El cometa MAPS cae hacia el Sol y está listo para hacer historia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, Instituto de Ciencias del Espacio (ICE – CSIC)

El cometa Ikeya Seki, captado desde el observatorio Kitt Peak (Estados Unidos) el 29 de octubre de 1965. Fue el último gran cometa del grupo Kreutz, al que pertenece también MAPS, que pudo verse desde la Tierra. Roger Lynds/NOIRLab/NSF/AURA

A lo largo de las últimas generaciones hemos aprendido mucho sobre esos esquivos visitantes que son los cometas. Siglos atrás eran vistos como un anuncio de calamidades de todo tipo, mientras que ahora los consideramos una fuente de oportunidad científica.

En particular, destaca el descubrimiento de los llamados “cometas rasantes solares del grupo Kreutz”, que se caracterizan por tener órbitas muy excéntricas, originadas en la llamada Nube de Oort, en los confines del Sistema Solar. Estos objetos experimentan pasos sumamente próximos al Sol, a los cuales raramente sobreviven.

Buena parte de los cometas tipo Kreutz pasan desapercibidos para la mayoría, aunque son captados por sondas espaciales que estudian el Sol. Lo hacen antes de que esos frágiles objetos se desintegren por la enorme temperatura y el efecto de marea que reinan en las proximidades del astro rey. Sin embargo, este mes podríamos tener uno muy brillante en el cielo del atardecer.

Todas las miradas puestas en MAPS

Efectivamente, a lo largo de marzo podremos asistir al acercamiento de uno de esos cometas Kreutz al Sol. Se trata de C/2026 A1 (MAPS), descubierto el 13 de enero de 2026 desde el Observatorio AMACS1, en el desierto de Atacama (Chile). Su nombre procede del programa MAPS de búsqueda de nuevos cometas, dirigido por los astrónomos Alain J. Maury, Georges Attard y Florian Signoret, en el marco del cual fue encontrado.

A diferencia de otros cometas Kreutz que son relativamente pequeños, MAPS podría tener varios kilómetros de diámetro. Eso explicaría que se detectara a mayor distancia (2 unidades astronómicas, unos 300 millones de kilómetros) que otros cometas de esa familia, como el C/2011 W3 (Lovejoy) y C/2024 S1 (ATLAS).

En la actualidad, el objeto espacial ya puede observarse con telescopios de aficionado y binoculares, justo en el cielo del atardecer. Poco a poco, en las próximas semanas, cruzará la constelación de la Ballena para alcanzar Acuario en su probablemente fugaz encuentro con el Sol.

El cometa C/2026 A1 (MAPS) entre las estrellas, captado por el autor el 9 de marzo de 2026 desde el Observatorio del Montseny (B06). Puede apreciarse la tonalidad verdosa de la coma que envuelve el núcleo cometario y cuya luminosidad permite su observación desde cientos de miles de millones de km.
Josep M. Trigo (ICE-CSIC/IEEC)

Para latitudes medias de España y Centroamérica, el cometa subirá ligeramente en el horizonte local del cielo del atardecer, mientras cruza la citada constelación de la Ballena. Sin embargo, debido a la progresiva reducción de su distancia angular al Sol (llamada elongación), MAPS irá siendo engullido por el crepúsculo al final de mes.

Pero que nadie desespere, pues el cometa crecerá en brillo y tamaño conforme se acerque a nuestra estrella. Así, el 1 de abril se encontrará a sólo 13º de distancia, pero podría verse perfectamente en plena luz del crepúsculo. Es posible generar cartas de observación de MAPS adaptadas a la latitud del usuario en la iniciativa In-The-Sky del astrónomo Dominic Ford.

Visible a plena luz del día

Según las estimaciones más optimistas, incluso si hubiéramos perdido la oportunidad de ver el cometa a finales de marzo durante el crepúsculo –y si no se hubiese desintegrado ya por entonces– en sus últimos días de existencia podría llegar a ser un objeto tan brillante como para ser visible en pleno día, al lado del Sol. Las expectativas más favorables incluso sostienen que su cabeza podría ser algo menos brillante que el astro rey en el punto de su órbita más cercano a nuestra estrella –el llamado perihelio–.

Llegados a este punto, es importante recordar el riesgo para la visión que entraña la observación directa del Sol a simple vista, peligro que se multiplica si empleamos medios ópticos. Por eso debe evitarse la búsqueda del cometa en pleno día sin filtros especiales ni medidas de seguridad.

Grandes esperanzas

¿Y qué ocurrirá realmente con el cometa MAPS? No podemos estar seguros, ya que todavía desconocemos aspectos fundamentales como, por ejemplo, su tamaño exacto. Los cometas más pequeños del grupo Kreutz a veces se fragmentan antes del perihelio sin dejar rastro. Sin embargo, dado su comportamiento luminoso y que haya sido descubierto a gran distancia del Sol, MAPS podría ser lo suficientemente grande como para sobrevivir en su acercamiento al Sol.

Si, además, tuviésemos la enorme suerte de que sobreviviese al paso por el perihelio, aparecería en el cielo desplegando una enorme cola de polvo, como ocurrió con el memorable cometa 1965 S1 Ikeya–Seki y otros grandes cometas del siglo XIX. Ese desarrollo de la cola sería consecuencia de la masiva sublimación de hielos que, como consecuencia de la presión del gas emitido en ese proceso, lanzarían toneladas de pequeñas partículas al medio interplanetario.

Ojalá que el cometa MAPS haga historia sin anunciar calamidades.

The Conversation

Josep M. Trigo Rodríguez recibe fondos del proyecto del Plan Nacional de Astronomía y Astrofísica PID2021-128062NB-I00 financiado por el MICINN y la Agencia Estatal de Investigación.

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El reto de garantizar que las carreras de montaña o ‘trail running’ no dañen el medio ambiente ni a las comunidades locales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Itziar Urquijo Cela, Profesora de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Universidad de Deusto

La carrera de montaña Zegama Aizkorri, celebrada en la sierra del Aizkorri (Guipúzcoa, País Vasco), ha obtenido la certificación ambiental Green Trail Concept. Jesús Dehesa/Flickr, CC BY-ND

En las últimas dos décadas, el trail running o carreras de montaña ha vivido un crecimiento espectacular en todo el mundo. En países europeos como Francia, Alemania o España, el aumento de carreras y participantes ha sido especialmente visible. En el caso español, se ha hablado de un auténtico boom y el crecimiento no se ha frenado. Hoy es una de las modalidades deportivas en la naturaleza más practicadas.

Este crecimiento ha generado beneficios evidentes: más actividad económica, más empleo temporal y más visitantes en zonas rurales, lo que aumenta la visibilidad del territorio como destino deportivo o turístico. Durante un fin de semana de carrera, un entorno natural puede transformarse en un escaparate deportivo y turístico.

La paradoja del éxito

El trail running surge como una práctica deportiva vinculada a la naturaleza y al territorio. Se basa en la conexión con el entorno, el respeto por la montaña y la identidad local. Hoy, sin embargo, su propio éxito lo sitúa ante su mayor desafío: ¿hasta dónde y cómo puede crecer sin comprometer el medio que lo hace posible?

Más participantes provocan más desgaste en los senderos, más movilidad, más residuos, más ruido. También generan tensión en ecosistemas frágiles y en pueblos pequeños. Por lo tanto, el problema ya no es si estas carreras en la naturaleza generan impacto, sino cómo gestionar el que ya existe.

Ante este escenario, la pregunta es inevitable: ¿cómo poner límites para controlar sus efectos en el entorno?

La respuesta institucional: las certificaciones

En este contexto emerge Green Trail Concept, la primera certificación europea específica para carreras de trail running. Cuenta con apoyo del programa Erasmus+ y de varias organizaciones deportivas europeas. Su objetivo es claro: ordenar el crecimiento de esta actividad bajo criterios de sostenibilidad ambiental, social y económica.

Green Trail Concept va más allá de medir residuos o limitar el uso de plásticos. Analiza la huella ecológica del evento. Evalúa el transporte, la protección de la flora y la fauna y el uso responsable de las infraestructuras. Este tipo de citas deportivas puede contribuir a la pérdida o modificación de hábitats, perturbar a los animales y las plantas del lugar, introducir especies invasoras, alterar los ríos y contaminar el entorno.

Por ejemplo, priorizar el transporte público y el uso compartido del coche, regular el acceso a las zonas naturales y habilitar zonas de estacionamiento son algunas de las medidas que permiten reducir el impacto medioambiental de la movilidad en estos eventos.




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La certificación incluye además aspectos sociales y económicos como el apoyo al comercio local, la colaboración con municipios, la inclusión y la igualdad de género.

La propuesta es ambiciosa. Quiere traducir la sostenibilidad a reglas claras y medibles. De este modo, permite evaluar y comparar eventos, profesionalizar su organización y fijar estándares comunes en Europa.

En España, la certificación Green CXM Trail de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) avanza en esa misma dirección. El modelo se centra en la evaluación de criterios ambientales. Carreras como Gorbeia Suzien, celebrada en Zeanuri (Bizkaia), dentro del Parque Natural de Gorbeia, ya lo aplican en su planificación.

El debate de fondo

El sector intenta autorregularse. Pero surge una duda: ¿puede un sistema de certificación garantizar por sí solo la sostenibilidad de una carrera? ¿O es solo un primer paso?

Está claro que este reto no es solo una cuestión técnica. Implica decidir qué tipo de desarrollo quieren los territorios de montaña. Una certificación puede ordenar prácticas y reducir daños concretos, pero no siempre cambia la forma de organizar los eventos ni garantiza una visión común del territorio.

Una carrera por montaña no es solo un evento deportivo con impacto ambiental. También es una construcción social. Activa identidad local, relaciones comunitarias y dinámicas económicas.




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Más allá del sello

No cabe duda de que Green Trail Concept representa un avance importante. Introduce estándares comunes y mejora la planificación. Permite medir el impacto y exige justificar decisiones. Sin embargo, la sostenibilidad no se limita a la certificación.

Por eso, además del sello, hacen falta herramientas prácticas para cada territorio. También se necesita formación para organizadores y colaboración entre el ámbito académico, las administraciones y los promotores.

El avance del sector debe basarse en decisiones claras sobre el modelo y las prioridades. Es necesario decidir qué pesa más: aumentar dorsales o preservar el equilibrio territorial; maximizar el impacto económico inmediato o garantizar la viabilidad a largo plazo.

Ejemplos como la carrera Zegama-Aizkorri (que ya ha recibido la certificación Green Trail Concept), en el País Vasco, muestra que el equilibrio no depende solo de cumplir indicadores ambientales. Depende también de poner límites y mantener el vínculo con la comunidad local.

En esa misma línea, la fundación impulsada por el deportista español Kilian Jornet ha promovido una reflexión sobre el impacto del deporte en la montaña. El mensaje es sencillo: correr implica responsabilidad. No basta con reducir el impacto. Hay que avanzar en repensar la relación entre deporte y territorio.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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La IA puede traducir palabras, pero no voces (narrativas)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabel Tello Fons, Doctora en Traducción e Interpretación, Universitat de València

Portada de la novela en ruso _Anna Karenina_ traducida al serbio. BalkansCat/Shutterstock

“–Tú también te enojarías si tuvieras una peluca como la mía —prosiguió el Avispón–. Se meten con uno, y uno, que no le gusta que le tomen la ‘peluca’, pues se enfada… ¡natural! Y entonces es cuando me entra la murria, me arrebujo debajo de un árbol y me quedo tieso de frío. Y, para aliviarme, cojo un pañuelo amarillo y me lo ato alrededor de la cara… ¡Oséase, como ahora! ¡Natural!”.

Así tradujo Ramón Buckley la voz del Avispón en la novela A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí, de Lewis Carroll. La versión original recrea el dialecto cockney londinense, muy ligado a la clase obrera, lo que Buckley transformó en un dialecto castizo madrileño, conservando el tono quejón y ordinario del personaje de la obra de Carroll:

“You’d be cross too, if you’d a wig like mine,” the Wasp went on. “They jokes, at one. And they worrits one. And then I gets cross. And I gets cold. And I gets under a tree. And I gets a yellow handkerchief. And I ties up my face –as at the present”.

Cuando leemos una novela traducida, no solo seguimos una historia: escuchamos voces. Voces que revelan quiénes son los personajes, de dónde vienen y qué lugar ocupan en su comunidad. Pero ¿qué pasa con esas voces cuando pasan de un idioma a otro? ¿Cómo se traducen los dialectos, acentos, ritmos y registros que forman parte de la identidad profunda de los personajes? Abordar estas cuestiones es uno de los desafíos más complejos y menos visibles de la literatura.

Voces que importan

La forma de “hablar” de los personajes, lo que llamamos variación lingüística, abarca rasgos diferentes como vocabulario local, jergas, expresiones propias de una comunidad, formas de una lengua pasada o maneras particulares de construir las frases. Estos rasgos no son adornos, son recursos de caracterización: cumplen funciones narrativas y de estilo importantes.

El dialecto de un lugar podría tener una función reivindicativa; el acento rural podría transmitir humor, ternura o jerarquía; una jerga juvenil podría significar cercanía o pertenencia a un grupo y un habla histórica sitúa al lector en otra época. Si estas voces desaparecen en la traducción, el personaje se vuelve más plano y la historia pierde parte de su trama original.

Por ejemplo, en Las aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain diferenció a sus personajes mediante siete dialectos diferentes, y en Oliver Twist, Dickens utilizó el argot de ladrones y rufianes para mostrar el habla del hampa londinense.

Sin equivalencias directas

Uno de los mayores retos de la traducción literaria es que los dialectos no son intercambiables. No existe un “equivalente” español del inglés del sur de Estados Unidos, ni un dialecto aquí que corresponda exactamente al de Liverpool. Cada variedad lingüística está anclada en su territorio, historia y contexto social.

Por eso, si tradujéramos de forma literal un dialecto extranjero, el resultado sería extraño o incluso cómico. Si cambiáramos un dialecto inglés por uno español real, convertiríamos a Huckleberry en un niño andaluz, canario o mexicano y manipularíamos su identidad original. Pero a la vez, si se ignora esa forma de hablar y se traduce a la lengua estándar, se pierde su personalidad lingüística.

La traducción literaria busca conseguir efectos equivalentes: que el lector perciba el mismo matiz social y emocional que quien lo lee en versión original, aunque se usen recursos distintos para conseguirlo.

La traducción más humana

La tarea del traductor literario no es mecánica; es un ejercicio de escucha y de interpretación. El traductor se hace preguntas como qué efecto produce esa voz en el lector del original, qué rasgos lingüísticos usar para conseguir ese efecto en la traducción o hasta qué punto marcar o no una variedad.

Puede que la mejor solución no sea apuntar hacia un dialecto concreto, sino usar un registro ligeramente desviado de la lengua estándar para insinuar un origen social que no desplace culturalmente al personaje. Otras veces, puede que un rasgo léxico o una estructura gramatical basten para recrear el ambiente.

Caseta con libros.
Cada uno de estos libros cuenta una historia.
Derick P. Hudson/Shutterstock

Cada decisión requiere criterio y responsabilidad. La literatura representa grupos sociales reales, y tratarlos con respeto exige una mirada ética.

Como he comprobado en mi investigación (de próxima publicación), esa mirada ética es algo que la IA, por ahora, no posee. La IA no “entiende” las implicaciones sociales de la forma de hablar de un personaje. No sabe cuándo un dialecto transmite marginación o cuándo marca jerarquía social. Trabaja detectando patrones estadísticos, no intenciones humanas.

Cuando se le pide traducir voces no estándar, suele haber dos consecuencias. O bien el texto traducido aparece “limpio”, y un personaje que hablaba con un acento local termina hablando de forma normativa, con lo que su personalidad se diluye; o bien la IA imita marcas dialectales, pero mezcla jergas incompatibles o deforma palabras sin criterio. Esto crea estereotipos no deseados, es decir, caricaturas.

Por tanto, ante la reflexión y minuciosidad que conlleva la traducción de la variación lingüística, la IA genera respuestas rápidas que no tienen todavía suficiente sensibilidad para manejar ambigüedades, ironías o alusiones culturales.


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Por qué necesitamos decisiones

Las herramientas como la IA pueden ser muy útiles en las fases previas y complementarias de la traducción porque permiten localizar información rápidamente, comparar usos reales en grandes corpus, identificar patrones de estilo… Sin embargo, si tienden a igualar las voces, también igualarán las experiencias. Utilizándola sin control perderemos diversidad lingüística y, con ella, diversidad humana.

Y es que las variedades lingüísticas no son solamente desviaciones del estándar: son lenguas muchas veces minoritarias o minorizadas, vulnerables o en riesgo. Protegerlas ayuda a conservar nuestro patrimonio cultural y una valiosa pluralidad.

Para que las voces lleguen al lector sin perder su identidad, hace falta alguien que las escuche y las recree. Esa es una tarea esencialmente humana. Por eso, cada vez que una traducción literaria nos deja oír un mundo distinto, estamos también salvando una parte de nuestra diversidad cultural.


Una versión de este artículo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Isabel Tello Fons no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La IA puede traducir palabras, pero no voces (narrativas) – https://theconversation.com/la-ia-puede-traducir-palabras-pero-no-voces-narrativas-275284

La guerra en Irán marca el precio de la factura energética global y muestra a Europa el camino hacia la transición energética

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mar Rubio Varas, Catedrática de Historia e Instituciones Económicas, (UPNA). Investigadora del Institute for Advanced Research in Business and Economics (INARBE), Universidad Pública de Navarra

Buques de carga en el estrecho de Ormuz. Simone Augstburger/Shutterstock

La actual escalada de tensión en Oriente Medio no es solo una crisis de seguridad. Es, ante todo, una crisis energética con consecuencias económicas directas para Europa, China y el resto del mundo. Para entender la lógica subyacente hay que mirar al mapa: concretamente, a los 54 kilómetros de anchura mínima del Estrecho de Ormuz.

Ormuz, un cuello de botella para la energía global

Por ese angosto paso marítimo fluye el 21 % del petróleo mundial. Pero la cifra más reveladora es otra: si descontamos el consumo interno de los países productores, Ormuz representa la mitad de todo el crudo que realmente circula por el planeta. El gráfico publicado por Visual Capitalist (con datos de la Agencia Internacional de Energía para el primer trimestre de 2025) sobre el comercio de petróleo a través del Estrecho, por países, ilustra con brutal claridad quién depende de ese cuello de botella y quién no.

En el lado de los productores de petróleo, cinco países del Golfo –Arabia Saudí, Irak, Emiratos, Irán y Kuwait– concentran el 93,6 % de todo el crudo que transita ese paso. En el de los compradores, la dependencia es aún más llamativa: el 89,2 % del petróleo que atraviesa Ormuz tiene como destino Asia. China, con el 37,7 % del total, encabeza la lista con diferencia. India (14,7 %), Corea del Sur (12 %) y Japón (10,9 %) completan un cuadro en el que cualquier perturbación del Estrecho golpea de forma directa y desproporcionada a las economías asiáticas.

Estados Unidos, en cambio, recibe apenas el 2,5 % de esos flujos, reflejo exacto de su autosuficiencia energética y de por qué Washington puede permitirse agitar la región sin pagar el mismo precio que sus rivales económicos.

No es la primera vez que vivimos un shock de oferta en el mundo de la energía, y las consecuencias históricas siempre han sido las mismas: los precios suben (todos, porque todo usa energía), se ajusta el consumo a la baja de la energía que escasea y las tecnologías alternativas consiguen abrirse hueco a marchas forzadas. Las grandes disrupciones geopolíticas han actuado históricamente como catalizadores de transformaciones energéticas que en tiempos de paz habrían tardado décadas.

Veámoslo.

La historia como argumento: las crisis aceleran las transiciones

La Primera Guerra Mundial es un ejemplo paradigmático: fue precisamente la presión de ese conflicto la que impulsó, entre otros procesos, la transición del carbón al petróleo en América Latina, un cambio que, en condiciones ordinarias, habría costado mucho más tiempo consolidar.

El carbón europeo no llegaba por el bloqueo atlántico y fue rápidamente sustituido por el petróleo americano. Como consecuencia, América Latina llegó a la era de dominancia del petróleo casi 30 años antes de que lo hiciera Occidente. Las crisis del petróleo de los años setenta tuvieron un efecto análogo en Europa y Japón: aceleraron la diversificación energética, el desarrollo de la energía nuclear civil y los primeros programas serios de eficiencia energética.

En todos esos casos, la amenaza sobre el suministro fue el argumento que desbloqueó inversiones y reformas que la lógica económica cotidiana no había conseguido movilizar. El programa nuclear francés no habría existido sin la crisis del petróleo.

La pregunta no es, por tanto, si la crisis actual acelerará la transición energética. La evidencia histórica sugiere que lo hará. La pregunta es quién estará mejor colocado para aprovecharla.

Europa en la encrucijada

Europa ocupa hoy una posición incómoda. Atrapada entre su dependencia de las importaciones energéticas, con el suministro del gas y el petróleo ruso en cuestión, la presión de sus aliados atlánticos para comprar más petróleo y gas estadounidense y la lentitud de su propia transición –parcialmente bloqueada por la defensa de industrias maduras de combustión–, el continente corre el riesgo de pagar la cuenta de una crisis que no ha diseñado y de la que no extrae beneficio estratégico alguno.




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Como señalan Mikel Otero y Ander Goikoetxea, quien no tenga la llave de los pozos ni el control sobre las rutas de suministro solo tiene una salida: desengancharse de los fósiles. Tal vez no debería sorprendernos que África se haya puesto a ello: el primer país del mundo en prohibir la importación de vehículos de combustión fue Etiopía en 2024.

Desde una óptica económica, la aceleración de la transición no es solo una respuesta ecológica o moral. Es la única estrategia que reduce la exposición de Europa a shocks exógenos de precios, refuerza su autonomía industrial y convierte en activo propio lo que hoy es vulnerabilidad estructural. La historia lo avala. La pregunta es si la urgencia llegará antes o después de que el coste sea insoportable.

The Conversation

Mar Rubio Varas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La guerra en Irán marca el precio de la factura energética global y muestra a Europa el camino hacia la transición energética – https://theconversation.com/la-guerra-en-iran-marca-el-precio-de-la-factura-energetica-global-y-muestra-a-europa-el-camino-hacia-la-transicion-energetica-278023

¿Qué le ocurrió al universo desde el Big Bang hasta que nació la luz?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Violeta González Pérez, Profesora permanente laboral, Departamento de Física Teórica., Universidad Autónoma de Madrid

¿Qué le ocurrió al universo entre su comienzo, con el Big Bang, y en el momento en que empezó a emitir luz, unos 380 000 años después? Contestar esta pregunta no es tarea fácil ya que, por ahora, no podemos tomar medidas directas de aquella época remota. Ante semejante limitación, la teoría de inflación es la mejor herramienta para describir los primeros instantes del universo.

Esta teoría propone que el universo pasó en una fracción de segundo de tener el tamaño de un protón a ser tan grande como el sistema solar. No está claro qué mecanismos son capaces de acelerar tanto la expansión del universo. Algunos de los propuestos habrían dejado una huella que puede medirse a partir de la distribución de galaxias en el universo observable.

Varias colaboraciones internacionales, como el Instrumento Espectroscópico para el Estudio de la Energía Oscura (DESI, por sus siglas en inglés) y el telescopio espacial Euclid, están realizando cartografiados cósmicos. Con ayuda de simulaciones numéricas, estos mapas nos van a permitir explorar qué teorías de inflación son viables.

En la actualidad están disponibles los universos computacionales UNIT. Hemos creado estas simulaciones numéricas para estudiar el cosmos primitivo a través de la distribución de materia. Nuestros estudios se centran en épocas posteriores a la mitad de la edad del universo, estimada en 13 800 millones de años.




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La teoría de inflación y el crecimiento de estructuras cósmicas

Las medidas cosmológicas con las que contamos hoy muestran que el universo tiene una geometría prácticamente plana y que, a muy grandes escalas, es homogéneo e isótropo. Esto quiere decir que posee las mismas propiedades en todas las direcciones. Sólo es posible conseguir tal homogeneidad si zonas que hoy están muy alejadas consiguieron intercambiar información en el pasado.

Para resolver este problema, varias expertas y expertos, incluyendo el físico teórico estadounidense Alan Guth propusieron la teoría de inflación. Esta teoría postula que el universo habría experimentado una expansión acelerada durante una fracción de segundo justo después del Big Bang.

En los primeros instantes del universo la energía cambiaba rápidamente de un punto a otro. Estas fluctuaciones cuánticas iniciales se estiraron a escalas cosmológicas con la expansión acelerada. Esto dio lugar al universo homogéneo y con una geometría casi plana, que observamos hoy.

La inflación cósmica puede explicarse a través de distintos modelos teóricos. Los modelos asumen la existencia de uno o más campos cuánticos, como los que representan las partículas elementales.

Los modelos más simples, con un campo de inflación, predicen que las fluctuaciones iniciales siguen una distribución normal o gaussiana. La distribución gaussiana es un modelo de probabilidad continua en forma de campana simétrica donde la mayoría de los datos se agrupan en torno al promedio central.

Los modelos con varios campos de inflación predicen la presencia de “no gaussianidades” primordiales. Esto quiere decir que la distribución de la materia no se puede describir con la expresión matemática con la que explicamos la frecuencia típica de muchos eventos en la naturaleza, como la estatura de las personas.

Las estructuras a grandes escalas que vemos hoy en día surgen a partir de las fluctuaciones cuánticas del universo primitivo. Con el tiempo, las áreas que en el universo primitivo eran más densas se atrajeron más por el efecto de la gravedad, ganando masa. De esta forma, midiendo la distribución de galaxias a diferentes tiempos cósmicos podemos entender el universo primitivo.

Las características particulares de los cartografiados cosmológicos pueden introducir efectos observacionales en la distribución observada de galaxias. Necesitamos, pues, simulaciones numéricas para distinguir entre modelos teóricos que expliquen la inflación cósmica y los efectos observacionales.




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Universos en supercomputadores

Los cartografiados cosmológicos actuales, tales como los citados DESI y Euclid, están realizando mapas de volúmenes enormes, del orden de 125 Gpc al cubo. La distancia de 125 Gpc equivale a 25 000 billones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol, que es la Unidad Astronómica (UA).

Para poder hacer experimentos computacionales, necesitamos conseguir volúmenes comparables a los observados. Esto solo es posible gracias a la potencia de supercomputadoras de alto rendimiento, como las máquinas de la Red Española de Supercomputación.

Hemos generado los universos computacionales UNIT con condiciones iniciales gaussianas y no gaussianas. Para ello, hemos utilizando tiempo de computación en MareNostrum 4 y 5, del Centro Nacional de Supercomputación (Barcelona Supercomputing Center), y Finisterrae, del Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA). Este proyecto ha requerido el equivalente en electricidad del gasto anual de 15 hogares españoles.

Supercomputador MareNostrum 5.
Steve Jurvetson/Wkimedia Commons, CC BY

Condiciones iniciales para estudiar el universo primitivo

La generación de universos en computadoras, siguiendo el proceso que denominamos simulaciones de N-cuerpos, requiere de varios pasos. Primero hay que decidir la cantidad de materia oscura, energía oscura y materia normal que va a tener nuestro universo.

Después, hay que decidir el volumen y la masa del elemento computacional más pequeño que vamos a poder utilizar. Idealmente, nos gustaría abarcar el mayor volumen posible con un elemento computacional pequeño. Esto nos permitirá abarcar un gran rango de escalas, por ejemplo desde una estrella hasta todo el universo observable.

Además, necesitamos calcular la interacción gravitatoria entre todos los elementos computacionales. A más elementos, más cálculos. Los elementos computacionales en nuestros universos UNIT son equivalentes a galaxias algo más pequeñas que la nuestra, la Vía Láctea. Este tamaño surge de equilibrar la necesidad de volúmenes colosales, con el tiempo finito del que podemos disponer en MareNostrum.




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Cada elemento computacional se sitúa de tal forma que la distribución de materia siga una distribución normal o gaussiana. En nuestros universos UNIT, también hemos añadido desplazamientos siguiendo las distribuciones primordiales no gaussianas predichas por ciertos modelos inflacionarios. Estas variaciones hacen que cambie la evolución de nuestros universos computacionales.

No hay muchos estudios con simulaciones completas de N-cuerpos que incluyan condiciones iniciales con distribuciones primordiales no gaussianas. Por eso nuestro equipo ha propuesto cómo establecer las condiciones iniciales para no sesgar los resultados que contengan esas simulaciones no convencionales.

La simulación computacional más grande con efectos del universo primitivo

Durante 2023 nuestro equipo de investigación, integrado por científicas y científicos de la Universidad Autónoma de Madrid y del Institut de Física d’Altes Energies de Barcelona, produjo el mayor universo computacional con condiciones iniciales no gaussianas. Este es el efecto esperado para una gran familia de modelos de inflación que explican qué ocurrió en el universo primitivo. Con esta simulación, hemos comprobado que DESI seguramente será capaz de aceptar o rechazar la familia de modelos de inflación que necesita la existencia de múltiples campos cuánticos para la aceleración de la expansión en la primera infancia del cosmos.

Ahora nuestros universos UNIT están disponibles en el Port d’Informació Científica (PIC), que además aloja el espejo europeo de DESI. Hemos guardado 3,4 terabytes (TB) de información en el PIC, el equivalente a unas 1000 películas. En el PIC se puede encontrar información sobre los elementos de computación a distintos tiempos cósmicos y para distintas realizaciones.

Algunos de nuestros experimentos computacionales han sido confeccionados y utilizados por las colaboraciones internacionales DESI y Euclid. Los siguientes pasos de nuestro trabajo consisten en ampliar el volumen de nuestros universos computacionales e incluir galaxias. Esto nos permitirá validar las técnicas de medición que se van a utilizar en DESI.

En el futuro, también podremos medir un parámetro relacionado con la formación de galaxias en un universo no gaussiano. Este parámetro sólo puede medirse en simulaciones, y sin él DESI tendrá problemas para distinguir entre modelos de inflación.

Nuestros universos UNIT han sido diseñados con el objetivo de medir este parámetro y ayudarán a la colaboración DESI a lograr uno de sus principales objetivos: estar más cerca de conocer cómo fueron primeros instantes del universo.

The Conversation

Violeta González Pérez recibe fondos de la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Ciencia e Innovación, y de la Agencia Estatal de Investigación de España. Ella trabaja para la Universidad Autónoma de Madrid.

Adrián Gutiérrez Adame trabaja para la Universidad de Viena.

Santiago Avila recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Es un investigador del Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT).

ref. ¿Qué le ocurrió al universo desde el Big Bang hasta que nació la luz? – https://theconversation.com/que-le-ocurrio-al-universo-desde-el-big-bang-hasta-que-nacio-la-luz-272452

México ante el brote de sarampión: pasado, presente y posibles futuros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Yersain Ely Keller de la Rosa, Biólogo. Maestro en Ciencias Bioquímicas, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Natalya_Maisheva/Shutterstock

“¿Te sientes bien?” le pregunté. “Me siento con sueño”, contestó. En una hora, ella estaba inconsciente. Doce horas más tarde, estaba muerta.

Este fragmento pertenece a la carta “Sarampión: una enfermedad peligrosa”, escrita en 1988 por el escritor británico, Roald Dahl, autor de obras como Charlie y la fábrica de chocolate y Matilda. La misiva describe lo desgarrador e inesperado que fue perder a su hija Olivia a causa de esta enfermedad.

El sarampión es una infección viral altamente contagiosa que puede provocar complicaciones graves como neumonía, ceguera y encefalitis. Los síntomas más comunes son muy parecidos a los de una gripe: fiebre, tos seca, escurrimiento nasal, dolor de garganta y conjuntivitis. Sin embargo, los más característicos, y lo que los diferencian de una gripe común, son unas pequeñas manchas blancas en el interior de la boca (manchas de Koplik) y sarpullido caracterizado por ronchas grandes y planas.

Aunque generalmente se percibe como una dolencia leve, basta recordar que entre 1855 y 2005 se estima que 200 millones de personas fallecieron a causa del sarampión en el mundo.

El sarampión en México

Los primeros registros de esta infección en México se remontan al inicio del siglo XVI, con la llegada de los españoles. Junto con la viruela y el cocoliztli (salmonelosis), el sarampión contribuyó a diezmar la población de los aztecas.

Durante los 500 años posteriores, el sarampión se instaló en la población ocasionando brotes frecuentes. La primera descripción bien documentada de esta enfermedad fue realizada en 1825 por el médico Manuel Rodríguez Balda. Posteriormente, se produjeron al menos 7 brotes importantes hasta 1927. Se estima que dentro del periodo de 1922 a 1974 se registraron 468 638 muertes por sarampión en el país.

Habemus vacuna

El impacto del sarampión a nivel global era insostenible, por lo que era necesario desarrollar una vacuna. En 1954, durante un brote en Massachusetts, los científicos John F. Enders y Thomas C. Peebles aislaron el virus a partir de muestras de estudiantes infectados. La cepa obtenida, conocida como Edmonston-B, permitió que en 1963 Enders desarrollara la primera vacuna contra la infección basada en un virus atenuado. Es decir, lo suficientemente fuerte para inducir una respuesta por parte de nuestro sistema inmune, pero lo bastante débil para no causar la enfermedad.

En 1968, Maurice Hilleman y su equipo perfeccionaron esta vacuna utilizando la misma cepa, pero aún más atenuada. Esa es, esencialmente, la vacuna que se emplea hoy en todo el mundo.

Desde su introducción a nivel global, la inmunización ha sido altamente efectiva: las muertes anuales por sarampión, que antes de la vacunación alcanzaban cerca de 2 millones en el mundo, descendieron hasta 89 780 en 2016, el año con menor número de casos registrados.

En el caso específico de México, la vacuna se aplica en combinación con las de rubéola y parotiditis (paperas), en la llamada vacuna SRP. Se administra en dos dosis: la primera al cumplir 12 meses y la segunda, conocida como refuerzo, a los 6 años. Contar con ambas dosis es indispensable para lograr protección completa frente a la enfermedad.




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Vacunación a la baja, casos a la alza

El último gran brote de sarampión en México ocurrió en 1989-1990, periodo en el que se registraron 89 163 casos y 5 899 defunciones. En 1990, la Encuesta Nacional de Cobertura de Vacunación mostró que sólo 46 % de los niños mexicanos tenían su esquema de vacunación, por lo que un año después se estableció el Programa de Vacunación Universal. El propósito de este plan era que para 1992 todos los niños menores de 5 años tuvieran 8 dosis de vacunas: 3 de Sabin (poliomielitis), 3 de DPT (difteria, tos ferina/pertussis y tétanos), una dosis de BCG (tuberculosis) y otra de sarampión.

Logros históricos y un retroceso

Gracias a este compromiso por parte de las autoridades y la ciudadanía, los casos de sarampión se abatieron, llevando a México a ser declarado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) libre de sarampión.

No obstante, en 2025 México reportó 6 444 casos confirmados de la infección y, hasta el 2 de marzo del 2026, 5 437 casos confirmados y 5 defunciones. Datos que nos llevan a hacer una pregunta: si la vacuna es tan eficaz, ¿por qué los casos han aumentado recientemente, al punto de que México está en riesgo de perder su certificación como país libre de sarampión?

Para explicar esto, primero es necesario saber que el virus del sarampión es uno de los más contagiosos, por lo que es necesario alcanzar una protección del 95 % de la población para detener la transmisión del virus. Datos de la Organización Mundial de la Salud sugieren que durante y después de la pandemia de covid-19, la cobertura de vacunación contra el sarampión disminuyó a nivel global. México no fue la excepción: la cobertura con la primera dosis de la vacuna SRP presentó una drástica disminución al 86 % en 2022; 76 % en 2023; 80% en 2024 y 71% en 2025.

Esta bajada se puede explicar por diversos factores, entre los que se encuentran una injustificada disminución en la confianza hacia las vacunas, acceso limitado a los servicios de salud, particularmente de poblaciones vulnerables, y fallas en los mecanismos de adquisición.




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México y el brote de hace 36 años

Como se mencionó previamente, el último gran brote de sarampión en México ocurrió entre 1989 y 1990. Este evento representó un punto de inflexión para la política nacional de inmunización. El control del brote se logró mediante campañas masivas de vacunación dirigidas a la población susceptible, lo que permitió interrumpir la transmisión del virus en un periodo relativamente corto.

A partir de esta experiencia, se evidenció la necesidad de fortalecer el esquema nacional de inmunización mediante la incorporación de una segunda dosis de la vacuna triple viral (SRP). Esta dosis se añadió formalmente al esquema y comenzó a administrarse a los 6 años, al ingreso a la educación primaria, con el objetivo de cerrar brechas de inmunidad y asegurar una protección sostenida a nivel poblacional.

La implementación de estas estrategias no fue sencilla. Requirió una coordinación robusta y una movilización operativa sin precedentes. Personal de enfermería visitó escuelas primarias públicas y privadas en todo el país para aplicar un total de 14 398 064 dosis contra el sarampión.

Además, se alcanzó una cobertura de vacunación del 79 % en niños de un año, una cifra sin precedentes hasta ese momento. Este incremento en la cobertura se tradujo en una disminución drástica del número de casos.

En la actualidad, el gobierno de México ha retomado esta experiencia histórica como referencia para enfrentar el nuevo brote de sarampión. Para 2026 se anunció la adquisición de 27,3 millones de dosis, y entre 2025 y 2026 se han aplicado más de 18 millones de vacunas. La estrategia está dirigida principalmente a niñas y niños de 6 meses a 12 años que no cuenten con ninguna dosis o requieran refuerzo, así como a personas de 13 a 49 años sin antecedente vacunal o con esquemas incompletos.

Estas acciones buscan restablecer coberturas óptimas y recuperar niveles de inmunidad colectiva suficientes para prevenir brotes futuros.




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¿Podemos erradicar el sarampión?**

Uno de los mayores logros de la medicina moderna fue la erradicación de la viruela. Esta enfermedad, que durante siglos causó millones de muertes y dejó secuelas devastadoras como ceguera y desfiguración, fue declarada oficialmente erradicada el 8 de mayo de 1980. La pregunta es inevitable: ¿podríamos lograr lo mismo con el sarampión?

Desde el punto de vista biológico y epidemiológico, la respuesta es sí. Al igual que la viruela, el sarampión tiene al ser humano como único reservorio natural, lo que elimina la posibilidad de reintroducciones desde animales. Además, su cuadro clínico es característico, especialmente en contextos de alta incidencia, y actualmente contamos con métodos diagnósticos estandarizados y sistemas de vigilancia epidemiológica capaces de detectar casos con rapidez.

A esto se suma la disponibilidad de una vacuna altamente eficaz, cuya efectividad ha permitido eliminar la transmisión endémica en distintos países e incluso en regiones enteras durante ciertos periodos.

Sin embargo, la erradicación global implicaría un desafío logístico y político de enorme magnitud. Debido a la altísima transmisibilidad del virus, se requiere mantener de manera sostenida una cobertura vacunal mínima del 95 % con dos dosis en todas las comunidades, sin brechas geográficas ni poblacionales.

La reciente pérdida del estatus de eliminación en algunos países y el riesgo latente en otros, como México, demuestran que incluso pequeñas disminuciones en la cobertura pueden revertir décadas de avance.

La vacunación sigue siendo la herramienta más poderosa para prevenir el sarampión y muchas otras enfermedades infecciosas. Cada muerte causada por un patógeno prevenible mediante vacunación representa una falla colectiva en los sistemas de salud y en nuestra responsabilidad social. Mantener coberturas altas no es solo una meta técnica, sino un compromiso ético con la salud pública.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. México ante el brote de sarampión: pasado, presente y posibles futuros – https://theconversation.com/mexico-ante-el-brote-de-sarampion-pasado-presente-y-posibles-futuros-276016

¿Somos “así” para siempre? La neurociencia del cambio psicológico y por qué repetimos lo que nos hace daño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma López, Professor and researcher Cognition, Affect, and Resilience Research Group. Faculty of Health Sciences. International University of Valencia (VIU), Universidad Internacional de Valencia

Roman Samborskyi/Shutterstock

A veces basta un silencio. Un mensaje que no llega cuando esperamos en esta era de lo inmediato. Una respuesta corta, rápida, aparentemente más fría de lo habitual. De pronto aparece un nudo en el estómago. Pensamientos acelerados: “algo he hecho mal”, “ya no le importo”, “está molesto conmigo”.

Y, de pronto, el cuerpo reacciona antes que la razón: enfado, inquietud, pensamientos negativos que se disparan. Horas después, cuando todo se aclara, surge la misma pregunta: ¿por qué me afecta tanto?

¿Se reconoce en una situación parecida? Estas reacciones no suelen explicarse por simple inseguridad o porque seamos “demasiado sensibles”, sino por patrones emocionales aprendidos que el cerebro activa de forma automática.

El cerebro aprende a sentir y a relacionarse

Durante años se pensó que la personalidad era algo casi fijo. Los estudios clásicos mostraban que rasgos como la ansiedad o la sociabilidad se mantienen bastante estables con el paso de los años. Esta evidencia reforzó la creencia de que, en lo esencial, “somos como somos”.

Sin embargo, una gran revisión de investigaciones publicada en 2006 mostró por primera vez que estos rasgos pueden cambiar a lo largo de la vida, aunque lo hagan de manera gradual. La personalidad presenta continuidad, pero no está escrita en piedra.

La neurociencia aporta una clave importante: el cerebro posee neuroplasticidad, es decir, la capacidad de reorganizar sus conexiones en función de la experiencia. No solo aprendemos conocimientos: también aprendemos maneras de reaccionar emocionalmente y de interpretar a los demás. Como señaló el neurocientifico Eric Kandel, los cambios psicologicos duraderos implican cambios en los circuitos del cerebro.

Experiencias que marcan

Lo cierto es que las primeras relaciones de nuestra vida influyen de manera decisiva en el aprendizaje. Varios estudios han mostrado que las experiencias tempranas afectan al desarrollo y a la conexión entre la amígdala (implicada en la respuesta emocional) y la corteza prefrontal (que ayuda a regularla). Estas redes no solo almacenan recuerdos concretos, sino también expectativas: qué esperamos de los demás y cómo interpretamos sus gestos.

Si alguien ha crecido en un entorno donde la cercanía era impredecible o donde las emociones intensas no se regulaban bien, su sistema nervioso puede volverse especialmente sensible a señales ambiguas. Las investigaciones han relacionado esta mayor sensibilidad con diferencias en la comunicación entre regiones cerebrales emocionales y reguladoras. En la vida adulta, pequeños desencuentros pueden activar respuestas intensas que parecen surgir “de la nada”, pero que en realidad están conectadas con aprendizajes anteriores.

Por eso repetimos patrones. No porque queramos sufrir, sino porque el cerebro tiende a reaccionar según modelos que le resultan familiares. Aunque no es un destino ineludible, como veremos.

Vaivenes emocionales

La personalidad es la manera en que una persona vive, procesa y comprende la experiencia de sí misma y de los otros. No se reduce a etiquetas como “nervioso” o “impulsivo”: desde la psicología clínica se habla también de “organización de la personalidad”.

El psiquiatra y psicoanalista Otto Kernberg propuso que existen distintos niveles en dicha organización. Mientras que algunas personas presentan una identidad más coherente y estable, otras tienen mayor dificultad para integrar aspectos contradictorios de sí mismas y de los demás.

Cuando esta integración es menor, pueden aparecer oscilaciones intensas: idealizar a alguien y poco después sentirse profundamente decepcionado, interpretar una crítica leve como rechazo total o reaccionar con gran intensidad ante frustraciones pequeñas. No se trata de falta de carácter, sino de una forma concreta de funcionamiento psicológico.

La cuestión es si este funcionamiento puede modificarse.

Psicoterapia y cambio profundo

Algunos tratamientos psicológicos buscan algo más que aliviar síntomas. Trabajan sobre los patrones relacionales que organizan la experiencia emocional. Uno de ellos es la Terapia Focalizada en la Transferencia (TFP), desarrollada a partir del modelo del propio Kernberg. En esta terapia se analizan los patrones de relación que aparecen en la vida del paciente –y también en la relación con el terapeuta– para comprenderlos mejor y favorecer cambios más profundos.

En una investigación publicada en el American Journal of Psychiatry, se comparó la TFP con otros tratamientos para el trastorno límite de la personalidad y los investigadores observaron mejoras significativas en impulsividad, conductas autolesivas y funcionamiento global.

Otro estudio reveló que la TFP no solo reduce síntomas, sino que también modifica patrones de apego y mejora la capacidad reflexiva, es decir, la forma en que las personas comprenden sus propias emociones y las de los demás.

Estos resultados apuntan a algo más profundo que una simple mejoría superficial: sugieren cambios en la organización de la personalidad.

¿También cambia el cerebro?

Las investigaciones sugieren que una psicoterapia eficaz no solo puede cambiar cómo pensamos o sentimos, sino que también puede estar asociada a cambios en el funcionamiento del cerebro. Algunos estudios realizados con personas con trastorno límite de la personalidad han observado que, tras un tratamiento estructurado, disminuye la actividad de regiones implicadas en las emociones intensas —como la amígdala— y aumenta la actividad de otras áreas que ayudan a regularlas y a controlar los impulsos.

En otras palabras, comprender mejor nuestras reacciones, revisarlas en un entorno seguro y vivir experiencias relacionales más estables puede cambiar la forma en que interpretamos lo que nos ocurre. Algunas investigaciones sugieren que estos procesos también podrían estar relacionados con cambios en los circuitos cerebrales implicados en las emociones.

Hay margen de adaptación

La personalidad no es infinitamente flexible. Existen factores biológicos y temperamentales que influyen en nuestra forma de ser. Por lo tanto, el cambio profundo tampoco es inmediato ni sencillo.

Sin embargo, la evidencia actual no respalda la idea de que estamos condenados a repetir indefinidamente los mismos patrones. Más preciso sería decir que tenemos tendencias aprendidas que pueden reorganizarse.

Cambiar no significa dejar de ser uno mismo: supone ampliar la capacidad de regular emociones, mantener relaciones más estables y sostener una identidad más coherente. La neurociencia muestra que el cerebro conserva margen de adaptación a lo largo de la vida.

La pregunta, entonces, no es si somos “así” para siempre, sino en qué condiciones podemos dejar de repetir lo que nos hace daño. La ciencia sugiere que, dentro de ciertos límites, el cambio psicológico es posible.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Somos “así” para siempre? La neurociencia del cambio psicológico y por qué repetimos lo que nos hace daño – https://theconversation.com/somos-asi-para-siempre-la-neurociencia-del-cambio-psicologico-y-por-que-repetimos-lo-que-nos-hace-dano-276194

‘No se dice tete, se dice chupete’: ¿hay que corregir a los niños cuando están aprendiendo a hablar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clara Macarena Ponce Romero, Profesora del área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidade de Santiago de Compostela

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“No vocaliza”, “Habla mal”, “Habla raro”, “Habla poco”… ¿Quién no se ha preocupado alguna vez de si todo está yendo como debe cuando un niño o una niña pequeña empiezan a formar sus primeras frases?

A menudo, los adultos escuchamos con atención (y, en muchas ocasiones, con preocupación) cada una de sus palabras. No es raro que madres y padres busquen una segunda opinión, ya sea en las aulas de educación infantil o en gabinetes de logopedia. Sin embargo, lo que con frecuencia se interpreta como un problema es, en realidad, una parte normal y necesaria del aprendizaje del lenguaje.

Hablar diferente no es hablar peor

Cuando un niño dice “tete agua”, “perro grande ahí” o pronuncia una palabra de forma que a los adultos les suena extraña, es fácil fijarse solo en lo que le falta, en lo que consideramos “erróneo”. Sin embargo, desde el punto de vista del desarrollo del lenguaje, lo importante no es que esas formas se parezcan a las del habla adulta, sino que cumplan su función principal: comunicar.

La investigación en lenguaje infantil lleva tiempo mostrando que los niños pueden comunicarse con eficacia, porque el aprendizaje del lenguaje se construye primero sobre el uso y la interacción, y solo más tarde sobre las reglas.




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Pensemos, por ejemplo, en las interacciones entre madres, padres y bebés de apenas seis meses. A partir de gestos, miradas, sonidos o expresiones faciales, los adultos suelen identificar la causa del llanto y responder adecuadamente a sus necesidades. Incluso a edades muy tempranas, muchos niños muestran ya preferencias claras, formas propias de reaccionar y una personalidad incipiente.

Comunicación eficaz sin normas

A continuación presentamos el ejemplo de Nerea y César, dos hermanos de tres años. Esta grabación procede del corpus Koiné de habla infantil, un repositorio accesible en línea que reúne miles de interacciones espontáneas de niños de entre 18 y 53 meses, grabadas en escuelas infantiles de Galicia. Fragmentos como este permiten observar cómo la comunicación funciona incluso cuando el lenguaje aún no se ajusta a las formas adultas.

En esta breve interacción, Nerea y César apenas producen enunciados complejos. Sin embargo, la comunicación funciona perfectamente. Cuando César le ofrece el libro a su hermana para irse a jugar y Nerea se lo devuelve, ambos están expresando con claridad su intención: no quieren “jugar a los cuentos” en ese momento. El abandono de la escena por parte de César y el gesto de negación de Nerea refuerzan ese mensaje sin necesidad de palabras elaboradas. La interacción entre niños también es clave para el aprendizaje.

Qué ocurre en la mente de los niños

Desde los primeros meses de vida, los bebés son participantes activos en la comunicación, sensibles a las intenciones de quienes los rodean. Antes incluso de dominar el vocabulario o la gramática, aprenden a interpretar miradas, gestos y tonos de voz, y a usarlos para dirigir la atención, pedir algo, rechazar una propuesta o compartir una experiencia. En pocas palabras: transmiten lo que quieren a través de la interacción con el otro.

A medida que avanzan en el aprendizaje, los niños empiezan a detectar regularidades en lo que oyen. Generalizan patrones, los ponen a prueba y los ajustan poco a poco. Por eso es habitual que digan formas que no coinciden con las adultas. Cuando una forma no da resultado, la reformulan; cuando funciona, la mantienen.

Este proceso no es solo lingüístico, también es intrínsecamente cognitivo. Aprender a hablar implica coordinar memoria, atención, percepción y control de la acción. Por eso, muchas veces los niños saben perfectamente lo que quieren decir, pero todavía no disponen de los recursos formales para expresarlo como un adulto.




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Menos correcciones, más comprensión

Los niños no aprenden a hablar porque alguien les diga una y otra vez lo que hacen mal. Aprender a hablar es, ante todo, una experiencia compartida. Por eso, cuando nos dirigimos a niños pequeños, los adultos tendemos a ajustar de forma natural nuestra manera de expresarnos, por ejemplo, usando frases más simples, repitiendo palabras importantes y cambiando la entonación para hacernos entender mejor.

Este modo de hablar no empobrece el lenguaje: al contrario, lo hace más accesible y facilita que los niños comprendan y participen en la conversación sin sentirse evaluados. Por ejemplo, cuando un bebé llama a su mantita “maca”, muchos padres empiezan a utilizar esa expresión: “¿Quieres la “maca”?

Tenemos que comprender que los niños están inmersos en un proceso de aprendizaje. Esta expresión (“maca”) no es un error, es un proceso que paulatinamente les ayudará a consolidar el lenguaje adulto (manta).

Una manera de fomentar el aprendizaje lingüístico es integrarse en el mundo comunicativo infantil: “Sí, tu manta, la ‘maca’, está en la cama”. De esta forma, el niño escucha la forma convencional sin sentirse corregido ni examinado.

Otro ejemplo muy habitual ocurre cuando el niño dice “ete” señalando un juguete. En vez de exigir (“Coche, coche, se llama coche”), el adulto puede responder: “Sí, es un coche rojo. El coche hace brum brum”. Está validando la intención comunicativa y, al mismo tiempo, ofreciendo un modelo más completo y rico.

Acompañar el aprendizaje del lenguaje implica escuchar qué quieren decir los niños y responder a ello, más que centrarse en cómo lo dicen. Entender este proceso ayuda a reducir preocupaciones innecesarias y a recordar que hablar diferente no es hablar peor, sino parte del camino para aprender a comunicarse.

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Clara Macarena Ponce Romero forma parte del grupo Koiné de la Universidad de Santiago de Compostela. Actualmente, participa en el proyecto financiado por FEDER / Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades – Agencia Estatal de Investigación, Corpus y densidad de datos. Versión robusta del ‘corpus Koiné’ de habla infantil (PID2024-158897NB-100).

ref. ‘No se dice tete, se dice chupete’: ¿hay que corregir a los niños cuando están aprendiendo a hablar? – https://theconversation.com/no-se-dice-tete-se-dice-chupete-hay-que-corregir-a-los-ninos-cuando-estan-aprendiendo-a-hablar-273054

¿Enseñamos el valor de la democracia en la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cruz Pérez Pérez, Catedrático del departamento de Teoría de la Educación, Universitat de València

Aunque sus orígenes están en la Atenas de Pericles (en el siglo V antes de nuestra era), la democracia como forma de vida y de gobierno ha tardado siglos en estar generalizada. En los países del ámbito occidental empezó a desarrollarse tras la Revolución francesa en 1789 y las posteriores revoluciones liberales del siglo XIX.

Este sistema de convivencia y gobierno se ha ido extendiendo por todo el mundo con constantes avances y retrocesos. Pero como todos los logros éticos de una sociedad, tal y como como plantea el filósofo alemán Jürgen Habermas, no permanece estable y requiere una tensión educativa constante.

En lo que afecta a los más jóvenes, en la Unión Europea se ha detectado durante los últimos años una pérdida de compromiso cívico de los jóvenes y una apuesta por modelos autoritarios. Tres aspectos que generan gran preocupación: indiferencia hacia la participación política, desinterés por los asuntos comunes y la participación social, e incremento de actitudes intolerantes.

En España, por ejemplo, uno de cada cuatro varones (25,9 %) de entre 18 y 26 años afirman que “en determinadas circunstancias” el autoritarismo puede ser preferible al sistema democrático.

El desafío: mayor educación

Teniendo en cuenta que la estabilidad del sistema democrático requiere de ciudadanos cívicos, comprometidos, que participen y que crean en estos valores, cabe plantearse si los datos mencionados son un fracaso de los sistemas educativos.

Tras muchos años de escolarización obligatoria, ¿hemos sabido o podido enseñar a las nuevas generaciones los contenidos históricos fundamentales, el sentido crítico para defenderse de las manipulaciones y la capacidad para analizar la realidad con profundidad, a actuar con criterio propio y fundado en el conocimiento científico y contrastado?




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Enseñar el valor de la democracia

En lo que respecta a la Unión Europea, la educación para la ciudadanía y los valores democráticos forma parte del currículo de todos los niveles escolares.

Adopta diferentes nombres en cada país: “educación para la ciudadanía”, “educación en valores sociales y cívicos” o “educación para la democracia, ética y democracia”. Y se plantea de tres formas combinadas: como tema transversal (que se trabaja en distintas asignaturas de manera intermitente); como materia propia, con horas lectivas dedicadas en exclusiva; y como contenido integrado en otras asignaturas como Geografía e Historia, con temas específicos dedicados a la materia.

En España, existe una asignatura de Educación en Valores Cívicos y Éticos en el último ciclo de educación primaria, y en un año de educación secundaria, enfocada en la autonomía moral, la democracia, la sostenibilidad y la igualdad de género. Esta materia persigue desarrollar el pensamiento crítico y la ciudadanía activa, no es alternativa a la religión y se basa en la inclusión, el respeto a los derechos humanos y la empatía.




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Participación e historia, las bases

Si consideramos que las propuestas educativas actuales son insuficientes, existen al menos tres estrategias fundamentales con las que se podría incidir en la educación para la ciudadanía democrática:

  • Fomentando la participación activa del alumnado en los centros escolares, especialmente en educación secundaria. La mejor manera de entender cómo funcionan los sistemas democráticos es tomando parte en los mecanismos de análisis y toma de decisiones. Hacerlo en el ámbito escolar abre el camino de la participación real en la vida pública, social y cultural en la edad adulta.

  • Potenciando la enseñanza de la historia de la humanidad, con especial énfasis en el origen de las continuas guerras y conflictos provocados por regímenes políticos autoritarios.

  • Enseñando en las aulas, tanto de un modo teórico como práctico, el valor de la democracia como forma de vida especialmente valiosa y de relación entre las personas: derechos y deberes de las personas establecidos en las constituciones de los países democráticos, valores éticos mínimos como el conjunto de los valores que todos podemos compartir independientemente de nuestras preferencias personales, condicionantes culturales o creencias religiosas, debates sobre temas fundamentales como la democracia, la vida o la sostenibilidad, dilemas morales de carácter ético, asambleas de aula y proyectos de aprendizaje-servicio, en los que los estudiantes aprenden ofreciendo algún servicio a su comunidad.




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Además, convendría incrementar las horas de las asignaturas específicas dedicadas a la educación para la ciudadanía con contenidos relativos a los valores éticos universales, declaraciones de derechos humanos y organismos supranacionales.

Formación del profesorado

El profesorado debería estar específicamente formado para impartir estas asignaturas, en base a unos conocimientos tanto teóricos como prácticos. Para ello sería necesario introducir en el currículo de formación de los docentes de primaria asignaturas referidas a la educación en valores y actitudes, así como en los contenidos específicos del máster de formación del profesorado de educación secundaria. Además, los centros dedicados a la formación permanente de los docentes deberían ofrecer cursos y talleres para actualizar los conocimientos del profesorado en activo.

Para llevar a cabo estas propuestas es condición necesaria reequilibrar el peso de los contenidos conceptuales: es decir, reducir el peso que tradicionalmente ha tenido el aprendizaje de datos, hechos y conceptos en las diferentes materias. Entender cómo y por qué vivimos en una democracia no es tanto un asunto de teoría, como de práctica.

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Cruz Pérez Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Enseñamos el valor de la democracia en la escuela? – https://theconversation.com/ensenamos-el-valor-de-la-democracia-en-la-escuela-276291

Trabajan pero no cuentan: ¿por qué la inmigración es clave para el estado del bienestar en España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alexis Cloquell Lozano, Profesor Sociología. Cátedra Caixa Popular para el estudio de los desafíos sociales y la vulnerabilidad., Universidad Católica de Valencia

El Gobierno de España ha anunciado su intención de avanzar en un nuevo proceso de regularización administrativa, apoyándose en las vías ya existentes de arraigo y en el despliegue del nuevo Reglamento de Extranjería, que entró en vigor el 20 de mayo de 2025. El objetivo declarado no es solo dar respuesta a una realidad social consolidada, sino incorporar plenamente a la economía formal a cientos de miles de personas que ya viven y trabajan en el país, reforzando así la cohesión social y la sostenibilidad del sistema de protección social.

En este contexto, el envejecimiento acelerado, el descenso de la población autóctona, la presión creciente sobre el sistema de pensiones y el aumento de las necesidades en sanidad y cuidados plantean una pregunta clave: ¿quién va a sostener el Estado del bienestar en las próximas décadas y mantener una parte considerable del sector productivo? Esta cuestión suele abordarse desde el lado del gasto, pero el último informe del Consejo Económico y Social (CES) de España invita a mirar en otra dirección: las aportaciones económicas y laborales de la inmigración.

La inmigración no es un fenómeno coyuntural ni marginal. Es ya un componente estructural de la economía española y de la financiación del bienestar colectivo. Sin embargo, su contribución está limitada por un factor decisivo: la persistencia de la irregularidad administrativa.

Cotizantes hoy para las pensiones de mañana

Según el balance del mercado laboral 2025 del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, desde diciembre de 2019 la afiliación de trabajadores extranjeros ha aumentado un 45 %, y en 2025 alcanzó el 14,1 % del total de las cotizaciones al sistema. De acuerdo con el informe del CES, esta afiliación se traduce en cerca del 10 % de los ingresos de la Seguridad Social, pese a que el gasto público asociado a la población extranjera representa en torno al 1 % del gasto público total.

Esta diferencia se explica por su perfil demográfico: se trata mayoritariamente de población en edad activa, con tasas de participación laboral elevadas y un uso reducido de las prestaciones asociadas al envejecimiento, como pensiones o dependencia.

En un país donde el crecimiento demográfico reciente depende casi exclusivamente de la inmigración y donde la población autóctona en edad de trabajar disminuye, esta aportación resulta clave para el equilibrio del sistema de pensiones. Sin nuevos cotizantes, la sostenibilidad del sistema se resiente. Y una parte relevante de esos cotizantes potenciales ya está en España, trabajando.

El trabajo existe, los ingresos públicos no

La irregularidad administrativa no implica inactividad económica. La inmigración en España es mayoritariamente de carácter laboral y las personas de origen migrante presentan altas tasas de participación en el mercado de trabajo. Se concentran sobre todo en sectores con déficit estructural de mano de obra como la construcción, la agricultura, la hostelería, el sector de los cuidados y atención a la dependencia.

El problema, por tanto, no es la inexistencia de empleo, sino que las restricciones y disfunciones del régimen de autorizaciones de residencia y trabajo desplazan una parte de esa actividad hacia situaciones precarias o informales. En la práctica, muchas personas migrantes trabajan sin poder hacerlo dentro de los cauces formales que permiten cotizar y tributar con normalidad.

Esto se traduce en que la regularidad administrativa debe ser una condición necesaria para una integración laboral digna y para la contribución plena al sistema de protección social. Cuando esa regularidad no existe, el trabajo realizado no se traduce en cotizaciones ni en ingresos fiscales acordes con la actividad económica generada, debilitando la base de financiación del estado del bienestar.

Una pérdida económica cuantificable

Un informe del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia señala que la discriminación afecta a la población extranjera en los ámbitos laboral y educativo. Esto incluye dificultades para encontrar trabajo, salarios más bajos, empleos más precarios, problemas para que se reconozcan sus estudios o menos oportunidades educativas. En 2022 esta discriminación tuvo un coste económico estimado de 17 000 millones de euros, una cifra equivalente al 1,3 % del PIB.

No se trata solo de salarios más bajos o trayectorias laborales truncadas, sino de una ineficiencia económica y fiscal de gran magnitud. Cada trabajador que no puede cotizar plenamente es un ingreso menos para la Seguridad Social y un margen menor para financiar sanidad, educación y políticas sociales, trasladando la carga al resto de contribuyentes. Desde esta perspectiva, la irregularidad no es una anomalía administrativa menor sino una ineficiencia estructural.

El debate que falta

El debate público sobre la regularización administrativa es amplio y complejo desde el punto de vista político y social. Sin embargo, en la práctica suele quedar atrapado en una lectura parcial, centrada casi exclusivamente en los costes y en la presión sobre los servicios públicos. Con los datos en la mano toca reformular la pregunta de fondo: ¿Puede España permitirse no integrar plenamente –también en términos fiscales– a quienes ya están contribuyendo de manera decisiva al sostenimiento de su economía a través del trabajo?

Como ha señalado el sociólogo estadounidense Douglas Massey, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2025, las sociedades receptoras necesitan de la inmigración, pero, al mismo tiempo, desarrollan una resistencia política y social alimentada por el miedo. Esa tensión se traduce en políticas contradictorias y disfuncionales: se acoge a solicitantes de asilo, se les proporciona alojamiento y asistencia básica, pero se les impide acceder al empleo durante largos periodos.

Conviene recordar que el estado del bienestar se financia con cotizaciones e impuestos y que una parte creciente de quienes pueden garantizarlos trabaja hoy en España sin poder hacerlo plenamente dentro del sistema. No hay pensiones, sanidad ni educación pública sin una base suficiente de cotizantes, y una parte decisiva de esa base ya está aquí. Desde esta perspectiva, regularizar no es el problema: es parte de la solución.

The Conversation

Alexis Cloquell Lozano recibe fondos de del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, a través de la convocatoria Proyectos de Generación de Conocimiento 2025.

ref. Trabajan pero no cuentan: ¿por qué la inmigración es clave para el estado del bienestar en España? – https://theconversation.com/trabajan-pero-no-cuentan-por-que-la-inmigracion-es-clave-para-el-estado-del-bienestar-en-espana-275755