¿Es la adicción a las drogas una enfermedad crónica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Fernández-Artamendi, Doctor en Psicología. Profesor Titular. Grupo de Investigación Psychology of Addictions and Mental Health (PSYAMH). Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico. Universidad de Sevilla, Universidad de Sevilla

“Un estado de completo bienestar físico, mental y social; y no la mera ausencia de enfermedades”: esta es la definición que la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace de “salud”, a falta de una definición consensuada de “enfermedad”.

Más allá de la OMS, el Diccionario de la Real Academia nos dice que esta última es “un estado producido por la alteración de la función de uno de sus órganos o de todo el organismo”. Para el National Cancer Institute estadounidense, se trata de una “alteración que afecta la estructura o el funcionamiento de una parte o la totalidad del cuerpo”. Y en la misma línea, la Real Academia Nacional de Medicina la describe como “alteración estructural o funcional del organismo que origina la pérdida de la salud”.

Como se puede observar, un punto en común de estas definiciones es considerar la enfermedad como alteración de un órgano o del organismo. Aquí podríamos ubicar fácilmente la diabetes o el alzhéimer, por ejemplo, pero ¿qué ocurre con los problemas de salud mental?

La base orgánica de los problemas mentales

Desde inicios del siglo XX, parte de la psiquiatría considera que dichos problemas son entidades de base orgánica o fisiológica. Esta tendencia surge como consecuencia de una euforia tras diversos éxitos farmacológicos en la curación de dolencias con síntomas de salud mental, como la sífilis.

Así, nos enfrentaríamos a patologías provocadas por la alteración del órgano responsable de la psique: el cerebro. Para poder “revertir” dichas enfermedades, debe revertirse la alteración orgánica que la causa. Y si esto no es posible, la enfermedad se considera crónica.

¿Enfermedad o problema psicosocial?

Según este modelo, la adicción es una enfermedad que se produce por la alteración del cerebro, causada por una sustancia psicoactiva (droga). La hipótesis principal es que el consumo de esas sustancias altera el sistema de recompensa cerebral, deteriorando su funcionamiento y provocando la adicción.

Como consecuencia, el cerebro de la persona adicta estaría enfermo y, al no poder revertirse su causa original (orgánica), permanecerá enfermo para siempre. Incluso aunque sus síntomas principales remitan (si se logra la abstinencia), el cerebro seguirá estando enfermo. Las recaídas serían una prueba de ello.

Este modelo reduccionista equipara la adicción y otros problemas psicológicos a dolencias como la diabetes, con causa orgánica conocida, y cuyos síntomas pueden “remitir” sin desaparecer la enfermedad. Esto equivale a focalizar exclusivamente en el cerebro el problema de la adicción.

No obstante, si bien el cerebro es clave en la vulnerabilidad a la adicción y en los efectos de la droga, se obvian factores como el aprendizaje, las expectativas, los pensamientos, el comportamiento o el contexto social y cultural. Porque, lejos de ser una enfermedad, la adicción es un problema biopsicosocial en cuya génesis participan factores biológicos, psicológicos y sociales.

¿Qué hay de la cronicidad?

Los problemas psicológicos, como la adicción, son formas de sufrimiento y responden a patrones de comportamiento aprendidos, con una función determinada y en un contexto específico.

La adicción se mantiene porque tiene para la persona una función, como la obtención de placer o la evitación. A menudo, el propio deterioro psicológico y social producto de la conducta adictiva refuerza la necesidad de dicha conducta.

Por tanto, si entendemos por “crónico” un problema de larga duración o incurable, los problemas de adicción no son crónicos per se. Como tampoco lo son la depresión, la ansiedad o la psicosis.

Así, con un tratamiento y seguimiento adecuados, las personas con problemas adictivos pueden dejar de consumir y, en algunos casos, recuperar patrones de consumo no problemáticos con el tiempo.

¿Por qué entonces hay recaídas?

Las recaídas suponen la vuelta al consumo o al consumo problemático tras un periodo de abstinencia o recuperación. Son parte del proceso y, desde la psicología, sabemos que los procesos de aprendizaje hacen probable la vuelta a patrones de conducta problemáticos, tanto de uso de sustancias como de malestar psicológico.

La persona que ha experimentado una adicción será más vulnerable a volver a experimentar un problema similar, ya sea con esta o con otra sustancia. En algunos casos, esto puede llevar incluso a una “cronificación” del problema.

Sin embargo, las recaídas son comunes también a otros problemas psicológicos. Quienes se recuperan de una depresión, por ejemplo, tienen mayor probabilidad de volver a experimentarla en el futuro. Esto no implica que sea crónica, ni tampoco que alguien esté “deprimido” para siempre, incluso cuando ya no experimenta tristeza.

Lejos de ser una muestra de organicidad –es decir, como un síntoma inevitable– o cronicidad, las recaídas son producto de una vulnerabilidad biopsicosocial. Además de los componentes biológicos, existe una vulnerabilidad a patrones de comportamiento y situaciones de riesgo. Son estos patrones, junto con los contextos internos (como los pensamientos o emociones) y externos (como situaciones sociales o lugares concretos) los que provocan las recaídas.

La recuperación

Por todo ello, para la recuperación en adicciones puede ser necesaria la asistencia psicológica y sanitaria. El tratamiento consiste en ofrecer espacios de rehabilitación integrales que no solo busquen la “remisión de los síntomas”, sino que logren la recuperación y el bienestar de la persona, para alcanzar ese estado de “salud” que definíamos al principio.

En este contexto, la concepción de la adicción como enfermedad crónica supone una visión reduccionista de la salud mental que estigmatiza a la persona, le despoja de su autonomía y se olvida del rol central que juegan el contexto y los pensamientos y emociones que disparan este comportamiento.

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Sergio Fernández-Artamendi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es la adicción a las drogas una enfermedad crónica? – https://theconversation.com/es-la-adiccion-a-las-drogas-una-enfermedad-cronica-282876

Más allá del miedo: lo que revelan los estudios sobre las emociones que alimentan la islamofobia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By William González Baquero, Investigador predoctoral. Sociología y Comunicación, Universidad de Salamanca

Cuando se habla de islamofobia, casi siempre se invoca el miedo. Miedo a los musulmanes, a sus costumbres o a una supuesta amenaza asociada a su religión. Pero esa explicación se queda corta. Cada vez hay más evidencia de que el rechazo hacia las comunidades musulmanas no se alimenta solo del temor, sino también de emociones más intensas y persistentes, como la ira, el desprecio y el odio.

La diferencia no es menor. El miedo aparta; el odio expulsa y levanta una frontera moral. Ya no dice solamente “no te conozco”, sino algo más grave: “sé lo que eres y no deberías estar aquí”. Ahí empieza la deshumanización: en el momento en que una persona deja de ser persona y pasa a ser vista como amenaza, mancha o estorbo. Y cuando eso ocurre, la exclusión empieza a parecer razonable y la dureza empieza a vestirse de sentido común.

Además, ese odio no nace de la nada, tiene memoria y siglos detrás. El intelectual y activista palestino-estadounidense Edward Said explicó en su libro Orientalismo cómo Occidente fabricó una imagen de “Oriente” como su contrario: irracional, atrasado, fanático o violento, según hiciera falta. No era una descripción inocente, sino una forma de inventar un otro inferior para confirmar la propia superioridad.

Esa maquinaria no ha desaparecido, solo ha cambiado de ropa. Muchas veces, la islamofobia no se dirige únicamente contra el islam como religión, sino contra todo lo que suene a “árabe”, “musulmán”, “oriental” o ajeno, como si pueblos, lenguas, historias y países distintos pudieran fundirse en una sola caricatura.

Del miedo al odio

El miedo puede hacer que alguien retroceda, mientras que el odio necesita señalar, rebajar, castigar. Por eso resulta tan peligroso: porque no se queda en una emoción pasajera, sino que organiza una forma de mirar.

Como hemos comprobado en investigaciones recientes sobre jóvenes en España, estos dos procesos no solo coexisten, sino que actúan de forma simultánea en la difusión de mensajes de odio en redes sociales.

Por un lado, está el proceso “cognitivo”: creencias que presentan a los musulmanes como una amenaza o como parte de conspiraciones, como las teorías del “gran reemplazo”. Además de explicar el rechazo, estas ideas lo justifican.

Por otro, está el proceso “emocional”: sentimientos como la ira, el rechazo o el desprecio que empujan a actuar. Mientras el miedo tiende a alejarnos, estas emociones activan respuestas más duras, como señalar, excluir o atacar. Ambos caminos funcionan a la vez. Las ideas legitiman el rechazo, las emociones lo ponen en marcha.

En otra investigación reciente observamos que estas dos vías operan de forma simultánea, pero no con la misma intensidad. Las creencias conspirativas (la idea de que los musulmanes actúan como un grupo coordinado y amenazante) son uno de los factores más influyentes a la hora de difundir mensajes islamófobos en redes sociales. Al mismo tiempo, las emociones negativas dirigidas hacia las personas musulmanas, más que hacia el islam como religión, son las que realmente impulsan la acción.

Esto importa porque las creencias no se quedan quietas dentro de la cabeza: caminan, votan y acaban influyendo en decisiones colectivas. Lo que comienza como emoción termina convertido en política. Y por eso no sorprende que, en muchos casos, las emociones más ligadas a la islamofobia no sean solo el temor, sino la ira y el rechazo. La ira aparece cuando se convence a alguien de que ha sido invadido, reemplazado o traicionado. El rechazo florece cuando el otro es presentado como un cuerpo extraño, como una presencia contaminante. El odio cose ambas cosas y les da dirección.

Gaza, Irán y la lógica de la deshumanización

Lo que ha ocurrido en torno a Gaza vuelve visible esa maquinaria. Tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y la guerra posterior, el Consejo de Europa ha alertado recientemente de un fuerte aumento de los incidentes de odio contra musulmanes en varios países europeos. Cuando una guerra se filtra a la vida civil a través de estereotipos y asociaciones colectivas, ya no se mira a las personas en su singularidad: se las mira como parte de una masa culpable.

Esto no ocurre solo en los márgenes, sino también en discursos políticos y mediáticos que amplifican estas percepciones. Ese mismo mecanismo reaparece cada vez que Irán es reducido, sin matices, a emblema de una supuesta esencia musulmana autoritaria o amenazante. Criticar a un régimen político es legítimo. Lo que no lo es, aunque ocurra con frecuencia, es usar esa crítica para reforzar la vieja fantasía de un bloque musulmán homogéneo, incompatible con la democracia y esencialmente violento.

Y esa lógica no circula solo en los márgenes de internet ni en la voz de los fanáticos de siempre. También puede hablar desde arriba. El 7 de abril de 2026, Donald Trump llegó a decir que “una civilización entera morirá esta noche” si Irán no cedía a sus exigencias.

Este tipo de discursos no solo describen conflictos, sino que contribuyen a redefinir quién merece protección y quién puede ser tratado como amenaza. Cuando desde el centro del poder se habla así, se refuerza exactamente la gramática emocional de la islamofobia: la del otro como peligro total, indistinto y prescindible.

Las consecuencias de ese clima no se quedan en la geopolítica. Bajan a la calle. Se vuelven gesto, insulto, recelo. Se notan en la mujer con hiyab que es mirada como problema, en el estudiante que debe responder por guerras que no ha librado, en la persona que aprende que su nombre o su apariencia bastan para despertar sospecha. El odio, cuando se normaliza, deja de parecer odio. Se vuelve costumbre.

Qué ocurre en España

En España, esta lógica adquiere un acento propio. La islamofobia se entrelaza con una historia larga de construcción del “moro” como figura fronteriza, sospechosa y subordinada. No siempre se expresa en grandes proclamas: a menudo se desliza en asociaciones automáticas entre islam y violencia, entre inmigración y amenaza, entre diferencia cultural e incompatibilidad democrática. El propio Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia ha reunido información reciente sobre intolerancia y discriminación hacia los musulmanes en España, señal de que no estamos ante episodios aislados.

Y a veces esa hostilidad se hace explícita, sin rodeos. A finales de marzo y comienzos de abril de 2026, durante y después del partido de fútbol amistoso entre España y Egipto en Cornellà (Barcelona), cobraron visibilidad cánticos como “musulmán el que no bote”. El ayuntamiento condenó los hechos, los Mossos d’Esquadra los investigaron y, poco después, la FIFA abrió un expediente a la Real Federación Española de Fútbol. No fue una anécdota menor ni una simple grosería de estadio. Fue una muestra de hasta qué punto ciertas formas de desprecio siguen disponibles en el lenguaje público.

Por qué importa entender las emociones

Hablar de emociones puede parecer algo blando frente a la dureza de la política. Pero ocurre al revés: las emociones están en el corazón mismo de la vida pública. Para entender y enfrentar la islamofobia no basta con repetir que hay que ser tolerantes; hay que aprender a reconocer las emociones que sostienen la exclusión. Durante demasiado tiempo se ha pensado que el miedo era el motor principal, pero lo que muestran los estudios es que el odio, la ira y la deshumanización desempeñan un papel decisivo en la legitimación del daño.

Por eso, buscar una convivencia mejor no es solo cuestión de leyes o de campañas institucionales. También exige revisar las narrativas que repetimos sin pensar, las imágenes heredadas, los prejuicios que se disfrazan de sentido común.

En ese punto adquieren una importancia especial proyectos como CeMIYA, centrado en la intolerancia mediática en audiencias jóvenes, y YIS-HATE, con el foco puesto en las percepciones y actitudes de los jóvenes ante el discurso de odio islamófobo en el ciberespacio. Ambos han sido impulsados desde la Universidad de Salamanca, a través del Observatorio de los Contenidos Audiovisuales, para analizar cómo se forman y se difunden estas actitudes en entornos digitales.

Más que un ejercicio académico, entender cómo funcionan estas emociones es una condición necesaria para proteger la convivencia.

The Conversation

William González Baquero recibe fondos para la formación de doctores contemplada en el Subprograma Estatal de Formación del Programa Estatal para Desarrollar, Atraer y Retener Talento, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023.

Carlos Arcila Calderón recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través del proyecto Countering Media Intolerance in Young Audiences (CeMIYA) y de la Fundación Pluralismo y Convivencia a través del Proyecto YIS-HATE.

Patricia Sánchez-Holgado recibe fondos destinados a la investigación de la Fundación Pluralismo y Convivencia para el desarrollo del proyecto Percepciones y Actitudes de los Jóvenes hacia el Discurso de Odio Islamófobo en el Ciberespacio: un enfoque multimétodo (YIS HATE)

ref. Más allá del miedo: lo que revelan los estudios sobre las emociones que alimentan la islamofobia – https://theconversation.com/mas-alla-del-miedo-lo-que-revelan-los-estudios-sobre-las-emociones-que-alimentan-la-islamofobia-259761

Así funciona la terapia génica española que se administra una sola vez y ha cambiado la vida de nueve niños

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Bueren Roncero, Director Departamento Unidad de Innovación Biomédica, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

Sala Blanca de la Unidad de Innovación Biomédica del CIEMAT donde se ha desarrollado la terapia génica. CIEMAT, CC BY

Estamos ante un hito histórico: el primer medicamento de terapia génica completamente diseñado a partir de investigación pública española y con aprobación acelerada de la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA).

LLamado marnetegragene autotemcel, KRESLADI, por su nombre comercial, está indicado para tratar la deficiencia grave de adhesión leucocitaria tipo I (LAD-I), una enfermedad rara que afecta desde el nacimiento a niños y niñas con un sistema inmunitario incapaz de responder adecuadamente frente a las infecciones. Rocket Pharmaceuticals asumió el desarrollo de la terapia, la fabricación, el desarrollo clínico, el área regulatoria y la comercialización.

A día de hoy, y tras una única aplicación, nueve niños participantes del primer ensayo clínico con KRESLADI han superado la enfermedad.

Para las familias, el tratamiento ha supuesto un cambio radical en sus vidas, que antes giraban en torno a la dolencia, las visitas al médico y el miedo constante a las infecciones, preparándose para lo peor. Ahora, sus hijos van a la escuela, practican deporte, pueden hacer cosas tan sencillas como llevar pendientes y, simplemente, disfrutan de ser niños.

Niños que no pueden combatir infecciones

LAD-I es una inmunodeficiencia primaria. Impide que los glóbulos blancos salgan de la sangre y migren a los tejidos para combatir infecciones. Al no luchar contra ellas, se agravan hasta el punto de poder ocasionar la muerte de los niños. Aproximadamente afecta a una de cada millón de personas, con unos 300 a 350 casos a nivel mundial. La mayor incidencia se registra en países como India, Irán, Estados Unidos y Reino Unido, y en las formas graves, la mayoría de los pacientes fallece antes de los 2 años por infecciones si no reciben un trasplante de médula ósea.

Nada más nacer, los bebés afectados se enfrentan a posibles infecciones en el cordón umbilical (onfalitis), que en los casos más severos puede llegar a resultar letales. Superados los primeros meses de vida, sufren numerosos tipos de infecciones severas en la boca (periodontales), en los oídos (otitis), infecciones del tracto respiratorio (neumonías) o infecciones y úlceras de la piel y en las mucosas. No pueden llevar una vida normal, ir a la guardería o al colegio, pues es un riesgo que estas familias no se pueden permitir.

Un medicamento de una sola dosis

Hasta que apareció KRESLADI, las opciones terapéuticas eran muy limitadas. Por el momento, está disponible en Estados Unidos para pacientes con un diagnóstico genético de LAD-I confirmado, y que no tengan un hermano compatible para ser donante de médula ósea.

La administración de la terapia consiste en la infusión intravenosa de una única dosis del medicamento. Los pacientes ingresan en el hospital en dos ocasiones durante todo el proceso. Primero lo hacen unas dos semanas para la colecta de las células madre de su médula ósea, que se usarán en el laboratorio para generar el medicamento. Tras corregir el defecto en las células madre obtenidas, los niños regresan al hospital, durante algunas semanas, para recibir la infusión de las células corregidas, y permanecer vigilados.

Como apuntábamos más arriba, nueve niños pertenecientes a siete familias han recibido esta terapia durante el ensayo clínico. Según los datos disponibles, todos están vivos y han experimentado una remisión muy significativa de los síntomas: el seguimiento confirma la curación de la enfermedad. Todos serán observados durante 15 años para confirmar la eficacia y seguridad de la terapia génica.

En qué consiste la enfermedad

Para entender la enfermedad, hay que imaginarse el sistema inmunitario como un equipo de emergencia que debe desplazarse rápidamente hasta el lugar donde aparece una infección. En las personas con LAD-I, ese equipo existe, pero no puede llegar a su destino.

Los leucocitos, células fundamentales del sistema inmunitario, necesitan salir de los vasos sanguíneos para alcanzar los tejidos infectados y combatir los microorganismos que causan la enfermedad. Para hacerlo utilizan un mecanismo que depende de varias proteínas situadas en su superficie. Entre ellas se encuentra la proteína CD18, que en las personas personas con LAD-I no funciona correctamente o incluso no se produce. Como consecuencia, los leucocitos quedan atrapados en el torrente sanguíneo y no pueden acceder a los lugares donde son necesarios para combatir las infecciones.

Del laboratorio a un medicamento

Convertir un descubrimiento científico en un medicamento es un proceso largo, complejo y con elevados requisitos de seguridad y eficacia. Son necesarios años de investigación básica, estudios preclínicos, ensayos clínicos y evaluaciones regulatorias antes de que una nueva terapia pueda llegar a los pacientes.

En el caso de KRESLADI, ese recorrido comenzó hace 17 años en España, en la Unidad de Innovación Biomédica del CIEMAT, en colaboración con el CIBER de Enfermedades Raras y el Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz. Durante años, los investigadores trabajaron en el desarrollo de una estrategia de terapia génica capaz de corregir el defecto genético responsable de la enfermedad.

El trabajo de 17 años de investigación

El trabajo de investigación que desarrollamos en CIEMAT comenzó con lo que se denomina “prueba de concepto”.

En una placa de cultivo se lleva a cabo la corrección genética de células que carecen del gen responsable de producir la proteína CD18. La demostración de que somos capaces de corregir ese defecto genético, detectar la presencia de esa proteína en las células y comprobar que es capaz de cumplir su función fue solo el primer paso.

Tras la prueba de concepto in vitro, en la placa de cultivo, lo probamos en modelos de ratones con LAD-I. Estos ratones se sometieron a un proceso similar a lo que se pretendía hacer en humanos. Extraer células madre hematopoyéticas, corregir el defecto genético en el laboratorio e infundir de nuevo esas células corregidas en los ratones enfermos para confirmar que habíamos corregido los síntomas.

Estos experimentos requieren de muchísimos años de trabajo y técnicas muy complejas para confirmar la presencia y la funcionalidad de las proteínas.

Una vez confirmada la eficacia de la terapia, los esfuerzos se centran a partir de este momento en los estudios de toxicidad y seguridad, que suponen el uso tanto de modelos animales como modelos celulares y que llevan una gran cantidad de trabajo para demostrar que la estrategia elegida será segura para el paciente.

Finalmente demostramos que este proceso utilizado a pequeña escala se puede llevar a cabo a gran escala, con muchas más células y en condiciones de buenas prácticas de fabricación.

Antes de la infusión de las células corregidas, el paciente recibe un tratamiento de acondicionamiento destinado a preparar la médula ósea para recibir las nuevas células corregidas del defecto genético. Una vez implantadas, estas células pueden generar leucocitos capaces de producir la proteína CD18 y recuperar su capacidad para desplazarse hasta los focos de infección.

El procedimiento de infusión dura solo unos minutos aunque requiere la hospitalización del paciente, generalmente alrededor de un mes hasta que se confirma que las células infundidas han “anidado” correctamente y generan leucocitos libres de la enfermedad.

Los estudios clínicos que han permitido la comercialización de este medicamento de terapia génica se desarrollaron en el Hospital del Niño Jesús, y los hospitales pediátricos de la University College de Londres y el Children Hospital de Los Ángeles.

Investigación en enfermedades raras en España

Como ocurre con muchos proyectos biomédicos, el avance fue progresivo. En 2016, la tecnología fue licenciada a la compañía estadounidense Rocket Pharmaceuticals, que asumió el desarrollo clínico internacional de la terapia y posteriormente presentó la solicitud de autorización ante la FDA, que finalmente concedió.

El desarrollo de esta terapia es también un ejemplo de la capacidad de la investigación biomédica española para generar avances con impacto internacional. La colaboración entre centros de investigación, hospitales, redes científicas y empresas biotecnológicas ha permitido que un proyecto nacido en España llegue a convertirse en un medicamento autorizado para una enfermedad rara de extrema gravedad.

El reto ahora es consolidar este modelo para que más pacientes con enfermedades raras puedan beneficiarse en el futuro de terapias avanzadas desarrolladas a partir de la investigación científica.


En la redacción de este artículo ha participado Elena Almarza Director, exinvestigadora del CIEMAT, que ahora trabaja como Senior Principal Scientist, Analytical Sciences and Cell Processing Developmentes en Rocket Pharma. Ha recibido beneficios de la empresa en forma de nómina y acciones de la empresa.


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Juan Bueren Roncero ha sido consultor de Rocket Pharma. Ha recibido honorarios, financiación para investigación y opciones de acciones de la empresa.

ref. Así funciona la terapia génica española que se administra una sola vez y ha cambiado la vida de nueve niños – https://theconversation.com/asi-funciona-la-terapia-genica-espanola-que-se-administra-una-sola-vez-y-ha-cambiado-la-vida-de-nueve-ninos-278687

La futura taza de café, hecha de maíz y conchas de cangrejo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Petronela Chovancova, Ingeniera de investigación en materiales, IMDEA MATERIALES

StreetOnCamara_Comeback/Shutterstock

La próxima vez que abra un yogur, retire la película de una bandeja de comida preparada o tire un vaso de café desechable, deténgase un momento a considerar dónde acabará ese objeto. En la mayoría de los casos, la respuesta honesta es: seguirá aquí, de una forma u otra, mucho después de que todas las personas que leen esta frase hayan desaparecido.

Durante la mayor parte de la historia de la química sintética, el objetivo fue la permanencia: crear materiales que nunca se corroieran, degradaran ni cambiaran. De ahí la “eternidad” de nuestro café para llevar. Sin embargo, los materiales avanzados biodegradables invierten completamente esa lógica, convirtiendo la capacidad de desaparecer de forma limpia en una característica diseñada en lugar de un fallo del material.

La naturaleza resolvió esto hace miles de millones de años, asegurando que cada molécula orgánica acabe siendo reciclada y devuelta al ecosistema. Con el apoyo de la ciencia automatizada para acelerar su formulación y descubrir las mezclas sostenibles perfectas, materiales humildes como el maíz, las conchas de cangrejo y la pulpa de madera van a convertirse en los materiales autodegradables más importantes del próximo siglo.

Soluciones a un problema global

Los plásticos convencionales, como el polipropileno, el PET y el poliestireno, son materiales increíblemente duraderos. Esa durabilidad es precisamente lo que los hace útiles y, al mismo tiempo, lo que los convierte en un problema global.

Producimos alrededor de 400 millones de toneladas de plástico cada año, y la mayor parte seguirá aquí dentro de siglos. Este es, posiblemente, el principal problema de los plásticos: su notable durabilidad es también la causa de impactos negativos significativos en el medio ambiente y en los organismos vivos, ya que no se recicla el 100 % de los residuos plásticos producidos.

Como resultado, se van descomponiendo gradualmente en partículas cada vez más pequeñas, dando lugar a lo que conocemos como microplásticos. Por ello, es necesario replantear el uso de los plásticos dentro de un marco plenamente integrado de economía circular.

Materiales hechos para desaparecer

Pero ¿y si pudiéramos diseñar materiales con todas las propiedades útiles de los plásticos, como la capacidad de ser moldeados, recubiertos, formados en películas o cargados con compuestos activos, pero que estén diseñados para desaparecer de forma segura cuando hayamos terminado de usarlos?

Esta es la promesa central de los materiales sostenibles y biodegradables, uno de los temas clave introducidos en el informe de revisión basado en la evidencia SAPEA Evidence Review Report on Advanced Materials.

En teoría, “biodegradable” significa que un material puede ser descompuesto por organismos vivos, principalmente bacterias y hongos, en sustancias más simples como agua, dióxido de carbono y biomasa. En la práctica, rara vez es tan simple.

Un obstáculo importante es que “biodegradable” no significa automáticamente “compostable”. Muchos bioplásticos avanzados no se descomponen en una compostera doméstica, ya que requieren el calor intenso y la humedad controlada de instalaciones industriales; mientras que otros sí se degradan bien en suelo abierto o en agua. Navegar estas diferencias convierte la gestión del final de la vida de un producto en un complejo rompecabezas químico.

El maíz y los cangrejos

Para resolver esto, los científicos están explorando una biblioteca, bastísima y en crecimiento, de polímeros de base biológica y biodegradables. Estos materiales van desde proteínas y polisacáridos de origen natural hasta biopolímeros producidos sintéticamente a partir de materias primas agrícolas renovables. La diversidad estructural y química dentro de esta biblioteca es inmensa, ofreciendo un número casi infinito de formas de diseñar nuevas propiedades de los materiales. Sin embargo, navegar este enorme espacio para encontrar las combinaciones adecuadas es una tarea monumental.

Considérense tres ejemplos comunes: el poli(ácido láctico) (PLA), fermentado a partir de azúcares vegetales como el maíz; la celulosa, obtenida de la pulpa de madera; y el quitosano, extraído de caparazones de crustáceos como los cangrejos.

Imitar la transparencia y la robustez del plástico

Cada uno de estos componentes ofrece ventajas estructurales únicas y complementarias. El PLA imita la transparencia, rigidez y resistencia de procesamiento de los envases convencionales basados en petróleo. La celulosa proporciona un refuerzo mecánico robusto y ligero, actuando como una estructura de soporte resistente. Mientras tanto, el quitosano aporta barreras antimicrobianas naturales y cargas superficiales únicas que interactúan dinámicamente con su entorno.

Aunque estas materias primas son completamente renovables y altamente ajustables por sí solas, combinarlas en compuestos funcionales y sostenibles ha requerido históricamente un agotador proceso de prueba y error manual. Debido a que estos biopolímeros pueden combinarse en miles de variaciones químicas diferentes, cada una requiriendo proporciones precisas de polímeros, plastificantes y nanorrellenos, encontrar la receta perfecta para la sostenibilidad ha sido un gran cuello de botella en la investigación.

La ciencia de polímeros tradicional depende de pruebas por lotes lentas y manuales, lo que introduce variabilidad humana, limita el volumen de datos recopilados y restringe nuestra comprensión de cómo envejecen estos materiales.

Aquí es precisamente donde la automatización de laboratorios de alto rendimiento cambia el paradigma.

Uso de robots

brazo robótico haciendo mezclas de distintos elementos de colores
Un brazo robótico distribuye pellets de polímero desde un carrusel de multimateriales.
Lucía Echevarría Pastrana/IMDEA Materiales, CC BY

En lugar de que un científico mezcle y pruebe manualmente una única receta durante días, los flujos de trabajo robotizados pueden formular, combinar y evaluar simultáneamente cientos de composiciones de materiales distintas.

Estos sistemas automatizados registran cómo estas formulaciones variables responden a la humedad, la temperatura y el estrés mecánico en tiempo real. Tal aceleración robótica permite formular, evaluar y mapear rápidamente las vías mecanicistas precisas mediante las cuales se degradan los plásticos compuestos.

Al mapear sistemáticamente estos enormes conjuntos de datos limpios, la automatización elimina la variabilidad humana y reduce la brecha entre el descubrimiento académico a escala de laboratorio y el estricto control de calidad requerido para la fabricación industrial.

Esto nos permite evitar décadas de ensayo y error y localizar rápidamente las composiciones exactas de bioplásticos optimizadas que ofrecen la máxima durabilidad durante la vida útil de un producto, pero conservando una arquitectura molecular vulnerable que desencadena una descomposición rápida y fiable cuando entran en el medio ambiente.

El vaso de café del futuro dejará de ser eterno.

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Petronela Chovancova no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La diáspora venezolana ante el terremoto: dolor, acción solidaria y empatía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nieves Fernández Rodríguez, Profesora y coordinadora de la Cátedra de Migraciones y Derechos Humanos, Universidad Nebrija

Fotografía tomada enuna calle de Caracas el pasado 26 de junio. ttanni/Shutterstock

“Espera, Nieves, hay un terremoto en Venezuela”. Gabriela, una colega venezolana, interrumpió nuestra conversación telefónica al llegar las primeras noticias. Estaba en Berlín y, como acaba de ser madre, llevaba varios días durmiendo a deshoras. Pero el cansancio desapareció de golpe.

En cuestión de minutos, los grupos de la diáspora venezolana en Colombia con los que trabajo comenzaron a llenarse de mensajes de angustia y preguntas. A miles de kilómetros de allí, en Madrid, Aleja despertó y vio los primeros titulares en el teléfono. Pensó que sería un temblor más: “Allá tiembla a cada rato”. Pero pronto comprendió la verdadera dimensión de la tragedia.

Con los ojos en el país

Como ellas, cerca de ocho millones de venezolanos observan desde fuera de su país la devastación causada por los dos terremotos de la pasada semana, de magnitudes 7,2 y 7,5, que han golpeado con especial dureza al estado de La Guaira, así como a otras zonas del norte del país y a la propia Caracas. Para muchos venezolanos como Gabriela, esta nueva tragedia en el estado La Guaira (que hasta 2019 se llamó Vargas) evoca el recuerdo del deslave de Vargas de 1999. Sus familiares, que habían sobrevivido entonces, vuelven a enfrentarse hoy a la pérdida y la reconstrucción.




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El frágil cuello de botella que une a Caracas con el mar Caribe


Amigos y conocidos contenían la respiración mientras intentaban contactar desesperadamente con sus familiares para asegurarse de que estaban a salvo. Para algunos, como Gabriela, la incertidumbre dio paso a noticias todavía más dolorosas: seres queridos fallecidos y heridos graves. Otros, como María, contemplan con impotencia cómo un país que abandonaron –en muchos casos contra su voluntad– y que añoran, vuelve a enfrentarse a una tragedia.

“El pecho duele. Y sé que millones estamos fuera con el mismo sentir”, explica María.

Fotografía de un desastre

Desde el miércoles, el número de víctimas mortales no ha dejado de aumentar: entre el sábado y el domingo pasó de 920 a 1 450, según fuentes del gobierno venezolano, mientras miles de personas continúan desaparecidas, por lo que es previsible que la cifra siga creciendo.

Esto sucede en un país cuyas instituciones y servicios públicos llevan años sometidos a una profunda crisis: hospitales con recursos limitados e infraestructuras vulnerables en un territorio situado entre las dos placas tectónicas con mayor actividad de Sudamérica.

La actuación del Estado, ahora tutelado por el gobierno de Estados Unidos, ha sido objeto de duras críticas, mientras organizaciones de la sociedad civil, redes vecinales y voluntarios han asumido un papel central en las labores de rescate y asistencia.

“Qué difícil es ser venezolano” es, según María, una de las frases que más se repite en la diáspora. Y, sin embargo, la resiliencia de la población se ha convertido en uno de sus principales recursos frente a la adversidad.

La infatigable diáspora venezolana

La diáspora también se ha movilizado sin descanso. En apenas unas horas han surgido cientos de iniciativas. El colectivo Hacha y Machete ha creado una aplicación para determinar si edificios y viviendas pueden seguir siendo habitables y cuáles representan un riesgo para la población. Transparencia Venezuela ha difundido recomendaciones concretas para garantizar que las donaciones lleguen a quienes más lo necesitan y evitar prácticas corruptas o el desvío de recursos. Y medios de comunicación como Soy Arepita se han convertido en una fuente esencial para combatir la desinformación y mantener actualizada a la diáspora sobre lo que sucede sobre el terreno.

A ello se suma el compromiso personal de muchos exiliados. Lorent Saleh, activista y antiguo preso político, o la propia María Corina Machado, líder de la oposición, han anunciado que regresaran a Venezuela para participar en las labores humanitarias pese a la incertidumbre y la falta de garantías. Restaurantes venezolanos en Bogotá, Madrid y Miami funcionan como centros de acopio, asociaciones de migrantes coordinan campañas solidarias y miles de personas contribuyen desde la distancia con recursos, contactos o trabajo voluntario.

Se trata de una ola de solidaridad transnacional que revela hasta qué punto los vínculos con el país de origen permanecen vivos tras años de exilio y migración forzada, como han mostrado ampliamente las investigaciones sobre diásporas.

Política vs. fuerzas naturales

Todo eso contrasta con el progresivo debilitamiento de la atención internacional hacia Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de este año y la colaboración del gobierno estadounidense con la actual presidenta Delcy Rodríguez.

En España, el pasado 12 de junio se eliminó la vía extraordinaria de residencia por razones humanitarias para los venezolanos con motivo de la entrada en vigor del Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea. Sin embargo, la tragedia actual demuestra hasta qué punto estas vías siguen siendo necesarias.

A pesar de algunos avances como la liberación de centenares de presos políticos, 389 continúan encarcelados, se han producido nuevas detenciones y sigue sin concretarse la celebración de elecciones libres. Tampoco la recuperación económica ha resuelto la crisis social: el FMI prevé un crecimiento del 4 % en 2026, pero la inflación continúa por encima del 380 %.

Por este motivo, la respuesta a esta catástrofe exige no solo ayuda humanitaria inmediata, sino también un renovado compromiso internacional con la reconstrucción institucional y económica del país.

Lejos pero solidarios

Mientras tanto, los venezolanos siguen sosteniéndose unos a otros. Hace unos días, María se cruzó con una mujer por la calle que escuchaba noticias sobre el terremoto en altavoz y le preguntó: “¿Señora, usted es venezolana?”. No tuvo que responder: la señora rompió a llorar y se abrazaron.

En momentos como este, cuando la distancia y la impotencia pesan, la diáspora recuerda que el exilio no solo significa ausencia, sino también comunidad, solidaridad y la certeza de que, incluso lejos de casa, nadie está completamente solo.

The Conversation

Nieves Fernández Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La diáspora venezolana ante el terremoto: dolor, acción solidaria y empatía – https://theconversation.com/la-diaspora-venezolana-ante-el-terremoto-dolor-accion-solidaria-y-empatia-286399

¿Inglés para todos? El sesgo urbano de la enseñanza bilingüe

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Álvarez-Sotomayor, Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Filosofía, Geografía y Traducción e interpretación, Universidad de Córdoba

DenisProduction.com/Shutterstock

Durante las dos últimas décadas, los programas bilingües español-inglés se han expandido ampliamente en España. Uno de sus objetivos era democratizar el aprendizaje del inglés, haciéndolo más accesible a todo el alumnado, independientemente de su clase social o de su lugar de residencia. ¿Se está logrando este objetivo?

En el caso de Andalucía, hemos podido observar cómo en la inmensa mayoría de los municipios de más de 50 000 habitantes existen fuertes desigualdades de acceso, tanto socioeconómicas como en función del barrio de residencia de las familias. En una nueva investigación realizada sobre el conjunto de esta comunidad autónoma revelamos otra importante desigualdad territorial: los centros bilingües están mucho más presentes en las ciudades y grandes municipios que en las zonas rurales.

La brecha entre ciudad y campo

Cuando hablamos de desigualdades educativas solemos pensar, sobre todo, en las existentes entre estudiantes de diferentes niveles socioeconómicos o en aquellas que afectan al alumnado con necesidades educativas especiales. Sin embargo, el tipo de hábitat (urbano/rural) condiciona también las oportunidades educativas.

Esto es especialmente relevante en el aprendizaje de idiomas. Aunque los datos disponibles en España son muy limitados, los que tenemos apuntan en este sentido. Por ejemplo, según la Encuesta sobre Educación de Adultos de 2022 de Eurostat, tanto el número de idiomas que conoce la población española como su nivel de inglés se ven muy positivamente influidos por el grado de urbanización de su lugar de residencia.




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Las ventajas de la educación bilingüe, según los estudiantes


Precisamente por ello se proclamaba que los programas bilingües podrían desempeñar un papel importante para reducir esa desventaja. Al desarrollarse en centros sostenidos públicamente supondrían, a priori, una oportunidad más transversal de acceder a un mayor aprendizaje del inglés. Sin embargo, nuestros resultados sugieren que ocurre lo contrario. Al menos, en el caso andaluz.

Concentración en los municipios más grandes

En nuestro estudio analizamos todos los centros andaluces que imparten primaria (más de 2 500) o ESO (más de 1 600) en esta comunidad. Los datos muestran una pauta muy clara: cuanto mayor es el tamaño del municipio, mayor es la probabilidad de que los centros ofrezcan enseñanza bilingüe.

En primaria, aproximadamente la mitad de los centros situados en el 20 % de los municipios más poblados son bilingües. En cambio, en el 50 % de los municipios menos habitados esta proporción ni siquiera alcanza el 20 %. La situación es similar en la ESO: mientras que en las ciudades y grandes municipios la enseñanza bilingüe es mayoritaria, en la mayoría de los municipios pequeños continúa siendo una excepción.

Por tanto, en las zonas rurales la enseñanza de la lengua de Shakespeare en estas etapas se restringe, fundamentalmente, a la asignatura de inglés. Como consecuencia, el alumnado de estas zonas tiende a estar menos expuesto en clase a este idioma.

Las “zonas ciegas” del bilingüismo escolar

La expresión máxima de esta desventaja la constituyen las que hemos denominado “zonas ciegas” del programa bilingüe. Con este término nos referimos a áreas en las que esta política no llega o apenas lo hace. Los análisis geográficos nos han permitido detectarlas y comprobar que abarcan a menudo zonas muy extensas, comarcas enteras o gran parte de ellas.

Coinciden habitualmente con zonas rurales de interior: Los Vélez en Almería, la Sierra de Cádiz, Los Pedroches en Córdoba, el valle de Lecrín en Granada, la Cuenca Minera de Huelva, gran parte de la sierra de Segura y sierra Mágina en Jaén, la serranía de Ronda en Málaga, o la sierra Norte de Sevilla.

¿Por qué ocurre?

Aunque la explicación total a esta brecha es compleja y multifactorial y se escapa del ámbito de nuestro estudio, hemos podido contrastar varias hipótesis asociadas a factores de oferta y de demanda escolar.

En las zonas rurales, con menos alumnado potencial y una oferta educativa más limitada, los centros están expuestos a una menor presión competitiva. Esto deriva en menos incentivos para tener que diferenciarse y competir dentro de sus mercados escolares locales por medio, en este caso, de la participación en una iniciativa de la complejidad del programa bilingüe.




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¿Margina la educación bilingüe?


En lo referente a la oferta escolar en estas zonas, especialmente importante para entender esta brecha urbana-rural es conocer la existencia de una segunda brecha: la público-concertada. En Andalucía, la red pública tiende a ofrecer la enseñanza bilingüe en mucha menos medida que la privada-concertada, la cual está ampliamente representada en las zonas urbanas y escasamente presente en las rurales.

Reducir o reproducir desigualdades

Este sesgo urbano del programa bilingüe supone un nuevo elemento de desigualdad educativa para el ámbito rural. Las familias que viven en él cuentan con muchas menos posibilidades (a veces nulas) de escolarizar a sus hijos e hijas en un centro bilingüe.

Al margen de otros debates sobre este modelo educativo, una distribución tan desigual de la oferta contribuiría a ampliar la brecha entre el mundo urbano y el rural en el aprendizaje del inglés. La relevancia de esta desigualdad no es menor, al ser el inglés una competencia cada vez más relevante laboral y socialmente.




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¿Qué sabemos sobre el impacto de los programas bilingües?


Esa desventaja se suma a la menor disponibilidad de otros recursos para aprender idiomas en las zonas rurales, como las academias especializadas o las derivadas de la brecha digital. Reconocer esta realidad es el primer paso. El siguiente, que las administraciones y la comunidad educativa puedan reflexionar sobre cómo corregir estas desigualdades.

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El proyecto investigación bajo el que se ha realizado este estudio (PID2021-127801OA-I00) ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y por FEDER, UE

ref. ¿Inglés para todos? El sesgo urbano de la enseñanza bilingüe – https://theconversation.com/ingles-para-todos-el-sesgo-urbano-de-la-ensenanza-bilingue-285025

Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Albitre Lamata, Profesora ayudante doctora, experta en lengua española, Universidad Complutense de Madrid

Unai Simón, portero de la Selección Española en el partido de Portugal contra España en la final de la Liga de Naciones de la UEFA 2025. Mikolaj Barbanell/Shutterstock

Vivimos en la era del fútbol moderno, un ecosistema dominado por los mapas de calor, las estadísticas de posesión y la precisión milimétrica del VAR. Sin embargo, cuando la pelota echa a rodar, toda esa frialdad tecnológica desaparece. De pronto, el estadio vuelve a ser un templo, los jugadores se transforman en héroes y la grada exige sangre, sudor y lágrimas.

¿Por qué ocurre esto? Porque el fútbol ha absorbido la función social que en la Antigüedad cumplían los mitos clásicos. Y, aunque no nos demos cuenta, el deporte está plagado de guiños directos a las leyendas de Grecia y Roma.

Héroes en el escudo: la identidad del club

La mitología clásica se pone las botas de tacos de diferentes formas. Una de ellas es a través de los nombres de clubes históricos europeos. No son elecciones casuales, son declaraciones de intenciones. Al elegir el nombre de un mito, los fundadores del club pretendían transferir las cualidades de ese héroe a sus once jugadores.

Pensemos en el Ajax de Ámsterdam, uno de los clubes más laureados de Europa. Su nombre rinde homenaje a Áyax el Grande, el heroico guerrero de la Ilíada que, junto a Aquiles, lideró el asedio a Troya. Áyax era famoso por su tamaño colosal, su valentía inquebrantable y por ser el único héroe que nunca necesitó la ayuda directa de los dioses para ganar sus batallas. ¿Qué mejor nombre para un equipo que ganó tres copas de Europa –antigua Liga de Campeones– seguidas? Tuvieron que pasar más de cuarenta años para que otro equipo, el Real Madrid, repitiese esta gesta.

En los Países Bajos también encontramos al Sparta de Róterdam, un guiño directo a Esparta, la polis griega que hizo de la disciplina férrea, la austeridad y el sacrificio colectivo su seña de identidad; valores que cualquier entrenador firmaría para su línea defensiva.

Igual de poético es el caso de la Atalanta, el equipo de la ciudad italiana de Bérgamo. Toma su nombre de la heroína griega Atalanta, una cazadora infalible que juró mantenerse virgen y que desafiaba a sus pretendientes a una carrera: solo se casaría con quien lograra vencerla, mientras que los perdedores pagarían con su vida.

Según el mito, Atalanta y quien finalmente la venció y se convirtió en su esposo, Hipómenes, fueron castigados por la diosa Cibeles, quien los transformó en leones para que tiraran eternamente de su carro sin poder ni siquiera mirarse. Esos mismos leones son los que esculpió Ventura Rodríguez en la famosa fuente de Cibeles en Madrid. Así que cada vez que el Real Madrid celebra un título de fútbol en su icónica fuente lo hace alrededor de la mismísima Atalanta.

Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Carlos Delgado/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Esta conexión divina con el fútbol no termina ahí. La rivalidad de la capital española se traslada también al Olimpo, ya que el otro gran equipo de la ciudad, el Atlético de Madrid, organiza sus fiestas en otra fuente vinculada a la mitología: la de Neptuno. Así, el derbi madrileño deja de ser un simple partido para convertirse en un duelo cósmico entre la Madre Tierra (Cibeles) y el rey del mar (Neptuno).

La resistencia hispana: de Hércules a Numancia

El fútbol español tampoco se queda atrás en estos guiños hacia la Antigüedad Clásica. En Alicante juega el Hércules C. F., bautizado así para infundir respeto a sus rivales, invocando al semidiós romano (Heracles en la mitología griega) famoso por su fuerza sobrehumana y sus doce trabajos imposibles.

En Soria lo hace el C. D. Numancia. Al adoptar el nombre de la ciudad celtíbera que resistió heroicamente el asedio del Imperio Romano durante 20 años antes de suicidarse en masa, el club soriano reivindica con su nombre el mito de la rebeldía y la resistencia ante el poderoso: el mito de David contra Goliat. De hecho, en el periodismo deportivo actual es muy habitual hablar de una “defensa numantina” cuando un equipo se encierra en su área para resistir los ataques de un rival, muchas veces superior.

La obra representa el momento en que los últimos defensores de la ciudad hispana de Numancia se dieron muerte a sí mismos a fin de impedir que fueran capturados vivos por los romanos, que en esta obra aparecen entrando en la ciudad mientras los numantinos
Numancia de Alejo Vera y Estaca.
Museo del Prado/Wikimedia Commons

Unai Simón, Vozinha o Courtois: cuidadores de las puertas del inframundo

Más allá de los nombres propios de los equipos, el lenguaje que utiliza el periodismo deportivo cada partido conecta directamente en la Antigüedad. Las crónicas hablan de choque de titanes, de talones de Aquiles, de esfuerzos maratonianos y de tragedias en el minuto 93. Pero hay un término por encima de todos que demuestra esta pervivencia del mito: el cancerbero.

Estos días es muy común leer titulares como “Vozinha: el cancerbero que está siendo la sensación del Mundial” para referirse al portero de Cabo Verde. Esta metáfora nos transporta de nuevo a la mitología griega, donde Cerbero era el perro de tres cabezas y cola de serpiente que guardaba las puertas del Hades. Su misión era asegurar que los muertos no salieran y, sobre todo, que los vivos no pudieran entrar al infierno sin permiso. En un partido de fútbol, la portería es ese inframundo sagrado, y el guardameta es el perro fiero, solitario e infranqueable que debe evitar a toda costa que el balón cruce la línea y profane su territorio.

El Mundial de 2026 vuelve a recordar que el lenguaje no es inocente. Las palabras que elegimos moldean la forma en la que entendemos la realidad. Que sigamos utilizando a Hércules, a Atalanta, a la defensa numantina o al guardián del inframundo para describir un partido de fútbol demuestra algo maravilloso: los mitos clásicos no están muertos ni encerrados bajo llave en bibliotecas. Siguen vivos, latiendo partido a partido, explicándonos que, aunque pasen miles de años, seguimos necesitando héroes, relatos de resistencia y epopeyas colectivas para emocionarnos y dar sentido a nuestra comunidad.


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The Conversation

Paula Albitre Lamata trabaja para la Universidad Complutense de Madrid.
Financiación del proyecto de I+D IMCORDIS II (PR27/25-32466) de la Universidad Complutense de Madrid.

ref. Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié – https://theconversation.com/dioses-heroes-y-futbol-por-que-la-mitologia-clasica-sigue-jugando-al-balompie-285982

El calentamiento del mar acorrala a la posidonia, pulmón del Mediterráneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Àlex Giménez Romero, Postdoctoral fellow, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (UIB-CSIC)

Un parche de _Posidonia oceanica_ en el Mediterráneo. Esta planta marina endémica forma praderas submarinas que dan refugio a numerosas especies, estabilizan los sedimentos y ayudan a proteger la costa.
Alex Giménez Romero

Cuando pensamos en el Mediterráneo, imaginamos playas, acantilados o pueblos costeros. Pero una parte esencial de este paisaje está bajo el agua: las praderas de Posidonia oceanica. Aunque a menudo se confunde con un alga, la posidonia es una planta marina. Y solo vive en este mar.

Sus praderas dan refugio a peces e invertebrados, estabilizan el sedimento, ayudan a mantener el agua transparente, protegen la costa frente a la erosión y almacenan carbono durante largos periodos. Son, en pocas palabras, una infraestructura natural clave para nuestras costas.

Pero la posidonia está en retroceso. A los impactos locales, tales como fondeos, contaminación, dragados, obras costeras o aumento de la turbidez, se suma una presión cada vez más importante: el calentamiento del mar.

El calor que no mata de golpe

Cuando hablamos del efecto del calor sobre los ecosistemas marinos solemos pensar en olas de calor extremas: la temperatura sube mucho durante unos días y los organismos no lo resisten. Pero esta visión es incompleta.

A veces el daño no aparece por un episodio extremo y puntual, sino por una exposición prolongada a temperaturas moderadamente altas. Un verano algo más cálido, seguido de otro verano cálido, y después otro, puede generar una carga de estrés que se acumula lentamente. No mata de golpe, pero debilita.

Con la posidonia puede ocurrir algo parecido. Una pradera no desaparece necesariamente de un día para otro. Puede empezar perdiendo densidad, abriendo claros, reduciendo su cobertura y fragmentándose en manchas cada vez más aisladas. Es un deterioro silencioso, pero importante.




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Las olas de calor marinas amenazan la biodiversidad del Mediterráneo


Medir el estrés acumulado

En nuestro estudio quisimos medir precisamente el estrés causado por el calor acumulado. Para ello desarrollamos un nuevo indicador llamado Stress Degree Days, que podríamos traducir como “grados-día de estrés”. La idea es sencilla: en lugar de fijarnos solo en el máximo térmico que soporta la planta, sumamos día a día el estrés térmico que experimenta.

Este indicador se basa en experimentos previos en los que se observó cómo responde la posidonia a distintas temperaturas. Después combinamos esa información con datos de temperatura del mar y con mapas de praderas obtenidos mediante imágenes de satélite e inteligencia artificial. Así pudimos comparar, a escala mediterránea, dónde se acumula más estrés térmico y cómo son las praderas en esas zonas.

Mapa del mar Mediterráneo que muestra el estrés térmico acumulado actual para la Posidonia oceanica. La escala de color va de verde, menor estrés, a rojo, mayor estrés. Las zonas con mayor estrés aparecen principalmente en el sur y el este del Mediterráne
Estrés térmico acumulado actual en el Mediterráneo: las zonas en verde presentan menor estrés térmico estimado para la Posidonia oceanica, mientras que las zonas en naranja y rojo indican una mayor acumulación de calor potencialmente perjudicial para las praderas.
Alex Giménez Romero, CC BY

El resultado principal es claro: las áreas con mayor estrés térmico acumulado tienden a presentar praderas con menor cobertura y mayor fragmentación. Es decir, donde el calor se acumula más, la posidonia aparece, en promedio, más deteriorada estructuralmente.

Una relación que hay que interpretar con prudencia

Esta relación debe interpretarse con prudencia. En el mar actúan muchos factores al mismo tiempo. Una pradera puede estar afectada por fondeos, contaminación, turbidez, impactos históricos o cambios locales en la dinámica del agua. Por eso seleccionamos zonas relativamente poco perturbadas y tratamos los resultados como una asociación entre estrés térmico y estructura de las praderas, no como una prueba definitiva de causa y efecto en cada localidad.

También comparamos nuestras estimaciones con observaciones de campo independientes. Estos datos no cubren todo el Mediterráneo por igual y muchas zonas están mucho mejor estudiadas que otras. Aun así, muestran tendencias compatibles con nuestros resultados.

Por qué importa que una pradera se fragmente

La fragmentación importa porque una pradera continua no funciona igual que una pradera rota en pequeños parches. Las praderas densas mantienen mejor el sedimento, amortiguan el oleaje, ofrecen más refugio a otras especies y conservan una mayor continuidad biológica. Cuando aparecen claros y los parches quedan aislados, el ecosistema puede volverse más vulnerable.

El Mediterráneo no se calienta de forma uniforme. Algunas zonas acumulan mucho más estrés que otras. En general, las regiones del sur y del este aparecen como áreas más expuestas, mientras que algunas zonas del norte y del oeste podrían actuar como refugios relativos.

Esto no significa que estén a salvo: los refugios dependen de procesos oceanográficos complejos, como corrientes, mezcla vertical del agua, vientos y estratificación. Si estos procesos cambian, también puede cambiar la protección térmica que ofrecen.




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Las praderas submarinas almacenan más CO2 que los bosques: necesitamos protegerlas


Mirar al futuro

Nuestros resultados basados en proyecciones climáticas refuerzan este mensaje. Bajo escenarios de emisiones más altas, el estrés térmico acumulado aumenta de forma generalizada y se extiende hacia regiones que hoy presentan valores más moderados. Esto se asocia con pérdidas potenciales de cobertura y con una mayor fragmentación estructural.

Mapa del mar Mediterráneo que muestra el estrés térmico acumulado proyectado para finales de siglo bajo el escenario climático RCP4.5. La escala de color va de verde, menor estrés, a rojo, mayor estrés. En comparación con la situación actual, aumentan las zonas con e
Estrés térmico proyectado para finales de siglo. Bajo un escenario climático moderado (RCP4.5), el estrés térmico acumulado aumenta y se extiende hacia regiones del Mediterráneo que actualmente presentan valores más bajos.
Alex Giménez Romero, CC BY

No son predicciones exactas del futuro de cada pradera, sino escenarios basados en la relación actual entre estrés térmico y estructura de la posidonia. Pero ayudan a identificar áreas donde el riesgo podría aumentar y donde la monitorización y la gestión deberían ser prioritarias.

Proteger la posidonia exige reducir impactos directos: controlar fondeos, evitar daños físicos, mejorar la calidad del agua y limitar presiones costeras. Aunque todo eso sigue siendo imprescindible, el calentamiento añade una dificultad nueva: incluso praderas relativamente poco afectadas por impactos locales pueden estar acumulando estrés térmico.

La amenaza silenciosa

La crisis climática marina no siempre se manifiesta como una catástrofe repentina. A veces avanza como una presión lenta, acumulativa y difícil de ver desde la superficie.

La posidonia nos recuerda que no basta con contar olas de calor. También importa cuánto tiempo permanece caliente el mar, cuántos días se acumula el estrés y cuánta capacidad de recuperación pierde el ecosistema por el camino. ¿Seremos capaces de evitar más sufrimientos para el pulmón marino del Mediterráneo?

The Conversation

Àlex Giménez Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El calentamiento del mar acorrala a la posidonia, pulmón del Mediterráneo – https://theconversation.com/el-calentamiento-del-mar-acorrala-a-la-posidonia-pulmon-del-mediterraneo-284029

El ecopostureo de las empresas y el papel de sus consejos de administración

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Guerrero-Calderón, Investigador predoctoral en Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de León

Francesco Scatena/Shutterstock

Que “la mentira tiene patas cortas” es una lección bien aprendida por las empresas que incurren en greenwashing (lavado verde o ecopostureo). Por eso, buscando beneficiarse de las ventajas financieras que reporta ser ambientalmente responsables y, al mismo tiempo, protegerse de los daños que el greenwashing produce cuando es detectado, estas han encontrado refugio en sus consejos de administración.

¿Qué es el ‘greenwashing’?

Seguro que ha visto decenas de campañas publicitarias que muestran las iniciativas ambientales de algunas empresas: árboles plantados, máximo uso de energías renovables, emisiones reducidas al mínimo…

Sin embargo, muchas veces se exageran estas buenas prácticas o se seleccionan en exclusiva mientras otras no tan responsables permanecen ocultas (cherry picking). Así, existe una diferencia entre lo que las empresas dicen hacer por el medioambiente y lo que realmente hacen. Esto es el greenwashing.

¿Por qué es importante?

La sociedad demanda a las empresas cada vez más transparencia en lo que se refiere a su comportamiento ambiental. Sin embargo, no todos los agentes económicos reaccionan igual ante este comportamiento. Esta es una de las principales contribuciones de nuestro estudio: la distinción entre la respuesta de los acreedores (los bancos) y los inversores, que son los principales aportadores de fondos para las empresas.

Mientras que los acreedores tienen acceso a una información empresarial más amplia, los inversores se ven obligados a fiarse de lo que las compañías divulgan. Pese a estas diferencias, parece que tanto los acreedores como los inversores valoran en gran medida el buen rendimiento ambiental de las compañías y, en consecuencia, lo premian. Ante esto, muchas empresas se ven tentadas a exaltar sus acciones de forma exagerada.

La Unión Europea se ha percatado de la magnitud de este problema, y en los últimos años ha lanzado directivas, como la Directiva sobre Alegaciones Ecológicas y la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), que han revolucionado los requerimientos de divulgación empresarial. El objetivo de estas regulaciones es asegurar que tanto las entidades de crédito como los inversores puedan realizar evaluaciones precisas de las empresas a las que aportan fondos.

¿En qué se benefician las empresas?

En una época en que las acciones empresariales son miradas con lupa, ser ambientalmente responsable es un valor en alza. Las organizaciones que realizan buenas prácticas en este ámbito poseen un alto grado de legitimidad social, lo que las lleva a disfrutar de las amplias ventajas derivadas de una excelente reputación.

Esta buena imagen corporativa genera respuestas positivas, aunque diferentes, de los mencionados aportadores de fondos. Por un lado, los bancos (acreedores) están dispuestos a fijar precios más bajos, es decir, menores tipos de interés, en sus préstamos. Por otra parte, la confianza de los inversores aumenta, lo que resulta en mejores niveles de solvencia empresarial y, por tanto, en menor riesgo de quiebra para las empresas.

¿Qué pasa cuando se descubre el engaño?

Cuando el se detecta el ecopostureo la legitimidad se sustituye por la desconfianza. Ante el riesgo percibido, la decepción se extiende entre los agentes: los bancos fijan precios más elevados para sus préstamos y los inversores retiran sus apuestas, lo que hace tambalear la fortaleza financiera de estas empresas.

En estas circunstancias, la capacidad de financiación de las compañías se ve dramáticamente comprometida. Lo que parecía un seguro para la obtención de fondos es, en realidad, un arma de doble filo, y, si hay engaño medioambiental, el precipicio de la quiebra se encuentra peligrosamente cerca. ¿Compensa realmente incurrir en esta práctica?

¿Qué tienen que ver los consejos de administración en todo esto?

Como principal organismo decisor dentro de la empresa, el consejo de administración tiene una responsabilidad ineludible en las prácticas de greenwashing. Investigaciones previas han demostrado que una “orientación medioambiental” del consejo se relaciona con un mejor desempeño en materia de sostenibilidad.

Las características que determinan esta orientación son la independencia, la existencia de un comité de Responsabilidad Social Corporativa, la presencia de los consejeros en más de una empresa, la diversidad de género, la existencia de incentivos por objetivos de sostenibilidad y la experiencia del comité de auditoría. Resulta que, además, cada uno de estos atributos se relaciona individualmente con el acceso a préstamos más baratos y la mayor atracción de inversores.

¿Y si un consejo de administración sensible hacia las cuestiones medioambientales es la clave para combatir las amenazas del greenwashing?

¿Y si al final solo es un disfraz?

Nuestra investigación revela que las empresas se han percatado de las ventajas de poseer un consejo de administración orientado hacia el medio ambiente. Este mecanismo las permite protegerse de los daños financieros del greenwashing, conservando el acceso a préstamos baratos y manteniendo unos niveles de solvencia elevados.

Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿significa esto que las empresas con un consejo “orientado hacia el medio ambiente” mejoran realmente su desempeño ambiental? La respuesta es no. Estas compañías han encontrado una forma para seguir explotando las ventajas financieras del greenwashing sin mejorar realmente su comportamiento ambiental. Así, acreedores e inversores –y la sociedad en general– se rinden ante la belleza de una máscara tras la que se esconde el rostro de la mentira.

The Conversation

Juan Guerrero-Calderón recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).
Consejería de Educación, Junta de Castilla y León y Fondo Social Europeo + (EDU/48/2026. BDNS: 820456)

Borja Amor Tapia recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).

Cristina Gutiérrez López recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00)

Paula Castro Castro recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).

ref. El ecopostureo de las empresas y el papel de sus consejos de administración – https://theconversation.com/el-ecopostureo-de-las-empresas-y-el-papel-de-sus-consejos-de-administracion-283716

La selección: la odisea de este verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

_Odiseo y Nausicaa_, de Valentin Serov. Tretyakov Gallery/Wikimedia Commons

Los veranos largos de la infancia son lo más cercano al paraíso. Después de todo, esa oportunidad de estirar el tiempo hasta que rompa se vuelve a presentar pocas veces en la vida.

Una de las actividades que yo abordaba con más ilusión –también meticulosidad– era la de completar la lista de libros que iban a acompañarme en esos meses. Cuando las vacaciones eran una sucesión de pueblos, de casas de familiares y campamentos, de maletas llenas de arena y bañadores, la librería Cervantes de Oviedo se convertía en mi mejor aliada.

Los veranos han cambiado, pero no la anticipación por las lecturas estivales. Desde hace unas semanas, pienso en los títulos que voy a reservar para esas tardes soleadas de trabajo algo más relajado, cuáles para los viajes aventureros sin respiro y cuáles para los días de playa.

Uno de los que puede que se adapte a todos los entornos es, cómo no, el clásico de moda este verano: la Odisea. Desde que Christopher Nolan anunció el rodaje de su adaptación –con un Matt Damon que, una vez más, intenta volver a casa– se han sucedido las observaciones y las valoraciones. Ya se sabe, nos encanta ver en el cine las adaptaciones literarias… para poder criticarlas a gusto.

Sin embargo, Homero es imbatible, el rey de la aventura y el salseo. Entre banquete y banquete, hila un relato en el que Ulises cuenta sus peripecias, llora –Ulises llora muchísimo– y anhela volver a casa. La Odisea demuestra que un drama de hace milenios sigue apelando a los lectores de la actualidad.

Pocas cosas sabemos del autor. Fuese quien fuese (o quienes fuesen), está claro que estableció un estilo poético concreto basado en una serie de recursos que lo identifican –“Aurora de dedos sonrosados” va a ser a partir de ahora el recibimiento que le voy a dar a cada amanecer–. Además, la ciencia ha demostrado que se inspiró en las redes sociales de su entorno. Samuel Butler, que lo tradujo en prosa buscando generar la misma pasión que creía que había provocado escuchar recitado el poema original, sostenía que Homero era una mujer. Aunque sus tesis puedan resultar algo peregrinas, sí que hay un gran protagonismo femenino en el relato, más allá de la aventura de Ulises.

Lo interesante de los clásicos es que no se acaban nunca: se pueden leer, adaptar y retocar de mil formas diferentes. Los clásicos nos lo permiten todo. Por eso Homero es mío, pero también de Butler, de Bob Dylan –quien lo usa como referente de sus composiciones– o de David Uclés. No obstante, Butler, Dylan, Uclés o yo misma leemos la Odisea con un bagaje que hace que el texto tenga, para cada uno de nosotros, diferentes significados. Esto forma parte de nuestra identidad como lectores y enriquece la experiencia.

En resumen: para esto les hemos puesto este nuevo verano de auroras de dedos sonrosados, para leer (si acaso, una vez más) y disfrutar la Odisea.

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ref. La selección: la odisea de este verano – https://theconversation.com/la-seleccion-la-odisea-de-este-verano-286161