La muerte de una estrella no es el final: un nuevo descubrimiento desvela lo que ocurrirá cuando muera el Sol

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Recreación de una estrella gigante roja tragándose un planeta. James Gitlin/STScI AVL, CC BY

La muerte del Sol es un acontecimiento lejano, pero inevitable. Comprender qué ocurrirá cuando nuestra estrella agote su combustible es una de las grandes preguntas de la astronomía moderna; su final determina el destino del Sistema Solar, y el de la Tierra.

Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de St Andrews (Reino Unido) que publica Nature ofrece una de las pistas más claras hasta la fecha. Gracias a observaciones del telescopio espacial James Webb, un equipo internacional de astrónomos ha observado un planeta gigante orbitando una enana blanca y ha logrado reconstruir su historia. El resultado sugiere que la muerte de una estrella no implica necesariamente el final de todos los planetas del sistema solar.

El futuro del Sol

Dentro de unos 5 000 millones de años, el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo. A partir de ese momento se convertirá en una gigante roja cuyo tamaño crecerá más de cien veces respecto al actual.

Muerte de la Tierra, dentro de 5 mil millones de años, una vez el Sol se convierta en una gigante roja.
Wikimedia Commons, CC BY

Mercurio y Venus desaparecerán con toda seguridad. La Tierra podría correr la misma suerte. Después, las capas externas del Sol serán expulsadas al espacio y solo quedará su núcleo: una enana blanca, un objeto del tamaño de nuestro planeta, pero enormemente masivo, con cerca de la mitad de la masa actual del Sol concentrada en un volumen diminuto.

Lo que revela el nuevo estudio es que los planetas más alejados, como Júpiter, Saturno, Urano o Neptuno, podrían sobrevivir a la hecatombe.

Un planeta alrededor de una estrella muerta

La clave del estudio es WD 1856 b, un exoplaneta gigante situado a unos 80 años luz de la Tierra. Tiene un tamaño parecido al de Júpiter, pero entre cuatro y once veces más masa. Lo más sorprendente es que orbita una enana blanca cada 1,4 días a una distancia de apenas 0,02 unidades astronómicas (o, sea, 0,02 veces la distancia entre el Sol y la Tierra, lo que equivale a unos 3 millones de kilómetros). Esa órbita parece imposible.

Cuando la estrella progenitora atravesó la fase de gigante roja, ocupó una región mucho mayor que la órbita actual del planeta. Si WD 1856 b hubiera estado siempre ahí, habría sido destruido.

Durante años los astrónomos debatieron dos posibilidades. La primera era que el planeta hubiera sobrevivido dentro de la envoltura de la gigante roja. La segunda, que inicialmente estuviera mucho más lejos y migrara hacia el interior después de la muerte de la estrella.

La precisión del telescopio espacial James Webb

Para resolver el misterio, los investigadores utilizaron el espectrógrafo NIRSpec del telescopio James Webb durante uno de los breves tránsitos astronómicos del planeta frente a la enana blanca. El fenómeno apenas dura ocho minutos, lo que da una idea de la precisión necesaria para obtener los datos.




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Una atmósfera rica en carbono

Las observaciones revelaron algo inesperado: la atmósfera planetaria contiene hidrocarburos, probablemente metano, además de neblinas y nubes. El análisis sugiere una abundancia de carbono notablemente elevada. Es la primera vez que se caracteriza la atmósfera de un planeta que orbita una estrella muerta.




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Esta riqueza química resulta especialmente interesante porque proporciona pistas sobre la historia del planeta. Parte de ese material pudo incorporarse durante su formación, aunque también es posible que haya acumulado compuestos ricos en carbono a lo largo de miles de millones de años de evolución.

Pero el descubrimiento más importante fue otro. El planeta presenta una temperatura de unos 400 kelvin (aproximadamente 127 °C), muy superior a los 160 kelvin que debería tener si solo recibiera energía de la tenue enana blanca.

Una reconstrucción de miles de millones de años

Los gigantes gaseosos se enfrían de manera predecible a lo largo del tiempo. Utilizando modelos de enfriamiento planetario, los investigadores reconstruyeron la historia térmica de WD 1856 b y calcularon cuándo tuvo que producirse el episodio que lo calentó.

La respuesta fue sorprendente: el calentamiento ocurrió entre 3 y 5,5 miles de millones de años después de que la estrella ya se hubiera convertido en una enana blanca.

Ese resultado prácticamente descarta que el planeta sobreviviera dentro de la gigante roja. Si hubiera ocurrido así, el calentamiento habría coincidido con la muerte de la estrella.

En cambio, la explicación más probable es que el planeta permaneciera durante miles de millones de años en una órbita segura y distante. Solo mucho después, un proceso de migración planetaria impulsado por interacciones gravitatorias alteró su trayectoria. Durante ese proceso, las fuerzas de marea generaron enormes cantidades de calor en el interior del planeta.

La acción de las fuerzas de marea que Júpiter ejerce sobre Europa estira periódicamente su interior, generando calor suficiente para mantener un océano líquido permanente bajo su superficie helada.
Wikimedia Commons, CC BY

El “continuará” del sistema solar

El hallazgo muestra que la evolución de un sistema planetario no termina cuando muere su estrella. De hecho, puede continuar durante miles de millones de años. Los gigantes gaseosos supervivientes pueden cambiar de órbita, sufrir encuentros gravitatorios e incluso migrar hacia el remanente estelar mucho tiempo después de la desaparición de la estrella original.

No sabemos si algo parecido ocurrirá en nuestro sistema solar. Pero WD 1856 b demuestra que Júpiter y los demás gigantes gaseosos podrían tener una historia mucho más larga y compleja de lo que imaginábamos.

Por primera vez, los astrónomos han observado un posible futuro del sistema solar y han logrado reconstruirlo. Y lo que han descubierto es que la muerte del Sol quizá no sea el final de la historia, sino el comienzo de un nuevo capítulo.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La muerte de una estrella no es el final: un nuevo descubrimiento desvela lo que ocurrirá cuando muera el Sol – https://theconversation.com/la-muerte-de-una-estrella-no-es-el-final-un-nuevo-descubrimiento-desvela-lo-que-ocurrira-cuando-muera-el-sol-286457

No todo está en las palabras: el infravalorado papel del hemisferio derecho en la comprensión del lenguaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Loles Villalobos Tornero, Facultad de Psicología. Departamento de psicología experimental procesos cognitivos y logopedia. Instituto de Tecnología del Conocimiento, Universidad Complutense de Madrid

Rimma Bondarenko/Shutterstock

Imagine que está en una habitación sofocante en pleno verano. Entra alguien y comenta: “Qué pena que se me haya olvidado traer el jersey”. La mayoría de nosotros entendemos inmediatamente que no habla en serio. No pensamos que tenga frío, sino que está haciendo una broma para remarcar el calor que hace. Pero ¿y si una persona comprende perfectamente todas las palabras de esa frase, pero no capta la intención? Entiende el significado literal, pero no el mensaje real. Esto puede ocurrir tras una lesión cerebral.

El lenguaje es una de las capacidades cognitivas más sofisticadas de los seres humanos. Aunque otras especies se comunican, ninguna lo hace con la complejidad que caracteriza a nuestra especie. Para que esa capacidad funcione, el cerebro debe coordinar una extensa red de regiones conectadas entre sí.

Los primeros mapas cerebrales del lenguaje

Los primeros avances en el estudio de las bases cerebrales del lenguaje se produjeron a mediados del siglo XIX. El neurólogo francés Paul Broca observó que las lesiones en una región de la parte frontal izquierda del cerebro provocaban en los pacientes dificultades para expresarse. Poco después, el investigador alemán Carl Wernicke describió que las lesiones en una zona temporal izquierda alteraban principalmente aspectos de la comprensión.

Los investigadores de la época trabajaban sin técnicas de neuroimagen. Sus conclusiones procedían principalmente de la observación clínica y del estudio post mortem del cerebro de pacientes que habían sufrido una lesión. Estas personas presentaban afasia, un trastorno adquirido del lenguaje que aparece cuando un daño cerebral altera esta capacidad previamente desarrollada con normalidad.

Con el paso de las décadas, los científicos comprendieron que el lenguaje no depende únicamente de áreas aisladas. Diseñaron modelos teóricos basados en el funcionamiento de regiones cerebrales conectadas. En la actualidad, ya se conocen los circuitos cerebrales que subyacen a la anatomía funcional del lenguaje.

El hemisferio izquierdo no trabaja solo

Durante mucho tiempo se asumió que el hemisferio izquierdo era el gran protagonista del lenguaje. Efectivamente, en la mayoría de las personas concentra funciones esenciales para hablar y comprender palabras.

Sin embargo, las modernas técnicas de neuroimagen han permitido observar el cerebro en funcionamiento y han revelado una realidad más compleja. Cuanto más exigente es una tarea lingüística, más regiones cerebrales participan en ella.

La comprensión de narraciones extensas o conversaciones o textos complejos activa no solo áreas clásicamente relacionadas con el lenguaje en el hemisferio izquierdo, sino también regiones del hemisferio derecho. Este último desempeña un papel especialmente relevante cuando necesitamos integrar información, interpretar el contexto o inferir significados que no están explícitamente expresados.

Más allá de las palabras: la pragmática

Aquí entra en juego un aspecto fundamental de la comunicación humana: la pragmática del lenguaje.

La pragmática hace referencia a nuestra capacidad para interpretar qué quiere decir realmente una persona teniendo en cuenta el contexto, la situación y sus intenciones. Gracias a ella comprendemos que el significado de una frase no depende únicamente de las palabras que contiene.

Por ejemplo, cuando alguien afirma “qué puntual eres” después de que lleguemos media hora tarde, entendemos que probablemente está expresando una crítica y no un elogio. Del mismo modo, sabemos reconocer bromas, ironías o dobles sentidos.
Esta capacidad resulta tan automática que rara vez somos conscientes de ella.

Sin embargo, esto constituye una de las habilidades más sofisticadas de la comunicación humana. A fin de cuentas, requiere combinar información lingüística, conocimientos previos, claves sociales e incluso la capacidad de comprender los pensamientos y emociones de los demás (un componente de la cognición social llamado teoría de la mente).

Cuando una broma deja de tener gracia

Numerosos estudios han mostrado que las personas con lesiones en el hemisferio derecho suelen conservar la capacidad de hablar y comprender palabras y frases: a simple vista, parece que su lenguaje funciona con normalidad. Sin embargo, habitualmente presentan dificultades para interpretar significados implícitos, detectar el sarcasmo o comprender el humor. También pueden tener problemas para seguir el hilo de conversaciones complejas o para captar matices emocionales en el discurso.

Esta situación plantea un desafío para los profesionales sanitarios. Las pruebas tradicionales de evaluación del lenguaje suelen centrarse en aspectos como la denominación de objetos, la repetición de palabras o la comprensión de frases relativamente simples. Como consecuencia, algunas personas pueden obtener resultados aparentemente normales y, sin embargo, experimentar dificultades significativas en situaciones comunicativas de la vida real.

Se trata de dificultades menos visibles que una afasia clásica, pero pueden afectar de manera importante a las relaciones sociales, familiares y laborales.

Un cerebro preparado para leer entre líneas

Entender el lenguaje no consiste únicamente en reconocer palabras o construir frases correctas. También implica interpretar intenciones, comprender emociones y descubrir significados implícitos.

La próxima vez que sonría ante una ironía o entienda una broma aparentemente obvia, recuerde que detrás de esa sencilla interacción cotidiana está trabajando una compleja red cerebral distribuida en ambos hemisferios del cerebro. Porque, en comunicación, las palabras son solo una parte del mensaje.

The Conversation

Loles Villalobos Tornero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El virus del mpox sigue circulando, y la vacuna es la principal arma para prevenir y controlar la enfermedad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jenaro Astray Mochales, Grupo de trabajo sobre vacunas de la Sociedad Española de Epidemiologia (SEE). Epidemiólogo

Tobias Arhelger/Shutterstock

La mpox, antes denominada viruela del mono o monkeypox, ha pasado de ser una enfermedad rara y limitada a regiones endémicas a convertirse en un problema de salud pública de relevancia global.

En Europa, un brote causado por el subclado IIb –una de las variantes del virus del mpox (MPXV) que causa la enfermedad– ha dejado desde 2022 más de 22 000 casos en Europa, incluida España. En 2025, otro clado (el Ib) empezó a circular en países europeos, con una trasmisión sostenida y tendencia al alza.

A lo largo de los últimos 12 meses, 16 países han reportado 458 casos de clado I y 18 han informado de 921 casos del clado II, lo cual evidencia que el riesgo de nuevos brotes sigue presente.

Cómo hacerle frente

Actualmente, la vacunación constituye la principal medida de prevención frente a la mpox y un elemento clave para limitar su transmisión, reducir la gravedad de los casos y prevenir hospitalizaciones y complicaciones. Tras el brote internacional iniciado en 2022, los países europeos implementaron estrategias de inmunización que han demostrado su eficacia.

La vacuna utilizada en la Unión Europea, comercializada como Imvanex o Jynneos, es una vacuna de tercera generación no replicativa. Esto quiere decir que contiene un virus modificado genéticamente (Modified Vaccinia Ankara, MVA BN) para que no pueda multiplicarse en las celulas, pero capaz de generar una respuesta inmunitaria protectora, incluso en personas con problemas de inmunosupresión.

Inicialmente autorizada para la viruela, su indicación se amplió durante el brote de 2022 para prevenir la mpox en adultos y, posteriormente, en adolescentes a partir de los 12 años. Puede administrarse tanto por vía subcutánea como intradérmica, lo que permite proporcionar anticuerpos protectores con el 20 % de la dosis habitual. Esto ha permitido adaptar las estrategias de vacunación en situaciones de disponibilidad limitada de dosis.

Dichas estrategias se articulan fundamentalmente en torno a dos enfoques complementarios: la profilaxis preexposición (es decir, para prevenir la infección) y la profilaxis postexposición (administrada después de haber estado en contacto con alguien que tenga mpox).

Vacunas preexposición

La primera de ellas está dirigida a personas con mayor riesgo de contacto con el virus. En este grupo se incluyen hombres que tienen sexo con hombres, bisexuales y personas trans con prácticas de mayor riesgo, como múltiples parejas, sexo en grupo o cambios frecuentes de parejas sexuales.

La vacuna preexposición también se recomienda en determinados colectivos con riesgo ocupacional. Nos referimos a trabajadores de laboratorio que manipulan el virus MPXV, profesionales sanitarios que atienden a personas con infecciones de transmisión sexual o infección por VIH y personal encargado de la limpieza y desinfección en entornos donde se producen contactos sexuales que pueden implicar alto riesgo.

Un solo pinchazo confiere una protección moderada, pero se refuerza con la administración de una segunda dosis. Por tal motivo, completar la pauta vacunal es una prioridad de salud pública; especialmente teniendo en cuenta que, en algunos países, como España, solo alrededor del 50 % de las personas vacunadas han recibido las dos dosis recomendadas.

Vacunas postexposición

La profilaxis postexposición se revela como otra estrategia esencial, especialmente para el control de brotes y la protección de personas vulnerables. La vacunación tras una exposición conocida al MPXV puede prevenir la aparición de la enfermedad o, si se administra de forma más tardía, atenuar sus manifestaciones clínicas.

Idealmente, debe recibirse dentro de los cuatro primeros días tras la exposición. Si se administra entre los 4 y 14 días posteriores, puede no evitar la infección, pero sí reducir la gravedad y el riesgo de complicaciones.

Se recomienda para todos los contactos estrechos de casos confirmados de mpox que no hayan pasado la enfermedad, incluyendo parejas sexuales, contactos domiciliarios y profesionales sanitarios expuestos sin las medidas de protección adecuadas. Además, se prioriza en individuos con mayor riesgo de desarrollar enfermedad grave, como personas inmunodeprimidas (incluyendo infección por VIH con recuentos bajos de linfocitos CD4), embarazadas y población infantil de cualquier edad.

En estos casos, la vacuna no solo protege al individuo, sino que contribuye a cortar las cadenas de transmisión.

¿Cuánto tiempo dura la protección?

En lo que se refiere a la duración de inmunidad generada por la vacuna, los estudios disponibles indican que disminuye progresivamente con el tiempo, sobre todo tras la administración de una sola dosis o cuando se utiliza la vía intradérmica. La evidencia sugiere que completar la pauta primaria de dos dosis puede conferir protección durante varios años, posiblemente en torno a una década.

Por el momento, aunque algún país europeo ha comenzado a valorar estrategias más amplias de refuerzo, las segundas dosis se recomiendan de forma limitada, principalmente en personas con riesgo ocupacional elevado. Es el caso de trabajadores de laboratorio que manipulan virus de mpox, a quienes se aconseja repetir el pinchazo cada dos años.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


The Conversation

Ángela Domínguez García es investigadora del proyecto financiado PI24/00692 del Instituto de Salud Carlos III e investigadora col·laboradora de proyectos europeos: Grant Agreement 101233259-SHIELD y 101233394-HEP-HOP. Es miembro del Consell Assessor en Vacunacions de l’Agència de Salut Pública de Catalunya. Es Coordinadora del Grupo de Trabajo de Vacunas e Inmunización de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y miembro de la Comisión Asesora de Comunicación de la SEE.

Iván Martínez-Baz es investigador principal del proyecto PI23/01519 y beneficiario de un contrato Miguel Servet CP22/00016, financiados por el Instituto de Salud Carlos III. Es miembro del Grupo de Trabajo sobre Vacunas e Inmunización de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE)

Pere Godoy es catedrático de Medicina Preventiva y Salud Publica en la Universidad de Lleida e investigador principal de proyectos financiados por el Instituto de Salud Carlos III. Es miembro del Consell Assessor en Vacunacions de l’Agència de Salut Pública de Catalunya. Es miembreo del grupo de Voigilancia de la Salud Pública y de Vacunas e Inmunización de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y miembro de la Comisión Asesora de Comunicación de la SEE.

Irene Barrabeig Fabregat, Irma Casas García, Jenaro Astray Mochales y José Tuells no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. El virus del mpox sigue circulando, y la vacuna es la principal arma para prevenir y controlar la enfermedad – https://theconversation.com/el-virus-del-mpox-sigue-circulando-y-la-vacuna-es-la-principal-arma-para-prevenir-y-controlar-la-enfermedad-280006

¿Son mejores los futbolistas que aprendieron a jugar ‘en la calle’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Martín Acero, Catedrático de Universidad de Educación Física y Deportiva, Universidade da Coruña

En la clasificación para el Mundial 2026, varias decenas de jugadores menores de 20 años han participado con sus selecciones, y algunos pueden estar entre los más destacados en este Mundial. Casi todos ellos fueron “sacados de la calle” para integrarlos en academias y canteras de clubes bien organizados. Los medios destacan por ejemplo que Lamine Yamal, de la selección española, “es un chaval de 18 años que reivindica el fútbol de la calle”.

¿Pero hasta qué punto se puede considerar que un futbolista ha desarrollado su talento de forma autodidacta en la calle, en un contexto en el que la mayoría de las selecciones líderes son de países donde el juego en la calle apenas existe?

A todo apasionado del deporte le interesan los factores que explican una trayectoria de excelencia. En el caso de las grandes estrellas del fútbol actual, se defiende demasiado a menudo cierta superioridad del juego de calle frente al que desarrollan quienes se forman desde el principio en academias y equipos, como incluso argumenta Arsène Wenger, Jefe de Desarrollo Mundial del Fútbol de la FIFA.

Aprender jugando en la calle vs la academia

En futbolistas de máximo nivel se ha constatado una trayectoria de aprendizaje de gran componente autodidacta antes de la pubertad, como vemos en las historias de Pelé, Cruyff, Maradona o Messi.

La práctica de juego libre proporciona variabilidad de comportamientos técnicos, alta frecuencia de acciones con balón, numerosas situaciones de uno contra uno y una gran cantidad de tiempo efectivo de práctica libre y voluntaria. Pero esto solo explica una parte limitada de las causas por las que se alcanza el máximo nivel.

Si analizamos los itinerarios de futbolistas de alto nivel podemos ver que no aprendieron únicamente con el juego libre: en realidad, ellos mismos buscan de manera intuitiva la mejora de sus conductas específicas en juego tanto de ataque como de defensa.

La práctica del juego libre acaba siendo dirigida a través de un aprendizaje autorregulado. El cerebro del propio jugador diseña ciclos de retroalimentación (prueba, error y ajuste), ligados a su motivación intrínseca y a la regulación de sus conductas técnico-tácticas.

Por ejemplo, cuando un jugador en formación se da cuenta de que un regate, reiterado y eficaz, ya no le funciona contra sus compañeros habituales, tiene que adaptarse y probar nuevas soluciones en los siguientes intentos.

Captados en la infancia

Muchos jugadores de máximo nivel fueron captados tempranamente, como Cristiano Ronaldo o Iniesta a los 12 años, Messi a los 13 y Lamine Yamal antes de los 7 años, para ser incorporados a un ecosistema de aprendizaje más estructurado. Como miembros de la academia del Sporting de Portugal y del FC Barcelona respectivamente, recibieron atención especializada que, combinada con sus capacidades de autoconocimiento y regulación, dio como resultado la interacción y mutua potenciación de los dos tipos de prácticas.

Así, estos futbolistas incrementan conscientemente su formación, a través de su proceso autodidacta primero y después con la práctica de entrenamiento estructurada y dirigida por excelentes técnicos en las academias.

La combinación ganadora

Por lo tanto, el debate entre fútbol “de calle” y de “academia” plantea una falsa dicotomía. Las academias de alto nivel aportan enseñanza planificada, con retroalimentación experta y desafíos progresivos de rendimiento. El juego libre ofrece más autonomía, creatividad e iniciativa personal.

La mayoría de futbolistas que llegan al máximo nivel proceden de la combinación de ambos entornos: primero aprendieron a explorar como mejorar por sí mismos y, luego y al mismo tiempo, fueron estimulados por una práctica organizada de calidad desde edades tempranas.

Nuevos canales de aprendizaje

Además de las academias, existe otro factor que ha modificado mucho cómo los niños y las niñas observan y aprenden de fútbol: hoy se puede ver en directo e indirectamente en pantallas de televisión, internet, videojuegos o redes sociales, lo que permite identificar modelos exitosos a emular.

Ver a otros jugar mejora la toma de decisiones y ayuda a integrar gestos técnicos complejos. Gracias a la observación, se aprende a identificar cuándo conviene conducir o regatear, cuándo un equipo debe ampliar el juego por las bandas para encontrar espacios o cómo orientar el cuerpo antes de recibir un pase.

Así lo han manifestado jugadores como Neymar (“He aprendido mis trucos viendo vídeos en Internet… intento hacer lo que veo”); y otros como Romário, que aconsejó a Messi “aprender algunas cosas si ve los vídeos de Pelé”. Iniesta declaró que de pequeño miraba a jugadores como Laudrup, Guardiola o Valerón, y trataba de aprender de ellos; Lamin Yamal afirmaba “No he visto a Henry en directo, pero en vídeos me encantaba”; y Eric García veía “desde muy pequeño (…) cualquier partido que hubiese por la tele”.

En definitiva, todos los ejemplos apuntan a que el talento nacido del juego en la calle no es lo único que determina la calidad del futbolista. Quizás se trata de encontrar el equilibrio entre ambos enfoques. Como Lamine Yamal dijo recientemente la mezcla “de calle y academia” puede ser la mezcla perfecta, como la realidad y la evidencia científica muestran.

The Conversation

Rafael Martín Acero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Son mejores los futbolistas que aprendieron a jugar ‘en la calle’? – https://theconversation.com/son-mejores-los-futbolistas-que-aprendieron-a-jugar-en-la-calle-285827

Qué nos dicen las necrópolis medievales sobre la convivencia entre musulmanes y cristianos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cláudia F. Lopes Gomes, Assistant Professor at Faculty of Medicine, Universidad Complutense de Madrid

Individuo enterrado según el rito islámico, en la necrópolis medieval de Girona. Maribel Fuertes.

En 2016, unas obras de rehabilitación en la calle del Riu Galligants de Girona, en España, dejaron al descubierto trece tumbas medievales. Ocho de ellas no respondían al ritual cristiano: las fosas eran más estrechas y profundas, cubiertas con alineaciones de piedras y baldosas, y los cuerpos yacían sobre el lado derecho, con los miembros semiflexionados y el rostro orientado al suroeste, hacia La Meca. Se trataba de enterramientos islámicos situados cronológicamente entre los siglos VIII y X, los primeros identificados biológicamente en Cataluña.

Casi una década después, un equipo multidisciplinar de arqueólogos, antropólogos y genetistas de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Barcelona hemos publicado el primer estudio genético de esta comunidad.

Los resultados no solo confirman la presencia musulmana en la antigua Djarunda –actual Girona–, sino que permiten caracterizar, por primera vez, quiénes eran y de dónde procedían algunos de los individuos allí enterrados.

Individuos hallados en el cementerio medieval, enterrados según el rito islámico.
Maribel Fuertes.

Cuando Girona era Djarunda

Djarunda estuvo bajo administración islámica desde su capitulación pactada alrededor del 717-719 hasta su incorporación al Imperio carolingio en el año 785. Fue una ocupación breve, de la que apenas existían evidencias materiales en la ciudad.

El descubrimiento de esta pequeña necrópolis, utilizada durante varios siglos, tiene por ello un valor excepcional: es la primera evidencia bioarqueológica de una comunidad musulmana asentada en el noreste peninsular.

Cabe señalar que en el registro arqueológico de Djarunda no existe evidencia de actividad militar, por lo que parece que fue un asentamiento pacífico.

Los sujetos estudiados no son necesariamente contemporáneos entre sí, ni tampoco de los enterramientos de rito cristiano que se documentaron en el mismo espacio. La sucesión estratigráfica indica que el uso del área funeraria se fue solapando a lo largo del tiempo, por distintos grupos y en distintas fases.

Plano del cementerio medieval hallado en Girona.
Maribel Fuertes.

Parentesco biológico y origen geográfico

El análisis genético revela que la mayor parte de los ocho individuos islámicos probablemente estaban emparentados entre sí: se detectan relaciones por linaje de primos, medios hermanos y posibles vínculos por línea paterna entre varios de ellos. El espacio funerario habría funcionado, por tanto, como un cementerio de uso familiar, empleado por varias generaciones de una misma comunidad.

Por lo que respecta al origen geográfico, los marcadores genéticos analizados de la mayoría de los individuos apuntan a una procedencia norteafricana, coherente con lo documentado en otras necrópolis islámicas de la península ibérica del mismo periodo, como la maqbara de Pamplona.

En varios casos, las líneas maternas corresponden a linajes característicos de poblaciones bereberes del norte de África.

Entre los ocho individuos, cuatro son infantiles. El más pequeño es un bebé de apenas seis semanas; hay también una niña de entre 12 y 18 meses, un niño de 4-5 años y otro de 7-8 años.

Los análisis genéticos sugieren que estos niños están emparentados con los adultos allí enterrados, lo que plantea que parte del movimiento de población hacia la península no respondía exclusivamente a dinámicas militares, sino que pudo incluir desplazamientos de grupos familiares.

El individuo con traumatismos múltiples

Uno de los adultos, datado en el primer tercio del siglo VIII, presenta en su esqueleto múltiples lesiones consolidadas: fracturas faciales, desviación del tabique nasal, fracturas en clavícula, radio y tibia, degeneración severa de vértebras lumbares y sacro y alteraciones compatibles con combate cuerpo a cuerpo. Todas las lesiones eran antiguas, es decir, el individuo había sobrevivido a ellas.

En un primer análisis, interpretamos que era un posible soldado, sin relación aparente con los demás enterrados en la necrópolis. Sin embargo, el examen genético sugiere que compartía marcadores paternos con, al menos, otro de los adultos presentes, un individuo que no presenta ningún signo de actividad violenta.

Esto indica que, dentro de un mismo grupo familiar, no todos sus miembros participaban necesariamente en actividades militares.

Un posible converso europeo

El individuo más difícil de encuadrar es uno cuyos marcadores genéticos –tanto maternos como paternos– corresponden a linajes con alta frecuencia en Europa, posiblemente en la península ibérica o en el sur de Francia, no en el norte de África ni en el Próximo Oriente. Sin embargo, fue enterrado siguiendo escrupulosamente el ritual islámico.

La hipótesis más coherente con el conjunto de datos disponibles es que se tratara de un converso al islam, lo que encajaría con los modelos de islamización documentados históricamente para este periodo.

Las fuentes escritas mencionan conversiones desde el inicio de la presencia islámica en la Península, pero hasta ahora carecíamos de evidencia biológica directa de este fenómeno en la región catalana.

La ausencia de mujeres adultas

Ninguno de los individuos estudiados corresponde a mujeres adultas. Hay una niña, pero ninguna mujer adulta. Esta ausencia se observa también en otras necrópolis islámicas del mismo periodo en la Península –como la de Pamplona, con más de 170 individuos–.

La explicación podría estar en la existencia de un espacio funerario diferenciado para las mujeres, la desaparición de sus tumbas como consecuencia de construcciones posteriores o una mayor mortalidad masculina en este tipo de contextos.

El estudio abre una importante ventana de investigación, ya que, de momento, las evidencias bioarqueológicas no permiten responder a estas cuestiones.

Un primer retrato de los musulmanes de Djarunda

La necrópolis de Galligants ofrece, por primera vez, un perfil biológico de algunos de los individuos que formaron parte de la comunidad musulmana de Girona en los siglos VIII-X. Se trataba de personas en su mayoría de origen norteafricano, probablemente bereberes y biológicamente relacionadas entre sí, entre las cuales había niños y al menos un posible converso de origen europeo.

No hay evidencia de que estos individuos fueran soldados en activo: el yacimiento no muestra ningún rastro de actividad militar y la composición del grupo enterrado no se corresponde con la de una guarnición.

Los datos apuntan a una presencia que combinó, en proporciones que no es posible determinar con los datos disponibles, distintos tipos de movimiento de población: migraciones civiles y religiosas junto a las dinámicas de conquista. Esta lectura no es nueva en la historiografía, pero el estudio de Galligants aporta la primera evidencia genética que la respalda en el contexto catalán.

_Eulàlia Subirà, profesora en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha colaborado en la investigación y en la elaboración del presente artículo
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The Conversation

Este artículo está basado en un estudio financiado por la Fundación Palarq (Convocatoria de Analíticas 2022-2023) y por los proyectos de investigación Banco Santander-Universidad Complutense de Madrid (G/6401400/8000) y (PR41/17-21018). No existe ningún conflicto de interés.

Este artículo está basado en un estudio financiado por la Fundación Palarq (Convocatoria de Analíticas 2022-2023).
No existe ningún conflicto de interés.

Este artículo está basado en un estudio financiado por la Fundación Palarq (Convocatoria de Analíticas 2022-2023). No existe ningún conflicto de interés.

ref. Qué nos dicen las necrópolis medievales sobre la convivencia entre musulmanes y cristianos – https://theconversation.com/que-nos-dicen-las-necropolis-medievales-sobre-la-convivencia-entre-musulmanes-y-cristianos-282402

¿Por qué los jugadores zurdos como Messi son tan valorados en el fútbol?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kylie A. Steel, Senior Lecturer in Motor Learning and Skill Acquisition, Western Sydney University

El argentino Lionel Messi, el inglés Bukayo Saka, el español Lamine Yamal y el egipcio Mohamed Salah son futbolistas de gran talento, cada uno a su manera. Como también lo es el noruego Erling Haaland, un jugador alto, potente y con gran técnica.

Sin embargo, lo que une a todas estas estrellas es una ventaja única que tienen justo a sus pies: todos son “zurdos” por naturaleza.

Mientras que el 14–17 % de la población mundial es zurda, en las selecciones de fútbol internacionales la proporción asciende al 23–32 %, e incluso alcanza el 41 % entre los defensas de los equipos juveniles de los Países Bajos.

¿Por qué? ¿Y cuáles son las ventajas de ser zurdo en el fútbol de élite?

Valor táctico

En parte se debe a que, a la hora de formar equipos, los seleccionadores no solo buscan la forma física, la capacidad de movimiento y las habilidades cognitivas, sino también que los jugadores sean zurdos, ya que esta característica tiene un enorme valor estratégico sobre el terreno de juego.

Un estudio neerlandés reveló que la tendencia a usar preferentemente la pierna izquierda aumentaba las posibilidades de ser elegido para las selecciones nacionales de categorías inferiores, como apuntábamos antes. Esto no garantiza el ascenso a los niveles de élite: en las fases de selección, estos deportistas son poco frecuentes, aunque una vez dentro del sistema futbolístico, la prevalencia de los zurdos aumenta significativamente, lo que supone una mayor competencia por las posiciones correspondientes.

Dicho esto, los seleccionadores saben que los equipos se benefician cuando los jugadores se sitúan en el lado del campo que se corresponde con su pie dominante.

Los deportistas ubicados en estas zonas, como el gran zurdo australiano Harry Kewell, pueden ejecutar de forma muy rápida y eficaz jugadas técnicas de un solo toque (pasar o chutar el balón con un solo toque en lugar de regatear). Es decir, no tienen que cambiar de postura para recibir o pasar el balón con su pie dominante: ya están en posición.

Ser zurdo es preferible en las posiciones del lado izquierdo porque, al conducir el balón hacia delante, el futbolista no tiene que llevarlo hacia su lado derecho; o sea, hacia el interior del campo, donde expondría más el balón a los rivales. Del mismo modo, ser diestro es una ventaja en el lado derecho del campo.

Las superestrellas zurdas, como Messi, también pueden aprovechar esta ventaja innata cuando se colocan en la banda derecha como extremo invertido (un extremo que juega en el lado opuesto a su pie dominante y puede regatear en diagonal por el campo).

Gracias a un buen manejo del balón con la derecha, que mantiene a los defensas en vilo, pueden recortar hacia el interior con su pie dominante. Esto abre su postura corporal y amplía el campo de visión del jugador, lo que crea buenos ángulos para pasar el balón a los delanteros.

Alterar el reconocimiento de patrones

Los rivales zurdos también pueden resultar difíciles de marcar. Esto se debe a que los jugadores buscan, de forma consciente e inconsciente, patrones en los movimientos que les ayuden a entender qué hará su rival a continuación.

Ya sea un ligero descenso de un hombro o un movimiento sutil del torso, la forma en que alguien se mueve por el campo puede delatar su intención o la estructura general de la formación de juego.

Cuando estos patrones se ven alterados debido a los movimientos menos habituales de los zurdos, los futbolistas rivales pueden necesitar más tiempo para procesar la información, tomar una decisión y actuar en consecuencia. Aunque los jugadores de élite tienen mucha experiencia a la hora de enfrentarse tanto a rivales zurdos como diestros, esos milisegundos podrían resultar cruciales en un evento como el Mundial.

¿Se puede entrenar el pie izquierdo?

Sí, y todo el mundo debería hacerlo si quiere mejorar como jugador. Dicho esto, no cambia su preferencia innata. En cambio, se desarrolla un nivel de ambidexteridad funcional (en el que se entrena el lado no dominante para que sea tan funcional como el dominante, o casi).

Pero lo más importante es que los jugadores que dedican tiempo y esfuerzo a ello son muy valorados.

Y dado que algunas investigaciones indican que las personas zurdas obtienen resultados ligeramente mejores en las pruebas de pensamiento creativo –debido a años de adaptación a un mundo diseñado para diestros–, quizá los jugadores zurdos tengan una ventaja similar.

Mientras admira la forma física, la inteligencia y la habilidad de sus jugadores favoritos durante el Mundial, quizá también se sorprenda ante la magia que los zurdos aportan al campo.

The Conversation

Kylie A. Steel no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué los jugadores zurdos como Messi son tan valorados en el fútbol? – https://theconversation.com/por-que-los-jugadores-zurdos-como-messi-son-tan-valorados-en-el-futbol-286396

Limpieza voluntaria de playas: una actividad altruista fundamental para conservar nuestras costas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Otero Tranchero, Científico Titular, Centro Oceanográfico de Vigo, Instituto Español de Oceanografía (IEO – CSIC)

Apenas hace un par de horas que ha amanecido. Las gaviotas que descansan sobre la arena de la playa emprenden su vuelo ante el avance lento pero continuo de un grupo de personas. Alguien levanta una botella medio enterrada en la arena; otra persona llena una bolsa con fragmentos de plástico, el tipo de basura más abundante en las playas atlánticas europeas. No hay prisa, pero el gesto se repite una y otra vez, sin pausa.

En un par de horas, la playa parecerá otra: más limpia, más virgen. Como si la basura nunca hubiera estado allí. Cuando el grupo se marche, no quedará rastro de su trabajo. Probablemente, tampoco en las estadísticas. Y, sin embargo, ese esfuerzo —repetido cientos de veces a lo largo del año— tiene un valor económico, pero también ecológico y social que no podemos ignorar.

Un trabajo casi invisible

La gestión de residuos en playas suele asociarse a servicios municipales: maquinaria, operarios, contratos públicos. Es lo que aparece en presupuestos y estadísticas. Pero hay otra capa mucho menos visible pero esencial: el voluntariado.

A través de los informes de proyectos de voluntariado ambiental de varias ONG y fundaciones como Ambiente Europeo, Ocean Conservancy, proyecto Mares Circulares o PLANCTON entre otras, es posible tener una estimación de estas actividades en España. Sin embargo, otras muchas pequeñas acciones de voluntariado quedan al margen de estos documentos. ¿Cómo conocer entonces el volumen de estas iniciativas? ¿Cuánta gente se ofrece de forma altruista a limpiar nuestras playas?

Es esperable que cuando una asociación de vecinos, una ONG o cualquier otro colectivo planifica una limpieza voluntaria de playas, intente animar a la participación a través de redes sociales. En esta idea se basa un estudio publicado en la revista Marine Pollution Bulletin que, a través del análisis de miles de mensajes en X e Instagram, ha permitido hacer algo poco habitual: detectar y cuantificar esa actividad “invisible”.

Aplicado a la costa española, el estudio identificó 487 convocatorias ciudadanas de limpiezas de playas durante 2024; el 94 % no había sido incluido en los informes de otros proyectos ambientales de más envergadura. Pueden no parecer muchas, pero son algo más de la mitad de las actividades que sí fueron reportadas.

Más allá de la cifra total, los datos de redes sociales revelaron patrones interesantes. Galicia, la tierra del Nunca Máis, con 130 limpiezas detectadas en redes sociales es la comunidad que refleja mayor movilización ciudadana. La siguen en este orden Andalucía y Canarias. Sin embargo, si hacemos el ratio por número de playas de cada comunidad, entonces son Andalucía y la Comunidad Valenciana las que más insistencia ponen en limpiar sus arenales.

Con la marcada excepción de la movilización ciudadana por el vertido de pellets de plástico del carguero Toconao que se produjo en invierno, es durante la primavera cuando el voluntariado alcanza su punto máximo, descendiendo de nuevo en verano coincidiendo con el refuerzo de los servicios municipales de limpieza.

El valor del altruismo

Poner valor al voluntariado es difícil. Pero hay una forma indirecta de hacerlo: calcular cuánto costaría realizar ese mismo trabajo con medios profesionales. Siguiendo este enfoque, el estudio estima que el esfuerzo de quienes limpian playas de forma desinteresada rozaría los 3 millones de euros anuales en España.

No se trata de “pagar” al voluntariado. Tampoco de sustituir los servicios profesionales. Pero ponerle cifras ayuda a entender su magnitud. Cuando lo hacemos, lo que parecía una actividad puntual se convierte en un componente económico relevante del mantenimiento de los servicios ecosistémicos del litoral.

Sin embargo, el valor económico no es comparable a su valor ecológico y social. Las limpiezas realizadas por voluntarios suelen hacerse de forma manual, lo que las hace especialmente útiles en zonas de difícil acceso o bien ecológicamente sensibles, como dunas o áreas de nidificación, donde la maquinaria puede causar daños a la biodiversidad.

Además, estas acciones generan beneficios sociales de valor incalculable. Por una parte, refuerzan la conciencia ambiental de quienes participan y de quienes observan la actividad. Por otra, conectan a las personas con el entorno natural, con efectos positivos sobre el bienestar físico y mental, hasta el punto que hasta los suecos han hecho de ello un deporte. Y con playas más limpias, mejoran la percepción y el atractivo de las zonas costeras, clave en regiones dependientes del turismo.

La ciencia ciudadana que no sabíamos que existía

Un elemento interesante de este estudio es la forma en que se ha detectado este fenómeno. Las redes sociales, muy criticadas en tiempos actuales, se convierten aquí en una herramienta científica: permiten rastrear actividades espontáneas, descentralizadas y, sobre todo, no institucionalizadas. Este tipo de aproximación se conoce como “ciencia ciudadana pasiva”; en lugar de pedir datos a la población, se aprovecha la información que ya está generando.

Gracias a ello, es posible obtener una imagen mucho más completa del problema de la basura marina y también de las soluciones que aporta la propia sociedad.




Leer más:
Ciencia ciudadana para salvar los océanos y las costas


Reconocer el papel del voluntariado

El voluntariado ambiental se ha visto tradicionalmente como un complemento, casi como un gesto simbólico frente a problemas de gran escala. Pero los datos apuntan en otra dirección. Cuando miles de personas actúan de forma distribuida, sus efectos se acumulan: toneladas de residuos retirados, hábitats protegidos, costes evitados, conocimiento generado. Y, quizá más importante, una comunidad más implicada en la conservación del entorno.

Reconocer este papel no implica sustituir políticas públicas ni servicios profesionales. Implica empezar a contar lo que antes no contábamos e integrar el voluntariado en la forma en que entendemos y gestionamos el litoral.

Hace poco que ha amanecido. Las gaviotas levantan el vuelo mientras un grupo de personas avanza despacio sobre la arena. Se agachan, una y otra vez, repitiendo un gesto sencillo que apenas deja huella. Las playas se limpian con máquinas, pero se cuidan con manos. Y ese esfuerzo, aunque muchas veces no aparezca en ningún informe, tiene un valor que no podemos ignorar.

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Pablo Otero Tranchero ha recibido financiación parcial del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, en el marco del proyecto FreeLitterAT (EAPA-0009/2022).

ref. Limpieza voluntaria de playas: una actividad altruista fundamental para conservar nuestras costas – https://theconversation.com/limpieza-voluntaria-de-playas-una-actividad-altruista-fundamental-para-conservar-nuestras-costas-284616

Cómo el cáncer aprende a sobrevivir sin oxígeno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tania Payo Serafín, Investigadora predoctoral en Biomedicina y Ciencias de la Salud, Universidad de León

3dMediSphere/Shutterstock

Desde muy pequeños aprendemos que nuestras células necesitan oxígeno para obtener la energía que les permite funcionar. Cuando este oxígeno falta, las células mueren y los tejidos se dañan. Por lo tanto, en apariencia, sin oxígeno no puede existir la vida.

Sin embargo, el cáncer desafía esta regla básica. Dentro de los tumores sólidos, existen regiones donde el oxígeno escasea, una situación que conocemos como “hipoxia”. Y aunque podemos pensar que lo normal sería que las células en esa situación se murieran, la realidad es que las células cancerosas no sólo sobreviven, sino que se adaptan de maravilla a esta hipoxia, continúan creciendo y, en muchos casos, se vuelven incluso más agresivas.

Un tumor que crece más rápido

El carcinoma hepatocelular, el tipo de cáncer de hígado más frecuente, es un buen ejemplo de ello. A medida que el tumor aumenta de tamaño, las células proliferan tan deprisa que los vasos sanguíneos no siempre son capaces de aportar suficiente oxígeno a todas las zonas. Como consecuencia, aparecen áreas hipóxicas, es decir, regiones con niveles muy bajos de oxígeno.

Para una célula sana, sería un entorno hostil. Para una célula tumoral, en cambio, este ambiente se convierte en un estímulo que les permite activar mecanismos de supervivencia.

El Premio Nobel que descifró el “sensor de oxígeno” de las células

Durante décadas, los científicos se preguntaron cómo era posible que algunas células lograran sobrevivir, e incluso prosperar, en entornos donde apenas hay oxígeno.

La respuesta a esta incógnita llegó con los estudios de cuatro científicos que fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina en 2019 por descubrir el sistema que permite a las células detectar los niveles de oxígeno y adaptarse a ellos.

Uno de los protagonistas de este mecanismo es una proteína denominada factor inducible por hipoxia 1α (HIF-1α). Su función es actuar como un sensor molecular, ya que cuando el oxígeno disminuye, HIF-1α se acumula y pone en marcha mecanismos que ayudan a la célula a adaptarse.

Entre otras funciones, su presencia favorece la reprogramación del metabolismo para producir energía sin necesidad de oxígeno, estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos y aumenta la capacidad de las células para migrar, invadir otros tejidos y resistir distintos tratamientos farmacológicos. En el contexto del cáncer, estas adaptaciones contribuyen directamente a la progresión tumoral.

Aquí es donde entra en juego un estudio reciente que hemos publicado en Biology Direct. La pregunta que nos planteamos fue sencilla, pero importante: ¿qué ocurre si las células tumorales pierden HIF-1α, su principal herramienta para adaptarse a la falta de oxígeno?

Responder a esta pregunta no ha sido fácil. Para entender realmente cómo se comporta el cáncer en condiciones de hipoxia, necesitamos modelos experimentales que se parezcan lo máximo posible a un tumor real.

El cáncer no vive en una superficie plana

La falta de oxígeno no solo afecta a las células tumorales: también modifica el entorno que rodea al tumor y favorece que algunos cánceres respondan peor a los tratamientos.

Para estudiar cómo ocurre esto, durante años se han utilizado cultivos celulares en 2D, donde las células crecen sobre superficies planas de plástico o vidrio. Estos modelos han sido fundamentales por su simplicidad y facilidad de uso, pero presentan una limitación importante: no reproducen la complejidad real de un tumor.

En un tumor sólido, no todas las células reciben la misma cantidad de oxígeno y nutrientes. Algunas se encuentran cerca de los vasos sanguíneos y reciben más, mientras que otras quedan atrapadas en regiones mucho más hostiles, donde el oxígeno escasea. Por ello, en los últimos años han cobrado fuerza los modelos 3D, que permiten recrear de forma más realista la estructura y los gradientes de oxígeno y nutrientes presentes en el tumor. Gracias a ellos, los investigadores podemos estudiar mejor cómo se adapta el cáncer a esta hipoxia y cómo esta heterogeneidad influye en la respuesta a los tratamientos.

La importancia de utilizar sistemas experimentales más representativos nos llevó a combinar ambos tipos de modelos y los resultados fueron claros: al eliminar HIF-1α, tanto la viabilidad como la capacidad de proliferación y de invasión de las células tumorales disminuyen de forma significativa. En otras palabras, al impedir que las células activen sus mecanismos de supervivencia frente a la hipoxia, las volvemos más vulnerables.

Imagen de un modelo 3D de carcinoma hepatocelular hipóxico. La tinción azul representa los núcleos de las células tumorales y la tinción roja representa la zona de hipoxia. Fotografía obtenida del estudio: https://link.springer.com/article/10.1186/s13062-026-00796-2.
CC BY-NC-ND

HIF-1α como posible diana terapéutica en cáncer

La hipoxia tumoral se asocia con un peor pronóstico de la enfermedad y con una mayor resistencia a los tratamientos. De hecho, algunas terapias intentan frenar el crecimiento del tumor reduciendo la formación de vasos sanguíneos, pero esto también agrava la falta de oxígeno y favorece la activación de mecanismos adaptativos mediados por HIF-1α. Dicho de otro modo, al intentar “asfixiar” al tumor, podemos favorecer la supervivencia de las células mejor preparadas para resistir estas condiciones.

Por ello, comprender cómo las células tumorales se adaptan a la hipoxia resulta fundamental para mejorar la eficacia de los tratamientos actuales. Si conseguimos bloquear la acción de HIF-1α, podríamos dificultar la capacidad de adaptación del tumor y hacerlo más vulnerable a las terapias.

Volviendo a la pregunta inicial, el oxígeno es esencial para la vida en condiciones normales. Sin embargo, las células tumorales son capaces de adaptarse y sobrevivir incluso en ambientes con muy poco oxígeno, reescribiendo en cierto modo las reglas de la biología. Comprender cómo el cáncer logra esta capacidad de adaptación no solo ayuda a entender mejor la enfermedad, sino también a encontrar nuevas formas de limitar su resistencia y frenar su progresión.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo el cáncer aprende a sobrevivir sin oxígeno – https://theconversation.com/como-el-cancer-aprende-a-sobrevivir-sin-oxigeno-282117

En el Siglo de Oro las mujeres ya recibían imágenes no solicitadas de penes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica María Martínez Sariego, Profesora Titular de Universidad (Área: Literatura), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

_Baco y Ariadne_, de Guido Reni. Los Angeles County Museum of Art

Las redes sociales han multiplicado las formas de contacto entre desconocidos. También han ampliado las posibilidades del acoso. Si el exhibicionismo clásico tenía como icono al hombre de la gabardina, hoy una de sus manifestaciones más frecuentes es el denominado cyberflashing: el envío de imágenes sexuales no solicitadas –generalmente fotografías de genitales masculinos– a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería o plataformas de citas.

Aunque pueda parecer un fenómeno típicamente digital, la lógica que lo sustenta no es nueva. La literatura del Siglo de Oro español ofrece ya una escena que, leída desde el presente, resulta sorprendentemente cercana.

Un soneto anónimo del Siglo de Oro

En el soneto anónimo “De cierta dama que a un balcón estaba”, atribuido a Francisco de Quevedo, una mujer se asoma al balcón mientras un labrador la contempla desde la calle con insistencia. Ella, al advertir su actitud, le pregunta qué le sucede. Él responde sin rodeos que la visión de su pierna le ha provocado excitación.

La dama lo rechaza con una fórmula proverbial que establece con claridad el límite entre contemplar y poseer: “Aquesto, hermano, no es más de ver y desear la fruta”. Un refrán o frase sentenciosa con un sentido similar sería “lo verás, pero no lo catarás”. O, más llanamente, “se mira, pero no se toca”.

La escena podría concluir ahí, como un episodio de galantería frustrada, pero el gañán, molesto por la negativa, responde exhibiendo obscenamente sus genitales y remata el gesto con un insulto dirigido a la mujer: “¡Pues ver y desear, señora puta!”.

La sospecha sobre la mujer visible

Para comprender plenamente el episodio conviene situarlo en su contexto. La mujer ventanera era una realidad cultural del Siglo de Oro, como refleja la pintura Mujeres en la ventana (1665-1675), de Bartolomé Esteban Murillo, que luego recreará Francisco de Goya en Maja y Celestina en el balcón (1812) y Majas al balcón (1808-1814).

Pintura de dos mujeres mirando por la ventana, una de ellas tapándose la cara.
Mujeres en la ventana de Bartolomé Esteban Murillo.
National Gallery of Art (Estados Unidos)

Circulaban entonces refranes que asociaban el hecho de asomarse a ventanas y balcones con la coquetería o la provocación: “Mujer ventanera, poco costurera”, “Mujer ventanera, nunca llega a casadera”, “Mujer ventanera, busque a otro que la quiera”, “Moza que se asoma a la ventana cada rato, quiérese vender barato” o, directamente, “Moza ventanera, o puta o pedorrera” (donde pedorrera significa ‘chica presumida o proclive a la diversión inmoral’).

La ventana constituía un espacio ambiguo: permitía a la mujer ver el exterior sin abandonar el ámbito doméstico, pero al mismo tiempo exponía su imagen a la mirada masculina. Esa sola visibilidad bastaba para despertar la sospecha: la mujer se convertía en objeto de deseo, pero también de censura moral. La atención se desplazaba de este modo hacia su conducta –estar en el balcón, dejarse ver–, mientras que la reacción del hombre tendía a interpretarse como una consecuencia casi natural de esa supuesta provocación.

Del balcón al mensaje privado

Cuatro siglos después, la pantalla ha sustituido el balcón. Muchas mujeres reciben en sus mensajes privados imágenes sexuales enviadas por desconocidos sin haberlas solicitado ni consentido. El “hombre de la gabardina” ya no se oculta en callejones oscuros, sino en las profundidades de internet. Favorecido por el anonimato y la sensación de impunidad que proporciona el entorno digital, el cyberflashing prolonga una misma lógica de irrupción obscena: ya no hace falta la presencia física para invadir el espacio íntimo de otra persona, basta una pantalla.

Ahora bien, aunque el medio ha cambiado, persiste una misma lógica: la presencia pública de una mujer se entiende como indicio de disponibilidad. Un perfil en redes sociales, una fotografía o una interacción mínima pueden leerse como una invitación. Cuando esa expectativa no se ve confirmada, la respuesta puede adoptar la forma de acoso verbal, insulto o exhibición obscena.

No es cortejo, sino imposición

El cyberflashing se trivializa a menudo como una forma torpe de flirteo. Sin embargo, su significado es muy distinto. Enviar una imagen sexual no solicitada no equivale a iniciar una conversación, sino a irrumpir en el espacio visual de otra persona sin su consentimiento.

En el soneto atribuido a Quevedo, el gesto del labrador deja claro que no se trata de una tentativa de seducción, sino de una respuesta agresiva y degradante ante el rechazo. Algo semejante parece ocurrir en la actualidad. Quienes envían imágenes sexuales no solicitadas frecuentemente no buscan establecer un vínculo afectivo o erótico con la persona receptora. En muchos casos anticipan –e incluso buscan expresamente– una reacción negativa, lo que sitúa esta conducta más cerca del acoso que del cortejo. Algunas investigaciones la han relacionado, de hecho, con rasgos de la llamada tríada oscura de la personalidad: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía.

Lo que el poema deja traslucir

La literatura refleja escenas que revelan la persistencia de ciertas conductas. El soneto atribuido a Francisco de Quevedo muestra con nitidez una lógica que sigue siendo reconocible: la confusión entre visibilidad y disponibilidad, la iniciativa sexual no solicitada y la reacción agresiva ante los límites marcados por la mujer.

Cuatro siglos separan aquel balcón barroco de los mensajes privados en Instagram o Tinder. La tecnología ha cambiado; pero ciertas formas de entender el deseo y el rechazo, no tanto.


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Mónica María Martínez Sariego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Enseñar sostenibilidad para transformar la mentalidad de los futuros líderes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Justo Alberto Ramírez Franco, Profesor Asociado de Organización de Empresas, Universidad de Almería

SpaceOak/Shutterstock

Cada vez más, los programas de educación empresarial incluyen asignaturas sobre sostenibilidad, responsabilidad social, gestión medio ambiental o economía circular. Sin embargo, hay una cuestión que rara vez se plantea: ¿Estamos formando profesionales capaces de cambiar la forma en que funcionan las empresas para un compromiso real con las cuestiones sociales y medioambientales?

La evidencia sugiere que no siempre. Incluir contenidos sobre sostenibilidad no garantiza que los estudiantes cambien su manera de pensar ni, mucho menos, su forma de actuar en el futuro. Y esto es un problema.

Los retos globales, como el cambio climático o las desigualdades sociales, exigen algo más profundo que conocimientos técnicos. Requieren un cambio radical en la mentalidad de los futuros profesionales y líderes de las empresas.

Aprender sobre sostenibilidad no es suficiente

Hoy sabemos que muchos de los desafíos sociales y medioambientales globales están vinculados con cómo funcionan las empresas: modelos de producción intensivos, decisiones centradas en el beneficio a corto plazo o una visión limitada del impacto social y medioambiental.

La educación empresarial, por tanto, tiene un papel clave. Pero durante décadas han enseñado a los futuros profesionales y directivos a priorizar el crecimiento económico. Cambiar esta lógica no se consigue añadiendo una asignatura más o un tema en una asignatura. El reto es mucho mayor: transformar la forma en que los estudiantes entienden el mundo, toman decisiones y definen lo que significa “éxito empresarial”.

Un aprendizaje que transforme

Nuestro trabajo muestra que el verdadero cambio ocurre cuando los estudiantes viven experiencias que cuestionan sus ideas previas sobre la empresa y su creación de valor. No se trata de memorizar conceptos, sino de provocar momentos de incomodidad intelectual, es decir, situaciones en las que los estudiantes se dan cuenta de que sus esquemas mentales no son suficientes para explicar la realidad empresarial. Por ejemplo, descubrir que una decisión rentable puede tener consecuencias medioambientales graves.

Estos momentos actúan como un “punto de inflexión” que obliga a replantear creencias y abren la puerta a nuevas formas de pensar. A este enfoque se le conoce como “aprendizaje transformador”.

Qué funciona mejor en el aula (y fuera de ella)

Hemos identificado varios elementos que hacen que este tipo de aprendizaje resulte más efectivo:

  1. Experiencias reales. Las actividades más impactantes no ocurren solo en el aula. Visitas a empresas, proyectos con organizaciones o trabajo con comunidades permiten conectar la teoría con la realidad. Por ejemplo, cuando los estudiantes analizan cómo una empresa gestiona sus desafíos de sostenibilidad entienden mejor la complejidad del problema y cuestionan soluciones simplistas.

  2. Reflexión crítica. No basta con hacer cosas. Es fundamental pararse a pensar. Los estudiantes necesitan espacio para reflexionar sobre lo que han vivido y lo que han creído hasta el momento sobre la gestión empresarial. Este proceso es el que permite transformar la experiencia en aprendizaje profundo.

  3. Diálogo y diversidad. El intercambio de ideas con otras personas es clave. Especialmente cuando existen perspectivas diferentes. Grupos de estudiantes internacionales, contextos culturales diversos o debates con profesionales ayudan a los estudiantes a cuestionar sus propias creencias y a construir nuevas formas de entender la sostenibilidad empresarial.

  4. Problemas complejos y reales. Los retos deben ser auténticos, no ejercicios artificiales y sin solución aparente. Cuando los estudiantes se enfrentan a situaciones complejas, donde entran en juego beneficios económicos, impacto social y consecuencias medioambientales, comprenden que la sostenibilidad es un elemento central en la toma de decisiones.

Qué cambia en los estudiantes

Cuando este tipo de aprendizaje funciona los cambios son profundos. Aumenta el conocimiento sobre sostenibilidad empresarial y se producen transformaciones en varios niveles:

  • Pensamiento: los alumnos desarrollan una visión más crítica y sistémica.

  • Rol: se perciben como agentes de cambio.

  • Conducta: adoptan comportamientos más sostenibles en su vida personal y profesional.

En otras palabras, pasan de ser estudiantes que saben sobre sostenibilidad a futuros profesionales que pueden integrarla en sus vidas.

Un cambio urgente en la forma de enseñar

Las próximas generaciones tendrán que tomar decisiones en un contexto marcado por la incertidumbre, la presión medioambiental y la demanda social de responsabilidad. Para avanzar hacia modelos económicos más sostenibles no basta con añadir contenidos a los programas educativos. Es necesario cambiar la forma de enseñar.

Esto implica diseñar experiencias que desafíen las ideas previas, fomentar la reflexión crítica, promover el diálogo y la diversidad de perspectivas, y conectar el aprendizaje con problemas reales y complejos. No es un cambio sencillo. Requiere replantear metodologías, evaluar de forma distinta y asumir que el aprendizaje puede ser incómodo tanto para el estudiante como para el profesorado, e incluso la institución. Pero sin duda es imprescindible.

Prepararlos no significa enseñarles más teoría sino ayudarles a ver el mundo de otra manera. Porque, al final, la sostenibilidad empresarial es, sobre todo, una cuestión de mentalidad, de elección, y de comportamiento.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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