¿Monroe o Roosevelt? La doctrina que guía la política exterior estadounidense tiene la huella de dos presidentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bruno Macciotta Pulisci, Profesor Ayudante Doctor, Grado en Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia de Salamanca

2026 comenzó con la noticia de la intervención de Estados Unidos en Venezuela. Una operación, según Donald Trump, como no se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial.

Desde entonces, se ha amado y odiado a Estados Unidos, se ha criticado y se ha alabado la operación, se ha discutido si se ha violado la soberanía o no. Al margen de estas discusiones, se ha intentado explicar la política exterior estadounidense a partir de la doctrina Monroe, rebautizada como “Donroe” en alusión al actual presidente (aunque resulta necesario dejar claro que este rasgo no es exclusivo de la administración Trump).

No obstante, esta doctrina no explica por sí sola la política exterior estadounidense. Hace falta tomar en cuenta un ideario esencial que la complementó y que se está dejando de lado. Este complemento, conocido como corolario Roosevelt, permite entender muchas de las acciones de Estados Unidos, no solo en Venezuela.

La doctrina Monroe

El 2 de diciembre de 1823, el presidente James Monroe, en su discurso sobre el estado de la unión, plantea su política exterior de cara a las recientes independencias de los Estados hispanoamericanos. En este contexto, sostiene que, aunque Estados Unidos no se inmiscuiría en las relaciones entre España y sus antiguos territorios, consideraría una amenaza a su propia paz cualquier intento por parte de una potencia europea de reconquistar u ocupar el lugar dejado por España y Portugal. Esto, tradicionalmente, se ha resumido con la famosa frase “América para los americanos”.

Retrato de James Monroe, presidente de Estados Unidos entre 1817 y 1825.
Wikimedia Commons, CC BY

La doctrina planteada por el presidente Monroe suponía una advertencia a las potencias europeas: quien quiera extender su sistema al continente americano se las tendrá que ver con Estados Unidos.

La potencia norteamericana asume en ese momento un papel de “hermano mayor”, que ha marcado su relación con los países del continente, especialmente con los hispanoamericanos. Sin embargo, el intervencionismo estadounidense a lo largo de su historia no puede explicarse solo con la doctrina Monroe. Para comprenderlo bien hace falta remontarse hasta los inicios del siglo XX.

El corolario Roosevelt

El 5 de diciembre de 1905, también en su discurso sobre el estado de la unión, el presidente Theodore Roosevelt plantea una suerte de agregado a la doctrina Monroe. En su intervención, Roosevelt sostiene que “alguna potencia civilizada” debía intervenir en caso de incumplimiento de obligaciones o impagos. Evidentemente, la “potencia civilizada” que asumiría ese rol de “policía internacional” (en sus propias palabras) era Estados Unidos.

Añadió, por supuesto, que quien cumpliera con sus obligaciones no debía temer intervención alguna. En cualquier caso, lo que establece esta doctrina, conocida como el corolario Roosevelt a la doctrina Monroe, es lo que se interpreta como “diplomacia del garrote”. En efecto, el Presidente, en el mismo discurso, sostuvo que Estados Unidos hablaría suavemente pero empuñando un “gran garrote”.

Con este añadido a la doctrina Monroe, Estados Unidos se arroga el derecho y “obligación” a intervenir en cualquier país del continente americano en caso que no sean suficientemente “civilizados”. Cualquier “incivilización” sería considerada una amenaza a la paz y la seguridad del propio Estados Unidos. En consecuencia, esta nación tendría la legitimidad para intervenir en calidad de “policía internacional”, un rol que le otorga su condición de “potencia civilizada”.

Como bien apunta Juan Tovar Ruiz en su libro La doctrina en la política exterior de Estados Unidos, estos principios fueron citados en los casos de Santo Domingo y Panamá, muy relevantes estratégicamente para Estados Unidos.

Aquella doctrina cayó en descrédito durante el periodo de entreguerras y fue sustituida por la del “buen vecino”, acuñada en esta caso por el presidente Franklin D. Roosevelt, primo de Theodore. Pero en la práctica, el corolario Roosevelt nunca fue realmente dejado de lado y su ideología ha operado de manera transversal en las políticas exteriores de casi todos los presidentes de Estados Unidos.

Caricatura de 1904 que muestra a Roosevelt usando amenazando con la doctrina Roosevelt a Europa para alejarla de Santo Domingo.
Wikimedia Commons, CC BY

Las intervenciones que pueden encajar en la argumentación de este corolario son varias y no limitadas al continente americano. Se puede citar, por ejemplo, el golpe de Estado en Guatemala de 1954 para derrocar al presidente Jacobo Árbenz Guzmán. También cabe mencionar el caso de la intervención en Panamá en 1989 –quizá la más parecida a la llevada a cabo en Venezuela– para capturar a Manuel Noriega, acusado de narcotráfico y lavado de dinero en Estados Unidos.

El paraguas doctrinal también incluiría las operaciones llevadas a término en Afganistán o Irak y, por supuesto, la reciente intervención en Venezuela.

El colorario sigue viguente

La doctrina Monroe tiene importancia y representa la fuente de la que surge este intervencionismo. Sin embargo, no lo explica del todo, pues hace falta conocer el corolario Roosevelt a la doctrina Monroe para entender ese papel de “policía internacional” y esa “diplomacia del garrote”. Unos preceptos vigentes, que llevan a Estados Unidos a intervenir cuando reconoce una amenaza. No solo a su paz y seguridad, sino a sus intereses en el mundo entero.

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Bruno Macciotta Pulisci no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Nutrición y oído: comer bien para escuchar bien

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Humberto Yévenes Briones, Profesor en la Facultad de Medicina. Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública y Microbiología., Universidad Autónoma de Madrid

La pérdida de audición afecta a millones de personas en todo el mundo, y las proyecciones de la OMS indican que más de 2 500 millones vivirán con algún grado de discapacidad auditiva para 2050. Esta merma sensorial no solo compromete la capacidad para comunicarse, sino que también tiene un impacto profundo en la calidad de vida, el bienestar emocional y la participación social de quienes la padecen. Además, se asocia de manera importante con la demencia
y el síndrome de fragilidad, dos condiciones que incrementan significativamente el riesgo de enfermedad, dependencia y mortalidad.

Lamentablemente, aún no tiene cura, y los tratamientos disponibles ofrecen una eficacia limitada. A esto hay que añadir que opciones como los audífonos o los implantes cocleares son costosos y suelen presentar un uso deficiente o escaso entre quienes los necesitan. De hecho, se ha estimado que un audífono clínico suele ser la tercera compra más cara que realiza una persona, solo después de una vivienda o un automóvil. Por si fuera poco, la financiación pública en muchos países, incluido España, continúa siendo restringida y no garantiza un acceso equitativo a todos los ciudadanos.

El peso de los buenos hábitos

Entonces, ¿cómo podemos prevenir la pérdida de audición? La primera medida es proteger nuestros oídos del ruido excesivo. Por ejemplo, cuando trabajamos en ambientes ruidosos, hay que usar protección auditiva adecuada, y si asistimos a conciertos o eventos con música alta, no está de más ponernos tapones o protectores de oído.

Pero, además, está comprobado que llevar estilos de vida saludables –dormir bien, realizar actividad física regularmente, moderar el consumo de alcohol…– ayuda a cuidar nuestra audición. Y en este capítulo, la alimentación se revela como un pilar fundamental.




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Últimamente, los investigadores han comprobado que mantener una dieta sana y equilibrada no solo beneficia nuestra salud en general: seguir patrones nutricionales ricos en frutas, verduras, legumbres y pescado, y con bajo consumo de sal, carnes rojas y productos procesados, puede contribuir a reducir el riesgo de pérdida de audición.

Pescado y vitaminas

Si ponemos el foco en componentes específicos para incluir en el menú, se muestran especialmente beneficiosos los ácidos grasos poliinsaturados que encontramos en pescados como el salmón o las sardinas, así como los presentes en el aguacate y los frutos secos. Además, consumir al menos dos raciones de pescado a la semana podría reducir el riesgo de perder audición hasta en un 20 %.

Y recientemente, un estudio que hemos llevado a cabo con población española revela que cumplir con las recomendaciones de ingesta de vitaminas como A, C, D, E y folato (también llamado vitamina B9), además de minerales como calcio, magnesio, potasio, zinc y yodo, podría dismunuir de manera significativa la prevalencia de la merma auditiva, especialmente en las personas mayores.

Disfrutar de los sonidos y las conversaciones sin trabas

En definitiva, comer bien no es solo una cuestión de prevención de enfermedades: es una manera de cuidar de nosotros mismos a múltiples niveles, desde el corazón hasta los oídos, garantizando una vida más saludable, plena y con la posibilidad de disfrutar sin trabas de los sonidos y conversaciones que nos rodean cada día. Nutrirnos correctamente es un acto de autocuidado integral, en el que proteger nuestra audición va de la mano con fortalecer nuestra salud general.

Pero al margen de la alimentación, no debemos olvidar otros factores que influyen en la salud auditiva, como evitar la automedicación, realizar revisiones periódicas con el especialista –la detección precoz es básica– y mantener un control adecuado de enfermedades como la hipertensión y la diabetes, que también pueden deteriorar la audición. Cuidar nuestros oídos es cuidar nuestra calidad de vida.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Si los animales sienten y piensan, ¿cómo cambia eso las cosas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miquel Llorente Espino, Psicología comparada y comportamiento animal, Universitat de Girona

Chimpancé en el Parque Nacional de Kibale (Uganda). Miquel Llorente.

¿Qué nos hace humanos? Durante siglos, nos hemos creído una excepción, la única especie capaz de pensar, sentir o planificar. Los demás eran simplemente autómatas, criaturas movidas por reflejos y aprendizajes mecánicos, casi como máquinas gobernadas por genes. Sin embargo, la primatología cambió ese relato. Hoy en día sabemos que la frontera entre humanos y primates no humanos es una línea borrosa y difusa. Y, paradójicamente, al entender cómo piensan y sienten los animales, comenzamos a comprender mejor nuestra propia mente.

De máquinas a mentes

A mediados del siglo pasado, el paradigma del animal autómata empezó a desmoronarse. La evidencia no llegó desde un único frente, sino de una oleada de trabajos pioneros en todo el mundo. En los años 1960 y 1970, figuras icónicas como Jane Goodall, Dian Fossey o Biruté Galdikas se adentraron en las selvas para estudiar y descubrir a nuestros parientes más cercanos.

Documentaron a chimpancés que fabricaban y utilizaban herramientas, formaban alianzas complejas y mostraban empatía hacia sus compañeros. Conocimos a gorilas de montaña que, lejos de ser criaturas agresivas, eran seres sociales y sensibles, capaces de cuidar, jugar y llorar la pérdida de sus crías; y orangutanes que, aunque solitarios, invertían largos e intensos periodos en el cuidado y la crianza de sus pequeños, casi más que los propios humanos.

Sabater Pi fotografiando un gorila en la Guinea española a mediados del siglo XX.
Wikimedia Commons., CC BY

Al mismo tiempo, el español Jordi Sabater Pi, en sus estudios en Guinea Ecuatorial, documentó que los chimpancés usaban bastones para excavar y alimentarse de termitas, años antes de que esas imágenes llegaran a las revistas internacionales y a los documentales de la BBC. Su cuaderno de campo, repleto de bocetos y apuntes, es un recordatorio de que la curiosidad científica no siempre habla inglés.

Empatía ecológica

Al otro lado del mundo, la primatología japonesa, liderada por Kinji Imanishi y Junichiro Itani, aportó algo más que datos: una filosofía. Mientras el observador occidental mantenía las distancias, los japoneses propusieron la “empatía ecológica”: dejar de observar al sujeto de laboratorio para comprender al individuo dentro de su grupo y su entorno.

La observación sistemática de un grupo de macacos salvajes que lavaban patatas en una playa de la isla Koshima, Japón, fue el origen de la disciplina que hoy denominamos primatología cultural. La cultura ya no era un fenómeno solo humano: la capacidad para transmitir conocimiento de generación a generación también formaba parte del repertorio de nuestros primos evolutivos.

Primates capaces de consolar a un compañero angustiado

Como punto de partida de esa visión cultural, la primatología ha revelado que los primates poseen una vida mental y emocional rica. Especialmente los grandes simios –chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes– poseen una sorprendente variedad de habilidades cognitivas. Pueden reconocerse en un espejo, recordar eventos pasados y anticipar las acciones de otros. Son capaces de consolar a un compañero angustiado –lo que denominamos compasión– o, cuando les conviene, tratan de engañar a los demás.

Algunos exhiben conductas propias de la tanatología, manteniéndose al lado del cuerpo de un ser querido fallecido a lo largo de horas o días. Piensan y sienten, aunque quizá no de la misma forma en la que nosotros lo hacemos.

El duelo de Natalia, una chimpancé de 21 años.

Recordar el pasado, anticipar el futuro, la autoconsciencia o imaginar lo que otro sabe, ya no son capacidades exclusivamente humanas. Los chimpancés negocian alianzas políticas y se reconcilian tras los conflictos.

Tampoco lo es la cooperación, ni tampoco el sentido de justicia. En cuanto a la comunicación, su repertorio es asombroso: vocalizaciones con matices emocionales, gestos intencionales y miradas que “dicen” más que muchas palabras. Aunque no usen un lenguaje simbólico como el nuestro, utilizan —de forma intencional— un amplio repertorio de gestos comunicativos en sus relaciones sociales, con una complejidad que roza la conversación.

Experimento del primatólogo neerlandés Frans de Waal sobre el sentido de la justicia con monos capuchinos.

Lo que nos diferencia

Aún no sabemos hasta dónde llega su conciencia de sí mismos, su capacidad de imaginar el futuro o de atribuir creencias falsas a otros, lo que en psicología llamamos teoría de la mente completa. La lista de preguntas sin respuesta incluye cuestiones como: ¿comprenden realmente la muerte o solo la ausencia? ¿Pueden mentir de forma deliberada? ¿Tienen sentido del humor? ¿Experimentan belleza o placer ante un paisaje? ¿Pueden distinguir entre el bien y el mal en términos morales?

Y es que hay rasgos que parecen exclusivos o, al menos, más desarrollados, en nuestra especie. Nos referimos a la enseñanza deliberada, al lenguaje simbólico, a la imitación compleja y a nuestra ontogenia cultural, en la que cada generación recibe y modifica el saber de la previa. Desde una mirada neovigotskiana, podríamos afirmar que los seres humanos no venimos al mundo con una mente propia, sino dentro de una ajena: la de otros.

Nuevas miradas a viejas preguntas

Las modernas técnicas de investigación han abierto una ventana inédita al mundo interior de los animales. Herramientas como el eye-tracking permiten registrar hacia dónde dirigen la mirada los primates y, con ello, inferir cómo perciben y procesan la información visual o social del entorno en el que viven.

Otras aproximaciones, como el análisis automatizado de expresiones faciales, la inteligencia artificial aplicada al reconocimiento de gestos o los proyectos colaborativos internacionales como ManyPrimates, multiplican las posibilidades de explorar su mente.

Ciencia, ética e implicaciones prácticas

Estas nuevas miradas no solo buscan conocer, sino también cuidar. Reconocer que otros animales piensan y sienten no es únicamente un avance científico. Implica aceptar que poseen intereses, emociones y necesidades psicológicas propias. Y esa comprensión transforma también nuestra forma de actuar.

Hoy sabemos que la mente necesita tanto estímulo como el cuerpo; que un entorno complejo, con desafíos, relaciones y decisiones, es tan vital como la comida o la atención veterinaria.

En los centros de fauna en cautividad, donde muchos de ellos viven, ya no debe de hablarse solo de mantenimiento o cuidado, sino de ofrecer vidas con sentido: permitirles elegir, explorar, cooperar, vincularse y decidir.

Si tienen mente, también tienen derechos a experiencias mentales plenas. Debemos garantizar que puedan expresar su curiosidad, su juego, su afecto y su libertad de elección. El bienestar psicológico no es un lujo, es una obligación moral y científica.

The Conversation

Miquel Llorente Espino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Si los animales sienten y piensan, ¿cómo cambia eso las cosas? – https://theconversation.com/si-los-animales-sienten-y-piensan-como-cambia-eso-las-cosas-266906

Diálogo microbiano: así se comunican la madre y el bebé a través de la leche

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

Natalia Deriabina/Shutterstock

Durante las primeras semanas y meses de vida, el bebé inicia uno de los procesos biológicos más importantes de su desarrollo: la construcción de su microbiota intestinal. Este conjunto de microorganismos no solo participa en la digestión de los nutrientes, sino que desempeña un papel clave en la maduración del sistema inmunitario, la regulación del metabolismo y la protección frente a patógenos en los primeros años de vida.

En este contexto, la leche materna se revela como mucho más que un alimento: es un ecosistema vivo, dinámico y complejo que se adapta a las necesidades del lactante. Aporta energía, vitaminas y minerales, pero también componentes bioactivos esenciales, como anticuerpos, células inmunes, oligosacáridos (un grupo de azúcares complejos y diversos) y microorganismos vivos.

Porque la leche humana no es ni mucho menos estéril: alberga cientos de especies bacterianas que contribuyen activamente al establecimiento del microbioma intestinal del bebé.

Las bacterias que el bebé hereda a través de la leche materna

En muchos recién nacidos, especialmente durante los primeros meses, la leche materna constituye la principal –y a veces única– fuente de microorganismos intestinales. En ella predominan géneros bacterianos como Staphylococcus y Streptococcus, junto a otros como Lactobacillus, Bifidobacterium, Veillonella o Escherichia.

Un estudio reciente analizó muestras de leche materna y heces infantiles de 195 parejas madre–bebé en Estados Unidos durante los seis primeros meses tras el parto. Los resultados mostraron que tanto la leche como el intestino de los bebés de un mes de edad estaban dominados por bifidobacterias, especialmente Bifidobacterium longum, Bifidobacterium breve y Bifidobacterium bifidum. También se detectaron en la leche bacterias asociadas a la piel materna, como Staphylococcus epidermidis y Cutibacterium acnes, y especies vinculadas a la cavidad oral, caso de Streptococcus salivarius. En el intestino del bebé aparecían, además, otras bacterias como Escherichia coli, Bacteroides fragilis, Phocaeiola vulgatus y Phocaeiola dorei, junto a microorganismos típicos de la boca, como Veillonella.

La investigación identificó hasta doce cepas bacterianas compartidas entre la leche materna y las heces del lactante. La especie más frecuente fue Bifidobacterium longum, seguida de Bifidobacterium infantis, Staphylococcus epidermidis, Bifidobacterium breve y Streptococcus salivarius. Por otra parte, los bebés alimentados exclusivamente con leche materna presentaban una mayor abundancia de bifidobacterias intestinales que aquellos que interrumpían la lactancia exclusiva antes de los seis meses, lo que sugiere que el amamantamiento prolongado favorece su persistencia y expansión.

No obstante, la presencia de estos microorganismos en la leche no garantiza por sí sola su implantación en el intestino del bebé. Factores como la microbiota previa, la genética del huésped o la disponibilidad de nutrientes influyen en el éxito de la colonización, lo que apunta a mecanismos más complejos que una simple transferencia microbiana.

El intercambio de bacterias entre madre y lactante es más intenso durante el primer mes de vida y disminuye con el tiempo. Además, los niños nacidos por parto vaginal muestran una mayor persistencia de cepas compartidas que los nacidos por cesárea, cuyo microbioma intestinal tiende a ser más diverso pero menos estable.

Finalmente, también se observó que madre y bebé compartían bacterias típicamente orales, como Rothia mucilaginosa y Streptococcus salivarius. Esto sugiere que algunas especies podrían colonizar primero la cavidad oral del lactante antes de llegar al intestino, o que el propio bebé contribuye a la colonización microbiana de la leche poco después del nacimiento.

Un diálogo en dos direcciones

Más allá de la transferencia de bacterias, la leche materna modula activamente el microbioma infantil mediante otros componentes. Los oligosacáridos, por ejemplo, favorecen selectivamente el crecimiento de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium, Bacteroides y Akkermansia. En este sentido, la leche actúa simultáneamente como probiótico (aporta microorganismos vivos) y prebiótico (proporciona partes de los alimentos que usan las bacterias).

Un segundo estudio, realizado en 152 parejas de madre y bebé en Burkina Faso, analizó a lo largo del tiempo muestras de heces maternas, leche y heces infantiles desde el embarazo hasta los seis meses posparto. Este trabajo mostró que la riqueza microbiana del intestino del bebé es muy baja en comparación con la de la madre, mientras que la microbiota de la leche presenta una enorme variabilidad entre mujeres, configurando una auténtica “firma microbiana” individual.

Los resultados revelaron una correlación entre la microbiota intestinal del bebé y la composición de la leche materna. De forma llamativa, los lactantes con mayor diversidad bacteriana intestinal tenían madres cuya leche contenía niveles más elevados de macronutrientes, minerales, vitaminas del grupo B y una amplia variedad de metabolitos. En particular, los oligosacáridos de la leche variaban en función de la microbiota del bebé durante los primeros meses de vida. La composición del alimento, por tanto, no es siempre la misma, sino que cambia durante el periodo de lactancia, según la microbiota del bebé.

Esto sugiere que la leche materna no solo influye en el microbioma del lactante, sino que también responde a él. Entre los posibles mecanismos se incluyen señales procedentes de metabolitos bacterianos del bebé, la transferencia de bacterias orales durante la succión o respuestas inmunitarias maternas inducidas por la microbiota infantil.

La lactancia como un sistema de comunicación biológica

En conjunto, estos estudios demuestran que la relación entre madre y bebé durante la lactancia es profundamente bidireccional. La microbiota intestinal y láctea materna, junto con los oligosacáridos, nutrientes y metabolitos de la leche, se ajustan de forma dinámica al desarrollo y al estado del microbioma del niño.

La lactancia deja de entenderse como un proceso unidireccional de nutrición para convertirse en un sistema de comunicación en tiempo real entre dos organismos interdependientes. La leche humana no es solo alimento: es un lenguaje biológico que evoluciona con el bebé, permitiendo a la madre adaptar finamente su composición a las necesidades del desarrollo infantil.


La versión original de este artículo fue publicada en el blog del autor, microBIO.


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Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diálogo microbiano: así se comunican la madre y el bebé a través de la leche – https://theconversation.com/dialogo-microbiano-asi-se-comunican-la-madre-y-el-bebe-a-traves-de-la-leche-273648

¿Favorece la inclusión una Barbie ‘autista’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Milagros Torrado Cespón, Docente e investigadora. Lengua inglesa y su didáctica, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Una muñeca Barbie. Roque Brandón Torrado

Mattel acaba de lanzar al mercado su Barbie autista en colaboración con la Autistic Self Advocacy Network. La empresa lleva años apostando por adecuar sus famosas muñecas a la representación de modelos reales bajo el lema “empoderando a las futuras generaciones a través del juego”.

Esto supone que la tradicional muñeca rubia y blanca se vende hoy con distintos colores de piel, tallas y formas, profesiones y manifestaciones culturales, pero también con distintos atributos inclusivos que abarcan desde enfermedades a condiciones médicas. Ahora lanzan una Barbie con autismo. Para caracterizarla han decidido que llevase ciertos elementos que suelen asociarse a una persona autista: un sistema de comunicación aumentada, unos cascos de cancelación de ruido y un spinner. Por lo demás, es una Barbie como las otras, en este caso, morena: esbelta, pelo largo y a la moda.

El espectro autista y sus necesidades

El autismo es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la comunicación, a la interacción social, al comportamiento y a la percepción sensorial. No es una enfermedad ni algo que se cure, sino que es parte de la diversidad humana.

Cada persona autista es diferente, por eso hablamos de un espectro. Existe una complejidad inmensa dentro del autismo y, por lo tanto, las necesidades de cada persona autista son particulares.

En ocasiones, sí se sirven de ciertos elementos para adaptarse o enfrentarse mejor a la vida ordinaria: los cascos de cancelación de ruido son bastante frecuentes entre la población autista debido a la sobrecarga de estímulos presente en muchas situaciones cotidianas, desde un partido de fútbol en un bar al ruido del transporte urbano, pero ni son exclusivos de la población autista ni todas las personas autistas los necesitan.

¿Inclusión estereotipada?

Para muchas familias de niños o niñas en el espectro del autismo, la aparición de esta muñeca puede producir sentimientos encontrados. Una primera reacción puede ser de alegría. ¡Qué bien! Estamos trabajando de cara a la visibilización, estamos poniendo el autismo en el campo de juego, literal y metafóricamente.

Pero de palabras como “inclusión” y “diversidad” podemos pasar a otras como “estereotipo”. La única diferencia entre esta muñeca y las demás de la colección, exteriormente, es la inclusión de los tres accesorios. ¿Creará esto la falsa impresión de que son imprescindibles, o de que si un niño no los necesita no estaría en el espectro?

Como madre de un niño con diagnóstico de autismo, una de las autoras de este artículo aprovechó la hora de una reunión familiar para enseñarles a sus tres hijos imágenes de Barbies. Les preguntó cuál de ellas era autista. No hubo quorum. Les indicó cuál era la así definida por la marca, y les preguntó qué la identificaba como autista. Tras unos instantes, señalaron que quizá los cascos…

Entonces la pequeña, de seis años, fue a buscar una de sus Barbies, lo que en la película Barbie llaman la Barbie estereotípica: rubia, delgada y de ojos azules. La pregunta que les hizo a los tres en ese momento fue “¿Por qué esta Barbie no es autista?”. Silencio. Entonces la niña dijo “Sí puede ser autista”. Y con esas tres últimas palabras debería hacer temblar el mundo de la inclusión mal pensada.

Las representaciones en el juego simbólico

Barbie es autista si en el niño o niña que juega con ella decide que lo sea. El juego simbólico, vital para el aprendizaje, es una representación de lo que niños y niñas absorben de su entorno. Si su entorno les enseña a identificar el autismo con estereotipos, esto será lo que representen en su juego simbólico.

Pero esta niña que conoce el autismo de primera mano sabe que su hermano no es como la Barbie autista, así que es ella quien decide cuál de sus muñecas es autista. Y lo decide porque sus padres se han preocupado de enseñarle a entender el autismo.

Sí a la Barbie autista… con acompañamiento educativo

La Barbie autista es una iniciativa valiosa, en la medida en que contribuye a visibilizar, normalizar el autismo y a hacerlo presente en el imaginario infantil. La representación importa y mucho, pero no basta por sí sola.

Un juguete, incluso diseñado con la mejor intención, no es neutro. Sin acompañamiento, la Barbie autista corre el riesgo de convertirse en una representación rígida del autismo, asociada a ciertos objetos y necesidades concretas. En cambio, utilizada desde la reflexión y el diálogo, puede ser una potente herramienta educativa para explicar que el autismo es diverso, que no todas las personas autistas son iguales y que ninguna condición se reduce a unos accesorios.

Por eso, la inclusión no debería terminar en la compra del juguete. Requiere que madres, padres y educadores se informen, escuchen a personas autistas, respondan a las preguntas que surjan y ayuden a contextualizar lo que el juguete representa. Solo así el mensaje con el que fue creado puede transmitirse de forma adecuada.

En ese sentido, Barbie ya era autista antes de esta versión. Barbie es autista desde el momento en que quien juega con ella puede imaginarlo, comprenderlo y nombrarlo sin estereotipos. Y eso solo es posible cuando el autismo deja de ser algo ajeno y se convierte en parte natural de la diversidad que enseñamos a entender desde la infancia.

The Conversation

Milagros Torrado Cespón es directiva y co-fundadora de la Asociación de Trastornos do Espectro Autista do Barbanza – BarbanTEA.

Miguel Lois Mosquera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Favorece la inclusión una Barbie ‘autista’? – https://theconversation.com/favorece-la-inclusion-una-barbie-autista-273481

Las negociaciones entre Estados Unidos y Groenlandia se han estancado: tres formas en que podría terminar la crisis

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Michele Testoni, Professor of International Relations, IE University

Rokas Tenys/Shutterstock

Persiste un “desacuerdo fundamental”. Este fue el único resultado concreto de la reunión celebrada en la Casa Blanca entre representantes estadounidenses, daneses y groenlandeses el 14 de enero, ya que cada parte mantuvo su posición original sobre la soberanía de Groenlandia. La Administración Trump argumentó que Estados Unidos debe asumir el control directo de la isla, mientras que los dirigentes daneses y groenlandeses rechazaron firmemente la idea.

Quizás esto era de esperar. La recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. dejó una cosa muy clara: la política exterior estadounidense se define ahora por un enfoque asertivo hacia todo el hemisferio occidental. Washington reclama el derecho a intervenir en los asuntos internos de otros países, incluso militarmente si es necesario, con el fin de garantizar los intereses estratégicos y corporativos de Estados Unidos.

Esta nueva “doctrina Donroe” es una versión renovada de la diplomacia de las cañoneras que configuró la política exterior estadounidense hacia América Latina (y la región Asia-Pacífico) a principios del siglo XX.

Trump quiere Groenlandia

Trump ha dicho en repetidas ocasiones que Estados Unidos necesita asumir el control directo de Groenlandia por razones de “seguridad nacional”. Las redes sociales de la Casa Blanca ahora publican regularmente mensajes sobre el control de la isla por parte de Estados Unidos, pero Trump lleva tiempo haciendo alarde de su poderío militar: “La conseguiremos, de una forma u otra”, afirmó en un discurso ante el Congreso en febrero de 2025. Su nombramiento del actual gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial para Groenlandia en diciembre de 2025 confirmó esta línea de actuación.

Para Trump, Groenlandia es estratégicamente vital. Aunque escasamente poblada, la isla es potencialmente rica en materias primas, incluidos minerales críticos de tierras raras. Esto la convierte en un objetivo para los gigantes tecnológicos estadounidenses.




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También encaja perfectamente en su idea de unos Estados Unidos imperiales, junto con la extraña propuesta de convertir a Canadá en el 51.º estado de EE. UU. y el controvertido cambio de nombre del golfo de México por el de “golfo de América”.

Como parte de su retórica sobre seguridad nacional, Trump ha afirmado que los barcos chinos y rusos están “por todas partes” en Groenlandia. Sin embargo, altos funcionarios nórdicos con acceso a la inteligencia de la OTAN han declarado pública y explícitamente que no hay registros de ello en los últimos años.

Geográficamente, Groenlandia es la puerta de entrada de América del Norte al Ártico. El cambio climático ha hecho que la región sea cada vez más fácil de navegar, y se espera que se convierta en un escenario de fuerte competencia entre las mayores potencias mundiales.




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Respuesta danesa y europea

Los responsables políticos europeos han empezado a tomarse en serio las palabras de Trump, y con razón: en este segundo mandato está demostrando que quiere –y, en ocasiones, es capaz– de alinear sus palabras (incluso las más radicales y extremas) con la acción política. A pesar de formar parte de Dinamarca, que es aliada de la OTAN y miembro de la Unión Europea, Groenlandia parece una presa fácil.

El Gobierno autónomo de Groenlandia ha declarado en repetidas ocasiones, tanto antes como después de la reunión del 14 de enero, que no quiere ser anexionado por Estados Unidos.

Tras un largo periodo de mediación y un enfoque discreto, el primer ministro danés también ha adoptado una postura firme, ahora respaldada por otros socios europeos y el Reino Unido.

Por su parte, la Comisión Europea se ha mostrado indecisa, expresando su solidaridad con Dinamarca y Groenlandia, pero siendo decepcionantemente ambigua en lo que respecta a compromisos concretos en materia de seguridad. Por el contrario, el Gobierno danés ha optado por ampliar su presencia militar en la región. Ha puesto en marcha la Operación Resistencia Ártica en estrecha colaboración con aliados como Francia, Alemania, Noruega y Suecia. Finlandia y los Países Bajos aún están evaluando la propuesta danesa.

Desde una perspectiva militar, se trata en gran medida de una medida simbólica, pero políticamente tiene una enorme relevancia, ya que supone un nuevo mínimo histórico en las relaciones transatlánticas. Las tropas europeas están ahora desembarcando en Groenlandia para defenderla de una amenaza real que no proviene de Rusia ni de China, sino de Estados Unidos, su socio en materia de seguridad desde hace décadas.

Tres posibles resultados

Dadas las circunstancias actuales, parece que hay tres posibles formas de superar este punto muerto.

La primera es que Trump dé marcha atrás, renuncie a su plan de “conseguir Groenlandia” y respete el statu quo. Esto es muy improbable: la escalada verbal del presidente ya ha llegado a un punto sin retorno, y ahora se encuentra en la posición de tener que vender la cuestión de Groenlandia a su electorado como una victoria histórica.

La segunda opción es, por lo tanto, la ocupación militar. Esto se rige por la lógica de la teoría de juegos del “juego del gallina”. Las fuerzas armadas estadounidenses son más numerosas, están mucho más preparadas para luchar y cuentan con el apoyo de una Administración que ya ha demostrado que puede utilizar la fuerza de forma deliberada y unilateral, con o sin la aprobación del Congreso, tal y como prescribe la Constitución de los Estados Unidos. En el momento de la verdad, Trump puede pensar que los europeos se asustarán y se retirarán.

Este es el peor de los escenarios, que podría conducir al fin de la OTAN. También podría desencadenar un efecto dominó de deterioro de las relaciones, lo que podría amenazar la unidad de la UE.

Es cierto que Trump puede verse tentado a continuar con su enfoque errático de “la fuerza hace el derecho” (que algunos analistas han bautizado de forma pintoresca como la estrategia Fuck Around and Find Out (“juega y descúbrelo”). Sin embargo, también podría verse frenado por las crecientes preocupaciones dentro de su propio partido, como las expresadas recientemente por el poderoso senador republicano Mitch McConnell.

La tercera posibilidad es negociar un compromiso que beneficie a ambas partes. Estados Unidos y Dinamarca podrían revisar su acuerdo bilateral de 1951 y, de esta manera, proporcionar a Washington una mayor presencia militar en la isla (como, por ejemplo, el permiso para construir una base para submarinos nucleares estadounidenses) junto con una concesión especial para los derechos mineros. Al mismo tiempo, Dinamarca y otros aliados de la OTAN se comprometerían a aumentar su presencia militar en Groenlandia y en todo el Ártico.

Se dice que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, está trabajando activamente para lograr este resultado. Sería una solución beneficiosa para todas las partes y muy bienvenida.

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Michele Testoni no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las negociaciones entre Estados Unidos y Groenlandia se han estancado: tres formas en que podría terminar la crisis – https://theconversation.com/las-negociaciones-entre-estados-unidos-y-groenlandia-se-han-estancado-tres-formas-en-que-podria-terminar-la-crisis-273720

El ‘Blue Monday’ no existe, pero la tristeza sí (y cumple una función clave en la infancia)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paola Alexandria Pinto de Magalhães, Investigador – Facultad de Enfermería – Desarrollo Positivo de Niños y Adolescentes, Universidad de Navarra

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Enero suele llegar a España envuelto en una mezcla de ilusión y agotamiento. Tras la magia de la Navidad y los Reyes Magos –uno de los momentos más esperados por niños y niñas–, el regreso a la rutina se vive, a menudo, con un cierto bajón emocional. En este contexto surge una pregunta recurrente: ¿son realmente más tristes los días de enero?

La idea ganó fuerza en 2005, cuando el psicólogo británico Cliff Arnall anunció haber identificado, mediante una supuesta ecuación, el día más triste del año. En su fórmula incluía elementos como el clima invernal, las deudas después de las fiestas y la falta de motivación para cumplir los propósitos de Año Nuevo.

Sin embargo, la comunidad científica desestimó rápidamente aquella propuesta por no estar apoyado por evidencia científica. La ecuación, lejos de ser un hallazgo psicológico, se reveló como una herramienta promocional diseñada para una agencia de viajes que impulsaba el mensaje de que la mejor forma de combatir la tristeza era comprar unas vacaciones.

La tristeza no es un evento programado

El término Blue Monday continúa reapareciendo cada enero en los medios de comunicación y en campañas publicitarias, pese a que no existe evidencia que relacione un día concreto del calendario con un aumento generalizado del malestar emocional.

La tristeza es una respuesta humana compleja, no un evento programado. Y si bien las condiciones climáticas propias del invierno pueden influir en el estado de ánimo, el entramado comercial que se ha construido alrededor del concepto busca un impacto en la conducta, invitando a consumir objetos o experiencias.

Algunas marcas han convertido la tristeza en un recurso emocional rentable, presentando productos o experiencias como supuestas soluciones a este malestar que ellas mismas contribuyen a amplificar. Se aprovechan de que fomentar la vivencia del “día más triste del año” podría influir en el comportamientos de consumo.

Por si fuera poco, este tipo de publicidad puede influir en la dinámica emocional de muchos hogares: crea expectativas difíciles de sostener, fomenta el materialismo, genera tensiones entre adultos y niños y, en ocasiones, alimenta sentimientos de infelicidad.

Pero existe un riesgo añadido cuando estos mensajes llegan a la infancia. Si a los menores se les transmite la idea de que las emociones “negativas” deben combatirse con compras, distracciones o euforia artificial y digital, se debilita su capacidad para reconocer, comprender y gestionar lo que sienten. De ahí la importancia de reflexionar sobre el impacto de este discurso mediático en la educación emocional de los niños y niñas.

El papel de la tristeza en el desarrollo

La tristeza, lejos de ser un obstáculo, cumple un papel fundamental en el desarrollo del niño. Desde muy pequeños, los niños descubren que expresar tristeza puede facilitar el apoyo de padres, madres y cuidadores. Esta emoción, en muchos casos, es más eficaz que otras para recibir atención y consuelo.

Además, la tristeza ayuda a reajustar metas tras un fracaso, lo que les permite modificar sus estrategias y expectativas ante situaciones adversas.




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La tristeza impulsa procesos de introspección que permiten a los niños reflexionar sobre lo que sienten, sobre sus valores y sobre la forma en que se relacionan con los demás. Experimentar tristeza también contribuye al crecimiento moral.

A través de emociones ligadas a la pérdida, la decepción o la injusticia, los niños construyen su sentido de lo correcto, desarrollan sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno y fortalecen su empatía. De hecho, estudios recientes han encontrado una relación positiva entre la experiencia de tristeza y la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

La respuesta adulta a la tristeza

Sin embargo, la forma en que los adultos responden a esta emoción influye decisivamente en cómo los niños aprenden a manejarla. Un entorno familiar cálido, sensible y afectivo favorece el desarrollo emocional, mientras que interacciones tensas, frías o críticas pueden dificultarlo. Las dinámicas familiares –los modelos emocionales que observan la calidad de, las conversaciones y la disponibilidad de apoyo– dan forma a su manera de interpretar y expresar la tristeza.

El contexto escolar y social también juega un papel clave. Los niños que se sienten acompañados y respaldados no solo viven la tristeza con menor intensidad, sino que desarrollan mayor confianza para afrontarla.




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Acompañar a los niños en el reconocimiento y manejo de la tristeza es una manera de ayudarlos a desarrollar resiliencia. Cuando aprenden estrategias para afrontar emociones difíciles –hablar, pedir ayuda, poner en palabras lo que sienten, identificar lo que necesitan– adquieren recursos internos que les permitirán afrontar retos futuros con mayor seguridad. Esa resiliencia se traduce en autoestima más sólida y en una percepción más realista y confiada de sus propias capacidades.

Diferencias culturales en la vivencia de la tristeza

Los valores y creencias de cada cultura, por su parte, determinan qué manifestaciones de tristeza son aceptadas, cuáles suelen reprimirse y cuáles se consideran “apropiadas”. Esto explica que la expresión y regulación de la tristeza varíen significativamente entre entornos culturales y sociales.

Entender estas diferencias permite acompañar mejor a los niños en sus procesos emocionales y evitar interpretaciones erróneas sobre su comportamiento.

Una mirada crítica hacia la felicidad publicitaria

Por ello, frente a los mensajes comerciales como el del Blue Monday, los adultos debemos reconocer que esta emoción forma parte natural del crecimiento (no solo un día del año) y ofrecer a los niños espacios de escucha, acompañamiento y comprensión.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El ‘Blue Monday’ no existe, pero la tristeza sí (y cumple una función clave en la infancia) – https://theconversation.com/el-blue-monday-no-existe-pero-la-tristeza-si-y-cumple-una-funcion-clave-en-la-infancia-272966

¿Por qué después de morir el pelo y las uñas siguen creciendo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Robles Romero, Profesor Doctor de la Facultad de Enfermería, Universidad de Huelva

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Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Joaquín, de 14 años, del IES Benalua, en Benalua (Granada)


Es una pregunta muy habitual que aparece en libros, películas o conversaciones, pero la respuesta corta es tajante: el pelo y las uñas no siguen creciendo después de la muerte. Se trata de un simple efecto visual. Vamos a explicarlo paso a paso, como haría un científico… sin perder claridad.

¿Qué necesita una célula para crecer?

Para que algo crezca en nuestro cuerpo se necesitan células vivas. Esto significa que deben cumplir una serie de requisitos: que reciban oxígeno, obtengan energía (en forma de glucosa), estén reguladas por hormonas y se dividan de forma controlada.

Todo eso depende de algo fundamental: la circulación sanguínea. La sangre en movimiento actúa como medio de transporte imprescindible para estas funciones.

Cuando una persona muere, el corazón deja de latir, la sangre deja de circular y las células ya no reciben oxígeno ni energía. Sin estas condiciones, ninguna célula puede seguir creciendo.

¿Cómo crecen el pelo y las uñas?

Aquí está la clave. Mientras que el pelo crece en el folículo piloso, debajo de la piel, las uñas lo hacen en la matriz ungueal, también situada bajo la piel, en la base de la uña. Eso sí, la parte visible tanto del pelo como de la uña está formada por células muertas, llenas de queratina.

En ambos casos, el crecimiento ocurre desde dentro, gracias a células que se dividen constantemente. Cuando estamos vivos, esas células nuevas empujan a las antiguas hacia fuera. Pero cuando morimos, ese proceso se detiene por completo.

¿Por qué parece que siguen creciendo después de morir?

La confusión viene de un fenómeno físico muy sencillo: la deshidratación del cuerpo tras la muerte.

Debemos tener en cuenta que cuando el cuerpo deja de estar vivo suceden una serie de procesos que hacen que la piel pierda agua, se vuelva más seca y se contraiga. Por la misma razón, las encías se retraen y la piel alrededor de uñas y pelo se encoge.

Debido a esto, el pelo parece más largo, las uñas parecen sobresalir más e incluso la barba puede parecer que está “más crecida”.

Pero, en realidad, no ha crecido nada: lo que ha cambiado es la piel que las rodea.

Es como si llevaras una camiseta mojada y, al secarse, se encogiera: lo que está debajo parece más grande, aunque no lo sea.

¿Puede crecer algo del cuerpo después de morir?

En condiciones normales, no. El crecimiento requiere un metabolismo activo y, tras la muerte, dicho metabolismo se detiene.

¿Y justo después de morir? ¿Hay un “último crecimiento”? Algunos estudios han sugerido que, durante minutos u horas, ciertas células pueden seguir funcionando brevemente. Sin embargo, nunca será suficiente para producir crecimiento visible. Además, tampoco es un proceso organizado.

Y, desde luego, no ocurre con el pelo ni con las uñas. La ciencia se basa en mediciones, fisiología celular y biología, y todas ellas apuntan a la misma conclusión: el crecimiento ambas cosas se detiene en el momento de la muerte.

¿Por qué este mito sigue tan extendido?

Seguramente, existan varias razones. Por ejemplo, es algo que hemos visto muchas veces en películas y series. Además, es visualmente convincente a causa del fenómeno de deshidratación de la piel que explicamos antes.

Por otro lado, se trata de un mito transmitido como “sabiduría popular” y que resulta difícil de desmontar, pues no solemos observar cuerpos en fases tempranas tras la muerte.

El camino del científico

Nuestra pregunta está respondida entonces: contra lo que solemos escuchar, el pelo y las uñas no crecen después de morir. Hemos visto que el crecimiento requiere células vivas y riego sanguíneo. Podría ser, en todo caso, un efecto visual, no biológico, debido a que la piel se deshidrata y se retrae tras la muerte.

Es un ejemplo, también, de cómo la ciencia, muchas veces, no desmonta ideas raras con respuestas complicadas, sino con explicaciones simples basadas en cómo funciona el cuerpo.

Preguntarse “¿qué necesita esto para ocurrir?” suele ser la mejor herramienta.

Y la pregunta que hemos contestado aquí es exactamente el tipo de interrogante que se hace un buen científico: una observación curiosa que parece lógica… hasta que se analiza con detalle.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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José Miguel Robles Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué después de morir el pelo y las uñas siguen creciendo? – https://theconversation.com/por-que-despues-de-morir-el-pelo-y-las-unas-siguen-creciendo-270821

Contra la ley de la selva: una alternativa cosmopolita a la geopolítica de las superpotencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Velasco, Profesor de Investigación. Grupo "Filosofía Social y Política" (FISOPOL). Jefe del Departamento de Filosofía Teórica y Práctica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

De izquierda a derecha, John Ratcliffe (director de la CIA), Donald Trump y Marco Rubio (secretario de Estado de Estados Unidos) siguen la operación militar en Venezuela en una imagen difundida por la Casa Blanca. Casa Blanca

Si la terminación de la Guerra Fría supuso el final de un mundo estructurado de manera bipolar –Estados Unidos vs. Unión Soviética–, el unipolarismo, que desde George W. Bush distintos presidentes de los Estados Unidos han ido queriendo imponer, se está desmoronando a ojos vista, si es que no se ha resquebrajado por completo.

En un contexto crecientemente multipolar, el cuestionamiento de determinadas fronteras internacionales y la multiplicación de conflictos bélicos apuntan hacia un revisionismo geopolítico que busca implementar una visión pluricéntrica para la que aún no se dispone de las herramientas adecuadas.

Las relaciones internacionales están cambiando y cada vez resulta más patente el tono involucionista, una cierta vuelta al pasado encarnada en el afloramiento de sombrías figuras autoritarias y el recurso a crueles guerras de anexión como forma de dirimir conflictos entre naciones.

El derecho internacional ha saltado por los aires

Al menos desde que Rusia procedió a invadir Ucrania, Israel la franja de Gaza y los Estados Unidos están interviniendo militarmente en Venezuela, vivimos en un mundo en el que la fuerza bruta pisotea sin escrúpulos el Estado de derecho y en el que los principios democráticos se ven extremadamente jibarizados.

Todas estas graves agresiones constituyen peligrosos precedentes que hacen saltar por los aires el derecho internacional. Eso es así en la medida en que muestran a las claras que cabe vulnerar sin penalización alguna los estándares mínimos que la humanidad se ha dado a sí misma para para impedir la supremacía abusiva del más fuerte y dirimir pacíficamente los diferendos que puedan surgir entre las naciones. La guerra ha quedado rehabilitada como instrumento lícito para solucionar conflictos.

Proliferan los intentos de descafeinar e incluso subvertir el orden internacional regido hasta ahora por un sistema de reglas iguales para todos y de instituciones multilaterales reconocidas. No solo el poder va ocupando el lugar de las reglas, sino que han menguado palpablemente tanto la creencia en los valores universales como la adhesión a la idea de una comunidad internacional. En lugar de la cooperación, prevalece la confrontación: menos colaboración interestatal y más competencia estratégica.

Vuelve así con brío el esquema geopolítico de la política de poder, esto es, el de un mundo hobbesiano en el que la expansión territorial se convierte en objetivo fundamental de las potencias hegemónicas. Es más, a veces parece vislumbrarse el retorno a un nuevo-viejo orden basado en la ley de la selva en el que un número limitado de grandes países actuarían sin cortapisas en el interior de sus respectivas esferas de influencia.

Immanuel Kant cede la batuta a Carl Schmitt, y su noción de los “grandes espacios” imperiales parece cobrar un nuevo e inquietante protagonismo.

El cosmopolitismo como alternativa

El renovado interés por el cosmopolitismo que se experimentó en la posguerra fría trataba de ser una trabada respuesta al desasosiego suscitado por el impacto de la globalización. Su visión del mundo como un todo, como un único horizonte compartido, y la subsiguiente ampliación del espacio de lo político resultaban más que pertinentes para comprender los grandes cambios sociales que se estaban produciendo en todo el planeta.

Aunque ha sido desechado por la gran mayoría de los actuales mandatarios mundiales, el ideal cosmopolita mantiene no sólo un amplio atractivo como marco de interpretación, sino que su subyacente componente normativo se presenta como una sugestiva manera de enfocar y responder a grandes retos que tenga en cuenta las perspectivas de los demás más allá del propio contexto inmediato.

Estamos asistiendo, sin embargo, a ciertos modos de gestionar las crecientes interdependencias y los procesos transnacionales asociados a la globalización que no sólo cercenan en la práctica la legítima autonomía de los Estados soberanos, sino que generan un progresivo vaciamiento democrático de las instituciones políticas.

La democracia más allá de las fronteras nacionales

A la urgencia de articular respuestas más democráticas e inclusivas a los desafíos que plantea la globalización responden una gran parte de las tesis desplegadas por autores tan destacadsos como Jürgen Habermas o Luigi Ferrajoli en las últimas décadas. Ambos están convencidos de la necesidad de construir y organizar democráticamente una sociedad cosmopolita, una sociedad en la que todos los seres humanos se sientan ciudadanos y ejerzan como tales para responder a los desafíos de un mundo efectivamente globalizado.

Son bien conscientes, no obstante, de que unas de las primeras trabas se encontrarían en la resistencia de los Estados nacionales a transmitir derechos de soberanía a organismos supranacionales.

A diferencia de las respuestas que nos brinda el realismo político, que confunde lo realmente existente con lo posible, estos autores nos presentan fórmulas rompedoras y exigentes. Su apuesta por el universalismo, los derechos humanos y las instituciones de gobernanza global que los amparen es, muy probablemente, una de las grandes causas no sólo de nuestro presente, sino también de los tiempos que se avecinan. El tamiz de la historia determinará si son también ideas cargadas de futuro.

Dadas las actuales circunstancias nada favorables al cultivo de la utopía, unas circunstancias en las que la atrofia de la imaginación política campa por sus respetos, es de agradecer que haya quien aún sea capaz de concebir una sociedad internacional razonablemente distinta a la realmente existente, una sociedad plural y abierta a la alteridad, gravitada en torno a la discusión y el consenso, sabedora de su finitud y contingencia, atravesada necesariamente por conflictos y contradicciones.

Es precisamente en estas circunstancias cuando urge reivindicar un sentido ampliado de los deberes de justicia que tenga en consideración los intereses de todas las personas que habitamos el planeta Tierra, una comprensión de la justicia que sobrepase el acotado terreno de cada sociedad encerrada en sus propias fronteras.


Juan Carlos Velasco es autor de Anatomía de la frontera (Madrid: Tecnos, 2025). Su próximo libro llevará por título Democracia sin fronteras (Madrid: Trotta, 2026).

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Juan Carlos Velasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado y de sus funciones como Investigador Principal del Proyecto “Desigualdades, privilegios y justicia global – PRIVILEGIA” (PID2022-136448OB-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. Contra la ley de la selva: una alternativa cosmopolita a la geopolítica de las superpotencias – https://theconversation.com/contra-la-ley-de-la-selva-una-alternativa-cosmopolita-a-la-geopolitica-de-las-superpotencias-272914

El impacto de la nueva Directiva Europea de Aguas Residuales en la industria española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dr. Borja Garrido Arias, Profesor Dpto. Ingeniería Mecánica, Escuela ICAI, Universidad Pontificia Comillas

Planta de tratamiento de aguas residuales. kittirat roekburi/Shutterstock

El inicio del 2026 se traduce en una gran cantidad de objetivos personales y profesionales. Y entre ellos, conviene no olvidar los que afrontará la sociedad y la industria española con la implantación de la Directiva de Aguas residuales UE 2024/3019.

El texto de la nueva normativa, redactado en noviembre de 2024, obliga a los Estados miembros a su transposición nacional a principios de 2026. Todas las partes del sector deben estar preparadas, desde la administración hasta los ingenieros de instalaciones e industriales.

En España nos encontramos ante legislaciones anticuadas en materia de vertidos, tanto industriales como urbanos. Así como la sociedad cambia en todas sus facetas, sus efluentes y aguas residuales también lo hacen. La nueva directiva mejorará su uso y regulación.

Con el fin de que la norma se implante correctamente, los ingenieros y técnicos especializados en aguas debemos aportar formación e información a los industriales no sólo a nivel legal, sino también a nivel técnico y preventivo.




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¿Cuál es el alcance de la normativa?

El agua y sus vertidos industriales y domésticos constituyen retos tanto técnicos como ambientales y de salud pública. E involucran al tan estudiado y analizado ciclo del agua: los contaminantes producen efectos directos en los recursos hídricos potables de consumo humano y en nuestra salud.

Las industrias, sean del sector que sean, implementan constantes mejoras en sus regímenes productivos no sólo a nivel de proceso, sino de aditivos y sustancias que mejoran dicho proceso y el producto final. La ley europea fomentará este control a cada caso concreto, focalizando la atención en nuevos contaminantes y vertidos peligrosos.

Las empresas e industrias deberán justificar qué vierten, cómo y por qué. Y los ingenieros químicos deberemos ejercer un papel decisivo: analizar el proceso industrial, evaluarlo en el origen y plantear unas matrices de riesgos y medidas correctoras adaptadas a cada proceso.

La formación multidisciplinar será decisiva para el análisis de desviaciones y la implementación de mejoras correctivas formará parte del día a día y del aprendizaje entre todos.

Los contaminantes emergentes: de nuevo en el “punto de mira”

Hace años que conocemos la presencia de los microplásticos. Son contaminantes que no se ven, pero que generan un riesgo acumulativo a la sociedad, con daños aún poco evaluados. En la mayoría de las ocasiones, son los aditivos que se usan para mejorar sus propiedades los que causan esos efectos nocivos. Hablamos, por ejemplo, del bisfenol A, un disruptor endocrino que se encuentra en numerosos productos de consumo, incluidos envases de alimentos.

Por ello, entre otras directrices, la nueva normativa dicta que los fármacos, hormonas ( que salen libres al medio, por ejemplo, tras tratamientos sanitarios) y productos de higiene personal tienen que ser evaluados y analizados. Esto implicará mejoras en los análisis químicos y técnicas instrumentales e incrementará los costes de las empresas y laboratorios. Los contaminantes habituales, como DQO, nitrógeno, aceites y grasas también sufrirán un mayor control, volviéndose más restrictivos los niveles permitidos de todos ellos.




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Mayor control implica mayor transparencia

Además, con la nueva norma aparecen los llamados “tratamientos cuaternarios”, una fase avanzada de depuración de aguas residuales diseñada para eliminar contaminantes emergentes.

Desde hace años las ciudades cuentan con tratamientos de efluentes procedentes de depuradoras que, tras pasar por una una red separativa, se distribuyen para distintos usos, principalmente para riego y baldeo. El Decreto 1085/2024 en materia de recuperación de aguas, que vio la luz en el 2024, supuso una actualización consolidada en España, contribuyendo a una mayor concienciación en cuanto a la evaluación y el control del riesgo. Aunque su uso se ha fomentado principalmente en el ámbito administrativo mediante redes de distribución de aguas regeneradas para riego y baldeo, la complejidad de ejecución y desarrollo está siendo un problema palpable a nivel empresarial.

La necesidad de erradicar contaminantes con alto carácter recalcitrante (difíciles de ser degradados), no eliminables con las depuradoras actuales, implica el uso de Tratamientos por Oxidación Avanzada, también denominados POAs. Entre este tipo de procesos destacan el Fenton y las tecnologías de membranas (electrodiálisis, pervaporación y las filtraciones finales con membranas porosas y/o compactas), los cuales supondrán nuevas líneas de investigación que darán continuidad a las actuales.

Instaurar este tipo de tratamientos ya no se reducirá a un estudio a escala de laboratorio, será una realidad que se pueda ejecutar a escala industrial.
La nueva directiva implica un reporte de datos desde las instalaciones a la administración. Este flujo de información no debe ser considerado una debilidad para las industrias, sino una fortaleza para todos y el avance de la ingeniería del agua y de sus tratamientos avanzados.

La monitorización, el análisis y el volcado de datos formarán parte de estudios que instaurarán soluciones preventivas ante futuras desviaciones. El machine learning puede ser una buena herramienta junto con el big data para la obtención de modelos predictivos. Y, con esta evidencia, el que contamina deberá pagar.

A pesar de todos los efectos que suponen para las empresas, no hay que ver estos cambios legales como inviables o punitivos al régimen habitual de funcionamiento de las depuradoras, sino más bien como una oportunidad para adaptar la ingeniería química y del agua como un reto para modernizar infraestructuras y legislaciones obsoletas, crear empleo verde y fomentar la salud pública y el desarrollo tecnológico.

En unos meses podremos tener ya un diagnóstico de cómo se encuentra nuestro país en materia de control de aguas residuales.

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Dr. Borja Garrido Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El impacto de la nueva Directiva Europea de Aguas Residuales en la industria española – https://theconversation.com/el-impacto-de-la-nueva-directiva-europea-de-aguas-residuales-en-la-industria-espanola-272623