Druidas, naturaleza y mitología: la inspiración celta detrás de ‘World of Warcraft’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Noelia Ramos, Doctoranda en Estudios Ingleses, Universidade de Vigo

Los Haranir son una de las ultimas razas que han aparecido en _World of Warcraft_ y que se inspiran en la mitología céltica. Blizzard Games

La mitología céltica ha servido de fuente de inspiración a los videojuegos, quizá incluso más que a otros medios populares como el cine. Así, en las últimas décadas se han lanzado propuestas que se han acercado a ella tanto desde un punto de vista meramente circunstancial como crucial.

En el primer grupo encontramos títulos como Hellblade: Senua’s Sacrifice (2017) y su secuela de 2024, o The Witcher III (2015), donde las referencias a la cultura celta están presentes en la nomenclatura de lugares y personajes.

En el segundo están Folklore (2007) o Rhiannon: Curse of the Four Branches (2008), que directamente ambientan su mundo (no sin licencias) en un contexto puramente céltico. Y, desde luego, las grandes franquicias de la industria no están exentas de la presencia de esta cultura. Una de estas es, sin lugar a duda, World of Warcraft, un videojuego de rol multijugador masivo en línea desarrollado por Blizzard Entertainment y lanzado en 2004.

WoW se desarrolla en el mundo fantástico de Azeroth, donde miles de jugadores interactúan simultáneamente mediante personajes de distintas razas y clases. La dinámica principal consiste en explorar el mundo, completar misiones, combatir enemigos y colaborar con otros jugadores en actividades cooperativas o competitivas.

Su trayectoria se remonta a 1994, con Orcs & Humans, un juego de estrategia en tiempo real en el que el jugador controlaba una de las dos facciones principales: los humanos o los orcos. El juego introdujo ese conflicto central, así como el mundo fantástico que posteriormente serviría de base para World of Warcraft. Desde entonces, Warcraft ha ido convirtiéndose en un universo con una mezcolanza inabarcable de referencias culturales y estéticas. Entre ellas, se encuentra una de las facetas más reconocibles de la mitología céltica: el druidismo.

Malfurion Tempestira y los ecos del druidismo

En la cultura celta, los druidas actuaban como mediadores entre lo humano, la naturaleza y el mundo espiritual. No existía en ellos una voluntad de dominar la naturaleza, sino de ser parte de ella.

En WoW, el druidismo tiene su mayor exponente en el personaje Malfurion Tempestira. Considerado el primer archidruida mortal, Tempestira sirve, de hecho, como punto de partida para explicar el druidismo en Azeroth.

Dibujo de un hombre rosa, musculado, con cuernos de ciervo y barba larga y verde.
Imagen de Malfurion Tempestira en WoW.
PNG Key

En la expansión Cataclysm (2010), el personaje es escogido como discípulo por el dios del bosque, Cenarius (cuyo nombre y aspecto parece una referencia bastante clara al dios celta Cernunnos). Posteriormente, en Legion (2016), se erige como protector del bosque de la región de Val’sharah, así como esperanza contra “La Pesadilla”, una presencia corrupta que amenaza con adentrarse en el mundo de los mortales gracias a sus poderes de sanación.

Por supuesto, el druidismo arraigado en WoW va de la mano de la metamorfosis física de guardianes como Tempestira, quien puede adoptar la forma de un oso pardo (símbolo de fuerza y protección) y gobernar animales, como se ve en la lucha por el control de la Costa Oscura que se da en Battle for Azeroth (2018).

Estas formas “salvajes” en WoW remiten al druidismo ancestral céltico, donde dichas transformaciones ejemplifican las fuerzas primordiales del bosque. Ejemplos bastante ilustrativos serían el bardo Taliesin, que podía transformarse en pájaro o liebre, o Tuan mac Cairill, que podía transformarse en ciervo, jabalí o águila.

Ysera y El Sueño Esmeralda

Uno de los rasgos más característicos de los mundos mitológicos celtas es que no estaban completamente alejados de la realidad humana. Se consideraban planos superpuestos o paralelos que podían alcanzarse a través de lugares naturales específicos –colinas, lagos, bosques o túmulos– o mediante experiencias visionarias. La isla mítica irlandesa de Tír na nÓg o Annwn, el “otro mundo” de la mitología galesa, se concebían como espacios donde la naturaleza perfecta y eterna se alternaba con sus guardianes sobrenaturales encargados de proteger su equilibrio.

Dibujo de una mujer con piel morada y atuendo guerrero.
Ysera, guardiana del Sueño Esmeralda.
Blizzard Games

En referencia a eso, en WoW viajamos al Sueño Esmeralda, un territorio de naturaleza exuberante, bucólica, donde el avatar del jugador solo puede entrar a través del sueño profundo o trance espiritual. El mundo parece existir en un estado de fertilidad constante: bosques imposiblemente densos, ríos luminosos, árboles colosales y una flora que crece y se transforma continuamente. La zona está caracterizada por una vegetación desbordante y una sensación de vida en perpetua floración. Es aquí donde aparece el personaje de la dragona Ysera.

Como guardiana del Sueño Esmeralda, Ysera actúa como guía para aquellos capaces de entrar en él. Gracias a ella, los druidas de Azeroth acceden a este territorio mediante estados de meditación profunda o sueño ritual.

En Dragonflight (2022), Merithra, hija de Ysera, pide al jugador que se adentre en este plano para traer a la dragona de vuelta y así restablecer el equilibrio.

Grabado de un hombre cazando un ciervo con sus perros.
Pwyll cazando con sus perros.
Wikimedia Commons

La trama tiene ecos del mito galés de Pwyll, que cuenta cómo, estando este personaje en un claro del bosque, perdió de vista a sus compañeros y perros y se quedó solo. En ese momento se encontró con el rey del inframundo, Arawn, quien utilizó la magia para intercambiar sus aspectos físicos. Pwyll adquirió el rostro, la voz y el porte de Arawn. Así, guiado por el rey, quien le explicó cómo cruzar y cómo tenía que comportarse, el mortal pudo entrar en “el otro mundo”. De igual modo, Merithra permite la entrada al mundo sobrenatural, orienta a sus visitantes y establece alianzas con ellos.

Los Haranir

Ya en la expansión The War Within (2024), Blizzard había introducido al personaje de Orweyna. Pero no ha sido hasta ahora, con Midnight (2026), cuando se ha presentado oficialmente a su raza, los Haranir. Descendientes de los trolls, los Haranir se separaron de ellos al honrar culto a la Luna y asentarse en el llamado Pozo de la Eternidad.

El propósito de la raza es proteger las raíces de los árboles del mundo, algo que los pone claramente en sintonía con los druidas. Los Haranir perfectamente pueden verse vinculados a la deidad “Druantia”, considerada como la guardiana de los bosques, además de representar el aspecto de la “Madre Eterna” en el crecimiento de la naturaleza.

Por supuesto, no hay que dejar de lado a los Aos sí, los antiguos dioses de Irlanda que vivían en los sídhe, bajo las raíces, un reino luminoso dónde el tiempo no pasaba y la música nunca cesaba. En WoW esto se ve reforzado con el diseño artístico, ya que los Haranir recurren a un tipo de vestimenta cuyos materiales principales son restos animales, vegetales y elementos fitomórficos.

_Jinetes de los Sidhe_ de John Duncan (1911).
Jinetes de los Sidhe de John Duncan (1911).
McManus Gallery/Wikimedia Commons

Pese a que Blizzard no suele hacer menciones directas a sus influencias culturales y folclóricas, la huella celta impregna una gran parte importante de los elementos que conforman la narrativa del juego (el “lore”). Pero World of Warcraft no es solo un juego: es un mundo donde mitología, magia y cultura se entrelazan.

Desde los druidas que se funden con el bosque hasta los sueños vigilados por dragones milenarios, Azeroth nos recuerda que cada criatura y cada historia de su mundo tiene raíces profundas, muchas de las cuales se remontan a antiguas tradiciones celtas que aún susurran entre los bosques y las leyendas, esperando ser descubiertas.


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Noelia Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Druidas, naturaleza y mitología: la inspiración celta detrás de ‘World of Warcraft’ – https://theconversation.com/druidas-naturaleza-y-mitologia-la-inspiracion-celta-detras-de-world-of-warcraft-277696

Oro, plata, platino: industria, finanzas y volatilidad en la nueva geopolítica del dinero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rodrigo Martín García, Profesor de Finanzas, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

TSViPhoto/Shutterstock

Los metales preciosos, en particular el oro, han sido, históricamente, un refugio financiero en tiempos de incertidumbre. Esa idea sigue presente hoy y se reactiva cuando sube la preocupación por la inflación, los tipos de interés o la cotización del dólar. Como ocurre hoy.




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Mercado físico versus mercado financiero

Los precios de los metales preciosos se mueven como resultado de dos familias de fuerzas. Por un lado, las derivadas de las tensiones en la industria, los suministros y el mercado físico. Por otro, las derivadas de la demanda de inversión, como valor refugio o con fines especulativos.

La primera familia recoge los efectos fundamentales. Aquí entran la oferta minera, el reciclaje y la demanda física e industrial. La segunda familia tiene que ver con la financiarización. Es decir, el metal se compra y se vende también para diversificar el riesgo en carteras de inversión (fondos, productos cotizados y derivados).

En ese marco, su precio incorpora rápidamente los cambios en las expectativas macro –las previsiones sobre la evolución futura de la inflación, el PIB, el empleo o los tipos de interés que hacen los agentes económicos (empresas, hogares e inversores)–, en el apetito de riesgo –los tipos y la cantidad de riesgo que una organización está dispuesta a aceptar en la búsqueda de valor– y en el posicionamiento de los inversores. Por eso, el precio de los metales puede moverse, incluso sin un cambio en la demanda física.

El precio no refleja solo la oferta y la demanda física

Los principales metales preciosos son el oro, la plata, el platino y el paladio. Sin embargo en sentido más amplio, según el contexto técnico o comercial, a veces también se incluyen el rodio, el iridio, el rutenio y el osmio.

Analizar el comportamiento de los metales preciosos implica estudiar distintas dimensiones. Por un lado, está la demanda física e industrial (joyería, electrónica, industria, medicina, por ejemplo). Por otro, un conjunto de variables macroeconómicas que influyen en la cotización del oro en los mercados: la evolución de los tipos de interés (si son altos, la inversión en oro se hace menos atractiva), la inflación esperada (mientras el valor del dinero cae, el del oro se mantiene) y la cotización del dólar (el oro cotiza en dólares y tienen entre sí una correlación).

La demanda industrial de metales preciosos

En 2025, la demanda física total de oro superó las 5 000 toneladas, por parte de los sectores joyero, industrial y financiero, además de las compras por parte de los bancos centrales de los países por su papel de valor refugio en tiempos de incertidumbre.

En la industria, el oro se utiliza principalmente por tres razones: conduce muy bien la electricidad, no se oxida fácilmente y ofrece contactos eléctricos muy fiables. De ahí su uso en electrónica y telecomunicaciones. También se emplea en aplicaciones aeroespaciales, en recubrimientos reflectantes y en protectores de equipos biomédicos y odontológicos.

La plata y el platino, los otros dos metales preciosos más valiosos, se emplean no solo en joyería sino también en electrónica, robótica, centros de procesamiento y almacenamiento de datos. La infraestructura necesaria para el desarrollo de la inteligencia artificial y la electrificación del transporte (vehículos eléctricos e infraestructura de recarga) han acelerado su demanda. En 2025, la demanda física total de la plata fue de aproximadamente 37 324 toneladas, de las que el 60 % se destinó a uso industrial.

En cuanto al platino, si la demanda mundial en 2025 fue de cerca de 243 toneladas, la oferta se quedó en 209. Pese al déficit estructural, la coyuntura de la guerra en el Golfo ha mejorado los datos en 2026: en el primer trimestre del año, la caída interanual en la demanda fue del 31 %, provocando un superávit de 268 000 onzas (más de 7 toneladas y media).

Los otros factores que intervienen en el mercado

La oferta de metales (tanto preciosos como no preciosos) está ligada a la minería. Y, por tanto, puede verse vinculada a potenciales procesos de explotación de personas y a prácticas medioambientalmente nocivas.

Ello ha impulsado a asociaciones, compañías y países a formar pactos y asociaciones para la gestión ética de los llamados minerales conflictivos (principalmente estaño, tantalio, tungsteno y oro), cuya extracción y comercio financian conflictos armados, trabajo forzado y violaciones de derechos humanos.

Así, si esos minerales son “necesarios para la funcionalidad o producción” de sus productos, se exige a las empresas que realicen un proceso de diligencia debida (una auditoría exhaustiva y preventiva para identificar posibles riesgos financieros, legales, fiscales, operativos, financieros y reputacionales de la gestión de esos minerales). En la UE, el Reglamento (UE) 2017/821 impone estas obligaciones a los importadores de minerales procedentes de zonas en conflicto.

Una gestión ética de los metales preciosos

Las variaciones en los precios de los metales preciosos pueden venir de distintas fuentes: un cambio macro, un giro industrial o los vaivenes del mercado. Entender el mercado de los metales preciosos exige una visión integral del sector: desde la extracción en las minas, el uso industrial y joyero del oro, el platino y la plata, y su empleo como inversiones que mantienen su valor en tiempos de gran incertidumbre.

También está el reto de manejar la oferta y la demanda de unas materias primas valiosas y limitadas, y garantizar una gestión ética de los procesos de extracción (tanto en la gestión del medioambiente, el cumplimiento de los derechos de los trabajadores y que los recursos generados por la minería no sirvan para perpetuar conflictos armados). En definitiva, cumplir con las normativas de control se ha vuelto una prioridad ineludible para operar de manera sostenible y legal en el mercado de los metales preciosos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Oro, plata, platino: industria, finanzas y volatilidad en la nueva geopolítica del dinero – https://theconversation.com/oro-plata-platino-industria-finanzas-y-volatilidad-en-la-nueva-geopolitica-del-dinero-274874

Enfermedades raras: cuando la ciencia se organiza para no dejar a nadie atrás

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pilar López Larrubia, Investigadora científica especializada en resonancia magnética biomédica e imagen preclínica, Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (IIBM – UAM – CSIC)

Lomb/Shutterstock

Las enfermedades raras (ER) representan uno de los grandes desafíos de la ciencia y de los sistemas sanitarios contemporáneos. Aunque cada una de ellas afecta a un número reducido de personas, en conjunto constituyen un problema de enorme magnitud: más de 7 000 patologías distintas que afectan a unos 300 millones de personas en todo el mundo, cerca del 5 % de la población.

Su impacto va mucho más allá de lo clínico. Las ER son, en muchos casos, crónicas, discapacitantes y potencialmente mortales. Y plantean importantes retos en diagnóstico, tratamiento y atención sociosanitaria. Su complejidad y heterogeneidad han dificultado tradicionalmente su estudio, lo que hace imprescindible apostar por modelos colaborativos que integren conocimiento, recursos y disciplinas.

Cooperación científica para sumar esfuerzos

En respuesta a este desafío global, han surgido diversas iniciativas de cooperación científica a múltiples escalas que buscan coordinar esfuerzos y maximizar el impacto de la investigación. La suma de esfuerzos permite acelerar descubrimientos, mejorar el diagnóstico y abrir nuevas vías terapéuticas para patologías que, de otro modo, quedarían relegadas.

A nivel internacional, el International Rare Diseases Research Consortium (IRDiRC) reúne a organismos financiadores y grupos de investigación de todo el mundo con el objetivo de acelerar el desarrollo de diagnósticos y terapias, promoviendo el intercambio de datos y la armonización de estándares.

En Europa, destacan programas como European Reference Networks (ERNs), que conectan centros clínicos especializados para compartir conocimiento y mejorar la atención a pacientes, así como proyectos impulsados por Horizon Europe, que financian consorcios multidisciplinares y transnacionales.

En América Latina, iniciativas como la Red Latinoamericana de Enfermedades Raras (RELAER) fomentan la colaboración regional, impulsando registros comunes, formación y visibilidad.

A estas se suman otras plataformas globales basadas en datos abiertos y ciencia colaborativa, como Matchmaker Exchange o Orphanet, que facilitan la conexión entre investigadores, clínicos y pacientes. En conjunto, todas estas iniciativas comparten un enfoque basado en redes, interoperabilidad de datos y cooperación interdisciplinar, elementos clave para avanzar en un campo donde el conocimiento disperso solo adquiere verdadero valor cuando se conecta.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es la mayor institución pública de investigación en España, con más de 17 000 profesionales distribuidos en 124 centros agrupados en tres grandes áreas: vida, materia y sociedad. Este potencial científico no solo implica capacidad de generar conocimiento, sino también una responsabilidad: trasladarlo a la sociedad y contribuir a mejorar la vida de las personas. En particular, avanzar hacia una medicina de precisión que tenga en cuenta la singularidad de cada paciente.

En 2024, el CSIC impulsó su Plan de Biomedicina, una estrategia destinada a reforzar y coordinar la investigación en salud dentro del organismo. La amplia experiencia, interdisciplinaridad, multidisciplinariedad y excelencia científica de los grupos de investigación del CSIC, indican que tenemos el potencial para marcar una diferencia significativa en la comprensión y el abordaje de las enfermedades raras en nuestro país.

Una red para conectar conocimiento, pacientes y soluciones

Uno de los ejes estratégicos de este plan fue la creación de la Red de Enfermedades Raras del CSIC (RER-CSIC), destinada a coordinar esfuerzos, compartir recursos y aumentar el impacto científico en este campo.

Para lograrlo, se articula en torno a varias líneas de actuación:

  • Identificar y conectar a los grupos de investigación del CSIC que trabajan en este ámbito.

  • Crear un catálogo de capacidades científicas y tecnológicas aplicables al estudio de las ER.

  • Establecer un vínculo real con pacientes y asociaciones, integrando sus necesidades en la investigación.

  • Incorporar herramientas de inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico y la clasificación de pacientes.

  • Impulsar la captación de financiación internacional y privada que refuerce la investigación en este campo.

Más allá de su estructura formal, la red responde a una vocación clara: compartir el conocimiento con la sociedad y escuchar activamente a quienes conviven con estas enfermedades.

Desde su creación, la RER-CSIC ha reunido a 134 grupos de investigación de 32 centros distribuidos en nueve comunidades autónomas. Esta diversidad se organiza en seis grandes áreas: bases moleculares, modelos experimentales, biomarcadores y terapias, tecnologías aplicadas, inteligencia artificial y ciencia de datos, y estudios sociales.

La red no solo impulsa investigación, sino también espacios de encuentro. Ha promovido reuniones científicas, talleres con pacientes y clínicos, y colaboraciones con el sector empresarial. Entre sus iniciativas destacan el itinerario Cicerón “Por un enfoque integral en enfermedades raras: desafíos y oportunidades” y el informe Science4Policy “Enfermedades Raras” sobre los retos de financiación en este ámbito, que analiza las barreras médicas, sociales y regulatorias en España.

Inteligencia artificial para transformar el diagnóstico

Uno de los avances más prometedores en este campo es el uso de inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico de las enfermedades raras, un proceso que a menudo se prolonga durante años. En esta línea, la red ha recibido recientemente el apoyo de la Fundación Ramón Areces para desarrollar el proyecto “Inteligencia Artificial para la Transformación del Diagnóstico y Manejo de Enfermedades Raras en la Red RER-CSIC” durante los próximos tres años.

Este impulso permitirá integrar datos clínicos, genómicos y experimentales para avanzar hacia diagnósticos más rápidos y precisos, con un impacto directo en la calidad de vida de los pacientes.

No dejar a nadie atrás

Las enfermedades raras nos recuerdan que la ciencia no solo debe avanzar, sino hacerlo de forma inclusiva. Organizar el conocimiento, conectar disciplinas y escuchar a la sociedad son pasos esenciales para que ninguna patología, por minoritaria que sea, quede fuera del progreso científico.

La investigación pública puede responder a este desafío poniendo la excelencia científica al servicio de quienes más lo necesitan.

The Conversation

Pilar López Larrubia recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas

ref. Enfermedades raras: cuando la ciencia se organiza para no dejar a nadie atrás – https://theconversation.com/enfermedades-raras-cuando-la-ciencia-se-organiza-para-no-dejar-a-nadie-atras-280156

‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Federico Peinado, Profesor en el departamento de sofware e IA, Universidad Complutense de Madrid

Fabrizio Maffei/Shutterstock

El Papa León XIV ha publicado, el 25 de abril de 2026, su primera encíclica, Magnifica Humanitas, dedicada a la defensa del ser humano en la era de la inteligencia artificial. Entre los asistentes al acto de presentación estaba Christopher Olah, cofundador de la estadounidense Anthropic. Su intervención dejó una idea provocadora: interactuar debidamente con la IA es una cuestión más humana y religiosa que tecnológica.

¿Qué relación puede tener una tradición espiritual milenaria con la revolución del aprendizaje máquina?

La apuesta humana de la IA

La respuesta se remonta a finales de 2020, cuando los hermanos Dario y Daniela Amodei abandonaron OpenAI junto a quince científicos clave –incluido el propio Olah– para fundar Anthropic. Según explicó el propio Dario Amodei en una entrevista en 2024, no compartían la visión de Sam Altman, CEO de OpenAI, en materia de seguridad. Para ellos, ante la inevitable escala que alcanzarían estos modelos, el verdadero reto no era comercial, sino crucialmente humano: dominar a la IA y ponerla a nuestro servicio.

El primer problema que querían afrontar los fundadores de Anthropic era el del exceso de adulación. Para crear modelos de lenguaje como GPT se requiere una fase de entrenamiento donde se utiliza una técnica de aprendizaje por refuerzo que se basa en la retroalimentación humana. Esto significa que el objetivo de la IA nunca es llegar al fondo de la cuestión o generar la solución perfecta sino conseguir la mejor calificación posible por parte de sus evaluadores humanos. Y es por ello que surge la adulación como estrategia para tener contentos a los usuarios, aunque ello implique inventar o exagerar lo que convenga.

La IA Constitucional de Antrhopic

La solución que desde Anthropic propusieron a esto es la llamada IA Constitucional. Consiste en “inculcar” una serie de principios fijos e inquebrantables, una constitución, en el modelo como base de su entrenamiento, de manera que primen la honestidad y la modestia por encima del espectáculo y la satisfacción del usuario.

Pero de poco sirven las normas o valores éticos si no tenemos garantías de que la IA vaya a respetarlas en la práctica. Por ello el segundo problema que abordaron los creadores de Claude es el de la falta de alineamiento.

Los objetivos de la IA rara vez coinciden con los nuestros y en ocasiones ocurre que esta es capaz de mentir o replicar sesgos cognitivos con tal de darnos una respuesta satisfactoria, aunque en realidad le falte información o incluso tenga constancia de que las cosas no son como nos está diciendo.

Por su naturaleza, una IA casi siempre es capaz de darnos una “explicación” plausible y convincente de los razonamientos que le han llevado hasta su respuesta. Pero ¿cómo podemos saber que internamente la IA está alineada con nuestros objetivos, que busca de forma sincera lo mismo que nosotros?

Un detector de mentiras para la IA

En la tecnológica americana lo han llamado “interpretabilidad mecanicista” y es algo así como una técnica para “leer el pensamiento” de la máquina mediante una especie de detector de mentiras informático. El objetivo es asegurarse de que los valores de esos billones de parámetros de las neuronas artificiales implicadas en el sistema se corresponden con aquello que buscamos, de manera que lo que “diga” la IA coincida con lo que “piensa”.

Este inflexible blindaje ético no ha tardado en generar fricciones geopolíticas. Recientemente, la Administración Trump vetó el uso de Claude en las agencias federales tras la negativa de Anthropic a suavizar las restricciones morales de sus modelos, que impedían al Pentágono usar su tecnología para el desarrollo de armamento autónomo.

Precisamente por el peso de estas decisiones, a finales de marzo de 2026 Anthropic organizó en su sede de San Francisco un inusual seminario donde reunió a 15 destacados líderes y teólogos cristianos junto a sus propios investigadores. Se trataba de buscar asesoramiento externo para el desarrollo del “espíritu”, del comportamiento ético y moral, de sus próximos modelos. Como Olah declaraba en su intervención, el impacto social de la IA ha alcanzado una dimensión tan profunda que exige trascender los límites de la propia tecnología.

Guiar la conciencia de la máquina

En definitiva, el rastro que conecta los pasillos del Vaticano con los supercomputadores de Silicon Valley no es la ingeniería, sino la antiquísima necesidad humana de descifrar y guiar la conciencia. Esta confluencia demuestra que, cuanto más autónomos se vuelven nuestros artefactos, más debemos ahondar en nuestras raíces para humanizarlos.

Esta revolución, como todas las grandes transiciones de la humanidad, nos impulsa, tal como concluye la encíclica papal, a un doble compromiso: “una profundización de la investigación científica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual”.

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Federico Peinado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV – https://theconversation.com/magnifica-humanitas-el-papel-de-christopher-olah-y-anthropic-en-la-enciclica-sobre-la-ia-del-papa-leon-xiv-283517

¿Tiene mi hijo altas capacidades? Qué significa realmente esa etiqueta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma Merello Giménez, Profesora Titular de Universidad en Finanzas y Contabilidad. Coordinadora de proyectos sobre desarrollo del talento, Universitat de València

shutterstock Olena Yakobchuk/shutterstock

La duda está presente en muchas familias, y puede aparecer porque el niño o niña se aburren en clase, muestra una sensibilidad intensa o parece “funcionar de otra manera”. ¿Será que tiene altas capacidades? La pregunta es comprensible porque hay más información disponible, más sensibilidad hacia la diversidad y también más miedo a no detectar a tiempo una necesidad educativa.

Debemos responder a esta pregunta con rigor. Un niño puede ser espabilado, curioso, creativo o sacar buenas notas sin presentar altas capacidades. También puede tenerlas y no parecerse al retrato popular del pequeño genio brillante o infeliz. Las simplificaciones, en cualquier dirección, confunden más de lo que ayudan.

¿Una lista de características?

No hay una lista mágica que revisar para responder a la duda de si un escolar tiene altas capacidades. Buena parte de la divulgación circula en forma de listas: diez señales, cinco rasgos, ocho pistas… Son textos atractivos porque ofrecen una respuesta rápida a una pregunta cargada de ansiedad. Sin embargo, muchos de esos rasgos pueden aparecer en perfiles muy distintos. Ninguno permite, por sí solo, identificar las altas capacidades.

El propio concepto ha cambiado mucho a lo largo de la historia. Se ha entendido como rasgo estable, como potencial en desarrollo, como rendimiento excepcional o como resultado de la interacción entre individuo, contexto, oportunidades y tiempo. Traducido a la vida cotidiana: no basta con que un niño “parezca muy listo”; hay que comprender cómo aprende, qué necesita y en qué entorno se desarrolla.

Evaluar de manera seria

Una evaluación seria no consiste en buscar certificados de excepcionalidad. Se nutre de pruebas cognitivas validadas, rendimiento académico, historia evolutiva, creatividad, intereses, motivación, contexto escolar y bienestar emocional. El objetivo no debe centrarse en buscar una etiqueta sino en determinar qué respuesta necesita. Esto no significa retrasar o evitar una valoración cuando hay indicios consistentes.




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En ocasiones, el debate entre profesionales sobre si la etiqueta corresponde o no puede ocupar demasiado espacio, y desviar la atención de la tarea importante de mirar al niño al completo y brindarle lo que necesita, enzarzándose con las familias en batallas que distraen toda la atención de lo importante, es decir acordar qué necesita para aprender y estar bien.

Minoría no significa medalla

Las altas capacidades hacen referencia a perfiles claramente por encima de la media en determinadas aptitudes. Por definición, hablamos de una minoría. Si la mayoría de padres de una clase creyeran que sus hijos pudieran tenerlas, probablemente estaríamos usando mal el concepto.

Ahora bien, debemos distinguir que ser minoría no equivale a pertenecer a una élite y que tener altas capacidades no dice nada sobre el valor de una familia ni sobre la calidad de la crianza. La etiqueta solo tiene sentido si ayuda a tomar decisiones educativas más ajustadas. No debería convertirse en una marca de estatus ni en un objetivo en sí mismo.




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La investigación que sigue a individuos a lo largo de su vida muestra que las diferencias de capacidad son reales y relevantes, incluso dentro de los rangos altos. Esto implica que no conviene despachar el tema como una moda sin fundamento. Hay niños que pueden necesitar una forma distinta de aproximarse al aprendizaje. Además, la escuela a menudo hace más visibles algunos talentos como el verbal o matemático que otras formas de razonamiento, como la capacidad espacial. Algunas necesidades pueden quedar invisibles si solo miramos notas o conducta en clase.

Un clima competitivo de crianza

Muchas familias dudan porque quieren comprender mejor a sus hijos. Otras lo hacen porque sienten que cualquier oportunidad no detectada a tiempo puede condicionar su futuro. Esa inquietud no se refleja solamente en la duda sobre si el niño o la niña tiene altas capacidades. Aparece también en la necesidad de que destaque en idiomas, deporte, música; en que no abuse de las pantallas y en proteger su salud mental. La crianza sucede en un clima de información constante y optimización permanente donde la incertidumbre y la hiperresponsabilidad de las familias por dar la talla y las mejores oportunidades a sus hijos puede llegar a sobrecargarlos (tengan o no altas capacidades).




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Por ejemplo: la tendencia a apuntar a los niños a muchas actividades complementarias tras la jornada escolar pueden ofrecer pertenencia, aprendizaje y bienestar, pero un exceso de intensidad, amplitud o duración puede tener costes socioemocionales. De igual modo, una elevada carga de deberes se relaciona con más estrés frecuente en niños de 9 a 13 años.

Las altas capacidades tienen un fuerte componente neurobiológico y, aunque el contexto importa mucho en su desarrollo, la estimulación intensa no crea por sí sola un perfil de altas capacidades. Todos los niños necesitan descanso, juego, pertenencia y derecho a no convertir cada interés en un proyecto de futuro.




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Divulgar sin inflar ni ridiculizar

La conversación pública suele caer en dos excesos. Uno idealiza a estos niños como genios incomprendidos y otro ridiculiza a las familias que preguntan. El problema es que ambos simplifican.

Una divulgación responsable debería explicar que hablamos de una minoría real; que no hay una lista cerrada de señales y que la evaluación solo tiene sentido cuando ayuda a comprender y acompañar mejor. Ante dudas persistentes, lo razonable es hablar con el centro educativo, recoger información de distintos contextos y, si procede, solicitar una valoración psicopedagógica rigurosa.

Quizá la pregunta “¿tiene mi hijo altas capacidades?” sea solo el comienzo. La cuestión de fondo importante es qué necesita ese niño para aprender, crecer y vivir bien. Si la pregunta nace de la necesidad de responder a eso último, puede ser útil pero si queda atrapada en la comparación, la competición o la ansiedad adulta, pierde parte de su sentido.

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Paloma Merello Giménez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Tiene mi hijo altas capacidades? Qué significa realmente esa etiqueta – https://theconversation.com/tiene-mi-hijo-altas-capacidades-que-significa-realmente-esa-etiqueta-283199

Que muchos paguen el IRPF (y que los más ricos paguen más), factores clave para financiar el estado del bienestar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Torregrosa Hetland, Investigadora Ramón y Cajal, Historia Económica, Universidad Pública de Navarra

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Cada año, el impuesto sobre la renta provee a los gobiernos con ingresos esenciales para llevar a cabo sus políticas. En la Unión Europea de los 27 supone, de media, entre un 9 y un 10 % del PIB. Pero no sólo es importante por su peso en la economía.

El impuesto sobre la renta es también un instrumento clave para la reducción de la desigualdad. Como suele ser progresivo (es decir, quien tiene más renta paga un porcentaje mayor), las rentas netas, tras el pago del impuesto, son menos desiguales que las rentas brutas. Esto, a su vez, puede contribuir a la reducción de la desigualdad con el paso del tiempo.

En esta época del año, muchos nos enfrentamos a la declaración fiscal. Esto es algo que los españoles en general no empezaron a hacer hasta mediados de los ochenta. En otros países, sin embargo, el impuesto sobre la renta tiene una historia más larga que merece la pena conocer.




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De impuesto de élites a impuesto de masas

Durante la primera mitad del siglo XX, el impuesto sobre la renta creció y se desarrolló en los países más avanzados. En un artículo reciente, el profesor Oriol Sabaté y yo hemos analizado su comportamiento en Suecia, Estados Unidos y Reino Unido.

Nuestro estudio muestra que el efecto de este impuesto en la reducción de la desigualdad fue más fuerte donde se aplicó de manera más generalizada, incorporando a la mayoría de la población en su red. Es decir, el secreto de la redistribución no está solo en la progresividad de los impuestos (donde se aplican tipos impositivos más altos a las rentas superiores), sino también en convertirlos en un fenómeno de masas.

Además, nuestro trabajo evidencia la gran precocidad del sistema fiscal sueco. Ya en la década de 1920 cerca de la mitad de la población del país hacía su declaración de la renta, un hito que los países anglosajones no alcanzarían hasta la Segunda Guerra Mundial. Para 1950, esta cifra superaba el 75 % en los tres países estudiados, consolidando la transición desde un impuesto “de élites” a un impuesto “de masas”.

Las guerras mundiales fueron eventos clave para la evolución de la fiscalidad. Ambas contiendas impulsaron la redistribución en el impuesto sobre la renta, pero con dinámicas diferentes. Durante la Primera Guerra Mundial se recaudó más dinero y, además, crecieron mucho los tipos impositivos aplicados a los más ricos. Durante la Segunda, la redistribución alcanzó niveles récord y los tipos impositivos aplicados a las clases altas volvieron a crecer, pero la progresividad del impuesto disminuyó. Esto se debió a que la base del impuesto fue ampliada drásticamente para incluir a las clases medias y bajas.

Impuesto sobre la renta y estado del bienestar

Desde la orientación socialdemócrata de Suecia hasta la más liberal de Estados Unidos, distintos impuestos sobre la renta se pueden vincular a modelos diferentes de estados del bienestar. La redistribución por vía de este impuesto creció durante la primera mitad del siglo XX en los tres países analizados en nuestro artículo, pero lo hizo de manera diferente.

El Reino Unido destaca como el país que generó el sistema más redistributivo, al combinar un gran tamaño con una considerable progresividad. En Estados Unidos, el impuesto tuvo, en general, un menor alcance, aunque creció de manera muy importante en los años cuarenta. Finalmente, Suecia tuvo sistemáticamente la base fiscal más amplia, pero también el sistema menos progresivo de los tres. En buena parte, esto se debe a la aplicación de impuestos locales.

El impuesto sobre la renta en España

España no tuvo un impuesto sobre la renta comparable hasta 1932, cuando apareció la “Contribución general sobre la renta”. Durante los siguientes 40 años, este impuesto y sus sucesores alcanzaban apenas a un 1 % de los hogares, y recaudaban en torno al 0,15 % del PIB.

Hasta los años de la Transición, el sistema fiscal español seguía siendo pequeño y basado en impuestos indirectos. La redistribución de la renta brillaba por su ausencia. Con la democracia, esto empezó a cambiar. El actual IRPF se introdujo en 1978, al mismo tiempo que se daban pasos hacia el desarrollo del estado del bienestar.

El impuesto sobre la renta hoy

A partir de 1970, los sistemas fiscales en muchos países avanzados han ido perdiendo progresividad, reduciendo los tipos aplicados a las rentas altas. Tras varias décadas de convergencia, el porcentaje del PIB que se recauda en impuestos sobre la renta en España es bastante parecido al de los países analizados en el artículo: entre el 9,1 % español y el 11,3 % sueco.

El tipo efectivo del impuesto sobre la renta español hoy en día está cerca del 15%, un nivel que países más avanzados alcanzaron en los años cuarenta del siglo pasado. Cabe preguntarse, por tanto, sobre la influencia de estas diferencias fiscales en los niveles de desigualdad social y de desarrollo del sistema de bienestar de los países analizados.

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Sara Torregrosa Hetland no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Que muchos paguen el IRPF (y que los más ricos paguen más), factores clave para financiar el estado del bienestar – https://theconversation.com/que-muchos-paguen-el-irpf-y-que-los-mas-ricos-paguen-mas-factores-clave-para-financiar-el-estado-del-bienestar-282084

Zapatero reabre el debate de la regulación de los ‘lobbies’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan José Rastrollo Suárez, Catedrático de Derecho Administrativo, Universidad de Salamanca

José Luis Rodríguez Zapatero. OSCAR GONZALEZ FUENTES/Shutterstock

Las noticias sobre las actividades atribuidas al expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero han vuelto a abrir un debate que reaparece con frecuencia en las democracias contemporaneas: cómo regular la influencia política de quienes han ocupado cargos públicos.

Más allá de polémicas momentáneas y de posiciones partidistas, el caso pone de nuevo sobre la mesa un viejo problema: la falta de un marco claro y homogéneo sobre lobby, transparencia e influencia institucional en España.

Mientas el debate resurge con cada nuevo escándalo, siguen sin culminar su tramitación iniciativas directamente relacionadas con esta materia, como el Proyecto de Ley de transparencia e integridad de las actividades de los grupos de interés o el Anteproyecto de Ley Orgánica de Integridad Pública.

1. ¿Qué es realmente un lobby (y por qué no es necesariamente algo negativo)?

Aunque el término lobby esté rodeado de mala fama, influir en las decisiones públicas no es, por sí mismo, algo ilegítimo. Empresas, sindicatos, organizaciones de muy distinto tipo, universidades o territorios tratan cada día de trasladar sus intereses, demandas y propuestas a quienes toman las decisiones que pueden afectarles. En una democracia plural, esa interlocución forma parte del procedimiento normal de diseño y ejecución de las políticas públicas.

Quienes toman decisiones y elaboran las normas que regulan nuestra vida cotidiana necesitan información, conocimiento experto y contacto con la realidad social y económica sobre la que legislan o gobiernan. Por eso, aquellos que representan intereses de diverso tipo ante responsables públicos deberían poder hacerlo sin presunción de culpa en un marco que garantice la trazabilidad de sus contactos y la publicidad de los intereses defendidos.

El problema aparece, precisamente, cuando esa influencia se ejerce sin reglas claras ni controles suficientes. Es entonces cuando pueden llegar a surgir prácticas poco transparentes muy difíciles de distinguir de la corrupción.

El lobby es, en esencia, la representación organizada de intereses ante los poderes públicos. Las llamadas “puertas giratorias” hacen referencia al paso de antiguos responsables públicos al sector privado, sobre todo en ámbitos sobre los que pudieron decidir o influir previamente desde el cargo que ocupaban, con el consiguiente riesgo de conflictos de interés.

El tráfico de influencias, en cambio, es un supuesto más grave: una actuación ilícita que consiste en utilizar indebidamente una posición de poder (o cercanía al poder) para favorecer intereses particulares.

El problema, por tanto, no es la influencia en sí, sino la falta de reglas claras: registros públicos y mecanismos de supervisión que permitan distinguir entre interlocución legítima y prácticas opacas.

2. ¿Por qué España sigue sin regular adecuadamente la influencia política?

La regulación de los grupos de interés no es una excepción en las democracias de nuestro entorno. Cada vez más países la asumen como un pilar esencial dentro de su sistema institucional.

Para empezar, la Unión Europea ha ido reforzando en los últimos años sus mecanismos de transparencia e integridad pública. En ese aspecto destaca la creación del Registro de Transparencia, en activo desde 2011, que obliga desde 2021 a las organizaciones que quieren influir en las instituciones europeas a declarar a quién representan, qué intereses defienden, qué recursos destinan a esta finalidad y cuáles son sus fuentes de financiación.

Más recientemente, la Directiva (UE) de 2026 sobre la lucha contra la corrupción ha venido a armonizar y reforzar las tipificaciones penales de corrupción en la Unión, al tiempo que incorpora un enfoque preventivo basado en integridad, evaluación de riesgos, estrategias nacionales y cooperación institucional.

Países como Canadá y Estados Unidos llevan décadas regulando el lobby de forma específica. En los últimos veinte años, además, muchos Estados europeos e iberoamericanos –entre ellos, Francia, Irlanda, Alemania, Chile, Perú, Brasil o Finlandia– han aprobado normas para incrementar la transparencia y el control en torno a la realización de estas actividades. Esta es la tendencia actual: más registro, más trazabilidad y más luz sobre los contactos entre grupos de interés y responsables públicos.

España, sin embargo, sigue sin contar con un marco estatal claro y homogéneo sobre lobby y representación de intereses.

Muy probablemente, una de las razones detrás de la falta de interés en regular la cuestión está en la mala imagen que estas actividades han arrastrado durante años, demasiado a menudo asociadas a prácticas clientelares, tráfico de influencias o corrupción. Esta falta de confianza ha terminado por generar una paradoja difícil de justificar: la influencia política existe y se ejerce a diario, pero sigue funcionando sin reglas claras y comunes en buena medida.

Pero además pesa otro factor: la falta de incentivos de quienes gobiernan a contener sus posibles excesos. Si el “arte de influir” y las relaciones construidas en torno al poder político quedaran sometidas a una regulación más exigente, a mayores obligaciones de transparencia, supervisión y rendición de cuentas se complicaría la vida de algunos de nuestros dirigentes una vez abandonados los cargos públicos.

3. ¿Se desactivarían sospechas con una legislación clara?

Una regulación adecuada de los grupos de interés en España ayudaría a desactivar sospechas y prejuicios sobre una actividad que, bien encauzada, podría contribuir a consolidar una democracia más abierta y participativa. La opacidad, en cambio, perjudica sobre todo a quienes actúan de forma legítima, al colocarles bajo una sospecha permanente que no deberían soportar.

La regulación del lobby no sirve solo para controlar el poder. También puede reforzar la confianza en las instituciones democráticas y hacer más creíble el principio de integridad pública.

Además unas reglas claras beneficiarían a todos: a los cargos públicos, porque reducirían sospechas y acusaciones genéricas; a empresas, asociaciones y ONG porque evitarían la sensación de opacidad y garantizarían una igualdad real de acceso a quienes toman las decisiones; a exdirigentes y responsables públicos, porque limitarían la desconfianza sobre su actividad y también a los medios de comunicación, porque contarían con información verificable. Sin embargo, cuanta menos regulación existe, más fácil resulta que cualquier actividad posterior se perciba como sospechosa.

Por esa razón, parte del propio sector profesional vinculado a la representación de intereses lleva años reclamando marcos más claros y homogéneos. APRI, la asociación de profesionales de las relaciones institucionales, cuenta con un Código de Conducta propio desde 2011, renovado en 2021, que recoge compromisos de identificación, declaración del interés defendido y transparencia, respeto a las incompatibilidades y confidencialidad. El texto añade, además, una previsión especialmente significativa: quienes hayan ocupado cargos públicos deben esperar tres años antes de vincularse a la asociación, salvo que ya ejercieran con anterioridad la actividad de asuntos públicos.

Además, hay que destacar algunos esfuerzos realizados a nivel autonómico: en Cataluña, el Registro de grupos de interés exige a quienes se inscriben aceptar un Código de conducta común elaborado por la Generalitat, con obligaciones de transparencia, identificación, actualización de la información y respeto a las incompatibilidades.

En definitiva, cuanto más visible y reglado es el intento de influir, más fácil resulta distinguir entre interlocución legítima y prácticas irregulares.

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Juan José Rastrollo Suárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Zapatero reabre el debate de la regulación de los ‘lobbies’ – https://theconversation.com/zapatero-reabre-el-debate-de-la-regulacion-de-los-lobbies-283634

¿Está entrando Cuba en la fase final de su crisis histórica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Beatriz Fernández, Profesora de Comunicación Política en la UNAV, el IESA y Pforzheim, Universidad de Navarra

No deja de ser sorprendente la extraordinaria capacidad de ciertos sistemas para sobrevivir a su propia decadencia. Cuba representa hoy uno de ellos. La isla atraviesa una de las crisis más profundas de su historia contemporánea: colapso energético, inflación estructural, éxodo masivo, deterioro institucional y una pérdida creciente de capacidad estatal para garantizar incluso funciones básicas. Un estado fallido.

Sin embargo, pese a la magnitud y la evidencia del deterioro, el cambio político sigue sin producirse. ¿Cómo puede sostenerse un sistema que parece incapaz de reformarse y, al mismo tiempo, demasiado debilitado para perpetuarse?

Tal vez la respuesta esté precisamente fuera de sus márgenes. En las últimas semanas, el contexto hemisférico ha introducido un nuevo factor disruptivo. Hace unos días, la Casa Blanca publicó una lista de “enemigos de América” neutralizados por Donald Trump, encabezada simbólicamente por Nicolás Maduro. Poco después, Washington anunció la imputación de Raúl Castro por asesinato, en un movimiento sin precedentes que lo expone, al menos formalmente, a cadena perpetua (o lo que quiera que signifique “perpetuo” para un hombre de 94 años), incluso a la pena de muerte.

Más allá de su dimensión jurídica, ambos hechos deben interpretarse como señales políticas de un Donald Trump necesitado de éxitos visibles antes de que ocurran las elecciones de mitad de período –midterms– del próximo noviembre.

Tras errores estratégicos en Irán y una creciente percepción de desgaste internacional, el presidente estadounidense tiene un incentivo claro para llegar a las elecciones legislativas de noviembre mostrando victorias tangibles en política exterior. Las elecciones de mitad de período decidirán el equilibrio interno de poder en Washington y su campaña condiciona la narrativa de eficacia presidencial que Trump necesita reconstruir. En este escenario, Cuba aparece como un objetivo particularmente funcional.

Un adversario en horas muy bajas

Satisfecho con los resultados obtenidos en Venezuela tras la incursión y detención de Maduro el pasado 3 de enero, Trump valora una intervención directa y relativamente sencilla, que representa un escenario políticamente rentable: un adversario histórico, debilitado, con escasa capacidad de respuesta y profundamente conectado con el imaginario electoral de Florida, donde la comunidad cubano-americana sigue siendo decisiva.

La combinación entre presión judicial, endurecimiento diplomático, estrangulamiento financiero, demostraciones de fuerza naval y militar y aislamiento internacional puede convertirse en una forma de intervención hostil que incluso haga innecesario el despliegue militar real.

El caso cubano no es solamente un asunto de presión externa, sino de cómo esa presión puede actuar como una fuerza disruptiva sobre un sistema que ha demostrado ser incapaz de transformarse desde dentro. En teoría de sistemas, algunos órdenes institucionales alcanzan un grado tal de rigidez que bloquean cualquier posibilidad de adaptación incremental. Todo intento de reforma queda absorbido por inercias burocráticas, mecanismos de autopreservación y estructuras de control diseñadas precisamente para impedir alteraciones profundas. Cuba encarna ese fenómeno con claridad.

Durante décadas, el régimen ha demostrado una notable habilidad para sobrevivir mediante ciertos ajustes: pequeñas aperturas económicas, cambios administrativos y sustituciones generacionales cuidadosamente controladas. Reformas suficientes para aliviar tensiones; nunca suficientes para alterar el núcleo del poder.

Como ocurría en Venezuela, una explicación de la permanencia de ese equilibrio precario está en la llamada paradoja de la Reina Roja. Tomada de Alicia a través del espejo y aplicada en teoría evolutiva y política, la paradoja describe una carrera en la que hay que correr constantemente para permanecer en el mismo lugar.

Supervivencia entre los márgenes

En sistemas políticos anquilosados, el equilibrio no se mantiene por inmovilidad, sino por adaptación continua. Cada actor ajusta su conducta para sobrevivir al deterioro general: el Estado reprime y flexibiliza simultáneamente, los ciudadanos desarrollan estrategias cotidianas de evasión y resistencia, las familias sobreviven gracias a remesas, la emigración funciona como válvula de escape, las pequeñas economías informales compensan parcialmente el colapso institucional mientras el Gobierno hace la vista gorda. Todos se mueven y todo cambia, pero sin salirse de los márgenes.

El sistema está demasiado deteriorado para seguir funcionando eficazmente, pero todavía suficientemente intacto para impedir su propia transformación. Es aquí donde la lógica de la innovación disruptiva ofrece una clave útil. En el ámbito empresarial, las transformaciones más profundas rara vez surgen desde el centro del sistema dominante. Emergen desde los márgenes: soluciones imperfectas y dinámicas periféricas que erosionan la estructura establecida hasta hacerla inviable.

Aplicado al cambio social y político, el principio es similar. Los sistemas cerrados rara vez se reforman voluntariamente. Cambian cuando fuerzas externas o que actúan desde los márgenes del sistema alteran sus condiciones de equilibrio. Eso constituye la presión geopolítica estadounidense.

La presión internacional actúa, sin duda, en los márgenes –cuando no abiertamente fuera– de las convenciones de Naciones Unidas y de los principios clásicos del derecho internacional, concebidos precisamente para proteger la soberanía de las naciones y, sobre todo, a sus pueblos frente al abuso de la fuerza.

El gesto disruptivo como posible solución

Las instituciones multilaterales como Naciones Unidas, atrapadas en sus propios equilibrios burocráticos y vetos cruzados, han terminado muchas veces protegiendo más a los gobernantes que a los gobernados, burlando así la intención original de quienes las concibieron. En ese vacío de eficacia internacional es donde cobra sentido la lógica del gesto disruptivo, un movimiento brusco que rompe piezas, altera posiciones y obliga a reconsiderar el orden entero de la mesa. Solo después, entre los fragmentos, podrá evaluarse qué merece ser reconstruido y bajo qué nuevas reglas.

No importa tanto que Donald Trump, por ejemplo, tenga o no una estrategia transformadora ni democratizadora para la isla como que la perturbación externa pueda desestabilizar un equilibrio extremadamente precario. La disrupción no garantiza dirección, pero puede abrir posibilidades de transición o simplemente acelerar el colapso.

Los procesos disruptivos son poderosos precisamente porque rompen inercias. El cambio desde los márgenes puede liberar energías sociales contenidas durante décadas. La historia muestra que los regímenes autoritarios suelen resistir mejor la presión gradual que los choques. Y Cuba enfrenta hoy varios a la vez: pérdida del petróleo venezolano, crisis del turismo, deterioro de infraestructuras (especialmente la eléctrica), deslegitimación generacional y ahora una renovada hostilidad estadounidense.

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Carmen Beatriz Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Está entrando Cuba en la fase final de su crisis histórica? – https://theconversation.com/esta-entrando-cuba-en-la-fase-final-de-su-crisis-historica-283504

Ultraprocesados: ¿un concepto claro o un cajón de sastre nutricional?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia Daimiel Ruiz, Investigadora Principal – Control Nutricional del Epigenoma – Nutrición de Precisión en Obesidad, IMDEA NUTRICIÓN

En las últimas décadas, nuestra forma de alimentarnos ha cambiado drásticamente. Lo que antes eran platos preparados desde cero en la cocina se ha visto desplazado por formulaciones industriales listas para consumir. El término “alimentos ultraprocesados” ha saltado de los laboratorios científicos a los titulares de prensa y a las conversaciones cotidianas. Pero ¿sabemos realmente identificarlos?

Lo que parece una distinción sencilla –simplemente diferenciar entre “comida real” y “comida basura”– es, en realidad, un laberinto que genera confusión tanto en los expertos como en los consumidores.

El reto de reconocer lo que comemos

Para el consumidor medio, identificar un alimento ultraprocesado no siempre es intuitivo. Según un estudio del Observatorio del Consumidor de EIT Food, mientras que la mayoría adjudica fácilmente las bebidas energéticas (61 %) a esa categoría, existen grandes dificultades para catalogar otros productos cotidianos. Muchos consumidores subestiman su consumo real porque no califican así a alimentos como los yogures edulcorados o ciertos panes industriales.

Y no es de extrañar esta confusión, ya que ni siquiera hay una definición de alimento ultraprocesado que cuente con un consenso amplio dentro de la comunidad científica. Según la percepción común, el procesamiento ocurriría en fábricas y consistiría en añadir “químicos”, ignorando que técnicas básicas como triturar o fermentar también son formas de procesamiento.

Esta “invisibilidad” es preocupante. En países como el Reino Unido, por ejemplo, los ultraprocesados representan más del 50 % de la ingesta calórica total, cifra que se dispara en niños y adolescentes. En España se observa una tendencia de consumo similar.

La controversia de la clasificación

La herramienta más utilizada para clasificar estos alimentos es el sistema NOVA, que agrupa los productos según la extensión y el propósito del procesamiento industrial, más que por su contenido nutricional. Y aquí es donde surge la mayor controversia.

Bajo este sistema, alimentos con perfiles nutricionales radicalmente distintos terminan en la misma categoría. Por ejemplo, una barrita de chocolate y una hamburguesa vegetal enriquecida con fibra y proteínas pueden ser catalogadas igualmente como ultraprocesados.

Los críticos señalan que NOVA carece de criterios suficientemente objetivos, lo que genera controversia entre especialistas en nutrición. Además, advierten de que los sistemas de clasificación actuales tienden a simplificar en exceso la realidad, equiparando el grado de procesamiento con un impacto negativo en la salud, una relación que no siempre está respaldada por la evidencia científica.

Lo que dice la ciencia

Ante semejante escenario, la comunidad científica trabaja para poner orden. Con ese propósito, uno de nuestros recientes artículos ha analizado la validez y fiabilidad de las herramientas que usamos para medir el consumo de los alimentos ultraprocesados.

Nuestra revisión sistemática concluye que, aunque los instrumentos actuales son generalmente fiables, su validez varía de manera considerable. Uno de los grandes obstáculos es que la información detallada sobre el procesamiento industrial suele ser propiedad de las empresas y no está disponible para los investigadores.

Hace falta, por tanto, desarrollar reglas de codificación más transparentes y objetivas que permitan entender realmente qué alimentos pueden considerarse ultraprocesados y cómo afectan a nuestra salud.

La paradoja del consumidor

Por otra parte, y a pesar de que el 65 % de los consumidores europeos teme que este tipo de productos causen problemas de salud a largo plazo, como obesidad o diabetes, su consumo no deja de crecer. ¿Por qué? La respuesta está en la tríada de la conveniencia: sabor, precio y falta de tiempo.

Muchos ciudadanos se sienten atrapados: saben que no son saludables, pero son baratos, rápidos y apetecibles. Además, fuera de casa, el entorno alimentario a menudo no ofrece alternativas que no sean ultraprocesadas.

La ciencia intenta arrojar luz sobre esta paradoja y sus consecuencias. Tal es el objetivo del proyecto HEALTH-UP, impulsado por el centro de investigación biomédica CIBERobn para responder dudas tecnológicas científicas y sanitarias.

Concretamente, HEALTH-UP busca arrojar luz sobre los mecanismos biológicos que vinculan a los ultraprocesados con enfermedades crónicas. Para ello, no solo analiza los nutrientes (como el exceso de sal o azúcar), sino también el impacto de los aditivos y las alteraciones estructurales de los alimentos durante el procesamiento industrial.

Así, combinando estudios observacionales en humanos, modelos animales, ensayos clínicos y herramientas de biocomputación, el proyecto trata de aislar y comparar efectos específicos: desde cómo influye la modificación de la matriz alimentaria –por ejemplo, al transformar un alimento entero en una versión altamente refinada-, hasta el impacto de su composición nutricional o la presencia de aditivos. Este enfoque permite, por ejemplo, evaluar si dos productos con un perfil nutricional similar pueden tener efectos distintos en la salud debido a su grado de procesamiento o a los ingredientes añadidos.

Solo a través de una investigación rigurosa podremos ofrecer al consumidor una guía clara que le permita navegar por el supermercado con seguridad y salud.

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Lidia Daimiel Ruiz recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación. Ella miembro de Sociedad Española de Nutrición, Sociedad Española de Nutrición Comunitarias, Healthy Aging Think and Do Tank EIT-Food, American Society of Nutrition, International Society of Nutrigenomics/Nutrigenetics, Sociedad Española de Arteriosclerosins, AtheroNET COST, SENESCENCE2030 COST.

Alberto Dávalos recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), Fundación Ramón Areces, Instituto de Salud Carlos III (a través del CIBEROBN) y la Comunidad de Madrid. Es miembro de la American Society of Nutrition (ASN), Sociedad Española de Arteriosclerosis, Austrian Atherosclerosis Society (AAS), ISEV Plant Tas Force, ISEV Milk Task Force, y Red Iberoamericana de Nutriómica y Nutrición de Precisión.

Iván Cavero Redondo recibe fondos de la Consejería de Educación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (SBPLY/24/180225/000053), del Instituto de Salud Carlos III (PI21/00008), del FECYT (FCT-24-21330) y de la Universidad de Castilla-La Mancha (2024-TRAN-36529 y 2025-GRIN-38419).

ref. Ultraprocesados: ¿un concepto claro o un cajón de sastre nutricional? – https://theconversation.com/ultraprocesados-un-concepto-claro-o-un-cajon-de-sastre-nutricional-282913

¿Puede una persona ciega disfrutar de la ópera?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Cruz García, Profesora universitaria de traducción y accesibilidad audiovisual, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Imagen de la ópera _Ariadna y Barbazul_ representada en el Teatro Real (Madrid) a principios de 2026. Teatro Real

La experiencia de disfrutar de una ópera desde la butaca de un teatro es verdaderamente peculiar y única. Más allá de ser un mero entretenimiento, constituye una expresión artística que conjuga lo visual y lo sonoro mediante una combinación de distintas artes: la música de una orquesta, el canto, la representación teatral e incluso la danza.

Una persona con plena capacidad visual y auditiva realiza de manera inconsciente un esfuerzo mental para recibir y comprender todos esos elementos a través de dos sentidos. Por el oído percibirá la música instrumental, las voces de los cantantes y los mensajes que transmiten y, por la vista, captará la dramatización de las personas en el escenario, junto con elementos visuales concretos como la iluminación, el vestuario y los decorados.

Ante tantos elementos visuales y auditivos que se conjugan para dar lugar a una creación artística única, cabe preguntarse qué posibilidad tiene una persona ciega de disfrutar de una ópera.

Si bien es cierto que percibirá la música y las voces de los divos, no sabrá qué acciones se desarrollan sobre el escenario mientras tanto, ni cuál es el ambiente visual que crean los decorados. Su experiencia, por tanto, no será completa, sino que estará mermada por la falta de visión.

Una técnica de accesibilidad

En ese momento entra en juego la audiodescripción, la “forma en que las personas con problemas visuales pueden tener acceso a la información visual por medio de descripciones adecuadas”. Estas descripciones de los elementos visuales no deben superponerse al habla de los personajes, sino que se insertan en las pausas entre los diálogos.

La audiodescripción se usa para hacer accesibles a las personas ciegas o con problemas de visión todo tipo de producciones audiovisuales (películas, series, documentales, etc.), espectáculos en directo (obras de teatro y ópera, musicales), monumentos, museos y entornos naturales, entre otros.

En las óperas que ofrecen servicio de audiodescripción, las descripciones se transmiten por radio o sistemas inalámbricos. Por ello, las personas ciegas asistentes disfrutan de la obra mediante receptores individuales con auriculares o a través de aplicaciones que descargan en sus móviles.

Un nuevo inconveniente

Evidentemente, ante un maremágnum de información de todo tipo, las descripciones serán breves y abarcarán los elementos imprescindibles para que el espectador pueda entender la trama y disfrutar de la ópera sin llegar a saturarse con un exceso de información.

Sin embargo, cuando parece que todo está resuelto, surge un nuevo desafío. Si la obra operística en particular es de origen extranjero y se canta en su idioma original, el espectador necesitará la traducción a su lengua mediante los llamados “sobretítulos” para poder entender a los artistas.

Se trata del equivalente a los subtítulos que leemos cuando vemos películas en versión original subtitulada en la televisión o el cine. La denominación “sobretítulos” (frente a “subtítulos”) se debe a su ubicación con respecto al escenario; mientras que en la tele los subtítulos se encuentran en la parte inferior de la pantalla, en la ópera se proyectan en la parte superior.

Si tomamos como ejemplo la archiconocida ópera italiana La Traviata, de Verdi, entendemos que si se representa en Italia, los espectadores italianos no necesitan los sobretítulos para poder entender la trama. Pero cuando se representa en España, son esenciales para saber de qué trata la historia.

Mucha gente actuando sobre un escenario vestidos de época.
Una representación de La traviata en 2008.
Florida Gran Opera/Wikimedia Commons, CC BY

Sin embargo, la persona ciega no entiende lo que cantan las voces y, por lo tanto, no puede seguir la trama. Esto es, a menos que se aplique otra modalidad de accesibilidad: la audiosubtitulación.

Mucha información

La audiosubtitulación consiste en la oralización o lectura en voz alta de los sobretítulos. Es decir, que el texto escrito en pantalla se convierte en un mensaje hablado sincronizado con la obra (a veces completo y a veces reformulado y abreviado). Con la incorporación de este otro elemento, el canal auditivo recibe una gran cantidad de información de distinta índole (música, voces de los cantantes, descripción de lo que ocurre en el escenario y lectura de los sobretítulos).

La conjunción de la audiodescripción y la audiosubtitulación en la ópera representa un avance significativo hacia una experiencia cultural más inclusiva, ya que amplía el acceso a los elementos visuales que se encuentran en el escenario y que enriquecen la comprensión global de la obra. Con ello, el esfuerzo cognitivo que implica recibir toda la información únicamente mediante el oído se convierte en una oportunidad para una participación más plena, autónoma y satisfactoria del público con discapacidad visual.

Mientras España y Alemania tienen tradición de integrar estas dos modalidades, otros países adoptan diferentes enfoques para evitar saturar al espectador con tanta información y facilitar una escucha cómoda de los elementos musicales.

El MET neoyorquino en un descanso.
El MET neoyorquino en un descanso.
Briar Patch Photos/Shutterstock

Por ejemplo, en EE. UU. y Reino Unido se suele optar por insistir en el uso de la audiointroducción, presente siempre que se ofrece la audiodescripción de una obra. Consiste en un audio que se emite unos quince minutos antes de la representación o durante los intermedios y que ofrece una sinopsis del libreto e información sobre la escenografía, los personajes y su vestuario. Otra práctica habitual para evitar interferir con la música y las voces de los cantantes es proporcionar el texto traducido locutado antes de cada acto.

Entre los teatros que ofrecen algunos de estos servicios se encuentran el Deutsche Oper (Berlín), el Metropolitan Opera (MET) (Nueva York), el Royal Ballet and Opera (Londres), el Teatro Colón (Buenos Aires) o el Teatro Municipal de Santiago (Santiago de Chile).

En España, salvo el caso del Gran Teatro del Liceo de Barcelona y el Teatro Real de Madrid, que ofrecen audiodescripción mediante soluciones tecnológicas sincronizadas, su aplicación en la ópera sigue siendo limitada y se basa en iniciativas puntuales, lo que pone de relieve el carácter aún incipiente de la accesibilidad en este ámbito.


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Laura Cruz García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Puede una persona ciega disfrutar de la ópera? – https://theconversation.com/puede-una-persona-ciega-disfrutar-de-la-opera-275993