De pequeña, los talibanes me prohibieron ir al colegio en Afganistán. Ver cómo vuelve a pasar es desgarrador

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ghazaal Habibyar, PhD Candidate, Faculty of Social Sciences, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

En agosto de 2021, los talibanes volvieron a tomar Kabul y, en cuestión de semanas, impidieron que las niñas asistiesen a la escuela más allá de sexto (11-12 años). Cinco años después, la restricción sigue vigente.

Afganistán continúa siendo el único país del mundo que prohíbe oficialmente a las niñas y a las mujeres acceder a la educación secundaria y superior. Desde entonces, a las mujeres afganas también se les ha prohibido trabajar en la mayoría de los sectores en los que antes estaban empleadas, desde los trabajos públicos hasta las organizaciones de ayuda humanitaria nacionales e internacionales.

A unas 2,2 millones de adolescentes se les ha impedido asistir a la escuela secundaria durante casi 1 800 días. Un análisis de UNICEF de 2026 prevé que Afganistán perderá hasta 20 000 profesoras y 5 400 trabajadoras sanitarias de aquí a 2030, y se estima que las restricciones ya le están costando al país unos 84 millones de dólares al año.

Desde septiembre de 2025, las fuerzas talibanes también han prohibido a las mujeres afganas –incluido el personal de las Naciones Unidas– el acceso a las oficinas de la ONU. En enero de 2026, las funcionarias públicas perdieron incluso el salario reducido que recibían desde 2021 por quedarse en casa.

Ya vi cómo ocurría algo parecido una vez, cuando era una niña en 1996, la última vez que los talibanes tomaron Kabul.

Lo que más me impacta de esta segunda prohibición no es que haya vuelto a ocurrir, sino que la falta de reacción internacional esta vez no se deba a una falta de concienciación. Todo el mundo sabe lo que les está pasando a las niñas afganas. El fracaso radica en que ese conocimiento no ha supuesto ningún coste real para los talibanes.

Lo que han construido las mujeres afganas

A los pocos días de la toma del poder, las mujeres afganas salieron a las calles de Kabul coreando “Pan, trabajo, libertad”, una reivindicación que han seguido planteando desde entonces, asumiendo un riesgo personal real. Este grito de guerra, que las define, reclama derechos humanos básicos: educación y empleo frente a la exclusión sistémica de la vida pública.

Grupos de mujeres afganas han organizado protestas durante todo ese tiempo, a pesar de que las participantes han denunciado detenciones, torturas y asesinatos como respuesta, reacciones tan severas que han obligado a que gran parte de su labor de resistencia se realice en la clandestinidad.

Porque, aunque en febrero de 2026 las niñas volvieron a salir a las calles de Kabul a exigir educación, protestar se ha vuelto demasiado peligroso. Así, las mujeres afganas han creado algo más discreto: redes informales de escuelas clandestinas, gestionadas desde sus propios hogares, que imparten clases a niñas que, de otro modo, no tendrían acceso alguno a un aula.

Esta resistencia no se lleva a cabo porque sea fácil o segura. Se lleva a cabo porque nadie más lo ha hecho por ellas, y hay que hacerlo.

Además de las protestas y la educación clandestina, las organizaciones de mujeres afganas también se han dedicado a documentar lo que está pasando. En junio de 2026, investigadores del Instituto para las Mujeres, la Paz y la Seguridad de la Universidad de Georgetown contabilizaron 264 decretos talibanes que afectan a los derechos humanos desde 2021, 166 de los cuales se dirigen específicamente a las mujeres y las niñas.

La respuesta internacional se queda corta

El principal canal para el diálogo internacional con el Gobierno del país es el Proceso de Doha, liderado por la ONU. Desde 2023 se han celebrado múltiples rondas de conversaciones con representantes de los talibanes con el objetivo de lograr la reintegración definitiva de Afganistán en la comunidad internacional: la normalización de las relaciones diplomáticas, el reconocimiento formal del Gobierno talibán y el retorno del país a una participación normal en las instituciones internacionales y el comercio.

Por insistencia de los talibanes, las mujeres y los grupos de la sociedad civil afgana han sido excluidos de las negociaciones principales, reuniéndose por separado y al margen de las mismas. Sima Samar, expresidenta de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán, ha argumentado que, al aceptar las condiciones de participación impuestas por los talibanes, la ONU corre el riesgo de legitimar indirectamente precisamente las políticas a las que dice oponerse.

Georgette Gagnon, representante especial adjunta de la ONU y responsable de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán, defendió lo contrario en esa misma sesión: que sigue siendo necesario un compromiso continuo, basado en principios pero pragmático, incluso cuando los avances son graduales.

Ese desacuerdo, que se manifiesta en la propia tribuna de la ONU, pone de manifiesto la trampa que las mujeres afganas llevan años describiendo: se emiten regularmente declaraciones que expresan la preocupación internacional y que no le cuestan nada a los talibanes.

Esfuerzos globales

En septiembre de 2024, Australia, Canadá, Alemania y los Países Bajos invocaron formalmente las obligaciones de Afganistán en virtud de la CEDAW, la convención de la ONU contra la discriminación de la mujer que Afganistán ratificó en 2003. Se trata de una iniciativa verdaderamente significativa, ya que es la primera vez que unos Estados intentan que otro rinda cuentas ante el tribunal más alto del mundo por discriminación de género.

Pero, dos años después, el caso aún no ha llegado a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Una declaración suscrita por grupos de la sociedad civil con motivo del primer aniversario de la iniciativa la ha descrito como un esfuerzo que podría culminar finalmente en un caso ante la CIJ, no como uno que ya lo haya logrado.

Cuando los Países Bajos y Canadá interpusieron un caso similar contra Siria por torturas, fueron avanzando por cada una de las etapas sin retrasos. Una vez que las negociaciones se estancaron en 2022, solicitaron sin demora el arbitraje. Al no responder Siria en el plazo exigido de seis meses, presentaron la demanda ante la CIJ en 2023 y obtuvieron una resolución vinculante.

Tras invocar el mismo mecanismo contra Afganistán, no se ha alcanzado ningún hito equivalente. Las negociaciones, si es que han fracasado, no han dado paso de forma visible a una solicitud de arbitraje, y el caso sigue en el punto de partida.

Las mujeres afganas, y los Estados que asumieron este compromiso en su nombre, merecen la misma urgencia procesal que llevó el caso de Siria hasta su resolución.

La magnitud de lo que esta inacción ha permitido está bien documentada.

Reflexiones personales

Reconozco todo esto porque ya viví una versión de ello en otra ocasión.

En 1996, era una niña a la que le faltaban unas semanas para los exámenes finales cuando los talibanes tomaron Kabul. Aquella noche, sin electricidad, nos reunimos alrededor de una radio y oímos que nos habían promocionado al curso siguiente, pero que las escuelas permanecerían cerradas para las niñas hasta nuevo aviso.

Al principio, no entendí lo que eso significaba. Como joven estudiante, me alegré de que se cancelaran los exámenes finales, así que corrí a contárselo a mi abuela. En medio de un pasillo oscuro, sin embargo, me di cuenta: no podría ir más al colegio. Me senté y lloré.

Pero tuve suerte.

Mis padres nos trasladaron a mi hermana y a mí a Pakistán para que pudiéramos seguir estudiando, una decisión que muchas familias afganas no podían permitirse. De hecho, nosotros tampoco. Fueron mis tías y tíos, que vivían en el extranjero, quienes financiaron nuestros estudios.

Algunas de mis amigas no pudieron terminar la escuela y, por lo que sé, en lugar de eso las casaron. Yo conseguí convertirme en la primera mujer en ocupar el cargo de directora, luego viceministra y, posteriormente, ministra en funciones de Minas y Petróleo en el Gobierno afgano.

La situación cambió para mi generación, pero nada garantiza que vaya a ser así para esta; la concienciación por sí sola no bastará para lograrlo.

Las mujeres afganas han pasado los últimos cinco años demostrando que no han aceptado esta prohibición como algo permanente. Vale la pena preguntarse por qué el resto del mundo se ha conformado con mucho menos que eso.

The Conversation

Ghazaal Habibyar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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‘Turismo oscuro’: ¿por qué resulta atractivo y al mismo tiempo tan polémico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Gracia Ibáñez, Profesor e Investigador Grado en Criminología y Grado en Derecho., Universidad San Jorge

Ciudad de México. Cientos de devotos se reúnen el primero de cada mes en la calle Alfarería, en el barrio de Tepito, para rendir homenaje a Santa Muerte. La autoridades municipales organizan un tour por esta dura zona capitalina, donde opera el cartel Unión Tepito. Clasos/Shutterstock

Laureano Oubiña, una de las principales figuras del narcotráfico gallego, proponía este verano una ruta del narcotraficante por la ría de Arousa. Ofertaba a sus clientes un paseo en barco por los lugares que marcaron una época y prometía la historia contada de primera mano con almuerzo incluido. La iniciativa ha sido prohibida por la Xunta de Galicia por infringir la ley de turismo.

Se trata de un ejemplo del llamado “turismo oscuro”, que promueve la visita a lugares marcados por la muerte, la violencia y el crimen. El caso de Oubiña nos plantea la pregunta de si este fenómeno, cada vez más de moda, se nos está yendo de las manos.




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La criminología cultural también estudia el true crime

El concepto de “turismo oscuro” representa un paraguas que abarca varias realidades. Es una etiqueta comercial, relacionada con la necesidad de novedades en la industria turística. Pero también un fenómeno social que interesa como objeto de estudio a la criminología cultural. Esta disciplina se ocupa de analizar cómo las sociedades contemplan el delito y perciben la violencia.

La criminología cultural incursiona también en el género de no ficción conocido como true crime (crimen verdadero o real), que analiza a través de series, pódcasts, libros o películas graves hechos delictivos. Tanto el true crime como el “turismo oscuro” son fenómenos que siguen tendencias y se convierten en moda. Ambos nos proporcionan valiosa información acerca de la manera en la que entendemos la violencia y el crimen.

Nos muestran que, como sociedad, sentimos una mezcla de curiosidad, necesidad de memoria y reflexión ante los hechos violentos y los actos criminales, buscando comprender sus causas y consecuencias para darles sentido.

Memoriales, favelas, Alcatraz y Tepito

El “turismo oscuro” que interesa a la criminología se centra en el delito, la violencia y la administración de justicia. Abarca muchas manifestaciones diferentes.

Una parte importante está formada por los destinos relacionados con sucesos traumáticos o graves violaciones de derechos humanos, como las visitas a campos de concentración y memoriales.

Los lugares relacionados con conflictos bélicos, desde Vietnam hasta la Segunda Guerra Mundial, también se pueden incluir en esta tendencia, al igual que la visita a prisiones históricas como Alcatraz.

Pero también entraría en esa categoría las excursiones a zonas urbanas consideradas problemáticas por el alto índice de criminalidad, alejadas de los circuitos turísticos más convencionales. Es el caso de los barrios peligrosos de Nueva York o las visitas a las favelas de Río de Janeiro. Estos itinerarios se diseñan a veces para tratar de eliminar el estigma de la criminalidad. En la Ciudad de México, la Alcaldía Cuauhtémoc organiza el tepitour para dar otra visión de este “barrio bravo”, donde opera el cartel Unión Tepito. Incluso existen rutas que siguen los pasos de algún criminal famoso, como el tour de Pablo Escobar en Colombia.

Todos son lugares que se asocian al crimen o la violencia, pero hay grandes diferencias. No es lo mismo la visita a un campo de concentración como Auschwitz que un paseo siguiendo los presuntos pasos de Jack el Destripador en Londres, una actividad que incluso admite mascotas.

Debido al auge del turismo de masas, se ha vuelto necesario para esta industria buscar nuevas experiencias originales que alimenten una demanda creciente, incluso aunque parezcan poco turísticas. Por otra parte, el auge del “turismo oscuro” tiene que ver también con la popularización de la criminología como un elemento más de la cultura popular.

España como destino de turismo oscuro

España, una de las principales potencias turísticas mundiales, también se ha convertido en un destino para este tipo de turismo. Los blogs especializados en “turismo oscuro” destacan las visitas e itinerarios asociados con la Guerra Civil. Sobresalen Guernika, la localidad vasca bombardeada por el ejército alemán durante la contienda, y el pueblo viejo de Belchite, en Aragón, cuyas ruinas se conservan todavía como testimonio del conflicto.

En los últimos años han proliferado rutas turísticas vinculadas a búnkeres y lugares donde se desarrollaron algunas de las principales batallas de la Guerra Civil española, así como enclaves históricos asociados a la brujería y su represión, como Zugarramurdi.

En un sentido amplio, aunque con una orientación más cercana al activismo social, pueden incluirse también las rutas existentes en varias ciudades que recorren espacios relacionados con la corrupción política y urbanística.

Oportunidades y riesgos: ¿qué hacemos con las víctimas?

Esta nueva oferta está llamada a impulsar la economía de las zonas donde se encuentran los destinos, reflejando la capacidad de innovación de la industria turística. En el caso de los espacios vinculados a la memoria histórica, puede favorecer la concienciación social y reforzar su valor educativo.

Pero también plantea desafíos importantes. Muchos de estos lugares fueron concebidos para las comunidades afectadas como espacios de recuerdo, duelo y reparación, pero el consumo turístico no estaba entre sus prioridades. Entre los principales riesgos destaca la banalización, visible en comportamientos irrespetuosos como los selfies en Auschwitz y otros lugares de memoria.

Además, estos espacios suelen constituir patrimonios incómodos que requieren procesos de interpretación complejos y, con frecuencia, controvertidos. Algo que sucede con el Valle de los Caídos en España. También es esencial respetar la memoria de las víctimas y considerar el impacto que la explotación turística puede tener sobre las personas que viven en lugares asociados al crimen o la violencia.




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La comercialización de productos o experiencias que puedan justificar o glorificar a delincuentes resulta problemática. Por ello, el “turismo oscuro” debe desarrollarse de forma ética, dando contexto a los hechos y respetando a las víctimas para evitar victimizarlas de nuevo. Gestionado de forma ética, puede favorecer el aprendizaje y la reflexión sobre acontecimientos traumáticos que han marcado a la sociedad.

Del mismo modo que “cada sociedad tiene los delincuentes que se merece”, también genera el tipo de “turismo oscuro” que la refleja.

The Conversation

Jorge Gracia Ibáñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Primero aprendimos a domesticar el fuego, ahora tenemos que aprender a convivir con él

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Casado-Neira, Titular de universidad de sociología, Universidade de Vigo

Nandi Estevez/Shutterstock

Prometeo robó el fuego del Olimpo a los dioses griegos y se lo regaló a los seres humanos. Por ello fue castigado eternamente. Un águila le comerá el hígado, que se volverá a regenerar, una y otra vez. Esto nos da ya una idea de que el fuego es una cosa seria desde antiguo. Nos hemos desarrollado en una cultura ligada a él, una pirocultura.

Una primera definición de pirocultura se limitaba a entender los conflictos derivados de los usos habituales del fuego en las economías agrícolas y ganaderas que persistían en el mundo moderno. También como forma de resistencia y lucha frente a las nuevas políticas forestales en el siglo XX. En el contexto actual se hace evidente que necesitamos repensar y ampliar este significado.

La historia del desarrollo de la humanidad no se puede entender sin el uso del fuego. El género Homo se ha desarrollado vinculado al fuego. Todas las sociedades humanas han usado el fuego de una u otra manera, lo han conservado, lo han encendido de forma intencionada. Siempre ha estado presente como símbolo y forma de purificación. Nos hemos ido apropiado de algo que era un fenómeno natural espontáneo: iniciar una ignición, encender un fuego.




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El fuego es a la vez domesticable e indomable. Su control siempre ha sido un reto, y más hoy en día ante los grandes incendios forestales. Las grandes
ciudades ya no arden y sucumben ante las llamas como Roma en el 64 a. e. c. o Londres en 1666. Los bosques y montes lo hacen con unas dimensiones hasta ahora excepcionales, y amenazan las poblaciones. Su poder de destrucción ha adquirido una nueva magnitud. El riesgo es impredecible y cada vez afecta a más personas.

Del Mesolítico a la ingeniería con madera

Se habla de Piroceno como la era dominada por la combustión intencionada.

En los orígenes, el fuego era fuente de calor para cocinar, calentarse y elaborar unas primeras herramienta. Desde el Mesolítico es un aliado para liberar terrenos, crear pastos y abonar terrenos, tal vez para la caza. Más tarde, en el Neolítico, tiene su gran expansión. Los humanos lo utilizan para llevar a cabo grandes transformaciones en el medio, para la extensión de la ganadería y la agricultura. Posteriormente, el nacimiento de la metalurgia en la Edad de los Metales (del cobre, bronce y hierro) nos dota de nuevas herramientas, armas y joyas.

Así durante siglos. Hasta que en el s. XVIII se produce una segunda revolución ignífuga con el invento del motor de vapor y después con el de combustión interna. Esta forma de combustión está en la base de la industrialización, permitiendo la mecanización de las fábricas y la expansión del transporte a motor por tierra, mar y aire.

La primera patente de fósforos en 1826 supone una democratización y generalización del fuego aún mayor. Son otras formas de domesticar el fuego.

La necesidad de madera para la construcción (de barcos y edificios) y la combustión provocó la destrucción de grandes masas forestales. A partir del siglo XIX nacieron las primeras iniciativas de conservación, repoblación y disfrute de los bosques. Dos ejemplos son Fontainebleau en Francia (1861) o Yellowstone en Estados Unidos (1872).

La Sierra de la Demanda (España), la Selva Negra (Alemania) o la Columbia Británica (Canadá) son ejemplos de bosques que también son plantaciones para la explotación maderera. Explotación forestal y prevención de incendios son caras de una misma moneda. Muchos de nuestros bosques actuales nacen vinculados al fuego. El incendio forestal es la forma de alteración del medio más contradictoriamente humana.




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El fuego como herramienta de destrucción

Históricamente el fuego también se ha usado conscientemente para la destrucción, como arma de guerra con las prácticas de tierra quemada desde la Antigüedad, como forma de tortura y castigo en los procesos de Inquisición, o con los incendios provocados. O involuntariamente, con las erupciones volcánicas, ignición espontánea de masa vegetal o tormentas eléctricas. Los incendios son la manifestación de su carácter indomable.

Hemos ido añadiendo usos al fuego, sin perder los primitivos. Aún hoy, a pesar de la progresiva electrificación, seguimos viviendo en un mundo de y en combustión. La emisión de CO₂ a la atmósfera es una consecuencia del uso generalizado del fuego en estas diversas formas. Antropoceno y Piroceno van de la mano.

La gestión del fuego no es solamente saber encenderlo y poder apagarlo, tenerlo domesticado. Ahora es necesario aprender a convivir con fuegos incontrolados cada vez más presentes en nuestro medio.

Así, a las prácticas forestales de repoblación, extinción y prevención de los incendios hay que añadir: los sistemas de rescate y salvamento, la planificación urbana y del territorio, repensar las infraestructuras básicas, saber actuar frente a un incendio, ser resilientes, investigar su impacto en la salud, gestionar las catástrofes y luchar contra la emergencia climática. Y abordar los incendios forestales bajo nuevas perspectivas.

Todo esto también es pirocultura. Debemos ampliar nuestra forma de entender y convivir con el fuego en esta nueva realidad pírica.

The Conversation

David Casado-Neira recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades – Proyectos de Generación del Conocimiento 2025. Proyecto: TOX-INN – Cosas que se hacen para habitar naturalezas (DES)compuestas. Una investigación multisituada

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¿Están los hijos de padres divorciados destinados a repetir la historia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Viqueira Gutiérrez, Directora Máster Formación Profesorado Secundaria, Universidad Internacional de Valencia

Studio Romantic/Shutterstock

“Mis padres se divorciaron cuando yo era pequeño. ¿Significa eso que mi relación de pareja también está destinada a fracasar?” Esta es una pregunta que muchas personas se hacen al llegar a la edad adulta. La idea de que crecer en una familia en la que los padres se separaron marca de forma inevitable la manera de amar y de construir relaciones estables sigue muy presente en el imaginario colectivo.

Y no es una preocupación sin fundamento. Desde hace décadas, las investigaciones muestran que las personas cuyos padres se divorciaron durante la infancia presentan, en promedio, una mayor probabilidad de experimentar dificultades en sus relaciones de pareja. De hecho, un estudio encontró que el divorcio de los progenitores duplicaba aproximadamente la probabilidad de que los hijos repitieran esa conducta en la edad adulta.

No es un destino inexorable

Sin embargo, este aumento del riesgo refleja una tendencia observada en grandes grupos de población y no implica que la ruptura de los padres determine inevitablemente el futuro de cada persona.

La razón es que el divorcio, por sí solo, no explica cómo serán las relaciones afectivas de los hijos. La investigación señala que variables como el nivel de conflicto entre los progenitores, la calidad del vínculo que mantienen con sus hijos, la estabilidad familiar tras la separación o el apoyo emocional recibido durante la infancia tienen un peso igual o incluso mayor que la propia separación.

Por ello, crecer en un hogar con elevados niveles de conflicto puede resultar más perjudicial para el bienestar y el desarrollo socioemocional que una ruptura en la que los progenitores consiguen mantener una relación respetuosa y cooperativa.

Experiencias que moldean el cerebro

En psicología, una de las explicaciones más aceptadas es que las primeras experiencias familiares influyen en la forma en que aprendemos a relacionarnos con los demás. A través de la convivencia con nuestros padres desarrollamos expectativas sobre la confianza, la comunicación, la resolución de conflictos o el compromiso.

Lo cierto es que, desde el punto de vista del neurodesarrollo, las experiencias familiares durante la infancia no solo influyen en la manera en que interpretamos las relaciones, sino también en cómo respondemos al estrés y a las emociones. Durante los primeros años de vida, el cerebro presenta una gran capacidad de adaptación —conocida como plasticidad cerebral—, por lo que las experiencias repetidas ayudan a moldear los circuitos implicados en la regulación emocional, la confianza y la respuesta al conflicto.

Esto no significa que el divorcio “cambie el cerebro”. La evidencia científica apunta a que es la exposición mantenida a un ambiente familiar muy conflictivo o estresante la que puede alterar el funcionamiento de sistemas relacionados con la respuesta al estrés, como el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, y de regiones cerebrales implicadas en el procesamiento emocional, como la amígdala y la corteza prefrontal.

Estos cambios pueden hacer que algunas personas sean más sensibles a las señales de amenaza, tengan mayores dificultades para regular sus emociones o reaccionen con más intensidad ante los conflictos interpersonales.

La buena noticia es que estos procesos no son irreversibles. Gracias a la plasticidad cerebral, las experiencias posteriores también pueden modificar el funcionamiento de estos circuitos. Un entorno seguro, relaciones afectivas estables, modelos de vínculo saludables e, incluso, la intervención psicológica cuando es necesaria pueden fortalecer las estrategias de regulación emocional y favorecer formas más seguras y satisfactorias de relacionarse.

Recomendaciones a la luz de la ciencia

La investigación de las últimas décadas ha permitido responder a una pregunta clave: ¿qué ayuda a que los hijos se adapten mejor tras el divorcio de sus progenitores?

Según estos estudios, la cooperación entre los progenitores, una comunicación respetuosa, el mantenimiento de vínculos afectivos seguros con ambos padres, la estabilidad en las rutinas familiares y el apoyo emocional actúan como factores de protección. Estos elementos se asocian con una mejor adaptación psicológica y social de los hijos y pueden reducir el impacto que la separación tiene sobre su bienestar.

Por el contrario, la exposición prolongada a conflictos intensos, descalificaciones o un clima familiar hostil se asocia a un mayor riesgo de dificultades de salud mental, como ansiedad o síntomas depresivos, problemas de conducta, dificultades en las relaciones sociales, un descenso temporal del rendimiento académico o un consumo problemático de alcohol y otras sustancias durante la adolescencia. No obstante, estas asociaciones dependen en gran medida de la calidad de las relaciones familiares, del apoyo emocional recibido y de los recursos personales y sociales con los que cuenten los hijos.

En definitiva, conocer nuestra historia puede ayudarnos a comprendernos mejor, pero no determina quiénes seremos ni cómo construiremos nuestras relaciones. Aunque la infancia influye, el futuro también se construye a partir de las experiencias, las decisiones y los vínculos que desarrollamos a lo largo de la vida.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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El planeta donde un amanecer podría durar años: así desafía HD 80606 b nuestra idea del tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Simulación a partir de observaciones del exoplaneta HD 80606b por el telescopio espacial Spitzer. NASA/JPL-Caltech, CC BY

Cuando pensamos en un día, solemos imaginar algo universal: unas horas de luz, unas horas de oscuridad y un ciclo que se repite con regularidad. Sin embargo, fuera del Sistema Solar existen mundos donde el concepto mismo de día adquiere dimensiones difíciles de imaginar.

Uno de los ejemplos más fascinantes es HD 80606 b, un planeta situado a unos 190 años luz de la Tierra cuya órbita desafía nuestra intuición. Cada 111 días pasa a menos de 4,5 millones de kilómetros de la superficie de su estrella (la Tierra se encuentra, en promedio, a 149,6 millones de kilómetros del Sol). Su caso nos permite explorar cómo podrían ser los ciclos de luz y oscuridad –sus “días”– en algunos de los entornos más extremos conocidos.

Cuando un planeta casi queda atrapado por su estrella

La mayoría de los exoplanetas gigantes descubiertos muy cerca de sus estrellas están sometidos a intensas fuerzas gravitatorias. Con el tiempo, estas fuerzas actúan como un freno que reduce progresivamente su velocidad de rotación.

El resultado suele ser el llamado acoplamiento por marea: el planeta termina mostrando siempre la misma cara a su estrella, igual que la Luna muestra siempre la misma cara a la Tierra. En ese estado, el período de rotación y el período orbital coinciden. En un planeta así, una cara viviría un día perpetuo, mientras que la otra permanecería en una noche permanente.

Órbitas con excentricidad 0,5. Se aprecia que son altamente excéntricas debido a su forma significativamente ovalada.
Philip D. Hall/Wikimedia Commons

Sin embargo, la naturaleza no siempre conduce a situaciones tan simples. HD 80606 b parece encontrarse en un estado intermedio. Las mareas han frenado su rotación, pero su órbita es tan excéntrica que probablemente ha evitado alcanzar el bloqueo completo.

Una órbita extrema

La excentricidad orbital de HD 80606 b es tan elevada que suele equipararse a la trayectoria de un cometa más que a la de un planeta gigante. Durante buena parte de su año permanece enormemente alejado de su estrella, pero cuando se acerca a su estrella (periastro) lo hace a una gran velocidad. Cada aproximación a la estrella lo comprime y estira, disipando energía en forma de calor y modificando lentamente su rotación. La atmósfera también responde de forma espectacular . En cuestión de horas, la temperatura puede aumentar varios cientos de grados.




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Comparación de la órbita de HD 80606 b con los planetas interiores del sistema solar.
NASA

Mientras que la órbita terrestre es casi circular, la de HD 80606 b es una de las más alargadas conocidas entre los exoplanetas. Durante el periastro recibe cientos de veces más energía que cuando se encuentra en las regiones más alejadas de su órbita. Esta variación extrema dificulta que alcance una sincronización perfecta entre rotación y traslación. En este caso, según los modelos que se realizan en astrofísica, puede producirse lo que conocemos como rotación pseudo-síncrona. El planeta gira lentamente sobre sí mismo, influido por las mareas, sin quedar completamente inmovilizado respecto a su estrella.

En la Tierra, las estaciones se desarrollan a lo largo de meses debido a pequeñas variaciones de la radiación solar. En HD 80606 b ocurre algo mucho más extremo: el planeta experimenta una especie de “ola de calor global” cada vez que pasa cerca de su estrella. Los vientos podrían alcanzar velocidades de varios kilómetros por segundo mientras la atmósfera intenta redistribuir el calor recibido.

¿Cómo sería un día allí?

Nadie ha observado directamente el ciclo día-noche de HD 80606 b. Sin embargo, la física permite imaginar escenarios muy distintos de los terrestres.

HD 80606 b es un gigante gaseoso, por lo que un observador hipotético no podría situarse sobre una superficie sólida. Sin embargo, si pudiera flotar en alguna capa estable de la atmósfera, contemplaría un cielo dominado por una estrella mucho más brillante de lo que vemos desde la Tierra. El observador vería esa estrella avanzar lentamente por el cielo. Dependiendo de la velocidad exacta de rotación y de la geometría de la órbita, los amaneceres y atardeceres podrían prolongarse durante días, semanas o incluso años.




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El mediodía también podría resultar ambiguo. En determinados momentos, la combinación entre la rotación del planeta y su velocidad orbital podría hacer que la estrella pareciera ralentizarse en el cielo o incluso invertir temporalmente su movimiento aparente.

El espectáculo sería una estrella casi inmóvil durante largos periodos que, de repente, parece desplazarse con rapidez mientras el planeta atraviesa la parte más extrema de su órbita.

Amanecer en un exoplaneta.
NASA/Ames Research Center/Daniel Rutter

El tiempo no es igual en todos los mundos

La duración del día es una de las propiedades planetarias más diversas que conocemos.

En el Sistema Solar encontramos ejemplos relativamente moderados: unas 10 horas en Júpiter, 24 horas en la Tierra y 243 días terrestres en Venus. Los exoplanetas amplían enormemente ese abanico de posibilidades.

Muchos de los mundos descubiertos alrededor de estrellas pequeñas podrían estar completamente bloqueados por marea. Otros, como HD 80606 b, podrían encontrarse en estados intermedios en los que el día sigue existiendo, pero transcurre a un ritmo extraordinariamente lento.

En otros rincones de la galaxia, los soles tardan meses o incluso años en completar su recorrido por el cielo del planeta. Aún no podemos observar directamente un amanecer en estos mundos, pero nos muestran que conceptos que consideramos cotidianos, como un día o una noche, son solo circunstancias astronómicas.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El planeta donde un amanecer podría durar años: así desafía HD 80606 b nuestra idea del tiempo – https://theconversation.com/el-planeta-donde-un-amanecer-podria-durar-anos-asi-desafia-hd-80606-b-nuestra-idea-del-tiempo-284673

Letras saladas: las diferentes imágenes del mar en la literatura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Márquez Montes, Profesora Titular de Literatura española, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

_Paseo por el acantilado de Pourville_ (1882), de Claude Monet. Instituto de Arte de Chicago

La literatura comenzó a hablar del mar mucho antes de que la humanidad pudiera medirlo. Donde el conocimiento encontraba un límite, la imaginación construía universos. No existe un único mar literario, sino una sucesión: el abismo inaugural, la morada de los dioses, la ruta del regreso, la frontera que separa mundos, el escenario del castigo y la promesa de una vida distinta.

Antes de los mapas: origen, abismo, tránsito y castigo

En las tradiciones mesopotámicas, el agua precede al mundo ordenado. La Epopeya de Gilgamesh conserva el relato de un diluvio que destruye la vida y obliga a recomenzarla. En el Génesis bíblico la creación exige separar y reunir las aguas para que surja la tierra firme.

Odiseo resistiéndose al canto de las sirenas atado al mástil del barco, en una antigua vasija griega.
Odiseo resistiéndose al canto de las sirenas atado al mástil del barco, en una vasija del siglo V a.e.c.
Wikimedia Commons

La literatura griega convirtió el Mediterráneo en espacio
épico. En la Odisea, el mar es la fuerza que retrasa el regreso de Odiseo y propicia su transformación. Llegar a Ítaca significa haber atravesado el miedo, la pérdida, el deseo y la tentación. La tradición latina heredó y reformuló esa visión en la Eneida, donde el mar separa al héroe de la tierra que debe fundar.

La literatura medieval y renacentista mantuvo esa doble condición. En las Coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique convirtió el mar en término de la existencia:

“Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir.

En la novela bizantina, las travesías, piratas, cautiverios y naufragios separan a los amantes y prueban su tenacidad. Así llega a la cervantina Los trabajos de Persiles y Sigismunda, donde sus protagonistas cruzan mares septentrionales, islas y espacios inciertos hasta llegar a Roma.

El mar de la modernidad: descubrir, medir, conquistar

A finales del XV, el océano dejó de ser el borde del mundo conocido y se convirtió en el centro de una nueva experiencia histórica. Las navegaciones atlánticas modificaron los mapas, las economías, las lenguas y los relatos. Desde entonces, el mar fue también espacio de descubrimiento, conquista, comercio, violencia y circulación cultural.

Comienza la transformación con El Diario del Descubrimiento de Colón. Las crónicas de Indias desplazaron el interés a los territorios americanos, con el mar como umbral imprescindible. Los naufragios, las tormentas, la escasez de agua, las enfermedades y los motines recordaban que la expansión europea dependía de una naturaleza que no se dejaba gobernar por completo, como lo prueba Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

En siglos siguientes, los relatos de navegación alimentaron un imaginario en el que experiencia documentada y fantasía se mezclaban: monstruos, islas fabulosas, tesoros, barcos fantasmas, piratas y supervivientes. Robinson Crusoe convirtió el naufragio en prueba de reconstrucción.

Pintura de un barco siendo arrastrado por otro barco.
El último viaje del ‘Temerario’, de J. M. W. Turner.
Wikimedia Commons

En el Romanticismo, la superficie oceánica adquirió el prestigio de lo sublime. La balada del anciano marinero de S. T. Coleridge, enlaza la transgresión contra un ser vivo con una condena marítima y espiritual. La canción del pirata, de Espronceda, transforma el barco en territorio de libertad.

La novela marítima del XIX consolidó esa tradición: Moby Dick, de H. Melville, reúne aventura, reflexión metafísica y crítica de la obsesión. Julio Verne imaginó en Veinte mil leguas de viaje submarino un océano explorado por la ciencia y la tecnología. Robert L. Stevenson hizo de La isla del tesoro (1883) una narración de iniciación, Joseph Conrad trasladó el conflicto al terreno de la conciencia, en Lord Jim (1900) y Tifón (1902).

Mar contemporáneo: descanso y mirada interior

Aunque en el siglo XX el mar continuó alojando peligro y aventura, también devino en espacio de contemplación, descanso, memoria e introspección. La costa moderna –con sus playas, balnearios, paseos y temporadas estivales– modificó la experiencia del litoral. El océano empezó a ser contemplado desde la seguridad de la orilla.

Pintura de una mujer en la playa, sentada en una silla en la arena y sujetando una sombrilla.
Mujer en la playa, de Cecilio Pla y Gallardo.
Museo del Prado

Este cambio se percibe en la poesía. El cementerio marino de Paul Valéry contempla el Mediterráneo desde Sète y emite luz, movimiento, vida y muerte. Marinero en tierra de Rafael Alberti convierte el mar perdido en materia de nostalgia. En la narrativa El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, presenta la lucha entre Santiago y el pez no como combate, sino como relación de admiración y respeto. En Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, el mar es sol, sed, hambre, tiburones y tiempo inmóvil. El mar, el mar de Iris Murdoch transforma la costa en lugar de retiro y autoengaño: el paisaje que parece prometer serenidad devuelve al personaje sus obsesiones.

A inicios del siglo XXI se produce un nuevo cambio. En La vida de Pi, de Yann Martel, el océano es escenario de supervivencia, imaginación y convivencia con los animales. Este mar moderno y contemporáneo es plural. El grato espacio de las vacaciones convive con el del trabajo pesquero, el de las rutas migratorias, las tormentas y las especies amenazadas.

Un ecosistema vivo, vulnerable y amenazado

El océano deja de ser decorado azul para convertirse en comunidad de vida, regulador climático, inmensa red de relaciones físicas y biológicas y motor de nuestra propia existencia. Cubre más del 70 % de la superficie terrestre y constituye la mayor biosfera del planeta. Absorbe una parte muy relevante del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas y ha captado la mayor parte del exceso de calor acumulado en el sistema climático.

Desde mitad del siglo XX, la literatura ecológica ha comenzado a mostrar esa realidad. Rachel Carson combinó en Bajo el viento oceánico conocimiento científico y narración para seguir la vida de aves, peces y otras criaturas marinas. El ser humano aparece como una fuerza más, a menudo peligrosa, dentro de una trama de migraciones, depredación, reproducción, mareas y estaciones. Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar de Luis Sepúlveda, convierte la contaminación en experiencia concreta; la catástrofe deja de ser una cifra y adquiere rostro, movimiento y fragilidad.

Pintura de una gran ola azul con un monte al fondo.
La gran ola de Kanagawa, de Hokusai.
Museo Metropolitano de Arte

Philip Hoare mezcla memoria, viaje, historia cultural, ciencia y fascinación por las ballenas en El mar interior. Su escritura recuerda que el conocimiento del océano no es solo acumulación de datos, sino transformación de la sensibilidad.

Las palabras saladas del presente deben añadir el cuidado a los antiguos significados del océano. Al abismo, el castigo, la aventura, la libertad y la contemplación se incorpora una conciencia nueva: la de estar ante un ser vivo, un sistema poblado por innumerables vidas y relaciones. La literatura puede enseñarnos a admirarlo sin apropiárnoslo, a disfrutarlo sin degradarlo y a comprender que su futuro no está separado del nuestro.


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The Conversation

Carmen Márquez Montes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Letras saladas: las diferentes imágenes del mar en la literatura – https://theconversation.com/letras-saladas-las-diferentes-imagenes-del-mar-en-la-literatura-287993

El cerebro infantil necesita juego físico y movimiento: ¿cómo podemos garantizarlo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Forés Miravalles, Profesora Facultad de Educación, Universitat de Barcelona

Cherry-Merry/Shutterstock

Los entornos urbanos, el sedentarismo y el diseño adictivo de las plataformas digitales reducen tiempo, espacios y ganas de jugar al aire libre. Ante una infancia crecientemente “pantallizada”, recuperar el movimiento y el juego libre es una necesidad de salud pública y educativa.

¿Cómo se puede, desde las políticas públicas, garantizar el derecho al movimiento de niños y niñas, y tejer prácticas cotidianas que devuelvan el cuerpo al centro de la educación y la vida familiar?

Nuestro cerebro nómada

Durante la mayor parte de la historia humana, movernos fue condición de supervivencia, y nuestra biología sigue siendo “nómada”: tenemos un cerebro preparado para explorar, coordinar, anticipar y aprender a partir de la acción. Esta es la razón por la que el desajuste con las condiciones más habituales hoy en día de niños y niñas –sedentarismo, sobreabundancia de estímulos y pantallas– se asocia con estrés crónico y trastornos metabólicos y emocionales. La buena noticia es que la misma palanca que nos modeló sigue disponible: actividad física cotidiana, variada y significativa.

La evidencia científica muestra que moverse impulsa el desarrollo cerebral, regula las emociones, fortalece lazos sociales y mejora el aprendizaje. No es solo una cuestión física: todas las dimensiones que sostienen un “cerebro saludable” mejoran con el movimiento.

Movimiento, funciones ejecutivas y habilidades

La actividad física es buena en sí misma para el cerebro, ya que promueve la plasticidad sináptica y la neurogénesis (creación de nuevas neuronas), modula neurotransmisores implicados en el ánimo y la atención y actúa como factor protector frente al deterioro cognitivo. Pero además, cuando se combina con retos mentales –resolver problemas, aprender habilidades, practicar juegos reglados–, los efectos en funciones ejecutivas se potencian: mejoran el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, pilares del rendimiento académico y la autonomía. Por ejemplo, pequeños snacks de movimiento (diez minutos de activación motriz) antes de una tarea cognitiva puede favorecer el aprendizaje.

Las pantallas también ofrecen juego, pero es una tarea sedentaria que debe equilibrarse con juego y actividad al aire libre. Ni siquiera los llamados exergames –videojuegos que obligan a moverse–, aunque faciliten el movimiento a niños o niñas más reacios al deporte tradicional, sustituyen la riqueza motriz, social y emocional del juego no mediado, especialmente si se practican a solas y en espacios reducidos.

Crear vínculos moviéndonos

Moverse también es vincularse. Las dinámicas corporales compartidas, como cualquier deporte de equipo, demandan vínculo y sincronización en el desarrollo del mismo. Un buen trabajo de equipo requiere, pues, sincronizar ritmos, afinar la escucha y construir pertenencia de equipo. El componente emocional está presente tanto en la alegría del juego corporal como en la práctica deportiva organizada, que es un verdadero laboratorio de gestión de la frustración y la perseverancia.

Ambos enseñan a perder, aceptar límites, modular la euforia del éxito y sostener el esfuerzo ante la dificultad, y estos aprendizajes se traducen en mayor autoestima, menos síntomas ansiosos y mejores habilidades de afrontamiento. En contextos de vulnerabilidad, el deporte comunitario aporta, además, integración, liderazgo compartido y prevención de la violencia.




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Cómo fomentar el juego al aire libre


Actividades basadas en pulso y coordinación grupal ayudan a niños y niñas con aptitudes diversas a sentirse incluidos, reduciendo diferencias, reforzando la autoestima y mejorando el clima del aula.

Por eso, tanto en clase de Educación Física como en los juegos organizados o libres del patio, el objetivo nunca debería ser solo alcanzar determinado rendimiento físico, sino compartir reglas, turnos, acuerdos y celebraciones.

Actividades en la escuela

¿Cómo llevar todo esto al aula sin dejar a nadie atrás? Un enfoque inclusivo probado es el de “suelo bajo, techo alto y paredes anchas”: actividades con barreras de entrada mínimas, posibilidades reales de reto para quien avanza más rápido y múltiples caminos para participar y mostrar lo aprendido.

En educación motriz, esto significa tareas abiertas con progresiones, materiales diversos, tiempos flexibles y productos finales múltiples (una coreografía, un circuito cooperativo, un juego diseñado por el grupo…). Así se atienden diferencias cognitivas, sensoriales, emocionales y físicas sin renunciar a la ambición ni a la creatividad.




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Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil


Abrir cada jornada con snacks de movimiento; ampliar el recreo activo con zonas y materiales rotativos; diseñar y poner en práctica proyectos trimestrales que unan movimiento, música y ciencias (medir pulsaciones, sueño y ánimo); salir al exterior, y aumentar el tiempo de contacto con la naturaleza son maneras en las que la escuela puede ayudar a recuperar el movimiento para favorecer el desarrollo infantil.

Más allá de la escuela

En el contexto actual, el juego y movimiento a menudo no surgen de manera espontánea. Los adultos debemos mediar y animar de manera deliberada, con propuestas y normas claras, y hablando de manera sincera y crítica con niños y niñas sobre las consecuencias del exceso de pantallas.

Además, necesitan que les ofrezcamos alternativas atractivas y accesibles de ocio corporal. Tanto las rutinas familiares y como las escolares deben dejar tiempo y espacio al movimiento.

Podemos pactar “islas” sin pantallas antes de dormir y tras despertar; caminar o ir en bici a destinos cercanos, y proponer retos semanales de juego libre en exteriores con otros niños.

Políticas públicas y urbanas

Para garantizar hoy el derecho al juego, al descanso y a la participación en actividades recreativas y culturales son imprescindibles políticas urbanas que multipliquen espacios verdes y seguros, patios escolares que inviten a trepar, correr y crear, y currículos que incorporen juego libre más allá de la clase de educación física. Las políticas públicas son las únicas que pueden favorecer la equidad: la falta de lugares seguros para moverse golpea más a quienes viven en barrios densos y con menos recursos.

Algunas ideas son codiseñar con los propios niños patios y plazas, abrir polideportivos y patios escolares fuera del horario lectivo o apoyar iniciativas barriales de juego y deporte mixto, no competitivo y por edades mezcladas.

Recuperar el movimiento como derecho y como herramienta educativa es apostar por cerebros más plásticos, emociones mejor reguladas, comunidades más cohesionadas y una escuela verdaderamente inclusiva. En un mundo que empuja a estar quietos y conectados, moverse –a tiempo, juntos y con propósito– es una forma de cuidado. Y también de futuro.

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Anna Forés Miravalles no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El cerebro infantil necesita juego físico y movimiento: ¿cómo podemos garantizarlo? – https://theconversation.com/el-cerebro-infantil-necesita-juego-fisico-y-movimiento-como-podemos-garantizarlo-286613

¿De qué sirve que Google nos avise de un terremoto segundos antes de que ocurra?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Medina Morales, Profesor de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

sirirak kaewgorn/Shutterstock

El 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el oeste de Colombia. El seísmo provocó graves daños en ciudades como Cali, Pereira o Manizales y dejó más de un centenar de fallecidos en las primeras horas. Entre los testimonios recogidos tras el desastre, apareció uno especialmente revelador: algunas personas habían recibido una alerta de Google en sus teléfonos antes de sentir el terremoto.

No era la primera vez que ocurría. Apenas unas semanas antes, los fuertes terremotos que sacudieron Venezuela habían hecho que muchos usuarios descubrieran una función de sus teléfonos Android que probablemente desconocían: el móvil puede advertirnos de un seísmo antes de que lleguen las sacudidas más intensas. Parece casi una predicción. Pero no lo es.




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Terremotos en Venezuela: así se produjo el “doblete sísmico” que puede causar réplicas durante semanas


Millones de teléfonos convertidos en sensores sísmicos

El sistema Android Earthquake Alerts aprovecha un dispositivo que millones de personas llevan permanentemente consigo. Los teléfonos inteligentes incorporan acelerómetros, pequeños sensores capaces de registrar movimiento. Cuando numerosos móviles situados en una misma zona detectan señales compatibles con un terremoto, esa información puede utilizarse para identificar el evento, estimar su localización y magnitud, y enviar alertas a otros dispositivos.

La clave está en la velocidad. Las primeras ondas generadas por un seísmo pueden ser detectadas antes de que las sacudidas potencialmente más peligrosas lleguen a lugares más alejados. La información electrónica viaja mucho más rápido. Esa diferencia puede proporcionar desde unos pocos segundos hasta decenas de segundos de anticipación, dependiendo de la localización del usuario respecto al terremoto.

La escala alcanzada por el sistema resulta difícil de imaginar. Una investigación publicada en Science en 2025 mostró que Android Earthquake Alerts estaba operativo en 98 países. Durante sus primeros años de funcionamiento, llegó a enviar alrededor de 18 millones de alertas mensuales y contribuyó a ampliar enormemente la población mundial con acceso a algún tipo de alerta sísmica temprana.

Pero los propios resultados del sistema contienen un dato que obliga a mirar el problema desde otra perspectiva: no todas las alertas llegan antes de comenzar el movimiento. En el citado estudio, un 36 % de los usuarios que respondieron indicó haber recibido el aviso antes de sentir el terremoto, un 28 %, mientras ya sentían las vibraciones y un 23 %, después.

Por tanto, conseguir segundos de anticipación es técnicamente difícil. E, incluso cuando se consiguen, aparece una segunda pregunta, probablemente más importante: ¿qué hacemos las personas con esos segundos?

Recibir una alerta no significa estar protegido

Imaginemos que nuestro teléfono nos advierte de que, en veinte segundos, comenzarán fuertes sacudidas.

¿Cuánto tardamos en entender qué está ocurriendo? ¿Sabemos inmediatamente qué debemos hacer? ¿Nos protegemos o buscamos primero información? ¿Miramos a nuestro alrededor para comprobar qué hacen los demás? ¿Llamamos a alguien? ¿Intentamos salir del edificio?

Cada una de estas decisiones consume una parte del tiempo que la tecnología acaba de proporcionarnos. Por eso, existe una diferencia fundamental entre tiempo de aviso y tiempo útil de protección.

Los sistemas de alerta temprana suelen representarse mediante una secuencia relativamente sencilla: detección del peligro, procesamiento, emisión del aviso, recepción por parte de la población.

Cadena de sucesos cuando se genera una alerta temprana.
Pablo Máyer y Fernando Medina.

Sin embargo, desde la perspectiva de la gestión de emergencias, esa secuencia está incompleta. Después de recibir el mensaje comienza otro proceso que pasa por las fases de interpretación, decisión y acción. Y este segundo recorrido no depende fundamentalmente de sensores, algoritmos o redes de telecomunicaciones, sino de las personas.

Cadena de respuesta de la población a una alerta temprana.
Pablo Máyer y Fernando Medina.

El tiempo que no estábamos midiendo

Precisamente, para estudiar ese intervalo, nuestra investigación, desarrollada desde la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y el Grupo de Investigación Geografía, Medio Ambiente y Tecnologías de la Información Geográfica (GEOTIGMA), propone el concepto de latencia social: el tiempo que transcurre entre la recepción de una alerta y la realización de la acción esperada por parte de la población.

Partimos, para ello, de una idea sencilla: no es solo saber cuándo enviamos una alerta; se precisa tener en cuenta el momento en el que comienza la respuesta social. Así, en una alerta sísmica temprana, donde la ventaja proporcionada por la tecnología puede medirse en segundos, dedicar ese margen a interpretar el mensaje, comprobar qué sucede o decidir cómo actuar puede consumir una parte sustancial –o incluso la totalidad– del tiempo disponible.

Podemos resumirlo en una fórmula muy sencilla:

Tiempo de anticipación tecnológica − latencia social = tiempo efectivo disponible para protegerse

No se trata de una ecuación física, ni pretende predecir matemáticamente el comportamiento individual. Es una forma de visualizar algo que con frecuencia olvidamos al evaluar los sistemas de alerta: el tiempo que consigue ganar la tecnología y el tiempo que finalmente puede utilizar una persona no son necesariamente el mismo.

Nos quedamos pegados a la pantalla en vez de actuar

Esta cuestión empieza a aparecer también en las investigaciones sobre alertas sísmicas. Estudios sobre el comportamiento ante sistemas de alerta temprana han observado que algunas personas emplean segundos críticos mirando la pantalla del teléfono y no adoptan de inmediato la conducta protectora recomendada.

En la misma línea, las investigaciones recientes sobre Android Earthquake Alerts están comenzando a incorporar la respuesta de los usuarios junto a parámetros tradicionalmente tecnológicos, como el tiempo de detección, la precisión o los segundos de anticipación.

Este cambio de enfoque es importante. Durante años, hemos intentado conseguir que las alertas lleguen cada vez más rápido. Ahora debemos plantearnos otra pregunta: ¿somos capaces de conseguir que las personas reaccionen también más rápido y, sobre todo, correctamente?

Ganar segundos no basta

Los seres humanos no tenemos la capacidad de actuar tal y como lo hacen las redes de transporte por tren que, en Japón, por ejemplo están diseñadas para frenar o detener automáticamente los convoyes antes de que lleguen las ondas sísmicas más destructivas, para evitar descarrilamientos masivos catastróficos. Las personas necesitamos un tiempo de asimilación y respuesta.

Los terremotos de Venezuela y Colombia han demostrado hasta dónde puede llegar la tecnología: millones de teléfonos pueden convertirse en una red capaz de detectar un peligro y advertirnos antes de que lo sintamos. Sin embargo, la clave radica en la necesidad de preguntarnos qué ocurre después de que el teléfono vibra.

El próximo gran avance en los sistemas de alerta quizá no consista solo en conseguir que el mensaje llegue antes, sino en lograr que esos segundos ganados por la tecnología se conviertan realmente en segundos ganados para salvar vidas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿De qué sirve que Google nos avise de un terremoto segundos antes de que ocurra? – https://theconversation.com/de-que-sirve-que-google-nos-avise-de-un-terremoto-segundos-antes-de-que-ocurra-289783

Almaraz gana tiempo y seguirá abierta hasta 2030

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mar Rubio Varas, Catedrática de Historia e Instituciones Económicas, (UPNA). Investigadora del Institute for Advanced Research in Business and Economics (INARBE), Universidad Pública de Navarra

Vista de la central de Almaraz (Cáceres). Angel L/Shutterstock

Se acaba de publicar en el Boletín Oficial del Estado la orden por la que el Ministerio para la Transición Ecológica de España renueva la autorización de explotación de los dos reactores de la central nuclear de Almaraz. En la práctica, esto significa que Almaraz I, que debía cerrar en noviembre de 2027, podrá seguir operando hasta el 8 de junio de 2030 (31 meses más), y que Almaraz II, con fecha de cierre prevista para octubre de 2028, recibe una prórroga de 19 meses, hasta esa misma fecha.

La decisión llega después de que el pleno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) emitiera, el pasado 16 de julio, un informe favorable “con condiciones”. Entre ellas, garantizar la dotación mínima de personal de seguridad entre 2028 y 2030.

Antes de entrar en lo que implica y lo que no implica esta prórroga, merece la pena pararse un momento en la propia central, porque Almaraz no es solo un dato en un calendario energético: es también una pieza clave de la historia energética y social de España.

Una central con historia propia

La construcción de Almaraz arrancó en 1973, promovida por CENUSA, la sociedad que en 1958 habían formado a partes iguales (33 % cada una) Hidroeléctrica Española, Unión Eléctrica Madrileña y Compañía Sevillana de Electricidad. Almaraz I se conectó por primera vez a la red el 1 de mayo de 1981 y Almaraz II lo hizo el 8 de octubre de 1983, aunque empezaron a vender electricidad regularmente más tarde: Almaraz I el 1 de septiembre de 1983, y Almaraz II el 1 de julio de 1984. En cualquier caso, todo ello en plena carrera de construcción del parque nuclear español.

Y aquí conviene recordar una cifra que suele sorprender y que recogimos en nuestro libro sobre la historia nuclear en España: entre finales de los años sesenta y mediados de los ochenta, las eléctricas españolas llegaron a solicitar permisos para más de 40 reactores. De ellos, 22 recibieron preautorización, 15 iniciaron obras y solo 10 acabaron conectados a la red. El resto quedó por el camino, víctima de la crisis del petróleo, la caída de la demanda eléctrica, los problemas de financiación y de la fortísima oposición social que se organizó en varios emplazamientos. El parque nuclear español que conocemos hoy es, en realidad, una versión muy reducida de lo que se planeó originalmente.

Extremadura fue protagonista en ambos sentidos: dio nombre a Almaraz, pero también fue uno de los escenarios donde se fraguó una parte importante del movimiento antinuclear español. El caso más recordado es el de la central de Valdecaballeros, en Badajoz, promovida también por Hidroeléctrica Española y Sevillana: construida casi por completo pero nunca puesta en marcha, fue paralizada en 1984 tras una fortísima oposición social y las dudas sobre su rentabilidad. Aquella lucha, junto con la de Lemóniz, en el País Vasco, marcó a toda una generación de activismo antinuclear en España.

Ninguna de las tres empresas que promovieron Almaraz existe ya con ese nombre. Hidroeléctrica Española se fusionó en 1992 con Iberduero para formar Iberdrola; Sevillana de Electricidad fue absorbida por Endesa entre 1991 y 1996, y Unión Eléctrica Madrileña acabó, tras varias fusiones sucesivas, integrada en lo que hoy es Naturgy. Así, la vieja CENUSA se ha transformado en la actual Centrales Nucleares Almaraz-Trillo (CNAT), con Iberdrola al frente (52,7 % de la propiedad), seguida de Endesa (36 %) y Naturgy (11,3 %).

Fueron precisamente estas tres compañías las que, en octubre de 2025, solicitaron formalmente al Ministerio la modificación del calendario de cierre, argumentando el papel de Almaraz como infraestructura esencial (llegó a suministrar más del 7 % de la electricidad del país) en un contexto marcado por la volatilidad de los precios del gas ligada a la crisis en Oriente Próximo

Vale la pena detenerse en cómo se llegó exactamente a esos 31 y 19 meses de prórroga, porque no fue un número que pusiera el Gobierno sobre la mesa: según reconstruye pv magazine España, Iberdrola y Endesa defendían inicialmente una prórroga de diez años, mientras que Naturgy se opuso a esa opción. Al ser CNAT una comunidad de bienes en la que las decisiones exigen unanimidad, la petición final que llegó al Ministerio quedó recortada a los tres años en los que sí coincidieron las tres socias. El propio informe del CSN, además, no salió por unanimidad: el pleno lo aprobó con la abstención de uno de los consejeros.

Una fuente que fue la primera y ya no lo es

Conviene recuperar la perspectiva de cuánto ha pesado la nuclear en el sistema eléctrico español. A mediados de los noventa, con el parque recién completado y antes del despegue renovable, llegó a cubrir en torno al 35 % de la demanda, siendo la primera fuente de energía eléctrica del país. Esa cuota fue descendiendo, pero no tanto por el cierre de Zorita y Garoña como por el crecimiento del sistema y el avance de las renovables.

En 2021, la energía eólica (23,3 %) superó por primera vez a la nuclear (20,6 %), un liderazgo que no ha vuelto a ceder. Desde entonces, la nuclear es la segunda fuente, oscilando entre el 19 % y el 21 % del mix, con una producción de 52 000-56 000 gigavatios-hora (GWh) anuales (frente a los más de 58 000 GWh de mediados de la pasada década). Es, por tanto, un descenso relativo, no de producción: el parque nuclear sigue operando casi a plena potencia, con disponibilidad por encima del 83 %.

Tener esto presente ayuda a matizar el debate: Almaraz y el resto reactores no son ya la columna vertebral del sistema que fueron hace treinta años, pero siguen aportando una base de generación estable, sin emisiones e independiente de Oriente Medio.

Lo que cambia y lo que no

Es importante ser precisos aquí, porque el propio comunicado del Gobierno insiste en un matiz relevante: esta prórroga afecta únicamente a Almaraz y no altera, formalmente, el calendario de cierre del resto del parque nuclear español, que sigue fijado para 2035 según el protocolo firmado en 2019 entre las eléctricas y la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa). Es decir, sobre el papel, Ascó, Cofrentes, Trillo y Vandellós mantienen sus fechas de cierre escalonado tal y como estaban previstas.

Dicho esto, sería ingenuo leer esta decisión de forma aislada. Un cambio de Gobierno podría perfectamente traer consigo una revisión de ese calendario, sobre todo si Almaraz demuestra en la práctica que una central puede operar con seguridad más allá de los 40 años inicialmente previstos. El precedente que se sienta ahora, más que el contenido literal de la orden, es probablemente lo más importante de la noticia.

Que hoy, cuatro décadas después, una parte de los extremeños (representados por plataformas como “Sí a Almaraz, Sí al futuro)”) celebren la prórroga con satisfacción, mientras que el movimiento antinuclear histórico la viva como una derrota dice mucho de cómo ha cambiado el debate energético, y también de lo distintas que pueden ser las prioridades. Ambas lecturas son legítimas. Lo que no podemos hacer es fingir que no hay tensión entre ellas, ni que el debate energético español está, ni mucho menos, cerrado.

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Mar Rubio Varas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Almaraz gana tiempo y seguirá abierta hasta 2030 – https://theconversation.com/almaraz-gana-tiempo-y-seguira-abierta-hasta-2030-289854

¿Cambia el calendario de cierre de las centrales nucleares en España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Sánchez León, Instituto Universitario de Física Fundamental y Matemáticas (IUFFyM), Universidad de Salamanca

Cartel indicador en la entrada a la central de Almaraz. Esteban Martinena Guerrer/Shutterstock

El Gobierno de España ha aprobado la ampliación de funcionamiento de la central nuclear de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030. La decisión afecta a sus dos reactores y sustituye las fechas de cierre anteriormente previstas: noviembre de 2027 para Almaraz I y octubre de 2028 para Almaraz II. La prórroga supone aproximadamente 31 meses adicionales de operación para Almaraz I y 19 meses para Almaraz II.

Aunque la decisión no modifica formalmente el calendario de cierre para el resto de las centrales, es difícil pensar que esta decisión no les afecte.

La justificación de la prórroga se relaciona con la incertidumbre del mercado energético internacional y con los problemas de suministro y precios del gas derivados de la guerra de Ucrania y de la situación en Oriente Próximo. Parece razonable pensar que también ha influido la experiencia del 28 de abril de 2025.

Ese día, el gran apagón de la península Ibérica puso de manifiesto que la transición hacia un sistema eléctrico con una elevada participación de fuentes renovables no consiste simplemente en sustituir generación convencional por generación fotovoltaica y eólica. Estas tecnologías presentan una producción variable y tienen características técnicas diferentes de las de los grandes generadores síncronos convencionales.

Tras el apagón, el porcentaje requerido de fuentes estables, como la nuclear, ha aumentado.




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El gran apagón: lo que nos cuentan los datos


La aportación de Almaraz

La central nuclear de Almaraz, situada en la provincia de Cáceres, está constituida por dos reactores: Almaraz I comenzó su actividad en mayo de 1981 y Almaraz II en octubre de 1983. Cada una tienen una potencia eléctrica neta superior a 1 000 megavatios (MW).

En 2025 produjeron conjuntamente unos 15 370 gigavatios-hora (GWh) de electricidad, cantidad equivalente aproximadamente al 7 % de la demanda eléctrica anual española. Esta producción representa una importante aportación de electricidad baja en emisiones y, si tuviera que ser sustituida por generación basada en combustibles fósiles, supondría unas emisiones adicionales de 5 millones de toneladas de CO₂.

La comparación con la energía fotovoltaica resulta también ilustrativa. Para producir anualmente una cantidad de electricidad semejante mediante instalaciones fotovoltaicas sería necesario instalar una potencia de alrededor cinco veces superior a la potencia de Almaraz. Aunque la potencia fotovoltaica instalada en estos momentos en España en horas con sol llega a cubrir toda la demanda, las razones técnicas que hemos comentado se siguen necesitando fuentes complementarias de energía. También hay que tomar en cuenta las horas con poco sol y las noches.

Además, Almaraz no es una instalación estática. Desde su inicio, se han realizado importantes inversiones y modificaciones destinadas a mejorar su seguridad, fiabilidad, potencia y disponibilidad. La cuestión que debería plantearse ahora es si tiene sentido desaprovechar esas inversiones cuando la instalación sigue siendo capaz de producir grandes cantidades de electricidad con bajas emisiones. En sus primeros años de operación producía alrededor de 11 000 MWh/año frente a los más de 15 000 MWh/año actuales.

Una decisión que plantea interrogantes

La solicitud de ampliación fue presentada en 2025 por las empresas propietarias de Almaraz: Iberdrola, Endesa y Naturgy. El Consejo de Seguridad Nuclear la evaluó técnicamente y emitió un informe favorable.

La nueva autorización tiene una peculiaridad llamativa: ambos reactores dejarán de funcionar el mismo día, el 8 de junio de 2030, aunque originalmente estaba previsto que cerrasen con casi un año de diferencia.

¿Hay razones técnicas y económicas para esa fecha coincidente de finalización? La cuestión merece ser estudiada porque los reactores nucleares realizan periódicamente paradas de recarga durante las cuales se sustituye una parte del combustible.

Cuando una central llega al final definitivo de su explotación, la planificación de la última recarga adquiere especial importancia. Una fecha de cierre rígida puede hacer que parte del combustible introducido en la última recarga no pueda aprovecharse completamente.

A ello hay que añadir, según sus propietarios, los altos impuestos que soportan las centrales nucleares, que las pueden hacer llegar a hacer inviables económicamente.

El problema de los cierres simultáneos

La cuestión adquiere mayor importancia si se mantiene el calendario previsto. Ascó I y Cofrentes tienen previsto finalizar su explotación en 2030. De mantenerse estas fechas, en un periodo relativamente corto se produciría el cierre de cuatro reactores: Almaraz I, Almaraz II, Ascó I y Cofrentes.

No se trata solamente de sustituir la electricidad que producen mediante nuevas instalaciones renovables. El sistema deberá sustituir también las características técnicas que aportan los grandes generadores convencionales y garantizar que la generación, el almacenamiento, las interconexiones y los servicios de red sean suficientes para mantener la seguridad del suministro.

Existe además un problema industrial: el desmantelamiento de varias grandes instalaciones nucleares requiere de personal experto, empresas especializadas y una considerable capacidad industrial. Si varias centrales entran simultáneamente en las distintas fases de desmantelamiento, habrá que preguntarse si se aprovechan realmente las economías de escala o si, por el contrario, se produce una concentración innecesaria de recursos y costes.




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¿Debe continuar el cierre de centrales nucleares ante la actual crisis del gas?


Una oportunidad para revisar el calendario

Numerosos países están prolongando la explotación de reactores que se encuentran en condiciones adecuadas de seguridad. La autorización de Almaraz hasta 2030 debería ser una oportunidad para realizar una evaluación global del calendario nuclear español y del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030 y su extensión mas allá de 2030 tomando en cuenta cuestiones como la seguridad del suministro, los costes del sistema eléctrico, las emisiones, la gestión de los residuos y la estabilidad de la red.

Una central nuclear que funciona con seguridad puede seguir produciendo electricidad durante muchos años. Si se decide sustituirla, la decisión debe basarse en una comparación rigurosa entre los costes y beneficios de mantenerla en funcionamiento y los de sustituir tanto su producción eléctrica como los servicios que proporciona al sistema. Esto es especialmente significativo en un momento como el actual, donde los propietarios de los grandes centros de inteligencia artificial buscan lugares que les garanticen un suministro eléctrico constante y estable a precios competitivos.




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Finalmente, hay una cuestión que trasciende a Almaraz. Las decisiones energéticas tienen consecuencias que se prolongan durante décadas. Por ello, sería deseable alcanzar acuerdos políticos suficientemente amplios sobre la política energética española, dejando las decisiones relativas a la seguridad y a la operación de las instalaciones en manos de los organismos técnicos competentes.

The Conversation

José Guillermo Sánchez León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cambia el calendario de cierre de las centrales nucleares en España? – https://theconversation.com/cambia-el-calendario-de-cierre-de-las-centrales-nucleares-en-espana-289830