¿Conoce el idioma que hablan los mosquitos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Martín Cuadrado, Profesora e investigadora del departamento de Lengua Española y Teoría de la Literatura, Universidad Complutense de Madrid

Foto de la laguna de Carataska, en Mosquitia. Imagen de Dr. Hesse Fellechner. Wikimedia Commons, CC BY-SA

Verano, calor, noche y mosquitos, muchos mosquitos. Suena fatal, ¿eh? Pero ¿y si le dijera que hay “mosquitos” más allá de los insectos pesados? ¿Que son también una población indígena con una historia fascinante y una lengua propia?

Hablamos de la Mosquitia, una región centroamericana, entre Nicaragua y Honduras, donde el miskito es un idioma vivo hablado en la actualidad. Aunque casi todos los adultos lo tienen como su lengua materna en el día a día, en los colegios se utiliza el español y las nuevas generaciones empiezan a dejarlo de lado. Así, desgraciadamente, el miskito podría enfrentarse a la silenciosa amenaza de la extinción.

Por suerte, la historia de la lingüística nos dejó un salvavidas inesperado. Desde el siglo XIX, viajeros, historiadores y religiosos viajaron a esta zona y dejaron constancia de las particularidades de la lengua a través de manuscritos, gramáticas, ediciones de la Biblia, canciones, etc. Estos misioneros, sin buscarlo, se convirtieron en los primeros lingüistas de la zona, ya que tuvieron que sumergirse de lleno en el miskito para conseguir transmitir la fe protestante, propósito principal con el que llegaron al territorio.

Un tablero de ajedrez geopolítico

Para entender cómo la religión se mezcló con los verbos, hay que volver atrás en el tiempo. Durante la época colonial, la zona de la Mosquitia fue un campo de disputa entre España e Inglaterra. Mientras que los españoles dominaban el Pacífico, los ingleses se aliaron con los miskitos –o mosquitos– en la costa caribeña.

Los británicos no solo comerciaron y llevaron a la zona barcos y armas modernizadas; también introdujeron el idioma inglés y la religión protestante. Esta alianza fue tan estrecha que los miskitos llegaron a tener reyes coronados en Jamaica bajo el auspicio británico. Incluso tras la independencia de Nicaragua, Gran Bretaña mantuvo un protectorado sobre la región hasta finales del siglo XIX. La Mosquitia parecía un mundo aparte, “independiente” y angloparlante en mitad de la América hispana.

Cuatro acuarelas que representan viviendas de Bluefields, en la Costa de los Mosquitos, en julio de 1845.
Cuatro acuarelas que representan viviendas de Bluefields, en la Costa de los Mosquitos, en julio de 1845.
Wikimedia Commons

En este contexto, la Iglesia Morava, una hermandad protestante originaria de República Checa, llegó a la región en 1849. A diferencia de otros grupos, los moravos se integraron profundamente en la cultura local, aprendieron la lengua amerindia, fundaron iglesias y escuelas, se encargaron de instruir a las comunidades indígenas, etc.

Nació en Nicaragua entonces lo que se conoce como lingüística misionera. El objetivo de los religiosos no era el afán desinteresado por el miskito ni por la redacción de diccionarios o gramáticas, sino la eficacia y el interés evangelizador. Los diccionarios, vocabularios, calepinos, gramáticas, ediciones de la Biblia, canciones… eran en realidad instrumentos de transmisión de la religión morava.

La labor de Herman Bereckenhagen

Herman Bereckenhagen, misionero alemán, que llegó a la Mosquitia en 1882, se dio cuenta de que la lengua y su enseñanza eran sus mejores aliados para conseguir instaurar la religión protestante. Publicó una Grammar of the Miskito language with exercises and vocabulary (1894), un English-Miskito-Spanish phrase book (1905) y un Pocket dictionary: Miskito-English-Spanish and English-Miskito-Spanish, primer diccionario trilingüe que se publicaba de manera independiente y que incoporaba el español como lengua de la correspondencia.

Pero ¿por qué incluir el español en una zona donde el inglés era casi universal? La respuesta vuelve a ser política: en 1894, con el presidente nicaragüense José Santos Zelaya, la Mosquitia pasó a formar parte de la República de Nicaragua y se impuso el español como lengua oficial. Parece que Berckenhagen, con gran pragmatismo, comprendió que para que la Iglesia Morava y el pueblo miskito sobrevivieran en esta nueva realidad, debían dominar el idioma del Estado.

Las relaciones tempranas entre los mosquitos y los ingleses hicieron, no obstante, que el inglés tuviese mucha presencia en la lengua miskita. Pero los hablantes no adoptaron el inglés estándar, sino un inglés creole, rústico y marinero, hablado en el Caribe y con unas características fonéticas especiales. Algunos de estos ejemplos se observan de manera evidente en el diccionario de Bereckenhagen:

  • BRED: del inglés bread (pan).
  • BINS: del inglés beans (frijoles), usado curiosamente en singular en miskito.
  • BUK: del inglés book (libro)
  • DANS: del inglés dance (bailar)
  • REDDI: del inglés ready (preparado)
  • PRAIS: del inglés price (precio)
  • KUL: del inglés school (escuela)

Luces y sombras de los textos misioneros

No podemos dejar de lado el hecho de que la labor de los misioneros y los textos producidos eran también armas de control. La finalidad de los diccionarios o las gramáticas era colonizar, evangelizar e imponer, en este caso, la religión protestante, acabando así con las creencias y culturas locales.

Sin embargo, desde una perspectiva lingüística, sus obras son, en muchos casos, los primeros testimonios escritos de las lenguas indígenas y nos permiten, en la actualidad, acceder a una serie de documentos escritos en idiomas amerindios que, de no ser por ellos, lo más probable es que se hubieran extinguido.

Así pues, la próxima vez que el calor del verano nos rodee y escuchemos hablar de “mosquitos”, nuestra mente ya no volará únicamente hacia esos insectos que interrumpen el silencio de la noche, sino que podremos recordar al pueblo mosquito y la historia de su lengua.


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The Conversation

Carmen Martín Cuadrado forma parte del proyecto de investigación I+D+i “Biblioteca Virtual de la Filología Española. Fase V: renovación y actualizaciones. Nuevos recursos y aplicaciones. PID2024-155270NB-I00”, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación, 10.13039/501100011033, Fondo Europeo de Desarrollo Regional.

– ref. ¿Conoce el idioma que hablan los mosquitos? – https://theconversation.com/conoce-el-idioma-que-hablan-los-mosquitos-287996

El registro de jornada: ¿la garantía del derecho a que duren lo justo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Henar Álvarez Cuesta, Profesora Titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universidad de León

Dhammarat Nunart/Shutterstock

El impacto de la tecnología ha supuesto una revolución en los puestos de trabajo, en los sectores productivos y en cómo (y dónde) se trabaja. De hecho, una de las repercusiones más comunes ha sido la disolución de las coordenadas de horario y tiempo. La ubicuidad de los dispositivos permite seguir en conexión (y trabajando) en cualquier momento y en cualquier lugar.

Es verdad que los avances tecnológicos pueden conllevar la desaparición de las tareas más físicas, duras, repetitivas o peligrosas, o también de las más tediosas, sin menoscabo de la productividad. Es más, podría mejorarla, por lo que las nuevas tecnologías supondrían un incentivo para la reducción de la jornada máxima.




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A día de hoy, sin embargo, parece haber ganado el trabajo permanente gracias a la tecnología. Un ejemplo: en el entorno de las plataformas digitales, la disponibilidad de los trabajadores, gracias a la enorme conectividad que ofrecen los dispositivos móviles (smartphones, tabletas, portátiles), y la gestión del logaritmo de asignación de tareas hacen que importen tanto los tiempos de disposición o de espera como el tiempo efectivamente trabajado. Hasta el punto de extender hasta el infinito los primeros y fragmentar y hacer imprevisibles los últimos.




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Un registro objetivo, fiable y accesible

Frente a esta expansión del tiempo de trabajo, y luego del fracaso del Proyecto de Ley de reducción de la jornada de trabajo, el Gobierno ha presentado un Proyecto de Real Decreto que desarrolla el sistema de registro de jornada regulado en el Estatuto de los Trabajadores, que se espera que se apruebe a la vuelta de verano.

El punto 9 del artículo 34 del Estatuto obliga a las empresas a garantizar el registro diario de jornada, incluido el horario concreto de inicio y finalización de la misma para cada persona trabajadora.

Según lo estipulado en el proyecto de real decreto, este registro deberá ser:

  • Objetivo (“cualidad del registro de reflejar la información de manera imparcial, perceptible e indiscutible”).

  • Fiable (“sus asientos, una vez practicados, no puedan ser modificados sin la autorización de la empresa y de la persona”).

  • Accesible (“todas las personas que deban realizar asientos o disponer del contenido del registro puedan hacerlo de manera sencilla, con facilidad de uso y asegurando la igualdad y la no discriminación en el acceso de todas las personas usuarias”).

Un registro consensuado

Aunque en el proyecto de real decreto no queda definido el modelo o sistema a implementar por cada empresa, sí señala que “El sistema de registro deberá permitir el acceso de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social en cualquier momento y de forma inmediata, de manera remota y presencial en los centros de trabajo” (artículo 6, punto 3).

También indica: “La información del registro y sus copias deberán figurar en un formato tratable, legible y compatible con los formatos y sistemas de uso generalizado” (artículo 6, punto 4).

Para ello aboga por la elaboración de un protocolo consensuado entre la empresa y la representación legal de las personas trabajadoras que concrete, como mínimo: qué información debe quedar reflejada, bajo qué procedimiento y un sistema de evaluación periódica del funcionamiento del registro.

Por lo tanto, en función del tipo de empresa, de cómo esté organizada y de los medios técnicos de que disponga, son posibles el formato papel, el digital o el uso de sistemas mixtos.

Las cuestiones a registrar

En el artículo 3 de la norma se definen los contenidos mínimos que deberán quedar registrados, y que son una radiografía de los tiempos de trabajo y las zonas grises:

  • El tipo de jornada.

  • Las horas extraordinarias y su compensación.

  • Las pausas.

  • Los tiempos de espera o disponibilidad.

  • Las interrupciones de la desconexión.

  • Las medidas de conciliación disfrutadas.

Implantar un sistema digital hará más transparentes los derechos de acceso a la información contenida. Así, el artículo 6 señala quiénes pueden acceder de forma inmediata y en cualquier momento y obtener copia de los registros (con algunas limitaciones vinculadas a la protección de datos):

  • Las personas trabajadoras respecto a sus asientos.

  • Los representantes legales y sindicales de las personas trabajadoras.

  • La Inspección de Trabajo.

El Plan Estratégico de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social 2025-2027 apunta en su objetivo 13 al uso de las nuevas tecnologías para la gestión y tratamiento de sus registros con el fin de detectar patrones de incumplimiento, lo que podría afectar al control de registro de jornadas.

La norma establece que se debe garantizar que “todas las personas trabajadoras que deban acceder al registro o realizar asientos cuenten con formación e información adecuadas, suficientes y actualizadas sobre el protocolo previsto en el apartado anterior, y sobre el funcionamiento y el manejo del sistema de registro”.

También se deberá informar en los casos especiales

La obligación de registro de jornada incluye a las relaciones laborales especiales (personal de alta dirección, trabajadores del hogar, deportistas profesionales, artistas de espectáculos públicos, representantes de comercio, entre otros), y las actividades sometidas a jornadas especiales (como transporte, trabajos en el campo, vigilancia, comercio y hostelería, minería, trabajos en cámaras frigoríficas o expuestos a riesgos ambientales).

La única excepción es la de las personas trabajadoras del hogar familiar, cuyo registro de jornada podrá hacerse por cualquier medio que resulte adecuado “a las capacidades y recursos con los que cuenten la persona empleadora y la persona trabajadora, y que garantice el cumplimiento de dicha obligación de manera efectiva”.

Este real decreto ley, en caso de ser aprobado, revolucionará el cómputo de la jornada y de los tiempos, y permitirá un control exhaustivo y al momento del cumplimiento de los tiempos máximos de trabajo, de descanso, de disponibilidad y de desconexión de las personas trabajadoras.

The Conversation

Henar Álvarez Cuesta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El registro de jornada: ¿la garantía del derecho a que duren lo justo? – https://theconversation.com/el-registro-de-jornada-la-garantia-del-derecho-a-que-duren-lo-justo-266339

Las voces que faltan: mujeres y autoridad en la conversación pública sobre educación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Turienzo, Asesor técnico docente y profesor asociado, Universidad Camilo José Cela

Rido/Shutterstock

¿Por qué, si la educación en España es un sector claramente feminizado, son tan pocas las mujeres que participan en el debate público? Las aulas españolas están mayoritariamente ocupadas por mujeres pero, cuando se abre el micrófono en los medios, las voces suelen ser masculinas.

En la etapa de infantil, las mujeres rozan la práctica totalidad del profesorado; en primaria y secundaria son mayoría; y también lo son entre el alumnado universitario en titulaciones vinculadas a la educación. Sin embargo, cuando la conversación salta del aula a la esfera pública -a los medios de comunicación, a las tribunas de opinión, a las entrevistas que marcan agenda- suelen hablar los hombres.




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Artículos y tribunas en los medios

Para comprender hasta qué punto ocurre esto, analizamos todos los artículos sobre educación no universitaria publicados durante un año en los dos diarios generalistas con mayor audiencia en España. Tras un proceso de selección sistemática, trabajamos con 461 piezas periodísticas. En ellas identificamos y clasificamos 1 401 intervenciones: declaraciones, entrevistas, tribunas o participaciones a petición del medio. No contabilizamos citas indirectas ni extractos de ruedas de prensa, sino voces que realmente «entran» en el debate.

El objetivo no era determinar quién tiene razón en cada controversia educativa -móviles en el aula, informe PISA, acoso escolar o EBAU-, sino mapear quién opina y en calidad de qué. Es decir, quién es reconocido como interlocutor autorizado cuando se define qué es un problema educativo y qué voces son escuchadas cuando se habla de cómo debería resolverse.

Intervenciones en medios

El primer dato es elocuente: el 51,5 % de las comparecencias corresponde a hombres y el 43,8 % a mujeres. El resto son intervenciones colectivas. En un sector donde las mujeres representan alrededor de dos tercios del profesorado no universitario, la brecha es clara, pues las intervenciones deberían ser mayoritariamente femeninas para poder hablar de una representación real.

Entre el profesorado de infantil y primaria, donde las mujeres superan el 80 % del total, solo el 65 % de las intervenciones corresponde a maestras. En secundaria, donde ellas representan aproximadamente el 60 % del profesorado, alcanzan el 40 % de comparecencias.

¿Qué ocurre en la universidad?

El patrón se repite en la universidad y en los centros de investigación. Aunque las mujeres representan en torno al 44 % del personal docente e investigador -y porcentajes mayores en el ámbito educativo-, su presencia en la prensa está más de 14 puntos por debajo de lo esperable (menos del 30 %). También desde los equipos directivos, donde ocupan una proporción relevante de cargos (67 %), los hombres intervienen con más frecuencia (51 %).

Opinadores no docentes

Resulta especialmente significativo lo que ocurre cuando se habla de educación con perfiles que no forman parte del profesorado. Cuando los medios recurren a «expertos educativos» -profesionales de la sociología, la pedagogía, la economía o la psicología que analizan el sistema- solo el 34 % de las intervenciones son de mujeres. En el caso de intelectuales no especializados en educación, el porcentaje apenas sube al 37 %. Es decir, cuanto más se asocia la intervención a autoridad técnica o simbólica, menor es la presencia femenina entre esas intervenciones.

Una excepción: las madres

Hay, sin embargo, una excepción llamativa: las familias. En este colectivo, las mujeres protagonizan más del 76 % de las intervenciones. Son mayoría clara cuando se habla desde la experiencia materna. La paradoja es evidente: la voz femenina es ampliamente recogida en educación cuando se vincula al cuidado y a la crianza, pero pierde peso cuando se trata de conocimiento y especialización profesional o liderazgo institucional.

Este patrón no puede explicarse únicamente por la distribución real de hombres y mujeres en cada categoría. Hay algo más. Nuestra investigación apunta a una combinación de factores materiales y simbólicos.

¿Por qué?

Entre los factores materiales, destaca la desigual distribución de los cuidados y del tiempo. Las mujeres siguen dedicando más horas a tareas domésticas y familiares aparte de sus responsabilidades profesionales, lo que puede limitar su disponibilidad para atender a periodistas o escribir tribunas.

Pero, además, persisten imaginarios que asocian la autoridad técnica, la dirección o la capacidad de análisis estructural a perfiles masculinos, mientras que vinculan a las mujeres con la dimensión afectiva y cotidiana de la educación. Así, la maestra de infantil encaja en el relato mediático como figura de cuidado; la experta que diagnostica fallos sistémicos, no tanto.




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¿Por qué es importante?

El problema no es solo de visibilidad, sino de poder. Participar en el debate público implica influir en la definición de los problemas y en la legitimidad de las soluciones. Los medios no son un simple espejo de la realidad: contribuyen a construirla. Seleccionar a unas fuentes y no a otras supone otorgar autoridad y, al mismo tiempo, restarla.

Si las mujeres -que sostienen mayoritariamente el sistema educativo- no ocupan proporcionalmente el espacio donde se decide cómo interpretarlo y reformarlo, su experiencia profesional queda parcialmente desplazada.

No se trata solo de que estén excluidas del espacio mediático, sino de que, en muchos casos, hablamos de un fenómeno de autoexclusión que ocurre porque no se sienten legitimadas para utilizar su voz. Y cuando su presencia se justifica por el rol de la maternidad, se refuerza la idea de que su legitimidad proviene más de su experiencia en el ámbito privado que en el profesional.

Futuros análisis

Nuestro estudio tiene límites: no analiza la extensión de cada intervención ni su impacto en redes sociales, donde los debates se amplifican. Tampoco entra en la percepción que periodistas y lectores tienen de la credibilidad según el género. Son líneas abiertas para futuras investigaciones.

Pero los datos ya permiten una conclusión clara: la feminización del sector educativo no se traduce automáticamente en una feminización del debate educativo. Ni siquiera la sobrerrepresentación femenina en las aulas garantiza igualdad de voz en la esfera pública. Si aspiramos a un sistema educativo más justo, quizá debamos empezar por preguntarnos no solo quién enseña, sino quién habla cuando discutimos qué significa educar.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Las voces que faltan: mujeres y autoridad en la conversación pública sobre educación – https://theconversation.com/las-voces-que-faltan-mujeres-y-autoridad-en-la-conversacion-publica-sobre-educacion-276078

El planeta que hace posible los viajes en el tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Recreación del sistema binario HDE 226868–Cygnus X-1, donde un agujero negro extrae materia de una estrella gigante azul ESA, Hubble/Wikipedia, CC BY

La idea de viajar a un planeta donde el tiempo transcurra de forma diferente parece sacada de una novela de ciencia ficción. Sin embargo, la física moderna muestra que es posible, y que además ocurre constantemente. Todos experimentamos pequeñas diferencias en el paso del tiempo debido a la gravedad terrestre, aunque son tan diminutas que no podemos percibirlas.

Pero ¿qué ocurriría si encontráramos un mundo donde esas diferencias fueran extremas? ¿Podría existir un planeta en el que una estancia relativamente breve equivaliera a un siglo en la Tierra?

La respuesta sorprendente es que sí, al menos en teoría.

Cuando la gravedad modifica el tiempo

Nuestra intuición nos dice que el tiempo avanza igual para todo el mundo. Sin embargo, la teoría de la relatividad general, desarrollada por Albert Einstein en 1915, cambió para siempre esa visión. Según esta teoría, la gravedad no es una fuerza convencional, sino una curvatura del espacio-tiempo causada por la presencia de masa y energía.

Una de sus consecuencias más fascinantes es la llamada dilatación temporal gravitatoria: cuanto más intenso es un campo gravitatorio, más lentamente transcurre el tiempo para quien se encuentra inmerso en él.

Este fenómeno ha sido medido experimentalmente en numerosas ocasiones. Los satélites del sistema GPS, por ejemplo, deben corregir continuamente los efectos relativistas para proporcionar posiciones precisas. Sin estas correcciones, los errores acumulados alcanzarían varios kilómetros al día.

En la Tierra el efecto es minúsculo. Sin embargo, cerca de objetos extremadamente masivos puede llegar a ser espectacular.

Un viaje real al futuro

El universo podría albergar lugares donde el tiempo transcurra mucho más despacio que en la Tierra. Los candidatos más prometedores serían planetas orbitando cerca de agujeros negros supermasivos, donde la gravedad alcanza niveles extraordinarios.

Si alguna vez una civilización lograra visitar uno de esos mundos y regresar después a nuestro planeta, no encontraría necesariamente el mismo mundo que dejó atrás. Mientras para los viajeros habrían transcurrido meses o años, aquí podrían haber pasado generaciones enteras.

No sería una máquina del tiempo en el sentido clásico. Nadie podría regresar al pasado. Pero la relatividad de Einstein permite viajar al futuro escogiendo cuidadosamente dónde pasar el tiempo.

El sueño –o la pesadilla– de un siglo en unas horas

La cultura popular popularizó esta idea con la película Interstellar (2014). En ella, los protagonistas visitan un planeta situado cerca de un agujero negro supermasivo. Debido a la intensa gravedad, una hora en la superficie equivale aproximadamente a siete años en regiones alejadas del agujero negro.

Aunque la situación representada en la película se diseñó para respetar las leyes de la física conocidas, alcanzar una diferencia temporal tan extrema requiere condiciones extraordinarias.

Un agujero negro concentra enormes cantidades de masa en una región muy pequeña. Cerca de él, el espacio-tiempo se encuentra tan deformado que los relojes avanzan mucho más despacio que en lugares alejados. Para un observador distante, una persona situada en las proximidades del agujero negro parecería moverse a cámara lenta.

Primera imagen de un agujero negro supermasivo, ubicado en el centro de la galaxia M87. Fue difundida en 2019.
Wikimedia Commons

Si existiera un planeta estable orbitando lo suficientemente cerca de uno de estos objetos, sus habitantes experimentarían el tiempo con total normalidad. Sin embargo, al regresar a la Tierra descubrirían que aquí han transcurrido décadas o incluso siglos.

Desde su punto de vista apenas habría pasado tiempo; desde el nuestro, habrían viajado hacia el futuro.

¿Podrían existir realmente esos planetas?

La existencia de planetas alrededor de agujeros negros ya no pertenece exclusivamente al terreno de la especulación. Los astrónomos han encontrado indicios de que pueden formarse o sobrevivir en entornos extremadamente hostiles.

De hecho, se han descubierto exoplanetas que orbitaban un púlsar, el remanente ultradenso de una estrella masiva que explotó como supernova. Este hallazgo demostró que los planetas pueden existir en escenarios mucho más exóticos de lo que se pensaba décadas atrás.

Los agujeros negros también podrían albergar sistemas planetarios. Algunos planetas podrían sobrevivir a la muerte de su estrella progenitora, mientras que otros podrían formarse posteriormente a partir del material acumulado alrededor del agujero negro.

Que un planeta exista cerca de un agujero negro lo hace difícilmente habitable: las fuerzas de marea gravitatorias y la dificultad para mantener una órbita estable representan desafíos enormes.

Además, para obtener dilataciones temporales realmente extremas el planeta tendría que encontrarse peligrosamente cerca del horizonte de sucesos, la frontera a partir de la cual nada puede escapar.

Las estrellas más masivas del universo

Algunas estrellas superan varias decenas o incluso más de un centenar de veces la masa del Sol. Un ejemplo es R136a1, considerada una de las estrellas más masivas conocidas, con una masa estimada de más de 150 veces la solar. Estos gigantes estelares brillan millones de veces más que nuestra estrella y consumen su combustible a un ritmo vertiginoso, agotando en apenas unos millones de años lo que el Sol tardará unos 10 000 millones de años en consumir.

Ilustración de R136a1, una de las estrellas más masivas conocidas.
Wikimedia Commons

Un hipotético planeta orbitando muy cerca de una estrella ultramasiva como R136a1 experimentaría un tiempo ligeramente más lento que otro situado alrededor de una estrella como el Sol. No obstante, las diferencias serían insuficientes para generar saltos temporales de décadas o siglos.

La razón es sencilla: las estrellas poseen superficies materiales y radios enormes. En cambio, los agujeros negros concentran masas comparables o superiores en regiones muchísimo más compactas, lo que produce deformaciones extremas del espacio-tiempo.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El planeta que hace posible los viajes en el tiempo – https://theconversation.com/el-planeta-que-hace-posible-los-viajes-en-el-tiempo-284670

El cambio climático acaba con toneladas de ostras y mejillones en Japón y en Galicia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Limpieza de ostras para su venta en Lau Fau Shan, Hong Kong.

Wright / Wikimedia Commons., CC BY-SA

El pasado invierno, los bateeiros de la ría de Arousa sacaron a la superficie algo que no deberían haber encontrado: mejillones muertos a dos metros de profundidad. No en la superficie, donde la lluvia diluye el agua marina hasta hacerla casi dulce en los temporales más violentos, sino dos metros abajo.

La estación de control de Cortegada registró durante más de cinco días consecutivos, entre el 3 y el 7 de febrero de 2026, una salinidad por debajo de diez partes por mil, cuando el límite crítico para la supervivencia del mejillón gallego (Mytilus galloprovincialis) está en torno a doce. En dos ocasiones, el nivel cayó por debajo de cinco, con la consiguiente alta probabilidad de mortandad.

La razón estaba en la lluvia. Para hacernos una idea de la cantidad de agua que estuvo cayendo, las diez borrascas sucesivas en cuarenta y cinco días dejaron 290 litros por metro cuadrado al día. Según la Xunta de Galicia, esa agua bastaría para abastecer a Galicia durante 113 años. Los bateeiros la miraban desde las bateas con una perspectiva algo diferente.

El espejo japonés

Mientras esto sucedía aquí, al otro lado del planeta, en la bahía interior de Hiroshima –la prefectura que produce casi dos tercios de todo el ostión japonés (Crassostrea gigas)– los productores contabilizaban tasas de mortalidad de hasta el 90 % en sus parques de cultivo.

En una campaña normal, muere entre el 30 % y el 50 % de las ostras cultivadas; eso ya lo asumían como parte del negocio. Lo que encontraron este año fue de otra escala.

Columna de agua de mar profundo.
Wikimedia Commons., CC BY

¿Las razones? El verano de 2025 fue el más caluroso registrado en Japón desde que existen datos, en 1898: la temperatura media estuvo 2,36 °C por encima de la normal estacional, muy por delante del récord anterior (1,76 °C). Entre julio y octubre, las temperaturas superficiales del agua frente a las costas de Hiroshima superaron en entre 1,5 y 1,9 °C la media del período 1991–2020.

Cuando el agua superficial se calienta en exceso, la columna se estratifica, es decir, la capa cálida que está más arriba no se mezcla con el agua más fría y oxigenada del fondo. Las ostras –y los bivalvos en general– se encuentran en un doble atolladero: escasez de oxígeno y falta de alimento, porque el fitoplancton también necesita esa circulación vertical para prosperar. Las ostras debilitadas se convierten, además, en huéspedes más vulnerables a virus y bacterias que en condiciones normales.

El gobierno japonés tuvo que habilitar en diciembre de 2025 un paquete de emergencia con préstamos a interés casi nulo y a cinco años, emitidos por instituciones financieras públicas, para sostener a los productores.

Cuando el clima enloquece

Son dos calamidades distintas –una por calor extremo y estratificación, otra por la gran disminución de la salinidad– pero comparten un denominador común: el clima está dejando de comportarse como lo conocíamos. Y la acuicultura de bivalvos es un sistema que funcionaba precisamente porque ese comportamiento era predecible.

La situación gallega no empezó en febrero de 2026 y no ha terminado hoy. Según el Instituto Galego de Estatística, la acuicultura marina de Galicia –mejillón, en su gran mayoría– cayó de 231 973 toneladas en 2022 a 190 407 en 2023. Y ahí se ha quedado: 191 219 en 2024 y 189 252 en 2025, los tres años de menor producción de toda la serie desde 2007.

España perdió en 2023 200 000 toneladas de mejillones, un nivel alcanzado apenas tres veces desde los años noventa. La cifra en Galicia, de donde sale el 97 % del mejillón español, rondó las 175 000 toneladas. Ese peso específico –casi todo el mejillón nacional concentrado en unas pocas rías– es orgullo y fortaleza en tiempos buenos, pero se convierte en fragilidad sistémica cuando algo falla.

La causa no fue un accidente meteorológico aislado: al pobre asentamiento de la semilla recogida en 2022, se sumó el aumento de la temperatura del agua, que malogró los desoves en las bateas.

Olas de calor en las Rías Baixas

¿Puede pasarnos lo de Japón, es decir, las mortalidades masivas por temperatura? La respuesta es que ya tenemos parte del problema y la otra parte está en camino. Las temperaturas de las Rías Baixas en verano han estado aumentando; el Delta del Ebro ya sufrió en 2022 seis semanas consecutivas con temperaturas del agua por encima de los 30 °C, con pérdidas de 150 000 kilos de mejillón en la bahía del Fangar y la desaparición casi total de la cría para la campaña siguiente.

Las rías gallegas son más profundas que las bahías japonesas y están más influidas por el afloramiento de aguas frías subsuperficiales, lo que, por ahora, actúa como un amortiguador térmico. Dicho afloramiento es un proceso oceanográfico donde vientos constantes empujan el agua superficial de la costa mar adentro. Esto permite que aguas profundas, frías y llenas de nutrientes suban a la superficie. Esta mezcla alimenta al fitoplancton y da inicio a una gran cadena de vida y pesca en el mar. Sin embargo, este mecanismo tampoco es indestructible: la estratificación térmica que hundió a las ostras japonesas puede producirse aquí durante olas de calor marinas prolongadas, especialmente en las zonas más internas y someras de las rías. El escenario japonés no es, por tanto, imposible; es una posibilidad que el calentamiento continuo del océano va acercando a nuestras coordenadas con cada verano que pasa.

Y no hace falta esperar a un escenario hipotético. Mientras escribo estas líneas, la propia ría de Vigo lleva quince días consecutivos –desde el 20 de julio– con el agua a 20 grados o más en sus playas. Según las mediciones de la estación Torallamar del Ecimat, dependiente del Centro de Investigación Mariña de la Universidade de Vigo, en la isla de Toralla, la media de julio en la ría ha superado los 19 grados, casi dos grados por encima del promedio de la última década.

El papel protector del afloramiento, en jaque

Lo revelador no son solo los números, sino el mecanismo. El mes de julio arrancó con afloramiento –el día 3 y el 4, esa misma estación marcaba 15 grados–, pero el amortiguador se apagó en cuestión de días. El catedrático de Física de la Tierra de la UVigo Ramón Gómez Gesteira lo atribuye a las «muchísimas encalmadas» del mes: vientos neutros, de baja intensidad, incapaces de empujar el agua fría subsuperficial hacia la superficie.

Sin viento, no hay afloramiento que valga y, sin afloramiento, la ría se calienta como cualquier otra masa de agua somera bajo el sol del verano. Es exactamente el fallo del que hablábamos, ocurriendo en tiempo real, en la más meridional de las Rías Baixas. Y no es un pico aislado: en 2023, el fondo de la ría, en la ensenada de San Simón, llegó a 25 grados. El amortiguador térmico gallego existe, pero depende de un viento que no siempre sopla.

¿Qué podemos hacer?

Algunas respuestas son técnicas y están al alcance inmediato: monitorización continua de la temperatura, el oxígeno disuelto y la salinidad en tiempo real en los polígonos de bateas, para detectar con antelación las condiciones de riesgo y poder mover o sumergir las cuerdas antes de que el daño sea irreversible.

En Japón, se plantea exactamente eso, desplazar las balsas hacia zonas con temperaturas más bajas o suspender las ostras a mayor profundidad para evitar las capas superficiales más calientes. Son medidas de adaptación reactiva que no resuelven el problema de fondo, pero pueden reducir las pérdidas.

A más largo plazo, la investigación sobre familias de mejillones más resistentes al calor y a la bajada de la salinidad es un campo que merece más inversión de la que recibe. También lo merece la gestión del stock reproductor en el intermareal: si el cultivo de batea depende de los bancos naturales de mejillón salvaje, tiene sentido gestionarlos con la misma seriedad con que se gestiona –o debería gestionarse– cualquier pesquería.

Lo que no podemos hacer es tratar cada episodio extremo como un accidente meteorológico singular y esperar a que pase. El Japón que la prensa lleva describiendo desde finales de 2025 no es un caso exótico, sino una instantánea del futuro inmediato de cualquier acuicultura de bivalvos en costas templadas que no se tome el cambio climático como variable principal de planificación.

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Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El cambio climático acaba con toneladas de ostras y mejillones en Japón y en Galicia – https://theconversation.com/el-cambio-climatico-acaba-con-toneladas-de-ostras-y-mejillones-en-japon-y-en-galicia-289104

Inteligencia artificial: el nuevo asesor de compra de la generación Z

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

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Comprar ya no empieza necesariamente en una tienda. Tampoco empieza siempre escribiendo unas palabras en Google. Ahora, cada vez más, se empieza con una pregunta: “¿Qué móvil me recomiendas si hago muchas fotos y no quiero gastar más de 400 euros?”, “¿qué zapatillas me aconsejas si quiero ir al gimnasio dos veces a la semana?”.

La inteligencia artificial está cambiando algo muy cotidiano: la forma en que se toman las decisiones de compra. Hasta ahora, buscábamos la información, comparábamos enlaces, leíamos reseñas y analizábamos las diferentes opciones. Ahora se puede pedir directamente una recomendación: la IA generativa empieza a funcionar como una asesora de compra.

La diferencia parece pequeña, pero no lo es. Si el buscador tradicional ofrece resultados, la IA conversa, resume, compara y aconseja sobre la intención de compra.

Redes sociales, reseñas e IA: el nuevo entorno de compra joven

Este cambio se ve con especial claridad en la generación Z. El 60 % de los jóvenes de esta generación usa habitualmente resúmenes generados por IA, frente al 29 % de los baby boomers. Lo que se combina, además, con el canal mas importante en la decisión de compra: las redes sociales.

No se trata solo de comprar por internet. Esto ya forma parte de nuestra vida cotidiana. Lo novedoso es que una parte de la compra empieza a adoptar la forma de conversación.

Antes escribíamos: “Mejores auriculares inalámbricos” y recibíamos una lista de enlaces. Ahora precisamos: “Quiero unos auriculares para trabajar, hacer videollamadas, caminar por la ciudad, y no gastarme más de 80 euros”. Y obtenemos una respuesta adaptada y personalizada.

¿Qué es el consumo algorítmico conversacional?

A este patrón podemos denominarlo: consumo algorítmico conversacional. Es algorítmico porque depende de sistemas que ordenan, filtran y priorizan información. Y es conversacional porque la decisión se construye preguntando y afinando preferencias.

Lo más asombroso es que el algoritmo da una respuesta personalizada, guiada por nuestras interacciones. Al estar al tanto de nuestro historial de búsquedas, conoce nuestros gustos, nuestras preferencias y hasta nuestras dudas. Lo que le permite aconsejarnos el producto más adecuado (sin habérselo especificado).

Ya no se trata del influencer que recomienda, de la marca que persuade o de la reseña que tranquiliza. La inteligencia artificial devuelve una respuesta con apariencia de consejo razonado. Ahí está la clave, crear la sensación de credibilidad, calidad y personalización.

Para la generación Z, este cambio no aparece de repente. Es una generación que ya estaba acostumbrada a descubrir productos en redes sociales, mirar reseñas, seguir recomendaciones de creadores de contenido y contrastar opiniones en comunidades digitales.

Cuando una persona joven pregunta a una IA qué comprar puede estar pidiendo algo más que información técnica. Le está pidiendo que traduzca sus preferencias, presupuesto, estilo, aspiraciones y sus dudas en una recomendación concreta. La IA entra así en un momento muy sensible del proceso de compra: cuando el deseo todavía se está formando.

La recomendación parece consejo

Tanta comodidad y conveniencia tiene su contrapartida. La respuesta de la IA puede parecer neutral porque está escrita de forma clara, amable y personalizada. Sin embargo, no sabemos qué fuentes ha utilizado, qué marcas ha priorizado, qué criterios ha aplicado o qué opciones ha dejado fuera.

Hasta hace bien poco, el gran negocio digital fue captar la atención de los consumidores. Las plataformas competían por nuestros clics, nuestro tiempo y nuestra mirada. La IA conversacional abre otra fase: convertir nuestras intenciones de compra en un nuevo recurso económico.

Las conversaciones con modelos de IA pueden servir para recoger, moldear y comercializar nuestras intenciones de consumo. Todo aquello que estamos pensando hacer, comprar o decidir, incluso antes de que se convierta en una compra concreta.

La pregunta relevante no es si la generación Z compra usando la IA, sino qué ocurre cuando una generación aprende a desear, comparar y elegir conversando con sistemas que parecen aconsejar, pero también filtran, jerarquizan y orientan lo invisible.

La generación Z está mostrando antes que nadie un cambio que probablemente se extenderá a otros grupos de consumidores: pasar de buscar productos a consultar decisiones.

No se trata solo de compras

El paso del buscador al asesor algorítmico modifica el comercio digital, pero también la confianza, la autonomía y la forma en que los consumidores construyen sus gustos y preferencias.

Comprar, elegir y decidir empieza a parecerse cada vez más a una conversación (con una pantalla) que parece conocernos, que habla con cercanía y a la que empezamos a conceder una confianza antes reservada a las personas de nuestro entorno.

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Maite Aurrekoetxea Casaus no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Inteligencia artificial: el nuevo asesor de compra de la generación Z – https://theconversation.com/inteligencia-artificial-el-nuevo-asesor-de-compra-de-la-generacion-z-286994

¿Qué efecto tienen los colores en nuestro cerebro?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

PsychoBeard/Shutterstock

Asociamos el color rojo a las señales de peligro y el verde nos transmite tranquilidad. Pensamos en el azul para decorar una habitación en la que relajarnos y en el color amarillo si nos proponemos llamar la atención.

Y bien sabemos que las marcas comerciales eligen cuidadosamente los tonos de sus logotipos e incluso que hay colores a los que les atribuimos la capacidad de mejorar nuestra concentración. Sí, estamos rodeados de ideas sobre cómo los colores afectan a nuestro cerebro.

Pero ¿existe realmente una neurociencia del color? La respuesta corta es sí. Y la larga, mucho más interesante.

El color no está en la luz

Aunque suene raro, los colores no existen en la luz. La luz contiene diferentes longitudes de onda (el llamado espectro electromagnético) y es nuestro sistema nervioso el que, en la zona del espectro visible y comparando las señales que le llegan a la retina, construye la experiencia que llamamos color.

El cerebro no dispone simplemente de un detector para el rojo, otro para el verde y otro para el azul. La retina humana contiene cinco tipos de células sensibles a la luz: bastones; conos sensibles a longitudes de onda corta (S), medias (M) y largas (L); y un tipo de células ganglionares que expresan el fotopigmento melanopsina.

De modo general, podemos resumir que la percepción cromática surge de la comparación entre las señales de diferentes tipos de conos. En cierto modo podemos decir, pues, que el color es una interpretación cerebral de la luz.

Pero la historia se vuelve aún más interesante cuando descubrimos que nuestros ojos contienen células sensibles a la luz cuya función principal no es ayudarnos a formar imágenes.

Mucho más que ver

Las células ganglionares retinianas intrínsecamente fotosensibles (ipRGCs) son neuronas que contienen melanopsina, un pigmento especialmente sensible a longitudes de onda cortas; con un máximo de sensibilidad próximo a los 480 nanómetros (nm, milmillonésimas partes de metro), el fotopigmento capta la región del espectro asociada al azul verdoso.

Las ipRGCs participan en lo que conocemos como la visión no visual. La expresión puede parecer contradictoria, pero lo que trata de describir es que nuestros ojos no solo envían al cerebro información para reconocer caras, leer estas palabras o distinguir una manzana roja de una verde. Estas células también informan sobre la cantidad y las características de la luz en el ambiente, con lo que contribuyen a regular el sueño, los ritmos circadianos, el estado de alerta y otros procesos fisiológicos.

Además, las ipRGCs no trabajan solas. Reciben información de los conos y de los bastones y participan en circuitos retinianos complejos capaces de integrar las señales relacionadas con el color.

Dicho de otro modo, cuando abrimos los ojos, la luz hace al menos dos cosas a la vez: nos permite ver el mundo y, además, informa a nuestro organismo sobre qué momento del día parece ser. Y lo digo así porque podría no serlo, porque podrían confundirse.

Pensemos en alguien que mira el teléfono móvil en la cama a medianoche; o sea, yo mismo. El reloj marca las doce, pero la retina está recibiendo una señal luminosa que dista mucho de estar asociada con la oscuridad de esa hora. Para algunos circuitos de nuestro cerebro, el mensaje que llega desde los ojos es que, quizá, todavía no sea el momento de dormir.

La paradoja del azul

Y aquí aparece una curiosa contradicción. Solemos asociar el azul con la calma. Basta con pensar en el cielo o en la mar. Sin embargo, la luz rica en las longitudes de onda cortas (entre los 460 y los 480 nm) puede producir justo lo contrario, especialmente durante la noche.

Una revisión sistemática y de tipo metaanálisis ha mostrado que la luz comprendida en el rango antes indicado puede aumentar el estado de alerta y modular la actividad cerebral y ciertas funciones cognitivas. Y estos efectos son mucho más evidentes durante la noche que durante el día.

¿Dónde está la explicación? Pues, en buena medida, en la melanopsina. Cuando esas longitudes de onda activan el fotopigmento, las ipRGCs que lo contienen responden y ponen en marcha vías nerviosas que conectan la luz ambiental con la regulación de nuestros ritmos biológicos al interferir con la secreción de melatonina, la hormona que producimos durante la noche y que actúa como una señal biológica de oscuridad.

¿Y el rojo nos pone nerviosos?

Ya hemos visto que el color que creemos percibir y el efecto fisiológico de la luz no son exactamente la misma cosa. Y, en este sentido, hay estudios que han encontrado diferencias en la actividad cerebral (mediante electroencefalografía) cuando observamos distintos colores.

Por ejemplo, se ha asociado la percepción del rojo con cambios en la banda alfa-3, banda que los autores relacionan con una posible respuesta emocional negativa y un aumento de la ansiedad. En cuanto a los estímulos azules y verdes, produjeron diferencias en la banda beta-1, lo cual se considera compatible con una mayor atención.

Pero cuidado, que hablamos de asociaciones entre determinados patrones de actividad cerebral y de estados emocionales o cognitivos, lo que no significa que el estudio haya demostrado que el rojo provoque ansiedad ni que el verde nos haga más atentos. Es decir, que de estos experimentos no podemos concluir que pintar una oficina de verde vaya a convertirnos automáticamente en trabajadores más concentrados.

En definitiva, nunca procesamos un color aislado del mundo. Un semáforo rojo, una rosa roja y una mancha roja sobre una bata blanca pueden compartir color y provocar, obviamente, experiencias completamente diferentes.

La construcción inconsciente del color

Revisando todos estos artículos, y partiendo de que creemos que los colores afectan a nuestro cerebro porque los vemos, la conclusión más interesante que sacaría en claro es la siguiente: lo que la neurociencia está demostrando es que parte de los efectos de la luz comienzan antes de que el cerebro haya construido conscientemente el color.

Sí, vemos la luz, pero nuestro organismo también la mide sin que seamos conscientes de ello. Y mientras nuestro cerebro decide si algo es azul, verde o rojo, otros circuitos están intentando responder a una pregunta mucho más básica: ¿es de día o es de noche?

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Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

– ref. ¿Qué efecto tienen los colores en nuestro cerebro? – https://theconversation.com/que-efecto-tienen-los-colores-en-nuestro-cerebro-286447

Ni castigar ni ceder al miedo: cómo enfrentarse a la violencia de hijos contra padres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miriam Junco Guerrero, Personal Docente e Investigador Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Málaga

Mish.El/Shutterstock

Marcos, un adolescente de 14 años, vuelve a casa después de pasar todo el día fuera. Su madre le recuerda que había quedado en vaciar el lavavajillas y sacar la basura. Marcos responde con gritos y de mala manera, y cuando su madre insiste en que era lo acordado y que debe contribuir al orden en casa, la discusión va a más. Unos días después, ante una situación parecida, Marcos no se limita a gritar: insulta y pega un portazo. Poco a poco, su madre empieza a medir sus palabras, a evitar determinados temas y a preguntarse, antes de reclamarle que haga o deje de hacer alguna cosa, cómo va a reaccionar.

Un día, la madre de Marcos se da cuenta de algo terrible: tiene miedo de su propio hijo.

La mayoría de padres y madres no son capaces de imaginar una situación así. Sin embargo, este tipo de violencia de hijos a padres está más presente de lo que pensamos: en 2024, la Fiscalía General del Estado registró 4 425 procedimientos de menores por violencia doméstica hacia ascendientes y hermanos. Y esta cifra recoge únicamente los casos que llegan al sistema judicial. Puede aparecer en todo tipo de familias, sin que haya necesariamente situaciones previas de violencia o agresividad durante la infancia. Tampoco son únicamente resultado de una crianza autoritaria o violenta.

Reaccionar ante la violencia de un hijo

Cuando un hijo o hija grita, insulta o intimida, muchas familias acaban respondiendo de dos formas opuestas: aumentando los castigos o cediendo para evitar una nueva explosión. Ninguna de las dos opciones funciona.

En el primer caso, quedan atrapadas en un círculo que se retroalimenta: cuanto mayor es la violencia, mayor es la necesidad de reaccionar; y cuanto más se reacciona, más se intensifica el conflicto.

En el segundo, ceder puede reducir el conflicto a corto plazo, pero también puede hacer que el miedo a una nueva reacción termine condicionando las decisiones de los padres. Poco a poco, dejan de poner ciertos límites o de abordar determinados temas para evitar una nueva explosión.

De esta manera algunas familias acaban atrapadas en una convivencia marcada por el miedo, la angustia y la incertidumbre. Evidentemente, la convivencia se deteriora y se rompe la sensación de seguridad del hogar. Los padres sienten que, poco a poco, pierden el control de la situación.

La solución no pasa por imponer más autoridad, sino por recuperarla de otra manera: sin alimentar la escalada del conflicto.

Resistencia no violenta en el hogar

¿Qué alternativas existen? La Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP) propone la “resistencia no violenta”. Este enfoque, desarrollado por el profesor de psicología israelí Haim Omer, propone recuperar la autoridad sin luchar por el control. No se trata de renunciar a los límites, sino de ejercerlos desde la calma, evitando entrar en una dinámica de confrontación permanente. Porque poner límites y castigar son cosas diferentes.

El modelo parte de una idea sencilla pero profundamente transformadora: un hijo o una hija necesita saber que su comportamiento violento no será aceptado, pero también que su lugar dentro de la familia nunca estará en duda.




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Esto se puede lograr “pulsando el botón de pausa”: evitando responder impulsivamente a una agresión o provocación, y regulando primero las propias emociones para poder intervenir desde la serenidad.

Por ejemplo, si nuestro hijo empieza a insultarnos durante una discusión, en lugar de responder al insulto, levantar la voz o imponer un castigo en ese momento, podemos detener la conversación y decirle que hablaremos de lo ocurrido cuando ambos estemos más tranquilos. No se trata de ignorar lo sucedido ni de ceder, sino de posponer la respuesta para evitar que el conflicto siga escalando.

Cómo mantener la calma

Regular las propias emociones ante una agresión no significa ser permisivo, ni mirar hacia otro lado o dejar pasar la violencia. Significa evitar que el miedo, la rabia o la frustración tomen el control y conduzcan a una respuesta impulsiva. Se trata de recuperar la calma para elegir el momento y la forma adecuados de afrontar la situación. O, como resume uno de sus principios, actuar cuando “la plancha está fría”. Solo así es posible ejercer una autoridad firme, serena y coherente.

Por ejemplo, si nuestro hijo da un portazo o golpea un objeto durante una discusión, es posible que nuestra primera reacción sea seguirle, exigirle que vuelva inmediatamente o amenazarle con un castigo. En lugar de actuar desde esa rabia, podemos darnos unos minutos para recuperar la calma y retomar lo ocurrido más tarde. Esperar no significa dejar pasar la conducta: el límite sigue ahí, pero se aborda cuando la tensión ha disminuido.

Reparar y buscar apoyo

Esta técnica va más allá de la gestión del conflicto. También busca reparar la relación con los hijos. Por ello, propone aumentar la presencia parental mediante pequeños gestos cotidianos –un mensaje preguntando cómo ha ido el día o una actividad compartida– que recuerdan que siguen siendo queridos, aunque su comportamiento deba cambiar. Estos gestos no pretenden premiar la conducta violenta, sino reconstruir un vínculo que el conflicto suele haber deteriorado profundamente.

Otro de los pilares del modelo consiste en romper el silencio. El miedo, la culpa o la vergüenza aíslan a muchas familias. Frente a ello, ser capaz de reconocer el problema permite buscar y crear una red de apoyo formada por familiares, amigos o profesionales. Pedir ayuda no significa fracasar, sino dejar de afrontar la violencia en soledad.

Esta estrategia psicológica de respuesta se basa en esperar a que pase el momento de mayor carga emocional.
Cuatro pilares de la resistencia no violenta.
Miriam Junco

Un manual de referencia

Para facilitar el acceso en español a este enfoque hemos adaptado el Manual para Progenitores de Resistencia No Violenta con la colaboración de profesionales especializados. Este recurso permite a las familias conocer los principios y estrategias de la resistencia no violenta y puede servir de apoyo para comprender y afrontar estas situaciones, sin pretender sustituir el acompañamiento profesional.

Cuando la violencia es recurrente, existe miedo en el hogar o se producen amenazas o agresiones, es recomendable acudir a profesionales especializados que puedan valorar la situación y adaptar la intervención a las necesidades de cada familia.




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La violencia filio-parental no admite soluciones simples y, en muchos casos, requiere una intervención especializada. Pero modelos como la resistencia no violenta muestran que existe una alternativa al enfrentamiento permanente.

Ningún padre, ninguna madre ni ningún hijo deberían sentir que su hogar ha dejado de ser un lugar seguro. Recuperar la autoridad no consiste en ganar una batalla. Consiste en reconstruir una convivencia en la que, al abrir la puerta de casa, nadie tenga que preguntarse con temor qué ocurrirá hoy.

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Shirley Jeannet Arias Rivera es miembro de La Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP) y la Asociación para el estudio y apoyo a las familias (ESAFAM).

David Cantón Cortés y Miriam Junco Guerrero no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Ni castigar ni ceder al miedo: cómo enfrentarse a la violencia de hijos contra padres – https://theconversation.com/ni-castigar-ni-ceder-al-miedo-como-enfrentarse-a-la-violencia-de-hijos-contra-padres-287889

Por qué seguimos comprando libros que no leemos… y por qué nos hace tanta ilusión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Michelle Spear, Professor of Anatomy, University of Bristol

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En las épocas de mucho ajetreo, me doy cuenta de que, sencillamente, no puedo leer tanto como me gustaría. La vida tiene la costumbre de llenar cada hora libre con trabajo, reuniones, correos electrónicos, tareas domésticas, recados y plazos. Cuando estoy en uno de mis hábitats naturales –una librería–, resulta frustrante ver tantas cosas que me gustaría leer sabiendo que no tengo tiempo.

Mi consuelo habitual es comprar el libro de todos modos y dejar que se vaya acumulando en un pequeño montón, con la esperanza de que llegue un tiempo más tranquilo en el que por fin pueda abrirlos. Es extrañamente satisfactorio. Algunos podrían llamarlo desorden. Los japoneses tienen una palabra mucho más elegante para ello: tsundoku.

El término describe el hábito de adquirir libros y dejar que se acumulen sin leer. Combina la idea de apilar cosas (tsunde), dejar algo para más tarde (oku) y leer (doku). El resultado es un concepto que captura el optimismo silencioso de una pila de libros.

Lejos de ser un signo de falta de tiempo o de disciplina, el tsundoku puede revelar algo sorprendentemente importante sobre cómo responde el cerebro a la anticipación.

La dopamina de las expectativas

Cuando nos encontramos con algo que promete disfrute o descubrimiento, el sistema de recompensa del cerebro se pone en marcha. Una de sus vías recorre el área tegmental ventral –una región del mesencéfalo, el cerebro medio, que produce dopamina y está implicada en la motivación– hasta el núcleo accumbens, una estructura que ayuda a generar sensaciones de recompensa.

La dopamina se describe a menudo como la sustancia química del placer, pero eso es demasiado simplista. Una de sus funciones clave es ayudar al cerebro a identificar oportunidades que merezca la pena perseguir. En lugar de recompensarnos solo después de que haya ocurrido algo beneficioso, el cerebro a menudo nos recompensa por adelantado, fomentando comportamientos que probablemente resulten valiosos.

Desde una perspectiva evolutiva, esto tiene sentido. Nuestros antepasados se beneficiaban de buscar comida antes de tener hambre, refugio antes de que llegara una tormenta y conocimientos útiles antes de necesitarlos. Un cerebro capaz de anticipar recompensas futuras tenía una clara ventaja sobre uno que solo respondía a las necesidades inmediatas.

Esto significa que la dopamina responde no solo a las recompensas en sí mismas, sino también a su expectativa. La anticipación de una experiencia placentera puede activar las vías de recompensa mucho antes de que esta tenga lugar.

El disfrute futuro

Un libro sin leer es un buen ejemplo. Puede permanecer cerrado durante semanas o meses, pero el cerebro ya ha reconocido su valor potencial, disfrutando de la perspectiva antes incluso de haber pasado de la primera página.

El hipocampo, una estructura situada en lo más profundo del cerebro y conocida sobre todo por su papel en la memoria, también desempeña un papel importante. Aunque a menudo pensamos que el hipocampo nos ayuda a recordar, es igualmente importante para imaginar. El mismo mecanismo neuronal que nos permite reconstruir experiencias pasadas nos ayuda a construir las futuras.

Cuando nos visualizamos leyendo por fin ese libro durante unas vacaciones de verano, en un largo viaje en tren o acurrucados en el sofá en una tarde lluviosa, el hipocampo comienza a armar esa experiencia futura. Une fragmentos de experiencias anteriores almacenadas en todo el cerebro –el calor de los rayos del sol, el olor a café, el sonido de las páginas al pasar, la comodidad de nuestro sillón favorito– para crear una escena mental coherente.

En efecto, el cerebro utiliza los recuerdos del pasado para ensayar placeres que aún están por llegar.

Una mujer leyendo un libro en la playa.
Imaginándonos en el futuro.
Jacek Chabraszewski/Shutterstock.com

Contribuir al bienestar

Esta capacidad puede ser más importante de lo que creemos. Los psicólogos reconocen cada vez más que la anticipación positiva contribuye al bienestar. Esperar con ilusión experiencias agradables puede mejorar el estado de ánimo, aumentar la motivación y servir de amortiguador frente al estrés cotidiano. En algunas circunstancias, la anticipación de un acontecimiento puede ser casi tan gratificante como el propio acontecimiento.

Esto puede explicar por qué una pila de libros sin leer se percibe de forma tan diferente a una pila de correos electrónicos sin responder. Ambos representan cosas que esperan ser hechas, pero la diferencia radica en cómo los interpreta el cerebro. Los correos electrónicos sin responder son obligaciones futuras, mientras que los libros sin leer son recompensas futuras.

Quizá no sea una coincidencia que este comportamiento se perciba con mayor intensidad en las librerías que en internet. Hojear los libros en persona involucra al cerebro de forma más completa, recurriendo a los sistemas sensoriales, espaciales y de recompensa que hacen que el descubrimiento resulte más enriquecedor y memorable. Por ejemplo, el aroma característico y ligeramente dulce del papel y la tinta es detectado por el sistema olfativo y se transmite directamente a las regiones implicadas en la memoria y las emociones, como el hipocampo y la amígdala.

Mucho antes de que se lea un libro, la experiencia de encontrarlo ya se asocia con el placer. Así que quizá el tsundoku refleje una de las capacidades más notables del cerebro: la de disfrutar con experiencias que aún no han tenido lugar.


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Michelle Spear no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El eclipse total que verá España en 2027 será muy diferente del que acabamos de presenciar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Eclipse solar de 2026, desde Vitoria-Gasteiz, España. Mike Peel / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Hace apenas unos días, millones de personas pudieron contemplar cómo el día se convertía en noche sobre buena parte de España. El 12 de agosto de 2026, la Luna se interpuso entre nuestro planeta y el Sol, y su sombra atravesó la península ibérica de oeste a este.

Fue un eclipse total especialmente llamativo porque España se encontraba casi al final de la trayectoria de la sombra: la totalidad llegó al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte. En A Coruña, por ejemplo, nuestra estrella estaba a solo 12 grados de altura durante la totalidad, en Burgos a 8 grados y, en Palma, apenas alcanzaba los 2 grados.

Pero no será el último evento de estas características que cruzará nuestros cielos próximamente. El 2 de agosto de 2027 otro eclipse solar total atravesará España. Y, aunque ambos estarán separados por apenas 355 días, serán fenómenos muy diferentes, debido a la geometría de la sombra lunar.

La sombra de la Luna

Cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, bloquea la luz solar y proyecta hacia nuestro planeta una sombra formada por distintas regiones.

La penumbra es la zona exterior. Si alguien está dentro ella, verá cómo la Luna oculta solamente una parte del disco solar y se observa un eclipse parcial. En el interior, se encuentra la umbra, donde nuestro satélite consigue cubrir completamente el Sol. Quienes están dentro de esta zona pueden contemplar la totalidad, como sucederá en el eclipse de 2027 y como ocurrió hace unas semanas.

Umbra, penumbra y antumbra de la Tierra.
Wikimedia Commons

Existe además una tercera región, la antumbra, que se produce cuando el vértice de la umbra no llega a alcanzar la superficie terrestre. Desde allí, la Luna se ve ligeramente más pequeña que el Sol y se observa un eclipse anular, con el conocido “anillo de fuego”. Es lo que presenciaremos, también en España, el 26 de enero de 2028.

Así, la franja de totalidad que aparece sobre los mapas es la huella que deja esa pequeña sombra mientras recorre la superficie terrestre. Y su posición cambia de un eclipse a otro porque cambia la posición relativa de la Luna, la Tierra y el Sol.

De un extremo de España al otro

En 2026, la franja de totalidad recorrió prácticamente toda la mitad norte de la península ibérica. Como España se encontraba cerca del final del recorrido de la sombra, ocurrió al final de la tarde, con el Sol muy próximo al horizonte.

Animación del eclipse solar de agosto del 2027.
A.T. Sinclair

Pero, en 2027, sucederá justo lo contrario. La franja de totalidad se desplazará al extremo sur y atravesará el estrecho de Gibraltar. Incluirá Cádiz, parte de Málaga, las zonas más meridionales de Granada y Almería, Ceuta y Melilla. El eclipse será parcial en el resto del país.

Y habrá una diferencia decisiva: ocurrirá por la mañana. La totalidad tendrá lugar aproximadamente a las 10:50, con el Sol mucho más alto sobre el horizonte.

La matemática de la sombra

Pero ¿cómo podemos saber con tanta precisión dónde estará esa diminuta sombra?

Una de las herramientas fundamentales para calcularlo son los elementos de Bessel, desarrollados en el siglo XIX por el astrónomo Friedrich Bessel. En lugar de seguir directamente la compleja geometría tridimensional de Sol, Luna y Tierra, este método proyecta el eje de la sombra lunar sobre un plano perpendicular a él (conocido como plano de Bessel).

Umbra y penumbra (verde) proyectadas sobre la esfera terrestre durante un eclipse solar y plano fundamental de Bessel (rojo)
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Los elementos de Bessel describen cómo se mueve ese eje y cómo cambian con el tiempo los tamaños de la umbra y la penumbra. A partir de ellos, pueden determinarse las zonas de comienzo y final del eclipse, la trayectoria de la totalidad, su anchura y la duración del fenómeno en cada lugar. Los cálculos de la NASA sitúan la anchura máxima de la franja de totalidad en unos 258 kilómetros.

Un evento todavía más espectacular

La diferencia no será únicamente geográfica. También aumentará la duración de la totalidad. En 2027, dentro de España, alcanzará unos 4 minutos y 49 segundos en Ceuta. Melilla tendrá unos 4 minutos y 34 segundos, Cádiz, 2 minutos y 56 segundos y Málaga, alrededor de 2 minutos.

Durará más debido a una combinación favorable de factores geométricos. La Luna se encontrará lo suficientemente cerca de la Tierra como para presentar un diámetro aparente mayor que el del Sol y la geometría del encuentro hará que su sombra recorra la superficie terrestre de forma favorable.

Además, el astro rey estará mucho más alto en el cielo que durante el eclipse de 2026. Esto facilitará la observación y la fotografía: no habrá que luchar contra la atmósfera cercana al horizonte, que puede distorsionar y atenuar su imagen. También será más sencillo encontrar un lugar con el horizonte despejado.

Durante esos minutos, la Luna ocultará completamente la fotosfera solar y podremos observar la tenue corona, normalmente invisible por el intenso brillo de la superficie del Sol. La corona no es estática: sus formas dependen de la actividad magnética de nuestra estrella y, durante un eclipse, pueden distinguirse sus estructuras alrededor del disco lunar. Es precisamente esta visión de la atmósfera solar la que convierte la totalidad en una experiencia completamente diferente de un eclipse parcial.

Único en su estilo

Así que el eclipse de 2027 no será simplemente la repetición del que acabamos de vivir. El pasado 12 de agosto, vimos una totalidad vespertina, con el Sol rozando el horizonte y la sombra atravesando el norte peninsular. El año que viene, observaremos una totalidad matutina, con el Sol mucho más alto, una trayectoria concentrada en el sur y casi cinco minutos de oscuridad en los lugares más favorables.

La geometría celeste habrá cambiado ligeramente. Para nosotros, sin embargo, experiencia será completamente distinta.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El eclipse total que verá España en 2027 será muy diferente del que acabamos de presenciar – https://theconversation.com/el-eclipse-total-que-vera-espana-en-2027-sera-muy-diferente-del-que-acabamos-de-presenciar-289998