La IA reduce drásticamente los riesgos de la extubación en pacientes con ventilación artificial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Fernando Giraldo-Cadavid, Profesor Titular de Medicina, Universidad de La Sabana

sfam_photo/Shutterstock

Aliento es respiración y respiración es vida. Si respiramos, vivimos. Pero cuando esa función vital falla –por un trauma, una infección, una inflamación pulmonar grave o un daño neurológico–, el cuerpo deja de recibir el oxígeno que necesita y de eliminar el dióxido de carbono. En esos casos, conectar al paciente a un ventilador mecánico que le suministre oxígeno y elimine el dióxido de carbono a través de un tubo no es una opción: es una necesidad para mantenerlo con vida.

Irónicamente, más allá del proceso de intubar, uno de los grandes desafíos médicos consiste en retirar esos dispositivos en el momento correcto para que el proceso de inhalar y exhalar vuelva a su curso natural.

Decirlo es simple, pero en la práctica se presentan fallos en esa predicción. De hecho, se estima que un 20 % de los pacientes extubados tienen que ser reintubados, lo que aumenta el riesgo de traumatismos en la vía aérea y la introducción de microorganismos susceptibles de generar infecciones.

Retirar o no retirar el tubo, he aquí el dilema

Decidir si retirar o no un tubo no es asunto para tomar a la ligera. Varios factores deben tenerse en cuenta para hacerlo de una manera responsable, como la capacidad para toser adecuadamente, necesaria para limpiar las vías respiratorias de secreciones (medición objetiva de la tos), o una correcta función del diafragma, que permita inhalar bien el aire (velocidad de contracción diafragmática).

En definitiva, cada paciente que es conectado a un ventilador debe cumplir con unas condiciones específicas. Hay que revisar su oxigenación, observar cuánto puede movilizar su volumen respiratorio y fijarse en el estado de su metabolismo para que no haya una alteración que debilite los músculos. Cuando ya se le va disminuyendo el soporte del ventilador y el paciente mejora en todos esos aspectos, llega el momento de hacer una prueba de respiración espontánea, desconectando el ventilador. Si pasa esa prueba, el tubo es retirado.

El problema es que, en muchas ocasiones, tanta información puede ser abrumadora y abocar a un retiro fallido. Por eso, varios investigadores hemos desarrollado un modelo de inteligencia artificial que asiste a los médicos en estos procedimientos. En el estudio analizamos la capacidad predictiva de cinco métodos, dos no supervisados y tres supervisados. Más adelante veremos en qué se diferencian.

Los modelos de IA que fueron explorados

Utilizando los datos obtenidos del ensayo de respiración espontánea, la medición objetiva de la tos y la velocidad de contracción diafragmática, pudimos determinar la efectividad en la predicción de esos modelos. Para ello, recurrimos a 367 pacientes de cuatro unidades de cuidados intensivos en Bogotá (Colombia).

En los modelos no supervisados se utilizan los datos de todos los pacientes, tanto de aquellos que tuvieron éxito en la extubación como de quienes no lo lograron. Sin embargo, esta información sobre el resultado no es proporcionada al sistema. Posteriormente, se le solicita al software identificar por sí mismo las características que podrían predecir si el procedimiento de extubación será exitoso o fallido.

Esta primera aproximación se hace con el fin de identificar algún patrón desconocido. No obstante, la precisión del diagnóstico fue más alta cuando el sistema de inteligencia artificial fue supervisado, es decir, cuando se le indicó a la máquina cuáles pacientes experimentaron un proceso exitoso y cuáles no. En particular, fueron los árboles de decisiones los que ofrecieron un mejor rendimiento, seguidos de las redes neuronales.

Los árboles de decisiones son un sistema de aprendizaje automático donde el computador, a través de múltiples pruebas, de forma muy rápida y a partir de preguntas cerradas que constan de respuestas positivas o negativas, asigna paulatinamente a cada respuesta un valor, hasta llegar a la predicción definitiva. Por su parte, las redes neuronales procesan los datos, aprenden patrones complejos y van asociando características que permiten obtener una mayor capacidad de predicción.

Para llevar a cabo este proceso, fue necesario separar aleatoriamente el grupo de pacientes en dos, uno con el que se entrenaba el modelo y otro donde se realizaba la validación. Así obtuvimos una predicción correcta de extubación exitosa de un 95 %; es decir, se redujo la posibilidad de error del 20 % al 5 %.

Por ahora, este trabajo debe complementarse con el desarrollo de una aplicación que permita validar los modelos predictores desarrollados en otros grupos de pacientes. Si dicha validación arroja resultados similares a los encontrados en nuestra investigación, esta app ayudará a decidir en las unidades de cuidados intensivos cuándo retirar el tubo con éxito para que los pacientes vuelvan a tener aliento, respirar y vivir.

The Conversation

Luis Fernando Giraldo-Cadavid no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La IA reduce drásticamente los riesgos de la extubación en pacientes con ventilación artificial – https://theconversation.com/la-ia-reduce-drasticamente-los-riesgos-de-la-extubacion-en-pacientes-con-ventilacion-artificial-261325

Incendios en España: ¿por qué ahora? ¿Por qué allí?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emilio Chuvieco Salinero, Catedrático de Geografía, Universidad de Alcalá

Incendio en El Bierzo, León (España), en agosto de 2025. Nuria PhotoStock/Shutterstock

Una ola de graves incendios lleva ya varias semanas afectando a diferentes regiones de España y concentrando, como es natural, la atención de la ciudadanía, los medios de comunicación, los expertos y la esfera política. Son muchos los que buscan los porqués de la intensidad y voracidad del fuego, que ha arrasado más de 400 000 hectáreas.

Lo que está ocurriendo este año es absolutamente excepcional: en apenas quince días del mes de agosto se ha quemado más que todo lo quemado en cinco años (2019, 2020, 2021, 2023 y 2024; el 2022 fue también bastante severo, con casi 300 000 ha). Hay que remontarse hasta fines del pasado siglo para ver años donde se superaran las 400 000 hectareas (1978, 1985, 1989 y 1994), obviamente con muchos menos medios y conocimiento del problema que ahora.

Los incendios han ocupado la mayor parte de mis esfuerzos profesionales en los últimos 40 años, sobre todo en el ámbito de la detección de condiciones de riesgo y efectos del fuego por teledetección. Y desde ese conocimiento, y con los datos en la mano, trataré de analizar en este artículo por qué los incendios han sido tan graves este verano y por qué se han producido sobre todo en ciertas zonas de España, como Galicia, Extremadura y Castilla y León.

¿Por qué ahora?

Algunas de las explicaciones que se han dado hasta ahora tienen que ver con los pirómanos. Pero ¿dónde se esconden esos pirómanos el resto del año? ¿Por qué aparecen algunos años, como el actual, y no en otros? Por ejemplo, en todo el 2024 se quemaron 42 600 ha, apenas el 10% de lo que se ha quemado en lo que llevamos de año.

Otros argumentos tienen que ver con el abandono de la ganadería tradicional, la legislación coercitiva sobre gestión forestal, el escaso aprovechamiento económico de los montes y la falta de medios, entre otros. Factores que, sin duda, han influido en la incidencia del fuego.

A estos factores estructurales hay que añadirle los meteorológicos: estamos en un año excepcional, con una abundante precipitación primaveral (por tanto, con alta productividad vegetal), un año de junio anómalamente caluroso y seco, un julio seco pero no muy caluroso y un agosto marcado por continuas y extremas olas de calor.

Falta cultura del riesgo

Pero tampoco podemos olvidar un factor estructural fundamental: la cultura del riesgo. Vivimos en un planeta que alberga fenómenos naturales catastróficos para el ser humano, que ha lidiado con ellos según su sabiduría y técnica mejoraba, casi siempre a base de reducir la vulnerabilidad, esto es, de desarrollar la capacidad de resistir al evento y recuperarse del mismo.

Para determinar el riesgo de incendio, como en cualquier otro riesgo, debemos de tener en cuenta tres elementos: peligro, exposición y vulnerabilidad. En pocas palabras, el peligro indica la probabilidad de que algo se queme; la exposición, la cercanía a las personas y bienes susceptibles de quemarse, y la vulnerabilidad, la capacidad de que el evento cause más o menos daños.

¿Tenemos cultura del riesgo en España? ¿Cuántas danas, apagones, erupciones volcánicas e incendios extremos necesitamos para que los niños lo estudien en los colegios, para que los municipios tengan planes de prevención, para que las autoridades con competencias en protección civil, tanto en el ámbito nacional como autonómico, se coordinen?

El pasado marzo presentamos en mi universidad los resultados de un proyecto sobre riesgo de incendio (FirEUrisk) en el que han participado 36 grupos de investigación de 17 países, con una financiación global de algo más de 10 millones de euros. Desde el inicio del proyecto hemos estado en contacto con gestores y administraciones, intentando contar con su apoyo y buscando transferir los resultados que se iban obteniendo al mundo operativo.

En la reunión final, invitamos a los responsables de la extinción y gestión de incendios, tanto autonómicos como nacionales, incluyendo a la directora general de protección civil. Únicamente asistieron responsables técnicos. Ningún gestor de los que toman decisiones y controlan la inversión que se hace en prevención de incendios, con la excepción de los mandos de la Unidad Militar de Emergencias.

Ahora estamos intentando implantar un módulo sobre estimación de la humedad de la vegetación para mejorar el indicador meteorológico de peligro de incendios que publica la Agencia Estatal de Meteorología. Los técnicos de la Agencia están muy interesados, pero no hay presupuesto. Me pregunto cuánto cuesta un día de extinción de los 20 incendios que han estado activos y cuándo nos convenceremos de que la inversión en prevención a la larga, cuando está bien orientada, siempre compensa.

¿Por qué allí?

Termino con las última preguntas: ¿por qué la mayor parte de las 400 000 hectáreas quemadas se sitúan en una región concreta delimitada por las provincias de León, Orense y Zamora, en la región occidental de España, donde también pueden situarse Cáceres y Ávila (las otras dos provincias más quemadas este verano)? ¿No es cierto que todos los argumentos estructurales que hemos citado arriba (despoblación, legislación, abundancia de combustible, falta de medios de extinción, etc.) afectan exactamente igual a la España oriental (Cuenca, Soria, Albacete, Teruel, Zaragoza, interior de Valencia, Castellón o Alicante) donde apenas ha habido incendios?

Aquí necesitamos analizar la distribución geográfica de los factores de riesgo. En concreto, vamos a fijarnos en el impacto diferencial de la humedad de la vegetación, ya que a menor humedad de la vegetación (mayor sequía) mayor es el riesgo de incendios.

El CSIC calcula para la AEMET un índice estandarizado de sequía (SPEI, por sus siglas inglesas) que tiene en cuenta el déficit de precipitación en un área concreta, la temperatura y la demanda de agua por parte de la atmósfera. Así, cuanto más negativo es el valor, más severa es la sequía meteorológica.

Veamos los mapas de índices estandarizados de sequía correspondientes a la última semana de julio y la última semana de agosto de este año para ver el cambio en la humedad de la vegetación entre ambos periodos, y también el mapa de las zonas más afectadas por los incendios.

Mapa de España con colores que marcan los índices de sequía
Índices de sequía correspondientes a la segunda semana de julio de 2025, calculados por el CSIC, a partir de la temperatura, precipitación y la demanda de agua por parte de la atmósfera.
CSIC
Mapa de España con colores que marcan los índices de sequía
Índices de sequía correspondientes a la segunda semana de agosto de 2025, calculados por el CSIC, a partir de la temperatura, precipitación y la demanda de agua por parte de la atmósfera.
CSIC
Mapa del noroeste de la península ibérica donde se indica la situación y área de los principales incendios de agosto de 2025
Mapa de áreas quemadas en lo que llevamos de agosto.
Copernicus/CE

¿Ven alguna relación entre el mapa de sequía de la segunda semana de agosto y las áreas quemadas en esa semana? Podrán observar que se concentran en las mismas áreas. Si extraemos algunas series temporales del índice de sequía, la comparación resulta todavía más evidente: en la zona próxima a Ponferrada, donde se han registrado dos de los más grandes incendios de este verano, el índice de sequía de la segunda quincena de agosto es el más bajo desde que hay datos (1960).

En base a estos datos, quizás tengamos que mejorar los indicadores actuales de riesgo de incendio y tener en cuenta otros factores que muestren no sólo la meteorología sino el estado de los combustibles, como la humedad de la vegetación.

La alerta temprana es parte de la prevención, y cuando los medios son escasos resulta imprescindible aprovechar toda la información sustancial que tengamos disponible. Así, la gestión será más eficiente y reduciremos nuestra vulnerabilidad, al optimizar los medios disponibles a cuándo y dónde el riesgo es más alto.

The Conversation

Emilio Chuvieco Salinero ha sido coordinador científico del proyecto FirEURisk financiado por el programa H2020 de la Unión Europea, orientado a la determinación holística del riesgo de incendios forestales en Europa.

ref. Incendios en España: ¿por qué ahora? ¿Por qué allí? – https://theconversation.com/incendios-en-espana-por-que-ahora-por-que-alli-263835

Por qué el ocio es importante para alcanzar una buena vida, según Aristóteles

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ross Channing Reed, Lecturer in Philosophy, Missouri University of Science and Technology

Lo que hacemos en nuestro tiempo libre dice mucho sobre lo que nos hace felices. Halfpoint Images/Moment via Getty Images

En su impactante libro La sociedad del cansancio, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han sostiene que, en la actualidad, alcanzar el éxito se ha convertido en una obligación. Han denominado a esto una “sociedad del rendimiento”, en la que debemos convertirnos en “emprendedores”, promocionándonos y vendiéndonos a nosotros mismos. Como consecuencia, no hay tiempo libre.

En una sociedad así, incluso el ocio corre el riesgo de convertirse en otro tipo de trabajo. En lugar de proporcionar descanso y sentido, suele ser competitivo, performativo y agotador.

Quienes sienten la presión de promocionarse a sí mismos, por ejemplo, pueden pasar su tiempo libre publicando fotos de una carrera o de unas vacaciones lujosas en las redes sociales
para que las vean sus familiares, amigos y posibles empleadores, lo que aumenta el agotamiento y el desgaste.

Un hombre corriendo al aire libre por un camino pavimentado rodeado de palmeras y edificios.
El ejercicio debe realizarse con moderación para alcanzar los objetivos de salud.
AzmanL/E+ via Getty images

Como filósofo y consejero filosófico, estudio las conexiones entre el ocio poco saludable y el agotamiento. He descubierto que la filosofía puede ayudarnos a sortear algunos de los escollos en una sociedad orientada al rendimiento. El célebre filósofo griego Aristóteles, que vivió entre el 384 y el 322 a. e. c., en particular, ofrece importantes reflexiones.

Sobre el desarrollo personal

Aristóteles comienza Ética a Nicómaco señalando que todos buscamos la felicidad. Sin embargo, afirma que a menudo nos confunde cómo alcanzarla.

Él creía que el placer, la riqueza, el honor y el poder no nos hacen felices en última instancia. La verdadera felicidad, decía, requiere un desarrollo ético personal: “El bien humano resulta ser la actividad del alma de acuerdo con la virtud”.

En otras palabras, si queremos ser felices debemos tomar decisiones razonadas para desarrollar hábitos que, con el tiempo, se conviertan en rasgos de carácter como el coraje, la templanza, la generosidad y la veracidad.

Aristóteles vincula explícitamente la buena vida con convertirse en un tipo determinado de persona. No hay atajos para el desarrollo ético personal. Se necesita tiempo, tiempo libre, tiempo que no se dedique a ningún tipo de autopromoción empresarial.

Aristóteles también habla del poder de nuestras decisiones. Los hábitos, argumenta, no se refieren solo a la acción, sino también a los motivos y al carácter. Nuestras acciones, dice, cambian nuestros deseos. Aristóteles afirma: “Al abstenernos de los placeres, nos volvemos templados, y cuando lo somos es cuando somos más capaces de abstenernos de ellos”.

En otras palabras, los buenos hábitos son el resultado de avanzar gradualmente en la dirección correcta a través de la práctica. Y estos buenos hábitos conducen al desarrollo ético personal. Para Aristóteles, además, es esencial tener buenos amigos y mentores que guíen y apoyen el desarrollo moral.

Comprender el ocio

En una sociedad orientada a los logros, a menudo estamos condicionados a responder a presiones externas para promocionarnos a nosotros mismos y buscar la felicidad en el placer, la riqueza, el honor y el poder. Esto puede desviar el desarrollo ético necesario para alcanzar la verdadera felicidad.

El verdadero ocio, aquel que no está ligado a la necesidad de alcanzar algo, es el tiempo que podemos dedicar a reflexionar sobre nuestras prioridades reales, cultivar amistades, pensar por nosotros mismos y dar un paso atrás para decidir qué tipo de vida queremos vivir.

La palabra griega eudaimonia, que a menudo se traduce simplemente como “felicidad”, es el término que Aristóteles utiliza para describir la prosperidad y el florecimiento humanos. Según la filósofa Jane Hurly, él considera “el ocio esencial para la prosperidad humana”. De hecho, “tanto para Platón como para Aristóteles, el ocio… es un requisito previo para alcanzar la forma más elevada de la prosperidad humana, la eudaimonia”, como sostiene el filósofo Thanassis Samaras.

Aunque nuestros medios para adquirir placer, riqueza, honor y poder sean limitados, Aristóteles nos dice que tenemos control sobre la variable más importante de la buena vida: qué tipo de persona queremos ser. El ocio es crucial porque es el tiempo en el que decidimos qué hábitos desarrollaremos y quiénes llegaremos a ser. ¿Capitularemos ante la sociedad del éxito? ¿O utilizaremos nuestro tiempo libre para desarrollarnos como individuos?

Cuando el ocio se centra en la autopromoción, es difícil que se produzca el desarrollo moral. El tiempo libre que no está secuestrado por la necesidad imperiosa de alcanzar logros es necesario para desarrollar una relación coherente con uno mismo, lo que yo denomino una relación de autosolidaridad, un tipo de autoconciencia reflexiva necesaria para apuntar al objetivo correcto y tomar decisiones morales. Sin esa relación, la buena vida seguirá siendo esquiva.

El ocio reinventado

En lugar de adoptar la formulación de la sociedad del éxito, tal vez podamos crear nuestra propia visión. Sin esta, corremos el riesgo de caer en malos hábitos que nos alejen de un sano desarrollo moral.

Aristóteles deja claro que tenemos el poder de cambiar no solo nuestros comportamientos, sino también nuestros deseos y carácter. Este autodesarrollo es una parte necesaria de la buena vida, una vida de ‘eudaimonia’.

Las decisiones que tomamos en nuestro tiempo libre pueden acercarnos a ella. O pueden alejarnos y llevarnos al agotamiento.

The Conversation

Ross Channing Reed no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué el ocio es importante para alcanzar una buena vida, según Aristóteles – https://theconversation.com/por-que-el-ocio-es-importante-para-alcanzar-una-buena-vida-segun-aristoteles-262891

Sean Feucht au Québec : la décision d’annuler ses concerts est contre-productive

Source: The Conversation – in French – By Frédéric Dejean, Professeur en sciences des religions, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Le chanteur évangélique et pro-Trump Sean Feucht a fait irruption dans l’actualité québécoise cet été. Un concert annulé, une amende, et une polémique : l’affaire relance le débat sur la liberté religieuse.

Sean Feucht, chanteur évangélique américain et fervent soutien de Donald Trump, est aussi connu pour ses prises de position controversées contre la communauté LGBTQ+ et le droit à l’avortement, souvent exprimées sur ses réseaux sociaux. Jusqu’à récemment inconnu du grand public québécois, il a gagné en notoriété cet été après l’annulation de dernière minute de son concert prévu à Québec le 25 juillet, dans la foulée de la controverse.

La Ville de Montréal a emboîté le pas en interdisant à son tour la tenue d’un spectacle allant « à l’encontre des valeurs d’inclusion, de solidarité et de respect prônées à Montréal », a dit la porte-parole de l’administration de Valérie Plante.

Qu’à ce la ne tienne, une église évangélique de Montréal a quand même organisé un événement avec Feucht, déclenchant une manifestation réunissant partisans et opposants. Feucht a largement relayé ces controverses sur ses réseaux sociaux, dénonçant une atteinte à la liberté religieuse. L’église s’est quand à elle vue infliger une amende de 2500 $ par la Ville de Montréal, car elle ne détenait pas de permis pour organiser un tel événement.

Cochercheur au sein de la Chaire de recherche France-Québec sur les enjeux contemporains de la liberté d’expression, je poursuis actuellement une enquête sur le prosélytisme évangélique dans les transports en commun et l’espace public montréalais. J’ai développé dans ce cadre la notion d’« effet Sainte Blandine », en référence à cette esclave chrétienne de la ville de Lyon (Lugdunum à l’époque), qui a été martyrisée en juillet 177 et qui, dans la tradition catholique, constitue un symbole de résistance face aux persécutions.

L’historiographie du christianisme primitif a montré que les persécutions n’ont pas du tout eu pour effet de freiner la diffusion du christianisme. Au contraire, les martyrs sont devenus des modèles vénérés capables de susciter la ferveur religieuse.

L’« effet Sainte Blandine » : la foi renforcée dans l’adversité

Par l’expression d’« effet Sainte Blandine » je désigne des situations où la marginalisation sociale des personnes croyantes renforce leurs convictions et affermit en elles la certitude de la justesse de leur cause.

Prenons un exemple : lors d’une séquence d’observation d’une personne qui évangélisait à une station de métro de Montréal, j’ai eu l’occasion d’entendre des propos assez virulents de la part d’usagers qui interrompaient le prêche par des propos injurieux. Discutant avec elle de ces moments de tension, je lui ai demandé si de telles réactions pouvaient la conduire à cesser d’évangéliser. Elle m’a simplement répondu que ceux qui réagissaient de la sorte étaient « conduits par le diable » et qu’il était donc d’autant plus nécessaire de continuer.

Ce petit exemple fait écho à l’ouvrage classique en psychologie sociale L’échec d’une prophétie, ouvrage dans lequel Leon Festinger montrait comment l’individu surmonte la situation d’échec par un travail de rationalisation.

C’est bien le même « effet Sainte Blandine » à l’œuvre lors de la controverse autour de Sean Feucht qui affirmait sur son compte Instagram en date du 23 juillet :

Je n’ai pas ressenti un tel niveau de résistance depuis un bon moment, pas depuis 2020. […] C’est toujours le même stratagème du diable. Il veut que le peuple de Dieu se taise, reste chez lui, remette son masque et garde le silence.




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La pandémie comme catalyseur de notoriété et de discours

La référence à la pandémie de Covid-19 n’est pas fortuite. C’est en effet à cette occasion que Sean Feucht a vu croître sa notoriété, plus précisément quand il a initié le mouvement « #LetUsWorship » qui se voulait une réponse aux restrictions sur les rassemblements pour des raisons sanitaires. Il a déployé alors une rhétorique victimaire assez classique, mais très efficace : la liberté religieuse aurait été injustement confisquée par des responsables politiques qui instrumentaliseraient l’urgence sanitaire à des fins idéologiques.

Les événements de cet été ont donné lieu à une exploitation assez similaire de la part de Feucht puisque dans une vidéo sur Instagram en date du 25 juillet, il évoquait également la liberté religieuse bafouée par les élus du Québec : « Mais cette liberté est en ce moment même menacée au Canada », écrivait-il aussi.

Loin de se résigner, il invitait les chrétiens à se mobiliser (« We need to take a stand in this nation ») de trois façons : par la prière, par la signature d’une pétition et par la participation au concert de Montréal. Cet appel a été relayé et amplifié par des responsables chrétiens québécois.

Ainsi, Emmanuel Ouellet, un jeune pasteur montréalais qui s’est fait connaître l’an dernier par l’organisation de l’évènement « Revival Montreal », a publié sur Instagram une vidéo dans laquelle il affirmait :

la guerre est ouverte, il n’y a plus aucun doute, il est temps pour les chrétiens de sortir la tête du sable […] J’invite tous les chrétiens à se joindre à nous afin d’invoquer la puissance du Saint Esprit afin que Dieu se révèle à nos élus.

Un récit de persécution chrétienne au Québec

Pour bien comprendre le sens donné à cet événement par un certain nombre de chrétiens évangéliques, il est indispensable de le replacer dans un récit plus large qui se développe au Québec, au moins depuis la pandémie, selon lequel la liberté religieuse, en particulier celle des personnes chrétiennes, serait systématiquement attaquée. Par exemple, les Églises montréalaises Good News Chapel ou Nouvelles Création avaient résisté aux mesures sanitaires liées à la Covid-19.

Plus récemment, cette perception d’hostilité s’est exprimée dans l’émission Le Panel proposée par la chaîne chrétienne Théovox, où l’animateur dénonçait « une culture d’annulation ou antichrétienne » et des gestes perçus comme des tentatives d’effacement de la foi dans l’espace public. Il évoquait notamment deux cas : la résiliation, fin 2024, d’un contrat de location entre la Commission scolaire de Montréal et l’Église évangélique La Chapelle, qui y tenait des cultes, ou encore l’annulation au printemps 2023 d’un événement anti-avortement, jugé incompatible avec les valeurs d’égalité par le gouvernement.


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Pour ces raisons « l’Église » (terme utilisé dans le monde évangélique pour désigner les personnes chrétiennes) doit sortir de sa réserve et faire entendre sa voix dans le débat public.

Analysée à travers la lunette de l’« effet Sainte Blandine », la controverse entourant la venue de Sean Feucht montre comment certaines décisions politiques peuvent, paradoxalement, renforcer la mobilisation qu’elles cherchent à freiner.

Alors qu’il s’agissait de dénoncer des valeurs négatives portées par Feucht, ce dernier a non seulement adroitement réactivé une rhétorique ayant fait ses preuves en endossant le rôle de victime, mais a en plus fourni des éléments qui alimentent le récit d’un Québec en guerre contre le christianisme.

La Conversation Canada

Frédéric Dejean a reçu des financements du FRQSC

ref. Sean Feucht au Québec : la décision d’annuler ses concerts est contre-productive – https://theconversation.com/sean-feucht-au-quebec-la-decision-dannuler-ses-concerts-est-contre-productive-263389

Hurricane Katrina: 3 painful lessons for emergency management are increasingly important 20 years later

Source: The Conversation – USA (2) – By Eric Kevin Stern, Professor of Political Science, Department of Emergency Management and Homeland Security, University at Albany, State University of New York

National Guard trucks carry rescued residents through floodwaters to the Superdome on Aug. 30, 2005, a day after Hurricane Katrina hit in New Orleans. AP Photo/Eric Gay

Hurricane Katrina looms large in the history of American emergency management, both for what went wrong as the disaster unfolded and for the policy changes it triggered.

As the nation looks back on the disaster 20 years later, I believe as a crisis and emergency management specialist that it is more important than ever to remember Katrina’s lessons to avoid repeating past mistakes.

When Katrina hit New Orleans on Aug. 29, 2005, its storm surge broke through levees protecting the city. Water quickly poured into low-lying neighborhoods, flooding houses up to their rooftops and inundating an estimated 80% of the city. People who could not evacuate before the storm and were lucky enough to escape to their roofs were stranded for days in some cases.

Once the water had receded and the death toll counted, it became clear that nearly 1,400 people had died as a result of this devastating storm. The hurricane did more than $100 billion in damage, equivalent to about US$170 billion today when adjusted for inflation.

A helicopter hovers above a rooftop with people on it.
Helicopters rescue stranded residents from rooftops on Sept. 1, 2005, three days after the hurricane.
AP Photo/David J. Phillip

While there were many unsung heroes during Katrina, the tragic missteps and missed opportunities at all levels of government emergency management are what no emergency manager ever wants to repeat. The response failed in many areas, from broken communications among federal, state and local agencies to the reported horrors in the Superdome as 16,000 evacuees faced failed generators, poor security, dwindling supplies and overflowing toilets.

Three lessons from Katrina stand out today as the Trump administration talks about dismantling the Federal Emergency Management Agency and putting more responsibility for disaster management on local and state agencies.

1. Emergency response is only as strong as the weakest links

FEMA took the brunt of the criticism after Hurricane Katrina. However, serious analyses of what went wrong recognize that good disaster response requires effective governance at all levels.

Before FEMA could spend significant money to deploy people and aid, the state of Louisiana had to request a presidential disaster declaration. However, tensions between the state and federal governments reportedly delayed President George W. Bush’s approval, according to a Senate committee report assessing the response. The committee also found that New Orleans Mayor Ray Nagin’s decision to first issue a voluntary evacuation and not issue a mandatory order until a day before the storm cost precious time.

A police officer points at someone while talking to people on a  downtown street.
New Orleans Police Superintendent Eddie Compass tells people in front of the New Orleans Convention Center on Sept. 2, 2005, that they will get food and water. A heavily armed military convoy arrived in hurricane-devastated New Orleans that day, four days after the hurricane, with urgently needed supplies.
Robert Sullivan/AFP via Getty Images

Once the storm hit, communication and coordination fell apart.

Vehicles badly needed for the disaster response were damaged by the storm. Problems with communication systems and a breakdown in situation reporting from local law enforcement and rescue services left state and federal government decision-makers flying blind, without up-to-date reports of conditions on the ground. Media reports of a “war zone” in New Orleans exaggerated the extent of public disorder and threats to responders. That further delayed the arrival of federal military and National Guard assistance – and hindered some local efforts – because it required additional precautions for coping with a hostile security environment.

As challenging as the information environment was during Hurricane Katrina, it is more difficult now. Social media, hyper-partisanship and deliberate misinformation attempts complicate emergency response and recovery efforts.

If the federal government now proposes to push more responsibility for disaster relief to the state and local levels, emergency managers at those levels will be taking on highly complex disasters in a potentially toxic information environment with less support.

States, counties and cities vary greatly in their readiness to shoulder this responsibility.

2. Leave no one behind

An enduring image of Hurricane Katrina was the plight of residents who lacked transportation and took shelter at the New Orleans Superdome, where conditions quickly deteriorated.

Another was the harrowing tales of gravely ill patients and exhausted medical staff stranded at Memorial Medical Center for five days without power as temperatures rose and the lower floors flooded.

A man carries a smaller man from a boat to dry land while people wait in the boat behind him on a flooded city street.
A volunteer who used his boat to rescue several residents from a flooded east side New Orleans neighborhood carries a man who could not walk to safety on Aug. 31, 2005, two days after the storm.
AP Photo/Eric Gay

These extreme predicaments and the deaths of people trapped in flooding homes in the Lower Ninth Ward were powerful reminders of the vulnerability of many low-income, elderly and ill residents who were unable to get out ahead of the disaster.

A few years after Katrina, Obama administration FEMA Administrator Craig Fugate and his team placed a new focus on forging a “whole community” emergency management strategy. It is designed to include marginalized populations in emergency planning and ensure that those who aren’t able to evacuate due to disability or financial limitations are not forgotten during disasters.

Government guidance now states that emergency mass care shelters be in buildings that people who have trouble walking can navigate easily. Emergency information is typically distributed in multiple languages, accessible for people with impaired hearing or vision, and written in ways adapted to the cultures and circumstances of minority groups.

Three older women in portable chairs look for arriving transportation. Many more people crowd the curb around them.
Hurricane Katrina victims wait for transportation at the convention center in New Orleans on Sept. 1, 2005.
AP Photo/Eric Gay

However, many of these advances are in jeopardy today as the Trump administration seeks to eliminate initiatives that might be considered DEI – diversity, equity and inclusion. The misery and death caused by Hurricane Katrina should serve as vivid reminders of why many existing emergency management programs emphasize the needs of socially vulnerable populations.

3. Professional emergency management is essential

The face of the federal government’s shortcomings in responding to Hurricane Katrina was then-FEMA Administrator Michael Brown. Initially, he was publicly praised by President Bush, who declared: “Brownie, you’re doing a heck of a job!”

But Brown was not a professional emergency manager. His prior on-the-job experience in the role did not prove sufficient in this extreme situation. As the problems with the response to Katrina became increasingly evident, Brown proved unable to provide effective leadership in the crisis and was forced out.

A man in party rolled up shirt sleeves points to a map while President George W. Bush stands listening nearby with his arms crossed.
FEMA Administrator Michael Brown, center, updates President George W. Bush, left, on the aftermath of Hurricane Katrina on Sept. 2, 2005.
Jim Watson/AFP via Getty Images

Part of the legislative legacy of Katrina is the Post-Katrina Emergency Management Reform Act of 2006. It requires that FEMA chief administrators have extensive knowledge of emergency management and substantial relevant executive leadership experience. All of the subsequent confirmed heads of FEMA were once state emergency management directors or had been in charge of emergency management in major cities.

However, those requirements do not always apply to acting administrators. In his second term, President Donald Trump has had two acting FEMA administrators – Cameron Hamilton and David Richardson. Both lacked prior experience managing major disasters on a statewide or comparable basis. Hamilton was abruptly fired after suggesting to Congress that FEMA should not be eliminated. Richardson’s leadership was quickly tested during the Texas flash flood tragedy on July 4, 2025, that killed more than 135 people.

The shortcomings of the response to Hurricane Katrina also led to wider adoption of the National Incident Management System, which helps all levels of government, nongovernmental organizations and the private sector work together in an emergency.

If more responsibility for emergency management devolves to states in the future, they will need to cultivate the ability to coordinate and collaborate effectively to respond to disasters.

Looking ahead

Leaders and organizations such as FEMA have learned from crises such as Hurricane Katrina.

However, political priorities come and go, staff turns over, and generations pass the torch to their successors. Leaders and organizations can forget critical lessons from the past.

As efforts to reform – and possibly rebalance – the U.S. emergency management system continue during the Trump administration, it is essential to remember and heed the costly lessons of Hurricane Katrina.

The Conversation

Eric Stern has recently received funding from DHS Science and Technology for an extreme weather informatics project and from NOAA for work on extreme heat events. He has lectured at the National Emergency Management Executive Academy and many similar programs around the country and the world.

ref. Hurricane Katrina: 3 painful lessons for emergency management are increasingly important 20 years later – https://theconversation.com/hurricane-katrina-3-painful-lessons-for-emergency-management-are-increasingly-important-20-years-later-260907

The rise of humanlike chatbots detracts from developing AI for the human good

Source: The Conversation – Canada – By Mark Daley, Professor & Chief AI Officer, Western University

Grok is a generative artificial intelligence (genAI) chatbot by xAI that, according to Elon Musk, is “the smartest AI in the world.” Grok’s latest upgrade is Ani, a porn-enabled anime girlfriend, recently joined by a boyfriend informed by Twilight and 50 Shades of Grey.

This summer, both xAI and OpenAI launched updated versions of their chatbots. Each touted improved performance, but more notably, new personalities. xAI introduced Ani; OpenAI rolled out a colder-by-default GPT-5 with four personas to replace its unfailingly sycophantic GPT-4o model.

Similar to claims made by Google DeepMind and Anthropic, both companies insist they’re building AI to “benefit all humanity” and “advance human comprehension.” Anthropic claims, at least rhetorically, to be doing so responsibly. But their design choices suggest otherwise.

Instead of equipping every person with an AI assistant — a research collaborator with PhD-level intelligence — some of today’s leaders have released anthropomorphized AI systems that operate first as friends, lovers and therapists.




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As researchers and experts in AI policy and impact, we argue that what’s being sold as scientific infrastructure increasingly resembles science fiction gone awry. These chatbots are engineered not as tools for discovery, but as companions designed to foster para-social, non-reciprocal bonds.

Human/non-human

The core problem is anthropomorphism: the projection of human traits onto non-human entities. As cognitive scientist Pascal Boyer explains, our minds are tuned to interpret even minimal cues in social terms. What once aided our ancestors’ survival now fuels AI companies by capturing the minds of their users.

a hand holding a smartphone showing ChatGPT on the screen
AI companies claim to work towards equipping every person with an AI-assistant.
(Matheus Bertelli/Pexels), CC BY

When machines speak, gesture or simulate emotion, they trigger those same evolved instincts such that, instead of recognizing it as a machine, users perceive it like a human.

Nonetheless, AI companies have pushed on, building systems that exploit these biases. The justification is that this makes interaction feel seamless and intuitive. However, the consequences that result can render anthropomorphic design deceptive and dishonest.

Consequences of anthropomorphic design

In its mildest form, anthropomorphic design prompts users to respond as if there were another human on the other side of the exchange, and can be as simple as saying “thank you.”

The stakes grow higher when anthropomorphism leads users to believe the system is conscious: that it feels pain, reciprocates affection or understands their problems. Although new research reveals that it’s possible the criteria for consciousness may be met in the future, false attributions of consciousness and emotion have led to some extreme outcomes, such as leading users to marry their AI companions.

However, anthropomorphic design does not always inspire love. For others it has led to self-harm or harming others after forming unhealthy attachments.

Some users even behave as though AI could be humiliated or manipulated, lashing out abusively as if it were a human target. Recognizing this, Anthropic, the first company to hire an AI welfare expert, has given its Claude models the unusual capacity to end such conversations.

Across this spectrum, anthropomorphic design pulls users away from leveraging AI’s true capabilities, forcing us to confront the urgent question of whether anthropomorphism constitutes a design flaw — or more critically, a crisis.

De-anthropomorphizing AI

The obvious solution seems to be stripping AI systems of their humanity. American philosopher and cognitive scientist Daniel Dennett argued that this may be humanity’s only hope. But such a solution is far from simple because the anthropomorphization of these systems has already led users to form deep emotional attachments.

When OpenAI replaced GPT-4o with GPT-5 as the default in ChatGPT, some users expressed genuine distress and genuinely mourned the loss of 4o. However, what they mourned was the loss of its prior speech patterns and the way it used language.

a bust with the top half showing a paper saying loading
A public installation in Paris by the artist Rero.
(Mathias Reding/Unsplash), CC BY

This is what makes anthropomorphism such a problematic design model. As a result of the impressive language abilities of these systems, users attribute mentality to them — and their engineered personas exploit this further.

Instead of seeing the machine for what it is — impressively competent but not human — users read into its speech patterns. While AI pioneer Geoffrey Hinton warns that these systems may be dangerously competent, something much more insidious seems to result from the fact these systems are anthropomorphized.




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Flaw in the design

AI companies are increasingly catering to people’s AI companion desires, whether sexbot or therapist.

Anthropomorphism is what makes these systems dangerous today because humans have intentionally built them to mimic us and exploit our instincts. If AI consciousness proves impossible, these design choices will be the cause of human suffering.

But in a hypothetical world in which AI does attain consciousness, our choice to force it into a human-shaped mind — for our own convenience and entertainment, replicated across the world’s data centres — may invent an entirely new kind, and scale, of suffering.




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The real danger of anthropomorphic AI isn’t some near or distant future where machines take over. The danger is here, now, and hiding in the illusion that these systems are like us.

This is not the model that will “benefit all humanity” (as OpenAI promises) or “help us understand the universe” (as xAI’s Elon Musk claims). For the sake of social and scientific good, we must resist anthropomorphic design and begin the work of de-anthropomorphizing AI.

The Conversation

Mark Daley receives funding from NSERC, SSHRC and Schmidt Initiative for Long Covid.

Carson Johnston is supported in part by funding from the Social Sciences and Humanities Research Council.

ref. The rise of humanlike chatbots detracts from developing AI for the human good – https://theconversation.com/the-rise-of-humanlike-chatbots-detracts-from-developing-ai-for-the-human-good-261787

New age-gating laws aimed at making the internet safer actually threaten free speech

Source: The Conversation – Canada – By Neil McArthur, Director, Centre for Professional and Applied Ethics, University of Manitoba

The United Kingdom recently launched a broad system of age verification that requires any platforms that host pornography or other “harmful” content to ensure their users are 18 or older.

Around the world, large swathes of the open web are being replaced by walled gardens. In June, the U.S. Supreme Court upheld the constitutionality of Texas’s age restriction law. Twenty-one other states have similar laws in place, and more have been proposed.

Australia restricts young people’s access not just to specific websites, but to all social media, and it will soon extend this to search engines.




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In Canada, Bill S-209, which would require age verification for adult websites, could soon become law. It is at the reporting stage in Parliament, the final stage before it comes to a vote.

The spread of these age-gating laws is a disaster for free speech, privacy and the future of the internet itself. It is not too late to take a stand against them.

CBC News reports on internet age restrictions.

Think about the children

The basic purpose of these laws is admirable enough. We all want to protect children from harm. But we need to ask two questions. First, do they actually accomplish their goal? And second, do the benefits of these laws outweigh the costs?

We should be clear on one thing at the outset. Proponents of the laws sometimes talk about protecting children from exploitation. But age-gating does nothing to address the problem of child pornography. It restricts access based on the age of the user, not the age of the person depicted. And almost all child-abuse material is already on the dark web or on other sites that do not adhere to any laws.

When it comes to restricting young people’s access, the reality is that age gates are easily bypassed by a determined user. A recent Australian survey showed that almost a quarter of teens routinely get around age barriers.

The simplest circumvention method is through the use of a virtual private network to hide a user’s location. These are easy to set up and many are free. However, young people can also, depending on the verification technology being used, upload an adult’s credentials or use simple tricks to fool facial recognition systems.

A massive cost

Even if some young people are circumventing the blocks, many are not, and so age verification will reduce the exposure some young people have to banned material. But this modest victory comes at a massive cost.

First of all, these laws place the burden on adults who are trying to access material they have a right to see. We are, in the name of protecting children, sleepwalking into a dystopian vision of the internet where every user must flash their papers before being allowed to go online.

To verify their age, people have to upload photos of their government-issued identification without knowing if their data is secure. Often, it won’t be.

One major age-verification service left users’ data, including their legal identification, exposed for more than a year.

Second, these laws define harmful material so vaguely that it is impossible for content producers to predict when they will fall afoul of them. This affects not just the producers of explicit content, but the internet as a whole. Smaller websites in particular cannot afford to hire lawyers to vet all of their content, or to fight for their rights if they’re charged.

It’s easier just to block access to everyone in an age-gated jurisdiction, which many sites have already started doing, or to shut down entirely.

Third, the laws make the state the arbiter of what young people can read and see. But what is appropriate to a particular user is highly individual. It depends on their age and their emotional maturity. And inevitably, censorship gives governments the power to impose their own moral agendas.

Not surprisingly, some American states have used their age-gate laws to censor material related to abortion, sexual health and LGBTQ identity.




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Russell Vought, at the time the vice president of a conservative lobbying organization and currently the head of the U.S. Office of Management and Budget, was caught last year on a hidden camera admitting that age-verification laws were meant as a move towards banning pornography altogether.

In 1997, the U.S. Supreme Court found an early age-restriction law, the Communications Decency Act, unconstitutional. Explaining the court’s unanimous decision, Justice John Paul Stevens wrote that the law “threaten[ed] to torch a large segment of the internet community” and declared that “the interest in encouraging freedom of expression in a democratic society outweighs any theoretical but unproven benefit of censorship.”

Though a more conservative Supreme Court has set aside this precedent, Stevens’ prescient words remain as true today as ever.

Parental involvement

There is a better alternative to age-gating, one that places the power where it belongs: in the hands of parents. Many devices, including those made by Apple and Google, already offer parental controls. While not perfect, they are both less intrusive and harder to circumvent than online age verification systems.

These measures place data security in the hands of a small number of trusted companies and remove the need for constant age verification when accessing different websites. These controls could be mandatory for all mobile devices and computer operating systems.

This is a crucial moment for the internet. The walls are coming up fast, and if we do not stop them now, they will be hard to tear down.

The Conversation

Neil McArthur does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. New age-gating laws aimed at making the internet safer actually threaten free speech – https://theconversation.com/new-age-gating-laws-aimed-at-making-the-internet-safer-actually-threaten-free-speech-263401

Le projet de budget 2026 sous la menace de la censure… et du FMI – Bayrou demande un vote de confiance

Source: The Conversation – in French – By Éric Pichet, Professeur et directeur du Mastère Spécialisé Patrimoine et Immobilier, Kedge Business School

C’est à une clarification qu’appelle François Bayrou. Le premier ministre a indiqué lors d’une conférence de presse lundi 25 août qu’il prononcera un discours de politique générale qui sera soumis au vote des députés, comme l’autorise l’article 49.1 de la Constitution. Son objet sera de faire approuver la nécessité d’un plan sur quatre ans pour réduire les dépenses et la dette. Une fois la confiance des députés obtenue, le premier ministre a indiqué que les différentes mesures jusqu’à présent évoquées pourront être discutées, amendées ou votées. Décryptage du plan général et des mesures prévues.


Lors de sa conférence de presse de rentrée du 25 août, le premier ministre a confirmé la philosophie du plan qu’il avait présenté le 15 juillet dernier, mais a revu la procédure. Évoquant la nécessité d’une « clarification », alors que « notre pays est en danger car nous sommes au bord du surendettement », le premier ministre a indiqué qu’il procédera à un vote de confiance le lundi 8 septembre prochain. L’objet ? Vérifier qu’une majorité de députés partage la trajectoire de réduction des dépenses et enclencher une spirale favorable au désendettement. « Ne débattre que des mesures, c’est ne pas débattre de la nécessité du plan d’ensemble » estime le premier ministre.

Les grandes lignes des efforts budgétaires visent à réduire le déficit public de 5,4 % attendu en 2025 à 4,6 % en 2026, soit toujours le plus élevé de la zone euro. Pour ce faire, il prévoit un effort de 43,8 milliards d’euros. Diagnostiquant à juste titre l’endettement actuellement hors de contrôle du secteur public comme une malédiction, il appelle « tout le monde à participer à l’effort ».




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Le curieux calcul des 44 milliards

François Bayrou a repris le raisonnement – quelque peu spécieux – initié à l’automne 2024 par son prédécesseur Michel Barnier, qui avait alors mis en scène le projet de budget pour 2025 en le rapportant non pas au budget 2024, mais à une estimation contrefactuelle 2025 à cadre législatif et réglementaire inchangé. Détaillées par la ministre chargée des comptes publics, Amélie de Montchalin, lors d’une audition au Sénat, le 17 juin 2025 les dépenses publiques prévisibles en 2026 sont estimées par Bercy à 1 750 milliards d’euros.

Sénat 2025.

Pour que l’écart entre dépenses et recettes ne dépasse pas les 4,6 % du PIB visé, « les dépenses devraient donc s’établir à environ 1 710 milliards d’euros » et la différence entre les deux donne le fameux montant d’environ 44 milliards d’euros. Ce mode de calcul revient à comparer l’objectif d’un déficit de 4,6 % du PIB non pas aux 5,4 % prévus en 2025, mais aux 5,9 % attendus en 2026 ceteris paribus c’est-à-dire si rien n’était fait. La diminution mise en avant représente ainsi 1,3 % du PIB, au lieu de 0,8 % ou 24 milliards en comparant plus simplement 2026 avec 2025.

Gel des dépenses

La stratégie budgétaire et fiscale du premier ministre s’inscrit toujours dans le prolongement de la politique de l’offre définie par le président de la République, Emmanuel Macron, dès son arrivée à l’Élysée en 2017. En 2026, les fameux 44 milliards d’effort budgétaire proviendraient donc pour environ 14 milliards de recettes supplémentaires et pour 30 milliards d’économies sur l’évolution tendancielle des dépenses (il ne s’agit donc pas de réelles coupes dans les dépenses). Ces économies se répartiraient comme suit :

Les dépenses de l’État seraient gelées en valeur en 2026 au niveau de 2025, hors défense qui gonflerait de 6,7 milliards et hors charge de la dette étatique (incompressible et qui augmentera de 8 milliards de 59 milliards d’euros à 67 milliards).

Pour ralentir les dépenses de sécurité sociale, celles qui dérivent le plus avec un déficit attendu de 22 milliards cette année, le gouvernement veut instaurer une année blanche en gelant les prestations sociales et les retraites en 2026 (qui touchera surtout les plus pauvres), soit une économie attendue 7 milliards d’euros. Diverses mesures sur l’assurance maladie sont également prévues dans le cadre d’un plan de réduction de 5 milliards en 2026 comme le doublement à 100 euros de la franchise annuelle, un durcissement de l’accès et des avantages des affections de longue durée ou encore des économies sur les transports sanitaires déjà en partie appliquées par voie réglementaire.

Les collectivités territoriales seraient mises à contribution pour un montant de plus de 5 milliards mais sans plus de détail.

Des hausses d’impôts déguisés

Les ménages ne seraient pas épargnés car le gel du barème de l’impôt sur le revenu traditionnellement augmenté de l’inflation (pour éviter de taxer une hausse des revenus purement nominale) se traduirait par une hausse supplémentaire du rendement de l’IR de 1,8 milliard et surtout, mesure encore plus difficile à faire accepter, par l’entrée dans l’impôt de quelque 400 000 nouveaux foyers fiscaux.

Enfin la suppression de deux jours fériés constituerait une double peine : pour les salariés (les indépendants… et les parlementaires… n’étant pas concernés) puisque ces deux jours de travail ne seraient pas payés ce qui fait dire aux syndicats qu’il s’agit du rétablissement de la corvée d’Ancien Régime mais aussi pour les entreprises qui seraient taxées sur le gain théorique (et très hypothétique) qu’elles tireraient des deux jours d’activité supplémentaires soit 4,3 milliards d’euros. Pour les plus fortunés, une contribution de solidarité est envisagée sans plus de précision à ce jour.

L’analyse des mesures annoncées oblige à douter de leur efficacité : ainsi l’année blanche ne rapporterait que 5,7 milliards au lieu de 7 milliards et plusieurs effets d’annonce n’auront pas d’impact en 2026. Ainsi la règle de non-remplacement d’un fonctionnaire sur trois partant à la retraite pour les années qui viennent ou le dépôt d’un projet de loi « contre la fraude sociale et fiscale » n’auront aucun effet en 2026. Quant aux sanctions contre les entreprises qui tardent à régler leurs partenaires commerciaux ou celles qui imposent des retards de paiement trop longs à leurs partenaires commerciaux pouvant aller « jusqu’à 1 % du chiffre d’affaires », elles resteront très marginales.

La coalition des mécontents

Au vu des réactions des principaux groupes parlementaires, on peut aisément identifier un large front du refus de toute la gauche et du RN soit une majorité favorable à la censure sans même prendre en compte les réticences des Républicains et d’une partie du camp présidentiel qui refusent toute ponction sur les entreprises au nom de la sauvegarde de l’emploi.

Nous nous retrouvons une fois de plus face au cocktail explosif d’une Assemblée nationale fragmentée, réceptacle de colères sociales qui comme le souligne Giulano Da Empoli, quoique de nature différente voir opposées ne se combattent pas mais s’additionnent.

Un effet boule de neige des intérêts à payer

Face à la paralysie parlementaire, le principal risque est donc de revivre le scénario de blocage budgétaire de la fin 2024 avec la chute annoncée du gouvernement Bayrou et une absence de budget au début 2026. Dans ces conditions, le déficit public resterait figé au delà de 5 % en 2026, tout comme le déficit structurel qui est du même niveau, lui aussi le plus élevé de la zone euro malgré les rustines mise en place sous forme de gel des dépenses par décret.




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Or la remontée des taux longs depuis 2022 au-delà de 3 % (ce qui est plutôt bas comparé à la moyenne historique) se traduira mécaniquement par une envolée des intérêts de l’ensemble de la dette publique (au sens de la Commission européenne, c’est-à-dire en intégrant notamment les intérêts des 60 milliards de dettes de l’assurance-chômage et des 140 milliards de la dette sociale cantonnée dans la CADES). La charge de la dette publique qui représente déjà aujourd’hui 5,6 % des recettes fiscales en France contre 2 % aux Pays-Bas et 2,7 % en Allemagne passera de 74 milliards d’euros en 2025 à 90 milliards d’euros en 2026 puis s’envolera inexorablement dans les prochaines années,

Qui disciplinera les comptes publics ?

Pour y faire face, il faudra dans les toutes prochaines années faire totalement disparaître le déficit public primaire (hors intérêts de 3 % en 2025) soit un effort de près de 100 milliards d’euros, puis dégager un excédent primaire pour réduire la dette. Dans ces conditions, rien d’étonnant à ce que les taux des emprunts d’État français à 10 ans rejoignent aujourd’hui ceux des emprunts de l’État italien autour de 3,4 %, hypothèse inimaginable il y a peu ni que la dégradation du rating du pays actuellement de AA – (soit l’équivalent de 17/20) soit inévitable à court terme. Le chemin de l’austérité est bien balisé depuis 15 ans par les pays du sud de l’Europe, Grèce, Italie, Espagne et Portugal qui en sortent actuellement.

La France va y entrer très vite mais il est peu probable que la classe politique, responsable de la dérive des comptes publics depuis 1981 accepte de s’autodiscipliner ni que la Commission européenne pourtant gardienne du Pacte de stabilité et de croissance n’abandonne sa coupable indulgence envers la France. De manière très symptomatique, aujourd’hui le principal contempteur de la dérive des comptes publics n’est autre que le président de la Cour des comptes qui fut… ministre des finances puis commissaire européen aux affaires économiques et monétaires. La potion amère nécessitera alors un gendarme extérieur : bienvenue au FMI.

The Conversation

Éric Pichet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le projet de budget 2026 sous la menace de la censure… et du FMI – Bayrou demande un vote de confiance – https://theconversation.com/le-projet-de-budget-2026-sous-la-menace-de-la-censure-et-du-fmi-bayrou-demande-un-vote-de-confiance-263819

États-Unis : la politique nataliste inégalitaire de Donald Trump

Source: The Conversation – in French – By Allane Madanamoothoo, Associate Professor of Law, EDC Paris Business School

La « grande et belle loi budgétaire », annoncée par Donald Trump, début juillet, vise notamment à inciter les femmes états-uniennes à avoir plus d’enfants. En examinant ses dispositions, on constate que ce sont avant tout les femmes les mieux loties aux niveaux social et économique qui seront à même d’en profiter.


Comme de nombreux autres pays du monde, les États-Unis sont confrontés à une baisse massive des naissances depuis des décennies. Cette chute démographique s’est amorcée, aux États-Unis, dès le XIXe siècle, une époque où les femmes avaient en moyenne sept enfants. Depuis 2007, le taux de natalité outre-Atlantique est tombé à 1,6 enfant par femme, soit un taux largement inférieur au seuil de renouvellement des générations, lequel est estimé à environ 2,05 enfants par femme hors immigration.

Selon les données des centres de contrôle et de prévention des maladies, environ 3,6 millions de naissances ont été enregistrées en 2023, ce qui représente un recul de 2 % par rapport à 2022, et une diminution de 20 % depuis 2007.

Face à ce constat, Donald Trump veut provoquer un baby-boom, une ambition qu’il avait déjà formulée en 2023. En février dernier, le président a signé un décret exécutif visant à « examiner » les moyens de réduire le coût de la fécondation in vitro et d’en faciliter l’accès aux citoyens américains. Toutefois, à ce propos, rien n’a encore été concrétisé à ce jour. En attendant, une nouvelle étape vient d’être franchie avec la loi budgétaire, promulguée le 4 juillet dernier, dite « grande et belle loi budgétaire ». Celle-ci prévoit des mesures incitatives en faveur de la natalité.

Trump n’est pas le seul à avoir une vision nataliste. Le vice-président J. D. Vance, connu pour son mépris envers les femmes sans enfant, a lui aussi affirmé vouloir plus de bébés aux États-Unis. Pour Elon Musk, ancien proche allié de Trump et père de quatorze enfants qu’il a eus avec quatre femmes différentes, la diminution du taux de natalité est plus inquiétante que le réchauffement climatique. Les mouvements pronatalistes gagnent également en visibilité depuis quelques années. Le déclin de la natalité est ainsi devenu un sujet de préoccupation majeur dans le pays.

Comment expliquer cet effondrement démographique, que Donald Trump entend combattre à travers les mesures natalistes prévues dans sa loi budgétaire ? Et ces mesures seront-elles accessibles et équitables pour toutes les familles ?

Les facteurs clés de la dénatalité

Comme le souligne Donna Strobino, experte en recherche sur la santé maternelle et infantile, les femmes, aux États-Unis, poursuivent en moyenne des études plus longues que les hommes. Certaines – principalement les résidentes des métropoles du numérique et de la tech, issues de la population blanche, aisée et diplômée – privilégient ensuite leur carrière à la maternité. D’autres, quoique moins bien loties financièrement, ont fait le choix d’avoir moins d’enfants en raison d’un certain esprit d’indépendance vis-à-vis des valeurs traditionnelles.

S’y ajoute le report du projet parental des unes et des autres pour des raisons sociétales (célibat, inégalité dans la répartition des tâches domestiques), de priorités professionnelles (crainte du « plafond de mère ») ou économiques (remboursement du prêt d’études, chômage, prix élevé du logement, coût ou pénurie des garderies).

Les « Ginks » – Green Inclinations No Kids –, de leur côté, ont fait le choix de ne pas avoir d’enfants pour des raisons d’ordre écologique.

En outre, la commercialisation aux États-Unis de la pilule contraceptive depuis 1960, ainsi que l’accès plus facile à l’avortement (du moins avant l’arrêt Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization en 2022) ont également contribué à cette baisse de la natalité.

Enfin, certaines femmes états-uniennes ont choisi de différer leur projet de maternité en recourant à la congélation de leurs ovocytes, quand bien même cette pratique ne garantit pas une future grossesse.

L’accessibilité inégale des politiques natalistes de Trump

L’une des mesures annoncées par la nouvelle administration, qui sera mise en œuvre dès juillet 2026, est la création d’un compte d’épargne pour les nouveau-nés, baptisé « compte Trump ». Dans le cadre de ce dispositif, le gouvernement fédéral versera 1 000 dollars aux parents de chaque enfant de citoyenneté états-unienne né entre le 1er janvier 2025 et le 31 décembre 2028, quel que soit le revenu du foyer.

« Trump promet 1 000 dollars par bébé », LCI.

La loi autorise les familles à alimenter ce compte jusqu’à un plafond de 5 000 dollars par an jusqu’aux 18 ans du bénéficiaire. Toutefois, ces « comptes Trump », qui sont censés profiter à tous les enfants états-uniens, favoriseraient surtout les familles les plus aisées. Une simulation, effectuée par Washington Monthly, démontre qu’avec un rendement annuel de 8 %, le dépôt unique de 1 000 dollars par l’État fédéral ne rapporterait que 3 996 dollars après dix-huit ans. À l’inverse, une famille capable d’y verser 5 000 dollars chaque année accumulerait près de 191 000 dollars au terme de la même période.

Parallèlement, la nouvelle loi budgétaire a augmenté le crédit d’impôt pour enfants (Child Tax Credit, CTC), le faisant passer de 2 000 à 2 200 dollars par enfant, à compter de l’année d’imposition 2025. Le CTC étant déterminé par le niveau de revenus du foyer, 19,3 millions d’enfants, contre 17 millions actuellement, ne bénéficieront pas de cette augmentation, car leurs familles ne remplissent pas les nouvelles exigences minimales de revenus.

Les enfants appartenant à une catégorie spécifique de la population pauvre en pâtiront davantage. Les données publiées par le Bureau du recensement, en 2023, montrent en effet que les Noirs et les Hispaniques sont davantage touchés par la pauvreté. Pour la juriste Beverly Moran, 17 millions d’enfants appartenant à ces groupes seront exclus du CTC.




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Une inégalité exacerbée par les coupes dans les aides sociales

Medicaid, un programme public d’assurance santé pour les plus démunis, finance plus de quatre naissances sur dix au niveau national, et près de la moitié des naissances en milieu rural. Les coupes drastiques prévues dans ce programme pourraient avoir de graves conséquences sur la pérennité de certains hôpitaux. Plus de 300 hôpitaux situés en zone rurale, déjà confrontés à une pression financière significative, pourraient être amenés à fermer ou à supprimer leurs services de maternité.




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Une telle évolution nuirait gravement à la santé des femmes enceintes et de l’enfant qu’elles portent, à celle des jeunes mères et des nouveau-nés. Cela est d’autant plus préoccupant que le taux de mortalité maternelle ne cesse d’augmenter aux États-Unis. L’Organisation mondiale de la santé définit la mortalité maternelle comme « le décès d’une femme, survenu au cours de la grossesse ou dans un délai de quarante-deux jours après sa terminaison, quelle qu’en soit la durée ou la localisation, pour une cause quelconque déterminée ou aggravée par la grossesse ou sa prise en charge, mais ni accidentelle ni fortuite ».

Par ailleurs, si Medicaid finance environ 40 % des accouchements à l’échelle nationale, il couvre plus de 64 % des naissances chez les Afro-Américaines. Selon l’association March of Dimes, les taux de naissances prématurées et de mortalité maternelle et infantile, qui sont plus élevés dans la population noire, risquent d’augmenter en raison de ces coupes budgétaires.

« La mortalité maternelle chez les femmes afro-américaines », Nat Geo France.

Le sabrage dans le programme d’aide supplémentaire à la nutrition (Supplemental Nutrition Assistance Program, SNAP), destiné aux plus défavorisés, aura également un impact réel sur la capacité à procréer des personnes qui n’y seront plus éligibles. En effet, une mauvaise nutrition peut affecter la fertilité des hommes et des femmes.

De plus, les femmes ayant été victimes d’insécurité alimentaire risquent plus que les autres d’avoir des carences et de donner par la suite naissance à des enfants en sous-poids et plus vulnérables aux maladies.

Notons qu’en 2023, 55 % des bénéficiaires du programme SNAP étaient des femmes, et près de 33 % étaient des femmes de couleur.




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Il en ressort que les mesures natalistes mises en place par la politique de Donald Trump, pour autant qu’elles soient efficaces, aideront davantage les classes moyennes et supérieures.

Couplées aux réductions de Medicaid et du SNAP, ces mesures traduisent également le choix politique de limiter la reproduction des pauvres et des Noirs. De telles mesures – le retour de l’eugénisme positif comme négatif sous un nouveau visage… – auront de lourdes conséquences.

The Conversation

Allane Madanamoothoo ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. États-Unis : la politique nataliste inégalitaire de Donald Trump – https://theconversation.com/etats-unis-la-politique-nataliste-inegalitaire-de-donald-trump-261973

Refuges de montagne : entre regain de fréquentation et menaces climatiques

Source: The Conversation – in French – By Philippe Bourdeau, Professeur émérite de géographie culturelle, UMR Pacte, Université Grenoble Alpes (UGA)

Lieux iconiques de l’histoire de l’alpinisme, les refuges bénéficient d’une relance de fréquentation portée par un rajeunissement de leur public. Cette embellie survient au moment où des dizaines de bâtiments et leurs accès sont menacés par les effets du réchauffement climatique. Alors que l’inflation des coûts de maintenance, de rénovation ou de reconstruction engendrés par ces impacts se heurte à la raréfaction de l’argent public, une vision prospective s’amorce pour repenser leur conception et leurs fonctions.


À l’interface entre vallées et moyenne et haute altitude, les refuges jouent un rôle de plus en plus structurant dans la fréquentation de la montagne peu aménagée, à mesure que leur public s’élargit, et que leur statut et leurs fonctions initiales d’hébergement et de restauration se transforment et s’étoffent. Dans les Alpes françaises, on en recense 234 qui représentent une capacité d’accueil de 9 466 lits, dont 138 correspondent strictement aux trois critères de définition retenus par le Code du tourisme, à savoir : l’absence d’accès par voie carrossable ou remontée mécanique, l’inaccessibilité pendant au moins une partie de l’année aux véhicules de secours et la mise à disposition en permanence d’un espace ouvert au public.

Du fait de leurs caractéristiques géographiques, techniques, culturelles et fonctionnelles, ce sont des hébergements très atypiques au regard des standards touristiques conventionnels : accès pédestre à des sites isolés à haute valeur environnementale, souvent dotés d’un statut de protection ; déconnexion fréquente des réseaux de communication ; ressources très restreintes en eau et en énergie ; fortes contraintes de traitement ou de transport des rejets et déchets ; exiguïté de l’espace habitable ; éventualité de circonstances météorologiques exceptionnelles et de situations de risques (avalanches, écroulements rocheux) ou d’accidents ; exigence d’autonomie hors des périodes de gardiennage ou dans les cabanes non gardées.

Il en est de même en ce qui concerne les conditions de séjour : repas pris en commun, menu unique le soir, dortoirs collectifs… Ces particularités les inscrivent au cœur de questionnements sociétaux majeurs : relation à la nature, rapport au confort et à la frugalité, adaptation au changement climatique, sans oublier l’accessibilité sociale et le vivre-ensemble.

Une fréquentation relancée

Au cours de cinq dernières années, dans l’ensemble de l’Arc alpin, la fréquentation des refuges de montagne, mesurée en nuitées, a atteint des records. C’est le cas en Suisse, dès 2019, puis en France en 2023.

L’examen de l’évolution du nombre de nuitées annuelles sur une longue période montre cependant, pour la France, un tableau très contrasté. À l’échelle nationale, les nuitées enregistrées chaque année dans les refuges de la Fédération française des clubs alpins et de montagne (FFCAM) ont connu une nette baisse après un pic d’environ 300 000 nuitées atteint dans la première moitié des années 1990.

Après un rétablissement au début des années 2000, suivi d’une phase de stagnation, le nombre total de nuitées annuelles a recommencé à augmenter à partir de 2017, pour s’établir autour de 370 000 en 2023 et en 2024, selon les données de la FFCAM.

Pour l’année 2023, si l’on prend aussi en compte la fréquentation des 12 refuges du parc national de la Vanoise, c’est ce massif qui comptabilise la fréquentation annuelle la plus importante à l’échelle française (110 000 nuitées), suivi par le massif des Écrins (76 000 nuitées), puis par les Pyrénées (73 000 nuitées), le massif du Mont-Blanc (66 000 nuitées) et les Alpes du Sud (34 000 nuitées).

Contrastes de fréquentation entre moyenne et haute montagne

L’évolution de cette fréquentation est fortement différenciée selon les vallées et les secteurs, ainsi que selon l’altitude et l’accessibilité des sites. Les bâtiments de haute montagne situés au-dessus de 2 700 mètres, tournés majoritairement vers la pratique de l’alpinisme, connaissent à quelques exceptions une baisse tendancielle, alors que les refuges de moyenne montagne ou ceux qui sont les plus accessibles aux randonneurs connaissent une augmentation de fréquentation.

Un contraste très net s’accentue entre la pratique restreinte de l’alpinisme, qui concerne environ 200 000 personnes à l’échelle de la population française, et celle fortement répandue de la randonnée pédestre, qui concerne un public de 10,4 millions de pratiquants hors montagne et de 6,4 millions en montagne, d’après l’enquête nationale sur les pratiques physiques et sportives 2020.

De plus, la nouvelle donne climatique réduit drastiquement la pratique estivale de l’alpinisme, maintenant décalée d’un mois sur la fin du printemps, ce qui tend à instaurer une continuité avec la pratique du ski de randonnée, en fort développement depuis dix ans (jusqu’à représenter plus de 30 % des nuitées annuelles dans certains refuges).

Menaces, enjeux et dilemmes : bienvenue dans les refuges de l’anthropocène

Dans le même temps, l’impact du changement climatique sur les refuges s’amplifie, les bâtiments situés en haute montagne étant les plus vulnérables. Une étude récente portant sur un panel de 45 refuges situés dans trois massifs en Suisse (Valais) et en France (Écrins et Mont-Blanc) souligne que les trois quarts d’entre eux sont affectés par au moins deux des cinq types d’impacts identifiés : dégradation des accès routiers, dégradation des itinéraires pédestres, dommages aux bâtiments, raréfaction des ressources en eau et altération des conditions de pratique des activités autour des refuges.

Dans les années 2010, ce sont en premier lieu les accès aux refuges du bassin de la mer de Glace, dans le massif du Mont-Blanc, qui ont été bouleversés par le retrait glaciaire.

À partir de 2020, les refuges du massif des Écrins connaissent de multiples épisodes de fermeture définitive (la Pilatte, à 2 577 mètres ou temporaire, imputables à des déstabilisations géomorphologiques du fait du retrait glaciaire, à des crues torrentielles, des écroulements rocheux sur les sentiers d’accès ou des pénuries d’eau.

Au-delà des refuges, ce sont aussi toutes les infrastructures d’accès routières et pédestres qui les desservent qui sont régulièrement endommagées, avec comme sujet majeur la destruction chronique de passerelles et de sentiers. Dans les Écrins, les évènements météorologiques survenus en 2023 et en 2024 ont dégradé 30 kilomètres de sentiers sur le linéaire de 600 kilomètres géré par le parc national et détruit 53 des 120 des passerelles installées pour franchir les torrents. Le budget annuel consacré à l’entretien et à la restauration des sentiers et passerelles a augmenté de 65 % entre 2019 et 2024, passant de 260 000 euros à 435 000 euros (source : Parc national des Écrins) et constitue une charge financière de moins en moins soutenable.

Une complexification des conditions de fonctionnement et de gardiennage

La pression climatique s’accompagne de multiples facteurs de complexification qui accentuent la vulnérabilité des refuges en fragilisant les équilibres sur lesquels repose leur fonctionnement. Ainsi, la logique de montée en confort et de service qui a prévalu depuis le milieu des années 2010 se heurte aux impératifs de sobriété en matière d’énergie et de ressource en eau.

De même, l’inflation des coûts de rénovation et de soutenabilité environnementale d’un parc de bâtiments vieillissant fait face à l’érosion des financements publics.

Devant de telles mutations, les gardiens, qui ont le statut de travailleurs indépendants, voient leurs missions largement amplifiées, qu’il s’agisse d’accueillir des publics diversifiés, de transmettre des informations culturelles et patrimoniales, d’expliquer les changements paysagers et les enjeux de biodiversité, de gérer de fait le bivouac aux alentours du refuge, de délivrer des conseils en tout genre destinés à un public de primo-arrivants en montagne, voire de réguler certains comportements maladroits ou inappropriés.

Les refuges, des laboratoires de transition

Malgré le regain d’intérêt qu’ils suscitent et leur rôle d’outil d’aménagement et de vecteur d’accès à la montagne, les refuges sont soumis à de fortes incertitudes structurelles et fonctionnelles dont le tableau peut sembler très sombre. De fait, c’est bien le maintien de l’intégrité du parc actuel qui est remis en question par les effets croisés des destructions climatiques et de l’effondrement programmé des financements publics.

Les logiques de fluidité de fréquentation, fondées sur une mobilité automobile généralisée, instituées depuis des décennies, sont à réinterroger, aussi bien en ce qui concerne l’accès aux hautes vallées, la localisation des parkings, le réseau de chemins d’accès et de passerelles, et le niveau d’entretien des itinéraires de randonnée et d’ascension.

Il s’agit de redéfinir les pratiques touristiques et sportives, en imaginant des séjours plus longs, des itinérances, des périodes de gardiennage élargies. Avec notamment pour enjeu un ré-étagement des refuges en altitude et un redimensionnement (à la hausse ou à la baisse, selon les situations locales) des capacités d’hébergement. L’ensemble des paramètres qui conditionnent le statut et le fonctionnement des refuges doit désormais être pris en compte, comme la question de leur accessibilité sociale, de leur soutenabilité environnementale, de leur mode de gardiennage et de leur modèle économique.

Cette réflexion prospective a fait l’objet d’ateliers créatifs et collaboratifs RefugeRemix organisés en 2019, en 2023 et en 2024 dans le cadre des programmes de recherche Refuges sentinelles et HutObsTour. Dans la continuité des Rencontres sur les refuges au cœur des transitions, organisées en 2023, cette réflexion mobilise les parties prenantes du secteur autour d’une plateforme dont l’objectif est d’élaborer une feuille de route pour l’avenir, sous l’égide du Commissariat de massif des Alpes et avec l’appui du parc national des Écrins.


L’équipe des programmes Refuges sentinelles et HutObsTour a participé à la rédaction de cet article : Victor Andrade, Richard Bonet, Laine Chanteloup, Mélanie Clivaz, Marc Langenbach, Jean Miczka, Justin Reymond, Sophie de Rosemont. Merci également à Brice Lefèvre et Pierrick Navizet.

The Conversation

Philippe Bourdeau a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche, du Labex ITTEM, du FNADT, du Parc National des Écrins, du Parc National de la Vanoise, de la Communauté de Communes de la Vallée de Chamonix, de la Fondation Petzl.

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