Sin permiso y sin nombre: las mujeres que también hicieron ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iria Bello Viruega, Filología Inglesa, Universitat de les Illes Balears

Ilustración que muestra a Florence Nightingale (1820-1910), impulsora de la ciencia moderna de la enfermería, en un hospital durante la guerra de Crimea. Museo Florence Nightingale

En Una habitación propia (1929), Virginia Woolf imaginó a Judith Shakespeare, la hermana ficticia de William. Igual de talentosa que su hermano, Judith no tuvo acceso a la educación ni a una carrera como escritora. Aislada y frustrada, acabó quitándose la vida.

Aunque inventada, la historia de Judith refleja la de muchas mujeres reales que quisieron participar en el mundo del conocimiento y no pudieron. Una de ellas fue Maria Winkelmann, astrónoma alemana del siglo XVIII.

Winkelmann trabajó junto a su marido, el astrónomo Gottfried Kirch. Una noche, mientras él dormía, observó un cometa que su esposo no había visto. Juntos descubrieron estrellas y compartieron investigaciones. Pero cuando Kirch murió, la Academia de Ciencias de Berlín rechazó la solicitud de Winkelmann para ocupar su puesto, pese a estar cualificada y contar con apoyos. Era mujer. Y eso bastaba para excluirla.

Chocar contra muros

Su caso no fue excepcional. Durante siglos, las mujeres interesadas en la ciencia se encontraron con muros institucionales y sociales. La Royal Society británica, considerada la sociedad científica más antigua del mundo, no admitió a mujeres como miembros de pleno derecho hasta 1945. Las dos primeras fueron la cristalógrafa Kathleen Lonsdale y la microbióloga Marjory Stephenson.

Retrato de Caroline Herschel (1751-1848).
Wikimedia Commons, CC BY

Antes de ellas, incluso las científicas más brillantes solo podían ser “miembros honorarios”, como Caroline Herschel, otra astrónoma que trabajó junto a su hermano y firmaba con su nombre.

Desde la Edad Media, las universidades se habían convertido en guardianas del saber. Pero las puertas estaban cerradas a ellas. En instituciones como Oxford o Cambridge se exigía celibato y se pensaba que las mujeres distraían a los profesores. El acceso a bibliotecas e instrumentos científicos estaba restringido. La ciencia, como profesión y como comunidad, era un mundo de hombres.

Otros caminos hacia el conocimiento

Santa Hildegarda y su comunidad de monjas en una miniatura del siglo XIII.
Wikimedia Commons, CC BY

Paradójicamente, la idea de que las mujeres comenzaron a participar en la ciencia solo en el siglo XX es un mito… del siglo XIX. Las universidades sí estuvieron cerradas hasta bien entrado el siglo XX, pero en épocas anteriores existieron otros caminos hacia el conocimiento. Por ejemplo, algunos monasterios permitieron a mujeres nobles llevar vidas dedicadas al estudio. Mujeres como Hildegarda de Bingen, en el siglo XII, escribieron tratados médicos, filosóficos y musicales.

Con la Reforma protestante, muchos conventos se cerraron, y eso dificultó más el acceso de las mujeres a los centros del saber. Y aunque solemos pensar que la Europa protestante fue más progresista en cuestiones de género, la historia dice lo contrario. Italia, país católico, dio más oportunidades a las mujeres en el ámbito científico. Allí obtuvieron títulos universitarios Bettisia Gozzadini, Elena Cornaro Piscopia, Laura Bassi, Maria Agnesi o Anna Manzolini.

Además, el conocimiento no estaba concentrado solo en las universidades durante el Renacimiento. También florecía en las cortes, donde los príncipes ofrecían mecenazgo a científicos, artistas y filósofos. Las mujeres nobles tenían acceso a estos espacios, y muchas participaron activamente en los círculos intelectuales. La alfabetización entre las clases altas aumentó, y con ella la posibilidad de que las mujeres estudiaran y discutieran ideas.

Más adelante, en el siglo XVIII, surgieron los salones, sobre todo en París, como espacios alternativos de intercambio. Allí, las anfitrionas organizaban encuentros entre científicos, artistas y filósofos. En Inglaterra, el círculo de las Bluestockings –mujeres cultas como Elizabeth Montagu o Frances Boscawen– permitió a algunas mujeres ganar visibilidad en el mundo del pensamiento.

Retroceso en el siglo XIX

Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle (1623 -1673).
Wikimedia Commons, CC BY

Sin embargo, con la Revolución Científica llegaron las academias, que comenzaron a sustituir a las cortes como lugares privilegiados de saber. Aunque prometían racionalidad y universalidad, muchas mantuvieron la exclusión de las mujeres. Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle, fue invitada a participar en la Royal Society, pero nunca fue admitida. En cambio, algunas academias italianas sí contaron con mujeres como miembros, algo inusual en el resto de Europa.

La profesionalización de la ciencia en el siglo XIX supuso un retroceso. A medida que las universidades se consolidaron como únicos centros científicos y el “científico” se convirtió en profesor universitario, las mujeres quedaron relegadas. Aunque algunas siguieron participando en historia natural, filosofía experimental o medicina, sus contribuciones fueron silenciadas, negadas o firmadas por otros.

¿Por qué fueron tan invisibles? Por al menos tres razones. La primera, la presión social. Filósofos y moralistas defendían que ellas debían quedarse en casa. Con la teoría de la “complementariedad sexual”, se argumentaba que hombres y mujeres eran distintos por naturaleza y no debían competir en el mismo terreno. Una mujer interesada en la ciencia era vista como una anomalía, o incluso como una amenaza.

La segunda, la clase social. Las mujeres nobles, que no tenían que cuidar directamente de sus hijos ni trabajar, contaban con más tiempo y recursos para estudiar. Por eso muchas de las figuras destacadas eran aristócratas. Margaret Cavendish, por ejemplo, fue escritora, filósofa y pionera en debatir ideas científicas gracias a su posición privilegiada.

Y la tercera razón: el tipo de actividades que realizaban. Muchas mujeres no eran autoras de tratados, pero sí traductoras, editoras, comentaristas o ayudantes. Hoy lo llamaríamos “mediación del conocimiento”. Traducir un texto científico requería conocimientos profundos del tema. Elizabeth Craven, Maria Ardinghelli, Anna Maria Lenngren y otras ayudaron a difundir ideas clave en Europa. Su trabajo fue fundamental, aunque raramente reconocido.

También hubo mujeres que trabajaron junto a maridos, hermanos o padres sin figurar nunca en los créditos como las ya citadas Caroline Herschel o Maria Winkelmann. Eran ayudantes invisibles, sí, pero no inexistentes.

Además, muchas desarrollaron saberes prácticos que hoy consideramos científicos. Las comadronas, por ejemplo, fueron durante siglos las responsables de la atención médica de las mujeres. Y figuras como Florence Nightingale transformaron la enfermería en una profesión científica y moderna.

La historia de las mujeres en la ciencia no es solo la de las que triunfaron, sino también la de todas aquellas que quedaron fuera. Es la historia de las Judith Shakespeare reales. Pero también es la historia de cómo, incluso sin permiso, muchas pensaron, observaron, tradujeron, enseñaron y descubrieron. Y de cómo, poco a poco, dejaron de estar en la sombra.


Este artículo resultó ganador del VI Concurs de Divulgació Científica de la Universitat de les Illes Balears en la categoría Dona i Ciència.


The Conversation

Iria Bello Viruega no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sin permiso y sin nombre: las mujeres que también hicieron ciencia – https://theconversation.com/sin-permiso-y-sin-nombre-las-mujeres-que-tambien-hicieron-ciencia-269948

Crisis de la vivienda en España: ¿funciona premiar fiscalmente a quien alquila barato?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Albert Navarro García, Profesor titular de Derecho Financiero y Tributario, Universitat de Girona

Óscar González Fuentes / Shutterstock

La tensión en el mercado del alquiler ha aumentado de forma constante en los últimos años. Los precios suben, la oferta de vivienda es escasa y la competencia entre inquilinos es cada vez mayor. Ante esta situación, las Administraciones públicas han buscado nuevas fórmulas para ampliar la oferta de vivienda asequible sin depender exclusivamente de la construcción de nuevo parque público, un proceso lento y que exige grandes inversiones.




Leer más:
La gestión del suelo público y la crisis de la vivienda en España


Por este motivo, los incentivos fiscales dirigidos a propietarios privados han vuelto a ocupar un lugar central en la política de vivienda. La pregunta es evidente: ¿estos incentivos cambian realmente la conducta de los arrendadores en un mercado donde las alternativas, como el alquiler turístico o la venta, resultan más rentables y aparentemente más seguras?

La fiscalidad como herramienta de política de vivienda

La política de vivienda en España está repartida entre diferentes niveles de gobierno. Las comunidades autónomas tienen la competencia exclusiva en esta materia, pero los instrumentos fiscales más relevantes, como el IBI y el IRPF, dependen de los ayuntamientos y del Estado. Esta combinación ha generado un mapa fiscal muy diverso según el territorio.

En este contexto, las Administraciones han recurrido a tres grandes tipos de instrumentos:

  1. Las bonificaciones en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) destinadas a las viviendas que se incorporan a programas públicos de alquiler asequible.

  2. Las reducciones reforzadas del IRPF aplicables a los arrendadores que cumplen determinados requisitos.

  3. Los programas autonómicos que combinan ayudas directas con distintos incentivos fiscales para fomentar el alquiler a precios moderados.

La finalidad común es clara: animar a los pequeños propietarios a ofrecer viviendas en alquiler estable, con precios moderados y contratos de larga duración, evitando el desplazamiento de viviendas hacia usos más lucrativos, pero menos accesibles.




Leer más:
En la cuestión de la vivienda asequible participan pequeños y grandes propietarios, públicos y privados


El IBI: útil, pero insuficiente en solitario

El IBI es uno de los impuestos municipales más relevantes. Su regulación permite que los ayuntamientos bonifiquen hasta un 95 % la cuota cuando la vivienda se incorpora a programas públicos de alquiler asequible. Esta posibilidad, prevista en el artículo 74.6 del texto refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales, se ha utilizado con resultados desiguales.

Barcelona es el ejemplo más sólido. Allí, la bonificación del 95 % se acompaña con programas de mediación pública y garantías frente a impagos. Esta combinación ha permitido captar muchas viviendas privadas para alquiler social, generando una vía de acceso estable y con continuidad.

Sin embargo, otros municipios han logrado un impacto mucho más limitado. Málaga es un caso ilustrativo: su bonificación, además de limitarse al 50 %, se aplica exclusivamente a edificios completos de nueva construcción, destinados íntegramente al alquiler con renta limitada. Esto deja fuera a la gran mayoría del parque de viviendas ya existente y, por tanto, reduce el alcance del incentivo. La medida, por sí sola, no puede movilizar vivienda usada que podría incorporarse al alquiler asequible.

Además, los propietarios suelen valorar otros factores que no dependen del IBI: seguridad en el cobro, mediación profesional, seguros frente a impagos o daños, rapidez en los trámites y apoyo administrativo. Si estos elementos no existen, la simple bonificación resulta insuficiente para compensar el riesgo percibido.

El impacto en las finanzas municipales también es relevante. En las grandes ciudades, el coste fiscal se puede asumir mejor. En municipios medianos o pequeños, la pérdida de ingresos complica la aplicación de estas bonificaciones y exige un análisis riguroso de su sostenibilidad presupuestaria.

Reducciones en IRPF: un mecanismo potente pero poco operativo

La Ley 12/2023, de 24 de mayo, por el derecho a la vivienda creó un sistema reforzado de reducciones en el IRPF para el alquiler de vivienda habitual. El incentivo más destacado es una reducción del 90 % del rendimiento neto para nuevos contratos firmados en zonas tensionadas, siempre que exista además una rebaja del precio respecto al contrato anterior.

Sobre el papel, se trata de uno de los incentivos fiscales más ambiciosos diseñados hasta ahora para influir en el mercado del alquiler. Pero, en la práctica, su aplicación real es baja. La razón principal es simple: la reducción del 90 % solo puede aplicarse si la comunidad autónoma declara zonas tensionadas. Sin esa declaración, no puede aplicarse en absoluto. Y la mayoría de las comunidades no lo ha hecho. Entre ellas: Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía y Galicia, que han rechazado la declaración por motivos ideológicos, técnicos, o porque consideran que este modelo no encaja en sus políticas de vivienda.

En la práctica, esto ha dejado desactivado el incentivo en una gran parte de España.

A ello se suma la complejidad técnica de la norma. Para acceder a las reducciones reforzadas se exige acreditar la rebaja del contrato previo, cumplir requisitos formales y asumir posibles comprobaciones fiscales.




Leer más:
El precio razonable del alquiler de vivienda en España depende de la voluntad de los gobiernos autonómicos


Comunidades autónomas: cuándo los incentivos funcionan (y cuándo no)

La experiencia demuestra que los incentivos fiscales solo funcionan cuando se integran en políticas de vivienda coherentes, coordinadas y con recursos suficientes.

El País Vasco es el ejemplo más sólido. Allí se combinan deducciones fiscales relevantes, garantías públicas de cobro y programas profesionalizados como Bizigune o ASAP. Esta estructura ha permitido captar miles de viviendas privadas y reducir notablemente el riesgo para los arrendadores.

En Cataluña, especialmente en municipios como Barcelona, las bonificaciones del IBI se coordinan con mediación pública, seguros frente a impagos y trámites simples. Esta integración explica los resultados positivos en la captación de vivienda.

En cambio, el caso de Andalucía muestra las limitaciones producidas por la falta de coordinación. La Consejería de Fomento reconoce que solo un 8 % de los municipios que tienen vivienda pública de la Junta aplican la bonificación del IBI. Este nivel tan bajo de aplicación revela un desajuste entre administraciones y dificulta que incluso la vivienda pública pueda beneficiarse de los incentivos disponibles.

La fiscalidad acompaña pero no sustituye las políticas de vivienda

Los incentivos fiscales pueden contribuir a aumentar la oferta de alquiler asequible, pero solo cuando funcionan dentro de una estrategia global. La evidencia muestra que la fiscalidad no transforma el mercado por sí sola. Para que sea eficaz, necesita apoyarse en una gestión pública profesionalizada, y ofrecer seguridad jurídica y garantías reales a los propietarios.

Sin coordinación institucional, programas estables e inversión pública, los incentivos se convierten en medidas aisladas con poco impacto. La fiscalidad puede orientar comportamientos y apoyar la política de vivienda, pero no puede reemplazarla. Es un complemento necesario, no una solución suficiente.

The Conversation

Albert Navarro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Crisis de la vivienda en España: ¿funciona premiar fiscalmente a quien alquila barato? – https://theconversation.com/crisis-de-la-vivienda-en-espana-funciona-premiar-fiscalmente-a-quien-alquila-barato-271330

El colonialismo visual: cómo la fotografía moldeó la mirada sobre los pueblos indígenas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Puig-Samper Mulero, Profesor de Investigación ad honorem en el Instituto de Historia del CSIC, Departamento de Historia de la Ciencia., Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Indígenas de Seris Sonora (México) retratados por Alfredo Laurent en 1865. Archivo de la Soc. anthropologique de Paris, déposées au Muséum national d’Histoire naturelle. 155_07_0097

Desde su aparición en el siglo XIX, la fotografía se convirtió en una herramienta poderosa para documentar el mundo. Pero más allá de su función técnica, también fue un instrumento de poder. En pleno auge del colonialismo europeo, las imágenes capturadas por fotógrafos –profesionales y aficionados– ayudaron a construir una visión del “otro” que reforzaba estereotipos, jerarquías raciales y narrativas de dominación.

Durante la expansión colonial, las cámaras en manos de fotógrafos profesionales, soldados, misioneros, funcionarios y colonos registraron escenas de territorios y poblaciones sometidas. Estas imágenes no solo ilustraban relatos de viajes o informes oficiales, sino que también alimentaban la curiosidad y el control simbólico desde las metrópolis. La fotografía parecía ofrecer una “verdad objetiva”, pero en realidad reflejaba los prejuicios y aspiraciones del mundo occidental.

El “otro” en el espacio y en el tiempo

En el siglo XIX, Occidente construyó dos figuras del “otro”: el salvaje espacial, vinculado a tierras lejanas, y el humano prehistórico, asociado a un pasado remoto. Estas representaciones se difundieron en revistas ilustradas, novelas, exposiciones universales y museos, consolidando una visión racista que justificaba la exclusión social de los pueblos no occidentales.

Niños puertorriqueños en traje de domingo, de Strohmeyer & Wyman. 1900
Niños puertorriqueños en traje de domingo, de Strohmeyer & Wyman. 1900.
Archivo General de Puerto Rico ADQ.87-04-92

En América Latina, esta mirada colonial tuvo continuidad incluso después de la independencia. En países como México, Argentina, Chile, Perú o Brasil, la fotografía se usó para representar a indígenas y afrodescendientes en el marco de los proyectos de construcción nacional. La antropología, que crecía como disciplina científica, se apoyó en la imagen para clasificar y estudiar la “diferencia cultural”. Así, muchos países latinoamericanos se convirtieron en laboratorios visuales donde se buscaba definir tipos raciales y culturales, a menudo desde una perspectiva eurocéntrica.

Incluso fotógrafos locales adoptaron esta mirada colonial hacia sus propias comunidades indígenas, como ocurrió en Estados Unidos, Australia, Argentina o Chile. La colonialidad no solo se expresaba en quién tomaba las fotos, sino también en cómo se miraba y representaba al otro.

Francia: ciencia, fotografía y jerarquías raciales

Paul Broca por Pierre Petit.
Biblioteca Nacional de Francia Gallica

En Francia, desde mediados del siglo XIX, se consolidaron dos grandes escuelas antropológicas que usaron la fotografía como herramienta científica. La primera, liderada por Paul Broca, fundó la Sociedad de Antropología de París en 1859 y promovió una visión biologicista de la humanidad. La antropometría –medición del cuerpo humano– y la craneometría –medición del cráneo– eran centrales para establecer jerarquías raciales. La fotografía ayudaba a documentar estos estudios, mostrando rostros de frente y perfil, como si fueran fichas científicas.

La segunda escuela, encabezada por Jean Louis Armand de Quatrefages, también se interesó por los artefactos culturales y las costumbres de las civilizaciones “primitivas”. En 1878 se fundó el Museo de Etnografía de Trocadero, antecedente del actual Museo del Hombre, dedicado exclusivamente a la diversidad cultural.

Ambas corrientes compartían la idea de que las razas humanas podían ordenarse en una jerarquía natural. A veces se manifestaron voces muy radicales en significar la desigualdad racial, alineadas con la escuela antropológica poligenista norteamericana que encabezaban Samuel Morton, George Glidden y Josiah Nott.

Colonos de Guinea con mujeres y niña.
Colonos de Guinea con mujeres y niña.
Archivo General de la Administración, Alcalá de Henares, 33-00797-00030-034-r

En otras ocasiones, voces diferentes defendían la posible igualdad de las distintas razas, o al menos su capacidad para progresar al considerar que las influencias ambientales, más que la herencia, eran las responsables de la diferencias raciales. Así sucedió con los hombres de la Sociedad de Etnografía Oriental y Americana. En este contexto, la fotografía antropológica se convirtió en una disciplina auxiliar para “probar” la existencia de tipos raciales distintos y estables.

Roland Bonaparte y los “zoos humanos”

Uno de los personajes más activos en la fotografía antropológica fue el príncipe Roland Bonaparte, sobrino nieto de Napoleón. Bonaparte reunió una vasta colección de imágenes, muchas tomadas por él mismo o por fotógrafos contratados. En 1882, por ejemplo, Pierre Petit fotografió a los kaliña en el Jardín de Aclimatación de París, y al año siguiente se sumaron retratos de indígenas de la Araucanía chilena, Ceilán y Siberia.

El Jardín de Aclimatación se convirtió en un escenario de exhibiciones humanas, siguiendo el modelo del empresario alemán Carl Hagenbeck, que había mostrado a un grupo de lapones en Hamburgo en 1874. En París, se presentaron africanos, inuits, fueguinos (kawésqar), cingaleses, mapuches, calmucos siberianos y nativos americanos, entre otros. Estas exhibiciones mezclaban espectáculo y ciencia, y eran documentadas con rigor fotográfico por Bonaparte y sus colaboradores.

Las imágenes se publicaban en revistas como La Nature o L’Illustration, y mostraban a los indígenas en poses estandarizadas, con adornos y armas, reforzando su exotismo. En 1885, Bonaparte fotografió a un grupo de aborígenes australianos que habían sido parte de un “zoo humano” organizado por R. A. Cunningham. De los nueve que iniciaron la gira, solo cuatro llegaron vivos a París, donde fueron alojados en el Jardín de Aclimatación y actuaron en el Folies-Bergère.

Roland Bonaparte, Australianos en Folies Berger. 1885.
Roland Bonaparte, Australianos en Folies Berger. 1885.
Archivo de la Soc. anthropologique de Paris, déposées au Muséum national d’Histoire naturelle 155_08_0096

Estas prácticas, aunque hoy nos resultan inaceptables, fueron parte de una lógica colonial que usaba la imagen para clasificar, exhibir y controlar. La fotografía no solo capturaba rostros: construía discursos, jerarquías y fronteras entre “nosotros” y “ellos”.

La fotografía fue mucho más que una técnica de registro: fue una herramienta de poder que ayudó a consolidar el imaginario colonial. Desde los estudios antropológicos en París hasta los retratos de indígenas en América Latina, las imágenes contribuyeron a definir al “otro” como objeto de estudio, espectáculo o subordinación. Hoy, revisar este legado visual nos permite entender cómo se construyeron las desigualdades.


Este artículo surge de la colaboración con la Fundación Ignacio Larramendi, institución centrada en desarrollar proyectos relacionados con el pensamiento, la ciencia y la cultura en Iberoamérica con el objetivo de ponerlos a disposición de todo el público.

Más información aquí.


The Conversation

Miguel Ángel Puig-Samper Mulero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El colonialismo visual: cómo la fotografía moldeó la mirada sobre los pueblos indígenas – https://theconversation.com/el-colonialismo-visual-como-la-fotografia-moldeo-la-mirada-sobre-los-pueblos-indigenas-269530

¿Se puede tener a la vez déficit de atención y trastorno obsesivo compulsivo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Denis Moskvinov/Shutterstock

Cuando hablamos del trastorno del déficit de atención e hiperactividad y del trastorno obsesivo compulsivo solemos imaginar dos mundos separados: uno asociado a la impulsividad y las dificultades para mantener la atención; el otro, a la necesidad de control, la rigidez y la repetición.

Pero la realidad clínica y educativa es bastante más compleja. Un estudio reciente ha encontrado que ambos trastornos se presentan juntos con más frecuencia de la que imaginamos, y cuando lo hacen transforman la manera en que los síntomas se expresan. Condicionan la respuesta terapéutica y qué tipo de acompañamiento resulta más adecuado, tanto en la escuela como en la vida diaria.

Las personas que en la edad adulta tienen el doble diagnóstico han solido presentar un inicio más precoz. Han sido niños o adolescentes con síntomas más marcados, problemas de conducta o incluso tics, afectándoles de manera más intensa en su vida diaria.

Déficits compartidos en funciones ejecutivas

Podemos atender y acompañar mejor a los niños y niñas en los que se presentan ambos trastornos si comprendemos el origen neurobiológico de las conductas que desarrollan: los déficits compartidos en TDAH y TOC en la inhibición, flexibilidad cognitiva, planificación o atención sostenida.




Leer más:
Anatomía de una mente absorta: ‘flow’, hiperfoco y neurodiversidad


Los circuitos frontoestriatales del cerebro están en la base de estas funciones.
Recientes estudios muestran que tanto en TDAH como en TOC aparecen alteraciones en ellos, aunque en sentido contrario:

  • En el TDAH suele observarse hipoconectividad, que se traduce en impulsividad, dificultad para sostener la atención o iniciar tareas, así como una fuerte implicación de los procesos de recompensa. Es decir, en el TDAH, los circuitos cerebrales que responden a estímulos inmediatos o gratificantes están más activos o son más determinantes en la conducta. Se produce entonces una mayor sensibilidad a las recompensas inmediatas, lo que hace que resulte más fácil centrarse en actividades estimulantes y más difícil iniciar o mantener tareas que no ofrecen un beneficio rápido.

  • En el TOC predomina la hiperconectividad, que se asocia a la sobreinhibición, el perfeccionismo y la rigidez cognitiva. Esto implica una inhibición exagerada de la respuesta, que no tiene que ver con ser introvertido, sino con un exceso de control que favorece el perfeccionismo y los patrones de repetición propios del TOC. Estos patrones de hipercontrol, junto a la tendencia a frenar en exceso la propia conducta y el pensamiento, son los que dificultan el poder detener una acción o idea una vez iniciada.

Un cerebro que acelera y bloquea

La presencia simultánea de circuitos hiperactivados, característicos del TOC, y otros hipoactivados, propios del TDAH, explica por qué algunos niños y adolescentes pueden oscilar entre impulsividad y sobrecontrol. Parecen hipervigilantes con los demás y, al mismo tiempo, incapaces de regularse.

Ambos trastornos comparten parte de su vulnerabilidad genética, y existen genes o variantes que aumentan el riesgo de ambos. Pero estos mecanismos de riesgo no buscan “explicar” a la persona desde un déficit. Se trata de entender para ajustar expectativas y sostener mejor a quienes viven con un cerebro que acelera y bloquea a la vez.




Leer más:
Por qué la inclusión de los estudiantes con trastornos del neurodesarrollo no está funcionando


Lo que nos dice la investigación es que cuando TDAH y TOC coexisten no es por casualidad. Hay piezas que se cruzan: déficits en funciones ejecutivas, circuitos frontoestriatales implicados en el control cognitivo e incluso ciertos factores genéticos compartidos. Pero también hay piezas que funcionan de forma muy distinta.

Este doble movimiento, convergente y divergente a la vez, nos recuerda que, más que pensar en diagnósticos separados, necesitamos comprender cómo se organizan estos mecanismos en cada caso, porque es ahí donde se juega el acompañamiento clínico y educativo.

¿Qué observamos en casa y en el aula?

Cuando el TDAH y el TOC conviven, la clínica se mezcla, dando lugar a patrones que desconciertan tanto a las familias como al profesorado.

En el aula, podemos encontrarnos con alumnos que parecen impulsivos, pero que, al mismo tiempo, necesitan verificar constantemente todo para sentirse seguros. O con aquellos que quieren empezar una tarea, pero quedan atrapados revisando mentalmente si lo ha entendido “bien”, mientras la inquietud propia del TDAH les impide sostener la atención para avanzar.

A ojos de los demás, esta combinación puede verse así:

  • Tiempos de trabajo muy irregulares: momentos de rapidez e impulsividad seguidos de bloqueos provocados por dudas o rituales internos.

  • Cambios bruscos entre movimiento y rigidez: pasar de no parar quieto a quedarse fijado en un detalle mínimo.

  • Dificultad para iniciar tareas (por miedo a equivocarse o por falta de foco) y dificultad para terminarlas (por revisiones excesivas).

  • Errores que parecen despistes. A menudo vienen de pensamientos intrusivos, de la necesidad de sentir control o de las dificultades en sostener la atención.

  • Frustración elevada. Vivir entre la desorganización del TDAH y la autoexigencia rígida del TOC es especialmente agotador.

¿Qué ocurre en la adolescencia?

En la adolescencia, se intensifican las demandas: emocionalmente, por la propia etapa; académicamente, por el aumento de la carga escolar y social. Las obsesiones pueden volverse más intrusivas y la impulsividad más disruptiva, generando una tensión entre control y autonomía.

Este tira y afloja frecuentemente se refleja en dificultades para planificar o completar tareas largas, gestionar el estrés académico y encontrar un sentido de identidad: muchos adolescentes se preguntan por qué lo que les parece fácil a otros, a ellos les cuesta tanto.

Desde fuera, puede parecer que “hay dos versiones del mismo alumno”. Y, en parte, es cierto: el sistema ejecutivo tira en direcciones distintas —una hacia la impulsividad y la rapidez; otra hacia el control y la repetición— y la persona queda en medio intentando regular ambas fuerzas, muchas veces sin tener aún las herramientas para hacerlo.

¿Qué puede ayudar en el día a día?

Para quien acompaña (sea familia o escuela), es importante entender que no se trata de “confundir diagnósticos”, sino de reconocer su posible combinación. No basta con tratar solo el TDAH o solo el TOC, sino que puede ser necesario pensar en estrategias que respondan a su interacción. Algunas claves para esta cotidianidad son:

  • Entender qué fuerzas se mueven por dentro. Un mismo niño puede ser muy impulsivo y muy rígido. No es una contradicción: es una forma de buscar calma. Si lo entendemos, dejamos de pensar “lo hace a propósito” o “no quiere”. Conviene entonces recordar que no es elección, observar sin juzgar y pensar qué necesita regular.

  • Dar estructura sin agobiar. La estructura ha de aportar seguridad. Pero no debe ser inflexible, para no aumentar la ansiedad. Puede ser útil llevar a cabo rutinas visibles, fragmentar las tareas en pasos cortos y establecer límites claros desde la calma.

  • Evitar que el tiempo se les caiga encima. El TDAH desordena y el TOC bloquea, así que las ayudas externas deben contribuir al equilibrio. Las herramientas que nos pueden servir son: temporizadores visuales, establecer pausas programadas, anticipar los cambios de actividad o entornos, y acompañar verbalmente cuándo parar.

  • Reducir la presión por buscar la perfección. Tenemos que recordar que por dentro estos niños y niñas viven una lucha: quiero que quede perfecto, pero no puedo sostenerlo. Y eso les desgasta enormemente y puede afectar su autoestima. Les ayuda que valoremos especialmente el proceso más que el resultado y los pequeños éxitos o avances. También recordarnos en voz alta que no es necesaria la perfección y evitar comparaciones.

  • Validar lo que sienten y recuperar el control. Muchos de los bloqueos parecen desobediencia pero son miedo o saturación. Si conseguimos nombrarlo, diciendo por ejemplo “veo que esto te cuesta, vamos a hacerlo por partes”, la tensión suele bajar.
    También es importante dar las instrucciones de una en una, y evitar preguntas abiertas, ofreciendo por ejemplo alternativas. Si en vez de preguntar “qué quieres hacer”, les proponemos si hacer X o Y, pueden recuperar un control seguro y ganar en autonomía.

  • Trabajar desde el vínculo. Para favorecer la regulación es importante que haya un vínculo con los adultos de referencia. De este modo favorecemos el aprendizaje. La clave se encuentra en no entrar en confrontación.

Acompañar a un niño con TDAH y TOC no va de corregir, sino de comprender. Adoptar una perspectiva más humana, más pedagógica y más compartida entre casa, escuela y salud ayuda a entender el comportamiento para encontrar las estrategias que optimicen el acompañamiento.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Se puede tener a la vez déficit de atención y trastorno obsesivo compulsivo? – https://theconversation.com/se-puede-tener-a-la-vez-deficit-de-atencion-y-trastorno-obsesivo-compulsivo-269951

¿Aprender Matemáticas en Historia? Así se conectan asignaturas, conocimientos y experiencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Alejandro Garrido, Estudiante de Doctorado, Universidad de Huelva

Sala de profesores del centro en el que se hizo la investigación. Paula Alejandra Garrido.

La mente no es un vaso para llenar, sino una lampara para encender, decía Plutarco. Sin embargo, en muchos países –incluido España– el modelo escolar convencional sigue centrado en llenar vasos: transmitir contenidos, seguir el libro de texto, completar fichas y evaluar con exámenes escritos. Este enfoque prioriza memorizar y volcar después esos contenidos en un papel, aunque se olvidarán con facilidad y no es siempre cómo nuestro cerebro aprende.

En una sociedad marcada por el cambio constante, esta forma de enseñar corre el riesgo de no ser útil. Por ejemplo, fragmentar el aprendizaje por áreas o asignaturas no siempre ayuda a prepararse para un mundo que nos exigirá adaptarnos a nuevas realidades, comprender la interconexión de todo y realizar un buen uso de la tecnología si no se enseñan prácticas conscientes y responsables.

Cada vez que se revisan los currículos académicos, se modifican asignaturas, contenidos, metodologías… pero ¿y si lo que necesitamos no es añadir más, sino conectar mejor? Esta es la idea que está detrás del enfoque de “currículum integrado”.

Del fragmento a la conexión

El currículum integrado no es una moda metodológica, sino una manera distinta de concebir la enseñanza. Su finalidad es superar la fragmentación del conocimiento, conectando saberes y experiencias.

Frente al enfoque disciplinar, es decir, a la división del conocimiento en diferentes áreas y asignaturas, propone trabajar problemáticas cercanas a partir de los intereses, necesidades o preguntas reales del alumnado.




Leer más:
Más allá de la especialización: las ventajas de la colaboración entre saberes en la universidad


Por ejemplo, no es lo mismo trabajar el cuidado y conservación del entorno de manera aislada, que aprovechar el comentario de un alumno acerca de ello para elaborar un proyecto.

Esto se puede conseguir a través de distintas metodologías:

  • Las WebQuest, que consisten en el empleo de recursos digitales con los que el alumnado explora y analiza información online mediante tareas diseñadas a priori por el docente. De esta manera, se prima el desarrollo de competencias digitales, habilidades de pensamiento crítico y de búsqueda de información, en un entorno controlado y seguro.

  • El “pensamiento de diseño” (design thinking) combina colaboración, creatividad y producciones tangibles buscando, de forma innovadora, abordar y solucionar problemas, delegando al docente la tarea de guía y promotor de ideas.

  • En el aprendizaje basado en proyectos se desarrollan productos que integran las diferentes áreas de conocimiento con la finalidad de potenciar tanto habilidades duras como blandas. Esta estrategia prima la colaboración y parte del contexto real teniendo en cuenta los intereses del alumnado.

Redes neuronales, experiencias y contextos

La neurociencia explica que las redes neuronales constituyen sistemas dinámicos formados por muchas unidades simples interconectadas, que aprenden a través de la contextualización y asociación de experiencias. En definitiva, se trata de un modelo que “aprende” ajustando sus conexiones internas de acuerdo a los estímulos que recibe.

El pedagogo y psicólogo estadounidense Jonh Dewey ya advertía que los aprendizajes desligados de la experiencia cotidiana acaban volviéndose inservibles a largo plazo. El conocimiento cobra sentido cuando se convierte en experiencia viva recurriendo a saberes y contenidos muy diversos.




Leer más:
¿Se aprende mejor participando en clase?


Esto no elimina el valor del trabajo disciplinar. Contenidos como la resolución formal de operaciones matemáticas o ciertos aspectos de gramática pueden abordarse de una forma más directa dentro del proyecto: calcular distancias, escribir textos vinculados a la temática o mejorar la caligrafía para elaborar un producto final. En estos casos, trabajar ciertos componentes de forma aislada facilita la comprensión de los mismos.

Estudio de un caso: una escuela que conecta

Para analizar qué ocurre al llevar estas ideas a la práctica, realizamos un estudio de caso en un centro público rural de carácter compensatorio, puesto que atiende a una población con desventajas socioeducativas significativas. En este centro, situado en la provincia de Huelva, se ha puesto en marcha un currículo basado en el aprendizaje basado en proyectos. A través de entrevistas, observaciones y documentos, recogimos las voces de docentes y estudiantes.

En el caso del curso que hemos documentado, el proyecto central que vertebraba todo el aprendizaje de ese año era La huella del tiempo, dedicado a Albert Einstein. Los demás proyectos –que se trabajan a lo largo del curso y se conectan entre sí– se organizan en cinco ejes estables: “Vivir en sociedad” (entorno y patrimonio), “El mundo en el que vivimos” (del pueblo al universo), “Actividad científica y tecnológica”, “Seres vivos” y “Ser humano y salud”.




Leer más:
Cómo sorprender en clase para fomentar el aprendizaje


Un ejemplo de esta conexión fue la canción sobre la fotosíntesis: se compuso en Música, se escribió en Lengua y se explicó en Conocimiento del Medio dentro del proyecto de “Seres vivos”, propio del tercer trimestre. Aunque no pertenece directamente al proyecto de Einstein, forma parte de esta lógica globalizadora en la que todos los proyectos se conectan y el aprendizaje fluye entre áreas y momentos del año.

Cada curso, los trabajos y creaciones del alumnado se recogen en un libro que se imprime y cada estudiante recibe un ejemplar. En el aparecen textos, fotografías, experimentos, dibujos y relatos elaborados durante los proyectos. Las familias colaboran aportando materiales, participando en actividades y contribuyendo a algunas de las creaciones. El libro se convierte así en un símbolo de unión y aprendizaje compartido entre escuela, comunidad y entorno.

Dar sentido al aprendizaje: mejorar la motivación

Una docente explicaba la importancia de este tipo de enfoques educativos en un contexto con alumnado con muy baja motivación: “No es igual que uno explique cosas aleatorias a que le demos un sentido coherente. Trabajando de esta forma, ese granito de motivación se puede transformar en algo muy grande”. Cuando los proyectos parten de la realidad cercana, los niños se implican de otra manera y los aprendizajes se vuelven significativos y duraderos.

En este curso, Einstein se volvió cercano gracias a experimentos sencillos sobre luz y energía, la recreación de su infancia y la conexión con fenómenos cotidianos. El alumnado descubría que este genio también había sido un niño curioso y con dificultades.

Ilusionar a los propios docentes

Otra profesora confesó: “Nosotras nos nutrimos de la ilusión de los niños, pero también de la nuestra propia.”. El enfoque integrado permitió a muchos redescubrieron como profesionales creativos, capaces de diseñar experiencias más vivas y menos burocráticas.

Esta ilusión se podría ver reflejada en gestos cotidianos: docentes que buscan ideas nuevas desde casa, maestras que diseñan canciones o materiales propios, equipos que se quedan por la tarde decorando pasillos para sorprender al alumnado y la energía colectiva que envuelven preparativos como la jornada de puertas abiertas.

‘Me gusta mi escuela’: la cohesión de la comunidad

El currículum integrado, en esta escuela, favorece la coordinación entre docentes, genera un clima de colaboración con las familias y refuerza la identidad del centro como comunidad educativa. Todo ello lo podemos comprobar a través de las entrevistas y la observación: las familias participan decorando espacios, asistiendo a actividades, colaborando en talleres y acompañando la lectura en casa. Los docentes destacan que esta metodología ha mejorado la comunicación con las familias y ha fortalecido el sentido de pertenencia al centro.

Las resistencias, sin embargo, existen: apego al libro de texto, miedo a perder nivel académico o dudas de algunas familias. El centro las aborda mediante el diálogo, evidencias y transparencia. Mostrar el trabajo, compartir los productos finales y observar la evolución de los estudiantes ayudan a transformar estas ideas.

Más que leyes, prácticas vivas

Desde la LOGSE (1990) hasta la LOMLOE, las leyes educativas españolas han introducido términos como globalización, interdisciplinariedad o competencias clave. La UNESCO exige currículos “más relevantes y contextualizados”, y la OCDE pide un enfoque flexible y centrado en el alumnado.

Pero, en la práctica, los marcos legales se convierten en obstáculos si no se acompañan de recursos y confianza. Las leyes deberían traducirse en tiempo, formación práctica, estabilidad de los claustros y confianza institucional para que los centros innoven sin miedo. Sin estos apoyos, los discursos sobre competencias y globalización se quedan en papel.

Un currículum integrado no es una receta mágica, pero sí una brújula. Nos recuerda que aprender tiene que ver con conectar: conectar unos conocimientos con otros, conectar al profesorado y al alumnado, conectar saberes y emociones, escuela y vida.

Volviendo a Plutarco, quizá el reto de la escuela del siglo XXI sea precisamente este: encender lámparas en lugar de llenar vasos. La experiencia analizada demuestra que, cuando se apuesta por integrar y no fragmentar, en las aulas prende la curiosidad y la creatividad y florece el sentido de comunidad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Aprender Matemáticas en Historia? Así se conectan asignaturas, conocimientos y experiencias – https://theconversation.com/aprender-matematicas-en-historia-asi-se-conectan-asignaturas-conocimientos-y-experiencias-267804

El lado oscuro de la Navidad: ¿por qué en estas fechas se amplifican las tensiones?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dolores Fernández Pérez, Profesora Ayudante Doctora. Departamento de Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

Krakenimages.com/Shutterstock

Cada diciembre vuelve a nuestras pantallas el Grinch, ese personaje verde, gruñón y atrincherado en su montaña. Observa desde lejos cómo el resto del mundo se deja llevar por luces, villancicos y entusiasmo colectivo. Nos recuerda que la Navidad no despierta las mismas emociones en todas las personas. Y que, bajo la superficie de una época idealizada que se nos muestra como luminosa, también aparecen tensiones, incomodidades y comportamientos poco amables.

Aunque pueda sorprender, existe investigación que ha intentado capturar el “espíritu navideño”. Un estudio de neuroimagen identificó un patrón de activación cerebral específico cuando personas que celebran estas fiestas veían imágenes navideñas, frente a quienes no tienen esa tradición. Esas reacciones estaban ligadas a emociones agradables y a la sensación de formar parte de algo. Esto sugiere que la Navidad puede generar estados emocionales diferentes.

Narcisismo y maquiavelismo para cenar

La investigación sobre la Tríada Oscura (psicopatía subclínica, narcisismo y maquiavelismo) señala que estos rasgos no describen necesariamente a personas violentas, sino a quienes procesan la empatía y las relaciones sociales de manera distinta.

La psicopatía subclínica se vincula con menor empatía y con lo que se ha denominado “prosocial apathy” –desinterés por ayudar cuando el esfuerzo no compensa–; el narcisismo, con la búsqueda de estatus; y el maquiavelismo, con el uso instrumental de los demás.

La Navidad puede amplificar estas diferencias. Mientras muchas personas viven las fiestas navideñas como un impulso a la generosidad, otras las perciben como un guion social que siguen más por obligación que por convicción. Eso no implica que estas personas se comporten mal. Quienes presentan los rasgos citados pueden cooperar cuando la situación ofrece beneficios en términos de imagen, reciprocidad futura o acceso a recursos.

Regalar para recibir reconocimiento social

Diciembre se ha convertido en un escenario público con cenas de empresa, reuniones familiares, donaciones e intercambios de regalos. Aquí los rasgos narcisistas pueden ser especialmente evidentes. El modelo de admiración y rivalidad distingue dos formas de narcisismo: una más expansiva, carismática y orientada a buscar reconocimiento (admiración) y otra más defensiva, competitiva y hostil (rivalidad). En un contexto como la Navidad, la admiración puede favorecer gestos generosos cuando hay reconocimiento social, mientras que la rivalidad puede derivar en frialdad, distancia o conflictos en las reuniones familiares.

En algunos casos, las tensiones navideñas no surgen del ambiente, sino de pequeñas maniobras destinadas a recuperar protagonismo: dramatizar conflictos, llegar tarde a propósito, provocar discusiones o usar el silencio como forma de castigo.

No siempre se busca cariño; a veces se busca impacto. Esta idea encaja con trabajos que relacionan algunas formas de narcisismo con la necesidad de reafirmar la propia relevancia cuando la atención se dirige hacia otros.

Los regalos son otro de los elementos más reveladores para entender el lado psicológico de la Navidad. No todos expresan lo mismo, ni nacen con la misma intención. Un estudio sobre narcisismo y regalos en parejas románticas mostró que las personas con más rasgos narcisistas tienden a dar presentes que sirven tanto para fortalecer la relación como para señalar estatus o poder. Investigaciones posteriores han observado que la admiración se relaciona con una mayor tendencia a hacer regalos (especialmente cuando estos permiten reforzar una imagen positiva de la persona). La rivalidad, en cambio, se asocia con menor disposición a regalar y con menos interés genuino para hacerlo.

La caridad mal entendida

Algo similar ocurre con las donaciones solidarias. Una investigación reciente sobre la Tétrada Oscura (que añade el sadismo a la triada clásica) mostró que las personas con puntuaciones más altas en ese conjunto de rasgos tienden a priorizar el propio interés y a valorar más el reconocimiento público que la ayuda en sí, también en el ámbito caritativo.

Además, la Navidad puede intensificar las dinámicas familiares. En algunos hogares, se amplifican los patrones en formas complejas de relacionarse, como la necesidad de atención, la susceptibilidad a sentirse excluido o la búsqueda de control sobre los demás. En estos contextos, algunas personas reaccionan mal a la alegría ajena, convierten los planes en motivo de conflicto o transforman momentos de celebración (como la apertura de regalos) en pequeños espectáculos de tensión.

Por tanto, la Navidad es, en el fondo, un amplificador emocional. No nos vuelve mejores ni peores sino más visibles. Quien es cálido se intensifica y quien es estratégico también. Quien se siente vulnerable puede vivir estas fechas con distancia; quien busca reconocimiento lo encuentra en los rituales sociales. Aceptar esta diversidad emocional no solo hace más fácil convivir con nuestros “Grinchs”: también nos recuerda que la bondad (la de verdad) no se fuerza ni se programa.

The Conversation

Dolores Fernández Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El lado oscuro de la Navidad: ¿por qué en estas fechas se amplifican las tensiones? – https://theconversation.com/el-lado-oscuro-de-la-navidad-por-que-en-estas-fechas-se-amplifican-las-tensiones-270537

“Pequeñas” cosas que debemos a Albert Einstein

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Torcal Milla, Profesor Titular. Departamento de Física Aplicada. Centro: EINA. Instituto: I3A, Universidad de Zaragoza

Albert Einstein (Photograph by , Princeton, N.J.)
Oren Jack Turner / Wikimedia Commons.

Si preguntásemos a pie de calle por el nombre de un científico, las respuestas se repartirían mayoritariamente entre Albert Einstein, Marie Curie, Isaac Newton, Stephen Hawking y científicos locales, como Santiago Ramón y Cajal, o aparecidos en el cine, como Robert Oppenheimer.

Según algunas encuestas, los cuatro primeros se quedarían con aproximadamente entre el 60 % y el 90 % de las respuestas y Albert Einstein saldría ganador, por goleada.

Retrato de Marie Skłodowska-Curie (1867 – 1934).
Wikimedia Commons.

Ahora bien, si preguntásemos a continuación por qué conocen a Einstein, la inmensa mayoría de los encuestados responderían ¡la teoría de la relatividad!, aunque no supieran de que trata tal teoría… Estaremos de acuerdo en que Einstein contribuyó al progreso de la ciencia con este logro, aunque también lo hizo en otros ámbitos, menos conocidos y de gran importancia en nuestro día a día.

Cuatro artículos pioneros

En 1905, antes de dar a conocer su teoría más reconocida, Albert Einstein publicó cuatro artículos merecedores, cada uno de ellos, del premio Nobel:

Efecto fotoeléctrico: emisión de electrones (en rojo) de una placa metálica al recibir suficiente energía transferida desde los fotones incidentes (líneas onduladas).
Wikimedia Commons., CC BY
  • Sobre el movimiento de pequeñas partículas suspendidas en un líquido estacionario, según lo requiere la teoría cinética molecular del calor, en el que proporcionó evidencia empírica de la realidad del átomo y dio crédito a la mecánica estadística, una rama de la física relegada por aquel entonces.

  • Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento, avanzadilla de su gran teoría, en el que Einstein concilió las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo y las leyes de la mecánica clásica: propuso la velocidad de la luz como la máxima velocidad alcanzable, sólo accesible para los fotones.

  • ¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido de energía?, en el que Einstein dedujo la ecuación más famosa de todos los tiempos o, al menos, la más reproducida en camisetas y tazas de desayuno. La equivalencia entre la masa de un cuerpo en reposo y la energía en que puede convertirse: E=mc².

Parecen resultados importantes y lo son. ¿Pero de qué nos sirve todo esto a la gente de a pie?

Sincronización de relojes

Cada vez que alguien abre Google Maps o el navegador del coche, el buen funcionamiento del GPS depende directamente de la teoría de la relatividad de Einstein.

Los satélites que forman el sistema GPS se mueven muy deprisa y se encuentran lejos de la superficie terrestre, donde la influencia gravitatoria de la Tierra es menor. Einstein descubrió que el tiempo no avanza al mismo ritmo en cualquier circunstancia: la gravedad y la velocidad del objeto lo modifican. Los relojes de los satélites, por tanto, tienden a adelantarse o retrasarse respecto a los que hay en la superficie de la Tierra.

Telstar, el primer satélite de comunicaciones lanzado al espacio, en 1962.
NASA.

El sistema GPS corrige este efecto aplicando las ecuaciones de la relatividad especial y general. Si no lo hiciera, el posicionamiento tendría errores de varios kilómetros al cabo de un solo día.
Del mismo modo, la infraestructura de internet y de las telecomunicaciones modernas depende de una sincronización extremadamente precisa entre relojes distribuidos por todo el planeta, muchos de ellos también en satélites.

Si no se corrigieran dichos relojes acorde con la relatividad general, las redes eléctricas, los pagos electrónicos, la navegación aérea y el propio internet sufrirían fallos importantes.

Cada conexión, cada videollamada y cada transacción bancaria se beneficia, sin que lo notemos, del modo en que Einstein cambió nuestra comprensión del tiempo y de la gravedad.




Leer más:
La actriz a la que debemos el GPS


Paneles solares: cuestión de fotones

Los paneles solares modernos funcionan gracias al efecto fotoeléctrico, que fue explicado por Einstein en 1905 –fue este mérito lo que se premió con el Nobel en 1921–.

Planteó que la luz está formada por paquetes de energía llamados fotones y que, cuando un fotón con suficiente energía golpea ciertos materiales, puede arrancar un electrón de su superficie. Esa expulsión de electrones es lo que genera corriente eléctrica en una célula solar.

Todo panel fotovoltaico doméstico, toda farola solar y cada pequeño cargador solar portátil se basan exactamente en el proceso que este científico describió: luz que libera electrones y electrones que generan electricidad.




Leer más:
La perovskita, nuestra gran aliada en la lucha contra el cambio climático


Videollamadas y pantallas digitales

La fotografía digital, las cámaras de los móviles, las webcams y prácticamente cualquier sistema moderno de captura de imágenes funcionan también gracias al mismo efecto. En los sensores CCD y CMOS, que sustituyen a la película fotográfica clásica, cada punto de la imagen es una minúscula celda que libera electrones cuando recibe luz.

Esa liberación es medida electrónicamente y convertida en una imagen digital. El principio físico detrás de cada foto, vídeo o videollamada cotidiana es exactamente el que Einstein describió en 1905.

Láseres grandes y pequeños

Los láseres, que hoy en día aparecen en muy diversas aplicaciones, funcionan siguiendo un mecanismo que predijo Einstein: la emisión estimulada. En un artículo de 1917, aventuró que un átomo podía ser “forzado” a emitir luz idéntica a la que recibía, creando un haz de luz extremadamente puro, concentrado y ópticamente coherente.

Décadas después, esta predicción se convirtió en el principio de funcionamiento del láser. Hoy en día, encontramos láseres en lectores de códigos de barras en el supermercado, en ratones ópticos, en impresoras láser, en reproductores de CD, en fibra óptica para internet y en algunos procedimientos médicos.

Láseres de estado sólido emitiendo en distintos colores. (Wikipedia)
CC BY-SA

Medicina nuclear

La energía nuclear y varias técnicas médicas modernas dependen de la ecuación E=mc². Esa relación establece que una pequeña cantidad de masa encierra una enorme cantidad de energía.

La comprensión de este vínculo permitió explicar el funcionamiento de los núcleos atómicos y abrió el camino a los reactores nucleares, pero también a usos médicos esenciales, como la radioterapia o las exploraciones PET (tomografía por emisión de positrones), que permiten diagnosticar enfermedades detectando pequeñas cantidades de radiación procedente de desintegraciones atómicas.

Aunque no sea algo que una persona use directamente cada día, sí afecta profundamente a la salud pública y al tratamiento de millones de pacientes alrededor del globo.

En definitiva, cada vez que alguien recibe un radiodiagnóstico o un tratamiento basado en física nuclear, consulta un trayecto en su GPS o carga su teléfono móvil con un panel solar, está aprovechando de algún modo una de las ideas de Albert Einstein.

The Conversation

Francisco José Torcal Milla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. “Pequeñas” cosas que debemos a Albert Einstein – https://theconversation.com/pequenas-cosas-que-debemos-a-albert-einstein-270468

Libros ‘para niñas’ y libros ‘para niños’: ¿tiene sentido esta división?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ángeles Terol Cazorla, Doctoranda en Psicología de la Educación, Universidad Autónoma de Madrid

Hryshchyshen Serhii/Shutterstock

La Navidad está a la vuelta de la esquina y muchos abrimos el navegador en busca del regalo ideal. Basta teclear “juguetes para niños” y “juguetes para niñas” para que el algoritmo haga su magia: coches, construcciones y juguetes de acción para ellos y cocinitas, muñecas y juguetes de fantasía para ellas.

Esta escena también se repite en las campañas publicitarias navideñas: las niñas protagonizan anuncios de muñecas y los niños aparecen en anuncios de vehículos y construcción.

Pero ¿quién dice, y por qué, que un muñeco o una cocinita de juguete solo pueden interesar a una niña, o que un coche o una construcción a un niño? ¿Y qué pasa con los libros infantiles? Desde muy temprano, los adultos podemos, sin desearlo, transmitir mensajes estereotipados sobre lo que supuestamente “corresponde” a cada sexo. Pero también podemos esforzarnos por evitarlo.

Estereotipos en la escuela

Al llegar al colegio, los estereotipos se expresan de otras maneras. Pequeñas diferencias en cómo el profesorado orienta o anima a su alumnado pueden hacer que los niños se alejen de la lectura o la escritura, y las niñas pierdan interés por las matemáticas y la tecnología. A menudo, se refuerzan expectativas distintas: mientras a ellos se les anima a imaginarse como científicos, a ellas se les suele elogiar por su habilidad para escribir.

Estas señales, a veces imperceptibles, influyen en lo que los propios escolares creen que “debe gustarles” y en lo que piensan sobre sus propias capacidades.

Leer es “cosa de chicas”

Socialmente, y en los ámbitos educativos, existe la percepción, apoyada por los datos, de que las niñas son mejores en Lengua, Literatura, y en materias relacionadas con la capacidad de comunicación y la comprensión lectora; de ahí que, en algunos ámbitos, se puede llegar a instalar la idea de que “leer es cosa de chicas”.

Pero ¿son peores los niños en la asignatura de Lengua? ¿O estas diferencias se van consolidando desde la infancia dentro de un sistema educativo que, a veces sin proponérselo, refuerza expectativas distintas? Lo cierto es que estas brechas acaban reflejándose en los hábitos y en los resultados académicos: los niños terminan leyendo menos y obteniendo peores resultados. En el promedio de la OCDE-18, hay países en los que las niñas superan hasta 10 puntos a los niños en comprensión lectora.




Leer más:
¿Estamos consiguiendo educar en igualdad?


Y cuanto menos leen, más se convencen de que no les gusta o de que no se les da bien. Las niñas, en cambio, suelen mantener un interés alto por la lectura incluso sin un apoyo especial. Es una buena noticia, pero también refuerza la idea de que leer es “de chicas”, lo que termina limitando a unos y encasillando a otras.

¿Existen los “libros para niños”?

Para fomentar la lectura en los niños, es habitual ofrecerles cómics, manuales de videojuegos o libros de no ficción. La intención es positiva, pero detrás hay una idea discutible: que los niños no elegirían por sí solos la fantasía o la poesía, porque es lo que “leen las niñas”.

La poesía es un ejemplo claro. A menudo se asocia con la ternura o el amor, emociones que la masculinidad tradicional suele evitar. Por eso, cuando se trabaja poesía con niños, muchas veces se enfoca desde la fuerza, los héroes o el valor. Sin querer, se mantienen los mismos estereotipos que intentamos romper: ¿por qué no habría de interesar a un niño una historia de amor, o emociones como la ternura?

Cuando un niño rompe la norma

Cuando un niño elige lo que sus compañeros y la sociedad en general consideran un “libro para niñas”, pueden llegar a hacerse comentarios de burla o incluso insultos con tono homófobo.

Este control no viene de la autoridad adulta, sino de sus propios compañeros. Es lo que algunas investigaciones llaman vigilancia de la masculinidad, una especie de policía informal que cuida que nadie se aleje del guión de cómo “debe ser un hombre”. Curiosamente, esta presión social suele ser más intensa con los niños que con las niñas.




Leer más:
¿Existen las camisetas para niños y las camisetas para niñas? Lamentablemente, sí


Ahora bien, no todos los niños lo viven igual. Los considerados “populares” suelen tener más margen. Si el grupo ya los percibe como muy masculinos, pueden saltarse algunas normas sin que nadie cuestione su identidad. Parece una masculinidad más abierta, pero es una versión “reempaquetada” en la que solo los más valorados pueden permitirse desafiar las reglas.

Los niños también quieren ser princesas

Los libros pueden reforzar estereotipos… o desmontarlos. Todo depende de cómo se usen. La literatura crea espacios donde los niños pueden imaginar, preguntarse cosas y explorar quiénes quieren ser.

Un ejemplo es el libro My Princess Boy, que cuenta la historia de un niño a quien le encantan los vestidos brillantes y las coronas. Muchos adultos pensarían que este libro no interesa a los niños, pero una investigadora lo utilizó en una lectura guiada con resultados muy distintos.

Durante la sesión, los niños escucharon, miraron las ilustraciones y comenzaron a hacer preguntas. Hablaron de ropa, de gustos y de lo que significa “ser niño” o “ser niña”. Algunos, que al principio se reían o incomodaban, terminaron diciendo que cualquiera puede vestirse como más le guste.

Lo valioso no fue solo el mensaje final, sino el camino recorrido. El libro abrió un espacio seguro para pensar sin miedo, para poner palabras a emociones calladas y para cuestionar ideas que parecían intocables.

Actividades similares, como juegos de roles guiados, muestran algo parecido. En un clima seguro, muchos niños se atreven a expresarse como realmente quieren, sin miedo a las burlas. No solo amplían su forma de jugar; también desarrollan valores relacionados con la igualdad y los derechos LGTBIQ+ desde la infancia.

Regalar algo más que un juguete

Los estereotipos no desaparecen solos. Se transmiten a través de juguetes, libros y pequeños gestos del día a día. Pero también pueden transformarse con decisiones conscientes.

Las fiestas navideñas son una buena oportunidad para hacerlo. Los regalos no son solo entretenimiento: también dicen algo sobre lo que esperamos de quienes los reciben. Por eso, elegir un libro o un juguete sin etiquetas es una forma de decirles que sus gustos importan y que no tienen que encajar en moldes rígidos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Libros ‘para niñas’ y libros ‘para niños’: ¿tiene sentido esta división? – https://theconversation.com/libros-para-ninas-y-libros-para-ninos-tiene-sentido-esta-division-271026

Las empresas tecnológicas maduran y endurecen los sistemas de evaluación de sus empleados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Domingo Verano-Tacoronte, Profesor de Dirección de Recursos Humanos. Área de Organización de Empresas. Facultad de Economía, Empresa y Turismo, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

DC Studio/Shutterstock

En 2025, Google ha vuelto a reformar el sistema de evaluación del desempeño de sus trabajadores. La compañía, que durante años fue símbolo de una cultura abierta y participativa, ha optado por un modelo más selectivo, más ligado a la retribución variable y más exigente con el rendimiento.

Tras esta decisión hay algo más que un ajuste interno: se trata del reflejo de un cambio estructural en el modo en que las grandes empresas tecnológicas –de Microsoft a Apple, pasando por OpenAI o Meta– están repensando cómo gestionan su talento en un entorno de competencia feroz por la inteligencia artificial y la eficiencia operativa.

De la cultura del crecimiento a la cultura del impacto

Desde su creación, Google cultivó una identidad corporativa basada en la innovación descentralizada, los proyectos experimentales y un ambiente casi académico. Sin embargo, el contexto ha cambiado. Ahora, el auge de la inteligencia artificial generativa, la presión de los inversores por resultados más tangibles y la saturación de algunos mercados digitales han forzado a la empresa a revisar su modelo.

El nuevo sistema –denominado Googler Reviews and Development (GRAD)– simplifica la frecuencia de las evaluaciones (ahora anuales) y amplía la proporción de empleados que pueden alcanzar las categorías de mayor rendimiento, pero refuerza la relación entre desempeño y compensación, sobre todo en la asignación de bonus y paquetes de acciones. En otras palabras, se trata de concentrar más recompensa en menos personas, sin aumentar el gasto total.

El cambio no es trivial: marca el paso de una cultura de crecimiento inclusiva (“todos aportan algo”) a una cultura de impacto (“no todos aportan lo mismo”). En la práctica, Google está enviando a su plantilla un mensaje de competitividad interna: quienes destaquen recibirán más, quienes se mantengan en el promedio verán menos crecimiento salarial o variable.

Un entorno que empuja a competir

Varias razones explican esta deriva. La primera es el entorno competitivo del talento. Las empresas tecnológicas se disputan a profesionales de su área escasos y cotizados: ingenieros, científicos de datos y expertos en IA. En ese contexto, la diferenciación salarial es un arma de retención.

La segunda es la presión por resultados y eficiencia. Después de años de expansión, muchas tecnológicas viven un proceso de contención: menos contrataciones, reestructuración de equipos y más exigencia de productividad por empleado. De ahí la necesidad de vincular de forma más estricta el desempeño con la recompensa.

También influye la madurez organizativa. En una empresa con decenas de miles de empleados la informalidad deja de ser funcional. Para sostener la innovación y controlar costes, necesita procesos de evaluación estandarizados, jerarquizados y calibrados. El ideal de “equipo creativo libre” da paso a una meritocracia más estructurada y, a menudo, más dura.

Por último, hay un factor simbólico y financiero. Google, como parte de Alphabet, cotiza en bolsa y debe demostrar a los inversores que combina ambición tecnológica con disciplina operativa. La adopción de sistemas más exigentes de gestión del rendimiento proyecta hacia el mercado una imagen de control y responsabilidad.

Un patrón que se repite

Google no es la única. Microsoft, Meta y Apple siguen trayectorias parecidas, aunque con matices. Microsoft mantiene la retórica del desarrollo continuo y el aprendizaje, pero también ha endurecido las consecuencias del bajo rendimiento: quien no mejora su calificación entra en “zona de riesgo”. Meta, por su parte, ha sido aún más tajante, utilizando las evaluaciones como mecanismo de selección negativa tras sus despidos masivos de 2023 y 2024. En conjunto, el sector parece converger hacia un modelo de gestión del rendimiento de alto apalancamiento: menos personas, más exigencia y una distribución más desigual de los incentivos.

Las promesas del nuevo modelo

Desde una óptica de dirección de recursos humanos, los argumentos a favor son claros:

  1. Mejora la alineación entre desempeño y recompensa: quienes más contribuyen reciben más, reforzando la justicia distributiva basada en el mérito.

  2. Puede elevar la motivación de los empleados de alto rendimiento y atraer talento externo que busca entornos meritocráticos con recompensas diferenciales.

  3. Permite controlar el presupuesto de compensación, ya que la masa salarial total no aumenta, solo se redistribuye internamente.

Además, al simplificar el proceso de evaluación y fomentar conversaciones continuas de retroalimentación, Google intenta recuperar la esencia formativa de la evaluación: que esta no sea solo una nota, sino una oportunidad de aprendizaje y desarrollo profesional.

Los riesgos de una meritocracia más dura

Sin embargo, los inconvenientes son considerables. El más evidente es el riesgo de injusticia percibida. Cuando la mayoría ve reducida su recompensa relativa puede crecer la sensación de inequidad y desmotivación, especialmente entre quienes desempeñan funciones menos visibles o de soporte, pues la percepción de trato justo influye más en el compromiso que la cantidad de la recompensa.

Otro riesgo es el aumento del estrés y la ansiedad laboral. En entornos hipercompetitivos, los empleados pueden sentir una presión constante por “destacar”, lo que a medio plazo se traduce en fatiga, rotación o desgaste emocional.

También existe el problema de la subjetividad: en cualquier sistema de evaluación dependiente del juicio de los mandos, la falta de calibración puede generar arbitrariedad. Sin una sólida formación de los evaluadores y una estructura de revisión interdepartamental, el sistema puede perder legitimidad.

Por último, también hay un riesgo estratégico: el cortoplacismo. Si la recompensa se concentra en logros inmediatos se puede penalizar el trabajo colaborativo, la innovación exploratoria o las tareas de mantenimiento que sostienen el largo plazo.

Un síntoma del cambio de era

El caso de Google es, en el fondo, un síntoma de un cambio de era en las tecnológicas. Durante años, estas compañías simbolizaron la utopía de la creatividad sin límites. Hoy, en un contexto de presión financiera y de competencia global por la inteligencia artificial, se enfrentan al reto de equilibrar innovación y disciplina, libertad y responsabilidad, creatividad y control.

La meritocracia no desaparece: simplemente se hace más selectiva. Y el reto para la gestión de recursos humanos será asegurar que, en esa búsqueda de excelencia, no se erosione la cultura que hizo grandes a estas empresas: la confianza en las personas y la apuesta por su desarrollo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Las empresas tecnológicas maduran y endurecen los sistemas de evaluación de sus empleados – https://theconversation.com/las-empresas-tecnologicas-maduran-y-endurecen-los-sistemas-de-evaluacion-de-sus-empleados-269758

¿Cómo leemos a Jane Austen hoy en día?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Jesús Lorenzo Modia, Catedrática de Filología Inglesa, Universidade da Coruña

C. Peiro/Shutterstock

El 16 de diciembre de 2025 se celebra el 250 aniversario del nacimiento de la escritora británica Jane Austen, una mujer que, paradójicamente, no fue tan ampliamente conocida en su época y publicó sus novelas de forma anónima.

De hecho, la primera de ellas, Sentido y sensibilidad (1811), se presentó escrita “por una dama”. La siguiente, Orgullo y prejuicio, salió firmada “por la autora de Sentido y sensibilidad”. Sin embargo, Austen alcanzó cierta popularidad entre las élites culturales en su tiempo y se corrió pronto la voz de quién estaba detrás de sus libros. Como ejemplo de ello, podemos citar la dedicatoria de “la autora” de la novela Emma (1815) al príncipe regente y futuro Jorge IV, quien le había expresado su admiración.

Sin embargo, su obra languideció en el olvido desde su fallecimiento en 1817 hasta la publicación de un volumen conmemorativo de la novelista por parte de su sobrino James Austen-Leigh, en 1869. Entre entonces y los años 40 del siglo XX progresó el reconocimiento de su obra por parte de la crítica y de un público lector culto. No obstante, no fue hasta la segunda mitad de ese siglo cuando sus novelas llegaron al gran público, mayoritariamente a través de películas y series. Hoy en día Jane Austen es más que una escritora: es una marca.

Un libro hecho con flores que indica el aniversario de Jane Austen.
Una exhibición floral en Bath, Inglaterra, recuerda el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen.
PJ Photography/Shutterstock

¿De dónde viene Jane Austen?

Para conocer el mundo de esta escritora, hemos de tener en cuenta, en primer lugar, sus orígenes familiares y sociales.

Austen pertenecía a la gentry británica, un grupo social rural que normalmente recibía rentas de sus propiedades y no tenía necesidad de ganarse el sustento a diario. Sin embargo, este no era el caso de la familia de la escritora. Su padre era un clérigo anglicano que no poseía propiedades y que completaba sus escasos emolumentos educando alumnos internos en la casa rectoral que le cedía la parroquia.

Cuando falleció su progenitor, sus hermanos tenían carreras profesionales y vidas independientes, pero ella, su madre y su hermana Cassandra carecían de hogar y rentas suficientes. Como consecuencia, tuvieron que abandonar la casa parroquial y deambular por varias residencias temporales.

Finalmente, su hermano Edward, que había sido adoptado por un pariente rico que poseía grandes mansiones en el sur de Inglaterra, le ofreció al grupo familiar una pequeña casita rural perteneciente a Chawton House (Alton, Hampshire). Esta casa hoy está abierta al público como museo, el Jane Austen’s House Museum.

Además, conviene recordar que en aquel momento histórico las mujeres de su grupo social debían atenerse a un código de conducta personal y público bastante restrictivo. Aunque muchas escritoras trabajaban y publicaban, escribir profesionalmente no estaba incluido en ese código –especialmente si se trataba de textos de ficción– y era mal visto. Por lo tanto, nadie en su entorno debía conocer que ella era novelista, aunque según fueron saliendo sus novelas, se convirtió, como dijimos, en un secreto a voces.

Imagen de una casa de ladrillo marrón que alberga ahora la casa-museo de Jane Austen.
Chawton, uno de los hogares de Jane Austen.
Henry Lawford/Shutterstock, CC BY

Todos estos datos arrojan luz sobre las dificultades que la escritora tuvo para escribir y publicar. Un dato simbólico es que, en el epitafio de su tumba en la nave de la catedral de Winchester redactado por su hermano Henry, nada indicaba que se trataba de la lápida de una escritora. Ya en 1870, su sobrino instaló otra placa en la que se indicaba la identidad literaria de quien allí estaba enterrada, y en 1900 se incorporaron por suscripción popular unas vidrieras conmemorativas. Ahora, en 2025, se acaba de erigir una estatua en honor de la autora en los jardines de la catedral.

Ayer y hoy

La escritora vivió entre los años 1775 y 1817. En términos históricos y literarios significa que estamos ante el período conocido, en el Reino Unido, como la Regencia –entre 1795 y 1837, aunque la regencia oficial que le da nombre solo abarcase de 1811 a 1820–. También fue el tiempo del desarrollo del imperio colonial, la Revolución industrial, la Revolución francesa y, en términos literarios, del romanticismo inglés.

El público de la época valoraba su crítica a una sociedad que no permitía cambios, aunque seguía considerándola una escritora conservadora y tradicional. Al mismo tiempo que los lectores criticaban anacronismos ridículos, valoraban la existencia de una sociedad que no optaría por los cambios radicales igualitarios propuestos por la Revolución francesa. Por ello, en el siglo XX se la leyó como una autora clásica. También se elogió su fina ironía y su crítica social, así como su capacidad para presentar las emociones humanas con el decoro necesario, enfatizando a menudo los modales de una sociedad ya caduca.

Pero… ¿cómo interpretamos sus textos hoy en día?

Una compilación de cuatro de las novelas de Austen.
Una compilación de cuatro de las novelas de Austen.
Joel Rice/Shutterstock

Pues ya en el último cuarto del siglo pasado emergió una visión más moderna de la escritora. Mientras sus coetáneos valoraban la libertad de las mujeres, siempre y cuando defendiesen el statu quo de las diferentes clases sociales, se empezó a plantear que sus novelas también podían ser feministas, ya que defendían un cambio sustancial en la situación económica y social de las damas.

Austen criticaba con aguda ironía la estricta sociedad patriarcal y clasista de su tiempo y abogaba por la libertad de elección de las mujeres en materia amorosa, pero incidía en que ellas estaban muy limitadas si carecían de una renta que les permitiese vivir.

Razón y corazón

Estamos pues, como hoy en día, ante la decisión de la prevalencia de la razón o del corazón en muchas de sus heroínas. Ella defiende que el pragmatismo y la libertad para enamorarse deben ir de la mano, no el romanticismo a ultranza poco realista.

En suma, su obra cuenta con tal complejidad y está sujeta a tantas interpretaciones que, al tiempo que se aprecia su escepticismo con los valores tradicionales de su tiempo, es interpretada como la escritora romántica por excelencia.

Desde finales del siglo XX, la producción de películas y series ha contribuido a la difusión de sus novelas y ha favorecido una consideración más romantizada de sus textos. Se idealizan las imágenes de la vida en la Inglaterra del siglo XVIII, con sus característicos bailes, campiñas, fiestas y ropajes, sin considerar globalmente las dificultades de muchos de los personajes y la crítica social que plantea la propia Austen.

Quizá ahora preferimos entregarnos al romance de sus novelas, pero no deberíamos olvidar la crítica cultural y social que planteaban.

The Conversation


María Jesús Lorenzo Modia es catedrática de Filología inglesa en la Universidade da Coruña y directora de la sede de Galicia de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. También es miembro de los proyectos de investigación “Posthuman Intersections in Irish and Galician Literatures” del MINECO y “Mujeres (Re-)presentando geografías múltiples en culturas anglófonas (1800-2000)” de la Generalitat valenciana.

ref. ¿Cómo leemos a Jane Austen hoy en día? – https://theconversation.com/como-leemos-a-jane-austen-hoy-en-dia-262458