La ficción del amor según Carmen Martín Gaite

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Márquez Fernández, Profesora lectora de literatura española moderna y contemporánea, Universitat de Barcelona

Retrato de Carmen Martín Gaite en la exposición _El Equilibrio y el Caos: una mirada al mundo de Carmen Martín Gaite_, de 2014. Universidad Carlos III, CC BY-NC-SA

El amor es un cuento que nos contamos a nosotros mismos, y cuando nos lo contamos mal nos exponemos a un descalabro. Esta es una de las ideas esenciales del ensayismo de Carmen Martín Gaite. Y a ella se añade otra: a lo largo de la historia, los riesgos de la ficción amorosa han afectado sobre todo a la mujer.

No sabemos si la escritora salmantina habría suscrito la consigna de la feminista estadounidense Kate Millet: “el amor ha sido el opio de las mujeres”. Pero tampoco parece estar muy lejos de ella en su obra ensayística. Martín Gaite constata que la mujer lleva siglos colmando su ansia de libertad y reconocimiento mediante el amor.

Ahora bien, ese amor no lo ha definido ella misma, sino los modelos culturales. Modelos, por cierto, que dan gato por liebre: prometen plenitud y acaban propiciando una continua dependencia de la mirada masculina.

Martín Gaite trata este tema con una habilidad singular: la de encontrar agazapado el discurso cultural en nuestros gestos más cotidianos y nuestros deseos más íntimos. Por eso sus ensayos consiguen que nos interroguemos y nos encontremos.

Narraciones en soledad

Así sucede en La búsqueda de interlocutor (1974), obra que señala la clave del problema según la autora: la intolerancia a la soledad. Esa resistencia explicaría que las mujeres hayan asumido las distintas versiones de la relación amorosa que la cultura les ha proporcionado.

El dilema es que la soledad es fundamental para componer un relato propio sobre una misma. Solo así se evitaría la trampa de picar en el ajeno. La búsqueda de interlocutor describe con lucidez esa trampa: quedar a la intemperie existencial cuando el cuentito ya no se sostiene.

Artículo de Carmen Martín Gaite en la revista _Triunfo_ en octubre de 1970.
Artículo de Carmen Martín Gaite en la revista Triunfo en octubre de 1970.
Triunfo digital

¿Qué une a Emma Bovary, Marilyn Monroe y el ama de casa de los 60 entregada al fetichismo consumista? Todas ellas han construido sus vidas sobre relatos ajenos: la literatura, el cine o la publicidad les han dado imágenes con las que identificarse. Al hacerlo así, se han convertido en criaturas que se buscan en los ojos de los hombres. Pero cuando falla ese espejo, la imagen cae y no se sabe o no se puede llenar el vacío con otro relato de una misma.

A Martín Gaite le parece sustancial crear esa nueva narración, sin la cual no puede sostenerse la personalidad. Tanto es así que advierte de su importancia a las feministas de los 70. No habrá emancipación, afirma la autora, si no se enraíza en un proceso íntimo de elaboración subjetiva.

De la devastación al diálogo

Para ello es necesario saber narrar, contarse el propio mundo con atención, paciencia y palabras bien afiladas. Ese es el hallazgo de El cuento de nunca acabar (1983), ensayo que describe el vínculo entre amor y narración y se pregunta por la posibilidad de una ficción amorosa que no desemboque en devastación emocional.

Martín Gaite afirma que nos hacemos en la mirada y los cuentos de la madre. Después, nos empezamos a entrenar como narradores para encandilar a los adultos con nuestros propios cuentos. El deseo de replicar esa sensación de reconocimiento nos lanza más tarde a la aventura amorosa: perseguimos “nuestro ‘yo’ reflejado en los ojos del otro”.

Sin embargo, esa persecución es el problema mismo: queremos afirmarnos en la persona amada, y así la ocultamos con nuestros propios deseos, heridas y fantasías. Superponemos nuestro cuento al suyo.

Lo deseable sería, en cambio, basar la relación en un diálogo cuidadoso para evitar esas proyecciones. Pero Martín Gaite no cree demasiado en esa posibilidad: “Yo, la verdad, lo veo muy difícil”. Y, sin embargo, no quiere acabar de desecharla. Por eso la inventa en sus novelas y la confía al futuro.

Tomar las riendas

Eso sí, esa apuesta por el futuro no dará fruto si no nos comprometemos a un trabajo: pasar del relato de La Cenicienta al de El Gato con Botas. Será necesario hacer como el felino protagonista, que inventa una ficción para construir su libertad. Así se deshace de lo que otros dicen que es o no es: contándose tan bien su propia historia que tanto él mismo como los demás tienen que creer en ella.

Para Martín Gaite, no habrá camino a otras narraciones amorosas –en caso de que las quisiéramos inventar– si las mujeres no toman las riendas de su propia historia interior.

En la actualidad, la copiosa cosecha narrativa de las novelistas es una indagación en ese sentido. Autoras como Sara Mesa, Elisa Victoria o Andrea Abreu, entre otras, están contando el cuento propio de sus protagonistas. El tiempo dirá si para inventar o no, entre todas, ficciones amorosas inéditas.

The Conversation

Gemma Márquez Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La ficción del amor según Carmen Martín Gaite – https://theconversation.com/la-ficcion-del-amor-segun-carmen-martin-gaite-270706

El mundo niega la protección a las anguilas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Anguila europea jack perks/Shutterstock

Los científicos tenemos información de sobra para saber que la crítica situación en la que se encuentran varias especies de anguila debe llevar a dejar de pescarlas, venderlas y comerlas. Sin embargo, la demanda de la anguila no para de crecer, en buena parte fomentada por el mercado del lujo, en el que el consumo de especies raras, y por ello caras, se convierte en una suerte de demostración de estatus. Las administraciones e instituciones con capacidad de actuar para proteger a las anguilas han sido siempre muy reticentes a hacerlo, y acaba de perderse una nueva oportunidad para ello en la última convención de las partes del convenio CITES.

Las anguilas del género Anguilla son un conjunto de 17 especies de peces muy parecidas entre sí. Todas esas especies se reproducen en el mar, cada una de ellas en una zona concreta, que solo en algunos casos conocemos con precisión. Tras nacer, migran a lejanos ríos y humedales para crecer. Más tarde, al alcanzar la madurez, vuelven a su lugar de nacimiento para reproducirse y morir.

Todas las anguilas europeas nacen en un lugar aún desconocido dentro del área que conocemos como Mar de los Sargazos, salida y destino de dos épicas migraciones de miles de kilómetros, las mayores entre todas las especies del género.

Mal estado de conservación

La mayor parte de las especies de anguila, por no decir todas ellas, tienen un mal estado de conservación, con declives poblacionales en los que la explotación comercial juega un papel fundamental, aunque pueda no ser su única causa.

La amenaza es mayor para las especies más intensamente explotadas: las anguilas europea (A. anguilla), japonesa (A. japonica) y americana (A. rostrata). El caso más extremo es el de la anguila europea, que se considera en peligro crítico de extinción (la máxima categoría de amenaza) desde 2008. Las especies japonesa y americana, al igual que la anguila de aleta larga de Nueva Zelanda (A. dieffenbachii), se consideran en peligro de extinción. Por dar contexto a las categorías de amenaza, estas cuatro especies de anguilas enfrentan un mayor riesgo de extinción que el lince ibérico o el panda gigante.

Frenar el comercio internacional

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) es un tratado multilateral para la protección de especies amenazadas que son objeto de comercio internacional, estableciendo límites en función de su grado de amenaza. Para ello, las especies de interés se incluyen en diferentes apéndices.

El Apéndice I debe incluir “todas las especies amenazadas de extinción que están, o pueden estar, afectadas por el comercio”, mientras el Apéndice II agrupa especies que, si bien no están necesariamente amenazadas, podrían llegar a estarlo si su comercio no se regula de forma estricta. Este último contempla también la posibilidad de incluir especies que no están amenazadas, pero pueden confundirse en el formato en el que se comercialicen con especies de los apéndices I o II.

El comercio internacional de las especies del Apéndice I queda en la práctica prohibido (solo se autorizaría “en circunstancias excepcionales”), mientras con las especies del Apéndice II podría hacerse un comercio internacional, a condición de que una evaluación formal acredite que éste “no será perjudicial para su supervivencia”.

Actualmente, solo la anguila europea está amparada por la CITES, que la incluye en su Apéndice II. En la vigésima convención de las partes de CITES, celebrada en Samarcanda (Uzbekistán) a finales de noviembre, se discutió la propuesta de la Unión Europea y Honduras de incluir a todas las especies del género Anguilla en el Apéndice II, el que figuraba ya la anguila europea. Sin embargo, una amplia mayoría de las partes (más del 75 %) se opuso al cambio.

Una oportunidad perdida

Se pierde, así, una oportunidad de mejorar el pobre papel que juega la CITES en la conservación de las anguilas. Teniendo en cuenta la grave situación en la que se encuentran varias especies del género, la propuesta era incluso descafeinada. Podía haber sido más ambiciosa si, como sugirió la Comisión Europea, se hubiese incluido a la anguila europea en el Apéndice I. Pero ante la presión del sector económico que explota la anguila, la comision optó por una propuesta más ligera.

Esta presión se ejerce a través de una entidad llamada Sustainable Eel Group, que tiene en nómina a renombrados estudiosos de la anguila y desarrolla una intensa y efectiva actividad lobista en las instituciones europeas. El grupo se opuso a la propuesta de la Comisión, argumentando que si la anguila europea entrase en el Apéndice I de CITES “sería imposible su explotación comercial”.

Como científico, me parece sorprendente que ese cese de la explotación de una especie al borde de la extinción se vea como un problema. El abandono de la pesca y comercialización debería ser un objetivo prioritario para la conservación de la anguila europea.

El reto de proteger a las anguilas

En mi opinión, las especies más amenazadas del género Anguilla deberían estar incluidas en el Apéndice I de CITES. Al menos cuatro especies cumplen sin lugar a dudas los criterios para ello, por estar amenazadas de extinción y verse afectadas por el comercio internacional.

Además, la protección estricta de las especies más amenazadas debería complementarse con la inclusión de las restantes en el Apéndice II, por tener un estado de conservación desfavorable (ocurre en varios casos) o por la posibilidad de confundirlas con otras anguilas más amenazadas al comercializarse. Esto último es relevante porque todas las especies de anguilas sirven entre sí de sustitutos en el mercado, tanto al natural como en formas procesadas.

La protección de las anguilas es, por diferentes motivos, una tarea compleja. Por un lado, al ser especies migradoras, utilizan un gran número de hábitats, y necesitan que todos ellos estén en un estado ecológico aceptable. Por otro, las amenazas que se ciernen sobre las distintas especies de anguilas son diversas, incluyendo, además de la sobrepesca, la pérdida de hábitats por el efecto barrera de presas, la aparición de parásitos y otras especies invasoras, la contaminación y/o desaparición de sistemas acuáticos o el cambio climático.

Para complicar más el escenario, la mayoría de las especies de anguilas tienen amplias áreas de distribución que abarcan múltiples países, cada uno con sus marcos legales y sus prioridades de conservación.

Información de sobra para dejar de comer anguilas

Tenemos información de sobra para saber que tenemos que dejar de pescar, vender y comer anguilas. Y podemos hacerlo con un coste social pequeño y fácilmente compensable mediante una moratoria en su explotación comercial. La coordinación internacional es imprescindible para que la protección de las anguilas sea efectiva, pero existen pocos marcos en los que pueda cristalizar esa coordinación. La CITES parece una de las mejores opciones para que lo hiciera, pero lamentablemente sigue sin servir para ese fin. Mientras CITES se decide a dar el paso de proteger a las anguilas, la Comisión Europea tendría potestad para vedar la pesquería de la anguila europea, algo que su consejo asesor en materia de pesca le lleva pidiendo sin éxito desde hace años. Frenar el comercio legal de anguilas entre países dificultaría también el comercio ilegal, a menudo ligado a pesquerías legales, y tendría el potencial de reducir la demanda de estos amenazados animales.

Si no somos capaces de adoptar medidas urgentes y aparentemente sencillas, como las que llevarían a proteger las anguilas, ¿cómo decidiremos cambios tan ambiciosos como los necesarios para afrontar la emergencia climática?

The Conversation

Miguel Clavero Pineda es investigador principal del proyecto CRAYMAP (PID2020-120026RB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, en el cuál se enmarca este trabajo

ref. El mundo niega la protección a las anguilas – https://theconversation.com/el-mundo-niega-la-proteccion-a-las-anguilas-270893

El nuevo ‘mandato estadounidense’ en Gaza: en qué consiste la Resolución 2803 en la que no participan los palestinos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aritz Obregón Fernández, Investigador y profesor de Derecho internacional, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

La Resolución 2803 fue aprobada en el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 17 de noviembre. lev radin/Shutterstock

Más de 100 años después del Mandato Británico de Palestina ha comenzado el nuevo mandato estadounidense que se extenderá, al menos, hasta finales de 2027.

Con 13 votos a favor y las abstenciones críticas de China y Rusia, así como con el apoyo político de algunos Estados árabes y musulmanes, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respaldó y legitimó a mediados de noviembre el Plan integral del presidente Donald Trump a través de la Resolución 2803 (2025).

Nos encontramos ante una decisión sui generis que rompe con la práctica habitual del Consejo de Seguridad en la formulación de sus resoluciones: el preámbulo es extremadamente corto, se califica la situación en la Franja de Gaza como una amenaza para la paz regional y la seguridad de los Estados vecinos y no se ampara en el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas para autorizar la fuerza armada.

Contenido de la resolución

En línea con el Plan Integral, la resolución ha creado una Junta de Paz a fin de supervisar la reconstrucción, recuperación económica y desmilitarización absoluta de la Franja de Gaza. No así para garantizar el fin de ocupación israelí y que el pueblo palestino ejerza su derecho a la libre determinación.

Este gobierno transitorio cuenta con amplios poderes para llevar a cabo su labor y tendrá el mando general de todo lo que acontezca en Gaza. Está previsto que la gestión diaria de los servicios públicos esté a cargo de un comité tecnocrático apolítico palestino constituido por palestinos cualificados y expertos internacionales.

La resolución no detalla tampoco la composición de la Junta, si bien sabemos que estará dirigida por el presidente Trump y compuesta por otros líderes, como Tony Blair, y jefes de Estado de la región.

Para hacer frente a los desafíos de seguridad, se ha creado una Fuerza Internacional de Estabilización encargada de garantizar la seguridad de la zona y los civiles, desarmar a Hamás y otros actores no estatales y desmilitarizar Gaza. Asimismo, está previsto que capacite y apoye a unas fuerzas policiales palestinas sin presencia de Hamás que Egipto y Jordania llevan meses formando.

Esta fuerza multinacional no constituirá una operación de cascos azules al uso, sino lo que los especialistas denominan “fuerzas de imposición de la paz”, autorizadas a utilizar la fuerza armada para cumplir su mandato.

En este sentido, destaca la amplitud de la autorización del uso de la fuerza, alejándose de la práctica de establecer mandatos específicos. Visto el crítico comunicado de Hamás sobre la resolución, cabe plantearse qué ocurrirá si la organización sigue rechazando desarmarse al amparo de su derecho para hacer uso de la fuerza contra fuerzas de ocupación.




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¿Tiene Palestina derecho a hacer uso de la fuerza armada contra Israel?


La fuerza internacional contará presumiblemente con fuerzas militares de Azerbaiyán, Egipto, Indonesia, Catar y Turquía y comenzará a desplegarse en enero de 2026.

Plan para parte de Gaza sin palestinos

El elemento más reseñable es la ausencia de los palestinos tanto durante el proceso de negociación del plan de paz y la resolución como durante el nuevo mandato estadounidense. Más allá del comité tecnocrático, sometido a la supervisión de la Junta, no se ha buscado el consentimiento previo de la Organización para la Liberación de Palestina o la Autoridad Nacional Palestina en la creación de la Junta, ni en el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización.

Durante esta etapa tampoco se contempla recabar la opinión del pueblo palestino; por el contrario, la resolución ha explicitado que la fuerza multinacional deberá coordinarse estrechamente con Egipto e Israel.

De la misma manera, la retirada de Israel del territorio de la Franja de Gaza que mantiene ocupado militarmente se hará de forma paulatina, condicionada a “hitos y plazos de desmilitarización” que se pactarán entre la fuerza multinacional, Israel y la Junta. En todo caso, se prevé que Israel conserve una “zona de seguridad” alrededor de la Franja hasta que no exista una “amenaza terrorista resurgente”.

Un diálogo condicionado a que solo cumpla Palestina

Otro aspecto particularmente negativo de la resolución es que solamente se refiere a Gaza, rompiendo la integridad territorial de Palestina, y no reafirma el compromiso con la solución de los dos Estados, limitándose a comprometerse al impulso de un diálogo para acordar un “horizonte político” de coexistencia pacífico y próspero.

Este diálogo parece estar condicionado, al igual que el periodo de transición de la Junta, a que la reconstrucción esté avanzada y la Autoridad Nacional Palestina “cumpla plenamente” con un programa de reformas no concretado.

Probablemente, el mejor análisis de la situación lo haya aportado un funcionario israelí al señalar que la resolución debilita la causa palestina: “Se les exige que realicen cambios tan estrictos y radicales que las posibilidades de que lo consigan son nulas. Para conseguir un Estado, tendrían que convertirse en algo parecido a Suecia”.

Tampoco es alentador que el mando de todo este intento esté dirigido únicamente por Estados Unidos, un actor que ha demostrado reiteradamente que es un aliado incondicional de Israel. Sin ir más lejos, al día siguiente de la aprobación de la resolución, votó en contra de una resolución en favor del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino.

Con todo, la resolución ha sido saludada por la Autoridad Nacional Palestina con una declaración en la que subraya su derecho a la autodeterminación. Ante la disyuntiva de que continúen los crímenes de Israel y este mandato estadounidense, sobre el que existen serias dudas de su licitud, se ha tenido que optar por el mal menor.

Mientras tanto, Israel, que rechaza abiertamente la creación del Estado palestino, sigue con su política de colonización de Cisjordania e insiste en que la única solución para Gaza es la emigración de la población gazatí.

The Conversation

Aritz Obregón Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El nuevo ‘mandato estadounidense’ en Gaza: en qué consiste la Resolución 2803 en la que no participan los palestinos – https://theconversation.com/el-nuevo-mandato-estadounidense-en-gaza-en-que-consiste-la-resolucion-2803-en-la-que-no-participan-los-palestinos-270543

Peste porcina africana: la hipótesis del bocadillo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

Una familia de jabalíes busca comida junto a una carretera. Davide Zanin Photography/Shutterstock

Hasta el momento se han detectado nueve casos de jabalíes muertos por peste porcina africana en el municipio de Cerdanyola del Vallés (Barcelona). Es decir, por un enfermedad que se erradicó en España en 1995.

La primera pregunta que surge es de dónde ha venido el virus, cómo ha vuelto a España después de 30 años sin detectarse ningún caso. Se ha sugerido que el origen del brote provenga de restos de un bocadillo con embutido contaminado por el virus: la hipótesis del bocadillo. Suena curioso, pero ¿es posible que empezara así?

Muy contagioso, pero no patógeno para el ser humano

Endémica en el África subsahariana, la peste porcina africana se detectó por primera vez en Kenia a principios del siglo pasado. El ciclo biológico original del virus que la causa es una transmisión entre garrapatas y cerdos salvajes, como el facóquero común, de donde puede saltar a cerdos domésticos.

El patógeno se transmite muy fácilmente por contacto directo (vía oral o nasal) entre estos animales y por garrapatas del género Ornithodorus. Es capaz de permanecer viable más de tres meses en carnes y embutidos, más de un año en sangre refrigerada e incluso varios años en carne congelada. En jabalíes muertos, puede sobrevivir varios meses si el cadáver está en un lugar frío.

La vía de entrada más frecuente del virus es a través de alimentos o productos contaminados que sirven de alimento a cerdos o jabalíes. Además, al ser muy estable en el ambiente, puede transmitirse a través de material contaminado como vehículos, ropa, calzado, herramientas, piensos…

La enfermedad solo afecta a cerdos salvajes y domésticos, y su mortalidad puede llegar al 100 %. No existe ni tratamiento ni vacuna comercial, aunque hay varios prototipos en desarrollo. Y, por último, hay que aclarar que no es un virus zoonotico, es decir, no resulta patógeno para el ser humano. Consumir carne o embutidos contaminados no supone ningún riesgo para las personas.

Las dos oleadas del virus en Europa

El virus se detectó por primera vez en Europa en 1957. Llegó a Portugal desde Angola en avión, a través del catering. Los desperdicios de la comida fueron consumidos por cerdos de una granja próxima al aeropuerto.

Aunque este primer brote logró controlarse, en 1960 se desencadenó una primera oleada en Europa. Desde Portugal, el virus entró en España por Badajoz y se extendió por todo el país. Durante los años siguientes, otros países europeos también resultaron afectados: Italia, Francia, Malta, Bélgica y Países Bajos. Fueron sacrificados millones de cerdos y se establecieron estrictas medidas de control.

Se tardaron 35 años en erradicar la enfermedad, oficialmente en 1995. La excepción ha sido la isla de Cerdeña (Italia), donde los cerdos se crían libremente en contacto con los jabalíes y la peste porcina africana ha seguido siendo endémica (aunque no se ha detectado ningún caso desde 2019). Se ha sugerido que el virus entró en la isla en 1978 a través de alimentos contaminados procedentes de España.

Después de esta primera “ola” epidémica, que duró desde 1960 hasta 1995, una segunda oleada ocurrió en 2007. En este caso, el virus entró por barco por el puerto de Poti, en Georgia. De nuevo, fueron cerdos domésticos que se alimentaron de restos de comida de un barco procedente de África.

Desde Georgia, la infección se diseminó por el este de Europa: desde Armenia a Rusia y de ahí a Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Estonia y Polonia, donde se han notificado casos tanto en jabalíes silvestres como en explotaciones de cerdo doméstico. En los últimos años se han detectado brotes en otros países europeos como Alemania, Italia, República Checa, Grecia y Rumanía, siendo este último el más afectado. Desde 2019 hay una propagación lenta pero constante por gran parte de los países europeos y alrededores.

Y el virus ha seguido viajando: la enfermedad llegó a China en 2018 y de ahí se ha extendido por otros países asiáticos, con Vietnam como uno de los países más afectados. Se ha estimado que solo en China fueron sacrificados más de 200 millones de cerdos. En 2021, el virus llegó al continente americano, a través de República Dominicana. A principios de febrero de 2023, la peste porcina africana estaba presente en más de 50 países de los cinco continentes.

La tormenta perfecta

Como vemos, el virus está presente en poblaciones de jabalíes y cerdos domésticos en varios países, especialmente de Europa del Este. El tráfico, comercio y movimiento de personas y mercancías por Europa es muy intenso, a lo que hay que sumar que el patógeno puede permanecer meses en carnes, embutidos y otros alimentos.

En otras ocasiones se ha documentado su entrada a través de restos de comida contaminada. Llevamos años con una gestión de la población de jabalíes muy cuestionable: se ha estimado que su población en España puede superar los dos millones de ejemplares. Son animales que se reproducen fácilmente, sin depredadores, carroñeros que se acercan al ámbito urbano para alimentarse.

Que el virus haya podido entrar en España a través de jabalíes o cerdos infectados que viajaran desde el este de Europa es muy improbable, porque el movimiento de estos animales es limitado y está controlado. La hipótesis más plausible, efectivamente, es que fuera transportado por el ser humano y que haya infectado a jabalíes a través de restos de comida contaminada.

Desde hace años se sabe que el control de la población de jabalíes es una de las herramientas más efectivas contra la peste porcina africana. Este evento es una demostración más de que a la naturaleza no solo hay que protegerla, sino que también hay que gestionarla.

The Conversation

Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Peste porcina africana: la hipótesis del bocadillo – https://theconversation.com/peste-porcina-africana-la-hipotesis-del-bocadillo-271274

Terraplanismo, espíritus y teorías conspirativas: ¿por qué hay creencias impermeables a las pruebas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eli Elster, Doctoral Candidate in Evolutionary Anthropology, University of California, Davis

_La pesadilla_, de Johann Heinrich Füssli. Wikimedia Commons

El 22 de febrero de 2020, Mad Mike Hughes remolcó un cohete casero hasta el desierto de Mojave y se lanzó al cielo. ¿Su objetivo? Comprobar que la Tierra era plana desde el espacio. Era su tercer intento y, trágicamente, resultó fatal. Hughes se estrelló poco después del despegue y murió.

El apodo de Hughes, Mad Mike, puede parecer muy acertado. ¿Acaso no es una locura arriesgar la vida luchando por una teoría que fue refutada en la antigua Grecia?

Pero la convicción de Hughes, aunque sorprendente, no es única. En todas las culturas registradas, las personas han mantenido creencias firmes que parecían carecer de pruebas a su favor, algo que podríamos denominar “creencias extraordinarias”.

Para los antropólogos evolutivos como yo, la omnipresencia de este tipo de creencias es un enigma. El cerebro humano evolucionó para formar modelos precisos del mundo, y la mayoría de las veces lo hacemos bastante bien. Entonces, ¿por qué las personas también suelen adoptar y desarrollar creencias que carecen de pruebas sólidas que las respalden?

En una nueva reseña publicada en la revista Trends in Cognitive Sciences, propongo una respuesta sencilla: las personas llegan a creer en la Tierra plana, los espíritus y las vacunas con microchips por las mismas razones por las que llegan a creer en cualquier otra cosa. Sus experiencias les llevan a pensar que esas creencias son ciertas.

Teorías de creencias extraordinarias

La mayoría de los científicos sociales han adoptado un punto de vista diferente sobre este tema. Ciertas creencias sobrenaturales, las teorías conspirativas y la pseudociencia han sorprendido a los investigadores por ser totalmente impermeables a las pruebas que las contradicen. En consecuencia, han asumido que la experiencia no es relevante para la formación de esas creencias. En cambio, se han centrado en otros dos factores explicativos.

La primera explicación común son los sesgos cognitivos. Muchos psicólogos sostienen que los seres humanos poseen atajos mentales para razonar sobre cómo funciona el mundo. Por ejemplo, las personas son muy propensas a ver intenciones e inteligencia detrás de acontecimientos aleatorios. Un sesgo de este tipo podría explicar por qué la gente suele creer que las deidades controlan fenómenos como el clima o las enfermedades.

El segundo factor es la dinámica social: las personas adoptan ciertas creencias no porque estén seguras de que son ciertas, sino porque otras personas las tienen o porque quieren transmitir algo sobre sí mismas a los demás. Por ejemplo, algunos teóricos de la conspiración pueden adoptar creencias extrañas porque dichas creencias vienen acompañadas de una comunidad de creyentes leales y solidarios.

Ambos enfoques pueden explicar en parte cómo las personas llegan a tener creencias extraordinarias. Pero descartan tres formas en las que la experiencia, junto con los otros dos factores, puede moldear esas ideas.

vast grassy landscape with blue sky and white clouds
La ciencia dice una cosa, pero tus ojos te dicen que la Tierra parece bastante plana.
sharply_done/E+ via Getty Images

La experiencia como filtro

En primer lugar, propongo que la experiencia puede actuar como un filtro. Determina qué creencias extraordinarias pueden difundirse con éxito entre la población.

Tomemos como ejemplo la teoría de que la Tierra es plana. Sabemos con absoluta certeza que es falsa, pero no es más o menos errónea que la teoría de que la Tierra tiene forma de cono. Entonces, ¿qué hace que solo el terraplanismo tenga éxito frente a otras alternativas igualmente incorrectas?

La respuesta es tan obvia como parece: la Tierra parece plana cuando estamos sobre ella, no tiene forma de cono. La evidencia visual favorece una creencia extraordinaria sobre las demás. Por supuesto, la evidencia científica muestra claramente que nuestro planeta es redondo, pero resulta extraño que algunas personas prefieran confiar en lo que les dicen sus ojos.

2. La experiencia como chispa

Mi segundo argumento es que la experiencia actúa como chispa para las creencias extraordinarias. Las experiencias extrañas, como las alucinaciones auditivas, son difíciles de explicar y comprender. Por eso, las personas hacen todo lo posible por explicarlas y, al hacerlo, se les ocurren creencias que parecen adecuadamente extrañas.

Para esta vía, la parálisis del sueño es un buen caso de estudio. Este fenómeno se produce en el espacio entre el sueño y la vigilia: sentimos que estamos despiertos, pero no podemos movernos ni hablar. Es aterrador y bastante común. Y, curiosamente, quienes lo padecen suelen sentir como si hubiera un agente amenazante sentado sobre su pecho.

Como científico, interpreto la parálisis del sueño como el resultado de una confusión neuronal. Pero no es difícil imaginar cómo alguien sin formación científica –es decir, casi todos los seres humanos a lo largo de la historia– podría interpretar la experiencia como una prueba de la existencia de seres sobrenaturales.

La experiencia como herramienta

Para mí, la tercera vía potencial hacia creencias extraordinarias es especialmente intrigante. En muchos casos, las personas no solo adoptan dichas creencias, sino que desarrollan prácticas inmersivas que hacen que parezcan verdaderas.

Por ejemplo, imagine que es usted una agricultora que vive en las tierras altas de Lesoto, en el sur de África, donde realiza trabajo de campo etnográfico. Sufre una serie de abortos espontáneos y quiere saber por qué. Así que acude a una curandera tradicional, quien le dice que puede obtener la respuesta de sus antepasados bebiendo una bebida alucinógena. Usted toma la bebida y, poco después, comienza a ver espíritus que le hablan y le explican los motivos de su desgracia.

Chamán con traje colorido y collares sirviendo con un cucharón de una olla de barro
Un chamán podría administrar una sustancia psicoactiva que afecta la forma en que experimentas el mundo que te rodea.
Luis Acosta/AFP vía Getty Images

Es evidente que una experiencia como esta podría reforzar su creencia en la existencia de los espíritus. Estas prácticas inmersivas, como la oración, la danza ritual y el uso religioso de sustancias psicoactivas, crean pruebas que hacen que las creencias asociadas parezcan ciertas.

¿Qué viene después?

Las creencias extraordinarias no son intrínsecamente buenas o malas. En particular, las creencias religiosas proporcionan significado, seguridad y un sentido de comunidad a miles de millones de personas.

Sin embargo, algunas creencias extraordinarias son motivo de gran preocupación. Concretamente, la desinformación sobre ciencia y política es muy peligrosa. Al reconocer cómo esas creencias se forman a partir de la experiencia, los investigadores pueden encontrar mejores formas de combatir su propagación.

No obstante, es igualmente importante que la perspectiva que sugiero pueda fomentar una mayor compasión y afinidad hacia las personas que tienen creencias que parecen muy diferentes a las suyas. No están “locas” ni son insinceras. Como cualquier otro ser humano, consideran que las pruebas están de su parte.

The Conversation

Eli Elster no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Terraplanismo, espíritus y teorías conspirativas: ¿por qué hay creencias impermeables a las pruebas? – https://theconversation.com/terraplanismo-espiritus-y-teorias-conspirativas-por-que-hay-creencias-impermeables-a-las-pruebas-271317

Suplemento cultural: perder la cabeza con las series

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Imagen promocional de la quinta temporada de _Stranger Things_. Netflix

Este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Hace unas semanas mi padre me preguntó si ya se había estrenado la quinta temporada de Stranger Things. “No, le dije, hasta finales de noviembre nada”. Y, señalándome una lista de Netflix, insistió: “Pero entonces ¿por qué está entre lo más visto de la plataforma?”

No tengo ni idea de la razón real, pero mi primera respuesta, basada en la experiencia personal, fue indicarle que probablemente la gente estaba volviendo a ver la cuarta temporada porque se había estrenado en 2022 y nadie se acordaba del punto en el que habíamos dejado la trama.

Elena Neira y Juan Luis García Fernández explican por qué los nuevos modos de visionado de las series no ayudan nada a que los personajes, las historias y el desarrollo de las mismas se asienten en nuestra cabeza. En una semana vemos una serie del tirón y no volvemos a ella hasta dos años después, cuando nos hemos olvidado incluso de cómo se titulaba. Es inquietante pensar que, si no cambiamos nuestra forma de interactuar con las plataformas, dejaremos de utilizar todo el potencial de nuestra mente y, al final, esta se acabará acostumbrando a trabajar menos.

Yo, por mi parte, antes de abordar la quinta entrega me leí el desglose de capítulos de Stranger Things que estaba en la Wikipedia y vi los últimos dos de la temporada anterior. Así me preparé para volver a Hawkins.

Prima ballerina assoluta

Hace unos meses, en una exposición dedicada al fotoperiodismo de Marisa Flórez, vi una foto que esta le había hecho a la rusa Maya Plisetskaya cuando ella dirigía el Ballet del Teatro Lírico Nacional español.

En la imagen, en blanco y negro, un grupo de bailarinas vestidas con tutús claros rodeaba sobre un escenario a la coreógrafa, que a cambio llevaba un traje negro. La potencia de la imagen en la que se retrataba a unas artistas tan fuertes con apariencia tan delicada se exacerbaba al colocarse, en el montaje expositivo, al lado de una imagen de las primeras mujeres que habían entrado en el ejército.

He pensado mucho en esa imagen, de firme fragilidad, mientras leía el repaso que Laura Hormigón (también fantástica bailarina) hace de la carrera de la rusa en el año en el que se han cumplido cien años de su nacimiento.

Los jóvenes que quieren triunfar

Confesaré que, para lo enganchada que estuve a la primera edición de Operación Triunfo, estoy bastante desconectada de su formato actual.

No obstante, ayuda mucho tener a autores como José Ángel Baños Saldaña y Guillermo Sánchez Ungidos, capaces de analizar cómo este programa de telerrealidad, además de contar la historia de un grupo de soñadores, es un espejo de la industria musical. Y al verla reflejada en este cristal, con tantas horas de emisión y de retrato generacional, podemos fijarnos en sus puntos fuertes… pero también en los más débiles.

El dictador cinéfilo (pero no tanto)

Y, en unas semanas en las que recordamos los 50 años de la muerte de Franco y, por tanto, del principio del fin del franquismo, me gustaría fijarme en la relación que la dictadura española tuvo con el séptimo arte.

Porque, como cuenta Emeterio Diez Puertas, “el franquismo fue el primer régimen que pensó y practicó una política cinematográfica en España”. Es muy interesante analizar cómo, de la mano de la dictadura, se dio poder a la Iglesia, la patronal y el ejército para controlar lo que se exhibía, distribuía y producía. Estos sectores tenían mano en la censura, el dinero que se movía en la industria, la propaganda que se transmitía (el NO-DO es el ejemplo más claro) y la violencia política que se justificaba en los entornos artísticos.

Algunos ejemplos de los que hemos hablado aquí serían los doblajes que se hacían para intentar reparar los diálogos censurables (y que acababan siendo más sórdidos), la creencia de que “el elemento femenino” no podía graduarse en la especialidad de Dirección en la Escuela de cine o el hecho de que la Segunda República acabase siendo la antagonista de numerosas producciones franquistas que buscaban ensalzar el propio régimen.

Por cierto, Francisco Franco “ha sido el único gobernante español que ha escrito un guión y que lo ha rodado, casi por su cuenta, como productor ejecutivo: Raza”.

Si están cerca de un cine que todavía la exhiba, aprovecho para recomendarles La cena, una comedia situada en los primeros días de la dictadura.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: perder la cabeza con las series – https://theconversation.com/suplemento-cultural-perder-la-cabeza-con-las-series-271356

Así es la peste porcina africana que amenaza a España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca

KACHALKIN OLEG/Shutterstock

La peste porcina africana ha entrado en España. El 27 de noviembre de 2025, España notificó su primer brote de peste porcina africana (PPA) desde 1994. Como consecuencia, este país ha perdido su estatus de país libre de PPA.

El número de casos positivos ha ido aumentando con el paso de los días. De momento, hay nueve jabalíes muertos por la enfermedad, todos en el municipio de Cerdanyola del Vallés (Barcelona). Los servicios veterinarios oficiales de Catalunya, en colaboración con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, han delimitado una zona de control y vigilancia en un radio de 20 kilómetros en torno a los casos detectados.

La campaña europea

En otoño de 2020, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (European Food Safety Authority, EFSA) lanzó una campaña, bautizada como “Alto a la peste porcina africana”, destinada a concienciar y sensibilizar a la población y a detener los graves brotes que surgían en el sudeste de Europa y que pueden amenazar gravemente la economía del continente. De momento, el éxito de la campaña es limitado, porque es evidente que la enfermedad continúa en expansión.

La peste porcina africana (PPA) es una devastadora enfermedad vírica, producida por un virus de ADN de la familia Asfarviridae y caracterizada por fiebres hemorrágicas, ataxia y depresión severa, que afecta a cerdos, jabalíes y a los parientes cercanos de la familia Suidae, con una tasa de letalidad de hasta el 100 %. Esta enfermedad afecta a todas las razas y tipos de cerdos domésticos y jabalíes europeos, y los animales de todas las edades son igualmente susceptibles al virus. Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), el virus de la peste porcina africana (PPA) es el patógeno más importante que afecta a la población porcina doméstica a nivel mundial.

Una de las carnes más consumidas

La enfermedad no tiene potencial zoonótico, porque no afecta al ser humano, pero el impacto socioeconómico que manifiesta es tremendo, porque el cerdo es una de las carnes más consumidas a nivel mundial.

Los cerdos son una fuente primaria de ingresos domésticos en muchos países y suponen una de las principales fuentes de proteínas animales, representando más del 35 % de la ingesta mundial de carne. En 2024, la UE produjo una cantidad provisional de 21,1 millones de toneladas de carne de cerdo. Los dos principales países productores de carne de porcino de la UE son, precisamente, España (5,0 millones de toneladas en 2024) y Alemania (4,3 millones de toneladas)

Durante la última década, la peste porcina africana ha pasado de ser una enfermedad regional del África subsahariana a erigirse como una amenaza considerable y tangible para la cría de cerdos, especialmente en Europa y en Asia. Su propagación ha devastado las granjas porcinas gestionadas por familias, a menudo el pilar del sustento de las personas. Como efecto colateral, ha reducido las oportunidades de acceder a la atención médica y a la educación en países pobres.

Europa, China y Vietnam

Desde enero de 2022, en Europa más de 1,5 millones de cerdos domésticos han muerto o han tenido que ser sacrificados o eliminados por causa de la peste porcina africana, para lq que no existe una vacuna eficaz.

En agosto del año 2018 apareció un gran brote de PPA en China, el mayor productor y consumidor de carne porcina del mundo, que obligó a los productores chinos a sacrificar a más de 200 millones de cerdos y supuso una pérdida económica del 0,78 % en el producto interior bruto chino del año 2019. Esto tuvo un importante impacto desacelerador en la economía china y afectó a los mercados cárnicos a nivel mundial, representando una fuerte amenaza para el suministro global de carne de cerdo.

En cuanto al brote de peste porcina africana que sufrió Vietnam en el año 2019, provocó una disminución del PIB del país de al menos un 0, %.

El PPA tiene 24 genotípos diferentes

El virus tiene 24 genotipos descritos, basados en la secuenciación del gen de la proteína de la cápside p72 del ASFV (siglas de African swine fever virus).

El genotipo I del virus de la peste porcina africana es endémico en Cerdeña. El genotipo II del virus fue introducido en el año 2007 en Georgia y desde allí se propagó a través de la región del Cáucaso, afectando a Armenia, Azerbaiyán, Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Polonia, Estonia, Moldavia, la República Checa y Rumania, donde el virus continúa circulando.

El virus de la peste porcina africana hallado en jabalíes en España es el genotipo II, el mismo que circula en Europa.

Ojo con los productos cárnicos infectados

El virus de la PPA es muy resistente en el medio ambiente y en los productos porcinos, lo que significa que puede sobrevivir en la ropa, botas, ruedas y otros materiales y cruzar fronteras si no se toman las medidas adecuadas. Así, la transmisión de un país a otro puede verse facilitada por los viajeros que llevan cerdos infectados o productos porcinos contaminados y no los declaran a las autoridades.

Como se trata de un virus resistente a un amplio rango de pH y a ciclos de congelación y descongelación, puede permanecer infeccioso durante muchos meses a temperatura ambiente o almacenado a 4 °C. El virus presente en fluidos corporales y suero se inactiva a 60 °C en 30 minutos. Sin embargo, el virus presente en carne de cerdo sin procesar, donde puede permanecer viable durante varias semanas o meses, solo se inactiva calentándolo a 70 °C durante 30 minutos.

Se considera que la principal vía de infección por el virus de la peste porcina africana (PPA) es la ingesta de productos de animales infectados o material contaminado con el virus, como restos de comida o desperdicios que contengan carne de cerdo o productos cárnicos infectados.

Esta ruta es especialmente relevante para la propagación en jabalíes, debido a sus hábitos carroñeros o muy oportunistas a la hora de buscar comida, razón por la cual frecuentan la basura. Otras vías de transmisión importantes incluyen el contacto directo entre animales infectados (cerdos o jabalíes) y sanos (a través de fluidos corporales como saliva, orina, heces, secreciones nasales), el contacto indirecto a través de fómites (ropa, vehículos, equipos, calzado, pienso contaminado) y, en ciertas regiones, la picadura de garrapatas blandas del género Ornithodoros que actúan como vectores biológicos.

La persistencia del virus en el medio ambiente y en productos cárnicos (incluso curados, congelados o refrigerados) hace que estas vías de infección indirectas sean particularmente peligrosas y difíciles de controlar.

El aumento en el número de países infectados representa una amenaza significativa debido a la posible introducción del virus de la peste porcina africana en países libres de la enfermedad, ya sea a través de poblaciones de jabalíes salvajes o de la importación y el comercio legales e ilegales de productos y desechos de cerdo contaminados. Dado que los efectos de un brote de peste porcina africana pueden ser devastadores, la prevención, la detección y la información son esenciales para evitar la propagación y poder contener la enfermedad.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así es la peste porcina africana que amenaza a España – https://theconversation.com/asi-es-la-peste-porcina-africana-que-amenaza-a-espana-271230

Doctrina Monroe: más de dos siglos de “América para los americanos”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Deborah Besseghini, Doctora Investigadora Marie Curie – Departamento de Geografía, Historia y Filosofía – Historia Moderna, Universidad Pablo de Olavide

Ilustración satírica de 1896 donde se ve al Tío Sam interponiéndose entre las potencias europeas y unos personajes que representan a Nicaragua y Venezuela. Wikimedia Commons

El 24 de noviembre venció el ultimátum a Nicolás Maduro por el que Estados Unidos clasificó al llamado Cártel de los Soles como organización terrorista, allanando el camino para una posible intervención militar contra Venezuela.

Esa decisión parece menos una exigencia jurídica que una advertencia política.
Como ya se vio en la “guerra de los doce días” contra Irán, que llevó a casi toda la UE a aceptar las exigencias estadounidenses en el marco de la OTAN, Washington se preocupa cada vez menos por sustentar sus ataques mediante justificaciones normativas.

Acoso diplomático

Los detractores del presidente Trump sostienen que ha convertido a EE.UU. en un “Estado mafioso” (mafia state), debido a que recurre a prácticas gansteriles, tanto a nivel internacional como nacional. Para estas voces críticas, Trump busca la cooperación o el sometimiento mediante la amenaza del uso de la fuerza.

No hace falta simpatizar con Maduro para ver los riesgos de este acoso diplomático “bully diplomacy”. Por exitosa que haya sido hasta ahora, socava los ya frágiles cimientos del orden mundial normativo (rule-based global orden) que Occidente dice defender. Sus efectos resultan difíciles de prevenir.

Esto sucede en el aniversario de la llamada doctrina Monroe, que tuvo lugar el 2 de diciembre.

A todos nos suena el lema “América para los americanos” y ahora lo asociamos con el control de fronteras y el proteccionismo industrial. Sin embargo, no es la primera vez que se alzan banderas con este lema.

1823 fue el marco de una auténtica partida de ajedrez geopolítico. Más de dos siglos después del mensaje del presidente James Monroe, resulta útil conocer cómo Londres y Washington compitieron por la proyección política en Latinoamérica. Entender qué ocurrió y cómo Europa perdió gradualmente capacidad de influencia puede ayudarnos a leer mejor lo que se avecina.

El giro intervencionista de la doctrina Monroe

Monroe no podía prever que su declaración contra la injerencia europea en los países independientes de América y a favor del no-intervencionismo estadounidense en Europa (en Grecia, por ejemplo) se transformaría en una “doctrina” útil para justificar no solo el aislacionismo, sino también el intervencionismo en América y más allá.

Sin embargo, el germen de ese giro ya estaba inscrito en el propio mensaje de 1823.

Aquel año, la contrarrevolución alcanzaba su cenit con la invasión francesa de España, que restauró el absolutismo en Europa y parecía anunciar una intervención franco-española en América.

Cuando Monroe leyó su mensaje, Gran Bretaña ya había asegurado el gradual reconocimiento de la independencia hispanoamericana, publicando el compromiso francés a la no-intervención en América que recoge el Memorándum de Polignac. Este hecho constituyó una parte del proceso para la difícil aceptación británica de la intervención francesa en España.

Pero Washington lo desconocía. Como subrayan los expertos, la declaración de Monroe no representó una ambigua cooperación con Londres, sino una potente reacción negativa a un anterior pedido británico de colaboración sobre la independencia latinoamericana.

Fue, en esencia, un manifiesto de emancipación geopolítica.

El secretario John Quincy Adams, autor del documento, se oponía a la propuesta británica de declarar que ni Gran Bretaña ni EE. UU. anexarían territorios previamente españoles, porque pensaba que Londres quería limitar la proyección estratégica de la república. Su negativa contenía en esencia la ideología del “destino manifiesto” y un panamericanismo contradictorio.

Considerando cómo los conflictos imperiales del siglo XVIII habían perturbado la geografía continental, Adams quiso establecer que los territorios americanos ya no eran peones en el ajedrez europeo.

El mensaje de Monroe no fue una herramienta de política interna, como se ha dicho, sino que dejó claro al mundo que EE.UU. interpretaría cualquier amenaza europea a las independencias hispanoamericanas como un ataque a su propia seguridad y paz.

Percibía como interferencia los planes para crear monarquías independientes, porque nuevos lazos dinásticos habrían arrastrado a América a conflictos europeos. Por eso, la “libertad hemisférica” tenía que ser republicana.

Aguafuerte coloreado a mano de Charles Williams, en el que se ironiza sobre una derrota naval británica durante la Guerra de 1812.
Library of Congress

EE. UU. terminó legitimando como defensiva su teórica intervención contra la interferencia de otras potencias en otros países. Poco importó que careciera de la fuerza y la voluntad de materializar la amenaza. Fue una herramienta propagandística en Latinoamérica, que tuvo profundos efectos en México y Texas. Creó graves divisiones internas entre conservadores probritánicos y liberales proestadounidenses y empujó la reacción británica, una dinámica observada previamente en Sudamérica durante la Guerra de 1812.

Pero al intentar debilitar a la influencia europea, EE. UU. no quería actuar como guía del mundo americano.

El origen del “patio trasero”

Los límites de la declaración de Monroe residían, contrariamente a lo que se cree, en la reticencia de EE. UU. a gobernar un continente que solo deseaba controlar en la medida necesaria para su seguridad. Hispanoamérica representaba un escudo frente a la amenaza europea, la barrera entre el hogar y el mundo. Era su “patio trasero”. Con el tiempo el “hogar” se expandiría al jardín, y el jardín se proyectaría sobre el resto del mundo entre muchas contradicciones. Pero EE. UU. no perdería su hábito, fijado ya en 1823, de interpretar la injerencia ajena en territorios externos como una amenaza directa a su propia seguridad.

Y así como en el siglo XIX no quería gobernar el caos americano, hoy no quiere gobernar el mundo ni Occidente. Como conclusión, la “bully diplomacy” de Trump encarna el lado oscuro de una potencia militar hegemónica que no quiere ser un imperio, sino seguir preservándose a sí misma.

The Conversation

Deborah Besseghini es doctora investigadoras Marie Curie en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde desarrolla el proyecto “UNWANTED – The Revolutionary Impact of Financing a Global War, 1797-1825”, financiado por la Comisión Europea.
Algunos artículos citados son parte de un numero monográfico sobre la Doctrina Monroe en el cual la investigadora participó.

ref. Doctrina Monroe: más de dos siglos de “América para los americanos” – https://theconversation.com/doctrina-monroe-mas-de-dos-siglos-de-america-para-los-americanos-270607

De prohibir móviles a mutilar tabletas: maneras de gestionar (mal) la tecnología en el aula

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Margarida Romero, Research associate, Universitat Internacional de Catalunya; Université Côte d’Azur; Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA – CSIC)

Evgeny Atamanenko/Shutterstock

Para la directora del centro, la mañana se complicó antes de que la última gota de café cayera en la taza. En la sala de profesores, el ambiente se podía cortar con un cuchillo: desde hacía ya un par de años, las expectativas infladas en torno a la digitalización del colegio habían monopolizado las conversaciones.

Esta vez, sin embargo, el debate no giraba en torno al uso de la inteligencia artificial por parte del alumnado en los deberes. El foco estaba puesto en un estudiante de segundo de la ESO que había logrado saltarse las restricciones de su tableta escolar y acceder a YouTube. La preocupación no era únicamente que hubiese visto un par de vídeos inocentes, sino que el simple hecho de vulnerar las medidas de seguridad del dispositivo evidenciaba un fallo grave: si un alumno podía romper las barreras, también podía exponerse a contenido inapropiado.

El jefe de estudios, firme defensor del proyecto digital, se lamentaba mientras señalaba la pantalla: “Mira, lo teníamos todo cerrado: cámara, tienda de aplicaciones, navegador… y aun así lo han vuelto a abrir”. La directora era consciente de que el incidente iba más allá de lo técnico: detrás afloraban expectativas familiares contradictorias, un claustro dividido y una comunidad educativa que todavía no tenía claro si la tecnología era una herramienta de aprendizaje, un riesgo… o ambas cosas a la vez.

Una innovación compleja

Aquella mañana, la directora asumió algo que llevaba tiempo rondándole la cabeza: la tableta, ese dispositivo presentado como instrumento para la renovación pedagógica, se rebelaba como una fiera difícil de domesticar. Cuando se utilizaba en ciertas actividades pedagógicas, podía ser fascinante, pero también podía ser un peligro para los alumnos. El profesorado no tardó mucho tiempo en darse cuenta de que había que restringir la libertad de la fiera; con la aprobación del jefe de estudios, se fue creando una jaula de restricciones en respuesta a las incidencias que su uso había causado.

Quedaba ya lejos el discurso que había situado a la tableta en el centro del ambicioso proyecto digital del centro: un dispositivo por alumno, presentado como una manera de adaptar la enseñanza al mundo digital.

El jefe de estudios, uno de los grandes impulsores del proyecto, defendía la digitalización con verdadero entusiasmo. Imaginaba alumnos creando vídeos, investigando por su cuenta, colaborando en línea y realizando sus actividades en el aula y en casa en un mismo soporte. Además, la tableta se había presentado a las familias como una manera de no tener que cargar con los manuales escolares entre la escuela y el hogar. Durante los primeros meses, algo de esa promesa pareció cumplirse entre los profesores más entusiastas y los alumnos con más autodisciplina y capacidad de regulación.




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Atar y desatar la “fiera” tecnológica

Sin embargo, la directora siempre había sospechado que la tableta tenía un potencial tan prometedor como problemático. Desde el primer curso, familias y docentes le trasladaron inquietudes que se repetían con frecuencia: vídeos grabados sin permiso, capturas de pantalla comprometedoras, distracciones constantes en el aula, accesos a contenidos inapropiados. Tras cada incidente, el equipo directivo instaba al servicio técnico a encontrar una solución “definitiva y urgente”.

En respuesta, el centro empezó a bloquear la cámara, restringir aplicaciones, limitar el acceso a internet o desactivar funciones básicas del dispositivo. El objetivo era doble: proteger al alumnado y evitar situaciones que pudieran dañar la convivencia o la reputación del centro. Pero ese control tan minucioso tenía efectos secundarios evidentes: las tabletas quedaban reducidas a versiones muy limitadas de lo que originalmente se había prometido. La “fiera” tecnológica pasaba a ser, en la práctica, un aparato domesticado hasta la ineficacia, un corderito manso pero ineficiente.




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Los estudiantes, acostumbrados a usar sus tabletas con total libertad en casa, reaccionaban a las limitaciones con creatividad y cierta picardía. Cada día buscaban formas de “desatar” la fiera que había atado el equipo técnico de la escuela. Y así, como en el relato de Penélope, el profesorado dedicaba horas a tejer un entramado de restricciones tecnológicas, que los alumnos intentaban destejer cuando salían del centro. Un tejer y destejer diario, perdiendo el tiempo y la paciencia del equipo del centro. Ese tiempo invertido en vigilar la herramienta terminaba restándolo de lo realmente importante: la relación educativa, la conversación, la atención personalizada.

Protocolo común para centros

El caso de este colegio no es una excepción sino representativo de las contradicciones y frustraciones que se han vivido en las aulas con la llegada de las tecnologías digitales. En nuestro reciente trabajo de investigación al respecto, hemos diseñado un estudio que incorporara no solo la visión de todos los miembros de la comunidad educativa (alumnado, docentes, familias y equipos directivos y pedagógicos), sino también la observación directa en los centros.

Nuestro trabajo se llevó a cabo en dos institutos de secundaria, con 536 alumnos observados. Allí constatamos cómo la tensión entre innovación y control atraviesa toda la vida escolar. Algunos centros optan por prohibir los móviles; otros, por crear zonas sin pantallas; otros apuestan por una digitalización total; y los hay que deciden recortar la tecnología hasta dejarla casi irreconocible.

En la última década, la educación ha oscilado entre el tecnooptimismo y el tecnoescepticismo, una dinámica que se ha intensificado con la llegada de la inteligencia artificial generativa, que irrumpe en un ecosistema ya saturado de tensiones.

Herramientas que transforman

En nuestras observaciones comprobamos que la tecnología genera dificultades porque suele introducirse en la escuela como si fuera un objeto neutro, algo que puede simplemente usarse bien o mal.

Pero las herramientas digitales transforman las relaciones entre docentes, alumnado y familias. Alteran las normas, los ritmos, las posibilidades de trabajo y también los riesgos. Por eso, proponemos regular sus usos desde el propio centro educativo y acompañar al profesorado en su capacidad para diseñar actividades donde la tecnología aporte un valor añadido, ya sea para desarrollar competencias disciplinares o digitales.

Dos ejemplos sencillos: mutilar una tableta (bloquear cámara, aplicaciones o funciones determinadas) la reduce a un libro caro, mientras que prohibir el móvil elimina cualquier posibilidad educativa. En cambio, usar la tecnología con sentido implica integrarla en actividades que aporten valor: por ejemplo, usar la cámara para documentar un experimento o el móvil para recoger y analizar datos en una salida. La diferencia es clara: el objetivo no es bloquear por defecto, sino de dar un propósito pedagógico a las herramientas para desarrollar competencias digitales y disciplinares.

No se trata de expulsar, mutilar o domesticar la tecnología, sino de desarrollar capacidades docentes y directivas que permitan establecer políticas de uso centradas en el desarrollo competencial: pensamiento computacional, comprensión y análisis de datos, alfabetización informática y capacidad de programar. El objetivo no es formar meros consumidores de tecnología, sino personas capaces de comprenderla, crearla y transformarla.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. De prohibir móviles a mutilar tabletas: maneras de gestionar (mal) la tecnología en el aula – https://theconversation.com/de-prohibir-moviles-a-mutilar-tabletas-maneras-de-gestionar-mal-la-tecnologia-en-el-aula-269950

Hannah Arendt y Gaza hoy: la persistente banalidad del mal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Ledesma de la Fuente, Profesor de Filosofía, Universidad de La Rioja

La Defensa Civil palestina busca vecindarios bajo los escombros tras una incursión israelí en una casa en Rafah, al sur de la Franja de Gaza, el 24 de octubre de 2023. Anas-Mohammed/Shutterstock

El 4 de diciembre de 1975 fallecía en su apartamento de Nueva York Hannah Arendt, filósofa y politóloga judía de origen alemán, nacionalizada estadounidense, cuya obra alcanzó una enorme proyección internacional.

Su trayectoria se distingue por una independencia intelectual poco común, que hace difícil su encuadre en las corrientes dominantes del pensamiento del siglo XX. Sus investigaciones abordan temas tan variados como la sociedad de masas, las posibilidades de la acción política, las tensiones internas de la democracia, la violencia extrema y la responsabilidad de los ciudadanos ante esa violencia.

Sin embargo, Arendt es recordada sobre todo por el concepto de “banalidad del mal”, formulado en su estudio sobre el criminal de guerra Adolf Eichmann, quien –a diferencia de otros jerarcas nazis juzgados en Núremberg en 1946– había logrado eludir la justicia durante años.

La aniquilación sin preguntas

En Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal, de 1963, Arendt argumenta que Eichmann no era ninguna encarnación del mal radical, una figura demoníaca o un sádico. Era, más bien, un individuo mediocre, gris, anodino y sobre todo incapaz de pensar de forma crítica.

Portada del libro _Eichmann en Jerusalén_ en 1963.
Portada del libro Eichmann en Jerusalén en 1963.
Wikimedia Commons

En esencia, Eichmann cumplió el papel de un funcionario diligente, más atento a la eficiencia administrativa que a las implicaciones éticas de sus actos. Consideraba que la aniquilación sistemática de un grupo humano –aceptada sin reflexión y justificada por la supuesta amenaza que representaba para la supervivencia del Estado– no solo era legítima sino necesaria. También entendía que cumplir con esa tarea formaba parte de su deber como ciudadano alemán.

Su obediencia estricta a las órdenes, desprovista de pensamiento y de empatía, revelaba un tipo de mal que no surge de una voluntad perversa, sino de una profunda incapacidad para pensar. Ese mal banal es superficial y conformista: no se manifiesta como un impulso violento o ideologizado, sino como una obediencia ciega a estructuras jerárquicas que diluyen la responsabilidad individual. Arendt advirtió que esta forma de mal es especialmente peligrosa porque no se reconoce a sí misma como tal. Además abre la posibilidad inquietante de que atrocidades radicales puedan ser cometidas por personas aparentemente normales, carentes de pensamiento crítico.

El genocidio en Gaza

Resulta tristemente irónico que, algo más de medio siglo después de estas investigaciones, el mundo asista impertérrito a otro genocidio.

Ya en abril de 2025 la relatora de la ONU para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, señaló la presencia de patrones genocidas en las actuaciones que Israel sigue llevando a cabo en Palestina, especialmente en la Franja de Gaza, a pesar del alto en fuego. Entre los argumentos que sustentaron esta valoración figuraban, entre otros, la hambruna deliberada provocada mediante restricciones políticas a la ayuda humanitaria, la destrucción sistemática del patrimonio histórico y cultural palestino y la creación de condiciones de vida que hacían prácticamente imposible la existencia cotidiana en el territorio, tal y como documentó Amnistía Internacional.

El exministro de Defensa del gobierno de Israel Yoav Gallant describió a los gazatíes como “animales humanos”. El actual ministro ultra Bezalel Smotrich llamó a destruir totalmente Gaza y concentrar a su población o incluso confesar que “nadie nos dejará matar a 2 millones de civiles de hambre, incluso aunque sea algo justificado y moral”. Sin embargo, a pesar de las numerosas y documentadas declaraciones de estos jerarcas debemos asumir, según el planteamiento de Arendt, que los soldados israelíes que cumplen estas órdenes no actúan necesariamente por maldad personal.

Las acciones del piloto de las FDI que recibe la orden de bombardear un hospital, o del ingeniero informático que programa el algoritmo que determina dicho ataque y calcula cuántas bajas civiles pueden causar sin soliviantar en exceso la opinión pública de Occidente no responden necesariamente a una voluntad genocida propia. Se insertan dentro de un sistema jerárquico y burocratizado que proporciona amparo legal y legitimidad política a sus acciones, pero no se les pueden atribuir una maldad intrínseca.

Nociones de ética pero no aplicación

Uno de los aspectos que más sorprendió a Arendt de su cobertura al juicio de Eichmann fue que el acusado parecía tener nociones de la ética kantiana. Esta señala la autonomía del juicio moral y el deber de actuar según un criterio que pueda ser asumida como principio universal. El acusado entendía que el principio de su voluntad podría devenir en unas leyes generales, en este caso una que se fundamentara en la supervivencia del Tercer Reich a través de las acciones necesarias, incluida la solución final. La nueva escala de valores prescrita por el gobierno hacía que a Eichmann, que se expresaba en términos burocráticos, le fuera irrelevante pensar desde el punto de vista de las otras personas, las víctimas. También le permitía sentirse, según sus propias palabras, “libre de toda culpa”.

Retrato en blanco y negro de una mujer con traje.
Retrato de Hannah Arendt en 1958 hecho por Barbara Niggl Radloff.
Münchner Stadtmuseum, Sammlung Fotografie, CC BY-SA

No resultaría difícil imaginar justificaciones parecidas en el caso de que existiese un futuro tribunal internacional que juzgase a los responsables del genocidio en Palestina: que la aniquilación sistemática de un grupo humano –aceptada sin reflexión y amparada en la supuesta amenaza que representaba para la supervivencia del Estado– no solo se consideraba legítima sino necesaria. Según esto, cumplir con esa tarea formaba parte del deber como ciudadanos israelíes.

El mal no se revela con rostro monstruoso, sino que se esconde en la mediocridad, la obediencia ciega y la incapacidad de pensar por uno mismo. En tiempos de crisis, esta advertencia sigue siendo urgente: solo una ciudadanía activa, reflexiva y moralmente responsable puede frenar la deshumanización y el autoritarismo.

Como señala la periodista Teresa Aranguren en su reciente libro Palestina: la existencia negada, al día siguiente de la destrucción del hospital de Al-Ahli por un misil de alta tecnología –armamento solo accesible a una potencia como Israel– Netanyahu se reunió con Joe Biden, entonces presidente de Estados Unidos. Este, según los informes, le dijo con una media sonrisa: “Parece que han sido los del otro lado, no tú”.

Responder de esa manera, con tal cinismo ante la muerte de civiles, es un ejemplo claro de lo que Hannah Arendt llamó la banalidad del mal.

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Álvaro Ledesma de la Fuente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hannah Arendt y Gaza hoy: la persistente banalidad del mal – https://theconversation.com/hannah-arendt-y-gaza-hoy-la-persistente-banalidad-del-mal-271047