¿Pueden los robots dudar de sí mismos? Así es la cognición robótica hoy

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nagore Osa Arzuaga, Docente e investigadora en Innovación en Diseño Industrial, con especialización en Diseño de Interacción Humano-Robot y Factores Humanos, Mondragon Unibertsitatea

El profesor Angelo Cangelosi, experto en aprendizaje automático y robótica cognitiva, interactúa con el robot humanoide iCub. manlitphil.ac.uk, CC BY

Para una IA conversacional, una silla puede ser una palabra, una definición o una imagen. Para un robot, una silla es un obstáculo que esquivar, un objeto que mover, una superficie en la que alguien puede sentarse.

Hemos analizado 40 estudios científicos publicados en los últimos diez años sobre robótica cognitiva e interacción humano-robot, y la conclusión es que todavía estamos muy lejos de que nuestra vida se parezca a la película Ex Machina (2014). Tal y como defienden expertos en Robótica Alessandra Sciutti, Giulio Sandini y Pietro Morasso, hemos dominado la inteligencias artificiales capaces de procesar información, pero la cognición robótica exige algo más: cuerpo, acción y experiencia situada. Los robots no entienden el mundo como nosotros; lo perciben y actúan en él de formas todavía parciales.

Para que los robots convivan con nosotros, no basta con que tengan muchos datos; necesitan entender el mundo tal y como lo experimentamos.

La inteligencia múltiple

La robótica cognitiva busca desarrollar robots capaces de percibir, aprender, razonar, decidir y adaptarse en entornos cambiantes. No se trata solo de automatizar movimientos, sino de construir sistemas que puedan interpretar información del entorno y actuar con cierta flexibilidad.

En nuestra revisión sistemática analizamos 40 estudios científicos, pero conviene aclarar algo: no son 40 robots distintos. En robótica, un mismo cuerpo puede alojar distintas arquitecturas cognitivas: diferentes formas de organizar la percepción, la memoria, el aprendizaje, la toma de decisiones o la interacción.

Muestra de ello, tenemos el ejemplo del iCub, un ingenio humanoide del Instituto Italiano de Tecnología, utilizado como plataforma para estudiar cómo se desarrollan e integran capacidades cognitivas en un cuerpo robótico.

investigadora con un robot rojo
El robot humanoide iCub con la investigadora Giulia Scorza, del Instituto Italiano de Tecnología, durante un experimento sobre cómo la colaboración con robots puede modificar la atención espacial humana. Imagen vinculada al estudio
CELL, CC BY

¿Pueden saber cuándo se equivocan?

A partir de clasificaciones previas de la cognición, organizamos esas capacidades en dos grandes grupos: habilidades cognitivas troncales y habilidades sociocognitivas. Las primeras son el motor básico de la inteligencia robótica.

La percepción les permite transformar datos de cámaras, micrófonos o sensores en información útil. Pueden decidir qué señales importan entre todo lo que ocurre gracias a la atención.

La selección de acción –qué hacer– les permite elegir si moverse, esperar, frenar o cambiar de estrategia. La memoria conserva información relevante y pueden ajustar el comportamiento a partir de la experiencia porque son capaces de aprender.
El razonamiento ayuda a resolver situaciones cuando algo no encaja con el plan previsto. La prospección permite anticipar futuros posibles. Y por último, la metacognición, más ambiciosa, posibilitaría al robot monitorizar sus propios procesos: detectar incertidumbre, corregirse o reconocer que puede estar equivocado.

La silla de ruedas inteligente

Uno de los estudios revisados no trabajaba con un robot humanoide de película, sino con una silla de ruedas inteligente. Su arquitectura cognitiva buscaba ayudar en la navegación sin quitar autonomía al usuario: asistir cuando hacía falta, pero sin convertir a la persona en pasajera pasiva. En ese caso, la cognición no consistía en “conversar” ni parecer humana, sino en decidir cuándo intervenir, cómo moverse y cómo preservar el control de quien la usa. En la evaluación, el tiempo de navegación bajó de 124 a unos 72 segundos para usuarios con menores capacidades cognitivas.

En cuanto a las habilidades cognitivas desarrolladas en los robots, el mapa de resultados dibuja una especie de pirámide. En la base están las capacidades más desarrolladas: percepción en 35 de los 40 estudios, atención y aprendizaje en 31, y selección de acción en 30.

Más arriba aparecen el razonamiento y la memoria, presentes en menos de la mitad de los estudios analizados. Y en la punta quedan las habilidades más sofisticadas: la prospección, con 7 estudios, y la metacognición, presente en solo 2.

Estamos avanzando mucho en robots que perciben, aprenden y actúan, pero bastante menos en robots capaces de anticipar, dudar o revisar sus propios errores. Aunque lo conseguido es mucho, no equivale a tener robots con sentido común, comprensión social o inteligencia humana.

Jugar a “piedra papel o tijera”

Ahora nos centraremos en las habilidades sociocognitivas, las que permiten al robot funcionar en un entorno y hacerlo junto a otros. Incluyen la lectura de intenciones, es decir, inferir qué quiere hacer una persona; la comunicación, para intercambiar información de forma comprensible; el discernimiento entre uno mismo y el otro, clave para diferenciar la propia acción de la ajena; y la atención conjunta, que permite a robot y humano dirigir la atención hacia el mismo objeto o tarea.

Un robot mostrando las manos
RASA, el robot con el que jugaban a piedra, papel o tijera.
Rresearchgate, CC BY

La lectura de intenciones puede parecer abstracta, pero se entiende muy bien con un juego. En uno de los estudios revisados, un robot social llamado RASA jugaba a “piedra papel o tijera con personas”. La cuestión no era ganar por reflejos, sino probar si el robot podía anticipar la intención humana. Cuando funcionaba en modo predictivo, obtenía mejores resultados que cuando actuaba al azar, y los participantes lo percibían como más inteligente y atractivo.

Prueba con niños con autismo

También hay ejemplos en robótica social y asistencial. Un robot social fue probado con niños con autismo para trabajar el reconocimiento y la reciprocidad emocional. En estos casos, la habilidad importante no es levantar peso ni moverse con precisión, sino leer expresiones, responder con gestos comprensibles y sostener una interacción social mínimamente legible.

Aquí aparece la brecha. La lectura de intenciones y la comunicación aparecen cada una en 13 estudios. El reconocimiento entre uno mismo y el otro, en 6. La atención conjunta, solo en 2. Además, mientras 39 de los 40 trabajos desarrollan al menos tres habilidades troncales, solo 8 incorporan más de una habilidad sociocognitiva.

Estamos construyendo sobre todo el motor invisible de los robots: aquello que les permite ver, calcular, aprender y actuar. Pero desarrollamos mucho menos la parte que, en nuestro imaginario, nos hace decir “esto parece inteligente”: interpretar al otro, coordinarse con él, comunicar dudas, anticipar gestos, volverse legible.

Efectos colaterales

Esto importa porque un robot puede tener muchas habilidades cognitivas troncales y aun así ser difícil de entender para una persona. Puede percibir un objeto, calcular una trayectoria y ejecutar una acción con precisión, pero no transmitir bien qué hará después. Puede anticipar un movimiento humano en laboratorio, pero no generar necesariamente más seguridad, más confianza, menos tensión o más sensación de control.

La prospección y la lectura de intenciones suelen presentarse como habilidades clave para robots que comparten espacio con humanos. Sin embargo, en los estudios revisados, estas capacidades no siempre se traducen en mejoras de seguridad claramente medidas o reportadas.

La historia de la automatización nos recuerda que las herramientas no solo hacen cosas por nosotros, también nos transforman. Un GPS cambia nuestra forma de orientarnos. Un corrector automático modifica nuestra relación con la escritura. Un robot cognitivo puede cambiar cómo prestamos atención, cómo tomamos decisiones y cómo sentimos nuestra presencia en el trabajo o en la vida cotidiana.

La pregunta importante ya no es solo cuánto podrán hacer los robots, sino qué habilidades estamos priorizando y cuáles estamos dejando atrás.

The Conversation

Nagore Osa Arzuaga recibe fondos de Horizon Europe.

Ganix Lasa Erle recibe fondos de Horizon Europe.

Maitane Mazmela Etxabe recibe fondos de Horizon Europe

– ref. ¿Pueden los robots dudar de sí mismos? Así es la cognición robótica hoy – https://theconversation.com/pueden-los-robots-dudar-de-si-mismos-asi-es-la-cognicion-robotica-hoy-286382

Estados Unidos abandona la relación de contención con Cuba y legitima una posible intervención militar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raisiel Damián Rodríguez González, Profesor de Teoría Política y Humanidades en la Facultad de Derecho, Empresa y Gobierno., Universidad Francisco de Vitoria

Tomas Ragina/Shutterstock

La publicación el pasado 20 de julio del informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos Cuba: La capital del comunismo del siglo XXI marca un punto de inflexión en la política exterior de Washington hacia La Habana.

Durante décadas, la geopolítica interpretó las relaciones bilaterales bajo el paradigma geopolítico de la contención (containment): un marco estratégico orientado a aislar y desgastar a un régimen autoritario sumido en un estancamiento permanente, pero considerado militarmente inofensivo y gestionable.

Sin embargo, el diagnóstico oficial estadounidense altera este escenario al clasificar al régimen como un nodo activo de guerra asimétrica, inteligencia y contrainteligencia hostil y patrocinio al extremismo internacional.

Esta redefinición altera el cálculo estratégico internacional. El informe, que ve la luz tras las recientes órdenes ejecutivas sancionadoras de la Administración Trump y las acusaciones judiciales contra la cúpula castrista, especialmente Raúl Castro, sienta las bases legitimantes para una posible intervención. Lo hace al calificar a La Habana como un santuario del terrorismo global y una plataforma militar avanzada para potencias rivales. Aquello que las violaciones de derechos humanos no lograron justificar durante décadas podría encontrar su puerta de entrada en las premisas de este informe.

Terrorismo y amenaza asimétrica

El elemento medular del documento es la vinculación del régimen cubano con el extremismo internacional. El informe trasciende la denuncia de los derechos humanos para detallar el uso del territorio insular como refugio operativo de organizaciones armadas y fugitivos.

Junto al cobijo histórico a prófugos de la Black Liberation Army; a Los Macheteros, un violento grupo armado puertorriqueño, así como a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña (FALN), el reporte registra alianzas estratégicas con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), Hezbolá y las Fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.

A este marco se suma una dimensión militar asimétrica inédita: la adquisición de drones de ataque iraníes por parte de Cuba y el asesoramiento de Teherán para su uso.

Esta capacidad ofensiva se complementa con dieciocho instalaciones de inteligencia de señales (SIGINT) distribuidas en la isla, destacando los centros operados por China en Bejucal, y la presencia multiplicada de agentes rusos. Para los planificadores de defensa en Washington, esta acumulación tecnológica convierte a Cuba en una plataforma hostil que vulnera directamente la seguridad del territorio estadounidense.

El marco idóneo para la acción directa

En la teoría del derecho internacional y la seguridad estratégica, cuando la inteligencia estatal demuestra que un territorio alberga activos militares de adversarios y redes de apoyo a organizaciones terroristas, el principio de actuación se desplaza desde la promoción democrática hacia la legítima defensa preventiva.

El informe del Departamento de Estado proporciona precisamente el sustento fáctico para este giro. Al recalificar a la cúpula castrista no como un gobierno legítimo, sino como una dictadura militar que alberga capacidades de agresión intercontinental, además de capacidades de subversión dentro del país, Washington construye el argumento para legitimar una eventual acción armada. Esta no sería una agresión a la soberanía cubana, sino la neutralización de un peligro inminente para su propia seguridad nacional.

Este argumento se refuerza al denunciar la existencia de infraestructura subversiva en suelo estadounidense. El reporte detalla la penetración de espías en la diplomacia y el Pentágono durante décadas (como Víctor Manuel Rocha y Ana Belén Montes), el uso de organizaciones que considera de fachada, como el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y la detección de protocolos como el Plan Nacional de Respuesta Rápida de la National Network on Cuba (NNOC), que mapea más de 1 300 instalaciones militares en EE. UU. para activar protestas e interrupciones en caso de conflicto.

La interacción con otros escenarios de cambio

Es evidente que el escenario de una intervención militar no opera en el vacío, sino que interactúa con otras dinámicas de cambio en la isla:

  • El estallido social por colapso sistémico: agravado por la hiperinflación, la dolarización y una severa crisis sanitaria, el malestar social acumulado tras miles de protestas por apagones y desabastecimiento refleja un límite social evidente. En el marco del quinto aniversario del 11J (protestas ciudadanas del 11 de julio de 2021), la indignación ciudadana puede desbordar el aparato represivo de las Fuerzas Armadas y desencadenar una escalada violenta del régimen. Si así sucede, Washington contaría con el marco perfecto para justificar una intervención de carácter humanitario.

  • La transición económica negociada: la élite burocrática y los herederos del poder (asociados al conglomerado militar GAESA) buscan convertir su dominio político en derechos de propiedad privada para consolidarse como oligarcas en un modelo postsoviético. Sin embargo, la pretensión de estos sectores de pactar una inmunidad diplomática choca frontalmente con los hallazgos del informe, que clausuran la legitimidad de negociar con quienes albergan inteligencia hostil.

En la actual situación, la opción militar actúa como el factor de presión determinante que acelera o condiciona a los demás. Si la vía negociada fracasa o el régimen profundiza su alianza militar con Teherán, Pekín y Moscú, la acción directa se convierte en la herramienta por defecto para neutralizar la amenaza.

A la espera de un detonante decisivo

El informe del Departamento de Estado cierra definitivamente la era del containment iniciada tras la crisis de los misiles de 1962. Al clasificar a Cuba como una plataforma asimétrica interconectada con el terrorismo global y las potencias rivales de Occidente, Washington ha articulado la arquitectura doctrinal suficiente para justificar la acción directa. El interrogante decisivo ya no es si existen los argumentos jurídicos y estratégicos para una intervención, sino bajo qué detonante específico la Administración estadounidense decidirá ejecutarla.

The Conversation

Raisiel Damián Rodríguez González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Estados Unidos abandona la relación de contención con Cuba y legitima una posible intervención militar – https://theconversation.com/estados-unidos-abandona-la-relacion-de-contencion-con-cuba-y-legitima-una-posible-intervencion-militar-288164

‘La casa del dragón’: cuatro mujeres reales que inspiraron la serie

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Stacy Olive Jarvis, PhD Candidate in in Musicology, University of Birmingham

Puede que los dragones sean ficticios, pero la lucha por el trono, la influencia y la legitimidad en La casa del dragón tiene sus raíces en conflictos que marcaron la historia real.

Mucho antes de la ficticia Poniente, las mujeres de toda Europa y Asia se enfrentaban a rivales que reclamaban el trono, a facciones políticas y a sistemas diseñados para mantenerlas alejadas del poder.

Al igual que Rhaenys Targaryen, Alicent Hightower y otras mujeres poderosas de la serie, aprendieron a desenvolverse en la corte, forjar alianzas, gestionar la opinión pública y luchar por su lugar en el orden político. A continuación, presentamos a cuatro inspiraciones reales de los personajes de la serie de televisión.

1. Rhaenyra Targaryen y la emperatriz Matilde (1102–1167)

Al igual que la verdadera emperatriz Matilde en Inglaterra, la ficticia Rhaenyra Targaryen (interpretada por Emma D’Arcy) se enfrenta a las críticas de sus contemporáneos y rivales por unas cualidades que a menudo se ganan la admiración de los gobernantes masculinos, entre ellas la determinación, el orgullo y la ambición política. Aunque ambas mujeres estuvieron a punto de alcanzar sus objetivos y casi conservaron el poder, ninguna de las dos lo mantuvo durante mucho tiempo.

Ambas se enfrentaron a una oposición decidida por parte de pretendientes rivales. Matilde entró en Londres en 1141 y fue reconocida como gobernante de Inglaterra, pero fue expulsada antes de ser coronada.

Ilustración medieval de una reina sosteniendo un crucifijo
La emperatriz Matilda tal y como aparece representada en los Evangelios de Enrique el León (hacia 1188).
Biblioteca Estatal de Baviera, Múnich

El derecho de Matilde al reino fue impugnado por su primo Esteban de Blois, cuya usurpación del trono inglés desencadenó la guerra civil conocida como la Anarquía inglesa.

De manera similar, en La casa del dragón, el derecho de Rhaenyra al trono fue cuestionado por su medio hermano Aegon II, a pesar de que su padre la había designado claramente como heredera. La coronación de Aegon divide a Poniente y la sumerge en el conflicto.

En ambos casos, las crisis surgen porque facciones poderosas se oponen a una gobernante femenina. El autor de la serie de libros Juego de Tronos que inspiró la serie, George R. R. Martin, ha citado este periodo en la historia inglesa como fuente de inspiración para los conflictos de Poniente.

2. Rhaenys Targaryen y Leonor de Aquitania (h. 1124-1204)

Al igual que Rhaenys Targaryen (interpretada por Eve Best), Leonor de Aquitania ocupó un cargo que le otorgó prestigio e influencia: reina de Francia y, más tarde, de Inglaterra. Aunque ninguna de las dos llegó a ser la gobernante principal de su reino, ambas ejercieron un considerable poder político a través de los lazos familiares, la diplomacia y su reputación.

Leonor era respetada por su perspicacia política y su capacidad para sortear los conflictos dinásticos, al igual que Rhaenys.

Cuadro de la reina Eleanor sosteniendo un cáliz
La reina Eleanor, de Frederick Sandys (1858).
Museo Nacional de Cardiff

Desempeñó un papel clave entre Francia e Inglaterra, mientras que Rhaenys es una de las voces más experimentadas y sensatas dentro de la familia Targaryen. Ambas comparten una visión común de la sucesión y las alianzas familiares, forjando el futuro político de sus descendientes más allá de su propia generación.

Leonor de Aquitania fue una figura política que sirvió como regente, negoció alianzas y gobernó directamente el Estado. Por el contrario, Rhaenys ejerce su influencia a través del consejo, los lazos familiares y su posición en la dinastía Targaryen. El poder de Leonor abarcó reinos y décadas, mientras que el papel de Rhaenys se limita en gran medida a la lucha entre los aspirantes rivales al Trono de Hierro –la sede del poder en Poniente–.

3. Alicent Hightower y Catalina de Médici (1519–1589)

Al igual que Alicent Hightower (Olivia Cooke) en La casa del dragón, la reina consorte de Francia Catalina de Médici trató de asegurar el futuro de sus hijos y fortalecer su dinastía en un contexto de inestabilidad política.

En la serie, Alicent utiliza las alianzas matrimoniales dinásticas como herramientas políticas, considerando que los vínculos de sus hijos son fundamentales para salvaguardar el futuro de su familia, tal y como hizo Catalina en la vida real.

Retrato de Catalina de Médici con atuendo de luto
Retrato de Catalina de Médici con atuendo de luto, obra de François Clouet (hacia 1560).
Wiki Commons

Ambas mujeres se vieron en el centro de los acontecimientos en tiempos de crisis: Alicent durante la “danza de los dragones” (una catastrófica guerra civil sucesoria), y Catalina durante las guerras de religión francesas (ocho importantes conflictos civiles librados entre católicos franceses y protestantes calvinistas).

Aunque dedicadas al futuro de sus hijos, ambas mujeres acabaron siendo testigos de una tragedia dinástica. Catalina sobrevivió a varios de sus hijos, mientras que en La casa del dragón, Alicent ve cómo la guerra civil destruye a su familia.

Tras la muerte de Enrique II en 1559, Catalina se convirtió en una figura destacada de la política francesa, ejerciendo como regente de su hijo Carlos IX y, más tarde, como consejera principal de algunos de los reyes de la dinastía Valois, una rama de la dinastía capeta que gobernó Francia desde 1328 hasta 1589.

Por el contrario, Alicent ejerce su influencia gracias a su condición de reina, madre del rey y miembro de la familia Hightower. Es devota de la Fe de los Siete, la religión dominante en Poniente, y justifica sus acciones con retórica religiosa. Catalina, aunque católica, adoptó un enfoque pragmático, dando prioridad a la estabilidad dinástica y a los intereses de la corona francesa por encima de la lealtad confesional.

4. Helaena Targaryen y Zinaida Volkonskaya (1792-1862)

No todas las mujeres influyentes a lo largo de la historia han buscado el poder directamente. Al igual que Helaena Targaryen (Phia Saban) en La casa del dragón, la princesa rusa Zinaida Volkonskaya pertenecía a las altas esferas, pero se mantuvo al margen de la política.

En la serie, Helaena es conocida como la “soñadora de la Casa Targaryen”, y se distingue del resto de su familia por sus visiones proféticas. Volkonskaya, por su parte, era conocida por sus intereses intelectuales y artísticos. Al igual que Helaena, muy querida en Desembarco del Rey, la capital de Poniente, ella también despertaba admiración más allá de sus círculos. Los salones de Volkonskaya atraían al zar Alejandro I.

La diferencia clave entre Volkonskaya y la ficticia Helaena radica en cómo expresaban sus talentos. Helaena se ha mantenido al margen de la vida pública, y rara vez ha convertido sus visiones o ideas en acciones políticas. Por el contrario, Volkonskaya transformó sus intereses intelectuales y artísticos en influencia cultural.

Retrato de Zinaida Volkonskaya con un vestido verde y un gran sombrero rosa.
Retrato de Zinaida Volkonskaya por Orest Kiprensky (hacia 1830).
Museo del Hermitage

Además de organizar salones en Moscú y Roma, escribió poesía, compuso música, actuó en teatros privados y se convirtió en mecenas de las artes. Mientras que la influencia de Helaena es personal y simbólica, la de Volkonskaya fue activa, pública y cultural, ejercida a través de las redes que ella misma creó.

Las mujeres reales cuyas historias se reflejan en las heroínas de La casa del dragón ejercieron el poder de formas muy diferentes. Sus historias nos recuerdan que el poder femenino nunca se ha limitado a un único modelo. Algunas gobernaron; otras asesoraron, negociaron, ejercieron el mecenazgo o inspiraron. Pero a todas ellas les une su capacidad para moldear el mundo que las rodeaba, a pesar de las limitaciones que se les imponían.


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Stacy Olive Jarvis no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘La casa del dragón’: cuatro mujeres reales que inspiraron la serie – https://theconversation.com/la-casa-del-dragon-cuatro-mujeres-reales-que-inspiraron-la-serie-288111

Beneficios récord de las empresas, ¿comparados con qué?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Estos días, en plena temporada de resultados semestrales, los titulares se repiten en los periódicos españoles:

Se subraya la cifra, se compara con el año anterior, y, si es máximo histórico, se corona con la palabra mágica: récord.

Casi nunca aparecen los datos que permiten juzgar si ese beneficio es bueno, malo o mediocre: cuánto capital ha hecho falta para generarlo, cómo se financia y cuánto cuesta.

Para celebrar que alguien ha ganado 1 000 euros hay que saber antes si invirtió 2 000 o 200 000. La misma ganancia es un pelotazo en el primer caso y una ruina en el segundo.

Crear valor, destruir valor

Dos compañías ganan 500 millones cada una. Mientras que la primera emplea 2 500 millones de capital, la segunda, 10 000. O lo que es lo mismo: la primera tiene una rentabilidad del 20 % frente al 5 % de la segunda. Si una crea valor, la otra probablemente lo destruye. Toda la diferencia vive en un dato, el capital empleado, que el lector no llega a ver.

La ratio que muestra esta relación es el de rentabilidad sobre el capital empleado (ROCE):

O su prima hermana (ROIC), de rentabilidad sobre capital invertido. Basta con dividir el resultado operativo por el capital que lo sostiene.

El espejismo del récord

Hay una razón por la que los máximos históricos pueden ser relativos: una empresa que retiene sus beneficios engorda mecánicamente su capital. Si gana 500 millones y no los reparte, al año siguiente arrancará con 500 millones más trabajando. Aunque la eficiencia sea idéntica –o incluso algo peor–, el beneficio absoluto tenderá a subir por acumulación.

La propia Iberdrola ha atribuido parte de su avance del semestre a una mayor base de activos (más capital invertido), y no a que cada euro rente más.

La letra pequeña

Hay un segundo matiz: puede que una parte de esos récords no proceda del negocio, sino de operaciones puntuales. Si el beneficio de Banco Santander ha crecido un 31 %, el ordinario solo sube un 15 %: la diferencia son casi 1 900 millones de plusvalía por la venta de su filial polaca.

El salto del 22 % de Iberdrola se apoya en más de 950 millones por desprenderse de su negocio en México. Depurado el extraordinario, el avance es de en torno al 8 %.

El caso más elocuente es el de Repsol. Si su beneficio neto se multiplica por más de tres (un 265 % más), el ajustado –el que mide el negocio ordinario– crece un 135 %. La diferencia es de 823 millones de efecto patrimonial: la revalorización contable del crudo almacenado al subir los precios por la crisis de Oriente Medio. El año anterior, ese mismo efecto restó unos 400 millones, y aquel semestre estaba además penalizado por el apagón de abril de 2025, lo que rebaja la base de comparación.

Ese 265 % mide, pues, un movimiento de precios internacionales sobre existencias, una base de partida anormalmente baja y unos márgenes de refino ensanchados por la geopolítica. Nada de ello dice si el capital de la compañía rinde por encima de su coste. Es la marea, no el nadador.




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La única vara de medir

El capital no es gratis: los accionistas exigen rentabilidad y los acreedores cobran intereses. La media ponderada de ambos costes es el coste de capital (WACC). Y única pregunta que importa es:

¿La rentabilidad sobre el capital supera a su coste?

Si la respuesta es sí la empresa crea riqueza. Si es no, la destruye, por mucho que la cuenta de resultados luzca un beneficio creciente.

Una compañía que gana 600 millones sobre 10 000 millones de capital rinde un 6 %. Si su coste de capital es del 9 %, destruye unos 300 millones de valor al año mientras titula estupendamente.

Ganar dinero contable y destruir valor a la vez

La estructura de financiación también importa. Sustituir fondos propios por deuda eleva la rentabilidad por acción pero no mejora el negocio: el apalancamiento
amplifica los retornos y también el riesgo, pero solo el beneficio cabe en el titular.

El capital también entra y sale. Si el beneficio sube un 12 % pero el capital empleado crece un 20 %, la rentabilidad ha caído: el beneficio absoluto sube y, a la vez, empeora el desempeño.

Repsol destinó unos 2 400 millones a hacer crecer sus inventarios a la vez que aprobó recompras de acciones por varios cientos de millones. Una recompra es lo contrario de una inversión: la compañía devuelve capital porque no encuentra dentro proyectos que rindan por encima de lo que cuesta.

Una propuesta modesta

La razón de que no estén todos los datos es comprensible: el beneficio absoluto es inequívoco, no exige supuestos, mientras que estimar el coste de capital es algo más complicado. Pero el resultado es que esa forma de contarlo premia el tamaño sobre la eficiencia, la acumulación sobre la rentabilidad y el apalancamiento sobre la prudencia.

No hace falta convertir cada crónica de resultados en un informe de valoración. Bastaría con acompañar el beneficio de un solo dato: la rentabilidad sobre el capital empleado, y a ser posible una frase que indique si supera a su coste y cómo ha variado el capital en el periodo. Una ratio. Una línea más.

Con ese pequeño gesto, el lector dejaría de saber solo cuánto gana una empresa para empezar a saber si gana bien.

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Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Lecturas veraniegas: cuatro propuestas para adolescentes que aún no han encontrado su libro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Amo Sánchez-Fortún, Catedrático de Universidad en el área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Almería

Kochneva Tetyana/Shutterstock

No a todo el mundo le gusta leer. O, al menos, no cualquier libro, en cualquier momento o de cualquier manera. Cuando un adolescente dice que leer le aburre o que no le gusta, lo más probable es que sea porque no ha encontrado el libro ideal. A menudo, si las experiencias de lectura previas no respondían a sus gustos o procedían, sobre todo, de las lecturas escolares obligatorias, no es fácil identificar la lectura con una actividad placentera.

Las vacaciones pueden ser un buen momento para probar otra vez. Hay menos presión y más libertad para elegir un libro, dejarlo si no convence o empezar otro porque alguien lo ha sugerido. También permiten leer sin objetivo ni presión: no hay que preparar después un resumen o demostrar que se ha entendido correctamente.




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Para ese grupo de chicos y chicas que no forman parte del 76,9 % que leen por ocio, y cuyos gustos no coinciden con lo que se recomienda a través de vídeos breves, BookTok o comunidades de fanfiction, hemos preparado una lista alternativa de libros infalibles.

1. Para quienes quieren instalarse en otro mundo: Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas

Cubiera de Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas.
Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas.
Crossbooks / Editorial Planeta

Una novela de más de cuatrocientas páginas puede parecer una elección arriesgada para alguien que no suele leer. Sin embargo, en esta saga la extensión forma parte de su atractivo: ofrece tiempo para adentrarse en un universo, conocer a sus personajes y prolongar una experiencia que no se agota en unas pocas horas.

Sarah J. Maas facilita la entrada mediante una historia con ecos de La Bella y la Bestia. El lector reconoce algunos elementos del cuento, pero pronto descubre un territorio más complejo, poblado por criaturas mágicas, amenazas, alianzas cambiantes y personajes cuyas intenciones nunca están del todo claras. Esa combinación entre lo familiar y lo imprevisible permite orientarse sin perder la curiosidad.

A medida que avanza la lectura, importa no solo lo que pueda ocurrir, sino también volver a determinados lugares, reencontrarse con los personajes y comprobar cómo cambian sus relaciones. La incertidumbre sentimental, las traiciones y los conflictos morales favorecen que el lector tome partido y se implique emocionalmente en la historia. Así, la dificultad inicial de aprender nombres, espacios y reglas puede convertirse en una recompensa: comprender ese mundo produce la satisfacción de sentirse dentro de él, y las numerosas páginas dejan de intimidar porque permiten permanecer más tiempo junto a personajes que ya importan.

La lectura se prolonga, además, fuera de la novela. La saga ha generado comunidades de seguidores que comparten teorías, ilustraciones y opiniones. Para muchos adolescentes, leer significa también participar en esas conversaciones y sentirse parte de un grupo unido por una historia común.

2. Para quienes quieren descubrir la verdad: Asesinato para principiantes, de Holly Jackson

Cubierta del libro Asesinato para principantes.
Asesinato para principiantes, de Holly Jackson.
Crossbooks / Editorial Planeta

Algunos lectores necesitan algo más que seguir una historia: quieren intervenir en ella. Asesinato para principiantes les permite hacerlo. La novela combina narración, entrevistas, mensajes y notas de investigación que entregan al lector una parte de las pruebas y lo invitan a comparar testimonios, detectar contradicciones y formular hipótesis junto a Pip. Una frase que parecía insignificante puede adquirir otro sentido varias páginas después.

Esa estructura convierte una posible resistencia –la dificultad para mantener la atención– en una ventaja. Concentrarse tiene un propósito: cualquier detalle puede acercarnos a la solución. El placer no está solo en descubrir al culpable, sino también en participar en la construcción de la verdad, equivocarse y revisar aquello que se daba por seguro.

El comienzo se toma cierto tiempo para presentar el caso y sus numerosos implicados, pero esa aparente lentitud permite conocer la versión que todos han aceptado antes de empezar a desmontarla. Pip no investiga únicamente un asesinato: cuestiona la facilidad con la que una comunidad construye reputaciones y decide quién merece confianza. El lector debe valorar los indicios, desconfiar de las explicaciones cómodas y aceptar que incluso la protagonista puede equivocarse.

2. Para quienes quieren vivir la historia desde dentro: Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys

Cubierta del libro Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys.
Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys.
Maeva Ediciones.

La historia puede parecer lejana cuando llega convertida en fechas, cifras y nombres. Lágrimas en el mar recupera el hundimiento del crucero alemán Wilhelm Gustloff, una tragedia poco conocida de la Segunda Guerra Mundial, y lo acerca a través de cuatro voces jóvenes.

Sus protagonistas no saben cómo terminará el conflicto ni qué lugar ocuparán después en los libros de historia. Solo saben que deben huir, proteger un secreto, decidir en quién confiar o ayudar a alguien cuando ellos mismos están en peligro. El frío, el miedo, una herida o una maleta permiten comprender la dimensión humana del pasado sin convertir la novela en una lección.

Los capítulos breves y la alternancia de voces dan agilidad al relato. Al principio hay que recordar quién habla y qué sabemos de cada personaje; pronto esa pequeña exigencia se transforma en uno de los placeres de la lectura: relacionar las piezas y descubrir cómo se cruzan sus vidas. Los protagonistas tienen miedos, afectos y contradicciones reconocibles, aunque se enfrenten a circunstancias extremas.

Su mayor logro llega quizá después de la última página, cuando nace el deseo de averiguar qué ocurrió realmente. La ficción no sustituye al conocimiento histórico: hace que queramos buscarlo porque las personas que vivieron aquel episodio ya nos importan. El pasado deja entonces de ser algo que debe memorizarse y se convierte en una historia que no queremos olvidar.

4. Para quienes disfrutan preguntándose ‘¿Y si…?’: El efecto Frankenstein, de Elia Barceló

Cubierta de El efecto Frankenstein, de Elia Barceló.
El efecto Frankenstein, de Elia Barceló.
Edebé.

La ciencia suele presentarse mediante respuestas. Esta novela entra en ella a través de preguntas: ¿todo lo que podemos crear debería existir? ¿Qué responsabilidad tiene quien pone algo nuevo en el mundo? ¿Quién podía estudiar, investigar o decidir hace doscientos años?

Elia Barceló retoma las grandes cuestiones de Frankenstein, de Mary Shelley, y las convierte en una aventura juvenil con viajes en el tiempo, intriga y atmósfera gótica. No hace falta conocer el clásico para disfrutarla. Al contrario, la novela puede despertar el deseo de leerlo después.

La obra permite contemplar el siglo XVIII desde la mirada de una estudiante de Medicina del presente. El viaje temporal hace visibles diferencias que una explicación histórica podría dejar en abstracto: Nora debe modificar su ropa, su forma de hablar e incluso la identidad que muestra para desenvolverse en una sociedad que no concede a las mujeres las mismas posibilidades.

La ambientación histórica y el diálogo con un clásico se convierten así en una fortaleza. El lector entra por la aventura y acaba pensando en los límites de la ciencia, la desigualdad y las consecuencias de nuestras decisiones. La documentación histórica, la evolución de los personajes y la fluidez de la trama fueron algunos de los aspectos destacados por el jurado que le concedió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2020.

Frente a otras novelas que utilizan la ciencia como un decorado espectacular, esta recuerda que crear algo implica también responsabilizarse de ello. Su singularidad está en tratar al lector como alguien capaz de disfrutar y pensar al mismo tiempo.

Encontrar una razón para continuar

Estos cuatro títulos no forman una lista de obras que todos los adolescentes deban leer. Son puertas de entrada a deseos distintos: escapar, descubrir, comprender y hacerse preguntas. Familias, docentes y bibliotecas pueden acompañar esa búsqueda prestando atención a lo que cada joven ya disfruta y ampliando las opciones, no imponiendo un único camino.




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También conviene permitir el abandono. Dejar un libro que no atrae no significa rechazar la lectura; a veces forma parte del aprendizaje de elegir. El gusto por leer no suele nacer de terminar cualquier obra, sino de encontrar una historia que dé una razón para pasar a la página siguiente.

The Conversation

José Manuel de Amo Sánchez-Fortún recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación porque es investigador principal (IP) de un proyecto I+D+I obtenido en concurrencia competitiva y financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España.

Kevin Baldrich no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Lecturas veraniegas: cuatro propuestas para adolescentes que aún no han encontrado su libro – https://theconversation.com/lecturas-veraniegas-cuatro-propuestas-para-adolescentes-que-aun-no-han-encontrado-su-libro-286766

Si incendiar un monte puede costar hasta 20 años de cárcel, ¿por qué apenas hay condenas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Abadías Selma, Coordinador del Máster en Derecho penal económico UNIR. Profesor de Derecho penal y Criminología, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

arafatmyt/Shutterstock

Provocar un incendio que ponga en peligro la vida de alguien puede castigarse en España con hasta veinte años de prisión, la misma pena que un homicidio. Sin embargo, entre 2021 y 2025 los tribunales españoles dictaron solo 478 sentencias condenatorias por incendios forestales. Menos de cien al año, en un país donde arden cada verano decenas de miles de hectáreas. Solo hay que ver los violentos incendios que han tenido lugar en los últimos días en todo el territorio español.

Esa desproporción entre la dureza de la ley y su escaso uso real resume el problema. El derecho penal español castiga los incendios con enorme severidad sobre el papel, pero casi nunca llega a aplicarse. Y mientras tanto, el cambio climático está convirtiendo el fuego en un fenómeno que nuestras leyes, escritas en 1995, no previeron.

Un Código Penal pensado para otro fuego

Cuando el legislador diseñó los delitos de incendio, tenía en mente una imagen concreta: alguien prende un fuego en un sitio determinado, el fuego se extiende hasta cierto punto y los bomberos lo apagan. Un suceso a escala humana con un culpable identificable.

Ese modelo se ha quedado antiguo. El verano de 2025 lo demostró. En España ardieron en 2025 unas 350 000 hectáreas según el Ministerio para la Transición Ecológica y cerca de 400 000 según los satélites del sistema europeo EFFIS.
Fue, además, la peor campaña jamás documentada en la Unión Europea, con más de un millón de hectáreas quemadas. Y la extinción dejó de ser cosa solo de los bomberos: la Unidad Militar de Emergencias intervino de forma casi sistemática. En verano de 2026, los incendios se han multiplicado por seis entrando varias regiones en emergencia nacional.

El problema no son las penas, es la prueba

Aquí está la clave que suele perderse en el debate público. Después de cada gran incendio se pide endurecer las penas. Pero las penas ya son durísimas y apenas se aplican.

¿Por qué? La Fiscalía lo explica sin rodeos: la dificultad de la prueba. Investigar un incendio en el monte es enormemente complicado. El propio fuego destruye los rastros, la lluvia y el viento degradan lo que queda, y no suele haber testigos ni cámaras. Se puede sospechar de alguien; otra cosa es demostrar ante un juez que fue esa persona quien encendió la cerilla.

El resultado es un sistema que amenaza mucho y condena poco. Los penalistas llamamos a esto derecho penal simbólico: normas que tranquilizan a la opinión pública pero no cambian nada sobre el terreno. Subir de veinte a veinticinco años una pena que casi nunca se impone no reduce ni una hectárea quemada.

Una laguna difícil de justificar

Desde 2010, en España las empresas pueden ser penalmente responsables de determinados delitos: no solo el empleado que comete el hecho, también la sociedad, si es que el delito se produjo por una mala organización interna. Es lo que han impulsado los programas de compliance.

Pues bien, los delitos de incendio no están en esa lista, no se contemplan dentro de esos casos. Una empresa no puede ser condenada penalmente por un incendio forestal, por mucho que el fuego se haya originado por su negligencia organizativa.

Cuesta explicar el contraste. Si una compañía contamina gravemente un río, responde penalmente. Si esa misma compañía provoca un incendio que arrasa un espacio protegido –por ejemplo, por no desbrozar la vegetación bajo sus líneas eléctricas–, queda fuera del Código Penal. El daño ambiental es equiparable; la respuesta jurídica, no.

Corregirlo sería sencillo: bastaría con ampliar una remisión que ya existe en el artículo 358 bis, que establece que las penas y medidas especiales previstas para los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente también se aplican a los delitos de incendio. Y tendría un efecto práctico inmediato, porque obligaría a las empresas del sector eléctrico, forestal y agrícola a organizarse para prevenir incendios, igual que hoy se organizan para prevenir la corrupción o el blanqueo.

Cuatro medidas importantes

La gravedad de los incendios justifica la necesidad de aplicar el derecho penal. Pero debe ser el último recurso, no el primero ni el único. Y para que sirva de algo, harían falta cuatro medidas concretas:

  1. Una ley más precisa. El Código Penal agrava el castigo cuando el incendio afecta a una “superficie de considerable importancia” o causa “graves efectos erosivos”. Nadie sabe exactamente qué significa eso. Cada tribunal lo interpreta a su manera, y de ello depende que la pena sea de uno a cinco años o de tres a seis.

  2. Jueces y fiscales especializados. Estos casos exigen entender informes periciales sobre comportamiento del fuego, erosión de suelos y daño ecológico. No es materia improvisable.

  3. Medios de investigación. Es el punto decisivo. Sin unidades policiales especializadas, con formación y equipos para trabajar sobre un terreno calcinado, seguiremos teniendo leyes severas y sentencias escasas. Investigar bien es lo que convierte una norma en una condena.

  4. Prevención. La mayoría de los grandes incendios no se explican solo por quien los inicia, sino por la enorme cantidad de combustible vegetal acumulado tras décadas de abandono rural. Un monte gestionado, arde; un monte abandonado, explota.

Hay una idea que resume todo esto: los incendios se apagan en invierno. Es decir, en los meses fríos, con desbroces, gestión forestal y planificación. El verano solo enseña lo que no se hizo antes.

El Código Penal tendrá que adaptarse a una realidad que no existía cuando se escribió. Pero conviene no engañarse: ningún artículo apagará un incendio de sexta generación. Eso solo lo consigue un territorio cuidado y unos medios suficientes para vigilarlo, investigarlo y defenderlo.

The Conversation

Alfredo Abadías Selma no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Si incendiar un monte puede costar hasta 20 años de cárcel, ¿por qué apenas hay condenas? – https://theconversation.com/si-incendiar-un-monte-puede-costar-hasta-20-anos-de-carcel-por-que-apenas-hay-condenas-288161

‘Yo veo el murmullo’: crónica del curso de verano ‘La aventura de divulgar’ ciencia en español’ 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By The Conversation España, Editor, The Conversation

“Yo veo el murmullo. Noto que hay mucha gente. Se pone delante de mis ojos algo, como una barrera de calor, una energía…”.

Rubén El Albino y el experto en genética del CSIC Lluis Montoliu durante su intervención.
The Conversation, CC BY

Quien habla es Rubén Romero García, divulgador conocido en redes como @rubenelalbino, con una alta discapacidad visual. Había subido al escenario del salón de baile del Palacio de La Magdalena junto al genetista del CSIC Lluís Montoliu, para conversar sobre albinismo y enfermedades raras.

El rumor que Rubén puede “ver” es el que producen setenta alumnos sentados frente a él en el curso La aventura de divulgar ciencia en español con éxito, organizado un año más por The Conversation en la sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). El curso, que ha celebrado su quinta edición, ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Ramón Areces, la Fundación Lilly y la Universidad de Navarra.

Sentado junto a Rubén, de manera pausaba, Montoliu explica que las personas con albinismo tienen frecuentemente una importante discapacidad visual: “ven el mundo como cualquiera de nosotros lo hace con el rabillo del ojo, sin fóvea, sin ese punto diminuto de la retina donde se concentra el mayor número de foto receptores”. La falta de visión les da otros “superpoderes”, entre ellos ver esos murmullos o saber en qué paredes de una habitación hay ventanas solo por el “sonido que devuelven”. No ven mal: ven como ven.

Mesa inaugural. De izda a decha: Elena Sanz, codirectora del curso; Cristina Rico, gerente de la Fundación Lilly; Ana de la Puebla, secretaria general de la UIMP; Rafael Sarralde, Director Gral de The Conversation; Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología y Dir. Museo de Ciencias universidad de Navarra y Lorena Sánchez, codirectora del curso.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

¿Cómo nos vamos a gobernar en un mundo con máquinas?

Bajo el título Lo humano, primero, el encuentro convocó a investigadores, divulgadores, periodistas, filósofos, matemáticos, músicos, cocineros y estudiantes de disciplinas muy distintas con un objetivo: encontrar cómo ponemos en valor lo humano a la divulgación de la ciencia en la era de la IA.

El encargado de inaugurar el curso fue el físico José Ignacio Latorre, director del Centre for Quantum Technologies de Singapur. Arrancó con esta propuesta: “Hagamos un pacto con las máquinas, no nos queda otra”.

Resumen gráfico de la exposición de José Ignacio Latorre, realizada por @pelopanton, ilustrador y alumno del curso.
@pelopanto, CC BY

Hoy, dijo, “lo que más se pregunta a la IA, en el mundo, es sobre salud y amor, no precisamente cuestiones prácticas”. Y los jóvenes de entre 17 y 21 quieren tener una amiga artificial, advirtió.

Él mismo se definió como “un científico aumentado” a quien la IA le ahorró seis meses de trabajo al demostrar que su línea de investigación para mejorar el algoritmo de Shor no era válida. Comparte que la IA ya revisa todos los artículos científicos que salen de su centro, donde ha detectado centenares de errores en papers que ya habían sido publicados.

“Si hacemos máquinas, nos debilitamos”, advertía Latorre, convencido de que llegará un momento en que las inteligencias artificiales hablen entre ellas en un lenguaje que los humanos ya no podremos comprender.

Aun así, el experto terminó reivindicando aquello que ninguna máquina parece capaz de sustituir: “Me gusta el teatro, que salga a escena un actor y me arranque el alma, sin fuegos artificiales”.

La conversación dio entonces un interesante giro. Era el momento de abordar una cualidad que compartimos con la IA: ¿Mentimos más (o menos) que ChatGpT?

La mentira como cualidad humana

Candela Antón durante su intervención, con el muñeco de su hija.
The Conversation, CC BY

La antropóloga Candela Antón, conductora del podcast “Desenterrando el pasado”, salió a escena con un muñeco de peluche, el favorito de su hija. Había prometido que se lo llevaría al curso y más de una vez estuvo a punto de esconderlo para evitar el engorro de viajar con un juguete. Pero decidió no mentirle… esta vez. Candela habló de las (muchas) veces en que mentimos a los nuestros para no hacerles daño. Desde la antropología, destacó Candela, la mentira es “un preciosísimo ejemplo de tecnología social: puede servir para hacer daño, y también para protegernos”.

Candela abordaba este asunto en una conversación con Juan Luis Manfredi, experto en diplomacia, y Ramón Salaverría, peso pesado en los laberintos del periodismo.

Sobre la mentira como rasgo humano. Intervenieron de izda a decha Juan Luis Manfredi, catedrático de relaciones internacionales en la UCL, la antropóloga Candela Antón y Ramón Salaverría, catedrático de periodismo en la Universidad de Navara.
The Conversation, CC BY

Juan Luis Manfredi arrancó diciendo que en diplomacia nadie habla de mentira. “Lo llamamos estrategia: mentimos para encubrir errores”, explicaba. Y el periodista Ramón Salaverría recordó que “hoy sustituimos el valor del argumento por el valor de la emoción”. Y nos regaló una de las frases más sonadas del día: “Convence más una lágrima que una prueba”.

En busca de lo que nos hace humanos, la respuesta podía encontrarse en el hilo de una cometa.

Una cometa volando en el bosque

El investigador del CSIC y referente en cambio climático, Fernando Valladares, sacó a los alumnos del aula y los llevó al bosque. Allí les enseñó a hacer mudos de alondra antes de levantar el vuelo de un puñado de cometas por encima de los pinos. Habló de cambio climático. Habló del juego como actividad libre de gases efecto invernadero. Habló de las emociones. “La divulgación no tiene que rehuir lo recreativo”, defendía. Y tampoco hay obligación de esconder las emociones.

Fernando Valladares en una esplanada en el bosque que rodea el Palacio de la Magdalena.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

Fernando Valladares lanzó una pregunta al alumnado: ¿sabéis por qué una cometa puede volar?. Lo más directo es pensar que se lo debemos al viento. Pero no: si vuelan es porque están sujetas por un hilo. “Es una buena metáfora para salir del colapso caótico al que nos está llevando el cambio climático, y caminar hacia un decrecimiento planificado”, concluía.

“Necesitamos salir más, vernos más, jugar más”, decía una alumna mientras las cometas se elevaban en el cielo.

La jornada de los invisibles

Clara Grima es profesora en la Universidad de Sevilla, y habló de su especialidad, las matemáticas, que ayudan a explicar cómo entendemos el mundo. “La falta de conocimiento matemático es peligrosa”, subrayaba la reconocida divulgadora.

Habló de los peligros del anumerismo. De quienes confunden un billón europeo con uno estadounidense. De Google. De algoritmos invisibles que sostienen la vida cotidiana. “No son los chinos: son las matemáticas”, bromeaba.

Clara también habló de empatía y del “espejismo de la mayoría”, que explica por qué dos personas pueden contemplar realidades completamente distintas sin que ninguna se considere irracional.

La matemática Clara Grima durante su exposición.
The Conversation, CC BY

Ponerse en el lugar del otro, ya sea alguien con una enfermedad rara como Rubén, ya sea alguien con una realidad sesgada que, con la información de la que dispone interpreta incorrectamente la realidad, nos ayuda a construir un mundo más humano.

Talleres prácticos

El curso regresaba una y otra vez a la misma pregunta. ¿Qué nos hace humanos? ¿Acaso la creatividad, acaso el pensamiento científico? O quizás es el trabajo en equipo, que también tuvo cabida en el curso.

Los talleres prácticos de la V edición del curso La aventura de divulgar ciencia comenzaron poniendo sobre la mesa herramientas innovadoras para la divulgación, propuestas por la periodista Pilar Perla, coordinadora del suplemento de ciencia Tercer Milenio de Heraldo de Aragón. Y aprendimos a hacer vídeos con IA de la mano de Bienvenido León, catedrático de Periodismo en la Universidad de Navarra, realizador, productor y guionista de reportajes y documentales.

Trabajo en equipo: La periodista Pirla Perla propuso un taller en busca de propuestas de divulgador innovadoras.
The Conversation, CC BY

Hubo lugar para prácticas dedicadas a diseñar proyectos de comunicación científica integrando activamente a colectivos históricamente “invisibles”, con especial foco en personas con discapacidad. El taller lo impartió parte del equipo del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra: Marta Revuelta, coordinadora de su programación, y Marie Anne Reynell, directora de desarrollo.

Si hubiera que elegir: ¿arte o ciencia?

El filósofo Ricardo Piñero.
The Conversation, CC BY

El planteamiento del debate que abría la última jornada del encuentro era éste: imaginen un escenario apocalíptico el que tenemos que renunciar o bien a la ciencia, o bien al arte. ¿Qué elegimos si no hay otra opción que quedarse con una única alternativa?

Ricardo Piñero, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra, invitó a imaginar un mundo sin arte y cuestionó si ese escenario sería posible, dado que “el arte es la primera forma humana de estar en el mundo”.

“Pero el arte es elitista, solo está en manos de unos pocos”, defendía el microbiólogo Ignacio López Goñi, que aupaba la ciencia como la gran obra colectiva de la humanidad. “Sin ciencia no habría vacunas, solo un pequeño porcentaje de los que estamos hoy aquí estaríamos vivos”. Un argumento que remataba con otro: “Sin ciencia hay más dolor”.

Ambos, Piñeiro y Lóepz Goñi, coincidieron en que arte y ciencia están profundamente relacionados. Como ejemplos de esa conexión citaron el mapa del genoma humano y un cuadro de Piet Mondrian.

Pero fue una frase de Piñero la que resonó como victoria en la sala y levantó vítores: “Sin ciencia viviríamos poco, pero podríamos ser felices”.

Cápsula sonora musical

Había llegado el momento de que sonara la música.

Mario Muñoz, conductor del pódcast Correspondencias de RNE y crítico musical, pidió apagar las luces de la sala y cerrar las cortinas. Construyó un relato a partir de la música que viaja en el Disco de Oro de las sondas Voyager, esa cápsula sonora concebida por el divulgador entre divulgadores Carl Sagan, para presentarnos ante una posible inteligencia extraterrestre.

Lo primero que escucharían los extraños sería Dark Was the Night, Cold Was the Ground, una legendaria canción de gospel-blues de 1927, interpretada por Blind Willie Johnson, que fue seleccionada para formar parte del Disco de Oro de la Voyager en 1977.

Mario nos regaló la play list con las canciones de su charla.

El crítico musical Mario Muñoz con la antropóloga Candela Antón.
The Conversation, CC BY

El aperitivo efímero del eclipse

No hubo una conclusión oficial para el debate ni para el curso. Hubo una tapa.

Yasser Ríos, profesor del Basque Culinary Center y experto en tecnología de alimentos, concibió el aperitivo del eclipse como un bocado tan efímero como el fenómeno astronómico al que rendía homenaje.

Yasser Ríos con la tapa terminada.
Juanma Serrano/UIMP, CC BY

La base era un pan transparente. Sobre él, un tartar cuyo ingrediente principal era la sandía (redonda, como la Luna), aderezada con una salsa elaborada con insectos nocturnos: grillos. Con aquella pequeña creación entre las manos, que todos degustamos con curiosidad, prolongamos unos minutos más una conversación que nadie parecía dispuesto a terminar. Había llegado el fin de curso.

Cristina López Ubierna, alumna, compartió su resumen de lo vivido: “Podría citar a cada uno de los ponentes. Todos estuvieron brillantes. Pero, curiosamente, lo que permanece no son los solos, sino la obra completa. Porque el verdadero acierto fue la partitura. The Conversation dirigió una orquesta en la que cada intervención encontraba sentido en la siguiente, donde las ideas se respondían entre sí aunque cambiaran de escenario, de disciplina o de lenguaje. Una sinfonía que sonó natural, coherente y sorprendente. Y cuando termina un concierto así, uno no sale tarareando una melodía, sale con ganas de interpretarla”.

Durante tres días todos intentaron responder qué nos hace humanos. Rubén, quizá, había dado en el clavo. Antes de empezar a hablar de genética, de inteligencia artificial, de matemáticas o de música, había explicado cómo veía a quienes tenía delante. No veía caras. Veía movimiento. Veía calor. Veía una energía que ocupaba la sala. Veía el murmullo de lo que somos.

The Conversation

– ref. ‘Yo veo el murmullo’: crónica del curso de verano ‘La aventura de divulgar’ ciencia en español’ 2026 – https://theconversation.com/yo-veo-el-murmullo-cronica-del-curso-de-verano-la-aventura-de-divulgar-ciencia-en-espanol-2026-288135

La selección: 90 aniversario de la guerra civil española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

Soldado con ametralladora durante la guerra civil española. Everett Collection/Shutterstock

“Paz, piedad y perdón”. Hay quienes conocen este como “el discurso de las tres pes”. Fue el último de Manuel Azaña, pronunciado en el Ayuntamiento de Barcelona en el segundo aniversario del golpe de Estado que sufrió la II República española, allá por el 18 de julio de 1938. Resulta curioso, pero su llamamiento de aquel día ha sobrevivido al paso del tiempo.

Noventa años después del golpe de Estado que desencadenó el conflicto, aquellas tres palabras siguen resonando como el mejor antídoto frente al odio que devastó España. Azaña las pronunció desde el corazón, el mismo que le impulsó a escribir su carta de renuncia a la presidencia que dirigió al entonces presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, el 27 de febrero de 1939 en Collonges-sous Salève, en la frontera francesa con Suiza. Merece la pena detenerse unos minutos en este artículo para conocer la historia que hay detrás de su hallazgo y conservación.

La guerra dejó cientos de miles de muertos, millones de vidas marcadas para siempre y un legado de dolor cuyas consecuencias, en muchos casos, aún perduran.

Pero, nueve décadas después, aquella contienda sigue planteando preguntas que van mucho más allá de la historia militar o de los grandes acontecimientos políticos. La investigación actual dirige cada vez más la mirada hacia las personas: cómo vivieron aquel conflicto, qué consecuencias dejó en quienes lo sufrieron y de qué manera sus efectos continúan proyectándose sobre las generaciones posteriores.

Una de las líneas de trabajo que más interés ha despertado en los últimos años es el estudio del trauma psicológico. Durante décadas, las secuelas emocionales de la guerra apenas ocuparon espacio en el debate público. Sin embargo, distintos equipos de investigación tratan ahora de comprender cómo el miedo, la violencia, la represión o el exilio pudieron condicionar la salud mental de quienes los padecieron e incluso influir en sus descendientes. En este artículo se habla de un proyecto que pretende sacar a la luz las secuelas que todavía perviven en familiares de segunda a cuarta generación de víctimas del franquismo.

El silencio impuesto durante años, unido a la dificultad para elaborar el duelo, hace pensar que muchas de esas heridas permanecieron ocultas durante décadas.

Frente a la imagen de verdugos movidos únicamente por el fanatismo, algunos estudios como el que nos detalla Francisco Jorge Leira Castiñeira, de la Universidad Carlos III, analizan cómo miles de hombres sin experiencia militar fueron incorporados por la fuerza a los ejércitos y terminaron participando en episodios de enorme brutalidad. Comprender los mecanismos psicológicos, sociales y políticos que transforman a ciudadanos corrientes en perpetradores resulta esencial no solo para interpretar el pasado, sino también para prevenir que procesos similares vuelvan a repetirse.

Otra historia que nos sigue sobrecogiendo en este 90 aniversario es la de los llamados “niños de la guerra”. Miles de menores fueron evacuados al extranjero para escapar de los bombardeos y muchos nunca regresaron a España, como los 456 hijos de republicanos denominados “niños de Morelia” (México). O los casi 3 000 menores españoles trasladados a la Unión Soviética entre 1937 y 1938.

La experiencia de los niños de la guerra marcó profundamente sus vidas y también la literatura que muchos escribieron años después, tal y como escribe la investigadora Maravillas Moreno Amor, de la Universidad de Murcia. Sus recuerdos constituyen hoy un valioso testimonio sobre el desarraigo, la pérdida de la infancia y la construcción de una identidad entre dos países.

“España que perdimos, no nos pierdas”, dice uno de los versos más memorables del poema Entre España y México (1939), escrito por el poeta alcarreño Pedro Garfias durante el exilio republicano. Esa frase se repitió durante años por todos aquellos que tuvieron que dejar su tierra huyendo de la represión franquista.

Los historiadores siguen ampliando las fronteras del conocimiento sobre la Guerra Civil. El acceso a nuevos archivos, la digitalización masiva de documentos, las técnicas de análisis de grandes bases de datos o la incorporación de nuevas disciplinas están permitiendo formular preguntas diferentes a las de hace solo unas décadas. La investigación ya no se limita a reconstruir qué ocurrió, sino que intenta comprender cómo afectó a la vida cotidiana, a las emociones y a la memoria colectiva.

Todo ello sin olvidar que la violencia no terminó con el final de la guerra. La dictadura franquista desarrolló un amplio sistema represivo –como nos cuenta el investigador Cristian Sánchez Benítez, de la Universidad de Jaén– que combinó ejecuciones, encarcelamientos, trabajos forzados, depuraciones profesionales, exilio y control social.

Aquella represión buscaba castigar a los vencidos, pero también moldear el comportamiento de toda la sociedad mediante el miedo.

Noventa años después, la historia sigue recordándonos que ninguna investigación sobre la Guerra Civil encontrará una conclusión más necesaria que aquellas tres palabras de Manuel Azaña: paz, piedad y perdón.

The Conversation

– ref. La selección: 90 aniversario de la guerra civil española – https://theconversation.com/la-seleccion-90-aniversario-de-la-guerra-civil-espanola-288173

El fósil ‘perdido’ de una nueva especie de reptil revela pistas sobre los antepasados de los dinosaurios y los cocodrilos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mauricio Garcia, Doutorando no Programa de Pós-Graduação em Biodiversidade Animal , Universidade Federal de Santa Maria (UFSM)

Mucho antes de que los dinosaurios dominaran los continentes y de que aparecieran los cocodrilos modernos, sus antepasados ya atravesaban una etapa decisiva en su trayectoria evolutiva. Fue en ese mundo antiguo, poco después de la mayor extinción masiva de la historia de la Tierra, donde vivió una nueva especie de reptil fósil descubierta en el estado brasileño de Río Grande del Sur.

Bautizada como Silescelida acristata, la especie vivió hace unos 240 millones de años, durante el período Triásico Medio. El fósil fue hallado en Dona Francisca, en la región central de Río Grande del Sur, en rocas que forman parte del Geoparque Quarta Colônia de la UNESCO.

El hallazgo ayuda a llenar una importante laguna sobre la evolución de los arcosauriformes, un grupo de reptiles del que surgieron los arcosaurios. Los arcosaurios son el linaje que abarca dos de los grupos más conocidos de vertebrados terrestres: los cocodrilos y los dinosaurios, incluidas las aves.

El estudio fue llevado a cabo por investigadores del Centro de Apoyo a la Investigación Paleontológica de la Cuarta Colonia de la Universidad Federal de Santa María en colaboración con investigadores de la Universidad Federal de Río Grande del Sur y de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, y se ha publicado en la revista científica Scientific Reports.

Un animal pequeño en un mundo en reconstrucción

En la época en que Silescelida acristata vivió, los ecosistemas terrestres aún se estaban recuperando de la extinción del Pérmico-Triásico, ocurrida hace unos 252 millones de años. Este suceso acabó con gran parte de la vida del planeta y dio paso a la diversificación de nuevos grupos de animales.

Fue en este contexto de recuperación ecológica cuando diferentes linajes de reptiles comenzaron a desempeñar nuevos papeles en los entornos terrestres. Entre ellos se encontraban los arcosauriformes, que experimentaron una gran diversificación durante el Triásico. Silescelida acristata era un animal relativamente pequeño, de cuerpo esbelto y locomoción cuadrúpeda. Su tamaño puede compararse al de un caimán pequeño.

Aunque no era ni un dinosaurio ni un cocodrilo, pertenecía a un linaje cercano a las formas que precedieron al origen de estos grupos. Su dieta probablemente incluía animales más pequeños, lo que sugiere que desempeñaba el papel de pequeño depredador en los ecosistemas del Triásico del sur de Brasil.

¿Por qué es importante este fósil?

El fósil conserva principalmente partes de las extremidades. A primera vista, este tipo de material puede parecer limitado, pero contiene información importante sobre la locomoción y el parentesco evolutivo del animal.

Una de las características más relevantes de Silescelida acristata se encuentra en su fémur, el hueso del muslo. Al igual que algunos de sus parientes cercanos, tenía las patas en una posición semierguida, situadas más por debajo del cuerpo que hacia los lados.

Este cambio permitía una locomoción más eficiente, reduciendo el arrastre del cuerpo contra el suelo. En términos evolutivos, este tipo de transformación está relacionada con el conjunto de cambios anatómicos que, más tarde, resultarían fundamentales para el éxito de los arcosaurios.

En otras palabras, el nuevo fósil ayuda a comprender una fase anterior al auge de los dinosaurios y los cocodrilos, cuando sus parientes cercanos aún estaban experimentando con diferentes formas corporales, posturas y modos de locomoción.

Parentesco poco común

Los análisis filogenéticos indican que Silescelida acristata podría estar emparentado con los Euparkeriidae, un grupo poco común de arcosauriformes que la ciencia aún no conoce bien.

Hasta ahora, los fósiles asociados a este grupo se conocían principalmente en África, Asia y Europa. La presencia de una forma emparentada con los Euparkeriidae en Sudamérica amplía significativamente la distribución geográfica conocida de estos animales.

Esto sugiere que estos reptiles estaban más extendidos por el mundo durante el Triásico de lo que indicaba el registro fósil. Además, refuerza la importancia de Sudamérica para el estudio del origen y la diversificación de los grandes grupos de vertebrados terrestres.

El “redescubrimiento” de un fósil olvidado

El descubrimiento de Silescelida acristata también tiene una historia poco común. Parte del fósil, precisamente la porción que conservaba información esencial sobre su procedencia, se perdió accidentalmente durante más de dos décadas.

No fue hasta 2022, durante una visita técnica a la colección científica de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, cuando los investigadores localizaron el fragmento desaparecido. Este redescubrimiento permitió confirmar el origen del espécimen y llevar a cabo su descripción formal como una nueva especie.

El propio nombre del animal hace referencia a esta historia. Silescelida combina palabras asociadas al “silencio” y a la “pierna”. El “silencio” alude al largo período durante el cual parte del fósil permaneció olvidado, mientras que “pierna” se refiere al tipo de material conservado, compuesto principalmente por huesos de las extremidades.

Por su parte, el nombre acristata significa “sin cresta”. Se eligió porque el fémur de este animal carece de una cresta o protuberancia ósea elevada, conocida como trocánter, donde se uniría parte de la musculatura de la cola. Esta ausencia diferencia a Silescelida acristata de casi todos sus parientes cercanos.

¿Qué cambia este hallazgo?

La presencia de Silescelida acristata en el Triásico Medio de Brasil demuestra que la historia evolutiva de los arcosauriformes fue más amplia y compleja de lo que se imaginaba. El fósil indica que también existían en Sudamérica linajes cercanos a los Euparkeriidae, lo que amplía el papel del continente en la diversificación inicial de los parientes de los dinosaurios y los cocodrilos.

Además, el hallazgo consolida a Río Grande del Sur como una de las regiones más importantes del mundo para el estudio de la fauna del Triásico. Las rocas de la región conservan fósiles de diferentes etapas de la evolución de los vertebrados terrestres, incluidos algunos de los dinosaurios más antiguos que se conocen y grandes depredadores que vivieron antes de la Era de los Dinosaurios.

Cada nuevo fósil hallado en este contexto ayuda a reconstruir cómo se reorganizaron los ecosistemas terrestres tras la extinción del Pérmico-Triásico y cómo surgieron los grupos que más tarde dominarían los continentes.

Pequeños huesos, grandes historias

Los fósiles incompletos suelen considerarse menos informativos que los esqueletos casi completos. Sin embargo, es importante recordar que la gran mayoría de los fósiles hallados durante las excavaciones son fragmentarios. Descubrimientos como el de Silescelida acristata demuestran que incluso partes aisladas del esqueleto pueden revelar información fundamental sobre la evolución.

En este caso, los huesos de las extremidades permitieron identificar una nueva especie, deducir aspectos de su locomoción, investigar sus relaciones filogenéticas y ampliar la distribución conocida de un grupo poco común de reptiles del Triásico.

Más allá de describir un nuevo animal, el estudio muestra cómo la paleontología brasileña sigue contribuyendo a comprender capítulos fundamentales de la historia de la vida en la Tierra. En las rocas de Río Grande del Sur, los fósiles de hace 240 millones de años aún guardan pistas sobre el origen de los grupos de animales que transformarían los ecosistemas terrestres para siempre.

The Conversation

Mauricio Garcia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El fósil ‘perdido’ de una nueva especie de reptil revela pistas sobre los antepasados de los dinosaurios y los cocodrilos – https://theconversation.com/el-fosil-perdido-de-una-nueva-especie-de-reptil-revela-pistas-sobre-los-antepasados-de-los-dinosaurios-y-los-cocodrilos-288245

Mercados de predicción, ¿juegos de azar o inteligencia colectiva?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco J. Jariego, Independent Researcher. Professor of Innovation & Futures Studies, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Publicidad de la plataforma Kalshi promocionando su servicio de apuestas sobre las elecciones a la alcaldía de Nueva York en 2025.
Rblfmr/Shutterstock

Un mercado de predicción es un mecanismo en el que los participantes negocian contratos cuyo valor depende del resultado de “un evento futuro, incierto, pero definido con precisión”.

Aunque el acontecimiento y su impacto no se puedan predecir con absoluta certeza, la clave está en describir con precisión el contrato (qué debe pasar para que se cumpla o no). Así, el precio en cada momento es la mejor estimación del colectivo sobre la probabilidad de que ese evento ocurra: los mercados revelan y agregan información privada dispersa entre numerosos agentes.

El pasado 26 de mayo de 2026, el Ministerio de Consumo de España ordenó el bloqueo cautelar de las plataformas Kalshi y Polymarket y les abrió un expediente sancionador por operar sin licencia de juego. Para el Gobierno español, los mercados de predicción son, a efectos legales, juegos de azar.

El punto de inflexión

Hace cinco años, los mercados de predicción todavía eran, sobre todo, un experimento académico. En 2024, el ciclo electoral estadounidense los hizo despegar. Kalshi, fundado en 2018, obtuvo el reconocimiento de la CFTC para operar como mercado regulado en los 50 estados y se integró con plataformas de finanzas (fintech) como Robinhood y Coinbase. Polymarket, creado en 2020 sobre blockchain, creció rápidamente en volumen de transacciones y fue citado como referencia informativa por medios internacionales de primer nivel. Los mercados de predicción llegaban así al público generalista.

El debate ha sido intenso: desde análisis en los grandes medios y artículos de opinión, hasta artículos académicos que los describen como una amenaza para la salud pública, la heterogeneidad de las fuentes e intensidad de la discusión son indicadores precisos del interés que genera el sector.

Ejemplos de mercados de predicción, presentes y pasados
Ejemplos de mercados de predicción.
Francisco J. Jariego con información de Wikipedia, CC BY-SA

¿Por qué son tan controvertidos?

La evidencia sobre su capacidad predictiva es sólida: en múltiples situaciones, los mercados de predicción superan a las encuestas y a los paneles de expertos. Su mecanismo de agregación de información dispersa amplía el espectro de opinión disponible y, por tanto, de inteligencia colectiva.

Las objeciones más enconadas son tres:

  • Su equiparación con los juegos de azar.

  • La manipulación por participantes que dispongan de información privilegiada.

  • Las reservas éticas sobre la monetización de eventos negativos.

Las tres han sido ampliamente estudiadas y debatidas.

Si nos atenemos a la definición del BOE de los juegos de azar vemos que todos esos elementos concurren con facilidad en los mercados de predicción:

“Toda actividad en la que se arriesgan cantidades de dinero u objetos económicamente evaluables sobre resultados futuros e inciertos, dependientes en alguna medida del azar, y que permiten su transferencia entre los participantes, con independencia de que predomine la destreza de los jugadores o el azar”.

Aunque el operador de teleprompter de la Casa Blanca acaba de ser acusado de utilizar información privilegiada sobre los contenidos de los discursos del presidente estadounidense, la posible manipulación de los mercados de predicción es difícilmente sostenible en el tiempo: cualquier intento de distorsionar el precio crea oportunidades de arbitraje que los participantes con información real aprovechan.

La presencia de especuladores, paradójicamente, incrementa la liquidez. No es una propiedad exclusiva de estos mercados: ocurre en cualquier otro, desde la renta variable hasta los mercados de opciones y futuros. Los manipuladores atraen a participantes informados dispuestos a explotar las ineficiencias que crean, mejorando en ocasiones la precisión del mercado.

Y respecto a la ética de las apuestas sobre eventos negativos, esta cuestión tiene una respuesta que seguramente no agrade a muchos: la información sobre eventos negativos es valiosa para quienes deben prevenirlos, pero suprimirla no elimina el riesgo, solo la capacidad de estimarlo.

Miedo al futuro

Los medios de comunicación pueden verse especialmente afectados por la agilidad e inmediatez de los mercados de predicción: Polymarket y Kalshi ofrecen información en tiempo real en redes sociales, y plataformas como Substack permiten integrar predicciones directamente en sus artículos.

Estas plataformas operan en un espacio regulatorio ambiguo que ninguna jurisdicción ha resuelto satisfactoriamente. En Estados Unidos, por ejemplo, más de la mitad de los estados restringen las apuestas sobre resultados electorales. El problema no es la regulación, sino el marco conceptual: equiparar un mercado de agregación de información con una máquina tragaperras es un error de categoría. En lugar de bloquear el acceso a los mercados de predicción, vale más establecer las condiciones para que operen legalmente. La función de la regulación debe ser habilitar y encauzar nuevas posibilidades, no limitarlas.

La verdadera razón del rechazo subyace en dos capas más profundas:

  • La estratégica. Como formuló Maquiavelo en El príncipe, nada es más difícil que introducir un nuevo orden de cosas: el innovador tiene en contra a todos los que se benefician del antiguo orden.

  • La sociológica. El estadounidense Robert K. Merton describió cómo anticiparse a los hechos puede influir en el comportamiento de los involucrados y provocar que lo que se predice finalmente ocurra. Si un mercado asigna alta probabilidad a un evento, ¿acelera su llegada? Aunque el argumento es real, opera en ambas direcciones: la misma dinámica que puede precipitar un resultado negativo puede también movilizar la respuesta que lo evita, o decantar uno deseable. Que el conocimiento anticipado del futuro tenga consecuencias no es un defecto del mecanismo, es precisamente su valor.

La batalla no ha hecho más que comenzar

La valoración de Kalshi supera los 40 000 millones de dólares y la de Polymarket está en torno a los 15 000 millones de dólares respectivamente. Y Mark Zuckerberg acaba de anunciar que Meta pone la mirada en los mercados de predicción.

No es la primera vez que experimenta con ellos: ya lo hizo con Forecast, en 2020, durante los primeros días de la pandemia. La nueva apuesta es una aplicación llamada internamente Arena. Zuckerberg no quiere perderse esta nueva oportunidad de negocio que abren Kalshi y Polymarket.

The Conversation

Francisco J. Jariego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Mercados de predicción, ¿juegos de azar o inteligencia colectiva? – https://theconversation.com/mercados-de-prediccion-juegos-de-azar-o-inteligencia-colectiva-286031