Venezuela: el dilema entre legalidad internacional y ‘realpolitik’ que afrontan Europa y España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Kaja Kallas, alta representante para Asuntos Exteriores de la Unión Europea. Dan Morar/Shutterstock

La fulminante operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que combinó bombardeos selectivos con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a territorio estadounidense, constituye un test crítico para la credibilidad del orden internacional y para la autonomía estratégica de la Unión Europea y de España.

Para ambos, el desafío es doble: sostener la apuesta por una transición democrática encabezada por la sociedad venezolana –y no tutelada desde Mar-a-Lago–, y demostrar que su compromiso con el derecho internacional no es retórico ni selectivo. De su respuesta dependerá tanto su posición en América Latina como la confianza que otros actores del Sur Global depositen en Europa, y particularmente España, como socio “civil y normativo” y no puramente geopolítico.

Una intervención sin justificación clara en derecho internacional

Diversos especialistas en derecho internacional han subrayado que los ataques y la captura de Maduro carecen de una base jurídica sólida en la Carta de la ONU, el tratado internacional firmado en 1945 que regula la Organización de las Naciones Unidas y que es un documento jurídicamente vinculante para los países que la aceptan, entre ellos Estados Unidos. La operación no fue autorizada por el Consejo de Seguridad, no respondió a un ataque armado previo de Venezuela y se llevó a cabo sin consentimiento del Estado afectado, lo que entra en tensión con la prohibición del uso de la fuerza del artículo 2.4 de la Carta de Naciones Unidas.

El think tank (laboratorio de ideas) de asuntos internacionales Chatham House, a través de un análisis específico, sostiene que ni la lucha contra el narcotráfico ni la acusación de “narcoterrorismo” bastan, en los términos actuales del derecho internacional, para justificar una incursión de este tipo en territorio venezolano.

Varios expertos consultados por Defense News (cabecera de referencia sobre el ámbito militar y gubernamental) y por el German Marshall Fund (GMF, un centro para la innovación política y el liderazgo trasatlántico) señalan que esta operación erosiona la rules based order, que la UE reivindica como fundamento de su acción exterior.

Este concepto es utilizado con frecuencia por los líderes occidentales para describir el marco de reglas, normas e instituciones que sirven para guiar el comportamiento de los estados.

Trump, el cambio de régimen y la oposición desplazada

La operación militar culmina una larga fijación personal y política de Donald Trump con la caída de Maduro. Esta se manifestó en su primer mandato y se vio reforzada con el fracaso del reconocimiento del líder opositor venezolano Juan Guaidó como presidente en 2019.

Como ya argumentó el experto en política internacional Christopher Sabatini en Foreign Policy (25 de enero de 2024), la estrategia estadounidense ha oscilado de la narrativa antidrogas a un objetivo explícito de cambio de régimen, sin un plan claro para la transición democrática posterior.

Esta ausencia de rumbo se ha puesto de manifiesto de nuevo tras la reciente intervención militar. Pese a que la oposición unificada ganó las elecciones del 28 de julio de 2024, con Edmundo González como candidato sustituto de María Corina Machado, la administración Trump ha optado por negociar con figuras del propio chavismo, en particular con la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

Esta decisión, analizada también por centros como el citado Chatham House, revela una preferencia por una salida pragmática apoyada en élites del régimen antes que por la legitimidad democrática de la oposición.

Lo que se juega la Unión Europea

La UE se ha posicionado en numerosas ocasiones a favor de una transición democrática en Venezuela, pero siempre subrayando la necesidad de una solución pacífica y conforme al derecho internacional. La Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, han reiterado que, aunque Bruselas no reconocía la legitimidad de Maduro tras las elecciones “ni libres ni justas” de 2024, nunca respaldó una intervención militar extranjera.

Este episodio coloca a la UE ante una disyuntiva incómoda: si tolera o legitima de facto la actuación de Washington, debilita su propio discurso jurídico frente a otros escenarios (Ucrania, Gaza, Sahel) donde exige respeto estricto a la soberanía estatal y a la Carta de la ONU.

La operación en Venezuela funciona como un test de estrés de la capacidad europea para defender un orden basado en normas frente a la lógica de esferas de influencia y golpes preventivos.

División interna y autonomía estratégica

La reacción europea ha sido fragmentada. Mientras las instituciones comunitarias y la mayoría de Estados miembros insisten en la moderación y el respeto del derecho internacional, algunos gobiernos y sectores políticos han mostrado comprensión hacia la captura de un líder al que no consideraban legítimo. Un informe periodístico señala que hasta 26 Estados miembros, con la única excepción de Hungría, criticaron las formas de la operación estadounidense, revelando fisuras en la política exterior común.

Esta división pone en entredicho la capacidad de la UE para ejercer la tan cacareada “autonomía estratégica”. Un principio que se inscribe en la Estrategia Global sobre Política Exterior y de Seguridad.

Tal como destacan varios expertos consultados por think tanks europeos, al aceptar una intervención que vulnera principios fundacionales de la UE, esta envía la señal de que Europa sigue subordinada a la agenda de Washington cuando se trata del hemisferio occidental.

Lo que se juega España.

España ha reaccionado con una combinación de condena jurídica y prudencia diplomática. El Gobierno ha llamado a la desescalada, ha reclamado respeto al derecho internacional y ha reiterado que no reconoció las elecciones que mantuvieron a Maduro en el poder, ni reconoce tampoco una solución impuesta militarmente desde el exterior.

El presidente Pedro Sánchez ha insistido en que cualquier transición debe ser venezolana, pacífica y respaldada por organismos multilaterales.

Diplomacia, relación transatlántica y liderazgo en América Latina

Al mismo tiempo, España se ve obligada a gestionar la relación con su principal aliado de seguridad, Estados Unidos, en un contexto de fuerte asimetría de poder. Por un lado, aspira a desempeñar un papel de mediador entre Europa, Washington y América Latina, en consonancia con su Estrategia de Acción Exterior 2025-2028, del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Pero la unilateralidad de la operación limita su margen de maniobra y la expone a presiones simultáneas de ambos lados.

Polarización interna y comunidad venezolana

La crisis también exacerba divisiones en la política doméstica española. Mientras el Gobierno central evita una ruptura frontal con Estados Unidos, partidos de la izquierda como Sumar o Podemos han calificado la operación de “violación muy grave de la Carta de la ONU” y “piratería imperialista”. Sus dirigentes reclaman una condena firme y el rechazo a cualquier invasión. Desde la oposición conservadora, en cambio, se ha enfatizado que la caída de Maduro era deseable, pero se utiliza el episodio para cuestionar la supuesta “ambigüedad” del Ejecutivo español hacia el chavismo.

España es, además, uno de los principales destinos de la diáspora venezolana en Europa, con cientos de miles de residentes y numerosos casos de doble nacionalidad. Estudios sobre migraciones latinoamericanas y datos recogidos por organismos europeos muestran que cualquier agravamiento del conflicto y de la inestabilidad puede traducirse en nuevas oleadas migratorias, lo que convierte la crisis venezolana en un asunto de política interior en materia de integración, vivienda y mercado laboral.

Energía, recursos y transición ecológica

La captura de Maduro y el debilitamiento del núcleo dirigente chavista reabren la cuestión del control de los recursos energéticos venezolanos. Esto se produce en un momento de elevada volatilidad de los mercados debido a la guerra en Ucrania y a la transición verde. Declaraciones de Trump sobre qué empresas estadounidenses “se harán cargo del petróleo venezolano” alimentan la percepción de que la operación responde también, aunque no solo, a un cálculo económico.

Para España y la UE, que buscan diversificar proveedores de hidrocarburos y, a la vez, reducir la dependencia de combustibles fósiles, esta situación plantea un dilema.

La primera opción implica aprovechar una eventual reapertura del sector petrolero venezolano en clave de seguridad energética. Otra consiste en condicionar cualquier acercamiento económico a garantías de transición democrática y respeto de los derechos humanos. Una aproximación puramente oportunista dañaría la credibilidad climática y de derechos humanos de Europa en el Sur Global.

Venezuela y el futuro del orden internacional

Lo que ocurra en Venezuela excede las fronteras del país y del continente americano. Representa un indicador de hasta que punto el uso de la fuerza vuelve a imponerse sobre el derecho en la política global. Diversos análisis académicos y de think tanks (desde Chatham House hasta el GMF y el European Policy Centre) coinciden en que la operación estadounidense marca un precedente peligroso de lo que puede suponer una Doctrina Monroe 2.0 o, como ya se empieza a denominar, “Donroe” (cambiando la “M” por la “D” de Donald). Un escenario donde la hegemonía regional se ejerce por medios militares y judiciales unilaterales.

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Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Venezuela: el dilema entre legalidad internacional y ‘realpolitik’ que afrontan Europa y España – https://theconversation.com/venezuela-el-dilema-entre-legalidad-internacional-y-realpolitik-que-afrontan-europa-y-espana-272771

La maternidad que heredamos: palabras, silencios y juicios que pasan de generación en generación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Catalá Mesón, Profesora Titular de Universidad del Area de Psicología Social, Universidad Rey Juan Carlos

Jurij Krupiak/Shutterstock

En cada conversación sobre maternidad hay algo más que consejos o anécdotas. Hay una herencia emocional que pasa de generación en generación, a veces en palabras, otras en gestos y muchas veces en silencios. Heredamos no solo maneras de cuidar, sino también formas de callar, de resistir, de amar y de temer. Las experiencias de maternidad se heredan, pero también los silencios.

En psicología perinatal sabemos que la experiencia de la maternidad no se limita al vínculo con el bebé: es también una transformación identitaria y emocional. Estudios sobre apego intergeneracional y memoria transgeneracional muestran cómo las vivencias, los miedos y las creencias de las generaciones anteriores influyen en la manera en que las mujeres viven su propia maternidad. Cada mujer, consciente o no, negocia entre lo heredado y lo elegido.

Durante los últimos años, como investigadora en este campo, he escuchado a cientos de mujeres hablar de su embarazo, su parto y su posparto. En esas conversaciones aparecen risas, cansancio, ternura, culpa y una tensión sutil. La que se da entre mujeres que se quieren, pero que a veces no saben cómo entenderse.

Tías, suegras o abuelas que “observan”

Muchas madres recientes me cuentan que se sienten observadas por las mujeres de su entorno: madres, tías, suegras, abuelas… Mujeres que también cuidaron Y que hicieron lo que pudieron con lo que tenían. Pero a menudo sus consejos suenan más a juicio que a apoyo.

En entrevistas de investigación y conversaciones clínicas, estas observaciones aparecen con frecuencia formuladas en expresiones como:

“Antes comíamos de todo en el embarazo y no pasaba nada”. “Antes bañábamos a los niños todos los días”. “Antes no había tantas tonterías con la comida”. “Nosotras no teníamos tiempo para esas cosas”. “Con tanto leer en internet, se os olvida el instinto”…

Formulaciones aparentemente cotidianas que no siempre se dicen con mala intención, pero que duelen. Duelen porque detrás hay una idea: que la forma en que hoy se vive la maternidad debe justificarse, defenderse o explicarse. Como si cada decisión tuviera que demostrar que es la correcta.

Maternidad intensiva: en busca de madres infalibles

La socióloga Sharon Hays definió hace tres décadas este fenómeno como “maternidad intensiva”, una forma de crianza en la que se espera que las madres sean emocionalmente disponibles, informadas y casi infalibles. Esa exigencia cultural se mezcla con los juicios intergeneracionales y refuerza la sensación de estar siempre siendo evaluada.

Lo paradójico es que antes también existían redes de apoyo, pero muchas de ellas eran silenciosas. Mujeres que acompañaban, que sostenían, pero que también callaban. Callaban el miedo, el dolor, la tristeza. Callaban porque no había espacio para hablar de la maternidad desde la vulnerabilidad. Y quizá por eso, cuando hoy las madres expresan su necesidad de espacio o de calma, esas generaciones pasadas no siempre saben cómo acompañarlas sin repetir el patrón del consejo o la corrección.

Algunas madres me cuentan que han tenido que pedir que no haya familiares en la sala de espera del paritorio o que las primeras visitas esperen unos días. No porque no quieran compañía, sino porque necesitan intimidad, silencio y reconocimiento. Pero esa petición, a menudo, se vive como rechazo. “Nosotras también parimos y no nos quejamos”, responden algunas. Y sí, ellas también lo hicieron, pero lo hicieron muchas veces sin ser escuchadas, sin poder elegir, sin poder parar.

La maternidad actual, en cambio, busca un lugar donde cuerpo y palabra se encuentren. Donde cada decisión (comer o no ciertos alimentos, elegir epidural o parto natural, amamantar o no, destetar o seguir) pueda hacerse desde la libertad, no desde el miedo al juicio. Porque la maternidad no es una competencia entre generaciones, sino un diálogo que aún está aprendiendo a hablar.

Frases que dejan huella

Incluso la lactancia, que debería ser un espacio íntimo y sereno, se convierte a menudo en tema de debate. “Tu leche no le llena y por eso llora tanto”. “Dale un biberón que así duerme mejor”. “Ya es mayor para seguir mamando”.

Son frases que parecen pequeñas, pero dejan huella. Minan la confianza, generan culpa y cuestionan el vínculo. Detrás de cada decisión hay una mujer que siente, duda y sostiene con su cuerpo y su mente. Que busca hacerlo bien, aunque a veces el entorno solo sepa decirle cómo debería hacerlo.

Hoy, desde la psicología, sabemos que la validación emocional y la escucha activa son factores protectores frente a la depresión posparto y el aislamiento materno. Acompañar sin juzgar no solo alivia: también previene sufrimiento psicológico y fortalece el bienestar del vínculo madre-bebé.

Quizá ha llegado el momento de romper esa cadena de juicios heredados. De sustituir el “antes se hacía así” por un “cuéntame cómo lo haces tú”. De pasar del consejo automático a la escucha auténtica. Acompañar no es enseñar, es estar. Es ofrecer presencia sin imponer, empatía sin corrección. Es aceptar que cada mujer, cada historia y cada época tienen su propio lenguaje.

Las investigaciones sobre transmisión emocional intergeneracional sugieren que los silencios también se heredan: no solo a través de relatos explícitos sobre la maternidad, sino también mediante una transmisión emocional implícita, hecha de gestos, climas afectivos y emociones no dichas.

Las heridas que una generación no pudo nombrar, la siguiente a menudo las siente sin saber por qué. Por eso cuando una mujer pide calma, busca silencio o defiende su manera de cuidar, no está rechazando a nadie. Está intentando escucharse. Está aprendiendo a cuidar desde un lugar más consciente, más propio y más en paz.

Agradecer la historia que nos trajo hasta aquí, con sus luces y sus sombras, es una manera de reconciliarnos. De honrar a las que nos precedieron sin cargar con sus silencios. De entender que no necesitamos tener razón para acompañarnos, solo respeto para mirarnos sin juicio.

Porque en cada generación hay una mujer que cuida, que sostiene y que aprende a hacerlo de nuevo, a su manera. Y cada vez que una de nosotras se atreve a hablar (a poner palabras donde antes hubo silencio), está tejiendo un puente entre pasado y futuro. Un puente hecho de escucha, ternura y presencia.

The Conversation

Este artículo se deriva del proyecto I-MARTERNA, financiado por la Comunidad de Madrid y la Universidad Rey Juan Carlos en el marco del convenio para la promoción de la investigación y transferencia de tecnología 2023–2026 (Código: 2023/00423/017, Línea A: Doctores emergentes).

ref. La maternidad que heredamos: palabras, silencios y juicios que pasan de generación en generación – https://theconversation.com/la-maternidad-que-heredamos-palabras-silencios-y-juicios-que-pasan-de-generacion-en-generacion-268420

Cómo hacer mejores propósitos de año nuevo: encontrar lo que nos empuja, no buscar lo que nos falta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan-Antonio Moreno-Murcia, Catedrático de Universidad, Universidad Miguel Hernández

Pratchaya.Lee/Shutterstock

Cada comienzo de año tiene algo de ritual silencioso. Cambia el calendario, aflojamos un poco el ritmo y, casi sin darnos cuenta, aparece esa pregunta que vuelve siempre: ¿qué quiero ahora?

A veces la formulamos con palabras claras y queda flotando como una sensación difusa, pero está ahí. Se cuela en las listas de propósitos, en las conversaciones de enero, en esa mezcla rara de expectativa y cansancio que traen los comienzos. Y suele vivirse como si el deseo señalara todo lo que falta, como si el año nuevo fuera una oportunidad para corregir déficits acumulados. Más disciplina, más éxito, menos errores, menos malestar.

Sin embargo, esta forma de plantear los propósitos parte de una idea muy extendida, pero poco cuestionada: que deseamos porque carecemos de algo.

¿Deseamos porque nos falta algo?

Durante años he escuchado a personas muy distintas hablar de sus propósitos como si fueran parches. Como si al lograrlos, por fin, algo esencial quedara resuelto. Con el tiempo, y con mucha experiencia formativa, empecé a sospechar que ahí había una confusión de base. El deseo no es solo la expresión de una carencia. No deseamos únicamente porque algo no está, sino porque estamos vivos, porque hay en nosotros una fuerza que empuja, que insiste, que persevera.

Esta idea no es nueva. En la filosofía de Spinoza, el deseo es entendido como la expresión misma de la esencia humana, aquello que nos impulsa a perseverar en nuestro ser y a aumentar nuestra potencia de actuar. Desde esta perspectiva, el deseo no es un defecto que debamos corregir, sino la energía que sostiene nuestra vida activa.

Pensar así el deseo cambia radicalmente la forma en que encaramos los propósitos. Ya no se trata solo de fijar metas externas, sino de orientar una fuerza que ya está en marcha. Cada vez que formulamos un propósito, estamos decidiendo hacia dónde dirigir nuestra motivación.

El ‘querer’ frente al ‘gustar’

Numerosos estudios en psicología han mostrado que las personas solemos sobreestimar el impacto emocional duradero que tendrán ciertos logros o adquisiciones, un fenómeno conocido como “error de predicción afectiva”. Imaginamos que, cuando alcancemos eso que deseamos, llegará una alegría estable. Sin embargo, esa alegría suele ser breve y dependiente del resultado.

Existe una distinción importante entre el “querer” y el “gustar”. Mientras que el sistema dopaminérgico del “querer” nos empuja obsesivamente hacia la meta, no suele darnos satisfacción: la promesa de ese placer, al alcanzarse, hace desaparecer la satisfacción por la “adaptación hedónica”. Este fenómeno fue descrito por los expertos estadounidenses Philip Brickman y Donald T. Campbell en 1971 y se refiere a que los logros, recompensas o mejoras externas generan un aumento momentáneo de satisfacción, pero con el tiempo dejan de producir el mismo efecto emocional.




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Por ejemplo, comprar un teléfono nuevo suele generar entusiasmo y placer en los primeros días o semanas. Sin embargo, a medida que ese objeto se vuelve parte de la rutina cotidiana, la emoción inicial se desvanece y el nivel de satisfacción vuelve a ser similar al anterior, lo que a menudo reactiva el deseo de obtener algo nuevo.

Por esta razón muchos propósitos formulados con entusiasmo a comienzos de año se diluyen con el tiempo: el deseo que los sostenía estaba basado principalmente en la promesa de un placer momentáneo, vulnerable a la adaptación hedónica. Este tipo de metas, denominadas “extrínsecas”, como el dinero, la imagen o el estatus, se asocian con niveles más bajos de bienestar psicológico en comparación con metas intrínsecas vinculadas al crecimiento personal, las relaciones y la contribución al bienestar de otros.

Aunque la adaptación hedónica también se produce en las metas intrínsecas, estas tienden a sostenerse en el tiempo porque no dependen únicamente del placer inmediato, sino del significado, la coherencia personal y el valor del proceso mismo.

Orientar el deseo hacia el sentido

Cuando el deseo se vincula con un propósito más amplio, con algo que sentimos significativo, es decir cuando toma una orientación “eudaimónica” en lugar de hedónica, centrada en el sentido y los valores, no solo logramos mayor bienestar psicológico, sino también mejores indicadores de salud física, menor inflamación y mayor longevidad.

Otros hallazgos muestran que la alineación entre metas personales y valores internos predice mayor persistencia y menor desgaste emocional.

En otras palabras, además de afectar a cómo nos sentimos o cuán motivados estamos, la forma en que orientamos nuestros deseos influye en cómo nuestro cuerpo responde a la adversidad. Aprender a desear mejor aparece así no solo como una tarea ética o psicológica, sino también como una forma concreta de cuidado a largo plazo. No siempre es placentero en el corto plazo, pero es profundamente nutritivo en el largo.

Aumentar nuestra potencia de actuar

Aprender a vivir bien implica desarrollar la capacidad de distinguir entre deseos que aumentan nuestra potencia de actuar y deseos que la disminuyen. En términos motivacionales, se trata de pasar de una regulación externa o impulsiva a una regulación más integrada y autónoma. Este cambio no elimina el esfuerzo, pero lo vuelve más sostenible.

Orientar el deseo no implica reprimirlo ni controlarlo a la fuerza. Tampoco implica renunciar al placer. La tarea es reflexionar sobre nuestros deseos, comprenderlos y transformarlos cuando sea necesario. Cuando lo hacemos, el deseo deja de ser una fuente de frustración recurrente y se convierte en un motor de perseverancia.




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El proceso como objetivo, no el resultado

Por ejemplo, un propósito tradicional como “ir más al gimnasio” o “ponerse en forma” suele estar sostenido por motivaciones externas como la apariencia, la comparación social o la urgencia del cambio rápido. Cuando el entusiasmo inicial disminuye o los resultados no aparecen de inmediato, el esfuerzo se vive como una carga y el hábito tiende a abandonarse.

Transformar este propósito implica desplazar el foco desde el resultado hacia la experiencia: mover el cuerpo de una forma que resulte disfrutable, sentirse con más energía en la vida cotidiana o cuidar la salud para poder participar plenamente en actividades significativas. En este reencuadre, la actividad deja de ser un medio para alcanzar una meta externa y se convierte en una práctica con valor en sí misma.

Algo similar ocurre con “comer más sano”. Cuando el objetivo está centrado exclusivamente en el control, el peso o la restricción, suele generar tensión y fatiga. En cambio, si se reformula como elegir alimentos que mejoran el bienestar, escuchar las señales del cuerpo o cuidar la propia energía, la conducta se apoya en una motivación más integrada. Aunque el esfuerzo siga presente, ya no se experimenta como una imposición, sino como una forma coherente de cuidarse.

Una oportunidad para desear mejor

Un propósito bien orientado no siempre genera entusiasmo inmediato. A veces incluso incomoda. Pero tiene algo distintivo: no se agota rápido. Puede atravesar semanas difíciles sin desaparecer, porque no depende solo del estado de ánimo. Se apoya en un sentido más profundo. Y esto es clave al comenzar un año nuevo. La motivación inicial siempre se diluye. La pregunta importante es qué deseo queda cuando el entusiasmo decae.

Quizás el mejor propósito para un año que empieza no sea hacer más ni tener más, sino aprender a desear mejor. Aprender a escuchar qué hay detrás de nuestros anhelos, a distinguir entre lo que calma por un rato y lo que realmente nos nutre. El deseo, cuando está bien orientado, no promete una felicidad futura idealizada. Ofrece algo más sólido: una sensación de dirección.

Un año nuevo, entonces, no es tanto una oportunidad para corregir lo que falta, sino para orientar mejor esa fuerza que ya está en nosotros. Y eso, aunque no siempre se sienta espectacular, suele ser profundamente transformador.

The Conversation

Juan-Antonio Moreno-Murcia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo hacer mejores propósitos de año nuevo: encontrar lo que nos empuja, no buscar lo que nos falta – https://theconversation.com/como-hacer-mejores-propositos-de-ano-nuevo-encontrar-lo-que-nos-empuja-no-buscar-lo-que-nos-falta-272711

El visionario de la alta costura moderna: el olvidado Paul Poiret

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Iglesias Botrán, Profesora del Departamento de Filología Francesa en la Facultad de Filosofía y Letras. Doctora especialista en estudios culturales franceses y Análisis del Discurso, Universidad de Valladolid

Ilustración de dos vestidos de Poiret hecha por Paul Iribe para _Les Robes de Paul Poiret_. Wikimedia Commons

Durante décadas en el olvido, Paul Poiret (París, 1879-1944) fue el diseñador de alta costura más importante de los inicios del siglo XX, el primero que realmente cambió la silueta femenina.

Retrato en blanco y negro de un hombre con chaleco blanco, corbata y chaqueta negra.
Retrato de Paul Poiret en 1913.
United States Library of Congress’s Prints and Photographs division

Con su personalidad arrolladora creó un proyecto creativo integral, una empresa próspera que abarcó todas las artes decorativas, y fue pionero en un estilo de negocio que inspiró a muchos diseñadores posteriores.

Además de ropa, fabricó perfumes, publicó libros, decoró barcos, viajó por el mundo, creó una escuela de arte para niñas, se empapó de las vanguardias y fue siempre consciente de estar generando un universo nuevo. Su desbordante creatividad lo llevó finalmente a la ruina y al olvido, pero siempre estuvo orgulloso de su aportación.

Afortunadamente, el Museo de Artes Decorativas en París le dedica en estos meses una exposición cuyo nombre le define: La moda es una fiesta.

Nueva silueta femenina

Liberar el cuerpo de la mujer fue su primer objetivo. Paul Poiret observaba y respetaba la anatomía natural femenina, y lograba que la ropa acompañase el movimiento del cuerpo con ligereza. Creó en sus diseños líneas rectas o curvadas y drapeados estratégicos que conservaban la elegancia y el estilo único de su firma.

En 1906 descartó definitivamente el corsé y diseñó sus creaciones partiendo del sujetador, un acto pionero de modernidad vigente hasta hoy. Diseñó la falda-pantalón, caftanes, kimonos y turbantes y también innovó al ser el primero en presentar a sus modelos con el pelo corto.

Este estilo novedoso y adelantado por su comodidad se puso de moda y causó furor entre las mujeres de la alta sociedad, las cocottes y las artistas más relevantes.

Diseños de Paul Poiret exhibidos en la exposición del Museo de Artes Decorativas de París.
Diseños de Paul Poiret exhibidos en la exposición del Museo de Artes Decorativas de París.
Musée des Arts Décoratifs

Investigación y desarrollo

Pretendía crear una nueva estética, un lenguaje visual insólito. Por eso contrató a un químico para fabricar en su propio laboratorio nuevos tintes, investigando combinaciones armoniosas e innovadoras.

Para el diseño de los estampados, fundó en 1911 el Atelier Martine, un lugar de formación gratuita para jóvenes con talento artístico y pocos recursos. Allí, las niñas dibujaban libremente inspiradas en la naturaleza, sin intervención externa ni normas académicas.

Poiret transformaba estos dibujos de flores, alcachofas y margaritas en elementos decorativos que aplicaba tanto a tejidos de ropa como a cortinas, cojines y alfombras y otros objetos del hogar.

Primer modisto con perfume

Para él la moda no se limitaba a la ropa, sino a un estilo de vida basado en el arte que debía romper con los gustos de la belle époque e impregnarlo todo. Por eso, fue el primer diseñador en crear una línea de perfumes, ya que consideraba que el aroma también era una muestra del estilo personal.

Diez años antes de que Chanel sacara su mítico “N.º 5” (1921), Paul Poiret ya había fundado la sociedad comercial Les Parfums de Rosine (según el nombre de su hija mayor). Durante una década, fue el único modisto-perfumista de París, hasta que, además de Chanel, la casa Whorth (en 1924) y el diseñador Jean Patou (en 1925) siguieron sus pasos.

Para la creación de dos de sus aromas se inspiró en sus hijas. Otros evocaban el imaginario francés, como “Arlequinade”, el exotismo, como “Aladdin” o “Nuit de Chine” (Noche china), o la sensualidad, como “Fruit défendu”. Eran perfumes intensos, con ingredientes florales y exóticos.

Una vez más, recurrió a artistas para su producción. Todos los frascos eran sorprendentes, novedosos y elegantes, con formas geométricas o florales y tapones ornamentales. Son en sí mismos objetos de lujo y obras maestras pioneras del arte decorativo. Para el perfume “Arlequinade (1923)”, por ejemplo, cuya fragancia había sido creada por el perfumista Henri Alméras, contó con la artista del cubismo Marie Vassilieff para diseñar el frasco y con el escultor en vidrio Julien Viard para fabricarlo.

Hoy en día los perfumes de Poiret se conservan en la Osmothèque de París.

La moda es una fiesta

En su autobiografía Vistiendo la época cuenta que disfrutaba de la vida en todo momento. Por eso compartía su creatividad organizando fiestas temáticas que se volvieron míticas.

La primera, celebrada el 24 de junio de 1911, se tituló “La Mille et deuxième Nuit” (“La mil y dos noches”), y estaba inspirada en el clásico libro de relatos Las mil y una noches. En la invitación se indicaba claramente que “un disfraz inspirado en cuentos orientales [era] absolutamente obligatorio”.

Las cosas de Paul Poiret vistas por Georges Lepape, París, Paul Poiret, 1911. Ejemplar n.º 176/300. Fototipia coloreada con plantilla.
Les Arts Décoratifs

Poiret se disfrazó de sultán y su esposa Denise de princesa enjaulada, con pantalones de estilo oriental y una túnica con faldas acopladas que sería recordada por todos. La decoración, la comida, la música y las actuaciones giraron en torno al tema central y más de 300 invitados –artistas, escritores, aristócratas– asistieron luciendo diseños del anfitrión.

Fue una fastuosa puesta en escena de sus creaciones: exótica, innovadora, sorprendente, teatral y delirante, como las que hoy son habituales en las presentaciones de las grandes casas de moda.

¿Catálogos de moda u obras de arte?

Quiso que sus diseños llegaran a todos los rincones de Europa. Creó catálogos promocionales con ilustraciones de artistas de la época que él eligió y contribuyó a consagrar.

El 1908 le encargó uno a Paul Iribe: Los vestidos de Paul Poiret. En 1911 hizo lo mismo con Georges Lepape en Las cosas de Paul Poiret. En ellos, las mujeres llevan puestos sus diseños y aparecen fumando, en fiestas, charlando, rodeadas de escenarios que evocan lujo y sofisticación.

Estas recopilaciones son consideradas obras de arte de gran valor y hoy se conservan en la Biblioteca Nacional de Francia, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y el Victoria & Albert Museum de Londres.

Fuente inagotable de inspiración

Foto en blanco y negro de una mujer vistiendo un traje pantalón a cuadros.
Traje de cuadros diseñado por Paul Poiret en 1914.
United States Library of Congress’s Prints and Photographs division

Su estilo influyó en grandes de la moda que le sucedieron: Christian Dior, Jean Paul Gaultier y John Galliano, entre otros, así como en Gabrielle Chanel. La diseñadora Elsa Schiaparelli, gran amiga y admiradora, le consideraba el Leonardo Da Vinci del sector.

Fue el precursor de los vestidos de los años 20 que Chanel retomó e hizo evolucionar con la creación de una elegancia funcional. Si Poiret renovó y liberó la silueta, Chanel la hizo cómoda, acortando las faldas, dejando libre la cintura, con materiales ligeros y adaptados al movimiento natural del cuerpo. Paul Poiret deploraba el estilo básico y extremadamente sencillo de Chanel que, curiosamente, él mismo había contribuido a crear y que denominaba el misérabilisme de luxe.

El camino a la ruina y el olvido

Durante la Primera Guerra Mundial, Poiret no desistió en su estilo artístico y fastuoso, sin tener en cuenta la realidad social: ante la escasez de la contienda, ignoró por ejemplo tejidos austeros como la lana.

Tampoco atendió a los nuevos gustos de la alta sociedad de posguerra: bailar el tango, bañarse en el mar, conducir coches, el deporte… Una vida más veloz y dinámica exigía vestidos cómodos y adecuados para cada ocasión. Otros diseñadores más conscientes de los cambios, como Chanel, supieron aprovechar los acontecimientos y triunfar.

Sus gastos desmedidos, su resistencia al cambio y las malas decisiones empresariales lo llevaron a la bancarrota. En 1929 tuvo que cerrar su casa de moda, todos sus bienes fueron subastados y su aportación ignorada.

Fue así como el diseñador que anunció la moda moderna y cuya influencia llega hasta hoy murió en 1944: enfermo, arruinado y olvidado.

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Ana María Iglesias Botrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El visionario de la alta costura moderna: el olvidado Paul Poiret – https://theconversation.com/el-visionario-de-la-alta-costura-moderna-el-olvidado-paul-poiret-266733

Por qué dormimos peor que nunca aunque sepamos cada vez más sobre el sueño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

antoniodiaz/Shutterstock

Nunca habíamos sabido tanto sobre el sueño como ahora. Conocemos cuántas horas diarias se recomiendan, qué papel juega la regularidad, cómo influyen las pantallas y por qué dormir mal afecta a la salud física y mental. La investigación científica sobre el descanso ha avanzado de forma notable en las últimas décadas. Y, sin embargo, cada vez más personas duermen mal en todo el mundo.

En España, por ejemplo, esta realidad es especialmente visible. Casi la mitad de la población reconoce no descansar bien. Diversos estudios estiman que alrededor del 40 % de las personas presenta problemas de insomnio y que aproximadamente un 14 % lo padece de forma crónica. Además, la tendencia es ascendente. A comienzos de la década de 2010 la prevalencia de insomnio crónico se situaba en torno al 6 %, menos de la mitad de la actual, como mostraban estudios poblacionales previos.

Saber cada vez más sobre el sueño y dormir cada vez peor se ha convertido en una paradoja. Esta no se explica por una falta de información ni por desinterés individual, sino por la forma en que hemos organizado el tiempo, el trabajo y la vida cotidiana. Hoy cada vez es más difícil algo tan básico como descansar bien.

Cuando el conocimiento no basta

Durante años, el sueño se ha abordado como una cuestión individual. Si alguien duerme mal, se asume que no sigue las recomendaciones adecuadas o que mantiene hábitos poco saludables. Este enfoque tiene un efecto claro: desplaza la responsabilidad hacia la persona y deja en segundo plano las condiciones sociales y laborales, que influyen decisivamente en el descanso.

Sabemos qué hacer para dormir mejor, pero no siempre podemos hacerlo.

La evidencia en psicología del trabajo y salud laboral muestra qué factores predicen una peor calidad del sueño, incluso entre personas bien informadas sobre hábitos saludables. Estos incluyen las jornadas extensas, los horarios impredecibles y la dificultad para desconectar mentalmente del trabajo.

A ello se suma un cambio profundo en la forma en que se estructura el día. En muchos casos la jornada ya no tiene un final claro. Correos electrónicos, mensajes y tareas pendientes prolongan la activación mental hasta bien entrada la noche.

La investigación sobre hiperconectividad y telepresión ha mostrado que esta disponibilidad permanente se asocia con mayor activación fisiológica y con dificultades para conciliar y mantener el sueño. El cuerpo necesita señales claras de cierre para iniciar el descanso. Cuando la noche se convierte en una extensión del día, ese proceso se vuelve más difícil.

El problema es que las formas de trabajar han cambiado, pero la biología no lo ha hecho. El cerebro humano funciona en ciclos y necesita alternar activación y recuperación. Dormir no es una pausa pasiva, sino un proceso activo en el que se consolidan recuerdos, se regulan emociones y se restaura la capacidad de pensar con claridad. La falta de sueño afecta de manera consistente a la atención, la memoria y la toma de decisiones.

A este problema se suma un factor menos visible, pero fundamental: vivimos cada vez más alejados de nuestros ritmos biológicos naturales. El sueño está regulado por relojes internos que se sincronizan con la luz, la regularidad y la alternancia entre día y noche. Sin embargo, horarios irregulares, exposición prolongada a luz artificial, trabajo nocturno y jornadas que se extienden más allá del atardecer generan un desajuste circadiano persistente.

El resultado no es solo dormir menos, sino hacerlo en momentos biológicamente inadecuados. Esto reduce la calidad del descanso incluso cuando el tiempo total de sueño parece suficiente.

Además, no todas las partes del sueño se pierden por igual. Las últimas horas de la noche, que suelen recortarse cuando nos acostamos tarde o madrugamos, son especialmente importantes para la regulación emocional y la integración de la información. Su pérdida se asocia con mayor irritabilidad, menor flexibilidad cognitiva y una mayor tendencia a responder de forma impulsiva al día siguiente.

Dormir menos no implica solo estar más cansado, sino funcionar de otra manera.

A este desajuste estructural se añade un componente cultural. En muchos entornos, especialmente laborales, el cansancio se ha normalizado e incluso valorado. Dormir poco continúa asociándose al compromiso, la responsabilidad y la ambición.

Sin embargo, la investigación muestra que la fatiga crónica no solo reduce el rendimiento. También deteriora el clima laboral, la cooperación y la calidad de las decisiones.

El sueño como responsabilidad individual y como negocio

En paralelo, el discurso del bienestar ha tendido a convertir el sueño en un producto de consumo. Aplicaciones, dispositivos de seguimiento, relojes que supuestamente registran cada fase del descanso, colchones inteligentes y programas especializados prometen ayudarnos a dormir mejor.

Aunque algunas de estas herramientas pueden resultar útiles, muchas abordan el problema desde una lógica individual. Este enfoque se centra en optimizar hábitos o métricas, sin cuestionar las condiciones sociales y laborales que dificultan el descanso.

En algunos casos, esta obsesión por medir y hacerlo bien puede incluso empeorar el problema. En los últimos años se ha acuñado el término “ortosomnia” para describir la ansiedad por dormir correctamente según indican los datos de los dispositivos. Personas que duermen razonablemente bien comienzan a preocuparse en exceso por sus puntuaciones, fases y despertares. Esto incrementa la vigilancia nocturna y dificulta el descanso. La paradoja es evidente: cuanto más se intenta controlar el sueño, más se escapa.

Todos estos discursos presentan el sueño como algo que se compra, se mide y se mejora, en lugar de como una necesidad biológica básica que debería estar protegida. Esta lógica refuerza la idea de que dormir bien es un logro personal, cuando en realidad depende de cómo se organizan los tiempos, las expectativas y las normas colectivas.

Tal combinación de factores alimenta una paradoja difícil de resolver con soluciones rápidas. Intentamos corregir con tecnología un problema que hemos creado organizando mal el tiempo y el trabajo. Ninguna aplicación puede compensar jornadas impredecibles, hiperconectividad constante y la imposibilidad real de desconectar.

The Conversation

Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué dormimos peor que nunca aunque sepamos cada vez más sobre el sueño – https://theconversation.com/por-que-dormimos-peor-que-nunca-aunque-sepamos-cada-vez-mas-sobre-el-sueno-272400

¿Por qué a Donald Trump le fascina el petróleo venezolano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eszter Wirth, Profesora de Economía Internacional (ICADE), Universidad Pontificia Comillas

Un buque petrolero en el lago Maracaibo (Venezuela). Wilfredor/Wikimedia Commons, CC BY

El sector hidrocarburífero venezolano ha sido campo de batalla entre el Estado y empresas privadas y ha estado sujeto a ciclos recurrentes de liberalizaciones seguidas de nacionalizaciones petroleras. Estas nacionalizaciones tienden a resurgir cuando los precios petroleros son altos, se descubren yacimientos abundantes o suben los volúmenes extraídos, como sucedió en los años 70 y la primera década de los 2000.

Reventón del pozo Barrosos II en Cabima, estado Zulia, el 14 de diciembre de 1922.
Fuente: Wikipedia, CC BY

El reventón del pozo Barroso II, en 1922, marcó el nacimiento de la Venezuela hidrocarburífera. Desde entonces hubo dos grandes ciclos de inversiones privadas seguidas de nacionalizaciones.

El primer ciclo de nacionalismo perolero: el origen de PDVSA

Entre los años 1920-1950, la extracción estuvo controlada por empresas extranjeras como Shell (Reino Unido-Países Bajos) o Standard Oil y Gulf Oil (EE. UU.). En los años 1950 y 1960, el Estado venezolano incrementó los impuestos y regalías y renegoció las concesiones para obtener mayor soberanía sobre sus materias primas.

Como consecuencia, la inversión privada y la producción de crudo descendieron paulatinamente en los 60-70 y la Administración de Carlos Andrés Pérez llevó a cabo la primera nacionalización petrolera el 1 de enero de 1976, justo hace 50 años. Sin embargo, no fue una nacionalización abrupta y se negoció con las multinacionales, que fueron indemnizadas. Pese a ser 100 % de propiedad estatal, Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA) pudo operar con autonomía e interferencia política mínima.

Reservas de petróleo y gas natural venezolanas en % de las reservas mundiales.
Fuente: US Energy Information Administration

El segundo ciclo de liberalización y grandes inversiones comenzó en los 90, ante la incapacidad del Estado de afrontar los gastos de exploración y explotación del petróleo extrapesado de la Faja del Orinoco. A las empresas multinacionales se les ofreció un marco contractual especial, con amplias garantías ante cambios políticos.

El segundo ciclo de nacionalismo petrolero: el chavismo

Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1999 y fue siempre crítico con la apertura del sector al capital extranjero. No obstante, evitó cambiar el régimen contractual y fiscal hasta 2005. Dicha tardanza se explicó por las garantías que ofrecieron los contratos firmados en los 90 y el hecho de que las multinacionales todavía llevaban a cabo importantes proyectos de inversión entre 1999 y 2004.

La subida de los precios hidrocarburíferos entre 2004 y 2013, la finalización de los proyectos con las empresas multinacionales y los despidos de los trabajadores petroleros que participaron en el paro general de 2002-2003, incentivaron al gobierno chavista a endurecer las condiciones fiscales y a renacionalizar el sector en 2007. Más que una expulsión total de las empresas extranjeras o una confiscación generalizada, fue una renacionalización política y contractual. Este proceso sirvió para capturar y redistribuir la renta petrolera y convertir a PDVSA en un instrumento político al servicio del régimen.

Entre 2003 y 2012 se llevaron a cabo numerosos proyectos sociales financiados con rentas petroleras, las llamadas Misiones Bolivarianas. Fueron muy populares pues redujeron la pobreza y la desigualdad. Pero también exacerbaron el carácter rentista del Estado, sin mejorar la productividad del sector ni diversificar la economía. Al contrario, el resultado de la renacionalización fue el colapso de la inversión y la extracción de hidrocarburos a largo plazo, limitando la incorporación de nuevas tecnologías.

Producción y consumo de productos petroleros en miles de barriles diarios.
Fuente: US Energy Information Administration

Cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia, en 2013, heredó un sistema de misiones totalmente dependiente las rentas petroleras que, a partir de 2014, comenzaron su caída libre por el desplome de la producción de PDVSA, el descenso de los precios internacionales y la hiperinflación doméstica. Maduro descompuso varias de las misiones redistributivas y mantuvo solo aquellas de mera subsistencia, para evitar los estallidos sociales y retroalimentar el clientelismo político.

El Gobierno trató de atraer inversión extranjera, incluyendo operadoras de países aliados como Rusia o China, para extraer el crudo de la Faja del Orinoco y gas en alta mar. Pero la inestabilidad social, el colapso económico y las sanciones estadounidenses habían desalentado a las multinacionales.

¿Cuál será el interés de Trump?

La renacionalización petrolera de 2014 no fue ilegal, pues los recursos naturales pertenecen a Venezuela, ni tampoco una confiscación generalizada. Pero dos petroleras estadounidenses –ExxonMobil y ConocoPhillips– se negaron a colaborar con el gobierno chavista, mientras que Chevron continuó operando. El Estado expropió los activos de las multinacionales no colaboradoras y ambas se enfrentaron a años de litigios internacionales, que ganaron. Sin embargo, el Estado venezolano aún no ha pagado plenamente las indemnizaciones debido al colapso económico.

Es cierto que, pese a contar con las mayores reservas globales de crudo, el sector petrolero venezolano sufre de subinversión crónica y falta de personal cualificado. Adicionalmente, estas reservas son de petróleo pesado, muy viscoso y con una elevada huella de carbono. De ahí que tenga elevados costes de refino, aunque es un hidrocarburo adecuado para las refinerías estadounidenses del Golfo de México.

Según Rystad Energy, Venezuela necesitaría invertir 110 000 millones de dólares para restaurar los niveles de producción de hace 15 años, el doble de lo que las petroleras estadounidenses invirtieron a nivel global en 2024. Queda por ver si estas mostrarán el mismo entusiasmo que Trump por el petróleo venezolano, especialmente visto el escenario actual, plagado de incógnitas político-jurídicas y precios relativamente bajos.

Cobra entonces más peso la idea de que a Estados Unidos le interesa, sobre todo, impedir que sus rivales políticos, Rusia, China e Irán, con buenas relaciones con el Gobierno actual de Venezuela, controlen el petróleo venezolano y lo conviertan en un arma estratégica futura.

The Conversation

Eszter Wirth no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué a Donald Trump le fascina el petróleo venezolano? – https://theconversation.com/por-que-a-donald-trump-le-fascina-el-petroleo-venezolano-272672

Estados Unidos cruza la línea: Venezuela y el regreso del intervencionismo abierto en América Latina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Victor Hugo Perez Gallo, Assistant lecturer, Universidad de Zaragoza

Tomas Ragina/Shutterstock

Durante años, Estados Unidos ha presentado su política exterior como defensora de un “orden internacional basado en reglas”. Ese lenguaje ha servido para legitimar sanciones, presiones diplomáticas y operaciones encubiertas, especialmente en América Latina. Sin embargo, la reciente captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses rompe de forma abrupta con esa retórica.

No es una acción más dentro del conflicto con Venezuela. Se trata de una intervención directa contra un jefe de Estado en ejercicio, ejecutada sin mandato internacional y sin mediación multilateral. Dicho sin rodeos: Estados Unidos ha cruzado una línea que decía defender.

Este artículo no evalúa el carácter democrático del gobierno venezolano ni el historial del chavismo. El problema aquí es otro y más profundo: qué implica para América Latina –y para el sistema internacional– que la principal potencia mundial se arrogue el derecho de capturar gobiernos por la fuerza.

De la presión al atropello del precedente

Hasta ahora, la estrategia estadounidense frente a Venezuela había sido indirecta. Sanciones económicas, bloqueo financiero, aislamiento diplomático y deslegitimación política. Un asedio prolongado que, aunque devastador, se mantenía dentro de una zona gris del derecho internacional.

La captura de un presidente en funciones supone un salto cualitativo. Ya no hablamos de presión, sino de intervención soberana directa. De la suspensión unilateral de las reglas cuando dejan de ser útiles.

Como advierte el experto en relaciones internacionales estadounidense Stephen Walt, el poder hegemónico se vuelve inestable cuando confunde fuerza con autoridad. Los precedentes no se evalúan por su eficacia inmediata, sino por el tipo de mundo que ayudan a construir. Y el mundo que se perfila tras esta acción es uno donde la soberanía es condicional y la legalidad, selectiva.

América Latina: advertencia para todos

Para América Latina, el mensaje es inequívoco. No importa el signo ideológico, el tamaño del país o su grado de alineamiento: ningún Estado está completamente a salvo si entra en la categoría de “inaceptable” para Washington.

Este episodio reactiva una memoria histórica que la región nunca logró cerrar del todo: golpes, tutelas, gobiernos derrocados o disciplinados.

Desde la teoría de la autonomía latinoamericana, el abogado y diplomático argentino Juan Carlos Puig advertía que cuando las grandes potencias actúan sin límites claros, los Estados periféricos reducen su margen de maniobra y refuerzan conductas defensivas. El resultado no suele ser democratización, sino repliegue, militarización y desconfianza estructural.

La historia latinoamericana ofrece ejemplos elocuentes: el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, impulsado por Estados Unidos, es señalado por numerosos historiadores como un punto de inflexión regional. Autores como Piero Gleijeses y Greg Grandin han mostrado cómo aquel golpe contribuyó a radicalizar a amplios sectores de la izquierda latinoamericana y alimentó procesos posteriores –entre ellos, la Revolución cubana, la prolongada guerra interna en Colombia y otros movimientos insurgentes–, al cerrar las vías reformistas y reforzar la percepción de que el cambio pacífico era inviable bajo tutela externa.

No es casual que este tipo de acciones empujen a los gobiernos latinoamericanos a buscar contrapesos fuera del continente (China y Rusia), endurecer el control interno y desconfiar aún más de los mecanismos regionales existentes (OEA).

El coste político para Estados Unidos

Desde una lógica de poder inmediato, la operación puede parecer un éxito. Desde una lógica histórica, es un error estratégico.

Antonio Gramsci(1891-1937) explicó que la hegemonía se sostiene tanto por consenso como por coerción. Cuando la coerción se impone sin consenso, la hegemonía entra en crisis. En el plano internacional, esto se traduce en pérdida de legitimidad, incluso entre aliados.

Por su parte, el economista y sociólogo italiano Giovanni Arrighi] mostró en 1994 que las potencias en declive tienden a sustituir autoridad por fuerza. El problema es que ese recurso acelera el desgaste del liderazgo global. En un contexto de competencia con China y Rusia, este tipo de intervenciones refuerza la narrativa de un orden occidental arbitrario e hipócrita.

Lejos de fortalecer su posición, Estados Unidos alimenta la desconfianza global y legitima, indirectamente, que otros actores hagan lo mismo en sus respectivas áreas de influencia.

El retorno del poder sin reglas

El filósofo y jurista alemán Carl Schmitt (1888-1995) sostuvo que soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Aplicado a la política internacional, este principio tiene consecuencias devastadoras: si la excepción se normaliza, el derecho internacional deja de ser un marco y se convierte en un instrumento.

Eso es exactamente lo que está en juego. No Venezuela. No Maduro. Sino la idea misma de que existen límites al ejercicio del poder.

Cuando esos límites se cruzan sin consecuencias, la política internacional entra en una fase más cruda, más inestable y más peligrosa. América Latina ya ha vivido ese escenario. Y sabe que nunca termina bien.

La pregunta relevante ya no es qué ocurrirá en Venezuela, sino otra, mucho más inquietante: ¿qué credibilidad puede tener un “orden internacional basado en reglas” cuando quien lo proclama demuestra que puede violarlo sin consecuencias?

Una vez aceptado ese precedente, no hay retorno posible. El derecho deja de ordenar el mundo y el poder vuelve a gobernarlo sin máscaras.

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Victor Hugo Perez Gallo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Estados Unidos cruza la línea: Venezuela y el regreso del intervencionismo abierto en América Latina – https://theconversation.com/estados-unidos-cruza-la-linea-venezuela-y-el-regreso-del-intervencionismo-abierto-en-america-latina-272725

‘Marketing’ en tiempo real: de la sudadera de Maduro al montacargas del Louvre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Mancera Rueda, Profesora Titular de Lengua Española (Facultad de Filología), Universidad de Sevilla

Montaje de la marca Origin publicado en la red social X.

La detención de Nicolás Maduro en Estados Unidos ha sido uno de los acontecimientos políticos más comentados de los últimos años. Las redes sociales han desempeñado un papel central tanto en la difusión inmediata de las imágenes como en la circulación de interpretaciones sobre el alcance político, diplomático y simbólico de una acción sin precedentes, impulsada por la administración de Donald Trump.

Junto a estas lecturas, se ha hecho visible otro aspecto del suceso: el carácter icónico de unas imágenes en las que un detalle aparentemente secundario (una sudadera deportiva de una marca norteamericana) acaba ocupando un lugar central en la cobertura informativa, ya sea por una elección irrelevante o por una decisión estratégicamente significativa, según la lectura.

Con el mensaje publicado en X/Twitter: “Bienvenido a Estados Unidos. Lamentablemente, nuestra camiseta RTX ‘Patriot Blue’ no estará disponible hasta la primavera. ¡Pero ya se puede reservar!”, la marca de ropa Origin USA ha aprovechado la exposición mediática de uno de sus artículos para una estrategia publicitaria que empieza a ser frecuente en redes sociales: el marketing en tiempo real.

El texto iba acompañado de una composición visual elocuente: a un lado, una fotografía del dirigente venezolano esposado, luciendo la sudadera azul; al otro, la imagen del mismo producto, tal y como se comercializa en la página web. La relación entre el acontecimiento político y el objeto de consumo no se explicitaba más allá de la irónica “bienvenida” a los Estados Unidos dirigida a Maduro, pero resultaba inmediata para cualquier lector familiarizado con la actualidad.

En cuestión de horas, una escena cargada de significado institucional se transformaba en soporte publicitario, integrándose en la lógica promocional mediante un mensaje breve, irónico y sin marcas explícitas de valoración.

La actualidad se convierte en oportunidad

El marketing en tiempo real consiste en introducir un mensaje comercial en una conversación ya en marcha para aprovechar un pico de atención. El objetivo es claro: convertir visibilidad informativa en earned media, es decir, en difusión por los propios usuarios.

Lo interesante, sin embargo, no es solo la rapidez de la reacción, sino cómo se formula discursivamente. La marca no comenta el arresto ni adopta una posición política. El acontecimiento no se convierte en tema del mensaje, sino en su contexto implícito: algo que se da por sabido y que no necesita explicación. El arresto deja de exigir una lectura política o moral y pasa a funcionar como recurso de atención.




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Del acontecimiento al objeto

En el caso de Maduro, la atención se desplaza rápidamente en este tuit hacia un elemento secundario: la prenda que vestía el detenido. El mensaje publicitario reorganiza así el foco del lector, llevándolo del sujeto político al objeto material.

Este mecanismo no es excepcional. Algo similar ocurrió tras el robo de joyas en el Museo del Louvre, cuando la empresa alemana fabricante del montacargas utilizado por los ladrones lanzó una campaña con el lema “Cuando hay que hacer las cosas rápido”, acompañada de la imagen del dispositivo empleado en el asalto. En ambos casos, un acontecimiento grave y altamente mediatizado se convierte en escenario promocional.

Qué hace el lenguaje para que funcione

Desde el punto de vista lingüístico, estos mensajes comparten varias operaciones que actúan de forma combinada. En primer lugar, destaca la ausencia deliberada de valoración. No hay adjetivos ni juicios explícitos. Esta neutralidad protege a la marca desde el punto de vista reputacional y, al mismo tiempo, traslada al receptor la tarea de interpretar la asociación propuesta.

A ello se suma una economía extrema del decir. Los mensajes son breves porque confían en el conocimiento compartido del contexto, lo que facilita la circulación del mensaje.

El humor introduce otro elemento decisivo. No se trata de provocar risa abierta, sino de generar un contraste suave entre la solemnidad del acontecimiento y la banalidad del mensaje comercial. Ese contraste actúa como amortiguador discursivo, suavizando la lectura y facilitando que el mensaje circule sin rechazo inmediato.

La imagen termina de cerrar el proceso. Al yuxtaponer la escena del arresto o la del robo con la fotografía del producto tal y como aparece en la página web de la marca, se establece una relación visual directa que el texto no necesita explicar.

Del anuncio al humor continuado

Una vez activado este reencuadre, el proceso ya no depende solo de la marca. En el caso de la detención de Maduro, los usuarios comenzaron a integrar la imagen en cadenas de humor continuado, reutilizándola en contextos cada vez más alejados del acontecimiento original: montajes del dirigente venezolano junto a los Reyes Magos o comparaciones irónicas con la chaqueta militar que vestía Osama Bin Laden. El arresto dejaba de leerse como una noticia y pasaba a funcionar como material visual para el meme.

La audiencia como legitimadora

Las reacciones de los internautas consolidan este desplazamiento. Comentarios como “Victoria de marketing del año”, “Esto es marketing al nivel de Don Draper” o “Denle un aumento al equipo de marketing” evaluaban la escena no desde la política, sino desde la pericia publicitaria. Otros ironizaban: “Ni siquiera tenéis stock, pero Dios os da marketing gratis”, o “Maduro está dando patrocinio gratis a todo el mundo”. La conversación ya no giraba en torno al arresto, sino en torno a cómo se había sabido explotar por parte de la marca.

Visibilización y mensaje

La conversión de una detención política o de un robo espectacular en reclamos publicitarios no son anécdotas aisladas. Más que preguntarnos si estas campañas son ingeniosas o provocadoras, conviene observar qué condiciones comunicativas las hacen posibles. En ese desplazamiento (del acontecimiento al objeto publicitario, del objeto al meme) se redefine hoy una parte central del espacio público digital: qué se vuelve visible, qué circula con facilidad y qué queda momentáneamente al margen del juicio moral.

El lenguaje no elimina la dimensión ética de los acontecimientos, pero puede relegarla a un segundo plano, invitando a mirar antes el ingenio del mensaje que las implicaciones del hecho. En esa suspensión de la evaluación se juega una transformación profunda de cómo circula el sentido y de cómo se construye la responsabilidad en la comunicación digital contemporánea.

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Ana Mancera Rueda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Marketing’ en tiempo real: de la sudadera de Maduro al montacargas del Louvre – https://theconversation.com/marketing-en-tiempo-real-de-la-sudadera-de-maduro-al-montacargas-del-louvre-272742

‘We the People of Venezuela’: la vía constitucional para superar la ocupación y avanzar hacia la soberanía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Andrés Morales-Barreto, Coordinador académico y profesor del Departamento de Teoría Jurídica y de la Constitución de la Facultad de Estudios jurídicos, políticos e internacionales, Universidad de La Sabana

Manifestación convocada por la oposición a Maduro en agosto de 2024. Giongi/Shutterstock

Tras una operación militar estadounidense que incluyó bombardeos y la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo, el presidente Donald Trump declaró el 3 de enero de 2026 que Estados Unidos dirigirá temporalmente Venezuela hasta lograr una transición segura, adecuada y juiciosa. La afirmación plantea un dilema que va más allá del hecho militar. Bajo qué modelo de autoridad se ejercerá ese poder, con qué límites y cómo se compatibiliza con el principio de soberanía popular que estructura el constitucionalismo latinoamericano.

La mayoría de las constituciones de la región, incluida la venezolana de 1999, proclaman que la soberanía reside en el pueblo, acompañada de catálogos de derechos y límites al poder. Ese lenguaje resuena con la tradición estadounidense, cuya Constitución comienza con “We the People, una fórmula que afirma que la fuente del poder no es el gobierno sino la ciudadanía, y que toda autoridad es legítima solo si actúa bajo reglas y límites claros. Si esa idea sirve como fundamento del constitucionalismo, también funciona como estándar para evaluar cualquier transición, incluso una presentada como liberación.

La libertad no se mide por quién cae

En América Latina, la palabra liberación ha tenido significados opuestos. Puede asociarse a transiciones democráticas que desmontaron dictaduras, pero también a episodios en los que la fuerza sirvió para imponer gobiernos, reordenar instituciones y cerrar el pluralismo. Por eso la memoria cultural del continente insiste en una intuición básica. La libertad no se mide solo por quién cae, sino por lo que queda en pie. Dicho de otra manera, el desenlace puede ser celebrado y aun así producir consecuencias institucionales inesperadas.

Una parte del debate público se ha concentrado en el derecho internacional y el uso de la fuerza. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, con excepciones como la autodefensa ante un ataque armado o la autorización del Consejo de Seguridad. Ese marco busca evitar que el poder militar se convierta en un método normal para reconfigurar gobiernos.

Pero también conviene aclarar un punto conceptual. La fuerza no es un elemento natural del derecho; es su última excepción. Un sistema jurídico no se define solo por sancionar, sino por ordenar conductas y generar expectativas compartidas. Si el derecho se redujera a castigos, sería un mecanismo puramente represivo. Y la represión difícilmente puede ser la base de reconstrucción institucional para un país que ha vivido años de coerción estatal.

Este punto conecta con la discusión sobre democracia. Los Estados del mundo afirman ser democráticos bajo modelos distintos. Y la democracia no se agota en un procedimiento para contar votos. En América Latina, además, el gobierno no se elige mediante colegios electorales como en Estados Unidos, y la experiencia histórica ha mostrado que puede haber elecciones sin libertad plena, con censura, captura de tribunales o persecución de la oposición, incluso con violencia contra candidatos . Por eso, el debate venezolano debe centrarse en qué tipo de democracia se busca reconstruir.

Modelo de democracia

Aquí la democracia representativa se vuelve central. El sistema interamericano, a través de la Carta Democrática Interamericana, plantea un modelo que no reduce la democracia al evento electoral, sino que la vincula con el Estado de Derecho, los derechos fundamentales y el pluralismo político. Su premisa es clara. Sin instituciones capaces de limitar al Ejecutivo (Presidente), la democracia se convierte en una etiqueta vacía. Una democracia representativa requiere separación de poderes, justicia independiente, prensa libre, competencia real y garantías efectivas para la oposición. También exige deliberación. No es solo gobierno de mayorías, sino un sistema que escucha y protege el disenso. Un reto que tendrá Venezuela para gestionar el chavismo.

Esa definición vuelve a tensionar las declaraciones de Trump sobre dirigir Venezuela. Si la democracia se funda en soberanía popular, una transición conducida desde el exterior solo puede justificarse si está estrictamente orientada a devolver capacidad de decisión al pueblo, con límites verificables y con apertura efectiva del pluralismo. De lo contrario, la transición corre el riesgo de convertirse en administración de facto hasta nuevo aviso, una fórmula que históricamente ha degradado a los países de Latinoamérica, incluso cuando se anuncia como puente.

Autodeterminación de los pueblos

Esta discusión también conecta con el principio de autodeterminación de los pueblos. Diversos instrumentos internacionales reconocen que los pueblos tienen derecho a determinar libremente su condición política y su desarrollo. Pero esa autodeterminación se vuelve insuficiente si las instituciones internas han sido vaciadas y la oposición ha sido tratada como enemigo. La Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano de 1789 sostuvo que donde no hay garantía de derechos ni separación de poderes no hay constitución. Traducido al presente, sin controles y sin pluralismo, hablar de voluntad popular puede ser una ficción.

El régimen venezolano ha sido denunciado por violaciones graves de derechos humanos. Reconocerlo es indispensable para entender por qué muchos celebran su caída. Pero una transición democrática no se define por remover al gobernante, sino por restablecer condiciones institucionales para que el pueblo decida sin miedo, sin censura y sin coerción. Ese estándar no debe exigirse selectivamente. Aplica a cualquier actor externo que pretenda conducir una transición, sea Estados Unidos u otra potencia.

La pregunta final no es solo quién gobernará Venezuela, sino qué significa gobernar en nombre de un pueblo. “We the People” no es un eslogan. Es un estándar constitucional. La transición venezolana será un camino para devolver soberanía bajo límites, o será un poder excepcional que promete democracia más adelante. De esa diferencia depende el futuro del pueblo de Venezuela y la credibilidad de la democracia representativa en Latinoamérica.

The Conversation

Sergio Andrés Morales-Barreto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘We the People of Venezuela’: la vía constitucional para superar la ocupación y avanzar hacia la soberanía – https://theconversation.com/we-the-people-of-venezuela-la-via-constitucional-para-superar-la-ocupacion-y-avanzar-hacia-la-soberania-272677

Suplemento cultural: 2026, un buen momento para la ‘marujomanía’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Bienvenidos a 2026 y a la “marujomanía”, o “mallomanía”, como bautizó Estrella de Diego a este movimiento en la entrevista que le hicimos hace unos días. Con la catedrática de Historia del Arte no hablamos solo de Maruja Mallo (de hecho, hablamos mucho más de la exposición que ha comisariado en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, y que sigue abierta hasta el 25 de enero Warhol, Pollock y otros espacios americanos), pero sí que le preguntamos cómo creía ella que debíamos denominar a la gallega: ¿era el arte de Mallo surrealista? ¿O lo surrealista era ella misma?

En el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía se puede ver hasta el 16 de marzo la exposición Máscara y compás, una retrospectiva de la carrera de la artista. Tras pasear por la magnífica muestra uno comprende, como dice De Diego, a “un personaje complejo, culto y con un control en sus obras que era todo menos surrealista”. Almudena Baeza Medina, por su parte, defiende que, de todas las etiquetas que se le ocurren para definir a Maruja Mallo, la que más le gusta es la de “cibernética”, porque sus obras “son propuestas liberadoras lanzadas al espacio para que surjan comunicaciones inesperadas con minerales, vegetales, animales o humanos”.

Tanto Warhol, Pollock y el arte estadounidense del siglo XX como Maruja Mallo son dos opciones fabulosas que visitar si están en Madrid en las próximas semanas. Y si no, acérquense al museo de su localidad; siempre hay algo interesante en ellos. Le robo a Estrella de Diego otra de sus frases para recibir este año: “cada día que uno se levanta es una buena noticia, una buena noticia para aprender en general y para aprender para enseñar”. Aprendamos con alegría, pues.

La directora

Ya ha pasado el Concierto de Año Nuevo y todos hemos dado las tradicionales palmas al ritmo de la Marcha Radetzky. Pero este 2026, además, la Orquesta Filarmónica de Viena ha incluido en su repertorio, por segundo año en su historia (el primero fue 2025), obras compuestas por mujeres. En concreto, dos.

Una de las que sonaron en la Sala Dorada del Musikverein fue la estadounidense Florence Price. La otra, la austriaca Josephine Weinlich, fundó la primera orquesta de mujeres en Europa. Es bastante fascinante constatar la labor de creadoras como ella que no solo abrieron espacios para nosotras, sino que directamente los fabricaron. Y lo hicieron en una época en la que la señora que llevaba la batuta podía recibir una crítica (y no me la invento) que decía “sobre todo ello reina la atenta ama de casa, perdón, directora, con mano segura y ojo rápido”.

Pues eso.

‘Selfie’ aquí y ‘selfie’ allá

Vivimos rodeados de imágenes. Tal vez demasiadas. En mi móvil he acumulado más fotos en cinco años que las que había hecho en los 35 anteriores. Y cada una de ellas quiere decir algo, independientemente de la calidad que tenga.

La fotografía siempre ha tenido ese poder. Cuando Robert Capa retrató al miliciano en la guerra civil española, creó un icono, una metáfora del sufrimiento y la aleatoriedad de la contienda. ¿Realmente el hombre acababa de ser derribado por la bala? Los estudios actuales dicen que no, pero la imagen provocó lo que Capa quería que provocase.

Es decir, una imagen no es inocua. Tampoco lo fue en los inicios de esa nueva tecnología, aunque todavía se estuviese probando su utilidad. Por eso cuando sociólogos, científicos y curiosos decidieron dirigir sus objetivos a los pueblos indígenas, el retrato que hicieron de ellos decía más de quien estaba tomando la foto que de quien posaba para ella.

Las aventuras de Ulises

2026 también será el año de la Odisea. No lo digo yo, ni siquiera Homero desde donde quiera que esté. Lo dicen las expectativas que Hollywood ha puesto sobre el nuevo proyecto de Christopher Nolan (recordemos que el anterior, Oppenheimer, mano a mano con Barbie, reventó las salas de medio mundo).

Esta vez, el director británico ha decidido atreverse con el poema épico por excelencia, aunque las imágenes que se están publicando del rodaje y las declaraciones que están haciendo sus responsables han empezado a poner a la audiencia (y a los amantes del mundo clásico) a la defensiva. Habrá que esperar a julio para saber qué sucede en la pantalla.

Mientras tanto, recomendamos leer (o releer) una de las obras fundacionales de la literatura. Pero no porque forme parte del canon, sino porque no deja de ser una gran historia de aventuras, y una narración plagada de voces femeninas.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: 2026, un buen momento para la ‘marujomanía’ – https://theconversation.com/suplemento-cultural-2026-un-buen-momento-para-la-marujomania-272578