¿Quién decide qué tragedias cuentan y cómo se cuentan? Lo que revelan los periodistas sobre sus redacciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leila Nachawati Rego, Profesora asociada de comunicación, especialización en conflicto, migraciones, comunicación ciudadana, censura, libertad de expresión, apagones de internet, Universidad Carlos III

La cobertura de la migración por parte de los periodistas en España está limitada por factores como la escasez de periodistas y presupuesto y los intereses políticos o económicos del medio. Framalicious/Shutterstock

Cuando el submarino Titán desapareció, el 18 de junio de 2023, con cinco turistas a bordo, medios de comunicación de todo el mundo cubrieron el caso al detalle, casi minuto a minuto.

Pocos días antes, el naufragio del Adriana, un barco con cientos de personas migrantes a bordo frente a las costas de Grecia, había recibido una cobertura muy limitada.

¿Qué motiva una atención mediática tan distinta ante el hundimiento de dos barcos, casi al mismo tiempo?

Esa fue una de las preguntas que nos llevó a entrevistar a 21 periodistas especializados en migraciones en España. Buscábamos entender cuáles son los factores que condicionan la cobertura mediática de este ámbito.

Las respuestas apuntan a un desequilibrio llamativo: los periodistas manifiestan tener margen para decidir, pero son los directivos de los medios quienes determinan en gran medida, motivados por intereses políticos o económicos, el enfoque, la intensidad y el tono de estas coberturas.

A lo largo de las entrevistas, detectamos dos marcos narrativos que se repiten en la cobertura mediática de la inmigración. Por un lado, el esencialismo cultural, que tiende a encasillar a las personas migrantes en estereotipos y visiones reduccionistas o descontextualizadas: el migrante como víctima pasiva, como amenaza o como carga para la sociedad. Por otro lado, el paralelismo institucional, que alinea los relatos con las versiones oficiales o, dicho de otro modo, narrativas que parten de enfoques alejados de los derechos humanos.

Estas formas de representación no son solo fruto de decisiones editoriales. Están influidas por factores estructurales que van desde la precariedad laboral en las redacciones hasta la presión por obtener clics y satisfacer a los anunciantes.

En palabras de uno de los periodistas entrevistados: “Imagina que tengo que elegir entre el Titán y el Adriana. Me quedo con el naufragio porque soy muy sensible a estos temas, pero también tengo que encontrarle un lugar a la implosión porque, aunque hubo cuatro millonarios que fueron voluntariamente, el público se lo comió. ¡Se lo comió! Y tengo que cumplir con los objetivos diarios de audiencia. Es terrible, pero así es”.

Periodistas bajo presión: precariedad y falta de libertad

Uno de los hallazgos del estudio remite a la escasez de recursos humanos y materiales, lo que dificulta una cobertura matizada y rigurosa. La mayoría de periodistas entrevistados afirmó que no hay suficientes reporteros especializados, ni presupuesto para viajar a los lugares de origen o tránsito de las personas migrantes.

“Hay escasez de reporteros en las redacciones y, por lo tanto, de especialistas dedicados a las migraciones y los derechos humanos”, afirmó una de las personas entrevistadas. Esto aumenta la dependencia de fuentes institucionales, ya que acceder a información directa suele ser difícil o costoso.

A esta escasez se suman otros factores: plazos ajustados, falta de formación específica y una precariedad generalizada. Todo esto limita el margen para construir relatos complejos, matizados y contextualizados.

La tiranía de las audiencias

Otro factor central es la presión de las audiencias. En muchos medios, especialmente los privados, se prioriza aquello que genera tráfico web: titulares impactantes, emociones rápidas e intensas, historias virales. La inmigración, salvo en momentos de tragedias extremas, no suele encajar en ese perfil que satisface la búsqueda del clic. Y en esos casos, a menudo se priorizan fórmulas sensacionalistas que incurren en la deshumanización de sus protagonistas.

“Algunos medios de comunicación realizaron una cobertura destacada, aunque fueron muy pocos”, señalaba otra de las entrevistadas. Entre sus valoraciones y las del resto de periodistas, destacan términos como cobertura “predecible”, “imprecisa”, “información epidérmica” o “de menor impacto”. También otros, en referencia al accidente del Titán, como “objetivación”, “sobreinformación”, “espectacularización” o “morbo” (un adjetivo recurrente) o expresiones características de la industria del entretenimiento: “Un espectáculo en vivo”, “un reality show”, una cobertura “basada en una cuenta atrás que mantuvo enganchada a la audiencia”.

Varios periodistas señalaron también que existen presiones políticas, ya directas o indirectas, sobre la forma de contar la inmigración. Esta presión se manifiesta en alineamientos ideológicos, autocensura o en decisiones empresariales que priorizan no incomodar a ciertos sectores. “La llegada de migrantes es susceptible de ser manipulada por políticos demagógicos o populistas, con un trasfondo de exaltación nacionalista”, señalaba otro de los entrevistados.

Una autonomía más percibida que real

Paradójicamente, la mayoría de periodistas entrevistados afirmó sentirse libre para elegir y desarrollar sus historias. Lo cierto es que el grado de autonomía que ejercen los periodistas en los procesos selectivos y creativos está muy influido por factores originados a nivel gerencial o de propiedad del medio.

El análisis sugiere que la empresa tiende, por un lado, a atender las demandas percibidas del público para optimizar las estrategias de monetización, lo que explica en parte por qué ciertas historias reciben más atención y recursos que otras.

Además, se reduce la inversión en recursos humanos y técnicos en el lugar de trabajo, lo que obliga a los reporteros a depender de información proveniente de fuentes institucionales.

Por último, la empresa impone narrativas alineadas de un modo u otro, y con distintos grados de intensidad, con discursos políticos externos. Esta contradicción entre la libertad insinuada por los entrevistados y los condicionantes derivados de las dinámicas empresariales sugiere una autonomía más simbólica que real.

La migración no es un fenómeno excepcional, sino una constante en la historia de la humanidad, que ha sido nómada desde sus orígenes. En el contexto actual, marcado por conflictos armados, crisis políticas y emergencias climáticas, todo indica que los flujos migratorios y las solicitudes de asilo seguirán aumentando.

Ante este escenario, los medios de comunicación tienen la responsabilidad de abordar estas realidades con rigor, empatía y profundidad, evitando silenciar, deshumanizar o criminalizar a quienes se encuentran en situaciones de extrema vulnerabilidad.

Para ello, es necesario repensar los modelos de negocio de los medios, fortaleciendo la independencia editorial, mejorando las condiciones laborales del periodismo y priorizando enfoques basados en los derechos humanos por encima del clic fácil o de presiones políticas, económicas o ideológicas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Israel’s ‘double-tap’ hospital strike probably breached rules of war

Source: The Conversation – UK – By Sam Phelps, Commissioning Editor, International Affairs, The Conversation

This article was first published in The Conversation UK’s World Affairs Briefing email newsletter. Sign up to receive weekly analysis of the latest developments in international relations, direct to your inbox.


A video broadcast earlier this week captured the horrifying moment rescuers and journalists were killed in a “double-tap” strike on the Nasser hospital in southern Gaza. They had rushed to the scene of an initial Israeli attack, only for the same location to be bombed minutes later. Five journalists and several medical staff were killed by the second strike.

The attack prompted a wave of international condemnation. UK foreign secretary David Lammy wrote on social media: “Horrified by Israel’s attack on Nasser hospital. Civilians, healthcare workers and journalists must be protected. We need an immediate ceasefire”.

Israel’s prime minister, Benjamin Netanyahu, initially called the strikes a “tragic mishap”. He added: “Israel values the work of journalists, medical staff and all civilians”. But the strikes have now been characterised by Israel as a targeted attack on Hamas fighters.

An initial inquiry by Israel’s military says “it appears” its troops “identified a camera that was positioned by Hamas in the area of the Nasser hospital that was being used to observe the activity of IDF troops” in order to direct attacks against them.

Whether or not charges relating to the attacks are ever brought remains to be seen. But James Sweeney of Lancaster University’s School of Law, believes there should be no doubt that the double tap tactic falls into the category of acts of war that are prohibited by the law of armed conflict.

Sweeney examines how international law operates in situations like this, identifying four fundamental rules on methods that govern the conduct of hostilities: humanity, necessity, distinction and proportionality.

He says the Israeli strikes almost certainly breached the rule on distinction, which requires that only lawful objectives should be targeted for attack. He explains that there are very limited circumstances in which a hospital or its medical staff could ever be a lawful target. The same goes for journalists. Both are protected under the Geneva Conventions.

Sweeney also sees Israel’s attack as violating the rule on proportionality, which says expected “collateral damage” should not be excessive to the expected military advantage of the attack. Even if the claim that the hospital was being used by Hamas to stage attacks on Israeli forces stands up, thus possibly making it a lawful target, the collateral damage was likely going to be vast.




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Was the ‘double tap’ attack on Gaza’s Nasser hospital a war crime? Here’s what the laws of war say


Excessive collateral damage has been a grim theme of the war. Israeli government officials consistently say their military works hard to keep civilian harm to a minimum, for example by making phone calls and sending text messages to those residing in buildings designated for attack.

However, Israel’s own numbers cast doubt on this claim. Figures from a classified Israeli military intelligence database, reported by the Guardian last week, indicate that 83% of the Palestinians killed by Israeli forces in Gaza have been civilians. This is a rate of civilian killing far higher than other modern wars, says Neta Crawford of the University of Oxford.

Crawford, an expert on international relations, reports that western militaries began to take steps to minimise inadvertent harm to civilians after the Vietnam war in 1975. These practices, which include making collateral damage estimates prior to carrying out a strike, have not always been adhered to.

But when they have been followed, the rate of civilian killing has been reduced. In American wars in Iraq and Afghanistan, Crawford reports, civilian casualty rates were 68% and 26% respectively – far lower than in Gaza.

“Given the kind of war Israel is fighting – using large, indiscriminate weapons to destroy buildings and failing to distinguish between combatant and noncombatant – it has unsurprisingly produced high civilian casualty rates,” she says.




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Gaza: civilian death toll outpaces other modern wars


Peacekeeping in Lebanon

The UN security council, meanwhile, is voting today on whether to extend a long-running peacekeeping mission in Lebanon for one final time. Vanessa Newby and Chiara Ruffa of Monash University and Sciences Po respectively reported earlier this week that the mission, which has patrolled Lebanon’s southern border with Israel since 1978, is at risk of being discontinued.

The Trump administration wants to reduce US financial commitments to UN peacekeeping. It argues that expensive and longstanding missions should be downsized to cut costs. Israel has, at the same time, insisted that the mission has been ineffective in addressing the existential threat posed by Hezbollah.

Newby and Ruffa are critical of this latter assessment. They write that the mission’s mandate has never been to disarm Hezbollah directly. Instead, it is tasked with creating and maintaining a space free of armed groups in southern Lebanon by supporting the Lebanese armed forces.

The council is reportedly expected to adopt a French draft resolution that sees the operation continue until the end of 2026. It will then begin a year-long “orderly and safe drawdown and withdrawal” – a compromise with the US.

This is a welcome outcome. Dismantling the peacekeeping mission would, in Newby and Ruffa’s view, create a dangerous security vacuum along the Israeli-Lebanese border.

Lebanon’s army remains weak, so a sudden withdrawal risks a surge in Hezbollah activity in the south. This would increase the prospect of another direct conflict between Hezbollah and Israel, they say, and another Israeli invasion of Lebanon.




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US and Israel push to end UN peacekeeping mandate in south Lebanon risks regional chaos


‘Fortress belt’

Russia is continuing to pound Ukrainian towns and cities, most recently launching strikes on Kyiv that killed at least 17 people. Ukraine’s president, Volodymyr Zelensky, has accused Moscow of choosing “ballistics instead of the negotiating table”, while UK prime minister Keir Starmer says Russia’s continuing attacks are “sabotaging hopes of peace”.

Talks on ending the war have been taking place for several weeks, though there has been no breakthrough. Russian leader Vladimir Putin is demanding that Kyiv cede control of the entirety of its Donetsk oblast, a region in eastern Ukraine, to Russia.

The Trump administration, keen for the war to end, seems to back this idea. When asked a question recently about Russia keeping territory it has seized, vice-president J.D. Vance remarked that “every major conflict in human history” has ended “with some kind of negotiation. Chris Smith, a historian at Coventry University, interrogates the truth of this claim here.




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J.D. Vance is wrong about history – here’s why this matters for Ukraine


Kyiv is unsurprisingly resistant to Putin’s demands. Rod Thornton and Marina Miron, security experts at King’s College London, say this would effectively be tantamount to an acceptance of overall defeat for Ukraine. Kyiv would be giving up its principal defensive barrier against further Russian encroachment into the rest of the country.

Thornton and Miron stress the strategic importance of Ukraine’s so-called “fortress belt” – the name given to the complex series of defensive lines established between towns and cities in the west of the Donetsk region. Russia has largely been unable to break through these lines, so has been prevented from surrounding any major urban area there.

Gaining control of western Donetsk is the key to winning the war, write Thornton and Miron. So Putin, unable to break through the fortress belt, is now trying to acquire it through a peace deal brokered with US assistance. This would settle the war, but in Russia’s favour.




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Forcing Zelensky to hand Putin Ukraine’s ‘fortress belt’ in Donetsk will lose it the war


Meanwhile a far larger belt of fortifications is taking shape across eastern Europe, as Russia’s neighbours race to protect themselves in light of the war in Ukraine. Natasha Lindstaedt, a specialist in authoritarian regimes at the University of Essex, believes the recent shift in US foreign policy and its telegraphed move away from being Europe’s security guarantor, has prompted countries including Finland, the Baltic states and Poland to take extra precautions.

As Lindstaedt explains, these border defences will be using the latest technology and early warning systems and artillery units. The project is going to require a high level of cooperation between these countries to ensure that there are no loopholes which could be exploited by a Russian offensive.

The hope is that all concerned have learned the lesson of the much-vaunted French Maginot Line, which Germany simply bypassed during the second world war.




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Why a new ‘iron curtain’ is being built across Europe. This time it’s to keep Russia out



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Por qué los grupos de infantil no deberían ser de más de 10 niños

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Casla Soler, Profesora del dpto. Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid

PeopleImages.com – Yuri A/Shutterstock

Imaginemos un grupo de veinte niñas y niños de 2 y 3 años en un aula. Son muy activos, algunos acaban de incorporarse a la escuela. Tras reunirlos en corro, Verónica, una de las dos educadoras del grupo, les pregunta por la tormenta del día anterior: “¿Con quién estabais cuando cayó la granizada?”

Como es lógico, las respuestas se producen de forma desordenada y se forma cierta algarabía: varios hablan a la vez, otros se levantan, saltan. Verónica intenta que se sienten y les anima a escuchar. Al terminar, solo unos pocos logran compartir su experiencia y recibir una respuesta directa de Verónica o Miriam, sus dos “profes”. Otros intervinieron una o dos veces, sin que nadie les respondiera directamente.

En un grupo tan amplio de niños tan pequeños esta escena es habitual. Sin embargo, no poder establecer un verdadero diálogo con las educadoras o sus compañeros puede tener efectos a largo plazo para los pequeños, especialmente si se vuelve algo recurrente.

La importancia de la ratio en infantil

Las habilidades comunicativas y lingüísticas que desarrollamos en los primeros años no se adquieren mediante instrucción formal, sino que se construyen en las interacciones cotidianas que tienen lugar en casa, en la comunidad o en la escuela. Es en estos espacios donde aprendemos a tomar la palabra, ser escuchados, escuchar a otros, respetar turnos y atender incluso al habla que no va dirigida directamente a nosotros.

En la escuela infantil, el número de participantes por grupo es clave para garantizar la participación activa y la inclusión. Pero ¿cuál es la proporción adecuada para que eso ocurra?

Algunas organizaciones internacionales han establecido recomendaciones claras. Es el caso de organizaciones británicas y australianas, como la National Association for the Education of Young Children, el Early Years Foundation Stage o el National Quality Framework. Todas coinciden en recomendar un adulto por cada cuatro niños en grupos de bebés y niños de un año (con un máximo de ocho). A partir de los dos años, proponen un adulto cada cuatro niños, bien uno cada seis en grupos de hasta doce participantes.

La Comisión Europea, en cambio, no fija una ratio concreta, ya que depende de la regulación de cada país, pero insiste en garantizar ciertos estándares de calidad. En su guía de 2021 se destaca el ejemplo de Suecia, con un adulto por cada tres bebés y uno por cada siete niños menores de tres años (Comisión Europea, 2021).

¿Cuál es la ratio en España?

España, junto con Croacia, es uno de los países europeos que permite un mayor número de niños por adulto en educación infantil. Aunque las cifras varían según la Comunidad Autónoma, las diferencias son significativas. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se permite una educadora para cada ocho bebés, 16 niños y niñas en el grupo de 1-2 años, y hasta 20 en el grupo de 2-3 años, con una figura de apoyo compartida entre varias aulas.

Otras comunidades optan por ratios más ajustadas. En Navarra, por ejemplo, se fijan en 8, 12 y 16 para los grupos de 0-1, 1-2 y 2-3 años, respectivamente. En Canarias, las cifras suben ligeramente: 8, 13 y 18.




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¿Qué implica esta proporción en una etapa tan importante para el desarrollo del lenguaje? La evidencia no es unánime: algunos estudios no encuentran una relación directa entre la ratio y el desarrollo del lenguaje, mientras que otros muestran que los niños en grupos más numerosos tienden a obtener puntuaciones más bajas en pruebas de lenguaje.

Hablar más o menos en el grupo de infantil

En una investigación reciente, realizada en aulas de educación infantil de la Comunidad de Madrid y Toledo, analizamos cuántas oportunidades reales tienen los niños y niñas de participar verbalmente en actividades grupales y cómo influye el tamaño del grupo en esas interacciones. Los resultados son contundentes: cuantos más niños hay en el grupo, menos oportunidades tiene cada uno de hablar y ser escuchado, incluso cuando participa más de una educadora.

El efecto es aún mayor en los grupos de los más pequeños. No es tanto la ratio adulto-niño lo que determina la participación verbal, sino el tamaño total del grupo. En la práctica, un grupo de 8 niñas y niños con una educadora favorece más las interacciones lingüísticas que un grupo de 16 con dos educadoras.

Oportunidad de participar y habilidades del lenguaje

Las niñas y niños que menos hablan son también quienes tienen menos oportunidades de recibir habla dirigida específicamente a ellos, sobre todo en grupos numerosos. En nuestro estudio, realizado con grupos de entre 9 y 16 niños y niñas de 2-3 años, observamos diferencias claras en la participación.

En la ventana de dos segundos después de intervenir en una actividad grupal, la educadora puede responder al niño o niña directamente, contestar a otro niño o, simplemente, dirigir su respuesta al grupo en general. En los grupos grandes, quienes participan menos o tienen menor vocabulario son los que tienen menos probabilidades de recibir una respuesta individualizada.

Por ejemplo, si un niño dice “¡Lluvia!”, y la educadora responde “Sí, cayó mucha lluvia ayer, ¿te asustaste?”, está reconociendo y ampliando su intervención. Pero cuando hay muchos niños en el grupo, y especialmente si algunos tienen más iniciativa verbal que otros, estas respuestas se reparten de manera desigual.




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La importancia del énfasis y los gestos

En nuestro estudio observamos que las educadoras y educadores recurren a distintas estrategias de énfasis (como autorrepeticiones o gestos sincronizados) tanto al dirigirse a un niño o niña en concreto como al grupo entero.

Otros trabajos, en España y en otros países, muestran que la combinación de habla y gesto (cuando el adulto señala, mueve las manos o enfatiza visualmente lo dicho) resulta clave para que los niños pequeños entiendan y participen en las interacciones. A menudo, además, los gestos del adulto se sincronizan con los del niño, generando momentos especialmente ricos para el aprendizaje y la interacción.

Ahora bien, en nuestro estudio vimos que este tipo de énfasis multimodal se emplea mucho más al hablar al grupo entero que al responder a un solo niño de forma individual. Y esta diferencia se acentúa cuanto mayor es el número de niños en el aula.

El tamaño del grupo y la igualdad de oportunidades

Nuestros hallazgos muestran que, en grupos de más de diez niños y niñas de entre 1 y 3 años, la participación activa en las interacciones grupales no está garantizada, incluso con varios adultos presentes.

Esto limita sobre todo a quienes tienen un menor nivel lingüístico, que son precisamente quienes más se beneficiarían de recibir habla dirigida y respuestas individualizadas. La consecuencia es clara: menos participación implica menos oportunidades para desarrollar habilidades comunicativas. Y cuando esas oportunidades no se reparten de forma equitativa, se amplían las desigualdades desde los primeros años de vida.

Estos resultados invitan también a repensar cómo se organiza la acción educativa cuando hay más de una educadora en el aula. Contar con dos profesionales no debería reducirse a “más manos”, sino a la posibilidad real de dividir al grupo en momentos clave, favoreciendo interacciones más individualizadas, sobre todo con los niños y niñas que menos hablan. Reducir la ratio es importante, pero no basta: es necesario reorganizar tiempo y espacio para garantizar que todos puedan hablar, escuchar y ser escuchados.

The Conversation

Marta Casla Soler recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (Agencia Estatal de Investigación) con la cofinanciación de la Unión Europea, proyecto PID2021-123907NB-I00. Ella es miembro de la Universidad Autónoma de Madrid.

Ana Moreno Núñez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia e Innovación), cofinanciados por el Fondo Social Europeo (PID2024-155267NB-I00).

Alba Torres Mendoza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué los grupos de infantil no deberían ser de más de 10 niños – https://theconversation.com/por-que-los-grupos-de-infantil-no-deberian-ser-de-mas-de-10-ninos-258205

Los neandertales también iban a la playa… y dejaban sus huellas en la arena

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Muñiz Guinea, Geólogo, Paleontólogo (Icnológía, tafonomía, paleoecología). Actualmente, Profesor Titular de la Universidad de Sevilla.., Universidad de Sevilla

Praia do Telheiro, en Portugal, donde se han encontrado huellas fosilizadas de neandertales de unos 80 000 años de antigüedad. David_Pastyka/Shutterstock

Cuando imaginamos a los neandertales, la mayoría de nosotros pensamos en cazadores cubiertos de pieles, acurrucados en cuevas y soportando el frío de la Europa glacial. Sin embargo, un descubrimiento sorprendente en la costa atlántica de Portugal está ayudando a reescribir esa imagen. Nuevas investigaciones muestran que los neandertales no solo habitaban cuevas o cazaban en el interior, sino que también iban a la playa.

En monte Clérigo y en praia do Telheiro, en la región del Algarve, se ha conservado un registro extraordinario: huellas fosilizadas de neandertales que caminaron por estas playas hace unos 80 000 años. Son huellas profundas, algunas de niños y adolescentes, congeladas en el tiempo en dunas antiguas. Juntas, ofrecen una ventana a un día en la vida de nuestros parientes más cercanos y sugieren una relación con la costa mucho más rica de lo que antes se creía.

Praia do Telheiro, en Portal, un sitio de interés geológico donde se han hallado muestras de vida neandertal.
GeoPortal. Energía y Geología de Portugal., CC BY

Huellas en la arena… durante 80 000 años

Las huellas, ahora endurecidas en roca, se conservaron gracias a una afortunada combinación de arena, humedad y tiempo. En monte Clérigo, los investigadores documentaron 26 huellas de neandertales, mientras que praia do Telheiro reveló otra huella más. Algunas impresiones son tan nítidas que se puede ver el talón, el arco y algunos dedos, especialmente el dedo gordo, como si la persona acabara de salir a caminar.

Al estudiar su forma y tamaño, los científicos pudieron incluso estimar la edad y tamaño de los individuos. Muchas pertenecían a adultos, junto a algunos niños. Esto sugiere salidas en grupo más que individuos solitarios. De hecho, un niño pequeño dejó un par de huellas: un recordatorio poderoso de que los días en la playa no eran solo para sobrevivir, sino también para jugar y explorar.

¿Por qué ir a la costa?

Entonces, ¿qué hacían estos neandertales junto al mar? Las huellas no lo dicen exactamente, pero las posibilidades son fascinantes. Las zonas costeras eran ricas en recursos: animales, mariscos, crustáceos, aves marinas e, incluso, peces o mamíferos varados. Para los cazadores-recolectores, la playa era un bufé natural.

Las huellas también sugieren movilidad y curiosidad. Los neandertales no estaban confinados a cuevas o bosques; como era de esperar, exploraban dunas, estuarios y orillas. Al aventurarse a la costa, demostraban la misma adaptabilidad que les permitió prosperar durante cientos de miles de años en paisajes muy distintos, desde la península ibérica hasta Bélgica, el norte de Francia, el sur de Inglaterra y el Cáucaso, llegando hasta los montes Altái en el sur de Siberia.

Una imagen diferente de la vida prehistórica

Durante décadas, los neandertales fueron caricaturizados como brutos, primitivos y centrados únicamente en la supervivencia. Pero descubrimientos como este desafían esa visión anticuada. Aquí los vemos no solo como cazadores de elefantes y ciervos, sino como comunidades dinámicas basadas en la familia que usaban diversos entornos.

La presencia de huellas de niños es especialmente reveladora. Pinta una escena de jóvenes neandertales corriendo por las dunas mientras los adultos caminaban cerca. Es fácil imaginar familias explorando juntas, como hacen los humanos modernos. Los valiosos fósiles encontrados congelan un momento cotidiano y fugaz, del tipo de momentos que la arqueología rara vez captura.

¿Cómo sabemos que eran neandertales?

La datación de los sitios los sitúa firmemente en la era neandertal, hace unos 80 000 años, antes de la llegada del Homo sapiens a Europa. Otros sitios con restos de neandertales e industrias líticas se encuentran en entornos costeros como Figueira Brava (Portugal), la costa andaluza en Matalascañas (Huelva), Gibraltar y algunos otros lugares de la costa mediterránea de España. En conjunto, la evidencia es sólida: estas son huellas de neandertales y muestran la presencia de grupos familiares a lo largo de la costa ibérica.

Ocupaciones neandertales en el litoral central catalán. Museo Arqueológico Nacional de España.

Por qué esto importa

El descubrimiento tiene grandes implicaciones. Por un lado, se suma a la creciente evidencia de que los neandertales aprovechaban entornos y recursos costeros. Los concheros en sitios como Figueira Brava (cerca de Lisboa), las cuevas de Vanguard y Gorham (Gibraltar) o la cueva Bajondillo (Málaga) ya sugerían mariscos en su dieta, pero las huellas proporcionan una evidencia mucho más directa: ellos realmente caminaron allí.

También desafía estereotipos sobre el comportamiento neandertal. Lejos de estar atrapados en el interior, interactuaban activamente con los paisajes marinos. Esta versatilidad pudo haberles ayudado a soportar los cambios climáticos durante los interglaciares y glaciares, hasta la la Edad de Hielo, el último periodo glacial que ha acontecido en la historia geológica de la Tierra.

Finalmente, hay un impacto emocional. Las huellas son poderosas porque nos conectan directamente con individuos. A diferencia de herramientas de piedra o huesos, muestran comportamiento en movimiento: alguien caminando, parado o corriendo, en un lugar y tiempo específicos. Salvan el abismo de milenios de una forma que pocos otros fósiles pueden.

Praia do Telheiro, en Portugal.
Puyol/Wikiloc., CC BY

Caminando en sus huellas

Nuestra especie, Homo sapiens, eventualmente se extendió por Europa y coexistió con los neandertales durante miles de años antes de que desaparecieran hace menos de 40 000 años. Hoy, muchos de nosotros todavía llevamos rastros de ADN neandertal. Descubrimientos como los de monte Clérigo y praia do Telheiro nos recuerdan cuánto compartimos con ellos: no solo genes, sino también comportamientos, paisajes y, quizá, la simple alegría de un día en la playa.




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Los neandertales se extinguieron hace 40.000 años, pero nunca ha habido más ADN suyo que hoy


La próxima vez que pasee por una orilla arenosa durante las vacaciones, considere esto: mucho antes del turismo de playa, mucho antes de los pueblos pesqueros, hasta antes de que nuestra especie llegara a Europa, las familias neandertales ya estaban allí. Los adultos caminaban delante, quizás para cazar, sus pasos más pesados hundiéndose en la arena mientras subían la duna. Los niños seguían, dejando pequeñas huellas juguetonas. La marea subía y bajaba, el nivel del mar cambiaba, las dunas se desplazaban, pero de alguna manera, con casi ninguna probabilidad, esas huellas perduraron.

Ochenta milenios después, resurgen para contarnos una historia: los neandertales eran tan exploradores, sobrevivientes y amantes de la playa como nosotros.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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‘Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra’: el libro que retrata la destrucción de Gaza y el consentimiento de Occidente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clare Corbould, Associate Professor of History and Associate Head (Research) of the School of Humanities and Social Sciences, Deakin University

Omar El Akkad no quiere que usted aparte la mirada. Reputado periodista y novelista, El Akkad nació en Egipto, vivió durante su adolescencia en Catar y Canadá, y emigró de adulto a los Estados Unidos, donde ahora vive con su familia en la costa noroeste del Pacífico.

Su colección de ensayos, Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra, se inspira en su vida, desde la infancia hasta su reciente paternidad. Combina estas reflexiones con un agudo conocimiento de la historia moderna para examinar las respuestas de Occidente al “primer genocidio retransmitido en directo del mundo” en Gaza. Al considerar esa respuesta insuficiente, insta a los lectores a observar, escuchar, reflexionar y actuar.

Como hijo de padres que emigraron a Occidente en busca de la libertad y las oportunidades que este ofrecería a sus hijos, El Akkad tiene un agudo sentido de los acontecimientos, las ideas y las estructuras del pasado que han dado forma al presente. Presta especial atención al legado del dominio colonial.

Testigo de la historia

Portada del libro de Omar El Akkad que se titula 'Algún día -cuando no entrañe riesgo alguno, cuando podamos llamar a las cosas por su nombre, cuando sea demasiado tarde para exigir responsabilidades- todo el mundo habrá querido estar siempre en contra'.

Libros del Kultrum

Las descripciones que hace El Akkad de las atrocidades no son fáciles de leer. Tampoco lo es su contundente exigencia a hacer algo. Sin embargo, la fuerza de sus observaciones y la mordacidad de su prosa hacen que sea difícil apartar la mirada.

Su propósito es similar al de muchos testigos famosos de la historia. Las declaraciones contemporáneas sobre la violencia suelen servir más tarde como testimonio para determinar qué ocurrió, quién fue el responsable y qué compensación se debe pagar.

Pensemos en George Orwell reflexionando sobre la propaganda en España. O en los periodistas británicos Gareth Jones y Malcolm Muggeridge, que denunciaron la hambruna en la URSS de los años 30, mientras muchos comunistas occidentales miraban para otro lado. O los diarios de Victor Klemperer, publicados después de la guerra, que relataban cómo los nazis tergiversaban el lenguaje cotidiano.

Por encima de todo, este tipo de testimonios protegen contra futuras afirmaciones de inocencia, contra la tranquilizadora afirmación de que “no sabían lo que estaba pasando” o “eran producto de su época”.

El fuego y la furia de El Akkad también me trajeron a la memoria a la periodista estadounidense Ida B. Wells. En la década de 1890, Wells atacó ferozmente los linchamientos en su propio periódico, el Memphis Free Speech. Investigó casos concretos de violencia ritualizada por parte de las masas.

Wells también catalogó la forma en que los medios de comunicación contaban esas historias. Medían sus palabras para proteger a los autores, mientras mancillaban la reputación de los fallecidos, a quienes siempre nombraban.

El Akkad también presta mucha atención a la forma en que se enmarca y se describe la violencia en Gaza. Observa cómo los periodistas utilizan la voz pasiva, lo que no solo oculta los nombres de los asesinos, sino que da a entender que la muerte masiva se produjo por accidente o por arte de magia: “Periodista palestino herido en la cabeza por una bala durante una redada en la casa de un sospechoso de terrorismo”, rezaba un titular de The Guardian.

Tanto Wells como El Akkad muestran cómo las víctimas de la violencia racista y colonial son presentadas como culpables de antemano. En el caso de los linchamientos, el pretexto solía ser una acusación de violación, aunque rara vez ese era el verdadero motivo. Mucho más comunes eran las disputas entre hombres por la tierra, los salarios, la organización laboral, la competencia empresarial o las campañas de votación.

En el caso de Gaza, muchos medios de comunicación imitan las afirmaciones de los políticos israelíes, su ejército y los aliados de ambos. Así tachan a los civiles de terroristas o terroristas en potencia, incluso a los niños. Las palabras limpian la conciencia de los espectadores. Blanquean el daño como si fuera dinero en efectivo.

Formas de resistencia

Como reza el título del libro, que comenzó su andadura como un tuit viral, “algún día, todo el mundo habrá estado siempre en contra de esto”.

Al ser testigo de las atrocidades y las respuestas cobardes, El Akkad recuerda a los lectores liberales que, si lo ocurrido en Gaza hubiera sucedido en el pasado, condenarían la violencia. Es más, imaginarían que, si hubieran estado vivos en ese momento, se habrían resistido firmemente al mal o incluso habrían adoptado una postura heroica en su contra.

Además de diagnosticar el problema, El Akkad examina y evalúa las formas de resistir lo que está sucediendo en Gaza. Descarta como ineficaz el antiguo llamamiento al interés propio de los occidentales. Señalar que los horrores que permiten en otros lugares acabarán llegando a ellos simplemente no funciona.

Sus ensayos fueron escritos entre el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 y agosto de 2024, cuando la campaña presidencial estadounidense estaba en pleno apogeo. Gran parte de su energía se dedica a abordar el debate sobre “el menor de dos males” en relación con el voto en una democracia en la que las opciones son la extrema derecha y, como mucho, el centro ligeramente a la izquierda. Solo desde una posición relativamente protegida, observa, se podría votar al Partido Demócrata con el argumento de que el otro bando “sería mucho peor”.

Según El Akkad, defender esta postura equivale a aceptar tácitamente la muerte masiva. Lo denomina “aceptación reticente del genocidio” y pide a los liberales de Estados Unidos (y, por extensión, de otras democracias occidentales) que examinen sus conciencias.

La medida correctiva que propone El Akkad es la negación generalizada, o “alejarse”. La gente, en masa, debe negarse a aceptar que las escasas promesas de los partidos políticos menos conservadores son las mejores opciones disponibles.

Esto requerirá sacrificios. El Akkad ofrece ejemplos de personas a las que admira: el escritor que rechazó un premio de una organización que había guardado silencio sobre Gaza; el profesor lo suficientemente valiente como para hablar con sus alumnos adolescentes sobre la intolerable tasa de mortalidad de niños y civiles (no “no combatientes”). De forma más cruda, escribe sobre Aaron Bushnell, el veterano de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, cuyas últimas palabras antes de prenderse fuego frente a la embajada israelí en Washington D. C. fueron “Palestina libre”.

Violencia sistemática

Al igual que Wells, El Akkad vincula la violencia sistemática con las estructuras que sustentan el mundo moderno. La principal de ellas es el capitalismo. Sugiere que el cambio real llegará cuando un número suficiente de nosotros, por usar la vieja jerga de los años sesenta, “abandonemos”, aunque él prefiere la palabra “negación”, un término que implica que hay algo a lo que oponerse.

Omar El Akkad.
Text Publishing

Es hora, argumenta, de que los ciudadanos occidentales bien educados digan “basta”. Nuestros teléfonos son lo suficientemente inteligentes; somos (colectivamente) lo suficientemente ricos y estamos lo suficientemente saciados.

Puede que al principio resulte difícil, pero aprenderemos que “quizás no sea tan complicado evitar pedir café, descargar aplicaciones y comprar hummus con sabor a chocolate de empresas que toleran la matanza”.

Hacerlo podría detener un genocidio. Con el tiempo, este tipo de acción colectiva también podría detener otras calamidades inminentes, entre ellas el colapso climático. El enfoque constante de El Akkad a lo largo del libro en la muerte, las mutilaciones y los daños psíquicos inconmensurables que sufren los niños de Gaza hace que este caso parezca urgente.

Si esa urgencia suena exagerada, El Akkad podría preguntarle qué niños tenía en mente cuando se estremeció ante su diagnóstico. Es probable que su reacción dependa de la ubicación, el color y la riqueza de los niños que tiene en la cabeza.

En una de las frases más impactantes del libro, El Akkad pregunta: “¿Cómo se completa la frase: ‘Es lamentable que hayan muerto decenas de miles de niños, pero…’?”. Tras eso, sugiere que es mejor que todos nos comportemos según la afirmación: “No existen los hijos ajenos”.

The Conversation

Clare Corbould no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra’: el libro que retrata la destrucción de Gaza y el consentimiento de Occidente – https://theconversation.com/algun-dia-todo-el-mundo-habra-querido-estar-siempre-en-contra-el-libro-que-retrata-la-destruccion-de-gaza-y-el-consentimiento-de-occidente-263973

Europa frente al desafío del agua: hacia una estrategia común de resiliencia hídrica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Molinos Senante, Investigadora postdoctoral Instituto de Procesos Sostenibles, Universidad de Valladolid

Quintanilla/Shutterstock

Desde la Roma antigua, el agua ha sido sinónimo de civilización. Los acueductos, termas y sistemas de distribución romanos no solo garantizaron la supervivencia de una sociedad floreciente, sino que también demostraron el papel central de este recurso en el desarrollo económico y cultural.

Hoy, dos milenios después, nuestra realidad no es tan diferente: medio ambiente, economía, seguridad alimentaria, energía y calidad de vida siguen dependiendo de un suministro de agua estable y de calidad. Sin embargo, el crecimiento demográfico, los cambios socioeconómicos y el cambio climático están poniendo en riesgo la seguridad hídrica de millones de europeos.

Las proyecciones son especialmente preocupantes para el sur del continente. En España se estima que la disponibilidad de agua podría reducirse hasta un 40 % en algunas cuencas hidrográficas. Si la temperatura global aumenta 1,5 °C, la población europea que vive en condiciones de escasez pasaría de los 51,9 millones actuales a 64,6 millones. En el caso español, el número crecería de 22,4 a 32,7 millones de personas.

El otro gran desafío son las inundaciones, el desastre natural más frecuente en Europa. Los episodios recientes, como la dana en Valencia, evidencian la magnitud del problema. Hoy, una décima parte de la población urbana europea vive en zonas con riesgo potencial de inundación.




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Tres principios para afrontar la crisis hídrica

Ante este panorama, la Comisión Europea aprobó en junio de 2025 la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica, cuyo objetivo es construir una Europa más preparada frente a la crisis hídrica. Y se articula en tres ejes:

  1. Restaurar y proteger el ciclo hidrológico.

  2. Impulsar una economía hidrointeligente que combine competitividad y sostenibilidad.

  3. Garantizar el acceso universal a agua limpia y asequible. En definitiva, Europa reconoce que el agua ya no puede darse por sentada: requiere planificación, inversión y, sobre todo, una respuesta conjunta y solidaria.

La Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica propone un ambicioso programa de acción que combina nuevas regulaciones, planificación a largo plazo y desarrollo tecnológico. Sin embargo, su verdadero valor reside en la capacidad de articular políticas y acciones multisectoriales, trasladando la gestión hídrica más allá del ámbito medioambiental.

Agricultura, industria, energía, transporte y urbanismo deben trabajar de forma coordinada para reducir la presión sobre los recursos, fomentar el uso eficiente, acelerar la innovación tecnológica y promover la circularidad.

Esta iniciativa supone un avance significativo en la gobernanza del agua al reconocerla como un bien común indispensable para la salud pública, la seguridad alimentaria, la energía, la cohesión social y la competitividad económica. Sin embargo, su éxito dependerá en gran medida de cómo se afronten una serie de obstáculos estratégicos, institucionales y técnicos.




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Los desafíos en la resiliencia hídrica

Entre los principales retos destaca la naturaleza no vinculante de algunos objetivos, como la meta de reducir el consumo de agua en un 10 % para 2030. Asimismo, la fragmentación institucional y legislativa de la Unión Europea complica la coherencia en su aplicación.

Las directrices europeas deben traducirse eficazmente en políticas nacionales coordinadas. Sin embargo, la capacidad administrativa es divergente en los países europeos. El desafío financiero es otro reto importante. La Comisión Europea estima una necesidad de 23 000 millones de euros al año para modernizar infraestructuras y fomentar la reutilización del agua. Sin embargo, garantizar inversiones privadas y públicas sostenidas requerirá mecanismos financieros robustos y confianza regulatoria.

En este contexto, para que la estrategia cumpla su propósito, es indispensable fortalecer la gobernanza multinivel, asegurar financiación sostenible, fomentar colaboraciones público-privadas y adaptar las acciones a la diversidad regional.

Ante un clima cada vez más extremo y sistemas hídricos frágiles, solo un enfoque coherente, participativo y financiero sólido puede consolidar la resiliencia hídrica en toda Europa.

The Conversation

María Molinos Senante no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Europa frente al desafío del agua: hacia una estrategia común de resiliencia hídrica – https://theconversation.com/europa-frente-al-desafio-del-agua-hacia-una-estrategia-comun-de-resiliencia-hidrica-261246

Like Reagan, Trump is slashing environment regulations, but his strategy may have a far deeper impact

Source: The Conversation – USA (2) – By Barbara Kates-Garnick, Professor of Practice in Energy Policy, The Fletcher School, Tufts University

When the Trump administration announced it was moving to eliminate dozens of U.S. climate policies, Environmental Protection Agency Administrator Lee Zeldin said he was sending “a dagger straight into the heart of the climate change religion.”

That drive – to both repeal environmental regulations and cast doubt on science – reflects the Trump administration’s approach to environment policy.

Deregulation has long been a key theme in Republican environmental policy. The conflict between the obligation to protect public health and the desire to boost markets traces back to Ronald Reagan’s presidential administration. Reagan’s perspective that government is not a solution to problems, but is the problem instead, set the stage for Republican administrations that followed.

Reagan, standing in a reception line, shakes Trump's hand. Trump is wearing a tuxedo. Reagan a suit.
President Ronald Reagan shakes Donald Trump’s hand during a reception that Trump, then a real estate developer, attended at the White House in 1987.
White House Photographic Collection via Wikimedia Commons

Reagan argued that the growth of government spending and business regulation had stymied economic prosperity. Environmental regulations were a prime target.

Forty years later, America is seeing many of the same concepts in the Trump administration. However, its strategy could have a greater effect than Reagan ever envisioned.

Slashing budgets and staffing

There are many ways to kneecap government agencies: Instituting massive budget cuts, cutting staff with critical functions and appointing leadership whose goal is limiting the reach and effectiveness of the very agencies they direct are just a few.

In these efforts, Reagan and Trump had similar approaches to the EPA, although with different levels of intensity.

Trump’s EPA budget plan for 2026 includes a draconian 50% cut from the previous year and the lowest budget proposal, when adjusted for inflation, since Reagan. Staff cuts in just the first six months of the second Trump administration put the agency’s total employment at 12,448, down from 16,155 in January.

Reagan dissolved the EPA Office of Enforcement to limit “unnecessary regulation,” which resulted in a 80% decline in actions to enforce environmental regulations. Trump is also stopping enforcement actions, dismantling the EPA’s Science and Research Office and politicizing the agency’s science by putting political appointees in charge, moves that undermine EPA’s independence and expertise.

Both cut EPA’s budget, but that alone does not reduce an agency’s effectiveness.

Politicizing EPA leadership

When the EPA was founded in 1970 during the Nixon administration, it represented a bipartisan consensus: After decades of auto exhaust, polluted waterways and smog-filled air, environmental protection had become a national policy priority.

But industries that EPA regulated argued that the costs of implementing the agency’s mandates were too high. That created tension between economics and science and enforcement.

As part of his “government is not the solution” approach, Reagan issued an executive order shortly after taking office in 1981 requiring federal agencies to submit all proposed rules to the White House Office of Management and Budget before making them public. In Reagan’s eyes, this approach centralized power in the White House and was a way to eliminate burdensome regulations before the agencies announced them to the public.

He also appointed an EPA administrator who shared his anti-government perspective. Anne Gorsuch Burford was a lawyer and state legislator from Colorado, where she routinely voted against toxic waste cleanup and auto pollution controls.

A woman sits in a chair next to the president's desk. Reagan is smiling as he talks with her.
President Ronald Reagan meets with EPA Administrator Anne Gorsuch in the Oval Office in May 1982.
HUM Images/Universal Images Group via Getty Images

Once in Washington, she appointed several people to the EPA’s leadership team with direct ties to industries the EPA regulated. An example was Rita Lavelle, head of the EPA’s toxic waste programs, who was later convicted of perjury for lying to Congress about when she knew her former employer, a defense contractor, was disposing of toxic waste at a now notorious dump site.

These appointments were an example of regulatory capture by the industries EPA was in charge of overseeing. Anne Gorsuch Burford was held in contempt of Congress for not turning over records related to the Superfund cleanup of the same hazardous waste site, which led to her resignation. The Superfund program to clean up toxic waste dumps was new and one of EPA’s largest programs at the time.

The scandals, broken staff morale, stripped budgets and fights over policy discredited the agency.

Going after government scientists

Anne Gorsuch Burford’s deregulation efforts weren’t fully successful, in part because EPA staff experts rallied to preserve science and regulatory functions. They leaked materials about delays in the Superfund site cleanup to sympathetic congressional staff, who in turn found support from Republican and Democratic senators.

That history may have influenced the Trump administration’s strategy toward the federal bureaucracy’s staff experts, who Trump calls “the Deep State.”

The Department of Government Efficiency, an unofficial group Trump set up in early 2025 headed by Elon Musk, directed the firing of tens of thousands of government scientists and other staff with expertise that government agencies rely on. Thousands more have resigned amid intimidation tactics such as surveillance.

A group of people hold science reading 'EPA protects you, protect EPA' and 'Science saves'
EPA employees and supporters held a rally in Philadelphia on March 25, 2025, to call attention to the impact of the Trump administration’s job cuts.
AP Photo/Matt Rourke

Trump’s head of the Office of Management and Budget, Russell Vought, has been clear about targeting bureaucrats. He said in 2023: “We want their funding to be shut down so that the EPA can’t do all of the rules against our energy industry because they have no bandwidth financially to do so. We want to put them in trauma.”

There is a clear focus today on EPA programs that don’t align with the administration’s views. Programs related to environmental justice for low-income communities are in the line of fire. The appointment of people from the chemical, fossil fuel and corporate industries to high-level regulatory and legal positions raises questions about regulatory capture – whether their focus will be more on the health of the industries they oversee than on the health of the public.

An example is decision-making related to who bears the costs of cleaning up pollution from PFAS “forever chemicals” − persistent, harmful chemicals that are now found in drinking water and in people’s bloodstreams. Steven Cook, a Trump appointee who once represented chemical companies that are fighting the rule, has proposed shifting what are expected to be billions of dollars in costs from the companies to taxpayers, The New York Times reports. That would be a significant shift away from the 45-year Superfund mantra that “the polluter pays.” Such actions blur the lines between ethics, policymaking and consumer and company interests.

The first Trump administration had a focus on reforming permitting and bureaucracy. While appearing radical at the time, the revamping of scientific boards to include more industry representatives, the undoing of power plant rules and the lessening of enforcement hobbled but did not completely undo the agency.

The second Trump administration, in actively supporting fossil fuel “energy dominance,” is taking steps to not just eliminate regulations but to ensure future administrations can’t bring the regulations back, by using a complex set of legal arguments related to the regulation of greenhouse gases.

At the same time, the administration is trying to discredit scientific research to downplay the risks of a warming planet.

EPA Administrator Lee Zeldin announces plans in March 2025 to reconsider dozens of regulations that affect the fossil fuel industry and human health.

The Reagan administration, while it also pushed for deregulation and expanded permitting of oil, gas and coal leases, embraced some elements of environmental protection. Reagan designated more than 10 million acres as protected wilderness and signed the Coastal Barriers Resources Act, which helped protect 3.5 million acres of shoreline from development. When Reagan signed the Montreal Protocol in 1988 to help protect the ozone layer, he cited scientific data showing the growing risks of ozone-depleting substances.

When Congress doesn’t push back

There is another critical difference between the first and second Trump administrations: The current Republican-controlled Congress is consenting to almost every request the president makes.

Congress has a constitutional responsibility to be a check on the executive branch, and a bipartisan Congress has long taken an active role in oversight and investigation involving environmental issues.

In 2025, however, Congress has approved most of Trump’s demands, including voting to repeal much of the Inflation Reduction Act, a package of pro-environment spending it had just passed two years earlier and that included many projects in Republican districts.

The administration’s effort to eliminate U.S. climate policies will take time and face lawsuits.

In an irony of history, Anne Gorsuch Burford’s son Neil Gorsuch now sits on the Supreme Court. His vote when those cases come before the court may be the ultimate Reagan legacy on the Trump EPA.

This article, originally published Aug. 26, 2025, has been updated with a recommendation within EPA to shift PFAS cleanup costs from companies to taxpayers.

The Conversation

Barbara Kates-Garnick does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Like Reagan, Trump is slashing environment regulations, but his strategy may have a far deeper impact – https://theconversation.com/like-reagan-trump-is-slashing-environment-regulations-but-his-strategy-may-have-a-far-deeper-impact-262929

Medidas que debería incluir un pacto de Estado para hacer frente a los incendios forestales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Resco de Dios, Catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global, Universitat de Lleida

Actuación de la Unidad Militar de Emergencias en el incendio de Tres Cantos (Madrid) el 12 de agosto de 2025. UME

Hace un par de semanas, cuando el azote de los incendios forestales empezaba a golpear el oeste de la península ibérica, propusimos un pacto de Estado para hacer frente al problema de los incendios forestales en España, junto con Paco Castañares, del sector forestal.

El Gobierno ha prometido un Pacto de Estado para la mitigación y adaptación a la Emergencia Climática, y el principal partido de la oposición presentó un plan de Ayuda, Recuperación y Prevención para el Medio Rural y Forestal.

Pero ¿en qué consistiría exactamente un pacto de Estado para hacer frente al problema de los incendios forestales? A continuación, trataré de esbozar algunos de los siete principales aspectos que, bajo nuestro parecer, debería contener.

1. Cultura de riesgo y autoprotección

Debemos establecer una cultura de riesgo, de manera que la ciudadanía sea consciente de los riesgos a los que está expuesta, que sepa cómo autoprotegerse y cómo reaccionar frente a la emergencia a través de:

  • Desarrollo y publicación de una cartografía de riesgo, con mapas de zonas “inflamables” (equivalente a mapas de zonas inundables) y que concrete puntos de reunión, vías de escape y evacuación dado que muchas personas viven, o veranean, en ratoneras sin escapatoria en caso de incendio y sin ser conscientes de ello.

  • Facilitación a la ciudadanía de herramientas que permitan visualizar en tiempo casi real el incendio e información sobre cómo autoprotegerse.

  • Desarrollo y ejecución de los planes de prevención municipal por técnicos cualificados, que incluyan franjas cortafuegos de cientos de metros, coordinados a través de las diputaciones en el caso de ayuntamientos pequeños y con medios escasos.

Cuando la cultura de riesgo ya esté instaurada, junto con las debidas medidas de autoprotección, podemos revisar la legislación para permitir que cada persona elija si prefiere evacuar su casa o quedarse a defenderla, asumiendo el riesgo que eso conlleva, como se hace en Australia y otros países.

2. Prevención y actividad forestal

La literatura científica actual nos indica que para reducir sustantivamente el área quemada en incendios, necesitamos tratar preventivamente el equivalente a 3-5 veces el área quemada, lo que implica un mínimo de un millón de hectáreas al año, a través de un diseño estratégico. Estamos hablando de:

  • Planificar y ejecutar obras de prevención a escala de macizo montañoso, a parte de la necesaria protección municipal y a escalas más locales.

  • Promover mosaicos de vegetación, o “cortafuegos productivos”, que son zonas que combinan distintos tipos de vegetación y permiten casar la rentabilidad de la explotación (castañas, cultivos, olivos…) con la preservación de la biodiversidad y las zonas de escasa inflamabilidad, de baja carga de combustible, sobre todo en puntos críticos.

  • Implementar un ambicioso programa de quemas prescritas, la versión ingenieril de las quemas tradicionales de los pastores, nuevamente para disminuir la carga de combustible en nuestros montes y crear oportunidades para la extinción.




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3. Sistema de alertas

Necesitamos desarrollar un sistema de alerta temprana que avise idealmente 72 horas antes del advenimiento de condiciones adversas para poder preparar tanto a los dispositivos de extinción como a la población sobre posibles evacuaciones o confinamientos.

Este sistema de alerta debe ser desarrollado por expertos en incendios forestales, a partir de los datos que puedan aportar distintas agencias como las meteorológicas o estadísticas.

4. Gestión de la emergencia

El pacto de Estado que necesitamos debe velar por:

  • La incorporación a la cadena de mando de unidades de análisis y planificación de la extinción, ya que los incendios actuales requieren de unidades de inteligencia avanzada. Hasta que eso no se haya logrado, necesitamos hacer frente a las condiciones de emergencia nacional de estos días con, por lo menos, un sistema de soporte en el análisis. Resulta paradójico que a nivel internacional se haya implementado el mecanismo FAST, que permite ese apoyo en inteligencia a países terceros, pero que una estructura parecida aún no se haya aplicado a nivel nacional.

  • A largo plazo, el pacto de Estado debe velar por la homogeneización de los elementos comunes en los dispositivos de extinción, para dar una respuesta efectiva cuando se produzca la próxima emergencia nacional.

  • Mejorar la formación de los bomberos a todos los niveles. En algunas comunidades autónomas, las condiciones laborales es otra de las tareas pendientes.

Paisaje de tierra quemada
Paisaje tras el incendio de Yeres, en León.
UME

5. Restauración

Los megaincendios son la respuesta de los ecosistemas al cambio global que estamos viviendo. La nueva realidad climática impone cambios drásticos sobre algunos paradigmas para adaptar nuestros ecosistemas a un clima cambiante. Esto implica que:

  • Deberemos favorecer el establecimiento de vegetación adaptada al clima futuro que se espera para cada zona, aun cuando eso implique una pérdida de la superficie de bosques cerrados o la incorporación de vegetación no autóctona.

  • Necesitamos unidades de inteligencia que permitan tomar decisiones rápidas sobre cómo abordar la restauración tras múltiples incendios que queman centenares de miles de hectáreas, y agilizar los procedimientos para poder contratar con urgencia las obras de restauración necesarias para evitar las pérdidas de suelo.




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6. Legislación y fiscalidad

Y por último, el pacto de Estado debe disminuir la carga burocrática con la que se encuentra el sector primario y, en particular, las actividades relacionadas con la prevención de incendios y fomentar, a través de incentivos fiscales, la actividad rural y su rentabilidad. Esto conlleva acciones como:

  • Incorporar la singularidad forestal en la Política Agraria Común (PAC), de manera que se puedan dejar sin labrar zonas en riesgo importante de incendios forestales.

  • Reducir (o eliminar) el IVA de las actuaciones de prevención.

  • Priorizar la protección frente a incendios forestales en la implementación española del Pacto Verde, considerando los cambios que sobre el régimen de incendios pueden ejercer, por ejemplo, la transición energética o la legislación sobre restauración .




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  • Revisar a fondo de la legislación actual en materia forestal y rural de manera que se eliminen las trabas a la recuperación de antiguos cultivos y otras medidas que favorezcan la prevención de incendios.

7. Ciencia e innovación

  • Incentivar la mejora e innovación facilitando el acceso en abierto a datos y previsiones meteorológicas y otros datos financiados con dinero público.

  • Dotar a los medios de extinción de capacidad para mapear el avance de los incendios a tiempo real, y poder reconstruir su comportamiento para su posterior estudio.

En una primera aproximación se estima que el coste de poner en marcha estas medidas debería estar cerca de los 3 000 millones de euros, lo que podría suponer menos de la mitad de lo que llevamos este año gastado en extinción (extinguir cuesta unos 19 000 euros por hectárea). El pacto nos hubiera evitado en gran parte la pérdida de vidas humanas e infraestructuras y de las subvenciones asociadas a la declaración de zona catastrófica.

Además, un porcentaje elevado se podría cubrir por capital privado si logramos mejorar la rentabilidad de las explotaciones. Aparte de las medidas aquí propuestas, otras actividades que fomenten los usos energéticos de la biomasa y constructivo de la madera, por poner dos ejemplos, podrían favorecer esta actividad privada.

Los incendios forestales de este año nos recuerdan cómo se están convirtiendo en un problema de protección civil y de salud pública, con importantes consecuencias para la red ferroviaria y el turismo, y que está afectando también a la calidad de las aguas, aparte de su impacto creciente sobre las sociedades y economías rurales. El margen de error es cada vez más estrecho.

The Conversation

Víctor Resco de Dios recibe fondos del MICINN.

ref. Medidas que debería incluir un pacto de Estado para hacer frente a los incendios forestales – https://theconversation.com/medidas-que-deberia-incluir-un-pacto-de-estado-para-hacer-frente-a-los-incendios-forestales-263979

Netflix’s ‘Mo’ delivers humour, heartache as it explores Israel-Gaza war and Palestinian and Mexican migrant life in the U.S.

Source: The Conversation – Canada – By Faiza Hirji, Associate Professor, Department of Communication Studies and Media Arts, McMaster University

I recently watched both seasons of the Netflix drama-comedy Mo (2022-25), expecting a good laugh, since the show is headlined and written by funny and smart comedian Mohammed Amer.

Mo does provoke a lot of laughter, but it also stirs deep emotions, including despair, loneliness and helplessness, as the episodes explore life in America for people on the margins.

Mo is a semi-autobiographical depiction of Amer’s life. He’s a Palestinian who grew up in Houston, Texas, immigrating to that city when he was nine years old by way of Kuwait.

In the series, Amer plays Mo Najjar as he navigates a complex balancing act between the different cultures that have shaped his life. Mo undergoes struggles to obtain asylum status in the United States as a “stateless person” with no passport.

Amer uses elements of a situation comedy to introduce increasingly troubling sociopolitical themes, leavening an existential darkness with the love and laughter of the main character’s friends and family.

The comedy-drama format allows Mo to address difficult and divisive issues, such as immigration in America and the Israel-Gaza war, in non-threatening ways.

Amer’s comedic writing also serves to humanize his characters. This is particularly important accomplishment in the case of Palestinians, both at home and in the diaspora — and more broadly for Muslims globally — given the long history of misrepresentation of Islam in western discourse.

Comedy tackles erasure of Palestine

In his writing on the first Gulf War, Canadian researcher Karim H. Karim explains how western war propaganda attempted to dehumanize their enemy. He cites comments from the U.S. army members during the Gulf War as examples. They described Iraqis as non-human and animals: “fish in a barrel,” “cockroaches” and part of a “turkey shoot,” alongside the use of longstanding stereotypes about Arabs and Muslims

Dehumanizing techniques can also be seen in today’s conflicts in the Middle East.

For example, Israeli Finance Minister Bezalel Smotrich delivered a speech in October 2024 in which he said: “There is no such thing as a Palestinian nation. There is no Palestinian history. There is no Palestinian language.” Israeli Defense Minister Yoav Gallant also said: “We are fighting human animals and we act accordingly.”




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How colonialist depictions of Palestinians feed western ideas of eastern ‘barbarism’


Mo counters these types of messages repeatedly as features representations of strong women, respectful men and loving families, instead of the angry terrorists or oppressed women depicted in western imaginings.

Several researchers have previously documented such stereotypes, including Edward Said, Leila Ahmed, Yasmin Jiwani, Karim Karim and Ross Perigoe and Mahmoud Eid.

Comedy is non-threatening

Viewers get to know Mo’s family, the Najjars, and their quirks and idiosyncracies, as well as the complicated path they tread.

During the family’s asylum hearing, an opposing lawyer raises an objection to their claim, saying the U.S. does not recognize Palestine as a state. The statement is brief and the moment passes quickly, but the viewer is now aware of this kind of daily erasure of Palestinian people.

Over the course of the show, viewers see the many ways Mo protests the general erasure of Palestinian culture, including a recurring argument over the origin of hummus (made with chickpeas, garlic, tahini and olive oil).

Building that statement into a comedy is less likely to attract negative attention than a high-profile drama or documentary. For example, Hamdan Ballal, one of the directors of the Oscar-winning Israel-Palestine documentary, No Other Land, was injured in an attack by masked settlers and then arrested by the Israel Defence Forces in the West Bank. Israel’s culture minister said changes had been made to public funding rules to help prevent similar films from being made in future..

Comedy as simultaneous defusion and resistance is also practised by the Palestinian-Canadian comedian Eman el Husseini, whose stand-up routine touches on the idea that Arabs are perceived to be dangerous while painting a picture of her own family as affectionate, overbearing and harmless.

The strategic use of comedy to make characters relatable is a technique that has proven successful with racialized comedians tackling difficult issues, both for stand-ups like Russell Peters and situation comedy formats like Black-ish.

Crushing challenges

Humour may seem like an odd response to the characters’ crushing challenges. At one point, while in negotiation with a criminal who is threatening to amputate the foot of his friend, Mo suggests cutting off just a pinkie instead, hissing to his outraged friend, “Hey, you don’t wear pinkie rings, anyway!”

But in this series, humour becomes the coping mechanism for Mo‘s characters, however fraught or fragile the issue, from a lighthearted chuckle to the darkness of gallows humour.

At times, Mo’s mother, Yusra (Farah Bsaiso), seems utterly consumed by stories of dispossession taking place back in Palestine, while Mo becomes increasingly angry about examples of appropriation and erasure.

His sister, Nadia (Cherien Dabis), trying to forge a way forward, urges her mother to pull herself away from stories of tragedy back home and resist oppression finding moments of happiness. She insists:

“We’re more than our pain and suffering.”

Ultimately, it is Yusra who summarizes what it means to smile through one’s pain, telling Mo:

“The world will always try to tear us down. And when they do…we smile. Because we know who we are.”

Resilience

In Season 2, Mo, still undocumented in Texas, gets accidentally trapped in Mexico after unwittingly crossing the border. His Mexican fiancée leaves him in frustration and loneliness.

Throughout this season, Mo’s anger at the American immigration system grows as he repeatedly tries — and fails — to get home. He seems to be engaging in constant self-sabotage, in which he simply cannot accept the process that his lawyer and the bureaucracy have outlined for him.

Yet, as the depth of the dehumanization experienced by Mo and his family becomes more and more apparent, Mo’s simmering, ever-present anger starts to seem less dysfunctional. Instead, the world’s indifference becomes spotlighted.

During these episodes, Mo begins to learn how to live with — but never accept — injustice.

However, this is still a sitcom, and some things do work out for Mo. At the end of Season 2, Mo and his family get their U.S. passports and so can finally visit their family in Palestine.

As Mo is getting ready to return to Texas, after a joyful and also heartbreaking visit with his relatives, he is harassed by an Israeli border guard. At this moment, Mo realizes he must develop the same inner strength and resolve embodied by his mother, earned after years of having to bear such harassment.

Although Mo is consumed by anger and sadness at the unjust actions towards him by the guard, against all his instincts, he thanks the border guard, smiles and walks on.

The Conversation

Faiza Hirji receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. Netflix’s ‘Mo’ delivers humour, heartache as it explores Israel-Gaza war and Palestinian and Mexican migrant life in the U.S. – https://theconversation.com/netflixs-mo-delivers-humour-heartache-as-it-explores-israel-gaza-war-and-palestinian-and-mexican-migrant-life-in-the-u-s-249684

What’s in a name? How the sound of names can bias hiring decisions

Source: The Conversation – Canada – By David Sidhu, Assistant Professor, Department of Psychology, Carleton University

Imagine you’re hiring someone for a job that requires a very kind, agreeable and co-operative person. You have two candidates and all you know about them are their names: Renee and Greta. Who do you think would be a better fit?

If you are like the people in our recent study on hiring judgments, you probably chose Renee. We found that smoother-sounding names like Renee were preferred to harsher-sounding names like Greta for certain kinds of jobs.

The idea that the sound of a word can make it a better fit for particular meanings or qualities is known as sound symbolism. And it suggests that even something as small as the phonemes in a name can carry surprising weight in how people are judged.

The power of sound symbolism

The best known example of sound symbolism is the bouba/kiki effect. Across languages and cultures, people tend to match the made-up word “bouba” with round shapes and “kiki” with spiky ones.

Why this happens is still debated. Various explanations exist, including the physical sensation of pronouncing the words or the way the sounds of the words imitate the features of round versus spiky objects.

Two shapes seen side-by-side: A spiky shape and a flower shape with rounded edges
In experiments, people tend to associate the word kiki with the shape on the left, and bouba with the one on the right.
(Wikimedia Commons), CC BY-SA

Several years ago, we tested whether the bouba/kiki effect extended beyond invented words to real first names. In one part of that study, we showed participants silhouettes that were either round or spiky and asked them to match them with names.

Not only do people associate names like Bob with round silhouettes and Kirk with spiky silhouettes, but people also associate these names with different personality traits.




Read more:
Why people hate or love the sound of certain words


Smoother-sounding names like Liam or Noelle were judged as more agreeable and emotional, while spikier-sounding names like Tate or Krista were judged as more extroverted.

Importantly, this didn’t mean that Liams actually were more agreeable than Tates. In fact, when our study looked at the personalities of more than 1,000 people, we didn’t find any sign these patterns existed in the real world. Nevertheless, people still make associations based on the sounds of names.

Names and hiring decisions

In our latest study, we were curious to see how these associations might affect judgments in a real-world context: hiring. Of course, employers usually have much more to go on than a name, but there are many instances in which candidates are screened based on only limited information.

There is also a great deal of evidence that socio-demographic cues in a name — such as race and age — can affect who gets a callback. The sound of a name itself could be another potential source of bias.

We designed job ads that looked for a candidate high in one of six personality factors: honesty-humility, emotionality, extroversion, agreeableness, conscientiousness (how organized or hard-working someone is) and openness to experience. For example, one ad looking for an agreeable candidate read:

An organization is looking to hire a new employee. The ideal applicant for this job should be:

  • Co-operative
  • Peaceful
  • Not aggressive

A sample of adults recruited online were then given a pair of names and asked to decide who sounded like a better fit for the job. One name in the pair contained what are called “sonorant” consonants (l, m, n) that sound especially smooth and continuous.

The other contained what are called “voiceless stops” (p, t, k) that sound especially abrupt. For example, they might have to choose between Liam and Tate.

The people in our study made decisions for many different pairs of names, and the overall finding across three experiments was that smoother sounding names, like Liam and Noelle, were judged as better fits for jobs looking for someone high in honesty-humility, emotionality, agreeableness and openness.

When more information is available

We also tested what happens when additional information was introduced. For example, what if participants saw Liam in a picture or watched a video of him answering questions about himself?

We found that when people saw pictures of candidates (randomly paired with names), the influence of name sound decreased. When people saw a videotaped interview of the job candidates, the sound of a name no longer had an effect on their judgments of personality.

We also asked participants how well a given name fit the job candidate in the video. When people felt a name suited a candidate — regardless of sound — that candidate was judged more positively on almost every measure, including warmth and competence.

In other words, there seems to be a benefit of having a name that fits, even though it’s not yet known why some people’s names seem to suit them better than others.

Taken together, these results show the sound of a name might be one additional source of bias in hiring decisions. When people don’t have a lot of details about a candidate, it seems that there is much in a name.

The Conversation

David Sidhu receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC) and the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada (NSERC)

Penny Pexman receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC) and the Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada (NSERC).

ref. What’s in a name? How the sound of names can bias hiring decisions – https://theconversation.com/whats-in-a-name-how-the-sound-of-names-can-bias-hiring-decisions-263607