¿Sabe usted interpretar los datos que ve cada día? Si le abruman las estadísticas necesita alfabetización digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Manuel Cerdá Suárez, Profesor Titular de Universidad (UNIR). Investigador en Marketing e Investigación de Mercados, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

sasirin pamai/Shutterstock

Desde el precio de la luz o los datos sobre sequía, hasta las alertas sanitarias, cada vez convivimos con más cifras y gráficos en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, tener acceso a los datos no significa necesariamente comprenderlos. La falta de alfabetización digital y estadística se ha convertido en un problema clave para interpretar la realidad y confiar en las instituciones.

Cuando las cifras generan desinformación y desconfianza

Los datos abiertos se conciben como la “materia prima” para una democracia de calidad. El propio portal datos.gob.es insiste en que el acceso a la información y su correcta comprensión son esenciales para tomar decisiones informadas y ejercer plenamente los derechos digitales.

El problema es que interpretar una tabla de datos o un gráfico no es trivial. La literatura sobre alfabetización estadística –statistical literacy, en inglés– señala que para participar en debates sobre empleo, salud o medioambiente, no basta con acceder a las cifras, hay que comprender cómo se construyen, qué comparan y qué límites tienen.

España ha avanzado en gobierno abierto y administración digital, pero la experiencia cotidiana de muchos ciudadanos es distinta: formularios complejos, paneles que presuponen conocimientos técnicos y gráficos pensados más para especialistas que para la ciudadanía. Resultado: más datos, pero no siempre más capacidad para entenderlos.

Además, distintos informes muestran importantes diferencias en competencias digitales y de alfabetización de datos según edad, nivel educativo y uso de internet. Esto genera una ciudadanía a dos velocidades: quienes dominan las herramientas estadísticas pueden aprovechar mejor los portales públicos; el resto queda, en la práctica, fuera de la conversación basada en cifras.

Muchos datos en un ecosistema saturado

Los datos públicos no circulan en el vacío, sino en un entorno saturado de titulares simplificados, mensajes interesados y desinformación. Parte de la población española percibe este fenómeno como un problema serio y, en consecuencia, aumenta su desconfianza hacia la política y hacia cualquier cifra “oficial”.

Un ejemplo muy cercano es el del precio de la electricidad: con frecuencia leemos que “baja el precio de la luz”, pero se trata del mercado mayorista. Mientras tanto, el consumidor paga una factura que incluye impuestos, peajes y distintos tipos de contrato.

Algo parecido ocurre con los embalses: escuchar que están “al 50 %” puede parecer alarmante o tranquilizador según el titular, aunque ese dato solo tenga sentido si se compara con la media histórica y con el mismo periodo de otros años.

También sucede así en el ámbito sanitario. Conceptos como “falso positivo”, “falso negativo” o “riesgo relativo” suelen aparecer en medios y redes sociales sin suficiente contexto estadístico, lo que puede generar percepciones distorsionadas del riesgo y aumentar la confusión pública.

A ello se suma la expansión de herramientas de inteligencia artificial capaces de generar gráficos, imágenes y estadísticas aparentemente verosímiles en pocos segundos, dificultando todavía más la identificación de información fiable.

En este contexto, muchas personas recurren a atajos: creer lo que dice su grupo de referencia ideológico, desconfiar sistemáticamente de cualquier dato oficial o, simplemente, desconectar. Abrimos los portales, sí, pero no siempre ofrecemos herramientas para leerlos.

Interpretar datos es una habilidad básica

La buena noticia es que esta brecha se puede reducir. Los documentos estratégicos sobre datos abiertos reconocen la necesidad de fomentar la alfabetización de datos y de implicar a la ciudadanía en el uso de la información pública. Investigaciones recientes subrayan que interpretar datos es ya una competencia básica del siglo XXI, tan esencial como la lectura de textos convencionales.

La investigación en este ámbito apunta varias líneas de acción. La primera consiste en diseñar gráficos y paneles pensando en las personas, no solo en especialistas: menos indicadores por pantalla, escalas claras y comparaciones sencillas (por hogar, por municipio, en el tiempo) facilitan la comprensión.

La segunda pasa por explicar los datos como historias. Acompañar las cifras con contexto, como en la Estadística Cívica –qué significan, de dónde proceden y qué nos pueden decir– favorece la lectura crítica y reduce el espacio para la manipulación.

Y la tercera tiene que ver con la educación y formación. La alfabetización de datos no puede limitarse a talleres puntuales: requiere trabajar de forma sistemática la interpretación de información cuantitativa en escuelas, universidades y programas de formación continua. También resulta importante involucrar a organizaciones sociales, periodistas de datos y colectivos ciudadanos para detectar dónde aparecen las principales dificultades de comprensión y qué tipo de capacitación resulta más necesaria.

Hacia una competencia democrática

Publicar datos es solo el primer paso para avanzar en participación y gobernanza. Si queremos que los indicadores sobre inflación, presupuestos, sanidad o medioambiente sirvan para algo más que adornar informes, necesitamos una ciudadanía capaz de leerlos, cuestionarlos y utilizarlos.

La alfabetización de datos ya no es un lujo técnico: se ha convertido en una competencia democrática esencial para desenvolverse en entornos digitales cada vez más complejos y saturados de información.

The Conversation

Luis Manuel Cerdá Suárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Debe la OMS declarar la crisis climática una emergencia de salud pública internacional?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio Díaz, Codirector de la Unidad de Referencia de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano. Profesor de Investigación. ISCIII, Instituto de Salud Carlos III

Recientemente, un grupo de científicos pertenecientes a la Comisión Paneuropea sobre Clima y Salud ha planteado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la crisis climática sea considerada una emergencia de salud pública de importancia internacional. Pero ¿puede considerarse realmente así?

La OMS ha reservado hasta ahora la declaración de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII o PHEIC, por sus siglas en inglés) para amenazas agudas, principalmente infecciosas, como la gripe H1N1, el ébola, el zika, mpox y covid-19. Sin embargo, en ese reciente informe, la Comisión Paneuropea de Clima y Salud propone algo inédito: considerar la crisis climática como una ESPII.

La propuesta refleja un cambio profundo en la comprensión científica del riesgo sanitario global. El cambio climático ya no se percibe solo como un problema ambiental o económico: es un multiplicador sistémico de enfermedades, muertes e inequidades a través de la modificación de los determinantes sociales y ambientales de la salud.

La pregunta clave es si el cambio climático cumpliría los criterios establecidos por la OMS para declarar una ESPII. Según el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) de la OMS, una ESPII es “un evento extraordinario” que:

  • Constituye un riesgo para la salud pública de otros Estados mediante la propagación internacional.

  • Puede requerir una respuesta internacional coordinada.

  • Es “grave, repentino, inusual o inesperado”.

Una amenaza para la salud pública y los sistemas de salud

La evidencia científica acumulada en los últimos años muestra que el cambio climático afecta ya a la salud humana a través de múltiples mecanismos simultáneos que se retroalimentan. Las altas temperaturas son responsables del 95 % de las muertes relacionadas con factores meteorológicos extremos, con más de 62 000 fallecimientos atribuibles al calor en Europa en 2024 y más de 24 000 muertes atribuibles a las olas de calor en España en la década 2015-2024.

Además, la contaminación atmosférica está relacionada con el cambio climático no solo en cuanto a las fuentes de emisión, sino también porque favorece situaciones meteorológicas, como los anticiclones, que impiden la dispersión de contaminantes. Por otra parte, el cambio climático está aumentando en frecuencia e intensidad el material particulado proveniente del Sahara.

Ambos fenómenos están presentes durante las olas de calor en España, provocando un importante empeoramiento de la calidad del aire y potenciando los efectos sinérgicos sobre la salud de la temperatura y la contaminación. En este país, la contaminación atmosférica se relaciona anualmente a corto plazo con un rango de entre 10 000 y 20 000 muertes, 10 veces más que las atribuidas a las temperaturas durante las olas de calor.

Otro riesgo importante lo constituye la ocurrencia de incendios forestales cada vez más intensos y extensos, que empeoran la calidad del aire de países alejados miles de kilómetros de su foco. Por ejemplo, los incendios forestales de Canadá en 2023 se relacionaron con más de 80 000 muertes en EE. UU., Europa y Canadá.




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Cómo afectan los incendios forestales a la salud de la población incluso en lugares alejados


Además, las alteraciones en el clima unidas al incremento de contaminación atmosférica están cambiando la distribución de los aeroalérgenos y los patrones estacionales de las enfermedades alérgicas.

Por otro lado, el cambio climático se relaciona con otros eventos meteorológicos extremos como sequías e inundaciones que a su vez provocan el desplazamiento de las poblaciones y agravan situaciones de pobreza y hambrunas. También empeora la disponibilidad y seguridad de los alimentos e influye en la distribución de enfermedades transmitidas por vectores, como mosquitos, que hacen que enfermedades tropicales como el dengue, el chikunguña o el virus del Nilo Occidental se estén expandiendo hacia regiones templadas de Europa. Asimismo, hace que se incrementen las infecciones transmitidas por garrapatas, ampliando su área de distribución.

La crisis climática además se relaciona con un aumento en la morbimortalidad en el área de la salud laboral y con impactos en salud mental asociados a desastres climáticos, desplazamientos forzados y pérdida de medios de vida.




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¿Puede la crisis climática ser considerada una ESPII?

A continuación, analizamos si el cambio climático cumple los criterios establecidos por la OMS para las Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional:

1. ¿Es un evento grave?

Sin duda. La propia OMS considera el cambio climático como la mayor amenaza actual para la salud de la humanidad y el informe de la Comisión Paneuropea subraya que afecta simultáneamente a mortalidad, morbilidad, salud mental, enfermedades infecciosas, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, nutrición y desigualdades sociales. Además, amplifica vulnerabilidades preexistentes.

2. ¿Tiene implicaciones internacionales?

Claramente sí. El cambio climático es, por definición, transfronterizo. Las emisiones de un país afectan a la salud de otros. Los incendios forestales generan contaminación atmosférica que cruza fronteras. Las enfermedades transmitidas por vectores expanden su rango geográfico. Los fenómenos extremos afectan a cadenas alimentarias, migraciones y estabilidad económica global.

3. ¿Requiere una respuesta internacional coordinada?

Probablemente este sea el criterio que mejor encaja con la crisis climática. Ningún país puede afrontar por sí solo los impactos sanitarios del cambio climático. La adaptación de sistemas sanitarios, los sistemas de alerta temprana, la vigilancia epidemiológica climática, la reducción de emisiones o la protección de poblaciones vulnerables exigen cooperación internacional. Las 30 Conferencias de las Partes (COP) celebradas para intentar mitigar las emisiones que provocan el cambio climático dan respuesta a esta necesidad de implicación internacional. Precisamente, la lógica de las ESPII es movilizar coordinación global, recursos y acción política rápida.

4. ¿Es “repentino” o “inesperado”?

Aquí aparece el principal debate. El cambio climático no es un evento súbito como un brote epidémico. Es un proceso progresivo y acumulativo. Sin embargo, sus manifestaciones e impactos en salud sí incluyen fenómenos agudos y extremos cada vez más frecuentes como los ya citados. Además, el Reglamento Sanitario Internacional no exige que todos los criterios sean simultáneamente repentinos, sino que el evento sea “grave, repentino, inusual o inesperado”. La excepcionalidad y magnitud de la crisis climática podrían justificar una interpretación evolutiva del concepto.

Implicaciones de declarar la crisis climática como ESPII

Declarar el cambio climático una ESPII podría tener sobre todo un enorme efecto político y comunicativo. La Comisión Paneuropea sostiene que esta clasificación ayudaría a situar la salud en el centro de la acción climática y aceleraría medidas urgentes para proteger a la población.

No resolvería la crisis climática, pero podría actuar como catalizador para reforzar la cooperación internacional, aumentar la financiación sanitaria y climática, combatir la desinformación y priorizar la adaptación de los sistemas de salud.

En el fondo, el debate refleja algo más profundo: la crisis climática no puede entenderse únicamente como un problema ambiental. Es una emergencia sanitaria global, una emergencia de salud pública de enorme complejidad, capaz de amplificar prácticamente todos los grandes riesgos para la salud del siglo XXI.

La cuestión quizá ya no sea si el cambio climático encaja exactamente en una categoría diseñada originalmente para epidemias, riesgos químicos o radiactivos, sino si las categorías actuales siguen siendo suficientes para describir la magnitud del desafío económico, social y de salud al que nos enfrentamos con la crisis climática.


Este artículo ha sido escrito en colaboración con Jesús de la Osa, coordinador del Itinerario Formativo en Salud Global del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS).


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Julio Díaz recibe fondos de Instituto de Salud Carlos III

Cristina Linares Gil recibe fondos de Instituto de Salud Carlos III

Luis Andrés Gimeno Feliu no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La Corte Internacional de Justicia declara protegido el derecho a huelga

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anselmo Coelho Hernández, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Católica Andrés Bello

El jueves 21 de mayo de 2026, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió su opinión consultiva sobre la protección del derecho de huelga bajo el Convenio núm. 87 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), adoptado en 1948 y relativo a la libertad sindical.

Con esta sentencia se pone fin a la controversia más apremiante para la Organización en lo que va de siglo. Pero ¿qué llevó a la Corte a decidir del modo en que lo hizo? Y más importante si cabe, ¿qué implica esta opinión para el futuro de la OIT?

Contexto de la controversia

La OIT tiene una forma inédita para una organización internacional, pues reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores en una asociación tripartita con el objetivo de reglamentar las condiciones laborales. Su objetivo es defender el principio de justicia social a través de las normas internacionales del trabajo. La aplicación de dichas normas es supervisada por órganos de control creados por la OIT para garantizar su efectividad.

Las normas internacionales del trabajo pueden tener forma de convenio, protocolo o recomendación. Entre los convenios, hay una decena que se consideran fundamentales. Uno de ellos es el Convenio núm. 87 sobre libertad sindical y la protección del derecho de sindicación (C087), adoptado en 1948.

El objeto del C087 es brindar un marco de protección al derecho a la libertad de asociación de “empleadores y trabajadores”. Esto incluye no solo el derecho a formar organizaciones, sino también los derechos de estas organizaciones a actuar sin injerencia (especialmente estatal). La actividad sindical protegida incluye:

“(…) Organizar (…) sus actividades y (…) formular su programa de acción”.

Según entendían los órganos de control de la OIT, al menos desde 1959, dichos términos incluían realizar huelgas. Ya en el siglo XXI, esta lectura fue puesta en duda por los empleadores, quienes argumentaron entonces que el ámbito de protección del C087 no incluía ese derecho.

Crisis y consulta a la CIJ

La Conferencia Internacional del Trabajo (órgano principal de la OIT) tuvo en Ginebra, en 2012, su 101.ª reunión anual. Como parte de la agenda de trabajo, su Comisión de Aplicación de Normas (CAN) tenía previsto, como cada año desde 1926, revisar casos individuales de incumplimiento sobre la base del Estudio General de la Comisión de Expertos. Ese año estaba dedicado a los convenios fundamentales.

El grupo empleador de la CAN decidió oponerse a la selección de casos, basados en su desacuerdo con las interpretaciones de los órganos de control sobre el derecho de huelga y el C087. Esta oposición causó una situación inédita: no se pudieron revisar los casos de incumplimiento, lo que se calificó como una crisis institucional. Desde entonces, la CAN no ha hecho mención a la huelga en sus revisiones de casos posteriores.

Luego de más de una década de negociaciones, el Consejo de Administración de la OIT decidió remitir el asunto a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con base en el artículo 37 de la Constitución de la OIT. Al acudir, se le solicitó dictar una opinión consultiva que respondiera la siguiente pregunta:

“¿Está amparado el derecho de huelga de los trabajadores y de sus organizaciones en virtud del Convenio 87?”.

La decisión de la CIJ

Tras un procedimiento que, por la naturaleza tripartita de la OIT, contó con una amplísima participación de Estados, empleadores y trabajadores a través de comentarios escritos y audiencias públicas, la Corte decidió, en mayo de 2026, sobre el asunto.

La CIJ analizó rigurosa y estructuradamente el Convenio núm. 87 a partir de las reglas de interpretación previstas por la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados en su artículo 31.

Estas normas señalan que los tratados deben entenderse conforme al significado común de las palabras, en su contexto y teniendo presente el propósito del tratado. Esto se conoce como interpretación literal, sistemática y teleológica, aplicable como una única operación. Además, deben tomarse en cuenta los acuerdos y las prácticas posteriores de las partes, y las normas de derecho internacional aplicables a las partes.

La CIJ destaca que, aunque el C087 no contiene el término huelga, las palabras actividades y programas no pueden entenderse excluyentes de la misma. Por el contrario, en el contexto del Convenio, se debe entender incluida como una de las actividades principales utilizadas por los trabajadores para promover sus derechos e intereses (C087 art. 10):

“Garantizar la libertad de asociación como un medio para mejorar las condiciones de trabajo y alcanzar el progreso”.

Mientras que no existen acuerdos ni prácticas posteriores en el sentido exigido por la Convención, la CIJ sí destaca como normas aplicables, dada su extensión global, los Pactos de 1966 sobre Derechos Civiles y Políticos y sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales. En ambos instrumentos, y especialmente en su interpretación por órganos autorizados, se entiende el derecho de huelga como parte esencial del derecho de libertad sindical.

Para apoyar su conclusión, la Corte aprovecha los medios auxiliares de interpretación. En este caso, consideró pertinentes: los trabajos preparatorios, la práctica estatal posterior, la doctrina de los órganos de control y los instrumentos regionales de derechos humanos. Todos, dice la CIJ, salvo los trabajos preparatorios (cuyo análisis no es conclusivo), respaldan la noción de que la huelga forma parte del C087.

Es especialmente relevante que, respecto a la doctrina de los órganos de control, la CIJ decide darle un gran peso (aunque también ratifica que no está obligada a seguirla), equiparable al de otros organismos creados para supervisar tratados concretos. Con esta apreciación, se convalida el rol y autoridad del sistema de control normativo de la OIT.

Lo que queda por decidir

La Corte concluyó (por 10 votos a 4) que el derecho a huelga está protegido por el C087. Esta declaración pone fin a este episodio crítico de la centenaria historia de la OIT.

Sin embargo, aunque la CIJ haya ratificado que el derecho a huelga está protegido por el Convenio 87, en el último párrafo de su argumentación también señala que su opinión no determina “el contenido preciso, alcance o condiciones de ejercicio del derecho de huelga”. Corresponderá a los mandantes, en un ejercicio de diálogo social tripartito, marcar la pauta sobre lo que no ha sido decidido por la CIJ.

Aunque los órganos de control de la Organización Internacional del Trabajo han salido fortalecidos, queda aún mucho camino para alcanzar “la paz permanente basada en la justicia social”.

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Anselmo Coelho Hernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La Corte Internacional de Justicia declara protegido el derecho a huelga – https://theconversation.com/la-corte-internacional-de-justicia-declara-protegido-el-derecho-a-huelga-283730

Del oro romano a los recursos críticos: la nueva fiebre de los metales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Fernández Lozano, Profesor Titular de Universidad | Área de Prospección e Investigación Minera | Escuela de Minas, Universidad de León

Panorámica de la mina de oro de Las Médulas (Bierzo, León) Javier Fernández Lozano

La Historia Natural de Plinio el Viejo es, para muchos, la primera enciclopedia de la historia, y la obra de referencia sobre “la naturaleza de todas las cosas”, como él mismo decía, al menos hasta el Renacimiento, aunque el texto le deba más a la tradición literaria que a la observación y la investigación.

Los años no pasan en balde para textos como este. Plinio no es uno de los clásicos más leídos, pero de los 37 libros que componen esta vastísima obra, con más de 20 000 referencias y más de 400 autores citados, hay uno de ellos que parece haber recuperado actualidad en estos últimos años. Es el libro XXXIII, dedicado en buena medida al oro y la plata. En él, el autor le dio al oro un valor especial como símbolo de la codicia y el poder, y que, en nuestro tiempo, vuelve a ser una pieza central de la geopolítica.

La dominación del orbis terrarum (“la totalidad del mundo conocido”) es una constante en la retórica romana: suponía la capacidad del imperio para “alcanzar los límites del mundo”. Para Plinio, era el afán romano por hacerse con el preciado metal lo que los llevó a “bajar a las entrañas de la tierra”. El escritor, que en sus textos se preguntaba hasta dónde penetraría la codicia humana , interpretaba la expansión de la minería como una consecuencia de la avaricia y de la búsqueda de riqueza.

El poeta Virgilio escribió que era el hambre de oro (auri sacra fames) lo que convertía este metal en un motor político y moralmente corrosivo. En aquella época, el valor de este metal precioso se debía a su gran resistencia al fuego y a la corrosión, y a su capacidad de mantener su peso y calidad, lo que lo hacía muy cotizado para la acuñación de moneda.

Mina de oro romana de Las Médulas, declarada Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 1997.

El regreso a una geopolítica colonial por los recursos

Para los romanos, conseguir oro constituyó también un incentivo para conquistar territorios. Lo fue en el noroeste hispano: tan solo en las romanas Asturia, Gallaecia y Lusitania se producían anualmente 20 000 libras de peso en oro, aproximadamente unas 6,5 toneladas métricas. También se obtenía en otras regiones, como la provincia romana de la Dacia Trajana (actual Rumanía), convirtiéndose en un metal estratégico para el Imperio.

Dos mil años más tarde, el oro conserva su papel de “valor refugio”. No porque su precio permanezca estable –es en condiciones extremas del mercado, de hecho, cuando se mantiene más estable–, sino porque es líquido (o sea, se puede convertir fácil y rápidamente en dinero en efectivo) y no depende de la solvencia de un emisor concreto. Esta condición brinda tranquilidad a los mercados mundiales, lo que hace que aumente su demanda en tiempos de inestabilidad política y económica.

No obstante, recientes conflictos armados, como la invasión rusa a Ucrania, el conflicto en Oriente Medio y la crisis energética global, han derivado en que los bancos centrales de las grandes potencias, como Estados Unidos o China, hayan intensificado la compra de oro como una estrategia ante los grandes vaivenes de las economías y la inestabilidad geopolítica. Se trata de una forma de liberar activos y reforzar la búsqueda de diversificación, liquidez y protección frente a riesgos financieros y tensiones geopolíticas.

Esta situación ha llevado a una gran subida del precio de este metal, hasta superar en el primer trimestre de 2026 los 4 500 dólares por onza. Un incremento vertiginoso, similar al que se vivió en enero de 1980 como resultado de la segunda crisis del petróleo y la revolución iraní, y que supuso una subida interanual nominal cercana al 140 % (más de lo que subió el precio del petróleo en ese mismo periodo).

Pero, a diferencia de entonces, ahora la subida del oro ha derivado en una demanda a corto plazo entre los pequeños ahorradores, que buscan aprovechar el alza. Esta estrategia podría poner en riesgo la condición del metal como “valor refugio”, pues las compras y ventas rápidas contribuyen a una mayor volatilidad y lo convierten en un activo sujeto a movimientos especulativos.




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Hoy por hoy, el oro es sólo la punta del iceberg. Salvando las distancias con Roma, las grandes potencias fundamentan ahora su poder en el acceso a las materias primas que contribuyen al crecimiento y al desarrollo de los Estados.

En la geopolítica actual, el acceso a los metales estratégicos es decisivo para la industria, la defensa, la transición energética y las tecnologías avanzadas. Sin ellas, las economías del planeta tendrían enormes dificultades para sostener sectores clave.

Tierras raras, cobre, níquel, wolframio, litio, cobalto y boro son algunas de las materias primas necesarias para la fabricación de teléfonos móviles, vehículos eléctricos o aerogeneradores, y para las que la industria carece actualmente de sustitutos eficientes a gran escala. Muchos de estos recursos se encuentran, además, en zonas muy concretas del planeta y están controlados por unos pocos países. De modo que el cuello de botella no está solo en el proceso extractivo, sino también en el procesamiento de estas materias primas.

Peña del Seo y poblado minero de la Piela (Cadafresnas, Bierzo), uno de los principales yacimientos de wolframio en el noroeste de la península ibérica.
Peña del Seo y poblado minero de la Piela (Cadafresnas, Bierzo), uno de los principales yacimientos de wolframio en el noroeste de la península ibérica.
Javier Fernández Lozano

Esta realidad ha alimentado nuevas formas de competencia geopolítica por el control de recursos, que recuerdan lógicas coloniales o neocoloniales. Una amenaza muy tangible que nos ha devuelto aquella visión de Plinio sobre la condición humana: “¿Hasta dónde penetrará la avaricia del ser humano?”.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Del oro romano a los recursos críticos: la nueva fiebre de los metales – https://theconversation.com/del-oro-romano-a-los-recursos-criticos-la-nueva-fiebre-de-los-metales-282331

La lucha escondida de las bacterias contra los virus revela una nueva forma de sintetizar ADN

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

Representación de una molécula de ADN con una proteína al fondo. Vink Fan/Shutterstock

Un descubrimiento inesperado está obligando a ampliar algunos de los principios clásicos de la biología molecular. Investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, han descrito un mecanismo completamente nuevo de síntesis de ADN que hasta ahora parecía imposible: una proteína capaz de fabricar ADN sin utilizar una plantilla previa de ADN o ARN.

El hallazgo surge del estudio de la guerra que mantienen desde hace millones de años las bacterias contra los virus que las infectan, conocidos como bacteriófagos. Y aunque no derriba las bases de la biología molecular, sí añade un nuevo capítulo fascinante a nuestra comprensión de cómo puede generarse información genética.

Cómo se fabrica normalmente el ADN

Hasta ahora, los libros de biología enseñaban que para construir una molécula de ADN era imprescindible copiar una secuencia genética previa. Es decir, la síntesis de ADN siempre requería un molde sobre el que trabajar.

En este proceso participan numerosas proteínas especializadas. En primer lugar, una helicasa actúa como una cremallera molecular que separa las dos hebras de ADN, mientras que la girasa evita que la molécula se enrede durante la apertura. Otras proteínas estabilizan las hebras separadas para impedir que vuelvan a unirse.

Después entra en acción la primasa, que coloca un pequeño fragmento de ARN llamado cebador. Ese cebador sirve como punto de inicio para la ADN polimerasa, la enzima encargada de construir la nueva hebra añadiendo nucleótidos (las “letras” del ADN) y siguiendo estrictamente la secuencia de la hebra original. Finalmente, la ligasa une los fragmentos generados y forma una doble hélice continua.

La idea fundamental siempre ha sido la misma: las polimerasas necesitan copiar una plantilla preexistente. Sin molde, no hay síntesis ordenada de ADN.

En biología no existen los dogmas absolutos

Sin embargo, la biología está llena de excepciones sorprendentes. Ya sabíamos que la información del ADN se copia en una molécula de ARN (la transcripción) y viceversa (el ARN puede retrotranscribirse a ADN); que ciertas moléculas de ARN pueden autorreplicarse e incluso actuar como enzimas –los ribozimas– o que algunas proteínas, como los priones, pueden cambiar la estructura de otras proteínas. Ahora, este nuevo estudio describe algo que nunca se había observado: una proteína cuya propia estructura física sirve como plantilla para sintetizar ADN.

Los investigadores estudiaban un sistema antiviral bacteriano llamado DRT3 (Defense-associated Reverse Transcriptase 3), formado por dos transcriptasas inversas no convencionales, Drt3a y Drt3b, junto con un pequeño ARN no codificante, cuya información no se traduce en proteína.

El sistema fue identificado en la bacteria Escherichia coli, aunque posteriormente se detectaron homólogos de DRT3 en numerosos grupos bacterianos –al menos veinte distintos–, lo que sugiere que este mecanismo podría estar muy extendido en la naturaleza y haber evolucionado hace millones de años como estrategia de defensa frente a virus.

Sistema DRT3: dos enzimas sintetizan pares de hebras de ADN (naranja y cian), una (amarilla) utiliza una plantilla de ARN (beige) para guiar el ensamblaje de las bases nucleotídicas que componen el ADN, mientras que una segunda enzima (azul claro), utiliza sus propios aminoácidos como plantilla.

Una proteína que actúa como plano de construcción

Lo revolucionario del descubrimiento es el comportamiento de Drt3b. Mientras las transcriptasas inversas convencionales copian una secuencia de ARN para fabricar ADN, Drt3b es capaz de sintetizar ADN sin utilizar ninguna plantilla de ácido nucleico. En lugar de copiar ADN o ARN, la proteína utiliza directamente la disposición espacial de sus propios aminoácidos para determinar qué nucleótido debe añadirse. Es decir, actúa simultáneamente como herramienta y como plano de construcción: una síntesis de ADN guiada solo por proteínas.

No obstante, el descubrimiento no significa que las proteínas puedan transmitir información genética compleja al ADN como hacen normalmente los seres vivos. Drt3b tiene limitaciones importantes: solo es capaz de fabricar pequeñas cadenas repetitivas compuestas por adenina y citosina (las letras A y C del ADN). No puede sintetizar secuencias generales de ADN ni copiar genes completos.

Pero, aun así, el hecho de que una proteína pueda dirigir directamente la formación de ADN sin molde externo constituye algo completamente nuevo y sorprendente. El nuevo estudio amplía enormemente el repertorio conocido de estrategias moleculares utilizadas por la vida y sugiere que todavía podrían existir mecanismos bioquímicos fundamentales completamente desconocidos.

¿Para qué sirve este sistema en las bacterias?

Todavía no se comprende del todo cómo utiliza la bacteria este sistema DRT3 para defenderse de los bacteriófagos, aunque los investigadores plantean varias hipótesis. En primer lugar, las cadenas repetitivas de ADN podrían actuar como “esponjas moleculares”, atrapando proteínas virales esenciales para la multiplicación del virus. También podrían interferir directamente con distintos procesos del ciclo infeccioso del virus.

Lo importante es que estos sistemas antivirales microbianos funcionan como auténticos laboratorios evolutivos de innovación bioquímica. Muchas de las herramientas más revolucionarias de la biotecnología moderna han surgido precisamente del estudio de esos mecanismos protectores.

El ejemplo más famoso es CRISPR: lo que inicialmente era un sistema natural de defensa bacteriana contra virus terminó convirtiéndose en una herramienta revolucionaria de edición genética, utilizada hoy en medicina, investigación y biotecnología.

Posibles aplicaciones futuras

Aunque este descubrimiento se encuentra todavía en una fase muy básica, abre un campo enorme de aplicaciones. Drt3b podría inspirar el diseño de nuevas enzimas polimerasas programables capaces de sintetizar ADN sin necesidad de moldes convencionales. También podría conducir a nuevas estrategias antivirales, nuevas herramientas de biología sintética e incluso aplicaciones futuras en computación molecular.

Además, el hallazgo plantea preguntas profundas sobre la evolución molecular y el origen mismo de la vida. Si existen proteínas capaces de dirigir síntesis genéticas sin ADN ni ARN molde, quizá la diversidad de mecanismos bioquímicos de la vida sea mucho mayor de lo que imaginamos.

Comprender exactamente cómo funciona DRT3 permitirá explorar mejor la evolución de los sistemas de defensa microbianos y descubrir hasta dónde puede llegar la creatividad molecular de la naturaleza.


Una versión de este articulo ha sido publicada en el blog microBIO del autor.


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Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La lucha escondida de las bacterias contra los virus revela una nueva forma de sintetizar ADN – https://theconversation.com/la-lucha-escondida-de-las-bacterias-contra-los-virus-revela-una-nueva-forma-de-sintetizar-adn-283791

Servitizar el negocio a partir de productos y servicios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bart Kamp, Lead researcher in Internationalizaton and Servitization of Business, Universidad de Deusto

Mayy Contributor/Shutterstock

La servitización (adaptación del inglés de servitization) es la prestación de servicios por parte de empresas para diversificar su negocio y estrechar relaciones con sus clientes. Típicamente, se ha presentado como una opción para empresas manufactureras que viven de vender bienes. Estas empresas amplían su negocio ofreciendo servicios de optimización y adaptación, que complementan a sus productos, o servicios de sustitución, que implica un pago por el uso de un producto sin necesidad de comprarlo.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es la servitización una prerrogativa de las empresas manufactureras o también las empresas de servicio pueden servitizar su negocio?




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Servitización, el palabro que explica cómo la industria gana competitividad con los servicios


Del producto al servicio

Por su grado de interacción con el usuario, los servicios pueden ser de base, intermedios o avanzados. Por ejemplo:

Subir la ‘escalera de la servitización’ suele ser complicado para, por ejemplo, proveedores de piezas de recambio o de servicios de mantenimiento y reparación. Probablemente la escalada más difícil sea la de los proveedores de consumibles (papel, tinta, detergente) de activos concretos (una fotocopiadora, una impresora, una lavadora). De hecho, estos productos (los consumibles) son periféricos (peripherals) al núcleo del sistema que genera valor (las máquinas).

En este caso, las posibilidades de servitización serían tan improbables como que un fabricante de detergente se plantease diseñar las piezas de repuesto de una lavadora o instalase sensores para monitorizar los resultados de lavado de la ropa que pasa por la misma. No obstante, hay casos que demuestran que la servitización desde tal posición de desventaja es posible, y que esta puede adquirir distintas formas. Algunos ejemplos:

Proveedor de consumibles

La empresa valenciana ARANCO pasó de ser un distribuidor de bobinas de film estirable a fabricar máquinas envolvedoras de pallets. Cobra en modo pago-por-uso a través de su servicio integral de enfardado, que incluye el mantenimiento de las maquinas envolvedoras, sus recambios, bobinas de film inteligentes y un sistema de análisis de datos con relación a los procesos de embalaje en casa del cliente.

Proveedor de recambios

La compañía guipuzcoana GH Cranes evolucionó de ser un taller donde se producían componentes de elevación a diseñar grúas equipadas con un dispositivo que monitorea el uso, las cargas y el estado de las grúas de forma remota para prevenir accidentes y evitar tiempos de inactividad, aumentando y mejorando el rendimiento de las grúas.

Prestador de servicios de mantenimiento y reparación

ULMA Packaging de Oñati, Guipúzcoa, pasó de ser una empresa de reparación multimarca de máquinas de embalaje a proveer instalaciones llave en mano con sistemas de avisos predictivos de mantenimiento, que ayudan a mejorar la eficiencia del sistema.

Así vemos cómo la servitización es la innovación de las capacidades de una organización para pasar de la venta de productos, o la prestación de servicios de base, a la oferta de competencias clave en forma de soluciones integradas. Con su aplicación, las empresas desarrollan nuevas vías de ascenso en la cadena de valor que les permiten explotar actividades más valiosas y, así, diversificar sus fuentes de ingresos y mejorar su rentabilidad.

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Bart Kamp no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Servitizar el negocio a partir de productos y servicios – https://theconversation.com/servitizar-el-negocio-a-partir-de-productos-y-servicios-278623

Más allá de las neuronas: cómo los astrocitos dan forma a nuestros recuerdos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Roselló Jiménez, Doctora en Psicobiología. Personal vinculado a la investigación en el Área de Psicobiología, Universitat Jaume I, Universitat Jaume I

La memoria es una función esencial para nuestra supervivencia, aunque solemos apreciar su importancia solo cuando falla. ¿Qué ocurriría si un día no recordáramos dónde hemos aparcado el coche o no supiéramos cuáles son las llaves de nuestra casa? Entender cómo funciona el recuerdo es fundamental para comprender qué sucede cuando olvidamos.

No es una función única: existen distintos tipos de memoria, cada uno con mecanismos cerebrales específicos. Entre ellos, la memoria de reconocimiento (que permite reconocer que ya hemos visto ese estímulo en el pasado) resulta especialmente relevante. Sin que seamos conscientes, nos ayuda a orientarnos y a desenvolvernos en la vida cotidiana con extraordinaria eficacia. Curiosamente, la disfunción de este tipo de memoria puede ser uno de los primeros signos de deterioro cognitivo.

Detectar estas alteraciones a tiempo puede ser clave para identificar posibles problemas futuros y adoptar medidas preventivas que ayuden a preservar la salud mental.

De lo cotidiano a las células del cerebro: cómo se forma la memoria

Históricamente, el estudio de las bases biológicas de la memoria se ha centrado en las neuronas. Comprender cómo se comunican entre sí ha sido esencial para explicar cómo se forman los recuerdos. En los años cincuenta, el investigador canadiense Donald Hebb propuso que “las neuronas que se activan juntas, se conectan juntas”.

Pensemos, por ejemplo, en cuando aprendimos a montar en bicicleta. Mientras intentábamos mantener el equilibrio, un conjunto de neuronas se coordinaba para evitar caídas y memorizar los movimientos. A medida que mejoraban nuestras habilidades, esas conexiones se fortalecían, lo que facilitaba que cada nuevo intento fuera más eficaz.

Sin embargo, las neuronas no están solas: representan aproximadamente la mitad de las células del cerebro. El otro 50 % está formado por un conjunto diverso de células, entre las que destacan los astrocitos. Su nombre procede del griego astron (estrella) y kytos (célula), es decir, “células con forma de estrella”.

Durante mucho tiempo se pensó que los astrocitos desempeñaban un papel meramente doméstico: nutrir y dar soporte a las neuronas. Hoy sabemos que esta visión es incompleta. No solo apoyan, sino que participan activamente en los procesos de aprendizaje y memoria.

Estudios recientes han demostrado que los astrocitos son fundamentales para fortalecer las conexiones neuronales, un proceso clave para consolidar recuerdos. Gracias a esta colaboración entre neuronas y astrocitos podemos retener habilidades a lo largo del tiempo, desde montar en bicicleta hasta preparar una receta sin pensar en cada paso.

Astrocitos: piezas clave del puzle

Los astrocitos se sitúan muy cerca de las neuronas y envuelven sus conexiones como una red de apoyo. Nuestros protagonistas producen y liberan una sustancia clave: el lactato. Este compuesto se transfiere desde los astrocitos a las neuronas y actúa como una señal que favorece el fortalecimiento de sus conexiones. En otras palabras, el lactato ayuda a que las neuronas se comuniquen de forma más eficaz, facilitando la formación y consolidación de los recuerdos.

A su vez, los astrocitos reciben señales de las neuronas a través de neurotransmisores como la noradrenalina y responden produciendo más lactato. De hecho, se ha propuesto que existe una estrecha interacción entre los astrocitos y la noradrenalina que resulta fundamental para el buen funcionamiento de la memoria. No obstante, la investigación en este campo aún está en una fase temprana.

En nuestro laboratorio estudiamos cómo interactúan los astrocitos y la noradrenalina en procesos de memoria. Para ello utilizamos roedores en tareas de reconocimiento de objetos, en las que deben distinguir entre un objeto familiar y uno nuevo. Nuestros resultados muestran que la noradrenalina actúa efectivamente como un interruptor que activa a los astrocitos para producir lactato. Cuando sus niveles son elevados, aumenta la disponibilidad de lactato y mejora la memoria. Cuando disminuyen, se reduce su producción y el rendimiento empeora.

Además, hemos observado que la administración externa de lactato puede restaurar la memoria incluso cuando los niveles de noradrenalina son bajos. Por el contrario, si se bloquea el transporte de esa sustancia hacia las neuronas, la memoria se ve afectada incluso en presencia de niveles elevados de noradrenalina.

En conjunto, estos hallazgos indican que el efecto de la noradrenalina sobre la memoria depende en gran medida de su capacidad para activar la producción y transferencia de lactato desde los astrocitos hacia las neuronas.

El futuro tal vez esté en las estrellas

Del mismo modo que miramos a las estrellas para comprender mejor nuestro planeta, la neurociencia comienza a centrarse en estas células estrelladas. El objetivo es desentrañar los mecanismos que nos permiten almacenar y recuperar la información que define quiénes somos.

Desde la investigación básica hasta el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas, comprender el papel de los astrocitos y el lactato podría abrir nuevas vías para prevenir o tratar el deterioro cognitivo.

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Lorena Roselló Jiménez recibe fondos del Pla de Promoció de la Investigació PREDOC (2022/31) de la Universitat Jaume I.

Laura Font Hurtado recibe fondos del Plan Nacional sobre Drogas (2023I069), Agencia Estatal de Investigación (PID2021-128852NB-I00), y Generalitat Valenciana (CIAICO/2024/42)

Raúl Pastor Medall recibe fondos del Plan Nacional sobre Drogas (2023I069), Agencia Estatal de Investigación (PID2021-128852NB-I00), y Generalitat Valenciana (CIAICO/2024/42).

– ref. Más allá de las neuronas: cómo los astrocitos dan forma a nuestros recuerdos – https://theconversation.com/mas-alla-de-las-neuronas-como-los-astrocitos-dan-forma-a-nuestros-recuerdos-280405

De la selva amazónica al laboratorio: el potencial de la ayahuasca contra el párkinson

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José A. Morales García, Investigador Científico en enfermedades neurodegenerativas y Profesor Titular de la Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid

Talita Santana Campos/Shutterstock

En los últimos tiempos, estamos asistiendo a una auténtica revolución en psiquiatría gracias al uso terapéutico y controlado de sustancias psicodélicas. Suiza fue el pionero: desde 2014 permite autorizaciones individuales para administrar bajo supervisión psiquiátrica psilocibina (sustancia psicodélica extraída de hongos), MDMA (éxtasis) y LSD (sintetizada a partir del ácido lisérgico, compuesto que se extrae del hongo que crece en el cornezuelo del centeno).

Casi una década más tarde, Australia dio el primer paso regulatorio formal: desde julio de 2023, psiquiatras autorizados pueden prescribir MDMA para el estrés postraumático y psilocibina para la depresión resistente. Y en 2025, Alemania se convirtió en el primer país de la UE en aprobar el uso compasivo de la psilocibina para depresión resistente en dos centros piloto.

Un compuesto de uso ancestral

En este marco de la investigación terapéutica con psicodélicos se encuentra la N,N-dimetiltriptamina (o DMT), el compuesto psicoactivo principal de la ayahuasca, un té utilizado desde hace siglos por comunidades indígenas amazónicas con fines rituales y curativos.

La DMT es famosa por las visiones intensas que produce. Pero la ciencia lleva años descubriendo que esta molécula tiene otra cara, más discreta y, quizás, más relevante desde el punto de vista terapéutico. Ensayos clínicos recientes han explorado su uso en depresión mayor, donde actúa estimulando la neuroplasticidad: favorece el crecimiento de nuevas conexiones sinápticas que ayudan al cerebro a romper los patrones del pensamiento depresivo. También se investiga su papel en la recuperación tras un ictus, ya que protege a las neuronas del estrés celular y promueve la reparación del tejido dañado.

Tras haber demostrado, en modelos experimentales, que la DMT es capaz de estimular la neurogénesis (formación de nuevas neuronas), un nuevo estudio de nuestro equipo publicado en Experimental Neurology sugiere que podría tener un papel relevante en otra enfermedad hasta ahora sin cura: el párkinson.

Apagar el incendio cerebral

El párkinson se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, una región del cerebro implicada en el control del movimiento. Existen, además, otros síntomas no motores, menos conocidos pero igual de limitantes para los pacientes.

Junto a esa degeneración neuronal aparece un proceso silencioso que la acelera: la neuroinflamación crónica. La glía (conjunto de células encargadas de dar soporte, mantener y proteger al sistema nervioso) se vuelve hiperactiva y libera compuestos tóxicos que aumentan la muerte neuronal. A día de hoy, ningún fármaco logra detener ese proceso; solo se pueden aliviar los síntomas.

En nuestro estudio, al exponer las neuronas a las toxinas que replican los mecanismos de la enfermedad, se observó una pérdida celular masiva. Sin embargo, al tratarlas con DMT, la toxicidad se redujo significativamente y se logró preservar cerca del 40 % de las células que, de otro modo, habrían muerto. El compuesto también mostró un efecto regulador sobre la hiperactividad de la glía, reduciendo por tanto la producción de agentes inflamatorios.

La cerradura clave: el receptor sigma-1

Para activar los efectos psicodélicos en nuestro cerebro, la DMT funciona como una llave perfecta que encaja en una cerradura concreta de las neuronas: el receptor de serotonina 5-HT2A. Sin embargo, los investigadores sospechábamos que el efecto protector podría estar mediado por su unión a otro receptor distinto: el sigma-1. Para comprobarlo, bloqueamos ambos receptores por separado. Cuando inhabilitamos el 5-HT2A –responsable de las alucinaciones–, la DMT siguió protegiendo a las neuronas con la misma eficacia. En cambio, cuando bloqueamos el receptor sigma-1, el efecto terapéutico desapareció por completo.

Así, demostramos que el receptor sigma-1 tiene capacidad neuroprotectora, promueve la supervivencia celular y disminuye la inflamación. Este hallazgo tiene una implicación práctica enorme: es posible obtener el beneficio neuroprotector de la DMT de forma independiente a sus efectos psicodélicos.

Los resultados más alentadores llegaron con los modelos in vivo. Tras tres semanas de tratamiento con dosis moderadas de DMT, los ratones con párkinson mostraron una notable preservación de las neuronas dopaminérgicas y una reducción clara de la inflamación cerebral. Esa protección celular se tradujo en mejoras observables: mayor capacidad motora y mejor rendimiento en pruebas de memoria espacial y aprendizaje respecto al grupo no tratado.

¿Y las alucinaciones?

Es la pregunta inevitable. Puesto que los efectos neuroprotectores de la DMT son independientes del receptor alucinógeno, nuestro trabajo plantea tres alternativas. La primera es combinar la DMT con fármacos que bloqueen el receptor alucinógeno, 5-HT2A (uno de ellos, la pimavanserina, ya se receta para la psicosis en pacientes con párkinson). La segunda opción, dadas las bajas concentraciones de DMT utilizadas en el estudio, sería emplear microdosis que activen los mecanismos protectores sin llegar a alterar la percepción. La tercera, y quizás la más prometedora a largo plazo, pasa por diseñar moléculas similares a la DMT que encajen en el receptor sigma-1 pero ignoren por completo el 5-HT2A.

Cautela ante el entusiasmo

A pesar de las buenas noticias, conviene no correr demasiado. Hablamos de un estudio preclínico hecho en células y ratones. El salto hasta poder adquirir el tratamiento en una farmacia es largo, costoso y está lleno de fracasos; muchas moléculas que rozan la perfección en el laboratorio fallan al probarse en humanos. Somos conscientes de que este modelo experimental representa una fase muy concreta y localizada de la neurodegeneración. Aunque aporta datos valiosos, la naturaleza humana del párkinson destaca por una progresión temporal más lenta y compleja que la que la investigación básica realiza al ir replicando las características de la enfermedad por etapas.

Lo que sí queda claro es que el receptor sigma-1 emerge como una diana terapéutica prometedora, y que la DMT, o moléculas inspiradas en ella, merece una investigación más profunda.

A veces, las respuestas aparecen donde menos se esperan. Que una bebida ritual amazónica guarde una molécula con potencial terapéutico para una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es, como mínimo, una historia que merece seguir escribiéndose.

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José A. Morales García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De la selva amazónica al laboratorio: el potencial de la ayahuasca contra el párkinson – https://theconversation.com/de-la-selva-amazonica-al-laboratorio-el-potencial-de-la-ayahuasca-contra-el-parkinson-283322

Un estudio advierte: el discurso antiinmigración más convincente no es el que grita, sino el que habla con aparente moderación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos A. Ballesteros-Herencia, Profesor de Periodismo, Universidad de Valladolid

David Peinado Romero/Shutterstock

Cuando hablamos de odio solemos pensar en insultos y humillaciones. Sin embargo, el rechazo a los inmigrantes puede camuflarse bajo un envoltorio más “amable”. Los mensajes hostiles hacia ellos en redes sociales tienen el enorme poder de cambiar lo que pensamos. Por eso es importante entender cómo nos afectan.

Uno de cada tres europeos entiende la inmigración como un problema. En ese contexto, las plataformas digitales son terreno abonado para el odio. Así, las redes sociales se han convertido en un altavoz que difunde estereotipos negativos. Y pueden apoyar la exclusión de personas y grupos sociales.

Mensajes tras la tragedia

En junio de 2022, 2 000 inmigrantes africanos intentaron saltar la valla que separa España de Marruecos. Al menos 37 personas murieron y cientos resultaron heridas. La policía de ambos países no se libró de críticas. Este tipo de sucesos, por ejemplo, es muy habitual que desencadene la proliferación de mensajes de odio en redes sociales.

Un experimento reciente investigó los mecanismos psicológicos de los discursos contra los inmigrantes y se indagó cómo afecta a los usuarios de redes el tipo de lenguaje de los mensajes y su viralidad.

El discurso de odio rechaza a las personas por quienes son o por el grupo al que pertenecen: su origen étnico, su situación de diversidad funcional, su orientación sexual o su identidad de género. En el caso de los inmigrantes, el discurso hostil más habitual es que suponen una carga económica para el país, crean inseguridad y amenazan nuestra cultura.

La creciente presencia en el entorno digital de este tipo de mensajes nos obliga a entender cómo se expanden y cómo afectan a nuestras actitudes y creencias.

Para ello, los investigadores crearon versiones diferentes de una historia en primera persona. Un tuitero contaba cómo le afectaba lo ocurrido, variando la forma de expresarse y el número de interacciones. Mientras una versión empleaba vocabulario ofensivo, otra usaba términos más neutros. Además, una versión recibía muchos likes, era compartida y comentada y otra pasaba desapercibida.

Más de trescientos participantes leyeron estos tuits. Se quería conocer si cada versión les produciría un diferente efecto. ¿Sentían conexión con el autor de cada relato? ¿La historia les envolvía? Finalmente, ¿compartirían más una variante que otra? ¿Cambiarían sus actitudes hacia los inmigrantes? ¿Apoyarían políticas más duras?

Lenguaje correcto, actitudes negativas

Los usuarios de redes experimentan mayor “fusión identitaria” con quienes no insultan. Evitar lenguaje tóxico favorece compartir visiones que, en realidad, perjudican a los inmigrantes.

Todos pensamos que hablar con corrección formal ayudaría a superar barreras mentales. Pero esto, curiosamente, puede facilitar también la difusión de mensajes que refuerzan actitudes negativas. De fondo, promueven políticas restrictivas.

Un discurso sin ofensas duras favorece conectar psicológicamente con su autor. Esta investigación propone el Modelo THREAD (siglas de Toxic Hate Responses Emerging After Disruptive Events o Reacciones de odio tóxico que surgen tras sucesos perturbadores). Más allá de expresiones agresivas, una narración transmite su carga de odio mediante historias emocionales que resultan familiares.

La ideología modera el efecto

En ocasiones nos sentimos inmersos en una narración. Experimentamos lo que se denomina “transporte narrativo”, un proceso que nos hace más propensos a cambiar de opinión. Cuando una historia nos engancha bajamos la guardia. La interiorizamos. Y, entonces, nuestras actitudes pueden llegar a modificarse.

Una característica de las personas de ideología más conservadoras es que habitualmente son más críticas con la inmigración. En el caso estudiado, solo los conservadores se sumergían más en estas narrativas cuando los tuits no parecían tóxicos.

Se sabe que las personas interpretamos en función de nuestras creencias. Por ello, un mensaje hostil contado con lenguaje neutral puede sonar aceptable a una persona conservadora. Suavizar el tono aumentaría la receptividad y disminuiría la resistencia.

Vivimos en plena fiebre por conseguir likes. Queremos que nuestros mensajes sean compartidos y comentados. Sin embargo, la repercusión en redes sociales no afectó a las actitudes de los participantes. Aunque deseamos respaldo social, nos importa más cómo nos cuentan las cosas. Y coincidir ideológicamente.

Estrategias que normalizan la exclusión

Así, el odio se expande apartándose del lenguaje tóxico. Evita el rechazo que generan los insultos. Entonces se puede conectar con lo que nos cuentan. E incluso asumir la perspectiva de la persona que lo cuenta.

Los mensajes malsonantes y agresivos no son el problema. Lo realmente grave es que bajo un estilo no agresivo se dibuje a la inmigración como una amenaza. Cuando el discurso de odio se normaliza logra mayor intención de compartirse. Y multiplicaría su difusión.

La conclusión es interesante para las campañas de alfabetización mediática. Se debe desvelar cómo el vocabulario moderado ayuda a perpetuar estereotipos y a moldear creencias y actitudes.

Estos hallazgos destacan que las formas más sutiles de discurso de odio pueden generar fuertes conexiones entre la audiencia y perspectivas hostiles, subrayando la necesidad de que las campañas contra el odio aborden tanto el contenido de odio explícito como el sutil.

La exclusión viste guante de seda. Toca descubrir el puño de acero que esconde debajo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Un estudio advierte: el discurso antiinmigración más convincente no es el que grita, sino el que habla con aparente moderación – https://theconversation.com/un-estudio-advierte-el-discurso-antiinmigracion-mas-convincente-no-es-el-que-grita-sino-el-que-habla-con-aparente-moderacion-275890

Cuando la sospecha se vuelve costumbre: anatomía de la desconfianza social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Consuelo Martínez Priego, Profesora y codirectora del Centre for Character and Human Growth, Universidad Villanueva

Hasta ahora, la vida en sociedad se ha basado en la confianza que nos profesamos mutuamente. Dutch_Photos/Shutterstock

Todos hemos notado que el ambiente ha cambiado en la calle y en la sociedad durante las últimas décadas. No es tan común que los niños vayan solos al colegio –ni que todo el vecindario esté pendiente de su recorrido–, que la gente se relacione de forma cercana con quienes habitan su mismo edificio o que hablemos de forma cándida con un desconocido. De forma orgánica parecemos estar más a la defensiva.

El siglo XXI comenzó con una llamada de atención del sociólogo Zygmunt Bauman: las relaciones interpersonales se han vuelto líquidas. Eso significa que nos cuesta comprometernos, conservar nuestros vínculos personales o ser plenamente generosos en ellos. Y además, en 2026, el mundo parece haberse vuelto más ideológico y polarizado (al estilo de los totalitarismos del siglo XX). En el ámbito social, e incluso familiar, la premisa es, en numerosas ocasiones, la “desconfianza”.

El tránsito del escepticismo a la sospecha horizontal

Tradicionalmente, la teoría social distinguía entre la confianza institucional y la interpersonal. La primera se quiebra cuando percibimos que las estructuras de poder actúan sin integridad, permitiendo que la corrupción permee las esferas públicas. Por ejemplo, en Europa vivimos una realidad que peligrosamente se aproxima a ese rechazo a las instituciones, pero todavía estamos lejos de la desconfianza que pueden provocar algunos regímenes autoritarios que basan sus interacciones con los ciudadanos en un intercambio de intereses por necesidades (como se ve, por ejemplo, en el Brasil de la dictadura retratado en la película El agente secreto).

Sin embargo, el fenómeno contemporáneo más alarmante es que este recelo se haya desplazado hacia el plano horizontal. La dinámica social ha hecho que la desconfianza exceda hoy el ámbito político (cuyo máximo exponente es la dinámica de partidos) y mediático (la prevalencia de las fake news) para recaer directamente sobre el “otro”, que aparece como amenaza latente.

Este deterioro de la disposición a cooperar con desconocidos, o a interpretar al discrepante con buena fe, dificulta los vínculos sociales básicos, la amistad cívica y, en definitiva, la cohesión social. Varios análisis e investigaciones han documentado precisamente cómo la “vida en la mentira” y la delación obligatoria destruyen la psique colectiva.

En la actualidad, aunque en la mayoría de los países de Occidente no vivimos bajo sistemas totalitarios, la polarización afectiva genera una dinámica de vigilancia en la que el odio y el miedo predominan sobre el reconocimiento mutuo.

La simplificación algorítmica y el refugio en el grupo

La desconfianza social es un fenómeno cultural y afectivo alimentado por las redes sociales. La investigación sociológica reciente indica que la identidad grupal y los afectos partidistas distorsionan nuestra percepción de los hechos. Los algoritmos de recomendación refuerzan la pertenencia al grupo propio y favorecen la circulación de contenidos engañosos que validan nuestros sesgos y prejuicios.

Desde una perspectiva psicológica, la desconfianza primero y la polarización extrema después se apoyan en narrativas binarias nosotros/ellos que simplifican la complejidad social. Esta clasificación de las personas nos previene ante quien no comparte nuestras etiquetas, un fenómeno que ha penetrado incluso en el ámbito familiar, donde las diferencias obligan al silencio o rompen vínculos primarios.

La trampa de la ingenuidad y el valor de la vulnerabilidad

Por otro lado, cuando sustituimos la pregunta sobre la identidad (“¿quién eres?”) por la pregunta del bando (“¿de qué lado estás?”), la vida común se empobrece drásticamente. El otro queda “cosificado”, lo encajonamos en derecha o izquierda, conservador o progresista, ecologista o maltratador, pacifista o beligerante.

Confiar es una forma de reconocer al otro como persona y no como un mero portador de intereses o etiquetas. No conviene, sin embargo, confundir confianza con ingenuidad. Confiar requiere pensar, analizar y contrastar las ideas con la realidad. Usar la razón es ser capaz de distinguir.

Es cierto también que la confianza interpersonal implica correr riesgos y aceptar una dosis de vulnerabilidad; es decir, exponerse a que el otro no responda según nuestras expectativas. Sin embargo, esta exposición es necesaria para el crecimiento personal, pues la soledad radical es incompatible con la condición humana.

Propuestas para una recomposición ética

El proceso de la desconfianza interpersonal no es irreversible, aunque las soluciones no son de índole técnica, sino profundamente éticas. La recomposición del tejido social debe abordarse, al menos, desde tres lugares complementarios:

  1. Las instituciones: es necesario contar con reglas estables, rendición de cuentas y una efectiva separación de poderes que garanticen el funcionamiento predecible del sistema.

  2. El entorno cultural: debemos ir hacia un modelo que priorice la libertad de expresión y de conciencia evitando que la sospecha sea la norma de juicio previa a cualquier diálogo.

  3. La educación: esta es la vía más eficaz y, a menudo, la más descuidada. Se trata de formar personas con disposición a colaborar siendo ellas mismas confiables, es decir, con virtudes. Educar en la virtud significa enseñar a gobernar una reacción impulsiva, a no tomar por absoluta la primera impresión y a sostener conversaciones exigentes sin que degeneren en enemistad.

Así, podremos comprender que nadie tiene la verdad absoluta, pero que todos podemos compartir “verdades” que son universales. La virtud educa los sentimientos, confirmando que una vida buena es posible a través del respeto y la justicia. Reconocer al otro como “otro yo” es base de la confianza y la amistad cívica.

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Consuelo Martínez Priego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando la sospecha se vuelve costumbre: anatomía de la desconfianza social – https://theconversation.com/cuando-la-sospecha-se-vuelve-costumbre-anatomia-de-la-desconfianza-social-279053