Si sus datos valen millones, ¿por qué las empresas no tributan por ellos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Cediel, Profesora Derecho Financiero y Tributario, Universitat de Lleida

Jack_the_sparow/Shutterstock

¿Sabía que la Constitución española establece que, bajo el principio de igualdad, todos sus ciudadanos deben contribuir, de acuerdo con su capacidad económica, al sostenimiento de los gastos públicos? Pues hemos observado que hay algunos que no están cumpliendo esta norma y, además, están abusando de usted.

Imagine que tiene un mineral precioso enterrado en su jardín y nadie le paga nada por extraerlo, venderlo o acumularlo. Algo parecido ocurre hoy con los datos digitales: tienen un valor económico enorme, se extraen masivamente y, sin embargo, las operaciones que los rodean no suelen pagarse ni someterse a tributación.

Lo que aceptamos con las ‘cookies’

Cada vez que acepta las cookies en una web, usa una red social o consulta un mapa en el móvil usted genera datos que las empresas aprovechan como materia prima. Nuestra investigación demuestra que este patrimonio digital invisible permanece, en gran medida, fuera del radar de los impuestos.

Pongamos un simple ejemplo: si accede a un periódico online aparecerá un mensaje diciéndole que, si acepta el uso de cookies, podrá seguir navegando gratuitamente. Si, por el contrario, prefiere que no se le monitoree mientras navega, puede pagar una suscripción antiseguimiento.

Ahora mire dónde está el truco: si no permite que la empresa se quede con sus datos deja de enriquecerles unos 2,5 euros al mes. Así que le dicen que contrate el servicio por esa misma cuantía para poder navegar sin ser muy monitoreado (porque lo seguirá siendo igual). Eso sí, si paga con dinero los 2,50 euros incluyen el IVA. Si paga con los datos, no.

La Comisión Europea calculó que la aplicación de su Ley de Datos podría generar hasta 270 000 millones de euros adicionales de PIB para los países miembros antes de 2028. Una cifra que ilustra por qué hablar de datos es hablar de patrimonio, de riqueza real, y, en última instancia, de una brecha fiscal que los sistemas tributarios aún no han cerrado.

Este artículo explica qué son los datos digitales desde una perspectiva patrimonial y jurídica, cómo se intenta valorarlos y por qué el régimen fiscal actual genera una desconexión preocupante entre la economía digital y el sostenimiento del gasto público.

Los datos son bienes aunque la ley no los llame así

Durante siglos, el derecho patrimonial giró en torno a cosas tangibles: tierras, edificios, maquinaria. Incluso el concepto jurídico de “bien” se modeló sobre la idea de algo que se puede tocar y transferir físicamente. Los bienes digitales rompen esa lógica por completo.

Los bienes o activos digitales son parte del patrimonio de las personas físicas y de las personas jurídicas, pero a la dificultad de glosarlos se suma la complejidad de calificarlos. Respecto a lo que debe entenderse como bien, ya en 1978 el jurista José Castán Tobeñas defendía la existencia de “entidades” –materiales o inmateriales– capaces de satisfacer una utilidad económica a las personas.

Los datos, bienes digitales de inmaterialidad manifiesta, cumplen con el criterio de Tobeñas ya que se recopilan, se procesan, se intercambian y se monetizan. No perdamos de vista que a efectos tributarios lo que no son bienes, deben ser calificados como prestaciones de servicios!

Valorar los datos para una tributación justa

No son pocos los investigadores que definen a los datos como el “oro negro” de la economía del siglo XXI. Pero, para poder someter a impuestos este oro, debe poder valorarse de alguna forma.

El ministerio de Economía francés se refería, ya en 2013, a los datos personales como “la divisa más preciada del milenio”, que resulta ser gratuita para el mercado digital, por lo que las empresas se enriquecen sin pagar impuestos ni contribuir al esfuerzo colectivo del territorio donde residen los usuarios.

También en España, el ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública recoge, en su espacio sobre los datos, una reflexión sobre cuál es el valor de los datos. Basándose en el estudio británico “Transforming Highways England’s approach to data”, admite la diversidad de mecanismos para valorar los datos a efectos empresariales, no así a efectos legales.

Aceptado ya que los datos son patrimonio digital y que tienen valor, en la normativa tributaria actual no tienen un encaje concreto pues la falta de definición jurídica impide su calificación clara y cuantificación correcta.

La actividad económica y la titularidad de los datos

Pese a este vacío legal, los mercados no esperan. Las valoraciones bursátiles de las grandes tecnológicas incorporan, implícitamente, el valor de sus repositorios de datos, ya sean abiertos y gratuito, como el de Common Crowl, o privados (cerrados) y onerosos como los de medios de comunicación.

La inteligencia artificial se alimenta de cantidades ingentes de datos y hay una lucha constante por hacer respetar la titularidad de dichos datos, que son usados gratuitamente al estar publicados en internet. En muchas ocasiones se vulneran los derechos de autor de los usuarios pues, al aceptar las condiciones de uso de las plataformas, aunque mantengan la propiedad de la información que introducen, les otorgan ilimitadamente derechos sobre los datos, que luego usan y copian indefinidamente con la sola contraprestación de haber dado acceso a la plataforma y sus contenidos.

Sin valor tributario efectivo

La tenencia de estos datos puede condicionar, por ejemplo, las fusiones y adquisiciones societarias de plataformas y páginas web, ya que, a menudo, estas operaciones se deciden en función del tamaño y calidad de las bases de datos de las empresas. Los inversores lo saben y conocen este valor, que no se verá incluido en su justa medida en el valor de las empresas.

Este desajuste entre la existencia de un valor y su falta de reconocimiento en el tráfico económico conlleva que aquellos que quieran pagar impuestos por su tráfico no puedan hacerlo con la seguridad jurídica exigible. Además, quienes no quieren pagar impuestos se estén enriqueciendo injustamente sin contribuir al sostenimiento de los gastos públicos como el resto de contribuyente.

Sus datos valen millones, sí, pero no tributan.

The Conversation

Ana Cediel no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Si sus datos valen millones, ¿por qué las empresas no tributan por ellos? – https://theconversation.com/si-sus-datos-valen-millones-por-que-las-empresas-no-tributan-por-ellos-281930

Abelardo de la Espriella, el ‘outsider’ colombiano que aprovecha el desgaste democrático para llegar al poder

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Cvitanic, Docente de Relaciones Internacionales, Universidad de La Sabana

El candidato Abelardo de la Espriella pronuncia un discurso en Cali (Colombia) en septiembre de 2025. Anamaria Mejia/Shutterstock

Cuando la temperatura de un motor supera los 100 grados centígrados, este se recalienta. Entran en juego factores como la falta de líquido refrigerante, fugas en el sistema o un ventilador averiado. Como ese motor viejo funciona la democracia en Latinoamérica, donde los problemas no han dejado de ser los mismos: corrupción, inseguridad y desigualdades.

A las puertas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo en Colombia, la contienda electoral se definirá entre tres candidatos: Paloma Valencia, representante del uribismo, Iván Cepeda, candidato del oficialismo, y Abelardo de La Espriella, el outsider que gana terreno en las encuestas y que, probablemente, será el rival de Cepeda en la segunda vuelta, prevista para el 21 de junio.

La contienda final deja a la vista dos escenarios: Paloma Valencia contra Iván Cepeda o Iván Cepeda contra Abelardo de La Espriella. En cualquier escenario, la historia se repite como ha ocurrido en las otras elecciones presidenciales del continente: la derecha contra la izquierda. Un resultado de la polarización, que reproduce la cíclica oscilación entre periodos gobernados por uno de los dos perfiles ideológicos.

Como telón de fondo, los rigores de siempre para las clases desfavorecidas y la clase media. Impuestos, inseguridad y dificultad para acceder a la salud, a la pensión y a la educación de calidad.

La figura del outsider

La figura del outsider en Latinoamérica no es nueva, se recicla. La vimos con el expresidente colombiano Álvaro Uribe, que llegó desde el anonimato a la Casa de Nariño y se volvió institucional. Su lema fue la mano dura, después de los intentos fallidos de su predecesor, Andrés Pastrana, por negociar la paz a través del diálogo del Caguán.

Javier Milei, en Argentina, dejó la vida mediática para ganarse la confianza de un país cansado del kirchnerismo, mientras Pedro Castillo, profesor peruano y líder sindical, saltó al poder con la consigna “no más pobres en un país rico”.

El caso de Abelardo de la Espriella, apodado “el tigre” y cuyo lema es “firme por la patria”, responde a las mismas necesidades de una población cansada, como ese carro (automóvil) viejo con el motor recalentado. El candidato de la derecha ofrece manejar el país con rigor, bajo sus propias leyes. Ese planteamiento resulta atractivo porque la gente no lo vincula con el actual desgaste institucional y genera emociones.

Además, De La Espriella ha tomado el discurso de la seguridad como caballo de batalla, tal como han hecho José Antonio Kast, en Chile, y Nayib Bukele, en El Salvador. Este aspecto es clave para la gente, porque sin seguridad no hay crecimiento, no hay inversión y no hay desarrollo.

Colombia vive hoy una oleada de movimientos insurgentes que dominan gran parte del territorio y muchos ven en De la Espriella la solución. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todos los problemas de seguridad se pueden abordar con mano dura.

Su programa de gobierno no cuenta con propuestas rigurosas sobre aspectos que preocupan, como la crisis de la salud, las pensiones y la educación.

Lo cierto es que, ante el aumento de inseguridad y la percepción de permisividad, los sectores de derecha se fortalecen. En cambio, cuando fenómenos como la migración y las tensiones sociales se vuelven menos evidentes y más latentes, la batuta la empuñan los discursos asociados a la izquierda.

Antisistema, pero con estrategia

En medio de ese escenario aparece una paradoja: Abelardo de la Espriella se presenta como abogado, empresario, escritor y outsider. Incluso evita identificarse como político tradicional. Sin embargo, detrás de su narrativa antisistema hay una estrategia profundamente política, que interpreta el descontento social y capitaliza las mismas tensiones que hoy están redefiniendo el ascenso de las nuevas derechas en la región.

De quedar vencedor en la contienda, tendrá que seguir luchando por gobernar, porque está comprobado que es difícil hacerlo sin partidos y sin aparato político. Cuando se carece de ello, las promesas de campaña no trascienden ni se vuelven hechos. Algo de eso le está ocurriendo a Javier Milei, cuya imagen ha dejado de ser favorable ante la opinión pública y actualmente registra un 60 % de desaprobación.

Desgaste de la democracia

La política es el muy noble arte de trabajar para el otro. Pero la mayor parte de la clase política en el mundo y en Colombia está bajo sospecha de haberse servido de ella. Esto provoca un desgaste en la percepción de legitimidad y despierta un sinsabor en el pueblo, que termina por preferir un modelo autoritario. El voto cada cuatro o cinco años no garantiza la democracia. Esta implica participación y solución de consenso a todos los problemas que enfrentan las sociedades con carencias en su desarrollo.

A pesar de todo, suele decirse que la democracia representa la forma menos mala de elegir gobierno, aunque no necesariamente sea un sistema ideal, ya que no existe una forma perfecta de organización política.

La visión crítica está respaldada por datos, como revela la investigación basada en encuestas que lleva por título: ¿Prodemocráticos, pero no antiautoritarios? Entendiendo las actitudes ambivalentes hacia los regímenes.

El estudio señala que 44 % de los participantes adopta posiciones ambivalentes. Es decir, considera que la democracia es un buen sistema y que un “líder fuerte que no tenga que preocuparse por el parlamento ni las elecciones” resulta igualmente positivo. Ese porcentaje es ligeramente superior al de quienes apoyan la democracia, pero rechazan la autocracia (42 %).

Para traerlo al terreno colombiano, recientemente once universidades de Colombia y algunas organizaciones privadas se unieron para medir el termómetro electoral. A través de la encuesta Cuidar la democracia, pudieron determinar que seis de cada diez colombianos consideran que la democracia en el país se está debilitando. La buena noticia es que se mantiene la esperanza. Un 92 % de los colombianos confía en que votar genera cambios reales, mientras un 72 % tiene la firme intención de acudir a las urnas.

¿Qué puede pasar el domingo?

Existen pocas certezas sobre lo que puede suceder en las elecciones colombianas, que viven el próximo domingo su primera vuelta.

Se estima que la votación será masiva. Un total de 41 287 084 colombianos están habilitados para ejercer su derecho y solo tras el recuento habrán indicios sobre para qué lado se mueve el péndulo. Es decir, si continúa basculado a la izquierda o se traslada a la derecha.

La disyuntiva, para muchos, está entre la igualdad y libertad. Cuando hay mucha libertad surge la desigualdad económica porque el mercado es cruel. Por el contrario, cuando hay mucha igualdad se tiene menos libertad. En ambos escenarios persiste la lección histórica que es difícil ignorar: todas las revoluciones que prometían liberar al hombre lo terminaron esclavizando.

The Conversation

Fernando Cvitanic no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Abelardo de la Espriella, el ‘outsider’ colombiano que aprovecha el desgaste democrático para llegar al poder – https://theconversation.com/abelardo-de-la-espriella-el-outsider-colombiano-que-aprovecha-el-desgaste-democratico-para-llegar-al-poder-283873

La vida en el vientre materno puede dejar una huella duradera en la salud adulta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge López-Tello, Investigador Principal (Programa Cesar Nombela), Universidad Autónoma de Madrid

Inside Creative House/Shutterstock

Puede que su salud no empiece con usted. Ni con lo que come. Ni con el ejercicio que hace. Ni siquiera con las decisiones que toma como adulto. Puede que empezara antes de que naciera, incluso antes de que tuviera un cuerpo formado.

Durante mucho tiempo hemos pensado que nuestra salud es, en gran medida, el resultado del estilo de vida, algo que no es falso, pero sí incompleto. Hoy sabemos que parte de lo que seremos, incluido nuestro riesgo de enfermar, se define en un periodo del que no tenemos memoria: la vida dentro del útero.

El desarrollo fetal es uno de los procesos más complejos y, al mismo tiempo, más frágiles de la biología humana. En apenas nueve meses, un organismo pasa de ser un conjunto de células a un sistema perfectamente organizado. En ese proceso, cada señal cuenta.

El feto no se desarrolla aislado, sino en un entorno muy concreto: el cuerpo de su madre. Su estado de salud, su alimentación, su nivel de estrés o las condiciones en las que vive dejan huella desde el principio.

La placenta: el primer intérprete del mundo

Entre madre y bebé existe una conexión tan esencial como poco conocida: la placenta. No es solo un “puente”, sino un órgano activo que decide qué llega, cuánto llega y en qué condiciones. Regula nutrientes, oxígeno y señales hormonales, pero, sobre todo, interpreta el entorno.

Traduce la realidad materna en señales biológicas para el feto. Y, en función de esa información, el organismo en desarrollo se ajusta. Si el entorno es favorable, el desarrollo sigue su curso. Pero si algo cambia –diabetes gestacional, hipertensión o estrés–, la placenta también se modifica.




Leer más:
La clave para un embarazo saludable podría estar en el intestino materno


Puede transformar su estructura, su tamaño o su forma de funcionar con un objetivo claro: sobrevivir. Sin embargo, esa adaptación tiene un precio. Para seguir adelante en un entorno adverso, el feto puede ajustar su crecimiento o el funcionamiento de sus órganos.

Es una estrategia eficaz a corto plazo, pero esas decisiones biológicas no siempre encajan con el mundo que llegará después.

Enfermedades que se gestan antes de nacer

La idea del origen prenatal de muchas enfermedades empezó a tomar forma en los años 80, cuando el epidemiólogo David Barker observó que las personas con bajo peso al nacer tenían más riesgo de sufrir dolencias cardiovasculares y metabólicas en la edad adulta.

Aquello cambió nuestra forma de entender la salud. Hoy sabemos que factores como la nutrición materna, el metabolismo o el estrés pueden “programar” el organismo en desarrollo, dejando una huella que puede durar toda la vida. Por ejemplo, un estudio realizado en Suiza y Dinamarca con casi siete millones de mujeres mostró que el estrés materno asociado a la pérdida de un familiar cercano durante el tercer trimestre del embarazo se relacionaba con un mayor riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica en la descendencia a lo largo de la vida.

Las implicaciones van más allá de lo esperado. Además de influir en el riesgo de sufrir obesidad o enfermedades cardiovasculares, investigaciones recientes sugieren que incluso patologías complejas, como la esclerosis múltiple, podrían tener un componente prenatal.

Así, un estudio reciente con más de un millón de personas ha mostrado que nacer con un peso elevado para la edad gestacional o haber estado expuesto a diabetes materna se asocia con un mayor riesgo de desarrollar esa enfermedad en la edad adulta.

Cuando la historia continúa en la siguiente generación

Aún hay algo más desconcertante: ¿qué ocurre si esas huellas no se quedan solo en nosotros?

Uno de los ejemplos más impactantes proviene de la hambruna que sufrió Holanda en el invierno de 1944-45. Décadas después, quienes estuvieron expuestos a esa desnutrición en el vientre materno presentaban más enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Pero lo inesperado llegó después. Los hijos de hombres que habían vivido esa experiencia en el útero tendían a tener mayor peso e índice de masa corporal en la edad adulta. Es decir, una experiencia antes de nacer podía influir en la siguiente generación.

¿Cómo es posible que el cuerpo recuerde algo que nunca vivimos conscientemente? La clave está en la epigenética, los mecanismos que regulan cómo se expresan los genes sin modificar el ADN. No cambian el texto, pero sí la forma en que se lee. El entorno deja marcas y, en algunos casos, esas marcas pueden transmitirse.

Así, el embarazo no solo construye un cuerpo. También puede transmitir información sobre el mundo en el que ese cuerpo tendrá que vivir.

Pensar el embarazo de otra manera

Todo esto plantea una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿hasta qué punto somos dueños de nuestra salud? La respuesta no es sencilla. Aunque nuestros hábitos importan, no partimos todos del mismo punto de salida, ya que el entorno prenatal, como hemos visto, forma parte de esa historia.

Entenderlo no debería generar culpa ni alarma, sino conciencia. Cuidar el embarazo no es solo acompañar el inicio de una vida. Es influir en su trayectoria futura… y, quizá, en la de las siguientes generaciones.

The Conversation

Jorge López-Tello recibe fondos de la Comunidad de Madrid a través del programa Atracción de Talento César Nombela (2023-T1/SAL-GL-28960).

Rubén Bermejo Poza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La vida en el vientre materno puede dejar una huella duradera en la salud adulta – https://theconversation.com/la-vida-en-el-vientre-materno-puede-dejar-una-huella-duradera-en-la-salud-adulta-279158

¿Hasta qué punto nos podemos fiar de la IA para seguir una dieta saludable?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

No podemos negarlo: es una revolución. La llegada de la inteligencia artificial (IA) está suponiendo un cambio tan profundo que nos obliga a replantear, incluso, cómo cuidamos nuestra dieta. Pero ¿podemos confiar en ella como una aliada fiable en nutrición?

Las consultas a la IA son mucho más fáciles que las que podemos hacer a través de los buscadores en internet. Comprende lo que le preguntamos, maneja grandes volúmenes de información y presenta sus conclusiones de manera convincente.

Sin embargo, le otorgamos una credibilidad que aún no se ha ganado. Su naturaleza probabilística hace que sus respuestas no puedan considerarse información verificada, lo que en temas de salud entraña un riesgo considerable.

Atracón de aplicaciones

Un dato revelador: según datos de OpenAI, una de cada cuatro consultas semanales a ChatGPT es sobre salud. Aunque no existen cifras concretas para nutrición, la tecnología lleva años presente en este ámbito.

En 2022, las apps de nutrición contaban con 1 400 millones de usuarios en todo el mundo y nada menos que el 30 % de los propietarios de teléfonos móviles tienen ya este tipo de aplicaciones instaladas. La integración de la IA en ellas avanza rápido: se prevé que los datos de 2025 confirmen que la mitad de esas apps ya la incorporaban.

Fiabilidad, el gran reto

Los modelos de IA generativa ChatGPT, Gemini, Claude y Copilot son los más usados en el mundo, y todos se nutren principalmente de internet. El problema es que la fiabilidad de la Red en ciertas materias es muy reducida.

Como ya discutimos en un artículo anterior, gran parte de la información que hay en internet sobre nutrición no es fiable. Por ejemplo, un estudio de 2022 analizó la información online sobre las declaraciones de salud que se hacían sobre yogur, kéfir, kombucha, fibra y prebióticos. El resultado de la evaluación fue una puntuación de apenas 3 sobre 10: un rotundo suspenso.

Como heredera aventajada de internet, la IA cuenta con nuestra confianza de manera implícita. En una encuesta realizada en Estados Unidos, solo uno de cada cuatro personas creía que la información sobre salud generada por IA no es muy fiable o nada fiable.

Pero si la analizamos, la IA tampoco aprueba. Un estudio que comparó las respuestas de dietistas y ChatGPT a 928 preguntas sobre dieta resultó en un coeficiente de concordancia de 0,42, por debajo del 0,5 considerado como mínimo aceptable.

Errores para personalizar la dieta

Si la IA general ya muestra estas limitaciones de fiabilidad, el reto se complica cuando intentamos aplicarla a la nutrición personalizada. Para que pueda actuar como un nutricionista de cabecera, sus recomendaciones deben haber sido validadas en estudios rigurosos que confirmen que son precisas, seguras y adecuadas para el perfil de cada usuario. Y hoy por hoy, esa validación es todavía inexistente.

El nutricionista basa su trabajo en una evaluación integral: qué y cuánto come el paciente, sus parámetros bioquímicos y físicos, su actividad física y si padece alguna patología.

Uno de los principales escollos que debe superar la IA es realizar un registro preciso de la ingesta. Esto incluye: identificar la comida que aparece en las imágenes, separar los alimentos en sus distintos componentes o partes, calcular el tamaño de las raciones y las sobras para estimar cuánto se ha comido realmente y estimar la ingesta de nutrientes.

Por el momento, los modelos generales de IA no realizan esta tarea con precisión. ChatGPT hace una buena valoración del peso en raciones pequeñas, mientras que en raciones medianas o grandes lo subestima hasta en un 50 %. Un estudio en adolescentes mostró, además, que los modelos de IA de uso general infravaloran la ingesta de nutrientes frente a la estimación de los dietistas.

Las apps de nutrición presentan limitaciones similares, especialmente en platos elaborados con varios ingredientes, como los guisos. Por otra parte, el uso de los dispositivos disponibles en el mercado para registrar la actividad física y calcular el gasto energético acumulan errores que no pueden ignorarse.

Cómo usar la IA de forma responsable

Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿podemos usar la IA en nutrición de forma responsable? La respuesta es sí, pero con dos condiciones imprescindibles.

La primera condición es desarrollar lo que se conoce como alfabetización digital en salud. La OMS la define como:

“la capacidad de buscar, hallar, comprender y evaluar información sobre la salud procedente de recursos electrónicos, así como de aplicar los conocimientos adquiridos para resolver problemas relacionados con la salud”.

Sin esta competencia, el usuario queda expuesto a seguir recomendaciones incorrectas, incompletas o directamente peligrosas. La brecha digital no es solo una cuestión de acceso a la tecnología, sino también de capacidad para usarla de forma crítica.

La segunda condición es no perder de vista el papel del profesional. La IA tiene un potencial enorme para apoyar la práctica de la nutrición: puede ayudar a procesar grandes volúmenes de datos, identificar patrones en la dieta o facilitar el acceso a información general. Sin embargo, no puede reemplazar la evaluación clínica individualizada que realiza un profesional. La nutrición es una disciplina que requiere contexto, criterio y empatía, cualidades que la IA aún no posee.

El camino más sensato es el de la complementariedad. Una IA bien validada, usada por una persona con suficiente alfabetización digital, al servicio de un profesional que interpreta sus resultados. Solo así el puente entre inteligencia artificial y nutrición podrá construirse sobre cimientos sólidos.

The Conversation

Ana Belén Ropero Lara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Hasta qué punto nos podemos fiar de la IA para seguir una dieta saludable? – https://theconversation.com/hasta-que-punto-nos-podemos-fiar-de-la-ia-para-seguir-una-dieta-saludable-278110

Rosalía, la ópera y la física que se esconde en la acústica de los conciertos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Picó Vila, Catedràtic de Física Aplicada, Universitat Politècnica de València

Fotograma del videoclip de “Berghain”, de Rosalía. Rosalía/Youtube

En “Berghain”, una de las canciones del último álbum de Rosalía, hay fragmentos que pueden sorprender a quien lo escucha. La voz se aleja del registro pop habitual y se acerca a un estilo de canto que recuerda a la ópera: el fraseo es más amplio, el vibrato más sostenido y el sonido más uniforme y proyectado.

La clave no está solo en cómo se produce esta voz, sino en cómo llega al público.
En los conciertos de Rosalía, la voz se capta mediante micrófonos, se procesa electrónicamente y se reproduce a través de altavoces. En una representación operística tradicional, por el contrario, no se utiliza amplificación: la voz debe poderse oír claramente en todo el recinto por sí sola. Esta diferencia modifica por completo el papel de la acústica en la experiencia musical.

La acústica detrás de la frustración de los músicos

Muchos músicos han vivido una situación frustrante muy conocida: tras horas de ensayo y preparación, suben al escenario y el resultado no es el esperado. No porque toquen peor, sino porque no se oyen a sí mismos correctamente o porque el público no percibe con claridad lo que están interpretando. En muchos casos, el problema no es musical sino acústico.

Lo que llega al oyente es una combinación del sonido directo de la voz o del instrumento y de cómo este se refleja en las paredes, el techo y otras superficies. Esta interacción puede entenderse a partir de dos efectos fundamentales: el aumento del nivel sonoro y la persistencia del sonido en el tiempo.

Por un lado, las reflexiones del sonido hacen que este llegue con mayor intensidad y de forma más homogénea a diferentes puntos de la sala. No se trata solo del sonido emitido por el cantante o el instrumentista, sino de cómo el espacio redistribuye ese sonido.

Por otro lado, estas reflexiones también hacen que el sonido persista durante un cierto tiempo después de que la fuente haya dejado de emitirlo. Este fenómeno, conocido como reverberación, es una característica esencial de cualquier sala. Una cierta cantidad de reverberación añade continuidad y riqueza al sonido, especialmente en la voz operística, ya que refuerza la sensación de plenitud y favorece la proyección dentro del teatro.

Si la reverberación es excesiva, sus efectos se vuelven problemáticos: el sonido pierde definición, los detalles se difuminan y las líneas rápidas o articuladas se vuelven confusas. Además, se reduce la inteligibilidad, es decir, la facilidad para comprender el texto cantado. En estas condiciones, se pierde claridad tanto en la música como en la letra.

La voz y la sala: un único instrumento

En el caso de la ópera, todos estos factores son cruciales. La voz y la sala funcionan como un único instrumento que se extiende en el espacio más allá de la fuente sonora. De hecho, la técnica vocal lírica se ha desarrollado, en gran parte, para adaptarse a estas condiciones: para proyectar el sonido de manera eficiente, mantener la claridad del texto y aprovechar las características acústicas del teatro.

En cambio, en los conciertos amplificados, como los de Rosalía, el canal de transmisión es completamente diferente. El sistema electroacústico (compuesto por micrófonos, procesamiento digital y altavoces) permite controlar el nivel sonoro y modificar el timbre o la sensación de espacialidad, recreando cualidades que recuerdan a la ópera, pero en condiciones físicas muy diferentes.

Esto no significa que la acústica deje de ser relevante; lo que cambia es su función. En lugar de ser el principal medio de transmisión, pasa a formar parte de un sistema en el que el sonido puede ajustarse y modelarse tecnológicamente.

Para los músicos, esta realidad tiene una consecuencia clara: la interpretación musical no puede separarse del espacio en el que sucede. Un mismo repertorio puede sonar muy diferente dependiendo del lugar. Una iglesia con mucha reverberación puede favorecer la música coral, pero dificultar los pasajes rápidos. Una sala de conciertos moderna, con muy poca reverberación, puede ofrecer más precisión pero, en algunos casos, un sonido menos envolvente.

Por eso los músicos profesionales se toman su tiempo para familiarizarse con la acústica del lugar donde van a tocar. Probar el sonido, ajustar la dinámica o adaptar el tempo no es un detalle menor: es una parte esencial de la interpretación.

El lugar también forma parte de la música

La próxima vez que asista a un concierto o a una ópera, intente prestar atención no solo a los músicos, sino también al espacio: los materiales de las paredes, ya sean lisos o irregulares; la forma del techo; la presencia de cortinas, madera o superficies duras; cómo cambia el sonido dependiendo de dónde se encuentre.

Muchos de estos elementos forman parte del diseño acústico de la sala. Las superficies irregulares o inclinadas ayudan a dispersar el sonido y a evitar los molestos ecos, mientras que los materiales porosos o los tejidos gruesos absorben parte de la energía sonora y controlan la reverberación.

Algunas salas modernas también utilizan dispositivos ajustables y nuevos materiales acústicos inspirados en la física de las ondas (los llamados metamateriales acústicos) para adaptar la respuesta sonora según el tipo de música.

La música no solo se crea en el escenario: se moldea en el espacio que nos la hace llegar.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Rubén Picó Vila no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Rosalía, la ópera y la física que se esconde en la acústica de los conciertos – https://theconversation.com/rosalia-la-opera-y-la-fisica-que-se-esconde-en-la-acustica-de-los-conciertos-282649

Corazón de piedra: cuando una estrategia de supervivencia termina causando daño cardíaco

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ileana Bonilauri, Investigadora predoctoral en formación, Universidad de León

Cuando decimos que alguien tiene el “corazón de piedra” estamos usando una metáfora para describir un sistema de defensa psicológico: el endurecimiento de ese órgano, que se cierra a las emociones, a la empatía y al afecto para sobrevivir a un desequilibrio emocional profundo. Pero, sorprendentemente, el corazón posee un mecanismo fisiológico similar: la hipertrofia cardiaca. Se trata de una estrategia de adaptación fascinante que, si bien comienza como un salvavidas, puede transformarse en una condena silenciosa.

El corazón es el órgano responsable de bombear la sangre a todo el cuerpo. Se trata de una tarea continua y exigente que le obliga a adaptarse a las demandas del organismo, tanto en condiciones normales como en situaciones de estrés (es decir, cualquier situación que altera el equilibrio interno).

En circunstancias normales, el cuerpo tiende a buscar el equilibrio, lo que en biología se conoce como “homeostasis”. Sin embargo, determinados factores como la presión arterial alta (hipertensión), la obesidad y el sobrepeso, el sedentarismo, la diabetes y los hábitos tóxicos (consumo de tabaco y alcohol) incrementan de forma crónica la carga de trabajo del corazón.

Esto obliga al ventrículo izquierdo (la principal cavidad encargada de bombear la sangre al resto del cuerpo) a impulsar la sangre con más fuerza. Para compensar el mayor esfuerzo al que se ve sometido, el músculo cardíaco recurre a la hipertrofia cardiaca, un mecanismo compensatorio mediante el cual el corazón aumenta notablemente su tamaño. En otras palabras, crece para intentar bombear más sangre en cada latido y asegurar que todos los órganos reciben el oxígeno y los nutrientes que necesitan.

La diferencia entre el héroe y el verdugo

Existen dos tipos de hipertrofia:

  1. Fisiológica. Ocurre durante el crecimiento, el embarazo y la realización de ejercicio físico, situaciones en las que aumentan las demandas metabólicas.

  2. Patológica. Se desarrolla cuando el estrés se mantiene en el tiempo como consecuencia de diversos estímulos crónicos perjudiciales.

Ambos tipos aparecen inicialmente como respuestas adaptativas, pero difieren notablemente en cuanto a los mecanismos moleculares subyacentes, las modificaciones que provocan en el corazón y el pronóstico.

Mientras que la hipertrofia fisiológica preserva la función cardiaca a lo largo del tiempo, la patológica se asocia con eventos cardiovasculares adversos, como arritmias, insuficiencia cardiaca (incapacidad del corazón para cubrir las necesidades del organismo) e incluso la muerte.

Así, la primera –con excepción de la posnatal, es decir, el periodo inmediatamente posterior al nacimiento durante el cual el corazón crece hasta alcanzar su “dimensión adulta”– se caracteriza principalmente por la dilatación de las cavidades del corazón. Se trata de un proceso totalmente reversible que no progresa hasta el punto de causar insuficiencia cardiaca.

Por el contrario, la hipertrofia patológica comienza como una respuesta compensatoria en la que el ventrículo crece, su pared se engrosa y los cardiomiocitos (las células musculares del corazón) aumentan de tamaño. Presenta fibrosis (acumulación de colágeno, similar a una cicatriz, que vuelve al músculo cardiaco más rígido y menos eficiente) y muerte celular.

A largo plazo la hipertrofia patológica reduce la capacidad de contraerse del corazón. Esto conlleva, en última instancia, el desarrollo de insuficiencia cardiaca.

La hipertrofia cardiaca patólogica no es un fenómeno raro. De hecho, se estima que afecta a entre un 10 y un 20 % de la población adulta a nivel global. Su prevalencia es aún mayor en personas con hipertensión arterial, en las que alcanza el 40 %.

Desencadenantes y características de la hipertrofia cardiaca fisiológica y patológica.

El desencanto del músculo

El problema central de la hipertrofia cardiaca es que se trata de un arma de doble filo. Si bien inicialmente permite bombear una mayor cantidad de sangre para satisfacer el aumento de demanda del organismo, con el tiempo la rigidez del músculo hipertrofiado dificulta su relajación, un proceso esencial para que el corazón se llene de sangre de forma efectiva. A esta alteración de la fase de llenado del ventrículo se la conoce como disfunción diastólica.

Además, la estructura del tejido cardíaco se desorganiza y el tejido muscular es reemplazado por tejido cicatricial menos elástico. El corazón de piedra que se hizo fuerte para resistir al estrés termina volviéndose rígido e ineficaz. La hipertrofia crónica culmina en insuficiencia cardiaca. Entonces, la compensación inicial fracasa: lo que empieza como adaptación termina siendo daño.

Suavizando la piedra

La clave para revertir (o al menos frenar) este proceso no es más fuerza, sino aliviar la carga. Por eso el tratamiento debe centrarse en reducir el estrés al que está sometido el corazón, principalmente mediante el control de la presión arterial y el tratamiento de las causas subyacentes.

Sin embargo, a pesar de los avances, los tratamientos actuales presentan limitaciones importantes. Aunque ayudan a aliviar los síntomas y frenar la progresión de la enfermedad, no consiguen revertir las alteraciones estructurales desarrolladas en el corazón.

Esta realidad ha impulsado la búsqueda de nuevas estrategias terapéuticas. En los últimos años han surgido enfoques innovadores como las terapias basadas en ARN, las terapias con células madre y herramientas de alta precisión como la edición genética. Todas ellas abren nuevas posibilidades para intervenir de forma más específica sobre los mecanismos que causan la enfermedad.

Comprender la hipertrofia cardiaca no es solo entender una patología, sino un mecanismo fundamental de la biología: la adaptación es esencial para la supervivencia, pero su exceso puede ser destructivo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Corazón de piedra: cuando una estrategia de supervivencia termina causando daño cardíaco – https://theconversation.com/corazon-de-piedra-cuando-una-estrategia-de-supervivencia-termina-causando-dano-cardiaco-276103

¿Qué bilingüismo se valora en la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Catedrática en Educación en el Dpto. Educación y Psicología Social, Universidad Pablo de Olavide

Ekaterina Pokrovsky/Shutterstock

En escuelas cuyo alumnado tiene distintos orígenes, muchos optan por restringir el uso de las lenguas maternas para acelerar el aprendizaje del idioma vehicular. Sin embargo, este gesto perpetúa la visión de la lengua como problema, tratando la diversidad lingüística como un déficit en lugar de aprovecharla como el potente recurso pedagógico que realmente es.

A veces se hace con buena intención, pensando que así aprenderán antes el idioma de la escuela. Otras, por miedo a que el resto no entienda la conversación. Pero ¿qué sucede cuando la escuela ignora la lengua materna de un estudiante? ¿Estamos educando para la inclusión o levantando barreras invisibles?




Leer más:
El desafío de enseñar la lengua de instrucción al alumnado recién llegado


España es hoy un país profundamente diverso. Sin embargo, seguimos funcionando con una idea muy rígida de multilingüismo: para pertenecer, hay que dejar la lengua propia en la puerta del colegio.

En general, celebramos el bilingüismo inglés–español como un recurso simbólico clave dentro del sistema educativo, asociándolo a elitismo, prestigio y distinción social. Paradójicamente, cuando un estudiante llega al aula hablando otras lenguas suele percibirse como un reto, o incluso un osbtáculo. Muchas familias pagan academias para que sus hijos aprendan idiomas (en su mayoría, inglés), pero miles de alumnos llegan ya siendo bilingües o multilingües y el sistema educativo apenas reconoce ese capital.

El potencial de la lengua materna

Para muchos docentes, el alumnado inmigrante debe pasar por aulas de acogida o grupos específicos para acelerar el aprendizaje del español e “integrarse”. Sin embargo, cuando estas medidas se prolongan demasiado tiempo, pueden producir el efecto contrario, reforzando el estigma y ralentizando la integración.




Leer más:
¿Cómo reducir la brecha de abandono escolar entre el alumnado de origen inmigrante y el resto?


Estas creencias señalan diferencias en la preparación del profesorado. Mientras los docentes especialistas muestran una mayor sensibilidad lingüística hacia la lengua materna del alumnado, existe una falta de formación en el profesorado tutor sobre cómo funciona la adquisición de segundas lenguas, lo que termina convirtiendo estas medidas de apoyo en barreras involuntarias que invisibilizan el idioma familiar.

Cuantas más lenguas, mejor

La investigación científica lleva décadas demostrando que la lengua origen no es ningún estorbo. Es más, la hipótesis de la interdependencia lingüística de Jim Cummins sostiene que las competencias desarrolladas en una lengua ayudan a adquirir otras. Dicho de forma sencilla: el alumnado con una buena base en su lengua materna tiene más herramientas cognitivas para aprender español o inglés.




Leer más:
El racismo oculto que afecta al abandono escolar


Es cierto que los datos internacionales indican que usar principalmente la lengua de instrucción en casa se asocia con mejores puntuaciones en lectura, pero esto no significa que las familias deban renunciar a su idioma; al contrario, traslada la responsabilidad a las instituciones. Para equilibrar esta balanza, la escuela debería ayudar al estudiantado a afianzar su lengua de origen mediante clases específicas.

La UNESCO defiende desde hace años la educación multilingüe como herramienta de inclusión y equidad. Porque una lengua no es solo un instrumento de comunicación: también es memoria, afecto e identidad. Cuando el sistema transmite que una lengua estorba, el alumnado aprende algo más que gramática: identifica qué partes de sí mismo son aceptables y cuáles conviene ocultar.

Entre la inclusión y la vigilancia

En una investigación reciente sobre profesorado de Primaria y Secundaria hemos explorado esta tensión. Muchos docentes desean apoyar la diversidad lingüística, pero al mismo tiempo se ven presionados por normas, evaluaciones y culturas escolares que priorizan el monolingüismo.

Aquí aparece el fenómeno del gatekeeping lingüístico: una presión invisible que empuja al profesorado, muchas veces sin intención, a actuar como guardián de una única lengua legítima dentro de la escuela.




Leer más:
La lengua de casa y la lengua de clase: incorporemos el idioma familiar al aula


La diferencia entre etapas educativas es especialmente significativa. En primaria suele existir más flexibilidad: estrategias de traducción, mediación entre compañeros o actividades donde las familias participan usando sus lenguas. El profesorado adopta con más frecuencia un papel de acompañamiento.

En secundaria, en cambio, el sistema se vuelve más rígido. El peso del currículo y las evaluaciones convierte la lengua en un filtro invisible. Las lenguas maternas desaparecen del espacio educativo justo cuando los adolescentes están construyendo su identidad.

Esa barrera ayuda a entender parte del abandono escolar temprano entre jóvenes de origen inmigrante. No se trata solo de dificultades lingüísticas, sino de estudiantes que sienten que para encajar deben dejar fuera una parte esencial de quienes son.

Integrarse sin renunciar a la identidad

Nadie cuestiona que aprender español sea fundamental para participar plenamente en la sociedad. El problema aparece cuando integrarse significa renunciar a la propia identidad. Las consecuencias son reales: menor participación, sensación de no pertenencia y desvinculación progresiva de la escuela.

Algunos centros ya están explorando caminos distintos: bibliotecas con libros multilingües, actividades en las que el alumnado comparte palabras de su idioma o proyectos en los que las familias participan contando historias en su lengua materna.

Son iniciativas pequeñas, pero poderosas, porque cambian el mensaje institucional: tu lengua también tiene valor aquí. La educación multilingüe, como recuerda Naciones Unidas, es clave para un aprendizaje inclusivo y de calidad.

El alumnado debe aprender la lengua vehicular de la enseñanza de cada país, sin duda. Pero la pregunta es cómo queremos que lo haga: sintiéndose menos o sintiéndose parte. Y esa decisión, aunque a veces pase desapercibida en un recreo cualquiera, puede cambiar por completo la experiencia escolar de miles de niños y niñas.

The Conversation

Rosa M. Rodríguez-Izquierdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué bilingüismo se valora en la escuela? – https://theconversation.com/que-bilinguismo-se-valora-en-la-escuela-282200

¿Tienen sentimientos y pueden experimentar dolor las plantas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcial Escudero, Catedrático del Departamento de Biología Vegetal y Ecología, Universidad de Sevilla

KDSTU/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Daniel Adán Panondo, de 13 años. Centro Educativo Santo Domingo, Granada.


Cuando nos preguntamos si una planta sufre al cortarla, la respuesta no empieza en la botánica, sino en nuestro propio cerebro. La culpa de que sintamos pena por un árbol talado o una flor marchita la tienen unas células fascinantes llamadas neuronas espejo.

Estas células son el motor de la empatía humana: nos permiten ponernos en el lugar de los demás. Gracias a ellas, si ves a un compañero caerse en el recreo, casi puedes sentir su golpe. Nuestro cerebro es tan social que, a menudo, nuestras neuronas espejo “se pasan de frenada” y nos hacen proyectar esos mismos sentimientos hacia los vegetales.

Pero para saber si esa planta está realmente triste o dolorida, primero tenemos que entender qué es exactamente el dolor.

El dolor es una alarma de incendios

Para los seres humanos y los animales, el dolor no es un castigo, sino una herramienta de supervivencia que nos ha dado la evolución. Imagina que tocas sin querer una sartén caliente. Inmediatamente, sientes un dolor agudo que hace que tu cerebro envíe una orden ultrarrápida a tus músculos: ¡quita la mano de ahí!

Aunque, a veces, nos gustaría no sufrir, vivir sin dolor es peligrosísimo. En medicina, se han documentado casos reales de familias que, por una mutación genética, nacen sin la capacidad de sentir daño físico. Aunque suene a superpoder de película, en la vida real es un problema gravísimo. Al no tener esa “alarma” interna que les avise de que se están quemando o de que se han roto un hueso, sufren accidentes constantes y, tristemente, muchos de los miembros de estas familias mueren muy jóvenes. La capacidad de sentir dolor es nuestra mejor garantía para sobrevivir.

Pero, para que esta alarma funcione y podamos experimentar dolor físico o emociones complejas como el miedo, un ser vivo necesita una especie de “ordenador central” y una red de cables que lo conecten con el resto del cuerpo. Es decir, necesita un cerebro y un sistema nervioso.

Las plantas carecen por completo de este equipamiento. No tienen cerebro, ni nervios, ni receptores de dolor. Por lo tanto, desde el punto de vista científico, la respuesta es rotunda: las plantas no tienen sentimientos ni experimentan dolor. Simplemente no tienen el hardware necesario para sufrir dolor.

Los superpoderes que derivan de vivir anclado al suelo

Llegados a este punto, es normal preguntarse por qué la evolución no les dio un cerebro y un sistema nervioso para protegerse y sobrevivir. La respuesta está en su forma de vivir.

A diferencia de los animales, que podemos correr, volar o escondernos cuando hay un incendio o un depredador, las plantas son lo que los biólogos denominamos organismos sésiles. Esto significa que viven ancladas al suelo durante toda su vida. Si se acerca una manada de cabras hambrientas, un trébol no puede salir corriendo.

La evolución es tremendamente práctica y no selecciona y fija rasgos inútiles. Si no puedes huir de una amenaza, tener un sistema nervioso que te haga sentir un dolor insoportable mientras un insecto te come las hojas sería una tortura innecesaria y, en definitiva, poco adaptativo.

Como las plantas no pueden escapar, la naturaleza no las ha dotado con la capacidad de sufrir dolor. En su lugar, han sustituido la capacidad de huir por un alucinante arsenal químico y fisiológico. Para sobrevivir sin moverse, utilizan sensores celulares repartidos por todo su cuerpo que detectan cualquier estímulo externo y responden adaptando su crecimiento, cerrando sus hojas o fabricando sus propios venenos defensivos.

Huelen, escuchan y avisan

Que no sientan dolor no significa que sean estatuas de madera que no se enteran de nada. Las plantas son seres vivos increíbles, capaces de detectar el daño y reaccionar ante él, aunque lo hagan sin emociones.

Seguro que te encanta el olor a hierba recién cortada cuando alguien pasa el cortacésped. Para nosotros, es un aroma que recuerda a los días de piscina en verano, pero para la planta, es una auténtica señal de emergencia. Cuando sufre un daño físico, la planta libera al aire unas sustancias químicas llamadas compuestos orgánicos volátiles.

Con este “olor”, la planta herida está avisando a sus vecinas. Al recibir el mensaje, las otras plantas empiezan a fabricar toxinas en sus hojas para que, si el insecto hambriento va a por ellas, le sepan fatal. ¡Incluso hay plantas capaces de liberar sustancias que atraen a avispas depredadoras para que vengan a comerse a las orugas que las están atacando! Es un sistema de defensa sofisticado y alucinante, pero puramente físico-químico.

Una ensalada libre de culpa

Por todo esto, aunque la biología nos demuestra que podemos comernos una ensalada con total tranquilidad porque la lechuga ni sufre ni guarda rencor, la preocupación que esconde la pregunta a la que respondemos en este artículo es maravillosa.

De hecho, desde la psicología, sabemos que la empatía es una cualidad humana preciosa que debemos cuidar y fomentar. Aunque la ciencia nos explique que las plantas son biológicamente ciegas a nuestras emociones, el hecho de que nosotros sí sintamos ese respeto y cariño hacia ellas nos convierte en los mejores guardianes posibles de la naturaleza.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Tienen sentimientos y pueden experimentar dolor las plantas? – https://theconversation.com/tienen-sentimientos-y-pueden-experimentar-dolor-las-plantas-283006

Por qué la caja negra de la IA preocupa al Vaticano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María-José Varela Salinas, Profesora Titular de Universidad en Traducción e Interpretación, Universidad de Málaga

Krot_Studio/Shutterstock

Que un papa publique una encíclica sobre IA puede parecer llamativo, pero no es extraño. Desde el siglo XIX, la Iglesia católica se ha pronunciado en diversas encíclicas sobre las grandes transformaciones sociales cuando afectaban a la persona y a su dignidad.

De la Revolución Industrial a la inteligencia artificial

La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, tiene un valor simbólico especial. Se firmó el 15 de mayo (aunque se presentó el 25), justo 135 años después de Rerum novarum, con la que León XIII respondió a los conflictos sociales de la Revolución Industrial.

Si entonces la cuestión central era la dignidad del trabajador ante los cambios de la era industrial, hoy el reto es proteger la dignidad de la persona ante el creciente poder de la IA.

León XIV ya la había presentado como la nueva “revolución industrial” en su primer discurso al Colegio Cardenalicio, el 10 de mayo de 2025, dejando claro que sería una de las grandes preocupaciones de su pontificado.

En Magnifica humanitas, esa preocupación se concreta en una idea central: la IA no es neutral. Puede ampliar capacidades humanas, pero también concentrar poder, volver opacas algunas decisiones y perjudicar especialmente a quienes tienen menos recursos para defenderse.

Ningún papa antes había presentado personalmente una encíclica. Pero es que, además, León XIV compartió el acto de presentación con Christopher Olah, cofundador de Anthropic y experto en interpretabilidad, es decir, en cómo funcionan los modelos de IA por dentro. Su elección no es casual: tanto el trabajo de Olah como la posición pública de la empresa conectan con varios puntos de la encíclica.

Abrir la caja negra

En primer lugar, el criterio de no usar indiscriminadamente lo que no se comprende. La IA generativa no es una herramienta más, sino un punto de inflexión. Hace décadas que usamos sistemas algorítmicos –buscadores, asistentes de voz, GPS–, pero ahora existen máquinas que parecen reflexionar o responder con empatía, y podemos olvidar que estamos ante dichos algoritmos. Sin embargo, las respuestas lógicas que recibimos no significan que la máquina comprenda y pueda comunicarse con nosotros de verdad.

Por otro lado, Olah advierte de que el funcionamiento interno de la IA muestra fenómenos difíciles de interpretar, lo que exige prudencia y discernimiento antes de usarlos masivamente. El cofundador de Anthropic dirige precisamente el área de investigación que intenta abrir la “caja negra” de los modelos para entender cómo producen respuestas.

¿Quién es el responsable?

Si se delega en un sistema, la decisión sobre quién recibe un crédito, qué paciente se opera antes o qué solicitante de asilo pasa el primer filtro, y ni sus creadores saben explicar exactamente por qué el sistema toma una decisión concreta, ¿quién es el responsable de esa decisión? No es una preocupación abstracta: en los Países Bajos, el escándalo de las ayudas para el cuidado infantil mostró cómo un sistema de detección de fraude basado en perfiles de riesgo podía señalar injustamente a miles de familias, con efectos devastadores sobre personas vulnerables.

La encíclica recoge, precisamente, esa preocupación: que la IA perjudique los derechos de las personas, especialmente de las más vulnerables. Que Olah comparte esa preocupación lo mostró recordando en su exposición que el debate sobre la IA debe tener en cuenta en primer lugar nuestra responsabilidad hacia los más pobres del mundo.

Negativa a usar la IA para desarrollo de armas autónomas

Otro punto de conexión puede ser la decisión de Anthropic de negarse a que sus modelos se usen para armas totalmente autónomas o vigilancia doméstica masiva. Olah reconoció que los principales laboratorios de IA compiten en un entorno en el que puede haber conflictos éticos. Por eso, pidió que haya críticos competentes y voces morales independientes que puedan señalar los errores. La decisión de Anthropic conecta con Magnifica humanitas, que, aparte de oponerse a la guerra como un mal, reclama límites éticos estrictos para la IA militar y exige que la responsabilidad humana se pueda identificar siempre.

En definitiva, la presencia de Olah reforzó una idea central de la encíclica: no todo lo técnicamente posible está moralmente permitido.

En el acto fue moderado por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, e intervinieron además los cardenales Víctor Manuel Fernández (prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe) y Michael Czerny (prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral) y las teólogas Anna Rowlands (catedrática de Pensamiento Social Católico en la Universidad de Durham) y Leocadie Lushombo (profesora de Ética Teológica en Santa Clara University). Con esta composición, el Vaticano quiso tratar la IA desde enfoques diversos y dar voz no solo a los que la diseñan o regulan, sino también a quienes reflexionan sobre sus consecuencias éticas y sociales.

Según Olah, las preguntas que plantea la IA superan a los científicos y no pueden solucionarlas ellos solos o las empresas tecnológicas. Y ahí es donde una voz como la de León XIV adquiere un peso particular, pues tiene una proyección moral que va más allá de la Iglesia. Cuando se pronuncia sobre temas clave como la IA, se le presta atención en foros internacionales muy diversos.

Gobernar la IA, no someterse a ella

La nueva encíclica puede leerse como una actualización de la cuestión social. Rerum novarum respondió al riesgo de una deshumanización provocada por la lógica industrial, mientras que Magnifica humanitas responde al riesgo de que la persona quede sometida a una lógica tecnocrática. Es decir, que la tecnología deje de estar al servicio del ser humano y empiece a exigir que sea el ser humano quien se adapte a ella. No se trata, sin embargo, de rechazar la IA, cuya utilidad en muchos campos reconoce León XIV. La cuestión es diseñarla y gobernarla con principios morales que beneficien al ser humano y a la sociedad.

La encíclica no aparece aislada. El 18 de mayo, el Vaticano presentó un Observatorio sobre IA y medio ambiente que estudiará las consecuencias de la IA sobre el medioambiente. Mayo de 2026 deja así una señal clara: para el Vaticano, la inteligencia artificial no es un asunto secundario, sino uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo.

The Conversation

María-José Varela Salinas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué la caja negra de la IA preocupa al Vaticano – https://theconversation.com/por-que-la-caja-negra-de-la-ia-preocupa-al-vaticano-283629

¿Qué es la ‘magnífica humanidad’ que promueve el papa y cómo afronta el futuro tecnológico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Euclides Eslava, Profesor Asociado, director del Centro Ratzinger y de la Maestría en Teología, Universidad de La Sabana

Marco Iacobucci Epp/Shutterstock

Al elegir el nombre de León XIV, el nuevo papa hacía una declaración de intenciones sobre su programa. Retomaba la estela de León XIII, pontífice entre 1878 y 1903 y autor de 86 encíclicas; entre ellas, la Rerum novarum. Se vinculaba así a un papado que enfrentó los desafíos sociales de la Revolución Industrial. Una adscripción al pasado que conecta con los retos actuales de la humanidad: dignidad de la persona, trabajo y justicia. Todo ello en el contexto de una nueva revolución industrial y tecnológica atravesada por el poder de la inteligencia artificial.

Ese programa tomó forma de encíclica. El 25 de mayo de 2026, aniversario de la Rerum novarum de León XIII –con la que nació la doctrina social de la Iglesia–, León XIV presentó su primera encíclica: la Magnifica humanitas.

Conviene aclarar desde el principio que no se trata solo de una encíclica sobre la inteligencia artificial, ni contra ese desarrollo tecnológico. Es una actualización de la doctrina social de la Iglesia para el siglo XXI.

Nehemías y la Torre de Babel

Como marco de esa apuesta, León XIV acude a dos imágenes bíblicas contrapuestas. Por un lado, la Torre de Babel, una empresa sin referencia a Dios, edificada sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma. Por otro, la figura de Nehemías, quien reconstruyó las murallas de Jerusalén. Esta gesta se interpreta desde la centralidad de Dios, pero con énfasis en la responsabilidad compartida de todo el pueblo.

“El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras”.

En palabras del propio León XIV, la Iglesia no pretende imponerse en el diálogo sobre la inteligencia artificial, pues reconoce su incompetencia técnica. Solo desea aportar su sabiduría acerca de la humanidad, que tanta falta hace hoy:

“Cada persona es única e irremplazable, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servirse mutuamente y de cuidar nuestra casa común”.

Por eso, León XIV formula un nuevo humanismo que propone el desarrollo humano integral como alternativa a la deshumanización tecnológica, y llama a custodiar al ser humano en medio de las actuales rivalidades geopolíticas y comerciales. El centro de ese humanismo es la dignidad de la persona, que debe presidir las discusiones sobre el poder y el progreso, tanto bélico como tecnológico.




Leer más:
Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras”


El papa advierte que ese poder de innovación, que antes se encontraba en manos de los Estados, ahora se concentra en actores privados, a menudo transnacionales, con recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. Lo cual convierte a la pregunta sobre quién controla la inteligencia artificial en un interrogante político y moral.

De ahí que la encíclica articule su discurso en torno a varios imperativos: redescubrir la verdad en la vida pública y en la educación como bien común; proteger la dignidad del trabajo y la fragilidad de las familias en el entorno digital; y salvaguardar la libertad frente a las nuevas formas de esclavitud.

Entre esas formas de esclavitud, León XIV señala una que considera “particularmente insidiosa”: la ideología que obliga a cada persona a ganarse o justificar su propio valor, atribuyendo mayor valía a quien es más eficiente y productivo. En esa lógica, la persona queda reducida a medio para obtener resultados y deja de ser reconocida como un fin en sí misma. Un riesgo que la IA agudiza.

Superación de la guerra justa

En esa misma línea, renueva doctrinas como la de la guerra justa, que considera superada:

“La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón”.

En diálogo con autores tan variados como Platón, Hannah Arendt y J.R.R. Tolkien, y con referencias a figuras como Martin Luther King, Nelson Mandela, san Óscar Romero y santa Laura Montoya, la Magnifica humanitas recuerda el valor del trabajo, la familia y la educación. La primera encíclica de León XIV invita a aplicar los criterios que permiten que el desarrollo sirva a la humanidad: la dignidad de la persona, el bien común y el destino universal de los bienes, entre los cuales incluye “patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas y datos”. También la subsidiariedad, que ya no concierne solo al Estado sino también a empresas y plataformas digitales, la solidaridad y la justicia.

El subtítulo de la encíclica cifra su esperanza: “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Para alcanzarla, León XIV apuesta por la formación y la ética como brújula. Solo así la humanidad podrá construir, en medio de los nuevos desafíos tecnológicos y culturales, lo que él mismo llama “una nueva civilización del amor”.

Anthropic como símbolo

El acto de lanzamiento fue en sí mismo un símbolo, pues contó con la participación de Chris Olah, cofundador de la compañía de desarrollo de IA Anthropic. Este resaltó la necesidad de que “más sectores del mundo –comunidades religiosas, sociedad civil, académicos, gobiernos y, de hecho, todas las personas de buena voluntad– hagan lo que Su Santidad ha hecho aquí: tomarse esto en serio, analizarlo con detenimiento e impulsar los acontecimientos hacia una dirección mejor (…). Que sea también un primer paso decisivo hacia un futuro esperanzador para la magnífica humanidad”.




Leer más:
‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV


The Conversation

Euclides Eslava no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué es la ‘magnífica humanidad’ que promueve el papa y cómo afronta el futuro tecnológico? – https://theconversation.com/que-es-la-magnifica-humanidad-que-promueve-el-papa-y-como-afronta-el-futuro-tecnologico-283875