Así podemos entrenar el sistema nervioso para reducir el estrés

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Manuel Ocaña Campos, Profesor Titular. Investigador Principal Grupo Neurociencia del Bienestar. Área de Psicobiología, Universidad de Sevilla

Una sesión de _biofeedback_. Microgen/Shutterstock

Son las 6:30 de la mañana. Suena el despertador. Antes incluso de levantarnos ya empezamos a repasar la reunión de primera hora, los correos pendientes, las tareas domésticas, las facturas, los mensajes sin responder y todo lo que no dará tiempo a hacer. Aún no hemos salido de la cama y ya nos sentimos agotados.

El día acaba de comenzar, pero el sistema nervioso ya se ha puesto en modo alerta. Ni corremos delante de un depredador ni huimos de una amenaza vital, pero el cerebro activa el mismo mecanismo de supervivencia que permitió sobrevivir a nuestros antepasados durante miles de años.

Lo preocupante es que esta respuesta ya no dura unos minutos. Para muchas personas se mantiene activa durante buena parte del día, e incluso durante meses o años. Cuando el organismo pierde la capacidad de recuperar el equilibrio, el estrés deja de ser una herramienta para sobrevivir y comienza a convertirse en un problema de salud.

No se trata de una situación excepcional. Es la realidad cotidiana de millones de personas y uno de los mayores retos sanitarios del siglo XXI.

La pregunta, por tanto, ya no es si vivimos demasiado estresados. La verdadera cuestión es si podemos enseñar a nuestro sistema nervioso a recuperar la calma. La respuesta empieza con una característica extraordinaria del cerebro: su capacidad para aprender.

Igual que aprendemos un idioma, a conducir o a tocar un instrumento, el sistema nervioso también aprende a responder al entorno. Puede acostumbrarse a vivir en un estado de alerta casi permanente, pero también puede entrenarse para recuperar el estado de calma.

Durante décadas hemos intentado reducir el estrés actuando sobre nuestros pensamientos, nuestras emociones o nuestra conducta. Hoy la neurociencia propone un enfoque complementario: entrenar directamente los mecanismos fisiológicos que participan en la respuesta al estrés. Es precisamente aquí donde el biofeedback y el neurofeedback han despertado un enorme interés.

Entrenar el sistema nervioso

El biofeedback y el neurofeedback son dos de las herramientas más prometedoras para entrenar la capacidad de autorregulación del sistema nervioso. Aunque comparten este objetivo, no son exactamente lo mismo. Ambas parten de una idea sencilla: convertir señales fisiológicas que normalmente pasan desapercibidas en información que la persona puede observar en tiempo real para aprender a regular su organismo.

En el biofeedback se registran mediante sensores variables como la respiración, la tensión muscular, la temperatura de la piel o la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Esta última es un biomarcador que refleja la capacidad del sistema nervioso autónomo para adaptarse a las demandas del entorno y la recuperación fisiológica tras una situación de estrés.

El neurofeedback, por su parte, utiliza la actividad eléctrica cerebral registrada mediante electroencefalografía.

En ninguno de los dos casos el dispositivo de medida actúa directamente sobre el cerebro o el organismo: funciona como un espejo fisiológico. Al observar en tiempo real cómo cambia su actividad corporal o cerebral, la persona puede identificar qué estrategias favorecen un estado de mayor equilibrio y entrenarlas de forma progresiva.

¿Funciona realmente?

Esta es la pregunta importante. Porque una cosa es que podamos observar lo que hace nuestro organismo y otra muy distinta que el entrenamiento cambie nuestra salud. La evidencia científica disponible permite responder afirmativamente, aunque con importantes matices.

La eficacia de estas técnicas depende de tres factores: el problema que se pretende tratar, el protocolo utilizado y la experiencia del profesional que dirige el entrenamiento. Por eso no es posible afirmar simplemente que funcionan o no.

En primer lugar, el biofeedback es una de las técnicas que más se ha investigado para mejorar la regulación del estrés. Los mejores resultados se han obtenido utilizando la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Cuando la persona aprende a respirar de una forma determinada y recibe información inmediata sobre cómo responde su organismo, mejora su capacidad para regular la respuesta de estrés.

Además, también se han descrito cambios en la actividad de regiones cerebrales implicadas en la regulación emocional, la atención y el control cognitivo, lo que sugiere que sus efectos van más allá de la respuesta fisiológica inmediata.

En segundo lugar, la investigación sobre neurofeedback también ha mostrado resultados prometedores en problemas relacionados con la regulación emocional, como el trastorno por estrés posttraumático, algunos trastornos de ansiedad o el insomnio. Sin embargo, la calidad de la evidencia todavía es variable y depende en gran medida del protocolo empleado y de la población estudiada.

Eso significa que estas técnicas no son milagrosas. Tampoco sustituyen a la psicoterapia, a la medicación cuando es necesaria o a los cambios en el estilo de vida. Son una herramienta más. Cuando se utilizan bien pueden ayudar a que la persona aprenda a regular mejor su propio sistema nervioso.

La importancia de medir bien

En los últimos años han aparecido relojes, pulseras y aplicaciones capaces de registrar nuestra frecuencia cardíaca, el sueño y la actividad física. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información sobre nuestro organismo. Pero existe un problema: medir no siempre significa comprender.

Una frecuencia cardíaca elevada puede deberse al estrés, pero también al ejercicio, al calor, a la falta de sueño o simplemente a haber subido unas escaleras. Lo mismo ocurre con muchos otros biomarcadores. Sin una interpretación adecuada, los datos pueden generar más preocupación que tranquilidad.

Por eso, el biofeedback y el neurofeedback no consisten únicamente en colocar unos sensores. Antes hay que saber qué se quiere entrenar, por qué y cómo hacerlo. La tecnología proporciona información. El profesional es quien la convierte en una intervención útil.

Mañana volverá a sonar el despertador. Seguirán esperándote los correos, las reuniones y las facturas. Lo que puede cambiar es la forma en la que el sistema nervioso responde a todo ello. Y esa capacidad, como tantas otras del cerebro, también puede entrenarse.

The Conversation

Francisco Manuel Ocaña Campos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Así podemos entrenar el sistema nervioso para reducir el estrés – https://theconversation.com/asi-podemos-entrenar-el-sistema-nervioso-para-reducir-el-estres-282673

Relire Edgar Morin pour comprendre la complexe expérience canadienne

Source: The Conversation – in French – By Christophe Premat, Professor, Canadian and Cultural Studies, Stockholm University

Le grand sociologue français Edgar Morin, mort au printemps dernier à 104 ans, a entretenu des liens parfois très personnels avec le pays, notamment avec le Québec. Et, même s’il n’a jamais fait du Canada un objet central de ses recherches, le pays apparaît aujourd’hui comme l’une des illustrations les plus concrètes des questions auxquelles il a consacré sa vie.


La disparition d’Edgar Morin à l’âge de 104 ans marque la fin d’une œuvre qui aura profondément influencé les sciences humaines et sociales contemporaines. Tout au long de sa carrière, le sociologue et philosophe français s’est efforcé de dépasser les approches simplificatrices du réel pour promouvoir une « pensée complexe », capable de relier les phénomènes plutôt que de les isoler.

Si Morin n’a jamais fait du Canada un objet central de ses recherches, son œuvre offre pourtant des clés particulièrement fécondes pour comprendre ce pays. Plus encore, le Canada apparaît aujourd’hui comme l’une des illustrations les plus concrètes des questions auxquelles Morin a consacré sa vie : comment faire tenir ensemble des différences multiples sans les réduire à une identité unique ? Comment construire une communauté politique à partir de la diversité ? Comment articuler des savoirs différents dans un monde marqué par l’interdépendance ?

En tant que chercheur en études culturelles francophones, je viens d’écrire un ouvrage sur l’idée d’autonomie qui met en dialogue les réflexions de plusieurs penseurs francophones sur cette question.

Des liens à la fois intellectuels et très personnels

Les affinités entre la pensée de Morin et le Canada ne sont pas seulement analytiques ; elles s’inscrivent aussi dans l’histoire de sa vie. Il entretenait plusieurs liens avec le pays, notamment avec le Québec. En 2006, l’Université Laval lui décerna un doctorat honoris causa en reconnaissance de sa contribution exceptionnelle à la réflexion contemporaine.

Son attachement au Québec était aussi d’ordre personnel. Entre 1970 et 1980, il fut marié à Johanne Harrelle, mannequin, comédienne et artiste ayant marqué l’histoire culturelle du Québec moderne.

Cependant, l’intérêt de relire Morin à partir du Canada réside moins dans ces éléments biographiques que dans les affinités profondes entre sa pensée et l’expérience canadienne.




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Morin considérait que les sociétés modernes ne pouvaient plus être comprises à travers des catégories simples et homogènes. Elles sont traversées par des dynamiques multiples, parfois contradictoires, qu’il convient de penser ensemble.

Le Canada, société complexe par excellence

Sous cet angle, le Canada constitue un terrain particulièrement intéressant pour la pensée complexe. Loin de former un ensemble homogène, le pays est traversé par des logiques parfois complémentaires, parfois contradictoires. Le fédéralisme canadien repose sur un équilibre constamment renégocié entre le gouvernement fédéral, les provinces, les territoires et les nations autochtones, dont les revendications d’autonomie interrogent les fondements mêmes de l’État canadien.

Cette complexité ne se réduit pas à une simple diversité culturelle. Elle s’exprime dans les débats récurrents sur la place du Québec, dans les tensions entre politiques multiculturelles et affirmation de cultures minoritaires, ainsi que dans le difficile processus de réconciliation avec les peuples autochtones. Le Canada apparaît ainsi comme une société où coexistent plusieurs récits historiques, plusieurs conceptions de l’appartenance et plusieurs visions du vivre-ensemble.

Une telle situation rejoint l’intuition fondamentale de Morin selon laquelle les sociétés humaines ne peuvent être comprises à partir d’un principe unique d’explication. Elles sont constituées d’éléments interdépendants qui entretiennent à la fois des relations de coopération, de concurrence et parfois de conflit. La cohésion canadienne ne procède donc pas de l’effacement des différences, mais de la recherche permanente d’un équilibre entre des aspirations collectives qui ne convergent pas toujours.

Dépasser les cloisonnements intellectuels

L’une des dimensions les plus actuelles de l’œuvre de Morin concerne sa critique de la fragmentation des connaissances. Selon lui, les grands défis contemporains ne peuvent être appréhendés à partir d’un seul point de vue disciplinaire. Ils exigent au contraire une capacité à relier des savoirs différents et à penser leurs interactions.

Cette réflexion trouve un écho particulier dans le contexte canadien. Les débats sur la réconciliation avec les peuples autochtones ont contribué à remettre en question certaines hiérarchies traditionnelles du savoir, et à reconnaître davantage la valeur de connaissances longtemps marginalisées dans les politiques publiques et la recherche. Dans les domaines de la gestion environnementale, de la protection des territoires ou de l’adaptation aux changements climatiques, les savoirs autochtones sont de plus en plus mobilisés aux côtés des sciences naturelles et des sciences sociales.

Sans avoir abordé directement ces questions, Morin offre des outils conceptuels permettant d’en saisir les enjeux. Son appel à la « reliance » invite à dépasser les cloisonnements intellectuels et à penser les complémentarités possibles entre différentes traditions de connaissance. Le dialogue entre savoirs autochtones, sciences naturelles, sciences sociales et action publique illustre ainsi de manière concrète l’actualité de cette pensée de la reliance.

Les études canadiennes : un laboratoire de l’interdisciplinarité

La pensée de Morin permet également de mieux comprendre la nature particulière des études canadiennes elles-mêmes.




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Depuis leur développement dans les universités européennes et internationales, les études canadiennes occupent une position singulière. Elles constituent à la fois un champ scientifique et un instrument de diplomatie culturelle. Elles participent à la diffusion des connaissances sur le Canada tout en contribuant à la compréhension de ses réalités sociales, politiques et culturelles. Elles se trouvent ainsi au croisement d’une logique scientifique de production de connaissances et d’une logique de rayonnement culturel et diplomatique.

Cette double dimension explique leur caractère profondément interdisciplinaire. Les chercheurs en études canadiennes mobilisent l’histoire, la sociologie, la littérature, la science politique, la géographie, les études autochtones ou encore les études environnementales pour éclairer un même objet.

Une telle démarche correspond presque parfaitement à l’idéal intellectuel défendu par Morin. Pour lui, les phénomènes complexes ne peuvent être saisis à travers une seule discipline. Ils exigent au contraire des approches capables de faire dialoguer les savoirs et de restituer les interactions qui structurent la réalité.

Cette approche entretient une profonde parenté avec la pensée circumpolaire, qui ne procède pas par oppositions binaires mais par interactions, circulations et rétroactions entre des espaces, des savoirs et des acteurs. Comme la pensée complexe de Morin, elle privilégie les relations plutôt que les essences, les dynamiques plutôt que les catégories figées, faisant de la rétroaction un principe d’intelligibilité des réalités nordiques et des sociétés qui les habitent.

Des questions qui dépassent les frontières nationales

La pertinence de Morin se manifeste enfin dans les grands enjeux auxquels le Canada est aujourd’hui confronté. Qu’il s’agisse du changement climatique, de l’avenir de l’Arctique, des migrations, de la diversité culturelle ou des transformations géopolitiques, ces questions dépassent largement les frontières nationales.

Morin parlait d’une « communauté de destins » pour désigner l’interdépendance croissante des sociétés humaines. Cette intuition trouve une résonance particulière dans un pays qui se définit à la fois comme nord-américain, atlantique, pacifique et circumpolaire.


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À l’heure où de nombreuses démocraties occidentales sont confrontées à des formes renouvelées de polarisation et de repli identitaire, l’expérience canadienne rappelle les difficultés, mais aussi les possibilités, de faire coexister plusieurs appartenances au sein d’un même cadre politique.

Relire Edgar Morin à travers le Canada ne consiste donc pas seulement à rendre hommage à un grand intellectuel disparu. C’est aussi reconnaître que plusieurs des interrogations qui ont traversé son œuvre sur la diversité, l’interdépendance, la reliance des savoirs ou la coexistence des différences trouvent dans l’expérience canadienne un terrain d’observation particulièrement éclairant.

Plus qu’un simple objet d’étude, le Canada apparaît alors comme l’une des expressions contemporaines de cette complexité que Morin n’a cessé d’inviter à penser.

La Conversation Canada

Christophe Premat a récemment publié “L’autonomie improbable. Fragilité et contingence d’une invention humaine” (Anibwe, 2026), un essai consacré aux théories de l’autonomie. Ses recherches portent notamment sur les pensées de l’autonomie développées par Cornelius Castoriadis et Edgar Morin. Il déclare cet intérêt académique et scientifique en rapport avec la thématique abordée.

– ref. Relire Edgar Morin pour comprendre la complexe expérience canadienne – https://theconversation.com/relire-edgar-morin-pour-comprendre-la-complexe-experience-canadienne-284252

Le cerveau sous le capot : Repenser la mécanique de la maladie d’Alzheimer

Source: The Conversation – in French – By Rémi Lamontagne-Caron, Candidat au doctorat en sciences cliniques et biomédicales, Université Laval

La maladie d’Alzheimer est la forme de démence la plus fréquente. Pendant longtemps, les chercheurs ont cru que l’accumulation de protéines toxiques était sa principale cause. Toutefois, de récentes découvertes suggèrent que le problème pourrait avoir une autre origine, notamment dans le système sanguin.


Contrairement à la croyance populaire, la démence ne concerne pas que la mémoire. Imaginez le cerveau comme une voiture. Pour rouler adéquatement, ce système complexe dépend, entre autres, d’un moteur (nos neurones, la pièce centrale) et d’une tuyauterie (notre système vasculaire cérébral) chargée d’acheminer le carburant (l’oxygène et les nutriments) vers ce moteur.

Avec l’âge, cette mécanique s’use. Si les tuyaux s’abîment, la rouille s’installe ou le moteur se brise, ce qui affecte le fonctionnement du véhicule et mène inévitablement à une panne prématurée. Dans la maladie d’Alzheimer, cette rouille se caractérise par l’accumulation de deux protéines toxiques : les plaques d’amyloïdes et les fibres de tau, qui mènent au déclin des capacités cognitives, comme la mémoire.




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Toutefois, plusieurs observations remettent en question le rôle de ces protéines. Il devient alors essentiel de trouver la cause de cette rouille et de comprendre son origine.

L’hypothèse de l’amyloïde

Pendant longtemps, la recherche pharmaceutique s’est concentrée sur l’hypothèse de l’amyloïde, soit une des formes de rouille. Selon cette hypothèse, l’accumulation de protéines bêta-amyloïde dans le cerveau, sous la forme de plaques, serait la cause principale de la démence. Naturellement, la protéine bêta-amyloïde est évacuée par les systèmes sanguin et lymphatique ou est éliminée dans le cerveau par des cellules protectrices (microglies et astrocytes) et des enzymes. Un dysfonctionnement de ces mécanismes de nettoyage, combiné à la production de bêta-amyloïdes, engendrent son accumulation et la formation de plaques. L’exposition prolongée sur des décennies à cette protéine endommagerait les neurones et provoquerait les pertes de mémoire.

Toutefois, deux découvertes majeures ont bousculé cette hypothèse :

  • La présence de plaques chez des personnes saines : des accumulations de plaques importantes ont été découvertes chez des individus ne souffrant d’aucun problème cognitif. Il est aussi important de comprendre que l’amyloïde est une protéine qui peut être générée naturellement en réponse à une infection virale ou une inflammation.

  • Les limites des nouveaux traitements : Récemment, des médicaments, tels que lécanémab et aducanumab, ont été développés pour détruire directement ces plaques. Toutefois, bien que l’amyloïde soit presque totalement éliminée, le déclin cognitif se poursuit au même rythme qu’avec des traitements plus anciens, qui ont l’avantage d’être moins coûteux et mieux tolérés.

Ces constats suggèrent une idée nouvelle : les plaques d’amyloïde ne sont peut-être pas la source du problème, mais plutôt la conséquence d’une anomalie sous-jacente.

Mais alors, d’où provient cette inflammation initiale à l’origine de l’accumulation de protéines ?

Pour reprendre notre métaphore, s’acharner à nettoyer la rouille sur une voiture ne résout pas le problème qui la cause. Puisque le dommage est fait, la durée de vie du véhicule est modifiée de manière permanente. Par conséquent, l’accent doit être mis sur la prévention et la détection précoce des premiers signes d’usure.

C’est ici qu’entrent en jeu les biomarqueurs, des indices biologiques qui permettent de repérer la maladie avant l’apparition des symptômes, dans l’espoir de remonter à la véritable source du problème.

À la recherche de la cause : l’importance du système sanguin

C’est dans ce contexte que le système vasculaire cérébral s’est retrouvé sous la loupe des scientifiques. Comme dans notre métaphore, si les conduits qui acheminent le carburant sont endommagés, la performance du moteur chute et la mécanique finit par céder.




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Similairement, le bon fonctionnement du cerveau dépend du système vasculaire, lequel alimente les neurones en oxygène et en nutriments. Une nouvelle hypothèse a surgit dans la dernière décennie : certaines conditions, comme les maladies vasculaires, l’hypertension ou le diabète de type 2, endommagent les vaisseaux sanguins et créent des zones d’inflammation. En plus de restreindre l’arrivée de sang vers le cerveau, l’inflammation provoquerait l’accumulation de bêta-amyloïde, entraînant ultimement la mort des neurones.

Plusieurs découvertes importantes soutiennent cette hypothèse. Aujourd’hui, des anomalies vasculaires, comme des changements dans la dynamique du sang, c’est-à-dire une diminution du flux et du volume sanguin, ainsi que la présence d’hémorragies, sont reconnues comme des signes précoces de la maladie d’Alzheimer.

Plus encore, une des plus larges recensions des écrits sur la démence a récemment établi que certains facteurs de risque pourraient représenter jusqu’à 45 % des cas de démence. En observant la figure ci-contre, on constate qu’une proportion importante de ces risques est directement liée à notre santé vasculaire. Parmi eux, on retrouve un taux élevé de mauvais cholestérol, l’inactivité physique, le diabète de type 2, le tabagisme, l’hypertension, la consommation excessive d’alcool et l’obésité.

Ensemble, ces facteurs pèsent lourd dans la balance et contribuent significativement au risque de développer une forme de démence. Agir sur ces facteurs offre des leviers d’action concrets permettant de prévenir ou traiter ces conditions tout au long de la vie afin de réduire le fardeau sur notre cerveau.

Tous ces résultats indiquent un rôle crucial du système vasculaire dans le développement de la maladie d’Alzheimer. Le défi actuel ? Caractériser précisément le système vasculaire à un stade précoce, jusqu’à des décennies avant le diagnostic, pour identifier les changements qui s’enchaînent vers la maladie. En effet, puisque la relation entre le système vasculaire et la démence commence à être étudiée plus en profondeur, il y a un manque significatif de données précises sur le sujet.


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Vers une approche globale au-delà l’amyloïde

Heureusement, la recherche examine davantage les aspects non-amyloïdes qui pourraient être à la cause de la maladie. Entre autres, la protéine tau semble y jouer un rôle important, mais d’autres mécanismes suscitent également un intérêt de la communauté scientifique : le rôle du système immunitaire, le dysfonctionnement du métabolisme cellulaire, ainsi que les problèmes de communication entre les neurones. Aujourd’hui, de plus en plus de scientifiques proposent même une approche multifactorielle, où les différentes sphères de la maladie interagissent entre elles plutôt que d’agir de façon isolée.

L’avènement de nouveaux biomarqueurs vasculaires soutient l’idée que les dégâts du système sanguin cérébral sont liés à la maladie d’Alzheimer. Par exemple, la découverte que différentes cellules du système sanguin s’infiltrent dans le système nerveux central, un signe que notre tuyauterie fuit, est corrélée avec le déclin cognitif et la présence de plaques amyloïde.

De plus, avec l’amélioration des techniques d’imagerie et l’avènement de l’intelligence artificielle dans la recherche biomédicale, nous pouvons mesurer l’état de santé du cerveau beaucoup plus rapidement et avec une plus grande sensibilité que ce qui était précédemment possible.

Progressivement, nous nous rapprochons vers une manière de vaincre cette maladie !

En attendant le développement de ces nouvelles approches thérapeutiques, la meilleure façon de protéger son cerveau est d’agir sur ce que l’on contrôle, soit entretenir la mécanique de notre voiture en restant actif, autant physiquement que socialement, tout au long de sa vie.

La Conversation Canada

Rémi Lamontagne-Caron a reçu des financements des IRSC.

– ref. Le cerveau sous le capot : Repenser la mécanique de la maladie d’Alzheimer – https://theconversation.com/le-cerveau-sous-le-capot-repenser-la-mecanique-de-la-maladie-dalzheimer-285997

Ward c. Gabriel : retour sur une affaire qui a déclenché un affrontement national sur la liberté d’expression

Source: The Conversation – in French – By Danielle Bobker, Professor, English, Concordia University

Même si les propos des humoristes controversés constituent pour le public une source inépuisable de discussions et de débats, « ne jamais s’en prendre aux plus faibles » demeure la règle d’or de l’humour pour de nombreux Canadiens et Canadiennes.

Ainsi, lorsque la Cour suprême du Canada s’est prononcée en 2021 sur les blagues de l’humoriste québécois Mike Ward au sujet du chanteur Jérémy Gabriel, les juges ont mis la population au défi de réfléchir à ce qu’est véritablement l’humour.

Jérémy Gabriel est né avec le syndrome de Treacher Collins, maladie qui affecte son ossature faciale et son audition. Après avoir reçu des implants cochléaires, il a appris à parler, puis à chanter. Il s’est ensuite produit devant le pape et aux côtés de Céline Dion. À l’âge de 10 ans, il avait déjà lancé un album et publié son autobiographie. Ses admirateurs le surnommaient affectueusement « le petit Jérémy ».

Lorsque Mike Ward s’est mis à faire des blagues au sujet de Jérémy Gabriel, en 2010, il avait près de 40 ans et le jeune garçon en avait 13. Pendant trois ans, Mike Ward s’est moqué de Jérémy Gabriel en ligne ainsi qu’à l’occasion d’un spectacle d’humour en direct et enregistré intitulé Mike Ward s’eXpose.

Mike Ward parodiait la voix de Jérémy Gabriel et plaisantait sur l’apparence et le diagnostic médical de celui-ci : « Tu sais ce qu’il a ? Il est laid ! » Il a également dit à la blague qu’après avoir découvert que la maladie du jeune homme n’était pas mortelle, il a essayé de le noyer dans une piscine publique. « J’ai pas été capable, j’ai pas été capable. Il est pas tuable », a déclaré l’humoriste, comme on peut le lire dans une transcription du spectacle Mike Ward s’eXpose.

En 2012, les parents de Jérémy Gabriel déposent une plainte, et le Tribunal des droits de la personne du Québec condamne Mike Ward à verser 42 000 $ à titre de dommages moraux et punitifs. En 2019, l’humoriste porte l’affaire devant la Cour d’appel du Québec, qui statue de nouveau en faveur de Jérémy Gabriel. Mais deux ans plus tard, une décision rendue à cinq juges contre quatre par la Cour suprême du Canada donne raison à l’humoriste en invoquant la liberté d’expression, et annule les condamnations précédentes.

Quatre juges concluent à la discrimination

Pour quatre des neuf juges de la plus haute instance du pays, les tribunaux québécois ont vu juste. Dans l’arrêt Ward c. Québec rendu en 2021, ils affirment que l’humour ne confère pas une liberté d’expression accrue et que, en tant que mineur en situation de handicap, Jérémy Gabriel était doublement vulnérable aux insultes. Selon eux :

Monsieur Ward a utilisé le handicap de Jérémy Gabriel et ses manifestations pour faire rire son auditoire […] causant une atteinte grave à la dignité.

En bref, Mike Ward a frappé très fort sur une personne plus faible, ce qui allait bien au-delà des limites permises par la loi.

En revanche, pour cinq des neuf juges de la Cour suprême, ce sont les tribunaux du Québec qui ont outrepassé leurs pouvoirs. Dans leur argumentaire, les cinq juges majoritaires insistent sur le fait que la discrimination ne dépend pas seulement de la personne visée, mais aussi de la manière dont elle l’est et des conséquences qui en découlent.

Considérant la Charte des droits et libertés du Québec trop vague dans sa manière d’assurer la protection de la dignité humaine, les juges s’appuient largement sur un arrêt rendu en 2013 par la Cour suprême concernant un cas de discours haineux, dans lequel le tribunal avait conclu que « le droit canadien s’assure de la protection du statut social de la victime tout délaissant la protection de sa sérénité émotive ».

Selon la loi, ont-ils fait valoir, un discours ne peut être considéré comme haineux ou discriminatoire que lorsqu’il entraîne un préjudice « social et non point moral, collectif et non pas individuel ».

S’en prendre à des égaux, et non aux plus faibles

Aux yeux des cinq juges majoritaires, le fait que certains petits tyrans d’écoles secondaires aient repris les propos de Mike Ward pour narguer Jérémy Gabriel, et même que Jérémy Gabriel ait parfois eu des pensées suicidaires à l’adolescence ne permet aucunement de conclure à l’existence de discrimination.

Ils ont plutôt affirmé qu’en matière de discrimination, les réactions les plus significatives aux blagues de Ward ont eu lieu dans la sphère de la fiction.

« Le critère de la personne raisonnable », qui est au cœur du droit canadien, consiste à imaginer comment une personne d’intelligence et de sensibilité moyennes, qui comprend parfaitement une situation sans y être personnellement impliquée, serait susceptible de l’interpréter. Est-ce que Monsieur et Madame Tout-le-Monde comprendraient que Mike Ward n’essayait pas vraiment de susciter de l’animosité envers Jérémy Gabriel ?

Les cinq juges majoritaires étaient convaincus que ce serait le cas. Et pour eux, cette hypothèse semblait validée par le fait que de nombreuses personnes avaient bel et bien ri des blagues de Ward sans pour autant perpétrer massivement des crimes haineux par la suite.

Les blagues de Mike Ward à l’égard de Jérémy Gabriel provenaient d’un numéro plus long intitulé Les intouchables, qui prenait à partie le public québécois et son adoration pour les célébrités locales. Pour les cinq juges majoritaires, ce contexte avait son importance. En effet, étant donné que Mike Ward s’en prenait explicitement à Jérémy Gabriel en raison de sa renommée, ils ont estimé dans leur jugement que ses railleries « n’étaient pas fondées sur un motif interdit ».

À leur avis, l’humoriste s’en était pris à un égal, et ses propos étaient ceux d’un personnage bien connu s’adressant à un autre.

Conséquences de la décision

Depuis que le tribunal a tranché, certains défenseurs des droits de la personne ont affirmé que la décision rendue dans l’affaire Ward c. Québec reflète « un stupéfiant manque de compréhension et une déconsidération de l’importance de l’égalité des personnes en situation de handicap ». Ils soutiennent qu’elle a porté atteinte aux mesures de protection contre « le phénomène croissant et nébuleux du harcèlement en ligne et de la publication de propos offensants sur les plates-formes virtuelles ».

Fo Niemi, directeur général du Centre de recherche-action sur les relations raciales, a inventé l’expression « l’effet Ward » pour illustrer les répercussions défavorables de cette décision de la Cour suprême sur l’accès à la justice pour des centaines de Québécoises et Québécois issus de minorités ayant fait l’objet d’insultes racistes.

D’autres juristes ont toutefois salué cette décision, la considérant comme une victoire importante contre toute forme de censure.

Dans une vidéo publiée sur YouTube juste après avoir eu gain de cause au procès, Mike Ward a déclaré que même si le fait de défendre la liberté d’expression pendant une décennie l’avait fait vieillir prématurément, cela en valait la peine : « Je pense que c’est un grand jour pour l’humour. Selon moi, on assiste à un certain retour du balancier. »

Une question qui demeure sans réponse

En tant que professeure d’anglais qui enseigne et mène des recherches dans le domaine des études critiques sur l’humour, je suis perplexe face à ce qui a été omis dans la décision partagée de la Cour suprême.


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Pourquoi les cinq juges majoritaires n’ont-ils pas tenu compte du fait que la visibilité publique est à la fois plus difficile à obtenir et plus coûteuse pour les personnes en situation de handicap ? Pourquoi n’ont-ils pas pris en compte les réalités entourant la violence psychologique que peut infliger l’humour et les préjudices qu’il peut causer ? N’ont-ils pas compris qu’ils créaient un dangereux précédent en définissant la discrimination de manière aussi étroite ?

Ce qui m’apparaît toutefois plus clairement que jamais aujourd’hui, c’est qu’il n’existe pas de dieux infaillibles du rire qui rendent des verdicts depuis les cieux, ni de formules à toute épreuve permettant d’évaluer les blagues. Pas même au Canada.

Certaines blagues peuvent-elles dépasser les bornes ? Loin de trancher ce débat, notre Cour suprême a plutôt montré à quel point cette question demeure encore véritablement sans réponse.

La Conversation Canada

Le projet de Danielle Bobker, intitulé « Ward c. Québec : une étude de cas pour les études sur l’humour dans la critique littéraire », bénéficie d’une subvention de développement « Insight » du Conseil de recherches en sciences humaines du Canada et a pu compter sur l’aide à la recherche de Yara Ajeeb, Maia Harris, Paola Lopez et Sophie Moulaiison, étudiantes en master d’anglais à l’université Concordia.

– ref. Ward c. Gabriel : retour sur une affaire qui a déclenché un affrontement national sur la liberté d’expression – https://theconversation.com/ward-c-gabriel-retour-sur-une-affaire-qui-a-declenche-un-affrontement-national-sur-la-liberte-dexpression-287051

Buscando la voz de Federico García Lorca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Molina Prados, Doctorando, Universidad de Almería

Retrato de Federico García Lorca y Margarita Xirgu, sentados en un sofá del Teatro Español, en el estreno de _Yerma_, el 29 de diciembre de 1934 BNE, CC BY-NC

En noviembre de 2025 salieron a la luz unas imágenes inéditas de Federico García Lorca en movimiento. Proceden de un negativo de 1932, cuatro años antes de su asesinato, perteneciente al archivo de Gonzalo Menéndez-Pidal, donde se encontraban dentro de una lata de betún con las iniciales FGL.

El cineasta Manuel Menchón ha rescatado y restaurado la cinta desde los nitratos originales para su documental La voz quebrada. En el metraje, el coche de La Barraca avanza por un camino y, a través de la luna trasera, se distingue a Federico entre sus compañeros, riendo hacia la cámara. En otro plano se le ve sobre el escenario, actuando.

En La Barraca, Federico se reservaba un papel: el de la Sombra en La vida es sueño, el auto sacramental de Calderón, que interpretaba cubierto de velos negros. Desde ese fotograma, el poeta nos mira… pero no escuchamos su voz.

El registro que falta

No hay voz para Federico. No tenemos registro sonoro de la voz de Federico García Lorca. El Archivo de la Palabra, la primera fonoteca institucional de España, grabó a Juan Ramón Jiménez, a Azorín, a Unamuno; pero no a Lorca. Se quedó dormido el día de la cita, según ha contado siempre su familia.

Quedan las conjeturas, como la de El enigma Lorca. En ese documental sonoro, Benjamín Amo aplicó inteligencia artificial a la “Nana de Sevilla” de 1931, donde La Argentinita canta y Federico toca el piano. Bajo la voz de ella asegura haber aislado un hilo de voz casi imperceptible que atribuye a Federico.

Otras hipótesis apuntan a Buenos Aires. En su viaje de 1933, Lorca habló ante los micrófonos de Radio Stentor, la emisora del hotel donde se alojaba. La grabación nunca apareció. En 2002, el periodista granadino Juan Luis Tapia rastreó esa voz perdida hasta DiFilm, un archivo sonoro privado de Buenos Aires: entre sus centenares de bobinas figuraría una rotulada “Con ustedes el poeta español Federico García Lorca”. Los registros, atribuidos a Radio Splendid y Radio Prieto, siguen sin restaurarla ni autentificarla.

La voz sobrepasa la palabra

La oralidad es fundamental en toda la obra de Lorca. En la España de 1930, con un tercio de la población sin saber leer, Federico comprendió que la letra impresa no bastaba: hizo de la literatura oral una forma viva de compartir su arte.

Un chico joven mira a cámara de espaldas a un piano en el que apoya el codo.
Federico García Lorca al piano en Granada, 1919.
Colección Fundación Federico García Lorca.

Fue el poeta de su generación que más habló en público. Pronunció conferencias de Granada a Buenos Aires y presumía, hiperbólico, de haber oído cerca de mil en la Residencia de Estudiantes. Era el mismo Lorca que rastreó con Manuel de Falla a los viejos cantaores en el Concurso de Cante Jondo de 1922. El Lorca que recogió y armonizó las canciones populares y dedicó a las nanas una conferencia entera: “Las nanas infantiles” (1928). El Lorca a quien las criadas de su casa, Dolores la Colorina y Anilla la Juanera, enseñaron los romances y coplas de la Vega de Granada de los que nacería el Romancero gitano. El Lorca pendiente de la prensa y de lo que se escuchaba en la calle, que leyó en el periódico el crimen de Níjar y lo convirtió en tragedia con Bodas de sangre.

El Lorca de La Barraca, que en 1936 definiría el teatro como “la poesía que se levanta del libro y se hace humana”, y que llevó a Lope y a Calderón a las plazas de los pueblos.

¿Para qué la voz de Federico?

¿Para qué queremos la voz de Federico? Jorge Guillén contaba que una tarde de primavera, en el Alcázar de Sevilla, le oyó leer el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” y sintió las partes del poema matizadas como en una composición sinfónica.

La escena la recogió Tomás Navarro Tomás, el fonetista que dirigió aquel Archivo de la Palabra, en su ensayo La intuición rítmica de Federico García Lorca. En la poesía española, explicaba, el ritmo del verso “no es diferente del de la música o del canto”, y en Lorca eso se oía al recitar. Era, decía, un “poeta oral”.

La página guarda las palabras pero no cómo sonaban. Quienes estudian las grabaciones de los poetas miden todo lo que la voz añade y el texto nunca fija –las pausas, el énfasis, la entonación–. La voz no encierra el sentido del poema: le presta una manera de sonar entre muchas.

Formas de buscar la voz de Federico

Un refugio posible es escuchar su voz en las descripciones de sus coetáneos. Luis Rosales recordaba una voz poderosa y grave, bien timbrada, líquida pero ancha. El periodista Pablo Suero lo oyó hablar deprisa, comiéndose las sílabas, con una risa un poco ronca al rematar. El italiano Indro Montanelli retuvo la mirada, la risa de niño y una voz baritonal y cálida, con eco de cante jondo. Su hermano Francisco la matizaba: tono medio, tirando a grave, no muy timbrada. En la pronunciación le reconocía el habla de la Vega, suavizada por el granadino de ciudad.

Para el pintor José Moreno Villa era carrasposa, llena de afonías, aunque emotiva. Dámaso Alonso se quedó con las carcajadas, sonoras, capaces de contagiar al más melancólico. Ramón Gómez de la Serna ponía el secreto en las manos, según contó Francisco. Al hablar, atrapaban cada palabra y la modulaban. Su biógrafo Ian Gibson describe una modulación granadina, de vocales muy abiertas.

Otros han buscado su voz a través de la inteligencia artificial, con suerte desigual. En 2020, un deepfake animó el rostro de Federico sobre la lectura que el actor Carmelo Gómez grabó para la RAE; la voz que se oye es la de Gómez.

Federico no tenía esa voz, es la de Carmelo Gómez.

En 2025, la Universidad de Granada presentó una voz sintética del poeta, construida a partir de las grabaciones de su hermano Francisco. La crónica de la presentación llamó al experimento “un ejercicio de pura imaginación”. Ninguna de las dos es la voz de Federico.

Quizá la tarea de la máquina tenga que ser otra: buscarla. La inteligencia artificial podría ayudar a catalogar fondos enteros de archivo, empezando por aquellas cintas de Buenos Aires que siguen sin restaurar.

Lorca y los ruiseñores

Federico dejó en un verso la pista de dónde buscar su voz: “¡Sé ruiseñor!, dice una voz perdida en la muerta distancia”. Era su jondo deseo de que la poesía fuera canto.

Acaso una forma de encontrar la voz de Lorca sea escuchar las voces que cantan por Federico. Muchas de ellas suenan en Granada: del colectivo Manifiesto Canción del Sur salieron Carlos Cano, que musicó el Diván del Tamarit, y Raúl Alcover, que le ha dedicado su grandísimo disco La voz de Federico; Enrique Morente levantó buena parte de su Omega (1996) sobre sus poemas, junto a Lagartija Nick; Manuel Mateo lleva a escena, en La maleta de Federico, las canciones populares que Lorca aprendió y cantaba; y La Plazuela baila su “Mi Tarara” en electro-flamenco.

No podemos olvidar a Manzanita, Camarón o Chico Buarque, el piano de Ben Sidran en la Huerta de San Vicente o los dos soberbios discos de Lorquiana, de Ana Belén.

Este agosto se cumplen noventa años del asesinato. Para no morir del todo, tal vez Federico se repartió en todas esas voces que le cantan.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Buscando la voz de Federico García Lorca – https://theconversation.com/buscando-la-voz-de-federico-garcia-lorca-282818

Las resurrecciones de Federico García Lorca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Isabel Calle Romero, Profesora de Literatura Española e Hispanoamericana, Universitat Rovira i Virgili

Mural urbano dedicado a Federico García Lorca en una fachada de edificio en Nueva York. Andres Garcia Martin/Shutterstock

Federico García Lorca continúa generando nuevas lecturas casi noventa años después de su asesinato. Así lo demuestran la exposición organizada a partir de nuevos documentos del archivo de la Fundación Federico García Lorca; las imágenes inéditas difundidas por RTVE; la publicación del epistolario No te olvides de escribir. La familia García Lorca en sus cartas, editado por Víctor Fernández, y la película premiada en Cannes La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi.

La explicación no reside únicamente en la extraordinaria calidad de su obra. Lorca pertenece al canon, sí, pero también al imaginario colectivo. Su figura ha experimentado un proceso constante de resemantización: cada época ha seleccionado un Lorca diferente y lo ha incorporado a su propia idiosincrasia.

El primer Lorca: construcción de una leyenda

Un hombre sentado delante de un monumento en una fotografía en blanco y negro.
Federico García Lorca en la Universidad de Columbia, en Nueva York, en 1929.
Colección Fundación Federico García Lorca

El mito no nació en 1936. Cuando fue asesinado, Lorca ya era una celebridad. El éxito del Romancero gitano, sus obras teatrales, La Barraca y su extraordinaria capacidad como comunicador habían creado alrededor del escritor una poderosa imagen pública. El propio poeta contribuyó a su “mitologización biográfica”. Su carácter, sus recitales, sus interpretaciones al piano y los testimonios de amigos como Cernuda, Buñuel, Dalí o Alberti contribuyeron a proyectar la imagen de un artista magnético.

Pero Lorca participó también conscientemente en esa autofiguración, creando su propia “aura o máscara legendaria”. A ella se superpusieron pronto otras imágenes: el Lorca del folclore y el duende, el “icono andaluz”, el poeta identificado con una determinada idea de España y, gracias a sus viajes y vínculos americanos, una figura de dimensión panhispánica. Su faceta musical resulta especialmente reveladora: había estudiado piano y recopiló y armonizó canciones tradicionales que en 1931 grabó en 1931 con La Argentinita. Esa dimensión musical tendría después una importancia inesperada en la pervivencia de su figura.

El segundo Lorca: del asesinato al símbolo

Su fusilamiento en agosto de 1936 convirtió la fama en leyenda. Lorca pasó a encarnar al intelectual víctima de la Guerra Civil y, fuera de España, exiliados, hispanistas y compañías teatrales mantuvieron viva su obra. Su teatro recorrió escenarios hispanoamericanos, franceses y británicos mientras dentro del país permanecía mudo.

En la década de 1960 este silencio comenzó a resquebrajarse: volvieron a los escenarios españoles Yerma y La zapatera prodigiosa; en 1962, Bodas de sangre, y, en 1964, La casa de Bernarda Alba. Era el comienzo de una recuperación que también parecía un intento de convertir a Lorca en elemento cohesionador de las “dos Españas”. La música participó de ese proceso. En 1964, Los Pekenikes llevaron al lenguaje del pop “Los cuatro muleros”, una canción tradicional que Lorca había recogido y armonizado décadas antes.

Y llegó 1966. El 6 de noviembre, el periódico ABC publicó un número homenaje en el que participaron, entre otros, José María Pemán, Edgar Neville, José Luis Cano, Gregorio Prieto, Guillermo Díaz-Plaja y un joven Ian Gibson.

Dentro del país comenzaba una particular recuperación. Edgar Neville definió la obra lorquiana –no la figura– como un “bien nacional”, situándolo por encima de partidos y disensiones. Un intento de incorporar a Lorca al patrimonio literario español mediante un discurso conciliador, algo que estudios posteriores han interpretado como una despolitización de su muerte. Los años sesenta muestran el comienzo de su recuperación pública y de su integración en el canon literario dentro de la propia España franquista.

El tercer Lorca: la consagración de un mito

La democracia permitió completar esa recuperación. Tras la muerte de Franco, el mito adquirió una dimensión abiertamente reivindicativa. El 5 de junio de 1976, entre 6 000 y 10 000 personas se reunieron en Fuente Vaqueros en el primer gran homenaje popular a Lorca, conocido como El cinco a las cinco. Organizado por la Comisión de los 33 –con la presencia de una sola mujer, la escritora e investigadora Antonina Rodrigo–, el acto fue autorizado con fuertes restricciones y limitado inicialmente a treinta minutos. Reivindicar a Lorca significaba entonces algo más que recuperar a un escritor: su figura se convirtió en emblema de las libertades democráticas y de la memoria de quienes habían sido silenciados por la dictadura.

El gran momento llegó en 1986, cincuenta años después de su asesinato. El cincuentenario produjo exposiciones, congresos, publicaciones, recitales y espectáculos dentro y fuera de España y, el 29 de julio, abre al público, por primera vez, la Casa Natal de Federico García Lorca en Fuente Vaqueros.

El teatro volvió a resultar decisivo. Núria Espert recuperó en Madrid la Yerma que Víctor García había dirigido quince años antes; Lluís Pasqual estrenó Los caminos de Federico en el María Guerrero; y 5 Lorcas 5 reunió montajes de cinco directores. En Londres, Glenda Jackson interpretó a Bernarda Alba bajo la dirección de Espert. Y El público, la obra más rupturista de Lorca, se estrenó con lleno absoluto en el Piccolo Teatro de Milán antes de llegar triunfalmente a Madrid. 1986 supone el pleno reconocimiento de Lorca como clásico y la consolidación definitiva del mito.

De poeta español a icono universal

La internacionalización añadió nuevas capas. Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba forman parte del repertorio teatral mundial, mientras Poeta en Nueva York continúa traduciéndose y reinterpretándose.

También la música amplificó esa universalidad. Lorca está presente en artistas tan distintos como Camarón o el punk británico: The Clash evocó al poeta asesinado en “Spanish Bombs”, y Leonard Cohen, convirtió “Pequeño vals vienés” en “Take This Waltz” (1988). Más adelante, proyectos como De Granada a la Luna reunieron a músicos como Enrique Morente, Santiago Auserón, María del Mar Bonet o Amancio Prada en nuevas recreaciones del universo lorquiano.

A ello se han añadido las lecturas queer, especialmente relevantes en el ámbito anglosajón, que han recuperado el deseo y la homosexualidad como dimensiones sustanciales para comprender tanto determinados textos como la propia construcción cultural de la figura de Lorca.

Pero toda mitificación genera también su reverso. Junto a la reivindicación aparecieron voces disidentes que separan al hombre del símbolo. Investigaciones sobre su asesinato y libros como El caso Lorca, de Manuel Ayllón, muestran las tensiones que produce una biografía convertida en relato colectivo.

Ayllón cuestiona algunos relatos establecidos y sostiene que los restos del poeta pudieron ser exhumados y trasladados hasta Láchar. Su propuesta, basada en archivos y testimonios, pero formulada en un libro que combina novela, reportaje y ensayo, ha resultado controvertida: el propio autor advierte que “no es un ensayo histórico”, sino “el desarrollo de una conjetura”.

Siglo XXI: la voz que no se apaga

Aunque no conservamos ninguna grabación de la voz de Federico García Lorca, pocas voces siguen gritando más que la suya.

Los nuevos documentos del archivo, el epistolario familiar, las imágenes recuperadas por Manuel Menchón o una película como La bola negra no sustituyen al Lorca anterior: añaden nuevas capas. Nos permiten pasar del mártir al hombre, del icono al escritor y del personaje público a su intimidad y su deseo.

Los clásicos ingresan en el canon, solo algunos se convierten además en símbolos cuya interpretación permanece abierta. Lorca pertenece a esa categoría excepcional.


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The Conversation

María Isabel Calle Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las resurrecciones de Federico García Lorca – https://theconversation.com/las-resurrecciones-de-federico-garcia-lorca-287921

Termites, abeilles, fourmis… comment les insectes sociaux « climatisent » leurs nids

Source: The Conversation – France in French (2) – By Romain Garrouste, Chercheur à l’Institut de systématique, évolution, biodiversité (ISYEB), Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)


L’ESSENTIEL

  • Architecture, battement d’ailes, déplacements des individus les plus fragiles… les insectes sociaux, tels que les termites, les abeilles et les fourmis, adoptent diverses stratégies pour limiter la surchauffe de leurs nids lors des épisodes de surchauffes extrêmes.

  • La ventilation naturelle à l’œuvre dans les termitières est souvent mentionnée comme source d’inspiration dans la conception de bâtiments mieux adaptés au changement climatique.

  • En réalité, c’est moins la forme architecturale des termitières que nous devrions imiter que la façon dont les insectes tirent parti des conditions climatiques extérieures.


Lorsque la température extérieure dépasse 35 ou 40 °C, nous cherchons l’ombre, ouvrons les fenêtres pour ventiler ou mettons en marche ventilateurs et climatiseurs. Les insectes, dont la température corporelle dépend de celle de leur environnement, ne disposent évidemment d’aucune de ces technologies.

L’auteur sur un nid de termites « magnétiques » (Amitermes meridionalis) en Australie, Northern Territory. L’espèce A. meridionalis construit son nid de façon à minimiser l’exposition au soleil.
Fourni par l’auteur

Pourtant, certaines espèces maintiennent dans leur nid des conditions beaucoup plus stables que celles qui règnent à l’extérieur et s’adaptent aux variations climatiques saisonnières, notamment sous les tropiques. Cette maîtrise est particulièrement spectaculaire chez les termites, les fourmis, les abeilles et certaines guêpes sociales. Le nid n’est pas seulement un abri contre les prédateurs ou les intempéries : il constitue une structure collective qui agit sur la température, l’humidité et la composition de l’air à l’intérieur.

Dans la colonie, les insectes construisent un véritable microclimat protégeant la reine, les ouvrières/ouvriers, les œufs et les larves, les réserves alimentaires (comme le miel), mais aussi, chez certaines espèces de termites ou de fourmis, les champignons cultivés à l’intérieur de la colonie. Cette « climatisation » naturelle associe l’architecture du nid aux comportements coordonnés de centaines, de milliers, voire de millions d’individus.

Le défi thermique des sociétés d’insectes

Contrairement aux oiseaux et aux mammifères, les insectes sont ectothermes, c’est-à-dire qu’ils ne peuvent pas maintenir individuellement une température interne constante. Leur activité, leur développement et leur survie sont donc étroitement liés aux conditions extérieures.

Une chaleur excessive augmente leurs pertes en eau et peut perturber le fonctionnement de certaines protéines, des membranes cellulaires et du système nerveux. Les œufs, les larves et les nymphes, incapables de se déplacer librement, sont particulièrement vulnérables. Chez les insectes sociaux, cette difficulté est accentuée par la concentration d’un grand nombre d’individus dans un espace fermé. Leur respiration consomme de l’oxygène et produit de la chaleur, du dioxyde de carbone et de la vapeur d’eau.

La colonie doit donc résoudre plusieurs problèmes simultanément : évacuer l’excès de chaleur, renouveler l’air, conserver suffisamment d’humidité et empêcher le dessèchement des jeunes, tout en se protégeant de l’extérieur, maintenir un accès vers l’extérieur pour se nourrir. Chez les termites et les fourmis qui cultivent des champignons, elle doit également maintenir les conditions nécessaires au développement de leur partenaire symbiotique.




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La termitière, une architecture complexe et respirante

Les grandes termitières d’Afrique, d’Asie ou d’Australie, totalement ou partiellement souterraines, sont souvent présentées comme des systèmes de climatisation naturelle. L’image est séduisante, mais doit être nuancée : toutes les termitières ne fonctionnent pas selon le même principe. Leur architecture et leur ventilation varient selon les espèces, la nature du sol et le climat.

Éléments structurels d’une termitière de Macrotermes michaelseni.
Scott Turner

Chez Macrotermes michaelseni, un termite africain qui cultive des champignons du genre Termitomyces, le nid souterrain est associé à un monticule parcouru par un réseau complexe de conduits.

La colonie et le champignon produisent continuellement de la chaleur et du dioxyde de carbone. Les échanges gazeux sont notamment favorisés par les variations de température entre la périphérie et le centre de la termitière.

Une étude sur cette espèce, réalisée en Namibie, a montré que les oscillations thermiques quotidiennes provoquent une inversion régulière des courants d’air. Pendant la journée, la périphérie du monticule se réchauffe plus vite que son centre ; la nuit, elle se refroidit également plus rapidement. Ces différences de température et de densité de l’air alimentent une circulation cyclique qui contribue à évacuer le dioxyde de carbone et l’excédent de chaleur accumulé dans le nid.

La termitière n’impose donc pas nécessairement une température parfaitement constante. Elle tire parti de l’alternance entre le jour et la nuit comme moteur d’une ventilation passive. Le vent peut aussi créer des différences de pression entre plusieurs parties du monticule et favoriser les échanges d’air à travers les ouvertures et les parois poreuses.




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Des termitières poreuses et autoréparatrices

Chez le termite asiatique Odontotermes obesus, également cultivateur de champignons, la termitière possède une organisation en deux couches.

Termitière d’Odontotermes obesus.
Daniel Arias-Cruzatty, CC BY-NC

Son cœur est relativement dense et résistant tandis que sa périphérie est plus poreuse et plus perméable à l’air. Cette disposition concilie deux contraintes apparemment opposées : construire un édifice mécaniquement stable tout en permettant sa ventilation.

Les pores et les capillaires de la paroi contribuent aussi à retenir l’eau. L’intérieur des termitières peut ainsi conserver une humidité très élevée, indispensable aux termites comme à leurs jardins fongiques, tout en maintenant des températures plus modérées que celles de la surface.

Ces propriétés ne résultent pas seulement de la forme générale du monticule. Elles dépendent de la taille des particules de terre, de la porosité, de l’épaisseur des parois et de la manière dont les ouvriers mélangent le sol avec de l’eau et des sécrétions.




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À noter aussi qu’une termitière n’est jamais achevée. Les ouvriers construisent, bouchent ou rouvrent des galeries en fonction des courants d’air, de l’humidité et des concentrations en gaz qu’ils rencontrent. On s’en aperçoit en égratignant l’édifice pour vérifier s’il est habité : en général, les soldats sortent les premiers pour sécuriser le périmètre agressé, les ouvriers suivent pour colmater la brèche, en quelques minutes selon son ampleur. Aucun termite ne possède pourtant un plan général de l’édifice.

La construction repose sur la stigmergie : le résultat d’une première action devient le signal qui déclenche les suivantes. Une accumulation de terre, une irrégularité de la paroi ou un courant d’air modifié incitent d’autres ouvriers à déposer de nouveaux matériaux au même endroit. De même qu’un organisme utilise ses organes pour réguler son milieu intérieur, la société de termites régule son environnement grâce aux parois, aux galeries et à l’activité coordonnée de ses membres.

Les abeilles battent des ailes pour ventiler la ruche

L’abeille domestique, Apis mellifera, emploie une stratégie beaucoup plus active. Pour que le couvain se développe normalement, la zone centrale de la colonie est généralement maintenue dans une plage thermique étroite, entre 33 à 36 °C.

Lorsque la ruche chauffe, certaines ouvrières se placent près de son entrée et battent rapidement des ailes. Elles créent ainsi un courant d’air qui renouvelle l’atmosphère du nid et évacue une partie de la chaleur et du dioxyde de carbone.

« L’incroyable résilience des abeilles face à la chaleur », France 3, diffusé le 21 juillet 2025.

L’organisation spatiale des ventileuses est collective :

  • celles-ci se répartissent autour des ouvertures et orientent leur corps de manière à produire un flux d’air cohérent ;

  • d’autres abeilles collectent de l’eau, qu’elles distribuent sous forme de fines gouttelettes sur les rayons ou dans les cellules. L’évaporation de cette eau absorbe de l’énergie et refroidit l’intérieur de la ruche selon un principe comparable à celui de la transpiration.

  • Lors des épisodes très chauds, une partie des ouvrières peut également quitter temporairement l’intérieur et former une « barbe » d’abeilles à l’extérieur. Cette évacuation réduit la densité d’individus et la production de chaleur dans le nid.

Des expériences récentes montrent cependant que ces mécanismes ont des limites : lorsque la température extérieure augmente fortement, toutes les zones de la ruche peuvent s’approcher de 40 °C, malgré l’intensification de la ventilation et de la collecte d’eau.




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Plutôt que de refroidir tout le nid, les fourmis déplacent leur couvain

Les fourmis exploitent souvent les différences de température entre les différentes chambres de la fourmilière. Plus celles-ci sont proches du sol, plus les variations thermiques quotidiennes sont atténuées. Les ouvrières peuvent donc transporter les œufs, les larves et les nymphes vers les secteurs offrant les conditions les plus favorables. Chez la fourmi Camponotus rufipes, par exemple, les ouvrières chargées du couvain détectent l’élévation des températures et déplacent les jeunes vers des chambres plus fraîches.

Les fourmis champignonnistes doivent aussi protéger le champignon dont elles se nourrissent. Chez Acromyrmex heyeri, les ouvrières déplacent le couvain et les jardins fongiques le long des gradients thermiques pour les placer dans la gamme de température la plus favorable à la croissance du champignon. Chez Atta sexdens rubropilosa, elles recherchent également les zones les plus humides.

Plutôt que de maintenir toutes les chambres à une température uniforme, ces fourmis exploitent ainsi l’hétérogénéité du nid. Le contrôle thermique repose sur la mobilité : les individus, le couvain et les cultures fongiques sont transportés vers le microclimat approprié.

Des climatiseurs naturels, mais pas infaillibles : les limites de la bio-inspiration

Les insectes sociaux nous montrent ainsi qu’un habitat peut être conçu non comme une enceinte isolée du climat, mais comme une interface dynamique utilisant l’air, l’eau, le sol et leurs variations thermiques pour limiter la surchauffe. Pourrait-on s’inspirer des fourmilières, ruches et autres termitières ?

Les termitières, par exemple, sont régulièrement citées comme modèles pour concevoir des bâtiments nécessitant moins de climatisation mécanique. Leur ventilation passive, leur inertie thermique, leur porosité et la façon dont elles tirent parti des variations circadiennes offrent effectivement des pistes pour l’architecture biomimétique.

Mais une termitière n’est pas un immeuble miniature. Sa structure fonctionne parce qu’elle est en permanence réparée et modifiée par ses habitants. Copier sa seule architecture ne suffit donc pas à reproduire son fonctionnement. De plus, une ventilation fondée sur l’alternance thermique entre le jour et la nuit perd en efficacité lorsque les nuits restent très chaudes. Le refroidissement par évaporation devient plus difficile en période de sécheresse, tandis que les déplacements vers les profondeurs sont limités par l’oxygène disponible, l’humidité du sol et l’accumulation de dioxyde de carbone.

L’intensification des canicules pourrait pousser ces systèmes, perfectionnés par des millions d’années d’évolution, au-delà des conditions dans lesquelles ils peuvent encore protéger efficacement leurs habitants. Lorsque les températures extrêmes se prolongent et que les nuits restent chaudes, même des architectures sélectionnées pendant des millions d’années ou des millénaires d’adaptations traditionnelles peuvent atteindre leurs limites.

La principale leçon offerte par les insectes sociaux est peut-être moins une forme architecturale à répliquer de façon précise qu’un principe : au lieu de lutter contre les variations du climat extérieur par des moyens purement technologiques tels que la climatisation, leurs constructions utilisent les conditions climatiques. Vent, alternance entre le jour et la nuit, inertie du sol, circulation de l’eau et évaporation deviennent les leviers d’un système de régulation low-tech.

C’est peut-être ce principe dont il nous faut, aussi et surtout, nous inspirer dans toutes les étapes de la transition écologique pour lutter contre le réchauffement climatique.

The Conversation

Romain Garrouste a reçu des financements du MNHN, CNRS, Sorbonne Université et Alliance Sorbonne Université, ANR, MRES, METE, MRAE, IPEV, LABEX BCDiv et CEBA, MITI CNRS, National Geographic, WWF ; Romain Garrouste est membre de la Société des Explorateurs Français (SEF).

– ref. Termites, abeilles, fourmis… comment les insectes sociaux « climatisent » leurs nids – https://theconversation.com/termites-abeilles-fourmis-comment-les-insectes-sociaux-climatisent-leurs-nids-289728

Objets connectés de santé : Pourquoi les soignants ne les adoptent-ils pas tous de la même manière ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Julian RIOCHE, Docteur en sciences économiques, spécialiste de la santé numérique et en adoption des technologies, Université d’Angers

Montres, capteurs, tensiomètres ou glucomètres connectés promettent de mieux suivre les patients et de soulager l’organisation des soins sous tension. Pourtant, leur adoption ne dépend pas uniquement de leurs performances techniques. Une enquête menée auprès de 300 professionnels de santé révèle que le rapport des praticiens au risque, au temps, à la coopération et à la confiance dans les données joue un rôle tout aussi déterminant.


Dans un système de santé sous pression, la promesse des objets connectés paraît évidente : mieux suivre les patients, gagner du temps, repérer plus tôt une dégradation de l’état de santé, alléger certaines tâches répétitives. La France encourage cette transformation avec sa feuille de route du numérique en santé tandis que l’Organisation mondiale de la santé (OMS) l’inscrit dans une stratégie mondiale.

Pourtant, un outil ne devient pas automatiquement un outil utilisé. Pourquoi certains professionnels l’adoptent-ils sans difficulté, alors que d’autres restent prudents, hésitants, voire méfiants ?

Le même outil, mais pas le même regard

Imaginons deux infirmiers, un même service, un même objet connecté. Pour le premier, c’est un outil qui facilite le suivi d’un patient chronique et l’accès à une information utile. Pour le second, c’est avant tout une source de surveillance supplémentaire, un risque d’erreur et une menace pour la confidentialité des données. Ce n’est pas une question de rationalité. Chacun porte un regard différent sur le même outil, façonné par son expérience, ses contraintes et ses attentes.




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Les recherches sur l’acceptation des technologies, notamment le modèle UTAUT2, développé pour expliquer l’adoption des technologies dans différents contextes, montrent qu’une innovation ne s’impose pas par sa seule existence. Son adoption dépend de l’utilité perçue, de sa facilité d’utilisation, de l’accompagnement des utilisateurs et du contexte professionnel dans lequel elle est introduite.

En santé, cette équation devient encore plus complexe. Les soignants travaillent dans l’urgence, prennent des décisions ayant des conséquences réelles et manipulent des données sensibles. Un objet connecté de santé n’est donc jamais seulement un simple objet technique. Il modifie une manière de travailler, de transmettre une information et de faire confiance à une mesure.

Trois dimensions comportementales, quatre enseignements

Pour comprendre ces écarts, nous avons mené une enquête en ligne auprès de 300 professionnels de santé en France, dont 83 aides-soignants, 204 infirmiers et 13 médecins. Il ne s’agissait pas de savoir si les professionnels étaient « pour » ou « contre » les objets connectés de santé, mais de comprendre comment ils arbitrent entre les bénéfices attendus, les risques perçus, le temps nécessaire à la prise en main de l’outil et les conditions concrètes de son utilisation.

Notre étude s’est intéressée à trois dimensions comportementales qui interviennent dans les décisions d’adoption :

  • le rapport au risque ;
  • le rapport au temps ;
  • la propension à coopérer.

Loin d’être abstraites, elles influencent très concrètement les décisions prises dans les services de soins. Face à une innovation, les professionnels évaluent non seulement les bénéfices attendus et les risques perçus, mais aussi le temps dont ils disposent et les incertitudes qu’ils sont prêts à accepter. Les travaux sur la théorie des perspectives et la rationalité limitée permettent précisément d’éclairer ces arbitrages sous contrainte.

Autrement dit, adopter un objet connecté ne consiste pas uniquement à apprendre à utiliser un nouvel outil numérique. C’est aussi accepter qu’une donnée circule, qu’une alerte soit interprétée, qu’une responsabilité soit partagée et qu’une partie du travail s’organise autrement.

Des outils d’appui pour les professionnels de santé

Premier constat, les professionnels interrogés ne rejettent pas les objets connectés de santé par principe. Beaucoup leur reconnaissent un intérêt pour le suivi des maladies chroniques, la surveillance de l’état de santé ou l’accompagnement des patients. Ils les perçoivent davantage comme des outils d’appui que comme des technologies destinées à remplacer le travail humain.

Mais cette adhésion reste conditionnelle. Dans notre enquête, l’adoption augmente surtout lorsque le dispositif est perçu comme réellement utile dans le travail quotidien. Les deux principaux facteurs associés à cette perception sont la capacité du dispositif à améliorer le suivi des patients et à réduire la charge de travail quotidienne.

Le vocabulaire de l’innovation ne suffit donc pas. Dire qu’un outil est « intelligent », « connecté » ou « innovant » ne convainc pas nécessairement un professionnel de santé. La vraie question est plus simple. Qu’est-ce que cet outil change concrètement dans ma journée de travail, pour moi, pour mon équipe et pour le patient ? Cette idée rejoint les travaux sur l’adoption de la m-santé (ou santé mobile, de l’anglais mHealth) par les professionnels, qui soulignent le rôle des bénéfices cliniques, de l’intégration dans les routines et de l’accompagnement organisationnel.

La prudence n’est pas un refus

Deuxième constat, le rapport au risque compte. Dans notre enquête, environ la moitié des répondants choisissent majoritairement les options les plus sûres dans des scénarios de décision. Ce résultat ne traduit pas un rejet de la technologie, mais une gestion prudente des risques inhérents à l’activité de soin. En santé, la prudence est souvent une forme de professionnalisme. Une mesure erronée, une alerte mal comprise ou une donnée mal protégée peuvent entraîner des conséquences réelles.

Pour un soignant, la confiance ne se décrète pas. Elle se construit. Qui peut consulter les données ? Où sont-elles stockées ? Qui est responsable en cas d’erreur ? Que se passe-t-il si le dispositif dysfonctionne ?

Ces questions sont d’autant plus importantes que les données de santé sont particulièrement sensibles et que les objets connectés doivent être sécurisés. La sécurité, la confidentialité et la transparence font donc partie des conditions mêmes de l’acceptabilité.

Le temps compte aussi

Troisième constat, le temps joue un rôle important. Près de la moitié des répondants privilégient systématiquement un gain immédiat plutôt qu’un gain plus élevé mais différé dans les scénarios proposés. Dans les organisations de santé, les coûts d’une innovation sont souvent immédiats. Apprendre l’outil, modifier une habitude, gérer les bugs, comprendre les alertes ou adapter les transmissions. Les bénéfices, eux, sont parfois annoncés pour plus tard.

Pour favoriser l’adoption, les bénéfices doivent donc être perceptibles dès les premiers usages. Moins de doubles saisies, une alerte plus claire, une information disponible au bon moment, une tâche répétitive évitée. Un objet connecté adopté n’est pas seulement un objet performant. C’est un objet dont l’utilité se voit dans le travail réel.

Une affaire d’équipe

Enfin, quatrième constat, les professionnels présentant les comportements les plus coopératifs perçoivent plus favorablement l’impact organisationnel des objets connectés de santé. Un objet connecté n’arrive jamais seul dans un service. Il arrive dans une équipe, avec ses habitudes, ses contraintes, ses tensions et ses manières de transmettre l’information. S’il est imposé sans discussion, il peut être vécu comme une contrainte. S’il est présenté, testé et discuté avec les équipes, il peut devenir un support de coordination.

Ce résultat rejoint des travaux récents sur les liens entre confiance, coopération et décisions de santé. Il rappelle qu’une innovation ne fonctionne pas seulement parce qu’elle est techniquement solide. Elle fonctionne lorsqu’elle peut être comprise, appropriée et intégrée dans un collectif de travail.

France Télévisions, 2026.

Une opposition artificielle et insuffisante

Le débat public oppose trop souvent les soignants « technophiles » aux soignants « technophobes ». Cette grille de lecture est insuffisante. Les professionnels ne se contentent pas d’aimer ou de refuser la technologie. Ils évaluent. Ils comparent. Ils arbitrent.

Pour les établissements de santé, la leçon est claire. Il ne suffit pas d’acheter ou de déployer des objets connectés. Il faut montrer leur utilité dans le travail réel, prévoir des formations courtes, clarifier les responsabilités, sécuriser les données et associer les équipes avant que les usages ne soient figés.

Pour les industriels, le message est tout aussi direct. Une interface élégante ou une promesse de performance ne suffisent pas. Les professionnels attendent des dispositifs fiables, compréhensibles, transparents et compatibles avec les contraintes du soin.

La santé numérique réussira moins parce que les technologies existent que parce que les professionnels pourront les comprendre, les discuter, les tester et leur faire confiance. Cette réalité est sans doute moins spectaculaire que les innovations technologiques elles-mêmes, mais elle constitue probablement la véritable condition de leur réussite.

L’innovation utile ne commence pas avec le capteur, mais avec les conditions qui permettent aux professionnels de lui faire confiance et de l’intégrer dans leur pratique quotidienne.

The Conversation

Cet article s’inscrit dans le prolongement d’une thèse de doctorat réalisée dans le cadre d’une convention CIFRE, cofinancée par l’ANRT, en partenariat avec Inetum et l’Université d’Angers.

– ref. Objets connectés de santé : Pourquoi les soignants ne les adoptent-ils pas tous de la même manière ? – https://theconversation.com/objets-connectes-de-sante-pourquoi-les-soignants-ne-les-adoptent-ils-pas-tous-de-la-meme-maniere-286199

Russie : les étudiants étrangers au cœur d’une nouvelle stratégie internationale

Source: The Conversation – in French – By Alessia Lefébure, Sociologue, membre de l’UMR Arènes (CNRS, EHESP), École des hautes études en santé publique (EHESP)

Document de certificat d’établissement d’enseignement supérieur ou secondaire spécialisé (inscription « carte d’étudiant », en russe). La Russie accueille des centaines de milliers d’étudiants étrangers. Kittyfly/Shutterstock (no reuse)

L’ESSENTIEL

  • Alors que les universités russes sont coupées de leurs anciens partenaires occidentaux depuis l’invasion de l’Ukraine, Vladimir Poutine vise l’accueil de 500 000 étudiants étrangers d’ici à 2030.

  • En matière d’attraction d’étudiants internationaux, la Russie se tourne résolument vers l’Asie, l’Afrique et le Moyen-Orient, à l’image de la réorientation de sa politique étrangère.

  • Pour Moscou, les universités ne sont donc plus seulement des outils de soft power. Elles deviennent des instruments de résilience stratégique, permettant de préserver des réseaux scientifiques, des mobilités et des partenariats internationaux.


Alors que les universités russes semblent isolées depuis l’invasion de l’Ukraine, Vladimir Poutine réaffirme son ambition d’accueillir 500 000 étudiants étrangers d’ici à 2030 contre environ 400 000 aujourd’hui, un cap déjà fixé par son gouvernement en 2024. Pour y parvenir, les autorités prévoient de maintenir environ 30 000 bourses publiques destinées aux étudiants internationaux chaque année, tout en simplifiant les procédures d’admission. La priorité est désormais de renforcer les partenariats avec des pays « au-delà de l’Occident », notamment en Asie.

Cette annonce, passée inaperçue en Europe, dépasse pourtant le seul cas russe. Elle invite à regarder autrement les politiques d’enseignement supérieur et de recherche. Loin d’être de simples politiques sectorielles, elles s’affirment comme des leviers de stratégie internationale des États. Mais tous ne les mobilisent pas selon les mêmes logiques.

L’appel à la mobilité internationale peut sembler contre-intuitif dans le contexte actuel. Depuis l’invasion de l’Ukraine, les universités russes ont été confrontées au gel d’une grande partie de leurs coopérations avec les établissements européens et nord-américains. À la suite de l’invasion de l’Ukraine, la Russie a vu ses droits de participation au processus de Bologne suspendus en avril 2022 avant d’engager l’abandon de ce cadre de coopération universitaire européenne. Depuis, de nombreux doubles diplômes ont été interrompus et les sanctions limitent les échanges scientifiques. Pourquoi, dans ce contexte, faire de l’accueil d’étudiants étrangers une priorité ?

L’objectif réaffirmé par Vladimir Poutine n’est pas une rupture, mais l’évolution d’une stratégie plus ancienne.

Une longue tradition de politique universitaire internationale

Les grandes puissances mobilisent depuis longtemps leurs universités pour attirer des étudiants, diffuser leurs modèles universitaires, leurs standards académiques et, plus largement, exercer une influence durable auprès des élites étrangères.

La Russie appartient pleinement à cette histoire. Héritière de l’Union soviétique, elle a longtemps mobilisé l’enseignement supérieur, la recherche et la formation des élites comme instruments de sa politique extérieure. Les bourses accordées à des étudiants étrangers, la formation de hauts fonctionnaires, d’ingénieurs et de scientifiques, mais aussi la diffusion du modèle universitaire et scientifique soviétique participaient pleinement de cette stratégie.

Les travaux d’Anne de Tinguy sur la politique étrangère russe permettent de replacer cette politique dans une perspective historique plus large. Ceux de Céline Marangé sur les relations soviétiques avec le Vietnam montrent concrètement comment la formation des étudiants, des ingénieurs et des élites administratives participait de l’action extérieure de Moscou pendant la guerre froide.

Après l’effondrement de l’URSS, cette politique perd une grande partie de ses moyens et de son ambition avant d’être progressivement relancée dans les années 2000, dans le cadre de la stratégie de modernisation du pays et de son enseignement supérieur. Puis, à partir des années 2010, la priorité devient l’internationalisation : améliorer la visibilité des universités russes, monter en compétences, attirer davantage d’étudiants étrangers, développer les coopérations internationales et gagner en compétitivité, notamment à travers le programme d’excellence Project 5-100, inauguré en 2013. La Russie rejoint alors la trajectoire d’internationalisation poursuivie depuis les années 1990 par de nombreux systèmes d’enseignement supérieur.

Une internationalisation qui ne disparaît pas, mais qui se transforme

L’invasion de l’Ukraine en février 2022 constitue néanmoins un tournant. Les coopérations universitaires avec les établissements européens et nord-américains sont profondément affectées. De nombreuses universités suspendent leurs accords avec les établissements russes, les doubles diplômes sont interrompus, plusieurs programmes de recherche sont gelés.

Cette rupture aurait pu conduire au repli. Il n’en a rien été. Un autre mouvement se dessine. Dès 2024, le gouvernement russe fixe l’objectif de doubler le nombre d’étudiants étrangers à l’horizon 2030. En 2026, Vladimir Poutine reprend publiquement cette ambition et l’inscrit dans une stratégie plus large de développement des partenariats avec les pays « au-delà de l’Occident », en Asie, en Afrique et au Moyen-Orient.

Cette stratégie répond à plusieurs logiques. Elle accompagne la réorientation internationale de la Russie, mais s’explique aussi par des contraintes internes : déclin démographique, tensions sur le marché du travail qualifié et départs de jeunes diplômés et de chercheurs depuis 2022.

L’enjeu n’est donc pas l’abandon de l’internationalisation, mais sa redéfinition.

À l’inverse, l’idée d’une rupture complète des mobilités internationales mérite d’être nuancée. Les coopérations institutionnelles avec les universités occidentales se sont fortement réduites ; les mobilités individuelles, elles, n’ont pas disparu.

Quand l’université devient une ressource stratégique

La plupart des travaux consacrés à la Russie mobilisent les notions de soft power, de diplomatie culturelle ou de diplomatie scientifique. Les recherches de Maxime Audinet montrent, par exemple, comment la Russie combine aujourd’hui instruments culturels, médiatiques et universitaires dans sa politique d’influence, notamment en Afrique.

Dans les années 2010, l’internationalisation universitaire russe répond surtout à une logique d’attractivité, de visibilité internationale et de compétitivité académique. Depuis 2022 toutefois, les indices d’un changement de fonction se multiplient. Il ne s’agit plus seulement d’accroître l’influence de la Russie, mais aussi de préserver des coopérations scientifiques, de maintenir des réseaux internationaux et d’accompagner la réorientation de sa politique étrangère vers de nouveaux partenaires.

La réorientation est également visible dans les partenariats que la Russie met aujourd’hui en avant. L’Inde en est une illustration. Lors du deuxième Indo-Russian Education Summit, organisé à New Delhi en mai 2026, l’ambassadeur de Russie Denis Alipov a rappelé l’objectif d’accueillir 500 000 étudiants étrangers d’ici à 2030 et présenté plusieurs nouveaux partenariats entre MGIMO – qui forme notamment les élites diplomatiques russes –, la Sechenov Medical University, IIT Bombay et l’Université de Delhi, dans les domaines de la médecine, de l’intelligence artificielle et du numérique.

Cette évolution concerne également la recherche. Les premières analyses bibliométriques consacrées à la période postérieure à 2022 suggèrent une recomposition des collaborations scientifiques internationales de la Russie. Les copublications avec des auteurs de plusieurs pays occidentaux diminuent, tandis que celles réalisées avec la Chine et, dans une moindre mesure, l’Inde, gagnent en importance. Plus qu’une disparition des réseaux scientifiques internationaux, ces travaux mettent en évidence une recomposition progressive de leur géographie.

Ces coopérations ne compensent évidemment pas les nombreux partenariats interrompus avec les universités européennes et nord-américaines. Elles témoignent cependant d’une stratégie de réorientation plutôt que de retrait.

Ce déplacement apparaît clairement dans la géographie des mobilités étudiantes. Contrairement à une représentation souvent répandue en Europe occidentale, les étudiants étrangers présents en Russie ne proviennent pas principalement d’Europe, encore moins des États-Unis. Avant même l’invasion de l’Ukraine, les principaux pays d’origine sont les anciennes républiques soviétiques – Kazakhstan, Ouzbékistan, Turkménistan, Tadjikistan ou Biélorussie – auxquelles s’ajoutent désormais des effectifs en croissance venus d’Inde, de Chine et de plusieurs pays africains, notamment le Soudan, la Guinée, le Ghana et le Tchad. Cette géographie éclaire en partie la résilience de l’internationalisation russe : elle reposait déjà sur des espaces différents de ceux privilégiés par les universités européennes.

Par ailleurs, la contraction des coopérations institutionnelles n’a pas arrêté les mobilités individuelles. Selon les données 2025 d’Open Doors (IIE), environ 5 000 étudiants russes poursuivent encore leurs études aux États-Unis. En France, ils sont plus de 5 500, selon Campus France. Les réseaux universitaires apparaissent ainsi plus résilients que les relations diplomatiques.

L’annonce de Vladimir Poutine invite ainsi à regarder les politiques universitaires autrement. Les universités ne relèvent pas seulement de l’influence. Elles participent aussi de la capacité des États à préserver des compétences scientifiques, des réseaux et des marges d’action dans un monde d’interdépendances en recomposition.

The Conversation

Alessia Lefébure ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Russie : les étudiants étrangers au cœur d’une nouvelle stratégie internationale – https://theconversation.com/russie-les-etudiants-etrangers-au-coeur-dune-nouvelle-strategie-internationale-289510

Alcool et fortes chaleurs : des risques pour le cerveau à ne pas négliger

Source: The Conversation – in French – By Olivier Pierrefiche, Professeur des universités en Neurosciences, Université de Picardie Jules Verne (UPJV)

On a souvent tendance à croire que le principal risque lié à la consommation d’alcool sous de fortes chaleurs est la déshydratation. Toutefois, le véritable problème n’est probablement pas hydrique, mais plutôt neurobiologique. En effet, chaleur et alcool se conjuguent pour favoriser les dérapages, entre désinhibition du cerveau, altération de la perception du risque et augmentation des réactions violentes.


L’édition 2026 de la Fête de la musique restera dans les mémoires pour des raisons sans lien direct avec les concerts qui ont été joués un peu partout dans le pays. En effet, durant cet événement, pour la première fois, les autorités ont interdit la consommation d’alcool dans l’espace public dans plusieurs départements placés en vigilance rouge canicule.

Cette décision a suscité de vifs débats. Certains y ont vu une mesure de santé publique adaptée à une situation exceptionnelle, quoique probablement appelée à se banaliser dans un contexte où les épisodes de chaleur extrême deviennent plus fréquents et plus intenses sous l’effet du changement climatique. Pour d’autres, cette décision actait une restriction excessive des libertés individuelles, dans un pays où partager un verre est souvent une marque de convivialité.

Pour tenter de dépasser cette opposition caricaturale entre partisans de la liberté et défenseurs de la sécurité sanitaire, tâchons de répondre à une question simple : que sait la science des effets de l’alcool lorsqu’il est consommé dans un contexte de chaleur extrême, de fatigue et de rassemblements massifs ?

La chaleur tue

Avant tout, rappelons que les épisodes de canicule constituent aujourd’hui l’un des risques climatiques les plus meurtriers en Europe. On se souvient de l’épisode caniculaire de 2003, qui avait entraîné 15 000 décès, notamment dans la population âgée.

Lorsqu’elles surviennent, les fortes chaleurs sollicitent simultanément les systèmes cardiovasculaire, respiratoire et neurologique. Le maintien d’une température corporelle stable dépend alors autant des mécanismes physiologiques que des comportements individuels : s’hydrater régulièrement, rechercher des espaces frais, limiter les efforts physiques et reconnaître les premiers signes d’épuisement thermique.

Contrairement à certaines idées reçues, notre survie face à la chaleur dépend largement de notre capacité à prendre les bonnes décisions au bon moment. Et c’est précisément là que l’alcool devient problématique.

Quand chaleur et alcool se renforcent mutuellement

Hors période de chaleur exceptionnelle, on estime que la consommation d’alcool dans notre pays tue en moyenne 49 000 personnes chaque année. Au-delà des accidents liés à l’alcool, sa consommation, quel que soit le type d’alcool, est un facteur de risque majeur pour certains cancers, parmi lesquels les cancers des voies aérodigestives supérieures (bouche, gorge, œsophage), du côlon-rectum, du foie ou du sein chez la femme. À ce titre, l’alcool est classé comme cancérogène avéré pour l’être humain depuis 1988 par le Centre international de recherche sur le cancer (CIRC).

En outre, la consommation d’alcool accroît également le risque de survenue de maladies chroniques : maladies du foie (stéatose, cirrhose…), du pancréas (pancréatite…) et du tube digestif, maladies cardiovasculaires (AVC, myocardiopathie alcoolique, hypertension artérielle…), maladies neurologiques et troubles mentaux et psychiques (épilepsie, dépression, anxiété, troubles du comportement, troubles cognitifs, démence précoce…) et maladies métaboliques (ostéoporose, hypoglycémie…). L’Organisation mondiale de la santé (OMS) indique que la consommation d’alcool est impliquée dans plus de 200 maladies, lésions traumatiques ou autres états pathologiques.

En période de fortes chaleurs, l’un des arguments les plus fréquemment avancés pour déconseiller la consommation d’alcool est celui de la déshydratation. En effet, l’alcool augmente la production d’urine (on parle d’effet diurétique), car il inhibe la sécrétion de vasopressine, l’hormone impliquée dans la régulation hydrique de notre corps.

Pourtant, les données scientifiques récentes invitent à nuancer ce message. Une revue systématique de la littérature publiée en 2024 a analysé l’ensemble des études expérimentales disponibles sur les effets de l’alcool en situation de stress thermique. Les auteurs concluent que, chez des adultes jeunes en bonne santé (une précision importante !), une consommation faible à modérée n’entraîne pas systématiquement de déshydratation importante ni d’altération majeure de la thermorégulation.

Certaines études ont même permis d’observer une augmentation transitoire de la dissipation thermique liée à la dilatation des petits vaisseaux sanguins présents dans la peau que provoque l’éthanol (l’éthanol, ou alcool éthylique est la molécule d’alcool présente dans les boissons alcoolisées).

Ces résultats sont importants car ils déplacent quelque peu le débat : le principal risque de la consommation d’alcool pendant une canicule, notamment chez les jeunes, n’est probablement pas hydrique, mais plutôt neurobiologique. En effet, le véritable danger réside dans la désinhibition du cerveau.

Désinhibition et altération de l’évaluation des risques

L’éthanol agit directement sur plusieurs régions cérébrales, notamment le cortex préfrontal, qui joue un rôle fondamental dans l’anticipation des conséquences de nos actions, l’évaluation des risques que nous prenons, nos prises de décision et l’inhibition de nos comportements impulsifs ou inappropriés.

Sous l’effet de l’alcool, ces fonctions sont altérées. Une personne alcoolisée évalue moins bien les dangers, interprète moins efficacement les signaux corporels et adapte moins efficacement ses actions à son environnement.

Dans un contexte de canicule, cela peut se traduire par des comportements apparemment anodins, mais inappropriés et potentiellement dangereux, tels que rester plusieurs heures en plein soleil, oublier de s’hydrater, poursuivre une activité physique malgré l’épuisement ou sous-estimer un malaise naissant.

Autrement dit, l’alcool réduit précisément les capacités cérébrales dont nous avons besoin pour nous adapter lorsque la température devient extrême.

La chaleur favorise la violence, l’alcool aussi…

En outre, les effets de la chaleur ne se limitent pas à l’organisme : les températures élevées agissent aussi sur nos comportements. Ainsi, depuis plusieurs décennies, une relation robuste entre augmentation des températures et augmentation des violences interpersonnelles a pu être mise en évidence. Une méta-analyse internationale récente a montré qu’une hausse de 10 °C des températures était associée à une augmentation d’environ 9 % des comportements violents.

Les mécanismes à l’œuvre restent discutés, mais plusieurs facteurs semblent impliqués, parmi lesquels l’inconfort physique, la fatigue, la perturbation du sommeil, l’augmentation du stress physiologique et la diminution de la tolérance à la frustration.

La chaleur ne crée pas la violence, mais elle favorise un terrain psychologique où les conflits deviennent plus susceptibles d’émerger.

Il est important de rappeler que l’alcool est fréquemment présent dans les situations de violences, y compris de violences sexuelles. Il est toutefois essentiel de souligner que, si l’alcool peut être considéré comme un facilitateur (pour les raisons évoquées précédemment : diminution de l’autocontrôle, altération de l’interprétation des interactions sociales, augmentation de l’impulsivité), sa consommation n’explique jamais à elle seule un passage à l’acte.

Par ailleurs, elle ne constitue jamais une excuse, la responsabilité demeurant toujours celle de l’agresseur.

« Myopie alcoolique »

Le cocktail « alcool et fortes chaleurs » peut donc s’avérer particulièrement explosif : la chaleur tendant à augmenter l’irritabilité et la charge émotionnelle, et l’alcool réduisant les capacités d’autocontrôle, les deux phénomènes convergent vers une même conséquence : une plus grande probabilité de réactions impulsives.

Pour décrire ce phénomène, les chercheurs ont forgé le concept d’« alcool myopia ». Sous l’effet de l’alcool, l’attention se focalise sur les stimuli immédiats, tandis que les conséquences futures sont moins prises en compte.

Ainsi, une remarque désagréable, une frustration ou une provocation peuvent prendre une importance disproportionnée. À l’échelle d’un seul individu, ce risque reste faible. Mais lorsqu’un événement rassemble plusieurs centaines de milliers de personnes, même une augmentation modeste du nombre d’incidents devient un enjeu collectif.

Faire la fête sans alcool, une nouvelle normalité ?

Depuis une dizaine d’années, le marché mondial des boissons sans alcool connaît une croissance soutenue. Les bières sans alcool, vins désalcoolisés, spiritueux sans alcool et cocktails « NoLo » (contraction des expressions anglaises « No alcohol » – « sans alcool » – et « Low alcohol » – « à faible teneur en alcool ») occupent désormais une place croissante dans les bars et les commerces.

Les études montrent que cette évolution est portée par plusieurs facteurs comme la recherche du bien-être, des préoccupations en matière de santé, la volonté de conserver le plaisir social sans les effets de l’éthanol et l’évolution des attentes des jeunes générations.

Fait intéressant, les consommateurs de boissons sans alcool ne sont généralement pas des abstinents stricts. Il s’agit souvent de personnes qui alternent les usages selon les circonstances.

Les neurosciences rappellent ici une évidence parfois oubliée : ce qui produit l’expérience festive n’est pas uniquement l’alcool. La musique, la danse, le sentiment d’appartenance à un groupe, le partage d’émotions collectives et les interactions sociales jouent un rôle probablement bien plus important.

Inventer de nouvelles formes de convivialité

Faut-il restreindre la consommation d’alcool dans certaines conditions, comme cela a été le cas au cours de l’édition 2026 de la Fête de la musique ? La science ne répond pas directement à cette question. Elle permet seulement d’évaluer des risques. Les décisions publiques relèvent ensuite d’arbitrages entre liberté individuelle, sécurité collective, acceptabilité sociale et capacité des services d’urgence.

En revanche, les données scientifiques disponibles convergent sur un point : l’association entre chaleur extrême, fatigue, rassemblements massifs et consommation d’alcool augmente simultanément plusieurs catégories de risques – malaises, accidents, comportements dangereux, violences et recours aux secours.

Dans ce contexte, l’interdiction temporaire décidée lors de la Fête de la musique 2026 apparaît moins comme une logique de prohibition que comme une mesure de réduction des risques adaptée à une situation exceptionnelle.

Cet épisode pourrait préfigurer des débats appelés à se multiplier, puisqu’en raison du changement climatique, les épisodes de chaleur extrême deviendront plus fréquents et plus intenses. La véritable question n’est peut-être donc pas de savoir s’il faut choisir entre fête et sécurité, mais comment inventer, dans un pays longtemps identifié à sa culture viticole, des formes de convivialité adaptées aux défis sanitaires et climatiques du XXIᵉ siècle.

The Conversation

Olivier Pierrefiche ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Alcool et fortes chaleurs : des risques pour le cerveau à ne pas négliger – https://theconversation.com/alcool-et-fortes-chaleurs-des-risques-pour-le-cerveau-a-ne-pas-negliger-287794