Implantar la sostenibilidad en las empresas pasa por involucrar a las personas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Ramos-Camacho, Investigadora en Dirección de Recursos Humanos, Universidad de Cádiz

Una empresa mediana instala contenedores de reciclaje en cada planta de su sede, lanza una campaña interna con carteles y correos electrónicos y pide a sus empleados que cambien sus hábitos. Tres meses después, los contenedores están mal utilizados, nadie recuerda la campaña y todo ha vuelto a ser como antes.

Este escenario se repite en miles de organizaciones. Y lo más desconcertante es que el problema casi nunca es la falta de interés. La mayoría de las personas afirma preocuparse por la sostenibilidad y el medioambiente. Entonces, ¿por qué cuesta tanto transformar esas intenciones en comportamientos estables dentro de las empresas?

La respuesta no está en los empleados. Está en cómo se diseña el cambio.
La presión regulatoria europea, con la Directiva CSRD y las exigencias ESG, está acelerando la incorporación de la sostenibilidad en empresas de todos los tamaños. Sin embargo, muchas organizaciones están descubriendo que adoptar políticas sostenibles es mucho más sencillo que conseguir que formen parte de la rutina laboral de las personas.

El error más común: confundir sostenibilidad con cumplimiento

Muchas empresas abordan la sostenibilidad como un problema técnico: nuevos protocolos, campañas internas o normas que los empleados deben seguir. El mensaje implícito suele ser claro: “Esto es lo que hay que hacer a partir de ahora”.

Pero cambiar comportamientos humanos es mucho más complejo que enviar instrucciones. La sostenibilidad organizativa no es solo una cuestión técnica. Es, sobre todo, una cuestión social.

No es lo mismo recibir un correo diciendo “a partir de ahora reciclamos” que participar en cómo reducir residuos en el propio puesto de trabajo. En el primer caso, los empleados obedecen. En el segundo, construyen. Y lo que se construye suele durar más que lo que se impone.

Por qué las personas se implican

La psicología lleva años mostrando que las personas se implican más cuando sienten que participan en las decisiones, perciben resultados concretos y forman parte de un grupo con objetivos compartidos. Es lo que defiende la teoría de la autodeterminación, desarrollada por los psicólogos estadounidenses Edward L. Deci y Richard Ryan y respaldada por décadas de investigación en contextos organizativos. Cuando estas condiciones no existen, la motivación se desgasta y los cambios se diluyen. También ocurre con la sostenibilidad.

Pero nuestras investigaciones sobre sostenibilidad y gestión de personas en empresas europeas añaden un elemento que muchas organizaciones pasan por alto: no basta con que los empleados estén motivados. Para que la sostenibilidad se convierta en parte real del funcionamiento de una empresa, alguien tiene que tener capacidad real para traducirla en prácticas cotidianas.

La persona clave para incorporar la sostenibilidad

Esa persona suele ser quien lidera la gestión de personas en la organización. Nuestra investigación muestra que uno de los factores más importantes, además de la propia estrategia que diseña la dirección general, es el margen de actuación real que tienen los responsables de recursos humanos para incorporar la sostenibilidad en la gestión diaria: en la selección, la formación, la evaluación o el reconocimiento de las personas.

La diferencia es más concreta de lo que parece. No es lo mismo un responsable de recursos humanos que puede rediseñar cómo se evalúa y reconoce el trabajo sostenible, que uno que solo puede colgar carteles en la sala de descanso. En el primer caso, la sostenibilidad entra en la vida laboral de las personas. En el segundo, se queda en la pared.

Cuando ese margen existe, la sostenibilidad deja de ser un discurso corporativo y empieza a convertirse en algo que los empleados experimentan cada día. Cuando no existe, incluso las iniciativas mejor intencionadas se quedan en la superficie.

Las personas que tienen voz en cómo se implantan los cambios sostenibles se implican de forma muy distinta que quienes simplemente reciben instrucciones. Porque las personas no sostienen durante mucho tiempo aquello que sienten impuesto desde fuera.

El problema de no ver resultados

Otro obstáculo frecuente aparece cuando los empleados no perciben el impacto real de lo que hacen. Muchas empresas impulsan iniciativas sostenibles pero no muestran resultados concretos. Los empleados separan residuos o reducen impresiones sin saber realmente si eso sirve para algo. Y cuando el esfuerzo no tiene un impacto visible, la motivación se erosiona rápidamente.

La solución no requiere grandes sistemas de medición. A veces basta con hacer visibles los avances: cuánto se ha reducido el consumo energético, qué cambios ha propuesto un equipo, qué mejoras concretas se han conseguido. Los pequeños resultados, cuando se comunican, ayudan a consolidar los comportamientos sostenibles en el tiempo.

La sostenibilidad también se contagia

En equipos pequeños, las conductas no solo se enseñan: también se observan, se imitan y se normalizan. Cuando las prácticas sostenibles forman parte de la dinámica habitual del grupo, dejan de percibirse como una exigencia externa y pasan a convertirse en “la forma en que aquí se hacen las cosas”.

Además, el reconocimiento dentro del equipo (agradecer una iniciativa, compartir logros colectivos o visibilizar propuestas útiles) fortalece el sentimiento de pertenencia y aumenta la disposición a colaborar. La sostenibilidad no se construye solo con normas. También se construye a través de las relaciones cotidianas.

Una oportunidad real para las pymes

Las pymes representan el 99 % de las empresas europeas y generan dos de cada tres empleos en la UE. Sin embargo, afrontan la transición hacia la sostenibilidad con recursos mucho más limitados que las grandes corporaciones.

Sin embargo, tienen una ventaja que a menudo infravaloran: su cercanía. La relación directa entre dirección y empleados, la flexibilidad para adaptar procesos y la rapidez para tomar decisiones crean condiciones muy favorables para impulsar cambios culturales reales. Lo que en una gran organización puede requerir meses de planificación, en una pyme puede surgir de una conversación de equipo.

La clave está en no tratar la sostenibilidad como un trámite, sino como una forma distinta de trabajar. Y en asegurarse de que quien gestiona personas tenga el margen real para hacerlo posible. Porque la falta de implicación de los empleados en las iniciativas sostenibles no suele ser un problema de actitud. Es, sobre todo, un problema de diseño.

Los cambios no se decretan desde arriba. Se construyen desde dentro. Y la sostenibilidad que no llega a las personas no es sostenibilidad. Es solo una campaña.

The Conversation

Los autores han recibido financiación del proyecto PID2023-148080NB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y FEDER, Unión Europea. Este trabajo también ha sido financiado por el Proyecto de Excelencia ProyExcel_01003 de la Junta de Andalucía.

Los autores están afiliados al Instituto Europeo de Sostenibilidad en Gestión (iESG), centro de investigación especializado en sostenibilidad y gestión empresarial.

Pedro M. Romero Fernández ha recibido han recibido financiación del proyecto PID2023-148080NB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y FEDER, Unión Europea. Este trabajo también ha sido financiado por el Proyecto de Excelencia ProyExcel_01003 de la Junta de Andalucía. Los autores están afiliados al Instituto Europeo de Sostenibilidad en Gestión (iESG), centro de investigación especializado en sostenibilidad y gestión empresarial

Marta Ramos-Camacho y Teresa Jiménez-García no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Implantar la sostenibilidad en las empresas pasa por involucrar a las personas – https://theconversation.com/implantar-la-sostenibilidad-en-las-empresas-pasa-por-involucrar-a-las-personas-284200

Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan José Pastor Comín, Catedrático de Universidad. Área: Música. Investigación: Relaciones entre Música y Literatura. CIDoM (UCLM-CSIC). Premio de Investigación e Innovación en Arte y Humanidades (Gobierno de Castilla-La Mancha), Universidad de Castilla-La Mancha

Edificios semiderruidos por la guerra civil española. Otto Wunderlich. Archivo Wunderlich, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte

David Uclés se define en su página web como escritor, músico y dibujante, y allí aloja sus propias composiciones. Pertenece a esa nómina de talentos que cultivaron la música y la literatura, desde Juan del Encina a Julio Cortázar, pasando por Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Galdós, Gerardo Diego o Federico García Lorca, una escritura renovada que busca un apoyo constante en la participación de las artes.

Así, por su última novela, La ciudad de las luces muertas, desfilan, en espacios emblemáticos como el Palau de la Música, Pau Casals, Montserrat Caballé o Jordi Savall, al tiempo que el joven escritor selecciona quince piezas musicales para acompañar su lectura.

¿Qué sentido tienen estos referentes musicales recurrentes integrados en sus novelas? Más allá del realismo mágico –o realismo uclesiano– que define su estilo, ¿no será, quizá, una de sus propuestas más innovadoras hacernos ver que la música trasciende y da sentido al espacio silencioso de la lectura?

‘La península de las casas vacías’, un tapiz sonoro elocuente

La península de las casas vacías refiere la descomposición y desaparición de una familia durante los años de la Guerra Civil española. En ella la música tiene un papel vertebrador.

Sus cuatro partes diferenciadas bien podrían ser cuatro movimientos sinfónicos en los que Odisto –imagen de Odiseo–, el personaje principal, sentirá las voces de la guerra que arrastra el viento. Él deberá evitar estas voces aniquiladoras, que recuerdan a las de las sirenas que Ulises escucha atado al mástil en la Odisea. A pesar de que los cantos representan la tentación del conocimiento absoluto y el olvido del hogar, ambos héroes, Odisto y Ulises, cruzarán esa experiencia musical y lograrán regresar a su patria.

En este largo viaje el lector contemplará el paisaje sonoro cotidiano de los años 1920 y 1930. En él se encuentran las coplillas que se hicieron a raíz del atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906:

“En la Plaza Mayor

ha caído una bomba

ha ido a parar a la reina Victoria.

Victoria está mala

y el rey no la quiere,

por eso Victoria

de pena se muere”.

También las parodias y las nuevas letras para el Himno de Riego que se cantaban en la España republicana:

“Si los curas y Franco supieran

la paliza que les van a dar,

subirían al coro cantando

¡libertad, libertad, libertad!”

Igualmente, Uclés incluye la versión popular de Los cuatro muleros titulada Los cuatro generales, que hacía referencia a Franco, Sanjurjo, Mola y Queipo de Llano. Todas ellas presentan un auténtico tapiz sonoro de la realidad del momento que recuerda al lector que en una guerra civil nada, y mucho menos la música, es inocente.

Más allá de estas músicas contextuales, Uclés introduce otras obras que interfieren como anacronías en la ficción. Al igual que hace Miguel de Unamuno en Niebla, el autor rompe la “cuarta pared” narrativa, establece un diálogo con sus personajes y, gracias a esta capacidad de interacción, les concede en momentos esenciales músicas a las que el lector deberá acudir si quiere participar en una experiencia interartística inmersiva.

Un ejemplo claro es el regreso de Odisto a su pueblo:

“Hice que, algo lejana, sonara en sus oídos una melodía que lo iba a acompañar en aquella última estación del viacrucis de vuelta. Para quien desee escucharla al mismo tiempo, se trata del ”Himno de los querubines“ de Piotr Ilich Tchaikovsky”.

Esto mismo sucede en la descripción de la toma de Badajoz por el coronel Yagüe, donde advierte “os dejo antes el nombre de una pista de audio, por si queréis finalizar el capítulo con la misma música con la que estoy escribiendo yo: Miserere mei, Deus, de Gregorio Allegri”, marcando así la matriz emocional del episodio.

Este recurso evocando el patrimonio histórico musical se repite en distintas ocasiones. En la batalla del Jarama, el corneta Camilo “decidió improvisar un aire parecido al Tuba mirum de Verdi, pero el doble de lento y de largo”, acentuando la dimensión fúnebre de la guerra fratricida.

Otras veces el narrador introduce músicas más próximas a los personajes para consolar por la pérdida de los fallecidos: “Antes de seguir con la lectura, os animo a que pongáis el Andante festivo de Sibelius que fue reorquestado en 1938 y lo escuchéis mientras leéis el siguiente capítulo”.

Las músicas del futuro

Pero también, y de una forma audaz, Uclés hace que sus personajes escuchen obras que fueron compuestas mucho tiempo después de la Guerra Civil. Sucede así, por ejemplo, cuando decide suspender el relato sobre la masacre en la carretera de Málaga-Almería para hacer que los soviéticos de las Brigadas Internacionales canten Sacred Love, de Georgui Svirídov, compuesto en 1973.

Estas referencias extemporáneas transforman hechos históricos puntuales en universales. De este modo los personajes de 1936 pueden ver en Madrid la escultura de Agustín Lara realizada por Humberto Peraza en 1975 frente a las Escuelas Pías. La pieza alude a la canción “Solamente una vez”, y en su pedestal se puede leer la letra del famoso chotis de 1948: “Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací… en México se piensa mucho en ti”. En la novela no se menciona esta canción, pero es extraordinariamente elocuente en su recuerdo del exilio.

En el relato de la evacuación de los niños vascos en 1937 se intensifica el dolor de las madres, haciéndoles llegar como consuelo “una melodía balcánica llamada Ederlezi, hoy día bellamente interpretada por Nigel Kennedy y Goran Bregovic”.

La dulzura de esta obra se contrapone con la brutalidad y densidad sonora del Requiem II. Kyrie de Ligeti, que enmarca la cuarta parte de la novela y el estallido del volcán que fractura la península. A estas músicas imposibles hay que añadir el bálsamo que concede el narrador a uno de los personajes tras matar a un miliciano: “Hice que sonara muy tibiamente una pieza en su cabeza: la melancólica interpretación que Miles Davis haría tiempo después del adagio del Concierto de Aranjuez”.

Las piezas empleadas por Uclés no solo ayudan a comprender una época: expanden el mundo de los lectores. La península de las casas vacías es así un lugar donde la experiencia musical –las obras clásicas, coetáneas y futuras que aparecen en la particular odisea de Odisto– transforma la vivencia del tiempo.

El sentido se desplaza más allá del reino de la palabra y solo parece encontrarse donde la música, vivida en primera persona, se expresa poderosamente e invade el terreno silencioso de la novela.


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Juan José Pastor Comín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’ – https://theconversation.com/todas-las-musicas-que-se-esconden-en-la-peninsula-de-las-casas-vacias-281090

Algoritmos nómadas: el fin del aislamiento de las enfermedades raras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alba Garrido López, Investigadora predoctoral en Tecnologías y Sistemas de Comunicaciones, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Master1305/Shutterstock

En las facultades de medicina se enseña un mantra de prudencia: “Si oyes galopar, piensa en caballos, no en cebras”. Es una invitación a buscar lo común antes que lo exótico. Si un paciente llega con fiebre y tos, la lógica dicta pensar en una gripe y no en una patología tropical de un valle perdido. Sin embargo, el problema es que las cebras existen.

Aunque cada una de estas patologías afecta a menos de 5 por cada 10 000 habitantes, su impacto global es masivo. Se estima que existen más de 7 000 enfermedades raras –con 6 147 identificadas en el registro Orphanet– que afectan a más de 300 millones de personas en el mundo. Esta paradoja es el corazón del problema: los pacientes son muchos, pero están tan dispersos que el conocimiento sobre ellos permanece fragmentado. Las enfermedades poco frecuentes cargan con una “triple conDena” que bloquea el progreso médico:

  • Diagnóstico: el 57 % de los pacientes sufre una demora diagnóstica superior al año. En España, la media ronda los seis años de incertidumbre, un tiempo en el que el impacto psicosocial sobre el paciente y su familia se agrava profundamente ante la falta de respuestas.

  • Dinero: los llamados “medicamentos huérfanos” rara vez son rentables para el mercado farmacéutico tradicional. Al haber pocos pacientes, la inversión es difícil de recuperar, dejando a miles de patologías sin investigación activa.

  • Datos: el conocimiento médico está encerrado en silos. Un hospital en Madrid ha visto dos casos; otro en Tokio, tres. Cada centro posee una pieza vital del puzle, pero ninguna es suficiente por sí sola para entrenar a una inteligencia artificial.
    Hasta ahora, la solución lógica era “juntar los datos”. Pero un historial clínico es la información más íntima que poseemos. Por razones éticas y legales, los datos no pueden (ni deben) circular libremente. El resultado es que el conocimiento se queda aislado.

Aprendizaje federado: los datos no viajan, viaja el algoritmo

La respuesta pasa por invertir la lógica tradicional: en lugar de llevar los datos al algoritmo, llevamos el algoritmo a los datos. Esta técnica, denominada “aprendizaje federado”, permite que un modelo de IA “viaje” a cada hospital, aprenda localmente de sus historiales y regrese a una sede central llevando consigo únicamente parámetros matemáticos. Son patrones, no nombres; tendencias, no fechas.

Es como si cien investigadores estudiaran en bibliotecas distintas de todo el mundo: ninguno saca un solo libro, pero todos comparten sus notas finales
para escribir un manual común. Esta arquitectura ya no es teórica. Modelos federados han demostrado alcanzar hasta el 99 % de la eficacia de aquellos entrenados con datos centralizados.

En España, la lucha contra el aislamiento de estos datos tiene un rostro real: Julián Isla. Ingeniero y padre de un niño con una enfermedad rara, Isla vivió la “odisea del diagnóstico” y entendió que la informática debía ser el aliado perfecto, ya que el diagnóstico de estas patologías requiere analizar cantidades masivas de síntomas que superan la capacidad humana.

De esa urgencia nació la Fundación 29 y herramientas como DxGPT, que ya utilizan más de 6 000 médicos en Madrid para navegar por la complejidad de lo desconocido. Como afirma Isla al reflexionar sobre este avance: “Hemos transformado un problema personal en algo que puede ayudar a los demás”. Si iniciativas como la suya abrieron el camino al demostrar el potencial de la IA en la nube, el aprendizaje federado propone ahora la infraestructura definitiva para el sistema sanitario; la evolución necesaria para que la IA se convierta, siempre con respeto a la privacidad, en ese copiloto que guía al médico cuando los síntomas no encajan en ningún manual conocido.

Contra la ceguera algorítmica

Aquí reside la verdadera justicia social de esta tecnología. La IA no sabe medicina de forma innata; aprende exclusivamente de los datos que le enseñamos. Si un algoritmo se entrena únicamente con historiales de grandes centros urbanos, desarrollará una ceguera algorítmica ante el paciente rural o aquel con una mutación poco frecuente.

El aprendizaje federado actúa como un democratizador de la inteligencia médica: permite que un hospital comarcal aporte sus escasos casos a un modelo global sin ceder la soberanía sobre sus datos y, a cambio, recibe una herramienta enriquecida con la experiencia de instituciones de élite de todo el mundo. Así, la excelencia clínica deja de ser un privilegio geográfico.

Que el médico no esté solo

La meta final es que, cuando un médico se enfrente a una “cebra” clínica, no tenga que recurrir a una búsqueda desesperada en navegadores genéricos.

Imaginemos el escenario: un pediatra detecta un síntoma inusual, introduce su caso en un modelo federado y el sistema lanza un aviso: “He detectado patrones clínicos similares en la red global. Considera analizar este marcador genético”. No es ciencia ficción: herramientas como DxGPT ya permiten a más de 6 000 médicos en Madrid navegar por la complejidad de lo desconocido.

La IA no llega para sustituir al médico, sino para dotarlo de una memoria global compartida. Porque si bien la privacidad es un derecho, el acceso al conocimiento es una cuestión de supervivencia. Los datos se quedan en casa para proteger al paciente; el conocimiento viaja por el mundo para salvarlo.

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Alba Garrido López recibe fondos para su investigación a través de proyectos gestionados por la Universidad Politécnica de Madrid. No es asalariada, ni consultora, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de otros vínculos relevantes más allá de su cargo académico.

ref. Algoritmos nómadas: el fin del aislamiento de las enfermedades raras – https://theconversation.com/algoritmos-nomadas-el-fin-del-aislamiento-de-las-enfermedades-raras-285713

Interactuar con tecnologías digitales de forma moderada puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vanesa Perez Cabrera, Profesora de Facultad de Ciencias de la Salud, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

shutterstock Lucigerma/Shutterstock

Durante años las nuevas tecnologías, desde móviles a redes sociales, han sido señaladas como una posible amenaza para el cerebro. El miedo está ahí: ¿están las pantallas arruinando nuestra mente? Algunos expertos ya hablan de demencia digital.

La hipótesis parte de una preocupación: ¿qué ocurre cuando dejamos de esforzarnos mentalmente? Hoy delegamos cada vez más tareas en nuestros dispositivos móviles. Ya no memorizamos números de teléfono, apenas nos orientamos sin GPS y muchas dudas se resuelven con un clic. Según esta idea, al ceder estas funciones a la tecnología podríamos estar desentrenando el cerebro.

En las personas mayores este supuesto proceso podría favorecer el deterioro cognitivo a través de tres vías principales. La primera sería el sedentarismo mental, cuando el tiempo pasivo frente a la pantalla sustituye actividades que exigen mayor esfuerzo intelectual.

En segundo lugar, al transferir tareas como recordar información, planificar u orientarnos tiene lugar una delegación cognitiva. Que reduce el uso de funciones como la memoria y la planificación.

La tercera es la fragmentación de la atención, que viene provocada por la exposición constante a notificaciones, interrupciones y distracciones digitales. Y puede dificultar una concentración profunda y sostenida.

No todo son malas noticias en el panorama digital. Frente a esto, surge un nuevo concepto: la “reserva tecnológica”.

De la demencia digital a la reserva tecnológica

Interactuar con tecnologías digitales puede actuar como un factor protector. Al igual que ocurre con actividades como la lectura o el aprendizaje de idiomas, el uso de la tecnología podría favorecer un mejor rendimiento cognitivo del esperado para la edad o el estado de salud. Es lo que se conoce como reserva tecnológica, y contribuiría a mantener el cerebro activo y funcional durante más tiempo.

El planteamiento se alinea con el concepto de reserva cognitiva. Según este, determinadas experiencias como la educación, el aprendizaje continuo y la participación en actividades mentalmente estimulantes ayudan al cerebro a resistir mejor el envejecimiento y el daño cerebral. En la práctica, es como si estuviéramos acumulando un capital neuronal. Cuanto más activa mantenemos nuestra mente, más robusta es nuestra arquitectura cerebral.

Lo que dice la evidencia científica

Un metaanálisis que analizó los resultados de numerosos estudios sobre el uso de tecnologías digitales y la cognición encontró un dato llamativo: las personas que interactúan con tecnologías digitales presentan un menor riesgo de deterioro cognitivo.

De hecho, esta relación fue comparable, y en algunos casos incluso superior, a la de factores protectores bien conocidos. Entre ellos se encuentra mantener la presión arterial controlada, realizar actividad física con regularidad, tener un mayor nivel educativo o participar en actividades de ocio intelectualmente estimulantes.

Estos resultados, obtenidos a partir de 411 430 adultos de más de 50 años, son especialmente relevantes para los llamados “pioneros digitales”. Es decir, las generaciones que han vivido la transición hacia el mundo digital y han incorporado estas tecnologías en su vida diaria, y que ya han alcanzado las edades a las que empiezan a aparecer las demencias.

Tres vías por las que la tecnología podría proteger el cerebro

La investigación sugiere al menos tres mecanismos principales que podrían explicar esta asociación positiva.

1. Estimulación cognitiva más compleja

Las tecnologías digitales ofrecen entornos mentalmente dinámicos y cambiantes. Por ejemplo, resolver un crucigrama en papel y hacerlo en una aplicación digital implican procesos mentales similares.

Sin embargo, el entorno digital añade nuevos desafíos. Por ejemplo, aprender a usar interfaces que cambian constantemente, gestionar múltiples fuentes de información, resolver problemas técnicos o filtrar distracciones. Todo ello puede suponer un entrenamiento adicional para el cerebro.

2. Mayor conexión social

El aislamiento social es uno de los factores de riesgo más importantes para el deterioro cognitivo en adultos mayores. Las tecnologías digitales, desde videollamadas hasta redes sociales, facilitan el contacto con familiares, amigos y comunidades, especialmente cuando las interacciones presenciales son limitadas.

Esta conexión social no solo mejora el bienestar emocional, sino que también se asocia con un mejor funcionamiento cognitivo.

3. Estrategias de compensación

La tecnología también puede actuar como una herramienta de apoyo. Recordatorios digitales, agendas electrónicas y sistemas de navegación ayudan a compensar pequeños fallos de memoria, permitiendo a las personas mantener su independencia y funcionalidad durante más tiempo.

Este andamiaje digital no reemplaza las capacidades cognitivas, sino que puede ayudar a preservarlas.

A pesar de los resultados prometedores, la tecnología no es una solución mágica. El mismo estudio advierte que no existe una respuesta simple a si la tecnología es siempre beneficiosa o perjudicial para el cerebro envejecido.

El uso moderado puede promover la estimulación cognitiva y la conexión social. Sin embargo, el uso excesivo o pasivo, como el consumo prolongado de contenidos sin interacción, podría tener efectos negativos.

Además, la tecnología también introduce nuevos riesgos, como la exposición a desinformación, el aumento del aislamiento presencial y la vulnerabilidad a fraudes digitales, especialmente en adultos mayores.

Una nueva perspectiva sobre el envejecimiento digital

Lejos de ser una amenaza inevitable, la tecnología podría convertirse en una aliada del envejecimiento cognitivo saludable, siempre en dosis moderada. Los pioneros digitales podrían estar beneficiándose de una forma moderna de estimulación cognitiva.

La clave, como en muchos aspectos de la salud, parece estar en el equilibrio: utilizar la tecnología de forma activa, significativa y moderada.

Más que preguntarnos si la tecnología está dañando nuestro cerebro, quizás debamos preguntarnos cómo usarla para mantenerlo activo durante más tiempo.

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Vanesa Perez Cabrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Interactuar con tecnologías digitales de forma moderada puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo – https://theconversation.com/interactuar-con-tecnologias-digitales-de-forma-moderada-puede-reducir-el-riesgo-de-deterioro-cognitivo-280293

Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal que creía ciegamente en la autorregulación de los mercados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Echeverry, Assistant Professor of Finance and affiliate researcher, ICS-NCID, Universidad de Navarra

Alan Greenspan (1926-2026). Rob Crandall/Shutterstock

El pasado 22 de junio murió a los 100 años Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadounidense (FED) entre 1987 y 2006, desde donde supervisó la expansión económica estadounidense más larga de una generación.

Greenspan, que llegó a ser aclamado como el mejor banquero central de la historia, también fue, apenas dos años después de su retiro, uno de los rostros de la crisis financiera que estalló en 2008, el mayor desplome financiero global desde la Gran Depresión.

Riesgo o incertidumbre

Es en esa doble cara donde Kevin Warsh, recién llegado a la presidencia de la FED, hará bien en estudiar para decidir qué conviene heredar y qué conviene desechar del legado de Greenspan.

No fue un académico de carrera sino un consultor de Wall Street obsesionado con los datos. The Economist lo ha retratado como “el músico de jazz que confiaba en los números igual que en las notas de una partitura”. Pero dejó una aportación intelectual de primer orden: el enfoque de gestión de riesgos de la política monetaria, que presentó en 2004.

A partir de la idea de que los bancos centrales operan siempre en la incertidumbre, Greenspan distinguía entre el riesgo –cuando se conoce la probabilidad del resultado– y la incertidumbre knightiana –cuando no se conoce–, y concebía la política monetaria como una decisión de ajuste estadístico. Así, el responsable de tomar las decisiones monetarias no debe fijarse solo en el escenario más probable sino en toda la distribución de desenlaces posibles, sopesando costes y beneficios, casi siempre asimétricos.

En su discurso sobre la energía de 2004, defendió que las señales de precios acaban resolviendo hasta los desequilibrios que parecen insalvables, y opuso el poder de los mercados al poder sobre ellos. Confió también en la tecnología y apostó a que el alza en la productividad que esta conllevaba contendría la inflación, aunque el paro cayera a mínimos, tomando en cuenta la premisa de que a menor desempleo mayor consumo y más riesgo de subida en los precios.

Fe ciega

Esa misma fe puede haber sido su debilidad. El gurú que antes de llegar a la FED criticaba el poder de los bancos centrales, no dudó luego en emplear a fondo sus herramientas: inyectar liquidez y bajar tipos en cada crisis, lo que el mercado bautizó como Greenspan put. Prefería no pinchar las burbujas sino limpiar después los destrozos. Un ejemplo: a finales de 1996 advirtió de que la “exuberancia irracional” de los inversores inflaba los precios en los mercados y advirtió del riesgo de una inminente burbuja financiera, pero no actuó en consecuencia. Y se opuso a la regulación de instrumentos financieros complejos, persuadido de que las entidades se vigilarían a sí mismas por puro interés.

La crisis de 2008 desmintió su exceso de confianza en la autorregulación de los mercados.

En su histórica comparecencia ante el Congreso estadounidense de octubre de ese mismo año, Greenspan reconoció haber “encontrado un defecto” en su visión del mundo: su fe en el libre mercado había sido demasiado ciega y los mercados deberían estar más regulados.

Economistas como Paul Krugman, John Taylor o Alan Blinder le reprocharon mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo y arrastrar un punto ciego en materia regulatoria.

¿Qué preservar de la herencia de Greenspan?

Lo primero que merece conservarse es su marco de gestión de riesgos. Partiendo de que los modelos y previsiones son solo aproximaciones a una economía real que cambia sin cesar (y por tanto se mueve en la incertidumbre), abogaba por dar la primacía al juicio personal sobre el piloto automático en la toma de decisiones y comprar seguros contra las catástrofes de cola.

También está su defensa de la independencia del banco central, que Greenspan ejerció cuando plantó cara a la Casa Blanca de George H. W. Bush ante sus exigencias de dinero más barato. Es una lección incómoda para Warsh, nombrado bajo la presidencia de Donald Trump y, por tanto, bajo sospecha de docilidad.

En cambio, lo que debe desecharse es su excesiva confianza en la autorregulación de los mercados. Es una gran ironía que el colapso de 2008 fuese exactamente una de esas incertidumbres knightianas que el propio marco de gestión de riesgos de Greenspan exigía vigilar, pero que sus prejuicios ideológicos silenciaron. Aplicar la humildad ante el riesgo no solo a la inflación sino sobre todo a la estabilidad financiera –revisando la doctrina de “limpiar después” y tomando en serio la supervisión y control de los mercados–, es quizá la gran lección que deja.

Greenspan escribió, mejor que casi nadie, sobre los límites del conocimiento del banquero central. Su tragedia fue no aplicarse del todo su propia receta. Si Warsh quiere honrar al Maestro, hará bien en leer su música y corregir una que otra nota falsa.

The Conversation

David Echeverry no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal que creía ciegamente en la autorregulación de los mercados – https://theconversation.com/alan-greenspan-el-presidente-de-la-reserva-federal-que-creia-ciegamente-en-la-autorregulacion-de-los-mercados-285894

La démocratie en recul face à la poussée des autoritarismes

Source: The Conversation – in French – By Pierre-Yves Hénin, Professeur émérite en économie, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne

Alors que les relations internationales traversent une phase de turbulences et de redéfinitions, plusieurs grandes puissances semblent converger vers des modèles de gouvernance mêlant fermeture nationale, interventionnisme économique et concentration des pouvoirs. Dans Trump, Poutine et Xi Jinping. Le national capitalisme autoritaire, modèle pour un nouvel ordre mondial, Pierre-Yves Hénin, professeur émérite à l’Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, propose un cadre d’analyse pour penser ces évolutions et poursuit sa réflexion sur le concept de « national capitalisme autoritaire » (NaCA) déjà entamée dans un ouvrage précédent.


Joe Biden a révélé que, le soir de son élection à la Maison-Blanche en 2020, le président chinois, tout en le félicitant, lui a déclaré que « les démocraties ne peuvent perdurer au XXIᵉ siècle, ce sont les autocraties qui dirigeront le monde. Pourquoi ? Les choses changent si rapidement. Les démocraties exigent un consensus, et cela prend du temps, et vous n’avez pas le temps ».

Effectivement, les historiens de demain considéreront le mouvement quasi général de recul de la démocratie dans les décennies 2010 et 2020 comme le plus grand changement politique intervenu depuis le milieu du XXᵉ siècle, plus important même que l’effondrement du communisme au début des années 1990, un changement conforté par la réélection de Donald Trump en novembre 2024 avec un programme radicalisé.

L’affirmation de Xi Jinping apparaît en phase avec la montée des mouvements et des pays autoritaires dont la crise financière globale de 2007-2008 a été un accélérateur. Depuis cette crise, on constate un recul général de la démocratie dans le monde. L’autocratisation est devenue le nouveau défi planétaire.

Actualisé d’année en année, l’état des lieux dressé par l’institut V-Dem, parmi d’autres organismes spécialisés, documente la marée montante des autoritarismes. Faisant suite à des constats déjà alarmants pour 2023 et 2024, le rapport du V-Dem pour l’année 2025, publié en mars 2026, s’ouvre sur une interrogation préoccupante : « L’ère démocratique touche-t-elle à sa fin ? », tandis que le rapport de Freedom House s’ouvre sur le constat de « l’ombre grandissante de l’autocratie ».

Le monde comporte plus d’autocraties (92) que de démocraties (87). 74 % de la population mondiale vit dans des régimes autoritaires et le poids économique des démocraties est à son plus bas niveau depuis cinquante ans. Le basculement engagé aux États-Unis aggravera encore ce bilan.

Une vague mondiale d’autocratisation

La montée des autoritarismes se manifeste par un recul des libertés fondamentales. En 2025, ces libertés avaient décliné pour la vingtième année consécutive dans le monde.

La promotion de la non-démocratie n’est pas maintenant le fait de dictateurs marginaux mais bien de Xi Jinping, le dirigeant de la deuxième puissance économique de la planète avant que Donald Trump, dirigeant de la première, ne lui emboîte le pas. Le constat selon lequel authoritarianism goes global s’est maintenant imposé.

Dans nombre de pays, l’exercice du pouvoir politique devient plus arbitraire et répressif. L’espace de contestation publique plus restreint réduit ainsi les possibilités d’une alternance même si les élections relativement libres sont formellement maintenues. La remise en cause des acquis de la démocratie par des interventions militaires, par la manipulation du processus électoral, par la mise sous tutelle de la justice et des médias s’accompagne aussi du recul de l’attractivité et de l’effectivité du modèle de capitalisme libéral, fragilisé par ses propres dérapages. Ce recul, qui est manifeste au niveau international, est aussi présent dans la sphère occidentale où l’on constate dans la plupart des pays la montée des mouvements politiques autoritaires ou populistes nationalistes, certains d’entre eux accédant au pouvoir ou sur le point d’y accéder.

L’attaque de l’Ukraine par la Russie et la guerre entre Israël et Hamas dans la bande de Gaza ont accéléré cet affaiblissement, dans une grande partie du monde, du tropisme du modèle occidental et des valeurs universelles dont il est le promoteur. Par ailleurs, la vague de démocratisation des années 1990 s’accompagnait de l’idée selon laquelle les principales caractéristiques institutionnelles des pays développés pouvaient être reproduites à l’échelle mondiale dans un avenir proche.

Thomas Carothers diagnostiquait pourtant la fin du paradigme de transition et remettait en cause l’approche de democracy-promotion community parce que ce type d’approche, trop dépendant d’un tropisme occidental, se focalisait principalement sur le processus et les institutions politiques en méconnaissant l’importance des questions socioculturelles et économiques dans le processus de démocratisation. Cette croyance dans la capacité de promouvoir, voire d’imposer, la démocratie devait servir de prétexte, à côté d’autres facteurs politico-économiques, à la guerre menée en 2003 par les États-Unis contre l’Irak de Saddam Hussein, aux effets particulièrement destructeurs, favorisant une nouvelle vague d’autocratisation.

Fukuyama et la fin d’un monde unipolaire

Faut-il en conclure à un échec complet de la prophétie de Fukuyama annonçant la fin de l’histoire par la victoire définitive de la démocratie et du capitalisme ? Pas totalement. Si l’annonce de la victoire définitive et universelle de la démocratie s’est avérée fausse, en revanche le capitalisme n’a pas connu sur le plan international une remise en cause significative, bien au contraire.

À la différence de la période de la Guerre froide où s’opposaient le bloc capitaliste démocratique et un bloc communiste à économie planifiée, le nouvel affrontement oppose deux capitalismes qui sont parties prenantes d’un capitalisme global. Ainsi, tandis que l’affrontement géopolitique et systémique des années 1945-1991 divisait le monde en deux pôles respectifs, capitaliste et communiste, le capitalisme global de la nouvelle guerre froide tend à se structurer en un monde multipolaire, mettant fin au « long moment unipolaire ».

Cet extrait est issu de Trump, Poutine et Xi Jinping. Le national capitalisme autoritaire, modèle pour un nouvel ordre mondial, de Pierre-Yves Hénin, qui vient de paraître aux éditions L’Harmattan.

Ce recul de la démocratie et du système occidental a fait l’objet de multiples travaux. Le projet de ce livre n’est pas d’y ajouter un nième ouvrage. Il est plutôt de caractériser le modèle alternatif qui bénéficie de ce recul. La confrontation en cours ne se poursuit pas seulement entre les démocraties et les autocraties, elle se manifeste aussi par une crise du « capitalisme démocratique », largement vécue comme telle dans le monde occidental. À partir de ce constat, notre objectif est de proposer les moyens de compréhension d’un monde bouleversé, d’identifier les principaux sujets de tensions et les régimes alternatifs qui surgissent ou se renforcent face au déclin que connaît le modèle de capitalisme qualifié de démocratique et libéral.

Ceci exige nécessairement une approche pluridisciplinaire, associant la science politique et l’économie, et sollicitant les regards historiques ou géopolitiques. L’idée défendue dans ce livre est que le modèle de démocratie occidentale, au-delà des divergences et des rivalités géopolitiques, économiques et culturelles qui le traversent, se trouve confronté à un système combinant autoritarisme et nationalisme avec un capitalisme adapté à ce contexte sociopolitique. La Chine et la Russie représentent aujourd’hui, chacune sous des modalités différentes, les formes paradigmatiques de ce modèle.

The Conversation

Pierre-Yves Hénin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La démocratie en recul face à la poussée des autoritarismes – https://theconversation.com/la-democratie-en-recul-face-a-la-poussee-des-autoritarismes-285091

Désinformation en santé : pourquoi les IA conversationnelles doivent entrer dans le débat

Source: The Conversation – in French – By Karen Nuvoli, Maître de conférences en Sciences de l’Information et de la Communication à l’Université de Lorraine | Centre de Recherche sur les Médiations (Crem, UR 3476), Université de Lorraine


L’essentiel

  • La désinformation en santé n’est pas un phénomène nouveau, mais les crises sanitaires successives, de l’affaire du sang contaminé à la pandémie de Covid-19, ont contribué à en accroître la visibilité.
  • Les réseaux sociaux ont amplifié la circulation de la désinformation en santé tandis que les IA conversationnelles redéfinissent les pratiques d’accès à l’information.
  • Le gouvernement français a émis des recommandations pour former les citoyens à démêler le vrai du faux dans ce nouvel écosystème informationnel complexe.

À l’heure où les fausses informations circulent plus vite que les savoirs établis, le dialogue entre science et société semble fragilisé. Méfiance envers les experts, controverses amplifiées par les réseaux sociaux, brouillage des repères… comment rétablir une discussion constructive fondée sur les faits, sans nier les doutes et les questionnements citoyens ?

Loin d’être cantonnée aux sphères politiques, la désinformation se répand largement dans le domaine de la santé. Informations erronées sur les vaccins, thérapies alternatives ou régimes miracles prolifèrent dans un espace numérique où les frontières entre savoirs légitimes et opinions infondées sont floues.




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Plusieurs facteurs s’entrecroisent pour expliquer cette vulnérabilité. À cet égard, nous pouvons rappeler :

Cette défiance s’inscrit dans les fractures sociales et politiques contemporaines où les divisions sociales, politiques et économiques sont prononcées. Dans une société fragmentée, la désinformation trouve un public particulièrement réceptif au sein de groupes déjà enclins à se méfier des institutions.

Défiance et information en santé à l’ère numérique

Les travaux de la Fondation Descartes montrent que les personnes qui s’informent surtout par l’intermédiaire d’Internet et des réseaux sociaux ont un niveau de connaissances en santé plus faible, une confiance moindre envers la science, la médecine et les institutions, et une sensibilité plus forte aux croyances, aux thérapies alternatives et à l’ésotérisme.

Ce contexte constitue un véritable écosystème informationnel de défiance, au sein duquel les fausses informations circulent plus facilement et peuvent encourager des comportements à risque. La désinformation en santé est même devenue récemment une démarche politique aux États-Unis dans le cadre du mouvement MAHA (pour Make America Healthy Again, en français « Que l’Amérique soit de nouveau en bonne santé ») qui bourgeonne également en Europe.

Ainsi, la désinformation en santé n’est pas seulement un problème de communication, mais aussi un enjeu de gouvernance démocratique. Une démocratie repose, en effet, sur la capacité des citoyens à prendre des décisions éclairées. Or, une information biaisée ou mensongère altère cette rationalité collective.

Une nouvelle étape dans la lutte contre la désinformation en santé

Le gouvernement français a fait de la lutte contre la désinformation médicale une priorité politique. Dans ce sens, la Stratégie nationale de lutte contre la désinformation en santé, présentée en janvier 2026 par la ministre de la santé, fixe quatre axes d’actions dans le prolongement du rapport Molimard.

Le premier concerne l’écoute et la participation citoyenne. Le rapport des assises citoyennes numériques en santé, tout juste publié, dresse le constat d’une mésinformation massive et rappelle que, en matière de santé, protéger l’information, c’est protéger les Français. Il recommande de rendre l’information visible, lisible, pertinente et accessible au bon moment pour les bonnes personnes, et de faire évoluer en conséquence le cadre réglementaire. À ce propos, des sanctions vis-à-vis des désinformateurs existent déjà. Mais leur application semble difficile.

Le deuxième axe concerne la création d’un observatoire de la désinformation en santé qui devra assurer veille, analyse et alerte en lien avec le troisième axe du dispositif, l’« info-vigilance ».

Le dernier axe du plan, « bâtir un socle de confiance propice à l’information en santé », vise à responsabiliser les plateformes numériques et à renforcer l’éducation critique à la santé dès l’école, notamment au moyen des kits pédagogiques conçus avec le Centre pour l’éducation aux médias et à l’information (Clemi).

Pour réussir, la stratégie devra sortir des formats institutionnels traditionnels et trouver des relais crédibles auprès des communautés sceptiques, sans tomber dans une posture moralisatrice qui aggraverait encore la fracture. Le succès du plan dépendra de sa capacité à restaurer la confiance et à toucher tous les publics. La stratégie française s’inscrit à la fois dans la perspective européenne, en continuité du rapport sur la santé publique à l’âge de la mésinformation, et dans le cadre des recommandations internationales.

Dans ce contexte l’Organisation mondiale de la santé (OMS) insiste d’ailleurs depuis plusieurs années sur la nécessité de développer la littératie en santé, c’est-à-dire la capacité des individus à comprendre, évaluer et utiliser l’information médicale pour faire des choix éclairés.

Un point tout aussi important concerne l’accès aux soins. La désinformation et le recours aux thérapies alternatives touchent davantage les « déserts médicaux », où il est difficile de consulter un médecin traitant – pourtant considéré parmi les sources les plus crédibles.




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Cette approche met en lumière une idée clé : lutter contre la désinformation, ce n’est pas seulement corriger les fausses nouvelles. Il s’agit aussi d’outiller intellectuellement les citoyens pour qu’ils puissent s’orienter dans un écosystème informationnel complexe.

L’angle mort : les IA conversationnelles et les usages citoyens

Le rapport du ministère mérite d’être salué, notamment pour sa volonté de renforcer la confiance collective. Mais une question se pose : quelle place accorder aux IA conversationnelles en santé, d’autant que les outils et les usages se multiplient à l’international comme en France ?

Le rapport prévoit des formations à l’IA générative pour les journalistes et son intégration sur Sante.fr, mais passe à côté des citoyens – pourtant les principaux concernés – et des professionnels de santé. Ce choix surprend d’autant plus que l’usage de ces outils et la confiance qu’ils suscitent semblent déjà bien ancrés.

Ainsi, 62 % des médecins généralistes auraient recours ponctuellement à ChatGPT dans leur pratique et 45 % des Français seraient en accord avec cet usage. Mais ces estimations sont à prendre avec prudence puisqu’elles émanent d’acteurs eux-mêmes investis dans l’IA.

Cette question est néanmoins pertinente dans un contexte où les IA dans le domaine de la santé ne cessent d’évoluer. ChatGPT Santé a été lancé aux États-unis, le 7 janvier 2026, rapidement suivi par Claude for Healthcare, l’IA d’Anthropic, qui peut se connecter à des données individuelles de santé via iOS et Android.

Le premier se concentre sur une assistance conversationnelle personnalisée pour accompagner les individus dans la compréhension de leurs données de santé, leurs résultats d’examen et la préparation de consultations. Anthropic mise, quant à lui, sur l’intégration des outils dans les écosystèmes professionnels et de recherche. Tous les géants du Web proposent déjà des solutions, sans oublier les licornes françaises, comme Mistral et Doctolib. Quelle sera leur acceptabilité respective dans l’avenir ?

L’usage de ces outils par le grand public apparaît en effet souvent désordonné, faute de comparaison claire des mécanismes de fonctionnement. Si les usages techniques en imagerie (radiologie, pathologie) sont prometteurs, les applications en diagnostic médical individuel sont plus problématiques.

Les risques à l’usage sont nombreux et les publications se multiplient. Pour ne citer que les plus récentes : erreurs d’interprétation des situations cliniques (en particulier en conditions d’urgence), biais vers des diagnostics rares, difficultés des patients à établir un dialogue performant avec les LLM actuels (les LLM ou grands modèles de langages sont les systèmes d’intelligence artificielle type ChatGPT, ndlr), problèmes éthiques concernant l’utilisation des données personnelles, ou encore risque de piratage des données de santé individuelles.




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Cette situation soulève donc plusieurs interrogations majeures vis-à-vis d’un accès responsable à l’information médicale et en santé : comment les utilisateurs vont-ils s’approprier les outils ? Jusqu’où un assistant conversationnel peut‑il accompagner les patients dans le diagnostic médical ? Quelles formations pour les médecins ?

Intégrer ce type de réflexion dans la stratégie nationale permettrait d’orienter les citoyens vers des usages plus responsables de ces outils.

The Conversation

Karen Nuvoli est membre du SFSIC (Société Française des Sciences de l’Information & de la Communication).

Gilbert Faure est fondateur et animateur du réseau HESIVAXs.

ref. Désinformation en santé : pourquoi les IA conversationnelles doivent entrer dans le débat – https://theconversation.com/desinformation-en-sante-pourquoi-les-ia-conversationnelles-doivent-entrer-dans-le-debat-285520

« Heated Rivalry », la romance gay qui réenchante l’imaginaire érotique des femmes hétérosexuelles

Source: The Conversation – in French – By Mathilde Plard, Chercheuse CNRS – UMR ESO, Université d’Angers

Mettant en scène une romance gay dans le milieu du hockey, la série, dont Connor Storrie (à gauche) et Hudson Williams (à droite) interprètent les rôles principaux, rencontre un succès vertigineux. HBO MAX

La série canadienne, devenue en quatre mois le plus grand succès de fiction jamais diffusé par HBO Max, a un public aux deux tiers féminin. Comment expliquer cet engouement pour une romance entre deux joueurs de hockey ?


Heated Rivalry raconte l’histoire d’amour secrète de deux joueurs de hockey, l’un canadien, l’autre russe, étalée sur dix ans. Diffusée d’abord par Crave puis intégrée au catalogue HBO Max, la série a atteint, fin janvier 2026, 10,6 millions de spectateurs par épisode aux États-Unis selon le magazine Variety.

Surprise : selon les données de la plateforme, son audience est passée de 53 % de femmes au 22 décembre 2025 à environ deux tiers à la fin de la première saison. Ce paradoxe en dit long sur l’état du désir contemporain – et sur la place que prennent les imaginations queer dans nos vies intimes.

Un succès mondial inattendu

Les chiffres sont vertigineux. La série passe de 30 à 324 millions de minutes streamées entre la première semaine et la finale. La firme Parrot Analytics enregistre, au Canada, une demande 49 fois supérieure à la moyenne des séries. Les ventes papier du roman original de Rachel Reid bondissent de 8 000 % entre novembre 2025 et janvier 2026. Sur le site Reddit, le sous-forum r/HeatedRivalryTV compte 137 000 membres en avril 2026 ; le hashtag #TheCottage circule sur TikTok comme un mot de passe affectif.

En Russie, la série est piratée massivement malgré la loi anti-LGBTQIA+. À New York, le maire Mamdani en conseille la lecture en pleine tempête de neige ; à Ottawa, le premier ministre Mark Carney enfile son fleece (veste en laine polaire) sur le tapis rouge.

L’hétéropessimisme : nommer une fatigue

Le théoricien Asa Seresin a forgé en 2019 un concept qui éclaire ce moment : l’« hétéropessimisme ». Ni rejet militant ni transformation effective : il s’agit d’une lassitude diffuse, d’une désaffiliation performative avec un régime intime jugé décevant. On reste hétéro, mais on s’en plaint, en ligne, entre ami·es, dans les fictions qu’on consomme.

Billy Holzberg et Aura Lehtonen, dans Feminist Media Studies, ont montré à partir de la série télévisée britannique Fleabag que l’hétéropessimisme constitue « la dernière étape de la sensibilité postféministe ». L’héroïne éponyme passe la série à dénoncer, face caméra, la médiocrité des hommes et l’inconfort du sexe hétérosexuel – mais l’horizon qu’elle s’autorise reste strictement hétéro. Sa grande liaison, en saison 2, est un prêtre catholique qui choisit Dieu : un objet de désir « déjà inaccessible », ce qui permet justement à la fantaisie romantique de rester intacte. Et quand des possibles queer surgissent – Fleabag cherche à séduire des femmes, et c’est avec son amie Boo qu’elle connaît l’intimité la plus vraie –, ils sont aussitôt désamorcés, traités avec le même détachement cynique. La série « critique les contraintes de l’hétérosexualité tout en les épousant » : elle réinvestit l’hétéronormativité en répudiant les attachements queer qui pourraient en sortir ; exemple frappant d’hétéropessimisme.

Cette fatigue est documentée. La sociologue Jane Ward parle d’une « tragédie de l’hétérosexualité » (2020) : asymétrie persistante du plaisir, charge mentale épuisante. Elle se traduit en pratiques massives. Sur Archive of Our Own, principale plateforme mondiale de fans de fiction, la romance entre hommes (M/M) est devenue la catégorie la plus populaire. Comme le souligne, en 2015, le chercheur spécialiste de littérature gay et lesbienne Guy Mark Foster dans Journal of Bisexuality : il s’agit moins de voyeurisme que d’une « identification croisée » mobilisant chez la lectrice une bisexualité psychique souvent inavouée.

L’attachement de millions de spectatrices à Shane et Ilya de Heated Rivalry n’est donc pas l’exotisation passive d’un désir qui ne les concerne pas – c’est la mobilisation, par le détour, de désirs propres qu’elles n’ont pas appris à reconnaître.

Les marges queer comme horizon utopique

C’est ici que la philosophie queer offre un outil précieux. José Esteban Muñoz, chercheur américain travaillant sur l’étude des performances, la culture visuelle, et la théorie queer, défendait une idée forte dans son essai Cruising Utopia (2009) : la culture queer est un atelier de l’imagination, un laboratoire où s’invente un autre rapport au désir, au temps, au plaisir.

« Le queer est essentiellement l’horizon de la possibilité. »

Autrement dit, une promesse de mondes plus habitables qui n’appartient pas aux seules personnes LGBTQIA+ : elle rayonne, elle déborde, elle inspire au-delà de ses inventeurs.

Heated Rivalry rend ce rayonnement visible. Les femmes qui plébiscitent la série y trouvent un répertoire concret de gestes que la culture hétérosexuelle dominante leur refuse : le consentement enthousiaste explicité à l’écran (porté par le travail de la coordinatrice d’intimité Chala Hunter, qui parle d’une « tendresse délibérée », la vulnérabilité partagée, la tendresse sans condescendance, le désir réciproque, la disponibilité émotionnelle.

Un réenchantement en temps d’hétéropessimisme, en somme : la fiction queer ne libère pas ses spectatrices de l’hétérosexualité. Elle leur ouvre une fenêtre. Elle réenchante leur capacité d’attendre mieux !

Quatre mécanismes au travail

L’analyse fait apparaître quatre rouages convergents.

D’abord, la suspension du regard masculin. En l’absence de corps féminin dans le cadre érotique, le circuit visuel qui transforme les spectatrices en spectatrices-de-soi-comme-objet – ce que Laura Mulvey appelait le male gaze (1975) – est désactivé. Sur Reddit, le mot qui revient le plus pour décrire l’expérience est « safe ».

Ensuite, la caméra caressante : la mise en scène prend son temps, dans ce que la critique du Monde décrit comme « une délicatesse qui rappelle celle de Normal People, mêlée à un grand respect mutuel et une douceur qui n’empêchent pas la crudité » (Fournier, 2026).

Troisième rouage, la temporalité longue de la narration : la relation entre Shane et Ilya se déploie sur dix ans. Sam McBean, spécialiste britannique de la sexualité dans la culture contemporaine et des théories queer, montrait en 2018 que cette « temporalité de la longue durée » est précisément ce qui offre une alternative à la « temporalité de l’événement » à laquelle les sexualités minoritaires sont habituellement confinées.

Enfin, la réciprocité radicale : les deux personnages sont également vulnérables, également amoureux, sans le « trope hétérosexuel familier, où l’un des partenaires arrache la vulnérabilité à l’autre ».

Le sociologue du sport australien Matthew Klugman a documenté, en 2015, combien cette charge homoérotique travaille déjà silencieusement la culture sportive masculine réelle – les supporters déclarant aimer leurs héros « in an absolutely gay way ».

Une fenêtre, non une libération

Heated Rivalry ne renverse pas l’ordre patriarcal. La série montre des hommes beaux, blancs, riches, sportifs : un répertoire encore étroit du désirable. Les médias queer rappellent à juste titre que la précarité des vies LGBTQIA+ réelles y est largement effacée.

Une précision empirique s’impose : sur Archive of Our Own, où la romance entre hommes domine, le public est massivement queer. L’enquête démographique de référence montre que, en 2024, seul·es 12 % des utilisateur·ices s’y déclarent hétérosexuel·les (contre 38 % dix ans plus tôt) et à peine 57 % s’identifient comme femmes.

L’audience télévisée majoritairement féminine n’équivaut donc pas à une audience exclusivement hétérosexuelle. Mais l’essentiel se joue bien là : une œuvre issue des marges queer rencontre un public féminin que ces marges n’avaient pas explicitement visé. L’horizon que dessine Muñoz est universel par destination. Il appartient à celles et à ceux qui s’en saisissent – à condition de ne pas oublier d’où vient cet horizon.

Que faire de ce signal ?

L’engouement pour Heated Rivalry est à la fois un symptôme et une promesse.

Symptôme, parce qu’il dit la fatigue d’une moitié de l’humanité face à la culture intime hétéronormée. Promesse, parce qu’il indique où les imaginations se tournent quand on leur ouvre une porte.

La tâche politique consiste à transformer cette ouverture imaginaire en pratiques concrètes : éducation au consentement, partage de la charge affective, soutien aux droits queer. La fiction ne suffira pas. Mais elle indique le cap.

The Conversation

Mathilde Plard prépare un article académique sur la réception de Heated Rivalry par le public féminin hétérosexuel pour le Journal of Fandom Studies (numéro spécial coordonné par Y. Gonzales et K. Crowe, USC Annenberg, à paraître en 2027). Elle ne reçoit aucun financement, n’a aucun lien capitalistique ni consultatif avec les diffuseurs (Crave, HBO Max) ou l’éditeur (Harlequin/Carina Press) des œuvres analysées.

ref. « Heated Rivalry », la romance gay qui réenchante l’imaginaire érotique des femmes hétérosexuelles – https://theconversation.com/heated-rivalry-la-romance-gay-qui-reenchante-limaginaire-erotique-des-femmes-heterosexuelles-284246

Microbiotes : le lien invisible entre agriculture, alimentation et santé

Source: The Conversation – in French – By Michel Duru, Directeur de recherche honoraire, UMR AGIR (Agroécologie, innovations et territoires), Inrae

Notre santé dépend autant de ce que nous mangeons que de la manière dont nos aliments sont produits. De récentes recherches montrent ainsi combien les microbes du sol, des plantes et de notre intestin sont étroitement liés. Une réalité qui invite à repenser en profondeur nos systèmes agricole et alimentaire.


Plus de 2 milliards d’humains sont touchés par des maladies chroniques liées à l’alimentation : diabète, maladies cardiovasculaires, cancers ou maladies neurodégénératives. En France, 14,2 millions de personnes étaient prises en charge au titre d’une affection de longue durée, soit environ 21 % de la population française en 2022.

Une santé dégradée, des crises liées

En outre, ces pathologies progressent, y compris chez les moins de 45 ans. Contrairement à une idée répandue, la génétique n’explique qu’environ 20 % de ces maladies. L’environnement, et en particulier l’alimentation, joue en revanche souvent un rôle déterminant.

Dans le même temps, notre alimentation exerce une pression considérable sur l’environnement. Elle est responsable d’environ 22 % des émissions de gaz à effet de serre, d’une grande partie des émissions d’azote réactif, notamment les nitrates et l’ammoniac, et elle constitue la première cause de perte de biodiversité terrestre. Les sols agricoles, quant à eux, sont souvent dégradés, appauvris en matière organique et en vie biologique.


Fourni par l’auteur

Ces crises, sanitaire et écologique, sont généralement traitées séparément. Mais si elles étaient en réalité les différentes facettes d’un même problème ? C’est précisément l’idée portée par l’approche « One Health » (« Une seule santé »), qui repose sur un principe simple : la santé humaine dépend de celle des animaux et des écosystèmes. Au cœur de cette approche se trouvent les microbiotes, ces communautés de microorganismes, bactéries, champignons, virus, qui vivent dans tous les milieux.




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Le microbiote, un acteur clé dans notre intestin

Notre intestin abrite des milliards de microorganismes. Ce microbiote joue un rôle essentiel dans la digestion, la production de vitamines, la régulation du système immunitaire et le contrôle de l’inflammation. Lorsqu’il est déséquilibré (on parle de « dysbiose »), le risque de maladies augmente.

De nombreuses études établissent aujourd’hui des liens entre microbiote déséquilibré et maladies chroniques : obésité, diabète, maladies inflammatoires, voire troubles neurologiques. Ce microbiote est fortement influencé par notre environnement, et notamment par notre alimentation. Ce que nous mangeons façonne sa composition et ses fonctions.

Du sol à l’intestin : une continuité du vivant au travers des microbiotes

Dans les sols agricoles, le vivant comprend la macrofaune (les vers de terre), la mésofaune (les acariens), la microfaune (les nématodes, des minuscules vers ronds) et les microorganismes, comme les champignons et les bactéries qui constituent le microbiote. Tous jouent un rôle fondamental. Un gramme de sol peut contenir jusqu’à 10 milliards de microorganismes. Cette biodiversité invisible assure des fonctions essentielles : fertilité des sols, nutrition et régulation des maladies des plantes.

Les plantes interagissent en permanence avec les microbes, notamment au niveau des racines. Ces interactions influencent la composition nutritionnelle des aliments, mais aussi leur richesse microbienne. Des aliments issus de systèmes agricoles favorisant la biodiversité microbienne présentent une plus grande diversité bactérienne et une meilleure densité nutritionnelle. Autrement dit, la santé humaine commence dans le sol, bien avant l’assiette.

Des sols pauvres en biodiversité

Mais au cours de la seconde moitié du XXᵉ siècle, la santé des sols s’est dégradée du fait de la diminution des apports de matières organiques et de labours profonds. De manière concomitante, la forte réduction du nombre d’espèces et de variétés cultivées ainsi que la simplification des paysages agricoles ont nécessité une utilisation élevée en engrais et pesticides de synthèse rendant la santé des plantes dépendante de ces intrants.

En effet, ces pratiques ont entrainé la perte des régulations biologiques qui permettaient de lutter contre les bioagresseurs, autrement dit les « nuisibles » des cultures, et ont perturbé les microbiotes du sol, réduisant leur diversité et affaiblissant leur capacité à réguler naturellement les maladies et à fournir des nutriments.

Une alimentation qui appauvrit le microbiote

À l’autre bout de la chaine agroalimentaire, on constate également que dans les pays occidentaux, les produits ultratransformés représentent aujourd’hui environ 35 % des apports caloriques, voire davantage chez les jeunes. Ces aliments sont souvent pauvres en fibres, riches en sucres, graisses et additifs, et appauvris en micronutriments.

Or, les fibres alimentaires sont essentielles pour nourrir le microbiote intestinal. En France, la consommation moyenne est d’environ 20 grammes par jour, contre 30 grammes recommandés. À cela s’ajoute un déficit en nutriments clés : près de 90 % de la population manque d’oméga-3, pourtant essentiels pour réguler l’inflammation.

Une alimentation qui perturbe le microbiote

Au-delà des carences, certains composants de notre alimentation peuvent perturber directement le microbiote.

L’exposition aux pesticides, notamment à travers l’alimentation, peut altérer la composition des bactéries intestinales. Les additifs alimentaires, en particulier les émulsifiants et certains édulcorants, peuvent aussi réduire la diversité bactérienne, fragiliser la barrière intestinale et favoriser l’inflammation chronique.

Par ailleurs, une consommation excessive de viande issue d’élevages intensifs peut accentuer ces déséquilibres. Ces produits sont souvent plus riches en acides gras pro-inflammatoires (oméga-6) et plus pauvres en oméga-3. Une alimentation trop riche en protéines animales et pauvre en fibres favorise le développement de bactéries produisant des métabolites potentiellement délétères, au détriment de celles qui génèrent des composés protecteurs, comme les acides gras à chaîne courte.

L’effet combiné de ces facteurs contribue à appauvrir le microbiote intestinal et à altérer ses fonctions, renforçant le lien entre alimentation moderne et maladies chroniques.

Un cercle vicieux entre alimentation et agriculture

Un cercle vicieux s’installe ainsi entre systèmes agricoles simplifiés, aliments appauvris et dégradation des microbiotes. D’un côté, l’agro-industrie, du fait de sa logique économique fondée sur la réduction des coûts à travers les économies d’échelle, tend à soutenir une agriculture spécialisée intensive pour fabriquer des aliments ultratransformés. Elle reste ainsi peu réceptive aux pratiques agricoles durables comme la diversification des cultures, l’introduction de légumineuses ou les associations culturales, pourtant bénéfiques pour la vie des sols. D’un autre côté, ces produits, largement promus par un marketing agressif, orientent les choix alimentaires et encouragent leur consommation.

D’autre part, les élevages intensifs, sans lien au sol car dépendant beaucoup de soja importé, contribuent fortement à la déforestation, aux déséquilibres des cycles de l’azote et à l’appauvrissement de la biodiversité en France et aux Amériques.

Face à ces constats, des alternatives existent.

Restaurer des sols vivants

Du côté de l’agriculture, il s’agit de restaurer des sols vivants, capables de fonctionner comme des écosystèmes. Cela passe par la diversification des cultures, la réduction des intrants chimiques, l’apport de matière organique ainsi que la réduction du travail du sol.

Ces pratiques, souvent regroupées sous le terme d’« agroécologie », s’appuient sur les processus naturels plutôt que de les remplacer. On parle aussi d’« agriculture régénératrice » où le travail du sol ainsi que les pesticides tendent de plus en plus à n’être utilisés qu’en dernier recours.

Repenser l’élevage

En élevage, l’enjeu est de reconnecter les animaux aux territoires. Les systèmes herbagers permettent de valoriser les prairies, de stocker du carbone et de produire des aliments plus riches en oméga-3. Pour les élevages de porcs et de volailles, une meilleure intégration avec les cultures et l’utilisation de ressources locales, comme le lin, permettent de réduire les impacts environnementaux et d’améliorer la qualité nutritionnelle des produits.

La question n’est donc pas seulement « quelle quantité de viande consommer ? » (environ 400 grammes par semaine au lieu de près de 900 en France), mais « quelle viande, et issue de quels systèmes ? ».

Vers une vision intégrée de la santé

Ces évolutions invitent à repenser la santé comme un enjeu systémique. L’approche « One Health » propose de considérer la santé comme une propriété émergente d’un système global reliant humains, animaux et écosystèmes.

Certaines pistes illustrent cette convergence. Le développement des légumineuses, par exemple, permet de réduire les émissions de gaz à effet de serre et la dépendance aux engrais azotés, tout en apportant des fibres bénéfiques pour la santé. De même, des produits animaux issus de systèmes herbagers ou enrichis en oméga-3 peuvent contribuer à moduler l’inflammation chronique à bas bruit. Par ailleurs, certains composants alimentaires, comme les fibres ou certaines algues, peuvent limiter l’absorption de certains toxiques et favoriser leur élimination. Le microbiote intestinal joue un rôle central dans ces processus : certaines bactéries peuvent transformer des composés indésirables, moduler leur absorption et renforcer la barrière intestinale.

Longtemps, la santé a été envisagée comme une affaire strictement individuelle. Les avancées scientifiques récentes montrent, au contraire, qu’elle dépend étroitement du vivant qui nous entoure – et de celui qui vit en nous. Prendre soin de notre santé implique donc aussi de prendre soin des sols, des plantes et des écosystèmes.

The Conversation

Michel Duru du conseil scientifique PADV (Pour une Agriculture Du Vivant).

ref. Microbiotes : le lien invisible entre agriculture, alimentation et santé – https://theconversation.com/microbiotes-le-lien-invisible-entre-agriculture-alimentation-et-sante-284859

Coupe du monde de football 2026 : faut-il craindre une hausse des violences envers les femmes ?

Source: The Conversation – in French – By Allane Madanamoothoo, Associate Professor of Law, EDC Paris Business School

Visuel de la campagne « No more Injury Time » de l’ONG britannique Solace Women’s Aid à l’occasion de l’Euro 2024. Le slogan est un jeu de mots, « Injury time » signifiant « temps additionnel » dans un match de football, mais aussi « le moment des blessures » en traduction littérale.
Solace Women’s Aid

Plusieurs études montrent que les grands événements sportifs internationaux s’accompagnent souvent d’une hausse des violences conjugales. Le format élargi du Mondial 2026 – qui concerne plus d’équipes nationales et génère plus de matchs, donc plus de retransmissions susceptibles de provoquer des consommations d’alcool excessives, propices aux violences domestiques – pourrait accentuer ce phénomène. Face à ce risque, associations et autorités de plusieurs pays ont multiplié les campagnes de sensibilisation et les dispositifs d’aide aux victimes de violences conjugales et, au-delà, aux supportrices de football.


Depuis le coup d’envoi donné le 11 juin, le monde vit au rythme de l’effervescence autour de la Coupe du monde masculine de football, organisée jusqu’au 19 juillet dans trois pays hôtes : au Canada, au Mexique et – principalement – aux États-Unis. L’engouement collectif autour de cet événement, organisé une fois tous les quatre ans, est colossal.

L’édition 2026 suscite aussi régulièrement des polémiques : le degré de démocratie des pays hôtes, le coût économique et environnemental, les problèmes liés à la chaleur ou à l’altitude à laquelle se tiendront certains matchs, la marchandisation des fan-zones… Un autre sujet, toutefois, est assez rarement abordé : les violences faites aux femmes.

Le taux de violences envers les femmes pourrait-il augmenter lors de la Coupe du monde de football 2026 ? Indépendamment de ce risque, quelles sont les mesures qui ont été prises pour protéger les femmes durant le Mondial 2026 ?

Un phénomène international

Plusieurs études montrent que, dans de nombreux pays, les grandes compétitions de football sont associées à une augmentation du nombre de violences conjugales, appelées également « violences domestiques ».

L’une de ces études, menée dans plus de 700 villes et comtés aux États-Unis en 2011, révèle que les appels signalant des violences domestiques sont plus nombreux pendant la saison de la National Football League (NFL), avec des pics en cas de défaite de l’équipe soutenue. D’après cette même étude, la violence domestique, principalement envers les femmes et au sein des foyers, augmente de 10 % les jours où se déroulent les matchs de la NFL.




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Une autre étude, publiée dans le Journal of Research in Crime and Delinquency en 2014, rapporte que, dans le nord-ouest de l’Angleterre (lieu de collecte des données), chaque soir de match de la sélection anglaise durant les Coupes du monde de 2002, 2006 et 2010, le taux de violences conjugales augmentait de 38 % en cas de défaite et de 26 % en cas de victoire ou après un match nul… et encore de 11 % le lendemain. Les auteurs indiquent aussi que le taux des violences domestiques était beaucoup plus élevé lorsque les Three Lions jouaient le week-end.

Un article du National Centre for Domestic Violence (Royaume-Uni) fait également état d’une hausse de 25 % des violences conjugales les jours de match de l’équipe d’Angleterre lors de la Coupe du monde 2018.




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Le constat est le même à l’échelle internationale. Selon une publication conjointe de l’Unesco et d’ONU Femmes :

« Partout dans le monde, le nombre de signalements de violences conjugales à la police augmente avec une prévisibilité déprimante lors de grands événements sportifs, tels que la Coupe du monde – dans certaines communautés, cette hausse dépasse même un tiers. »

Quelques facteurs aggravants

Soulignons d’abord que ni le football ni le Mondial en soi ne sont responsables des violences faites aux femmes. L’alcool non plus. En revanche, le lien entre le football, l’alcool et la violence est très fort chez certains supporters. Durant la Coupe du monde 2018, par exemple, le taux de violences conjugales commises par les supporters « alcoolisés » en Angleterre augmentait de 47 % les jours où l’équipe nationale remportait ses matchs.

Dona Jones, commissaire de police dans le Hampshire, rappelle d’ailleurs que « sous l’effet de l’alcool et de l’intensification des émotions, ces tournois peuvent créer un climat propice à la commission d’actes de violence conjugale ».

À côté de l’alcool, deux autres facteurs pourraient conduire à une augmentation du taux de violences envers les femmes lors de la Coupe du monde 2026.

D’abord, le nouveau format XXL du tournoi. Pour la première fois de l’histoire, 48 nations sont en lice (contre 32 depuis 1998) pour un total de 104 matchs (contre 64 lors des sept éditions précédentes) qui s’étalent sur cinq semaines et non plus sur un mois. Plus de matchs égale plus de diffusions télévisées, ce qui représente plus de risque de violences envers les femmes.

Ensuite, le coût exorbitant des billets pour assister aux matchs, sans compter les dépenses pour le voyage et le logement que doivent régler les supporters étrangers, limite la capacité de milliers de fans fidèles à se déplacer pour soutenir leur équipe. Par conséquent, l’exclusion de la ferveur du Mondial pourrait engendrer une certaine frustration chez certains supporters, laquelle pourrait se traduire par une augmentation des violences envers les femmes lors de cette 23ᵉ édition.

Les mesures prises

En amont du Mondial 2026, les trois pays hôtes ont coordonné leurs campagnes de sensibilisation, sous le slogan général « La violence à l’égard des femmes n’est pas un jeu ». En outre, leurs entités nationales respectives en charge de la lutte contre les violences faites aux femmes (le Réseau national des refuges du Mexique, l’organisation Refuges pour femmes du Canada et le Réseau national pour mettre fin à la violence domestique des États-Unis) ont pris des mesures visant à protéger et à accompagner les femmes tout au long de la compétition, notamment avec des lignes téléphoniques disponibles 24 heures sur 24 et 7 jours sur 7 en cas de besoin.

En Angleterre, comme durant les deux précédentes Coupe du monde (2018 et 2022), les autorités et les associations ont lancé des campagnes de sensibilisation choc, dont celle du Hampshire Domestic Abuse Partnership avec le slogan « When is kick-off at your place ? », que nous pouvons traduire par « C’est quand, le coup d’envoi chez vous ? » (le terme « Kick-off » a une autre signification pour les femmes victimes de violences conjugales durant les compétitions sportives : il représente les coups qu’elles subissent, généralement à la fin des matchs).

En parallèle, l’association Women Aid a lancé une autre campagne de sensibilisation, tout aussi poignante, avec le slogan « 11.37 pm, Kick off », diffusée sur différents supports (panneaux numériques, camionnettes mobiles, affiches) et dans différents lieux (centres-villes, gares, près des fan-zones…). L’heure indiquée dans la campagne n’est pas anodine. Cette heure (23 h 37), calculée à partir des données relatives aux matchs et aux habitudes des supporters, représente l’heure moyenne à laquelle les supporters rentrent chez eux après le coup de sifflet final en Angleterre. Cette campagne vise ainsi à sensibiliser la société à la réalité des femmes victimes de violences domestiques lors des grands tournois de football dans le pays, d’autant que, durant cette édition 2026, les matchs diffusés en direct le sont relativement tard en heure locale anglaise.

En France, la branche française de l’association Her Game Too a déployé un dispositif « de sensibilisation et de signalement des violences sexistes et sexuelles » dans les bars diffusant les matchs de la Coupe du monde. Après tout, les femmes sont, elles aussi, des fans de football ! Certes, longtemps considérées comme peu authentiques ou ignorantes des règles du football, ou perçues sous le prisme des rôles familiaux (la sœur, la petite amie, l’épouse du « vrai supporter » masculin), les supportrices de football ont aujourd’hui toute leur place dans l’univers footballistique, et leur nombre ne cesse d’augmenter dans le monde. Il est donc essentiel de protéger les supportrices, et ce, quel que soit leur nombre, dans les bars ou dans tout autre lieu qui retransmet ou diffuse des matchs en direct.

Dans cette optique, une « Fan-zone sans alcool », portée par la marque Lego, a été installée à Paris pour permettre aux familles de suivre quelques diffusions de matchs sans crainte de violences sous l’emprise de l’alcool.

Il est important de continuer à informer et à sensibiliser le public aux violences faites aux femmes, y compris celles commises lors de grands événements sportifs comme la Coupe du monde de football, ainsi que de rappeler quelques numéros nationaux de référence pour l’écoute et l’assistance des femmes victimes de violences, durant et après le Mondial 2026.

The Conversation

Allane Madanamoothoo ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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