¿Nos enamoraríamos del señor Darcy de ‘Orgullo y prejuicio’ en la vida real?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lara López Millán, Docente Universitaria de Artes y Educación, Universidad Camilo José Cela

Matthew Macfadyen en la adaptación de ‘Orgullo y prejuicio’ de 2005. FilmAffinity

Imaginen la escena: Matthew Macfadyen, a cargo del personaje del señor Darcy, cruzando la niebla en la versión de Joe Wright de Orgullo y Prejuicio (2005). El abrigo ondea al ritmo de sus pasos y la voz le tiembla cuando pronuncia una confesión frente a Keira Knightley –quien interpreta a Elizabeth Bennet– que suena a todo menos ensayada.

El señor Darcy y su ondeante abrigo diciendo ‘has hechizado mi cuerpo y mi alma’.

Esa secuencia –inexistente en la novela original de Jane Austen– ha quedado grabada en la memoria de las espectadoras como un momento cumbre del romanticismo cinematográfico. ¿Qué tiene entonces este personaje que, a casi dos siglos de su creación, sigue siendo un arquetipo romántico vigente? Tal vez la promesa –potenciada por la cámara, la música y el montaje– de un hombre que combina poder, misterio y ternura.

Pero el Darcy de Jane Austen (1775-1817) pertenecía a la Inglaterra de la Regencia (1811-1820), un mundo de herencias, escalafones y matrimonios como estrategia social. Era orgulloso, reservado y con prejuicios de clase, más cercano a un terrateniente preocupado por su patrimonio que al héroe apasionado que nos vende el cine.

En las adaptaciones, con la camisa mojada de Colin Firth en la miniserie de la BBC en 1995 o las miradas contenidas de Macfadyen, se han ido suavizando sus aristas, erotizando su presencia y dotándolo de una vulnerabilidad muy contemporánea. Así, un personaje complejo ha sido convertido en el mito romántico que seguimos persiguiendo.

La Inglaterra del privilegio y la etiqueta

Para entender al Sr. Darcy, hay que situarlo en un mundo marcado por la ostentación de la aristocracia terrateniente y una jerarquía social férrea, donde la movilidad entre clases era mínima y el matrimonio funcionaba tanto como alianza económica como vía para preservar o mejorar el estatus familiar.

En este contexto, el “caballero” no era solo un título social, sino un papel que implicaba privilegios materiales y un código de conducta inflexible: cortesía en público, discreción en los asuntos íntimos y un profundo respeto –y defensa– de la estructura social.

Fitzwilliam Darcy encarna a la perfección ese modelo: un heredero acomodado, educado para administrar propiedades, mantener un apellido intachable y protegerse de cualquier vínculo que pudiera considerarse una “alianza desigual”. No es un rebelde romántico, sino un hombre que aprende, con dificultad, a dejar que la afectividad dialogue con el deber.

En Orgullo y Prejuicio, Darcy se presenta desde el inicio como alguien arrogante, distante y poco dado a la amabilidad superficial. No busca agradar ni cortejar; más bien parece evitar cualquier contacto que no considere necesario. Sin embargo, Austen no lo convierte en un villano, sino en un personaje en evolución. Su transformación no le lleva a ser un “príncipe azul” perfecto, sino un hombre que, tras enfrentarse a sus prejuicios y reconocer sus errores, cede parte de su orgullo en favor de la honestidad y el afecto.

La autora lo dibuja como un personaje reservado, incluso incómodo en situaciones sociales, con una torpeza emocional que puede sorprender a quienes solo lo conozcan a través de ciertas representaciones cinematográficas que lo hayan idealizado como un seductor. Sin embargo, adaptaciones como la mencionada de 2005 reflejan con fidelidad esa incomodidad y esa reserva, acercándose mucho más al Darcy literario.

En su contexto histórico, la decisión de proponer matrimonio a Elizabeth Bennet –una mujer de clase social inferior, sin gran fortuna ni conexiones ventajosas– implicaba desafiar abiertamente las expectativas de su posición. Ese gesto, más que las escenas de niebla o camisas mojadas, es lo que hace que el Darcy literario conserve su poder de fascinación doscientos años después.

El Darcy de Colin Firth en la miniserie de la BBC se bañaba en camisa y después, con esa falta de decoro, se topaba con Lizzie Bennet.

De la Regencia a los galanes de hoy

El Darcy cinematográfico ha calado hondo porque encaja con arquetipos románticos actuales: el hombre inaccesible que, gracias al amor, se transforma; aquel que combina seguridad económica con ternura emocional, misterio con entrega. Es un modelo que promete estabilidad y pasión al mismo tiempo, una combinación que sigue fascinando y generando deseo.

La popularidad de series y adaptaciones recientes, o reinterpretaciones modernas de Austen, demuestran cómo la estética de la Regencia –o de sus fantasías– sigue siendo un marco fértil para recrear ideales románticos. En estas versiones, el glamour, los vestidos, los bailes y las intrigas se mezclan con figuras masculinas poderosas pero vulnerables, reforzando la idea de un “amor que transforma” en escenarios históricos cuidadosamente estilizados.

Anthony Bridgerton (protagonista de la segunda temporada de Los Bridgerton) es el heredero perfecto de este molde: serio, controlador y devoto de sus responsabilidades familiares, pero finalmente dispuesto a dejarse arrastrar por la pasión. Lo mismo ocurre con Simon Basset, duque de Hastings en la primera temporada de la serie, cuya mezcla de orgullo, trauma personal y vulnerabilidad lo convirtió en el nuevo suspiro colectivo.

Retratos de dos hombres jóvenes vestidos de época en una serie de televisión.
Regé-Jean Page como Simon Basset (izq.) y Jonathan Bailey como Anthony Bridgerton (dcha.) son dos nuevas ‘versiones’ del siempre omnipresente señor Darcy.
Liam Daniel y Nick Briggs/Netflix

También encontramos ecos de Darcy en el Sr. Knightley de la adaptación de Emma de 2020, más paternal y menos orgulloso que el Darcy de Orgullo y Prejuicio, pero igualmente inscrito en la lógica del “hombre que cambia por amor”. Incluso en traslaciones de Austen más libres, como la última versión de Persuasión, se repite la tensión entre orgullo y afecto, distancia y atracción con el capitán Wentworth.

Sin embargo, la idealización tiene sus riesgos. En la vida real, alguien tan orgulloso y distante probablemente resultaría difícil de tratar, incluso frustrante. Parte del encanto de Darcy reside en la ficción: la fantasía de que la inteligencia, la perseverancia y el carácter pueden superar barreras sociales y emocionales, que el afecto puede suavizar los orgullos y derribar los prejuicios.

La romantización de la Regencia en pantalla no solo embellece la historia, sino que refuerza nuestra atracción por estos personajes como símbolos de deseo, poder y ternura, un ideal cuidadosamente construido que sigue inspirando fantasías románticas modernas.


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Austen, más vigente que nunca

Jane Austen nunca escribió sobre el amor como una fuerza irracional: en sus novelas, el afecto se equilibra con la razón, los valores y la compatibilidad. El Sr. Darcy seduce porque encarna una doble promesa: por un lado, el amor romántico que impulsa a ambos protagonistas a crecer y superar sus prejuicios; por otro, la fantasía de que incluso el más orgulloso puede ceder ante un buen argumento… y una buena dosis de ironía.

Tal vez no nos enamoraríamos de él en la vida real. Pero en la literatura y el cine, Darcy sigue siendo irresistible. Entre novelas, adaptaciones y reinterpretaciones modernas, su figura nos recuerda que los ideales románticos no mueren: se transforman, se amplifican y continúan fascinándonos, siglo tras siglo.

The Conversation

Lara López Millán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Nos enamoraríamos del señor Darcy de ‘Orgullo y prejuicio’ en la vida real? – https://theconversation.com/nos-enamorariamos-del-senor-darcy-de-orgullo-y-prejuicio-en-la-vida-real-262907

Neurohambruna: cómo la escasez de comida reprograma a los hijos de la guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nora Guasch Capella, Investigadora Predoctoral en Biología Psiquiátrica, Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi Sunyer – Hospital Clínic Barcelona / IDIBAPS

Niños comiendo sopa en un centro de acogida durante el Invierno del Hambre en Holanda (1944-1945) Menno Huizinga/Wikimedia Commons, CC BY

Todos sabemos que las guerras tienen consecuencias devastadoras: ciudades destruidas, economías colapsadas, familias separadas… pero hay un efecto menos visible que puede alcanzar incluso a quienes no vivieron el conflicto directamente: los trastornos mentales.

¿Pueden los efectos de una guerra viajar más allá del tiempo y marcar a quienes aún no han nacido? La ciencia dice que sí.

Durante los grandes conflictos del siglo XX, como la Segunda Guerra Mundial o la Revolución china, millones de personas vivieron en condiciones de pobreza extrema y escasez alimentaria. Esta situación provocó desnutrición severa en la población, pero también afectó a quienes la sufrieron indirectamente: los bebés en gestación.

Dos de los casos más documentados, el Invierno del Hambre en Holanda (1944-1945) y la Gran Hambruna China (1959-1961), muestran cómo la escasez de alimentos durante el embarazo afectó a los fetos en gestación. Décadas después, estudios revelaron que estos tenían mayor riesgo de desarrollar esquizofrenia, depresión o trastorno bipolar.

A pesar de las diferencias geográficas y temporales, los datos coinciden: el hambre prenatal no solo afecta el crecimiento físico, también deja huellas duraderas en la salud mental.

El cuerpo de la madre es como un ‘canal de noticias’

Para entender cómo el hambre prenatal puede dejar marcas tan profundas, imaginemos que el cuerpo de la madre es como un “canal de noticias” para el feto. Todo lo que ocurre afuera –lo que la madre come, cómo se siente, etc.– se traduce en mensajes químicos que informan al bebé sobre el entorno donde crecerá.

Si las señales indican tranquilidad y abundancia, el feto crece en un ambiente seguro. Pero si señalan hambre o estrés, el mensaje es claro: “El mundo afuera es hostil y los recursos son limitados”. En respuesta, el cuerpo del bebé se adapta ajustando su metabolismo o reduciendo el crecimiento de ciertos órganos, con el objetivo de sobrevivir y ahorrar energía.




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Tales adaptaciones pueden ser útiles a corto plazo si el niño nace en un ambiente de carencias. En cambio, si luego vive en un entorno con abundancia, ese cuerpo “programado para la escasez” puede desarrollar problemas como diabetes tipo II, obesidad o hipertensión.

Estas mismas señales también afectan al cerebro. Durante el embarazo, las conexiones neuronales se forman según el entorno. Si es hostil, el cerebro se adapta para sobrevivir, pero eso puede aumentar el riesgo de trastornos mentales en el futuro. Curiosamente, muchas personas con esquizofrenia también desarrollan diabetes tipo II. ¿Casualidad? Parece que no.

Problemas mentales y metabólicos, que suelen considerarse independientes, podrían tener un origen común: condiciones adversas al inicio de la vida.

De la desnutrición prenatal a la psicosis

Para desarrollar un trastorno mental como la esquizofrenia no basta con tener una predisposición genética, también hace falta un “detonante” ambiental. Y uno de los más potentes es el estrés extremo o la falta de nutrientes durante el embarazo.

Durante esta etapa crítica, el cerebro del feto se está formando a toda velocidad. Si faltan nutrientes esenciales como ácido fólico o ciertos aminoácidos, se ve comprometido el desarrollo de estructuras clave como el hipocampo (implicado en la memoria) o la corteza prefrontal (clave para tomar decisiones y percibir la realidad). Pero no se queda aquí: también se altera la química cerebral.

Uno de los sistemas más sensibles a estas alteraciones es el de la dopamina, un mensajero químico que regula funciones como la motivación, la atención o la percepción. En condiciones normales, la dopamina actúa como un “director de orquesta”, coordinando la actividad de distintas áreas del cerebro. Pero si este sistema se desajusta por experiencias adversas durante la gestación, puede acabar sobrerreaccionando. El resultado: un cerebro que interpreta mal la realidad y que puede producir síntomas como alucinaciones o delirios.

La huella epigenética

Más allá de la genética, lo que realmente cambia en estos casos no es el ADN en sí, sino cómo se usa. Y ahí es donde entra en juego la epigenética.

La epigenética no implica modificar la secuencia del ADN –eso sería una mutación–, sino ajustar el encendido o apagado de ciertos genes. Es como si el ADN fuera un manual de instrucciones, y el ambiente decidiera qué páginas hay que leer. El hambre, el estrés o la falta de nutrientes durante el embarazo funcionan como interruptores, activando o silenciando genes según qué percibe el cuerpo como prioritario.

Lo fascinante es que estas modificaciones epigenéticas no cambian el contenido del ADN, pero sí su funcionamiento. Una de las más estudiadas es la metilación del ADN, una especie de “post-it químico” que marca qué genes deben mantenerse apagados. Estas marcas pueden crearse en respuesta al entorno, pueden permanecer estables durante años y, afortunadamente, podemos medirlas. Al analizar muestras biológicas, los científicos pueden identificar estas señales moleculares y relacionarlas con riesgos futuros de salud.

Eventos que pasan factura

¿Qué pasa cuando una embarazada vive una situación de crisis? No hace falta imaginar una guerra: los efectos del estrés también se cuelan en contextos aparentemente seguros. En países desarrollados, muchas mujeres enfrentan dificultades para acceder a alimentos nutritivos o a una vivienda estable. Incluso fenómenos como un apagón prolongado –como el vivido en España el pasado 28 de abril, con más de 12 horas sin electricidad en algunas zonas– pueden generar ansiedad, inseguridad y afectar la salud de quienes están en etapas vulnerables, como el embarazo.

Este tipo de experiencias no solo dejan una huella momentánea. La ciencia ha demostrado que el estrés durante la gestación puede alterar el desarrollo del cerebro del bebé, aumentando el riesgo de problemas metabólicos y de salud mental a lo largo de su vida.

Por eso, entender cómo el entorno influye desde el inicio nos permite ampliar la mirada sobre la salud mental. No hablamos solo de decisiones individuales o genética, sino también de derechos, políticas públicas y justicia social. Proteger a las embarazadas garantiza cuerpos sanos, sí, pero también proteger mentes. Porque el impacto del hambre o el estrés no se queda en el presente: puede transmitirse, silencioso, a las generaciones futuras.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. Neurohambruna: cómo la escasez de comida reprograma a los hijos de la guerra – https://theconversation.com/neurohambruna-como-la-escasez-de-comida-reprograma-a-los-hijos-de-la-guerra-263140

Podemos gestionar los incendios para que convivan con el paisaje mediterráneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Jordán López, Profesor de Ciencia del Suelo, Universidad de Sevilla

Incendio en El Bierzo, en agosto de 2025. Las quemas prescritas y controladas evitan el desarrollo de grandes incendios forestales. Nuria PhotoStock/Shutterstock

El fuego es un proceso natural que ha acompañado a los ecosistemas desde hace más de 400 millones de años, mucho antes de la aparición de los humanos. En regiones de clima mediterráneo –como el sur de Europa, California, Chile central, el suroeste de Australia y Sudáfrica– los incendios han sido un factor histórico clave en la configuración de la biodiversidad.

Muchas especies vegetales y animales presentan adaptaciones específicas para sobrevivir o regenerarse después del fuego, como el rebrote desde raíces o tallos, la liberación de semillas estimulada por el calor y la floración postincendio de especies oportunistas.

A pesar de la percepción social negativa de los incendios, estos no son fenómenos exclusivamente destructivos. Ver un paisaje ennegrecido es triste, pero no siempre necesariamente malo. En él puede estar desarrollándose una actividad biológica y geomorfológica intensa.

Desde siempre, los incendios han cumplido funciones ecológicas esenciales, como la regeneración de especies vegetales adaptadas al fuego y la creación de mosaicos paisajísticos que favorecen la biodiversidad de los ecosistemas.

Vegetación ardiendo en un incendio controlado, con llamas intensas de color naranja y rojo bajo un cielo nublado
Fuego durante una quema prescrita en el área de El Berrocal, cerca de Almadén de la Plata (Sevilla).
Antonio Jordán/Flickr, CC BY



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Características de los incendios en el Mediterráneo

En el Mediterráneo, el régimen de incendios, su frecuencia, intensidad, estacionalidad y extensión se determinan por la interacción de tres grandes factores.

En primer lugar, el clima. Los veranos secos y calurosos, característicos del clima mediterráneo, crean condiciones de alta inflamabilidad. Las olas de calor, la baja humedad y los vientos intensos son factores que favorecen la propagación rápida de los incendios. El cambio climático agrava esta situación, prolongando la temporada de riesgo, intensificando las sequías y aumentando la mortalidad vegetal.

Por otro lado, tenemos el combustible vegetal. La continuidad, cantidad y estructura de la vegetación son determinantes. El abandono del medio rural y la migración de la población a entornos urbanos desde mediados del siglo XX han reducido prácticas como la agricultura tradicional, el pastoreo y la gestión forestal, permitiendo la expansión de matorrales, bosques jóvenes (especialmente pinares) y plantaciones densas sin manejo. Estos paisajes continuos y homogéneos facilitan la propagación del fuego.

Aunque el inicio del fuego puede deberse a causas naturales (sequía, olas de calor o impacto de los rayos), durante las últimas décadas la mayoría de los incendios mediterráneos han tenido origen humano, ya sea por negligencias, accidentes o causas intencionadas. La presencia de infraestructuras y la actividad humana en zonas de interfaz urbano-forestal incrementan el riesgo.

Fuego durante una quema prescrita, consumiento la vegetación, con llamas intensas en tonos naranja y amarillo y humo denso elevándose hacia el cielo.
Fuego en el matorral durante una quema experimental en Portugal.
Victoria Arcenegui/Imaggeo, CC BY



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¿Qué condiciones favorecen los grandes incendios forestales?

Los grandes incendios forestales suelen ocurrir cuando coinciden condiciones meteorológicas extremas (ola de calor, sequía, viento), alta carga de combustible y fuentes de ignición. El “triángulo 30” (más de 30 ºC de temperatura, menos del 30 % de humedad atmosférica y vientos de al menos 30 km/h) está ampliamente aceptado como situación de riesgo de incendio forestal.

Vista aérea del incendio forestal en Minas de Riotinto, Huelva (2004), mostrando un paisaje montañoso con árboles calcinados, vegetación quemada y un camino de tierra atravesando la zona afectada.
Imagen del incendio forestal de Minas de Riotinto en 2004.
Antonio Jordán/Imaggeo, CC BY

Los grandes incendios forestales no se producen por un único factor, sino por la coincidencia de varios elementos:

  • La ignición: las causas del inicio del fuego pueden ser de origen humano (accidentales o intencionadas) o natural (rayos). La frecuencia de igniciones determina en gran medida la intensidad del régimen de fuegos.

  • La vegetación continua e inflamable: la densidad y continuidad de la vegetación facilita la propagación del fuego. En el Mediterráneo, matorrales, pinares jóvenes o plantaciones densas y mal gestionadas son especialmente propensos a arder (ENLACE).

  • Sequía y calor: los veranos largos y secos del Mediterráneo aumentan la inflamabilidad del combustible vegetal. Las olas de calor intensificadas por el cambio climático aumentan la probabilidad de grandes incendios.

  • El viento: el viento facilita la propagación rápida del fuego y puede transformar un incendio pequeño en uno enorme.

  • El abandono rural y los cambios de uso del suelo: el abandono de los cultivos, el pastoreo y la gestión forestal generan paisajes homogéneos y densos, donde el fuego se propaga con mayor facilidad. La vegetación que surge tras incendios recurrentes y prolongadas sequías tiende a ser menos densa y menos “forestal”, con cambios en la composición de especies, lo que podría transformar profundamente el paisaje mediterráneo. La acumulación de biomasa por la ausencia de incendios o la densificación de la vegetación aumenta el riesgo de incendios de gran intensidad.




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Medidas de gestión preventiva

Prevenir grandes incendios en el siglo XXI exige adaptar tanto el paisaje como las prácticas de manejo a las nuevas condiciones climáticas y sociales.

Entre las estrategias más relevantes destaca, en primer lugar, la necesidad de generar paisajes heterogéneos. Crear mosaicos de cultivos, pastos y masas forestales que interrumpan la continuidad del combustible contribuye a evitar los grandes incendios forestales.

Recuperar agricultura y el pastoreo extensivo, apoyar el consumo local con productos de cercanía para evitar el abandono rural y fomentar la presencia de herbívoros silvestres para reducir la cantidad de biomasa inflamable son medidas que evitan la acumulación de combustible.

Realizar un nuevo tipo de gestión forestal selectiva (implementando cortafuegos, quemas prescritas, aprovechamientos silvícolas y pastoreo controlado) es necesario para adaptarnos a las nuevas condiciones climáticas.

Y en segundo lugar, pero quizá lo más importante, debemos aprender a convivir con el fuego. Es necesario asumir que eliminar totalmente los incendios es imposible y contraproducente. Los pequeños incendios son inevitables y necesarios para mantener un régimen de fuego sostenible. Debemos comenzar a facilitar regímenes de incendios frecuentes pero de baja intensidad, en lugar de pocos incendios grandes y devastadores. Las quemas prescritas, aquellas controladas, de nuevo, son un gran aliado para este objetivo.

Bombero con equipo de protección gestionando una quema controlada entre vegetación en zona forestal de El Berrocal, cerca de Almadén de la Plata (Sevilla), con llamas activas y humo espeso bajo cielo nublado.
Bombero realizando una quema controlada en el área de El Berrocal, cerca de Almadén de la Plata (Sevilla)
Antonio Jordán/Flickr, CC BY

Al mismo tiempo, es necesario profesionalizar a bomberos y gestores forestales, dotándolos de formación en ecología del fuego y planificación preventiva.

Las políticas de “tolerancia cero” contra los incendios forestales generan acumulación de combustible y grandes incendios forestales. Por el contrario, permitir la existencia de pequeños fuegos de baja intensidad reduce el riesgo de sufrir grandes incendios forestales en el futuro. La decisión de apagar todos los incendios nos lleva a lo que los investigadores llaman “paradoja de la extinción” o “sesgo de supresión”. En un artículo reciente, los investigadores concluyeron que el resultado de políticas de tolerancia cero ante los incendios ofrecen resultados similares a la prescripción excesiva de antibióticos: si eliminamos todos los incendios, lo que hacemos es eliminar los incendios menos intensos o severos, mientras que favoreceremos los más extremos y difíciles de controlar ya que estaremos creando mayores cargas de combustible.




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Conservar bosques refugio y humedales

Los bosques maduros y los humedales constituyen zonas de refugio para la biodiversidad. Para mantenerlos en las condiciones apropiadas, es necesario proteger áreas húmedas y microhábitats que pueden actuar como refugios climáticos y de biodiversidad y, del mismo modo, restaurar humedales y vegetación costera, que favorecen el ciclo hidrológico y moderan el clima local.

Aumentar la cobertura vegetal en zonas urbanas ayudaría a mitigar los eventos de temperaturas extremas.

Bosque frondoso en el Parque Natural de Los Alcornocales, Cádiz, con vegetación verde intensa, terreno montañoso y cielo parcialmente nublado al fondo.
Masa forestal en el Parque Natural Los Alcornocales (Cádiz).
Antonio Jordán/Imaggeo, CC BY

Restaurar con especies más resistentes y resilentes

Durante décadas, se han llevado a cabo repoblaciones con especies no autóctonas pero que, como en el caso de los pinos, se hacía con la idea de “crear” rápidamente un horizonte de materia orgánica y obtener, en poco tiempo, una cierta masa forestal.

El uso de especies autóctonas a veces ofrece problemas en zonas quemadas. Es cierto que en una zona quemada donde había un encinar, por ejemplo, es difícil que crezcan encinas inmediatamente, ya que el suelo donde había un sistema maduro no es el mismo después de un incendio forestal, donde ha desaparecido gran parte de la materia orgánica, ha disminuido la fertilidad y ha aumentado el riesgo de erosión. Durante las últimas décadas, esto ha llevado con frecuencia a utilizar especies no autóctonas de crecimiento rápido (como pinos o eucaliptos) con el propósito de sustituir rápidamente un suelo dañado por un suelo fértil en poco tiempo. En ocasiones, incluso se promueven campañas de colaboración ciudadana en la siembra de árboles. Estas acciones llevan con demasiada frecuencia a problemas como la acumulación y continuidad de combustible o la degradación del suelo. Se ha comprobado que, en el contexto del nuevo clima, la reforestación mediante plantaciones extensas, densas, de edad uniforme y de una sola especie —como coníferas o eucaliptos— ya ha favorecido la aparición de grandes incendios forestales. Además, las zonas quemadas tienen más probabilidades de volver a incendiarse cuando la gestión posterior al fuego incluye una reforestación extensiva en lugar de permitir la regeneración natural.
Pero no podemos pretender tener un bosque nuevo en pocos años. Quizás haya llegado el momento de pensar que el matorral y la flora de las primeras etapas de la sucesión vegetal sean más adecuadas o, cuando sea posible, simplemente dejar que la regeneración natural actúe. El proceso es más lento, pero más estable y duradero. Así que, entre las medidas de restauración con estos nuevos enfoques, se propone:

  • Seleccionar, en reforestaciones y restauraciones, especies mejor adaptadas a sequías e incendios, priorizando criterios de resiliencia futura sobre modelos del pasado.

  • Fomentar la regeneración natural en bosques quemados, respetando los árboles muertos que sirven como refugio para muchas especies silvestres y ayudan en la protección del suelo.




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Mitigar el cambio climático

Disminuir el uso de combustibles fósiles y minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero contribuye a mitigar los efectos del calentamiento global y la frecuencia de eventos extremos.

En el contexto climático actual, adaptar los paisajes y las políticas de gestión a un escenario de clima más árido y propenso a incendios resulta bastante más razonable que lo que venimos haciendo durante el primer cuarto del siglo XXI.

The Conversation

Antonio Jordán López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Podemos gestionar los incendios para que convivan con el paisaje mediterráneo – https://theconversation.com/podemos-gestionar-los-incendios-para-que-convivan-con-el-paisaje-mediterraneo-262857

Deuda autonómica: quién gana y quién pierde con su condonación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta, Investigador, Hacienda Pública: Federalismo fiscal, Universidad de Castilla-La Mancha

El Consejo de Ministros del Gobierno de España acaba de aprobar el martes el Anteproyecto de Ley de Medidas Excepcionales de Sostenibilidad Financiera para las Comunidades Autónomas de Régimen Común, lo que permitirá mutualizar 83 252 millones de euros de deuda autonómica. La propuesta de condonación (el dinero pendiente de pago por parte de las comunidades autónomas pasa a ser deuda estatal), presentada el pasado febrero, parte del reconocimiento del impacto de la crisis financiera entre 2010 y 2013 en el sobreendeudamiento autonómico.




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La situación actual de la deuda autonómica

El estado de la deuda autonómica, según los últimos datos disponibles, es cuanto menos preocupante. Las comunidades de régimen común aglutinan 324 000 millones de euros de deuda, de los cuales el 65 % está en manos del Estado. Cataluña (89 700 millones), Comunidad Valenciana (60 368) y Andalucía (40 490) concentran más de la mitad del endeudamiento total, acompañadas por Madrid (39 651), aunque esta última con una evolución más contenida.

El contraste más llamativo está en la evolución: Murcia ha disparado su deuda más de un 300 % desde 2012, seguida por la Comunidad Valenciana, Extremadura y Andalucía, todas muy por encima de la media. En cambio, Galicia, Canarias o Baleares han mantenido un endeudamiento mucho más controlado. Estos datos muestran que el problema no es homogéneo: algunas regiones arrastran un sobreendeudamiento estructural, mientras que otras han gestionado con mayor disciplina. De ahí que la condonación tenga efectos tan desiguales según el territorio.

Los mecanismos adicionales de financiación autonómica han canalizado desde 2012 más de 439 000 millones de euros, de los que aún quedan por devolver unos 210 000. Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía concentran casi el 70 % de estos recursos, lo que explica su elevada dependencia del Estado: en su caso, más del 80 % de la deuda está en manos del Tesoro. En contraste, comunidades como Galicia, Canarias o Castilla y León apenas han recurrido a esos instrumentos. Madrid es la excepción, con un 0 %, gracias a su mayor capacidad de acudir a los mercados.

El saldo vivo pendiente de devolución refleja esa brecha: Cataluña debe todavía casi 80 000 millones y la Comunidad Valenciana más de 54 000. En definitiva, los datos confirman que la condonación no solo alivia cuentas autonómicas, sino que también redistribuye riesgos entre territorios, beneficiando especialmente a quienes más dependieron del auxilio financiero del Estado.

El resultado de la condonación

El artículo 13 de la Ley Orgánica 2/2012 de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera reconoce implícitamente que las comunidades de régimen común deberían tener un porcentaje de deuda del 13 % de su producto interior bruto (PIB). A marzo de 2025, solo Canarias, Navarra y el País Vasco cumplen esta premisa, mientras que la Comunidad Valenciana, Cataluña, Castilla-La Mancha y la Región de Murcia tienen porcentajes por encima del 30 % de su PIB.

La propuesta de condonación, que consta de tres fases, es asimétrica y beneficia especialmente a las comunidades de Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana, con 23, 21 y 13 % respectivamente del total condonado. Andalucía, Asturias, Galicia, La Rioja, Madrid, Canarias, Navarra y País Vasco entrarían en porcentajes de deuda plenamente válidos para endeudarse en los mercados financieros.

Por contra, la Comunidad Valenciana (35 % de deuda sobre su PIB tras la condonación), Cataluña (26 %), Región de Murcia (25 %) o Castilla-La Mancha (21 %) necesitarían ajustes adicionales para poder financiarse en los mercados financieros en el corto plazo.

Al comparar la ratio deuda/PIB antes y después de la condonación se aprecia que la reducción media del 7 % no basta para garantizar que todas las comunidades puedan financiarse sin problemas en los mercados. La Comunidad Valenciana, con un 35 % de deuda sobre su PIB incluso tras la quita, seguirá en una situación de vulnerabilidad financiera, lo que apunta a que serán necesarias medidas adicionales de disciplina fiscal, o una reforma más profunda del sistema de financiación autonómica. Este dato contrasta con comunidades como Andalucía o Galicia, que, gracias a la condonación, logran situarse en niveles considerados aceptables por los organismos supervisores.

Ganadores y perdedores

Es evidente que las comunidades de régimen común tienen un problema importante con su deuda. Por ello, la propuesta de condonación significará un alivio financiero importante para todas ellas. Sin embargo, la deuda pública no desaparece, se reparte. Es decir, en términos absolutos, encontramos ganadores y perdedores.

Antes de la condonación, la deuda per cápita se situaba en torno a 7 021 euros de media. Tras la operación, comunidades como Castilla-La Mancha (-509 €), Cataluña (-294 €), Comunidad Valenciana (-249 €) o Andalucía (-359 €) ven reducida la carga de sus habitantes, lo que supone un alivio directo en términos de sostenibilidad financiera.

Sin embargo, en territorios como Madrid (+594 €), La Rioja (+436 €) o Cantabria (+414 €), la deuda per cápita aumenta, ya que asumen parte del esfuerzo solidario. El contraste es evidente: mientras un castellanomanchego se libera de más de 500 euros de deuda, un madrileño soporta casi 600 euros adicionales. Esto ilustra que la condonación no elimina deuda, sino que la redistribuye, generando percepciones de ganadores y perdedores.

En clave divulgativa, puede decirse que la medida funciona como una mutualización: se aligera la mochila de quienes más pesada la tenían pero a costa de que otros carguen con un poco más en las suyas.

El ahorro de intereses

El reparto del ahorro en intereses refleja también la desigualdad territorial de la condonación. Aunque todas las comunidades se benefician en mayor o menor medida, las diferencias son notables: algunas logran un respiro financiero considerable mientras que otras apenas perciben impacto.

La condonación de deuda permitirá ahorrar 6 700 millones en intereses, concentrados en la Comunidad Valenciana y Cataluña, mientras que regiones como Canarias, Galicia o Asturias apenas percibirán alivio. En definitiva, los datos confirman que la condonación no solo reduce la carga financiera, sino que reabre el debate sobre la equidad del reparto y la necesidad de una reforma del sistema de financiación autonómica.

Una propuesta alternativa

La condonación de deuda no afecta por igual a todas las comunidades autónomas. Todo depende del criterio con el que se reparta: si se sigue la propuesta del Gobierno, si se distribuye de manera estrictamente per cápita o si se aplica la fórmula de población ajustada que se utiliza en el sistema de financiación autonómica.

Según la propuesta aprobada por el Consejo de Ministros, las comunidades más beneficiadas son Canarias (51 % de su deuda condonada), Andalucía (46 %), Galicia (33 %) y Extremadura (31 %), todas por encima de la media. Sin embargo, si el reparto se realizara de manera estrictamente per cápita, el mapa sería distinto: Asturias alcanzaría un 45 % y Baleares un 27 %, frente al 19 % de Cataluña o el 16 % de la Comunidad Valenciana, que quedarían entre las menos favorecidas.

La fórmula de población ajustada –la que suele emplearse en el sistema de financiación autonómica porque pondera factores como envejecimiento, dispersión geográfica o insularidad– también ofrece un panorama diferente: Canarias subiría hasta un 64 %, mientras que regiones como Murcia o la Comunidad Valenciana apenas superarían el 15 %.

No hay una única manera de medir la justicia del reparto: según el criterio escogido, las comunidades aparecen como más o menos beneficiadas. De hecho, territorios con sobreendeudamiento estructural, como la Comunidad Valenciana, apenas logran un 19 % de quita en la propuesta actual, mientras que otras con menor peso de deuda relativa, como Canarias, se sitúan en lo más alto. Esto explica buena parte del debate político y técnico: lo que para unos es un alivio necesario, para otros puede percibirse como un trato desigual.

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José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta recibe fondos de un contrato predoctoral de investigación cofinanciado por la Universidad de Castilla la Mancha y el Fondo Social Europeo

Juan José Rubio Guerrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Deuda autonómica: quién gana y quién pierde con su condonación – https://theconversation.com/deuda-autonomica-quien-gana-y-quien-pierde-con-su-condonacion-264518

Las protestas contra la gentrificación en México se radicalizan al calor del nacionalismo y la memoria histórica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fabian Acosta Rico, Doctor en Antropología Social , Universidad de Guadalajara

Tercera marcha contra gentrificación en Ciudad de México, que tuvo lugar el pasado 26 de julio. Gill_figueroa/Shutterstock

Este verano se han registrado hasta la fecha tres marchas contra la gentrificación en Ciudad de México. Y seguimos contando.

El término gentrificación podría postularse como palabra del año. Su acepción más común tiene que ver con la migración de personas con un poder adquisitivo mayor al de los residentes del lugar de acogida. Esta definición de ONU-Habitat, la agencia de Naciones Unidas que promueve el desarrollo urbano sostenible, describe lo que está sucediendo en muchas ciudades y países.

Los extranjeros que llegan a residir pagan altas sumas por alquileres, restaurantes y servicios, dado que sus monedas valen más, ya sean dólares o euros. En consecuencia, por un efecto de la ley de la oferta y la demanda, terminan encareciendo el costo de la vida del lugar, desplazando a los locales y borrando señas de identidad.

El fenómeno ha puesto bajo el foco a la Ciudad de México y a algunos pueblos mágicos del país, como San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato. Su rastro se ha extendido también a otras partes de la República mexicana, como Mazatlán, Oaxaca o Mérida. Y a pueblos ribereños de la Laguna de Chapala, como Ajijic y Jamay (ambos en el estado de Jalisco).

Demandas justas

Bajo el lema “no es desarrollo, es despojo”, la segunda de las marchas contra la gentrificación de este verano en la Ciudad de México, convocada por más de 20 organizaciones cívicas, dejó un manifiesto con demandas concretas.

Estas se centran en medidas orientadas a regular el derecho a la vivienda y parar los pies a los megaproyectos urbanos, respetando la autogestión comunitaria de los pueblos orginarios.

Foto tomada durante la primera marcha contra la gentrificación, realizada en el barrio Condesa de la Ciudad de México el pasado 4 de julio.
Octavio Hoyos/Shutterstock

Pero, en México, el ardor contra la gentrificación, visible en las calles, presenta otras condiciones específicas relacionadas con el imaginario social.

Estas particularidades tienen que ver con algunos demonios históricos y culturales. La lista incluye la conquista y colonización, la guerra con Estados Unidos, la invasión francesa, la entronización de un príncipe austríaco, el malinchismo y una obsesión nacionalista para denunciar cualquier atisbo de presencia extranjera que ponga en peligro la descolonización.

Luchas de clases, xenofobia y prejuicios

La desigualdad social y el desnivel económico entre los nativos y los extranjeros agitan el cóctel. Una combinación cuyos frutos remueven el espectro de la lucha de clases, así como la xenofobia o el odio al de fuera, al “fuereño”.

Todo comienza con el acto de migrar, de irte de tu lugar de nacimiento a una nueva tierra, con gente distinta, buscando una mejor vida o escapando de otra peor. Al migrante se le etiqueta muchas veces, echando los prejuicios por delante. En la categorización del migrante hay escalas de xenofobia que impone el lugareño. La intención de migrar despliega una serie de categorías, y una de ellas, la última en ser mencionada, tiene que ver con la gentrificación.

Los migrantes cuya intención es delinquir, estafar, cometer fraudes o cualquier tipo de ilícito representan una minoría, como demuestran las estadísticas y confirman las cifras.

En Estados Unidos, por ejemplo, un estudio del Instituto Cato sobre tasas de encarcelamiento de inmigrantes entre 2010 y 2023 arrojó dos conclusiones:

  1. Que todos los inmigrantes, tanto legales como ilegales, tienen menos probabilidades de ser encarcelados que los estadounidenses nativos, en relación con su proporción en la población.

  2. Por sí solos, los inmigrantes ilegales tienen también menos probabilidades de ser encarcelados que los estadounidenses nativos.

Según los datos del estudio, durante el periodo referido fueron encarcelados 1 617 197 estadounidenses nativos. La cifra de migrantes irregulares ascendió a solo 67 813, mientras que los extranjeros regulares apresados sumaron 58 515.

Entre los inmigrantes también hay clases

Los migrantes irregulares son los más odiados y las voces ultranacionalistas apelan a ellos en sus generalizaciones a la hora de descalificarlos. Véanse las recurrentes diatribas antiinmigrantes de Donald Trump en Estados Unidos y las de personajes europeos como Giorgia Meloni en Europa.

Por otro lado, están aquellos que migran esperando la caridad social o el amparo estatal, ya sea por un impedimento físico, psicológico, cultural o por simple vagancia. También a ellos se les repudia.

Otros buscan oportunidades laborales, sueldos convenientes y una sociedad mejor estructurada que brinde verdadera seguridad social, oferta educativa para sus hijos y servicios de salud. Con ellos, la xenofobia tiene menos argumentos de réplica, pues son personas útiles, que llegan a generar riqueza.

Los hay que vienen a invertir su dinero. En el caso de México, es notable la presencia de chinos e hindús que montan sus tiendas y se integran sólo económicamente, pero se mantienen autosegregados. Los lugareños pueden llegar a repudiarlos, pero muchas personas compran en sus comercios, por lo cual reciben algo de la indulgencia local.

Finalmente, están los que buscan gastar, no como turistas ocasionales, sino como residentes en pos de tierras paradisiacas o de joyas coloniales. Son personas cosmopolitas con un cierto sentido de desarraigo a su terruño.

Capaces de adoptar una nueva patria, pueden asumir la idiosincrasia y cultura ajenas. Van con un flujo migratorio de norte a sur, en el caso de América. En un primer momento, de temprano reconocimiento, los locales no los rechazan; no sufren la xenofobia que habitualmente padecen los migrantes que delinquen, mendigan o trabajan. Su realidad es distinta: es la del cliente que viene a traer divisas, dólares o euros (de ser el caso).

Giro de guion para los residentes del Norte

Pero este primer encanto desaparece cuando se quedan a residir de forma permanente. Es entonces cuando se presenta el choque entre globalismo y nacionalismo, dos fuerzas en confrontación en esta postmodernidad.

Del lado nacionalista, se alinean los que tienen raíces que los anclan a su tierra por amor o necesidad. En el otro, el de la globalidad, se posicionan quiénes tienen alas y son viajeros que pueden establecerse en cualquier lugar de la aldea global.

Es el choque entre un postmoderno globalismo y un nacionalismo que emparenta con los nuevos populismos, tanto de derecha como de izquierda.

Demonios históricos y culturales

En México, la gentrificación va de la mano de un globalismo de ricos, consustancial con las claves de una romantizada ciudadanía universal. Su auge despierta algunos demonios históricos y culturales entre los mexicanos. Demonios que salen a relucir en las manifestaciones de repudio a los extranjeros que pasaron de ser turistas a convertirse en residentes.

¿Cuáles son estos demonios? El demonio de la conquista y la colonización española. El demonio del despojo de más de la mitad del territorio mexicano en una guerra pérdida apátridamente en 1847 contra los Estados Unidos. El demonio de una intervención francesa que derivó en un segundo imperio en 1864, con la entronización de un príncipe extranjero, un príncipe austriaco.

Malinchismo y nacionalismo

Repudiar al extranjero que viene supuestamente a reconquistar México obedece a una narrativa nacionalista que busca socavar el también inveterado malinchismo. Malinchismo que fue entendido como aprecio de la cultura extranjera en menosprecio de la mexicana.

El grito nacionalista contra la gentrificación tiene ecos profundos en el clamor por hacer valedera la descolonización. Por un miedo ancestral, se siente que existe un peligro de retorno de los extranjeros a las tierras que otros tiempos subyugaron bajo el estatus de colonia o protectorado.

Hace falta poner reglas claras, regulaciones de los gobiernos de las naciones de acogida que le pongan diques aceptables a la gentrificación. El aislacionismo y el cierre de fronteras no son la solución. En la aldea global, migrar por las razones que sean constituye un fenómeno casi inevitable. Para facilitarla minimizando conflictos, se antoja necesario diseñar marcos regulativos nacionales e internacionales.

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Fabian Acosta Rico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las protestas contra la gentrificación en México se radicalizan al calor del nacionalismo y la memoria histórica – https://theconversation.com/las-protestas-contra-la-gentrificacion-en-mexico-se-radicalizan-al-calor-del-nacionalismo-y-la-memoria-historica-262408

Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Hace unas semanas, entré por curiosidad en una tienda Pop Mart en un centro comercial de Kuala Lumpur. No sabía que estaba a punto de presenciar una escena sociológicamente fascinante: adultos y adolescentes agitando cajas cerradas, intentando adivinar qué personaje les tocaría por el peso o la forma. Miraban vitrinas, susurraban nombres, comparaban modelos con la emoción de quien está a punto de jugarse algo más que un simple juguete. Todos buscaban lo mismo: un Labubu. Pero nadie sabía si conseguiría el que deseaba.

Ese pequeño personaje con orejas puntiagudas y sonrisa afilada no era solo un juguete de vinilo. Era un símbolo. Un objeto de deseo. Y también, un caso perfecto para entender cómo funcionan las tendencias en el siglo XXI.

De monstruo de nicho a estrella viral

Labubu nació en 2015 de la mano del artista hongkonés Kasing Lung, como parte del universo The Monsters. Durante años fue una figura marginal, valorada por fans del art toy y el diseño asiático underground. Todo cambió cuando Pop Mart adquirió los derechos y lo transformó en fenómeno global: cientos de versiones, colaboraciones con marcas de lujo, ediciones limitadas y un sistema de venta en cajas cerradas (blind boxes) que no permiten ver cuál es su contenido, convirtió la compra de labubus en un pequeño ritual de azar y expectativas.

El boom definitivo llegó cuando, en abril de 2025, la cantante tailandesa Lisa, con más de 100 milones de seguidores en Instagram y miembro del grupo femenino de k-pop Blackpink, colgó su foto en la red con varios labubus colgando de su bolso. Le siguieron Rihanna, Dua Lipa, se viralizó en TikTok y surgieron millones de fans en todo el mundo. Labubu pasó de nicho a viral. De novedad a moda. De objeto a fenómeno.

Pero ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo algo tan específico y raro se convierte en un objeto de deseo para millones de personas en todo el mundo?

Cuando la innovación se comporta como la materia

En mi tesis doctoral propuse una teoría interdisciplinar inspirada en la idea de modernidad líquida desarrollada por el filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman y en el comportamiento de líquidos y gases, tanto en reposo como en movimiento (física de fluidos). Sugiero que la innovación es la materia de la que está hecha la moda. Y como toda materia, puede encontrarse en tres estados: sólido, líquido y gaseoso.




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A su vez, la innovación puede encontrarse en tres fases: novedad, tendencia y moda. Este paralelismo no es metafórico, sino estructural. Igual que el agua cambia de estado en función de la temperatura y la presión, las innovaciones también se transforman dependiendo del contexto social, cultural y económico.

La novedad es el estado sólido: tiene forma, es densa, estática y circula entre pocos. De acuerdo a la teoría de difusión de las innovaciones –desarrollada a mediados de los sesenta del siglo pasado por el sociólogo estadounidense Everett Rogers–, esta etapa corresponde a los innovadores. Es una propuesta con gran valor simbólico pero sin difusión masiva.

Cuando comienza a expandirse, se vuelve tendencia y se hace líquida: fluye, se adapta, conecta comunidades. En esta fase aparecen los early adopters. Es el momento en que la idea empieza a convertirse en conversación.

Cuando alcanza el punto de fusión, traspasa un abismo (the chasm): la brecha crítica en el ciclo de adopción de un producto innovador. Sus primeros usuarios suelen ser visionarios, buscan las últimas innovaciones y asumen riesgos. En cambio, la mayoría temprana solo salta el abismo cuando ya la innovación ya ha sido probada y validada por otros.

En la viralidad de las modas o la adopción de nuevas innovaciones, pasado el abismo hay un punto clave (tipping point) en el que el contagio ya
es muy difícil de parar. Entra en el mainstream o mercado masivo y se transforma en moda: pasa al estado gaseoso, se masifica, pierde densidad, se vuelve omnipresente… hasta que se evapora.


Sandra Bravo

Este proceso es cíclico. Muchas innovaciones se quedan congeladas. Otras nunca se consolidan y no fluyen. Algunas se esfuman rápidamente, casi tan pronto como llegan. El deseo y la innovación, como la materia, necesitan condiciones para sostenerse.

Quién decide qué deseamos (y por cuánto tiempo)

Labubu ha pasado por todas esas fases. Empezó siendo una figura marginal (sólido), se volvió tendencia al cruzar nuevas audiencias (líquido) y alcanzó el estado gaseoso al viralizarse globalmente.

Los labubus están en TikTok, adornando bolsos de lujo y en reportajes de prensa. Lo que comenzó siendo un símbolo de distinción se va convirtiendo en ruido visual. Una señal de que el ciclo se agota. Y que quizá esté a punto de empezar de nuevo.

Pero las tendencias no cambian de estado por sí solas. Igual que el agua necesita temperatura y presión para transformarse, las modas también responden a estímulos externos. En este caso: marcas, algoritmos, consumidores e influencers.

La temperatura cultural la generan las campañas, los lanzamientos, el contenido visual. La presión simbólica proviene del deseo colectivo: la comunidad que replica gestos, los fans que buscan el objeto, la ansiedad por pertenecer.

Y además, existen fuerzas de empuje –como los influencers– que agitan el sistema desde dentro, validando tendencias y desplazando otras estéticas.

Yo soy así

Hoy, la visibilidad no depende tanto de lo que es, sino de cuántas veces puede ser compartido. Y así, emergen lo que yo llamo microidentidades líquidas: formas rápidas y flexibles de decir “yo soy así” en una cultura donde ese yo es mutable, compartido, estético y performativo.

Como explica el sociólogo británico Anthony Giddens, la sociedad actual en la modernidad tardía el yo se convierte en un proyecto reflexivo, construido a partir de las imágenes, elecciones y narrativas disponibles.

Y en un mundo que –en palabras del filósofo coreano y Premio Princesa de Asturias 2025 Byung-Chul Hanrecompensa la visibilidad y el rendimiento constante, cada tendencia se convierte en una máscara provisional. Un Labubu no es solo un objeto: representa pertenencia, afecto compartido, incluso un lenguaje generacional.

En este ecosistema volátil somos cuerpos flotando en un fluido simbólico: nos empujamos, nos chocamos, cambiamos de forma… al ritmo del mercado.

Del hype al vacío: flotar, saturarse, desaparecer

El formato blind box añade, además, una dimensión emocional: no solo compramos un objeto, sino también la experiencia misma de desear, esperar, probar suerte. En una cultura saturada de predicción algorítmica, el azar introduce una chispa de misterio. Para el filósofo francés Roland Barthes, la moda es lenguaje antes que indumentaria. Hoy podríamos decir que ese lenguaje habla, sobre todo, en clave emocional.

Las cajas cerradas no permiten ver qué labubu contienen, lo que añade emoción a la compra.
Sandra Bravo

Pero ese lenguaje también obedece a leyes físicas. El principio de Arquímedes dice que un cuerpo sumergido en un fluido desplaza un volumen equivalente. En moda ocurre lo mismo: cuando una tendencia entra con fuerza otra es empujada fuera. El mercado simbólico no es infinito. Solo flota lo que logra desplazar a otra estética. Los labubu, al popularizarse, reemplazaron a figuras kawaii anteriores como Molly o Sonny Angel.

Y como todo gas, el hype tiende a disolverse. La sobreexposición agota el deseo. Surgen copias, se pierde el misterio, aparece la saturación. Y entonces el ciclo se reinicia: nuevas versiones, más presión, más temperatura.

El misterio de lo que llega (y se va)

Wang Ning, fundador y director general de Pop Mart, supo leer el punto exacto de fusión de estos objetos. En 2025, tras sumar 20 mil millones de dólares a su patrimonio gracias a la viralidad de Labubu, apareció en las listas como el 79º hombre más rico del mundo. Porque entender el cuándo, más que el qué, sigue siendo el verdadero poder.

Este modelo de moda líquida no busca explicar caprichos estéticos, sino revelar el proceso por el que una innovación nace, se expande y termina por desvanecerse. Porque las tendencias, aunque parezcan imprevisibles, también tienen estructura. No flotan al azar: cambian de estado según la presión del deseo colectivo y la temperatura cultural que las rodea.

El verdadero reto para las marcas no es detectar lo nuevo, sino saber en qué punto del ciclo está. ¿Es aún salgo sólido y marginal, con alto riesgo de desvanecerse sin haber trascendido? ¿Está ya en fase líquida, ganando tracción? ¿O ya es gas, omnipresente pero a punto de evaporarse?

¿En qué punto del ciclo nos encontramos? ¿La fiebre de los labubus ha alcanzado ya el punto de saturación y tiende hacia la evaporación?
Sandra Bravo

Para los consumidores, su posición en esa curva depende de cuánto riesgo están dispuestos a asumir. Hay quienes adoptan lo que luego será moda incluso antes de que tenga nombre. Otros esperan a que sea seguro, validado, casi obligatorio. Y, en medio, fluyen millones de microidentidades que se encienden y se apagan como una llama.

Labubu no es la excepción. Es un caso perfecto: nació como rareza, fluyó como tendencia y explotó como moda. Hoy flota por todas partes. Pero también puede que pronto empiece a disiparse.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias – https://theconversation.com/labubu-el-peluche-viral-que-explica-como-nacen-y-se-evaporan-las-tendencias-264413

Les performances des universités et des écoles de commerce se rapprochent-elles ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Pascal Favard, Professeur d’économie, Université de Tours IRJI François-Rabelais, Université de Tours

Singularité française, l’enseignement supérieur en économie et gestion peut être dispensé dans les universités ou dans des écoles de commerce. Quelles sont les différences sur le marché du travail entre ces voies ? Quelle filière possède le meilleur rapport entre coût et bénéfice ?


Le paysage français de l’enseignement supérieur a profondément évolué depuis le début des années 2000, dans un contexte de massification des études longues, de réforme LMD et de mise en concurrence des établissements. Ainsi, l’accès au niveau master (bac+5), autrefois réservé à une minorité, s’est élargi, mais selon des voies différenciées aux logiques parfois divergentes (académiques, professionnalisantes, ou tournées vers la recherche)

Dans le champ « droit économie et gestion », deux modèles dominent : d’un côté, les écoles de commerce, sélectives et payantes, associées à la professionnalisation et au prestige ; de l’autre, les masters universitaires, publics, plus accessibles et souvent perçus comme plus académiques.

Une fonction de signal

Les écoles de commerce bénéficient jusqu’à présent d’une forte attractivité, en partie grâce à leur fonction de signal. Le diplôme transmet une image valorisée du diplômé. Les classements, omniprésents, renforcent cet effet de signal auprès des étudiants comme des employeurs. Les modalités de sélection (concours, classes préparatoires, admissions sur dossier) consolident l’idée d’une excellence scolaire synonyme de réussite professionnelle.




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Le rôle des associations étudiantes et des réseaux d’anciens, activement cultivés par les écoles, contribue également à l’insertion. Ces réseaux, loin d’être anecdotiques, sont des instruments stratégiques de réputation maintenant utilisés par certaines universités.

Des raisons d’investir

Ces éléments peuvent expliquer pourquoi tant de familles acceptent d’investir plusieurs milliers d’euros. Ce « prix » génère des inégalités d’accès, même si certaines de ces écoles ont su profiter du système de l’alternance pour aider, indirectement, les étudiants financièrement en leur permettant d’être rémunérés pendant leurs études.Il peut aussi y avoir des exonérations partielles des frais d’inscription sur critères sociaux.

Le master universitaire constitue une autre voie jugée pertinente par de nombreux étudiants. D’abord, les coûts sont faibles : 254 euros annuels en 2025. Reposant par ailleurs majoritairement sur le dossier du candidat, la sélection reste limitée puisque tout étudiant titulaire d’une licence doit pouvoir obtenir une place. Cela permet une ouverture plus large, quoique parfois perçue comme un manque de lisibilité sur le marché du travail.

Une offre restructurée

Depuis quelques années, de nombreuses universités ont restructuré leur offre, développant des parcours sélectifs, des doubles diplômes, et des spécialisations notamment dans des domaines en tension. Cette diversification, intégrant la notion de projet professionnel, a ouvert des débouchés professionels, notamment via l’alternance, les partenariats d’entreprises et la recherche appliquée.

Cette transformation de l’offre de formation des universités fait que, contrairement aux idées reçues, certains masters offrent des débouchés souvent développés dans le cadre de stratégies d’ancrage territorial ou sectoriel et permettent aux étudiants d’acquérir des compétences directement mobilisables sur le marché du travail.

Quelles performances respectives ?

Dans ce contexte, où les diplômés des deux filières, écoles ou universités, peuvent prétendre aux mêmes emplois, la question de la performance respective des formations se pose en termes de capital humain acquis et de rendement. Notre travail de recherche analyse l’insertion professionnelle des diplômés du sous-domaine « sciences économiques, sciences de gestion et communication » dans le domaine Droit, Économie, Gestion, en comparant universités et écoles. Il s’inscrit dans la continuité de travaux antérieurs et montre une insertion plus favorable des diplômés d’écoles de commerce avant 2010.

Argan et Gary-Bobo (2023) observaient une baisse des rendements salariaux des diplômés de master entre 1992 et 2017, tous domaines confondus. Si le domaine « droit, économie et gestion » semble partiellement épargné, des écarts persistent. Deux questions guident notre approche : les diplômés d’écoles de commerce « gagnent-ils » systématiquement davantage que ceux des universités ? Et la dégradation salariale a-t-elle affecté davantage les seconds ?




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Un retard qui se comble

Nous mobilisons trois vagues de l’enquête Génération du Centre d’études et de recherches sur les qualifications (Cereq) réalisées en 2004, en 2010 et en 2017. Les résultats révèlent une évolution notable. Pour la génération 2004, l’avantage des écoles de commerce est marqué : insertion plus rapide, plus de postes de cadre, meilleurs salaires. Mais dans les générations suivantes cet écart s’atténue, voire s’inverse. Les diplômés universitaires, notamment en sciences économiques, comblent progressivement leur retard. En matière d’emploi et de postes à responsabilité, leur situation devient équivalente, et leurs salaires dépassent parfois ceux des diplômés d’écoles de commerce. Seuls les diplômés en sciences de gestion et de communication restent légèrement en retrait.

Trois facteurs peuvent expliquer cette convergence :

  • la professionnalisation croissante des masters, avec une offre repensée et davantage connectée aux entreprises ;

  • les compétences en analyse de données, fréquentes dans les cursus en sciences économiques, deviennent un avantage déterminant à l’ère du big data, y compris dans les secteurs traditionnels ;

  • l’expansion rapide de l’offre des écoles de commerce s’accompagne d’une hétérogénéité croissante de qualité, côté établissements comme étudiants. Cela pourrait diluer la valeur du signal que constituait jusqu’alors leur diplôme.

Ces résultats, une fois mis en perspective avec l’écart en termes de coût financier parfois très significatif entre les différents types de formations, invitent à une réflexion attentive de la part des familles quant aux critères déterminants dans le choix d’une filière. Au-delà des considérations de prestige ou de réputation, il nous semble opportun de s’interroger sur la nature réelle des bénéfices attendus, au regard de l’investissement consenti.

Nos résultats devront être corroborés dans les années qui viennent, alors que le dernier baromètre de l’Agence pour l’emploi des cadres (Apec) indique un recul de l’emploi des cadres. Par ailleurs, pour estimer le rendement des diplômes des uns et des autres, il conviendrait de suivre les parcours des uns et des autres durant toute leur carrière professionnelle.


Dylan Suaud, stagiaire de recherche au Laboratoire d’économie de Poitiers (LèP), a participé à cet article.

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Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Les performances des universités et des écoles de commerce se rapprochent-elles ? – https://theconversation.com/les-performances-des-universites-et-des-ecoles-de-commerce-se-rapprochent-elles-260017

La franc-maçonnerie est-elle une religion malgré elle ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Philippe Ilial, Professeur de Lettres-Histoire. Chargé de cours en Histoire Moderne. Chercheur associé au CMMC, Université Côte d’Azur

« La franc-maçonnerie est une religion pour ceux qui n’en ont pas. » Cette phrase résume parfaitement l’ambiguïté qui entoure cette « société ». Car la franc-maçonnerie est souvent perçue comme une religion – ou du moins comme une spiritualité parallèle. Pourtant, elle s’en défend avec force. Alors pourquoi cette confusion ? Pourquoi, alors que la maçonnerie se veut fondamentalement non dogmatique, voire adogmatique selon les obédiences, continue-t-on à l’assimiler à une religion ?


Apparu dans l’Angleterre du XVIIe siècle, le latitudinarisme est un courant philosophique et théologique qui cherchait à unir les chrétiens au-delà de leurs divisions. Les Constitutions d’Anderson de 1723, texte fondateur de la franc-maçonnerie anglaise, s’inscrit clairement dans cette mouvance, mais elle ne crée pas une religion universelle. Les “Constitutions” établissent une maçonnerie résolument chrétienne, où seuls sont admis ceux qui professent la religion « sur laquelle tous les hommes sont d’accord » – à savoir dans l’esprit de ces Britanniques du début du XVIIIe siècle, le christianisme dans sa version la plus large. Les musulmans, les juifs, les déistes purs en sont explicitement exclus. En effet, nous sommes alors en plein cœur de l’Europe chrétienne, mais divisée entre catholiques, protestants… et anglicans.

Cette approche latitudinaire – chrétienne donc – crée une spiritualité minimale, un cadre suffisamment large pour accueillir anglicans, presbytériens, luthériens, mais pas au-delà. C’est ce qui explique que la maçonnerie des origines ait pu être perçue comme une forme de religion, une religion chrétienne minimaliste.

L’hébraïsme maçonnique, un leurre ?

Le qualificatif de judéo-chrétien est régulièrement usité pour qualifier la franc-maçonnerie. Cette « appellation » participe à la ranger du côté des religions. Alors, cette assertion est-elle véridique ? La référence à l’Ancien Testament dans la symbolique maçonnique ne fait pas de l’Ordre maçonnique une institution judéo-chrétienne. Bien au contraire, d’ailleurs les Juifs furent longtemps exclus de la maçonnerie !

L’utilisation du Temple de Salomon, des colonnes Jakin et Boaz (les deux piliers qui soutiennent le temple de Salomon forment un rappel latitudinaire), ou des références à la Kabbale – en ce qui concerne certains degrés dits de perfection – ne sont en fait qu’un alibi latitudinaire au service d’une vision fondamentalement chrétienne. Pour les rédacteurs des Constitutions d’Anderson, l’Ancien Testament n’est qu’une préfiguration du Nouveau, et son utilisation en loge vise à créer un « plus petit dénominateur commun » selon l’historien Pierre-Yves Beaurepaire. Les chrétiens envisagent l’Ancien Testament comme un texte prophétique qui annonce le Nouveau tandis que le monde juif le considère comme une finalité !

Ainsi, lorsque l’on parle d’hébraïsme maçonnique, il faut comprendre un hébraïsme réinterprété, christianisé, vidé de sa substance juive originelle. Le Delta lumineux avec l’œil divin n’est plus une simple reprise du Tétragramme hébraïque, mais devient la symbolique chrétienne de la Providence !

À ce stade du raisonnement, relisons Pierre-Yves Beaurepaire qui affirme que la franc-maçonnerie n’est pas une religion (Op. cit.) pour deux raisons fondamentales.

Un christianisme minimaliste

En premier lieu, son latitudinarisme originel est en réalité un christianisme minimaliste, loin de l’universalisme qu’on lui prête parfois. Cet universalisme des origines est donc chrétien ; c’est le basculement dans la modernité avec l’aventure coloniale du XIXe siècle qui va permettre à l’Europe, donc à la franc-maçonnerie de se confronter à l’altérité. La notion de laïcité va aussi participer à ouvrir les portes des temples maçonniques à d’autres religions, comme le montre Daniel Tollet.

Ensuite, son hébraïsme apparent est un vernis symbolique au service d’une vision chrétienne du monde, ce que montre très bien Roger Dachez dans son article Hébraïsme et franc-maçonnerie, heurt et malheur d’une filiation incertaine (La chaîne d’Union n°51, 2010).

Pourtant, la franc-maçonnerie continue d’être perçue comme religieuse parce qu’elle utilise des formes sacrées, des rituels, une symbolique qui parlent à l’inconscient collectif. En cela, elle répond à un besoin de sacré que les religions traditionnelles ne satisfont plus dans nos sociétés actuelles très sécularisées, donc détachée du religieux – un phénomène décrit notamment par Denis Pelletier. La question qui demeure est donc celle-ci : « dans un monde où les grands récits religieux s’effritent, la franc-maçonnerie offre-t-elle une voie pour explorer le sacré sans dogme ? » Sans dogme car la force de la maçonnerie réside dans le fait qu’elle propose sans imposer.

Rites et rituels maçonniques : entre sacralisation et fonction sociale

Si donc la franc-maçonnerie n’est pas une religion, elle en partage certaines caractéristiques fonctionnelles. C’est là que se situe la confusion. Comme l’envisage l’universitaire spécialiste de l’Angleterre des Lumières, Cécile Révauger, on peut envisager la maçonnerie comme une spiritualité sans théologie, des rites sans dogme, une communauté sans Église…

Trois éléments essentiels créent cette ambiguïté : la sacralisation de l’espace, une forme particulière de croyance évolutive, et surtout un système rituel d’une extraordinaire richesse ; car c’est cette mécanique rituelle qui fait de la franc-maçonnerie un système parareligieux si particulier.

Une distinction anthropologique fondamentale

Le rituel constitue le cadre cérémoniel global, ce que les anthropologues appellent le « cérémonial englobant ». L’ouverture des travaux maçonniques se fait toujours autour d’un ouvrage sacré ou sacralisé, souvent l’Ancien Testament, les Constitutions d’Anderson ou le livre de la Constitution de l’obédience dont il est question. C’est ce texte sacralisé qui régit l’ouverture et la fermeture des travaux, comme le missel régit la messe. Les rites sont les actes particuliers, des « unités minimales de sens » selon l’expression de Roger Dachez, comme le comportement du maçon, à savoir la batterie, le signe, la marche, l’agenouillement devant l’autel…

Les rites maçonniques incarnent ce que l’on a coutume d’appeler un « invariant anthropologique » que l’historien des religions Mircea Eliade avait identifié, à savoir que toute société humaine crée du rite pour conjurer le désordre. En loge, le profane entre dans un état de « chaos » symbolique (bandeau sur les yeux…). Les rites successifs qu’il va subir pour renaître à l’état de maçon (purification, serment, lumière) reconstruisent un ordre symbolique, ainsi la loge devient un microcosme organisé, à l’image du Temple de Salomon, dont tout temple maçonnique est l’allégorie.

La Bible comme « objet-frontière »

Concrètement, c’est la place de la Bible sur l’autel des serments dans de nombreuses loges qui laisse place à la confusion entre démarche maçonnique et religion. Contrairement à l’image que la Bible véhicule, l’ouvrage n’est pas ici un vestige religieux. Pierre-Yves Beaurepaire, professeur d’Histoire moderne à l’université Côte d’Azur et grand spécialiste de la franc-maçonnerie, propose de la considérer à la fois comme un outil de travail symbolique (elle sert de support aux serments) (Dictionnaire de la Franc-maçonnerie, Armand Colin, 2014), un objet mémoriel chrétien partagé et un artefact davantage culturel que religieux ; en effet, lorsqu’un athée prête serment sur la Bible, il ne sacralise pas le texte, mais sa propre parole donnée. Nuance essentielle.

Le rituel – constitué par l’addition des rites – est en maçonnerie « consciemment théâtralisés » : le frère sait qu’il joue un rôle, il n’est jamais dans cette posture dans sa vie profane. Ainsi, lorsque les maçons tracent leurs signes, suivent leurs rituels, ils ne pratiquent pas une religion, mais plutôt actualisent une forme de sacralité propre qui s’adapte à la société dans laquelle ils évoluent.

La franc-maçonnerie est-elle une religion sans Dieu ni dogme ? En refermant cette réflexion, une évidence s’impose ; la franc-maçonnerie fascine parce qu’elle brouille les frontières entre sacré et profane, tout en refusant catégoriquement le statut de religion. Ce paradoxe s’éclaire lorsque l’on réalise qu’elle opère une alchimie unique entre trois niveaux : un langage religieux détourné (temples, bibles, rites) qui parle à l’inconscient collectif, comme l’a montré Émile Durkheim ; une spiritualité latitudinaire où chacun projette ses croyances et des fonctions anthropologiques universelles (rites de passage, cohésion sociale).

Si tant de francs-maçons y voient une « religion sans dogme », c’est sans doute parce que la maçonnerie répond à des besoins humains fondamentaux que les religions traditionnelles ont longtemps captés comme le besoin d’appartenance (la chaîne d’union qui a lieu à la fin de chaque tenue peut être l’équivalence d’une communion ou d’une messe), le besoin de transcendance (la quête de connaissance remplace la révélation divine), le besoin de ritualité (les tenues maçonniques structurent le temps comme les offices religieux le faisaient jadis).

Mais la différence est cruciale, car là où les religions imposent, la maçonnerie propose – théorème partagé par Pierre-Yves Beaurepaire et Claude Delbos dans « Les sept devoirs du franc-maçon adogmatique ». Comme le résume le premier dans une conférence publique donnée dans le cadre du laboratoire de recherche CMMC, « la loge est un laboratoire du sacré bien plus qu’un sanctuaire » religieux ! Un laboratoire où se joue une pièce de théâtre chrétienne dans un cadre hébraïsé…

The Conversation

Philippe Ilial ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La franc-maçonnerie est-elle une religion malgré elle ? – https://theconversation.com/la-franc-maconnerie-est-elle-une-religion-malgre-elle-262390

Quand la galaxie trumpiste accuse l’Europe de pratiquer la censure

Source: The Conversation – France in French (3) – By Stefania Di Stefano, Chercheuse postdoctorale au sein de la Chaire sur la modération des contenus, Conservatoire national des arts et métiers (CNAM)

Alors même que, aux États-Unis, la liberté d’expression, la liberté des médias ou encore la liberté académique font l’objet d’attaques sans précédent de la part de l’administration Trump, Washington prétend que c’est l’Union européenne qui serait un dangereux censeur. En cause : les mesures visant à modérer les contenus haineux sur les réseaux sociaux.


Comment déterminer la maturité d’une démocratie ? Comment reconnaître qu’elle sombre progressivement vers un régime autoritaire ?

Le début du second mandat présidentiel de Donald Trump incarne sans aucun doute un tel glissement, avec fracas et sans souci pour l’image de bienséance qu’une personne exerçant une telle fonction devrait renvoyer. Depuis le retour du milliardaire new-yorkais à la Maison Blanche le 20 janvier, les attaques contre les libertés sur le territoire états-unien sont nombreuses et variées.

Les universités ont été l’une des premières cibles du président. Gel des fonds fédéraux, instrumentalisation du système d’accréditation universitaire pour influencer les formations, révocation des visas pour les étudiants étrangers… Autant de mesures attaquant frontalement la liberté académique. Des mesures visant surtout à remodeler l’éducation supérieure selon une idéologie définie par le régime trumpiste et restreignant la libre pensée.

La liberté de la presse n’est pas épargnée par la nouvelle version du « free speech » portée par le président. Dernière victime à avoir été « fired » : Stephen Colbert, présentateur du populaire « Late Show » sur CBS. Cette émission satirique s’attaquait régulièrement et sans ménagement à Donald Trump. Elle n’a plus sa place dans les programmes télévisés. Pour dénoncer le silence s’installant progressivement dans les médias, la série humoristique South Park a sorti un nouvel épisode caricaturant le président, laissant cependant un sentiment amer aux spectateurs.




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Pourtant, et dans une sorte d’inversement psychologique, Washington accuse l’Union européenne (UE) de mettre en œuvre, sur le Vieux Continent, une censure massive.

Les textes européens dans le viseur de l’administration Trump

Si l’UE est critiquée, c’est en réalité pour les valeurs qu’elle représente et pour les libertés qu’elle protège. En effet, les États-Unis dépeignent l’encadrement juridique des plateformes numériques à l’œuvre au sein de l’UE comme la manifestation d’une censure quasi orwelienne.

Se fondant sur un rapport à charge, la Commission judiciaire de la Chambre des représentants a tenu une audition sur « la menace européenne sur la liberté d’expression et l’innovation américaines », affirmant notamment que le Règlement sur les services numériques (Digital Services Act, DSA) porte atteinte au droit des Américains de s’exprimer librement en ligne aux États-Unis.

Pour rétablir les faits et la correcte interprétation du droit européen, une coalition d’universitaires européens et américains a transmis une lettre expliquant les principales applications du DSA.

Se présentant en « défenseur de la démocratie », l’administation Trump utiliserait même la suspension des enquêtes ouvertes à l’encontre des grandes entreprises technologiques américaines comme monnaie d’échange dans les négociations douanières avec la Commission européenne. Les plateformes ont en effet comparé les sanctions imposées pour violation des dispositions européennes à des « droits de douane », s’appuyant aussi sur la (fausse) affirmation que le cadre juridique de l’Union cible spécifiquement les entreprises états-uniennes.

Trump a ouvertement pris la défense de ces « amazing Tech Companies », menaçant d’imposer des droits de douane supplémentaires aux pays ciblant ces entreprises avec leurs législations.

Message posté par Donald Trump sur son réseau Truth Social le 25 août 2025.

En encadrant l’activité des plateformes numériques, notamment par le biais du fameux règlement général sur la protection des données (RGPD) ou du DSA, l’Europe établit-elle un régime de censure ?

Afin de permettre l’expression de toutes et tous, le droit à la liberté d’expression doit être encadré par la loi. Les contours de cette liberté sont délimités par les droits fondamentaux des tiers et comprennent notamment la protection de la vie privée, la non-discrimination, ou encore la dignité humaine. Ce sont justement ces limites que rappelle le DSA. Le texte vise à s’assurer que les contenus circulant sur les plateformes respectent ces principes cardinaux. Et si la désinformation ou les discours haineux sont des problèmes préoccupants, la critique du pouvoir reste, en Europe, protégée par la liberté d’expression, laquelle est garantie par le DSA.

La modération délaissée par les grandes plateformes

Cet encadrement déplaît fortement au régime trumpiste ainsi qu’à certaines grandes plateformes numériques américaines. Celles-ci estimaient pourtant, il y a quelques années, que des réglementations étaient nécessaires pour un système efficace de gouvernance des contenus en ligne. En suivant désormais la ligne trumpiste, les plateformes ont tendance à fausser délibérément le concept de censure en l’assimilant à celui de modération des contenus. Cette dernière vise toutefois à s’assurer que les contenus circulant sur les plateformes sont conformes aux conditions générales du service mais, aussi, aux lois et droits fondamentaux protégés par les textes fondateurs.

Mais ce n’est pas seulement d’un point de vue théorique que la modération des contenus, mise en place par le DSA, est attaquée. Cela passe aussi par les nombreuses baisses budgétaires au sein des plateformes, entraînant une réduction des ressources humaines consacrées à la sécurité en ligne. Ces mesures sont par ailleurs couplées à une « simplification » des politiques de modération des contenus, qui s’affranchissent des protections sur des sujets considérés comme « woke », notamment la protection de la communauté LGBTQIA+ ou la lutte contre la haine en ligne.

Dernière annonce en date ? Meta déclarant, un vendredi au cœur de l’été, la suspension de ses publicités ciblées à caractère politique. Sans même évoquer le moment de l’annonce, comment interpréter un tel signal ? L’initiative concerne les publicités à caractère politique, électoral ou traitant de « questions sociales ». Raison invoquée : le règlement européen relatif à la transparence et au ciblage de la publicité à caractère politique, qui rendrait le ciblage des usagers trop complexe.

Pourtant, une étude conduite par l’organisation AI Forensics, avant l’entrée en application de ce règlement, avait démontré que Meta laissait la propagande pro-russe envahir les publicités politiques ciblées, avec un système de détection des contenus complètement défaillant.

L’Union européenne, modèle d’anti-trumpisme ?

Certes, l’Europe n’est pas parfaite. Certes, l’Europe vit aussi d’importantes dérives identitaires. Mais l’Europe tente, dans un monde de plus en plus complexe, de garantir à toutes et tous la possibilité de s’exprimer en ligne.

Aujourd’hui, les victimes des attaques visant la liberté académique et la liberté de la presse ne se trouvent pas en Europe, mais aux États-Unis. Dans ces conditions, l’Europe doit porter encore plus haut et encore plus fort ses valeurs. Elle doit offrir un modèle dans lequel les libertés sont protégées par la loi et les institutions, et non par la volonté d’un homme.

The Conversation

Suzanne Vergnolle a reçu des financements de la région Île-de-France.

Stefania Di Stefano ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Quand la galaxie trumpiste accuse l’Europe de pratiquer la censure – https://theconversation.com/quand-la-galaxie-trumpiste-accuse-leurope-de-pratiquer-la-censure-263855

New research indicates caribou populations could decline 80 per cent by 2100

Source: The Conversation – Canada – By Elisabetta Canteri, Postdoctoral Researcher, Globe Institute, University of Copenhagen

Caribou will likely face population declines rarely experienced in 21,000 years due to climate change. That’s the main finding from our recently published research on the historical resilience of caribou populations.

Caribou, also called reindeer, are a majestic species with remarkable adaptations to the cold Arctic environments of Eurasia and North America. Despite surviving through large climatic fluctuations in the past, future climate warming may cause a drastic decline in caribou populations. Arctic environments are extremely sensitive to climate change, and they are expected to warm two times more than the global average.

In our research, we simulated how caribou population abundance shifted in response to climate change since the last ice age to the present day, and projected it into the future to 2100. This allowed us to directly compare past and future rates of declines.

We decided to look back 21,000 years because, in the past, Arctic climates have fluctuated abruptly, with temperatures in areas such as Greenland increasing by up to 10 degrees in just a few decades. We figured that if we could identify the traits that helped caribou to survive these past warming events, we would be able to better predict their vulnerability to future climate change.

To do this we combined fossils and historical observations with climate reconstructions to map caribou habitat suitability across regions and time at a high resolution. We then used computer modelling to simulate how populations responded to changes in the suitability of these environments following the last ice age.

What our research shows

We found that caribou were able to survive past climatic fluctuations thanks to their ability to live in diverse environments, move long distances and survive in low numbers.

However, when projecting these models forward in time we discovered that these traits might not be enough to safeguard future populations. If action is not taken to mitigate climate change, we project a 58 per cent decline in population size across the whole geographic distribution of the species by 2100.

Losses in North America are likely to be most severe, with decreases of 84 per cent predicted in response to Arctic warming. This is because North America is projected to be the region losing the largest extents of habitats suitable for caribou due to climate change and other human impacts on the land.

Even under a more optimistic climate change scenario, with less temperature change, we still expect North American caribou populations to experience large losses. This suggests that recent declines observed in large herds of caribou are expected to continue into the future.

Threats not directly included in our models, such as diseases, extreme weather die-offs and unregulated hunting, could further worsen the impacts of climate change on caribou populations.




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Broader ecological implications

Dramatic declines in caribou populations might have far-reaching ecological implications. Thanks to their feeding behaviour, caribou help stop the advancement of forests to northern latitudes and maintain the diversity of plants in the tundra.

In doing so, caribou play a key role in maintaining healthy tundra environments. A decrease in tundra plant diversity affects carbon uptake, soil nutrient availability and even how well the landscape reflects light. Therefore, declines in caribou populations will have knock-on effects on tundra ecosystems that will further accelerate climatic warming.




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These drastic declines in caribou populations will have impacts that go beyond the Arctic’s natural environment. For many Indigenous Arctic communities, caribou are essential. People in these regions rely on caribou for food and economy, cultural identity and an overall sense of well-being. Population declines will therefore cause profound losses, impacting the livelihoods of many communities.

Our findings suggest a grim future for caribou, and signal an urgent need for governments to increase investments in the conservation and management of the species. This should include protecting and ensuring access to historical pastures and migration routes.

Actions that we take today to reduce our carbon footprint will benefit caribou, nature and Arctic Indigenous communities in the decades to come.

The Conversation

Damien Fordham receives funding from the Australian Research Council

Elisabetta Canteri does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. New research indicates caribou populations could decline 80 per cent by 2100 – https://theconversation.com/new-research-indicates-caribou-populations-could-decline-80-per-cent-by-2100-263696