunte inflacionario. La historia económica muestra que las autoridades monetarias que reaccionan tarde corren el riesgo de permitir que un shock temporal se convierta en inflación persistente.

El principal peligro no es el aumento inicial de los precios energéticos, sino los
llamados efectos de segunda ronda: trabajadores que exigen mayores salarios para compensar la pérdida de poder adquisitivo y empresas que ajustan precios para proteger márgenes. Una vez iniciado ese proceso, la inflación puede volverse más difícil de controlar.

Reducir las expectativas

La subida de tipos no responde solo al shock de costes, sino también a la necesidad de evitar que hogares y empresas incorporen tasas elevadas de inflación a sus expectativas. Y aquí entra un elemento clave: las expectativas.

Los mercados financieros no reaccionan únicamente a los tipos actuales, sino a los tipos futuros esperados. El valor del euro frente al dólar depende menos del nivel presente de los tipos que de su trayectoria futura. Una subida de tipos puede incluso debilitar una moneda si los inversores la consideran insuficiente frente a lo esperado.

En cambio, un movimiento más agresivo de lo anticipado puede fortalecerla. Por tanto, aunque el BCE no aumente la oferta física de energía, el fortalecimiento del euro sí puede reducir parcialmente el precio en euros de los bienes importados, aunque su impacto será seguramente limitado.

En la práctica, la política monetaria moderna es tanto gestión de expectativas
como gestión de tipos. Las ruedas de prensa, los mensajes del banco central y
la orientación futura
(forward guidance) pueden tener tanto impacto como la propia decisión de tipos. Sin embargo, reconocer el papel de las expectativas no elimina el dilema de fondo.

Amortiguar el efecto

Ante un shock de oferta, existen otras herramientas que pueden complementar parcialmente la política monetaria. Por ejemplo, políticas energéticas como diversificar proveedores, aumentar reservas estratégicas o acelerar inversiones en infraestructuras pueden actuar sobre la raíz del problema. También las ayudas focalizadas a hogares vulnerables pueden amortiguar el impacto social sin estimular en exceso la demanda.

Otra opción son los pactos de rentas, que buscan repartir el coste del shock entre trabajadores, empresas y administraciones públicas, evitando una espiral salarios-precios. Aunque políticamente complejos, pueden ser más eficaces que depender exclusivamente de los tipos de interés.

Asimismo, las reformas que aumentan la capacidad productiva –más competencia, menos fricciones regulatorias, inversión en infraestructuras– ayudan a reducir cuellos de botella y a mejorar la resiliencia frente a futuros shocks de oferta.

El problema es que estas medidas suelen ser lentas. La política monetaria, en cambio, puede aplicarse con rapidez y dispone de mecanismos institucionales ya establecidos.

Menor poder adquisitivo

El verdadero debate no enfrenta a quienes quieren combatir la inflación y quienes priorizan el crecimiento. La cuestión es cómo gestionar un shock externo que, inevitablemente, reduce el poder adquisitivo real de la economía.

Cuando sube el precio de la energía, ese coste debe ser absorbido por alguien:
consumidores, empresas o el sector público. Ninguna política puede eliminar
esa realidad.




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En este contexto, la actuación del BCE puede interpretarse como un intento de
preservar su credibilidad antiinflacionaria y evitar que una perturbación temporal
se convierta en inflación persistente.

Pero también implica aceptar el riesgo de enfriar una economía europea ya débil. Cuando la inflación nace de una escasez real y no de un exceso de gasto, los bancos centrales pueden contener sus consecuencias, pero difícilmente eliminar su causa.

The Conversation

Matilde Mas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El BCE sube los tipos al 2,25 % para combatir la inflación sin estrangular el crecimiento – https://theconversation.com/el-bce-sube-los-tipos-al-2-25-para-combatir-la-inflacion-sin-estrangular-el-crecimiento-285181

¿Por qué están agotados los docentes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esperanza Bausela, Titular de Universidad de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad Pública de Navarra

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Falta de tiempo y de recursos, cambios normativos, problemas de disciplina y convivencia en las aulas, necesidades de aprendizajes muy diversas y burocracia en la rendición de cuentas. Esta acumulación de factores –profesionales, emocionales y organizativos– está en el centro de las protestas que han protagonizado maestros y docentes de diferentes puntos de España en los últimos meses.

¿De dónde parte este hartazgo? Los datos del informe sobre la situación de la profesión docente, recientemente publicado por la OCDE, ahondan en esta realidad. En este informe se entrevista a docentes y responsables de dirección de 55 países de diferentes etapas educativas: infantil, primaria y secundaria.

Los resultados obtenidos nos permiten identificar al menos cuatro grandes factores que ayudan a comprender por qué tantos docentes manifiestan niveles elevados de estrés y un gran desgaste profesional.

Diversidad de necesidades de aprendizaje

En todos los niveles educativos, el profesorado trabaja de forma habitual en aulas con una elevada diversidad de estudiantes que abarcan desde dificultades de aprendizaje como la dislexia o el trastorno por déficit de atención, a diferentes presentaciones del trastorno del espectro autista o necesidades especiales de apoyo educativo.

La complejidad, diversidad y heterogeneidad de estas aulas incrementa la carga emocional y organizativa del profesorado es una realidad para la que no siempre tiene conocimientos, ni competencias, ni recursos, ni tampoco tiempo para abordar.

En el caso de España, en educación secundaria obligatoria (ESO), solamente el 0.6 % del profesorado declara no tener alumnado con necesidades diversas; el 67.5 % tiene diversidad académica en el aula (diferentes dificultades o necesidades de adaptación curricular); y el 77.8 % informa de necesidades conductuales, lingüísticas o de educación especial.

Esto sitúa a España ligeramente por debajo del promedio TALIS en diversidad académica, pero por encima en necesidades conductuales, lingüísticas o de educación especial.




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Sobrecarga de cambios sin tiempo

Los docentes experimentan una fuerte “fatiga por el cambio”. Muchos profesores se sienten cansados ante las continuas reformas e iniciativas que deben implementar en sus centros educativos. El estrés aumenta especialmente cuando los docentes perciben que esos cambios se exigen sin proporcionar los recursos necesarios. Y es que, con demasiada frecuencia, las nuevas demandas curriculares, tecnológicas o administrativas suelen llegar sin formación, apoyo ni tiempo para su conocimiento y aplicación.

Un ejemplo fue la reciente implantación de la evaluación por competencias con la LOMLOE. Su puesta en marcha aumentó la carga administrativa del profesorado, que tuvo que elaborar nuevas rúbricas y registros de evaluación sin disponer de más recursos ni tiempo. Y todo ello sin reconocimiento institucional y social.




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Sobrecarga de trabajo administrativo

Continuando con el análisis del informe, el exceso de trabajo administrativo es la principal fuente de estrés para el profesorado. Destacan Australia (con un 69 % de los docentes con esta sensación), Bélgica (70.3 %), Costa Rica (65.2 %) y Japón (62.8 %). España se encuentra en valores próximos a los países mencionados (64.3 %).

En cuanto al estrés por corrección de tareas y exámenes, España, con un 53.5 % de docentes que reportan sentirlo, está por encima de Australia (49.7 %), Bélgica (46.6 %), Costa Rica (53 %) y Japón (36,6 %).

Fuentes de estrés (corrección de tareas frente a tareas administrativas.
Elaboración propia partiendo de datos TALIS 2024, OCDE.

Estos datos evidencian que la burocracia escolar constituye una preocupación ampliamente compartida entre los docentes de diferentes países.




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Necesidad de formación profesional docente

Los propios docentes reconocen que tienen importantes lagunas en áreas muy complejas y emergentes para el desarrollo de su actividad profesional que su formación no cubre, ni al inicio de su carrera ni a través de la formacion continua.

Las mayores necesidades se concentran en el uso de la inteligencia artificial, herramientas digitales, atención a estudiantes con necesidades educativas especiales, gestión del comportamiento en el aula y apoyo socioemocional a estudiantes.

Necesidades docentes en España en Educación Secundaria Obligatoria.
Elaboración propia partiendo de datos TALIS 2024, OCDE.

La autoeficacia, es decir, la percepción que tiene cada profesional de su capacidad y sus aptitudes, también es una fuente de estrés para muchos docentes. Los docentes que perciben menor autoeficacia tienden a experimentar más estrés relacionado con la gestión y la disciplina en el aula, la relación con las familias y el bienestar socioemocional del alumnado.




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Mejores condiciones para enseñar

El agotamiento docente surge de la interacción de múltiples variables que hacen que las aulas sean cada vez más complejas: reformas constantes, sobrecarga laboral, demandas crecientes en el ámbito de las emociones y una necesidad constante de actualización y formación profesional.

Detrás de cada aula hay docentes que intentan responder a necesidades cada vez más complejas, plurales y diversas. Por ello, mejorar la educación no sólo es pedir más al profesorado sino ofrecer mejores condiciones para enseñar: ratios más reducidas, apoyos más especializados y menos carga burocrática.

Que son, precisamente, las reivindicaciones que actualmente mueven a movilizarse a docentes de diferentes comunidades autónomas como la Comunidad Valenciana y Cataluña.

The Conversation

Esperanza Bausela no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué están agotados los docentes? – https://theconversation.com/por-que-estan-agotados-los-docentes-283194

El acuerdo de paz podría poner fin a la guerra con Irán, pero ¿qué han conseguido realmente Estados Unidos e Israel?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amin Saikal, Emeritus Professor of Middle Eastern Studies, Australian National University; The University of Western Australia; Victoria University

Tras semanas de negociaciones intermitentes, el presidente de EE. UU., Donald Trump, parece haber alcanzado finalmente un acuerdo con el régimen iraní para poner fin a la guerra que ha sacudido la región –y los mercados energéticos mundiales– desde finales de febrero.

Sin embargo, es probable que los detalles del acuerdo sigan siendo objeto de controversia hasta que se firme el próximo viernes, tal y como está previsto.

Impulsado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Trump inició la guerra el 28 de febrero con el objetivo de derrocar al régimen iraní y conseguir que Teherán capitulara, tal y como había hecho en Venezuela.

Sin embargo, no pudo alcanzar este objetivo ante la sólida respuesta defensiva de Teherán. Bajo una enorme presión nacional e internacional, Trump decidió finalmente que tenía que recurrir a la solución diplomática que tenía a su alcance para poner fin al conflicto lo antes posible.

El “memorándum de entendimiento” que Washington y Teherán acaban de anunciar es una confirmación de esta realidad.

Dejará a Irán en una posición más fuerte que antes de la guerra, a EE. UU. con mucho menos peso en la región y a Israel en la estacada. El acuerdo también impulsará a los Estados árabes del golfo Pérsico a reevaluar sus alianzas de seguridad con EE. UU. y a aceptar a Irán como un actor regional influyente.

Pocos puntos de acuerdo aparentes

Fuentes iraníes y estadounidenses han proporcionado versiones diferentes del acuerdo.

Ambas partes parecen haber pactado permitir que se reanude el tráfico en el estrecho de Ormuz y levantar el bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes. Las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán también continuarán durante los próximos 60 días.

Más allá de esto, las dos partes parecen estar muy alejadas en otras cuestiones.

Según los medios iraníes, el acuerdo pondría fin a los combates en todos los frentes, incluido el bombardeo israelí del Líbano, y reabriría el estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días “bajo las condiciones de Irán”.

También exige la liberación de 24 000 millones de dólares en activos iraníes congelados durante las 60 jornadas de negociaciones, y obliga a EE. UU. y a sus aliados a presentar planes de reconstrucción para Irán por un valor de al menos 300 000 millones de dólares.

Sin embargo, según el medio de comunicación estadounidense Axios, el acuerdo exige que el estrecho se reabra inmediatamente sin peajes. Un funcionario estadounidense declaró a Axios que, tras la reapertura, se concederían a Irán “exenciones temporales de las sanciones” para permitirle vender petróleo.

Trump tampoco hizo ninguna referencia al Líbano en su anuncio del acuerdo en Truth Social, aunque los mediadores pakistaníes afirmaron que estaba incluido en el acuerdo.

También quedan por resolver muchas cuestiones polémicas relacionadas con el programa nuclear de Irán. Entre ellas se incluyen el futuro de las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido y si se debería permitir al país enriquecer uranio a un nivel acordado con fines pacíficos.

El fin de una guerra sin sentido

Cuando Trump y Netanyahu iniciaron la guerra, su objetivo era derrocar al Gobierno de Irán, destruir su programa nuclear y su capacidad de lanzar misiles, y romper sus vínculos con sus aliados regionales: Hezbolá en el Líbano, los hutíes en Yemen, las milicias chiitas iraquíes y Hamás y la Yihad Islámica en Palestina.

El objetivo general era alterar el orden regional en beneficio de EE. UU. e Israel. Esto permitiría a Netanyahu alcanzar su tan ansiado objetivo de convertir a Irán en una entidad débil y perseguir su visión de un “Gran Israel” en Oriente Medio, una región estratégicamente vital y rica en petróleo.

Sin embargo, a pesar de su naturaleza autoritaria y de todos los retos de política interior y exterior a los que se enfrenta, el sistema islámico iraní ha demostrado que está hecho para sobrevivir. Ha resistido la decapitación de su liderazgo, el bombardeo militar masivo de Estados Unidos e Israel y el posterior bloqueo estadounidense de los puertos iraníes.

Es cierto que Irán ha sufrido graves daños en su infraestructura y economía, así como víctimas civiles. Pero el régimen fue capaz de responder de formas que han resultado muy costosas para EE. UU., sus aliados árabes del Golfo e Israel.

Su control sobre el estrecho de Ormuz, algo que Teherán nunca había tenido antes de la guerra, ha desencadenado una crisis mundial de energía y fertilizantes y ha proporcionado a Teherán una enorme ventaja.

Trump, por su parte, se enfrentaba a una creciente oposición interna a la guerra, combinada con la escasez en el suministro de interceptores de defensa aérea (como los misiles Patriot) y la falta de apoyo entre los aliados tradicionales de EE. UU. Considerando todo esto, Trump tenía buenas razones para no permitir que el conflicto se prolongara demasiado, especialmente en un año electoral.

El acuerdo debe de ser muy desalentador para Netanyahu, cuya determinación de debilitar fundamentalmente a Irán se está desmoronando.

Es posible que aún intente socavar el acuerdo de paz continuando con los ataques contra el Líbano y, tal vez, anexionando formalmente Gaza y Cisjordania. Pero dada la dependencia de Netanyahu de EE. UU. para sus operaciones militares y su supervivencia política, Trump tiene mucha influencia para obligarle a él y a los ministros de extrema derecha de su gabinete a que se sometan a sus dictados.

Si se firma un acuerdo de paz definitivo, este podría allanar el camino para algún tipo de acercamiento entre Irán y EE. UU. como requisito previo para un Oriente Medio más estable y pacífico. Pero aún no es momento para lanzar las campanas al vuelo.

Ambas partes ya han pasado por esto antes. Llevaban meses negociando un acuerdo sobre el programa nuclear de Irán antes de que empezara el ataque el pasado 28 de febrero. Según los mediadores omaníes, un acuerdo estaba “al alcance de la mano” cuando comenzaron a caer las bombas.

Esto significa que cualquier alto el fuego que se alcance ahora podría ser muy frágil. También plantea la pregunta de qué sentido tenía, en primer lugar, esta guerra, librada sin tener en cuenta el derecho internacional ni la aprobación del Congreso estadounidense.

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Amin Saikal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El acuerdo de paz podría poner fin a la guerra con Irán, pero ¿qué han conseguido realmente Estados Unidos e Israel? – https://theconversation.com/el-acuerdo-de-paz-podria-poner-fin-a-la-guerra-con-iran-pero-que-han-conseguido-realmente-estados-unidos-e-israel-285266

Israel y el coste de vivir en guerra permanente: siete frentes abiertos y ningún final a la vista

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Alvarado, Associate professor, Universidade de Vigo

Bombardeo de una aldea del sur del Líbano por parte de Israel el pasado 6 de abril. mahdi313/Shutterstock

El Estado de Israel no entró en guerra en octubre de 2023. Sus conflictos con los vecinos se remontan a 1948, a la contienda de 1967 y a la presencia militar continuada en Cisjordania y Gaza desde entonces, así como a la invasión del sur del Líbano entre 1982 y 2000.

Lo que cambió con el ataque de Hamás del 7 de octubre fue la escala. Desde entonces el país combate de forma simultánea en varios frentes sin un acuerdo a la vista en ninguno de ellos.

Sin objetivo final

Esa manera de entender la seguridad tampoco es nueva. Benjamin Netanyahu la expuso hace más de tres décadas en A Place Among the Nations, publicado originalmente en 1993 y reeditado en 2000 como A Durable Peace, donde abogaba por una paz apuntalada en la disuasión y la fuerza, nunca en la reconciliación. La guerra prolongada no es otra cosa que la aplicación coherente de aquella idea.

Pero toda guerra necesita un endgame, el objetivo final que define en qué consiste ganar y cuándo es conveniente detenerse. Israel libra sus campañas sin ese criterio. Yossi Mekelberg, investigador sénior para Oriente Medio y Norte de África de Chatham House, identifica hasta siete frentes activos.

  • Gaza, sometida a un alto el fuego precario desde octubre de 2025 mientras el ejército amplía unilateralmente el control territorial.

  • Líbano, con la reciente toma del castillo de Beaufort y el avance al norte del río Litani hacia Nabatieh.

  • Irán, bajo bombardeo desde el 28 de febrero con una tregua frágil que Tel Aviv no deja de vulnerar

  • Siria, avanzando posiciones dentro del territorio tras la caída de Bashar al-Asad.

  • Cisjordania, sometida a una expansión acelerada de asentamientos y violencia de colonos

  • Yemen, en conflicto con los hutíes.

  • Irak, donde se enfrenta a milicias proiraníes.

Una democracia en retirada

Los índices de referencia cuestionan hasta qué punto Israel sigue siendo una democracia. En 2024, el Instituto V-Dem le retiró la categoría de “democracia liberal” por primera vez en más de medio siglo y lo reclasificó como “democracia electoral”, un régimen donde se vota pero los derechos civiles y la igualdad ante la ley dejan de estar protegidos.

En su último informe, sitúa al país entre los 44 Estados en fase de autocratización, tendencia global en la que la censura de los medios es una herramienta extendida por las autoridades.

Freedom House rebajó hasta ocho puntos su calificación, constatando un franco deterioro de las libertades civiles durante la última década y situando al Estado hebreo al nivel de Namibia o Brasil. Un hito de este menoscabo continuado fue la reforma judicial de 2023, que pretendía anular el control del Tribunal Supremo sobre el Parlamento y desató las mayores protestas de la historia del país.

La deriva autoritaria se explica en parte por aquellos que sostienen al Gobierno: la coalición de Netanyahu se apoya en su partido, el Likud, y en dos formaciones de extrema derecha. La primera es Poder Judío (Otzma Yehudit), del ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, heredero del movimiento kahanista fundado por Meir Kahane. Ben Gvir se mantiene en el cargo a pesar de su racismo antiárabe y las continuas polémicas que protagoniza.

La segunda fuerza ultraderechista aliada de Netanyahu es Sionismo Religioso (HaTzionut HaDati), de Bezalel Smotrich, el titular de Finanzas. Surgido del movimiento de colonos religiosos de Cisjordania, personifica la agenda anexionista.

Completan el bloque dos partidos ultraortodoxos, Shas y Judaísmo Unido de la Torá (Yahadut HaTorah). Para un primer ministro procesado por corrupción, esa alianza es la condición de su permanencia en el poder, pero incluso de su libertad personal. La dependencia de los socios más radicales condiciona cada decisión, desde la política penitenciaria hasta una salida en cualquiera de los frentes abiertos.

La hegemonía de los socios ultra se proyecta sobre la minoría árabe. El sociólogo Sammy Smooha describió a Israel como modelo prototípico de democracia étnica, un sistema que combina instituciones democráticas con la dominación de un grupo que se mantiene inalterable a condición de hurtar cualquier alternativa política a las minorías. Los ciudadanos árabes israelíes, algo más del 21 % de la población, ocupan esa posición.

La ley de pena de muerte para palestinos condenados por matar israelíes, así como la asimetría entre el 99,74 % de casos que terminan en condenas para los encausados árabes por tribunales militares y tan solo un 3 % contra colonos –según datos de la organización israelí de derechos humanos Yesh Din– ilustran esa jerarquía. B’Tselem no dudó en calificar de apartheid ya en 2021 el “régimen de supremacía judía entre el río Jordán y el Mediterráneo”.

La sociedad que no ve la guerra

El deterioro de la libertad de prensa, el pluralismo mediático y la independencia editorial han hecho caer a Israel del puesto 86 en 2022 al 116 en 2026 que anualmente elabora Reporteros Sin Fronteras. El Instituto Reuters documenta con detalle cómo la televisión israelí apenas muestra imágenes de la destrucción en Gaza y análisis independientes dan cuenta de un silencio sin precedentes en los grandes medios israelíes.

El gobierno de Netanyahu sancionó económicamente al periódico en hebreo Haaretz y también se endureció la censura militar de coberturas informativas hasta niveles inéditos.

Los israelíes padecen las consecuencias de conflictos que no llegan a ver, si bien no toda la sociedad acepta este marco. Las manifestaciones antigubernamentales han ganado fuerza con los ataques contra Irán y se multiplican las protestas contra la guerra. Encabezada por Yair Lapid y Yair Golan, la oposición denuncia la deriva iliberal y exige una comisión de investigación sobre los sucesos el 7 de octubre de 2023.

Las dinámicas en curso preceden a la actual coalición gubernamental. Omer Bartov, profesor de Estudios del Holocausto en la Universidad de Brown (Estados Unidos) y nacido en un kibutz, indaga cómo el sionismo, nacido como movimiento de emancipación de la minoría judía perseguida en Europa, derivó en ideología etnonacionalista y de dominación. Bartov se pregunta cómo un Estado fundado con apoyo internacional tras el Holocausto opera hoy con impunidad frente al mismo orden jurídico que aquel crimen contribuyó a construir.

La expansión de asentamientos en Cisjordania –más de 700 000 colonos frente a apenas 10 000 en 1972– y las órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional son la expresión más reciente de un proceso que arranca décadas antes de que Netanyahu llegara al poder y que ningún gobierno israelí anterior interrumpió.

138 000 millones de dólares en conflictos

El coste de la guerra permanente es también material. El gobernador del Banco de Israel, Amir Yaron, cifró en 405 000 millones de shekels (unos 120 000 millones de euros) el coste total de los conflictos desde el 7 de octubre hasta finales del pasado mes de abril, que representa más del 17 % del PIB.

El economista Esteban Klor, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, considera que los israelíes “pagan dos veces” por la guerra: la deuda pública, que pasó del 60 % al 69 % del PIB desde 2022; y los recortes en gasto social, sanidad e infraestructuras. El turismo, que antes del 7-O generaba alrededor del 3 % del PIB, registró entre enero y mayo de 2026 apenas 356 400 llegadas internacionales, frente a las 565 300 del mismo período de 2025, lo cual representa una caída del 37 %.

Fractura económica y política confluyen en un mismo punto: la exención del servicio militar de los ultraortodoxos, en torno al 13 % de la población, tensiona la coalición que mantiene a Netanyahu en el poder. El Banco Central estima en 10 000 millones de shekels (unos 2 500 millones de euros) anuales el coste de esa no incorporación.

Al desgaste interno se suma un creciente aislamiento exterior. Francia, Reino Unido, España y Canadá han reconocido formalmente el Estado palestino y una docena de países ha aprobado un embargo de armas contra Israel.

España, Irlanda, Eslovenia, Países Bajos e Islandia se retiraron de Eurovisión 2026 por la participación israelí, episodio precedido por las protestas contra el equipo ciclista Israel-Premier Tech en La Vuelta Ciclista a España.

Israel evidencia elevadas capacidades militares mientras su sistema democrático se degrada y su cohesión se fractura. Un Estado fundado tras el Holocausto con el mandato de garantizar seguridad y dignidad al pueblo judío ocupa territorios de terceros países, afronta acusaciones de genocidio, aprueba penas de muerte discriminatorias y erosiona los derechos de sus propios ciudadanos. Es la paradoja de una potencia militar que libra guerras sin objetivo definido ni amparo en el derecho internacional, con una sociedad partida cada vez más sola en el mundo.

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David Alvarado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Israel y el coste de vivir en guerra permanente: siete frentes abiertos y ningún final a la vista – https://theconversation.com/israel-y-el-coste-de-vivir-en-guerra-permanente-siete-frentes-abiertos-y-ningun-final-a-la-vista-284376

Los estropajos y las esponjas son un entorno perfecto para que crezcan microbios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

Viki Pavlovna/Shutterstock

Las esponjas de baño, las bayetas y los estropajos de cocina, tan usados en el día a día, tienen un lado siniestro: proporcionan un entorno oscuro, húmedo y rico en nutrientes, ideal para la proliferación de bacterias, algunas inofensivas y otras patógenos oportunistas. De ahí que constituyan una fuente importante, aunque a menudo subestimada, de contaminación doméstica en cocinas y baños.

Eso no impidió que el mercado mundial de esponjas y estropajos alcanzase un valor de 5 700 millones de dólares en 2025. Es más, se prevé que llegue a los 7 200 millones de dólares en 2034.

¿Cómo es posible que estos artículos de limpieza estén contaminados, si los “lavamos” continuamente? Muy sencillo: una vez que los microorganismos entran en contacto con ellos, encuentran condiciones favorables para su persistencia y multiplicación, con la presencia constante de humedad, temperatura benigna y, especialmente, de residuos orgánicos (nutrientes para los microbios) provenientes de alimentos, productos cosméticos o residuos corporales.

La temperatura del agua caliente que utilizamos para fregar o ducharnos, y que, para evitar achicharrarnos las manos o el cuerpo, rara vez supera los 40 °C o 45 °C, no es suficiente para eliminar los microbios de las esponjas y de los estropajos.

Húmedos y porosos

No podemos obviar que la estructura de una esponja o de un estropajo proporciona numerosos espacios pequeños donde los microbios pueden adherirse, refugiarse y multiplicarse. El ambiente húmedo y poroso de un estropajo de cocina crea una incubadora ideal para esos microorganismos, permitiendo que la densidad alcance hasta 54 000 millones de bacterias por centímetro cúbico.

Varios autores han analizado los estropajos utilizados en cocinas domésticas, informando de un alto nivel de contaminación por patógenos como Salmonella spp, Staphylococcus aureus, Campylobacter spp, Moraxella spp., Enterobacter cloacae, Escherichia coli, Klebsiella oxytoca, Cronobacter sakazakii o Listeria monocytogenes. En concreto, un análisis realizado en 1997 en 10 cocinas estadounidenses encontró que el 33 % de los estropajos analizados fueron positivos para Escherichia coli y el 67 % para coliformes fecales. Y también hay evidencias de que E. coli, Salmonella y Staphylococcus aureus pueden sobrevivir y persistir hasta 16 días en un estropajo de cocina y hasta 13 días en bayetas de microfibra.

El uso de un estropajo contaminado puede propagar bacterias por las superficies de la cocina, incluyendo mesas, utensilios y platos. El riesgo aumenta al limpiar los jugos de la carne cruda; por ejemplo, del pollo.

Esto resulta inquietante si tenemos en cuenta que un estudio realizado en 2020 sobre la calidad microbiológica de los estropajos utilizados en residencias universitarias reveló que los estudiantes los usaban para lavar artículos como cubiertos, platos y vasos, pero también para limpiar el horno (32 %), el fregadero (26 %), el frigorifico (10 %) e incluso derrames en el suelo (4 %). Y que, además de estar repletos de bacterias patógenas humanas, muchas de ellas fueron resistentes a antibióticos como la amoxicilina, la cefalotina, la cefoxitina y el cefuroxima-axetilo.

Los paños de cocina no son mucho mejores

Por otra parte, un trabajo publicado en 2025 reveló una contaminación generalizada en la evaluación microbiana de 50 muestras de paños de cocina recolectados de hogares en el distrito de Hyderabad de Pakistán. Casi todos dieron positivo para diversos microorganismos: 98 % para bacterias coliformes, 84 % para Staphylococcus aureus, 82 % para Vibrio cholerae, 74 % para Shigella, 54 % para Salmonella, 54 % para Escherichia coli y 26 % para Pseudomonas aeruginosa. En un estudio realizado hace más de dos décadas, se demostró que los paños de cocina incluso podían transferir más bacterias que los estropajos.

Los resultados de una encuesta aplicada en seis países europeos revelaron que el 16 % de los usuarios mantiene prácticas de riesgo, tales como limpiar jugos de carne cruda con el paño de cocina, no cambiarlo inmediatamente y no colgarlo para que se seque.

Los paños que se guardan arrugados retienen la humedad y permiten una rápida multiplicación de Salmonella y una mayor persistencia de Campylobacter. Por el contrario, colgar los paños extendidos para que se sequen reduce significativamente la carga bacteriana, independientemente del material del que estén hechos.

Cortinas, esponjas y patitos de goma en el baño

Las esponjas de lufa, utilizadas para la limpieza y la exfoliación de la piel, son un accesorio común en la ducha, y han sido relacionadas con infecciones de la piel y los tejidos blandos, debido a su capacidad para albergar bacterias patógenas como Streptococcus pyogenes y causar microtraumatismos en la piel. Las cortinas de ducha de vinilo también son propensas a acumular microbios. En cuanto a los patitos de goma que hacen que la hora del baño sea tan divertida para los más pequeños, en su interior pueden contener hasta 9,5 millones de bacterias por centímetro cuadrado.

Lavado en el lavavajillas

Tenga en cuenta que un ciclo de lavado con agua caliente en la lavadora ayuda a limpiar a fondo las bayetas y los paños de cocina, facilitando la eliminación de los microbios.

Reducir el crecimiento microbiano en las esponjas y en los estropajos no requiere métodos de desinfección complicados. Algunos estudios sugieren que basta con aplicar algunas medidas sencillas, como limpiar las esponjas y estropajos de cocina con cloro (lejía), hervirlos o lavarlos en el lavavajillas con un programa intensivo. No obstante, recuerde que también es conveniente renovar y reemplazar con regularidad nuestros estropajos y esponjas, sobre todo si están visiblemente sucios o desprenden un olor desagradable.

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Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los estropajos y las esponjas son un entorno perfecto para que crezcan microbios – https://theconversation.com/los-estropajos-y-las-esponjas-son-un-entorno-perfecto-para-que-crezcan-microbios-284967

El mito del virus amable: por qué la evolución no garantiza patógenos más benignos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

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Durante la pandemia de covid-19 caló profundamente en la sociedad una idea tan extendida como reconfortante: que la evolución haría que el virus fuera cada vez más contagioso, pero menos peligroso. A primera vista, el razonamiento parece impecable. Si un virus mata a su huésped de forma fulminante, la cadena de transmisión se trunca. Por tanto, la lógica dicta que un virus inteligente debería atenuarse para permitir que el enfermo mantenga su movilidad y, así, disemine el patógeno.

Sin embargo, la biología nos demuestra que esta es solo una de las muchas posibilidades. La evolución es un proceso ciego que no tiene un propósito definido, ni premia a los virus buenos o compasivos. Simplemente, la selección natural favorece a aquellos organismos que logran dejar más copias de sí mismos, lo que conocemos como eficacia biológica.

Dependiendo de la ecología de cada patógeno, maximizar ese éxito reproductivo a veces conlleva una menor virulencia, pero en muchas otras ocasiones exige exactamente lo contrario.

El dilema del compromiso evolutivo

La pregunta crucial es qué combinación de transmisión y daño maximiza el éxito reproductivo.

Para responder a esta pregunta, la ciencia recurre a la hipótesis del compromiso evolutivo. Un virus que se replica mucho puede alcanzar altas cargas virales y transmitirse con facilidad, pero también puede producir más daño. Si ese daño inmoviliza o mata al huésped antes de que contagie a otros, la selección natural favorecerá variantes menos virulentas.

Sin embargo, si la transmisión ocurre antes de la enfermedad grave, la virulencia posterior apenas supone un coste evolutivo. En ese caso, no hay presión clara hacia la benignidad.

Cuando hacer menos daño es ventajoso

Existen, por supuesto, evidencias de casos en los que hacer menos daño ayuda a una mejor transmisión. El ejemplo paradigmático es el virus de la mixomatosis en los conejos. Al introducirse una cepa altamente letal en Australia para controlar las plagas de conejos, su virulencia disminuyó rápidamente. Las cepas de virulencia intermedia triunfaron porque los conejos sobrevivían lo suficiente para que los mosquitos que los picaban difundieran el virus.

El VIH ilustra este mismo principio. Una carga viral elevada facilita la transmisión, pero acelera el colapso inmunitario, por lo que la selección natural favorece una virulencia intermedia.

Tanto el virus de la mixomatosis como el VIH ofrecen claros ejemplos de cómo opera el compromiso evolutivo. Las cepas de virulencia intermedia ganan porque producen más infecciones secundarias a lo largo de la vida infecciosa del hospedador. Las más patológicas eliminan al hospedador demasiado rápido. Por el contrario, las menos patológicas no se replican o transmiten lo suficiente.

Recientemente, la variante ómicron del SARS-CoV-2 pareció confirmar el mito de la atenuación al propagarse con enorme facilidad y presentar un menor riesgo de ingreso en la UCI. Sin embargo, la realidad es que el patógeno se topó con un paisaje inmunológico distinto: una población con robustas defensas por vacunas e infecciones previas. Su impacto real resultó de una compleja interacción inmunológica, no de una regla universal hacia la inocuidad.

Por qué más contagioso no significa más leve

La otra cara de la moneda nos demuestra que una mayor transmisibilidad no equivale a una menor virulencia. El propio SARS-CoV-2 evidenció que los virus no siempre se vuelven más leves: las variantes alfa y delta fueron más transmisibles, pero también aumentaron significativamente el riesgo de ingreso hospitalario y muerte.

La clave reside en la “ventana de transmisión”: si un patógeno se transmite eficientemente antes de causar una enfermedad grave, la selección natural es completamente ciega a la letalidad posterior. En la covid-19, los contagios ocurren días antes del colapso respiratorio. Esta separación temporal anula cualquier presión selectiva hacia una menor virulencia y al virus le es indiferente el destino final del paciente si ya ha saltado a otro huésped.

Asimismo, la ecología de la transmisión explica por qué patógenos letales como el ébola mantienen brotes devastadores. Su contagio a través de fluidos se ve facilitado por contextos sanitarios precarios, donde la alta letalidad no impide la propagación.

La letalidad es cosa de dos: el papel determinante del huésped

Debemos comprender, además, que la letalidad no es un rasgo inmutable del genoma viral, sino el resultado de una interacción con el huésped. Aquí entran en juego otros factores como edad, inmunidad y la atención médica. Por ello, es crucial distinguir entre transmisibilidad, la virulencia intrínseca y la letalidad observada.

A menudo, la patología grave se desarrolla en órganos que no participan en la transmisión. La poliomielitis lo ilustra a la perfección: el virus se replica en el intestino, lo que facilita su propagación asintomática. Sin embargo, la temida parálisis ocurre solo si invade el sistema nervioso, un callejón sin salida anatómico que no ofrece ninguna ventaja para el contagio.

La salud pública no puede depender del azar

Cuando un virus, nuevo o no, se convierte en un problema de salud pública, es una grave imprudencia epidemiológica asumir que sus futuras variantes serán más leves.

No podemos esperar que la selección natural haga el trabajo de la salud pública. Por ello, instituciones como la OMS insisten en la vigilancia genómica continua de virus como el SARS-CoV-2. Medidas preventivas como vacunar o ventilar reducen la circulación del patógeno, quitándole billetes de lotería para explorar mutaciones peligrosas.

Debemos desterrar el mito del final feliz garantizado. Los virus no tienen intenciones ni evolucionan para convivir pacíficamente con nosotros, su única directriz es seguir circulando. A veces eso los hace más amables. Muchas otras veces, no.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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‘Weekendismo’: así es la tendencia que ha convertido los fines de semana en días agotadores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

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El jueves por la tarde cambia algo en el ambiente. Los grupos de WhatsApp empiezan a llenarse de mensajes sobre escapadas, brunches, cenas o rutas improvisadas. El viernes ya no parece exactamente un día laboral, sino una transición emocional hacia otra vida más deseable. Y el domingo, casi siempre demasiado pronto, aparece esa mezcla extraña de ansiedad, cansancio y frustración difusa: el fin de semana tampoco ha sido suficiente.

Quizá llevamos años viviendo bajo una lógica contemporánea que apenas habíamos nombrado: el weekendismo. Aunque el término pueda sonar reciente, en realidad fue utilizado ya en 1963 por el antropólogo Theron Núñez para describir el turismo de fin de semana de las clases urbanas hacia pequeños pueblos y zonas rurales cercanas. Pero hoy el fenómeno parece haber adquirido una dimensión mucho más profunda.

El weekendismo contemporáneo ya no consiste únicamente en viajar durante el fin de semana. Consiste, sobre todo, en convertir el tiempo libre en un espacio de rendimiento emocional, social y simbólico. Dicho de otro modo, el fin de semana ha dejado de funcionar como pausa para convertirse en proyecto.

El descanso ahora también es una tarea

El sociólogo Hartmut Rosa lleva años explicando cómo la aceleración se ha convertido en una de las lógicas centrales de la vida contemporánea. Vivimos atrapados en una sensación permanente de falta de tiempo, intentando aprovechar cada minuto mientras sentimos, paradójicamente, que nunca llegamos a nada. Y esa aceleración ya no afecta solo al trabajo: también organiza el descanso.

En apenas 48 horas intentamos recuperar sueño, vida social, bienestar físico, cultura, ocio y autocuidado: hacer deporte, quedar con amigos, descubrir restaurantes, escaparse a otra ciudad, leer o, simplemente, desconectar.

La paradoja es evidente: el ocio empieza a parecerse demasiado al trabajo. Hay personas agotadas no solo por trabajar demasiado, sino por intentar tener un fin de semana a la altura de internet. Descansar ya no significa detenerse, sino seguir produciendo una versión deseable de uno mismo.

El bienestar convertido en identidad

El filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han explicaba en La sociedad del cansancio que hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento donde el individuo ya no se siente obligado desde fuera, sino impulsado constantemente a optimizarse desde dentro.

Esa lógica va más allá del trabajo: afecta al cuerpo, las relaciones, el descanso y el ocio. Incluso el bienestar parece haberse convertido en una tarea productiva.

El auge global de la llamada wellness economy refleja precisamente esta transformación. Según el Global Wellness Institute, la economía mundial del bienestar ya superó los seis billones de dólares en 2023. Running clubs, pilates, mindfulness, journaling o entrenamientos como Hyrox funcionan cada vez más no solo como prácticas saludables, sino también como símbolos culturales asociados a disciplina, autocuidado y estatus aspiracional. El bienestar deja de ser únicamente bienestar: se convierte también en identidad.

Algo parecido sucede con la gastronomía, el deporte o el turismo. Las escapadas exprés, los brunches virales o determinados rituales contemporáneos del ocio funcionan cada vez más como formas de construir una narrativa visible de una vida interesante.

El economista y sociólogo estadounidense Thorstein Veblen, célebre por fundar la escuela institucionalista, observó a finales del siglo XIX cómo el ocio podía actuar como forma de exhibición social. Hoy esa exhibición se ha intensificado radicalmente a través de las redes sociales.

Más que interrumpir la lógica productiva, el ocio actual simplemente la disfraza de bienestar, autocuidado y autenticidad.

Vivir… y que parezca que vivimos bien

Además de vivir el fin de semana, ahora se documenta y se comparte. Gran parte de nuestra vida social funciona como una representación teatral: actuamos, construimos escenas y gestionamos constantemente la imagen que proyectamos hacia los demás.

Como consecuencia, el descanso contemporáneo también se estetiza. El café del domingo ya no es solo un café: es el matcha en una taza minimalista, el libro estratégicamente colocado sobre la mesa y la luz natural entrando por la ventana. El paseo debe parecer cinematográfico.
Incluso quedarse en casa necesita ahora cierta estética para resultar deseable.

Conceptos como aesthetic, main character energy o la romantización de la vida cotidiana reflejan precisamente cómo las redes sociales han transformado el ocio en narrativa visual aspiracional. Disfrutar el fin de semana se nos queda corto: debe parecer visualmente atractivo, equilibrado e interesante a ojos de los demás.

Basta abrir TikTok o Instagram un domingo por la mañana para encontrar una repetición casi coreografiada de rituales contemporáneos: cafés estéticos, carreras grupales, comidas fotogénicas, escapadas rápidas o rutinas de autocuidado convertidas en contenido visual. Hashtags como #slowliving –vida pausada o lenta–, #thatgirl –en redes sociales se utiliza para describir a una mujer que parece tener su vida perfectamente organizada, que es exitosa, se viste bien y mantiene hábitos saludables–, #weekendvibes –ambiente de fin de semana– o #romanticizeyourlife –convierte tu vida en algo romántico– acumulan millones de visualizaciones, mostrando una vida aparentemente pausada y consciente que, paradójicamente, exige una enorme producción estética constante.

Y es la pescadilla que se muerde la cola, porque deseamos no solo aquello que necesitamos, sino aquello que observamos constantemente en nuestro entorno social y digital.

La desaparición de la pausa

Ahí aparece una de las grandes contradicciones contemporáneas. Pasamos gran parte de la semana soñando con la libertad del fin de semana. Pero cuando finalmente llega ese tiempo libre, solemos ocuparlo siguiendo deseos, ritmos y aspiraciones que no hemos elegido completamente nosotros. Como advertia Jonathan Crary en 24/7: Capitalismo tardío y el fin del sueño, los espacios improductivos están desapareciendo.

Diversas investigaciones en psicología y comportamiento digital muestran además una creciente intolerancia contemporánea al tiempo vacío, al tiempo improductivo, que empieza a percibirse como tiempo desperdiciado. Hasta el descanso parece exigir ahora cierta utilidad: recuperarse, optimizarse, reconectar, mejorar hábitos o producir bienestar visible. El domingo ya no termina con descanso, sino muchas veces con la sensación de haber gestionado mal el tiempo libre.

Lo revolucionario ahora es recuperar formas de ocio que no necesiten productividad ni validación. Pasear sin objetivo. Escuchar música sin mirar el móvil. Tomar un café mirando por la ventana. Leer sin convertirlo en contenido. Quedarse en casa sin sentir culpa.

Quizá el verdadero lujo contemporáneo ya no sea viajar más, consumir más experiencias o llenar la agenda de planes, sino recuperar algo mucho más simple y cada vez más escaso: la posibilidad de descansar sin sentir que deberíamos estar haciendo algo mejor. Sin que los fines de semana sean otra forma más de rendimiento.

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Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Weekendismo’: así es la tendencia que ha convertido los fines de semana en días agotadores – https://theconversation.com/weekendismo-asi-es-la-tendencia-que-ha-convertido-los-fines-de-semana-en-dias-agotadores-283635