Masculinidades y adicciones: ¿por qué a ellos les cuesta más pedir ayuda?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen María Galvez Sánchez, Professor. Faculty of Psychology and Speech Therapy. Universidad de Murcia, Universidad de Murcia

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Las adicciones son un problema de salud pública muy importante y cada vez aumenta más su presencia en la sociedad. La Organización Mundial de la Salud informa de que cada año 2,6 millones de personas mueren a causa del consumo de alcohol, mientras que 600 000 lo hacen por las drogas.

Estos fallecimientos muestran un marcado componente de género, ya que los hombres son los más afectados. A ellos corresponden 2 millones de las muertes relacionadas con el alcohol y 400 000 de las motivadas por sustancias psicoactivas.

Pero ¿por qué esa brecha? La investigación demuestra que existen diferencias en la forma en que hombres y mujeres actúan al buscar ayuda para problemas de salud, incluidas las adicciones. Ellas tienden a pedir ayuda con mayor frecuencia, en parte debido a las normas tradicionales de género establecidas por la sociedad, que también influyen en las creencias y comportamientos de los varones con respecto a la búsqueda de apoyo.

Ser hombre suele asociarse a ser fuerte, independiente y resolver todo solo. Esto puede dar lugar a que los hombres piensen que pedir ayuda es una muestra de debilidad y falta de autosuficiencia, y lo eviten.

Las barreras que les impiden pedir ayuda

Existen otras barreras que dificultan que los hombres busquen ayuda para resolver sus adicciones. Entre las más comunes se encuentran el estigma público, los prejuicios sociales y la discriminación. Estos son especialmente fuertes en casos de adicción al alcohol y al juego, no tanto en cuanto al consumo de tabaco.

Las creencias negativas sobre la utilidad de los tratamientos y el miedo a ser juzgados también actúan como barreras. Estas barreras están muy relacionadas con la forma en que la sociedad considera que debe ser un hombre. Ya que predomina la idea de que los hombres tienen que ser autosuficientes, resolver todo por ellos mismos, y no mostrar debilidad.

El proceso de búsqueda de ayuda es diferente según el tipo de adicción. Sin embargo, todas las adicciones comparten el impacto de las normas de género y el estigma social como factores que dificultan pedir ayuda.

Para trabajar eficazmente con las adicciones en hombres, es importante integrar una perspectiva de género en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento, con enfoques personalizados y adaptados a sus necesidades específicas.

Existen otras formas de “ser hombre”

Comprender qué es la masculinidad hegemónica ayuda a entender por qué a muchos hombres les cuesta pedir ayuda. La masculinidad hegemónica es la forma en la que la sociedad define cómo deber ser un hombre. La sociedad establece normas que asocian la masculinidad con la fuerza, la independencia y ocultación de las emociones. Estas normas pueden hacer que los hombres eviten buscar ayuda para que nos los consideren débiles.

Sin embargo, existen otras formas de “ser hombre”. La masculinidad igualitaria propone una forma diferente de estar en el mundo basada en la equidad de género, el respeto mutuo y la eliminación de las diferencias de poder. Este enfoque promueve en los hombres la empatía, la colaboración y la expresión emocional.

En este contexto, la masculinidad no se define por la superioridad, sino por la igualdad y el respeto en las relaciones humanas. La masculinidad igualitaria es una herramienta importante para eliminar las barreras en la búsqueda de ayuda, especialmente en contextos de adicción, y ayudar a promover sociedades más inclusivas y justas.

Saber pedir ayuda es necesario porque permite a las personas enfrentar sus desafíos con apoyo profesional y social, aumentando las posibilidades de superar las dificultades y mejorar la calidad de vida. Por el contrario, no pedir ayuda a tiempo retrasa el diagnóstico, el tratamiento y la recuperación. Pedir ayuda también puede eliminar el estigma y la soledad que muchas veces acompañan a los problemas de adicción. Nadie debería enfrentar sus problemas en soledad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Masculinidades y adicciones: ¿por qué a ellos les cuesta más pedir ayuda? – https://theconversation.com/masculinidades-y-adicciones-por-que-a-ellos-les-cuesta-mas-pedir-ayuda-281613

Cuando una especie se mezcla con otra hasta el borde de la desaparición, ¿intervenimos o dejamos actuar a la evolución?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Liétor Gallego, Investigador postdoctoral especializado en comunicación, divulgación y transferencia del conocimiento científico, Universidad de Jaén

Caracol del género _Iberus_ (concretamente, de la especie _I. gualtieranus alonensis_). Didaccc/Shutterstock

En biología, se conoce como hibridación al cruce entre individuos de especies o linajes distintos que da lugar, por lo general, a descendientes con características de ambos progenitores. Un ejemplo que todos conocemos es la mula, descendiente de la mezcla entre una yegua y un burro.

Durante mucho tiempo, el fenómeno biológico de la hibridación se consideró un proceso raro y evolutivamente marginal, casi anecdótico, tanto en vertebrados como en invertebrados.

Repasemos algunos ejemplos:

  • En mamíferos, la mezcla entre lobo y perro puede reducir la diversidad genética y comprometer la conservación de poblaciones silvestres

  • En aves, cambios ambientales recientes están favoreciendo cruces entre especies antes aisladas.

  • En peces, la elección errónea de pareja puede incluso generar nuevas líneas evolutivas.

  • En anfibios, se han detectado poblaciones introducidas de origen híbrido que logran establecerse.

  • En reptiles, se han descrito híbridos entre especies venenosas que despiertan tanto inquietud como interés.

  • En insectos, mariposas como Heliconius muestran cómo la hibridación puede dar lugar a nuevas especies

  • En moluscos, casos como la nacra (Pinna nobilis) mediterránea evidencian que la hibridación también puede influir en la dinámica y conservación de especies marinas.

Existe, además, un tipo de hibridación más complejo, que va un paso más allá: la hibridación con introgresión, donde los híbridos vuelven a cruzarse con una de las especies parentales, de modo que algunos de sus genes acaban integrándose de forma estable en ella a lo largo de las generaciones. No se trata solo de un cruce puntual, sino de la incorporación progresiva de genes de una especie en otra, lo que puede modificar sus características, facilitar la capacidad de colonizar nuevos entornos o diluir la identidad genética de las poblaciones originales.

En el caso de los invertebrados, el desarrollo de herramientas genéticas y genómicas ha revelado que el intercambio de genes entre especies es más frecuente de lo que se pensaba y que, en determinadas circunstancias, puede incluso conferir ventajas adaptativas a los híbridos. Aun así, la hibridación no suele considerarse un motor principal de especiación –el proceso por el cual una especie ancestral se divide en dos o más distintas–, sino más bien un mecanismo complementario dentro de un marco evolutivo más amplio.




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Caracoles españoles cuestionan la visión clásica de la hibridación

Entre los caracoles, la hibridación y la introgresión entre especies cercanas están bien documentadas, aunque generalmente se consideran procesos secundarios: rara vez originan nuevas especies y actúan más bien como mecanismos que introducen variación genética dentro de las ya existentes. Son la estructura poblacional, la ecología y el aislamiento geográfico los que actúan como principales motores evolutivos.

Sin embargo, este esquema encuentra una excepción más que notable en el género Iberus, endémico del sureste ibérico, donde la hibridación no parece ser un fenómeno puntual, sino recurrente: hasta 38 presuntos tipos de híbridos han sido descritos en Redescubriendo el género Iberus, un proyecto de ciencia ciudadana, estudio resultante de más de dos décadas de trabajo de un equipo de investigadores de Jaén. Este patrón sugiere que la hibridación como fuerza evolutiva en los gasterópodos terrestres podría haber sido subestimada.

Uno de los ejemplos más clásicos de hibridación dentro del género se encuentra en el entorno de la ermita del Cristo de la Sierra, en la sierra de Abdalajís (Málaga), donde conviven Iberus cobosi e Iberus marmoratus. El marcado contraste entre ambas especies explica que este fenómeno llamara ya la atención de los investigadores del siglo pasado. Mientras que la primera muestra una concha angulosa, con una quilla bien definida y una estriación muy evidente, la segunda presenta formas redondeadas y superficies lisas. Entre ambos extremos aparecen los híbridos, que parecen situarse en un punto intermedio: con una quilla suavizada, estrías menos densas y una concha menos achatada, decorada con marmoraciones más sutiles.

Más grave de lo que parecía

Desde finales del siglo pasado hasta hoy, se puede observar cómo la introgresión de I. marmoratus avanza de forma sostenida por la ladera norte del extremo oriental de la sierra de Abdalajís, ganando terreno a I. cobosi.

Tradicionalmente, este proceso se reconocía por la presencia de ejemplares claramente intermedios. Sin embargo, hallazgos recientes han cambiado de forma notable esta visión. Por un lado, se han identificado individuos con aspecto inequívoco de I. cobosi que presentan marcadores mitocondriales propios de I. marmoratus (Figura 3A). Por otro, aparecen fenotipos aparentemente puros que incorporan las bandas características de I. marmoratus (Figura 3B). A ello se suma el descubrimiento de ejemplares con labio rosado, un rasgo común en I. marmoratus pero nunca antes descrito en I. cobosi (Figura 3C).

En conjunto, estas evidencias muestran que el morfotipo (conjunto de rasgos morfológicos característicos de la concha) clásico del híbrido cobosi × marmoratus representa solo una de las múltiples formas que puede adoptar la introgresión. Existen otras variantes más crípticas (morfológicamente indistinguibles de las formas puras y solo identificables mediante análisis genéticos), en las que la concha conserva el aspecto típico de I. cobosi y solo varían detalles sutiles de la ornamentación. Anteriormente, estas se atribuían a variabilidad intraespecífica (entre organismos de la misma especie), pero en realidad reflejan una introgresión acumulada a lo largo de generaciones.




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¿Una extinción inminente?

Posiblemente, hoy en día resulte muy difícil encontrar ejemplares genéticamente puros de I. cobosi en su área clásica de distribución. Existe, no obstante, otra población situada unos 700 metros cornisa arriba hacia el oeste en la sierra de Abdalajís que merece una exploración detallada en busca de ese genotipo original. Hasta ahora, no se han detectado en ella señales de introgresión con I. marmoratus, aunque sí con otra especie: I. polymorphicus.

A falta de prospecciones más exhaustivas en otros enclaves de la sierra –especialmente en su vertiente sur–, todo apunta a que la presencia de linajes genéticamente puros del endemismo es, como mínimo, muy reducida.

Es un escenario que podría estar anunciando la posible extinción de I. cobosi y que plantea un dilema de conservación nada trivial: si este proceso de “desespeciación” debe ser gestionado activamente o asumido como parte de la dinámica evolutiva natural. Entre las posibles estrategias, podría considerarse la localización y preservación de los últimos núcleos genéticamente puros, su cría en cautividad y eventual reintroducción en áreas libres de especies del mismo género.

Pero no es la única opción. También cabría plantear la protección estricta de microhábitats refugio, la creación de barreras ecológicas que limiten el contacto entre especies, el seguimiento genético a largo plazo de las poblaciones o incluso la gestión pasiva, aceptando la introgresión como un proceso evolutivo en curso.

No obstante, esta decisión, que no sólo afecta a estos caracoles sino a todas las especies del planeta, trasciende lo puramente biológico y se adentra en el terreno de la filosofía y la ética. ¿Preservar una especie tal y como la conocimos, o aceptar y acompañar su transformación en un mundo en constante cambio?

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José Liétor Gallego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando una especie se mezcla con otra hasta el borde de la desaparición, ¿intervenimos o dejamos actuar a la evolución? – https://theconversation.com/cuando-una-especie-se-mezcla-con-otra-hasta-el-borde-de-la-desaparicion-intervenimos-o-dejamos-actuar-a-la-evolucion-280002

Recogida de basura puerta a puerta: ¿por qué muchos ayuntamientos la eligen si es tan polémica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Artacho Ramírez, Director de Centro de Investigación en Dirección de Proyectos, Innovación y Sostenibilidad (PRINS) de la UPV, Universitat Politècnica de València

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La gestión de residuos municipales es un problema muy complejo que suele representar más del 30 % del presupuesto total de los servicios de un ayuntamiento. La tasa de basuras que hemos tenido hasta ahora en España apenas cubría el 60 % del coste real del servicio.

Para corregir ese desfase financiero y cumplir con la normativa europea, la ley de de residuos y suelos contaminados exigía a los ayuntamientos aplicar una tasa de residuos específica, diferenciada y no deficitaria. El objetivo: permitir la implantación de sistemas de “pago por generación” antes de abril de 2025. Estos requisitos no se están cumpliendo y no hay visos de que se cumplan a corto plazo.

Esta misma ley establecía como objetivo reciclar el 55 % de los residuos municipales en 2025, el 60 % en 2030 y el 65 % en 2035, limitando para este último año la cantidad de residuos que acaban en el vertedero al 10 % del total. Lamentablemente, estamos lejos de cumplirlo, pues en España sólo se recicla, de media, el 38 % y el 50 % de los residuos municipales acaban en el vertedero.

Para mejorar estas cifras e intentar cumplir la legislación, muchas Administraciones están intentando hacer sus deberes mediante la implantación del sistema de recogida puerta a puerta, aunque no cuentan con el apoyo mayoritario de la ciudadanía.

En España, las comunidades que han abierto camino en la recogida puerta a puerta son Cataluña, País Vasco y Navarra, auténticos laboratorios donde este sistema empezó a demostrar su eficacia. Cataluña es hoy la región con mayor implantación, superando los 300 municipios, mientras que territorios como la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares destacan por su rápida evolución hacia este modelo más sostenible y participativo.

Entre los municipios donde este esquema funciona de forma integral destacan Artà en Mallorca, Besalú en Girona y Usúrbil en el País Vasco, todos ellos con resultados muy altos de reciclaje. En cambio, otros municipios aplican el sistema solo en algunas fracciones o zonas, como Banyoles y Castelló d’Empúries en Girona, o Maó en Menorca, donde el puerta a puerta convive con otros modelos de recogida.

Ninguna gran ciudad española lo aplica, pero existen ejemplos europeos emblemáticos como Milán y Bruselas.

Las ventajas del puerta a puerta

Estudios científicos recientes demuestran que, con el sistema puerta a puerta, se consiguen varios objetivos:

  • Mayor separación y reciclaje. Por ejemplo, en la República Checa, la adopción de este sistema incrementó las tasas de separación en un 40 % frente al uso de contenedores. En Suecia, los hogares con este sistema separaron el doble de residuos que aquellos que usaban contenedores. Y en la ciudad alemana de Colonia, la transición al sistema puerta a puerta aumentó el reciclaje de plásticos en un 19 %.

  • Mayor pureza de los materiales. Un estudio en Italia demostró que el porcentaje de materiales reciclables que acaban erróneamente en la “fracción resto” (basura mezclada que va al vertedero) es significativamente mayor con el sistema de contenedores que con el puerta a puerta. Esto demuestra una eficiencia mayor de la segregación en origen que asegura un reciclaje de mayor calidad.

  • Eliminación de microvertederos. El esquema puerta a puerta mitiga el problema de la existencia de basura dispersa y la creación de focos de insalubridad o “microvertederos”, que frecuentemente se forman por el mal uso o desbordamiento de los contenedores en vía pública.

Así, parece ser el sistema ideal para cumplir con las exigencias europeas y alcanzar los objetivos de reciclaje, reducir la presencia de impropios (residuos depositados en el contenedor equivocado) y disminuir la fracción resto enviada al vertedero.

Además, cuando se implemente el pago por generación, el sistema puerta a puerta es perfecto para garantizar la trazabilidad necesaria, con el objetivo de conocer exactamente qué cantidad y calidad de residuos genera cada hogar.




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Nuevos reciclajes

Finalmente, la citada ley amplió el catálogo de residuos que deben separarse en origen. Además del papel, plástico y vidrio, la normativa obliga a la separación de los biorresiduos y puso como límite diciembre de 2024 para recoger de forma separada los residuos textiles, aceites de cocina usados, residuos domésticos peligrosos y residuos voluminosos.

La recogida puerta a puerta facilita la gestión logística de estos nuevos flujos, evitando la necesidad de sembrar las aceras con innumerables contenedores distintos para cada tipo de residuo.




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Impacto ambiental

Un estudio reciente de análisis de ciclo de vida, que contempla los impactos de distintos modos de recogida y de los tratamientos finales (reciclaje, compostaje y vertedero), demuestra que el sistema puerta a puerta es más ecológico que el uso de contenedores.

El sistema reduce la huella de carbono total, incluyendo la reducción de emisiones a largo plazo de los vertederos, cuya vida útil se alarga al reducirse drásticamente la fracción resto a eliminar.




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Económicamente, ¿le cuesta más al ayuntamiento?

A nivel económico, investigaciones recientes demuestran que, aunque los costes de personal y logísticos son mayores con este sistema, el ayuntamiento recupera esa inversión por dos vías: deja de pagar las elevadas tasas y penalizaciones europeas por enterrar residuos mezclados en el vertedero y genera ingresos al vender materiales reciclables muy puros a las plantas de tratamiento.

Con todo, el sistema cuadra las cuentas y protege el medio ambiente sin exigir un aumento de los impuestos municipales.

Si además se emplea la técnica de fusión (agrupando los residuos de algunos hogares contiguos), la rentabilidad económica y ambiental del sistema se dispara: concentrando los cubos de cinco familias, los costes disminuyen en un 46 % y las emisiones de CO₂ un 27 %.

Los vecinos como agentes clave

También es clave destacar que el sistema crea empleo local, gana espacio público y mejora su estética, ofreciendo un entorno mucho más limpio y saludable.

A pesar de las ventajas en materia social y de sostenibilidad, el éxito del sistema depende de que los vecinos acepten el cambio.

Los cambios no se logran solo con imposiciones legales; se requiere un delicado equilibrio entre apoyo normativo, coordinación municipal y compromiso comunitario.

Para evitar la resistencia vecinal y lograr que se adopten las nuevas rutinas, los expertos recomiendan que las instituciones sigan algunas pautas:

  • Comunicación directa, personal y puerta a puerta: para que la gente cambie sus hábitos, la información no puede ser abstracta. En EE. UU., una campaña de información puerta a puerta logró que el 50 % de los vecinos adoptaran las nuevas pautas de reciclaje en solo cuatro semanas, frente a un escaso 5 % de adopción en zonas donde la información se ofreció a través de medios municipales pasivos.

  • Reducción de barreras logísticas (fácil y gratuito): las instituciones deben eliminar cualquier obstáculo práctico y logístico. Esto implica la distribución gratuita de cubos adecuados y bolsas compostables para la fracción orgánica directamente a los hogares.

  • Transparencia y demostración de eficacia: la reticencia vecinal a menudo nace del escepticismo sobre si el esfuerzo realmente vale la pena. Las autoridades deben fortalecer la confianza publicando informes periódicos, visuales y accesibles que muestren los resultados cuantitativos de la separación: cuántas toneladas se han salvado del vertedero, cuánto dinero público se ha ahorrado y cómo la materia orgánica se ha transformado en compost de alta calidad para la agricultura local.

  • Implementación de incentivos tangibles: combinar el nuevo sistema de recogida con mecanismos de recompensa transforma una obligación molesta en un beneficio. Las instituciones pueden implementar sistemas de “recompensa” con los que los vecinos ganen puntos por separar correctamente, canjeables por descuentos en comercios locales, productos sostenibles o rebajas en sus impuestos municipales.

  • Fomento de normas sociales mediante la educación: el reciclaje debe percibirse como una norma socialmente esperada y valorada por la comunidad. Para lograrlo, los ayuntamientos deben promover programas de educación ambiental en las escuelas, convirtiendo a los niños en embajadores del reciclaje en sus propias familias.

La conclusión es que el sistema puerta a puerta nos ayudaría a estar a la altura de las sociedades más avanzadas en materia de residuos si se consiguiera el compromiso de todos.

The Conversation

Miguel Ángel Artacho Ramírez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Escuchar cómo habla una persona puede cambiar su diagnóstico (y su vida)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Varo Varo, Catedrática de Lingüística General en la UCA, investigadora del Instituto de Lingüística Aplicada (ILA). Semántica léxica, déficits semánticos y perfiles lingüísticos en trastornos ddel neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas, Universidad de Cádiz

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Hay familias que llevan años en lo que los especialistas llaman un limbo diagnóstico: saben que “algo” ocurre, pero ninguna prueba lo confirma con suficiente claridad. A veces se trata de un hijo que, superando los umbrales mínimos en las pruebas estandarizadas, tiene “algo” que no encaja. Otras es un mayor en el que “algo” ha cambiado, pero de una forma difícil de explicar. En estos contextos, deberíamos prestar más atención al lenguaje.

Puesto que tendemos a pensar en el lenguaje como un instrumento de comunicación social, los problemas de lenguaje son entendidos como aquellos que interfieren con esa función comunicativa. En estos casos, la intervención consiste, fundamentalmente, en restaurarla o, al menos, compensarla.

Este enfoque funcional relega a un segundo plano el hecho de que en el lenguaje también se proyectan los principales mecanismos de la cognición: la memoria, la atención, la categorización, la función ejecutiva, e incluso la emoción.

De hecho, el análisis lingüístico no solo nos informa sobre las competencias relacionadas con lenguaje sino, de manera especial, sobre la arquitectura cognitiva de cada persona.

Cuando el lenguaje se deteriora

Cuando el lenguaje se deteriora o se desarrolla de forma atípica no lo hace al azar: sigue patrones que reflejan la peculiar organización de los sistemas cognitivos subyacentes.

La neuropsicología cognitiva distingue dos sistemas de memoria con sustratos cerebrales diferenciados.

Por un lado, la memoria declarativa actúa como un almacén mental para hechos y palabras. De ella dependen tanto el vocabulario como la capacidad para captar la intención de un mensaje en su contexto social.

Por otro lado, la memoria procedimental se encarga de las habilidades y secuencias automatizadas. Este sistema gestiona la arquitectura estructural del lenguaje, desde la combinación de sonidos hasta la formación de palabras y la construcción de oraciones.

A partir de esta distinción, la mirada clínica permite interpretar perfiles lingüísticos que, a primera vista, resultan desconcertantes.

Corta pero no es un cuchillo

Imaginemos un paciente que, cuando habla, construye oraciones gramaticalmente válidas pero vacías de contenido semántico. Por ejemplo, dice: “necesito algo para cortar… no es un cuchillo… algo que corta” para referirse a un serrucho. Se trata de una disociación entre fonología y gramática frente al léxico que puede alertar de que hay una demencia semántica.

Este patrón tan específico puede indicar la atrofia de una zona del cerebro llamada neocórtex temporal izquierdo, región cerebral que funciona como el centro logístico de nuestros conceptos y conocimientos.

Torpeza en el discurso y torpeza motora

La disociación puede encontrarse también en dirección contraria. Pensemos en una niña de diez años con una alteración genética poco habitual con un discurso lento, que tiende a acumular comienzos oracionales (“Ella…es que… es que… es que ella quería…”), con largas pausas y excesivas autocorrecciones. Es el rastro de una mente que sabe lo que quiere decir, pero que lucha contra la maquinaria que se ocupa de unir las piezas.

Su comprensión y su vocabulario son excelentes, incluso es capaz de producir expresiones como “Va al cole guapa vestida”, donde el orden está alterado pero el sentido es nítido. O puede construir frases como “Conmigo se lleva bien de generosa”, que muestran cómo su mente ha fusionado dos estructuras distintas en el intento de ensamblar el mensaje.

Este perfil, que suele acompañarse de torpeza motora y dificultades atencionales, muestra que el problema no está en el conocimiento del mundo o el almacén de conceptos, sino en la maquinaria encargada de secuenciar y automatizar las reglas del lenguaje.

El diagnóstico del lingüista

¿Cómo puede la lingüística ayudar en estos casos? La clave no está en analizar el habla espontánea en situaciones reales, en las que la mente debe gestionar el lenguaje, a la vez que la atención y la memoria. No se trata simplemente de hacer un inventario de errores –como quien cuenta piezas rotas–, sino de interpretar esos fallos como un mapa coherente. Al observar qué piezas fallan y cuáles resisten, el lingüista puede realizar un diagnóstico funcional: una explicación detallada de cómo está organizado el cerebro de esa persona.

Así, el lenguaje deja de ser el problema para convertirse en la herramienta que nos dice exactamente dónde necesita apoyo la paciente.

Desde trastornos del neurodesarrollo hasta enfermedades neurodegenerativas

Esto vale tanto para los trastornos del neurodesarrollo (en niños) como para las enfermedades neurodegenerativas en sus fases iniciales (en mayores). En ambos, casos, los cambios en el lenguaje suelen preceder a la confirmación diagnóstica por otras vías. Y se puede llevar a cabo sin procedimientos invasivos y con un impacto directo sobre la calidad de vida cotidiana.

Hay veces en que falla la fluidez verbal en la categorización semántica, es decir, al organizar y clasificar los significados. Por ejemplo, cuando una persona, al tratar de decir “tenedor”, es incapaz de decidir entre la palabra correcta y opciones como “cuchara” y “cuchillo”, que se encuentran semánticamente cercanas.

Si alguien pierde la especificidad del contenido de forma progresiva, por ejemplo pasando de decir “canario” a “pájaro”, hasta finalmente referirse a él como “animal” o “bicho”, hablamos de un deterioro de la memoria semántica a largo plazo.

La importancia de identificar lo que está preservado

La terapia más eficaz no es la que intenta reconstruir lo que se ha perdido o nunca se desarrolló de manera típica, sino la que identifica lo que está preservado y lo convierte en apoyo para lo que ya está comprometido.

En el adulto con demencia semántica en fase temprana, las rutas fonológica y gramatical intactas sostienen todavía durante un tiempo la comunicación que el vaciamiento semántico –esa pérdida progresiva de los conceptos y los nombres de las cosas que deja el lenguaje como una estructura hueca– irá erosionando.

En la niña con la alteración genética, su excelente capacidad para entender la intención del otro, respetar los turnos de palabra y usar el contexto para hacerse entender nos permiten construir estrategias de comunicación funcional eficaces.

Aprender a leer esos patrones, en lugar de simplemente catalogar déficits por niveles lingüísticos, es lo que convierte el análisis del lenguaje en un instrumento de diagnóstico cognitivo temprano.

The Conversation

Carmen Varo Varo recibe fondos de: Proyecto: «Estudio neurocognitivo longitudinal y transversal de las capacidades acústico-perceptivas y la función lingüística en niños prematuros», Proyecto de Excelencia (Modalidad Reto Consolidado): «Estudio psicolingüístico longitudinal de niños con cromosomopatías de baja prevalencia» y Proyecto de Investigación (Responsabilidad Social): «Herramientas para la evaluación y rehabilitación del lenguaje en niños con cromosomopatías de baja prevalencia».

– ref. Escuchar cómo habla una persona puede cambiar su diagnóstico (y su vida) – https://theconversation.com/escuchar-como-habla-una-persona-puede-cambiar-su-diagnostico-y-su-vida-277159

¿Puede el uso de IA en el aprendizaje desarrollar virtudes intelectuales como la prudencia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Héctor Reyes Martín, Profesor de Física y Neurociencias en la Escuela Politécnica, Universidad Francisco de Vitoria

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En el contexto universitario actual, en el que predominan la inmediatez y la obtención de resultados, a menudo facilitados por la inteligencia artificial generativa, ¿es posible educar en otros valores?

Lo que en primera instancia puede parecer una carga (incorporar y gestionar esta herramienta tecnológica en la enseñanza) podría convertirse en un reto positivo y llevar los aprendizajes más allá de aspectos curriculares. ¿Cómo? Usándola para educar en virtudes intelectuales (la prudencia, la paciencia, la autoestima, la resiliencia ante la dificultad o la perseverancia) y de esta manera animar a los estudiantes a crecer como personas más allá del rendimiento académico.

Medir el aprendizaje con IA

Con este objetivo, en nuestro grupo de investigación en Física y Neurociencia hemos elaborado dos guías detalladas, una sobre una asignatura concreta y la otra sobre el uso de la inteligencia artificial. Hemos podido comprobar que su uso combinado ayuda a los estudiantes a controlar el proceso de aprendizaje y de esta manera usar la inteligencia artificial con prudencia y autocontrol.

La primera guía explica cómo estudiar los contenidos curriculares del aprendizaje de la física, ayudando a personalizar el proceso de aprendizaje del alumnado de una manera más interactiva que un libro de texto convencional.




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Por ejemplo, en la guía advertimos a los estudiantes de que, para pasar del mundo de la intuición al conocimiento formal de la física, se necesita tiempo y tesón. Nuestro cerebro ha evolucionado para hacerse una idea rápida de cómo es el mundo en el que estamos de la manera más eficaz posible, lo cual a veces dificulta alcanzar un conocimiento técnico de las cosas.

Dejar que en el aula broten los prejuicios o ideas intuitivas permite, además de entrenar la escucha respetuosa, entender cómo nuestra percepción de la realidad es tantas veces errónea.

Usar la IA con pautas específicas

La otra guía pauta el uso de la inteligencia artificial en el aprendizaje: se proponen tiempos de estudio en el que su uso se hace absolutamente recomendable, mientras que en determinadas circunstancias estará limitado o incluso prohibido. Las preguntas que el alumnado debe hacerse son: ¿Te ayuda o te sustituye? ¿Su uso te permite aprender, o simplemente terminar un ejercicio o proyecto de investigación?

En este manual se propone cómo afrontar un problema de modo autónomo. La IA tiene un papel en cada una de las fases, desde comprender el enunciado, hasta resolverlo matemáticamente y discutir los resultados, pasando por asociar los contenidos con otros que se han estudiado antes. Por ejemplo, puede ayudar a localizar las dificultades matemáticas en lugar de resolver el ejercicio; nos ofrece pistas sobre los principios físicos retomando la teoría o corrige una redacción realizada por el estudiante sobre cómo se resuelve el problema, puliendo la verbalización y la precisión que se requiere en el aprendizaje.

Aprendemos a usar la guía en clase, en los tiempos de actividades colaborativas. La idea es que el alumnado pueda emplearla también de modo autónomo en su estudio personal.

Por qué funciona

Un cuestionario validado por expertos de diferentes áreas (físicos, ingenieros y educadores) nos ha permitido medir el nivel de seguimiento de las dos guías en cada estudiante, qué nivel de autocontrol y prudencia muestran en el uso de las nuevas herramientas digitales.

Al alumnado se le pregunta si compara sus razonamientos con los que puede plantear la IAG, si valoran el uso de este recurso como una ayuda o una forma rápida de completar una tarea, incluso si usan la IAG para que la tecnología detecte sus errores y les ayude a localizarlos, sin mostrar explícitamente cuáles son.




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El alumnado genera un juicio, no solo sobre su aprendizaje, sino también sobre su propia persona. Este cuestionario se puede rellenar una única vez cada curso o en distintos momentos del año. Lo importante es que tiene validez psicométrica, por lo que es fiable como herramienta de seguimiento.

Pero, como en cualquier prueba psicométrica, se puede mentir. Lo que ofrece ciertas garantías es el hecho de que el alumnado sabe que la propuesta es un bien para ellos, por lo que se implican positivamente. Por otro lado, la estadística ayuda mucho: si todos mintieran, los resultados serían altamente incoherentes.

Autocontrol y pensamiento crítico

Así hemos comprobado cómo el uso adecuado de las dos guías mejora la autorregulación, el control que el alumnado tiene sobre su proceso de aprendizaje. También hemos visto que los estudiantes con mayor autorregulación tienen más capacidad de comprensión de lo que se está estudiando, mejorando así su razonamiento físico-matemático. En definitiva, mejora la forma de estudiar del alumnado, les ayuda a conocerse mejor y a afrontar el reto del estudio, no solo con herramientas cognitivas adecuadas, sino también con nuevas habilidades personales, a través del crecimiento en virtudes.

Este método de trabajo combinando instrucción humana y apoyo de la tecnología de manera controlada y crítica ayuda a aprender tanto de uno mismo como de la materia que se está estudiando, y a entender cómo las virtudes intelectuales que hemos mencionado al principio (la prudencia, la paciencia, la perseverancia) nos pueden hacer no solo mejores estudiantes, sino personas más capaces y más preparadas para la vida.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Puede el uso de IA en el aprendizaje desarrollar virtudes intelectuales como la prudencia? – https://theconversation.com/puede-el-uso-de-ia-en-el-aprendizaje-desarrollar-virtudes-intelectuales-como-la-prudencia-275627

¿Vale lo que cuesta?: lo que no se ve tras el precio de una taza de café

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emma Juaneda Ayensa, Universidad de La Rioja

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“¿Me pone un café?”. Una de las acciones más cotidianas de nuestra vida se ha encarecido notablemente en los últimos años y, aunque muchos consumidores perciben esta subida, pocos se preguntan qué hay detrás del precio de una taza.

El café es uno de los productos agrícolas más globalizados del mundo y su precio depende de una cadena que va del cafetal a la cafetería (o a nuestra cafetera). Por eso, cuando pagamos una taza no solo pagamos el café que bebemos.

¿Robusta o arábica?

Empecemos por subrayar que no todo el café es igual. En el mercado global predominan dos grandes variedades: arábica y robusta. El arábica, más valorado por su perfil aromático, domina los segmentos de mayor calidad. El robusta, más económico, se utiliza sobre todo en mezclas comerciales, expreso y café soluble. A ello se suma la diferencia entre el café convencional (el del “café con leche en vaso”) y el de especialidad en el que origen, trazabilidad y calidad sensorial justifican precios superiores.

Tampoco el aumento de precios les afecta del mismo modo. Desde 2021, buena parte del aumento internacional de precios ha estado vinculado precisamente a fenómenos climáticos adversos que han reducido la oferta de café, especialmente el arábica. Sin embargo, el clima no lo explica todo: el precio responde también a qué interpretan los mercados internacionales que puede ocurrir en los próximos meses.

El café en los mercados financieros

Como otras materias primas, el café también cotiza en mercados internacionales mediante contratos de futuros. Es decir, no solo se negocia el café disponible hoy, sino las expectativas sobre oferta, costes y riesgos futuros. De hecho, en 2026 las perspectivas de una cosecha brasileña más abundante han moderado las cotizaciones de los futuros a la baja. Sin embargo, ese ajuste no se traslada de inmediato al consumidor (y no siempre llega a hacerlo).

Otro factor clave ha sido el aumento de los costes agrícolas, agravado por tensiones geopolíticas y el encarecimiento de fertilizantes. La Organización Internacional del Café advierte de que esta situación afecta especialmente a los pequeños productores, que tienen márgenes muy reducidos.

De la mata a la mesa

A todo esto se suma el componente logístico. El café se produce principalmente en
América Latina, África y Asia, pero se consume mayoritariamente en Europa y Estados Unidos. La pandemia, el encarecimiento energético y los cuellos de botella han disparado los costes de transporte. Además, la cadena de valor del café no termina en el tostador, ni en el supermercado. En las últimas dos décadas, una parte creciente del valor económico del sector cafetero se ha desplazado hacia “la experiencia de consumo”, transformando esta bebida cotidiana en un producto cultural, social y aspiracional.

A nivel global han proliferado las cafeterías especializadas, impulsando un modelo de negocio en el que el consumidor no paga por el café sino por el entorno y la experiencia sensorial. Este modelo es la evolución natural de la revolución en el consumo de café que supuso la aparición y crecimiento de cadenas de cafeterías como Starbucks, Costa Coffee o Tim Hortons.

Paralelamente, el sector ha vivido un fenómeno aparentemente opuesto, pero igualmente transformador: la industrialización de la experiencia del café en el hogar. Grandes compañías como Nestlé han transformado el consumo de café mediante el desarrollo de cápsulas monodosis de uso doméstico.

En ambos modelos, una parte creciente del valor económico se desplaza desde el grano hacia la facilidad de acceso, la tecnología, la marca y la experiencia. Es así como el café atraviesa una larga cadena antes de llegar a la taza, y cada eslabón añade costes, transforma el producto y captura parte del margen económico.

Sin grano no hay café

Hay una realidad que conviene no perder de vista: que el precio internacional del café suba no implica necesariamente mayores beneficios para sus productores. Mientras que las grandes empresas pueden diversificar sus riesgos, negociar precios a gran escala y aplicar instrumentos financieros para protegerse de las fluctuaciones en los precios, los mayores riesgos siguen recayendo sobre la base de la cadena de valor cafetera.

Millones de pequeños caficultores –muchos en economías en desarrollo con fragilidad institucional, baja productividad y limitada capacidad de negociación– afrontan la incertidumbre climática, la volatilidad de precios y un incremento constante en los costes, con escasos márgenes financieros.

La asimetría es evidente: quienes más dependen del café suelen ser quienes menos herramientas tienen para protegerse. En este contexto han cobrado fuerza las cooperativas, asociaciones de productores y esquemas de comercio justo que buscan reducir la intermediación, mejorar el poder negociador de los agricultores y favorecer una distribución más equilibrada del valor generado.

Porque, aunque una cafetería de especialidad o una cápsula premium expliquen parte del precio final, conviene recordar que sin productores, sin cafetales y sin granos, simplemente no hay café.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Vale lo que cuesta?: lo que no se ve tras el precio de una taza de café – https://theconversation.com/vale-lo-que-cuesta-lo-que-no-se-ve-tras-el-precio-de-una-taza-de-cafe-282982

La selección: ver menos para entender más

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

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Queridos lectores, no les voy a decir que la IA no es neutral, porque estarán hartos de escucharlo y ya lo tendrán integrado en su concepción del mundo (espero). Es una de las cosas que ha destacado León XIV en su encíclica. No es que Magnifica humanitas diga nada nuevo, la noticia está en que un Papa denuncie el peligro de la tecnología que no está al servicio del ser humano. Un movimiento de ajedrez más en el tablero de tecnológicas que se arriman al poder (en este caso, religioso).

Ver lo bien que se entienden el fundador de Anthropic y ex de Open IA, Christopher Olah, y el Santo Padre es algo así como la contrapartida al lado oscuro de la Fuerza que representa Elon Musk celebrando la investidura de Trump. O Jeffrey Epstein subvencionando uno de los pilares de la investigación tecnológica de Occidente, el Media Lab del Massachussets Institute of Tecnology, en su obsesión por la mejora genética humana con tintes eugenistas. El infame empresario compartía su manía transhumanista, por cierto, con Musk y con científicos como el fallecido padre del genoma humano, Craig Venter.

Pero no nos dejemos engañar por las luces de neón del espectáculo. Entre pitos y flautas, los que tenemos que seguir lidiando cada día con esa inteligencia artificial que no está claro que esté creada en nuestro beneficio somos el público, la gente de a pie. Tenemos que usar WhatsApp porque es la única forma de estar en el grupo de padres del colegio o de quedadas de amigos, aunque la preocupación por la seguridad y la privacidad ya está llevando a muchos gobiernos europeos y a la administración de la UE a reemplazar esta plataforma en los despachos oficiales.

Parece que tampoco nos queda otra que seguir usando el buscador de Google, aunque de repente haya empezado a funcionar en modo IA sin pedirnos permiso. El nuevo Google ofrece una síntesis de lo que su algoritmo busca en internet por nosotros, para ahorrarnos la engorrosa tarea de pensar. Si nos descuidamos, el algoritmo acabará preparándonos la cena (que más nos convenga).

Sin embargo, un pobre chatbot –que es en lo que se ha convertido Google– no puede reemplazar las cualidades intrínsecas de la interacción humana: reciprocidad auténtica, reconocimiento del otro y manejo del conflicto… detalles necesarios para entender la realidad que nos rodea y que ayudan, por ejemplo, a reconstruir lo que no se ve en una noche de niebla en la carretera, algo en lo que el cerebro humano sobrepasa con mucho a la visión computerizada de los coches autónomos.

Los fallos de los algoritmos de aprendizaje automático pueden ser tonterías, sesgos de nada, o tener un impacto mucho mayor. Por eso, el Parlamento Europeo ha votado en contra de Chat Control, un proyecto que pretendía escanear nuestros mensajes privados en busca de abuso sexual infantil y que comete garrafales errores de valoración (aparte de saltarse a la torera nuestro derecho a la privacidad).

Es verdad que la IA puede hacer muchas cosas mejor que las personas, sí, como reconocer una imagen falsa o manipulada… aunque también muchos animales ven mejor que nosotros. No olvidemos que, si hablamos de humanos, “nuestra debilidad sensorial y nuestra grandeza cognitiva son dos caras de la misma moneda evolutiva”.

Seguiremos informando.

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– ref. La selección: ver menos para entender más – https://theconversation.com/la-seleccion-ver-menos-para-entender-mas-284113

¿Quién sigue el rastro del dinero? El sistema español contra el blanqueo de capitales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Castelao López, Economía financiera y contabilidad, Universidade da Coruña

Una persona jubilada, un joven con unos pocos ahorros y ganas de enriquecerse rápidamente o alguien en paro y necesitado de dinero recibe un mensaje sobre una inversión en criptomonedas con unas rentabilidades excepcionales. Pica. Horas después, su dinero ha pasado por tres cuentas bancarias, una plataforma digital y una sociedad recién creada, sin apenas actividad real y situada fuera del país. Ninguna de las personas que movieron ese dinero conoce de verdad quién organizó la estafa. Cuando los fondos salen al extranjero, ya es tarde para recuperarlos.

Situaciones como esta se repiten más de lo deseable y plantean un interrogante: ¿quién tenía que haber visto antes los movimientos inusuales en las cuentas de los afectados? ¿Las entidades, sus trabajadores, los supervisores, la policía, los fiscales? Casi nadie por separado pero todos en su conjunto.

Porque el problema ya no es solo detectar movimientos de dinero de origen ilegal: además, ahora se mueve más rápido que las instituciones que intentan vigilarlo. El verdadero reto no es vigilar más sino entender mejor cómo convertir millones de señales dispersas en información útil antes de que el rastro del dinero se pierda.

Una arquitectura, no una pirámide

Solemos imaginar la lucha contra el blanqueo como una torre de control en la que una autoridad recibe los datos, detecta la trama y avisa a la policía. La realidad española se parece menos a una pirámide y más a una red de esclusas. Bancos, profesionales, supervisores, policías, fiscales y jueces intervienen en momentos distintos. Esa distribución multiplica los puntos de detección, pero también fragmenta la responsabilidad, cada actor ve una señal parcial, casi nunca el mapa completo.

En el centro de esa red está el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias SEPBLAC, la unidad de inteligencia financiera española, un organismo público que recibe y analiza las operaciones sospechosas de servir para el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo. También supervisa cómo cumplen sus obligaciones de control tanto las instituciones financieras como sus empleados. Ese doble papel le permite conectar lo que detecta en una operación con lo que observa dentro de las entidades. Pero también sirve para evitar que el exceso de alertas acabe produciendo más ruido que señal.

Cómo viaja una alerta

Volvamos a la estafa. El banco detecta varias señales. Primero, unas entradas de fondos de muchos particulares; luego, salidas rápidas a terceros; y después, movimientos que no encajan con el perfil del cliente. Ante un riesgo serio no presenta una denuncia sino que envía una comunicación al SEPBLAC.

Esa comunicación no es una prueba judicial. Es una alerta cualificada que puede orientar una investigación, pero que todavía debe contrastarse, cruzarse con otros datos y convertirse en evidencia. Si la señal tiene suficiente densidad, el SEPBLAC la traslada a quienes pueden actuar: la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Agencia Tributaria o la Fiscalía. Solo al final un juez decidirá si aquella sospecha inicial se ha transformado en prueba válida.

Las cifras revelan la presión del sistema. Según la más reciente memoria anual del SEPBLAC, en 2024 las comunicaciones por sospecha crecieron un 76 %, hasta superar las 24 000, impulsadas, sobre todo, por el fraude digital y las “cuentas mula”, que sirven para transportar el dinero recaudado por los delincuentes de una entidad a otra.

El cuello de botella ya no está en generar alertas, sino en aprovecharlas. Si se comunica para cubrirse las espaldas, o si falta capacidad para explotar la información, el sistema produce volumen, pero no necesariamente mejores resultados. Cada eslabón sirve de filtro, pero también puede romper la cadena.

Una mirada al exterior

La comparación con Estados Unidos ayuda. Allí, la unidad federal de inteligencia financiera reúne y reparte datos pero no investiga por su cuenta, sino que alimenta a otras agencias. España tiene un sistema más integrado, pero la organización policial y judicial está más fragmentada. En ambos casos, la cuestión decisiva es la misma: no importa cuántos organismos existan, sino si la información circula entre ellos con calidad, rapidez y responsabilidad.

A ese tablero se ha sumado hace poco una pieza europea: desde 2025 funciona en Fráncfort la Autoridad de Lucha contra el Blanqueo de Capitales y la Financiación del Terrorismo (AMLA, por sus siglas en inglés), pensada para reducir las diferencias entre países y supervisar directamente a las entidades de mayor riesgo. Su promesa (un marco único para toda la Unión) es atractiva

El verdadero debate

¿Cuántos organismos vigilan el rastro del dinero en España? Muchos, pero no todos hacen lo mismo. Unos previenen, otros supervisan, otros analizan, otros investigan y otros juzgan. El verdadero debate no está en el número de actores, sino en la calidad de la coordinación entre ellos.

Y es en esa red donde España se juega buena parte de su capacidad real para evitar que el dinero sucio siga circulando con apariencia de limpio.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Quién sigue el rastro del dinero? El sistema español contra el blanqueo de capitales – https://theconversation.com/quien-sigue-el-rastro-del-dinero-el-sistema-espanol-contra-el-blanqueo-de-capitales-283929

Plásticos, cosméticos, pesticidas… ¿cómo pueden afectar a la llegada y los síntomas de la menopausia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Hurtado Barroso, Profesora lectora, Departamento de Ciencias Biomédicas, Universitat Internacional de Catalunya

KaryB/Shutterstock

Cada día hacemos nuestras rutinas de skincare (autocuidado de la piel), bebemos agua embotellada y, a menudo, comemos alimentos envasados. Además, cocinamos con sartenes antiadherentes para evitar que la comida se pegue y regresamos de la compra en nuestro coche, generando emisiones contaminantes y cargados con varias bolsas de plástico en el maletero. Quienes reciclan pueden dar fe de que el contenedor habilitado para ese material omnipresente se llena mucho más rápido que el de resto de residuos.

Rodeados de disruptores endocrinos

Como muchos de los materiales y productos citados forman parte de nuestra vida cotidiana, rara vez nos detenemos a pensar en su composición o en las sustancias que pueden liberar al medio ambiente. Pero es que además implican una exposición constante, aunque muchas veces invisible, a los llamados disruptores endocrinos, compuestos capaces de imitar, bloquear o interferir con el sistema hormonal de los seres vivos. Dichas sustancias pueden entrar en el organismo a través de la alimentación, el agua, el aire o el contacto con la piel.

La exposición a los disruptores endocrinos se ha relacionado con diferentes problemas de salud, causados por las alteraciones fisiológicas que desencadenan. Se sabe que aumentan el riesgo de padecer obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, así como trastornos cognitivos y de la conducta.

Los investigadores también han detectado un incremento de la incidencia de algunos tipos de cáncer –en especial aquellos dependientes de hormonas, como el de mama y de próstata–, alteraciones en la inmunidad, problemas óseos y de crecimiento y problemas reproductivos y de fertilidad. Esta última categoría incluye la alteración y precocidad de la pubertad y la menopausia, como veremos en profundidad a continuación.

Efectos en la salud femenina

Concretamente, los disruptores endocrinos pueden interferir con la función del los ovarios, al alterar la señalización hormonal y la síntesis de hormonas esteroides. Esto se ha relacionado con una disminución de la reserva ovárica y posibles cambios en la edad de inicio de la menopausia, así como con una mayor intensidad de algunos síntomas asociados a la transición menopáusica.

Por ejemplo, fueron reveladoras las conclusiones de un análisis transversal realizado en 2015 con 31 575 mujeres de 30 o más años. Los investigadores observaron que aquellas con mayor exposición a disruptores endocrinos presentaban, en comparación con las de menor contacto, una edad de menopausia significativamente más temprana, con una diferencia estimada de entre 1,9 y 3,8 años.

En la misma línea, la exposición a determinados disruptores, como los compuestos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados y los ftalatos, se ha asociado con una menopausia más temprana, una menor reserva ovárica, alteraciones en los niveles de hormonas sexuales, trastornos del sueño y una mayor frecuencia de sofocos durante la transición menopáusica. Se trata de sustancias presentes en superficies antiadherentes e impermeables, envases alimentarios, cosméticos y juguetes, entre otros productos de uso cotidiano.

Regulación insuficiente

Dada la acumulación de evidencias, se han puesto en marcha diversas medidas regulatorias y preventivas. Así, el reglamento europeo REACH (Registration, Evaluation, Authorisation and Restriction of Chemicals) ha restringido el uso de disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA), el perclorato y varios ftalatos en productos cotidianos e industriales.

Sin embargo, las autoridades reguladoras todavía no han establecido una definición homogénea y universalmente aplicable para este tipo de compuestos, de los que actualmente se habrían identificado ya más de 100. Además, los niveles seguros de exposición tampoco están completamente fijados debido a la limitada información disponible sobre sus características. Esto incluye las relaciones dosis-respuesta, los efectos a largo plazo, las interacciones entre mezclas de sustancias y las exposiciones acumulativas.




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Entonces, ¿qué podemos hacer?

En todo caso, es recomendable reducir el uso de productos que contienen disruptores endocrinos ya identificados y sustituirlos por alternativas más seguras.

Algunas medidas prácticas incluirían evitar el uso de plásticos y optar por materiales como el vidrio (por ejemplo, en utensilios y recipientes de cocina); utilizar medios de transporte más respetuosos con el medio ambiente; lavar adecuadamente frutas y verduras expuestas a pesticidas para disminuir su carga química; beber agua filtrada o del grifo cuando sea seguro hacerlo; y elegir productos cosméticos y de cuidado personal con formulaciones más respetuosas con la salud y el medioambiente.

The Conversation

Sara Hurtado Barroso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Plásticos, cosméticos, pesticidas… ¿cómo pueden afectar a la llegada y los síntomas de la menopausia? – https://theconversation.com/plasticos-cosmeticos-pesticidas-como-pueden-afectar-a-la-llegada-y-los-sintomas-de-la-menopausia-282902

¿’Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo’? Los refranes que ya no se cumplen debido al cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Navas Martín, Investigador en la Unidad de Referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente, Instituto de Salud Carlos III

Agricultores cosechando almendras en Valdeverdeja, Toledo (España). Jesús de Fuensanta/Shutterstock

“En abril, aguas mil”. “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. “Por los Santos, la nieve en los altos”. Durante siglos, generaciones enteras en España han aprendido a interpretar el tiempo atmosférico a través de frases como estas. No son simples adornos del lenguaje rural. Representan pequeños saberes populares construidos a partir de la observación de agricultores, pastores y comunidades que dependían directamente del clima para organizar su vida cotidiana.

Cada refrán funciona, además, como un acto comunicativo cuyo sentido depende no solo de su significado literal, sino también del contexto, de la situación en la que se emplea y de la intención de quien lo utiliza.

Hoy, sin embargo, muchas de estas expresiones producen una sensación extraña. Siguen siendo familiares, pero cada vez parecen describir peor la realidad que observamos. El calor llega antes, las noches cálidas se prolongan, las nevadas son menos previsibles y los ritmos estacionales resultan menos reconocibles. No se trata solo de que haga más calor, sino de que cambian los patrones climáticos sobre los que se construyó buena parte de esa sabiduría popular. El último informe de síntesis del IPCC apunta precisamente en esa dirección, al señalar cambios en distintos fenómenos climáticos, entre ellos el aumento de las temperaturas extremas y de los episodios de lluvia intensa. El refranero sigue siendo el mismo; el clima, en cambio, está dejando de serlo.

Esta aparente contradicción plantea una cuestión poco explorada. El cambio climático no solo altera los ecosistemas, la disponibilidad de agua, los cultivos y la salud. También modifica los referentes culturales mediante los cuales las sociedades han interpretado históricamente la naturaleza.

Una forma de transmitir información ambiental

Antes de que existieran observatorios meteorológicos, modelos climáticos o aplicaciones móviles, las comunidades humanas necesitaban anticipar el comportamiento del tiempo. Había que saber cuándo sembrar, cuándo recoger, cuándo guardar el ganado, cuándo esperar lluvias o cuándo protegerse del frío.

Los refranes constituyeron una forma eficaz de almacenar y transmitir información ambiental, sobre todo las relacionadas con el clima. Su fuerza residía en dos características: condensaban regularidades observadas durante largos periodos y las transformaban en fórmulas socialmente reconocibles, fáciles de recordar y de transmitir entre generaciones.

Desde una perspectiva contemporánea, podríamos considerarlos una forma de conocimiento empírico colectivo. No pretendían describir con exactitud lo que ocurriría cada año, sino señalar tendencias suficientemente frecuentes como para resultar útiles.




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En abril, aguas mil

Cuando se decía “en abril, aguas mil”, no se afirmaba que todos los días de abril fueran lluviosos. Se expresaba una expectativa climática compartida según la cual abril debía ser, en términos generales, un mes asociado a lluvias primaverales beneficiosas para el campo.

El problema es que los datos recientes muestran una realidad mucho más irregular. Abril de 2023 fue, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el abril más cálido y seco desde el inicio de la serie en 1961, con solo el 22 % de la precipitación normal. Y abril de 2024 volvió a ser muy cálido y muy seco, con precipitaciones que apenas alcanzaron la mitad de su valor normal en la península. En cambio, abril de 2025 fue húmedo en el conjunto de la España peninsular, aunque las lluvias se repartieron de forma muy desigual. En algunas zonas del oeste peninsular, Galicia, Aragón, Extremadura o Canarias el mes fue húmedo o muy húmedo, mientras que áreas del litoral mediterráneo, Baleares y el interior de Murcia registraron un abril seco o muy seco. Además, una parte de las precipitaciones más abundantes se concentró en días concretos. Por eso, el refrán no envejece solo porque algunos abriles sean más secos, sino porque la lluvia pierde regularidad. Puede faltar en unos territorios y concentrarse con más intensidad en otros momentos y lugares.

Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo

Algo parecido ocurre con “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. El Centro Virtual Cervantes recuerda que ese “cuarenta de mayo” equivale al 9 de junio y que el refrán recomienda permanecer abrigado hasta asegurarse de que ha desaparecido el frío. El refrán presupone una primavera que podía conservar rasgos frescos hasta comienzos de junio. Sin embargo, episodios recientes de calor muestran que las temperaturas propias del verano aparecen cada vez antes en el calendario. Mayo de 2022 fue extremadamente cálido, el más cálido del siglo XXI, y junio de ese mismo año registró una de las olas de calor más tempranas de la serie.

No significa que nunca vuelva a hacer frío en mayo o a comienzos de junio. Significa que la expectativa cultural que sostenía el refrán pierde parte de su capacidad descriptiva.




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El refrán como saber popular

Los refranes forman parte de lo que solemos llamar saber popular. No proceden de laboratorios ni de tratados científicos, sino de la experiencia práctica de comunidades que han convivido durante generaciones con un territorio concreto.

Desde la sociología del conocimiento, el refranero puede entenderse como un saber situado. No nació en abstracto, sino en sociedades agrarias donde la vida cotidiana estaba mucho más expuesta al clima que la actual. Su autoridad no procedía de una institución científica, sino de la repetición, la utilidad y el reconocimiento colectivo. Donde hoy recurrimos a series temporales, registros instrumentales o modelos climáticos, muchas comunidades rurales acumulaban experiencia en forma de refranes útiles para la vida cotidiana.

Los refranes muestran, por tanto, que el conocimiento no siempre circula en forma de teoría escrita. También puede transmitirse como frase breve, consejo, advertencia o sentencia. Esa forma de saber tiene su propia lógica. No busca exactitud, sino orientación; no describe el mundo tal como es, sino tal como tiende a comportarse.

Por eso los refranes no son solo frases pintorescas. Son creaciones culturales. Organizan la experiencia, construyen sentido común y transmiten una determinada forma de mirar la naturaleza. Al repetirse generación tras generación, ciertas observaciones dejan de parecer opiniones particulares y se convierten en evidencias compartidas.

Cuando el clima cambia más rápido que el saber popular

Los datos recientes no permiten afirmar que cada refrán haya dejado de cumplirse en todos los lugares y todos los años. Esa no sería una buena lectura científica. Más bien muestran algo más sutil. Muchos refranes fueron construidos sobre regularidades climáticas que hoy están cambiando.

El refranero no debería leerse como una superstición superada por la ciencia ni como una fuente exacta de predicción. Su valor está en mostrar cómo las sociedades han construido sentido a partir de la observación prolongada del entorno.

Por eso, cuando un refrán climático envejece, no solo pierde utilidad una frase. Se desajusta una forma heredada de interpretar el tiempo y organizar la experiencia cotidiana.

Los viejos refranes siguen teniendo valor como patrimonio lingüístico, memoria rural y testimonio de una España que organizaba buena parte de su vida alrededor de los ritmos del campo. Pero también pueden funcionar hoy como indicadores culturales del cambio climático. Nos recuerdan que lo que está cambiando no es únicamente el clima, sino también el saber popular que durante siglos dio sentido a muchos refranes.

Tal vez por eso, cada vez que escuchamos “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo” en una primavera de temperaturas veraniegas, no estamos solo ante una frase antigua. Estamos ante la huella de un clima anterior, conservada en el lenguaje.

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Miguel Ángel Navas Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿’Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo’? Los refranes que ya no se cumplen debido al cambio climático – https://theconversation.com/hasta-el-cuarenta-de-mayo-no-te-quites-el-sayo-los-refranes-que-ya-no-se-cumplen-debido-al-cambio-climatico-284457