Por qué seguimos comprando libros que no leemos… y por qué nos hace tanta ilusión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Michelle Spear, Professor of Anatomy, University of Bristol

Gorgev/Shutterstock.com

En las épocas de mucho ajetreo, me doy cuenta de que, sencillamente, no puedo leer tanto como me gustaría. La vida tiene la costumbre de llenar cada hora libre con trabajo, reuniones, correos electrónicos, tareas domésticas, recados y plazos. Cuando estoy en uno de mis hábitats naturales –una librería–, resulta frustrante ver tantas cosas que me gustaría leer sabiendo que no tengo tiempo.

Mi consuelo habitual es comprar el libro de todos modos y dejar que se vaya acumulando en un pequeño montón, con la esperanza de que llegue un tiempo más tranquilo en el que por fin pueda abrirlos. Es extrañamente satisfactorio. Algunos podrían llamarlo desorden. Los japoneses tienen una palabra mucho más elegante para ello: tsundoku.

El término describe el hábito de adquirir libros y dejar que se acumulen sin leer. Combina la idea de apilar cosas (tsunde), dejar algo para más tarde (oku) y leer (doku). El resultado es un concepto que captura el optimismo silencioso de una pila de libros.

Lejos de ser un signo de falta de tiempo o de disciplina, el tsundoku puede revelar algo sorprendentemente importante sobre cómo responde el cerebro a la anticipación.

La dopamina de las expectativas

Cuando nos encontramos con algo que promete disfrute o descubrimiento, el sistema de recompensa del cerebro se pone en marcha. Una de sus vías recorre el área tegmental ventral –una región del mesencéfalo, el cerebro medio, que produce dopamina y está implicada en la motivación– hasta el núcleo accumbens, una estructura que ayuda a generar sensaciones de recompensa.

La dopamina se describe a menudo como la sustancia química del placer, pero eso es demasiado simplista. Una de sus funciones clave es ayudar al cerebro a identificar oportunidades que merezca la pena perseguir. En lugar de recompensarnos solo después de que haya ocurrido algo beneficioso, el cerebro a menudo nos recompensa por adelantado, fomentando comportamientos que probablemente resulten valiosos.

Desde una perspectiva evolutiva, esto tiene sentido. Nuestros antepasados se beneficiaban de buscar comida antes de tener hambre, refugio antes de que llegara una tormenta y conocimientos útiles antes de necesitarlos. Un cerebro capaz de anticipar recompensas futuras tenía una clara ventaja sobre uno que solo respondía a las necesidades inmediatas.

Esto significa que la dopamina responde no solo a las recompensas en sí mismas, sino también a su expectativa. La anticipación de una experiencia placentera puede activar las vías de recompensa mucho antes de que esta tenga lugar.

El disfrute futuro

Un libro sin leer es un buen ejemplo. Puede permanecer cerrado durante semanas o meses, pero el cerebro ya ha reconocido su valor potencial, disfrutando de la perspectiva antes incluso de haber pasado de la primera página.

El hipocampo, una estructura situada en lo más profundo del cerebro y conocida sobre todo por su papel en la memoria, también desempeña un papel importante. Aunque a menudo pensamos que el hipocampo nos ayuda a recordar, es igualmente importante para imaginar. El mismo mecanismo neuronal que nos permite reconstruir experiencias pasadas nos ayuda a construir las futuras.

Cuando nos visualizamos leyendo por fin ese libro durante unas vacaciones de verano, en un largo viaje en tren o acurrucados en el sofá en una tarde lluviosa, el hipocampo comienza a armar esa experiencia futura. Une fragmentos de experiencias anteriores almacenadas en todo el cerebro –el calor de los rayos del sol, el olor a café, el sonido de las páginas al pasar, la comodidad de nuestro sillón favorito– para crear una escena mental coherente.

En efecto, el cerebro utiliza los recuerdos del pasado para ensayar placeres que aún están por llegar.

Una mujer leyendo un libro en la playa.
Imaginándonos en el futuro.
Jacek Chabraszewski/Shutterstock.com

Contribuir al bienestar

Esta capacidad puede ser más importante de lo que creemos. Los psicólogos reconocen cada vez más que la anticipación positiva contribuye al bienestar. Esperar con ilusión experiencias agradables puede mejorar el estado de ánimo, aumentar la motivación y servir de amortiguador frente al estrés cotidiano. En algunas circunstancias, la anticipación de un acontecimiento puede ser casi tan gratificante como el propio acontecimiento.

Esto puede explicar por qué una pila de libros sin leer se percibe de forma tan diferente a una pila de correos electrónicos sin responder. Ambos representan cosas que esperan ser hechas, pero la diferencia radica en cómo los interpreta el cerebro. Los correos electrónicos sin responder son obligaciones futuras, mientras que los libros sin leer son recompensas futuras.

Quizá no sea una coincidencia que este comportamiento se perciba con mayor intensidad en las librerías que en internet. Hojear los libros en persona involucra al cerebro de forma más completa, recurriendo a los sistemas sensoriales, espaciales y de recompensa que hacen que el descubrimiento resulte más enriquecedor y memorable. Por ejemplo, el aroma característico y ligeramente dulce del papel y la tinta es detectado por el sistema olfativo y se transmite directamente a las regiones implicadas en la memoria y las emociones, como el hipocampo y la amígdala.

Mucho antes de que se lea un libro, la experiencia de encontrarlo ya se asocia con el placer. Así que quizá el tsundoku refleje una de las capacidades más notables del cerebro: la de disfrutar con experiencias que aún no han tenido lugar.


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The Conversation

Michelle Spear no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El eclipse total que verá España en 2027 será muy diferente del que acabamos de presenciar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Eclipse solar de 2026, desde Vitoria-Gasteiz, España. Mike Peel / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Hace apenas unos días, millones de personas pudieron contemplar cómo el día se convertía en noche sobre buena parte de España. El 12 de agosto de 2026, la Luna se interpuso entre nuestro planeta y el Sol, y su sombra atravesó la península ibérica de oeste a este.

Fue un eclipse total especialmente llamativo porque España se encontraba casi al final de la trayectoria de la sombra: la totalidad llegó al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte. En A Coruña, por ejemplo, nuestra estrella estaba a solo 12 grados de altura durante la totalidad, en Burgos a 8 grados y, en Palma, apenas alcanzaba los 2 grados.

Pero no será el último evento de estas características que cruzará nuestros cielos próximamente. El 2 de agosto de 2027 otro eclipse solar total atravesará España. Y, aunque ambos estarán separados por apenas 355 días, serán fenómenos muy diferentes, debido a la geometría de la sombra lunar.

La sombra de la Luna

Cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, bloquea la luz solar y proyecta hacia nuestro planeta una sombra formada por distintas regiones.

La penumbra es la zona exterior. Si alguien está dentro ella, verá cómo la Luna oculta solamente una parte del disco solar y se observa un eclipse parcial. En el interior, se encuentra la umbra, donde nuestro satélite consigue cubrir completamente el Sol. Quienes están dentro de esta zona pueden contemplar la totalidad, como sucederá en el eclipse de 2027 y como ocurrió hace unas semanas.

Umbra, penumbra y antumbra de la Tierra.
Wikimedia Commons

Existe además una tercera región, la antumbra, que se produce cuando el vértice de la umbra no llega a alcanzar la superficie terrestre. Desde allí, la Luna se ve ligeramente más pequeña que el Sol y se observa un eclipse anular, con el conocido “anillo de fuego”. Es lo que presenciaremos, también en España, el 26 de enero de 2028.

Así, la franja de totalidad que aparece sobre los mapas es la huella que deja esa pequeña sombra mientras recorre la superficie terrestre. Y su posición cambia de un eclipse a otro porque cambia la posición relativa de la Luna, la Tierra y el Sol.

De un extremo de España al otro

En 2026, la franja de totalidad recorrió prácticamente toda la mitad norte de la península ibérica. Como España se encontraba cerca del final del recorrido de la sombra, ocurrió al final de la tarde, con el Sol muy próximo al horizonte.

Animación del eclipse solar de agosto del 2027.
A.T. Sinclair

Pero, en 2027, sucederá justo lo contrario. La franja de totalidad se desplazará al extremo sur y atravesará el estrecho de Gibraltar. Incluirá Cádiz, parte de Málaga, las zonas más meridionales de Granada y Almería, Ceuta y Melilla. El eclipse será parcial en el resto del país.

Y habrá una diferencia decisiva: ocurrirá por la mañana. La totalidad tendrá lugar aproximadamente a las 10:50, con el Sol mucho más alto sobre el horizonte.

La matemática de la sombra

Pero ¿cómo podemos saber con tanta precisión dónde estará esa diminuta sombra?

Una de las herramientas fundamentales para calcularlo son los elementos de Bessel, desarrollados en el siglo XIX por el astrónomo Friedrich Bessel. En lugar de seguir directamente la compleja geometría tridimensional de Sol, Luna y Tierra, este método proyecta el eje de la sombra lunar sobre un plano perpendicular a él (conocido como plano de Bessel).

Umbra y penumbra (verde) proyectadas sobre la esfera terrestre durante un eclipse solar y plano fundamental de Bessel (rojo)
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Los elementos de Bessel describen cómo se mueve ese eje y cómo cambian con el tiempo los tamaños de la umbra y la penumbra. A partir de ellos, pueden determinarse las zonas de comienzo y final del eclipse, la trayectoria de la totalidad, su anchura y la duración del fenómeno en cada lugar. Los cálculos de la NASA sitúan la anchura máxima de la franja de totalidad en unos 258 kilómetros.

Un evento todavía más espectacular

La diferencia no será únicamente geográfica. También aumentará la duración de la totalidad. En 2027, dentro de España, alcanzará unos 4 minutos y 49 segundos en Ceuta. Melilla tendrá unos 4 minutos y 34 segundos, Cádiz, 2 minutos y 56 segundos y Málaga, alrededor de 2 minutos.

Durará más debido a una combinación favorable de factores geométricos. La Luna se encontrará lo suficientemente cerca de la Tierra como para presentar un diámetro aparente mayor que el del Sol y la geometría del encuentro hará que su sombra recorra la superficie terrestre de forma favorable.

Además, el astro rey estará mucho más alto en el cielo que durante el eclipse de 2026. Esto facilitará la observación y la fotografía: no habrá que luchar contra la atmósfera cercana al horizonte, que puede distorsionar y atenuar su imagen. También será más sencillo encontrar un lugar con el horizonte despejado.

Durante esos minutos, la Luna ocultará completamente la fotosfera solar y podremos observar la tenue corona, normalmente invisible por el intenso brillo de la superficie del Sol. La corona no es estática: sus formas dependen de la actividad magnética de nuestra estrella y, durante un eclipse, pueden distinguirse sus estructuras alrededor del disco lunar. Es precisamente esta visión de la atmósfera solar la que convierte la totalidad en una experiencia completamente diferente de un eclipse parcial.

Único en su estilo

Así que el eclipse de 2027 no será simplemente la repetición del que acabamos de vivir. El pasado 12 de agosto, vimos una totalidad vespertina, con el Sol rozando el horizonte y la sombra atravesando el norte peninsular. El año que viene, observaremos una totalidad matutina, con el Sol mucho más alto, una trayectoria concentrada en el sur y casi cinco minutos de oscuridad en los lugares más favorables.

La geometría celeste habrá cambiado ligeramente. Para nosotros, sin embargo, experiencia será completamente distinta.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Una vacuna contra el melanoma? Qué hay realmente detrás del anuncio de Merck y Moderna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Penas Lago, Dra. en Investigación Biomédica, Investigadora Postdoctoral. Cancer and Traslational Medicine Group, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

New Africa/Shutterstock

“Una vacuna contra el melanoma supera con éxito un ensayo clínico en fase III”

Enunciado así, el avance que hicieron público las compañías Merck y Moderna el pasado miércoles suena revolucionario. Podríamos pensar en una vacuna que nos protegerá del cáncer como otras nos evitan contraer enfermedades infecciosas, pero no funciona así. Veamos en qué consiste exactamente y cuál es el alcance del nuevo ensayo.

Una vacuna que no previene, sino que trata

Intismeran autogene (así se llama la nueva tecnología que se ha puesto a prueba) no se administra a personas sanas para reducir su riesgo de melanoma, sino que se trata de una vacuna terapéutica.

En el ensayo del que se han hecho eco los medios –y que disparó la cotización en bolsa de Merck y Moderna– participaron 1 137 personas con melanoma cutáneo de alto riesgo. Es decir, tenían una probabilidad elevada de que la enfermedad reapareciera o se extendiera a otras partes del cuerpo. A todas ellas se les había extirpado el tumor por completo mediante cirugía. Esto puede sonar extraño: si el tumor ya no está, ¿qué queda por tratar?

Una cirugía exitosa no garantiza que no queden células tumorales sueltas. Pueden ser demasiado escasas para detectarlas, pero capaces de causar una recaída con el tiempo. Por eso existen los tratamientos adyuvantes: se administran después del tratamiento principal —en este caso, la cirugía— para reducir ese riesgo.

Así que en este ensayo la pregunta no era “¿podemos evitar el melanoma?”, sino “¿podemos ayudar al sistema inmunitario de alguien que ya lo ha tenido a eliminar las células que puedan haber quedado?”.

¿Por qué la llamamos vacuna?

Lo que define a una vacuna no es que se administre antes de enfermar, sino su estrategia. Se trata de enseñar al sistema inmunitario a reconocer y atacar algo concreto. En las vacunas frente a virus, ese “algo” son piezas del virus, mientras que aquí son piezas de las propias células tumorales.

La tecnología Intismeran autogene tiene una particularidad: cada vacuna se fabrica específicamente para cada paciente a partir de su propio tumor. Primero se analizan las mutaciones de sus células tumorales, y después se identifican las que podrían activar mejor al sistema inmunitario contra ellas. Son los llamados neoantígenos, que la vacuna lleva codificados en forma de ARN mensajero (ARNm).

Por tanto, no se trata exactamente de “una vacuna contra el melanoma”; es más bien una vacuna contra las características moleculares del melanoma de cada paciente. No obstante, enseñarle al sistema inmunitario qué debe reconocer es solo una parte del problema.

Encontrar a Wally… y poder actuar

Podemos imaginarlo como un enorme Buscando a Wally. El sistema inmunitario tiene que reconocer células tumorales entre millones de células sanas.

Sin embargo, los tumores pueden aprovechar mecanismos naturales que frenan la respuesta inmunitaria. Por eso, incluso un linfocito capaz de reconocer una célula tumoral puede tener dificultades para actuar contra ella.

Aquí entra en escena el medicamento llamado pembrolizumab, un tipo de inmunoterapia que ya se utiliza en melanoma y que bloquea uno de esos frenos. La pregunta entonces parece evidente: si combinamos la vacuna, que facilita el reconocimiento, con una inmunoterapia que libera la respuesta inmune, ¿obtendremos mejores resultados?

Para comprobarlo, los participantes del ensayo se dividieron en dos grupos: unos recibieron inmunoterapia más la vacuna personalizada y a los otros se les administró únicamente inmunoterapia.

¿Ha funcionado?

El estudio analizó principalmente cuánto tiempo permanecían los pacientes sin que el melanoma reapareciera. Es lo que se denomina “supervivencia libre de recurrencia”. Adicionalmente, los investigadores analizaron cuánto tiempo permanecían sin desarrollar metástasis a distancia; es decir, sin que el melanoma apareciera en lugares alejados del tumor original.

Y aquí llega la noticia: según Merck y Moderna, añadir la vacuna a pembrolizumab mejoró significativamente ambos resultados frente a utilizar solo pembrolizumab. Las compañías califican además esas diferencias como clínicamente relevantes.

Hasta aquí, suena muy bien. El siguiente interrogante es: ¿cuánto mejor? Aquí hay un matiz importante. Las empresas farmacéuticas han anunciado que el ensayo ha alcanzado esos objetivos, pero todavía no han publicado los resultados completos de la fase III. Es decir, sabemos que los pacientes tratados con la combinación permanecieron más tiempo sin recurrencia y sin metástasis a distancia, pero no cuánto más.

Merck y Moderna presentarán esos datos en un próximo congreso médico internacional. Además, el ensayo continúa para estudiar otros resultados, entre ellos la supervivencia global.

Entonces, ¿de dónde salen los porcentajes de 49 % y 59 % de éxito que se han difundido en algunas noticias? Las cifras son reales, pero no pertenecen al nuevo ensayo. Proceden de uno Fase IIb, anterior y mucho más pequeño, con 157 pacientes. En él ya se había hecho la misma comparación con resultados prometedores.

Así, tras cinco años de seguimiento, añadir la vacuna se asoció con una reducción del 49 % en el riesgo de recurrencia o muerte y con una disminución de un 59 % en las probabilidades de metástasis a distancia o muerte. A continuación había que comprobar si aquella señal se mantenía en un ensayo mucho más grande, que es del que estamos hablando ahora.

Aunque sabemos que también ha dado un resultado positivo, la incógnita es cuánto beneficio ha supuesto realmente añadir la vacuna. Para despejarla tendremos que esperar a que se presenten los datos completos.

¿Estamos ante un hito en las vacunas contra el cáncer?

La idea de utilizar vacunas para tratar el cáncer no es nueva, ni tampoco lo es fabricar vacunas personalizadas contra las mutaciones de cada tumor. De hecho, este tipo de vacunas de ARN ya se probaba en pacientes de melanoma hace casi una década.

Lo que cambia ahora es la escala: por primera vez, una vacuna personalizada de ARN mensajero dirigida contra los neoantígenos de cada paciente ha alcanzado resultados positivos en un ensayo de fase III con más de mil participantes.

Si los datos completos confirman un beneficio clínicamente relevante, sería un paso importante para este tipo de tratamientos. No porque hayamos descubierto que podemos enseñar al sistema inmunitario a reconocer un tumor, sino porque una estrategia que llevaba años mostrando resultados prometedores en estudios más pequeños habría probado que puede funcionar también en un gran ensayo clínico.

The Conversation

Cristina Penas Lago no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La cantidad de mercurio en la caballa canaria se ha reducido a la mitad en 50 años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alba Jurado Ruzafa, Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

La carne de caballa (_Scomber colias_) guarda la huella química de la actividad humana, pero también del clima y otros factores ambientales. CC BY-SA

Imagínese una caballa pescada frente a Tenerife en 1973 y otra capturada en 2021. A simple vista, son prácticamente idénticas. Sin embargo, tienen una diferencia esencial: la de hace medio siglo contenía en su músculo casi el doble de mercurio que la actual.

Este descenso, superior al 50 %, fue documentado al comparar ejemplares históricos con otros recientes capturados en aguas canarias. Es la prueba de que medidas ambientales como la eliminación progresiva del plomo en los combustibles o el Convenio de Minamata sobre el mercurio han tenido efectos reales.

De igual manera, el seguimiento de las poblaciones de sardina realizado durante la última década ha revelado una disminución progresiva de las concentraciones de plomo.

Estos ejemplos ilustran por qué los peces pequeños pelágicos –que viven en aguas medias o cerca de la superficie–, como sardinas, chicharros (o jureles en la península ibérica), caballas y alachas, representan una herramienta fundamental para evaluar la salud química marina.

Sensores con aletas

Desde hace décadas, se sabe que determinados organismos marinos pueden actuar como centinelas de la contaminación. Los peces pelágicos pequeños resultan especialmente útiles porque viven pocos años, crecen rápido y ocupan una posición intermedia en la cadena alimentaria. Así, reflejan cambios ambientales en cuestión de meses y ofrecen una imagen casi instantánea del estado del ecosistema.

Además, se encuentran entre los pescados más consumidos del mundo, con un papel esencial en la seguridad alimentaria global. Analizar los elementos químicos presentes en sus tejidos permite, al mismo tiempo, comprender los procesos ambientales que ocurren en el océano y evaluar la seguridad de los productos marinos que comemos.

Los ejemplares de caballa pescados en Canarias tienen menos metales pesados que hace medio siglo.
Alba Jurado.

Metales buenos, metales malos

Los estudios realizados en el Atlántico nororiental han analizado hasta veinte elementos químicos distintos en el músculo de estas especies. Algunos son esenciales para la vida, como hierro, cobre, zinc o manganeso, necesarios para funciones fisiológicas básicas. Otros, como cadmio, plomo o mercurio, pueden resultar tóxicos cuando se acumulan en exceso. La buena noticia es que las concentraciones de estos últimos detectadas en los pequeños pelágicos canarios suelen encontrarse por debajo de los límites establecidos por la legislación europea. Sin embargo, esos niveles no son constantes: cambian con la estación del año, el tamaño y la edad del pez, la zona de captura e, incluso, ante fenómenos naturales puntuales.

Canarias, un laboratorio natural

Las aguas canarias constituyen un escenario excepcional para este tipo de investigaciones. Uno de los factores clave es la influencia del gran afloramiento del noroeste africano, un proceso que hace ascender aguas frías profundas, ricas en nutrientes y determinados elementos químicos. Cuando este fenómeno se intensifica, especialmente durante los meses fríos, aumentan las concentraciones de algunos metales en especies como los chicharros y las caballas. No se trata de contaminación, sino de la propia dinámica natural del océano.

Otro elemento fundamental es la calima, que transporta enormes cantidades de partículas minerales desde el desierto del Sáhara hasta el Atlántico. Este polvo aporta hierro, aluminio, cobre y zinc al océano, que pasa al fitoplancton (organismos fotosintéticos del plancton, que constituyen la base de la cadena alimentaria marina) y, posteriormente, al resto de la red trófica. Por ello, concentraciones elevadas de ciertos elementos en los peces pueden reflejar la influencia del desierto, aparte de la actividad humana, también detectable en el músculo de estos peces.

Asimismo, la actividad volcánica también deja su impronta. Las erupciones recientes en Canarias modificaron temporalmente la química marina y estudios posteriores detectaron incrementos de varios metales en caballas capturadas en las zonas afectadas, especialmente tras la erupción en La Palma, cuyos efectos fueron perceptibles durante meses.

Cada isla tiene su firma química

Las investigaciones recientes muestran que los peces analizados en diferentes islas presentan características propias. Así, las caballas capturadas en Tenerife y Gran Canaria, donde la presión humana es mayor, tienden a registrar concentraciones ligeramente superiores de elementos asociados a actividades urbanas y portuarias.

Por el contrario, los ejemplares procedentes de Lanzarote y Fuerteventura suelen mostrar niveles más elevados de elementos relacionados con el afloramiento africano y la calima sahariana. Por todo ello, estos peces funcionan como auténticos mapeadores químicos del archipiélago.

Escuchar a los peces

La biología también influye en los patrones de acumulación. La edad, el tamaño, el estado reproductivo o los hábitos alimentarios modifican la composición química de cada ejemplar. En conjunto, los resultados apuntan a una idea sencilla: cada sardina, cada chicharro y cada caballa que llega al mercado es también un pequeño sensor ambiental. En sus tejidos queda reflejada la estación en que fue capturado, la intensidad del afloramiento, la influencia de la calima o, incluso, la huella de una erupción volcánica reciente.

En un contexto de cambio global y creciente presión sobre los océanos, estos estudios adquieren gran importancia. Los peces que consumimos no solo alimentan a millones de personas en todo el mundo, también nos ayudan a comprender, mediante la química y la biología, qué está ocurriendo bajo la superficie del mar.

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Alba Jurado Ruzafa está empleada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), que pertenece al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Los estudios relacionados con Pesca estaban cofinaciados con fondos FEMPA de la Unión Europea, destinados a reforzar los conocimientos científicos necesarios para apoyar el diseño de políticas basadas en la ciencia para la conservación y gestión de la pesca.

Enrique Lozano Bilbao no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La cantidad de mercurio en la caballa canaria se ha reducido a la mitad en 50 años – https://theconversation.com/la-cantidad-de-mercurio-en-la-caballa-canaria-se-ha-reducido-a-la-mitad-en-50-anos-287796

¿Qué significa hoy ser un ‘buen’ padre? El reto de la nueva paternidad sin modelos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Catalá Mesón, Profesora Titular de Universidad del Area de Psicología Social, Universidad Rey Juan Carlos

Rene Jansa/Shutterstock

Un padre intenta vestir a su hijo de cuatro años antes de salir de casa. Van con prisa y el niño se niega a ponerse los zapatos. Primero intenta explicárselo, después negociar y, cuando la situación se alarga, termina levantando la voz. “Porque lo digo yo, y punto”. Nada más escucharse, reconoce la frase. La había oído muchas veces cuando era pequeño y llevaba años pensando que nunca la utilizaría con sus propios hijos.

Ser padre y, especialmente, ser un “buen padre” es algo muy distinto hoy de lo que era apenas hace una generación. Los padres de hace tres o cuatro décadas debían asumir principalmente las responsabilidades económicas de la familia y ejercer una autoridad que entonces se consideraba propia de la figura paterna.

Hoy esperamos que un padre cambie pañales, conozca las rutinas del bebé, pida una reducción de jornada si es necesario, sepa calmar un llanto, hable de emociones, acompañe las rabietas sin perder la calma y construya un vínculo seguro con sus hijos. Entendemos que los cuidados y las responsabilidades de la crianza corresponden a ambos progenitores, sin distinción de sexo.

El lento avance en el reparto de tareas

Afortunadamente, cada vez son más los hombres que desean ocupar un lugar activo y corresponsable en la crianza. Sin embargo, ese cambio en las expectativas todavía no se ha traducido en un reparto igualitario de los cuidados. En España, entre las personas con hijos de 0 a 11 años, el 56 % de las mujeres dedica más de cinco horas diarias al cuidado, frente al 29 % de los hombres. Las diferencias aparecen también en el trabajo doméstico cotidiano, que realiza diariamente el 59 % de las mujeres frente al 39 % de los hombres.

Es decir, el modelo de paternidad está cambiando, aunque las prácticas cotidianas lo hagan a un ritmo diferente.

Un nuevo modelo de paternidad

Muchos hombres que ahora se enfrentan a este nuevo modelo de paternidad apenas tuvieron oportunidad de experimentarlo cuando eran niños. En esa época, la presencia emocional, la expresión afectiva o la corresponsabilidad cotidiana en los cuidados recaían todavía, en buena medida, sobre las madres. ¿Cómo aprende alguien a hacer algo que nunca vio hacer?

Querer ser un determinado tipo de padre no significa, necesariamente, saber cómo hacerlo. La psicología lleva décadas mostrando que las relaciones humanas no se construyen solo desde la voluntad, sino también desde la experiencia acumulada. La teoría del apego, desarrollada en los años 80, explica que las primeras relaciones con nuestros cuidadores contribuyen a formar modelos internos sobre cómo funcionan los vínculos, cómo expresamos el afecto y cómo respondemos al malestar de otra persona, habilidades que aprendemos mucho antes de ser conscientes de ellas.




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A esta idea se suma la teoría del aprendizaje social, según la cual una parte importante de nuestras conductas se adquiere observando a otras personas, lo que significa que no aprendemos únicamente porque alguien nos explique qué hacer, sino viendo cómo otros cuidan, consuelan, ponen límites o expresan afecto.

Por eso, cuando un hombre intenta convertirse en un padre diferente al que tuvo, no solo está cambiando algunos comportamientos, sino que en muchos casos está construyendo una forma totalmente distinta de relacionarse con sus hijos.

¿Cómo hacerlo?

Las investigaciones sobre transmisión intergeneracional de la parentalidad muestran que la manera en que fuimos cuidados influye en la forma en que posteriormente cuidamos, aunque nunca determine completamente nuestro futuro. Nuestra historia no nos condena, pero sí constituye el punto de partida desde el que aprendemos a vincularnos.

Por eso muchos padres se encuentran en la situación de saber perfectamente qué padre no quieren ser, pero todavía están descubriendo cómo convertirse en el padre que desean llegar a ser.

Sin modelos de referencia

Imaginemos una escena cotidiana: un niño pequeño llora desconsoladamente porque está frustrado y su padre quiere ayudarle. En teoría, sabe que debe acompañarlo transmitiéndole calma y haciendo las cosas de una manera diferente a como quizá lo hubiera hecho su propio padre.

Puede que, cuando él era niño, nadie le dijera directamente que llorar estaba mal. A veces bastaba una mirada de desaprobación, un silencio incómodo o la sensación de que era mejor dejar de llorar cuanto antes.

Ahora, casi sin darse cuenta, lo primero que le sale es decir “no pasa nada”, pedirle a su hijo que deje de llorar o intentar distraerlo rápidamente. En lugar de acompañar esa frustración y permitir que siga su curso, aparece el impulso de hacerla desaparecer. No necesariamente porque no quiera acompañar a su hijo, sino porque quizá tampoco él aprendió qué hacer cuando una emoción difícil permanecía demasiado tiempo.

Una transformación y un aprendizaje

La implicación paterna beneficia el desarrollo cognitivo, emocional y social de los hijos y repercute positivamente en el bienestar familiar.

Estar presente emocionalmente implica reconocer las propias emociones, tolerar la frustración, reparar los conflictos cuando aparecen y acompañar el malestar infantil sin intentar eliminarlo inmediatamente. Estas habilidades también se desarrollan y pueden aprenderse, pero muchos hombres llegan a la paternidad sin espacios donde reflexionar sobre su propia historia de cuidado, comprender cómo influye en la manera en que hoy ejercen como padres o desarrollar nuevas herramientas para responder a las necesidades emocionales de sus hijos.




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En este contexto, no resulta extraño que algunos vivan esta etapa con una mezcla de ilusión e inseguridad, sintiendo que están improvisando e intentando ofrecer algo que nunca recibieron. Al encontrar dificultades, a menudo interpretan esa torpeza inicial como un fracaso personal, cuando en realidad forma parte del propio proceso de aprendizaje.

Los hombres también experimentan ansiedad, depresión y dificultades de adaptación durante el embarazo y el posparto, aunque este aspecto haya recibido tradicionalmente mucha menos atención que la salud mental materna. Acompañar a los padres también significa reconocer estas necesidades.

La presencia emocional también se aprende

Cuando analizamos la implicación paterna, con frecuencia ponemos el foco en lo que algunos hombres no hacen. ¿Por qué no se ocupan de los baños? ¿Por qué son sus parejas quienes recuerdan cuándo toca pedir cita con el pediatra? ¿Por qué algunos padres participan en los cuidados cuando se les pide, pero no siempre anticipan lo que hay que hacer?

Cuando entendemos que la presencia emocional también se aprende, dejamos de interpretar algunas dificultades exclusivamente como desinterés y empezamos a verlas como parte de un proceso de cambio que requiere tiempo, práctica y acompañamiento.

Espacios de acompañamiento

Estos espacios podrían comenzar incluso antes del nacimiento. Los grupos de preparación al parto y a la parentalidad que se desarrollan en centros de salud ofrecen una oportunidad para incorporar cuestiones relacionadas con la transición psicológica a la paternidad, más allá del papel del hombre como acompañante durante el embarazo y el parto.

Matronas y profesionales de la psicología perinatal podrían facilitar sesiones en las que los futuros padres pudieran hablar sobre sus expectativas, revisar los modelos de paternidad con los que crecieron o pensar cómo quieren participar en los cuidados cuando nazca el bebé.




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También durante el posparto podrían desarrollarse grupos de padres en atención primaria o en recursos comunitarios, no necesariamente dirigidos a hombres que presentan alguna dificultad, sino entendidos como espacios habituales de acompañamiento a la transición a la paternidad.

Del mismo modo que enseñamos a reconocer las necesidades de un recién nacido, podemos generar oportunidades para aprender a estar ante un llanto que nos desborda, reparar después de haber perdido la paciencia o asumir de manera autónoma una parte de los cuidados cotidianos.

La manera de entender la paternidad ha cambiado profundamente en las últimas décadas y cada vez más hombres quieren construir relaciones cercanas y emocionalmente disponibles con sus hijos. Pero no podemos confiar en que este cambio ocurra solo. Muchas de las habilidades que hoy esperamos de un padre se aprenden viendo a otros, practicando y teniendo oportunidades para hacerlo.

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Patricia Catalá Mesón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué significa hoy ser un ‘buen’ padre? El reto de la nueva paternidad sin modelos – https://theconversation.com/que-significa-hoy-ser-un-buen-padre-el-reto-de-la-nueva-paternidad-sin-modelos-289067

La diferencia entre llegar a la universidad y conseguir el título: ¿estamos logrando la equidad?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tulio Ramírez, Chair professor, Universidad Católica Andrés Bello

Recientemente se ha hecho público el informe mundial sobre tendencias de la educación superior elaborado por la Unesco, con datos de 2023 y 2024. El objetivo de este documento es brindar a los líderes del mundo, cito textualmente, “una herramienta práctica para orientar las políticas, fomentar el diálogo y apoyar sistemas de educación superior más inclusivos, equitativos, resilientes y preparados para el futuro”. Todo con miras a lograr el objetivo de desarrollo sostenible número 4, referido a una educación inclusiva y de calidad para todos.

En el informe abundan datos interesantes sobre aspectos cruciales de la educación superior en el mundo. Se abordan temas como la inclusión, el financiamiento, la gobernanza, la incorporación de la IA, la calidad, el personal docente, la movilidad estudiantil y la atención a la población vulnerable.

Aquí me limitaré a analizar uno de los aspectos que, a mi juicio, ha ocupado un segundo plano a la hora de hacer diagnósticos en educación: las cifras de egreso de nuevos profesionales. Su importancia radica en que ese indicador refleja el impacto en la sociedad del esfuerzo de equidad en educación superior.

Más estudiantes, menos profesionales

Lo primero que resalta el informe es el aumento mundial de las matrículas en educación superior. Para 2024, 269 millones de estudiantes en el mundo estaban incorporados formalmente a la educación universitaria en los niveles de pregrado y posgrado, incluyendo especializaciones, maestrías y doctorados. En comparación con el año 2000, cuando se contabilizaron 100 millones de estudiantes, para 2024 esa cifra prácticamente se ha triplicado.

Pero ese ritmo de crecimiento en la incorporación de alumnos no va acompasado con el ritmo de salida de graduados. La brecha porcentual entre ingresos y egresos se amplía dependiendo del lugar. ¿Qué ocurre con esos estudiantes que se matriculan pero no logran terminar los estudios? Esta diferencia es una manera de medir hasta qué punto está funcionando la equidad educativa y todos los estudiantes que acceden a la educación superior pueden realmente beneficiarse de ella.

Cómo se obtienen los datos

El porcentaje de jóvenes matriculados en educación superior se realiza con respecto al sector de la población con edad para ser estudiante universitario (18-24 años). De igual manera, cuando se calcula el porcentaje de egresados o titulados, se hace con respecto al total del mismo segmento poblacional, y no al número de inscritos en instituciones de educación superior, como usualmente contabilizan estas instituciones.

El informe señala que, en 2023, el 37 % de la población en edad de asistir a programas de formación universitaria eran, efectivamente, estudiantes de educación superior. En cambio, quienes se gradúan representaron apenas el 27 % de la misma población.

Brecha por regiones

Esta brecha adquiere características diferentes según la región del mundo. Por ejemplo, en aquellas donde la tasa bruta de matriculación promedio es particularmente alta, como es el caso de Europa central y oriental (67 %) y América del Norte y Europa occidental (65 %), la tasa bruta de graduación resultó sustancialmente menor (45 % y 44 % respectivamente).

Este contraste es mayor en América Latina y el Caribe. En esta región, la tasa bruta de matriculación alcanzó el 53 % en 2023 mientras que la tasa bruta de
graduación fue de apenas 24 %. Un 20 % menor que en los países del primer mundo.

Las políticas de equidad educativa, que propician el crecimiento de la matrícula universitaria (a pasos distintos y desiguales según la región), son una muestra del esfuerzo de los estados por igualar las oportunidades de acceso en su población. Sin embargo, la fase final del proceso, es decir, que logren culminar los estudios superiores, no ha ido al mismo ritmo, con variaciones significativas dependiendo de la región.

El caso venezolano

Según el Observatorio de Universidades (OBU) de Venezuela, en 2024 la tasa bruta de matrícula en educación superior para la población con edades entre 18 y 24 años era de un 17 %, una de las más bajas de la región. Este dato ha quedado corroborado en la encuesta de calidad de vida (ENCOVI) 2025, presentados en abril de 2026.

Con respecto a los egresos, las estimaciones los sitúan en cerca del 30 % de la población que logra ingresar en la universidad, lo que equivale a apenas un 6 % de todo el grupo poblacional. Un ejemplo: en 2025, la tasa de egresos en el área de formación docente ha disminuido casi un 80 % con respecto a la de 2008. En comparación con el resto de la región, son tasas muy bajas que no se pueden atribuir exclusivamente a la diáspora.

Sin recursos para garantizar la inclusión

El gran reto no es garantizar la accesibilidad a la educación superior de todos los jóvenes de cualquier entorno socioeconómico, sino brindar condiciones para la permanencia y culminación de los estudios, verdadero y eficiente indicador de impacto en la calidad de vida de las personas. Para aumentar las cifras de egresos, se necesitan mecanismos eficientes de equidad que igualen oportunidades a los estudiantes de bajos recursos o en situación vulnerable.

La progresiva reducción presupuestaria en las universidades venezolanas, con un déficit presupuestario de al menos 85 %, ha ido desmantelando los mecanismos de igualdad existentes: becas estudiantiles, transporte universitario, residencias a bajo costo, servicio de comedor, atención odontológica, mentorías y acompañamiento a estudiantes con déficits acumulados desde la formación preuniversitaria, poniendo en peligro el éxito educativo, entendido como la consecución del título universitario, de los más vulnerables.

Las diferencias que se observan en las tasas de matriculación y graduación reflejan la existencia de barreras que impiden la progresión estudiantil y subrayan la necesidad de que los sistemas de educación superior apoyen a los alumnos no solo al momento del abordaje, sino también a lo largo del camino hacia su graduación.

The Conversation

Tulio Ramírez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La diferencia entre llegar a la universidad y conseguir el título: ¿estamos logrando la equidad? – https://theconversation.com/la-diferencia-entre-llegar-a-la-universidad-y-conseguir-el-titulo-estamos-logrando-la-equidad-285785

Por qué la integridad institucional avanza a dos velocidades en las comunidades autónomas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio García Magariño, Associate Professor, Sociology and Political Science, Universidad Pública de Navarra

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Las estrategias de lucha contra la corrupción han detectado y sancionado en España comportamientos que debilitan la credibilidad en las instituciones y las lógicas democráticas: la politización de la justicia, las contrataciones irregulares de obras públicas, la selección amañada de funcionarios o el uso fraudulento de fondos estatales y autonómicos.

Sin embargo, es necesario un enfoque más amplio que impregne todas las políticas públicas y que a su vez se concrete en estrategias específicas de integridad, que involucre a empleados y cargos públicos de forma individual, pero también a las instituciones.

La integridad de las instituciones ha ido ganando peso en el discurso público y los debates institucionales como una garantía de calidad democrática e innovación administrativa. Más allá de la ausencia de corrupción o el castigo de conductas contra la administración pública, esta apela a la prevención del fraude y a la generación de una cultura que anticipe riesgos.

El ámbito autonómico español ha desarrollado un entorno jurídico de integridad, transparencia y buen gobierno a lo largo de la última década. Transparencia Internacional –una organización no gubernamental global dedicada a prevenir y combatir la corrupción política y corporativa–, por ejemplo, resalta el esfuerzo de la Comunidad Valenciana, el País Vasco y Cataluña. Ello permite disponer de una perspectiva temporal suficiente para valorar su puesta en práctica y evaluar los eventuales logros o impactos no esperados de esta realidad emergente.

Más allá de un modelo homogéneo para los distintos contextos autonómicos, en el estudio realizado sobre los sistemas de integridad en las comunidades autónomas de España, recientemente publicado por la editorial Comares, observamos que las formas que adoptan estos sistemas de integridad varían considerablemente.

Sistemas sofisticados frente a otros debilitados

Algunas comunidades, como la Comunidad Valenciana, Cataluña y las Islas Baleares, han consolidado sistemas relativamente sofisticados en materia de integridad institucional, con estrategias transversales, organigramas definidos y recursos propios que tienen agencias individuales de lucha y prevención del fraude y la corrupción. También han avanzado considerablemente en este ámbito Andalucía y Galicia, con programas y estrategias transversales.

Sin embargo, en otros casos hay un cierto debilitamiento de las normas, lo que exige seguir continuando con su fortalecimiento, tal como el esquema excesivamente centralizado, jerárquico y fragmentado de Madrid o las pocas herramientas prácticas de Castilla-La Mancha, Castilla y León y Extremadura.

De esta forma, algunas comunidades autónomas todavía deben realizar esfuerzos para incorporar planes antifraude, mecanismos de transparencia o canales de denuncia como parte de una estrategia global que garantice su implementación. Evitar la fragmentación y operar mejor en contextos crónicos de carencia de recursos constituyen asignaturas pendientes para conseguir objetivos satisfactorios.

Este diagnóstico nos señala que lo sistemas de integridad autonómicos, aunque afortunadamente ya están proliferando, deberían ir más allá del cumplimiento de unos mínimos legales y ser más ambiciosos para obtener resultados efectivos en la práctica organizativa y superar la distancia entre lo que proclaman las administraciones y lo que realmente hacen.

Esta brecha es significativa: la realidad que las autonomías declaran con respecto a lo que desean que ocurra en términos de integridad y los hechos en dicha materia son dos mundos separados.

Pero ¿por qué se producen estas diferencias entre comunidades autónomas y vacíos? Sobre todo, por las variaciones en el liderazgo político e institucional: para que la integridad trascienda y sea un hecho es fundamental aportar coherencia a la tríada conformada por los discursos, las normas y la implementación práctica. Así, bajo liderazgos más o menos comprometidos, la capacidad administrativa se ve fortalecida –especialmente cuando, además, se asume el imperativo de la transparencia, el buen gobierno y la ética pública y se consolidan trayectorias a largo plazo– o debilitada.

De esta forma, aunque todas las comunidades autónomas han adoptado legislación sobre transparencia y buen gobierno –incorporando instrumentos impulsados a nivel comunitario europeo–, no siempre se detectan compromisos concretos. A pesar de ello, hay que reconocer que factores como la gestión de los fondos europeos han favorecido la puesta en marcha de planes antifraude y mecanismos de control o de rendición de cuentas.

El hecho de que las exigencias europeas hayan ejercicio mayor influencia sobre el impulso de la integridad que las dinámicas políticas propias evidencia la necesidad de seguir incentivando la adopción de enfoques, métodos e instrumentos que no solamente tengan como propósito proteger la gestión de recursos económicos, sino la mejora de la calidad democrática.

Para superar, además, la distancia entre el diseño jurídico y la implementación efectiva, es preciso incorporar agencias de integridad y sistemas de evaluación y monitorización que, en la práctica, superen las limitaciones a las que se enfrenta el camino hacia el logro de un impacto real en materia de integridad.

La definición de indicadores claros, comparables, fáciles de medir y conectados con la rendición de cuentas haría más visible la integridad y la conectaría con otras áreas de gestión involucradas en el catálogo competencial autonómico.

Herramientas para el refuerzo

Aunque este estudio se centra en la integridad institucional, conviene situarlo dentro de un marco más amplio: el de la buena gobernanza. Este enfoque propone distintas herramientas para mejorar el funcionamiento de los gobiernos y las administraciones públicas, como reforzar la colaboración, fomentar el gobierno abierto, impulsar un liderazgo basado en la ética del servicio o crear mejores espacios para la toma de decisiones.

Sin embargo, avanzar en esa dirección no depende solo de cambios técnicos, legales o de una mayor supervisión. También exige transformar la cultura de las instituciones y consolidar valores que, aunque menos visibles, son esenciales para que esos cambios sean realmente efectivos.

El desigual avance de la integridad institucional en el ámbito autonómico español muestra la existencia de limitaciones organizativas, culturales y políticas, pero sirve también de acicate para continuar consolidando sistemas holísticos que incidan, de forma profunda y cotidiana, en la práctica administrativa.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Por qué la integridad institucional avanza a dos velocidades en las comunidades autónomas – https://theconversation.com/por-que-la-integridad-institucional-avanza-a-dos-velocidades-en-las-comunidades-autonomas-283739

¿Por qué las empresas de inteligencia artificial están comprando millones de libros?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma González Díaz, Assistant lecturer, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Los libros de segunda mano están siendo un filón para las empresas de inteligencia artificial. Tom Hermans / Unsplash

Durante años, buena parte de la inteligencia artificial actual se entrenó con contenidos disponibles en internet. Páginas web, foros, artículos, enciclopedias y repositorios digitales proporcionaron enormes cantidades de texto para enseñar a los grandes modelos de lenguaje. Pero la red empieza a mostrar sus límites. Algunas empresas tecnológicas han buscado otra fuente de conocimiento y han encontrado en los libros la solución.

A principios de 2026, The Washington Post reveló una de estas estrategias a partir de documentos judiciales relacionados con Anthropic, la empresa responsable del asistente de IA Claude. La investigación sacó a la luz “Project Panama”, un proyecto secreto iniciado en 2024 para adquirir libros impresos a gran escala. Los ejemplares se escaneaban y sus textos se incorporaban a los procesos de desarrollo de modelos de IA. Para acelerar el proceso, millones de libros fueron cortados, digitalizados y después enviados a reciclar.

El procedimiento muestra un cambio importante en la forma de valorar el libro. El objeto físico pierde importancia frente a su contenido. El texto puede extraerse, convertirse en datos y utilizarse para alimentar modelos de inteligencia artificial.

Anthropic no es la única compañía interesada en acceder a grandes colecciones de libros. En mayo de 2026, cinco grandes editoriales estadounidenses y el escritor Scott Turow demandaron a Meta y Mark Zuckerberg. Los acusaron de utilizar millones de libros y artículos procedentes de repositorios piratas para entrenar a su modelo Llama. Otros litigios contra empresas de IA apuntan en la misma dirección.

Los libros han adquirido así un nuevo valor estratégico. Ya no son solo objetos que contienen y transmiten conocimiento. También son grandes conjuntos de datos en la competición por desarrollar mejores modelos de inteligencia artificial.

¿Qué tienen los libros que no tenga internet?

Los grandes modelos de lenguaje necesitan enormes cantidades de texto. Sin embargo, cantidad y calidad no son necesariamente lo mismo.

Internet ofrece una diversidad difícil de encontrar en otro lugar. Pero también contiene textos breves, repetidos o poco revisados.

Además, desde 2022, cada vez hay más contenidos creados con IA en internet. Un estudio publicado en 2026 analizó páginas web aparecidas entre 2022 y 2025. A mediados de 2025, alrededor del 35 % de las nuevas páginas estudiadas incluían textos generados o modificados con IA. Esto no significa que el 35 % de internet haya sido creado por máquinas, pero sí muestra que estos contenidos tienen cada vez más presencia en la red.

El problema no es solo distinguir quién ha escrito qué. Una investigación publicada en Nature ya mostró en 2024 que entrenar sucesivas nuevas generaciones de modelos con contenidos producidos por modelos anteriores puede provocar una degradación progresiva de los resultados.

En este contexto, los libros anteriores a la expansión de la IA generativa adquieren un nuevo valor. Ofrecen a las empresas tecnológicas contenidos extensos y estructurados que, en muchos casos, han pasado por procesos profesionales de edición y corrección. Además, han sido escritos por personas.

Cuando el patrimonio se convierte en datos

Durante siglos hemos creado bibliotecas, archivos y universidades para conservar una parte de nuestra memoria colectiva. Estas instituciones no se limitan a almacenar sus fondos, también los catalogan, los preservan y los hacen accesibles.

La inteligencia artificial está dando un nuevo valor a ese patrimonio. No interesa el ejemplar físico; importa la información que contiene. Al digitalizarlo, el texto puede convertirse en datos y utilizarse para entrenar modelos de IA.

Desde la pasada primavera, libreros de España, Alemania, Australia y Nueva Zelanda han alertado de pedidos masivos y poco habituales realizados por la empresa canadiense Zoom Books. Esta compañía se dedica a la venta de libros de segunda mano por internet. Sus compras suelen realizarse a través de grandes plataformas como AbeBooks o Biblio. En ellas se pueden encontrar desde títulos baratos hasta ediciones raras y difíciles de conseguir.

Estos patrones de compra –y el precedente de Anthropic– han despertado sospechas. Sobre todo, por su volumen y por el interés en obras antiguas, descatalogadas o que no están disponibles en formato digital. Zoom Books niega que sea para alimentar a la IA y, por el momento, no existen pruebas concluyentes que permitan atribuirle ese fin.

Libros amontonados en columnas.
Las librerías de segunda mano son un filón de ejemplares descatalogados, exóticos o raros.
Rhamely / Unsplash

Pero el fenómeno muestra hasta qué punto el contenido de los libros ha adquirido un nuevo valor. La información puede extraerse del objeto, convertirse en datos y circular de forma independiente. Muchos de estos textos nunca se han digitalizado, y algunos contienen conocimientos locales, especializados o publicados en lenguas con poca presencia en internet. Ofrecen información que todavía no está disponible en grandes bases de datos digitales.

Una nueva carrera por el conocimiento

Durante los últimos años hemos hablado de la carrera de la IA en términos de procesadores, energía, centros de datos y algoritmos. Pero la compra masiva de libros pone sobre la mesa otro recurso estratégico, mucho menos visible: el conocimiento humano.

Destruir un ejemplar puede parecer poco relevante cuando existen miles de copias. Pero no todos los libros están en esa situación. Muchos están descatalogados, tuvieron tiradas pequeñas o pertenecen a editoriales y ámbitos locales. Otros son difíciles de encontrar. En estos casos, cada ejemplar que desaparece dificulta el acceso a su contenido.

También importa qué libros se eligen. No todos los conocimientos están igual de representados en los datos que utilizan los modelos de IA. La selección puede reforzar desequilibrios que ya existen en internet.

La lengua es un buen ejemplo. También lo son el origen geográfico, la época o el tipo de conocimiento. Algunas culturas, perspectivas y formas de entender el mundo pueden estar muy presentes. Otras, mucho menos. Y otras pueden quedar al margen.

A esto se suma el debate sobre los derechos de autor. Escritores, editoriales y otros creadores cuestionan que sus obras puedan utilizarse para entrenar sistemas comerciales de IA sin permiso ni compensación. En Europa, la normativa sobre inteligencia artificial intenta aportar algo más de transparencia. Entre otras medidas, exige a las empresas responsables de los grandes modelos informar sobre los contenidos utilizados para entrenarlos y adoptar medidas para respetar la legislación europea sobre derechos de autor.

La cuestión, en todo caso, no es solo qué pueden aprender las nuevas herramientas tecnológicas de nuestros libros. Debemos preguntarnos qué ocurre con ellos tras su digitalización y procesamiento masivo, qué se conserva, qué puede llegar a desaparecer y qué conocimientos quedan fuera. Porque seleccionar los contenidos con los que aprende una IA también significa decidir qué voces estarán más presentes en sus respuestas y qué sesgos puede reproducir.


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Paloma González Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué las empresas de inteligencia artificial están comprando millones de libros? – https://theconversation.com/por-que-las-empresas-de-inteligencia-artificial-estan-comprando-millones-de-libros-289431

La incógnita del virus del Nilo Occidental: ¿por qué puede convertirse en una amenaza mortal para algunas personas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Narcisa Martínez Quiles, Catedrática de Inmunología (UCM) y Especialista en Inmunología (Ministerio de Sanidad), Universidad Complutense de Madrid

frank60/Shutterstock

El virus del Nilo Occidental (VNO) ha dejado de ser una enfermedad exótica en España. Desde el importante brote registrado en Andalucía en 2020, los casos en humanos se repiten cada verano y el virus se ha consolidado como un problema de salud pública en varias regiones del país. Así, esta temporada se han notificado 46 diagnósticos en el territorio andaluz hasta el 18 de agosto, uno de ellos con resultado de muerte.

Su ciclo de transmisión, que involucra aves silvestres y mosquitos del género Culex, está bien descrito. También conocemos los factores ambientales que favorecen su expansión, como el aumento de las temperaturas, las lluvias y la abundancia de humedales donde proliferan los vectores.

Aunque los casos parecen haber disminuido con las medidas de control, las preguntas más importantes han dejado de ser ecológicas. Hoy, el mayor desafío consiste en comprender cómo interacciona el virus con las personas. Siete años de transmisión sostenida plantean un nuevo reto científico: entender por qué la infección pasa completamente desapercibida en la mayoría de los casos, mientras que en unos pocos provoca una encefalitis potencialmente mortal.

¿Cuántas personas se infectan realmente?

Debido a que aproximadamente el 80 % de las infecciones por el VNO son asintomáticas, desconocemos cuántas personas se infectan realmente. Alrededor del 20 % de los casos experimenta un cuadro febril inespecífico y menos del 1 % evoluciona hacia una enfermedad neuroinvasiva, como meningitis, encefalitis o parálisis. Aproximadamente un 10 % de los pacientes que desarrollan enfermedad grave mueren.

Al conocerse solamente cuántos casos graves se notifican cada verano, los pacientes que llegan a los hospitales representan la punta del iceberg.


Elaborado por la autora.

En España se ha desarrollado una excelente red de vigilancia en mosquitos, aves y caballos bajo el enfoque One Health (Una Sola Salud). Sin embargo, apenas existen estudios de seroprevalencia en población general que permitan estimar cuántas personas han desarrollado anticuerpos tras una infección inadvertida.

Sin esa información resulta difícil conocer la verdadera magnitud del problema, identificar las zonas de mayor transmisión o evaluar cómo evoluciona la inmunidad de la población con el paso de los años.

¿Por qué unas personas enferman y otras no?

Desde el punto de vista de la inmunología, el tipo de virus (variante concreta) y la reacción de las defensas del hospedador o individuo infectado marcan la diferencia.

Durante los primeros días de la infección, la respuesta inmunitaria innata establece una barrera frente a la replicación y diseminación del VNO. Tras la picadura de un mosquito, el virus infecta inicialmente queratinocitos (las células más abundantes de la epidermis), células dendríticas de la piel, macrófagos (dos tipos de células imunitarias) y, en menor medida, fibroblastos (células del tejido conectivo), donde comienza a replicarse. Desde allí alcanza los ganglios linfáticos regionales y puede pasar al torrente sanguíneo.

Las primeras horas tras la infección son decisivas. Las células infectadas detectan la presencia del virus y producen interferones de tipo I, unas proteínas que actúan como la primera línea de defensa frente a numerosos virus. Activan cientos de genes antivirales capaces de limitar rápidamente la replicación del patógeno.

Si esta respuesta es rápida y eficaz, la infección suele quedar controlada antes incluso de producir síntomas. Si, por el contrario, el VNO consigue escapar a esa primera barrera, especialmente a los interferones tipo I, aumentará la carga viral y, con ello, la probabilidad de que alcance el sistema nervioso central.

Posteriormente entran en acción los anticuerpos neutralizantes y los linfocitos T, que eliminan las células infectadas y contribuyen a erradicar el virus. En la mayoría de las personas esta respuesta adaptativa completa el trabajo iniciado por la inmunidad innata.

¿Qué pasa cuando el virus alcanza el sistema nervioso central?

Cuando el patógeno consigue alcanzar una carga viral suficiente, puede acceder al sistema nervioso central mediante diferentes mecanismos. Dos de ellos son la alteración de la barrera hematoencefálica (la estructura celular que protege el cerebro) inducida por el propio virus y el transporte por parte de células inmunitarias infectadas, que actuarían como “caballos de Troya”.

Tras atravesar la barrera hematoencefálica, el virus infecta distintos tipos de células. En ese momento, el sistema inmunológico actúa adoptando un delicado equilibrio para eliminar esas células infectadas y, al mismo tiempo, evitar un exceso de inflamación en órganos especialmente vulnerables como el cerebro.

¿Hay variantes del virus más neuroinvasivas?

La respuesta es sí: la capacidad neuroinvasiva puede estar condicionada por características diferenciales entre las distintas variantes procedentes de los diferentes linajes del virus, de los que se han descrito siete.

Como se ha mencionado, en la mayoría de los casos, la gravedad parece surgir de la interacción entre la virulencia de la cepa y la capacidad del sistema inmunitario del hospedador para contener la infección durante los primeros días.

¿Influyen nuestros genes?

Aunque la edad avanzada, la inmunosupresión o enfermedades como la diabetes o hipertensión aumentan el riesgo de desarrollar enfermedad neuroinvasiva, también se han identificado variantes genéticas que podrían modificar la susceptibilidad de cada individuo. Entre ellas destaca una mutación rara del gen CCR5, denominada CCR5-Δ32 (Δ32 equivale a pérdida o deleción de 32 aminoácidos, los componentes básicos de las proteínas), cuya historia ilustra hasta qué punto la relación entre genética e inmunidad puede resultar paradójica.

CCR5 tiene una doble cara: codifica para un receptor de quimiocinas, sustancias atrayentes de los leucocitos que dirigen el tráfico de estas células defensivas (como su migración hacia los tejidos infectados); y, a la vez, es un receptor del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). También sabemos que las personas portadoras de dos copias u homocigotas de la mutación CCR5-Δ32 son altamente resistentes a la infección por la mayoría de las variantes del VIH. Esta observación hizo posibles las escasas curaciones de la infección mediante trasplante de médula ósea procedentes de donantes portadores de dicha variante. La primera curación fue la del denominado paciente de Berlín.

Sin embargo, esa misma mutación podría aumentar la susceptibilidad frente al virus del Nilo Occidental. Diversos estudios experimentales han demostrado que, en ausencia de un receptor CCR5 funcional, los linfocitos migran con menor eficacia hacia el sistema nervioso central. Como consecuencia, el patógeno puede persistir durante más tiempo en el cerebro y aumentar el riesgo de desarrollar encefalitis.

Esto es un recordatorio de que la evolución rara vez genera soluciones universales. Una variante genética puede resultar beneficiosa frente a un patógeno y perjudicial frente a otro completamente distinto.

¿Ha llegado el momento de replantearse la investigación?

En mi opinión, necesitamos saber cuántas personas se infectan realmente cada verano. Se precisa conocer a fondo los factores inmunológicos que confieren protección y cómo evoluciona la inmunidad de la población tras exposiciones repetidas. Responder a estas preguntas requerirá estudios de seroprevalencia en la población general en las zonas afectadas y cohortes clínicas bien caracterizadas.

El virus del Nilo Occidental ya no representa únicamente un desafío para la vigilancia epidemiológica: se ha convertido también en una oportunidad científica para comprender por qué, frente a un mismo virus, el sistema inmunitario puede escribir historias completamente diferentes.

The Conversation

Narcisa Martínez Quiles no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La incógnita del virus del Nilo Occidental: ¿por qué puede convertirse en una amenaza mortal para algunas personas? – https://theconversation.com/la-incognita-del-virus-del-nilo-occidental-por-que-puede-convertirse-en-una-amenaza-mortal-para-algunas-personas-289416

El motor oculto de la evolución: cómo las inversiones en el genoma aceleran la formación de nuevas especies

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcial Escudero, Catedrático del Departamento de Biología Vegetal y Ecología, Universidad de Sevilla

Cuadro geogenómico de la isla de La Reunión para mostrar la especiación a través de un gradiente volcánico. Laura Fraile, a partir de conversación con Marcial Escudero.

Viajar a la isla de La Reunión es adentrarse en un mundo de contrastes geográficos y biológicos. Aunque se encuentra en pleno océano Índico, es un departamento francés de ultramar, por lo que forma parte del espacio Schengen y, en sus calles, se paga con euros. Antiguamente conocida como Bourbon, esta joven isla volcánica forma, junto a Mauricio y otras islas menores, el archipiélago de las Mascareñas.

Ilustración del pájaro dodo, del siglo XVII.
Anónimo / Wikimedia Commons.

Y si las islas Galápagos sirvieron a Charles Darwin como un gran laboratorio natural para asentar las bases biológicas de la evolución, las Mascareñas han sido históricamente el escenario fundacional para entender la extinción, por haber sido el hogar del célebre pájaro dodo, que desapareció a finales del siglo XVII.

Por otro lado, debido a su enorme dinamismo geológico y a la disponibilidad de nichos ecológicos vacantes, las islas oceánicas jóvenes como La Reunión son también lugares privilegiados para estudiar la especiación –proceso mediante el cual una población de una determinada especie da lugar a otra u otras especies– y la evolución en tiempo real.

La evolución a zancadas

Solemos imaginar la evolución biológica como un proceso meticuloso y extraordinariamente lento, impulsado por la acumulación constante de pequeñas mutaciones a lo largo de millones de años. Sin embargo, como bien argumentó el paleontólogo Stephen Jay Gould con su teoría del equilibrio puntuado, la evolución no siempre es un proceso rítmico y gradual. A menudo, ocurre a saltos. Es así, especialmente, en entornos insulares donde surgen drásticamente nuevos nichos ecológicos. Cuando la vida no tiene millones de años para adaptarse, encuentra vías rápidas para transformarse.

Planta de la especie Carex boryana en Les Makes-La Fenêtre (La Reunión).
Modesto Luceño.

Esta urgencia evolutiva es exactamente lo que observamos en la isla de La Reunión con dos plantas cercanamente emparentadas: Carex boryana y Carex borbonica. A pesar de haberse separado hace apenas medio millón de años –poco tiempo, desde el punto de vista evolutivo–, coincidiendo con el surgimiento de las zonas de alta montaña de la isla, ambas especies muestran morfologías y ecologías radicalmente distintas.

Carex borbonica en Plaine de Remparts, cerca del cráter Commerson.
Modesto Luceño.

Tal y como el naturalista Alexander von Humboldt ilustró en sus pioneros estudios sobre los pisos de vegetación en los Andes, los gradientes altitudinales de las montañas –cambios en las condiciones ambientales, el clima y los seres vivos que ocurre a medida que ascendemos o bajamos por una zona de gran altura– son laboratorios vivos. En ellos, los biomas o ecosistemas característicos de una zona biogeográfica cambian drásticamente en distancias muy cortas.

En La Reunión, Carex boryana prospera en los húmedos bosques nubosos y selvas de elevación media. Por el contrario, Carex borbonica ha conquistado un piso ecológico extremo y superior: sobrevive en praderas muy secas. Incluso, ha llegado a colonizar auténticos desiertos de cenizas a gran altura bajo el imponente volcán activo del Pitón de la Fournaise.

Habitat de Carex boryana en la Plaine des Palmistes-Bois de Bébour.
Modesto Luceño.
Hábitat de Carex borbonica en Plaine de Remparts, cerca del cráter Commerson.
Modesto Luceño.

Los “candados” del ADN: cuando el genoma se da la vuelta

¿Cómo han podido estas dos plantas diferenciarse tanto en tan poco tiempo evolutivo a lo largo de las distintas altitudes? La respuesta no reside únicamente en la lenta acumulación de mutaciones, sino en alteraciones a gran escala en la estructura de su genoma.

Al secuenciar y ensamblar sus genomas en un estudio recientemente publicado, hemos descubierto que la divergencia entre ambas especies se concentra de manera desproporcionada en regiones específicas que han sufrido inversiones cromosómicas. Estas ocurren cuando un segmento masivo de ADN literalmente “se da la vuelta”; es decir, se rompe y se vuelve a insertar en su cromosoma, pero en sentido inverso. Estas regiones invertidas suprimen la recombinación genética local y actúan como un compartimento cerrado, un auténtico “candado” o bloqueo que protege a combinaciones enteras de genes adaptativos para que no se mezclen en caso de que se produzca flujo génico (cruzamientos) entre las dos especies incipientes.

Al suprimir la mezcla genética local, dichas inversiones relajan la llamada selección purificadora, lo que paradójicamente actúa como un acelerador evolutivo en esas zonas concretas.

Este mecanismo permite a los linajes vegetales saltarse las limitaciones evolutivas típicas y adaptarse rápidamente a nuevos entornos. Por ejemplo, algunas de las grandes inversiones detectadas en el genoma de Carex borbonica contienen genes fuertemente relacionados con la supervivencia a la extrema aridez y a las cenizas de las cumbres volcánicas.

El orden subyacente bajo el aparente desorden

Podemos visualizar la complejidad de este proceso observando la estructura del genoma durante la división celular. En la formación de los gametos reproductivos (la meiosis), para que los cromosomas con segmentos de ADN invertidos puedan alinearse correctamente con sus homólogos no invertidos, la estructura física se ve obligada a retorcerse formando intrincados bucles de inversión, lo que genera complejos nudos estructurales en el genoma.

Leonardo da Vinci utilizaba los nudos en sus dibujos para explicar cómo existe un orden profundo bajo un caos aparente. De forma análoga, estos nudos biológicos generados por las secuencias de ADN dadas la vuelta pueden parecer a simple vista un accidente genético o un aparatoso desorden estructural. Sin embargo, en realidad, son los arquitectos de un orden evolutivo superior: bloquean y estructuran la variación genética necesaria para que la vida prospere y se diversifique en las condiciones más adversas.

Nuestro estudio de la evolución biológica en islas como La Reunión contiene una lección fundamental, al mostrar que, para entender cómo se forma la biodiversidad y cómo las especies se adaptan a entornos cambiantes, no basta con leer la secuencia de letras individuales de los genes: la propia arquitectura física del genoma es el motor principal de la divergencia evolutiva. Es decir, en el gran manual de la evolución, la forma en la que se empaqueta y protege la información es tan decisiva como la información misma.

Cuadro geogenómico de la isla de La Reunión para mostrar la especiación a través de un gradiente volcánico.
Laura Fraile, a partir de conversación con Marcial Escudero.

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Marcial Escudero recibe fondos de la Red Leonardo de la Fundación BBVA (fBBVA LEO23-2-9663-CMT-CMA-11).

– ref. El motor oculto de la evolución: cómo las inversiones en el genoma aceleran la formación de nuevas especies – https://theconversation.com/el-motor-oculto-de-la-evolucion-como-las-inversiones-en-el-genoma-aceleran-la-formacion-de-nuevas-especies-289996