Más allá del narcotráfico: qué hay detrás de las amenazas de Donald Trump a Venezuela y Colombia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hector Luis Saint-Pierre, Professor Titular em Segurança Internacional e Resolução de Conflitos e vice-coordenador do Instituto de Políticas Públicas e Relações internacionais (IPPRI), Universidade Estadual Paulista (Unesp)

La nueva escalada de Donald Trump contra Venezuela –y desde el 19 de octubre también contra Colombia– puede entenderse como una señal de un cambio más profundo en la proyección de la estrategia de seguridad internacional de Estados Unidos.

El 14 de octubre de 2025, Trump admitió haber autorizado operaciones encubiertas de la CIA en territorio venezolano y el despliegue de más buques en el Caribe. Poco después, repitió su ataque anterior contra una lancha rápida venezolana y anunció que había atacado un buque colombiano en aguas caribeñas.

En ambos casos, el argumento oficial fue la necesidad de “interrumpir las rutas de tráfico”. Pero lo que está en marcha es un intento de reposicionar el poder estadounidense dentro de su entorno geopolítico y reafirmar el control sobre una región que, desde la Doctrina Monroe (1823), Estados Unidos ha considerado su patio trasero y, desde la Segunda Guerra Mundial, su retaguardia estratégica.

Este movimiento se formula a partir de una percepción realista de la situación de conflicto mundial y de la constatación de que Estados Unidos ya no podía sostener, con alguna probabilidad de éxito, las múltiples beligerancias que se vislumbran en el horizonte inmediato. La hegemonía global de que disfrutaba EE. UU. es cada vez más firmemente contestada por las potencias emergentes.

Impotencia frente al “Eje del mal”

Quizás influido por el Informe Final de la Comisión de Estrategia de Defensa Nacional, en el que se reconoce la impotencia estadounidense para enfrentarse a lo que sería un “Eje del Mal” (China, Rusia, Irán y Corea del Norte), Trump decide retirar sus fuerzas distribuidas por el mundo. Un repliegue estratégico que deja algunos focos regionales de inestabilidad como distracción. También se fortalece militarmente con cambios radicales en tres frentes considerados obsoletos: el complejo militar-industrial, la diplomacia y las Fuerzas Armadas.

En esta estrategia, Trump decide reforzar primero su patio trasero latinoamericano, el círculo de seguridad más cercano a Estados Unidos. Con ese objetivo reduce momentáneamente los esfuerzos militares en el teatro de operaciones principal (Eurasia, Oriente Medio y el Pacífico) para reforzar el teatro de operaciones secundario (América Latina y el Atlántico Sur). Washington busca así consolidar su base material: recursos, cadenas de suministro, rutas energéticas y presencia militar regional.

En Oriente Medio, Washington abandonó las ocupaciones prolongadas tras el fin de la guerra de Afganistán y redujo su presencia militar en Irak y Siria. En Europa, la erosión del apoyo a Ucrania reveló los límites de su capacidad para mantener una beligerancia de desgaste, a largo plazo, con Rusia.

En Asia, la confrontación con China se trasladó del ámbito militar al tecnológico-comercial. En todos estos casos, los costos de la permanencia en el teatro principal superaron la eventual ganancia estratégica.

Las amenazas contra Venezuela y Colombia cumplen una función tanto simbólica como instrumental. Sirven como demostración de fuerza y una señal política para todos los países del continente, ocupando una posición central en el escenario continental.

Al mismo tiempo, marca la reanudación de una doctrina de contención frente al creciente acercamiento entre los países de la región y Rusia, y en especial con la República Popular China, evocando la preocupación estratégica similar que tenían con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

América Latina se concibe nuevamente como un espacio estratégico que debe permanecer bajo vigilancia directa e indirecta (con el apoyo de las fuerzas armadas latinoamericanas para este propósito).

Motivación estratégica

La retórica antidrogas es, por lo tanto, una fachada. El fentanilo, la sustancia que más preocupa a Estados Unidos debido a su creciente letalidad, proviene de México, no de Caracas ni de los cárteles colombianos.

En el caso de Venezuela, no hay evidencia de la existencia de un cártel de la droga liderado por el presidente Maduro, como alega Trump. E incluso si así fuera, se trataría de un asunto judicial que de ninguna manera implica una operación militar en el Caribe, y mucho menos en territorio venezolano. Consideramos que se trata exclusivamente de una cuestión de prevención estratégica: disuadir la expansión de alianzas alternativas en Latinoamérica que debiliten el flanco sur y recuperar el control sobre recursos críticos, como el petróleo y las tierras raras.

Aranceles, descalificaciones y ataques

Esta lógica ya se manifiesta en otros frentes. Washington impuso aranceles del 50 % a los productos brasileños. En septiembre, descalificó a Colombia como socio en la lucha contra las drogas e intensificó las sanciones contra Caracas, lo que también provocó ataques a un barco colombiano.

Ninguna de estas medidas tuvo el efecto esperado. Al contrario, generaron reacciones adversas: Venezuela firmó acuerdos militares y energéticos con Rusia; Colombia, bajo el gobierno de Gustavo Petro, anunció una revisión de su cooperación militar; Brasil continuó el juicio a los implicados en el intento de golpe de Estado del 8 de enero, desafiando las exigencias de Trump.

Estos movimientos ejemplifican la dificultad que afronta Estados Unidos para mantener el control político exclusivo sobre el continente, como lo hizo entre las décadas de 1950 y 1980. Durante este período, EE. UU. invadió países, impuso gobiernos afines, apoyó golpes militares y orientó las políticas de defensa de la región. Hoy, esta hegemonía es precaria. La diplomacia de las cañoneras ha perdido su eficacia y legitimidad.

El surgimiento de nuevos centros de poder disuelve la influencia gravitacional de Estados Unidos. Las nuevas cadenas de producción, el acceso a la tecnología y la diversificación de los flujos comerciales han otorgado a los países latinoamericanos mayor libertad de acción y nuevos espacios de toma de decisiones, como los BRICS.

Quien controla los medios, controla las decisiones

La soberanía, en política exterior, es la facultad de un país para mantener sus propias decisiones ante la presión internacional. Es la capacidad de decir “no” cuando los intereses externos entran en conflicto con los nacionales. La lógica de la política exterior se expresa mediante dos gramáticas: la diplomacia y la fuerza. El objetivo central de la Defensa es fortalecer la gramática diplomática para proteger la posibilidad de una toma de decisiones autónoma.

En teoría, la política exterior debería articular armoniosamente la gramática diplomática con la militar. Sin embargo, la autonomía de las fuerzas armadas respecto del poder civil en la región impide esta armonía y compromete el pleno ejercicio de una política exterior autónoma.

En el ámbito nacional, las fuerzas armadas dejan de ser un instrumento no deliberativo del Estado y comienzan a actuar como un poder autónomo, con capacidad para tomar sus propias decisiones. Un legado histórico de América Latina, donde los militares se consideran “guardianes de la nación” en lugar de servidores del poder civil legítimamente deliberativo.

Externamente, la autonomía militar interna suele ir acompañada de una dependencia tecnológica y doctrinal de potencias extranjeras, especialmente de Estados Unidos.

Sin un mando y una dirección política eficaces sobre las fuerzas armadas, la soberanía, tanto nacional como internacional, se convierte en una quimera. Operaciones recientes en el Caribe ponen de relieve esta desconexión: para el gobierno brasileño, estas acciones son inaceptables; para sectores de las fuerzas armadas, representan operaciones legítimas de “seguridad hemisférica”.

Reservas energéticas y minerales

La nueva ofensiva de Trump también reaviva el Atlántico Sur, una región donde convergen los intereses de Estados Unidos, Europa y China. El océano es una ruta comercial vital para Asia y alberga reservas estratégicas de energía y minerales. En este contexto, Estados Unidos está reforzando las operaciones de la Cuarta Flota, una fuerza naval con base en Florida y subordinada al Comando Sur.

Creada originalmente en 1943, disuelta tras la Segunda Guerra Mundial y reactivada en 2008, esta flota es responsable del Caribe, Centroamérica, Sudamérica y el Atlántico adyacente. Su función es mantener una presencia militar continua, coordinar ejercicios conjuntos y asegurar el control de las principales rutas marítimas del hemisferio. Los buques no operan dentro de Venezuela, sino en aguas internacionales cercanas, donde las maniobras antidrogas sirven como herramienta de presión política.

En este espacio, Francia (miembro de la OTAN con armamento nuclear) mantiene tropas permanentes en la Guayana Francesa, lo que garantiza su presencia efectiva en el Atlántico Sur. El Reino Unido, otro miembro de la OTAN con armamento nuclear, mantiene bases y guarniciones en el “collar de islas” que cierra el océano por el sur, formando un arco de vigilancia británico sobre las rutas entre los océanos Atlántico e Índico.

En conjunto, estas presencias forman un cinturón estratégico que limita el avance de nuevos actores en el hemisferio. Las operaciones navales promovidas por Trump en torno a Venezuela se inscriben en esta lógica de contención y reafirmación de su dominio sobre el Atlántico Sur.

La situación internacional es la de una crisis de hegemonía global. Pero toda crisis representa también una oportunidad. En este caso, se abre una brecha que permitiría a los países abogar por un no alineamiento pragmático, defendido por una neutralidad activa y no confrontativa. Esto supondría mantener una equidistancia en defensa de los intereses nacionales. Pero la neutralidad activa solo es posible para países fuertes y decididos.

Ante esto, América Latina tiene dos opciones: aceptar la tutela o construir su propia arquitectura de cooperación en defensa. La segunda opción requiere coordinación política y confianza mutua. Países como México, Colombia, Chile y Brasil podrían formar un eje de atracción gravitacional para otros y formular posiciones comunes. La multipolaridad solo tendrá sentido si va acompañada de un verdadero multilateralismo, con una voz activa del Sur. Lo que está en juego, mientras el Caribe vuelve a ser escenario de buques de guerra y operaciones encubiertas, es la legitimidad de quienes tienen el derecho de decidir el destino de los países del continente.

Héctor Luis Saint-Pierre contó con la colaboración de Mónica Tarantino, del equipo de editores de The Conversation Brasil

The Conversation

Héctor Luis Saint-Pierre recibe financiación de las instituciones brasileñas Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq-Pq) y CAPES/Ministerio de Defensa a través de la convocatoria Pro-Defensa V. Es miembro de la Asociación Brasileña de Relaciones Internacionales (ABRI), socio emérito de la Asociación Brasileña de Estudios de Defensa (ABED) y de la SBPC.

ref. Más allá del narcotráfico: qué hay detrás de las amenazas de Donald Trump a Venezuela y Colombia – https://theconversation.com/mas-alla-del-narcotrafico-que-hay-detras-de-las-amenazas-de-donald-trump-a-venezuela-y-colombia-268635

Los efectos del cannabis medicinal en los pacientes con diabetes: ¿qué se sabe y qué no?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Manuel Guzmán Flores, Investigador sobre procesos moleculares y celulares de las enfermedades cronico-degenerativas., Universidad de Guadalajara

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Cada vez se escucha hablar más del cannabis medicinal como una posible ayuda para las personas con diabetes. Las redes sociales y la publicidad lo suelen presentar como una solución natural y sin riesgos. Pero ¿qué dice realmente la ciencia?

Hasta la fecha, no existe evidencia científica de que el cannabis controle la diabetes. Puede ayudar a aliviar dolor y mejorar un poco el sueño en algunas personas, pero también tiene efectos secundarios. En caso de decidir usarlo, se recomienda que sea junto con el medicamento recetado por un profesional y con vigilancia médica.

Si bien en algunos países como Uruguay o Italia, el uso medicinal del cannabis está regulado desde hace años, otros apenas empiezan a hacerlo. Uno de ellos es España, donde apenas hace unas semanas se aprobó un Real Decreto todavía pendiente de implementarse y que únicamente podrá ser prescrito por médicos especialistas en el ámbito hospitalario.

En México, donde desde el 2021 es legal consumir cannabis con fines medicinales, sólo puede emplearse mediante medicamentos con registro sanitario y prescripción, pero no existe una autorización general para tratar la diabetes ni para que los pacientes la consuman con receta de forma rutinaria por esa indicación. Por otro lado, los productos que hay en el mercado mexicano se comercializan como suplementos y en este caso la legislación no es tan estricta.

Qué se sabe del cannabis

Consumir cannabis no afecta siempre igual. El THC es la sustancia que produce el efecto psicoactivo, mientras que el cannabidiol, conocido como CBD, no cuenta con esa cualidad y suele tener un perfil de seguridad distinto. Es decir, cada una de las dos sustancias tiene propiedades distintas y, por lo tanto, riesgos diferentes.

Por otro lado, los productos elaborados de cannabis varían en cantidad, pureza y forma de uso (gotas, cápsulas o vaporizado). Por eso, comparar resultados entre personas o estudios científicos resulta tan difícil.

En cuanto a sus efectos en las personas con diabetes, esto es lo que se sabe:

1) No controla la glucosa. No existe un medicamento de cannabis aprobado para “bajar el azúcar”. Hay que desconfiar de tales promesas.

2) En personas con dolor neuropático, un síntoma típico en personas que llevan varios años padeciendo diabetes, el cannabis o algunos aceites pueden disminuir el dolor. Sin embargo, los estudios realizados son pequeños, es decir, cuentan con un número limitado de participantes. Y si bien han demostrado mejoría en algunos casos, no funciona para todos ni reemplaza a otros tratamientos.

3) Su efecto en el sueño. Aunque algunas personas duermen mejor tras su consumo, sobre todo si el dolor mejora, el efecto en promedio se considera modesto.

4) El uso recreativo de cannabis en personas con diabetes 1 se ha relacionado con más episodios de cetoacidosis, un problema de salud originado cuando las cetonas, sustancias fabricadas por el cuerpo cuando descompone grasas para obtener energía, se producen rápidamente y se acumulan en la sangre y en la orina, acidificando ambos fluidos.




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Lo que todavía se desconoce

Aún existen muchas preguntas relacionadas con los efectos del cannabis sin respuesta. Por ejemplo, no se sabe qué producto, a qué dosis y por cuánto tiempo son los adecuados para tratar algunos de los síntomas de la diabetes.

Los aceites, cápsulas y vaporizadores disponibles poseen mezclas de cantidades distintas de THC, CBD y otros compuestos y, a día de hoy, no contamos con una dosis estándar para personas que presentan la enfermedad. Por lo que comparar resultados es complicado.

Otro aspecto clave es que no se ha descrito a quién benefician y quién no. Puede que ciertos grupos respondan mejor, pero no tenemos marcadores confiables que nos digan a que tipo de perfiles le conviene su consumo o, por el contrario, podría hacerle daño.

Los efectos del cannabis a largo plazo tampoco están claros. ¿Qué consecuencias puede tener en el hígado, el ánimo, la memoria, el corazón o el apetito su uso durante meses o años?

Y tampoco está bien establecido en qué cantidades estas combinaciones son seguras ni cómo se puede ajustar la dosis, así que se requiere de vigilancia médica.

Además, falta información sobre sus resultados en grupos como adolescentes, embarazadas y adultos mayores.

Lo que sí se sabe es que el CBD y el THC pueden cambiar la farmacodinámica de algunos medicamentos comunes, es decir, sus efectos bioquímicos y fisiológicos en nuestro cuerpo.

Existe, adicionalmente, un gran problema con la calidad de los productos disponibles. Muchos de ellos, por ejemplo, no están elaborados de los compuestos que dicen que lleva su etiqueta y, a veces, sus fórmulas incluyen contaminantes. Para que los pacientes sepan qué están exactamente consumiendo se necesita una mejor regulación y análisis de laboratorio obligatorios.

¿Cómo podría actuar en el cuerpo?

Nuestro organismo cuenta con un sistema natural llamado endocannabinoide, el cual funciona como si las sustancias del cannabis se comportaran como “llaves” que se unen a “cerraduras” en el cuerpo, los receptores.

Este mecanismo modula la intensidad del dolor, disminuyéndolo, y regula tanto el apetito como la inflamación. El problema de interferir en este engranaje es que también puede causar efectos no deseados, como ansiedad, somnolencia, hambre o cambios de ánimo. Por esta razón, encontrar la dosis y mezcla correctas resulta un cometido difícil.

¿Qué aporta la farmacología de redes al conocimiento sobre el cannabis?

Este enfoque surge como una forma moderna de investigar. En lugar de ver una diana a la vez, se observan redes de genes y proteínas que sufren cambios en las personas con diabetes. Gracias a esta técnica, probamos en computadora qué moléculas del cannabis podrían encajar en varias dianas a la vez y tener menos efectos en el organismo.

Esto no es una prueba en humanos. Pero sirve para priorizar qué vale la pena estudiar en el laboratorio y, después, en ensayos clínicos. Así evitamos prometer “curas” sin evidencia.




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Consejos prácticos

  1. Nunca se deben reemplazar medicamentos como metformina o la insulina, dieta o ejercicio por cannabis. Es importante, además, informar al médico sobre las posibles interacciones del producto a base de cannabis con los fármacos recetados. Para pacientes con diabetes 1, se recomienda evitar el uso recreativo de esta droga. En caso de hacerlo es importante tener un control sobre los niveles de cetonas en orina y sangre, hidratarse bien y no olvidar tomar la insulina.

  2. Hay que verificar siempre la calidad del producto. Para eso es importante solicitar un certificado de análisis con el contenido real de CBD/THC y la ausencia de contaminantes o, al menos, revisar la etiqueta.

  3. En caso de decidir consumir cannabis, empezar a hacerlo de forma paulatina, llevando un registro de cómo afecta al sueño, el dolor y a las lecturas de glucosa. Si aparecen síntomas como mareo fuerte, vómito, palpitaciones, confusión o subidas y bajadas repentinas de azúcar, se debe cesar su uso de forma inmediata.

  4. Hay que desconfiar de los engaños de marketing: si alguien promete “curar” o “bajar el azúcar rápido”, es señal de alarma.

  5. Evitar fumar para no dañar los pulmones por el humo. Si se usa con fines médicos, es mejor elegir formas orales o sublinguales (gotas o cápsulas).

  6. No conducir tras consumirlo para evitar acarrear accidentes viales.




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Qué falta por investigar y por regular

Si bien se han realizado distintos estudios sobre el consumo y efectos del cannabis, todavía se requieren ensayos grandes, llevados a cabo con cientos de personas, que integren productos estandarizados y un seguimiento de 6 a 12 meses como mínimo.

Se debe, además, medir lo que importa: el dolor, sueño, niveles de hemoglobina glicosilada (análisis de glucosa en la sangre), peso, calidad de vida y seguridad.

Por otro lado, tenemos que conocer bien como nos beneficia, buscando biomarcadores para personalizar el uso del cannabis. Y, además, crear certificados claros de calidad, a través de un etiquetado honesto y controles estrictos de contaminantes.

Como apunta la evidencia, el cannabis no controla la diabetes. Puede ayudar un poco a disminuir el dolor y a mejorar el sueño en algunas personas. Pero acarrea sus riesgos, especialmente en pacientes con diabetes 1.

Si alguien decide probarlo, que sea junto al tratamiento, con acompañamiento médico y eligiendo productos confiables. La ciencia avanza en cuanto al conocimiento de los efectos de cannabis, pero todavía hay más preguntas que la rondan que respuestas.

The Conversation

Juan Manuel Guzmán Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los efectos del cannabis medicinal en los pacientes con diabetes: ¿qué se sabe y qué no? – https://theconversation.com/los-efectos-del-cannabis-medicinal-en-los-pacientes-con-diabetes-que-se-sabe-y-que-no-264460

Morir no es igual en todas partes: cómo las culturas viven el duelo y reescriben el sentido de la pérdida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Belén Jiménez Alonso, Profesora e investigadora en el departamento de Psicología (UOC), especialista en duelo, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Celebración del Día de los Muertos en Tzintzuntzan (Michoacán, México). Claudio Briones/Shutterstock

La pérdida no solo hiere: desordena el mundo. Después de una muerte, no desaparece solo una persona, sino el entramado de gestos y significados que sostenían la vida. El duelo es ese proceso que intenta recomponer el sentido.

Desde hace décadas, la psicología cultural ha mostrado que el duelo no es “superar”, sino reconstruir. En lugar de cerrar el vínculo, muchas culturas buscan seguir conversando con los muertos, mantenerlos presentes en los relatos y los objetos. Las mediaciones culturales –una tumba, una foto, un canto, un perfil digital– son los puentes que permiten seguir en relación con lo ausente, rehaciendo la historia desde la fractura.

Las muchas formas de acompañar a los muertos

El mundo está lleno de lenguajes para el duelo. En Madagascar, las familias celebran el famadihana o “vuelta de los huesos”, un reencuentro festivo en el que se desenvuelven los cuerpos de los ancestros, se les cambia la mortaja y se baila con ellos.

Celebración de la famadihana en Antsirabe (Madagascar).
Vladislav Belchenko/Shutterstock

En Japón, muchas familias conservan en casa un butsudan, un pequeño altar budista con las tablillas de los antepasados –los llamados ihai se colocan en el altar con el nombre y la fecha de la muerte del difunto–. Allí se ofrecen flores o incienso como forma de mantener viva su presencia.

Un butsudan en Goshogawara (Japón).
Wikimedia Commons, CC BY

En Ghana, los funerales pueden durar días y reunir a cientos de personas; los ataúdes se tallan con formas simbólicas –un pez, una herramienta– que representan la historia o el oficio de quien ha muerto.

En México, el Día de Muertos celebra el regreso simbólico de los difuntos al mundo de los vivos. En casas y cementerios se levantan altares con flores, pan, velas y objetos personales, mientras las familias se reúnen entre música, comida y calaveras literarias que, con humor, conversan con la muerte.

En los Andes, entre comunidades quechuas y aymaras, la muerte se entiende como regreso al territorio. Los cuerpos se confían a la tierra o al agua que los vio nacer, porque el vínculo entre persona y paisaje se transforma. Las cosmologías, silenciadas por la colonización, recuerdan que morir también puede ser volver a la trama que nos sostiene.

Estas prácticas muestran algo esencial: no existe una sola manera de llorar. Cada cultura ha inventado herramientas para transformar la ausencia en relación y la memoria en cuidado.

Europa y la pérdida del lenguaje del duelo

En gran parte de Europa, el duelo se ha vuelto más íntimo y menos visible. La muerte suele tener lugar en instituciones, lejos de los espacios domésticos, y muchos de los rituales que antes acompañaban la pérdida se han ido diluyendo.

La discreción ha sustituido en gran medida a las formas colectivas de despedida.
En España, como en otros países europeos, aún cuesta hablar del duelo y la muerte sin incomodidad. Iniciativas como el Festival Vida al final de la vida invitan a la ciudadanía a participar en actividades artísticas y conversaciones abiertas sobre ello.

Pensar el duelo desde una mirada decolonial implica también reconocer que no todas las muertes pesan lo mismo, ni todas las culturas han tenido el mismo derecho a elaborarlas.

Las historias coloniales de desplazamiento, racismo o violencia estructural han generado duelos sin reconocimiento: migraciones forzadas, desaparecidos, pueblos enteros privados de sus ritos.

La modernidad colonial no solo administró cuerpos, sino también muertes: decidió cuáles eran dignas de luto y cuáles podían ser olvidadas. Frente a ello, muchas comunidades han hecho del duelo una forma de resistencia.

Las madres de los desaparecidos que marchan con las fotos de sus hijos o los altares improvisados en las fronteras encarnan una práctica afectiva que no busca cerrar la herida, sino sostenerla en común para reconocer la violencia que la produjo y recuperar la capacidad de cuidar más allá del marco colonial.

Mediaciones nuevas, memorias viejas

En el siglo XXI, el duelo también se ha desplazado a los espacios digitales. Las redes sociales albergan memoriales, perfiles donde los vivos siguen escribiendo a los muertos, y los llamados deathbots –programas que reproducen la voz o los mensajes de una persona fallecida– prolongan esas conversaciones más allá de la vida.

Las pantallas, los rituales, los cuerpos, los paisajes… todos median la continuidad entre vida y muerte. En esa diversidad de mediaciones –ancestrales o tecnológicas– se manifiesta la misma necesidad: seguir hablando con lo ausente, aunque el idioma cambie.

Mirar el duelo desde la diferencia cultural y desde la herida colonial no significa idealizar otras prácticas, sino recordar que llorar también es un acto de conocimiento y de justicia.

Cada cultura encarna una forma de relación con el tiempo y con la memoria, y todas reconocen que el dolor, cuando se comparte, reconstruye comunidad.

En un mundo que acelera el olvido, el duelo puede ser una forma de resistencia: una práctica que devuelve lentitud, vínculo y sentido. Morir no es igual en todas partes. Tampoco lo es recordar.

En los modos en que cada sociedad acompaña la pérdida se revela su idea de vida, de justicia y de mundo. El duelo, lejos de ser una enfermedad del alma, es una mediación entre la memoria y el porvenir, entre la ausencia y la continuidad de la vida.

The Conversation

Belén Jiménez Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Morir no es igual en todas partes: cómo las culturas viven el duelo y reescriben el sentido de la pérdida – https://theconversation.com/morir-no-es-igual-en-todas-partes-como-las-culturas-viven-el-duelo-y-reescriben-el-sentido-de-la-perdida-268438

Charles Aznavour, una vida en canciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Iglesias Botrán, Profesora del Departamento de Filología Francesa en la Facultad de Filosofía y Letras. Doctora especialista en estudios culturales franceses y Análisis del Discurso, Universidad de Valladolid

Charles Aznavour, en el concierto por su 90 aniversario en Ereván, capital de Armenia. President of the Republic of Armenia/Wikimedia Commons

Tras ocho décadas de carrera musical, 80 películas, más de 180 millones de discos vendidos –cantados en hasta 8 idiomas– y conciertos en 110 países, el legendario cantante Charles Aznavour murió en octubre de 2018 a los 94 años, plenamente en activo. De hecho, su último concierto en España fue el 20 de abril de ese mismo año.

Su contribución a la canción francesa fue de tal importancia que Francia le dedicó un funeral de estado al que asistieron, entre otras muchas personalidades, el presidente de Francia y el primer ministro de Armenia, país natal de sus padres, y fue retrasmitido en directo por los medios de comunicación franceses. Emmanuel Macron, en un emotivo discurso, terminó diciendo “Parce qu’en France, les poètes ne meurent jamais” (“Porque en Francia, los poetas nunca mueren”).

Y así es, porque Charles Aznavour es universal y sigue de total actualidad. La prueba: tras un éxito rotundo de taquilla en Francia y cuatro nominaciones a los premios César, llega a España la película francesa que cuenta su travesía vital, Monsieur Aznavour (2024). Una ocasión perfecta para repasar sus canciones más inolvidables.

“La bohème” (1965)

Su canción quizá más icónica y que nunca dejó de interpretar en sus conciertos. Aparece en el álbum con el mismo nombre en 1966 y estuvo en el número 1 en Francia durante varias semanas. La cantó también en español, inglés, alemán y portugués.

La letra nos transporta al París bohemio de finales del siglo XIX. Además del amor por el arte, es una reflexión sobre el paso del tiempo, de un mundo artístico que ya no existe y del efímero optimismo de la juventud.

Se compuso para la opereta Monsieur Carnaval, con libreto del escritor Frédéric Dard. Aznavour la cantó antes del estreno, lo cual generó algunas tensiones entre su discográfica y la del cantante que la interpretaría en la opereta, Georges Guétary. Sin embargo, el éxito fue tan rotundo que el desencuentro se disipó. En escena, Aznavour llevaba siempre un pañuelo blanco que dejaba caer al final de la canción, metáfora de la juventud que se escapa.

Hoy, en Montmartre (París), el Belvédère de la Bohème recuerda su legado, un mirador que celebra la magia de su voz y la eternidad de sus sueños.

“Tous les visages de l’amour” (1974)

Se asocia en las últimas décadas a la banda sonora de la película Notting Hill (1999), cuyo tema central en inglés, “She”, está interpretado por Elvis Costello.

En esta versión, la original, la música es de Aznavour y la letra de Herbert Kretzmeren. Se compuso para la serie de televisión británica Seven Faces of woman (1974) y fue durante cuatro semanas el número 1 en el Reino Unido. Después, Aznavour la grabó también en alemán, italiano y francés, con el título “Tous les visages de l’amour” (“Todos los rostros del amor”).

“Hier encore” (1964)

Esta canción también retoma el tema de la nostalgia de la juventud pero con una tonalidad triste, desde la mirada que aporta la madurez, haciendo una profunda reflexión en el presente sobre las decisiones tomadas y los errores cometidos.

La letra es de Aznavour y la música de Georges Garvarentze. El texto se tradujo y se adaptó a varios idiomas: al español como “Ayer aún”, al inglés como “Yesterday When I was Young” y a otros, como el armenio o japonés.

Su melodía sigue estando de moda sesenta años después. No sólo porque el cantante Bad Bunny haya insertado un sample en su canción “Mónaco”, sino también porque su letra continua siendo atemporal y universal:

Hier encore/

J’avais vingt ans/

Mais j’ai perdu mon temps/

À faire des folies/

Qui ne me laissent au fond/

Rien de vraiment précis/

Que quelques rides au front/

Et la peur de l’ennui.

(Ayer todavía/ tenía veinte años/ pero perdí mi tiempo/ haciendo locuras/ que no me dejan, en el fondo/ nada realmente concreto/ salvo algunas arrugas en la frente/ y el miedo al aburrimiento)

“Emmenez-moi”(1967)

Un sueño convertido en canción, una invitación a escapar y dejar atrás la rutina. Charles Aznavour nos conduce hacia lugares lejanos, exóticos, llenos de luz y felicidad. Por eso fue la última canción que sonó en su funeral al salir de los Inválidos de París.

“Llévame hasta los confines de la tierra, llévame al país de las maravillas; me parece que la miseria sería menos dolorosa al sol.”

La estela brillante de la canción trascendió al cine con la película homónima (2005), donde un fan de Aznavour decide emprender un viaje para encontrarse con su ídolo, mostrando cómo la música puede inspirar, guiar e influir en la vida de quienes la escuchan.

No se pierdan esta interpretación de 1972: magistral y emocionante.

Cantante poéticamente comprometido

Aznavour se consideraba política y poéticamente incorrecto, y no faltan pruebas.

Aunque él mismo reconoció que le costó mucho escribirla, en 1974 lanzó “J’ai connu”, sobre el Holocausto. Nunca olvidó que sus padres huyeron del genocidio armenio y que él mismo asistió a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

En 1972 publicó una canción sobre la homosexualidad, “Comme ils disent”. Fue pionero, arriesgado y adelantado a su tiempo cuando en Francia no se trataba este tema abiertamente. Sin embargo, el público la recibió con respeto, precisamente por tratarse de él.

Canciones para otros artistas

Interpretó sus temas en dúos con cantantes como Frank Sinatra, Plácido Domingo, Julio Iglesias, Céline Dion, Elton John, Laura Pausini, Johnny Hallyday, Nana Mouskori o Sting, entre otros. También con Édith Piaf, su descubridora y gran amiga, para la que compuso “Jezebel” (1951) y “C’est un gars” (1950).

Entre las canciones que escribió para otros, todas ellas de gran éxito, se encuentran “Retiens la nuit” para Johnny Hallyday, “La plus belle pour aller danser” para la joven yeyé Sylvie Vartan, o “Je hais les dimanches” para Juliette Gréco. También compuso para artistas actuales, como la cantante Amel Bent, para quien creó “Je reste seule”.

Aznavour inolvidable, hasta en los Juegos Olímpicos

Las competiciones y ceremonias de los Juegos Olímpicos de París en 2024 estuvieron repletas de referencias culturales francesas. Las canciones de Charles Aznavour también fueron protagonistas.

En la inauguración, la cantante Aya Nakamura interpretó un mix de dos de sus canciones con segmentos de “For me, Formidable”, que previamente había sido interpretada a capela por la Guardia Republicana. Asimismo, incluyó la melodía de “La bohème” para anunciar su aparición. Además, uno de los momentos más emotivos de la clausura fue cuando sonó “Emmènez-moi”, cantada a coro por las miles de personas que asistían como público.

Charles Aznavour es la prueba de que, efectivamente, los poetas no mueren nunca.

The Conversation

Ana María Iglesias Botrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Charles Aznavour, una vida en canciones – https://theconversation.com/charles-aznavour-una-vida-en-canciones-266731

¿Queda mucho por saber sobre la vida en los océanos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oihane Díaz de Cerio Arruabarrena, Profesora de Biología Celular, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Un buceador explora los corales del mar de Célebes, en la parte occidental del océano Pacífico. Bahaman Hashim/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


“¿Dónde están las llaves? ¡En el fondo del mar!”, dice la canción infantil. La llave al conocimiento se encuentra en el fondo de los océanos. Aunque la vida se formó bajo el agua, realmente no sabemos apenas nada sobre lo que habita allí y aún menos sobre cómo viven esos habitantes.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el término “vida” tiene 18 acepciones. La cuarta es la más estudiada en la investigación del océano: “Existencia de seres vivos en un lugar”. En otras palabras, la biodiversidad. Pero la vida tiene más dimensiones: relacionarse, producir energía para no morir, adaptarse al lugar y mantenerse vivo un tiempo, entre otras. Esto es, la ecología marina.

¿Conocemos qué vida hay en los océanos?

La respuesta es no. La ciencia estima que hemos visualizado el 0,001 % de los seres vivos gracias más de 44 000 inmersiones de diferentes expediciones. ¿Por qué un porcentaje tan pequeño? Porque en una vasta extensión el océano tiene 200 metros o más de profundidad. La presión a esas profundidades es tan alta que hacen falta tecnologías muy avanzadas que la soporten. A medida que se desarrollan, se descubren nuevas especies.

Por ejemplo, en septiembre de 2025 ha culminado la expedición Uruguaya (Uruguay sub200). Gracias al robot ROV SuBastian, los investigadores han explorado profundidades superiores a los 1 200 metros y han descubierto más de 30 especies potencialmente nuevas que ahora toca verificar. Pero su mayor hallazgo ha sido un arrecife de coral que vive en aguas más profundas de lo que está científicamente descrito. El siguiente paso es averiguar cómo se mantiene vivo en ese ambiente.

A vista de lupa o microscopio

No hace falta irse a las lejanas profundidades del océano para realizar nuevos descubrimientos. Si descendemos en la escala de observación, abrimos la puerta a otro universo de biodiversidad. Las lupas y microscopios siguen siendo hoy en día herramientas útiles.

Por ejemplo, en 2020, en la costa de Mutriku (Gipuzkoa), un grupo de científicos localizó entre la arena una nueva especie de acelo, un pequeño gusano aplanado al que bautizaron como Faerlea assembli. Y en 2022, un investigador de la estación marina PiE-UPV/EHU descubrió en pequeños crustáceos un parásito al que llamó Txikispora philomayo. Este nuevo género puede incluso ayudar a entender evolutivamente cómo se formaron los organismos multicelulares.

Bajemos aún mas en escala de tamaño. Las bacterias y arqueas que viven en aguas oceánicas constituyen el microbioma marino. Compone casi dos tercios de la biomasa oceánica, pero es el gran desconocido. Para estudiar su diversidad usamos una técnica molecular llamada metagenómica. Consiste en secuenciar el ADN extraído del agua de diferentes puntos y profundidades del océano. Con los resultados se identifican grupos y comunidades de microorganismos gracias a las habilidades de la bioinformática y la inteligencia artificial.




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Microbioma oceánico: el Leviatán bondadoso que cuida de nuestro planeta


Aquí surge un problema: no podemos identificar lo que ignoramos. Las identificaciones se basan en el conocimiento del ADN de microorganismos que hemos sido capaces de cultivar en el laboratorio, pero de muchos otros lugares extremos del océano no han sido cultivados aún. Por eso, numerosas secuencias de ADN quedan huérfanas de identificación. Es la llamada “materia oscura”.

Recapitulemos:

  • Desconocemos los organismos grandes (macroorganismos) que habitan zonas abisales. Faltan medios.

  • A escalas más pequeñas, ni siquiera conocemos los que pisamos al caminar por la arena de la playa.

  • Desconocemos los parásitos que cohabitan con especies ya conocidas.

  • Y si vamos a organismos más pequeños, en el caso del microbioma… ¡andamos entre materia oscura!

Un océano de desconocimiento

Y de lo que hemos identificado, ¿sabemos cómo se mantiene la vida en el océano?

Piensa en el cuerpo humano. Conocemos nuestra anatomía y los tejidos, que llevamos siglos investigando. Pero aún ignoramos muchos detalles: cómo funciona nuestra consciencia, cómo guardamos información o recuerdos en el cerebro, cómo reacciona nuestro cuerpo a nuevas enfermedades, cómo respondemos a la contaminación, cómo nos adaptamos en ambientes extremos, etc. No sabemos al 100 % cómo funcionan nuestras unidades de vida, las células.

Si lo extrapolamos a cada especie que habita en el océano, nos queda muchísimo por averiguar. Si no conocemos todo lo que vive en las aguas marinas, no podemos saber cómo interactúan con el medio; cómo se relacionan con otras especies; cuánto tiempo viven y pueden vivir en situaciones de contaminación; qué tipo de células tienen; cómo funcionan y se comunican esas células… Podríamos seguir así hasta el infinito y más allá.

En definitiva, el océano guarda la llave a muchos hallazgos a diferentes niveles, de ecosistemas y de biodiversidad, por no hablar de la vida a nivel celular y molecular. Si recopiláramos el código genético de todos los organismos marinos descubiertos y aún por descubrir, escribiríamos nuevas enciclopedias de la vida con volúmenes e idiomas nuevos para cada especie. Las baldas del conocimiento sobre los habitantes de los océanos aún están casi vacías.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Algunos de los ejemplos que he usado han sido descritos por compañeros de investigación del centro en el que trabajo o por investigadores invitados al centro.

ref. ¿Queda mucho por saber sobre la vida en los océanos? – https://theconversation.com/queda-mucho-por-saber-sobre-la-vida-en-los-oceanos-266177

Sí que existen los vampiros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Ejemplar de vampiro común (_Desmodus rotundus_), una especie de murciélago que se alimenta de sangre. Mendesbio/Shutterstock

Pocos mitos hay tan redondos como el del Conde Drácula. Es una creación literaria perfecta, tanto que ha trascendido la intención de Bram Stoker para hacerse eterno en la vida real. Porque aunque Drácula se ha ido metamorfoseando con los tiempos, adaptándose a estéticas y modas variadas, siempre ha mantenido su misterioso y ambiguo atractivo.

Empezó en el contexto más puro del romanticismo, inspirándose en ese tenebroso príncipe de Valaquia que pasó a la historia como Vlad III, el Empalador. Más tarde, y tras saltar de las páginas de los libros para hacerse pieza clave del terror clásico, terminó haciendo extrañas incursiones en escenografías tan insospechadas como la erótica o la cómica. Actualmente (y por desgracia), ha perdido una gran parte de su original glamour para pasar a ser uno más de los “cutredisfraces” del Halloween de bazar barato que nos invade.

Esperando que vuelva algún día a recuperar su dignidad aristocrática, me centro en lo que lo hace un personaje único: su hematofagia.

¿Qué significado biológico tiene ser hematófago?

Alimentarse es caro, biológicamente hablando. Hay que buscar el alimento, ingerirlo y trocearlo en la boca, digerirlo con los enzimas digestivos y absorber los principios inmediatos con el intestino. Estos pasan a la sangre, que los distribuye a todas y cada una de las células de nuestro cuerpo.

Lo mismo ocurre con la respiración. El oxígeno entra por la vías respiratorias y, al llegar a los capilarizados alveolos pulmonares, difunde hacia la sangre. La hemoglobina lo capta y, en el interior de los glóbulos rojos, lo reparte por todo el cuerpo.

Nutrientes y oxígeno. Los dos requisitos para mantener el metabolismo celular y, con ello, la vida. La sangre es vida y mantenerla es caro.

Pensemos una alternativa: alimentarnos a costa de la sangre de otro. Nos ahorraríamos gran parte del trabajo. La hematofagia, desde una óptica energética, es muy rentable biológicamente. Como la naturaleza no entiende de justicia ni de moral, ha seleccionado esta manera tan “poco ética” de vivir en grupos animales muy diferentes.

Vampiros de toda índole

La hematofagia constituye un caso típico de convergencia evolutiva, esto es, llegar a Roma (la suculenta sangre del vertebrado) por diferentes caminos (líneas evolutivas muy distintas y distantes).

Quizás el caso más conocido de todos sea el de los mosquitos. Su eficacia alimenticia depende de su sorprendente aparato bucal, una versión biológica de una auténtica aguja hipodérmica conectada a una bomba de aspiración. Detectan el vaso sanguíneo quimiotáctica y térmicamente, pinchan con precisión mejor que la cualquier enfermero y… ¡a tragar!

Las chinches (hemípteras y homópteras) y las pulgas (sifonápteros) presentan un pico chupador análogo, pero con diferentes piezas bucales. Aunque quizás, y siguiendo con los insectos, la lucha más desesperante es la que mantenemos contra los piojos. No solo se limitan a alimentarse a nuestra costa, sino que se se quedan a vivir y a reproducirse en nuestras cabezas.

Una pulga succionando sangre en una piel humana.
Tomasz Klejdysz/Shutterstock

Las sofisticadas sanguijuelas

No obstante, el invertebrado más sofisticado en este aspecto son las sanguijuelas. Aseguran que no se le escape su presa pegándose a ella mediante potentes ventosas. En el centro de una de ellas se abre la boca, de potentes mandíbulas que cortan la piel y producen una herida que sangra a borbotones.

La razón estriba en su compleja y plural saliva, que contiene un anestésico insensibilizador de la zona sangrante que hace que la víctima ni se percate de lo que le está ocurriendo. También incluye en su composición un vasodilatador que procura el sangrado a borbotones. Termina esta sofisticada formulación química con hirudina, un potente inhibidor de la coagulación. Por todo ello, y en los tiempos en los que se creía que muchas enfermedades las causaba la “mala sangre”, las sanguijuelas se utilizaban en escenas de sangrías a enfermos más propias de una película de terror que de una técnica científica.

Ejemplar de sanguijuela.
Juta/Shutterestock

Actualmente ya no se utilizan estas drásticas terapias, aunque sí que se aprovechan las propiedades de la hirudina en el ensayo de nuevos fármacos para el tratamiento de pacientes con síndrome coronario agudo, trombosis venosa profunda o la embolia pulmonar donde los riesgos de trombosis son muy elevados.

Aunque la adaptación evolutiva de la hematofagia de quienes nos chupan la sangre “desde fuera” no está mal, es mejor hacerlo desde dentro. Nematodos (como Ancylostoma duodenale y _Necator americanus)_ o trematodos (como Schistosoma mansoni, S. haematobium o S. japonicum) son unos espantosos gusanos que pueden parasitarnos desde el interior de nuestros intestinos o nuestros vasos sanguíneos. No los rechazamos porque su adaptación parasitaria es tal que son capaces de producir moléculas inmunosupresoras para poder alimentarse de nuestra sangre sin ser eliminados por el sistema inmune. Horrible para nosotros, fascinante para la biología.

Vampiros de leyenda

Pero de todos los “chupasangre”, los más noveleros son los que encarnan la universal leyenda de los vampiros. Quizás sea debido a que estos quirópteros (mamíferos alados), tres especies de murciélago pertenecientes a la subfamilia Desmodontinae, funcionan de una manera bastante bruta y cruenta. Con sus afilados incisivos (no caninos, como los de su alter ego el Conde Drácula) cortan la piel y la musculatura subyacente de su víctima para que la herida produzca sangre.

Para que el delicioso “maná” no deje de brotar, también utilizan su anticoagulante saliva, pero la aplican de una manera mucho más espeluznante. Con el fin de evitar la formación del tapón plaquetario (que los dejaría sin postre), los vampiros, cada ratito, dejan de succionar y lamen la herida. Desde nuestro antropomórfico punto de vista, este hecho nos produce, cuanto menos, escalofríos.

La fuerza potencial del gesto lo supo ver muy bien Francis Ford Coppola. En su película Drácula (1992), un espléndidamente caracterizado Gary Oldman lame el borde de la sangrienta navaja en una escena de terror con una estética difícil de olvidar.

Más que chupasangres

Está clara la acción desvitalizante que nos producen todos estos organismos, pero es que hay mucho más. Mosquitos, pulgas o chinches pican a unos y saltan a otros, lo que trasforman a sus “agujas biológicas” en vehículos de transmisión de enfermedades bacterianas, víricas y protozoáricas. La malaria, por poner un ejemplo de una de las primeras causas de muerte de la humanidad, es causada por un protozoo transmitido a través de picaduras de mosquitos del género Anopheles.

Y después están los vampiros de dos patas, esos que te chupan la ilusión, la confianza y la filantropía. Pero esos se escapan del campo de la biología.

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A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sí que existen los vampiros – https://theconversation.com/si-que-existen-los-vampiros-268501

Un microbio dio origen a la tradición de tallar calabazas en Halloween

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca

Bogdan Sonjachnyj/Shutterstock

El elemento visual más icónico de la festividad de Halloween es, sin duda, la Jack O’Lantern, una calabaza vaciada y tallada con apariencia de rostro, a menudo de aspecto grotesco o sonriente, que sirve de linterna. En el interior hueco de la calabaza se coloca una fuente de luz, tradicionalmente una vela, cuyo parpadeo proyecta sombras fantasmales y da vida a la mueca tallada, creando una atmósfera inconfundible de misterio y celebración.

La especie de calabaza más utilizada para Halloween –contracción de la expresión inglesa All Hallows’ Eve, que significa “víspera de Todos los Santos”– es la Cucurbita pepo; por ejemplo, las variedades Connecticut field o Jack O’Lantern. Debido a su color, forma redondeada y corteza resistente, resulta ideal para tallar. Pero ojo, porque no siempre se utilizó una calabaza: al principio se tallaban otras hortalizas. Concretamente, nabos.

Jack, el Tacaño

La leyenda más famosa asociada con el origen de la tradición de las hortalizas talladas de Halloween nos lleva a la Irlanda del siglo XVIII y está vinculada a una figura del folclore irlandés conocida como Jack el Tacaño, aunque también recibe los nombres de Jack el Herrero, Jack el Borracho o Jack el Excéntrico.

Jack engañó al diablo dos veces. Primero le convenció para que se transformara en una moneda con la que pagar una última bebida antes de llevárselo al infierno, y después lo dejó atrapado en la copa de un árbol. Para conseguir la libertad, el diablo tuvo que prometer a Jack que jamás volvería a reclamar su alma.

Sin embargo, cuando Jack murió, no pudo entrar en el cielo debido a su vida pecaminosa. El diablo cumplió el trato y nuestro hombre quedó condenado a vagar por la Tierra en la oscuridad eterna, sin poder descansar ni en el cielo ni en el infierno. El maligno, a modo de burla, le arrojó una brasa encendida del averno para que iluminara su camino. Jack puso la brasa dentro de un nabo hueco, que usó a modo de linterna. Y así quedó convertido en Jack O’Lantern (Jack, el de la linterna).

Samhain, la festividad gaélica

La celebración de Halloween tiene raíces arcaicas vinculadas, en gran parte, al festival celta conocido como Samhain, que marcaba el final de la temporada de cosechas y el comienzo del año nuevo celta. En el siglo XVIII, mucha gente de Irlanda celebraba el Samhain, la festividad gaélica, con sus rituales de ir de casa en casa en busca de comida y bebida. De ahí la tradición del “truco o trato”.

Como en la Irlanda preindustrial reinaba la oscuridad, muchos tallaban nabos, patatas y otras hortalizas de raíz y les añadían carbón o velas para crear faroles improvisados que sirvieran de guía a los asistentes. En ocasiones, incluso tallaban rostros en ellas.

Además, existía la creencia antigua que, en la noche de Halloween, la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se debilitaba, permitiendo a los espíritus buenos y malos regresar. Por esta razón, esa noche las linternas vegetales eran colocadas en las ventanas o entradas de las casas para ahuyentar a esos espíritus, incluido el de Jack O’Lantern. Con el tiempo, los lugareños comenzaron a tallar caras terroríficas en los nabos para ahuyentar a los espíritus malignos.

Un microorganismo cambió los nabos y las patatas por calabazas

La Gran Hambruna irlandesa, también conocida como “hambruna de la patata”, fue un periodo devastador de inanición, enfermedad y migraciones masivas que afectó a Irlanda entre 1845 y 1849, aunque las consecuencias se extendieron hasta 1852.

Aunque se desconocen las cifras exactas, los registros apuntan que al menos se produjeron 1 100 000 de muertes y una emigración masiva de otro millón de personas, lo que supuso un descenso poblacional de casi el 30 %. En realidad, el funesto desenlace del acontecimiento fue multifactorial: confluyeron motivos políticos, religiosos, económicos y, sobre todo, microbiológicos. En concreto, una plaga provocada por el oomiceto Phytophthora infestans, conocido como tizón tardío, destruyó la cosecha de patatas, el alimento básico para gran parte de la población irlandesa pobre. El patógeno es muy agresivo, y los vegetales y cultivos más importantes a los que afecta son la patata y el tomate.

Para desgracia de los irlandeses, el oomiceto se estableció en el suelo. Los siguientes años fueron demoledores, ya que el patógeno persistía y las patatas desaparecían o malograban. Por entonces, no existían sustancias químicas ni métodos genéticos para combatir a Phytophthora. La hambruna y las enfermedades asociadas se cebaron con los más pobres. La desnutrición facilitó la incidencia de infecciones severas como la fiebre tifoidea, la tuberculosis, la difteria o el cólera. Cientos de miles de personas no pudieron superar la debacle y perecieron.

Los irlandeses llevaron Halloween a Estados Unidos

Los más afortunados consiguieron emigrar en busca de nuevas oportunidades, aunque muchos lo hicieron en condiciones deplorables y sucumbieron durante la travesía. La colonia de emigrantes irlandeses más numerosa se estableció en Estados Unidos, un país de mayoría protestante. Sin embargo, más del 90 % de los migrantes irlandeses eran católicos, lo que supuso un impacto notable en la sociedad estadounidense.

De hecho, con los emigrantes irlandeses muchas tradiciones cruzaron el Atlántico. Cuando llegó el momento de celebrar Halloween, hubo un problema de gran magnitud: en América los nabos no eran fáciles de encontrar. Por suerte, los irlandeses inmigrantes encontraron una hortaliza nativa, mucho más grande, llamativa, abundante en otoño y fácil de vaciar y tallar: la calabaza. De inmediato, ésta sustituyó a los nabos y a cualquier otra hortaliza candidata.

Las calabazas talladas con rostros espeluznantes no tardaron en volverse esenciales en las celebraciones de Halloween. Aunque inicialmente servían para ahuyentar el espíritu de Jack y otras almas errantes, con el tiempo, la Jack O’Lantern evolucionó a un simple símbolo festivo. Hoy adorna las casas, mezclando terror y diversión durante todo el mes de octubre.

Calabazas divertidas, pero también peligrosas

Pero ojo, porque las calabazas pueden esconder un peligro. Un estudio publicado en el año 2006, analizó la rápida descomposición fúngica de las calabazas de Halloween (Cucurbita pepo) en Irlanda del Norte durante octubre de 2005. Encontraron que, tras ser talladas y exhibidas, desarrollaban un notorio deterioro microbiano. La investigación reveló la presencia de al menos cinco géneros de hongos (Penicillium, Gibberella, Mucor, Nectria y Fusarium), tres de ellos conocidos por causar infecciones en personas inmunocomprometidas, un riesgo que no había sido documentado previamente.

Por lo tanto, aunque estas hortalizas pueden seguir siendo parte de las festividades, en entornos sanitarios con pacientes vulnerables se recomienda la inspección periódica de las calabazas talladas para procurar minimizar la dispersión de esporas y realizar su descarte inmediato si se observa contaminación fúngica.

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Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Un microbio dio origen a la tradición de tallar calabazas en Halloween – https://theconversation.com/un-microbio-dio-origen-a-la-tradicion-de-tallar-calabazas-en-halloween-268602

¿Qué hacer cuando mi hijo no quiere salir porque está enganchado a los videojuegos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dominica Díez Marcet, Doctora en Psicología. Psicóloga Clínica responsable de la Unidad de Adicciones Comportamentales de la Fundació Althaia, Xarxa Assistencial Universitària de Manresa. Profesora asociada de la UVic-UCC., Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

La adicción a los videojuegos está reconocida en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V). Kelly Sikkema / Unsplash., CC BY

Hoy en día, jugar a videojuegos se ha convertido en una práctica habitual dentro de las actividades de ocio de muchos niños y adolescentes. Es frecuente que los padres duden sobre la conveniencia de permitirles jugar a demanda, así como el tiempo aconsejado y en qué momentos. ¿Dejarlos jugar durante la semana o únicamente el fin de semana? ¿Después de los deberes o antes, para que no los haga deprisa y corriendo?

También refieren lo complicado que es lidiar con los argumentos de los menores: “si todos mis amigos juegan a este juego, ¿por qué a mí no me dejáis?”. A menudo, el miedo de los padres a que su hijo quede excluido del grupo hace que se sean más permisivos de lo que en realidad desearían respecto a los horarios y el tipo de juego.

De este modo, empiezan a consentir que los videojuegos se vayan convirtiendo en un hábito, a pesar de que tengan el convencimiento o duden sobre si no sería mejor que jugaran a otras cosas, leyeran o salieran más de casa.

Así, progresivamente, si no se marcan límites, se va generando una adicción. Es posible empezamos a observar un cambio en el carácter: “está más irritable”, “va más a la suya que antes”,“ parece que no le importa nada”, “cada vez que sale menos con amigos”.

Los videojuegos con más potencial adictivo son los juegos de rol online. Son juegos multijugador en los que se realizan tareas en equipos, también llamados guild. Están diseñados utilizando técnicas psicológicas para que el jugador pase el máximo tiempo conectado. Por ejemplo, el refuerzo intermitente propio de las cajas botín es el mismo mecanismo que el utilizado en las máquinas tragaperras.

El papel de los padres

Es importante, cuando vemos que nuestro hijo empieza a estar más tiempo jugando, intentar respondernos a estas tres cuestiones:

  • ¿Ha perdido interés por actividades que antes hacía (académicas, extraescolares, salir con amigos, colaborar en casa…)?

  • ¿Sabemos si le ha pasado alguna cosa en la vida “real” de la cual necesite evadirse? En este caso tendremos que actuar sobre la causa y, si es necesario, buscar ayuda especializada.

  • ¿Se irrita con más frecuencia y pasa más de las cosas?

Después de reflexionar sobre estas preguntas, nos centraremos en dos conceptos esenciales que guían cómo nos posicionamos respecto a nuestros hijos: vínculo afectivo y autoridad (que no es lo mismo que el autoritarismo).

Lazos de confianza y autoridad

El vínculo afectivo hace referencia a los lazos de amor que se establecen entre padres e hijos y que son la base para generar confianza y bienestar. Hablamos de autoridad respecto a la responsabilidad de los padres para tomar todas las decisiones necesarias para el bienestar de sus hijos e hijas. De hecho, la patria potestad otorga a los padres ese derecho. Ello implica establecer reglas, expectativas y límites y, al mismo tiempo, guiar y enseñar a los niños sobre comportamientos y valores aceptables, así como protegerlos de lo que no les conviene.

Por otra parte, “la autoridad se tiene, no se gana”, en palabras de un amigo mío profesor de adolescentes. Es algo intrínseco al papel de ser padres, para quienes es un derecho y un deber aplicarla.

¿Qué podemos hacer para ayudarlo a recuperar su bienestar?

El primer consejo es mantener una conversación tranquila, incluyendo a otros familiares significativos para él o ella. Debemos evitar juicios y podemos interesarnos por el juego y compartir qué hemos observado (pérdida de intereses, cambio carácter, menos comunicación etc.).

Podemos proponer, con cariño y decisión, establecer unas normas y horarios de juego que preserven los espacios familiares (hora desconexión noche, comidas juntos, tareas casa, etc.).

También es útil facilitar alternativas al juego individuales y familiares, pueden incluir actividades con pantallas juntos.

Sabemos que a los hijos les importa la opinión que los padres y madres tienen sobre ellos, pero ¿qué pasa si no quiere escucharnos y sigue manteniendo la conducta de juego?

Cuando no escuchan

Cuando no escucha, será nuestra responsabilidad ayudar al menor activamente a desengancharse. Es importante recordar el principio de autoridad, para evitar que el uso de videojuegos se convierta en una conducta adictiva con serias implicaciones para su salud, tanto cognitiva como emocional, física y social.

Unos padres que acudían a nuestra consulta habían intentado todo tipo de estrategias para desenganchar a su hijo de 15 años de los videojuegos. Hasta que un día, sacaron el ordenador de la habitación con buen humor y determinación y le dijeron: “el ordenador se ha ido de vacaciones”. Comentaron que fue el mejor verano de los últimos años. El chico estuvo de mal humor tres días, pero rápidamente observaron un cambio de carácter. Fue recuperando la empatía que aparentemente había perdido y retomando los intereses que había aparcado los últimos meses. Explicaron en consulta: “ya vuelve a ser él”, un comentario frecuente de padres que han pasado por procesos similares.

No obstante, debemos tener en cuenta que no siempre es posible, sobre todo, cuando observamos una escalada a nivel de agresividad o cuando se ha intentado varias veces sin conseguir un cambio. Asimismo debemos tener en cuenta que diversos trastornos de salud mental como el TDAH o TEA pueden predisponer a generar una adicción a videojuegos.

Será necesario, en estos casos, buscar ayuda psicológica especializada para recibir la orientación necesaria y poder aplicar las estrategias adecuadas para ayudarlo, cuanto antes mejor.

The Conversation

Dominica Díez Marcet no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué hacer cuando mi hijo no quiere salir porque está enganchado a los videojuegos? – https://theconversation.com/que-hacer-cuando-mi-hijo-no-quiere-salir-porque-esta-enganchado-a-los-videojuegos-247375

‘Tú y la bomba atómica’: George Orwell predijo en 1945 la Guerra Fría y la proliferación nuclear

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibrahim Al-Marashi, Adjunct Professor, IE School of Humanities, IE University; California State University San Marcos

Bombardero estadounidense Boeing B-29 Superfortress, igual que los que lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, dirigiéndose a bombardear Osaka en 1945. United States Army Air Force

En agosto de 2025 se cumplieron 80 años de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Apenas un mes después de los ataques, el 19 de octubre de 1945, George Orwell publicó un ensayo en el London Tribune titulado Tú y la bomba atómica. En él, planteaba la hipótesis de qué pasaría si “las grandes naciones llegaran a un acuerdo tácito para no utilizar nunca la bomba atómica entre ellas”. Escribió que lo que surgiría sería una “paz que no es paz” y un “estado permanente de ‘guerra fría’”, introduciendo una metáfora perdurable que definiría la geopolítica durante décadas.

En el ensayo, Orwell también predijo la proliferación nuclear: “La bomba es increíblemente cara y su fabricación exige un enorme esfuerzo industrial, del que solo son capaces tres o cuatro países en el mundo”. De hecho, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que también se creó hace 80 años, tienen ahora “la bomba”. La URSS fue la segunda en conseguirla, en 1949.

George Orwell.
Branch of the National Union of Journalists

Desde entonces, su amenaza ha configurado y justificado los conflictos mundiales. Tanto Irak como Irán han sido acusados de buscar la bomba, pero en lugar de la no proliferación diplomática, Estados Unidos e Israel han utilizado la fuerza armada para impedir que estas naciones obtengan armas nucleares.

Una de las razones por las que la ONU aprobó la Guerra del Golfo de 1991 fue la existencia de información de inteligencia que indicaba que Irak tenía un programa de armas nucleares. En 2003, Estados Unidos y Reino Unido intentaron que la organización aprobara una guerra similar para desmantelar las supuestas armas nucleares de Irak, basándose en información errónea que había sido plagiada de mi propia tesis de la Universidad de Oxford.

En junio de 2025, Israel atacó Irán por supuestamente buscar un arma nuclear, también basándose en informes de “inteligencia”. El mundo contuvo la respiración durante los 12 días que duró la guerra, que fácilmente podría haber degenerado en un conflicto nuclear.

Hoy en día, la inteligencia artificial (IA) puede permitir a una nación o a un grupo terrorista construir una bomba atómica de formas que los contemporáneos de Orwell, como Einstein y Oppenheimer, nunca hubieran podido imaginar.

Las novelas y la Guerra Fría

En 1949, solo cuatro años después de Tú y la bomba atómica, Orwell publicó 1984. Se trata de una novela distópica que presagia la Guerra Fría que él había predicho en 1945, con tres bloques geopolíticos ficticios –Oceanía (América del Norte y Gran Bretaña), Eurasia (URSS y Europa) y Eastasia (China y sus vecinos)– que forman una serie de alianzas siempre cambiantes para controlar los “territorios en disputa”.

Edición en español de 1984 de George Orwell.

Penguin Libros

La novela fue profética, ya que se escribió antes de la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y del Pacto de Varsovia, y antes de que se acuñaran términos como “Primer”, “Segundo” y “Tercer Mundo”.

Sin embargo, fue su contemporáneo, el oficial británico de Inteligencia Naval durante la Segunda Guerra Mundial Ian Fleming, quien consiguió adivinar en sus novelas una faceta diferente de la dinámica del poder en el siglo XXI. En su exitosa serie de James Bond (y sus aún más populares adaptaciones cinematográficas), la mayor amenaza para la seguridad mundial no son los gobiernos nacionales como la URSS, sino actores individuales superpoderosos, como el genio criminal Ernst Stavro Blofeld y el científico Dr. No.

En las últimas décadas, esta visión de un poder concentrado en una persona como corazón de la amenaza geopolítica se ha materializado una y otra vez. En 2001, Osama bin Laden desencadenó la guerra contra el terrorismo, que duró 20 años. El magnate de los medios de comunicación Rupert Murdoch ejerce un poder desmesurado sobre la política internacional, influyendo en elecciones y votaciones importantes, como el Brexit de 2016. Y fue Elon Musk, no la NASA, quien creó un programa espacial y proporcionó conexión a internet a Ucrania tras la invasión rusa de 2022, lo que otorgó a SpaceX un poder sin precedentes desde los tiempos de la Compañía Británica de las Indias Orientales.

IA atómica y bombas sucias

El camino para obtener un arma nuclear no ha cambiado mucho desde Hiroshima, aunque la IA podría ayudar a los Estados que buscan bombas atómicas. Los avances en inteligencia artificial también pueden facilitar a los grupos terroristas la producción y detonación de explosivos convencionales combinados con material radiactivo, también conocidos como “bombas sucias”, lo que causaría enormes trastornos psicológicos y económicos.

Los escritos de Orwell ponen de manifiesto la hipocresía de este término, ya que nos obliga a preguntarnos si eso significa que las armas nucleares normales son, por defecto, “bombas limpias”. Sin embargo, a pesar del temor a un ataque terrorista improvisado con una bomba sucia, las más sucias son las que están recubiertas de uranio empobrecido (DU), ampliamente utilizadas por las fuerzas militares occidentales.

El DU se produjo inicialmente hace 80 años como un subproducto “residual” del enriquecimiento de uranio durante el Proyecto Manhattan. Sus científicos descubrieron que podía utilizarse para crear armas perforantes.

Estados Unidos y Reino Unido utilizaron estas armas durante la Guerra del Golfo de 1991 y la Guerra de Irak de 2003. Todavía contaminan el suelo, provocando cáncer, defectos congénitos y otras enfermedades. Hoy en día, Ucrania sufre las consecuencias de Chernóbil, pero además, tanto este país como Rusia, han utilizado armas perforantes desde 2022.


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Noticias falsas en 1945

Si bien la IA ha potenciado lo que normalmente consideramos orwelliano (estados de vigilancia como los descritos en 1984), Orwell también escribió sobre cómo la tecnología permitía la desinformación. En 1944, cuestionó las noticias falsas de inexistentes ataques aéreos alemanes sobre Gran Bretaña que se emitieron en la radio nazi, y destacó su valor como propaganda en caso de una posible victoria alemana.

Hoy, 80 años después, sigue ocurriendo lo mismo. En junio de 2025, durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán, se difundieron vídeos deepfake fabricados por IA que mostraban nubes nucleares en forma de hongo detonando sobre instalaciones atómicas iraníes destruidas.

Algunos sostienen que la guerra fría entre Washington y Moscú nunca terminó, lo que da a la metáfora de Orwell un legado perdurable. No obstante, se suele atribuir al escritor y comentarista político estadounidense Walter Lippman la invención del término en 1947, lo que demuestra la afirmación de Orwell en la novela 1984: “Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado”.

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Ibrahim Al-Marashi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Tú y la bomba atómica’: George Orwell predijo en 1945 la Guerra Fría y la proliferación nuclear – https://theconversation.com/tu-y-la-bomba-atomica-george-orwell-predijo-en-1945-la-guerra-fria-y-la-proliferacion-nuclear-268252

El nivel del mar está subiendo, pero no al mismo ritmo en todas partes: el caso de Perú

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan J. Muñoz, Profesor de Ingeniería Costera, Universidad de Cádiz

Costa de Paracas, Perú. Wikimedia Commons., CC BY

La subida del nivel del mar es uno de los efectos más visibles del cambio climático. Pero, aunque solemos pensar en un fenómeno global, cada región del planeta vive su propia historia.

En la costa peruana, esa historia empieza a contarse en 1942, cuando se instalaron los primeros mareógrafos –instrumento que registra y mide las oscilaciones del nivel del mar (mareas) de forma automática– en Talara, Callao y Matarani. Desde entonces, esas estaciones han registrado casi ocho décadas de variaciones del nivel del mar. Hoy, gracias a ese archivo único, podemos afirmar con claridad que el mar está subiendo en Perú, y que lo hace de manera desigual según la región y el periodo analizado.

Los diferentes niveles de referencia vertical en cada una de las estaciones. Alturas de cada uno de los niveles utilizados están referidas al punto de referencia mareográfico del Callao.
Bismarck J. A. et al.

Una tendencia clara, con altibajos marcados

Un equipo de investigadores de la Universidad de Cádiz comprobamos en un estudio reciente que, entre 1942 y 2019, el nivel del mar ha subido en los tres puntos estudiados. Sin embargo, la magnitud del aumento depende del intervalo que se mire. En algunos periodos, la subida fue moderada (menos de 1 mm por año), mientras que en otros llegó a ser muy acelerada, con valores de más de 10 mm anuales, especialmente en los años más recientes.

Esto significa que no basta con hablar de un único valor promedio. La subida del mar en el Perú es un proceso altamente variable, que responde tanto a tendencias globales como a fenómenos regionales y locales.

El impacto de El Niño

Una de las razones de esa variabilidad es bien conocida por los peruanos: el fenómeno de El Niño. Durante los eventos extraordinarios de 1982-83 y 1997-98, el mar en Talara, Callao y Matarani llegó a elevarse hasta 40 centímetros por encima de su promedio normal.

Consecuencias de las inundaciones traídas por El Niño en 1983 en Perú.
IDESEP.

Estos picos temporales muestran cómo la interacción entre el clima y el océano puede intensificar los riesgos de inundaciones costeras y erosión.

De hecho, el análisis estadístico confirma una fuerte correlación entre la temperatura y el nivel del mar en la costa peruana: cuando sube la temperatura superficial, también lo hace el mar. Y cuando las aguas se enfrían (como en los episodios de La Niña), el nivel tiende a descender.

Perú frente a los reportes del IPCC

Si comparamos los resultados con los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), encontramos coincidencias y también diferencias. Hasta comienzos de los años 2000, las tasas de aumento en Perú eran algo menores que el promedio global. Sin embargo, en la última década analizada (2006-2015) ocurrió lo contrario: los registros de Talara, Callao y Matarani muestran un aumento mucho más rápido que la media mundial reportada por el IPCC.

Esto nos recuerda que las cifras globales sirven como referencia, pero las decisiones de gestión costera deben basarse en estudios locales. El mar no sube al mismo ritmo en todas partes.

Resumen gráfico del trabajo realizado, donde se muestra el mapa de la costa peruana y la ubicaión de las tres estaciones utilizadas (Talara, Callao, Matarani). La gráfica de barras muestra la comparativa en las tres estaciones, de las variaciones del aumento del nivel del mar (SLR) de los datos obtenidos
C. Estrada, B. Jigena-Antelo, J. J. Muñoz-Pérez.

¿Por qué importa?

La costa peruana concentra gran parte de la población y de la infraestructura crítica del país. La subida del nivel del mar amenaza puertos, viviendas, playas, humedales y acuíferos. También puede agravar los impactos de tsunamis y tormentas.

Para planificar defensas costeras, gestionar el agua o proteger los ecosistemas, es vital contar con información detallada y específica, como la que aportan estas series de mareógrafos.

Mirando al futuro

Nuestro estudio no solo confirma la tendencia ascendente, sino que también muestra que los cambios pueden ser bruscos en lapsos cortos, asociados a ciclos climáticos como El Niño o la Oscilación Decadal del Pacífico. Esto significa que los próximos años podrían traer tanto aceleraciones como pausas temporales en la subida del mar, pero la tendencia de fondo es clara: el océano está ganando terreno.

La conclusión es ineludible: Perú necesita políticas costeras basadas en datos locales, que consideren la variabilidad natural y el impacto del cambio climático global. Solo así se podrán anticipar riesgos y reducir la vulnerabilidad de millones de personas que viven frente al Pacífico.

The Conversation

Bismarck Jigena Antelo recibió fondos de Universidad de Cádiz, para realizar una estancia en la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina del Perú (DHNM).
Los datos de niveles del mar de los mareografos de Talara, Callao y Matarani, que se utilizaron en el artículo de investigación fueron cedidos por la DHNM.
¿Es posible incluir a un tercer autor, la Ing. Carol Estrada Ludeña, funcionaria de la DHNM.

Juan J. Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El nivel del mar está subiendo, pero no al mismo ritmo en todas partes: el caso de Perú – https://theconversation.com/el-nivel-del-mar-esta-subiendo-pero-no-al-mismo-ritmo-en-todas-partes-el-caso-de-peru-266603