¿Por qué nos gusta tanto Mariana Enriquez (también a los académicos)?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Ferrari, Vicedecano de investigación de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Mariana Enríquez en la presentación en Madrid de su libro _Un lugar soleado para gente sombría_ en 2024. Casa de América, CC BY-NC-ND

Estos años la escritora argentina Mariana Enriquez (sin tilde) parece estar en todas partes: en las librerías, en los medios de comunicación, en la academia. No es lo habitual que, a un mismo tiempo, se lea y estudie tanto a una escritora que solo tiene 50 años.

Pero su éxito sorprende aún más porque escribe literatura de género, terror fantástico casi siempre, una temática que genera suspicacias en muchos y que ella defiende con uñas y dientes. Y la defiende por su interés personal (como lectora es un género que siempre le ha gustado), pero también como punta de lanza de una reflexión de más calado en torno a su misión en la literatura, que parece tener muy clara.

Por qué gusta a los lectores

Quienes leemos cuentos conocimos a Mariana Enriquez con Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016). Quienes no leen narraciones breves llegaron a ella con Nuestra parte de noche, Premio Herralde de Novela en 2019. En 2024 publicó los relatos Un lugar soleado para gente sombría y también ha escrito crónicas y ensayos, además de lanzar reediciones de sus novelas anteriores.

Nacida en Buenos Aires en 1973, es una de las autoras más leídas y valoradas de la narrativa contemporánea en español pero también tiene éxito en otros países, como Reino Unido o Estados Unidos. Entonces, ¿a qué viene este interés?

Masas de público haciendo cola para una presentación de Mariana Enriquez.
Masas de público haciendo cola para una presentación de Mariana Enriquez.
Casa de América, CC BY-SA

En primer lugar, a los lectores les gusta Mariana Enriquez por su destreza técnica para resolver las tramas, esquivando los lugares comunes, y también por su habilidad para construir personajes complejos.

Les atrae mucho su actualización del terror fantástico, en la que usa escrupulosamente los elementos del género para crear historias nuevas, no previsibles. Enriquez renueva cada tópico al hacerlo suyo.

Además, su uso de esas tramas ofrece un enfoque demoledor de los problemas sociales en la actualidad. Cada argumento es parte de un diagnóstico muy bien pensado, que remite siempre al miedo como una de las emociones más insistentes de nuestro tiempo. Se ha estudiado ya, por ejemplo, cómo trata la violencia machista, el maltrato a los niños, la aporofobia, la incomprensión social hacia las víctimas, la enfermedad o el trauma de la dictadura militar en Argentina.

Por qué gusta a los académicos

Con todo, Enriquez no solo tiene éxito entre los lectores. Google Scholar devuelve más de 3 200 resultados con su búsqueda. Scopus y Web of Science recogen ya más de 70 artículos sobre ella (los dos últimos Premios Cervantes, juntos, no llegan a cinco).

¿Qué es lo que ve el mundo académico en su literatura?

Portada de Nuestra parte de noche, premio Herralde de Novela

Anagrama

Valora su poética, su teoría literaria, que es desacomplejada, renovadora, retadora, audaz. También su reconstrucción de su propia genealogía literaria; su propuesta de renovación del canon literario, sin deudas sobrevenidas. Nuestra parte de noche, por ejemplo, es un verso de Emily Dickinson, traducido por la escritora argentina Silvina Ocampo, mientras que “Las cosas que perdimos en el fuego” es el título de una canción de Bastille, la banda indie británica.

Destaca también su papel prescriptor. Enriquez ejerce de introductora y guía de otros autores que le son cercanos o que le gustan, fundamentalmente iberoamericanos y mucho más desconocidos que ella, en un ejercicio que es de proselitismo (por qué no) pero también de crítica literaria y de literatura comparada, aunque sea en primera persona. Es una lectora abrumadora, certera y entusiasta.

Fantasmas de la sociedad

No hemos pasado por alto ni los lectores ni los académicos la ambición de su escritura. Su escritura pretende dar una explicación compleja de la realidad, sobre todo a partir de su comprensión de algo tan difícil de analizar como el miedo como emoción primaria del sujeto al enfrentarse al mundo.

Por ejemplo, muchos de sus cuentos fantásticos, casi todos, son historias de fantasmas. De estos, aproximadamente la mitad narran cómo los personajes son poseídos por espectros que controlan su voluntad, obligándolos a agredirse a sí mismos. En el plano técnico, esto le permite construir la historia con dos niveles –el real y el fantástico– y sostener una ambigüedad bien consistente que habilita ambas lecturas: pensar que el personaje padece un trastorno mental o que realmente está poseído.

Una mujer de melena blanca habla con un micrófono.
Mariana Enríquez en París durante la presentación de su obra Los peligros de fumar en la cama en su edición en francés.
Guillermo Ramos Flamerich/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Pero, al mismo tiempo, abre la posibilidad de plantear un tratamiento más complejo de la víctima, centrado en cómo la perciben y atienden los otros personajes. Al confundirse víctima y agresor en un mismo cuerpo, se vuelve más difícil solidarizarse con el poseído: para los testigos solo hay un individuo haciéndose daño. Así, el personaje inicialmente agredido por el fantasma recibe una segunda agresión por la falta de comprensión y el abandono de su entorno, que lo identifica con el atacante. La víctima no es reconocida como tal; incluso se presenta ante los demás como una amenaza.

El terror como marcador social

Lo que hay detrás de estas posesiones es la incomprensión hacia quien sufre, un tema central en su narrativa. En su último libro de cuentos le da otra vuelta de tuerca a esta tesis al proponer también que los fantasmas son sujetos necesitados de cuidado, demandantes de cariño: ellos mismos son víctimas de una estructura social incapaz de ocuparse de los más vulnerables.

Sin embargo, que muchos de sus protagonistas sean espectros no encajona la narrativa de Mariana Enriquez en la literatura fantástica. Ella ha dicho que lo que le interesa es narrar el miedo, en cualquiera de sus formas. Y lo hace con una narrativa decididamente liminar: en la frontera de los géneros, esas zonas tan prometedoras, colmadas de posibilidades pero también de desasosiego; en esa franja de tierra de nadie que queda entre los puestos de control (con la fórmula que toma del escritor inglés de ciencia ficción J. G. Ballard). Eso es lo que nos gusta de su literatura: su capacidad para desquiciar la realidad y mostrárnosla más desprevenida.

The Conversation

Enrique Ferrari no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué nos gusta tanto Mariana Enriquez (también a los académicos)? – https://theconversation.com/por-que-nos-gusta-tanto-mariana-enriquez-tambien-a-los-academicos-269539

Así podemos activar el “modo antienvejecimiento” para resistir el paso de los años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Fernando Murillo Cancho, Profesor Asociado, Universidad de Almería

Halfpoint/Shutterstock

¿Por qué se “cuelga el sistema” de nuestro organismo a veces? Envejecer no es otra cosa que acumular pequeños fallos en las células. A medida que pasan los años, se dañan los genes y se acortan los extremos de los cromosomas. Las “centrales de energía” (mitocondrias) de nuestras células se agotan y aparecen errores en cadena. Si no limpiamos esos fallos y reparamos con rapidez, llegan antes las enfermedades.

Limite la corriente: comer menos y practicar ayuno intermitente

Bajar moderadamente las calorías ayuda al ahorro interno y mejora la reparación de piezas gastadas. Esto no implica hacer dietas extremas, sino reducir un poco la energía total o acotar las horas en las que comemos.

Varios estudios en humanos, incluido el ensayo clínico CALERIE, han demostrado que una reducción calórica moderada mejora los marcadores de inflamación, reduce la resistencia a la insulina y favorece un metabolismo más eficiente en adultos sanos. Estas mejoras aparecieron sin necesidad de llegar a un ayuno estricto.

Dejar transcurrir 14 a 16 horas entre cena y desayuno también ayuda. Es lo que se conoce como ayuno intermitente. En este enfoque no se come menos volumen total, sino que se concentra la ingesta en una franja del día de 8 o 10 horas, alargando el tiempo nocturno sin comer. Los estudios en personas con exceso de peso o síndrome metabólico han identificado descensos de glucosa, presión arterial y grasa abdominal, junto con una mejor regulación del apetito, simplemente cambiando el “cuándo” más que el “qué” se come.

¿Por qué? Al parecer, el cuerpo interpreta esa pausa como un reinicio suave. Si la cena es especialmente ligera, el efecto se potencia, ya que una cena temprana y menos copiosa se asocia con mejor control de la glucosa en ayunas y menor acidez nocturna, y favorece que el descanso nocturno se use para reparar tejidos en vez de seguir digiriendo comida pesada.

Actualizar el firmware moviéndonos cada día

El ejercicio funciona como una especie de taller de mantenimiento. Renueva piezas, recicla proteínas y mejora el azúcar en sangre. Además, el músculo activo envía señales antiinflamatorias.

No es preciso correr una maratón: basta con constancia y un plan sencillo. Tres días de fuerza y caminar la mayoría de días ya ayuda. Tanto en adultos de mediana edad como en personas mayores, programas sencillos de fuerza dos o tres veces por semana han conseguido aumentar la masa y la función muscular, reducir la grasa visceral y mejorar el control de la glucosa. La regularidad es el verdadero secreto.

Limpiar la caché: dormir mejor y a horas regulares

Dormir poco equivale a apagar mal el ordenador de nuestro cuerpo: quedan tareas críticas a medias y se acumula basura. El sueño profundo, por el contrario, activa la limpieza interna y la reparación.

Durante el sueño profundo se activa el sistema linfático, un mecanismo que drena desechos del cerebro, incluidos metabolitos asociados al deterioro cognitivo. Asimismo, dormir en horarios regulares ayuda a estabilizar hormonas como la melatonina y el cortisol, que rigen procesos de reparación nocturna, regulación de energía e incluso el estado de ánimo.

Además de fijar horarios, conviene evitar pantallas por la noche, oscurecer el dormitorio y cuidar el silencio. Acostarse y levantarse a la misma hora cada día es gratis y rejuvenece.

El equivalente a instalar un buen antivirus es cuidar la microbiota. El intestino alberga billones de microbios aliados, una comunidad que pierde diversidad con la edad. Si se empobrece, aumenta la inflamación de bajo grado y se debilita la barrera intestinal, lo que provoca que el sistema inmune no pare de trabajar sin encontrar al culpable lo que afecta negativamente a la energía, al estado de ánimo y al metabolismo.

Una microbiota diversa se asocia a longevidad en poblaciones centenarias, mejor digestión, menor inflamación y un perfil metabólico más estable. Esta diversidad mejora en cuestión de semanas cuando se consumen alimentos reales (verdura, fruta, legumbres, frutos secos…), especialmente si son ricos en fibra fermentable, porque alimentan a bacterias beneficiosas como Faecalibacterium prausnitzii o Akkermansia muciniphila. Este patrón alimentario se asocia a mejor salud metabólica en numerosas cohortes modernas. Expulsa el malware: silencia las “células zombi”.

La importancia de eliminar a las “células zombi”

Algunas células viejas (senescentes) no mueren, funcionan mal, consumen recursos y generan ruido inflamatorio. Este consiste en enviar señales inflamatorias al resto del organismo como si fueran un programa defectuoso generando errores en segundo plano.

Los polifenoles de frutas y verduras –compuestos naturales de acción antioxidante– pueden disminuir parte de esa señal inflamatoria según varios estudios celulares y humanos ENLACE. Frutas rojas, cebolla, manzana y té verde aportan estos compuestos y se han asociado a mejores marcadores de inflamación en distintos ensayos nutricionales.

Viendo los avances actuales de la ciencia, podemos pronosticar que pronto sabremos qué palanca necesita accionar cada persona para vivir más gozando de mejor salud. Mientras tanto, la mejor receta es aplicar lo que funciona: comer mejor y en horarios razonables, movernos y dormir bien. Empecemos hoy: cada pequeño cambio, cuenta.

The Conversation

Antonio Fernando Murillo Cancho no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así podemos activar el “modo antienvejecimiento” para resistir el paso de los años – https://theconversation.com/asi-podemos-activar-el-modo-antienvejecimiento-para-resistir-el-paso-de-los-anos-267146

Michael Ignatieff: “El desafío de la libertad en una sociedad libre es pensar por uno mismo”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

“Mi trabajo como profesor es enseñar a los jóvenes a pensar por sí mismos”, nos dice Michael Ignatieff (Toronto, 1947). Con una trayectoria que abarca la academia, el ensayo y la política –fue líder del Partido Liberal de Canadá entre 2008 y 2011–, ha dedicado buena parte de su obra a reflexionar sobre la democracia, las libertades civiles, el nacionalismo y las tensiones que atraviesan nuestras sociedades. Conoce desde dentro la dureza de la política, pero también la calma de la reflexión intelectual. Esa doble mirada le permite hablar con rigor y franqueza sobre los dilemas de nuestro tiempo desde un punto de vista crítico, aunque siempre ofrece una luz al final del túnel.

En su ensayo Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política (Taurus, 2014), dice que “nada te puede causar más problemas en política que decir la verdad”. ¿Cuál es su definición de “verdad” en un mundo donde la tecnología ha amplificado las posibilidades de crear realidades artificiales?

No sé si puedo definir la verdad, pero creo que existe. Estoy en una habitación contigo, tiene suelo de mármol. Madrid está fuera. Tú eres mujer, yo soy hombre, tú llevas un vestido negro. Son ciertos hechos indiscutibles sobre nuestra situación con los que podemos estar de acuerdo. No creo que estemos en un mundo relativista donde lo que yo veo no es lo que tú ves; ahí residiría la locura. Pero es cierto que vivimos una especie de crisis epistemológica. Con la explosión de los medios de comunicación, tenemos un inmenso suministro de información a coste cero, que tampoco cuesta nada difundir. Nuestra respuesta frente a la proliferación de información ha sido encerrarnos en burbujas de filtrado, en las que cada uno obtiene distintas construcciones de la realidad. Pero no son los hechos ni lo que es verdad lo que está en duda. No creo que estemos perdidos en una especie de salón de los espejos, aunque es cierto que nuestra política está dividida por fuentes de información que compiten entre sí. Esto implica que, como ciudadanos, nosotros tenemos el deber de averiguar qué es verdad.

¿Cuál es el estado actual de la libertad de expresión en países democráticos como los europeos, Estados Unidos o Canadá?

Lo que yo suelo preguntarme es ¿pienso por mí mismo? Tengo libertad para decir lo que quiero, nadie intenta limitar mi derecho a la libertad de expresión. Pero cuando me pregunto si realmente pienso por mí mismo o si estoy reciclando lo que he leído de otra persona más inteligente que yo… no lo tengo tan claro. Ese es el desafío de la libertad en una sociedad libre: pensar por uno mismo.

Es cierto que hay presiones sustanciales en la libertad de expresión, pero la amenaza más acuciante es el poder de la opinión mayoritaria. En el siglo XIX, John Stuart Mill dijo que es nuestro instinto de conformarnos lo que pone en peligro la libertad de pensamiento y la libertad de opinión. No es tanto la tiranía de los poderosos como nuestro deseo de ser queridos, de recibir aprobación, de decir cosas socialmente aceptadas. Muy pocos tenemos el coraje de decir algo con lo que los otros no van a estar de acuerdo. Siento que me he pasado toda la vida tratando de pensar por mí mismo, pero honestamente me pregunto con qué frecuencia he tenido un pensamiento personal original y me he mantenido firme frente a la oposición. No a menudo.

Hay quien dice que los nuevos chatbots son casi humanos y que la inteligencia artificial es tan buena como una persona para crear arte o responder e-mails. ¿Cómo define esa humanidad que es exclusivamente nuestra y nos distingue de la máquina?

Uno de nuestros problemas es el uso mismo de la palabra “inteligencia” cuando hablamos de IA. Hemos confundido inteligencia y computación. Estas máquinas realizan operaciones extremadamente sofisticadas de computación mecánica, que no tienen nada que ver con la inteligencia humana. En este momento, mientras tú y yo hablamos, recibo un flujo de datos tuyos como persona, que algunos son verbales y otros no. Como cualquier ser humano, estamos continuamente evaluando la situación, y eso es una muestra de inteligencia humana. Es algo que las personas hacemos sin esfuerzo. Ninguna máquina puede hacerlo. Me preocupa que, al reducir la inteligencia a computación y al decir que las máquinas ya tienen inteligencia humana, hayamos perdido el norte. Ello implicaría una amenaza para nuestra propia definición de lo que es ser humano.

¿Parte de lo que nos hace humanos es, entonces, nuestra interacción con el contexto?

Nuestra impresión del otro está moldeada por los hechos; no solo por lo que decimos, sino también por cómo nos presentamos en el mundo. Nos han entrenado durante milenios para ensamblar toda esa imagen del otro sin esfuerzo, sin siquiera pensarlo. Sin embargo, las máquinas no están encarnadas en un organismo vivo. Además, las máquinas no tienen una personalidad singular: son como cualquier otra máquina construida de la misma manera. Al contrario, una persona es una representación irrepetible de un ser humano.

Parecemos todos muy ocupados en alabar los logros de los sistemas de IA. De alguna manera, ¿estamos olvidando las fascinantes capacidades del cerebro humano? Usted es un gran amante del Museo del Prado; se me ocurre, por ejemplo, pensar en artistas que hicieron historia, pero también científicos, inventores…

Hay algo singular en Cervantes, igual que hay algo en Velázquez que es irrepetible… Cuando me acerco a Las Meninas y observo el trabajo del pincel en la ropa de los personajes, me parece increíble. Sí, estamos perdiendo el respeto por lo que es singular en nuestra humanidad. Por otra parte, recordemos que los seres humanos no pueden secuenciar 400 000 tipos de proteínas e indicar cuál podría ser útil para un tratamiento. Usada adecuadamente, la inteligencia artificial puede hacer cosas que nosotros no podemos. Pero no es posible replicar la inteligencia humana, en mi opinión; no creo que se pueda nunca. No es solo una cuestión de que aún no tengamos suficiente poder computacional: creo que hay un límite lógico, porque no se va a materializar en un cuerpo físico como lo hacemos nosotros. Lo deseable es usar la inteligencia artificial, pero manteniéndola bajo control y conservando nuestro respeto por lo que es propiamente humano.

Nosotros, la gente normal, en nuestra relación con la tecnología, ¿somos usuarios o usados?

En la medida en que capturan datos sobre nosotros, estamos siendo utilizados. Recuerdo que tuve una joven estudiante en Harvard que consiguió un trabajo en Facebook y, cuando la felicité por ello, tomó mi smartphone y apagó la ubicación, el permiso del micrófono y todas esas cosas que le dan a Meta datos sobre mí. El mensaje es que es bueno tener estudiantes bien situados profesionalmente. (Ríe).

En Fuego y cenizas dice que una de las claves del buen político es lograr que la gente lo escuche y, para conseguir eso, hace falta entender a la gente, sus necesidades, sus deseos. Esto es lo que hacen los algoritmos de segmentación de audiencias y perfilado de la población: analizar los rincones más íntimos de nuestra intimidad a través de nuestro comportamiento online, ¿verdad? Parece que pueden ser buenos aliados de la política y temibles enemigos de la libertad de pensamiento…

Sí, eso creo. No son una herramienta neutral. Están siendo utilizados por todos los partidos políticos del mundo para averiguar las preferencias públicas. Se están volviendo cada vez más intrusivos, pero creo que llegará un momento en el que la gente se harte. No nos gusta que nos empujen, que nos manipulen. Así que tengo la esperanza de que la gente se resista y tome medidas para proteger más su privacidad. Anoche estuve hablando con una española que no permite a su hija adolescente tener un smartphone. Todos le deseamos buena suerte. Pero esa madre está defendiendo el derecho de su hija a tener interioridad y una vida emocional y psicológica libre de estas máquinas. Creo que no debemos subestimar nuestra capacidad de contraatacar.

Y, mientras los ciudadanos se defienden (o no), ¿qué opina sobre regular esta especie de salvaje Oeste digital? Además del Acta europea de IA, el Reglamento de Servicios Digitales y el Reglamento General de Protección de Datos, en España tenemos la Carta de Derechos Digitales y estamos esperando que se apruebe la Ley Orgánica de Protección de Menores en Entornos Digitales.

Proteger a los niños de los aspectos aterradores de internet es una necesidad urgente. Soy padre y no quiero que mis hijos accedan a ciertos contenidos. Creo que hay cosas que pueden dañar a un niño de por vida. También es importante proteger nuestros derechos de privacidad. Lo que pasa con la tecnología es que, en realidad, no sabemos qué son estas cosas que llevamos en el bolsillo (se toca el móvil). Son dispositivos enormemente poderosos. Quizá yo solo use el 5 % de sus capacidades. No tengo idea de lo que mi smartphone sabe sobre mí. Creo que es apropiado tener una legislación para proteger a los adultos mayores como yo, y también a los niños.

En alguna ocasión, ha dicho que hay una brecha enorme entre las expectativas sociales y la capacidad recaudatoria de los estados liberales. Quizá, una posible solución a este dilema sea adormecer a la gente con tecnología para disminuir sus expectativas sociales…

Sí, de vez en cuando veo a veinteañeros que caminan por la calle mirando solo a sus teléfonos y pienso que van a chocarse contra una farola o que les va a atropellar un coche. Esta no es forma de vivir la vida. Sin embargo, las expectativas sociales son bastante obstinadas. El pasado 18 de septiembre, en París, había 800 000 personas manifestándose en la calle, diciendo “no aplasten mis esperanzas, quiero jubilarme a los 64 y quiero dos vacaciones pagadas adicionales”. Es una lucha enorme, precisamente porque reducir las expectativas sociales es casi imposible. Como expolítico, no me gusta reconocerlo; como ser humano, me gusta mucho.

Entonces, ¿quién se beneficia de que haya tantos jóvenes pegados a sus smartphones, con la disminución de la motivación, la fuerza de voluntad y las ganas de cambiar el mundo que esto implica? ¿Es intencional o es solo un efecto secundario de la tecnología?

No creo que sea intencional, principalmente porque creo que Elon Musk es inteligente, pero no tanto, ya sabes. (Sonríe). Pero tomemos un ejemplo dramático: el joven de 22 años acusado de disparar a Charlie Kirk aparentemente se pasaba la vida en chats y grupos privados donde utilizan una jerga extraña que grabó en los casquillos de las balas que usó. Esa es una vida miserable. Sin embargo, creo que el problema va más allá de la tecnología. Hay muchos hombres jóvenes, especialmente varones, pero también mujeres, que crecen sin esperanza, sin propósito, sin una dirección en la vida. La tecnología les ayuda a pasar el día, a entretenerse… pero el verdadero problema es que es muy difícil comenzar una vida familiar, es muy difícil pagar un piso, es muy difícil conseguir un buen trabajo.

Siempre ha sido difícil pasar de la adolescencia a la adultez joven, en todas las culturas y en todas las épocas. Hoy lo estamos haciendo aún más difícil y los jóvenes padecen una especie de epidemia de soledad. Por ejemplo, en los años 60, cuando yo tenía 21 años, lo único que queríamos era tener sexo. Hoy, las estadísticas muestran que los jóvenes tienen cada vez menos sexo. Bueno, eso es una muy mala señal. Necesitamos conexión humana, conexión entre los cuerpos. Desconozco los motivos, pero creo que van más allá de la tecnología.

¿Qué sucede con esas minorías que no interesan al poder? Usted conoce bien este problema: en Canadá, nativos como los innu se quejan de que su historia ha sido borrada de los libros de texto escolares y de los museos. La tecnología magnifica esos prejuicios e invisibiliza a esas minorías. ¿Es la inteligencia artificial la última colonización?

Hay investigaciones que demuestran que las lenguas de minorías no están representadas en las bases de datos de los motores de búsqueda, con un sesgo muy grande hacia el inglés. Sé que las comunidades aborígenes de Canadá no tienen buen acceso a internet, la incorporación de su idioma y su experiencia en nuestros buscadores no es buena… No hay duda de que existe el riesgo de que estemos creando nuevas formas de servidumbre, de discriminación y de injusticia, a medida que estas tecnologías se desarrollan. ¿Cuál es la solución? No se puede tener una democracia si un grupo entero de personas está en desventaja digital; es un problema que tenemos que solucionar. Las minorías deben hacer ruido, conseguir el apoyo de las personas que están de acuerdo en que necesitan estar representadas.

Entonces, ¿la pelota está en su tejado?

¡Sí! Pero siempre ha sido así. No debemos nunca subestimar la capacidad de las personas para responder a la injusticia que afecta sus intereses vitales. Cuando estos se ven afectados, la gente lucha. Eso es democracia y así es como se produce el progreso. Por eso, no soy pesimista sobre estas cosas: la gente luchará. ¡Bien por ellos!

¿Quién gobierna el mundo, los líderes elegidos democráticamente o los dueños de las cinco grandes tecnológicas cuyos productos usamos todos cada día?

Bueno, hay una batalla feroz sobre esa cuestión. Yo deseo fervientemente que ganen las democracias liberales porque solo así las personas podremos tener un poco de control sobre nuestras vidas. Ahora mismo, las grandes empresas tecnológicas van a Europa y dicen que no les gusta su impuesto a los servicios digitales. Van a Canadá, mi país, y dicen lo mismo. Están buscando intervenir un país tras otro para derribar decisiones tomadas democráticamente en un país tras otro. Son empresas que tienen un enorme poder sobre estas tecnologías y pueden infligir mucho daño a las democracias que les ponen límites. Pero, si queremos democracia, vamos a tener que defendernos y poner límites, no hay duda al respecto. Y el resultado de esta batalla es, en cierto sentido, tan importante para el futuro de la democracia como cualquier otra batalla que se esté librando actualmente.

Ha dicho alguna vez que los países deben prepararse por si hay una guerra. ¿Cuál es el riesgo de la tecnología dual, un teléfono móvil, por ejemplo, que sirve para chatear, pero también para dirigir un ciberataque contra una infraestructura crítica o drones que matan a gente real? Debemos recordar que la Ley de IA europea no se aplica a los fines militares.

Estas tecnologías son muy dinámicas, muy explosivas en sus posibilidades creativas. Jóvenes de 19 años están usando sus teléfonos de formas que ni siquiera puedo imaginar. Creo que es una fantasía pensar que podemos tenerlo todo controlado. Lidiaremos con los daños de ayer y no estaremos preparados para los de mañana. El uso dual es un gran problema. Por ejemplo, tenemos preocupaciones legítimas sobre la tecnología china: puede haber smartphones de fabricantes de ese país que transmiten señales a las autoridades de vigilancia del Estado chino. Los gobiernos, ejércitos y universidades del resto del mundo deberían tener mucho cuidado. Sería bueno que pudiéramos establecer acuerdos internacionales sobre el uso dual, sobre la vigilancia, sobre el desarrollo de la IA. China y Estados Unidos, superpotencias en IA, deberían tener interés en regularla, igual que regulamos las armas nucleares en la Guerra Fría. Pero, en este momento, no estamos teniendo ese diálogo.

¿Qué papel ha jugado la Declaración Universal de los Derechos Humanos en nuestra historia reciente? ¿Para qué sirve si no se respeta, como está ocurriendo en Gaza?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) es la expresión de la universalidad humana más influyente que existe. Pero la universalidad humana es un experimento mental, siempre es un deseo. Es una idea que choca con las diferencias que nos definen como individuos: blancos, negros, jóvenes, ancianos, mujeres, hombres, judíos, cristianos, musulmanes… Estas diferencias son enormemente importantes en la creación de nuestras identidades, nuestros apegos y nuestras lealtades. Creo que, en la práctica, los humanos no somos conscientes de lo que compartimos como especie, sino de las diferencias. Esa es la fuente del conflicto, es la fuente de la guerra, del odio, de lo que está pasando en Gaza.

Los derechos humanos siempre están luchando contra las fuerzas de la diferencia humana y las ventajas y el poder que genera. Estamos luchando por crear un mundo donde el hecho de que tú seas mujer y yo hombre, o que él sea negro y yo blanco, sea irrelevante. Donde no usemos esas diferencias en aras de la opresión, la crueldad y la violencia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa nuestro deseo de vivir en un mundo así. Pero no vivimos en un mundo así.

No me sorprende que los derechos humanos estén en crisis. El problema de Gaza se remonta a 1947: cometimos errores porque no dividimos la tierra entonces y aquí estamos en 2025 con brutalidad, violencia y horror. Ha habido momentos en la historia en que ambos lados se reconocieron como iguales y aceptaron el reclamo mutuo sobre la tierra. Eso ahora está roto. Estamos en una guerra salvaje e incesante, sin piedad ni misericordia. Es una catástrofe moral y un desastre para el derecho internacional.

Para mí, lo más horrible es que ha habido momentos en los que estuvieron a punto de alcanzar la reconciliación y la paz, pero fueron destruidos por fanáticos de ambos lados. Cuando los fanáticos matan a los pacificadores, entran en juego los hacedores de guerra, dispuestos a luchar a muerte. Es una catástrofe no solo para los palestinos, sino también para Israel, porque cada niño que pierde a su familia, cada joven que pierde a su madre, se convierte en un enemigo ferozmente hostil.

La masacre de inocentes ¿no es una tragedia para todos nosotros como seres humanos? Lo que está pasando en Gaza podría suceder en España o en cualquier otro sitio…

Así es. Tenemos que entender que, si las personas creen que están luchando por su supervivencia, harán casi cualquier cosa. Es un error pensar que los israelíes o los palestinos son otra raza de seres humanos. Nosotros, en situaciones similares de desesperación, bien podríamos hacer lo mismo. Cuando estuve en los Balcanes en los años 90, vi a europeos muy cultos y bien educados masacrándose; cuando estuve en Ruanda, vi a africanos que hablaban un francés perfecto matándose entre sí. He estado en Gaza, y he visto a estas personas luchando por sus vidas. No hay límite a la brutalidad humana. Es un pensamiento muy desagradable que tenemos que aplicarnos a nosotros mismos. Cuando pensamos “son ellos”, tenemos que darnos cuenta de que “podríamos ser nosotros”.


Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a los derechos digitales.


The Conversation

ref. Michael Ignatieff: “El desafío de la libertad en una sociedad libre es pensar por uno mismo” – https://theconversation.com/michael-ignatieff-el-desafio-de-la-libertad-en-una-sociedad-libre-es-pensar-por-uno-mismo-272910

Nuevo estudio: Uno de cada ocho menores en España tiene un problema de salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mireia Orgilés, Catedrática de Universidad. Experta en Tratamiento Psicológico Infantil, Universidad Miguel Hernández

New Africa/Shutterstock

La salud mental de la infancia y la adolescencia es una preocupación social de primer orden. En los últimos años, familias, docentes y profesionales vienen alertando de un aumento de los problemas emocionales a edades cada vez más tempranas.

A través de nuestro reciente estudio EmoChild hemos investigado cómo se sienten los niños, niñas y adolescentes en España a través de cuestionarios con 10 831 escolares de entre 8 y 18 años, procedentes de centros educativos de toda España. El estudio se complementó con grupos de conversación con menores, familias y profesionales, para comprender mejor la realidad que se esconde detrás de los datos: cómo evolucionan las dificultades emocionales con el tiempo y qué factores incrementan el riesgo de desarrollar problemas de salud mental.

Un 12 % con síntomas graves

Los resultados más recientes, recogidos en otoño de 2025, muestran que un 12 % de la población infantil y juvenil presenta síntomas de gravedad clínica de al menos un problema emocional. Además, un 34 % presenta síntomas en niveles de precaución, es decir, dificultades que pueden evolucionar negativamente si no se detectan y abordan a tiempo.

Los problemas emocionales más frecuentes son la depresión y la ansiedad social, aunque la ansiedad generalizada es la más prevalente en términos de riesgo. En conjunto, uno de cada ocho menores en España presenta un problema emocional y uno de cada tres se encuentra en riesgo de desarrollarlo.

¿Ha empeorado la salud mental?

Una cuestión clave es si la situación está empeorando o mejorando. El seguimiento entre 2024 y 2025 muestra una ligera disminución tanto de los casos clínicos como de los casos en riesgo. Esto sugiere que parte de los menores que se encontraban en estas situaciones ha experimentado una mejoría.

Sin embargo, los porcentajes continúan siendo elevados, lo que subraya la necesidad de desarrollar estrategias preventivas sostenidas en el tiempo. En otras palabras, aunque la tendencia es positiva, los problemas emocionales siguen siendo muy frecuentes.

Redes sociales, videojuegos y vida digital

Entre los niños y adolescentes con los que hemos hablado, es muy frecuente el uso de videojuegos y de las redes sociales. El 39 % de los niños y niñas y el 34 % de los adolescentes juegan a videojuegos casi a diario, y cerca del 10 % le dedica más de tres horas al día.

En cuanto a las redes sociales, las utilizan el 85 % de los niños y niñas y prácticamente la totalidad de adolescentes. Un 31 % de adolescentes y un 9 % de niños y niñas pasan en ellas más de tres horas diarias.

Las plataformas más usadas son YouTube, WhatsApp, TikTok e Instagram. Más allá del tiempo de utilización, resultan relevantes aspectos emocionales como la ansiedad cuando no pueden conectarse, la percepción de que los demás se lo pasan mejor o la sensación de que su vida es más aburrida que la que observan en las pantallas. En conjunto, el uso intensivo y emocional de las redes constituye un factor de riesgo importante para la salud mental.




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Problemas de la conducta alimentaria

Los problemas relacionados con la alimentación son especialmente preocupantes. Un 5 % de adolescentes presenta síntomas clínicos y un 13 % se encuentra en niveles de riesgo.

Estas dificultades se asocian al uso de redes sociales centradas en la imagen, como TikTok o Instagram. La comparación constante, la importancia de los “me gusta” y el uso de las redes sociales para regular las emociones aumentan el riesgo de desarrollar problemas de la conducta alimentaria.

Conducta suicida y autolesiones

Los datos sobre conducta suicida y autolesiones requieren una atención especial. Un 9 % de adolescentes ha pensado en algún momento que la vida no merece la pena, un 5 % ha considerado seriamente quitarse la vida y un 3 % lo ha intentado alguna vez.

Aunque estas cifras han descendido ligeramente desde 2024, siguen siendo muy preocupantes.

En cuanto a las autolesiones, alrededor del 5 % de adolescentes afirma haberse autolesionado en algún momento de su vida. Destaca especialmente la edad de inicio, que se ha adelantado aproximadamente un año y medio, situándose ahora antes de los doce años.




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¿Qué empuja a un adolescente a hacerse daño deliberadamente?


La visión de los protagonistas

La investigación cualitativa aporta una perspectiva esencial. Más de 500 niños, niñas, adolescentes, familias y profesionales participaron en casi 60 grupos de conversación. Todos ellos nos cuentan que la tecnología ocupa un lugar central en su vida cotidiana.

Les preocupa su uso excesivo, la comparación social y el aislamiento. Los controles parentales se consideran necesarios, pero insuficientes. El acoso escolar continúa siendo un problema no resuelto. Muchos menores temen denunciarlo y los adolescentes consideran poco eficaces las estrategias actuales.

La amistad constituye un pilar emocional fundamental en la infancia y la adolescencia, pero también un espacio vulnerable. Aunque niños y adolescentes valoran el respeto y el apoyo mutuo, sus relaciones se ven influidas por dinámicas de exclusión y por la presencia constante de la tecnología.

Las pautas de crianza están cambiando y generan un claro choque generacional. Los modelos autoritarios funcionan cada vez menos y tanto niños como adolescentes piden ser escuchados. Las familias expresan desgaste emocional y una clara necesidad de apoyo. La falta de tiempo y el ritmo acelerado de vida dificultan la convivencia y el cuidado emocional.

Mirando al futuro: qué nos enseña ‘EmoChild’

Nuestro estudio EmoChild transmite un mensaje claro: la prevención es necesaria. Aunque se observa una ligera mejoría, el elevado número de menores en riesgo de desarrollar problemas emocionales subraya la importancia de intervenir antes de que los problemas se cronifiquen.

La educación emocional basada en la evidencia es esencial, al igual que fortalecer los vínculos familiares y escolares. Promover un uso saludable de la tecnología desde edades tempranas también es una prioridad.

Detectar el malestar a tiempo marca la diferencia. EmoChild aporta datos sólidos y necesarios para orientar decisiones que protejan la salud mental de las nuevas generaciones.

The Conversation

Mireia Orgilés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nuevo estudio: Uno de cada ocho menores en España tiene un problema de salud mental – https://theconversation.com/nuevo-estudio-uno-de-cada-ocho-menores-en-espana-tiene-un-problema-de-salud-mental-272285

España necesita renovar más de siete millones de viviendas: cómo planificar rehabilitaciones energéticas realistas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Hernández-Cruz, Investigador Doctor en Ingeniería Energética, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Rafael Prendes/Shutterstock

Las viviendas desempeñan un papel clave en el cumplimiento de los objetivos para reducir emisiones de gases de efecto invernadero. En la Unión Europea, representan alrededor del 26 % del consumo de energía final.

En España, el 75 % de los edificios son ineficientes y su edad media ronda los 43,5 años. La oleada de rehabilitación que necesitan ya está en marcha, pero ¿se está llevando a cabo de forma adecuada?

Renovar el 43 % de los edificios menos eficientes

Las ayudas de rehabilitación se conceden en base al ahorro energético esperado y han intensificado en los últimos años los esfuerzos para rehabilitar el parque edificado.

Entre 2020 y 2023 se han ejecutado unas 540 000 rehabilitaciones de viviendas al año según el borrador del Plan Nacional de Renovación de Edificios (PNRE). Para 2050, el objetivo es renovar el 43 % de los edificios menos eficientes (más de siete millones de viviendas).

El PNRE destaca que la vivienda social es esencial para garantizar una transición energética justa y reducir la pobreza energética. La reciente creación de la Entidad Estatal de Vivienda y Suelo CASA47, que velará por el acceso universal a una vivienda digna y adecuada, va en esta línea.

En Euskadi, esta función la desempeña Alokabide, S. A., que gestiona más de 30 000 viviendas. En los últimos años, Alokabide ha impulsado rehabilitaciones clave para mejorar la habitabilidad y reducir el consumo energético de su parque.

¿Qué tipo de rehabilitaciones necesitan las viviendas?

El consumo energético doméstico se debe a la calefacción, al agua caliente sanitaria y la electricidad para iluminación y electrodomésticos. Las rehabilitaciones más habituales incluyen la mejora del aislamiento y la renovación de ventanas, la sustitución de los sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria por otros más eficientes y la incorporación de energías renovables.

Dependiendo del grado de intervención, se habla de rehabilitaciones ligeras, cuando se renuevan pocas partes de la vivienda, o de rehabilitaciones profundas, con las que se pueden conseguir ahorros energéticos de hasta un 80 %.

Entre 2020 y 2023, de las 540 000 rehabilitaciones anuales, solamente unas 31 500 fueron profundas, menos del 10 %. No obstante, gracias a estas actuaciones, se estima que el consumo energético del parque residencial se ha reducido un 7 % en los últimos años.

La hoja de ruta plantea unos objetivos ambiciosos para los próximos años, que incluyen recortar un 45 % las emisiones para 2030 y alcanzar un parque sin emisiones en 2050.




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Cómo mejorar la eficiencia energética de nuestro hogar


La diferencia entre consumo energético teórico y real

No obstante, estas cifras de estimaciones no pueden tomarse al pie de la letra. Cuando se plantea una rehabilitación, la reducción de consumo esperada se calcula con perfiles de uso estándar o teóricos. Sin embargo, está demostrado que el consumo real –especialmente el de calefacción y agua caliente– difiere bastante del teórico. Esto se conoce como brecha de comportamiento energético o Energy Performance Gap (EPG).

Varios estudios realizados en edificios terciarios y en viviendas privadas han cuantificado que el consumo real puede ser entre dos y cinco veces superior al teórico. Esto afecta a las estimaciones de ahorro: si una vivienda consume más de lo esperado, la reducción lograda tras rehabilitar será mayor en términos absolutos. Sin embargo, en estudios llevados a cabo en el parque de viviendas sociales de Euskadi no ocurre esto, sino que se ha descubierto que el consumo real es entre 0,3 y 2,3 veces el teórico.

En otras palabras, algunos de estos hogares consumen menos energía de la prevista teóricamente. En estos casos, las estimaciones de ahorro tras una rehabilitación pueden ser demasiado optimistas.

Esquema que ilustra la diferencia en la estimación del ahorro energético tras una rehabilitación en un usuario estándar y un usuario de vivienda social.
Efecto de la diferencia entre un usuario estándar y un usuario de vivienda social en la estimación del ahorro anual de energía por vivienda rehabilitada.
Pablo Hernández-Cruz, CC BY-SA

En otra investigación hemos determinado que, si no se considera el consumo real, la diferencia entre la reducción energética real y estimada puede ser de hasta 22 puntos porcentuales. Esto no solo altera las previsiones de reducción de energía o emisiones, sino también las expectativas de ahorro económico: una acción pensada para reducir significativamente la factura energética puede no lograrlo si el consumo actual ya es más bajo de lo esperado.




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¿No tenemos ya suficientes edificios? El reto de aprovechar mejor los actuales


Cómo mejorar las estimaciones de ahorro energético

En términos globales del parque público de Euskadi, bajo un escenario de rehabilitaciones profundas, se podría estar sobreestimando el ahorro real en unas 2 500 toneladas de CO₂ o unos 12 000 MWh anuales. El problema es que afinar en estas predicciones es complejo. Implica realizar simulaciones energéticas detalladas y calibradas a partir de datos reales de consumo energético.




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Una caracterización energética realista para rehabilitar las viviendas sociales


Con el fin de solucionar esto, nuestro trabajo propone una metodología simplificada para evaluar de forma más fiable el impacto de las rehabilitaciones. Así nos aseguramos de no fallar en las ambiciosas predicciones de ahorro energético. La herramienta es accesible para agentes del sector, ya que solamente requiere de datos simplificados de consumo de calefacción y agua caliente, y del certificado de eficiencia energética del edificio.

La metodología propuesta sigue los siguientes pasos:

  1. Calcular la brecha entre el consumo energético real y teórico utilizando los consumos reales recolectados y el certificado de eficiencia energética.

  2. Plantear una medida de rehabilitación ajustada a las necesidades reales de los usuarios.

  3. Calcular el ahorro teórico utilizando el certificado de eficiencia energética.

  4. Aplicar la metodología propuesta para obtener una estimación de reducción de energía y emisiones más realista.

Esquema para ajustar la estimación del ahorro anual de energía por vivienda a la realidad de los usuarios
Esquema de la metodología propuesta para ajustar la estimación del ahorro anual de energía por vivienda a la realidad de los usuarios.
Pablo Hernández-Cruz, CC BY-SA

Rehabilitando con conciencia

El hecho de que podamos fallar en las estimaciones de rehabilitación energética en viviendas sociales no significa que no haya que rehabilitarlas, sino todo lo contrario. Significa que es fundamental hacerlo con conocimiento de la realidad.

Nuestro estudio también muestra que entender el consumo real ayuda a identificar qué medidas mejorarán el confort interior de los usuarios. Conocer cómo viven las personas y cuáles son sus necesidades permite diseñar intervenciones más eficaces y orientadas a mejorar sus condiciones, más allá de los números teóricos de ahorro y emisiones.

The Conversation

Pablo Hernández-Cruz recibe fondos del proyecto PID2021-126739OB-C22, financiado por MCIN/AEI/10.13039/ 501100011033/ y “ERDF A way of making Europe”.

Ivan Flores Abascal y Juan María Hidalgo Betanzos no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. España necesita renovar más de siete millones de viviendas: cómo planificar rehabilitaciones energéticas realistas – https://theconversation.com/espana-necesita-renovar-mas-de-siete-millones-de-viviendas-como-planificar-rehabilitaciones-energeticas-realistas-269744

Canada has too few professional archeologists, and that has economic consequences

Source: The Conversation – Canada – By Lindsay Amundsen-Meyer, Assistant Professor in Archaeology, University of Calgary

Canadian cultural resource management archeologists — professional consultants involved in environmental assessment and compliance processes — are increasingly finding themselves in the public eye when their work intersects with the development or disaster response related infrastructure projects.

Public or media discussions often arise when delays in construction result from archeological assessments or Indigenous opposition. Yet, many more developments proceed without issue.

Today, these concerns are part of a variety of challenges including labour shortages, meaningful Indigenous engagement and recent legislative changes that guide how development occurs.

These challenges must be addressed to ensure timely assessment and approval of development projects through legally binding processes, without comprising the assessment and preservation of archeological sites — the overwhelming majority of which are Indigenous ancestral sites.

Demand for archeological professionals in Canada is quickly outpacing the number of students graduating with archeology or anthropology degrees. A similar deficit of archeologists has been demonstrated in the United States.

Post-secondary institutions can play a key role in addressing this deficit by altering and improving degree programs to ensure students are equipped with the knowledge needed to succeed in cultural resource management.

The politics of archeology

Cultural resource management (CRM) involves identifying, preserving and maintaining valuable cultural heritage like ancestral artifacts and built heritage. In Canada, this kind of archeological work is required ahead of most infrastructure development through provincial and federal legislation.

Recent political developments in Canada, including federal bill C-5 and similar legislation in Ontario and British Columbia, have the potential to impact the scope of environmental assessment work, including associated archeology work.

In order to speed economic development, these laws allow governments to exempt some infrastructure projects from archeological assessment prior to construction and bypass requirements for Indigenous consultation. This moves decision-making on archeological preservation away from Indigenous communities and trained professionals and into the political sphere.

Such exemptions risk violating the treaty rights of First Nations and causing irreparable harm to Indigenous ancestral sites without consideration or assessment, deepening conflicts between development proponents and Indigenous communities. These conflicts may themselves delay construction of infrastructure.

Where are all the archaeologists?

Our recent study indicates there are between 419 and 713 archeologists employed in cultural resource management in Canada. These are almost certainly underestimates. However, our study further suggests that labour market demand is outpacing supply.

Fifty-five responding employers across the country reported unfilled positions, including for jobs at all levels of experience. Overall, the CRM labour market has not kept pace with rapid industry growth.

Post-secondary institutions have an important role to play in meeting CRM labour market demand by creating robust degree programs which demonstrate that there are viable career pathways in archaeology outside of academia. But universities are simultaneously experiencing a significant decline in funding, and program opportunities are disappearing.

In part due to these challenges, students graduating from archeology and anthropology programs do not complete their degrees with the skills and knowledge needed to succeed in CRM. As a result, the burden of on-the-job training becomes high for employers.

There are some exceptions, such as CRM-specific undergraduate and graduate courses and programs at the Universities of Lethbridge and Calgary. However, the general lack of CRM-oriented programs at post-secondary institutions is particularly problematic given that the majority of graduates who stay in archeology will enter the CRM industry, and the overwhelming majority of archeology in Canada today is undertaken within a CRM context.

A path forward

Post-secondary curricula must extend beyond traditional academic programming to better prepare students for the workforce. To be clear, we are not arguing for creation of a CRM trade school for archeologists. Rather, we believe that small changes to curricula and programs can enhance student experience and career successes without compromising academic objectives and rigour.

Post-secondary institutions need to create degree programs that are aligned with the skills and knowledge used in industry and introduce CRM to students early in their undergraduate programs. Doing so will create more robust degree programs that attract students to a relevant education where they see a viable career path in archeology, meeting a market need.

This market need must be met to ensure timely assessment and regulatory approval of development projects, as the CRM workforce is needed to complete “nation-building” infrastructure projects. Archeology risks being seen as a barrier to development and may lose political and public backing if CRM processes are seen to slow or stall economic development.

If the CRM sector does not have the capacity to complete infrastructure assessments, current trends suggest that development will push ahead without archeological assessment or engagement. Archeological sites will almost certainly be destroyed in the process.

Critics will argue that it’s essential to cut red tape and speed up regulatory approval of economically important projects, making CRM a lesser part of the approvals process. We counter that CRM assessment is essential to development approvals, which are increasingly reliant on meaningful Indigenous engagement and Indigenous consent to proceed.

Wanton destruction of Indigenous archeological sites will only lead to further conflict and loss of heritage. Canada must protect that heritage and has a lot to gain from doing so. By protecting heritage, archeologists can help ensure better outcomes for all.

The Conversation

Lindsay Amundsen-Meyer receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada and the Heritage Preservation Partnership Program (Arts, Culture and Status of Women).

Kenneth Roy Holyoke receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada and the Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research.

Matthew Munro works for Stantec Consulting Ltd.

ref. Canada has too few professional archeologists, and that has economic consequences – https://theconversation.com/canada-has-too-few-professional-archeologists-and-that-has-economic-consequences-272422

Congress takes up health care again − and impatient voters shouldn’t hold their breath for a cure

Source: The Conversation – USA – By SoRelle Wyckoff Gaynor, Assistant Professor of Public Policy and Politics, University of Virginia

Congress has long been unable to come to an agreement on how to help constituents pay for health care. iStock/Getty Images Plus

As the bell struck midnight on Jan. 1, 2026, time ran out on Obamacare subsidies for over 24 million Americans. These subsidies, propped up through various legislative packages over the years, lowered the health insurance costs for Americans on the Obamacare exchange.

Following the expiration of these subsidies, health insurance premiums are skyrocketing for around 90% of Americans who use health insurance from the exchange. For many Americans, the new year means a choice between paying exorbitant costs or taking the risk of no health insurance at all.

But unlike other policy challenges that Congress may face in 2026, the expiration of health insurance subsidies was not unexpected.

The extension of health care subsidies was the pivotal disagreement that ultimately led to the longest government shutdown in U.S. history in the fall of 2025. Democratic members, in support of extending the subsidies, faced off against the majority party in Congress: Republicans who wanted a short-term legislative fix that did not fund subsidies.

Republicans ultimately won the shutdown battle. And while Democrats attempted a last-gasp vote in December to reform and extend health care subsidies, the health care debate was yet again punted into the next year.

Congress has reconvened, and Democratic members – joined by four Republican members – used the best possible procedural tool at the minority party’s disposal, the discharge petition, to force congressional leaders to allow votes on an extension of Obamacare subsidies during its first week back in session. But overcoming congressional leadership is an immense challenge: Even if the House is successful, Senate Republican leadership has made clear that there is no future for the legislation in that chamber.

The challenge of passing meaningful solutions to rising health care costs is not unique to this year or to this Congress. It has been a decades-long argument among lawmakers that shows no sign of being resolved.

Why is it so hard for Congress to lower the cost of health care for the people who sent them to Washington?

Like many policy problems, partisanship is partly to blame. But the sprawling complexities of the American health care system pose a particular challenge to members of Congress. As my own research finds, the outsized power and resources of congressional leaders means that for Congress’ most intricate issues, rank-and-file members do not have the time, resources or, frankly, the interest to dedicate to meaningful problem-solving.

The failure of two health care proposals in December 2025, one from Democrats and one from Republicans, meant certain Obamacare enrollees face huge premium increases.

Government ‘dips its toe’

Americans face some of the highest health care costs in the world. Lawmakers on both sides of the aisle have long campaigned on addressing exorbitant costs and equitable access.

Progressive politicians proposed the idea of national health insurance as early as the 1900s, but efforts were limited to women and children, and any policy successes were moderate and temporary.

Following the Great Depression and the advent of Social Security in the 1940s, Congress had warmed to the idea of the federal government providing social services. But attempts at widespread health care coverage failed to gain traction.

During the 1950s, as Americans began to expect more services from their tax dollars, formal coalitions formed in support of, and in opposition to, government-supported health care. Workers and unions, bolstered by Congress and the Supreme Court, used the power of collective bargaining to push for employee benefits such as health insurance. Doctors and medical providers, enjoying their current – and profitable – position, coordinated campaigns against national health insurance proposals.

The tension held until 1956, when the government dipped its toe into federally funded health care, enacting the first “Medicare” government-funded program for dependents of the armed forces.

In the private sector, employee demands and employer tax incentives led to a convoluted web of employer-based insurance programs. But for many Americans, particularly the retired and elderly and those with low-paying jobs, there remained few, if any, insurance options available.

Enter: Medicare and Medicaid

In the 1960s, under Democratic President Lyndon Johnson’s vision for a “Great Society,” and with a bipartisan vote in Congress, the federal government took the greatest step forward in providing federal health assistance for Americans: Medicare and Medicaid. The programs helped with the cost of health care via federal health insurance for those who were elderly and low-income, and they ushered in a new era of federal health policy.

This was a watershed moment for policymakers. With health care coverage now under the umbrella of the federal government, domestic policymaking responsibility expanded to match. For lawmakers, this meant not only new debates but also new federal agencies, new congressional committees, new lobbying firms and new interest group coalitions.

An older woman pats the cheek of a much taller middle-aged man.
An elderly woman shows her gratitude to President Lyndon B. Johnson for his signing of the Medicare health care bill in April 1965.
Corbis via Getty Images

In the decades that followed, Congress’ responsibility for health care policy continued to expand: Coverage amounts and eligibility requirements were tweaked, programs were expanded to include prescription drugs and vaccines, health savings accounts were introduced, and more.

Yet still, the web of private and federal health insurance programs left millions of Americans uninsured. It wasn’t until 2010, under President Barack Obama, that the Democratic-controlled House and Senate passed the Patient Protection and Affordable Care Act, known as “Obamacare,” to close that gap. But as evident from the 2025 government shutdown, this solution was far from perfect – and quite expensive.

Why, despite centuries of attention, does health care coverage remain one of – if not the most – perplexing and challenging domestic issues that Congress faces?

Consensus becomes more difficult

Part of this is a uniquely American problem: Like many services, the American health care system is based on economic incentives, and the foundational ideal of American liberalism means the government is inclined to let capitalism thrive.

As a former congressional staffer and now a scholar of Congress, I know that nowhere is the tension of societal support and personal freedom more apparent than the debate over health care access.

But the issue is also immensely complex, and today’s Congress does not have the resources to meet the challenge, particularly in the face of a sprawling executive branch.

Over time, as policies were adopted by the federal government, the scope of potential solutions expanded. To put it another way, as more cooks enter the policymaking kitchen, consensus became more difficult. The history of American health care is populated by private industries, powerful interest groups, federal officials and concerned citizens.

And the web of federal funding and private insurance companies across 50 states has resulted in a policy landscape that is easier to tweak, rather than whole-scale reform.

This is further stymied by the limited resources and expertise of the modern Congress. My research has shown that rank-and-file members are increasingly reliant on party leaders to take the lead on policymaking and problem-solving. Negotiating across coalitions and parties is unpleasant, and communicating policy changes on such a complex issue is difficult.

The result? Tepid policy tweaks made for partisan messaging.

And as ideological divisions on government support and personal autonomy become crystallized by the two parties in Congress, partisan policy solutions diverge even further. Collaboration becomes harder every year.

The continuing resolution passed late in 2025 funded the government only until Jan. 30, 2026, which means Congress is facing a Groundhog Day rather than a clean slate for the new year. With millions of Americans facing exploding health care costs, the question becomes who will Congress follow: party leadership or concerned constituents?

The Conversation

SoRelle Wyckoff Gaynor does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Congress takes up health care again − and impatient voters shouldn’t hold their breath for a cure – https://theconversation.com/congress-takes-up-health-care-again-and-impatient-voters-shouldnt-hold-their-breath-for-a-cure-271998

Stephen Miller: portrait of Donald Trump’s ideologue-in-chief

Source: The Conversation – UK – By Natasha Lindstaedt, Professor in the Department of Government, University of Essex

During a recent interview with CNN host Jake Tapper, the White House deputy chief of staff, Stephen Miller, laid out what appears to be the core of the new ideology driving US foreign policy: the notion that might is right. Or, as he put it: “We’re a superpower. And under President Trump, we are going to conduct ourselves as a superpower.”

Miller was referring to the Trump administration’s ambitions to take control of Greenland, if necessary by force. “We live in a world in which you can talk all you want about international niceties and everything else,” he told Tapper. “But we live in a world, in the real world … that is governed by strength, that is governed by force, that is governed by power.”

The 40-year-old Californian is one of Trump’s most trustworthy advisers and also one of the longest serving, having joined Trump’s first campaign in January 2016. While the president’s first administration had a revolving door of different appointees, many of whom who barely lasted a year, Miller is one of a handful of advisers to serve in both Trump’s first and second terms.

The two reportedly have a close working relationship, meeting daily along with Trump’s chief of staff, Susie Wiles, to go through Trump’s diary and review the executive orders to be signed. Having started out as a speechwriter, Miller’s position has evolved to focus more on interpreting the president’s ideas and executing them as policy initiatives. He is also understood to be a key liaison point between the White House and Capitol Hill, where he briefs lawmakers on Trump’s plans.

Origins of an extremist

Miller’s extreme ideas did not come out of nowhere. In contrast to the vice-president, J.D. Vance and secretary of state, Marco Rubio, whose ideologies have evolved significantly to be in line with Trump’s agenda, Miller has had a long history of supporting radical America First style policies.

While in high school in Santa Monica, Miller is said to have complained about students having to pick up rubbish, saying janitorial staff should do it instead. As a 16-year-old he contributed an article to a local website, criticising his fellow Hispanic students for a lack of language skills.

While at Duke University, where he studied political science, he contributed a number of articles to the college website, attacking multiculturalism and championing right-wing issues. He was also part of a group at Duke, Students For Academic Freedom, that criticised what they saw as political bias among faculty staff. These ideas would resurface in his attack on universities as a Trump administration official.

Moving to Washington, Miller first worked as an aide to then Republican representative Michele Bachmann before taking a job with Republican senator Jeff Sessions as press secretary. One of his main focuses was in developing critiques of immigration, collaborating with groups such as the Federation for American Immigration Reform and the Centre for Immigration Studies.

This is where he developed the ideas that have formed the backbone of the Trump administration’s anti-immigration policies, including the now notorious family separation policy, by which children were often taken from their parents – who were subject to prosecution for attempting to cross the US southern border illegally. The policy was judged to be so harsh that the UN openly condemned it as cruel and unnecessary.

Immigration has been one of the main focuses of Miller’s work in Trump’s second term. He is understood to behind the decision to deploy immigration and customs enforcement agents en masse on the streets of US cities with power to detain and deport suspected illegal immigrants. Other radical policies bearing Miller’s hallmark are the plan to end the American policy of birthright citizenship, in contravention of the 14th amendment to the US constitution.

But then many of the policy ideas he espouses have brought Miller into conflict with American constitutional law. He has publicly declared that in some circumstances it should be permissible to suspend a person’s habeas corpus right to a trial before they can be imprisoned and he has questioned the power of the judiciary to hold the administration to account over executive decisions on matters such as deportations and due process.

Personality politics

If relatively unknown during Trump’s first term, Miller’s profile has grown considerably in the first 12 months of the second Trump administration. A YouGov poll conducted in September 2025 found that 50% of respondents had heard of him and he had a popularity rating of 18%.

But if he is disliked and feared by many on Capitol Hill, as well as among the wider public, Miller has an ideological ally and staunch supporter in his wife Katie, who achieved instant fame on January 3 after tweeting a map of Greenland with the US flag superimposed on it, accompanied by the word “SOON”.

Within hours the US president had voiced his intention to intervene in Greenland for reasons of national security and to secure access to its huge reserves of mineral resources.

Like her husband, Katie worked in the first Trump administration, at the department of homeland security. She once told a reporter that even the administration’s separation policy was not a problem for her, claiming: “DHS sent me to the border to see the separations for myself, to try to make me more compassionate, but it didn’t work.”

She now runs The Katie Miller podcast, which she established as a “place for conservative women to gather online”. Among other things, it provides a regular and uncritical platform for administration officials.

But the Millers’ growing public profile could prove to be a double-edged sword for the Trump administration. Despite saying out loud what many on the far-right of the Republican party want to hear, their apparent extremism is increasingly a focus for Trump’s critics. California’s democrat governor Gavin Newsom – generally thought to be preparing for a presidential run in 2024, has taken to referring to Miller as Voldemort, the personification of evil in the Harry Potter novels.

All of which is unlikely to resonate well with the independent voters that the Republicans desperately need to win over if they are not to lose vital ground in November’s midterm elections.

The Conversation

Natasha Lindstaedt does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Stephen Miller: portrait of Donald Trump’s ideologue-in-chief – https://theconversation.com/stephen-miller-portrait-of-donald-trumps-ideologue-in-chief-272869

US boards a ship sailing under a Russian flag: what we know and don’t know about the legal position

Source: The Conversation – UK – By Andrew Serdy, Professor of the Public International Law of the Sea, University of Southampton

Relations between the US and Russia have hit a fresh bump after the US coastguard boarded a vessel sailing in the Icelandic waters, claiming it was in breach of sanctions on Venezuela. The incident immediately sparked claim and counter-claim from the US and Russia.

The US claimed it was acting correctly to execute a warrant issued by a US federal court. Russian officials, meanwhile, were reported by the country’s Tass news agency as saying this was in clear breach of the law of the sea, saying “no state has the right to use force against ships properly registered in the jurisdictions of other states”. The statement asserted that the Bella 1 – which was recently renamed as the Marinera – had received a temporary permit to sail under the Russian flag on December 24.

Unlike the dramatic abduction of Venezuela’s president, Nicolás Maduro, from his Caracas palace on January 3, which the United States (US) does not even appear to be trying to defend in international law terms, the interdiction of the Marinera/Bella 1 appears to raise a new point of the law of the sea which may offer at least some prospect for Washington to show itself to be on the right side of the law.

Before the change of flag, the US seemed to be selecting with some care the ships carrying Venezuelan oil that it was targeting. These were either stateless or suspected of flying a false flag, which provides no protection under Article 92 of the United Nations Convention on the Law of the Sea (Unclos), which is also the customary international law rule for non-parties such as the US.

Stateless ships are vulnerable

Being stateless, or acting in a way that gives warships on the high seas a valid basis for treating it as though it were stateless, is a position that any ship would be recommended to avoid if at all possible. A ship that is stateless has by definition no flag state to assert the protective exclusive jurisdiction over it on the high seas.

Unclos also provides that a ship which sails under the flags of two or more States, and swaps them depending on the circumstances, “may not claim any of the nationalities in question with respect to any other State”. This means it can be regarded legally as stateless.

Thus, until the change of flag reported on December 31, not just the US but any State was entitled to treat the Marinera/Bella 1 as stateless. This made it vulnerable to interception on the high seas and the exercise of domestic law enforcement jurisdiction over it by the State of the interdicting warship or coastguard vessel.

So the legal position remains unclear. It may be a question of whether the US was already pursuing the Marinera/Bella 1 when it changed its flag. If so the US may be entitled to disregard the reregistration.

Unclos allows for what it refers to as “hot pursuit”. It says that: “The right of hot pursuit ceases as soon as the ship pursued enters the territorial sea of its own State or of a third [another] State.” Since no other circumstance in which the right ceases is mentioned, including the ship ceasing to be stateless, this leaves it open to the US to argue that it was already pursuing the Marinera/Bella 1 and was thus not required to call off its pursuit.

But this argument has limited usefulness as there’s doubt as to whether this was actually a hot pursuit at all. The term is used for pursuits that begin in one of the maritime zones of the State conducting it – not on the high seas.

Claim and counter-claim

So far the Russian Ministry of Transport has claimed that the US action is contrary to the Article 92 rule. Russia insists that the change of registry occurred as long ago as December 24. To counter this, the US could say that it wasn’t until the Russian flag was painted on the ship’s hull, which was reported on December 31, that the Article 92 rule could be invoked against the US.

Article 92 also lays down that: “A ship may not change its flag during a voyage or while in a port of call, save in the case of a real transfer of ownership or change of registry.” This is often misunderstood and assumed to mean that a change of flag in mid-voyage – such as appears to have occurred in this case – is not permitted at all. But a closer reading reveals that this is not the case. What it prevents is a change of flag without a corresponding change of registration.

But that is not the position here. Assuming there was a real registration to Russia, that is what counts. Painting on a flag because you don’t have a physical one is simply evidence of that.

Reflagging while under pursuit is a new point in the international law of the sea to the extent that no previous incident of it is known. In the absence of a clear answer on this, the way this incident plays out is itself going to set the precedent for the future on this issue. We’ll need to hear the competing legal narratives of the US and Russia to see which of them is the more convincing.

The Conversation

Andrew Serdy does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. US boards a ship sailing under a Russian flag: what we know and don’t know about the legal position – https://theconversation.com/us-boards-a-ship-sailing-under-a-russian-flag-what-we-know-and-dont-know-about-the-legal-position-272957

Canada risks missing out on Africa’s trade boom under Mark Carney

Source: The Conversation – Canada – By Isaac Odoom, Assistant Professor, Political Science, Carleton University

At the G20 summit in South Africa in November, Prime Minister Mark Carney announced several new initiatives, including talks toward a Foreign Investment Promotion and Protection Agreement (FIPA) with South Africa.

But when asked about prioritizing Africa’s economic opportunities for Canada, Carney said Africa is not among his government’s early priorities because other regions offered “the most immediate return.” That remark was at odds with what many Canadians and African partners have been urging Canadian officials to do: treat Africa as a core partner in Canada’s economic diversification plan, diplomatic and geopolitical future.




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Shortly after Carney’s remarks, in December, the Senate’s Standing Committee on Foreign Affairs and International Trade released a landmark report entitled Canada–Africa: Seizing a Strategic Opportunity. It urged the federal government to engage Africa now with resources, ambition and a concrete action plan or risk being left behind.

Together, these two developments reveal a central tension shaping Canada’s Africa policy at the moment — and precisely when Africa’s global standing is rising.

Why this matters now

Africa’s demographic and economic trajectory is unmistakable. The continent’s working-age population is expanding faster than any other region, 12 of the world’s 20 fastest-growing economies are in Africa and the African Continental Free Trade Area (AfCFTA), which aims to create one of the world’s largest integrated markets, is already in motion.

This demographic dividend and market potential matter not only to African states, but to countries like Canada seeking new trade diversification partners and growth opportunities.

Against this backdrop, the Senate’s report provides 21 recommendations — including the need for a detailed Africa Strategy action plan with timelines and resources, regular high-level dialogue with the African Union, support for AfCFTA implementation, strengthened trade commissioner services and enhanced diaspora engagement. It urges the government to match its promises with real resources and commitment.

Canada’s Africa Strategy

The government’s March 2025 Canada’s Africa Strategy was widely welcomed as a positive step toward a more coherent foreign policy on Africa. It articulates goals for shared prosperity, security and mutual co-operation, acknowledging Africa’s growing place in the world.

My own earlier analysis on Canadian engagement in Africa highlighted that Canada’s new strategy offered a foundation to rethink how it builds partnerships across the continent — not simply viewing Africa as a development recipient, but as a region of strategic partnership and economic opportunity.

I also noted how Canada could learn from China’s long-term engagement model, particularly its emphasis on sustained relationships, infrastructure and market access, while offering a distinct, values-based alternative.

Delivery is the real test

Canada’s Africa Strategy articulates a necessary vision, but follow-through remains limited. That gap is visible in Canada’s broader policy signals.

Even after the launch of the strategy, Africa remains marginal in Canada’s trade and economic planning. The 2025 federal budget identified priority trade markets in Europe and Asia, but not Africa, despite stated support for the AfCFTA. Such inconsistencies suggest lingering hesitation in committing political capital to Africa.

Diplomatic choices reinforce this impression. Limiting Carney’s G20 trip to South Africa alone missed an opportunity to signal a continentwide vision.

A short stop in another regional hub would have underscored Canada’s recognition of Africa’s diversity and strategic importance. Instead, the narrow itinerary conveyed a constrained reading of Africa’s geopolitical and economic landscape. African governments notice these signals, especially at a time when they are actively diversifying external partnerships.

None of this means Canada lacks opportunities. The nuclear co-operation agreement with South Africa signed at the G20 has real potential. A future FIPA could offer greater certainty for Canadian investors in South Africa. And although tentative, the reference to AfCFTA engagement at the G20 is significant.

But for these opportunities to lead to real outcomes, Canada needs a more deliberate and sustained approach backed by resources and political commitment.

Africa’s expanding consumer market

Why does this matter for Canadians? Africa has a young and fast-growing population, a burgeoning middle class and an expanding consumer market. Canadian firms, from clean technology and education to agribusiness and services, can benefit if supported at the right time with the right tools.

Diplomatic influence from a continent of 54 countries also flows from consistency and commitment; not intermittent engagement.

For the first time, the G20 in South Africa was a reminder that Africa is no longer peripheral to global politics. African markets are diverse, fast-changing and increasingly central to the global economy. This requires Canada to look past short-term returns, acknowledging Africa’s critical role in its economic future and investing resources to that end.

Other countries like China, Turkey, Brazil and Gulf states have already recognized this reality. Every year Canada delays, it risks losing ground that will be hard to reclaim.




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Time to act

Despite the strategy’s imperfections, Canada now has a plan for engaging with Africa. But a plan is only as good as its implementation.

The Senate report is timely and calls for committing real resources, expanding diplomatic and trade support structures and elevating Africa in Canada’s foreign policy narrative well beyond occasional summits. It means sustained leadership attention from the prime minister and senior ministers.

If Canada seizes this moment with purpose, resources and political will, it can build genuine partnerships that benefit both Canadians and African partners. The Senate’s report aligns with the view that Africa is not a charity case; it is a strategic frontier for trade, innovation and geopolitical influence. Delivery must be the priority going forward, or Canada will be left behind.

The Conversation

Isaac Odoom does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada risks missing out on Africa’s trade boom under Mark Carney – https://theconversation.com/canada-risks-missing-out-on-africas-trade-boom-under-mark-carney-272166