La Palma: un patrón magmático escrito en los cristales del volcán

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Caracciolo, Postdoctoral researcher, University of Iceland

Erupción del volcán Taj Imanol Zuaznabar Garcia/Shutterstock

El 19 de septiembre de 2021 comenzó una erupción volcánica en la isla de La Palma, después de 50 años sin actividad volcánica en la dorsal de Cumbre Vieja. Durante 85 días acaparó titulares de prensa antes de caer en el olvido por parte de la mayoría de la población. Sin embargo, los investigadores seguimos estudiando este evento geológico para entender sus causas y su posible evolución.

Cumbre Vieja es el volcán más activo de Canarias, con nueve erupciones en los últimos 1 100 años. En un trabajo publicado hoy en la revista Nature Communications mostramos que esas erupciones siguen un mismo patrón.

El patrón puede resumirse de la siguiente forma. A lo largo del tiempo el magma se acumula a grandes profundidades bajo la superficie, hasta que la llegada de magma nuevo, más caliente, rompe el reservorio de magma profundo. Esto favorece su ascenso hacia la superficie y, finalmente, su erupción.

Más allá de la erupción de 2021

La erupción de 2021 pudo observarse con un detalle sin precedentes, pero nosotros quisimos ir más allá para responder esta pregunta: ¿ha cambiado el sistema magmático bajo la isla con el tiempo, o las erupciones históricas comparten una misma historia?

Para averiguarlo estudiamos rocas de tres erupciones en La Palma: El Charco (1712), Teneguía (1971) y Tajogaite (2021). Las tres siguieron un patrón parecido: empezaron emitiendo un magma cuya composición cambiaba a medida que se enfriaba y cristalizaba en profundidad. Con el avance de la erupción, las lavas se volvieron cada vez más calientes y fluidas.

Los cristales: una ventana al interior del volcán

Una dificultad a la que nos enfrentamos los investigadores que estudiamos las erupciones volcánicas es que no podemos observar directamente el magma moviéndose bajo un volcán. En su lugar, reconstruimos su recorrido a partir de las rocas y los minerales que el propio volcán trae hasta la superficie durante una erupción.

En nuestro estudio nos centramos principalmente en un mineral llamado “clinopiroxeno”, muy común en las lavas de La Palma.

Este mineral crece dentro del magma añadiendo una capa tras otra, de forma parecida a los anillos de un árbol. Cuando cambia la temperatura, la presión o la composición del magma que los rodea, pueden crecer nuevas capas con una composición ligeramente distinta. Así, cada cristal funciona como una especie de archivo natural: conserva un registro de los diferentes magmas y de las condiciones a las que estuvo expuesto antes de la erupción. Son datos que los investigadores podemos utilizar para reconstruir la vida de los volcanes.

Para ello, medimos la composición química de esas capas y elaboramos mapas microscópicos de la distribución de distintos elementos dentro de cada cristal. Después calculamos las profundidades y temperaturas a las que se habían formado. Combinando toda esta información reconstruimos la historia del magma: desde su almacenamiento en profundidad hasta su ascenso y erupción.

Los cristales que estudiamos de las tres erupciones, pese a estar separados por tres siglos de historia, mostraron una coherencia sorprendente. En todas ellas el magma se almacenó y enfrió a profundidades y temperaturas similares, y las mismas
capas químicas crecieron en zonas equivalentes de los cristales.

De las profundidades a la superficie

Buena parte de esta historia comienza a gran profundidad, entre 18 y 25 kilómetros bajo la isla. Allí se va formando, con el tiempo, un reservorio de magma relativamente frío y rico en cristales, a temperaturas de unos 1 000 grados centígrados.

Este reservorio profundo no es una gran bolsa de magma líquido, como a veces imaginamos una cámara magmática. Se parece más a lo que los vulcanólogos llaman un crystal mush: una mezcla de cristales y magma líquido –algo parecido a un granizado–, formado por abundantes cristales rodeados de roca fundida.

Los cristales indican que, antes de cada erupción, llega un nuevo magma, más caliente y fluido, a más de 1 100 grados centígrados. Al entrar en el reservorio profundo, este magma rompe parte del mush cristalino, incorporando y arrastrando hacia la superficie los cristales que se habían formado allí.

Por qué esto importa para la vigilancia volcánica

Las redes de vigilancia volcánica detectan terremotos, deformaciones del terreno y emisiones de gases a medida que el magma se mueve y la presión cambia bajo un volcán. Estas señales son fundamentales para anticipar una erupción, pero el magma que se mueve a mucha profundidad es mucho más difícil de detectar que el que se acerca a la superficie.

Nuestros resultados muestran que buena parte de la acumulación del magma bajo La Palma ocurre a gran profundidad, en el manto superior. Esto significa que pueden desarrollarse procesos importantes lejos de la superficie que son difíciles de detectar con las redes de vigilancia de volcanes.

Nuestro estudio no pronostica cuándo ocurrirá la próxima erupción, pero sí ayuda a interpretar futuros episodios de actividad. Así, la llegada de magma nuevo en profundidad puede reactivar un reservorio antiguo e iniciar procesos que, eventualmente, conduzcan a una erupción.

Los cristales que llegan a la superficie permiten después reconstruir esa historia y compararla con las señales de terremotos, de deformación y de gases registradas antes y durante la erupción.

Un proceso que podría ir más allá de La Palma

Al comparar los cristales de La Palma con los de otros volcanes encontramos indicios de que otros archipiélagos volcánicos, como Cabo Verde, Azores o Galápagos, podrían tener sistemas de alimentación de magma similares.

Los resultados sugieren que, durante las primeras etapas de formación de estas islas volcánicas, la llegada de magma nuevo y más caliente podría romper y movilizar reservorios profundos ricos en cristales, de forma parecida a lo que observamos en La Palma. Este mecanismo podría ser, pues, una característica común de los sistemas de alimentación de magmática de las islas oceánicas.

The Conversation

Alberto Caracciolo acknowledges the VOLC-LAPSE cascading fund within the RETURN Project (CUP H93C22000610002, funded by the European Union)

Álvaro Márquez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para el estudio de las erupciones históricas de La Palma.

Teresa Ubide recibe fondos del Australian Research Council y de NCRIS-AuScope. Teresa completó su Tesis Doctoral en la Universidad de Zaragoza y trabaja para la Universidad de Queensland en Australia.

Mónica Ágreda-López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La Palma: un patrón magmático escrito en los cristales del volcán – https://theconversation.com/la-palma-un-patron-magmatico-escrito-en-los-cristales-del-volcan-289929

El debate sobre los escenarios climáticos del IPCC: ¿qué son y cómo se usan para tomar decisiones de cara a un futuro más cálido?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María Baldasano Recio, Catedrático Emérito de Ingeniería Ambiental, Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech

Piyaset/Shutterstock

Para analizar el avance del calentamiento global en el futuro y los efectos de las medidas de mitigación, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) ha establecido cinco escenarios de emisiones futuras de gases de efecto invernadero (GEI). Proyectar las emisiones es extremadamente complejo, pues dependen de la evolución del crecimiento y desarrollo socioeconómico y energético y de los cambios tecnológicos. Estos escenarios buscan contemplar un abanico de posibilidades. No son predicciones son proyecciones con sus incertidumbres asociadas. Son “fotografías de futuros plausibles”.

Actualmente, los escenarios climáticos del IPCC se basan en las Trayectorias Socioeconómicas Compartidas (SSP, por sus siglas en inglés), introducidas en el Sexto Informe de Evaluación (AR6). A partir de 2010, estas añadieron variables socioeconómicas a los anteriores escenarios, los RCP, que solo tenían en cuenta los niveles de gases de efecto invernadero e iban desde el escenario más moderado, el RCP2.6, hasta el más extremo, el RCP8.5.

Unos nuevos escenarios, los CMIP7 (2026), son la base del próximo Séptimo Informe de Evaluación (AR7).

Herramientas de gestión pública para la adaptación

Limitar el calentamiento global es urgente e inaplazable, pero adaptar las infraestructuras es una necesidad cada vez más apremiante. Viviendas, carreteras, hospitales, redes eléctricas, etc. tienen que poder resistir condiciones climáticas considerablemente más exigentes que las actuales.

Los escenarios climáticos también se consideran herramientas de gestión pública. La Unión Europea (UE) los utiliza en sus políticas de adaptación climática.

El Consejo Científico Asesor Europeo sobre Cambio Climático (ESABCC, por sus siglas en inglés) ha recomendado que la UE tome como referencia común para la planificación de su adaptación climática entre sus Estados miembros y que se preparen para un mundo casi 3 ºC más caliente, y ha considerado el escenario SSP2-4.5, que proyecta entre 2,1-3,5 ºC para el año 2100.

Asimismo, la institución aconseja comprobar la resistencia de determinadas infraestructuras e inversiones frente a trayectorias todavía más adversas, como es el escenario SSP3-7.0 (entre 2.8-4.6 °C de calentamiento). El ESABCC advierte de que la adaptación climática tiene límites y que su eficacia disminuye a medida que aumentan los riesgos.

No es que la UE esté pronosticando la temperatura para final de siglo. Se refiere al abanico de riesgos que se consideran suficientemente posibles como para ignorarlos. En 2024, la Comisión Europea ya consideró el SSP2-4.5 como escenario climático de referencia para evaluar los riesgos climáticos de sus políticas, aconsejando al sector privado usar el mismo enfoque.




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Retirada del escenario SSP5-8.5

Estos escenarios están en continua revisión. El escenario frecuentemente llamado “business as usual”, es decir, “seguir como siempre” (el SSP5-8.5, anteriormente conocido como RCP8.5), ha sido retirado en 2026 después de un significativo debate científico que busca restaurar la proporcionalidad entre probabilidad y representación.

Concebido como un escenario de alto riesgo, el SSP5-8.5 responde esencialmente a un mundo sin políticas climáticas. Su revisión, no es una “desaparición”, sino una corrección de su papel como referencia central en determinados análisis y narrativas sobre el futuro climático. Fue retirado porque quedó desactualizado. Responde a un principio básico de la ciencia climática: los escenarios describen trayectorias hipotéticas sujetas a supuestos sobre población, tecnología, política energética y desarrollo económico.

La retirada de RCP8.5 no implica que el calentamiento global haya perdido gravedad, sino que el escenario dejaba de ser una representación adecuada del curso probable de las emisiones de GEI. Descansaba en hipótesis de crecimiento intensivo del carbón y de expansión sostenida de emisiones, que, a la luz de la evolución, resultan menos plausibles que hace una década gracias a medidas como la transición hacia renovables y el Acuerdo de París (2015).

Gráfico que muestra la variación de la temperatura media global en el futuro con respecto al período de referencia según diferentes escenarios climáticos.
Variación de la temperatura media global con respecto al período de referencia según diferentes escenarios climáticos. El RCP8.5 es el de altas emisiones.
Gobierno de Canadá

La principal justificación científica para su eliminación es metodológica. En la modelización climática –necesaria para poder saber la evolución del sistema climático–, la utilidad de un escenario depende de su plausibilidad, no de su capacidad para maximizar el impacto comunicativo. Si bien es importante modelizar los posibles escenarios más desfavorables, también es necesario examinar un abanico amplio de escenarios potenciales.

El caso revela una cuestión epistemológica relevante: la ciencia no se debilita al corregirse, sino que se fortalece. La revisión de escenarios forma parte del proceso normal de actualización del conocimiento.




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Negacionismo y lectura política

La reacción del negacionismo climático ante esta revisión ha sido la previsible. Lejos de analizar el cambio con rigor, lo presenta como prueba de que la amenaza climática fue exagerada o incluso fabricada. Interpretación que confunde la revisión de un escenario con la invalidez del conjunto de conocimientos de la ciencia climática. La estrategia es conocida: convertir una revisión científica en munición retórica contra la acción climática.

Este patrón resulta especialmente visible en la instrumentalización del debate. La celebración de la “caída” de RCP8.5 por parte de figuras como Donald Trump o de sectores alineados con el negacionismo evidencia un discurso negacionista que intenta desplazar la discusión sobre los riesgos reales del calentamiento global hacia una caricatura de la ciencia como sistema alarmista.

Pero la corrección del escenario demuestra lo contrario: la comunidad científica distingue entre lo plausible, lo improbable y lo extraordinario. Presentar esta revisión como una refutación del cambio climático actual constituye una irresponsabilidad grave.

Implicaciones para el debate climático

El debate sobre los escenarios climáticos ofrece una lección amplia sobre comunicación científica. El uso indiscriminado de escenarios extremos puede erosionar la confianza pública cuando esos supuestos se vuelven menos verosímiles. Pero la solución no es minimizar el problema, sino jerarquizar adecuadamente los posibles futuros.

En términos normativos, esto refuerza una idea importante: el riesgo climático sigue siendo grave (como se está viendo este verano). Tanto la mitigación como la adaptación siguen siendo muy urgentes. Por tanto, la revisión del RCP8.5 no debe ser leída o considerada como un alivio, sino como una invitación a formular políticas climáticas basadas en escenarios más consistentes con la realidad actual, caso de la recomendación considerada por la UE respecto a sus políticas de adaptación.

The Conversation

José María Baldasano Recio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El debate sobre los escenarios climáticos del IPCC: ¿qué son y cómo se usan para tomar decisiones de cara a un futuro más cálido? – https://theconversation.com/el-debate-sobre-los-escenarios-climaticos-del-ipcc-que-son-y-como-se-usan-para-tomar-decisiones-de-cara-a-un-futuro-mas-calido-291730

¿Vemos siempre al adversario político como peor persona?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristian Catena-Fernández, Profesor en el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

marcogarrincha/Shutterstock

En muchos debates políticos actuales no solo discutimos ideas, leyes o propuestas. Discutimos algo más profundo: qué tipo de personas somos. Apoyar o rechazar una causa no se percibe solo como una opinión política con consecuencias prácticas, sino también como una señal de quiénes somos desde un punto de vista moral.

Esto ayuda a entender por qué algunas conversaciones políticas se vuelven incómodas y poco productivas. Cuando el desacuerdo deja de tratar sobre qué medida es mejor y pasa a interpretarse como una falta de valores, el debate cambia de naturaleza.

En nuestras investigaciones recientes, realizadas desde el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones de la UNED, hemos analizado cómo las personas de izquierda y de derecha perciben moralmente distintos temas políticos, cómo se juzgan moralmente entre sí y qué consecuencias tienen estas percepciones para la convivencia política.

Causas “más morales” que otras

Una investigación publicada en European Journal of Social Psychology muestra que las causas políticas no se perciben como moralmente equivalentes. Temas políticos defendidos tradicionalmente por la izquierda (igualdad de género, protección del medioambiente o derechos de las personas migrantes, entre otros) se perciben como causas con una carga moral especialmente fuerte. En cambio, temas políticos defendidos tradicionalmente por la derecha (seguridad nacional, orden social o defensa de las tradiciones) se perciben con menor carga moral.

Lo más llamativo es que esta diferencia no solo aparece entre quienes se identifican con la izquierda. También las personas de derecha tienden a percibir las causas progresistas con una carga moral más alta que las causas conservadoras.

Estos resultados sugieren que, más allá de la ideología individual, algunos temas de la agenda progresista se han convertido en causas especialmente moralizadas en el debate público. No defenderlos puede verse no solo como una discrepancia política, sino como una señal de que no se está haciendo lo correcto.

En la misma investigación, también observamos diferencias en la forma en que las personas de izquierda y de derecha se juzgan moralmente.

Específicamente, cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la izquierda, tanto las personas de izquierda como las de derecha tienden a percibir a las de izquierda como más justas o éticamente responsables que las de derecha. En cambio, estas diferencias no se encuentran cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la derecha.

Otro hallazgo del mismo trabajo es que las personas de derecha son conscientes de esa imagen moral negativa cuando se discuten temas tradicionalmente asociados a la izquierda. Es decir, creen que son vistas como menos justas o menos éticamente responsables por las personas de izquierda.

Desde el punto de vista psicológico y social, esto es clave. La moral no es un adorno de la identidad: es una parte central de cómo nos vemos a nosotros mismos y de cómo vemos a los demás. Cuando alguien siente que su grupo es retratado como moralmente inferior, no suele reaccionar replanteándose sus creencias con calma o apertura. En esas condiciones, puede activarse una respuesta defensiva que contribuiría a reforzar la polarización política entre grupos ideológicos.

El alimento para la polarización

En otra investigación reciente, publicada en Group Processes & Intergroup Relations, analizamos las consecuencias de estas percepciones en personas de izquierda y de derecha. Mostramos a los participantes información sobre cómo el grupo ideológico contrario valora moralmente a su propio grupo en relación con el medioambiente. En algunos casos, hacíamos creer a los participantes que el grupo ideológico contrario les veían como inmorales; en otros, les hacíamos creer que les veían como igual de morales que ellos.

Los resultados mostraron que cuando las personas de derecha perciben que su grupo es visto como inmoral en cuestiones medioambientales, experimentan una amenaza a su identidad moral. Es decir, sienten que se pone en cuestión su valía como personas moralmente correctas. Esta reacción no aparece entre las personas de izquierda.

Observamos, además, que esta amenaza no se traduce en mayor apertura al cambio. Al contrario, la amenaza tiende a reforzar las posiciones iniciales: aparecen actitudes más extremas y una mayor intención de votar por ideologías afines.

Concluimos así que, paradójicamente, moralizar el debate político con la intención de convencer al otro puede provocar respuestas defensivas, intensificando de esta manera la posición de partida.

Esta investigación también muestra que este proceso no es inevitable. Cuando se atenúa la amenaza a la identidad moral –por ejemplo, permitiendo a los participantes moralmente amenazados reafirmar su propia imagen moral–, la intensificación del posicionamiento inicial disminuye.

Por lo tanto, las reacciones defensivas no dependen solo del contenido de cada causa política. También depende de si esa causa se convierte en un juicio sobre la valía moral de la persona. Cuando ese juicio se suaviza, también se reduce la necesidad de responder de forma defensiva.

Percepción de las causas progresistas

Nuestros estudios sugieren que algunas causas tradicionalmente defendidas por la izquierda se perciben con una carga moral especialmente alta, no solo por personas de izquierda, sino también por la sociedad en general. Esto parece afectar a cómo juzgamos moralmente a las personas que las defienden: cuando se discuten causas progresistas, las personas de izquierda tienden a ser percibidas de una forma moralmente más positiva que las personas de derecha.

Las democracias necesitan desacuerdo. Pero tienen dificultades para funcionar cuando cada discrepancia se interpreta como una falta de valores. Comprender el papel que juegan estas percepciones morales ayuda a explicar por qué algunos debates políticos se vuelven intensos y difíciles de resolver.

The Conversation

Las investigaciones presentadas en este artículo han sido financiadas por el proyecto PID2022-138915NB-I00 de la Agencia Estatal de Investigación (AEI)

Las investigaciones presentadas en este artículo han sido financiadas por el proyecto PID2022-138915NB-I00 de la Agencia Estatal de Investigación (AEI)

– ref. ¿Vemos siempre al adversario político como peor persona? – https://theconversation.com/vemos-siempre-al-adversario-politico-como-peor-persona-285107

Vacunas nasales: una nueva y prometedora vía para frenar la transmisión de los virus respiratorios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

Vacuna nasal contra la covid-19. TopMicrobialStock/Shutterstock

Cuando pensamos en una vacuna, lógicamente solemos imaginar una inyección en el brazo. Este tipo de inmunizaciones han sido extraordinariamente eficaces para evitar el agravamiento de las enfermedades, las hospitalizaciones y las muertes.

Sin embargo, frente a muchos patógenos respiratorios, los pinchazos presentan una limitación fundamental: generan una respuesta inmunitaria muy potente en la sangre (inmunidad sistémica), pero no siempre garantizan una defensa igual de intensa en las vías respiratorias superiores. Y son precisamente los lugares por los que suelen entrar esos microorganismos.

Las vacunas nasales intentan resolver este problema. En lugar de introducir el antígeno mediante una aguja, se administra en forma de aerosol o gotas sobre la mucosa nasal. Allí puede activar el sistema inmunitario local y formar una primera línea de defensa robusta en el punto de entrada del patógeno.

Así actúan

La mucosa de las vías respiratorias no es un simple tubo por el que pasa el aire. Posee su propio sistema de defensa: el tejido linfoide asociado a la nasofaringe (NALT, por sus siglas en inglés). Al administrar una vacuna mediante un aerosol nasal, se activan mecanismos de defensa que las inyecciones rara vez ponen en marcha con la misma eficacia.

La mucosa respiratoria está cubierta de moco, células ciliadas y de numerosas células inmunitarias. Una vacuna nasal bien diseñada puede estimular la producción de inmunoglobulina A secretora (IgA), un anticuerpo especializado en proteger las mucosas. La IgA puede unirse a virus o bacterias en la propia superficie respiratoria y dificultar que se adhieran y penetren en nuestras células.

Además, la vacunación nasal puede generar linfocitos B y T de memoria residentes. Estas células son las encargadas de fabricar anticuerpos y destruir las células infectadas, respectivamente. Permanecen en los tejidos respiratorios y pueden reaccionar rápidamente cuando vuelve a aparecer el patógeno. Por ello, las vacunas nasales podrían no solo reducir la gravedad de una infección, sino también dificultar que esta llegue a establecerse.

Y, por último, al frenar la replicación del virus en las vías altas, se reduce drásticamente la cantidad de partículas virales que expulsamos al respirar, hablar o toser, protegiendo a la comunidad. Menos contagios significan, a su vez, menos oportunidades para que el virus mute y aparezcan variantes que escapen a la inmunidad existente.

Facilidad para administrarlas

Más allá de la inmunidad, las vacunas nasales ofrecen ventajas logísticas y de administración. En primer lugar, porque no requieren agujas, lo que evita dolor y ansiedad y puede facilitar su aceptación, especialmente en niños.

Adicionalmente, algunas formulaciones también podrían simplificar las campañas de vacunación al requerir menos intervención de personal sanitario. Por ejemplo, se pueden autoadministrar bajo supervisión, lo que facilita vacunar con rapidez a mucha gente.

El ejemplo mejor establecido es la vacuna antigripal de virus vivos atenuados, comercializada como FluMist o Fluenz. En Estados Unidos y Europa continúa siendo el principal ejemplo de vacuna respiratoria administrada directamente por vía nasal. También se han autorizado vacunas mucosas contra la covid-19 en algunos países como China, India y Rusia, aunque la comunidad científica internacional aún evalúa los datos reales sobre su capacidad para evitar la transmisión a largo plazo.

¿Por qué no tenemos muchas más vacunas nasales?

Si son tan prometedoras, ¿por qué solo hay una vacuna nasal aprobada contra un virus respiratorio en Europa y Estados Unidos? Los científicos señalan varios obstáculos:

  • La nariz es un lugar hostil para las vacunas. El moco atrapa las partículas, los cilios las barren hacia fuera y ciertas enzimas degradan rápidamente cualquier proteína que se inhale, incluida la propia vacuna, antes de que el sistema inmunitario tenga tiempo de detectarla.

  • Faltan adyuvantes seguros. Los adyuvantes son sustancias que se administran junto a las vacunas para potenciar su eficacia. En vacunas inyectadas se usan desde hace décadas, pero ninguno está aprobado todavía para uso nasal, porque provocar inflamación cerca de la nariz puede ser peligroso y dificultar la respiración.

  • La inmunidad de las mucosas dura poco. El anticuerpo IgA se degrada mucho más rápido que el anticuerpo IgG de la sangre, así que la protección nasal puede caer por debajo de niveles útiles en pocos meses.

  • No sabemos bien qué medir. Para comprobar si las vacunas inyectadas “funcionan” basta un análisis de sangre. En el caso de las nasales no existe todavía un marcador claro y fiable, lo que obliga a hacer ensayos clínicos larguísimos y caros para demostrar su eficacia.

  • Cercanía con el cerebro. La parte superior de la nariz está pegada al bulbo olfativo, conectado directamente al sistema nervioso central, así que cualquier componente de la vacuna debe demostrarse inofensivo para esa zona. De hecho, a principios de la década del 2000, una vacuna nasal contra la gripe en Suiza tuvo que ser retirada tras asociarse su adyuvante con casos de parálisis facial temporal (parálisis de Bell). La neuroseguridad es una prioridad crítica.

Nuevas plataformas y estrategias combinadas

Pese a estas dificultades, la investigación avanza. En los laboratorios se investigan nuevas fórmulas: nanopartículas que protegen el antígeno de las enzimas nasales y lo liberan poco a poco, así como patógenos modificados e inofensivos que actúan como “caballos de Troya” para entrenar al sistema inmunitario. También existen estrategias de vacunación combinada, que emplean una vacuna inyectada inicial con un refuerzo nasal posterior, lo que parecen ofrecer una protección más completa y duradera.

El futuro de la prevención respiratoria

Las vacunas nasales no van a sustituir a las inyectables de la noche a la mañana, pero representan una de las apuestas más interesantes para evitar no sólo que una infección respiratoria nos lleve al hospital, sino también para detener al patógeno en la puerta de entrada al organismo. Podrían convertirse en una herramienta especialmente valiosa para reducir la transmisión de los microorganismos respiratorios y reforzar nuestra capacidad de respuesta frente a futuras pandemias.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Vacunas nasales: una nueva y prometedora vía para frenar la transmisión de los virus respiratorios – https://theconversation.com/vacunas-nasales-una-nueva-y-prometedora-via-para-frenar-la-transmision-de-los-virus-respiratorios-292378

¿Por qué los perros necesitan morder cosas? La ciencia detrás del ‘simple’ acto de roer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriela Barrera, Profesora de Máster de Etología, Universidad Autónoma de Madrid

Mi perro y yo compartimos muchos momentos juntos. Uno de los favoritos para ambos es cuando nos sentamos a tener nuestro “momento de lectura”: me siento en mi escritorio, él se sienta a mi lado y le doy su chuche preferida. La huele, la lame y la roe con una concentración similar a la que tengo yo mientras estoy enfrascada en la novela.

Durante mucho tiempo, hemos interpretado esta conducta como un capricho o un comportamiento más de los perros, sin darle mucha importancia. Pero la ciencia lleva años diciéndonos que mascar es una necesidad biológica fundamental para estos animales, igual que dormir, comer o tener actividad física. Entender el porqué puede mejorar la calidad de vida de nuestro compañero canino.

Mucho más que un entretenimiento

Cuando alimentamos a un perro, su estómago queda lleno y se siente satisfecho. Pero falta algo por cubrir: la motivación de roer, intacta en su biología después de miles de años de evolución.

Desde el punto de vista evolutivo, tiene todo el sentido. Sus ancestros debían alimentarse por su cuenta, cazando presas. Más adelante, la domesticación redujo el tamaño de la mandíbula de los cánidos y adaptó su digestión al almidón, pero no tocó esas conductas tan arraigadas: morder, masticar y desgarrar. El comportamiento persiste porque está inscrito en su naturaleza.

En 2025, un equipo de la Escuela de Veterinaria de la Universidad de Sídney realizó una revisión sistemática sobre qué le aporta la masticación a un perro. Los investigadores identificaron diez beneficios funcionales distintos; entre ellos, el de la higiene bucal y salud digestiva. Pero hay otro que, quizá, nos sorprendería: su efecto calmante. Es decir, el acto de roer puede ayudar a los animales a manejar situaciones de ansiedad.

Desde el punto de vista bioquímico, la masticación ha demostrado reducir las concentraciones de cortisol (la hormona del estrés) durante periodos de estrés crónico. Incluso, se ha observado que tiene un efecto positivo en el rendimiento cognitivo y mejora la memoria de trabajo en perros ansiosos. Por lo tanto, ofrecerles oportunidades de masticar y roer algo adecuado no es un lujo ni un capricho: es cubrir una necesidad biológica.

Zanahorias, sí, palos, no

¿Y qué deberíamos darle a nuestro perro para roer? Existen distintas alternativas en función de su tamaño corporal, edad, forma y presión de la mandíbula y hocico, salud bucal y preferencias individuales.

Por ejemplo, una de las opciones vegetales más utilizadas es la zanahoria congelada. Sobre todo, para un cachorro en proceso de dentición: el frío reduce la inflamación de las encías y la textura le resultará gratificante. Cuando son adultos, la zanahoria sigue siendo válida, ya sea a temperatura ambiente o congelada. Lo que se aconseja es retirarla cuando se ablande o cuando quede un trozo que el perro pueda tragarse de golpe, una precaución que debemos observar con todo lo que les ofrezcamos para roer.

En cuanto a juguetes masticables comerciales, existe una gran variedad y las recomendaciones están sugeridas en el envase de cada producto. Eso sí, la regla general es que sean lo bastante grandes como para que el perro no pueda tragárselos enteros.

En relación a los palos del parque, y a pesar que nos parezca lo mas natural, la literatura veterinaria advierte de que pueden causar lesiones orofaríngeas complejas, debido al posible desprendimiento de astillas. Por la misma razón, se desaconsejan los huesos cocinados.

A la hora de elegir

Estos son algunos de los aspectos que deben tenerse cuenta:

  • Edad: los cachorros en dentición necesitan texturas suaves que les alivien, sin dañar los dientes que están emergiendo: zanahorias o chuches especialmente diseñadas para cachorros. Los perros mayores necesitan opciones más blandas y sesiones más cortas.

  • Tamaño y peso: se aconseja que el objeto sea mayor que la apertura de la boca del perro, con el fin de evitar que pueda tragárselo entero.

  • Estilo de masticación: los perros con mas necesidad de roer y que deshacen cualquier cosa en minutos necesitan materiales más densos, que no se fragmenten en trozos grandes. No obstante, se aconseja evitar los objetos muy duros, como cuerno de ciervo o astas. Por otro lado, los perros con un estilo de masticación suave toleran mejor texturas más blandas. Observar los primeros diez minutos que pasa nuestra mascota royendo un objeto nuevo nos proporcionará la mejor información.

  • Razas braquicéfalas. Bulldogs, pugs, boxers y similares necesitan formatos más cortos y gruesos que puedan sujetar con su morfología mandibular particular. Los alargados y finos resultan más difíciles de manejar para ellos.

Además de estas consideraciones, es importante recabar la orientación del veterinario de cabecera y usar el sentido común a la hora de elegir el mejor juguete. Además, el perro debe estar siempre supervisado mientras está royendo, sea un producto comercial o no.

Ahora ya sabemos que este comportamiento canino no es un simple acto de destrucción sin sentido, sino una de las formas más antiguas y profundas que tiene un perro de relacionarse con el mundo, de calmarse, de explorar, en definitiva, de ser perro. Cuando le damos espacio para hacerlo con la chuche adecuada, no solo cubrimos una necesidad, también estamos diciendo que le conocemos y que nos importa lo que necesita.

The Conversation

Gabriela Barrera Trabaja como profesora del Master en Etología aplicada e intervención asistida con animales de la UAM / es Founder & CEO de CATADOGERS

– ref. ¿Por qué los perros necesitan morder cosas? La ciencia detrás del ‘simple’ acto de roer – https://theconversation.com/por-que-los-perros-necesitan-morder-cosas-la-ciencia-detras-del-simple-acto-de-roer-283314

¿Por qué unos colegios bilingües triunfan y otros fracasan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Nieves Leal Silva, Profesora de inglés para fines específicos, Universidad de Cádiz

El debate sobre si la educación bilingüe funciona o es un fracaso reaparece cada inicio de curso en los chats de familias y en las salas de profesores. Mientras unos defienden que aprender en otro idioma abre puertas y agiliza la mente, otros aseguran que los niños terminan por no aprender ni la asignatura ni la lengua.

Sin embargo, cuando la ciencia entra en las aulas para analizar lo que ocurre realmente, descubre algo fascinante: el problema no es el bilingüismo en sí sino cómo se enseña. La pregunta clave que debemos hacernos es por qué dos colegios bilingües, con el mismo presupuesto, obtienen resultados diferentes.

La respuesta fácil sería pensar en los recursos económicos, la tecnología o la presencia de auxiliares nativos. Pero investigaciones en el ámbito de la lingüística aplicada señalan algo distinto. El éxito depende, sobre todo, de dos ingredientes: la metodología y la estabilidad del profesorado.

Como aprender a montar en bicicleta

Durante generaciones nos enseñaron idiomas como si fueran matemáticas: memorizando listas de verbos, analizando reglas gramaticales y traduciendo textos artificiales. En ese modelo tradicional, la lengua es el objeto de estudio.

En los colegios bilingües ocurre de manera diferente. El idioma no es la meta, sino el vehículo. Es lo que el lingüista David Marsh definió en los años noventa como el enfoque AICLE (Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras), conocido internacionalmente como CLIL, por sus siglas en inglés.




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Pensemos en cómo aprende un niño a montar en bicicleta: no pasa meses estudiando la física del equilibrio en una pizarra; se sube, pedalea y, si se cae, se vuelve a levantar. Con los idiomas pasa exactamente lo mismo.

Expertos en la materia como Oliver Meyer han demostrado que, cuando un estudiante aprende Ciencias haciendo un experimento o resolviendo un reto en inglés, su cerebro no está procesando la gramática de forma aislada. En lugar de eso, está utilizando el idioma para resolver un problema real. La lengua deja de ser un libro de texto y se convierte en una herramienta útil.

Menos traducción, más acción

Para que este enfoque funcione, no basta con coger el libro de siempre y traducirlo al inglés. Eso solo consigue duplicar la dificultad de comprensión y generar frustración. Los centros que logran que sus alumnos hablen con fluidez cambian el papel del estudiante mediante metodologías activas:

• Aprender haciendo. El aprendizaje basado en proyectos permite al alumnado investigar, debatir y presentar sus ideas en la segunda lengua. Por ejemplo, en una clase de ciencias los estudiantes construyen un prototipo de huerto urbano mientras redactan la guía de cuidado y graban un tutorial explicativo en la segunda lengua.

• Perder el miedo al error: Autores clave en la adquisición de segundas lenguas, como Stephen Krashen, destacan la importancia de reducir el “filtro afectivo” (la ansiedad y el miedo al ridículo). Cuando el idioma se usa para comunicarse, el error deja de sancionarse y pasa a entenderse como un paso natural del aprendizaje.

• Andamiaje: Siguiendo las aportaciones metodológicas de investigadoras como Do Coyle, los docentes utilizan apoyos visuales, mapas conceptuales y experimentos para que el concepto se entienda de forma natural sin necesidad de estar traduciendo cada palabra al español.

• El español no es el enemigo: Usar la lengua materna de forma puntual para aclarar un concepto complejo no es un fracaso del método; al contrario, ayuda a afianzar el conocimiento para luego poder expresarlo en el segundo idioma de forma segura.

• Evaluación que prima la compresión de la asignatura: si en un examen se penaliza más un error ortográfico en inglés que la comprensión del concepto académico, el modelo falla. La prioridad pedagógica debe ser siempre el contenido; la precisión lingüística vendrá progresivamente con la práctica.




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‘Only in English’: ¿es útil usar la lengua materna cuando se aprende una lengua extranjera?


El ingrediente secreto: la estabilidad del equipo

Existe un factor organizativo invisible que suele pasarse por alto en los debates educativos: la continuidad de las plantillas.

Enseñar a través de un segundo idioma requiere un trabajo enorme de coordinación, preparación de materiales y formación continua del profesorado. Cuando un colegio sufre una alta rotación de docentes cada año, el proyecto pedagógico se ve obligado a reiniciar su proceso metodológico casi desde cero. En cambio, los centros con equipos estables consiguen consolidar dinámicas de aula, crear materiales propios adaptados a su contexto y acompañar al alumnado de forma coherente a lo largo de toda su etapa escolar.

Mirar más allá del expediente

Al final, la efectividad de un programa bilingüe no debe medirse por el número de horas lectivas o asignaturas impartidas en otro idioma, sino por la calidad metodológica de lo que sucede durante ese tiempo.

Comprender esto también quita una gran carga a las familias: el éxito de los hijos no depende de que los padres sepan inglés para ayudar con los deberes en casa, sino de la calidad de la metodología que reciben en el colegio y del apoyo emocional que se les brinda ante el reto de aprender.

Para familias y docentes, la lección que nos deja la investigación es clara: el éxito no se compra con tecnología ni se garantiza con discursos teóricos. Se construye día a día en el aula, tratando la lengua no como un examen que hay que aprobar, sino como una herramienta viva para explorar el mundo.

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María Nieves Leal Silva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué unos colegios bilingües triunfan y otros fracasan? – https://theconversation.com/por-que-unos-colegios-bilingues-triunfan-y-otros-fracasan-291794

Los niños pequeños también se estresan: así podemos medirlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Baos González, PhD in Psychology, Universidad de Granada

Krakenimages.com/Shutterstock

Hoy en día, el estrés forma parte de nuestra vida cotidiana. Los adultos lo sufren, hablan sobre él y se quejan de los síntomas asociados, mientras desean una vida justa y tranquila. Por pedir, que no quede. ¿Pero qué pasa con los más pequeños de la familia? ¿Padecen estrés igual que los mayores? ¿Y como lo manifiestan?

El primer paso para responder a esta pregunta es tener un método para medir esa sensación de agobio tan desagradable que todos hemos sentido alguna vez. Hace ya más de treinta años, se diseñó uno de los protocolos más utilizados para generar y estudiar de forma fiable la respuesta de estrés en adultos: Trier Social Stress Test (TSST). Años después, se desarrolló una versión para niños y adolescentes de 7 a 16 años (TSST-C). Sin embargo, estudiar esta respuesta en preescolares ha resultado más difícil.

No fue hasta 2011 cuando el primer grupo de investigadores consiguió generar y estudiar de forma fiable la respuesta de estrés en pequeños de 3 años. Posteriormente, en 2017 y 2019, otros estudios la validaron para edades entre 3 y 6 años. Aun así, seguía faltando una propuesta que estandarizara aspectos clave de su evaluación, como el número y el momento de las muestras biológicas.

¿Cómo se genera y mide una respuesta de estrés?

El estrés es una reacción natural de nuestro cuerpo que ocurre ante situaciones que percibimos como amenazantes, impredecibles o difíciles de controlar. Cuando aparece, se ponen en marcha distintos sistemas biológicos. Entre ellos, destacan el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, relacionado con la liberación de cortisol, y el sistema nervioso simpático, que da respuestas automáticas ante determinados estímulos.

Así afecta el estrés a nuestro cuerpo.

Como no sería ético poner a una persona frente a un león para que se estrese y corra por su vida, los investigadores recurrieron a algo que también nos estresa mucho: sentirnos evaluados por otra persona. En la TSST, por ejemplo, los participantes deben pronunciar un discurso ante un tribunal que mantiene una actitud neutra y hostil. Esa sensación de estar siendo juzgado negativamente genera una reacción de estrés que puede estudiarse de manera controlada.

La respuesta se puede medir a través de la saliva, analizando el cortisol y la enzima alfa-amilasa. Esta última refleja con rapidez la activación del sistema nervioso simpático, mientras que el aumento del cortisol aparece algo más tarde. Por eso, es importante recoger varias muestras antes y después de la situación estresante.

¿Por qué ha sido tan difícil estudiarla en preescolares?

Los factores psicológicos que más generan estrés en los humanos son la impredecibilidad y la amenaza de un juicio social negativo. Adaptar estos factores a la capacidad cognitiva de los preescolares (evitando también el estrés anticipatorio que sienten por ir a un laboratorio desconocido), ha sido el principal reto.

Un equipo de la Universidad de Ontario, en 2011, lo logró mediante una tarea llamada matching task, que reúne ingredientes clave para generar estrés: impredecibilidad, frustración, juicio social negativo, motivación de logro y ausencia de apoyo social. En concreto, se trata de un juego en el que los participantes deben unir imanes de diferentes colores con sus respectivos animales, antes de que un semáforo se ponga en rojo (impredecibilidad). Si terminan a tiempo, reciben un juguete como premio (motivación de logro). Además, se les dice que “niños más pequeños son capaces de lograrlo” (juicio social negativo).

Sin embargo, durante los tres primeros intentos, el semáforo es manipulado de forma que es imposible terminar a tiempo (frustración). Y, durante el juego, el experimentador no puede motivar ni consolar (ausencia de apoyo social).

Tras los intentos fallidos, el investigador descubre que “el semáforo estaba roto”, lo sustituye y permite que el niño complete finalmente la tarea y consiga el premio. Así, la frustración desaparece y los fallos anteriores quedan atribuidos al semáforo, no a su capacidad (final feliz).

El experimento

En nuestra investigación, hemos creado y validado el protocolo Stress Reactivity Task for Preschoolers (SRTP), basado en esta tarea, para estandarizar la evaluación biológica de la reactividad al estrés a los 4 y 5 años.

El protocolo incluye seis muestras de saliva: una antes de la tarea, tras 30 minutos de adaptación al laboratorio, otra inmediatamente después y cuatro más cada diez minutos. En todas ellas, se analizan cortisol y alfa-amilasa, dos biomarcadores clave que miden el estrés del cuerpo, pero actúan en sistemas diferentes y a velocidades distintas. El primero refleja la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, el sistema lento y hormonal del cuerpo; mientras, la alfa-amilasa muestra la actividad del sistema nervioso simpático, el sistema rápido de “lucha o huida”.

Este diseño permite observar el aumento y la regulación de ambos marcadores biológicos, así como detallar la interacción entre ellos, aspectos clave para entender la respuesta de estrés.

No todos los niños responden igual

En nuestro estudio, con 58 sujetos, se logró por primera vez generar y captar eficazmente una respuesta tanto de alfa-amilasa como de cortisol en edad preescolar (el 77.6 % presentó una respuesta de alfa-amilasa y el 64.9 %, una respuesta de cortisol). Además, el protocolo es capaz de captar los diferentes ritmos que sigue cada sistema: la alfa-amilasa aumenta inmediatamente tras la tarea de clasificación, mientras que el cortisol tarda unos 20 minutos más.

También observamos que ciertos factores diferenciales pueden influir en la trayectoria de la respuesta. El llanto, por ejemplo, se relacionó ampliamente con la producción de cortisol: aquellos niños y niñas que lloraron durante el juego liberaron mucho más que los que no. Por otra parte, la respuesta de cortisol en las niñas se produjo más rápido y de forma más pronunciada que en los niños. Ambas son variables importantes a tener en cuenta a la hora de interpretar los resultados.

Comprender mejor estas diferencias individuales puede ayudarnos a investigar por qué algunos pequeños son más vulnerables que otros ante situaciones adversas y qué factores pueden proteger su salud mental.

En este sentido, el SRTP permite estudiar la reactividad al estrés en preescolares de forma precisa, complementaria, detallada y no invasiva.

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Miguel Ángel Baos González recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades; Agencia Estatal de Investigación; Fondo Social Europeo Plus; Universidad de Granada (PRE2022-105035; CEX2023-001312-M; UCE-PP2023-11).

Javier De Echarri Lorente recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades: Agencia Estatal de Investigación; Fondo Social Europeo (PREP2023-001385).

María Isabel Peralta Ramírez recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades: Agencia Estatal de Investigación de España. Proyectos del Plan Estatal (PID2023-147631NB-I00).

Ahmed F. Fasfous, Carolina Mariño-Narváez y Raquel González Pérez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Los niños pequeños también se estresan: así podemos medirlo – https://theconversation.com/los-ninos-pequenos-tambien-se-estresan-asi-podemos-medirlo-291852

¿De quién es lo que los estudiantes crean en la universidad? La tesis como activo para investigadores noveles

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

Gumpanat/Shutterstock

En el ecosistema académico actual, la transición de estudiante a profesional ya no depende únicamente de un título colgado en la pared.

La economía del conocimiento considera a las ideas como la moneda de cambio más valiosa. Para un estudiante o investigador novel, aprender a protegerlas no es solo un trámite burocrático, sino una estrategia de supervivencia y crecimiento económico.

El escudo legal: entender el terreno en México

Para navegar en el mundo de la innovación en México, es imperativo conocer las dos columnas que sostienen la propiedad intelectual (PI). Por un lado, la Ley Federal de Derecho de Autor protege la “forma” de las ideas: textos, software, bases de datos y obras artísticas. Por otro lado, la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial resguarda la “función”: patentes, modelos de utilidad, diseños industriales y secretos industriales.

La distinción es vital. Mientras que cualquier tesis está protegida automáticamente por el derecho de autor desde que alguien la escribe, el dispositivo o proceso innovador que se propone en ella requiere un registro ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para tener valor comercial exclusivo.

¿De quién es lo que se crea en el laboratorio?

Una de las preguntas más frecuentes entre los estudiantes es la titularidad: ¿es mi idea o es de la universidad? En el contexto mexicano, la respuesta suele encontrarse en el concepto de “obra por encargo” o invenciones bajo relación laboral/académica.

Generalmente, las universidades son las titulares de los derechos patrimoniales (la explotación económica), ya que proporcionan la infraestructura, los fondos y la guía académica. Sin embargo, el estudiante siempre conservará los derechos morales, es decir, el reconocimiento perpetuo de que él es el autor o inventor. No obstante, cada institución tiene su propia normatividad.

Fuente de ingresos y guía para el emprendimiento

Aprender a proteger ideas debe verse como una hoja de ruta hacia el emprendimiento. Las universidades cuentan con Oficinas de Transferencia de Tecnología (OTT), cuya misión es llevar la ciencia del laboratorio al mercado.

Para el investigador novel, el incentivo no es solo el prestigio. La legislación y los reglamentos internos suelen garantizar una participación en las regalías. Si la universidad licencia una patente creada por usted a una empresa privada, una parte proporcional de esos ingresos (que puede variar entre el 30 % y el 50 % según la institución) debe ir directamente al bolsillo de los inventores. Esto convierte a la investigación en una fuente real de ingresos.

El dilema: ¿publicar o patentar?

Este es el punto de fricción clásico en la academia. El investigador necesita publicar en revistas de alto impacto para su currículum y el Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras (SNII), pero la empresa privada o la OTT necesita mantener la novedad para patentar. En México, existe una solución legal: el periodo de gracia.

De acuerdo con la LFPPI, un inventor puede divulgar su creación (en un congreso o artículo) y todavía tiene 12 meses para presentar la solicitud de patente sin perder la novedad. Sin embargo, la estrategia de oro consiste en ingresar primero la solicitud de patente ante el IMPI y, al día siguiente, se envía el artículo a publicación. Así se aseguran ambos objetivos sin riesgo de perder la protección.

“Aerotorso”: Un caso de éxito real en México

Un ejemplo brillante de la estrategia “patentar antes de publicar” es el de Julio Mendoza Mendoza, estudiante de doctorado del Centro de Investigación en Computación del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Durante su posgrado, Julio ideó y desarrolló el “Aerotorso”, un concepto innovador que consiste en acoplar brazos y manos robóticas a drones, permitiéndoles emular el movimiento humano en el aire para funcionar como grúas flotantes o herramientas para cirugía remota.

El diseño fue presentado con éxito en diversos foros y congresos de ingeniería. Pero, al tratarse de un concepto nuevo, necesitaba sustento teórico. Por ello, Julio Mendoza presentó y justificó el concepto del “Aerotorso” en el Coloquio de Robótica, Mecatrónica e Ingeniería Espacial, organizado por el IPN y la Agencia Espacial Mexicana, y en otros foros académicos relevantes. El siguiente paso consistió en publicar artículos científicos en revistas especializadas.

El reto de la inteligencia artificial

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha generado nuevas aristas. ¿Quién es el autor si la IA redactó parte del código o del texto? Para proteger estos activos, la documentación es clave. Los estudiantes deben aprender a generar bitácoras de prompts (conjunto de instrucciones dadas a un modelo) y procesos de edición.

La protección legal hoy se inclina hacia la demostración de la “intervención humana sustancial”, es decir, la curaduría, la estructura y la validación que el humano da al resultado de la máquina. Además, la ética académica es más vigilada que nunca. La presentación de contenidos generados por IA como propios sin la debida atribución puede ser considerada una falta de integridad o incluso falsificación, con sanciones que van desde la anulación de trabajos hasta la suspensión académica.

Una responsabilidad profesional

Proteger las ideas antes de graduarse no es un acto de egoísmo intelectual, sino de responsabilidad profesional. Conocer el marco legal mexicano o de otros países, entender los reglamentos de cada universidad y saber gestionar el uso de herramientas como la IA permitirá al investigador novel regresar no solo con un diploma, sino con un portafolio de activos que pueden transformar su carrera académica en un motor de innovación real y remunerada.

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Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿De quién es lo que los estudiantes crean en la universidad? La tesis como activo para investigadores noveles – https://theconversation.com/de-quien-es-lo-que-los-estudiantes-crean-en-la-universidad-la-tesis-como-activo-para-investigadores-noveles-286933

Los jóvenes españoles buscan cada vez más invertir por su cuenta (y pueden ser estafados)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Juan Guerrero Arroyo, Profesor universitario de Economía y Dirección de Empresas y de Formación Profesional. Instructor de IA para docentes, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Gagarin Iurii/Shutterstock

Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en 2025, uno de cada tres jóvenes españoles hizo una inversión. Por otro lado, la plataforma financiera Revolut afirma que casi la mitad de ellos considera las acciones y los fondos cotizados en bolsa (EFT) como principal opción para construir patrimonio a largo plazo.

La facilidad de acceso, la tecnología y las redes sociales no solo están facilitando su relación con la inversión: también abren nuevos espacios de vulnerabilidad frente al fraude.

La creciente participación en los mercados de los inversores minoristas responde, entre otros factores, a la aparición de “neobrókeres” (plataformas financieras digitales de bajo coste) y a la proliferación de contenidos sobre el tema generados por finfluencers.

Estafado por FOMO

Los estafadores aprovechan estas circunstancias y recurren a grupos de mensajería instantánea para captar potenciales inversores. La estrategia de inversión que difunden promete rentabilidades extraordinarias en periodos muy breves.

Detrás de estas recomendaciones, aparentemente técnicas y confiables, subyacen diversos sesgos y mecanismos psicológicos estudiados por la psicología económica. Entre ellos destacan:

  • La mentalidad de rebaño, que lleva a imitar las decisiones de la mayoría.

  • El FOMO (Fear Of Missing Out), la sensación de urgencia ante el temor de quedar al margen de una oportunidad.

  • El exceso de confianza, que puede llevar al inversor a sobrestimar sus conocimientos o su capacidad para controlar el riesgo.

  • El sesgo de confirmación, que impulsa a buscar y valorar preferentemente aquella información que respalda una decisión previamente adoptada.

Las finanzas conductuales demuestran que estos patrones son tendencias sistemáticas y previsibles. Por ello son utilizadas en este tipo de fraudes para influir en la toma de decisiones de los inversores.

El Banco de España señala en su publicación La buena educación… financiera que los citados sesgos de comportamiento pueden inducir a operaciones inadecuadas.

Manipulación bursátil e ingeniería social

En el fraude bursátil conocido como pump and dump (P&D, inflar y tirar en español), los estafadores adquieren acciones sin interés bursátil y fácilmente manipulables para trucar su cotización:

  1. Los estafadores invitan a los inversores a adquirir una pequeña cantidad de acciones seleccionadas. La operación genera beneficios significativos como consecuencia de la manipulación de su cotización. De este modo, se obtiene la confianza de las víctimas en el supuesto método de inversión y en sus recomendaciones.

  2. Emplazan a los inversores a una nueva operación, en la que estarán dispuestos a comprometer cantidades significativamente mayores. En este caso, la cotización de la acción ha sido previamente inflada (pump).

  3. Poco después de producirse la compra, los estafadores venden sus posiciones, provocando un brusco desplome del precio (dump) y ocasionando importantes pérdidas a los inversores.

Tal y como ha señalado la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en una alerta a los inversores, el hecho de que estos ejecuten personalmente las operaciones y no entreguen el dinero directamente al estafador, contribuye a que no perciban la operativa como fraudulenta.

Nadie está libre de riesgo

Instituciones como el Consejo General de Economistas, el Banco de España y la CNMV promueven la educación financiera como herramienta fundamental para la protección del inversor.

Sin embargo, su alcance presenta límites: una mayor formación no elimina por sí sola la influencia de los sesgos cognitivos ni garantiza decisiones plenamente racionales.

Por ello, la protección del inversor no puede descansar exclusivamente en la mejora de su educación financiera. Debe complementarse con el conocimiento de los propios sesgos, una adecuada supervisión de los mercados y mecanismos eficaces de detección y prevención del fraude.

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Jorge Juan Guerrero Arroyo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los jóvenes españoles buscan cada vez más invertir por su cuenta (y pueden ser estafados) – https://theconversation.com/los-jovenes-espanoles-buscan-cada-vez-mas-invertir-por-su-cuenta-y-pueden-ser-estafados-278360

¿Hemos sentido las mismas emociones durante toda la historia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Roberto J. González Zalacain, Profesor Titular de Historia Medieval, Universidad de La Laguna

Kate Winslet y Leonardo DiCaprio como Rose y Jack en una escena de la película _Titanic_, de 1997, que cuenta los hechos sucedidos en 1912. Paramount Pictures/20th Century Fox

Solemos pensar que las emociones son universales. Que el amor, el miedo, la alegría o el duelo han formado parte de nuestra experiencia desde siempre. La idea tiene una parte de verdad, dado que sentimos con un cuerpo y un cerebro desde que somos humanos. Ya entre los neandertales hay evidencias de sensibilidad entre los individuos, por cómo se cuidaban unos a otros o enterraban a sus congéneres.

Sin embargo, eso no basta para explicar cómo reconocemos una emoción, qué palabras usamos para nombrarla o cuándo es legítimo mostrarla.

La psicología estudia sus componentes biológicos y cognitivos, pero la historia de las emociones observa cómo cada sociedad crea las normas, los vocabularios y los modelos de conducta que sirven de marco de referencia para las experiencias individuales y colectivas. Hace unos 250 años, la idea de casarse por amor resultaba inconcebible, puesto que los enlaces eran decididos por estrategias familiares. Hoy en día lo que a muchos les resulta impensable es, por contra, un matrimonio sin amor.

Desde esta perspectiva, sentir no es solo una reacción privada, es también una práctica aprendida, en el hogar y también en la sociedad. Para comprender nuestra sensibilidad presente –marcada por la intimidad y la expresión de los sentimientos– conviene preguntarse cómo se sentía en otros tiempos.

Del antiguo Egipto a la sensibilidad moderna

Las imágenes del pasado no son una ventana transparente a la vida interior, pero permiten conocer los lenguajes con los que una sociedad representaba los afectos.

En el Egipto de Akenatón (1353-1336 a. e. c.) se desarrolló el llamado arte del periodo amarniense. En sus representaciones, se mostraba a la familia real con una cercanía poco habitual en la otras etapas de ese imperio en clases altas: Nefertiti, el soberano y sus hijas aparecen juntos y se muestran afectuosos.

Grabado de un hombre que sujeta y besa a una de sus hijas mientras una mujer sostiene en el regazo y en el hombro a las otras dos.
Un altar doméstico en el que aparecen Akenatón, Nefertiti y tres de sus hijas.
Museo Egipcio de Berlín/Wikimedia Commons

Por supuesto, no podemos deducir que todas las familias egipcias se relacionasen así. Las representaciones a las que nos referimos cumplían funciones políticas y religiosas, pues presentaban a la familia real como núcleo del nuevo culto. Pero lo que sí revelan es que la intimidad familiar podía convertirse en un lenguaje público de legitimidad y afecto.

Organización moral

Durante la Edad Media y la Edad Moderna, el cristianismo no eliminó las emociones ni las redujo a una lucha contra las pasiones. Las organizó dentro de distintos ideales morales. La compasión, la caridad, el amor al prójimo, el arrepentimiento o la devoción podían considerarse virtuosos, mientras que la ira, la envidia o el deseo desordenado debían gobernarse.

Tampoco existió un único modelo emocional cristiano. Como en otras épocas, los distintos grupos sociales valoraron los afectos de maneras diferentes. El amor cortés, difundido en la literatura aristocrática desde el siglo XII, idealizó el servicio hacia una dama, pero no describía necesariamente las relaciones cotidianas ni sustituyó los intereses familiares y patrimoniales de muchos matrimonios.

Representación de la famosa escena del balcón de Romeo y Julieta en una pintura Frank Bernard Dicksee.
Representación de la famosa escena del balcón de Romeo y Julieta en una pintura Frank Bernard Dicksee.
Southampton City Art Gallery/Wikimedia Commons

Romeo y Julieta, los personajes de la tragedia de Shakespeare –escrita a finales del siglo XVI pero ambientada en la Edad Media–, habrían sido un pésimo ejemplo de obediencia familiar… aunque fueran un material literario excelente. La negativa de ambos a someterse a los deseos de sus padres, enemigos del alma, y seguir adelante con su romance no casa bien con las costumbres de la época.

No obstante, hay que tener presente que el consentimiento y el afecto también podían formar parte de la unión conyugal. No conviene imaginar un pasado sin amor frente a un presente que lo ha inventado, aunque ese afecto, sin duda, se moviera por coordenadas diferentes a las actuales.

Más afinidades personales

En el siglo XVIII, la Ilustración tampoco opuso, sin más, la razón al sentimiento. Junto al ideal de dominio de uno mismo se desarrolló una cultura de la sensibilidad que valoraba la simpatía, la compasión, la amistad, la capacidad de conmoverse… aunque esos vínculos no estuviesen al nivel de los de los protagonistas de Friends, todo sea dicho. La expansión de la lectura, la correspondencia y la novela ofrecieron nuevos espacios para examinar la vida interior.

A finales de ese siglo y durante el XIX ganó fuerza el ideal de una pareja basada en la elección personal, la afinidad y el amor, aunque convivió con obligaciones económicas, familiares y de clase. El Romanticismo convirtió la pasión y la autenticidad individual en temas centrales de sus obras, pero el “amor romántico” fue un modelo social más amplio que no debe confundirse con el movimiento cultural.

Estos cambios no siguieron una línea recta desde la represión hasta la libertad emocional. En cada época convivieron grupos con normas distintas. Solemos llamar “marcos emocionales” a los vocabularios, expectativas y reglas que enseñan qué se debe sentir, cómo puede expresarse y qué reacciones se consideran apropiadas en cada momento. No determinan mecánicamente la experiencia individual, pero influyen en ella.

Cuando el presente interpreta el pasado

Todo esto plantea un problema a las películas y series históricas: para que un personaje resulte comprensible para el público actual, las obras suelen tener que traducir el pasado a nuestro lenguaje sentimental.

Es difícil olvidar a Máximo Décimo Meridio lamentándose por la muerte de su esposa y su hijo y jurando venganza contra quienes se los arrebataron. La pérdida y la ira no son anacrónicas, pero Gladiator las ordena según el modelo moderno del héroe individual, definido por su familia nuclear y por un duelo íntimo. Si bien en los epitafios romanos se reflejaban las relaciones de la familia nuclear, en este periodo el duelo era un evento público que involucraba a toda la sociedad, no solo a aquellos afectados directamente por la pérdida.

Las adaptaciones de Mujercitas, en cambio, parten de una novela escrita en el siglo XIX y presentan un repertorio afectivo en el que el cariño entre hermanas, el deber familiar, la ambición artística y el matrimonio se negocian constantemente. Las versiones cinematográficas pueden acercar a las protagonistas a nuestra sensibilidad, pero el conflicto entre deseo personal y obligación está en la obra original.

Cuatro niñas rodean a una mujer que lee una carta.
Escena de la adaptación de 1994 de Mujercitas.
Columbia Pictures

Titanic utiliza una relación entre jóvenes de clases opuestas para contraponer el matrimonio como alianza social (entre Rose y Cal, de alta cuna) a la elección amorosa (la de Rose por Jack, que viaja en tercera clase). El conflicto era reconocible en 1912, aunque la película lo intensificase mediante valores de finales del siglo XX como la autorrealización y la ruptura individual con las expectativas familiares. El iceberg, al fin y al cabo, no es el único obstáculo entre la pareja de amantes de Jack y Rose.

Los Bridgerton actualiza de manera todavía más explícita la época de la Regencia. La narrativa de la serie combina sus códigos de reputación, cortejo y matrimonio con diálogos y formas de intimidad pensados para el público del siglo XXI. Aunque Jane Austen ya exploró la tensión entre prudencia, posición social y sentimiento de la época, sus personajes expresaban sus emociones de manera más indirecta. En la serie, los silencios y rodeos dejan paso con frecuencia a declaraciones mucho más cercanas a las nuestras.

Un espejo del presente

Una obra histórica, por tanto, no tiene que elegir únicamente entre rigor y anacronismo. Puede conservar algunas normas emocionales del periodo y actualizar otras para producir cercanía, humor o entretenimiento.

El problema aparece cuando presenta nuestros ideales como si hubieran funcionado igual en cualquier época. La ambientación puede ser rigurosa en los vestidos y los decorados, pero en las emociones casi nunca lo es. Sus nombres, valores y formas de expresión se aprenden y cambian. No son monolitos ni simples disfraces culturales, sino experiencias a la vez biológicas y sociales.

Por eso, cuando el cine y la televisión miran al pasado, no solo reconstruyen cómo pudieron sentir otras personas: también nos muestran cómo sentimos nosotros.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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