Intervención militar de EE.UU. en México: la duda ahora es cuándo y cómo se producirá

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Arturo Santa Cruz Díaz Santana, Profesor-Investigador especializado en América del Norte, regionalismos y teoría de las RRII, Universidad de Guadalajara

lev radin/Shutterstock

La situación entre México y Estados Unidos continúa tranquila”, rezaba el encabezado de una nota de la Associated Press (AP) publicada hace exactamente 100 años, el 24 de enero de 1926. Hoy en día un encabezado similar es prácticamente impensable.

Desde que Donald J. Trump asumió la presidencia hace un año, la relación entre los dos países ha estado marcada por la hostilidad proveniente del norte del Río Bravo. No en balde, la misma agencia de noticias publicaba el pasado 16 de enero un teletipo con las declaraciones de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. En ellas, expresaba “un esfuerzo por evitar los rumores de intervención por parte de la administración Trump”.

En este baile, Estados Unidos lleva la iniciativa y su estrategia juega en contra de la inviolabilidad del territorio mexicano y la soberanía el país. Washington ha movido ficha al reclamar que no solo detengan y les entreguen a presuntos miembros de los cárteles, sino también a narcopolíticos. Es decir, a funcionarios públicos coludidos con el narcotráfico. Esto supone un factor de presión añadido para Sheinbaum, ya que algunos de esos narcopolíticos tiene vínculos con Morena, el partido que la llevó a la presidencia, y con el propio Gobierno.

El interrogante que sobrevuela ahora el ambiente no estriba tanto en si habrá algún tipo de acción armada por parte de efectivos estadounidenses en México durante este 2026, sino qué forma adquirirá.

Mas de un siglo bajo amenaza

En 1916, la “expedición punitiva” comandada por el general Pershing penetró en territorio mexicano en búsqueda del líder revolucionario Pancho Villa. Este había asaltado el poblado estadounidense de Columbus y la amenaza de una intervención armada en territorio mexicano parecía real. Hoy en día, más de un siglo después, esa amenaza sigue vigente.

Desde la ilegal incursión de tropas estadounidenses en Venezuela, el presidente Donald Trump ha sugerido en repetidas ocasiones que un ataque armado por parte de las fuerzas armadas de su país puede tener lugar. El mensaje no puede ser más claro: “Algo se tiene que hacer con México”.

El pretexto para las amenazas intervencionistas es ahora el tránsito de drogas de México a Estados Unidos, particularmente de fentanilo. De manera un tanto surrealista, el mandatario estadounidense ha designado a esta sustancia como “arma de destrucción masiva”. La relación bilateral, pues, no está tranquila.

Sheinbaum deja atrás los “abrazos” sin balazos

La respuesta de la presidenta mexicana ha pivotado de forma recurrente sobre dos argumentos. Por un lado están sus repetidas declaraciones oponiéndose a cualquier intervención armada estadounidense en territorio mexicano. Por otro, sus reiteradas alusiones a la intensificación de la cooperación de su gobierno con las autoridades estadounidenses en materia de narcotráfico. Una colaboración que, en opinión de Sheinbaum, está funcionado.

Los decomisos de estupefacientes, así como las detenciones de narcotraficantes y el traslado de 93 líderes del crimen organizado a Estados Unidos son hechos probados. Dichos traslados se han producido mediante procesos legales de extradición o, simplemente, subiendo a los presuntos narcos a un avión.

Este giro en la estrategia contra el crimen organizado ha puesto en evidencia que la cómplice y fallida política de “abrazos, no balazos” del mentor y antecesor de la mandataria, Andrés Manuel López Obrador, ha sido abandonada.

A pesar de ello, queda claro que el tipo de colaboración que Sheinbaum está ofreciendo resulta insuficiente para el Gobierno estadounidense. Lo confirmó el Secretario de Estado, Marco Rubio, este 15 de enero, después del enésimo llamado por parte de la presidenta y su canciller, Juan Ramón de la Fuente, a descartar la vía armada en México. “Los avances graduales para afrontar los desafíos de la seguridad fronteriza son inaceptables”, afirmó Rubio.

Narcopolíticos en el punto de mira

El precio para contener los ataques estadounidenses en territorio mexicano se ha incrementado. No bastan ya las incautaciones y el envío de narcotraficantes a Estados Unidos. El presidente Trump ha reiterado que, en México, personalidades políticas posibilitan e incurren en el trasiego de narcóticos hacia su país. Washington demanda ahora la entrega de dichos funcionarios corruptos, que ciertamente existen.

El problema para la presidenta Sheinbaum es que varios de los posibles candidatos a dejar el país mantienen vínculos cercanos con López Obrador. Y este sigue teniendo una considerable influencia, tanto en Morena, el partido que llevó a Sheinbaum al poder, como en el gobierno que ella preside.

La defenestración de estos narcopolíticos, entre ellos alguien cercano al ex mandatario, y su entrega a las autoridades del vecino país del Norte provocaría seguramente un sismo en el grupo gobernante. Todo parece indicar, sin embargo, que hacia allá se encamina la estrategia que habrá de seguir la presidenta en los próximos meses.

Investigadores y periodistas especializados en narcotráfico han dado a conocer listas de presuntos narcopolíticos. En ellas se citan a varias figuras destacadas de la política mexicana, incluyendo alcaldes, gobernadores y funcionarios federales.

Una posición de fuerza para renegociar el acuerdo comercial T-MEC

Sin embargo, como el propio delincuente convicto que ocupa la Casa Blanca (Trump fue declarado culpable de 34 delitos por un jurado de Nueva York en mayo de 2024) ha dejado ver en más de una ocasión, con él no hay acuerdo que valga. Lo suyo es mover la portería. Así, no sería extraño que el gobierno trumpista utilice el tema de la corrupción en el sistema de justicia mexicano para obtener ventajas en la “revisión” del acuerdo comercial entre los tres países de América del Norte, Canadá, Estados Unidos y México, conocido en este último como T-MEC. El concepto de revisión aparece en las reglas, pero en la práctica se trata más de una renegociación. Es decir, un proceso de hondo calado.

Tampoco sorprendería que el gobierno de Claudia Sheinbaum se vea arrinconado a entregar a algún o algunos políticos con vínculos con cárteles mexicanos de la droga, seis los cuales han sido designados por la administración Trump como organizaciones terroristas internacionales desde febrero de 2025. Este escenario no garantiza el fin de la presión ni de la amenaza de intervención.

No se puede descartar que, a pesar de las nuevas concesiones en materia de detenciones y traslados, el presidente estadounidense siga barajando algún tipo de ataque cinético por parte de las fuerzas armadas de su país.

Es poco probable que se trate de una misión análoga a la realizada en Caracas, en parte por el riesgo que conllevaría para Estados Unidos realizar ese tipo de maniobra en un país con el que tiene más de 3.000 kilómetros de frontera. Pero también es improbable que Washington se conforme con un ataque quirúrgico con drones sobre algún laboratorio de narcóticos.

La administración Trump está presionando ya para que efectivos estadounidenses acompañen a sus pares mexicanos en operaciones en territorio de México. Hasta hace poco, una operación de tal naturaleza habría sido impensable, pero ya no lo es. El reto para la presidenta Cladua Sheinbaum consisitiría en incrementar la colaboración con Estados Unidos en un orden de magnitud, al tiempo que convence a la ciudadanía de que esto se hace de manera voluntaria y sin violar la soberanía mexicana. Sin duda, resultará complicado encontrar la cuadratura de ese círculo.

La situación entre México y Estados Unidos, al menos durante lo que resta del gobierno del presidente Trump, distará, como decía aquel titular de la AP hace un siglo, de estar tranquila.

The Conversation

Arturo Santa Cruz Díaz Santana no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Intervención militar de EE.UU. en México: la duda ahora es cuándo y cómo se producirá – https://theconversation.com/intervencion-militar-de-ee-uu-en-mexico-la-duda-ahora-es-cuando-y-como-se-producira-274088

Cuando la prensa calla y las redes hablan: cómo se informa del suicidio en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Javier Olivar de Julián, Doctor en Comunicación. Profesor Universitario Máster SIG y Máster PRL., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Nicoleta Ionescu/Shutterstock

El primer Plan de Acción para la Prevención del Suicidio ha sido aprobado en 2025. El documento destaca la importancia de una información de calidad sobre este asunto, y los medios de comunicación pueden influir con eficacia en ello. Hace falta que esa información sea rigurosa, ética y responsable y que la cobertura periodística, respaldada por la evidencia, esté alejada del sensacionalismo y avalada por la colaboración de profesionales especializados.

De esta manera, el periodismo puede colaborar para prevenir el suicidio y sensibilizar a la sociedad sobre el sufrimiento de las víctimas.
El plan apunta a prevenir la conducta suicida, a apoyar a las personas en situación de mayor riesgo y a fomentar una cobertura informativa responsable de los medios de comunicación.

El Proyecto MindHealthMedia, de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), analiza la comunicación sobre salud mental. Uno de sus estudios ha analizado la participación en X (antes Twitter) ante causas de mortalidad externa. Concretamente, los investigadores han comparado la repercusión de dos sucesos con víctimas famosas: el suicidio de la actriz Verónica Forqué y el accidente de tráfico del cantante Álex Casademunt.

La participación en X fue mayor en el caso del fallecimiento de Forqué, justo al contrario de lo que sucede en la prensa. Esto generó una conversación orientada a valorar la utilidad de la información.

De la tragedia mediática al debate digital

Analizar cómo los medios de comunicación abordan el suicidio y los accidentes de tráfico es esencial. En España, el primero ha sido en 2021 la principal causa de mortalidad no natural, superando con creces a los siniestros en la carretera. La prensa tradicional ha tendido a informar poco y mal sobre ello, a menudo silenciándolo con el objetivo de evitar un efecto contagio conocido como el “efecto Werther”.

Frente a este silencio mediático, los usuarios de las redes sociales divulgan libremente sus opiniones sobre el suicidio.

El contraste informativo

Estudios previos destacan en la prensa un exceso de noticias sobre accidentes de circulación y un “gran silencio informativo” sobre suicidios. Y cuando informan sobre estos, a menudo lo hacen con rasgos sensacionalistas y sin enfoque preventivo, algo que se intensifica cuando la víctima es famosa.

En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido recomendaciones para la redacción de noticias de suicidio que los profesionales del periodismo, a menudo, ignoran.

Sin embargo, en el ámbito digital, y sobre todo en X, el panorama cambia. Como apuntábamos más arriba, el análisis del citado estudio reveló que la conversación generada en X tras la muerte de Verónica Forqué superó en volumen a la de Álex Casademunt. Este hallazgo revela que la prensa tradicional mantuvo el silencio estratégico por el “bien público”. Mientras tanto, en la esfera digital el debate se activaba.

Culpa y prevención

Existen diferencias en las características de los mensajes de los usuarios. Por ejemplo, el suicidio de Forqué promovió una discusión más orientada a la culpabilidad y al enfoque preventivo, variables que no se presentaron en los tuits sobre Casademunt.

Esto sugiere que la muerte por suicidio no solo incitó a los usuarios a proponer medidas de prevención, sino también a aportar ideas para evitar que sucesos similares se repitieran. Mientras, la conversación sobre el accidente de tráfico del cantante se caracterizó por una mayor expresión de emotividad y, además, por una mención más frecuente a la causa del fallecimiento y a la edad de la víctima.

El efecto Papageno en la esfera digital

Desde el punto de vista periodístico, la redacción es fundamental, ya que un mal reportaje podría desencadenar el efecto contagio. En contraste, una noticia de alta calidad puede salvar vidas.

El mayor enfoque preventivo en los tuits sobre Verónica Forqué sugiere que la red social se convierte en un espacio empático y constructivo. Es ahí donde se pueden compartir recursos de prevención. Esto es relevante, ya que también cuestiona que hablar sobre el suicidio pueda provocar un efecto contagio.

Además, la actitud de los medios en el suicidio de la actriz fue denunciada por la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, lo que remarca la diferencia entre la prensa y el entorno digital.

Sensacionalismo: una constante en la fama

Un rasgo común fue el alto nivel de sensacionalismo, hecho que puede atribuirse a la fama de ambas víctimas. La mención de la causa de la muerte es clave para evaluar dicha actitud sensacionalista. Además, la OMS recomienda evitar este tipo de detalles en casos de suicidio.
En este sentido, se detectó una mención mucho mayor en los tuits sobre Álex Casademunt que en los de Verónica Forqué.

En definitiva, la prensa y X no actúan igual ante el suicidio. En las redes sociales, el accidente de Álex Casademunt generó mensajes emotivos, mientras que el suicidio de Verónica Forqué transmitió un enfoque preventivo.

Esta diferencia de la conversación debe hacernos reflexionar. ¿Qué quiere el público y qué les ofrece la prensa? Tenemos un nuevo Plan de Acción para la Prevención del Suicidio, pero ¿es esto suficiente? El periodismo constructivo y el de soluciones pueden ser dos vías para conseguirlo.

The Conversation

Francisco Javier Olivar de Julián recibe fondos para esta investigación, que forma parte del proyecto “Producción y consumo de información sobre salud mental en redes sociales. Análisis de aspectos periodísticos, psicológicos, éticos y sociales (MINDHEALTHMEDIA)”, financiado por Ministerio de Ciencia e Innovación CIN/AEI / PID2022-136425OB-I00 y por FEDER “Una manera de hacer Europa”.

Jesús Díaz-Campo recibe fondos para esta investigación, que forma parte del proyecto “Producción y consumo de información sobre salud mental en redes sociales. Análisis de aspectos periodísticos, psicológicos, éticos y sociales (MINDHEALTHMEDIA)”, financiado por Ministerio de Ciencia e Innovación CIN/AEI / PID2022-136425OB-I00 y por FEDER “Una manera de hacer Europa”

Francisco Segado-Boj no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la prensa calla y las redes hablan: cómo se informa del suicidio en España – https://theconversation.com/cuando-la-prensa-calla-y-las-redes-hablan-como-se-informa-del-suicidio-en-espana-270551

Las estrategias globales de conservación olvidan a las especies acuáticas de ríos, lagos y arroyos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mayerly Alexandra Guerrero Moreno, Doutoranda em Sociedade, Natureza e Desenvolvimento, Universidade Federal do Oeste do Pará (UFOPA)

A pesar de su importancia ecológica, social y económica, los ecosistemas acuáticos, especialmente los de agua dulce, siguen siendo los más descuidados en las estrategias globales de conservación. Estas aún se caracterizan por criterios limitados y un sesgo a favor de los entornos marinos y las especies carismáticas, dejando fuera gran parte de la diversidad acuática, sobre todo la presente en ríos, lagos y arroyos tropicales.

Esta invisibilidad también se refleja en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, que descuidan la conservación de la biodiversidad de agua dulce, notablemente ausente tanto en el ODS 14 (centrado en los océanos) como en el ODS 15 (centrado en los entornos terrestres).

Afrontar los retos de la conservación acuática exige la diversificación de las especies representadas y la ampliación de los criterios de selección.

¿Qué especies se protegen?

En un estudio recientemente publicado en la revista Water Biology and Security, abordamos esta laguna al examinar la infrarrepresentación de las especies acuáticas, especialmente las de agua dulce, en las estrategias globales de conservación.

El trabajo ha sido elaborado por investigadores de instituciones brasileñas e internacionales, entre las que se incluyen la Universidad Federal del Oeste de Pará, la Universidad Federal de Pará, la Universidad de Integración Internacional de la Lusofonía Afro-Brasileña y el Centro de Ciencias del Mar de la Universidad del Algarve.

Hemos llevado a cabo un análisis exhaustivo de la literatura científica para identificar qué especies se utilizan con mayor frecuencia como indicadores para la selección de áreas prioritarias para la conservación, qué entornos acuáticos reciben más atención, qué métodos se emplean y qué criterios orientan la elección de estas especies.

Los grupos más representativos fueron los del filo Chordata, que concentran más del 70 % de las especies analizadas, destacando los peces óseos, los mamíferos acuáticos, los reptiles y las aves.

Entre estos grupos, destaca el predominio de especies carismáticas y de amplia distribución como la tortuga boba (Caretta caretta), el delfín mular (Tursiops truncatus), la tortuga verde (Chelonia mydas) y la nutria europea (Lutra lutra).

Estas especies suelen estar asociadas a estados de conservación preocupantes, como “Vulnerable” (VU), “En peligro” (EN) o “En peligro crítico” (CR), lo que refuerza su papel como símbolos de alerta sobre la pérdida de biodiversidad acuática.

Sin embargo, algunas especies con menor riesgo, como la posidonia oceánica (menor preocupación), también aparecen en la lista, lo que destaca la importancia de otros atributos como el papel ecológico y el valor cultural. La presencia de plantas acuáticas e invertebrados, aunque minoritaria, señala el potencial de ampliar la diversidad taxonómica de las especies insignia e integrar estrategias más inclusivas en la conservación de los ecosistemas acuáticos.

En resumen, los resultados revelan una fuerte concentración en la investigación y la conservación de los entornos marinos y las especies de gran atractivo carismático, como los peces grandes y los mamíferos acuáticos. Por el contrario, las especies de ríos, lagos y arroyos siguen siendo prácticamente invisibles en la producción científica y en las estrategias de conservación analizadas.




Leer más:
Especies comunes como el gorrión o la golondrina se extinguen sin que nos demos cuenta


¿Cómo se seleccionan las especies que se protegen?

Además, el estudio identificó que los criterios utilizados para la elección de especies acuáticas como especies emblemáticas para la conservación son, en su mayoría, limitados y se concentran en pocos atributos, lo que restringe el alcance de las estrategias.

Entre los principales criterios destacados se encuentran:

  • Estado de conservación: las especies clasificadas como amenazadas en listas nacionales e internacionales, como la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, se utilizan ampliamente como especies insignia, lo que representa una estrategia de sensibilización frente al riesgo de extinción.

  • Atractivo visual y carisma: los organismos con una apariencia considerada “carismática” o con la que es fácil empatizar, como los delfines, las tortugas, las rayas y los peces grandes, son los más elegidos, incluso cuando su papel ecológico es a veces menos relevante que el de otras especies poco conocidas.

  • Importancia ecológica: algunos estudios destacan el papel funcional de las especies, como su posición trófica o su contribución a la integridad del ecosistema acuático. Sin embargo, este criterio todavía se utiliza poco en comparación con los atributos visuales.

  • Distribución geográfica y endemismo: las especies con distribución restringida o endémicas de regiones amenazadas se han valorado como posibles banderas, pero aparecen con menos frecuencia en las publicaciones analizadas.

  • Importancia cultural y económica: criterios como el valor simbólico para las comunidades tradicionales o la relevancia económica de la especie para la pesca y el turismo aún se consideran raramente, lo que revela una distancia entre la ciencia, las políticas públicas y las realidades locales.

El predominio de criterios visuales o conservacionistas clásicos demuestra una visión limitada sobre el papel de las especies insignia y restringe el potencial transformador de este enfoque en las políticas de conservación. Ante esto, el estudio propone urgentemente una ampliación de los criterios, con una mayor integración de aspectos ecológicos, socioculturales y territoriales.

El desequilibrio geográfico de la investigación científica

A pesar de los avances en la producción académica sobre las especies acuáticas como indicadores de conservación, los datos revelan un fuerte desequilibrio geográfico. La mayoría de los estudios son realizados por instituciones del norte global (América del Norte, Europa y Asia), lo que acentúa el sesgo de los resultados.

Por el contrario, los países tropicales, que son megadiversos y tienen una mayor vulnerabilidad ecológica, tienen una participación reducida, lo que perpetúa la invisibilidad de sus ecosistemas de agua dulce y de las especies que contienen.

Este patrón pone de manifiesto la urgente necesidad de descentralizar la investigación y fortalecer la ciencia producida en el sur global, promoviendo un mayor protagonismo de los investigadores e instituciones locales en la formulación de agendas, metodologías y políticas públicas de conservación. En regiones como la Amazonía, este protagonismo es esencial para que las estrategias reflejen las realidades ecológicas, sociales y culturales específicas de los territorios acuáticos y sean verdaderamente eficaces.

Criterios limitados y distanciamiento de las prácticas locales

Otro dato importante revelado por el estudio es que los criterios empleados para elegir especies acuáticas como banderas siguen siendo restrictivos y poco conectados con los contextos socioculturales locales. Hay un claro predominio de atributos visuales, como el carisma y el atractivo estético, en detrimento de dimensiones como la importancia cultural, económica, religiosa o simbólica para las comunidades que viven a orillas de ríos, lagos y arroyos.

Esta laguna refuerza la distancia entre la ciencia y las prácticas tradicionales, lo que dificulta la construcción de estrategias de conservación más justas, participativas y eficaces. Sin reconocer el valor de las especies para las poblaciones locales, los proyectos de conservación corren el riesgo de imponer soluciones externas, poco arraigadas en los territorios, lo que compromete su legitimidad y sostenibilidad a largo plazo.

Esta investigación representa un paso fundamental para comprender cómo las estrategias de conservación, especialmente el uso de especies insignia, pueden mejorarse desde una perspectiva más inclusiva, diversa y conectada con los territorios acuáticos amazónicos. Al alinear la producción científica con los conocimientos y las demandas de las comunidades tradicionales, la iniciativa busca fortalecer las políticas públicas y las prácticas locales que contribuyen a la protección de la biodiversidad acuática y al desarrollo sostenible de la Amazonía.


El estudio forma parte de las acciones del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Síntesis de la Biodiversidad Amazónica (INCT–SynBiAm), el Programa de Investigación en Biodiversidad de la Amazonia Oriental (PPBio-AmOr) y el Programa Ecológico de Larga Duración de la Amazonia Oriental (PELD-AmOr), que actúan en la articulación entre ciencia, conservación y sostenibilidad en la región.

The Conversation

Mayerly Alexandra Guerrero Moreno recibe financiación del CNPq y CAPACREAM.

Everton Silva, José Max B. Oliveira-Junior y Leandro Juen no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Las estrategias globales de conservación olvidan a las especies acuáticas de ríos, lagos y arroyos – https://theconversation.com/las-estrategias-globales-de-conservacion-olvidan-a-las-especies-acuaticas-de-rios-lagos-y-arroyos-271790

En busca de la ‘desensibilización’: así funciona la inmunoterapia oral en las alergias a los alimentos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Itziar Eusebio Cartagena, Médico especialista en Alergología, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús (FIBHNJS)

Lyutikov 713/Shutterstock

Probablemente, alguno de los amigos de sus hijos, sobrinos o nietos, o ellos mismos, sean alérgicos a algún alimento. Es un problema cada vez más habitual y con mayores repercusiones sociales y sanitarias entre los menores.

En la primera infancia, la alergia a la leche de vaca y al huevo es la más frecuente: según las distintas técnicas de evaluación, puede afectar a entre el 0,09 y el 1,84 % de la población pediátrica. Los pacientes tienen el riesgo de sufrir reacciones adversas graves (anafilaxia) o incluso fatales, y deben someterse a dietas de evitación estrictas que se asocian a un empeoramiento en la calidad de vida tanto del niño como de sus familiares.

Detección y tratamiento

Para hacer el diagnóstico, es preciso que el paciente haya experimentado síntomas compatibles, como picor de boca, aparición de habones u otros, en un periodo corto (menos de dos horas) tras la toma de un alimento. Además, se debe confirmar mediante un estudio alergológico, basado en pruebas cutáneas de prick test (aplicación de extractos de alérgenos mediante gotas y punciones superficiales para observar si se producen reacciones en la piel), detección en suero de un anticuerpo determinante en su mecanismo (la inmunoglobulina E –IgE– específica) y, en algunos casos, pruebas de provocación oral, en las que el paciente ingiere cantidades crecientes de un alimento o fármaco.

Normalmente, el tratamiento consiste en dejar de consumir la comida causante de la alergia y en proporcionar tanto al paciente como a los familiares educación y entrenamiento para controlar los síntomas en caso de que la persona afectada se exponga al alimento por accidente. Además, hay que monitorizar la evolución de las pruebas alergológicas, ya que un 50-60 % de los niños dejarán de ser alérgicos a los 6-8 años de forma espontánea. En los casos de mayor gravedad, lo más probable es que se trate de una alergia persistente.

La baza de la inmunoterapia

En los últimos años se han desarrollado nuevas estrategias terapéuticas para reducir el riesgo de reacción y reintroducir activamente el alimento causante del problema en la dieta de los pacientes. Entre ellas, la inmunoterapia con alimentos es la más consolidada. Según las guías clínicas internacionales, está indicada para alergia persistente a alimentos con poca probabilidad de resolución espontánea.

Consiste en administrar dosis crecientes del alimento con el fin de incrementar la cantidad de leche o huevo que el paciente puede tomar sin padecer reacciones adversas mientras mantiene el tratamiento. Se puede administrar por 4 rutas: la vía oral, que es la más estudiada y utilizada (y en la que nos centraremos), la vía sublingual y las vías subcutánea y epicutánea (a través de la piel). Estas dos últimas solo se han aplicado en el marco de ensayos clínicos.

Aumento progresivo de la dosis de alimento

El tratamiento de inmunoterapia oral (ITO, a partir de ahora) suele empezar con dosis muy bajas y se incrementa progresivamente en un centro sanitario (“fase de inducción”) hasta llegar a la “desensibilización”. Generalmente, se alcanza con 200-250 ml de leche de vaca o un huevo crudo o poco cocinado, dependiendo del tipo de alergia. Esta etapa puede durar desde unos días a varios meses, ya que algunos protocolos programan aumentos de dosis diarias, mientras que otros, más conservadores, pautan las subidas semanalmente o en mayores intervalos de tiempo.




Leer más:
Alergias al sol: qué las provoca y cómo actuar


Una vez que el paciente es capaz de tomar la dosis diana establecida en la fase de inducción, entraría en la “fase de mantenimiento”. Entonces consumirá el alimento en su domicilio a diario o cada 48 horas para poder comer otros productos que contengan leche o huevo, respectivamente. La fase de mantenimiento es crónica, y el paciente deberá consumir el alimento con la asiduidad establecida para seguir beneficiándose de las ventajas de la terapia.

Eficacia probada

En los estudios publicados sobre la inmunoterapia oral con leche de vaca, por ejemplo, el tratamiento demuestra tasas de eficacia muy superiores a las observadas en pacientes que no lo se someten a él (69,6 % frente a 17,5 %).

Otro punto a valorar es que la eficiencia de la ITO está claramente asociada a la gravedad de la alergia. En una investigación realizada en España, dividieron a niños alérgicos a la leche de vaca en tres grupos según ese criterio (bajos, intermedios y altos). Se vio que cuanto mayor severidad de alergia presentaba el paciente, más dificultades experimentaba para obtener ventajas con el tratamiento y sufría más eventos adversos o reacciones alérgicas. Esto sugiere una correlación inversa entre eficacia de la ITO y valores de alergia/sensibilización.

Por otra parte, algunos estudios han utilizado leche horneada (un tipo de bollería) como un primer paso en la ITO, ya que al desnaturalizar algunas proteínas de la leche de vaca, el calor favorecería la seguridad del tratamiento. Aunque los resultados son alentadores, estos trabajos no son suficientemente concluyentes como para recomendarlo con las mismas garantías que la ITO convencional.

A tener en cuenta

Como cualquier tratamiento, la ITO no carece de efectos adversos. Al estar en contacto con el alimento que produce la alergia, se pueden presentar desde reacciones leves como picor de boca o habones en la piel (las más frecuentes), hasta respuestas graves como anafilaxia, que requiere del uso de adrenalina y asistencia en urgencias. Con menor frecuencia pueden aparecer alteraciones del tracto digestivo como esofagitis eosinofílica, que suele desaparecer al retirar el tratamiento.

Debido a que son más frecuentes las reacciones en la fase de inducción, es muy importante que la inmunoterapia se realice siempre en hospitales o centros médicos con personal sanitario adecuadamente formado. Y además de las respuestas adversas, es importante considerar que la ITO supone un cambio de rutinas muy exigentes al paciente y la familia, para garantizar que el tratamiento posterior en domicilio se lleve a cabo de manera segura.

En definitiva, la inmunoterapia oral se utiliza desde hace varias décadas y ha demostrado una relación riesgo/beneficio ventajosa, ayudando a mejorar la calidad de vida a los pacientes y familiares. Ante la eventualidad de producirse reacciones adversas graves, es muy importante que la fase de inducción siempre se realice en centros especializados y supervisado por equipo sanitario experto.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. En busca de la ‘desensibilización’: así funciona la inmunoterapia oral en las alergias a los alimentos – https://theconversation.com/en-busca-de-la-desensibilizacion-asi-funciona-la-inmunoterapia-oral-en-las-alergias-a-los-alimentos-270107

Los ultraprocesados: el combustible ignorado de la caries y un gran problema de salud pública en México

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Fernanda Yáñez Acosta, Especialista en Odontopediatría / Doctorado en Ciencias de la Educación., Universidad de Guadalajara

aleksandr talancev/Shutterstock

Desde la infancia escuchamos que los dulces y las golosinas causan caries. Y es cierto: el azúcar es el alimento favorito de las bacterias en nuestra boca. Sin embargo, en la actualidad sabemos de la existencia de otro gran enemigo para la salud de nuestros dientes del que apenas se habla: los alimentos ultraprocesados, que están contribuyendo a la actual epidemia de caries a nivel mundial.

¿Qué son realmente los ultraprocesados?

De acuerdo con la clasificación NOVA, un sistema que agrupa los alimentos por su nivel de procesamiento, los “ultraprocesados” son todos aquellos alimentos que han sufrido, a partir de técnicas industriales, alteraciones en su forma natural.

Estos alimentos tienen un alto contenido en sal, azúcar, grasas saturadas y, además, utilizan aditivos como conservadores, texturizantes, saborizantes y edulcorantes para mejorar sus características y apariencia. Al ser ricos en azúcares, alimentan a las millones de bacterias que forman la placa dental o biopelícula dental, que crecen y convierten nuestros “snacks” favoritos en ácidos muy fuertes. Estos ácidos hacen que el pH disminuya.

El pH funciona como una alarma del diente: cuando este baja de 5.5, la alerta suena. Por debajo de ese nivel crítico, el ácido comienza a disolver los minerales que hacen duros a nuestros dientes, un proceso conocido como desmineralización. Con el esmalte deteriorado, la caries tiene vía libre para desarrollarse.




Leer más:
Las caries causan enfermedades fuera de la boca


Los alimentos pegajosos son más dañinos

No solo importa cuántos ultraprocesados consumimos, sino también con qué frecuencia. Al fin y al cabo, cada vez que comemos estos alimentos se activa el ataque ácido. Además, consumirlos de manera rutinaria en edad infantil desplaza de la dieta opciones más saludables y nutritivas, como los alimentos ricos en fibra, esenciales para una dieta equilibrada y para el mantenimiento de una buena salud bucal.

Otro factor de riesgo a tener en cuenta es el tipo de carbohidrato que se consume: cuanto más pegajosa es la consistencia del alimento, más tiempo permanece en boca. Y eso se lo pone aún más fácil a las bacterias que atacan los dientes.

Entre los factores que disminuyen el riesgo de tener caries destacan la higiene oral con una buena técnica de cepillado y uso de hilo dental, que la saliva tenga una buena capacidad protectora y que los dientes se encuentren sanos y fuertes. Además, de una dieta sana y libre de alimentos ultraprocesados. Una manzana, por ejemplo, resulta mucho más saludable ya que, aparte de ser un alimento natural, limpia los dientes por el tipo de consistencia que la caracteriza, a diferencia de una galleta, cuya consistencia pegajosa se adhiere al diente y mantiene un pH ácido por más tiempo.




Leer más:
Alta mortalidad, contaminación y derroche de agua: el oscuro balance de las bebidas azucaradas en México


El maíz y las legumbres, desplazados

Investigaciones en países como en Brasil y Estados Unidos han identificado que los niños con mayor consumo de ultraprocesados muestran una prevalencia más alta de caries y una menor calidad en la dieta.

En México, durante revisiones médicas realizadas en escuelas de educación básica, se detectó que el 59 % de los niños y niñas presentan caries, lo que evidencia la magnitud del problema. El consumo creciente de alimentos ultraprocesados en el país tiene profundas consecuencias en los ámbitos social, cultural y económico, especialmente entre las poblaciones más vulnerables.

El aumento de la ingesta de estos alimentos en comunidades indígenas, rurales y de bajos recursos se ha convertido en una señal de debilidad económica y desigualdad social. Por un lado, su consumo excesivo desplaza la dieta tradicional mexicana (basada en alimentos naturales como maíz, legumbres, frutas y verduras), lo que supone una pérdida de las raíces alimentarias.

Además, la inserción de la mujer en el sector laboral ha modificado la dinámica familiar, llevando a un mayor consumo de estos productos, ya que son percibidos como fáciles y rápidos de obtener.

Lo más preocupante es que, más allá de la salud bucal, el consumo frecuente de ultraprocesados desde temprana edad incrementa el peso y el desarrollo de enfermedades crónico-degenerativas, como la hipertensión y la diabetes, tercera causa de muerte en México.

Para colmo, el cambio en los hábitos alimenticios impacta directamente el presupuesto familiar y el gasto público en salud. Entre 2006 y 2022, el gasto de las familias mexicanas en alimentos ultraprocesados creció un 20.5 %,, mientras que el gasto en alimentos no procesados apenas subió un 0.5 %. Este aumento no hace más que agravar la pobreza.

Aumentan la obesidad y la diabetes

Estos cambios en los hábitos de consumo se traduce, además, en un costo en enfermedades. Como ya adelantábamos, el consumo de ultraprocesados está ligado al aumento de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y, por supuesto, caries. Y el manejo de estas condiciones representa un fuerte gasto económico en cuidados, atención y tratamientos, afectando tanto a las familias como al sector sanitario. Sin duda, la prevención de la enfermedad es más barata que atenderla.

El consumo de alimentos ultraprocesados es un problema multifacético que puede traducirse un desplazamiento cultural alimentario, un aumento en el gasto familiar que contribuye a la pobreza en poblaciones vulnerables y un incremento en los problemas de salud que exigen altos costos de atención. Revertir esta epidemia es una necesidad urgente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los ultraprocesados: el combustible ignorado de la caries y un gran problema de salud pública en México – https://theconversation.com/los-ultraprocesados-el-combustible-ignorado-de-la-caries-y-un-gran-problema-de-salud-publica-en-mexico-270018

¿Por qué cuando subimos una montaña hace más frío?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibai Ieltxu Rico Lozano, Profesor en el Grado en Geografía y Ordenación del Territorio de la EHU / Glaciólogo / Guía de Montaña UIAGM, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Cuanto más subimos, más cerca del Sol estamos. Entonces, ¿por qué hace más frío? Peter Fitzpatrick / Unsplash., CC BY

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


Imagínate que estás escalando una montaña en el Himalaya. Si miras hacia abajo, a lo lejos, ves frondosos bosques; mientras que si miras hacia arriba, ves cada ves más nieve y más glaciares. Cuanto más asciendes, más notas cómo baja la temperatura. ¿Te ha pasado alguna vez? Tal vez te has dado cuenta de que ocurre incluso en verano y en días soleados…

A primera vista puede parecer extraño: al subir, estamos ligeramente más cerca del Sol, así que ¿no debería hacer más calor? Sin embargo, la realidad es justo la contraria. Para entender por qué, necesitamos conocer mejor cómo se calienta la atmósfera, qué es la presión del aire y cómo se comportan los gases.

¿Cómo se calienta el aire realmente?

Empecemos descartando una idea muy común. Aunque al subir una montaña nos alejamos del centro de la Tierra, la diferencia de distancia al Sol es mínima. La Tierra está a unos 150 millones de kilómetros del Sol, y una montaña de varios kilómetros de altura no cambia nada a esa escala. Por tanto, el descenso de temperatura no se debe a estar “más lejos” o “más cerca” del Sol.

Otra clave fundamental es entender que el aire no se calienta directamente por el Sol. La radiación solar atraviesa la atmósfera casi sin calentarla y llega hasta el suelo. El suelo absorbe esa energía y luego la emite en forma de calor (radiación infrarroja), haciendo que suba la temperatura del aire que está en contacto con él.
Por eso, el aire más caliente suele encontrarse cerca de la superficie terrestre y no en las capas altas de la atmósfera.

La presión atmosférica y la densidad

La atmósfera es una mezcla de gases que tienen masa y, por tanto, peso. A nivel del mar, el aire soporta el peso de toda la columna de aire que tiene encima, lo que produce una alta presión atmosférica.
A medida que subimos en altitud, hay menos aire por encima, así que la presión disminuye. Esto hace que el aire sea menos denso, es decir, que sus moléculas estén más separadas.

Y resulta que la densidad del aire es clave para la temperatura. Cuando las moléculas de un gas están más juntas, chocan más entre sí y pueden transferir mejor la energía térmica. En cambio, cuando están más separadas, almacenan menos energía térmica.

El enfriamiento adiabático

Hemos visto, entonces, que cuando una masa de aire asciende, la presión externa disminuye. Como consecuencia, el aire se expande. Al expandirse, el gas realiza trabajo (empuja el aire que lo rodea) y utiliza parte de su energía interna para ello. El resultado es una disminución de la temperatura, incluso, aunque no se pierda calor hacia el exterior. Este proceso se llama enfriamiento adiabático y es uno de los mecanismos más importantes de la meteorología.

En términos aproximados, cuando el aire asciende sin intercambiar calor con el entorno y si que se produzca condensación, su temperatura desciende unos 9,8 °C por cada 1 000 metros (es lo que se llama gradiente adiabático seco).

Sin embargo, en la atmósfera real, lo habitual es que, durante el proceso de ascenso, se condense parte del vapor de agua que existe. En este caso, el descenso medio es de unos 6,5 °C por cada 1 000 metros, lo que se conoce como gradiente térmico vertical.

Menos efecto “manta” en altura

El aire actúa como un aislante térmico. Cuanto más denso es, mejor retiene el calor. En las zonas bajas, la atmósfera funciona como una especie de manta que impide que el calor del suelo se escape rápidamente al espacio.

En las montañas, al haber menos aire, este efecto es mucho menor. El calor se pierde con mayor facilidad, especialmente, durante la noche. Esto explica por qué las temperaturas nocturnas en alta montaña pueden ser extremadamente bajas.

El papel del suelo, la nieve y el viento

El tipo de superficie también influye. En las montañas, es frecuente encontrar roca desnuda, suelos pobres o nieve. La nieve tiene un alto albedo –medida de la capacidad de una superficie para reflejar la radiación solar–. Es decir, refleja gran parte de la radiación solar que recibe. Así, al reflejar más energía y absorber menos, el suelo se calienta poco y transmite menos calor al aire.

Por otro lado, en altura, suele haber más viento debido a las diferencias de presión y a la ausencia de obstáculos. El viento no reduce la temperatura real del aire, pero sí aumenta la pérdida de calor del cuerpo humano al eliminar la capa de aire caliente que rodea la piel. Esto provoca una sensación térmica de frío mayor, aunque los grados sean los mismos.

¿Existen excepciones?

Sí. En algunas situaciones se produce una inversión térmica, en la que el aire frío queda atrapado en los valles y el aire más cálido se sitúa por encima. En estos casos, puede hacer más frío abajo que en lo alto de la montaña. Sin embargo, estas situaciones son temporales y no cambian la regla general.

Lo habitual es que haga más frío al subir una montaña y, como hemos visto, esto ocurre porque la atmósfera se comporta de forma diferente con la altura: la presión disminuye, el aire se expande y se enfría, hay menos capacidad para retener calor y el suelo aporta menos energía térmica. Un excelente ejemplo de cómo las leyes de la física y la química influyen directamente en nuestra vida cotidiana.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Ibai Ieltxu Rico Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué cuando subimos una montaña hace más frío? – https://theconversation.com/por-que-cuando-subimos-una-montana-hace-mas-frio-273527

‘Tecnoestrés’ en la universidad: ser hábil con la tecnología no lo es todo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Serrano, Profesor Titular de Tecnología Educativa, Universidad de Murcia

BongkarnGraphic/Shutterstock

Imaginemos a un universitario cualquiera: abre el portátil para revisar una tarea, pero antes debe atender mensajes del grupo de clase, tres correos de la plataforma institucional y una notificación de cambio en la fecha de entrega. Nada de esto requiere gran habilidad digital, pero sí una atención que se fragmenta a cada paso. Al final del día, la sensación no es de incompetencia, sino de saturación.

Lo que está detrás de este fenómeno es el llamado tecnoestrés, que describe el malestar que surge cuando la tecnología supera nuestra capacidad de gestionarla. Tiene que ver con la sensación de que la tecnología pide más de lo que uno puede sostener.

Cinco grandes estresores

¿Qué está produciendo este desajuste? Conviene detenerse en los grandes estresores. La tecnoinvasión aparece cuando lo académico se cuela en los espacios personales, y la tecnosobrecarga, cuando las demandas digitales llegan más rápido de lo que puede procesarse.

También influye la tecnocomplejidad –cuando las herramientas resultan más confusas de lo esperado– y la tecnoincertidumbre, fruto de cambios constantes, a lo que se suma la tecnoinseguridad, el temor a que la tecnología falle. El conjunto explica buena parte del tecnoestrés universitario.




Leer más:
Estrategias de intervención para mejorar la salud mental de los jóvenes universitarios


Tecnoestrés y competencias digitales

El tecnoestrés no depende de cuánto sabe usar alguien la tecnología. Algunas investigaciones cuestionan esta relación.

En nuestra reciente tesis publicada encontramos altos niveles de competencia digital según el marco europeo DigComp 2.2 y también altos niveles de autoeficacia, una variable tradicionalmente vista como protectora frente al estrés. Aun así, vimos que el tecnoestrés se mantenía en niveles moderados, sin ningún efecto amortiguador por parte de las competencias adquiridas.

Dicho tecnoestrés puede darse incluso en personas con dominio técnico. El problema no está tanto en “saber usar” la tecnología, sino en la relación emocional, cognitiva y organizativa que establecemos con ella.

Saber parar

En nuestro proyecto de ayuno digital, la mayoría del alumnado no logró completar el reto, sobre todo al intentar romper hábitos de comunicación muy arraigados.

Un uso automático y omnipresente de la tecnología (es decir, no deliberado y esporádico) hace que dejar de usar móviles u ordenadores, estar sin conexión, produzca incomodidad. El ayuno digital funciona, en este sentido, como un espejo: hace visible lo que en la rutina pasa desapercibido y muestra hasta qué punto la relación con la tecnología no depende de la habilidad, sino de la dificultad para detenerse, cambiar el ritmo y recuperar margen de control.




Leer más:
La salud mental de los universitarios empeora: así podemos ayudar


Responsabilidad de todos

Quizá estemos atribuyendo en exceso la responsabilidad al estudiante y olvidando el papel de la universidad. No es solo un problema individual, sino también de contexto. Incluso los estudiantes más hábiles sufren desgaste cuando el ecosistema digital multiplica plataformas, fragmenta la atención y exige disponibilidad constante.

La dispersión de recursos y la necesidad de consultar varias aplicaciones para no perder información elevan la carga cognitiva, mientras que la sensación de estar siempre localizable alimenta el conocido como FOMO académico.

La multitarea permanente dificulta la concentración y acelera la fatiga mental : quienes más dominan la tecnología suelen asumir más tareas digitales y, paradójicamente, se exponen más al desgaste.

A esto se suma un uso intensivo de herramientas que no siempre se traduce en aprendizaje significativo, por lo que puede aumentar el riesgo de tecnoestrés.

Aprender a gestionar, no solo a usar

Otro aspecto clave para entender por qué incluso los estudiantes más competentes lo sufren es el desfase entre la “competencia digital” oficial y el uso real que hacen de la tecnología. Los marcos institucionales suelen medir habilidades técnicas: navegar, seleccionar información… Sin embargo, estas categorías no capturan la complejidad emocional, temporal y organizativa del trabajo digital cotidiano.

Como señalamos en nuestro estudio, la competencia digital se evalúa como un conjunto de destrezas, pero no como capacidad de sostener prácticas tecnológicas en contextos exigentes, saturados y altamente interdependientes.

Este desfase hace que muchos estudiantes, pese a sentirse competentes, se vean desbordados por la gestión simultánea de recursos, la presión académica, las decisiones continuas y la dificultad para sostener el ritmo de trabajo. El tecnoestrés se explica, pues, por una evaluación incompleta del papel de la tecnología en la vida académica.

Del individuo al ecosistema

Los resultados de las diferentes investigaciones comentadas coinciden en un punto clave: el foco no debe ponerse únicamente en las habilidades individuales, sino en cómo está configurado el ecosistema digital de la universidad. Pedir autorregulación al alumnado es insuficiente cuando las plataformas se multiplican, los mensajes se solapan y la comunicación carece de límites claros.

Por eso proponemos pasar de una mirada centrada en las competencias técnicas a una perspectiva centrada en el bienestar digital. Esto implica cuestionar prácticas institucionales y revisar protocolos de comunicación, por ejemplo.

La respuesta, pues, debe combinar cambios institucionales y prácticas personales. Las universidades pueden diseñar entornos digitales más simples, coordinados y respetuosos con la atención humana.

No se trata de usar menos tecnología, sino de usarla sin que nos desborde. Cuando el entorno ayuda y los hábitos acompañan, el tecnoestrés pierde espacio.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Tecnoestrés’ en la universidad: ser hábil con la tecnología no lo es todo – https://theconversation.com/tecnoestres-en-la-universidad-ser-habil-con-la-tecnologia-no-lo-es-todo-270326

Ronald se abre una cuenta en Vinted y hace de su armario una microempresa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Baraibar Diez, Profesora de Organización de Empresas, Universidad de Cantabria

Kamil Zajaczkowski/Shutterstock

Empieza a hacer frío en Londres y Ronald planea dedicar el fin de semana al cambio de armario. Aprovechará para sacar lo que ya no usa y pensará en qué necesita para la nueva temporada. ¿A que se reconoce en esta situación? Seguro que puede visualizar varias prendas que ya no le valen, ya no le gustan o que simplemente quiere retirar.

Marion, la mujer de Ronald, le recomienda descargarse una app de compra-venta de segunda mano. Un rato después, Ronald ya tiene una cuenta y está subiendo una foto y las características de un abrigo que ya no le vale. Enseguida recibe mensajes y responde a posibles compradores sobre el largo del abrigo y de las mangas, sobre el estado de la prenda. Al día siguiente encuentra a un comprador, negocia el precio, concreta un envío, imprime la etiqueta y envuelve el abrigo cuidadosamente. ¡Ha conseguido su primera venta!

Londres, 1931

Viajemos ahora en el tiempo. En 1931, los habitantes de Londres no se planteaban hacer un cambio de armario (si acaso, recuperar y cepillar el abrigo del año anterior), no tenían impresora y no existían las plataformas digitales. Ronald, de apellido Coase, era profesor de la London School of Economics y estaba sentando las bases de la teoría que, en 1991, le serviría para ser galardonado con el Premio Nobel de Economía “por su descubrimiento y aclaración de la importancia de los costes de transacción y los derechos de propiedad para la estructura institucional y el funcionamiento de la economía”.

Coase, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, provocó una pequeña revolución al preguntarse por la existencia de las empresas. Esta pregunta la materializó en su obra The Nature of the Firm (1937), donde explicaba que una empresa se crea cuando consigue reducir los costes de funcionamiento que existen en el mercado. ¿Y qué tiene que ver todo esto con vender un abrigo a través de una app?

Segunda mano: sostenibilidad y segundas oportunidades

Según establecía Coase en otro libro posterior, The Problem of Social Cost (1960):

“Para llevar a cabo una transacción de mercado es necesario descubrir con quiénes se desea negociar, informar a las personas de que se desea negociar (y en qué condiciones), llevar a cabo negociaciones que conduzcan a un acuerdo, redactar el contrato, realizar la inspección necesaria para asegurarse de que se cumplen las condiciones del contrato, etcétera”.

No hay que tener muchos abrigos vendibles en el armario para intuir lo tremendamente complicado (o poco rentable) que resultaba vender una sola de esas prendas (en el mercado) antes de la existencia de plataformas de compra-venta de ropa de segunda mano.

Si antes uno se planteaba: ¿dónde podría encontrar a alguien que quiera justo el modelo, la talla, el estilo y el color de mi prenda? Ahora, estas apps reducen el coste de búsqueda de información con filtros como talla, marca, precio, e incluso estilo o ubicación. Gracias a la tecnología, los potenciales compradores han llegado al abrigo en un par de clics.

Negociar con conocimiento

Casi por arte de magia, también se ha reducido otro problema clásico en la economía: el de la información asimétrica (el comprador o el vendedor cuenta con más información que el otro al momento de negociar). Esa diferencia informativa ahora es bastante menor.

Al tener que subir fotografías desde varios ángulos y tener que realizar descripciones de todas las prendas, marcando también cuál es su estado actual, la información existente se acerca al equilibrio. Además, las valoraciones previas de compradores y vendedores (las estrellas que aparecen junto al perfil), así como los comentarios y reseñas en el historial, también ayudan a conocer cómo son los usuarios en la aplicación.

Aunque en la app hay grandes perfiles negociadores (y regateadores), los costes de negociación también se ven reducidos con las opciones de realizar ofertas automáticas al comprar varias prendas, dar precios cerrados y aceptar o rechazar directamente una nueva oferta. Negociar es mucho más rápido y eficiente. Finalmente, la transacción se materializa en unos clics aunque el comprador esté a kilómetros de distancia.

Antes, vender una prenda a una persona desconocida podría ser arriesgado por una cuestión de confianza. Aunque en las plataformas de compra-venta puede haber transacciones que acaban en estafa, es la empresa la que absorbe esos costes relacionados con el contrato y el cumplimiento al integrar los pagos, gestionar el envío y tener la posibilidad de reclamar ante cualquier eventualidad.

Así, un armario se convierte en una microempresa y, a través de estas plataformas, se concretan muchas transacciones que antes eran demasiado costosas de realizar para un particular.

La prenda perfecta para el aula

Para estudiantes de economía, de empresas o de relaciones laborales, aplicaciones como Vinted no solo son magníficos paradigmas emprendedores sino también ejemplos perfectos para hablar de los costes de transacción.

Solo hay que preguntar: ¿por qué usáis una aplicación para vender lo que no queréis y no vais a un mercadillo o ponéis mensajes en el tablón de la facultad, o en los postes de la ciudad? La respuesta suele tener que ver con la comodidad, la facilidad, la rapidez. Es decir, con reducir los costes de transacción. Y entonces, sin darse cuenta, están comprendiendo a Coase.

Cuando suba su siguiente prenda o busque una bufanda de un determinado color o unas zapatillas de una determinada marca, o negocie el precio de un bolso o deje una valoración a su comprador o vendedor, recuerde que no está solo haciendo hueco en sus armarios: está siendo el protagonista de una lección de economía.

The Conversation

Elisa Baraibar Diez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ronald se abre una cuenta en Vinted y hace de su armario una microempresa – https://theconversation.com/ronald-se-abre-una-cuenta-en-vinted-y-hace-de-su-armario-una-microempresa-273285

Leer ‘Hamlet’ con los ojos con los que se escribió ‘Hamnet’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia García Santos, Doctoranda en Literaturas en Lengua Inglesa, Universidad de Córdoba

Un fotograma de la adaptación cinematográfica de _Hamnet_. Universal Pictures

¿Qué ocurre cuando una novela contemporánea mira hacia atrás para imaginar el dolor que dio origen a una de las tragedias más famosas de la historia de la literatura?

Maggie O’Farrell, autora de Hamnet (2020), abre su obra con la siguiente nota histórica:

“En la década de 1580, una pareja que vivía en Henley Street, Statford-upon-Avon, tuvo tres hijos: Susanna, y más tarde, los gemelos Hamnet y Judith.

El niño, Hamnet, murió en 1596, a la edad de once años.

Alrededor de cuatro años después, su padre escribió una obra llamada Hamlet”.

A partir de ahí, la escritora reimagina la vida familiar de ese niño, de sus hermanos y de su madre, Agnes, mientras William Shakespeare aparece de fondo, dedicado a la escritura en Londres.

Un hombre se ríe charlando con unos niños alrededor de una mesa.
Fotograma de Hamnet, la adaptación cinematográfica de Chloé Zhao.
Universal Pictures

De un niño a una obra eterna

Para Italo Calvino, autor de Por qué leer los clásicos (1991), los clásicos son aquellos libros a los que nunca se llega por primera vez: no se leen, se releen. Pero tampoco se trata solo de volver a ellos y releerlos, sino de reinterpretarlos. Así ocurre en el caso de Hamnet.

Hamlet, una de las obras más conocidas de William Shakespeare, narra la historia del príncipe homónimo a quien el fantasma de su padre le encomienda que vengue su muerte, porque ha sido asesinado por su tío.

La novela de O’Farrell relee esta tragedia como una poderosa transformación del dolor por la pérdida de un ser querido en una obra de arte capaz de trascender los límites de la mortalidad. Hamnet propone que lo que Shakespeare consiguió con Hamlet, de forma consciente o inconsciente, fue otorgarle a su hijo la vida que no pudo tener: el niño no llegó a habitar como hombre el mundo que sí conocería la obra literaria que heredó su nombre.

La propia novela recuerda en sus primeras páginas, citando a Stephen Greenblatt, uno de los grandes biógrafos de Shakespeare, que “Hamnet y Hamlet son en realidad el mismo nombre, completamente intercambiables en los registros de Stratford en los siglos dieciséis y diecisiete”. Mismo nombre, misma pérdida, misma herida, pero distintas miradas ante un único acontecimiento.

Una nueva forma de ver el dolor

Hamnet no reescribe Hamlet: lo relee y lo desplaza. Ambas obras parten de una pena idéntica: la pérdida de un hijo a la corta edad de once años. Pero la forma en que esa herida se articula narrativamente es radicalmente distinta.

En Hamlet, el dolor se convierte en discurso y en conflicto político, y su representación es pública, ya que el duelo del príncipe Hamlet se despliega en la corte de su padre, ante el reino, y ante el espectador. En Hamnet, en cambio, el dolor no se verbaliza de manera explícita ni se exhibe, sino que vive en los silencios y en los gestos cotidianos, en la persistencia de la vida familiar a pesar de su ausencia. Esta experiencia de duelo se focaliza principalmente en la novela a través de la figura de la madre. Donde Shakespeare convierte la pérdida en tragedia pública, O’Farrell la transforma en una elegía narrativa situada en el ámbito íntimo y doméstico.

Un hombre sentado delante de unos papeles con una mujer de pie a su lado.
Fotograma de Hamnet con Jessie Buckley y Paul Mescal como Agnes y William Shakespeare.
Universal Pictures

En Hamlet encontramos el dolor convertido en mito, mientras que Hamnet reimagina la vida del autor para devolver el mito a su origen, a la herida vivida en el espacio de lo cotidiano. En ambas obras, el dolor actúa como motor creativo y nace de un mismo punto de partida: una tragedia familiar en la Inglaterra de finales del siglo XVI, cuando un joven dramaturgo en ciernes afronta la muerte de un hijo mientras persigue el éxito profesional y artístico que permita sostener a la familia que ha dejado atrás para conseguirlo.

Como sugiere Stephen Greenblatt, para comprender cómo Shakespeare utilizó su imaginación para transformar la vida en arte es necesario que nosotros también usemos la nuestra. Hamnet es precisamente ese ejercicio de imaginación contemporánea que sugiere Greenblatt: no explica lo que pasa en Hamlet, sino que imagina el dolor que dio origen a su escritura. Allí donde el teatro convirtió una pérdida íntima en un mito central del canon literario, la novela devuelve ese mito a la experiencia humana que hizo posible su existencia.

Esta forma de imaginar la vida de Shakespeare para comprender su obra ya había sido explorada previamente en otras creaciones culturales como Shakespeare in Love (1998), cuyo guion, firmado por Tom Stoppard, proponía una ficción biográfica para explorar el trasfondo emocional de Noche de reyes, ligándola a la experiencia vital del joven dramaturgo.

Adaptación cinematográfica

Este diálogo entre Hamnet y Hamlet cobra aún más actualidad con el estreno de la adaptación cinematográfica de la primera de ellas. La transformación de la novela en imagen invita a las audiencias contemporáneas no solo a revivir la narrativa de O’Farrell, sino también a reconsiderar cómo el dolor y la imaginación siguen siendo potentes fuerzas culturales.

Así, la película dirigida por Chloé Zhao no solo es un hito cinematográfico del que ya se están haciendo eco los grandes medios y premios de la industria, sino también una oportunidad para reflexionar sobre cómo recontextualizamos los clásicos y cómo estos siguen informando las artes hoy.

Tal vez por eso Hamlet sigue siendo un clásico en el sentido que definía Italo Calvino: una obra que nunca se agota, que siempre se relee y que genera nuevos discursos cada vez que alguien se atreve a mirarla con ojos nuevos.

The Conversation

Patricia García Santos recibe fondos de la ayuda predoctoral PRE2023/PID2023-148878NB-C21 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Esta ayuda está asociada al proyecto de investigación Transparencia, Opacidad y Resistencia en la Literatura Contemporánea en Lengua Inglesa de la Universidad de Córdoba.

Paula Martín-Salván no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Leer ‘Hamlet’ con los ojos con los que se escribió ‘Hamnet’ – https://theconversation.com/leer-hamlet-con-los-ojos-con-los-que-se-escribio-hamnet-274136

Matusalén y la inmortalidad en el mundo vegetal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis F. García del Moral Garrido, Profesor Emérito-Fisiología Vegetal, Universidad de Granada

Alcornocal (_Quercus suber_) en flor. Wikimedia Commons., CC BY

“El leñador no sabe cuándo expiran / los clamorosos árboles que corta”, escribía Federico García Lorca en Los negros. Y es que determinar cuánto puede vivir un vegetal no es tan fácil como hacemos con los animales.

En la naturaleza, el tiempo de vida que alcanza un ser vivo depende de su aptitud biológica y de las circunstancias de su hábitat que, en el mejor de los casos, pueden extender su vida hasta el límite característico de su especie. Entre los animales, los más longevos son las tortugas de las islas Galápagos, que viven hasta 150 años. Es decir, hoy no queda ninguna tortuga viva que hubiera visto a un joven Charles Darwin desembarcar en las islas en 1835.

¿Pero cuánto puede vivir una planta? En 1957, se descubrió en las White Mountains, al este de California, un árbol de la especie Pinus longaeva cuya edad, medida con gran precisión mediante dendrocronología –contando el número de sus anillos anuales de crecimiento–, resultó ser de 4 850 años. Para hacernos una idea, ya tenía más de 300 años cuando se construyeron las pirámides de Egipto y casi 4 400 cuando Colón descubrió América.

Arboleda donde vive Matusalén, en las White Mountains californianas.
Wikimedia Commons., CC BY

5 000 años de historia ante sus ojos

Este venerable ejemplar recibió el nombre de Matusalén, en alusión al patriarca bíblico que, según el Génesis, vivió 969 años. Con una edad actual de 4 918 años, sigue siendo el organismo vivo no clonal (es decir, procedente de una semilla) más antiguo del planeta. Tiene un competidor, el alerce –género Larix– de Chile conocido como “El gran abuelo”. Este también es milenario, pero se ha datado mediante una técnica que incluye métodos indirectos y no es aceptada unánimemente por la comunidad científica.

Receta de la longevidad

La larga vida de los árboles tiene que ver con el suministro limitado de nutrientes y una lenta tasa de crecimiento. Esto implica también un bajo metabolismo, una menor probabilidad de aparición de mutaciones genéticas y errores bioquímicos peligrosos, y un menor coste fisiológico de mantenimiento.

En el mundo vegetal, como probablemente ocurre también en el mundo animal, la longevidad no parece compatible con llevar una vida intensa. Para un árbol, vivir más tiempo significa un crecimiento muy lento y una vida bastante monótona.

Es este escenario, aunque es cierto que finalmente las plantas mueren y desaparecen como los demás seres vivos, nos referimos a un concepto de muerte por completo diferente.

Árbol casi seco derribado por el viento, pero todavía con algunas hojas vivas.
Luis F. García del Moral

Dejando a un lado consideraciones filosóficas o teológicas, en biología, la muerte se define como un suceso irreversible que resulta de la incapacidad de utilizar energía para mantener las funciones vitales, proceso que en los animales suele completarse más o menos rápidamente una vez iniciado. En un vegetal, por el contrario, la muerte se produce gradualmente en sus distintas células y tejidos: es un proceso lento que, a menudo, dura semanas o meses. Por ello, no es fácilmente definible en términos absolutos.

Verdaderos bosques inmortales

Por otra parte, mientras una gran parte del organismo puede morir, otros órganos y tejidos pueden seguir viviendo y regenerar, incluso, una nueva planta completa.

Así, en el estado de Utah, en Estados Unidos, existe una colonia de álamos –especie Populus tremuloides– de varias hectáreas de extensión, con cientos de troncos que mueren y brotan continuamente de un enorme sistema de raíces interconectadas bajo tierra.

Pando es una colonia clonal surgida a partir de un único álamo temblón masculino (Populus tremuloides) localizada en el estado de Utah, en Estados Unidos.
Wikimedia Commons., CC BY

En realidad, este bosque, llamado Pando, es un único organismo clonal que se multiplica continuamente de forma vegetativa. Su asombrosa edad, estimada mediante diversos métodos, es de 80 000 años, cuando los neandertales vagaban por el continente europeo durante la última glaciación.

El secreto de los organismos clonales

Esta capacidad de supervivencia de los vegetales se debe a la existencia de múltiples meristemos, tejidos constituidos por células indiferenciadas que retienen la capacidad de dividirse y crecer para dar lugar a nuevos tejidos y órganos durante toda la vida del organismo.

Precisamente, esta propiedad de los tejidos vegetales es la que permite el cultivo y propagación vegetativa o clonal de plantas in vitro mediante la biotecnología.

Clonación vegetal mediante cultivo in vitro.
Luis F. García del Moral.

En los animales, también existe un número limitado de órganos con pequeños grupos de células, llamadas células madre no embrionarias, que realizan trabajos de reparación a pequeña escala. Es el caso de las células sanguíneas, las células de la piel o de las mucosas gastrointestinal y respiratoria. Sin embargo, no hay posibilidad en el cuerpo animal de un reemplazo continuo y masivo de células en todos los tejidos y órganos, como el que llevan a cabo las células meristemáticas de los vegetales.

Es un detalle clave, ya que, desafortunadamente, las pérdidas sufridas por los cuerpos de los animales no pueden ser reemplazadas. Nuestros órganos solo se producen una vez durante la vida, sin posibilidad de recambio. Al contrario, las plantas son capaces de regenerar tejidos y órganos continuamente, incluso a partir de una sola célula.

Neoformación de una rama en un tronco adulto.
Luis F. García del Moral.

Desde este punto de vista y mientras conserven algunas células vivas, podemos considerar a los vegetales como funcionalmente inmortales o, mejor aún, como amortales. No en vano, para varias culturas, el árbol es el símbolo de la regeneración perpetua y de la vida en su sentido dinámico.

Respondiendo a Lorca, no cabe duda de que los vegetales son organismos con una forma particular de vida. Y una forma particular de vida requiere también una forma particular de muerte.

The Conversation

Luis F. García del Moral Garrido no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Matusalén y la inmortalidad en el mundo vegetal – https://theconversation.com/matusalen-y-la-inmortalidad-en-el-mundo-vegetal-272459