¿Tiene sentido cobrar la misma ecotasa a todos los turistas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aythami Santana Padrón, Assistant researcher, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Viajeros en el Aeropuerto Tenerife Sur, Islas Canarias.
Nigel J. Harris/Shutterstock

Las ecotasas turísticas son una realidad en varios destinos. Dos ejemplos: Barcelona aplica una de las más elevadas de Europa, y Bali (Indonesia) cobra desde 2024 un valor fijo para todos los visitantes internacionales (incluido niños).

Mientras tanto, se mantiene abierto el debate sobre su aplicación (que se destinaría a la conservación ambiental o a la adaptación climática) en Canarias, un territorio donde los efectos del cambio climático –sequías, olas de calor, presión sobre los recursos hídricos– generan una preocupación creciente, tal y como reconoce la Estrategia Canaria de Acción Climática.

La cuestión es que la mayoría de esas contribuciones económicas siguen compartiendo una misma lógica: cobrar prácticamente lo mismo a todo el mundo. Y ahí aparece la pregunta: ¿tiene sentido que pague lo mismo una persona que gasta 60 euros al día que otra que gasta 500?

Una investigación sobre más de 70 000 turistas que viajaron a las islas Canarias muestra que aplicar la misma ecotasa a todos los visitantes puede ser una estrategia poco eficiente.

El turista no es un perfil único

Muchas políticas turísticas siguen tratando al visitante como si todos reaccionaran igual ante una tasa ambiental.

Sin embargo la realidad es mucho más compleja. El proceso de decisión no es único: decidir “pagar” no es lo mismo que decidir cuánto se está dispuesto a aportar como compensación al destino visitado.

Existen turistas muy sensibles a cualquier incremento de precio y otros para quienes pequeñas contribuciones adicionales apenas modifican el coste total del viaje. También hay diferencias importantes en capacidad económica, sensibilidad ambiental o predisposición a contribuir a la sostenibilidad del lugar que se visita.

Esto resulta especialmente relevante en territorios donde el turismo depende directamente de la calidad ambiental. Según ONU Turismo, la sostenibilidad se ha convertido en uno de los principales retos estratégicos del turismo.

Financiar la adaptación climática

Los resultados de este estudio en Canarias muestran que muchos visitantes aceptarían realizar pequeñas aportaciones sin demasiado rechazo. Pero, además, existe un segmento más reducido –normalmente asociado a perfiles de mayor gasto– dispuesto a asumir cantidades considerablemente más elevadas para financiar sostenibilidad o adaptación climática.

Esta idea conecta con investigaciones previas sobre ecotasas turísticas y aceptación social de impuestos ambientales, que han analizado cómo la percepción sobre el uso de los recursos recaudados condiciona el apoyo de los visitantes a estas medidas.

El coste ambiental del turismo

El turismo genera riqueza, empleo y actividad económica. Pero también incrementa la presión sobre recursos naturales e infraestructuras públicas.

En los territorios insulares este impacto resulta especialmente visible: mayor demanda de agua y energía sin que varíe significativamente la oferta, más residuos, mayor presión sobre los espacios naturales y la aparición de nuevas infraestructuras alimentan un debate creciente en destinos turísticos maduros, como es el caso de Canarias.

A esto se suma el cambio climático. El Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) lleva años alertando sobre el impacto creciente de fenómenos extremos, sequías, olas de calor o erosión costera, especialmente en regiones vulnerables como las islas.

Diversos estudios sobre turismo y cambio climático alertan de que muchos destinos insulares tendrán enormes dificultades para financiar la adaptación climática y transición energética durante las próximas décadas.

Todo ello obliga a realizar inversiones públicas cada vez mayores en adaptación climática, conservación o transición energética.

Un problema de eficiencia

Muchas ecotasas se diseñan bajo sistemas planos o casi uniformes. Sin embargo, tratar igual a perfiles turísticos completamente distintos puede ser poco eficaz tanto económica como socialmente.

El diseño de modelos más progresivos y adaptados a distintos perfiles de gasto podrían aumentar considerablemente el dinero disponible para políticas ambientales, sin afectar demasiado a la demanda turística.

La lógica es relativamente sencilla. Un turista que realiza un viaje premium suele tener una sensibilidad mucho menor al cobro de tasas ambientales que otro con un presupuesto mucho más ajustado. Cobrar lo mismo a todos puede terminar reduciendo la capacidad de los destinos para financiar sostenibilidad.

Además, diversos estudios indican que muchos turistas valoran positivamente que parte de los recursos obtenidos se destinen realmente a proteger el territorio que visitan. Investigaciones sobre aceptación de impuestos ambientales turísticos muestran que el apoyo aumenta cuando existe transparencia sobre el uso del dinero recaudado.

Más allá del debate turístico

El debate sobre las ecotasas ya no trata solo de turismo. También refleja una discusión más amplia sobre cómo financiar sostenibilidad y cómo repartir los costes de la transición ecológica en territorios especialmente dependientes del turismo.

Destinos como Canarias afrontan una presión creciente para compatibilizar la competitividad turística, la protección ambiental y la adaptación climática.

En este contexto de creciente presión ambiental y climática, quizá el debate ya no es si aplicar ecotasas, sino cómo diseñarlas.

The Conversation

Los autores han participado en un proyecto competitivo financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación, financiación que se ha utilizado para el desarrollo de la citada investigación.

Los autores han participado en un proyecto competitivo financiado por la Comisión Europea a través del programa Erasmus+, financiación que se ha utilizado para el desarrollo de la citada investigación.

Aythami Santana Padrón y Yen E. Lam González no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Tiene sentido cobrar la misma ecotasa a todos los turistas? – https://theconversation.com/tiene-sentido-cobrar-la-misma-ecotasa-a-todos-los-turistas-283191

¿Qué ocurre en el cerebro cuando corremos una maratón?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Matute, Professor, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

BABAROGA/Shutterstock

Cuando pensamos en una maratón imaginamos músculos agotados y pulmones al límite. Pensamos también en un cuerpo falto de energía. Pero hay otro órgano que trabaja sin descanso durante esos 42 kilómetros: el cerebro.

Aunque pesa solo un kilo y medio, el cerebro consume cerca del 20 % de la energía del cuerpo. Incluso cuando dormimos sigue activo, de ahí que demande combustible de forma constante. No en vano controla la respiración, la temperatura corporal, el movimiento y los pensamientos.

Por lo que sabíamos hasta ahora, y a diferencia de otros órganos, el cerebro almacena muy poca energía. Depende de un aporte continuo de glucosa y oxígeno. Por eso, una maratón supone un gran reto para él. Sin embargo, en estas situaciones, podría echar mano de una reserva energética inesperada: la mielina.

Mucho más que un aislante

La mielina es una capa grasa que rodea las neuronas y ocupa cerca de la mitad del volumen del cerebro humano. Funciona de forma parecida al plástico que cubre un cable eléctrico: ayuda a que las señales nerviosas viajen más rápido y con menos gasto de energía.

Durante años se pensó que solo servía para aislar y proteger las neuronas. Pero esa idea está cambiando.

Ya en 1928, el científico español Pío del Río Hortega sugirió que las células que producen mielina también ayudaban a alimentar a las neuronas. Durante mucho tiempo esa idea pasó desapercibida.

Hoy, sin embargo, sabemos que esas células aportan energía cuando las neuronas trabajan más. Es decir, participan de forma activa en el metabolismo del cerebro. ¿Quiere eso decir que la propia mielina puede servir como fuente de energía durante un esfuerzo extremo?

Qué ocurre después de correr 42 kilómetros

Para responder a esa pregunta estudiamos a corredores de maratón utilizando resonancia magnética avanzada. Analizamos sus cerebros antes de la carrera y también entre uno y dos días después. Más tarde, durante la recuperación, repetimos las pruebas. Y los resultados fueron sorprendentes.

Después de la maratón observamos una reducción temporal de mielina en varias zonas del cerebro. El cambio aparecía sobre todo en regiones relacionadas con el movimiento, la sensibilidad y las emociones.

Dos meses después, la mielina se había recuperado. En otras palabras, el cerebro parecía haber usado parte de esa mielina durante el esfuerzo. Y luego, la reconstruyó.

Una batería recargable

Nuestros resultados apoyan una idea nueva: la mielina podría actuar como una especie de batería del cerebro. Durante una maratón, el cuerpo consume enormes cantidades de energía, agotando lentamente las reservas habituales, como el glucógeno almacenado en músculos e hígado.

En esa situación, nuestro órgano pensante podría recurrir de forma temporal a las grasas presentes en la mielina. Eso explicaría por qué no vimos señales de daño cerebral. Los corredores mantuvieron sus funciones normales; los cambios observados fueron reversibles.

Esto sugiere que estamos ante un mecanismo normal de adaptación al esfuerzo extremo.

Más allá del deporte

El hallazgo puede tener importancia en muchas enfermedades.

La mielina se altera en trastornos como la esclerosis múltiple o algunas formas de demencia. Si también funciona como reserva energética, podríamos entender mejor qué ocurre en esas dolencias. Sin olvidar que este mecanismo podría estar relacionado con el envejecimiento cerebral.

Aún quedan muchas preguntas abiertas. No sabemos exactamente qué partes de la mielina se consumen ni cómo se regeneran después. Tampoco sabemos si ocurre lo mismo en otros deportes de resistencia o en situaciones de ayuno prolongado. Pero sí tenemos claro algo importante: la mielina no es un material pasivo.

El cerebro cambia y se adapta continuamente. Y quizá una maratón nos permita observar esa capacidad de adaptación de una forma especialmente clara.

Tal vez correr 42 kilómetros no solo ponga a prueba el corazón y los músculos: también obliga al cerebro a buscar nuevas formas de mantener la energía. Y eso convierte a cada corredor de larga distancia en un experimento biológico fascinante.

The Conversation

Carlos Matute trabaja en el Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibersitatea (EHU)

ref. ¿Qué ocurre en el cerebro cuando corremos una maratón? – https://theconversation.com/que-ocurre-en-el-cerebro-cuando-corremos-una-maraton-281501

Suplemento cultural: ¿qué estoy escuchando?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Vibe Images/Shutterstock

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


No sé si ustedes también sienten esa sensación de paz y relajación una vez que apagan la campana extractora después de haber estado mucho tiempo cocinando con ella encendida. Ese ruido de fondo, que a fuerza de ser persistente parecía haber dejado de molestar, de repente se elimina y la mente descansa.

La primera vez que escuché a Angine de Poitrine –recomendados por un amigo, antes de que el mismísimo Dave Grohl de Foo Fighters hablase de ellos– me pasó algo parecido. Era música, sí, pero a la vez mi cerebro asumía que la melodía que proponían era tan disruptiva como agotadora. Al pausarlos, de alguna forma mi cuerpo celebró el silencio. Y, sin embargo, me sorprendo cada poco volviendo a ellos. “Voy a poner un ratito más su directo en la radio”, me digo. “A ver qué escucho esta vez”.

¿Y por qué? Pues las razones las explica muy bien Oliver Serrano León en su artículo. No cuento mucho más porque si acabo de descubrirles el nombre de este dúo quebequés es mejor que vean el vídeo que les dejo aquí debajo sin saber nada.

Hello Goodbye

El 21 de mayo se emitió el último programa del Late Show with Stephen Colbert, una institución dentro de la programación televisiva estadounidense. El cierre no ha sido voluntario, sino que la cadena, CBS, ha alegado cuestiones financieras para eliminarlo. Sin embargo, sobre la cancelación planea la sospecha de injerencias políticas.

La amenaza a este y otros cómicos por la administración Trump hace que Isadora García Avis y Elena Neira se planteen si estamos asistiendo al principio del final del late night como lo conocemos. Y yo, por mi parte, me pregunto si veremos cómo muere un formato histórico antes de que hayan colocado en alguno de los programas icónicos del prime time a una mujer (Joan Rivers mediante).

Por cierto, ¿no sería el sueño de todos nosotros poder despedir un proyecto cantando “Hello Goodbye” de los Beatles con el mismísimo Paul McCartney?

Almodóvar, Bardem y Lorca visitan Cannes

La bola negra, la nueva película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, ha regresado del Festival de Cannes con el premio a Mejor Dirección. Pero no ha sido la única presencia española en la sección oficinal del certamen. Otros dos filmes la han acompañado, un hito histórico: Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar y El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen (ya estrenada, además, en Francia).

Aunque Latinoamérica fue este año injustamente olvidada por la principal sección competitiva, la industria española está de celebración y Endika Rey explica los factores que han tenido que darse para que esto ocurra.

Llega a España Nuevayol

Y de un festival galo que habla español a un cantante que está forzando su comprensión. Bad Bunny ha aterrizado en España para completar los 12 conciertos que dará en el país.

A la espera de saber si, como ha dejado caer el arzobispo de Madrid, dos mundos colisionan y el puertorriqueño acaba coincidiendo con el papa Leon XIV en la capital, Lourdes Moreno Cazalla analiza por qué “el artista que ha llevado el español a más escenarios globales que ningún otro en la historia reciente es, al mismo tiempo, uno de los más criticados por su forma de hablarlo”.

Otros que utilizan el lenguaje de forma magistral son Alberto Casado y Rober Bodegas, integrantes del dúo Pantomima Full. Sus vídeos son hilarantes no solo por lo que sus protagonistas confiesan a cámara, sino por las observaciones paralelas que aparecen impresas en pantalla. Es, como lo define Javier Soto Zaragoza, “el arte del paratexto”.

De adaptaciones, reinas y momias

Aprovecho el maravilloso artículo que hemos publicado sobre las adaptaciones cinematográficas para recomendar una que está todavía en algunas salas: la versión musical de El beso de la mujer araña, una brillante novela de Manuel Puig.

En esta película, inspirada en un espectáculo del West End y Broadway de los 90, parte de la acción que sucede en la imaginación de uno de los protagonistas no solo remite al Hollywood clásico por su glorioso tecnicolor sino porque, además, los personajes cantan y bailan. “Nadie canta y baila en la realidad”, dice uno de ellos en pantalla. “Tal vez deberían”, replica el otro.

En León todavía se puede visitar la exposición sobre la reina Urraca I, de quien se cumplen 900 años. Sus comisarios, José Alberto Moráis Morán y Gerardo Boto Varela, nos cuentan la importancia de esta monarca en la historia española y cómo revolucionó la forma de hacer política.

De forma más sigilosa pero continua, la novela ha intentado recuperar la voz de los habitantes de aquellos pueblos que desaparecieron bajo los embalses creados durante el franquismo. Es un recordatorio de que, a veces, a donde no llegan el periodismo o la investigación pueden llegar el arte y la ficción.

Y para finalizar, les dejo un tema interesantísimo. Hay grandes preguntas que todos nos hacemos y que en The Conversation recogemos y aprovechamos para aclarar. Y luego están las que nunca nadie se hizo hasta ahora porque a nadie se le habían ocurrido. Como la de… ¿qué hacía un fragmento de la Ilíada dentro de una momia?

The Conversation

ref. Suplemento cultural: ¿qué estoy escuchando? – https://theconversation.com/suplemento-cultural-que-estoy-escuchando-283539

La selección: México y España, ciencia y cultura de ida y vuelta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Sánchez Navas, Editor. Delegación México, The Conversation

Banderas mexicana y española. esfera/Shutterstock

La historia se cuenta siempre desde la guerra y no desde la paz. Los dirigentes políticos actuales lo saben y usan esas narrativas sesgadas, que privilegian el lado bélico y confrontativo del pasado, para poner a la opinión pública al servicio de sus estrategias de poder.

La respuesta a esta beligerante y oportunista tendencia consiste en auscultar los acontecimientos históricos con el fonendoscopio preciso de la ciencia y el tacto sutil de la cultura. Una fórmula interpretativa que nos aísla del ruido y las alharacas y permite tirar de un hilo que engasta perlas de diálogo, convivencia y aprendizaje mutuo.

Ese hilo conecta la Real Academia Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales con su homóloga de México. A finales del siglo XIX, la primera, en cuya nómina figuraban José Echegaray, Blas Cabrera o Santiago Ramón y Cajal, sirvió de inspiración a la segunda. Esta última no le iba a la zaga en conocimiento: Mariano Bárcena y Vicente Riva Palacio, artífices de las principales instituciones científicas mexicanas, estaban al timón.

Nos lo cuenta el investigador y divulgador de la Universidad de Guadalajara, Juan Nepote, para quien la memoria acerca de estos vínculos constituye “una invitación a no borrar la historia de colaboración científica que ha unido a España y México”.

Ese fértil vínculo nos devuelve con justicia al presente algunos nombres propios. El ya mencionado Blas Cabrera, rector de la Universidad Central de Madrid, presidente de la Sociedad Española de Física y Química y amigo personal de Einstein, quien encontró reposo en el exilio mexicano tras ser represaliado por las dos Españas.

También hallamos esa conexión España-México en la biografía del músico Gustavo Pittaluga. Su periplo dibuja puentes de talento, arte y compromiso, que asimismo atravesó María Zambrano, primera mujer en obtener el Premio Cervantes. Un premio que, por cierto, ha recaído en su última edición en el escritor mexicano Gonzalo Celorio, quien se ha declarado discípulo del exilio español.

La cultura popular sirve igualmente de ejemplo para ese círculo virtuoso que desmiente la dialéctica sobre la conquista gracias a los ecos de la poesía y el flamenco de los cantes de ida y vuelta. Un acervo artístico con raíces en el comercio y la transmisión humana, fundamental para el arraigo de los emigrantes y exiliados españoles que llegaron en oleadas a México y otros países latinoamericanos a lo largo del siglo XX.

Este venero cargado de dignidad, memoria y creación humana es el que reivindican las autoridades de España y México para reconducir la relación entre ambos países. La diplomacia cultural está jugando un papel esencial en esa estrategia de acercamiento, como manifestó la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, inaugurada en Madrid el pasado otoño, coincidiendo con las celebraciones del año de la mujer indígena en ese país.

Otros hitos recientes han puesto de relieve lazos de respeto y miradas que acercan. Es el caso de la concesión en 2025 del Premio Princesa de Asturias de la Concordia al Museo Nacional de Antropolgía de México y el de las Artes a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide. Aunque ajenos a las lógicas políticas o institucionales, estos reconocimientos expresan esa convergencia fraterna desde lo cultural.

En 2022 había recibido este mismo galardón en la categoría de Ciencias Sociales el arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, referente de las excavaciones del Templo Mayor de Tenochtitlán. Un par de años antes, en 2020, la Feria Internacional del Libro (FIL), organizada por la Universidad de Guadalajara, se alzaba con el de Comunicación y Humanidades. Una feria que tuvo como invitada de honor a España en su edición 2024 y a la ciudad de Barcelona en 2025, hecho análogo al ocurrido con FITUR, la gran cita del sector turístico español, que ha convertido a México en su socio este 2026.

No estamos ante una ecuación de intereses cruzados en un delicado momento geopolítico. Tampoco ante los frutos maduros del milagro de una lengua compartida. Se trata de una urdimbre de sueños, comunidades y trayectorias personales, hilvanados cuidadosamente a través del tiempo, que difícilmente podrán destejer simplificaciones históricas interesadas.

The Conversation

ref. La selección: México y España, ciencia y cultura de ida y vuelta – https://theconversation.com/la-seleccion-mexico-y-espana-ciencia-y-cultura-de-ida-y-vuelta-283398

Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea J. Arratibel, Editor, The Conversation

A principios de este año se celebró la 56ª reunión del Foro Económico Mundial, más conocido como Davos, un encuentro en que la soberanía digital y el futuro de la IA tomaron el protagonismo. Precisamente los campos del conocimiento en los que la mexicana ecuatoriana Paola Ricaurte, doctora en Ciencias del Lenguaje, ha dedicado su trayectoria desde un análisis feminista y anticolonialista.

Profesora del Departamento de Medios y Cultura Digital en la Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, e investigadora asociada del Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard, Ricaurte estudia el impacto de la industria tecnológica en la geopolítica y la sociedad.

Además de coordinar la Red de Investigación Feminista de IA (FAIR), cuyo fin es crear y mantener una agenda de investigación con acción feminista creada por y para mujeres, es autora del Manifiesto de la Inteligencia Artificial Descolonial. Y cofundadora de Tierra Común, una iniciativa académica para la descolonización de los datos.

Forma parte del grupo de expertos en ética de IA sin fronteras de la UNESCO y en el 2025 fue nombrada una de las 100 personas más influyentes del mundo en IA. Sus análisis y cuestionamientos en torno al impacto social de los sistemas tecnológicos hegemónicos la ha posicionado como una de las voces latinoamericanas de la actualidad más destacadas en la materia

Las conversaciones del último Foro Económico Mundial evidenciaron que el debate ya no gira en qué impacto pueden tener las nuevas tecnologías en el mundo sino en cómo lo están configurando.

En la actualidad hay una guerra geopolítica que también atraviesa la dimensión tecnológica, en particular relacionada con la IA. Occidente está en este momento muy fracturado, en una posición de crisis, también en los intentos por controlar la cadena de valor de la IA. Las políticas estadounidenses de los últimos años van encaminadas a lograr ese control e impulsar medidas para fomentar la industria propia, para imponer su infraestructura tecnológica en el resto del mundo. En cuanto a Europa, está viendo amenaza su soberanía frente a Estados Unidos y quiere responder de alguna forma.

¿Y qué papel juegan el resto de regiones en la geopolítica de la IA?

Una vez que una infraestructura tecnológica se impone en un territorio, es posible ejercer presión, tanto física como simbólica. Las regiones que somos fundamentales en la cadena de valor de la IA pero que no la controlamos, como le ocurre a América Latina, tenemos muchos desafíos por delante. En particular, aquellos que tienen que ver con cómo nosotros, sabiendo que estamos en una posición subordinada, podemos generar contrapesos para que dejar de ser simples proveedores de recursos naturales, de datos o de fuerza de trabajo –como hemos sido históricamente–.

¿Está América Latina generando esos contrapesos?

Al estar tan fragmentada en términos políticos, América Latina no ha sido capaz de responder con una visión y una estrategia regionales sobre la IA que permitan generar contrapesos en términos comerciales y negociar mejores condiciones para nuestra inserción en ese mercado.

En lugar de eso, lo que han hecho muchos gobiernos ha sido responder de manera pasiva. O aún peor, muchos han respondido proactivamente en favor de la visión que favorece a las compañías estadounidenses. Esto ha permitido una regulación –o una falta de regulación– que permite a las compañías desplegarse e instalarse, con los máximos beneficios, sin necesidad de retribuir a los territorios donde se están instalando.

¿Qué pasa entonces si algo falla en la cadena de valor de la IA? Si la seguridad o la capacidad operativa de un gobierno está a expensas de una empresa extranjera que le provee software y hardware, conectividad, no puede reaccionar ante un fallo y puede perder el acceso a información crucial para gobernar. Controlar la infraestructura no es solamente una cuestión económica: afecta a la política de un país y, en última instancia, a los procesos democráticos.

México vive en la actualidad un auge de centros de datos impulsado, sobre todo, por la IA, que está atrayendo inversiones masivas. ¿Qué impacto tiene para el país?

Si observamos las políticas de los países con centros de datos, como México o Brasil, normalmente se invita a la inversión extranjera, se les ofrece exención o reducción de impuestos y tierras. Paradójicamente, a las grandes corporaciones no se les exigen ni evaluaciones de impacto ambiental, ni transparencia, ni que contraten personas del país para contribuir a las economías locales donde se instalan los centros de datos. Eso hace que, de alguna manera, los ciudadanos estemos pagando los costos del desarrollo de la IA con nuestros datos y nuestras tierras, con un impacto en el ambiente y en las comunidades que no deberíamos ignorar.

¿Y cuál sería la alternativa?

Podemos encontrar algunas iniciativas que están encaminadas a promover más la soberanía, como cuando Brasil bloqueó a la empresa X, de Elon Musk. Pero son iniciativas aisladas. La cuestión es promover iniciativas más articuladas, desarrollar una política regional que permita mantener una postura en bloque en favor de América Latina, en lugar de beneficiar a Estados Unidos y sus empresas. Se necesita una regulación que exija transparencia y rendición de cuentas a las empresas. Y, por supuesto, que exija también una regulación estricta y una retribución en términos económicos a los territorios. No basta con la inversión que prometen, porque es un dinero que no se queda.

¿Cómo afecta el control de la infraestructura tecnológica global en las políticas sociales de cada país?

Mientras nosotros no tengamos capacidad de gobernanza sobre nuestra infraestructura es imposible tenerla en términos políticos y sociales. La sociedad funciona y opera a través de sistemas tecnológicos, de infraestructuras tecnológicas. Si esas tecnologías no se regulan, entonces las ciudadanas estamos a merced de lo que las corporaciones quieran. Es obligación de los gobiernos ser garantes de los derechos humanos. Y desde la sociedad civil se debe exigir que los gobiernos cumplan con esa función.

Hasta ahora estamos viendo todo lo contrario, que las nuevas tecnologías refuerzan la brecha de desigualdad sistémica

Así es. Es importante que entendamos que las tecnologías no son solo dispositivos o materiales tangibles (cables, computadoras, centros de datos, software, antenas…): hay también una parte simbólica. Nuestras concepciones de lo que nosotros pensamos o deseamos de la tecnología en general, y de la inteligencia artificial en particular, conforman narrativas acerca del mundo que queremos.

La tecnología hegemónica que gobierna hoy lleva incrustada una visión del mundo que no favorece a la mayoría y no la va a favorecer mientras no cambien las lógicas, condiciones y narrativas sobre las que se construye.

¿Por qué no favorece a la mayoría?

Es una tecnología que obedece a intereses orientados a exterminar cualquier tipo de posibilidad de que existan personas y maneras de pensar diversas. Pretende controlar los territorios en términos físicos, pero también los procesos políticos.

Podemos hablar de tecnologías coloniales porque reproducen todos los patrones de la dominación colonial, desde lo material hasta lo simbólico, desde el control de los minerales hasta el control del pensamiento. Y también son imperialistas, porque buscan esa acumulación de poder en un centro; son racistas porque el ideal del ser humano es el blanco; y son patriarcales porque ese ser humano es un hombre. Todas las personas que quedamos fuera de esa concepción estamos sufriendo los efectos de los daños, de las violencias.

Al fin y al cabo, todas las violencias, formas de exclusión y de discriminación van dirigidas hacia las personas que son diferentes a lo hegemónico. Y ese es el modelo del mundo que se está impulsando mediado por esta tecnología y que se quiere imponer para todos.

¿Qué impacto directo supone esa tecnología en las poblaciones?

La tecnología de la IA es un arma con una doble cara, al mismo tiempo un poder duro y uno blando. Vemos en tiempo real cómo se está utilizando la tecnología para matar personas y ejercer violencia de manera masiva. Y a la vez, observamos cómo esta tecnología está embebida en todos los procesos productivos y sociales cotidianos.

Si se instaura un sistema donde tenemos, por una parte, la posibilidad de matar, es decir, el control de la violencia física, y por otra parte, tenemos el control de la violencia simbólica, se entiende por qué es tan importante para las grandes potencias ganar la batalla de la IA. Más allá de lo que implica en términos económicos, sino por lo que implica en términos del control social y del control físico de los territorios.

¿Hacia qué modelos deberíamos transitar para que las nuevas tecnologías favorezcan a una mayoría?

Debemos transitar hacia tecnologías que encarnen la posibilidad de vivir sobre el planeta, porque las que tenemos están hechas para destruirlo. Debemos pensar en un mundo donde haya posibilidad de existencia futura para todas, pero también en unas tecnologías que habiliten las condiciones para que eso sea posible y no lo contrario

Hace unos años creaste una plataforma contra el colonialismo de los datos. ¿Qué tipo de iniciativas se fomentan?

Desde Tierra Común promovemos el desarrollo de inteligencia artificial feminista y anticolonial. Las propuestas que recibimos tienen todas un enraizamiento comunitario, están orientadas a plantar cara a una violencia sistémica desde una comunidad local.

Para nosotras es importante que exista la posibilidad de que las comunidades puedan desarrollar sus propias tecnologías. Y este proyecto trata de crear las condiciones para hacerlo posible. Hacer posible que todas las personas, independientemente del lugar que ocupan en la sociedad, puedan tener la posibilidad de desarrollar las tecnologías que quieren y que necesitan. Y no que venga alguien más a desarrollar algo que no necesitan o que no está diseñado para ellas y que tiene el fin de convertirlas en consumidoras de algo que beneficia a otros. Es una cuestión de soberanía.

The Conversation

ref. Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras” – https://theconversation.com/paola-ricaurte-experta-en-ia-america-latina-esta-pagando-los-costos-del-desarrollo-de-la-ia-con-sus-datos-y-sus-tierras-275414

La odontología forense es una herramienta clave para identificar víctimas de catástrofes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Hospital Ribas, Profesora de Odontologia Legal y Forense. Directora Diploma Odontologia Legal y Forense, Universitat Internacional de Catalunya

illustrissima/Shutterstock

Cuando se retiraron las aguas tras el tsunami del océano Índico, ocurrido el 26 de diciembre de 2004, alrededor del 80 % de las decenas de miles de víctimas, sobre todo extranjeras, pudieron ser identificadas gracias a sus datos dentales, ya fuera por métodos exclusivamente odontológicos o en combinación con otros. Sin remontarse tan atrás en el tiempo, este método forense también fue básico para poner nombres y apellidos a las personas que perdieron la vida a consecuencia de la dana de Valencia.

Y es que la identificación odontológica es un procedimiento fundamental en contextos –desastres masivos o casos judiciales en los que los cuerpos están gravemente dañados o descompuestos– donde otras herramientas como el estudio de la huella digital y las partes blandas del cadáver resultan limitados o inviables.

No hay dos dentaduras iguales

La cavidad bucal es “la caja negra del organismo”, tal y como definió el profesor y gran experto español José Manuel Reverte Coma. Presenta características únicas en cada individuo, como la propia forma dental, tratamientos protésicos, ausencias dentarias y alteraciones patológicas. No existen dos dentaduras iguales.

Además, los dientes son estructuras extremadamente resistentes a condiciones adversas –como el calor, la putrefacción o la presión física–, ya que están formados por esmalte, uno de los tejidos más duros del organismo.

Aunque no son los únicos elementos dentro de la cavidad bucal con validez identificativa: también los labios o las arrugas del paladar tienen características individualizadoras. Otra ventaja es que podemos obtener ADN a partir de estructuras dentales en casos donde los registros odontológicos comparativos por sí solos no resultan concluyentes.

Un verdadero DNI dental

Existen dos tipos de identificaciones odontológicas: la reconstructiva y la comparativa. La primera consiste en obtener datos antropométricos de restos esqueléticos como los maxilares y dientes para determinar especie, grupo poblacional, edad, talla…. Por su parte, la identificación comparativa coteja los datos dentales de personas desaparecidas (antemortem) con registros dentales de las víctimas (postmortem). En el caso de desastres de masas como accidentes aéreos, terremotos, incendios, ataques terroristas o siniestros ferroviarios como el de Adamuz se utiliza esta última.

El éxito de una identificación depende de la disponibilidad de buenos registros dentales antemortem (historia clínica, odontogramas, radiografías, fotografías intraorales, modelos dentales…) para poder comparar con los datos postmortem. Sin estos registros, la comparación puede ser imposible o menos fiable, por muy bien que trabajen los equipos DVI (siglas de Disaster Victim Identification).

Por todo ello, una buena práctica odontológica y el mantenimiento de historiales dentales detallados por parte de los odontólogos incrementan enormemente las posibilidades de identificación en situaciones de desastre. De ahí la importancia concienciar a estos profesionales para que obtengan registros dentarios de forma detallada y meticulosa. Hoy en día, tener una ortopantomografía (radiografía panorámica de la dentición) equivale a poseer un documento de identidad, un DNI.

Una disciplina en pleno desarrollo

En los últimos tiempos, los avances tecnológicos han impulsado avances significativos en la odontología forense: la radiografía digital, la tomografía, el escaneo intraoral 3D y los sistemas de gestión electrónica de registros han mejorado la precisión y eficiencia en la comparación de datos antemortem y postmortem. Además, el uso de software especializado para comparar datos dentales, como el sistema PlassData que se utilizó en el tsunami de 2004, mejoró considerablemente la eficiencia del proceso.

De todos modos, también hay que señalar la odontología no siempre se revela como el método más eficaz en los desastres masivos. Por ejemplo, la mayor parte de las víctimas de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid fueron identificadas por dactiloscopia, ya que el análisis de los dientes cobra más protagonismo en aquellos casos en que no es posible comparar huellas dactilares por el mal estado de las manos de las víctimas o por no tener registro de datos antemortem. Y en el caso del vuelo 9525 de Germanwings, que causó 150 muertes en los Alpes franceses en 2015, se utilizaron todos los métodos primarios –odontología, dactiloscopia y ADN–, pero la mayoría de víctimas se identificaron mediante el análisis genético.

En definitiva, la identificación odontológica en catástrofes es una herramienta científica, válida y fiable que ha permitido poner nombre y apellidos a miles de víctimas en desastres de masas o en casos criminales, aunque es importante conocer las limitaciones de cada método. El éxito está en la combinación de todos ellos.

The Conversation

Ana Hospital Ribas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La odontología forense es una herramienta clave para identificar víctimas de catástrofes – https://theconversation.com/la-odontologia-forense-es-una-herramienta-clave-para-identificar-victimas-de-catastrofes-275635

Por qué todos los docentes deberían entender cómo funciona el cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Katya Martin Requejo, Profesora e investigadora en neuroeducación, Mondragon Unibertsitatea

Imaginemos a Lucas, un alumno de cinco años que no logra quedarse sentado durante la asamblea. El docente A, sin formación en cómo funciona el cerebro, agota su paciencia. Piensa que el niño desafía las normas o que le faltan límites familiares. El docente B, que tiene conocimientos de neuroeducación, respira tranquilo. Sabe que el cuerpo de Lucas necesita moverse para mantener la atención. En lugar de obligarlo a estar quieto, le ofrece un cojín de movimiento para balancearse. O le pide que sea su ayudante para repartir el material.

La diferencia entre ambos profesores no es solo la buena voluntad, sino el conocimiento.

Entender el desarrollo del cerebro cambia la mirada del profesor; permite comprender qué hay detrás de la conducta y el aprendizaje. La neuroeducación nos da información valiosa para todas las edades: ayuda en la infancia con los periodos sensibles o en los cambios emocionales de la adolescencia. Además, nos enseña a ver la diferencia entre lo que es una variabilidad natural y un desafío en el desarrollo.

Impulsar el desarrollo antes de los 6 años

Entre los 0 y 6 años se asientan las bases del aprendizaje futuro. En esta etapa, el cerebro infantil se construye a una velocidad asombrosa.

Los conocimientos sobre el cerebro permiten al docente identificar y estimular los pilares del aprendizaje a tiempo (agilidad con los sonidos, control del cuerpo o de la vista…). Por ejemplo, el maestro sabe que los juegos de lenguaje o el conteo rápido no son simples pasatiempos: son las raíces biológicas de la futura lectura y del cálculo. Si detecta dificultades en estas áreas, actúa de inmediato.

Para ello, utiliza juegos de palabras, de movimiento y sensoriales, lo que blinda al maestro contra la prisa pedagógica. Ya no intenta acelerar procesos para los que el cerebro aún no está preparado. El docente ayuda así a madurar las bases del aprendizaje.




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Esta intervención planificada favorece una inclusión preventiva. Además, ayuda a preparar los cerebros para las futuras exigencias respetando su biología.

De 6 a 12: ajustar la mirada a la maduración funcional

En esta etapa, el cerebro se reorganiza para afrontar aprendizajes culturales como la lectura y las matemáticas, un proceso conocido como reciclaje neuronal.

Aquí entran en juego las funciones ejecutivas, el centro de control para planificar, organizarse y atender. Su desarrollo no sigue una línea recta ni es igual para todos. Esta madurez varía muchísimo entre los alumnos del aula.

A veces, un niño olvida siempre el material, no frena sus impulsos o no espera su turno. Estas conductas se suelen etiquetar como falta de interés o de atención, pero puede ser una simple falta de madurez. El maestro comprende que el centro de control (la corteza prefrontal) puede presentar un desfase madurativo de hasta tres años en algunos niños. Y esto puede ocurrir sin que exista ningún trastorno.

Este conocimiento transforma la gestión del aula. El docente ya no se siente desafiado, comprende que el alumno aún no tiene las herramientas biológicas para responder. Por eso, aplica ayudas visuales o recordatorios que compensan esa falta de madurez temporal.

Trabajar a favor del cerebro adolescente

La adolescencia es una etapa de limpieza y especialización cerebral. El cerebro elimina conexiones en desuso para ganar velocidad y eficiencia. Este proceso se conoce como poda sináptica.

Saber esto permite al docente aliarse con la biología del alumno. Por ejemplo, le permite comprender por qué los jóvenes tardan más en tener sueño, un cambio que altera su descanso. Su baja alerta por la mañana no es una falta de respeto: es una realidad biológica que reduce su rendimiento en las primeras horas.




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Por otro lado, el docente comprende el desequilibrio madurativo del adolescente. Su sistema emocional está muy activo, pero su freno racional aún sigue en obras.

En esta edad, el motor es la relevancia social. Por ello, es vital diseñar retos reales donde trabajen en equipo y tengan autonomía. Se pueden proponer proyectos basados en sus intereses y que ayuden a mejorar su propio barrio o su centro. Así, al vincular el aprendizaje con su identidad, el compromiso sustituye a la rebeldía.

De la retórica a la práctica fundamentada

El conocimiento sobre el cerebro dota al docente de un mapa para navegar la diversidad del aula. La diversidad es la norma neurobiológica, no la excepción. Entender esto permite diseñar entornos que respeten y potencien el ritmo de cada estudiante.




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Además, este saber protege al maestro contra los neuromitos, falsas creencias sin base científica que dañan la educación. La ciencia no quita humanidad a la enseñanza, sino que le da herramientas reales. Así, la inclusión se convierte en una práctica diaria que cuida el potencial de cada estudiante.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué todos los docentes deberían entender cómo funciona el cerebro – https://theconversation.com/por-que-todos-los-docentes-deberian-entender-como-funciona-el-cerebro-279983

Cuanto más ‘pegajosos’ son los estafilococos, mejor nos recuperamos de la infección

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francesc Coll, Científico titular en genómica microbiana, Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV – CSIC)

Representación de una colonia de bacterias _Staphylococcus aureus_. Kateryna Kon/Shutterstock

La diversidad genética es una característica natural de todos los seres vivos. En humanos, nuestros genes influyen en aspectos como los rasgos físicos o la predisposición a desarrollar ciertas enfermedades. Del mismo modo, los microorganismos que causan infecciones presentan también variaciones genéticas, que pueden influir en cómo evoluciona una infección: cuánto dura, qué riesgo de complicaciones tiene, qué antibióticos son eficaces para su tratamiento o qué gravedad puede alcanzar.

Una de las características más importantes de las bacterias infecciosas es su resistencia o susceptibilidad a los antibióticos. La resistencia está codificada en los genes de la bacteria y determina a qué fármaco puede sobrevivir y frente a cuál es vulnerable. Conocer esta información es fundamental para elegir el tratamiento más eficaz y utilizar los antibióticos adecuados en cada infección.

Virulencia, clave en la infección

Sin embargo, dicha resistencia no es el único rasgo bacteriano que influye en la gravedad de una infección. La forma en que la bacteria interactúa con el sistema inmunitario y los tejidos del huésped también desempeña un papel clave.

Estos mecanismos, conocidos como factores de virulencia, son especialmente importantes en las infecciones causadas por Staphylococcus aureus, una bacteria que se encuentra en el 30 % de la población, principalmente en la piel y la nariz. Es inofensiva para la mayoría, aunque puede causar desde infecciones cutáneas leves hasta infecciones graves del torrente sanguíneo, con tasas de mortalidad del 20-40 % en casos severos.

El estafilococo utiliza proteínas de superficie llamadas adhesinas, que actúan como pequeños ganchos y le permiten adherirse a tejidos dañados, vasos sanguíneos o implantes médicos. Además, produce toxinas capaces de dañar células inmunes, como las plaquetas y los neutrófilos, dificultando la defensa frente a la infección.

Tanto la capacidad de adherirse a los tejidos como la de evadir el sistema inmunitario están determinadas por los genes de la bacteria.

El sistema inmune reacciona antes a las bacterias pegajosas

En este sentido, un estudio liderado por el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y la Universidad de Varsovia ha identificado un nuevo factor que influye en la gravedad de las infecciones sanguíneas causadas por Staphylococcus aureus.

Tras analizar muestras de pacientes de Polonia y Francia, los investigadores observaron que la capacidad de la bacteria para adherirse a proteínas humanas es clave en la respuesta inmunitaria frente a la infección.

El equipo estudió 236 cepas obtenidas de infecciones sanguíneas y evaluó su capacidad para unirse al fibrinógeno y la fibronectina, dos proteínas esenciales para la reparación y organización de los tejidos.

Después, compararon estos datos con el genoma y la capacidad de producción de toxinas de la bacteria, y la evolución clínica de los pacientes.

Los resultados mostraron diferencias entre cepas. Aquellas con mayor capacidad de adhesión, en ausencia de alta toxicidad, provocaban una respuesta inflamatoria más rápida, señal de que el sistema inmunitario detecta antes la infección y activa sus defensas para impedir que la bacteria se multiplique sin control.

Además, los investigadores analizaron los genes del microorganismo en busca de pistas genéticas que expliquen esas diferencias. Según sus resultados, cambios en los genes que codifican las adhesinas son un factor importante que afecta la adhesión. Además, identificaron otros factores de la superficie bacteriana cuya expresión y abundancia interfiere con la eficacia de unión de las adhesinas.

Hacia un tratamiento personalizado de las infecciones

Lo que este y otros estudios precedentes han demostrado es que son múltiples los factores del paciente y de la bacteria que determinan la evolución y gravedad de las infecciones.

Analizar de forma simultánea sus propiedades adhesivas y tóxicas podría ayudar a evaluar mejor el riesgo en casos de bacteriemia por estafilococo, una infección que en España se sitúa entre 20 y 30 casos por cada 100 000 habitantes, con entre 9 000 y 14 000 nuevos casos cada año.

La valiosa ayuda de la secuenciación genética

Los avances en las tecnologías de secuenciación de ADN han permitido durante la última década leer el genoma completo de los seres vivos de forma cada vez más rápida y asequible. En el caso de las bacterias, con un genoma aproximadamente mil veces más pequeño que el humano, secuenciar su genoma tiene un coste relativamente bajo, entre 50 y 100 euros por muestra.

Este desarrollo tecnológico está transformando el estudio y tratamiento de las infecciones bacterianas. A medida que aumenta el conocimiento sobre qué genes y variantes genéticas del microorganismo causan resistencia a antibióticos y su capacidad de causar enfermedad, la secuenciación del genoma bacteriano podría identificar rápidamente estos rasgos en cada infección.

En el futuro, esta información podría incorporarse de forma rutinaria a la práctica clínica para anticipar la gravedad de una enfermedad, predecir posibles complicaciones y seleccionar desde el inicio el tratamiento antibiótico más eficaz para cada paciente.

The Conversation

Francesc Coll ha recibido fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) (referencias PID2023-152061NA-I00 y CNS2023-144312) financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (MCIN/AEI/10.13039/501100011033) y fondos «NextGenerationEU»/PRTR de la Unión Europea. Este estudio ha sido financiado por el Centro Nacional de Ciencias de Polonia a través de los proyectos de investigación SONATA (2018/31/D/NZ6/02648) y OPUS (2022/47/B/NZ6/03379), ambos condecidos a la Dra. Marta Zapotoczna, colaboradora y coautora en este estudio (DOI: 10.1038/s41467-026-72657-5).

ref. Cuanto más ‘pegajosos’ son los estafilococos, mejor nos recuperamos de la infección – https://theconversation.com/cuanto-mas-pegajosos-son-los-estafilococos-mejor-nos-recuperamos-de-la-infeccion-283611

¿Es la edad o es la historia? El reto de entender por qué cambiamos al envejecer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Caballero García, Profesora titular, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

oneinchpunch/Shutterstock

¿Votamos distinto a los 80 años por habernos hecho mayores o por la generación en la que nacimos? Diferenciar los cambios biológicos (la edad) de los generacionales (la cohorte) y de los hitos históricos (el periodo) es fundamental en sociología. Solo así podremos evitar el edadismo y diseñar políticas públicas basadas en realidades y no en prejuicios estadísticos.

Imaginemos que observamos que las personas de 80 años usan menos las redes sociales que las de 20. La explicación parece obvia: “A los mayores no les interesa la tecnología”. Pero ¿es realmente la edad la que apaga el interés digital o es que esa generación nació en un mundo sin pantallas? Si volvemos a hacer la pregunta dentro de sesenta años, cuando los jóvenes de hoy tengan 80, ¿dejarán de usar las redes sociales?

En la sociología del envejecimiento esta pregunta aparentemente simple esconde lo que llamamos el “trilema de la investigación del ciclo vital”. Separar lo que nos pasa por cumplir años de lo que nos pasa por haber nacido en un año concreto es un reto mayúsculo. Tanto, que los investigadores Andrew Bell y Kelvin Jones lo definieron en 2014 como una búsqueda a veces fútil, pero esencial para entender nuestra sociedad.

Los tres hilos de la trenza: edad, cohorte y periodo

Con el fin de entender cómo envejecemos, los sociólogos debemos aprender a distinguir tres dimensiones que, en la realidad, aparecen trenzadas de forma casi indisoluble:

  1. El efecto de edad (maduración). Es lo que le ocurre al individuo por el simple hecho biológico y psicológico de envejecer. Por ejemplo, la pérdida de masa ósea o el hecho de que nuestras redes de amigos se vuelvan más pequeñas pero más selectivas. Es un proceso interno.

  2. El efecto de cohorte (generación). Se refiere a la mochila que cargamos por haber nacido en un momento determinado. Las mujeres nacidas en la España de los años 40 tienen, de media, menos estudios que las nacidas en los 80. Esto no es un efecto de la edad (no es que al envejecer se olvide lo aprendido), sino un efecto de cohorte: su generación no tuvo el mismo acceso a la universidad ni oportunidades para acceder.

  3. El efecto de periodo (el momento histórico). Son eventos que nos golpean a todos a la vez, tengamos la edad que tengamos. La pandemia de covid-19, la crisis económica de 2008 y la invención de internet cambiaron la vida de niños y ancianos simultáneamente, aunque el impacto fuera distinto para cada uno.

La trampa de las matemáticas

El problema, como advierten Bell y Jones, es que estas tres variables están unidas por una ecuación matemática perfecta:

Edad = Año actual (Periodo) – Año de nacimiento (Cohorte)

Si conocemos dos de estos datos, el tercero queda automáticamente fijado. Esta dependencia crea un punto ciego estadístico. Durante años, muchos investigadores han intentado crear modelos matemáticos sofisticados para separar estos efectos de forma mecánica.

Sin embargo, Bell y Jones lanzan una advertencia seria: confiar ciegamente en el software puede llevarnos a conclusiones erróneas. A veces los resultados que parecen sólidos son solo artefactos matemáticos, espejismos de los datos.

La estadística, por sí sola, no puede decirnos si un octogenario no fuma porque se cuida más al ser mayor (edad), porque las leyes antitabaco han influido en todos (periodo) o porque sus compañeros de generación que fumaban ya han fallecido y solo quedan los no fumadores (un efecto de selección de la cohorte).

De la caja negra a la verosimilitud sociológica

¿Significa esto que debemos rendirnos? Al contrario. La solución que proponen los expertos no es más matemáticas, sino más sociología.

En lugar de tratar los datos como una caja negra, el investigador debe usar el contexto histórico. No basta con introducir el año en una fórmula: hay que introducir eventos reales. Si queremos estudiar el empleo en los mayores no miremos solo su edad. Miremos si esa generación vivió una reforma laboral específica o una crisis industrial en su juventud.

Debemos pasar de la precisión estadística absoluta a la verosimilitud sociológica. La pregunta clave no es solo qué dice el gráfico, sino si ese resultado tiene sentido con lo que sabemos de la historia. ¿Cómo vivió la generación del baby boom la transición democrática? ¿Cómo afectó la posguerra a la salud nutricional de quienes hoy tienen 90 años en España?

Por qué esto nos importa a todos

Entender este trilema no es solo un ejercicio académico. Tiene consecuencias reales en cómo diseñamos hospitales, sistemas de pensiones y ciudades. Si cometemos el error de pensar que un comportamiento es un efecto de edad, cuando en realidad es un efecto de cohorte, estaremos creando soluciones para un problema que desaparecerá con la siguiente generación. O ignorando las raíces históricas de la desigualdad.

Envejecer no es un proceso que ocurra en el vacío. Somos el resultado de nuestra biología, pero también de los tiempos que nos ha tocado vivir y de la generación con la que compartimos el viaje. Para entender la vejez no basta con mirar el calendario. Hay que leer los libros de historia.

The Conversation

Marta Caballero García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es la edad o es la historia? El reto de entender por qué cambiamos al envejecer – https://theconversation.com/es-la-edad-o-es-la-historia-el-reto-de-entender-por-que-cambiamos-al-envejecer-280406

¿Cómo puede asesorar la ciencia en mitad de una crisis?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eduardo Oliver, Científico Titular, Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC)

Sheila Fitzgerald/shutterstock

Cuando estalla una crisis –una pandemia, un incendio forestal, un conflicto geopolítico, una erupción volcánica– la sociedad mira hacia la ciencia en busca de certezas. Pero la ciencia, especialmente en situaciones límite, no funciona a base de certezas, sino de evidencias incompletas, hipótesis revisables y debates razonados. Y esta tensión entre la necesidad de respuestas rápidas y la naturaleza gradual del conocimiento científico es, precisamente, el primer gran obstáculo para un buen asesoramiento público.

La experiencia reciente nos ha mostrado que el reto no es solo generar conocimiento, sino hacerlo útil, hacerlo comprensible y hacerlo legítimo ante los ojos de la ciudadanía y de los decisores políticos. Pero esa capacidad no se improvisa en mitad de una emergencia. Para que la ciencia pueda orientar decisiones públicas en contextos de alta presión, deben existir previamente estructuras, procedimientos y perfiles capaces de conectar el conocimiento disponible con las necesidades reales de quienes toman decisiones.

A partir de estudios internacionales y lecciones aprendidas durante la covid-19, pueden identificarse al menos cinco grandes desafíos.

1. Incertidumbre y urgencia: cuando no hay tiempo y los datos no alcanzan

Las crisis rara vez se gestionan con información completa. Los datos cambian, se corrigen o llegan con retraso. Pese a ello, gobiernos y medios de comunicación reclaman respuestas inmediatas y conclusiones firmes. Esta presión puede llevar a comunicar la ciencia como si fuera más segura de lo que realmente es. O, por el contrario, dar la impresión de que la constante revisión de la evidencia existente es un signo de debilidad.

Pero la incertidumbre no es un error: es el punto de partida de cualquier decisión informada. Comunicarla bien –sin alarmismo, pero sin paternalismo– sigue siendo una de las asignaturas pendientes en la comunicación institucional.

Por eso, una de las funciones más importantes del asesoramiento científico no es prometer certezas, sino ordenar la incertidumbre: distinguir qué se sabe, qué no se sabe todavía, qué opciones existen y qué riesgos implica cada una o qué acciones cabe tomar por parte de gobiernos y ciudadanos.

Además, tal y como recomiendan guías internacionales de comunicación del riesgo, es conveniente comunicar consistente y frecuentemente, usando fuentes y mensajeros de confianza, y explicar claramente que la información va a cambiar rápidamente conforme avance el conocimiento de la situación y cuándo se espera que vuelva a haber información nueva.

2. Polarización y politización: cuando los datos se convierten en munición

En contextos polarizados, cualquier recomendación científica corre el riesgo de interpretarse como un posicionamiento, una toma de partido. La instrumentalización del conocimiento, es decir, usar solo los datos que confirman la posición propia, erosiona la confianza social. No importa tanto si la recomendación es sólida, sino de qué “lado político” parece venir.

Por eso, los asesores científicos se encuentran en un campo minado: deben ser independientes, pero no aislados; deben comunicarse con responsables políticos, pero sin convertirse en actores políticos.

La independencia del asesoramiento no significa distancia absoluta respecto de la política, sino reglas claras para interactuar con ella sin quedar subordinado a intereses partidistas o coyunturales.

Esto exige diferenciar bien los papeles. La ciencia informa, amplía opciones y explicita riesgos. La decisión final corresponde a quienes tienen responsabilidad democrática.

3. Sobrecarga informativa y desinformación: competir contra bulos y ruido mediático

Durante las crisis, la información que circula crece a más velocidad que la capacidad de la ciudadanía para evaluarla. En ese río revuelto, los bulos encuentran un terreno fértil: son simples, emocionales y se propagan con gran velocidad, mientras que el asesoramiento científico es más matizado y requiere contexto.

No basta con “desmentir” noticias falsas. Hace falta anticiparse, construir mensajes claros y consistentes, y cultivar una relación previa de confianza con la ciudadanía. Esa confianza no se activa “por decreto” durante una crisis. Se construye antes, mediante instituciones creíbles, transparencia, comunicación sostenida y una cultura pública que reconozca la evidencia como parte legítima del debate democrático.

4. Tensiones institucionales: expertos y decisores en diálogo imperfecto

Los gobiernos deben tomar decisiones con múltiples dimensiones –económicas, sociales, sanitarias, políticas– y la ciencia es solo una de ellas. Esto genera, inevitablemente, tensiones, discrepancias entre comités científicos, falta de coordinación, estructuras de asesoramiento poco definidas o cambios de criterio difíciles de explicar.

Un buen asesoramiento no depende solo de tener expertos brillantes, sino de diseñar instituciones preparadas para escucharlos y traducir su conocimiento a opciones políticas viables. Asesorar científicamente no es solo pedir la opinión de una persona experta: requiere capacidades específicas de síntesis, mediación y traducción entre comunidades con tiempos, lenguajes y responsabilidades distintas.

5. Dimensión ética y social: decisiones que no afectan por igual a toda la población

Toda recomendación tiene consecuencias desiguales. Medidas de confinamiento, restricciones de movilidad, asignación de recursos o protocolos sanitarios no impactan de la misma forma en todos los grupos sociales. Por eso, el asesoramiento científico no debe limitarse a estimar la eficacia técnica de una medida. También debe ayudar a anticipar sus impactos sociales, territoriales y distributivos, especialmente sobre quienes parten de situaciones de mayor vulnerabilidad.

Los asesores científicos tienen la responsabilidad de identificar estos efectos y de explicarlos con transparencia. Pero aquí surge un dilema clásico: ¿cuánta transparencia es compatible con la necesidad de confidencialidad en situaciones de riesgo?

Estructuras permanentes de asesoramiento y otras medidas

¿Cómo mejorar entonces? Sin duda, conviene preparar las estructuras permanentes de asesoramiento antes de la crisis, no durante ella. Pero también:

● Reconocer y profesionalizar la figura del asesor científico, con funciones, mandatos, y responsabilidades claras.

● Profesionalizar la comunicación científica institucional, integrando expertos en comunicación del riesgo y formatos breves, claros y adaptados a los tiempos de la decisión pública.

● Fomentar la cooperación entre científicos y responsables políticos, con roles claros y reglas de transparencia.

● Proteger la integridad científica frente a presiones políticas o mediáticas, mediante códigos de conducta y mecanismos de independencia técnica.

● Crear canales ágiles para combatir la desinformación, pero también para escuchar las preocupaciones ciudadanas.

La ciencia como infraestructura democrática

La lección es clara: las crisis no crean de la nada la capacidad de asesorar, y las crisis no van a desaparecer. Lo que sí puede mejorar es nuestra capacidad para conectar la evidencia científica con decisiones legítimas y socialmente aceptadas. El asesoramiento científico no es un lujo técnico: es una pieza central del funcionamiento de las democracias modernas.

Durante mucho tiempo, el asesoramiento científico en la toma de decisiones públicas fue fragmentario, reactivo y dependiente de contactos informales o comités ad hoc creados en plena urgencia. Hoy sabemos que esa improvisación tiene un coste elevado. Contar con organismos estables, bien organizados y estructurados en el corazón del poder legislativo y ejecutivo, no solo mejora la calidad de las decisiones, sino que aporta coherencia, continuidad y legitimidad democrática.

La diferencia entre consultar ciencia cuando estalla la crisis y tenerla integrada de forma permanente es, en muchos casos, la diferencia entre reaccionar tarde o estar preparados. En un mundo cada vez más complejo, invertir en ciencia es también invertir en resiliencia social.

The Conversation

Eduardo Oliver es presidente de la asociación Ciencia en el Parlamento. Esta asociación recibe fondos de la convocatoria de Proyectos I+P de FECYT para el fomento del asesoramiento científico (FCT-24-20693).

Emilia Aiello es vicepresidenta de la asociación Ciencia en el Parlamento.

ref. ¿Cómo puede asesorar la ciencia en mitad de una crisis? – https://theconversation.com/como-puede-asesorar-la-ciencia-en-mitad-de-una-crisis-283342