Un análisis en 43 países revela que los jóvenes de entornos desfavorecidos son más vulnerables a los riesgos de las redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Roger Fernandez-Urbano, Ramón y Cajal Research Fellow (Tenure-Track) Department of Sociology, Universitat de Barcelona

EF Stock/Shutterstock

A medida que las redes sociales se convierten en una parte fundamental de la vida de los jóvenes, crece la preocupación por su impacto en su salud mental. Sin embargo, los debates públicos y las medidas adoptadas tienden a tratar a los adolescentes como un grupo homogéneo. A menudo ignoramos el hecho de que el uso de estas plataformas no afecta a todos de la misma manera, ni tiene los mismos efectos en su bienestar.

En un capítulo del Informe Mundial sobre la Felicidad 2026, publicado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en colaboración con la Universidad de Oxford, hemos examinado cómo el uso problemático de las redes sociales se relaciona con el bienestar de los adolescentes de diferentes entornos socioeconómicos.

Analizamos 43 países repartidos por seis grandes regiones –anglo-celta, Cáucaso-mar Negro, Europa central y oriental, Mediterráneo, nórdica y Europa occidental– que abarcan principalmente países europeos y sus zonas vecinas inmediatas.

Utilizando datos de más de 330 000 jóvenes, hemos observado un patrón claro y consistente: los niveles más altos de uso problemático de las redes sociales –es decir, el uso compulsivo o descontrolado de las redes sociales– se asocian con un menor bienestar.

Los adolescentes que informan de este tipo de uso tienden a experimentar más problemas psicológicos, como sentirse deprimidos, nerviosos, irritables o tener dificultades para dormir. También presentan una menor satisfacción con la vida, una medida de lo positivamente que evalúan sus vidas en su conjunto.

Este patrón se observa en todos los países de nuestro estudio, pero su intensidad varía de un país a otro. Es especialmente pronunciado en países anglo-célticos como el Reino Unido e Irlanda, mientras que es comparativamente más débil en la región del Cáucaso y el mar Negro.

El contexto socioeconómico importa

La historia no termina con la geografía. A nivel mundial, los adolescentes de entornos menos favorecidos tienden a ser más vulnerables a las consecuencias negativas del uso problemático de las redes sociales que sus compañeros de entornos más privilegiados.

Esto significa que el estatus socioeconómico –los recursos materiales y sociales de que dispone un hogar, como los ingresos y las condiciones de vida– influye activamente en los riesgos y oportunidades que experimentan los jóvenes como resultado de su actividad en internet.

Curiosamente, estas desigualdades son especialmente visibles cuando nos fijamos en la satisfacción con la vida. Las diferencias entre los grupos socioeconómicos son menores en lo que respecta a los problemas psicológicos, pero mucho más claras y consistentes en cuanto a cómo los adolescentes evalúan sus vidas en general.

Una posible razón es que este parámetro es más sensible a las comparaciones sociales. Las redes sociales exponen a los jóvenes a constantes puntos de referencia –lo que otros tienen, hacen y logran– lo que puede amplificar las diferencias en las oportunidades y los recursos percibidos.

Al mismo tiempo, estos patrones no son idénticos en todas partes. Por ejemplo, las diferencias socioeconómicas en las molestias psicológicas tienden a ser modestas en la mayoría de las regiones, incluidos países de Europa continental como Francia, Austria o Bélgica, pero se observan con mayor claridad en países anglo-célticos como Escocia y Gales.

Por el contrario, las brechas socioeconómicas en la satisfacción con la vida aparecen en la mayoría de las regiones, aunque tienden a ser más débiles en países mediterráneos como Italia, Chipre y Grecia.




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Un problema creciente

También examinamos cómo han evolucionado estos patrones a lo largo del tiempo. Entre 2018 y 2022, la relación entre el uso problemático de las redes sociales y el bajo bienestar de los adolescentes se hizo más fuerte.

Esto sugiere que los riesgos de este comportamiento pueden haberse intensificado en los últimos años, lo que posiblemente refleje el papel cada vez mayor de las tecnologías digitales en la vida cotidiana de los jóvenes, especialmente durante y después de la pandemia de covid-19.

Es importante destacar que esta intensificación ha afectado a los adolescentes de todos los grupos socioeconómicos de manera muy similar en la mayoría de las regiones. En otras palabras, aunque las desigualdades persisten, no se han acentuado durante este periodo.




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No existe una solución única para todos

Aunque los debates públicos sobre las redes sociales y la salud mental suelen tratar a los adolescentes como un único grupo demográfico, nuestros resultados muestran una realidad más compleja. El uso problemático de estas plataformas está relacionado con un menor bienestar en todos los países, pero sus efectos vienen determinados por las realidades sociales. Varían en función del lugar donde viven los jóvenes y de los recursos de que disponen.

No todos ellos experimentan el mundo digital de la misma manera, y no todos están igualmente preparados para hacer frente a sus presiones. Reconocer esto es esencial para diseñar políticas que no solo sean eficaces, sino también equitativas, garantizando que las intervenciones lleguen a aquellos adolescentes que son más vulnerables a los riesgos digitales.

The Conversation

Roger Fernández-Urbano recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno español y de la Agencia Estatal de Investigación a través de una beca Ramón y Cajal (RYC). Roger es miembro de la Sociedad Internacional para los Estudios sobre la Calidad de Vida (ISQOLS).

La participación de María Rubio-Cabañez en esta investigación contó con el apoyo del proyecto DIGINEQ (Uso del tiempo en el ámbito digital, bienestar de los adolescentes y desigualdades sociales) (n.º de acuerdo de subvención: 101089233), financiado por la beca Consolidator Grant del Consejo Europeo de Investigación.

La participación de Pablo Gracia en esta investigación contó con el apoyo del proyecto DIGINEQ (Uso del tiempo en el ámbito digital, bienestar de los adolescentes y desigualdades sociales) (n.º de acuerdo de subvención: 101089233), financiado por la beca Consolidator Grant del Consejo Europeo de Investigación.

ref. Un análisis en 43 países revela que los jóvenes de entornos desfavorecidos son más vulnerables a los riesgos de las redes sociales – https://theconversation.com/un-analisis-en-43-paises-revela-que-los-jovenes-de-entornos-desfavorecidos-son-mas-vulnerables-a-los-riesgos-de-las-redes-sociales-281951

Teledetección y satélites para convertir a los estudiantes en científicos y activistas por el suelo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Armando Martínez Echeverría, Formación académica que incluye la Licenciatura en Geografía y Ordenamiento, Ambiental, por la Universidad de Guadalajara, y la Maestría y Doctorado en Innovación Educativa por Centro Educativo Valles Virtual. Además de Diplomados., Universidad de Guadalajara

Imagen satelital de incendios en México tomada en febrero de 2024. BEST-BACKGROUNDS/Shutterstock

Para entender la importancia del suelo, es necesario reconocerlo como un ecosistema complejo. La densidad biológica es tan alta que una sola cucharada de tierra superaría en población a la humanidad entera. Este sistema se compone de microfauna, bacterias y hongos, capaces de generar materia orgánica que regula el clima y facilita la filtración de agua hacia los mantos acuíferos.

Trasladar esta realidad a la enseñanza no consiste en imponerla con argumentos académicos. Gracias a los Sistemas de Información Geográfica (SIG), los estudiantes pueden observar imágenes y, después, analizar los cambios en el uso del suelo en periodos de tiempo determinados.

Si además integramos la teledetección mediante sistemas satelitales en el aula, hacemos del aprendizaje en un proceso científico. Este convierte al alumno en protagonista del monitoreo de su propio territorio y en un agente crítico sobre lo que le sucede a ese suelo como fuente de vida.

Auge de los invernaderos: el caso de Zapotlán el Grande

Un ejemplo de ello lo encontramos en el proyecto docente desarrollado en torno al municipio de Zapotlán el Grande, en Jalisco (México). Las investigaciones han documentado un crecimiento exponencial de los invernaderos en el suelo agrícola de esta localidad en los últimos 25 años. Esta modalidad de explotación ejerce gran presión sobre el suelo, transformando zonas de vocación agrícola temporal en cultivos de precisión con rendimientos cada vez menores a medida que los suelos pierden su fertilidad original.

Mediante la integración de imágenes satelitales y análisis de los SIG en el aula, los estudiantes no solo constatan por sí mismos este cambio en el uso del suelo y su impacto sobre la fertilidad, sino que también descubren y reflexionan sobre cuestiones relacionadas con el cambio climático.

La verdadera innovación pedagógica en el caso de Zapotlán el Grande no tiene que ver únicamente con utilizar las imágenes de los satélites de última generación: integrar la teledetección en el aula significa dejar que la ciencia sea una actividad exclusiva de laboratorios lejanos y convertirla en una herramienta ciudadana. Al analizar la reflectancia de los plásticos de los invernaderos frente a la textura rugosa de los bosques nativos, el estudiante de secundaria es consciente del cambio climático y, además, lo documenta.

Incidencia educativa y políticas públicas

A menudo caminamos por la ciudad, el parque o el campo sin notar que bajo nuestros pies está uno los recursos naturales más importantes. El suelo, más que un elemento común de nuestros ecosistemas, constituye un componente ambiental muy valioso, pero a menudo olvidado en las políticas públicas y en las agendas educativas.

Se trata del soporte fundamental para la vida y del sustento para las actividades económicas primarias. Posicionar al suelo como el eje transversal que conecte diversas disciplinas dentro de la educación ambiental, responde a la necesidad de promover el aprendizaje significativo en las escuelas. Una vía para que los estudiantes puedan contrastar los datos con la realidad palpable de su propio territorio.

En el contexto actual, el suelo se ha convertido en el aliado perfecto para contrarrestar el cambio climático. Se trata del elemento que más carbono absorbe y retiene, solo comparable al papel que juegan en este mismo sentido los océanos. Tener un suelo sano, rico en materia orgánica, garantiza que el desastre natural que enfrentamos a nivel global pueda solucionarse.

No obstante, el tiempo no está de nuestro lado, en la escala de vida humana, al tratarse de un recurso no renovable. Se necesita de aproximadamente un milenio para formar apenas un centímetro de tierra fértil. Lo que la naturaleza toma siglos para crear, el ser humano lo desaparece en poco tiempo con la deforestación, las malas prácticas agrícolas, los incendios intencionados y la expansión de la mancha urbana.

Cabe recordar que el 95 % de la producción alimentaria mundial depende directamente del suelo. Ignorar su importancia por la ambición de mayores rendimientos por hectárea terminará sobreexplotándolo y comprometerá el futuro de nuestro medio ambiente, la agricultura y la vida humana.

Mapas y satélites: ojos científicos en el aula

¿Cómo podemos monitorear estos cambios que ocurren en nuestra vida sin darnos cuenta y, en las últimas décadas, de manera acelerada? La respuesta está en la tecnología. La mencionada teledetección permite obtener información a distancia sobre objetos o escenarios sin estar en contacto con ellos y sus aplicaciones resultan fundamentales para los estudios sobre el medio ambiente.

Un ejemplo al alcance de casi todos lo ofrece Google a través de sus plataformas Google Earth Engine o Google Maps. Estas utilizan imágenes de teledetección provenientes principalmente de satélites como Landsat 7 y 8 (NASA), así como satélites Sentinel (ESA/Copernicus). También entran en juego algoritmos avanzados para mejorar la definición, eliminar nubes, corregir colores y generar mosaicos visuales.

A través de estas herramientas y de los Sistemas de Información Geográfica (SIG), los estudiantes pueden observar imágenes y, después, analizar los cambios en el uso del suelo en periodos de tiempo determinados. Esto permite detectar detalles invisibles a la vista del ser humano y valorar procesos complejos, sin distinguir fronteras administrativas.

Además, los SIG facilitan la detección de incendios forestales, permitiendo conocer mejor la superficie afectada, ayudan a interpretar la sequía de los cuerpos de agua y permiten observar el crecimiento de la mancha urbana.

Metodologías activas

El docente deja de ser un simple transmisor de información para convertirse en un mediador que guía al alumno a transformar su entorno con base en datos técnicos. Si este proceso se acompaña con metodologías activas, tales como el aula invertida, la modalidad DUA (Diseño Universal de Aprendizaje), la transmisión de conocimiento a partir de problemas y la ludificación, entre otras, tendremos alumnos-ciudadanos que no sólo habitan su espacio, sino que se vuelven críticos ante lo que sucede con el suelo.

La vigilancia satelital, aplicada con una ética de la tierra, asegura que la protección de nuestros suelos no sea una idea abstracta, sino una decisión informada para preservar la vida en todas sus escalas.

The Conversation

Luis Armando Martínez Echeverría no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Teledetección y satélites para convertir a los estudiantes en científicos y activistas por el suelo – https://theconversation.com/teledeteccion-y-satelites-para-convertir-a-los-estudiantes-en-cientificos-y-activistas-por-el-suelo-276883

Que Europa prohíba destruir la ropa que no se vende no es suficiente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Vela Micoulaud, Profesor e investigador, Universidad de Deusto

Cuando una prenda no se vende solemos imaginar que acaba rebajada, en un outlet o, con suerte, donada. Cuesta pensar que ropa nueva, ya fabricada, transportada y almacenada, pueda terminar destruida sin haberse usado nunca. Sin embargo, esa destrucción existe y, precisamente por eso, la Comisión Europea ha concretado las reglas que aplicarán a partir del 19 de julio de 2026 a las grandes empresas.

Según la propia Comisión, la prohibición afectará a prendas de vestir, complementos de ropa y calzado, con excepciones justificadas en determinados casos(por cuestiones de seguridad, productos dañados que no puedan ser reparados, falsificaciones, entre otros).

Desperdicio textil

La reacción intuitiva es pensar que Europa cierra así una de las prácticas más absurdas del sector. Y hay razones para creerlo. La Comisión estima que cada año se destruye en Europa entre el 4 y el 9 % de los textiles nuevos no vendidos, con unas emisiones asociadas de alrededor de 5,6 millones de toneladas de CO₂.

Si ya se han consumido materiales, energía, agua y trabajo para fabricar una prenda, destruirla resulta difícil de defender. Pero conviene no quedarse en esa primera impresión. La prohibición corrige una práctica llamativa, incluso escandalosa, pero no elimina por sí sola el problema que la causa. Porque la cuestión de fondo no es qué hacemos con la ropa que sobra al final del proceso sino por qué el sistema produce tal volumen de sobrantes.




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Una prenda que nadie compra no siempre termina encontrando salida

Aquí es donde la nueva regulación resulta útil, y también donde conviene no exagerar su alcance. La norma no prohíbe “tirar ropa” en general, ni hace desaparecer de golpe todos los excedentes. Lo que hace es impedir la destrucción de determinados bienes no vendidos y obligar a las empresas afectadas a tomarse más en serio su gestión del stock.

La Comisión distingue entre dos obligaciones: la de informar y la de no destruir. Las grandes empresas ya deben informar sobre los productos no vendidos que desechan. Pero desde el 19 de julio de 2026 no podrán, además, destruir ropa, complementos y calzado no vendidos. En el caso de las empresas medianas, ambas exigencias se aplicarán a partir de 2030.

En busca de productos más duraderos, reparables y reciclables

Esta prohibición encaja en una agenda europea más amplia. La Estrategia de laUE para los textiles sostenibles y circulares no se limita a gestionar mejor el residuo: plantea que los productos textiles sean más duraderos, reparables y reciclables, y que la fast fashion deje de marcar el ritmo del sector. Esa perspectiva importa porque desplaza el foco desde el final de la cadena hacia el diseño del producto y el modelo de negocio.

En esa misma lógica se sitúa la revisión de la Directiva marco de residuos, ya en vigor, que introduce regímenes armonizados de responsabilidad ampliada del productor para los textiles. La idea es sencilla: que el coste del final de vida no recaiga solo en municipios y gestores de residuos, sino también en quienes ponen esas prendas en el mercado.

Reinventarse antes que destruir

Esta normativa puede tener efectos positivos reales. Si destruir deja de ser una salida fácil, las empresas tendrán más incentivos para liquidar antes, redistribuir, reacondicionar, revender o donar los productos que no se vendan en sus mercados tradicionales.

La medida no es simbólica: cambia el cálculo empresarial sobre qué hacer con el excedente. También introduce más transparencia sobre una parte poco visible del negocio textil. Pero sería un error presentar esta prohibición como si bastara por sí sola para corregir el problema ambiental de la moda.

Los datos europeos apuntan a una escala mucho mayor. En 2022, cada persona en la UE consumió, de media, 19 kilos de ropa, calzado y textiles personales y del hogar (en 2019 fueron 17 kilos). Ese mismo año, la UE generó 6,94 millones de toneladas de residuos textiles, equivalentes a unos 16 kilos por persona. Esa diferencia dice bastante.

El problema, más que destruir excedentes, es producirlos

Si el consumo medio se sitúa en 19 kilos por persona y el residuo en 16 kilos, el problema no puede reducirse a unas cuantas empresas destruyendo stock al final de la cadena. La Agencia Europea de Medio Ambiente añade otro dato: en 2022, la UE solo recogió separadamente una parte menor de esos residuos. Una fracción importante siguió yendo mezclada con otros residuos, lo que dificulta mucho su reutilización o reciclaje.

El atasco no está solo en cuánto residuo se genera, sino en cuánto se logra recuperar bien. La Agencia Europea de Medio Ambiente calcula que, ese mismo año, la tasa media de recogida separada de textiles y calzado domésticos en la UE fue inferior al 15 %. Es decir, incluso antes de discutir qué hacer con el excedente, Europa sigue teniendo un problema básico de captación, clasificación y tratamiento.

En otras palabras, impedir la destrucción de excedentes puede mejorar una parte del sistema, pero sin cambiar necesariamente su lógica profunda. Una empresa puede dejar de destruir prendas y seguir produciendo demasiado. Puede desplazar el excedente a descuentos permanentes, a canales opacos de liquidación o a circuitos exteriores de ropa usada. Ahí aparece otra pieza incómoda del problema. En 2023, la UE exportó alrededor de 1,37 millones de toneladas de textiles usados, sobre todo hacia África y Asia, y la Agencia Europea de Medio Ambiente advierte de que el destino real de esos flujos no siempre está claro.

Medio camino recorrido

Esta prohibición debería leerse como una corrección necesaria, pero parcial. Necesaria porque pone límites a una práctica difícil de justificar. Parcial porque la sostenibilidad del textil no depende solo de impedir la destrucción de lo que sobra, sino de reducir el volumen de lo que se produce sin necesidad.

Dicho de forma simple: la industria de la moda será más sostenible no solo cuando destruya menos, sino cuando necesite generar menos excedentes. La nueva norma europea es un paso sensato. Pero la prueba de fuego no será cuánta ropa deja de destruirse, sino si se logrará reducir la sobreproducción que hace posible ese sobrante desde el principio.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Gabriel Vela Micoulaud no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Que Europa prohíba destruir la ropa que no se vende no es suficiente – https://theconversation.com/que-europa-prohiba-destruir-la-ropa-que-no-se-vende-no-es-suficiente-278170

¿Qué son los hantavirus y qué peligro representan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

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El 2 de mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó sobre un grupo de personas con enfermedad respiratoria grave a bordo del crucero MV Hondius. El barco transportaba 147 pasajeros y tripulantes. El 4 de mayo de 2026, se habían identificado siete casos de hantavirus (dos confirmados por laboratorio y cinco sospechosos), incluyendo tres fallecimientos, un paciente en estado crítico y tres personas con síntomas leves.

MV Hondius navegaba desde el hemisferio sur hacia el norte para comenzar la temporada ártica, tras finalizar la temporada en la Antártida. Después de partir de Ushuaia, en Argentina, hizo escala en la isla de Santa Elena antes de poner rumbo al destino final previsto: el norte de Europa. El principal sospechoso de haber causado el brote es el hantavirus Andes.

Doscientos mil afectados cada año

Los hantavirus pertenecen al género Orthohantavirus, a la familia Hantaviridae y al orden Bunyavirales, y representan una amenaza significativa y emergente para la salud pública mundial, que afecta a más de 200 000 personas en todo el mundo cada año.

Son virus zoonóticos con una distribución casi global que causan dos enfermedades graves en humanos: la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), en Europa y en Asia, y el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPHC), también llamado síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), en América. Los roedores son los principales hospedadores naturales de los hantavirus causantes de la FHSR y el SPH, aunque se ha demostrado que los murciélagos, los topos, las musarañas, los reptiles y los peces también pueden ser portadores.

Las manifestaciones clínicas de la enfermedad varían según la distribución geográfica. En Asia, el virus Hantaan y el virus de Seúl (SEOV) infectan principalmente el riñón humano y causan fiebre hemorrágica con síndrome renal (HFRS). Uno de los principales puntos críticos de HFRS es la populosa provincia china central de Shaanxi.

En América del Norte, el virus Andes (ANDV) y el virus Sin Nombre (SNV) atacan los pulmones y causan el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (HCPS) o el síndrome pulmonar por hantavirus (HPS).

En Europa, el virus Puumala (PUUV) y el virus Dobrava-Belgarde (DOBV) causan una forma más leve de HFRS, denominada nefropatía epidémica. En este continente, la mayoría de los casos (>90 %) se concentran en Finlandia, Alemania, Suecia, Francia y Croacia.

Partículas virales en la orina y las heces

No hay suficientes datos sobre cuánto tiempo son viables los hantavirus en el medio ambiente. Algunas investigaciones han demostrado que el virus Puumala, que provoca una afección renal con una mortalidad asociada del 1 % y que es la causa más común de infecciones por hantavirus en Europa, es capaz de permanecer infeccioso hasta quince días en la cama de topillos rojos (Myodes glareolus), un animal que actúa como reservorio para el virus. También puede seguir siendo viable a temperatura ambiente después de cinco días en un entorno húmedo y de veinticuatro horas en un ámbito seco.

Al parecer, los hospedadores naturales de los hantavirus presentan una infección persistente con escaso efecto biológico. La transmisión a los humanos ocurre principalmente por inhalación de partículas virales aerosolizadas presentes en la orina, las heces y la saliva de roedores infectados, a menudo durante la limpieza de áreas cerradas e infestadas. Y en raras ocasiones, también por mordeduras de los animales.

La probabilidad de contagio de persona a persona es baja, pero no imposible, y con algunos hantavirus puede ocurrir en casos de contacto muy estrecho y directo con una persona sintomática. De hecho, ha sido notificada una transmisión limitada de persona a persona en brotes anteriores del virus Andes.

No existe cura para las enfermedades por hantavirus

Los primeros síntomas incluyen fatiga, fiebre y dolores musculares, y las manifestaciones graves pueden comenzar entre 1 y 8 semanas después de la exposición. La principal pauta de prevención es evitar el contacto con roedores.

No existe una cura específica: el tratamiento es sintomático. Para el síndrome pulmonar, oxígeno, fármacos para estabilizar la presión arterial y, en ocasiones, el uso de respiradores mecánicos. Para el síndrome de fiebre hemorrágica renal, diálisis y el medicamento antivírico ribavirina.

Dado que no existe un tratamiento específico para la infección por hantavirus y el síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), la detección precoz y los cuidados de apoyo tempranos son fundamentales. El manejo de los síntomas, como la administración de líquidos, la intubación, la ventilación, la monitorización y el soporte cardíaco, son las únicas maneras de controlar la progresión grave de la enfermedad. Sin la atención adecuada, la muerte suele producirse dentro de las 24 a 48 horas posteriores a la afectación del sistema cardiopulmonar.

La mayoría de los casos de síndrome pulmonar por hantavirus son causados por los hantavirus Sin Nombre, Andes y Choclo. Pero también existe constancia de casos provocados por el virus de Black Creek Canal, el virus Muleshoe y el virus Bayou en el sudeste de los Estados Unidos y México; el virus de Nueva York, una variante del virus Sin Nombre, en la costa este de los Estados Unidos; el virus Convict Creek y el virus Isla Vista en la costa oeste; y los virus Laguna Negra, Lechiguanas, Orán, Plata Central, Buenos Aires, Río Mearim, Juquitiba, Ape Aime Itapua, Araucaria, Jabora, Neembucu, Anajatuba, Castelo dos Sonhos, Maripo y hantavirus Bermejo en Sudamérica.

Tres mil soldados misteriosamente enfermos

El primer brote documentado de fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR) ocurrió durante la Guerra de Corea, en 1951. Afectó a más de 3 000 soldados de las tropas desplegadas por la ONU. A pesar de una intensa investigación, el agente etiológico de esta enfermedad continuó siendo un misterio durante veintiocho años, hasta que el prototipo del hantavirus, el virus Hantaan –cuyo nombre deriva del río Hantaan, en Corea del Sur– fue aislado en 1978 del ratón de campo rayado (Apodemus agrarius).

Antes de la década de 1990 existía la creencia de que los hantavirus estaban restringidos a Asia y a Europa, pero la aparición, en 1993, de un brote infeccioso inusual en los Estados Unidos cambió esta percepción.

En la actualidad, el riesgo para España es muy bajo, pero, aun así, es necesario vigilar los hantavirus debido a su alta tasa de mortalidad. La vigilancia permite la detección temprana, el control de los roedores y la concienciación pública para prevenir la transmisión, ya que no existe tratamiento ni una vacuna específica.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué son los hantavirus y qué peligro representan? – https://theconversation.com/que-son-los-hantavirus-y-que-peligro-representan-282186

Atrapados en el mar: ¿cómo se contiene un brote de hantavirus en un barco?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Franco Serrano, Profesor de Ciencias de la Salud, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Strikernia / Shutterstock

La actual alerta sanitaria generada por el brote de hantavirus a bordo de una embarcación nos sitúa ante un escenario epidemiológico tan inusual como complejo.

A diferencia de otros patógenos, el hantavirus es una enfermedad zoonótica que se transmite principalmente a través de la inhalación de aerosoles procedentes de excrementos, orina o saliva de roedores infectados.

La transmisión de persona a persona es extremadamente rara (limitada casi exclusivamente a algunas cepas sudamericanas como el virus Andes). Por lo tanto, el problema principal en un barco no es solo el contacto entre los pasajeros o la tripulación, sino la exposición a un entorno cerrado donde el vector (normalmente ratas o ratones y sus deposiciones) podría estar conviviendo de manera invisible con los humanos en un espacio donde el aire circula de forma interna.

Aislamiento y cuarentena no son lo mismo

Ante una crisis así, las primeras medidas dictadas por las autoridades sanitarias suelen ser el aislamiento y la cuarentena. Aunque a menudo se utilizan como sinónimos en el lenguaje coloquial, en epidemiología responden a estrategias diferentes, y aplicarlas correctamente en un barco es fundamental.

El aislamiento se aplica exclusivamente a las personas que ya presentan síntomas o han dado positivo en la enfermedad. El objetivo es separar a los enfermos del resto de la tripulación para proporcionarles atención médica segura y evitar que cualquier fluido o vía de contagio llegue a personas sanas.

Por otro lado, la cuarentena se aplica a personas aparentemente sanas, pero que han estado expuestas al mismo entorno de riesgo (por ejemplo, que dormían en la misma cabina o trabajaban en la misma bodega donde ha habido contagios). A estas personas se les restringe el movimiento durante el período de incubación del virus para monitorizar si desarrollan síntomas.

Cómo se controla la infección en un barco

Aplicar estos dos conceptos en tierra firme es relativamente sencillo; hacerlo en un barco es un auténtico reto. Un barco funciona como un ecosistema cerrado. Para sectorizarlo, es necesario establecer un sistema de “zonas limpias” y “zonas sucias”.

El mayor desafío es la ventilación. Como el hantavirus se transmite por partículas suspendidas en el aire (cuando se levanta polvo contaminado por roedores), es vital asegurarse de que los sistemas de climatización y ventilación de las zonas de aislamiento y de las zonas de riesgo no recirculen el aire hacia las áreas seguras. Esto, a menudo, implica apagar determinados sistemas de ventilación compartida, utilizar filtros HEPA si la embarcación dispone de ellos, y confinar a los tripulantes en sus cabinas minimizando el tránsito por pasillos y zonas comunes.

Además de la ventilación, otro quebradero de cabeza operativo es la gestión de residuos y suministros. En alta mar, los residuos biológicos o los materiales posiblemente contaminados (como toallas, sábanas o las bandejas de comida de los tripulantes en cuarentena) no pueden almacenarse de cualquier manera ni arrojarse por la borda. Requieren un protocolo de doble bolsa sellada y almacenamiento en zonas aisladas hasta su correcta incineración o tratamiento al llegar a puerto.

Paralelamente, establecer circuitos de “contacto cero” para hacer llegar agua y alimentos a la tripulación confinada en las cabinas es vital para evitar la contaminación cruzada.

Cortar la vía de transmisión: el aislamiento del vector

Dado que el hantavirus se propaga del entorno animal a los humanos y no de persona a persona, restringir los movimientos de la tripulación resuelve solo una parte de la ecuación. La cuarentena humana no es suficiente; es necesario actuar sobre el vector que la provoca, las ratas, que siguen libres por la embarcación y los elementos que han contaminado.

El verdadero reto logístico a bordo es la desratización y la desinfección. Este proceso debe ser extremadamente riguroso. La norma de oro con el hantavirus es no barrer ni aspirar nunca en seco, ya que eso levantaría polvo cargado de partículas virales y facilitaría su inhalación.

Toda limpieza de bodegas, cocinas o espacios de carga sospechosos debe realizarse con métodos húmedos, rociando las superficies con soluciones de lejía u otros desinfectantes antes de limpiarlas. El personal encargado de esta tarea debe ir equipado con Equipos de Protección Individual (EPI) de alta seguridad, incluyendo mascarillas con filtros para partículas (tipo FFP3), gafas estancas y guantes. Sin esta desinfección ambiental intensiva, el barco sigue siendo infeccioso.

La urgencia de estas medidas radica en la resistencia del propio patógeno. El hantavirus puede sobrevivir a temperatura ambiente en entornos cerrados durante varios días.

Además, la estrategia de desratización a bordo requiere precisión: a menudo se priorizan las trampas físicas frente a los cebos envenenados. El motivo es puramente preventivo: si un roedor ingiere veneno y muere en un conducto de ventilación o un espacio inaccesible, su cuerpo seguirá siendo un foco de liberación de partículas virales a medida que se descomponga y empeorará gravemente la situación.

El Reglamento Sanitario Internacional en un mundo globalizado

La llegada a puerto en estas condiciones está estrictamente regulada por el Reglamento Sanitario Internacional de la OMS. Este marco establece cómo deben coordinarse los puertos para autorizar un atraque seguro y atender a la tripulación sin poner en riesgo a la población local. Las autoridades de Sanidad Exterior solo darán permiso para interactuar con el puerto cuando el barco sea declarado oficialmente libre del patógeno y del vector.

Casos como este nos recuerdan una lección fundamental: en un mundo hiperconectado, el comercio marítimo y la movilidad no solo transportan bienes y personas, sino también vectores climáticos y enfermedades zoonóticas. La prevención, el control estricto de plagas en el transporte de mercancías y la preparación epidemiológica de los puertos no son simples trámites burocráticos, sino la primera y más importante línea de defensa de la salud pública global.

La paradoja de esta crisis es que no es necesario aislar a las personas para proteger el entorno, sino desinfectar el entorno para proteger a las personas, ya que es el barco el que resulta infeccioso, y no su tripulación.

The Conversation

Luis Franco Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Atrapados en el mar: ¿cómo se contiene un brote de hantavirus en un barco? – https://theconversation.com/atrapados-en-el-mar-como-se-contiene-un-brote-de-hantavirus-en-un-barco-282203

Met Gala 2026: cuando la moda quiso ser arte y acabo convirtiéndose en ‘ir de guapa’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Madonna a su llegada a la Met Gala 2026 con un traje inspirado en el cuadro _La tentación de san Antonio_ de Leonora Carrington. The MET

Se esperaba mucho de la Met Gala 2026, no tanto por su capacidad de generar imágenes –que es, en última instancia, lo que siempre ha hecho bien–, como por la ambición conceptual que planteaba. Bajo la temática “Costume Art” y el código de vestimenta “Fashion is Art”, la gala no reabría tanto el debate sobre si la moda puede ser arte –cuestión ampliamente transitada–, como sobre en qué condiciones seguimos siendo capaces de reconocerla como tal.

No era, por tanto, una cuestión de estética superficial, sino de interpretación cultural. La propuesta implicaba trabajar con referencias pictóricas, escultóricas o cinematográficas, pero también con ideas más complejas: el cuerpo como soporte simbólico, el paso del tiempo o la relación entre materia y significado.

Como señalaba Andrew Bolton, conservador jefe del Centro de Vestuario Anna Wintour en el Museo Metropolitano de Arte, la intención no era eliminar el cuerpo para elevar la moda a arte, sino devolverlo al centro de la conversación, como condición misma de sentido. No se trataba de parecer arte, sino de operar desde sus lógicas.

La pregunta, en el fondo, no interpelaba tanto a quienes vestían como a quienes miran. Porque si la moda funciona como lenguaje, su sentido no se agota en lo que se produce, sino en la capacidad de ser leído. El sociólogo francés Roland Barthes ya lo planteaba: el vestido no es solo un objeto, sino un sistema de signos. La moda no solo se ve, se descifra.

Y ahí es donde esta edición ha resultado especialmente reveladora. No tanto por lo que ocurrió en la escalinata del MET, sino por la forma en que esa escena ha sido recibida: reducida, simplificada o consumida sin apenas mediación interpretativa.

La moda como lenguaje en una cultura que ya no la lee

La sociología de la moda lleva décadas recordando que su aparente superficialidad es una ilusión. El alemán Georg Simmel entendía la moda como un equilibrio entre imitación y diferenciación. El francés Pierre Bourdieu añadió que su comprensión depende del capital cultural: no basta con tener gusto, hay que saber reconocer códigos, identificar referencias y situar los objetos dentro de un campo de sentido.

Desde esta perspectiva, un vestido nunca es solo un vestido. Es una posición, una cita, una toma de partido simbólica dentro de un campo cultural. Comprenderlo exige tiempo, atención y una cierta familiaridad con el archivo que lo sostiene.

Sin embargo, buena parte de la conversación posterior a la gala se ha movido en otro registro: “qué bonito”, “qué feo”, “yo eso no me lo pondría”. Lo significativo no es tanto la existencia de esta reacción –esperable– como su generalización, incluso entre perfiles que se presentan como expertos.

Evaluar la Met Gala como si se tratara de elegir un vestido para una boda no es un error puntual, sino un síntoma. Refleja una cultura que ha desplazado la moda desde el terreno del significado hacia la experiencia inmediata, desde la lectura hacia la reacción.

Un tema que exigía interpretación

Costume Art” no era un tema fácil, pero sí especialmente exigente. No invitaba a disfrazarse de arte, sino a trabajar desde sus lógicas: a entender el cuerpo como superficie de inscripción simbólica, como un lienzo donde se proyectan códigos, referencias y relatos.

Algunas propuestas supieron sostener esa complejidad. Hunter Schafer trasladó al cuerpo el retrato de Mäda Primavesi de Gustav Klimt. Sin esa referencia, el gesto se percibe simplemente como un vestido extraño o poco favorecedor. Ahí es donde se ve con claridad la distancia entre lo que la moda propone y lo que la mirada alcanza a interpretar.

Sabrina Carpenter articuló su look en torno al imaginario cinematográfico de Sabrina, incorporando tiras de película como material y conectando la moda con el cine como archivo cultural. Heidi Klum encarnó la escultura Veiled Vestal de Raffaelle Monti, trasladando al cuerpo esa cualidad marmórea y velada.

En una línea más híbrida, Madonna recurrió al imaginario de la pintora surrealista Leonora Carrington, construyendo una presencia más cercana a lo performativo que a lo literal. Pero, de nuevo, sin esa referencia el gesto podía quedar reducido a lo excéntrico.

Junto a estas propuestas, aparecieron códigos históricos recurrentes –corsés estructurados, corpiños esculpidos, siluetas heredadas– que activaban el archivo del vestido. Había, por tanto, referencias, densidad y posibilidades de lectura. Sin embargo, junto a estas interpretaciones se impuso otra lógica más dominante: la de resolver la temática desde la estética, desde lo reconocible y desde aquello que funciona en imagen.

‘Ir de guapa’ en la era del algoritmo

Muchos de los looks respondían a un criterio cada vez más evidente: no tanto interpretar la temática como resultar visualmente eficaces. Siluetas favorecedoras, decisiones seguras, vestidos pensados para gustar y circular más que para ser leídos.

Este desplazamiento no puede entenderse al margen del ecosistema en el que hoy circula la moda. La Met Gala se ha convertido en un dispositivo global de producción de imágenes. Cada look nace ya pensado para su reproducción, para su circulación, para su consumo acelerado.

La imagen ya no se contempla, se desliza. Y en ese deslizamiento, el algoritmo premia lo inmediato, lo reconocible, lo que no necesita explicación. La complejidad exige tiempo, y el tiempo se ha convertido en un recurso escaso. Aquí la intuición del filósofo francés Guy Debord se vuelve casi literal: el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una forma de relación social mediada por ellas.

“Ir de guapa” deja así de ser una elección estética para convertirse en una forma de resolución, coherente con las reglas del sistema.

Estética, poder y legitimación

A este desplazamiento se suma otra dimensión: la relación entre moda, poder y legitimación. La presencia como patronos del dueño de Amazon, Jeff Bezos, y su esposa, Lauren Sánchez, no introduce un fenómeno nuevo –el mecenazgo ha existido siempre–, pero sí una transformación en su visibilidad y en su lectura política.

En un contexto de polarización, estas presencias se interpretan como algo más que apoyo económico. La cercanía a determinadas figuras –incluidas las vinculadas a Donald Trump– desplaza la lectura desde lo estético hacia lo estructural.

En este sentido, la estética funciona como vehículo del poder. Como plantea el filósofo Byung-Chul Han, la cultura contemporánea integra incluso el conflicto dentro de la lógica de la imagen, suavizándolo y haciéndolo consumible. La Met Gala no solo refleja estas dinámicas; también contribuye a producirlas.

Una gala que funciona como síntoma

Desde esta perspectiva, la Met Gala 2026 resulta interesante no tanto por lo que fue, sino por lo que revela. En un momento en el que la moda se proponía como lenguaje, su recepción la ha devuelto a una lógica inmediata: la de algo que gusta o no gusta, que favorece o no favorece. No es que la moda haya dejado de producir significado sino que cada vez se le exige menos.

Porque si la moda es arte –y todo en esta gala parecía querer afirmarlo–, también implica debate, interpretación y criterio. En una cultura que ha dejado de leer e interpretar, la cuestión ya no es solo qué se crea, sino qué somos capaces de ver.

Y entonces, la pregunta deja de ser si la moda es arte para convertirse en otra más incómoda: ¿seguimos siendo capaces de reconocerla como tal?

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Met Gala 2026: cuando la moda quiso ser arte y acabo convirtiéndose en ‘ir de guapa’ – https://theconversation.com/met-gala-2026-cuando-la-moda-quiso-ser-arte-y-acabo-convirtiendose-en-ir-de-guapa-282166

Mueren Craig Venter y su sueño de lograr la inmortalidad con técnicas genómicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Marfany Nadal, Profesora Catedrática de Genética, Universitat de Barcelona

Craig Venter, el fundador de Celera Genomics y creador de la primera célula sintética Christopher Halloran / Shutterstock.com

Una vida descodificada (A Life decoded) es el título de la autobiografía de Craig Venter, que acaba de fallecer. Este emprendedor, impulsor de la publicación de uno de los dos primeros borradores del Genoma Humano soñaba con la vida sintética y con alargar lo máximo posible la vida humana. Ha sido uno de los científicos de mayor impacto en la genómica del siglo XXI, en parte, porque en él confluían dos talentos: gran visión de futuro e intuición del momento de oportunidad.

Un emprendedor marcado por la guerra

Venter nació en 1946 y, durante su juventud, fue un pésimo estudiante. Sin embargo, su paso por el ejército y la guerra en Vietnam le marcaron profundamente. Tanta muerte y desolación (incluso con un intento de suicidio) le hicieron dedicarse a la medicina y la ciencia.

Encarnaba el espíritu de científico emprendedor tan estimado en Estados Unidos. Entre los distintos institutos y empresas que fundó, encontramos a TIGR (The Institute for Genomic Research), que secuenció en 1995 todo el genoma de una bacteria, Haemophilus influenzae, mediante una nueva técnica de “perdigonada” (shot-gun, en inglés). Esta técnica consiste en secuenciar el genoma de un organismo troceado al azar y, mediante algoritmos bioinformáticos, recomponerlo. El éxito de su propuesta fue tal que fundó una nueva empresa, llamada Celera Genomics, destinada a aplicar esa misma estrategia de secuenciación al genoma humano. Para Venter, el esfuerzo del consorcio público era demasiado “lento e inercial”.

Dos borradores

La competición por la publicación del primer borrador del Genoma Humano, considerado el Santo Grial para conocer qué distingue a nuestra especie, fue agria y disputada. El consorcio público era consciente de que la tarea era mucha más compleja que la de secuenciar cualquier otro organismo. Por eso, desde los inicios, trató de avanzar racionalmente, realizando un cartografiado preciso de cada cromosoma antes de adentrarse en la identificación de genes específicos. Como contrapartida al esfuerzo repartido entre tantos países y científicos, todos los datos fueron ofrecidos en abierto, públicamente y sin patentes. Y la propia Celera Genomics se benefició de ello.

En cambio, una empresa privada como la de Venter, con claro objetivo de lucro, partía de la premisa de que solo aquellos que pudieran pagarlo tendrían acceso a sus datos, generados con la última generación de código bioinformático. Obviamente, la mayoría de instituciones públicas no podían permitirse pagar por ese acceso.

La carrera estaba claramente desequilibrada, teniendo en cuenta que, sin el acceso a los datos públicos acumulados con tanto esfuerzo, que habían “esbozado” muchas de las regiones del genoma humano, hubiera sido imposible que el grupo de Craig Venter concluyese con éxito su empeño en esa época.

Con todo, el consorcio público aceleró sus procedimientos y adelantó en 5 años la obtención de ese primer borrador del Genoma Humano, publicándose ambos, público y privado, con un solo día de diferencia, en febrero de 2001, justo este año celebramos los 25 años de esta publicación.

Un ‘frankenstein’ celular

Venter nunca perdió el interés por la información contenida en el genoma humano. Se secuenció completamente a sí mismo en 2007, para convertirse en el “referente del genoma humano”.

También fue el primer caso de éxito de secuenciación masiva de todos los genes codificantes del genoma (exoma) en 2008. Ello abrió la puerta al diagnóstico genético individual –mediante secuenciación masiva a un coste muy bajo– que tantísimo ha permitido avanzar la genética humana en los últimos 15 años.

Más allá de la genética humana, en 2010, publicó la secuencia y generación de un microorganismo totalmente sintético, a partir de una célula vaciada de ADN que fue “rellenada” con cromosomas fabricados químicamente en el laboratorio. Venter y su equipo buscaban la célula mínima, es decir, aquella que contuviera la mínima información genética necesaria para vivir. Un hito sorprendente y que abre la puerta a sintetizar en el futuro organismos “frankestein”, con genomas de organismos distintos, o con genes que nunca han existido antes.

La última aventura de Craig Venter fue la creación de la empresa Human Longevity, concebida para crear “gemelos digitales” con los que, a partir de información genética individual, diseñar una medicina personalizada y alargar la vida de las personas, de forma privada y con económico elevado. Para ello, pensaba combinar utilizar todo el conocimiento bioinformático sobre el genoma humano junto con algoritmos de inteligencia artificial.

Irónicamente, en su caso, la genética se rebeló contra el genio, que ha muerto de cáncer a los 79 años de edad, algo que no pudieron predecir sus algoritmos.

Paradójico teniendo en cuenta que no ha llegado ni siquiera a la esperanza de vida de varones en España, que es de 81 años. El hombre que publicitaba la posibilidad de incrementar al máximo la longevidad de la especie humana falleció mucho antes de lo que hubiera deseado. Descanse en paz.

The Conversation

Gemma Marfany Nadal recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación. Es miembro del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universitat de Barcelona (UB), miembro de la Comissió Nacional de Bioètica d’Andorra y Ombudsperson de las instituciones CERCA.

ref. Mueren Craig Venter y su sueño de lograr la inmortalidad con técnicas genómicas – https://theconversation.com/mueren-craig-venter-y-su-sueno-de-lograr-la-inmortalidad-con-tecnicas-genomicas-281913

Nueve formas de renaturalizar los campos agrícolas para mejorar su adaptación al cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José M. Rey Benayas, Catedrático de Ecología, Universidad de Alcalá

Charca pequeña construida en una dehesa para promover la biodiversidad. José María Rey Benayas

Existen múltiples oportunidades para renaturalizar los paisajes agrícolas mediante la introducción estratégica de elementos ricos en biodiversidad. De esta manera, es posible mejorar los servicios ecosistémicos –es decir, los beneficios que aporta la naturaleza a la sociedad–, la resiliencia y la sostenibilidad socioecológica de los territorios rurales.

Este enfoque parte del reconocimiento de que la agricultura intensiva ha simplificado drásticamente el paisaje. Ello ha provocado pérdidas significativas de biodiversidad, degradación del suelo, reducción de la capacidad de regulación climática y deterioro de los servicios culturales y de soporte. La restauración ecológica en estos paisajes no pretende competir con la producción agrícola o ganadera, sino complementarla y reforzarla, integrando la biodiversidad en el funcionamiento de las explotaciones.

Marco conceptual de la renaturalización de los paisajes agrícolas. La introducción de elementos ricos en biodiversidad puede plantearse en todos los esquemas agrícolas: agricultura intensiva, agricultura de precisión, agricultura ecológicamente intensificada y agricultura extensiva.
Rey Benayas et al. 2025

Los agroecosistemas en la legislación europea

El reciente Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza incluye un artículo dedicado a los agroecosistemas. Entre las metas destacan la necesidad de revertir la tendencia negativa de varios indicadores de biodiversidad, como el índice de mariposas de pastizales, las reservas de carbono orgánico en suelos minerales y la proporción de superficie agraria que incorpora elementos paisajísticos de alta diversidad.

Asimismo, se fijan objetivos de aumento progresivo del índice de aves comunes. Estas metas reflejan la urgencia de actuar a escalas amplias y de manera coordinada para reforzar la funcionalidad ecológica del paisaje.

Actualmente, el Gobierno de España, en coordinación con las comunidades autónomas, está elaborando el Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza, recientemente sujeto a consulta pública.




Leer más:
La productividad agrícola no es incompatible con la conservación de la biodiversidad


Intervenciones para aumentar la biodiversidad

Se pueden poner en marcha varias intervenciones prácticas en explotaciones agrarias para incrementar su biodiversidad sin comprometer la actividad productiva. Estas son algunas de ellas:

Seto plantado en una linde de La Nava del Conejo (Valdepeñas, Ciudad Real) por la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas. El seto está compuesto principalmente por especies de arbustos bajos y matas para mantener el carácter abierto del paisaje. Los tubos verdes están protegiendo unas plántulas de encinas.
José María Rey Benayas
  • Plantación de árboles aislados: son el hábitat de multitud de especies y contribuyen a secuestrar y almacenar carbono y la conectividad del paisaje, entre otras funciones.

  • Revegetación de lindes, ribazos y bordes de caminos: estas estructuras lineales aumentan la conectividad ecológica y permiten diseñar restauraciones estratégicas eficientes. Los setos o cercas vivas, concebidos como “bosques reticulados”, son capaces de mejorar la infiltración de agua, reducir la erosión, favorecer la polinización y aumentar la presencia de fauna auxiliar beneficiosa, entre otras contribuciones de la naturaleza a las personas.

  • Introducción de islotes de vegetación nativa: estos elementos son microhábitats forestales que funcionan como nodos de biodiversidad y favorecen la dispersión de semillas, la regeneración natural y la conectividad ecológica.

  • Construcción de caballones: estos elementos lineales elevados sobre el nivel general del suelo también ofrecen refugio y alimento a muchas especies.

  • Rehabilitación o creación de puntos de agua (charcas, fuentes, abrevaderos): son el hábitat de especies ligadas al menos durante una parte de su ciclo vital al agua (algas, plantas, anfibios y odonatos, entre otras) y bebederos de toda la fauna silvestre.

  • Creación de franjas herbáceas y bandas florales: ofrecen refugio y recursos alimenticios a multitud de especies, en particular a los insectos.

Bayas de un rosal silvestre plantado por la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas.
José María Rey Benayas
  • Instalación de cajas nido y refugios para la fauna silvestre: las cajas nido suplen la falta de huecos en el paisaje apropiados para nidificar. Otros elementos como los majanos de piedras y pilas de madera proporcionan refugio a muchas especies de invertebrados, reptiles y pequeños vertebrados, entre otras.

  • Instalación de perchas: permiten descansar a todas las aves, otear las presas a las rapaces y formar puntos de acumulación de semillas que las aves dispersoras transportan y depositan en la base.

  • Acciones de conservación del patrimonio arquitectónico rural: la construcción o reparación de muros de piedra seca y chozos, por ejemplo, permiten integrar valores ecológicos y culturales.

Refugio para murciélagos instalado sobre una estructura alta azul con copas de encinas detrás
Refugio para murciélagos instalado en La Nava del Conejo (Valdepeñas, Ciudad Real) por la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas.
José María Rey Benayas

Ejemplos de iniciativas de restauración

Dos iniciativas relevantes de la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas en marcha son Campos de Vida y Campo de Montiel + Natural, esta última en el marco de la Red de Territorios Regenerativos. Ambas aplican modelos de restauración integrados, participativos y orientados a la regeneración de suelos, la diversificación del paisaje y la revitalización socioeconómica.

Estas iniciativas se complementan con NavaLab, un laboratorio vivo con fines de demostración, investigación, formación y agroturismo, principalmente.

En síntesis, la renaturalización de los paisajes agrícolas constituye una vía efectiva, viable y necesaria para reconciliar la producción, la biodiversidad y el bienestar humano. Integrar elementos de alta diversidad en el mosaico agrario no solo mejora los servicios ecosistémicos, sino que fortalece la resiliencia del territorio frente al cambio climático y genera beneficios tangibles para agricultores y comunidades rurales.

The Conversation

José M. Rey Benayas recibe fondos de varias agencias, administraciones y organizaciones europeas, nacionales y locales para el desarrollo de sus investigaciones y proyectos aplicados. El es miembro de la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas.

ref. Nueve formas de renaturalizar los campos agrícolas para mejorar su adaptación al cambio climático – https://theconversation.com/nueve-formas-de-renaturalizar-los-campos-agricolas-para-mejorar-su-adaptacion-al-cambio-climatico-279989

¿Por qué los peces no tienen pelo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

liudmila_selyaninova / shutterstock

Un delfín, un salmón y un lobo marino no se parecen en casi nada cuando se observa su piel. El salmón está cubierto de escamas superpuestas y mucosidad. El delfín tiene una piel lisa, prácticamente sin pelo. El lobo marino, en cambio, conserva uno de los pelajes más densos del reino animal. Los tres son vertebrados acuáticos. Las diferencias no son anecdóticas: revelan una regla básica de la evolución que suele sorprender, incluso, a quienes creen entenderla bien.

La respuesta está en cientos de millones de años de historia evolutiva y muestra cómo un mismo problema –proteger y aislar el cuerpo– puede resolverse de formas radicalmente distintas según el punto de partida evolutivo.

Los peces tienen escamas porque nunca necesitaron pelo

El pelo es un rasgo distintivo de los mamíferos. Evolucionó una sola vez, en el linaje de los sinápsidos, el grupo de amniotas que incluye a todos los mamíferos y sus antepasados, que se originó hace más de 300 millones de años. Pero el linaje es una cosa y el rasgo es otra: los fósiles más antiguos que sugieren la presencia de pelo datan de hace unos 250 millones de años, a partir de heces fosilizadas –coprolitos– de terápsidos hallados en Rusia. Y las primeras impresiones claras de pelaje corresponden a mamíferos del Jurásico, hace unos 165 millones de años.

Lo que sí sabemos con certeza es que el pelo ya estaba plenamente establecido cuando los tres grandes linajes de mamíferos actuales (monotremas, marsupiales y placentarios) divergieron.

Los peces se separaron del linaje que daría origen a los vertebrados terrestres hace unos 375–400 millones de años, mucho antes de que apareciera el pelo. No lo perdieron: nunca lo tuvieron. En su lugar, desarrollaron escamas, estructuras duras incrustadas en la piel que proporcionan protección mecánica sin comprometer la movilidad.

Las escamas de los peces no son equivalentes al pelo de los mamíferos, ni siquiera a las escamas de los reptiles. Comparten el nombre, pero no el origen, ni la estructura. En los peces, estas cubiertas forman parte de la dermis y tienen una base mineralizada de hueso, dentina o sustancias similares al esmalte. En los reptiles, las cubiertas externas derivan de la epidermis y están formadas por queratina.

Existen distintos tipos de escamas en los peces, adaptadas a funciones diferentes. Un ejemplo llamativo es el de tiburones y rayas, cuyas escamas placoideas –pequeñas estructuras similares a dientes– reducen la resistencia hidrodinámica con tal eficacia que han inspirado diseños industriales. Mientras, en los peces óseos, las escamas son finas, flexibles y superpuestas, compuestas principalmente de un tejido rico en colágeno, llamado elasmodina, recubierto por una capa ósea.

A esto se suma la mucosidad que recubre la piel de los peces. Su capa viscosa no es un simple lubricante: reduce la fricción, dificulta la entrada de patógenos y ayuda a regular el intercambio de sales con el entorno acuático. Es una solución evolutiva completamente independiente a problemas que los mamíferos, en tierra, resolvieron de otra manera.

El pelo es para la vida terrestre

Cuando los vertebrados colonizaron la tierra firme, las reglas físicas cambiaron. El agua conduce el calor unas 25 veces mejor que el aire, de modo que atrapar una fina capa de aire junto a la piel se convirtió en una ventaja enorme. Eso es exactamente lo que hace el pelo.

El pelaje funciona como aislante porque mantiene aire inmóvil cerca del cuerpo, reduciendo la pérdida de calor. Además, protege de la radiación solar, de la abrasión y de los parásitos y, en algunos casos, cumple funciones sensoriales muy precisas: las vibrisas de las focas, por ejemplo, pueden detectar el rastro hidrodinámico de un pez que pasó segundos antes.

Todos los mamíferos tienen pelo en algún momento de su desarrollo. Incluso las ballenas forman folículos pilosos durante la gestación. El pelo no es un accesorio: es una sinapomorfía –un carácter derivado compartido– que define al grupo entero.

Volver al mar planteó un dilema

Tras la desaparición de los grandes reptiles marinos hace unos 66 millones de años, los océanos ofrecían nichos ecológicos que diversos linajes de mamíferos acabarían ocupando, aunque la relación causal exacta entre aquella extinción y la radiación de mamíferos marinos sigue siendo objeto de debate.

A partir del registro fósil y las reconstrucciones filogenéticas, los científicos infieren que algunos mamíferos terrestres que vivían cerca de costas, ríos y estuarios empezaron a explotar recursos acuáticos. El proceso fue gradual y ocurrió varias veces de forma independiente: los linajes que darían lugar a ballenas y delfines lo iniciaron hace unos 50 millones de años, los manatíes poco después y las focas más tarde. Los fósiles más antiguos de pinnípedos datan del Oligoceno tardío, hace unos 27–30 millones de años.

En tierra, el pelaje funciona porque atrapa aire. En el agua, esa capa de aire se comprime y pierde eficacia. La conductividad térmica del pelaje mojado y comprimido se aproxima a la del agua misma, mientras que la grasa subcutánea no se comprime y mantiene su capacidad aislante, incluso a grandes profundidades. Además, suaviza el contorno del cuerpo y reduce el gasto energético al nadar.

Así que la selección natural no «eligió» entre pelo y grasa. Simplemente, favoreció, generación tras generación, aquello que funcionaba mejor en un entorno acuático. Cuanto mayor era el tiempo pasado bajo el agua, mayor era la ventaja de sustituir el pelo por una gruesa capa de grasa.

Las ballenas completaron la transición

Los cetáceos representan el extremo de este proceso. A lo largo de millones de años, perdieron casi todo su pelo, conservando apenas algunos folículos alrededor del hocico. En algunas especies, como las ballenas boreales, estas estructuras parecen haberse reutilizado como sensores del movimiento del agua.

El rastro de esta transformación queda escrito en el genoma. La tasa de pérdida de genes de queratina capilar en cetáceos supera significativamente la tasa basal en otros mamíferos. Muchos genes que antes producían proteínas del pelo han quedado inactivos, convertidos en fósiles moleculares. Ya no había presión selectiva para mantenerlos y la evolución los dejó degradarse.

En otros mamíferos acuáticos, como manatíes e hipopótamos, se observan procesos similares. Este fenómeno se conoce como evolución convergente: linajes no emparentados que, ante presiones ambientales similares, llegan de forma independiente a soluciones parecidas. La pérdida del pelo no ocurrió una sola vez, sino repetidamente, cada vez que un linaje de mamíferos volvió al agua.

Las focas están a medio camino

Los pinnípedos ilustran una situación intermedia. Siguen dependiendo de la tierra para reproducirse y descansar, y su aislamiento térmico refleja esa doble vida.

Leones marinos en Óblast de Sahalinskaya, Rusia.
Shchipkova Elena/Shutterstock

Los lobos marinos conservan un subpelaje extremadamente denso –los osos marinos ártícos, por ejemplo, tienen aproximadamente 300 000 pelos por pulgada cuadrada, entre los pelajes más densos de cualquier pinnípedo–. Las focas verdaderas, en cambio, dependen mucho más de la grasa subcutánea: en elefantes marinos, la capa de grasa puede superar los 15 centímetros de grosor. La transición evolutiva del pelo a la grasa en pinnípedos sigue un gradiente claro, con los otarios en el extremo dominado por el pelo y los fócidos en el extremo dominado por la grasa. Cuanto mayor es el compromiso con la vida acuática, menor es la dependencia del pelo.

No es una escala de «mejor» a «peor», sino de ajuste progresivo a condiciones físicas distintas.

La evolución no planifica

Peces, focas y ballenas viven en el agua, pero sus cubiertas corporales no son variaciones de un mismo diseño. Las escamas y la mucosidad de los peces evolucionaron en el agua y nunca dejaron de ser eficaces. El pelo apareció en tierra y no funcionaba bien al volver al mar. La grasa subcutánea fue la alternativa que mejor funcionaba con los materiales disponibles.

No es una línea recta ni una mejora progresiva. Son historias evolutivas diferentes que confluyen en un mismo entorno, sin compartir las mismas soluciones.

Foca común.
Wikimedia Commons., CC BY

Esto nos lleva a una idea clave de la biología evolutiva: la evolución no anticipa, no optimiza y no rediseña desde cero. Trabaja con lo que ya existe. Los peces nunca “necesitaron” pelo. Los mamíferos no recuperaron escamas al volver al mar. La selección natural no busca la solución ideal, sino la que funciona lo suficientemente bien.

Las focas siguen a medio camino. Las ballenas han llegado casi al final. Los peces nunca emprendieron ese viaje. Tres formas de vivir en el agua, tres pieles distintas y una misma lección incómoda: en evolución, la historia importa tanto como el entorno.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué los peces no tienen pelo? – https://theconversation.com/por-que-los-peces-no-tienen-pelo-279250

El dilema sobre el modelo Bukele: ¿es lícito conseguir la seguridad de un país a cualquier precio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Martí Barrachina, Profesora colaboradora en criminología, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Detenidos en formación antes de ser escoltados a sus celdas en un centro de alta seguridad de Tecoluca, El Salvador. youledtayif/Shutterstock

El llamado “modelo Bukele” –en referencia a Nayib Bukele, presidente de El Salvador desde 2019, y convertido en referente de las políticas de mano dura– constituye uno de los fenómenos penales recientes más discutidos a nivel global. Sus resultados en reducción de la violencia han sido ampliamente difundidos aunque, en paralelo, ha recibido críticas contundentes por sus implicaciones en materia de derechos humanos y garantías democráticas.

El modelo genera, así, adhesiones y rechazos intensos, haciendo que el debate se mantenga en esa dicotomía más de lo deseable. Quienes lo apoyan suelen aceptar sus peligrosos excesos; quienes lo rechazan a menudo eluden una pregunta delicada: ¿qué alternativa se le ofrece a quien lleva décadas viviendo bajo una violencia que el Estado no ha sabido contener?

Antes de Bukele: violencia y fracaso institucional

Durante décadas, El Salvador registró niveles de violencia extraordinariamente elevados, situándose entre los países con mayores tasas de homicidio del mundo. Esta violencia –continuada y estructural– estaba vinculada al control del territorio que ejercían las pandillas (las maras), conocidas internacionalmente por el uso de tatuajes visibles en el rostro, además de en otras partes del cuerpo.

Las pandillas no solo cometían homicidios: imponían un régimen de dominación basado en la extorsión, la amenaza y el miedo constante, condicionando la vida diaria de la población.

En El Salvador, era (es) normal tener amigos o familiares asesinados, vivir en casas protegidas por concertinas, encontrarse con personal de seguridad armado en la entrada de una farmacia o un restaurante y tener que pagar periódicamente una cantidad de dinero a la pandilla del barrio para vivir allí o tener un negocio.

En este escenario, marcado también por elevados niveles de pobreza y corrupción, las respuestas estatales previas a Bukele no lograron revertir el problema. A pesar de la alternancia política entre gobiernos de izquierdas y derechas, las estrategias implementadas –incluyendo operativos policiales y militares intensivos– no consiguieron desmantelar las estructuras criminales y, en muchos casos, generaron efectos negativos adicionales, como abusos y deterioro de la confianza institucional.

Es en este contexto de violencia crónica y agotamiento social donde debe situarse la estrategia impulsada por el presidente de El Salvador.

Luces y sombras del modelo

A partir de 2019, y especialmente tras el régimen de excepción de 2022 –que implicó una suspensión prolongada de garantías constitucionales y una ampliación extraordinaria del poder punitivo estatal–, el Estado salvadoreño desplegó una política de control penal intensivo basada en detenciones masivas, el encarcelamiento generalizado y el endurecimiento del sistema penitenciario.

Retrato oficial de Nayib Bukele (2019)
Wikimedia Commons, CC BY

Esta política ha llevado a El Salvador a registrar la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, con cifras que superan los 1 600 presos por cada 100 000 habitantes. Para dimensionar la cifra: Cuba, segunda del ranking, tiene la mitad; España, alrededor de 116.

Los resultados de la estrategia, sin embargo, han sido contundentes, al menos en términos de seguridad. Las cifras oficiales indican una reducción drástica de los homicidios, acompañada del descenso de otros delitos, como la extorsión. Además, los indicadores de percepción de seguridad confirman este cambio: una gran parte de la población afirma sentirse segura en su vida cotidiana, algo impensable en años anteriores.

Estos resultados ayudan a explicar por qué el modelo ha recibido un apoyo significativo dentro de El Salvador y también fuera de él, especialmente en Latinoamérica, donde algunos sectores de la población lo perciben como una respuesta posible a la violencia en sus propios países.

Así, actores políticos de Costa Rica, Argentina, Chile o Guatemala han planteado ya medidas inspiradas en él. Ahora bien, este apoyo convive con sectores crecientes de la población que cuestionan esta estrategia por sus costes en derechos y garantías.

En esta línea, Bukele y su modelo han sido objeto de críticas severas. Organizaciones y académicos han denunciado detenciones arbitrarias, encarcelamiento de personas inocentes y graves limitaciones al debido proceso en el marco del régimen de excepción. También se ha cuestionado la fiabilidad de las estadísticas oficiales, señalando cambios en los criterios de recuento de homicidios que podrían sobredimensionar la reducción de la violencia.

A ello se suman preocupaciones por el gran deterioro institucional y democrático derivado de la concentración de poder y la “deriva autoritaria” de Bukele –que incluye la persecución y encarcelamiento de periodistas y activistas–, así como dudas sobre la sostenibilidad de una estrategia basada en el encarcelamiento masivo en un contexto de pobreza persistente.

Más allá del todo o nada: el incómodo vacío de alternativas

La discusión sobre el caso de El Salvador suele plantearse en una lógica de todo o nada: se acepta el modelo por sus resultados en seguridad o se rechaza por sus elevados costes. Sin embargo, ambas posiciones resultan, de algún modo, insuficientes.

El problema de la primera es más visible: minimiza sus gravísimas implicaciones, expuestas anteriormente. El problema de la segunda –que a menudo pasa desapercibido– es que elude una cuestión incómoda: no existen alternativas que, a día de hoy, hayan demostrado ser eficaces para reducir de manera rápida niveles extremos de violencia en países con las características de El Salvador y parte de la región latinoamericana.

Los enfoques preventivos –educación, reinserción, policía comunitaria…– cuentan con un amplio respaldo empírico, pero su aplicación requiere tiempo y presenta límites importantes en escenarios donde las estructuras criminales ejercen un control consolidado sobre el territorio y la vida cotidiana, y donde cada día de espera se traduce en muertes.

Ignorar este problema contribuye, paradójicamente, a reforzar el atractivo de modelos como el salvadoreño. Una parte relevante de su apoyo no se explica por su legitimidad, sino por la percepción de que es la única opción que ha ofrecido resultados visibles. Reconocer esta realidad no equivale a legitimar el modelo; es el punto de partida para combatirlo.

El reclamo real de mano dura

Desde contextos alejados de la violencia resulta más sencillo rechazar estrategias ilegítimas, porque hacerlo no implica continuar viviendo amenazado. Pero para quienes padecen esa realidad de forma cotidiana, la urgencia reduce drásticamente el margen de elección: se prioriza sobrevivir hoy sobre las garantías que deberían proteger el mañana.

Comprender esta lógica –sin validarla– es indispensable para entender por qué determinados sectores de la población formulan demandas de mano dura en estas situaciones y por qué líderes con propuestas extremas e ilegítimas logran una base de apoyo real.

En este sentido, si se quiere evitar que la excepcionalidad punitiva se consolide como única opción políticamente creíble, no basta con denunciar sus costes: es imprescindible construir alternativas realistas y operativas que, además de normativamente deseables, sean también eficaces en contextos de violencia estructural. De lo contrario, el riesgo es su expansión a otros países, con costes democráticos inaceptables y sin garantía de resultados.

The Conversation

Marta Martí Barrachina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El dilema sobre el modelo Bukele: ¿es lícito conseguir la seguridad de un país a cualquier precio? – https://theconversation.com/el-dilema-sobre-el-modelo-bukele-es-licito-conseguir-la-seguridad-de-un-pais-a-cualquier-precio-280214