Por qué la caja negra de la IA preocupa al Vaticano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María-José Varela Salinas, Profesora Titular de Universidad en Traducción e Interpretación, Universidad de Málaga

Krot_Studio/Shutterstock

Que un papa publique una encíclica sobre IA puede parecer llamativo, pero no es extraño. Desde el siglo XIX, la Iglesia católica se ha pronunciado en diversas encíclicas sobre las grandes transformaciones sociales cuando afectaban a la persona y a su dignidad.

De la Revolución Industrial a la inteligencia artificial

La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, tiene un valor simbólico especial. Se firmó el 15 de mayo (aunque se presentó el 25), justo 135 años después de Rerum novarum, con la que León XIII respondió a los conflictos sociales de la Revolución Industrial.

Si entonces la cuestión central era la dignidad del trabajador ante los cambios de la era industrial, hoy el reto es proteger la dignidad de la persona ante el creciente poder de la IA.

León XIV ya la había presentado como la nueva “revolución industrial” en su primer discurso al Colegio Cardenalicio, el 10 de mayo de 2025, dejando claro que sería una de las grandes preocupaciones de su pontificado.

En Magnifica humanitas, esa preocupación se concreta en una idea central: la IA no es neutral. Puede ampliar capacidades humanas, pero también concentrar poder, volver opacas algunas decisiones y perjudicar especialmente a quienes tienen menos recursos para defenderse.

Ningún papa antes había presentado personalmente una encíclica. Pero es que, además, León XIV compartió el acto de presentación con Christopher Olah, cofundador de Anthropic y experto en interpretabilidad, es decir, en cómo funcionan los modelos de IA por dentro. Su elección no es casual: tanto el trabajo de Olah como la posición pública de la empresa conectan con varios puntos de la encíclica.

Abrir la caja negra

En primer lugar, el criterio de no usar indiscriminadamente lo que no se comprende. La IA generativa no es una herramienta más, sino un punto de inflexión. Hace décadas que usamos sistemas algorítmicos –buscadores, asistentes de voz, GPS–, pero ahora existen máquinas que parecen reflexionar o responder con empatía, y podemos olvidar que estamos ante dichos algoritmos. Sin embargo, las respuestas lógicas que recibimos no significan que la máquina comprenda y pueda comunicarse con nosotros de verdad.

Por otro lado, Olah advierte de que el funcionamiento interno de la IA muestra fenómenos difíciles de interpretar, lo que exige prudencia y discernimiento antes de usarlos masivamente. El cofundador de Anthropic dirige precisamente el área de investigación que intenta abrir la “caja negra” de los modelos para entender cómo producen respuestas.

¿Quién es el responsable?

Si se delega en un sistema, la decisión sobre quién recibe un crédito, qué paciente se opera antes o qué solicitante de asilo pasa el primer filtro, y ni sus creadores saben explicar exactamente por qué el sistema toma una decisión concreta, ¿quién es el responsable de esa decisión? No es una preocupación abstracta: en los Países Bajos, el escándalo de las ayudas para el cuidado infantil mostró cómo un sistema de detección de fraude basado en perfiles de riesgo podía señalar injustamente a miles de familias, con efectos devastadores sobre personas vulnerables.

La encíclica recoge, precisamente, esa preocupación: que la IA perjudique los derechos de las personas, especialmente de las más vulnerables. Que Olah comparte esa preocupación lo mostró recordando en su exposición que el debate sobre la IA debe tener en cuenta en primer lugar nuestra responsabilidad hacia los más pobres del mundo.

Negativa a usar la IA para desarrollo de armas autónomas

Otro punto de conexión puede ser la decisión de Anthropic de negarse a que sus modelos se usen para armas totalmente autónomas o vigilancia doméstica masiva. Olah reconoció que los principales laboratorios de IA compiten en un entorno en el que puede haber conflictos éticos. Por eso, pidió que haya críticos competentes y voces morales independientes que puedan señalar los errores. La decisión de Anthropic conecta con Magnifica humanitas, que, aparte de oponerse a la guerra como un mal, reclama límites éticos estrictos para la IA militar y exige que la responsabilidad humana se pueda identificar siempre.

En definitiva, la presencia de Olah reforzó una idea central de la encíclica: no todo lo técnicamente posible está moralmente permitido.

En el acto fue moderado por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, e intervinieron además los cardenales Víctor Manuel Fernández (prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe) y Michael Czerny (prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral) y las teólogas Anna Rowlands (catedrática de Pensamiento Social Católico en la Universidad de Durham) y Leocadie Lushombo (profesora de Ética Teológica en Santa Clara University). Con esta composición, el Vaticano quiso tratar la IA desde enfoques diversos y dar voz no solo a los que la diseñan o regulan, sino también a quienes reflexionan sobre sus consecuencias éticas y sociales.

Según Olah, las preguntas que plantea la IA superan a los científicos y no pueden solucionarlas ellos solos o las empresas tecnológicas. Y ahí es donde una voz como la de León XIV adquiere un peso particular, pues tiene una proyección moral que va más allá de la Iglesia. Cuando se pronuncia sobre temas clave como la IA, se le presta atención en foros internacionales muy diversos.

Gobernar la IA, no someterse a ella

La nueva encíclica puede leerse como una actualización de la cuestión social. Rerum novarum respondió al riesgo de una deshumanización provocada por la lógica industrial, mientras que Magnifica humanitas responde al riesgo de que la persona quede sometida a una lógica tecnocrática. Es decir, que la tecnología deje de estar al servicio del ser humano y empiece a exigir que sea el ser humano quien se adapte a ella. No se trata, sin embargo, de rechazar la IA, cuya utilidad en muchos campos reconoce León XIV. La cuestión es diseñarla y gobernarla con principios morales que beneficien al ser humano y a la sociedad.

La encíclica no aparece aislada. El 18 de mayo, el Vaticano presentó un Observatorio sobre IA y medio ambiente que estudiará las consecuencias de la IA sobre el medioambiente. Mayo de 2026 deja así una señal clara: para el Vaticano, la inteligencia artificial no es un asunto secundario, sino uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo.

The Conversation

María-José Varela Salinas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Necesitamos narrativas de la esperanza o solo sirven para manipularnos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina M. Gámez-Fernández, Profesora Titular de Universidad especializada en literaturas y culturas en lengua inglesa, Universidad de Córdoba

Solemos auparnos en la esperanza a veces para justificar situaciones complejas. Rois AM/Shutterstock

¿Quién no se ha visto alguna vez haciendo listas para el año nuevo, imaginándose una mejor versión de su vida en la que todo funciona a la perfección? ¿Quién no se ha suscrito a cualquier pódcast, cuenta de Instagram o TikTok que le ayude a aprender “esas estrategias infalibles” para lograr sus metas? ¿O quién no ha dudado de su estado físico al percatarse de que va a pilates solo un par de veces a la semana mientras su compañera de trabajo tiene un entrenador personal y se suplementa con creatina?

En todos estos ejemplos queda patente que las historias de superación personal y los autodenominados especialistas, coaches y demás personajes mediáticos están más de moda que nunca. ¿Qué motiva este fenómeno?

A la búsqueda de una solución

Ante la aceleración por estar “en forma”, cuidar de la salud mental, acompañar a los mayores, supervisar a los hijos, destacar en el trabajo y ser buena persona, el agotamiento no tarda en asomar.

Aun así, el motor sigue estando ahí: mantengo la ilusión de que puedo convertirme en mi mejor versión, poner mi granito de arena para frenar el cambio climático o dejar un mundo más decente del que me encontré. Sin embargo, ante la avalancha de retos, el agotamiento regresa de nuevo. Y es normal, porque el discurso que he ido interiorizando a lo largo de los años se desmorona cuando la exigencia se hace cada vez mayor.

Entonces, en ese momento, busco urgentemente una nueva narrativa de esperanza que me ayude a mantener este ritmo frenético.

Virtud, emoción… faro

Hoy en día podemos encontrar la palabra “esperanza” en cualquier conversación, ya sea en la cola del supermercado o en un eslogan rotulado en una taza y un llavero.

Pero… ¿qué es realmente la esperanza? Comúnmente se define como un horizonte remoto de posibilidad de cambio que nos orienta en momentos de adversidad como si fuera un faro. El ejemplo más cercano que todos compartimos, en el que buscamos esperanza, es la pandemia, todavía fresca en nuestras retinas como una experiencia que nos puso a prueba individual y colectivamente.

El concepto se aborda desde múltiples campos académicos, e incluso en estudios inter- o transdisciplinares. Por ejemplo, se clasifica como una virtud en el ámbito de la teología y los estudios sobre las religiones; como una emoción en la psicología, la neurociencia o la filosofía moral y política, e incluso como un mecanismo afectivo en la crítica literaria y teórica.

Este enorme interés de la ciencia, así como en el día a día de las redes sociales, los medios de comunicación y la cultura, responde a la necesidad creciente en nuestras sociedades de encontrar esos faros. Pero ¿qué efectos tiene en quienes la consumimos? Y, más interesante aún, ¿son solo efectos positivos?

No siempre es un buen motor

En nuestra experiencia personal normalmente revestimos estos relatos de un halo positivo. Como ejemplo nos sirve el título de la Bula del Jubileo ordinario del año 2025 del papa Francisco que era “Spes non confundit”: la esperanza no defrauda.

Por lo general, se relaciona la pérdida de la esperanza con la depresión y, en última instancia, con la muerte. De ahí las famosas frases “la esperanza es lo último que se pierde” o “mientras hay vida, hay esperanza”.

Pero nada más lejos de la realidad. El término no remite necesariamente a lo positivo. Pensemos en la esperanza de crear un “mundo mejor” que tenían tanto Nelson Mandela como… Adolf Hitler. La visión de un futuro diferente subyace al discurso esperanzador de ambos. Los diferencia radicalmente que, mientras Mandela buscaba acoger a diferentes grupos sociales, para el genocida cualquier pueblo que no fuese el ario debía desaparecer de su territorio.

Dibujo de una mujer que sujeta un recipiente del que salen luces.
Según el mito griego de ‘la caja de Pandora’, todos los males se repartieron por el mundo y solo quedó la esperanza. El dibujo es de James Gillray.
National Portrait Gallery

Aunque pueda sorprender, esta ambigüedad de las narrativas de esperanza no es nueva. La tradición cultural occidental integra una interpretación negativa de la esperanza junto con la vertiente optimista más conocida. El poeta griego Hesíodo ya decía que la esperanza era la única desgracia que no consiguió liberarse de la caja de Pandora y Eurípides advertía de su maldad, que se representaba con la diosa Elpis.

Desde Platón, pasando por Nietzsche, hasta críticos contemporáneos como Lauren Berlant, Mark Fisher y Franco “Bifo” Berardi, muchos son los autores que exploran el perjuicio de las narrativas de esperanza. La pregunta entonces es otra: ¿cómo contribuyen estas a manipularnos?

Un mensaje dañino

Tener esperanza no es negativo en sí mismo, por supuesto. Los problemas comienzan en los momentos difíciles, cuando nos sentimos vulnerables, perdidos y abrumados por las muchas tareas pendientes. Entonces, empezamos a prestar demasiada atención a todo ese ejército mediático de narrativas. Y necesitamos creer en ellas desesperadamente.

En este caldo de cultivo, es más fácil convencernos del mensaje que transmiten: “tú puedes, pero solo si haces el sacrificio personal incondicional para alcanzar tu ideal”. Por ejemplo, hazme creer a pies juntillas que el trabajo duro me garantizará la independencia económica que tanto necesito a mis ya 30 años, y estaré más dispuesta a trabajar 10 horas con un contrato a media jornada.

Ojo, que este fenómeno se puede complicar todavía más. La tormenta perfecta combina las narrativas de la esperanza con los discursos del miedo. Estos últimos normalizan ideologías claramente discriminatorias para que aceptemos políticas que justifican la injusticia y la violencia. Pero las narrativas de la esperanza son más insidiosas, porque se aseguran de controlar a las personas a través de sus propios deseos sin tener que vigilarlas.

¿Podemos escapar de este fenómeno? No existe una solución simple ni rápida dada la complejidad del problema. Pero la literatura y el arte son herramientas muy útiles para desmantelar esas narrativas cómplices con nuestra forma de vida neoliberal. Sus reflexiones nos permiten visibilizar la brecha que existe entre qué poseemos y lo que creemos que deberíamos tener, cómo nos sentimos y cómo deberíamos hacerlo o quiénes somos y quiénes deberíamos ser. Nos ayudan a darnos cuenta de que quizás no merezca la pena perseguir esas aspiraciones a toda costa e, incluso algunas, ni siquiera perseguirlas.

Porque… ¿cuáles son las que siguen operando en su propio horizonte sin que se dé cuenta?


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Cristina M. Gámez-Fernández es la Investigadora Principal del proyecto de investigación “Resistencias ante el Capitaloceno: Narrativas de esperanza en el siglo XXI” (referencia PID2023-147494NB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y por el FEDER.

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Elecciones colombianas: otro capítulo del manual para concentrar el poder sin importar la ideología

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Andrés Morales-Barreto, Coordinador académico y profesor del Departamento de Teoría Jurídica y de la Constitución de la Facultad de Estudios jurídicos, políticos e internacionales, Universidad de La Sabana

Abelardo de la Espriella, candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia, durante La Marcha del Silencio en Bogotá por la recuperación del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay (15 de junio de 2025), quien sufrió un atentado y falleció posteriormente. Anamaria Mejia/Shutterstock

Existe un patrón que recorre América Latina de izquierda a derecha, desde gobiernos que prometen seguridad hasta gobiernos que alientan la transformación social. No se trata solamente de lo que dicen. Es cómo entienden el poder.

Repasamos algunos ejemplos con nombre propio de esta tendencia. Además de a gobernantes en ejercicio, el análisis atañe también a los tres principales candidatos de las elecciones presidenciales colombianas del 31 de mayo: Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.

Instituciones y contrapesos se presentan como estorbos

Cuando líderes electos presentan a los tribunales como obstáculos, al Congreso como bloqueo, a la prensa como enemiga, a los órganos de control como sabotaje y a la oposición como un impedimento para gobernar, la democracia constitucional comienza a mutar. Milei, Bukele y Petro, con ideologías opuestas y promesas contradictorias, comparten una misma tentación peligrosa, concebir las instituciones democráticas como estorbos para realizar su idea auténtica de nación.

La comparación relevante no es ideológica sino institucional. La pregunta importante es si los líderes consideran que los límites son condiciones necesarias de la democracia o simples trabas que deben superarse.

La erosión explícita desde la derecha

Javier Milei en Argentina llegó denunciando a la “casta política” y prometiendo desmontar el Estado. Su lógica de confrontación permanente con el Congreso, sectores judiciales y universidades públicas parte de una idea. Según esta, las instituciones tradicionales son responsables del fracaso argentino y deben ser neutralizadas. La nación productiva justifica la batalla frontal contra los supuestos obstáculos institucionales.

En El Salvador, Nayib Bukele encarna una versión más intensa y popular. Su éxito en reducir drásticamente la violencia es innegable: El Salvador pasó de ser uno de los países más peligrosos del mundo a registrar índices mínimos de homicidios. Sin embargo, lo logró mediante un régimen de excepción prolongado, detenciones masivas con garantías judiciales suspendidas e informes constantes sobre abusos y torturas. Para millones de salvadoreños, la seguridad justifica subordinar los controles democráticos. La nación segura termina imponiéndose sobre las mediaciones institucionales.

El candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella representa otra expresión contemporánea de esta lógica. A las puertas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, su propuesta de “Patriotismo Constitucional” defiende formalmente la Constitución de 1991, la independencia judicial y la prensa. Rechaza una reforma constituyente, pero al mismo tiempo propone elevar a rango constitucional la prohibición de la combinación de todas las formas de lucha. Eso implicaría declarar inconstitucionales ciertas huelgas, bloqueos y formas de movilización social, utilizando la ley para restringir expresiones de conflicto político que considera amenazas al orden. No destruye la Constitución abiertamente: busca reescribirla para limitar el disenso.

La derecha autoritaria erosiona la democracia de forma frontal, mediante estados de excepción permanentes, liderazgo personalista, controles ejecutivos directos y restricciones abiertas al conflicto democrático.

La erosión gradual desde la izquierda

La izquierda latinoamericana tampoco escapa a esta deriva. Maduro en Venezuela constituyó el caso extremo de concentración progresiva de poder, persecución de opositores y destrucción de la competencia electoral. El chavismo convirtió las instituciones en herramientas del proyecto revolucionario hasta vaciarlas de pluralismo.

En Brasil, Lula da Silva continúa siendo una figura de la izquierda democrática, y el país mantiene elecciones competitivas. Sin embargo, el Partido de los Trabajadores ha cultivado una narrativa según la cual sectores judiciales, empresariales y mediáticos representan enemigos estructurales del pueblo brasileño.

Después de los excesos del caso Lava Jato (la mayor investigación sobre corrupción en Brasil y Latinoamérica), parte del lulismo comenzó a justificar una creciente politización institucional. Esta tendencia se amparaba en la necesidad de corregir desequilibrios históricos. El riesgo que entraña no es una ruptura inmediata de la democracia, sino la normalización de la idea de que ciertas instituciones independientes son obstáculos frente a proyectos considerados superiores.

En México ocurre algo similar. La presidenta, Claudia Sheinbaum, heredó el proyecto político de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, aunque ya ha anunciado una revisión de la reforma judicial de este. Su partido, Morena, que opera dentro de marcos democráticos formales, ha impulsado reformas que generan preocupación por la autonomía judicial, la concentración de poder y el debilitamiento progresivo de contrapesos. La apelación constante al pueblo verdadero y a la legitimidad popular comienza a sustituir la lógica clásica de limitación constitucional.

En Colombia, el presidente, Gustavo Petro, y el candidato oficialista, Iván Cepeda, representan esta versión institucional de erosión democrática. Petro ha impulsado una transformación estructural del modelo político, mientras que Cepeda mantiene una posición ambigua frente a una eventual Asamblea Constituyente.

Semanas atrás, el candidato del Pacto Histórico parecía distanciarse de esta propuesta. Sin embargo, recientemente dejó abierta la posibilidad si existiera consenso entre sectores políticos y económicos. La incertidumbre sobre los compromisos de ambos candidatos frente a los límites constitucionales revela una pauta común: la disposición a cambiar las reglas del juego cuando se considere necesario.

Una Asamblea Constituyente no es un trámite ordinario. Supone reescribir normas fundamentales, fortalecer el Ejecutivo y alterar los mecanismos de alternancia. Formalmente, tiende a presentarse como una opción democrática. Estructuralmente, puede convertirse en un mecanismo de concentración irreversible de poder.

La izquierda autoritaria suele erosionar la democracia de manera más gradual, mediante reformas constitucionales, expansión permanente del Ejecutivo y debilitamiento progresivo de los órganos de control, todo presentado como profundización democrática y soberanía popular.

Dos caminos hacia el mismo riesgo

La derecha y la izquierda autoritarias utilizan métodos distintos, pero terminan compartiendo una misma sospecha frente al pluralismo liberal. Para unos, los controles constitucionales impiden combatir el crimen, garantizar el orden o liberar la economía. Para otros, evitan transformar estructuras consideradas injustas y realizar cambios históricos. En ambos casos aparece la misma conclusión: existe una voluntad popular auténtica que no debería estar limitada por demasiadas mediaciones institucionales. Y precisamente ahí reside el verdadero peligro.

Colombia conoce bien las consecuencias de subordinar las instituciones a proyectos absolutos de nación. Las guerrillas justificaron la violencia armada en nombre de una revolución. Los paramilitares, que han sido en ocasiones vinculados a partidos como el Centro Democrático (fundado por el expresidente Álvaro Uribe y liderado por la candidata Paloma Valencia), han justificado masacres y persecuciones en nombre del orden y la seguridad. Unos y otros creyeron representar una versión superior de la patria.

La democracia constitucional no fue diseñada para producir gobiernos rápidos, homogéneos o plenamente eficientes. Fue diseñada para impedir que una mayoría o un líder concentren todo el poder sin límites.

La lección incómoda de la historia latinoamericana es clara: las democracias rara vez mueren únicamente mediante golpes militares. Se erosionan lentamente desde dentro, cuando los líderes elegidos democráticamente descubren que es más fácil desmontar los límites constitucionales que respetarlos.

The Conversation

Sergio Andrés Morales-Barreto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Elecciones colombianas: otro capítulo del manual para concentrar el poder sin importar la ideología – https://theconversation.com/elecciones-colombianas-otro-capitulo-del-manual-para-concentrar-el-poder-sin-importar-la-ideologia-283043

¿Tiene sentido cobrar la misma ecotasa a todos los turistas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aythami Santana Padrón, Assistant researcher, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Viajeros en el Aeropuerto Tenerife Sur, Islas Canarias.
Nigel J. Harris/Shutterstock

Las ecotasas turísticas son una realidad en varios destinos. Dos ejemplos: Barcelona aplica una de las más elevadas de Europa, y Bali (Indonesia) cobra desde 2024 un valor fijo para todos los visitantes internacionales (incluido niños).

Mientras tanto, se mantiene abierto el debate sobre su aplicación (que se destinaría a la conservación ambiental o a la adaptación climática) en Canarias, un territorio donde los efectos del cambio climático –sequías, olas de calor, presión sobre los recursos hídricos– generan una preocupación creciente, tal y como reconoce la Estrategia Canaria de Acción Climática.

La cuestión es que la mayoría de esas contribuciones económicas siguen compartiendo una misma lógica: cobrar prácticamente lo mismo a todo el mundo. Y ahí aparece la pregunta: ¿tiene sentido que pague lo mismo una persona que gasta 60 euros al día que otra que gasta 500?

Una investigación sobre más de 70 000 turistas que viajaron a las islas Canarias muestra que aplicar la misma ecotasa a todos los visitantes puede ser una estrategia poco eficiente.

El turista no es un perfil único

Muchas políticas turísticas siguen tratando al visitante como si todos reaccionaran igual ante una tasa ambiental.

Sin embargo la realidad es mucho más compleja. El proceso de decisión no es único: decidir “pagar” no es lo mismo que decidir cuánto se está dispuesto a aportar como compensación al destino visitado.

Existen turistas muy sensibles a cualquier incremento de precio y otros para quienes pequeñas contribuciones adicionales apenas modifican el coste total del viaje. También hay diferencias importantes en capacidad económica, sensibilidad ambiental o predisposición a contribuir a la sostenibilidad del lugar que se visita.

Esto resulta especialmente relevante en territorios donde el turismo depende directamente de la calidad ambiental. Según ONU Turismo, la sostenibilidad se ha convertido en uno de los principales retos estratégicos del turismo.

Financiar la adaptación climática

Los resultados de este estudio en Canarias muestran que muchos visitantes aceptarían realizar pequeñas aportaciones sin demasiado rechazo. Pero, además, existe un segmento más reducido –normalmente asociado a perfiles de mayor gasto– dispuesto a asumir cantidades considerablemente más elevadas para financiar sostenibilidad o adaptación climática.

Esta idea conecta con investigaciones previas sobre ecotasas turísticas y aceptación social de impuestos ambientales, que han analizado cómo la percepción sobre el uso de los recursos recaudados condiciona el apoyo de los visitantes a estas medidas.

El coste ambiental del turismo

El turismo genera riqueza, empleo y actividad económica. Pero también incrementa la presión sobre recursos naturales e infraestructuras públicas.

En los territorios insulares este impacto resulta especialmente visible: mayor demanda de agua y energía sin que varíe significativamente la oferta, más residuos, mayor presión sobre los espacios naturales y la aparición de nuevas infraestructuras alimentan un debate creciente en destinos turísticos maduros, como es el caso de Canarias.

A esto se suma el cambio climático. El Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) lleva años alertando sobre el impacto creciente de fenómenos extremos, sequías, olas de calor o erosión costera, especialmente en regiones vulnerables como las islas.

Diversos estudios sobre turismo y cambio climático alertan de que muchos destinos insulares tendrán enormes dificultades para financiar la adaptación climática y transición energética durante las próximas décadas.

Todo ello obliga a realizar inversiones públicas cada vez mayores en adaptación climática, conservación o transición energética.

Un problema de eficiencia

Muchas ecotasas se diseñan bajo sistemas planos o casi uniformes. Sin embargo, tratar igual a perfiles turísticos completamente distintos puede ser poco eficaz tanto económica como socialmente.

El diseño de modelos más progresivos y adaptados a distintos perfiles de gasto podrían aumentar considerablemente el dinero disponible para políticas ambientales, sin afectar demasiado a la demanda turística.

La lógica es relativamente sencilla. Un turista que realiza un viaje premium suele tener una sensibilidad mucho menor al cobro de tasas ambientales que otro con un presupuesto mucho más ajustado. Cobrar lo mismo a todos puede terminar reduciendo la capacidad de los destinos para financiar sostenibilidad.

Además, diversos estudios indican que muchos turistas valoran positivamente que parte de los recursos obtenidos se destinen realmente a proteger el territorio que visitan. Investigaciones sobre aceptación de impuestos ambientales turísticos muestran que el apoyo aumenta cuando existe transparencia sobre el uso del dinero recaudado.

Más allá del debate turístico

El debate sobre las ecotasas ya no trata solo de turismo. También refleja una discusión más amplia sobre cómo financiar sostenibilidad y cómo repartir los costes de la transición ecológica en territorios especialmente dependientes del turismo.

Destinos como Canarias afrontan una presión creciente para compatibilizar la competitividad turística, la protección ambiental y la adaptación climática.

En este contexto de creciente presión ambiental y climática, quizá el debate ya no es si aplicar ecotasas, sino cómo diseñarlas.

The Conversation

Los autores han participado en un proyecto competitivo financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación, financiación que se ha utilizado para el desarrollo de la citada investigación.

Los autores han participado en un proyecto competitivo financiado por la Comisión Europea a través del programa Erasmus+, financiación que se ha utilizado para el desarrollo de la citada investigación.

Aythami Santana Padrón y Yen E. Lam González no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. ¿Tiene sentido cobrar la misma ecotasa a todos los turistas? – https://theconversation.com/tiene-sentido-cobrar-la-misma-ecotasa-a-todos-los-turistas-283191

¿Qué ocurre en el cerebro cuando corremos una maratón?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Matute, Professor, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

BABAROGA/Shutterstock

Cuando pensamos en una maratón imaginamos músculos agotados y pulmones al límite. Pensamos también en un cuerpo falto de energía. Pero hay otro órgano que trabaja sin descanso durante esos 42 kilómetros: el cerebro.

Aunque pesa solo un kilo y medio, el cerebro consume cerca del 20 % de la energía del cuerpo. Incluso cuando dormimos sigue activo, de ahí que demande combustible de forma constante. No en vano controla la respiración, la temperatura corporal, el movimiento y los pensamientos.

Por lo que sabíamos hasta ahora, y a diferencia de otros órganos, el cerebro almacena muy poca energía. Depende de un aporte continuo de glucosa y oxígeno. Por eso, una maratón supone un gran reto para él. Sin embargo, en estas situaciones, podría echar mano de una reserva energética inesperada: la mielina.

Mucho más que un aislante

La mielina es una capa grasa que rodea las neuronas y ocupa cerca de la mitad del volumen del cerebro humano. Funciona de forma parecida al plástico que cubre un cable eléctrico: ayuda a que las señales nerviosas viajen más rápido y con menos gasto de energía.

Durante años se pensó que solo servía para aislar y proteger las neuronas. Pero esa idea está cambiando.

Ya en 1928, el científico español Pío del Río Hortega sugirió que las células que producen mielina también ayudaban a alimentar a las neuronas. Durante mucho tiempo esa idea pasó desapercibida.

Hoy, sin embargo, sabemos que esas células aportan energía cuando las neuronas trabajan más. Es decir, participan de forma activa en el metabolismo del cerebro. ¿Quiere eso decir que la propia mielina puede servir como fuente de energía durante un esfuerzo extremo?

Qué ocurre después de correr 42 kilómetros

Para responder a esa pregunta estudiamos a corredores de maratón utilizando resonancia magnética avanzada. Analizamos sus cerebros antes de la carrera y también entre uno y dos días después. Más tarde, durante la recuperación, repetimos las pruebas. Y los resultados fueron sorprendentes.

Después de la maratón observamos una reducción temporal de mielina en varias zonas del cerebro. El cambio aparecía sobre todo en regiones relacionadas con el movimiento, la sensibilidad y las emociones.

Dos meses después, la mielina se había recuperado. En otras palabras, el cerebro parecía haber usado parte de esa mielina durante el esfuerzo. Y luego, la reconstruyó.

Una batería recargable

Nuestros resultados apoyan una idea nueva: la mielina podría actuar como una especie de batería del cerebro. Durante una maratón, el cuerpo consume enormes cantidades de energía, agotando lentamente las reservas habituales, como el glucógeno almacenado en músculos e hígado.

En esa situación, nuestro órgano pensante podría recurrir de forma temporal a las grasas presentes en la mielina. Eso explicaría por qué no vimos señales de daño cerebral. Los corredores mantuvieron sus funciones normales; los cambios observados fueron reversibles.

Esto sugiere que estamos ante un mecanismo normal de adaptación al esfuerzo extremo.

Más allá del deporte

El hallazgo puede tener importancia en muchas enfermedades.

La mielina se altera en trastornos como la esclerosis múltiple o algunas formas de demencia. Si también funciona como reserva energética, podríamos entender mejor qué ocurre en esas dolencias. Sin olvidar que este mecanismo podría estar relacionado con el envejecimiento cerebral.

Aún quedan muchas preguntas abiertas. No sabemos exactamente qué partes de la mielina se consumen ni cómo se regeneran después. Tampoco sabemos si ocurre lo mismo en otros deportes de resistencia o en situaciones de ayuno prolongado. Pero sí tenemos claro algo importante: la mielina no es un material pasivo.

El cerebro cambia y se adapta continuamente. Y quizá una maratón nos permita observar esa capacidad de adaptación de una forma especialmente clara.

Tal vez correr 42 kilómetros no solo ponga a prueba el corazón y los músculos: también obliga al cerebro a buscar nuevas formas de mantener la energía. Y eso convierte a cada corredor de larga distancia en un experimento biológico fascinante.

The Conversation

Carlos Matute trabaja en el Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibersitatea (EHU)

– ref. ¿Qué ocurre en el cerebro cuando corremos una maratón? – https://theconversation.com/que-ocurre-en-el-cerebro-cuando-corremos-una-maraton-281501

Suplemento cultural: ¿qué estoy escuchando?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Vibe Images/Shutterstock

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No sé si ustedes también sienten esa sensación de paz y relajación una vez que apagan la campana extractora después de haber estado mucho tiempo cocinando con ella encendida. Ese ruido de fondo, que a fuerza de ser persistente parecía haber dejado de molestar, de repente se elimina y la mente descansa.

La primera vez que escuché a Angine de Poitrine –recomendados por un amigo, antes de que el mismísimo Dave Grohl de Foo Fighters hablase de ellos– me pasó algo parecido. Era música, sí, pero a la vez mi cerebro asumía que la melodía que proponían era tan disruptiva como agotadora. Al pausarlos, de alguna forma mi cuerpo celebró el silencio. Y, sin embargo, me sorprendo cada poco volviendo a ellos. “Voy a poner un ratito más su directo en la radio”, me digo. “A ver qué escucho esta vez”.

¿Y por qué? Pues las razones las explica muy bien Oliver Serrano León en su artículo. No cuento mucho más porque si acabo de descubrirles el nombre de este dúo quebequés es mejor que vean el vídeo que les dejo aquí debajo sin saber nada.

Hello Goodbye

El 21 de mayo se emitió el último programa del Late Show with Stephen Colbert, una institución dentro de la programación televisiva estadounidense. El cierre no ha sido voluntario, sino que la cadena, CBS, ha alegado cuestiones financieras para eliminarlo. Sin embargo, sobre la cancelación planea la sospecha de injerencias políticas.

La amenaza a este y otros cómicos por la administración Trump hace que Isadora García Avis y Elena Neira se planteen si estamos asistiendo al principio del final del late night como lo conocemos. Y yo, por mi parte, me pregunto si veremos cómo muere un formato histórico antes de que hayan colocado en alguno de los programas icónicos del prime time a una mujer (Joan Rivers mediante).

Por cierto, ¿no sería el sueño de todos nosotros poder despedir un proyecto cantando “Hello Goodbye” de los Beatles con el mismísimo Paul McCartney?

Almodóvar, Bardem y Lorca visitan Cannes

La bola negra, la nueva película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, ha regresado del Festival de Cannes con el premio a Mejor Dirección. Pero no ha sido la única presencia española en la sección oficinal del certamen. Otros dos filmes la han acompañado, un hito histórico: Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar y El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen (ya estrenada, además, en Francia).

Aunque Latinoamérica fue este año injustamente olvidada por la principal sección competitiva, la industria española está de celebración y Endika Rey explica los factores que han tenido que darse para que esto ocurra.

Llega a España Nuevayol

Y de un festival galo que habla español a un cantante que está forzando su comprensión. Bad Bunny ha aterrizado en España para completar los 12 conciertos que dará en el país.

A la espera de saber si, como ha dejado caer el arzobispo de Madrid, dos mundos colisionan y el puertorriqueño acaba coincidiendo con el papa Leon XIV en la capital, Lourdes Moreno Cazalla analiza por qué “el artista que ha llevado el español a más escenarios globales que ningún otro en la historia reciente es, al mismo tiempo, uno de los más criticados por su forma de hablarlo”.

Otros que utilizan el lenguaje de forma magistral son Alberto Casado y Rober Bodegas, integrantes del dúo Pantomima Full. Sus vídeos son hilarantes no solo por lo que sus protagonistas confiesan a cámara, sino por las observaciones paralelas que aparecen impresas en pantalla. Es, como lo define Javier Soto Zaragoza, “el arte del paratexto”.

De adaptaciones, reinas y momias

Aprovecho el maravilloso artículo que hemos publicado sobre las adaptaciones cinematográficas para recomendar una que está todavía en algunas salas: la versión musical de El beso de la mujer araña, una brillante novela de Manuel Puig.

En esta película, inspirada en un espectáculo del West End y Broadway de los 90, parte de la acción que sucede en la imaginación de uno de los protagonistas no solo remite al Hollywood clásico por su glorioso tecnicolor sino porque, además, los personajes cantan y bailan. “Nadie canta y baila en la realidad”, dice uno de ellos en pantalla. “Tal vez deberían”, replica el otro.

En León todavía se puede visitar la exposición sobre la reina Urraca I, de quien se cumplen 900 años. Sus comisarios, José Alberto Moráis Morán y Gerardo Boto Varela, nos cuentan la importancia de esta monarca en la historia española y cómo revolucionó la forma de hacer política.

De forma más sigilosa pero continua, la novela ha intentado recuperar la voz de los habitantes de aquellos pueblos que desaparecieron bajo los embalses creados durante el franquismo. Es un recordatorio de que, a veces, a donde no llegan el periodismo o la investigación pueden llegar el arte y la ficción.

Y para finalizar, les dejo un tema interesantísimo. Hay grandes preguntas que todos nos hacemos y que en The Conversation recogemos y aprovechamos para aclarar. Y luego están las que nunca nadie se hizo hasta ahora porque a nadie se le habían ocurrido. Como la de… ¿qué hacía un fragmento de la Ilíada dentro de una momia?

The Conversation

– ref. Suplemento cultural: ¿qué estoy escuchando? – https://theconversation.com/suplemento-cultural-que-estoy-escuchando-283539

La selección: México y España, ciencia y cultura de ida y vuelta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Sánchez Navas, Editor. Delegación México, The Conversation

Banderas mexicana y española. esfera/Shutterstock

La historia se cuenta siempre desde la guerra y no desde la paz. Los dirigentes políticos actuales lo saben y usan esas narrativas sesgadas, que privilegian el lado bélico y confrontativo del pasado, para poner a la opinión pública al servicio de sus estrategias de poder.

La respuesta a esta beligerante y oportunista tendencia consiste en auscultar los acontecimientos históricos con el fonendoscopio preciso de la ciencia y el tacto sutil de la cultura. Una fórmula interpretativa que nos aísla del ruido y las alharacas y permite tirar de un hilo que engasta perlas de diálogo, convivencia y aprendizaje mutuo.

Ese hilo conecta la Real Academia Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales con su homóloga de México. A finales del siglo XIX, la primera, en cuya nómina figuraban José Echegaray, Blas Cabrera o Santiago Ramón y Cajal, sirvió de inspiración a la segunda. Esta última no le iba a la zaga en conocimiento: Mariano Bárcena y Vicente Riva Palacio, artífices de las principales instituciones científicas mexicanas, estaban al timón.

Nos lo cuenta el investigador y divulgador de la Universidad de Guadalajara, Juan Nepote, para quien la memoria acerca de estos vínculos constituye “una invitación a no borrar la historia de colaboración científica que ha unido a España y México”.

Ese fértil vínculo nos devuelve con justicia al presente algunos nombres propios. El ya mencionado Blas Cabrera, rector de la Universidad Central de Madrid, presidente de la Sociedad Española de Física y Química y amigo personal de Einstein, quien encontró reposo en el exilio mexicano tras ser represaliado por las dos Españas.

También hallamos esa conexión España-México en la biografía del músico Gustavo Pittaluga. Su periplo dibuja puentes de talento, arte y compromiso, que asimismo atravesó María Zambrano, primera mujer en obtener el Premio Cervantes. Un premio que, por cierto, ha recaído en su última edición en el escritor mexicano Gonzalo Celorio, quien se ha declarado discípulo del exilio español.

La cultura popular sirve igualmente de ejemplo para ese círculo virtuoso que desmiente la dialéctica sobre la conquista gracias a los ecos de la poesía y el flamenco de los cantes de ida y vuelta. Un acervo artístico con raíces en el comercio y la transmisión humana, fundamental para el arraigo de los emigrantes y exiliados españoles que llegaron en oleadas a México y otros países latinoamericanos a lo largo del siglo XX.

Este venero cargado de dignidad, memoria y creación humana es el que reivindican las autoridades de España y México para reconducir la relación entre ambos países. La diplomacia cultural está jugando un papel esencial en esa estrategia de acercamiento, como manifestó la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, inaugurada en Madrid el pasado otoño, coincidiendo con las celebraciones del año de la mujer indígena en ese país.

Otros hitos recientes han puesto de relieve lazos de respeto y miradas que acercan. Es el caso de la concesión en 2025 del Premio Princesa de Asturias de la Concordia al Museo Nacional de Antropolgía de México y el de las Artes a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide. Aunque ajenos a las lógicas políticas o institucionales, estos reconocimientos expresan esa convergencia fraterna desde lo cultural.

En 2022 había recibido este mismo galardón en la categoría de Ciencias Sociales el arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, referente de las excavaciones del Templo Mayor de Tenochtitlán. Un par de años antes, en 2020, la Feria Internacional del Libro (FIL), organizada por la Universidad de Guadalajara, se alzaba con el de Comunicación y Humanidades. Una feria que tuvo como invitada de honor a España en su edición 2024 y a la ciudad de Barcelona en 2025, hecho análogo al ocurrido con FITUR, la gran cita del sector turístico español, que ha convertido a México en su socio este 2026.

No estamos ante una ecuación de intereses cruzados en un delicado momento geopolítico. Tampoco ante los frutos maduros del milagro de una lengua compartida. Se trata de una urdimbre de sueños, comunidades y trayectorias personales, hilvanados cuidadosamente a través del tiempo, que difícilmente podrán destejer simplificaciones históricas interesadas.

The Conversation

– ref. La selección: México y España, ciencia y cultura de ida y vuelta – https://theconversation.com/la-seleccion-mexico-y-espana-ciencia-y-cultura-de-ida-y-vuelta-283398

Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea J. Arratibel, Editor, The Conversation

A principios de este año se celebró la 56ª reunión del Foro Económico Mundial, más conocido como Davos, un encuentro en que la soberanía digital y el futuro de la IA tomaron el protagonismo. Precisamente los campos del conocimiento en los que la mexicana ecuatoriana Paola Ricaurte, doctora en Ciencias del Lenguaje, ha dedicado su trayectoria desde un análisis feminista y anticolonialista.

Profesora del Departamento de Medios y Cultura Digital en la Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, e investigadora asociada del Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard, Ricaurte estudia el impacto de la industria tecnológica en la geopolítica y la sociedad.

Además de coordinar la Red de Investigación Feminista de IA (FAIR), cuyo fin es crear y mantener una agenda de investigación con acción feminista creada por y para mujeres, es autora del Manifiesto de la Inteligencia Artificial Descolonial. Y cofundadora de Tierra Común, una iniciativa académica para la descolonización de los datos.

Forma parte del grupo de expertos en ética de IA sin fronteras de la UNESCO y en el 2025 fue nombrada una de las 100 personas más influyentes del mundo en IA. Sus análisis y cuestionamientos en torno al impacto social de los sistemas tecnológicos hegemónicos la ha posicionado como una de las voces latinoamericanas de la actualidad más destacadas en la materia

Las conversaciones del último Foro Económico Mundial evidenciaron que el debate ya no gira en qué impacto pueden tener las nuevas tecnologías en el mundo sino en cómo lo están configurando.

En la actualidad hay una guerra geopolítica que también atraviesa la dimensión tecnológica, en particular relacionada con la IA. Occidente está en este momento muy fracturado, en una posición de crisis, también en los intentos por controlar la cadena de valor de la IA. Las políticas estadounidenses de los últimos años van encaminadas a lograr ese control e impulsar medidas para fomentar la industria propia, para imponer su infraestructura tecnológica en el resto del mundo. En cuanto a Europa, está viendo amenaza su soberanía frente a Estados Unidos y quiere responder de alguna forma.

¿Y qué papel juegan el resto de regiones en la geopolítica de la IA?

Una vez que una infraestructura tecnológica se impone en un territorio, es posible ejercer presión, tanto física como simbólica. Las regiones que somos fundamentales en la cadena de valor de la IA pero que no la controlamos, como le ocurre a América Latina, tenemos muchos desafíos por delante. En particular, aquellos que tienen que ver con cómo nosotros, sabiendo que estamos en una posición subordinada, podemos generar contrapesos para que dejar de ser simples proveedores de recursos naturales, de datos o de fuerza de trabajo –como hemos sido históricamente–.

¿Está América Latina generando esos contrapesos?

Al estar tan fragmentada en términos políticos, América Latina no ha sido capaz de responder con una visión y una estrategia regionales sobre la IA que permitan generar contrapesos en términos comerciales y negociar mejores condiciones para nuestra inserción en ese mercado.

En lugar de eso, lo que han hecho muchos gobiernos ha sido responder de manera pasiva. O aún peor, muchos han respondido proactivamente en favor de la visión que favorece a las compañías estadounidenses. Esto ha permitido una regulación –o una falta de regulación– que permite a las compañías desplegarse e instalarse, con los máximos beneficios, sin necesidad de retribuir a los territorios donde se están instalando.

¿Qué pasa entonces si algo falla en la cadena de valor de la IA? Si la seguridad o la capacidad operativa de un gobierno está a expensas de una empresa extranjera que le provee software y hardware, conectividad, no puede reaccionar ante un fallo y puede perder el acceso a información crucial para gobernar. Controlar la infraestructura no es solamente una cuestión económica: afecta a la política de un país y, en última instancia, a los procesos democráticos.

México vive en la actualidad un auge de centros de datos impulsado, sobre todo, por la IA, que está atrayendo inversiones masivas. ¿Qué impacto tiene para el país?

Si observamos las políticas de los países con centros de datos, como México o Brasil, normalmente se invita a la inversión extranjera, se les ofrece exención o reducción de impuestos y tierras. Paradójicamente, a las grandes corporaciones no se les exigen ni evaluaciones de impacto ambiental, ni transparencia, ni que contraten personas del país para contribuir a las economías locales donde se instalan los centros de datos. Eso hace que, de alguna manera, los ciudadanos estemos pagando los costos del desarrollo de la IA con nuestros datos y nuestras tierras, con un impacto en el ambiente y en las comunidades que no deberíamos ignorar.

¿Y cuál sería la alternativa?

Podemos encontrar algunas iniciativas que están encaminadas a promover más la soberanía, como cuando Brasil bloqueó a la empresa X, de Elon Musk. Pero son iniciativas aisladas. La cuestión es promover iniciativas más articuladas, desarrollar una política regional que permita mantener una postura en bloque en favor de América Latina, en lugar de beneficiar a Estados Unidos y sus empresas. Se necesita una regulación que exija transparencia y rendición de cuentas a las empresas. Y, por supuesto, que exija también una regulación estricta y una retribución en términos económicos a los territorios. No basta con la inversión que prometen, porque es un dinero que no se queda.

¿Cómo afecta el control de la infraestructura tecnológica global en las políticas sociales de cada país?

Mientras nosotros no tengamos capacidad de gobernanza sobre nuestra infraestructura es imposible tenerla en términos políticos y sociales. La sociedad funciona y opera a través de sistemas tecnológicos, de infraestructuras tecnológicas. Si esas tecnologías no se regulan, entonces las ciudadanas estamos a merced de lo que las corporaciones quieran. Es obligación de los gobiernos ser garantes de los derechos humanos. Y desde la sociedad civil se debe exigir que los gobiernos cumplan con esa función.

Hasta ahora estamos viendo todo lo contrario, que las nuevas tecnologías refuerzan la brecha de desigualdad sistémica

Así es. Es importante que entendamos que las tecnologías no son solo dispositivos o materiales tangibles (cables, computadoras, centros de datos, software, antenas…): hay también una parte simbólica. Nuestras concepciones de lo que nosotros pensamos o deseamos de la tecnología en general, y de la inteligencia artificial en particular, conforman narrativas acerca del mundo que queremos.

La tecnología hegemónica que gobierna hoy lleva incrustada una visión del mundo que no favorece a la mayoría y no la va a favorecer mientras no cambien las lógicas, condiciones y narrativas sobre las que se construye.

¿Por qué no favorece a la mayoría?

Es una tecnología que obedece a intereses orientados a exterminar cualquier tipo de posibilidad de que existan personas y maneras de pensar diversas. Pretende controlar los territorios en términos físicos, pero también los procesos políticos.

Podemos hablar de tecnologías coloniales porque reproducen todos los patrones de la dominación colonial, desde lo material hasta lo simbólico, desde el control de los minerales hasta el control del pensamiento. Y también son imperialistas, porque buscan esa acumulación de poder en un centro; son racistas porque el ideal del ser humano es el blanco; y son patriarcales porque ese ser humano es un hombre. Todas las personas que quedamos fuera de esa concepción estamos sufriendo los efectos de los daños, de las violencias.

Al fin y al cabo, todas las violencias, formas de exclusión y de discriminación van dirigidas hacia las personas que son diferentes a lo hegemónico. Y ese es el modelo del mundo que se está impulsando mediado por esta tecnología y que se quiere imponer para todos.

¿Qué impacto directo supone esa tecnología en las poblaciones?

La tecnología de la IA es un arma con una doble cara, al mismo tiempo un poder duro y uno blando. Vemos en tiempo real cómo se está utilizando la tecnología para matar personas y ejercer violencia de manera masiva. Y a la vez, observamos cómo esta tecnología está embebida en todos los procesos productivos y sociales cotidianos.

Si se instaura un sistema donde tenemos, por una parte, la posibilidad de matar, es decir, el control de la violencia física, y por otra parte, tenemos el control de la violencia simbólica, se entiende por qué es tan importante para las grandes potencias ganar la batalla de la IA. Más allá de lo que implica en términos económicos, sino por lo que implica en términos del control social y del control físico de los territorios.

¿Hacia qué modelos deberíamos transitar para que las nuevas tecnologías favorezcan a una mayoría?

Debemos transitar hacia tecnologías que encarnen la posibilidad de vivir sobre el planeta, porque las que tenemos están hechas para destruirlo. Debemos pensar en un mundo donde haya posibilidad de existencia futura para todas, pero también en unas tecnologías que habiliten las condiciones para que eso sea posible y no lo contrario

Hace unos años creaste una plataforma contra el colonialismo de los datos. ¿Qué tipo de iniciativas se fomentan?

Desde Tierra Común promovemos el desarrollo de inteligencia artificial feminista y anticolonial. Las propuestas que recibimos tienen todas un enraizamiento comunitario, están orientadas a plantar cara a una violencia sistémica desde una comunidad local.

Para nosotras es importante que exista la posibilidad de que las comunidades puedan desarrollar sus propias tecnologías. Y este proyecto trata de crear las condiciones para hacerlo posible. Hacer posible que todas las personas, independientemente del lugar que ocupan en la sociedad, puedan tener la posibilidad de desarrollar las tecnologías que quieren y que necesitan. Y no que venga alguien más a desarrollar algo que no necesitan o que no está diseñado para ellas y que tiene el fin de convertirlas en consumidoras de algo que beneficia a otros. Es una cuestión de soberanía.

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– ref. Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras” – https://theconversation.com/paola-ricaurte-experta-en-ia-america-latina-esta-pagando-los-costos-del-desarrollo-de-la-ia-con-sus-datos-y-sus-tierras-275414

La odontología forense es una herramienta clave para identificar víctimas de catástrofes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Hospital Ribas, Profesora de Odontologia Legal y Forense. Directora Diploma Odontologia Legal y Forense, Universitat Internacional de Catalunya

illustrissima/Shutterstock

Cuando se retiraron las aguas tras el tsunami del océano Índico, ocurrido el 26 de diciembre de 2004, alrededor del 80 % de las decenas de miles de víctimas, sobre todo extranjeras, pudieron ser identificadas gracias a sus datos dentales, ya fuera por métodos exclusivamente odontológicos o en combinación con otros. Sin remontarse tan atrás en el tiempo, este método forense también fue básico para poner nombres y apellidos a las personas que perdieron la vida a consecuencia de la dana de Valencia.

Y es que la identificación odontológica es un procedimiento fundamental en contextos –desastres masivos o casos judiciales en los que los cuerpos están gravemente dañados o descompuestos– donde otras herramientas como el estudio de la huella digital y las partes blandas del cadáver resultan limitados o inviables.

No hay dos dentaduras iguales

La cavidad bucal es “la caja negra del organismo”, tal y como definió el profesor y gran experto español José Manuel Reverte Coma. Presenta características únicas en cada individuo, como la propia forma dental, tratamientos protésicos, ausencias dentarias y alteraciones patológicas. No existen dos dentaduras iguales.

Además, los dientes son estructuras extremadamente resistentes a condiciones adversas –como el calor, la putrefacción o la presión física–, ya que están formados por esmalte, uno de los tejidos más duros del organismo.

Aunque no son los únicos elementos dentro de la cavidad bucal con validez identificativa: también los labios o las arrugas del paladar tienen características individualizadoras. Otra ventaja es que podemos obtener ADN a partir de estructuras dentales en casos donde los registros odontológicos comparativos por sí solos no resultan concluyentes.

Un verdadero DNI dental

Existen dos tipos de identificaciones odontológicas: la reconstructiva y la comparativa. La primera consiste en obtener datos antropométricos de restos esqueléticos como los maxilares y dientes para determinar especie, grupo poblacional, edad, talla…. Por su parte, la identificación comparativa coteja los datos dentales de personas desaparecidas (antemortem) con registros dentales de las víctimas (postmortem). En el caso de desastres de masas como accidentes aéreos, terremotos, incendios, ataques terroristas o siniestros ferroviarios como el de Adamuz se utiliza esta última.

El éxito de una identificación depende de la disponibilidad de buenos registros dentales antemortem (historia clínica, odontogramas, radiografías, fotografías intraorales, modelos dentales…) para poder comparar con los datos postmortem. Sin estos registros, la comparación puede ser imposible o menos fiable, por muy bien que trabajen los equipos DVI (siglas de Disaster Victim Identification).

Por todo ello, una buena práctica odontológica y el mantenimiento de historiales dentales detallados por parte de los odontólogos incrementan enormemente las posibilidades de identificación en situaciones de desastre. De ahí la importancia concienciar a estos profesionales para que obtengan registros dentarios de forma detallada y meticulosa. Hoy en día, tener una ortopantomografía (radiografía panorámica de la dentición) equivale a poseer un documento de identidad, un DNI.

Una disciplina en pleno desarrollo

En los últimos tiempos, los avances tecnológicos han impulsado avances significativos en la odontología forense: la radiografía digital, la tomografía, el escaneo intraoral 3D y los sistemas de gestión electrónica de registros han mejorado la precisión y eficiencia en la comparación de datos antemortem y postmortem. Además, el uso de software especializado para comparar datos dentales, como el sistema PlassData que se utilizó en el tsunami de 2004, mejoró considerablemente la eficiencia del proceso.

De todos modos, también hay que señalar la odontología no siempre se revela como el método más eficaz en los desastres masivos. Por ejemplo, la mayor parte de las víctimas de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid fueron identificadas por dactiloscopia, ya que el análisis de los dientes cobra más protagonismo en aquellos casos en que no es posible comparar huellas dactilares por el mal estado de las manos de las víctimas o por no tener registro de datos antemortem. Y en el caso del vuelo 9525 de Germanwings, que causó 150 muertes en los Alpes franceses en 2015, se utilizaron todos los métodos primarios –odontología, dactiloscopia y ADN–, pero la mayoría de víctimas se identificaron mediante el análisis genético.

En definitiva, la identificación odontológica en catástrofes es una herramienta científica, válida y fiable que ha permitido poner nombre y apellidos a miles de víctimas en desastres de masas o en casos criminales, aunque es importante conocer las limitaciones de cada método. El éxito está en la combinación de todos ellos.

The Conversation

Ana Hospital Ribas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La odontología forense es una herramienta clave para identificar víctimas de catástrofes – https://theconversation.com/la-odontologia-forense-es-una-herramienta-clave-para-identificar-victimas-de-catastrofes-275635

Por qué todos los docentes deberían entender cómo funciona el cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Katya Martin Requejo, Profesora e investigadora en neuroeducación, Mondragon Unibertsitatea

Imaginemos a Lucas, un alumno de cinco años que no logra quedarse sentado durante la asamblea. El docente A, sin formación en cómo funciona el cerebro, agota su paciencia. Piensa que el niño desafía las normas o que le faltan límites familiares. El docente B, que tiene conocimientos de neuroeducación, respira tranquilo. Sabe que el cuerpo de Lucas necesita moverse para mantener la atención. En lugar de obligarlo a estar quieto, le ofrece un cojín de movimiento para balancearse. O le pide que sea su ayudante para repartir el material.

La diferencia entre ambos profesores no es solo la buena voluntad, sino el conocimiento.

Entender el desarrollo del cerebro cambia la mirada del profesor; permite comprender qué hay detrás de la conducta y el aprendizaje. La neuroeducación nos da información valiosa para todas las edades: ayuda en la infancia con los periodos sensibles o en los cambios emocionales de la adolescencia. Además, nos enseña a ver la diferencia entre lo que es una variabilidad natural y un desafío en el desarrollo.

Impulsar el desarrollo antes de los 6 años

Entre los 0 y 6 años se asientan las bases del aprendizaje futuro. En esta etapa, el cerebro infantil se construye a una velocidad asombrosa.

Los conocimientos sobre el cerebro permiten al docente identificar y estimular los pilares del aprendizaje a tiempo (agilidad con los sonidos, control del cuerpo o de la vista…). Por ejemplo, el maestro sabe que los juegos de lenguaje o el conteo rápido no son simples pasatiempos: son las raíces biológicas de la futura lectura y del cálculo. Si detecta dificultades en estas áreas, actúa de inmediato.

Para ello, utiliza juegos de palabras, de movimiento y sensoriales, lo que blinda al maestro contra la prisa pedagógica. Ya no intenta acelerar procesos para los que el cerebro aún no está preparado. El docente ayuda así a madurar las bases del aprendizaje.




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Esta intervención planificada favorece una inclusión preventiva. Además, ayuda a preparar los cerebros para las futuras exigencias respetando su biología.

De 6 a 12: ajustar la mirada a la maduración funcional

En esta etapa, el cerebro se reorganiza para afrontar aprendizajes culturales como la lectura y las matemáticas, un proceso conocido como reciclaje neuronal.

Aquí entran en juego las funciones ejecutivas, el centro de control para planificar, organizarse y atender. Su desarrollo no sigue una línea recta ni es igual para todos. Esta madurez varía muchísimo entre los alumnos del aula.

A veces, un niño olvida siempre el material, no frena sus impulsos o no espera su turno. Estas conductas se suelen etiquetar como falta de interés o de atención, pero puede ser una simple falta de madurez. El maestro comprende que el centro de control (la corteza prefrontal) puede presentar un desfase madurativo de hasta tres años en algunos niños. Y esto puede ocurrir sin que exista ningún trastorno.

Este conocimiento transforma la gestión del aula. El docente ya no se siente desafiado, comprende que el alumno aún no tiene las herramientas biológicas para responder. Por eso, aplica ayudas visuales o recordatorios que compensan esa falta de madurez temporal.

Trabajar a favor del cerebro adolescente

La adolescencia es una etapa de limpieza y especialización cerebral. El cerebro elimina conexiones en desuso para ganar velocidad y eficiencia. Este proceso se conoce como poda sináptica.

Saber esto permite al docente aliarse con la biología del alumno. Por ejemplo, le permite comprender por qué los jóvenes tardan más en tener sueño, un cambio que altera su descanso. Su baja alerta por la mañana no es una falta de respeto: es una realidad biológica que reduce su rendimiento en las primeras horas.




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Por otro lado, el docente comprende el desequilibrio madurativo del adolescente. Su sistema emocional está muy activo, pero su freno racional aún sigue en obras.

En esta edad, el motor es la relevancia social. Por ello, es vital diseñar retos reales donde trabajen en equipo y tengan autonomía. Se pueden proponer proyectos basados en sus intereses y que ayuden a mejorar su propio barrio o su centro. Así, al vincular el aprendizaje con su identidad, el compromiso sustituye a la rebeldía.

De la retórica a la práctica fundamentada

El conocimiento sobre el cerebro dota al docente de un mapa para navegar la diversidad del aula. La diversidad es la norma neurobiológica, no la excepción. Entender esto permite diseñar entornos que respeten y potencien el ritmo de cada estudiante.




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Además, este saber protege al maestro contra los neuromitos, falsas creencias sin base científica que dañan la educación. La ciencia no quita humanidad a la enseñanza, sino que le da herramientas reales. Así, la inclusión se convierte en una práctica diaria que cuida el potencial de cada estudiante.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Por qué todos los docentes deberían entender cómo funciona el cerebro – https://theconversation.com/por-que-todos-los-docentes-deberian-entender-como-funciona-el-cerebro-279983