Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén López Tárraga, Profesora sustituta en el Departamento de Geografía, Universidad Complutense de Madrid
El acelerado deshielo del Polo Norte ha dejado de ser únicamente un problema medioambiental para convertirse en un cambio profundo en el mapa del comercio mundial. Al derretirse las capas de hielo, se está abriendo una especie de carretera de peaje por el extremo norte de Rusia que permite a los grandes cargueros asiáticos llegar mucho antes a Europa.
Este cambio de rumbo amenaza con reducir el tráfico por la ruta tradicional del Mediterráneo, poniendo en riesgo la posición estratégica, la actividad económica y los empleos que generan los puertos españoles.
Todo lo que consumimos en nuestro día a día, desde la ropa, los electrodomésticos y los teléfonos móviles hasta el combustible o la maquinaria industrial, viaja a bordo de grandes barcos cargueros.
Tradicionalmente, las embarcaciones que parten de potencias industriales como China, Corea del Sur o Japón para traer sus productos a Europa deben completar una travesía muy larga. Tienen que cruzar todo el océano Índico, remontar el mar Rojo, atravesar el canal de Suez, en Egipto, y, finalmente, adentrarse en el mar Mediterráneo para repartir la carga.
Sin embargo, el calentamiento global está afectando al Polo Norte a un ritmo cuatro veces superior al de la media del resto del planeta. Como consecuencia directa de esta fusión del hielo, se ha abierto de manera estacional una vía alternativa: la llamada ruta del mar del Norte, que discurre bordeando toda la costa septentrional de Rusia.
Para las grandes empresas de transporte marítimo, utilizar esta travesía del norte supone reducir el tiempo de viaje entre 10 y 12 días completos. En el competitivo sector del transporte internacional, recortar casi dos semanas de navegación se traduce en un ahorro muy importante de combustible, salarios y costes operativos.
Aunque esta vía recortada resulta muy atractiva en términos económicos, presenta un inconveniente político de gran calado: no es un espacio marítimo de libre tránsito. Casi todo el trazado de la ruta del mar del Norte discurre por aguas bajo control directo de Rusia.
A esta situación se suma la creciente tensión internacional. Tras los conflictos geopolíticos de los últimos años y el distanciamiento de Rusia con el resto de Europa, el Polo Norte ha dejado de ser una zona pacífica enfocada en la investigación científica para convertirse en un escenario de rivalidad militar y control económico.
¿Por qué esta noticia no es buena para España?
Hasta la fecha, España ha gozado de una posición privilegiada en el mapa del comercio marítimo gracias a su geografía. Al situarse en la puerta de entrada al Mediterráneo y en el cruce de caminos con el Atlántico, instalaciones como los puertos de Algeciras, Valencia o Barcelona han funcionado como grandes centros logísticos. A ellos llegan los megabarcos procedentes de Asia para descargar mercancías y redistribuirlas hacia el centro y norte de Europa o hacia el continente africano.
El documento avisa de un desafío claro: si los barcos de Asia usan el Polo Norte, irán directos a Europa Central. Por lo tanto, miles de buques dejarán de pasar por el Mediterráneo. Si pasan menos barcos por el sur, los puertos españoles recibirán muchos menos contenedores. Esta caída dañaría la economía y amenazaría miles de empleos en el sector logístico. Además, España perdería peso estratégico en el comercio mundial.
Europa busca una respuesta rápida
La preocupación por el impacto del deshielo ha llegado a las más altas instancias de la UE. En la Cumbre Polar Europea que acaba de celebrarse en Finlandia, doce países de la Unión Europea exigieron actualizar de forma urgente las políticas regionales para adaptarse a estos cambios geopolíticos y defender los intereses del continente.
Los líderes comunitarios coinciden en que la transformación del Polo Norte no es un simple fenómeno meteorológico, sino un reto estratégico que afecta a las cadenas de suministros, a la protección de los cables de internet submarinos y a la seguridad energética.
Para España, el reto es claro. No basta con estudiar el clima solo desde el punto de vista científico. Es necesario planificar y adaptar las infraestructuras portuarias y las redes de transporte para mantener su competitividad antes de que el atajo del norte se convierta en la ruta habitual del comercio mundial.
Ana Belén López Tárraga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Cada semana, un nuevo modelo de IA generativa supera al anterior en algún ranking. Las grandes tecnológicas compiten por décimas y anuncian récords. Esa competencia es real: los modelos difieren en velocidad, en precio y en qué examen aprueban con mejor nota.
La pregunta que casi nadie se hace es otra: ante una misma instrucción –sobre todo, cuando les pedimos algo que no tiene una respuesta clara–, ¿piensan distinto? Después de haberlo medido en un estudio, la respuesta corta es que no, o muy poco.
Dieciséis modelos, un mismo caso
Reunimos dieciséis grandes modelos de lenguaje de diez empresas distintas: OpenAI, Anthropic, Google, xAI, Meta, DeepSeek, Mistral, Alibaba y otras dos compañías chinas, Z.ai y MiniMax Group. A todos les dimos los mismos quince casos clínicos de salud mental, descritos por una psicoterapeuta específicamente para este estudio.
Cada modelo, a solas y sin ver lo que hacía el resto, redactó la valoración propia de un supervisor clínico experimentado: desde qué enfoque interpretaban el caso y qué habría que explorar.
Elegimos la psicología a propósito, ya que formular un caso en psicoterapia no tiene una respuesta única. La misma historia admite varias interpretaciones defendibles y elegir entre ellas es cuestión de criterio, no de acierto. Si dieciséis modelos iban a discrepar en algún sitio, tenía que ser ahí.
A continuación, recogimos más de 7 000 respuestas generadas por los modelos y las comparamos por su significado, no por sus palabras, con un índice que respondía a una pregunta sencilla: ¿a cuántas opiniones realmente distintas equivale este conjunto de textos? Dieciséis textos idénticos valen una, y dieciséis sin nada en común, dieciséis. El estudio quedó registrado públicamente antes de generar un solo dato, y el código y los resultados son abiertos.
Menos de dos voces
El promedio fue de 1,69 opiniones distintas. Es decir, las respuestas de dieciséis modelos distintos equivalían a menos de dos opiniones. Esta cifra resulta más llamativa todavía si tenemos en cuenta que un solo modelo, leyendo el mismo caso dieciséis veces, ya produce por su cuenta el equivalente a 1,43 opiniones.
La explicación no es misteriosa ni compleja. Estos modelos compiten con ingredientes muy similares: se entrenan con textos que se solapan y se ajustan con objetivos parecidos. No decimos que todos sean igual de buenos ni que escriban lo mismo, sino que, aunque cada uno lo cuente a su manera, las conclusiones que sacan son las mismas.
El comité que no es comité
Esto importa porque ya funcionan sistemas construidos sobre esa idea. Microsoft presentó, en 2025, un orquestador diagnóstico que describe como un panel virtual de médicos con enfoques diversos, mientras que otros proveedores venden esa misma arquitectura como una plantilla lista para cualquier aplicación. No hemos evaluado esos productos, ni los hemos probado en tareas con una única respuesta correcta, cuya coincidencia puede medirse contra el acierto. Cuando no hay contestación acertada, la única garantía que ofrece el panel es que sus miembros piensen distinto. Y eso es lo que no ocurrió.
El Reglamento de Inteligencia Artificial europeo exige que, en los sistemas de alto riesgo, como los de salud, una persona supervise de verdad sus decisiones. Pero nadie puede revisar miles de decisiones a la hora, así que necesita una regla para saber cuándo mirar: la más natural es hacerlo si los modelos no se ponen de acuerdo.
Esa regla casi nunca se activa. No porque el sistema acierte, sino porque los modelos casi siempre coinciden. Y no lo hacen como expertos llegando por separado a la misma conclusión, sino como expertos formados en la misma escuela, con los mismos libros. La calma que transmiten al supervisor no está ganada.
Cuando la herramienta confirma en lugar de contrastar
Queda por saber cómo influyen las respuestas de ese coro de expertos cantando al unísono en la persona que las recibe. En 2025, la revista The Lancet Gastroenterology and Hepatology publicó el seguimiento de diecinueve endoscopistas veteranos que llevaban meses trabajando con ayuda de la IA. Cuando la apagaban, su tasa de detección de lesiones bajaba del 28,4 % al 22,4 %. La herramienta no les quitó el trabajo; les quitó la vigilancia.
Con la IA generativa, el patrón se repite. Una encuesta de Microsoft y la Universidad Carnegie Mellon a 300 profesionales encontró que, cuanto más confiaban en la herramienta, menos pensamiento crítico decían ejercer.
Nuestro resultado añade una razón más para preocuparse. Una segunda opinión es útil porque puede llevarnos la contraria, plantear retos y mantenernos activo mentalmente. Dieciséis opiniones que coinciden no llevan a la autocrítica, al pensamiento lateral, ni a la duda; solo confirman. Y quien solo recibe confirmación deja de ejercitar justo lo que pide el citado reglamento europeo: tener criterio para decir que no. De todos modos, lo hemos comprobado en un solo dominio –salud mental– y en español, lo cual obliga a tomar los resultados con prudencia.
Preguntar a muchos modelos solo sirve si alguno puede decir que no. Y cuando la segunda opinión es la primera repetida, lo que está en juego no es lo que saben las máquinas, sino lo que dejamos de saber nosotros. Los modelos seguirán peleando por llegar a ser distintos. Nosotros, mientras tanto, debemos pelear por seguir siéndolo.
Mario Vega Barbas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ramón Muñoz de Nova, Investigador en Teoría Cuántica Interdisciplinar, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Un copo de nieve repite su patrón en el espacio. Un cristal de tiempo hace lo mismo, pero en el tiempo.Wikimedia commons, CC BY
Todos conocemos, y usamos, los cristales espaciales, la sal común, por ejemplo, lo es. Si miramos la sal en su estructura atómica, veremos que los átomos no están distribuidos de forma homogénea, sino en un patrón geométrico rígido que se repite en el espacio. Esta estructura cristalina también se observa en los copos de nieve, los diamantes, los metales, etc.
Pero recordemos que Einstein y su Teoría de la Relatividad tratan de manera equitativa al espacio y al tiempo. Entonces, si existen cristales espaciales… ¿existirán cristales temporales?
De la teoría a la demostración
Fue en 2012 cuando el premio Nobel de física Frank Wilczek propuso el concepto revolucionario de cristal temporal. Estos corresponderían a una fase de la materia que se repetiría periódicamente en el tiempo, oscilando indefinidamente.
Un cristal temporal sería entonces algo parecido a un reloj que se mueve espontáneamente sin necesidad de darle cuerda: un sistema de partículas que, sin que alguien lo esté perturbando continuamente, desarrolla una oscilación autosostenida periódica en el tiempo. Técnicamente, en física se dice que se ha producido una ruptura espontánea de la simetría: un sistema que a priori se comportaría igual en todos los instantes del tiempo (una simetría continua) pasa a exhibir un comportamiento periódico, donde se manifiesta igual solo a intervalos fijos de tiempo (una simetría discreta).
Hay algo más: igual que un material cristalino tiende a mantener su estructura periódica aunque se intente deformarlo, un cristal de tiempo tiende a mantener su ritmo aunque este sea perturbado.
La idea seguía siendo demasiado atractiva como para abandonarla así como así. Además, como bien sabemos, hecha la ley, hecha la trampa: el teorema de imposibilidad demostraba que no podían existir cristales temporales en equilibrio. Pero, ¿y si considerásemos sistemas fuera del equilibrio?
Ha sido a través de esta rendija por dónde se ha colado todo el zoo de cristales temporales del cual disponemos hoy en día.
El primer ejemplo vino dado por los llamados cristales temporales discretos, en los que un sistema sometido a una pulsación periódica externa oscila también periódicamente, solo que con un período mayor al de la pulsación.
Esta respuesta subarmónica rompe la simetría temporal discreta que imponía la pulsación externa.
Posteriormente, se identificaron variantes como los cristales temporales pretérmicos, producidos en el régimen de calentamiento extremadamente lento propio de los sistemas pulsados periódicamente a alta frecuencia, o los cristales temporales disipativos, donde el sistema oscila periódicamente al acoplarse a otro externo con el que intercambia energía.
Otra posibilidad son los cristales temporales excitados, que parten de estados cuánticos iniciales con una energía muy alta que utilizan para oscilar periódicamente de manera espontánea.
Sensores y computación cuántica
Debido a su naturaleza única, los cristales temporales poseen un gran potencial para aplicaciones en tecnologías cuánticas. Una de las más obvias es como relojes, estables y robustos frente a perturbaciones externas y, aunque probablemente no tan precisos, potencialmente más fáciles de construir y transportar que los relojes atómicos.
Dicha robustez también promete aplicaciones dentro de la sensórica cuántica, la cual utiliza sistemas cuánticos para medir ciertas señales con una precisión y sensibilidad mayor que la alcanzable por sistemas clásicos.
En general, los cristales temporales representan un nuevo paradigma para la ingeniería cuántica; de hecho, una de las realizaciones más sonadas de un cristal temporal se produjo utilizando Sycamore, el procesador cuántico de Google.
Sin embargo, quizás la aplicación más interesante de los cristales temporales sea a nivel meramente conceptual, estimulando el estudio de la física fuera del equilibrio y de fenómenos temporales en general.
Todos estos cristales temporales, aunque no sean exactamente los estados de equilibrio que concibió Wilczek originalmente, ponen sobre la mesa una idea revolucionaria: el tiempo puede ser una nueva herramienta con la que se puede jugar para crear fases de la materia completamente novedosas, lejos del paradigma tradicional de los sistemas en equilibrio independientes del tiempo.
La naturaleza cuántica del tiempo
En particular, una línea de investigación especialmente fascinante es el estudio de la naturaleza cuántica del tiempo mismo utilizando cristales temporales, un problema fundamental que sigue abierto y que podría tener implicaciones muy profundas de cara a formular la ansiada Teoría del Todo.
La provocadora propuesta de Wilczek, aunque inicialmente errada, ha pasado en poco más de una década de ser una idea teórica exótica e imposible a una realidad experimental en el laboratorio, representando ya todo un campo de investigación por sí mismo que involucra multitud de sistemas físicos: desde átomos fríos a láseres ópticos, pasando por helio-3 líquido, diamantes o computadores cuánticos.
Y ahí seguirá la ciencia, esperando que una nueva equivocación nos guíe hacia cotas desconocidas.
Juan Ramón Muñoz de Nova no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Molina Rodríguez, Profesor e investigador en Psicobiología, Neurociencia cognitiva y neuropsicología, Universidad Miguel Hernández
Durante gran parte de su vida, el paciente número 5 fue un empresario de éxito. Nunca había pintado ni había mostrado un interés especial por el arte. Pero alrededor de los 56 años, algo empezó a cambiar. Los colores y los sonidos parecían cobrar una intensidad nueva e incluso, en ciertos momentos, sentía que su mente funcionaba de otra manera, que era más creativa. Fue entonces cuando comenzó a pintar.
Y no se trató de una afición pasajera, no. Con el paso de los años, sus pinturas se hicieron cada vez más precisas y detalladas. Podía pasar horas trabajando en una sola línea. Su habilidad siguió creciendo hasta el punto de que sus obras llegaron a ganar varios premios en exposiciones de arte.
Pero mientras aquel artista inesperado parecía despertar, otras capacidades comenzaban a apagarse. Su capacidad para comunicarse se deterioraba y su comportamiento social empezó a cambiar. Padecía una demencia frontotemporal, una enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente a los lóbulos frontales y temporales del cerebro. Quienes la padecen pueden perder el filtro social y decir cosas inapropiadas, repetir una misma conducta una y otra vez o tener cada vez más dificultades para encontrar las palabras y comunicarse.
La historia parece contradictoria. ¿Puede una demencia, paradójicamente, revelar al artista que permanecía oculto?
Un fenómeno excepcional, pero real
Por extraordinaria que parezca, esta historia no es un caso aislado. Durante las últimas décadas, se han descrito personas que, coincidiendo con el desarrollo de una enfermedad neurodegenerativa, comenzaron a pintar, dibujar, esculpir, componer música o realizar otras actividades creativas que hasta entonces apenas habían formado parte de sus vidas. Algunas de sus sorprendentes obras pueden verse aquí.
La cuestion es: ¿hasta qué punto es realmente frecuente este fenómeno? Un estudio publicado en JAMA Neurology en 2023 buscó la respuesta en 689 pacientes con demencia frontotemporal. Solo el 2,5 % desarrollaron nuevas capacidades artísticas. Se trata, por tanto, de un fenómeno infrecuente, aunque va más allá de que una simple anécdota clínica.
Meo / Pexels.
Perder para ganar: una paradoja del cerebro
¿Qué ocurre en el cerebro para que una capacidad artística aparezca justo cuando otras empiezan a desaparecer? Una primera pista podría estar en la pérdida de algunos de nuestros “frenos” cerebrales. La demencia frontotemporal puede alterar nuestra capacidad de inhibir y favorecer comportamientos repetitivos. Algunos pacientes pueden pasar horas pintando, repetir una misma obra o concentrarse extraordinariamente en pequeños detalles. Esta mayor dedicación y práctica podría contribuir, al menos en parte, al desarrollo de sus habilidades artísticas.
Pero podría estar ocurriendo algo más. Otra posible explicación tiene un nombre tan extraño como el fenómeno que intenta explicar: facilitación funcional paradójica. El cerebro no se comporta como una colección de piezas independientes, sino como una red de regiones que se comunican, se regulan y se influyen mutuamente.
La enfermedad, por tanto, no crearía un artista desde cero, sino que alteraría el equilibrio entre las redes, permitiendo que capacidades hasta entonces poco visibles adquirieran un mayor protagonismo. Pero esta ventana tiene fecha de caducidad: a medida que la neurodegeneración avanza y alcanza otras regiones cerebrales, la producción artística también acaba deteriorándose.
¿Y si pudiéramos liberar esas capacidades?
La idea de que algunas capacidades podrían permanecer ocultas o inaccesibles llevó a un grupo de investigadores a realizar un experimento sorprendente. Mediante estimulación magnética transcraneal, una técnica no invasiva que permite modificar temporalmente la actividad cerebral, redujeron la actividad de la región frontotemporal izquierda en voluntarios sanos. Algunos participantes cambiaron su manera de dibujar, sugiriendo que disminuir la influencia de ciertos procesos podría facilitar el acceso a detalles que normalmente nuestro cerebro filtra. Esto plantea una pregunta fascinante: ¿podríamos algún día acceder temporalmente a capacidades que permanecen fuera de nuestro alcance?
Imaginemos potenciar nuestras capacidades para un examen o entrevista de trabajo. Hoy estamos lejos de poder hacerlo, pero la posibilidad resulta tan seductora como inquietante.
Magnific. Magnific
Una ventana inesperada al cerebro
Estos casos excepcionales nos recuerdan que el cerebro no funciona como una suma de piezas independientes, cada una responsable de una capacidad concreta. Nuestras habilidades emergen de un delicado equilibrio entre redes que cooperan, compiten y se regulan entre sí. Cuando una enfermedad neurodegenerativa altera ese equilibrio, algunas funciones se pierden, pero también pueden cambiar la forma en que se expresan aquellas que permanecen preservadas.
Comprender estas paradojas no solo nos ayuda a entender mejor la demencia: nos ofrece una ventana privilegiada para descubrir cómo un cerebro sano construye algo tan complejo y profundamente humano como el arte.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel Flores Buils, Profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación, especializada en orientación educativa y desarrollo vocacional, Universitat Jaume I, Universitat Jaume I
Cuando empieza el curso, muchas familias vuelven a toparse con el mismo rompecabezas: fútbol, inglés, música, robótica, danza, refuerzo escolar… La oferta es enorme, pero el tiempo y el presupuesto son limitados. ¿Resultan realmente imprescindibles las actividades extraescolares? Y, si hemos de elegir, ¿qué conviene priorizar?
Las investigaciones las relacionan con beneficios académicos, sociales, emocionales y de salud, pero simplemente “hacer alguna extraescolar” no garantiza un mejor desarrollo. Quizá convenga pensarlas no como más escuela después de la escuela, sino como una oportunidad para ampliar experiencias: movimiento, juego, creatividad, intereses, relaciones, autonomía o, cuando sea necesario, apoyo académico.
En infantil: jugar, moverse y descubrir
En los primeros años, el juego, el movimiento, la exploración y la interacción también son formas de aprender. Si hay una actividad organizada, conviene que sea lúdica, flexible y adaptada al ritmo del niño.
Por otra parte, a estas edades, una actividad no necesita parecerse a una clase para ser educativa. Incluso la tecnología puede plantearse desde el juego: en un programa de robótica con niños y niñas de 4 y 5 años se observó cooperación, autorregulación, toma de decisiones y resolución compartida de problemas.
En primaria: explorar antes de especializarse
Durante la primaria, las extraescolares pueden funcionar como pequeños laboratorios de competencias. En un equipo deportivo, una coral, un grupo de teatro o un taller de ciencia también se aprende a cooperar, perseverar, gestionar la frustración y descubrir intereses.
Una síntesis reciente de revisiones de estudios en niños de 4 a 12 años muestra beneficios en el aprendizaje social y emocional. También destaca la importancia de la calidad del programa, el aprendizaje activo y las buenas relaciones con adultos e iguales.
Es, por tanto, un buen momento para explorar antes de especializarse: descubrir “qué me gusta”, “qué se me da bien” o “en qué disfruto esforzándome”.
En la adolescencia, la decisión debería incorporar cada vez más su propia voz. Continuar una actividad porque “siempre la ha hecho” tiene poco sentido si ya no encuentra interés, relaciones significativas o satisfacción en ella.
La implicación aumenta cuando los adolescentes pueden participar en la decisión y encuentran sentido en lo que hacen. También ayuda que se sientan competentes, parte del grupo y en un entorno seguro. Escucharlos no significa dejar toda la decisión en sus manos, sino incorporar sus intereses, preferencias y necesidades.
Si solo podemos elegir una: ¿académica o recreativa?
Cuando el presupuesto es limitado, quizá la pregunta no sea “¿qué actividad es mejor?”, sino “¿qué necesidad importante no está suficientemente cubierta?”.
Si hay una dificultad académica concreta, como problemas persistentes de lectura o matemáticas, un refuerzo bien dirigido puede ser adecuado: las tutorías muestran efectos positivos en el aprendizaje, especialmente cuando son frecuentes y las imparten docentes o personal de apoyo.
No existe un número mágico de extraescolares. Una hora más de actividad puede ser una hora menos de descanso, juego, tiempo con los amigos o tiempo libre. Añadir más actividades no implica necesariamente más beneficios cognitivos. Especialmente en secundaria, dedicarles demasiado tiempo puede incluso perjudicar otras habilidades personales y sociales. En un estudio con alumnado de secundaria, participar en un abanico más amplio de actividades se asoció con una mejor asistencia a clase, pero no con mejores puntuaciones en lengua o matemáticas.
Además, una buena actividad puede no encajar bien en la vida cotidiana: el cansancio, los horarios, el transporte u otras responsabilidades pueden convertirla en una carga. Más que contar actividades, conviene observar: ¿duerme lo suficiente?, ¿conserva tiempo libre?, ¿va con ganas?, ¿tiene espacio para estar con la familia y los amigos?, ¿o toda la semana se ha convertido en una carrera?
En definitiva, las extraescolares no son imprescindibles por sí mismas. Lo importante es que niños y adolescentes tengan oportunidades para moverse, relacionarse, descubrir intereses, descansar, sentirse competentes y recibir apoyo cuando lo necesiten. Quizá la mejor extraescolar sea la que aporta algo esencial que, en ese momento, falta.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Vicens Poveda, Doctora en Comunicación Audiovisual y docente en UDIT (Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología), UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología
Centro comercial en Lima, Perú, en el que se ve el anuncio de Sydney Sweeney para American Eagle en el que declara que tiene buenos ‘genes’ (que fonéticamente en inglés puede sonar a ‘jeans’, vaqueros).DJSully / Shutterstock.com
No cabe duda de que, en plena era de las redes sociales, la publicidad se cuela en cada rincón de nuestra vida, confundiéndose en ocasiones con contenido o entretenimiento. Por ello, muchos estudios tratan sus estereotipos y mensajes, y cómo estos afectan a nuestro comportamiento.
Tras años de narrativas body positive y estudios que hablan del auge de TCAs en adolescentes, cabría esperar una evolución hacia ejemplos más saludables y positivos para las jóvenes. En este sentido, la publicidad dirigida a adolescentes cobra especial interés, por tratarse de un púbico más influenciable. La de moda vaquera resulta especialmente interesante porque suele estar específicamente enfocada a esas edades, por lo que nos preguntamos si ha cambiado en algo la figura femenina en sus anuncios.
De ‘cowboys’ a adolescentes
Los jeans siempre se han ligado al american way of life y los cowboys. De ahí el nombre que en España damos a esta prenda: vaqueros. Las primeras publicidades mostraban su comodidad, siempre relacionada con el campo, el trabajo y la cultura americana, eminentemente masculina.
Sin embargo, a mediados del siglo XX Hollywood cambió las cosas. Las películas protagonizadas por jóvenes rebeldes e incomprendidos –como la propia Rebelde sin causa– comenzaron a tener éxito entre los adolescentes. En el estilismo de estos personajes predominaban los jeans y el cuero, lo que hizo a las marcas de moda vaquera darse cuenta de que tenían un nuevo público objetivo dispuesto a dejarse su dinero para parecerse a sus estrellas favoritas.
En el momento en el que todos podían ser potenciales clientes, la publicidad se alejó del mundo rural y trabajador para adentrarse en las ciudades y los consumidores jóvenes. Además, la mujer pasó a ser la protagonista y consumidora habitual. Pero ya no se publicitaba la comodidad de las prendas. De repente, que el pantalón “hiciese un buen culo” se transformó en algo esencial para elegir un buen vaquero.
En los 60, Wrangler Jeans cosió una letra W bordada a los bolsillos traseros, un elemento de branding que ayudó a promover el discurso sexual, centrando la mirada y la narrativa en las nalgas. Las campañas mostraban a las modelos de espaldas, invitando al espectador a prestar atención a su trasero mientras ellas hacían lo mismo. Efectivamente, la mujeres ocupaban los anuncios, pero la mirada masculina se convertía en el eje central y el cuerpo femenino solo era un objeto sexual para ensalzar la prenda.
También firmas como Jesus Jeans y Guess se valieron de la sexualidad para sus campañas más famosas, con frases polémicas o cuerpos semidesnudos para llamar la atención de los adolescentes.
La mujer y la polémica
Calvin Klein era una marca de moda poco conocida hasta que contrató a Brooke Shields en 1980. La campaña de sus vaqueros protagonizada por la actriz, que tenía 15 años, dio la vuelta al mundo y se convirtió en el emblema de la firma.
En aquel momento, la figura de Shields ya estaba fuertemente sexualizada. Había encarnado a una prostituta con tan solo 13 años en La pequeña y, el mismo año del rodaje del anuncio de Calvin Klein, estrenó El lago azul, que incluía varias escenas de desnudos y contenido sensual. Calvin Klein presentó a Shields como imagen de marca en una campaña que la erotizaba con varias posiciones controvertidas y comentarios subidos de tono. Especialmente polémico es el spoten el que asegura que nada se interpone entre ella y sus jeans, implicando que no lleva ropa interior mientras está sentada con las piernas abiertas. La campaña fue un éxito para la marca, que apeló al adolescente rebelde que veía en Shields un referente.
Desde entonces, CK mantiene ese tono sexual, irreverente y coqueto. Pero no es la única marca que sigue este estilo. Utilizar figuras famosas y controvertidas ha sido un constante en la publicidad de jeans. En 1993, Anna Nicole Smith, famosa conejita de Playboy y ganadora del premio Playmate, participó en una campaña para Guess en la que anunciaba vaqueros en entornos y posturas marcadamente sensuales.
Más turbia fue la campaña de Calvin Klein en 1995, en la que varios modelos de aspecto aniñado, entre los que se encontraba Kate Moss, parecían estar en un casting, grabados con una cámara casera, mientras una voz adulta y masculina les hacía preguntas y les intentaba dar órdenes. Tras acusaciones de pornografía infantil, la marca retiró la campaña.
No obstante, la sexualización de las menores y las mujeres sigue siendo un reclamo claro para este sector.
Recientemente, los anuncios de American Eagle protagonizados por Sydney Sweeney han utilizado todas estas estrategias para causar polémica. La actriz, declarando que tiene buenos genes (en un juego de palabras entre genes y jeans en inglés), se convirtió en objeto de admiración y crítica en una América polarizada en pleno apogeo de Trump. Paradójicamente, era un juego de palabras que ya Calvin Klein había utilizado en un spot de los 80 en la campaña de Brooke Shields.
De nuevo, el escándalo sirvió de excusa narrativa para situar a una celebridad en un entorno erótico.
La acción de abrocharse y desabrocharse el pantalón es una excusa narrativa repetida para mostrar el trasero, la ropa interior o los pechos de las modelos. No importa cuál sea la marca, en todos los anuncios analizados se repiten planos y patrones en los que las protagonistas se agarran o golpean las nalgas, se tapan el torso desnudo mientras lucen los vaqueros o simplemente se tumban en la cama mientras se suben lentamente la cremallera.
Así se ha visto en la última campaña de Calvin Klein con Sadie Sink, actriz de Stranger Things o La ballena. En ella vemos a la intérprete, que ha crecido ante nuestros ojos, vistiéndose, palpándose el culo, mojándose una camiseta que deja entrever que no lleva sujetador o bailando en una habitación con luz roja mientras se toca el cuerpo. Esta campaña podría servir, de hecho, para abrir de nuevo el debate de la sexualización como única vía de las mujeres para salir de sus roles infantiles.
El comentarista británico Michael Deacon dio gracias a Dios por esta campaña en una columna de opinión en The Telegraph. Sin embargo, a pesar de la celebración de Deacon y otros críticos sobre la vuelta a la sexualización y al arquetipo de la chica joven y delgada en los anuncios, después de mi estudio puedo afirmar que no ha vuelto nada. Y no lo ha hecho porque nunca se había ido.
Ana Vicens Poveda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – in French – By Changhong Cao, Canada Research Chair and Associate Professor, Mechanical Engineering, McGill University
Parmi les lauréats des prix Ig-Nobel 2026, on trouve une étude sur l’aérodynamique du mouchage de nez et une autre qui a démontré que les personnes des classes supérieures sont plus enclines à piquer des bonbons destinés aux enfants.(Unsplash/Zyanya Citlalli)
Nos recherches menées à l’Université McGill ont remporté le prix Ig Nobel 2026 en technologie pour avoir démontré qu’on peut utiliser des moustiques pour l’impression 3D haute résolution.
Notre étude a consisté à recycler des moustiques morts en extrayant soigneusement leur pièce buccale, ou « proboscis », pour la fixer ensuite à un système d’impression 3D.
Ils font office de buses de distribution de fluide dans un procédé que nous avons baptisé « nécro-impression 3D ». Nous pouvons les utiliser pour imprimer des structures très petites et précises, dont la production serait autrement particulièrement difficile et coûteuse.
Des prix pour rire
Les prix Ig Nobel récompensent des travaux de recherche menés partout dans le monde qui font d’abord rire, puis réfléchir.
Fondés par Marc Abrahams en 1991, ces prix ont pour mission de montrer que les recherches scientifiques issues des recoins les plus improbables de l’esprit humain peuvent engendrer des découvertes intéressantes.
Chaque année, environ 9 000 projets sont proposés et un prix est décerné dans chacune des dix catégories. Cette année, les catégories étaient les suivantes : biomécanique, économie, chimie, médecine, biologie, physique, technologie, olfaction, paix et science des sols.
Les prix sont généralement remis par des lauréats du prix Nobel lors d’une cérémonie de gala organisée à l’Université Harvard, au Massachusetts Institute of Technology (MIT) ou à l’Université de Boston. Cette année, rompant avec la tradition, les prix ont été remis à Zurich, en Suisse, sous les avions de papier lancés par le public.
Les moustiques sont naturels, bon marché et uniformes
Comment en sommes-nous venus à démanteler des cadavres de moustiques à des fins industrielles ? La réponse est simple : pourquoi se creuser la tête pour inventer et fabriquer quelque chose alors que Mère Nature nous offre une solution toute faite, perfectionnée au fil de millions de générations ?
La trompe du moustique est une microaiguille issue de l’évolution naturelle, dont la largeur correspond environ à la moitié de celle d’un cheveu humain. Du point de vue de la fabrication, produire des aiguilles aussi petites pour en faire des buses d’impression 3D représente un important défi. Les microbuses commerciales dont la taille est inférieure à 100 microns (un micron équivaut à 0,001 millimètre) coûtent environ 80 $ chacune.
Les aiguilles en verre, bien qu’elles puissent atteindre de tels diamètres, sont difficiles à fabriquer de manière uniforme et extrêmement fragiles.
Un autre problème lié aux buses conçues de manière traditionnelle est qu’elles sont fabriquées à partir de matériaux non organiques et non biodégradables. La trompe du maringouin, en revanche, est composée à 100 % de matière organique. Elle est également moins coûteuse et présente une taille constante.
D’autres tubes provenant d’insectes ou de plantes pourraient-ils convenir ? Peut-être. Nous n’avons exploré qu’une infime partie de ce que Mère Nature nous offre pour ce genre d’usage.
Une structure alvéolaire et une feuille d’érable imprimées en 3D
Pour mettre au point cette technologie de nécro-impression 3D, nous avons étudié en détail les différents éléments de la trompe du moustique.
Structure alvéolée imprimée en 3D à l’aide d’une buse à base de trompe de moustique. (Justin Puma)
Nous avons déterminé la pression maximale que la trompe de moustique peut supporter avant de céder et avons appris à ajuster correctement les paramètres d’impression et les pressions afin de fabriquer des éléments dont la taille peut atteindre un tiers du diamètre d’un cheveu humain.
Nous avons également imprimé quelques échantillons de divers éléments : une structure alvéolaire, un échafaudage intégrant des cellules (l’encre contient des cellules vivantes à des fins d’ingénierie tissulaire) et, bien sûr, une feuille d’érable canadienne.
Chacune de ces structures avait à peu près la taille d’un grain de sable.
Cette technologie d’impression 3D haute définition pourrait aussi servir à produire des pièces fonctionnelles de petite taille et très détaillées, telles que des puces microfluidiques pour les tests diagnostiques ou encore des prototypes miniatures de dispositifs biomédicaux ou de robotique molle.
Les origines de notre idée
Avec le recul, l’utilisation de la trompe de moustique s’avère être une solution tout à fait sensée pour la micro-impression 3D. Cette idée n’est toutefois pas le fruit d’un raisonnement logique découlant d’études antérieures.
Feuille d’érable imprimée en 3D à l’aide d’une buse à base de trompe de moustique. (Justin Puma)
Elle est issue d’un autre projet de notre groupe, baptisé « Skinbarrix », dans le cadre duquel nous élaborons une barrière cutanée destinée à prévenir les piqûres d’insectes.
Pendant que j’y travaillais et que je m’interrogeais sur les moyens de renforcer l’efficacité de la barrière cutanée contre les piqûres d’insectes, je me suis retrouvé entouré de moustiques. Au même moment, un étudiant parlait d’impression 3D.
C’est alors que m’est apparue l’idée d’utiliser des tubes organiques présents dans la nature, et plus particulièrement une trompe de moustique, pour créer des buses à l’échelle microscopique. Après des mois d’essais et d’erreurs, Justin, le héros de notre équipe, a finalement réussi à faire fonctionner le système.
La science peut être un jeu
Parmi les autres lauréats du prix Ig Nobel de cette année figurent une étude visant à établir une définition précise du baiser et une autre sur l’aérodynamique du mouchage du nez.
La 36ecérémonie annuelle des prix Ig Nobel à Zurich, en Suisse (2026).
Nos projets de recherche préférés commencent généralement par des questions qui peuvent sembler stupides ou inutiles, mais qui mènent à des études sérieuses avec un résultat épatant.
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Par exemple, dans une étude sur la mécanique de séparation des biscuits Oreo, des chercheurs ont découvert que la crème reste habituellement presque en totalité sur une des galettes, car l’interface entre la galette et la crème cède avant que la crème elle-même ne se sépare.
Chaque fois que nous lisons des travaux comme celui-ci, nous ne pouvons nous empêcher de penser : « Quel genre de personne, soucieuse du détail, remarque un problème aussi intéressant et a également la capacité de le résoudre avec une telle rigueur scientifique ? C’est incroyable ! »
Plus on lit ce genre de recherches, plus la créativité semble se développer naturellement. Sortir des sentiers battus devient alors moins un effort délibéré qu’une habitude.
Un autre rôle important des prix Ig Nobel est peut-être justement de nous rappeler que la science peut naître du jeu, de la curiosité et de questions qui ne s’arrêtent pas aux frontières conventionnelles.
Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.
Les élections législatives marocaines du 23 septembre 2026 ont placé le Parti authenticité et modernité (PAM, membre de la coalition gouvernementale sortante, avec le Rassemblement national des indépendants et l’Istiqlal) en tête, avec 97 sièges sur les 395 que compte la Chambre des représentants. La participation a toutefois fortement reculé par rapport aux dernières élections, à environ 38 % . Mustapha El Mnasfi, chercheur en sciences politiques, a étudié la participation citoyenne et les pratiques démocratiques au Maroc. Il analyse pour The Conversation Africa les enseignements de ce scrutin.
Que vous inspire la victoire du PAM avec 97 sièges ?
Ce résultat peut notamment s’expliquer par deux facteurs. Le premier est lié à la préparation de ces élections par le parti, notamment à sa capacité à coopter certains notables de son principal concurrent, le RNI.
Le deuxième est lié à l’adhésion au parti d’une personnalité technocrate très populaire dans le monde du football, Faouzi Lakjaa, président de la Fédération royale marocaine de football et ancien ministre délégué chargé du Budget.
L’adhésion de M. Lakjaa au PAM, accompagnée de la rumeur selon laquelle il pourrait être nommé chef du gouvernement, a encouragé une partie des députés, qualifiés de « notables », à rejoindre le parti. Ce ralliement des notables est une caractéristique de la culture politique marocaine qui peut être qualifiée d’« opportunisme politique ».
Certains candidats et grands élus développent l’idée que tel ou tel parti sera favori lors des élections et que le pouvoir central aidera le parti en question à décrocher la première place. Cela est dû, à mon avis, à l’absence d’une élite politique proche des citoyens et de leurs principales préoccupations.
Cette situation a permis au PAM de renforcer sa présence dans les circonscriptions électorales et de bénéficier du soutien d’un nombre important de notables, notamment dans les zones rurales et les quartiers populaires des grandes villes.
Comment expliquez-vous la forte baisse de la participation électorale ?
Cela peut s’expliquer par plusieurs facteurs, au premier rang desquels la crise de confiance envers les institutions de représentation. En effet, une grande partie des citoyens marocains a notamment conscience que les députés et les élus ne disposent pas de prérogatives suffisantes et que le pouvoir central, à travers le ministère de l’Intérieur, conserve une place centrale dans la capacité d’agir et dans la fabrication de la décision publique.
Dans ce contexte, les députés et les élus peuvent apparaître davantage comme des acteurs qui assistent les représentants du pouvoir central dans leur action. Cette perception contribue à créer une forme de distance entre les citoyens et les partis politiques.
Un autre point à soulever dans ce cadre est celui de la faible participation des jeunes. Selon les données officielles disponibles, le nombre de personnes inscrites sur les listes électorales ne dépasse pas 16 millions sur une population totale estimée à 38 millions, et les jeunes âgés de 18 à 24 ans n’en représentent qu’environ 4 %. Cela témoigne d’une faible inscription de cette catégorie d’âge dans le processus électoral, malgré les campagnes de sensibilisation menées par certains partis politiques et par les pouvoirs publics.
Les jeunes marocains peuvent également s’investir dans la politique en dehors des mécanismes électoraux traditionnels. Ils investissent davantage les plateformes numériques et les réseaux sociaux, où ils expriment leurs opinions, débattent et se mobilisent autour de différentes questions politiques et sociales.
On observe donc une forme de participation politique qui passe davantage par le numérique et les mobilisations ponctuelles que par les institutions politiques traditionnelles.
Il existe ainsi un décalage entre l’intérêt pour la politique et la participation aux mécanismes institutionnels, notamment électoraux et partisans.
Que révèle le retour du PJD, passé de 13 à 54 sièges, sur l’évolution de l’électorat marocain ?
Les résultats du Parti de la justice et du développement (PJD), lors de ces élections, peuvent s’expliquer notamment par sa capacité à mobiliser son électorat. Malgré les difficultés et les problèmes internes qu’il a connus après les élections de 2021, le PJD a pu s’appuyer sur son électorat traditionnel pour décrocher 54 sièges.
Le contexte socio-économique a également joué un rôle, en permettant au PJD de convaincre certains électeurs non partisans de voter en sa faveur. Dans ce sens, on peut parler d’un possible vote sanction contre le RNI.
Un dernier élément est également important pour expliquer les résultats du PJD : sa mobilisation contre la normalisation des relations entre le Maroc et Israël. Cette position lui a donné une certaine légitimité auprès d’électeurs opposés à cette normalisation, y compris parmi ceux qui se reconnaissent dans les partis de la Fédération de la gauche.
Ces résultats annoncent-ils, selon vous, une recomposition du paysage politique marocain ?
Étant donné que le nouveau gouvernement sera formé de partis politiques qualifiés de « proches du pouvoir central », nous allons assister à une continuité et à la poursuite de la même logique que celle de l’ancien gouvernement.
Autrement dit, nous aurons des ministres qui accompagneront l’État dans la mise en œuvre de sa vision stratégique à l’horizon 2030. Dans ce cadre, il faut souligner qu’il existe, d’une part, le programme des partis politiques, autrement dit celui du gouvernement, et, d’autre part, le programme de l’institution monarchique.
Certes, le gouvernement dispose d’une marge d’action, mais pas en ce qui concerne les grands chantiers. Par exemple, le chef du gouvernement peut nommer des personnes à de hautes fonctions administratives, mais sur la base des prérogatives royales et des orientations stratégiques fixées par le monarque.
Au Maroc, on distingue le Conseil des ministres, présidé par le monarque, et le Conseil du gouvernement, présidé par le chef du gouvernement. Le Conseil des ministres délibère notamment sur les orientations stratégiques de la politique de l’État, tandis que le Conseil du gouvernement délibère notamment sur les politiques publiques et assure la mise en œuvre du programme gouvernemental.
Cela explique que le programme des partis politiques et du gouvernement ne puisse pas dépasser celui de l’institution monarchique. Le gouvernement veille donc à la mise en œuvre du programme et des orientations de l’institution monarchique.
Mustapha El Mnasfi est consultant auprès du Centre Jacques Berque pour la recherche et de la Fondation Heinrich Böll.
Source: The Conversation – France in French (2) – By Alain Maillet, Chef de projet à MEDES dans le domaine des sciences de la vie et responsable de l’expérience Food Processor pour le Cadmos (Centre d’Aide au Développement des Activités en Micropesanteur et des Opérations Spatiales), Centre national d’études spatiales (CNES)
Une recette de saumon au citron, développée par le Cnes dans le cadre des _Special Event Meal_ (repas pour les événements à bord). Le plat a été placé sur une tortilla et assaisonné avec de la sauce piquante et de la crème à l’ail par un des astronautes de la mission.NASA, Fourni par l’auteur
L’ESSENTIEL
Le 12 avril 1961, Youri Gagarine devient le premier humain à orbiter autour de la Terre. Dans sa capsule Vostok, il ne dispose que de neuf produits alimentaires conditionnés en tubes : soupes, jus et purées.
Soixante ans plus tard, à bord de la Station spatiale internationale (ISS), les astronautes choisissent parmi plus de 300 recettes, allant du cocktail de crevettes lyophilisé aux repas événementiels français, en passant par d’occasionnels produits frais.
Cette évolution n’est pas anodine. Manger dans l’espace, c’est bien plus que se nourrir. C’est un acte de résistance physiologique face à la micropesanteur, un rempart psychologique contre l’isolement et un terrain d’innovation technologique pour les missions futures.
Pour les astronautes, l’alimentation est un des piliers de l’exploration humaine au-delà de notre planète. Comment concilier des contraintes extrêmes comme la microgravité, la durée des missions et la logistique avec une alimentation à la fois nutritive et plaisante ?
Entre science, ingénierie et art culinaire, l’alimentation spatiale a suivi une courbe aussi vertigineuse que les trajectoires des fusées qui la transportent.
Des tubes aux salades fraîches
Lors des premières missions, comme Vostok pour les Soviétiques (1961) ou Mercury (1961-1963) pour les Américains, l’objectif était alors de prouver que l’humain pouvait mâcher, avaler et digérer en micropesanteur, une capacité qui n’allait pas de soi pour les scientifiques de l’époque. Les craintes initiales (étouffement, régurgitation ou mauvaise digestion) se sont rapidement dissipées, mais au prix d’une expérience gustative peu engageante.
De fait, à cette époque, les astronautes rapportaient souvent ces aliments non consommés, et les tubes présentaient des limites majeures : un goût atténué, une texture peu naturelle et une logistique complexe, notamment pour doser les portions. Les cubes de beurre de cacahuète, utilisés pendant les missions Mercury et Gemini (1965-1966), en sont un exemple emblématique. Conçus pour éviter les miettes dans un environnement en micropesanteur, ils offraient une texture pâteuse et un manque de croquant.
Pourtant, ces premières tentatives ont ouvert la voie à des innovations majeures. Avec l’allongement progressif des missions, notamment à partir des programmes Salyut (1971-1991), Apollo (1968-1972), Skylab (1973-1974) et jusqu’à six mois pour Mir (1986-1999), les agences spatiales ont dû repenser l’alimentation.
Ainsi, les aliments déshydratés et lyophilisés – soupes, jus, café, mais aussi viandes et légumes – sont devenus la norme. Légers et faciles à réhydrater, ils permettent de diversifier les repas tout en respectant les contraintes de poids et de volume. Les recettes conditionnées en boîtes métalliques (conserves) et viandes en sachets souples sont traitées par ionisation (un procédé de conservation à froid par destruction des microorganismes) ont également permis d’offrir des plats plus variés, comme des morceaux de bœuf aux champignons ou des salades de fruits tropicaux.
Une avancée majeure, au moment des missions Apollo dans les années 1960 et 1970, a été la possibilité de réchauffer les aliments, d’abord avec de l’eau chaude pour le lyophilisé, puis les boîtes de conserve. Les repas sont devenus chauds et plus variés.
Aujourd’hui, à bord de l’ISS, les astronautes disposent de menus d’une variété impressionnante. Les aliments lyophilisés ou déshydratés, comme le curry de poulet aux noix de cajou, les œufs brouillés ou les lasagnes à la viande, se réhydratent en quelques minutes avec de l’eau à température ambiante ou chaude. Les aliments à faible teneur en eau, fruits secs, biscuits ou barres vitaminées, complètent ces repas. Les aliments frais, comme les fruits et quelques légumes, sont disponibles pendant quelques jours après l’arrivée des vaisseaux ravitailleurs.
La collaboration internationale joue un rôle clé dans cette diversité alimentaire. La Nasa et Roscosmos fournissent toujours chacun 50 % de la masse alimentaire envoyée à l’ISS.
Le Centre national d’études spatiales (Cnes) français propose, quant à lui, pour tous les astronautes des repas événementiels pour marquer des occasions spéciales, comme des anniversaires ou des fêtes, ou dans le cadre d’expériences scientifiques, à raison d’un ou deux repas par mois.
Les agences japonaises (JAXA) et européennes (ESA) fournissent également des recettes nationales lorsque leurs astronautes sont à bord, par exemple l’effiloché de bœuf à la vanille fumée et à l’ail noir, créé par la cheffe Anne-Sophie Pic, pour l’astronaute Sophie Adenot de la mission Epsilon.
Les trois piliers de l’alimentation spatiale
L’alimentation dans l’espace ne se limite pas à combler des estomacs. Elle repose sur trois enjeux majeurs : la santé, la psychologie et la logistique.
Chaque astronaute consomme en moyenne près de 2 500 à 3 000 calories par jour, un apport similaire aux recommandations terrestres de l’Organisation mondiale de la santé (OMS), mais adapté à leur métabolisme et à leur niveau d’activité physique. En effet, malgré les deux heures et demie d’exercice quotidien obligatoire (tapis roulant, vélo, ergomètre ou dispositif de musculation), leurs muscles, notamment ceux du dos et des membres inférieurs, ne sont que peu sollicités le reste du temps.
Pour compenser, les équipes médicales veillent à ce que leur alimentation soit suffisamment riche en protéines, en calcium et en vitamine D, afin de lutter contre la perte osseuse et musculaire induite par la micropesanteur.
D’un point de vue psychologique, les repas jouent un rôle crucial. Dans l’espace, où chaque journée est rythmée par des tâches individuelles, expériences scientifiques, maintenance de la station, entraînement physique ou suivi médical, les repas, et notamment ceux du soir ou de la fin de semaine, sont des moments privilégiés de convivialité. Ces moments de sociabilité nous semblent essentiels pour maintenir le moral et la cohésion d’équipe, surtout lors des missions de longue durée.
Enfin, la logistique représente un défi de taille. Chaque kilogramme envoyé dans l’espace a un coût non négligeable et l’espace de stockage est limité. Les aliments doivent donc être légers, compacts et stables sur de longues périodes.
Vers l’autosuffisance : cultiver et recycler dans l’espace
Pour les missions de très longue durée, comme celles envisagées vers la Lune ou Mars, une meilleure autonomie alimentaire devient indispensable. Plusieurs pistes sont actuellement explorées pour y parvenir, dont le projet MELiSSA, développé par l’Agence spatiale européenne (ESA) – un système en boucle fermée pour recycler le dioxyde de carbone, l’eau et les déchets organiques afin de produire de l’oxygène et permettre de la culture végétale – ou ceux menés par le projet Spaceship FR sur l’optimisation de la pousse végétale.
Enfin, les systèmes de recyclage des ressources, comme MELiSSA ou ceux étudiés par le Spaceship FR, visent à recycler 100 % des déchets organiques (urine, dioxyde de carbone, plantes non comestibles) pour faciliter la pousse de végétaux.
À bord de la Station spatiale internationale, des expériences de culture végétale ont déjà été menées avec succès. Les astronautes ont pu cultiver et consommer des salades, et des tests sont en cours pour d’autres plantes comme des tomates ou des piments. Ces cultures ne se contentent pas d’apporter des vitamines fraîches, essentielles à la santé des équipages, elles ont aussi un effet psychologique positif.
Jardiner et récolter ses propres aliments améliore le moral et offre une activité gratifiante dans un environnement par ailleurs très contrôlé. La validation à terme de ces projets pourrait permettre aux astronautes de cultiver leurs propres aliments, réduisant ainsi leur dépendance aux ravitaillements terrestres.
La santé des astronautes est également une préoccupation majeure. En micropesanteur, les astronautes subissent une perte osseuse de 1 à 2 % par mois et une atrophie musculaire pouvant atteindre 20 % de leur masse musculaire. Pour contrer ces effets, leur alimentation devra être riche en protéines (entre 1,2 et 1,6 gramme par kilogramme de poids corporel et par jour), en vitamine D et en calcium. Les aliments riches en antioxydants, comme les fruits et légumes frais, joueront également un rôle clé dans le maintien de leur système immunitaire.
Roxane Coiffet, nutritionniste à MEDES, un groupement d’intérêt économique ayant pour membres le Cnes, le CHU de Toulouse, l’Université Paul-Sabatier à Toulouse, l’Université de Clermont-Ferrand, l’Université de Bordeaux, le CH d’Angers et les universités de Caen et de Montpellier.
Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 2 au 12 octobre 2026), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Saveurs savantes ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.
Alain Maillet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Source: The Conversation – France in French (3) – By Marie Fruiquière, Associate professor, Ecole Nationale supérieure d’architecture et de paysage de Bordeaux (ENSAP Bordeaux); Université de Strasbourg
Que deviennent nos corps après notre décès ? Dans des sociétés où la mort est de plus en plus invisibilisée, comment ont évolué nos rites ? Demain, à quoi ressembleront les cimetières ? L’enterrement ou l’incinération seront-ils remplacés par d’autres méthodes ? Comment le numérique transformera-t-il nos pratiques funéraires ?
Pour répondre à ces questions et à bien d’autres, nous vous proposons une série de six articles sur le thème « Le corps après la mort », rédigés par des experts et illustrés par le dessinateur Vito.
Ce premier épisode est consacré aux cimetières. Ces lieux dévolus au repos éternel ne sont pas immuables et doivent parfois être déplacés. Mais « translater » un cimetière n’est pas une mince affaire…
L’ESSENTIEL
Les conséquences du dérèglement climatique pourraient engendrer l’augmentation du nombre de déplacements de cimetières dans les prochaines décennies.
Les « translations » de cimetières sont des chantiers complexe, qui peuvent s’étaler sur de très nombreuses années.
Les projets de déménagement de cimetières sont sensibles, notamment parce qu’ils redéfinissent le rapport des familles à leurs défunts et à la sépulture.
Au-delà de leur apparente permanence, les cimetières sont des espaces en mouvement. Relativement récent dans sa forme actuelle, le cimetière a, par le passé, été amené à déménager à plusieurs reprises.
Des nécropoles romaines aux cimetières paroissiaux en passant par les cimetières contemporains, ces chantiers de « translation de cimetières » ont notamment accompagné les grandes évolutions sociétales sur les pratiques funéraires.
Ces scénarios de translations de cimetières n’appartiennent pas seulement au passé, mais constituent une actualité bien présente au regard des défis environnementaux, interrogeant parallèlement les enjeux relatifs à la création de nouveaux cimetières.
Quelles leçons retenir du passé ?
D’un point de vue historique dans le contexte français, les premières migrations de sépultures sont liées au développement du christianisme, lequel a conduit au rapprochement des sépultures vers les lieux sacrés. Mais au 16e siècle, le fonctionnement des cimetières paroissiaux s’est complexifié dans les milieux urbains, en raison du manque de place et des problématiques sanitaires liées à l’accumulation des corps en décomposition.
En plus d’interdire les inhumations dans les églises, la déclaration royale du 10 mars 1776 ordonne alors l’agrandissement ou le transfert des cimetières pouvant nuire à la salubrité de l’air. En 1780, la fermeture du cimetière parisien des Innocents, suite à l’effondrement de son charnier, marque l’un des déménagements de cimetière les plus célèbres. Ce déplacement a en effet non seulement engendré la création des catacombes, mais aussi celle des grands cimetières parisiens (aujourd’hui intramuros) comme le Père-Lachaise.
Plus récemment, d’autres facteurs ont pu conduire à la translation de tout ou partie de cimetières. Citons, par exemple, la création de barrages hydroélectriques dans les années 1960-1970, qui a conduit à la reconstruction de villages entiers, comme à Bord-les-Orgues et Naussac, ou encore les projets d’infrastructures de transport, tels que celui qui a mené au déplacement, en 2010, de l’ancien cimetière de l’hôpital psychiatrique de Navarre, à Évreux (connu sous l’appellation « cimetière des fous »), situé sur le tracé d’un contournement autoroutier.
À l’avenir, des déménagements de cimetières dus au changement climatique ?
Dans une vision davantage prospective, ce sont les conséquences du dérèglement climatique qui pourraient engendrer l’augmentation du nombre de translations de cimetières dans les prochaines décennies.
Les exemples internationaux accréditent cette hypothèse. Ainsi, en 2014, le cimetière d’Oso, dans l’État de Washington, aux États-Unis, a dû être relocalisé temporairement sur un terrain moins instable, en raison d’un glissement de terrain massif. En Angleterre, à Happisburg, c’est l’érosion qui menace le cimetière, établi à flanc de falaise.
En France, il existe déjà des situations critiques, comme à Jugon-les-Lacs, en Bretagne, non loin de Dinan, où le conseil municipal, après de premières délibérations en 1986 et 1991, a confirmé en juillet 2022 la décision de fermer le cimetière autour de l’église, car il se situe en zone inondable. Sur le littoral, la submersion marine projetée montre que les villes côtières, dont certaines sont très urbanisées, pourraient également voir leurs cimetières engloutis, comme à Dunkerque ou Saint-Malo. Non moins sensibles, les régions de montagne connaissent leurs propres risques, comme à La Bérarde, ensevelie par une lave torrentielle liée à la fonte des glaciers en juin 2024.
À Jugon-les-Lacs, le déplacement du cimetière de l’église, situé en zone inondable et photographié ici en 2011, a été acté. Pymouss / Wikimedia Commons, CC BY
Bien que la question des cimetières soit encore peu abordée dans ces scénarios, et à défaut de stratégies d’évitement, d’atténuation ou de résolution des enjeux climatiques, de tels évènements imposent aujourd’hui pour certains d’envisager leurs translations au risque, en cas d’inaction, de les voir disparaître sous les flots et la boue.
Mais comment procède-t-on pour déménager un cimetière ?
Ouvrir un cimetière pour en fermer un autre
Toute translation est avant tout conditionnée à l’ouverture d’un nouveau cimetière, ou au fait qu’un cimetière existant dispose de suffisamment de place pour accueillir l’ensemble des restes mortels du cimetière à déménager.
Dans le cas d’une ouverture, les dispositions réglementaires du Code général des collectivités territoriales donnent des indications sur la surface du cimetière et ses capacités d’inhumations : nombre présumé des défunts, taille des sépultures et des entre-tombes, etc. Elles posent également un cadre en termes de localisation (terrains les plus élevés exposés au nord, profondeur de la nappe phréatique, etc.) et d’aménagements, tels que la mise en place d’un ossuaire dans l’enceinte du cimetière pour accueillir les restes mortels exhumés.
À l’échelle du territoire, les documents d’urbanisme comme le plan local d’urbanisme (PLU) renseignent des contraintes supplémentaires, comme l’existence d’orientations d’aménagements et de programmation qui définissent les stratégies d’aménagements du territoire en fonction des besoins, notamment l’identification, la quantification et la spatialisation du besoin en logements, ou l’identification d’une zone à enjeux pour la création de zones d’activités, etc. De manière semblable, les trames environnementales, à l’instar de la trame verte et bleue, constituent des réseaux de continuités et de réservoirs écologiques où les aménagements sont souvent limités pour éviter la fragmentation des milieux naturels.
Ces conditions s’avèrent parfois difficiles à concilier dans les milieux urbains, où le foncier se raréfie et se morcelle et où les quelques terrains disponibles sont rarement attribués de manière prioritaire aux espaces funéraires.
La création du nouveau cimetière fait par ailleurs l’objet d’une procédure complexe et chronophage, avant que puissent enfin être réalisées les premières (ré-)inhumations : processus délibératifs communaux (voire intercommunaux), transactions foncières, obtention des autorisations d’urbanisme nécessaires, diagnostics préopérationnels (hydrogéologique, écologique, archéologique, etc.), études ou enquêtes publiques sont autant d’étapes préalables avant le démarrage des travaux.
Enfin, dès lors que le nouveau cimetière est livré, la translation en elle-même peut débuter.
Fermeture, affermage, vente : comment s’effectue un déménagement de cimetière ?
Le cimetière étant un équipement public, le pouvoir de décision d’une translation revient généralement au conseil municipal (sauf si la compétence funéraire a été reprise par un Établissement public de coopération intercommunale tel qu’une métropole). Une fois la décision de translation arrêtée, le processus de déménagement s’opère en trois phases juridiquement qualifiées.
Lorsque la translation d’un cimetière a été actée, l’attribution de nouvelles sépultures n’y est plus possible. Des inhumations peuvent cependant encore être réalisées dans les caveaux existants s’il y reste des places disponibles (sauf si le terrain du cimetière à fermer est reconnu d’utilité publique – à l’image des infrastructures énergétiques ou de transport par le passé).
En dehors de ces éventuelles inhumations, le cimetière doit rester en l’état et sans usage durant les cinq années qui suivent la délibération, en écho au délai de rotation minimal durant lequel les dépouilles ne peuvent être exhumées qu’à la demande de l’autorité judiciaire ou de la famille. Ainsi, la commune ne peut d’office procéder à des transferts de restes mortels.
Durant ce délai, les familles ont la possibilité de demander l’exhumation de leurs défunts pour qu’ils soient réinhumés gracieusement dans le nouveau cimetière, sur un emplacement égal en superficie à la concession initiale. L’exhumation se fait aux frais de la commune, mais cette dernière peut exiger que les familles titulaires de la concession prennent en charge la dépose, la repose ou la démolition du monument, ainsi que les éventuelles dépenses de pompes funèbres.
La deuxième phase débute une fois ces cinq ans passés. La commune peut alors procéder d’office aux exhumations et transferts de restes mortels encore présents. Les tombes non déménagées par les concessionnaires et ayants droit ont théoriquement vocation à être transférées avec le bénéfice de la concession, si cette dernière n’est pas arrivée à échéance. Néanmoins, à défaut de demande, la pratique consiste souvent dans le regroupement des restes dans un ossuaire.
Une fois les exhumations finalisées, le cimetière peut faire l’objet d’un déclassement du domaine public permettant de « louer » le terrain désaffecté à un tiers, à condition qu’il ne fasse l’objet d’aucune fouille ou fondation pour des constructions jusqu’à ce que les conditions de la troisième phase ne soient réunies.
La dernière étape est celle de l’aliénation du cimetière, autrement dit de la cession de la propriété du terrain. Cette aliénation ne peut avoir lieu qu’après cinq ans d’affermage et dix ans après la dernière inhumation. La commune peut alors, si elle le souhaite, vendre le terrain du cimetière.
Au final, il est difficile d’estimer la durée moyenne d’une translation tant les variables sont nombreuses : raison et urgence de la translation, nombre de sépultures à transférer, durée du projet de conception et construction du nouveau cimetière, le cas échéant, comprenant les éventuelles acquisitions, les études, les travaux et tous les aléas d’un chantier, etc. Bref, à défaut de pouvoir donner un temps moyen, nous pouvons ici rappeler qu’à Jugons-les-Lacs, le projet de translation du cimetière a débuté il y a déjà 40 ans.
Des chantiers complexes
En raison non seulement de la logistique, mais aussi du poids financier qu’ils représentent, les chantiers de déménagement de cimetières restent à ce jour relativement rares. L’orchestration d’un tel chantier soulève en effet des questions organisationnelles complexes pour les communes.
Au-delà des temporalités longues, ces opérations impliquent un suivi assidu. Celui-ci doit être poursuivi malgré d’éventuels changement au sein du personnel municipal, et quelle que soit la succession des agendas politiques ou autres évènements dépassant les conditions d’exercice de l’institution publique locale.
En outre, ces déménagements nécessitant souvent la création d’un nouveau cimetière, ils impliquent des enjeux fonciers et environnementaux qui peuvent rajouter une complexité supplémentaire.
De ce fait, historiquement, ces opérations de transferts n’ont pas toujours été menées, comme en témoigne la présence récurrente de cimetières au pied de certaines églises. Cependant, les enjeux climatiques pourraient contraindre dans les prochaines années les décideurs à devoir considérer l’éventualité de translations contemporaines.
Une redéfinition des rapports aux défunts et aux sépultures
La translation d’un cimetière est un chantier à deux visages. D’un côté, elle peut constituer un levier de transformation des espaces et pratiques funéraires. Ouvrir un nouveau cimetière permet de faire évoluer sa gestion technique et administrative et son aménagement, en proposant par exemple des sépultures alternatives ou en y laissant davantage de place pour les natures.
De l’autre côté, la fermeture de l’ancien cimetière peut entraîner la perte d’un patrimoine funéraire ou des contradictions avec les logiques de limitation de l’artificialisation des sols ou d’optimisation des ressources (financières, foncières, naturelles, etc.).
Pour terminer, soulignons que les translations de cimetière redéfinissent le rapport des familles à leurs défunts et à la sépulture.
Les recherches qui se sont penchées sur la question des déplacements de villages ont révélé la sensibilité de « l’objet cimetière ». Celui-ci cristallise l’ancrage à un territoire, et son déménagement peut parfois être garant du bon déroulé du déplacement des populations, au-delà du relogement des vivants.
Les exemples du passé peuvent nous aider à appréhender certains écueils, qu’il s’agisse de la désorganisation des exhumations ou du mauvais phasage pour l’ouverture du nouveau cimetière. Ils permettent aussi de clarifier certaines procédures sur le plan juridique, notamment la publicité autour des exhumations, ou le statut des restes mortels exhumés d’une concession active par la commune.
Enfin, en fonction de leur éloignement, l’emplacement des nouveaux cimetières peut venir questionner la mise à distance de la mort, voire son invisibilisation.
Derrière le travail d’anticipation du déménagement se joue donc aussi la construction des récits pour (et par) ceux qui restent. L’enjeu est qu’ils puissent eux aussi, à côté des institutions territoriales et étatiques, être acteurs de ces grands changements, qui pourraient prendre place dans un monde incertain.
Remerciements :
– Les planches de la bande dessinée ont été réalisées par Victor Locuratolo (@Vito) ;
– Le scénario a été coécrit par Victor Locuratolo et Damien Charabidzé, l’initiateur de cette série d’articles ;
– Cette publication a été rendue possible grâce à un financement de l’Union du Pôle Funéraire Public (UPFP), structure réunissant les acteurs publics du funéraire afin de défendre et promouvoir leurs services, tout en garantissant un accompagnement digne, éthique et accessible à tous les citoyens. Elle a également bénéficié d’un financement de la Direction Culture de l’Université de Lille, dans le cadre de son soutien aux projets de recherche et de diffusion associant arts et sciences.
Marie Fruiquière est membre de la Ville et Eurométropole de Strasbourg et participe à ce titre à l’Union du Pôle Funéraire Public. Ses recherches ont précédemment bénéficié de financements de l’Association Nationale de la Recherche et de la Technologie, de la Ville et Eurométropole et de la Fondation Palladio. Aucun de ces acteurs n’a participé à la rédaction ou à la relecture de cet article ni ne tire profit de cet article.
Damien Charabidzé ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.