Qué son los ‘thanabots’: el duelo, convertido en un servicio de suscripción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vitor Lima, Associate Professor of Marketing, ESCP Business School

PerfectWave/Shutterstock

Nos suena el teléfono, y cuando respondemos, la voz al otro lado es la de un amigo fallecido. Recibimos un mensaje de felicitación de cumpleaños de un hijo difunto. Esto es hoy posible y está pasando.

Los thanabots o robots de duelo son programas de inteligencia artificial que se entrenan con información sobre una persona fallecida, información que obtienen de sus perfiles e interacciones en redes sociales y otros datos personales. Estos rastros de la vida de un ser humano se transforman en una inquietante identidad parlante moldeada por familias, algoritmos y empresas.

Lo que antes pertenecía al ámbito de las sesiones de espiritismo, la religiosidad personal o la ciencia ficción se está convirtiendo poco a poco en un servicio de consumo habitual.

En 2013, un episodio de la serie de ciencia ficción Black Mirror titulado “Ahora mismo vuelvo” planteaba la siguiente situación: la protagonista, Martha, pierde a su pareja, Ash, en un accidente automovilístico. El dolor es tan grande que recurre a un servicio que reconstruye a Ash partir de su “huella” digital. Empieza con mensajes, luego pasa a una voz familiar y termina con un cuerpo sintético. Esta réplica conoce las frases típicas y los chistes de Ash. Aunque puede reproducir lo que él dejó atrás, no puede recuperar lo que significaba ser él.

Los servicios de suscripción a Griefbot actúan de forma muy similar a los objetos transicionales, ya que permiten a las personas en duelo seguir conectadas virtualmente con el difunto. (Shutterstock AI)
Shutterstock AI, CC BY

No tardó en aparecer un caso similar (sin la parte del cuerpo sintético) en el mundo real. La cofundadora del chatbot Replika, Eugenia Kuyda, utilizó mensajes de su amigo fallecido, Roman Mazurenko, para crear un bot conversacional al estilo de este.

Hoy en día, los thanabots o robots de duelo emplean mensajes, fotografías, vídeos, grabaciones de voz y publicaciones en redes sociales para simular el discurso y el comportamiento de una persona fallecida. Forman parte de una creciente “industria del más allá” digital que convierte los rastros de una vida en recreaciones interactivas.

Más allá de la experimentación

El concepto ha ido mucho más allá de la experimentación marginal. Microsoft posee una patente, concedida en 2020, para “crear un chatbot conversacional de una persona concreta” utilizando datos sociales como mensajes, datos de voz, imágenes y otro material personal. La patente indica explícitamente que la “persona concreta” puede ser alguien que ya haya fallecido, ya sea un amigo, un familiar, una celebridad o una figura histórica.

Los precios dejan clara la lógica comercial. Un informe reciente describía que la app HereAfter AI (que anunció su cierre a en el verano de 2026) ofrecía planes por unos 199 dólares estadounidenses, mientras que se decía que la empresa surcoreana DeepBrain AI ofrecía recreaciones de avatares 3D de alta gama por hasta 50 000 dólares estadounidenses (sin contar las cuotas de mantenimiento).

De recuerdo a identidad parlante

La gente siempre ha recurrido a objetos para mantener el vínculo con los difuntos. Un abrigo puede conservar un olor. Una receta puede evocar la voz de alguien cercano. Un mensaje de voz guardado puede condensar años en segundos. Pero los objetos conmemorativos más antiguos transmiten algo de la persona sin pretender ser ella misma.

Un thanabot cambia ese esquema. Habla en primera persona: “Recuerdo”, “Te echo de menos”, “Sigo creyendo”, aunque se trate de frases nuevas generadas tras la muerte. Una fotografía dice: “Esta persona estuvo aquí”. Un thanabot dice: “Sigo aquí”.

Ese cambio en el pronombre puede plantear problemas. El sistema se construye a partir de lo que otros pueden recopilar, como mensajes, hábitos registrados, fotografías, chistes y acciones recordadas. A continuación, representa un punto de vista, como si estos fragmentos hubieran recuperado la vida interior que en su día les dio sentido.

Lo que parece conservación es, en realidad, creación. Cada respuesta combina los datos de la persona fallecida con las selecciones de la familia, las indicaciones de quien está de luto, las predicciones de un modelo y las decisiones de diseño de una empresa. La respuesta suena como si proviniera de una sola persona, pero su autoría puede estar repartida entre muchas.

¿Qué se está manteniendo vivo?

¿Es saludable seguir hablando con los fallecidos? El duelo nunca ha exigido silencio. La gente habla ante las tumbas, escribe cartas a los difuntos, repite rituales compartidos e imagina lo que diría un ser querido. Mantener un vínculo puede formar parte del duelo.

La pregunta más difícil no es si las personas deberían mantener una relación con los difuntos. Es precisamente qué es lo que ese acto mantiene “vivo”.

Las relaciones contribuyen a hacernos quienes somos. Nos convertimos en parejas, padres, hijos y amigos a través de la forma en que otras personas nos reconocen y se dirigen a nosotros. La muerte nos arrebata a una persona, pero también trastorna parte de la propia identidad del superviviente. Un padre o una madre que pierden a un hijo también pierden la voz que convertía su labor parental en un intercambio vivo.

Imposibilidad de ‘pasar página’

Un thanabot puede recuperar parte de ese reconocimiento. Puede recordar el aniversario, repetir la broma familiar o volver a llamar a alguien “mamá”. Pero el servicio no se limita a recrear una versión del difunto: también puede preservar una versión de la persona viva que existía dentro de esa relación. Esto, por supuesto, puede ofrecer consuelo al principio.

Sin embargo, es posible que mantenga a la persona en duelo anclada en una versión anterior de sí misma, organizada en torno a una relación que la muerte ha transformado. Las empresas podrían estar vendiendo acceso a los difuntos y, con ello, acceso a una versión anterior del cliente.

¿Quién decide en quién se convierten los fallecidos?

Un thanabot puede decir cosas que la persona fallecida nunca dijo. Esto puede resultar atractivo, pero las dificultades éticas pueden surgir precisamente ahí. En 2025, el padre de Joaquín Oliver, un joven de 17 años asesinado en el tiroteo escolar de Parkland de 2018, creó una versión de su hijo basada en la inteligencia artificial y permitió que un periodista lo entrevistara. El avatar respondió a nuevas preguntas utilizando la voz de Joaquín y defendió públicamente su activismo contra las armas.

La misma cuestión se plantea en el ámbito privado, dentro de las familias. ¿Quién tiene derecho a autorizar una recreación: el cónyuge, un progenitor, todos los hermanos o solo la propia persona antes de su muerte? El amor puede motivar la reconstrucción, pero no otorga autoridad ilimitada sobre la identidad de otra persona. Y el consentimiento es solo el principio.

Un thanabot puede cambiar con el tiempo. Una actualización de software puede alterar su vocabulario, su sentido del humor, sus “recuerdos” o su tono político. Los familiares pueden subir nuevo material, lo que le permite evolucionar más allá de la vida con la que se le entrenó. En algún momento, la conservación da paso a la interpretación.

De la interpretación a la invención

La interpretación se convierte entonces en invención. La propiedad, por tanto, está dividida desde el principio. La familia puede aportar el archivo. La empresa controla el modelo, la interfaz y los servidores. La persona fallecida aporta la identidad que confiere al producto su valor emocional y comercial, pero ya no puede renegociar el acuerdo. Las empresas pueden decidir qué versión aparece, qué recuerda y cuánto tiempo permanece disponible. Es posible que una memoria de mayor calidad esté reservada a un nivel premium. Una voz familiar puede cambiar tras una actualización. El clon puede desaparecer cuando la empresa cierre.

El psicoanalista Jacques Lacan distinguía entre la muerte biológica y la muerte simbólica, que se produce cuando una persona desaparece de la memoria colectiva. La resurrección por suscripción, como sugerimos en otro estudio, introduce una tercera posibilidad: la muerte digital se produce cuando cesa el pago, el proveedor cierra o se retira el modelo.

El poder de la empresa tras una imagen querida

En este caso, la ética no es abstracta. Está integrada en el propio servicio: qué consentimiento cuenta, quién responde por las distorsiones, cómo se valora el duelo y si una familia puede pausar, exportar o eliminar definitivamente una recreación sin verse obligada a alquilarla para siempre.

Los difuntos siempre han hablado a través de sus pertenencias, los rituales y las personas que los recuerdan. Lo nuevo es la respuesta animada generada, junto con el poder de una empresa para editarla, interrumpirla y facturarla. En cuanto el duelo depende del tiempo de actividad del servidor, alguien se adueña de la siguiente frase.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Qué son los ‘thanabots’: el duelo, convertido en un servicio de suscripción – https://theconversation.com/que-son-los-thanabots-el-duelo-convertido-en-un-servicio-de-suscripcion-289324

El calor extremo lleva al límite a la fauna silvestre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maider Iglesias-Carrasco, Investigadora postdoctoral, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

El pasado mes de julio fue, empatado con el de 2022, el mes más cálido en España de toda la serie histórica. El cambio climático causado por el ser humano está provocando un aumento de las temperaturas globales, y a ello se suma el arranque del fenómeno de El Niño, caracterizado por el calentamiento del agua superficial en el océano Pacífico y que afecta a los patrones climáticos globales.

Aunque muchos de nosotros podemos evadir el calor refugiándonos en algún lugar fresco o, simplemente, encendiendo el aire acondicionado, otros seres vivos con los que compartimos el planeta se enfrentan a un escenario del que no tienen escapatoria.

Estudios recientes indican que solo en 2024 más de 5 000 especies animales, muchas de ellas amenazadas, estuvieron expuestas a temperaturas nunca antes registradas para ellas, lo que sin duda añade obstáculos para su supervivencia. Por desgracia, estas cifras aumentarán en 2026 y 2027, y los años por venir.

Cientos de crías de vencejo asfixiadas

Quizás la consecuencia más evidente y dramática del cambio climático en la vida silvestre es la muerte de animales y plantas. Esta puede deberse a causas directas asociadas al calor como la deshidratación y el colapso metabólico (que pueden observarse en aves, murciélagos y humanos, entre otros), o indirectas, como la inanición por falta de alimento.

En ciertos casos, este fenómeno es fácilmente cuantificable y visible. Por ejemplo, en Australia, las olas de calor matan a miles de zorros voladores cada año. En España, provocan la muerte de cientos de crías de vencejo por asfixia.

También en Australia, se estima que los incendios de 2019 provocados por las altas
temperaturas y la sequía acabaron con la vida o provocaron el desplazamiento de unos 3 000 millones de animales.

Asimismo, la ola de calor registrada entre 2013 y 2016 en el Pacífico norte, llamada blob, provocó la muerte directa de unos 4 millones de araos comunes –un ave marina del norte de Europa y América emparentado con los carismáticos frailecillos–, en lo que los investigadores han denominado “la mortandad masiva más devastadora de una única población de aves marinas registrada en la historia moderna”. Esto supuso la pérdida de entre el 50 % y el 75 % de la población. Una década más tarde, en 2024, aún no se había recuperado.

Un ave blanca y negra sobre una roca con el mar de fondo
Un arao, ave marina afectada por las altas temperaturas del océano, cerca de su nido.
Maider Iglesias-Carrasco

Cangrejos muertos de hambre y estrellas de mar cocidas

Los efectos en la vida marina son más difíciles de cuantificar, aunque igual o más devastadores. En 2018, durante una ola de calor oceánica, más de 10 000 millones de cangrejos de las nieves desaparecieron del mar de Bering (en el Pacífico norte) debido a una hambruna masiva provocada por la densidad de individuos y el calor. Se considera una de las mayores pérdidas de macrofauna marina no sésil (animales no fijos a un sustrato) del mundo.




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Olas de calor marinas: el océano a punto de ebullición


Los animales marinos con poca o nula capacidad de movimiento pueden ser aún más sensibles a las olas de calor, ya que no pueden migrar o moverse a zonas más frescas. En 2021, solo en la costa de Vancouver (Canadá) murieron de forma repentina más de mil millones de estos animales marinos, incluyendo mejillones, almejas, estrellas de mar y bálanos, literalmente cocidos en las zonas intermareales, donde el calor y la marea baja provocaron que las temperaturas alcanzaran los 50 °C. Otro ejemplo más conocido es el del blanqueo de los corales, uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta, que se prevé que desaparezca antes del 2050.

En España, el calor está provocando un impacto similar en la Costa Brava. Allí entre el 50 % y el 70 % de las colonias de gorgonias (una especie de coral presente en el Mediterráneo) se vieron afectadas drásticamente o murieron en la ola de calor de 2022. Estas tasas de mortalidad son insostenibles ya que muchas de estas especies tienen ciclos de vida largos y reproducción lenta. Por ello, la pérdida de tantos individuos puede resultar catastrófica y ser irreversible, dando lugar a la total desaparición de las poblaciones y especies.

Un coral blanqueado en el fondo del mar con peces y otros corales alrededor
Gorgonia que ha sufrido blanqueamiento por el calor.
Universidad de Barcelona

Esto es solo la punta del iceberg. Son meros ejemplos que hemos podido documentar y cuantificar, mientras que sin duda innumerables mortalidades masivas suceden de manera silenciosa.

Efectos menos evidentes

Existen muchos otros ejemplos del impacto del cambio climático y las olas de calor sobre la fauna y flora más sutiles e imperceptibles. Si bien podemos cuantificar el número de muertes de algunas especies, la falta de agua y los efectos de las temperaturas elevadas sobre la reproducción, la fenología, la demografía o la fisiología suelen pasar inadvertidos.

Volviendo al caso del arao, tras la mortalidad en masa anteriormente mencionada, se observó un fracaso en la cría entre 2015 y 2017 en gran parte de las colonias objeto de seguimiento. Fue también consecuencia del aumento de la temperatura del mar, que derivó en una reducción drástica de la disponibilidad de alimento. Esto imposibilitó que los adultos pusieran huevos o sacaran adelante a los polluelos.

Un abejorro sobre unas flores de color morado
Las olas de calor afectan de manera difícil de cuantificar a muchos organismos, como los abejorros.
Maider Iglesias-Carrasco

En el caso de los abejorros, polinizadores fundamentales para la producción de alimentos y el funcionamiento de muchos ecosistemas, la exposición al calor durante las fases larvarias repercute en la supervivencia, el forrajeo y la reproducción en la etapa adulta.

Las condiciones ambientales modulan de forma compleja y sutil la reproducción y la supervivencia de la fauna. Ciertos casos son más patentes. Por ejemplo, en algunos reptiles como las tortugas marinas, la determinación del sexo, y por tanto la proporción de machos y hembras en la descendencia, depende de la temperatura de incubación.

Así, en algunas zonas del planeta, todos los individuos de algunas especies están naciendo hembras, ya que este es el sexo que normalmente se desarrolla con temperaturas de incubación más elevadas. Este cambio demográfico (la falta de machos) puede tener consecuencias nefastas para el futuro de estas especies.

Una pequeña tortuga oscura nada en la superficie del agua cristalina
Una cría de tortuga verde entrando en el mar en las islas del noroeste de Hawái.
Mark Sullivan, permiso de la NOAA n.º 10137-07

Los cambios en una especie afectan a otras

Los efectos que observamos en una especie rara vez son aislados. Cuando desaparece un elemento de la cadena trófica o de las relaciones mutualistas que entretejen la biodiversidad, el desequilibrio se extiende por todo el ecosistema.

En el mar, los cambios en la abundancia de especies fundamentales como el plancton, el kril o los peces pequeños como las anchoas, que son la dieta de numerosos animales, reducen la productividad del océano y desencadenan episodios de mortalidad masiva en aves y mamíferos marinos que dependen de ellos para alimentarse.

Con frecuencia estos efectos terminan impactando con gran fuerza en los humanos, causando pérdidas millonarias en pesquerías y la agricultura, problemas para la salud e inestabilidad alimentaria.

Fitoplacton visto al microscopio
Las olas de calor alteran los ciclos estacionales de fitoplancton, pequeños organismos fotosintéticos marinos, lo que afecta a la abundancia de zooplancton y con ello, a otros seres vivos como los peces.
ESA



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Hacia un futuro insoportablemente caluroso

Contamos con las herramientas y el conocimiento científico que revelan las consecuencias de nuestras actividades para la vida silvestre. Sin embargo, seguimos contaminando, deforestando y alterando el equilibrio del mundo que nos mantiene.

Pero no somos invulnerables. Como señala el investigador Justin Gregg en su libro Si Nietzsche fuera un narval, “un niño que nace ahora tiene cinco veces más probabilidades de morir en una extinción global que en un accidente de tráfico”.

Sin poner en marcha cambios importantes, nos precipitamos, arrastrando con nosotros a muchos de los organismos que nos rodean, a un futuro que, por desgracia, no es incierto, sino ciertamente oscuro e insoportablemente caluroso.

The Conversation

Paco Garcia-Gonzalez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades)

Maider Iglesias-Carrasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El calor extremo lleva al límite a la fauna silvestre – https://theconversation.com/el-calor-extremo-lleva-al-limite-a-la-fauna-silvestre-289922

Conflictos lejanos que afectan al consumo cercano y hacen que suba la cesta de la compra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Ángeles Fernández-Zamudio, Profesora Titular en el Departamento de Economía y Ciencias Sociales, Universitat Politècnica de València

Pierre Desrosiers/Shutterstock

Cuando sube el precio de los alimentos se piensa en las decisiones de negocio de los supermercados, o en malas cosechas, sequías o subidas de los costes de producción en el campo. Pero detrás del encarecimiento muchas veces hay factores menos previsibles y más lejanos como son las guerras, las crisis energéticas, los problemas logísticos o las tensiones comerciales internacionales.

La reciente subida del precio de los alimentos no es un fenómeno exclusivamente español. Los mercados internacionales también han experimentado fuertes incrementos, hasta alcanzar, en 2022, los niveles más elevados observados por el Índice de Precios de los Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Este índice, con datos mensuales desde 1961, permite visualizar la tendencia de encarecimiento o abaratamiento de la cesta alimentaria. Lo que se observa es que, entre 2019 y 2024, los precios de los alimentos en España aumentaron más que el resto de elementos que componen el consumo de las familias.

Una cadena alimentaria compleja en su dimensión e interrelaciones

Para completar el circuito de producción, distribución y comercio de alimentos se requieren abundantes insumos (agua, energía, fertilizantes, tecnología, etc.) y procesos (manipulación, almacenamiento, transporte, etc.), que son asumidos por los distintos eslabones que conectan la producción en origen con el consumidor final.

A los insumos que se necesitan para la producción agrícola se añaden los usados para la transformación, preparación o envasado en las industrias alimentarias, y los requeridos en la logística y distribución entre agentes mayoristas y minoristas. Finalmente, los productos se reciben en los establecimientos de venta final y llegan a los hogares o locales (restaurantes, comedores escolares, cantinas, etc.) donde se consumen.

Insumos críticos

La Comisión Europea ha reconocido que la guerra de Ucrania puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario europeo, debido a la dependencia de energía, fertilizantes y cereales importados. Al mismo tiempo, la FAO ha señalado que, desde antes de la invasión de Ucrania, los precios alimentarios a nivel global han estado presionados por el aumento de los costes energéticos y de los fertilizantes.

España es un ejemplo de país que, aunque produce gran cantidad y diversidad de alimentos, no por ello es autosuficiente. También depende del comercio internacional para el abastecimiento de numerosos productos; entre ellos, café, cacao, especias o diversas frutas tropicales que forman parte de los hábitos de consumo actuales.

Pero lo más importante es que no tiene autonomía para disponer de los insumos críticos para la producción de alimentos: el petróleo (como elemento clave de toda la logística y movimiento de maquinarias), los fertilizantes (muchos de ellos se fabrican usando gas natural), los cereales (base de la producción de piensos para el ganado) o la tecnología empleada en el riego o en dispositivos electrónicos que en muchas ocasiones tampoco se fabrican en España ni en el resto de Europa.

Por lo tanto, la vulnerabilidad de un territorio no está tanto en su capacidad para producir alimentos, sino en la dependencia externa de los recursos imprescindibles para seguir produciéndolos.

Cuando las crisis globales llegan al supermercado del barrio

Cuando a las crisis naturales (por sequías, danas o incrementos de temperatura) se suman otros conflictos globales, queda de manifiesto la fragilidad que tienen las sociedades en su soberanía alimentaria. Un ejemplo muy conocido: hace cinco años, la pandemia de covid-19 paralizó todas las cadenas logísticas y la economía mundial. Después le han seguido otros conflictos geopolíticos (la guerra de Ucrania, la guerra comercial impulsada por Trump, el conflicto en Oriente Medio) que siguen generando importantes impactos en el comercio de alimentos.

En 2021 hubo una crisis energética global y el Banco Mundial señaló al incremento del precio del gas natural como la causa del encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados. A principios de 2022 se inició la guerra de Ucrania, que aún perdura, y la FAO ha señalado que Rusia y Ucrania ocupan posiciones estratégicas en el comercio mundial de cereales, y que Rusia es uno de los principales exportadores de fertilizantes. Así, el índice mundial de precios alimentarios alcanzó máximos históricos en 2022.

Posteriormente se han sucedido otros conflictos, como los de Oriente Medio o el cierre del estrecho de Ormuz. El Banco Mundial ha advertido que las crisis en zonas donde se concentra el petróleo pueden generar nuevas perturbaciones en los mercados energéticos y de fertilizantes, causando un impacto directo sobre los costes de producción agraria y de transporte y distribución de alimentos.

Comprender la cadena para fortalecer la soberanía alimentaria

Solemos asociar la soberanía alimentaria con producir alimentos dentro de las propias fronteras. Sin embargo, producir no basta si se depende del exterior para obtener energía, fertilizantes, materias primas o tecnologías esenciales. Comprender cómo funciona la cadena alimentaria es el primer paso para hacerla más sostenible, y esta es una labor que no solo deben hacer los agentes que operan en la agrocadena.

Para ayudar a mitigar los efectos negativos de los factores externos, se debe apoyar a los tipos de agricultura más resilientes y adaptadas al cambio climático. Un ejemplo: no se les puede exigir cosechas máximas a quienes producen si solamente se comercializan las frutas y verduras estéticamente perfectas, ya que se están desaprovechando todas aquellas que no alcanzan los actuales estándares comerciales, además de todos los insumos utilizados para obtenerlas: agua de riego, fertilizantes, fitosanitarios, mano de obra, etc.

Consumo informado y consciente

El poder del consumo puede ser inmenso, sobre todo si las personas lo hacen de manera consciente e informada, optando por el producto local y de temporada, diversificando los proveedores, fomentando que haya menos intermediarios y reconociendo el papel del trabajo agrario en la sociedad. Las decisiones meditadas de la ciudadanía acaban fortaleciendo la seguridad alimentaria de los países, y preparan y protegen a los países para las futuras crisis.

Los conflictos recientes recuerdan una realidad que a menudo pasa desapercibida: la seguridad alimentaria no depende únicamente de producir alimentos. También depende de la capacidad para mantener funcionando una compleja red de energía, transporte, fertilizantes, tecnología o comercio. Entender cómo funciona esa cadena es el primer paso para hacerla más resiliente. Porque, en un mundo globalizado, lo que ocurre lejos se acaba reflejando en lo cotidiano y local.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Conflictos lejanos que afectan al consumo cercano y hacen que suba la cesta de la compra – https://theconversation.com/conflictos-lejanos-que-afectan-al-consumo-cercano-y-hacen-que-suba-la-cesta-de-la-compra-282101

Impuestos y tasas turísticas sí, pero adaptados a cada destino y objetivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ignacio Pulido Fernández, Catedrático de Economía Aplicada (Economía del Turismo), Universidad de Jaén

Edu Mangas/Shutterstock

En un momento de creciente preocupación por la masificación turística, los expertos debaten acerca de las mejores opciones para una adecuada gestión de la demanda y un mayor control sobre los impactos del turismo.

Se recupera en este contexto el viejo dilema “impuestos sí versus impuestos no”. Desde la economía pública y la economía del turismo, la función principal de la fiscalidad turística no es precisamente la de reducir visitantes, sino corregir externalidades, financiar bienes públicos locales, redistribuir costes y reforzar la legitimidad social de la actividad turística cuando esta genera presiones sobre el territorio.




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Impuestos y tasas para contener el turismo masivo


Turismo y corresponsabilidad

El planteamiento de que los tributos turísticos deben utilizarse solo cuando han fallado todas las demás herramientas resulta discutible. Si el turismo genera costes públicos (limpieza, residuos, agua, movilidad, seguridad, conservación patrimonial, presión sobre vivienda, uso intensivo del espacio público, sostenibilidad o adaptación climática), retrasar la fiscalidad implica mantener una subvención implícita al consumo turístico: el visitante disfruta de bienes colectivos, pero una parte del coste queda desplazada hacia residentes y administraciones locales.

Desde el principio de beneficio (“los ciudadanos deben pagar impuestos o financiar los servicios públicos en proporción directa a los beneficios que reciben de ellos”), quien disfruta, aunque sea temporalmente, de los servicios colectivos del destino también debe contribuir, al menos parcialmente, a financiarlos. Esta lógica no penaliza al visitante, introduce corresponsabilidad.

La cuestión clave, por tanto, es determinar si existe una presión turística identificable que justifique asignar mejor los costes.

La visión de los expertos

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya advirtió en 2024 de que muchos destinos tienen dificultades para gestionar la demanda y sus impactos ambientales y sociales, y que para diseñar acciones locales integrales y sostenibles se requieren recursos suficientes y mejor evidencia. A su vez, la Oficina para el Turismo de Naciones Unidas insiste en integrar la medición económica, social y ambiental del turismo.

No es correcto valorar la fiscalidad turística solo por su capacidad para contener el flujo de turistas: su eficacia debe medirse en función de su contribución a financiar mejor el destino, compensar territorios tensionados y sostener los bienes públicos que hacen posible la propia actividad turística.

No existe una única figura fiscal aplicable a todos los destinos. Hay impuestos sobre estancias, recargos municipales, contribuciones de acceso, gravámenes sobre cruceristas, tributos ambientales y fondos finalistas. Cada instrumento responde a una presión diferente.

Algunos ejemplos

Este 2026, Venecia está aplicando, en días y franjas horarias concretas, un contributo di accesso a sus visitantes de día, con una lógica de gestión de flujos urbanos.

Ámsterdam mantiene una imposición del 12,5 % sobre el precio de la pernoctación y un Day Tourist Tax de 15 euros por pasajero de crucero, lo que permite gravar también formas de visita que no generan pernoctación pero sí una gran presión urbana.

Cataluña ha reformado en 2026 la atribución de su impuesto sobre estancias turísticas para destinar el 25 % de la recaudación a políticas de vivienda y el 75 % al Fondo para el Fomento del Turismo.

Estos tres ejemplos muestran que el debate no se puede reducir a “impuestos sí o no”, sino a qué instrumento corresponde a cada presión turística.

Maldivas, Manchester, Estados Unidos

Uno de los argumentos más frecuentes contra la fiscalidad turística es que puede perjudicar la competitividad. Sin embargo, los datos muestran que la realidad es mucho más compleja y que su impacto depende de la elasticidad de la demanda, la cuantía, la gradualidad, la comunicación, la existencia de destinos sustitutivos y el uso de la recaudación.

Por ejemplo, una investigación de 2023 estimó que en Maldivas, un aumento del impuesto turístico puede reducir la demanda internacional, especialmente en un destino insular muy dependiente del turismo. Sin embargo, en Manchester no se detectan efectos significativos del gravamen de 1 libra por habitación y noche sobre ocupación.

Por último, en Estados Unidos los efectos de los impuestos sobre alojamiento varían por segmento, siendo más sensibles a ellos los grupos que los viajeros individuales.

¿A qué se destinan los impuestos que pagan los turistas?

El uso final de los impuestos turísticos (su afectación) es decisivo. Si los ingresos se diluyen en el presupuesto general, el tributo puede percibirse como una carga adicional sin retorno. En cambio, cuando la recaudación se vincula a proyectos visibles aumenta su aceptación.

El caso balear es ilustrativo: el Impuesto de Turismo Sostenible se define como un tributo finalista cuyos recursos alimentan el fondo para favorecer el turismo sostenible.

Nueva Zelanda ofrece otro ejemplo de lógica finalista con el International Visitor Conservation and Tourism Levy, fijado en 100 dólares neozelandeses para cada turista que viaje al país, que contribuye a los sistemas de turismo y conservación.

En Andalucía, la aceptación del impuesto aumenta cuando el visitante entiende el destino de los fondos y percibe una relación razonable entre el pago realizado y la mejora del destino.




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¿Tiene sentido cobrar la misma ecotasa a todos los turistas?


Un mejor diseño

Defender la fiscalidad turística no significa ignorar sus riesgos. Los hay de regresividad (cuando los impuestos representan un porcentaje mayor de los ingresos para los viajeros de menores recursos), economía sumergida, costes administrativos, acumulación de gravámenes, rechazo empresarial, captura presupuestaria o sustitución de gasto ordinario. Pero estos problemas no justifican relegarla a la última opción. Justifican diseñarla mejor.

Por ello, la fiscalidad turística debe ser un instrumento temprano, selectivo y evaluable de gobernanza económica del destino, y aplicarse cuando existan impactos verificables, con diseño proporcional, recaudación finalista, transparencia y mecanismos periódicos de seguimiento. Su legitimidad no reside en esperar al colapso, sino en contribuir a evitarlo.

En definitiva, la fiscalidad turística no debe plantearse como una barrera contra el visitante, sino como un pacto de corresponsabilidad. Quien disfruta de un destino también debe contribuir a sostenerlo. Y si aspiramos a destinos competitivos, habitables y socialmente aceptados, la fiscalidad turística debe ser justa, eficaz y útil para el territorio.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Impuestos y tasas turísticas sí, pero adaptados a cada destino y objetivo – https://theconversation.com/impuestos-y-tasas-turisticas-si-pero-adaptados-a-cada-destino-y-objetivo-285675

Por qué el récord de generación solar no arregla la factura energética de España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Paneles solares cerca de Almaraz, Cáceres, España. GobyOneKenobi/Shutterstock

El 1 de agosto de 2026, España generó 259 gigavatios hora de electricidad solar, un récord absoluto. A pesar de ello, esa misma semana el precio mayorista de la electricidad superó los 100 euros por megavatio hora, y julio cerró como el segundo mes más caro de la historia: 104,7 euros de media, un 50 % más que un año antes.

La paradoja ha dado mucho de sí estas semanas. La explicación técnica es conocida: el mercado marginalista (ver páginas 20-26 de esta guía del mercado eléctrico español), el gas fijando el precio de la hora punta y la falta de almacenamiento de la energía renovable. Pero la discusión tiene un problema de escala que rara vez se menciona.

Toda ella ocurre dentro del sistema eléctrico. Y la electricidad es apenas una cuarta parte de la energía que consume España: el 23,1 % del consumo final en 2024. Estamos hablando sobre el cuarto pequeño de la factura energética del país mientras los otros tres cuartos siguen funcionando, casi sin cambios, con petróleo y gas.

El récord, a escala

Cuando la fotovoltaica lidera el mix eléctrico con el 28 % de la generación mensual –como lleva haciendo cuatro meses seguidos–, está cubriendo alrededor del 7 % de la energía final del país. El logro es real: España ha desplegado la generación más barata de su historia a una velocidad que pocos anticipaban. Pero la parte descarbonizada de la economía nacional es la más fácil y la más pequeña.

Los otros tres cuartos son mucho más resistentes. Según la Revisión Estadística de la Energía Mundial del Energy Institute, en 2025 el petróleo, el gas y el carbón supusieron el 75 % del suministro energético español: 51 %, 22 % y 2 % respectivamente. Y el detalle importa más que el porcentaje: tras un año de récords solares encadenados, el suministro de petróleo no bajó ni una décima y el de gas creció, mientras las renovables apenas se movieron. Mover camiones, aviones y maquinaria agrícola; generar calor en hornos industriales; alimentar la petroquímica: nada de eso se resuelve instalando más paneles, porque no está enchufado a la red.

La distinción no es un tecnicismo contable: ahí se localiza la exposición económica del país. El precio del gasóleo se traslada al coste de transportar cualquier mercancía, y de ahí al IPC; el del gas, a los costes de la industria de proceso. Ambos se fijan en mercados sobre los que España no tiene influencia. España puede batir todos los récords solares del mundo y seguir igual de vulnerable a una crisis en Ormuz, porque la vulnerabilidad no está en el enchufe.




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Por qué la fotovoltaica no se refleja en el recibo

Dentro del cuarto eléctrico, además, el abaratamiento tampoco se traslada al precio limpiamente.

El 5 de agosto el mercado mayorista marcó su precio más bajo entre las tres y las cuatro de la tarde: 4,50 euros por megavatio hora. Cinco horas después cotizaba a 194,69: más de cuarenta veces más caro. Y no fue un día excepcional: la punta de las nueve de la noche ha vuelto a superar los 240 euros varias veces en la segunda semana de agosto.

El precio se fija por un mecanismo marginalista: cada hora, la última fuente de generación necesaria para cubrir la demanda marca el precio de todas las demás. A mediodía es un panel solar; a las nueve de la noche, un ciclo combinado de gas.

Gráfica que muestra cómo la demanda cae cuando hay mayor generación solar y aumenta por la noche con otras fuentes no renovables
La demanda neta del sistema peninsular y el precio horario del 5 de agosto de 2026. El precio sigue el perfil de la demanda que queda por cubrir: se hunde en el valle solar del mediodía y se dispara en la punta de la noche.
Enrique Parra Iglesias con datos de ESIOS/REE y OMIE, CC BY-SA

El consumidor no paga la media del día: paga sobre todo las horas caras, aquellas en que la solar no produce. El récord se diluye, por tanto, en un recibo dominado por la noche, por el gas y por los peajes, cargos e impuestos.

Producimos sin consumir

Hay un desajuste de fondo que conecta las dos partes del problema. La demanda eléctrica española lleva estancada desde 2020 mientras la generación sin emisiones crecía un 15,6 % en cuatro años. Producimos más electricidad limpia sin haber construido la demanda que debería absorberla ni un sistema para almacenarla.




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Gráfico de barras que muestra cómo la demanda eléctrica no ha subido demasiado desde 2018
Evolución de la demanda eléctrica en España.
REE

El resultado: 5,4 teravatios hora desperdiciados en 2025, el 3,6 % de toda la generación renovable. Electricidad limpia producida y tirada.

Y aquí se encuentran las dos mitades. La demanda que falta está, precisamente, en los tres cuartos no eléctricos: camiones que podrían ser eléctricos, calderas industriales que podrían ser bombas de calor, procesos térmicos de baja temperatura que podrían electrificarse. Electrificar esos usos daría salida al excedente solar del mediodía y reduciría a la vez la exposición al petróleo y al gas.

El límite: potencia firme

Conviene no subestimar la dificultad. La noche del 11 de agosto Red Eléctrica activó el mecanismo que permite pedir a la gran industria que reduzca su consumo. Lo mismo que el 15 de julio, con una ola de calor, un reactor nuclear parado y poca eólica. Fue la cuarta vez en el año. El operador subrayó que la continuidad del suministro no se vio comprometida, y conviene tomarle la palabra: ese mecanismo existe para no llegar a un apagón, y funciona.

Pero ilustra el orden de magnitud del reto. España tiene unos 155 gigavatios instalados para una punta que rara vez supera los 40, y aun así hay tensión en la hora crítica: lo que escasea no es potencia instalada, sino potencia firme a las diez de la noche. Si trasladamos al sistema eléctrico buena parte de los tres cuartos fósiles, esa punta crecerá, y el recurso de emergencia no puede seguir siendo pedirle a la industria que pare. Precisamente a la que queremos electrificar.




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La asignatura pendiente

Nada de esto es un argumento contra la energía solar, probablemente la mejor inversión energética de España en décadas. Es un análisis para determinar dónde queda el problema por resolver.

España importa todavía cerca de dos tercios de la energía que consume, y eso no pueden solucionarlo récords renovables como el del 1 de agosto, porque estos ocurren en el compartimento que ya teníamos medio resuelto (la electricidad). Lo que falta –almacenamiento, interconexiones, demanda flexible, tarifas que premien consumir cuando hay sol– sirve para que el cuarto eléctrico funcione mejor. Pero la partida grande se juega fuera: en el gasóleo de los camiones, el gas de los hornos y el crudo de la petroquímica.

Ahí está ahora el reto: en lograr una economía más eléctrica y menos fósil.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué el récord de generación solar no arregla la factura energética de España – https://theconversation.com/por-que-el-record-de-generacion-solar-no-arregla-la-factura-energetica-de-espana-289635

Una paradoja rural: los habitantes del campo español lo tienen más difícil para comer de forma sostenible

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén López Tárraga, Profesora sustituta en el Departamento de Geografía, Universidad Complutense de Madrid

Cuando pensamos en comer de forma saludable y cuidar el medio ambiente, solemos creer que todo depende solo de nuestra propia decisión. Nos imaginamos que basta con tener ganas de comprar fruta ecológica o querer apoyar a los pequeños agricultores de la zona. Sin embargo, el lugar en el que vivimos y el mapa juegan un papel importantísimo del que casi nadie habla.

Comsumir productos ecológicos y a un precio justo en la España rural se ha convertido hoy en un auténtico reto. Sobre todo por las grandes distancias y los elevados costes de transporte. Aunque parezca una contradicción, los propios pueblos y zonas del campo donde se cultiva y produce la mayor parte de esta comida sostenible son los lugares que más problemas tienen para poder comprarla y comerla en su día a día.

La huerta rural frente al consumo urbano

Entre 2021 y 2026, el equipo del proyecto Las redes alimentarias sostenibles como cadenas de valores para la transición agroecológica y alimentaria: implicaciones para las políticas públicas territoriales (ALISOS) –compuesto por investigadores de las universidades de Salamanca, Valladolid o la Autónoma de Madrid, y por el Instituto de Economia, Geografía y Demografía del CSIC, entre otros centros– analizó más de 1 200 proyectos de alimentación sostenible repartidos entre Castilla y León y la Comunidad de Madrid. Su estudio demuestra que existen dos realidades completamente diferentes según la zona del mapa:

  • Castilla y León (415 proyectos): Cuenta con una enorme producción de agricultura y ganadería ecológica. El problema es que la población vive muy repartida en pueblos y localidades pequeñas. Esto provoca que haya pocos compradores cerca y que el reparto de los alimentos sea muy caro, ya que se gasta mucha gasolina por cada kilo de comida que se transporta.

  • Comunidad de Madrid (790 proyectos): Reúne a unos siete millones de personas viviendo en un territorio relativamente pequeño. Esta gran cantidad de vecinos en pocos kilómetros ha hecho que funcionen de maravilla los grupos de familias que se organizan para comprar juntas, las tiendas de barrio y los supermercados cooperativos, ya que siempre tienen clientes asegurados.

Distribución de la superficie ecológica sobre la superficie agraria útil en las comunidades autónomas de Castilla y León y Madrid.

Costes elevados y despoblación: la paradoja rural

En las zonas de la España vaciada, el hecho de que viva tan poca gente impide que se creen grupos grandes de compradores. Si un pequeño agricultor ecológico tiene que llevar sus verduras a cinco pueblos diferentes que están separados por decenas de kilómetros, el tiempo que pierde en la carretera y lo que se gasta en gasolina y transporte hacen que todo sea demasiado caro.

Como la población está tan repartida, ocurre algo muy curioso: la mayor parte de los alimentos ecológicos que se cultivan en el campo terminan viajando directamente hacia las grandes ciudades, lo que deja a los propios vecinos de esos pueblos sin opciones sencillas para comprar la comida que se produce al lado de sus casas.




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Hibridación adaptativa: Cambiar para sobrevivir

Con el fin de aguantar la subida de precios, estos proyectos sostenibles se han reinventado. También lo hacen para competir contra los grandes supermercados. Los investigadores llaman a este cambio “hibridación adaptativa”.

En la práctica, usan herramientas del comercio tradicional, con lo que consiguen llegar a muchos más clientes. Por ejemplo, crean tiendas en internet, contratan empresas de transporte externo y amplían sus zonas de reparto.

Aplican estas estrategias sin perder sus valores principales: siguen cuidando el planeta con dedicación y pagan un precio justo a los agricultores. Así ganan el dinero necesario para no cerrar, mantienen el negocio abierto y apoyan al mundo rural.

Estrategias públicas: El apoyo institucional que falta

El avance hacia una alimentación sostenible no puede depender únicamente del esfuerzo de los agricultores o del bolsillo de las familias. Las políticas públicas son una pieza fundamental.

El proyecto demuestra que existen experiencias de éxito local, como el apoyo institucional a la producción ecológica en provincias como Zamora y en ciudades como Fuenlabrada o Rivas-Vaciamadrid, ambas de la Comunidad de Madrid.

Zamora celebra su mercado ecológico mensual el tercer sábado de cada mes.
Ana Belén López Tárraga

Sin embargo, en muchos otros municipios existe desinterés o trabas burocráticas. Favorecer la venta directa del productor al consumidor y promover que los comedores escolares o de hospitales compren producto local son herramientas clave que aún necesitan impulsarse.

Una cuestión de justicia territorial

Asegurar que la gente de la España vaciada pueda comer de forma sana y justa no es solo un problema de dinero, sino un asunto clave de igualdad entre las distintas regiones.

Resulta del todo absurdo que las zonas donde se cultiva la mayor parte de la comida fresca tengan tantas barreras para consumirla en sus propios municipios, solo porque el transporte y el comercio están pensados para enviar todo a las grandes ciudades.

Para cambiar esta situación, es necesario crear un plan que mejore el reparto de comida en el campo, le ponga las cosas fáciles a los pequeños agricultores para vender sin intermediarios y enseñe la importancia de la alimentación a los jóvenes.

Solo consiguiendo que cualquier persona pueda comprar productos locales se logrará que la gente se quede a vivir en los pueblos, se reactive su economía y se devuelva la justicia social a estas zonas rurales.

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Ana Belén López Tárraga ha recibido fondos del proyecto I+D+i «Gobernanza Urbano-Rural y Transición Alimentaria en Regiones de Baja Densidad: Castilla y León» (2021-2025), Referencia PID2020-112980GB-C21, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033. Entidades participantes: Universidad de Salamanca, Universidad de Valladolid, Universidad
de Múnich y Fundación Entretantos. Se trata de un subproyecto integrado en el Proyecto Coordinado «Las redes alimentarias sostenibles como cadenas de valores para la transición agroecológica y alimentaria. Implicaciones para las políticas públicas territoriales».

José Luis Sánchez Hernández recibe fondos del proyecto I+D+i «Gobernanza Urbano-Rural y Transición Alimentaria en Regiones de Baja Densidad: Castilla y León» (2021-2025), Referencia PID2020-112980GB-C21, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033.

Lourdes Moro Gutiérrrez recibe fondos del proyecto I+D+i «Gobernanza Urbano-Rural y Transición Alimentaria en Regiones de Baja Densidad: Castilla y León» (2021-2025), Referencia PID2020-112980GB-C21, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033.

Marta Potente Castro recibe fondos del proyecto I+D+i «Gobernanza Urbano-Rural y Transición Alimentaria en Regiones de Baja Densidad: Castilla y León» (2021-2025), Referencia PID2020-112980GB-C21, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033..

– ref. Una paradoja rural: los habitantes del campo español lo tienen más difícil para comer de forma sostenible – https://theconversation.com/una-paradoja-rural-los-habitantes-del-campo-espanol-lo-tienen-mas-dificil-para-comer-de-forma-sostenible-288767

Así podemos entrenar el sistema nervioso para reducir el estrés

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Manuel Ocaña Campos, Profesor Titular. Investigador Principal Grupo Neurociencia del Bienestar. Área de Psicobiología, Universidad de Sevilla

Una sesión de _biofeedback_. Microgen/Shutterstock

Son las 6:30 de la mañana. Suena el despertador. Antes incluso de levantarnos ya empezamos a repasar la reunión de primera hora, los correos pendientes, las tareas domésticas, las facturas, los mensajes sin responder y todo lo que no dará tiempo a hacer. Aún no hemos salido de la cama y ya nos sentimos agotados.

El día acaba de comenzar, pero el sistema nervioso ya se ha puesto en modo alerta. Ni corremos delante de un depredador ni huimos de una amenaza vital, pero el cerebro activa el mismo mecanismo de supervivencia que permitió sobrevivir a nuestros antepasados durante miles de años.

Lo preocupante es que esta respuesta ya no dura unos minutos. Para muchas personas se mantiene activa durante buena parte del día, e incluso durante meses o años. Cuando el organismo pierde la capacidad de recuperar el equilibrio, el estrés deja de ser una herramienta para sobrevivir y comienza a convertirse en un problema de salud.

No se trata de una situación excepcional. Es la realidad cotidiana de millones de personas y uno de los mayores retos sanitarios del siglo XXI.

La pregunta, por tanto, ya no es si vivimos demasiado estresados. La verdadera cuestión es si podemos enseñar a nuestro sistema nervioso a recuperar la calma. La respuesta empieza con una característica extraordinaria del cerebro: su capacidad para aprender.

Igual que aprendemos un idioma, a conducir o a tocar un instrumento, el sistema nervioso también aprende a responder al entorno. Puede acostumbrarse a vivir en un estado de alerta casi permanente, pero también puede entrenarse para recuperar el estado de calma.

Durante décadas hemos intentado reducir el estrés actuando sobre nuestros pensamientos, nuestras emociones o nuestra conducta. Hoy la neurociencia propone un enfoque complementario: entrenar directamente los mecanismos fisiológicos que participan en la respuesta al estrés. Es precisamente aquí donde el biofeedback y el neurofeedback han despertado un enorme interés.

Entrenar el sistema nervioso

El biofeedback y el neurofeedback son dos de las herramientas más prometedoras para entrenar la capacidad de autorregulación del sistema nervioso. Aunque comparten este objetivo, no son exactamente lo mismo. Ambas parten de una idea sencilla: convertir señales fisiológicas que normalmente pasan desapercibidas en información que la persona puede observar en tiempo real para aprender a regular su organismo.

En el biofeedback se registran mediante sensores variables como la respiración, la tensión muscular, la temperatura de la piel o la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Esta última es un biomarcador que refleja la capacidad del sistema nervioso autónomo para adaptarse a las demandas del entorno y la recuperación fisiológica tras una situación de estrés.

El neurofeedback, por su parte, utiliza la actividad eléctrica cerebral registrada mediante electroencefalografía.

En ninguno de los dos casos el dispositivo de medida actúa directamente sobre el cerebro o el organismo: funciona como un espejo fisiológico. Al observar en tiempo real cómo cambia su actividad corporal o cerebral, la persona puede identificar qué estrategias favorecen un estado de mayor equilibrio y entrenarlas de forma progresiva.

¿Funciona realmente?

Esta es la pregunta importante. Porque una cosa es que podamos observar lo que hace nuestro organismo y otra muy distinta que el entrenamiento cambie nuestra salud. La evidencia científica disponible permite responder afirmativamente, aunque con importantes matices.

La eficacia de estas técnicas depende de tres factores: el problema que se pretende tratar, el protocolo utilizado y la experiencia del profesional que dirige el entrenamiento. Por eso no es posible afirmar simplemente que funcionan o no.

En primer lugar, el biofeedback es una de las técnicas que más se ha investigado para mejorar la regulación del estrés. Los mejores resultados se han obtenido utilizando la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Cuando la persona aprende a respirar de una forma determinada y recibe información inmediata sobre cómo responde su organismo, mejora su capacidad para regular la respuesta de estrés.

Además, también se han descrito cambios en la actividad de regiones cerebrales implicadas en la regulación emocional, la atención y el control cognitivo, lo que sugiere que sus efectos van más allá de la respuesta fisiológica inmediata.

En segundo lugar, la investigación sobre neurofeedback también ha mostrado resultados prometedores en problemas relacionados con la regulación emocional, como el trastorno por estrés posttraumático, algunos trastornos de ansiedad o el insomnio. Sin embargo, la calidad de la evidencia todavía es variable y depende en gran medida del protocolo empleado y de la población estudiada.

Eso significa que estas técnicas no son milagrosas. Tampoco sustituyen a la psicoterapia, a la medicación cuando es necesaria o a los cambios en el estilo de vida. Son una herramienta más. Cuando se utilizan bien pueden ayudar a que la persona aprenda a regular mejor su propio sistema nervioso.

La importancia de medir bien

En los últimos años han aparecido relojes, pulseras y aplicaciones capaces de registrar nuestra frecuencia cardíaca, el sueño y la actividad física. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información sobre nuestro organismo. Pero existe un problema: medir no siempre significa comprender.

Una frecuencia cardíaca elevada puede deberse al estrés, pero también al ejercicio, al calor, a la falta de sueño o simplemente a haber subido unas escaleras. Lo mismo ocurre con muchos otros biomarcadores. Sin una interpretación adecuada, los datos pueden generar más preocupación que tranquilidad.

Por eso, el biofeedback y el neurofeedback no consisten únicamente en colocar unos sensores. Antes hay que saber qué se quiere entrenar, por qué y cómo hacerlo. La tecnología proporciona información. El profesional es quien la convierte en una intervención útil.

Mañana volverá a sonar el despertador. Seguirán esperándote los correos, las reuniones y las facturas. Lo que puede cambiar es la forma en la que el sistema nervioso responde a todo ello. Y esa capacidad, como tantas otras del cerebro, también puede entrenarse.

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Francisco Manuel Ocaña Campos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Así podemos entrenar el sistema nervioso para reducir el estrés – https://theconversation.com/asi-podemos-entrenar-el-sistema-nervioso-para-reducir-el-estres-282673

El hallazgo que amenaza el reinado del cobre en la electrónica moderna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Floren Horcajo/Shutterstock

Hay una escena que se repite en la industria tecnológica con una regularidad casi cómica. Un equipo diseña un sistema más potente: una unidad de procesamiento gráfico (GPU) para IA, un módulo de potencia para coche eléctrico o un procesador para satélite. Todo encaja. Las simulaciones salen bien. El prototipo funciona. Y, entonces, aparece el enemigo que nadie quiere en la película: el calor.

No es un problema elegante. No suena a futuro. Es un problema de cocina. En muchos casos, la electrónica moderna no está limitada por la capacidad de cálculo, ni por el algoritmo, ni siquiera por el semiconductor. Está limitada por algo mucho más prosaico: la capacidad de evacuar calor, sin que el sistema se estrangule o envejezca antes de tiempo.

En este contexto, un hallazgo reciente ha captado la atención de los expertos en materiales y electrónica. Los investigadores han encontrado un material metálico con una conductividad térmica tan alta que deja al cobre (que es el estándar industrial de referencia para conducción térmica) en una posición incómoda.

El material es el nitruro de tántalo (TaN), en una fase cristalina conocida como θ-TaN., cuya importancia radica en su conductividad térmica: 1.100 W/m·K (el orden de magnitud del cobre ronda los 400 W/m·K). La diferencia no es marginal. Es como pasar de una carretera convencional a una autopista de varios carriles: el tráfico térmico, que hoy se atasca en puntos críticos, podría circular con mucha menos resistencia.

En ciencia de materiales, batir un récord no es raro. Lo raro es que ese récord toque un nervio industrial real. Y aquí lo toca.

No es un metal “nuevo”, pero sí una noticia importante

Este metal no se ha “descubierto” como si fuese una veta desconocida o un nuevo elemento de la tabla periódica. El tántalo existe desde hace décadas y lleva años dentro de teléfonos, satélites y electrónica de alta fiabilidad. Lo que cambia aquí es su estructura cristalina. El nitruro de tántalo en fase θ no aparece “porque sí”: es un material que se obtiene en el laboratorio. Y la pregunta importante es si puede escalarse su producción.

Aquí aparece el detalle que hace que esta historia sea más interesante de lo que parece. En una industria, validar un material nuevo puede llevar años. Sin embargo, el TaN, como familia de materiales, no es un desconocido para la microelectrónica. Se ha usado durante años como barrera de difusión y en capas funcionales dentro de procesos de fabricación. Aunque eso no significa que esta fase concreta esté lista para entrar mañana en una fábrica, no parte desde cero.

El verdadero cuello de botella es el calor

¿Por qué importa tanto conducir calor mejor que el cobre? Porque, aunque no lo parezca, la electrónica moderna no está en una carrera para ser más inteligente. Está, sobre todo, en una carrera para no derretirse.

La inteligencia artificial es el ejemplo más visible y de moda. Hoy el debate público gira alrededor de modelos, chips, datos y geopolítica. Sin embargo, en el mundo físico, el drama cotidiano está en los aceleradores que usan las IA porque trabajan con densidades de potencia enormes. En ellos, el calor, en vez de generarse de forma uniforme, se concentra en hotspots, es decir, pequeños puntos del circuito donde la temperatura se dispara.

Los hotspots no se resuelven con un ventilador más grande, sino repartiendo el calor antes de que se convierta en un pico local. Cuando un chip se calienta demasiado en una zona, la electrónica reacciona reduciendo rendimiento. Es un mecanismo de autoprotección. Y esa es la parte que casi nunca se cuenta: muchas veces solo vemos el máximo rendimiento del hardware que la temperatura permite.

Un material con una conductividad térmica mucho mayor puede actuar como un repartidor rápido que reduzca picos. La consecuencia es, aparte de “más frío”, un rendimiento más estable, menos necesidad de sobredimensionar refrigeración y menos energía dedicada al enfriamiento.

De la IA al coche eléctrico y el espacio

Si saltamos a la electrónica de potencia, la historia se vuelve todavía más tangible. Los nuevos avances han permitido conmutación más rápida, mayor eficiencia y sistemas más compactos. Pero la miniaturización tiene una trampa: la densidad de potencia aumenta. Y cuando esto ocurre, el problema, más allá de la temperatura media, es el estrés térmico.

Los ciclos térmicos provocan fatiga, y la fatiga provoca fallos, que son eventos críticos en potencia. Por eso, un material que conduzca el calor mucho mejor puede tener una utilidad directa como capa de reparto térmico o elemento estructural dentro de módulos, reduciendo picos y gradientes. Si el calor se reparte antes, el sistema envejece más despacio. Y eso, en industria, es una moneda valiosa.

Por ejemplo, en un vehículo eléctrico, inversores, cargadores y convertidores DC/DC –que transforman corriente continua a distintos niveles de tensión– trabajan con restricciones duras de espacio, vibración y fiabilidad. La térmica condiciona el tamaño de los módulos, el tipo de refrigeración y la vida útil del sistema. Un material con conductividad térmica superior puede permitir que el calor se reparta mejor y que la refrigeración sea más efectiva sin crecer en volumen.

Otro caso de uso lo encontramos en el espacio, donde no hay convección. Es decir, no hay aire ni ventiladores para enfriar la electrónica; el calor se gestiona por conducción interna y radiación. Aquí, una mejora en conductividad puede traducirse en menos masa, rutas térmicas más eficientes y electrónica más densa. Y, en una constelación de satélites satélites de órbita terrestre baja (LEO), cada gramo cuenta.

Del laboratorio a la fábrica

¿Qué impide que mañana todo sea de θ-TaN? La historia de la ciencia de materiales está llena de descubrimientos espectaculares que nunca salieron del laboratorio. El problema es que la industria necesita que sea bueno dentro de un mundo real. Y, ahí, se mezclan costes, procesos, ciclos térmicos, tensiones mecánicas, compatibilidad con otros materiales, disponibilidad y geopolítica.

El hallazgo importa porque, durante mucho, tiempo se asumió que, en metales, el cobre estaba cerca del techo práctico de conductividad térmica. Ha sido la columna vertebral de la gestión térmica en la electrónica moderna por su coste-beneficio. Así que el nuevo hallazgo sugiere que quizá, en el futuro, puede dejar de ser así.

Eso no significa que el cobre vaya a desaparecer, pues sigue siendo barato, excelente y ubicuo. Pero abre una puerta a que, en piezas específicas, aparezcan materiales capaces de superar al estándar.

Este invento puede desbloquear arquitecturas enteras. Porque, al final, la industria tecnológica no suele caerse por falta de ideas. Se cae por falta de rutas térmicas. Y si un material permite que el calor circule mejor, está ampliando el espacio de diseño de toda la electrónica moderna.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

– ref. El hallazgo que amenaza el reinado del cobre en la electrónica moderna – https://theconversation.com/el-hallazgo-que-amenaza-el-reinado-del-cobre-en-la-electronica-moderna-281248

Buscando la voz de Federico García Lorca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Molina Prados, Doctorando, Universidad de Almería

Retrato de Federico García Lorca y Margarita Xirgu, sentados en un sofá del Teatro Español, en el estreno de _Yerma_, el 29 de diciembre de 1934 BNE, CC BY-NC

En noviembre de 2025 salieron a la luz unas imágenes inéditas de Federico García Lorca en movimiento. Proceden de un negativo de 1932, cuatro años antes de su asesinato, perteneciente al archivo de Gonzalo Menéndez-Pidal, donde se encontraban dentro de una lata de betún con las iniciales FGL.

El cineasta Manuel Menchón ha rescatado y restaurado la cinta desde los nitratos originales para su documental La voz quebrada. En el metraje, el coche de La Barraca avanza por un camino y, a través de la luna trasera, se distingue a Federico entre sus compañeros, riendo hacia la cámara. En otro plano se le ve sobre el escenario, actuando.

En La Barraca, Federico se reservaba un papel: el de la Sombra en La vida es sueño, el auto sacramental de Calderón, que interpretaba cubierto de velos negros. Desde ese fotograma, el poeta nos mira… pero no escuchamos su voz.

El registro que falta

No hay voz para Federico. No tenemos registro sonoro de la voz de Federico García Lorca. El Archivo de la Palabra, la primera fonoteca institucional de España, grabó a Juan Ramón Jiménez, a Azorín, a Unamuno; pero no a Lorca. Se quedó dormido el día de la cita, según ha contado siempre su familia.

Quedan las conjeturas, como la de El enigma Lorca. En ese documental sonoro, Benjamín Amo aplicó inteligencia artificial a la “Nana de Sevilla” de 1931, donde La Argentinita canta y Federico toca el piano. Bajo la voz de ella asegura haber aislado un hilo de voz casi imperceptible que atribuye a Federico.

Otras hipótesis apuntan a Buenos Aires. En su viaje de 1933, Lorca habló ante los micrófonos de Radio Stentor, la emisora del hotel donde se alojaba. La grabación nunca apareció. En 2002, el periodista granadino Juan Luis Tapia rastreó esa voz perdida hasta DiFilm, un archivo sonoro privado de Buenos Aires: entre sus centenares de bobinas figuraría una rotulada “Con ustedes el poeta español Federico García Lorca”. Los registros, atribuidos a Radio Splendid y Radio Prieto, siguen sin restaurarla ni autentificarla.

La voz sobrepasa la palabra

La oralidad es fundamental en toda la obra de Lorca. En la España de 1930, con un tercio de la población sin saber leer, Federico comprendió que la letra impresa no bastaba: hizo de la literatura oral una forma viva de compartir su arte.

Un chico joven mira a cámara de espaldas a un piano en el que apoya el codo.
Federico García Lorca al piano en Granada, 1919.
Colección Fundación Federico García Lorca.

Fue el poeta de su generación que más habló en público. Pronunció conferencias de Granada a Buenos Aires y presumía, hiperbólico, de haber oído cerca de mil en la Residencia de Estudiantes. Era el mismo Lorca que rastreó con Manuel de Falla a los viejos cantaores en el Concurso de Cante Jondo de 1922. El Lorca que recogió y armonizó las canciones populares y dedicó a las nanas una conferencia entera: “Las nanas infantiles” (1928). El Lorca a quien las criadas de su casa, Dolores la Colorina y Anilla la Juanera, enseñaron los romances y coplas de la Vega de Granada de los que nacería el Romancero gitano. El Lorca pendiente de la prensa y de lo que se escuchaba en la calle, que leyó en el periódico el crimen de Níjar y lo convirtió en tragedia con Bodas de sangre.

El Lorca de La Barraca, que en 1936 definiría el teatro como “la poesía que se levanta del libro y se hace humana”, y que llevó a Lope y a Calderón a las plazas de los pueblos.

¿Para qué la voz de Federico?

¿Para qué queremos la voz de Federico? Jorge Guillén contaba que una tarde de primavera, en el Alcázar de Sevilla, le oyó leer el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” y sintió las partes del poema matizadas como en una composición sinfónica.

La escena la recogió Tomás Navarro Tomás, el fonetista que dirigió aquel Archivo de la Palabra, en su ensayo La intuición rítmica de Federico García Lorca. En la poesía española, explicaba, el ritmo del verso “no es diferente del de la música o del canto”, y en Lorca eso se oía al recitar. Era, decía, un “poeta oral”.

La página guarda las palabras pero no cómo sonaban. Quienes estudian las grabaciones de los poetas miden todo lo que la voz añade y el texto nunca fija –las pausas, el énfasis, la entonación–. La voz no encierra el sentido del poema: le presta una manera de sonar entre muchas.

Formas de buscar la voz de Federico

Un refugio posible es escuchar su voz en las descripciones de sus coetáneos. Luis Rosales recordaba una voz poderosa y grave, bien timbrada, líquida pero ancha. El periodista Pablo Suero lo oyó hablar deprisa, comiéndose las sílabas, con una risa un poco ronca al rematar. El italiano Indro Montanelli retuvo la mirada, la risa de niño y una voz baritonal y cálida, con eco de cante jondo. Su hermano Francisco la matizaba: tono medio, tirando a grave, no muy timbrada. En la pronunciación le reconocía el habla de la Vega, suavizada por el granadino de ciudad.

Para el pintor José Moreno Villa era carrasposa, llena de afonías, aunque emotiva. Dámaso Alonso se quedó con las carcajadas, sonoras, capaces de contagiar al más melancólico. Ramón Gómez de la Serna ponía el secreto en las manos, según contó Francisco. Al hablar, atrapaban cada palabra y la modulaban. Su biógrafo Ian Gibson describe una modulación granadina, de vocales muy abiertas.

Otros han buscado su voz a través de la inteligencia artificial, con suerte desigual. En 2020, un deepfake animó el rostro de Federico sobre la lectura que el actor Carmelo Gómez grabó para la RAE; la voz que se oye es la de Gómez.

Federico no tenía esa voz, es la de Carmelo Gómez.

En 2025, la Universidad de Granada presentó una voz sintética del poeta, construida a partir de las grabaciones de su hermano Francisco. La crónica de la presentación llamó al experimento “un ejercicio de pura imaginación”. Ninguna de las dos es la voz de Federico.

Quizá la tarea de la máquina tenga que ser otra: buscarla. La inteligencia artificial podría ayudar a catalogar fondos enteros de archivo, empezando por aquellas cintas de Buenos Aires que siguen sin restaurar.

Lorca y los ruiseñores

Federico dejó en un verso la pista de dónde buscar su voz: “¡Sé ruiseñor!, dice una voz perdida en la muerta distancia”. Era su jondo deseo de que la poesía fuera canto.

Acaso una forma de encontrar la voz de Lorca sea escuchar las voces que cantan por Federico. Muchas de ellas suenan en Granada: del colectivo Manifiesto Canción del Sur salieron Carlos Cano, que musicó el Diván del Tamarit, y Raúl Alcover, que le ha dedicado su grandísimo disco La voz de Federico; Enrique Morente levantó buena parte de su Omega (1996) sobre sus poemas, junto a Lagartija Nick; Manuel Mateo lleva a escena, en La maleta de Federico, las canciones populares que Lorca aprendió y cantaba; y La Plazuela baila su “Mi Tarara” en electro-flamenco.

No podemos olvidar a Manzanita, Camarón o Chico Buarque, el piano de Ben Sidran en la Huerta de San Vicente o los dos soberbios discos de Lorquiana, de Ana Belén.

Este agosto se cumplen noventa años del asesinato. Para no morir del todo, tal vez Federico se repartió en todas esas voces que le cantan.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Buscando la voz de Federico García Lorca – https://theconversation.com/buscando-la-voz-de-federico-garcia-lorca-282818

Las resurrecciones de Federico García Lorca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Isabel Calle Romero, Profesora de Literatura Española e Hispanoamericana, Universitat Rovira i Virgili

Mural urbano dedicado a Federico García Lorca en una fachada de edificio en Nueva York. Andres Garcia Martin/Shutterstock

Federico García Lorca continúa generando nuevas lecturas casi noventa años después de su asesinato. Así lo demuestran la exposición organizada a partir de nuevos documentos del archivo de la Fundación Federico García Lorca; las imágenes inéditas difundidas por RTVE; la publicación del epistolario No te olvides de escribir. La familia García Lorca en sus cartas, editado por Víctor Fernández, y la película premiada en Cannes La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi.

La explicación no reside únicamente en la extraordinaria calidad de su obra. Lorca pertenece al canon, sí, pero también al imaginario colectivo. Su figura ha experimentado un proceso constante de resemantización: cada época ha seleccionado un Lorca diferente y lo ha incorporado a su propia idiosincrasia.

El primer Lorca: construcción de una leyenda

Un hombre sentado delante de un monumento en una fotografía en blanco y negro.
Federico García Lorca en la Universidad de Columbia, en Nueva York, en 1929.
Colección Fundación Federico García Lorca

El mito no nació en 1936. Cuando fue asesinado, Lorca ya era una celebridad. El éxito del Romancero gitano, sus obras teatrales, La Barraca y su extraordinaria capacidad como comunicador habían creado alrededor del escritor una poderosa imagen pública. El propio poeta contribuyó a su “mitologización biográfica”. Su carácter, sus recitales, sus interpretaciones al piano y los testimonios de amigos como Cernuda, Buñuel, Dalí o Alberti contribuyeron a proyectar la imagen de un artista magnético.

Pero Lorca participó también conscientemente en esa autofiguración, creando su propia “aura o máscara legendaria”. A ella se superpusieron pronto otras imágenes: el Lorca del folclore y el duende, el “icono andaluz”, el poeta identificado con una determinada idea de España y, gracias a sus viajes y vínculos americanos, una figura de dimensión panhispánica. Su faceta musical resulta especialmente reveladora: había estudiado piano y recopiló y armonizó canciones tradicionales que en 1931 grabó en 1931 con La Argentinita. Esa dimensión musical tendría después una importancia inesperada en la pervivencia de su figura.

El segundo Lorca: del asesinato al símbolo

Su fusilamiento en agosto de 1936 convirtió la fama en leyenda. Lorca pasó a encarnar al intelectual víctima de la Guerra Civil y, fuera de España, exiliados, hispanistas y compañías teatrales mantuvieron viva su obra. Su teatro recorrió escenarios hispanoamericanos, franceses y británicos mientras dentro del país permanecía mudo.

En la década de 1960 este silencio comenzó a resquebrajarse: volvieron a los escenarios españoles Yerma y La zapatera prodigiosa; en 1962, Bodas de sangre, y, en 1964, La casa de Bernarda Alba. Era el comienzo de una recuperación que también parecía un intento de convertir a Lorca en elemento cohesionador de las “dos Españas”. La música participó de ese proceso. En 1964, Los Pekenikes llevaron al lenguaje del pop “Los cuatro muleros”, una canción tradicional que Lorca había recogido y armonizado décadas antes.

Y llegó 1966. El 6 de noviembre, el periódico ABC publicó un número homenaje en el que participaron, entre otros, José María Pemán, Edgar Neville, José Luis Cano, Gregorio Prieto, Guillermo Díaz-Plaja y un joven Ian Gibson.

Dentro del país comenzaba una particular recuperación. Edgar Neville definió la obra lorquiana –no la figura– como un “bien nacional”, situándolo por encima de partidos y disensiones. Un intento de incorporar a Lorca al patrimonio literario español mediante un discurso conciliador, algo que estudios posteriores han interpretado como una despolitización de su muerte. Los años sesenta muestran el comienzo de su recuperación pública y de su integración en el canon literario dentro de la propia España franquista.

El tercer Lorca: la consagración de un mito

La democracia permitió completar esa recuperación. Tras la muerte de Franco, el mito adquirió una dimensión abiertamente reivindicativa. El 5 de junio de 1976, entre 6 000 y 10 000 personas se reunieron en Fuente Vaqueros en el primer gran homenaje popular a Lorca, conocido como El cinco a las cinco. Organizado por la Comisión de los 33 –con la presencia de una sola mujer, la escritora e investigadora Antonina Rodrigo–, el acto fue autorizado con fuertes restricciones y limitado inicialmente a treinta minutos. Reivindicar a Lorca significaba entonces algo más que recuperar a un escritor: su figura se convirtió en emblema de las libertades democráticas y de la memoria de quienes habían sido silenciados por la dictadura.

El gran momento llegó en 1986, cincuenta años después de su asesinato. El cincuentenario produjo exposiciones, congresos, publicaciones, recitales y espectáculos dentro y fuera de España y, el 29 de julio, abre al público, por primera vez, la Casa Natal de Federico García Lorca en Fuente Vaqueros.

El teatro volvió a resultar decisivo. Núria Espert recuperó en Madrid la Yerma que Víctor García había dirigido quince años antes; Lluís Pasqual estrenó Los caminos de Federico en el María Guerrero; y 5 Lorcas 5 reunió montajes de cinco directores. En Londres, Glenda Jackson interpretó a Bernarda Alba bajo la dirección de Espert. Y El público, la obra más rupturista de Lorca, se estrenó con lleno absoluto en el Piccolo Teatro de Milán antes de llegar triunfalmente a Madrid. 1986 supone el pleno reconocimiento de Lorca como clásico y la consolidación definitiva del mito.

De poeta español a icono universal

La internacionalización añadió nuevas capas. Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba forman parte del repertorio teatral mundial, mientras Poeta en Nueva York continúa traduciéndose y reinterpretándose.

También la música amplificó esa universalidad. Lorca está presente en artistas tan distintos como Camarón o el punk británico: The Clash evocó al poeta asesinado en “Spanish Bombs”, y Leonard Cohen, convirtió “Pequeño vals vienés” en “Take This Waltz” (1988). Más adelante, proyectos como De Granada a la Luna reunieron a músicos como Enrique Morente, Santiago Auserón, María del Mar Bonet o Amancio Prada en nuevas recreaciones del universo lorquiano.

A ello se han añadido las lecturas queer, especialmente relevantes en el ámbito anglosajón, que han recuperado el deseo y la homosexualidad como dimensiones sustanciales para comprender tanto determinados textos como la propia construcción cultural de la figura de Lorca.

Pero toda mitificación genera también su reverso. Junto a la reivindicación aparecieron voces disidentes que separan al hombre del símbolo. Investigaciones sobre su asesinato y libros como El caso Lorca, de Manuel Ayllón, muestran las tensiones que produce una biografía convertida en relato colectivo.

Ayllón cuestiona algunos relatos establecidos y sostiene que los restos del poeta pudieron ser exhumados y trasladados hasta Láchar. Su propuesta, basada en archivos y testimonios, pero formulada en un libro que combina novela, reportaje y ensayo, ha resultado controvertida: el propio autor advierte que “no es un ensayo histórico”, sino “el desarrollo de una conjetura”.

Siglo XXI: la voz que no se apaga

Aunque no conservamos ninguna grabación de la voz de Federico García Lorca, pocas voces siguen gritando más que la suya.

Los nuevos documentos del archivo, el epistolario familiar, las imágenes recuperadas por Manuel Menchón o una película como La bola negra no sustituyen al Lorca anterior: añaden nuevas capas. Nos permiten pasar del mártir al hombre, del icono al escritor y del personaje público a su intimidad y su deseo.

Los clásicos ingresan en el canon, solo algunos se convierten además en símbolos cuya interpretación permanece abierta. Lorca pertenece a esa categoría excepcional.


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The Conversation

María Isabel Calle Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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