“Caso Balogun”: el indulto pedido por Trump y concedido por la FIFA se ajusta al derecho deportivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ramón Liébana Ortiz, Profesor Titular de Derecho Procesal, Facultad de Derecho, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Victor Velter/SHutterstock

El futbolista estadounidense Folarin Balogun fue expulsado por tarjeta roja directa durante la eliminatoria de dieciseisavos contra Bosnia-Herzegovina del Mundial 2026. La expulsión fue efectiva después de que el árbitro, avisado por el VAR, considerase una acción imprudente el pisotón del delantero estadounidense al bosnio Tarik Muharemovic.

La polémica estalló cuando la FIFA levantó la tarjeta roja a Balogun, permitiéndole disputar el siguiente encuentro de octavos de final con su selección. Y arreció cuando el Presidente Trump confirmó en una conferencia de prensa en el Despacho Oval que había llamado a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para pedirle la revisión de la sanción.

Por su parte, el Presidente de la FIFA, que también reconoció dicha conversación, ha defendido la autonomía de los órganos judiciales de la FIFA, “pues su independencia es esencial para la credibilidad e integridad del fútbol”.

Cabe preguntarse: ¿está arbitrando la Casa Blanca el mundial de fútbol? La respuesta es no. Desde la perspectiva de la justicia deportiva, el procedimiento cumple la normativa de la FIFA. Esta prevé la posibilidad de levantar una sanción tan grave como una tarjeta roja cuando así se estime oportuno. Es más, existen algunos ejemplos cercanos en el tiempo y otros idénticos a este. Cuestión distinta es si resulta estético y qué impacto pueda llegar a tener en la competición.

¿Se ha aplicado correctamente la normativa FIFA?

De acuerdo con el artículo 7.1 del Reglamento de la Copa Mundial de la FIFA 26, las infracciones disciplinarias se tratarán según estipule el Código Disciplinario de la FIFA vigente. Por su parte, el artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA, en vigor desde 2023, habilita a los órganos judiciales “a suspender total o parcialmente la aplicación de una medida disciplinaria”, sometiendo “al sancionado a un periodo de prueba, con una duración de entre uno y cuatro años”. Además, el artículo 25.1 del Código establece que los órganos judiciales “determinan el tipo y la extensión de las medidas disciplinarias que proceda imponer”.

¿Cómo funciona la justicia en el Mundial de Futbol?

En el “indulto a Balogun” lo que ha ocurrido es que la Comisión Disciplinaria de la FIFA, en función de los elementos objetivos y subjetivos de la infracción, ha considerado oportuna la suspensión de la sanción de un partido. La ejecución queda así pospuesta “a prueba” durante un año.

Por esta razón, el futbolista estadounidense pudo disputar el partido que enfrentó a su selección contra Bélgica correspondiente a la ronda de octavos de final, donde fue eliminada.

El recurso contra la decisión de levantar la tarjeta roja a Folarin Balogun y, por tanto, de permitirle disputar el encuentro contra Bélgica, tan sólo podría haberse combatido, una vez agotadas todas las vías de recurso de la FIFA, solicitando un arbitraje ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) conforme al Código de Arbitraje en Materia Deportiva del TAS

El Tribunal de Arbitraje Deportivo ha establecido una cámara ad hoc que estará vigente del 11 de junio al 19 de julio de 2026, y que garantiza la resolución rápida e independiente de los recursos contra las decisiones de la FIFA relacionadas con el torneo. Dicha instancia ofrece procedimientos de arbitraje acelerados para los casos susceptibles de apelación ante el TAS. Esta fórmula viene funcionando con éxito en todas las citas olímpicas desde los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

https://theconversation.com/como-funciona-la-justicia-olimpica-165508

¿Es el indulto a Folarin Balogun un caso único?

Existen muchos otros casos similares en la historia del los mundiales de fútbol.

Cristiano Ronaldo fue expulsado, tras propinarle un codazo al irlandés O’Shea, en el encuentro de fase de grupos del Mundial 2026, que enfrentó a Portugal con Irlanda el 13 de noviembre de 2025. El artículo 14.1.i) del Código Disciplinario de la FIFA establece que, en casos de agresión (codazos, puñetazos, patadas o mordiscos, escupir o golpear a un adversario), la sanción mínima debe ser de tres partidos.

Sin embargo, la Comisión de Disciplina de la FIFA, aunque mantuvo el partido de suspensión ya cumplido, dejó en suspenso los otros dos partidos reglamentarios de sanción en función del comportamiento del luso, teniendo en cuenta que Cristiano Ronaldo no tenía antecedentes disciplinarios en sus 225 apariciones internacionales previas. Con ello se permitió que la estrella de la selección lusa pudiera participar en todos los partidos de la fase final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, hasta que finalmente su selección perdió en octavos de final contra la de España.

Pero la historia del fútbol ha visto muchos más casos de jugadores sancionados con tarjeta roja que terminaron disputando el Mundial. El defensa francés Laurent Koscielny y el croata Mario Mandžukić en 2014, el centrocampista neerlandés Phillip Cocu en 2006, el japonés Makoto Hasebe en 2010 y Mané Garrincha en 1962 recibieron un trato similar.

El caso de Mané Garrincha, la gran estrella de Brasil en ese mundial tras la lesión de Pelé, es paradigmático. Ante una patada por detrás a un futbolista chileno, el juez de línea avisó al árbitro del partido, que expulsó al extremo brasileño en la semifinal de la Copa del Mundo de Chile 1962.

La participación en la final del Mundial del mejor jugador brasileño se convirtió en una cuestión de Estado. Hasta el presidente de Brasil, Joao Goulart, envió un telegrama al de la FIFA, el británico Stanley Rous, para pedir el indulto de un jugador ejemplar.

Aunque no se pudo aplicar la normativa actualmente vigente (no es que no existiera un Código de Disciplinario, es que ni siquiera existían las tarjetas rojas o amarillas, que se implementaron en el Mundial de México 1970), Mané Garrincha no fue suspendido puesto que el juez de línea no se presentó a ratificar su versión ante el Comité Disciplinario de la FIFA. Garrincha jugó la final de 1962 que Brasil ganó 3-1 a Checoslovaquia.

The Conversation

Juan Ramón Liébana Ortiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. “Caso Balogun”: el indulto pedido por Trump y concedido por la FIFA se ajusta al derecho deportivo – https://theconversation.com/caso-balogun-el-indulto-pedido-por-trump-y-concedido-por-la-fifa-se-ajusta-al-derecho-deportivo-286997

Marga Sánchez Romero, arqueóloga: “Hemos sublimado la guerra y blanqueado la violencia para alcanzar objetivos geopolíticos”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

Marga Sánchez Romero ​es catedrática de prehistoria y vicerrectora de Extensión Universitaria, Patrimonio y Relaciones Institucionales de la Universidad de Granada.

“Si todos los conflictos se hubieran resuelto con guerras, ya nos habríamos extinguido”, advierte Marga Sánchez Romero, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Granada y una de las voces más lúcidas del revisionismo arqueológico actual.

Para la investigadora, la tesis de que los seres humanos somos violentos por naturaleza —la violencia inherente— no es más que una “metanarrativa”: un sesgo probélico que los medios de comunicación alimentan desde el siglo XIX y la academia contribuyó a popularizar.

“Nos exhiben la guerra como un videojuego”, afirma la experta ante los vídeos de ataques con drones que acumulan millones de visitas en internet.

Frente a la espectacularización de la masacre, Sánchez Romero reivindica el dato:“Las poblaciones pacíficas e igualitarias ganan por goleada abrumadora en la historia de la humanidad. Asumimos la idea de que la guerra es un motor de la historia, se blanquea desde quienes vencen porque se consiguen objetivos, aunque si hablamos de violencia deberíamos entender que una de las principales causas del sufrimiento humano es la lenta y silenciosa implantación de la desigualdad social, una forma de violencia estructural que hoy seguimos replicando y aceptando”.

Guerra. La historia de la humanidad la contamos de guerra en guerra. ¿De verdad no es algo innato?

Así es, los libros de historia se escriben de guerra en guerra, como si no hubiera otra cosa. Hay que empezar preguntándonos a qué llamamos guerra; ya no solo porque el uso histórico de lo que significa en cada periodo es francamente diferente, sino porque las definiciones pareciera que igualan a los grupos o naciones contrincantes. Pero, ¿se le puede llamar guerra a lo que pasa en Irán o a lo que sigue sufriendo Palestina? Hemos globalizado demasiado el término. Yo no sé si lo que ocurre en Palestina es una guerra o, más bien, una confrontación asimétrica de unos que pueden y que pretenden aniquilar a otros que, simplemente, no tienen capacidad de defenderse.

Cuando hablamos de relaciones humanas, deberíamos hablar de conflicto. El conflicto sí es inherente a nuestra especie: tú tienes unos intereses, yo tengo otros y chocamos. Ese conflicto se puede resolver de forma violenta, pacífica o a través de una violencia que no es física, sino estructural. La guerra es solo una estrategia entre otras para solventar un elemento, pero no es un rasgo innato, ni desde luego la única alternativa.

¿La mayor parte de los conflictos de la historia se han resuelto por vías ajenas a la guerra?

Sí, rotundamente. Ojo, esto no significa que sean soluciones perfectas. Resolver un conflicto de forma pacífica puede ser complejísimo: a veces funciona la diplomacia que usa el diálogo y la negociación, y otras veces simplemente alguien termina cediendo. Una parte acepta ciertas condiciones abusivas porque sabe que está en una posición de debilidad, lo cual sigue siendo violencia estructural. Pero la historia demuestra que ha habido infinidad de conflictos resueltos por la vía pacífica o con niveles de violencia física ínfimos.

¿No arrastramos guerras desde el origen de los tiempos?

Las guerras comienzan cuando aparece la desigualdad y existe competencia por los recursos. Durante mucho tiempo se ha situado este momento en Europa en la Edad del Bronce, cuando empiezan a aparecer evidencias arqueológicas relacionadas con prácticas violentas: las primeras armas y estructuras defensivas y la aparición de guerreros. Pero también aquí tenemos que acabar con mitos. ¿Cuándo surgen los ejércitos reales? Hay sociedades de las que se ha hablado muy alegremente como “sociedades Estado”, con ejércitos permanentes, y no lo son.

¿Como las de El Argar?

Las sociedades argáricas (Edad del Bronce en el sudeste de la península ibérica, entre el 2200 y el 1550 a e c) se han categorizado muchas veces como sociedades Estado entre otras razones porque parecía que tenían un cuerpo de guerreros. Sin embargo, analizas la cultura material y los datos no cuadran. Se han excavado miles de sepulturas en El Argar y solo tenemos 76 alabardas y 14 espadas en 700 años de historia. ¿Se puede considerar eso un cuerpo militar institucionalizado? Yo creo que no. Y además, solo en unos pocos casos se han documentado muescas o roturas compatibles con su utilización en enfrentamientos. Tampoco vemos las huellas de esa violencia en huesos humanos encontrados en las sepulturas. En este caso, las armas son objetos de representación, símbolos de estatus. Lo que había allí era violencia estructural.

¿Al hablar de violencia estructural está hablando de clases sociales?

Es el ejercicio de la desigualdad por parte de los que ostentan el poder frente a los que no. Las clases sociales son una forma de violencia estructural que perpetuamos hasta la actualidad. Vivimos en un mundo donde las desigualdades se manifiestan en la diferencia en los derechos y en el acceso a los recursos. Esta violencia no es física, y en muchas ocasiones sustituye a la agresión directa para evitar la extinción mutua.

En arqueología, una de las pruebas de la violencia estructural son los ajuares funerarios. Ver que alguien se entierra con una diadema de oro y otra persona lo hace con el cuerpo completamente desgastado por la artrosis y el trabajo duro, sin ningún tipo de ofrenda, es violencia estructural.

El establecimiento de clases sociales es una manera de solucionar el conflicto sin violencia física: “no te mato (porque además necesito tu fuerza de trabajo o tus habilidades para seguir manteniendo mi posición), pero no tienes los mismos derechos que yo”.

Cuando eres capaz de controlar el discurso de la desigualdad, algo que pasa mucho ahora, es porque en muchas ocasiones quienes se encuentran en posiciones más vulnerables han asimilado esa subordinación, han entendido que la desigualdad es la buena solución.

Las armas monopolizan la atención. En los museos y en los medios, encontrar una espada antigua parece el mayor trofeo arqueológico.

Porque la historia y la arqueología que heredamos del siglo XIX se construyeron erigiendo a la guerra como el único motor del cambio histórico. Hemos sublimado la guerra y blanqueado la violencia porque nos sirve para justificar objetivos geopolíticos, también actuales. Además, las armas tienen una ventaja museográfica: son atractivas y perfectamente identificables. En un museo te exponen quince espadas porque resultan espectaculares, pero a lo mejor te ocultan miles de vasijas cerámicas que explicarían muchísimo mejor la vida cotidiana de esa sociedad. Verás una punta de flecha y sabrás lo que es; al lado verás una piedra tosca etiquetada como “raedera” y pasarás de largo, sin saber que era un útil fundamental para preparar las pieles de animales y fabricar útiles, por ejemplo, para combatir el frío. Priorizamos lo bélico sobre lo cotidiano.

Si encuentras un enterramiento del Paleolítico de hace 15 000 años con diez individuos que muestran traumatismos craneales o cortes, eso será portada en todo el mundo. En cambio, una necrópolis con 500 personas donde ninguna presente pruebas de violencia física, jamás será noticia. Elevamos la excepción a la norma.

¿Es lo que ocurrió, por ejemplo, con los hallazgos de canibalismo en Atapuerca?

Incluso fenómenos como el canibalismo se han interpretado de forma sesgada. ¿Es siempre una forma de violencia física? No lo podemos asegurar; podría ser un ritual de reconocimiento o una forma de asumir a los ancestros, una cuestión gastronómica o de supervivencia y también, sí, una estrategia violenta. En Atapuerca se explica que no contamos con todas las evidencias necesarias para vincularlo con un contexto conductual específico, y es razonable: como científica quiero tener pruebas arqueológicas fehacientes antes de crear metanarrativas que normalmente coincidirán con prejuicios actuales de nuestra sociedad.

En su libro Lo que el cuerpo nos cuenta (Ed. Destino) narra dos episodios extremadamente violentos, uno en la Cueva del Trocs (Pirineo oscense) y otra en La Hoya (Laguardia, Álava).

Por supuesto que hay episodios violentos indiscutibles en la prehistoria, en la Cueva del Trocs, en el Neolítico (con restos de personas ejecutadas con flechas hace unos 7 300 años) o los yacimientos de la Edad del Hierro en el norte de España como La La Hoya, un poblado de la Edad del Hierro que llegó a acoger en algún momento hasta a 1 500 personas. Se han encontrado restos de 9 personas con amputaciones brutales. Yo no niego la violencia, sería absurdo hacerlo, pero la clave está en el porcentaje: la excepción no hace la norma.

En los años 90 hubo un boom de publicaciones académicas sobre la guerra en la prehistoria. ¿A qué respondió esa tendencia?

Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa vivió un periodo de paz idílica y las guerras se veían como algo exótico y lejano. Pero en los 90 estalló la guerra de los Balcanes, en pleno corazón europeo. Fue un conflicto cruento, televisado y doloroso. Ante el trauma de ver que la barbarie regresaba a casa, la reacción colectiva fue exculpatoria: “Es que somos violentos por naturaleza”. Se acudió a la prehistoria a buscar esos signos para justificar que no es culpa nuestra, que estamos programados así desde los orígenes y que tenemos que aceptarlo.

Pero eso es científicamente falso. Si comparamos cuantitativamente el número de fosas con heridas de lucha cuerpo a cuerpo frente a la inmensa cantidad de personas enterradas sin ningún tipo de violencia física, esta última gana por una goleada abrumadora. Que no haya marcas de guerra no significa que fuesen sociedades idílicas, sino que resolvían sus tensiones mediante mecanismos estructurales o de negociación.

En ese largo periodo que es el Paleolítico, ¿las poblaciones eran realmente igualitarias?

Sí, lo eran. Hay que entender que la diferencia no es lo mismo que la desigualdad. Se podía tener mayor habilidad para cazar, pintar o curar, pero eso no creaba sociedades jerárquicas ni coercitivas. La desigualdad comenzó más tarde, cuando la acumulación y el control de los recursos empezaron a generar competencia y exclusión.

Otra idea firmemente asentada es que la guerra es un asunto exclusivamente masculino. ¿Qué dice la arqueología de género al respecto?

Se ha negado sistemáticamente la presencia de las mujeres en la guerra, y es una falacia histórica. No solo sostuvieron la economía en la retaguardia, sino que estuvieron en primera línea de combate.

Un buen ejemplos son los enterramientos (kurganes) de hace unos 2500 años en el territorio de la actual Ucrania, donde se han encontrado tumbas de adolescentes de unos 13 años enterradas con todo el pertrecho militar y con traumatismos óseos que demuestran que murieron combatiendo. Al analizar las sepulturas de guerreros de esa zona ¡hasta el 20 % son mujeres! No es un caso aislado, es un porcentaje altísimo. Lo que ocurre es que en las narraciones épicas hay mucha propaganda. Así, nadie que gane una batalla dice que derrotó a 17 personas: dirá que derrotó a 1 500.

La guerra real no es la épica del combate, sino las poblaciones refugiadas, desplazadas, gentes despojadas de todo. Tras la victoria romana en la batalla de Baecula, a principios del año 208 a. e. c. la realidad no fue el triunfo glorioso de los generales, sino cientos de civiles huyendo desterrados de sus casas.

Llevando esto al presente: hoy los telediarios nos muestran ataques de drones masivos que casi parecen fuegos artificiales, pero se evita enseñar la crudeza de los cadáveres. ¿Nos hace esto percibir la guerra casi como un videojuego?

Totalmente, nos muestran la guerra como un videojuego. Romantizamos la guerra porque nos la muestran limpia. Censurar las imágenes de los cadáveres en televisión no se hace por respeto a los muertos; se hace para protegernos a nosotros, para evitar que suframos un desasosiego tremendo en la comodidad de nuestro sofá mientras cenamos. Si hay una guerra, deberíamos ver toda su crudeza, porque a los que ya están muertos les da igual si los miras o no; ellos lo que querían era seguir vivos. Ver la realidad nos obligaría a asumir las consecuencias de un conflicto. Al ocultarlo, protegemos nuestro propio bienestar psicológico y convertimos la tragedia humana en una feria tecnológica.

Lo que más me cabrea es que, para justificar el uso de la guerra hoy en día por puros intereses económicos, volvamos a mirar a la prehistoria para repetir falsamente: “No se preocupen, la violencia es inherente a la especie humana”. Y eso es mentira.

The Conversation

ref. Marga Sánchez Romero, arqueóloga: “Hemos sublimado la guerra y blanqueado la violencia para alcanzar objetivos geopolíticos” – https://theconversation.com/marga-sanchez-romero-arqueologa-hemos-sublimado-la-guerra-y-blanqueado-la-violencia-para-alcanzar-objetivos-geopoliticos-286292

¿Tienen micotoxinas mis macarrones?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Natalia Martínez Reyes, Colaborador honorífico del Departamento de Biología Molecular, Universidad de León

La pasta, el pan, los cereales y la cerveza podrían albergar cantidades peligrosas de micotoxinas de hongos, si no fuera por los controles de calidad en el mercado de la alimentación. Kikofotografia/Pixabay

Si se va a hacer unos macarrones y resulta que le ha salido moho al queso que iba a usar, seguramente piense en cambiar de receta. Haría bien. Algunos mohos pueden producir micotoxinas. Pero ¿y si estas sustancias nocivas para la salud estuvieran en los macarrones?

Las micotoxinas son comunes en cereales y otros alimentos, como los frutos secos, especias y café. Pueden originarse mientras crece la planta y durante su almacenamiento, si hay humedad y calor. Por suerte, los controles sanitarios a los que se someten estos cultivos antes de llegar a nuestra mesa nos protegen de este problema, marcando límites máximos de micotoxinas en los alimentos.

Un enemigo invisible

El daño puede ser doble. Hay hongos, como algunas especies de Fusarium, que, además de hacer enfermar a las plantas, reduciendo su producción, pueden contaminarlas con diferentes tipos de micotoxinas que se ingieren con su consumo posterior.

Por desgracia, no podemos detectarlas por el aspecto ni el olor o sabor del alimento. Se necesitan análisis químicos muy sofisticados. Además, muchas son muy resistentes y no desaparecen al cocinar.

En total, se conocen más de 300 micotoxinas, aunque las más peligrosas pueden acotarse a doce. Sus efectos tóxicos son muy variados.

Algunas, como el desoxinivalenol, pueden causar daños gastrointestinales muy graves y alterar el sistema inmunológico. Otras, pueden inducir cáncer, como las aflatoxinas. Otro ejemplo son los alcaloides del ergot o cornezuelo del centeno, que pueden ser alucinógenos y causar gangrena.

¿Cómo evitamos estas peligrosas sustancias?

Dada su importancia, la prevención de la contaminación por micotoxinas ha sido ampliamente estudiada y regulada. Empieza mucho antes de que el alimento llegue al consumidor: en el cultivo, el almacenamiento y la transformación industrial.

En España, la legislación europea establece límites máximos seguros: si alguna toxina sobrepasa ese límite, el alimento no puede venderse.

Como prevención, es importante controlar la salud de los cultivos, con prácticas como labrar el suelo, usar semillas certificadas y emplear adecuadamente los fitosanitarios, productos químicos usados para proteger los cultivos de plagas y enfermedades.

Infografía sobre la contaminación por micotoxinas. En la parte superior, se muestran dos fuentes de contaminación:
Infografía sobre la contaminación por micotoxinas en cereales y las principales medidas de protección: buenas prácticas agrícolas, control de temperatura y humedad durante el almacenamiento, muestreo y análisis, y regulación alimentaria.
Natalia Martínez Reyes, CC BY-SA

Estos se emplean de forma habitual en sistemas agrícolas intensivos con condiciones climáticas favorables para los hongos, para reducir pérdidas de cosecha y proteger la cadena alimentaria.

En términos de salud pública, esta función es muy relevante. Si los hongos no pueden infectar la planta, no producirán micotoxinas.

Riesgos de los pesticidas

Sin embargo, el uso de fitosanitarios puede crear riesgos para el suelo, la calidad de las aguas, la biodiversidad e, incluso, la salud humana.

Por ello, la Unión Europea fomenta el uso de métodos naturales y no químicos, mediante la Política Agraria Común (la PAC).

Uno de estos métodos es el empleo de agentes de control biológico: consiste en usar a los enemigos naturales de los organismos perjudiciales a nuestro favor.

Una batalla microscópica

Un gran ejemplo es el uso de Trichoderma, un hongo con un característico color verde que puede mejorar la salud de las plantas y frenar a los productores de micotoxinas.

Puede parecer paradójico que un hongo nos ayude a controlar a otro, pero esa idea resume muy bien uno de los principios más fascinantes de la ecología microbiana: en la naturaleza, los microorganismos compiten, se inhiben y se equilibran entre sí.

Microbioma del suelo, un equilibrio beneficioso

En el suelo y sobre la planta, conviven bacterias, hongos beneficiosos y hongos patógenos. Algunos hongos y bacterias se entremezclan con las células de las raíces de las plantas en una relación simbiótica, beneficiosa para ambos. Otros atacan a las plantas y también pueden atacarse entre sí.

Estos microorganismos ocupan espacio y consumen nutrientes, pero pueden producir sustancias que les dan ventaja frente a los demás, como ocurre con los antibióticos y los compuestos antifúngicos que usamos en medicina.

En un gramo de suelo, hay millones de microorganismos diferentes. Si eliminamos a una gran parte, dejarán de cumplir su función. Dejarán un espacio que puede ser ocupado por un hongo productor de micotoxinas.

Hacia una agricultura más sostenible

En este escenario, el campo no es una simple fábrica donde entran semillas, fertilizante y agua y sale un producto. Se trata de un ecosistema complejo del que cada día aprendemos más.

Hay que comprender el microbioma del suelo y de la planta. Es decir, la comunidad de microorganismos que interactúa con los cultivos en cada momento. Un suelo vivo y diverso puede ofrecer más resistencia frente a la invasión de hongos problemáticos.

En este escenario, el control biológico es prometedor, pero no sustituye a las demás medidas. Requiere investigación, selección de cepas eficaces, evaluación de su seguridad, adaptación a cada cultivo y a cada región. Es una herramienta más dentro de la gestión integrada de los cultivos.

Por eso, la discusión sobre los pesticidas no debería plantearse en términos de todo o nada. La clave es combinar las herramientas que tenemos para garantizar alimentos seguros y minimizar el impacto ambiental. Se debe reducir la dependencia de los fitosanitarios de síntesis cuando existan alternativas eficaces, sin olvidar que la protección del alimento es prioritaria.

Como apuntábamos al principio del artículo, la buena noticia es que las micotoxinas en los macarrones no son un problema que tengamos que resolver solos en nuestra casa. Para eso existen controles, legislación y mucha investigación detrás de cada cereal que llega al supermercado.

La mala noticia es que el queso con moho de la nevera sigue siendo cosa de cada uno.

The Conversation

Natalia Martínez Reyes ha recibido fondos de la Junta de Castilla y León y el Fondo Social Europeo para realizar investigaciones sobre el uso de agentes de biocontrol en cultivos, y del Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Estatal de Investigación para investigar sobre el uso de bacterias para degradar micotoxinas.

Rosa Elena Cardoza Silva recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación. Miembro del equipo investigador del Proyecto “Aislamiento de cepas bacterianas capaces de de-epoxidar trichotecenos a partir de cultivos de judía y lúpulo colonizados por cepas de Trichoderma productora de estas micotoxinas”, TRICHODETOX. 2022-2025

This work was supported in a part of the Spanish I + D + i Grant PID2021-123874O-I00, financed by the MCIN/AEI/https:// doi.org/https://doi.org/10.13039/501100011033, for Santiago Gutiérrez, Natalia Martínez and Rosa E. Cardoza

ref. ¿Tienen micotoxinas mis macarrones? – https://theconversation.com/tienen-micotoxinas-mis-macarrones-283705

¿Podrían ayudar las estatinas a mantener a raya el alzhéimer?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucrecia Moreno Royo, Catedrática de Universidad, Universidad CEU Cardenal Herrera

pimpampix/Shutterstock

Aunque la causa de la enfermedad de Alzheimer aún se ignora, existen varios factores de riesgo conocidos. Uno de ellos es tener niveles elevados de colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”) durante la mediana edad, un factor modificable que se ha asociado a mayores posibilidades de desarrollar una demencia.

Las estatinas constituyen uno de los tratamientos más prescritos en todo el mundo para reducir el colesterol-LDL, y lo consiguen bloqueando la enzima responsable de su síntesis en el hígado (HMG-CoA reductasa). Numerosos ensayos clínicos han evidenciado que estos fármacos reducen de forma significativa el riesgo de infarto de miocardio, ictus y muerte de origen cardiovascular, tanto en personas con enfermedad cardiovascular previa como en aquellas con un riesgo elevado de desarrollarla.

Sin embargo, cuando trasladamos la cuestión al cerebro, la respuesta deja de ser tan sencilla. El metabolismo del colesterol cerebral es muy diferente al del resto del organismo, lo que ha generado un intenso debate sobre si este medicamento puede influir, de forma beneficiosa o perjudicial, en dolencias neurodegenerativas como el alzhéimer.

El imprescindible papel del colesterol en el cerebro

El cerebro representa solo el 2 % del peso de nuestro cuerpo, pero contiene la cuarta parte del colesterol total del organismo. La mayor parte se sintetiza localmente en el propio sistema nervioso y está protegido por la llamada barrera hematoencefálica. Ese lípido es esencial para la formación y mantenimiento de las membranas neuronales, la sinapsis (el punto de conexión que permite que las neuronas se comuniquen entre sí), la mielinización de los axones (la capa protectora que protege la prolongación de las neuronas) y, en general, para el desarrollo y funcionamiento normal del sistema nervioso. Sin el colesterol, el cerebro no podría funcionar correctamente.

Por eso, la relación entre colesterol sanguíneo, salud cerebral y deterioro cognitivo es mucho más compleja de lo que solemos pensar. Como apuntábamos más arriba, diversos estudios indican que niveles elevados durante la mediana edad están asociados con mayores posibilidades de padecer demencia décadas después. De hecho, la Comisión Lancet sobre prevención de la demencia incorporó recientemente el colesterol LDL elevado como uno de los 14 factores de riesgo modificables sobre los que merece la pena actuar. Según esta comisión de expertos, el 45 % de los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse si se controlaran esos condicionantes.

Y aquí entrarían en escena las estatinas. Porque además de reducir el colesterol, poseen efectos antiinflamatorios y antioxidantes que podrían tener interés en enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, los resultados de las investigaciones realizadas hasta la fecha han sido contradictorios.

Teniendo todo esto en cuenta, nuestro equipo de investigación se preguntó: ¿qué ocurriría si inhibimos la síntesis de colesterol en el cerebro?

Lo que observamos en miles de pacientes

Con el objetivo de explorar la cuestión analizamos datos de más de 47 000 pacientes mayores con factores de riesgo cardiovascular. Nuestros resultados sugieren que las estatinas hidrofílicas (aquellas que por su naturaleza no pueden atravesar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro) podrían asociarse con una menor utilización de medicamentos para el alzhéimer que las estatinas lipofílicas (que sí atraviesan dicha barrera), lo cual sugiere que las primeras podrían tener un efecto protector.




Leer más:
Reparar la barrera cerebral: ¿una nueva vía para frenar el alzhéimer?


Asimismo, observamos diferencias entre los diferentes principios activos concretos: la rosuvastatina (estatina hidrofílicas de potencia alta) y pitavastatina (estatina lipofílica de potencia baja) mostraron asociaciones más favorables en comparación con atorvastatina (estatina lipofílica de alta potencia).

Modalidades de estatinas.

¿Qué significan estos resultados?

Es importante subrayar que nuestros hallazgos no demuestran que una estatina prevenga el alzhéimer ni que otra lo favorezca. Los estudios observacionales permiten detectar asociaciones, pero no establecer relaciones de causa y efecto. Además, las personas que reciben distintos tratamientos pueden diferir en edad, factores de riesgo cardiovascular, comorbilidades o gravedad de la enfermedad.

Por ello, estos resultados deben interpretarse como una nueva hipótesis de investigación. Aunque mantener el colesterol LDL dentro de los niveles recomendados sigue siendo fundamental, nuestro trabajo sugiere que las características farmacológicas de las estatinas, especialmente su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica, podrían influir en la salud cerebral.

El objetivo no es solo proteger el corazón, sino hacerlo sin comprometer los mecanismos que permiten mantener un cerebro sano durante el envejecimiento.

The Conversation

Lucrecia Moreno Royo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Podrían ayudar las estatinas a mantener a raya el alzhéimer? – https://theconversation.com/podrian-ayudar-las-estatinas-a-mantener-a-raya-el-alzheimer-286168

¿Ajustan sus cuentas las empresas del sector de la defensa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Callado Muñoz, Profesor Titular de Universidad. Departamento de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de Alicante

En un contexto en el que las tensiones globales y la seguridad nacional ocupan el centro del debate político, la industria de defensa ha pasado a primer plano. Para los países de la Alianza Atlántica (OTAN), cuya cumbre 2026 se celebra estos días en Ankara (Turquía), lleva siendo objeto de discusión el aumento del gasto militar hasta el 5 % del PIB que intenta impulsar Estados Unidos.

Es un hecho que las cifras crecen: en 2025, el gasto en defensa a nivel global fue de casi 3 billones de dólares en 2025, un aumento del 2,9 % con respecto a 2024.

La UE se rearma

En la UE, el plan ReArmar Europa / Preparación 2030, lanzado en marzo de 2025, busca movilizar cerca de 800 000 millones de euros en los próximos cuatro años para fortalecer la seguridad europea.

Este aumento del gasto militar, e iniciativas como el documento Libro blanco para la defensa europea o la simplificación de los procesos de preparación en defensa, favorecen el crecimiento de la industria armamentística de la región.

Todos estos factores han incrementado el interés por el funcionamiento y los resultados del sector en los países europeos.

Vender una imagen

En un estudio reciente hemos analizado la gestión de resultados (contabilidad creativa, maquillaje contable o earnings management) en empresas de defensa españolas entre 2011 y 2020. Nuestra intención era determinar si dichas empresas buscan proyectar, a través de sus informes financieros, una imagen determinada tanto al Estado español (su principal cliente) como a los inversores y la sociedad.

La gestión de resultados engloba prácticas contables y decisiones cuyo objetivo es presentar una cifra de resultados distinta de la real, ya sea con fines estratégicos o informativos. Estas prácticas no implican desviarse de la normativa ni incurrir en fraude, pues la normativa contable permite cierta discrecionalidad de la que las empresas pueden valerse para dirigir sus resultados.

Cuando las empresas utilizan estos ajustes, la calidad de la información financiera puede verse disminuida, lo que puede dificultar su interpretación correcta por parte de las partes interesadas (opinión pública, prestamistas, inversores, clientes).

Al diferenciar entre proveedores de defensa actuales, proveedores potenciales y empresas no relacionadas con la defensa, demostramos que la gestión de resultados contables aparece en años con ventas en el sector de la defensa.

Contratación en defensa y gestión de resultados

En concreto, Nuestro análisis muestra que las empresas que dependen fuertemente de los contratos de defensa emplean estrategias diferentes según su situación particular.

De un lado, las compañías con restricciones financieras –por ejemplo, con poca liquidez o un endeudamiento elevado– tienden a ajustar sus resultados al alza para proyectar una imagen de solvencia. Esto es relevante porque, según la legislación española, las empresas pueden ser excluidas de las licitaciones públicas si están en riesgo de insolvencia o quiebra. Al intentar parecer más rentables y estables de lo que realmente son, estas compañías buscan mejorar la percepción del Estado sobre su solidez financiera para asegurarse contratos futuros.

Por otro lado, las empresas más rentables suelen gestionar sus resultados a la baja para parecer menos exitosas. Así, reducen estratégicamente sus beneficios contables para disminuir su visibilidad y evitar costes políticos: el escrutinio de los medios de comunicación y los grupos de presión antimilitaristas, o que el Estado exija condiciones económicas más estrictas en contratos posteriores a estas empresas.

Empresas que no venden al Estado

Aplicar el mismo análisis en compañías que nunca han obtenido contratos en el sector de la defensa muestra que estas últimas gestionan menos sus resultados. Esto sugiere que las empresas hacen gestión de resultados, sobre todo, cuando facturan a la Administración pública.

En los países desarrollados, tener al Estado como cliente implica un menor riesgo, pues la posibilidad de impago es mínima y los contratos suelen ser duraderos. Por ello, las empresas buscan mantener estas relaciones para mejorar su rentabilidad y acceder a financiación en mejores condiciones.

Sin embargo, nuestro resultado contrasta con los de investigaciones similares realizadas en Estados Unidos, donde los contratos gubernamentales mejoran la calidad de la información financiera. No obstante, hay que tener en cuenta que los trabajos sobre gestión del resultado y contratación pública centrados en EE. UU. analizan contratos públicos de adquisición en distintos sectores y no solo en el de la defensa.

¿Por qué esa diferencia?

Dos razones pueden explicar estas diferencias:

  1. Las particularidades del sector de la defensa, que se caracteriza por la complejidad de sus productos. Además, en el caso de las empresas españolas, el ministerio es su principal, y en algunos casos único, cliente. Esto incrementa los incentivos para que actúen estratégicamente y ajusten sus resultados para conseguir o mantener un contrato.

  2. La distinta capacidad de supervisión institucional. En este sentido, las agencias gubernamentales estadounidenses parecieran contar con una mayor capacidad de monitorización que el ministerio de Defensa español. Aunque en los últimos años ha intentado mejorar sus mecanismos de control, no parece que los planes de racionalización y centralización de la gestión hayan sido suficiente para evitar el incentivo de las empresas contratistas a incurrir en prácticas de gestión del resultado. Esto puede deberse a factores como las limitaciones de personal público o la gran cantidad de nuevos programas de defensa nacionales y europeos.

Mejorar la transparencia

Desde una perspectiva de política económica, el estudio subraya la necesidad de reforzar los sistemas de supervisión gubernamental para garantizar la transparencia y mejorar la calidad de la información financiera. Un marco de control más sólido reduciría los incentivos de las empresas a gestionar estratégicamente sus resultados cuando perciben que su supervivencia, su reputación o su relación con el Estado pueden verse afectadas. Esto redundaría en un mayor control de las inversiones y en un uso más eficiente del presupuesto público.

En un contexto de un fuerte aumento del gasto de defensa y de ambiciosos planes europeos, el desarrollo y la consolidación de estos sistemas de control resultan aún más relevantes. Además, una mejora de los mecanismos de supervisión podría contribuir a reducir el riesgo de escrutinio y, con ello, los incentivos de las empresas a gestionar los resultados para disminuir su visibilidad o su exposición pública.

Esto podría favorecer no solo una mayor transparencia, sino también una relación más fluida entre el sector, el Estado y la opinión pública. Todo ello es especialmente importante en una industria estratégica para la seguridad nacional, el desarrollo económico y la innovación tecnológica.

The Conversation

Francisco José Callado Muñoz recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) (proyecto PID2022-138003NB-I00/ MICIU / AEI / 10.13039/501100011033/FEDER, UE)

José Yagüe Guirao recibe fondos de la Agencia Nacional de Investigación (proyectos PID2023-148790NB-I00 y PID2021-125317NB-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

Juan Pedro Sánchez Ballesta recibe fondos de la Agencia Nacional de Investigación (proyecto PID2023-148790NB-I00).

Natalia Utrero González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Ajustan sus cuentas las empresas del sector de la defensa? – https://theconversation.com/ajustan-sus-cuentas-las-empresas-del-sector-de-la-defensa-279357

Neurociencia de los medios de comunicación: ¿cómo nos impactan sus mensajes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar Díaz Chica, Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Europea Miguel de Cervantes

StunningArt/Shutterstock

A mediados del siglo XX se comenzó a abordar con un enfoque científico la forma en que la comunicación mediática afecta a las personas. El impacto que esta genera en los receptores de los mensajes se ha medido y evaluado desde diversas escuelas, corrientes y disciplinas a lo largo de las últimas décadas.

A través de un revisión sistemática, una nueva investigación analiza múltiples estudios neurocientíficos para definir si existe un marco homogéneo que permita interpretar los efectos de los medios de masas en las audiencias. O si, por el contrario, la aplicación de la neurociencia a esta área de estudio únicamente representa otro enfoque más: una vía de conocimiento que enriquece la rica propuesta existente de paradigmas, escuelas, modelos y teorías en las ciencias sociales sobre el influjo de los medios de comunicación en sus receptores.

La retórica como punto de partida

Pensar primero y hablar después. Directrices como esta ya se planteaban en la antigua Grecia cuando una persona quería convencer a otras a través de la comunicación. Desde entonces, la retórica, que la RAE define como “arte de bien decir” para deleitar, persuadir o conmover, ha tenido mucho desarrollo.

Con el paso del tiempo, la influencia se ha trasladado del “qué decimos” al “dónde lo decimos”, es decir, a la forma en que nos afectan los canales que utiliza la comunicación. Es el espacio de los propios medios de comunicación (televisión, redes sociales, plataformas, industrias culturales, etc.).

¿Está claro cómo nos influyen los medios de comunicación?

La influencia de los medios resulta innegable, pero la valoración del alcance de su impacto varía. Algunos estudios presentan a los medios como todopoderosos, mientras que otras propuestas defienden que tienen una influencia limitada. Y también hay planteamientos a medio camino, que sostienen que los medios de comunicación nos impactan de manera lenta y a largo plazo.

En función del marco teórico desde el que se origina cada estudio, surgen diferentes interpretaciones acerca del efecto que los medios producen en las personas.

Autores como el sociólogo Pierre Bordieu o el politólogo Harold Lasswell aportan argumentos para una visión totalizadora. El primero cuestiona el monopolio hegemónico de los medios y su capacidad de anular el sentido crítico. El segundo instauró el modelo lineal de la comunicación: ¿quién dice qué, en qué canal, a quién y con qué efecto?. Sus teorías atribuían un poder todopoderoso a la propaganda para manipular a las masas pasivas. Stuart Hall, desde los estudios culturales, pone el acento en la recepción. Para este autor, el impacto depende de la posición del espectador en un “área de lucha cultural”.

Son solo algunos ejemplos sobre la diversidad de teorías existentes y la dificultad que encuentran los expertos para ponerse de acuerdo sobre cómo los mass media nos afectan.

Las herramientas que utiliza la neurociencia en sus estudios (tomografía axial computarizada, resonancia magnética, electroencefalograma, etc.) permiten obtener datos objetivos. Por este motivo, podemos preguntarnos: ¿es posible un acuerdo a partir de la medición de las respuestas fisiológicas que se producen en el cuerpo y en el cerebro cuando vemos una noticia o un anuncio?

Para resolver esta cuestión, mi estudio ha revisado investigaciones de referencia escritas en español que aplican la neurociencia para estudiar cómo los medios nos influyen.

Hallazgos desde la neurociencia

  • En uno de los trabajos analizados, se evalúa la respuesta emocional al ver publicidad de entidades públicas y su relación con el recuerdo. Según sus resultados, una realización atractiva de la publicidad puede ser favorable para generar emociones. Los anuncios que más se recuerdan están asociados con una emoción negativa (asco) y con una neutra (sorpresa). Estos hallazgos quizá expliquen por qué algunos anuncios de salud desagradables no se olvidan. Además, la reacción emocional varía según el sexo biológico.

  • Otra investigación sobre las respuestas emocionales y el cambio de intención de comportamiento tras ver un anuncio de concienciación social sanitaria también ofrece resultados diferentes según el sexo biológico. La campaña parece impactar afectivamente más en los hombres, mientras genera una mayor respuesta cognitiva en las mujeres en aspectos como la atención o la memorización.

  • Un tercer estudio analiza si existe un patrón de respuesta en la comunicación persuasiva de salud, cuando el mensaje se encuadra más en la ganancia o en la pérdida. Si se utiliza un marco de ganancia, los anuncios generan un mayor nivel de atención visual, requieren un menor tiempo de lectura y provocan una respuesta emocional superior. Además, la respuesta suele ser más positiva y motivacional. En sintonía con estos resultados, una campaña que afirmara “No fumar mejora tu salud” funcionaría mejor que “Si fumas, puedes enfermar”.

  • La neurociencia también se aplica en el estudio sobre cómo los contenidos audiovisuales modulan la percepción del tiempo en el espectador. Según los resultados de un trabajo, un montaje rápido está relacionado con una mayor percepción de la duración un vídeo.
    Ese montaje rápido provoca una actividad de los ojos más intensa, con menos fijaciones visuales y un mayor número de movimientos sacádicos (pequeños saltos rápidos que hacen nuestros ojos cuando miran algo). Y la mayor amplitud de los movimientos sacádicos, más frecuente en vídeos relacionados con una acción no intencional y no lineal, también produce una sensación de que el contenido audiovisual dura más. Por ejemplo, al ver un vídeo muy rápido en TikTok, tenemos la percepción de que su duración es mayor de la real.

  • Otra investigación analiza la relación entre el enfoque de los anuncios sobre cuestiones medioambientales (positivo, neutro o negativo) y la preocupación por el medioambiente en los receptores. Los resultados señalan qué zonas del cerebro se activan en cada caso. Cuando el mensaje remite a estímulos negativos de pérdida, se produce una activación asociada de la amígdala (núcleo de control de las emociones) y la corteza media prefrontal, especialmente en personas ya preocupadas por el medioambiente. Por ello, los hallazgos de este trabajo explican, entre otros aspectos, que nuestras ideas previas también influyen en cómo reaccionamos.

  • Y, por último, otro estudio revisado evalúa la atención y emoción de los espectadores audiovisuales durante los discursos políticos. De acuerdo con los resultados, tanto la atención como la emoción aumentan cuando se producen cambios sonoros o visuales respecto a los registros precedentes (por ejemplo, los aplausos). También se pudieron advertir dos estructuras exitosas de discurso: una en crecimiento “atencio-emocional continuo y sostenido”, y otro con un comienzo explosivo y sostenimiento en atención y emoción posterior.

Resultados heterogéneos

¿Permite la neurociencia entonces construir un mapa del impacto de los medios? Todavía no. Los resultados alcanzados hacen referencia a cuestiones muy concretas y no comparables, que solo coinciden en dos estudios de manera marginal (importancia de la emoción para recordar la información publicitaria).

La aplicación de la neurociencia al estudio de los efectos de los medios de comunicación constituye un campo emergente. En este momento histórico, ese tipo de estudios parecen constituir otra vía más para comprender cómo los medios de comunicación nos afectan. Quizá en un futuro cercano sus resultados se vayan complementando con los ofrecidos por el resto de enfoques y sean más generalizables.

En resumen, la neurociencia nos da pistas interesantes pero todavía no puede dar una respuesta definitiva. Entender cómo nos influyen los medios sigue siendo un rompecabezas sin armar del todo.

The Conversation

Óscar Díaz Chica no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Neurociencia de los medios de comunicación: ¿cómo nos impactan sus mensajes? – https://theconversation.com/neurociencia-de-los-medios-de-comunicacion-como-nos-impactan-sus-mensajes-284812

Qué leer este verano: recomendaciones para niños y adolescentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cláudia Maria Costa Dias, Docente e Investigadora. Prof. en el Grado de Educación Infantil y Máster en Psicopedagogía de la Universidad Internacional de la Rioja., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

NadyaEugene/Shutterstock

En ninguna maleta debería faltar un libro, en las infantiles y adolescentes tampoco. Aquí algunas recomendaciones de ocho expertos, para todas las edades y gustos, para llevarse de viaje o evadirse del calor.


Tengo un volcán, Miriam Tirado y Joan Turu

Miriam Tirado y Joan Turu.
Carambuco Ediciones

Ofrece recursos simbólicos para nombrar y comprender una emoción que, a los 5, 6 años, resulta especialmente difícil de gestionar: la ira. El libro recurre a la metáfora del volcán que entra en erupción para representar de forma visual y muy intuitiva lo que sucede en el cuerpo y en la mente cuando el enfado crece sin control, lo que permite a los niños identificar esa sensación interna –el calor, la presión, el deseo de explotar– con una imagen concreta y fácil de recordar. Contar con metáforas claras ayuda a poner nombre a los sentimientos y, con ello, a la regulación emocional. Entendemos que sentir rabia o enfado es normal y legítimo, pero que existen formas de gestionar esa energía sin que termine dañando la relación con los demás.


Andy Griffiths y Terry Denton. Traducción de Rita da Costa García.
Penguin Radom House

La casa en el árbol de 13 pisos, Andy Griffiths y Terry Denton

Ideal como puente entre la lectura autónoma y la lectura compartida en familia. Se trata del primer volumen de una serie de trece títulos, estructurada en capítulos breves que se corresponden con cada uno de los pisos de la casa-árbol protagonista. Esta arquitectura narrativa, sencilla pero ingeniosa, permite que el lector vaya avanzando “piso a piso”, lo que ofrece pequeñas metas de lectura muy adecuadas para niños que empiezan a ganar confianza con los textos extensos.

Aunque algunas guías de lectura sitúan la edad recomendada a partir de los 10 años, la experiencia indica que puede introducirse ya a los 7 u 8 años si se acompaña desde el entorno familiar, lo que convierte al libro en una herramienta idónea para la lectura compartida entre adultos y niños.

Estimula de forma muy directa la curiosidad, la imaginación y la creatividad. Situaciones disparatadas y humorísticas invitan al niño a interpretar, anticipar y dar sentido a lo que ocurre, favoreciendo así la comprensión lectora. Los propios autores son personajes dentro de la historia lo que genera un efecto de cercanía y complicidad.

Aunque su extensión y su densidad textual puedan suponer un reto mayor que el de otros álbumes ilustrados más breves, precisamente ese desafío es parte de su valor pedagógico: enseña a los niños a sostener la atención durante relatos más largos, a tolerar cierta incertidumbre narrativa y a disfrutar del proceso de “subir” de capítulo en capítulo, ganando autonomía lectora progresivamente. Leer juntos estas páginas permite conversar sobre el humor, las situaciones absurdas y los pequeños conflictos que surgen entre los personajes, convirtiendo la lectura en un espacio de vínculo afectivo además de un ejercicio de desarrollo lingüístico y cognitivo.


Raquel Díaz Reguera.
NubeOcho

Yo voy conmigo, Raquel Díaz Reguera

Un conjunto de relatos que ayudan a partir de los 7 años a construir una imagen sana y segura de sí mismos en una etapa en la que empiezan a compararse con los demás y a ser más sensibles a la mirada externa. El libro aborda de manera directa y accesible los temas de la autoestima y la identidad, cuestiones que a esta edad cobran especial relevancia porque coinciden con el momento en que los niños comienzan a definirse fuera del núcleo familiar, en la escuela y en el grupo de iguales, y en el que las primeras inseguridades sobre el propio cuerpo, las capacidades o la forma de ser pueden empezar a aparecer.

A los 7-9 años, los niños están desarrollando su capacidad de pensamiento crítico y de autorreflexión, por lo que una historia que pone el foco en “ir con uno mismo” –es decir, en sostenerse desde la propia identidad y no desde la validación externa– les proporciona un marco de referencia valioso para enfrentar situaciones cotidianas como la presión de grupo, la comparación o el miedo al rechazo.

Recomendados por Claudia Maria Costa Dias, profesora grado Educación Infantil y Psicopedagogía


El hombre palo, Julia Donaldson

Julia Donaldson. Ilustrador/a Axel Scheffler. Traductor Roberto Vivero Rodríguez.
Bruño

Pensados para el pequeño lector acompañado desde los 3 o 4 años y para la lectura autónoma a partir de los 6 o 7, los libros del tándem Julia Donaldson y Axel Scheffler, autores del afamado libro El Gruffalo, son indispensables en cualquier lista de obras de literatura infantil. En el caso de El Hombre Palo, nos encontramos con un personaje (un pequeño palo humanizado) que se pierde en el bosque e inicia un viaje en el que animales, niños y adultos lo encuentran y lo utilizan en sus juegos o quehaceres diarios, mientras que él defiende una y otra vez que él es el Hombre Palo y solo desea volver a su hogar.

Mediante la identificación con el pequeño hombre palo, los más pequeños aprenden modelos de actuación y contexto que les permiten entender temas tan complejos como el miedo a la separación y la soledad, la construcción de una identidad propia, el abuso de autoridad y, sobre todo, la familia como el lugar en el que se puede ser uno mismo.

Como puede apreciarse, la obra, al igual que la mayoría de las realizadas por esta pareja de escritora e ilustrador, desafía el prejuicio de que la literatura infantil no aborda temáticas complejas. Por otro lado, la riqueza visual del libro y la muy pensada relación complementaria entre imagen y palabra al construir la historia refuerzan los procesos de inmersión lectora y de construcción del mundo ficcional del texto, lo que estimula el aprendizaje y los procesos cognitivos en este nivel inicial.

Recomendado por Sara Molpeceres Arnaiz, profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada


El verdadero final de La Bella Durmiente, Ana María Matute

Ana María Matute.
Planeta de Libros

“Todo el mundo sabe que, cuando el Príncipe Azul despertó a la Bella Durmiente, tras un sueño de cien años, se casó con ella en la capilla del castillo y, llevando consigo a la mayor parte de sus sirvientes, la condujo, montada a la grupa de su caballo, hacia su reino. Pero, ignoro por qué razón, casi nadie sabe lo que sucedió después. Pues bien, éste es el verdadero final de aquella historia”.

Así comienza El verdadero final de La Bella Durmiente, obra en la que Ana María Matute, escritora de cuya muerte el pasado 25 de junio se cumplieron doce años, narra qué sucedió con el personaje de la Bella Durmiente, y con su príncipe salvador, después de su matrimonio. No es, sin embargo, una continuación ficticia, sino una recreación de una segunda parte verdaderamente existente de la historia, que se encuentra en las versiones de Giambattista Basile y Charles Perrault, pero que los hermanos Grimm, así como luego Disney en su versión cinematográfica de 1959, eliminaron, condenándola en cierto modo al olvido.

Es una obra valiosísima para lectores jóvenes, no solo por su evidente calidad literaria, sino también porque desplaza la atención hacia lo que suele quedar oculto, aquella otra historia que acontece después del supuesto final feliz. Esta decisión hace que el texto siga siendo hoy actual, porque conecta con una idea muy contemporánea, y es que detrás de las apariencias hay contradicciones, “zonas oscuras” que también forman parte de crecer.

Matute muestra que releer no es repetir, sino mirar de nuevo y, por ello, este cuento sigue siendo una muy buena puerta de entrada a la literatura, para disfrutarla y también para reflexionar y aprender con ella.

Recomendado por Claudio Moyano, Didáctica de la Lengua y la Literatura


Ronia. La hija del bandolero, Astrid Lindgren

Astrid Lindgren. Ilustraciones de Katsuya Kondo. Traducción de Ulla Ljungström y Esther Rubio.
Editorial Kókinos

Astrid Lindgren fue una escritora valiente y extremadamente respetuosa con la infancia, se tomaba muy en serio a los niños y niñas que leerían sus obras y les hablaba con honestidad y sin ñoñerías injustificadas ni moralinas. Uno de sus personajes más conocidos, Pippi Långstrump, ha hecho las delicias de varias generaciones, ya sea en formato libro o en formato audiovisual.

Toda la obra de Lindgren es un disfrute asegurado. Pero en este caso, por ampliar la mirada más allá de Pippi, recomiendo dos obras recientemente reeditadas por Kókinos: Ronia. La hija del bandolero y Los hermanos Corazón de León. Ambas están protagonizadas por niños que tienen vidas muy fuera de lo común, llenas de aventuras y fantasía, en las que deben afrontar dificultades y peligros que no son ya tan comunes entre las páginas que ofrecemos al público infantil. En estas obras hay espacio para el miedo y el desengaño, pero también para el amor, la ternura y el cuidado.


Astrid Lindgren. Ilustraciones de Noemí Villamuza. Traducción de Kókinos.
Editorial Kókinos

Los hermanos Corazón de León, Astrid Lindgren

Ronia ofrece una ventana a una naturaleza cargada de magia, al despertar adolescente con todos sus miedos y dudas, al descubrimiento autónomo de los propios límites y la propia identidad. Los hermanos Corazón de León nos brindan una bellísima representación del amor fraternal, del cuidado entre amigos y vecinos, de la fuerza que tiene la comunidad en tiempos oscuros y de los límites que somos capaces de superar cuando nuestras inseguridades no nos dejan inmóviles.

El mundo de Astrid Lindgren es un excelente destino para estos días de verano si el lector busca aventura, emoción y disfrute, aderezados con un toque de optimismo.

Recomendados por Marta Larragueta Arribas, Didáctica de la Lengua y la Literatura


Matilda, Roald Dahl

Roald Dahl. Traducción de Pedro Barbadillo Gómez. Ilustraciones de Quentin Blake.
Alfaguara

Matilda, de Roald Dahl, cumplirá pronto 40 años. Pero está aún lejos de quedar marginada en el rincón de los “clásicos”. No acabará como lectura que se aprende de memoria sin abrir sus páginas; no se lo merece. Matilda es mucho más que un libro “de paso” por la infancia, o un recuerdo nostálgico de la generación milenial. Ahí continúa, leyéndose en colegios e institutos de todo el mundo. Muchos la recomendarán, y con razón, por su corazón “metaliterario”: un libro que trata sobre libros, sobre los clásicos que definen nuestra cultura, y una defensa firme de la lectura como súperpoder.

Pero, como toda buena literatura que no se queda en su argumento, Matilda guarda mucho más. Conecta a adultos, adolescentes y niños en torno a una pequeña cría que nos demuestra que la literatura consiste, sobre todo, en la aventura de vivir. Matilda lee (mucho), y luego piensa, y razona, y opina. Construye su experiencia de la realidad, y por tanto su identidad, sobre lo que los libros le enseñan. Y esa es una fuente infinita de relecturas. Más allá de sus trepidantes y sorprendentes aventuras contra adultos tiranos, nos enseña que la literatura no es comprender un texto, sino imaginar qué hacer con él. Y en sus páginas, abiertas a todo el mundo, seguiremos leyendo, pensando, opinando y descubriendo, con Matilda, que los libros pueden transformar nuestra realidad.

Recomendado por Alberto Escalante Varona, Didáctica de la Lengua y la Literatura


Un conjuro, Paula Melchor

Paula Melchor.
Letraversal

Si fuese adolescente y nunca hubiera leído poesía desearía que los primeros versos que llegasen a mí fueran los de Paula: sencillos, perspicaces, comestibles. En una pulsión por subvertir el canon curricular y sus constricciones, el presente parece un buen punto de partida. No obstante, el presente no nace del vacío, sino que emana de una tradición a la que debería ser accesible aproximarse. En este caso, la autora lo consigue regalándonos destellos de ideas de místicas como Hildegarda de Bingen o Teresa de Jesús, o conceptos tan valiosos como los claros del bosque de María Zambrano. Quizá sea esta una manera más amable de ofrecer a las personas jóvenes el trabajo de pensadoras como ellas, con las que tenemos una deuda cultural inmensa.

A través de la historia de la juglarilla, en una especie de poemario de formación, se despliegan ante nuestros ojos las potencias de lo natural: el río, las bellotas, las piedras o los animales que habitan el paisaje.

La voz poética cristaliza una ternura fractal, interdependiente hacia todos ellos. Aprende la soledad sin su cervatillo, señala la importancia de nombrar las cosas, experimenta las alegrías de la amistad, se pregunta por la escritura y por el impacto que tiene aquello que creamos. Reflexiona con franqueza y miedo sobre las expectativas, la vergüenza, la frustración y la autoexigencia. Aun así, más allá del desasosiego, un puñado de palabras luminosas, un consuelo, casi un antídoto. El alivio de los amores que nos permiten descansar de nosotras mismas: “Me senté con mis criaturas silenciosas en el patio de la casa. Las únicas que nunca me pidieron nada. Ninguna canción, ningún parlamento brillante … Ellas nunca me exigieron ningún deslumbramiento. Me permitían estar callada. Callada y quieta en el patio de la casa”.

Recomendado por Celia Torrejón Tobío, Narrativa Contemporánea Femenina


La cuarta vida de Blanca Cuervo, Alba Quintas Garciandia

Alba Quintás Garciandia.
SM

El Premio Gran Angular 2026 es una historia dura y oscura. Se centra en un tema que preocupa a los adolescentes o que forma parte de algunas de sus conversaciones: el dinero fácil, la necesidad de copiar las “vidas” de las redes sociales, la falsa confianza del yo puedo con eso…

La forma de narrarlo, la manera de dar protagonismo a cada una de las voces o de diferenciar los puntos de vista de personajes tan diferentes, nos lleva a subrayar diferentes frases que muestran maneras de ver el mundo.

Es un libro para leer conjuntamente, en familia o en un club de lectura de la biblioteca escolar o pública. Porque es un libro valiente y sin complejos que merece unas hora de nuestro tiempo y de nuestras conversaciones.


Maite Carranza.
Edebé

La guerra de las brujas, Maite Carranza

La saga La guerra de las brujas está formada por tres libros: El clan de la Loba, El desierto de hielo y La Maldición de Odi, a los que en 2023 se sumó la precuela La loba gris. La historia de Deméter.

Carranza ha construido un mundo mágico más allá de la ficción que crea la industria del entretenimiento. Un universo de calidad que, a lo largo de cuatro libros, narra la historia de mujeres con poderes, ligadas a la cultura mediterránea y atlántica. Un mundo propio que ha llegado a más de 30 lenguas y ha merecido diferentes premios.

La loba gris cuenta los inicios de los clanes de las brujas Omar, que han vivido ocultas de las brujas Odish, y se centra en la historia de Deméter, la abuela de Anaíd. El siguiente libro de la saga, El clan de la Loba, ya se centra en la elegida, Anaíd, que ha pasado su infancia resguardada en un pueblo del Pirineo, ignorando los secretos de las mujeres de su familia pero que deberá asumir su destino para salvar a su clan.

Más allá de los mundos mágicos de las sagas más globales, La Guerra de las brujas construye un mundo fantástico desde nuestras raíces, actualizando la figura de las brujas, rompiendo moldes y ofreciendo una aventura que demuestra como desde lo local se llega a todos los públicos.

Recomendados por Gemma Lluch, catedrática de Literatura Catalana


Barbecho, David Sancho

David Sancho.
Salamandra

Esta novela gráfica nos transporta al mundo rural de la España del último siglo, desde los años treinta hasta una actualidad marcada por la despoblación y el abandono progresivo de muchos pueblos. A través de la vida de Emilio, el libro recorre una forma de habitar la tierra que ha ido cambiando con el tiempo, entre la dureza del campo, la memoria familiar, la emigración hacia la ciudad y la desaparición lenta de una comunidad.

Emilio, el último habitante de un pequeño pueblo turolense, vive casi al margen de todo. A su alrededor, las casas empiezan a desaparecer y solo él parece advertirlo. Esa premisa, cercana por momentos a lo fantástico, permite vislumbrar el concepto de la España vaciada sin necesidad de convertir la historia en un documental. Al final, llega a transmitir una sensación de pérdida ligada a los lugares, a las rutinas y a la relación con el mundo.

Su formato de cómic permite que esa desaparición del lugar en el tiempo pueda vivenciarse no solamente en el texto, sino principalmente en la imagen. Los espacios vacíos, los interiores de las casas, los caminos y los silencios tienen tanto peso como lo que se dice. Barbecho abre una conversación sobre qué significa marcharse, qué significa quedarse y qué ocurre cuando un territorio deja de estar habitado, pero no del todo recordado.


Hayao Miyazaki.
Salamandra

El viaje de Shuna, Hayao Miyazaki

Publicado originalmente en 1983, fue durante años una obra menos accesible dentro de la trayectoria del creador de Studio Ghibli. Es un relato ilustrado que puede leerse como una pieza muy especial dentro de su universo creativo. Quien haya disfrutado con El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o cualquiera de sus grandes relatos cinematográficos reconocerá aquí algunas de sus preocupaciones habituales, como la aventura, la naturaleza, la supervivencia y la relación entre el individuo y la comunidad.

Shuna es el joven heredero de una tierra pobre, donde la cosecha apenas permite sobrevivir. Cuando oye hablar de unas semillas doradas que podrían devolver la abundancia a su pueblo, emprende un viaje hacia un lugar del que nadie regresa. A partir de ahí, el libro despliega un mundo duro y hermoso, con pueblos sometidos, comercio de esclavos, criaturas extrañas y paisajes que parecen venir de una mitología propia. Con Miyazaki, lo importante no es solo llegar al final del viaje sino todo lo que ocurre durante el camino, porque ahí se ponen a prueba el miedo, el cuidado, la responsabilidad y la manera de mirar el mundo.


Ellen Duthie y Anna Juan Cantavella. Ilustraciones de Andrea Antinori.
Wonder Ponder

¿Así es la muerte?, Ellen Duthie y Anna Juan Cantavella

La muerte sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad, especialmente cuando hablamos de edades tempranas y de jóvenes. Se evita, se intenta delegar en otras personas o se suaviza tanto que a veces acaba siendo más difícil preguntar por ella. ¿Así es la muerte? parte de 38 preguntas reales formuladas por niños y niñas de entre 5 y 15 años. Su estructura, cercana a una conversación abierta, permite encontrar cuestiones como “¿Yo me moriré?”, “¿Adónde vamos cuando morimos?”, “Si se muere alguien a quien quieres, ¿cuánto tiempo estás triste?” o “¿Por qué se dice descanse en paz, y no descanse divertido?”.

Gracias a estas cuestiones, el libro permite acercarse a la muerte desde la curiosidad, la lógica cotidiana, el humor y la observación de lo que ocurre alrededor. En sus páginas aparecen asuntos muy concretos, como el cuerpo, el pensamiento, las creencias, el duelo, el recuerdo o el cuidado de quienes se quedan. También aparece la muerte como finitud, como conciencia de que la vida tiene un límite y de que los vínculos, los recuerdos y el tiempo compartido importan precisamente por eso. Las ilustraciones de Andrea Antinori no rebajan el tema, pero sí lo vuelven más accesible y permiten tratarlo con respeto, distancia y naturalidad.

Recomendados por Kevin Baldrich, Didáctica de la Lengua y la Literatura

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Qué leer este verano: recomendaciones para niños y adolescentes – https://theconversation.com/que-leer-este-verano-recomendaciones-para-ninos-y-adolescentes-285837

Messi es mayor, bajito y lento: ¿por qué sigue dominando en el Mundial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gert-Jan Pepping, Professor of Human Movement Sciences, Australian Catholic University

Lionel Messi tiene 39 años. Mide 1,70 metros, menos que casi todos los defensas contra los que juega. Nunca ha destacado por su velocidad, y ahora es aún más lento.

Y, sin embargo, al ver este Mundial, costaría mucho nombrar a un jugador que esté causando más daño: hasta ahora ocupa la posición de máximo goleador (seis goles), empatado con el francés Kylian Mbappé.

¿Cómo puede alguien con tan aparentemente escasa capacidad atlética –al menos en comparación con sus compañeros– seguir siendo el mejor jugador sobre el terreno de juego?

¿Realmente importa la capacidad atlética?

Quizá el enigma está planteado al revés. A muchos les sorprende el éxito de Messi porque nos han hecho creer que lo que hace grande a un deportista gira principalmente en torno al cuerpo: velocidad, altura, fuerza, condición física… En base a esos criterios, Messi parece una excepción.




Leer más:
World Cup: what’s just the right height for a soccer player?


Pero ¿y si el problema fuera precisamente que nos hemos creído una historia errónea? ¿Y si el fútbol nunca hubiera sido una competición en la que triunfan los que reúnen los mejores atributos físicos?

Johan Cruyff, el gran jugador, entrenador, comentarista y filósofo del fútbol holandés, lo vio con claridad hace medio siglo cuando dijo:

¿Qué es la velocidad? La prensa deportiva suele confundir la velocidad con la perspicacia. Si empiezo a correr un poco antes que otra persona, parezco más rápido.

El comentario suena a acertijo, pero un jugador rápido no suele ser aquel que tiene las piernas más rápidas. A menudo son los que salen antes y llegan los primeros. Lo que parece velocidad es, muy a menudo, una ventaja inicial conseguida gracias a la percepción.

Cruyff ya lo entendió hace tiempo. Lo que hemos podido hacer ahora es medirlo.

La importancia de escanear el campo

Piense en lo que ocurre en los segundos previos a que Messi reciba un pase. Obsérvelo durante 30 segundos cuando el balón no está ni cerca de él: su cabeza rara vez se queda quieta. Una mirada por encima del hombro izquierdo, otra a la derecha y luego de vuelta al jugador que tiene el balón.

Nada de esto parece extraordinario hasta que nos damos cuenta de que ya ha recabado información que otros aún no han encontrado, o que al menos son menos hábiles a la hora de encontrarla.

Para cuando el balón le llega, él ya sabe dónde están los defensas y sus compañeros, y también dónde se abrirán los huecos. El control, el giro, el pase que desbarata la defensa: todo eso es la parte fácil. La parte difícil ocurre incluso antes de que haya tocado el balón.

Mirar alrededor, no solo al balón

Llevamos más de una década estudiando cómo los futbolistas recaban información antes de recibir el balón. Trabajando con deportistas desde canteras hasta profesionales de primera línea, les colocamos pequeños sensores de movimiento en la nuca y registramos con qué frecuencia y en qué ángulo se giraban para mirar a su alrededor durante un partido.

Estábamos midiendo lo que llamamos “exploración visual” o, en términos más sencillos, “escaneo”.

Nos planteábamos una pregunta sencilla: ¿cuánto miran a su alrededor los jugadores antes de que el balón les llegue? Y, sobre todo, ¿es eso importante?

El resultado fue consistente y claro “sí”. Los jugadores que escaneaban con mayor frecuencia en los segundos previos a recibir el balón eran más rápidos a la hora de realizar su siguiente pase, más propensos a girarse con el balón en lugar de jugar de forma segura hacia atrás y más proclives a realizar un pase hacia delante que realmente supusiera una amenaza para el rival.

La información que recopilaban antes de que les llegara el balón determinaba lo que eran capaces de hacer una vez que lo recibían. El escaneo es la forma en que un jugador obtiene esa información en primer lugar.

Nuestro trabajo distingue dos fines del escaneo. El primero es la orientación: mirar alrededor para descubrir qué ofrece todo el campo, qué opciones existen, dónde está el peligro y qué oportunidades podrían surgir. El segundo es la especificación: la observación más detallada y posterior que guía la ejecución de un pase.

La orientación es lo primero y es lo que tendemos a descuidar, tanto en la investigación como en el entrenamiento, porque ocurre lejos del balón, cuando no parece estar sucediendo nada espectacular. Sin embargo, es la base del juego. No puedes dirigir un pase hacia un lugar que nunca has visto que estaba ahí. Cruyff lo expresó así:

Solo hay un momento en el que puedes llegar a tiempo. Si no estás ahí, o llegas demasiado pronto o llegas demasiado tarde.

Aquí es donde Messi deja de ser una anomalía y se convierte en el ejemplo más claro que se pueda imaginar de lo que este deporte premia. Nunca ha superado a sus rivales principalmente con su físico. Los supera con el tiempo, y triunfa al ver las jugadas antes que nadie.

Si es más lento no importa, porque no está compitiendo con nadie: ha conseguido, gracias a una percepción más temprana y mejor, que nunca tenga que hacerlo. Su cuerpo más bajo, más lento y más envejecido no es una desventaja que supere gracias a su genio: es una señal de que el cuerpo nunca fue lo principal.

La habilidad que se puede desarrollar

Por supuesto, la visión de juego no lo es todo. La técnica, la experiencia y las tácticas de equipo también importan. Pero sin información oportuna, esas cualidades rara vez tienen la oportunidad de manifestarse.

Hay una lección que extraer de todo esto: la percepción es algo que podemos desarrollar, de forma deliberada, en jugadores que nunca serán los más rápidos ni los más altos. Los entrenadores ya lo intuyen cuando gritan eso de “¡mira por encima del hombro!” a un jugador a punto de meterse en un lío o de perder de vista a un rival.

Nuestros datos sugieren que el hábito de escanear el campo antes de que llegue el balón se puede entrenar desde una edad temprana.




Leer más:
World Cup: why are left-footers like Messi so valuable in soccer?


Donde realmente reside la grandeza

Llevamos un siglo formando a deportistas en el gimnasio, pero mucho menos tiempo desarrollando aquello que Messi tiene en abundancia.

Así que, la próxima vez que alguien pregunte cómo un hombre de 39 años, que mide solo 1,70 m, sigue dominando un Mundial, fíjese en su cabeza, no en sus pies. La grandeza nunca se ha escondido en el cuerpo: siempre ha estado en la mirada.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Messi es mayor, bajito y lento: ¿por qué sigue dominando en el Mundial? – https://theconversation.com/messi-es-mayor-bajito-y-lento-por-que-sigue-dominando-en-el-mundial-286965

¿Para qué se usan los datos personales que recogen los videojuegos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Beltrán, Jefa del Área Científica de la Agencia Española de Protección de Datos; profesora titular de Universidad en excedencia, Universidad Rey Juan Carlos

Los videojuegos tratan multitud de datos personales y no siempre somos conscientes de cuales se tratan ni para qué. Florian Olivo / Unsplash, CC BY-SA

Los videojuegos dejaron de ser hace tiempo un simple pasatiempo para convertirse en una industria cultural muy poderosa, en la que millones de jugadores interactúan, compiten y comparten experiencias. Pero, detrás de cada partida, cada logro desbloqueado o cada compra dentro del juego, hay algo más: nuestros datos personales.

Desde el nombre de usuario hasta el comportamiento en el juego, pasando por la ubicación o los hábitos de consumo, la industria del videojuego recoge, analiza y, en ocasiones, comparte con terceros información que puede ser muy sensible.

Un ecosistema con muchos actores y responsabilidades

El tratamiento de datos personales en los videojuegos afecta a un ecosistema amplio y diverso: cada actor tiene un papel distinto, desde los proveedores de hardware (fabricantes de consolas, de tarjetas gráficas o de periféricos específicos para el juego) o de tecnología para el desarrollo (bibliotecas, middlewaresoftware intermediario para la gestión de datos–, kits de desarrollo de software, interfaces de programación de aplicaciones o API, paquetes de código, motores) hasta los editores que financian, comercializan, distribuyen y, en ocasiones, “producen” los juegos.

También se incluyen aquí los storefronts, plataformas online de distribución donde los jugadores compran o descargan juegos. Actúan como intermediarias entre editores, plataformas de hardware y consumidores finales.

Cada uno de estos actores tiene la obligación de cumplir con la normativa de protección de datos, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en el caso de la Unión Europea. Sin embargo, la complejidad del sector y de las relaciones entre los diferentes actores participantes, más la globalización de los servicios, hacen que no siempre sea fácil garantizar que todos los eslabones de la cadena actúen con la debida responsabilidad.

¿Qué se hace con los datos personales?

No todos los juegos tratan los mismos datos personales con la misma finalidad o de la misma manera. No es lo mismo un juego offline y de un solo jugador, como un clásico de rol para consola, que un Massively Multiplayer Online (MMO) o un juego online gratuito –free to play–. En el primer caso, es posible que el único dato que se almacene sea el progreso en la partida y que, además, se guarde localmente en el dispositivo. Sin embargo, en los juegos en línea, especialmente aquellos con modelos de negocio basados en microtransacciones o publicidad, el volumen y la variedad de datos personales que se recogen aumentan exponencialmente.

Su tratamiento abarca numerosas actividades, pero hay tres fundamentales que se repiten en casi todos los casos. La primera es la creación y mantenimiento de cuentas. Para acceder a la mayoría de los juegos en línea, es necesario crear una cuenta, lo que implica proporcionar datos como el correo electrónico, el nombre de usuario o, en algunos casos, información de pago. Estos datos se utilizan para identificar al usuario, gestionar su perfil y permitirle acceder a sus progresos desde diferentes dispositivos.

Lo malo es que no todos los juegos son transparentes sobre qué datos recogen durante el registro y con qué finalidad. Algunos solicitan permisos excesivos, como el acceso a la lista de contactos del teléfono o a la ubicación en segundo plano.

Objetivo: monitorizar al jugador

Otra actividad común es la telemetría, es decir, la recolección de datos en tiempo real sobre el uso del juego. Esto incluye desde monitorización técnica (como el rendimiento del dispositivo o los errores del software) hasta datos de comportamiento (como las acciones del jugador, el tiempo de juego o las interacciones sociales).

Esta monitorización puede tener diferentes finalidades: equilibrar la dificultad, diseñar niveles más atractivos, ofrecer recompensas y misiones adaptadas a las preferencias de cada jugador, etc.

El problema surge cuando el tratamiento de datos va más allá de lo necesario o proporcionado, o cuando no se informa claramente al usuario sobre ello. Por ejemplo, algunos juegos recogen datos biométricos (como el ritmo cardíaco o neurodatos a través de wearables) sin que el usuario sea consciente de las implicaciones de compartir esta información.

En la misma línea, en los modelos free-to-play, la telemetría puede ayudar a identificar a los jugadores con mayor probabilidad de realizar compras dentro del juego (se les conoce como “ballenas” o “whales”). Esto permite dirigirles ofertas específicas e, incluso, explotar sus vulnerabilidades o sesgos.

Información que se deduce mientras jugamos

Los datos de los jugadores también se registran para hacer inferencias de comportamiento. Mediante técnicas de análisis predictivo, muchas veces basadas en inteligencia artificial, diferentes actores del ecosistema pueden extraer conclusiones sobre los jugadores, que van más allá de los datos explícitos que estos han proporcionado.

Por ejemplo, un juego puede clasificar a los usuarios en función de su habilidad, personalidad o su estado emocional, y utilizar esos perfiles para personalizar la experiencia o mejorar los emparejamientos. Pero también para venderlos a terceros.

Para hacernos una idea, se puede inferir que un usuario es menor de edad basándose en su patrón de juego o en las compras que realiza, incluso si este ha proporcionado una fecha de nacimiento falsa.

O se puede detectar que alguien tiene tendencias adictivas y, en lugar de alertarle, utilizar esta información para mantenerle enganchado con recompensas variables (un mecanismo similar al de las máquinas tragaperras).

Las amenazas: lo que puede salir mal

Como se puede observar, el tratamiento de datos personales en este contexto no está exento de riesgos. Para empezar, los juegos en línea son un objetivo frecuente de ciberataques. Si un adversario logra acceder a las bases de datos de una plataforma, puede robar información sensible, como contraseñas, direcciones de correo electrónico, datos de pago o datos biométricos.

Pero existen otras muchas amenazas que, probablemente, no sean tan obvias. Una de ellas es la vinculación. Aunque muchos juegos evitan la utilización de identificadores explícitos o directos, existen datos como la dirección IP o el comportamiento en el juego (por ejemplo, un patrón único de juego, como un estilo de movimiento o un ritmo de disparos) que pueden ser suficiente, por ellos mismos o mediante combinación de patrones, para asociar diferentes sesiones de juego, cuentas o transacciones a una misma persona.

Esto es especialmente preocupante porque se puede obtener un perfil para cada jugador. Este puede usarse a modo de huella digital única e intransferible, para rastrearle o vigilarle en el juego o en otros entornos digitales.

La vinculación también puede facilitar la identificación, de manera que se llegue a conocer la identidad real de un jugador. Así, el doxing (divulgación pública de información privada) es un riesgo real en comunidades de jugadores. Datos como nombres de usuario, direcciones IP o conversaciones en chats pueden filtrarse o usarse para acosar, extorsionar o discriminar a una persona. Así, en juegos multijugador, donde la interacción social es clave, la exposición de datos personales puede tener consecuencias graves, como el robo de identidad o el riesgo para la integridad física.

Datos erróneos y patrones de diseño adictivos

Por otro lado, los datos recogidos en los juegos y las inferencias realizadas a partir de ellos no siempre son exactos o correctos. Por ejemplo, un juego puede clasificar erróneamente a un usuario como “con tendencias adictivas”,
basándose en patrones de juego atípicos (como sesiones largas durante un fin de semana, por ejemplo). O como “tramposo”, tras la recogida de información de ciertos eventos. Estos errores no solo afectan a la experiencia del usuario, sino que pueden tener consecuencias legales si se toman decisiones automatizadas (como la exclusión de un jugador), basadas en datos o inferencias incorrectos, tanto dentro como fuera del juego.

Asimismo, hay que tener en cuenta el engaño o manipulación a través del uso de ciertos patrones de diseño en los interfaces o de mecánicas de juego específicas, como los sistemas cosméticos –para modificar la apariencia del personaje–, skins –aspecto visual alternativo– o personalización de avatares. Estas amenazas pueden llevar a los jugadores a tomar decisiones que de otro modo evitarían, mediante la explotación de sus vulnerabilidades psicológicas y sesgos cognitivos.

De igual manera, muchos juegos están diseñados para maximizar el tiempo de juego, la obtención de datos personales o el gasto (por ejemplo, a través de las cajas de botín o los pases de batalla). Esto puede tener un impacto mayor en los más jóvenes, al conducirles a realizar compras no autorizadas o a desarrollar conductas adictivas.

¿Qué se puede hacer?

Aunque la obligación recae en los responsables de los diferentes tratamientos de datos personales, las personas que juegan también pueden tomar medidas para proteger sus derechos:

  • Leer las políticas de privacidad y la información que se proporciona. Aunque, a veces, puedan ser largas y complejas, es importante entender qué datos personales se tratan y para qué. Si algo no nos convence, consideremos no utilizar ese servicio. Seamos críticos: ¿de verdad tenemos que conectar el juego con nuestras redes sociales? ¿O activar ese chat de voz?

  • Ajustar la configuración de privacidad. Muchos juegos y plataformas permiten limitar la recolección de datos o desactivar ciertas funciones de telemetría e inferencia. Revisemos estas opciones al empezar a jugar y elijamos las que mejor se adapten a nuestras preferencias.

  • Usar contraseñas seguras y autenticación en dos pasos. Esto reducirá el riesgo de que nuestra cuenta sea “secuestrada” y de que suplanten nuestra identidad.

  • Tener cautela con los datos que compartimos. Es mejor no proporcionar información sensible (como dirección física, datos de pago, biometría), a menos que sea absolutamente necesario. De nuevo, cuestionemos la información que se nos ofrece y no demos a “Aceptar” ciegamente.

  • Educación y concienciación. Podemos hablar con otros jugadores, especialmente con los más jóvenes, sobre la importancia de la privacidad y los riesgos asociados al uso de videojuegos. También es útil leer las recomendaciones de las autoridades de protección de datos personales o de otras instituciones de confianza (educativas, del sector de la salud, comunidades profesionales de juego, etc.).

Jugadores conscientes de sus derechos

Los videojuegos son una forma de entretenimiento, arte y socialización que ha transformado la cultura moderna. Pero, como en cualquier otro ámbito digital, el uso de datos personales conlleva riesgos que no deben subestimarse. La industria tiene la responsabilidad proactiva de garantizar que estos datos se traten de manera ética, transparente y, obviamente, conforme a la ley.

Los jugadores, por su parte, deben ser conscientes de sus derechos y tomar medidas para proteger su privacidad. El objetivo no es demonizar el tratamiento de datos personales, sino asegurar que se haga de manera que el sector pueda desarrollar su actividad económica e innovar, mientras se proporciona a los jugadores una excelente experiencia de juego sin comprometer sus derechos fundamentales. Y usted, ¿ha revisado alguna vez qué datos recoge su juego favorito?

The Conversation

Marta Beltrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Para qué se usan los datos personales que recogen los videojuegos? – https://theconversation.com/para-que-se-usan-los-datos-personales-que-recogen-los-videojuegos-286381

Sudar como un pollo es propio de humanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rick Visser, Profesor de Fisiología Animal, Universidad de Málaga

Ann Tarazevich Pexels, CC BY-SA

El sudor tiene un serio problema de imagen pública. Nadie presume de él y todos tratamos de combatirlo o, al menos, disimularlo. Sin embargo, sin sudor nuestros antepasados no habrían cazado, nuestros atletas no batirían marcas y los exámenes serían mucho menos emocionantes.

Los pollos no sudan

Es común usar expresiones tales como “sudar como un pollo” o “como un cerdo”. Curiosamente, ni los pollos vivos sudan –la expresión hace referencia a la gran cantidad de agua y grasa que desprenden al ser asados–, ni los cerdos lo hacen profusamente.

Asociar el sudor con los cerdos simplemente refleja la connotación negativa que tiene esta secreción, injustamente relacionada con la suciedad. Aunque muchos mamíferos tienen una cierta capacidad de sudar, son muy pocos los que emplean este mecanismo para controlar su temperatura corporal en situaciones de calor o ejercicio intenso. Y, de este grupo selecto, los humanos nos coronamos como los más sudorosos.

Los animales que controlamos fisiológicamente nuestra temperatura corporal –animales homeotermos o termorreguladores– somos, fundamentalmente, las aves y los mamíferos. Cuando nos encontramos a una temperatura ambiente superior a cierto valor, denominado temperatura ideal (en torno a 29 ºC para un humano desnudo, en reposo y sin fuentes de radiación), debemos poner en marcha mecanismos para perder el exceso de calor. La forma más eficiente de hacerlo es evaporar agua sobre la superficie corporal. Si estamos a 30 ºC, un gramo de agua requiere unas 0,58 Kcal para evaporarse. Es decir, evaporar un litro de agua consume la cantidad de energía presente en un almuerzo estándar.

Una manera muy eficiente de conseguirlo es expulsar esa secreción acuosa que nos incomoda, el sudor, por toda la superficie de la piel. Un mecanismo posible gracias a la existencia de glándulas especializadas.

Sin embargo, muy pocos animales han recurrido evolutivamente a esta estrategia, y la mayoría basan su enfriamiento principalmente en otros mecanismos, como el jadeo, que tan familiar nos resulta en los perros.

Solo unos pocos mamíferos, como los equinos y los humanos, hemos desarrollado la capacidad de sudar copiosamente.




Leer más:
Cómo sobreviven los perros al calor extremo del verano


No todo el sudor es igual

Los humanos contamos con, al menos, dos tipos de glándulas sudoríparas. Las principales, llamadas glándulas ecrinas, se encuentran distribuidas por toda la superficie corporal y son funcionales prácticamente desde el nacimiento.

Estas son las responsables de la termorregulación, y se activan gracias al neurotransmisor acetilcolina, que induce el trasvase de agua, iones y ciertos desechos metabólicos desde el plasma sanguíneo hasta el conducto de la glándula. En el camino hacia el exterior, se reabsorben parte de los iones, dando lugar a una secreción incolora, inodora y ligeramente salada, compuesta en un 99 % por agua.

Cuando el mecanismo de estimulación nerviosa de estas glándulas no funciona correctamente, pueden aparecer ciertas patologías. Una es la hiperhidrosis, que consiste en la sudoración excesiva e injustificada, que puede causar trastornos psicológicos, rechazo social y/o episodios de deshidratación. Otra, más grave, es la anhidrosis, caracterizada por la ausencia parcial o total de sudoración que, en casos extremos, puede llegar a resultar letal por la incapacidad de termorregular eficazmente.

La llegada de la pubertad

El segundo tipo de glándulas sudoríparas son las apocrinas. Estas se concentran en axilas, ingles, y otras regiones provistas naturalmente de pelo, y no comienzan a ser funcionales hasta la pubertad.

La secreción del sudor apocrino, cuya composición es diferente a la del ecrino, no interviene en la termorregulación y es estimulada principalmente por el neurotransmisor noradrenalina en respuesta a situaciones de estrés o excitación emocional.

A pesar de que la secreción en sí es también inodora en origen, la transformación química de algunos de sus compuestos por microorganismos presentes en nuestra piel da lugar al característico olor que muchos de nosotros tratamos de evitar mediante antitranspirantes y desodorantes. En los pacientes de una condición médica conocida como bromhidrosis, ya sea por una composición anómala de su sudor apocrino o por las particularidades de la microbiota de su piel, el olor a sudor es particularmente intenso y persistente.

La función del sudor apocrino en los humanos no está aún del todo clara. Una de las principales hipótesis relaciona esta secreción con el envío de señales químicas, como las feromonas, ya sea para transmitir mensajes de alarma en situaciones estresantes, o de excitación sexual, entre otros.

Esta idea es la base de mitos como el de la famosa frase atribuida a Napoleón Bonaparte, quien, supuestamente, encomendó a su esposa Josefina no lavarse en varios días en previsión de su vuelta al hogar tras una campaña militar. No obstante, a pesar de innumerables esfuerzos, aún no se ha conseguido demostrar la existencia de este tipo de señales químicas en humanos.




Leer más:
Feromonas humanas: ¿de verdad existen?


Sudar para correr

El haber desarrollado en torno a 2 millones de glándulas sudoríparas distribuidas por todo nuestro cuerpo, junto con la pérdida de buena parte de nuestro pelaje corporal, posiblemente haya dotado a la especie humana de una importante ventaja evolutiva. A pesar de no ser buenos en los esprints, comparados con muchos cuadrúpedos, la posibilidad de gestionar eficazmente el calor corporal mediante el sudor habría contribuido a nuestra capacidad de correr largas distancias seguidas, proporcionando a nuestros antepasados ventajas en la caza. De hecho, un corredor de maratón puede pasar entre dos y cuatro horas corriendo, mientras pierde más de dos litros de sudor por hora.

El hecho de poder correr largas distancias sin sufrir un sobrecalentamiento peligroso lo compartimos con los equinos, aunque no estemos estrechamente emparentados. Se trata, probablemente, de un caso de convergencia evolutiva, que es como se denomina cuando dos grupos de animales desarrollan características parecidas ante necesidades evolutivas similares. A los caballos les permitió escapar más eficazmente de sus depredadores, mientras que a nosotros nos posibilitó cazar presas cuyos cuerpos se sobrecalentaban más fácilmente que los nuestros durante la persecución.

Nuestra capacidad de sudar es excepcional y, en parte, a ella debemos la historia natural de nuestra especie. Así que mantenga a raya a los microorganismos que generan el mal olor, pero no se avergüence de sudar la gota gorda. Al contrario, ¡enorgullézcase de poder hacerlo!

The Conversation

Rick Visser no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sudar como un pollo es propio de humanos – https://theconversation.com/sudar-como-un-pollo-es-propio-de-humanos-285383