Y usted, ¿qué se lleva a casa al terminar su jornada de trabajo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Branislav Nenin/Shutterstock

Cada tarde, millones de personas regresan a casa después de trabajar. Algunas llegan con energía para salir a pasear, hacer deporte o jugar con sus hijos. Otras, sólo desean tumbarse en el sofá y que nadie les hable.

¿Qué ha ocurrido durante esas ocho horas?

La explicación habitual suele ser sencilla: “Ha sido un día duro”. Pero la ciencia lleva tiempo sugiriendo que ocurre algo más profundo.

Las empresas no solo producen bienes y servicios. También generan experiencias. Y esas experiencias influyen en cómo pensamos, cómo nos relacionamos, cómo afrontamos los problemas y cómo responde nuestro organismo ante todo ello.

Mucho más que un sueldo

Al principio existía una creencia generalizada de que el compromiso de un empleado dependía principalmente del salario.

La psicología organizacional ha demostrado que, una vez cubiertas las necesidades económicas básicas, otros factores adquieren una importancia decisiva: sentirse respetado, disponer de autonomía, confiar en los compañeros, recibir reconocimiento y percibir que el propio trabajo tiene sentido.

Por eso dos personas con el mismo sueldo pueden vivir experiencias laborales completamente distintas. Una termina la jornada satisfecha y la otra cuenta los minutos para marcharse.

La diferencia muchas veces no está en el trabajo que realizan, sino en la organización para la que trabajan.

Las empresas también nos transforma

Ninguna organización deja a sus profesionales exactamente igual que cuando llegaron. Después de meses o años compartiendo una misma cultura, las personas cambian. Algunas ganan confianza para expresar sus ideas, asumen nuevos retos y desarrollan relaciones de colaboración que potencian su crecimiento. Otras, por el contrario, dejan de participar en las reuniones, evitan asumir riesgos y acaban limitándose a cumplir lo imprescindible. La experiencia laboral contribuye a moldear su identidad profesional.

Muchas veces es el contexto el que marca la diferencia.

Las investigaciones en el área de psicología organizacional muestran que la forma en que una organización lidera, reconoce el trabajo, gestiona los errores o resuelve los conflictos influye directamente sobre la motivación, el compromiso, el aprendizaje y el bienestar de quienes la integran.

La cultura organizativa no es un concepto abstracto: se manifiesta cada día en miles de pequeñas interacciones que terminan moldeando la experiencia de trabajar en un lugar.

La huella invisible, y no tanto, de las organizaciones

Cuando hablamos del impacto de una empresa solemos fijarnos en indicadores como la rentabilidad, la productividad, la innovación o la cuota de mercado. Todos ellos son esenciales para conocer la salud de una organización.

Sin embargo, existe otro conjunto de indicadores que también habla de su desempeño y que no ocupa el mismo lugar en los informes de gestión.

La investigación ha estudiado por separado fenómenos como el compromiso (engagement), el desgaste profesional (burnout), la seguridad psicológica, la identificación organizacional o el bienestar laboral. Todos ellos responden, en realidad a una misma pregunta: ¿qué efecto produce una organización en las personas que trabajan en ella?

La respuesta deja una huella que, en ocasiones, resulta muy visible. Cuestiones como el absentismo, la rotación no deseada, las bajas por motivos de salud mental, el burnout o la dificultad para atraer y fidelizar talento constituyen, en realidad, una radiografía bastante precisa del tipo de organización que una empresa ha construido.

A veces la diferencia tiene nombre propio

Existe, además, un matiz que suele pasar desapercibido. Cuando preguntamos a alguien por qué disfruta de su trabajo o por qué decidió permanecer en una empresa, la respuesta no siempre hace referencia a la organización. Muchas veces tiene nombre y apellidos.

Aunque solemos hablar de las organizaciones como si fueran entidades abstractas, la experiencia laboral muchas veces se construye a través de personas concretas. Hay personas que consiguen que la experiencia laboral sea mejor para quienes trabajan a su alrededor. Un responsable que inspira confianza, una compañera que siempre ayuda o un mentor que acompaña en los momentos difíciles pueden hacer que un empleado se sienta vinculado a su trabajo, incluso cuando no desarrolla un fuerte compromiso con la organización conjunta.

Lo que ocurre en nuestro cerebro cuando vamos a trabajar

Nuestro cerebro evalúa constantemente el entorno en el que nos encontramos. Sin que apenas seamos conscientes, interpreta señales de confianza, reconocimiento, incertidumbre o amenaza y adapta nuestras respuestas psicológicas y fisiológicas a esas condiciones.

En las organizaciones se producen experiencias que aumentan o disminuyen la probabilidad de que se activen determinados sistemas biológicos, relacionados con el estrés, la motivación, la cooperación o la recompensa. En otras palabras, el cerebro responde menos al organigrama de la empresa que a la forma en que vivimos nuestro día a día dentro de ella.

Cuando predominan la confianza, el apoyo mutuo y el reconocimiento, resulta más fácil colaborar, aprender y comprometerse con los objetivos comunes. Por el contrario, cuando el miedo, la incertidumbre o el control excesivo forman parte de la rutina, el organismo permanece en un estado de alerta que termina afectando al bienestar, la creatividad y la capacidad para tomar buenas decisiones.

No es casualidad que las organizaciones más innovadoras del mundo dediquen grandes esfuerzos a construir culturas donde las personas se sienten seguras para preguntar, discrepar o reconocer un error. La profesora Amy Edmondson, de la Harvard Business School, denominó a este fenómeno seguridad psicológica y demostró que constituye uno de los mejores predictores del aprendizaje colectivo y del rendimiento de los equipos.

Del mismo modo, las investigaciones del neuroeconomista Paul Zak muestran que la confianza no es únicamente un valor ético, sino también un activo organizativo capaz de mejorar la cooperación, el compromiso y los resultados.

Una nueva forma de medir en las empresas

Es posible que haya llegado el momento de incorporar una nueva pregunta cuando evaluamos una organización. Una pregunta que no esté relacionada con cuánto factura, cuánto crece o cuánto innova nuestra organización, sino qué tipo de personas ayuda a construir.

Quizá la verdadera medida del éxito de una organización no sea únicamente lo que consigue, sino lo que deja. Porque todas las empresas producen resultados. Las mejores, además, producen personas que salen de ellas siendo mejores de lo que entraron.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Y usted, ¿qué se lleva a casa al terminar su jornada de trabajo? – https://theconversation.com/y-usted-que-se-lleva-a-casa-al-terminar-su-jornada-de-trabajo-286539

Gdynia: de puerto de la Polonia renacida a Patrimonio Mundial de la UNESCO

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna K. Dulska, Historiadora, investigadora en el Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra

Puerto de Gdynia al atardecer. Patryk Kosmider/Shutterstock

Hay ciudades que nacen lentamente y otras que son el resultado de una decisión (geo)política. Gdynia pertenece a estas últimas. En apenas unas décadas pasó de ser una pequeña aldea pesquera del Báltico a convertirse en el principal símbolo de la Polonia renacida. Un siglo después, la UNESCO ha inscrito su Centro Modernista en la Lista del Patrimonio Mundial.

Imagen en blanco y negro de una calle con edificios modernistas a los lados.
Calle Świętojańska en Gdynia, la primera calle de la ciudad, aparte de las que conducían al mar, que se empedró y se acondicionó de acuerdo con el nuevo plan urbanístico de la época.
National Library of Poland

La inscripción responde al criterio IV, reservado a bienes que constituyen ejemplos sobresalientes de una etapa significativa de la historia humana. En Gdynia se ha reconocido un conjunto urbano modernista excepcionalmente conservado, concebido como un todo en el que planificación, la arquitectura y el puerto forman un sistema inseparable. Pocas ciudades ilustran con tanta claridad cómo el urbanismo y la arquitectura fueron utilizados para construir la identidad y la economía de un Estado recién recuperado.

De aldea pesquera a símbolo de la Segunda República

Hasta comienzos del siglo XX, Gdynia era una pequeña aldea pesquera mayoritariamente de etnia casubia. Todo cambió tras la recuperación de la independencia de Polonia en 1918, después de 123 años de particiones. El principal puerto de la región, Gdansk, quedó constituido como Ciudad Libre bajo la protección de la Sociedad de Naciones. Habitada en un 95 % por población alemana, mantuvo una actitud crecientemente hostil hacia el nuevo Estado polaco.

Aunque el Tratado de Versalles garantizaba a Polonia el libre uso del puerto, estas obligaciones fueron incumpliéndose progresivamente y las tensiones desembocaron en la guerra aduanera germano-polaca iniciada en 1925. Para un Estado recién renacido, disponer de un puerto propio dejó de ser una aspiración económica para convertirse en una cuestión de supervivencia. La respuesta fue construir uno nuevo.

En 1922 el ingeniero Tadeusz Wenda eligió el emplazamiento y dirigió las primeras obras, mientras que Eugeniusz Kwiatkowski, ministro de Industria y Comercio y después viceprimer ministro, convirtió Gdynia en uno de los grandes proyectos nacionales de la Segunda República de Polonia. Convencido de que la independencia política exigía independencia económica, impulsó el desarrollo simultáneo del puerto y de la villa.

A la izquierda, obra en construcción del futuro puerto, probablemente a principios de 1921. A la derecha, el lujoso transatlántico de la marina mercante polaca MS Piłsudski en la terminal transatlántica de Gdynia. En la actualidad, la terminal es el Museo
A la izquierda, obra en construcción del futuro puerto, probablemente a principios de 1921. A la derecha, el lujoso transatlántico de la marina mercante polaca MS Piłsudski en la terminal transatlántica de Gdynia. En la actualidad, la terminal es el Museo de la Emigración.
Gdynia Moje Miasto-Henryk Poddębski /Wikimedia Commons

El urbanismo modernista respondía tanto a criterios funcionales como simbólicos. Edificios de líneas depuradas, fachadas blancas y formas inspiradas en los transatlánticos proyectaban la imagen de una Polonia moderna, abierta al comercio y orientada hacia el mar. Navigare necesse est (“Navegar es necesario”) decía el decreto por el cual Gdynia fue declarada ciudad en 1926.

El crecimiento fue extraordinario. En dos décadas la población pasó de unos 1 200 habitantes a más de 120 000 y el puerto alcanzó en 1938 un tráfico superior a nueve millones de toneladas, superando a Gdansk y reduciendo decisivamente la dependencia polaca de otros puertos bálticos y alemanes. Gdynia se convirtió en la principal puerta marítima del país y en uno de los ejemplos más notables de planificación urbana y económica de la Europa del siglo XX.

Guerra, reconstrucción y una ciudad que siguió mirando al mar

La Segunda Guerra Mundial interrumpió este desarrollo. Tras la invasión alemana de 1939, la ciudad fue anexionada al Tercer Reich con el nombre de Gotenhafen. Decenas de miles de polacos fueron expulsados y el puerto se transformó en una importante base de la Kriegsmarine (la Armada naval nazi). Pese a los daños sufridos, el conjunto modernista sobrevivió en gran medida, lo que explica su excelente estado de conservación.

Imagen de un edificio con la esquina curvada que desemboca en una parte lisa y otra que se retrae.
Complejo de edificios de la Seguridad Social (ZUS).
Sebastian Gora Photo/Shutterstock

Después de 1945, Gdynia recuperó rápidamente su papel como uno de los principales puertos de Polonia. Durante el periodo socialista se desarrollaron la industria naval, electrónica y de telecomunicaciones. Empresas como RADMOR, especializada en radiocomunicaciones marítimas y militares, simbolizan esa continuidad tecnológica. La firma de marroquinería Batycki ofrecía, a través de sus elegantes bolsos, una ilusión de lujo y sofisticación en medio de la gris realidad cotidiana de la Polonia comunista.

Una ciudad vinculada a la lucha por la libertad

La historia de Gdynia no puede entenderse solo a través de su puerto y su arquitectura. También ocupa un lugar destacado en la memoria de la oposición al régimen comunista. No es casualidad que fuera en las ciudades industriales del Báltico donde se produjera uno de los episodios decisivos de la historia contemporánea de Polonia. Al ordenar al ejército abrir fuego contra los trabajadores en diciembre de 1970, el régimen comunista socavó la principal fuente de su legitimidad: gobernar en nombre de la clase obrera.

Uno de los episodios más emblemáticos de esa época fue el traslado del cuerpo de un joven trabajador abatido por los disparos sobre una puerta arrancada de un edificio. Aunque después se supo que se llamaba Zbigniew Godlewski, la canción “Ballada o Janku Wiśniewskim” lo inmortalizó como Janek Wiśniewski. Interpretada por Krystyna Janda en la escena final de El hombre de hierro (1981), de Andrzej Wajda, la balada se convirtió en un símbolo de las protestas obreras y del posterior movimiento Solidaridad. Sus últimos versos –“El mundo se enteró, pero no dijo nada”– evocan el sentimiento de abandono que acompañó aquellos acontecimientos.

Fotografía en blanco y negro de un grupo de manifestantes que siguen a un grupo que lleva el cadáver de un hombre sobre una puerta.
Los manifestantes transportan el cadáver de Zbyszek Godlewski en las manifestaciones en Gdynia en 1970.
Edmund Pelpliński/Wikimedia Commons

Quizá la reciente inscripción de Gdynia en la Lista del Patrimonio Mundial contribuya también a que esta parte de la historia de Polonia sea hoy mejor conocida fuera de sus fronteras.

Un patrimonio del siglo XX

La inscripción del Centro Modernista de Gdynia trasciende el reconocimiento de un excelente conjunto de arquitectura funcionalista. Reconoce una ciudad que concentra algunas de las grandes experiencias europeas del siglo XX: la reconstrucción de un Estado independiente, la fe en la planificación, la ocupación, la industrialización, la resistencia al autoritarismo y la capacidad de reinventarse sin perder su identidad marítima.

Gdynia demuestra que el patrimonio mundial no protege solo los vestigios del pasado remoto. También conserva los lugares donde tomó forma la historia contemporánea y cuyos valores siguen ayudándonos a comprender el mundo en el que vivimos.


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Durante sus estudios en Ciencias Empresariales, en el año 2006 la autora realizó prácticas extracurriculares y no remuneradas en la empresa Radmor S.A. Gracias a ellas, pudo conocer tanto la ciudad de Gdynia, como su industria.

– ref. Gdynia: de puerto de la Polonia renacida a Patrimonio Mundial de la UNESCO – https://theconversation.com/gdynia-de-puerto-de-la-polonia-renacida-a-patrimonio-mundial-de-la-unesco-288845

Cómo rediseñar nuestro ‘piloto automático’ para construir hábitos saludables

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Bermejo Cantarero, Profesor Ayudante Doctor. Enfermería. , Universidad de Castilla-La Mancha

Zoran Jesic/Shutterstock

A menudo planteamos el cuidado de la salud como una sucesión de decisiones correctas: desayunar bien, caminar, usar menos el móvil, comprar mejor y acostarnos a una hora razonable. El problema es que decidir bien exige atención y energía.

Pero ¿y si el objetivo no fuera vigilar nuestra conducta sino conseguir que algunas acciones beneficiosas aparezcan casi solas? Igual que nos lavamos los dientes sin plantearnos si merece la pena o tener siquiera que recordarlo, otras conductas saludables pueden interiorizarse hasta formar parte de nuestra rutina.

La salud también se construye en automático

Un hábito no es simplemente una actividad frecuente, sino una asociación aprendida. Ante una señal (una hora, un lugar, un objeto o una acción anterior) surge el impulso de responder de determinada manera. Por eso desbloqueamos el móvil sin recordar para qué lo hemos cogido o abrimos el armario de los aperitivos al entrar en la cocina.

Actuar de forma automática no es un defecto, puesto que nos permite realizar tareas sin analizarlas desde el principio. Lo perjudicial no es tener el “piloto automático” sino haber entrenado uno que nos lleva hacia conductas poco saludables.

Cambiar ese automatismo no significa borrarlo como si elimináramos un archivo. La respuesta antigua puede reaparecer ante el cansancio o el estrés. La estrategia consiste en practicar otra respuesta ante la misma señal y facilitar su repetición hasta convertirla en la opción habitual. Podemos favorecer el cambio si actuamos sobre las señales, las recompensas y haciendo una respuesta más fácil que otra.

La decisión importante se toma antes

Imaginemos el comienzo del día. Si el móvil duerme sobre la mesilla, apagar la alarma puede llevarnos directamente a abrir una red social. Si se carga fuera del dormitorio y utilizamos un despertador, la mañana empieza por otro camino. No demostramos más voluntad al despertarnos: habíamos preparado el escenario la noche anterior.

Consultamos el teléfono de forma breve y repetida durante cualquier espera o mientras hacemos otras cosas. Desactivar notificaciones, retirar accesos directos o dejarlo fuera del dormitorio reduce las señales que activan esa respuesta. Esto puede ayudarnos a reducir su uso antes de acostarnos, asociado con horarios más tardíos y peor calidad del sueño.

En la cocina ocurre algo parecido. Dejar la fruta lavada y visible o guardar algunos productos fuera de la vista no obliga a elegir una opción, pero modifica cuál aparece primero. La disponibilidad y proximidad de los alimentos influyen en lo que seleccionamos y consumimos.

Ese entrenamiento continúa en el supermercado. Llevar una lista y dejar de comprar aquello que solemos comer por aburrimiento evita tomar malas decisiones luego en casa, al abrir la despensa. La conducta saludable empieza antes del momento en que creemos estar eligiendo.

Utilizar una rutina para construir otra

Las rutinas pueden servir como anclajes. En lugar de proponernos movernos más podemos caminar después de comer o levantarnos al terminar una reunión. Una acción sirve de señal para la siguiente.

El entorno también cuenta: si las escaleras están visibles y señalizadas será más probable que las utilicemos que si permanecen escondidas junto a un ascensor fácil de localizar.

También ayudan los planes “si-entonces”: “Si termino de comer, caminaré diez minutos” o “si empiezo a trabajar, activaré el modo no molestar del móvil”. Así, un propósito abstracto se convierte en una respuesta preparada para una situación concreta. Las investigaciones indican que estos planes pueden ayudarnos a comer mejor y movernos más.

Conviene empezar con una conducta pequeña y repetible. Preparar la ropa deportiva no equivale a hacer ejercicio, pero puede facilitar que lo iniciemos. Leer unas páginas no garantiza un sueño perfecto, pero ofrece una alternativa a seguir mirando el móvil.

Invertir la comodidad

El entorno está lleno de pequeños obstáculos y facilidades. La fruta preparada, las zapatillas junto a la puerta y el modo “no molestar” reducen los pasos necesarios para actuar de forma saludable. Retirar una aplicación de la pantalla principal, cerrar la sesión y dejar el teléfono en otra habitación añade una pausa a la conducta que queremos reducir.

No se trata de llenar la vida de prohibiciones, sino de invertir la comodidad. Que lo beneficioso quede cerca, preparado y visible. Que lo perjudicial deje de ser la respuesta inmediata. Así la voluntad no necesita librar la misma batalla cada día.

Repetir, pero sin contar hasta 21

La repetición en un contexto estable permite que una conducta se vuelva automática, pero no existe una duración universal. Un estudio de 2009 situó la mediana en 66 días (la mitad de los participantes necesitó menos tiempo y la otra mitad, más) y comprobó además que saltarse la conducta una vez no echaba por tierra el proceso.

Una revisión de 2024 confirma que existen grandes diferencias según la persona, la acción y las circunstancias. Por tanto, los famosos 21 días supuestamente necesarios para formar un nuevo hábito no son una regla científica.

Más que contar días o perseguir una cadena sin fallos importa recuperar la asociación entre la señal y la nueva respuesta y continuar practicándola.

No todos podemos diseñar el mismo entorno

Horarios laborales, ingresos, vivienda, cuidados familiares, oferta alimentaria o características del barrio determinan qué conductas resultan posibles. Estos determinantes sociales de la salud limitan el margen de elección. Rediseñar la rutina personal no sustituye la responsabilidad de instituciones, empresas y administraciones de crear entornos saludables.

Dentro del margen disponible podemos hacernos una pregunta: ¿qué acción realiza hoy mi entorno por mí y cuál me gustaría que facilitara mañana? La mejor rutina saludable no es la que nos obliga a pensar continuamente en cuidarnos, sino la que, después de diseñarla y practicarla, empieza a cuidarnos casi sin pensar.

The Conversation

Alberto Bermejo Cantarero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo rediseñar nuestro ‘piloto automático’ para construir hábitos saludables – https://theconversation.com/como-redisenar-nuestro-piloto-automatico-para-construir-habitos-saludables-289915

Cuidar lo invisible y lo cotidiano: ¿cuál es el papel de las psicoenfermeras?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Aguilera-Serrano, Profesor Asociado, Departamento de Enfermería y Podología. Facultad de Ciencias de la Salud., Universidad de Málaga

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Durante años, la atención en salud mental se centró en los síntomas. Pero ese enfoque resulta insuficiente: la ansiedad que no se expresa, la soledad que no se nombra, el cansancio emocional que se normaliza… ¿Quién cuida todo eso?

La enfermería especializada en salud mental es la respuesta a un fenómeno creciente: el sufrimiento psicoemocional ligado a la vida contemporánea. Por eso, su desempeño ha evolucionado hacia un modelo más integrador que aborda también el descanso, la alimentación, las relaciones personales o el sentido de vida, entre otros.

Este cambio permite acompañar procesos, no solo tratar problemas.

Profesionales puente en un sistema fragmentado

Denominadas “psicoenfermeras” por la Asociación Española de Enfermería de Salud Mental (AEESME), las profesionales especialistas en este ámbito cumplen, en este sentido, un papel clave.

Su trabajo incluye valorar de forma integral, educar en salud, coordinar y liderar equipos y acompañar a lo largo del tiempo, así como defender los derechos de las personas y las familias en contextos donde a menudo se ven vulnerados. Con este fin, se desarrollan programas educativos, intervenciones grupales y apoyo comunitario. Además, la enfermería de salud mental incorpora atención a distancia y estrategias para mejorar la resiliencia.

En España, la especialidad requiere una formación específica de posgrado, con una duración de dos años. Durante este periodo, las futuras especialistas combinan formación teórica y práctica en distintos dispositivos asistenciales, como unidades de hospitalización, centros comunitarios, hospitales de día, programas de rehabilitación y atención a la infancia y la adolescencia.

Y aunque la especialidad fue regulada oficialmente en 1998 y su programa formativo actual se aprobó en 2011, sigue siendo una de las áreas menos conocidas de la profesión fuera del ámbito sociosanitario.

La importancia de la psicoterapia

La psicoterapia enfermera es una de las principales competencias de estas profesionales. Incluye intervenciones estructuradas basadas en la relación terapéutica, junto a la evaluación clínica y la planificación de cuidados.

Un ejemplo puede ayudar a entenderlo. Pensemos en una persona que vive con ansiedad tras una enfermedad grave. La psicoenfermera le ayudará a identificar qué situaciones aumentan su malestar y a trabajar hábitos como el sueño, la actividad física y las relaciones sociales. El objetivo es que recupere bienestar y autonomía en su vida diaria.

Aunque esta competencia comparte herramientas con otras formas de psicoterapia, se distingue por su mirada integral. No solo atiende el malestar emocional: también tiene en cuenta la salud física, la medicación, los hábitos cotidianos y el entorno familiar y social.

Es una visión especialmente útil en individuos con enfermedades crónicas o problemas complejos y en situaciones de vulnerabilidad social, como la de una persona mayor que vive sola, tiene pocos apoyos y comienza a aislarse tras la pérdida de un ser querido. El cuidado se adapta a la realidad de cada individuo y a los cambios que se producen con el tiempo.

Además, las psicoenfermeras suelen acompañar a las personas durante largos periodos. Esa continuidad favorece la confianza y permite ajustar las intervenciones cuando las necesidades cambian.

Potencial infrautilizado

Según los datos oficiales del Registro Estatal de Profesionales Sanitarios del Ministerio de Sanidad, hay 2 063 enfermeras especialistas en salud mental inscritas en España. Esta cifra no es representativa de la situación real, ya que no recoge necesariamente a la totalidad de profesionales en activo. Así, de acuerdo con diversas fuentes, el número de psicoenfermeras podría situarse entre 6 500 y 9 000. Sin embargo, muchas no ocupan plazas específicas de la especialidad y, en algunas comunidades autónomas, esos puestos siguen sin estar plenamente implantados, lo que apunta a una infrautilización de las competencias especializadas.

La situación es distinta en algunos países de nuestro entorno, como Reino Unido. Allí, las enfermeras de salud mental cuentan con mayor presencia en los servicios comunitarios y con un reconocimiento más amplio de funciones avanzadas, incluidas las intervenciones psicoterapéuticas.

Retos claros, oportunidades reales

Hoy, la enfermería especializada en salud mental sigue afrontando desafíos importantes: falta de recursos, fragmentación del sistema, reconocimiento insuficiente de sus capacidades o la persistencia del estigma, ya que muchas personas continúan asociando ese tipo de problemas a estereotipos negativos. Esto puede retrasar la búsqueda de ayuda y reducir el reconocimiento social de los cuidados que proporcionan las psicoenfermeras.

Paradójicamente, la evidencia indica que la enfermería de salud mental es una de las profesiones con mayor capacidad de adaptación y amplitud de roles dentro del sistema sanitario.

En definitiva, el desarrollo de competencias avanzadas –como la citada psicoterapia enfermera–, la integración en la comunidad y el enfoque basado en derechos humanos no solo mejoran la atención a los pacientes: también pueden transformar el modelo sanitario.

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Carlos Aguilera-Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuidar lo invisible y lo cotidiano: ¿cuál es el papel de las psicoenfermeras? – https://theconversation.com/cuidar-lo-invisible-y-lo-cotidiano-cual-es-el-papel-de-las-psicoenfermeras-283822

El gobierno de Delcy Rodríguez entrega a Estados Unidos el control de la quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Zambrano-Sequín, Profesor – Investigador, Universidad Católica Andrés Bello

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Representantes oficiales de los gobiernos de los Estados Unidos y Venezuela han anunciado la firma de un acuerdo que otorga a los EE. UU. el control, aunque no la propiedad, del 20 % de las reservas probadas de petróleo de Venezuela, las más grandes del mundo, que suman más de 300 000 millones de barriles.

Esto implica que el Gobierno estadounidense se asegura el acceso y el control sobre 65 000 millones de barriles de petróleo y el gas natural asociado, durante un período de al menos 25 años. Un logro notable considerando que las reservas probadas de petróleo en EE. UU. son de 46 000 millones de barriles y sus reservas estratégicas ascienden a 727 millones de barriles.




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Lo que se sabe del acuerdo

La información sobre los detalles del acuerdo aún es muy limitada. Se conoce que el acuerdo compromete el desarrollo y la explotación de 17 campos petroleros que contienen unos 90 000 millones de barriles de las reservas probadas del país. De estos campos, 9 están localizados en la zona norte de la Faja Petrolífera del Orinoco. Se trata de yacimientos de petróleo pesado (entre 10° y 22,3° API) y extrapesado (menos de 10° API) y son campos que, en su mayoría, deben ser desarrollados desde cero (greenfields). Los 8 campos restantes, son campos maduros que contienen crudos medianos (entre 22,3° y 31,1° API) que han sido ya explotados pero que requieren de importantes inversiones para reactivarlos después de décadas de abandono.

Para Venezuela, de poderse implementar y desarrollar el acuerdo, la producción petrolera podría incrementarse en 1,5 millones de barriles por día. A este ritmo de producción, extraer el petróleo y el gas natural involucrado en estos campos podría tomar un lapso de al menos 120 años. No es por casualidad que el presidente Trump ha anunciado que el acuerdo con Venezuela le otorga a EE. UU. el control de las reservas venezolanas por una centuria.

Desarrollar, poner en capacidad de producir y operar estos campos requiere cuantiosas inversiones y financiamiento. Las estimaciones iniciales suponen que se requerirán unos 90 000 millones de dólares en inversiones, financiamiento por unos 10 000 millones y recursos para cubrir los costos de operación por unos 140.000 millones de dólares. Desde luego, ni PDVSA (la empresa estatal petrolera venezolana), ni el gobierno del país ni el sector privado local disponen de estos recursos.

¿Cómo se podría implementar el acuerdo anunciado?

El presidente Trump ha sido enfático al declarar que la concreción de este acuerdo no implicará compromisos financieros para el Gobierno Federal. Todo ello implica que el programa solo será posible con la participación de las empresas petroleras, especialmente las grandes corporaciones internacionales, con preferencia de origen estadounidense.

Lo que ha trascendido es la creación de una empresa conjunta (joint venture) que establece una alianza entre la Office of Strategic Capital (OSC), una dependencia del Pentágono creada para atraer la inversión privada en áreas esenciales para la seguridad de los EE. UU., y un grupo privado local que aún está por definirse. La empresa recibiría concesiones del Gobierno de Venezuela para explotar los campos petroleros ya señalados por un lapso suficiente para garantizar la viabilidad económica de las inversiones. En principio, 25 años (renovables).

Esta empresa estaría en condiciones de firmar contratos de participación productiva (CPP) –figura prevista en la Ley Orgánica de Hidrocarburos que entró en vigencia a partir de enero de 2026–, que permitirían a las empresas petroleras seleccionadas extraer y comercializar los hidrocarburos.

Se estima que estos CPP, dados los parámetros establecidos en el marco legal que regula los aportes fiscales al Gobierno de Venezuela (government take), garantizarían un ingreso fiscal equivalente a 19 dólares por barril producido bajo el acuerdo. Esta estimación supone un precio de referencia de 65 dólares por barril, una tasa de regalía del 16 % y una tasa de impuesto sobre la renta del 34 %. Bajo estos parámetros, se ha calculado que el acuerdo podría representar un ingreso adicional para el Estado venezolano de 209 000 millones de dólares.

Un acuerdo de largo plazo como este, en el contexto político-institucional que prevalece hoy en Venezuela, supone retos legales importantes ya que, en principio, se estarían violando disposiciones constitucionales y jurídicas relevantes asociadas con el ejercicio de la soberanía nacional.




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Constitucionalidad y seguridad jurídica

Además, y no es un detalle menor, la administración actual del gobierno en Venezuela está ejercida por personas que adolecen de legitimidad interna y externa. De aquí que surgen las preguntas: ¿puede el gobierno interino comprometer a largo plazo estas reservas petroleras?, ¿puede garantizarse a las empresas e inversionistas que las decisiones tomadas por un gobierno con un piso político tan endeble serán respetadas por un gobierno futuro, con mayor legitimidad?

Las respuestas a estas preguntas involucran aspectos de máxima relevancia ya que la viabilidad del acuerdo, en cuanto a inversión y financiamiento (privados), requiere de magnitudes considerables de dinero e involucra lapsos de muy largo plazo. Por tanto, la seguridad jurídica pasa a ser una variable determinante en el proceso de toma de decisiones.




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Las circunstancias estadounidenses

Tampoco hay que olvidar que hay un ciclo político-electoral en marcha en los EE. UU. No es casual que el anuncio de este acuerdo se haga en los meses previos a las decisivas elecciones de medio mandato del próximo noviembre, tomando en cuenta los problemas que están confrontando el presidente Trump y el Partido Republicano para garantizarse la victoria en esos comicios. Mostrar un éxito económico como el que se supone que está implícito en este acuerdo daría a la debilitada administración Trump algunas ventajas que, cabe esperar, mejorarían sus posibilidades electorales.

Para Venezuela volver a un régimen de concesiones, a casi cinco décadas de la nacionalización del petróleo, es un tema controversial, con implicaciones que exceden, por mucho, las consideraciones meramente económicas. La soberanía sobre el uso de los recursos minerales ha sido, a lo largo de la historia del país como república, un asunto de la máxima trascendencia.

Que un acuerdo de esta naturaleza ocurra en momentos de elevada incertidumbre y tensión política no es, con certeza, una buena noticia para muchos.

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Luis Zambrano-Sequín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El gobierno de Delcy Rodríguez entrega a Estados Unidos el control de la quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela – https://theconversation.com/el-gobierno-de-delcy-rodriguez-entrega-a-estados-unidos-el-control-de-la-quinta-parte-de-las-reservas-petroleras-de-venezuela-290786

Aceca, el palacio real que España perdió

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Javier Novo Sánchez, Profesor Ayudante Doctor de Historia del Arte, Universidad de Málaga

Nos encontramos en 1668. El príncipe Cosme III de Médici está de viaje por España. Y, en una breve parada en medio del periplo, su dibujante, Pier Maria Baldi, decide “retratar” la casa real de Aceca, hoy prácticamente desaparecida.

Hagamos una rápida semblanza de la aventura europea emprendida por el joven heredero florentino. Su propósito era formarse como futuro gobernante del Gran Ducado de Toscana. Para ello se propuso visitar y conocer los Países Bajos, Francia, Inglaterra, Portugal y, también, España. Su estancia en la península ibérica duró seis intensos meses, desplazándose desde Cataluña hasta Galicia, pasando por Aragón, Castilla, Madrid, Andalucía, Extremadura y el territorio portugués.

Recorría el país arropado por un séquito de cortesanos. Entre ellos, Lorenzo Magalotti, autor de la crónica oficial de la expedición. Dicho relato contiene además ochenta y seis vistas panorámicas de ciudades, villas, monumentos y paisajes rurales de la España del Barroco, realizadas por Baldi. Entre ellas se encuentra la de la casa real de Aceca.

Pabellón cinegético

Aceca, que hoy pertenece al municipio de Villaseca de la Sagra, se encuentra a medio camino entre la ciudad de Toledo y el Real Sitio de Aranjuez. En el siglo XVI era un paraje codiciado por la monarquía española y el emperador Carlos V compró allí una fortaleza medieval en 1534.

A partir de 1556 su hijo, Felipe II, transformó el viejo castillo en un palacio de recreo ideal para las temporadas de caza, aprovechando que en la zona había abundancia de lobos. Las obras se dilataron más de veinte años por coincidir con el proyecto de El Escorial. De hecho, ambas empresas se llevaron a cabo en un inconfundible estilo herreriano.

Pintura de un palacio real con tres alturas y una torre, con dos edificios separados.
Jusepe Leonardo, Vista del Real Sitio de Aceca, 1637.
Museo Arqueológico Nacional

Los mejores arquitectos del rey trabajaron en ellas. Maestros como Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera dejaron su huella y levantaron en Aceca una obra majestuosa para el esparcimiento de los Austrias y de los primeros Borbones.

Magnificencia artística

Para juzgar la categoría de las construcciones de Aceca contamos, aparte del diseño de Baldi, con dos documentos gráficos anteriores: una planta del siglo XVI y un lienzo de 1637 del pintor Jusepe Leonardo. Asimismo, poseemos una descripción muy valiosa, gracias al escritor e historiador Juan Álvarez de Quindós.

El edificio principal era una sólida mole de planta rectangular. Contaba con múltiples ventanas y una torre angular cubierta con un chapitel, que es un tipo de tejado piramidal. Poseía, además, una entrada con arco de medio punto y dos patios interiores.

Plano de la Casa Real de Aceca, atribuido a Juan de Herrera, siglo XVI.
Plano de la Casa Real de Aceca, atribuido a Juan de Herrera, siglo XVI.
Archivo General de Simancas, Valladolid, MPD,20,054.

Su esplendor interior era asombroso: la capilla escondía el valioso Tríptico de la Adoración de los Reyes Magos, obra de Hans Memling. Esta joya del arte flamenco, fechada hacia 1570, se expone actualmente en el Museo del Prado.

Junto al palacio se levantó la Casa de Oficios, una estructura semejante a la anterior pero más humilde. Era la residencia de los cortesanos y la burocracia de la Corona, y albergaba una buena caballeriza. El acceso se realizaba a través de un pórtico soportado por columnas.

En el primer plano del diseño de Baldi se sitúa una casa muy modesta. No se sabe cuál era su función, pero se cree que pudo ser el hogar del guarda que cuidaba del palacio durante las largas ausencias de la Familia Real.

Errores de un dibujo apresurado

La comitiva apenas se detuvo en Aceca. El objetivo era llegar a Toledo antes de anochecer y tomar posesión del alojamiento que estaba preparado para ellos. Baldi aprovechó esa fugaz pausa para dibujar el conjunto palaciego. De hecho, el propio artista aparece retratado en primer plano, a lomos de un asno, trabajando afanosamente en el boceto.

Debido a la prisa, el diseño contiene algunas imprecisiones. Tomando como base creíble el lienzo de 1637, el autor representó un palacio poco fiel al modelo, eliminando por completo la planta superior. Tampoco es muy exacto el número de vanos y chimeneas del tejado.

Además, dibujó un paisaje desolado con apenas vegetación, a diferencia de lo que muestra el cuadro pintado medio siglo antes. Todo tenía su explicación. Baldi era, además de pintor, arquitecto, por lo que priorizaba las moradas del rey sobre el paisaje y las personas.

Debido a la precipitación con la que fue realizada la traza inicial, el autor no pudo subsanar los defectos en la versión definitiva que hoy podemos contemplar, elaborada años más tarde en su estudio florentino.

Triste final

A pesar de su robustez, los muros de Aceca no resistieron el paso del tiempo. Los cambios en los gustos de la realeza dictaron sentencia a partir del siglo XVIII, y la invasión napoleónica de 1808 marcó el inicio de una ruina irreversible. El complejo palatino sufrió daños irreparables durante la Guerra de la Independencia, tras la cual quedó sumido en la desidia y el abandono.

Los escasos restos que de él se conservan se encuentran hoy dentro de una finca privada. Apenas pueden identificarse ya unas pocas estructuras del pabellón de caza ideado por Felipe II.


El proyecto cuenta con el apoyo del The Medici Archive Project de Florencia, dirigido por Alessio Assonitis, experto internacional en los Medici, y del Centro Interdipartimentale di Ricerca sull’Iconografia della Città Europea, dirigido por Alfredo Buccaro, experto internacional en iconografía urbana. Además, colaboran la Biblioteca Medicea Laurenziana y el Kunsthistorisches Institut de Florencia.


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Francisco Javier Novo Sánchez recibe fondos para el proyecto de investigación PID2023-147647NB-I00 financiado por MCIU /AEI /10.13039/501100011033 / FEDER, UE, concedido para el período 2024-2027

– ref. Aceca, el palacio real que España perdió – https://theconversation.com/aceca-el-palacio-real-que-espana-perdio-287984

El cine evoca a las “pioneras” del fútbol femenino español, que sigue en lucha por la igualdad real

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Reyes, Profesora del Área de Didáctica de la Educación Física, Universidad de Castilla-La Mancha

Fotograma de la película _Pioneras: solo querían jugar_. RTVE

Durante décadas, jugar al fútbol siendo mujer ha significado desafiar las normas sociales. La película Pioneras: solo querían jugar, estrenada en España el pasado 12 de junio, recupera la historia de un grupo de mujeres que abrieron camino cuando practicar este deporte era considerado impropio para ellas. Pero la cinta no solo nos habla del pasado. También nos invita a preguntarnos qué barreras encuentran hoy las niñas y adolescentes que quieren jugar al fútbol.

Tráiler oficial de la película Pioneras: solo querían jugar

Cuando jugar era un acto de rebeldía

Las protagonistas de esta historia representan a una generación de mujeres que tuvo que enfrentarse a situaciones que iban más allá de la falta de oportunidades. Durante mucho tiempo, el fútbol se ha considerado un deporte “apropiado” para los hombres. Por eso, para muchas mujeres, jugar no era solo practicar un deporte. Era cuestionar lo que la sociedad esperaba de ellas.

Hoy, el fútbol femenino vive un momento de gran crecimiento en España. Los éxitos de la selección española, como la victoria en el Mundial de 2023 o en la UEFA Women’s Nations League de 2024 y 2025, han impulsado su popularidad. Sin embargo, durante buena parte del siglo XX, las futbolistas apenas tuvieron oportunidades para entrenar y competir. Muchas jugaron sin apoyo familiar, sin respaldo institucional y con muy pocos recursos.

Hacer una tortilla o marcar un gol

El contexto social de la época queda reflejado en una entrevista realizada en 1972 a la futbolista Victoria Hernández tras un partido entre España e Italia. En lugar de preguntarle por el encuentro, el periodista quiso saber qué le resultaba más fácil: si hacer una tortilla de patatas o marcar un gol. Aquella pregunta decía mucho sobre la época. Importaba averiguar si una deportista cocinaba bien antes que relatar cómo jugaba y vivía el fútbol.

La historia de estas mujeres muestra que antes muchas tuvieron que luchar incluso por poder entrar en un campo. Hoy, la mayoría de las niñas puede hacerlo, pero todavía existen mensajes y experiencias que condicionan la posibilidad de formar parte de ese espacio. La pregunta ya no es solo quién puede jugar, sino si la jugadora encuentra las condiciones necesarias para seguir haciéndolo.

Las barreras no han desaparecido

Cada vez más niñas juegan al fútbol, existen ligas profesionales, el fútbol femenino tiene una mayor presencia en los medios de comunicación y las competiciones despiertan un interés creciente.

Sin embargo, que las mujeres puedan jugar no significa que exista una igualdad real de oportunidades. Las barreras siguen ahí, aunque hoy son diferentes. Muchas niñas crecen en entornos donde el fútbol se sigue viendo como un deporte “de chicos”. Ese mensaje llega a las familias, a los colegios y también a los propios equipos. Poco a poco, muchas niñas acaban dudando de si su práctica también es para ellas.

También persisten limitaciones estructurales y distorsiones en la representación social. El deporte femenino aparece menos en los medios, dispone de recursos inferiores y la mayoría de los puestos de responsabilidad están ocupados por hombres. Todo eso hace que muchas niñas sientan que el fútbol sigue siendo un espacio pensado para otros.

Estas barreras se hacen más visibles durante la adolescencia, una etapa en la que muchas chicas dejan el deporte. Rara vez hay una sola razón. Algunas dejan de sentirse capaces. Otras pierden el apoyo de su entorno. Otras simplemente se cansan de tener que demostrar continuamente que también pueden jugar.

Sin embargo, estas situaciones no deben interpretarse como una falta de interés o de esfuerzo por parte de las jugadoras. Cuando una chica abandona un deporte, suele hacerlo tras acumular experiencias que le han transmitido que ese espacio no estaba pensado para ella. La solución no pasa por pedirles que sean ellas quienes cambien, sino por transformar los entornos donde aprenden y practican deporte.

La importancia de tener referentes

Uno de los grandes valores de películas como esta es que ayudan a recuperar figuras femeninas que durante mucho tiempo permanecieron invisibles. Tener esos referentes cercanos y diversos marca la diferencia. Cuando una niña ve a otras mujeres jugando, entrenando o dirigiendo un equipo, le resulta más fácil imaginar que ella también puede hacerlo.

Pero tener referentes no basta. Las niñas también necesitan espacios donde se sientan valoradas, escuchadas y donde puedan jugar sin tener que demostrar constantemente que merecen estar allí. Por eso las familias, el profesorado de Educación Física, los clubes y los medios de comunicación tienen un papel clave. Pueden reforzar los estereotipos o ayudar a superarlos.

La igualdad no depende solo de que más niñas entren en un campo de fútbol, sino de que puedan permanecer en él, disfrutar y sentirse parte del juego.

Mirar al pasado para entender el presente

Por todo ello, la historia que cuenta la película Pioneras: solo querían jugar pertenece al pasado, pero las preguntas que plantea siguen siendo actuales. Las mujeres ya no tienen que batallar por el derecho a jugar. Ahora luchan por algo igual de importante: que el fútbol femenino reciba el mismo respeto, la misma atención y el mismo valor que el masculino.

Reconocer a aquellas pioneras es hacer justicia a unas mujeres que abrieron el camino del fútbol femenino. Pero el mejor homenaje que podemos hacerles es garantizar que todas las niñas puedan jugar, crecer y disfrutar del fútbol sin que los estereotipos de género limiten sus oportunidades.

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Lucía Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El cine evoca a las “pioneras” del fútbol femenino español, que sigue en lucha por la igualdad real – https://theconversation.com/el-cine-evoca-a-las-pioneras-del-futbol-femenino-espanol-que-sigue-en-lucha-por-la-igualdad-real-288162

Lo que la medicina tradicional china puede enseñarnos sobre la “consciencia sana”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Martín, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón, Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón IiSGM ; Universidad Nebrija

Chay_Tee/Shutterstock

Hoy en día, la neurociencia considera la conciencia como un mecanismo que está encerrado en el cerebro, como algo que nos permite ser conscientes de información que, de otro modo, sería inconsciente. Esta visión se sustenta en una suposición: que la conciencia es un mecanismo autónomo y autosuficiente, una entidad oculta a la espera de ser localizada y explicada.

Mi propia investigación siguió inicialmente esta línea de pensamiento, considerando la conciencia como un programa cognitivo creado por áreas concretas del cerebro humano. Sin embargo, el problema de concebir la conciencia como algo tangible es que, en realidad, no podemos “ubicarla”.

Los investigadores han bautizado esto como el “problema difícil de la conciencia”: ¿cómo es posible que los mecanismos cerebrales físicos se experimenten subjetivamente en lugar de ser meramente inconscientes?

La medicina tradicional china concibe la conciencia de una forma totalmente diferente. No la ve como un mecanismo o una entidad, sino como una “luz” que brilla cuando nuestro universo interior está en armonía.

Según esta visión, la conciencia no puede localizarse, extraerse ni estudiarse de forma aislada, ya sea un cerebro en un laboratorio o un programa en un ordenador. En cambio, se asemeja más a una cualidad que una persona puede poseer, similar a conceptos como la salud o la belleza. Al igual que la salud y la belleza, la conciencia puede aparecer y desaparecer, pero su luz brilla con mayor intensidad cuando todo el conjunto cuerpo-mente está en equilibrio.

La conciencia en la China antigua

Las primeras referencias al concepto de conciencia en China se remontan a hace aproximadamente 2 200 años, en el Canon Interno del Emperador Amarillo (黃帝內經; HuangDi NeiJing), que explica el concepto de lo sagrado que se manifiesta, conocido como luz espiritual (神; Shen).

A diferencia de la palabra china contemporánea para “conciencia” (意識; YiShi) –que está influenciada por el concepto de “atención” de la psicología cognitiva occidental–, el concepto tradicional se refiere a una fuerza misteriosa del universo presente en los seres vivos.

Aunque se considera que la conciencia está coordinada por el corazón, esta surge de la armonía y la conexión de todos los órganos. No puede localizarse ni separarse de los procesos corporales. Por lo tanto, cuando la conciencia brilla con intensidad (神明; ShenMing), una persona encarna un estado óptimo de salud y sabiduría.

En términos físicos, una conciencia sana se manifiesta no solo como vigilia, estado de alerta y capacidad de respuesta, sino también como ojos brillantes, claridad mental y una presencia consciente.

Cinco personas haciendo ejercicio en un parque
Actividades como el tai chi pueden ayudar a desarrollar una conciencia sana.
Cheng Shi Song/Unsplash

Por el contrario, cuando se rompe el equilibrio, la conciencia ilumina un campo más reducido y surgen perturbaciones. En la medicina tradicional china, las perturbaciones y la falta de armonía se producen cuando se pierde el equilibrio natural entre los órganos, como el corazón y el hígado.

Las consecuencias son la falta de atención o la indiferencia hacia el entorno, trastornos del sueño, falta de creatividad o de sentido en la vida, sensación de irrealidad, ansiedad, impulsividad, aislamiento social, dolor de cabeza y fatiga.

Esto conduce, en última instancia, a la “enfermedad del espíritu y la mente” (神志病; ShenZhiBing), un estado que se corresponde con el concepto occidental de mala salud mental o enfermedad mental.




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Conciencia y salud mental

Tanto en la tradición occidental como en la tradicional china, la salud mental puede definirse, en términos generales, como un “estado de bienestar que permite a las personas hacer frente al estrés normal de la vida y desenvolverse de forma productiva”. La gran diferencia radica en dónde se sitúa ese “bienestar”. En las tradiciones occidentales, la salud mental está regida principalmente por la mente. En la medicina tradicional china, una conciencia sana surge de la armonía entre el cuerpo y la mente en su conjunto.

Las tradiciones chinas pueden, por lo tanto, enseñarnos cómo proteger la salud de nuestra conciencia a través de una serie de enfoques holísticos diferentes. Muchas de estas prácticas ya le resultarán familiares. Pueden adoptar la forma de actividades como la meditación, la atención plena o el yoga, o de hábitos cotidianos como la alimentación y el sueño.

Cualquiera que haya viajado a China y haya paseado por un parque se habrá sorprendido al ver a tanta gente, sobre todo personas mayores, practicando tai chi en grupo. El tai chi es un arte marcial antiguo que combina movimientos lentos y fluidos con respiración profunda y concentración mental. Su práctica ha demostrado ser muy prometedora para mejorar el equilibrio, reducir el estrés y fortalecer el cuerpo sin impactos.

En lo que respecta al sueño, las sociedades modernas chinas y occidentales tienen problemas similares, especialmente en nuestra era actual de teléfonos inteligentes e hiperconectividad. Sin embargo, China está recurriendo a su antigua visión tradicional de la salud mente-cuerpo y se está esforzando por desarrollar políticas que promuevan activamente la salud del sueño.

Dar prioridad al sueño mediante prácticas como una adecuada higiene del sueño protege directamente tanto nuestra salud física como mental. En concreto, protege contra las enfermedades cardíacas y potencia nuestras capacidades cognitivas.




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Todos podemos aprender mucho de la antigua concepción china de la conciencia, que considera la mente y el cuerpo como un todo inseparable y creó actividades que reflejan esta idea.

Aunque muchos de nosotros practicamos habitualmente actividades de atención plena –ya sea tai chi, meditación, yoga u otras–, es importante recordar por qué existen estas prácticas en primer lugar. Lejos de limitarse a ejercitar o relajar el cuerpo o la mente, ofrecen una forma de unificar y armonizar todo nuestro ser, con el objetivo de fomentar una conciencia brillante y saludable.

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Antonio Martín es miembro de la Asociación para el Estudio Científico de la Conciencia (ASSC). Dirigió proyectos de investigación en el Instituto de Posgrado de la Mente, el Cerebro y la Conciencia (GIMBC) de la Universidad Médica de Taipéi (Taiwán) y en el Centro de Investigación Avanzada en Medicina del Sueño (CARSM) de Santé Québec Nord-de-l’Île-de-Montréal (Canadá). Actualmente es miembro de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón (FIBHGM) y del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón (IiSGM) del Hospital General Universitario Gregorio Marañón (España).

– ref. Lo que la medicina tradicional china puede enseñarnos sobre la “consciencia sana” – https://theconversation.com/lo-que-la-medicina-tradicional-china-puede-ensenarnos-sobre-la-consciencia-sana-289269

La química del helado perfecto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Mora Pastor, Catedrático de Química Analítica, Universidad de Alicante

Irina WS/Shutterstock

El origen del helado en España está íntimamente ligado a las poblaciones alicantinas de Ibi y Jijona y a los denominados pous de neu (“pozos de nieve”), donde se almacenaba el hielo que en verano se usaba para preparar aiguaneu (“aguanieve”) o neu amb sucre y taronja (“nieve con azúcar y naranja”). Desde allí, se extendieron a todo el territorio nacional para convertirse en el postre frío por excelencia.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces. En la actualidad, la heladería artesana requiere profesionales formados en disciplinas muy diversas. Esto es así porque, a pesar de su aparente simplicidad, el helado artesanal es en realidad un sistema coloidal muy complejo donde convergen una emulsión, espuma y cristales de hielo. De cómo se origine y se mantenga este sistema dependerán su textura, su sabor y su estabilidad.

El artesanal, nada que ver con el industrial

A diferencia del industrial, la versión artesanal del helado prioriza el uso de ingredientes frescos, de proximidad y de temporada. Además, trabaja con una menor incorporación de aire, una técnica que se conoce como overrun y es imprescindible para dar su textura a este producto.

Por otro lado, presenta una propuesta de sabores más variada y menos estandarizada, con mayor margen para experimentar. Esto ofrece una mayor capacidad de adaptación a la demanda y gustos de la clientela de la zona concreta en la que se comercializa el helado. Algunos ejemplos son el helado de gofio en Canarias, el de horchata en la Comunidad Valenciana o el de gazpacho en Andalucía.

Emulsión de agua, grasa, azúcar, proteínas y aire

Desde el punto de vista químico, el helado es una emulsión aireada y parcialmente congelada. Su fase continua es una solución acuosa de azúcares, sales y proteínas, mientras que la fase dispersa en esa matriz incluye glóbulos de grasa, cristales de hielo y burbujas de aire. Ambas fases son los dos componentes principales de una mezcla de dos o más sustancias que no reaccionan químicamente entre sí. Sus ingredientes más importantes son:

  • Agua: es el componente mayoritario, que cristalizará parcialmente, formando cristales de hielo cuyo tamaño y cantidad deben controlarse para evitar texturas arenosas. Su nivel oscila entre el 40 % en las cremas y el 80 % en los granizados.

  • Grasa: aporta cuerpo, calidez, suavidad y estabilidad a la emulsión. Suele ocupar entre el 8–12 % de los helados artesanales, siendo mayor el porcentaje en los productos considerados de mayor calidad (aunque, por otra parte, cuanta más grasa tengan, más pesado nos resultarán al comerlos).

  • Azúcares: aportan dulzor y permiten regular el punto de congelación. Sus niveles son muy variables, oscilan entre prácticamente el 0 % en los helados sin azúcares añadidos y el 20-22 %.

  • Proteínas: las proteínas en el helado desempeñan funciones clave en la textura, el sabor y la calidad del producto final. Son buenos agentes emulsionantes –ayudan a mezclar dos sustancias que normalmente no se mezclarían entre sí, como el aceite y el agua– y colaboran en lograr una textura suave y cremosa. Las proteínas lácteas contribuyen al sabor característico y al perfil aromático del helado, además de darle valor nutritivo. Sus niveles suelen estar en el intervalo entre el 0 % y el 5 %, aproximadamente.

  • Aire: en helados artesanales, su proporción se limita a alrededor de 30–40 % del volumen, lo que explica su mayor densidad y cremosidad frente a los industriales. A mayor proporción de aire, se obtendrá un helado más ligero.

Diferentes helados en la vitrina de una heladería con sus paletas para echarlos
Vitrina de helado artesano.
Alferubi/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Manos a la obra

El proceso artesanal típico de elaboración va desde la formulación y el mezclado a la pasteurización, la homogeneización, la maduración (4–12 h a 4 °C), la mantecación y el abatimiento.

La pasteurización es un tratamiento térmico que consiste en calentar la mezcla líquida a una temperatura específica (entre 65 °C y 85 °C) durante un tiempo determinado –para eliminar posibles bacterias patógenas– y luego enfriarla. A continuación, durante la homogeneización, se reduce el tamaño de los glóbulos de grasa para lograr una emulsión estable y una textura más uniforme en el producto final.

La maduración consiste en dejar reposar la mezcla líquida a temperaturas de refrigeración durante un mínimo de 4 a 12 horas para hidratar proteínas y estabilizantes.

Después, durante la mantecación, la mezcla se enfría y se bate a entre 4 °C y −4 °C, mientras se incorpora aire y se forman microcristales de hielo. Por último, en el abatimiento, debe enfriarse y congelarse nada más salir de la mantecadora.

Para su conservación, se recomienda alcanzar −18 °C rápidamente para evitar el crecimiento de cristales y mantener la textura cremosa. Un enfriamiento demasiado lento o fluctuaciones de temperatura provocan recristalización, lo que da lugar a helados granulados.

Listo para chuparnos los dedos

La temperatura de servicio ideal está entre −12 °C y −14 °C, donde el helado es suficientemente blando para que podamos percibir su sabor, sin perder su estructura.

Por su parte, la textura perfecta resulta del equilibrio entre diferentes factores. Uno de ellos es el tamaño de los cristales de hielo: cristales pequeños implican una textura más suave; cristales grandes reducen la sensación de suavidad. También es clave la presencia de grasa, que aporta una sensación cremosa.

¿Y de qué sabor es mejor?

Prácticamente cualquier ingrediente puede incorporarse al helado, si se ajusta la formulación para lograr el equilibrio fisicoquímico adecuado. Sin embargo, existen algunas consideraciones importantes a tener en cuenta si queremos conseguir un producto artesanal de calidad:

  • Contenido de agua del ingrediente: los ingredientes muy acuosos (como algunas frutas) requieren ajuste de sólidos (azúcares, fibra, sólidos lácteos) para evitar la aparición de cristales grandes.

  • Grasa y sólidos: formulaciones muy bajas en grasa o sólidos pueden resultar en helados duros o sin cuerpo.

  • pH: ingredientes ácidos pueden desestabilizar proteínas lácteas, provocar coagulación de las mismas y estropear la mezcla.

  • Compuestos volátiles: algunos sabores reducen su intensidad o se modifican con el frío o la pasteurización, por eso requieren ajustes en el momento de adición.

  • El alcohol: es anticongelante, por lo que su presencia ha de ser cuidadosamente controlada y obligará a ajustar el punto de congelación de la mezcla cuidadosamente.

En definitiva, el helado artesanal perfecto es el resultado de combinar un cierto dominio de la fisicoquímica coloidal, el uso de ingredientes de calidad y el control de los procesos de elaboración. Su menor contenido de aire, las materias primas frescas y la flexibilidad en cuanto a la adaptación a las demandas del consumidor lo distinguen del industrial y hacen las delicias de grandes y pequeños, sobre todo, en un pesado día de calor.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. La química del helado perfecto – https://theconversation.com/la-quimica-del-helado-perfecto-290652

¿Debería España limitar el uso de la IA en las aulas? Lo que podemos aprender de otros países

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josefina Ginesta-Martínez, Doctoranda en Ciencias de la Educación, Universidad Católica de Valencia

shutterstock JU.STOCKER/Shutterstock

En noviembre de 2022 apareció ChatGPT. Entonces casi nadie hablaba de inteligencia artificial generativa y pocos se la imaginaban entrando en las aulas. Casi cuatro años después, la pregunta ya no es si el alumnado la usa, sino si debemos ponerle límites, y cómo hacerlo.

La inteligencia artificial llegó a las aulas mucho más rápido de lo que han avanzado las normas para regular su uso. Hoy resulta difícil encontrar un instituto o una universidad donde algún estudiante no la haya utilizado.

Por eso muchos docentes y familias se hacen la misma pregunta: ¿debemos poner límites a la IA o aprender a convivir con ella?

No existe una única respuesta. Basta con mirar qué hacen otros países. Cada uno ha elegido un camino distinto, pero todos intentan responder a la misma pregunta: cómo aprovechar la IA sin poner en riesgo el aprendizaje.

Enseñar a usarla desde primaria

Algunos países, en lugar de poner límites, prefieren enseñar a usar la inteligencia artificial desde la escuela. China es el mejor ejemplo. A través de su plan AI+ Education, se introducirá poco a poco en el currículo, desde primaria hasta la universidad. En los primeros cursos se trabajarán el pensamiento crítico y la resolución de problemas, y más adelante, el aprendizaje será más técnico. Pero esta estrategia no responde a la duda de cómo saber qué ha aprendido un alumno si la inteligencia artificial le ayuda a hacer la tarea.

Algo parecido ocurre en Singapur, donde se considera que saber usar la IA será una habilidad básica. Por eso se forma al profesorado y se anima a los estudiantes a emplearla con sentido crítico. Los responsables educativos introducen la IA desde infantil y recomiendan un uso supervisado según la edad. Los exámenes se realizan en el centro para comprobar qué sabe el alumnado sin ayuda de la herramienta, pero en los trabajos se da más importancia a comprender los contenidos y a desarrollar el pensamiento crítico.




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Chile también apuesta por integrar la IA en la educación básica y media. Este país prepara a futuros docentes para enseñar a los alumnos a usarla de forma crítica y responsable. Además, se fomenta su empleo para crear actividades, evaluar y mejorar la retroalimentación.

Los Emiratos Árabes Unidos han ido un paso más allá de su uso transversal. Allí la IA forma parte obligatoria del currículo desde primaria y se enseña en todas las etapas. Los contenidos se adaptan a la edad del alumnado.

Aunque cada país lo hace a su manera, todos comparten una idea: la IA debe ayudar a aprender, no sustituir el aprendizaje. China y Chile fomentan un uso responsable y el pensamiento crítico; Singapur adapta su utilización a la edad y anima a los alumnos a resolver problemas por sí mismos; y Emiratos Árabes Unidos la enseña dentro del currículo.

Estrategias más cautelosas

Hace unos meses, el Gobierno noruego anunció que el alumnado de primaria no podrá emplear herramientas como ChatGPT en clase. La idea es sencilla: primero hay que aprender a leer, escribir y hacer matemáticas. Después llegará el momento de recurrir a la IA.

Eso no quiere decir que el país esté en contra de la inteligencia artificial. En secundaria podrá usarse con ayuda del profesorado. En bachillerato, además, los estudiantes aprenderán a utilizarla con sentido crítico para la universidad y el trabajo.




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Pero Noruega es una excepción. La mayoría de los países han optado por no limitar estas herramientas; lo que se está haciendo es fijar normas para usarlas bien. Italia es uno de esos casos: sus recomendaciones ayudan a adaptar la enseñanza y la evaluación.

La opinión de los expertos

Organismos transnacionales como la UNESCO y la OCDE lanzan un mensaje muy parecido: ninguno de los dos apuesta por prohibirla, pero tampoco dejarla sin normas.

Por eso insisten en formar a los docentes y adaptar la IA a la edad del alumnado. En las primeras etapas se usan herramientas y tareas sencillas. En cursos superiores, las actividades pueden ser mas complejas. También se enseña a los alumnos a comprobar la información, detectar errores y entender que la IA también puede equivocarse.

La situación en España

España, por ahora, sigue un camino parecido al de la mayoría de los países europeos. No ha prohibido la inteligencia artificial en las aulas. En lugar de eso, varias comunidades autónomas y el Ministerio de Educación ya publican recomendaciones y ofrecen formación a través del INTEF. Estas pautas buscan un uso seguro y responsable de la IA. También incluyen la supervisión del profesorado, la protección de la privacidad y el pensamiento crítico del alumnado.

Además, el nuevo Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act) marca unas reglas comunes para todos los países de la Unión Europea. Por ejemplo, algunos sistemas de IA usados en educación deben cumplir requisitos de seguridad y contar con supervisión humana. Estas normas también afectarán al uso de la IA en las aulas.

No dejar de pensar

La IA ya está en la escuela y ha llegado para quedarse. Ignorarla no hará que desaparezca, pero usarla sin criterio tampoco parece la mejor opción.

Al comparar las decisiones adoptadas por los distintos países, podemos ver que ninguno de ellos ha optado realmente por prohibirla. Más bien, las diferencias están en cómo y cuándo introducirla.




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La historia demuestra que cada nueva tecnología provoca el mismo debate. Ocurrió no solo con internet, sino también con las calculadoras y los teléfonos móviles. La diferencia es que ahora la tecnología avanza mucho más deprisa.

El reto es enseñar a usar la IA sin dejar de pensar. Porque aprender nunca ha consistido solo en encontrar respuestas: también consiste en comprenderlas, cuestionarlas y saber que hacer con ellas. Y esa sigue siendo una tarea que ninguna inteligencia artificial puede hacer por nosotros.


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