Transiciones educativas: ¿es posible evitar la ansiedad de los cambios de etapa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agurtzane Martinez Gorrotxategi, Profesora-investigadora en el área de inclusión educativa, Mondragon Unibertsitatea

NadyaEugene/Shutterstock

“Nosotros estamos tranquilos porque el paso a primaria lo hará con sus amigos de siempre”, comenta un padre sobre el futuro cambio de ciclo escolar de su hija. Muchos en el grupo asienten, reconociendo que, aunque cambia la metodología y los niños ganan un poco más de autonomía, la rutina sigue siendo familiar.

En otra casa, la preocupación es distinta: “Nos inquieta el salto a secundaria, tantos profesores, otro instituto, otras normas…”. Cada familia vive los cambios escolares de manera distinta, pero todas coinciden en la misma inquietud: cómo afrontarán sus hijos estas nuevas etapas.

Las familias intuyen y conocen por experiencia que cada vez que un niño o una niña pasa de una etapa educativa a otra (de infantil a primaria, de primaria a secundaria o de secundaria a bachillerato o formación profesional), los cambios tienen consecuencias psicológicas y académicas.

En diversas investigaciones se ha analizado el impacto que tienen estos cambios de etapas escolares y se ha comprobado que la transición afecta tanto al rendimiento académico como al bienestar emocional de los niños. Los efectos negativos son más intensos en grupos vulnerables, como estudiantes con necesidades educativas especiales o en contextos socioeconómicos desfavorecidos, incrementando el riesgo de fracaso y exclusión escolar.

Cambios académicos y ambientales

En infantil, los docentes suelen centrarse en preparar a los alumnos en lectoescritura para facilitar su éxito en primaria, mientras que los niños sienten presión por “hacer bien las tareas”. Emocionalmente, se observa estrés, ansiedad, agobio y cansancio en los alumnos.

El paso de primaria a secundaria representa otro momento crítico, en el que se observa con frecuencia una caída en las calificaciones y un estancamiento en el progreso académico. Este declive se atribuye a factores ambientales como el cambio a entornos escolares más grandes e impersonales, la mayor exigencia académica y la transición hacia un enfoque más competitivo que orientado al aprendizaje.

Paralelamente, el estrés y la ansiedad aumentan durante ese período, manifestándose en preocupaciones sobre la adaptación social, el acoso escolar, la relación con los profesores y la gestión de una carga académica más exigente.




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Ciclos de estrés y ansiedad

La interacción entre el rendimiento académico y la salud psicológica crea un ciclo donde el estrés y la ansiedad reducen la capacidad atencional y el desempeño escolar, lo que a su vez incrementa la angustia emocional. Sin embargo, muchos estudios también indican que una transición bien gestionada puede convertirse en una oportunidad de crecimiento.

En una investigación reciente hemos analizado estos procesos de cambio y propuesto formas de mejorarlos, contando con la participación del profesorado, las familias y el alumnado, para que las transiciones, lejos de resultar disruptoras, sean experiencias positivas para todos.

Los retos de los cambios de etapa

Cambiar de etapa educativa no significa solo hacerlo de aula o de profesorado. Supone adaptarse a nuevos espacios, nuevas normas, diferentes maneras de aprender y a nuevas personas. Todo esto puede generar ilusión, pero también nervios, inseguridad o miedo.

Los estudios sobre educación muestran que estos cambios pueden ser una oportunidad para crecer si se acompañan bien. Sin embargo, cuando no se les da la importancia que tienen, pueden provocar malestar, desmotivación o dificultades de adaptación.

Escuchar para mejorar las transiciones

En nuestra investigación quisimos conocer cómo lo viven las personas que lo experimentan directamente: el alumnado, las familias y el profesorado. Para ello, realizamos el estudio durante tres cursos escolares en un colegio y un instituto de un pueblo de Gipuzkoa.

El primer paso fue escuchar con atención a todas las personas implicadas a través de cuestionarios para las familias sobre cómo vivían los cambios y qué necesitaban; entrevistas con el profesorado sobre los problemas y posibles soluciones, y la participación de niños y niñas a través de dibujos, juegos y conversaciones mediante los que expresaron sus emociones y pensamientos.

Evitar rupturas bruscas

El profesorado señaló que sería útil contar con mejor información y comunicación sobre cómo se realiza la transición entre etapas y qué pasos se van a seguir. También destacaron la necesidad de que los criterios y métodos del centro estén más coordinados entre las diferentes etapas, para que los cambios sean más coherentes, y de integrar los proyectos educativos de manera continua en todos los cursos, evitando saltos bruscos entre etapas.

Estos cambios bruscos pueden afectar a los niños de distintas formas: académicamente, al enfrentarse a contenidos y métodos nuevos; socialmente, al tener que relacionarse con nuevos compañeros y profesores; emocionalmente, provocando ansiedad, inseguridad o pérdida de confianza; y organizativamente, cuando las normas o los recursos cambian de un nivel a otro sin continuidad.

Mantener autonomía e informar a fondo

Las familias, por su parte, señalaron que es fundamental priorizar el bienestar emocional de los niños y niñas. También insistieron en la importancia de explicar bien a los niños lo que va a ocurrir, usando un lenguaje claro y cercano, y en mantener la autonomía y la libertad de movimiento, especialmente en los primeros cursos.

Los niños y niñas aportaron propuestas muy claras. Para ellos, era importante mantener sus amistades, contar con el apoyo del profesorado, disponer de más tiempo de juego, tener menos deberes y exámenes, y recibir más información sobre cómo será el próximo curso antes de que llegue el cambio.

Acompañamiento emocional

Después de analizar toda la información, creamos un plan de acción para mejorar las transiciones.

Durante los momentos de cambio de etapa, se trabajaron de forma continua las emociones del alumnado, especialmente al final del curso, cuando aparecen dudas, miedos e inseguridades. Para ello, se preguntó a los estudiantes de todos los niveles cómo se sentían ante los cambios, y el alumnado de cursos superiores ayudó a responder y acompañar a los más pequeños mediante diferentes actividades.

También se organizaron salidas y encuentros entre cursos de distintos ciclos para que pudieran relacionarse en un ambiente más informal. Además, se realizaron visitas a los nuevos espacios educativos para facilitar la adaptación: en infantil se conocieron las aulas acompañados del profesorado, y en el paso de primaria a secundaria se organizó una yincana para descubrir el centro mientras el alumnado de secundaria presentaba sus proyectos.




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Para que los cambios fueran más tranquilos y organizados, al finalizar el curso se informó al alumnado y a las familias sobre los nuevos grupos y profesores, lo que ayudó a reducir la ansiedad.

También se mantuvieron en los primeros meses de las nuevas etapas dinámicas de las anteriores: en 1.º de Primaria, dinámicas propias de Infantil y en 3.º se refuerza el uso de materiales manipulativos en matemáticas. En Secundaria se ofrecieron programas de apoyo académico. Además, se realizaron actividades de apoyo para el alumnado nuevo o con transiciones más difíciles, con el objetivo de que se sintieran parte del centro.

Se crearon espacios de diálogo con las familias para escuchar sus preocupaciones y resolver dudas y el profesorado mejoró su coordinación para el diseño de actividades entre cursos y etapas.

Colaboración entre etapas

Los resultados mostraron mejoras importantes en el centro educativo. El profesorado empezó a trabajar de forma más colaborativa entre etapas, compartiendo ideas y métodos para que los cambios fueran más progresivos.

Las familias se sintieron más escuchadas y participativas. Además, los niños y niñas pasaron a tener un papel más activo, no como meros receptores de decisiones tomadas por los adultos, ya que sus opiniones y emociones se tuvieron en cuenta para mejorar los cambios de etapa.

Esto ayudó a crear una cultura escolar basada en la comunicación, el respeto y el cuidado mutuo.

Cuidar las relaciones

Los cambios de etapa son inevitables, pero la forma de afrontarlos marca la diferencia. Nuestra experiencia muestra que no se trata solo de organizar bien dichos cambios, sino de cuidar las relaciones entre profesorado, familias y alumnado. Cuando hay diálogo y colaboración, los cambios se viven como oportunidades y no como problemas.

Pequeñas acciones, como hablar entre docentes, escuchar a las familias o preguntar al alumnado cómo se siente, pueden tener un gran impacto.

Escuchar, colaborar y cuidar no son añadidos opcionales en la escuela: son condiciones esenciales para construir una educación más inclusiva y humana. Y tal vez, la lección más importante que deja este proceso sea esa: mejorar las transiciones significa mejorar la manera en que vivimos juntos la educación.

The Conversation

Agurtzane Martinez Gorrotxategi recibió fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa para la realización de este trabajo de investigación.

Alexander Barandiaran Arteaga recibió fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

Irati Sagardia-Iturria recibió fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa y la beca predoctoral de la Universidad para la realización de este trabajo de investigación.

ref. Transiciones educativas: ¿es posible evitar la ansiedad de los cambios de etapa? – https://theconversation.com/transiciones-educativas-es-posible-evitar-la-ansiedad-de-los-cambios-de-etapa-268794

¿Es verdad que está despertando la religión entre los jóvenes? Esto dice un nuevo estudio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco J. Pérez Latre, Profesor. Director Académico de Posgrados de la Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra

En los países occidentales se habla cada vez con más frecuencia de un posible renacimiento religioso y de la fe entre los jóvenes. Las razones aducidas para apoyar esta tesis varían de un país a otro, al igual que las interpretaciones, que a menudo dependen de la orientación ideológica o religiosa de los observadores. Lo que para unos es un fenómeno real y estructural, para otros se trata de una moda pasajera.

Sí parece percibirse un renovado interés por formas de espiritualidad “no institucionalizadas”, capaces de llenar el vacío de sentido que sienten muchos jóvenes.

El final de 2025 ha suscitado una interesante conversación pública sobre el auge de la religión y lo religioso entre jóvenes. Los medios se han hecho eco del estreno de la película con dilemas religiosos aclamada por crítica y público y nominada a varios premios Goya Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, o el lanzamiento del último disco de Rosalía, repleto de referencias cristianas, que ha logrado situar doce canciones entre las cincuenta más descargadas en Spotify. La Oreja de Van Gogh ha continuado en parte la senda de Rosalía. Un hilo en X da cuenta de la multiplicación de publicaciones al respecto en España.

En Italia, el lanzamiento de la última comedia de Checco Zalone, Buen camino, que pone el acento en una experiencia juvenil de búsqueda de sentido, ha tenido un impacto similar al de Los domingos en cuanto éxito de taquilla, aunque con menos unanimidad por parte de la crítica.

Más allá de nuestras fronteras, en Estados Unidos, el Pew Research Center señala que la cifra de estadounidenses que piensa que crece la influencia de la religión en la vida pública llega ya al 31 %, el dato más elevado desde 2010.

Crecen la venta de biblias y los bautismos

Según el diario británico The Times, la venta de biblias ha crecido un 87 % en el Reino Unido desde 2019. En Francia, el número de bautismos entre personas adultas en 2025 casi se ha duplicado respecto al año anterior.

En abril de 2025, unos 50 000 jóvenes italianos se reunieron en Roma para la canonización de Carlo Acutis. A principios de agosto, un millón de personas procedentes de todo el mundo participó en el Jubileo de los Jóvenes en Roma.

En este contexto, el análisis en profundidad de los resultados de la investigación realizada por universidades de ocho países (entre ellos, España), que analiza como los jóvenes se relacionan con la fe, la religión y la espiritualidad, ofrece una evidencia empírica sistemática del fenómeno, su alcance y el significado de este supuesto despertar.

La encuesta se realizó entre 4 889 jóvenes, mediante un muestreo por cuotas de sexo, edad y zona geográfica, proporcional a la población de cada país: Argentina, Brasil, Italia, Kenia, México, Filipinas, España y Reino Unido.

Un renacimiento “silencioso”

Los resultados cuestionan la tesis, muy extendida en la opinión pública y la investigación académica, de una secularización imparable. En apoyo de esta contra-tesis surgen algunas conclusiones particularmente significativas:

  • Creciente interés por la espiritualidad. En los últimos cinco años, el 50 % de los jóvenes declara un aumento de su interés por la espiritualidad, mientras que solo el 15 % señala una disminución. No obstante, hay diferencias notables entre países: Brasil, Kenia y Filipinas son los que muestran un aumento más acusado, superior al 50 %. En los demás países, la subida oscila entre el 10 % y el 32 %, salvo Italia, donde no se produce ningún incremento. Aunque se centra en la religión, el estudio cuestiona la idea de una secularización inevitable, elaborada entre finales de los años sesenta y principios de los setenta.

  • Fuerte identidad religiosa en los países no occidentalizados. Brasil, Filipinas y Kenia muestran un fuerte apego a la fe, independientemente de las confesiones, con especial intensidad en Brasil y Kenia.

  • Renacimiento “silencioso” en los países occidentales secularizados. Aunque la adhesión nominal al cristianismo lleva décadas disminuyendo en Italia, España, Reino Unido, Argentina y, en menor medida, México, se observan señales de inversión de la tendencia. A pesar de que en España hay un retroceso claro de los bautismos y las bodas católicas, casi 1,8 de cada 10 jóvenes en España y 1,6 de cada 10 en Italia asisten diariamente a servicios religiosos o a misa según la investigación. Estos datos concuerdan con otros estudios: mientras una encuesta de la Sociedad Bíblica con YouGov en Inglaterra y Gales revela un aumento de los cristianos “intencionales”, especialmente en la Generación Z; el Religious Landscape Study del Pew Research Center (2023-2024) sugiere que el declive del cristianismo en Estados Unidos se está ralentizando, si no estabilizando.

La evidencia no apunta un proceso ineludible hacia la secularización

El paisaje está cambiando. Quizá es prematuro hablar de un despertar religioso, pero los datos empíricos tampoco permiten hablar de un proceso de secularización imparable.

El estudio sitúa estas tendencias en el marco de transformaciones sociales, políticas y educativas más amplias, destacando cómo la educación religiosa y la religiosidad familiar pierden peso a la hora de moldear las creencias de los jóvenes.

Por otro lado, el pluralismo religioso –impulsado en el caso de España por la inmigración– ha introducido un abanico de opciones espirituales que fomenta prácticas más eclécticas e híbridas. La emergencia de movimientos juveniles católicos, con gran repercusión en los medios digitales, demuestra que existen focos de vitalidad religiosa a los que merece la pena prestar atención.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es verdad que está despertando la religión entre los jóvenes? Esto dice un nuevo estudio – https://theconversation.com/es-verdad-que-esta-despertando-la-religion-entre-los-jovenes-esto-dice-un-nuevo-estudio-273056

¿Y si pagara menos impuestos por instalar un jardín en su edificio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Esther Falcón-Pérez, Profesora Titular de Universidad de Economía Financiera y Contabilidad. Instituto Tides., Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Alicia G. Monedero/Shutterstock

Las ciudades son los principales focos de emisión de gases de efecto invernadero en todo el mundo y concentran a gran parte de la población. En este escenario, las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) surgen como una estrategia clave para fortalecer la resiliencia urbana, mejorar la salud y el bienestar de las personas y proteger el medio ambiente.

Las SbN, como cubiertas y fachadas verdes, sirven para aislar térmicamente los edificios, gestionar el agua de lluvia, absorber el carbono de la atmósfera y mejorar la temperatura urbana, reduciendo el efecto isla de calor.

Tanto las Administraciones públicas, a nivel europeo y nacional, como las entidades financieras están impulsando proyectos concretos para financiar estas transformaciones. El mensaje principal no deja dudas: sin recursos suficientes, no es posible llevar a cabo la renaturalización de los barrios y ciudades.

Por ello, resulta imprescindible diseñar mecanismos que incentiven la incorporación de infraestructura verde en los entornos urbanos.

Poner valor a lo verde: un nuevo desafío urbano

En este contexto, hemos desarrollado un nuevo modelo de incentivos fiscales medioambientales basado en reducciones del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) para aquellas comunidades de propietarios que instalen y mantengan infraestructuras verdes en edificios privados.

Nuestra propuesta necesita de la participación de la ciudadanía y de las Administraciones locales con el objetivo de impulsar políticas públicas urbanas más sostenibles.

La idea es clara pero eficaz: incentivar y premiar a vecinos y empresas para que incorporen soluciones basadas en la naturaleza en sus barrios y edificios.

Con este modelo se reconoce un aprovechamiento urbanístico jurídico y económico a la comunidad de propietarios que instalen cubiertas verdes o jardines verticales. Esto supone un incentivo proporcional a la superficie verde y a la inversión realizada por cada uno de los vecinos.

A modo de ejemplo, si se opta por incorporar infraestructura verde en el 50 % de las zonas comunes de los edificios, se podrá reducir en un 50 % el IBI correspondiente a cada vecino.

El sistema de incentivos no busca aumentar el índice de edificabilidad; esto es, permitir construir cuartos para bicicletas o patinetes en las zonas comunes de los edificios para compensar positivamente la instalación de SbN, como contempla el Ayuntamiento de Madrid. Creemos que en entornos urbanos densamente consolidados esta opción es poco viable.

Priorizamos la integración de infraestructura verde frente al modelo tradicional de infraestructura gris, común en muchas ciudades.

Una Administración local al servicio del verde urbano

Los Gobiernos locales tienen un papel clave para avanzar hacia modelos urbanos más sostenibles. El ámbito municipal es el más cercano a la ciudadanía. Por tanto, es el más eficaz para impulsar iniciativas cuyos efectos se perciben de forma directa y rápida en la vida cotidiana.

La Administración local es la responsable de implantar el modelo propuesto y actuar como garante. Llevaría a cabo las revisiones periódicas para comprobar que las instalaciones se mantienen correctamente y retiraría los beneficios fiscales cuando no sea así.

La comunidad de propietarios soporta el coste de la instalación verde, el mantenimiento y la conservación. No debemos ver esta inversión como un gasto sino como una mejora patrimonial para las comunidades vecinales, ya que genera un bien común: aire más puro, menor temperatura urbana y mayor bienestar colectivo.

Los tejados y fachadas verdes aportan beneficios ambientales a todo el barrio. Por eso, la ciudad devuelve parte de ese valor mediante reducciones en los impuestos. De este modo, la ciudad reconoce y recompensa a quienes contribuyen a un entorno urbano más saludable y sostenible.




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Este modelo es sencillo de implementar para los ayuntamientos y reconoce la contribución de los propietarios que incorporan procesos de renaturalización en sus edificios, ayudando a construir ciudades más verdes, sostenibles y agradables para vivir.

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Carmen Esther Falcón-Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y si pagara menos impuestos por instalar un jardín en su edificio? – https://theconversation.com/y-si-pagara-menos-impuestos-por-instalar-un-jardin-en-su-edificio-273044

Veneno digital: 100 muestras falsas bastan para sabotear diagnósticos médicos con IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mario Vega Barbas, Associate professor, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Los sistemas de IA en salud tienen vulnerabilidades que pueden traer graves consecuencias, si no se abordan a tiempo. Fanny Maurel & Digit / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

No hace falta ser un genio informático para sabotear la inteligencia artificial de un sistema de apoyo a la salud. Bastaría con que alguien introdujera entre 100 y 500 imágenes manipuladas en una base de datos de millones.

Esa pequeña cantidad de “veneno digital” puede representar una cienmilésima parte de los datos de entrenamiento. Con esa pequeña parte, un sistema de IA diseñado para leer radiografías o asignar trasplantes puede aprender a fallar. Y no lo hará al azar. Puede hacerlo para un grupo específico de personas, mientras funciona con total precisión para el resto de la población.

Lo más alarmante no es la facilidad del ataque, sino nuestra ceguera actual. Estos sabotajes resultan estadísticamente invisibles para los controles de calidad estándar. Cuando estas anomalías se lleguen a detectar, el daño ya estará hecho.

El mito de la seguridad en los números

Existe la creencia popular de que la cantidad de datos necesarios para alimentar la IA son un escudo en sí mismo. Tendemos a pensar que, en un océano de millones de datos médicos, unas pocas gotas de información falsa se diluyen sin causar daño. La evidencia desmiente categóricamente esta asunción.

Dos equipos de investigación ,de Karolinska Institutet (SMAILE), Suecia, y de la Universidad Politécnica de Madrid (InnoTep), hemos evaluado 41 estudios clave sobre seguridad en IA médica publicados en los últimos años. Tras este proceso, podemos concluir que el éxito del ataque no depende del porcentaje de datos corruptos, sino del número absoluto de muestras.

Esto significa que lo que estamos observando es una vulnerabilidad estructural: los sistemas de IA, por sí solos, son sensibles a la manipulación concisa, disciplinada y dirigida.

La mecánica de la mentira repetida

¿Cómo logra un puñado de datos engañar a un sistema tan complejo? El mecanismo de ataque replica la vieja máxima de la propaganda autoritaria: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

En el aprendizaje de las máquinas ocurre un fenómeno de adoctrinamiento. Es decir, el sistema no ve los datos una sola vez, sino que los repasa en ciclos repetitivos. Si se inserta un conjunto reducido de muestras falsas, el sistema las procesará una y otra vez en estos ciclos. De esta manera, dichas muestras maliciosas multiplican su influencia en el resultado final.

En este punto, tenemos un sistema que ha internalizado una falsa realidad. Lo más perverso es que la IA “envenenada” funciona con normalidad para el mayor número de pacientes: solo se “equivoca” en los casos y circunstancias diseñados para fallar.

El resultado del ataque no es un modelo fallido, sino un modelo corrupto. Mantiene su utilidad general intacta pero ejecuta una purga selectiva contra, por ejemplo, un grupo objetivo. No es un error aleatorio; es una discriminación codificada matemáticamente que se camufla bajo una apariencia general de eficiencia.

La paradoja de la privacidad

Quizá el hallazgo más irónico de nuestro trabajo es que hay leyes diseñadas para protegernos que acentúan este peligro. Normativas fundamentales como el Reglamento general de protección de datos son esenciales para velar por la privacidad de los pacientes, aunque también pueden actuar inadvertidamente como un escudo para los atacantes.

Para detectar un sabotaje tan sutil como el explicado, se necesitarían cruzar información de miles de pacientes entre distintos centros de salud. Sin embargo, la ley restringe precisamente este tipo de vigilancia masiva y correlación de datos.

Esto crea una “paradoja de seguridad”. Blindamos la privacidad del paciente, al tiempo que vendamos los ojos al sistema que debería protegerle. El resultado es que estos ataques pueden permanecer ocultos largos periodos de tiempo.

Una defensa basada en la pluralidad

En este contexto, la ciberseguridad tradicional no basta. En nuestra investigación, proponemos una solución defensiva llamada MEDLEY (Medical Ensemble Diagnostic System with Leveraged DiversitY) para contextos de salud. Frente al pensamiento único del modelo optimizado, proponemos el valor del disenso.

Nuestra propuesta es crear “juntas médicas digitales” formadas por diferentes sistemas de IA, incluyendo sus propias versiones anteriores, además de diseños y proveedores distintos. Con esta diversidad, un atacante podría adoctrinar maliciosamente uno de ellos, pero sería muy complejo repetir ese proceso en el resto.

El proceso de consulta pasaría por estas “juntas médicas digitales”. Por supuesto, dada la diversidad de sistemas de IA implicados, podrían existir discrepancias radicales en el resultado. Pero, si esto ocurre, no debe imponerse una falsa unanimidad. En su lugar, debemos asumir que no hay consenso y activar una alerta para su revisión humana.

La era de la inocencia tecnológica respecto a la IA ha concluido. No debemos aceptar “cajas negras” que asimilen una verdad impuesta. Si queremos que el aprendizaje automático sea un elemento positivo en nuestra sanidad, es imperativo entender sus limitaciones y subsanarlas con el rigor de nuestros procedimientos y conocimiento humano.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Veneno digital: 100 muestras falsas bastan para sabotear diagnósticos médicos con IA – https://theconversation.com/veneno-digital-100-muestras-falsas-bastan-para-sabotear-diagnosticos-medicos-con-ia-272136

Huellas de dinosaurios en La Rioja: movimiento congelado en el tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio Díaz Martínez, Personal docente e investigador. Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada, Universidad de Cantabria

Huellas de una manada de dinosaurios saurópodos en el yacimiento de Soto 2, Soto de Cameros, La Rioja. Ignacio Díaz Martínez

Imagine que puede observar a un animal que vivió hace 120 millones de años en pleno movimiento: corriendo, nadando o, incluso, cojeando. En lo que hoy es la comunidad autónoma de La Rioja (España), un antiguo ecosistema de llanuras y lagunas del Cretácico Inferior actuó como una “libreta de apuntes” natural. Allí, el barro húmedo registró el paso de miles de dinosaurios, creando uno de los yacimientos de icnitas (huellas fósiles) más importantes del mundo.

Estas marcas no son solo impresiones en la piedra: son fragmentos de biografías congeladas que permiten a los paleontólogos reconstruir la vida privada de estos gigantes y revelan comportamientos que los esqueletos estáticos de los museos no pueden mostrar.

Del hueso a la acción: la magia de la icnología

Si bien los huesos fósiles nos revelan la anatomía –el tamaño, la forma de las extremidades o la edad–, las huellas registran el comportamiento. La icnología, el estudio de estos rastros, permite reconstruir escenas dinámicas que los fósiles rara vez cuentan.

Una huella no siempre nos dice la especie exacta, pero sí qué grupo de animales pasó por allí, a qué velocidad lo hizo y sobre qué tipo de terreno. Mientras los huesos nos hablan de biología, las huellas nos informan sobre la etología (comportamiento) y la ecología (entorno). La Rioja es un escenario excepcional para este análisis: su ambiente de ríos y lagunas generó vastas superficies de lodo que hoy nos regalan más de 10 000 huellas en un centenar de yacimientos protegidos.

Carreras a 40 kilómetros por hora

Cuando un dinosaurio acelera, su zancada se alarga y la forma en que el pie golpea el suelo cambia. En los yacimientos riojanos encontramos rastros con zancadas largas y alineadas de dinosaurios terópodos (carnívoros).

Estos indicios, que analizamos en un estudio publicado este mes en Scientific Reports, sugieren la presencia de animales que cruzaban rápidamente planicies anegadas, quizá persiguiendo una presa o huyendo de un peligro. Los cálculos biomecánicos realizados a partir de estas pistas sugieren velocidades de unos 40 km/h. Estas marcas se encuentran entre las más rápidas del registro mundial de dinosaurios. Ello desafía la imagen de animales lentos y pesados que tuvimos durante décadas.

¿Sabían nadar los dinosaurios?

Además, en ciertos niveles geológicos de La Rioja, en lugar de pisadas completas, aparecen marcas alargadas de garras y trazos discontinuos, indicio que entronca con uno de los debates más vivos en la paleontología actual: la capacidad acuática de ciertos grupos, como los espinosáuridos.

Huellas de un dinosaurio nadador en el yacimiento de Virgen del Campo. Enciso, La Rioja.
Ignacio Díaz Martínez.

Dichas marcas son “rasguños” en el fondo de antiguos cauces. Indican que el dinosaurio avanzaba con el cuerpo flotando parcialmente, impulsándose con la punta de los dedos en el sedimento. Este registro es clave para entender la plasticidad de estos animales y cómo aprovechaban los recursos hídricos de su entorno. Demuestra, así, que no estaban limitados exclusivamente a la tierra firme.

La huella de la enfermedad: cojeras y lesiones

Por otro lado, la asimetría en los pasos delata problemas de salud que ocurrieron hace millones de años. En los yacimientos riojanos, observamos pistas donde un pie deja una marca más profunda que su par, o donde un paso es sistemáticamente más corto que el siguiente.

Nos hallamos ante señales claras de un animal que repartía el peso de forma desigual, probablemente por una lesión ósea, fatiga muscular o una malformación física. Estas “huellas patológicas” retratan a individuos que sobrevivieron a traumatismos y que, a pesar del dolor, continuaron desplazándose por su hábitat.

Huellas de un dinosaurio herbívoro con cojera en el yacimiento de La Canal, Munilla, La Rioja.
Ignacio Díaz Martínez.

Vida en sociedad: el comportamiento gregario

¿Eran los dinosaurios seres solitarios? Las pistas paralelas de diferentes tamaños que avanzan en la misma dirección y a la misma velocidad sugieren lo contrario. En La Rioja, vemos grupos de herbívoros (ornitópodos) donde adultos y juveniles caminaban juntos.

Dinosaurios ornitópodos: de izquierda a derecha camptosaurio, iguanodón, shantungosaurio, centre foreground, corythosaurio, tenontosaurio; y el más pequeño en el centro, driosaurio.
Wikimedia Commons., CC BY

Por otro lado, los grandes saurópodos de cuello largo parecen haberse movido en grupos de individuos de talla similar. No fue un encuentro fortuito en una charca; fue un desplazamiento coordinado.

Estas evidencias refuerzan la idea de que muchas especies poseían estructuras sociales complejas para proteger a sus crías o para migrar de forma eficiente.

Huellas de una manada de pequeños dinosaurios desplazándose junto a las de un gran herbívoro en el yacimiento del Barranco de Valdebrajés, Cervera del Río Alhama, La Rioja.
Ignacio Díaz Martínez.

El futuro: inteligencia artificial y modelos 3D

Hoy, la tecnología nos permite ir más allá de la observación a simple vista. Mediante la fotogrametría –técnica que analiza las dimensiones de un objeto a través de mediciones en una foto– y la digitalización 3D, analizamos con precisión milimétrica cómo se apoyaban los dinosaurios en cada fase del paso.

Incluso, estamos utilizando métodos de inteligencia artificial para descifrar yacimientos complejos afectados por la “dinoturbación”. Este fenómeno ocurre cuando el paso masivo de manadas enmascara o borra rastros previos, creando un caos de marcas. Los algoritmos de aprendizaje profundo, entrenados con el amplio registro riojano, asisten ahora a los investigadores para identificar icnitas individuales dentro de ese desorden y nos permiten “limpiar” digitalmente el yacimiento.

Fotografía de huellas de dinosaurio de tipo saurópodas (forma subcircular) y terópodas (tridáctilas) digitalizadas en 3D y falso color a partir del mapa de alturas en centímetros desde la altura relativa inferior y superior de la superficie de roca.
Adrián Páramo Blazquez.

Proteger el eco del pasado

La Rioja no solo atesora estas huellas como un registro científico, sino como un legado cultural de primer orden. Estos yacimientos forman parte de la Reserva de la Biosfera de La Rioja, reconocida por la UNESCO, y están declarados Bienes de Interés Cultural (BIC).

Sin embargo, el mismo proceso geológico que las creó –la exposición a la naturaleza– puede borrarlas. La erosión es un enemigo silencioso. Por ello, la digitalización y la divulgación son esenciales para que la sociedad comprenda que, bajo el suelo que pisamos, aún late el eco del movimiento de hace 120 millones de años.

Estas “biografías congeladas” en el barro riojano son la prueba definitiva de que los dinosaurios no son solo huesos en un estante, sino seres vivos cuya dinámica y comportamiento aún estamos terminando de descubrir.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Huellas de dinosaurios en La Rioja: movimiento congelado en el tiempo – https://theconversation.com/huellas-de-dinosaurios-en-la-rioja-movimiento-congelado-en-el-tiempo-272732

‘Cosas pequeñas como esas’: un gesto hacia las supervivientes de las Lavanderías de la Magdalena

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Auxiliadora Pérez Vides, Profesora Titular de Universidad (Filología Inglesa), Universidad de Huelva

Fotograma del filme _Pequeñas cosas como esta_. Cortesía de Lionsgate

En octubre de 2026 se cumplirán 30 años del cierre de la última Lavandería de la Magdalena en Irlanda. Cuando Our Lady of Charity clausuró su actividad, allí aún quedaban 40 mujeres, mayoritariamente ancianas, que habían pasado gran parte de su vida confinadas contra su voluntad en esta institución de disciplinamiento. Muchas no tenían a dónde volver porque habían perdido todo contacto con sus familiares.

Ante este escabroso hecho histórico, la sociedad irlandesa tuvo que enfrentarse a varias preguntas de gran calado ético.

El contexto de las lavanderías

Junto con los Asilos para Madres y sus Bebés y otros centros de internamiento, las lavanderías conformaban la denominada “arquitectura de contención de la nación”. En ambos tipos de instituciones, alrededor de 30 000 niñas, adolescentes y mujeres adultas fueron forzadas a trabajar en condiciones de semiesclavitud, violencia física e intimidación psicológica. Además, las embarazadas –en muchos casos como resultado de violaciones o relaciones incestuosas no consentidas– daban a luz a bebés que luego se entregaban en adopción, de nuevo contra su voluntad.

Todo ello bajo el mandato de varias órdenes religiosas, encargadas por el Estado de gestionar la red de centros y garantizar el cumplimiento de los principios católicos y conservadores que la nación irlandesa había defendido a ultranza desde inicios del siglo XX. Siguiendo el modelo bíblico de la prostituta arrepentida, se esperaba que bajo un régimen de control y penitencia las magdalenas redimieran conductas “indecentes”, fundamentalmente relacionadas con la sexualidad fuera del matrimonio.

Lavandería de la Magdalena sin identificar en Irlanda, principios del siglo XX.
Lavandería de la Magdalena sin identificar en Irlanda, principios del siglo XX.
‘ Do Penance or Perish. A Study of Magdalen Asylums in Ireland’/Wikimedia Commons

La norma del silencio y la indiferencia

Como en episodios de institucionalización forzada en otros contextos internacionales, el entramado era complejo, interdependiente y se extendía por toda la isla. Su éxito dependía de la complicidad de todos los agentes implicados, que se regían por la estricta norma del silencio. La doble moral, la desigualdad de género y la injusticia eran evidentes, pero nadie se atrevía a hablar de ello y mucho menos a cuestionarlo.

En 1993 en el asilo de High Park (Dublín) se descubrió una fosa común con cadáveres de mujeres sin identificación ni partida de defunción. La población entró en shock. A medida que las investigaciones aportaban más detalles y las supervivientes del sistema se aventuraban a contar sus historias, Irlanda tuvo que asimilar lo que había estado años ignorando deliberadamente.

¿Cómo era posible que durante tanto tiempo la respetabilidad social de la familia hubiese prevalecido sobre la obligación “moral y legal” de velar por el bienestar de las chicas jóvenes? ¿Qué medidas debían tomarse para reparar tal desafección e indiferencia hacia el sufrimiento continuado de estas mujeres vulnerables?

Porque no era una realidad desconocida. Para las niñas irlandesas, sobre todo las más díscolas, la amenaza de ser internadas en una lavandería era constante, una mezcla explosiva entre “que viene el coco” y “cuidado con el hombre del saco”. Rara era la familia que no tuviese una hija, hermana, sobrina, vecina o conocida que fuese o hubiese sido magdalena. Muchos establecimientos y organismos oficiales se beneficiaban de sus servicios de lavandería gratuitos o a muy bajo coste.

En definitiva, de una forma u otra todo el mundo lo sabía, pero nadie hacía nada.

Del horror a la acción

Hay acontecimientos que marcan el pulso de una era, y en Irlanda la exhumación de High Park fue un verdadero revulsivo. La unión de distintas fuerzas en favor de las supervivientes fue abriendo el camino de la opinión pública y del gobierno irlandés.

Se fundaron organizaciones activistas, como Justice for Magdalenes, que realizaron campañas reclamando justicia restaurativa. A ellas se sumaron los testimonios de las propias mujeres en diversos documentales y las representaciones que un amplio abanico de artistas realizaron sobre este fenómeno social, entre los que podemos encontrar el documental Sex in a cold climate (1998), las películas Las hermanas de la Magdalena (2002) y Sinners (2002), las novelas de detectives The Magdalen Martyrs (2003) y El secreto de Christine (2006), o las performances Yellow (2008) y Laundry (2011).

En 2013 el primer ministro irlandés pronunció en sede parlamentaria una disculpa por la participación directa del Estado en la red de lavanderías. En 2018 unas 230 supervivientes fueron recibidas oficialmente en las respectivas residencias del presidente de Irlanda y el alcalde de Dublín. Los actos estaban cargados de significado, pero era necesario ir más allá de lo simbólico y acometer un programa reparativo de lo que había sido un incumplimiento sostenido de los derechos humanos fundamentales. No sin dificultades –legales y administrativas– y con cuentagotas, las ayudas han ido llegando. Sin embargo, a las supervivientes se les sigue negando el acceso a la información y los documentos que les permitan reencontrarse con sus hijos e hijas.

Monumento conmemorativo en un banco a las víctimas de las Lavanderías de la Magdalena en Dublín, en el que se lee: 'A las mujeres que trabajaron en las instituciones de lavandería de Magdalena y a los hijos de algunos miembros de esas comunidades: reflexi
Monumento conmemorativo en un banco a las víctimas de las Lavanderías de la Magdalena en Dublín, en el que se lee: ‘A las mujeres que trabajaron en las instituciones de lavandería de Magdalena y a los hijos de algunos miembros de esas comunidades: reflexionen aquí sobre sus vidas’.
Osama Shukir Muhammed Amin FRCP/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Una nueva era

En 2013, Catherine Corless, historiadora local autodidacta, descubrió que el antiguo asilo para madres de Tuam, al oeste del país, contenía una fosa séptica con restos de casi 800 bebés no identificados. El hallazgo confirmó la magnitud de la trama detrás de la red de instituciones, y la grave desatención del Estado ante tales atropellos.

Afortunadamente, también reflejó que iniciativas modestas nacidas de un interés genuino por la comunidad cercana pueden despertar conciencias y contribuir al avance social a gran escala.

Esta misma dialéctica entre lo grande y lo pequeño subyace al relato que la aclamada escritora Claire Keegan cuenta en Cosas pequeñas como esas (2021). La obra demuestra que una novela corta, localizada en una pequeña ciudad de Irlanda, puede contener en pocas páginas una historia inmensa y con un alcance que trasciende de lo local a lo universal. El texto, que narra la reacción de un humilde comerciante de carbón ante el sufrimiento de una joven magdalena, fue finalista del prestigioso Premio Booker en 2022. Recientemente ha sido adaptado al cine, en un filme producido por Matt Damon y Ben Affleck y protagonizado por Cillian Murphy y Emily Watson, entre otros.

Como expresión literaria con trasfondo histórico, la narración del dilema al que se enfrenta el protagonista interpela al público lector a un nivel que anteriores obras sobre las lavanderías no habían llegado. Keegan lanza nuevos interrogantes sobre qué renuncias seríamos capaces de hacer y cuál es el verdadero sentido de la felicidad.

Sin moralizaciones ni sentimentalismos, pone el foco en los afectos, como la bondad y la empatía. Porque al final, los pequeños gestos cuentan, y mucho.

The Conversation

María Auxiliadora Pérez Vides no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Cosas pequeñas como esas’: un gesto hacia las supervivientes de las Lavanderías de la Magdalena – https://theconversation.com/cosas-pequenas-como-esas-un-gesto-hacia-las-supervivientes-de-las-lavanderias-de-la-magdalena-273155

El mercado regulado de electricidad en España busca ser menos volátil en 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Sancha Gonzalo, Profesor del Máster Universitario en Sector Eléctrico. Experto en Sistema Energético Español, Universidad Pontificia Comillas

cunaplus/Shutterstock

La factura regulada de la luz comenzó a funcionar en España el 1 de julio de 2009, marcando el fin del proceso de liberalización del mercado eléctrico.

Con la liberalización, los pequeños consumidores (aquellos cuya potencia contratada no supera los 10 kW) pudieron elegir entre las ofertas de mercado libre de las distintas comercializadoras o una comercialización regulada a través de una Tarifa de Último Recurso (TUR), que imputaba los costes del servicio eléctrico a través de los términos fijo (potencia contratada) y variable (energía consumida) de la factura.

En abril de 2014, el Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC) sustituye a la tarifa de último recurso y el coste de la energía pasa a tomarse directamente de los precios, por franjas horarias, que marque el mercado eléctrico.

La última modificación de calado acaba de producirse el 1 de enero de 2026 y es la fase final del proceso de aplicación de la reforma en la metodología de cálculo del PVPC que se aprobó en abril de 2023.

Con esa reforma, el precio de la energía del mercado diario para los clientes PVPC pasó a ajustarse teniendo en cuenta el precio de los mercados organizados a plazos: anual, trimestral y mensual. En 2024, el primer año de aplicación, el precio de la luz dependía en un 25 % de los mercados a plazos y el 75 % restante del precio diario. Al año siguiente, en 2025, el porcentaje del primer concepto aumentó hasta el 40 %. A partir de este año, el precio se calcula con una ponderación de 55 % para los mercados a plazos y 45 % para el mercado diario. De este modo se busca depender menos de los vaivenes de este último y dar más estabilidad a los precios para los pequeños consumidores del mercado regulado.

Por su parte, los precios para quienes acuden al mercado libre de la energía se ajustan en los contratos y tarifas que las comercializadoras ofrecen a sus clientes.

La factura PVPC en 2026

La factura PVPC consta de seis términos y su importe es la suma de:

  • El término fijo, que consta de tres componentes: el coste de la potencia contratada (la cantidad de kilovatios que se puede consumir en un momento concreto) en horario de alta demanda (0,0759 €/kW día) y de baja demanda (0,0020 €/kW día), y el coste de comercialización (compra de energía, facturación, atención al cliente), cuyo precio regulado es 0,0086 €/kW día.

  • El término variable: se calcula por franjas horarias y es el producto de multiplicar la energía consumida a una determinada hora por el precio de la energía en esa misma hora. El precio se determina ponderando el precio de la electricidad en el mercado que se celebra cada 15 minutos (45 %) y los precios de los mercados a plazos (55 %). Dentro de estos últimos, el peso del mercado anual es del 54 %, el del trimestral del 36 % y el mensual del 10 %. Además, el precio de la energía incorpora los costes de operación del sistema y la parte variable de los peajes y cargos.

  • La financiación del bono social, que se aplica por normativa y es obligatorio. Tiene un valor de 0,019 €/día.

  • El impuesto eléctrico: es del 5,11 % y se aplica a los tres términos previos (término fijo, término variable y la financiación del bono social).

  • Alquiler del contador eléctrico (0,0266 €/día).

  • El IVA (21 %), que se aplica a la suma de los cinco términos anteriores (término fijo, término variable, financiación del bono social, impuesto eléctrico, alquiler del contador).

  • En el caso de autoconsumo, aparece un término adicional que refleja la compensación económica por la energía excedentaria vertida a la red (energía vertida X el precio regulado horario).

Importancia de los términos

Los términos más importantes de la factura son los dos primeros (el fijo y el variable). Además, son los de mayor cuantía y los únicos que pueden ser gestionados por el consumidor. En 2025, el término de potencia (fijo) supuso el 20 % y el de energía (variable) el 56 % de la factura del consumidor medio PVPC (4 kW de potencia contratada y 200 kWh de consumo mensual).

Con respecto a 2025, en 2026 aumenta el precio del término de potencia (coste fijo de la factura). Además, el hecho de incluir en el cálculo de la energía consumida (término variable de la factura eléctrica) los precios de los mercados a plazos hace prever una reducción del precio en un 16 %. Se mantiene la discriminación horaria para costes y peajes: dos periodos en el término de potencia y tres en el término de energía.

Gasto eficiente en la potencia contratada

Contratar la potencia punta que realmente se necesita puede suponer un ahorro importante en el gasto eléctrico anual.

Las facturas incluyen un gráfico con la potencia punta realmente utilizada en el último año. Este dato debe servir de guía para contratar la potencia adecuada. El cambio de potencia (que tiene un coste para los clientes eléctricos) se puede hacer en escalones de 0,1 kW.

Gasto eficiente de la energía eléctrica

Aprovechar la diferencia horaria del precio de la energía para trasladar, en la medida de lo posible, consumos de horas caras a horas más baratas dentro del día o de la semana es una buena manera de optimizar el gasto en electricidad.

En el día, la influencia de la generación fotovoltaica hace que las horas más baratas sean las comprendidas entre las 15.00 y las 18.00 horas, mientras que entre las 04.00 y las 06.00 son horas valle. Las horas más caras son las comprendidas entre las 19.00 y las 22.00 horas (horas punta domésticas).

Dentro de la semana, todas las horas de los sábados, domingos y festivos son valle y tienen precios inferiores a los de los días laborables.

En 2025, en el 20 % de los días la diferencia de precio entre la hora más cara y la más barata fue 20,62 €/kWh, un valor muy sustancial.

Un cliente informado

Es útil recordar que el consumidor PVPC puede conocer cada día el precio horario de la energía de la jornada siguiente utilizando plataformas como e·sios de Red Eléctrica (REE), o cualquier aplicación específica.

Finalmente es aconsejable revisar periódicamente el comparador de facturas de la CNMC, que establece un ranking ordenado con las ofertas de todas las comercializadoras eléctricas de precio libre y PVPC.

The Conversation

José Luis Sancha Gonzalo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El mercado regulado de electricidad en España busca ser menos volátil en 2026 – https://theconversation.com/el-mercado-regulado-de-electricidad-en-espana-busca-ser-menos-volatil-en-2026-273916

Aristóteles abrió un mejillón hace 2 000 años… y vio algo que seguimos estudiando hoy

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Aristóteles y Alejandro Magno. Charles Laplante.

En el siglo IV a.C., Aristóteles realizó las primeras observaciones científicas detalladas sobre mejillones mediterráneos en su Historia Animalium (Historia de los animales).

El filósofo griego los denominó μύες (myes) y describió con una precisión sorprendente una estructura que milenios después la ciencia identificaría como proteica: el biso, un conjunto de filamentos proteicos que segregan ciertos moluscos bivalvos para adherirse al sustrato y que históricamente se obtuvo de la nacra (Pinna nobilis) para producir tejidos conocidos como seda marina. En el pasaje IV, 5, 528b, escribió: «οἱ δὲ μύες προσπέφυκασι ταῖς πέτραις καὶ ἐκ τῶν μορίων ἔξω τινα ἔχουσιν, ἐξ ὧν ἀφίενται τὸν ἰσχὺν ὅσον προσκεῖσθαι ταῖς πέτραις». Es decir: «Los mejillones están adheridos a las rocas y poseen una parte del cuerpo que sobresale, de la cual producen un hilo con el que se aferran firmemente a ellas».

Historia animalium de Aristóteles, edición de 1619.
Wikimedia Commons., CC BY

La precisión de Aristóteles al describir el biso, confirmada dos mil años después por investigaciones contemporáneas sobre proteínas adhesivas, demuestra que la observación rigurosa puede trascender las limitaciones tecnológicas de su época.

En la misma obra, también identificó correctamente que los mejillones se alimentan filtrando el agua, una observación que anticipa el concepto moderno de organismos filtradores marinos.

Bivalvos en la literatura clásica

Muchas de las categorías establecidas por Aristóteles coinciden notablemente con las clasificaciones actuales. Los μύες (myes) eran mejillones, que en el Mediterráneo son de la especie Mytilus galloprovincialis y forman densos bancos en áreas rocosas intermareales.

Roca cubierta de mejillones mediterráneos en la costa de Portugal.
Wikimedia Commons., CC BY

Las ὄστρεα (ostreae) eran las ostras, incluida Ostrea edulis, especie nativa europea consumida tanto por griegos como por romanos. Aunque Aristóteles las situó principalmente “en el fondo”, esta especie se adhiere con frecuencia a sustratos duros, formando arrecifes.

Las πίνναι (pinnai) correspondían a la imponente Pinna nobilis o nacra, el bivalvo más grande del Mediterráneo, capaz de alcanzar hasta 120 cm. Muy apreciada en la antigüedad, esta especie se encuentra hoy en peligro de extinción debido al parásito protozoo Haplosporidium pinnae, que desde 2016 ha devastado sus poblaciones.

Fan mussel Pinna nobilis_ en una pradera de posidonias.
Arnaud Abadie / Wikimedia Commons., CC BY

Las τελλίναι (tellinai) incluían almejas y berberechos como Ruditapes decussatus, un bivalvo infaunal que vive enterrado en sedimentos arenosos. Las κτείς (kteis) eran las vieiras, entre ellas Pecten jacobaeus. Precisamente, Aristófanes (ca. 446-386 a. C.) menciona este tipo de productos del mar en su comedia Los Caballeros, donde aparecen como manjares vendidos en el ágora ateniense.

Busto deAristophanes en la Galería Uffizi, Florencia, Italia.
Alexander Matayatsky / Wikimedia Commons., CC BY

Plinio el Viejo describió en su Naturalis Historia (s. I) la capacidad natatoria de las vieiras, un comportamiento confirmado por estudios modernos que han demostrado que los pectínidos nadan expulsando agua al cerrar rápidamente sus valvas.

Las καρδία (kardia) eran berberechos del género Acanthocardia, llamados así por su forma de corazón, y aparecen indirectamente en fragmentos de comedias griegas. Las σωλήν (solen) correspondían a las navajas como Solen marginatus, cuyo comportamiento excavador Aristóteles describió correctamente en su Historia Animalium.

Finalmente, las φωλάδες (pholades) eran dátiles de mar (Lithophaga lithophaga), moluscos perforadores de roca caliza. Su explotación fue tal que hoy están protegidos en el Mediterráneo por la Directiva de Hábitats.

Primera página de la obra Historia Natural, de Plinio el Viejo.
Wikimedia Commons., CC BY

Ecología marina a la griega

Los textos antiguos contienen observaciones sorprendentes sobre la ecología marina, desde referencias a la necesidad de aguas limpias hasta la importancia de la oxigenación del agua.

Estas intuiciones coinciden con el conocimiento moderno: los mejillones del género Mytilus reducen su tasa metabólica cuando las concentraciones de oxígeno disuelto caen por debajo de 5-6 mg/L de oxígeno disuelto para mantener su metabolismo normal, y la agitación del agua garantiza tanto esa oxigenación como el aporte de fitoplancton, su principal alimento. Actualmente, los mejillones son bioindicadores reconocidos de la contaminación y se utilizan en programas internacionales de biomonitoreo, como el Mussel Watch Program.

Moluscos en la mesa

La gastronomía también desempeñó un papel central. Ateneo de Náucratis (s. II) recogió en su obra Deipnosophistae las tradiciones culinarias de toda Grecia, incluyendo referencias a la estacionalidad de los mariscos.

Los textos antiguos señalan que los mejillones eran de mejor calidad antes del verano, lo cual coincide con el ciclo reproductivo de Mytilus galloprovincialis, que presenta dos períodos de desove principales: primavera (marzo-mayo) y otoño (septiembre-octubre). Antes del desove primaveral, los mejillones acumulan reservas de glucógeno que aportan dulzor y firmeza, mientras que, tras el desove, la carne se vuelve más acuosa y menos sabrosa.

Los mejillones ya eran un plato muy apreciado en la antigua Grecia.
Wikimedia Commons., CC BY

Por su parte, Arquéstrato de Gela (s. IV a. C.), el primer gastrónomo occidental, estableció en su obra Hedypatheia jerarquías geográficas de calidad para distintos mariscos, recomendando mejillones de Abdera y Mitilene y ostras del Helesponto –hoy Dardanelos–. Estas diferencias culinarias reflejan gradientes reales de salinidad, temperatura y productividad.

Los bivalvos formaban parte de la dieta cotidiana en la Grecia clásica. Ostras y almejas se consumían crudas con vinagre, aceite y hierbas aromáticas, mientras que los mejillones se cocinaban con frecuencia y podían acompañarse de garum, la popular salsa de pescado fermentado griega.

Vieiras y ostras también se asaban directamente sobre las brasas. A estos mariscos se les atribuían propiedades afrodisíacas, vinculadas a Afrodita y a la fertilidad marina.

A la lonja en ánforas

El comercio de bivalvos está documentado arqueológicamente. Ánforas con sellos comerciales y restos de mercados de pescado en Atenas y otras ciudades costeras evidencian un consumo amplio. Depósitos domésticos de conchas, incluso en viviendas no aristocráticas, confirman su presencia generalizada. En la época romana, las ostras podían conservarse en salmuera para facilitar su transporte, como documentaron Plinio y Columela.

Los romanos llevaron la relación con los bivalvos más lejos mediante el desarrollo de técnicas de ostricultura en el siglo I a.C. Plinio atribuye a Sergius Orata (s. I a. C.) la innovación de los primeros criaderos de ostras en el lago Lucrino, en la Campania, alrededor del 95 a.C. Estas técnicas son las precursoras de los métodos modernos de cultivo suspendido. No existe evidencia directa de acuicultura en Grecia.

Conchas de Bolinus brandaris, de donde se sacaba el tinte púrpura de Tiro.
Luis Fernández García / Wikimedia Commons., CC BY

Aunque no pertenecen a los bivalvos, los múrices merecen mención por su papel en la economía antigua. Estos gasterópodos eran la fuente de la púrpura de Tiro, el tinte más valioso del Mediterráneo. Se necesitaban entre 10 000 y 12 000 individuos para obtener apenas un gramo de pigmento, lo que convirtió la púrpura en un símbolo de poder imperial. La industria está documentada en Creta desde el II milenio a. C., lo que sugiere posibles orígenes minoicos.

Usos simbólicos y curativos

El simbolismo religioso también otorgó un papel destacado a los bivalvos. Los Himnos homéricos describen el nacimiento de Afrodita de la espuma marina y la tradición posterior la asoció con conchas, como muestran depósitos votivos con restos de ejemplares de Pecten, Ostrea y Glycymeris.

La concha representaba el nacimiento y la renovación, la belleza oculta y la fertilidad, un simbolismo que se mantuvo durante siglos.

El nacimiento de Venus (1482-1485), óleo sobre lienzo.
Sandro Botticelli.

Además, los bivalvos también tuvieron usos medicinales. Galeno (129-216) prescribía remedios que incluían polvo de concha de ostra y Dioscórides (40-90) menciona preparaciones similares en su obra De Materia Medica. Estas prácticas tenían una base empírica: las conchas están compuestas mayoritariamente por carbonato cálcico, una fuente eficaz de calcio.

… hasta nuestros días

Hoy, los bivalvos siguen siendo objeto de investigación y constituyen recursos económicos importantes. La producción mundial de mejillones supera los 2,2 millones de toneladas anuales, con China como principal productor y España como líder europeo, gracias a las Rías Gallegas.

Este patrimonio biológico se ve amenazado por muchas actividades humanas. Pinna nobilis está al borde de la extinción y Ostrea edulis ha sufrido declives superiores al 85 % desde el siglo XIX debido a la sobreexplotación, las enfermedades y la degradación del hábitat. El cambio climático y la acidificación oceánica afectan la calcificación de sus conchas, al reducir la disponibilidad de iones carbonato.

Las observaciones antiguas sobre la importancia de las aguas limpias adquieren hoy nueva relevancia en un Mediterráneo amenazado por la contaminación, la eutrofización y la sobrepesca. La herencia intelectual de los naturalistas griegos sigue vigente: comprender el mar con rigor, cuestionar con humildad y reconocer que hasta los habitantes más humildes del océano merecen estudio, respeto y protección.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Aristóteles abrió un mejillón hace 2 000 años… y vio algo que seguimos estudiando hoy – https://theconversation.com/aristoteles-abrio-un-mejillon-hace-2-000-anos-y-vio-algo-que-seguimos-estudiando-hoy-271216

Zelandia, lo que el continente oculto puede decirnos sobre el cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laia Alegret, Professor in Paleontology, Universidad de Zaragoza

Pirámide de Ball, en las islas Lord Howe, una de las pocas tierras emergidas de Zelandia, aparte de Nueva Zelanda. Wikimedia Commons., CC BY

Hace 80 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, una masa continental equivalente a la mitad de Estados Unidos (o algo superior a toda la extensión de la Unión Europea) se separó de Australia y de la Antártida y permaneció separada del resto de continentes durante tantos millones de años que su flora y fauna evolucionaron de manera independiente, con miles de especies endémicas.

Así nació Zelandia, un continente de 4,9 millones de kilómetros cuadrados, protagonista de una larga historia de separación, rotación, elevación y hundimiento, hasta alcanzar su posición actual.

En la actualidad, se encuentra sumergida a miles de metros de profundidad en el océano Pacífico, y solo aflora por encima de las aguas un 6 % de su superficie, que corresponde a sus montañas más altas: las islas de Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

Una región crítica para los estudios climáticos

La historia climática de un continente queda grabada en sus rocas pero, en el caso de Zelandia, solo podemos ver las de sus montañas más altas, que asoman por encima del nivel del mar. El resto del continente está sumergido; por eso, para conseguir muestras de los fondos oceánicos, se necesitan tecnología y muchos recursos. Este es uno de los motivos por los que fue un continente prácticamente desconocido durante décadas.

Además, se trata de una región crítica donde los modelos climáticos presentan deficiencias en sus predicciones. Si no son capaces de reproducir el clima del pasado, que conocemos a través de estudios geológicos, ¿cómo van a predecir el clima del futuro?

El estudio del clima pretérito fue uno de los principales objetivos de una expedición internacional que exploró Zelandia en 2017.

Núcleos de sondeo extraídos del fondo oceánico durante la Expedición 371 (Integrated Ocean Discovery Program) a Zelandia.
Laia Alegret

En ella, se perforó el fondo marino con cilindros huecos para extraer rocas a miles de metros de profundidad. Un material de valor incalculable, que está siendo estudiado por equipos científicos internacionales.

Las muestras recuperadas han permitido reconstruir la historia del continente desde que se separó de Australia y la Antártida hace 80 millones de años. Ahora sabemos que hubo momentos en los que Zelandia emergió de las aguas y hubo tierra firme, cubierta por vegetación. Y otros en los que se hundió a miles de metros de profundidad.

Como si fuera una montaña rusa, estos grandes movimientos verticales se han relacionado con la tectónica de placas. Las mismas fuerzas modelaron el anillo de fuego del Pacífico, sobre el que se sitúa Zelandia. Se trata de la zona del planeta con más volcanes y terremotos, y han afectado al clima global a largo plazo.

Las muestras de Zelandia siguen aportando, además, una gran cantidad de datos sobre el clima del pasado que permitirán mejorar los modelos climáticos.

Bibliotecas rocosas bajo el agua

Las rocas extraídas de los fondos oceánicos son una biblioteca de la historia climática de Zelandia a lo largo de millones de años: el clima existente en un momento concreto se puede deducir a partir del tipo de sedimento, su estructura, su composición y los fósiles que contiene.

Los isótopos de algunos elementos que forman las rocas y los fósiles, como el oxígeno, el carbono o el neodimio, también dan información sobre aspectos relacionados con el clima. Así se puede deducir, por ejemplo, la temperatura de las aguas, la productividad biológica o las corrientes oceánicas.

Finalmente, los cambios climáticos se estudian analizando los estratos que se han ido depositando de manera sucesiva a lo largo del tiempo. Además de transformaciones graduales, en Zelandia se observan varios ejemplos de calentamiento que se consideran rápidos desde el punto de vista geológico. Estos cambios más bruscos dejan huella, por ejemplo, en el tipo de sedimento que se deposita en los fondos marinos y también provocan cambios en los ecosistemas marinos.

La importancia científica de Zelandia

La investigación de Zelandia ha revelado que hace entre 41 y 53 millones de años, durante el Eoceno, se produjeron varios eventos de calentamiento de distinta rapidez y magnitud. La respuesta de los ecosistemas marinos fue diferente, en función del aumento de la temperatura. Estos datos permiten mejorar los modelos y predecir las consecuencias de los distintos escenarios de cambio climático previstos para un futuro cercano.

El calentamiento observado hace 52 millones de años resulta especialmente interesante porque revela cambios inesperados en las corrientes oceánicas. Por ejemplo, la llegada de una nueva masa de agua profunda erosionó los fondos oceánicos y favoreció a organismos marinos que se benefician de corrientes intensas. Así, la composición química de fósiles de peces revela que esta nueva masa de agua profunda se originó cerca de la Antártida.

Se trata de un hecho difícil de explicar en un “planeta invernadero”, sin hielo permanente, porque las aguas necesitan enfriarse en la superficie para volverse lo suficientemente densas como para hundirse. Este descubrimiento desafía nuestra comprensión de la circulación oceánica en un mundo invernadero, hacia el que nos dirigimos en la actualidad.

Entender estos mecanismos del pasado es crucial para anticipar y mitigar los efectos del cambio climático futuro, ya que el océano juega un papel fundamental en la distribución del calor en nuestro planeta.

La investigación de este continente hundido en el Pacífico abre nuevos interrogantes sobre cómo funcionaban los océanos en un mundo más cálido y nos invita a reconsiderar nuestros modelos climáticos actuales.

The Conversation

Laia Alegret recibe fondos de MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y FEDER, UE (proyectos PID2023-149894OB-I00, PID2019-
105537RB-I00 y CGL2017-84693-R). Su participación en la Expedición International Ocean Discovery Program 371 y la investigación relacionada fueron también financiadas por ECORD (European Consortium for Ocean Research Drilling), y por una una Beca Leonardo a Investigadores y Creadores Culturales 2017, Fundación BBVA. Esta investigación utiliza muestras proporcionadas por International Ocean Discovery Program.
Laia Alegret es Académica Numeraria de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España.

Gabriela J. Arreguín-Rodríguez recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE.

Guido Ernesto Mantilla Lucero recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE bajo el contrato de Formación de Personal Investigador (FPI) PRE2024-UZ-01

Irene Peñalver Clavel recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE bajo el contrato de Formación de Personal Investigador (FPI) PRE2020-092638.

Martina Caratelli recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE; y ayuda Juan de la Cierva JDC2023-051289-I financiada por MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y por el FSE+

ref. Zelandia, lo que el continente oculto puede decirnos sobre el cambio climático – https://theconversation.com/zelandia-lo-que-el-continente-oculto-puede-decirnos-sobre-el-cambio-climatico-272598

¿Quién manda en alta mar? El tratado que cambia las reglas del juego en el océano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Oleksandr Matsibura/Shutterstock

El 17 de enero entró en vigor un acuerdo internacional que afecta a más de la mitad del planeta: el Tratado de Alta Mar, conocido también como el Acuerdo sobre la Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional. El manuscrito intenta regular quién puede pescar, los trayectos de los grandes buques, el tipo de proyectos que se pueden hacer en el océano profundo y quién se beneficia de los recursos marinos del futuro.

Territorio de nadie y de todos

La alta mar empieza más allá de las 200 millas náuticas de cada país, es decir, a 370,4 kilómetros de la costa. Ocupa alrededor del 64 % de la superficie oceánica, lo que la convierte en la mayor “zona sin dueño” de la Tierra. Cada año la cruzan decenas de miles de buques mercantes y militares. Solo la ruta Asia–Europa mueve millones de contenedores atravesando durante semanas aguas que no pertenecen a ningún Estado. Y buena parte de la pesca industrial a gran escala se hace también allí, lejos de cualquier costa y con un control muy limitado.

Durante décadas, la tecnología aplicada al mar ha corrido más rápido que las normas. Los barcos son hoy auténticas fábricas flotantes. Los arrastreros congelan y procesan el pescado a bordo. Algunos buques portacontenedores miden más de 400 metros y transportan más de 20 000 contenedores en un solo viaje. Y los científicos trabajan con robots a seis mil metros de profundidad. Pero las reglas para proteger esos espacios seguían siendo débiles y fragmentarias.

El Tratado de Alta Mar nace para cambiar eso. No crea un gobierno mundial del océano, pero sí un marco común para conservar y usar de forma sostenible los ecosistemas marinos fuera de las aguas nacionales. La medida más visible es la posibilidad de crear áreas marinas protegidas en alta mar. Hasta ahora, más del 90 % de las áreas protegidas estaban dentro de aguas nacionales y cada país protegía la suya propia. En alta mar apenas había ejemplos, porque nadie tenía autoridad clara para decidir.




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Nuevas reglas de juego

Con el nuevo tratado, los países pueden proponer zonas basándose en criterios científicos. Si se aprueban, se fijarán normas de uso, lo que puede afectar a rutas marítimas, a la pesca o a actividades industriales. El objetivo político es proteger el 30 % del océano antes de 2030. Hoy, menos del 8 % del océano está protegido de alguna forma, y solo una pequeña parte de esa protección es realmente estricta.

Pongamos un ejemplo con una ruta típica entre Shanghái y Rotterdam, caracterizada por una travesía de más de 10 000 millas náuticas (18 520 kilómetros), la mayor parte de ella en alta mar. Si un tramo de ese trayecto atraviesa en el futuro una zona protegida sensible, la naviera podría tener que modificar ligeramente la ruta, reducir velocidad o demostrar que su paso no daña un ecosistema concreto. No es un cambio dramático, pero sí una nueva variable en la planificación, junto al combustible, el tiempo y los costes.

Como novedad, el tratado introduce la evaluación de impacto ambiental en alta mar. Hasta ahora, un proyecto podía ejecutarse en aguas internacionales con requisitos ambientales muy desiguales. Pero con el nuevo marco, cualquier actividad que pueda tener efectos significativos deberá estudiarse antes.

Un buen ejemplo de lo que supone este nuevo requisito se evidencia con los tendidos de los cables submarinos. Hoy existen más de 500 cables que cruzan los océanos y transportan más del 95 % del tráfico mundial de datos. Muchos pasan por zonas profundas poco estudiadas. Con el tratado, antes de colocar un nuevo cable habrá que analizar su impacto sobre fondos marinos, especies sensibles o áreas ecológicas relevantes y justificar las decisiones técnicas.

Lo mismo ocurrirá con campañas pesqueras intensivas o con investigaciones que alteren físicamente el entorno. Ya no bastará con que algo sea posible. Habrá que demostrar que se han considerado alternativas y que los daños se reducen al mínimo.

Este aspecto es de gran relevancia porque está directamente relacionado con los recursos genéticos marinos, de lo que existe muy poco conocimiento.

En el océano existen bacterias de fuentes hidrotermales, algas o organismos de profundidad con propiedades únicas. Algunos compuestos ya se usan en medicamentos contra el cáncer o en cosméticos. Una sola molécula descubierta en el mar puede generar millones de euros.

Hasta ahora, quienes tenía capacidad tecnológica para encontrar esos organismos podía explotarlos casi sin restricciones. Pero el tratado introduce la idea de reparto de beneficios: si esos recursos generan valor comercial, parte de los beneficios deberá compartirse, especialmente con países que no tienen medios para explorar el océano por sí mismos. Eso no frena la investigación, pero sí obliga a documentar mejor el origen de los datos y las muestras.




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Un acuerdo histórico que nos afecta a todos

El tratado también apuesta por la transferencia de tecnología. Vigilar la alta mar no es barato: hacen faltan satélite, sensores, drones, buques patrulla y análisis masivo de datos. En la actualidad, pocos países concentran esa capacidad.

El fin del nuevo acuerdo es que, con cooperación y formación, más Estados puedan participar en la vigilancia y protección del océano, lo que tendrá un impacto directo sobre el transporte marítimo. El 90 % del comercio mundial se mueve por mar, por donde cada día navegan más de 50 000 buques mercantes. La alta mar es su gran autopista.

El tratado no quiere bloquearla, pero sí hacerla compatible con la protección ambiental. ¿Por qué? A medio plazo, algunas rutas podrían atravesar zonas protegidas con normas especiales, obligando a integrar criterios ambientales en la planificación de trayectos, en la velocidad, en el consumo y en las decisiones operativas. También aumentará la importancia de demostrar cumplimiento: no bastará con declarar que se cumplen las normas.




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¿Hay algo que quede exento de regulación con el tratado? Sí: la minería de los fondos marinos, que seguirá siendo competencia de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA). Sin embargo, las evaluaciones de impacto y las áreas protegidas pueden limitar dónde y cómo se podrán hacer esas explotaciones. El mensaje implícito es que ya no todo vale en cualquier parte del océano.

Tras su entrada en vigor, ahora se deben crear órganos de gobierno, comités científicos y sistemas de control. La eficacia dependerá de si se destinan recursos reales a vigilar y hacer cumplir las normas. Sin barcos, satélites y datos, las reglas no trascenderán del papel.

No obstante, con este acuerdo histórico, la alta mar deja de ser el “Lejano Oeste” del planeta. No pasa a tener dueño, pero sí reglas claras para asegurarnos de que el océano sigue existiendo tal y como lo conocemos. Aunque el asunto parece ajeno a nuestro día a día, afecta a lo que comemos, a lo que compramos y a cómo se mueve el mundo. Más de la mitad de la Tierra empieza a tener normas pensadas para durar, no para agotarse. Y eso, aunque ocurra lejos de la costa, nos toca mucho más de cerca de lo que creemos.

The Conversation

Paula Lamo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Quién manda en alta mar? El tratado que cambia las reglas del juego en el océano – https://theconversation.com/quien-manda-en-alta-mar-el-tratado-que-cambia-las-reglas-del-juego-en-el-oceano-273969