¿Por qué tenemos huellas dactilares y para qué sirven realmente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Alvarez, Profesor de Criminalística en el Grado en Criminología. Especialista en Identificación Genética Humana, Universidad de Granada

Frettie/Wikimedia Commons, CC BY

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Juan, de 16 años, del IES Sierra de las Villas, Villacarrillo (Jaén)


Si examinas cuidadosamente la punta de tus dedos, observarás una red de curvas, espirales y ramificaciones. Se llaman crestas papilares y permiten que, junto con los surcos que hay entre ellas y las secreciones de nuestra piel (sudor y grasa) se forme un “dibujo” o huella dactilar al tocar un objeto.

El desarrollo de esas crestas papilares se produce en el feto –entre las semanas 10 y 16 de gestación– y depende de la interacción entre nuestros genes, el crecimiento del tejido de la piel y los movimientos, las presiones y la posición del feto dentro del útero.

Este proceso tan complejo hace que ni siquiera los gemelos idénticos tengan las mismas huellas. Aunque eso sirve para que la policía resuelva delitos, en realidad surgieron para ayudarnos a tocar, agarrar y explorar lo que nos rodea.

Tenerlas da muchas ventajas

Las huellas dactilares tienen, por lo tanto, una función básica: nos ayudan a interactuar con el mundo. Los científicos coinciden en que cumplen tres funciones principales:

1. Mejorar el agarre. Las crestas papilares aumentan el roce o fricción, igual que los dibujos de un neumático o tus zapatillas. Gracias a ellas podemos sujetar objetos pequeños o resbaladizos sin que se nos escapen, incluso con las manos húmedas.

2. Distribuir la presión. Al agarrar algo, las crestas reparten mejor la fuerza y evitan que la piel se dañe o se desgaste con facilidad.

3. Aumentar la sensibilidad táctil. Bajo las crestas hay terminaciones nerviosas que detectan vibraciones y texturas muy finas. Las crestas actúan, pues, como “amplificadores” del tacto, permitiéndonos sentir con mucha más precisión.

En otras palabras, nuestras huellas son una adaptación evolutiva que ha hecho posible que manipulemos herramientas, trepemos o toquemos con más eficacia. Gracias a ellas, acciones tan cotidianas como desbloquear el móvil o abrir un tarro resultan mucho más fáciles.

Pero, además, las crestas papilares tienen otra misión: canalizar el sudor. En la cima de muchas crestas se abren los poros de las glándulas sudoríparas ecrinas, que liberan pequeñas cantidades de agua y sales. Esto no solo ayuda a regular la temperatura corporal, sino que también mejora el contacto con las superficies, aumentando la fricción.

De la evolución al laboratorio forense

Aunque nuestras huellas evolucionaron con esos fines táctiles, tres propiedades la convierten en una herramienta indispensable para la identificación humana:

Recogida de huellas dactilares en el escenario de un robo.
Wikimedia Commons, CC BY

1. Son únicas: cada persona tiene un diseño que hasta el momento nunca se ha visto repetido.

2. No cambian: permanecen invariables toda la vida, salvo que haya heridas muy profundas.

3. Son perennes: aparecen desde antes de nacer y persisten incluso tras la muerte.

Gracias a esto, la dactiloscopia (la ciencia que estudia las huellas, nacida a finales del siglo XIX) se ha convertido en apoyo fundamental en la investigación criminal.

Nacidos sin huellas

Sin embargo, algunas personas nacen con la piel de los dedos completamente lisa. Sufren un trastorno genético muy raro, localizado en el gen SMARCAD1, que recibe el nombre adermatoglifia. Tan infrecuente es este trastorno que las familias afectadas en el mundo se pueden contar con los dedos de una mano… aunque esa mano no tenga huellas.

En realidad, las personas con adermatoglifia llevan una vida normal, pero pueden tener más dificultades para manipular objetos o regular el sudor en esas zonas. En su día a día, pueden encontrarse con obstáculos curiosos: desde problemas en el control de pasaportes, hasta la dificultades para utilizar los sistemas de reconocimiento dactilar en el móvil.

Mucho más que una “firma” biológica

Ahora que conoces todo esto, la próxima vez que desbloquees el móvil con el dedo o dejes tu huella en un vaso, piensa que las huellas dactilares son el resultado de millones de años de evolución que te ayudan a agarrar, a sentir y a explorar el mundo con las manos.

Al fin y al cabo, cada una de nuestras huellas nos susurra un secreto: nacemos únicos, vivimos únicos y dejamos una marca única en el mundo porque no hubo ni habrá nadie como tú.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Juan Carlos Alvarez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué tenemos huellas dactilares y para qué sirven realmente? – https://theconversation.com/por-que-tenemos-huellas-dactilares-y-para-que-sirven-realmente-267462

Los hijos deciden cada vez más sobre gastos familiares, pero sin saber cuánto ganan sus padres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Feijoo, Profesora Titular de Publicidad, Universidad Villanueva

BearFotos/Shutterstock

Los hijos participan cada vez más en las decisiones de consumo del hogar: opinan sobre dónde ir de vacaciones, qué tecnología comprar en el hogar o incluso qué productos de cuidado personal entran en casa. Sin embargo, la mayoría desconoce el presupuesto familiar. Dos elementos que avanzan en direcciones opuestas: más poder para decidir, pero menos información para comprender lo que implican esas decisiones.

Esta es una de las conclusiones más llamativas del proyecto MARK&TEEN, una investigación que hemos realizado en la Universidad Villanueva con el apoyo de la Fundación BBVA. Se encuestaron a 1 088 adolescentes de entre 12 y 17 años y a uno de sus progenitores (en total, 2 176 personas de toda España) para analizar el fenómeno del consumo familiar desde dos perspectivas: la de los jóvenes y la de los adultos.

Lo que los hijos sienten y lo que los padres creen

Cuando se pregunta a los adolescentes por su participación en las decisiones familiares, la imagen que describen es la de una presencia activa, aunque no siempre decisoria. La mitad afirma que las vacaciones se eligen entre todos y un 5,4 % siente que en esa elección su opinión ha tenido más peso. En decisiones sobre tecnología del hogar el porcentaje de participación conjunta baja al 35 %, y en la decoración o el mobiliario, al 25 %. Es decir, los adolescentes están en la conversación, pero no siempre tienen la sensación de estar determinando el resultado.

Esa percepción cambia cuando se trata de decisiones sobre sí mismos. En ropa, tecnología personal, productos de cuidado corporal u ocio, alrededor del 50 % de los adolescentes señala que son ellos principalmente quienes deciden. Aquí la voz juvenil sí se experimenta como autónoma, como parte de su construcción identitaria y de su forma de estar en el mundo.

Incluso más allá de su propio consumo, los adolescentes describen un espacio de influencia hacia los padres. Un 10 % dice intervenir en la elección de la ropa de los adultos, un 20 % en sus planes de ocio y hasta un 29 % en decisiones relacionadas con los productos de higiene y cuidado personal.

Desde la perspectiva adulta, la imagen es aún más participativa. Seis de cada diez padres consideran que las decisiones sobre vacaciones, decoración o servicios compartidos, como las plataformas de streaming, se toman de forma democrática. En lo relativo a su propio consumo, uno de cada cuatro admite que sus hijos participan y casi un 30 % reconoce que, cuando se trata de productos destinados a los adolescentes, la decisión la toman preferentemente ellos.

Los datos muestran familias que se conciben a sí mismas como espacios dialogados, donde la participación juvenil no solo es aceptada, sino valorada. Pero también revelan un matiz importante: los padres tienden a percibir más democracia de la que los propios adolescentes sienten.

Participan en la decisión, pero sin toda la información

La autonomía de consumo de los adolescentes no llega solo a la elección de productos: también se refleja en su relación cotidiana con el dinero. Casi el 65 % de los menores afirma manejarlo con frecuencia y, en la mayoría de los casos (85 %), las cantidades pueden ascender a los 100 euros mensuales, algo que padres e hijos reconocen de forma coincidente. Además, cerca de seis de cada diez tiene una cuenta bancaria a su nombre y un 18 % puede ingresar o retirar dinero de manera autónoma. Uno de cada cuatro dispone incluso de tarjeta con capacidad de compra. Es decir, estamos ante jóvenes que no solo consumen, sino que administran y gestionan recursos reales en el día a día.

Sin embargo, cuando trasladamos la conversación a la economía familiar, la fotografía cambia. El 68 % de los adolescentes no sabe cuánto ganan sus padres. Esta falta de información no es anecdótica: se combina con otro dato significativo, el 86 % nunca ha recibido educación financiera.

En términos prácticos, están aprendiendo a tomar decisiones de consumo sin conocer los límites económicos reales que las sustentan. Pueden sugerir cambiar de destino de vacaciones, suscribirse a una nueva aplicación de streaming o incorporar un nuevo producto de cuidado, pero no conocen el esfuerzo material, o simbólico, que implica asumir ese gasto dentro del conjunto de necesidades familiares.

Lo que está ocurriendo es una de falta de contexto. Parece evidenciarse que la conversación sobre el dinero continúa siendo, incluso en hogares dialogados, un espacio reservado al mundo adulto.

Participación, sí, pero con reflexión conjunta

En este contexto, el reto no es frenar la autonomía de los adolescentes ni volver a modelos jerárquicos. La clave reside en acompañar esa participación con información. Si los adolescentes están presentes en la toma de decisiones también deben conocer el contexto y comprender lo que implica decidir. Educar para el consumo no es sólo comprar sino ayudar a pensar qué necesitamos, qué deseamos, qué podemos permitirnos y qué sentido tiene lo que hacemos con el dinero que circula en una familia.

La democratización del consumo familiar es una oportunidad extraordinaria para formar ciudadanos conscientes, capaces de tomar decisiones informadas y responsables. Los adolescentes ya están dentro de la mesa de decisiones. Lo que falta, en muchos casos, es que también estén dentro de la conversación sobre los límites, las prioridades y los valores. Consumir es elegir, y elegir siempre debe implicar conocer y comprender.

La pregunta no es si deben participar. La pregunta es: ¿vamos a darles las herramientas para entender lo que están decidiendo?

The Conversation

Beatriz Feijoo recibe fondos de la Beca Leonardo de Investigación Científica y Creación Cultural 2024 de la
Fundación BBVA. La Fundación BBVA no se responsabiliza de las opiniones, comentarios y contenidos incluidos en el
proyecto y/o los resultados obtenidos del mismo, los cuales son total y absoluta responsabilidad de
sus autores.

ref. Los hijos deciden cada vez más sobre gastos familiares, pero sin saber cuánto ganan sus padres – https://theconversation.com/los-hijos-deciden-cada-vez-mas-sobre-gastos-familiares-pero-sin-saber-cuanto-ganan-sus-padres-268529

Criar a los hijos en una lengua no materna: lo que dice la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Irene Gassín Mondaca, Profesora de Enseñanza Bilingüe en el Máster en Profesorado, Universidad Pablo de Olavide

PeopleImages.com /Shutterstock

Cada vez es más frecuente que los padres decidan criar a sus hijos en un idioma que no es ni su lengua nativa ni la lengua de la sociedad en la que viven. Por ejemplo, en España resulta cada vez más común escuchar a padres españoles hablando a sus hijos en inglés en el parque o a la salida del colegio. A menudo, son padres que han logrado un nivel avanzado en inglés tras muchos años de esfuerzo y que pretenden ahorrarles ese “sufrimiento” a sus hijos o abrirles las puertas a un mundo cultural internacional.

Este fenómeno, conocido como “bilingüismo no nativo” o como “inmersión lingüística en el hogar”, no es nuevo ni se da solo en España. Los primeros casos datan de los años 60, y se ha constatado la práctica en más de 14 países, entre los que destacan Eslovaquia, España, Turquía, Polonia y Corea.

Los precursores del fenómeno

El primer caso documentado de inmersión lingüística en el hogar se remonta a 1965, en la antigua Yugoslavia. A lo largo de siete años, el lingüista N. R. Dimitrijević (nativo de serbio) habló con su hijo únicamente en inglés y analizó el desarrollo lingüístico del niño en serbio (lengua del entorno) y en inglés.

La práctica no tuvo ninguna repercusión negativa en el nivel de serbio del niño. No obstante, este autor sí observó que su hijo entendía el inglés mejor que lo hablaba, y que además su nivel en esta lengua iba disminuyendo poco a poco a medida que su entorno social fue adquiriendo mayor peso, especialmente los amigos del colegio. Esto consolidó el serbio como su lengua dominante.

En la Australia de los años 70, un profesor de alemán llamado George Saunders crió a sus tres hijos en alemán (pese a que él era nativo en inglés) y analizó su desarrollo lingüístico a lo largo de 12 años con vídeos y pruebas de nivel. En este caso, los niños alcanzaron un gran dominio en ambos idiomas, comparable al de otros niños bilingües de padres nativos. Este autor recogió su experiencia en dos manuales, de lectura recomendada.

Tras estos dos casos pioneros, el interés académico sobre esta política lingüística familiar fue cada vez mayor, intensificándose en la última década. En un reciente proyecto, hemos realizado una revisión sistematizada de lo investigado, analizando los 46 estudios y 13 manuales que han tratado la inmersión lingüística en el hogar hasta la fecha. Estos resultados pueden organizarse en torno a los tres grandes agentes implicados: los padres, los niños y el entorno social.

Los padres: miedos y estrategias

Miedos recurrentes de los padres a la hora de tomar esta decisión son transmitir errores lingüísticos que los niños heredarán (al no tratarse de un idioma nativo) o provocar un retraso en el lenguaje de los niños por confundirlos con dos lenguas. Esto no es nuevo: en las primeras décadas del siglo XX, el bilingüismo familiar se consideraba una práctica poco recomendable e incluso perjudicial para el desarrollo lingüístico e intelectual de los niños, aunque se tratase de una familia en la que los progenitores tuvieran lenguas maternas distintas (por ejemplo, una madre china y un padre francés).

A finales de siglo, sin embargo, ya se demostró que el bilingüismo no resulta negativo para el desarrollo de los niños, y recientemente incluso que puede llegar a ser igual de beneficioso que otros estímulos intelectuales, como la música. Dicho esto, los padres que se decidan por esta práctica deben considerar si se sentirán cómodos en todos los escenarios que la crianza involucra, que van desde gestionar una rabieta y cantar una canción infantil hasta tratar temas complejos como política y religión. Puede que estos padres nunca se hayan enfrentado a esos contextos, pero podrán adquirir el vocabulario necesario a través de vídeos, libros o consultas a amigos.

En cualquier caso, los errores lingüísticos menores no deberían ser una preocupación, puesto que los niños escucharán el inglés de muchas más fuentes que neutralizarán esa transmisión (películas, cuentos, canciones, otros hablantes, etcétera).




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Otra decisión es la política lingüística familiar concreta. ¿Serán uno o los dos progenitores los que hablarán la lengua extranjera, o lo harán solo en determinados lugares o rutinas? Ante esto, es importante aclarar que se suele establecer como guía que para que un niño sea bilingüe ha de escuchar la lengua minoritaria un mínimo del 25 % de las horas que pasa despierto.

Por otro lado, ¿se usarán técnicas más monolingües (como fingir que no entienden el español si su hijo se dirige a ellos en esa lengua) o más bilingües (como seguir adelante en inglés, como si nada)? En principio, son las primeras las que más éxito tienen en el desarrollo lingüístico de los hijos, aunque hay que tener en cuenta siempre el bienestar de los niños y la armonía del hogar. Es decir: si usar una estrategia más estricta causa estrés o frustración en el niño, será conveniente usar otra mas flexible.




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Por último, serán muy importantes los recursos de apoyo externos que favorecen que los niños se expongan a otras fuentes escritas y auditivas en la lengua extranjera, además de la de los padres: libros o cuentos en inglés, series o dibujos en la televisión, canciones, tutores privados o incluso viajes al extranjero en familia.

Los niños: su desarrollo lingüístico en las dos lenguas

La mayoría de los estudios concluye que el desarrollo lingüístico de los niños bilingües por inmersión lingüística en el hogar es comparable al de otros niños bilingües o monolingües. En etapas tempranas ocurren fenómenos como la interferencia lingüística (por ejemplo, el uso de palabras que se parecen en inglés y en español o estructuras que se calcan de una a otra lengua). No obstante, al poco tiempo los niños controlan este valioso recurso de transferencia lingüística.

En todos los estudios, sin embargo, se describe el mismo patrón: la lengua del entorno suele acabar consolidándose como la dominante. Así, el inglés, en el caso de un contexto español, tiende a ocupar una posición subordinada. Los niños muestran más capacidad para entenderlo que para hablarlo, debido a las escasas oportunidades de entrar en contacto con este idioma en comparación con el español. Este desequilibrio se acentúa cuando entran en el colegio y comienzan a socializar con otros niños y adultos en español. Por esta razón, la apuesta más segura sería que los dos progenitores hablen la lengua extranjera en casa, estrategia conocida como “lengua minoritaria en el hogar”.

Por último, son pocos los estudios que se centran en los sentimientos de los niños. Aunque la experiencia suele ser positiva, en algunos casos se menciona un cierto rechazo o resistencia hacia el uso del inglés en el hogar, especialmente cuando los niños entran en el colegio. Es ahí cuando empiezan a ser más conscientes de su realidad lingüística y se dan cuenta de que sus padres saben hablar la lengua que se habla en el colegio y que hablan sus amigos. En ocasiones, estas dificultades llevan incluso al abandono de la práctica de la inmersión lingüística en el hogar por parte de las familias.

La sociedad: el impacto del entorno

La sociedad desempeña un papel bastante relevante en este tipo de bilingüismo. Frecuentemente, las personas del entorno no comprenden por qué una familia iba a renunciar al uso de su lengua materna.

Cuestiones como la identidad o la transmisión de emociones, a menudo muy ligadas a la lengua materna, entran en juego en este tipo de debates, aunque en ninguno de los 59 estudios se identifica el problema de la falta de afecto. Es más, frente a la inmersión lingüística en el hogar en lenguas no nativas pero que tienen gran difusión (como el inglés), hay casos constatados de familias que han criado a sus hijos en esperanto, una lengua artificial o planificada.

En contraposición, hay familias que sí reciben un apoyo social que refuerza la práctica de la inmersión lingüística en el hogar. En estos casos, la armonía familiar no se ve afectada, y se pueden concentrar los esfuerzos en la transmisión de la lengua.

Hacia dónde vamos

¿Merece la pena todo este esfuerzo? ¿Aprenden mejor los niños una segunda lengua si se emplea la inmersión lingüística en el hogar? Los testimonios de los padres estudiados así lo indican. Incluso los que abandonan la práctica afirman que ha sido una experiencia muy enriquecedora de la que no se arrepienten.

No obstante, son pocos los autores que realizan medición lingüística del nivel de los niños, y se confía en la percepción de los padres. Por ello, si ha llevado a cabo la inmersión lingüística en el hogar o conoce a alguien que lo haya hecho, le invitamos a participar en nuestra investigación. Queremos analizar qué factores resultan clave para un desarrollo adecuado y cuáles son las estrategias más efectivas. Su colaboración es fundamental.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Criar a los hijos en una lengua no materna: lo que dice la ciencia – https://theconversation.com/criar-a-los-hijos-en-una-lengua-no-materna-lo-que-dice-la-ciencia-268113

La revolución sexual sénior: tres de cada cinco consideran el sexo esencial para su bienestar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iñaki Ortega Cachón, Profesor de Dirección de Empresas, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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Mi padre tiene 86 años y me sigue ganando al tenis. Mi madre es octogenaria también y capaz de alimentar un día de verano a una tropa de hambrientos nietos adolescentes. Son ancianos, pero están sanos y fuertes. No me atrevería a preguntarles –como tampoco lo hacía la estadística oficial hasta hace poco– por su hábitos sexuales. En mi caso por pudor, en el de los funcionario del Instituto Nacional de Estadística de la época por edadismo, puesto que no concebían esos estadísticos que unos adultos mayores siguiesen practicando el sexo.

Por eso la edición quinta del barómetro del consumo sénior, que dirijo, ha preguntado a una muestra representativa de mayores de 55 años españoles –en un amplio apartado titulado vitalidad y envejecimiento saludable– por sus prácticas sexuales.

En concreto, se les ha preguntado sobre si tienen pareja, si están enamorados y cómo de satisfechos se sienten con su vida sexual. Además, si hablan de sexo con amistades y toman suplementos para mejorar sus relaciones sexuales o utilizan plataformas de citas para buscar pareja.

Los resultados merecen la pena ser contados para así acabar con una visión absolutamente sesgada de los mayores españoles. De modo y manera que siempre se traslada a la opinión pública una imagen de fragilidad de los sénior cuando no de ancianidad extrema que no se compadece con la buena salud de la mayoría del colectivo.

No hay vida de calidad sin sexo

La realidad para este estudio es que tres de cada cinco séniors consideran que el sexo es importante para tener una buena calidad de vida. Es decir, más de diez millones de españoles mayores de 55 años no entienden una vida de calidad sin sexo.

Al mismo tiempo, conforme esta encuesta, realizada en octubre de 2024, más de 160 000 personas de esa franja de edad utilizan aplicaciones de citas para poder tener sexo. E incluso casi un millón toman medicamentos o suplementos para mejorar sus relaciones sexuales. Nada que no sea normal en otras edades, y siempre en personas sanas y con vitalidad.

A pesar de lo anterior, como ya se ha dicho, los estereotipos se han instalado en nuestra sociedad, debido a que hasta hace unas pocas décadas la vida activa y sana finalizaba antes de los 50 años. Así es. Durante siglos la esperanza de vida no ha superado el medio siglo y eran muy pocos los que llegaban a los sesenta años; y los que alcanzaban ese grupo etario padecían una mala salud que hacía penosos sus últimos años de vida.

En España no es hasta 1957 cuando se logra superar los 65 años de esperanza de vida. Al mismo tiempo, en esa época los años restantes de vida –y lo que es más importante, los años de vida con salud– eran muy pocos. Hoy, el consenso es que puede ser una existencia saludable casi dos décadas más.

Este estudio del Centro de Investigación Ageingnomics demuestra una realidad bien distinta a esos estereotipos de una población sénior débil, vestida de luto y esperando la muerte. La conocida como generación de las canas reclama su derecho a disfrutar la vida y también del sexo.

De visitas al médico a viajes de ocio

De hecho, los séniors apenas van al médico hasta que cumplen 70 años, e incluso cuando superan esa edad, una gran mayoría (el 72 %) solo acude al médico menos de una vez al mes. Y al mismo tiempo, el 85 % de los que superan los 55 años realizan habitualmente operaciones con el banco a través de internet. El 76 % hace compras electrónicas y el 65 % publica contenidos en redes sociales.

Al mismo tiempo, casi 8 de cada 10 personas de la población sénior española tiene previsto realizar algún viaje de ocio o turismo a lo largo del año. Todo un baño realidad frente la imagen tan sesgada vinculada a la obsolescencia del colectivo.

Pero aún hay más: cuatro de cada cinco mayores de 55 cuidan su alimentación para mantener una buena salud, lo que sin duda también explica que en todas las cohortes de edad estudiadas (55-59; 60-64; 65-69 y 70+) siempre hay una mayoría que supera el 60 % que vincula calidad de vida a actividad sexual.

De forma coherente, igual que no quieren renunciar a su actividad sexual tampoco –una gran mayoría del 71 %– está dispuesta a que les obliguen a dejar de conducir a partir de una determinada edad. La realidad es que los seniors españoles no se sienten mayores, si por mayores entendemos el cliché negativo.

Solo se es mayor a partir de los 74

De forma que ellos piensan que solo se es mayor a partir de los 74 años y la sociedad, en cambio, sitúa esa frontera en los 66,8 años. Una gran diferencia que sufren en términos de discriminación en muchas facetas de su vida, también en la del sexo que estamos analizando en este artículo.

Si le han sorprendido todos estos datos sobre el sexo senior o incluso que siquiera vinculemos ambos conceptos, me temo que es otra clara constatación de que el edadismo sigue muy presente en la cultura española a pesar de ser uno de los países con una de las mayores tasas de esperanza de vida del planeta.

The Conversation

Iñaki Ortega Cachón dirige informes para el centro de investigación ageingnomics de la Fundación MAPFRE

ref. La revolución sexual sénior: tres de cada cinco consideran el sexo esencial para su bienestar – https://theconversation.com/la-revolucion-sexual-senior-tres-de-cada-cinco-consideran-el-sexo-esencial-para-su-bienestar-264537

El riesgo de crisis alimentarias se agudiza en el mundo: estos son los puntos críticos del hambre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

El 12 de noviembre de 2025, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) publicaron un informe que vuelve a encender las alarmas sobre el estado de la seguridad alimentaria global. Ambos organismos advierten que la “ventana para evitar que millones de personas caigan en inseguridad alimentaria aguda se está estrechando rápidamente”.

En concreto, el documento identifica dieciséis regiones del mundo donde el riesgo de crisis alimentarias severas no solo continúa creciendo, sino que podría desencadenar emergencias humanitarias de gran magnitud si no se adoptan medidas urgentes y coordinadas.

Conflictos armados que bloquean alimentos y paralizan economías

El conflicto armado se mantiene como la causa central en la mayoría de los países señalados. La violencia prolongada, la destrucción de tierras cultivables, los desplazamientos masivos y el bloqueo de corredores humanitarios reducen de manera drástica el acceso a alimentos.

Sudán aparece como uno de los escenarios más críticos: tras meses de intensificación de los combates, millones de personas han quedado atrapadas en zonas donde los mercados han colapsado y la distribución de ayuda es prácticamente imposible. La FAO advierte que algunas regiones podrían acercarse a los umbrales técnicos de hambruna si no se logra estabilizar la situación.

Yemen presenta un escenario similar, con más del 40 % de la población en niveles de crisis alimentaria severa. Allí, la destrucción de infraestructuras esenciales y la falta de combustible dificultan la llegada de importaciones, de las que depende la mayor parte de la dieta del país.

En Palestina, el informe subraya que la inestabilidad crónica y las restricciones al movimiento de bienes esenciales han reducido aún más la disponibilidad de alimentos, generando un rápido deterioro en los indicadores nutricionales.

También es preocupante la situación de Malí y Burkina Faso, donde la inseguridad y el control inestable del territorio están generando interrupciones en los mercados, bloqueos al comercio agrícola y pérdidas significativas de producción de cultivos.

Así, en Burkina Faso, los hogares más pobres que viven en zonas afectadas por el conflicto se enfrentan a las “disrupciones del mercado y la asistencia humanitaria limitada”, según el análisis más reciente de seguridad alimentaria.

Estas dinámicas se observan también en Malí, donde las mismas condiciones están provocando “un rápido deterioro en los niveles locales de consumo alimentario y nutrición”. Es un diagnóstico reforzado por los datos del indicador de Insufficient Food Consumption (IPC), que situaba en torno al 52 % la proporción de población insuficientemente alimentada en septiembre de 2025.

Choques económicos que multiplican la vulnerabilidad

El segundo impulsor de la inseguridad alimentaria es la inestabilidad económica, que se manifiesta a través del encarecimiento de los alimentos, la depreciación de las monedas locales y el aumento del precio del combustible y de los insumos agrícolas.

En Haití, esta situación se ve agravada por la violencia y la interrupción del funcionamiento normal de los mercados, lo que ha dejado a millones de personas en una vulnerabilidad extrema. De hecho, alrededor de 5,7 millones de haitianos, más de la mitad del país, se encuentran ya en niveles de inseguridad alimentaria aguda, una cifra que sigue aumentando.

Circunstancias similares se observan en Myanmar y Etiopía, donde la devaluación de la moneda y la interrupción de las actividades económicas han encarecido el precio de los alimentos básicos, reduciendo drásticamente el poder adquisitivo de los hogares.

La crisis climática, un factor estructural

El tercer gran factor identificado es el cambio climático, que ya no actúa como fenómeno excepcional, sino como un impulsor estructural de vulnerabilidad. Sequías prolongadas, inundaciones repentinas, ciclones y olas de calor afectan de manera recurrente a regiones cuya agricultura depende en gran medida de las precipitaciones estacionales.

El Cuerno de África es el caso más evidente: tras cinco temporadas consecutivas de lluvias fallidas, millones de pastores y agricultores han perdido su ganado y cosechas, lo que ha provocado desplazamientos masivos y un aumento drástico de la dependencia de programas nutricionales.

El informe del WFP subraya que estos fenómenos, intensificados por variaciones asociadas a El Niño, seguirán repitiéndose. En países como Sudán del Sur, Somalia y Etiopía, las lluvias extremas que suceden a las sequías destruyen infraestructuras básicas, arrasan cultivos y contaminan fuentes de agua esenciales.

Una crisis profundizada por el déficit de financiación humanitaria

El cuarto factor, y uno de los más decisivos para comprender la magnitud del problema, es el enorme déficit de financiación humanitaria. El WFP ha advertido que los fondos disponibles este año podrían situarse en torno a 6 400 millones de dólares. Es una cifra muy inferior a la necesaria para sostener sus operaciones globales y está claramente por debajo de los niveles previos, lo que obliga a recortar raciones, suspender programas nutricionales y priorizar de forma estricta a los beneficiarios más vulnerables.

Las consecuencias de estos recortes son directas: en áreas donde el conflicto impide el acceso a los alimentos y los mercados locales han colapsado, la ayuda humanitaria constituye la única fuente de sustento. Si la financiación continúa siendo insuficiente, millones de personas corren el riesgo de pasar rápidamente de una situación de crisis a una emergencia alimentaria severa o incluso a condiciones cercanas a la hambruna.

El propio WFP ha señalado que la falta de recursos está comprometiendo gravemente la capacidad para anticiparse a los picos de hambre estacional o climática, limitando su margen de actuación en algunos de los entornos más frágiles del planeta.

La alimentación como indicador de estabilidad global

Este informe demuestra que la alimentación no es solo un asunto doméstico ni una cuestión de hábitos individuales. La inseguridad alimentaria se convierte tanto en síntoma como en causa de inestabilidad, con efectos sobre la salud pública, el funcionamiento de las economías locales y los movimientos migratorios. La interdependencia de los mercados globales implica que las crisis alimentarias en los dieciséis hunger hotspots (puntos críticos del hambre) identificados repercuten en regiones muy alejadas de ellos, generando tensiones adicionales en países importadores y en economías vulnerables.

A pesar del tono de advertencia, el informe de FAO-WFP concluye que aún es posible evitar el deterioro masivo previsto para 2026. Señala que invertir en medios de vida, en resiliencia y en protección social antes de que el hambre alcance su pico será “una inversión inteligente en paz y estabilidad a largo plazo”.

También subraya que el apoyo agrícola, como semillas, salud del ganado o acción anticipatoria, es esencial para estabilizar la producción alimentaria y reducir la dependencia de la ayuda de emergencia. Al mismo tiempo, advierte que la falta de financiación y el acceso humanitario bloqueado están comprometiendo gravemente la capacidad de actuar a tiempo, y que ignorar esta ventana de oportunidad tendrá un coste humano incalculable.

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José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El riesgo de crisis alimentarias se agudiza en el mundo: estos son los puntos críticos del hambre – https://theconversation.com/el-riesgo-de-crisis-alimentarias-se-agudiza-en-el-mundo-estos-son-los-puntos-criticos-del-hambre-269954

Respirar bajo el agua: la increíble historia evolutiva de los mamíferos marinos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Delfines nadando. Tom Radetzki / Unsplash., CC BY

Imagine tener que aguantar la respiración mientras nada hasta el supermercado, duerme, da a luz o cría a sus hijos. Un escenario imposible que es la realidad cotidiana de ballenas, delfines, focas y manatíes. Estos mamíferos marinos comparten los rasgos fundamentales de todos los mamíferos –pulmones, sangre caliente, pelo (al menos, en alguna etapa de la vida) y leche para alimentar a sus crías–, pero viven en un mundo donde el oxígeno escasea y cada respiración debe ser gestionada de manera consciente.

¿Cómo sobrevivir permanentemente en el agua sin dejar nunca de ser animales que dependen del aire? Para lograrlo, han reinventado la respiración, el sueño, la reproducción y el control cardiovascular. Sus cuerpos condensan 50 millones de años de innovación evolutiva y son una lección sobre la extraordinaria capacidad de la vida para adaptarse.

Orificios nasales: la respiración rediseñada

La adaptación más visible es el espiráculo. Lo que comenzó como orificios nasales frontales en mamíferos terrestres migró, a lo largo de decenas de millones de años, hasta la parte superior de la cabeza de delfines y ballenas. Este cambio ahorra una enorme cantidad de energía: en lugar de levantar toda la cabeza fuera del agua, un delfín puede respirar exponiendo solo una pequeña parte de su cuerpo.

Pero el espiráculo es mucho más que una nueva ubicación. Es una válvula muscular que se cierra herméticamente bajo el agua. A diferencia de los humanos, los delfines y las ballenas no respiran de manera automática. Cada inhalación y exhalación es un acto deliberado y controlado.

Respiración de las ballenas.

Pulmones que son ejemplo de eficiencia

Cuando salen a la superficie, los mamíferos marinos respiran con una eficiencia extraordinaria. Los humanos intercambiamos alrededor del 10–15 % del aire de nuestros pulmones en cada respiración. Las ballenas y los delfines pueden reemplazar hasta el 90 %. Sus pulmones están diseñados para una “ventilación explosiva”, vaciándose y llenándose en menos de un segundo. Se han medido flujos de aire en delfines que superan los 160 litros por segundo.

Esto no es solo velocidad, sino estrategia. Al intercambiar casi todo el aire de sus pulmones, maximizan la captación de oxígeno y reducen al mínimo el tiempo que necesitan pasar en la superficie.

¿Por qué no se ahogan?

Vivir bajo el agua con pulmones conlleva un riesgo constante: el ahogamiento. Para evitarlo, los delfines han desarrollado una separación casi completa entre sus vías respiratorias y digestivas. Su laringe se curva en un ángulo pronunciado, lo que permite que los alimentos pasen por el esófago mientras el espiráculo se conecta directamente con la tráquea. No pueden respirar por la boca en absoluto.

Silueta de una ballena azul.
muratart/Shutterstock

La misma precisión se observa en la lactancia. Las madres producen una leche extraordinariamente grasa que puede ser expulsada directamente en la boca de la cría. Ésta forma un sello hermético con los labios, evitando la entrada de agua salada, mientras la leche espesa resiste la dispersión en el agua.

Abrazar el colapso pulmonar

Durante las inmersiones profundas, los mamíferos marinos afrontan presiones que aplastarían a un buceador humano. Sin embargo, su estrategia no consiste en resistir la presión, sino en aprovecharla

Al descender, el aire es expulsado de los diminutos alveolos donde ocurre el intercambio gaseoso y se traslada a las vías respiratorias reforzadas que no transfieren nitrógeno a la sangre. Este colapso controlado del pulmón impide la acumulación de nitrógeno y evita la enfermedad por descompresión o “mal de los buzos”. A la vez, permite conservar oxígeno para los órganos vitales.

Dormir con medio cerebro

Dado que la respiración es voluntaria, el sueño plantea un desafío único. Los delfines y las focas lo resuelven con el sueño de ondas lentas unihemisférico. La mitad del cerebro duerme mientras la otra mitad permanece lo suficientemente despierta como para controlar la respiración y el movimiento.

En los delfines mulares, cada hemisferio obtiene unas cuatro horas de sueño de ondas lentas al día. El lado despierto del cerebro les permite salir a la superficie para respirar y mantenerse vigilantes ante los depredadores. El sueño REM —la fase de los sueños en los humanos— está prácticamente ausente, lo que sugiere que los mamíferos marinos han redefinido el concepto mismo de dormir.

Nacimiento y primeros pasos de vida

Incluso la reproducción ha tenido que reinventarse. Las crías de ballenas y delfines suelen nacer de cola, lo que reduce el riesgo de ahogamiento durante el parto. Las madres se colocan de manera que ayudan al recién nacido a alcanzar la superficie para su primera respiración.

Desde ese momento, la cría debe aprender a respirar conscientemente. La lactancia, con su sistema de leche grasa y sellado bucal –sus bocas forman una especie de ventosa que impide que se cuele agua del exterior–, permite un rápido crecimiento evitando que el agua salada entre en los pulmones.

Ballena amamantando a su cría.

El “interruptor maestro” cardiovascular

Estos animales dependen también de un poderoso reflejo fisiológico conocido como la respuesta de inmersión, o el “interruptor maestro de la vida”. Al bucear, su frecuencia cardiaca se reduce drásticamente –una orca puede bajarla a la mitad en solo 15 segundos– y el flujo sanguíneo se desvía hacia órganos vitales como el cerebro y el corazón.

Combinado con enormes reservas de oxígeno en la mioglobina –proteína que almacena y transporta oxígeno– de los músculos, esto permite que ballenas y focas permanezcan sumergidas durante largos periodos, incluso más de una hora en algunas especies.

Lecciones para humanos

Estas adaptaciones no solo son fascinantes: podrían tener aplicaciones en medicina humana. El colapso pulmonar de los mamíferos buceadores evita las rupturas alveolares que sufren algunos pacientes con respiración asistida. Además, sus proteínas surfactantes permiten reabrir los alveolos de forma segura, lo que podría inspirar tratamientos para el fallo respiratorio.

Todos estos sistemas finamente ajustados son, sin embargo, vulnerables. El cambio climático, la contaminación, la sobrepesca y, especialmente, el ruido submarino generado por barcos y sonares, pueden interferir en sus procesos fisiológicos. Alteraciones en sus patrones de buceo o estrés prolongado pueden aumentar el riesgo de embolias gaseosas y varamientos.

Proteger a los mamíferos marinos implica no solo conservar sus hábitats, sino también comprender y respetar las adaptaciones evolutivas que les permiten vivir entre dos mundos: atados para siempre al aire, pero dueños del océano.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Respirar bajo el agua: la increíble historia evolutiva de los mamíferos marinos – https://theconversation.com/respirar-bajo-el-agua-la-increible-historia-evolutiva-de-los-mamiferos-marinos-269953

COP30: ocho razones económicas que frenan a los países a la hora de asumir compromisos climáticos ambiciosos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Alba Alonso, Profesor Titular de Economía Aplicada, Universidad de Oviedo

Foto de los líderes mundiales en la Cumbre del Clima (COP30) de Brasil. UN Climate Change – Zo Guimarães/Flickr, CC BY-NC-SA

El cambio climático es uno de los mayores retos de la sociedad. Sin embargo, a pesar de que se han sucedido varias cumbres mundiales para afrontarlo, como la que se está celebrando estos días en Brasil (la COP30, todavía no se han tomado las medidas necesarias para mitigar su avance con la suficiente rapidez y efectividad.

Si los Estados conocen los cambios que deberían llevar a cabo y la gravedad e implicaciones de no hacerlo, ¿por qué los compromisos que han llegado a alcanzar dichas reuniones son tan exiguos?

En la COP del año pasado, el gran logro fue consignar menos de tres milésimas del PIB mundial para ayudar a los países en desarrollo (300 000 millones de dólares anuales) en la lucha contra el cambio climático. En el 2025, se plantean 30 objetivos clave.

Gran parte de la contradicción entre lo que los negociadores piensan que es necesario y lo que finalmente rubrican no tiene nada que ver con la ciencia climática, sino con cuestiones políticas y económicas. Estas son algunas de ellas:

1. Asimetría entre los costes y los beneficios

Existe una clara asimetría entre los compromisos que cada Estado habría de asumir y los beneficios que podría obtener. Aplicar medidas ambientales que limitan la producción o aumentan los costes no garantiza, en modo alguno, que un país vaya a obtener unos réditos económicos equivalentes a corto plazo.

El caso de la Unión Europea, quien más ha avanzado en esos compromisos, es paradigmático: diversos actores la acusan de estar autopenalizándose y perdiendo competitividad frente a terceros al asumir mayores compromisos que otros.




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2. Diferencias en la capacidad de influencia

Existe un conflicto entre los intereses de diferentes actores con distinta capacidad de influencia. Por una parte, existen intereses contra la aplicación de políticas que modifiquen el escenario productivo, mientras que, por otra, hay gran cantidad de individuos y organizaciones partidarios de actuar frente al cambio climático.

La balanza se inclina hacia quienes defienden algo muy propio y a lo que dan prioridad. Por ejemplo, las “cuatro grandes” petroleras” ejercen su influencia continuamente y con grandes medios (investigación, comunicación, lobbying…). Mientras tanto, millones de personas con gran interés por el clima difícilmente pueden influir en las COP. Sólo lo hacen débilmente, representados por los grupos medioambientalistas, que tienen gran voluntad, pero también mucha dificultad para lograr imponer acuerdos.

3. Impopularidad de las decisiones

Los plazos para el ejercicio político son limitados en el tiempo. Quienes pueden tomar decisiones para obtener un beneficio social diferido ven cómo la opinión pública juzga severamente las restricciones aplicadas. Conscientes de la impopularidad de medidas que afectan, finalmente, a la vida cotidiana (impuestos, cambios de vehículos, exigencias en edificación, obligaciones para agricultores, etc.) muchos decisores evitan, por impopulares, decisiones de calado.




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4. Diferencias entre países ricos y pobres

Hay situaciones y argumentos de todo tipo para defender diferentes posturas frente al reparto de los esfuerzos necesarios. Si partimos de una cantidad máxima de emisiones “aceptable”, repartir esa potencial contaminación entre los Estados lleva a enfrentamientos.

Los países más ricos contaminan más, y plantean reducciones sobre la cantidad de emisiones que vienen realizando. Los más pobres argumentan que ellos no han provocado el problema y que ahora es su turno de crecer como hicieron otros durante mucho tiempo. Esto llevaría a que países con baja renta dispusiesen de mayores cuotas de contaminación que quienes ya crecieron sin restricciones, algo que no aceptan los países desarrollados.




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5. Medidas costosas

Es necesario aplicar las mejores alternativas para minimizar las emisiones perniciosas, pero eso entraña un coste. ¿Cómo afrontar ese incremento de presupuesto para infinidad de complejos industriales, medios de transporte, sistemas de acondicionamiento de la temperatura, etc.?

En muchas ocasiones, los Estados ricos han planteado canalizar financiación para usar la mejor tecnología, pero la concreción presupuestaria ha sido insuficiente. Por otro lado, no es fácil que los países con menos recursos estén dispuestos a aceptar compromisos de modernización que pueden suponerles un grave quebranto directo.

6. Dudas sobre la efectividad de las políticas

Ha empezado a surgir una seria duda sobre la efectividad de las medidas que pudieran tomarse. El incremento de temperatura que se ha producido puede haber sobrepasado el margen en el que cabría maniobrar. Pero también constituyen un lastre las experiencias fallidas, o que se perciben como tales.

Hay un enorme debate en la Unión Europea sobre el coche eléctrico, por ejemplo. También se ha visto cómo imponer penalizaciones al transporte marítimo por sus emisiones ha supuesto que muchos buques fondeen ahora primero en el norte de África, desde donde vienen después, para minimizar el recorrido por el que se les imponen pagos ambientales.

7. Falta de perspectiva global en las cumbres

Podemos subsumir muchos de los puntos anteriores en el talante y la técnica de quienes participan en las conferencias climáticas. La propia dinámica de la negociación lleva a que cada cual intente jugar sus bazas en la forma que más le favorezca, ganando ventaja en función de las percepciones respecto al posicionamiento de otros interlocutores. Dicha actitud propicia la pérdida de una perspectiva global y hace aún más complejo cualquier acuerdo.




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8. Discontinuidad de los gobiernos

Finalmente, cabe glosar multitud de cuestiones que no están tan directamente relacionadas con las negociaciones, pero que configuran un entorno del que no se pueden sustraer quienes representan a los Estados.

La discontinuidad en los Gobiernos facilita que se interrumpan los acuerdos que supongan algo nuevo. En tal sentido, fue determinante la investidura de Donald Trump en Estados unidos a comienzos del año 2017, quebrando el mayor progreso logrado hasta entonces.

Además, la percepción social de numerosas consecuencias indeseadas, el desplazamiento de las empresas menos eficientes en la producción (que no serían capaces de competir en el nuevo escenario), la necesidad de replantear todo un modelo vital (energía, ordenación del territorio, transportes, materiales…), así como los sistemas productivos y las pautas de consumo, contribuyen a forjar un ánimo continuista.

¿Será diferente la COP30?

El clima no está mereciendo el debido cuidado por el conjunto de los Estados, cuyos Gobiernos actúan condicionados por las cuestiones apuntadas. Además, no existe una organización internacional que pueda asumir el liderazgo. Si una parte de los países no aplicase medidas, podrían atraer las actividades más perturbadoras, debilitando el resultado total. Como excepción a la desidia, la Unión Europea ha intentado liderar el proceso, pero no ha logrado que otros la sigan.

Esperemos que la COP30 tenga mejores resultados que los episodios precedentes. La sociedad ya es consciente de algunas consecuencias de la inacción y esto podría suavizar las aristas de los argumentos en los que he condensado el origen de las posposiciones. Pero no debemos ignorar la realidad socioeconómica y política, que influye decisivamente.

El desafío es ganar perspectiva, tener una visión holística y comprender la interdependencia –entre el medio ambiente y la economía, los países del norte y los del sur, los consumidores y los productores, etc.– para salvar las dificultades.

The Conversation

José Alba Alonso es Vicepresidente del Consejo Asturiano del Movimiento Europeo y miembro de la Asociación Asturiana de Amigos de la Naturaleza (en su día fue miembro del Comité Científico de Friends of Earth España)

ref. COP30: ocho razones económicas que frenan a los países a la hora de asumir compromisos climáticos ambiciosos – https://theconversation.com/cop30-ocho-razones-economicas-que-frenan-a-los-paises-a-la-hora-de-asumir-compromisos-climaticos-ambiciosos-269936

Así fueron las brutales y sistemáticas formas de represión del franquismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristian Sánchez Benítez, Profesor ayudante doctor de Derecho penal, Universidad de Jaén

Mujeres pidiendo a los soldados del bando nacional que no asesinaran a sus prisioneros en Constantina (Sevilla), al principio de la Guerra Civil. Wikimedia Commons, CC BY

El 17 de julio de 1936, Francisco Franco y otros militares se sublevaron contra el orden constitucional republicano. Esto originó, tras casi tres años de guerra, la caída de la Segunda República española el 1 de abril de 1939 y su violenta sustitución por un régimen totalitario.

El nuevo régimen se caracterizó por la militarización de la política y del orden público, por la dirección económica de las oligarquías, por la defensa de postulados ultracatólicos, antidemocráticos y especialmente anticomunistas y por una durísima represión sobre los vencidos y sus familias.

La represión –que se configuró como un elemento constitutivo del nuevo régimen, esencial para su supervivencia– consistió principalmente en la eliminación física de una parte de los republicanos y opositores al régimen.

Durante los primeros meses de la contienda predominaron los asesinatos extrajudiciales, protagonizados por militares y miembros de la Guardia Civil sublevados –muchos se mantuvieron también leales a la República–, falangistas, requetés, caciques locales y otros elementos de ultraderecha.

Consejos de guerra y “paseos”

De hecho, los pocos consejos de guerra que se articularon en estos primeros momentos y que impusieron la pena de muerte se realizaron para enjuiciar a los militares que no se sublevaron. El resto, los dirigentes y militantes de las organizaciones del Frente Popular, sindicalistas, intelectuales, maestros, e incluso familiares de aquellos sin afiliación política, eran detenidos y “paseados”, esto es, asesinados sin formación de causa, junto a las tapias de los cementerios, en cunetas o en mitad del campo junto a una fosa.

Fue a partir de 1937 cuando se pusieron en marcha numerosos consejos de guerra en las zonas conquistadas por los golpistas, que actuaron mediante procesos sumarísimos de urgencia, caracterizados por la ausencia de garantías para los procesados. Estos impusieron y ejecutaron la pena de muerte mediante fusilamiento a numerosos republicanos, principalmente en aplicación del delito de rebelión militar previsto en el viejo Código de Justicia militar de 1890.

De esta forma, los defensores de la legalidad republicana fueron condenados precisa y paradójicamente como rebeldes por parte de los verdaderos rebeldes que se habían alzado en armas contra el régimen legalmente constituido. Como el propio dirigente franquista Ramón Serrano Suñer admitió tiempo después en sus memoriasEntre el silencio y la propaganda. La Historia como fue. Memorias–, se aplicó la “justicia al revés”.

En cualquier caso, las ejecuciones extrajudiciales se siguieron perpetrando durante toda la guerra e incluso en pleno franquismo. Sobre todo, en la represión del movimiento guerrillero antifranquista –el maquis– durante los años cuarenta, en aplicación de la oficiosa Ley de Fugas, una práctica consistente en que los agentes encargados de custodiar a los detenidos justificaban su ejecución alegando una supuesta fuga.

El fin de la guerra no trajo la paz

De esta forma, el fin de la guerra no supuso la paz, sino el inicio de otra clase de guerra contra la España derrotada. Se siguió empleando el mencionado Código de Justicia militar de 1890 y su sucesor, aprobado en 1945. También se hizo uso de nuevas leyes penales especiales que contemplaban castigos muy duros –incluida la muerte– para los opositores al franquismo y que solían atribuir a la parcial jurisdicción militar, hipertrofiándola, el conocimiento de las infracciones previstas en aquellas normativas.

Todas estas normas incluyeron la pena capital en su catálogo de sanciones: la Ley de Seguridad para el Estado de 1941, los Decretos Leyes de 1947 y de 1968 –ambos sobre represión de los delitos de bandidaje y terrorismo– y el Decreto Ley de 1975, sobre prevención del terrorismo. Este último fue aprobado en agosto, unas semanas antes de la muerte del dictador.

La Ley sobre represión de la masonería y el comunismo de 1940 fue la única norma represiva importante del primer franquismo que no previó entre sus sanciones la de muerte, optando por las de reclusión mayor y menor.

Represión total

Sin embargo, para garantizar la dominación total del enemigo y la neutralización de cualquier conato de revuelta contra el impopular régimen, la represión había de ser total. Había que expulsar a todos los opositores que habían sobrevivido a la muerte o no se habían exiliado de todas las esferas de la vida social.

Y eso se hizo primeramente con la imposición a numerosos republicanos y opositores de elevadísimas penas privativas de libertad, incluida la reclusión perpetua. El hacinamiento en las prisiones, así como la necesidad de disponer de mano de obra barata tanto para empresas como para el propio Estado, hizo que ya desde 1938, en plena guerra civil, el régimen desarrollara un sistema de redención de penas por trabajo –forzado–.

Monumento a las víctimas del franquismo en La Coruña.
Jenócrates/Wikimedia Commons, CC BY

También desde 1936 se dictaron varias disposiciones dirigidas a depurar al funcionariado que no acreditara su lealtad al Movimiento. La depuración se cebó especialmente con los maestros, y también afectó notablemente al profesorado universitario.

En virtud de las normas de depuración, entre las que destaca la Ley de 10 de febrero de 1939, se expulsó a miles de trabajadores de la nueva Administración franquista. Muchos de ellos se reemplazaron por partidarios del bando sublevado mutilados, excombatientes, excautivos y familiares de “las víctimas nacionales de la guerra y de los asesinados por los rojos”, en virtud de la Ley de 25 de agosto de 1939.

Los “peligrosos” actos homosexuales

Además, el régimen no derogó la republicana Ley de Vagos y Maleantes de 1933, sino que de hecho la empleó para reprimir con medidas de seguridad, incluidas las privativas de libertad, a determinados sujetos peligrosos para el orden social: vagos y mendigos habituales, proxenetas…

De hecho, el franquismo añadió en 1954 la realización de actos homosexuales como un nuevo estado peligroso, de manera que varios homosexuales fueron internados en la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía (Lanzarote). La referida Ley de Vagos fue reemplazada en 1970 por la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que siguió incluyendo la realización de actos homosexuales entre las categorías de estado peligroso.

Por último, la represión también tuvo un marcado carácter económico, principalmente con la Ley de responsabilidades políticas de 1939, aprobada en febrero, poco antes de la victoria franquista. Incluía, entre otras sanciones, la de pérdida total o parcial de los bienes (incautación) y la del pago de una cantidad fija (multa). Además, estas sanciones se hacían efectivas incluso tras el fallecimiento del responsable. Entonces eran ejecutadas sobre sus herederos, salvo que hubiesen prestado “eminentes servicios al Movimiento Nacional” o demostrasen su “anterior y pública adhesión” a sus postulados.

Sin duda, el conglomerado de elementos de la represión franquista cuyos principales medios se han expuesto aquí no solo operó como instrumento de limpieza política, sino que sirvió especialmente para generar en capas amplias de la población un estado de terror. Este resultó imprescindible para la desafección política que hizo posible que el franquismo persistiese durante casi 40 años.

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Cristian Sánchez Benítez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así fueron las brutales y sistemáticas formas de represión del franquismo – https://theconversation.com/asi-fueron-las-brutales-y-sistematicas-formas-de-represion-del-franquismo-269863

Cómo hemos cambiado en los últimos 50 años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Fila para votar en las primeras elecciones democráticas en una calle de Toledo (15 de junio de 1977). Magica/Wikimedia Commons, CC BY

El 20 de noviembre de 2025 marca medio siglo desde la muerte de Francisco Franco. Más allá de debates políticos o interpretaciones históricas, esta efeméride permite observar un fenómeno menos abordado: la profunda transformación psicológica que los españoles han experimentado en las últimas cinco décadas.

La evidencia procedente de grandes estudios longitudinales –como la World Values Survey, EVS/WVS, el European Social Survey, el Eurobarómetro o las series del Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS– muestra que España no solo ha cambiado en instituciones, economía o tecnología, sino también en cómo sus ciudadanos piensan, sienten, se relacionan y toman decisiones.

Este artículo revisa esa evolución desde una perspectiva psicológica, integrando datos empíricos y ejemplos comparativos entre 1975 y la actualidad.

De la obediencia a la autonomía

Las sociedades cambian sus valores cuando cambian sus condiciones materiales, educativas y culturales. En España, este proceso es especialmente visible. Los datos integrados de la World Values Survey (1981-2022) muestran un desplazamiento claro desde valores centrados en la seguridad, la tradición y la conformidad hacia valores de autonomía, igualdad y autoexpresión.

En los años setenta predominaba la idea de seguir trayectorias vitales establecidas: estudios breves, trabajo cuanto antes, matrimonio joven y roles familiares rígidos. Hoy, la población declara mayor importancia a decidir por sí misma, explorar posibilidades y priorizar el desarrollo personal.

La sociedad ha pasado de una “personalidad adaptada” a una “personalidad exploratoria”, marcada por elecciones más libres y menos dictadas por la norma social.

Este cambio se aprecia también en la vida cotidiana: mayor libertad para elegir estudios, movilidad geográfica más común, identidades más abiertas y un aumento de decisiones vitales basadas en la realización personal más que en la norma social.

Vídeo del Gobierno de España conmemorando los 50 años de democracia en el país.

Confianza: menos vertical, más relacional

La confianza social o comunitaria también ha cambiado. Los datos de la European Social Survey] muestran que la confianza interpersonal –la creencia de que “la mayoría de la gente es digna de confianza”– ha mostrado una tendencia a aumentar en España desde principios de los años 2000.

En cambio, la confianza institucional ha seguido un patrón opuesto. Informes como Societal Change and Trust in Institutions, de Eurofound, documentan un descenso marcado en la confianza en partidos políticos, parlamento y justicia en los países del sur de Europa, incluida España, especialmente a raíz de la crisis económica de 2008.

Este cambio indica una transformación psicológica en las fuentes de seguridad.
En 1975 predominaban las estructuras verticales –la Iglesia, la empresa, la autoridad familiar– como referencia. Hoy, la confianza se apoya más en vínculos horizontales: amistades, redes sociales cercanas y comunidades elegidas.

Por último, según datos de la Plataforma del Voluntariado de España, que recopila estudios periódicos sobre la participación ciudadana, el porcentaje de la población española que realiza voluntariado ha crecido claramente en la última década: en 2018 ya se señalaba un aumento anual del 6,5 % respecto al año anterior.

Aunque no hay una serie continua que abarque desde 1975 con exactitud, todos los indicadores coinciden en que la cultura del voluntariado se ha normalizado y ampliado sustancialmente, lo que sugiere que el este tipo de compromiso es hoy mucho mayor que hace medio siglo.

La familia: del mandato al acuerdo

El modelo familiar se ha transformado profundamente. En 1975, la edad media para tener el primer hijo era 25 años; hoy es 32,6. Las familias numerosas eran frecuentes; hoy predominan hogares de 1-2 hijos o sin hijos. Los roles estaban fuertemente diferenciados por género, y sin embargo hoy existe una mayor corresponsabilidad y simetría en las tareas.

Psicológicamente, esto implica una transición desde familias organizadas por mandato (“lo que toca”) hacia familias organizadas por acuerdo (“qué queremos”). Los miembros negocian más, reparten responsabilidades con mayor flexibilidad y construyen proyectos vitales más personales.

Esta investigación sobre valores familiares muestra que la importancia atribuida a “seguir las tradiciones familiares” ha ido disminuyendo, mientras que la idea de “desarrollarse como persona dentro y fuera de la familia” ha ganado fuerza.

Bienestar emocional: del “aguantar” al “cuidarse”

La salud mental es uno de los ámbitos donde la transformación psicológica es más evidente. En los años setenta, hablar de ansiedad, depresión o estrés era casi impensable; la norma social era “aguantar” y no verbalizar el malestar.

Hoy el panorama es muy diferente. La OCDE recoge en su Better Life Index que España se encuentra entre los países europeos con niveles de satisfacción vital relativamente altos, pero también con una de las mayores demandas crecientes de apoyo psicológico formal.

Las encuestas del CIS o los barómetros sanitarios más actualizados muestran una progresiva normalización de la salud mental: más personas dicen haber acudido a un profesional, más padres dicen hablar con sus hijos de emociones y más jóvenes reconocen abiertamente experimentar ansiedad sin asociarlo a debilidad.

Psicológicamente, esto indica un giro cultural: reconocer el malestar se entiende como un gesto de autocuidado, no de vulnerabilidad.

Identidades más complejas y flexibles

Otro cambio clave es la identidad colectiva. En 1975, estaba más fuertemente asociada a la localidad, la familia y la religión. Hoy, según el mapa cultural de Inglehart-Welzel, España figura en el grupo de países con identidades múltiples: local, autonómica, nacional y europea, pero también digital, profesional y comunitaria.

Esta pluralidad identitaria afecta a la psicología individual: aumenta la capacidad para gestionar pertenencias múltiples; incrementa la tolerancia a estilos de vida diversos y fomenta la autorreflexión sobre “quién soy” y “qué me representa”.

También implica que el “yo” social es más flexible, menos predeterminado y más negociado que hace medio siglo.

Una conclusión psicológica

En síntesis, España ha transitado en cinco décadas de una cultura basada en la obediencia, la estabilidad y los roles predefinidos a otra centrada en la autonomía, la diversidad, la flexibilidad y la autoexpresión.

Se trata de un cambio psicológico, no solo sociológico. Se observa en cómo se construye la identidad, cómo se gestiona el malestar, cómo se negocian las relaciones, cómo se participa socialmente y cómo se toman decisiones vitales.

Entender esta transformación permite comprender mejor la España actual y los desafíos que afronta una sociedad que, en apenas dos generaciones, ha cambiado su forma de sentir, pensar y vivir.

The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo hemos cambiado en los últimos 50 años – https://theconversation.com/como-hemos-cambiado-en-los-ultimos-50-anos-270128

Cien años de ‘esos brazos’ en el ballet, cien años de Maya Plisetskaya

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Hormigón, Investigadora en danza, Instituto de Historia (IH – CSIC)

Maya Plisetskaya bailando _Romeo y Julieta_ de Sergei Prokofiev en 1961. RIA Novosti archive, image #855342 / Mikhail Ozerskiy, CC BY-SA

Cuando se subía a un escenario, era diferente. Podía ser más brusca en los pasos y, pese a tener un movimiento magistral de brazos, solo bordear la corrección técnica con los pies. Era rebelde, imponía su criterio artístico y se negaba a amoldarse a lo establecido. Pero tenía una capacidad interpretativa que, de alguna manera, conectó con el público de forma extraordinaria. Por eso Maya Plisetskaya ocupa un lugar destacado en la historia de la danza.

Plisetskaya nació en Moscú el 20 de noviembre de 1925 en una familia muy relacionada con las artes escénicas. Su madre era actriz de cine mudo y sus tíos maternos, Asaf y Sulamith, fueron bailarines destacados del Bolshoi, el legendario teatro de la ópera ruso. Maya, al igual que sus dos hermanos, tomó el camino de la danza, convirtiéndose para muchos en una de las mejores bailarinas del siglo XX.

Después de graduarse en 1943 en la escuela coreográfica de Moscú como alumna aventajada de Elizaveta Gerdt, ingresó en el ballet del Bolshoi. En esta compañía ocupó la categoría de prima ballerina assoluta desde 1960, un título honorífico y raro que se da a las bailarinas que son consideradas excepcionales.

En 1958 se casó con el compositor Rodión Shchedrín (1932-2025), que escribió y orquestó varios ballets creados y protagonizados por ella, como Anna Karenina (1972), basado en la novela homónima de Tolstoi.

Los brazos y los saltos

Plisetskaya destacó por tener una personalidad desafiante, arrolladora y rebelde, aspectos que le permitieron abordar con éxito personajes dramáticos cargados de temperamento y con una gran demanda interpretativa como Odile ([conocido popularmente como el cisne negro])(https://www.youtube.com/watch?v=6PI4mWIoQMo&t=2s) de El lago de los cisnes, Zarema de La fuente de Bachisarai, Laurencia y Carmen.

En el plano técnico destacó por su arrojo a la hora de enfrentarse a las dificultades técnicas, por la altura de sus saltos, la flexibilidad de su espalda y la elegancia en los movimientos de sus brazos (llamados port de bras en ballet), que la hicieron brillar en el solo “La muerte del cisne”. En él demostró tener capacidad para interpretar papeles de mayor lirismo y consiguió con ello conquistar al público. Así sucedió durante una gira por Japón (en 1989 y ya con 64 años), donde realizó hasta cinco bises de esa pieza. Era –y es– poco frecuente encontrar esta doble faceta en una misma bailarina, y quizás esto la hizo tan especial.

La muerte del cisne en El lago de los cisnes.

Pero Plisetskaya no solo bailó el repertorio clásico que se escenificaba en Rusia. También participó en montajes de danza moderna, trabajando directamente con coreógrafos como Alberto Alonso, Roland Petit y Maurice Béjart, quienes crearon especialmente para ella obras emblemáticas como Carmen suite (1967), el dúo La rose malade (1973) e Isadora (1976).

Eso sí, nunca bailó aquello que no le gustaba; por ejemplo, Giselle, un personaje que consideraba opuesto a ella por ser demasiado resignada y apacible.

Una íntima relación con España

Aunque actuó por todo el mundo, España fue un país especialmente cercano para ella, y confesaba lo mucho que disfrutaba bailando coreografías de tema español.

Protagonizó el ballet Don Quijote y, desde 1956, bailó Laurencia, una obra creada por el bailarín y coreógrafo georgiano Vakhtang Chabukiani en 1939 basada en la Fuenteovejuna de Lope de Vega. Paradójicamente, se convirtió en uno de los ballets preferidos de Stalin. Es antológica la sucesión de saltos que Plisetskaya ejecutaba en la variación de la boda con Frondoso, en la que casi tocaba la cabeza con el pie.

Maya Plisetskaya en un momento de Laurencia.

En cuanto a Carmen, fue un personaje que siempre la atrajo y ansiaba interpretar. Ella misma eligió al cubano Alberto Alonso –después de ver una de sus coreografías durante las representaciones del Ballet Nacional de Cuba en Moscú– para que le creara este ballet a partir de las adaptaciones de la ópera de Bizet que hizo Rodión Shchedrín. Su última función del mismo fue en Taiwán (1990), durante su etapa como directora del español Ballet del Teatro Lírico Nacional.

Según Alonso, la Carmen de Plisetskaya destacaba por la firmeza, la madurez, el enfrentamiento y la valentía. Era completamente diferente a la que poco después él creó para su cuñada, la gran bailarina y coreógrafa cubana Alicia Alonso. Precisamente yo tuve el honor de protagonizar esta última versión en muchas ocasiones mientras fui primera bailarina.

Fotografía de una mujer con una flor en el pelo y maillot negro.
Foto de la bailarina Maya Plisetskaya actuando en Carmen Suite Ballet, de Alberto Alonso-Bizet-R. Shchedrin.
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Mientras dirigió el Ballet del Teatro Lírico Nacional (entre 1987 y 1990), José Granero creó para ella María Estuardo (1988), una impresionante producción con escenografía y vestuario de Hugo de Ana. La bailarina aseguró que disfrutó con la precisión dramática del maestro Granero.

En 1993 Maya Plisetskaya recibió la nacionalidad española por Real Decreto. Sin embargo, nunca llegó a hablar el idioma y solo chapurreaba un poco inglés. Esta barrera impidió que su trabajo de dirección fuera más fluido y directo, por lo que en esta tarea se apoyó mucho en su hermano Azari y en el estadounidense Ray Barra, ya que ambos hablaban español.

España le otorgó además dos importantes reconocimientos: la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1990) y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2005) (junto a la también bailarina y ahora coreógrafa Tamara Rojo).

Años finales

Plisetskaya se retiró de la escena pasados los 80 años. Antes había ido abandonando las zapatillas de puntas y adaptando las coreografías que interpretaba para hacerlas técnicamente más asequibles a su edad y condición física.

Por su 75 aniversario, Maurice Béjart le compuso el solo Ave, Maya, que todavía bailó en un festival español con 81 años, la última vez que actuó en el país.

El 2 de mayo de 2015 falleció en Múnich, donde residía con su esposo. Afortunadamente, dejó escrita una autobiografía –dividida en Yo, Maya Plisetskaya (1995) y Trece años después (2006)–, que se tradujo a más de diez idiomas y que aporta infinitos detalles personales y profesionales sobre su vida.

Maya Plisetskaya fue una bailarina independiente que desafió las normas y que bailó de una forma muy diferente a la de otras artistas soviéticas de su época. Adorada por unos y menos admirada por otros, está claro que no dejó a nadie indiferente.

The Conversation

Laura Hormigón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cien años de ‘esos brazos’ en el ballet, cien años de Maya Plisetskaya – https://theconversation.com/cien-anos-de-esos-brazos-en-el-ballet-cien-anos-de-maya-plisetskaya-269548