Cuando los músculos se rebelan: la distonía, un trastorno del movimiento infradiagnosticado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Natalia Brandín de la Cruz, Personal Docente e Investigador Grado de Fisioterapia, Universidad San Jorge

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Si pensamos en un trastorno del movimiento, seguramente nos vendrá a la cabeza el temblor de la enfermedad de Parkinson. Pero existe otro grupo de condiciones, igual de debilitantes y mucho menos conocidas, que afectan profundamente la calidad de vida de quienes las padecen.

Una de ellas es la distonía, trastorno del sistema nervioso central que puede aparecer a cualquier edad y afecta nada menos que al 1 % de la población mundial. Se caracteriza por contracciones musculares involuntarias, sostenidas o intermitentes, que pueden causar movimientos y posturas anormales de torsión, en muchos casos acompañadas de dolor y deformidad articular. Además, los movimientos distónicos también pueden asociarse al temblor.

La distonía suele empeorar con el cansancio, el estrés y los estados emocionales negativos, pero mejora durante el sueño y con la relajación. También puede reducirse su intensidad mediante trucos sensitivos, que son gestos voluntarios como tocar la barbilla o las cejas, ponerse un palillo en la boca o un pañuelo en el cuello.

En lo que se refiere a las causas, hay un amplio abanico de posibles desencadenantes. Puede ser hereditaria, como consecuencia de ciertas mutaciones genéticas que afectan a la transmisión de la dopamina o a circuitos de los núcleos basales del cerebro. Además, tenemos las llamadas distonías secundarias o adquiridas, que se derivan de lesiones estructurales del sistema nervioso central (como traumatismos, accidentes cerebrovasculares, encefalitis o tumores), exposición a fármacos y enfermedades metabólicas o degenerativas. Y por último las distonías idiopáticas, de origen desconocido, que son las más frecuentes.

Un amplio catálogo de manifestaciones

La forma más común del trastorno en adultos es la distonía focal, que afecta a una región específica del cuerpo. Dentro de esta categoría, la más conocida y frecuente es la distonía cervical (tortícolis espasmódica), que implica a los músculos del cuello y, a veces, también al hombro. Se manifiesta con movimientos de la cabeza de derecha-izquierda (como diciendo “no-no”), o arriba-abajo (“sí-sí”).

Otras modalidades de la distonía focal son las siguientes:

  • El blefaroespasmo, que produce movimientos involuntarios de los músculos de los párpados, causando parpadeos excesivos o el cierre involuntario de los ojos.

  • La distonía del escritor, que afecta a la mano y el brazo durante actividades específicas, como la escritura.

  • La distonía oromandibular, o sea, la contracción de los músculos de la parte inferior de la cara y los músculos superficiales del cuello (que a veces incluye distonía de la lengua).

  • La distonía laríngea o disfonía espasmódica, que es la contracción anómala de los músculos que regulan el cierre y apertura de las cuerdas vocales y produce dificultades en el habla.

Y por si fuera poco, además de las citadas distonías focales, existen otras variedades: la segmentaria, que involucra dos o más partes adyacentes del cuerpo (como el síndrome de Meige, que afecta los músculos de la cara, la mandíbula y la lengua); la generalizada, que implica a la mayor parte del cuerpo, incluyendo tronco y extremidades; la hemidistonía, que afecta un lado entero del cuerpo; y la multifocal, que involucra a dos o más partes del cuerpo no contiguas.

Cómo puede tratarse

Aunque la distonía no tiene cura, existen tratamientos que pueden mejorar significativamente la calidad de vida del paciente. Es importante contar con un equipo interdisciplinar de profesionales que incluya neurólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y psicólogos especializados en trastornos del movimiento. Un abordaje integral que combine cuidados médicos, apoyo emocional y acompañamiento humano puede marcar la diferencia y ayudar a estos pacientes a recuperar la confianza.

Dentro de estos equipos, la fisioterapia juega un papel primordial. Se centra en aumentar la movilidad, reducir el dolor y ayudar a los pacientes a manejar los movimientos involuntarios favoreciendo la funcionalidad y promoviendo una mayor autonomía en su vida diaria.

Actualmente, algunas áreas de interés en la investigación de la distonía incluyen el desarrollo de estudios genéticos, nuevas terapias farmacológicas e intervenciones de estimulación cerebral.

Una enfermedad muy incapacitante

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), existen más de 20 000 personas afectadas por algún tipo de distonía en España, pero podrían ser muchas más porque nos hallamos ante uno de los trastornos del movimiento más infradiagnosticados. Muchas veces se confunde con temblor parkinsoniano, temblor esencial, tics, mioclonías (otro tipo de movimientos rápidos e involuntarios), trastorno de movimiento psicógeno o incluso escoliosis.

Se trata de una enfermedad muy incapacitante. Su impacto en la calidad de vida no solo se traduce en las dificultades físicas. El estrés, la ansiedad y la depresión son comunes en los pacientes, debido a la naturaleza crónica de la enfermedad.

Para hacernos una idea, la mayoría de los socios de la Asociación Distonía España (ALDE) tienen reconocido un porcentaje medio de discapacidad de entre el 33 % y el 65 %, y en muchos casos, superior.

Las personas con esta dolencia no son propensas a contar lo que les pasa ni a mostrarse en sociedad, lo que invisibiliza aún más la enfermedad. A menudo viven recluidas a causa del dolor continuo, los trastornos emocionales y el estigma social.

Recursos y apoyo

Para aquellos afectados por la distonía y sus familias, varias organizaciones ofrecen apoyo, información y recursos:

En definitiva, la distonía sigue siendo una gran desconocida. La falta de conocimiento y el estigma asociado a los trastornos neurológicos poco comunes dificultan el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos adecuados. Aumentar la conciencia pública, capacitar a profesionales de la salud y fomentar la investigación básica y clínica son pasos esenciales para mejorar el pronóstico de quienes viven con este trastorno.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando los músculos se rebelan: la distonía, un trastorno del movimiento infradiagnosticado – https://theconversation.com/cuando-los-musculos-se-rebelan-la-distonia-un-trastorno-del-movimiento-infradiagnosticado-264390

Las manos, prodigio evolutivo y desesperación de artistas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

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Los artistas les temen a las manos humanas más que a ningún otro motivo figurativo.

Cuando se trata de un escultor, la explicación es bastante intuitiva. Los dedos son estructuras largas y delgadas, esto es, mucha superficie a esculpir para muy poco volumen sustentante. En otras palabras, las probabilidades de que se parta uno y se vaya al traste todo el trabajo son elevadísimas. Y es que los errores, en escultura, no tienen vuelta atrás: un dedo roto significa volver a empezar de cero.

Por el contrario, en pintura, sí que es posible corregir los errores. Las técnicas de rayos X han puesto de manifiesto cómo nuestras pinacotecas están llenas de pentimentos o arrepentimientos de los artistas. Es más, algunos son hasta detectables a simple vista, como las famosas patas traseras del caballo de Felipe IV (el gran Velázquez odiaba con toda su alma pintar equinos).

Entonces, ¿por qué siempre se han quejado los pintores, a lo largo de los siglos, de tener que representar manos? ¿No es más difícil conseguir que una cara se parezca al modelo? ¿No requiere más maestría técnica plasmar con exactitud un rostro que una mano?

Pues no. Y la explicación, como en tantas otras cosas, la encontramos en la biología evolutiva.

Qué supuso el modo “manos libres”

Nuestras manos lo manipulan todo, lo transforman todo y lo crean todo. Constituyen una de las herramientas más poderosas que existen en la naturaleza. De hecho, aunque existen grupos animales que tienen un cerebro mayor que el nuestro (y, posiblemente, podrían sobrepasarnos en generar pensamientos complejos), no llegarán nunca a emular lo que hacemos nosotros.

Ni cetáceos ni proboscídeos pueden transformar los pensamientos en hechos y estructuras materiales. No hay manos que manipulen la materia ni dedos para crear objetos en la realidad de un delfín, de una ballena o de un elefante.

La verdad es que la naturaleza del planeta vivió un hecho singular cuando una subtribu de homínidos del este del continente africano, los homininos, adoptamos la postura erguida (hace unos 7 millones de años). De repente, pudimos hacer infinidad de cosas que antes estaban vetadas en el mundo animal. De repente, con dos manos dotadas de dedos flexibles y articulados, más el lujazo de un pulgar oponible, pudimos pinzar, manipular de forma precisa y delicada, modelar utensilios, transportar enseres, coger en brazos a las crías, recolectar, fabricar armas… Desde aquí, fue un sencillo paso la generalización del uso del fuego en el Pleistoceno medio, con todo lo que ello supuso: calor, luz, protección ante depredadores y una cocina que aumentó la variedad de nutrientes a la vez que redujo la transmisión oral de enfermedades bacterianas y endopararasitarias.

Pero las manos nos reservaban un regalo aún mejor. Me refiero a la espectacular revolución que supuso el poder establecer una comunicación a lo largo del tiempo. Las palabras ya no se las llevaba el viento. Los mensajes se podían conservar. Porque eso fue la escritura, algo que ocurrió hace poco más de cinco milenios pero que ha hecho de nosotros una especie sin parangón cultural.

Somos lo que somos no sólo por lo que pensamos, sino porque podemos ejecutar nuestros pensamientos, transformarlos en acciones y reflejarlos en escritos que trasciendan el espacio y el tiempo.

Y todo, gracias a las manos…

La otra comunicación

Los humanos actuales nos comunicamos, básicamente, a través del lenguaje oral y del lenguaje escrito. Pero también nuestros antecesores se comunicaban mucho antes de la existencia de la palabra. Lo hacían mediante el lenguaje corporal. La inmensa mayoría de los animales tienen códigos externos de coloración y posturas que sirven como advertencias, reclamos, atractivos sexuales o intimidaciones de muy diverso tipo. Los que, además, disponemos de una musculatura facial compleja, podemos generar gestos y muecas que comunican con extraordinaria precisión nuestra reacción ante diferentes estímulos externos.

La amplia gesticulación y los ademanes diversos posibilitaron la comunicación de nuestros ancestros mucho antes de que apareciese el lenguaje hablado y, por supuesto, el escrito.

Sin embargo, la liberación de las extremidades anteriores nos amplió, de una manera sorprendente, esta facultad. Las manos se convirtieron en un recurso expresivo espectacular.

La razón es puramente matemática. Pensemos en por qué el rostro de todos los primates es tan extraordinariamente plástico. Está claro que son muchos los músculos implicados en la mímica facial, y las posibilidades de combinarlos contraídos o relajados en un determinado gesto son enormes. Tan valioso es este recurso que, a pesar de que algunos dominen providencialmente la retórica, no renuncian a acompañar las palabras con significativos movimientos de cejas, interesantes fruncidos de frente o encantadoras sonrisas para añadir precisión, resolución, delicadeza, seducción o fuerza a su mensaje oral.

Pues bien, las manos, como terminales de los brazos, constituyen otra herramienta con la que sumar infinitos matices a nuestros argumentos orales. Y ello es posible gracias a las enormes posibilidades combinatorias de los movimientos relativos entre los 27 huesos de una mano. Los ocho carpianos, los cinco metacarpianos y las catorce falanges se combinan en trillones de posibilidades diferentes.

La desesperación de los artistas

Pero volvamos a los pintores y a sus reticencias a pintar manos. ¿Por qué? Las caras expresan multitud de gestos diferentes y los pintores no se quejan tanto.

Mi propuesta es que la explicación estriba en que la cara es una estructura prácticamente plana (de hecho, el elemento que aporta mayor tridimensionalidad, que es la nariz, apenas si tiene movimiento propio). El artista debe ser hábil para representar una buena gesticulación, de acuerdo; pero no pasa por el espantoso trance de torturarse con el escorzo.

Esta compleja técnica de deformación bidimensional para conseguir efectos tridimensionales se le complica extraordinariamente cuando pinta manos. Representar manos gesticulantes implica multitud de escorzos simultáneos y con diferentes orientaciones espaciales, pues cada uno de ellos corresponde a la particular posición espacial que adopta, para cada expresión, todos y cada uno de los elementos articulables de la mano.

No es de extrañar, pues, que en las obras que los comitentes encargaban a los artistas, las manos tuviesen tarifa propia. No sólo acrecentaba el importe del cuadro su tamaño, el número de elementos representados o la tipología del color a utilizar (los azules, por ejemplo, eran considerablemente caros). Si había manos, y si tenían un protagonismo iconográfico especial, la cosa subía de nivel.

Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci.
Louvre/Wikimedia Commons, CC BY

Esta es la razón por la que los artistas de dibujos animados, cucos ellos, minimizaron el problema reduciendo el número de dedos o camuflándolos en guantes gruesos y poco articulados como los de Mickey Mouse.

Pero también es la razón por la que lloramos ante ciertos prodigios de la historia del arte. Pocas manos han conseguido proteger a un niño con tanta delicadeza como la Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci, o han sabido insuflar la vida con un dedo milagroso como el de la Capilla Sixtina.

Y desde luego, muy pocas manos han derrochado el perdón de un padre como ésas con las que Rembrandt nos abraza a todos los que sentimos la reconciliación en El regreso del hijo pródigo.

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A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las manos, prodigio evolutivo y desesperación de artistas – https://theconversation.com/las-manos-prodigio-evolutivo-y-desesperacion-de-artistas-265024

Así impacta en nuestro cerebro tener un gato como mascota

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Elin Pigott, Senior Lecturer in Neurosciences and Neurorehabilitation, Course Leader in the College of Health and Life Sciences, London South Bank University

¿Está aumentando el nivel de oxitocina en sus cerebros? Zhenny-zhenny/Shutterstock

Los gatos pueden tener fama de independientes, pero las últimas investigaciones sugieren que compartimos una conexión única con ellos, impulsada por la química cerebral.

La principal sustancia implicada es la oxitocina, apodada como la “hormona del amor”. Es el mismo compuesto neuroquímico que se libera cuando una madre acuna a su bebé o cuando los amigos se abrazan, fomentando la confianza y el afecto. Y ahora los estudios demuestran que este neurotransmisor también es importante para el vínculo entre gatos y humanos.

La oxitocina fomenta la confianza y la calma

La oxitocina desempeña un papel fundamental en los vínculos sociales, la confianza y la regulación del estrés en muchos animales, incluidos los seres humanos. Un experimento de 2005 demostró que hacía que los voluntarios humanos estuvieran mucho más dispuestos a confiar en los demás cuando practicaban juegos financieros.

También tiene efectos calmantes en humanos y animales, ya que suprime la hormona del estrés cortisol y activa el sistema nervioso parasimpático (el sistema de descanso y digestión) para ayudar al cuerpo a relajarse.

Los científicos saben desde hace tiempo que las interacciones amistosas desencadenan la liberación de oxitocina tanto en los perros como en sus dueños, creando un círculo vicioso de vinculación. Sin embargo, hasta hace poco no se sabía mucho sobre su efecto en los gatos.

## Los efectos de acariciar un gato que ronronea

Los gatos son más sutiles a la hora de mostrar afecto. Sin embargo, sus dueños suelen referir los mismos sentimientos cálidos de compañía y alivio del estrés que los dueños de perros, y los estudios respaldan cada vez más estos testimonios. Investigadores de Japón, por ejemplo, informaron en 2021 que las breves sesiones de caricias con sus gatos aumentaban los niveles de oxitocina en muchos propietarios.

En ese estudio, las mujeres interactuaron con sus mascotas durante unos minutos mientras los científicos medían los niveles hormonales de los propietarios. Los resultados sugirieron que el contacto amistoso (acariciar al gato, hablarle en un tono suave) estaba relacionado con un aumento de la oxitocina en la saliva de los humanos, en comparación con un período de descanso tranquilo sin su gato.

Muchas personas encuentran relajante acariciar a un minino que ronronea, y las investigaciones indican que no es solo por su suave pelaje. El acto de acariciar e incluso el sonido del ronroneo pueden desencadenar la liberación de oxitocina en nuestro cerebro. Un estudio de 2002 descubrió que esta descarga provocada por el contacto suave con un gato ayuda a reducir el cortisol (nuestra hormona del estrés), lo que a su vez puede reducir la presión arterial e incluso el dolor.

Hombre con un gato gris en el regazo.
Acurrucarse con un gato puede ayudar a suprimir la hormona del estrés, el cortisol.
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¿Cuándo se libera la oxitocina entre gatos y humanos?

Las investigaciones están identificando momentos específicos que provocan la liberación de esta hormona en nuestra amistad entre especies. El contacto físico suave parece ser un desencadenante principal para los gatos.

Un estudio de febrero de 2025 descubrió que cuando los dueños acariciaban, abrazaban o mecían a sus gatos de forma relajada, la oxitocina de los dueños tendía a aumentar, al igual que la de los gatos, siempre que la interacción no fuera forzada para el animal.

Los investigadores monitorizaron los niveles de la hormona en los gatos durante 15 minutos de juego y mimos en casa con su dueño. Los felinos con un vínculo seguro que iniciaban el contacto, por ejemplo, sentándose en el regazo o empujando con el hocico, mostraban un aumento de oxitocina. Cuanto más tiempo pasaban cerca de sus humanos, mayor era el aumento.

¿Qué ocurre con los felinos menos cariñosos? El mismo estudio observó patrones diferentes en gatos con estilos de apego más ansiosos o distantes. Los ejemplares evasivos (los que mantenían la distancia) no mostraron cambios significativos en la oxitocina, mientras que los ansiosos (que buscaban constantemente a su dueño, pero se sentían fácilmente abrumados al ser manipulados) tenían niveles altos de oxitocina desde el principio.

Se descubrió que la oxitocina de los gatos evasivos y ansiosos descendía tras un abrazo forzado. Cuando las interacciones respetan la comodidad del animal, la hormona del vínculo fluye, pero cuando un gato se siente acorralado, es esquiva.

Quizás los humanos podrían aprender algo de sus amigos felinos sobre cómo gestionar los estilos de apego. La clave para crear un vínculo con un gato es comprender cómo se comunican.

A diferencia de los perros, los gatos no dependen del contacto visual prolongado para crear vínculos. En su lugar, utilizan señales más sutiles. La más conocida es el parpadeo lento, una sonrisa felina que transmite seguridad y confianza.

El ronroneo también desempeña un papel importante en la creación de conexiones con las personas. El ronroneo grave no solo se ha relacionado con la curación de los propios gatos, sino también con efectos calmantes en los seres humanos. Escuchar ese peculiar sonido puede reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y la oxitocina media estos beneficios.

La compañía de un gato, reforzada por todos esos pequeños aumentos de oxitocina de las interacciones diarias, puede servir como amortiguador contra la ansiedad y la depresión, en algunos casos proporcionando un consuelo equiparable al apoyo social humano.

¿Son los gatos menos cariñosos que los perros?

Es cierto que los estudios suelen encontrar respuestas más fuertes de oxitocina en las interacciones entre perros y humanos. En un experimento muy comentado de 2016, los científicos midieron la oxitocina en mascotas y propietarios antes y después de diez minutos de juego. Los perros mostraron un aumento medio del 57 % en los niveles de oxitocina después del juego, mientras que los gatos mostraron un aumento de alrededor del 12 %.

En los seres humanos, los niveles de oxitocina aumentan durante las interacciones sociales significativas. Los estudios demuestran que el contacto con un ser querido produce respuestas de oxitocina más fuertes que el contacto con extraños. Por lo tanto, el saludo alegre de un perro es similar a la emoción que se siente al ver a un hijo o a la pareja.

Los perros, al ser animales de manada domesticados para la compañía constante de los humanos, están casi programados para buscar el contacto visual, las caricias y la aprobación de las personas, un comportamiento que estimula la liberación de oxitocina en ambas partes. Los gatos, sin embargo, evolucionaron a partir de cazadores solitarios que no necesitaban gestos sociales evidentes para sobrevivir. Por lo tanto, es posible que no muestren un comportamiento impulsado por la oxitocina con tanta facilidad o consistencia. En cambio, los gatos pueden reservar su comportamiento de liberación de esa hormona para cuando se sienten realmente seguros.

La confianza de un gato no es automática, hay que ganársela. Pero una vez concedida, se refuerza con la misma sustancia química que une a los padres, parejas y amigos humanos.

Así que, la próxima vez que su gato le mire lentamente desde el otro lado del sofá o se suba a su regazo para acurrucarse y ronronear, tenga en cuenta que también está ocurriendo algo invisible: la oxitocina está aumentando en ambos cerebros, profundizando la confianza y aliviando el estrés de la vida cotidiana. Los gatos, a su manera, han aprovechado la antigua biología del amor.

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Laura Elin Pigott no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así impacta en nuestro cerebro tener un gato como mascota – https://theconversation.com/asi-impacta-en-nuestro-cerebro-tener-un-gato-como-mascota-265508

El largo y difícil camino hacia un mundo sin petróleo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carme Frau, Profesora Ayudante Doctora (UIB, Facultad de Economía y Empresa, Área de Finanzas), Universitat de les Illes Balears

Refinería de petróleo en el estado de Washington (Estados Unidos). Walter Siegmund/Wikimedia Commons, CC BY

Este verano un diario balear tituló uno de sus textos con la frase: “La independencia total del petróleo no la veremos, es una utopía”. Dicha afirmación es mía y nace de mis investigaciones sobre economía de la energía. Con ella no busco desanimar, sino invitar a un debate realista sobre la transición energética.

En un mundo que aspira a la sostenibilidad, ¿es posible dejar atrás el petróleo? Desde una perspectiva económica, la respuesta es compleja, pero encontrarla es necesario.

La persistente relevancia del petróleo

En 2024, el petróleo representó el 31,3 % del consumo energético mundial. En el corto plazo, sectores como el transporte terrestre, la industria química y la aviación dependen de él de manera casi insustituible. Aunque las energías renovables crecen rápidamente (en 2024, el 29,7 % de la electricidad mundial fue de ese origen), su escalabilidad está limitada por costes, infraestructura y almacenamiento.

Porcentaje de participación de las distintas fuentes de energía (renovables y no renovables) en el consumo total y en la generación eléctrica.
Fuente: elaboración propia

Aunque, por ejemplo, la producción de baterías para vehículos eléctricos requiere minerales cuya extracción y procesamiento aún dependen de combustibles fósiles, esto no significa que debamos rendirnos ante el petróleo. Todo lo contrario: la economía nos enseña que los incentivos y las políticas públicas pueden acelerar la transición. Pero ignorar la realidad de nuestra dependencia actual es tan utópico como imaginar un mundo sin petróleo de la noche a la mañana.




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Los límites de la transición energética

La transición hacia fuentes renovables es imparable, pero no está exenta de desafíos. Por ejemplo, en España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima aspira a que, en 2030, el 81 % de la electricidad sea de origen renovable. Sin embargo, el uso del petróleo seguirá siendo crucial para sectores no electrificados como el transporte marítimo o la producción de cemento y plásticos.




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Además, los costes de esa transición son significativos: según la Agencia Internacional de la Energía, para alcanzar la neutralidad climática para el 2050 se requerirían inversiones globales de 5 billones de dólares anuales. ¿Y quién pagará esta factura? Los gobiernos, las empresas y, en última instancia, los consumidores.

Otro obstáculo es la desigualdad a nivel global. Mientras que Europa avanza en la descarbonización, países como Nigeria, que ocupa el décimo lugar a nivel mundial en reservas probadas de petróleo, dependen de él para crecer económicamente. Forzar una transición homogénea, sin considerar estas realidades, podría agravar las desigualdades.

Hacia una transición realista

Entonces, ¿cuál es el camino? Desde la economía, propongo tres pilares, los tres del lado de la oferta:

  1. Incentivos económicos: subsidios a las energías renovables, impuestos al carbono y mercados de emisiones bien diseñados pueden acelerar el cambio sin demonizar al petróleo.

  2. Innovación tecnológica: invertir en tecnologías como la captura de carbono y el hidrógeno verde y el diseño de baterías más eficientes es esencial para reducir la dependencia del petróleo en sectores críticos (transporte, generación eléctrica, etc.).

  3. Cooperación global: la transición debe ser inclusiva, apoyando a los países en desarrollo para que adopten energías limpias sin comprometer su crecimiento.




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Futuro energético

Hoy por hoy, la independencia total del petróleo es una utopía. Para avanzar no necesitamos utopías sino políticas basadas en datos, innovación y pragmatismo. El futuro energético no se construye con promesas sino con pasos firmes que nos lleven hacia una economía más sostenible y libre de gases contaminantes. El petróleo seguirá con nosotros, pero su protagonismo puede y debe disminuir: depende de nosotros decidir cómo.

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Carme Frau no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El largo y difícil camino hacia un mundo sin petróleo – https://theconversation.com/el-largo-y-dificil-camino-hacia-un-mundo-sin-petroleo-264836

¿Por qué nos parece que los veranos no duran tanto como antes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Professor, Faculty of Education and Sport, Universidad de Deusto

Casi todos asociamos las vacaciones asociamos con la playa y el descanso. En la imagen, Palma de Mallorca. Andrés Nieto Porras. , CC BY-SA

¿Recuerda aquellos veranos de la infancia que parecían eternos? Días interminables jugando en la calle, disfrutando con los amigos, noches que se alargaban entre juegos y risas. Sin embargo, al crecer y hacernos más mayores, los periodos de vacaciones parece que no duran nada.

Como escribió Marcel Proust, “el tiempo, que cambia a las personas, no altera la imagen que de ellas guardamos”. Quizá lo mismo ocurre con los veranos: no es que hayan cambiado, sino que somos nosotros quienes los percibimos de otra manera.

Percepción subjetiva del tiempo

El tiempo es objetivo, marcado por el reloj y por el calendario. Pero su vivencia es profundamente subjetiva.

En Antes del amanecer (Linklater, 1995), una sola noche en Viena parece expandirse hasta convertirse en un universo completo de recuerdos. La película ilustra cómo la intensidad emocional y la novedad transforman unas horas en una experiencia vital extensa.

Imagen de la película Antes del amanecer, una metáfora de lo mucho que puede estirarse el tiempo.
Columbia Pictures.

Nuestro cerebro no percibe el paso de las horas de forma lineal, sino en función de la novedad, la atención y la memoria. Cuantas más experiencias nuevas vivimos, más información almacenamos y, en consecuencia, el tiempo se percibe como más largo.

Durante la infancia todo es descubrimiento: los amigos, los juegos, los lugares. Cada verano está repleto de “primeras veces”. El cerebro infantil está en un estado a aprendizaje continuo, saturado de estímulos que se procesan y registran. Esa abundancia de experiencias genera la impresión de que los días son extensos y variados.

Con los años, el cerebro se va habituando y tiene que atender a múltiples preocupaciones y decisiones. Ya no registra tanto detalle porque reconoce patrones conocidos. Al haber menos novedades, los recuerdos son más escasos, y lo que queda en la memoria es un resumen simplificado de semanas enteras. Así, al mirar atrás, sentimos que “el verano voló”.

Atención vs estrés

El modo en que gestionamos la atención también influye. Los adultos suelen vivir los veranos con prisas: planificar viajes, trabajar antes y después de las vacaciones para cubrir tareas, atender a la familia. Este fraccionamiento mental reduce la capacidad de disfrutar del presente. Cuando la atención se dispersa, el cerebro procesa menos detalles y los días se sienten más cortos. Es normal que un adulto, cuando comienza el verano, tarde entre 2 y 3 días antes de sentirse plenamente en modo descanso.

En cambio, los niños tienen la capacidad de sumergirse plenamente en una actividad. Una tarde en la piscina o un partido improvisado de fútbol en la plaza les absorbe de tal forma que cada momento queda grabado. La intensidad de esa vivencia amplia la sensación temporal.

Vacaciones con ojos de niño

La psicología cognitiva lleva décadas investigando este fenómeno. William James, considerado padre de la psicología moderna, ya señalaba en 1890 que la novedad es clave en la percepción del tiempo. Estudios recientes en neurociencia confirman que la dopamina (neurotransmisor asociado al aprendizaje y la recompensa) se libera más intensamente cuando enfrentamos experiencias nuevas. Esa descarga favorece la codificación de recuerdos y alarga la sensación temporal.

Un experimento interesante mostró que, cuando se pide a adultos y a niños estimar la duración de una misma actividad divertida, los pequeños tienden a decir que duró más. Esto sugiere que no solo la memoria posterior, sino también la vivencia inmediata, se percibe de manera distinta con la edad.

Los estudios evidencian que las vacaciones son necesarias tanto para los más pequeños como para los mayores. Esto se debe a que, cuando interrumpimos nuestras rutinas, abrimos espacios para nutrirnos de nuevos lugares, perspectivas, y damos pie a la creatividad. Así, el descanso y la desconexión contribuyen a mejorar el rendimiento cognitivo.

Cabe destacar que los descansos cortos lejos del hogar y el trabajo pueden ser más restauradores que unas vacaciones más largas.. Además, el contacto con la naturaleza, la realización de actividades locales o diferentes prácticas culturales ayudan a reforzar los vínculos familiares y sociales. De esta manera, cuando volvemos de vacaciones, solemos experimentar una sensación de bienestar que nos permite retomar el curso o el trabajo con más ganas.

Cómo vivir un eterno verano

Si los días de vacaciones se nos escapan de las manos, quizás podamos aprender de la infancia y buscar estrategias para “estirarlos”. O incluso, hacerlos “presentes” en los días laborables. No se trata de añadir más días al calendario, sino de enriquecerlos con ideas como:

  • Romper la rutina: probar actividades nuevas, visitar lugares desconocidos, aprender algo distinto. La novedad genera recuerdos y amplia la sensación de tiempo.

  • Vivir el presente: practicar la atención plena (mindfulness) ayuda a ralentizar la percepción del paso del día.

  • Reducir las prisas: organizar los días de descanso evitando agendas sobrecargadas. A veces, menos planes significa más disfrute.

  • Registrar experiencias agradables: escribir un diario o tomar fotografías cuando estamos de vacaciones –siempre y cuando no nos metamos en la rutina estresante de subirlas a las redes sociales– contribuye a reforzar la memoria, y al mirar atrás sentimos que el tiempo fue más largo.

Una mirada final

Los veranos no han cambiado de duración. Somos nosotros quienes los percibimos de forma distinta. La niñez los convierte en un mundo de descubrimientos, mientras que la mirada de adulto los reduce a un paréntesis breve en la rutina anual.

Quizás la clave esté en recuperar esa mirada infantil: abrirnos a lo inesperado, vivir con intensidad y permitir que cada día deje huella. Al fin y al cabo, lo que da longitud al tiempo no son los relojes, sino la riqueza de lo vivido.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué nos parece que los veranos no duran tanto como antes? – https://theconversation.com/por-que-nos-parece-que-los-veranos-no-duran-tanto-como-antes-265106

Cómo desarrollar una mirada crítica hacia la tecnología desde las aulas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Victoria Marín Juarros, Profesora Titular de Universidad en Ciencias de la Educación, Tecnología Educativa, Universitat de Lleida

M.Somchai/Shutterstock

La transformación digital en todos los ámbitos de la vida nos plantea múltiples preguntas sobre las relaciones entre tecnología y sociedad. En el ámbito de la educación, en concreto, nos vemos en la necesidad de preparar al alumnado para una ciudadanía digital activa. Queremos educar ciudadanos y ciudadanas capaces de usar la tecnología de una manera competente, adecuada y responsable en su vida diaria.

A este objetivo se le llama “competencia digital”, y se ha introducido en instituciones y centros educativos a través de las leyes educativas y los currículos. Por ejemplo, en el contexto de la educación obligatoria en España, la competencia digital es parte del actual currículo LOMLOE.

En el contexto universitario, la competencia digital es parte de algunos programas de estudios. Destaca especialmente en la formación de maestros como la competencia digital docente. Sin embargo, y a pesar de las definiciones manejadas del término, a menudo se enseña desde una visión instrumental y neutral de las tecnologías digitales. Es decir: enseñamos simplemente a usarlas.

Más allá de usarlas

Pero también es necesario el cómo, por qué y para qué se utilizan. Es decir, aprender a hacerlo de una manera ética y crítica, lo que implica además ciertos conocimientos y actitudes y no solo destrezas técnicas. Pasar de ser usuarios pasivos de estas tecnologías, y receptores de la información que nos llega a través de ellas, a seleccionar qué usamos, entender por qué y para qué, y desarrollar un sentido de la responsabilidad digital.




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Estos son algunos de los objetivos que tenemos en cuenta en una investigación en curso en la que proponemos estrategias concretas para preparar a los futuros profesionales a desarrollar esa mirada ética y crítica hacia la tecnología en la sociedad actual.

¿Cómo funcionan las tecnologías digitales e internet?

Entender la faceta material de la infraestructura que hay detrás del uso de las tecnologías digitales e internet sería uno de los pilares básicos para construir una competencia digital crítica.

Por ejemplo, dedicar tiempo de clase a entender qué son y cómo funcionan los cables submarinos de telecomunicaciones o el consumo energético y de agua que implica la inteligencia artificial generativa aporta una dimensión práctica imprescindible para entender todo lo que implica tener acceso a internet y herramientas digitales en la palma de la mano. Ser conscientes de este entramado ayuda a chicos y chicas a poner unas bases de un uso responsable y sostenible de las tecnologías digitales.

Prestar atención a las infraestructuras

Este nivel se podría trabajar a partir de la observación y registro de las infraestructuras tecnológicas (cables, centros de procesamiento de datos). Podemos pedir al alumnado que fotografíe elementos que forman parte de esta infraestructura, como torres de telefonía o antenas, en su entorno cotidiano.




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En una experiencia previa en el contexto norteamericano, tras leer y debatir sobre la infraestructura que necesitan nuestras tecnologías digitales, un grupo de estudiantes universitarios recorrieron durante 15 minutos su campus examinando las infraestructuras digitales que encontraban (cables de fibra óptica enterrados, servidores, cámaras de vigilancia) y tomando fotos de ellas con sus cámaras o móviles. Todas las fotos se revisaron en grupo y se discutió sobre ellas.

Las metáforas que rodean a las tecnologías

Otra manera de trabajar una comprensión más profunda y crítica de las tecnologías que usan en su día a día puede ser a través de la deconstrucción de metáforas, como la nube o los datos (digitales y personales) como el nuevo petróleo. En el aula se podría plantear la exploración del origen de estas metáforas o la creación artística de su interpretación personal por parte del alumnado.

El uso de metáforas suaviza y reduce la complejidad de las infraestructuras digitales, por lo que esta deconstrucción implica una investigación más profunda para sacar a la luz muchos detalles (quién hay detrás, cómo se mantiene) que a menudo quedan en segundo plano.

¿Qué tecnología uso y por qué?

En su papel de consumidor, los estudiantes deben entender que existen diferentes alternativas en el mercado tecnológico, y cómo con sus decisiones y compras privilegian unos servicios, programas y aplicaciones. A menudo priorizamos las herramientas más conocidas (Microsoft, Google…), aparentemente gratuitas (a cambio de datos personales) o semigratuitas y accesibles en línea.

En este sentido, otro aspecto que puede ayudar a trabajar la competencia digital crítica es la identificación de alternativas no comerciales, abiertas y libres como LibreOffice en vez de Microsoft Office, o GIMP en vez de Adobe Photoshop.

En clase se pueden realizar auditorías tecnoéticas de las herramientas según tipologías, que ayuden a contemplar aspectos de ética social, comercial, pedagógica y ambiental. Por ejemplo, el grado de accesibilidad e inclusividad de la herramienta (ética social) o la posibilidad de poder utilizarla sin conexión a internet (ética ambiental) son aspectos que pueden influir en las decisiones.

Explorar la faceta creativa

Jóvenes y adolescentes a menudo adoptan un papel pasivo ante las tecnologías, y es precisamente entender las posibilidades de participación y creación que ofrecen lo que les permite dar el salto a un uso más crítico.

Esta faceta se puede explorar con actividades como la edición y traducción de artículos a través de Wikipedia como plataforma colaborativa abierta y libre, la creación de nuevos contenidos (como páginas web) que puedan utilizar otras personas y el uso de licencias abiertas Creative Commons en esos contenidos para la promoción del conocimiento en abierto, compartido y reutilizable.




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En todos estos casos, estamos haciendo un uso deliberado y significativo, cuyo resultado va más allá de la actividad en cuestión, pues puede servir a alumnado futuro u otras personas externas a la clase.

Desarrollando la alfabetización crítica en todas las etapas

Además de estos cuatro aspectos, nuestra colección de prácticas educativas desarrolla muchas otras propuestas: trabajar la alfabetización en datos vinculada a los sesgos de la inteligencia artificial; el fomento de la ciudadanía y responsabilidad digitales mediante la construcción de una huella digital ética; la evaluación crítica de contenido, o la producción mediática crítica a través de cartografías digitales para narrar cuentos, entre otras.

Si bien el proyecto se centra en educación superior, y en especial en la formación inicial de docentes de colegios e institutos, las propuestas se podrían adaptar a otros niveles educativos.

The Conversation

Esta publicación es parte del proyecto de I+D+i PID2022-136291OA-I00, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033/ y “FEDER Una manera de hacer Europa”.
Victoria I. Marín reconoce el apoyo de la Ayuda RYC2019-028398-I financiada por MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033 y FSE “El FSE invierte en tu futuro”.

ref. Cómo desarrollar una mirada crítica hacia la tecnología desde las aulas – https://theconversation.com/como-desarrollar-una-mirada-critica-hacia-la-tecnologia-desde-las-aulas-258941

Fed rate cut is attempt to prevent recession without sending prices soaring

Source: The Conversation – USA (2) – By Ryan Herzog, Associate Professor of Economics, Gonzaga University

The Fed’s job can seem like a balancing act. Dimitri Otis/DigitalVision via Getty Images

The Federal Reserve on Sept. 17, 2025, cut its target interest rate as it shifts focus from fighting inflation to supporting the choppy labor market.

As financial markets expected, the Fed lowered rates a quarter point to a range of 4% to 4.25%, its first cut since December 2024.

The Fed’s decision to begin cutting rates comes as evidence mounts that the U.S. labor market is losing momentum. The headline unemployment rate has stayed steady at near record lows, but the underlying trends are more concerning.

At the same time, the fight against inflation is not over yet. While a cooling jobs market could lead to a recession, cutting rates too much could drive inflation higher.

So if you’re the Fed, what do you do?

I’m an economist who tracks labor market data and monetary policy, examining how changes in hiring, wages and unemployment influence the Federal Reserve’s efforts to steer the economy. There’s an incredibly large amount of data the Fed, investors, economists like me and many others use to understand the state of the economy – and much of it often tells conflicting stories.

Here are some the data points I’ve been following most closely to better understand where the U.S. economy might go from here – and the tough choices the Fed has to make.

a bespectacled white man in a suit stands before a podium with a micrphone
Fed Chairman Jerome Powell speaks during a news conference after the rate-cut decision.
AP Photo/Jacquelyn Martin

Underlying trouble in the labor market

The labor market looks stable on the surface, but more granular data tells a different story.

The unemployment rate has remained close to historic lows at 4.3% as of August 2025, according to the U.S. Bureau of Labor Statistics.

But the number of long-term unemployed – people out of work for 27 weeks or longer – rose to 1.9 million in August, up 385,000 from a year earlier. These workers now make up 25.7% of all unemployed people, the highest share since February 2022. Persistent long-term joblessness often signals deeper cracks forming in the labor market.

At the same time, new claims for unemployment benefits are spiking. Initial claims for unemployment insurance – a leading indicator of labor market stress – jumped by 27,000 to 263,000 for the week ending Sept. 6, according to the U.S. Department of Labor. That’s the sharpest increase in months and well above economists’ forecasts. It suggests layoffs are becoming more common.

We also got news that past payroll growth was overstated. In a process the Bureau of Labor Statistics undertakes annually to double-check its data, the bureau recently revised its jobs data downward from April 2024 through March 2025 by 911,000. In other words, the economy created roughly 75,000 fewer jobs per month than previously reported. This implies the labor market was weaker than it appeared all along.

Finally, workers are losing confidence. The Federal Reserve Bank of New York reported in August that confidence in finding a job fell to its lowest level – 44.9% – since it started surveying consumers in June 2013. That’s another sign workers are feeling less secure about their prospects.

Taken together, these data points paint a clear picture: The labor market is not collapsing, but it is softening. That helps explain why the Fed is beginning to cut rates now – hoping to stimulate spending – before the job market breaks more sharply.

packages of bacon and other meat are on display in a grocery store
Prices of meat and other groceries have been on the rise recently.
Scott Olson/Getty Images

Tariffs are complicating the inflation data

Even as the labor market softens, tariffs are pushing certain prices higher than they otherwise would be, complicating the Federal Reserve’s effort to bring inflation down.

Government data shows that businesses have begun passing the costs of President Donald Trump’s new import tariffs to consumers. In August, clothing prices rose 0.5% and grocery prices rose 0.6%, with especially strong gains for tariff-sensitive items such as coffee.

Lower-income households are getting hit hardest because they spend more of their budget on imported goods, which tend to be the lower-cost items most affected by tariffs. A report from the Yale Budget Lab found that core goods prices are about 1.9% above pre-2025 trends as tariffs raise costs for basic items such as appliances and electronics.

Phillip Swagel, director of the Congressional Budget Office, said recently that Trump’s tariffs have pushed inflation higher than CBO analysts had expected, even as overall economic activity has weakened since January.

Typically, a slowdown in the labor market is met with slower inflation. But while the CBO now projects that the tariffs will reduce the federal budget deficit by about US$4 trillion over the next decade – roughly $3.3 trillion in new revenue and $700 billion in lower debt service costs – but it will come at the cost of near-term upward pressure on prices.

This creates a difficult balancing act for the Fed: Cut rates too quickly, and tariff-driven price pressures could reignite inflation; move too slowly, and the softening labor market could tip into recession.

a bespectacled white man in a vest look on as a tv screen shows news of fed rate cut behind him
Traders react to the Fed news.
AP Photo/Richard Drew

A narrow path to a soft landing

As it resumes cutting rates, the Federal Reserve is trying to thread a narrow needle – easing policy enough to keep the labor market from cracking while not reigniting inflation, which is proving stickier in part because of tariffs.

Markets are betting the Fed will keep cutting. The futures market is betting the Fed will cut rates by another half point by the end of the year. And the one-year Treasury yield has dropped about 150 basis points (1.5%) since June, signaling that investors expect a series of rate cuts through 2025 and into 2026.

At its latest meeting, the Fed signaled two more rate cuts in 2025 and at least one rate cut in 2026.

Such cuts would ultimately bring the federal funds rate closer to 3% and hopefully reduce 30-year mortgage rates to around 5% – from an average of 6.35% as of Sept. 11. If the labor market continues to weaken – with jobless claims climbing, payrolls revised down and more workers stuck in long-term unemployment – that expectation will likely harden into consensus.

But the path is far from certain. Cutting rates too quickly could cause inflation to spike, while going too slow could lead to further deterioration in the labor market. Either outcome would jeopardize the Fed’s credibility – whether by appearing unable to control prices or by allowing unemployment to rise unnecessarily. That would undermine its ability to influence markets and enforce its dual mandate of maximum employment and stable prices.

Another tricky issue is Trump’s public campaign to push the Fed to cut rates – appearing to do his bidding could also undercut Fed credibility. For what it’s worth, the Sept. 17 rate cut appears driven less by politics than by economic data. The Fed itself was projecting a year ago that rates would be much lower today than they actually are, suggesting it’s been following the data.

The economy appears to be slowing but remains resilient, which is why the Fed is likely to move gradually. The risk is that the window for a soft landing is closing. The coming months will determine whether the Fed can ease early enough to avoid recession, or whether it has already waited too long.

The Conversation

Ryan Herzog does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Fed rate cut is attempt to prevent recession without sending prices soaring – https://theconversation.com/fed-rate-cut-is-attempt-to-prevent-recession-without-sending-prices-soaring-265370

Vaccine death and side effects database relies on unverified reports – and Trump officials and right-wing media are applying it out of context

Source: The Conversation – USA (3) – By Matt Motta, Assistant Professor of Health Law, Policy and Management, Boston University

Government approval of COVID-19 vaccines determines their availability to populations vulnerable to infection, such as children. Spencer Platt/Getty Images

Trump officials intend to link 25 child deaths to COVID-19 vaccines, according to reporting from The Washington Post. These findings will reportedly be discussed during the Sept. 18-19, 2025, meeting of the Centers for Disease Control and Prevention’s Advisory Committee on Immunization Practices, with implications for who may be eligible for COVID-19 vaccines in the future.

These death reports are reportedly derived from the Vaccine Adverse Event Reporting System, or VAERS, a database co-managed by the CDC and the Food and Drug Administration. It was originally established in 1990 to detect possible safety problems with vaccines. Unfortunately, the anti-vaccine movement has used this database to spread misinformation about the COVID-19 vaccine. Health and Human Services Secretary Robert F. Kennedy Jr., a prominent anti-vaccine activist, has promulgated this misinformation through the Make America Healthy Again movement in efforts to limit access to COVID-19 vaccines.

VAERS is ripe for exploitation because it relies on unverified self-reports of side effects. Anyone who received a vaccine can submit a report. And because this information is publicly available, misinterpretations of its data has been used to amplify COVID-19 misinformation through dubious social media channels and mass media, including one of the most popular shows on cable news.

We are political scientists who study the social, political and psychological underpinnings of vaccine hesitancy in the U.S. In our research, we argue that VAERS, despite its limitations, can teach us about more than just vaccine side effects – it can also offer powerful new insights into the origins of vaccine hesitancy in the U.S.

What the side effects database was designed to do

Medical experts at the Department of Health and Human Services are well aware of VAERS’ limitations. Rather than taking each individual report at face value, regulators remove clearly fraudulent reports. Demonstrating this, anesthesiologist and autism advocate James Laidler once used the system to report that a vaccine turned him into the “Incredible Hulk,” which was removed only after he agreed to have the data deleted.

Regulators also look for reporting patterns that can be corroborated by additional evidence. For example, reports of Guillain-Barré syndrome should be more common in people over 50 than in younger adults. This can help researchers identify potential adverse events that were not detected in clinical trials.

Because VAERS claims are self-reported, they tell us something about what ordinary people, as opposed to doctors and medical researchers, think about vaccine safety. In other words, people who feel that a vaccine is responsible for a side effect they might be experiencing can log that concern with the federal government, whether or not those claims would stand scrutiny in rigorous clinical testing.

Red breaking news banner behind two vials of COVID-19 vaccine.
Media stories on vaccine side effects can influence public sentiments toward vaccination.
MikeMareen/iStock via Getty Images Plus

Consequently, VAERS reports might not only document people’s negative experiences with vaccination but also their attitudes toward vaccination. People may be more likely to report side effects, for example, in response to media stories about vaccine safety concerns. If reports to VAERS increase following these stories, then the reporting system may be functioning similarly to a public opinion poll. It could reflect, in part, public attentiveness to and concern about potential side effects.

To see whether this is the case, we examined a well-known case of vaccine misinformation: the since-retracted paper that claimed a link between the measles-mumps-rubella vaccine (MMR) to childhood autism.

Is a fraudulent study responsible for MMR vaccine skepticism?

In 1998, former physician Andrew Wakefield and his colleagues published a since-retracted paper claiming that the MMR vaccine could cause autism in children. Although the study was rife with unreported conflicting interests and data manipulation, it nevertheless garnered significant media attention in the late 1990s. Some journalists and researchers have since argued that the paper played a major role in inspiring MMR vaccine hesitancy.

While this is plausible, there hasn’t been evidence to support the argument. Virtually no opinion polling about MMR existed prior to the publication of Wakefield’s paper. Consequently, researchers have not been able to directly observe whether the study influenced how Americans think about the MMR vaccine.

VAERS data, however, could offer some clues. In our study, we examined whether the number of VAERS reports following publication of Wakefield’s paper was significantly greater than expected based on typical report numbers prior to its publication. We found that the number of adverse event reports for MMR increased by about 70 reports per month following publication of the paper. This is significantly greater than what we would expect by chance based on previous reporting frequencies. Notably, we did not find a similar effect for other childhood vaccines in the same time period. This further underscores the power this since-debunked study has had in shaping public opinion about the MMR vaccine.

Importantly, we also found that adverse event reporting rates rose in tandem with negative media coverage of the MMR vaccine. Following the publication of Wakefield’s paper, television and print news published significantly more stories about MMR than before the paper was published. These results suggest that Wakefield’s article influenced how much more attentive Americans were about the MMR vaccine.

VAERS: A double-edged sword

Since the COVID-19 pandemic, interest in the side effects reporting system had significantly grown. Google search engine trends suggest that more Americans were looking up VAERS than ever before shortly after emergency use authorization of the first COVID-19 vaccines in the U.S. This trend continued to increase until a peak in August 2021.

This search behavior is likely a result of increased media attention to VAERS, particularly by right-leaning news outlets. According to the data from media research platform Media Cloud, there have been 459 stories in mainstream national news outlets, such as CNN or USA Today, mentioning VAERS between December 2020 and mid-August 2021. In right-wing media outlets such as Fox News, The Daily Caller and Breitbart, however, coverage soared to 3,254 stories – over seven times more than mainstream news media.

Consequently, VAERS data could be seen as something of a double-edged sword. On one hand, it has been weaponized by the anti-vaccine movement and political actors on the right to sow doubt and distrust about COVID-19 vaccinations. On the other hand, this data could also tell public health researchers something useful about how American vaccine skepticism might ebb and flow in response to events such as the brief pause in Johnson & Johnson COVID-19 vaccine administration or fluctuations in the tone of media coverage about COVID-19 vaccines.

VAERS data may even offer an important advantage over public opinion polls, which, with the exception of weekly vaccine uptake polls, have typically been administered much less frequently. Our research cautions that media attention to discredited vaccine-related claims may undermine public confidence in vaccination.

How to avoid another wave of misinformation

To ensure that VAERS is used properly, journalists and scientific researchers can team up to help the public interpret new findings. Journalists should, in our view, contextualize their coverage within a broader body of scientific evidence. Scientific researchers can aid in this by helping journalists accurately portray studies on vaccine side effects, clearly outlining their methodologies and results in accessible language.

By working together, researchers and journalists can take constructive action to address vaccine hesitancy before it has a chance to germinate.

This an updated version of an article originally published on Aug. 25, 2021.

The Conversation

Matt Motta has received funding from the National Science Foundation.

Dominik Stecuła receives funding from the National Science Foundation.

ref. Vaccine death and side effects database relies on unverified reports – and Trump officials and right-wing media are applying it out of context – https://theconversation.com/vaccine-death-and-side-effects-database-relies-on-unverified-reports-and-trump-officials-and-right-wing-media-are-applying-it-out-of-context-265362

Right-wing extremist violence is more frequent and more deadly than left-wing violence − what the data shows

Source: The Conversation – USA – By Art Jipson, Associate Professor of Sociology, University of Dayton

President Donald Trump is targeting left-wing organizations he incorrectly says promote political violence. Celal Gunes/Anadolu via Getty Images

After the Sept. 10, 2025, assassination of conservative political activist Charlie Kirk, President Donald Trump claimed that radical leftist groups foment political violence in the U.S., and “they should be put in jail.”

“The radical left causes tremendous violence,” he said, asserting that “they seem to do it in a bigger way” than groups on the right.

Top presidential adviser Stephen Miller also weighed in after Kirk’s killing, saying that left-wing political organizations constitute “a vast domestic terror movement.”

“We are going to use every resource we have … throughout this government to identify, disrupt, dismantle and destroy these networks and make America safe again,” Miller said.

But policymakers and the public need reliable evidence and actual data to understand the reality of politically motivated violence. From our research on extremism, it’s clear that the president’s and Miller’s assertions about political violence from the left are not based on actual facts.

Based on our own research and a review of related work, we can confidently say that most domestic terrorists in the U.S. are politically on the right, and right-wing attacks account for the vast majority of fatalities from domestic terrorism.

Trump aide Stephen Miller says the administration will go after ‘a vast domestic terror movement’ on the left.

Political violence rising

The understanding of political violence is complicated by differences in definitions and the recent Department of Justice removal of an important government-sponsored study of domestic terrorists.

Political violence in the U.S. has risen in recent months and takes forms that go unrecognized. During the 2024 election cycle, nearly half of all states reported threats against election workers, including social media death threats, intimidation and doxing.

Kirk’s assassination illustrates the growing threat. The man charged with the murder, Tyler Robinson, allegedly planned the attack in writing and online.

This follows other politically motivated killings, including the June assassination of Democratic Minnesota state Rep. and former House Speaker Melissa Hortman and her husband.

These incidents reflect a normalization of political violence. Threats and violence are increasingly treated as acceptable for achieving political goals, posing serious risks to democracy and society.

Defining ‘political violence’

This article relies on some of our research on extremism, other academic research, federal reports, academic datasets and other monitoring to assess what is known about political violence.

Support for political violence in the U.S. is spreading from extremist fringes into the mainstream, making violent actions seem normal. Threats can move from online rhetoric to actual violence, posing serious risks to democratic practices.

But different agencies and researchers use different definitions of political violence, making comparisons difficult.

The FBI and Department of Homeland Security define domestic violent extremism as threats involving actual violence. They do not investigate people in the U.S. for constitutionally protected speech, activism or ideological beliefs.

Domestic violent extremism is defined by the FBI and Department of Homeland Security as violence or credible threats of violence intended to influence government policy or intimidate civilians for political or ideological purposes. This general framing, which includes diverse activities under a single category, guides investigations and prosecutions.

Datasets compiled by academic researchers use narrower and more operational definitions. The Global Terrorism Database counts incidents that involve intentional violence with political, social or religious motivation.

These differences mean that the same incident may or may not appear in a dataset, depending on the rules applied.

The FBI and Department of Homeland Security emphasize that these distinctions are not merely academic. Labeling an event “terrorism” rather than a “hate crime” can change who is responsible for investigating an incident and how many resources they have to investigate. “investigate IT”?

For example, a politically motivated shooting might be coded as terrorism in federal reporting, cataloged as political violence by the Armed Conflict Location and Event Data Project, and prosecuted as homicide or a hate crime at the state level.

Patterns in incidents and fatalities

Despite differences in definitions, several consistent patterns emerge from available evidence.

Politically motivated violence is a small fraction of total violent crime, but its impact is magnified by symbolic targets, timing and media coverage.

In the first half of 2025, 35% of violent events tracked by University of Maryland researchers targeted U.S. government personnel or facilities – more than twice the rate in 2024.

Right-wing extremist violence has been deadlier than left-wing violence in recent years.

Based on government and independent analyses, right-wing extremist violence has been responsible for the overwhelming majority of fatalities, amounting to approximately 75% to 80% of U.S. domestic terrorism deaths since 2001.

Illustrative cases include the 2015 Charleston church shooting, when white supremacist Dylann Roof killed nine Black parishioners; the 2018 Tree of Life synagogue attack in Pittsburgh, where 11 worshippers were murdered; the 2019 El Paso Walmart massacre, in which an anti-immigrant gunman killed 23 people. The 1995 Oklahoma City bombing, an earlier but still notable example, killed 168 in the deadliest domestic terrorist attack in U.S. history.

By contrast, left-wing extremist incidents, including those tied to anarchist or environmental movements, have made up about 10& to 15% of incidents and less than 5% of fatalities.

Examples include the Animal Liberation Front and Earth Liberation Front arson and vandalism campaigns in the 1990s and 2000s, which were more likely to target property rather than people.

Violence occurred during Seattle May Day protests in 2016, with anarchist groups and other demonstrators clashing with police. The clashes resulted in multiple injuries and arrests. In 2016, five Dallas police officers were murdered by a heavily armed sniper who was targeting white police officers.

A woman crying at a memorial of many flowers outside a church.
A memorial outside Emanuel AME Church in Charleston, S.C., on June 19, 2015, after a white supremacist killed nine Black parishioners there.
Brendan Smialowski/AFP via Getty Images

Hard to count

There’s another reason it’s hard to account for and characterize certain kinds of political violence and those who perpetrate it.

The U.S. focuses on prosecuting criminal acts rather than formally designating organizations as terrorist, relying on existing statutes such as conspiracy, weapons violations, RICO provisions and hate crime laws to pursue individuals for specific acts of violence.

Unlike foreign terrorism, the federal government does not have a mechanism to formally charge an individual with domestic terrorism. That makes it difficult to characterize someone as a domestic terrorist.

The State Department’s Foreign Terrorist Organization list applies only to groups outside of the United States. By contrast, U.S. law bars the government from labeling domestic political organizations as terrorist entities because of First Amendment free speech protections.

Rhetoric is not evidence

Without harmonized reporting and uniform definitions, the data will not provide an accurate overview of political violence in the U.S.

But we can make some important conclusions.

Politically motivated violence in the U.S. is rare compared with overall violent crime. Political violence has a disproportionate impact because even rare incidents can amplify fear, influence policy and deepen societal polarization.

Right-wing extremist violence has been more frequent and more lethal than left-wing violence. The number of extremist groups is substantial and skewed toward the right, although a count of organizations does not necessarily reflect incidents of violence.

High-profile political violence often brings heightened rhetoric and pressure for sweeping responses. Yet the empirical record shows that political violence remains concentrated within specific movements and networks rather than spread evenly across the ideological spectrum. Distinguishing between rhetoric and evidence is essential for democracy.

Trump and members of his administration are threatening to target whole organizations and movements and the people who work in them with aggressive legal measures – to jail them or scrutinize their favorable tax status. The administration’s focus is on left-wing organizations, but research shows that it’s organizations on the right that the government needs to focus on with prevention and investigation.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Right-wing extremist violence is more frequent and more deadly than left-wing violence − what the data shows – https://theconversation.com/right-wing-extremist-violence-is-more-frequent-and-more-deadly-than-left-wing-violence-what-the-data-shows-265367

Pourquoi il faut lire – ou relire – « Les identités meurtrières » d’Amin Maalouf

Source: The Conversation – in French – By Christian Bergeron, Professeur en sociologie de l’éducation/ Professor of Sociology of Education, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Sommes-nous en train de perdre notre humanité ? L’actualité récente n’a rien de rassurant. Sur les réseaux sociaux se manifeste une véritable jouissance face à la souffrance d’autrui.

On l’a vu avec l’influenceur Pormanove, humilié sous les yeux de milliers d’internautes : « Le créateur de contenu français de 46 ans aurait subi des coups et blessures d’autres instavidéastes (streamers) pendant plusieurs jours » jusqu’à son décès.

On l’a vu encore avec les réjouissances de certaines personnalités québécoises et même d’une professeure de l’Université de Toronto concernant l’assassinat de Charlie Kirk, perçu comme un ennemi à abattre plutôt qu’un humain.




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Être étiqueté « fasciste » ou « nazi » suffit, pour certains, à nier toute humanité à autrui et à légitimer la violence la plus extrême. D’ailleurs, le présumé tueur de Charlie Kirk avait inscrit sur l’une des douilles retrouvées : « Hé, fasciste ! Attrape ça ! ».

Ce mécanisme de déshumanisation s’exerce aussi à l’encontre de groupes stigmatisés, comme les personnes « trans » et les personnes « itinérantes », ou même contre les « cyclistes ». Une étude australienne montre en effet que plus de la moitié des automobilistes considèrent les cyclistes comme « moins humains », ce qui accroît l’acceptation d’actes d’agression à leur égard.

Dans tous ces exemples, le même processus est à l’œuvre : déshumaniser l’autre afin de pouvoir justifier le sadisme, la violence et jusqu’à la haine meurtrière.

Cette perte d’humanité s’observe malheureusement lorsque des idéologies sont véhiculées sur la place publique ou sur les réseaux sociaux. Elles ne sont pas toutes également violentes, mais ces mouvances reposent sur un même ressort : la peur de disparaître, d’être menacé, victime, persécuté ou discriminé. L’histoire nous enseigne que ces peurs, réelles ou construites, conduisent trop souvent à des conflits sanguinaires. Les intensités diffèrent, mais l’urgence demeure : rester vigilants.

Je suis chercheur en éducation inclusive et j’étudie la glottophobie au Canada et en France.

J’estime qu’il est aujourd’hui plus que jamais pertinent de lire ou relire Les identités meurtrières d’Amin Maalouf. L’ouvrage éclaire avec force la manière dont la crispation identitaire mène à la déshumanisation de l’autre et ouvre la voie à la justification de violences extrêmes, voire de la mort de ceux que l’on ne perçoit plus comme pleinement humains. Lire Maalouf, c’est rappeler que nos appartenances ne devraient jamais se transformer en identités meurtrières.

Cet article fait partie de notre série Les livres qui comptent, où des experts de différents domaines décortiquent les livres de vulgarisation scientifique les plus discutés.


Les identités exclusives

Publié en 1998, cet essai lucide et précurseur analyse les fractures identitaires engendrées, entre autres, par l’Histoire et la mondialisation. Loin d’abolir les frontières, la mondialisation suscite un besoin accru d’identité. Les conflits religieux, culturels et politiques, l’opposition entre nationalismes et globalismes en témoignent.

L’un des fils conducteurs du livre est la critique des identités exclusives : « À toutes les époques, il s’est trouvé des gens pour considérer qu’il y avait une seule appartenance majeure, tellement supérieure aux autres ». Or, dès qu’une appartenance est menacée, elle peut envahir l’identité entière : « Qu’une seule appartenance soit touchée, et c’est toute la personne qui vibre ».

Ce qui fait qu’une personne devient une cible à abattre, c’est précisément le processus de déshumanisation : lorsque l’on réduit la personne à une seule appartenance : trans, immigrante, blanche, noire, itinérante, chrétienne, musulmane, juive, etc., on efface la complexité de son humanité et on transforme cette appartenance en stigmate. Dans ce cadre, l’autre n’est plus un être pluriel, mais l’incarnation d’un « ennemi » à éliminer.




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La langue française au Québec

Le Québec s’est construit dans un rapport constant à son identité : sa place au sein du Canada, la défense de la langue française, ses tensions avec la religion et ses débats sur l’immigration en sont quelques exemples. Cette histoire l’a doté d’une certaine résilience, mais nul endroit, aussi pacifique soit-il, n’est à l’abri de débordements lorsque l’identité collective se perçoit menacée.


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Pour Maalouf, parmi toutes nos appartenances, la langue occupe une place décisive. On peut vivre sans religion, pas sans langue. Préserver les langues menacées est un enjeu civilisationnel.

Le cas du Québec illustre bien cette tension entre défense culturelle légitime et risque d’exclusivisme. Minorité francophone en Amérique du Nord, mais majoritaire sur la plupart de son territoire, le Québec a dû affirmer son identité par des politiques linguistiques et un volontarisme populationnel.

Ce nationalisme a sauvé le français, mais il porte en lui, selon certaines perceptions, le risque signalé par Maalouf : quand une appartenance devient exclusive, elle se ferme. Le défi québécois est donc de protéger sa langue et sa culture tout en assumant la pluralité d’appartenances, dont celle à la culture anglophone.

Assumer ses appartenances multiples

Cela vaut aussi pour les langues autochtones, qu’il convient de défendre avec la même énergie que le français. L’enjeu est de ne pas se retrouver piégés dans le dilemme : « nier soi-même ou nier l’autre », car il faut assumer nos appartenances multiples et concilier nos besoins mutuels d’identité, tout en protégeant et valorisant le français.

Aujourd’hui, des langues disparaissent, l’anglicisation s’accélère, les effets conjugués de la mondialisation et du radicalisme religieux se heurtent au retour d’idéologies, telles que la montée du nationalisme identitaire dans le monde. Il importe de rappeler que les idéologies ne meurent jamais : elles sont « plus qu’une idée, un projet ou un idéal : c’est aussi un mouvement, un combat, souvent mené contre d’autres » mouvements.

Relire Les identités meurtrières aujourd’hui, c’est comprendre que la question identitaire n’est pas un débat secondaire ou passéiste. Le véritable enjeu est de bâtir un monde où nos appartenances multiples cessent d’être des menaces pour devenir des richesses partagées. C’est cette tâche, éminemment politique et profondément humaine, que nous rappelle Maalouf : défendre la pluralité des langues, des cultures et des modes de vie, non comme un vestige à protéger, mais comme une condition vitale pour l’humanité.

La Conversation Canada

Christian Bergeron ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi il faut lire – ou relire – « Les identités meurtrières » d’Amin Maalouf – https://theconversation.com/pourquoi-il-faut-lire-ou-relire-les-identites-meurtrieres-damin-maalouf-265050